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CONSUMO DE MEDICAMENTOS Y POLÍTICA FARMACÉUTICA

La intervención sanitaria viene tremendamente condicionada por el papel del mercado y


de las compañías farmacéuticas, lo vemos continuamente y se ha revelado con especial
crudeza en relación con la gripe A (H1N1).

Frente a esos dos elementos las políticas públicas del Estado español y de las CCAA, no
hacen sino andar a la deriva y “dejando hacer” a dichos poderes fácticos que tanto
impacto directo tienen en la forma en que se concibe por la ciudadanía y los
profesionales la salud y la enfermedad así como en los recursos para la promoción de la
primera y la prevención o cura de la segunda.

Es decir, que siendo el sistema capitalista el elemento condicionante de los llamados


determinantes sociales de la salud, es evidente que también lo es de los servicios
sanitarios, tanto en su vertiente asistencial como en la de profilaxis y prevención de las
enfermedades. Por tanto cualquier alternativa por la salud pública debe pasar por una
vía de desconexión de tales condicionamientos mediante una política del medicamento
que se enfrente al mercado y a las compañías farmacéuticas. En una perspectiva
inmediata, aunque sin perder de vista otras medidas más contundentes que pongan coto
al papel que dichas compañías juegan en el mundo, es preciso que en el Estado español
haya una potente FARMACIA PÚBLICA que introduzca el interés público en la
producción y distribución de medicamentos haciendo retroceder a las multinacionales
mediante mecanismos de restricción a su actividad de modo que se vaya recortando su
control del mercado y de los diversos ámbitos desde los que articulan su influencia, ya
sean programas de investigación de instituciones públicas, sociedades científicas,
compra de las voluntades más diversas, etc.