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ALA EPISTEMOLOGIA 5 Q a g < j “ § a 8 3 2 4 z Los especialistas en psicolopia genética, y especial mente en psicologia infantil, no siempre sospechan las méltiples y partcularmente fecundas relaciones que su discipiina puede mantener con otras formas de investigacién més generales del tipo de la teoria {el conocimiento © la epistemologia. ¥ la reciproca fe todavia mucho més verdadera, si esto fuera po sible... Ello se debe a que la psicologia infantil se hha pasado mucho tiempo recogiendo historias de bbebés. Incluso en el restringido campo de la psicalo- gia propiamente dicha, no siempre se lege a enten- er Ta necesidad de investigar cualquier problema desde el dngulo del desarrollo y en clertos paises todavia sigue siendo un hecho que los «Child Psy chologists» constituyen un mundo aparte, sin con- tacto con las grandes corrientes de la psicologia ex: perimental. A mayor abundamiento, los tebricos del conocimiento, cuya paciencia es a’ veces inagotable ‘cuando se trata de reconstitulr una pégina ignorada ‘ela historia de las ciencias para desvelar sa slcan- ce epistemoligico, ni siquiera suelen sospechar que Jos mas generales problemas de formacion de las no iones o de andlisis de las operaciones intelectuales Srecuentemente pueden recibir una solucién que esta, como aquel que dice, al alcance de ta mano, en ci terreno de la experiencia psicogenética a5 Y, sin embargo, existe precisamente un capitulo e Ia historia de las ciencias que hace ya tiempo que deberia haber servido de analogia para facilitar el facercamiento que preconizamos. Se trata de las re- Taciones que paulatinamente 1a embriologia se ha visto obligada a mantener, primero con la anatomia ‘comparada y Tego con Is teoria general de la evo- Iucidn. Vale la pena que tal comparacién se tenga fen cuenta, puesto que no hay duda de que la psico- Togia infantil constituye una especie de embriologia ‘mental, en tanto que deseripelén de los estadios del esarrollo y, sobre todo, en tanto que estudio del mecanismo propio de dicho desarrollo, La psicogé- resis representa, ademés, una parte integrante de la ‘embriogénesis (Ia cual no finaliza con el nacimiento, sino en el momento en que se alcanza el estadio de ‘equilibrio que es el estado adulto);y la intervencion de factores sociales no desmiente en absoluto Ta jus- teza de esta constatacién, ya que la embriogénesis orginica es también en parte funcién del medio. Por Jo demas, esté claro que sila epistemologia no quiere limitarse’ la pura especulacion, tendra que contar ‘cada vez més entre sus objetos el andlisis de las eeta- pas» del pensamiento cientifico y la explicacién de Jos mecanismos intelectuales utilizados por la clen- cia en sus diversas variedades a I hora de congui- tar Jo real. ‘Asi pues, la teoria del conocimiento es esencial mente una teoria de la adaptacion del pensamiento a Ja realidad, aunque dicha adaptacién muestre en fin de cuentas, igual que todas las adaptaciones por otra parte, la existencia de una inextricable interaceiin ‘entre el sujeto y los objetos. Y considerar a Ia epi femologia como una anatomila comparada de las ope 26 raciones del pensamiento y como una teorfa de la cevolucién intelectual o de la adaptacién del espiritu ‘alo real no es disminuir la magnitud de sus taress. ‘Tampoco se trata de prejuzgar las soluciones que Is epistemologsa tenga que adoptar ai de preconizar de fantemano la necesidad de wn realismo; aun cuando Jas relaciones entre al organismo y el medio presen taban en el lamarckismo In misma simplicidad que Jas relaciones entre el espiritu y las cosas en el em pitisme elisico, tas ee han ido complicando en bio- logia precisamente a partir de los estudios sobre las variaciones internas del organismo, hasta el punto de ue, en la actualidad, cxisio una especie de isomor- fismo entre las distintas hipétesls evolucionistes 0 antievolucionistasy las interpretaciones entre las que ‘sella Ia epistemologia en el campo de la adaptacién intelectual. ‘Ahora bien, una vez admitido este tipo de compa raciones, Is historia de las relaciones entre la ex: briologia y las otras disciplinas bioldgicss permite juminar con claridad los contactos posibles —y, por Jo demés, ya actuales en parte —entre la psicologia {infantil y'ia epistemotogia. En efecto, es algo perfec tamente sabido que Ia embrioiogia ha posibilitado Ia rresolucién de un conjunto de problemas que Ia ana- tomia comparada tenia que dejar pendientes at no ‘ontar con informacion sobre determinados érganos ‘0 incluso sobre organismnos completos. En este sen- tido bastaré con citar el hecho de que, después de mu cho tiempo de estar clasificado a Tas anatifas (w ‘openes) entre los moluscos, el estudio de sus esta. dos larvarios puso de manifiesto que se trataba de fnuténticos crustceos que pasan por clertos estadios comunes a todos los miembros de este grupo. fgval- st mente la division de los telidos en ectodermo, meso- ermo y endodermo, precisada por la embriologia, ppermitié homologar wn gran nimero de éryanos y roporcioné preciosas informaciones sobre el signi ficado de ciertos sistemas (piense elector, por ejem- plo, en el origen ectodérmico del sistema nervioso, {que podtia servie como punto de partida a toda una flosofia!). En evanto a las teorias de la evoluctén, si bien se ba exagerado el paralelismo entre ontogé. resis y Blogénesis, que sigue siendo inexacto en sus detalies, no eabe duda de que la embriologia ha reno- ‘vado las perspectivas del evolucionismo y su apox taciOn, examinada a la luz de wna eritica precisa, te ne un considerable aleance en el estudio de un pro- blema que todavia no se ha resuelto de forma def. ‘Aungue el interés de las clencias humanas por el desarrollo de la inteligencia en el nibo desde el na cimiento a Ia adolescencia ha sido mucho més tardio ‘que el demostrado hacia las fases embrionarias por las que pasan los animales més diversos y mis ajenos ‘2 nuestra naturaleza racional, las contrfbuciones de ‘esta Joven ciencia que es la psicologia genética a los problemas clésicos de la epistemologia pueden com- ppararse, mutatis mutandis, a las antes mencionadas. Para que esto se comprenda queda todavia por disi- par un posible malentendido. La paicologia genética ces una ciencia cuyos métodos se hallan cada vez mis ‘emparentados con los de la biologia. En cambio, la epistemologia pasa en general por ser una parte’ de 1a filosotin necesariamente solidaria de todas las de- _mds disciplinas losdficas y, por consiguiente, con una toma de posicién metafisica. Ea este caso, el igamen entre los dos campos seria o bien iegitimo, 0 bien, 38 por el contrario, algo tan natural como el trinsito de un estudlo clentiico evalguiera a una filosofia ‘cualquiera que no se deduce de agus, sino que a lo sumo se inspira en él afadiéndole encima preocupa- clones ajenas a su naturalea, Pero, ademas del hecho de que Ia epistemologia contempordnca es, cada vez en mayor medida, obra de los propios cieniicos, que tienden a liga los pro- blemas de «fundamentacidn» al ejercicio de sus dis ciplinas, se puede disociar la epistemologia de la metafisica delimitando metédicamente su objeto. En ‘vez de preguntarnos qué es el conocimiento en gene- ral 0 edmo es posible el conocimiento cienifico (con: siderado igualmente en bloque), lo cual implica natte ralmente la constitucién de toda una flosofia, pode ‘mos limitaros por método al siguiente problema spositivos: ze6mo aumentan (0 no) los conocimicn: tas? gA través de qué procesos pasa una ciencia des de un conocimiento determinado, generalmente con siderado insuficiente, a otro conocimiento determi nado, generalmente considerado superior por la conciencia comin de los adeptos de dicha discipi- rna? De este modo volvemos encontrar todos los problemas epistemoldgicos, pero en la perspectiva histéricoeritica y no-en la de una filosofia. Pues Dien: aqui vamos a hablar precisamente de esta epis: temologia genética o cientifica para mostrar en qué sentido puede la psicologia infantil prestarle un apo- ye quiz no despreciabe, phe So aso 8 pte iti, FP Ey CCoxociusro uareacérico ¥ conoeriaENTo Fistco Empezaremos con un problema de considerables roporciones: zes el conocimionto matemético asimi+ Table al conoclmiento fisico © se trata de dos tipos inreductibles de pensamiento y de stber? Todo el ‘mundo sabe que tanto una como otra opinién han tenido y siguen tenlendo sus defensores. Los légicos son en general partidarios de Ia dualidad, y el Cirew Jo de Viena Tlegé incluso a introducir una distincién radical entre dos clases de verdades: Ia verdad de proporciones Hamadas «tautolégicas», caracteristicas de la logica y de las mateméticas, cuyas negaciones son «proposiciones sin significado», puesto que la ver- ddad de esta primera clase depende de la identidad: y la verdad de las proposiciones experimentales,carac- teristicas de la fisica (0 de Ia biologi, etc), cuyas ‘egaciones son proposiciones falsas pero con un sig: nilfcado (por ejemplo, el agua no se hiela a cero srados). En cambio, certos autores, como Brunsch- vieg hace ya tiempo y Gonseth en la actualidad, con. sideran que Ia verdad matemética es asimilable a la verdad fisica porque constituye, al igual que esta st ‘ima, una mezela de construcciones deduictivas y de constatsciones experimentales. Ahora bien, este debate depende en parte de Ia psicologia genética, pues todo el mundo esta de acuerdo en admitit que ciertos conocimientos arit- ‘éticos (el mimero entero, ete.) son anteriores la consttucién de una ciencia matemstica y que ciertos ‘conocimientos fisicos se deben, igualmente, un sentido comiin precientifico. Sélo que cusindo los ma- Tematicos, fisicos 0 flésofos se ocupan del pensa- 0 rr ee lento cotdlano y tatan de imaginar cm fa ele Tomado sus noctons, por fo general ae contentan con tina recostrucelon arbitra (una recontrucion te fanilarmente podriamos_denominar sce Buen fst) admiten Ge forma hnplcta que como el Fenserisat comin ese de odo el mundo, cada cual th capastato pura saber de qué mane proce Se stbreentionde que todo el iundo et pacslog, pero cunnio se tata de génesiso queda he Feme Eo que tomar algunas precuconss A, por elem plo Sin por ello negar lav invertgnciones cog Es'y sotoliics, pares prodenteexanna al es poco como se fran en realidad lat rales del co Tocimleno artmetce y lag del copocimlent flee ne ito poqueto ‘a anise ene spo permite, ante todo, des carlar una fundamental confusion que, etamente, Tm contbuldo a osirecer la tseuign de que i tamow No hay dada de gue to conocmento sup. te una itereaign de experiencia y parece Inte fable que, sin una maniplacion de os obele, el Sito no Hcgaria a consti as correspondent de tno por une gus fe sien pars elborar ef mimeo Cater nia door qu Ik sae unos cuntos hjetos es siempre la mista eualgulera que seu su. eden ds emumacio, ee lio na verdad come Tidat'y sobre te Ta operacionsarersa 4— stipe echar mano de fs caperencla esto os fae bien vlido para la tanaidad lies elemental ab, Bec, por tanto, A=, Que 0 so Smpone en Shcouto de manera necesaria antes de los sls © Site ats en el eso de as longtdes, een mo to antes de tos nuove aos ctl cso de Tos ose. Temes visto © mona sujeton de och y cre aes 4 {que admitian, por ejemplo, que una barra de latén A tiene exactamente el mismo peso que una barra de Jatén B de las mismas dimensiones; luego recone. cian, al ponerlas en la balanza, y a pesar de su pre- visién contraria, que la barra B tiene el mismo peso fgue una bola de plomo C; y, finalmente, cuando se trataba de saber sila barra A pesaba fo mismo que Ia. bola C —sabiendo ya, insisto en ello, que AmB y BSC, respondian tranguilamente: «No, esta Vez pe ‘ard inds el plomo porque normalmente es més Pe sados. En resumen, podemos conceder a los partidarios de Ia experiencia que incluso las verdades Iogicas y aritméticas mas simples y mis generales se constr: yen con ayuda de aquella, sates de dar higar a una Imanipulacién operatoria puramente deductiva, Pero ede qué experiencia se trata? Y se puede asimilar Sin més a experiencia ldgicomatemdtica de los ni- veles preoperatorios a Ia experiencia fisica de los mismos niveles o de niveles lteriores? El examen de los comportamientos del nifo frente a los objetos prueba que existen dos tipos de expe- riencias y dos tipos de abstracciones: uno euando la experiencia se refiere a las cosas mismas y per mite descubrir alguna de sus propiedades; otro, cuan- do la experiencia se refiere a coordinaciones que no estaban en las cosas, sino que han sido introducidas por Ia acciin —utiizando aquéllas— para sus pro- pias necesidades. Existe en primer lugar (y decimos en primer lugar, porque esto es lo que habitualmente se entiende por sexperiencia», aunque no se trata de un tipo genéti- camente anterior, la experiencia del objeto que con- duce a'una abstraccién partir del mismo: la expe- 2 riencia fisca, que es propiamente un descubrimiento de las propiedades de las cosas. Descubrimiento que, por otra parte, supone siempre tal 0 cual accién, pero une accién particular relativa a ana determina a cualidad del objeto, y no, no solamente, las coordinaciones generales de ls sccién. Por ejemplo el nfo que descubre el inesperado hecho segtin el ‘cual una bola de plomo puede tener el mismo peso ‘que una barra de latén, vive una experiencia fisiea Y abstrae su descubrimiento de los objetos mismos, aun ulilizando Ias acciones particulares de sopesar, En cambio, cl nifio que cuenta dies eantos y des ccubre que siempre son diez incluso cuando permuta Su orden, hace una experiencia de naturaleza com pletamente distinta: en realidad no experiments s0- bre los cantos, que simplemente le sirven de instru ‘mentos, sino sobre sus propias acciones de ordenar Yy enumerar. Y, en efecto, estas acclones presentan ‘Jos caracteristicas muy distintas de la accién de so- ‘pesar, En primer término, son acciones que enrique: ‘cen el objeto con propiedades que no tenia por si mismo, pues la coleccién de cantos no tenia en si ni orden ni ntimero independientemente del sujeto. Es dete cl que abstrae tales propiedades partiendo de sus propias acciones y no a partir del objeto. En segundo lugar, son acciones generales, 0, dicho con ‘més precisidn, cootdinaciones de acciones. Efectiva- mente, se actéa siempre introduclendo un determ!- nado orden en los movimientos (se clasifiean © «se Serian las cuestioness), mientras que «sopesars es tuna aceién mucho més particular. Por otra parte, estas coordinaciones generales se transformaréa muy ipidamente (a partir de los siete u ocho fies) en ope- 6 raciones interiorizadas, de manera que en el siguien- te nivel el nino no tendré ya necesidad de experimen- tar para saber que diez serin siempre diez indepen dientemente del orden seguido: lo deducirs por ‘operaciones légieas. Y, en cambio, no deduciré los pesos de los objetos sin suficientes datos previos. ‘Igualmente, descubrir que A=C si A=B y B=C, es una experiencia relativa a Ia coordinacién general de Jas acciones: esta experiencia puede aplicarse a los pesos 0 cualquier otra cosa, pero no tiene como resullado abstracr Ia transitivdad de los objetos en cuanto tales, aunque éstos confirmen en general dicha Tey, que dopende de la aceléa antes de ser una ley del ‘ensamiento, Cierto es que el nie sélo considera esta ‘ransitividad como operatoriamente necesaria en los ‘campos en que antes ha introducldo ciertas nociones de conservaci6n: las cantidades simples (longitudes, teétera) hacia los siete aos, 1os pesos hacia los nuc- veo dlez aos, ete. Pero esto no significa que Ia tran- sitlvidad se extraiga de Ia experiencia fisica; en soguida vamos a ver que las nociones de conserva clgn son producto de una construccién léglea Mientras tanto, podemos concluir que la psicolo. sia infantil posibitita al menos un inicio de dilucida- cidn en lo referente a nuestro primer problema epis: temolégico. El hecho de que los inicios del conoct ‘miento matemdtico sean experimentales no permite asimilario al conocimiento Fisica: en vez de abstraer ‘su contenido del objeto mismo, contribuye desde el principio a entiquecer el objeto con relaciones que ‘emanan del sujeto. Con anterioridad a la construc- cidn de las leyes del pensamiento, dichas relaciones roceden de coordinaciones gencrales de la accién; pero ni esta naturaleza activa, nj el hecho de que el a4 sujeto necesite una cierta forma de experiencia antes de aprender a deducis operatoriamente, impiden a ins citadas relaciones expresar las capacidades de cons- truccién del sujeto por oposicién a las propiedades fisioas del objeto. [LAS NocIONES DE cONSERVACTON Como segundo ejemplo tomaremos el problema de las nociones de conservacién. Es sabido que Emile ‘Meyerson, con un raro vigor de peosamiento y una endicién poco comin, demostr6 Ia naturaleza mixta dd los principios de conservacién: las nociones «pla. siblese desde el punto de vista de la experiencia, es decir, nociones cuya experiencia fisica proporciona 1 contenido pero que no basta para imponer la ne- cesidad, serfan debidas, en tanto que exigencias ne- cesarias de pensamiento, al poder de eidentiicaciéne que caracterizaria, por sf solo, la deduccién racio- nal. Nuestra intencién es limitarnos a examinar aqut el problema de saber si, en la construccién de las ‘acciones de conservacién, el papel del espiritu se Te duce a dicha Identiicacién o si también corresponde al pensamiento comprender el cambio. En otras pee labras: nos gustaria poder decidir silo sdiverso» fs slompre irracional 0 si la razéa esta capacitada para actividades distintas de ta pura y simple iden- flcacién, ‘Nucvamente empezaremos sefalando la naturaleza bastante primitiva de las nociones de conservacién. Si bien ha sido necesario esperar a la aparicion de Js fisiea clentifica para descubrir la conservacién del ‘movimiento rectilineo y uniforme (Inercia), la de la 6 cenergia, ete, los presocriticos admitfan ya, in duda, Ja conservacion de la materia y el propio’ Meyerson oma en consideracién el esquema de la permanencia del objeto cuando éste sale del campo de la percep- cidn. Ademés, lega incluso a atribuir dicka conser ‘vacién al animal (al perro que persigue a una liebre) ¥ 8 todas las formas del pensamiento. Esto quiere decir que los datos proporcionados al respecto por Ja psicologia infantil pueden tener un cierto signi ficado, Estos datos son de dos clases: unos relatives @ los niveles de desarrollo en los cuales se constituyen las noclones de conservacién, y otros relativos a su pro- fo modo de constitucién En lo que concierne a Tos esiadios de aparicién, es preciso poner interroyantes a la crecncia de que la Construceién de invariantes aparece tan precormen- fe como algunos han afirmado, Hay que distinguir os casos al respecto: el de invariantes sensomoto- ras, tales como el esquema del objeto permanente ¥ Tas constantes perceptivas de la magnitud, de la for- ma 0 del color; y el de invariantes del pensamiento ‘mismo, tales como la conservacién de los conjuntos, de las magnitudes'espaciales, de las cantidades fist fas, ete. Aunque nuestros datos sobre las fechas de formacién de las constantes perceptivas son todavia, Insuflcientes (segin Brunswink y Cruikshank, no hay constancia de las magnitudes antes de los seis meses poco mis © menos), en cambio es cosa sabida que ‘1 esquema del objeto permanece (la bisqueda de un objeto que desaparcce completamente detrés de una pantalla) s6lo se consiruye en el transcurso de la segunda milad del primer afio: al principio el bebé no adopta conducta alguna con respecto al objeto 6 desaparecido; luego, durante una fase intermedia, Jo busca aunque sin tener en cuenta sus sucesivos esplazamientos. As{ pues, el tipo de invariante de ‘ETupo que es Ia conservacién del objeto en el espa cio préximo se elabora Gnicamente en relaciéa con Ja formacidn del grupo prictico de los desplazamien- tos, es decir, en conexién con la organizacin del es pacio prictico en su conjunto. En cuanto a las inva- Flantes representativas, vinculadas al. pensamiento ‘mismo, su formacién es mucho mis tardia y slo ‘quedan terminadas en el nivel en que se constituyen Jas primeras operaciones léglcas de clases y de rela- Ciones (hacia los siete & ocho afos). "Tomemos como ejemplo Ia conservaciéa de un con- Junto de objetos: una coleccién de diez a veinte ca nieas contenidas en un vasito. Se pide al sujeto que Aeposite I mismo un némero igual de canleas azules enun vaso A y de canicas rojas en un vaso B de la ‘misma forma y de las mismas dimensiones: para no te ner que contar los objetos colocara con una mano una ceanica azul en A al tiempo que con Ia otra mano mete una canica roja en B, ete, Una ver formadas las dos colecciones iguales, se pide al nino que vierta cl contenido del vaso B en un recipiente C de distin. ta forma (un vaso mas alto y mas estrecho, 0 mas bajo y mas ancho, etc.) proguntindole si hay en A Jas mismas canicas que en € (luego, si hay en A las mismas que en D, etc, variando las configuraciones pereeptivas). Pues bien, los nifos pequefios niegan sta conservacion o al menos no Is eonsideran como ‘algo necesario: creen que hay mas canicas en C {que en A porque el nivel slcanzado por ellas es nis elevado; 0 bien, ereen que hay menos porgue el vaso es mis estrecho, ete. Por el contrario, hacia ls seis © a siete afios Ia coleccién empieza a ser concebida como invariante, independientemente de su configuracién perceptiva. “Vamos a examina ahora los motives invocados en favor de esta invariacién en el momento en que se ‘constituye, Tales motives son tres y estos tres tipos ide argumnentos se encuentran en todos los problemas aniloges de conservacién, faclles de imaginar por ‘tra parte (conservacion de la cantidad de materia, dal peso o del volumen de las bolitas de pasta para modelar a las que se da diferentes formas; conserva cidn de las longitudes 0 de las superficies a pesar del Aesplazamiento de los elementos, etc.). La. primera azn parece coincidir con el esquema de Meyerson Y se refiere exclusivamente a la identificacin: no se ‘ha quitado ni afadido nada —dice el nifo—, por tan- to, el nimero de canicas debe seguir siendo el mis. ‘mo. De todas formas, el problema que inmediata- mente se plantea es el de saber por qué esta identi ficacién aparece tan tarde. También los nos peque- ‘Ros saben, efectivamente, que no se ha quitado ni Aftadido nada, pero cuando se les pregunta de donde se han sacado las canlcas que segtin ellos hay de ms en C, puesto que no han podido salir del vaso B, bien dénde han ido a parar las canicas que faltan fen C y que anteriormente estaban en B, eluden la ‘cuestin sin més: se limitan a constatar que la co- leecign final (C) les parece mas grande 0 més peque. ‘Aa que la anterior (B), aun reconociendo Ia eviden- cia de que en el momento del trasvasamiento no se Jha Introducido ninguna canica desde fuera ni tam- poco se ha sacado ninguna de las que habie, ¢Por ‘que los niios pequetios son insensibies a la identifi cacién, mientras que los mayoreites Ia invocan? 6 Justamente por el hecho de que la identidad de las ‘olecciones By C no es el punto de partida del razonamiento del niflo, sino sélo su resultado os ‘La segunda razén invocada apunta, en cambio, al proplo mecanismo de! naciente razonamiento opera: forio. Se trata de la reversibilidad simple. Se ha vertido Ia colecciéa B en C —dice el nino, pero ficilmente se puede volver a echar la coleccién C en By con ello se vera que nada ha cambiado. Finalmente, la tercera razén es la reversibilidad aplicada a las relaciones en juego, es decir, la com: pensacién de las transformaciones relativas: la co- Teccién depositada en C alcanza un nivel mas elevs ddo que en B, pero es més estrech; una de las modi Ficaviones compensa a la otra y, por tanto, el produc to relativo es el mismo, Pues bien, esta reversbilidad, cuyas primeras ma- nifestaciones son muy generales en el estadio de los siete w ocho ats, es ia expresign de la transformacién de las acciones en operaciones. La accién elemental es un proceso de sentido tnico, orientada hacia un fin, y todo el pensamicnto del nifio pequeio, que se redhice a una interiorizacién de las. seciones como representaciones imaginadas, sigue siendo irrevers- bbe precisamente en tanto que subordinado a la faccién inmediata. Por el contrarie, las operaciones ‘son acciones coordinadas en sistemas reversibles ta: Jes que cada operacién corresponds 2 wna posible ‘operacién inversa que la anule. Pero esta reversibili- dad es tardia en el plano del pensamiento, porque ‘supone una inversion del curso natural de las acclo ‘nes —s no del curso natural de los propios aconteci- ‘mientos— exteriores € interiores (el curso de la 4 conciencia, que se ha deserito como Yo que traduce los datos sinmediatoss, es el modelo del fujo iere- versible), ‘Ast pues, Ia ausencia de invariantes, tan caracte- ristica del pensamiento del nifo pequeso, no es més ‘que Ia consecuencia de la irreversibilidad inicial del pensamiento; y la construccién de las primeras no- Clones de conservacién se debe, por el contrario, a Ia reversibilidad constitutiva de las primeras opera clones coneretas del espiritu. Desde este punto de vista, resulta obligado considerar Ia identidad como un producto —el producto de la composicién de las ‘operaciones directase inversas— y no como un punto de partida. Por consiguiente, el origen de los prin- Cipios de conservacion esta en el grupo de las trans- formaciones como tal (o en cualquier otro sistema reversible andlogo aun grupo), y Ia identidad (0, icho con mas precisidn, Ia eoperacién idéntica») no ‘es més que uno de los aspectos de este sistema de Conjunto, aspecto inseparable de las propias trans- formaciones. ‘A partir de agui se advierte inmediatamente la ana- logis entre el modo de construccion de las invarian- {es clementales y el que encontramos en la fisica misma. La elaboracién de todos los principios de ‘conservacisn va solidaslamente unida a la elabors- cidn de un sistema operatorio de conjunto y, en pre- sencia de tales sistemas, resulta singularmente pe- novo disociar el elemento de transformacién det de fdentidad, como si este dltimo hubiera que reservar To para la razén y como si toda transformacién ocul tara necesariamente un factor irracional. En real dad, transformacién e identidad son siempre indi sociables y la posibilidad de establecer una concor 50 ancia entre ellas es lo que consttuye la tarea propia {e la razin, El estudio genstico de la inteligencia aporta a este respecto tin argumento decisivor ni la fdentificacién, ni siquiera Ia semejanza preceden a In organizacidn del cambio 0 de Ia diferencias los ine ‘trumentos operatorios apropiados para coordinar unas con otras se constituyen solidariamente [La NATURALEZA L6OICA DEL NUBIERO ENTERO Un tercer ejemplo nos servirt para mostrar Ia diversidad de los problemas que una epistemologia ‘genética puede examina recurriendo a la psicologia Infantil, Se trata de In naturaleza Iogica ode la intuicion sui generis del mimero entero. En efecto, fs sabido que algunos matematicos, los més ilustres de los cuales son Poincaré y Brouwer, consideran el ‘ndimero entero como irreductible a las estructuras ligicas y objeto de una intuicién racional directa © Independiente, Por el contrario, los légicos, @ partir de Frege y Russell, pretenden derivar sin més los himeros enteros de estructura: de clases y relacio- res ldgicas. EI nimero cardinal constituirfa ast una clase de clases equivalentes cuyos elementos se co- rresponden término por término. Por ejemplo, las clases ldgicas formadas por los mariscales de Napo- Jeén, los signos del Zodiaco, los apdstoles, ete, Pe den'entrar en una misma clage si hacemos corres ponder los elementos de una de ellas con los de las otras; y la clase de estas clases constituye entonces el niimero 12, ya que la tinica propiedad comin de Tas clases componentes es, en este caso, formar tn conjunto particular que se designa con la cifra 12, 3 el mismo modo, el niimero ordinal puede ser cons: ‘ruido sin mis por correspondencia entre relaciones asimétricas transitivas o relaciones seriales. Por con- siguiente, en la estructura del mero entero no habria nada més que formas exclusivamente logicas, ‘Asi pues, el problema que nos planteamos es el de saber sila elaboracion del nimero entero por el pensamiento efectivo (y, por tanto, por el pensamien- fo como acto mental, independientemente de ss relaciones con las teorias deductivas formalizadas) verifica Ia primera 0 la segunda de las soluciones citadas, Se objetaré, sin duda, que este nimero «na- turaly no es el de las mateméticas, 1o cual significa ue, aun cuando el espiritu esponténeo proceda en «realidad» de una determinada manera, las teorias formalizadas pueden fundar el némero’a su modo Pero también aquf esté claro que la nocién de nime- rw ha sido anterior a la constitucién de una aritiné- tca cientiica y que si existe una intuicién elemental el numero o una vinewlacién constitutiva entre el nnimero y las clases o las relaciones légicas, esto debe verficarse en primer lugar en el terreno pre- cienttfico. Pues bien, una ver més, In psicofogia genética pro- poreiona sobre este punto st contribucién parcial, luna contribueida que no se hubiera podide prever sin consultar antes a la propia experiencia. En rea- lidad, 1a construccién del numero no se basa ni en ‘un mecanismo extralégico como la intuiién invocada por Poincaré y Brouwer ni en la légica pura en el sentido de Froge y Russell, sino en una sintesis ope- ratoria cuyos elementos son légioos sin que las ope- raciones salidas de su coordinacién formen parte de Jas operaciones de clases o de relaciones. En con 2 | ‘lusién: ta solucién sugerida por el estudio psicoge rético no corresponde a ninguna de las dos tesis en fuestién, sino auue se encuentra situada a medio cx ‘mino entre ambas. La dificultad psicolégica de Ta tesis de una inti cién primitiva del nimero radica en que la serie de fos mimeros caracterizada por la operaciéam+1 sélo se descubre en solidaridad con Ia constitucién de las operaciones de clases y de relaciones. En el nivel preoperatorio (antes de Tos seis o siete afios) en cl que el niflo no llega a construir: las invariantes hecesarias para el razonamiento, al no darse opera- Cones reversibles, es perfectamente capaz de cons- tir los primeres mimers, que podemes, denom nar figurados porque corresponden a disposiciones fespaciales simples y dfinidas (del uno al cinco 0 ‘els, sin ef cero), 1o mismo que razona por medio Ge preconceptos correspondientes a colecciones in {uitivas. Pero incluso en lo que eoncieme a Tos con- juntos de cinco o seis objetos, el ifio no esta segu: ro de su conservacién. Cuando, por ejemplo, pedi mos a un sujeto de cuatro o cinco afios que ponga sobre Ia mesa tantas fichas rojas como hay en una hilera de sels fichas azules espaciadas, empieza ha- clendo una hilera de la misma longitud independien- femente de la correspondencia término por término; fuego, forma una hilera con correspondencia exacta, sélo que se funda todavia en un eriterio exdusivar mente perceptive. En efecto, cl nifio coloca cada fi Cha roja frente a la fcha azul correspondiente, pero Siespaciamos o juntamos més los elementos de una de as dos hileras eree que la equivalencia ya no se conserva y se imagina que Ja hilera més larga con tiene més elementos. Cnicamente a los seis afios y 53 medio 0 & los siete alos, es decie, en conexién con Ja formacisn de otras nociones de’ conservacion, ad- mitird la invariacién del todo independientemente de la posicién espacial. Por lo tanto, resulta dificil hablar de una intuicién del nimero entero antes de este altimo nivel. ;Y estd claro que una intuicién que no es primitiva deja de ser una intuicién! 2Cémo se construyen, pues, Ia equivalencia entre os colecciones y Ia conservacién de dicha equiva Tencla? Ahora es cuando intervienen necesariamente ‘operaciones de naturaleza légica, lo cual parece dar Ja razén a Ta tesis de Russell. En efecto, es notable {que la construcelén de In serie de los némeros en: teros se efectiie precisamente en el nivel intelectual (Geis a siete afos) en que se constituyen las dos prin- cipales estructuras de la logica cualitativa de las cla- ses y de las relaciones: en primer Iugar el sistema de los enclasamientos por inclusién, fundamento de la clasificacfon (as clases A y A” son incluidas en B; las clases By BY en C, ete.) y en segundo lugar el encadenamiento 0 la seriacién de las relaciones asi- miétricas transitivas (A mds pequefio que B, B mis pequefio que C, etc). Ahora bien, la primera de es- tas dos estructuras interviene precisamente en la ‘conservacién de los conjuntos: la conservacién de tun todo supone, en efecto, un juego de inclusiones Jerirquicas que vinculan con dicho todo las partes ‘de que esté formado, La seriacién, por su parte, interviene en el orden de enumeracidn de lor ele. rmentos ¥ constituye psicolégicamente una de las condiciones de posibilidad de Ia correspondencia, 2No podrlamos decir entonces que Ia psicologia ge rética verifica Ja doctrina de Russell sobre Ia. natu: raleza Iégiea del mimero, puesto que cada uno de oA los componentes de éste tiene en suma sus raices en ‘una estructura puramente légica? En un sentido, si. Pero las cosas se complican cuando se trata de determinar Ia naturaleza de esta foperacién de correspondencia que asegura la equ valencia entre las clases. En realidad, existen dos ormas de operaciones de correspondencia: una «cua. Titativas, que se funda en la identidad de cualidad de los elementos en correspondencia; y otra ecual- quieras, que hace abstraccién de dichas cualidades. Cuando un nifio dibuja un monigote en referencia ‘con un modelo pone en correspondencia las partes de su dibujo con las del modelo: hace corresponder tuna cabeza con una cabeza, una mano lzquierda con tuna mano igquierda, sin que estos elementos sean Intercambiables. Aqui se da, pues, correspondencia cualitativa, ya que cada elemento esta caracterizado por cualidades definidas sin que podamos hablar e una unidad cualquiera. Por el contrario, cuando el mismo nifio hace corresponder seis fichas rojas con seis fichas azul es irrelevante el que cualquie- ra de las sogundas corresponda a cualquiera de las primeras, siempre que haya correspondencia de ‘demino a término. La correspondencia es ahora una ‘ecualquleras, puesto que se hace abstraccién de las cualidades, ¥ los clementos asf despojados de sus caracteres distintivos se transforman en unidades in tercambiables, ‘Ahora bien, cuando el 1égico nos dice que la clase de Tos mariscales de Napoleén es equivalente a la de los signos del Zodiaco y a la de los apéstoles de Cristo, siendo la clase de todas estas clases una «cle se do clases equivalentes» que consttuye el mime. ro 12, ¢se trata de una correspondencia «cualita- 55 va» o de una correspondencia «cualquicras? No hay ada que se trata de la segunda, puesto que entre el ‘mariscal Ney, el apdstol Pedro y el signo de Céncer no existen cualidades comunes: los elementos. de ‘cada clase corresponden a Tos de las otras clases en tanto que unidades intercambiables y_abstraccin hhecha de sus cualidades, Psicoldgicamente, la explicacién del ndmero car. inal mediante las operaciones de clases se basa, pues, en un circulo vieloso; se nos habla de una cla se de clases equivalentes como si su equivalencia resultara de su naturaleza de clases, mientras quc ha cempezado descartindose Ia correspondencia «cuali tativas (que sélo deriva directamente de Ia natura: Teza de las clases l6gicas) en beneficio de una co- rrespondencia «cualquiera», sin darse cuenta de que ésta misma transforma ya los elementos individuales cualificados de Ia clase en unidades numéricas. En consecuencia, se he transformado Ta clase en ndme- 1, pero introduciendo desde fuera el mero por ‘mediacién de la correspondencia «cualquiera. En realidad, el niimero entero es un producto de ‘operaciones Iégicas (y solo hasta agus fa psicologia, infantil confirma la tesis de Russell), pero combina Tas operaciones entre si de una forma original que es irreductible a la pura logica y, en este sentido, ces necesario recurrir a una tercera solueién que st pere a la ver la de Poincaré y Ia de Russell, Esta tercera solucion es my sencilla, Sea tn com junto de elementos A, B, C, etc. Si el sujeto se atene 4 sus cuslidades puede clasifcarios en principio de diversas maneras, lo cual le Meva a reunirlos segin ‘sus semejanzas (0 diferencias), pero independiente- ‘mente del orden (si A es equivalente a B, el uno no 56 precede al otro ni le sucede); © bien, puede orde- nnarlos por sus magnitudes o su posicién, ete, pero ejando entonces de lado sus semejanzas, En el pri ‘mer caso los elementos del conjunto son reunidos fen tanto que equivalentes y en el segundo caso en tanto que diferentes, pero las operaciones lézicas elementales no permiten relacionar dos objetos si- multéneamente en tanto que equivalentes (clase) y fen tanto que diferentes (relaciones de orden). En ‘cambio, transformar estas operaciones légicas en ‘operaciones numérieas consiste en hacer sbstraceién de las cxalidades y, por consiguente, en considerar en todo (1 =1) ya la vez como distintos (como distintos porque su enumerscién, independientemente del or- en elegido, supone siempre —al no haber otro ca- eter distintivo— que uno sea designado antes 0 después que el otro). Asi pues, el ntimero entero es psicoldgicamente una sintesis de la clase y de la Felacién asimetrica transtiva, e¢ decir, una sintesis de operaciones légicas, pero coordinadas entre si de forma nueva, en razén de Ia liminacién de las cua: lidades distintivas. Por eso en To fnito todo niimero ‘entero implica simult4neamente un aspecto cardinal ¥ un aspecto ordinal A partir de estos ejemplos puede verse que el anilisis genético de un conjunto de nociones 0 ope- ruciones suscita més pronto o més tarde problemas epistemoldgicos, Pero es posible, naturalmente, sub- cstimar Ia importancia de tales problemas en la me- ida en que se olvide que el pensamiento acabado ce el producto de una larga construccién. «Ya no so- ‘mos nifoss, respondié una matemdtico a quien se le estaba exponiendo la confusién de las dos formas fe operaciones de correspondencias que permite a i sll psar de aso culate a a 3 : tien sumesen Elo go obtne al ncoreamos | ton el bidlogo que la diferenciacién embrionaria de NECESIDAD Y SIGNIFICACION DE folios detting ffs tat ale Beep o SIGNIMICACION DE Las ta do codaa ol ssado lara de le cot ST CACrONES, COMPARATI cimientos como tna situaciin sin signiieado teérico y utilaaremos el nuevo método de andlisis que ofre- fe la psicologla genética como un instrumento su: plementario para ta informacién epistemolégica; | Instrumento que es irrelovante, ciertamente, en un considerable niimero de custiones especiales, pero que resulta indispensable en el caso de cuestiones fds generales, puesto que stas se refieren a las nociones mis primitivas, es decir, precisamente a Jas més accesibles para la investigacion genética