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La autorrealización desde el punto de vista de la psicología humanista está en estrecha

relación con las necesidades de cada uno y con la satisfacción que la persona siente con
respecto a sí misma.
Los deseos, considerados como necesidades, fueron descritos por Maslow con la ayuda de
una pirámide dividida en segmentos, incluidos base y vértice.
En la base están las necesidades fisiológicas básicas: alimento, sueño, abrigo, etcétera. En
segundo lugar coloca la necesidad de seguridad. En tercer lugar ubica las necesidades
sociales, la necesidad de pertenencia, por ejemplo.
En cuanto, la necesidad de estar a gusto consigo mismo, valorarse y respetarse, lo que
conocemos como autoestima. Por último la necesidad de autorrealización: la realización de
nuestro potencial, de nuestros talentos particulares y nuestros más caros proyectos.
Para Maslow es inadecuado plantearse la auto realización cuando no están satisfechas
necesidades relacionadas con los primeros segmentos de la pirámide, como alimento, amor,
abrigo o seguridad. Carl Rogers relaciona sobre todo la autenticidad, espontaneidad y
creatividad de la persona con el sentimiento de bienestar ligado a la auto realización.
En el paquete no puede faltar la aceptación incondicional de sí mismo con los mejores
aspectos, los no tan buenos, y los que están para ser modificados. Para Fritz Perls, creador de
la terapia Gestalt, la auto realización implica la acción orientada a satisfacer las necesidades,
el auto apoyo y el desarrollo de las potencialidades de cada uno.
Igual que Erich Fromm considera fundamental diferenciar necesidades auténticas de pseudo
necesidades, generadas, por ejemplo, por la publicidad.
Ambos destacan la importancia de distinguir ser de tener: aquello que se posee o se desea
tendría que estar en función y armonía con las reales necesidades o deseos. Viktor Frankl,
autor de “El hombre en busca de sentido”, afirma que la auto realización está vinculada con
el sentido que damos a nuestras experiencias y nuestra vida.
Es especial para cada uno y sólo el individuo puede determinarlo. Allí radica la esencia de su
libertad bajo cualquier circunstancia externa. El sentido último es producto de su interior, no
de lo que ocurre objetivamente.