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Dido para Eneas: Una apuesta por los clásicos desde México

Adonde pertenezco
María García Esperón
Agradezco a los hados que en algún lugar, al yo nacer urdieron este
momento. Agradezco al Fondo de Cultura Económica haberme abierto
sus puertas. A Ediciones El Naranjo por sembrarse y amar los libros.
A los dos inmensos poetas no solo de España sino del mundo universo,
agradezco.
Estos minutos entre ellos y ante ustedes, ante vosotros, son para mí el
cumplimiento de un largo anhelo y para siempre y para mí un tesoro.
Esta apuesta por los clásicos que viene desde México se expresa ahora en
los libros que he traído conmigo: Copo de Algodón, la historia de la hija
de Moctezuma, El anillo de César, una metáfora sobre el tiempo y el
destino del más grande de los romanos, y Dido para Eneas: el lamento de
una reina que muere al tiempo que canta la belleza terrible del amor. Pero
no muere del todo. Fenicia, fénix, purpúrea, renace de sus cenizas, de su
polvo enamorado, para acceder a cielos superiores como en uno de los
más bellos mitos aztecas: el corazón ardiente de Quetzalcóatl, viajero
desde su hoguera al firmamento: Divino Gemelo, Estrella de la Mañana,
de la Tarde. Luz pura.
¿Por qué el pasado? ¿Por qué una literatura para jóvenes centrada en la
Historia, en la Leyenda, en el Mito y en la Memoria? Porque creo
firmemente que en estos tiempos por los que transitamos, nuestro único
futuro posible de dignidad y de hermosura se encuentra en el pasado.
Es un privilegio, una suma de circunstancias afortunadas, el que yo haya
podido dirigir esta convicción a los jóvenes lectores, desde hace ya diez

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años. Porque nuestra sociedad ha dejado que las aulas y las casas se
vacíen de literatura, que se arrinconen en la oscuridad el latín y el griego
y la filosofía; que nuestros niños y jóvenes pasen por la cultura escrita sin
saber que existe la poesía.
Desde hace diez años he tenido contacto con los jóvenes a propósito de
estos libros. He estado con ellos en Colombia y en Cuba y casi en todo
México presentándoles los temas a los que mis libros se asoman:
Alejandría. La Biblioteca. Troya. Su guerra. El caballo. Los viajes de
Odiseo. El telar de Penélope, la áspera Ítaca. Macedonia. Alejandro. Su
tumba. Cleopatra, César, las pirámides egipcias. Las pirámides
teotihuacanas. Moctezuma y su enigmático destino. El eje del mundo,
invisible y cósmico y presente en el corazón de mi ciudad: la Gran
Mexico -Tenochtitlan.
Mi literatura histórica juvenil comenzó en 2004 en un texto grabado en
arcilla. En un disco, un disco milenario, enterrado en el palacio de Festos
y cuyo desconocido mensaje me intrigó. El Disco de Festos fue para mí el
Disco del Tiempo. Y ese disco, esa sublime forma circular, se escucha, se
lee, se siente y es inagotable. El mensaje indescifrado de los antiguos
minoicos en ese disco de arcilla, objeto en el museo de Herakleion, Creta,
me ha traído ante ustedes, ante vosotros y, sublime laberinto, en la trama
de sus caminos me urdió desde el alma con la obra de estos dos grandes
poetas universales que, humildes como dioses, nos han hecho el honor
inmenso de ser y de estar en este presente que se nos va hacia su
eternidad, de la misma manera que con su arte son capaces, de manera
misteriosa, sagrada, de estar presentes en el pasado.
Desde que los conocí, en 2010 a Aurelio, en 2011 a Santiago, como la
literatura solamente puede alimentarse de literatura, mi novela histórica
para jóvenes, mi apuesta por los clásicos, se ha nutrido de los paisajes y

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tiempos de su poesía. Poesía que he hecho mía, alma de mi alma, que ha
sido agua para mi sed y que ha aprendido mi corazón. Poesía.
En orden alfabético, que es ley de cortesía, leeré un poema de Aurelio y
otro de Santiago, de los que he hecho profesión de fe y que son como les
digo, el alma de mi alma, la luz de mi camino en las letras y la clara
sombra bajo la que se ha acogido el libro que me ha traído desde México
a la Librería Juan Rulfo de Madrid: DIDO PARA ENEAS.
Para Dido de Eneas
Aurelio González Ovies
Te vi quedar llamándome en la niebla
sobre la almena más alta del palacio,
pero los dioses, Dido, no comprenderán jamás
por qué los hombres preferimos morir
a separarnos. Y aquella madrugada, sobre
las vigas rechinantes de mis naves
mil veces me grité:
¿por qué viniste a Libia, por qué no te amarraste
a la galerna?
Ahora ya no valen de nada mis reproches y mi odio
dibujará en las cenizas de tus labios
maldiciones
cada vez que pasen por tu ausencia
las sandalias silvestres de los vientos.
Recuerdo la primera noche que robamos
al brillo de tus ojos,
las caricias que había guardadas en tus

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cofres y el perfume fenicio
que dulcemente, ahora, me describe
las rutas navegables de tu cuerpo.
Pero de nada vale, Dido, que te confiese
un poco esta agonía
si entre tus tierras y mi llanto
silban los trapos de la muerte.
Asómate otra vez como el abismo a los acantilados
y piensa que he venido a recogerte,
que he venido a buscarte con mis hombres
y en mis naves. Asómate al recuerdo y haz que vuelves
a ver en la borrasca un rostro marinero
curtido como el sándalo, agarrado a tus costas
desde que te creyó una mentira de la bruma.
EUROPA ESTÁ EN MI SANGRE
(Santiago Montobbio)
Europa está en mi sangre. Italia
y Francia
en mis primeros apellidos. Pero no sólo Italia
y Francia: Europa toda, el brumoso norte y la tierra
eslava,
la vieja centroeuropa, Inglaterra, Escocia, Alemania
y el Mediterráneo
más recóndito y primero de Albania, donde las tres
culturas aún alientan,
y nuestra madre Grecia. Europa, Tierra,
pero también espíritu,

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leyenda, una comunidad natural de corazones
y respiros,
una fuerza, quiza un destino. Europa está en mi
sangre,
en mi sangre me llama, la puebla y la convoca,
en sus latidos, en su curso. De ella soy, a ella
siento
en esta Barcelona vieja que en Europa es modesta
pero en ella se ovilla y la atraviesa. Cataluña
también antigua y cierta, España valiente y triste,
como un fruto de sí misma desprendida
y desparramada por el mundo. Europa. Tantas
historias, tanto arte, tiempo, belleza y palabras.
A Europa en cada golpe de la sangre siento.
Hacia ella voy, ella me llama. Es lo que soy,
lo que entiendo. Es exactamente
adonde pertenezco.

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