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Antimicóticos

Se entiende por antifúngico o antimicótico a toda sustancia que tiene la capacidad
de evitar el crecimiento de algunos tipos de hongos o incluso de provocar su
muerte.
Los antimicóticos son ampliamente utilizados para el tratamiento de infecciones
superficiales por hongos. Algunos ejemplos son:
1. Griseofulvina
Ésta utilizada para el tratamiento de infección por dermatofitos.
Mecanismo de acción: se basa en la interrupción de la actividad mitótica
mediante la inhibición de la formación de los microtúbulos deteniendo así la
mitosis en la metafase.
Indicaciones: se utiliza como tratamiento de primera línea únicamente para la tiña
de cabeza, puesto que en otros casos no suele ser tan efectiva.
Dosis: de 5 a 10 mg/kg/día o de 10 a 20 mg/kg/día
Complicaciones y efectos adversos: los efectos adversos más comunes están
relacionados con el tubo digestivo y el SNC como lo son, cefalea, vómitos,
náuseas, entre otros.
2. Itraconazol
Éste es un antimicótico perteneciente al grupo de los triazoles denominados así
porque contienen un anillo triazólico. Es un compuesto muy lipofílico y actúa
contra dermatofitos, levaduras, mohos, hongos dimórficos y dematiáceos.
Mecanismo de acción: inhibe a la 14-α-dismetilasa una enzima que convierte el
lanosterol en ergosterol que es el principal componente de la membrana celular
del hongo lo que causa alteraciones en la permeabilidad de la membrana del
hongo.
Indicaciones: tiene una eficacia amplia por lo que se utiliza como terapia de
primera línea para infeciones por cándida y otras especies no dermatofitos.
Dosis: adultos 200mg/dos veces al día durante una semana
Complicaciones y efectos adversos: causa hepatotoxicidad fulminante,
insuficiencia cardiaca congestiva y edema pulmonar.
Precauciones: contraindicado en personas con antecedentes de insuficiencia
cardiaca y de enfermedad hepática.