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investigacion cientifica en venezuela

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EDITORIAL

Acta Científica Venezolana 52: 1-2 , 2001

La Universidad Venezolana: ¿Docencia contra Producción Científica?
Antonio Eblen-Zajjur Facultad de Ciencias de la Salud Universidad de Carabobo aeblen@uc.edu.ve

La situación universitaria venezolana requiere una profunda y especialmente objetiva reflexión que amalgame las diversas tendencias del pensamiento en aras de respaldar la comunidad ideal y universal de valores humanos que la conforma. Me aventuro a realizar algunas reflexiones mas con la osadía del ingenuo ignorante que con arrogancia del poseedor de la verdad. Muchas universidades crearon Cátedras y Facultades mediante la contratación selectiva de recursos humanos de alta calificación, caracterizados por ser investigadores de renombre nacional e internacional, que sin importar su nacionalidad y con demostrada capacidad en la producción de conocimientos, fueron los pioneros. La fase de fundación y consolidación de estos grupos permitió la creación de semilleros de estudiantes que eventualmente se incorporaron a las Cátedras completando y generando la tan vital tríada de producción universitaria: Investigación, Docencia y Servicio/Extensión. El país obtuvo lo que requería en términos de profesionales en las áreas prioritarias de la Medicina, la Ingeniería, el Derecho y la Educación, proceso en el que varios alumnos fueron ganados a la idea de la investigación y la generación de conocimiento en la universidad. Un evento socio-político de la década de los años 70 transformó radicalmente la actividad universitaria de entonces y hasta el presente, se trató de la masificación estudiantil, la universidad libre y popular en la que, casi de la noche a la mañana, se incrementó indiscriminadamente la matrícula, llegando en algunos asignaturas a pasar de 100 alumnos por año a 1000 ó 1500 alumnos por año. Los recursos docentes colapsaron, el numero de profesores de alta calificación se hizo ridículamente escaso y en consecuencia, la masificación estudiantil trajo implícita la masificación docente, la incorporación rápida, muchas veces descontrolada, de profesionales que con la categoría de contratados, cumplieron las enormes cantidades de horas docentes y que junto a los investigadores se vieron inmersos en un docentismo voraz, sin tiempo para las actividades científicas o de extensión, con una homologación salarial presentada como un gran logro, pero que en la realidad, junto a los demás factores y luego de casi 3 décadas, terminó por amputar y diluir todo deseo por la vinculación social, la investigación y el aporte de conocimientos pertinentes. Los deficitarios presupuestos universitarios, impidieron la oferta de concursos de oposición adecuados en numero y calidad, lo que unido a la caída en el poder adquisitivo

del docente universitario hizo a la universidad poco atractiva como carrera de vida. Los pocos que respondían al llamado Universitario fueron un puñado de idealistas con empeño verdadero y amor a la universidad acompañados de una cantidad de oportunistas que sin otras alternativas profesionales también se incorporaron pero para vivir de la universidad y no para la universidad. En éste contexto, las actividades de investigación llegaron a ser consideradas sólo para genios o en el mejor de los casos, como actividades de pasatiempo marginal realizadas por unos pocos cuando la carga docente lo permitiera. La evaluación de las universidades al igual que sus presupuestos anuales llegó a fundamentarse en el número de sus egresados, lo que conformó la universidad “docentista” que se hace necesario reformar. La ley contempla el ascenso de los profesores en el escalafón universitario mediante Trabajos de Ascenso los cuales, ya sea por tratarse de profesionales contratados, falta de capacitación en investigación, sobrecarga docente, interés exclusivo en el aumento salarial, o por algún otro factor bien sea coyuntural o permanente, no presentaron la calidad suficiente para cristalizarse en publicaciones que difundieran conocimientos pertinentes. Aún en la actualidad, pocas son las universidades nacionales que se aventuran a presentar el porcentaje de Trabajos de Ascenso de sus profesores que generan publicaciones en revistas acreditadas nacionales o internacionales. En la década de los 90 y ante la experiencia relativamente favorable de otros países latino americanos, surge una serie de bonificaciones que intentan motivar y premiar a quienes rompiendo el esquema docentista tradicional y a pesar de todos los factores adversos ya descritos, producen conocimiento relevante plasmado en publicaciones acreditadas. Se trata del Sistema de Promoción al Investigador (SPI) el cual, es un medio de acreditación de científicos nacionales, que se vinculó, por decisión gubernamental, a la asignación de parte del presupuesto de las universidades en el denominado coeficiente variable. Esto obligó a las universidades a incentivar y promover sus actividades científicas así como a incorporar y capacitar intensa y agresivamente recursos humanos que garanticen el incremento en el número de investigadores acreditados y así elevar la asignación de sus presupuestos. Según cifras del Consejo Nacional de Universidades y de la Oficina de Planificación del Sector Universitario, para el año 2.000, el porcentaje de científicos acreditados en las universidades nacionales fue apenas un 9% de los 17.629 profesores con dedicación exclusiva o tiempo completo, quienes paradójicamente, deben realizar actividades de investigación por Ley. El ingreso de un investigador a la universidad no es tarea fácil. Aunado a la dificultades propias de todo inicio en un ambiente nuevo, el investigador debe lidiar con la apatía e inercia de sus colegas improductivos. Es aquí donde debe hacer énfasis en no ceder a la tentación de invertir esfuerzo y tiempo en motorizar cambios de actitud mucho

menos de aptitud, en colegas que no han mostrado interés en la investigación durante 10 ó 15 ó 20 años. Mucho más productivo es concentrar esfuerzos en la selección e incorporación de estudiantes a las labores de investigación, son ellos la verdadera esperanza de cambio universitario y de producción de conocimientos, además de generar verdaderas vocaciones de investigadores. Es menester hacer mención al culto del “Congreso o Simposio” en el cual y de manera muy difundida, el docente lleva su investigación sólo hasta la presentación de un resumen en un Congreso o Simposio. Esta práctica es considerada, por un gran grupo de docentes, como el objetivo final de la investigación al punto de darle erróneamente la categoría de “publicación”. En la otra cara de la moneda, lamentablemente, muchas investigaciones universitarias de calidad no son enviadas a revistas científicas acreditadas, por falta de asesoría, limitaciones de idioma, subestimación de nuestro propio trabajo, o por simple temor. ¿Cómo incrementar la productividad en las universidades?, una respuesta simplista a esta pregunta sería irresponsable, sin embargo hay que considerar alternativas que si bien no son la solución podrían formar parte de la misma, nos referimos a una serie de propuestas que en su conjunto deben ser consideradas y discutidas; medidas como la exigencia del título de Maestría o Doctorado para el ingreso, un número preestablecido de publicaciones debidamente acreditadas para el ingreso y para la permanencia, un proyecto de investigación aprobado por un ente financiador, la eliminación del Trabajo de Ascenso y sustituirlo por publicaciones en revistas científicas acreditadas nacionales e internacionales las cuales al contar con múltiples árbitros externos a la universidad garanticen la originalidad, la pertinencia y la trascendencia de la investigación. La implementación de un adecuado y obligatorio plan de capacitación así como la creación de oficinas de asesoría científica dependientes de las direcciones de investigación de las facultades podrían ser de enorme ayuda en el incremento de la producción y difusión de los conocimientos. Es evidentemente que existen insuficientes candidatos que cumplan con el perfil requerido, lo que obliga a los Departamentos, Facultades y Universidades a realizar una intensa campaña de captación de recursos humanos de alto nivel, empresa por demás difícil en un país donde a la persistente fuga de cerebros se ha sumado la fuga de personal científico especializado. Se hace necesario convertir a la universidad en una alternativa atractiva como carrera docente y de investigación, en este sentido ya existen proyectos de promoción de la Carrera Académica Universitaria que intentan heterologar el salario en base a la productividad científica y humanística del docente, dichas propuestas deben ser apoyadas y enriquecidas en el entendido que las mismas premien considerablemente la productividad y eviten la permanencia del “docentista” improductivo. Esto último representa una justa y equitativa medida que junto al régimen

de permanencia estudiantil depurarían a nuestras universidades incrementando las oportunidades de ingreso de los más capaces. Ningún cambio impuesto por la fuerza es duradero ni sincero, su instauración es el mero uso de una máscara que lleva implícita una mordaza. El fin no puede justificar a los medios, por el contrario, son los medios racionales, espirituales y experimentales los que hacen a la Universidad y los que mediante su propia decisión lograrán los cambios que ella y el país requieren en libertad y paz. Antonio Eblen-Zajjur 2

EL GÉNERO EN LA CIENCIA VENEZOLANA (1990-1999) Hebe Vessuri y María Victoria Canino Hebe Vessuri. Antropóloga. Dip. Anthr., B.Litt. y D. Phil., Universidad de Oxford. Investigadora Titular, Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Dirección: Departamento Estudio de la Ciencia, Sección: Conocimiento y Desarrollo, IVIC, Apartado 21827, Caracas 1020-A, Venezuela. e-mail: hvessuri@reacciun.ve María Victoria Canino. Socióloga, Universidad Central de Venezuela (UCV), Candidata al Ph. Sc., IVIC. Profesional Asociado a la Investigación, IVIC. Dirección: Departamento Estudio de la Ciencia, Sección: Conocimiento y Desarrollo, IVIC, Apartado 21827, Caracas 1020-A, Venezuela. e-mail: mcanino@ivic.ve Resumen Se hace un intento de describir la condición de género en la ciencia en Venezuela. El estudio se centra en información de instituciones representativas de diferentes segmentos y niveles de actividad. El supuesto básico es que sólo cuando se acumule la información compilada en estos niveles estratégicos, será posible apoyarse en una fuente de datos más general, exacta y útil para la elaboración de políticas y para monitorear la evolución de la equidad de género y de la actividad científica nacional propiamente dicha. Mientras tanto, el nivel institucional, cuando se lo considera desde la perspectiva de los diferentes contextos de actividades relacionadas con la ciencia, proporciona una riqueza particularmente significativa. Se analiza la dinámica del género en la educación superior pública y privada, centros de I+D y en la actividad científica nacional, analizando un grupo representativo de instituciones venezolanas de educación superior e I+D. Se comenta documentación obtenida de estudios de casos particulares en base a entrevistas a investigadoras en diferentes disciplinas e instituciones y se discute el tema de la autoridad y el poder actual de las mujeres en los contextos académico y de I+D. Summary An attempt is made to depict the gender condition in science in Venezuela. The study concentrates on information from representative institutions of different segments and levels of activity. The basic assumption is that only when information compiled at these

strategic levels is accumulated, it will be possible to rely on a more general, exact and useful data source for the elaboration of policy and for monitoring the evolution of gender equity and of the domestic scientific activity proper. Meanwhile, the institutional level, when considered from the perspective of different contexts of science-related activity, provides a particularly significant interpretive richness. Gender dynamics is analyzed in public and private higher education, R&D centers and in the national scientific activity, considering a representative group of higher education and R&D Venezuelan institutions. Documents obtained from specific case studies based on interviews to female researchers in different disciplines and institutions are commented, and the topic of authority and power of women in the academic and R&D contexts today are discussed. Resumo É feita uma tentativa de descrever a condição de gênero da ciência na Venezuela. O estudo se centraliza na informação de instituições representativas de diferentes segmentos e níveis de atividade. O suposto básico é que só quando se acumule a informação compilada nestes níveis estratégicos, será possível apoiar-se em uma fonte de dados mais geral, exata e útil para a elaboração de políticas e para supervisar a evolução da eqüidade de gênero e da atividade científica nacional propriamente dita. Enquanto que, o nível institucional, quando é considerado desde a perspectiva dos diferentes contextos de atividades relacionadas com a ciência, proporciona uma riqueza particularmente significativa. É analisada a dinâmica do gênero na educação superior pública e privada, centros de I+D e na atividade científica nacional, analisando um grupo representativo de instituições venezuelanas de educação superior e I+D. Se comenta documentação obtida de estudos de casos particulares em base às entrevistas a investigadoras em diferentes disciplinas e instituições e discute-se o tema da autoridade e o poder atual das mulheres nos contextos acadêmico e de I+D. PALABRAS CLAVE / Género en Ciencia / Educación Superior / Investigación y Desarrollo / Recibido: 05/03/2001. Aceptado: 08/05/2001 Un problema que enfrentan quienes hacen política científica en América Latina es la falta de datos estadísticos respecto a grupos sub-representados. Si bien puede argumentarse que los datos cuantitativos son insuficientes para hombres tanto como para mujeres, el tema de las mujeres en la ciencia es particularmente opaco (véase Valdés y Gomáriz, 1992; UNICEF, 1992). En este trabajo se ofrece una visión de la situación del género en ciencia en Venezuela, a partir de una base empírica parcial. A pesar de su destaque y obvia relevancia, la perspectiva del genero fue descuidada en el estudio de las ciencias sociales hasta los años 60 o inclusive más tarde. Adoptamos aquí el uso del término género ya común en la literatura especializada, para referirnos, por oposición al sexo, a los roles y características socialmente diferenciados atribuidos al sexo biológico femenino y masculino. El género se usa como un principio de organización cognitivo o "esquema" para estructurar percepciones de uno mismo o de otros y para guiar el comportamiento individual con relación a ellos. Estas percepciones también forman parte de nuestra identidad (Cheung, 1999). El estudio se concentra en información correspondiente a

instituciones representativas de diversos sectores y niveles de la actividad en la década de 1990. Cuando se logre acumular información recopilada a estos niveles estratégicos, se contará con una fuente de datos más general, exacta y útil para la elaboración de políticas y para monitorear la evolución de la equidad de género y la propia actividad científica nacional. Mientras tanto, consideramos que las instituciones estudiadas son particularmente significativas y permiten aportar algunos elementos novedosos sobre el quehacer científico en esta nación sudamericana. El Género en la Educación Superior El número de mujeres que accedió a los estudios superiores en Venezuela creció en forma notable en el último medio siglo. En el proceso se fueron dando cambios en la concepción y organización de la vida institucional y en algunos contenidos respecto de los estereotipos nacionales e internacionales, especialmente como consecuencia del incremento en el número de mujeres estudiantes, docentes e investigadoras, pero también por otras causas eminentemente locales, que por falta de espacio exploramos en otros trabajos. El género en las universidades públicas a) La Universidad Central de Venezuela (UCV). La UCV es la institución matriz de la educación superior venezolana, fundada en 1826. Durante mucho tiempo fue la única institución nacional que proporcionó formación profesional y académica. En el presente, si bien comparte estas funciones con un conjunto de instituciones públicas y privadas, y aunque adolece de dificultades de variada índole, continúa siendo la institución que en términos numéricos produce el mayor contingente de egresados en ciencias e ingenierías en el ámbito nacional, y tiene el mayor número de programas de postgrado y de investigadores. Los egresados han aumentado en forma constante desde 1950 y ese aumento se ha dado en buena medida gracias al aporte femenino. La evolución de los egresados en la década de 1990 revela una institución con una población femenina dominante. El 66% de los egresados en dicho lapso han sido mujeres. A excepción de las Facultades de Ingeniería y Agronomía y Veterinaria en las restantes nueve predominan las egresadas (Tabla I). A diferencia de lo que se reporta con frecuencia en la literatura sobre el tema, la evidencia sugiere que las mujeres que buscan entrenamiento en CyT en Venezuela no encuentran obstáculos significativos. En la Facultad de Ciencias las mujeres predominan en la población total de egresados durante la década analizada con un total de 1186 (55%); de las cinco carreras que allí se ofrecen, ellas siguen sub-representadas en sólo dos: Física (donde son el 22,6%) y Matemáticas (36,7%), aunque ya constituyen la mitad o la mayoría de las carreras de Química (51,2%), Biología (67,8%) y Computación (55%). Con relación a las ingenierías, en muchos países éstas son consideradas un ámbito casi exclusivamente masculino, especialmente en campos como la Ingeniería Eléctrica o Mecánica. Hay excepciones, sin embargo. En la ex URSS todas las especialidades de ingeniería tenían elevados porcentajes de mujeres, en Cuba en 1988 se reportaba que el 55,3% de los graduados en ciencias exactas y tecnología eran mujeres (CEPAL, 1991) y en la Universidad Nacional de Ingeniería de Nicaragua en 1990 las mujeres constituían el 70% de los estudiantes de ingenierías (Koblitz, 1996). En la Facultad de Ingeniería de la UCV, que como dijimos es una de las dos facultades de esa universidad

que todavía guardan un perfil más "masculino", con 29,4% de mujeres entre sus egresados de la década de 1990, tiene sin embargo una presencia femenina variable en la población de egresados según las carreras. No hay egresadas en Ingeniería Hidráulica, de donde salieron sólo 3 egresados varones, y es mínima la presencia femenina en los egresados de Ingeniería Mecánica (15,8%). En las restantes es superior al 20%, y llega ya al 55,7% de los egresados de Ingeniería Química, al 47,6% en Ingeniería Hidrometeorológica y al 40,3% en Ingeniería Metalúrgica. En la Facultad de Agronomía y Veterinaria, la otra Facultad "masculina", las egresadas mujeres en la década bajo análisis son relativamente más numerosas en la carrera de Médico Veterinario (42,7%) que en Ingeniería Agronómica (39,5%). No obstante, estos valores indican que se ha dado una marcada feminización de la población en estas dos carreras cuyos egresados, por otra parte, experimentan dificultades en el mercado de trabajo (Vessuri y Cruces, 2001).

El género en el postgrado de la UCV: La población total de egresados de los diversos cursos de postgrado entre 1990 y 1999 fue de 7943, de los cuales el 74,6% correspondió a egresados de cursos de Especialización (Tabla II). De los egresados de los 150 cursos de Especialización ofrecidos por las diversas facultades en la década considerada, el 59,7% fueron mujeres. Los cursos de Maestría ofrecidos por la UCV en el mismo lapso fueron 166; en éstos la proporción de los sexos es pareja: las mujeres constituyen el 49,6% de los egresados. En el nivel del Doctorado en esa universidad la proporción de mujeres

egresadas, 47%, es un poco menor pero igualmente significativa. Los egresados del doctorado más numerosos fueron los del área de Ciencias Naturales y Exactas, siendo las mujeres el 54%, con números más expresivos en Química (59%), Biología Celular (68%) y Botánica (70%). En Ecología las mujeres constituyen el 45,2%, en Matemáticas el 43% y en Física el 33,3% de los egresados en la década, aunque en el caso de Física significa una mejora en la proporción de mujeres con respecto a las egresadas de licenciatura. En el doctorado en Ciencias Agrícolas el 46,9% de los egresados de ese nivel en la década fueron mujeres. (b) La Universidad Simón Bolívar (USB). La USB, fundada en 1969, estuvo inicialmente orientada a las ingenierías, pero en el tiempo ha ido diversificando su oferta de estudios. En su sede principal de Sartenejas, en pregrado ofrece carreras en las áreas de Ingeniería, Arquitectura y Urbanismo y Ciencias Básicas. Es interesante observar, a pesar de su énfasis más técnico-científico, una relativamente amplia presencia femenina en su población estudiantil la cual ha ido afirmándose paulatinamente. En la década de 1990, las mujeres constituyeron el 32% de los egresados de Ingeniería, el 50% de los de Ciencia Básica y el 67% de los de Arquitectura y Urbanismo. La participación de mujeres en la población total (sumando pregrado y postgrado) de egresados fue del 39%, mientras que respecto a la población de egresados de pregrado aumentó de 35% en 1990 a 41% en el 2000. Sin embargo, cuando consideramos las carreras individualmente se observan diferencias notables. Por ejemplo, Ingeniería Mecánica tiene sólo un 19,6% de presencia femenina entre sus egresados de la década, e Ingeniería Eléctrica tiene 31,7%. Por el contrario, en el periodo Ingeniería de los Materiales opción Polímeros registra 72,1% de mujeres entre sus egresados. El género en el postgrado de la USB. La población de egresados de los programas de postgrado en la década del 90 fue de 2005 personas. En la USB, a diferencia de lo que sucede en la UCV, el total de egresados de programas de Especialización fue un poco menor que el de egresados de Maestrías, representando el 48% y el 49% respectivamente, mientras que los del Doctorado fueron solamente el 3% del total de egresados de postgrado. Pero justamente en el nivel de Doctorado son más las egresadas mujeres que los hombres, tanto en el caso de Ciencias Físico-Naturales (23 mujeres y 21 hombres) como de las Ciencias Sociales y Humanidades (10 y 9 respectivamente). A nivel de egresados de Maestría y Especialización, los porcentajes de hombres y mujeres son bastante similares. El género en las universidades privadas: (c) La Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), institución de educación superior de carácter privado, fue fundada en 1953. La Facultad de Derecho es la que tiene una población más numerosa, seguida por las Ciencias Económicas y Sociales, Humanidades y Educación. Las tendencias del género son bastante similares a las que se observan en la UCV. Con algunas excepciones, el panorama del género en la UCAB muestra un claro predominio de las mujeres entre los egresados de pregrado. Las excepciones son, en orden decreciente, Educación mención Filosofía, Ingeniería Civil, Filosofía e Ingeniería Industrial.

El género en el postgrado de la UCAB: La población de egresados de postgrado de la UCAB apenas superó la decena en 1978 y la centena en 1986. Sin embargo, interesa destacar que a partir de 1988 las curvas de crecimiento de la población de egresados femenina y masculina de la UCAB se separan con un marcado crecimiento de las mujeres. Las cifras relativas de la participación masculina ha disminuido del 50% en 1980 al 32% en el 2000. La abrumadora mayoría de los egresados de postgrado lo hacen de cursos de Especialización (84,3%). Sólo un 15,6% del total de egresados de postgrado lo hacen de programas de Maestría y un 0,16% de programas de Doctorado. En las únicas dos áreas donde hay mayoría masculina es en Ciencias Económicas y en Ingeniería, aunque las mujeres llegan ya al 47,8% y al 46,7%, respectivamente, de los egresados en la década. Resulta de interés observar la mayoritaria presencia femenina entre los egresados de postgrado en el área de Gerencia (66,1%) y en Derecho (59%).

La formación técnica superior en carreras cortas En relación con la formación de recursos humanos se exploró si había diferencias marcadas entre las universidades y las otras instituciones que conforman el subsector de la educación superior. En algunos países, como Francia y Canadá (UNESCO, 1999), el segmento de la educación superior que comprende a un conjunto variado de instituciones diferentes de las universidades es mayoritario, atendiendo a una demanda masiva de carreras cortas. En Venezuela la importancia de ese segmento ha venido creciendo en el tiempo hasta alcanzar el 47% de la población de egresados del subsistema de educación superior en la década del

noventa. Se verificó que las tendencias respecto a preferencia o discriminación por género son las mismas en el sector público y el privado, y en las carreras largas y cortas, como se desprende de la Tabla III. En 1970 se decidió promover desde el Estado los Institutos Técnicos Superiores para la formación de profesionales en carreras técnicas de duración intermedia. En estos treinta años, al primer Instituto Universitario de Tecnología (el IUT-Región Capital), le siguieron otros, totalizando 49 instituciones en 1998, 22 públicas y 27 privadas. Si bien han hecho su contribución al desarrollo regional y al avance de la educación superior técnica de corta duración, su impacto ha sido menor al esperado y la matrícula no ha crecido al ritmo que se preveía inicialmente. El tema es complejo y el período en que se dio la experiencia ha sido de profundos cambios en el clima de la industrialización y el desarrollo económico nacional. Para los propósitos que nos ocupan en este trabajo, basta con mostrar que también en este ámbito de la profesionalización técnica ha habido participación femenina no despreciable. Se estudiaron dos de estas instituciones, el Instituto Universitario de Tecnología "Federico Rivero Palacio" en el área metropolitana de Caracas (IUT-RC) e Instituto Universitario de Tecnología de Cumaná (IUT-C).

d) El IUT-RC y el IUT-C. El IUT-RC comenzó sus actividades en 1971 y desde entonces proporciona educación técnica de duración intermedia de alta calidad. Muestra una participación creciente de mujeres en su población de egresados, con un promedio de 42,7% en el lapso 1995-1998. En 1995 había 36,2% de mujeres entre los egresados de ese año, con una tendencia creciente en 1996 y 1997 hasta alcanzar el 47,9% de los egresados en 1998 (OPSU 2000). Las mujeres también tienen una presencia significativa en el personal docente, constituyendo en 1999 el 43,4%, valor que asciende ligeramente al considerar al personal con dedicación exclusiva (44,1%) y tiempo completo (55%). Pero en relación con el personal a tiempo convencional vemos que las mujeres constituyen sólo el 7%. En la categoría del personal a dedicación exclusiva la relación de los sexos fue pareja en todos los niveles, siempre las mujeres con un porcentaje de participación un poco más bajo que los hombres. En el IUT-C, fundado en 1973, en el lapso 1990-1995 la participación femenina en la población de egresados fue mínima sólo en Electricidad (8%). En Química representó el 34,8% y en Biología, la tercera de las carreras ofrecidas, el 42,6% de los egresados. La evolución del personal docente también revela aspectos de interés. Las mujeres constituyeron el 36% del personal ordinario y el 40% del personal especial (contratado, docente libre y auxiliar) en la década pasada. El 86% del personal docente está a dedicación

exclusiva, manteniéndose la relación hombre/mujer. Entre el personal ordinario, se observa para el lapso considerado (1990/1999) un igual número de Instructores hombres y mujeres, un 41,4% de mujeres Asistentes, un 36,5% de mujeres en el nivel Agregado, un 38% de mujeres en el nivel Asociado, y 28% de mujeres en el nivel Titular, es decir que se confirma una tendencia a la disminución de presencia femenina en los niveles más altos del escalafón. Para cerrar esta breve incursión por los espacios del pregrado y postgrado en Venezuela a través de la consideración del género en algunas instituciones, mencionaremos el caso del postgrado de un instituto de investigaciones.

(e) El Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Este es un instituto público de investigación creado en 1959, que ha buscado siempre un patrón de excelencia científica como consustancial con su misión. Desde su nacimiento se constituyó en un ejemplo de la investigación a tiempo integral, albergando a algunos de los mejores investigadores en el medio científico nacional. Entre 1959 y 1999 egresaron 652 personas del postgrado del IVIC, de las cuales 335 (51,4%) fueron mujeres. El 18% del total de egresados obtuvo el Doctorado y un 82% obtuvo la Maestría. Con el grado de Doctor hay un ligero predominio de los hombres: las mujeres constituyeron el 47%, mientras que en la Maestría, el 52% fueron mujeres. El 14% de los egresados fueron extranjeros. Las áreas del conocimiento con mayor número de egresados son Biología (con 450 egresados) y Química (con 141 egresados) con amplio predominio de los egresados con grado de Maestría (359 en Biología y 120 en Química). En ambos niveles las relaciones de los sexos en las dos disciplinas con mayor presencia de estudiantes se mantiene. Predominan las mujeres en Biología (53,8% con Doctorado y 60,4% con Maestría en ese campo) mientras que en Química sucede lo contrario (33,3% y 37,6%, respectivamente, son mujeres). En el período 90-99 las proporciones se mantienen en cuanto a egresados por género (Tabla II). El Género en la I+D No se cuenta con información oficial reciente sobre el total de personal ocupado en I+D en Venezuela. La información disponible en el sitio web del Ministerio de Ciencia y Tecnología hasta marzo del 2001 incluía los valores publicados por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit) en 1998, que se referían al personal acreditado en el Programa de Promoción de la Investigación (PPI) en 1997. Esa información, inclusive con los valores más recientes correspondientes al año 2000 son considerados en la sección sobre el PPI, más adelante. Pero evidentemente hay más

personas activas en I+D que las pertenecientes al PPI. Estimaciones recientes ubican el total en alrededor de 4500 personas. Es claro que se necesita este tipo de información con urgencia, ya que ni en el esfuerzo regional conjunto de la RICYT (1999) ni en el internacional de la UNESCO (1999) se cuenta con información sobre el tema referido a Venezuela. En esta sección se analiza la situación en algunas instituciones clave dentro de la I+D nacional por considerar que aportan luz excepcionalmente valiosa sobre la participación femenina. I+D-IVIC El IVIC es el más renombrado centro académico de I+D. Fue establecido para generar nuevo conocimiento a través de la investigación científica y el desarrollo tecnológico así como para el entrenamiento de recursos humanos de alto nivel. Pretende ser una fuente de información científica así como de asesoramiento y servicios externos, asegurando el acceso directo a/y la difusión de conocimiento científico en el país. Un principio definitorio central es la noción de ‘calidad’. La ciencia que se busca hacer en el IVIC es la del ‘estado del arte’. Esto implica seguir los criterios y valores de la ciencia ‘internacional’: publicaciones científicas arbitradas y medidas de impacto comunes en la comunidad científica del mainstream. Sin embargo, sin perder el énfasis en la ciencia básica, su foco está comenzando a cambiar para reforzar sus actividades científicas y tecnológicas y renovar su posición como agente importante en el desarrollo CyT de la región en las nuevas condiciones de competitividad internacional. Hay indicios que en un futuro próximo establecerá metas estratégicas, evaluando el proceso de investigación con criterios más complejos, es decir, que además de los criterios de calidad se prestará más atención a la contribución de la actividad de investigación que hace la institución a la estructura tecnoeconómica nacional. La actividad de investigación del IVIC se organiza en 53 laboratorios distribuidos en diez centros y departamentos. En algunas unidades la presencia femenina entre los investigadores es escasa mientras que en otras es más frecuente, lo que está generalmente relacionado con la situación de las disciplinas a nivel general. Cuando se considera el personal de rango del Instituto, es decir, el que esta directamente vinculado a la investigación, es preciso distinguir a los investigadores propiamente dichos (incluyendo a los postdoctorantes) del personal científico de apoyo a la investigación, denominados Profesionales y Técnicos Asociados a la Investigación (PAI/TAI). Con respecto a los primeros se observa, entre los rasgos estructurales, un fuerte predominio masculino (el 67,4% de los investigadores son hombres), relación que se mantiene a nivel de los nuevos ingresantes (los postdoctorantes, de los cuales el 66,6% son hombres). El cuerpo de investigadores es el que tiene la responsabilidad de llevar adelante la misión fundamental de la institución, la investigación y la docencia avanzada. El mérito y la autoridad evolucionan en dirección ascendente de la siguiente manera: en la base de la escala está el Investigador Asociado I o Postdoctorante, seguido por Asociado II, Asociado III, Asociado Titular y finalmente el Investigador Titular (Tabla IV). Como se adelantó en el párrafo anterior, el otro grupo constitutivo del personal de rango, con el que los investigadores y los postdoctorantes comparten el espacio de la investigación, comprende una categoría heterogénea. Algunos tienen rasgos similares a los

investigadores, mientras que otros son bastante diferentes. Se trata del personal de apoyo científico, clasificado como PAI o TAI. Dada la diversidad de los niveles de capacitación y funciones de los PAI y TAI, ellos ocupan un espacio que envuelve, real o potencialmente, una serie de tensiones derivadas de problemas de status, responsabilidades y funciones reales. Una parte de esta categoría ocupacional desempeña funciones de servicios que pueden llegar a ser bastante rentables y otra apoya la investigación académica, sin complementos salariales. En vista de que las calificaciones, incentivos y modalidades de trabajo de los diferentes laboratorios difieren significativamente, como también lo hacen las formas de evaluación y reconocimiento que se les da por parte de su supervisor inmediato, un investigador individual es el "jefe" directo del PAI o TAI. Esas tensiones adquieren importancia porque los PAI constituyen el 27,3% del personal del Instituto, mientras que los investigadores y postdoctorantes comprenden sólo el 12,6%. Además, significativamente, entre los PAI la proporción de mujeres es elevada, constituyendo el 55,1%.

Hasta recientemente el personal administrativo y obrero no participaba en la toma de decisiones relacionadas con el destino de la institución. En este grupo el predominio femenino es sustancial: el 69,3% son mujeres llegando al 80% en el caso del apoyo administrativo (Tabla V). La situación ha venido experimentando algunos cambios en vista del papel más intenso del sindicato, aunque ninguna mujer ha presidido a éste. La considerable presencia femenina en el IVIC (aunque no primordialmente en funciones directas de investigación) se refleja, entre otras, en las reivindicaciones gremiales que han logrado consolidarse en el tiempo, como son las facilidades de guardería infantil y escuela primaria, colonia de vacaciones en las épocas de receso escolar, y se observa fundamentalmente en las cadenas de solidaridad que se establecen entre mujeres y también con los hombres que aceptan la presencia de niños en los lugares de trabajo cuando sus madres se ven obligadas a llevarlos consigo porque no tienen con quién dejarlos algún día de paro o en período de vacaciones. I+D-INTEVEP El INTEVEP es una filial de Petróleos de Venezuela, cuyo objetivo es la investigación y el apoyo tecnológico en múltiples campos del negocio de los hidrocarburos. Fue creado en 1974 con el propósito de fortalecer la capacidad tecnológica de la industria venezolana de los hidrocarburos, a través de la investigación básica orientada, investigación aplicada y

desarrollo; servicios técnicos especializados, ingeniería conceptual y básica, información y asesoría. Según datos del propio INTEVEP, en 1999 el personal permanente comprendía 1557 personas, de las cuales el 35% eran mujeres (INTEVEP, 1999). Cuando se considera al personal profesional propiamente dicho, 1024 personas, su perfil académico refleja un 13% con Doctorado, 24% con Maestría y 63% de Licenciados e Ingenieros. El promedio de edad es de 39 años y el promedio de años de servicio es 11 años. Según datos institucionales de 1994 (INTEVEP, 1994), entre los doctores el 77,3% tenían título obtenido en el exterior contra el 42,4% de los que tenían Maestría (Tabla VI). Los ingenieros y licenciados procedían, en cambio, abrumadoramente de instituciones del ámbito local (sólo 5% y 6,5% respectivamente habían estudiado en el exterior). También se observa que de los doctorados en el exterior, las mujeres representaban sólo el 17% del total, mientras que de los titulados con Maestría eran el 31% y de los que habían obtenido una licenciatura el 25%. De los que habían obtenido título en el país, las mujeres constituían el 28% de los doctores, el 41% de los magisters, el 30% de los ingenieros y el 49% de los licenciados, lo cual permite inferir que a medida que avanza la formación se le hace más difícil a la mujer viajar al exterior, debido probablemente a sus compromisos familiares.

Para obtener una idea de la participación femenina en la actividad de I+D en INTEVEP se puede analizar la productividad relativa de hombres y mujeres. Para una institución de investigación y desarrollo tecnológico como ésta, las patentes son un indicador valioso. Una revisión de los autores participantes en 242 patentes de INTEVEP entre 1979 y 2000, discriminados por sexo y orden de autoría confirma los resultados esperados, de una participación femenina del orden de un tercio a un cuarto que la de los hombres, hasta el sexto autor. A nivel del séptimo autor los valores se igualan y para noveno y décimo autor hay dos mujeres por cada hombre (Tabla VII). Otra medida de productividad relativa al género, la obtenemos de una información sobre los investigadores que en el lapso 19932000 sometieron trabajos a consideración del Comité Editorial de INTEVEP, para su eventual publicación. Esto no indica productividad real sino intención de publicar a través de la presentación de manuscritos para su revisión por el Comité. Las mujeres fueron el 31% de los potenciales autores que presentaron manuscritos. Como muchos de esos trabajos son de autoría múltiple podría plantearse si se trata de los primeros autores o autores principales. Al tomar en cuenta a todos los participantes en los manuscritos

presentados a consideración del Comité, la participación femenina baja ligeramente al 29,6% del total de co-autores de trabajos. El Programa de Promoción de Investigador (PPI) y la investigación académica El PPI es una estructura nacional representativa que acredita a los investigadores a través de los mecanismos usuales de la propia comunidad científica y busca darles, de ese modo, mayor visibilidad en el medio nacional. Creado por el CONICIT en 1990 después de prácticamente una década de esfuerzos por parte de miembros de la comunidad científica para lograr su implantación, ha ido creciendo lentamente, consolidándose al cabo de una década como expresión típica de los individuos más profesionalizados de la comunidad nacional de investigación académica. Con casi 2000 investigadores, constituye el núcleo de la comunidad científica nacional, sugiriendo que se ha consolidado un estrato de investigadores pequeño pero bien capacitado.

En 1999 había 1695 investigadores acreditados en el Programa, de los cuales 59% eran hombres y 40% mujeres, con 1% de casos en los cuales no fue posible identificar el sexo por la forma como estaba disponible la información (PPI, 1999). La diferenciación por sexo y categoría da resultados interesantes, como se aprecia en la Tabla VIII. La presencia femenina es prácticamente igual a la masculina en el nivel de Candidato y a medida que se eleva la categoría en la carrera, la proporción femenina disminuye (sólo hay un 22% de mujeres en el Nivel III). Esto puede interpretarse de dos formas: o bien se trata de un patrón de comportamiento en el que la mujer inicia la carrera pero luego la abandona o permanece en un nivel relativamente bajo de actividad investigativa para dedicarse al hogar y los hijos (típicamente en el Nivel I donde su presencia es ligeramente superior al promedio general de participación femenino, o fuera de él), o bien hay un impulso reciente de mayor participación femenina. Cuando se toma en cuenta las áreas de conocimiento en que el PPI agrupa a los investigadores acreditados, también se observan algunas diferencias significativas. La menor presencia relativa femenina se da en las Ciencias Físicas, Químicas y Matemáticas (29%) y en las Ingenierías, Tecnologías y Ciencias de la Tierra (35%) mientras que en Ciencias Sociales las mujeres son el 47% y en Ciencias Médicas, Biológicas y del Agro el 44% (Tabla IX)

Los datos del PPI permiten tener una idea de la tendencia del género en la investigación en las instituciones académicas. La Universidad del Zulia es la que presenta una situación más equilibrada en cuanto a la participación de investigadores de ambos sexos. Le sigue con un 47% de participación de investigadoras la UCV, mientras que la Universidad de Los Andes con un 32% de mujeres investigadoras acreditadas, y la categoría "Otras Instituciones" con 33%, presentan porcentajes bastante más bajos de participación femenina, lo cual sugiere líneas de investigación y acción futuras. Datos adicionales los aporta una encuesta de opinión realizada en 1997 (Vessuri y Benaiges, 1998), la cual incluía una muestra representativa de integrantes del PPI y de investigadores nacionales no pertenecientes al Programa, que podría tomarse como representativa de la población activa en investigación en el país. En dicha encuesta se consideraron, entre otras, las variables de edad y sexo. El 43% está entre 40 y 49 años, 16% está entre 35 y 39 años, y 15% entre 50 y 54 años. Hay un 13% que tiene 34 años o menos, llegando a 15% entre las mujeres. También se observa una mayor concentración de mujeres en los tramos de 35 a 49 años (64%), que pudiera explicarse por la brecha debida a la etapa de procreación y crianza de hijos, y una mayor concentración en el caso de los investigadores de sexo masculino en los tramos de 40 a 54 años (61%). Para ambos sexos se confirma una correlación previsible entre edad y niveles en el PPI y son pocas las excepciones: en el caso del sexo masculino, hay un investigador de Nivel III en el tramo 35 a 39 años y tres en el de 40 a 44 años, mientras que para el mismo Nivel III apenas si hay una investigadora en el tramo de 45 a 49 años y tres en el tramo de 50 a 54 años. La mayor concentración femenina correspondió a investigadores del Nivel Candidato, entre 30 y 34 años, y en el Nivel I, entre 45 y 49 años, mientras que las mayores concentraciones masculinas se dieron en el Nivel Candidato (30 a 34 años) y Nivel I (40 a 49 años). Otra evidencia sugerente que proporciona la citada encuesta de opinión sobre el PPI se refiere a la actividad laboral con que se autodefinieron los encuestados. El 65% se identificó como profesor investigador, la categoría usual del ámbito universitario público venezolano. A ellos les siguió un 19% de personas que se autoclasificaron como investigadores y un 8% como profesor. No hubo diferencias marcadas entre los sexos. Vertientes del Tema del Género en la Actividad de Investigación

Las historias de vida de las investigadoras ofrecen un ámbito precioso para analizar el tema del género en ciencia e ingeniería. Los estudios de caso desafían el supuesto implícito en cierto tipo de historia de la ciencia, que las vidas personales de los practicantes de la investigación, hombres tanto como mujeres, no tienen valor explicativo para la naturaleza de su trabajo. En la literatura reciente, se pone al descubierto que hay una variedad de formas y estilos de vida en la combinación de las dimensiones científicas y domésticas en las trayectorias personales de científicos y científicas (Abir-Am y Outram, 1989). Las especificidades nacionales y culturales prometen iluminar los aspectos cruciales que favorecen o traban el pleno desarrollo de la creatividad femenina en las distintas áreas de la ciencia. En el caso de Venezuela, no existen suficientes datos para estimar cuantitativamente variaciones significativas en los patrones de reconocimiento nacional e internacional de las científicas venezolanas y en las formas de interacción entre el mundo de la ciencia y del hogar. No obstante, el examen de vidas de mujeres actualmente activas en investigación permite ganar una comprensión más cabal del proceso en curso. La estructura de la familia en Venezuela experimentó cambios importantes en los últimos cincuenta años, especialmente la de clase media, dentro del proceso general de urbanización, secularización y modernización. Los estereotipos frecuentes en la literatura suponen que las mujeres (como los hombres) siguen un modelo "masculino" de éxito académico, el cual implica un compromiso a tiempo completo con el trabajo científico y relaciones competitivas con los pares, que no necesariamente es un patrón universalmente seguido por los hombres de ciencia (de allí nuestro uso del término "masculino" en este párrafo entre comillas). Hay dos tipos de clichés clásicos en relación con cuestiones de género: 1) Mujeres que siguen el modelo "masculino" y esperan que otras mujeres lo hagan también. No es raro que estudiantes mujeres se sientan desconcertadas y desalentadas porque no entienden el por qué de la apropiación del modelo "masculino" para hacer ciencia por parte de sus profesoras o las presiones que se ejercen sobre ellas. Las mujeres científicas que siguen el modelo "masculino" creen que ayudan a sus estudiantes mujeres endureciéndolas para sobrevivir en un ambiente "duro". 2) Mujeres que intentan delinear un modelo alternativo, permitiendo un equilibrio entre el trabajo y la esfera doméstica. En Venezuela hay ejemplos que se acercan a uno u otro de estos clichés. Por otra parte, los modelos de rol han ido cambiando en el tiempo, haciéndose más parecidos a medida que fue madurando la actividad profesional en el campo y, paralelamente, en tanto que el sector académico universitario y los centros de I+D dejaron de ser bastiones masculinos. Entre investigadoras más maduras, se observa que la familia no necesariamente dificultó su carrera, especialmente cuando su status socioeconómico les permitía contar con apoyo doméstico, sino que tal vez sufrieron más por el ethos de la actividad científica cuando comenzaban su carrera. Cuando les tocó estudiar todavía se podía hacer una carrera docente en la universidad sin mayores exigencias públicas que la de enfrentar a estudiantes en un salón de clase o a colegas en el contexto "familiar" de la escuela o facultad. Las científicas e ingenieras de más edad que entrevistamos encontraron en su momento pocos modelos de rol. Casi siempre fueron las primeras mujeres en su campo en el medio local, en la institución o grupo de investigación donde trabajaban, y encontraron pocas colegas femeninas en su carrera científica, con lo cual inevitablemente confrontaron el problema de la compatibilidad de la condición femenina con los intereses científicos. El problema se hacía más complicado porque en un país en desarrollo, sin tradiciones científicas

significativas, la definición del rol científico tendió a ser rígida, restrictiva y convencionalmente reduccionista, y eso afectó tanto a los modelos de rol para los hombres como para las mujeres de ciencia. Más recientemente, el desafío de hacer una verdadera carrera científica o técnica, es decir, produciendo conocimiento nuevo en un laboratorio, en el campo o en el ámbito industrial, según su lugar de trabajo y disciplina, incrementaron las exigencias de tiempo y concentración y por tanto debieron competir con hombres de potencial y logros comparables o inclusive menores para la obtención de cargos, reconocimiento y recompensas, y sobre todo, autoridad científica legítima. Las mujeres jóvenes tienden a disponer de una gama más amplia de modelos de comportamientos femeninos en el campo científico que las científicas e ingenieras que se iniciaron en la vida profesional hace veinte o treinta años. Con el tiempo, comenzó a darse un estilo de vida que reconocía la necesidad de interacción entre las dimensiones doméstica y científica de forma conjunta por los miembros de la pareja, especialmente entre científicos. Es común encontrar que una científica trate de gerenciar los roles de esposa, divorciada, viuda o madre además del propiamente profesional. En el presente, la mayoría intenta definir un estilo de desempeño que busca equilibrar los roles de trabajo y no trabajo (científico) enfatizando la cooperación en el sitio de trabajo con miembros de su equipo de investigación. No obstante, en general, pareciera que el alcance y naturaleza de la producción científica femenina sigue dependiendo más estrechamente de las circunstancias familiares que la producción masculina. En la práctica del laboratorio experimental, el aislamiento es ampliamente reconocido como un problema para las mujeres, que trae consigo una variedad de consecuencias negativas, incluyendo en casos extremos la exclusión del acceso a las fuentes informales de información profesional que contribuyen al desarrollo de la carrera y el proceso científico y con ello la pérdida de la autoconfianza. Los individuos aislados no sólo carecen del capital social subyacente al éxito, sino también de apoyo psicológico. El status marginal asociado con el género y las circunstancias familiares se combinan no pocas veces con la experiencia de la transculturación y el desplazamiento geográfico en búsqueda de oportunidades educativas y empleos. Extranjeras o provincianas, estas mujeres enfrentan un doble status minoritario en las instituciones que las reciben, donde las tradiciones corresponden al estereotipo masculino. La marginación social e intelectual se ha venido corrigiendo a lo largo de las últimas décadas. La integración de una mujer talentosa en una unidad de investigación dentro de una estructura jerárquica en una disciplina dominada por hombres puede ser bastante dificultosa. Con todo, las posibilidades en un país en vías de desarrollo, con poca tradición científica, pueden ser mayores que en un medio más competitivo. La contigüidad de colegas femeninas, cuando éstas existen, que ayudan y con las que se comparten problemas e inquietudes, mejora las condiciones para el logro científico. Asimismo, resulta favorable un ambiente más abierto, con un flujo amplio de estudiantes, como suele ser el que ofrece el medio universitario. Pero siempre la ecuación de pareja aparece como crucial, tanto para favorecer como para trabar un desarrollo personal.

El grado de conciencia de género desplegado por las mujeres pioneras a las cuales se entrevistó, particularmente en relación con sus aspiraciones y oportunidades en ciencia, es un rasgo también observado por otros autores (Rossiter, 1982; Fox-Keller, 1985; Haraway, 1991; Pycior et al., 1996). Cuando se es la "primera" mujer en un cargo particular, disciplina, título o logro científico, se encuentra a pocas colegas en su carrera científica e inevitablemente se confronta la cuestión de la compatibilidad del hecho de ser mujer con actividades científicas. Las experiencias personales se compaginan con estrategias y proyectos de vida o con su ausencia, según los casos, para producir trayectorias individuales que no hacen más que explorar las posibilidades del campo. Hay quienes responden apoyando la educación de otras mujeres y abriéndoles el acceso a la ciencia. Algunas tienden a estar más absorbidas en la consolidación de su posición como estrellas científicas y suscriben formas extremas de cientificismo, considerando a la ciencia como la vía de expresión suprema de su talento. Otras, independientemente de su capacidad que a veces es reputada extraoficialmente en la disciplina inclusive como superior a la del esposo, prefieren desarrollar un estilo profesional más sosegado, menos competitivo, a la sombra de otras figuras, masculinas o femeninas. En varios casos, observamos fuertes niveles de frustración. Pero no siempre es el caso. Género, Autoridad y Poder en el Medio Académico y en la I+D A diferencia de lo que con frecuencia reporta cierta literatura pareciera que las mujeres en Venezuela tuvieron menos dificultades de convertir su potencial científico en puestos profesionales remunerados en la universidad e inclusive el instituto de investigación. Como parte del proceso de expansión de la economía la sociedad ofrecía canales de logro lucrativos en los negocios, la banca, etc. para los hombres educados; en esas condiciones, las instituciones universitarias incorporaron también abiertamente a las mujeres, las cuales consiguieron escalar posiciones en el escalafón y la responsabilidad administrativa, aunque más difícilmente en las de autoridad (véase: www.un.org/womenwatch/daw/public/index.html). En este sentido, es claro que la posición de las mujeres en el medio científico-técnico ha mejorado, aunque todavía hay mucho por hacer en materia de igualdad de oportunidades. Suele argumentarse que el crecimiento del porcentaje de científicas en un área de trabajo especializada se da por razones esencialmente negativas. Por ejemplo, se suele decir que en la última ronda de programas de ajustes estructurales y recesión económica, las universidades públicas en América Latina están siendo particularmente golpeadas. Aun cuando el porcentaje agregado del contingente femenino aparece como razonablemente bueno, por ejemplo, para la docencia universitaria como sector bastante feminizado, especialmente en los rangos más bajos de instructor o asistente, esto no necesariamente indicaría una mayor actividad científica. Podría explicarse otra vez como resultado de la tendencia a que los hombres abandonen las universidades en busca de puestos más lucrativos en el sector privado. Sin embargo, este tipo de razonamiento no nos parece del todo válido en el caso venezolano. Hay evidencia clara de una presencia femenina real creciente en posiciones de responsabilidad y poder vinculadas a las capacidades técnicasprofesionales independientemente del hecho que las mujeres puedan ser efectivamente segregadas o marginadas en algunos campos científicos y técnicos.

Ese crecimiento se refleja en la participación en el aparato de gobierno. En el Poder Ejecutivo Nacional, en 1995 había dos mujeres sobre el conjunto de 22 ministros, una de las cuales en la cartera de Familia y otra como Ministro de Estado para la Juventud (áreas tradicionalmente asociadas con la "naturaleza femenina"). En 1998, había 2 ministras sobre 21, pero ya en Hacienda y Trabajo (áreas "más masculinas"); en 1999, 2 ministras sobre un total de 21 ministerios, en los cargos de Hacienda y Ambiente y en el año 2000 se designaron 3 ministras sobre 15 (20%) en Trabajo, Ambiente y el mega-ministerio de Producción y Comercio. Ese último año también fueron designadas 5 vice-ministras (2 en Educación, 1 en Salud, 1 en Ciencia y Tecnología y 1 en Turismo (Castañeda, 1998; Castillo y Jiménez, 2000). En el CONICIT, desde 1980 hasta la fecha en el Directorio de ese organismo ha habido sólo un 17% de participación femenina y no se observa una tendencia ascendente. La participación femenina en el mismo lapso ha sido aún más baja (12%) en la composición del Consejo Superior del Conicit.

Aún en situaciones en las que las mujeres han ganado acceso e influencia en los cuerpos de investigación, la distribución de poder y liderazgo entre mujeres y hombres sigue siendo muy desigual. En el IVIC, que tiene una estructura jerárquica con el Consejo Directivo como la mayor autoridad formal de la institución y el Director (y Subdirector) como las máximas autoridades ejecutivas, entre 1968 y 1999 hubo 26% de participación femenina como integrante del Consejo Directivo. Pero apenas se revisa la composición del mismo, se observa que de las mujeres el 71% ocupó la función de secretaría/asesoría jurídica. En toda su historia de 32 años sólo hubo una mujer en función directiva, como Subdirectora (Tabla X). El INTEVEP, a su vez, tiene dos tipos de carrera, la técnica y la gerencial. La estructura de poder y responsabilidad de esta última tiene a la Presidencia en el ápice y en la base a los llamados líderes de negocios, que son quienes venden la cartera de proyectos dentro del propio INTEVEP y hacia fuera a otras filiales de PDVSA y empresas. Los líderes de negocio son el eslabón entre la componente técnica y la gerencial. En la estructura gerencial se encuentran cuatro gerentes generales, entre los cuales no hay ni nunca hubo una mujer en la historia institucional (también hay gerencias funcionales y administrativas, pero son menos interesantes desde el punto de vista del poder, si bien reportan directamente a la Junta Directiva). Luego están los subgerentes generales. Tampoco hay mujeres en estos momentos, aunque en la historia de INTEVEP hubo una mujer que ocupó hasta este año

una posición a ese nivel, que es el máximo alcanzado por una mujer en la institución. Luego están las gerencias de departamento: sobre 18 cargos hay cinco ocupados por mujeres. Más abajo están los líderes de negocio, entre los que hay varias mujeres. En 1999 las mujeres perdieron dos puestos de responsabilidad. De las nueve que quedan en la estructura de poder institucional, dos no tienen mucho poder real, y sólo tres, gerentes de departamento, manejan bastante personal y recursos financieros. En la carrera técnica también se puede manejar personal y recursos financieros pero sólo de los proyectos que controla el jefe del proyecto y éste es quien evalúa a su personal técnico pero siempre debe discutir los casos con el/la gerente del departamento y por otra parte, la viabilidad misma del proyecto debe ser discutida con el líder de negocio. La UCV nunca tuvo ni Rectora ni Vicerectora. Los decanatos ocupados por mujeres en la década también han sido pocos. En el Consejo Universitario actualmente la presencia femenina se concentra en una sola Decana sobre nueve, un porcentaje menor de la representación profesoral y estudiantil y en las secretarias del Consejo, que tradicionalmente han sido mujeres. En una facultad técnica como es la de Ingeniería, en toda su historia, hubo 25 decanos hombres y ninguna mujer. Pero comienzan a observarse cambios en las unidades de esa facultad. De once directores de la Escuela de Ingeniería Química, por ejemplo, 9 fueron hombres y ya alli se observa que hubo 2 directoras. En la actualidad cuenta con cuatro departamentos, tres de los cuales son dirigidos por mujeres y uno por un hombre. Pudiera argumentarse que las jefaturas de los departamentos implican una mayor carga de trabajo administrativo, de allí que no resulte tan atractivo al sexo masculino porque no necesariamente se consigue acumular mucho poder. En cambio hay seis laboratorios, (de los cuales casualmente uno está por desaparecer y es justamente el que se encuentra dirigido por una mujer). Los otros cinco están dirigidos por tres hombres y dos mujeres, una de las cuales se encuentra encargada temporalmente del mismo. Los laboratorios parecieran ser más atractivos para los hombres que los departamentos, ya que la actividad de investigación ofrece más desafíos y resulta más interesante, vinculada a convenios, recursos, congresos, publicaciones, etc. Parece deseable que haya más mujeres en posiciones de responsabilidad y autoridad en las instituciones de conocimiento y en las instituciones políticas y económicas, del orden de una masa crítica de alrededor del 30% en lugar del 2% o el 3% que se da en el presente. Con semejante cantidad, la fuerte cultura masculina en las instituciones pudiera cambiar ya que las mujeres incorporarían una nueva manera de pensar. La visión para el siglo que comienza debiera tener como importante componente una mayor participación de mujeres en el gobierno, el sector privado y la sociedad civil, incluyendo áreas como la producción y reproducción del conocimiento, la resolución de conflictos y el mantenimiento de la paz para que el liderazgo refleje fielmente la sociedad como un todo. Conclusión La evidencia de la base empírica desafía la visión de una comunidad científica masculina en Venezuela. Al mismo tiempo, los estudios de caso confirman (con las inflexiones de la herencia sociocultural peculiar del país) los hallazgos de la mayoría de los trabajos en la sociología de la ciencia que sugieren que, a pesar de avances notables y de situaciones de verdadero empuje femenino, persisten las desigualdades entre hombres y mujeres en

ciencia (véase Etzkowitz et al., 2000; Eynden, 1994). Por otro lado, la dimensión institucional del trabajo y las entrevistas realizadas a investigadoras en distintos ambientes de trabajo sugieren que los contextos institucionales inciden de diferentes maneras sobre el desarrollo de la potencialidad femenina, especialmente en cuanto a que en algunos persisten en mayor medida patrones de comunicación y una organización del trabajo inadecuados para las mujeres. De esta forma se observa que los estereotipos que a veces se encuentran en la literatura para caracterizar la situación de género en un país particular, pueden aproximarse más a una condición más frecuente en una institución que en otra. Con esto queremos decir que la situación del género en la ciencia que se hace en Venezuela, y probablemente en todas partes, es muy compleja, aproximándose a un mosaico colorido más que a una pieza unicolor. Con todo, si alguna conclusión general puede alcanzarse sobre el tema, es que hay relativamente menos discriminación para hacer ciencia que en otros países, tanto de América Latina como más avanzados. Hay prácticamente tantas mujeres como hombres en la actividad académica en un país donde hay poca ciencia. Los datos del PPI sugieren que todavía hay una frontera de expansión en la actividad científica profesional acreditada por parte de las mujeres lo cual es factible, ya que la proporción de mujeres en programas de formación de investigadores es considerablemente mayor que la proporción de mujeres en cargos de investigación independientes y no sólo como miembros subordinados de equipos de investigación bajo liderazgo masculino. La evidencia recogida revela, por otra parte, las maneras como las situaciones personales y familiares imponen condicionantes y problemas e inducen estrategias y enfoques al trabajo científico que son específicamente femeninos. A pesar de la existencia de sistemas de apoyo familiares (familia extensa) o sociales (guarderías, pre-escolar, servicio doméstico) las científicas venezolanas enfrentan las restricciones comunes del sistema de investigación científico, incluyendo la coincidencia de la etapa de gestación y crianza con el período en el que se espera una elevada productividad de la investigación. A menudo las científicas tienen un desarrollo más tardío que sus colegas masculinos en cuanto a productividad. Si bien pareciera haber cierta divergencia entre logro educacional y empleo entre las mujeres, en las condiciones favorables de algunos contextos institucionales éstas demuestran tener niveles similares de productividad a los hombres en su actividad científica a través de diferentes tipos de publicaciones, mientras que es todavía más frecuente encontrar que tienen entre un tercio o un quinto de la productividad de los hombres. La combinación y los non sequitur entre los resultados de los distintos tipos de análisis que sirven para sopesar e interpretar su validez relativa, sugieren que hay mucho más en la actividad científica que lo que refleja el cuadro usual de la organización científica moderna. Parece obvio que el aumento de la participación femenina (más del 50% de la población venezolana) en la actividad científica sólo puede ser beneficioso. Con un mayor número de personas habrá más pluralidad en las ideas, enfoques y situaciones, y por lo tanto en métodos y teorías-y esto sólo puede conducir a una ciencia más rigurosa. Estimular y respetar la diferencia proporciona la base más prometedora para una ciencia no discriminadora. La ciencia y sus actividades relacionadas de investigación son una importante fuente de crecimiento económico. Las tendencias consistentes que hemos identificado demuestran

que las mujeres están crecientemente representadas en dichas actividades y por tanto son agentes directos en la construcción de la riqueza nacional. Finalmente, esas tendencias positivas son importantes porque sugieren una permanencia de actitudes sociales modificadas hacia las mujeres activas en la fuerza de trabajo científica. AGRADECIMIENTOS Este estudio fue financiado parcialmente por la UNESCO-ORCYT (Contrato No. 883.112.0) y por el IVIC. Las autoras agradecen la colaboración de Elder Gonçalves y Enmanuel Rodríguez, y especialmente de Abelardo Sulbarán, en la obtención y procesamiento de datos, así como a los funcionarios de las instituciones que proporcionaron información. REFERENCIAS 1. Abir-Am P, Outram D (Eds) (1989) Uneasy careers and intimate lives. Women in science, 1789-1979. Rutgers University Press. New Brunswick. London. 365 pp. 2. Castañeda N (1998) Las políticas públicas y la dimensión equidad de género en Venezuela (1990-1997). Revista Venezolana de Estudios de la Mujer 3 (7): 32-49. 3. Castillo A, Jiménez M (2000) Algunos aspectos que caracterizan la situación actual de la mujer venezolana (Documento borrador). Grupo Temático de Género del Sistema de Naciones Unidas, Venezuela. Caracas, noviembre. 4. CEPAL (1991) La mujer en América latina y el Caribe: el desafío de la transformación productiva con equidad. V Conferencia Regional sobre la Integración de la Mujer en el Desarrollo Económico y Social de América Latina y el Caribe. Curazao. 82 pp. 5. Cheung FM (1999) The gender dimension in the social sciences. World Science Report 1999. UNESCO. París. pp. 220-225. 6. Etzkowitz H, Kemelgor C, Uzzi B (2000) Athena Unbound. The Advancement of Women in Science and Technology. Cambridge University Press. 282 pp. 7. Eynden A Van den (1994) Género y ciencia, ¿términos contradictorios? Revista Iberoamericana de Educación Nº 6: Género y Educación. Septiembre-diciembre. Madrid. 20 pp. Biblioteca Digital OEI: (www.campus-oei.org/ oeivirt/ric06a03.htm). 8. Fox-Keller E (1985) Reflections on Gender and Science. Yale University Press. New Haven, Londres. 193 pp. 9. Haraway DJ (1991) Simians, Cyborgs and Women. The Reinvention of Nature. Free Association Books. Londres. 287 pp.

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La Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia* María Cristina Di Prisco Investigadora del Instituto de Biomedicina de la Universidad Central de Venezuela Las asociaciones para el avance de la ciencia surgen en Europa como una necesidad de establecer el vínculo entre los científicos y los cambios surgidos en la sociedad y como una tribuna para el intercambio de ideas y discusiones de importancia sobre el desarrollo y la promoción de la actividad científica. Fueron producto de la Revolución Francesa y la nueva de aceleración de la producción manufacturera82. Así comenzaron a surgir asociaciones para el avance de la ciencia en Suiza (1822), Inglaterra (1831), Italia (1839), Estados Unidos (1848), Francia (1872) y Austria (1888), entre otras. El éxito de los primeros encuentros realizados por estas asociaciones fue notable, al atraer visitas de hombres de ciencia, facilitar la comunicación entre los investigadores, impulsar la ciencia en una dirección más sistemática y mejorar las condiciones para la realización del trabajo científico. Mas aún, su papel difusor de la actividad científica fue fundamental. La creación de esta asociaciones y su nueva organización contrastaba con los esquemas mantenidos anteriormente en el mundo por las academias. Los resultados exitosos alcanzados por estas asociaciones sirvieron como ejemplo a los países menos avanzados, los cuales consideraron la creación de estas instituciones como un factor necesario para impulsar al desarrollo de la ciencia en sus sociedades. En América Latina, el surgimiento de las asociaciones para el avance de la ciencia comenzó en el presente siglo y la fundación de estas instituciones coincide con el proceso de

modernización de estos países83. Se fundaron asociaciones para el avance de la ciencia en Argentina (1933) y en Brasil (1948), siendo esta última, todavía hoy, una de las más dinámicas de la región. En Perú se fundó una, pero desapareció rápidamente, y en Ecuador se creó otra, impulsadas ambas por la UNESCO. En Venezuela la asociación para el avance de la ciencia (AsoVAC) surgió en (1950). Las siglas escogidas para AsoVAC fueron inicialmente las de AVAC las cuales debieron cambiarse por las de AsoVAC, ya que las primeras coincidían con las de la Asociación Venezolana de Autores y Compositores. La creación de AsoVAC estimuló la formación de una comunidad científica nacional más madura. Hasta entonces la actividad científica del país se había manifestado debido a la existencia de esfuerzos individuales que se agrupan en algunas instituciones que surgieron a partir de 1936 y en las cuales se realizaban trabajos de investigación relacionados con las áreas médicas y del agro. En el año 1951, como consecuencia del ataque gubernamental a la universidad y la supresión de su autonomía, la AsoVAC pasó a funcionar en los locales del Colegio Médico. Fue entonces cuando Francisco De Venanzi creó la revista Acta Médica Venezolana que fue órgano divulgativo de este colegio y también de la seccional medicina de la asociación. De Venanzi liderizó la gestión de la creación de AsoVAC. En uno de los primeros editoriales de Acta Científica Venezolana (sin firma), probablemente escrito por él, se manifiesta: “en los países latinoamericanos existen una serie de factores comunes en relación en relación con la raza, desarrollo económico, ambiente, etc., que tienen su repercusión lógica en el avance de la ciencia. En general puede decirse que la mayor parte de los factores son negativos. Si se aparta la imaginación viva del latino que se encuentra frecuentemente en nuestros países, nos queda el pesado lastre de la falta de tradición y escuela, la intranquilidad espiritual y la tendencia a la dispersión que con la inseguridad económica y la falta de recursos técnicos que exige la investigación moderna, contribuyen efectivamente a frenar todo progreso. ¡Trabajemos por la incorporación definitiva de nuestro país al conjunto de las naciones civilizadas!»84. El Dr. Humberto García Arocha en su discurso de la sesión inaugural de la X Convención anual, realizada en 1960, recordaba: «Todo comenzó a suceder en una vieja casona, con solera de colonia y patios arbolados, que otrora fuera hospital de lázaros, cuartel de artillería y maestranza, luego escuela de oficios, liceo y en la ocurrencia del recuerdo, sede del

Instituto de Medicina Experimental de Caracas. De maestranza la tradición y de maestro nuestra estirpe. Augusto Pi Suñer al frente y tras él, un ralo cuadro de reclutas. Francisco De Venanzi, un hombre cuya expresión humana es sinónimo de terquedad, nos convocó una tarde de Octubre de 1949 para hablarnos de la iniciativa y planes que germinaban en su mente. Analizó la necesidad de hacer conjunta la obra dispersa, de fundar la asociación que nos reuniera a todos y de echar las bases de un organismo científico que se extendiese por toda Venezuela»85. El profesor Augusto Pi Suñer, para la época director del Instituto de Medicina Experimental (UCV), acogió esta iniciativa con mucho interés y él mismo convocó a algunos científicos. La proposición de crear a la AsoVAC fue recibida favorablemente. La influencia que tuvo el profesor Pi Suñer en estos sucesos, aconsejando y asesorando, no tiene lugar a dudas. Se acordó designar una comisión organizadora que estuvo integrada por Vicente Peña, profesor de Terapéutica de la UCV; Oscar Agüero, investigador clínico del campo de la Obstetricia de la UCV; Werner Jaffé, bioquímico del Instituto Nacional de Nutrición; Herman Kaiser, químico industrial, y Francisco De Venanzi, quien elaboró el proyecto de estatutos, revisado posteriormente por el Dr. Julio Diez, jurista venezolano. El 20 de marzo de 1950 se firmó el acta constitutiva en el Auditorio de la Cruz Roja Venezolana, la cual recogió 56 firmas (ver anexo). El discurso de inauguración del acto de instalación de AsoVAC, a cargo del Dr. Vicente Peña, se publicó como editorial el primer número de Acta Científica Venezolana. Se esbozan allí las características de la nueva organización en base a los estatutos elaborados, así como las perspectivas que ofrece el cultivo de la ciencia. Las condiciones históricas y sociales dentro de las cuales se realizó la fundación y organización de la asociación hacía imperativo las tareas de promoción y difusión de la ciencia en el país, tareas que AsoVAC ha cumplido en forma regular y permanente a través de sus diversos programas. En el Capítulo Primero de los estatutos que elaboró la Comisión Organizadora de la AsoVAC en 1950, se hace una profesión de fe: «con el desarrollo científico en el país contribuyese a crear nuestro bienestar material y moral que, asociado a estas mismas ventajas en las demás naciones, formará un orden social nuevo constituido por factores humanos libres de prejuicios y supersticiones, de dogmatismos y esclavitudes, de personalismos incondicionales, conquistando así el goce de una vida en que se

disfrute de entera libertad espiritual sin que las opiniones dispares sean motivos de discordias; una vida que sea campo fértil para cultivar toda semilla, por exótica que sea, de bien y progreso universales»86 . El emblema de AsoVAC fue creado por el artista Durbán y la colaboración prestada fue gestionada por el critico musical Israel Peña, hijo del Dr. Vicente Peña. La Universidad Central de Venezuela prestó su colaboración en las gestiones que condujeron a la creación de AsoVAC. Decía Gustavo Arnstein (1975a) en su discurso para conmemorar los 25 años de AsoVAC. «Era el primer eslabón de una todavía corta carrera de eventos, que iban a darle asidero, identidad y concreción a la ciencia venezolana. AsoVAC ha sido pionera y adalid de cada uno de esos sucesos, y De Venanzi siempre a su lado, como el primer escudero de la lucha, soportando las embestidas adversas sin rechistar, con la mirada fija en el objetivo propuesto. A base de convicción, de sudor impoluto y de inagotable terquedad fue cimentado bastiones sobre los que sustenta su modesta pero digna existencia esa ciencia venezolana». En 1953, se fundó el Instituto de Investigaciones Médicas, sostenido por la Fundación Luis Roche, el cual jugó un papel primordial en el desarrollo de la ciencia nacional en aquellos momentos. Se creó un núcleo de trabajo científico encabezado por su director Marcel Roche y su director asociado Francisco De Venanzi. La relación de AsoVAC con este Instituto fue muy estrecha y posteriormente con el apoyo de FUNDAVAC, se organizó el primer curso de entrenamiento en el manejo de radioisótopos dictado en el país87. FUNDAVAC Cuatro años después de la creación de AsoVAC, en 1954 y por iniciativa del Dr. Werner Jaffé (miembro del Consejo Directivo de la AsoVAC) se creó la Fundación Venezolana para el Avance de la Ciencia88. La primera junta directiva fue encabezada por el Dr. Juan Francisco Stolk. FUNDAVAC, institución que estuvo integrada por empresarios y gente ligada a la industria alcanzó auge y prestigio, logró un funcionamiento interno planificado y estable, y cada vez con mayor entusiasmo para aumentar el número de miembros. Organizaba actividades como cenas trimestrales, programas de televisión y su boletín informativo que nació en 1956. En algo más de año y medio de trabajo, FUNDAVAC creó y administró becas para la formación de jóvenes venezolanos en el exterior, otorgó fondos para trabajo de investigación, suministró los fondos de viajes para que destacados científicos especialistas de renombre

universal visitaran el país y cumplió con una importante tarea de divulgación científica. FUNDAVAC contribuyó activamente en la organización de un Instituto Oceanográfico que había sido propuesto por el profesor Alonso Gamero y que fue el origen de la Universidad de Oriente. Es necesario destacar la importante función divulgativa tanto para la ciencia como para AsoVAC, que por esos años cumplió el programa «Ventana a la Ciencia», que se presentaba semanalmente en televisión y en el cual colaboró activamente el profesor Francisco de Rosson. Es evidente que el trabajo realizado era una conjunción de la AsoVAC y FUNDAVAC: Cabe destacar que para el momento de la creación de FUNDAVAC, no existía en el país ningún organismo que financiara la actividad científica. Esta institución fue la primera en otorgar becas y financiamiento para viajes de investigadores. La influencia y apoyo de FUNDAVAC para la construcción del edificio sede de FUNDAVAC y AsoVAC fue decisiva. Se construyó en el terreno donado por Colinas de Bello Monte, C.A., y su administración ha sido siempre competencia de FUNDAVAC. Posteriormente, y por un período de varios años, FUNDAVAC se trazó líneas propias que no necesariamente coincidían plenamente con los intereses de AsoVAC. Cesó entonces aquel entusiasmo inicial de trabajo conjunto, lo cual se debió en parte a las condiciones diferentes que comenzó a vivir el país. En un editorial de ACV, decía la profesora Sonia Torres que el proceso de industrialización se estaba realizando con una dependencia total de la tecnología foránea y nuestros empresarios respondían al estímulo del mayor provecho económico. De manera que dejó de ser atractivo para los industriales las actividades de investigación y desarrollo en Venezuela89. Debido a la preocupación que suscitó esta situación, AsoVAC y FUNDAVAC a través de sus directivas y miembros, han realizado intentos para buscar una forma de trabajo que dé frutos para ambas organizaciones90. EN 1991 fueron organizadas por FUNDAVAC unas jornadas de reflexión a las cuales AsoVAC fue invitada. Producto de esta reunión se decidió poner en práctica posibilidades de trabajo conjunto, entre los cuales podríamos citar los planes de conformar una base de datos de investigadores y publicadores como servicio de información de la AsoVAC a sus miembros y el nombramiento de un representante de FUNDAVAC en cada programa y en cada capítulo de la AsoVAC para lograr una colaboración más estrecha en el trabajo. Proyectos Promovidos

La organización de AsoVAC se planificó para abarcar todo el territorio nacional. Inicialmente se establecieron cuatro divisiones: División Central, integrada por miembros del Distrito Federal y estados de Aragua, Carabobo y Miranda. La División Occidental por los estados Falcón, Zulia, Táchira, Mérida, Trujillo, Cojedes, Lara, Portuguesa y Yaracuy. La División del Sur por los estados Guárico, Apure, Barinas, Bolívar y los Territorios Amazonas y Delta Amacuro; y la División Oriental por los miembros de los estados Anzoategui, Sucre, Monagas. Se crearon además seccionales como la de Física y Matemática y la de Geografía. Se comenzó a estimular la creación de nuevos capítulos y así surgieron en 1956 el Capítulo Zuliano, el cual fue necesario reinstalarlo en 1967. En 1960 se creó el Capítulo Aragua, región fundamental para el progreso nacional por la importancia de los centros de investigación y de educación superior que allí existen. Para el año 1964 la AsoVAC ya contaba con los capítulos de Aragua, Carabobo, Central, Mérida, Oriente y Zulia. En 1973 se constituyó el Capítulo Centro Occidental con sede en Barquisimeto, donde se crearon en 1980 la Seccional Falcón que pasó a ser Capítulo en 1984 y también ese año la Seccional Yaracuy. En 1991 se creó el Capítulo Yaracuy 91. La existencia de estos capítulos ha tenido gran importancia en la organización y desarrollo de las comunidades científicas locales. La influencia y la proyección de AsoVAC, ha jugado un papel significativo en la creación y formación de importantes instituciones científicas que se concretaron a partir de 1958 con el gobierno democrático. En 1952, De Venanzi fue invitado por la UNESCO para participar en Montevideo en una reunión de científicos latinoamericanos con el objeto de establecer prioridades a la ayuda que esta organización prestaría par al creación de laboratorios científicos en la región como portavoz de AsoVAC, De Venanzi propuso la creación de institutos de ciencias básicas para impulsar el avance científico general y el progreso industrial de Latinoamérica. Propuso también para Venezuela la creación de un instituto oceanográfico y de biología marina 92. Estas propuestas fueron presentadas al gobierno venezolano, sin que esto tuviera mayor repercusión. A la caída de la dictadura y para insistir en estos asuntos, se estableció un diálogo con el nuevo gobierno democrático en el cual AsoVAC y sus miembros activos jugaron un papel significativo93. Así, la Universidad Central de Venezuela y la Fundación Luis Roche trabajaron en función de la creación de una nueva organización de la ciencia y la fundación de varias instituciones. Marcel Roche se encargó de estructurar una nueva institución

aprovechando las excelentes instalaciones del Instituto de Investigaciones Neurológicas y Cerebrales, el cual dio paso al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) en 1959, se formó el Instituto Oceanográfico en la Universidad de Oriente también en 1959, se comenzó a elaborar un proyecto de ley para la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT), el cual se fundó en 1967. La participación de AsoVAC ha sido continua y permanente a través de su representación en el Consejo Superior del CONICIT. También se fundaron otras instituciones, como la Facultad de Ciencias en 1958, el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV en 1958 y el CENDES en 1961, entre otros. Otras universidades, además de la UCV, fundaron Escuelas y Facultades de Ciencias: la Universidad de Oriente (UDO) en 1959, la Universidad de los Andes (ULA) en 1969, la Universidad Simón Bolívar (USB) en 196994. Fue una época muy productiva en la creación de instituciones que influirían en el desarrollo de la ciencia y la tecnología nacionales. En las Universidades del interior se generó también un ambiente favorable para el desarrollo de la ciencia donde AsoVAC tuvo también gran participación. La influencia de AsoVAC en la generación de instituciones ligadas al desarrollo de la ciencia ha sido bien reconocida, a tal punto que hoy la participación de la asociación en diferentes instituciones está garantizada a través de las representaciones que mantiene en diferentes instituciones científicas nacionales e internacionales, tales como el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT), la Asociación Interciencia, Centro Nacional para el mejoramiento de la enseñanza de la ciencia (CENAMEC), Fondo Editorial Acta Científica Venezolana, FUNDAVAC, Comisión Nacional de Cooperación con la UNESCO, el Centro de Investigaciones Astronómicas (CIDA); así representaciones en diversos jurados de premios científicos 95 . La organización de las diferentes sociedades científicas que se han afiliado a la ASOVAC ha sido también de gran valor para reforzar el movimiento científico nacional. De esta manera, cada sociedad continúa desarrollando sus propios programas, pero se establece un ambiente propicio al intercambio de trabajos interinstitucionales, al aumentar las posibilidades de contacto y discusión entre investigadores de diferentes áreas y entre un número cada vez mayor de personas sobre los problemas relacionados con la actividad científica nacional 96. Existen en este momento dieciocho asociaciones científicas afiliadas a la AsoVAC, dos en proceso de afiliación y seis sociedades en proceso de formación.

También la AsoVAC ha brindado su apoyo a la creación de programas para el desarrollo científico nacional. Como ejemplo reciente está el apoyo e impulso que la AsoVAC, junto con otras asociaciones de científicos, APIU (Asociación para el progreso de la Investigación Universitaria de la Universidad Central de Venezuela), Sociedad Galileana de la Universidad Simón Bolívar y ASOINIVIC (Asociación de Investigadores del IVIC), dio recientemente para la puesta en marcha por parte del Ejecutivo Nacional, del Programa de Promoción al Investigador, que fue instalado por el CONICIT en diciembre de 199097. Desde el mismo comienzo de la Asociación se organizaron las convenciones anuales y se editó la revista Acta Científica Venezolana para establecer comunicación y vincularse con pares de todas las latitudes, con el objeto de mostrar los resultados de investigación científica nacional y estimular el interés por la ciencia en los grupos todavía incipientes. Posteriormente aparecieron otros programas, como el Festival Juvenil de la Ciencia y el Fondo Editorial Acta Científica Venezolana. Convenciones anuales Con la creación de AsoVAC comenzó la organización de las convenciones anuales. El acto inaugural de la Primera Convención Anual, se realizó el 29 de enero de 1951. Durante esta convención se presentaron alrededor de 130 comunicaciones libres, que abarcaron temas variados sobre las áreas en que se trabaja en el país para ese entonces, época en que predominan las áreas médicas: anatomía, bacteriología, parasitología, farmacología, patología general y fisiopatología, odontología y farmacia. La importancia de esta primera reunión fue comentada en sucesivos editoriales de la revista Acta Científica Venezolana. Peña (1951) comentó que «eventos como éste estimulan y ponen en movimiento los resortes internos de los recursos científicos y los de los medios intelectuales especializados. Además despiertan y estimulan en el público no preparado curiosidad e interés, que podría transformarse en franca decisión de incorporarse a la investigación de los fenómenos de la naturaleza desde los infinitamente pequeños hasta los que ocupan rangos superiores en la escala de la vida». Desde esta convención se establecieron pautas para el futuro y la AsoVAC asumió la responsabilidad de llevar adelante el programa según indica el editorial (1950 b). Las convenciones anuales se realizaron en diferentes etapas históricas. Durante la primera (1950-1958), se realizaron todas en Caracas, pero en diferentes sedes. Al inicio de esta década ocurrió la aguda crisis universitaria que culminó con su cierre en los días que se realizaba la I Convención. Durante

estas primeras convenciones el esfuerzos estuvo dirigido a estimular la participación de todo aquel relacionado de alguna manera con la ciencia del país. En el Editorial (1953ª) se comentó una de las primeras convenciones. Allí se hizo un llamado a la necesidad de ser más estrictos en la forma de presentación de los trabajos, de utilizar mejor los métodos estadísticos y mejorar la forma de expresar los resultados, así como la necesidad de ajustarse al tiempo indicado para la presentación de los trabajos científicos. Para 1954, época de la IV Convención Anual, se notó un aumento en la participación de disciplinas relacionadas directamente con la investigación científica en el área de la biología, quizás debido a que ya existía la licenciatura de Biología en la Facultad de Ingeniería de la UCV. Por el contrario, fueron escasísimos los trabajos en Química, Física y Matemática, áreas todavía no desarrolladas en Venezuela. En esta convención se organizaron también las II Jornadas de Anatomía Patológica98 . Refiere un editorial de ACV99: «fue satisfactorio registrar... una amplia participación en esta última reunión anual. Nuevas secciones funcionaron este año y las presentaciones de trabajos en general, dieron una impresión de mayor solidez». Estos comentarios se refieren a la V Convención Anual de la AsoVAC. Fue en esta reunión cuando por primera vez se abrió una sección de Sociología, realizándose también todos los esfuerzos para vincular la ciencia venezolana con todos los otros sectores públicos del país100. Durante esta década ya se habían logrado varios objetivos: el apoyo necesario para la asistencia de invitados nacionales y extranjeros a las convenciones, principalmente con la ayuda de FUNDAVAC; otro logro ya conseguido fue el entrenamiento adecuado en la presentación de las comunicaciones libres, lo que representaba un entrenamiento de la comunidad científica del país que podría luego ser utilizado en niveles internacionales. Además se destacaba la ardua tarea que significaba para los investigadores la organización de los mismos. L.M. Carbonell, quien ejercía la Secretaría General de la Asociación durante la VII Convención, resaltó algunos aspectos de la evolución de las convenciones anuales, en lo que respecta a los tipos de trabajos presentados, su calidad y la repercusión que tenían estas actividades al facilitar la realización de congresos y la organización de diversas sociedades científicas101. Una segunda etapa de las convenciones es la que se inicia con el período democrático. Para la IX Convención Anual realizada en 1959, se había

logrado hacer modificaciones en la organización de las reuniones; una de las más importantes fue la exigencia de un resumen escrito de los trabajos, que permitiera la lectura de las comunicaciones previamente a su presentación con el objetivo de seleccionar los trabajos que se permitirían y de este modo alcanzar la excelencia científica. En esta ocasión hubo importantes aportes procedentes del IVIC, Museo de Ciencias, Instituto Venezolano de Cardiología, Banco de Sangre, Facultades de Ciencia, Medicina, Veterinaria, Economía, Farmacia, Humanidades y Odontología de la UCV, Instituto Oceanográfico de la UDO, Instituto Nacional de Nutrición, Servicios Shell para el Agricultor y otras Instituciones y particulares. Esto indica que para la época hubo un incremento para las contribuciones a las convenciones, lo cual pudiera indicar que se estaba generando interés por el desarrollo científico 102. Refiere el editorial de 1959 que con los avances logrados en las convenciones se contribuiría a conseguir tres objetivos fundamentales: « En primer lugar, Venezuela podrá presentar con orgullo a propios y extraños este acontecimiento científico. En segundo lugar, el ambiente cultural evolucionará notablemente, creando mejores oportunidades para el investigador y fomentando el debido acatamiento a su excelsa actividad y finalmente, la AsoVAC verá retribuido su sostenido anhelo de fomentar, impulsar y estimular la actividad científica de nuestro país, anhelo que ha logrado mantener durante duros años de prueba, pero que debe germinar y dar sólidos frutos en el ambiente democrático que se ha dado en Venezuela103 . Arnoldo Gabaldón fue invitado para la sesión inaugural del año 1959. Su discurso se tituló Sobre el Progreso de la Ciencia en Venezuela, en el cual destaca que a los médicos les había tocado jugar un papel importante en el desarrollo científico que se llevaba a cabo y que ello tenía su demostración en el predominio de trabajos en el área de Ciencias Medicas , 75% para esa convención. Le seguían las Ciencias Físicas y luego las Ciencias Sociales en una proporción muy pequeña. Señalaba Galbaldón que en el mundo entero los fondos y los recursos humanos dedicados a las ciencias sociales eran muy bajos. Resaltaba así mismo la necesidad de hacerles avanzar, e indicaba que esto contribuiría a mejorar la convivencia de los hombres y a evitar la destrucción del medio ambiente. Hizo notar el hecho de que en Venezuela existían todavía muy pocas personas dedicadas a la investigación científica y en cambio había en general mucho interés por dedicarse a las actividades lucrativas. Para ilustrar esta situación indicaba que existían un gran número de becas que no habían sido utilizadas. Señaló que FUNDAVAC

debía hacer el máximo esfuerzo para mejorar esta situación y que debería lucharse con firmeza por lograr el todavía proyecto de Consejo Nacional de Investigación Científicas 104. En la X Convención Anual, se conmemoraron los diez años de existencia de la AsoVAC, lo cual le dio realce e importancia a esta reunión. En esta ocasión se recibieron más de 300 comunicaciones. El Secretario General de ese momento, Tulio Arends, se refirió en su discurso a las etapas de inicio de la AsoVAC y a sus más resaltantes fundadores, así como también a la proyección e influencia de la AsoVAC en la organización científica del país105. En relación a los aspectos organizativos y técnicos para próximas reuniones, se decidió desminuir el número de presentaciones de trabajos libres y se trata de planificar mesas redondas y otro tipo de actividades que permitieran enfocar un tema desde diversos ángulos, así como también una mayor discusión. Se destacó también la importancia de seleccionar los coordinadores de secciones entre los investigadores más expertos con el fin de lograr mejorar definitivamente la calidad de las sesiones. La Tabla N° 1 muestra el crecimiento de números de trabajos presentados en la primeras diez convenciones anuales; además se observa que las áreas predominantes eran las relacionadas con las ciencias médicas. Tomando en cuenta los aspectos comentados podríamos concluir con que estas reuniones dejaron sentir su influencia tanto hacia la comunidad científica del país como hacia la sociedad en general. El mejoramiento de la formación de los científicos venezolanos se vio favorecido, estimulándose el interés entre los investigadores a presentar trabajos originales, lo cual requería de un entrenamiento sobre la forma de presentación de un trabajo científico en corto tiempo. Esto contrastaba con la forma convencional que se había utilizado hasta ese momento en el país: las exposiciones de carácter retórico en las academias. En segundo lugar, estas actividades fueron un estímulo para que los institutos de investigación plantearan y pusieran a discusión sus trabajos. Se cumplía así con un mejoramiento de la parte académica, lográndose también el vínculo entre las deferentes áreas de la ciencia. Las convenciones también contribuyeron con la formación de individuos racionales y emocionalmente maduros mediante el estudio, la investigación y la meditación; y los valores éticos de la ciencia fueron siempre resaltados durante las convenciones anuales106. Se trató de lograr una participación universal de todos los

venezolanos convocada por AsoVAC. FUNDAVAC participó activamente en las primeras convenciones apoyando la invitación de personalidades nacionales y extranjeras. La inclusión del sector estudiantil en estas reuniones cumplió un importante papel, el cual todavía sigue vigente. Es necesario destacar la colaboración de otras instituciones en el desarrollo de las convenciones anuales y fundamentalmente el constante apoyo de la UCV y posteriormente de todas la universidades del país, soporte que es relevante todavía en nuestros días107. A partir de la X Convención Anual, quizá por el impacto que representó el proceso democrático sobre el movimiento científico, aumentó el número de trabajos presentados. La comunidad científica se hizo más exigente con sus pares y se observó un aumento en el número de investigadores que salieron al exterior para cumplir períodos de formación. Se reflejó el auge de las nuevas instituciones y la importancia que comenzaron a darle las universidades a la investigación científica, concretado con la creación de la Facultad de Ciencias y del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico108.progresivamente comenzaron a aumentar los trabajos de ciencias básicas. Sin embargo, en la década de los setenta se observó un estancamiento en el número de trabajos enviados a las convenciones de la AsoVAC, el cual comenzó a incrementarse nuevamente después de 1975, y se hizo máximo en 1980(Fig. N°1). Es en esta época cuando se comienza a rotar la sede por ciudades del interior del país, innovación que fue bastante exitosa y que se mantiene hasta hoy. Se comenzó además la edición de los resúmenes de los trabajos presentados, en los suplementos de ACV. Es importante señalar que es en este período cuando se instaló y se caracterizó regularmente el apoyo del CONICIT para este programa. Texera (1985) comenta algunos aspectos interesantes de las convenciones anuales en el período que va de 1970 a 1985 cuando el número de comunicaciones pasó de 321 a 1873 y el número de autores que enviaban trabajos a las convenciones iban de 270 a 2500. refiere esta autora, que el éxito descrito podría deberse a que en este período se estaban cosechando los logros de la inversión en Ciencia y Tecnología que se había logrado en los años sesenta, a saber, creación de instituciones y cientos de jóvenes becados cumpliendo labores de formación en el exterior. En 1980, el número de trabajos ascendió a casi 1200. Ese año la convención se realizó en la Universidad de los Andes. Comenzaron a

incorporarse nuevas áreas y disciplinas, a realizarse simposios, foros y diferentes tipos de actividades académicas en las más diversas áreas. Se pudiera entender que la participación de los investigadores en estas convenciones es una forma de medir la productividad científica. Sin embargo, esto no es estrictamente exacto, porque la medida de la productividad de una comunidad de investigadores requiere un estudio mucho más complejo. No obstante, el número de trabajos, las áreas representadas y el éxito de las discusiones en las convenciones anuales, podría tomarse como un indicador del avance de nuestra comunidad científica. Al revisar los informes de la convenciones más recientes (1982-1990) se observa un aumento en el número de los eventos especiales, tales como conferencias, simposios, seminarios y foros en forma importante, con participación de invitados nacionales y extranjeros. En la Tabla N°2 se indica cual ha sido la evolución de las convenciones anuales desde el año 1982 hasta 1990, en cuanto al número total de trabajos presentados y su distribución por grandes áreas, expresada en porcentajes. Se puede observar que ya en esta etapa no se detectan diferencias resaltantes en cuanto a la cantidad de trabajos que se presentan en la convenciones relacionados con las áreas biológica-biomédicas y básicastecnológicas109. La caída drástica del número de trabajos presentados en 1989, coincide con el descenso en el número de publicaciones de autores venezolanos. Esto ha sido ya reportado específicamente en el campo de la salud110. La vinculación de la sociedades científicas con las convenciones anuales es un aspecto de interés. Estas agrupaciones han cumplido un papel fundamental como colaboradores en la organización de las convenciones y arbitrajes de resúmenes en sus áreas respectivas. Ha sido importante su aporte para la participación de invitados extranjeros, en la organización de conferencias magistrales que ya son tradicionales, así como la realización de las asambleas correspondientes dentro del marco de las convenciones. Sin embargo, algunas sociedades han comenzado a organizar sus reuniones científicas fuera del marco de la convención en el número de trabajos presentados en las convenciones en áreas especificas. Este último aspecto ameritaría un análisis más profundo, cuyas conclusiones serían de gran importancia para la organización de los futuros encuentros. Las convenciones anuales siguen siendo uno de los medios fundamentales para la difusión de la actividad científica en el país. Después de cuarenta años ininterrumpidos de realización de las

convenciones, la comunidad científica debe luchar por su continuidad. No obstante, sería necesario incluir ciertos cambios o modificaciones en la organización de estas reuniones, a fin de aumentar su excelencia y lograr una proyección de mayor impacto sobre los científicos y la sociedad en general. acta científica venezolana Con el advenimiento de la AsoVAC y la consecuente organización de la comunidad científica fue necesario crear un órgano divulgativo que difundiera su actividad y que fuera capaz de informar acerca de los avances más relevantes de la ciencia mundial, contribuyendo de esa manera a fortalecer las diversas áreas de la ciencia del país. Tal como consta en el acta de instalación de la AsoVAC, uno de sus objetivos primarios era la libre difusión de los conocimientos. Con este objetivo se creó la revista Acta Científica Venezolana (ACV). El primer número de la revista corresponde a los meses mayo-junio de 1950, bajo la dirección de una comisión redactora constituida por Vicente Peña, Félix Pifano, Enrique Tejera, Oscar Agüero, Werner Jaffé, Hernán Kaiser y Francisco De Venanzi. En el editorial del tercer número del mismo año (1950c) se comentó sobre la importancia de disponer de una revista buena y adecuada para la publicación de los resultados de los trabajos de investigación; se resaltaba el peligro de la proliferación de revistas científicas en un país con poco recursos humanos y económicos que pudieran dedicarse a estas actividades. En las palabras leídas por Vicente Peña (1951) en la asamblea de instalación de la AsoVAC, se decía: se dispondrá de un órgano periodístico de publicidad que en primer término contendrá material venezolano original, secciones varias con sus especialidades en las diversas ramas de la ciencia sin omitir estudios de otra índole relacionados con la técnica o con el conocimiento. En las primeras etapas de la ACV, W. Jaffé (miembro del Consejo Directivo de la AsoVAC), se responsabilizó de la edición de la revista. Refería el editorial (1956), que a pesar de grandes estrecheses económicas y con dificultades para la consecución de artículos de calidad, se había podido mantener la revista durante 6 años. Para ese momento la distribución abarcaba todo el territorio nacional y se distribuía a unos 400 centros bibliográficos e instituciones de todo el mundo. Se hacía notar la importancia de que ACV fuera indexada en revistas periódicas, lo cual la incorporaría a la literatura universal. Desde noviembre de 1965 ACV fue incluida en el Index Medicus; y en 1963 se incluyó en el Current

Contents. Ya en 1964 se decide incluir en forma permanente resúmenes en inglés para todos los trabajos publicados en la revista. El arbitraje de pocos trabajos que se recibían era realizado por la misma Junta Directiva de la asociación. Es de hacer notar que en los primeros números, los autores de los artículos publicados eran principalmente los mismos miembros de la Junta Directiva. En este período era difícil obtener artículos escritos o conferencias. En el año 1957 se instaló una comisión redactora bastante amplia, formada aproximadamente por 21 personas. Para el año 1969 Federico Pannier se encargó de la edición de la revista; ya para esta época se establece en forma permanente y regular el sistema de arbitraje, el cual fue fundamental para cercarse al criterio de garantizar su calidad. En 1969 el Consejo Directivo de la AsoVAC consideró necesario reactualizar y hacer más dinámica la edición ACV. Ocurren entonces cambios importantes en el formato de la revista, se modificaron las portadas, se introducen colores en ella y se cambia el tamaño. Se nombran por primera vez los editores de campo. Se trataba en definitiva de hacer menos estática la revista, intentando a su vez que un número mayor de personas participaran en su elaboración. Los archivos de la revista se trasladan del IVIC al edificio sede de FUNDAVAC AsoVAC. Cabe destacar un nuevo tipo de actividades que organizó para esta época el Consejo Directivo de la AsoVAC y que se refiere a las expediciones científicas que tenían carácter multidisciplinario y las cuales eran reflejadas por la revista con mucha distinción111. Otro aspecto que se trató de fomentar para este momento fue la inclusión de investigadores extranjeros en el comité editor con el objeto de lograr mayor vinculación con grupos internacionales. Las discusiones que realizaban los miembros del Comité Editor durante esta etapa versaban sobre el carácter multidisciplinario de la revista y sobre su capacidad de transmitir o mostrar el tipo de investigación que se realizaba en el país, aspectos que aún hoy tienen vigencia y son materia importante de consideración. Las editoriales de ACV han constituido siempre un medio de discusión y planteamientos sobre problemas de la ciencia nacional. En el año 1975, momento en que la AsoVAC llegó a su 25° aniversario, se da un nuevo impulso a la asociación y se trata de vincular a la revista a la región latinoamericana. Se nombró entonces por primera vez a un editor jefe y a una comisión editora. Con el objeto de plantear algunos problemas que

experimentaba la revista para esos momentos, se promovió una reunión con el CONICIT, incluyendo invitados especiales como Marcel Roche, Francisco De Venanzi, y Tulio Arends, entre otros. Se consiguió así el financiamiento del CONICIT. En esa misma época era importante lograr que los investigadores del IVIC publicaran en ACV y con este fin se llevó a cabo una reunión con el director de este instituto. Se trataba de lograr que la comisión clasificadora del IVIC, considerara y tomara en cuenta los trabajos publicados en Acta. Sin embargo, esto no fue aceptado. En 1983 la revista fue excluida del Current Contents, lo que originó gran preocupación general e impactó fuertemente a la comunidad científica. Las razones esgrimidas para tomar esta determinación fueron que tenía poco impacto y que los científicos venezolanos preferían hacer sus publicaciones en revistas foráneas. El mismo director del Institute of Scientific Information sugirió que para reactivar la revista se le cambiara el nombre y se diera una dimensión menos local, tratando de captar un mercado más amplio. Se sugirió además disminuir el número de áreas que abarcaba y la periodicidad de la revista, así como aumentar el número de publicaciones en inglés. Sin embargo, estas sugerencias no encontraron eco. Se han originado múltiples discusiones en diversos sectores a partir de la eliminación de ACV del Current Contents. Estas no han contribuido a lograr a lograr cambios en la revista que resulten en aumentar su impacto internacional. Actualmente con la puesta en práctica del Programa de Promoción de Investigador que ha originado de nuevo discusiones sobre las problemáticas de la publicaciones científicas en nuestro país112, parece haber un clima propicio para reanudar los intentos de promover ACV internacionalmente, lo que podría contribuir en un futuro a que ésta fuera aceptada de nuevo en el Current Contents. Si se lograra estas iniciativas tendríamos mayores posibilidades de alcanzar este objetivo. Es importante recordar que la proporción de revistas periódicas incluidas en el Current Contents del Science Citation Index es mínima en relación al número de revistas periódicas del mundo entero, que llegan actualmente a un número cercano a 70000. Por otra parte, solo la mitad de la producción científica de los países en desarrollo que responde a estándares internacionales de calidad está incluida en el SCI. Ciertamente, nuestros autores son citados con mucha menos frecuencia que sus pares de los países centrales que publican en revistas de gran impacto, pero la práctica de citas de referencia de la comunidad científica muestra claramente que ésta está incluida, por ejemplo, por el lugar donde se

realizó la publicación y no por la calidad del trabajo113. Aspecto sobre la evolución de ACV en relación a su política editorial, el tipo de trabajo que se han publicado en el tiempo, los resultados que se persiguieron, el papel que se ha buscado para la revista en el conjunto de publicaciones científicas nacionales e internacionales y el tiempo de colaboración que ha recibido están descritos en un interesante trabajo de Vessuri (1987). La autora elabora, además al final del trabajo ciertas proposiciones estratégicas que, a su modo de ver influirían en mantener la vigencia de la revista. ACV está indexada en diversos sistemas de difusión tales como Biological Abstracts, Excerpta Médica, Zentralblatt fur Matematik, Mathematical Reviews, Chemical Abstract Service,Index Medicus Titles, Biblioteca Regional de Medicina (BIREME), Periódica CICHUNAM; Cambridge Scientific Abstract, Current Advances in Plant Sciences, Biotechnology Abstract, Chemical Abstract e Index Medicus. Recientemente se han incorporado cambios en ACV que han contribuido a aumentar el número de publicaciones, facilitar el manejo posterior de la información y a internacionalizar la revista. Se introdujo, por ejemplo, la sección de Avances de Investigación en 1983 y se aumentó la velocidad de publicación. Luego se introdujeron en las comunicaciones palabras claves y se mejoró la identificación de los trabajos. Asimismo se modernizó y se actualizó el formato. Además, a partir de 1987 ACV introdujo su propio sistema de montaje y de levantamiento de texto y diagramación. Se ha logrado también una conexión más fluida con los autores. Durante la primera etapa de la vida de la revista existió la posibilidad de cubrir los gastos de impresión con avisos comerciales y este aporte dejaba aún un exceso que era utilizado por la AsoVAC. En la actualidad el financiamiento de la revista se costea con aportes de FUNDAVAC, de AsoVAC a través de su membresía, CONICIT, de los CDCH de las universidades Central, de los Andes y Lisandro Alvarado, así como también con aportes de la Fundación Polar. La iniciativa de los pioneros de la AsoVAC de crear ACV, es digna de aplauso; es una revista que aún con sus característicos problemas se ha mantenido en el tiempo, durante 40 años en forma ininterrumpida114, que sin pretender sustituir a las revistas especializadas ni reemplazar al sistema internacional, constituye un elemento clave en el establecimiento de sistemas de investigación en el país y en el desarrollo de la ciencia nacional. Sin embargo, ACV necesita promover discusiones fundamentales a través de AsoVAC y otras

asociaciones, para lograr los cambios necesarios que le permitan no solo sobrevivir sino lograr la fuerza y el impacto que requiere cualquier sistema de publicaciones en el mundo. Festival Juvenil de la Ciencia El atraso científico del país preocupó a la AsoVAC desde sus inicios, entendiéndose como una de las causas la deficiente formación científica en los estudios secundarios. En este sentido, al comienzo de la década de los sesenta, la AsoVAC realizó severas críticas al tipo de educación secundaria que se impartía en el país, las cuales señalaban la existencia de un exceso en la aplicación teórica, de un gran número de profesores con actitud dogmática y de un escasísimo trabajo práctico que ayudara a demostrar las teorías. Se recomendó la formación de un estudiante más racional, con mayor capacidad explicatoria, cuestionador y que se interesara por la actividad científica. La AsoVAC propuso entonces un modelo de liceo que llenara todas las expectativas, idea que quedó en el vacío. El primer concurso de dibujos infantiles sobre motivos científicos y de la naturaleza, organizado en 1960 en el marco de la X Convención Anual, fue la primera vez que AsoVAC se vinculó con jóvenes estudiantes, educadores e institutos de educación básica (Editorial 1960). En mil 1961, Francisco De Venanzi creó la sección juvenil de la AsoVAC, que funcionó solamente con estudiantes universitarios y no alcanzó nunca a estudiantes de secundaria115. En 1967, la directiva de AsoVAC reunió a grupos de investigadores y docentes quienes consideraron que era de importancia fundamental la organización de actividades o reuniones científicas con jóvenes y estudiantes de educación media. Ese mismo año se puso en marcha un programa que entonces se llamó «Feria de la Ciencia>. En la promoción y organización de esta actividad tuvieron singular participación los profesores Luis Segundo Jordán y Mariluz Carrero. El nombre del festival juvenil de la ciencia (FJC) fue sugerido por el profesor Alonso Gamero, investigador, docente y decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela. El Consejo Directivo de AsoVAC nombró una comisión asesora integrada por docentes e investigadores quienes establecieron las pautas de trabajo del FJC. En 1968, la AsoVAC, con la cooperación del Ministerio de Educación, del IVIC, de la Universidad Central de Venezuela, del Instituto Pedagógico de Caracas y con financiamiento parcial de la Fundación Shell y la Fundación Ford, organizó el Primer Festival Juvenil de la Ciencia, en el cual participaron Caracas, Valencia, Maracaibo y Mérida. A partir de esa fecha, los Festivales se han realizado sin

interrupción, no sin padecer algunos inconvenientes en el transcurso de los años, debidos en gran parte a la falta de financiamiento. En las fases iniciales, el programa se vinculó particularmente con el IVIC y con sus investigadores, así como también con el Ministerio de Educación, particularmente con supervisión especializada de ese ministerio en las áreas de química, biología, ciencias de la tierra y puericultura. Al frente de esta supervisión se encontraba la profesora Yolanda Carrero. En 1989, se realizó en Panamá, bajo los auspicios de la UNESCO, la asociación Panameña para el Avance de la Ciencia y la Universidad de Panamá, un seminario regional para «promotores de centros de ciencia y actividades relacionadas>. Allí se acordó denominar a todas esta iniciativas como actividades científicas juveniles no formales, quedando así definido el FJC como un programa de educación no formal, creado y coordinado por AsoVAC y dirigido a estudiantes de la tercera etapa de la educación básica, de educación media diversificada y profesional que voluntariamente deseen participar. En sus etapas iniciales, el festival era responsabilidad de las directivas de los capítulos de AsoVAC y existía un coordinador nacional. En el año 1979, se crearon las coordinaciones regionales. Desde hace varios años funciona la Comisión Nacional Coordinadora que sustituyó a la figura del coordinador nacional. La nueva organización del festival permitió su crecimiento tanto en cantidad como en cobertura geográfica. Sin embargo, esto no repercutió en el mejoramiento de la calidad de los trabajos, la cual dependía más bien de los docentes asesores del Ministerio de Educación. A partir de 1975, el FJC se vinculó al Centro para el Mejoramiento de la Educación para la Ciencia (CENAMEC). El CENAMEC contribuyó con dos programas fundamentales: en primer lugar los talleres dirigidos a docentes y a estudiantes; se entrenó a los docentes para darle seguridad en su función asesora, así como también suministrarles información en las distintas actividades científicas juveniles. En segundo lugar los campamentos, que trataban más bien de proporcionarles al estudiante la metodología necesaria para realizar alguna actividad de investigación. El FJC contribuye a que se detecten problemas de la región que puedan ser analizados a través de este programa. Los capítulos de AsoVAC organizan talleres, jornadas y otras actividades dirigidas a los estudiantes que participan en el FJC, el cual se realiza anualmente en tres etapas: local, regional y nacional.

El crecimiento numérico y la cobertura territorial del festival, así como las actividades necesarias para elevar su calidad, han generado costos crecientes que conducen a uno de a uno de los problemas principales: su financiamiento. Los recursos económicos con que el programa provienen de AsoVAC, CONICIT (institución que casi desde el nacimiento del programa ha contribuido con él), Fundación Polar, FUNDAVAC, IBM, Petróleos de Venezuela y el Ministerio de Educación, entre los más importantes por su aporte de manera regular. En 1985, el FJC firmó un convenio con la Fundación Polar para financiar gran parte del programa durante tres años. Este financiamiento contribuyó notablemente a darle estabilidad. Hay otras instituciones que también han contribuido de manera importante: Instituto Nacional de Hipódromos, algunas corporaciones de desarrollo regional, empresas e industrias públicas y privadas del área. Además no debemos dejar de nombrar a los miembros de la AsoVAC que con su contribución a la asociación colaboran con este programa. En los últimos años el FJC se ha enfrentado a crisis financieras que han puesto en peligro su financiamiento. En la búsqueda de una solución adecuada, los diferentes entes patrocinantes, con respaldo de la AsoVAC, han tomado la iniciativa de crear un fondo dotal que funcionaría como una Fundación que garantice los recursos necesarios para el programa. En los últimos cinco años el FJC ha atendido en su etapa local de 36000 a 40000 estudiantes, con un número de trabajos participantes que oscilan entre 12000 a 15000 en la etapa regional el programa ha atendido entre 1300 a 1500 estudiantes con un número de trabajos que oscilan entre 450 a 500 y en la etapa nacional 180 estudiantes presentaron 60 trabajos. El FJC tiene funcionando 23 años ininterrumpidos y a pesar de las deficiencias financieras se ha logrado que participen en la etapa local más de 100000 estudiantes, en la etapa regional mas de 25000 y en la etapa nacional más de 3600. El FJC se lleva a cabo actualmente en 22 entidades federales y más de 10000 docentes de diferentes sectores participan en él116. En relación a las características de los trabajos presentados se observa que el 69% son de tipo experimental, el 25% de tipo descriptivo y el 6% de tipo documental117. Tomando en cuenta los últimos tres años, las áreas que se presentan en el FJC con más frecuencia son: biología y biomedicina 57%, ciencias básicas y tecnológicas 26% y ciencias sociales 17%. Algunos estudiantes han representado a Venezuela

en eventos científicos juveniles a nivel internacional, como por ejemplo, en Japón, Ecuador, Bolivia, Israel, Panamá y Venezuela; aunque muchas oportunidades se han perdido por la falta de financiamiento. Cabe destacar que durante el período en que se ha realizado el FJC, se ha logrado incrementar el número de trabajos de los estudiantes de educación media; la participación de un mayor número de profesores e investigadores en estas tareas y la creación de un mayor interés por la ciencia. Se ha visto que en los últimos 10 años ha predominado la participación de estudiantes de la educación privada. Es importante resaltar que en esta última tendencia debería revertirse y que deberían tomarse medidas para incrementar la participación de estudiantes procedentes de la educación pública. Habría que evaluar con un estudio de seguimiento si la existencia del FJC ha incrementado la inclinación hacía la investigación científica entre los estudiantes como profesión y si ha propiciado habilidades y madurez mental en sus participantes. Fondo Editorial Acta Científica Venezolana La editorial desplegada por ACV para el año 1980, necesitaba expansión y reajuste debido al desarrollo mismo de la actividad de investigación científica nacional. En este sentido, se pensó que era adecuado establecer mayores estímulos y apoyos a la actividad editorial en el país. Se incluirían aquí los apoyos necesarios tanto para la revista ACV como para la edición de libros de interés para diversas áreas. Se pensaba que era necesario colocar la actividad de difusión de la ciencia al mismo nivel del desarrollo alcanzado por la actividad de investigación. Así se propuso la creación de un fondo de financiamiento para esta actividad: de un fondo editorial que operara a través de una fundación. El proyecto se presentó por primera vez en el marco de la XXXI Convención Anual, en 1981. El fondo editorial es auspiciado por la AsoVAC, institución que tiene la mayoría de los representantes del consejo editorial. Como resultado se han editado más de 60 textos La vigencia de AsoVAC La actividad de la AsoVAC se ha desarrollado a lo largo de sus años de existencia, bajo la influencia de los procesos sociales y políticos ocurridos en nuestro país en particular y en el mundo en general. Debido a su creatividad y a sus acciones permanentemente ceñidas de seriedad, la asociación ha logrado alcanzar un gran prestigio. Los objetivos trazados por la AsoVAC desde sus inicios en función de promover el desarrollo de la ciencia estuvieron destinados entre otras cosas, a

institucionalizar la actividad científica en el país y tal como lo señala Ardila (1981) se destacan acciones como: lograr apoyo financiero para el fomento de la investigación científica en nuestro país, acciones para vincular esta actividad a las universidades, funciones para impulsar y apoyar su desarrollo en diversos institutos de investigación, acciones tendientes a vincular la ciencia con la educación media y con otros sectores para involucrarlos en el proceso de desarrollo científico. Con la finalidad de que el trabajo de la asociación se hiciera cada vez más amplio y universal y para que sus postulados adquirieran cada vez más fuerza, fue necesario establecer el vínculo de esta organización nacional con comunidades científicas del mundo; esta idea fue desarrollada por sus fundadores desde los mismos inicios de la asociación118. La AsoVAC se afilió a la Asociación Interciencia desde el momento mismo de su creación en 1975. Interciencia agrupa a las asociaciones para el avance de la ciencia de América y posee un órgano divulgativo, la revista Interciencia editada en Venezuela, la cual ha logrado obtener un buen impacto en el continente. En 1989, AsoVAC atendió la convocatoria que motorizara un grupo de científicos ingleses con el objeto de discutir acciones concertadas de la comunidad científica y proponer la creación de una «Unión Internacional de Asociaciones para el Avance de la Ciencia>119. En una carta escrita a la AsoVAC por Lord Dainton, coordinador de esta reunión y de fecha 5 de diciembre de 1989, se explican claramente los objetivos de esta iniciativa. La vigencia de asociaciones para el avance de la ciencia en países como el nuestro, es una necesidad. La falta de visión para el análisis del futuro que observamos en nuestros políticos, la falta de planificación y el desconocimiento de los beneficios que pueden proporcionar las actividades científicas y tecnológicas, hace necesaria la función formativa, guiadora y de liderazgo de estas asociaciones. La AsoVAC ha cumplido cabalmente esta función a través de los años; ha tenido un papel fundamental en la toma de decisiones en materia de política científica, ha sido fundamental y siempre oportuna tal como corresponde a una institución solamente comprometida con sus principios de promoción y difusión de la ciencia en el país. La AsoVAC, con su representación en el Consejo Superior del CONICIT y en otras instituciones y por su carácter multidisciplinario transmite la opinión de los científicos sobre problemas diversos. En la década de los ochenta, período de aguda crisis fiscal en el país, con evidente repercusión en el

sector de ciencia y tecnología, AsoVAC propició una serie de claras y determinantes denuncias120, que seguidamente han incidido, entre otras cosas, en las recientes tomas de decisiones que han permitido mejoras en la actividad científica y tecnología nacional. Hemos observado en los años 1990 y 1991 aumento del presupuesto del CONICIT y la instalación del Programa de Promoción al Investigador, hechos positivos en su crecimiento. Aún cuando AsoVAC continúa ejerciendo la actividad de estímulo y apoyo para el desarrollo de la ciencia venezolana, las necesidades actuales de nuestra comunidad científica exigen que se promuevan dentro de la asociación transformaciones que le permitan no sólo hacerse más atractiva para la comunidad científica del país, sino que su contribución sea determinante para que esta misma comunidad científica desarrolle los cambios necesarios para sobrevivir y progresar. Existe actualmente la necesidad de un liderazgo en la comunidad científica que exprese las necesidades de sus miembros, que vele por sus intereses y que evidencie el papel de la actividad científica y tecnológica, papel que la AsoVAC en conjunto con otras asociaciones y sociedades científicas debe cumplir en los próximos años. Además, la AsoVAC junto con las otras organizaciones que reúnen a los científicos del país debe trabajar promoviendo la organización, el crecimiento y la modernización de nuestra comunidad científica presentando a su vez labores de asesoría al Estado con el objeto de elaborar un plan nacional de ciencia y tecnología121. Sin la existencia de la AsoVAC, sin el conocimiento de la historia de esta asociación, no podría comprenderse la historia y el desarrollo de la ciencia venezolana. Sin embargo, en los próximos años se le exigirá más a la AsoVAC, institución que tiene todavía pendiente una difícil tarea que a través de sus líderes capaces y con buena formación académica debe hacer cumplir. 82. Bernal, 1964. 83. Ardila, 1981. 84. Editorial, 1950 a. 85. García Arocha, 1960. 86. Peña, 1951. 87. De Venanzi, 1975; Roche 1984. 88. Editorialll 1953 b. 89. Torres, 1978 90. Herring y Pirela, 1988. 91. González, 1991. 92. De Venanzi, 1975. 93. Editorial, 1958 a. 94. Roche, 1979. 95. Roche, 1979.

96. Bifano, 1976. 97. Marcano, 1991. 98. Editorial, 1954 a. 99. Editorial, 1955. 100. Nazoa, 1955. 101. Carbonell, 1957. 102. Editoriales 1958 by 1959. 103. Editorial, 1959 104. Gabaldón, 1959. 105. Arends 1960; Editorial 1960. 106. Editorial 1953 a. 107. Rodríguez Lemoine, 1981. 108. Idem, ibídem. 109. Informes Finales Convenciones Anuales 1982, 1983, 1984, 1985, 1987, 1988, 1989 y 1990; González, 1990 110. Díaz Polanco y col. 1991. 111. Medina E., 1969. 112. Viana Di Prisco, 1991. 113. Gaillard, 1989. 114. Rodríguez Lemoine, 1989. 115. De Venanzi, 1961. 116. Carrero Y Comunicación personal. . 117. Idem, ibídem. 118. De Venanzi, 1975. 119. Di Prisco, 1990. 120. Urbina, 1985 a y b; Di Prisco, 1986; CDN, 1986; Di Prisco, 1987; Di Prisco y col., 1987; Arocha-Piñango y col., 1990. 121. García Sucre y Marcano, 1990. ARDILA, Marta Ch. (1981): Origen y Evolución Histórica de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia. Tesis para optar al título de Licenciado en Sociología, UCAB: ARENDS, T. (1960): La labor realizada. Palabras pronunciadas en la sesión inaugural de la X Convención Anual de la Asociación Venezolana de la Ciencia el 20 de marzo de 1960; por el Dr. Tulio Arends, Secretario General, Editorial 11 pp 43-45. ARNSTEIN, G. (1975a): Vigencia de la AsoVAC: ACV, 26: 71-72. ARNSTEIN, G. (1975b): De Venanzi o la terquedad creadora, ACV, 26 113-114. AROCHA PIÑANGO, C.L., Mendoza, G. Hernández, T. Di Prisco, M.C y Texera, Y. (1990): La situación de la ciencia en Venezuela. Problemas, propuestas y posibles soluciones. Aula Magna (revista del Rectorado de la UCV), año 1. BERNAL, J.D. (1964): Historia Social de la Ciencia, Tomos I y II, Edición Castellana, Ediciones Península, Barcelona 1976. Citado en Ardila Marta Ch.1981. BIFANO, C: (1976): Editorial. AsoVAC y las Sociedades Científicas del País, ACV, 24: 279280.

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82-83. *Publicado en Cuadernos Lagoven “La Ciencia en Venezuela: Pasado, Presente y Futuro, Editorial Arte, S.A., 1992 páginas 35-49, ISBN 980-259-470-9

LA CIENCIA EN TIEMPOS DE CRISIS: Perspectivas de la universidad venezolana César Américo Badell *

Si alguna bondad tuvo el
movimiento de renovación universitaria de finales de los 60, fue la de popularizar el sano principio del criterio crítico. Por ello me siento en la línea indicada cuando voy a someter a criterio crítico mis puntos de vista acerca de la universidad venezolana deseable y necesaria en función de la problemática del desarrollo nacional en tiempos de crisis. Los científicos sociales hablan del futuro como algo relativamente tangible en la medida en que, de acuerdo con las tendencias habidas en el pasado, se pueden prever las variaciones del mismo. Esta predicción es siempre azarosa, sobre todo cuando la misma se hace en organizaciones sociales que aún no han encontrado asentamiento y estabilidad social, como es el caso de la sociedad venezolana y sus organizaciones. Tal como ocurre a nivel mundial, corresponde a las instituciones de educación superior el mayor y más intenso esfuerzo en el quehacer científico; como contraparte, y es el caso venezolano, según la Carta Magna de la Constitución es obligatoriedad del Estado dotarlas de los recursos necesarios para que dicho esfuerzo sea exitoso, y por ende utilizar el producto final que se genere de dicha actividad en beneficio del país. Así como la dictadura había permitido el desarrollo del país basado en la cultura del cemento y de la ostentación, a mi juicio, la democracia ha podido perfectamente asumir con toda dignidad y responsabilidad el fortalecimiento del sistema educativo y del sector científico de manera articulada al proceso

productivo y de desarrollo social, por demás fundamentado en la auténtica relación con el proceso de reactivación, producción y despegue para que, desde el punto de vista financiero, la investigación pueda cosechar frutos de su colaboración con la industria y el mercado, pero no al costo de perder su libertad académica, cualidad que hace de la Universidad un agente particularmente activo del cambio científico, cultural y tecnológico, dotado de propia iniciativa y capaz de asumir un protagonismo crítico en la materia. A diferencia del investigador al servicio de la iniciativa privada, a quien sólo se le permite investigar en campos rentables y según precios del mercado ajenos a la misma investigación, el investigador puertas adentro de la universidad está en condiciones, como hasta ahora lo ha hecho, de dar como prioridad a su investigación el medio social en donde se desenvuelve y la búsqueda de soluciones a los diferentes males que le aquejan, sin importar cual pudiera ser la incidencia de sus resultados sobre el sector económico o político. Es acá, entonces, donde radica la notable diferencia entre ambas actividades; la investigación en la universidad ha demostrado no permitir manipulación de sus resultados, y eso la hace vulnerable del sector capitalista y oficialista. Los problemas que afectan actualmente la educación superior venezolana tienen su origen en la estructura de relaciones que se han dado durante las dos últimas décadas entre los sistemas universitarios, la sociedad y los gobiernos, lo que hasta cierto punto ha permitido un deterioro en la calidad de nuestras universidades. Como institución generadora de nuevos conocimientos y formadora de graduados de alto nivel o postgraduados, la universidad deseable y necesaria debe afrontar el reto sobre el rumbo que en tiempos de crisis deberá darse a las sociedades. Para ello será necesario visualizarla dentro de un escenario de

desarrollo sustentable y de la solidaridad, que implica una globalización del conocimiento que tome en cuenta las dimensiones ambiental, cultural, social y económica, que pasa por una mayor integración, articulación y evaluación sistemática de los procesos locales e internos; todo ello en función de un equilibrio entre la finalidad intelectual (difusión y expansión del conocimiento), finalidad humanística (desarrollo integral de la persona y búsqueda de la verdad a través de la indagación), y la finalidad utilitaria (respuesta a las necesidades de la sociedad, formación de profesionales aptos y con vocación de servicio, la investigación con misión de desarrollo, servicios de consultoría y asistencia técnica). El panorama que actualmente tenemos no permite más improvisaciones, el estrangulamiento intelectual producto de la insipiencia organizativa, funcional y operativa, falta de integración y coordinación, y lo que es más importante, la casi nula conciencia nacional sobre la necesidad de volcar mayores recursos al desarrollo de la investigación como único medio de desvincular al país de la dependencia tecnológica, es cada vez más agobiante. Por eso se impone un cambio en el rumbo que pasa por una necesaria evaluación institucional que extirpe el existente aburguesamiento para el trabajo intelectual, que no para el trabajo creador, y contribuya a construir en nuestro país la necesaria universidad, que de la universidad necesaria impuesta, obligante y obligada, una necesaria universidad que vaya más allá de las banalidades ideológicas que sólo hacen el juego a quienes no desean una universidad eficiente y productiva. Es necesario que se discuta con pasión nacionalista el derecho que tenemos los científicos e investigadores de proporcionar nuestra cuota de participación en el desarrollo armónico y total de nuestro país. Así lo han entendido otras naciones con

muchos menos recursos que la nuestra, y evitar con ello seguir propiciando el éxodo de destacados y calificados investigadores hacia el exterior, o en el mejor de los casos hacia el sector de la producción. Perder un investigador no es cuestión de perder la costosa inversión que hubiera podido significar su formación científica, lo que no es medible económicamente es todo lo que ese científico o investigador huido pueda dar, que vale mucho más. Para ello, es necesario que el sistema político nacional se acostumbre a utilizar este recurso y hacerle preguntas para la resolución de los variados problemas existentes, así como entiendan además, que los actores en el sector científico y tecnológico no hemos derrochado nada, y ese lujo del que a veces se habla existe en algunos de nuestros institutos o centros de investigación, no es comparable, ni someramente, con el alto prestigio logrado por su producción y calidad de su personal y trabajos realizados, pese a las limitaciones que de costumbre le son impuestas. Las instituciones universitarias por su parte, deben establecer mecanismos y estrategias para ser igualmente útil a los demás sectores de la vida nacional. Ese esfuerzo que necesariamente habrá que hacer, deberá hacerse con una dinámica que concluya con la inercia a la cual estamos siendo arrastrados. Algunas acciones ya en marcha habrá que fortalecerlas, tal es el caso del Sistema de Promoción del Investigador, Programa del Investigador Novel, Programa de Regionalización del CONICIT a través de los FUNDACITES o Comisionadurías, beneficios por productividad científica y académica; otras habrá que insistir para su efectividad, tal es el caso de: - Un Plan Nacional de Ciencia y Tecnología articulado con todos los sectores de la vida nacional, y en particular con la participación de los investigadores, sean civiles o militares. En este particular, resulta conveniente destacar la imperiosa necesidad de

articulación e interacción con el sistema científico y tecnológico que requieren nuestras Fuerzas Armadas; el personal altamente capacitado así como los laboratorios debidamente dotados ofrecen enormes posibilidades para ello; este esfuerzo requerirá de una decisión política de trascendencia, el cual rompa con el esquema tradicional en procura de la inamovilidad y reconocimiento de la actividad científica desarrollada para los efectos de los ascensos correspondientes; - Una estructura legislativa y jurídica (Ley de Ciencia y Tecnología, por ejemplo) que contemple entre otras cosas la formulación de una Ley de tributación mínima indispensable, política y moralmente irreprochable, de la ciencia y la tecnología, así como un cuerpo normativo que permita legitimar extra e intra-universitariamente la profesionalización de la ciencia y de la tecnología, y permita coordinar los diferentes esfuerzos entre los organismos que planifican esta actividad (CONICIT, CDCHT) y los organismos donde se hace la ciencia (IVIC, Universidades, INTEVEP, básicamente). Con esta acción se lograría una mayor visibilidad dentro del estado venezolano y la necesaria articulación del concepto de política pública y su relación directa con el proceso científico y tecnológico hasta el presente vinculado por la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados del Congreso de la República, la que tímidamente articula sus intereses pero que aún no logra credibilidad necesaria que le permita asumir un proceso de representación plena; - A los estados mineros y petroleros, asignarles recursos extraordinarios para el desarrollo de proyectos de investigación y financiamiento de innovaciones tecnológicas, sobre la base de áreas prioritarias debidamente definidas que articulen las demandas del sector externo con las de las instituciones generadoras de conocimiento; - Cumplir y hacer cumplir el Decreto 133 y

toda aquella iniciativa que resulte en beneficio de la utilización de nuestro potencial científico y tecnológico por parte de las empresas públicas y privadas. En estas acciones, entre otras, radica la esencia en la búsqueda de nuestra propia identidad y soberanía: Bajo las condiciones actuales e inmediatas futuras, debemos tratar de aprovechar al máximo el potencial ingenio nativo y recurso humano altamente calificado existente. *Ing. César Américo Badell. Profesor jubilado de la Universidad del Zulia. Asesor Permanente del Núcleo de los CDCHT y sus equivalentes en las universidades del país.

EDITORIAL VINCULACIÓN UNIVERSIDAD-SECTOR EXTERNO: UNA ESTRATEGIA GERENCIAL.
Durante los últimos años ha habido una creciente convicción de la necesidad e importancia de vincular la actividad científica y tecnológica de las universidades y sus centros de investigación de forma más estrecha y formal con su entorno, con el propósito de satisfacer a éste sus requerimientos de servicios, de investigación y desarrollo, así como de educación continua; de manera que pueda enfrentar las demandas presentes y futuras con mejores perspectivas de éxito. Esta colaboración entre las universidades y el sector externo, entendido este último según Muga (1) como una amplia gama de organismos, instituciones, empresas y particulares hacia los cuales la universidad puede entregar su aporte, sería ventajosa para ambas partes al unirse características y competencias complementarias para producir una sinergia, lo cual conduciría al beneficio mutuo. Las universidades poseen una dotación importante de recursos humanos calificados, infraestructura, equipos y laboratorios, con la finalidad de cumplir sus objetivos internos de docencia e investigación. Sin embargo, mediante una estrategia gerencial adecuada, el uso de estos recursos podría extenderse hacia objetivos externos, tales como contribuir a resolver la demanda de prestación de servicios científicos y tecnológicos de su entorno, obteniéndose de esta manera logros significativos para la universidad.

Tradicionalmente estos dos sectores se han visto enfrentados por diferencias de concepciones respecto al papel que ellos deben cumplir, las diferencias de intereses en cuanto a los servicios y beneficios que cada uno espera obtener del otro, así como por la escasa disposición para iniciar un acercamiento. Es así, como la universidad pretende generar conocimientos y difundirlos hacia la sociedad, contemplando el bienestar social. El científico siempre ha tenido la libertad para elegir la materia de su investigación y publicar los resultados obtenidos sin restricciones. Por su parte el sector externo, particularmente el sector productivo, tiene intereses específicos, quiere investigaciones aplicadas a la solución de sus propios problemas y desea exclusividad en cuanto a los resultados. En esta circunstancia, es innegable la necesidad que un sector tiene del otro para solventar sus deficiencias. Estos entes han tenido y tienen por delante un desafío de proporciones, que de afrontarlo exitosamente no sólo contribuirían a mejorar el bienestar de la sociedad, sino que también habrán dado pasos importantes tanto en su crecimiento académico y económico como científico-tecnológico. En las universidades Latinoamericanas, similar a los países desarrollados, empieza a inculcarse la apertura y búsqueda de alianzas con el sector productivo como medio fundamental para gestionar, por diversas vías, la obtención de recursos económicos complementarios a los otorgados por el Estado para su funcionamiento. Esto ha ocasionado cierta inquietud en los representantes universitarios, por cuanto se pudiera desvirtuar el papel fundamental de la universidad. Es conocida la confrontación entre la cultura universitaria y la cultura de las empresas. Por un lado, en las universidades se cuestiona si éstas deben involucrase en esta relación y tipo de actividades; hay desconocimiento y temor por el mundo empresarial; a la posibilidad de perder la libertad académica y al inmediatismo de los proyectos empresariales. Del lado del empresario, hay recelos de diversa naturaleza y fundamentalmente existen dudas acerca del cumplimiento de las tareas concertadas en los plazos determinados y acerca del mantenimiento de la confidencialidad de los resultados obtenidos (2). En este contexto Espinoza (3) sugiere, que en la relación universidad-sector productivo es necesario el establecimiento de una política formal que regule todo el esfuerzo de vinculación, para evitar desvirtuar el papel principal de la universidad. Si bien es válida esta inquietud sobre el papel a futuro de las universidades, Moreno (4) plantea, que nunca la vinculación de la universidad con el sector productivo va a ser una fuente determinante de recursos para la universidad. En los Estados Unidos, las más prestigiosas universidades sólo reciben por su vinculación con el sector productivo, entre 15 y 20% de sus ingresos totales. En los países latinoamericanos está lejano el día en que una universidad pública reciba el 10% de sus ingresos totales por contratos con el sector productivo. Aunque esta fuente de ingresos no es despreciable, las universidades no van a deformar su misión y sus objetivos por obtener ingresos de parte de las industrias, en porcentajes tan minoritarios.

En América Latina, al igual que en los países industrializados, existen importantes experiencias de vinculación universidad-sector productivo, tal es el caso de la Rectoría de la Pontificia Universidad Católica de Chile quien en 1978, como una manera de abrir caminos de vinculación con el sector productivo, preparó con diversos grupos académicos, un minucioso catálogo de las acciones que la universidad estaba en condiciones de efectuar si le eran requeridos para la producción de bienes y servicios (5). La publicación de dicho catálogo tuvo inmediato impacto en los sectores empresariales públicos y privados, acercando efectivamente a las partes y creando hacia el interior de la universidad una conciencia clara de vinculación. En la actualidad el cien por ciento de las unidades académicas realizan actividades de vinculación y cuentan con personal especializado en el tema. Por su parte, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tratando de dar respuesta al problema de la vinculación con el sector productivo, creó en 1983 la Dirección General de Desarrollo Tecnológico con el objeto de vincular su potencial tecnológico con las demandas de la industria, proporcionado a la comunidad universitaria diversos servicios de gestión para lograr la expedita transferencia de tecnología al sector productivo (6). Similar a estos países en Venezuela existen importantes experiencias en las universidades nacionales, mediante la creación de empresas apoyadas en sus centros de investigación y desarrollo que buscan la interacción con el sector externo. Tal es el caso, entre otros, del Centro de Innovación Tecnológica de la Universidad de los Andes, el Departamento Académico de Conversión y Transformación de Energía de la Universidad Simón Bolívar, Corpórea Producciones de la Universidad Central de Venezuela, el Centro de Estudios de Corrosión de La Universidad del Zulia (3). Además de estas dependencias universitarias dedicadas a la solución de problemas en el área de ingeniería, las universidades públicas venezolanas cuentan con renombradas instituciones en el área de la salud que también han logrado vincularse con sector externo, tal es el caso, del Instituto de Investigaciones Clínicas “Dr. Américo Negrette”, la Unidad de Genética Médica y el Instituto de Enfermedades Cardiovasculares en La Universidad del Zulia; Desarrollos Bioalergenos y Facfar, del Instituto de Medicina Experimental y Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela respectivamente, entre otros. Existen también, anexos a varias universidades publicas nacionales, otras instituciones como el Parque Tecnológico Universitario del Zulia, la Corporación Parque Tecnológico de la Universidad Simón Bolívar, la Fundación Parque Tecnológico de Barquisimeto y la Corporación Parque Tecnológico de Mérida, cuya misión es la vinculación con el sector productivo, con el propósito de dar respuesta a las necesidades de este sector a través de las investigaciones y servicios desarrollados en dichas universidades. Los logros alcanzados por las universidades publicas venezolanas, en los últimos años, en su intención de vinculación con el sector externo pudieran acrecentarse y consolidarse mediante un adecuado plan estratégico gerencial que permita una mayor difusión y promoción de los resultados de sus investigaciones y servicios, de tal manera que puedan llegar de una forma más amplia y directa, a un mayor número de potenciales clientes.

Gilberto Campos

INVESTIGACIÓN 1 a sido una constante entre los grupos dirigentes del país que se han atrevido a otorgar financiamientos importantes a la actividad científica, pedia a cambio resultados “útiles” que resuelvan “problemas” de la sociedad. Este fenómeno ocurre, cada vez con más frecuencia, con los montos que en las universidades se asignan a la actividad científica. Se clama por la resolución de los problemas del país y se está convirtiendo en un compromiso moral de quienes reciben recursos para ocuparse de estos asuntos. Sobre las anteriores afirmaciones deben hacerse algunas acotaciones que ayuden a clarificar y sopesar compromisos sociales de la ciencia académica que se hace en las universidades. No es suficiente con declarar que los temas de investigación financiados obtendrán resultados que resuelvan problemas sociales de un modo potencial. De hecho, Roche y Freites (1983) lograron mostrar que ante la exigencia de planificación estadal de la actividad científica, los investigadores son capaces de mostrar la importancia de sus trabajos para atender las prioridades nacionales. Pero de allí a resolver problemas, ciertamente hay un largo y complejo trayecto. Por ello, ante una nueva arremetida en esta dirección utilitaria, es conveniente hacer algunas acotaciones. Antes que centrar la atención en estos temas, es preferible que los grupos de investigación sean capaces de hacer investigación de la más alta calidad. Que su formación sea muy exigente y que además sean capaces de saber qué es lo que se está investigando actualmente en su campo disciplinario y establecer vínculos con grupos altamente productivos en el mundo. Crean que lo anterior es lo suficientemente complejo como para dejar que “los problemas sociales” los identifiquen y los traten de resolver otros, por ejemplo los profesionales y los técnicos egresados de la educación superior y las universidades. Hay algo más: proponer resultados tangibles y concretar los mismos en la resolución de problemas nacionales implica la participación de muchos otros actores, en gran parte alejados de la acción de la Universidad. En primer lugar, es necesaria la existencia de una demanda del conocimiento por parte de los potenciales usuarios. En algunos casos, los potenciales usufructuarios son los organismos del Estado interesados en la aplicación de una política o como clientes de un bien o servicio. En otros casos son empresas, públicas o privadas, que se beneficiarían del resultado de la investigación de la Universidad. Otro aspecto que incide en la red de vinculaciones en el que debe invertirse para que la capacidad de investigación se concrete en solución de problemas nacionales es en la calidad de los resultados. Condición esta que implica económicamente menor costo de las soluciones existentes en los mercados y de forma adicional técnicamente superior o similar a lo existente y ello requiere inversiones financieras y humanas muy elevadas. Hay otros aspectos que deben tomarse en cuenta tales como: el grado de atención a los potenciales clientes en la implementación de los resultados por parte de quienes desarrollen o construyan las soluciones. Finalmente, es necesaria la existencia de fuentes de financiamiento sistemáticas, suficientes que incluso estén dispuestas a arriesgarse tanto al éxito como al potencial fracaso de la investigación y el desarrollo adelantado.

Humberto Ruiz Calderón
E-mail: ruiz@ula.ve La función primaria de la Universidad es la de propiciar la más alta calidad de su personal de planta para formar profesionales, hacer investigación y publicarla. Ayudar a resolver problemas de

la sociedad, siempre es posterior y surge como consecuencia de lo primero. Para ello es básica la acción de muchos otros actores. De la función primordial no se debe apartar la Universidad ni debe aceptar que le planteen problemas de conciencia sobre el particular. Existen infinidad de ejemplos en el plano internacional sobre esta lógica, pero es quizás la fundación de INTEVEP, a partir del grupo de Petróleo del IVIC, lo que muestra más fehacientemente en Venezuela este orden, en la construcción de la ciencia y en la posibilidad de su carácter aplicado. La función del Estado es hacer que el conocimiento científico sea un bien necesario y utilizable en la sociedad venezolana tanto para las agencias del gobierno como para las empresas privadas. Esto requiere de un nivel de desarrollo cultural y educativo del país que comienza por elevar el nivel medio educativo de la población, de sus clases medias y de sus grupos dirigentes. Adicionalmente, es el Gobierno el ente encargado de establecer las normas jurídicas para propiciar el mercado que permita soportar financieramente la investigación. En este número de INVESTIGACIÓN, se presenta un informe sobre parte del esfuerzo que la Universidad de Los Andes viene haciendo desde 1995 para transferir al entorno más cercano la investigación que se realiza en la institución. Los denominados PIC (Programas Institucionales Cooperativos) son la expresión más acabada que se desarrolla desde nuestra institución para tratar de atender, desde la capacidad de investigación de la ULA, “problemas” del medio. Son proyectos que deben contar con el respaldo de instituciones y actores sociales para aplicar sus resultados. La experiencia ha sido fructífera, pero no tanto como para mostrar resultados que hayan logrado involucrar en magnitudes importantes a otros actores distintos a la propia Universidad y a sus investigadores. La sección Honor al Mérito está dedicada al Dr. José Manuel Briceño Guerrero quien se destaca como el más importante investigador en el campo humanístico que tiene la ULA. De la amena y profunda entrevista realizada por Nellyana Salas quiero destacar el hecho de que en su extensa y reconocida obra, las preguntas que le han permitido fundamentar y cumplir con su labor de maestro son las referidas al ser: “¿quién soy yo?, ¿qué es el hombre?, ¿por qué existimos?, ¿para qué?, ¿qué sentido tiene la propia existencia?” Pero lo más importante, desde mi punto de vista es aquello que abre la puerta hacia una estética del pensar cuando asegura; “las preguntas fundamentales no existen para ser respondidas, sino para ser sentidas”. El Dr. Briceño Guerrero es un meritorio profesor que nos permite mostrar con su ejemplo las funciones medulares de la institución. Pedir que su obra sirva para algo más allá de sentir las grandes preguntas que han ocupado a los filósofos de la humanidad, además de ocioso es absurdo. Tanto, como asumir que la ciencia académica deba ocuparse prioritariamente de la aplicación de sus resultados. Lo que se le debe pedir a quienes la hacen es que su trabajo sea de excelencia. INVESTIGACIÓN 1 a sido una constante entre los grupos dirigentes del país que se han atrevido a otorgar financiamientos importantes a la actividad científica, pedia a cambio resultados “útiles” que resuelvan “problemas” de la sociedad. Este fenómeno ocurre, cada vez con más frecuencia, con los montos que en las universidades se asignan a la actividad científica. Se clama por la resolución de los problemas del país y se está convirtiendo en un compromiso moral de quienes reciben recursos para ocuparse de estos asuntos. Sobre las anteriores afirmaciones deben hacerse algunas acotaciones que ayuden a clarificar y sopesar compromisos sociales de la ciencia académica que se hace en las universidades. No es suficiente con declarar que los temas de investigación financiados obtendrán resultados que resuelvan problemas sociales de un modo potencial. De hecho, Roche y Freites (1983)

lograron mostrar que ante la exigencia de planificación estadal de la actividad científica, los investigadores son capaces de mostrar la importancia de sus trabajos para atender las prioridades nacionales. Pero de allí a resolver problemas, ciertamente hay un largo y complejo trayecto. Por ello, ante una nueva arremetida en esta dirección utilitaria, es conveniente hacer algunas acotaciones. Antes que centrar la atención en estos temas, es preferible que los grupos de investigación sean capaces de hacer investigación de la más alta calidad. Que su formación sea muy exigente y que además sean capaces de saber qué es lo que se está investigando actualmente en su campo disciplinario y establecer vínculos con grupos altamente productivos en el mundo. Crean que lo anterior es lo suficientemente complejo como para dejar que “los problemas sociales” los identifiquen y los traten de resolver otros, por ejemplo los profesionales y los técnicos egresados de la educación superior y las universidades. Hay algo más: proponer resultados tangibles y concretar los mismos en la resolución de problemas nacionales implica la participación de muchos otros actores, en gran parte alejados de la acción de la Universidad. En primer lugar, es necesaria la existencia de una demanda del conocimiento por parte de los potenciales usuarios. En algunos casos, los potenciales usufructuarios son los organismos del Estado interesados en la aplicación de una política o como clientes de un bien o servicio. En otros casos son empresas, públicas o privadas, que se beneficiarían del resultado de la investigación de la Universidad. Otro aspecto que incide en la red de vinculaciones en el que debe invertirse para que la capacidad de investigación se concrete en solución de problemas nacionales es en la calidad de los resultados. Condición esta que implica económicamente menor costo de las soluciones existentes en los mercados y de forma adicional técnicamente superior o similar a lo existente y ello requiere inversiones financieras y humanas muy elevadas. Hay otros aspectos que deben tomarse en cuenta tales como: el grado de atención a los potenciales clientes en la implementación de los resultados por parte de quienes desarrollen o construyan las soluciones. Finalmente, es necesaria la existencia de fuentes de financiamiento sistemáticas, suficientes que incluso estén dispuestas a arriesgarse tanto al éxito como al potencial fracaso de la investigación y el desarrollo adelantado. LA CIENCIA Y LOS PROBLEMAS NACIONALES

EDITORIAL
FOTO: ARGENO PRAT

Humberto Ruiz Calderón
E-mail: ruiz@ula.ve La función primaria de la Universidad es la de propiciar la más alta calidad de su personal de planta para formar profesionales, hacer investigación y publicarla. Ayudar a resolver problemas de la sociedad, siempre es posterior y surge como consecuencia de lo primero. Para ello es básica la acción de muchos otros actores. De la función primordial no se debe apartar la Universidad ni debe aceptar que le planteen problemas de conciencia sobre el particular. Existen infinidad de ejemplos en el plano internacional sobre esta lógica, pero es quizás la fundación de INTEVEP, a partir del grupo de Petróleo del IVIC, lo que muestra más fehacientemente en Venezuela este orden, en la construcción de la ciencia y en la posibilidad de su carácter aplicado. La función del Estado es hacer que el conocimiento científico sea un bien necesario y utilizable en la sociedad venezolana tanto para las agencias del gobierno como para las empresas privadas. Esto requiere de un nivel de desarrollo cultural y educativo del país que comienza por elevar el nivel medio educativo de la población, de sus clases medias y de sus grupos dirigentes. Adicionalmente, es el Gobierno el ente encargado de establecer las normas jurídicas para propiciar el mercado que permita soportar

financieramente la investigación. En este número de INVESTIGACIÓN, se presenta un informe sobre parte del esfuerzo que la Universidad de Los Andes viene haciendo desde 1995 para transferir al entorno más cercano la investigación que se realiza en la institución. Los denominados PIC (Programas Institucionales Cooperativos) son la expresión más acabada que se desarrolla desde nuestra institución para tratar de atender, desde la capacidad de investigación de la ULA, “problemas” del medio. Son proyectos que deben contar con el respaldo de instituciones y actores sociales para aplicar sus resultados. La experiencia ha sido fructífera, pero no tanto como para mostrar resultados que hayan logrado involucrar en magnitudes importantes a otros actores distintos a la propia Universidad y a sus investigadores. La sección Honor al Mérito está dedicada al Dr. José Manuel Briceño Guerrero quien se destaca como el más importante investigador en el campo humanístico que tiene la ULA. De la amena y profunda entrevista realizada por Nellyana Salas quiero destacar el hecho de que en su extensa y reconocida obra, las preguntas que le han permitido fundamentar y cumplir con su labor de maestro son las referidas al ser: “¿quién soy yo?, ¿qué es el hombre?, ¿por qué existimos?, ¿para qué?, ¿qué sentido tiene la propia existencia?” Pero lo más importante, desde mi punto de vista es aquello que abre la puerta hacia una estética del pensar cuando asegura; “las preguntas fundamentales no existen para ser respondidas, sino para ser sentidas”. El Dr. Briceño Guerrero es un meritorio profesor que nos permite mostrar con su ejemplo las funciones medulares de la institución. Pedir que su obra sirva para algo más allá de sentir las grandes preguntas que han ocupado a los filósofos de la humanidad, además de ocioso es absurdo. Tanto, como asumir que la ciencia académica deba ocuparse prioritariamente de la aplicación de sus resultados. Lo que se le debe pedir a quienes la hacen es que su trabajo sea de excelencia.

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