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En los Gitimos afios, los marcadores discursivos —unidades como por tanto, en suma, en fin, hom- bre 0 bueno— han sido objeto de numerosas eo er RSC eee a tea) ieee i cactus gk cer Toes aki M ote Rec) aera Deets Neg tics tica Textual. Ca RT lm ae Ce een eee Tn et One Seu Pee es Meee mu ee oR See oc Daa eM lg Bac en Geeta ee ee ned Madrid, eel or Tle ete ete (od nee Kee [ore Meme merece ieee a eed unidades en la Nueva Gramatica Descriptiva de la Peetu Ne 362.266 aM RvR ct) 6 WARK ea Ks (te HINGES Disefio cubierta: Vicente Morales | edicién: aetubre 1998 O19 8 José Poxtolés Derechos exclusives de een en espaol reservados para todo el mundo: © 1998, Edioril Adel, 8 A Corcega, 27018008 Barcelona ISBN: 84344-28318 Depasito leat: B. 40.954 - 1998 Impreso en Esparia 1998, — Taller LiveRoPur%, 5, L Consttueign, 19-0804 Baresions ‘inguin pre de eta pubican, ind dieno del cubic Dede ser reads, mena vanes sn mance tens A Lola INTRODUCCION A cualquier lector poco informado de los avata- res de la lingufstica mas reciente le asombrara la proliferacién de investigaciones sobre las unidades que aqui se denominan «mareadores del discurso». Unidades como por tanto, en suma, en fin, hombre 9 bueno, que en las gramaticas tradicionales, e in cluso en las mas actuales de orientacién estructu- ralista 0 generativista, se hallan tan solo en alguna enumeracién, se han convertido en objeto de nu- merosas publicaciones en las més diversas len- guas.' Ciertamente, su enteca descripcién podria justificar por sf sola este interés; sin embargo, los motivos profundos son otros. En la década de 1970 se formaron nuevas dis- ciplinas en la lingafstica que encontraron en los mareadores discursivos confirmacién de sus hipé- tesis de partida: por un lado, se consolidé la Lin- gltistica del Texto y, por otro, comen76 a afianzar- se la pragmatica. La Lingtifstica del Texto aspira a romper las fronteras de la oracién como Kimite tl- timo en los estudios del lenguaje y amplia su obj to a una unidad mayor que denomina «texto». En ion bibliogrliea general, Portolés (1999) ten (1996) ¥ Pons (1098) un estado dela ‘ciestin de lo exudios en espaol se puede encontese en Martin Zo ‘aguino (1992, 1994) y Casado (1996). el camino de la oracién al texto, algunos marcado- res discursivos —o marcadores textuales, segtin stt terminologia— constituyen unidades de inaprecia- ble valor probatorio, En: (1) Tas las vietsitudes que todos conocemes —pérdi das, robos y apariciones parciales y mas 0 menos furtivas—, Ia publicacion este mes de diciembre de los Diarios de Manuel Azafa ha supuesto un acon. tecimiento de primer orden, Los Cuiaderios atrojan luz sobre Io privado y lo piblico de dos aitos de In vida de un hombre esencial en la historia reciente de Espafia, Detalles cotidianos, intimos y sorpren dentes de un hombre inteligente y triste conviven en las paitinas de estas Diarios con acontecimientos y decisiones politicas de inmenso valor historic Un tesoro, en fin, para historiadores y para todos los lectores fen ABC Cultural, 19-X1I-1987, 20] el mareador en fin presenta el miembro del dis- Curso en el que se encuentra como una recapitula cién de lo enunciado en una secuencia anterior constituida no por una sola oracién, sino pot va. rias; asf pues, de acuerdo con la Lingiiistica del Texto, sdlo si se considera que los hablantes utili- zan unidades lingiifsticas mayores que la oracién se puede dar cuenta del funcionamiento de este marcador. Para esta corriente, la propia existencia de los marcadores textuales confirmaria que exis. ten los textos. EI motivo de la preocupacién de la pragmética lingufstica por los marcadores requiere una expli- cacién un poco més compleja, En la década de 1960, el esfuerzo por sistematizar la gramética de las lenguas con cierto rigor cientifico trajo proble. mas diliciles de resolver. Pensemos en que alguien os invita a ver una exposicién y le respondemos: 8 Tengo mucho trabajo. Esta oracién se comprende como un rechazo de la propuesta que se nos ha he- cho y, sin embargo, no existe ninguna negacién ex presa. Otro ejemplo: parlamos del enunciado Tide re un vaso de agua. Silo dice un sargento a un sol dado, constituira una orden; pero si lo dice una hija a su padre, se convertird en una peticién; e, in cluso, si lo balbucea un secuestrado a su secues- trador, podra ser una suplica. Tampoco aqui hay ninggn verbo introductorio que indique estas dif rencias, es decir, no se cnuncia Te ordeno que me iraigas un vaso de agua, Te pido que me traigas un vaso de agua o Te suplico que me traigas un vaso de agua, pero, sin embargo, esto es aproximadamente lo que se comprende. Una gramatica que pretenda ser rigurosa, esto es, que aspire a ser predictiva, encuentra serias dificultades en dar cuenta de es- tos hechos! —zcuil es el verbo que se ha de supo- ner en el segundo ejemplo: pedir, mandar, soliitar, requerir, etc.?, cen qué forma se conjuga?, gpot qué no influye en el modo de la oracién que supuesta- mente depende de él? ig seluclonque wor perlonden he deécada de 1970 consisti6 en deslindar una parte puramen te gramatical de otra parte interpretativa, la que nos ha hecho comprender: «No puedo ir contigo a esa exposicién» 0 «Te ordeno que me traigas un vaso de agua». De estas interpretaciones se ocupa- ria una disciplina todavia sin desarrollar en aquel momento: la pragmética. 2, ste fue uno de lon motivos del rechazo de Noam Chomshy alsa Jo de laa mc geet econ “ta un intenta de proponer una expeacion dentro del gamca atesiosfencmenos. Pars una hava de as polemics Gla epoca Newmeyer (980) Se die el inperatho ney noe subjnivo rigs, como ria de esperar sa oacion dependers den eso el tp de pa. ° En la primera mitad del siglo, el semiético Charles Morris [1901-1979] habia concebico el es. tudio de la Teorfa de los signos a partir de tres di ciplinas: la sintaxis, la seméntica y la pragmatica (Morris: 1938). La primera atenderia la relacién formal entre un signo y otro; la semantica, a los Vinculos entre los signos y los objetos a los que se refieren; y, por altimo, se ocuparia de la relacién entre los signos y sus intérpretes, la. pragmatica, Esta primera concepcién de la pragmatica abarca~ ba todos los fenémenos psicoldgicos, biolésicos y sociolégicos que tienen lugar en el funcionamiento de los signos, aunque, no obstante, la disciplina gue comienza su camino en la década de 1970 tie- ‘ne unas aspiraciones mas limitadas.* El interés por los marcadores del discurso den- tro de la pragmatica nace como contestacién a una Pregunta posterior Ya leuios advertido que la Pragmatica se concibe para dar cuenta de la dife Fencia entre lo dicho y lo interpretado —se dice Tengo mucho trabajo y se comprende «No puedo it Contigo a esa exposiciéns—; ante este hecho algu- nos estudiosos del lenguaje se cuestionaron si la forma lingifstica de lo dicho tiene consecuencias en la comprensién que se ha producido, si influye la gramdtica en la pragmatica. Para una respuesta, analicemos un nuevo ejemplo. Pensemos en un muchacho que desea declararse a una chica. Sabe- mos que este joven es feo y simpatico, por lo que podremos decir: (2) a) _ Es feo pero es simpatico, 5) Es simpstica pero es feo. 4. De todos mows, la imencion universalista de Morrie con serva en planicamienies como el del Handbook of Pragati de to Intemational Pragmatics Association (Verschuren,y etce: tsash 10 Nuestro conocido tiene las dos propiedades en las dos intervenciones, tanto en (2a) como en (2b) es feo y es simpatico; sin embargo, el uso de pero nos conduce a conchusiones distintas: con (2a) sugeri- mos su éxito y con (26) esperamos su fracaso. @) a) Es feo pero es simpatico. [Ast que la chica le hara caso.) +) Es simpitico pero es feo. [Ast que la chica no le hhara caso.) Con ejemplos como éste, no s6lo se concluye que unidades como pero condicionan la interpretacién de lo dicho, también se confirma la hipétesis de que la forma linguifstica conereta de cada enuncia- do sirve de gufa de su comprensi6n. Los marcado- res discursivos son la evidencia de un fenémeno fundamental para la explicacién del funcionamien- to de la comunicacion humana: la forma lingifsti- ca no sélo determina qué se descodifica al escu- char un discurso —que hay un muchacho nada agraciado, aunque con salero—, sino también, en buena medida, qué se comprende con posteriori dad —que en (2a) la chica le hard caso y que en (2b) le dara calabazas. Los marcadores constitu- yen, por ello, el primer paso en una direccién dis- tinta de los estudios lingiifsticos, son como unas nuevas islas de los Galépagos, un espacio pequefio. en el que se descubre una realidad diferente de la habitual, pero, por e50 mismo, extremadamente iluminadora, No ha de extrafar, pues, el pujante interés por estas unidades también desde la prag- mitica. De los dos planteamientos, textual y pragmiéti- 5. Entre corchetos una posible conclaskin infra, 0, en el estudio de los marcadores, seguiné ol Pragmatico por considerarlo mas abareador Ast, la Propuesta de la Lingtfstica del ‘Texto de las marca dores como creadores de unidades lingiisticas mas yores que la oracién recibird en estas paginas una explicacion pragmatica En cuanto al instrumental tedrico que utilizo, un nuevo objeto de investigacién requiere tng también renovado. Mi intencién principal con el Dresente libro consiste en concretar, en explicar y en demostrar el valor de aquellos conceptos tedri, €0 que considero mas valiosos para el estudio de los marcadores del espaftol. Creo que en les inves. tigaciones del discurso se pueden asentar criterios que nos permitan, por un lado, huir de las simples intuiciones y, por otro, construir explicaciones que puedan ser falsables. En las dltimas décadas han nacido varias teorias que proporcionan ttiles para el andlisio, aunque, evidentemente, nos eneoninn mos todavia muy lejos del rigor de las deseripcio. hes gramaticales. Recurriré, en mayor o menos medida, a algunas de estas teorfas, pero siempre para describir del mejor modo posible los marea, dores y no para ejemplificarlas meramente, Este estudio va a corroborar muchos de sus plantea. mientos, pero también evidenciaré lo improceden. te de algunas generalizaciones, pues, en ocasiones, se ha simplificado la realidad lingdistica a fin de acomodarla a una hipétesis de partida, Nuestras conclusiones seran, en consecuencia, menos rotun. das, pero confio en que se aproximen mas a los hechos. De lo expuesto hasta este momento se habré coneluido que existe un empeiio tedrico en el libro; no obstante, hay también en él una preocupacion Practica. Los marcadores del discurso son unida. 12 amaticas y los des pobremente descritas en la diecionarios del espaiiol. En muchas ocasiones, quien se dedica a la ensenanza de nuestra lengua como primera lengua 0 como lengua extranjera co- trige la propuesta equivocada del alumno sin otro apoyo que su intuici6n lingitistica.® Esta situacin me ha animado a procurar que las explicaciones tcéricas se acompaten de las descripeiones de los marcadores més habituales, de tal forma que, una ver, leido el libro y si se utiliza el indice que apare- ce al final, se pueda emplear como obra elemental de consulta, Termino esta introduccién agradeciendo a Luis Bguren sus siempre valiosas indicaciones a una primera version de este libro, a Maria Antonia Martin Zorraquino los prudentes y sabios comen- tarios a un trabajo del que son consecuencia estas paginas (Martin Zorraquino y Portolés: en prensa), y a mis companieros y colegas el interés que han ‘mostrado por mis investigaciones en este campo; por itimo, agradezco también a la DGICYT la fi nanciacién al proyecto PS94-0038 «Restricciones lingiisticas a las inferencias en la comunicaciGn» cen el que se inscribe este estudio. 6, Recientemente libros como Fuentes (19960, 19966) y Mart nex (1987) ayuda a leoar este vaclo 13 Capiruto 1 LA PRAGMATICA Y LOS MARCADORES 1.1. La comunicacién inferencial Comencemos por fijar las bases tedricas de la corriente de la pragmatica que va a proporcionan los primeros fundamentos de nuestro estudio” Hasta hace pocos aftos la comunicavisn se eiplica- ba como un proceso de codificacién y descodifica. cién de enunciados. Era lo que habfamos apren do del Cours de linguistique générale (1916) de Fer. dinand de Saussure [1857-1913] y de su version perfeccionada en 1960 por Roman Jakobson [1896. 1982] en «Linguistics and poetics». Asi, cuando un hablante querfa comunicar algo, lo codificaba, re- curriendo al cédigo que era una lengua determina. da; el oyente, que conocia ese cédigo, descodifica. ba el enunciado recibido y comprendfa lo que se queria comunicar, Sin embargo, ya en 1967 a filé. sofo del lenguaje Herbert Paul Grice [1913-1988] habia mantenido que lo dicho no es todo lo comu- 3. Algunos manusles de pragmaticaercritos en espaol o tra dducidos a nuestra lengua son Levinson (1983), Reyer (560, Slee bles y Rebou! (1994), Bertuccell Papi (1993), Calvo (1984) 9 Boon aeici988), 14 nicado (Grice: 1975), Veamos el siguiente inter cambio: (1) Ana: ¢Te ha gustado ese tal Manolo? Beatkiz: No me gustan los que se escuchan al ha: blar. Después de ofr la intervencién de Beatriz, Ana con- cluye que Manolo se escucha al hablar y que, por este motivo, a su amiga no le ha gustado este mu- chacho. En rigor, ninguna de estas dos conclusio- nes, que Grice denomina «implicaturas»,* ha sido dicha pero, ciertamente, forman parte de la comu. nicacién tanto como el enunciado expreso que las ha desencadenado (No me gustan los que se escu- chan al hablar) Toda comunicacién verbal consta de una parte endificada y de otra parte producto de inferencias, esto es, de ciertos procesos mentales que llevan a conclusiones como las anteriores. Los hablantes nos comunicamos presentando lo dicho como un estimulo para desencadenar estas inferencias. La simple descodificacién munca es suficiente, pues la comunicacién humana es esencialmente una co: municacién inferencial Para que se produzca este proceso inferencial, ademas de lo dicho, es preciso un ‘Sgt 15 prender la importancia del contexto consideremos que nuestras dos amigas, Ana y Beatriz, se despi den diciéndose: Al ext la puerta del cine Aunque descodifiquemos sin problema este enun ciado, no seremos capaces de acudir nosotros tam: bién a la cita. No sabemos si la cita es a las diez de la maftana o de la noche, si es al otro dia o dentro de un mes, y no tenemos la menor idea de cual es el cine. En fin, carecemos del contexto necesario Para lograr las inferencias oportunas. Sin embar. £o, las dos muchachas, que alcanzan este contexto, logran, gracias al aporte pragmatico que les pro. Porciona, una comprensién del enunciado que tal vez se podria parafrasear con: «