TEXTO CURATORIAL

ESCRITURA EN OBRA DE JOSÉ GIL DE CASTRO
El trabajo del pintor José Gil de Castro, ha sido destacado por su importancia histórica, además de
su evidente estilo pictórico. Sus obras dan a conocer quién es la persona retratada, los pintaba
cuidando de transmitir de la mejor forma posible toda su personalidad y sus características, además
de dar a conocer sus cargos político-militares o su posición social, por ejemplo explicitando sus
relaciones familiares o matrimoniales. Los rasgos más personales se transmitían a través de la
misma pintura y su representación, pero las características que explicaban quiénes eran los
retratados eran mostradas principalmente a través de los escritos en la obre de José Gil.
Estos textos dentro de la obra del pintor, tenían distintos objetivos; algunas veces eran honoríficos,
los cuales casi siempre eran escritos sobre cartelas en la parte inferor de la obra, o también algunas
veces era plasmado en la parte superior del cuadro, pero sin una cartela como soporte visual. Otras
veces, Gil de Castro incluía texto en sus obras a pedido de los retratados, a modo de dedicatoria.
Era usual que el retratado se viera sosteniendo un pequeño papel con sus manos y en éste, se leyera
hacia quién iba dirigida la obra. También, en sus obras religiosas más tempranas, se incluye el texto
como devoción a la imagen que él está retratando (pues al ser un oficio a pedido, para los que
encargaban la obra era importante tener y ver explícitamente a qué imagen religiosa se estaba
rindiendo culto).
Más allá del objetivo mismo de los escritos, un punto importante de ver es la dedicación y el
esfuerzo que José Gil de Castro ponía en escribir correctamente las palabras en sus obras, pues
debían insertarse correctamente dentro de su pintura, de forma que no quedase como algo aparte o
totalmente distinto en la composición.
“Entre las artes manuales todavía consideradas “mecánicas”, la pintura era probablemente una de
las que mayor prestigio alcanzaba en el imaginario colonial, una práctica atractiva para quienes,
como Gil de Castro, buscaban en esa profesión no solo un medio de subsistencia sino una vía para el
ascenso social.
En este contexto debió aprender también a leer y a escribir, un conocimiento que, en el tránsito al
sigo XIX, seguía siendo el privilegio de unos pocos. Es posible distinguir en Gil de Castro un afecto
particular por la palabra escrita, que se refleja en la vocación por la caligrafía, aplicada a todo tipo
de inscripciones y firmas”.
(Natalia Majluf, catálogo “José Gil de Castro Pintor de libertadores”, 2015).

Su modo de firmar, era casi siempre en versión manuscrita, distinto a las inscripciones regulares que
hacía para mostrar los cargos del retratado, como es el caso del retrato de Bernardo O'Higgins de
1821.
Su firma caligráfica dejaba entrever la importancia que se auto otorgaba, pues además de escribir
en manuscrita su nombre, había veces en que se otorgaba cargos y títulos que hasta ahora varios de
ellos no se han podido comprobar. Este mensaje que el quería transmitir, sin duda queda relegado a
un segundo plano dentro de la composición, pues su firma siempre aparecía en pequeño y con poca
importancia visual.
La idea de mostrarse aun más en este aspecto, queda contrastada con los actuales artistas que
trabajan con tipografías y caligrafías, pues su trabajo consiste en hacer de la escritura su forma de
hacer arte.

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