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Copyright 1987 Cultural Cusco $A Impreso en el Peni Fotecomposicién | Temas de DERECHO Primere Ealicion | | CULTURAL CUZCO SA CAPITULO I 1, CONCEPTO Etimolégicamente, el vocablo “Resolucién” procede del latin ‘resolutio” (1) (2) y quiere decir (accién y efecto de resolver) deshacer, destruir (3). Este término tiene en espafol e incluso en el dmbito del Derecho diversas acepciones. Desde un punto de vista juridico-contractual que es el que interesa, la definicion mas completa de este término la ha aportado Messineo. Para él Resolucién signifi- ca la extincién de un vinculo contractual vélido como consecuencia de un evento sobrevenido, o de un hecho (objetivo) nuevo, o un comportamiento de la contraparte, posterior a la formacién del contrato, que de algtin modo altere las relaciones entre las partes tal como se hal constituido originalmente © perturbe el normal desarrollo 76 Huge Forne (ejecucién) del contrato, de manera que éste no puede continuar existiendo, porque se ha modificado, o en absoluto se ha roto, aquella composicién de. intereses cuya expresién constituye el contrato, y a la cual las partes han hecho referencia al celebrrario (4) (5). De una definicién tan amplia como esta se despren- de que la resolucién puede tener lugar por causas diversas, por ejemplo, la resolucidn puede producirse por la excesiva onerosidad sobreviniente de la_prestacion (Teoria de ta Imprevisién), © por la imposibilidad de ejecutar la prestacion (Teoria del Riesgo), 0 por la inejecu- cién culpable de la prestacién, entre otras. Esta Litima, el incumplimiento culpable, es la que constituye precisa- mente el campo de nuestro estudio. Consideramos oportuno destacar algunos aspectos de esta definicidn. En primer témino, ndtese que la resolucion se produce respecto de un vinculo contractual Vélido 0, al menos, por causes que no afectan su validez. Sino fuera asi, estarfamos ante un caso de nulidad © anulabilidad pero no ante un caso de resolucién. Por otro lado, las causas que producen la resoiucién son siempre sobrevinientes a la celebracién del contrato. Las causas anteriores 0 contempordneas al perfeccionamiento el contrato pueden producir su nulidad, anulabilidad, rescision, etc., pero no su resoluci6n. Después de haber circunscrito le primera definicién que expusimos, podemos decir que la resolucién por incumplimiento es la extincién de un \culo contractual vilido como consecuencia de {a inejecucién imputable a una de las partes, de las prestaciones que contiene la obligacién creada a su cargo por el contrat. RESOLUCION Y RESCISION Antes de continuar, es importante determinar si Resoluci6n por Incumpliniento 7 los términos Resolucion y Rescisién son sindnimos. Esta es una Cuestién sumamente controvertida en la doctrina y respecto de la cual cada autor parece tener su propia y original opinién. Alberto Spota sostiene que las dos expresiones son intercambiables por tener la misma connotacién (6). Seguramente, el pensamiento de este autor ha sido influen- ciado profundamente por el Cédigo Civil argentino que ha recurrido a ambas expresiones indistintamente. Lo mis- mo ocurrid en nuestro Cédigo Civil de 1936 (7). Layerle entiende que el témino Resolucién es el género y Rescisién es la especie que se utiliza respecto de los contratos de tracto sucesivo en los que la resoluci6n (o rescisicn), solo produce efecto ex nunc (8). Msnue! Albaladejo también parece opinar que la Resolucién es 1 género que comprende a la especie Rescisién, cuando afirma: “Se trata, pues, de que, en tal hipétesis, el término especifico con en que la ley designa la situacién es -dentro del concepto genérico de resolucion- el de resci- sién* (9). Dentro de la doctrina italiana, Santoro Passaré manifiesta que la diferencia depende de la existencia de un vicio originario de la causa 0 de un vicio funcional de la misma. La primera hipétesis puede dar luger a jad), 1a segunda produce la resolucién (10). En rigor de verdad la figura de la Rescision es un resago del Derecho Romano que debié haberse esimila- do a la teorfa de la anulabilidad. Seguin nos relatan ~ Jorge Giorgi (11) y Puig Brutau (19), en Roma tos contratos Validamente celebrados de acuerdo con el ius civile no podian ser disueltos aunque concurrieran circunstancias que hicieran injusto su mantenimiento. En este estado de cosas, interviene el pretor romano para atenuar la iniquidad del ius elvile y suplir sus deficiencias. EI pretor 8 no podia declarar la invalidez del acto pero obtenia el mismo resultado a través de remedios procesales; al denegar una accién, conceder una excepcién y sobre todo, segiin indican los autores citados, podfa dejar sin efecto un contrato al disponer que se volviera a la situacién anterior (in integrum restituitio). Una situacién muy similar se presenté en Francia, en los territorios no regidos por el derecho romano sino por las costumbres, territorios estos en los que la nulidad slo podia pedirse cuando. la causa que la sustentaba resultaba de una Ordenanze Real o de una costumbre. Las causas de nulided fundadas en el Derecho Romano requerlan para su reconocimiento la previa autorizacién de la Cancilleria de los Parlamentos. El documento a través del cual se concedia esta autorizacién era llamado “Lettre de Rescissién’. Las causales de nulidad (que siem- pre son anteriores o simulténeas a la perfeccién del contrato) sustentadas en el Derecho Romano eran, en consecuencia, las causales de rescisién (“Lettre de Rescis- sién”). Posteriormente, el Cédigo Civil francés refundio ambas figuras. Por ello estimamos que la rescisién se produce por circunstancias anteriores 0, al menos, concurrentes al perfeccionamiento del contrato pero que no afectan los elementos estructurales del negocio mientras que, al igual que Messineo, pensamos que la resolucién se origina par acontecimientos posteriores a la celebrecién del mismo (13). Esta es también la tesis acogida por nuestro cédigo civil de 1984 en sus aticulos 1370 y 1 CAPITULO IL NATURALEZA JURIDICA Establecer la naturaleza juridica de un concepto es, en opinién de la doctrina predominante (14), estable- cer un tipo especifico de relacién entre el conjunto de preceptos en que este concepto consiste y otro concepto (conjunto de preceptos) considerado superior 0 genérico. Las principales teorias que intentan establecer tal relacion son las que ahora exponemos. 1,- TEORIA DE LA SANCION Esta teoria es propugnaca principalmente por Aulet- ta y Josserand. Consiste en la idea de que la resolucion por incumplimiento constituye una medida de naturaleza impuesta por el ordenamiento juridico, que 80 determing que el contratante que no cumple su prestacion pierde el derecho ala contraprestacion. Salvatore Satta pone de manifiesto que la doctrina ensefia a distinguir en la norma juridica dos elementos: el precepto y la sancién. La norma aparece como una regia de decision pare el juez, quien se encuentra frente @ Un supuesto tipico al que debe vincular determinadas consecuencias juridicas. Ei precepto, concluye el autor & quien Mélich Orsini cite, se refiere a ese supuesto tipificado en la norma y fa sancién alude a les consecuen- cias (15). Auletta sostiene que la resolucién se encuadra dentro de! concepto de sancién pues representa una medida dispuesta por el ordenamiento juridico como consecuencia de la violacién de una norma primaria del ordenamiento mismo, medida aflictiva para los intereses del sujeto pasivo, y de satisfaccién para los intereses del sujeto activo de la disposicién (16). No parece que esta solucién sea satisfactoria pues enfoca el fenémeno resolutorio desde un punto de vista parcial. En efecto, el deudor que ha incumplido no es e| Unico a quien’ afecta !a resolucién ye que también el acreedor que la promueve pierde el derecho a exigir su prestaci6n. El deudor, en consecuencia, también queda iberado en su obligacidn. Dell’Aquila observa que la parte inocente es quien tiene la facultad de decidir Si acciona o no el mecanismo resolutorio (derecho de opcién); pero agrega con razén que el hecho de que el incumplidor padezca la iniciativa de la otra parte, nO es un argumento suficiente como para determiner la naturaleza sancionatoria de la resolucion (17) Parece existir un cierto consenso entre los autores en el sentido de que el deber de resarcimiento de los dahos y perjuicios que normalmente acompaia a la resolucion si constituye una sancién impuesta al incum- plidor. Empero, este deber que concurre con fa resoluci6n Resolucisn por Incumplimiento 81 no es connatural a ella la indemnizacién puede conceder- se 0 denegarse independientemente del éxito que se obtenga en el ejercicio de la resolucién sin que en la segunda hipstesis ésta se desnaturalice. 2.- TEORIA DE LA REPARACION La teoria de la reparacién’ considera que la resolu- cién es una forma de reparar el perjuicio que causa al acreedor el incumplimiento de la obligacién por parte del deudor. A esta teoria puede asimilarse la que ve en la resoluci6n la aplicacién de la teoria de Is responsabi- lidad contractual. Estas posiciones doctrinarias son defen- didas por aquellos autores, principalmente franceses, que sostienen la necesidad del cardcter culpable que debe revestir el incumplimiento que da origen a la resolucién, a diferencia de le doctrina italiana moderna que propugna una nocién objetiva del instituto. Defendida ardorosamente por los hermenos Ma- zeaud, esta corriente considera que al dispensarse al acreedor cumplir con su propia obligacién, © al permitirle recuperar la prestacién por él efectuada, la resolucin se presenta como un modo de reparacién de mayor eficacia que el cumplimiento por equivalente cuando se est frente a un deudor insolvente. A esa reparaci6n puede agregarse otra en forma de una indemnizacién de dafios y perjuicios (18). Tampoco creemos que la resolucién por incump! miento tenga naturaleza de reparacion. Cuando fa resolu- cién se produce, también el deudor incumpliente se ve liberado de su obligacién e incluso se le deberd restituir la parte de la prestacién que hubiera efectuado. Esto no significa, sin embargo, que se estd resarciendo al deudor que no cumplid lo prometido y por cuya 82 Hugo Forno culpa el acreedor se vio en la necesidad de resolver e| contrato. Por otra parte, nadie discute que para que haya lugar al resarcimiento debe haberse producido un dario que es, precisamente, el que se repara con la indemniza- in. Dejamos a salvo las reglas que se aplican a la cléusula penal pues nos referimos a la reparacién de darios y perjuicios en general. Ahora bien, si para que se origine el resarcimienta es presupuesto esencial que exista un dafio producido 0 un perjuicio causado, la teorla que ahora analizamos slo puede funcionar adecua- damente en la medida en que incumplimiento resolutorio y dao sean implicantes 0, al menos, que el segundo se produzca tods vez que se presente el primero. layerle pone de relieve que ei dafio no debe figurar entre los elementos necesarios para que la resolu- cién actiée, opinién que compartimos segin se vera en SU oportunidad; agrega el autor citado que, mientras lo contrario no se demuestre, no seré aceptable atribuir ala resolucién naturaleza resarcitoria. ‘Augusto Morello por su parte confirma esta posicion manistestando lo siguiente: “Cuando se trata de la indemni- Zacion de dafos y perjuicios, es preciso que tales dafios hayan existido realmente -expresa Pintd Ruiz- pues no siempre se acarrean (al margen de la prestacién misma) dafios derivados de la carencia de cumplimiento o de su retardo (19). Mas adelante, el mismo autor agrega que "el incumplimiento por si mismo no representa un dafio. Al menos no es siempre dafio a los efectos de la indemnizaci6n. £1 dafo no se sigue légica y necesaria- mente, por la existencia del incumplimiento"(20), “MEDIDA PREVENTIVA Compartimos la idea de quienes, como Dell’Aquila, por Incumplimiento 83 sostienen que la resolucién por incumplimiento es un poder dispositive (21) que el derecho concede al acree- dor y que tiene naturaleza de medida preventive (29). Decimos que es un poder dispositive porque es una facultad, un verdadero derecho subjetivo, que posibi ta al acreedor a disponer de ta relacin contractual. Las doctrinas alemana ¢ italiana, a las que se remiten Ramella, Miquel y Sénchez-Medal, han considerado que fa facultad de optar por la resolucién de la relacion contractual es una especie dentro de una categorfa de derechos subjetivos denominados de extincién porque tienen como contenido la potestad atriouida a un sujeto de dejar sin efecto, mediante una disposicién unilateral de voluntad, un negocio juridico completo 0 una relacion juridica particular (93). Esta especie de derecho subjetivo, que la doctrina alemana denomina derecho de agresién y la doctrina lana conoce con el nombre de derecho de impugna- cién, se caracteriza por producir, al ejercerlo, efectos extintivos que repercuten inmediatamente en la esfera de otro sujeto (24). Ahora bien, la resolucién es una medida preventiva porque previene la posibilidad de que el contratante fiel, ademas de la injuria del incumplimiento, soporte que la prestacién que haya ejecutado permanezca en el patrimonio del contratante que ha incurrido en el incumplimiento. Si, por el contrario, el contratante diligente no ha cumplido todavia, previene, al resolver la relacion contractual, el cumplimiento de lo que le corresponde sin esperar con certeza la satisfaccion de su interés Ocurre con frecuencia que el deudor se encuentra en una situacién de insoivencia. Gino Gorla, a quien Dell’Aquila ‘a, explica que aqui el derecho se sitia desde el punto de vista practico de la experiencia de los hechos humanos, que ensefia cémo el incumplimiento del deudor Ce Hugo Forno es debido en la mayoria de los casos a imposi préctica o dificultad de cumplir, y no a mala voluntad. Quien no cumple en el plazo convenido es dificil que, aunque se emplee {a fuerza, se encuentre en la condicién de cumplir exactamente (25), Opinamos que esta es la verdadera naturaleza juridi- ca de la resolucién; una medida preventiva que ampara al acreedor diligente. CAPITULO IL EFECTOS DE LA RESOLUCION Antes de abordar el tema relativo a los efectos que la resolucién produce, nos parece oportuno aclarar que aquella incide en la relacién juridica que el contrato origina y no sobre el contrato mismo. Un gran sector de la doctrina no comparte este criterio; opina que es el contrato el que se resueive y que las obligaciones se extinguen al extinguirse el contrato. No obstante, una innovadora tendencia que parece ganar cada vez mas aceptacién sirve de repaldo a nuestro parecer. En efecto, modernamente se ha definido el contrato como “el acuerdo de dos o més partes sobre una declara- cién conjunta de voluntad comtin destinada a constituir, regular © extinguir una relaci6n juridica patrimonial” (26). El articulo 1351 del Cédigo Civil, mds lacénico, define 86 Hugo Forno al contrato como *..el acuerdo de dos o més partes para crear, regular, modificar 0 extinguir una relacion juridica patrimonial”. La resolucién entonces, no puede incidir sobre el acuerdo de voluntades valida y efectivamente concerta- do y por lo tanto no puede entenderse que en virtud de Ia resolucién tal acuerdo no se produjo, En forma bastante clara y elocuente Dell’Aquila grafica esta explica~ cion de la siguiente forma: “Ahora bien si hay una cosa que no puede hacer, segtin los tedlogos, ni el Padre Eterno, es precisamente esto: que un acaecimiento rea!- mente acaecido, no se haya producido...cuando se diga entonces que se desliga o se resuelve ‘el contrato’ No se quiere decir que se resuelve el acaecimiento ocurri- do, sino la situacién juridica o la relacién que de el ha’ surgido” (97). Nétese cémo el autor citado pone de manifiesto que el acuerdo de voluntades una vez producido es un hecho incontrovertible salvo que exista un vicio © defecto que haya dafiado el acuerdo mismo de voluntades, en cuyo caso no estamos en presencia de la instituicién que estudiamos. El objeto del contrato, tal como se deduce de las definiciones que acabamos de transcribir, consiste en constituir, regular, modificar o extinguir una relacién juridica de naturaleza patrimonial (98). En consecuencia, el contrato como acuerdo de voluntades cumple su objeti- Vo constituyendo, regulando, modificando o extinguiendo una relacién jurfdica de naturaleza patrimonial y luego desaparece pues lo que permanece es, precisamente, aquella relacién juridica patrimonial (29). Puede ocutrir, y @s incluso frecuente, que la voluntad de. las’ partes Cuyo concierto constituye el contrato, no sea luego concor- dante sino divergente lo cual no quiere decir que el contrato no haya existido y que |e relacién originada Por éste no se mantenga. Es por eso que afirmamos Resolucién por Incumplimieiito 87 que el contrato como acuerdo de voluntades se extingue una vez que crea la relacién juridica que es le que subsiste y la que es susceptible de resolucién. Morello es quien aporta el tiltimo argumento funde- mentado que hemos podido recoger de la doctrine pero vale la pena advertir que otros autores de la calidad de Trabucchi (30) y Rameila (31) comparten este criterio; pero ocure que al destacarlo no explican cuéles son los fundamentos que sustenten su posicién. ‘Morello pone de manifiesto que la facultad resoluto- ria tiene como finalidad tutelar la condicién de respectiva paridad entre las partes pero no al momento de Ia celebra- cién del contrato sino en la fase de su ejecucién. En este sentido -continda- la resolucién con la funcion que se acaba de exponer, no se dirige contra el negocio en si, sino contra fa ‘relacién contractual a que aquel ha dado vida (39). Es ilustrativo indicar que esta tendencia se hizo sentir timidamente en el anteproyecto relativo a las disposi- ciones generales de los contratos presentado por su ponente el Dr. Max Arias-Schreiber Pezet. El articulo 76 de esta ponencia tenfa el siguiente tenor: “En los contratos de prestaciones reciprocas cuando alguna de las partes falta al cumplimiento de su obligacién, podré la otra parte y a su eleccién, solicitar el cumplimiento o la resolucién de la relacion obligatoria nacida del contrato, sin perjuicio en ambos casos del resarcimiento del daito’ (33). Esta referencia a la *relacién contractual” no parece haber sido premeditada sino casual ya que la correspon- diente exposicién de motivos no hace alusién alguna a este aspecto. Los demés articulos de la ponencia que tratan sobre la resolucién no contienen referencia a la relacion contractual. EI proyecto definitive de la Comision Encargada del Estudio y Revisién del Cédigo Civil de 1936 reprodujo el tenor del articulo casi textualmente 8 Hugo Forno en su articulo 1458, pero la Comisién Revisora modifico en Giltima instancia su redaccién. Deberiamos abordar ahora el tema que trata del momento en que se produce la resolucién pues a partir de este momento se producirén los efectos correspondien- tes. Por razones de orden sistematico, empero, nos aooca- remos al estudio de esta parte en el capitulo siguiente en el que desarrollamos los diversos mecanismos resoluto- los. Como es légico suponer el momento en que la resoluci6n opera depende del mecanismo utilizedo, razon por la cual esoozaremos ahora sdlo aquellos efectos que son de orden general con cargo a indicar mas adelante el momento en que tales efectos se producen. EFECTO LIBERATORIO El primer efecto de la resolucién es el efecto iberatorio. Como ya hemos sefalado la resolucion produce la extincién del vinculo creado por el contrato. Si con anterioridad al momento en que la resolucién se verifica nto ha habido principio de ejecucién del contreto, no existe mayor problema; las partes se ven fiberadas de {a obligacion de ejecutar sus prestaciones. Este efecto esta legislativamente consagrado por el articulo 1371 del Cédigo Civil y no presenta mayor complejidad 2.- EFECTO REINTEGRATIVO El efecto reintegrativo es aquel por cuya virtud las prestaciones ya ejecutadas se reincorporan nuevamente al patrimonio de quien las efectué en mérito al contrato resuelto. Como podra facilmente deducirse, los alcances y efectos de este aspecto reintegrativo dependerén, por Resolucién por tncumplimiento. 39 un lado de qué se admita o no la retroactividad de la resolucién y por otro de que se le asigne o no la eficacia real. Seguin el pensamiento de Miquel la consecuencia natural de la resolucién del vinculo contractual es que las cosas retornen al estado en que se hallaban al momento en que el contrato fue celebrado. Para obtener este resultado, opina que la resolucién opera retroactivamente. la posicién de Miquel es la que prodomina notoriamente en la doctrina pues la comparten Halperin (34), Ramelia (35), Sénchez-Medial (36), Melich-Orsini (37), Dell’Aquila (38), Mirabelli (39), Sacco (40), entre otros. Esta fue también la tesis que inspiré al anteproyecto elaborado por el: doctor Arias-Schreiber (articilo 82). En la correspondiente exposicién de motivos Arias-Schrei- ber sostiene: "Al producirse la resolucién...sus efectos deben tener alcances retroactivos...” (41). La Comisién Encargada del Estudio y Revisién del Codigo Civil de 1936 reprodujo en su articulo 1458 la propuesta de Arias-Schreiber pero la Comisién Revisora suscribié la opuesta y la plasmé en el articulo 1372 del Codigo \gnoramos Ia razén del cambio. Arias-Schreiber tam- bién parece haber cambiado de opinién ya que al comen- tar este articulo pone de manifiesto que *..la resolucién sOlo surte efectos desde que es declarada, o sea, ex-nunc, y no se proyecta sobre el pasado, sino sobre el porvenir® (49), Nosotros nos adherimos a la posicién dominante. le retroactividad de! efecto resolutorio determina que lés partes se reintegren o restituyan aquello que han tecibido por raz6n de la relacién contractual que se extingue.- Si no se admite la retroactividad se priva a la resolucién del efecto reintegrativo ya que si ésta sdlo afecta el porvenir, las prestaciones ejecutadas con anterio- fidad @ su advenimiento quedan firmes. Esto -qué duda 90 Hugo Forno cabe- produciria un enriquecimiento indebido y ouitarfa a la institucién su naturaleza de medida preventiva y su propia razon de ser toda vez que aquel que padece el incumplimiento haya ejecutado sus prestaciones en todo o en parte. La restitucién debe comprender los frutos ¢ intere- ses que haya producido el bien objeto de la prestacién desde el momento en que se entrego hasta que se produce su restitucion. Este criterio de la retroactividad, que entendemos debe aplicarse como regla general, admite una importante excepcién que se encuentra reservada a los contratos de ejecucién continuada o periddica, en los que el de la retroactividad esté determinado por las prestaciones y contraprestaciones ya ejecutadas al momento’en que la resolucién se produce. E| sustento de esta excepcion a la regia general resulta de la propia naturaleza de estos contratos. Los contratos de ejecucién continuada (suministro de energia eléctrica, por ejemplo) o periédica (contrato de arrenda- miento, por ejemplo), son aquellos en los que la duracién es connatural al contrato y esté en funcién directa con el interés que las partes desean satisfacer. Messineo indica por ello que Is duracién no es tolerada o sufrida por las partes sino deseada por elias (43). En este tipo de contratos las prestaciones no obs- tante estar en relacién de conexién pueden considerarse auténomas de modo que, econémica y juridicamente, pueden separarse de las prestaciones precedentes y de las sucesivas. Este es el fundamento que inspiré al legisla- dor italiano a consagrar en el articulo 1448 del Cédigo de ese pais el principio de excepcién a la retroactivi- dad de la resolucion. Un articulo similar existid también en nuestro. proyecto de Cédigo Civil pero fue suprimicdo cuando la Comisién Revisora suscribié el criterio de la Resolucién por Incumplimiento ot irretroactividad de la resolucién. Ahora bien, debemos preguntarnos si la resolucién tiene eficacia real 0 sdlo eficacia obligatoria, esto es, si en virtud de la resolucién las partes readquieren la titularidad del bien o del derecho real que han transferido por razén del contrato © si sdlo tienen un derecho a exigir que se realice el acto necesario para que la readquisicion se produzca. Este problems de gran trascen- dencia préctica no ha sido abordado por nuestro Cédigo wil Compartimos en este aspecto Ia opinion de De Aquila y de Mélich-Orsini. Para estos autores, aun cuando no lo manifiesten expresamente, la dilucidacién del tema depende de la posicién que se adopte en cuanto al modo de transferir la propiedad. Hay sisternas de derecho (Francia, art. 1138; Italia, art. 1376) en los que por el s6lo mérito del consentimiento se produce la transferencia de dominio. En estos casos la resolucién debe producirse con eficacia real por cuanto no existe otro requisito que cumplir. En aquellos sistemas en los que, como el Espafiol Cart. 609 concordado con el art. 1095), | propiedad sdlo se transmite con la tradicién, la resolucién a nuestro juicio no se produce con eficacia real sino solo obligacional. Explica Deli’Aquila, sustentando el punto de vista que exponemos, que si ¢! contrato sdlo tiene fuerza obligatoria y slo puede ser fuente directa. de obligaciones, de esto se sigue que su resolucién sdlo puede engendrar obligaciones y no efectos reales; y agrega que opinar distintivamente implicarfa sostener el absurdo concepto de que la resolucién del contrato tendrla mayor eficacia y produciria mas efectos que su conclusién 0 perfeccién. Si el contrato es incapaz de producir efectos’ reales no es posible que los tenga su resolucién. En sistemas mixtos como el acogido por el Derecho 92 Hugo Forno peruano se aplicaria Ia resolucién con eficacia real para los bienes inmuebles y la resoluci6n con alcance meramen- te obligatorio para los bienes muebles. No queremos dejar de aclarar que estamos conscientes de los problemas que, en materia de registro podria originar la resoluci6n con eficacia real para los bienes inmuebles cuando no se trate de resolucién por declaracién judicial Sea cual sea la eficacia de la resolucién (real u obligacional), la retroactividad tiene un limite con relacién a los derechos de terceros del que nos ocuparemos enseguida. En este punto coincide la mayor parte de la doctrina en el sentido de que Ja resolucién no afecta los derechos que los terceros hayan adquirido del incum- pliente siempre que hayan actuado de buena fe. Por el contrario, sdlo el tercero de mala fe tendré el deber juridico de restituir los bienes al contratante que promovid la resolucién. Debemos poner de manifiesto, no obstante, que 2 nuestro juicio la mala o buena fe esté determinada por el conacimiento o desconocimiento de la posibilidad de la resolucién. Quien adquiere un bien a sabiendas de que la contraprestacién no ha sido cancelada totalmen- te, sabe al adquirir el bien que el eventual incumplimiento de pago puede originar la resolucién y, en consecuencia, debe soportar este riesgo. 3.- EFECTO RESARCITORIO. El efecto resarcitorio es el tercero de los efectos de la resolucién por incumplimiento. No obstante, no es un efecto necesario por cuanto puede o no derivarse, segtin las’ circunstancias. Nuestro Cédigo Civil, con buen terio, consagra expresamente este efecto al regular los diversos mecanismos resolutorios (44). Sdlo se omite, inexplicablemente, en el articulo 1430 que regula la resolu ciOn por cléusula expresa. Esta omisién no significa que Resolucién por Incumplimiento 93 el efecto resarcitorio no se produzca en [a hipétesis contemplado por este articulo. Generalmente se acepta que son tres los presupuestos o elementos que deben Concurrir para que eparezca la obligacién resarcito @ saber: accién 0 conducta a ica, imputabilidad y dafio cierto. Se agrega un cuarto elemento pero que constituye basicamente un factor de conexién entre la accion antijuridica y el dafio. Este elemento és la relacién de causalidad. En el caso de ta responsabilidad contractual el primer y segundo de los elementos sefialados se fusionan de tal forma que realmente llegan a convertirse en un solo elemento compuesto. En efecto, la accién antijuridica es el incumplimiento; pero sabemos ya.que el incumpli- miento no imputable extingue la obligacién y no origina realmente en un incumplimiento imputable (doloso o culposo) “El incumplimiento imputable constituye una accion ica en virtud del principio de la obligatoriedad de los contratos. Segin la Ley éstos son obligatorios y deben cumplirse, con lo cual el incumplimiento (culpa- ‘ble 0 doloso) implica una transgresién a la Ley. Los factores de imputabilidad son la culpa y el dolo. la culpa contractual, cuyo concepto es de los mas diffciles de precisar en derecho, consiste en la omisién por parte del deudor de aquella diligencia, cuidado © esmero requeridos para el cumnplimiento de la oblige- cién. Segin relata Jorge Giorgi (45), la culpa solfa distin- guise antiguamente en culpa lata, culpa leve y culpa levisima. Culpa lata era la culpa imperdonable de quien omite la més elemental diligencia: el deudor no prevé lo que cualquiera puede prever; es el limite borroso entre culpa y dolo. Culpa leve se consideraba a la omision 94 de una diligencia ordinaria, esto es, no prever aquello que el comin denominador de las personas pueden prever. La culpa levisima, finalmente, esté determinada por la falta de, cuidado 0 diligencia en la que suele incurrir el individuo ordinario; aquella diligencia que sdlo muestran las personas de extraordinaria prudencia y pre- caucion Luego de revisar los conceptos expuestos, se rees- tructura la concepcién de la culpa eliminandose la nocién de la culpa levisima. la culpa entonces se divide en lata y leve pero, a su vez, se subdivide cada concepto en culpa en concreto y culpa en abstracto. Para determinar la culpa lata o leve en concreto se atiende a elementos subjetivos constituidos por las caracteristicas del deudor en la normal y ordinaria realizacién de sus negocios La culpa lata o leve en abstracto depende de la compara- cién de la conducta del deudor con patrones tales como el “ouen padre de familia’ 0 el “comerciante honesto yleal”. Nuestro Cédigo Civil ha consagrado solo la culpa lata (46) (culpa inexcusable) y la culpa leve (47) y ambas deben evaluarse en concreto. En efecto, el Dr. Osterling sostiene en la exposicién de motivos que sustenta el articulo 1320 del Cédigo Civil que Ia variedad de situacio- nes de hecho originan una singular dificultad para apreciar- la con una idea abstracta y genérica, como la del “buen padre de familia”. Lo que debe apreciarse, concluye el Dr. Osterling, es la conducta de determinado deudor (en concreto) ante determinado evento, y no el proceder genérico de un miembro de la especie humana (48). La graduacién de la culpa tiene trascendental impor- tancia a los efectos de la extensién de la reparacién que el incumplimiento origina. Caibe agregar que no corresponde al acreedor pro- ar que el deudor ha incurrido en culpa (articulo 1329 Resolucién por Incumplimiento 95 del Cédigo Civil). Bastale aducir la existencia de la obliga: cién-y el incumplimiento de la misma. Al deudor le toca acreditar que cumplid exacta y oportunamente o que el incumplimiento se ha debido a causas que no le son imputables y que, en consecuencia, le eximen de responsabilidad. La presuncidn de la culpa se explica Por cuanto el solo incumplimiento origina responsabilidad. Sin embargo, como la ausencia de culpa es eximente de responsabilidad, corresponde presentar las evidencias de tal ausencia a quien pretende no responder por su incumplimiento. En cuanto al dolo contractual, éste consiste en la actitud consciente y deliberada de no cumplir la obliga- cién. No se requiere, como en otros campos del derecho, que el sujeto actée con la intencién de ocasionar_un dafio. La sola voluntad de no ejecutar la prestacién configu- ra el dolo contractual, sea que concurra o no el deseo de producir un dafio al acreedor. A diferencia de ta ipotesis de la culpa, corresponde al acreedor probar el dolo que alega pues, traténdose de un agravante de la responsabilidad el acreedor debe evidenciar su existen- cia, Cuestion interesante es la que se refiere a la posibili- dad de dispensar anticipadamente el dolo. En este aspec- to compartimos el criterio de Lafaille (49) quien piensa que no es licito permitir al deudor que por hecho propio deje de cumplir la obligacién por cuanto ésta perderta su carécter de tal, Dicho autor agrega que si no se admite la condicién puramente potestativa, las mismas razones determinan que se proscriba cualquier claéusula que deje al libre albedrio de! deudor ejecutar la prestacisn puesta por una obligacién contractual. En nuestra opi- nién también es correcto el criterio que hace extensivo este impedimento al caso de la culpa grave o inexcusable tal como lo establece el articulo 1398 del Cédigo Civil. 96 Hugo Forno La barrosa frontera que separa al dolo de la culpa inexcusa- le justifica holgadamente este principio. Al entrar a tratar ahora de {as causas que excluyen a responsabilidad del deudor nos vamos a referir como es obvio, al caso fortuito y a la fuerza mayor. Y para definir el “caso” utilizaremos las palabras de Giorgi para quien el caso esté determinado por la ocurrencia de un siniestro ante el cual a debilidad humana se postra impotente resignandosé (50). Este siniestro produce la imposibilidad de ejecutar la prestacién y libera de respon- sabilidad al deudor toda vez que se produce con absoluta Independencia de su voluntad, Dos elementos son caracteristicos del caso fortuito y de la fuerza mayor: debe tratarse, en primer témino, de un evento imprevisible, esto es un evento cuya realiza- cién no pueda razonablemente anticiparse. Debemos dejar aclarado que no se trata de que el acontecimiento, por si mismo, sea considerado imprevisible pues se requiere que el deudor, de acuerdo con Jas circunstancias del caso, no haya tenido posibilidad de presumirlo utilizando una diligencia ordinaria. Recordaremos, a manera de ejem- plo, los avances que han experimentado la ciencia y tecnologia modemas en materia de prediccién meteorals- gica en base a los cuales ei deudor podria hasta cierto punto y segtin las circunstancias, presumir o prever la ocurrencia del siniestro climatolégico que mas tarde le impide et cumy iento de su obligacién y que pretende exhibir como causa liberatoria. El segundo elemento que caracteriza al caso fortuito es la inevitabilidad del acantecimiento. Traténdose de un hecho que por definicién es independiente de la voluntad del deudor no puede admitirse como cause de exensién de responsabilidad el evento que, no obstan- te ser imprevisibie, pudo ser rechazado 0 superacio por el deudor, 7 Estas caracteristicas o elementos, como dice De Ruggiero (51), no deben ser intrinsecas y objetivas, recono- cibles y aosolutas pues cuando: un mismo hecho puede considerarse como fortuito respecto a una determinada relacién juridica puede no serlo respecto de otra. La imprevisibilidad y la inevitabilidad son en st y por si esencialmente relativas y solo pueden valorarse cuando se consideran frente a una relacién dada, al deber de previsién del obligado, a la posibilided que éste te de evitar et hecho, etc. Nuestro Cédigo Civil en su articulo 1315 agrega un requisite adicional y consiste en que el evento debe ser extraordinario. Esta caracteristica adicional distorsiona la figura. Este requisito es objetivo pues sdlo atiende, como dice Osterling, a lo excepcional 0 no del evento, que sea 0 no usual (52). Como hemos dicho, cacia caracte~ ca del evento debe apreciarse con relacién al sujeto que invoca el caso fortuito y no a si el acto se produce con frecuencia 0 regularidad Tradicionalmente se hen esbozado criterios para distinguir el caso fortuito de la fuerza mayor. Santos Briz (53) nos indica que tales criterios son: segun que el efecto recaiga 0 no sobre la persona del deudor © atendiendo a la evitabilidad del suceso; etc. Sin embargo el criterio més generalizado es el que pone la nota Gistintiva en el origen o causa del evento impeditivo de tal forma que caso fortuito es aquel evento producido por accidentes de la naturaleza mientras que la fuerza mayor es originada por hechos de terceros, Cualquier distincién, empero, entre embas figuras es materia académica por cuanto doctrina y legislacion en forma undnime utilizan amos Conceptos indistintamen- te ‘Tanto Manresa (54) como Santos Briz (55) sostienen que la imposibilidad de ejecutar la prestaci6n puede os. © no ser siempre la consecuencia del evento fortuito ya que puede tratarse de un evento que imponga una Gificultad tal al deudor que la conducta requerida para superarla implique para el deudor sacrificios absolutamen- te desproporcionados que equiparan a la dificultad con la imposibilidad. Nosotros concordamos con la opinién vertida por estos autores siempre que no se trate de sacrificios patrimoniales en cuyo caso ingresamos en le esfera de la teorla de la Excesiva Onerosidad de la Prestacién Debemos agregar finalmente que hay dos supuestos en los que por excepcion, no obstante la concurrencia del caso fortuito, el deudor responde por el incumplimien- to. El primer caso se presenta cuando la Ley lo establece como por ejemplo cuando e! deudor se encontraba en mora cuando el evento fortuito se produjo; el segundo caso se configura cuando las partes acuerdan que el deudor respond aun en la hipstesis de caso fortuito, CAPITULO IV FORMAS EN QUE OPERA LA RESOLUCION Hemos delineado ya algunos de los aspectos gene- rales més importantes en torno a la resolucién por incum- plimiento. Pero la resolucién puede actuarse en formas diversas. Tradicionalmente, Ia legislaci6n c regulado la resolucién judicial y la resolucién por cléusula expresa. Los cédigos més modemos han recogido de la doctrina ¢ incorporado a sus textos otras. formulas resolutorias distintas a las mencionadias. Estos novedosos procedimientos resolutorios son: [a resolucin por autori- dad del acreedor y le resolucién por vencimiento de plazo esencial Es materia del presente capitulo, precisamente, el andlisis de cada uno de estos mecanismos resolutorios a0 1,- RESOLUCION JUDICIAL Como su nombre lo indica la Resolucién Judicial es aquella que se produce en virtud de la sentencia recaida en un procedimiento judicial promovido a este efecto. Con honrosas excepciones (56), he sido recogide por todas las legislaciones civiles desde el Cédigo Napo- ieén, habiéndose constituido en el mecanismo resolutorio por excelencia. En nuestros Cédigos Civiles de 1852 (57) y de 1936 (58) también fue prevista pero con el ropaje, entonces en boga, de la condicién resolutoria (técita). La justificacion de la necesidad de la intervencién judicial en la resolucién por incumplimiento” puede bus- carse, segiin Smiroldo (59), en la misma condicionalidad que el instituto adopté en la préctica y luego en el cOdigo francés. Recuérdese por un instante que el articulo 1184 de dicho cdédigo que, al igual que nuestros anteriores cédigos, recoge la resolucién por incumplimiento como condicién sobreentendida en los contratos sinalagmaticos se encuentra ubicado inmediatemente después del articulo que trata de la condicién resolutoria expresa (art. 1183). Tal justificacién responde, en opinién del autor citado, a la preocupacién de evitar la rigurosa aplicacién de los principios conexos a la condicién resolutoria y por lo tanto a la resolucién automatica. Podria pensarse que ante las modernas formas extra~ judiciales de resolucién que ha ideado la doctrina y que adoptan las legisleciones contemporéneas, un proce- dimiento judicial que se orienta hacia la misma finalidad carece ya de importancia y de aplicacién practica. Sin embargo, la resolucién judicial puede presenter todavia ventajas para el acreedor. Por ejemplo, no es menester conceder al deudor un plazo para el cumplimiento -como en el caso de resolucién por autoridad del acreedor- si el titular del derecho ha perdido ya todo interés 11 en la prestaci6n; permite al acreedor acumular su preten- sion de resarcimiento por los dafios y perjuicios que eventualmente le haya ocasionado el incumplimiento; per- mite también discutir todos los aspectos que intervienen en la resolucién con la seguridad que otorge la autoridad de la cosa juzgada, evitando un procedimiento ulterior en el que se ventile la validez de una previa resolucién extrajudicial Debemos destacar sin embargo, con relacién a la primera de las ventajes que hemos mencionado, que ciertas legislaciones como el Cédigo Civil espanol (art. 1194), el Cédigo Civil francés (art. 1184) y el COdigo Civil Uruguayo (art. 1431) faculten ai magistrado, en los casos en que conozca de procedimientos judiciales de resolucién, a conceder al deudor un plazo de gracia para el cumplimiento, segiin las circunstancias. En este mismo sentido no faltan los autores que defienden la posibilidad del deudor de ejecutar la prestacién durante el proceso judicial resolutorio. Nosotros, apoyados en ja doctrina y legislaciones mas recientes, nos permitimos discrepar de estas tendencias por las consideraciones que dejamos ahora anotadas. la facultad judicial de conceder un término al deudor pars que cumpla la obligacién, no obstante haber sido demandado por resolucidn, se sustenté en razones de equidad, como medida de tutela del deudor (60). Con ello a nuestro entender se repite una vez més la errénea pero generalizada suposicién de que el acreedor se encuentra en condiciones ventajosos y el deudor en condiciones desfavorables (tradicionalmente se ha consi derado al deudor la parte débil de la relacién obligatorie). Esta equivocada consideracién tiende a desaparecer con la evolucion de! Derecho Civil. La circunstancia de que en tanto el Juez no decrete la resolucién el contrato se mantiene vivo y subsistente la posibilidad de cumpli- m2 miento, pretendié ser un sustento adicional a esta facultad. El cuestionamiento y la critica a la facultad de conceder un término de gracia se dejé sentir aun en épocas en que este principio era preponderante. Dos fueron los fundamentos que predominaron en a doctrina disidente de aquel entonces; el que consideraba que el derecho de resolucion debla entenderse consolidado en beneficio del acreedor desde el momento mismo en que el incumplimiento se producia y el que, sustentado en los mas elementales principios de derecho procesal, argumentaba que la sentencia debe contraerse a la situa- cién de incumplimiento configurada al momento en que la demanda se promueve (61). No existe duda de que la falta de cumplimiento de la obligacién en ei tiempo y modo estipulados, determi- na que el interés que motivé al deudor a contratar perma- nezca insatisfecho y pueda incluso frustrarse definitivamen- te. Precisamente para tutelar este interés, se ofrece al acreedor diversas alternativas que él debe evaluar para elegir la que mejor puede cautelar su derecho y reducir 0 eliminar un eventual perjuicio. Como veremos enseguida este derecho de opcién (demandar el cumplimiento o la resolucién) que legitimamente corresponde al acreedor es el que determine que no sea factible la ejecucién de la prestacién cuando el deudor haya sido demandado por resolucién. De no ser asi, escribe Barass) (62), se otorgaria un premio al incumplimiento y un dafio a la observancia contractual Resulta de suma importancia entonces, determinar el momento hasta el cual debe admitirse el cumplimiento tardio por parte del deudor. Dos opiniones extremas y una intermedia han sido propuestas por la doctrina, segin nos relate Barassi (63). La primera posicién extrema ensefa que el deudor esté impedido de cumplir desde que queda consituido en mora. Seguin se explica en 103 iplimi¢ apoyo de esta teoria, la purga de la mora deja intactos los efectos que ésta produjo antes. En consecuencia, si bien la ejecucién tardia de la prestacién puede determ nar que la opcién a la que tiene derecho el acreedor se incline por la ejecucién del contrato ello no implica que el acreedor no puede decidirse por la resolucién. A esto se agrega que el Juez puede, empero, evaluar las circunstancias y aceptar la ejecucion tardia constituyen- do en mora al acreedor reacio a aceptar el pago. No creemos que esta alterativa sea la més acertada. No existe en realidad ningin impedimento, ni juridico ni de otra indole, para que el deudor pueda purgar la mora desde que ésta se verifica (salvo que se trate de prestaciones sometidas a plazo esencial como veremos més adelante) y hasta que el acreedor haya ejercitado la opcién @ que tiene derecho. Se ha discutido también si acaso’ basta la simple manifestacion del deseo de resolver, Gomunicada por e! acreedor a la otra parte, para considerar que se ha ejercido el derecho de opcién. Consideramos que la opcién de resolucién sdlo queda vélida y eficazmente adopteda con citacién con la respec tiva demanda. la segunda opinién extrema admite que como es la sentencia la que pone término al contrato debe acepter- se la ejecucién tardia dei deudor hasta el momento anterior a aquel en que la sentencia resolutoria sea pronun- ciada. Se argumenta en contra diciendo que | sentencia tiene efecto retroactivo a la fecha de la presentacién de la demanda y debe atenerse a la situacién configurada al momento de promoverla. la opinion intermedia, que es @ nuestro juicio la més acerteda, propugna que el momento hasta el cual el deudor puede cumplir es el de ia citacién con la demanda. Como hemos visto, la opcién es ejercida por el acreedor en este momento y no se puede permitir 14 que el deudor deje sin efecto, a través del cumplimiento, {a altermativa resolutoria que ha elegido el acreedor. Esta es la solucién admitide por nuestro Cédigo Civil en el este aspecto una sustancial mejora con relacién al cOdigo de 1936 que nada legislaba al respecto. Es oportuno revisar ahora el tema que se refiere a fa legitimacién para proponer la resolucién. Analizar a quign corresponde el derecho de resolucién parecer! a primera vista una tarea bastente sencilla; este derecho, serfa la respuesta a pregunta tan simple, coresponde a las partes cuando se presenten respecto de cualquiera de ellas los presupuestos y requisitos neceserios para su ejercicio (la parte incumplidore, por supuesto, no puede hacer valer Is resolucién para liberarse del contrato); la resolucién no puede ser promovida de oficio por el Juez. Sin embargo la cuestién presenta matices més complejos cuando se trata de la transmisibilidad del derecho. En atencién al principio de ta relatividad de los contratos, la relacion se transmite a los herederos de las partes pero siempre y cuando ella no ses “intuitu personae”. Esto implica que ia accién puede ser ejercida No slo por el contratante original sino también por sus herederos. Mds complejo es el tema, en cambio, cuando se trata de la cesion de un crédito surgido de ‘un contrato resoluble, sin que el cesionario haya llegado @ suceder al cedente en todos los efectos actives y pasivos del contrato. La doctrina tradicional en Francia e Italia se inclina por la opinién de que el derecho a demandar la resolucién pasa al cesionario junto con el crédito cedido. Jorge Giorgi (64), por ejemplo, escrive que el cesionario del vendedor podra pedir la resolucion contra el compradar; de otro modo, o el comprador veria mejora- da su posicién sin motivo razonable 0 se necesitarla Res 103 caer en el absurdo de que la accién para el pago de precio pertenece al cesionario y la accién de resolucion al cedente. Nosotros no compartimos el criterio de Giorgi Pensamos, mejor, que el derecho de resolucién sdlo puede transmitirse (si es que en realidad existe una trasmi- sién) en virlud de une verdadera y completa cesién de posicién contractual,-en cuya virtud el cesionario sub- entra en la posicién de! cedente asumiendo todo el rol y efectos (incluso aspectos activos y pasivos) que le comrespondian a esa parte en el contrato. Mediante la cesién de crédito sdlo se trasmite un derecho; en este caso un derecho obligacional. En consecuencia, tal trasmision s6lo puede comprender, ademés, ios accesorios del crédito cedido y los efectos que son propios de las obligaciones en general. Fl derecho de resolucién por incumplimiento no es un efecto propio de las obliga~ ciones sino del contrato oneroso y no creemos que tal efecto pueda trasmitirse sdlo en mérito 2 una simple cesién de crédito, Resulta significative recordar en este momento que como ya dijimos en otro lugar, Io que se resuelve no es el contrato sino la relacién contractual a la que éste da origen. Como pone de relieve Garcia Amigo (65), el concepto de relacién contractual es a la altura del moderno derecho de obligaciones totalmente necesario “para posibilitar ls actuacién de una serie de principios operantes en la conciencia juridica moderna, las teorias de la clausula rebus sie stantibus, la base del negocio juridico, de la imposibilidad sobrevenida, la exceptio inadimpleti contractus, etc., presuponen la existencia necesaria de este concepto. Pues bien, la relacién contractual es distinte de ja simple relacin obligatoria; ésta forma parte de aquella que es una relacién més completa que la relacién obligato- ria. Existen otros elementos en {a relacién contractual 106 diferentes de los créditos y deudas que aunque actuen sobre éstos, son distintos ¢ independientes. Estos otros elementos de la relécién contractual no forman parte del crédito o de la deude (relacién obligatoria) pero su actuacion repercute directamente sobre la relacion obiigatoria, La facultad de producir la extincién de un contrato no forma parte de un crédito o una deuda sino que actua directa e inmediatamente sobre una relacion contractual basica (66). 1a relacién contractual tiene como elementos, entre otros, a los llamados derechos potestativos contractuales que generalmente tienen su razén de ser en el hecho constitutive del contrato mismo, y se configuran como facultades de una o de las dos partes contratantes; su actuacién tiene como objeto la propia relacién contractual sobre la cual inciden para modificarla 0 extinguirla: accio- nes de resoluci6n, anulabilidad, etc. Estos derechos potes- tativos, de los que forma parte la facultad resolutoria, tienen como caracteristica mas interesante la imposibilidad de separarlos de la relacién contractual de la cual nacen, ni por lo que se refiere a su existencia ni por lo que se refiere a su eficacia pues pertenecen a las partes contratantes en cuanto tales (67). Ahora bien, es interesante indagar qué ocurre con la fecultad resolutoria cuando nos encontramos con contra- tos cuyas partes, ya sea del lado activo ya sea del lado pasivo 0 de ambos, estén conformacios por pluralidad de sujetos. Cuando todos los titulares de le facultad resolutoria estan conformes en ejercitarla, el problema no existe. Tampoco se presenta inconveniente cuando todos los deudores del acreedor han incumplido y la resolucion se ejercita frente a todos ellos. La dificultad surge, entonces, cuando algunos titulares pretenden obte- ner la resolucién de la relacién obligatoria y otros desean demandar ei cumplimiento; 0 bien cuando ei acreedor iplinie 107 pretende la resolucién sdlo frente a alguno © algunos de los deudores que no han cumplido. Nuestro Codigo, por cierto, no da una solucién a esta interrogante la doctrina tampoco tiene en este aspecto un criterio uniforme. Autores como farina, Camara y Lopez de Zavalfa sostienen que siendo el contrato un todo indivisible, en el caso de pluralidad de acreedores, la potestad resolutoria tendrfa que ser ejercida por todos Conjuntamente. Similar principio, aunque de manera mas general, ha sido incorporado en ei Cédigo Civil aleman Cuyo articulo 356 expresa: “Si en un contrato estan interesa- das varies personas de uno u otro lado, el derecho de resolucién sélo puede ser ejecutado por todos y contra todos. Si el derecho de resolucién se extingue para uno de los titulares, se extingue también para los demas’, A nosotros nos parece més acertado el parecer de Ramella (68). Para solucionar el problema debe obser- varse si las prestaciones de las partes son divisibles © indivisibles. Si ambas partes tienen a su cargo le ejecu- cién de prestaciones divisibles no encontramos inconve- niente para que alguno de los acreedores ejercite su facultad resolutoria y otros demanden el cumplimiento; © bien, si es el caso, para que el tinico acreedor opte por la resolucién respecto de uno de los deudores pero No respecto de los demas que cumplieron oportuna y satisfactoriamente. Si cualquiera de las prestaciones de Jas partes es indivisible y existe discrepancia en torno al ejercicio de la potestad resolutoria solo podra deman- arse el cumplimiento. En cuanto a la sentencia que pone témino al proceso resolutorio diremos que tiene naturaleza constitu- tiva. Tiene por objeto configurar una situacién juridica que antes no existia. Esta hipdtesis no debe confundirse, empero, con el supuesto en el que se somete al Juez resolucion pronunciada por via extrajuci cial. En este Ultimo caso, el Juez se limita a comprobar si concurrieron las circunstancias necesarias para que pro- ceda la resolucién; sdio declare que la resolucién efectiva- mente se produjo o que no liegd a verificarse. En el primer caso |a resolucion se opera con ta sentencia. Después de haber estudiado el derecho de opcién que tiene el acreedor para decidir si pide la ejecucién © la resolucién, tenemos que analizar fo que la doctrina ha llamado el "Jus Variandi’; esto es, si acaso puede el acreedor después de haber demandado el cumplimien- to solicitar la resolucién y viceversa. Tengase presente que este tema resulta tanto més de interés para nosotros cuanto que no ha sido legislado por nuestro Cédigo con lo cual se aparta, como en otros aspectos, de sus modelos italiano y argentino. Comenzaremos por la primera alternativ: aquells en que se ha accionado el cumplimiento y luego se desea obtener la resolucién. En el derecho antiguo ¢ incluso en los primeros tiempos que precedieron a la promulgacién del Cédigo Civil de Francia, predominaba la opinién negative. Con posterioridad tanto la doctrine francesa como |a italiana se inclinan favorablemente. Mée- lich-Orsini (69) transcribe los argumentos que Demolombe esgrime para sostener la posibilidad de mutar la demanda de cumplimiento por la de resolucién. El jurista francés sehala que el vendedor tiene dos acciones: una princioal y ota subsidiaria; que el més elemental orden ldgico de las ideas exige que ¢! comience por su accién principal cual es el pago y que en defecto de tal pago utilice la accién subsidiaria de resolucién; que el adagio “electa una via non datur recursus ad alterum” no esta escrito en términos generales ni positivos en ninguna ley antigua ni modema y que es evidente que no se lo puede aplicar en el caso en que las dos acciones que correspon- 109 den a una parte son de tal naturaleza que no se puede gjercitar una sino subordinada a la otra. Cédigos como el espafiol (70) y el mexicano (71) parecen apoyarse en argumentos de esta naturaleza cuando facultan a de- mandar Ia resolucién después de haber pedido el cump! miento pero s6lo cuando éste se hace imposible. La moderna doctrina que impera a la luz del codigo italiano de 1942 también admite esta alternativa que ha sido expresamente autorizada por la primera parte del segundo pérrafo del art. 1453. Sin embargo la sustentacion que hace Demolombe no es del todo satisfactoria por cuanto no parece ser rigurosamente exacto que la accion de resolucién esté subordinada a la accién de cumplimien- to. En efecto, hoy se admite pacificamente que la mutacion proceda aunque el cumplimiento no resulte imposible @ incluso antes de que el proceso de ejecucién concluya. La explicacién consiste en que persistiendo el incumpli- miento es siempre posible demandar ta resoluci6n. Durante el transcurso de las etapas del juicio el acreedor puede perder el interés en la prestaci6n tardia y no le quedarle més altemativa que demandar la resoluci6n. Se ha afirmado que la mutacién puede producirse aun después de que se haya expedido la sentencia que manda efectuar el pago. Quienes discrepan de esta tesitura sostienen que tal posicién llevaria al extremo de contar con dos sentencias contradictorias basadas en autoridad de cosa juzgada; la primera impondria el cumplimiento al deudor y la segunda pronunciaria la resolucién de la relacién contractual con lo cual se tendria que el contrato deberia ser cumplide y, ala vez, estaria resuelto. Sin embargo, Auletta explica que la critica expuesta responde a una confusién entre la eficacia de titulo ejecutivo de la sentencia de condena y la permanencia dei derecho al cumplimiento después de la resolucién. En este sentido, el ilustre jurista italiano dice que la ejecutoriada de resolucién no quits a eficacia formal de titulo ejecutivo a la sentencia de condena precedente, pero extingue en cambio el derecho al cum- plimiento. Be tal forma que el deudor contra quien se quisiera invocar el titulo ejecutivo de la primera sentencia, haria valer exitosamente la extincién de su deuda, porque 8 tal titulo no corresponde ya el derecho a la ejecucién. més espinosa y debatida ha sido la proposicion inversa; si puede el acreedor soiicitar el cumplimiento despues de que ha pedico la resolucién. En el derecho antiguo no era posible proceder en esta forma debido ala influencia del Derecho Romano en el que la resolucion sdlo procedia por cléusuls expresa y operaba de pleno derecho, en consecuencia mal podia pedirse a resolucion y luego demandar el cumplimiento de un contrato que ye habia quedado resuelto por la mera declaracién de voluntad La doctrina francesa y la doctrina italiana anterior al codigo de 1942 aceptaban de ouen grado la posibilidad de que el acreedor demandara el cumplimiento aun des- pues de intentar la resolucién. Sein expresa Giorgi (72), NO existla ‘ninguna prohibicién legal ni se veia resentido ningén principio de derecho sobre el concurso de las acciones ya que de acuerdo a éstos una accién consume a la otra cuando ambas dimanan de la misma causa y tienen el mismo objeto; el objeto de la ejecucion y de la resolucién son cistintos. Tampoco podria decirse, agrega el autor italiano, que por haberse demandado la resolucién el acreedor habria renunciado a pedir el imiento ya que en su opinién ambas acciones estén racionalmente sujetas al éxito feliz de la demanda intenta- da. Esta facultad de variar la demanda se explicaba por las peculiares caracteristicas del sistema del codigo italiano de 1865 en el que se atrioula a la intervencién m del Juez un rol de primerisima importancia. Antonino Smiroldo (73) relata, en efecto, que el argumento mas convincente era aquel conexo al poder del Juez de conceder, no obstante la demanda de resolucién, un término de gracia al deudor para ejecutar ia prestecion Si el Juez podia ignorar el pedido del demandante concediendo al deudor una dilacién, si incluso el deudor podia cumplir la obligacién durante el transcurso del proceso de resolucion, no podia negarse al propio actor abandonar la via de la resolucién por la de Ja ejecucién de la prestacion Un sector minoritario de la doctrina de la época no compartia la opinién dominante. Justificaban su discre- pancia, entre otras consideraciones, en la dificultad en la que se colocaba al demandado tan pronto como se producia la variacién de la demanda ya que, confiando en la demanda original,la resolucion, podria haber dispues- to de la prestacién debida tornandose imposible o excesi- vamente gravoso recuperarla. El Cédigo Civil italiano, en el segundo parrafo de su articulo 1453 recoge la opinién minoritaria y consagra Ja regla segiin la cual una vez promovida la demanda de resolucién no puede pedirse el cumplimiento. E! funde- mento que recoge para este articulo la Relacién al Rey con que se present el nuevo cédigo italiano se apoya en el fundamento que hemos esbozado el cual, en nuestra opinién, no parece ser suficientemente contundente. Segdn la Relacién, *...al decidirse por fa resolucion, el contratante declara implicitamente que ya no tiene interés en el contrato, y que el deudor no debe en lo sucesivo estar dispuesto a ejecutar la prestacion* Es significativo destacar cémo el propio Smircido. (74) reconoce que "...lé introduccién de la prohibicién de cambio de la demanda no ha sido impuesta por razones insuperables de principio. La demanda de resolu- 12 cién no es légicamente incompatible con la sucesiva proposicion de la accién de condena: tal incompatibilidad podria sostenerse solamente en la medida en que compar- tigramos la teoria condicional o causal de la resoluci6n...ni se puede entender implicita en la proposicion de la demand de resolucién la renuncia a Ia accién de condena, aquella iniciativa significa simplemente que la disolucién de la relacién, en un momento dado, satisface mejor los intereses del actor, no pudiendo comprenderse cuanto se dispone en la Relacin, a saber, que la eleccién de la resolucién significaria el (definitive) decaimiento del interés en el contrato” El argumento segin el cual el deudor ante la deci- sion de resolver adoptede por el actor podria haber dispuesto de la prestacién debida es refutaco agudamente por Auletta (75) en los siguientes términos: “El argumento causa sin duda impresion a primera vista, pero una reflexion mas minuciosa disminuye su consistencia; el inconveniente existe, pero al demandedo en resolucién se le ofrece la posibilidad de evitario facilmente. En efecto, o él se resiste a la demanda de resolucién y entonces el Unico comportamiento que se concilia con su conducta procesal consiste en preservar la posibilidad de cumpli- miento; o él no tiene intencién de oponerse a la demande y entonces, adhiriendo a una resolucion convencional ademés de la ventaja de ahorrarse las expenses del proce- 50, evita el peligro de un cambio de demanda' No parece, en consecuencia, que la prohibicién acogida por el segundo pérrafo del art. 1453 del cddigo italiano pueda resistir los embates de la doctrina opositora. Pero a diferencia de lo que ocurria cuando analizéoamos el cambio de demanda de cumplimiento @ resolucién, en este caso -no cabe duda alguna- debe descartarse de plano la posibilidad de variar la pretencién de resolu- cién por la de cumplimiento cuando la sentencia resoluto- or Resolu npplimiene m3 ia ha sido pronunciada; 1a razén es que pronunciada la sentencia de resolucién queda extinguida Ja relacién contractual y no puede exigirse, por tanto, el cumplimiento de obligaciones inexistentes. Y es que la diferencia se explica por la distinta naturaleza y efectos de la sentencia de cumplimiento respecto de la sentencia constitutiva de resolucién; mientras los efectos de la primera estén supeditados a hechos posteriores (el cumplimiento), la segunda produce por si misma y directamente la satisfac- cin del “petitum” del actor. Finalmente, para concluir el presente capitulo qu sigramos ocuparnos del tema relativo a la renuncia de la accidn de resolucidn. En nuestra opinion, la institucién de la resolucién por incumplimiento no es de orden pUiblico y por lo tanto no vemos inconveniente en admitir tal renuncia no sélo en momento posterior al incumplimien- to sino incluso contemporéneamente a la perfeccién del contrato. Podria sostenerse que de admitirse la posibilidad de renuncia se trastocaria aquel principio segun el cual la renuncia a la accion de responsabilidad procedente de dolo o de culpa inexcusable es nula. Este principio es recogicio por el articulo 1398 del Cédigo Civil peruano y también por otros cédigos (argentino, art. 507; espafol art. 1109; italiano de 1865, art. 59; italiano de 1942, art. 1229; entre otros). Pero como pone de relieve Corvetto, citado por De la Puente (76), la renuncia a la accién de resolucion no conlleva necesariamente Je renuncia @ la indemnizacién por el incumplimiento. No obstante, Auletta (77) escribe que atin cuando la renuncia ala accion deje abierta 1a posibilidad de demandar el resarci miento, tratandose de un deudor insolvente la renuncia equivele a una cléusula de irresponsabilidad, Nosotros compartimos el criterio de Corvetto y ug discrepamos de la posicién del autor italiano. La accién de resolucién no es una accién de responsabilidad y por lo tanto la renuncia a la accion de resolucién no implica renuncia en materia de responsabilidad. Lo que ocure es que en opinién de Auletta la resolucién por incumplimiento tiene naturaleza de sancién, tesis que nosotros no compartimos. .- CLAUSULA EXPRESA DE RESOLUCION La cléusula expresa de resolucién 0 pacto comisorio expreso es la estipulaci6n por medio del cual una de las partes o todas ellas se reservan |a facultad de resolver el contrato ante el incumplimiento de otro contratante. Notese que a diferencia de los demds métodos resoluto- rios, el pacto Comisorio expreso es un elemento accidental que pueden las partes insertar (0 no) en su programa contractual para modificar (o no) sus normales efectos. Esta forma resolutoria tiene su origen directo en la Lex Commnissoria del Derecho Romano en donde con un dmbito sumamente restringido sdlo podia tener lugar en el contrato de compra-venta para garantizar al vendedor el pago del precio. La cléusula resolutoria ha experimentado un gran auge en el derecho moderno y es utilizada con gran frecuencia sobre todo en aquellos paises cuyos sistemas, como el francés, conceden todavia facultades amplias a los tribunales para rechazar la resolucién promovida judicialmente por el acreedor o para dar un plazo de gracia al demandado para cumplir tardiamente la obliga- cién a despecho del interés del actor. Las palabras de Ripert y Boulanger grafican con suficiente claridad la situa- cidn en Francia; estos autores sefialan: °...una jurisprudencia tradicional esta llena de mansedumbre para con el deudor; se hace todo lo posible para no pronunciar la resolucién us Resol Incumpli sino en Ultimo extremo. Estas contemplaciones que ignora- ba el derecho romano, no son del gusto de los acreecores, quienes, por el contrario, desean un procedimiento de resolucién mas expedito. Les basta hacer de la falta de ejecucién en el lapso convenido, una condiicién resolu- toria ordinaria; eligen este hecho como podrian tomar cualquier evento para configurar con él! una condicion. Desde entonces el contrato se resuelve autométicamente por el simple hecho de la inejecucién, sin que el juez tenga que intervenir, sin que él tenga el medio de retardar © de impedir la resolucién mediante la concesién de un término al deudor” (78). En lo que forma se refiere, por lo general no se requiere de ninguna especifica salvo que la cléustla acceda a contratos para cuya perfeccién la ley o las partes han dispuesto une formalidad determinada en cuyo Caso, por el principio de la accesoriedad, la cléusula deberd revestir tal formalidad. Por otra parte, el pacto comisorio tampoco exige términos sacramentales pero debe ser expreso (79) y claro ye que, como los contratos se celebran para ser cumplidos (pacta sunt servanda), toda estipulacién tendiente a dejarlos sin efecto merece ser interpretada restrictivamente. Nuestro Codigo Civil aco- ge este temperament en su articulo 1430. Es importante poner de manifiesto que una destaca- da corriente doctrinaria mantiene que para que la cléusula surta efectos debe indicarse en ella con toda precisién la obligacién u obligaciones cuya inobservancia facultard al acreedor a resolver la relacién contractual (80) (81) (89). La cldusula, escribe Mirabelli, debe referirse a especi- fica y determinada obligacién prevista en el contrat 0 a especifica y determinada modalidad, y ahade que debe ser, por tanto, rigurosamente comprobado si tal determinacion existe o bien si se trata de una cléusule de estilo con lo cual las partes no tendrén més que 16 reclamar el efecto resolutorio general y no podré prescin- dirse del ejercicio de la accién judicial de resolucin © accionar el mecanismo de la resolucién por autoricad del acreedor. ‘Mosco confirma la opinion anterior con las siguien- tes palabras: “Para que se tenga una verdadera cldusula resolutoria expresa y no una clausula de estilo, es necesario que se especifique y concrete que se trata de una cldusula de tal clase, quedando patente que la voluntad de las partes se ha referido con toda certeze a la misma, para que de ella se derive la gravisima y excepcional sancién “ipso jure", sin intervencién estimativa del juez, y sin Posibilidad de dilacién; y al propio tiempo, que ef incum- plimiento quede bien determinadg, esto es, que se con- crete en un suceso de facil comprobacién” (83). Esta doctrina postule que la cléusula resolutoria expresa debe contener dos extremos: el incumplimiento que provocard la resolucién y el efecto especifico que la cldusula tiende @ producir; y que si alguno de estos aspectos esté ausente en el texto del pacto comisorio expreso debe interpretarse entonces que sdlo se trata de una cléusula de estilo que hace simple referencia a la facultad de accionar judicialmente la resolucin A\ parecer, la explicacién con que se sustenta esta corrien- te de opinion consiste en que a causa del funcionamiento automatico de ja clausula se obtiene la finalidad persegui- da sin intervencién judicial y par lo tanto es necesaria una determinacion precisa del incumplimiento que consti- tuye el presupuesto del efecto deseado. Nuesiro Cédigo Civil en su articulo 1430 recoge este postulado cuando sefiala que la prestacién debe ser determinada y luego, con inusual reiteracién,agrega que ésta debe establecerse con toda precisién. Nosotros no estamos satisfechos con esta doctrina uz ni con su sancién legislativa. No hemos encontrado un fundamento contundente que pueda convencernos. Consi- deramos que en este émbito la autonomfa de la voluntad es soberana pues no se enfrenta con ninguna norma de orden publico que pueda recomendar su limitaci6n. Somos partidarios, en consecuencia, de que mientras la cldusula no deje lugar a duda que las partes ha querido reservarse con ella la facultad de resolver el contrato de pleno derecho, una referencia al incumplimiento de las obligaciones o a la inejecucién de las prestaciones en general hubiera sido suficiente para que tal cléusula fuera susceptible de producir plenos efectos (84) Hay también otro aspecto de aificil dilucidaci6n. Un gran sector de la doctrine considera que en el caso del pacto comisorio expreso la resolucién procede aun tratandose de incumplimiento de escasa importancia. Mira- belli escribe que como el efecto resolutorio deriva directa- mente del contenido del contrato debe prescindirse del presupuesto de la gravedad del incumplimiento (85). Sacco también opina que para efectos de la cléusula sera irrelevante la mayor o menor graveded del incumpli- miento (86). Otro sector no menos importante sostiene que la resolucién no puede operar cuando se trata de un incumplimiento de escasa importancia. Dado el debate doctrinario, los legisladores de nuestro Cédigo Civil tuvie- ron en éste como en otros aspectos privilegiada ocasién para tomar una posicién definida y acogerla en el Codigo Civil evitando asi futures especulaciones. Sin embargo, nada dijo e| cédigo a este respecto , 8 diferencia de su modelo italiano cuyo articulo 1455 acoge la tesis, afortunada 0 no, de que la resolucién no procede cuando el incumplimiento es de escasa importancia. Nosotros somos partidarios de uns tesis conciliado- ra. Si las partes han hecho expresa y precisa referencia a la obligacién cuya inobservancia dé derecho @ resolver, ue Hugo Forno no debe tomarse en cuenta la magnitud que el incumpli- miento reviste. Si la cldusula sélo alude genéricamente @ todas las obligaciones sin individualizacién alguna, sdlo podré resolverse cuando el incumplimiento de que se trate no sea de escasa importancia. Y esta solucién nos parece razonable por cuanto las partes al individualizar la obligacién le dan especial y particular importancia destacdndola de las demés. En este sentido al poner singular énfasis en una obligacion advierten que cualquier gracio de incumplimiento es relevante a los efectos de la resolucién. Esta tesis conciliadora que propugnamos sometiéndola a consideracién de le doctrina no puede sin embargo tener aplicacién en nuestro derecho debido a la forma en que se ha legislado sobre la cléusula de resolucion pues como hemos dicho no vale como tal la que hace referencia general a todas las obligaciones de un contrato concreto. La tendencia a limitar la autono- is de la voluntad en un émbito como éste en el que mi puede y debe ser soberana resulta sintomética y treerd consigo innumerabies litigios. ‘Ahora bien, no basta el mero incumplimiento para que la resolucién se produzca. Este ¢s un presupuesto indispensable pero no suficiente. £] acreedor debe comu- nicar a la parte incursa en incumplimiento su decision de resolver el contrato. Se trata de una declaracién unilate- ral de voluntad de naturaleza recepticia que determina el momento en que la resolucién produce sus efectos. Al indicar la naturaleza recepticia de la declaracion quere- mos poner de manifiesto que’ su finalidad es que se ponga en conocimiento de la otra parte y por lo tanto Ja resolucién tendré lugar con todos sus efectos en el momento en que haya llegado al domicilio de la parte a la que esté dirigide, salvo que pruebe que no ha estado en aptitud de conocerla, por aplicacién del princi- pio recogido en el articulo 1374 del Cédigo Civil 0. 19 Se considera que la forma de la declaracién es lire y asi fo ha consagrado nuestro cédigo pero dada la trascendental importancia que tiene dentro de este mecanismo resolutorio pensamos que hubiera sido preferi- ble que se impusiera una formalidad que no deje luger a dudas de que en realidad se produjo y del momento en que llegé a manos del destinatario. Hubiera bastado exigit, como ocurre para el caso de la resolucién por autoridad del acreedor, que la declaracién se hiciera en forma fehaciente. Esta preocupacién ha lievado a que el legislador argentino, aparténdose de su modelo italiano, haya consignado en el tercer parrafo del articulo 1904 del Cédigo Civil de ese pais, que la resolucion *.surtird efectos desde que la parte interesada comunique 2 la incumplidora, en forma fehaciente, su voluntad de resolver", Nuestro Cédigo infortunadamente no ha conside- rado necesario una exigencia similar. Esta comunicacion no sdlo tiene importancia en cuanto establece ¢] momento resolutivo sino que ademas determina el instante hasta el cual el deucior puede cumplir tardlamente. Barassi piensa que en el caso de cléusula expresa cuando el incumplimiento se produce no puede subsanarse por cuanto la insercién en el contrato de una clausula de tal naturaleza precluye toda posibilidad de cumplimiento tardio. Dicho autor explica, que en efecto tratindose del pacto comisorio expreso “la resolu- bilidad de derecho es efecto de la concorde voluntad de las partes contratantes. Precisamente por esta razon se diria que en la mente de los compiladores cléusula resolutiva y término esencial expresan, con diverso grado de intensidad -mayor en el término esencial- la voluntad de fas partes preclusiva de una purgabilidad de la mora" @?). Nosotros consideramos por el contrério que es posible al deudor purgar la mora con un cumplimiento 20 tardio hasta el momento anterior a aque! en que la resolu- ci6n se produce. El acreedor tiene un derecho de opcién que le permite decidir si exige el cumplimiento o si resuelve el contrato. Pero el derecho de opcién sélo es determinante y preclusivo para el deudor cuando ha sido ejercitado; es por eso que nosotros somos particiarios de que en el caso de resolucién judicial la sola interposi- cién de la demanda impide el cumplimiento tardio del deudor, a pesar cle que es la sentencia la que constituye la resolucién. En tanto la opcién no sea ejercitada no existe inconveniente alguno que impida al deudor purgar la mora. ¥ en ei pacto comisorio expreso la opcién se ejercita por medio de la comunicacién a la otra parte Pensamos que la declaracién resolutoria marca el al cumplimiento tardio no porque determine la resolucién sino porque es el mecanismo por medio del cual el acreedor ejercita su derecho de opcidn No pensamos como Barassi que del pacto comisorio expreso pueda extraerse -si no se ha pactado- una concor- de voluntad de las partes preclusiva del cumplimiento tardio. Lo Unico que a nuestro juicio puede deducirse legitimamente dei pacto comisorio expreso es que las partes han querido irrogarse la facultad de resolver el contrato y que tal resolucion pueda ser ejercitada sin recurtir los tribunales, esto es, de pleno derecho De otro lado, no existe un plazo especifico dentro del cual deba el acreedor cursar la comunicacién resoluto- ria. Hay algunos tratadistas que piensan, inspirados en el cédigo alemén (88), que cuando el derecho a resolver el contrato, que emana de la cldusula de resolucién, no es ejercitado dentro de un témino prudencial, debe entenderse renunciado. Sin perjuicio de dejar anotado el grave inconveniente que significa un concepto tan indeterminado y subjetivo como el “plazo prudencial’ debemos agregar que el plazo para decidir la resolucién ienicster a debe ser tan extenso como lo sea el plazo para demandar el cumplimiento. Si lo que el acreedor tiene es un derecho & opiar entre el cumplimiento y la resolucién no parece logico que el plazo para ejercer lo segundo sea mas ‘oreve que para exigir el cumplimiento; no pareceria razo- nable pretender que el acreedor decida la resolu cuando atin le resta plazo para opter por el cumplimiento. la validez del ejercicio de este procedimiento resolutorio puede ser sometido por el deudor a la conside- racién de los tribunales quienes deben limitarse a compro- bar si se dieron o no los presupuestos contemplados para que proceda. Lo importante es que la sentencia ue se pronuncie tendrd cardcter declarativo y no constitu- tivo pues se limitardé a confirmar la existencia de un estado juridico anterior. Asi, si los presupuestos y requisi- tos fueron cumplidos el fallo sélo declararé que la resolu- cién qued6 efectivamente. verificada con fa declaracién comunicada por el acreedor al deudor. Si los presupuestos © requisitos no hubieran sido observados la sentencia tan solo declararé que la resoluci6n nunca se produjo. Finalmente, resulta claro que a diferencia de lo que ocurria con la resolucién judicial, si el acreedor ha optado por la resolucién comunicando su decisién al otfo contratante no puede modificar su decisién y pedir el cumplimiento porque en virtud de tal comunica- ci6n el contrato ya ha quedado resuelto. 3. RELACION POR AUTORIDAD DEL ACREEDOR La llamada resolucién por autoridad del acreedor seguramente constituye, al lado de la resolucion por venci- miento de plazo esencial, ei aspecto més importante y novedoso que la evolucién de. la institucién de la resolucién por incumplimiento nos presenta en la actuali dad. En nuestro Cédigo Civil constituye la innovacién 122 més notable en materia de resolucién por incumplimiento. ya que, desafortunadamente, no se ha legislado -ignoramos la razén- sobre la resolucién por vencimiento de plazo esencial. Se trata aquel de un mecanismo de resolucion extrajudicial que no requiere de estipulacién previa, Con- siste en que ante el incumplimiento de un contratante, fa parte perjudicada puede intimarlo para que cumple, sefaléndose al efecto un determinado plazo pero advir- tiendo al efectuar la intimacién que el. contrato queda resuelto si al término de dicho plazo el deudor persiste en el incumplimiento. Si el deudor no satisface la presta- cién dentro de! piazo concedido, como efecto directo ¢€ inmediato,se produce, sin més requisito, la resolucién de Ja relacion contractual. Cabe destacar que la resolucién por autoridad del acreedor es un mecanismo alternativo y opcional al de la resolucién judicial, que sumado a la resoluci6n por cidusula expresa y a la resolucién por vencimiento de plazo esencial integra arménicamente la institucién de la resolucién por incumplimiento; y decimos esto porque cada mecanismo esté concebido para complemen- tar a los demas otorgando al acreedor una gama de alternativas previstas para situaciones distintas que condus cen de diversa forma al mismo resultado; dentro de este gama puede él elegir segin la que satisfaga més adecuadamente su interés dependiendo de la hipétesis en que se encuentre. Si las partes han pactado expresamente la cldusula resolutoria, entonces el acreedor se servird de ella cuando se presente el incumplimiento de la obligacién que tu ran en miras al estipularla.. Si el pacto comisorio no se ha incluido en el programa contractual y se produce el incumplimiento de una obligacién no sometida a un plazo que pueda considerarse esencial para la parte Perjudicada, solo quedan como altemativas demandar 123 la resolucién en via judicial o poner en movimiento el mecanismo extrajudicial de resolucién por autoridad del acreedor. Se optaré por la primera solucién si el acreedar ha perdido ya todo interés en la prestacién y un cumpli- miento a esas alturas podrd perjucicarlo antes que benefi- ciarlo; aprovechara para agregar a su demanda el resarci- miento de los dafos y perjuicios. Se optard por la segunda via si lo que desea el acreedor es el cumplimiento o la resolucién pero en un breve término para evitar los graves perjuicios que ain no experimenta y que una demora en obtener cualquiera de las dos finalidades (cumplimiento 0 resolucién) podria ocasionarle. Finalmen- te si el plazo en el que debia ejecutarse la prestacién era esencial y determinante para celebrar el contrato, el acreedor puede permitir que la relacién contractual se resuelva cuando al vencimiento de tal plazo no se ejecuta la prestacién debida, pues el cumplimiento tardio no produciria la satisfaccién de su interés. Ademas del incumplimiento que constituye un re- quisito indispensable para que cualquiera de los mecanis- Mos resolutorios pueda ponerse en marcha, la interpela- cidn 0 requerimiento que debe efectuar el acreedor es el otro presupuesto de la forma de resolver que ahora analizamos. Dada la importancia de la interpelacién es conveniente que se exija una determinada forma “ad solemnitatem” para realizarla. El cédigo italico dispone al tretar el tema que la interpelacién debe hacerse por escrito (art. 1454); otros cédigos como el alemén (art. 326), el etiope (art. 1774) y el argentino (art. 1904) no sefialan forma alguna pare efectuar la interpelacion. Sin embargo, la mayoria de los autores argentinos consulta- dos critican la omisién del legislador de ese pais y manifiestan los graves inconvenientes que de ella resultan (89) (90) (91). Es por ello que nos parece acertada la precaucién del codificador italiano. Nuestro cédigo Da Hage atinadamente exige que la intimacién se dirija por via notarial. El requerimiento, por otra parte, debe ser expreso y claro y contener la exigencia de la obligacién incumplida. ‘Ademas, es menester indicar el plazo dentro del cual la prestacién debe ser ejecutada. Con relacién al plazo que debe concederse al deudor |a doctrina no es pacifica Algunos autores influenciados por el Cédigo Civil alemén y por la jurisprudencia que lo ha interpretado, manifiestan que el plazo que debe otorgarse al deudor debe estar en armonia con la prestacién que éste tendria que ejecutar. £5 importante aclarar que el articulo 326 del BGB habla de “un plazo prudencial”, Le misma conclu- sidn suscriben otros autores al interpretar al articulo 1454 del Cédigo Civil de Italia que se refiere a un plazo conveniente no inferior 8 15 dias. Mosset Iturraspe, por ejemplo, escribe que el plazo de gracia debe ser idéneo para la ejecucién de la prestacién insatisfecha en razén de que tal plazo no puede tener otro sentido que el de posibilitar e! cumplimiento, Quienes comparten la posicién contraria sostienen en cambio que no se requiere que el plazo sea congruente con fa prestacién a ejecutarse. Segtin indican es suficiente que se fije el plazo minimo que la ley permita o un plazo mayor cuando no atente contra el interés de! acree- dor. Nosotros nos inclinamos por esta tesis. El deudor ha tenido ya un plazo adecuado, establecido generalmente en su beneficio, para ejecutar la prestacién y no es equitativo pedirle al acreedor que conceda un plazo similar pues ello podria causarle graves perjuicios. Guillermo Borda (92) defiende nuestra tendencia con las siguientes palabras: “Es obvio que hay obligaciones que por su naturalezs, no pueden.cumplirse en ese plazo, como ocurre, por ejemplo, con la construccién Re aucion por Incumplinie 125 de un edificio. En tal supuesto, la concesién de un plazo de sélo quince dias parece una amarga burla. Pero hay que tener en cuenta que el deudor ha contado ye, por el contrato, con un plazo suficiente para cumplir y No podria obligarse al acreedor a conceder nuevamente otro plazo igual sin grave perjuicio de sus intereses y sin abierta violacién de lo pactado. En tales casos, el plazo de quince dias es nada més que una prevencién al deudor de las consecuencias que se seguirén de su incumplimiento” (93). También Isaac Halperin comparte la postura de Borda y lanze una dura critica para quienes piensan que debe concederse un plazo acorde a la naturaleza de la prestacién. El autor argentino se expresa como sigue: "Es realmente inconcebible este paternalismo bene- factor para los deudores, en detrimento de los acreedores, que cumplen con sus obligaciones, con la mera invocacién de la equidad y la necesidad de hacer efectivos los contratos, como si el perjuicio del acreedor fuera indiferen- te y el contrato solo funcionara en beneficio del deudor” (94), El articulo 1499 de nuestro cédigo sefiala que al plazo que se otorgue no debe ser inferior a 15 dias. Pero nuestro legislador no ha sefalado que el plazo que se conceda debe ser “prudencial” como lo ordena el 8GB; tampoco ha exigido un plazo “conveniente” como lo manda el cédigo italiano, y por lo tanto bastard conce- der este plazo minimo de'15 dias aunque la prestacién no pueda ejecutarse dentro del mismo. Las partes, por cierto, pueden pactar la concesién de un plazo superior pero nunca inferior. Se discute asimismo, si el plazo concedide puede ser luego variado en forma unilateral por el acreedor. Aste respecto es casi uniforme la opinién de los autores en el sentido de que una reduccién del plazo no seria 16 Hugo Fomo procedente por cuanto una vez conocido por el deudor podria haber planificado el cumplimiento con arreglo a su extension. Parece en cambio razonable permitir que e| acreedor pueda extender e! plazo originalmente otorga- do debido a que tal extensién no perjudica al deudor y como se trata de un plazo establecido en beneficio de éste, puede cumplir antes de su vencimiento. Otro de los puntos que debe contener el requeri- miento es la advertencia expresa de {as consecuencias ue se derivarén si el deudor persiste en su incumplimiento a la expiracién del piazo otorgado. En este sentido el acreedor en la forma més clara posible debe manifestar que vencido el término sin que la prestacién haya sido ejecutada el contrato quedard, sin més, resuelto. Este aspecto es de trascendental significacién y ha originado graves problemas en el derecho argentino cuyo Cédigo apartandose del italiano, omite ordenar que ef aperc bimiento debe estar contenido en et requerimiento. Consideramos, expresa Miquel, que el princi ue gobiema debe ser el de la claridad en la manifestacién de voluntad y que ta interpelacién debe contener apercibimiento; pero juzgamos grave -eiade- la omisin legai al no exigir de manera expresa el apercibimiento resolutorio, Tal defecto, concluye el autor, deberé tenerse en cuenta en futuras reformas (95). Nuestro cédigo, en cambio, se ha cuidado de salvar esta grave omisin en que incurrié el codigo argentino al exigir en su articulo 1499 que el requerimiento de cumplimiento (que debe cursarse por via notarial) se haga “...bajo apercibimiento de que, en caso contrario, el contrato queda resuelto” La relevancia de ‘incluir el apercibimiento en el texto de la intimacién radica en que no puede tener efecto resolutorio cualquier requerimiento que el acreedor haga al deudor para el cumplimiento. Imaginemos lo grave que seria si a una simple exigencia al deudor 127 para que ejecute su prestacién, que no tendrla en términos generales més significado juridico que constituirlo en mora, se le asignan efectos resolutorios. Si la interpelacion no se enriquece con el apercibimiento no serla posible saber a ciencia cierta cuéndo el acreecor he optado por el mecanismo resolutorio y cudndo desea sdlo el cumplimiento. Otro problema que se discute es el de si para poner en marcha esta modalidad resolutoria se requiere que el deudor se encuentre previamente constituido en mora. Rameila sostiene la tesis afirmativa poniendo, ae relieve que antes de que el deudor haya incurtido en mora no puede hablarse de incumplimiento argumentado que la ley argentina dispone -al igual que la nuestra- que el requerimiento resolutorio debe hacerse cuando se ha dejado de cumplir la prestacién (96). No obstante, no parece razonable la posicién del autor argentino. Ningin principio de derecho se opone a que el propio requerimiento que exige el mecanismo, de fa resolucién por autoridad del acreedor sirva a la vez para consti en mora al deudor. A nuestro entender cuando la ley argentina dispone que “No ejecutada la prestacién, el acreedor podré requerir al incumplidor...” 0 la peruana expresa que *...algune de las partes falta al cumplimiento de su prestacién...", estén poniendo de manifiesto que el requerimiento puede hacerse tan pronto como el plazo contractual de cumplimiento haya liegado a su término (y no antes como veremos en seguida) pero ello no necesariamente significa que debe configurarse primero une situacién de incumplimiento técnicamente moroso. Un tema interesante con relacién al requerimiento es el del momento en que puede efectuarse. Lo normal es que el requerimiento tenga lugar en cualquier momento, a partir del término del plazo contractual de cumplimiento y hasta que se opere la prescripcién la cual debe producir- 128 se, como ya hemos dejado establecido, en igual lapso que el reservado para la prescripcién de la accién de cumplimiento, No nos parece acertado el criterio de quienes piensan que ante el silencio del acreedor, puede el deudor fijarle un plazo para que opte por este mecanis- mo resolutorio con el efecto de que si no lo hace dentro del plazo perderé su derecho. Las razones que nos animan a.desechar esta posibilidad las hemos dejado anotadas al tratar de ia resoluci6n por cléusula expresa Pero hay autores que opinan que la intimacion puede hacerse antes del vencimiento del plazo dei contra- to. Isasc Halperin manifiesta al analizar la cuestién que “No se percibe objecién doctrinal seria, y en cambio tiene la ventaja de que el deudor ya conoce las consecuen- cias de su inejecuci6n, juzgo que la redaccién del art 916 cit, que comienza con la expresién "No ¢jecuteda la prestacién...", no es dbice para la solucién. porque se refiere a la ocurrencia cortiente, pero no puede ser impedimento para la solucidn porque se cumplen los fines de la ley y la funcién del emplazamiento previsto” on Con varios de los autores que tratan del tema, aunque por razones de indole distinte, participamos de la tesis negativa. En realidad la intimacin es un requisito y forma parte estructural de la resolucién por autoridad del acreedor y ésta, como la resolucisn por incumplimien- to en general, es una medida creada para el caso en que la prestacién no se ejecute dentro del plazo estipula- do, es por ello que creemos que no puede ponerse en marcha un mecenismo resolutorio cuando todavia no ha vencido el plazo para efectuar un cumplimiento oportu- no (98) (99) (100) Ahora bien, a partir del momento en que el acreedor cursa la intimacién a su deudor, no puede ya exigir la ejecucin forzada. No puede hacerlo durante el transcur- Revoluc 19 so del plazo concedido por cuanto, precisamente, se trata de un plazo establecido en beneficio de! deudor, tampoco se le puede exigir la ejecucion una vez transcurri- do el plazo porque entonces el contrato por el solo vencimiento del mismo queda, sin mas, resuelto Este es consecuentemente el efecto que deriva del mecanismo resolutorio por autoridad del acreedor. Tan pronto como el plazo concedido por el acreedor en el requerimiento ha llegado a su término, la relacion contractual queda extinguida en forma automética. No se requiere ulterior actividad del acreedor de ninguna indole; la resolucién se produce Unica y exclusivamente en mérito al transcurso del tiempo Veamos shora, cudl €s la situacién en la que queda el deudor y las alternativas de las que dispone. En primer lugar puede él cumplir la obligacién dentro del plazo pero no es necesario que pague también al tiempo la reparacion de los dafios y perjuicios que eventualmente le haya exigido el acreedor. No obstante estar obligado a satisfacer la indemnizacién, si no hubiere acuerdo en su cuantia el tema debe ser sometido a decisién judicial Hay quienes opinan que cuando el acreedor recibe el pago dentro del plazo pero no hace reserva de su derecho a la indemnizacion, debe interpretarse que esté renuncian- do a él, por él principio de accesoriedad (101). Es nuestra opinion, la renuncia a un derecho no puede presumirse ni menos ain extraerse del silencio que, como sabemos, no constituye manifestacion de voluntad a menos que la ley o el contrato te atribuyan ese significado (articulo 134). Aun cuando la reserva del derecho a la indemnizacién no se realizara, tal derecho existe y puede ser exigido por todo el plazo que se establezca para la prescripcion de la accién correspondiente. El deudor puede no estar conforme con el requeri- miento 0 con la resolucién (si el plazo ya ha vencido) 130 por diversas razones. Considera tal vez que los presupues- to o requisitos necesarios para que la resolucién se pro- duzca no han sido plenamente satisfechos. En este caso hay algunos autores que opinan que el deudor puede oponerse al requerimiento a la resolucién. Messineo jega incluso a sugerir que la accién de oposicion a la intimacién planteada antes de que venza el plazo concedido suspende la resolucién. Pero como dice Rame~ ja con acierto, las actitudes asumidas por las partes son las que definen sus posiciones. Asi por ejemplo, si quien resolvié el contrato pide en razén de ello la restitucion y la otra parte no accede, promovide que sea la demanda correspondiente se ventilara la validez de la resolucién. Si el requerido es quien pretende hacer valer sus derechos derivados del contrato propondra la demanda de cumplimiento que el otro contratante rechazaré esgrimiendo como defensa la resolucién del contrato. Pensamos, ademés, que la validez de la resolu- cién puede ser directamente impugnada, pero de ningun modo puede la otra parte enervar el efecto resolutorio de la intimacién oponiéndose a ella, aun cuando tal oposicién tenga lugar antes del vencimiento del plazo otorgado. De no ser asi, este mecanismo resolutorio no tendiria més eficacia que la que el deudor le confiera 4, RESOLUCION POR VENCIMIENTO DEL PLAZO. ESENCIAL El cuarto mecanismo resolutorio que la doctrina ha ideado para terminar de integrar la institucién de la resolucién por incumplimiento es el que se ha dado en Jlamar "resolucién por vencimiento de plazo esencial”; se trata también de un mecanismo extrajudicial En este caso, como en otros, el Cédigo Civil italiano de 1949 es el primer cuerpo legal que regula en forma 131 nitida este supuesto de resolucién. Lo hace en su articulo 1457 de la siguiente manera “Si el témino fijado para la prestacion de una de las partes debiese considerarse esencial en interés de la otra, ésta, salvo pacto 0 uso en contrario, si quisiera exigir su ejecucién a pesar del vencimiento del témino, ceberd dar noticia de ello a la otra parte dentro de tres dias. En su defecto, el contrato se entenderd resuelto de derecho aunque no se hubiese pactado expresamente la resolucion”. Como puede apreciarse, el primer elemento caracte- istico es el término esencial. Se ha dicho que el término, en general, determina el momento en el cual el interés del acreedor debe ser satisfecho. Ahora bien, el término esencial, en particular, se presenta cuando’ el retarcio comprete del todo el interés del acreedor debido 3 que en esta hipdtesis el nexo entre tiempo e interés reviste particular relevancia. El momento de cumplimiento en el caso de plazo esencial es tan importante como la prestacién misma. Seguin la doctrina, la esencialidad del plazo puede ser subjetiva u objetiva. Ensefia Mirabelli (102) que el primer supuesto se presente cuendo la improrrogabilidad del plazo resulta del convenio de las partes, ya sea en forma expresa ye en forma tacita y en cambio la segunda fluye de ia naturaleza de la prestacién y de las circunstancias del caso. Algén sector de la doctrina considera que la esencialidad subjetiva es una esenciali- dad parcial debido a que a pesar del pacto, la prestacion puede resultar atin parcialmente stil después del venci- miento del plazo. Sdlo en este supuesto seria posible, para estos autores, que el acreedor pudiera exigir la ejecucién en caso de incumplimiento. En le hipdtesis del plazo esencial objetivo no seré posible mas que la resolucién en caso de incumplimiento debido a que 132 Huge Forne la esencialidad proviene de la propia prestacién y resta en forma absoluta todo interés al acreedor. No obstante, el texto del articulo 1457 del cédigo italiano no hace distingo alguno al facultar al acreedor para que dentro de 3 dias después del vencimiento del piazo pueda exigir el cumplimiento de la obligacion. Ello es asi escribe Smiroldo, por cuanto 1a inutilidad de le prestacién una vez que el plezo se cumple es tan solo una presuncién y puede ocurrir que por variacién de las circunstancias la ejecucién de la prestacién tardia pueda conceder todavia un margen de utilidad del cual solo el acreedor puede ser droitro (103). De otro lado como la esencialidad del plazo se establece en beneficio del acreedor puede éste renunciar a dicho beneficio Se concede asi, aun en el caso del plazo esencial, el derecho de opcién al acreedor, acorde con e! carécter de medida alterativa que tiene la resolucién por incumpli- miento, que est prevists para tutelar el interés del acree- dor. El otro elemento importante dentro de la estructura de esta formula resolutoria es el silencio’ del acreedor. Se trata sin duca de un aspecto importante por cuanto en mérito al silencio la resolucién se produce de pleno derecho. Sin embargo hay autores que opinan de manera diferente y restan importencia al silencio por considerar que la resolucién se produce sdlo por virtud del venci- miento del plazo esencial. Uno de los autores que le niegan virtu toria al silencio es Giuseppe Mirabelli, El jurista italiano pone de manifiesto que *...lo que diferencia netamente esta hipotesis de toda otra de resolucidn es la actuacién automatica, independiente de toda actividad de la parte interesada” (104) Mirabelli sustenta su tesis de la siguiente forma: idact resolu- 133 Es verdad que a la parte misma se ha atribuido la facultad de reclamar el cumplimiento, también después del vencimiento del término, pero no parece que pueda pensarse fundada la opinién que el efecto resolutorio sea consecuencia de la omision de tal declaraci6n o aun que sea necesaria, para que la resolucién se procuzca, una declaracién de rechazo de la prestacién. Al contrario, la declaracion de exigencia del cumplimiento no obstante el vencimiento del término es un acto por el cual se anula la consecuencia de fa resoluci6n ya producida, haciendo revivir el vinculo contractual, con eliminacién del término; pero tal declaracién no’ puede intervenir més que sucesivamente al momento de la resolucién, asi que no puede decirse que la resolucién se produzca por omisién de declaracién, pues la sucesiva_omisién nada afiade al efecto resolutorio ya explicado” (105). Estamos en total desacuerdo con Mirabelli, No puede afirmarse que por voluntad unilateral del acreedor el contrato ya resuelto por el vencimiento del témino reviva nuevamente con le deciaracién de desear el cump!| miento. Hemos explicado que como consecuencia de la resolucion la relacién contractual se extingue y esto implica la liberacién del deudor tanto como la del acree- dor. No creemos que sea juridicamente posible que el acreedor haga renacer las obligaciones contractuales ya extinguidas por efecto de la resolucion En realidad el silencio es el elemento constitutive dei supuesto resolutorio que analizamos. La tesis de la naturaleza constitutive del silencio se armoniza mejor con la disciplina general de le resolucién porque ésta es una medida electiva, que depende de la voluntad del acreedor y porque es también un instrumento para cautelar el interés de aquel. La atribucién de un poder de eleccién a quien se perjudica con el incumplimiento y la considera- cién del silencio como momento constitutive de la resolu- Huse B cién excluyen que la resolucién pueda sobrevenir por el sdlo vencimiento del plazo. Anora bien, en la resolucién judicial, como en el caso de {a cléusula resolutoria y de la’ resolucion por autoridad del acreedor, se necesita siempre un acto, ue en general consiste en una explicita iniciativa, judicial © extrajudicial segin corresponda. Un aspecto particular y distinto en ja resolucién por vencimiento del plazo esencial es que no se requiere de ninguna actividad, al menos positiva, para que opere la resolucién; ésta sobrevienen en caso del silencio. Resulta en consecuencia que el silencio es un acto de naturaleza (o mejor dicho con efecto) negocial en cuanto se le atribuye el significado de una manifestacin de voluntad del sujeto. Por la particular conformacion que se ha dado a la resolucién por vencimiento del plazo esencial la forma en que el acreedor debe expresar su voluntad de resolver es precisamente omitiendo toda manifestacién positiva Por el contrario, cuando el acreedor, por entender que subsiste ain un margen de utilidad que hace todavia atractiva Ia prestacién después del vencimiento del térmi no, desea el cumplimiento de ia obligacién, tiene el deber de menifestarlo al deudor dentro de ‘un breve plazo. La razén de este breve plazo que se establece en beneficio del acreedor y que en el derecho italiano es de 3 dias, se explica porque como el deudor no puede purgar la mora ejecutando la prestacion una vez que ha cumplido debido a la misma esencialidad del plazo y como tampoco puede considerar resuelto el contrato sino hasta que Ilegue .a su término el plazo para que el acreedor pida el cumplimiento, no puede tenérsele en esta situacién de absoluta incertidumore més que por un exiguo plazo cuya unica finalidad es que el acreedor evaliie si 13 ejecucién tardia le reportard todavia utilidad. La doctrina consultada e incluso el propio legislador iteliano no perecen dar mayor relevancia a la forma en que la comunicacidn de cumplimiento debe ser efectuada Sin embargo, podré apreciarse sin necesidad de mayor explicacion que la certidumbre de la comunicacién y la exactitud de su fecha resultan de transcendental impor- tancia. Determinar si la comunicacién Ilegé a conocimiento del deudor en una fecha precisa es tanto mas importante cuanto que de ello depende si el contrato quedé o no resuelto. Por ello es necesario y recomendable que tal comunicacién se haga por escrito de fecha cierta Como corolario podemos agregar que, transcurricio el plazo del contrato sin que haya mediado el cumplimien- to y transcurrido también el plazo concedido al acreedor para exigir la prestacién, la relacién contractual queda automaticamente resuelta de pleno derecho. Este mecanismo resolutorio no ha sido incorporado a nuestro Cédigo Civil. Ignoramos si la omision fue delibera- da, y en todo caso desconocemos también las razones que la motivaron; por eso no podemos opinar en torno a ellas. Sin embargo, este mecanismo complementa los demas y completa la estructura de la resolucion por incumplimiento por lo que su incorporacién hubiera servi. do para solucionar aquellas hipétesis en las que los otros mecanismos no resultan del todo iddneos. Es impor- tante destacar que ye desde nuestro cédigo de 1936, el vencimiento del plazo esencial produce un importante efecto; el de constituir automéaticamente en mora al deudor (articulo 1954, inciso 9° ). Lo propio ocurre en la actualidad por disposicién del inciso 9° del artfculo 1333 del nuevo cédigo. Similares razones que sostienen el principio de la mora automdtica por vencimiento del plazo esencial justifican e! mecanismo resolutorio que hemos dejaco 136 Hugo Forna expuesto, por lo que deberia tenerse en cuenta para futuras reformas. CITAS BIBLIOGRAFICAS - H., Vocabulario hurdico, Pag. 88 (2) Diccionario Hustrado Latino-EspafoV/Espafiol-Latino. 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