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Antes de todo, compréndanme…

No crean que es mi intención aburrirles desde el comienzo con un alarde de


vanidad. Nada más alejado de la realidad, se lo aseguro. Lo que ocurre es que
necesito justificarme.

La justificación es mi “sino” en esta vida. Si contara las veces que me justifico


al día, sin duda sobrepasaría la veintena. Pero el problema es que la
justificación es un arma de doble filo: por una parte te permite rodear con un
halo de seria racionalidad todo lo que haces, pero por otra, puede que al final lo
que termines justificando sea tu propia inactividad. Y eso, precisamente, es lo
que trato evitar a toda costa.

Así que, aquí mi justificación para el docto lector en cualquier materia (si lo
hubiera): Tengo una gran imaginación. Aunque es difícil que ahora comprenda,
le aseguro que dentro de un par de párrafos verá la luz… o mejor dicho, la total
ausencia de ella.

Para el resto, más que una justificación, una disculpa: Tengo algo que contar
y desgraciadamente, soy incapaz de hacerlo de otra forma que no sea, como
dice la canción, “A mi manera”.

Los comienzos.

Verán. Dicen que la imaginación es muy mala porque nos quita los ojos de la
realidad, pero yo disiento. Para mí, lo que es realmente malo, es el
aburrimiento. Él y sólo él, es el responsable de que de pronto, el pensamiento
extienda sus alas para, escapando por la ventana de toda lógica, volar tras el
humo de los sueños.

Y yo me aburro, evidentemente…, porque tengo tiempo. Lo confieso.


Así que me pongo a imaginar casi siempre cosas tontas y sin importancia,
como por ejemplo, permítanme la ñoñería, en una invasión alienígena. ¿No lo
han hecho alguna vez? ¿No han soñado en como sería el encuentro? Yo sí,
muchas veces, sobre todo ahora, que la NASA ha llegado a Marte.

Porque antes con lo que más soñaba era con que encontrásemos vida en otro
planeta. Puede que muchos no perciban la diferencia, pero la hay y mucha. Si
somos nosotros los descubridores, lógicamente seremos la civilización más
desarrollada, pero si son ellos los que contactan, entonces la cosa se complica,
ya que si vienen en son de paz, bien, pero si no…

A veces, también sueño también con viajes en el tiempo. Siempre hacia el


futuro, claro, porque no soy de las que considero que cualquier tiempo pasado
sea mejor. Pero si el futuro no fuese posible, por eso de que “todavía está por
hacer”…, lógicamente tampoco le haría ascos al pasado. Es más, si tuviera que
elegir fecha, lo tendría claro: 1492. De esta forma vería cumplido dos sueños:
el del viaje en el tiempo, y el descubrimiento de un Nuevo Mundo.

Fue precisamente siguiendo el hilo de estos pensamientos, cuando un día sin


proponérmelo, llegué a la figura del Almirante Cristóbal Colón. Y lo
reconozco…, enseguida quedé fascinada. Desde entonces, no paro de
imaginar. Él, y sólo él es el culpable de que ahora tenga algo que contarles,
porque adentrarse en la vida del Almirante, es adentrarse en el mundo de la
maravilla. ¿No me creen? Bien, lean y juzguen.

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