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Séptima parte de las vidas

exemplars
Hermanos, inicio la parte 7
de las Vidas ejemplares, en
la cual terminaré lo
concerniente a los Santos
Apóstoles, para seguir con
otros Santos.

Francisco Martínez Arias

Septiembre 2008

SEÑOR: AUMÉNTANOS LA FE
Santo Tomás apóstol
La Iglesia celebra su día el 3 deJulio.
Se le conoce a Santo Tomás por su incredulidad después de
la muerte del Señor. Jesús se apareció a los discípulos el día
de la resurrección para convencerlos de que había resucitado
realmente.

De este apóstol narra el santo evangelio tres episodios.

El primero sucede cuando Jesús se dirige por última vez a


Jerusalem, donde según lo anunciado, será atormentado y lo
matarán. En este momento los discípulos sienten un
impresionante temor acerca de los graves sucesos que
pueden suceder y dicen a Jesús: "Los judíos quieren matarte
y ¿vuelves allá?”. Y es entonces cuando interviene Tomás,
llamado Dídimo (en este tiempo muchas personas de Israel
tenían dos nombres: uno en hebreo y otro en griego. Así por
ej. Pedro en griego y Cefás en hebreo). Tomás, es nombre
hebreo. En griego se dice "Dídimo", que significa lo mismo: el
gemelo.
Cuenta San Juan (Juan, 11-16) "Tomás,
llamado Dídimo, dijo a los demás: Vayamos
también nosotros y muramos con Él". Aquí el
apóstol demuestra su admirable valor. Un escritor
llegó a decir que en esto Tomás no demostró
solamente "una fe esperanzada, sino una
desesperación leal". O sea: él estaba seguro de
una cosa: sucediera lo que sucediera, por grave y
terrible que fuera, no quería abandonar a Jesús.
El valor no significa no tener temor. Si no
experimentáramos miedo y temor, resultaría muy
fácil hacer cualquier heroísmo. El verdadero valor
se demuestra cuando se está seguro de que
puede suceder lo peor, sentirse lleno de temores
y terrores y sin embargo arriesgarse a hacer lo
que se tiene que hacer. Y eso fue lo que hizo
Tomás aquel día.
Nadie tiene porque sentirse avergonzado de
tener miedo y pavor, pero lo que sí nos debe
avergonzar totalmente es el que a causa del
temor dejemos de hacer lo que la conciencia nos
dice que sí debemos hacer, Santo Tomás nos
sirva de ejemplo.

La segunda intervención: sucedió en la Última


Cena. Jesús les dijo a los apóstoles: "A donde
Yo voy, ya sabéis el camino". Y Tomás le
respondió: "Señor: no sabemos a donde vas,
¿cómo podemos saber el camino?" (Juan, 14-
15). Los apóstoles no lograban entender el
camino por el cual debía transitar Jesús, porque
ese camino era el de la Cruz. En ese momento
ellos eran incapaces de comprender esto tan
doloroso.
Y entre los apóstoles había uno que jamás
podía decir que entendía algo que no lograba
comprender. Ese hombre era Tomás. Era
demasiado sincero, y tomaba las cosas muy en
serio, para decir externamente aquello que su
interior no aceptaba. Tenía que estar seguro.
De manera que le expresó a Jesús sus dudas y
su incapacidad para entender aquello que Él
les estaba diciendo.
Y lo maravilloso es que la pregunta de un
hombre que dudaba obtuvo una de las
respuestas más formidables del Hijo de Dios.
Uno de las más importantes afirmaciones que
hizo Jesús en toda su vida.
Nadie en la religión debe avergonzarse de
preguntar y buscar respuestas acerca de aquello
que no entiende, porque hay una verdad
sorprendente y bendita: todo el que busca
encuentra.

Le dijo Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la


Vida. Nadie va al Padre sino por mí" Ciertos
santos como por ejemplo el Padre Alberione,
Fundador de los Padres Paulinos, eligieron esta
frase para meditarla todos los días de su vida.
Porque es demasiado importante como para que
se nos pueda olvidar. Esta hermosa frase nos
admira y nos emociona a nosotros, pero mucho
más debió impresionar a los que la escucharon
por primera vez.
En esta respuesta Jesús habla de tres
cosas supremamente importantes para
todo israelita: el Camino, la Verdad y la
Vida. Para ellos el encontrar el
verdadero camino para llegar a la
santidad, y lograr tener la verdad y
conseguir la vida verdadera, eran cosas
extraordinariamente importantes.

La tradición antigua dice que Santo Tomás


Apóstol fue martirizado en la India el 3
de julio del año 72. Parece que en los
últimos años de su vida estuvo
evangelizando en Persia y en la India, y
que allí sufrió el martirio.
SANTO TOMÁS

Santo Tomás, apóstol de Cristo,


pescador de Galilea, es prototipo de
los que se resisten a creer, pero sobre
todo es modelo de los que, una vez
que han sido iluminados en su fe
vacilante, se adhieren a Cristo en la
más intensa profundidad de todo su
ser. Así expresó su fe Tomás con
aquellas palabras que valen lo que
una vida, y que son como una
profunda reparación de su increencia
primera: <<¡Señor mío y Dios mío!
>>. Su fiesta se celebra el 3 de Julio
San Matías apostol
La Iglesia celebra su día el 14 de Mayo
Clemente de Alejandría, basándose en la tradición,
afirma que San Matías fue uno de los 72
discípulos que el Señor envió a predicar durante
su ministerio. Los hechos de los Apóstoles
afirman que Matías acompañó al Salvador, desde
el Bautismo hasta la Ascensión. Cuando San
Pedro decidió proceder a la elección de un nuevo
Apóstol para reemplazar a Judas, los candidatos
fueron José, llamado Bernabé y Matías.
Finalmente, la elección cayó sobre Matías, quien
pasó a formar parte del grupo de los doce. El
Espíritu Santo descendió sobre él en Pentecostés
y Matías se entregó a su misión. Clemente de
Alejandría afirma que se distinguió por la insistencia
con que predicaba la necesidad de mortificar la carne
para dominar la sensualidad. Esta lección la había
aprendido del mismo Jesucristo.
Este es el apóstol No. 13 (El 14 es San Pablo). Es un
apóstol "póstumo" (Se llama póstumo al que aparece
después de la muerte de otro). Matías fue elegido
"apóstol" por los otros 11, después de la muerte y
Ascensión de Jesús, para reemplazar a Judas Iscariote
que se ahorcó. La S. Biblia narra de la siguiente
manera su elección:

"Después de la Ascensión de Jesús, Pedro dijo a los


demás discípulos: Hermanos, en Judas se cumplió lo
que de él se había anunciado en la Sagrada Escritura:
con el precio de su maldad se compró un campo. Se
ahorcó, cayó de cabeza, se reventó por medio y se
derramaron todas sus entrañas. El campo comprado
con sus 30 monedas se llamó Haceldama, que
significa: "Campo de sangre". El salmo 69 dice: "su
puesto queda sin quién lo ocupe, y su habitación
queda sin quién la habite", y el salmo 109 ordena:
"Que otro reciba su cargo".
"Conviene entonces que elijamos a uno que reemplace a
Judas. Y el elegido debe ser de los que estuvieron con
nosotros todo el tiempo en que el Señor convivió con
nosotros, desde que fue bautizado por Juan Bautista
hasta que resucitó y subió a los cielos".

Los discípulos presentaron dos candidatos: José, hijo de


Sabas y Matías. Entonces oraron diciendo: "Señor, tú
que conoces los corazones de todos, muéstranos a cual
de estos dos eliges como apóstol, en reemplazo de
Judas".

Echaron suertes y la suerte cayó en Matías y fue


admitido desde ese día en el número de los doce
apóstoles (Hechos de los Apóstoles, capítulo 1).

San Matías se puede llamar un "apóstol gris", que no


brilló de manera especial, sino que fue como tantos de
nosotros, un discípulo del montón, como una hormiga en
un hormiguero.
Y a muchos nos anima que haya santos así porque esa
va a ser nuestra santidad: la santidad de la gentecita
común y corriente. Y de estos santos está lleno el cielo:
San Chofer de camión y Santa Costurera. San Cargador
de bultos y Santa Lavandera de ropa. San Colocador de
ladrillos y Santa Vendedora de Almacén, San Empleado
y Santa Secretaria, etc. Esto democratiza mucho la
santidad, porque ella ya no es para personajes brillantes
solamente, sino para nosotros los del montón, con tal de
que cumplamos bien cada día nuestros propios deberes
y siempre por amor de Dios y con mucho amor a Dios.

San Clemente y San Jerónimo dicen que San Matías


había sido uno de los 72 discípulos que Jesús mandó
una vez a misionar, de dos en dos. Una antigua tradición
cuenta que murió crucificado. Lo pintan con una cruz de
madera en su mano y los carpinteros le tienen especial
devoción.
San Matías es el apóstol póstumo de Jesús, que se incorpora al
grupo después de la Ascensión del Señor. De varios apóstoles
apenas sabemos más que el nombre. De Matías sólo sabemos
su nombre y su elección. Es el único apóstol no elegido por
Jesús. San Matías el sustituto, podíamos decir.

Después de la Ascensión de Jesús a los cielos, los apóstoles,


dóciles a su mandato, descendieron del monte Olivete y se
encerraron en el cenáculo. Jesús les había dicho que no se
alejaran de Jerusalén y que esperaran allí la venida del Espíritu
Santo. Con los apóstoles esperaban también algunas mujeres, y
María la madre de Jesús.

Estaban encerrados. Orar era la única actividad. Orar y esperar.


No tenían fuerzas para más, hasta que les llegara el aliento de lo
alto. Sólo una iniciativa se tomó. Jesús había elegido doce
apóstoles y les había dicho que, a su regreso glorioso, los doce
se sentarían sobre doce tronos para regir las doce tribus de
Israel. Y ahora faltaba un hombre para un trono. Judas Iscariote
había apostatado. Había que buscarle un sustituto.
El número doce tenía un alto significado místico en la Biblia. Doce como
las doce fuentes de Elim. Como los doce panes de la proposición. Como
las doce puertas de la Jerusalén celestial. Como los doce hijos de Jacob.
Como los doce cimientos de la muralla de Jerusalén. Como las doce
piedras preciosas del pectoral sacerdotal: una sardónica, un topacio y
una esmeralda. Un rubí, un zafiro y un diamante. Un ópalo, un ágata y
una amatista. Un crisólito, un ónice y un jaspe. Doce, número sagrado en
Israel.
Los Hechos de los Apóstoles nos ofrecen la primera alocución pontificia
del primer Papa. Pedro se levantó y dijo: "Hermanos míos, era preciso
que se cumpliese lo que el Espíritu Santo profetizó en la Escritura por
boca de David acerca de Judas, el que guió a los que prendieron a
Jesús... En el libro de los Salmos está escrito: Que su campamento
quede desierto y no haya nadie que lo habite. Y también: Que otro ocupe
su cargo".
Luego continuó: "Hermanos, es preciso que entre los que están en
nuestra compañía desde el principio, es decir, desde el bautismo de
Juan hasta el día en que el Señor Jesús nos dejó para subir a los cielos,
escojamos uno para que sea testigo de su resurrección".
Puestas estas condiciones, entre las 120 personas que allí
se encontraban, dos hombres parecían cumplirlas
perfectamente. Y fueron presentados los dos: José,
apellidado Barsabá, por sobrenombre Justo, y Matías.

Había que encomendar la elección a Dios. Y como se


trataba de dos cosas buenas, siguiendo una costumbre de
Israel, recurrieron a la suerte también. Y rezaron así: "Señor,
Tú que conoces los corazones de los hombres, muéstranos
a cuál de estos dos has elegido para ocupar en el ministerio
del apostolado el puesto dejado por Judas para irse a su
lugar. Echaron suertes sobre ellos, y cayó la suerte sobre
Matías y fue uno de los Doce".

Nada más dicen los Hechos de Matías. Matías fue fiel a la


elección. Algunos escritores antiguos nos lo presentan
predicando en Jerusalén, en Judea, en las orillas del Nilo y
en Etiopía, hasta sellar sus palabras con su sangre.
Según la tradición, predicó primero en Judea y
luego en otros países. Los griegos sostienen
que evangelizó la Capadocia y las costas del
Mar Caspio, que sufrió persecuciones de parte
de los pueblos bárbaros donde misionó y
obtuvo finalmente la corona del martirio en
Cólquida. Los "Menaia" griegos sostienen que
fue crucificado. Se dice que su cuerpo estuvo
mucho tiempo en Jerusalén y que Santa Elena
lo transladó a Roma.

Su martirio: fue hecho prisionero por


antropófagos, cegado, curado y liberado por
Andrés, y finalmente decapitado. Esas
leyendas le han valido diversos atributos:
espada, alabarda, piedras, cruz, hacha. Este
último ha prevalecido en general. San Matías
no representa un papel importante en la piedad
popular.
Se dice que las reliquias de Matías
fueron, por encargo de Sta. Elena,
llevadas a Tréveris, ciudad de la que
es Patrón, y donde se venera su
tumba en la abadía dedicada al
Santo. También hay reliquias en
Roma (Santa María Mayor) y en
Padua (Santa Justina),también en la
Iglesia de San Pedro en Lima,Perú.
Es también Patrón de los carniceros
y de los arquitectos. En otros
tiempos fue popular en diversas
zonas de Alemania. Su fiesta se
celebra en la Iglesia latina el 14 de
mayo; en la griega, el 9 de agosto
SIMÓN, apodado Zelote

La Iglesia celebra su Festividad del 28 de


Octubre, en union de San Judas Tadeo
San Simón fue uno de los doce Apóstoles cuya historia es
la menos conocida. El Nuevo Testamento se limita
solamente a nombrarlo. “En aquellos días se fue Jesús a
orar a un cerro y pasó toda la noche en oración con Dios.
Al llegar el día llamó a sus discípulos y escogió a doce de
ellos, a los que llamó apóstoles: Mateo, Tomás, Santiago,
hijo de Alfeo, Simony, apodado Zelote”
(Lucas, 6: 12-15)se le denomina con el sobrenombre de
Zelote, que significa apasionado, porque antes de seguir a
Jesús, había pertenecido al partido que pudiéramos llamar
tradicionalista.

Equivale a menudo el término Zelote, a fervor que siente


una persona por la ley judía y su observancia. Flavio
Josefo califica este término a los judíos del tiempo de
Pilatos, que estaban dispuestos a morir antes que faltar a
la ley. Por eso los cristianos eran transgresores de la Ley y
en este sentido Pablo ( Gálatas, 1:13-14 ), se designa
como zelote que perseguía a los cristianos.
Igualemente San Mateo le llama por el
sobrenombre del " Cananeo ", sin duda porque
era natural de la aldea de Caná de Galilea.

Muchos le confunde con el primo de Jesús,


hermano de Santiago y Judas Tadeo, que
llevaba este nombre.

Según las tradiciones conservadas por el


breviario romano, Simón el Cananeo, predicó la
fe en Egipto, y luego, con el Apóstol San Judas
Tadeo, en Mesopotamia, donde en Guanir
( Persia ), ambos sufrieron el martirio, en forma
de crucifixion.
Los Bolandistas ( Acta Sanctorum 29 de
Octubre ), admiten la predicación de San
Simón en Persia y Egipto, pero tienen por
fabulosa su actuación en otras partes de
África y Gran Bretaña
Por San Fortunato, obispo de Poitiers (del
siglo VI), sabemos que fue sepultado en
Persia, donde había sido muerto con su
compañero San Judas. Una iglesia antigua
dedicada a Simón, existía ya entre el siglo
VI y el VIII en Nicopsis,
Sinopsis
Simón el Zelota
Alguien que también debió aprender a mirar el mundo de una
manera diferente es el otro Simón. Aquél que, para diferenciarlo
de Simón Pedro, también llamaban Simón el Cananeo o – con
un apodo bastante más significativo – Simón el Zelota. El
por qué este apodo es significativo ya lo hemos visto antes en
nuestro relato.
Sabemos, pues, que los zelotas fueron combativos. No
aceptaron ni la estrategia de la resistencia pasiva ni, mucho
menos, las soluciones de compromiso.
Pues bien, Simón el Zelota había sido uno de ellos. Un hombre
de acción. Un hombre de armas tomar. Quizás hasta no sería
exagerado decir: un fanático. Un hombre al que seguramente le
habrá resultado relativamente fácil compartir la crítica de Jesús
a la hipocresía de los fariseos, pero al que de seguro le habrá
costado mucho más entender que el reino de ese Mesías no era
de este mundo y que, en todo caso, el alma de una persona no
se perdería por haberle dado al César lo que era del César
mientras no se olvidase de darle a Dios lo suyo.
Hay quien dice que, probablemente, Simón el Zelota fue, de
todos los apóstoles, aquél que tuvo el camino de aprendizaje
más difícil. Es posible. No es inverosímil que, de todos ellos,
haya sido el que más posición tomada tenía ya de antemano y el
que más haya tenido que revisar esa posición tomada.

Por desgracia, no sabemos más de él. Los Evangelios no nos


dan más detalles. La tradición es confusa y a veces se pierde en
lo legendario. Nos habla de una actividad en Samaria y en otros
lugares; del posible desempeño del cargo de obispo de
Jerusalem y de una muerte en la cruz o por decapitación. La
verdad es que el rastro de Simón el Zelota es otro de los rastros
que se pierden. Aparece en los Evangelios como para indicarnos
algo y luego su figura se esfuma.

Con lo cual, podríamos deducir que lo que nos indica quizás sea
importante. Porque, como decía el Principito de Saint-Exupéry,
muchas veces lo esencial es invisible a los ojos.
Usualmente se le atribuye una
sierra, porque se dice que su cuerpo
fue aserrado hasta hacerlo pedazos,
y raras veces se le atribuye una
lanza. Se le considera patrono de
los curtidores. En la Iglesia
Occidental se le venera junto con
San Judas (Tadeo); en el Oriente es
de forma separada. La Iglesia
Occidental celebra su fiesta el 28 de
Octubre; mientras que los Griegos y
los Coptos lo hacen el 10 de Mayo
" Santa Elena ”
Su festividad se celebra el 18 de agosto.
Elena, esposa del César romano Constancio I Cloro y
madre de Constantino el Grande, emperador de
Roma. Se cree que nació en Drepanum, más tarde
llamada Helenópolis en su honor, en la antigua
provincia romana de Bitinia. Cuando Constancio fue
nombrado césar y sucesor al trono del Imperio
romano, en el año 293, se divorció de ella porque no
era de origen patricio. A partir de ese momento
dedicó el resto de su vida a peregrinajes religiosos
visitando Jerusalén (al-Quds) hacia el año 325,
donde fundó la iglesia del Santo Sepulcro y la iglesia
de la Natividad. Elena, hallo la Vera (verdadera) Cruz
de Cristo.
A la edad de 79 años Santa Elena inicia su peregrinación a
Tierra Santa, donde construye
las Basílicas de La Natividad en Belén, del Santo Sepulcro y
la del Monte de los Olivos en
Jerusalén.
En ese año halla los restos de los Reyes Magos que
actualmente se encuentran enterrados en la Basílica de la
Epifania en la ciudad de Colonia (Alemania).
Elena.
Etimológicamente significa “brillante”. Viene de la
lengua griega.
Ella pasó de limpia pisos a emperatriz. Era una
buena persona desde su bella juventud. Sus padres y
ella misma eran paganos, pero con una buena
disposición para aceptar el mensaje del Evangelio.
Nació en Deprano, Nicodemia. A los veinte años
contrajo matrimonio con el general Constancio, un
noble entroncado con el emperador Maximino.
Tuvieron un hijo, que más tarde, sería el Emperador
Constatino. Estamos en el año 274. Le vino el
tiempo de sufrir y pasarlo fatal. La razón no fue otra
que las desavenencias entre Diocleciano y y
Maximino. Los dos nombraron Césares a Galerio y
Constancio. Si quiere el cargo, le imponen la
condición de que se divorcie de su mujer Elena y se
case con la hijastra de Maximino.

En este estado, ella se entrega a la meditación y


reflexión hasta que llegasen mejores tiempos. Estos
vinieron con la muerte de Constancio. Era el año
306. Su hijo Constantino se la llevó consigo.
Su hijo llevaba en los estandartes esta
inscripción:" Con esta señal vencerás". Y así
sucedió en la batalla sobre el puente Milvio.

A partir de este momento, Constantino entró


como emperador triunfante en Roma. Enterado
de la existencia de los cristianos, él y su madre
se interesan mucho por su tipo de vida. Y tanto
les gustó que los dos abrazaron la fe cristiana
con gran ilusión y fervor en sus corazones.

Constantino, autor del célebre Edicto de Milán,


permitió la religión cristiana en todo el Imperio.
Ya no habría más persecuciones contra los
cristianos.
Tanto amor tenía a Cristo que no dudó
en irse de peregrina a Palestina. Aquí
llevó una existencia dedicada a la
búsqueda de la Cruz en la que estuvo
clavado el Salvador del mundo. Además,
mandó construir tres basílicas para
proteger los Santos Lugares en los que
Cristo vivió, murió y resucitó al cielo.

Tras su muerte, despues del año 300,


llevaron sus restos a Roma. Si se va al
Vaticano, puede verse el sarcófago de
porfirio en el que están sus reliquias.
Síntesis
Martirologio Romano: En Roma, en la vía Labicana,
santa Elena, madre del emperador Constantino, que
tuvo un interés singular en ayudar a los pobres y
acudía a la iglesia piadosamente confundida entre
los fieles. Habiendo peregrinado a Jerusalén para
descubrir los lugares del Nacimiento de Cristo, de
su Pasión y Resurrección, honró el pesebre y la
cruz del Señor con basílicas dignas de veneración
(c. 329).
Murió Elena sin que sepamos el sitio ni la fecha. Su
hijo Constantino dispuso trasladar sus restos con
gran solemnidad a la Ciudad Eterna y parte de
ellos se conservan en la iglesia Ara Coeli, dedicada
a Santa Elena, la mujer que dejó testimonio
tangible y visible en unos maderos del paso
salvador por la tierra de Jesús, el Hijo de Dios
encarnado.
A su muerte su cuerpo fue
depositado en la catacumba inter
duos lauros, ya célebre por la
sepultura de los santos Marcelino y
Pedro, y sobre la cual el emperador
hizo edificar una pequeña iglesia
bajo su invocación. El recuerdo de
santa Elena también se venera en la
basílica de la Santa Cruz en
Jerusalén, que encierra una capilla
dedicada a la santa, con pinturas de
Pinturicchio. Felechares celebra su
festividad el primer domingo de
mayo (el calendario eclesiástico lo
celebra el 18 de agosto).
SAN AGUSTÍN
El más grande de los padres de la Iglesia y uno
de los más eminentes doctores de la Iglesia
occidental. San Agustín nació el 13 de noviembre
del año 354 en Tagaste, Numidia (hoy Souk-Ahras,
Argelia).Hijo de un pagano, Patricio, y de una
cristiana, Mónica, San Agustín inició su formación
en su ciudad natal y estudió retórica en Madauro.

Su primera lectura de las Escrituras le decepcionó


y acentuó su desconfianza hacia una fe impuesta y
no fundada en la razón. Su preocupación por el
problema del mal, que lo acompañaría toda su
vida, fue determinante en su adhesión al
maniqueísmo. Dedicado a la difusión de esa
doctrina, profesó la elocuencia en Cartago (374-
383), Roma (383) y Milán (384).
Por la gracia de Dios soy lo que soy,
y su gracia no ha sido estéril en mí.
(1 Corintios 15, 10)

San Agustín, hijo de un pagano de Numidia, que se


convirtió al final de su vida, enseñó primero
brillantemente retórica en Cartago, Roma y Milán,
donde la lectura de un pasaje de San Pablo lo
convirtió y donde San Ambrosio lo bautizó. De vuelta
a África, después de haber perdido a Santa Mónica,
su madre, en Ostia, retirose a la soledad, y después
fue ordenado sacerdote y llegó a ser obispo de
Hipona. Entró en correspondencia con San Jerónimo
y fue el azote de los herejes. Toda su vida lloró su
juventud hasta humillarse por ella en el libro de las
Confesiones. Su poderoso genio y su maravillosa
ciencia brillan sobre todo en su célebre obra la
Ciudad de Dios. Murió en su ciudad episcopal
cercada por los vándalos, en el año 430, a la edad de
75 años.
Sinopsis
La lectura de los neoplatónicos,
probablemente de Plotino, debilitó las
convicciones maniqueístas de San
Agustín y modificó su concepción de
la esencia divina y de la naturaleza del
mal. A partir de la idea de que «Dios
es luz, sustancia espiritual de la que
todo depende y que no depende de
nada», comprendió que las cosas,
estando necesariamente subordinadas
a Dios, derivan todo su ser de Él, de
manera que el mal sólo puede ser
entendido como pérdida de un bien,
como ausencia o no-ser, en ningún
caso como sustancia.
La convicción de haber recibido una señal divina lo
decidió a retirarse con su madre, su hijo y sus
discípulos a la casa de su amigo Verecundo, en
Lombardía, donde San Agustín escribió sus primeras
obras. En 387 se hizo bautizar por san Ambrosio y se
consagró definitivamente al servicio de Dios. En
Roma vivió un éxtasis compartido con su madre,
Mónica, que murió poco después.
En 388 regresó definitivamente a África. En el 391
fue ordenado sacerdote en Hipona por el anciano
obispo Valerio, quien le encomendó la misión de
predicar entre los fieles la palabra de Dios, tarea que
San Agustín cumplió con fervor y le valió gran
renombre; al propio tiempo, sostenía enconado
combate contra las herejías y los cismas que
amenazaban a la ortodoxia católica, reflejado en las
controversias que mantuvo con maniqueos,
pelagianos, donatistas y paganos.
Tras la muerte de Valerio, hacia finales del 395, San
Agustín fue nombrado obispo de Hipona. Dedicó
numerosos sermones a la instrucción de su pueblo,
escribió sus célebres Cartas a amigos, adversarios,
extranjeros, fieles y paganos, y ejerció a la vez de
pastor, administrador, orador y juez.

Al caer Roma en manos de los godos de Alarico (410),


se acusó al cristianismo de ser responsable de las
desgracias del imperio, lo que suscitó una encendida
respuesta de San Agustín, recogida en La Ciudad de
Dios, que contiene una verdadera filosofía de la historia
cristiana.

Durante los útimos años de su vida asistió a las


invasiones bárbaras del norte de África (iniciadas en el
429), a las que no escapó su ciudad episcopal. Al tercer
mes del asedio de Hipona, cayó enfermo y murió.
La filosofía de San Agustín

El tema central del pensamiento de San Agustín es la relación del alma,


perdida por el pecado y salvada por la gracia divina, con Dios, relación en
la que el mundo exterior no cumple otra función que la de mediador entre
ambas partes. De ahí su carácter esencialmente espiritualista, frente a la
tendencia cosmológica de la filosofía griega. La obra del santo se plantea
como un largo y ardiente diálogo entre la criatura y su Creador, esquema
que desarrollan explícitamente sus Confesiones (400).
Si bien el encuentro del hombre con
Dios se produce en la charitas (amor),
Dios es concebido como verdad, en la
línea del idealismo platónico. Sólo
situándose en el seno de esa verdad, es
decir, al realizar el movimiento de lo
finito hacia lo infinito, puede el hombre
acercarse a su propia esencia.

Pero su visión pesimista del hombre


contribuyó a reforzar el papel que, a sus
ojos, desempeña la gracia divina, por
encima del que tiene la libertad humana,
en la salvación del alma.
Este problema es el que más controversias
ha suscitado, pues entronca con la cuestión
de la predestinación, y la postura de San
Agustín contiene en este punto algunos
equívocos.

Los grandes temas agustinianos –


conocimiento y amor, memoria y presencia,
sabiduría– dominaron toda la teología
cristiana hasta la escolástica tomista. Lutero
recuperó, transformándola, su visión
pesimista del hombre pecador, y los
jansenistas, por su parte, se inspiraron muy a
menudo en el Augustinus, libro en cuyas
páginas se resumían las principales tesis del
filósofo de Hipona.
Síntesis
San Agustín es el último filósofo de la Edad
Antigua y el primero de la Edad Media. Se
encuentra con que toda la cultura griega está
basada en la filosofía, y ésta a su vez está basada
en el hombre de carne y hueso. Él va a tener que
conciliar la teología con esa filosofía, que son una
serie de estructuras que deben ser
compatibilizadas. Este va a recibir el nombre del
“Método de San Agustín”. Él trata de inspirarse en
Platón y es a través de él que lo logra. Es un
quiebre que se da en la cultura de Occidente,
aparece la FE.

Él dice que hay tres formas de demostrar algo: por


la evidencia, por la demostración y por la fe.
San Agustín introduce la moral en la política. Pide
que no critiquen al catolicismo, y que no pidan
justicia acá como los paganos porque acá no
existe. Dice que al que se hace católico se va a
salvar. Hace una división muy tajante, afirma que
no es que uno por ir a la Iglesia se salva, pero
ayuda. Lo que él quiere decir es que “la felicidad
está en el cielo” y con esto, alguien que esté
dentro de la Iglesia es quién nos puede salvar, lo
que significa una sobreestimación del Papa,
peleando con el emperador durante VII siglos. Y
esto es el gran problema de la Edad Media.
Termina con la guerra de querellas, con el
cansancio de los cristianos del aparato
administrativo de la Iglesia. Esto se traslada al 500
y algo, y -como se dijo antes- con Lutero y Calvino.
Esto es el “Agustinismo”.
MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA
DE SAN AGUSTÍN

I. Este gran santo resistió hasta la edad


de 32 años las inspiraciones de la divina
gracia. ¿Acaso yo mismo no he resistido
a la gracia? ¿Cómo pasé yo mi
juventud? ¿He comenzado por fin a
amar a Dios con amor profundo y
sincero? ¡Cuántas veces he endurecido
mi alma y he menospreciado el llamado
del Señor! Comencemos a darnos a
Dios. Ah Señor, tarde te amé, hermosura
tan antigua y tan nueva, tarde te amé
(San Agustín).
II. San Agustín, primero pecador y hereje,
llegó a ser después un gran santo; renunció
a sus errores y fue durante todo el resto de
su vida, el hijo dócil de aquélla gracia que
había perseguido. ¿A qué se debe que no
imite yo a San Agustín en su penitencia, ya
que lo imité en sus desórdenes? ¿Qué he de
esperar de los afanes que me tomo por lucir
en el mundo? Habré de morir y abandonar
esos honores y esas riquezas; y ¿en qué
pararé si no estoy en estado de gracia
cuando Dios me llame para dar cuenta de mi
vida? ¿A qué fin tienden todos nuestros
trabajos? ¿Qué buscamos? (San Agustín).
III. San Agustín fue el doctor de la
gracia; la defendió contra los herejes,
explicó su naturaleza y descubrió sus
maravillosos efectos. Enseña tú a los
demás por qué medios podrán
recuperar la gracia de Dios: trabaja en
la conversión de los pecadores. Sé tú,
a tu vez, discípulo de la gracia, si no
puedes ser su doctor; estudia los
movimientos que imprime a tu
corazón, escucha lo que ella te
inspira, obedécela fielmente. Si no
haces a la gracia inútil en ti, producirá
frutos abundantes (Orígenes).
ORACIÓN

Dios omnipotente, escuchad benigno


nuestras súplicas y puesto que os
servís permitirnos esperar en vuestra
bondad, dignaos, por la intercesión
del bienaventurado Agustín, vuestro
confesor pontífice, derramar sobre
nosotros la abundancia de vuestra
inagotable misericordia. Por
Jesucristo Nuestro Señor
La leyenda cuenta que, meditando sobre el misterio de
la Santísima Trinidad, san Agustín paseaba por la playa
cuando vio a un niño con una concha que cogía agua
del mar y la depositaba en un agujero. Al preguntarle el
obispo de Hipona sobre lo que hacía, el niño respondió
que vaciaba el mar en el hoyo que había excavado.
Cuando el santo le reconviene sobre la imposibilidad de
poder realizar tal acción, el niño le contesta que es
igualmente imposible intentar explicar el misterio de la
Trinidad. Este episodio es de época tardía y no se
incluyó en el arte hasta el siglo xv. Con frecuencia,
aunque no es el caso del Libro de horas de Luis de
Orleans, el niño se identifica con un ángel y la concha
se reemplaza por una cuchara. Este tema ya fue tratado
por el taller de Jean Colombe en el Libro de horas de
Luis de Laval (f. 309v.), pero de forma distinta. Un
modelo similar, puede verse en una miniatura del Libro
de horas de los Sforza (Londres, British Library).
Leed con atención la vida de
estos Santos hombres y mujeres
y prestad atención al llamado
Divino que Dios realizó en ellos y
que todos los días nos lo envía a
cada uno de nosotros para
nuestra santificación.

Francisco Martínez Arias

Septiembre 2008