Está en la página 1de 90

Título original: La psychanalyse du feu, Editions Ga- Introducción

Jlimard
Traductor: Ramón G. Redondo

II ne faut voir la réalité teíle que je suis


Paul Eluard

Basta que hablemos de un objeto para


creernos objetivos. Pero, en nuestro primer
acercamiento, el objeto nos señala más que
nosotros a él, y lo que creíamos nuestros
pensamientos fundamentales sobre el mun-
do, muchas veces no son otra cosa que con-
fidencias sobre la juventud de nuestro es-
píritu. A veces nos maravillamos ante un
objeto elegido; acumulamos hipótesis y
sueños; formamos así convicciones que tie-
© Editions Gallimard, París, 1938 y 1965 nen la apariencia de un saber. Pero la fuente
© Ed. cast.: Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1966 inicial es impura: la evidencia primera no
Mártires Concepcionistas, 11, "S 256 5957
Depósito Legal: M. 12.624-1966 es una verdad fundamental. De hecho, la ob-
Cubierta: Daniel Gil jetividad científica no es posible si, de an-
Impreso en España por Ediciones Castilla, S. A.
Maestro Alonso, 21. Madrid temano, no se ha roto con el objeto inmedia-
8 Psicoanálisis del fuego Introducción 9

to, si no se ha rehusado la seducción del actitud objetiva no ha podido realizarse ja-


primer acercamiento, si no se han detenido más, donde la seducción primera es tan de-
y refutado los pensamientos nacidos de la finitiva que incluso deforma a los espíritus
primera observación. Toda objetividad, de- más rectos, conduciéndoles siempre al poé-
bidamente verificada, desmiente el primer tico redil donde los sueños reemplazan al
contacto con el objeto. La objetividad debe, pensamiento y donde los poemas ocultan a
de antemano, criticarlo todo: la sensación, los teoremas. Es el problema psicológico
el sentido común, la práctica incluso más planteado por nuestras convicciones sobre
constante; y también la etimología, pues el el fuego. Este problema nos parece tan di-
verbo, hecho para cantar y seducir, rara- rectamente psicológico que no dudamos en
mente se encuentra con el pensamiento. Le- hablar de un psicoanálisis del fuego.
jos de maravillarse, el pensamiento objetivo La ciencia contemporánea se ha aparta-
debe ironizar. Sin esta vigilancia malévola do, poco menos que completamente, de este
jamás alcanzaremos una actitud verdadera- problema, verdaderamente primordial, que
mente objetiva. Cuando se trata de estudiar los fenómenos del fuego plantean al alma
primitiva. Los libros de Química, al correr
nuestros—, la simpatía es la base del mé- el tiempo, han visto acortarse cada vez
todo. Pero ante ese mundo inerte que no más los capítulos sobre el fuego. Y son
vive nuestra vida, que no sufre ninguna de numerosos los libros de Química modernos
nuestras penas y al que no exalta ninguna donde se buscaría en vano un estudio sobre
de nuestras alegrías, debemos detener todas el fuego y sobre la llama. El fuego ya no es
nuestras expansiones, burlar nuestra per- un objeto científico. El fuego, objeto inme-
sona. Los ejes de la poesía y de la ciencia diato notable, objeto que se impone a una
son inversos en principio. Todo lo más que selección primitiva, suplantando amplia-
puede esperar la filosofía es llegar a hacer mente a otros fenómenos, no abre ya nin-
complementarias la poesía y la ciencia, unir- guna perspectiva para un estudio científico.
las como a dos contrarios bien hechos. Es Nos parece, pues, instructivo, desde el pun-
preciso, pues, oponer, al espíritu poético to de vista psicológico, seguir la inflación
expansivo, el espíritu científico taciturno de este valor fenomenológico y estudiar
para el cual la antipatía previa es una sana cómo un problema, que ha oprimido duran-
precaución. te siglos la búsqueda científica, se ha visto
Vamos a estudiar un problema donde la de repente dividido o suplantado sin haber
JO Psicoanálisis del fuego Introducción
llegado a ser resuelto jamás. Cuando se pre- real implicación del sujeto y del objeto, se
gunta a personas cultivadas, a sabios inclu- deberá distinguir más netamente al nombre
so, como yo lo he hecho infinidad de veces: pensativo y al pensador, sin esperar, no obs-
«¿Qué es el fuego?», se reciben respuestas tante, que esta distinción concluya jamás.
vagas o tautológicas que repiten inconscien- En todo caso, es al hombre pensativo a
temente las teorías filosóficas más antiguas quien vamos a estudiar aquí; al hombre
y más quiméricas. La razón de ello es que la pensativo ante su hogar, en la soledad, cuan-
cuestión ha sido situada en. una zona objeti- do el fuego es brillante como la conciencia
va impura, donde se mezclan las intuiciones de esa misma soledad. Tendremos múltiples
personales y las experiencias científicas. ocasiones para mostrar los peligros que,
Nosotros mostraremos, precisamente, que para un conocimiento científico, albergan
las intuiciones del fuego —puede que más las impresiones primitivas, las adhesiones
que cualesquiera otras— mantienen la car- simpáticas, las ensoñaciones indolentes. Po-
ga de una pesada tara; que arrastran a con- dremos observar fácilmente al observador,
vicciones inmediatas en un problema donde a fin de despejar los principios de esta ob-
sólo se precisa de experiencias y de me- servación valorizada, o, mejor dicho, de esta
didas. observación hipnotizada que es siempre la
En un libro ya viejo \ hemos intentado observación del fuego. En definitiva, este
describir, a propósito de los fenómenos ca- estado de ligero hipnotismo, cuya constan-
loríficos, un eje bien determinado de obje- cia hemos sorprendido, es muy propicio
tivación científica. Hemos señalado cómo para abrir las puertas a la encuesta psicoa-
la geometría y el álgebra aportaron poco a nalítica. Sólo es preciso un atardecer inver-
poco sus formas y sus principios abstrac- nal, con el viento alrededor de la casa, y un
tos para canalizar la experiencia por una fuego claro, para que un alma dolorosa ha-
vía científica. Ahora es el eje inverso —no el ble a la vez de sus recuerdos y de sus penas:
eje de la objetivación, sino el eje de la sub-
jetividad— el que desearíamos explorar C'est á voix basse qu'on enchante
para dar un ejemplo de las dobles perspec- Sous la cendre d'hiver
tivas que pueden considerarse en todos los Ce coeur, pareil au feu couvert,
problemas planteados por el conocimiento Qui se consume et chante.
de una realidad particular, bien definida in-
cluso. Si tenemos razón a propósito de la Toulet
12 Psicoanálisis del fuego Introducción 13

esta idolatría. Por supuesto, cuanto más


cerca esté de nosotros el documento utili-
2 zado, tanta más fuerza poseerá para demos-
trar nuestra tesis. El documento permanen-
Pero si nuestro libro es fácil línea por lí- te que perseguimos en la historia, trazo de
nea, nos parece verdaderamente imposible una resistencia a la evolución psicológica,
hacer de él un conjunto bien compuesto. Un es éste: el hombre viejo tras el niño, el niño
plano de errores humanos es una empresa tras el anciano, el alquimista bajo el inge-
irrealizable. Máxime en una tarea como la niero. Pero como para nosotros el pasado
nuestra, que rechaza el plan histórico. Efec- es ignorancia, como la ensoñación es impo-
tivamente, las condiciones antiguas de la en- tencia, he aquí nuestro objeto: curar al es-
soñación no han sido eliminadas por la for- píritu de sus delicias, arrancarle del narci-
mación científica contemporánea. Incluso el sismo de la evidencia primera, darle otras
sabio, cuando abandona su trabajo, retorna seguridades que la de la posesión, otras
a las valorizaciones primitivas. Seria, pues, fuerzas de convicción que el calor y el en-
una tarea vana intentar describir, siguiendo tusiasmo; pruebas, en definitiva, que no
la línea de una historia, un pensamiento que tendrán nada de llamas.
contradice sin cesar las enseñanzas de la Pero ya hemos hablado suficientemente
historia científica. Al contrario, consagrare- para hacer intuir el sentido de un psicoaná-
mos una parte de nuestros esfuerzos a mos- lisis de las convicciones subjetivas relativas
trar que la ensoñación readopta sin cesar al conocimiento de los fenómenos del fuego,
los temas primitivos y trabaja continuamen- o, más brevemente, de un psicoanálisis del
te como un alma primitiva, a despecho de fuego: al nivel de los argumentos particula-
los logros del pensamiento elaborado, con- res precisaremos nuestras tesis generales.
tra la propia instrucción de las experiencias
científicas.
3
No nos situaremos mucho tiempo en pe
ríodos lejanos, donde nos sería extraordina- Queremos, sin embargo, añadir aún una
riamente fácil describir la idolatría del fue- observación que equivale a una advertencia.
go. Lo único que nos parece interesante es Cuando nuestro lector haya acabado la lec-
hacer comprobar la sorda permanencia de tura de esta obra, no habrá acrecentado en
14 Psicoanálisis del fuego Introducción 15
nada sus conocimientos. Puede que ello no tancialistas. Si mereciésemos encontrar
sea enteramente culpa nuestra, sino simple- émulos, les comprometeríamos a estudiar,
mente el precio pagado en virtud del méto- desde el mismo punto de vista de un psico-
do escogido. Cuando nos volvemos a nos- análisis del conocimiento objetivo, las no-
otros mismos, nos desviamos de la verdad. ciones de totalidad, de sistema, de elemen-
Cuando llevamos a cabo experiencias ínti- to, de evolución, de desarrollo... No habría
mas, contradecimos fatalmente la experien- dificultad de aprehender, en la base de tales
cia objetiva. En este libro donde hacemos nociones, valorizaciones heterogéneas e in-
confidencias, enumeramos errores. Nuestra directas, pero cuyo tono afectivo es innega-
obra se ofrece, pues, como un ejemplo de ble. En todos esos ejemplos se hallarían,
ese psicoanálisis especial que creemos útil bajo las teorías más o menos fácilmente
en la base de todos los estudios objetivos. aceptadas por los sabios o los filósofos, con-
Ella es una ilustración de las tesis generales vicciones con frecuencia bastante ingenuas.
sostenidas en un reciente libro sobre La Estas convicciones no discutidas son otras
Formation de l'esprit scientifique. La peda- tantas luces parásitas que enturbian las le-
gogía del espíritu científico ganaría expli- gítimas claridades que el espíritu debe
citando así las seducciones que falsean las acumular en un esfuerzo discursivo. Es ne-
inducciones. No sería difícil volver a hacer cesario que cada cual se ocupe en destruir
para el agua, el aire, la tierra, la sal, el vino, en sí mismo esas convicciones no discuti-
la sangre, lo que nosotros hemos bosque- das. Es preciso que cada cual se apresure a
jado aquí para el fuego. A decir verdad, es- escapar de la rigidez de los hábitos contraí-
tas sustancias inmediatamente valorizadas, dos por el espíritu al contacto de las expe-
que comprometen el estudio objetivo sobre riencias familiares. Es necesario que cada
temas no generales, son menos netamente cual destruya más cuidadosamente aún que
dobles —menos netamente subjetivas y ob- sus fobias, sus «filias», sus complacencias
jetivas— que el fuego; pero todas ellas lle- por las intuiciones primeras.
van, igual que él, una marca falsa, el falso En resumen, sin pretender instruir al lec-
peso de los valores no discutidos. Sería más tor, nos consideraríamos pagados en nues-
difícil, pero también más fecundo, llevar el tro esfuerzo si pudiéramos convencerle de
psicoanálisis a la base de las evidencias más practicar un ejercicio en el que somos maes-
razonadas, menos inmediatas y, por tanto, tros: burlarse de sí mismo. Ningún progre-
menos afectivas que las experiencias sus- so es posible en el conocimiento objetivo sin
16 Psicoanálisis del fuego Capítulo 1
Fuego y respeto. El complejo de Prometeo
esta ironía autocrítica. Digamos, para termi-
nar, que no damos más que una débil por-
ción de los documentos que hemos acumu-
lado a lo largo de interminables lecturas de
viejos libros científicos de los siglos x v n
y XVIII, de modo que este librito no es sino
un esbozo. Cuando se trata de escribir ton-
terías es verdaderamente demasiado fácil
hacer un gran libro.

El fuego y el calor suministran medios"


de explicación en los campos más variados
porque ambos son para nosotros fuente de
recuerdos imperecederos, de experiencias'
personales simples y decisivas. El fuego es
un fenómeno privilegiado que puede expli-
carlo todo. Si todo aquello que cambia len-
tamente se explica por la vida, lo que cam-
bia velozmente se explica por el fuego. El
fuego es lo ultra-vivo. El fuego es íntimo_y
universal. Vive en nuestro corazón. Vive en
éTcleloTSube desde las profundidades de la
substancia y se ofrece como un amor. Des-
ciende en la materia y se oculta, latente,
contenido como el odio y la venganza. En-
Bachelard.—2
¡3 Capítoio \ Puego y respeto 19

tre todos los fenómenos, verdaderamente encuentran proporcionados a nuestra natu-


esjd único que puede recibir netamente dos raleza J ». En esta página no hay un solo ar-
valoraciones m o t e a r í a s : el bien y el_maL gumento, un solo epíteto, que puedan reci-
Brilla en el Paraíso. Abrasa en el Infierno. bir sentido objetivo. Y, no obstante, ¡de qué
Dulzor y tortura. Cocina y apocalipsis. El modo nos convence! Creo que ella engloba
fuego es placer para el niño sentado pruden- la fuerza de persuasión del médico y la fuer-
temente cerca del hogar; y, sin embargo, za insinuante del remedio. El fuego es el
castiga toda desobediencia cuando se quie- medicamento más insinuante y, al pronun-
re jugar demasiado cerca con sus llamas. El ciarlo, es cuando el médico resulta más per-
fuego es bienestar y es respeto. Es un dios suasivo. En todo caso, yo no puedo releer
tutelar y terrible, bondadoso y malvado. esta página— explique quien pueda esta re-
)Puede contradecirse: por ello es uno de los lación invencible— sin acordarme del buen
(principios de explicación universal. y solemne doctor, con su reloj de oro, que
Sin esta valoración primera no se com- llegaba hasta mi cabecera infantil y con su
prendería esa tolerancia de juicio que acep- palabra culta tranquilizaba a mi madre in-
ta las contradicciones más flagrantes, ni ese quieta. Era una mañana de invierno en
entusiasmo que acumula, sin pruebas de nuestra pobre casa. El fuego brillaba en la
ningún tipo, los epítetos más elogiosos. Por chimenea. Me daban jarabe de Tolú. Yo la-
ejemplo, ¡qué ternura y qué disparate en mía la cuchara. ¡Dónde han ido a p a r a r esos
esta página de un médico escritor de finales tiempos del sabor balsámico y de los reme-
del siglo XVIII! : «yo por fuego entiendo, no dios de cálidos aromas!
un calor violento, tumultuoso, irritante y
contra natura, que quema los humores y los
alimentos en lugar de cocerlos, sino el fue- 2
go suave, moderado, balsámico, que, acom-
pañado de una cierta humedad, afín a la Cuando yo estaba enfermo, mi padre en-
de la sangre, penetra los humores hetero- cendía fuego en mi habitación. El tenía mu-
géneos del mismo modo que los jugos des- cho cuidado en que los leños quedasen de-
tinados a la nutrición, dividiéndolos, ate- rechos sobre los pedazos de madera más
nuándolos, puliendo la rudeza y el apresto pequeños y al deslizar un puñado de virutas
de sus partes y conduciéndolas, en fin, a tal entre los morillos. Fracasar al encender un
grado de suavidad y de finura, que ellos se fuego hubiese sido una insigne estupidez.
V 20 Capítulo 1
Fuego y respeto 21
Yo no imaginaba que mi padre pudiese te- do; se me miraba como para sugerirme
ner igual en esta función, que jamás delegó actuar y, sin embargo, la llama venía y se
en nadie. De hecho, yo no creo haber en- apoderaba del leño; entonces se me acusaba
cendido un fuego antes de los dieciocho de haber arrojado alguna sustancia, y se re-
años. Solamente cuando viví en la soledad conocía, por último, siguiendo la costum-
fui el soberano de mi chimenea. Pero el bre, que yo había aprovechado las corrien-
arte de atizar, que había aprendido de mi tes: no llegaba a investigarse la plenitud
padre, ha permanecido en mí como una de calores, lo emanante, lo radiante de las
vanidad. Preferiría, creo, fracasar en una pirosferas, de las velocidades traslativas, de
lección de filosofía que en mi fuego de la las series caloríficas». Y Ducarla continúa
mañana. También, con viva simpatía leo en desplegando conjuntamente sus talentos fa-
un autor estimado, muy ocupado en sabias miliares y sus ambiciosos conocimientos
búsquedas, esta página que es para mí una teóricos donde la propagación del fuego es
página casi de recuerdos personales 2 : «Me descrita como una progresión geométrica
he divertido frecuentemente con esta según «series caloríficas». A despecho de
fórmula cuando iba a casa de los otros, o esta matemática mal traída, el principio
cuando alguien venía a mi casa: el fuego se fundamental del pensamiento «objetivo» de
apagaba; era preciso atizar inútilmente, sa- Ducarla está bien claro y su psicoanálisis
biamente, largamente a través de un humo es inmediato: pongamos brasa contra brasa
espeso. Se recurría, por último, a la leña y la llama alegrará nuestro hogar.
menuda, al carbón, que nunca llegaba lo
bastante pronto: después de haber sido agi-
tados numerosas veces los leños ennegreci-
dos, yo lograba apoderarme de las tenazas, 3
cosa que suponía paciencia, audacia y buen
humor. Incluso obtenía aplazamientos en Es posible que de aquí pueda extraerse«
favor del sortilegio, como esos Empíricos a un ejemplo del método que nosotros propo-
los que la Facultad entrega un enfermo des- nemos seguir para un psicoanálisis del co- |
esperado; entonces, me limitaba a poner nocimiento objetivo. Se trata, en efecto, d e /
frente a frente algunos tizones, casi siempre descubrir la acción de J^_jzalores_incons-1
sin que pudiera notarse que yo hubiese to- cientes enjámbase misma del conocimiento \
cado nada. Descansaba sin haber trabaja- empíric^j^^j^ntífico. Para ello es preciso
mostrar la luz recíproca que, sin cesar, va y


22 Capítulo 1 Fuego y respeto ¿J

de los conocimientos objetivos y sociales a la sensación más brutal. En realidad, las


los conocimientos subjetivos y personales, prohibiciones sociales son las primeras. La
y viceversa. Es necesario señalar en la ex- experiencia natural no viene sino en segun-
periencia científica las huellas de la expe- do lugar para añadir una prueba material
riencia infantil. Sólo de este modo podre- inesperada, cuya naturaleza es demasiado
mos hablar con fundamento de un incons- oscura para fundar en ella un conocimiento
ciente del espíritu científico y del carácter objetivo. La quemadura, es decir, la inhibi-
heterogéneo de ciertas evidencias, y así es ción natural, al confirmar las prohibiciones
como veremos converger,, sobre el estudio sociales no hace sino aumentar, a los ojos
de un fenómeno particular, convicciones del niño, el valor de la inteligencia pater-
formadas en los más variados terrenos. nal. Hay, pues, en la base del conocimiento
Puede que aún no se haya reparado sufi- infantil del fuego, una interferencia de lo
cientemente en que el fuego, antes que un natural con lo social, en la cual, lo social
ser natural es, sobre todo, un ser social. es casi siempre dominante. Todo esto pue-
Para ver lo bien fundado de esta observa- de verse mejor si se compara el pinchazo
ción no hay necesidad de desarrollar consi- y la quemadura. Tanto uno como otro dan
deraciones sobre el papel del fuego en las lugar a reflejos. ¿Por qué las cosas punti-
sociedades primitivas, ni de insistir sobre agudas no son, al igual que el fuego, objeto
las dificultades técnicas de la conservación de respeto y de temor? Precisamente por-
del mismo; basta con hacer psicología po- que las prohibiciones sociales que hacen
sitiva, examinando la estructura y la edu- referencia a los objetos puntiagudos son
cación de un espíritu civilizado. De hecho, mucho más débiles que las prohibiciones
el respeto al fuego es un respeto enseñado; que se refieren al fuego.
no es un respeto natural. El reflejo que nos He aquí, pues, la verdadera base del res-
hace retirar el dedo de la llama de una bujía peto ante la llama: si el niño aproxima su
no juega, por así decirlo, ningún papel cons- mano al fuego, su padre le da un palmetazo
ciente en nuestro conocimiento. Incluso es sobre los dedos. El fuego golpea sin nece-
posible asombrarse de que se le dé tanta sidad de quemar. Que este fuego sea llama
importancia en los libros de psicología ele- o calor, lámpara u horno, la vigilancia de
mental, presentándolo como ejemplo sem- los padres es la misma. Iniciahnente, pues,
piterno de intervención de una cierta re- el fuego es objeto de una prohibición gene-
flexión en lo reflejo, de un conocimiento en ral; de aquí, la siguiente conclusión: la
24 Capítulo 1 Fuego y respeto 25

prohibición social es nuestro primer cono- en sí— del padre del Fuego. No es necesario,
cimiento general sobre el fuego. Lo primero por otro lado, apresurarse a fundir el com-
que se sabe del fuego es que no debe ser plejo de Prometeo y el complejo de Edipo
tocado. A medida que el niño crece, las del psicoanálisis clásico. Los componentes
prohibiciones se espiritualizan: el palmeta- sexuales de los sueños sobre el fuego son,
zo es sustituido por la voz colérica; la voz sin duda, particularmente intensos y nos-
colérica por el sermón sobre los peligros otros intentaremos ponerlos en evidencia
del incendio, por las leyendas sobre el fue- más adelante. Puede que valga más señalar
go de los cielos. De este modo, el fenómeno todos los matices de las convicciones in-
natural se implica rápidamente en otros co- conscientes mediante fórmulas diferentes,
nocimientos sociales, complejos y confusos, que ver de un solo golpe cómo se parecen
que apenas si dejan lugar al conocimiento entre sí los diferentes complejos. Precisa-
sencillo. mente, una de las ventajas del psicoanálisis
A partir de ahí, y puesto que las inhibicio- del conocimiento objetivo que proponemos,
nes son, en primer lugar, prohibiciones so- creemos que es el examen de una zona me-
ciales, el problema del conocimiento perso- nos profunda que aquella donde se desarro-
nal del fuego es el problema de la desobe- llan los instintos primitivos; y esta zona,
diencia adrede. El niño quiere hacer como por ser intermedia, tiene una acción deter-
su padre, lejos de su padre, y, al igual que minante para el pensamiento claro, para el
un pequeño Prometeo, roba cerillas. Corre pensamiento científico. Saber y fabricar son
entonces por los campos, y en el hueco de necesidades que es posible caracterizar en
un barranco, ayudado por sus compañeros, sí mismas, sin ponerlas necesariamente en
enciende la hoguera del día de novillos. El relación con la voluntad de poder. Hay en el
niño de la ciudad apenas si conoce este fue- hombre una verdadera voluntad de intelec-
go que arde entre tres piedras; el niño de tualidad. Se subestima la necesidad de com-
la ciudad no ha probado la ciruela asada, prender cuando se la coloca, como han he-
ni el caracol, todo pegajoso, que se coloca cho el pragmatismo y el bergsonismo, bajo
sobre las brasas rojas. El puede escapar a la dependencia absoluta del principio de uti-
este complejo de Prometeo cuya acción he lidad. Proponemos, pues, alinear, bajo el-
sentido frecuentemente. Sólo este complejo nombre de complejo de Prometeo, todas las
puede hacernos comprender el interés que tendencias que nos impulsan a saber tanto
siempre despierta la leyenda —bien pobre como nuestros padres, tanto como nuestros
26 Capítulo 1 Capítulo 2
maestros, más que nuestros maestros. Ma- \ Fuego y ensueño. El complejo de Empé-
nejando el objeto, perfeccionando nuestro docles
conocimiento objetivo, podemos esperar co-
locarnos claramente al nivel intelectual que
hemos admirado en nuestros padres y en
nuestros maestros. La supremacía por la,
posesión de instintos más poderosos tientan
naturalmente, a un gran número de indi-
viduos; pero también los espíritus más
selectos deben ser examinados por el psicó-
logo. Si la intelectualidad p u r a es excepcio-
nal, también es algo muy característico de
una evolución específicamente humana. El
complejo de Prometeo es el comnlñio d e ^
Edipo de la vida intelectual.
1
La psiquiatría moderna ha elucidado la
psicología del incendiario. JHa demostrado
eTcarácter sexual de. sus tendencias. Recí-
procamente ella ha puesto al día el trauma-
tismo grave que puede recibir una psique
p o r el esper.tar.nlo de un pajar o de un techo
incendiados, de una llama inmensa contra
el cielo nocturno, en el infinito de la llanura
labrada. Casi siempre el incendio en el cam-
po es la enfermedad de un pastor. Como
portadores de antorchas siniestras, los hom-
bres míseros transmiten, de edad en edad,
el contagio de sus sueños de solitarios. Un
incendio hace nacer a u n incendiario é a s f
t a n r a t a l m e n t e como un incenc
28 Capítulo 2 Fuego y ensueño 29

ca nti ipcendio. El fuego se cobija en un esa solidez y esa homogeneidad que le dan
alma con más seguridad que bajo la ceniza. un encanto tal que nadie logra desprender-
El incendiario es el más disimulado de los se de él. La ensoñación ante el fuego está
criminales. En el asilo de Saint-Ylie, el in- tan bien definida que se ha convertido en
cendiario más caracterizado es muy servi- una banalidad afirmar que amamos el fuego
cial. Sólo hay una cosa que pretende no de madera que arde en la chimenea. Se tra-
saber hacer: encender la estufa. Aparte de ta del fuego tranquilo, regular, domeñado,
\ la psiquiatría, el psicoanálisis clásico ha es- en el que el grueso leño arde con pequeñas
J tudiadoacapiiamejate Tos s u e ñ o s s o b r e _ ¿ l llamas. Es un fenómeno monótono y bri-
I fuego. Estos sueños se encuentran entre los llante, verdaderamente total, que habla y
** más claros, los más netos, aquellos cuyain- que vuela, que canta.
I terpretación sexual es más segura. No in- El fuego encerrado en el hogar fue sin
¡ sistiremos, por tanto, en este problema. duda para el hombre el nrimer tema de en-
Nosotros, cuyo objetivo es psicoanalizar soñación, le] símbolo del reposo} la invita-
una capa psíquica menos profunda, más in- ción al descanso. No se concibe apenas una
telectualizada, debemos reemplazar el estu- filosofía del reposo sin la ensoñación ante
dio de los sueños por el estudio de la enso- J los leños que llamean. Según nosotros, ^Sz.
ñación y, más especialmente, en este librito, \ rmnciar a la ensoñación ante el fuego es
debemos estudiar la ensoñación ante el fue- I renunciar al uso verdaderamente humano
go. Según nuestro punto de vista, esta en- I yj5rrnleTo-deí ftTügo. Sm ditdar-eH'uego ca-
soñación, es extremadamente distinta "^ael l i e n t a v reconforta. Pero no se toma su-
sueño en razón de que siempre se halla más ficiente conciencia de ese reconfortar más
o menos centrada sobr^ un ^Kj^tr- Fl sueño que en una larga contemplación; no se re-
avanza linealmente. olvidando su camino a cibe el bienestar del fuego si no se colocan
la par que lo recorre. La ensoñación actúa » los codos sobre las rodillas y la cabeza entre
en forma de estrella. Siempre vuelve a su las manos. Esta postura viene de lejos. El
centro para lánz^r-muevos rayos. Y es pre- niño, cerca del fuego, la toma espontánea-
cisamente la ensoñación ante el fuego, la ¿oeate. No es en absoluto la actitud del Pen-
dulce ensoñación consciente de su bienes- sador. Ella determina una atención muy
tar, la más espontáneamente centrada. Se particular, que nada tiene de común con la
cuenta entre las que tienen lo mejor por atención del que acecha o del que observa-
objeto o, si se quiere, por pretexto. De ahí Es una actitucTqTie-se-trtiliza muy raramen-

•PIP
30 Capítulo 2 Fuego y ensueño 31

te para cualquier otra contemplación. Cer- cramaille, come cramaille! » *. Pero cuando
ca del fuego es necesario sentarse; descan- yo era bueno, se llamaba al barquillero. El
sar sin dormir; aceptar la fascinación aplastaba con su molde el fuego de espino,
objetivamente específica. rojo como el dardo de las espadañas. Y el
Por supuesto, los partidarios de la forma- barquillo aparecía sobre mi mesa, más cáli-
ción utilitarista del espíritu no aceptarán do a los dedos que a los labios. Entonces sí,
una teoría tan fácilmente idealista y nos ob- yo comía fuego, devoraba su oro, su olor, y
jetarán, para determinar el interés que nos- hasta su chisporroteo, en tanto que el ar-
otros demostramos por el fuego, las múlti- diente barquillo crujiese entre mis dientes.
ples utilidades del mismo: no solamente el Y siempre es de este modo, por una especie
fuego calienta, sino que cuece los alimentos. de placer de lujo, de postre, como el fuego
¡Como si el complejo hogar, el hogar cam- justifica su humanidad. No se limita a asar:
pesino, impidiese la ensoñación! cuscurrea. Dora la galleta. Materializa la
De los ganchos de los llares cuelga el alegría de los hombres. Por mucho que pue-
negro caldero. La olla, sobre sus tres patas, da remontarse, el valor gastronómico tiene
sobresale por encima de la ceniza cálida. primacía sobre el valor alimenticio y es en
Soplando, con las mejillas hinchadas, en el la alegría, y no en la pena, donde el nombre
cañón de la chimenea, mi abuela reanimaba ha encontrado su espíritu. La conquista de
las llamas adormecidas. Todo se cocinaba lo superfluo produce una excitación espiri-
a la vez: las gruesas patatas para los cerdos, tual mayor que la de la conquista de lo ne-
las patatas más finas para la familia. Para cesario. El hombre es una creación del
mí, un huevo fresco se cocía bajo la ceniza. deseo, no una creación de la necesidad.
El fuego no se mide con un reloj de arena:
el huevo estaba cocido cuando una gota de
agua, y muchas veces una gota de saliva, se 2
evaporaba sobre la cascara. Me he sorpren-
dido mucho al leer últimamente que Denis La ensoñación al amor de la lumbre tiene
Papin vigilaba su marmita empleando el aspectos más filosóficos. Para el hombre
procedimiento de mi abuela. Antes del hue- que lo contempla, el fuego es un ejemplo
vo, yo estaba condenado a la sopa de pan. dpi rápida-4evefíir y un ejemplo del devenir
Un día, niño colérico y apremiado, arrojé mi circunstanciado. Menos monótono y menos
sopa a los dientes de los llares: « ¡Come abstracto que el agua que fluye, más rápido
32 Capítulo 2 Fuego y ensueño 33
en crecer y en cambiar que el pájaro del otros más instructivo que el sueño, conti-
nido vigilado día tras día en su zarzal, el nuemos con George Sand.
fy£gQ sugiere el deseo de cambiar^ de atro- Para ver de madrugada Sicilia, en ascuas
P e I!§r eljiempo, d e j e j i i p i a j i r j a j ü d ^ a ¿ £ s u sobre el m a r resplandeciente, el viajero es-
tgcaiigQ, Fasta su más allá. La fascinación cala las pendientes del Etna al atardecer. Se
es entonces verdaderamente arrebatadora y detiene para dormir en la Gruta de las Ca-
dramática; ella ensancha el destino huma- bras, pero no logrando conciliar el sueño,
no; une lo pequeño y lo grande, el hogar y el el viajero sueña con los ojos despiertos ante
volcán, la vida de una hoguera y la vida de la fogata de abedul; permanece, natural-
un mundo. El ser fascinado escucha la lla- mente (pág. 22), «con los codos apoyados
mada de la pira. Para él, la destrucción es sobre sus rodillas y los ojos fijos sobre las
algo más que un cambio: es una renovación. brasas rojas de su hoguera, de donde se es-
Esta muy especial y, por tanto, muy ge- capaban, bajo mil formas y con mil varia-
neral ensoñación, determina un verdadero das ondulaciones, llamas blancas y azules.
complejo donde se unen el amor y el respeto Esta es, pensaba él, u n a imagen reducida
al fuego, el instinto de vivir y el instinto de de los juegos de las llamas y de los movi-
morir. Podría llamársele complejo de Em- mientos de la lava en las erupciones del
pédocles. Se puede ver su desarrollo en una Etna. ¿No seré convocado p a r a contemplar
curiosa obra de George Sand. Se trata de este admirable espectáculo en todo su ho-
una obra de juventud, salvada del olvido rror?» ¿Y cómo puede admirarse un es-
por Aurora Sand. Quizás esta Histoire du pectáculo que no se ha visto jamás? Pero,
Réveur haya sido escrita antes del primer como p a r a mejor señalarnos el eje de su
viaje a Italia, antes del primer Volcán, des- ensueño amplificador, el mismo autor con-
pués del matrimonio, pero antes del primer tinúa: «¿Por qué no poseo los ojos de una
amor. En todo caso, lleva la marca del Vol- hormiga p a r a admirar este abedul abrasa-
cán, imaginado más que descrito. Es fre- do?; ¡con qué transportes de ciega alegría
cuente este caso en la literatura. Por y de frenesí de amante, estos enjambres de
ejemplo, se encontrará también una página diminutas mariposas blanquecinas vienen a
típica en Jean-Paul, que sueña que el Sol, precipitarse en él! ¡He aquí para ellas el
hijo de la Tierra, es proyectado hacia el volcán en toda su majestad! He aquí el es-
cielo desde el cráter de un volcán en ebulli- pectáculo de un inmenso incendio. Esta luz
ción. Pero, como el ensueño es para nos- deslumbrante las embriaga y las exalta,
Bachelard.—3 *
34 Capítulo 2 Fuego y ensueño 35

como haría conmigo la visión de todo el bos- fundación atribuye la tradición a Empédo-
que incendiado». El amor, la muerte y el cles (pág. 50): «Ven, mi rey. ¡Ciñe tu corona
fuego han sido unidos en el mismo instan- de llamas blancas y de azufre azul de donde
te. Mediante su sacrificio en el corazón de escapa una lluvia chispeante de diamantes y
la llama, la mariposa nos da una lección zafiros! » Y el Soñador, dispuesto al sacri-
de eternidad. La muerte total y sin rastro es ficio, responde: « ¡Aquí estoy! Envuélveme
la garantía de que partamos enteramente en ríos de lava ardiente, estréchame en tus
al más allá. Perderlo todo para ganarlo brazos de fuego, como el amante estrecha
todo. La lección del fuego es clara: «Des- a la novia. Me he engalanado con tus colo-
pués de haber logrado todo por la destreza, res. Revístete tú también de tu ardiente ves-
por el amor o por la violencia, es necesario tidura de púrpura. Cubre tus espaldas con
que lo cedas todo, que te anules.» (D'An- tus resplandecientes hábitos. ¡Etna, ven,
nunzio, Contemplation de la Mort). Tal es al Etna!, rompe tus puertas de basalto, vomita
menos como reconoce Giono en las Vraies el betún y el azufre. ¡Vomita la piedra, el
richesses (pág. 134), el impulso intelectual metal y el fuego...! » En el seno del fuego,
«de las antiguas razas, como los indios de la muerte no es la muerte. «La muerte no
la India o los aztecas, de las gentes cuya sabría estar en esta región etérea a donde
filosofía y crueldad religiosas han anemiza- tú me llevas... Mi cuerpo frágil puede ser
do hasta el desecamiento total, no dejando consumido por el fuego; mi alma debe unir-
nada más que un globo inteligente en la se a los sutiles elementos de que tu estás
cúspide de la cabeza». Sólo estos intelec- compuesto. ¡Pues bien!, dice el Espíritu,
tualizados, estos seres libres de los instintos arrojando sobre el Soñador parte de su roja
de una formación intelectual, continúa Gio- capa, di adiós a la vida de los hombres y
no, «pueden forzar la puerta del horno y sigúeme a la de los fantasmas.»
entrar en el misterio del fuego». De este modo, un ensueño al amor de la
Esto es lo que quiere hacernos compren- lumbre, cuando la llama tuerce las ramas
der George Sand. Cuando el ensueño está enjutas del abedul, basta para evocar el vol-
concentrado, aparece el genio del Volcán. cán y la hoguera. ¡Una brizna que vuela en
Danza «sobre las cenizas azules y rojas... el humo es suficiente para incitar nuestro
montado en un copo de nieve que arrastra destino! ¿Cómo probar mejor que la con-
el huracán». Y arrastra al Soñador por en- templación del fuego nos conduce a los orí-
cima del monumento cuadrangular cuya genes mismos del pensamiento filosófico?
36 Capítulo 2
Fuego y ensueño 37
Si el fuego, fenómeno extraño y excepcional que demuestra la fuerza de su cordura.» l
en el fondo, ha sido considerado como ele- La muerte en la llama es la menos solitaria
mento constitutivo del Universo, ¿no ha denlas muertes. Es ^vérdader amenté una
ocurrido ello por ser un elemento del pen- muerte cósmica en Ia~que todo un universo
samiento, por ser el elemento escogido por s e a m q u i l a con el pensador. La hoguera es
la ensoñación? una compañera de la evolución.
Cuando se ha reconocido un complejo
psicológico, parece que se comprenden me- Giova ció solo che non muore, e solo
Per noi non muore, ció che muor con noi
jor, más sintéticamente, ciertas obras poé- No es bueno que lo único que no muere, y sólo
ticas. De hecho, una obra poética no puede Para nosotros no muere, muera con nosotros
apenas recibir otra unidad que la de un
D'Annunzio
complejo. Si el complejo falta, la obra, pri-
vada de sus raices, no se comunica con el Muchas veces, ante un inmenso fuego in-
inconsciente. Parece fría, ficticia, falsa. Por candescente, el alma se siente trabajada por
el contrario, una obra inacabada incluso, el complejo de Empédocles. La Foscarina
publicada en variantes y reediciones, como de D'Annunzio, abrasada por las íntimas
es el Empedokles de Hólderlin, guarda una llamas de un amor desesperado, desea con-
unidad sólo por el hecho de insertarse en el cluir en la pira, mientras contempla fasci-
complejo de Empédocles. Mientras Hype- nada el horno del vidriero 2 : « ¡Desaparecer,
rion elige una vida que se mezcla íntima- ser engullida, no dejar r a s t r o ! , gritaba el
mente con la vida de la Naturaleza, Em-
corazón de la mujer, ebrio de destrucción.
pédocles escoge una muerte que le hace
En un segundo, ese fuego podría devorarme
fundirse con el elemento puro del volcán.
como a un sarmiento, como a una brizna de
Estas dos soluciones, afirma muy bien Pie-
rre Berteaux, están más cercanas de lo que paja. Y se aproximó a las bocas abiertas,
a primera vista parece. Empédocles es un por donde se veían las fluidas llamas, más
Hyperion que ha eliminado los elementos resplandecientes que el mediodía del vera-
wertherianos, que gracias a su sacrificio no, ceñirse a los recipientes de tierra en los
consagra su fuerza y no confiesa su debili- que se fundía, aún informe, el mineral que
dad; es «el hombre hecho, héroe mítico de los obreros, colocados en derredor, tras los
la antigüedad, prudente y seguro de sí mis- parafuegos, esperaban con una varilla de
mo, para quien la muerte es un acto de fe hierro para darle forma soplando con sus
labios.»
38 Capítulo 2 Capítulo 3
Psicoanálisis y prehistoria. El complejo de
Ya se ve cómo, en las circunstancias más
variadas, la llamada de la Hoguera continúa Novalis
siendo un tema poético fundamental. No co-
rresponde, en la vida moderna, a ninguna
observación positiva. Y nos conmueve, sin
embargo. De Víctor Hugo a Henri de Rég-
nier, el horno de Hércules continúa pintán-
donos, como un símbolo natural, el destino
de los hombres. Lo que es puramente fác-
tico para el conocimiento objetivo permane-
ce, pues, como profundamente real y activo
para los sueños inconscientes. El sueño es
más fuerte que la experiencia.

1
Hace ya tiempo que el psicoanálisis ha
abordado el estudio de las leyendas y mito-
logías. El psicoanálisis dispone, para este
tipo de estudios, de un material de explica-
ciones lo suficientemente rico como para es-
clarecer las leyendas que rodean la conquis-
ta del fuego. Pero lo que el psicoanálisis no
ha sistematizado aún completamente —pese
a que los trabajos de C. G. Jung han arroja-
do sobre este punto u n a intensa luz —es el
estudio de las explicaciones científicas, de
las explicaciones objetivas que pretenden
fundamentar los descubrimientos de los
hombres prehistóricos. En este capítulo va-
mos a reunir y completar las observaciones


40 Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 41

de C. G. Jung, centrando la atención sobre miento de dos pedazos de madera seca. Pero
la debilidad de las explicaciones racionales. las razones objetivas invocadas para expli-
De antemano, será preciso criticar aque- car cómo los hombres llegaron a imaginar
llas explicaciones científicas modernas que este procedimiento no pueden ser más dé-
nos parecen poco apropiadas a los descubri- biles. Con poca frecuencia, además, se
mientos prehistóricos. Tales explicaciones arriesga nadie a esclarecer la psicología de
proceden de un racionalismo seco y rápido, este primer descubrimiento. Entre los esca-
sin relación, por consiguiente, con las con- sos autores que se preocupan de dar una ex-
diciones psicológicas de los descubrimien- plicación, la mayoría recuerdan que los in-
tos primitivos. Lo oportuno será, creemos, cendios de los bosques se producen por el
un psicoanálisis indirecto y secundario, que «frotamiento» de las ramas en verano. Pre-
habrá de buscar, siempre, lo inconsciente cisamente aplican el racionalismo recurren-
bajo lo consciente, el valor subjetivo bajo te que queremos denunciar. Ellos juzgan
la evidencia objetiva, el sueño bajo la expe- por interferencia a p a r t i r de una ciencia co-
riencia. No se puede estudiar lo que prime- nocida, sin revivir las condiciones de la ob-
ro ha sido soñado. La ciencia suele for- servación primitiva. En el presente, cuando
marse antes sobre un sueño quePsobre una no se puede encontrar otra causa para el in-
experiencia, y son necesarias muchas expe- cendio del bosque, se viene a pensar que la
rienciaspara, lograr b o r r a r las brumas_de1 causa desconocida puede ser el frotamiento.
sueño. En particular, el mismo trabajo so- Pero, de hecho, se puede decir que el fenó-
bre igual materia para obtener idéntico re- meno en su aspecto natural no ha sido ob-
sultado objetivo, no tiene el mismo sentido servado jamás. Y si hubiese sido observado,
subjetivo en dos mentalidades tan distintas no sería precisamente en un frotamiento en
como son la del hombre primitivo y la del lo que se pensaría al abordar el fenómeno
hombre instruido. Para el hombre primiti- con toda ingenuidad. Se pensaría en un cho-
vo, el pensamiento es un sueno centraliza- que. No se hallaría nada que pudiese sugerir
do; para_ej^ hombre instruido7~elsueño es un fenómeno largo, preparado, progresivo,
un pensamiento incontrolado. El sentido como es el frotamiento que debe conducir
dmalmc^^sTiweTs^eTniño^nDtro caso. a la inflamación de la madera. Llegamos,
Por ejemplo, es un leit-motiv de la expli- pues, a la siguiente conclusión crítica: nin-
cación racionalista que los primeros hom- guna de las prácticas para producir fuego
bres produjeron el fuego mediante el frota- fundadas en el frotamiento, y en uso entre

, r
44 Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 43

un filósofo inteligente, y la venganza d e j o s vea marcado, nada más nacer, por el com-
dSiies~es~una venganza por celos. ~ plejo de Edipo? La expresión de Max Muller
En eí momento en que esta anotación psi- es reveladora a este respecto: la segunda
coanalítica ha sido formulada, una multitud cosa que había que contar sobre el fuego
de leyendas y de costumbres se explican sa- primitivo es «cómo, apenas nacido, devora-
tisfactoriamente; expresiones curiosas, in- ba a su padre y a su madre, es decir, a las
conscientemente mezcladas con explicacio- dos piezas de madera de donde él había bro-
nes racionalizadas, se esclarecen bajo una tado». Jamás el complejo de Edipo ha sido
luz nueva. Así Max Muller, que ha aportado dibujado mejor y más completamente: si
a los estudios sobre los orígenes humanos tú no logras encender el fuego, la quemazón
una intuición psicológica tan penetrante, del fracaso roerá tu corazón, el fuego per-
ayudado de tan profundos conocimientos manecerá en ti. Si tú lo produces, la esfinge
lingüísticos, se acerca mucho a la intuición te consumirá. El amor no es sino un fuego
psicoanalítica sin llegar, no obstante, a dis- que transmitir. El fuego no es sino un amor
cernirla 2 . « ¡Había tantas cosas que contar que sorprender.
sobre el fuego! » Y he aquí justamente la Naturalmente, como Max Muller no podía
primera: «Era hijo de dos pedazos de ma- beneficiarse de las aclaraciones aportadas
dera». ¿Por qué hijo? ¿Quién ha sido sedu- por la revolución psicológica de la era freu-
cido por esta visión genética? ¿El h o m b r e diana, algunas inconsecuencias son visibles
primitivo o Max Muller? Una imagen tal, hasta en su tesis lingüística. Por ejemplo,
¿por qué lado es más clara? ¿Es clara ob- escribe: «Y cuando (el hombre primitivo)
jetivamente o subjetivamente? ¿Dónde está pensase el fuego y le pusiese nombre, ¿qué
la experiencia que la esclarece? ¿Es la ex- ocurriría? No podía nombrarle sino a par-
periencia objetiva del frotamiento de dos tir de lo que el fuego hacía: consumir e
pedazos de madera, o la experiencia íntima iluminar.» Podía esperarse, siguiendo la ex-
de un frotamiento más dulce, más acarician- plicación objetiva de Max Muller, que fue-
te, que inflama un cuerpo amado? Basta sen atributos visuales los que viniesen a de-
plantear estas cuestiones para desencade- signar un fenómeno concebido primitiva-
nar la hoguera de la convicción de que el mente como visible, siempre visto antes de
fuego es hijo de la madera. ser tocado. Pero no: según Max Muller
¿Es necesario admirarse de que este fue- «eran, sobre todo, los movimientos rápidos
go impuro, fruto de un amor solitario, se del fuego quienes más llamaban la atención
46 Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 47

del hombre». Y así es como fue llamado «le subjetivas. Para llevar a cabo la psicología
vif, l'agile, Ag-nis, ig-nis» *. Esta designa- de la primitividad es necesario, pues, tomar
ción a partir de un fenómeno adjunto obje- en consideración un conocimiento científico
tivamente indirecto, sin constancia, no pue- esencialmente nuevo y seguir las reacciones
de evitar aparecer como extremadamente de los espíritus no científicos, mal prepara-
artificial. Por el contrario, la explicación dos, ignorantes de las vías del descubri-
psicoanalítica restablece todo. En efecto, el miento efectivo. La ciencia eléctrica en el
fuego es 1'Ag-nis, l'Ag-ile *, pero lo que es siglo XVIII ofrece a este respecto una mina
primitivamente ágil es la causa humana del inagotable de observaciones psicológicas.
fenómeno producido, es la mano que empu- El juego eléctrico, en particular, que, de ma-
ja el palo por la ranura, imitando las cari- nera más clara aún que el fuego usual, ha
cias más íntimas. Antes de ser hijo de la pasado a la categoría de fenómeno trivial,
madera, el fuego es hijo del hombre. psicoanalíticamente acabado, es un fuego
sexualizado. Puesto que es misterioso, es se-
xual. Bajo la idea del frotamiento, cuya evi-
3 dente sexualidad primera acabamos de se-
ñalar, vamos a reencontrar, para la electri-
El medio umversalmente empleado para cidad, todo lo que hemos dicho a propósito
esclarecer la psicología del hombre prehis- del fuego. Charles Rabiqueau, «Abogado,
tórico es el estudio de los pueblos primiti- Ingeniero privilegiado del Rey para todas
vos aún existentes. Pero para un psicoaná- sus obras de Física y Mecánica», escribe, en
lisis del conocimiento objetivo existen otras 1753, un tratado sobre «El espectáculo del
circunstancias de primitividad que nos pa- fuego elemental o Curso de electricidad ex-
recen más pertinentes. Basta, en efecto, con- perimental.» En dicho tratado se puede ob-
siderar un fenómeno nuevo, para compro- servar una suerte de reciprocidad de la tesis
bar la dificultad de una actitud objetiva psicoanalítica que sostenemos en este capí-
verdaderamente idónea. Parece como si lo tulo para explicar la producción del fuego
desconocido del fenómeno se opusiese acti- por frotamiento: puesto que el frotamiento
vamente, positivamente, a su objetivación. es causa de la electricidad, Rabiqueau va a
A lo desconocido no corresponde la igno- desarollar, sobre el tema del frotamiento,
rancia, sino más bien el error, y el error una teoría eléctrica de los sexos (págs. 1 l i -
li 2): «El frotamiento suave desvía las par-
bajo la forma más aplastante de las taras
48 Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 49

tículas de espíritu de aire que se oponen al drían ser estirados y multiplicados, hablan
paso, a la caída de una materia espirituosa, bien a las claras de las preocupaciones se-
que nosotros denominamos licor seminal. cretas de un espíritu que pretende entregar-
Este frotamiento eléctrico nos produce una se a la «pura mecánica». Se ve, por lo de-
sensación, un cosquilleo, gracias a la fineza más, que el centro de las convicciones no es,
de los puntos de espíritu de fuego, a medi- en absoluto, la experiencia objetiva. Todo
da que la rarefacción se produce y que este lo que frota, todo lo que quema, todo lo que
espíritu de fuego se acumula en el lugar fro- electriza, es inmediatamente susceptible de
tado. Entonces el licor, no pudiendo man- explicar la generación.
tener la ligereza del espíritu de fuego acu- Cuando las armónicas sexuales incons-
mulado en atmósfera, abandona su lugar y cientes del frotamiento vienen a faltar,
viene a caer en la matriz, donde existe tam- cuando resuenan mal en almas secas y rí-
bién atmósfera: la vagina no es más que el gidas, el frotamiento, reducido a su aspecto
conducto que lleva al depósito general que puramente mecánico, pierde al punto su
es dicha matriz. Hay en el sexo femenino poder de explicación. Desde este punto de
una parte sexífica. Esta parte es a este sexo vista quizá fuese posible rendir cuenta psi-
lo que la parte sexífica del hombre es al coanalítica de las largas resistencias que ha
hombre. Y está sujeta a semejantes rarefac- encontrado la teoría cinética del calor. Esta
ción, cosquilleo y sensación. Esta segunda teoría, muy clara para la representación
parte participa aún del frotamiento. Los consciente y más que suficiente para un es-
puntos de espíritu de fuego son incluso más píritu sinceramente positivista, aparece ca-
sensibles en el sexo femenino...» rente de profundidad —entendamos: caren-
te de satisfacción inconsciente— para un
«El sexo femenino es depositario de las espíritu precientífico. El autor de un En-
pequeñas esferas humanas que están en el sayo sobre la causa de la electricidad, diri-
ovario. Estas pequeñas esferas son una ma- gido en forma de cartas a G. Watson (tra-
teria eléctrica sin acción, sin vida; como ducción al francés de 1748), muestra en es-
una bujía no encendida, o un huevo presto tos términos su desilusión: «No encuentro
a recibir el fuego de vida, o la pepita o el nada peor razonado que cuando oigo decir
grano: o en fin, como la yesca o el fósforo que el fuego es causado por el frotamiento.
que aguardan ese espíritu de fuego...» Me parece que es tanto como decir que el
Puede que hayamos agotado la paciencia agua es causada por la bomba.»
del lector; pero textos semejantes, que po-
Bachelard.—4
50 Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 51
En cuanto a Madame du Chátelet, no pa- la vida en la época del hombre de las caver-
rece encontrar en esa tesis el menor escla- nas. Puede que nuestros antepasados fuesen
recimento y prefiere mantenerse al amparo más afables ante el placer, más conscientes
de un milagro: «Es sin duda uno de los más de su felicidad, en la proporción en que eran
grandes milagros de la Naturaleza que el menos delicados ante el sufrimiento. El cá-
fuego más violento pueda ser producido en lido bienestar del amor físico ha debido
un instante por la percusión de los cuerpos valorizar muchas experiencias primitivas.
más fríos en apariencia.» Así, un hecho ver- Para inflamar un palo deslizándolo por una
daderamente claro para un espíritu cientí- ranura en la madera seca, hace falta tiempo
fico, educado en la enseñanza de la ener- y paciencia. Pero este trabajo debía resul-
gética moderna, y que comprende inme- tar muy dulce para un ser cuya toda enso-
diatamente que el arrancamiento de una ñación era sexual. Es posible que en ese
partícula de sílex puede determinar la in- tierno trabajo, el hombre haya aprendido a
candescencia, tiene la apariencia de un mis- cantar. En todo caso, es un trabajo eviden-
terio para el espíritu precientífico de Mada- temente rítmico, un trabajo que responde
me du Chátelet. Necesitaría una explicación al ritmo del trabajador, que le proporciona
substancialista, una explicación profunda. bellas y múltiples resonancias: el brazo que
La profundidad es lo que se esconde; es lo frota, las maderas que baten, la voz que can-
que se calla. Siempre existe el derecho a ta, todo se une en la misma armonía, en la
pensar en ello. misma dinamogenia ritmada; todo conver-
ge en una misma espera, hacia un fin cuyo
valor se conoce. Desde que se comienza a
4
frotar se tiene la prueba de un dulce calor
objetivo, al mismo tiempo que la cálida im-
Nuestra tesis parecería menos arriesgada presión de un ejercicio agradable. Los rit-
si la gente supiese librarse de un utilitaris- mos se sostienen unos a otros. Se inducen
mo intransigente y cesase de imaginar sin mutuamente y se mantienen por autoinduc-
discusión al hombre prehistórico bajo el ción. Si se aceptasen los principios del Rit-
signo de la desgracia y de la necesidad. To- moanálisis de Pincheiro dos Santos, que nos
aconseja no otorgar la realidad temporal
dos los viajeros nos hablan en vano de la sino a lo que vibra, se comprendería inme-
despreocupación del primitivo: no dejamos diatamente el valor del dinamismo vital, del
por ello de estremecernos ante la imagen de
52 Capítulo 3
Psicoanálisis y prehistoria 53
psiquismo cohesor que interviene en un tra- rente de madera. Colocó luego este trozo
bajo de tal modo ritmado. Verdaderamen- puntiagudo de madera sobre el agujero de
te, el ser entero está en fiesta. Y es en esta la rama que estaba bajo sus pies y hacién-
fiesta, más que en un sufrimiento, donde el dolo girar rápidamente entre sus manos,
ser primitivo encuentra la conciencia de sí, como se gira un molinete cuando se quiere
que es, antes que nada, la confianza en sí. batir chocolate, en pocos momentos hizo
La manera de imaginar es con frecuencia brotar del punto de contacto humo y chis-
más instructiva que lo imaginado. Basta pas. Agrupó hierbas secas y otras ramas de
leer el relato de Bernardin de Saint-Pierre árboles y colocó el fuego al pie de la palme-
para sorprenderse de la facilidad y, en con- ra, que, poco después, cayó con gran apara-
secuencia, de la simpatía —con la cual el to. El fuego le sirvió aún para despojar a la
escritor «comprende» el procedimiento pri- col de la envoltura de sus largas hojas leño-
mitivo del fuego por fricción—. Perdido en sas y punzantes. Virginia y él comieron cru-
el bosque con Virginia, Paul quiere dar a su da parte de esa col, y otra parte cocida bajo
compañera «la col espinosa que se halla en la ceniza, y las encontraron sabrosas por
la copa de una palmera». ¡Pero el árbol igual...» Se observará que Bernardin de
desafía el hacha y Paul carece incluso de Saint-Pierre recomienda dos pedazos de ma-
cuchillo! ¡Paul piensa en encender fuego al dera de naturaleza diferente. Para un primi-
pie del árbol, pero no tiene eslabón! Fijé- tivo, esta diferencia es de orden sexual. En
monos en esas frases rápidas, llenas de cam- el Viaje a la Arcadia, Bernardin de Saint-
bios y arrepentimientos como las tentacio- Pierre especificará, de manera totalmente
nes imposibles. Ellas preparan psicoanalí- gratuita, la hiedra y el laurel. Señalemos
ticamente la decisión: es preciso recurrir también que la comparación entre el frota-
al procedimiento de los negros. Este proce- miento y el molinete para batir el chocolate
dimiento va a revelarse tan fácil que uno se se encuentra en la Física del Abad Nollet,
asombra de las excitaciones que le han pre- que leía, impulsado por sus pretensiones
cedido 3 . «Con el ángulo de una piedra hizo científicas, Bernardin de Saint-Pierre. Esta
un pequeño agujero sobre una rama de ár- mezcla de sueño y de lectura, es, por sí sola,
bol bien seca que sujetaba bajo sus pies; sintomática de una racionalización. Por
después, con el cortante de esta misma pie- otro lado, en ningún momento ha parecido
dra, sacó punta a otro pedazo de rama ver el escritor las inconsecuencias de su re-
igualmente seca, pero de una especie dife- lato. Llevado por una dulce imaginación, su
Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 55
54

inconsciente reencuentra las alegrías del dulce satisfacción que es el primer y mayor
fuego encendido sin dolor, en la dulce con- precio de la beneficencia.» Opiniones obje-
fianza de un amor compartido. tivamente tan absurdas deben tener una
Además de todo esto, es bastante fácil causa psicológica profunda. A veces, Robi-
constatar que la euritmia de un frotamien- net se detiene ante el temor de «exagerar».
to activo, siempre que éste sea lo bastante Un psicoanalista diría «ante el temor de
suave y prolongado, determina una euforia. traicionarse». Pero la exageración ya es bien
Basta esperar a que la aceleración rabiosa visible. Esta es una realidad psicológica que
se calme, que los diferentes ritmos se coor- hay que explicar. No tenemos derecho a pa-
dinen, para ver volver la sonrisa y la paz a sarla en silencio, como lo hace una historia
de las ciencias, sistemáticamente apegada
la cara del trabajador. Esta alegría es la se- a los resultados objetivos.
ñal de una potencia afectiva específica. Así
se explica el gozo de frotar, de bruñir, de En resumen, nosotros proponemos, como
pulir, de encerar, que no encontraría expli- C. G. Jung, buscar sistemáticamente las
cación suficiente en el cuidado meticuloso componentes de la Libido en todas las ac-
de algunos sirvientes. Balzac ha notado en tividades primitivas. No es solamente en el
Gobseck que los «fríos interiores» de las arte donde se sublima la Libido. Ella es la
solteronas se encontraban entre los más lus- fuente de todos los trabajos del homo faber.
trosos. Psicoanalíticamente, la limpieza es Ha hablado muy bien quien ha definido a)
hombre como una mano y un lenguaje. Pero
una suciedad. los gestos útiles no deben ocultar los gestos
En sus teorías paracientíficas, algunos es- agradables. La mano es, precisamente, el ór-
píritus no vacilan en acentuar la valoriza- gano de las caricias, al igual que la voz es
ción del frotamiento, sobrepasando el esta- el órgano de los cantos. Primitivamente, ca-
dio de los amores solitarios en el ensueño, ricia y trabajo debían estar asociados. Los
para alcanzar el de los amores compartidos. trabajos largos son trabajos relativamente
J-B. Robinet, cuyos libros han conocido nu- suaves. Un viajero habla de primitivos que
merosas ediciones, escribe en 1766: «La pie- construyen objetos, para pulir luego en un
dra que se frota para hacerla luminosa com- trabajo que durará dos meses. Más tierno es
prende lo que se exige de ella, y su brillo el retoque, más hermoso es el pulido. Bajo
prueba su condescendencia... Yo no puedo una forma un tanto paradójica, nosotros
creer que los minerales nos hagan tanto diríamos de buena gana que la edad de la
bien gracias a sus virtudes, sin gozar de la
56 Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 57

piedra astillada es la edad de la piedra mal- que parece demostrar que el nacimiento del
tratada, mientras que la edad de la piedra fuego es el principio de su adoración. En la
pulida es la edad de la piedra acariciada. El Germanía, nos dice A. Maury, el nothfeuer o
grosero quebranta el sílex, no lo trabaja. nodfyr debía ser encendido frotando dos
Aquél que trabaja el sílex, ama el sílex, y trozos de madera, uno contra otro. Chateau-
ama del mismo modo a las piedras que a las briand nos describe ampliamente la fiesta
mujeres. del fuego nuevo entre los indios Natchez.
Cuando se contempla un hacha tallada de La víspera, se ha dejado extinguir el fuego
sílex, es imposible resistir la idea de que que ardía desde hacía un año. Antes de que
cada faceta bien colocada ha sido obtenida llegue el alba, el hechicero frota, uno con-
por una reducción de la fuerza, por una tra otro, dos pedazos de madera seca, mien-
fuerza inhibida, contenida, administrada: tras pronuncia en voz baja palabras mági-
en resumen, por una fuerza psicoanálizada. cas. Cuando el Sol aparece, el hechicero
Con la piedra pulida se pasa de la caricia acelera su movimiento. «En el instante en
discontinua a la caricia continua, al movi- que el Gran Sacerdote lanza el grito sagra-
miento dulce y envolvente, rítmico y seduc- do, el fuego brota de la madera recalentada
tor. En todo caso, el hombre que trabaja por el frotamiento, la mecha impregnada
con tal paciencia está sostenido, a la vez, de azufre se enciende... el mago transmite
por un recuerdo y una espera, y es por el el fuego a los círculos de caña: la llama ser-
lado de las potencias afectivas por donde pentea siguiendo su espiral. Las cortezas de
habrá que buscar el secreto de su ensoña- roble son encendidas sobre el altar, y este
ción. fuego nuevo da en seguida nueva simiente
a los hogares apagados del poblado.» 4 De
este modo, la fiesta de los Natchez, que
agrupa la fiesta del Sol y la de la cosecha,
5
es, sobre todo, una fiesta de la simiente del
fuego. Semilla que, para que posea toda su
Un aire de fiesta ha sido unido para
virtud, es preciso recoger en su vivacidad
siempre a la producción del fuego por fro- primera, cuando b r o t a del frotar ígneo. El
tamiento. En las fiestas del fuego, tan céle- método del frotamiento aparece, pues,
bres en la Edad Media, tan umversalmente como el método natural. Digamos una vez
extendidas entre las poblaciones primitivas, más que es natural porque el hombre acce-
se vuelve a veces a la costumbre inicial, lo
58 Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 59
de a él por su propia naturaleza. En ver- bonatos y otros abonos químicos. Pero vea-
dad, antes que ser arrancado del Cielo, el mos más de cerca el deslizamiento hacia los
fuego fue sorprendido en nosotros mismos. valores oscuros y profundos. Las cenizas
Frazer da numerosos ejemplos de foga- del fuego forzoso no sólo se dan a la tierra
tas encendidas por frotamiento. Entre que debe producir la mies, sino que se las
otros, los fuegos escoceses de Bettane eran mezcla con los alimentos del animal para
encendidos con fuego forzoso o fuego nece- que éste engorde. A veces, para que el ani-
sario5. «Era un fuego producido exclusiva- mal reproduzca. A partir de ahí, el principio
mente por el frotamiento mutuo de dos pe- psicológico de la costumbre es patente.
dazos de madera. En el momento en que las Cuando se alimenta una bestia o se abona
primeras chispas hacían su aparición, se un campo, hay, más allá de la utilidad clara,
les acercaba una especie de hongos que na- un sueño más íntimo, y es el sueño de la fe-
cen sobre los viejos abedules y que se in- cundidad bajo la forma más sexual. Las ce-
flaman muy fácilmente. Aparentemente, tal nizas de las fogatas fecundan a los animales
fuego podía pasar por descendido directa- y a los campos puesto que fecundan a las
mente del cielo y se le atribuían toda suerte mujeres. La experiencia del fuego del amor
de virtudes. Se creía, en particular, que pro- es lo que está en la base de la inducción ob-
tegía a los hombres y a los animales contra jetiva. Una vez más, la explicación por
todas las enfermedades graves...» Hay que lo útil debe ceder ante la explicación por lo
preguntarse a qué «apariencia» hace alusión agradable, la explicación racional ante la
Frazer para decir que este fuego forzoso explicación psicoanalítica. Cuando se pone
desciende directamente del cielo. Pero es el acento, como proponemos nosotros, so-
todo el sistema de explicación de Frazer el bre el valor agradable, hay que admitir que
que nos parece mal orientado sobre tal pun- si el fuego es útil después, es agradable du-
to. Frazer sitúa el motivo de sus explicacio- rante su preparación. Es posible que sea
nes en las utilidades. Así, de las fogatas se más dulce antes que después, como el amor.
obtiene ceniza que ha de fecundar los cam- Al menos, la felicidad resultante depende
pos de lino, los campos de trigo y de cebada. de la felicidad buscada. Y si el hombre pri-
Esta primera comprobación introduce un mitivo tiene la convicción de que el fuego
elemento de racionalización inconsciente original posee toda suerte de virtudes y da
que orienta mal al lector moderno, fácil- potencia y salud, es por que ha experimen-
mente convencido de la utilidad de los car- tado el bienestar, la fuerza íntima y casi in-
Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 61
60

vencible del hombre que vive ese minuto ta para evitar los cólicos». Entre esos tres
decisivo en que el fuego va a arder y en el móviles, ¿no hay uno que para la juventud
que todos sus deseos van a ser cumplidos. es netamente predominante? ¿Por qué (pá-
Mas, es preciso, ir aún más lejos e inver- gina 464) es «la casada más joven (quien)
tir, en todos sus detalles, la explicación de debe saltar por encima del fuego»? ¿Por
Frazer. Para Frazer, las fogatas son fiestas qué (pág. 490), en Irlanda, «cuando una chi-
relativas a la muerte de las divinidades de ca joven salta tres veces hacia delante y ha-
la vegetación, en particular de la vegetación cia atrás por encima del fuego (se dice) que
de las selvas. Puede uno preguntarse enton- ella se casará pronto, será feliz y tendrá mu-
ces por qué las divinidades de la vegetación chos hijos»? ¿Por qué (pág. 493) algunos jó-
ocupan un puesto tan enorme en el alma venes están «convencidos de que el fuego de
primitiva. Cual es, pues, la primera función San Juan no les quemará»? ¿No poseerán,
humana de los árboles: ¿la sombra?; ¿el para fundar una convicción tan extraña, una
fruto, tan escaso y tan endeble? ¿No será experiencia más íntima que objetiva? ¿Y
más bien el fuego? Y he aquí el dilema: ¿en- cómo es que los brasileños se colocan «sin
cendemos fogatas para adorar a la madera, quemarse carbones ardientes en la boca»?
tal y como cree Frazer, o quemamos la ma- ¿Cuál es la experiencia primera que les ha
dera para adorar el fuego, tal y como re- inspirado esta audacia? ¿Por qué (pág. 499)
quiere una explicación más profundamente los irlandeses hacen «pasar a través de los
animista? Nos parece que esta última inter- fuegos del solsticio a aquellos animales
pretación esclarece bastantes detalles de las que son estériles»? Y esta leyenda del valle
fiestas del juego que quedan sin explicación de Lech es también bastante clara: «Cuan-
en la interpretación de Frazer. Por ejemplo, do un joven y una joven saltan a la vez por
¿por qué la tradición recomienda, frecuen- encima de uno de estos fuegos sin ser alcan-
temente, que la fogata sea encendida por un zado por el humo siquiera, se dice que la
hombre y una mujer jóvenes, conjuntamen- joven no será madre durante el año porque
te (pág. 487), o por aquel habitante del po- las llamas no la han tocado ni fecundado.»
blado que haya tomado esposa más recien- Ella habrá demostrado poseer la destreza
temente (pág. 460)? Frazer nos representa a de jugar con el fuego sin quemarse. Frazer
la gente joven «saltando por encima de las se pregunta si no podría relacionarse con
cenizas para obtener una buena cosecha, o esta última creencia «las escenas de liberti-
lograr en el año un buen matrimonio, o has- naje a las que se entregan los habitantes de
62 Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 63

Estonia en el día del solsticio». No nos da,


sin embargo, en un libro que no teme la
acumulación de referencias, un relato de es-
ta relajación ígnea. No cree tampoco conve- En el libro especial de Frazer, que tiene
niente ofrecernos una descripción circuns- por título Mitos sobre el origen del fuego se
tanciada de la fiesta del fuego en la India encuentran a cada página trazos sexuales
septentrional, fiesta «que está acompañada tan evidentes que un psicoanálisis del mis-
de cantos y gestos licenciosos, si no obs- mo es verdaderamente inútil. Como nues-
cenos». tro objeto de este librito es estudiar, sobre
Denuncia de este modo el último párrafo todo, las mentalidades modernas, no nos
una cierta mutilación de los medios de ex- extenderemos sobre las mentalidades primi-
plicación. Podríamos haber multiplicado las tivas estudiadas por Frazer. No daremos,
cuestiones que permanecen sin respuesta en pues, más que algunos ejemplos, mostrando
la tesis de Frazer y que se resuelven por sí en ellos la necesidad de enderezar la inter-
mismas en la tesis de la sexualización pri- pretación del sociólogo en el sentido psicoa-
mitiva del fuego. Nada puede hacer com- nalítico.
prender mejor la insuficiencia de las expli- Frecuentemente, el creador del fuego es
caciones sociológicas que la lectura paralela un pajarito que lleva sobre la cola una mar-
del Rameau d'Or de Frazer y de la Libido de ca roja que es la señal del fuego. En una
Jung. Incluso sobre un punto ultra-preciso tribu australiana la leyenda es muy diverti-
como el problema del muérdago, la perspi- da, o, mejor dicho, es divirtiendo como se
cacia del psicoanalista se muestra decisiva. logra robar el fuego. «La sorda serpiente
Se encontrarán por otro lado, en el libro de áspid vivía sola celosa de poseer el fuego,
Jung, numerosos argumentos en apoyo de que ella escondía al abrigo del interior de
nuestra tesis sobre el carácter sexual del su cuerpo. Todos los pájaros habían inten-
frotamiento y del fuego primitivo. Nosotros tado en vano poseerlo, hasta que llegó el
no hemos hecho más que sistematizar di- pequeño halcón que hizo bufonadas tan ri-
chos argumentos, añadiéndoles aquellos do- diculas que el áspid no pudo guardar su se-
cumentos que se sitúan en una zona espi- riedad y comenzó a reir. Entonces el fuego
ritual menos profunda, más cercana al se le escapó y fue propiedad común.» (Tra-
conocimiento objetivo. ducción al francés, pág. 18.) Aquí, como
Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 65
64

ocurre frecuentemente, la leyenda del fuego animal totémico llevaba el fuego en su cuer-
es la leyenda del amor picaro. El fuego está po. Un h o m b r e lo mató. «Examinó cuidado-
asociado a deleites innumerables. samente el cuerpo para ver cómo hacía fue-
En muchos casos el fuego es robado. El go el animal, de donde venía; arrancó el ór-
complejo de Prometeo se dispersa entre to- gano genital masculino que era muy largo,
dos los animales de la creación. El ladrón lo hendió en dos y vio que contenía un fue-
del fuego es, con mayor frecuencia, un pá- go muy rojo» (pág. 34). ¿Cómo podría per-
jaro, un reyezuelo, un petirrojo, un pájaro- petuarse tal leyenda si cada generación no
mosca, un animal pequeño, pues. A veces, es tuviese razones íntimas para creer en ella?
un conejo, un tejón, un zorro, que llevan el En otra tribu «los hombres no tenían fue-
fuego en la punta de la cola. En otro lugar, go y no sabían cómo hacerlo, pero las mu-
hay dos mujeres que se golpean: «por fin, jeres lo sabían. Mientras los hombres ha-
una de las mujeres rompe su bastón de bían partido a cazar en la maleza, las muje-
combate e inmediatamente brota el fuego» res cocinaron su alimento y se lo comieron
(pág. 33). El fuego también es producido ellas solas. Justo cuando ellas acababan su
por una anciana que «satisface su rabia comida vieron venir a lo lejos a los hom-
arrancando dos palos a los árboles y frotan- bres, que volvían. Como ellas no querían
do violentamente el uno contra el otro». En que los hombres tuviesen conocimiento del
diversas variantes, la creación del fuego se fuego, recogieron apresuradamente las ceni-
asocia a una violencia similar: el fuego es zas que estaban aún encendidas y las disi-
el fenómeno objetivo de una rabia íntima, mularon en su vulva para que los hombres
de una mano que se crispa. Es también muy no pudiesen verlas. Cuando llegaron, los
sorprendente encontrar siempre un estado hombres dijeron: ¿Dónde está el fuego?
psicológico excepcional, fuertemente teñido Pero las mujeres replicaron: No hay fuego».
de afectividad, en el origen de un descubri- Estudiando tal relato hay que confesar la
miento objetivo. Se pueden distinguir, en total imposibilidad de explicación realista,
consecuencia, distintas especies de fuego mientras que la explicación psicoanalítica
—el fuego dulce, el fuego solapado, el fue- es, por el contrario, inmediata. Es más evi-
go travieso, el fuego violento— caracterizán- dente, en efecto, que no puede ocultarse en
doles por la psicología inicial de los deseos el interior del cuerpo humano, como lo di-
y de las pasiones. cen tantos mitos, el fuego real, el fuego ob-
Una leyenda australiana recuerda que un Bachelard.—5
66 Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 67

jetivo. Igualmente, tan solo sobre el plano a una realidad objetiva: el fuego del amor
sentimental se puede mentir tan descarada- y el fuego de la pimienta reunidos, acaban
mente y decir, contra toda evidencia, negan- por inflamar las hierbas secas. Este absur-
do los deseos más íntimos: no hay fuego. do explica el descubrimiento del fuego.
En un mito de América del Sur, el héroe, En términos generales, es imposible leer
para lograr el fuego, persigue a u n a mujer: un libro tan rico, tan sugestivo como el de
(pág. 164). «El saltó sobre ella, y la sujetó. Frazer sin sentirse sorprendidos por la po-
Le dijo que la haría prisionera si ella no le breza de la explicación realista. Las leyen-
revelaba el secreto del fuego. Después de das estudiadas alcanzan, sin duda, el millar,
varias tentativas de escape, la mujer consin- y solamente dos o tres han sido explícita-
tió en ello. Se sentó sobre el suelo, con las mente referidas a la sexualidad (págs. 63-
dos piernas muy separadas. Apretando con 267). En cuanto ai resto, a pesar del sentido
los puños la parte superior de su vientre, le afectivo subyacente, se da por supuesto que
imprimió una enérgica sacudida y una bola el mito ha sido creado cara a las explicacio-
de fuego rodó sobre el suelo, fuera del con- nes objetivas. «El mito hawaiano del ori-
ducto genital. Este fuego no era el que nos- gen del fuego, como muchos de los mitos
otros conocemos hoy, pues no ardía ni hacía australianos del mismo tipo, sirve también
hervir las cosas. Esas propiedades fue- para explicar el color particular de una de-
ron perdidas cuando la mujer lo dio; Ajije- terminada especie de pájaros» (pág. 110).
Del mismo modo, el robo del fuego por un
ko dijo, sin embargo, que él podía remediar
conejo sirve para explicar el color rojizo o
ésto; recogió, pues, todas las cortezas, to- negro de su rabo. Tales explicaciones, hip-
dos los frutos y toda la pimienta roja que notizadas por un detalle objetivo, se mues-
abrasaban, y con ésto y el fuego de la mujer, tran insuficientes a la hora de dar cuenta de
hizo el fuego del cual nos servimos hoy.» la primitividad del interés afectivo. La fe-
Este ejemplo nos ofrece una clara descrip- nomenología primitiva es una fenomenolo-
ción del paso de la metáfora a la realidad. gía de la afectividad: fabrica seres objetivos
Notemos que este paso no se hace, como con los fantasmas proyectados por el en-
postula la explicación realista, de la reali- sueño, imágenes con los deseos, experien-
dad a la metáfora, sino, por el contrario, si- cias materiales con las experiencias somá-
guiendo la inspiración de la tesis que defen- ticas, y fuego con el amor.
demos, de las metáforas de origen subjetivo
Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 69
68
Toda la poesía de Novalis podría recibir
una interpretación nueva si se le quisiera
aplicar el psicoanálisis del fuego. Esta poe-
7 sía es un esfuerzo por revivir la primitivi-
dad. Para Novalis, el cuento es siempre,
Los románticos, volviendo a las experien- poco más o menos, una cosmogonía. Es con-
cias más o menos duraderas de la primitivi- temporáneo de un alma y de un mundo que
dad, reencuentran, sin duda alguna, los se engendran. El cuento, dice Novalis, es «la
temas del fuego sexualmente valorizados. era... de la libertad, el estado primitivo de
G. H. von Schubert escribe, por ejemplo, la naturaleza, la edad anterior al Cosmos» 7 .
esta frase, que no se ilumina verdaderamen- He aquí, pues, en toda su clara ambivalen-
te sino por un psicoanálisis del fuego 6 : «Del cia, al dios frotación que va a producir el
mismo modo que la amistad nos prepara fuego y el amor. La hermosa hija del rey
para el amor, del mismo modo por el roza- Arctur «se desperezaba apoyada en sedosos
miento de los cuerpos semejantes nace la cojines, sobre un trono artísticamente talla-
nostalgia (el calor), y el amor (la llama) bro- do en un enorme cristal de azufre; y algunas
ta.» ¿Cómo expresar mejor que la nostalgia doncelas friccionaban con ardor sus miem-
es el recuerdo del calor del nido, el recuerdo bros delicados, en los cuales parecían fun-
del amor mimado por el «calidum inna- dirse la leche y la púrpura.
tum»? La poesía del nido, de la cuna, no tie- «Y por todos los lugares por donde pasa-
ne otro origen. Ninguna impresión objetiva ba la mano de las sirvientas afloraba la luz
buscada en los nidos en los días de novillos radiante, de la que todo el palacio resplan-
hubiese podido jamás suministrar ese lujo decía de manera tan maravillosa...»
de adjetivos que valorizan la tibieza, la dul- Esta luz es íntima. El ser acariciado irra-
zura, el calor del nido. Sin el recuerdo del dia de felicidad. La caricia no es otra cosa
hombre recalentado por el hombre como un que el frotamiento simbolizado, idealizado.
redoblamiento del calor natural, no se po- Pero la escena continúa:
dría concebir que los amantes hablen de su El héroe guardó silencio.
nido bien abrigado. El dulce calor está en el «—Déjame tocar tu escudo, dijo ella con
origen de la conciencia de la felicidad, más dulzura.»
exactamente, es la conciencia de los oríge- Y como él consiente en ello:
nes de la felicidad. «Su armadura vibró; y una fuerza viviñ-
70 Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 71

cante recorrió todo su cuerpo. Sus ojos lan- tipo de un complejo particular. Poner nom-
zaron relámpagos; se oía su corazón gol- bres a las cosas en el campo del psicoaná-
pear contra la coraza.» lisis basta frecuentemente para provocar un
«La hermosa Freya pareció más serena; precipitado: antes del nombre no había más
y más ardiente se hizo la luz que de ella es- que una solución amorfa y turbia, después
capaba.» del nombre se ven los cristales en el fondo
«—¡El rey llega!, grito un admirable pá- del licor. El complejo de Novalis sintetiza-
jaro...» ría el impulso hacia el fuego provocado por
Si se añade que este pájaro es el Fénix, el el frotamiento, la necesidad de un calor
Fénix que renace de sus cenizas, como un compartido. Este impulso reconstruiría, en
deseo calmado un instante, se verá sobrada- primitividad exacta, la conquista prehistó-
mente que esta escena está marcada por la rica del fuego. El complejo de Novalis se
doble primitividad del fuego y del amor. Si caracteriza por una conciencia del calor ín-
nos inflamamos cuando amamos es prueba timo, dominando siempre sobre una ciencia
de que hemos amado cuando nos hemos in- totalmente visual de la luz. Está fundado
flamado. sobre una satisfacción del sentido térmico
«Cuando Eros transportado de alegría se y sobre la conciencia profunda de la felici-
vio ante Freya dormida, un estrépito for- dad calorífica. El calor es un bien, una fu-
midable estalló repentinamente. Una cente- sión recíproca. La luz juega y ríe en la
lla poderosa había corrido de la princesa a superficie de las cosas, pero sólo el calor pe-
la daga.» netra. En una carta a Schlegel, Novalis es-
La imagen psicoanalítica exacta habría cribe: «Veo en mi cuento una antipatía por
impulsado a Novalis a decir: de la daga a la los juegos de luz y de sombra, y el deseo del
princesa. En todo caso «Eros dejó caer la Éter claro, cálido y penetrante.»
daga. Corrió hacia la princesa e imprimió Esta necesidad de penetrar, de ir al inte-
un beso de fuego sobre sus frescos labios 8 ». rior de las cosas, al interior de los seres, es
Si se arrancaran de la obra de Novalis las una seducción de la intuición del calor ín-
intuiciones del fuego primitivo, parecería timo. Donde el ojo no va, o la mano no en-
que toda la poesía y todos los sueños se ha- tra, el calor se insinúa. Esta comunión con
brían disipado de golpe. El caso de Novalis lo interior, esta simpatía térmica, encontra-
es tan característico que podría hacérsele rá en Novalis su símbolo en el descenso por
72 Capítulo 3 Psicoanálisis y prehistoria 73

el hueco de la montaña, en la gruta y en la centro está el fuego que engendra. Aquello


mina. Allí el calor se difunde y se iguala, se que germina arde. Aquello que arde germi-
difumina como el contorno de un sueño. na. «Yo necesito... flores brotadas del Fue-
Como lo ha reconocido buy bien Nodier, go... ¡Zinc!, exclamó el Rey 10 , danos flo-
toda descripción de un descenso a los infier- res... El jardinero salió de las filas, y fue a
nos tiene la estructura de un sueño 9 . Nova- coger una maceta llena de llamas y sembró
lis ha soñado la cálida intimidad terrestre allí una semilla brillante. No pasó mucho
como otros sueñan la fría y espléndida ex- tiempo antes de que las flores surgiesen...»
pansión del cielo. Para él, el minero es un Puede que un espíritu positivo se empeñe
«astrólogo invertido». Novalis vive de un ca- en desarrollar aquí una interpretación pi-
lor concentrado más que de una irradiación rotécnica. El nos mostrará la llama brillan-
luminosa. ¡Con qué frecuencia ha meditado te del zinc proyectando en el aire los copos
«al borde de las profundidades oscuras»! blancos y deslumbrantes de su óxido. Y es-
No fue el poeta del mineral porque era el in- cribirá la fórmula de la oxidación. Pero esta
geniero de la mina; y fue ingeniero, aunque interpretación objetiva, que encuentra una
poeta, por obedecer a la llamada subterrá- causa química al fenómeno que nos mara-
nea, por retornar al «calidum innatum». villa, no nos conducirá nunca al centro de
Como él dice, el minero es el héroe de la pro- la imagen, al núcleo del complejo de Nova-
fundidad, preparado «para recibir los dones lis. Esta interpretación nos engañará inclu-
celestes y exaltarse alegremente, más allá so sobre la clasificación de los valores ilus-
del mundo y sus miserias». El minero canta trados, ya que, a continuación, no compren-
a la tierra: «A ella se siente ligado —e ínti- deremos que en un poeta como Novalis la
mamente unido—; por ella siente el mismo necesidad de sentir domine a la necesidad
ardor que por una novia.» La Tierra es el de ver, y que, ante la luz goethiana, es pre-
seno materno, cálido como el regazo para la ciso colocar aquí el suave calor oscuro, ins-
inconsciencia del niño. El mismo calor ani- crito en todas las fibras del ser.
ma la piedra y los corazones (pág. 127). «Se Sin duda hay en la obra de Novalis tonos
diría que el minero lleva en las venas el fue- más reposados. Con frecuencia el amor cede
go interior de la tierra que le impulsa a lugar a la nostalgia, en el mismo sentido de
recorrerla.» Von Schubert; pero la marca cálida perma-
En el centro están los gérmenes; en el nece indeleble. Objetaréis aún que Novalis
74 Capitulo 3 Capítulo 4
es el poeta «de la floréenla azul», el poeta de El fuego sexualizado
la miosotis lanzada en prenda del recuerdo
imperecedero al borde del precipicio, inclu-
so ante la sombra de la muerte. Pero id al
fondo de lo inconsciente; reencontrad, con
el poeta, el sueño primitivo y veréis clara-
mente la verdad: ¡la florecilla azul es roja!

1
Si primitivamente la conquista del fuego
es una «conquista» sexual, nadie debe asom-
brarse de que el fuego haya mantenido, du-
rante tanto tiempo y tan vigorosamente, un
carácter sexual. Hay aquí un tema de valo-
rización que altera profundamente las in-
vestigaciones objetivas sobre el fuego. En
este capítulo, antes de abordar en el siguien-
te la química del fuego, vamos a mostrar
también la necesidad de un psicoanálisis del
conocimiento objetivo. La valorización se-
xual que pretendemos denunciar puede ser
oculta o explícita. Naturalmente, los valores
sordos y oscuros son los más refractarios al
psicoanálisis. Pero también son los más
76 Capítulo 4 El fuego sexualizado 77

excitantes. Los valores evidentes o públi- principio más interno que el de los acciden-
camente manifiestos son inmediatamente tes que modificaron la misma materia íg-
reducidos por el ridículo. A fin de hacer pa- nea.» Se ve ya en la obra la intuición de una
tente la resistencia del inconsciente m á s sustancia captada en su intimidad, en su
oculto, comenzaremos, por ejemplos donde vida y, a continuación, en su potencia gene-
esta resistencia es tan débil que el lector, radora. Robinet continúa: «Cada rayo bien
riéndose, va a hacer la reducción por sí podría ser el efecto de una producción nue-
mismo, sin que nosotros señalemos más que va de seres ígneos, que, creciendo rápida-
los errores manifiestos. mente gracias a la abundancia de vapores
Para Robinet ! , el fuego elemental es ca- que los alimentan, son reunidos por los
paz de reproducir a su semejante. Aparece vientos y llevados aquí y allá en la región
aquí una expresión usual y sin valor sobre media del aire. Las bocas nuevas de los vol-
la cual se pasa habitualmente sin prestar canes, tan múltiples en América, y las nue-
atención. Pero Robinet le da el sentido pri- vas erupciones de las bocas antiguas, anun-
mero y vigoroso. El autor piensa que el ele- ciarían también los frutos y la fecundidad
mento del fuego ha nacido de un germen es- de los fuegos subterráneos.» Bien entendi-
pecífico. Como toda potencia que engendra, do que esta fecundidad no es u n a metáfora;
también el fuego puede verse afectado de que es necesario tomarla en su sentido se-
esterilidad a partir de cierta edad. Robinet, xual más preciso.
en su ensueño —sin que al parecer tenga co- Estos seres ígneos, nacidos del Trueno
nocimiento de los relatos sobre las fiestas cuando el rayo estalla, escapan a la obser-
del fuego nuevo, del fuego renovado—, reen- vación. Pero Robinet pretende disponer de
cuentra la necesidad genética. Si se deja el observaciones precisas 3 : «Hooke, golpean-
fuego a su vida natural, aunque se le alimen- do u n a piedra de chispa sobre una hoja de
te, envejece y muere como los animales y papel, y examinando con un buen micros-
las plantas. copio los lugares donde las chispas habían
Los distintos fuegos deben llevar, natural- caído, señalados por pequeños trazos ne-
mente, la marca indeleble de su individuali- gros, observó átomos redondos y brillantes
dad 2 : «El fuego común, el fuego eléctrico, allí donde la simple vista no apercibía nada.
el de los fósforos, el de los volcanes y el E r a n gusanitos de luz.»
del rayo poseen diferencias esenciales, in- La vida del fuego, hecha de chispas y sa-
trínsecas, que es natural relacionar con un cudidas, ¿no recuerda la vida del hormigue-
78 El fuego sexualizado 79
Capítulo 4

ro? (pág. 235). «A la menor alarma, se ve a otros el signo de una vida apagada o alerta
las hormigas pulular y salir tumultuosa- ante lo real. Tal comunión poética alimenta
mente de su habitáculo subterráneo; de los errores más tenaces para el conocimien-
idéntico modo, a la menor sacudida de un to objetivo.
fósforo, se ve a los animaloides ígneos reu- Bastaría por otro lado, como hemos se-
nirse y multiplicarse bajo una apariencia ñalado frecuentemente, hacer imprecisa y
luminosa.» vaga esa misma intuición, tan ridicula bajo
Sólo la vida es capaz, por último, de dar la forma que le da Robinet, para que una
una razón profunda e íntima a la individua- vez poetizada, devuelta a su sentido subje-
lidad manifiesta de los colores. Para expli- tivo, dicha intuición fuese aceptada sin difi-
car los siete colores del espectro, Robinet cultad. Si las formas animadas del color
no vacila en proponer «siete edades o pe- continúan siendo potencias anímicas ar-
ríodos en la vida de los animaloides íg- dientes o pálidas, si son creadas, no sobre el
neos... Estos animales, al pasar por el pris- eje que va de los objetos a la pupila, sino
ma, se verán obligados a refractarse, cada sobre el eje de la mirada apasionada que
uno según su fuerza y según su edad, y así proyecta un deseo y un amor, se convierten
cada uno llevará su propio color». ¿No es en matices de la ternura. Así es como No-
cierto que el fuego moribundo se ruboriza? valis puede escribir 4 : «Un rayo de luz se
Para quien ha soplado sobre un fuego pere- quiebra en colores y en algo más que en
zoso, existe una clara distinción entre el fue- colores. Al menos, el rayo de luz es suscep-
go recalcitrante, que cae en el rojo y el fuego tible de poseer un alma, de manera que el
joven, que tiende, como dice tan lindamen- alma se quiebra en colores anímicos. ¿Quién
te un alquimista, «hacia el alto rubor de la no sueña en ese momento en la mirada de
adormidera campestre». Ante el fuego que su amada?» Hay que reflexionar que Robi-
muere, el que sopla se desalienta; no siente net no hace más que recargar y acentuar
el suficiente ardor para comunicar su pro- una imagen que Novalis difuminará y de-
pia potencia. Si es realista, como Robinet, volverá a su forma etérea; pero, en el in-
realiza su desaliento y su impotencia, hace consciente, las dos imágenes son congéne-
un fantasma de su propia fatiga. De este res, y la parodia objetiva de Robinet no
modo, la señal del hombre inconstante se hace sino transformar en groseros los tra-
imprime en las cosas. Aquello que declina zos de la ensoñación íntima de Novalis. Esta
o aquello que asciende llega a ser en nos- relación, que parecerá incongruente a las
80 Capítulo 4
El fuego sexualizado 81
almas poéticas, nos ayuda, sin embargo, a
psicoanalizar simultáneamente a dos soña- como estas han sido ligadas, la inteligencia
dores situados en las antípodas de la reali- cree pensar que no hace sino ir de una metá-
dad. Ella nos ofrece un ejemplo de esas for- fora a la otra . Un psicoanálisis del conoci-
mas mezcladas de deseos, que dan lugar a miento objetivo consiste, precisamente, en
tantos poemas como filosofías. Las filosofías poner en claro estas trasposiciones fugiti-
pueden ser mediocres incluso cuando los vas. Desde nuestro punto de vista, basta
poemas son bellos. poner las unas al lado de las otras para ad-
vertir que no reposan sobre nada, sino sim-
plemente una en otra. He aquí un ejemplo
2
de la fácil asimilación que denunciamos 5 :
«Se enciende un enorme montón de carbón
con la más débil llama, con una chispa mori-
Ahora que hemos desarrollado una inter- bunda..., dos horas después, ¿no se formará
pretación abusiva de la intuición animista un brasero tan considerable como si lo hu-
y sexualizada del fuego, comprenderemos bieseis encendido de una sola vez con una
mejor, sin duda, todo cuanto hay de vano antorcha? Esta es la historia de la genera-
en estas afirmaciones sin cesar repetidas ción: el hombre más delicado reúne sufi-
como verdades eternas: el fuego es la vida; ciente fuego para engendrar, y lo entrega en
la vida es una hoguera. En otras palabras: la cópula con tanta seguridad como el hom-
queremos denunciar esa falsa evidencia que bre mucho más fuerte.» ¡Pueden sentirse
pretende relacionar vida y fuego. satisfechos de tales comparaciones los espí-
En el origen de esta asimilación existe, ritus inexactos! De hecho, lejos de ayudar
pensamos, la impresión de que la chispa, a comprender los fenómenos, estas compa-
como el germen, es una causa pequeña que raciones forman los verdaderos obstáculos
produce un efecto grande. De ahí, la intensa de la cultura científica.
valorización del mito de la potencia ígnea.
Hacia las mismas fechas, en 1771, un mé-
Pero comencemos por mostrar la ecua- dico desarrolla ampliamente una teoría de
ción del germen y de la chispa y nos dare- la fecundación humana fundamentada en el
mos cuenta de que, por un juego de inex- fuego, riqueza máxima, potencia generado-
tricables reciprocidades, el germen es una ra 6 : «El desfallecimiento que sigue a la
chispa y la chispa un germen. El uno no emisión del licor espermático nos anuncia
marcha sin el otro. Cuando dos intuiciones que se ha efectuado en ese momento la pér-
Bachelard.—6
82 Capítulo 4 El fuego sexualizado 83

dida de un fluido muy ferviente, muy acti- quierdo; y sólo esta división de la simiente
vo. ¿Se culpará a la pequeña cantidad de les causa u n a diferencia tal... no solamente
ese jugo medular, palpable, que se contiene en forma y en figura, sino en sexo, que la
en las vesículas seminales? La economía una será macho y la otra hembra: La par-
animal, para la cual éste es ya inexistente, tícula de simiente que se haya retirado ha-
¿se apercibirá instantáneamente de la sus- cia el lado derecho, siendo éste la parte del
tracción de semejante humor? No, sin duda. cuerpo más cálida y vigorosa, habrá aumen-
Pero no es lo mismo perder la materia de tado la fuerza y el vigor y el calor de la si-
fuego, de la que no tenemos más que una miente, de donde saldrá un macho; y la otra
cierta dosis, y con la cual todos los hogares parte, por haberse retirado hacia el lado
están en comunicación directa...» Perder izquierdo, que es la parte más fría del cuer-
carne, medula, jugo y fluido es poca cosa. po humano, habrá recibido las cualidades
Perder el fuego, el fuego seminal: éste es el frías, que disminuirán y amenguarán el vi-
gran sacrificio. Sólo tal sacrificio puede en- gor de la semilla, y de allí saldrá la hembra,
gendrar la vida. Se ve, por lo demás, con quien, sin embargo, era totalmente macho
qué facilidad se fundamenta la valorización en su fuente primera.» 7
indiscutida del fuego. Antes de ir más lejos es preciso señalar
Otros autores, que sin duda son de segun- la gratuidad completa de tales afirmaciones,
da fila, pero que precisamente por ello nos que no poseen la menor relación con cual-
muestran más ingenuamente las intuiciones quier experiencia objetiva. Ni siquiera se
sexuales valorizadas por el inconsciente, observa el pretexto de la observación exte-
desarrollan a veces toda una teoría sexual rior. ¿De dónde provienen tales vesanias si
fundada sobre temas específicamente calo- no es de una valorización intempestiva de
rígenos, probando así la confusión original los fenómenos subjetivos atribuidos al fue-
de las intuiciones de simiente y fuego. El go? Fabre sustancializa, además, por el fue-
doctor Jean-Pierre Fabre, expone de este go todas las cualidades de fuerza, de valor,
modo, en 1636, el nacimiento de las hem- de ardor, de virilidad (pág. 375): «Las mu-
bras y de los machos: «Dos partículas de jeres, a causa de ese temperamento frío y
simiente, unívocas y semejantes en todas húmedo (son) menos fuertes que los hom-
sus partes y de similar temperamento, se se- bres, más tímidas y menos valerosas, ya que
paran en la matriz, y la una se retira hacia la fuerza, el valor y la acción vienen del
el lado derecho, y la otra hacia el lado iz- fuego y del aire, que son los elementos ac-
87
86 Capítulo 4 El fuego sexualizado

fuerte y potente. La fuerza exige ser com- de Lacépéde 8 : «El polen seminal de las
pacta y apretada: se ve cómo la fuerza del plantas es una sustancia muy inflamable...
fuego es tanto más fuerte cuanto más apre- el producido por la planta denominada lico-
tada y estrecha. Los cañones lo demues- podio es una especie de azufre.» Afirmación
tran...» Como toda riqueza, el fuego es de una química de la superficie y del color
soñado en su concentración. Se desearía en- que contradice el menor esfuerzo de la quí-
cerrarlo en un pequeño espacio para poder mica objetiva de la sustancia.
guardarlo mejor. Todo un tipo de ensoña- A veces el fuego es el principio formal de
ción nos conduce a la meditación de lo la individualidad. Un alquimista, autor de
concentrado. Es la revancha de lo pequeño una Carta filosófica publicada a continua-
frente a lo grande, de lo escondido frente a ción del Cosmopolite en 1723, expone que
manifiesto. Para alimentar una ensoñación el fuego no es propiamente hablando un
de este género, un espíritu precientífico hace cuerpo, pero que es el principio masculino
convergir, como acabamos de ver, las imáge- que informa la materia femenina. Esta ma-
nes más heteróclitas, el hombre moreno y el teria femenina es el agua. El agua elemen-
cañón. Como regla casi constante, es en la tal «era fría, húmeda, grasa, impura y tene-
ensoñación de lo pequeño y de lo concen- brosa, y tenía en la creación el papel de la
trado, y no en la ensoñación de lo grande, hembra; lo mismo que el fuego, cuyas chis-
donde el espíritu, durante mucho tiempo pas eran innumerables como varones dife-
rumiante, acaba por encontrar el paso que rentes, el agua contenía otras tantas tintu-
le conduce al pensamiento científico. En ras propicias a la procreación de las criatu-
todo caso, el pensamiento del fuego, más ras particulares... Se puede llamar al fuego
que cualquier otro principio, sigue la pen- la forma, como al agua la materia, ambas
diente de esta ensoñación hacia una poten- confundidas en el caos.» 9 Y el autor remite
cia concentrada. Ensoñación que es, en el al Génesis. Aquí se reconoce, bajo su forma
mundo del objeto, homologa de la ensoña- oscura, la intuición ridiculizada por las imá-
ción amorosa en el corazón de un hombre genes precisas de Robinet. Puede verse que
taciturno. a medida que el error se incrusta en el in-
consciente, a medida que pierde sus contor-
Tan cierto resulta para un espíritu pre-
nos precisos, deviene más tolerable. Basta-
científico que el principio de toda simiente
ría un paso más para encontrar en este
es el fuego, que la menor circunstancia ex-
camino la dulce seguridad de las metáforas
terior basta para confirmárselo. Para el con-
90 Capítulo 4 El fuego sexualizado yi
La homología simbólica de los diferentes corporal y resplandeciente. El fuego contra
vasos alquímicos y de las diferentes partes natura es aquél que corrompe lo compues-
del cuerpo humano, es, sin duda, un hecho to y el primero en poseer la potencia de di-
más de la serie que hemos mostrado nume- solver lo que la Naturaleza había unido
rosas veces en su generalidad. Pero puede fuertemente...» ¿Es preciso señalar el signo
que sea por el lado sexual por donde esta femenino ligado a la humareda, mujer in-
homología resulta más neta, más convin- constante del viento, como dice Jules Re-
cente. Aquí el fuego, encerrado en la retorta nard? Toda aparición velada, ¿no es feme-
sexual, ha sido prendido en su origen pri- nina en virtud de este principio fundamen-
mero: posee entonces toda su eficacia. tal de la sexualización inconsciente de que
La técnica, o mejor aún, la filosofía del todo lo que se oculta es femenino? La dama
fuego en la alquimia está dominada, por blanca que recorre la cañada visita en la no-
otro lado, por especificaciones sexuales muy che al alquimista, inconstante, como un sue-
netas. Un autor anónimo escribía a finales ño, fugitiva como el amor. Durante un ins-
del siglo x v n 12: «Hay tres clases de fuego: tante, envuelve en sus caricias al hombre
el natural, el innatural y el fuego contra na- adormecido: un soplo demasiado brusco y
tura. El natural es el fuego masculino, el se evapora... Así el alquimista hecha a per-
principal agente, pero para lograrlo es pre- der una reacción.
ciso que el Artista emplee todos sus cuida- Desde el punto de vista calorífico, la dis-
dos y todo su estudio, pues tan delicado es tinción sexual es muy claramente comple-
en los metales y está tan concentrado en mentaria. El principio femenino de las co-
ellos, que sin un trabajo obstinado es impo- sas es un principio de superficie y de envol-
sible ponerlo en acción. El fuego innatural vimiento, un regazo, un refugio, una tibieza.
es el fuego femenino, el disolvente univer- El principio masculino es un principio de
sal, que alimenta los cuerpos y cubre con centro, un centro de potencia, activo y re-
sus alas la desnudez de la Naturaleza, y no pentino como la chispa y la voluntad. El ca-
es menos trabajoso de obtener que el pre- lor femenino ataca a las cosas desde fuera.
cedente. Este fuego aparece bajo la forma El fuego masculino las ataca por dentro, en
de un humo blanco y ocurre con frecuencia el corazón de su esencia. Tal es el sentido
que se desvanece bajo esta forma por negli- profundo de la ensoñación alquimista. Por
gencia de los Artistas. Es casi inaprensible, otro lado, para comprender bien esta sexua-
aunque, por sublimación física aparezca lización de los fuegos de la alquimia y la
y¿ Capítulo 4 Ei fuego sexualizado 93
valorización netamente predominante del go. Las expresiones similares y las figuras
fuego masculino que actúa en la simiente,
no conviene olvidar que la alquimia es úni- que abundan en algunos libros de alquimia
camente una ciencia de hombres, de céli- no dejan ninguna duda sobre el sentido de
bes, de hombres sin mujer, de iniciados ex- esta posesión.
cluidos de la comunión humana en provecho Siendo oscuras las funciones que cumple
de una sociedad masculina. La alquimia no el fuego, debería sorprender que las imáge-
recibe directamente las influencias de la en- nes sexuales permanezcan tan claras. De
soñación femenina. Su doctrina del fuego hecho, la persistencia de esas imágenes, en
está fuertemente polarizada por los deseos campos donde la simbolización directa sue-
no saciados. le ser confusa, prueba el origen sexual de
las ideas sobre el fuego. Bastará, para darse
Este fuego íntimo y masculino, objeto de cuenta, con leer en los libros de alquimia el
meditación del aislado, es, naturalmente, el largo relato del matrimonio del Fuego y de
fuego más poderoso. En particular, es él la Tierra. Podría explicarse este matrimonio
quien puede «abrir los cuerpos». Un autor desde tres puntos de vista: en su significa-
anónimo que escribe a finales del siglo XVIII,
presenta muy netamente esta valorización ción material, como lo hacen siempre los
del fuego encerrado en la materia. «El arte, historiadores de la química; en su signifi-
imitando a la Naturaleza, abre un cuerpo cación poética, como lo hacen siempre los
mediante el fuego, pero con un bien más críticos literarios; en su significación origi-
fuerte que el Fuego del fuego de los fuegos nal e inconsciente, como nosotros propone-
cerrados.» El superfuego prefigura al super- mos aquí. Yuxtapongamos sobre un punto
hombre. Recíprocamente, el superhombre, preciso las tres explicaciones: Tomemos los
en su forma irracional, soñado como una versos alquímicos citados frecuentemente:
reivindicación de una potencia únicamente
subjetiva, apenas si es más que un super- Si le fixe tu sais dissoudre
Et le dissous faire voler
fuego. Puis le volant fixer en poudre
Esta «apertura» de los cuerpos, esta po- Tu as de quoi te consoler.
sesión de los cuerpos en su interior, esta
posesión total, es, a veces, un acto sexual Se encontrarán sin dificultad ejemplos
manifiesto. Se lleva a cabo, como explican químicos que ilustrarán el fenómeno de una
algunos alquimistas, con la Virgen de Fue- tierra disuelta y sublimada luego, destilan-
do la disolución. Si se le «corta entonces las
94 Capítulo 4 El fuego sexualizado 95
alas del espíritu», si se le sublima, se logra- quimistas y poetas cortan y apagan el juego
rá una sal pura, el cielo del mixto terrestre. ardiente de la luz. Separan el cielo de la
Se habrá efectuado una boda material de la tierra, la ceniza del sublimado, lo exterior
tierra y del cielo. Siguiendo la bella y plúm- de lo interior. Y cuando la hora del placer
bea expresión, he aquí «el Uranógeno o el ha pasado, Tourmaline, la dulce Tourmáli-
Cielo terrificado». ne, «recoge con cuidado las cenizas acumu-
Novalis trasladará el mismo tema al mun- ladas».
do de los ensueños amorosos 1 3 : «Quién El fuego sexualizado es por excelencia el
sabe si nuestro amor no será un día alas de trazo de unión de todos los símbolos. Une
llamas que nos llevarán a nuestra patria la materia y el espíritu, el vicio y la virtud.
celeste antes de que la edad y la muerte nos Idealiza los conocimientos materialistas;
alcancen.» Pero esta vaga aspiración tiene materializa los conocimientos idealistas. Es
su contraria en Novalis y Fable sabe verla el principio de una ambigüedad esencial que
«mirando por la fisura de la roca... Perseo no carece de encanto, pero que es necesario
con su gran escudo de hierro; las tijeras denunciar sin cesar, psicoanalizar ininte-
volaron por sí solas hacia el escudo, y Fa- rrumpidamente con dos finalidades distin-
ble le rogó recortar las alas del Espíritu, tas: contra los materialistas y contra los
pues, en medio de su égida, queriendo in- idealistas: «Yo manipulo, dice el Alquimis-
mortalizar las costumbres y culminar la ta. —No, tú sueñas. —Yo sueño, dice No-
gran obra... (Entonces) colorín colorado. valis. —No, tú manipulas.» La razón de una
Lo inanimado está de nuevo sin alma. Lo dualidad tan profunda es que el fuego está
animado volverá a reinar a partir de ahora en nosotros y fuera de nosotros, invisible y
y es quien modelará a lo inanimado y usará brillante, espíritu y humo.
de ello. Lo interior se revela y lo exterior se
oculta.»
Bajo una poesía, tan extraña por otro 4
lado, que no conmueve directamente al gus-
to clásico, hay en esta página el trazo pro- Si el fuego es tan capcioso, tan ambiguo,
fundo de una meditación sexual del fuego. todo psicoanálisis del conocimiento objeti-
Tras el deseo, es necesario que la llama con- vo debería comenzar por un psicoanálisis
cluya, es necesario que el fuego se acabe y de las intuiciones del fuego. No estamos
que los destinos se cumplan. Para ello, al- muy lejos de creer que el fuego es precisa-
El fuego sexualizado 97
96 Capítulo 4

mente el primer objeto, el primer fenómeno mo formador, del fuego tomado como fac-
ante el cual el espíritu humano ha reflexio- tor de nuestras ideas y de nuestros sueños,
nado; entre todos los fenómenos sólo el fue- del fuego considerado como germen. Al me-
go merece, para el hombre primitivo, el de- ditar esta intuición se comprende que Ro-
seo de conocer, porque va acompañado del din sea, de algún modo, el escultor de la
deseo de amar. Se ha repetido frecuente- profundidad y que haya impulsado, frente
mente que la conquista del fuego separaba a la necesidad ineludible de su oficio, los
definitivamente al hombre del animal, pero trazos de dentro hacia fuera, como una vida,
puede que no se haya advertido que el es- como una llama.
píritu, en su destino primitivo, con su poe- A la vista de todo ello, ya no deberemos
sía y su ciencia, se estaba formando en la sorprendernos de que las obras del fuego
meditación del fuego. El homo faber es el sean tan fácilmente sexualizadas. D'Annun-
hombre superficial; su espíritu se fija so- zio nos muestra a Stelio que contempla en
bre algunos objetos familiares, sobre algu- la vidriería, en el horno de recocer, «prolon-
nas formas geométricas groseras. La esfera, gación del horno de fundir, los vasos bri-
para él, no tiene un centro: realiza simple- llantes, aún esclavos del fuego, aún bajo su
mente el gesto redondeado que solidariza imperio... Enseguida las bellas criaturas
el hueco de las manos. El hombre soñador frágiles abandonaban a su padre, destacán-
ante su hogar es, por el contrario, el hom- dose de él para siempre; luego se enfriaban,
bre profundo y dueño de un devenir. O me- se convertían en frías gemas, vivían su nue-
jor dicho aún: el fuego da al hombre que va vida en el mundo, entraban al servicio
sueña la lección de una profundidad que de los hombres voluptuosos, encontraban
tiene un devenir: la llama brota del corazón peligros, seguían las variaciones de la luz,
de las ramas. He aquí el origen de esta in- recibían la flor cortada o la bebida enervan-
tuición de Rodin que Max Scheler cita sin te»15. Así, pues, «la eminente dignidad de
comentarla, no viendo sin duda el carácter las artes del fuego» proviene de que sus
netamente primitivo de la misma 14: «Toda obras llevan la marca más profundamente
cosa no es sino el límite de la llama a la cual humana, la marca de un amor primitivo.
debe su existencia.» La llama objetiva, en- Son las obras de un padre. Las formas crea-
teramente destructiva, no puede explicar la das por el fuego están modeladas, más que
profunda intuición de Rodin; es necesario nada, «para ser acariciadas» 16, en frase fe-
acudir a nuestra concepción del fuego ínti- liz de Paul Valéry.
Bachelard.—7
98 Capítulo 4 El fuego sexualizado 99
Pero aún debe ir más lejos un psicoaná- cencia. En argot, chamuscado (flambé) es
lisis del conocimiento objetivo. Hasta reco- sinónimo de perdido, por no emplear otra
nocer que el juego es el primer factor del palabra grosera cargada de sexualidad. Por
fenómeno. En efecto, no se puede hablar de el fuego todo cambia. Cuando se quiere que
un mundo del fenómeno, de un mundo de todo cambie, se recurre al fuego. El primer
apariencias, sino ante un m u n d o que cam- fenómeno no es solamente el fenómeno del
bia de apariencias. Primitivamente, sólo los fuego contemplado, en una hora ociosa, en
cambios por el fuego son cambios profun- su vida y en su resplandor, sino el fenóme-
dos, hirientes, rápidos, maravillosos, defi- no por el fuego. El fenómeno por el fuego
nitivos. Los juegos del día y de la noche, los es el más sensible de todos; es aquel que es
juegos de la luz y de la sombra, son aspec- preciso vigilar mejor; es preciso activarlo o
tos superficiales y pasajeros que no turban amenguarlo; es necesario lograr el punto de
demasiado el conocimiento monótono de fuego que marca a una sustancia como el
los objetos. El hecho de su alternativa des- instante de amor que marca a una existen-
carta, como han hecho notar los filósofos, cia. Como dice Paul Valéry, en las artes del
el carácter causal. Si el día es el padre y la fuego 17 «ningún abandono, nada de tre-
causa de la noche, la noche es la madre y la guas; nada de fluctuaciones de pensamien-
causa del día. El movimiento, de por sí, ape- to, de coraje o de humor. Ellas imponen,
nas si suscita reflexión. El espíritu humano bajo el aspecto más dramático, el estrecho
no comienza como una clase de física. El combate del hombre y de la forma. Su agen-
hombre primitivo contemplaba el arroyo te esencial, el fuego, es también el mayor
sin pensar: enemigo. Es un agente de precisión temible
cuya operación maravillosa sobre la mate-
Comme un pdtre assoupi regarde l'eau couler. ria que se propone a su ardor está rigurosa-
mente limitada, amenazada, definida por al-
Mas, he aquí los cambios sustanciales: lo gunas constantes físicas o químicas difíciles
que el fuego lame tiene un gusto distinto en de observar. Todo desvío es fatal: la pieza
la boca de los hombres. Lo que el fuego ha se ha arruinado. Si el fuego se adormece o
iluminado guarda un color inefable. Lo que se trastorna, su capricho es desastre...»
el fuego ha acariciado, amado, adorado, ha A este fenómeno por el fuego, a este fe-
ganado en recuerdos y ha perdido la ino- nómeno sensible entre todos, marcado por
100 Capítulo 4
Capítulo 5
tanto en las profundidades de la sustancia, La química del fuego: historia de un falso
es necesario dar un nombre: el primer fe- problema
nómeno que mereciera la atención del hom-
bre, el pirómano. Vamos a ver ahora cómo
ese pirómano, tan íntimamente comprendi-
do por el hombre prehistórico, ha burlado,
durante siglos, los esfuerzos de los sabios.

En este capítulo vamos a cambiar, apa-


rentemente, de campo de estudio; vamos
a intentar estudiar, en efecto, los esfuerzos
del conocimento objetivo de los fenómenos
producidos por el fuego. Desde nuestro pun-
to de vista, este problema apenas si es un
problema de historia de la ciencia, ya que,
precisamente, la ciencia ha sido adultera-
da por las valorizaciones cuya acción acaba-
mos de mostrar en los capítulos preceden-
tes. Es decir, que casi únicamente vamos a
tratar de los obstáculos que las intuiciones
del fuego han acumulado en la ciencia. Las
intuiciones del fuego son obstáculos epis-
temológicos, tanto más difíciles de derribar
102 Capítulo 5 La química del fuego H)ó

cuanto más claros son psicológicamente. son plausibles, que pueden, bajo apropia-
Dicho de una manera quizá un poco rebus- das modificaciones, explicar estados dife-
cada, se trata de un psicoanálisis que avan- rentes del conocimiento científico, adaptar-
za por encima de los diferentes puntos de se a la filosofía de ciertos períodos; queda
vista. En lugar de dirigirse al poeta o al so- el hecho de no definirse bien la solidez y la
ñador, éste psicoanálisis se detiene en los permanencia de estas doctrinas apelando
químicos o biólogos de los siglos pasados. únicamente a su valor de explicación obje-
Y precisamente sorprende una continuidad tiva. Es necesario profundizar más; enton-
entre el pensamiento y la ensoñación y uno ces tocaremos los valores inconscientes. A
se da cuenta de que en esta unión del pen- estos valores inconscientes se debe la per-
samiento y los sueños siempre resulta de- manencia de ciertos principios de explica-
formado y vencido el primero. Es necesario, ción. Con u n a dulce tortura, el Psicoanálisis
pues, tal y como nos habíamos propuesto debe hacer confesar al sabio sus móviles in-
en una obra precedente, psicoanalizar el confesables.
espíritu científico, obligarle a un razona-
miento discursivo que, lejos de continuar
la ensoñación, la detenga, la escinda, la 2
prohiba.
Podemos tener una prueba rápida de que Quizá sea el fuego el fenómeno que más
el problema del fuego se presta mal a una ha preocupado a los químicos. Hace mucho
exposición histórica. M. J. C. Gregory ha tiempo se creyó que resolver el enigma del
consagrado un libro claro e inteligente a la fuego era resolver el enigma central del
historia de las doctrinas de la combustión Universo. Boerhaave, que escribió hacia
desde Heráclito a Lavoisier. Este libro en- 1720, aún dice ': «Si os equivocáis en la ex-
cadena las ideas con tal rapidez que le bas- posición de la Naturaleza del Fuego, vues-
tan cincuenta páginas para hablar de la tro error se extenderá a todas las ramas de
«ciencia» de veinte siglos. Pero, teniendo en la Física, y ello es así porque en todos los
cuenta que estas teorías se revelan como fenómenos naturales el Fuego... es siempre
objetivamente falsas con Lavoisier, hemos el agente principal.» Medio siglo más tar-
de guardar ciertos escrúpulos sobre el ca- de Scheele recuerda por una p a r t e 2 : «Las
rácter intelectual de esas doctrinas. En vano dificultades sin nombre que presentan las
se objetará que las doctrinas aristotélicas investigaciones sobre el Fuego. Sobrecoge
104 Capítulo 5 La química del fuego 105

pensar en los siglos que han pasado sin que complicado circunscribir un sujeto de es-
se haya llegado a conseguir más conocimien- tudio. En el caso del fuego, más que en
tos sobre su verdaderas cualidades.» Y por cualquier otro fenómeno, las concepciones
otra parte: «Algunas personas caen en el animistas y sustancialistas están mezcladas
defecto opuesto, explicando la naturaleza y de un modo inextricable. Una vez que he-
los fenómenos del fuego con tanta sencillez, mos podido analizar, separadamente, estas
que parece que todas las dificultades han dos concepciones en la parte general de
sido superadas. ¿Cuántas objeciones no se nuestro libro, nos falta estudiarlas aquí en
les pueden hacer sin embargo? Tan pronto su confusión. Si hemos podido hacer avan-
el calor es el Fuego elemental, como es un zar el análisis, ha sido gracias a las ideas
efecto del mismo: ora la luz es el Fuego en científicas que, poco a poco, han permitido
su máxima pureza, un elemento; ora está distinguir los errores. Pero el fuego, al con-
esparcida por toda la extensión del globo y trario que la electricidad, no ha encontrado
el impulso del Fuego elemental le comunica su ciencia. Ha quedado en el espíritu de la
su movimiento; aquí la luz es un elemento presciencia como un fenómeno complejo
que se puede encadenar por medio del aci- que depende a la vez de la química y la bio-
dum pingue y que es liberado por la dilata- logía. Luego hemos de conservar en el con-
ción de este supuesto ácido, etc.» Este vai- cepto de fuego el aspecto totalizador que
vén, tan bien indicado por Scheele, es muy corresponde a la ambigüedad de las expli-
sintomático de la dialéctica de la ignoran- caciones que van alternativamente de la
cia que va de la oscuridad a la ceguera y que vida a la sustancia, en reciprocidad inter-
toma cómodamente el final del problema minable, para dar cuenta de los fenómenos
por su solución. Como el fuego no ha podi- del fuego.
do revelar su misterio se le supone una
causa universal: entonces todo queda ex- El fuego puede servirnos, por tanto, para
plicado. Cuanto más inculto es un espíritu ilustrar las tesis que habíamos expuesto en
precientífico, mayor es el problema que nuestro libro sobre La formación del espí-
abarca. De este gran problema es capaz de ritu científico. En particular, y por las
hacer un pequeño libro. El libro de la mar- sencillas ideas a que da lugar, presta un
quesa de Chátelet tiene 139 páginas y trata ejemplo incomparable del obstáculo sustan-
del Fuego. ciálista y del obstáculo animista que traban,
uno con otro, el pensamiento científico.
En los períodos precientíficos es muy Vamos a mostrar inmediatamente casos
106 Capítulo 5 La química del fuego 107
donde las afirmaciones sustancialistas se Para muchos espíritus, el fuego tiene un
presentan sin la menor prueba. El padre L. valor tal que nada limita su imperio. Boer-
Castel no pone en duda el realismo del fue- haave, que pretende no hacer ninguna su-
go 3 : «Los negros de la pintura son frecuen- posición sobre el fuego, comienza por decir,
temente producciones del fuego, y el fuego sin la menor vacilación, que «los elementos
deja siempre en los cuerpos que han recibi- del fuego se encuentran por todas partes;
do su viva impresión un rastro corrosivo y se hallan en el oro, que es el más sólido de
ardiente. Algunos pretenden que estos ne- los cuerpos conocidos, y en el vacío de To-
gros son las partículas ígneas de un verda- rricelli» 5 . Para un químico como para filó-
dero fuego que quedan en las cales, en las sofo, p a r a un hombre instruido como para
cenizas, en los carbones, en el humo.» No un soñador, el fuego se sustantifica tan fácil-
hay nada ilegítimo en esta permanencia sus- mente que se liga del mismo modo con el va-
tancial del fuego en la materia colorante; cío y con el lleno. Sin duda, la física mo-
sin embargo, hemos podido captar en el tra- derna reconocerá que el vacío está atrave-
bajo el pensamiento sustancialista: lo que sado por las radiaciones innumerables del
ha recibido el fuego debe continuar siendo calor radiante, pero no hará de estas radia-
ardiente, y por lo tanto, corrosivo. ciones u n a cualidad del espacio vacío. Si se
A veces, la afirmación sustancialista se produce la luz en el vacío de un barómetro
presenta en una pureza reposada, despro- agitado, el espíritu científico no deducirá
vista absolutamente de toda prueba e igual- que el vacío de Torricelli contenía fuego la-
mente de toda imagen. Así escribe Ducar- tente.
la 4 : «Las moléculas ígneas... calientan por- La sustancialización del fuego concilia fá-
que son; son porque fueron... esta acción cilmente caracteres contradictorios: el fue-
sólo deja de producirse con la ausencia del go podrá ser impetuoso y rápido bajo for-
sujeto.» El carácter tautológico de la atri- mas dispersas; profundo y duradero bajo
bución sustancial queda aquí especialmente formas concentradas. Bastará invocar la
claro. La broma de Moliere sobre la virtud concentración sustancial para rendir cuen-
adormecedora del opio que hace dormir, no ta de los más diversos aspectos. Para Carra,
impide decir a un importante autor, escri- autor citado con frecuencia a finales del
biendo hacia el final del siglo XVIII, que la siglo XVIII 6: «En la paja y el papel el flogís-
virtud calorífica del calor tiene la virtud de tico integrante es poco frecuente; por el
recalentar. contrario, abunda en el carbón mineral. No

wmmmmmmmmmm •
108 Capítulo 5 La química del fuego 109

obstante, las dos primeras sustancias lla- pecial afinidad entre sus glóbulos y el flo-
mean al menor contacto con el fuego, mien- gístico que satura estas materias. Cuando
tras que la última tarda mucho en empezar echando aire por un canuto se pretende se-
a arder. Sólo puede explicarse esta diferen- parar del combustible la llama que lo de-
cia de efectos reconociendo que el flogístico vora, se observa que no cede sin oponer re-
integrante de la paja y el papel, más escaso sistencia y que bien pronto vuelve a recupe-
que el del carbón mineral, está menos con- rar el espacio perdido.» Marat habría
centrado, más diseminado, y consecuente- podido añadir para acabar la imagen ani-
mente, es más susceptible de una combus- mista que domina su subconsciente: «De
tión rápida.» Así, una experiencia insignifi- la misma manera los perros vuelven ince-
cante, como es la de un papel inflamado santemente a la presa.»
rápidamente, es explicada en intensidad por Esta experiencia totalmente familiar nos
el grado de la concentración del flogístico. da una idea de la tenacidad del fuego cuan-
Debemos subrayar aquí el deseo de explicar do se ha apoderado de su alimento. Basta
los detalles de una experiencia primaria. apagar una bujía rebelde desde cierta dis-
Ese deseo de explicación minuciosa es sin- tancia o soplar sobre un ponche ardiendo,
tomático de los espíritus mínimamente para tener una medida subjetiva de la resis-
científicos que pretenden no olvidar nada y tencia del fuego. Pero es una resistencia
dar explicaciones de la experiencia más con- menos brutal que la de los objetos inertes
creta. La vivacidad de un fuego propone de para ponerse en contacto con él. No tiene
este modo falsos problemas: ¡ha herido más efecto que determinar al niño a adop-
tanto nuestra imaginación en la infancia! tar una teoría animista del fuego. En cual-
El fuego de la paja queda, en el inconscien- quier circunstancia el fuego muestra su
te, como un fuego característico. mala voluntad: es difícil de encender y es
Igualmente para Marat, espíritu precien- difícil de apagar. La sustancia se muestra
tífico sin vigor, la relación de la experiencia caprichosa; luego el fuego es una persona.
primaria con la intuición sustancialista es Por supuesto que esta vivacidad y esta
también directa. En un folleto que viene a tenacidad del fuego son caracteres secunda-
constituir un resumen de sus Recherches rios, enteramente reducidos y explicados
physiques sur le feu, se expresa así 7 : « ¿Por por el conocimiento científico. Una sana
qué el fluido ígneo se une solamente a las abstracción ha conducido a olvidarlos. La
materias inflamables? En virtud de una es- abstracción científica es la curación del in-
110 Capítulo 5 La química del fuego 111

consciente. En la base de la cultura, aparta autor, hacia la misma época dijo que 9 : «los
las objeciones dispersas sobre todos los de- persas, cuando sacrificaban al fuego, le pre-
talles de la experiencia. sentaban comida sobre el altar usando esta
fórmula... Come y banquetea, Fuego señor
de todo el mundo».
Aún en el siglo x v i u , Boerhaave «encuen-
tra necesario precisar con un largo estudio
Quizá la idea que más sitio ocupa entre aquello que debemos entender como alimen-
las opiniones que se forma nuestro incons- tos del fuego... Si se les llama así en un sen-
ciente, es la del fuego alimentándose como tido estricto, es porque se cree que (estas
un ser vivo. Para un espíritu moderno, ali- sustancias) sirven realmente de alimento al
mentar un fuego viene a ser un simple sinó- Fuego, por cuya acción son convertidas en
nimo de mantenerlo; pero las palabras nos la propia sustancia del Fuego elemental, y
dominan más de lo que nos imaginamos, que ellas se despojan de su naturaleza pro-
y la vieja idea viene a veces al espíritu pia y anterior para revestir la del Fuego;
cuando la vieja palabra viene a los labios. esto supone un hecho que merece ser exa-
No es difícil acumular textos donde el minado con detenimiento 1 0 ». Es precisa-
alimento del fuego guarda su sentido inme- mente lo que hace Boerhaave en numerosas
diato. Un autor del siglo xvi cuenta que 8 : páginas donde, por otra parte, se resiste
«los egipcios decían del fuego ser un ani- bien mal a la intuición animista que quiere
mal arrebatador e insaciable; que devoraba evitar. Es imposible evitar completamente
todo aquello que nace y se desarrolla; y fi- un prejuicio cuando se ha perdido mucho
nalmente, a sí mismo, después de estar bien tiempo en atacarle. En cualquier caso, Boer-
satisfecho y harto, al no tener más para sa- haave sólo se salva del prejuicio animista
ciarse y alimentarse; porque teniendo calor reforzando el prejuicio sustancialista: en
y movimiento, no se puede pasar sin alimen- su doctrina, el alimento del fuego se trans-
to y aire para respirar.» Vigenére desarro- forma en la sustancia del fuego. Por asimi-
lla enteramente su libro siguiendo esta ins- lación, el alimento deviene fuego. Esta
piración. Encuentra en la química del fuego asimilación sustancial es la negación del es-
todos los caracteres de la digestión. Así, píritu de la Química. La Química puede es-
para él, como para muchos otros autores, tudiar cómo las sustancias se combinan, se
el humo es un excremento del fuego. Un mezclan o se yuxtaponen. Son las tres con-

IHHHHH
112 Capítulo 5 La química del fuego 113

cepciones que se pueden defender. Pero la ral de estos últimos es el flujo de partículas
Química no sabrá estudiar cómo una sus- ígneas que los primeros les envían continua-
tancia asimila a otra. Al aceptar este con- mente; y que las manchas del Sol, que pare-
cepto de asimilación, forma más o menos cen extenderse y oscurecerse todos los días,
científica del de alimentación, ilumina la no son sino un montón de vapores groseros
oscuridad con una oscuridad aún mayor; o que él mismo atrae, gracias a lo cual su vo-
mejor, impone a la explicación objetiva las lumen crece; que esas humaredas que cree-
falsas claridades de la experiencia íntima de mos ver elevarse de su superficie están por
la digestión.
el contrario precipitándose; que, finalmen-
Vamos a ver hasta dónde llegan las valo- te, absorberá una cantidad tan grande de
rizaciones inconscientes del alimento del materia, que no será solamente envuelto e
fuego y la utilidad de psicoanalizar lo que incrustado, como pretendía Descartes, sino
podemos llamar el complejo de Pantagruel
totalmente penetrado. Entonces se apagará,
en un inconsciente precientífico. Un prin-
cipio precientífico dice que todo lo que arde morirá, por así decirlo, pasando del estado
debe recibir el pábulum ignis. Igualmente, de luminosidad que constituye su vida, al de
nada tan común entre las cosmologías de la opacidad que, para él, constituye una ver-
Edad Media y la época precientífica como dadera muerte. Del mismo modo la sangui-
la noción de alimentación entre los astros. juela muere empapándose de sangre.» Está
Vemos en particular que la función de las muy claro; la intuición digestiva es la guía:
exhalaciones terrestres es a menudo la de para Robinet, el Rey Sol morirá de un
servir de alimento a los astros. Las exhala- atracón.
ciones alimentan a los cometas y los come- Este principio de la alimentación de los
tas alimentan al Sol. Sólo daremos algunos astros por el fuego queda muy claro acep-
textos, encontrados en épocas recientes, tando la idea, aun comúnmente extendida
para dejar clara la permanencia y la fuerza en el siglo x v í n , de que «todos los astros
del mito de la digestión en la explicación son creados de una única sustancia celeste,
de los fenómenos materiales. Así Robinet del fuego sutil» 12 . Se establece una analogía
escribió en 1766 u : «Se ha dicho con bas- fundamental entre las estrellas formadas a
tante verosimilitud que los globos lumino- partir del fuego sutil y celeste y los azufres
sos se sacian con las exhalaciones que sacan metálicos a partir del fuego grosero y te-
a los globos opacos, y que el alimento natu- rrestre. De esta manera se cree haber unido
Bachelard.—8
114 Capítulo 5 La química del fuego 115

los fenómenos del cielo y la tierra y obte- de la intuición sustancialista. El abad de


nido una visión total del mundo. Mangin es convencido rápidamente 14: «En
Así las viejas ideas atraviesan los años; principio la materia eléctrica se encuentra
vuelven en las ensoñaciones más o menos en todos los cuerpos bituminosos y sulfu-
sabias con su carga inicial de sencillez. Por rosos como el vidrio y la pez, y el trueno
ejemplo, un autor del siglo xvn une fácil- saca la suya de los betunes y azufres atraí-
mente las opiniones de la antigüedad y de dos por la acción del sol.» Ya no faltaba
su tiempo 13: «A causa de que los astros mucho para probar que el vidrio contiene
atraen durante el día los vapores, para veri- fuego, e incluirlo en la categoría de azufres
ficar por la noche su asimilación, la noche y pez. Así para el abad de Mangin «el olor
ha sido llamada por Eurípides nodriza de a azufre que (el vidrio) esparce cuando fro-
los astros dorados.» Sin el mito de la diges- tándolo se rompe (es la prueba convincente)
tión, sin ese ritmo estomacal del Gran Ser de que los betunes y los aceites dominan en
que es el Universo, que duerme y come él.» ¿Es necesario recordar la vieja etimo-
acompasando su régimen con el día y la no- logía, siempre presente en el espíritu pres-
che, muchas intuciones precientíficas o poé- científico, que quería que el vitriolo corro-
ticas serían inexplicables. sivo proviniese del aceite de vidrio'}
La intuición de interioridad, de intimi-
dad, tan fuertemente unida con la intuición
4 sustancialista, aparece aquí en una ingenui-
dad tanto más aplastante cuanto que pre-
Es particularmente interesante para un tende explicar fenómenos científicos con-
análisis del conocimiento objetivo, ver cretos. «Es sobre todo en los aceites, los
cómo una intuición cargada de afectividad, betunes, las gomas, las resinas, donde Dios
como es la intuición del fuego, se utiliza ha encerrado el fuego, como en otros tan-
para la explicación de nuevos fenómenos. tos estuches capaces de guardarlo.» Una
Este fue el caso del pensamiento precien- vez sometido a la metáfora de una propie-
tífico cuando buscaba la explicación de los dad sustancial encerrada en un estuche, el
fenómenos eléctricos. estilo se cargará de imágenes. Si el fuego
No resulta difícil probar que el fluido eléctrico «podía insinuarse en el interior de
eléctrico es el fuego desde el momento en pequeñas pelotas de fuego, en las que el
que uno se contenta con seguir la seducción tejido de los cuerpos es reemplazado por
116 Capítulo 5 La química del fuego 117

ellos mismos electrificados; si podía des- que, en efecto, no se puede comprender


ligar esta multitud de pequeñas bolsas que cómo un tal «fuego», brillante, caliente, lla-
poseen la fuerza necesaria para retener este meante, puede estar contenido, sin la menor
fuego escondido, secreto e interno, y jun- incomodidad, en el cuerpo humano. Un es-
tarlas, entonces, esas partículas de fuego, píritu tan preciso, tan meticuloso como
libres, sacudidas, comprimidas, esparcidas, Winckler no pone en duda el postulado sus-
aunadas, violentamente agitadas, comunica- tancialista, y de esta ausencia de crítica filo-
rían al fuego eléctrico una acción, una fuer- sófica va a nacer un falso problema 15: «Un
za, una vitalidad, una aceleración, una furia, fluido no puede alumbrar a menos que con-
que desuniría, rompería, abrazaría, destrui- tenga partículas de fuego.» Puesto que el
ría el compuesto.» Pero como eso es impo- fuego sale del cuerpo humano, es que había
sible, los cuerpos como la resina, eléctricos estado contenido anteriormente en el cuer-
por sí mismos, deben guardar el fuego en- po humano. ¿Es necesario recalcar la facili-
cerrado en sus pequeños estuches, no pue- dad con que es aceptado este razonamiento
den recibir la electricidad por comunica- por un espíritu precientífico que sigue, sin
ción. He aquí, pues, repleta de imágenes, duda alguna, las seducciones que habíamos
absolutamente cargada de verborrea, la pro- denunciado en los capítulos precedentes?
lija explicación de los caracteres de los cuer- El único misterio consiste en que en el ex-
pos malos conductores. Este tipo de expli- terior, el fuego inflama al alcohol mientras
cación que viene a negar un carácter es que dentro no inflama los tejidos. Esta in-
frecuentemente muy curioso. No se ve bien consecuencia de la intuición realista no
la necesidad de una conclusión. Parece que hace disminuir la realidad del fuego. La rea-
ésta vendría simplemente a interrumpir un lidad del fuego está entre las más indestruc-
sueño que se desarrolla con facilidad cuan- tibles.
do se acumula un número suficiente de sinó-
nimos.
Cuando se reconoció que las chispas eléc- 5
tricas que salían del cuerpo humano infla-
maban el aguardiente, la admiración fue La realización del valor y del fuego es
enorme. ¡Luego el fuego eléctrico era un también muy sorprendente cuando se detie-
verdadero fuego! Winckler subraya «un ne en sustancias particulares como las ve-
acontecimiento tan extraordinario». Y es getales. La seducción realista puede arras-

.-.;-
118 Capítulo 5 La química del fuego 119

t r a r a singulares experiencias y creencias. tomemos en su traducción metafórica. Olvi-


He aquí un ejemplo entre mil sacado de damos que han correspondido a realidades
Bacon (Sylva Sylvarum § 456): «Si debe- psicológicas. Pero con frecuencia las metá-
mos creer ciertas historias, haciendo mu- foras no son completamente desrealizadas,
chas hendiduras en el tronco de un moral desconcretizadas. Se arrastra todavía algo
e insertando cuñas hechas con la madera de concreto en ciertas definiciones sanamente
un árbol de naturaleza cálida como el tere- abstractas. Un psicoanálisis del conocimien-
binto, el lentisco, el guayaco, el enebro, et- to objetivo debe revivir y acabar la desrea-
cétera, se tendrán excelentes moras, y el lización. Más que cualquier otra cosa, lo que
árbol dará un gran rendimiento; efecto que da precisamente una medida de los errores
se puede atribuir a este calor de más que sobre el fuego es el hecho de estar todavía
fomenta, anima y refuerza la savia y el ca- ligados a afirmaciones concretas, a experien-
lor original del árbol.» Esta creencia en la cias íntimas indiscutibles.
eficacia de las sustancias calientes está viva Caracteres muy especiales, que deberían
en ciertos espíritus; pero pronto declina, ser estudiados detenidamente, son explica-
pasa poco a poco al estado de metáfora o dos por una simple referencia a un fuego
de símbolo. De este modo se han desvalori- interior. Tal es el caso para «el vigor ex-
zado las coronas de laurel: ahora son de traordinario que observamos en ciertas
papel verde. Helas aquí en todo su valor 1 6 : plantas... que encierran en su interior una
«Las ramas de ese árbol que la antigüedad cantidad más considerable de ese fuego que
ha dedicado al Sol para coronar a todos los otras de la misma clase. Así la planta sensi-
conquistadores de la Tierra, frotadas unas tiva necesita más cantidad de fuego que
con otras hacen fuego, como los huesos de toda otra planta o cosa natural, y yo conci-
león.» La conclusión realista no se encuen- bo entonces que, cuando cualquier otro
tra lejos: «El laurel cura las heridas de la cuerpo la toca, debe comunicarle una gran
cabeza y borra las manchas de la cara.» parte del fuego que es su vida poniéndose
¡Qué radiante aparece un rostro bajo la co- enferma y dejando caer sus hojas y ramas,
rona! En nuestra época, donde todos los hasta que pasa el tiempo necesario para re-
valores son metafóricos, las coronas de lau- cobrar su vigor tomando fuego nuevo del
rel sólo curan los orgullos heridos. aire que la rodea.» Este fuego íntimo que la
Nos inclinamos a excusar todas estas sensitiva da hasta el agotamiento tiene otro
creencias infantiles porque únicamente las nombre para el psicoanalista. No revela un
120 Capítulo 5 La química del fuego 121

conocimiento objetivo. No se ve nada que «¿No se abandonará nunca la opinión ab-


pueda legitimar objetivamente la compara- surda de que el agua en estado de vapor
ción entre una sensitiva sin reacciones y sube en la atmósfera porque es en este nue-
una sensitiva vaciada de su fuego. Un psi- vo estado más ligera que el mismo volumen
coanálisis del conocimiento objetivo debe de aire?» Para David, el principio de Arquí-
perseguir todas las convicciones científicas medes revela una pobre mecánica; por el
que no se formen en la experiencia específi- contrario, es evidente que es el fuego, fluido
camente objetiva. motor, «jamás ocioso», quien arrastra y
Se repite, en todos los campos y sin la eleva al agua. «El fuego es quizá ese prin-
menor prueba, que el fuego es el principio cipio activo, esa causa segunda que ha re-
de la vida. Esta declaración es tan vieja que cibido toda su energía del Creador y que la
no ofrece ninguna duda. Parece que resulta Escritura ha designado con estas palabras:
convincente en general, con la única reser- et spiritus Dei ferebatur super aquas.» Tal
va de no aplicarla a ningún caso particular. es el vuelo que emprende un partero medi-
Cuanto más precisa se hace su aplicación, tando sobre las aguas del amnios.
más ridicula resulta. Un partero, después
de un largo tratado sobre el desarrollo del
embrión y la utilidad de las aguas del am-
nios, viene a profesar que el agua, ese líqui-
do acarreador de todo alimento en los tres Como sustancia, el fuego está comprendi-
reinos, debe ser animada por el fuego. Al do entre las más valorizadas y consecuente-
final de su tratado podemos ver un ejemplo mente entre las que más deforman los jui-
pueril de la dialéctica natural del agua y el cios objetivos. Para muchos puntos de
fuego 17: «La vegetación es el resultado de vista, su valorización alcanza la del oro.
esa especie de avidez con la que (el fuego) Aparte de sus valores de germinación para
busca combinarse con el agua, que a su vez la mutación de metales y sus poderes de cu-
le sirve de elemento moderador.» Esta in- ración en la farmacopea precientífica, el oro
tuición sustancialista del fuego que viene a no tiene otro valor que el comercial. A me-
animar el agua es tan atrayente que empuja nudo el alquimista da valor al oro por ser
a nuestro autor «a profundizar» en una teo- receptáculo de fuego elemental: «La quin-
ría científica demasiado clara y simplemen- taesencia del oro es enteramente fuego.»
te fundada en el principio de Arquímedes: Por otro lado, y de una manera general, el
122 Capítulo 5 La química del fuego 123
fuego, verdadero proteo de la valorización, ñez y la forma de sus moléculas que se su-
pasa de los mayores valores metafísicos a ponían ser cuñas agudas que penetraban en
los más manifiestamente utilitarios. Este es los cuerpos y separaban sus partes», escribe
verdaderamente el principio activo funda- algunas páginas más delante: el fuego «es el
mental que resume todos los actos de la na- elemento que anima todo, a quien todo debe
turaleza. Un alquimista del siglo XVIII ha el ser; que, principio de vida y muerte,
escrito 18: «El fuego... es la naturaleza que de la existencia y de la nada, actúa por
no hace nada en vano, que no sabría errar, sí mismo y lleva consigo la capacidad de
y sin la que nada se podría hacer.» Un ro- actuar.» Parece que el espíritu crítico se
mántico no hablaría de otro modo de la pa- detiene ante el poder íntimo del fuego, y
sión. La menor participación satisface; el que la explicación mediante el fuego lleva
fuego sólo tiene que poner el sello de su a tales profundidades que puede decidir so-
presencia para mostrar su poder: «El fuego bre la existencia y sobre la nada y de un mis-
es siempre el menor en cantidad y el prime- mo golpe desvalorizar todas las pobres ex-
ro en calidad.» Esta acción de cantidades ín- plicaciones mecanicistas. Siempre y en cual-
fimas es muy sintomática. El hecho de ima- quier caso la explicación mediante el fuego
ginarla sin pruebas objetivas, como sucede es una explicación rica. Un psicoanálisis
en el caso que nos ocupa, significa que la del conocimiento objetivo debe denunciar
ínfima cantidad considerada ha sido magni- incesantemente esta pretensión a la profun-
ficada por la voluntad de poderío. Se que- didad y riqueza íntimas. Se tiene por su-
rría poder concentrar la acción química en puesto el derecho a criticar la ingenuidad
un polvo arrojadizo, el odio en un veneno del atomismo figurado. Sin embargo, es ne-
fulminante, un amor inmenso e indecible en cesario reconocer que al menos se ofrece a
un humilde regalo. El fuego efectúa accio- una discusión objetiva, mientras que recu-
nes de este tipo en el inconsciente de un rrir al poder de un fuego no sensible, como
espíritu precientífico: un átomo de fuego sucede en el caso de la causticidad de cier-
en ciertos sueños cosmológicos es suficien- tas disoluciones, va en contra de cualquier
te para abrazar un mundo. posibilidad de verificación objetiva.
Un autor que critica las imágenes fáciles La ecuación del fuego y de la vida forma
y que declara 19 : «Hemos salido de ese si- la base del sistema de Paracelso. Para Pa-
glo donde se explicaban la causticidad y la racelso el fuego es la vida y aquello que lo
acción de ciertos disolventes por la peque- oculta contiene el germen de la misma. El
124 Capítulo 5
La química del fuego 125
mercurio común es precioso a los ojos de pida conclusión dialéctica: puesto que el
los paracelsistas porque, tal como lo expone fuego se gasta en el animal, ha de economi-
Boerhaave 2 0 , contiene un fuego muy per- zarse forzosamente en el mineral. Allí está
fecto y una vida celeste y escondida. Hay oculto, íntimo, sustancial; luego allí es todo-
que hablar precisamente de este fuego ocul- poderoso. Un amor taciturno pasa, de la
to para poder sanar y posteriormente en- misma manera, por un amor fiel.
gendrar algo. Nicolás de Locques apoya
toda su valorización del fuego sobre la in-
timidad del mismo 2 1 . El fuego es «interno o
externo; el externo es mecánico, corruptor 7
y destructor; el interno es espermático, en- Tal fuerza de convicción al afirmar los
gendrador, madurador». Para poseer la poderes ocultos no puede venir únicamente
esencia del fuego hay que llegar hasta su de la experiencia externa del bienestar sen-
fuente de origen, a la reserva donde se con- tido ante un luminoso hogar. Es necesaria
centra y economiza, esto es: al mineral. He la unión de las íntimas certezas de la diges-
aquí la mejor justificación del método de tión, la sopa caliente, el sano abrasarse del
los espagíricos: «Este fuego celeste que crea bebedor. En tanto que no se haya psicoana-
la vida es muy activo en el animal donde lizado al hombre harto, faltarán elementos
tiene un gasto mayor que en la planta o en afectivos primordiales p a r a comprender la
el metal; por esto el filósofo está ocupado psicología de la evidencia realista. Hemos
continuamente en buscar los medios de re- descubierto en otra parte todo lo que la quí-
ponerlo, y viendo que no puede ser mante- mica realista debe al mito de la digestión.
nido durante mucho tiempo por el fuego En lo concerniente a la sensación de calor
vital de los animales y las plantas, lo ha estomacal y las deducciones falsamente ob-
buscado en el metal, donde este fuego es jetivas que se sacan, se podrían acumular un
más estable e incombustible, más recogido sinfín de citas. Esta sensación constituye
y moderado en su acción, dejando las hier- con frecuencia el principio sensible de la sa-
bas a los Galenistas para hacer ensaladas lud y la enfermedad. Para el que atiende
en las que este bendito fuego es apenas una a la sensaciones de ligeros dolores, los li-
chispa.» bros de los expertos guían su atención ha-
En resumen, se cree tan fuerte el imperio cia los «calores», las «flogosis», los deseca-
universal del fuego que se llega a esta rá- mientos que queman el estómago. Cada
126 Capítulo 5 La química del fuego 127

autor se cree obligado a explicar estos ardo- mos en particular que ese calor íntimo, en-
res en función de su sistema, porque sin cerrado, custodiado y poseído que constitu-
una explicación de todo lo que concierne al ye una digestión feliz, conduce inconscien-
principio fundamental del calor vital, el sis- temente a postular la existencia de un fuego
tema perdería todo su valor. Así Hecquet escondido e invisible en el interior de la ma-
explica el fuego de la digestión de acuerdo teria, o, como dicen los alquimistas, en el
con su teoría de la trituración estomacal, vientre del metal. La teoría de este fuego
recordando que una rueda puede inflamarse inmanente a la materia determina un ma-
con el frotamiento. Es, pues, la trituración terialismo especial en el cual haría falta
de los alimentos por el estómago lo que crear una palabra, ya que representaría un
produce el calor necesario «para su coc- matiz importante, intermedio entre mate-
ción». Hecquet es un erudito; no va a llegar rialismo y animismo. Este colorismo corres-
a creer a ciertos anatomistas que han «visto ponde a la materialización de un alma o a la
salir fuego del estómago de ciertos pája- animación de la materia; es una forma de
ros» n. Sin embargo, cita esta opinión en tránsito entre materia y vida. Es la concien-
lugar destacado, demostrando que la ima- cia apagada de la asimilación material de la
gen del hombre que bailando vomita llamas digestión, de la animalización de lo inani-
es una imagen favorita del inconsciente. La mado.
teoría de las intemperies del estómago po- Refiriéndolo a este mito de la digestión,
dría dar lugar a comentarios interminables. se entiende mejor el sentido y la fuerza de
Se podría buscar el origen de todas las me- esta frase del Cosmopolita que hace decir
táforas que han conducido a la clasificación al mercurio 23 : «Yo soy fuego en mi interior,
de los alimentos de acuerdo con su calor, su el fuego me sirve de alimento y es mi vida.»
frío, su calor seco, su calor húmedo, su po- Otro alquimista dice de una forma más aus-
der refrescante. Se probaría fácilmente que tera, pero que viene a significar lo mismo:
el estudio científico de los valores alimenti- «El fuego es un elemento que actúa en el
cios está perturbado por los prejuicios for- centro de todas las cosas.»24 ¡Con qué facili-
mados en las impresiones iniciales, fugitivas dad se dota de un significado a semejante
e insignificantes. expresión! En el fondo, decir que una subs-
De este modo, nosotros no dudamos en tancia tiene un interior, un centro, es lige-
invocar un origen cenestésico para ciertas ramente menos metafórico que decir que
intuiciones filosóficas fundamentales. Cree- tiene un vientre. Hablar entonces de una
La química del fuego 129
128 Capítulo 5
cualidad o una tendencia viene a ser lo mis- cual ahora es interno e incombustible; ya
mo que hablar de un apetito. Añadir, como no es un fuego que arde exteriormente sino
hace el alquimista, que este interior es un interiormente, y como antes quemaba cual-
hogar donde arde lentamente el fuego-prin- quier combustible, ahora quema con su po-
cipio indestructible sólo sirve para estable- der las enfermedades invisibles, y como los
cer convergencias metafóricas centradas en azufres alumbraban exteriormente antes de
las certezas de la digestión. Serán necesa- consumirse, ahora sólo alumbran a las en-
rios grandes esfuerzos de objetividad para fermedades o espíritus de tinieblas, que no
separar al calor de las substancias donde son sino espíritus o propiedades de la tene-
se manifiesta, para crear una cualidad abso- brosa cama de la muerte... y el fuego trans-
lutamente transitiva, una energía que en forma esos espíritus de tinieblas en los bue-
ningún caso pueda estar latente y escon- nos espíritus que eran cuando el hombre
dida. estaba sano.» Cuando se leen páginas como
ésta, es necesario preguntarse por qué lado
La interiorización del fuego no sólo exal- están claras y por qué lado oscuras. Con
ta sus virtudes, sino que da lugar a las más seguridad la página de Poleman está oscura
palmarias contradicciones. Esta es, según por el lado objetivo: un espíritu científico
nosotros, la mejor prueba de que se trata al corriente de la química y la medicina in-
más bien de valores psicológicos que de tentaría penosamente poner un nombre
pruebas objetivas. El hombre es, quizá, el bajo las experiencias evocadas. Por el con-
primer objeto natural en el cual la natura- trario, por el lado subjetivo, cuando uno se
leza intenta contradecirse. Por otra parte, esfuerza en adquirir un material psicoana-
esta es la razón por la cual la actividad hu- lítico apropiado, cuando en particular se
mana está cambiando la faz del planeta. han aislado los complejos del sentimiento
Pero, en esta pequeña monografía, no va- de la posesión y las impresiones del fuego
mos a considerar nada más que las contra- íntimo, la página se aclara. Esta es, pues, la
dicciones y las mentiras del fuego. Gracias prueba de que tiene una coherencia subjeti-
a la interiorización se viene a hablar de un va aún sin tener una cohesión objetiva. Esta
fuego incombustible. Después de haber tra- determinación del eje de esclarecimiento,
bajado durante mucho tiempo sobre el azu- sea objetivo o subjetivo, nos parece el pri-
fre, Joachim Poleman escribe 25 : «Este azu- mer diagnóstico de un psicoanálisis del co-
fre era por naturaleza un fuego ardiente y nocimiento. Si, en una idea, el conjunto de
al exterior una luz resplandeciente, por lo
Bachelard.—9

Üfjlll" Hi^HiHI S^^p^^^WM^^^KW^^^^Pi (SWH 8¡BS!|?#§iMSiBI


130 Capítulo 5 La química del fuego 131

convicciones personales sobrepasa al de co- cede siempre en una ciencia estorbada por
nocimientos que se pueden explicar, ense- los obstáculos sustancialista y animista.
ñar y demostrar, un psicoanálisis es in- La referencia al cuerpo humano subsiste
dispensable. La psicología del sabio debe todavía mucho tiempo, incluso con el espí-
tender a una psicología claramente normati- ritu científico bastante desarrollado. Cuan-
va; debe huir de personalizar sus conoci- do se quisieron hacer los primeros termó-
mientos; correlativamente, debe esforzarse metros, uno de los primeros puntos fijos en
que se pensó para graduarlos fue la tempe-
en socializar sus convicciones. ratura del cuerpo humano. Se ve claramen-
te la inversión objetiva operada por la me-
dicina contemporánea, que determina la
8 temperatura del cuerpo por comparación
con los fenómenos físicos. El conocimiento
La mejor prueba de que las impresiones común, incluso en ensayos bastante preci-
psicológicas del calor han estado cosifica- sos, opera en la perspectiva inversa.
das en el conocimiento precientínco, es que
el calor íntimo ha suministrado referencias
para clasificar especies de calor, cosa que 9
ningún experimentador moderno intentaría
distinguir. En otros términos, el cuerpo hu- Pero «este benigno calor que fomenta
mano sugiere puntos de fuego que los ar- nuestra vida», como dijo un médico a fina-
tistas alquimistas se esfuerzan en determi- les del XVIII, es aún más sintomático cuan-
nar. «Los filósofos, dice un alquimista 26 , do se le considera, en su confusión o en su
distinguen (el calor) según las diferencias síntesis, sin ninguna localización, como la
de calor animal y hacen tres o cuatro espe- realización global de la vida. La vida latente
cies; un calor parecido al del estómago, es calor confuso. Es este fuego vital el que
otro generador como el del útero, otro coa- forma la base de la noción de fuego escon-
gulante parecido al que hace la esperma y dido, de fuego invisible, de fuego sin llama.
otro lactificante como el de las mamas.» La Se abre entonces la carrera sin fin de las
sensación de calor íntimo, con sus mil ma- ensoñaciones eruditas. Puesto que se ha se-
tices subjetivos, ha sido traducida directa- parado del principio ígneo la cualidad evi-
mente en una ciencia de adjetivos, como su- dente; puesto que el fuego ya no es la llama
132 Capítulo 5 La química del fuego 133
amarilla, el carbón al rojo; puesto que ha virse de él, sino sobre todo abusar. Sin esta
devenido invisible, puede recibir las propie- voluntad de abusar, la conciencia de poder
dades más variadas, las calificaciones más no estaría clara. Un autor anónimo italiano
diversas. El agua fuerte, por ejemplo, con- admira, a finales del xvn, ese poder íntimo
sume al bronce y al hierro. Su fuego es ocul- de calentar que se encuentra «en las aguas
to, su fuego sin calor quema el metal sin fuertes y en espíritus semejantes que arden
dejar huellas, como en un crimen bien rea- en invierno con la misma intensidad que lo
lizado. También esta acción, simple, pero hace el fuego en toda época, y que efectúan
oculta, entorpecida por ensoñaciones, se va tales acciones que se les creería capaces de
a cubrir de adjetivos siguiendo la regla del destruir toda la Naturaleza, de reducirla a
inconsciente: lo que menos se conoce es lo la nada...» A propósito del nihilismo perso-
que hay que calificar más. Para hablar del nalísimo de un viejo autor italiano, puede
fuego del agua fuerte, Trévisan 27 , dijo que ser curioso comparar la siguiente noticia y
este fuego oculto es «sutil, vaporoso, diges- los comentarios que le dedican los diarios
tivo, no fluente, alterante, penetrante y (Roma, 4 de marzo de 1937). El señor Ga-
vivo.» Evidentemente, estos adjetivos no briele d'Annunzio comunica un mensaje que
califican un objeto, únicamente exponen un acaba con las sibilinas frases que siguen:
sentimiento, probablemente una necesidad «En lo sucesivo voy a estar viejo y enfermo
de destruir. y por esto quiero apresurar mi fin. Me está
La quema por un líquido maravilla a to- prohibido morir tomando Ragusa por asal-
dos los espíritus. Cuántas veces he visto a to. Desdeñando morir entre dos sábanas,
mis alumnos asombrados ante la calcina- voy a intentar mi último invento.» Y el dia-
ción de un tapón por el ácido sulfúrico. A rio explica en qué consiste su último inven-
pesar de las recomendaciones —o, hablan- to. «El poeta ha decidido, cuando vea acer-
do psicoanalíticamente, a causa de las mis- carse la hora de su muerte, sumergirse en
mas—, las batas de los jóvenes manipulan- un baño que provocará de inmediato su
tes sufren particularmente a los ácidos. La muerte y destruirá rápidamente los tejidos
potencia del ácido se multiplica por el pen- de su cuerpo. Es el propio poeta quien ha
samiento. Psicoanalíticamente, la voluntad descubierto la fórmula de este líquido.» Así
de destrucción multiplica una propiedad trabaja nuestra ilusión, sabia y filosófica;
destructiva reconocida al ácido. De hecho, ella acentúa todos los poderes, busca el ab-
pensar en un poder es ya, no solamente ser- soluto en la vida y en la muerte. Puesto que
<

ibsJ
La química del fuego 135
134 Capítulo 5

es necesario desaparecer, puesto que el ins- Chátelet, el fuego es el principio de la dilata-


tinto de la muerte se impone un día incluso ción. Gracias a la dilatación podemos tener
a la vida más exuberante, desaparezcamos y una medida objetiva. Pero esto no impide a
muramos totalmente. Destruyamos el fuego Reynier suponer que el fuego es el poder
de nuestra vida por un sobrefuego, por un que contrae, que estrecha. Al fuego, dice 28 ,
sobrefuego sobrehumano, sin llama ni ceni- todos los cuerpos «deben la cohesión de sus
zas, que llevará la nada al mismo corazón elementos; sin él serían inconexos» puesto
del ser. Cuando el fuego se devora, cuando que «desde el momento en que el fuego en-
el poderío se vuelve contra sí mismo, pare- tra en una combinación, ésta se contrae ocu-
ce que el ser se realiza totalmente en el pando un espacio más pequeño». Vemos,
instante de su perdición y que la intensidad por tanto, que el fuego es igualmente el
de la destrucción sea la prueba suprema, la principio de contracción y el de dilatación;
prueba más clara de la existencia. Esta con- él dispersa y él contrae. Por otra parte, esta
tradicción, en la raíz misma de la intuición teoría, emitida en 1787 por un autor que
del ser, favorece las infinitas transforma- quiere evitar toda erudición, viene de lejos.
ciones de valores. Ya los alquimistas decían: «el calor es una
cualidad que separa las cosas heterogéneas
y cuece las homogéneas». Como no hay nin-
gún contacto entre los autores que citamos
10 aquí, se ve claramente que estamos tocando
una de esas intuiciones subjetivamente na-
Cuando el pensamiento precientífico ha turales que concilian de forma abusiva los
encontrado un concepto como este del fue- contrarios.
go latente, en el cual el carácter experimen-
tal queda prácticamente borrado, adquiere Hemos cogido esta propiedad como tipo
una facilidad singular: parece que adquiere porque toca u n a propiedad geométrica. De-
el derecho de contradecirse claramente, bería resultar particularmente insoporta-
científicamente. La contradicción, que es la ble. Pero aún si se quisieran tener en cuen-
ley del inconsciente, impregna el conoci- ta las contradicciones menos palpables, al
miento precientífico. Tomemos, seguida- nivel de cualidades muy vagas, se llegaría
mente, esta contradicción bajo una forma fácilmente a la conclusión de que esta con-
cruda y en un autor que hace gala de espíri- tradicción geométrica, como las demás con-
tu crítico. Para Reynier, como para Mme-du tradicciones, es menos reveladora de la físi-
136 Capítulo 5 La química del fuego 137

ca del fuego que de la psicología del fuego. misterio! «El fuego escapa siempre a las
Nosotros vamos a insistir en estas contra- capturas de nuestro espíritu porque está
dicciones para mostrar que, para el incons- dentro de nosotros mismos.» Luego hay una
ciente, la contradicción es verdaderamente intimidad del fuego cuya función va a con-
una necesidad más que una condescenden- sistir en contradecir las apariencias del mis-
cia. Porque, en efecto, la contradicción es el mo. Lo que parece ser resulta siempre dife-
camino más fácil para llegar a la originali- rente de lo que en realidad es. Mme. du
dad, y la originalidad es una de las preten- Chátelet precisa también que la luz y el ca-
siones dominantes del inconsciente. Cuando lor no son propiedades sino modos del fue-
se aplica a los conocimientos objetivos, esta go. Con estas distinciones metafísicas nos
necesidad de originalidad recarga los deta- encontramos demasiado lejos del espíritu
lles del fenómeno, realza los matices y da prepositivo que se querrá otorgar demasia-
causa a los accidentes exactamente de la do comúnmente a los experimentadores del
misma manera que el novelista hace un hé- siglo XVIII. Mme. du Chátelet emprende una
roe de una suma artificial de originalidades serie de experiencias para separar lo que
y un carácter fuerte de una suma de incon- brilla y lo que calienta. Llama la atención
secuencias. Para Nicolás de Locques 29 «este sobre el hecho de que los rayos de luna no
calor celeste, este fuego que da la vida, en transportan calor; incluso concentrados en
una materia seca está sujeto y es inepto; el hogar de una lente no llegan a quemar.
en una húmeda, está muy dilatado; en una La Luna es fría. Estas escasas reflexiones
caliente, muy activo; y en una fría, conge- bastan para justificar la siguiente extraña
lado y macerado.» Se prefiere decir que el proposición: «El calor no es esencial al Fue-
fuego está congelado en una materia fría go elemental». Desde la cuarta página de
que aceptar su desaparición. Las contradic- su memoria, Mme. du Chátelet hace gala de
ciones se acumulan para conservar para el un espíritu original y profundo por esta
fuego todo su valor. única contradicción. Como dijo ella misma,
Pero estudiemos más de cerca a un autor ve la Naturaleza «por un ojo diferente al
al que los literatos han dado una reputación vulgar». Sin embargo, algunas experiencias
de sabio. Cojamos el libro de la marquesa rudimentarias o sencillas observaciones le
de Chátelet. Desde las primeras páginas el bastan para decidir que el fuego, lejos de
lector está situado en el centro del drama: ser pesado como quieren ciertos químicos,
¡el fuego nos es familiar a pesar de ser un tiene una clara tendencia a la altura. Estas
138 Capítulo 5 Capítulo 6
discutibles observaciones conducen inme- El alcohol: el agua que llamea. El ponche:
diatamente a principios metafísicos. «El el complejo de Hoffman. Las combus-
fuego, lejos de estar sometido a la pesantez, tiones espontáneas
es su perpetuo antagonista; de este modo
todo está comprendido en la Naturaleza en-
tre las perpetuas oscilaciones de dilatación
y contracción que provoca la acción del fue-
go en los cuerpos, y la reacción de los cuer-
pos que se oponen a la acción del fuego
por la pesadez y la cohesión de sus partes...
Pretender que el fuego sea pesado es des-
truir la Naturaleza, es despojarla de su pro-
piedad más esencial, aquella por la que es
uno de los resortes del Creador.» ¿Es nece-
sario señalar la desproporción entre las ex-
periencias y las conclusiones? En cualquier
caso la facilidad en encontrar una contra-ley 1
para contradecir la gravedad universal nos Una de las contradicciones fenomenoló-
parece muy sintomática de una actividad gicas más evidentes ha sido aportada por el
del inconsciente. El inconsciente es el factor descubrimiento del alcohol, triunfo de la
de las dialécticas populares, tan frecuentes actividad taumatúrgica del pensamiento hu-
en las discusiones de mala fe, tan diferentes mano. El aguardiente es el agua de fuego.
de la dialéctica lógica y clara, apoyada sobre Es un agua que quema la lengua y que se
una alternativa explícita. De un detalle irre- inflama con la chispa más pequeña. El
gular, el inconsciente toma el pretexto para aguardiente no se limita a disolver y a des-
construir una generalización adversa: una truir como el agua fuerte, sino que desapa-
física del inconsciente es siempre una física rece con lo que quema. Es la comunión de
de la excepción. la vida y del fuego. El alcohol es también
un alimento inmediato, que enseguida ins-
tala su calor en los recovecos del pecho: al
lado del alcohol, incluso la carne es tardía.
El alcohol es, por tanto, objeto de una valo-
El alcohol. El ponche. Las combustiones 141
140 Capítulo 6
ración sustancial evidente. Por otro lado, el que la cerilla encendida tocaba la punta del
alcohol manifiesta su acción en pequeñas montoncito de azúcar, la llama azul descen-
cantidades, sobrepasando en concentración día, haciendo un ligero ruido, hasta el al-
a los más exquisitos consomés. Sigue así la cohol extendido. Mi padre apagaba la lám-
regla de los deseos de posesión realista: para del techo. Era la hora del misterio y
tener una gran potencia bajo un pequeño de la fiesta ligeramente grave. Rostros fami-
volumen. liares, pero casi irreconocibles por su livi-
Por aquello de arder ante los ojos exta- dez, rodeaban la mesa de camilla. Por ins-
siados, por dar calor a todo el ser desde las tantes, el azúcar se encogía ante el derrum-
profundidades del estómago, el aguardiente bamiento de su pirámide, y algunas franjas
demuestra la convergencia de las experien- amarillas chispeaban en los extremos de las
cias íntimas con las objetivas. Esta doble largas llamas pálidas. Si las llamas vacila-
fenomenología da lugar a una serie de com- ban, mi padre removía el brülot con una cu-
plejos que un psicoanálisis del conocimien- charilla de hierro. La cucharilla tenía mar-
to objetivo deberá disolver para reencon- cas de fuego como si fuese una herramienta
trar la libertad de la experiencia. Entre es- del diablo. Entonces se «teorizaba»: apagar
tos complejos hay uno muy especial y muy demasiado tarde es tener un brülot dema-
fuerte; es aquel que cierra, por así decirlo, siado dulce; apagar demasiado pronto es
el círculo: cuando la llama se ha extendido «concentrar» menos fuego y, por tanto, dis-
sobre el alcohol, cuando el fuego ha dado minuir la acción bienhechora del brülot
su testimonio y señal, cuando el agua de contra la gripe. Se hablaba de un brülot
fuego primitiva se ha enriquecido claramen- que ardía hasta la última gota. Otro conta-
te con las llamas que brillan y que queman, ba el incendio en casa del destilador, cuan-
se bebe. De todas las materias del mundo, do los toneles de ron «explotaban como
sólo el aguardiente está cerca de la materia barriles de pólvora», explosión a la que na-
del fuego. die había asistido jamás. A toda costa se
quería encontrar un sentido objetivo y ge-
Durante las Navidades, cuando yo era neral a este fenómeno excepcional... En fin,
niño, se preparaba el brülot *. Mi padre ver- el brülot estaba en mi vaso: caliente y pe-
tía en un plato ancho aguardiente de orujo gajoso, verdaderamente esencial. ¡Qué bien
de nuestra viña. En el centro colocaba te- comprendo a Vigenére cuando, de un modo
rrones de azúcar, escogidos entre los más un tanto amanerado, habla del brülot como
grandes del azucarero. En el momento en
142 Capítulo 6 El alcohol. El ponche. Las combustiones 143
«de un pequeño experimento... muy gentil de la llama atraviesa la obra entera. En par-
y raro». Como también comprendo a Boer- ticular, el complejo del ponche está en ella
haave cuando escribe: «Lo que me ha pare- tan manifiesto que podría llamársele com-
cido más agradable en esta experiencia es plejo de Hoffman. Un examen superficial
que la llama excitada por el fósforo en un quizá se contentaría con decir que el ponche
lugar alejado de esta escudilla... vaya a es un pretexto para los cuentos, el simple
prender en el alcohol que se encuentra en acompañamiento de una noche de fiesta.
esta misma escudilla.» Sí, es el verdadero Por ejemplo, uno de los más bellos relatos,
fuego móvil, el fuego que se entretiene en «Le chant d'Antonia», está narrado en un
la superficie del ser, qué juega con su pro- atardecer de invierno «alrededor de un ve-
pia sustancia, liberado de su propia sustan- lador donde en una cacerola llena llamea el
cia, liberado de sí. Es el fuego fatuo domés- ponche de la amistad»; pero esta invitación
tico, el fuego diabólico en el centro del a lo fantástico no es más que un preludio
círculo familiar. Después de tal espectáculo, al relato, que no llega a formar cuerpo con
la confirmación del gusto deja recuerdos él. Aunque de por sí sea digno de llamar la
imperecederos. Desde el ojo en éxtasis hasta atención el que una narración, tan conmo-
el estómago reconfortado se establece una vedora, sea colocada bajo el signo del fuego,
correspondencia baudeleriana, tanto más en otros casos este signo está verdadera-
sólida cuanto que ella está más materiali- mente integrado en el cuento. Los amores
zada. Para un bebedor de brülot ¡qué po- de Phosphorus y de la Flor de Lis ilustran
bre, qué fría, qué oscura, la experiencia de la poesía del fuego (tercera velada): «El de-
un bebedor de té caliente! seo, que desarrolla en todo tu ser un calor
Privados de la experiencia personal de bienhechor, hundirá bien pronto en tu co-
este alcohol azucarado y caliente, nacido de razón mil acerados dardos: pues... la vo-
la llama en un minuto alegre, se comprende luptuosidad suprema que enciende esta
mal el valor romántico del ponche, se carece chispa que yo deposité en ti es el dolor sin
de un medio diagnóstico para estudiar cier- esperanza que te hará perecer, para germi-
tas poesías fantasmagóricas. Por ejemplo, nar de nuevo bajo forma extranjera: ¡Esta
uno de los trazos más característicos de la chispa es el pensamiento! — ¡Ay!, suspiró la
obra de Hoffman, de la obra del «fantasea- flor con un tono quejumbroso, en el ardor
dor», es la importancia que en ella desem- que ahora me envuelve, ¿no puedo ser
peñan los fenómenos del fuego. Una poesía tuya?» En el mismo cuento, cuando la he-


144 Capítulo 6 El alcohol. El ponche. Las combustiones 145

chicería que deberá conducir al estudiante ees du merveilleux chez Hoffman, no presta
Anselmo hasta la pobre Verónica ha termi- ninguna atención a las experiencias del al-
nado, no queda allí «más que una ligera cohol; sin embargo, nota, incidentalmente
llama de espíritu de vino que arde en el fon- (pág. 92): «Hoffman sólo ve las salaman-
do del caldero». Más lejos, Lindhorst, la sa- dras entre las llamas del ponche». Pero no
lamandra, entra y sale del tazón de ponche; saca la conclusión que, desde nuestro punto
las llamas, alternativamente, la absorben y de vista, se impone. Si, por un lado, Hoff-
la manifiestan. La batalla de la bruja y de la man no ha visto las salamandras más que
salamandra es una batalla de llamas. Las una noche de invierno en el ponche llamean-
serpientes salen del recipiente del ponche. te, cuando los aparecidos vienen a mitad de
La locura y la embriaguez, la razón y el la fiesta de los hombres para hacer temblar
gozo, están presentados constantemente en sus corazones; si, por otro lado, y como es
sus interferencias. De vez en cuando, apa- evidente, los demonios del fuego juegan un
rece en los cuentos un buen burgués que papel principal en la ensoñación hoffmania-
querrá «comprender» y que dice al estu- na, será necesario admitir que es la llama
diante: «¿cómo ha podido ese maldito pon- paradójica del alcohol su inspiración pri-
che subírsenos a la cabeza y empujarnos a mera y que toda una fachada del edificio
mil extravagancias?» Así hablaba el profe- hoffmaniano se esclarece con esta luz. Por
sor Paulmann cuando a la mañana siguien- eso nos parece que el estudio de M. Sucher,
te entró en la habitación, aún sembrada de tan inteligente y tan fino, se ha privado de
cacharros rotos, en medio de los cuales la un elemento importante de explicación. No
infortunada peluca, reducida a sus elemen- hay que dirigirse demasiado deprisa a las
tos primitivos, navegaba, destruida, en un construcciones de la razón para compren-
océano de ponche». De este modo, la expli- der a un genio literario original. También el
cación racionalizada, la explicación bur- inconsciente es un factor de originalidad.
guesa, la explicación por una confesión de En particular, el inconsciente alcohólico es
borracho, viene a moderar las visiones fan- de una realidad profunda. Se engaña quien
tasmagóricas, de manera que el cuento apa- imagina que el alcohol viene a excitar sim-
rezca entre razón y sueño, entre experiencia
subjetiva y visión objetiva, plausible en su plemente las posibilidades espirituales. El
causa e irreal, a la vez, en su efecto. alcohol crea esas posibilidades. Se incorpo-
ra, por así decirlo, a aquello que se esfuer-
M. Sucher, en su estudio sobre Les sour-
Bachelard.—10


146 Capítulo 6 El alcohol. El ponche. l a s combustiones 147

za por expresarse. Con toda evidencia, el se extendían hasta más allá de los astros.
alcohol es un factor del lenguaje, que enri- Todo estaba silencioso; el año parecía deba-
quece el vocabulario y libera la sintaxis. De tirse, rendir su último aliento y abismarse
hecho —volviendo al problema del fuego— en las fosas del pasado. ¡Oh Ángel del Tiem-
la psiquiatría ha reconocido la frecuen- po, tú que has contado los suspiros y las
cia de los sueños de fuego en los delirios lágrimas de los humanos, olvídalos y ocúl-
alcohólicos; la psiquiatría ha demostrado talos! ¿Quién soportaría la idea de su nú-
que las alucinaciones liliputienses estaban mero?» x ¡Qué poco hace falta para inclinar
en dependencia de las excitaciones produ- el ensueño en un sentido o en otro! Es un
cidas por el alcohol. La ensoñación que tien- día de fiesta; el poeta sostiene un vaso en la
de a la miniatura, tiende a la profundidad mano, junto a sus alegres compañeros; pero
y a la estabilidad; es el sueño quien, en el un fulgor lívido que sale del brülot da un
fondo, mejor prepara el pensamiento racio- tono lúgubre a las más jóvenes canciones:
nal. Baco es un dios bueno: haciendo diva- de repente, el pesimismo del fuego efímero
gar la razón, impide el anquilosamiento de viene a cambiar la ensoñación. La llama mo-
la lógica y prepara la invención racional. ribunda simboliza el año que se va y el
Es igualmente muy sintomática esta pá- tiempo, origen de la pena, oprime los co-
gina de Jean-Paul, escrita en una noche de razones. Si se nos objeta una vez más que el
un 31 de diciembre con una tonalidad nota- ponche de Jean-Paul es el simple pretexto
blemente hoffmaniana, en la que, alrededor para un idealismo fantasmagórico, apenas
de la llama lívida de un ponche, el poeta y más material que el idealismo mágico de
cuatro de sus amigos, deciden de repente Novalis, deberá reconocerse que este pretex-
verse muertos los unos a los otros: «Fue to encuentra en el inconsciente del lector
como si la mano de la Muerte hubiese ex- un desarrollo complacido. Es la prueba, en
primido la sangre de todos los rostros; los nosotros mismos, de que la contemplación
labios quedaron exangües, las manos blan- de objetos fuertemente valorizados desen-
cas y alargadas; la habitación fue un fúne- cadena ensoñaciones cuyo desarrollo es tan
bre panteón... Bajo la luna, un viento silen- regular, tan fatal como las experiencias sen-
cioso desgarraba y azotaba las nubes y en sibles.
aquellos lugares donde ellas dejaban venta- Espíritus menos profundos darán sonori-
nas al cielo libre sólo se veían tinieblas que dades menos auténticas, pero siempre re-


El alcohol. El ponche. Las combustiones 151
150 Capítulo 6

que oye cantar las llamas: ellos no hablan eleva ligera en el cielo azul, feliz de su ano-
la misma lengua. rexia.
Desarrollando, en toda su generalidad, No será necesario, sin embargo, aplicar
esta Física, o esta Química, de la ensoña- tal clasificación de las inspiraciones poéti-
ción, se llegaría fácilmente a una doctrina cas a una hipótesis más o menos materialis-
tetravalente de los temperamentos poéti- ta que pretendiese encontrar en la carne
cos. La tetravalencia de la ensoñación es tan de los hombres un elemento material predo-
neta, tan productiva, como la tetravalencia minante. No se trata en absoluto de mate-
química del carbono. La ensoñación tiene ria, sino de orientación. No se trata de raí-
ces, sustanciales sino de tendencias, de exal-
cuatro campos, cuatro puntos por los cua- tación. Son las imágenes primitivas las que
les se lanza hacia el espacio infinito. Para orientan las tendencias psicológicas; son
forzar el secreto de un verdadero poeta, de los espectáculos y las impresiones quienes,
un poeta sincero, de un poeta fiel a su len- súbitamente, han dado un interés a lo que
gua original, sordo a los ecos discordantes no lo tiene, un interés al objeto. Toda la
del eclecticismo sensible, que desearía ju- imaginación ha convergido sobre esta ima-
gar en todos los sentidos, una palabra bas- gen valorizada; y de este modo, como por
ta: «Dime cuál es tu fantasma. ¿Es el gno- una puerta estrecha, la imaginación, que
mo, la salamandra, la ondina o la sílfide?» dice Armand Petitjean, «nos trasciende y
¿Observáis que todos esos seres quiméri- nos coloca frente al mundo». La conversión
cos están formados y alimentados de una total de la imaginación, que Armand Petit-
materia única?: el gnomo terrestre y con- jean ha analizado con una lucidez admira-
densado vive en la fisura de la roca, guar- ble 3 , viene como preparada por esta traduc-
dián del mineral y del oro, ahito de las sus- ción preliminar del bloque de las imágenes
tancias más compactas; la salamandra del en lenguaje de una imagen preferida. Si te-
fuego se consume en su propia llama; la nemos razón respecto a esta polarización
ondina de las aguas se desliza en silencio imaginativa, se comprenderá mejor por qué
sobre el estanque y se nutre de su reflejo; dos espíritus en apariencia congéneres,
la sílfide, a quien la menor sustancia entor- como los de Hoffman y Edgar Poe, se reve-
pece, a quien el más mínimo alcohol ame- lan a la postre como profundamente dife-
drenta, que se molestaría por el fumador rentes. Los dos han sido poderosamente
que «ensucia su elemento» (Hoffman), se ayudados en su sobrehumana, genial tarea,
152 Capítulo 6 £1 alcohol. El ponche. Las combustiones 153

por el poderoso alcohol. Pero el alcoholis- rra muerta y sin flores; no el fuego. Pode-
mo de Hoffman aparece, no obstante, como mos convencernos, incluso psicoanalítica-
muy distinto al alcoholismo de Poe. El al- mente, leyendo la admirable obra de Mme.
cohol de Hoffman es el alcohol que arde; Marie Bonaparte 4 . Allí se verá que el sím-
está marcado por el signo cualificativo y bolo del fuego apenas si interviene, como no
masculino del fuego. El alcohol de Poe es el sea para reclamar el elemento opuesto, el
alcohol que sumerge, que da el olvido y la agua (pág. 350); que el símbolo del fuego
muerte; está marcado por el signo cuanti- no juega otro papel que el de elemento re-
tativo y femenino del agua. El genio de Ed- pulsivo, como una imagen groseramente se-
gar Poe está asociado a las aguas estanca- xual ante la cual se toca a rebato (pág. 232).
das, a las aguas muertas del estanque donde El simbolismo de la chimenea (págs. 566,
se refleja la Casa Usher. Poe oye «el rumor 597 y 599) figura como el simbolismo de
de la atormentada ola» siguiendo «el vapor una fría vagina donde los asesinos arrojan
pestilente, oscuro, húmedo que dulcemente y tapian a su víctima. Edgar Poe fue ver-
destila gota a gota..., por el valle universal» daderamente un «sin hogar», el hijo de los
mientras que «el lago parece disfrutar de un cómicos ambulantes, el niño precozmente
sueño consciente» (La Dormeuse, traduc- espantado por la visión de una madre ten-
ción al francés de Mallarmé). Para él, las dida, joven y sonriente, en el lecho de la
montañas y las ciudades «caen para siem- muerte. ¡Ni siquiera el alcohol ha logrado
pre en mares sin orilla». Cerca de las ciéna- reconfortarle, calentarle, animarle! Poe no
gas, de las charcas y de los estanques lúgu- ha danzado, como una llama humana, co-
bres «donde habitan los vampiros —en los gido de la mano de alegres compañeros al-
lugares más desacreditados —en los rinco- rededor del inflamado ponche. Ninguno de
nes más melancólicos» —donde él reencuen- los complejos que se forman en el amor al
tra «las reminiscencias enlutadas del pasa- fuego han venido a sostenerle e inspirarle.
do— formas amortajadas que retroceden Sólo el agua le ha dado su horizonte, su in-
y suspiran cuando pasan cerca del caminan- finito, la profundidad insondable de su
te» (Terre de Songe). Si imagina un volcán, pena. Y sería necesario todo un libro para
es para verlo correr como el agua de los determinar la poesía de los velos y de los
ríos: «mi corazón era volcánico como los reflejos, la poesía de los vagos terrores que
ríos de escoria». El elemento en el cual se nos estremecen, haciendo resonar en nos-
polariza su imaginación es el agua, o la tie- otros los gemidos de la noche.
154 Capítulo 6 El alcohol. El ponche. Las combustiones 155
de los obstáculos sustancialistas y animis-
tas en el umbral del conocimiento objetivo.
2 Siendo el alcohol eminentemente combus-
tible es bastante fácil imaginar que las per-
Acabamos de ver cómo el espíritu poético sonas que se dan a los licores espirituosos
obedece plenamente a la seducción de una acaban, de alguna manera, impregnadas de
imagen preferida; le hemos visto amplificar materias inflamables. Nadie intenta com-
todas las posibilidades, imaginar lo grande probar si la asimilación del alcohol trans-
sobre el modelo de lo.pequeño, lo general forma al alcohol. El complejo de Harpagon
sobre el modelo de lo pintoresco, la poten- que se impone a la cultura como a toda
cia sobre el modelo de u n a fuerza efímera, tarea material, nos hace creer que no perde-
el infierno sobre el modelo del brulot. Va- mos nada de cuanto absorbemos y que to-
mos ahora a mostrar cómo el espíritu pre- das las sustancias preciosas son cuidadosa-
científico, en su impulso primitivo, apenas mente reservadas; la grasa produce grasa;
si opera de otro modo, y que también él am- los fosfatos producen huesos; la sangre
plifica la potencia de una manera abusiva- produce sangre; el alcohol produce alcohol.
mente agigantada por el inconsciente. El Particularizando, el inconsciente no puede
alcohol va a ser pintado con efectos tan ma- admitir que una cualidad tan característica
nifiestamente horribles que no nos será di- y tan maravillosa como la combustibilidad
fícil leer en los fenómenos descritos la vo- pueda desaparecer totalmente. He aquí,
luntad moralizadora de los espectadores. pues, la conclusión: quien bebe alcohol pue-
Así, mientras que el antialcoholismo se des- de arder como el alcohol. La convicción sus-
arrolla en el siglo xix sobre el tema evolu- tancialista es tan fuerte que los hechos, sus-
cionista, cargando al bebedor con todas las ceptibles sin duda de una explicación más
responsabilidades de su raza, vamos a ver variada y normal, van a imponerse a la cre-
desarrollarse el antialcoholismo durante el dulidad pública a todo lo largo del si-
siglo XVIII sobre el tema sustancialista, pre- glo XVIII. He aquí algunos recopilados en
dominante entonces. La voluntad de conde- buena h o r a por Socquet, reputado autor, en
n a r emplea todas las armas al alcance de su un Essai sur le Calorique publicado en 1801.
mano. En términos más generales, y aparte Señalemos de pasada que todos estos ejem-
de la lección moralizadora habitual, vere- plos han sido tomados de la época de las
mos, una vez más, un ejemplo de la inercia Luces.
156 Capítulo 6 El alcohol. El ponche. Las combustiones 157

«Se lee en las actas de Copenhague que, «Las Memorias de la Sociedad Real de
en 1692, u n a mujer del pueblo, cuya alimen- Londres ofrecen un fenómeno también sor-
tación consistía casi únicamente en el uso prendente... Una mujer de sesenta años fue
inmoderado de los licores espirituosos, fue descubierta incinerada una mañana, tras
encontrada u n a mañana enteramente con- haber bebido largamente, según se afirma,
sumida, a excepción de las últimas articula- licores espirituosos durante la noche ante-
ciones de los dedos, y del cráneo...» rior. Los muebles no habían sufrido gran
«El Annual Register de Londres relata, cosa y el fuego del hogar de su chimenea
hacia 1763 (t. XVIII, p. 78), el ejemplo de estaba totalmente apagado. Este hecho ha
una mujer de cincuenta años de edad, muy sido atestiguado por una muchedumbre de
dada a la embriaguez, que bebía desde hacía testigos oculares...»
año y medio una pinta diaria de ron o de «Le Cat, en u n a Mémoire sur les incendies
aguardiente, y que fue encontrada casi en- spontcm.es, cita varios casos de combustio-
teramente reducida a cenizas, entre su chi- nes humanas de ese tipo.» Se pueden leer
menea y su cama, sin que las coberturas otros cuantos más en el Essai sur les Com-
ni los muebles hubiesen sufrido gran cosa; bustions Humaines de Pierre-Aimé Lair.
lo cual merece destacarse.» Esta última Jean-Henri Cohausen, en un libro impre-
nota de refuezo dice bastante claramente so en Amsterdam bajo el título de Lumen
que la intuición queda satisfecha p o r esta novum Phosphoris accensum relata (pági-
suposición de una combustión totalmente na 92): «Que un gentilhombre del tiempo
interna, totalmente sustancial que sabe, de de la reina Bona Sforza, habiendo bebido
algún modo, reconocer su combustible pre- u n a gran cantidad de aguardiente, vomitó
ferido. llamas y fue consumido.»
«Se encuentra en la Encyclopédie métho- También es posible leer en las Efeméri-
dique (Art. «Anatomie pathologique de des de Alemania que «con frecuencia, en las
l'homme»), la historia de u n a mujer de unos regiones septentrionales, salen llamas del
cincuenta años, que, haciendo un abuso con- estómago de aquellos que beben abundante-
tinuo de licores espirituosos, fue consumida mente licores fuertes. Hace diecisiete años,
igualmente en el espacio de pocas horas.» dice el autor, que tres gentilhombres de
Vicq-d'Azyr, que cita el hecho, lejos de refu- Courlande, cuyos nombres silenciaré por
tarlo asegura que existen otros muchos si- prudencia, habiendo bebido por apuesta li-
milares. cores fuertes, murieron abrasados y sofoca-
158 Capítulo 6 El alcohol. El ponche. Las combustiones 159

dos por una llama que les salía del estóma- y mantiene el juego de la organización ani-
go, salvándose sólo uno de ellos.» mal, pero cuando es llevado al grado del
Jallabert, uno de los autores citados con fuego causa extraños destrozos. ¿No se han
más frecuencia como técnico en fenómenos visto borrachos, cuyos cuerpos estaban su-
eléctricos, se apoyaba, en 1749, sobre «he- perabundantemente impregnados de espíri-
chos» semejantes para explicar la produc- tus ardientes por la bebida habitual y exce-
ción de fuego eléctrico por el cuerpo huma- siva de licores fuertes, que de pronto se han
no. Una mujer que sufría de reumatismo prendido fuego ellos mismos y han sido
estuvo frotándose diariamnete con alcohol consumidos por estos incendios espontá-
alcanforado durante largo tiempo. Fue en- neos?» De este modo, el incendio por alco-
contrada una mañana reducida a cenizas, holismo no es más que un caso particular
sin que hubiese lugar para suponer que de una concentración anormal de calórico.
el rayo o el fuego común hubiesen tenido Algunos autores llegan a hablar incluso
que ver con este extraño accidente. «No se de deflagración. Un ingenioso destilador,
puede atribuir más que a las partículas más autor de una Química del Gusto y del Olfato,
desligadas de los azufres del cuerpo, fuerte- señala en estos términos los peligros del al-
mente agitadas por el frotamiento y mez- cohol 7 : «El alcohol no perdona ni músculo,
cladas con las partículas más sutiles del ni nervio, ni linfa, ni sangre, a las que infla-
alcohol alcanforado.» 5 Otro autor, Morti- ma hasta el punto de hacer perecer por de-
mer, da este consejo 6 : «Creo de buena fe flagración sorprendente y momentánea, en
que sería peligroso para las personas acos- aquellos que osan llevar el exceso hasta su
tumbradas a tomar bastantes licores espi- último período.»
rituosos, o a las que practican embroca- En el siglo xix, estos incendios espontá-
ciones con alcohol alcanforado, hacerse neos, terribles castigos del alcoholismo, ce-
electrizar.» san casi por completo. Poco a poco se hacen
Se estima tan fuerte la concentración sus- metafóricos y dan lugar a chistes fáciles so-
tancial del alcohol en los cuerpos, que se bre las mejillas encendidas de los borrachos
llega a hablar de incendio espontáneo, de o sobre la nariz rubicunda que una cerilla
manera que el borracho no necesita un fós- podría inflamar. Estas bromas son, por otro
foro encendido para inflamarse. En 1766, el lado, comprendidas inmediatamente, lo que
abate Poncelet, émulo de Buffon, añade: demuestra que el pensamiento precientífi-
«El calor, como principio de vida, comienza co se prolonga durante bastante tiempo en
160 Capítulo 6 El alcohol. El ponche. Las combustiones 161

el lenguaje. Así también en la literatura. zado en las páginas precedentes: «Felicité


Balzac tiene la prudencia de citar la referen- comprendió que su tío ardía, como una es-
cia por boca de una arpía. En Le Cousin ponja embebida de aguardiente. El mismo
Pons, Mme. Cibot, la bella vendedora de os- se había saturado, desde hacía años, con el
tras, dice en su lenguaje incorrecto 8 : «Des- más fuerte, con el más inflamable. Ardería,
de aquél entonces, no ha tenido mucho sin duda, hasta el final, de los pies a la cabe-
acierto 'ta mujer por lo que toca a su hom- za.» Como puede verse, la carne viva se cui-
bre que bebía de todo, y que se murió de da bien de no perder los vasos de alcohol de
una imbustión espontánea.» ochenta y cinco grados absorbidos en los
Por el contrario, Emile Zola, en uno de años precedentes. Se imagina con el mayor
sus libros más «científicos», en Le Docteur agrado que la asimilación alimenticia es una
Pascal, relata de cabo a rabo una combus- concentración cuidadosa, una avariciosa ca-
tión humana espontánea 9 : «Por el agujero pitalización de la sustancia mimada...
de la tela, ancho ya como una pieza de cinco Al día siguiente, cuando el doctor Pascal
francos, se veía el muslo desnudo, un muslo va a ver al tío Macquart, no encontrará, al
rojo, de donde salía una llamita azul. Felici- igual que en los relatos precientíficos que
té creyó, al principio, que era la ropa inte- hemos narrado, más que un puñado de fina
rior, el calzoncillo o la camisa, la que ardía. ceniza, ante la silla apenas ahumada. Zola
Pero no había lugar a dudas: ella veía per- fuerza la nota: «Nada quedaba de él; ni un
fectamente la carne desnuda, y la llamita
azul brotaba allí, ligera, danzando como una hueso, ni un diente, ni una uña; nada más
llama errante en la superficie de un vaso de que ese montón de polvo gris, que la co-
alcohol inflamado. Apenas si era más alta rriente de aire de la puerta amenazaba ba-
que la llama de una lamparilla, de muda rrer.» Finalmente veremos aparecer el se-
dulzura, tan inestable, que la menor corrien- creto deseo de la apoteosis del fuego; Zola
te de aire la desplazaba.» Con toda eviden- escucha la llamada de la pira total, de la ho-
cia, lo que Zola transporta al reino de los guera íntima; dejará adivinar en su incons-
hechos en su ensoñación ante el tazón de ciente de novelista los muy claros indicios
ponche, su complejo de Hoffman. Aquí se del complejo de Empédocles: tío Macquart
despliegan, en toda su ingenuidad, las intui- estaba, pues, muerto «realmente, como el
ciones sustancialistas que hemos caracteri- príncipe de los borrachos, antorcha de sí
mismo, consumiéndose en la hoguera abra-
Bachelard.—11
162 Capítulo 6 El alcohol. El ponche. Las combustiones 163

sada de su propio cuerpo... ¡encenderse a del objeto contemplado. De las llamas que
sí mismo como un fuego de San Juan! » salen del brulot, hacen hombres de fuego o
¿Dónde ha visto Zola fuegos de San Juan retoños sustanciales. En todo caso, valori-
que se encienden a sí mismos como ardien- zan; aportan todas sus pasiones para expli-
tes pasiones? ¿Cómo confesar mejor que el car el trazo de una llama; dan su corazón
sentido de las metáforas objetivas ha sido entero para «comulgar» con un espectáculo
invertido y que es en el inconsciente más que les maravilla y que, por tanto, les en-
íntimo donde se encuentra la inspiración de gaña.
las ardientes llamas que pueden, desde den-
tro, inflamar un cuerpo vivo?
Un relato tal, imaginado en todas sus par-
tes, es particularmente grave en la pluma de
un escritor naturalista que decía modesta-
mente: «Yo no soy más que un sabio.» Hace
pensar que Zola ha construido su imagen de
la ciencia a partir de sus ensoñaciones más
ingenuas y que sus teorías de la herencia
obedecen a la simple intuición de un pasado
que se perpetúa en una materia bajo una
forma tan pobremente sustancialista, tan
llanamente realista, como la concentración
de un alcohol en la carne, del fuego en un
corazón febril.
Cuentistas, médicos, físicos, novelistas,
todos soñadores, parten de las mismas imá-
genes y van hacia los mismos pensamientos.
El complejo de Hoffman los anuda bajo una
imagen primera, bajo un recuerdo de infan-
cía Siguiendo su temperamento, obede-
ciendo a su «fantasma» personal, ellos enri-
quecen el lado subjetivo o el lado objetivo
Capítulo 7
El fuego idealizado: fuego y pureza

1
Max Scheler ha demostrado cuanto hay
de excesivo en la teoría de la sublimación
tal y como la desarrolla el Psicoanálisis clá-
sico. Esta teoría sigue la misma inspiración
que la doctrina utilitaria, situada en la base
de las explicaciones evolucionistas. «La mo-
ral naturalista confunde siempre el núcleo
y la cascara. Viendo a los hombres que as-
piran recurrir a la santidad, para explicar-
se a sí mismos y explicar a los otros todo lo
ardiente de su amor por las cosas espiritua-
les y divinas, a palabras de una lengua que
no está hecha para expresar tan raras cosas,
a imágenes, analogías y comparaciones to-
madas en préstamo del ámbito del amor pu-

L
166 Capítulo 7 El fuego idealizado 167

ramente sensual, no se priva de decir: no gre. No hay pensamiento científico sin con-
se trata más que de ansia sexual velada, en- tención. La contención está en el origen del
mascarada o finalmente sublimada.»1 Y pensamiento atento, reflexivo, abstracto.
Max Scheler, en páginas penetrantes, de- Todo pensamiento coherente está constitui-
nuncia este alimento para zoquetes, que do sobre un sistema de inhibiciones sólidas
prohibirían la vida en el azul del cielo. Pues y claras. Existe una alegría de la firmeza
si bien es cierto que la sublimación poética rígida en el fondo de la alegría de la cultura.
y, en particular, la sublimación romántica, Mientras la contención bien llevada sea ale-
guarda contacto con la vida de las pasiones, gre, será dinámica y útil.
se puede encontrar, precisamente en las al- Para justificar la contención, proponemos
mas que luchan contra las pasiones, una su- la inversión de lo útil y de lo agradable, in-
blimación de otro tipo que nosotros deno- sistiendo en la supremacía de lo agradable
minaremos la sublimación dialéctica para sobre lo necesario. Desde nuestro punto de
distinguirla de la sublimación continua que vista, la curación verdaderamente anagógi-
es la que el psicoanálisis clásico toma en ca no consiste en liberar las tendencias re-
consideración únicamente. primidas, sino en sustituir la contención in-
Se objetará a esta sublimación dialéctica consciente por una contención consciente,
que la energía psíquica es homogénea, que por una voluntad constante de reincorpora-
es limitada, y que no es posible separarla de ción. Esta transformación es muy visible en
su función biológica normal. Se dirá que la rectificación de un error objetivo o racio-
una transformación radical dejaría un blan- nal. Ante el psicoanálisis del conocimiento
co, un vacío, un desorden en las actividades objetivo, un error científico está implicado
sexuales originales. Tal intuición materia- en una visión filosófica, resistiéndose a la
lista se debe al contacto con el material neu-
rótico sobre el que se funda el psicoanálisis reducción, obstinándose, por ejemplo, en
pasional clásico. De hecho, y respecto aque- explicar las propiedades fenomenales según
llo que nos concierne, mediante la aplica- el modo sustancialista y siguiendo una filo-
ción de los métodos psicoanalíticos en la sofía realista. Tras el psicoanálisis del cono-
actividad del conocimiento objetivo, hemos cimiento objetivo, el error es reconocido
llegado a la siguiente conclusión: que la como tal, si bien permanece como objeto de
contención es una actividad normal, una ac- feliz polémica. ¡Qué profunda alegría hay
tividad útil y, mejor aún, una actividad ale- en la confesión de los errores objetivos!
168 Capítulo 7 El fuego idealizado 169

Reconocer que se estaba equivocando equi- menos, que el impulso natural. Sólo un
vale a rendir el más brillante homenaje a amor purificado es capaz de hallazgos afec-
la perspicacia del propio espíritu. Es como tuosos. Este amor es individualizante. Per-
revivir la cultura, reforzarla, iluminarla con mite pasar de la originalidad al carácter.
luces convergentes. También es exteriorizar- «Verdaderamente, dice Novalis 2 , un aman-
la, proclamarla, enseñarla. Nace entonces la te desconocido posee un encanto mágico.
alegría pura de lo espiritual. Pero la aspiración a lo desconocido, a lo
¡Pero cuánto más fuerte es esta alegría imprevisto, es extremadamente peligrosa y
cuando el conocimiento objetivo es el cono- nefasta.» En la pasión, más que en cual-
cimiento objetivo de lo subjetivo, cuando quier otra cosa, la necesidad de constancia
descubrimos en nuestro propio corazón lo debe dominar a la necesidad de aventura.
universal humano, cuando, lealmente psi- No podemos desarrollar aquí con ampli-
coanalizados, nos estudiamos a nosotros tud esta tesis de la sublimación dialéctica
mismos e integramos las reglas morales en cuya alegría nace de una contención clara-
las leyes psicológicas! El fuego que nos que- mente sistemática. Bástenos con haberla in-
maba, nos ilumina entonces súbitamente. dicado en su generalidad. Vamos ahora a
La pasión encontrada, deviene pasión que- verla obrar con motivo del problema pre-
rida. El amor deviene familia. El fuego de- ciso que estudiamos en este pequeño librito.
viene hogar. Esta normalización, esta socia- La facilidad de este estudio particular será,
lización y esta racionalización pasan fre- por otro lado, una prueba de que el proble-
cuentemente, con el peso de sus neologis- ma del conocimiento del fuego es un ver-
mos, por tibieza. Ellas excitan la burla fácil dadero problema de estructura psicológica.
de los partidarios de un amor anárquico, Nuestro libro aparecerá entonces como un
espontáneo, impregnado del calor de los espécimen de toda una serie de estudios in-
instintos primitivos. Pero para quien se es- termedios, entre sujeto y objeto, que po-
piritualiza, la purificación posee un extraño drían ser emprendidos para mostrar la in-
dulzor y la conciencia de la pureza prodiga fluencia fundamental sobre la vida del es-
una extraña luz. Sólo la purificación nos píritu de determinadas contemplaciones,
permite dialectizar, sin destruirla, la fideli- apoyadas en pretextos objetivos.
dad de un amor profundo. Aunque abando-
ne una pesada masa de materia y de fuego,
la purificación tiene más posibilidades, y no
Capítulo 7 El fuego idealizado 171
170
fenomenales. Este es el precio del método
elegido en esta obra, donde nos es necesario
apoyar todas las ideas sobre hechos objeti-
vos. No evocaremos aquí el problema teo-
Si el problema psicológico del fuego se lógico de la purificación por el fuego; sería
presta tan fácilmente a una interpretación preciso, para exponerlo, un estudio muy lar-
de sublimación dialéctica es porque las pro- go. Basta con indicar que el nudo del pro-
piedades del fuego aparecen cargadas, como blema está en el contacto de la metáfora
ya hemos señalado frecuentemente, de nu- con la realidad: ¿el fuego que abrasará al
merosas contradicciones. mundo en el Juicio final y el fuego del in-
Para llegar enseguida al punto esencial y fierno, son o no son semejantes al fuego te-
mostrar las posibilidades de dos centros de rrestre? Los textos son tan numerosos en
sublimación, estudiemos la dialéctica de la un sentido como en el otro, pues, no es dog-
pureza y de la impureza atribuidas, tanto ma de fe que el fuego del infierno sea un fue-
la una como la otra, al fuego. go material de la misma naturaleza que el
Que el fuego sea a veces el signo del pe- nuestro. Tal variedad en las opiniones puede
cado y del mal es bien fácil de comprender subrayar, por otro lado, la enorme floración
si se recuerda todo lo que hemos dicho so- de metáforas construidas alrededor de la
bre el fuego sexualizado. Toda lucha contra imagen primera del fuego. Todas esas flores
los impulsos sexuales debe estar simboliza- de la razón teológica que adornan a «nues-
da, pues, por una lucha contra el fuego. Se tro hermano el fuego» merecerían una pa-
podrían acumular fácilmente los textos don- ciente clasificación, pero nosotros, que nos
de el carácter demoníaco del fuego está im- hemos impuesto la tarea de determinar las
plícito o explícito. Las descripciones litera- raíces objetivas de las imágenes poéticas y
rias del infierno, los grabados y los cuadros morales, debemos buscar únicamente las
que representan al diablo con su lengua de bases sensibles del principio que pretende
fuego darían lugar a un psicoanálisis bien que el fuego lo purifica todo.
claro. Una de las razones más importantes de
Vayamos, pues, al otro polo y veamos de la valorización del fuego en ese sentido pue-
qué modo el fuego ha podido llegar a ser un de ser la desodorización. Es, en cualquier
símbolo de pureza. Para ello nos es preciso caso, una de las pruebas más directas de la
descender hasta las propiedades netamente purificación. El olor es una cualidad primi-

i
El fuego idealizado 173
172 Capítulo 7
rificación por el fuego, razón mucho más
tiva, imperiosa, que se impone por la pre-
culta y, por consecuencia, mucho menos efi-
sencia más hipócrita, más inoportuna. El
caz psicológicamente, es que el fuego sepa-
olor viola verdaderamente nuestra intimi-
ra las materias y aniquila las impurezas ma-
dad. El fuego lo purifica todo porque supri-
teriales. Dicho de otro modo, aquello que
me los olores nauseabundos. Una vez más,
haya sufrido la prueba del fuego habrá ga-
lo agradable prima lo útil y no podemos se-
nado en homogeneidad y, por tanto, en pu-
guir la interpretación de Frazer que preten-
reza. La fundición y la fragua de los minera-
de que el alimento cocido ha dado más
les han suministrado un lote de metáforas
fuerza a los hombres de una tribu que, ha-
inclinadas todas hacia la misma valoriza-
biendo conquistado el fuego casero, han po-
ción. No obstante, esta fundición y esta fra-
dido digerir mejor los alimentos prepara-
gua permanecen como experiencias excep-
dos y se han encontrado entonces con más
cionales, como experiencias cultas que in-
fuerza para imponer su yugo a las tribus
fluyen mucho sobre la ensoñación de los
vecinas. Ante esta fuerza real, materializa-
hombres de letras, pero bien poco sobre la
da, que proviene de una asimilación diges-
ensoñación natural, que siempre vuelve a la
tiva más fácil, es preciso colocar la fuerza
imagen primitiva.
imaginada, producida por la conciencia del
bienestar, de la fiesta íntima del ser, por el De estos fuegos de fusión, por último,
placer consciente. La carne cocinada repre- será conveniente examinar más de cerca el
senta, ante todo, la putrefacción vencida. fuego agrícola que purifica los barbechos.
Es, junto con la bebida fermentada, el prin- Esta purificación ha sido concebida como
cipio del banquete, es decir, el principio de verdaderamente profunda. No solamente el
la sociedad primitiva. fuego destruye las malas hierbas, sino que
enriquece la tierra. No está demás recordar
Por su acción desodorizante, el fuego pa- los pensamientos virgilianos, tan activos
rece transmitir uno de los valores más mis- aún en el alma de nuestros campesinos:
teriosos, más indefinidos y, por tanto, más «También es bueno incendiar, de vez en
sorprendentes. Se trata de ese valor sensi- cuando, un campo estéril y entregar la lige-
ble que forma la base fenomenológica de la ra paja a las llamas chispeantes: bien sea
idea de la virtud sustancial. Una psicología porque el fuego comunica a la tierra una vir-
de lo primitivo debe ceder un ancho lugar tud secreta y más abundantes jugos; bien
al psiquismo olfativo. sea porque la purifica y seca la humedad su-
Una segunda razón del principio de pu-
174 Capítulo 7 El fuego idealizado 175
perflua; bien sea porque abre poros y cana- natural... también se veía cómo las cosas
les subterráneos que llevan la savia a las raí- duraban más de lo que se ve en el presente,
ces de las plantas nuevas; bien sea porque porque este fuego natural está mucho más
endurece el suelo, estrecha las venas dema- debilitado por la sociedad de una grande y
siado abiertas, y cierra así la entrada a las enorme cantidad de excrementos que no
lluvias excesivas, a los ardientes rayos del puede arrojar, que causan su entera extin-
sol, al soplo helado de Bóreas»3. Como siem- ción en una infinidad de casos particulares».
pre, la multiplicación de las explicaciones, De ahí la necesidad de renovar el fuego, de
con frecuencia contradictorias, recubre un volver al fuego original que es el fuego puro.
valor primitivo indiscutido. Pero la valori- Viceversa, cuando se sospecha la impu-
zación es aquí ambigua: reúne los pensa- reza del fuego, se pretende, a toda costa,
mientos de la supresión de un mal y de la descubrir sus residuos. Así se estima que el
producción de un bien. Es, pues, muy sus- fuego normal de la sangre es de una gran
ceptible de hacernos comprender la dialéc- pureza: en la sangre «reside ese fuego vivi-
tica exacta de la purificación objetiva. ficante por el cual el hombre existe, siendo
siempre también el último en corromperse;
y cuando llega a la corrupción es sólo algu-
3 nos instantes después de la muerte 5 ». Pero
la fiebre es la señal de una impureza en el
Veamos ahora la región donde el fuego fuego de la sangre; es la marca de un azu-
es puro. Parece situarse su límite en la pun- fre impuro. No hay que asombrarse, pues,
ta de la llama, donde el color cede lugar a de que la fiebre recubra «los conductos de
una vibración casi invisible. Entonces el la respiración, y principalmente la lengua y
fuego se desmaterializa, pierde realidad, se los labios, de una fuliginosidad negra y que-
hace espíritu. mada 6 ». Aquí se ve qué poder de explica-
Por otro lado, lo que disminuye la puri- ción puede alcanzar una metáfora para un
ficación de la idea del fuego es que el fuego espíritu ingenuo, cuando esta metáfora ac-
deja cenizas. Las cenizas han sido conside- túa sobre un tema esencial como el del
radas a menudo como verdaderos excremen- fuego.
tos. Pierre Fabre creía que la Alquimia era, El mismo autor ha preparado su teoríé
en los primeros tiempos de la humanidad \ de las fiebres, refiriéndose, como a una evi
«muy poderosa gracias al poder de su fuego dencia indiscutible, a la distribución de
176 Capítulo 7 El fuego idealizado 177

fuego puro y del fuego impuro. «Hay en la se desearía que el reino de los valores fuese
naturaleza dos tipos de fuego: uno que se un reino cerrado. Se desearía poder juzgar
hace de un azufre muy puro, separado de valores sin preocupación por las significa-
todas las partículas terrestres y groseras, ciones empíricas primeras. Pero parece que
como el del alcohol, el del rayo, etc., y otro muchos valores no hacen sino perpetuar el
que se hace de azufres groseros e impuros, privilegio de determinadas experiencias ob-
porque están mezclados con tierras y sales, jetivas, de manera que hay una mezcla inex-
tales como los fuegos que se hacen con la tricable de hechos y de valores. Es tal mez-
madera y con materias bituminosas. El ho- cla la que debe separar un psicoanálisis del
gar donde se les hace arder creemos que in- conocimiento objetivo. Cuando la imagina-
dica bien esta diferencia; el primer fuego ción haya «precipitado» los elementos mate-
no deja allí ninguna materia sensible cuan- rialistas irrazonados, tendrá más libertad
do lleva a cabo la separación, siendo entera- para la construcción de experiencias cien-
mente consumido por la combustión. Pero tíficas nuevas.
el fuego del último orden produce al encen-
derse un humo considerable, y deja en el
cañón de la chimenea una gran cantidad de 4
hollín... y de tierra inútil.» Esta vulgar
constatación basta a nuestro médico para Mas, la verdadera idealización del fuego
dar una característica de la impureza de se forma siguiendo la dialéctica fenomeno-
una sangre enfebrecida, dominada acciden- lógica del fuego y de la luz. Como todas las
talmente por el fuego impuro. Otro médico dialécticas sensibles que encontramos en la
añade aún: «es un fuego ardiente, que car- base de la sublimación dialéctica, la ideali-
ga la lengua de sequedad y de hollín», quien zación del fuego por la luz reposa sobre una
vuelve las fiebres tan malignas. contradicción fenomenal: a veces el fuego
Puede verse cómo sobre las formas feno- brilla sin quemar; entonces su valor es
menales más elementales se constituye la todo pureza. Para Rilke: «Ser amado quie-
fenomenología de la pureza y de la impure- re decir, consumirse en la llama; amar es
za del fuego. No hemos dado más que algu- iluminar con una luz inagotable.» Amar,
nas, a título de ejemplo, y puede que haya- pues, es escapar a la duda, es vivir en la evi-
mos fatigado ya la paciencia del lector. Pero dencia del corazón.
esta impaciencia, por sí sola, es una señal: Esta idealización del fuego en la luz pa-
Bachelard.—12
178 Capítulo 7 El fuego idealizado 179

rece ser el principio de la trascendencia amor de Novalis que este iluminismo. Po-
novalisiana, cuando el principio es buscado dría ser interesante considerar un iluminis-
lo más cerca posible de los fenómenos. No- mo más coordinado como el de Swedenborg
valis dice, en efecto: «La luz es el genio del y preguntarse si tras esta vida, en una luz
fenómeno ígneo.» La luz no es solamente un primitiva, no sería posible descubrir una
símbolo, sino un agente de la pureza. «Allí vida más modestamente terrestre. ¿El fue-
donde la luz no encuentra nada que hacer, go swedenborgiano deja cenizas? Resolver
nada que separar, nada que unir, pasa. Lo esta cuestión sería desarrollar la recíproca
que no puede ser unido ni separado es sim- de todas las tesis que hemos presentado en
ple, puro.» En los espacios infinitos la luz este libro. Nos ha bastado con probar que
no hace, pues, nada. Ella espera al ojo. Es- tales cuestiones tienen un sentido y que ten-
pera al alma. Ella, pues, es la base de la dría interés doblar el estudio psicológico de
iluminación espiritual. Puede que jamás se la ensoñación mediante el estudio objetivo
haya obtenido tanto pensamiento de un fe- de las imágenes que nos encantan.
nómeno físico como cuando Novalis descri-
be el paso del fuego íntimo a la luz celeste.
Seres que han vivido por la llama primera
de un amor terrestre acaban en la exaltación
de la pura luz. Esta vía de la autopurifica-
ción ha sido indicada netamente por Gastón
Derycke en su artículo sobre la Expérience
romantique \ Cita precisamente a Novalis:
«Seguramente yo dependía demasiado de
esta vida —un poderoso correctivo era ne-
cesario... Mi amor se ha transformado en
llama, y esta llama consume poco a poco
todo lo que es terrestre en mí.»
El colorismo novalisiano, del que ya he-
mos señalado suficientemente la profundi-
dad, se sublima en una visión iluminada.
Esta es una especie de necesidad material:
no se ve otra idealización posible para el
Conclusión

Si el presente trabajo puede ser conside-


rado como base de una física o de una quí-
mica de la ensoñación, como esbozo de una
determinación de las condiciones objetivas
de la ensoñación, deberá ser capaz de pre-
parar los instrumentos para una crítica li-
teraria objetiva en el sentido más preciso
del término. Deberá mostrar que las metá-
foras no son simples idealizaciones que par-
ten, como cohetes, para estallar en el cielo
expandiendo allí su insignificancia, sino
que, por el contrario, las metáforas se inci-
tan y se coordinan más que las sensaciones,
hasta el punto de que un espíritu poético es
pura y simplemente una sintaxis de las me-
táforas. Cada poeta debería dar lugar a un
diagrama que indicaría el sentido y la si-
183
Conclusión
i»¿ Psicoanálisis del fuego sía en el seno de una unidad: lo único no
182
metría de sus coordenadas metafóricas, del posee propiedad poética. Pero si no puede
mismo modo que el diagrama de una flor hacerse nada mejor para alcanzar ensegui-
fija el sentido y las simetrías de su acción da la multiplicidad ordenada, podemos ser-
floral. No existe flor real sin esta convenien- virnos de la dialéctica como de un estruen-
cia geométrica. Igualmente, no existe flora- do que despierta las resonancias adorme-
ción poética sin una cierta síntesis de imá- cidas. «La agitación de la dialéctica del
genes poéticas. No es preciso, sin embargo, pensamiento, señala muy justamente Ar-
ver en esta tesis una voluntad de limitar la mand Petitjean, con o sin imágenes, sirve
libertad poética, de imponer una lógica —o como ninguna otra para determinar la Ima-
lo que es lo mismo, una realidad— a la ginación.» En todo caso, y ante todo, es ne-
creación del poeta. Es detrás del golpe, ob- cesario quebrantar los impulsos de una ex-
jetivamente, detrás de la expansión, donde presión refleja, psicoanalizar las imágenes
creemos descubrir el realismo y la lógica familiares para acceder a las metáforas y,
íntima de una obra poética. Muchas veces, sobre todo, a las metáforas de las metáfo-
imágenes verdaderamente diversas, que se ras. Entonces se comprenderá que Petitjean
creía hostiles, heteróclitas, disolventes, vie- haya podido escribir que la imaginación es-
nen a fundirse en una imagen adorable. Los capa a las determinaciones de la psicología
mosaicos más extraños del surrealismo tie- —psicoanálisis comprendido— y que ella
nen, de pronto, gestos continuos; un torna- constituye un reino autóctono, autógeno.
sol revela una luz profunda; una mirada Suscribimos tal punto de vista: más que la
que chispea ironía tiene, repentinamente, voluntad, más que el impulso vital, la Ima-
un destello de ternura: el agua de una lá- ginación es la fuerza propia de la produc-
grima sobre el fuego de una confesión. Tal ción psíquica. Psíquicamente, somos crea-
es la acción decisiva de la imaginación: de dos por nuestra ensoñación. Creados y li-
un monstruo hace un recién nacido. mitados por nuestra ensoñación, pues es la
ensoñación quien traza los últimos confi-
Pero un diagrama poético no es simple- nes de nuestro espíritu. La imaginación tra-
mente un dibujo: debe encontrar el medio baja en su cúspide, como una llama, y es
de integrar las dudas, las ambigüedades, en la región de la metáfora de metáforas, en
que, por sí solas, pueden librarnos del rea- la región dadaísta, donde el sueño, como le
lismo y permitirnos soñar; y es aquí donde ha visto Tristan Tzara, es el ensayo de unz
la tarea que columbramos alcanza toda su
dificultad y todo su precio. No se hace poe-
184 Psicoanálisis del fuego Conclusión l85

experiencia cuando la ensoñación transfor- nozco como cálido. El calor es la prueba por
ma formas previamente transformadas, excelencia de la riqueza y permanencia sus-
donde debe buscarse el secreto de las ener- tanciales; por sí solo da un sentido inme-
gías mutantes. Es preciso, pues, encontrar diato a la intensidad vital, a la intensidad
el medio de instalarse en el lugar donde el de ser. Al lado de la intensidad del fuego
impulso original se divide, tentado sin duda íntimo, ¡qué templadas, inertes, estáticas,
por una anarquía personal, pero obligado a sin destino, son las otras intensidades sen-
la vez a la seducción ajena. Para ser feliz, sibles! Carecen de crecimiento real. No nos
es preciso pensar en la.dicha de otro. Hay sostienen sus promesas. No se activan en la
así una alteridad en las alegrías más egoís- llama y en la luz que simbolizan la trascen-
tas. El diagrama poético debe, pues, susci- dencia.
tar una descomposición de fuerzas, rom- Tal y como hemos visto detalladamente,
piendo con el ideal ingenuo —ideal egoís- el fuego íntimo se dialectiza en todas sus
ta— de la unidad de composición. Este es el propiedades, como una réplica a esta dialéc-
problema mismo de la vida creadora: tica fundamental del sujeto y del objeto.
¿cómo lograr un porvenir no olvidando en Hasta el punto de que basta inflamarse para
él el pasado? ¿Cómo conseguir que la pa- contradecirse. Desde el momento en que un
sión se ilumine sin enfriarse? sentimiento sube a la tonalidad del fuego,
Si la imagen no deviene psíquicamente desde el momento en que se expone, en su
activa más que por las metáforas que la des- violencia, a la metafísica del fuego, puede
componen, si no crea un psiquismo verdade- estarse seguro de que va a acumular una
ramente nuevo más que en las transforma- muchedumbre de contrarios. El ser amante
ciones más prolongadas, en la región de la quiere entonces ser puro y ardiente, único
metáfora de metáforas, se comprenderá la y universal, dramático y fiel, instantáneo y
enorme producción poética de las imágenes permanente. Ante la enorme tentación, la
del fuego. Hemos intentado mostrar, en Pasiphaé de Vielé-Griffin murmura:
efecto, que el fuego es, entre los factores de Un souffle chaud m'empourpre, un grand frisson
imágenes, el más dialectizado. El por sí solo \me ¿Lace.
es sujeto y objeto. Cuando se llega al fondo
de un animismo, siempre se halla un calo- Imposible escapar a esta dialéctica: te-
rismo. Lo que yo reconozco como vivo, ner conciencia de arder es enfriarse; sentir
como inmediatamente vivo, es lo que reco- una intensidad es disminuirla; es preciso
186 Psicoanálisis del fuego
Notas
ser intenso sin saberlo. Tal es la amarga ley
del hombre activo.
Esta ambigüedad sólo es propicia a dar
cuenta de los titubeos pasionales. De mane-
ra que, finalmente, todos los complejos liga-
dos al fuego son complejos dolorosos, com-
plejos enloquecedores y poetizantes a la vez,
complejos reversibles: se puede encontrar
el paraíso en su movimiento o en su reposo,
en la llama o en la ceniza.
Dans la clairiére de tes yeux
Montre les ravages du feu ses oeuvres d'inspiré
Et le paradis de sa cendre.
Paul Eluard
Tomar el fuego o darse al fuego, destruir
o consumirse, seguir el complejo de Prome-
teo o el complejo de Empédocles: tal es el
giro psicológico que transforma todos los Introducción
1
valores, que muestra también la discordia Étude sur l'evolution d'un probléme de physique
de los valores. ¿Cómo probar mejor que el la propagation thermique dans les solides. París, 192Í
fuego es la ocasión, en el sentido muy pre-
ciso de C. G. Jung, «para un complejo ar- Capítulo 1
caico fecundo», y que un psicoanálisis es- 1
A. Roy-Desjoncades, Les Lois de la Nature, app¡
pecial debe destruir en él las dolorosas cables aux lois physiques de la Médecine et au bit
general de l'humanité, 2 vol. París, 1788, t. II, p. 14
ambigüedades para mejor liberar las dialéc- 2
Ducarla, Du Feu complet, p. 307.
ticas alertas que dan a la ensoñación su ver-
dadera libertad y su verdadera función de Capítulo 2
psiquismo creador? (*) Mange cramaille, mange cramaille! La palab
cramaille es una deformación infantil o rural de c
11 de diciembre de 1937 maillére (llar) (N. del T.).
' Pierre Bertaux, Holderlin. París, 1936, p. 171.
2
D'Annunzio, Le Feu, ed. francesa, p. 322.
Notas 189
188 Psicoanálisis del fuego
" La formation de l'esprit scientifique. Contribución
a un psicoanálisis del conocimiento objetivo. París, 1938.
" Nicolás de Locques, Les Rudiments de la Philo-
Capítulo 3 sophie naturelle touchant le systéme du corps mixte, 2
vol. París, 1665.
' Auguste-Guillaume de Schlegel, CEuvres écrites en 12
La lumiére sortant de soi-méme de ténébres, escri-
frangais, t. I, Leipzig, 1846, pp. 307-308. to en versos italianos, ed. francesa de B. D. L., 2.a edic,
2 París, 1693.
Max Muller, Origine et développement de la Re-
ligión, ed. francesa de J. Darmesteter, 1879, p. 190. 13
Novalis, Henri d'Ofterdingen, ed. francesa, p. 186.
(*) En español, la evolución equivalente de estos tér- 14
Max Scheler, Nature et forme de la sympathie, edi-
minos sería de lo vivo a lo ígneo, aunque muy posible- ción francesa, p. 120.
15
mente, la evolución etimológica castellana sea distinta. D'Annunzio, Le Feu, ed. francesa, p. 325.
14
Valga, de todos modos, como ejemplo. (N. del T.) Paul Valéry, Piéces sur l'art., p. 13.
3
Bernardin de Saint-Pierre, Études de la Nature, " Paul Valery, obra citada, p. 9.
4.* edic. 1791, t. IV, p. 34.
4
Chateaubriand, Voyage en Amérique, pp. 123-124.
5
J. G. Frazer, Le Ramean d'Or, ed. francesa, 3 vol.,
tomo III, p. 474. Capítulo 5
4
Citado por Albert Béguin, L'Ame romantique et le
réve, 1937, 2 vol., t. I, p. 191.
' Novalis, Henri d'Ofterdingen, ed. francesa, p. 241, ' Boerhaave, Éléments de Chimie, traducción al
nota p. 191. francés, 2 vol. Leide, 1752, t. I, p. 144.
3
" Novalis, obra citada, p. 237. Charles-Guillaume Scheele, Traite chimique de l'air
' Ver Charles Nodier, segundo prefacio de Smarra. et du feu, ed. francesa, París, 1781.
3
'" Novalis, obra citada, p. 227. R. P. Castel, L'Optique des couleurs. París, 1740, pá-
gina 34.
4
Ducarla, obra citada, p. 4.
5
4
Boerhaave, obra citada, t. I, p. 145.
Capítulo 4 Carra, Dissertation élémentaire sur la nature de la
lumiére, de la cnaleur, du feu et de l'électricité. Lon-
dres, 1787, p. 50.
' J. B. Robinet, De la Nature, 3.* edic, 4 vol., Amster- 7
dam 1766, t. I, p. 217. Marat, Découvertes sur le feu, l'électricité et la lu-
2
Robinet, obra citada, t. I, p. 219. miére, constatées par une suite d'expériences nouvelles,
3 París, 1779, p. 28.
Robinet, obra citada, t. IV, p. 234. 8
4
Novalis, Journal intime, seguido de... Máximes me- Blaise de Vigenére, Traite du feu et du sel. París,
1622, p. 60.
dites, París, p. 106.
5
De Malón, Le Conservateur du sang humain, ou la ' Jourdain Guibelet, Trois Discours philosophiques.
saignée démontrée toujours pernicieuse et souvent mor- Evreux,
10
1603, p. 22.
telle, 1767, p. 146. Boerhaave, obra citada, t. I, p. 303.
4
Jean-Pierre David, Traite de la Nutrition et de " Robinet, obra citada, t. I, p. 44.
12
l'accroissement, precede d'une dissertation sur l'usage Joachim Poleman, Nouvelle Lumiére de Médeci-
des eaux de l'amnios. ne du mystére du soufre des philosophes, ed. francesa
7
Jean-Pierre Fabre, L'Abrégé des secrets chimiques. del latín, Rúan, 1721, p. 145.
13
París, 1636, p. 374. Guibelet, obra citada, p. 22.
14
8
Conde de Lacépéde, Essai sur l'électricité naturelle Abate de Mangin, Question nouvelle et intéressante
et artificielle, 2 vol. París, 1871, t. II, p. 169. sur l'électricité, 1749, pp. 17, 23, 26.
15
* Cosmopolite ou nouvelle lumiére clymique. París, Winckler, Essai sur la nature, les effets et les cau-
1723, p. 7. ses de l'électricité, ed. francesa, París, 1748, p. 139.
190 Psicoanálisis del fuego Notas 191
16
Jean-Baptiste Fayol, L'Harmonie celeste. París, 1672,
página 320.
17
18
David, obra citada, pp. 290, 292. Capítulo 7
Lettre philosophique seguida de Cosmopolite. Pa-
rís, 1723, pp. 9, 12. ' Max Scheler, Nature et Formes de la sympathie,
" Reynier, Du Feu et de quelques-uns de ses princi- ed. francesa, p. 270.
paux effets. Lausana, 1787, pp. 29, 34. 2
Novalis, Journal intime seguido de... Fragments
20
21
Boerhaave, obra citada, t. II, p. 876. inédits, ed. francesa, p. 143.
Nicolás de Locques, Les Rudiments de la philo- Virgilio, Geórgicas, libro I, versos 84 y ss.
sophie naturelle touchant le systéme du corps mixte. 4
Pierre-Jean Fabre, obra citada, p. 6.
París, 1665, pp. 36, 47. ¡
De Malón, Le Conservateur du sane humain. París,
22
Hecquet, De la digestión et des maladies de l'es- 1767, p. 135.
tomac. París, 1712, p. 263. 6
De Pezanson, Nouveau Traite des fiévres. París,
23
2,1
Cosmopolite, obra citada, p. 113. 1690, pp. 30, 49.
Lettre philosophique seguida de Cosmopolite, obra 7
Ver Cahiers du Sud, número de mayo de 1937, pá-
citada, p. 18. gina 25.
25
26
Poleman, obra citada, p. 167.
27
Nicolás de Locques, obra citada, t. I, p. 52.
Crosset de La Heaumerie, Les secrets les plus ca-
ches de la philosophie des anciens. París, 1722, pp. 299.
28
29
Reynier, obra citada, pp. 39 y 43.
Nicolás de Locques, obra citada, p. 46.

Capítulo 6
(*) Brülot: aguardiente quemado con azúcar; es lo
que los gallegos denominan hacer u n a queimada. (N.
del T.)
1
Citado y comentado p o r Albert Béguin, L'Ame ro-
mantique et le revé. Marsella, 1937, 2 vol., t. II, p. 62.
2
Cf. Théophile Gautier, Les Jeunes-France. Le Bol
de Punch, p. 244.
3
Armand Petitjean, Imagination et Réalisation. Pa-
rís, 1936.
4
5
Marie Bonaparte, Edgar Poe. París.
Jallabert, Experiences sur Vélectricité avec quel-
ques conjectures sur la cause de ses effets. París, 1749,
página 293.
' Martine, Dissertations sur la chdleur, ed. francesa,
París, 1751, p. 350.
7
Sin nombre de autor, Chimie du Goüt et de l'Odo-
rat ou Principe pour composer facilement, et a peu de
frais, les liqueurs á boire et les eaux de senteur. París,
1755, p. V.
8
Balzac, Le Cousin Pons, Ed. Calmann-Lévy, p. 172.
9
Emile Zola, Le Docteur Pascal, p. 227.
índice

Introducción 7

Capítulo 1
Fuego y respeto. El complejo de Prometeo ... 17

Capítulo 2
Fuego y ensueño. El complejo de Empedocles. 27

Capítulo 3
Psicoanálisis y prehistoria. El complejo de
Novalis 39

Capítulo 4
El fuego sexualizado 75

Capítulo 5
La química del fuego: historia de un falso pro-
blema 101
Bachelard.—13