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Antropologando #15 Pasado Indigena

Antropologando #15 Pasado Indigena

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Antropologando: Revista venezolana de antropología crítica. Edición dedicada a las investigaciones arqueológicas en Venezuela y el Caribe.
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03/31/2013

Dedicado a la Memoria de Irving B.

Rouse (1913–2006)

ANTROPOLOGANDO
Revista Venezolana de Antropología Crítica
Depósito Legal: Pp200502 CS1790 ISSN: 1856-1535 Año 5 - Nº 15 Enero - Junio 2006

Aproximaciones al Pasado Indígena

Revista Venezolana de Antropología Crítica

ANTROPOLOGANDO
Año 5, Nº 15 Enero-Junio 2006

Director General Benjamín Martínez Equipo Editorial Eduardo Herrera Malatesta Luisa Franca Equipo Asesor Daniel Mato Enrique Alí González Ordosgoitti Esteban Emilio Mosonyi Samuel Hurtado Salazar Traducción Audrey Colmenares Imagen y Mercadeo Ana María Martínez Editor de este número Eduardo Herrera Malatesta Portada
Copa cerámica. Estilo Muisca clásico-tardío (1250-1600 d.C.), La Pradera, Subachoque, Colombia. Foto: Harry Marriner

Antropologando: Es una revista que se soporta ideológicamente con el verbo de acción antropologar, creado por el antropólogo Darcy Ribeiro. Creemos que la ciencia no es una actividad desligada de las coyunturas sociales por las que atravesamos, sino que es una herramienta para hacer posible cada vez más una comunidad del saber, del dialogo, de las acciones políticas transformativas legitimadas dentro del marco de las sociedades democráticas.

Revista Semestral Arbitrada

Grupo de discusión en Internet http://groups.msn.com/antropologando/ Correo electrónico antropologando@msngroups.com

Antropologando agradece a los árbitros de esta edición

EDITORIAL Eduardo Herrera Malatesta ARTÍCULOS El Esqueleto de La Pradera. Un Posible Caso de Muerte por Trauma Harry Marriner y Carolina Mallol Tipología y Análisis de Rasgos Mediante “Cluster Analysis” en los Pictogramas Ornitomorfos del Arte Rupestre Cubano Divaldo Gutiérrez Calvache Del Barro a la Olla: Empleo de Variables Morfo-métricas para el Análisis de Forma y Función en la Cerámica del Orinoco Medio. Mairim Gil, Luramys Díaz, Kay Tarble Aportes al estudio macro-regional de las sociedades prehispánicas de los llanos occidentales venezolanos: Configuración regional de El Cedral Juan Carlos Rey G. Between the Mainland and the Islands: The Amerindian Cultural Geography of Trinidad Arie Boomert Los enterramientos como formas de interpretar el pasado: un estudio comparativo de dos patrones funerarios de la Región Sicarigua-Los Arangues Claudia Tommasino Suárez Construcción del pasado indígena a través de textos de la historia oficial Sigrid R. Curtis Guzmán CONMEMORACIÓN Irving Rouse y la Arqueología del Caribe Erika Wagner ABSTRACTS NORMAS DE PUBLICACIÓN

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Antropologando Enero-Junio 2006 Año 5, Nº 15: 5-12 EDITORIAL Eduardo Herrera Malatesta Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas Generalmente, los artículos y libros sobre arqueología en sus primeros párrafos buscan definir qué es. Sin embargo, no todos inician diciendo que no es. La arqueología, actualmente no es una especialidad homogénea, con límites claramente definidos con las disciplinas afines. La arqueología no es un conocimiento acabado como el pasado. No es un discurso unilineal y monótono. En esta presentación, mi interés, no busca definiciones o delimitaciones; en cambio, está en observar cómo la arqueología ha “evolucionado” hasta la amplia gama de producción intelectual que se produce hoy en día. No es necesario hacer un recuento extenso de las teorías y métodos, pues ya se han hecho muy buenas compilaciones al respecto (Daniel 1987; Trigger 1992; Renfrew y Bahn 1998). En estas páginas preliminares, trataré de destacar la producción de conocimiento arqueológico actual, sus representaciones e interpretaciones, y la diversidad discursiva sobre el pasado. Es notorio, actualmente, como se han diversificado las maneras de hacer arqueología, desde las técnicas hasta las teorías. La arqueología se ha multiplicado desde sus inicios teóricos en la historia cultural. Desde las definiciones originarias de Kidder (1924) hasta los refinamientos teóricos de Phillips y Willey (1953) y Rouse

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(1972), entre otros. Desde los modelos evolucionistas-ecológicos de Steward (1948, 1955) hasta la ecología cultural de Meggers (1971, 1973). Desde procesualismo de Binford (1962, 1988) a la arqueología conductual de Schiffer (1990, 1991a, 1991b). Desde el materialismo histórico de Gordon Childe (1981 [1936]) a la Arqueología Social Latinoamericana (Lumbreras 1974; Bate 1977; Sanoja 1983; Vargas 1984). Desde el postprocesualismo originario de Hodder (1988, 1991, 1999) hasta las arqueologías postprocesuales radicales (Shanks y Tilley 1987; Shanks y Hodder 1995; Knapp 1996; Ashmoore y Knapp 1999). Esto es sólo un vistazo general para destacar que en los últimos setenta años la arqueología ha pasado por una diversidad de tendencias teóricas que han marcado la heterogeneidad de las investigaciones contemporáneas. Además de la teoría los arqueólogos han diversificado las formas de clasificar y analizar desde los tradicionales estudios cerámicos. Existiendo una amplia variedad de análisis químicos, físicos, matemáticos, estadísticos, geográficos, ecológicos, cartográficos, semióticos, económicos, entre otros. Esta diversidad se desarrolla y enriquece aún más con las posturas personales en su operacionalización. Ejemplo de esto lo han dado los estudios de género, los cuales han complejizado considerablemente las representaciones sobre el pasado. La arqueología feminista (Gero y Conkey 1991; Spector 1993), la Queer Theory (Dowson 2000), y otras tendencias de estudios de género han abierto una importante ventana para las interpretaciones arqueológicas. Se puede incluir

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aquí, además, el creciente interés por reconocer que la arqueología, al menos en América, no se refiere exclusivamente a grupos indígenas, sino también a comunidades negras (Orser 1990; Orser y Funari 2001; Rivas 2002), y grupos europeos con la llamada arqueología histórica y la arqueología del capitalismo (Orser 1996; Leone 1999; Jhonson 1996). En conclusión, mi interés al mencionar toda esta amplia gama de investigaciones es el de recalcar la importancia de la multiplicidad que actualmente se ha generado en la arqueología como resultado de sus antecedentes históricos. Esta pluralidad de perspectivas, aunque para algunos genere confusión, es la representación máxima de que la arqueología es una aproximación multivocal al pasado. Cada aporte implica un fragmento de información en la búsqueda de reconstruir un pasado acabado e inalcanzable. De aquí que muchos opinen que la investigación arqueológica es un proceso continuo y dialógico para adquirir conocimiento más que un estudio concluyente y definitivo de sociedades pasadas. Es bajo esta perspectiva que surgió la motivación de organizar un número en Antropologando que se dedicara a las aproximaciones arqueológicas, que expresara la diversidad de estudios de casos y las distintas maneras de abordarlos. Esta edición dedicada principalmente a las investigaciones de casos particulares, es un pequeño reflejo de esta diversidad. A lo largo de esta edición se podrá percibir con los artículos las diferencias teórico-metodológicas para aproximarse al pasado. El orden de los artículos sigue una lógica basada en la

diversidad y reconocimiento de la interconexión entre las prácticas, los métodos y las representaciones del pasado. El artículo de Marriner y Mallol es un reporte técnico sobre un enterramiento humano hallado en La Pradera, Subachoque, Colombia. Este tipo de reportes son sumamente importantes y, sin embargo, se ha perdido la costumbre de presentarlos. Hoy en día se considera que un artículo debe ser más que un reporte de hallazgo; no obstante, el artículo de Marriner y Mallol es un buen ejemplo de un trabajo que informa sobre evidencias materiales inéditas y que busca, en función de los conocimientos arqueológicos, iniciar el proceso comparativo e interpretativo. Gutiérrez Calvache presenta un interesante aporte al arte rupestre cubano; y un ejemplo de la aplicación de métodos matemáticoestadísticos en arqueología. Siguiendo una clasificación tipológica, aplica el método de Cluster Análisis con el fin de clasificar los motivos ornitomorfos y obtener tipos a partir de los cuales poder realizar comparaciones. Gil, Díaz y Tarble muestran otra manera de aplicar métodos estadísticos en arqueología. Las autoras presentan los resultados que obtuvieron al aplicar la técnica de Análisis de Componentes Principales (ACP) sobre una muestra cerámica proveniente del Orinoco Medio, perteneciente a los periodos colonial y Republicano. Este artículo va a un paso más allá que el anterior, realizando interpretaciones sobre los resultados obtenidos. Por su parte, Rey a través de un análisis procesual macro-regional, compara las características de sitios con rangos jerárquicos diferentes con el

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objetivo de conocer la configuración regional que existió en los Llanos de Barinas, Venezuela. Con este trabajo, el autor construye hipótesis sobre los procesos de producción, distribución y consumo de excedentes agrícolas, parte fundamental de la economía política de esa sociedad prehispánica. Boomert, por su parte, discute a partir del vínculo de datos fisiográficos y geográficos con datos arqueológicos e históricos los desarrollos culturales indígenas de Trinidad durante el periodo prehispánico e histórico. Su énfasis está en la descripción e interpretación de los patrones de interacción, intercambio y transmisión cultural que existieron entre el Bajo Orinoco y el Caribe. Este artículo muestra la integración de datos de diferentes áreas y su representación en modelos de interacción e intercambio. En su artículo, Tommasino Suárez, presenta un análisis postprocesual de una muestra de enterramientos enfocado hacia las nociones del contexto y el simbolismo aplicadas a las prácticas funerarias. En este artículo se expone como una muestra reducida no es impedimento para realizar interpretaciones, siempre y cuando se utilicen las teorías, métodos y técnicas adecuados para realizar análisis con intensiones interpretativas. El artículo de Curtis Guzmán, es un intento de alcanzar algo más que la interpretación del indígena prehispánico. Su interés está en analizar, a través de cuatro textos fundamentales de la historia de Venezuela, la representación del indígena en la historia oficial, y como, a través de ésta se trató de

justificar la creación de un estado-nación independiente de la monarquía española y la Gran Colombia. Por último, se presenta una conmemoración a Irving B. Rouse escrita por Erika Wagner. La autora en su texto realiza una breve biografía de la vida de este personaje tan significativo en la arqueología del Caribe y Venezuela, y comparte su visión personal sobre este investigador. Esta edición esta dedicada a la memoria de Irving B. Rouse, quien además de ser una de las principales figuras de la arqueología Histórico-Cultural, realizó aportes invaluables a la arqueología del Caribe y de Venezuela. La figura de Rouse está presente en cualquier trabajo que se realice en las áreas en las que trabajó, tanto por sus clasificaciones como por sus propuestas. Es con esta multiplicidad de artículos que se le puede rendir homenaje a un investigador que mantuvo una unidad de pensamiento durante su larga trayectoria, y sin embargo, desde sus ideas para aproximarse al pasado han surgido una variedad de visiones.
REFERENCIAS CITADAS Bate, Luís F. 1977. Arqueología y Materialismo Histórico. Ediciones de Cultura Popular, México. Binford, Lewis R. 1962. Archaeology as Anthropology. En: American Antiquity. Vol. 28 - No 2. pp. 217 - 225. Binford, Lewis R. 1988. En Busca del Pasado. Descifrando el registro arqueológico. Editorial Crítica, Barcelona. Daniel, Glyn. 1987. Un Siglo y Medio de Arqueología. Fondo de Cultura Económica. México. Dowson, Thomas A. 2000. Homosexuality, queer theory and archaeology. En: Interpretative Archaeology. A Reader. Julian Thomas (editor). Leicester University Press, London. pp. 283-289

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Gero, Joan M. y Margaret Conkey (editoras) 1991. Engendering Archaeology: Women and Prehistory. Basil Blackwell, Oxford. Gordon Childe, Vere. 1981 [1936]. Los Orígenes de la Civilización. Breviarios, Fondo de Cultura Económica, Madrid. Hodder, Ian. 1988. Interpretación en Arqueología. Editorial Crítica, Barcelona. Hodder, Ian. 1991. Post-modernism, post-structuralism and post-procesual archaeology. En: The Meanings of Things. Ian Hodder (editor) One World Archaeology, Routledge, Londres. pp. 64-78 Hodder, Ian. 1999. The Archaeological Process. An Introduction. Blackwell Publishers, Oxford. Johnson, Matthew. 1996. An Archaeology of Capitalism. Blackwell Publishers Kidder, Alfred Vincent. 1924. An introduction to the study of southwestern archaeology with a preliminary account of the excavations at Pecos. Yale University Press, New Haven. Knapp, A. Bernard. 1996. Archaeology without Gravity: Postmodernism and the Past. En: Journal of Archaeological Method and Theory, 3 (2): 127-153 Knapp, Bernard A. y Wendy Ashmore. 1999. Archaeological Landscapes: Constructed, Conceptualized, Ideational. En: Archaeologies of Landscape. Contemporary Perspectives. Wendy Ashmore y Bernard A. Knapp (editores) Blackwell Publishers Ltd. pp. 1-32 Leone, Mark y Parker B. Potter (editores) 1999. Historical Archaeologies of Capitalism. Springer Lumbreras, Luís G. 1974. La Arqueología como Ciencia Social. Ediciones Histar, Lima. Meggers, Betty. 1971. Amazonia. Man and culture in a counterfeit paradise. Aldine, Atherton, Chicago. Meggers, Betty. 1973. Tropical forest ecosystems in Africa and South America, a comparative review. Smithsonian Institution Press, Washington. Orser, Charles E. 1990. Archaeological Approaches to New World Plantation Slavery. En: Archaeological Method and Theory, Michael Schiffer (editor), Vol. 2. The University of Arizona Press, Tucson. pp. 111-154 Orser, Charles E. 1996. A Historical Archaeology of the Modern World. Springer Orser, Charles E. y Pedro P. A. Funari. 2001. Archaeology and Slave Resistance and Rebellion. En: World Archaeology, Vol. 33 (1): 6172

Phillips, Phillip y Gordon Willey. 1953. Method and Theory in American Archaeology: An Operational Basis for Culture-Historical Integration. En: American Anthropologist. 55: 615-633. Renfrew, Colin y Bahn, Paul. 1998. Arqueología: Teorías, Métodos y Práctica. Ediciones Akal. Madrid. Rivas, Pedro. 2002. La Historia Tangible. En: Arqueología e Historia Colonial de la Parroquia Caruao. Yara Altez y Pedro Rivas. Ediciones FACES/UCV, Fondo Editorial Tropikos, Caracas Rouse, Irving. 1972. Introduction to Prehistory. A systematic approach. McGraw-Hill, New York Sanoja, Mario. 1983. 7 Temas de Debate en la Arqueología Social. Cuadernos de Antropología, Nº 2, Universidad de Costa Rica, San José. Schiffer, Michael. 1990. Contexto Arqueológico y Contexto Sistémico. En: Boletín de Antropología Americana. Nº 22 – Diciembre. Schiffer, Michael. 1991. Los Procesos de Formación del Registro Arqueológico. En: Boletín de Antropología Americana. Nº 23 – Julio. Schiffer, Michael. 1991. La Arqueología Conductual. En: Boletín de Antropología Americana. N° 23 – Julio. Shanks, Michael e Ian Hodder. 1995. Processual, Postprocessual and Interpretative Archaeologies. En: Interpreting Archaeology. Finding Meaning in the Past. Ian Hodder et all (editores), Routledge, Londres. pp. 3-29 Shanks, Michael y Christopher Tilley (1987) Re-Constructing Archaeology: Theory and Practice. Cambridge University Press, Cambridge. Spector, Janet 1993. What This Awl Means: Feminist Archaeology at a Wahpeton Dakota Village. Minnesota Historical Society Press, St. Paul. Steward, Julian 1948. The Circum-Caribbean Tribes: An Introduction. En: Handbook of South American Indians. Julian Steward (editor). Smithsonian Institution. Bureau of American Ethnology. Washington D.C. Vol. 4 Steward, Julian H. 1955. The Theory of Cultural Change: The Methodology of Multilinear Evolution. University of Illinois Press, Urbana. Trigger, Bruce C. 1992. Historia del Pensamiento Arqueológico. Editorial Crítica. Barcelona. Vargas, Iraida. 1984. Definición de conceptos para una arqueología social. En: Actas del Primer Simposio de la Fundación de Arqueología del Caribe. Hacia una Arqueología Social, Oscar Fonseca (editor). Latin American Foundation, Washington, D. C.

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EL ESQUELETO DE LA PRADERA UN POSIBLE CASO DE MUERTE POR TRAUMA

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pozo de aproximadamente 0.5 metros de profundidad que se abría a una tumba de 150 x 100 x 70 cm.. La tumba contenía un esqueleto extendido sobre su espalda y entre los pies de este, como único ajuar funerario, un recipiente cerámico de estilo copa ceremonial muisca policroma con pedestal (14.2 cm. de diámetro x 14.2 cm. de altura). Los pies del esqueleto se hallaban orientados a 66 grados (norte real) indicando la dirección de la salida del sol en fecha de solsticio del verano (21 de junio). El cráneo se hallaba orientada a 246 grados (norte real) indicando la dirección de la puesta de sol en fecha de solsticio de invierno (21 de diciembre). Edgar Morales es el dueño del terreno. Aunque los agricultores fueron los responsables de la extracción de los huesos y el recipiente cerámico, lo cual conllevo a la perdida de algunos huesos y dientes del esqueleto, afortunadamente éste se salvó en su mayor parte gracias al trabajo de Jorge Ruge Camargo. Pablo E. Poveda fue testigo del hallazgo.

Harry Marriner1 GIPRI Colombia Dra. Carolina Mallol2 Harvard University
RESUMEN Se estudió un entierro de La Pradera, Subachoque, Colombia para dar la única información a la fecha sobre las costumbres funerarias muiscas de esta zona de la Sabana de Bogota. La longitud, condición y forma de los huesos del entierro junto con el diseño de una copa cerámica estilo ceremonial muisca, indican que entre 1250-1600 d.C. posiblemente murió un hombre indígena muisca con una edad aproximada a los 35-39 años. El hombre, aproximadamente de 1.5 metros de estatura, posiblemente murió a causa de un golpe en la parte posterior de su cabeza. La orientación del esqueleto indica un posible interés especial en la dirección del nacimiento del sol en la fecha del solsticio de verano y/o la dirección del ocaso del sol en la fecha del solsticio de invierno. Palabras Claves: Colombia, muisca, arqueología, arqueoastronomía. INTRODUCCIÓN

El 3 de Junio de 1991 en el potrero de Yerbabuena, ubicado en el piedemonte oriental de un cerro llamado Choque, en la vereda de Quemado Grande, Inspección de Policía de La Pradera, Municipio de Subachoque, departamento de Cundinamarca, Colombia, unos agricultores encontraron una laja de piedra corrida a poca distancia de su lugar original. Al remover la piedra, cuya forma era ovalada y con unas medidas de 5 x 36 x 54 cm., Juan Camargo descubrió un
Investigador de GIPRI Colombia, harrymarriner@unete.com Departamento de Antropología, Harvard University, carolina.mallol@gmail.com
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Fig. 1. Esqueleto al lado de la tumba

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ANTECEDENTES

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El sitio se encuentra cerca de un antiguo asentamiento y cementerio
Mapa 1. Ubicación del entierro aproximadamente 30 kilómetros al norte de Bogota, Colombia

de los indígenas de Subachoque (Marriner 1993: 28), en la parte norte del Valle de Subachoque (antes Valle de Chinga), área de La Pradera (antes Pueblo Viejo), a una latitud norte de 5 grados 0 minutos, y longitud de 74 grados 7 minutos al oeste de Greenwich. La secuencia cultural precerámica para la Sabana de Bogota se sitúa entre 11000 y 5000 A.P. Hay evidencias de cazadores, recolectores y plantadores en la altiplanicie de la Cordillera Oriental entre los años 5025 y 2725 antes del presente (Correal 1990: 255). Una cultura denominada “muisca” dominó la zona de la Sabana de Bogota y el valle de Subachoque entre 600-1600 d.C. La tribu Subachoque estaba bajo el dominio del Zipa (cacique) muisca. Esta tribu Subachoque desapareció de la zona de La Pradera (antes Pueblo Viejo) hacia 1603 d.C. El entierro de este estudio se encuentra a 30 kms. al norte de Bogota a una altura 2.680 metros de altitud, a aproximadamente 80 metros sobre el nivel de un lago ínter montano que cubría la sabana de Bogota hace 30.000-40.000 años. Los grupos de indígenas de Subachoque eran súbditos del Zipa o jefe de la zona muisca del sur. La más densa población del valle de Subachoque posiblemente se encontraba hacia el norte del actual Subachoque entre las veredas Quemado Grande y Rincón Santo. El nombre indígena del actual pueblo de Subachoque era Amicacancia (Martinez J. en Gomez 1980: 16). El nombre indígena “Subachoque” pertenece a la zona general. Vestigios del asentamiento indígena mas cercano al entierro,

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CONTEXTO CULTURAL

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se encuentra a 750 metros de la tumba, a 160 grados este (norte real) y a una altitud de 2.600 metros cerca del Río Subachoque, entre las quebradas de Hierbabuena y El Salitre. En 1895 Rafael Forero U. (Forero 1895:1) reclamó el hallazgo de asentamiento y cementerio de los indígenas de Subachoque. A su vez, reclamó derechos de minería sobre todos los artefactos hallados en el área circundante a las chimeneas de la Ferreria de La Pradera. Las fronteras específicas de dicha área, que más o menos bordean el antiguo asentamiento, fueron descritas por Forero (ver abajo) tal que éstas rodeaban el sitio llamado Pueblo Viejo perteneciente a la jurisdicción de Subachoque: “Empezando por la Ferreira de La Pradera, subiendo por la quebrada hasta donde termina un campo llamado Hierbabuena y hay una pequeña casa y dos árboles en el lado oeste del río y desde esta casa y árboles en línea recta hasta la cima mas alta del cerro llamado ‘El Choque’ y desde esa cima hasta donde indica la ley, tomando el lado norte de la laguna de El Salitre (el nombre indígena de la quebrada El Salitre era Usanica). En el lado este, desde el río hasta las casas de la hacienda de la antes mencionada Ferreira y de estas casa hacia el sur, por el centro del campo El Salvial (hoy la casa de Gabriel Salamanca en la área del Tobal) y después en línea recta a través de un campo perteneciente a Miguel Hernández (debajo de Las Juntas) y de ahí, en línea recta hasta la quebrada llamada Matatigre (hoy El Vergel) y de ahí subiendo por la quebrada hasta donde indica la ley y en el lado oeste, todos los cerros hasta donde permite la ley”.3

En 1538, durante la época de la conquista española, los indígenas del tribu Subachoque ocupaban el extremo norte del Valle de Subachoque y los indígenas Chinga ocupaban la zona sur del Valle de Subachoque (Velandia 1980: 2148). Juan de Güemes fue el primer encomendero de los indios de Subachoque a mediados del 1500. Al morir éste, su esposa Juana Florez heredó la encomienda y en 1575 se convirtió en la propietaria. En 1594 el oidor Miguel de Ibarra le dio al jefe de Subachoque, Don Pedro, tierra de reserva, la cual consistía de una estancia de (1 cabuya=100 pasos de 68,07-70,5 centímetros cada uno=68,07-70,5 metros) de ancho, a lo largo del río Chacha (río Subachoque) a ambos lados del camino real que iba “de Tabio hasta los panches.” Se midieron otras 12 cabuyas desde el sitio de Sichuata, donde terminaba el territorio indígena, siguiendo el valle hasta el sitio de Chitatoque. Los capitanes Don Alonso y Don Juan también recibieron 6 cabuyas de tierra cada uno en la misma área. Todos los indios de Subachoque recibieron 30 cabuyas de tierra común medida a lo largo del río Chacha y subiendo hasta el sitio llamado Sichuata, pasando por la quebrada Chuchista. En 1603 el oidor licenciado Diego Gómez de Mena obligó a los indios de Subachoque a trasladarse a un sitio cerca de Tabio, visitado por el oidor. Para llegar al sitio, el oidor se fue de Tabio y llegó a un cerro al que los indios llamaban Choque. Desde el cerro diviso un sitio y tierra plana al parecer buena y fértil a la cual los indios de Tabio llamaban Guantoque. Estaba localizada cerca, pero afuera, de Tabio hacia el camino de Chia. Los indígenas la consideraron

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Los comentarios en paréntesis son de los autores.

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aceptable si incluía el terreno bajo el camino que iba de Tunja a Mariquita así como el terreno que bordeada las estancias de Cristóbal Gómez. El oidor notó que los indios de Tabio trabajaban en dos o tres áreas de la zona señalada, pero que de resto estaba deshabitada. El traslado forzado jamás ocurrió debido a que la encomendera Francisca Arias llevó a los 180 indios de Subachoque a su encomienda de Macheta, Boyacá antes de que el dictamen de diciembre de 1603 se hiciera efectivo. La vida cotidiana de los nativos de la tribu Subachoque se vio severamente afectadas por el traslado y solo unos cuantos indígenas regresaron al Valle de Subachoque durante los años siguientes para ser empleados por los terratenientes españoles o para esconderse en las montañas. No quedan vestigios visibles de los habitantes pre-conquista, excepto unas pictografías en rojo sobre unas rocas en el valle (Marriner 2003:1).
DESCRIPCIÓN DEL ESQUELETO

066 grados (orientación de la cabeza) es 246 grados donde pone el sol en el día del solsticio de invierno.

Se encontró el esqueleto boca arriba, brazos extendidos a lado del cuerpo, y piernas extendidas hacia el noreste (azimut 066 grados real) con una vasija cerámica entre los pies. La dirección y orientación de los pies es significativa porque 066 grados real es el azimut del nacimiento del sol para Subachoque para el día del solsticio de verano (21 de junio). El sol jugó un papel importante en las leyendas y vida cotidiana de los muiscas. La dirección opuesto de Determinación del Sexo Aunque faltaban muchos huesos y otros se encontraban rotos o erosionados, aun se conserva un buen número de indicadores Se hizo registro, documentación, y análisis de los huesos del esqueleto según el método y terminología de Sweedlund (1971).

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sexuales, lo cual nos permitió identificar el esqueleto como masculino. a) La mandíbula es cuadrada angulosa, un rasgo típicamente masculino, en lugar de tener un punto en la línea media y una forma más curva, como se observa en las mujeres. b) El pubis es corto con un ángulo subpúbico estrecho. Al colocar el dedo índice perpendicular a la sínfisis púbica éste solo se puede mover ligeramente lo cual indica sexo masculino (pelvis masculina). c) Se calculó un índice isquio-púbico de 83.9 cm.. a partir del largo del pubis, (7.3 cm..) y del isquion (8.7 cm..). resultado indica sexo masculino. d) Las arcadas supro-orbitales y la protuberancia occipital son poco prominentes. e) El proceso mastoideo parece ser lo suficientemente grande para ser considerado hombre. f) La hendidura ciática es bastante estrecha indicando sexo masculino, al igual que el ángulo acetábulo-femoral. Determinación de la Edad La epífisis estaban totalmente unidas al resto del hueso indicando que se trata de una persona adulta. Se estudió la sínfisis púbica para determinar la edad aproximada con base a que su superficie sufre una metamorfosis regular a partir de la pubertad. La observación presento cierta dificultad debido al deterioro parcial de la sínfisis, pero en general la superficie parece encajar dentro del modelo de El

Todd para fase VII (Bass 1971: Plate 5), con un cambio importante de aspecto en superficie y en la cara ventral de una textura granulada a otra granulada más fina o hueso denso y con una forma claramente ovalada. Esto indica un cohorte de edad entre de 35 y 39 años. J. V. Rodríguez (en Cárdenas 1990: 137 Tabla 1) determinó que 14,2 % de los hombres muiscas enterados en el cementerio de Soacha quedan en el cohorte 35-40 años en la fecha de muerte y 61,8% murieron entre 40-55 años. Solamente 23.8% de los hombres enterados en Soacha murieron mas joven que el hombre de este estudio. Determinación de La Estatura Con base a las medidas del fémur (36.8 cm.), la tibia (30.0 cm.), el húmero (27.4 cm.) y el peroné (29.2 cm.), y considerando que el esqueleto es masculino, se estimó una estatura de 149.8 cm. a partir de las tablas de Genovés (1967:73 Tabla 12) de calculo de las estatura, las cuales se basan en las medidas de los huesos largos de indígenas masculinos de procedentes de México Central. Cabe señalar que la medida promedio del fémur para el sitio de Aguazuque, fechado en 5.025-2.725 antes del presente (Correal 1990), procedente de la antigua sabana de Bogotá, es 41.452 cm., un fémur mucho mas largo que el espécimen de La Pradera. Se ha de tener en cuenta que la estatura estimada es tan solo una aproximación ya que no hay medidas disponibles de otros esqueletos procedentes de Subachoque. Esta información debe ser comparada con esqueletos adicionales con tal de obtener resultados

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significativos dado que las tablas de Genovés se calcularon a partir de una población indígena de México Central, probablemente con características distintas a los grupos indígenas de Subachoque. Enfermedades La osteomalacia, un problema que surge por la deficiencia de vitamina D en el cuerpo, no se muestra en el pelvis del esqueleto de La Pradera, pero fue una enfermedad común in la población arqueológica muisca en Soacha (Rodríguez en Cárdenas 1990:130). El desarrollo del hueso en la parte occipital del cráneo siguiendo la sutura sagital es anormal siendo muy alto el caballete. También, parece que había presión por un tiempo en la región encima de los ojos. Las orbitas muestran señales de infección que erosionó el hueso de senos entre los ojos. Hay indicaciones de artritis y erosión de las vértebras (Therrien 1995).

En general el cráneo presenta un buen estado de conservación a excepción de la erosión parcial de las protuberancias prominentes habiéndose podido obtener siguientes medidas craneométricas: a) Un índice nasal de 56.8 cm. indicativo de platirrinia (apertura nasal ancha). b) Un índice orbital de 97.7 cm. indicativo de hipsiconchia (órbitas estrechas). c) Un índice craneal de 84.2 cm. indicativo de braquicrania (cabeza redonda). d) Un índice vértico-longitudinal de 81.8 cm. indicativo de hipsicrania (cráneo alto). e) Un índice vértico-trasversal de 97.1 cm. indicativo de matriocrania (cráneo medio). f) Un modulo craneal de 146 mm.., el cual da lugar a un valor numérico aproximado del tamaño del cráneo. g) Un índice palatal de 94.2 cm. indicativo de un paladar ancho. h) Un índice facial superior de 52.5 cm. indicativo de una cara mediana. i) Un índice facial total de 81.48 cm. indicativo de una cara ancha (en conflicto con las indicaciones del índice facial superior)

Fig. 2. Cráneo. Lado derecho.

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La presencia de materia ósea hasta 7.5 mm.. hacia el interior del cráneo indica un posible trauma poco antes de morir. El golpe no parece haber sido causado post mortem, por medio de alguna herramienta agrícola u objeto semejante, ya que el esqueleto se encontró boca arriba. Además, una serie de raspaduras no curadas alrededor del orificio indican que la herida pudo haber ocurrido en el momento de morir. Existe en una colección privada una hacha de piedra de estilo muisca perteneciente
Fig. 3. Cráneo. Desde arriba y atrás.

al área de La Cuesta del Valle de Subachoque que mide 13.5 x 5 x 2.8 cm. de grueso. Un golpe con una herramienta de este tipo podría causar una abertura craneal similar a la encontrada en el cráneo de La Pradera. k) Análisis dental. por los La mayoría de los dientes del que encontraron el maxilar se perdieron post mortem, aparentemente trabajadores enterramiento. La presencia de hueso cicatrizado en el lugar de los dos primeros molares derechos indican que dichas piezas dentales se cayeron o fueron extraídas en vida. El tercer molar mandibular sobre la izquierdo estaba ausente y aparentemente nunca erupcionó; el otro muestra señales de poca atrición comparado con la condición general de la mayoría de los dientes. El incisivo mesial izquierdo se

Fig. 4. Cráneo. Desde atrás con hacha muisca.

j)

En

la

parte

occipital

del

cráneo

protuberancia occipital externa y bordeando la sutura lamboideas se halla una apertura de 2 x 3 cm..

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 perdió post mortem. desgaste y pulimento.

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 No. 1-Perdido post mortem. No. 2-10% de desgaste en la superficie labial.

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La superficie labial de los

incisivos en la región coronal presenta un gran

No. 3-10% leve desgaste plano en la superficie oclusal. No. 4-Lo mismo que el no. 3. No. 5-Lo mismo que el no. 3. No. 6. Parcialmente roto y con una hendidura profunda en la Superficie oclusal. No. 7-Lo mismo que el no. 6. No. 8-Ausente. No erupcionó. Sin evidencia de reabsorción alveolar. Lado derecho del plano medio sagitalNo. 1-Superficie labial parcialmente erosionada y pulida. No. 2-20% de la corona erosionada. No. 3-15% de la corona rota y erosionada. No. 4-20% de la corona alisada en la superficie oclusal. No. 5-Superficie oclusal de la corona ligeramente erosionada. No. 6-20% de la superficie oclusal de la corona erosionada. No. 7-50% de la superficie oclusal de la corona

Figuras 5 y 6. Mandíbula vistas desde arriba y frente.

erosionada. No. 8-Poco desgaste. Este molar presenta un patrón de fisura +4.

Al observar las superficies oclusales de los dientes de la mandíbula, se observó lo siguiente: Lado izquierdo del plano medio sagital-

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Se identificaron patrones de desgaste anormales en los incisivos de la mandíbula indicando su posible uso continuo en alguna labor ocupacional o artesanal no identificada. Los dientes pudieron haber sido utilizados para limpiar pieles de animales pequeños o para fabricar cuerdas de fique, pero también ser debe considerar la atrición causada por la masticación de huesos, carne semi-cruda y frutos duros o raíces, o actividades comunes similares.
OSTEOMETRIA

Esqueleto post-craneal Fémur-36.8 cm. Tibia-30.0 cm. Húmero-27.4 cm. Cúbito-29.2 cm. Peroné-29.2 cm. Longitud del pubis-23 mm. Longitud del isquion-87 cm. Altura máxima de la pelvis-175 mm. est. Ancho máximo de la pelvis-100 mm. est.

Figura 8 Cráneo desde atrás. CRANEO

Longitud máxima del cráneo-165 mm. Anchura máxima del cráneo-139 mm. Altura facial total-110 mm. aprox. Altura facial superior-71 mm. Altura nasal-44 mm. Anchura nasal-25 mm. Altura orbital-43 mm. Anchura orbital-45 mm. Anchura bicondilar-130 mm. Anchura bigonial-98 mm. Altura de la sínfisis-35 mm. Altura máxima del cráneo-135 mm. Porion/bregma-100 mm. Porion/apice-(altura auricular)-100 mm.

Figura 7 Cráneo desde arriba

Gnation/gonion-80 mm.

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 Altura de la rama ascendente-58 mm. Anchura bicigomatica-135 mm. Anchura máxima palatal-33 mm. Longitud máxima palatal-35 mm. Anchura maxilo-alveolar-56 mm. HUESOS NO HALLADOS.

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Las siguientes partes del esqueleto no pudieron ser localizadas y posiblemente fueron perdidas por los trabajadores que sacaron el esqueleto de la tumba: ambas manos, el cóccix y parte del sacro, ambos omoplatos y una rótula. Los pies estaban incompletos. Otros huesos tales como el cúbito y radio de ambos brazos, el húmero derecho y la pelvis se encuentran parcialmente erosionados. Las costillas son los huesos mas erosionados del conjunto.
Esta vasija cerámica es una copa ceremonial estilo muisca clásico (época tardía 1250-1600 d.C.) policroma con pedestal, con pintura roja oscuracastaño sobre blanco, y presenta un diseño tipo muisca de dos culebras opuestas y posible una estilización de micos y culebras sobre el borde por dentro. El diámetro es de 14.2 cm. y la altura 14.2 cm. SUMARIO Y CONCLUSIONES

Fig. 10. Detalle Copa muisca

El esqueleto de La Pradera parece ser el de un hombre que pudo haber muerto a causa de un golpe violento en la parte posterior de la cabeza a una edad de entre 35-39 años. Dicho individuo medía aproximadamente 149.8 cm. y tenia una cabeza ancha, nariz ancha y ojos estrechos. La forma de la tumba, la orientación hacia el noreste del esqueleto y el diseño y la forma del recipiente cerámico del enterramiento de La Figura 9. Copa muisca de la tumba. Pradera indican que se trata de un entierro muisca, y posiblemente de un miembro de la mencionada tribu de Subachoque que fue traslada

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poco antes de diciembre de 1603. Análisis del estilo y la decoración de la copa asociada con el entierro sugiere una fecha del entierro entre 1250-1600 d.C. Orientación de los pies a 066 grados real y la cabeza a 246 grados real indica que la cultura muisca posiblemente tuvo una interés especial en el nacimiento del sol en el día del solsticio de verano y/o el ocaso en el día del solsticio del invierno. Siendo este el único esqueleto indígena conocido y estudiado del área de Subachoque, sería necesario compararlo con hallazgos futuros con el fin de ampliar la evidencia que respalda el modelo cultural del esqueleto.
BIBLIOGRAFÍA Bass, William M. 1971. Human Osteology. Special Publications, Missouri Archaeological Society, University of Missouri, Columbia. Cárdenas Arroyo, Felipe. 1990. Mitos y Verdades sobre la Desnutrición Entre los Muiscas: Una Visión Critica. Revista de Antropología y Arqueología, Vol. VI, No.1. Departamento de Antropología, Universidad de Los Andes. Bogota. Correal Urrego, Gonzalo. 1990. Aguazuque: Evidencias de cazadores, recolectores y plantadores en la altiplanicie de la Cordillera Oriental. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales. Banco de La Republica, Bogota. 156-162. Forero U., Rafael. 1895. Carta al gobernador de Cundinamarca. Gaceta de Cundinamarca. No. 714. 12 Noviembre: 69. Genoves, Santiago. 1967. Proportionality of the Long Bones and Their Relation to Stature among Mesoamericans. American Journal of Physical Anthropology. 26: 67-78. Gomez R., Juan Evangelista. 1980. Reminiscencias y Crónicas de Subachoque (Cundinamarca) 1774-1980. Sin publicar (anotaciones hechas por Carlos Martínez J. 15). Marriner, Harry A. 1993. El Rosal: La Historia de Un Pueblo de Los Andes Colombianos. Aséimpre. Bogota.

Marriner, Harry A. 2003. Selección de Sitios del Arte Rupestre en el Valle de Subachoque. www.gipri.org (Zona de Publicaciones; Procesos Metodológicos; Pictografía CuSubAIP: 008). Bogotá. Sweedlund, Alan. et all. 1971. Laboratory Methods In Physical Anthropology. Prescott College Press, Arizona. Therrien, Monika. (1995) Observaciones y comentarios personales. 3 de diciembre de 1995. El Rosal, Cundinamarca. Velandia, Roberto (1980) Enciclopedia Histórica de Cundinamarca. Vol. IV. Biblioteca de Autores Cundinamarqueses. Bogota. 2149-2156.

Los autores desean dar especial reconocimiento al señor Jorge Ruge Camargo (QEPD 2003) quien conservó el sitio, el esqueleto y asistió este estudio.

Antropologando Enero-Junio 2006 Año 5, Nº 15: 35-57
TIPOLOGÍA Y ANÁLISIS DE RASGOS MEDIANTE “Cluster Analysis” EN LOS PICTOGRAMAS ORNITOMORFOS DEL ARTE RUPESTRE CUBANO.

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Divaldo Gutiérrez Calvache1 Grupo Espeleológico Pedro A. Borrás
RESUMEN Se presenta un método de correlación tipológica en arte rupestre por medio del análisis de rasgos en un modelo matemático de “Cluster Analysis”. Se utilizan para tal fin los diseños ornitomorfos del arte rupestre cubano distribuidos en ocho localidades pictográficas, para un total de quince dibujos que quedan clasificados en tipos bien definidos según los agrupamientos obtenidos en los “Cluster”, partiendo de matrices confeccionadas a tal efecto con variables cualitativas de rasgos típicos en la morfología de este tipo de diseños. Palabras Claves: Pictografías, Cluster Análisis, Tipología INTRODUCCIÓN

“Las Aves son las figuras zoomorfas más repetidas en las cuevas de América” (Núñez Jiménez s/a). Sin embargo, en Cuba estos diseños no son tan numerosos pues de las 190 estaciones reportadas hasta hoy, su presencia está reducida a sólo las ocho localidades siguientes: Cueva de los Dibujos, Punta Judas, Sancti Spíritus; Cueva de los Generales, Sierra de Cubitas, Camagüey; Cueva del Cura, Sierra de los Órganos, Pinar del Río; Cueva del Chino y Cueva Intermedia, Cayo Lucas, Sancti Spíritus; Cueva de García Robiou y Cueva

Coordinador del Proyecto Cuba: Dibujos Rupestres, Grupo Espeleológico Pedro A. Borrás, Sociedad Espeleológica de Cuba. Ave. 31 No. 5827 e/ 58 A y 60, Apto 1, Playa, Ciudad de la Habana, Cuba. Telf. (537) 202 9491 (537) 860 8560 divaldo2004@yahoo.es

1

Mapa Nº 1. Distribución de las localidades del arte rupestre cubano con representación de aves (Dibujos Ornitomorfos).

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Pequeña de Diago, Provincia Habana y la estación de Martica, también en Cayo Lucas, Sancti Spítirus (mapa Nº 1), lo que representa algo más del 4 % del total de sitios rupestres cubanos. La revisión de la bibliografía referente al conocimiento del arte rupestre de estas localidades, así como los trabajos de campo, nos llevaron a la conclusión de que los diseños ornitomorfos debían ser vistos en dos grandes grupos; la misma apreciación hizo el Dr. Antonio Núñez Jiménez (s/a: 37) al decir “Algunas de estas formas ó aves están dibujadas con bastante realismo y otras son muy esquemáticas”. Partiendo de estos antecedentes, nuestro primer paso fue seleccionar los diseños de indiscutible relación ornitomorfa, quedando así desechados algunos pictogramas que son considerados por otros autores como ornitomorfos. Si se observa detenidamente la Figura Nº 2 donde se reproducen los diseños ornitomorfos del arte rupestre cubano según Núñez Jiménez (s/a: 121-159) y donde los dibujos señalados con los números 10, 11 y 15 son los desechados por nosotros como diseños ornitomorfos a partir únicamente de la apreciación visual como criterio excluyente para tales dibujos. Pero como se verá más adelante los parámetros cualitativos trabajados con valores de peso informativo 0 – 1 (presencia o ausencia) seguidos como línea de investigación en esta monografía así lo demuestran. 1 2 3,4,5,6,7 8 9,11
Figura Nº 2. Diseños ornitomorfos del arte rupestres cubanos (Según Núñez Jiménez (op. citi 121-159)

Cueva de los Dibujos, Punta Judas, Sancti Spiritus, Cuba Cueva de los Generales, Sierra de Cubitas, Camagüey, Cuba Cueva del Cura, Sierra de los Órganos, Pinar del Río, Cuba Martica, Cayo Lucas, Sancti Spiritus, Cuba Cueva del Chino, Cayo Lucas, Sancti Spiritus, Cuba

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 10 12 13,14, 15

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Cueva Intermedia, Cayo Lucas, Sancti Spíritus. Cueva de García Robiou, Habana. Cueva Pequeña de Diago, La Habana, Cuba

individuos ó entes comparados y las columnas a las variables que son “medidas” a esos individuos (Rives 1989: 4). Si consideramos cada pictograma ornitomorfo como uno de estos individuos y los caracteres morfográficos de un típico dibujo ornitomorfo como las variables, el modelo matemático aislaría las relaciones de semejanzas y diferencias que hay entre los pictogramas que han sido escogidos para el estudio, dando como resultado “Conjuntos Representativos de las Relaciones Significativas” (Rives 1989: 4). Es bueno señalar que en el procesamiento de las matrices se utilizó una sola de las variables que permite utilizar el Coeficiente de Similitud de Gower (1971: 859), la cualitativa, con una relación matemática de presencia-ausencia (0 – 1) en cada individuo. Esto parte del uso para este trabajo de rasgos morfográficos ó morfológicos únicamente y no de los morfométricos ó morfotecnológicos, los que lógicamente enriquecerían la investigación. Sin embargo, preferimos obtener resultados iniciales con variables cualitativas de forma que nos permita eliminar en el futuro las incongruencias que surjan en el desarrollo de la aplicación y generalización del método. Siguiendo los trabajos de Alexis Rives Pantoja (Rives 1989) para elementos infraestructurales, y por tratarse de una muestra de pocos individuos, el procesamiento de los datos de cada pictograma se realizó primero a mano y luego fueron rectificados en un microprocesador Pentium 3 Inter ® Celaron ® CPU. 180GHz. 504 MB de RAM en un programa preparado

FUNDAMENTACIÓN TEORICO-METODOLOGICA

Hasta el presente los estudios sobre el arte rupestre cubano que han sido publicados han centrado su atención en la descripción morfológica y morfotecnológica (Gutiérrez 1994); así como, comparaciones entre localidades. Hace algunos años fue publicado un trabajo donde se buscaban relaciones a partir de la aplicación de modelos de “Cluster Analysis” en el arte rupestre cubano (Izquierdo y Rives 1991) pero las relaciones buscadas y obtenidas no tienen carácter tipológico, por lo que nosotros en este trabajo intentamos por primera vez el uso de técnicas de análisis matemático en programas de microprocesadores para tratar de lograr un avance en la búsqueda de patrones tipológicos, estilísticos y de rasgos en el arte rupestre cubano, los que permitan en el futuro una caracterización diagnóstica que aporte nuevos elementos de información social sobre sus ejecutores y su superestructura. La característica más popular y utilizada en los métodos matemáticos de reconocimiento es, precisamente, su capacidad de establecer clasificaciones jerárquicas de grupos (Rodríguez 1982: 32) Estos métodos trabajan con agrupaciones de datos en filas y columnas (matrices); las filas representan a los

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por el Lic. Raúl Coyula de la Facultad de Biología, Universidad de la Habana. El análisis de los datos se llevó a cabo mediante la relación de los pictogramas ornitomorfos propuestos por Antonio Núñez Jiménez, (Núñez s/a: 121-159), según el Coeficiente de Similitud de Gower, el que se puede expresar de la forma siguiente: n S = ∑ Sijk K=l n ∑ Wijk K=l

combinadas, como son los casos de los diseños 8 y 12 de la figura Nº 2; los dibujos realizados a tinta llena, como los diseños 2, 3, 4 y 5 de la figura Nº 2, y finalmente los dibujos mixtos, como el diseño 1 también de la figura Nº 2. Finalmente se procesó una matriz multivariable con los resultados del procesamiento anterior. La selección de datos, métodos, conceptos y definiciones son analizados y propuestos por el autor como una aproximación a lo que podría ser un modelo ideal en el análisis automatizado de los datos extraídos de nuestras estaciones pictográficas, pues cuando de arte rupestre se trata, es sumamente difícil no caer en inferencias interpretativas ó reconstructivas del ámbito sociocultural que rodea a estas manifestaciones superestructurales. De haberlas hecho escapan de nuestro objetivo en este trabajo, pues no pretendemos el reinicio de la valoración interpretativa del arte rupestre cubano, y sí el perfeccionamiento cualitativo en el agrupamiento y clasificación tipológica de estas manifestaciones, al menos dentro de nuestro grupo de trabajo, partiendo de la posibilidad de estos métodos como herramienta de investigación.
RESULTADOS

Utilizando para la valoración del coeficiente el método de agrupamiento de Promedio Simple, de acuerdo a 10 matrices de observación morfológica ó morfográficas: 1.- Tipo de Dibujo 2.- Tipo Morfocorporal 3.- Lateralidad 4.- Presencia de las Alas 5.- Presencia de los Ojos 6.- Tipo de Ojos 7.- Presencia de las Patas 8.- Presencia de los Dedos 9.- Presencia de la Cola 10.-Presencia del Pico

En el caso de las variables 1, 2 y 6 los atributos o criterio utilizados para clasificar han sido elaborados a partir de su expresión morfológica, para ejemplificar estos criterios veamos la variable Tipo de Dibujo donde se han considerado tres tipos, los dibujos realizados mediante el uso de líneas simples o

En los diferentes dendogramas aportados por el “Cluster” pueden apreciarse los resultados del procesamiento de los datos correspondientes a cada pictograma estudiado:

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2 3 4 5 6 7 9 13 14 15 8 10 11 12 1 Fig. Nº 3.- Tipo de Dibujo: (2,3,4,5,6,7,9,13,14,15); (8,10,11,12); (1)

1 2 3 4 5 6 7 9 13 14 8 12 10 11 15 Fig. Nº 4.- Tipo Morfocorporal: (1,2,3,4,5); (10,11,15) (6,7,9,13,14); (8,12);

1 3 5 6 8 12 14 2 4 7 9 13 10 11 15
Fig. Nº 5.- Lateralidad (1,3,5,6,8,12,14); (2,4,7,9,13); (10,11,15)

1 7 9 13 14 2 3 4 5 6 15 8 10 11 12
Fig. N° 6. - Presencia de Alas: (1,7,9,13,14); (2,3,4,5,6,15); (8,10,11,12)

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 1 3 5 7 8 12 2 4 6 9 10 11 13 14 15

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 1 1 2 3 4 5 8 10 11 12 6 7 9 13 14 15
Fig. Nº 9.- Presencia de las Patas:

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1 8 12

5 2 3 4 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15

3 5 7

Fig. Nº 10.- Presencia de los Dedos: ((1,5); (2,3,4,6,7,8,9,10,11,12,13,14, 15)

Fig. Nº 7.- Presencia de los Ojos: (1,3,5,7,8,12); (2,4,6,9,10,11,13,14,15)

Fig. Nº 8.- Tipo de Ojos: (3,5,7); (1,8,12)

(1,2,3,4,5); 6,7,9,13,14,15) (8,10,11,12)

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 1 2 3 4 5 8 10 11 12 5 7 9 13 14 15 1 2 3 4 5 6 7 8 9 12 13 14 11 15 10
Fig. Nº 11.- Presencia de la Cola: (1,2,3,4,5); (6,7,9,13,14,15); (8,10,11,12)

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mismo sucede si analizamos la figura Nº 5 de Lateralidad. Sin embargo, si analizamos las figuras Nº 6, 9, 11 y 12 que representan las variables Alas, Patas, Cola y Pico, respectivamente, nos daremos cuenta que existe una fuerte relación entre los agrupamientos obtenidos del procesamiento de estas variables, los que se comportan de la forma siguiente: Fig. Nº 6: (1,7,9,13,14); (2,3,4,5,6,15); (8,10,11,12) Fig. Nº 9: (1,2,3,4,5,); (6,7,9,13,14,15); (8,10,11,12) Fig. Nº 11: (1,2,3,4,5); (6,7,9,13,14,15); (8,10,11,12) Fig. Nº 12: (1,2,3,4,5,6,7,8,9,12,13,14); (11,15); (10) Se notan algunas diferencias significativas en la variable Presencia de Pico (Fig. Nº 12), pues aquí entra a jugar un papel importante otras variables que aunque no de un fuerte carácter diagnóstico, si son el resultado de la combinación ó no de diferentes caracteres; nos referimos al tipo morfocorporal, pues donde este tipo es de rasgos como en los diseños 8 y 12, (Fig. Nº 4) las variables alas, patas y colas no han estado presentes, sin embargo la variable pico juega un papel diagnóstico resolutivo. De todo lo anterior se puede obtener una conclusión parcial. De todas las variables consideradas en los “Cluster”, la Presencia de Alas, la Presencia de Patas, la Presencia de Cola y la Presencia de Pico pueden considerarse como verdaderos caracteres diagnósticos en el agrupamiento de diseños pictográficos ornitomorfos. Otras variables como: Tipo Morfocorporal, Presencia de los Ojos y Tipo de Ojo pueden

Fig. Nº 12.- Presencia de Pico: (1,2,3,4,5,6,7,8,9,12,13,14); (11,15); (10)

Como es evidente en casi todos los casos, el modelo matemático ha arrojado agrupamientos aparentemente incongruentes unos con otros; esto se debe a que no todas las variables utilizadas son ó forman caracteres diagnósticos para agrupar morfológicamente los pictogramas procesados, ó lo que es igual, no tienen suficiente peso informativo en el problema planteado. Pongamos un ejemplo de lo anterior: En la figura Nº 8, donde se representa la similitud según el tipo de ojos, el modelo ha realizado un agrupamiento que no se corresponde con el obtenido en el procesamiento de otras variables, lo

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considerarse accesorias, pero las variables Lateralidad, Tipo de Dibujo, etc., las cuales pueden ser de importancia en estudios estilísticos, carecen absolutamente de peso informativo para el procesamiento tipológico propuesto en este trabajo y así lo demuestran los resultados obtenidos en la aplicación del modelo. Un ejemplo indiscutible de lo anterior se aprecia en la pictografía identificada con el número 10 la que no posee ningún carácter diagnóstico ni siquiera accesorio ó secundario para ser considerado como un diseño ornitomorfo. Sin embargo, los resultados del modelo no culminan con lo expuesto. Lo más importante en el proceso de investigación es la posibilidad de diferenciar y definir las variables con verdadero peso informativo en los agrupamientos y confeccionar una matriz multivariable (ver Figura Nº 13) que al ser procesada nos ofrece el siguiente agrupamiento: (1,2,3,4,5); (6,7,9,13,14); (8,12); (10,11,15). Tales agrupamientos pueden ser utilizados como tipos, partiendo de cierta flexibilidad en los criterios tipológicos. Nos quedarían así los siguientes tipos: Tipo Ornitomorfo A-1 (1, 2, 3, 4, 5) Dibujos ornitomorfos bien definidos donde la representación corporal del ave ha sido realizada de forma bastante “realista” y completa, con buena definición de rasgos como el pico, las patas y la cola, pueden tener ó no representadas las alas y en ocasiones bien representados los ojos, así como los dedos de las patas. Estos dibujos pueden estar asociados a otros diseños

zoomorfos, antromorfos, geométricos u otro tipo de dibujo ornitomorfo.

Fig. Nº 14. Pictografías de la Cueva del Cura, Pinar del Río, Cuba. Donde se observa el dibujo ornitomorfo que en este trabajo ha sido identificado con el número 3 y que puede ser considerado como el modelo holotípico del Tipo Ornitomorfo A-1

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 2 4 3 5 1 7 14 6 9 13 8 12 10 11 15
Figura Nº -13. Matriz Multivariable (1,2,3,4,5); (6,7,9,13,14); (8,12); (10,11,15).

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las colas y las patas. Ocasionalmente pueden tener bien representados los ojos, en algunas ocasiones presentan líneas y trazos que los tratan de limitar, según el criterio de dibujos limitados propuesto por José Manuel Guarch (Guarch 1987: 69) y Divaldo Gutiérrez (Gutiérrez 1992: 2), complicando el diseño; dichos trazos son de difícil interpretación por su variada distribución. Estos dibujos aparecen asociados a cualquier otro tipo de dibujos, pero sobre todo han aparecido formando conjuntos con figuras antropomorfas (Núñez, s/a: 37).

Tipo Ornitomorfo A-2 (6, 7, 8, 9, 13,14) Dibujos ornitomorfos muy esquematizados, generalmente en forma de cruz dando lugar a una representación corporal parcial, donde las alas y los picos están bien definidos, no así
Fig. Nº 15. Pictografías de la Cueva del Chino, Cayo Lucas, Sancti Spiritus, Cuba. Donde se observa el dibujo ornitomorfo que en este trabajo ha sido identificado con el Nº 9 y que puede ser considerado como el modelo holotípico del Tipo Ornitomorfo A-2

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 Tipo Ornitomorfo A-3 (8, 12)

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El agrupamiento que continuaría según la figura Nº 13 (10,11,15) es interpretado como dibujos que no tienen relación alguna con rasgos típicos de los diseños ornitomórficos y así lo demuestra el aislamiento obtenido según el modelo matemático empleado, lo cual puede ser apreciado a simple vista en la expresión gráfica de los mismos y son en fin los dibujos a los que nos hemos referido al introducir este trabajo como dibujos “desechados”.
DISCUSIÓN

Este tipo de dibujo agrupa a aquellos que poseen rasgos que se definen como cabezas de aves, donde la presencia de trazos que representan el pico es significativa. Los casos analizados en este trabajo presentan siempre un rasgo interpretable como “ojos”. Estos dibujos pueden encontrarse acompañados a otros tipos, tanto zoomorfos, antropomorfos, como geométricos.

Los resultados obtenidos nos permiten asegurar que estos métodos pueden clasificar con éxito las diferentes formas o tipos utilizados por el hombre precolombino de Cuba para representar un mismo problema pictórico. Uno de los problemas a los que nos enfrentamos es la imposibilidad de correlacionar tipos obtenidos con grupos culturales y/o cronología. Esta imposibilidad está dada sobre todo por el uso únicamente en este trabajo de variables morfológicas ó morfográficas, pero aún introduciendo en los “Cluster” variables con más opciones cronoculturales, dudamos de tales resultados, al menos para los diseños ornitomorfos, pues la información sobre evidencias artefactuales o de otro tipo encontradas en estas localidades es escasa y a veces ninguna, por otra parte, la presencia en una misma localidad de uno u
Fig. Nº 16. Pictografías de la Cueva de García Robiou, La Habana, Cuba. Donde se observa el dibujo ornitomorfo que en este trabajo ha sido identificado con el Nº 12 y que puede ser considerado como el modelo holotípico del Tipo Ornitomorfo A-3

otro tipo e inclusive formando conjuntos pictográficos, introduce un esquema de difícil organización cronocultural partiendo de la concepción tipológica. Pudieran encontrarse

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numerosas fórmulas para intentar resolver este problema, por ejemplo: Es conocido que “las aves han jugado un papel notable en la cosmogonía y mitología de los pueblos americanos” (Núñez s/a: 38). De lo anterior se podría inferir que cada tipo pudiera responder a la representación de un mito diferente, asociado a aves de características diversas, entre las que podrían incidir las épocas de migración, hábitos aéreos, plumaje, etc. Por lo que habría que entender que las aves representaron para las poblaciones aborígenes de Cuba alimentos, obtención de plumas para adornos corporales, anuncio de las estaciones climáticas, por lo que su importancia, mágica y mitológica quedo representada en numerosas piezas del arte utilitario de nuestras comunidades precolombinas (ver figura Nº 17). Pero tales especulaciones escapan de los objetivos que nos hemos propuesto en este trabajo.

de variables cuantitativas como: datos morfométricos, presencia entre e intra localidades, resistencia y tipo de sustrato, distribución espacial, categorías, materiales de ejecución, etc. Las variables mencionadas, usadas o no en este trabajo, utilizadas después de ser seleccionadas según el objetivo y posibilidades de cada investigación, traerían como resultado una ventajosa abertura y ampliación del espectro metodológico de la investigación arqueológica en arte rupestre.
CONCLUSIONES

Como quiera que en el estudio del arte rupestre cubano se impone la necesidad de incrementar la búsqueda de métodos y procedimientos que aumenten el rendimiento informativo de estas grafías dentro del conocimiento arqueológico de nuestro país, pensamos que el método presentado demuestra el valor de estos modelos matemáticos en la interpretación y correlación tipológica en arte rupestre, pero sobre todo abre una nueva opción metodológica para el investigador, en la difícil tarea de desentrañar nuestro pasado aborigen. Por otra parte el modelo ha logrado clasificar con éxito y demostrar al menos morfológicamente la presencia de tres tipos bien definidos y diferenciados de diseños ornitomorfos en el

Fig. Nº 17. Colgante fabricado por aborígenes mesolíticos representativo de un ave. Encontrado en el centro sur de Cuba, Trinidad, Sancti Spiritus

arte rupestre cubano; además de lograr aislar y desechar a partir del análisis de rasgos algunos diseños históricamente descritos en la literatura como diseños ornitomorfos, los cuales no resistieron el intercambio matemático de valores de rasgos aplicados en esta investigación. De todo lo anterior se puede

Un aspecto interesante que debe ser abordado en futuras investigaciones y en nuevas aplicaciones del método son el uso

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concluir que el análisis de rasgos mediante “Cluster Analysis” en arte rupestre es un método sencillo y rápido que puede convertirse en una opción más para el arqueólogo pues “...una característica importante de la Arqueología es el tener opciones que no son mutuamente excluyentes” (Litvak King 1976: 17).
REFERENCIAS Gower, T. 1971. A general coefficient of similarity and some of its properties. Biometric Journal, Biometr. Soc. (45): 857-874. Guarch, J. M.(1987) Los pictogramas cubanos como un posible sistema ideográfico. En Arqueología de Cuba. Métodos y Sistemas. Ed. Cien. Soc. 68 - 100. Gutiérrez Calvache, D.(1992) Consideraciones sobre la posible presencia de trances alucinógenos en la concepción y ejecución de pictogramas cubanos. Lib. Res. II Cong. Espeleo. de América Latina y el Caribe. La Habana. Gutiérrez Calvache, D.(1994) Sobre los estilos pictográficos en el arte rupestre cubano. Reflexiones Metodológicas, Bol. Casimba (6), 19 – 27. Izquierdo, G & Rives, A. (1991): Tendencias de desarrollo del arte rupestre cubano. Estudios Arqueológicos 1990, Ed. Academia. 28 – 45 Litvak King, J.(1976) Notas sobre la metodología de campo en arqueología. Anales de Antropología. Inst. Invs. Antropológicas, UNAM, (13). 9 - 21. Núñez Jiménez, A.(s/a) El arte rupestre de Cuba y su comparación con el de otras áreas de América. Proyecto Regional de Patrimonio Cultural y Desarrollo, La Habana. Rives, A.(1989): “Cluster Analysis” estratigrafía e interpretación arqueológica, Reporte de Investigaciones. Inst. Cien. Hist. ACC. (1). 1 - 22. Rodríguez Lezcano, O.(1982): El análisis factorial de datos en Arqueología. Actas del Décimo Congreso. Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas, México DF.

Antropologando Enero-Junio 2006 Año 5, Nº 15: 59-102
DEL BARRO A LA OLLA: EMPLEO DE VARIABLES MORFO-MÉTRICAS PARA EL ANÁLISIS DE FORMA Y FUNCIÓN EN LA CERÁMICA DEL ORINOCO MEDIO.

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evidencia requiere una sistematización adecuada que permite acceder a información de origen, producción, uso, cronología y deposición de la pieza (Binford 1988; Schiffer 1991). La sistematización del material arqueológico tuvo un significativo cambio con el surgimiento de la Arqueología Procesual en la década de los 60, cuando se introdujo la informática en los estudios arqueológicos, con la finalidad de manejar grandes bases de datos de una manera más eficiente (Doran y Hodson 1975). Para lograrlo era necesario acercarse a otras disciplinas, entre ellas las matemáticas, y particularmente la estadística, considerando que la evidencia de una actividad cultural pasada puede expresarse en términos de ordenaciones de objetos. Los patrones detectados permiten, entonces, estudiar semejanzas y diferencias en la cultura material, y la regularidad, permanencia y cambio en las sociedades pretéritas (Binford 1988). La cerámica es uno de los elementos del registro arqueológico más estudiados, tanto por su abundancia, como por su durabilidad y variabilidad. Dado el gran volumen de datos provenientes de una colección cerámica, los métodos automatizados de análisis son particularmente útiles. No sólo permiten realizar una descripción cuantitativa de diferentes variables formales, tecnológicas y decorativas, sino que facilitan el análisis de las relaciones entre estas variables y su cambio en el tiempo y espacio (Tarble 1982; Fernández 2002; Romero 2004).

Mairim Gil 1 Luramys Díaz 2 Universidad Central de Venezuela Kay Tarble 3 Universidad Central de Venezuela University of Chicago
RESUMEN Se presentan los resultados obtenidos en la aplicación de la técnica del Análisis de Componentes Principales (ACP), sobre fragmentos de bordes cerámicos encontrados en 10 yacimientos del Orinoco Medio, correspondientes a los periodos Coloniales y Republicanos. El objetivo es registrar la variabilidad tecnológica en las formas de las piezas cerámicas de manufactura indígena y su posible función, después de la llegada de los europeos a la región. Las variables morfométricas utilizadas fueron diámetro, grosor y ángulo. Se logró determinar una correlación entre el diámetro y grosor de las vasijas, la cual se hace más evidente en los sitios tardíos de la secuencia, particularmente en los del periodo Republicano, donde predominan los budares de gran diámetro y anchura, fabricados con una pasta desengrasada con abundantes fragmentos de caraipé. INTRODUCCIÓN

Los arqueólogos tienen como reto analizar los procesos históricos por medio de la evidencia artefactual. Los restos de cultura material son clave en cualquier investigación arqueológica; sin embargo, la
Universidad Central de Venezuela. Proyecto arqueológico Suapure Parguaza. mairimasletgil@gmail.com 2 Universidad Central de Venezuela. Proyecto arqueológico Suapure Parguaza. symarul@gmail.com 3 Escuela de Antropología, Universidad Central de Venezuela. Proyecto arqueológico Suapure Parguaza. University of Chicago, Illinois, U.S.A. kfscarame@cantv.net
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Siguiendo esta línea, en este artículo se presentan los resultados obtenidos en la realización de un análisis factorial, con la aplicación de la técnica del Análisis de Componentes Principales (ACP), sobre fragmentos de bordes cerámicos de manufactura local encontrados en 10 yacimientos del Orinoco Medio, correspondientes a los periodos Colonial y Republicano (Tarble 2005). Este trabajo forma parte del Proyecto Arqueológico Suapure-Parguaza (P.A.S.P.) dirigido por Franz Scaramelli y Kay Tarble, orientado a conocer la variabilidad y complejidad que caracterizó al proceso de contacto colonial en la región a raíz de la llegada de los europeos. El análisis de la cerámica y su variabilidad puede emitir información sobre identidad y contacto cultural, (Wobst 1977; DeBoer 1990; Sackett 1990; Weissner 1990; DeBoer 1991) cambios demográficos (Dunnell 1991), y transformaciones en la producción y consumo que surgieron en el contexto colonial (García Arévalo 1977; Burley 1989; Farnsworth 1992; Deagan 1996; Lightfoot, Martínez et al. 1998; Ewen 2000; Hauser and DeCorse 2003; Rodríguez-Alegría 2005). En este sentido, las vasijas pueden estudiarse desde la perspectiva de su tecnología de manufactura, de sus aspectos formales y decorativos, y de su posible función o funciones dentro de la sociedad que las utilizaron. Cada uno de estos análisis proveerá información de diferente índole sobre el proceso colonial. El estudio del aspecto tecnológico, por ejemplo, permite acercarnos a las decisiones que se tomaron a la hora de la manufactura de la pieza, decisiones que informan acerca de las preferencias culturales

en cuanto a materia prima (arcillas y desgrasantes), procedimiento de elaboración (manual, con molde o torno), y condiciones de cocción. Según estudios etnoarqueológicos recientes (Miller 1985; Dietler and Herbich 1989; Gosselain 1992), las tradiciones tecnológicas pueden reflejar identidades sociales mejor que los estilos decorativos (Chilton 1998:133). Por lo tanto, los estilos tecnológicos ofrecen una herramienta para la determinación de la composición de la sociedad colonial. La variedad estilística, en el Orinoco Medio, definida a partir de aspectos tecnológicos (pasta, cocción, técnicas de manufactura), formales y decorativos, sugiere la presencia de diversas comunidades alfareras en la zona. Es posible que esta variabilidad estilística corresponda, de alguna manera, con la diversidad étnica hallada en la zona de estudio a la llegada de los europeos. Si bien no se puede asumir una relación directa entre estilo cerámico y grupo étnico, fue muy comentado por los cronistas el uso de la cultura material como distintivo étnico en la zona. Nosotros solos hacemos, replican de nuevo los Güipunaves, nosotros solos hacemos platos bonitamente pintados, nosotros solos rallos para hacer pan de la yuca. Así dicen los Güipunaves, y así las otras naciones orinoquenses se hacen un punto de honor de las cosas que conocen, y que en la infancia les enseñaron. (Gilij 1987, Vol. 2: 148) Los cacharros de cocina, bueno o malos, los hacen por sí mismas. Son muy alabados los de las tamanacas, y en sus casas se hallan de varias clases…. Las ollas de los Otomacos, que sirven para cocer aceite de tortuga, no son hermosas, pero

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 aunque planas por debajo y negras por todas partes, son tan adecuadas para la necesidad, que no puede ser más….Las chirguas de las mujeres guamas, esto es un cacharro redondo con dos picos, que sirve para refrescar el agua, tampoco las saben imitar las otras mujeres…. En suma, parece que toda nación orinoquense en este punto tenga algo privativo. (Gilij, 1987, Vol. 2: 257)

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material cerámico. Se propone que las prácticas de comensalidad debieron verse influenciadas por el orden cultural impuesto por los misioneros, por la introducción de nuevas formas de preparar los alimentos, y la reducción de comidas comunales y festejos. Esto pudo afectar el tamaño de las vasijas utilizadas, con una reducción en el tamaño de las piezas de servicio y la desaparición de las grandes vasijas destinadas a la fermentación de bebidas. La introducción del cultivo de granos tales como el arroz y los frijoles, y otros alimentos que requerían largo tiempo de cocción pudo haber traído como consecuencia la elaboración de nuevas formas de vasijas (García Arévalo 1977). La adopción de la cerámica de manufactura indígena por parte de los europeos también pudo incidir en la producción de nuevas formas. Existen referencias con respecto al encargo de ciertas formas de vasija por parte de los europeos. “Del chamacu no es muy distinta una tinaja que, a petición de los españoles, hacen para tener en ella el agua” (Gilij, 1987, Vol. 2: 257). Igualmente, la sustitución de cerámica local por loza importada quizás llevó a la simplificación o pérdida de la producción de algunas formas de vasija en el repertorio local. En el caso del sitio de Pueblo Viejo del período Colonial Tardío y de los sitios ubicados en el período Republicano, se ha demostrado la sustitución de platos de manufactura local por platos decorados importados, a la vez de la virtual pérdida de decoración en las vasijas locales (Falconi 2003; Díaz 2005). Falconi demostró una predominancia de formas utilitarias en la cerámica

Con el establecimiento de misiones jesuitas en la región, muchos de los grupos étnicos fueron desplazados y reubicados en las Reducciones. En estos contextos, proponemos que la presencia de diferentes estilos cerámicos, tanto locales como importados, puede informar sobre la composición étnica de los habitantes de las Reducciones (Hernández 1994; Tarble 2005). La disminución drástica de la población indígena debido a la introducción de enfermedades, tales como el sarampión y la viruela, es otro elemento que posiblemente contribuyó en la simplificación o inclusive la desaparición de algunos estilos cerámicos. Por otra parte, bajo el régimen misional, se dio un proceso de adoctrinamiento religioso que pudo haber afectado la manufactura cerámica (González 2005). En este sentido, se podría pensar en la prohibición de motivos decorativos considerados como “diabólicos” o la restricción en cuanto a la manufactura de vasijas o instrumentos utilizados en rituales o ceremonias censuradas. Además de las enseñanzas religiosas, los Padres impusieron nuevas modalidades de asentamiento, de matrimonio, de división de trabajo, y de producción agrícola, que pudieron influir en la producción del

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 • • • • • Las variables grosor, diámetro y ángulo La forma de la vasija y el tamaño de los bordes El desengrasante y la forma de la pieza La forma y la función inferida La forma y la ubicación temporal

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local para el Periodo Republicano, las cuales eran destinados a la cocción y servicio de alimentos (boles), el almacenamiento y transporte de líquidos (tinajas), y particularmente, a la preparación de casabe (budares). Si bien estas transformaciones han sido documentadas en otras partes de América (Deetz 1965; Deagan 1983; Rogers 1990; Lightfoot, Martínez et al. 1998; Ewen 2000; Deagan 2004), han recibido poca atención en el contexto venezolano. Nos hemos propuesto, por lo tanto, examinar el caso del Orinoco Medio a fin de comprender mejor el proceso particular que se dio en esta región a raíz de la intervención europea. Hasta el momento se han realizado varias investigaciones que enfocan sobre la cerámica encontrado en sitios específicos o perteneciente a periodos aislados dentro de la secuencia ocupacional post-contacto de la zona (Hernández 1994; Falconi 2003; Romero 2004; Díaz 2005; González 2005). Con la presente investigación pretendemos dar una visión diacrónica de la secuencia completa, con énfasis en ciertas características morfotecnológicas susceptibles a un análisis multivariable.
OBJETIVO

DESCRIPCIÓN DEL CONTEXTO DE LA MUESTRA

Los

materiales

arqueológicos

obtenidos

por

el

Proyecto

Arqueológico Parguaza Suapure provienen de prospecciones sistemáticas realizados en 18 yacimientos, entre los que se encuentran sitios de misión, fortalezas, asentamientos indígenas y pueblos seculares4. (Scaramelli 2005) (Figura 1). Además de la cerámica de manufactura local, la cual es el material mayoritario en todos los sitios (Tabla 1), se recuperó cerámica importada, vidrio, objetos de metal, cuentas de vidrio y monedas, que han servido como elementos diagnósticos para establecer una secuencia ocupacional para la zona. Se han definido cinco períodos: Prehispánico Tardío (1400-1530), Contacto (1531-1679), Colonial Temprano (1680-1767), Colonial Tardío (1768-1830) y Republicano (1831-1920), los cuales concuerdan con eventos clave del proceso de interacción entre indígenas y colonizadores. El Período Prehispánico Tardío establece la línea base, a partir de la cual se pueden medir los cambios introducidos por la acción de la conquista
En el caso de los pueblos seculares hacemos referencia a los pueblos no misionales fundados con colonos europeos, mestizos, negros e indígenas. Estos pueblos formaron parte de una política concertada por la Corona a raíz de las Reformas Borbónicas a finales del siglo XVIII e implementados como parte de las actividades de la Expedición de Límites.
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El objetivo de la presente investigación es el análisis de la transformación de ciertos elementos tecnológicos y formales en la cerámica de manufactura local durante la época post contacto. Para su logro se plantearon como objetivos específicos buscar la relación entre:

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y colonización. A pesar de no haber localizado yacimientos correspondientes al Período de Contacto, lo hemos establecido con la esperanza de llenar este vacío en investigaciones futuras. El período Colonial Temprano coincide con la presencia jesuita en la zona, mientras que el Colonial Tardío corresponde al momento del esfuerzo por incrementar la colonización secular luego de la expulsión de los jesuitas en 1767. Éste se ve troncado por la Guerra de la Independencia, por lo que el último período se designa como el Periodo Republicano.
Tabla Nº 1. Frecuencia y porcentaje de los diferentes tipos de materiales recuperados en la prospección de los sitios arqueológicos del Proyecto Arqueológico Parguaza-Suapure.

Tipo de Material Vidrio Cuentas Metal Cerámica Importada Cerámica Local Lítica Total

Frecuencia Porcentaje 1543 348 948 1830 15829 1130 21628 7.1 1.6 4.4 8.5 73.2 5.2 100.0

Mapa Nº 1. Ubicación geográfica de los sitios arqueológicos en el área de estudio del P.A.S.P.

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Tabla Nº 2. Distribución de la muestra cerámica, según su contexto temporal y espacial. Períodos Yacimientos Pueblo de Españoles (BO-119) El Fortín del Parguaza (BO-31-E) San Isidro (BO-111) Componente temprana de Piedra Rajada (BO-112-1) Pueblo Viejo (BO-100) La Pica (BO-120) La Achagüera (BO-113) Palomo (BO-114) Caripito (BO-106-B) Corocito de Caripito (BO-108) Total Cant. frag. cerámicos 135 68 224 418 502 1 10 7 41 49 1455

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Los sitios referidos en este estudio son yacimientos superficiales de sabana sin depósitos estratigráficos. En su mayoría, a excepción del Fortín del Parguaza, son sitios de habitación con pisos compactados y/o bases de construcciones de bahareque, adobe o de piedra. Han sido poco intervenidos por la actividad agropecuaria e industrial que se realiza actualmente en la zona; sin embargo, las superficies de los objetos están erosionadas por la acción de las lluvias y por las quemas frecuentes en la época de verano (Lamina Nº 1).

Colonial Temprano Colonial Tardío Republicano

CLASIFICACIÓN Y DEFINICIÓN DE ESTILOS CERÁMICOS

En trabajos anteriores se ha realizado la descripción, clasificación y definición de estilos en la cerámica correspondiente a la época de post-contacto en el Orinoco Medio (Falconi 2003; Díaz 2005; González 2005; Tarble 2005), utilizando un sistema clasificatorio
Lamina Nº 1. Sitio: Pueblo de los Españoles BO-119 DESCRIPCIÓN DE LA MUESTRA

flexible, estructurado en diferentes niveles de observación, con dimensiones definidas por conjuntos de elementos alternativos, mutuamente excluyentes (Dunnell 1971) [Figura Nº 2]. La flexibilidad se da por la posibilidad de definir clases a diferentes niveles y a diferentes escalas, según los propósitos que se plantean. Por lo tanto, se permiten análisis a escala de modos, de conjuntos de modos (tipos) y de estilos. La distinción entre alfarería, tipo y variedad, por su parte, permite la creación de clases distinguidos por

La muestra cerámica que se ha seleccionado para la realización del Análisis Factorial corresponde a 1455 fragmentos de bordes, encontrados en diez yacimientos superficiales del Orinoco Medio (Tabla Nº 2).

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elementos tecnológicos (alfarería), por la combinación de éstos con elementos formales (tipos formales), y, finalmente, por la adición de los elementos decorativos (variedades).

colección, no ha sido posible asociar las formas de las vasijas a las formas de base, con sólo algunas excepciones.
Figura Nº 3. Formas de vasijas reconstruidas

Figura Nº 2. Unidades clasificatorias utilizadas (según Dunnell, 1971)

PRESENCIA DE LOS ESTILOS DE CERÁMICA LOCAL EN LOS SITIOS ARQUEOLÓGICOS

Las formas de vasijas fueron reconstruidas tomando en cuenta los elementos de forma de borde, terminal de labio, inclinación de la pared de la vasija, presencia o ausencia de inflexiones o carenación, diámetro (cm.), y grosor de la pared (mm.). Se establecieron modos de forma para toda la colección que se definen a continuación (Figura Nº 3). Las formas se indican con un número, mientras que las variantes se designan con un decimal (En el análisis ACP se utilizan números romanos para las formas; no se toman en consideración las variantes). Dado el estado fragmentario de la

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de constructos hipotéticos, los cuales resumen dimensiones latentes en el conjunto de datos originales (Noguera 2005a). Estas dimensiones se denominan factores o ejes, en cuyas coordenadas se ubica y proyecta información susceptible de explicar la variabilidad observada en el fenómeno en estudio, su interpretación se hace a partir de su correlación (Abascal y Grande 1989; Kerlinger y Lee 2002). Al material cerámico en estudio se le aplicó la técnica de Análisis de Componentes Principales (ACP), la cual permite describir las múltiples relaciones que existen entre un conjunto de variables continuas en una matriz conformada por variables e individuos (Noguera 2005b). Con el ACP se extrae de la matriz de datos el máximo de variabilidad, conforme se calcula cada factor. El primer factor atrae la mayor cantidad de varianza y está constituido por los pesos o coeficientes que maximizan las correlaciones cuadradas entre las variables y el factor. En esta técnica, la extracción de factores cesa cuando la varianza se torna insignificante. En la representación gráfica, las variables que son altas y positivamente correlacionadas deben estar cercanas entre sí y lejos
ANÁLISIS FACTORIAL

de las variables con las que no se correlacionan. Entonces debe haber conjuntos de puntos en el espacio donde se insertan ejes que explican la mayor varianza de las variables para cada dimensión (Abascal y Grande 1989; Kerlinger y Lee 2002; Noguera 2005b).

El análisis factorial es un método estadístico multivariante que examina y calcula las correlaciones entre las variables, para encontrar un orden entre ellas (Kerlinger y Lee 2002). Está diseñado para agrupar y combinar las variables iniciales, mediante la creación

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VARIABLES

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 4. Forma inferida de la pieza constituida por 11 modalidades. 5. Forma de borde definida por 15 formas (Figura Nº 4). 6. Desengrasante definido por las inclusiones en la pasta. Las modalidades de esta dimensión se identificaron como: cauixí (espícula de esponja de agua dulce), caraipé (ceniza de corteza de árbol), arena o roca molida, y tiesto molido o fragmentos arcillosos, cauixi y tiesto molido. En el caso de no tener seguridad en se la identificación del como desengrasante indeterminado. denominaba

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Las variables métricas seleccionadas para la aplicación del Análisis de Componentes Principales (ACP), fueron 1. Grosor máximo de la pieza en milímetros (denotado como ancho en los gráficos). 2. Diámetro, medido en centímetros. Esta medida se aplicó a los bordes cuando era posible medirlo con cierta seguridad, en su defecto, se consideraba como cero. 3. Ángulo, grados de la circunferencia del fragmento. Permitió una evaluación de la precisión de la medida del diámetro, en el sentido que mientras mayor grado de circunferencia, más confiable será la medida de diámetro. Se escogieron estas características por ser las únicas variables continuas disponibles para la muestra de bordes. Debido al estado fragmentario de la colección cerámica, fue imposible incluir otras variables tales como altura, diámetro de la base, diámetro máximo de la vasija, etc. Las variables ilustrativas nominales son definidas como aquellas cuya ubicación en el plano factorial aportan información para ayudar a la interpretación realizada con las variables activas (Fernández 2002). Por tanto, en este caso se utilizaron características morfotecnológicas de los fragmentos de bordes cerámicos y el contexto temporal correspondiente (Tabla Nº 3):

7. Sitio donde fue encontrado el material, compuesta por 10 modalidades. 8. Período, definido por cuatro periodos históricos.
Tabla Nº 3. Variables ilustrativas y las modalidades que las constituyen Variables ilustrativas Forma inferida de la pieza Modalidades Bol Botella Budare Olla para cocinar Indeterminado Jarra Jarra sin cuello Olla Otro

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Plato Vasija para almacenar Forma del borde Indefinida I II III IV VIII IX XI XIII XVI XX XXII XXVI XXVII XXIX Pueblo de los Españoles Fortín del Parguaza San Isidro Piedra Rajada Pueblo Viejo La Pica Corocito de Caripito Caripito La Achagüera Palomo Arena Caraipé Cauixi con tiesto molido Espicula de esponja Tiesto molido Indeterminado Colonial temprano Colonial tardío Republicano Multicomponente(mixto)

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ANÁLISIS DE LOS DATOS

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Los datos se procesaron con el paquete estadístico SPADN (Sistema Portable para el Análisis de Datos), versión 5.0. Se aplicó el Análisis de Componentes Principales (ACP), el cual proporciona una imagen gráfica que permite ver las relaciones entre los bordes y sus características. Estudio de la correlación En general, se observó que entre las variables activas las correlaciones son bajas. Esto indica que hay una correlación más significativa entre el diámetro de la vasija y el grosor de la pared, mientras que hay muy poca relación entre el tamaño de la circunferencia del fragmento (Ángulo) y la medida del diámetro. Asimismo, hay aún menor correspondencia entre el grosor de la pared y el ángulo de la circunferencia.
Tabla Nº 4. Matriz de correlaciones Variables activas Diámetro Grosor Angulo 1 0.35 0.07 1 0.03 1 Diámetro Grosor Angulo

Sitio

Desengrasante

Periodo

Inercia asociada a los factores Se trabajó con tres variables activas (diámetro, grosor y ángulo) y cinco variables ilustrativas (forma de la pieza, forma de fragmento,

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desengrasante, sitio y periodo temporal) constituidas por 51 modalidades. La inercia global de la masa de variables activas es 3, la cual se encuentra distribuida sobre 3 ejes factoriales que presentan valores propios de: 1.366 para el primer eje, y recoge el 45.56% de la inercia; 0.988 para el segundo eje, que concentra el 32.95 %, y 0.644 para el tercer eje, con 21. 50 de la inercia. Análisis de los ejes de los ejes factoriales (dimensiones que resumen las variables iniciales) Primer eje Las variables activas que presentan la mayor correlación con este eje son diámetro (r: -0.82) y grosor (r: -0.81) del borde, siendo las que contribuyen con su formación por presentar los puntos de coordenadas más altos (Tabla N° 5). Por tanto, el primer factor está relacionado con las medidas vinculadas directamente al tamaño de la pieza.

Tabla Nº 5. Coordenadas, contribuciones absoluta y relativa de las variables activas, sobre los tres ejes Variables activas F1 Diámetro Grosor Angulo 0.82 0.81 0.22 F2 0.08 0.18 0.97 0.56 0.06 F3 0.57 F1 0.82 0.81 0.22 Coordenadas Contribución absoluta F2 0.08 0.18 0.97 0.56 0.06 F3 0.57 F1 0.70 0.69 0.19 Contribución relativa F2 0.08 0.18 0.98 0.70 0.07 F3 0.71

Asimismo, se observa que todas las variables están ubicadas en un mismo lado del eje (Gráfico N° 1). Esto se debe a que poseen una correlación negativa con la primera componente, en consecuencia, los individuos están clasificados sobre el plano factorial en orden decreciente de los valores. Los bordes cerámicos de diámetro y grosor mayores estarán ubicados del lado izquierdo del eje. Al mismo tiempo, todas las variables tienen una correlación positiva entre si, es decir, si para un borde una variable toma un valor alto, también serán altos los valores de las otras características. Este sería lo que se conoce como un “factor talla”, el cual opone todos los individuos que toman valores altos en todas las variables correlacionadas positivamente con él, a los que toman valores bajos (Abascal y Grande 1989).

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Para completar el análisis se proyecta sobre el primer eje las variables ilustrativas, las cuales ayudan en la explicación sobre de las asociaciones resultantes (Tabla N° 6). Se considera en primer lugar la variable forma de la pieza, cuyas altas coordenadas sobre este eje ubican a las modalidades budare (2.27), otros (-1.36) y vasija para almacenar (-0.80), en el segundo cuadrante. Sus valores negativos indican que sus medidas de diámetro y ángulo son altas, estando en oposición a formas como botellas (0.91), jarra (0.83) y jarra sin cuello (0.50), con medidas de diámetro y grosor bajas, situadas en el primer cuadrante. En relación a la forma del fragmento, se observa que las coordenadas más altas las presenta la forma XI (-2.03), seguida de la forma XX (0.95) de bordes con diámetros y grosor grandes. En oposición a la forma II (0.98), la forma XXVI (1.22), la forma XXVII (1.05), la forma XXIX (1.02) de diámetros y grosor pequeños.

Tabla Nº 6. Variables ilustrativas y las modalidades que las constituyen, con sus coordenadas

Variables ilustrativas Forma inferida de la pieza

Modalidades Bol Botella Budare Olla para cocinar Indeterminado Jarra Jarra sin cuello Olla Otro Plato Vasija para almacenar

Coordenadas F1 F2 F3 0.26 0.06 0.91 1.48 0.03 2.27 0.66 0.79 0.32 0.12 0.62 1.00 0.83 0.01 0.42 0.50 0.19 0.14 0.00 2.94 0.03 1.36 0.01 2.08 0.29 0.57 0.80 0.45 0.07 0.84 0.45 0.38 1.40

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Forma del borde Indefinida I II III IV IX VIII XI XIII XVI XX XXII XXVI XXVII XXIX 0.14 0.40 0.98 0.09 0.14 0.07 0.47 2.03 0.22 0.26 0.95 0.40 1.22 1.05 1.02 0.03 0.02 0.36 0.01 0.15 0.03 0.00 0.78 0.24 0.50 1.47 0.73 0.00 2.28 0.43 0.04 0.00 0.36 0.25 0.06 0.27 0.38 0.86 0.03 0.37 1.47 0.10 0.28 1.03 0.54 0.18 0.16 0.19 0.10 0.09 0.15 0.43 0.67 2.27 0.21

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Desengrasante Arena Caraipé Cauixi con tiesto molido Espícula de esponja Tiesto molido Indeterminado Colonial temprano Colonial tardío Republicano Multicomponente (mixto) 0.82 0.49 0.18 0.04 0.27 0.44 0.16 0.07 0.92 0.33 0.13 0.10 0.04 0.07 0.43 0.59 0.04 0.05 0.25 0.18 0.07 0.52 0.16 0.20 0.27 0.37 0.16 0.09 0.68 0.02

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Periodo

En cuanto a la representación de la variable ilustrativa sitio, los valores mas altos los tiene La Achagüera (-3.52), Corocito de Caripito (-0.90) y Palomo (-0.72). Se encuentran situadas en oposición a La Pica (0.83). El resto de las modalidades presentan coordenadas bajas. Esto indica que los bordes son grandes y por ende las vasijas grandes se ubican en la Achagüera, Corocito de Caripito y Palomo. En relación a la representación de la variable desengrasante se observa que la modalidad arena es la que tiene las coordenadas altas positivas seguida por el desengrasante indeterminado (0.44) y tiesto molido (0.27), las cuales parecen estar relacionadas con vasijas de tamaño pequeño. En contraste, el caraipé (-0.99), cauixí con tiesto molido (-0.18) y cauixí (-0.04) parecen estar relacionadas con vasijas de mayor tamaño.

Sitio

Pueblo de los Españoles Fortín del Parguaza San Isidro Piedra Rajada Pueblo Viejo La Pica Corocito de Caripito Caripito La Achagüera Palomo

0.44 0.36 0.14 0.13 0.07 0.83 0.90 0.34 3.52 0.72

0.03 0.13 0.11 0.03 0.05 0.31 0.49 0.22 1.08 0.16

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 Segundo eje

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Por último, con la proyección de la variable tiempo se puede observar que el periodo Republicano es la coordenada mejor ubicada (-0.92) en oposición al resto, las cuales tienen coordenadas positivas bajas o cercanas al punto de origen. Esto sugiere que en los sitios del periodo Republicano el ajuar cerámico está constituido por piezas que tienden a ser de mayor tamaño, en relación al material encontrado en sitios tempranos.
Gráfico Nº 1. Representación de las variables activas e ilustrativas en el primer eje.

La variable que presenta mayor correlación con el segundo eje (Tabla N° 5) es el ángulo (r: 0.97), en oposición al grosor y diámetro, las cuales tienen una correlación baja y negativa (-0.18 y 0.087 respectivamente), poco significante en la formación de este eje. El factor ordena de manera creciente la distribución de los bordes a lo largo de éste según los valores del diámetro (Gráfico N° 2). En cuanto al comportamiento de las variables ilustrativas en este eje se observa que, en el caso de la variable forma de la pieza las modalidades botella (1.48), jarra sin cuello (2.94) y vasija para almacenar (0.84) tienen las coordenadas positivas más altas (Tabla N° 7). Es decir, representan los bordes con mayores grados de circunferencia, en oposición a la modalidad budare (-0.66), olla para

L Achaguera a -4 -3

Bud

XI -2

Otras

Coroc Caripito caripito S. jar Diam etr Republican Ancho XX -1 Caraipe

II Angulo 0 N. jug

arena Botell XXI X 1

XXVI I 2

cocinar (-0.62) y otros (-0.57). El resto de las modalidades se encuentran ubicadas muy cercas del punto de origen. En cuanto a la forma del fragmento, se aprecia que la forma XXVII es la que presenta la coordenada más alta (2.28), seguido por la forma XX con 1.47 en oposición a la forma XI cuyas coordenadas lo ubican (-0.78) del lado izquierdo. En general esta variable ilustrativa presenta entre sus modalidades mucha uniformidad y poca diversidad a lo largo del segundo eje. En el caso de la variable sitio, los valores altos negativos los presenta la modalidad La Achagüera (-1.08). Del lado positivo las coordenadas más altas las tiene Caripito (0.22), lo que indica que en

Leyenda
Variable Morfométrica Formas Generales de Borde Formas Inferidas de Vasija Desengrasante Periodo de Tiempo Sitio

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 Tercer eje

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este sitio se encuentran los fragmentos con menor ángulo. En general es poca la diferencia que existe entre las modalidades de esta variable. En cuanto al desengrasante en general se observan valores bajos, cercanos al punto de origen, a excepción de la modalidad indeterminado (0.59). En relación al comportamiento de la variable tiempo en este eje, se aprecia que la coordenadas son bajas. Sin embargo, se distingue una polarización entre los valores de las coordenadas de los periodos, donde Colonial Temprano y Colonial Tardío están correlacionados entre sí e incorrelacionados con el Republicano y Multicomponente.
Gráfico Nº 2. Representación de las variables activas e ilustrativas en el segundo eje

Las variables más correlacionadas con el tercer eje (Tabla Nº 6) son diámetro (r: 0.57) y grosor (r: -0.57) con coordenadas que las sitúan en lados opuestos del eje (Gráfico Nº 3). En cuanto a las variables ilustrativas, en el comportamiento de la forma de la pieza en este eje, se observa que las coordenadas más altas y negativas (Tabla Nº 7) las presentan las modalidades jarra sin cuello (-2.08), vasija para almacenar (-1.40) y budare (-1.00), con el diámetro y grosor grande. Solamente muestran coordenadas positivas las modalidades olla para cocinar (0.42), plato (0.38) e indeterminado (0.14). El resto de las modalidades que constituyen esta variable presentan coordenadas bajas negativas, semejantes entre sí. En lo que respecta a la variable forma del fragmento, las coordenadas más altas son las de las modalidades con forma XX (1.47), seguida por la forma XI (-0.86) y la forma XXIX (-0.54). En particular tienen valores positivos la forma XXVII (1.03), la forma VIII (0.38), la forma IX (0.27) y la forma III (0.25). El resto de las

La Achaguera

X I

Ot ras C. pot Bud

Diamet ro t emprano La Pica

Col t ardio y

X X X X IX Indet X II X Angulo Bot ella

XV X II

N. jug

modalidades presentan valores bajos.
3 3.5

-1.5

-1

Ancho Coroc caripito Tiest o molido

-0.5

0

Republicano

0.5

St . jar

1

1.5

2

2.5

Leyenda
Variable Morfometrica Formas Generales de Borde Formas Inferida de Vasija Desengrasante Periodo de Tiempo Sitio

En la variable sitio se capta una polarización entre las modalidades; por un lado, Pueblo de Españoles, Fortín del Parguaza, San Isidro y Piedra Rajada, correlacionadas entre sí con coordenadas positivas, e incorrelacionadas, por otro lado, con el resto de las modalidades, las cuales presentan valores negativos.

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Las coordenadas de las modalidades que constituyen la variable desengrasante en general presentan coordenadas bajas y negativas siendo la más alta el caraipé (-0.52). Sólo arena y cauixí tienen valores mayores a 0. Con relación a la variable ilustrativa tiempo, la modalidad que contribuye más en la constitución de este eje es el periodo Republicano, con -0.68; mientras, por el contrario, Colonial Temprano y Multicomponente, presentan valores positivos.
Gráfico Nº 3. Representación de las variables activas e ilustrativas en el tercer eje

mayormente contribuyen a la formación de los ejes, se alcanza a identificar tres grupos principales: • El primer grupo de características, ubicadas en el tercer cuadrante, correlacionadas negativamente entre sí y con ambos factores. Está integrado por las variables activas diámetro y grosor; y las modalidades de las variables ilustrativas: periodo Republicano y Multicomponente, sitios Corocito de Caripito y Palomo, desengrasante caraipé, forma de borde general XI, y formas budare y otras. Esto indica que en los sitios de periodos tardíos el uso de caraipé como desengrasante, está relacionado con piezas de mayor tamaño, como por ejemplo la forma de budare. •
1 .5

L Achaguera N. jug a -2.5 C -2

XX

St. jar

Bud

XI

Caraipe Caripito Republicano Ancho -0.5 Cor caripito

Angulo 0

Diametro 0.5

XXVII 1

El segundo grupo de características situadas en el primer y cuarto cuadrante, constituido por las modalidades periodo Colonial Temprano y Colonial Tardío, los sitios Pueblo de Españoles, Fortín del Parguaza arena, y La Pica, molido los e desengrasantes tiesto

-1 .5

-1 Botella

Leyenda
Variable Morfometrica Formas Generales de Borde Formas Inferidas de Vasija Desengrasante Periodo de Tiempo Sitio

indeterminado, las formas de bordes II, XXI, XXVI y XXIX, y las formas jarra, botella y olla para cocinar.

Al realizar la representación gráfica sobre los dos primeros factores I- II (Gráfico N° 4) de las variables con las coordenadas que

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 Esto muestra que, en contraste con el grupo anterior, el ajuar cerámico encontrado en yacimientos coloniales, utilizando desengrasantes como arena, tiesto molido e indeterminado, está marcado por la realización de piezas de bordes pequeños. • El tercer grupo de características situadas en el segundo cuadrante, manifestadas por el segundo factor, está ligado al ángulo de los fragmentos. Esto parece indicar que la vasija forma XVI y forma jarra para almacenar (“storage jar” en el gráfico) presentan fragmentos con mayor ángulo de circunferencia.

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Gráfico Nº 4. Representación de las variables activas e ilustrativas en el plano factorial I- II.

Al igual que en el plano factorial anterior, en la representación gráfica de las variables en el plano factorial I-III, se observan los mismos grupos de características (Gráfico N° 5). La particularidad está en la distancia entre las variables diámetro y grosor, debido a que sus coordenadas en el tercer eje presentan valores positivos para una y negativos para la otra, respectivamente. En este sentido, el grupo integrado por las modalidades de las variables ilustrativas: periodo Republicano y Multicomponente, sitios Corocito de Caripito y Palomo, desengrasante caraipé, forma de borde general XI, y formas budare y otras, presentan una relación negativa con las variables activas grosor y ángulo. En otras palabras, aun cuando la vasija presenta un grosor mayor, las medidas de ángulo no son muy grandes.

En general, se observa que las características que integran cada grupo están muy próximas entre sí y, a la vez, las distancias entre los grupos son muy pocas, lo que indica que hay bastante homogeneidad dentro del material con respecto a las variables analizadas. La excepción la presentan las modalidades La Achagüera y jarra sin cuello, las cuales por su baja frecuencia, tienen la mayor distancia con el resto y menor representación.

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 • El segundo grupo, ubicado entre el primer y cuarto cuadrante, sugiere que las medidas del ángulo y grosor del fragmento contribuyen (más que el diámetro) en la definición de las formas de borde XXIX, XVI y XXII. • El tercer grupo, ubicado en el cuarto cuadrante, está constituido por la variable forma inferida de la

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En el otro grupo, ubicado en el primer y cuarto cuadrante, las variables concentradas corresponden a fragmentos de poco diámetro y poco grosor.
Gráfico N° 5. Representación de las variables activas e ilustrativas en el plano I-III

I pieza, en sus modalidades botella, jarra sin cuello
y vasija para almacenar, y la forma de borde XX, lo cual es una asociación lógica considerando que las tres formas de vasija son semejantes y están destinadas al uso como contenedores de líquidos. • El cuarto grupo ubicado en el segundo cuadrante muestra que la forma de vasija olla para cocinar (denominado como C. pot en el gráfico) está más ligada a la medida del diámetro. Con la unión de los dos últimos factores (II- III), (Gráfico N° 6) se observa una distribución de las variables y sus modalidades que permite distinguir cuatro grupos: • El primer grupo, ubicado en el tercer cuadrante, indica que los fragmentos más frecuentes en la cerámica del periodo Republicano están ligados a unas formas de borde gruesos, cuya pasta tiene como desengrasante caraipé.

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Gráfico Nº 6. Representación de las variables activas e ilustrativas en el plano factorial II- III

budares, botellas, y vasijas para almacenamiento tienden a tener una relación marcada entre el grosor y diámetro, mientras que en las formas más usuales y multiuso, el grosor y diámetro son

I relativamente estándar.
La frecuencia más alta de fragmentos fue encontrada en los sitios de Pueblo de Españoles, Fortín del Parguaza, San Isidro, Piedra Rajada y Pueblo Viejo, correspondientes a los periodos coloniales. Estos fragmentos presentan coordenadas en los ejes factoriales que los ubican muy cercanos y correlacionados entre si, demostrando que en cuanto a sus características morfométricas (diámetro, grosor y ángulo) no presentan diferencias estadísticamente significativas. Estas medidas indican que la mayoría de los bordes corresponden a

II piezas cerámicas de tamaño mediano, sin extremos notorios.
Asimismo, en este grupo se sitúan las modalidades de desengrasante cauixí con tiesto molido y cauixí, las cuales son usadas
SÍNTESIS

indiferentemente en la pasta destinada a realizar varias formas de vasijas. Esto apoya la inclusión de los materiales con estos desgrasantes en una misma serie o tradición cerámica (Arauquinoide). Si bien existen diferencias en cuanto a la popularidad de formas entre los bordes de estas dos clases, es evidente que se mantiene una tradición en relación a las formas. Es notorio que los bordes con caraipé, arena, y no identificado están excluidos de este grupo, lo cual sugiere que la variable desengrasante puede ser interpretada como una expresión de identidad de los grupos alfareros. Esta conclusión está apoyada por

En general se puede observar que la variable grosor es la más relacionada a las diferencias de tamaño y forma de las vasijas; se aprecia una tendencia, a través del tiempo, a aumentar el grosor de la pared en las vasijas más grandes. Esto puede atribuirse a factores tecnológicos relacionados con la formación y quema de las vasijas, y a la mayor resistencia a romperse. Por un lado, resulta muy difícil construir una vasija de grandes dimensiones con paredes muy delgadas, y por el otro, una vasija con estas cualidades sería más frágil. La definición de formas con usos específicos, tales como

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CONCLUSIÓN

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el hecho que existen variantes decorativas y formales que se asocian con cada clase de desengrasante, lo cual sirve de base para la definición de estilos. Los fragmentos de bordes encontrados en los sitios del periodo colonial, están vinculados especialmente a las vasijas más comunes: bol, olla y las formas indeterminadas, destinadas a usos múltiples. Por su parte, los fragmentos de bordes encontrados en sitios correspondientes a los periodos Republicano y Multicomponente (que incluye Colonial y Republicano), indican que el ajuar cerámico estaba constituido principalmente por vasijas con formas dispuestas a usos más restringidos y en su manufactura se utilizaba casi exclusivamente el desengrasante de caraipé. Esto tiene sentido al considerar que durante el periodo Republicano la fabricación de la cerámica local se enfocó primordialmente en realizar budares, utilizados en la cocción de las tortas de casabe, el cual era un importante producto para la comercialización. Además, para este periodo hubo una sustitución de gran parte de las formas populares en el material cerámico tradicional (boles y platos) por artefactos importadas de vidrio, cerámica y peltre, que cumplían las mismas funciones. Esto es particularmente evidente en el ajuar utilizado en el servicio de los alimentos, donde los platos de cerámica importada (pearl ware y white ware) son muy frecuentes (Falconi 2003).

A través del estudio de las variables morfométricas de los bordes, se ha podido determinar una correlación entre el diámetro y grosor de las vasijas. Esta correlación se hace más evidente en los sitios tardíos de la secuencia, particularmente en los sitios del periodo Republicano, donde predominan los budares de gran diámetro y anchura, fabricados con una pasta desengrasada con abundantes fragmentos de caraipé. Esto demuestra una tendencia notoria de simplificación en la producción cerámica a raíz del contacto europeo, donde se presenta una marcada disminución en la cantidad de formas, en la variedad de desengrasantes, y una mayor tosquedad en la manufactura. En este sentido, se aprecia una sustitución de las vasijas más refinadas (platos, boles y botellas) por utensilios importados, y la relegación de la producción cerámica a vasijas utilitarias. Por su parte, el comportamiento de la variable de ángulo permite destacar que los fragmentos de menor diámetro, tales como las botellas y vasijas para el almacenamiento, ofrecen mayor confiabilidad a la hora de la reconstrucción de la forma, ya que conservan una mayor porción del borde original. El alto grado de fragmentación de la mayor parte de las vasijas es un factor que debe ser contemplado al ampliar los análisis en el futuro. Es particularmente importante tomarlo en cuenta para la comparación de frecuencias de tipos de vasijas. Las vasijas con mayor diámetro producirían más fragmentos que las de diámetro pequeño, sesgando

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el conteo a favor de las vasijas grandes. Se han desarrollado algunos métodos para determinar el Número Mínimo de Vasijas para compensar por este factor (cf. Chilton 1998). Queremos finalizar señalando que este tipo de análisis, en combinación con otros manejos de estadística descriptiva, aumentan considerablemente nuestra capacidad de tomar en cuenta múltiples factores que contribuyen a la variación en la cerámica y su transformación en el tiempo.
AGRADECIMIENTOS

Parte del análisis del material cerámico fue financiado por el Proyecto Individual No. PI-05-16-4941-2002 del CDCH de la UCV, a quienes les agrademos el apoyo prestado.
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Antropologando Enero-Junio 2006 Año 5, Nº 15: 103-148

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INTRODUCCIÓN

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Las investigaciones arqueológicas que han sido realizadas en los
APORTES AL ESTUDIO MACRO-REGIONAL DE LAS SOCIEDADES PREHISPÁNICAS DE LOS LLANOS OCCIDENTALES VENEZOLANOS: CONFIGURACIÓN REGIONAL DE EL CEDRAL1

llanos altos del estado Barinas (Venezuela) han permitido que en la actualidad se describa a las sociedades prehispánicas que habitaron en esta zona entre los años 550 y 1.200 d.C. como cacicazgos,
2

Juan Carlos Rey G. Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas
RESUMEN En este estudio procedemos a la medición y registro de la red de calzadas asociadas al sitio El Cedral, ubicado en los Llanos Altos del Estado Barinas (Venezuela), e incluimos, por primera vez en el análisis, las características del sitio El Cerrito; todo ello con el fin de ampliar nuestra comprensión de la posible configuración regional que existió en el área ocupada por la unidad política prehispánica que se organizó en torno a dichos sitios. A partir de esta nueva información evaluamos las consecuencias desde el punto de vista de un análisis regional y formulamos algunas hipótesis sobre los procesos de producción, distribución y consumo de excedentes agrícolas, que fueron una parte fundamental de la economía política de esta sociedad. Finalmente, proyectamos estas hipótesis a un nivel macroregional al comparar nuestros datos con los que han sido obtenidos por otros autores en una región contigua (Gaván) donde se desarrolló una unidad política prehispánica de características similares. Palabras clave: arqueología regional, patrones de asentamiento, calzadas, llanos venezolanos.

jerárquicos y políticamente inestables. En un intento por considerar las trayectorias evolutivas de estas sociedades a una escala macroregional, Redmond, Gassón y Spencer (1999) compararon las características específicas de dos cacicazgos prehispánicos de la región (las sociedades organizadas en torno a los sitios arqueológicos de Gaván y El Cedral) (mapa 1). A partir de esta comparación fueron señaladas una serie de diferencias y se sugirió que, aunque seguramente ambos cacicazgos estaban organizados de manera similar, podrían haber presentado estrategias políticas diferentes. Así, se ha indicado que la estructura política de El Cedral pudo haber sido menos rígida que la estructura propuesta por Spencer y Redmond para la región de Gaván. Además, a partir de una serie de fechados radiocarbónicos, se sugirió que, aunque ambas unidades políticas deben haber sido contemporáneas en cierto período, es probable que Gaván surgiera como un centro principal antes que El Cedral (Gassón, 2000a; Redmond, et al, 1999).

1

El artículo que aquí se presenta es una versión reducida de mi tesis de grado, presentada ante la Escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela; esta investigación formaba parte del proyecto “Ecología histórica y economía política de los sistemas de cultivo prehispánicos de los Llanos Altos de Barinas”, dirigido por el Dr. Rafael Gassón en el Centro de Antropología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. 2 Centro de Antropología, Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. juancrey@cantv.net

Pese a estas diferencias estructurales, también se describieron una serie de características comunes entre las dos regiones. En ambas se observa un patrón de asentamiento jerárquico de tres niveles, caracterizado por la distribución de asentamientos de menor jerarquía en torno a un centro principal. Estos centros principales se

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bienes considerados como posibles símbolos de prestigio (Redmond et al, 1999). El análisis macro-regional también permitió el señalamiento de importantes diferencias entre las dos regiones estudiadas. Aunque ambas presentan un patrón de asentamiento jerárquico de tres niveles, en El Cedral los asentamientos de primer y segundo orden son mucho mayores que los de Gaván; así, mientras que en Gaván el asentamiento principal tiene una extensión de 33 hectáreas, en El Cedral éste abarca un área de al menos 135 hectáreas; en cambio, los
Mapa 1. Ubicación de los sitios Arqueológicos Gaván y El Cedral

sitios de tercer orden en El Cedral son menores y menos numerosos que en Gaván (indicando posiblemente una mayor concentración en

encuentran vinculados directamente, por medio de calzadas, a los centros de segundo orden, así como también a una serie de campos agrícolas de cultivo intensivo; siendo interpretadas dichas estructuras como posibles legitimadores del dominio y control del centro principal (Redmond y Spencer, 1995; Redmond et al, 1999; Spencer y Redmond, 1998). Igualmente, en ambas regiones se observaron evidencias de intensificación en la producción agrícola a partir de una tecnología similar, basada en el aprovechamiento y la modificación intencional de las unidades topográficas del Llano (bancos, bajíos y esteros). Además, la presencia de bienes exóticos3 ha sido interpretada, en ambos casos, como un posible indicador de una dinámica competitiva que implicaba cierto acceso diferencial a una serie de
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los centros principales). Además, aunque su configuración y distribución es similar, la escala de las obras de arquitectura pública en El Cedral es mayor que en Gaván. Así mismo, la red de calzadas asociada a El Cedral es aparentemente más extensa que la de Gaván, lo que pudiera indicar una mayor extensión del área geográfica controlada por esta sociedad (Redmond et al, 1999). La distribución de las estructuras asociadas a la producción de excedentes agrícolas también presenta diferencias significativas entre las dos regiones. Mientras que en Gaván éstas se encuentran asociadas a los sitios de segundo y tercer orden en la jerarquía de asentamientos, en El Cedral se asocian directamente al centro principal. A partir de estas evidencias se ha sugerido que en el caso de Gaván la producción de excedentes tuvo lugar en los centros y sitios de

Caracterizada principalmente por objetos elaborados en piedra, cuyo principal origen ha sido identificado en la Cordillera Andina.

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menor jerarquía, mientras que, en el caso de El Cedral la mayor parte de la producción tenía lugar directamente en el centro principal4 (Gassón, 1998; Redmond et al, 1999). Esta última característica ha sido interpretada como un indicador de posibles diferencias entre las estructuras de la economía política de ambas sociedades5, que se ven reflejadas a partir del un modelo que sugiere que en Gaván la producción de excedentes agrícolas pudo haber tenido lugar en los sitios de menor jerarquía, y que los mismos eran movilizados hacia la capital regional, donde eran acumulados y posteriormente redistribuidos, bajo el control de las élites. En cambio, en El Cedral la producción de excedentes pudo haber estado controlada directamente por las élites, ya que debe haber tenido lugar en la capital regional, desde donde estos excedentes eran redistribuidos hacia los sitios de menor jerarquía, posiblemente a partir de la realización de festejos ceremoniales (esquema 1). Este modelo conlleva una serie de implicaciones bastante significativas, ya que, si bien los instrumentos y las técnicas agrícolas en ambas sociedades presentan características semejantes, las relaciones en marcos institucionales que modelan el proceso económico podrían presentar algunas diferencias fundamentales. Ahora bien, pese a lo interesante de esta afirmación, en el caso de los cacicazgos barineses, y desde el punto de vista empírico, consideramos que el planteamiento formulado en torno a la posible variabilidad entre estas sociedades (Gaván y El Cedral) necesita una mayor sustentación, ya que los indicadores que fueron presentados por Redmond, Gassón y Spencer (1999) para cada una de las unidades políticas pertenecen a escalas de análisis diferentes. Mientras que en Gaván existe un estudio bastante completo a nivel
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Esquema 1. Comparación de estructuras de producción y distribución de excedentes agrícolas en Gaván y El Cedral

Sitio en el cual, además, ha sido identificada la posible realización de festejos ceremoniales, asociados al consumo de estos excedentes. 5 En este caso, la economía política define el circuito comprendido por la producción, la distribución y el consumo de bienes materiales, establecido por encima del nivel de la unidad doméstica, y que supone una injerencia o intervención en el uso, la propiedad, los derechos y la explotación de los recursos (Johnson y Earle, 2000)

regional, en El Cedral únicamente ha sido estudiado el sitio C1 y el área adyacente a éste, además del análisis preliminar de una serie de sitios aislados. Por esto, consideramos necesario contrastar estas hipótesis en la misma escala de análisis, es decir, a nivel regional.

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Con el fin de contribuir a resolver este problema -y de acuerdo con la suposición de que los patrones de asentamiento pueden reflejar, entre otras cosas, las características de la estructura económica de las sociedades- en esta investigación registramos, describimos y analizamos el número, tamaño y distribución de los sitios habitacionales y campos para el cultivo intensivo, así como su asociación a nivel regional a partir del sistema de calzadas conectado a El Cedral, comparándolo con el patrón de asentamiento de Gaván.

de cada sitio, resultan una estrategia metodológica más adecuada. Por esto, los datos obtenidos a partir de cada nivel de análisis o escala sólo pueden ser comparados adecuadamente con los datos obtenidos a partir del mismo nivel (Kowalewski, 1990). Con el fin de ampliar la discusión en torno al concepto de cacicazgo, aportando datos que nos permitan observar el grado de variabilidad que pudiera existir a nivel regional entre las sociedades de Gaván y El Cedral, planteamos la necesidad de ampliar la información que se poseía en torno a los patrones de asentamiento regionales en El

PERSPECTIVAS TEÓRICO-METODOLÓGICAS

Cedral para, posteriormente, comparar estos datos con la información regional de Gaván que había sido publicada. Ahora bien, la resolución de nuestro análisis es bastante baja y no pretende más que crear un esbozo general. Por eso, utilizaremos una concepción clásica en torno a los sitios arqueológicos como variables en nuestra investigación, refiriéndonos a rasgos arqueológicos generales caracterizados por determinados "elementos". Entre estos rasgos hemos definido tres tipos: sitios habitacionales, campos de cultivo y calzadas. Los sitios habitacionales fueron definidos principalmente por la presencia de restos cerámicos correspondientes a artefactos asociados tanto a actividades domésticas como a actividades ceremoniales, y que podrían indicar la ocupación y utilización cotidiana de un área en particular. Además de los restos cerámicos, algunos de estos sitios han sido definidos por la presencia de pequeños montículos que son identificados tentativamente como los

La arqueología supone el estudio de las culturas del pasado, desde una perspectiva antropológica, a partir del análisis de restos materiales. Por esta razón, dentro de los planteamientos

metodológicos deben ser consideradas diferentes escalas de análisis, apropiadas al tamaño físico y propiedades de los restos materiales estudiados (artefactos, casas, poblados, etc.) (Kowalewski, 1990). Cada una de dichas escalas corresponde a un nivel de análisis independiente a partir del cual se pueden aplicar una serie de estrategias metodológicas específicas y concretas. Es decir, mientras que el estudio de una casa corresponde al nivel de la unidad doméstica, el estudio de una unidad política corresponde al nivel regional; por otra parte en el nivel de la unidad doméstica, los levantamientos planimétricos, las recolecciones superficiales de material y las excavaciones, son algunas de las estrategias metodológicas mas utilizadas. A un nivel regional, las

prospecciones, donde son registradas las principales características

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restos de antiguas viviendas. El tamaño de estos sitios fue determinado a partir de la dispersión de los restos cerámicos y, en algunos casos, a partir de la presencia de estructuras de tierra delimitadoras. De acuerdo a sus características particulares, los sitios habitacionales han sido clasificados siguiendo el mismo modelo jerárquico utilizado por Redmond y Spencer (1990) para Gaván. El sitio de mayor escala, con asociación a un mayor número de obras de infraestructura monumental y delimitado por algún tipo de estructura de tierra, es catalogado como centro primario o capital regional. Los sitios medianos y con presencia de arquitectura pública en menor escala (generalmente no más de un montículo superior a 5 metros de altura) son catalogados como centros de segundo orden. Finalmente, aquellos sitios de áreas reducidas y que no presentan ningún tipo de arquitectura pública ocupan el tercer nivel en la jerarquía regional. Los campos de cultivo han sido definidos por la presencia de una serie de modificaciones en el terreno, antrópicas e intencionales. Entre estas modificaciones principalmente puede ser observada la presencia de camellones o calzadas que funcionan como diques, controlando la acumulación del agua y conduciendo su flujo por el terreno; además, en algunos casos, es posible observar la presencia de una capa de grava muy fina o de material cerámico muy fraccionado, la cual pudo haber permitido que la tierra adquiriera una mejor absorción del agua (Gassón, 2000b). Además de estos dos tipos de lugares, consideramos a las redes de

calzadas como una serie de rasgos arqueológicos regionales culturalmente significativos, los cuales reflejan relaciones de interacción a nivel regional. Dado el bajo nivel de resolución de los análisis temporales que han sido realizados en El Cedral, una de las características más importantes de las calzadas es que éstas nos permiten observar cierta contemporaneidad entre los lugares conectados (Garson, 1981). Además, esta red se presenta como un elemento de importancia fundamental en nuestro trabajo, ya que pudiera reflejar datos de la composición interna de la región, del sistema de valores (a raíz de la escogencia de conectar ciertos puntos y no otros), y del modo de adaptación al ambiente, constituyendo una evidencia tangible de la organización estructural en el espacio.

LA REGIÓN DE ASENTAMIENTO

EL

CEDRAL

Y

SUS

PATRONES

DE

Dentro del área de estudio han sido identificados 11 sitios habitacionales (C1, C2, C3, C4, C5, C6, C7, C8, C9, C10 y C11), dos sistemas de campos para el cultivo intensivo y 14 calzadas (C1A, C1-B, C1-C, C1-D.1, C1-D.2, C1-E, C1-F, C1-G, C1-H, C1-I.1, C1-I.2, C1-J, C1-K y C1-L). (mapa 2).

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y sin ningún tipo de obras públicas. Gassón identificó 17 sitios habitacionales en la región, sin embargo, solo 11 de éstos se encuentran en el área de estudio que ha sido definida en esta investigación. En esta área han sido identificados: un sitio habitacional definido como centro primario regional (C1); dos sitios, definidos como centros secundarios (C10 y C11); y ocho sitios de tercer nivel (C2, C3, C4, C5, C6, C7, C8 y C9).

Centro Primario Regional C1: El sitio C1 (El Cedral) fue descrito originalmente por Gassón en 1998. Este sitio se encuentra ubicado en las coordenadas 8°09'23''n, 70°27'15'' w (Gassón, 1998: 82), ocupando un área de 135 ha, y está delimitado en tres de sus flancos por un "recinto de calzadas" de
Mapa 2. Principales Características Arqueológicas del Área de Estudio

patrón rectangular (Gassón, 1998: 62). Además, presentaba su cuarto lado abierto hacia una serie de campos de cultivo, estando separado

Sitios habitacionales Los sitios habitacionales en la región de El Cedral fueron clasificados originalmente por Gassón, siguiendo las líneas generales planteadas en el modelo de patrones jerárquicos propuesto por Spencer y Redmond para la región de Gaván. Como ya mencionamos, el primer lugar de la jerarquía de asentamientos está ocupado por el sitio habitacional más grande, con mayor número de estructuras monumentales y obras públicas asociadas a áreas cívicoceremoniales; el segundo lugar está ocupado por sitios de menor tamaño, con obras públicas y áreas cívico-ceremoniales de menor envergadura; y el tercer nivel lo ocupan los sitios de áreas reducidas

de éstos únicamente por un caño, el cual pudiera haber servido como foso (Gassón, 1998). Sin embargo, la deforestación de una nueva área del sitio permitió localizar posteriormente un nuevo segmento de la calzada que lo delimita (mapa 3). A partir de este nuevo segmento, se observa un recinto que encierra totalmente al sitio con un patrón oval y, hemos recalculado la extensión del sitio en al menos 150 hectáreas. En el sitio se encuentran 139 montículos de tierra, los cuales varían en forma y tamaño: una gran cantidad de ellos son muy bajos y casi imperceptibles (éstos fueron asumidos como los restos de las bases

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 corresponden a un mínimo de 139 unidades

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de casas), sin embargo, los tres montículos principales presentan alturas superiores a los nueve metros (foto1).

determinadas a partir del número de montículos presentes en el sitio; y, una media de 549 unidades y un máximo de 818 unidades, determinadas a partir del tamaño total del área del sitio) (Gassón, 1998). Sin embargo, posteriormente se ha sugerido que las cifras totales de población en este sitio pudieran ser mucho más similares al cálculo mínimo que al máximo, ya que, además del número y distribución de los montículos asumidos como unidades domésticas, la dispersión de materiales y las características físico-químicas de los suelos del sitio indican que éste no estuvo ocupado en toda su extensión, sino en un área mucho menor; además, a partir de estas mismas características, también se ha sugerido la posible existencia de jardines domésticos en las áreas del sitio contiguas a las unidades habitacionales (Gassón, 2000a). Según Gassón, las necesidades alimenticias de cada una de las unidades domésticas pueden estimarse en 1.100 Kg. de maíz anuales

Mapa 3. Sitio C1 (Reconstrucción a partir de Gassón, 1998; y nuestros datos de campo)

(Gassón, 1998:75). A partir de los cálculos poblacionales que han sido realizados, podemos estimar que la totalidad de la población del

A partir de la datación de dos muestras de carbón, correspondientes a niveles estratigráficos sucesivos de una unidad de excavación, se obtuvieron fechas absolutas para este sitio de 680±50 d.C. y 690±50 d.C. (Redmond et al, 1999). Se ha estimado que la población de este sitio pudo oscilar entre un mínimo de 695 personas, una media de 2.741 personas y un máximo de 4090 personas (estas cifras

sitio C1 pudo haber necesitado la producción de un mínimo de 152.900 Kg. de maíz anuales (asumiendo una población compuesta por 139 unidades domésticas), pasando por una media de 603.900 Kg. (asumiendo una población media de 549 unidades domésticas), a un máximo de 899.800 Kg. de maíz anuales (asumiendo una población de 818 unidades domésticas).

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 Centros Secundarios

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nuestra temporada de campo fue posible constatar la presencia de, al menos, 22 montículos. Ya que el número de montículos registrado no parece responder a las características reales del tamaño del sitio y a la dispersión de material arqueológico, no podemos realizar un estimado de población confiable a partir de esa característica. Por esta razón, siguiendo las cifras de densidad poblacional propuestas por Spencer y Redmond para los sitios habitacionales en Gaván (Spencer y Redmond, 1992)6, hemos estimado una población media de 955 personas (191 unidades domésticas) y una máxima de 1.425 personas (285 unidades domésticas). A partir de estas cifras, y siguiendo los mismos pasos que en el caso de C1, podemos estimar que la población del sitio C11 pudo haber necesitado una producción anual de maíz de desde una media de 210.100 Kg. hasta un máximo de 313.500 Kg. Aunque el sitio no presenta en sus áreas adyacentes ningún tipo de estructura que haya sido relacionada con la intensificación agrícola, desde el mismo parece surgir una segunda red de calzadas que pudiera conectarlo con alguno de los sistemas de campos más distantes, o con otra serie de sitios habitacionales además de C1; sin embargo, como esta segunda red aún no ha sido registrada, resulta imposible formular algún tipo de afirmación concreta.
Mapa 4. Sitio C11.

C10 (El Cerrito) y C11 (Las Lomitas) son los sitios arqueológicos asociados directamente a C1 a partir de la red de calzadas. C11: El sitio C11 (Las Lomitas) ocupa un área de 47 hectáreas, se encuentra ubicado en las coordenadas 8°06'26''n 70°22'32''w; a una distancia de 10 Km. del sitio C1, y está rodeado, al igual que éste, por una calzada de tierra. Presenta varios montículos de tamaños variables, el mayor de estos, de 17 metros, es el más alto descrito en la región (mapa 4 y foto 2).

Este sitio ocupa un área significativamente más reducida que el área A partir del reconocimiento inicial del sitio únicamente fueron ubicados 19 montículos (Gassón, 2000a), sin embargo, durante
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ocupada por el sitio C1; sin embargo, a partir de algunas de sus

Una densidad media de 20.3 habitantes por hectárea y una máxima de 30.3.

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características (tales como: la presencia de una estructura delimitadora, la gran escala de sus obras públicas y su posible conexión con otros sitios habitacionales a través de una segunda red de calzadas) se ha sugerido que este sitio debería ser considerado como un posible centro primario regional de una unidad política diferente a El Cedral7. Estas unidades pudieran haberse fusionado posteriormente en una sola unidad, como lo sugieren los análisis cerámicos y el hecho de que estén conectadas por la misma red de calzadas, tal y como lo corroboramos en el campo (Gassón, 2000a). C10: C10, es un sitio mediano con siete montículos claramente visibles, está ubicado en las coordenadas 8°12'57''n 70°31'50''w; a 10 Km. de C1, y aparentemente sin estructuras asociadas que sugieran la presencia de campos de cultivo intensivo. De los sitios que fueron estudiados, éste es el que ha sido objeto de una mayor intervención contemporánea. Esta intervención es fácilmente apreciable, ya que el área de dispersión de materiales en el sitio se encuentra dividida por la carretera Mijaguas-Merecure, cuya construcción ha sido el principal factor modificador. Uno de los tres montículos principales del sitio ha sido rebajado con maquinarias y el material extraído fue utilizado en el relleno de la carretera; además, la necesidad de una mayor cantidad de material de relleno generó la excavación de un préstamo de más de dos metros de profundidad dentro del área del sitio (mapa 5) (foto 3).
7

Este sitio tiene un tamaño de 25 hectáreas (determinado a partir de la dispersión del material cerámico). Siguiendo los mismos cálculos poblacionales que realizamos en el caso de C11, es posible determinar que su población pudo oscilar entre una media de 508 personas (102 unidades domésticas), hasta un máximo de 758 (152 unidades domésticas).

Mapa 5. Sitio C10

Además, bajo los mismos estimados alimenticios, suponemos que fue necesaria la producción anual de entre una media de 112.200 Kg. de maíz y un máximo de 167.200 Kg. de maíz. A diferencia del sitio C11, las características registradas en este sitio sí corresponden totalmente con las de los centros secundarios

Es importante recordar que a pesar de que el sitio C11 presenta un área significativamente inferior a la de C1 (47 ha, frente a 150 ha), ésta es bastante superior al área calculada por Spencer y Redmond para B12 (33 ha) como el centro principal de la región de Gaván.

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 humedad (Gassón, 1998).

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señaladas en el modelo de patrones de asentamiento jerárquico planteado por Spencer y Redmond. Esto nos lleva a afirmar que el sitio C10 pudiera ser el único centro secundario asociado directamente al sitio C1 por medio de la red de calzadas.

Sitios de Tercer Orden Dentro del área de estudio se encuentran ocho sitios descritos por Gassón como pertenecientes al tercer orden en la jerarquía regional de asentamientos (mapa 3). Estos sitios no poseen montículos, consisten en pequeñas acumulaciones de tiestos que tienen un tamaño de entre 1 y 1/2 hectárea, y se estima que pudieron albergar poblaciones de entre 10 y 15 personas (Gassón, 1998).

Campos de cultivo Sistema de Campos I El primero de los sistemas de campos fue definido como el principal sistema de campo de la región. Éste se encuentra compuesto por una serie de campos abiertos, demarcados y divididos por una serie de calzadas y varios caños que recolectan y conducen el agua entre y alrededor de ellos, aún en la actualidad (Gassón, 1998) (mapa 6). A partir de una serie de sondeos en este sistema de campos, se observó la presencia de un estrato conformado por un tipo de grava fina, la cual, por ser un elemento exógeno a la región, fue interpretada como una posible modificación antrópica e intencional del suelo, para conferirle una mayor capacidad de absorción de la
Mapa 6. Sistema de Campos I

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Aunque se ha señalado la existencia de al menos 16 calzadas o diques fácilmente visibles en estos campos (Gassón, 1998: 88), a partir del recorrido que efectuamos en el área, solo pudimos localizar cuatro de las estructuras descritas, ya que, según nos informaron los pobladores de la zona, muchas de las otras estructuras actualmente no eran observables, pues habían sido reducidas a causa de la intensificación en el uso de la tierra para la ganadería y el continuo arado de ésta, específicamente en las zonas dedicadas al cultivo. El área estimada para este sistema de campos fue de 416 hectáreas, aunque se ha sugerido que pudiera ser mucho mayor, ya que solamente en ésta era evidente la modificación intencional del paisaje (Gassón, 1998). A partir de un índice de producción estimado por Kirkby (1973) para el Valle de Oaxaca, el cual define una capacidad de producción de maíz de 1.134 Kg. por hectárea de terreno cultivada, se calculó la productividad máxima de estos campos en 943.488 kg de maíz anuales (Gassón, 1998: 79)9.

La definición de estas estructuras como campos para el cultivo intensivo se basa principalmente en que presentan una morfología similar a la descrita anteriormente por autores como Denevan y Zucchi para campos en la región (Denevan y Zucchi, 1978), además, otro dato que apoya esta definición es que (según los habitantes de la zona) es el único terreno del área donde actualmente el maíz puede ser cultivado sin necesidad del uso de fertilizantes. A partir del mismo índice de producción definido por Kirkby (1973), ya utilizado en el cálculo de la productividad del sistema de campos I, es posible estimar una capacidad de producción para este segundo sistema de 45.360 Kg. de maíz anuales

Sistema de Campos II El segundo sistema de campos no había sido descrito anteriormente. Fue localizado a partir del recorrido sistemático de las calzadas realizado en nuestra temporada de campo. Este sistema está formado por cuatro camellones paralelos que ocupan un área total de 20 hectáreas y se encuentran interconectados entre si por la sección suroeste de la calzada que delimita al sitio C1 (mapa 7).
Mapa 7. Sistema de Campos II

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 Red de Calzadas

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analizadas, a diferencia de lo descrito en trabajos anteriores, observamos una morfología bastante variable (tabla 1).
% % Recorrido Volumen Superficie Altura (mts.) apx. promedio Promedio Terreno Conducción Conexión (mts.) (mts.) Inundable de Agua (mts3) apx. apx. C1-B 9.760 315.723 3,36 3,7 33% 10% C 10 C1-C C1-G C1-H C1-I.1 C1-J C1-K C1-L 6.210 2.160 9.860 10.160 1.170 3.250 3.090 42.031 14.850 212.121 83.316 4.161 114.008 38.225 2,78 2,1 2,42 3,36 2 2,73 2,1 0,9 1,1 2,46 1,05 0,56 3,57 1,28 0% 75% 30% 30% 0% 10% 0% 10% 25% 30% 10% 0% 10% 30% Río Anaro Sabana C 11 C 11 Campos Campos Campos

En los Llanos Occidentales han sido definidas como calzadas todas aquellas acumulaciones artificiales de tierra que presentan una forma alargada. El trabajo de verificación en el campo permitió registrar 14 estructuras que fueron definidas inicialmente como calzadas. Para fines metodológicos, a cada una de éstas le fue asignado un código, conformado por el código del sitio principal que conectan y una letra. Sin embargo, de éstas 14, solamente ocho estructuras fueron consideradas en nuestro análisis, ya que, las características morfológicas de las seis restantes, sugieren que no conectaron a C1 con otros sitios. Por ejemplo, encontramos que C1-A delimita el mayor sitio arqueológico de la región (C1). Las calzadas C1-D1, C1D2, C1-E y C1-F, han sido interpretadas como un sistema de campos de cultivo, dada su morfología y la capacidad productiva actual del terreno que ocupan; y, así mismo, la calzada C1-I.2 ha sido identificada como un dique que delimita el sistema principal de campos de cultivo de C1. Por esto la red que converge en el sitio C1 se encuentra conformada por ocho calzadas que presentan un carácter conector (mapa 8) (foto 4).

Calzada

Tabla 1. Principales Características de las calzadas de la zona de estudio

A nivel macromorfológico observamos desde un recorrido de 1.170 mts (C1-J) hasta un recorrido de 10.160 mts (C1-I.1) y volúmenes de tierra desde 4.161 m3 (C1-J) hasta 315.723 m3 (C1-B). A nivel micromorfológico registramos alturas puntuales desde 50 cm hasta 7 mts y anchos de superficie desde 1,2 mts hasta 4,5 mts, con una

Características Generales A diferencia de la red descrita por Spencer y Redmond en Gaván, la cual tiene una extensión de 22.4 km aprox., esta red tiene una extensión mucho mayor (45.7 km). Además, entre las ocho calzadas

variación similar en sus medidas promedio. Igualmente, encontramos diferencias con respecto a los tipos de sitios que conectan con C1. C1-B lo conecta con el sitio arqueológico C-10 (El Cerrito); C1-C con las bocas donde nace el río Anaro, C1-H y C1-I.1 con el sitio arqueológico C11 (Las Lomitas); C1-J, C1-K y C1-L con el Sistema

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 sido "cortadas" con maquinaria pesada.

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de Campos I y; C1-G aparentemente se pierde en la sabana, llegando a un punto sin características resaltantes. Aún más, como es posible apreciar a partir de los perfiles representativos que han sido expuestos para cada una de las calzadas, algunas de éstas presentan variaciones significativas entre sus características morfológicas de un punto a otro en su recorrido.

Estos cortes (seis en total) han permitido la observación de la estratigrafía de las calzadas, la cual se encuentra compuesta en todos los casos por una capa de tierra homogénea y sin presencia de materiales arqueológicos, lo cual sugeriría una única etapa de construcción para cada calzada, por lo menos en un plano vertical. Es importante señalar que, a diferencia de las calzadas analizadas, la estructura oval que delimita el sitio C1 (C1-A) presenta una serie de rasgos distintivos que la diferencian definitivamente de las demás calzadas. Como ya hemos mencionado anteriormente, esta estructura únicamente delimita el área ocupada por el sitio C1, sin conectarlo con otros lugares, pero además, a partir de dos cortes registrados en esta estructura, ha sido posible observar una estratigrafía bastante más compleja que la descrita para las demás calzadas. Ésta está compuesta por un estrato inferior de tierra (color 2.5Y 6/2, light brownish gray, en la Munsell Soil Color Chart), un estrato intermedio de materiales culturales, y un estrato superior de tierra (color 2.5Y 5/2, grayish brown, en la Munsell Soil Color Chart).

Mapa 8. Calzadas identificadas en el área de estudio

Aunque el recorrido efectuado por las calzadas no permitió apreciar ningún tipo de material arqueológico superficial ni estratigráfico,

Las calzadas de esta zona se encuentran actualmente en un proceso franco y acelerado de deterioro y destrucción, ya que, además de la continua erosión de la que son objeto a causa de la deforestación y la ganadería, en aquellos sitios en que representan algún tipo de ventajas para el transporte han sido reutilizadas como caminos; y, donde se presentan como barreras al paso de vehículos o ganado, han

aparte del localizado específicamente en los sitios C1, C10 y C11, el análisis del material estratigráfico recogido en los cortes de la estructura que delimita el sitio C1 nos permite sugerir la construcción de estas estructuras durante la fase la Betania descrita por Zucchi (1967), coincidiendo así con las fechas radiocarbónicas

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 obtenidas para el sitio C1.

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AGRICULTURA INTENSIVA Y ORGANIZACIÓN REGIONAL

A partir de la revisión de las fotografías aéreas y ortofotomapas de la zona fueron identificados, al menos, seis posibles sistemas de campos de cultivo. Sin embargo, dentro del área de estudio únicamente han sido localizados dos de estos sistemas (descritos anteriormente). Estos dos se encuentran dentro del área de captación de C1 y están asociados directamente con este sitio por la red de calzadas; en cambio, los demás campos se encentran a distancias considerables de los tres sitios principalmente estudiados y fuera de sus áreas de captación (mapa 9); por lo tanto, no han podido ser asociados directamente a ninguno de los sitios del área de estudio. Tradicionalmente se había sostenido que el surgimiento de la intensificación de la agricultura en los Llanos pudo ser una respuesta a las necesidades básicas de una población creciente en un ambiente de "alto riesgo" (Zucchi y Denevan, 1979). Sin embargo, según Spencer, Redmond y Rinaldi, la intensificación agrícola en la región no surgió, en todos los casos, como una respuesta al crecimiento demográfico ni a ningún tipo de presión poblacional, sino que pudo haber surgido también como una estrategia productiva capacidad productiva de la tierra dentro de las áreas de captación de cada uno de éstos. La productividad de cada una de las áreas de captación fue calculada a partir de la medición de la extensión de terrenos cultivables y la proyección en éstos del índice de productividad estimado por Kirkby (1973). En los tres casos (C1, C10 y C11) la productividad de las áreas de captación supera ampliamente las necesidades máximas de cada uno de los sitios (tabla 2 y gráfico 1). Esto sugiere que los campos de cultivo intensivo no deben haber surgido como una respuesta directa al
Mapa 9. Campos de Cultivo identificados a partir de Fotografías aéreas

correspondiente a una serie de necesidades económicas específicas en el desarrollo de la jerarquización social (Spencer et al, 1994). Con el fin de examinar estos planteamientos, comparamos las necesidades alimenticias de cada uno de los sitios habitacionales de primer y segundo orden ubicados en el área de estudio con la

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 crecimiento poblacional.

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maíz anuales (tabla 3). Al ponderar la productividad anual de los campos de cultivo, con los estimados de las necesidades alimenticias

Necesidades máximas (Kg. de maíz) C1 C10 C11 899.800 167.200 313.500

Productividad dentro del área de captación (Kg. de maíz) 5.572.000 4.636.000 2.887.000

calculadas en base a la población del sitio C1, es posible observar como la productividad sobrepasa las necesidades anuales (gráfico 2). Si, además de esto, consideramos las altas posibilidades de que el área de los campos haya sido subcalculada, por no mencionar la posible existencia de técnicas de cultivo alternas a éstos, tales como jardines domésticos, cultivo en vegas, etc., es posible suponer la producción de un significativo número de excedentes alimenticios por parte del sitio C1.

Tabla 2. Correlación entre necesidades alimenticias y productividad para C1, C10 y C11

6000000 5000000

Kg de maíz

Productividad (1.134 kg/ha) 943.488 kg Sistema de Campos I 45.360 kg Sistema de Campos II 988.848 kg Total
Tabla 3. Capacidad productiva de los Sistemas de Campos
Productividad Nececidades

4000000 3000000 2000000 1000000 0 C1 C10 C11

Las posibilidades de producción de excedentes directamente en los campos de cultivo asociados al sitio C1, unidas a la inexistencia de estructuras para el cultivo intensivo que sugieran la intensificación

Gráfico 1. Correlación entre necesidades alimenticias máximas y productividad para C1, C10 y C11

de la producción en los otros sitios arqueológicos de menor jerarquía (C10 y C11), sugieren que en el caso de esta unidad política, a

Al llevar nuestro foco de atención específicamente a los campos de cultivo que se encuentran en el área, podemos observar que los dos sistemas de campos de cultivo identificados dentro del área de estudio se encuentran directamente asociados al sitio C1 y la productividad conjunta de éstos podría ser de hasta 988.848 kg de

diferencia de el caso de Gaván, se generó un mayor esfuerzo en la producción directa de excedentes por parte de la capital regional. Sin embargo, ya que el proceso productivo no solo depende de las capacidades físicas del ambiente, sino también de la capacidad de trabajo que puede ser generada, es necesario ampliar estas

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Población
1.200.000 Índice Kirkby 1.000.000 800.000 600.000 400.000 Población Minima 200.000 Población Máxima

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A partir de estas cifras, para cualquiera de los estimados de población, resulta que la mano de obra implementada en el cultivo de los campos pudiera haber sido cubierta directamente por la población del sitio C1. Pero, para proponer un esbozo general de la fuerza de trabajo concentrada en torno al sitio C1, se debe considerar, además de la mano de obra organizada para la producción agrícola, la empleada en la construcción y

mantenimiento de las obras monumentales, pues, una de las características más resaltantes de las calzadas, así como de las demás estructuras de tierra, es la gran fuerza de trabajo que debe haber sido

0 Necesidades Alimenticias Productividad

empleada en su construcción y mantenimiento. Con base en el volumen de tierra de cada una de las estructuras, es

Gráfico 2. Correlación entre las necesidades alimenticias de la población de C1 y la productividad de los campos

posible estimar, a grosso modo, la fuerza de trabajo necesaria para el levantamiento de dichas estructuras.

afirmaciones a partir del cálculo de la fuerza de trabajo que pudo ser empleada en el cultivo de los campos. Con el fin de realizar estos cálculos, ha sido señalada la participación en el cultivo de uno a dos individuos por unidad doméstica y la capacidad de que cada uno de éstos cultivara un máximo de dos hectáreas de terreno (Spencer et al, 1994). Esto supone que sería necesaria la participación de, al menos, 218 individuos dedicados exclusivamente al cultivo de las 436 hectáreas de campos (416 ha + 20 ha). Estas cifras, implican además, la necesidad de que al menos 218 unidades domésticas (asumiendo 1 trabajador por unidad) o 109 unidades (asumiendo 2 trabajadores) estuvieran directamente implicadas en el trabajo y cultivo en estos campos.

Con este fin fueron seguidos los cálculos de Erickson para los terraplenes en los Llanos de Mojos, quien a partir de la construcción experimental de camellones de cultivo, sugiere una cifra de 0.5 metros cúbicos de tierra movida por una persona en una hora, y un trabajo de cinco horas por persona al día (Erickson, 2000:34). Estos cálculos nos permiten estimar la necesidad de que al menos 1.648.868,77 horas/hombre o 329.773,754 días/hombre hayan sido destinados en la construcción de las calzadas. Esta cifra aumenta hasta 1.854.575,72 horas/hombre o 370.915.174 días/hombre, si en el cálculo de construcción son incluidos los campos de cultivo y la estructura que delimita C1, además de las calzadas.

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Si, a la mano de obra implementada en el cultivo de los campos, sumamos la mano de obra que debió haber sido utilizada en el levantamiento y construcción de las calzadas; y a esto, agregamos la construcción de otras estructuras, tales como montículos y canales, las cuales no han sido incluidas en nuestros cálculos, además del trabajo que implica la conservación y mantenimiento de éstas debido a la erosión, podemos suponer la concentración de una fuerza de trabajo bastante alta en torno a C1. Esto nos lleva a inferir que, o bien la población total del sitio C1 superaba significativamente las cifras mínimas estimadas, o los sitios de menor jerarquía asociados a C1 suministraban la fuerza de trabajo adicional, necesaria para cubrir el déficit dejado por una "baja" densidad de población en la capital regional. Con el fin de poder determinar un verdadero déficit en la fuerza de trabajo que pudo ser suministrada directamente por la población del sitio C1 sería necesaria una investigación detallada que permitiera determinar un margen más preciso en los estimados de población, el grado e intensidad en que fueron sembrados los campos, la simultaneidad del trabajo en el cultivo y, la construcción y mantenimiento de obras de infraestructura monumental. Sin embargo, existen una serie de indicadores que sugieren que los sitios de menor jerarquía pudieron suministrar una fuerza de trabajo adicional a C1. La tabla 4 ilustra la distribución de obras monumentales y campos de cultivo, en torno a los sitios habitacionales. Sin embargo, con el fin

de observar más detalladamente la distribución de la fuerza de trabajo empleada en las obras de infraestructura monumental deben ser analizadas, no la cantidad de obras, sino las proporciones de fuerza de trabajo estimadas para la construcción de cada una de estas. A partir de esta perspectiva, podemos observar que el 100% de la fuerza de trabajo empleada en las calzadas está asociada directamente a C1. De este 100%, solo un 27% se encuentra asociado exclusivamente con el sitio C1, ya que corresponde a las calzadas que lo conectan con el Sistema de Campos I, el río Anaro y un punto "vacío" en la sabana; mientras que un 73% de la fuerza de trabajo se encuentra asociado también a los sitios C10 y C11, pues corresponde a las calzadas que lo conectan con éstos (gráfico 3).

Área

Sitio
150 ha C10 25 ha C1 C11 47 ha

Montículos (superiores a 5 mts) 4 1 1

Calzadas Asociadas 8 1 2

Campos de Cultivo 438 ha 0 ha 0 ha

Estructuras Delimitadoras 1 0 1

Tabla 4. Obras de infraestructura monumental y campos de cultivo asociados a cada sitio del área de estudio

Es interesante observar que aunque el número de calzadas que conectan a C10 y C11 con C1 es diferente (una calzada al primero de estos sitios y dos al segundo), del 73% que representan estas tres

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calzadas, 38% corresponde a la calzada que conecta con C10, mientras que el 35% restante corresponde a las dos que conectan con C11 (gráfico 4).

públicas (Gassón, 1997). Así, es lógico pensar que, como estos dos sitios se encuentran a una distancia similar del centro principal (10 Km. aprox.), pueden haber proporcionado un tributo similar en la construcción de las calzadas.

Exclusiva 27%

exclusiva 27%

Río Anaro 6%

Sabana 2%

No Exclusiva 73%
no exclusiva 73%

Campos 19%

C10 38%

Gráfico 3. % del trabajo empleado en las calzadas según el carácter de su asociación al sitio C1

Por esta razón, aunque la cantidad de calzadas pareciera sugerir un mayor esfuerzo en el trabajo y mano de obra para conectar C1 con el sitio C11 (sitio mas grande y, por lo que hemos mencionado, aparentemente con un rango superior a C10), la similitud entre estos porcentajes, aunada la distancia de 10 Km. aprox., a las que se encuentran ambos sitios del centro principal, parecería indicar esfuerzos similares en la construcción. Estos datos coincidirían con una de las presuposiciones básicas del modelo de Steponaitis (1978), a partir de la cual se sugiere que, como los costos de movimiento se incrementan con la distancia, los sitios más cercanos al centro principal deberían proporcionar un tributo más alto, el cual pudiera verse reflejado como diferencias en el número y tamaño de obras

C11 35%

Gráfico 4. % del trabajo empleado en las calzadas asociadas a C1 según su conexión secundaria

En resumen, a partir de nuestros datos, hemos determinado la asociación efectiva, por medio de la red de calzadas, de los sitios C1, C10 y C11, y hemos aportado datos que apoyan la posibilidad de que en algún momento de su desarrollo estos tres centros estuvieran asociados en una unidad política jerárquica e independiente. Igualmente, hemos observado que no parece haber existido ningún tipo de presión poblacional causante del surgimiento de la intensificación agrícola y, apoyamos la sugerencia de que un alto

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número de excedentes alimenticios fueran producidos directamente en el sitio C1 (Gassón, 1998). Por último, se ha sugerido que los sitios de menor jerarquía asociados en la unidad política pudieron suministrar una fuerza de trabajo adicional importante, y posiblemente necesaria, a la del sitio C1.

c) Se observa una mayor extensión en los campos de cultivo de El Cedral que en los de Gaván. Además, mientras en El Cedral los campos se encuentran directamente asociados al centro principal, en Gaván los campos se encuentran asociados a los sitios de tercer orden. d) A partir de los datos que poseemos actualmente, no estamos seguros de la extensión de la unidad política de El Cedral.

ANÁLISIS COMPARATIVO: PATRONES REGIONALES DE EL CEDRAL Y GAVÁN

Pues, es posible plantear dos alternativas: pudiera ser que la unidad política únicamente estuviera conformada por C1 como capital regional y C10 como centro secundario, mientras que C11 perteneciera a otra unidad política (162 Km2); o, la unidad política pudiera estar conformada por C1 como capital regional y C10, C11 y todos los demás sitios descritos por Gassón (1998) (C12, C13, C14, C15, C16 y C17) como centros de segundo orden (450 Km2). Sin embargo, bajo cualquiera de estos dos modelos, las unidades políticas de El Cedral y Gaván presentan tamaños significativamente diferentes, ya que la unidad política de Gaván (B) tiene un tamaño aproximado de 281 Km2. Suponiendo que las en diferencias en el patrón de asentamiento a nivel regional indican estrategias políticas diferentes, toda esta serie

Una vez obtenidos estos datos y esbozadas las principales características de El Cedral a nivel regional, es posible compararlas a la misma escala con las características presentadas por Spencer y Redmond para la región de Gaván. Así, a partir del mapa regional de Gaván publicado por Spencer y Redmond (1992) y del mapa regional que hemos elaborado, con el fin de comparar los patrones entre las dos unidades políticas, fue elaborada una figura que representa ambas regiones bajo los mismos parámetros y a una escala correspondiente (figura 1). La comparación de los patrones en ambas regiones nos permite observar claramente al menos cuatro características

fundamentalmente diferentes: a) La red de calzadas asociada a El Cedral es más grande que la red asociada a Gaván. b) En El Cedral los asentamientos de primer y segundo orden son mucho mayores a los de Gaván, mientras que los de tercer orden parecen ser menores y menos numerosos.

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 espacial observados a un nivel regional.

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Siguiendo los intentos previos (Redmond et al, 1999) por considerar las trayectorias del desarrollo las principales sociedades descritas en la zona (Gaván y El Cedral) en una escala macroregional, hemos intentado complementar los datos que sustentan los planteamientos que sugieren que las sociedades de Gaván y El Cedral, aunque similares, podrían haber presentado estrategias políticas diferentes. Los nuevos datos que hemos aportado en torno a los patrones de distribución regional que presenta El Cedral, nos han permitido confirmar toda una serie de diferencias con respecto a la distribución
Figura 1. Comparación de patrones regionales entre El Cedral y Gaván

regional en Gaván. Estas diferencias, basadas en la presencia de una de indicadores sugiere la posibilidad de que las estrategias El Cedral y Gaván, fueron diferentes. Estas diferencias pudieran responder, como ya se ha dicho anteriormente, a que, mientras que los líderes de El Cedral deben haber dedicado un mayor esfuerzo a la producción directa de excedentes y a su redistribución, en Gaván la coerción política y la movilización de excedentes desde los centros y sitios de menor jerarquía hacia la capital regional debe haber jugado un papel fundamental (Gassón, 1998; 2000a; Redmond et al., 1999).
CONCLUSIONES

red de calzadas mucho mayor, sitios habitacionales de primer y segundo orden de mayor tamaño, la posible presencia de un menor número de sitios habitacionales de tercer orden, una mayor extensión de campos de cultivo y la asociación directa de éstos al centro principal; aunados a las características de la red de calzadas, las cuales sugieren que, en el caso de El Cedral, existió cierto énfasis específico en el control de los campos de cultivo por parte de la capital regional; nos han permitido confirmar que la producción y distribución de excedentes agrícolas, como parte de la economía política, pudiera corresponder a lógicas organizacionales

En este trabajo se han inferido toda una serie de rasgos de la organización social y la economía política de las sociedades prehispánicas que habitaron los Llanos Altos de Barinas a partir de datos obtenidos de las características de los patrones de distribución

significativamente diferentes en cada una de las dos sociedades que comparamos. Estas diferencias organizacionales pudieran ser ilustradas a partir de los modelos redistributivos planteados por Earle

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 (1977)8 (esquema 2).

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excedentes eran trasladados hacia la capital regional en forma de tributo (b), donde éstos se acumulaban y posteriormente eran redistribuidos hacia los sitios de menor jerarquía (c); encajando en el modelo propuesto por Earle de redistribución en forma de mobilization. A diferencia de éste, en El Cedral pueden ser propuestos dos modelos diferentes (A y B). El Modelo A supone que, si bien la capital regional controlaba directamente los campos de cultivo, detentando toda una serie de derechos sobre éstos (a), los sitios de menor jerarquía pudieron proporcionar y controlar una gran

Esquema 2. Modelos de producción y distribución de excedentes agrícolas en Gaván y El Cedral

parte de la fuerza de trabajo participante en la producción agrícola (b), lo cual pudo ocasionar que, aunque la mayor parte de la

En el caso de Gaván, los centros de segundo y tercer orden posiblemente controlaron directamente los campos de cultivo intensivo y la producción de excedentes agrícolas (a), estos
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producción fuera controlada y acumulada por la capital regional (c), desde ésta los excedentes fueran repartidos hacia los sitios de menor jerarquía (d), posiblemente a partir de festejos ceremoniales. Este primer modelo correspondería a un caso de share-out, e implicaría,

La redistribución describiría una amplia gama de actividades, ya que, como lo ha mencionado Earle (1977), muchos sistemas económicos pueden implicar la concentración y dispersión de bienes, de una u otra manera. En tal sentido, con el fin de refinar esta definición, ha sido planteada una topología de formas organizacionales redistributivas. Esta topología estaría compuesta, en primer lugar, por una serie de "mecanismos niveladores", entre los cuales se encontraría cualquier institución cultural cuyo efecto fuera evitar la concentración de riqueza por parte de individuos o grupos (tal sería el caso de las obligaciones ceremoniales como el potlach). En contraposición a estos mecanismos se han definidos tres tipos de "mecanismos institucionales" los cuales, aunque corresponden a instituciones sociales caracterizadas por la presencia de un liderazgo centralizado que controla la producción y distribución de bienes dentro del grupo presentan principios organizativos diferentes: Householding, el cual define la distribución y el consumo general de los bienes producidos en asociación, bajo la división de trabajo característica de la unidad doméstica; Share-Out, el cual define la distribución de bienes producidos a partir de trabajos cooperativos, entre los participantes y los dueños de los medios de producción; y Mobilization, el cual designa la recaudación de bienes y servicios para el beneficio de un grupo no correspondiente a los individuos o grupos participantes en la producción de bienes y servicios (Earle, 1977).

como ya ha sido planteado anteriormente (Gassón, 2000b; Redmond, et al, 1999), que la estructura política de El Cedral haya sido menos rígida que la de Gaván. Sin embargo, es importante señalar que también podríamos proponer un segundo modelo (B) que supone que la estructura política de El Cedral no haya sido menos rígida que la de Gaván, sino tan coercitiva o más que ésta. En este caso el flujo de tributos desde los sitios de menor jerarquía hacia la capital regional, en vez de ser en forma de excedentes agrícolas, pudo haber sido en forma de mano de obra o fuerza de trabajo (a), la cual, habría sido controlada y "utilizada", directamente por las élites de la capital

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regional, en las labores de producción en los campos de cultivo intensivo controlados por éstas (b) y posteriormente desde la capital se deben haber distribuido parte de los excedentes entre los sitios de menor jerarquía (c). Este último modelo correspondería, al igual que Gaván, a un caso de mobilization. Lo anterior sugiere que uno de los principales resultados de este trabajo, más allá de la solución a un problema específico, ha sido el planteamiento de nuevos problemas, hacia los cuales la investigación pudiera ser orientada en un futuro. Esto se debe principalmente al nuevo cúmulo de datos que hemos recogido.

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Foto 1. Vista de la zona central del sitio C1 Foto 2. Montículo principal del sitio C11.

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1

2

Foto 3. Vista del sitio C10 desde la carretera Mijaguas – Merecure.

Foto 4. Calzada en la Región de El Cedral

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BETWEEN THE MAINLAND AND THE ISLANDS:† THE AMERINDIAN CULTURAL GEOGRAPHY OF TRINIDAD1

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and diffusion of culture that developed in the region encompassing the Orinoco Valley, the Gulf of Paria, the Guiana coastal zone and the southern islands of the Lesser Antilles during Ceramic times (Fig. 1). Trinidad’s position of in-betweenness is reflected by its prehistoric cultural sequence and the island’s Amerindian cultural geography which can be reconstructed from the pertinent documentary evidence dating back to the contact period. This paper investigates the physical and sociocultural position of Trinidad between the mainland and the West Indies, discussing the patterns of pre-Columbian interaction to and from the island as well as the similarities and differences between Trinidad’s prehistoric cultural sequence and that of the Lower Orinoco Valley. In addition, the island’s fragmented character in terms of early historic Amerindian ethnicity, linguistics, and sociopolitical configuration is compared with the similarly disunited make-up of the Lower Orinoco and the coastal zone of the mainland during the same period.
PHYSIOGRAPHY AND MARITIME INTERACTION ROUTES

Dr. Arie Boomert2 Leiden University
RESUMEN Este artículo discute las características fisiográficas, los desarrollos culturales prehistóricos y la etnohistórica de Trinidad. Se concluye que tanto la secuencia cultural de la isla y como su sociografía del periodo de contacto están estrechamente vinculados con aquellos del Valle del Orinoco Bajo y el Delta, mostrando que Trinidad puede ser vista como una continuación física y cultural del continente Sur Americano. También es analizado el papel esencial que Trinidad tuvo en los patrones de interacción, intercambio y transmisión cultural desde la tierra firme hasta las Indias del Oeste y viceversa. Finalmente, se contrasta la naturaleza fragmentada, del periodo de contacto, de la población amerindia en Trinidad en términos de etnicidad, filiación lingüística y organización sociopolítica, con la uniformidad mostrada por la tradición arqueológica de manufactura de cerámica indígena que caracteriza la isla hasta un periodo tardío como mediados del siglo XVIII. Palabras claves: Trinidad, interacción, secuencia cultural prehistórica, etnohistórica. INTRODUCTION

Trinidad is a continental island which due to its geographical position directly offshore the South American mainland formed a central hub in the system of Amerindian exchange, communication
Paper presented at the symposium ‘Caribbean Archaeological Research at the Peabody Museum of Natural History, Yale University: In Memory of Irving Rouse’, Seventy-first Annual Meeting of the Society for American Archaeology, San Juan, Puerto Rico, April 2006 2 Faculty of Archaeology, Leiden University. The Netherlands. aboomert@hotmail.com
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Situated on the northern edge of the South American continental shelf, Trinidad represents the southernmost island of the West Indies. It was severed from the mainland due to the post-Pleistocene sea level rise resulting in the emergence of the Columbus Channel and the Gulf of Paria, which separate Trinidad from the Orinoco Delta and the east coast of Venezuela. Accordingly, the island is closely associated both biotically and abiotically with the South American

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Southern Lowlands, and the Southern Range. The Northern Range rises steeply from both the north coast and the Northern Basin, which forms the drainage-area of the Caroni, Trinidad’s largest river system. Reaching a maximum altitude of 940 m, the Northern Range effectively isolates the northern seashore from the rest of the island. Originally most of Trinidad was covered by various types of Tropical Rain Forest, alternating with stretches of dry savanna, savanna woodland and freshwater swamps or marshes. Extensive mangrove stands are to be found along the island’s littoral, intersected by sand beaches and rocky shores. Living coral reefs are restricted to Trinidad’s northeastern offshore zone. Formerly travel to and from Trinidad was largely determined by the main ocean current which affects the island, namely the South Equatorial or Guiana Current, and the prevailing northeastern trade winds (Agard and Gobin, 2000). Coming from the southeast, this current deflects the silt-laden outflow of the Orinoco River to the northwest and bisects on reaching Trinidad, continuing to flow partly along the island’s east coast and partly along its southern littoral. Floating objects are carried by the Guiana Current to Trinidad’s
Figure 1. Geographical situation of Trinidad. Legend: (1) swamps and marshes; (2) edge of continental shelf (200 m below MSL); (3) 1000-m contourline.

south coast from as far as the Amazon mouth and the Guiana coastal zone. Due to the annual outpouring of the Orinoco River the condition of the surface water in the Gulf of Paria approaches that of freshwater throughout the wet season. The huge mainland effluent colours the Trinidad waters a coffee-and-milk brown, also facilitating the drifting of animals with low salt tolerance from the

continent. It exhibits a varied physiographic makeup, consisting of three chains of progressively less elevated mountains aligned on an east-west axis and two intervening lowlands, from north to south: the Northern Range, the Northern Basin, the Central Range, the

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Delta to the island’s southern shore. Trinidad’s four coastlines are quite different from each other. The sea is rough all along the east coast due to the trade winds and here the beaches are constantly pounded by the Atlantic rollers. The rocky north coast which harbours only a few sandy beaches is the least accessible. In contrast, the south coast is characterized by slight points, various sheltered bays and rocky shores. The west coast, finally, is shoaly with mud flats and lined with bays forming safe natural harbors along its entire length. Interaction with the east coast of Venezuela across the Gulf of Paria, indeed a tranquil and almost landlocked basin, is easy. The Paria Peninsula can be sighted continuously from Trinidad’s west coast while the Delta of the Orinoco is visible from the southwestern littoral of the island. Communication between Trinidad and the Orinoco Valley was formerly kept up mainly by using the four westernmost outlets of the Delta. The Manamó and Pedernales were preferred for traveling from Trinidad to the Lower Orinoco. As the crossing of the Serpent’s Mouth, which connects the Columbus Channel with the Gulf of Paria, is difficult due to the contrary current, aboriginal dugouts and sailing craft formerly often used two other Orinoco Delta outlets, the Capure and Macareo, for the return voyage. The current similarly hampers the direct crossing from Trinidad to the Guiana coastal zone. As a result, Amerindian travel in this direction generally took place via the Lower Orinoco, where an inland waterway of dendritically interwoven creeks and rivers

leads from the Rio Grande, the easternmost Orinoco branch, to as far as the Moruka and Pomeroon Rivers in coastal Guyana. From here one only has to travel a short distance on the open sea to reach the mouth of the Essequibo, whose basin forms the largest river system of the three Guianas. Due to the adverse current in the Galleons’ Passage between Trinidad and Tobago the crossing by canoe to the latter island required quite some effort and navigation. If all went well, it took a day and a night to accomplish. Communication between the two islands was facilitated by the fact that Northeast Trinidad is almost always in view from South and Central Tobago and vice versa. Profiting from the current, Grenada, the southernmost of the Windward Islands, can be reached easily by canoe especially from Tobago. Grenada and Trinidad are separated by the greatest expanse of open ocean encountered anywhere among islands in the Caribbean, some 140 km. Although Trinidad and Tobago are equidistant from Grenada, the latter island may have been used as a halfway station when traveling to the Windwards. Grenada can be spotted from high ground on Tobago’s west coast on exceptionally clear days in the wet season, but normally the Lesser Antillean islands can be recognized at sea from distances of at most 50 nautical miles. Benefiting from the current, the coastal zone of Paria and the islands of Margarita, Cubagua and Coche offshore Venezuela could be reached with little effort by dugout from North Trinidad although passing the Dragon’s Mouths, which separate the

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Paria Peninsula from Trinidad, remained a treacherous enterprise. The return trip was difficult and travel between Margarita and Grenada appeared to have been much easier due to the prevailing wind and current conditions. Besides, the Testigos may have formed a halfway pull-up. Trinidad’s situation at the crossroads of waterways between the South American mainland and the Caribbean archipelago made the island the natural gateway for communication and exchange of goods and ideas in the region. Transportation and interaction along waterways is also typical of the former and present Amerindian communities of the South American tropical lowlands where the widespread river systems of the Orinoco, the Rio de la Plata and the Amazon formed the main channels of communication. Consequently, the dense web of sea channels, rivers and estuaries, together constituting the interaction sphere of which Trinidad forms the focal point, should be conceived of as a body of land united rather than divided or bounded by water (Boomert, 2000; Figueredo & Glazier, 1982). This maritime orientation of the island’s former Amerindian occupation is illustrated, for instance, by the fact that in aboriginal times interaction between the Amerindians of the East Venezuelan coast and those living across the Gulf of Paria in West Trinidad was much more intensive than that between the latter and the inhabitants of Trinidad’s north and east coasts. Communication primarily took place along the island’s littoral; overland routes were evidently used to a much lesser extent. As elsewhere in the

Caribbean (Watters and Rouse, 1989), the island mass thus formed a barrier reducing intra-island interaction.
THE AMERINDIAN CULTURAL SEQUENCE

Trinidad’s prehistoric and protohistoric cultural development closely reflects the sea-oriented view of its former Amerindian population. The first relative chronology and pre-Columbian cultural classification of the island was devised by the late Irving B. Rouse, who conducted archaeological excavations at in all nine sites in Trinidad in July/August 1946 and, together with John M. Goggin, in August/September 1953. Rouse’s research took place in cooperation with John A. Bullbrook, a local avocational archaeologist who was attached to the Royal Victoria Institute Museum (the present Trinidad and Tobago National Museum), Port-of-Spain, as a curator from 1953 to 1962. The archaeological materials Rouse excavated, now kept in the Peabody Museum of Natural History, Yale University, facilitated him to distinguish a series of subsequent preceramic and ceramic complexes in Trinidad (Rouse, 1947, 1953). Besides, he was able to correlate the Trinidad sequence with those he had developed for the mainland of South America, more specifically the Lower Orinoco Valley, and the West Indies. Rouse’s framework has stood the test of time and still forms the backbone of Trinidad’s prehistoric chronology and cultural classification. Subsequent work by Harris (1976, 1978, 1991) and Boomert (1985, 2000) has elaborated and modified Rouse’s sequence without significantly

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altering it. Accordingly, a number of successive Lithic, Archaic and Ceramic cultural units can be distinguished in Trinidad’s preColumbian past, most of which have been named after sites excavated by Rouse. Nomadic bands of Lithic hunters/foragers, whose material culture can be classified as to belong to the Joboid series, already frequented Trinidad as early as about 8000 cal BC, thus prior to its separation from the mainland. However, the first major occupation took place subsequent to Trinidad becoming an island. Archaic (Meso-Indian) hunters, fishers and food collectors first occupied Trinidad between about 6000 and 4000 cal BC, when the Gulf of Paria and the Columbus Channel gradually attained their present level and configuration. Seafaring and navigating using large dugouts formed an integral part of the Meso-Indian cultural heritage and the first movement of Amerindians into the Lesser Antilles took place by Archaic Indians of the Ortoiroid series from Trinidad and the East Venezuelan littoral by about 5000 to 4000 cal BC. Trinidad’s MesoIndian communities kept up contacts with the Indians of the Paria Peninsula, the west coast of the Gulf of Paria, Tobago and the Windward Islands until the end of Archaic times (Harris, 1976). Consequently, the patterns of extra-insular interaction shown by Trinidad’s Ceramic peoples already existed in the Meso-Indian episode. The present Warao Indians of the Orinoco Delta and Northwest Guyana, who formerly subsisted exclusively on hunting, fishing and food collecting, may represent the direct descendants of

the Ortoiroid Indians of Archaic times. Small groups of Warao inhabited parts of South and West Trinidad well into the eighteenth century while regular visits to the island were made by Warao from the Orinoco Delta until as late as the 1940s. Trinidad was settled by small groups of pottery-making horticulturalists from the South American mainland by about 300 cal BC. These probably Arawakan-speaking Indians, who added the cultivation of bitter cassava and other root crops to the indigenous subsistence economy, may have reached Trinidad from the eastern littoral of Venezuela, the Orinoco Delta or the coast of Guyana. Their cultural tradition is known as the Saladoid series as their ancestors inhabited the Saladero site on the Lower Orinoco after having descended this river from its middle reaches (Gassón, 2002). By about 800 cal BC the Indians of the Saladoid series were dislodged from the Lower Orinoco Valley by groups of new arrivals, known as the peoples of the Barrancoid series. The Saladoid settlement in Trinidad marked the onset of the island’s Ceramic Age and is characterized by two successive pottery complexes, i.e. Cedros and Palo Seco, both of which are considered to belong to the Cedrosan Saladoid subseries. Whereas sites of the Cedros complex are restricted to Trinidad’s southwestern coastal zone, those of the Palo Seco complex are to be found all over the island. Many of these sites consist of configurations of large shell midden deposits. Simultaneously with their occupation of Trinidad, the Saladoid peoples rapidly colonized the West Indian archipelago and by the

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first centuries AD they had established themselves from the South American mainland to as far north as Puerto Rico. The Cedrosan peoples may have learned the art of navigating and the building of sea-worthy dugouts from the Archaic populations they encountered along the shores of northern South America. Their way of living was typically that of egalitarian village societies in which status differences fluctuated (Boomert, 2001). The pottery typifying the earliest Saladoid communities is remarkably uniform throughout the Caribbean. Well-finished, small to medium-sized bowls and jars exhibiting quite a variety of vessel shapes are diagnostic, notably inverted bell-shaped bowls, keeled jars and large cassava-beer brewing containers. Small ‘nostril’ bowls showing tube-like extensions were apparently used by shamans for pouring tobacco or pepper juice into the nose so as to induce an ecstatic-visionary trance. The Saladoid vessels are decorated with predominantly white-on-red painted or zoned-incised-crosshatched designs next to modelled-incised biomorphic head lugs (adornos). The latter adequately reflect the profoundly animistic nature of Saladoid religion. Small threepointed artifacts made of stone, bone or shell, which were probably used for vegetative magic, may represent the prototypes of the elaborately sculptured examples encountered in late-prehistoric times in the Greater Antilles. The Saladoid villages are typically located on high and well-drained land just behind the seashore, often close to the estuaries of small rivers, although inland sites are known as well, most of which are to be

found on low hills close to perennial streams. Saladoid subsistence was based on root-crop horticulture, hunting for small game, inshore/estuarine fishing and food collecting, notably the gathering of shellfish and edible wild plants, palm nuts, etc. Throughout the period of colonization Saladoid communication and exchange across the West Indian archipelago remained intensive, as is suggested by the widespread occurrence of exotic trade objects, notably ornaments made of semi-precious rock materials. Meanwhile, the pottery of the Barrancoid series culminated in what is known as the Los Barrancos complex of the Lower Orinoco. Heavy, thick-walled vessels, predominantly bowls with flanged rims, jars and double-spout-and-bridge bottles, showing red- or blackpainted designs and elaborately modelled-incised adornos with strong shamanic connotations, are typical. From about the time of Christ some form of cultural influence started to radiate from the Barrancoid centre on the Lower Orinoco towards the Saladoid communities of the eastern littoral of Venezuela, the Orinoco Delta, Trinidad, and the Middle Orinoco Valley. It is reflected in the gradual adoption of Barrancoid ceramic modes by the local Saladoid potters, suggesting frequent contacts formalized by ceremonial exchanges in a localized interaction sphere (Boomert, 2000; Rouse, 1983). In Trinidad the onset of these Barrancoid stylistic influences is noticeable on the island’s south coast in the early manifestations of the Palo Seco complex. They become even more noticeable after the establishment of the Barrancoid series in this same area of the island

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by about cal AD 300. Their ceramic assemblage, the Erin complex, appears to have flourished simultaneously with the later part of Palo Seco. Besides, it is encountered exclusively at Saladoid sites, suggesting that the Barrancoid immigrants went to live in existing Saladoid communities, intermarrying with the Trinidadian villagers. Beyond Southwest Trinidad the Barrancoid influence is shown only by trade pottery at Saladoid settlement sites. Such Barrancoid exchange wares showing strong shamanic associations have been found as far north as Tobago. As the Barrancoid peoples apparently formed the dominant partners in the Saladoid-Barrancoid exchange relationship, it must be assumed that they were primarily responsible for carrying out the trade expeditions radiating from the Lower Orinoco Valley, cementing the interaction sphere. The growing intensification of local interaction in the region is also reflected by the presence of numerous stone artifacts, especially axe heads, at the Saladoid sites of Trinidad which appear to have been imported from Tobago, the Windward Islands and/or the Paria Peninsula. While apparently Central and South Trinidad interacted most intensely with the adjacent portions of the South American mainland, the island’s north coast was oriented more closely towards the Venezuelan littoral and offshore islands, Tobago and the southern islands of the Lesser Antilles. This is exemplified by similarities shown by fine-line incised decorative motifs on the ceramics of the Palo Seco communities of Trinidad’s north coast, the Río Guapo complex of

coastal Venezuela, the Mount Irvine complex of Tobago, and the Insular to Modified Saladoid pottery of the Windward Islands. It is illustrative of the isolated situation of the island’s northern seashore with respect to the portion of Trinidad south of the Northern Range. The latter mountains clearly formed a major barrier in terms of Trinidad’s prehistoric intra-island interaction. A third major ceramic tradition, the Arauquinoid series, crystallized in the Middle Orinoco region by about cal AD 500. After a short episode of influencing the Barrancoid earthenware of the Lower Orinoco, Indians producing Arauquinoid pottery moved downstream, establishing their own villages here as well as incorporating formerly Barrancoid ones. Subsequently they moved to the Venezuelan coastal zone, Trinidad and the Guianas (Boomert, 1985, 2003). The onset of Arauquinoid influence in Trinidad was restricted to the south coast of the island, resulting in the development of a mixed Barrancoid/Arauquinoid local ceramic tradition, the St. Catherine’s complex. It resembles the pottery which simultaneously developed under Arauquinoid stimulus out of the Barrancoid cultural heritage in the Orinoco Delta and the coastal zone of Guyana, the Apostaderan (Late Mabaruma) subseries (Williams, 1996). The succeeding fully Arauquinoid pottery assemblage of Trinidad, known as the Bontour complex, is sufficiently alike that of the eastern littoral of Venezuela that both can be considered to belong to the same ceramic subseries, Guayabitan. Simple jars with inflected contours, showing punctated

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appliqué fillets at the neck bases, and open bowls are typical. Decorated pottery is reduced to a minimum. This resembles the situation which characterized the Lower Orinoco area from the onset of Arauquinoid times and may indicate that ceramics were less imbued by ceremonialism than during Saladoid/Barrancoid times. Perhaps shamanic eschatological expression now manifested itself on artifacts made of perishable materials. Settlement sites of the Bontour complex are to be found mainly in South Trinidad, but this is probably due to insufficient research elsewhere in the island. Most of these former villages consist of extended shell midden deposits, similar to those of the predecessing Ceramic populations in the island. Moreover, many Saladoid and Saladoid/Barrancoid sites continued to be inhabited during Arauquinoid times. The subsistence economy of the Bontour peoples appears to have been quite similar to that of Saladoid/Barrancoid times although it is possible that by now maize had been added to the local menu. Interaction with the Lower Orinoco, the eastern littoral of Venezuela and Tobago remained intensive. Trade items from the Lower Orinoco encountered in Bontour context in Trinidad include, for instance, pottery, especially cassava griddles, characterized by the use of freshwater sponge spicules (cauixí) as tempering material. Cauixí-tempered earthenware is typical of the Arauquinoid communities throughout the Orinoco basin and beyond. Cauixítempered roller stamps, found on Trinidad’s south coast, represent exchange objects, equally deriving from the mainland. They were

probably used for body painting. In the Lower and Middle Orinoco Valley such ceramic roller stamps formed highly regarded items of ceremonial exchange among the local Arauquinoid communities. Finally, Bontour pottery, which is characteristically tempered with crushed shells, has been encountered as a ‘trade’ ware at contemporaneous sites in the Lower Orinoco Valley and on Tobago, the Testigos and Carriacou (Grenadines). The final Amerindian ceramic tradition of Trinidad, the Mayoid series, is characteristic of the Amerindian-European contact period (Boomert, 1985). It emerged perhaps a few centuries before the time of Trinidad’s European discovery (1498). At some sites sparse amounts of Mayoid pottery have been found associated with Bontour ceramics, suggesting a certain period of overlap between Mayoid and Guayabitan. Mayoid pottery is exclusively tempered with caraipé, the burned bark of a small savanna tree which formerly grew in the island. Caraipé is typically used by the present Amerindians of the Guianas to temper their pottery clay and the suggestion has been made that the origin of the Mayoid series should be sought in the Guiana coastal zone. Vessel forms include open bowls, necked cooking jars and large cassava-brewing containers. Decoration is limited to small nicked pellets or narrow, blackpainted zones along vessel rims. The pottery of the Mayoid series shows faint resemblances with that of the Koriaban subseries, the prehistoric precursor of modern Kalina (Carib) pottery of the Guianas, and its derivative, the Cayo complex, which can be taken to

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represent the ceramics of the historic Island Caribs of the Windward Islands. Mayoid ceramics have been encountered in association with Spanish majolica at St. Joseph, Trinidad’s first Spanish capital (1592), which remained the major centre of Spanish occupation in the island until well into the eighteenth century. Besides, Mayoid pottery is known from the Capuchin mission sites which were founded by the Spanish among Trinidad’s Amerindians from 1687 onwards. While some of these missions survived until 1849, Mayoid pottery may have ceased to be made by the mid-eighteenth century. Its manufacturers may have introduced the Cariban language to Trinidad. The cultural sequence which characterizes Trinidad during Archaic and Ceramic times, showing the succession of the Ortoiroid, Saladoid, Barrancoid, Arauquinoid, and Mayoid series, largely concords with that encountered in the Lower Orinoco Valley and Delta as well as the East Venezuelan coastal zone (Gassón, 2002). This suggests that there was a continuous flow of information between the Amerindians of these areas throughout most of the Archaic and Ceramic ages. Trinidad and the adjacent parts of the South American mainland must have formed one extensive interaction sphere, tightly knit by ties of kinship, language, exchange, war, and culture. Apparently, developments taking place on the continent were quickly felt in Trinidad and vice versa. The Mayoid series is the exception to the rule as it has not been encountered in the Orinoco Valley or the East Venezuelan coastal

zone to date. The resemblances between Mayoid and the Koriabo/Cayo continuum are insufficient to conclude that, just as Cayo, the Mayoid series represents an offshoot of Koriabo (Boomert, 1986). However, its absence from the Orinoco Valley may be taken to represent circumstantial evidence supporting this derivation. Be this as it may, the prehistoric sequence of Trinidad from Archaic to Ceramic times shows that culturally the island should not be conceived of as part of the Lesser Antilles, but as an extension of the mainland of South America – which in a physical sense indeed it once was.
CONTACT-PERIOD SOCIOCULTURAL SITUATION

At the time of the European-Amerindian encounter Trinidad formed a complex multi-ethnic and multi-lingual conglomerate of Amerindian groups of possibly varying sociopolitical complexity (Boomert, 2000). Intra-island interaction was limited. This is exemplified by the case of John ‘of Trinidad’, a Cariban-speaking Indian from Southwest Trinidad, probably a Yaio, who stayed in England for some time and functioned as an interpreter during Ralegh’s 1595 Orinoco expedition. In the following year he accompanied Keymis on the latter’s voyage along the Guiana littoral. During this expedition John ‘was altogether unwilling’ to comply with Keymis’ request to contact the Amerindians of the Toco region in Northeast Trinidad, as ‘he knewe no part of that side of the island’ (Keymis, 1904; Ralegh, 1848). In fact, as late as the

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1880s, thus well in the colonial period, the inhabitants of Port-ofSpain still considered the Mayaro region in the southeast of the island as a strange country. Communication typically took place by boat, skirting round the island, and this was a pattern which dominated transport from prehistoric times until the early twentieth century. Clearly, the Northern Range formed the major obstacle to interaction across Trinidad’s landmass. As we have seen, it effectively isolated the north coast from the rest of the island. In all, six Amerindian ethnic groups are known to have inhabited Trinidad during the contact period, i.e. the Carinepagoto (Kalina, Caribs), Chaguanes (Warao), Yaio, Shebaio, Arawak (Lokono), and Nepoio (Boomert, 1984; Harris & Elie, 2005). It has been estimated that at the time of the European discovery the island had some 35,000 inhabitants (Newson, 1976). The Carinepagoto originally inhabited Northwest Trinidad, especially the region where the Spanish settled in 1592, after which these Indians moved elsewhere, probably the north coast and Tobago. The central part of Trinidad’s west coast was occupied by Chaguanes while Yaio lived in the southwest of the island. Shebaio and Arawak were to be found along the south coast adjoining the Nepoio who occupied the central portion of Trinidad as well as part of the east coast (Fig. 2). It is noteworthy that due to Spanish pressure in the early seventeenth century numerous Amerindians fled from the island to the coastal zone of the Guianas, as a result of which the Yaio and Shebaio disappeared from the record. By the 1630s only some 4000
Figure 2. Amerindian ethnic groups in Trinidad, ca. 1600. Legend: (1) 100-m contourline; (2) swamps and marshes.

Amerindians were reportedly still living in Trinidad. The Nepoio and Arawak are mentioned in the documentary sources throughout the

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seventeenth and eighteenth centuries as inhabiting the encomiendas and, from 1687 onwards, the missions which the Spanish established in several parts of Trinidad (Newson, 1976). In the eighteenth century Kalinago (Island Caribs) from the Windward Islands and Chaima from Venezuela’s eastern littoral settled along Trinidad’s north coast. Warao, finally, were to be found sparsely inhabiting South Trinidad well into the nineteenth century. New arrivals of Island Caribs from the Windwards intermingling with the Nepoio in the late eighteenth and early nineteenth centuries ultimately led to the adoption of the name Carib by all people of Amerindian descent in the island. Linguistically, the Amerindian population of Trinidad was quite heterogeneous, including Cariban-, Arawakan-, and Waraoanspeaking peoples next to groups probably characterized by genderrelated bilinguality comparable to that of the Island Caribs of the Lesser Antilles. Unfortunately, few reliable records are known on the linguistic affiliations of the Trinidad Amerindians except for some word lists written down by English and Dutch sailors as well as Spanish chroniclers at the end of the sixteenth century. As a result, it is difficult to draw any definite conclusions on this subject. With regard to subsistence modes, the Waraoan-speaking Chaguanes must have been distinct from the other Amerindian peoples of the island, as these Indians can be taken to have been non-horticultural, subsisting exclusively on hunting, fishing and food collecting, just as the present Warao of the Orinoco Delta and Northwest Guyana did

until well into the twentieth century. All other Indians of Trinidad practised root-crop horticulture next to hunting, fishing and gathering. Finally, it is likely that sociopolitically most Amerindian groups in the island formed tribal entities, that is principally egalitarian societies consisting of at most several thousand people living in a series of semi-independent villages, not unlike those of the present Arawak (Lokono) and Kalina (Caribs) of the Guianas and Orinoco Valley. In these societies division of labour was principally based on sex and age while leadership was exercised by successful warchiefs, so-called ‘big men’, whose position was not hereditary. The Chaguanes, finally, may have been organized as bands, each consisting of a series of extended families, similar to the present Warao. The name Arawak became a generic term for many of the Trinidad Amerindians, including Nepoio, Yaio, Shebaio, and Arawaks (Lokono), in the European records towards the mid-sixteenth century. At that time these Indians were favourably disposed towards the Spanish, exchanging cassava bread for iron implements and weapons with the colonists of the pearl islands, Cubagua and Margarita (Boomert, 1984). Still a century afterwards the name Alouagues, recorded by the French missionary Breton, was similarly used by the Island Caribs in order to identify collectively their favourite enemies and trade partners. Indeed, a number of early documentary sources do not distinguish between the Nepoio and Arawaks while, instead, in the mid-eighteenth century the Arawaks

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of Berbice knew the Nepoio as a separate ethnic unity. All of the Amerindian ethnic groups which can be identified in Trinidad also resided on the mainland, notably in the Lower Orinoco Valley and Delta as well as the westernmost part of the coastal zone of the Guianas (Glazier, 1980; Heinen, 1992; Heinen & García-Castro, 2000). Apart from Trinidad, the Nepoio are known exclusively from the Lower Orinoco Valley, while the Chaguanes (Warao) were originally confined to the Orinoco Delta and the adjacent portion of Northwest Guyana. The Yaio and Shebaio are recorded to have been living scattered throughout the entire coastal zone of the Guianas, but this may be due partially to their exodus from Trinidad which started in the 1590s. Finally, Arawaks (Lokono) and Kalina (Caribs) still inhabit large parts of the Guianas and Orinoco Valley. The latter occupy the East Venezuelan Llanos as well. All of this indicates that the ethnic, linguistic and sociopolitical fragmentation typical of Amerindian Trinidad echoes the situation on the mainland (Heinen & García-Castro, 2000; Perera, 2000), confirming the conclusion drawn from the island’s prehistoric to protohistoric sequence that culturally Trinidad can be considered as an extension of the South American continent. According to the documentary sources, strong resemblances existed between the lifeways of the contact-period Amerindians of Trinidad and those of the Lower Orinoco Valley and Delta (Boomert, 2000). Apart from shared subsistence practices and methods of food processing, there are especially close correspondences between the

settlement patterns and house forms of both areas. Early sixteenthcentury descriptions suggest that the Trinidad Indians lived in large, entirely closed, bell-shaped houses showing double roofs of palm leaves. Apparently, these multifamily dwellings were capable of sheltering up to 100 people. A village could be composed of several of these communal houses and consist of up to 400-500 inhabitants. Settlements are invariably called ‘large’ in the ethnohistoric sources on Trinidad as well as the Orinoco Valley. Although the available descriptions are undoubtedly liable to some measure of exaggeration, they leave a strong impression that especially the Lower Orinoco region was densely settled. The possibility exists that some Amerindian groups in the latter area were sociopolitically somewhat more advanced than the inhabitants of Trinidad in the contact period. At any rate, there is documentary evidence suggesting that some of the villages of the Arawak and Guaiana Indians on the Lower Orinoco were organized as minimal chiefdoms, thus characterized by hereditary chiefly positions. However, by no means did their society resemble the elaborate chiefdoms of, for instance, the Taíno of the Greater Antilles. Descent seems to have been predominantly matrilineal in Trinidad as well as on the mainland. Both war and exchange represented social institutions which were essential to the functioning of the contact-period Amerindian societies of the region. Small-scale warfare and trade or ceremonial exchange actually formed inseparable aspects of the same process of social interaction between neighbouring peoples or conglomerates of

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ethnic groups such as the Kalina and Arawak (Lokono) and their allies. Traditionally they included raids on each other’s villages and naval battles between fleets of canoes. In the 1530s Baucunar, a ‘big man’ of the Carinepagoto, successfully forged a possibly multiethnic military alliance encompassing a number of village chiefs of Trinidad and the Paria Peninsula to oppose a Spanish expeditionary force which, aided by Arawak from Trinidad’s south coast, was attempting to settle in the northwestern portion of the island. In spite of the lasting hostilities among Trinidad’s Amerindian peoples, the exchange of highly valued ceremonial objects next to that of common trade wares continued uninterruptedly. These exchange items were highly valued due to their exotic origins and often strong symbolic associations. Trinidad can be characterized as an intermediary in the complicated system of exchange between the South American mainland and the Antilles, actually functioning as a kind of hub between both areas. Due to the settlement of the Spanish in the pearl islands, the traditional communication networks were rapidly reorientated towards the European settlements as the iron tools which could be obtained there were very much in demand among the Amerindians. Nevertheless, throughout contact times three major categories of ‘primitive valuables’ found their way from the Orinoco Valley and the coastal zone of the mainland towards the Antilles, i.e. frog-shaped amulets/accoutrements, made of greenish rock materials, often nephrite, reputedly made by the mythological females-without-men, male breast ornaments of a gold-copper alloy

known as guanín, and enormous necklaces consisting of hundreds of small shell beads, on the mainland known as quiripá. During the eighteenth century the latter even developed into a kind of ‘commodity money’, both in Trinidad and on the mainland. Remarkably, the linguistic and ethnic differentiation noted for Trinidad and the Lower Orinoco Valley during the contact period is not reflected in the archaeological record to date. Partly, this may be attributed to the still insufficient level of archaeological investigation on the mainland. However, this does not apply to Trinidad which is so much better known. Indeed, throughout historic times the island exhibits a remarkably uniform Amerindian ceramic tradition, the Mayoid series, characterizing not only the mission sites the Spanish established in the island, but also the kitchen ware they used in their own major settlement, St. Joseph. Trinidad remained a poor outpost of the Spanish empire until late in the eighteenth century and only its northwestern portion could be controlled effectively by the Spanish. The rest of the island was inhabited exclusively by Amerindians and it was not until the 1770s that the indigenous population became smaller that that of the Spanish and mestizo settlers next to black slaves. Because of this ‘frontier’ situation, in the 1680s the Spanish decided to establish missions so as to christianize the Indians, acculturate them to the Spanish way of life and in this way pacify them. The historic sources suggest that both the few existing encomiendas as well as the missions were inhabited predominantly by Nepoio and Arawak Indians and clearly the Mayoid earthenware

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 students of prehistoric interaction patterns as it

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is characteristic of the pottery repertoire of these peoples. In addition, it is evidently typical also of those parts of the island which were not inhabited by either of these groups, notably the Toco area of the northeast. Consequently, it would appear that the different ethnic and linguistic groups inhabiting Trinidad at the time of the European discovery shared one and the same tradition of pottery making.
CONCLUSIONS

Broodbank’s (2000) conclusion that the unitary island is by no means the ideal spatial unit for archaeological reconstruction. Another methodological lesson can be drawn from the apparent uniformity shown by the protohistoric pottery tradition dominating Amerindian Trinidad notwithstanding the ethnic and linguistic fragmentation of the island in contact times, attested by the contemporaneous documentary sources. A similar pattern can be taken to be characteristic of the South American mainland. No doubt this situation underlines the anthropological truism, which is nevertheless often ignored, that archaeologically established cultural traditions, which are generally based on distinctive styles of pottery manufacture, need not to be identical with ethnic and/or linguistic units.
ACKNOWLEDGEMENTS

The available archaeological and ethnohistorical evidence suggests that Trinidad formed part of a wide-reaching network of interaction, communication, war and exchange encompassing parts of the South American continent, Tobago and the southern portion of the Windward Islands. The island was a major node in this system as it apparently acted as the intermediary between the islands and the mainland. Interaction typically took place by watercraft, skirting Trinidad’s littoral. Clearly, intra-island interaction was obstructed by the Northern Range, as a result of which the north coast formed a sphere of interaction, to a certain extent different from Central and South Trinidad. The latter region was clearly focused on the Orinoco Valley and Delta, the west coast of the Gulf of Paria and the Guiana coastal area. In contrast, the northern littoral of the island concentrated on interaction with the coastal zone of Paria, Tobago and the Lesser Antilles. Trinidad’s system of regional communication and exchange is of methodological interest to

This paper forms the outcome of research conducted at the Peabody Museum of Natural History, Yale University, New Haven, Conn., and funded by the Department of Anthropology of this same university, in April 2005. The author is indebted to Professor Irving B. Rouse, Professor Frank Hole, Professor Richard L. Burger, Dr. Roger H. Colten, Mrs. Birgit Faber Morse, and Miss Maureen P. DaRos, all of the Peabody Museum, for facilitating and assisting his study of the archaeological collections from Trinidad curated at this museum. Thanks are due also to Alistair J. Bright, Peter O’Brien

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Harris, and Alice V.M. Samson who critically read the first draft of this paper and suggested several improvements of the text.
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This paper is dedicated to the late Irving Benjamin Rouse, in life Charles J. MacCurdy Professor of Anthropology and Curator at the Peabody Museum of Natural History, Yale University, New Haven, Conn., who established the first relative chronology and prehistoric cultural classification of Trinidad following archaeological excavations on the island in 1946 and 1953. The archaeological finds from Trinidad curated in the Peabody Museum as the result of Rouse’s investigations in the island form the most complete and varied collection of pre-Columbian remains from Trinidad anywhere in the world. They are a lasting legacy of by far the most important scholar of Caribbean archaeology of the twentieth century.

Antropologando Enero-Junio 2006 Año 5, Nº 15: 181-211
LOS ENTERRAMIENTOS COMO FORMAS DE INTERPRETAR EL PASADO: UN ESTUDIO COMPARATIVO DE DOS PATRONES FUNERARIOS DE LA REGIÓN SICARIGUA-LOS ARANGUES.1

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LOS PATRONES FUNERARIOS EN EL NOROCCIDENTE VENEZOLANO Y LAS ANTILLAS HOLANDESAS

Los estudios de enterramientos en el Estado Lara datan prácticamente desde los comienzos de los trabajos arqueológicos en la región. Pero desafortunadamente, las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento dan cuenta mayormente de prácticas funerarias tempranas, dejando una gran brecha para el conocimiento de las sociedades más tardías de la región, como la Macrotradición Dabajuroide. Tanto en el Estado Lara como en el resto del noroccidente venezolano y las Antillas Holandesas (Falcón, Trujillo, Zulia, Aruba y Curaçao), los patrones funerarios tardíos reportados hasta ahora son enterramientos mucho más sencillos que los tempranos. En su mayoría son entierros secundarios indirectos en urnas funerarias de cerámica, ubicados en sitios de habitación, con poca presencia de elementos asociados votivos muy elaborados. Se diferencian así de los enterramientos tempranos (como Cementerio Cerro Manzano, Cementerio Camay y el Cementerio del Boulevard de Quibor, entre otros), mayoritariamente primarios, directos, situados en cementerios con objetos votivos muy opulentos (Kidder II 1944; Nomland 1935; Osgood y Howard 1943; Cruxent y Rouse 1958; Sanoja y Vargas 1967 y Oliver 1989).

Claudia Tommasino Suárez Universidad Central de Venezuela
RESUMEN Los estudios de enterramientos en la arqueología se han orientado casi exclusivamente a la idea de la lectura del rol o la persona social a partir del tratamiento mortuorio. El noroccidente venezolano no ha sido una excepción, lo que aunado a otros problemas de orden científico, ha producido una subordinación de estas prácticas como formas de aprehender las dinámicas socioculturales de los grupos pasados. En este sentido, una muestra pequeña perteneciente a dos sitios de la región Sicarigua – Los Arangues (estado Lara), que no cumple los requisitos de un estudio procesual, nos empujó a buscar respuestas en las teorías postprocesuales. Aplicamos así un marco conceptual y metodológico enfocado hacia las nociones del contexto y el simbolismo aplicadas a las prácticas funerarias, que permitieron analizar y comparar los datos arqueológicos, antropofísicos y analógicos de los enterramientos de cada sitio, interpretando aspectos socioculturales de los grupos pertenecientes a la Macrotradición Dabajuroide, y proponiendo un panorama reconstructivo, tanto diacrónico como sincrónico, de los habitantes de la región entre el 1.000 y el 1.500 d.C. Palabras claves: noroccidente venezolano, patrones funerarios, contexto, arqueología interpretativa.

Este trabajo es una síntesis del trabajo final para obtener el título de Antropólogo realizado por el autor en la Escuela de Antropología de la UCV, denominado “Las Prácticas Funerarias: Aproximación contextual, interpretativa y simbólica al estudio de los enterramientos humanos de los sitios La Sabana y Hato Viejo, Región Sicarigua-Los Arangues, Edo. Lara, Venezuela”. klau17@gmail.com

1

OBJETIVO DEL ESTUDIO ENMARCADO DENTRO DE UN PROYECTO REGIONAL

La región Sicarigua – Los Arangues (mapa 2), zona de transición entre el pie de monte andino, las llanuras orientales de la

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acentúa en Los Arangues y se atenúa ligeramente en Sicarigua (Vila 1966). Desde hace dos décadas, en la zona se lleva a cabo el Proyecto de Investigación Arqueológica Sicarigua – Los Aragues que procura el establecimiento de la secuencia ocupacional de la región que de cuenta de la existencia de sociedades cacicales en la zona. A partir de una serie de investigaciones adscritas al proyecto, se ha propuesto una cronología tentativa para el área que comprende: del 200 a.C. al 200 d.C., estilos cerámicos tempranos, relacionados con Betijoque y La Pitía; del 200 d.C. al 1000 d.C., estilo San Pablo y Fase Boulevard; y del 1000 d.C. al 1500 d.C., estilos cerámicos tardíos, relacionados con la Fase Mirinday y la Macrotradición Dabajuroide. Como consecuencia de diversas excavaciones, en la región fueron encontrados enterramientos que datan del 1000 d.C. al 1500 d.C., asociados con sitios de habitación o a posibles construcciones artificiales de probable uso agrícola, entre los cuales están los entierros de La Sabana en Sicarigua y Hato Viejo en Los Arangues
Mapa 1: Mapa de ubicación de la región Sicarigua – Los Arangues.

(Molina 2002). Inscritos entonces dentro de este proyecto regional, realizamos un estudio comparativo de los enterramientos hallados en La Sabana y Hato Viejo con la finalidad de interpretar las diferencias y similitudes que se observan entre estas dos prácticas funerarias halladas en sitios aparentemente contemporáneos y cercanos.

Depresión de Maracaibo y la cordillera de la costa, presenta condiciones climáticas y geográficas sumamente alternantes, demostrándose diferencias bruscas de vegetación y clima incluso entre zonas distantes a poco menos de 10 km. (mapa 1). En la actualidad se aprecia una escasez de recursos naturales (especialmente de vegetación) en ambas haciendas, escasez que se

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orientados hacia el materialismo histórico, con bases en los lineamientos marxistas del funcionamiento de la sociedad. Llevando a cabo un análisis detallado de los estudios precedentes de enterramientos en el noroccidente venezolano y las Antilla Holandesas que emplean este marco teórico, detectamos una serie de problemas, tanto metodológicos como investigativos y teóricos. Entre algunas de estas faltas tenemos: la separación entre Arqueología
Los Arangues Sicarigua

y

Antropología

Física,

la

constante

descontextualización de los datos, la subordinación del potencial de los enterramientos, el desconocimiento y la omisión de los logros de trabajos anteriores y la dominación de visiones arqueológicas conservadoras. Teniendo en cuenta estos asuntos, deseamos realizar un análisis que aportase datos descriptivos e interpretativos a escala particular, local y regional, que tomase en cuentan estudios anteriores y que diera cuenta de datos antes subordinados. Además del deseo de intentar solventar los asuntos antes

Mapa 2: Mapa de ubicación de la región Sicarigua – Los Arangues.

mencionados, otro punto discordante de nuestro estudio con la visión materialista-histórica se orientaba hacia problema de la muestra. El empleo de ese marco conceptual exige, el estudio de una muestra numerosa que permita de forma clara apreciar diferencias entre individuos. Por lo tanto, teniendo en cuenta los problemas de los estudios precedentes y nuestra muestra compuesta únicamente por 11 individuos, comprendimos que no era acertado emplear teorías que se basasen en los enterramientos como forma de aprehender la diferenciación social. En cambio, nuestro trabajo presentaba un gran

NUEVAS VISIONES TEÓRICO-ARQUEOLÓGICAS DE LOS PATRONES FUNERARIOS Para el estudio de los enterramientos en el Estado Lara, la teoría más empleada es la que se refiere al tratamiento diferenciado de los muertos, suponiendo la existencia de diferencias sociales y de jerarquías adscritas a ciertos individuos. Se plantea así la importancia del estudio de cementerios para conocer las estructuras sociales de los pueblos en cuestión, aplicando planteamientos

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potencial para la interpretación de la función de las prácticas funerarias como rituales simbólicos, como maneras de hacer las cosas, como parte de la estrategia social de los individuos que conforman un grupo. Ante esto, comenzaron a emerger inquietudes por el empleo de las variables antropofísicas en la investigación como factor importante para alcanzar un entendimiento holístico de las diferencias y similitudes, por el apoyo de datos etnohistóricos que dieran cuenta del contexto histórico que vivían los grupos pretéritos, por un análisis metodológico que lograse incorporar todos los datos, y por un cuerpo teórico que nos permitiese obtener el mayor provecho posible de todas estas variables. Se plantea, entonces, llevar a cabo una investigación de tipo contextual (lo que está íntimamente relacionado con la naturaleza comparativa del trabajo), que implicaba englobar varias visiones teóricas, reunidas bajo una mirada unificadora, empleando para ello los datos obtenidos a partir de diversos análisis (arqueológicos, etnohistóricos, botánicos y etnográficos). Con este objetivo tan particular, el esquema del trabajo se inclinó hacia las nuevas tendencias arqueológicas que se basan en la interdisciplinariedad, la interpretación y el contexto. Comenzamos a buscar apoyo en las nuevas propuestas arqueológicas derivadas del llamado “postprocesualismo”. Entre ellas está, o están, las Arqueologías Interpretativas, las cuales con diversas visiones del mundo, procuran tomar en cuenta aspectos más orientados hacia el individuo y las particularidades de cada sociedad o cultura,

valiéndose del recurso de la interpretación (del arqueólogo, del autor y hasta del lector) para producir nuevos acercamientos al estudio de las sociedades pretéritas, criticando la justificación de la interpretación únicamente en el plano de lo individual, la extensión del sujeto a otras sociedades, y la construcción del entendimiento de lo social desde lo individual (Criado Boado 2001). Influenciadas en gran medida por la Antropología Simbólica, la Interpretativa, la Estructural, la Marxista, la Sociología, e incluso las nuevas visiones de etnografía (Earle y Preucel 1987; Carman 1998), estas arqueologías afirman que nuestra disciplina es un ejercicio interpretativo, siempre intervenido por llamado background del autor, dentro de la cual el concepto de agency o el papel del individuo con potestad para tomar dediciones que afectan el orden social, debe ser tan importante como la misma estructura (Shanks y Hodder 1998). Este hecho implica inevitablemente la necesidad de la inclusión del componente simbólico en la interpretación del pasado, donde todas las acciones individuales, así como las estructuras, están integradas por elementos de orden inmaterial, requiriéndose entonces la unificación de lo ideacional y lo material, de la Historia, la Antropología y la Arqueología (Shanks y Hodder 1998). Teniendo en cuenta todo lo expuesto anteriormente es importante resaltar que con esta gran diversidad de tendencias se hace imperativo al momento de estudiar los patrones funerarios o cualquier otro aspecto de la dinámica sociocultural, aclarar los modelos explicativos que van a emplearse para la interpretación y el

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 estudios estilísticos, identitarios, ideológicos,

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por qué de su escogencia; asirse de toda la información sobre el grupo que se pueda obtener, buscando establecer relaciones entre las esferas sociales, culturales y simbólicas; y justificar la aplicación de analogías. Todo esto debe realizarse para evitar la interpretación subjetiva y arbitraria, así como la radicalización de los enfoques teóricos (Hodder 1987b; 1994; Wylie 1985). Uno de los aspectos que puede adscribirse a los nuevos enfoques interpretativos es el de los estudios de las formas de enterramiento. En este sentido, estas investigaciones están íntimamente influenciadas por las teorías e hipótesis planteadas por Saxe, Tainter, Binford y Brown, entre otros, las cuales suponen que la diferenciación social sigue un patrón, y sus características están ligadas a otros aspectos del sistema sociocultural; que la disparidad en el tratamiento mortuorio de un individuo es consistente con su posición social en vida; y que la complejidad de las diferencias en los sistemas mortuorios, aumentará con la complejización de la sociedad (O’Shea 1984). Las arqueologías interpretativas no descartan estos supuestos, sino que plantean una ampliación de los aspectos socio-culturales aprehensibles mediante el estudio de las formas de enterramientos. Estas tendencias claman por nuevos enfoques que incluyan factores como las ideas sobre la muerte dentro del grupo, la ideología, las relaciones de poder, los sistemas de creencias, la maleabilidad de las estructuras sociales, el ritual y el contexto en los análisis, sin arrojarse directamente a una explicación por medio del rol o la complejidad social. Integran, así, enfoques de

territoriales y simbólicos, descartados por las visiones arqueológicas sistémicas (Hodder 1982; Charles 1995). En este sentido, una de las nuevas formas de interpretar las prácticas funerarias es la idea de que son estilos. Empleamos este término conscientes de los problemas teórico-metodológicos que lo han circundado desde los inicios de su uso en la Arqueología. La mayoría de los arqueólogos interpretativos se han visto influenciados sobretodo por las ideas de Wobst y el estilo como comunicación no verbal de límites identitarios (Conkey 1990), por el debate establecido por Sackett y Wiessner sobre la dicotomía entre rol pasivo y/o activo del estilo (Conkey 1990; Wiessner 1990; Sackett 1990), y por el llamado a la inclusión de la noción de habitus de Bourdieu en la definición de estilo (Shennan 1989). Están a favor, entonces, de llegar a análisis que mantengan como complementarias las visiones de los estilos como entes activos y pasivos en la sociedad, como parte de la estructura y de la agency (Hodder 1987ª; Jones 1998), abogando por la necesidad de comprender que estilo es un fenómeno que cubre todos los aspectos de la vida del hombre, y toda la variación de la cultura material en general (Sackett 1990; Hodder 1985, 1990). Es por esta posición que nos sentimos confiados al apoyar la idea de la relación entre estilo e identidad grupal. En este sentido, Navarrete (1990) delinea una diferencia entre etnicidad e identidad, donde a nivel étnico se asumen de forma no reflexiva las diferencias entre

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ciertos grupos y otros, las formas de hacer las cosas y la dinámica social, mientras que la identidad implica un proceso reflexivo, donde los individuos conscientemente emplean elementos con carga identitaria para poder establecer diferencias entre el nosotros/otros. Haciendo uso de tal diferenciación, encontramos que la función identitaria del estilo puede residir tanto en el plano consciente como en el inconsciente, siendo la identidad social una cualidad que los individuos utilizan de manera flexible para establecer, eliminar, recortar o ampliar límites sociales, valiéndose en muchas ocasiones de la cultura material para lograrlo (Goodby 1998, Wiessner 1989; Hodder 1978). Ya en un plano menos teórico, las visiones interpretativas de las que nos valemos han sido criticadas principalmente por su falta de metodología confiable, que dé fuerza y objetividad a las interpretaciones del autor. En este sentido, Hodder (1987b; 1994) busca solucionar el problema planteando la Arqueología contextual, influenciada ampliamente por la Arqueología Espacial de Clarke (1971). Hodder (1994) afirma que un enfoque contextual será aquel que trate de relacionar todos los factores que influyen en el registro arqueológico, tanto los físicos (incluyendo los procesos postdeposicionales), como los simbólicos. Este esfuerzo tiene como finalidad la posibilidad de interpretar los tres significados incluidos en la cultura material: el estructural, el de la agency y el simbólico (Hodder 1987b). El arqueólogo hará uso de su teoría o de su modelo explicativo para establecer relaciones entre contextos, analizando las

similitudes y diferencias que surjan (Hodder 1994). Si las semejanzas y discrepancias se articulan fácilmente con la teoría y con los datos de otras índoles (p. ej. datos etnohistóricos), la interpretación tendrá, por lo tanto, una base firme. Esta idea del análisis contextual se relaciona estrechamente con el estudio de los enterramientos desde la perspectiva de O’Shea (1984), quien asegura que toda investigación sobre los estilos (o formas) de enterramiento se debe llevar mediante a cabo mediante el establecimiento de patrones. Identificándose entonces que los enterramientos son contextos donde se presentan similitudes y diferencias (es decir, patrones), se enlaza a su estudio las ideas básicas de la noción de contexto según Hodder (1994): la necesidad de tomar en cuenta los significados y los símbolos, la importancia de reconocer la influencia del contexto del intérprete en las interpretaciones arqueológicas, la eliminación de las dicotomías estructura-agency, el estudio de patrones a través de análisis comparativos, el establecimiento de la relación entre el modelo físico y el textual, la determinación de la cultura material como activa en la formación del registro arqueológico, y la comprensión holística de los fenómenos del pasado mediante los análisis de los contextos arqueológicos, históricos y etnográficos, a través del uso de las analogías. Sin embargo, los enterramientos no son solo patrones, son rituales llenos de simbolismos y significados, cuyo valor incrementa pues abarca lo identitario, lo simbólico, lo social, lo individual y lo

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cultural (Augé 1996). Según Augé (1996), su estudio parte de la observación del estilo y de las singularidades de cada práctica ritual (igual a como se hace de una práctica secular) pero siempre con la finalidad de aprehender su trasfondo, sin perder de vista que siempre desemboca en la pertenencia a un grupo o subgrupo. Una teoría antropológica que le da un carácter primordial a los estudios sobre el simbolismo en el establecimiento de identidades, sobre todo en situaciones de cambio social como la aculturación, es la de la competición simbólica de Schwimmer (1972). Según este supuesto el mantenimiento de la identidad y el rechazo a la aculturación, especialmente en aquellos casos donde no existe una distribución equitativa de las ganancias, se da a través de la oposición o competición simbólica o ritual (Schwimmer 1972). En este sentido, la idea de habitus se entrelaza con el de la competición simbólica. En principio la oposición es una decisión de los individuos por mantener sus fronteras mediante lo simbólico, sea cambiándolo o conservándolo. Esta decisión entra luego en el plano de las estructuras, para conformarse como una práctica o un significado plenamente identificatorio y distintivo. Es importante destacar, sin embargo, que la competición simbólica no excluye la posibilidad de la creación de puentes entre ambos grupos, específicamente en aquellos aspectos donde el intercambio sea favorable para ambos (Schwimmer 1972). El papel desempeñado por la cultura material en estos procesos simbólicos es recíproca, de la misma manera como lo es la de

estructura y agency: la adjudicación de un significado, la creación de un símbolo y su interpretación es un acto social, acto que puede tener repercusiones importantes en las estructuras (Hodder 1985; 1989). Así, los enterramientos forman parte de la tradición, de la costumbre de cada grupo, pero al mismo tiempo son llevados a cabo reflexivamente, acto en el cual los símbolos pueden ser racionalizados, conscientemente mantenidos o conscientemente transformados (Thomas 1983).
DATOS CONTEXTUALES DE LOS PATRONES FUNERARIOS DE LA SABANA Y HATO VIEJO

Con este marco conceptual en mente, llevamos a cabo los análisis antropofísicos, arqueológicos y etnohistóricos de la muestra, así como otros de menor envergadura (como el estudio paleobotánico y el etnográfico), que permitieron obtener una serie de datos que al ser integrados contextualmente, dieron paso a una interpretación de las prácticas funerarias de ambos sitios, local y regionalmente. Desde el punto de vista antropofísico, los enterramientos fueron analizados mediante diversas metodologías, dependiendo de la información que se deseaba obtener. Principalmente nos centramos en el establecimiento de la edad, el sexo y la causa de la muerte de los individuos en los cuales fuese posible realizar el estudio con cierto grado de certeza. Para La Sabana fueron analizados 6 enterramientos: el primero es un enterramiento primario, directo, de un infante de sexo

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indeterminado, asociado con un brazalete votivo y un fogón funerario (foto 1). 4 de los 6 enterramientos eran secundarios, indirectos, colocados en urnas funerarias de cerámica de uso cotidiano, de individuos adulto-jóvenes o infantes, masculinos (en los casos en que fue posible realizar la determinación del sexo) sin objetos asociados votivos y con rastros de carbón y pigmento rojo sobre las osamentas (foto 2). El último enterramiento se trataba de uno secundario parcial del cráneo de un individuo adulto, en una urna decorada ritual con rastros de pigmento rojo y evidencias de muerte brusca (foto 3). En Los Arangues, fueron estudiados 5 enterramientos. Tres de ellos correspondían a enterramientos primarios directos delimitados por estructuras de piedras, de individuos adultos o adulto-jóvenes, entre los cuales se encuentra un individuo de sexo femenino, único que no presentó objetos asociados votivos (foto 4). Los dos enterramientos restantes eran secundarios directos, de individuos infantes o neonatos, uno de los cuales presentó objetos asociados votivos. Cabe destacar que el individuo femenino primario conformaba un enterramiento múltiple con el individuo neonato secundario directo (foto 5). El análisis comparativo de estos enterramientos con las prácticas funerarias tempranas del Estado Lara y las tardías para el noroccidente de Venezuela y las Antillas Holandesas, permitió establecer ciertas similitudes y diferencias, pero sin la posibilidad de confirmar la presencia de patrones funerarios con características
Foto 1: Enterramiento primario LT32-E1 hallado en el sitio La Sabana.

idénticas a los de nuestra región. Por este motivo decimos que ambos sitios presentan prácticas con elementos híbridos de diversos patrones de enterramiento: en La Sabana las relaciones se orientan hacia el cementerio temprano de Camay (Estado Lara) y los enterramientos tardíos de Hato Viejo y El Mamón (de Falcón), Bellavista (de Zulia) y Tanki Flip (en Aruba); en Hato Viejo, en cambio, las similitudes se inclinan hacia el cementerio de Las Locas (del Estado Lara), los enterramientos de Mirinday (Estado Trujillo) y

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las prácticas funerarias halladas en los sitios De Savaan y San Hironimo (de Curaçao).

Foto 2: Enterramiento secundario LT32-E2 hallado en el sitio La Sabana.

La cerámica funeraria (votiva o no) y de pozos, asociada a los contextos funerarios, fue descrita a escala de conjunto de atributos y a escala de elementos, motivos y diseños (en el caso de la decoración) para ser analizada con la finalidad de determinar la ubicación temporal, aunque fuese relativa, de ambos sitios. Para esto se trató de adscribir las colecciones a los estilos ya establecidos para la región, permitiéndonos proponer o refutar la contemporaneidad de los sitios. Este análisis, asociado tanto directa como indirectamente con los enterramientos de ambos sitios, arrojó una interesante combinación de estilos, claramente pertenecientes a la Macrotradición dabajuroide establecida por Oliver (1989). En este sentido, ambas muestras cerámicas eran heterogéneas, con elementos de las sub-tradiciones dabajuran, bachaqueroan, tierran y

Foto 3: Enterramiento parcial secundario LT32-E7 hallado en el sitio La Sabana.

mirindayan, lo que no las hacía exactamente iguales. En este sentido, el material de La Sabana mostró mayores semejanzas con el complejo Urumaco de Falcón y las Antillas Holandesas, ubicado temporalmente entre 1100/1200 y el 1400/1440 d.C. (dibujo 1). Para Hato Viejo, la relación se orientó más hacia los estilos Dabajuro y Bachaquero de Falcón y Zulia respectivamente, lo cual lo colocaría temporalmente entre 1100/1200 – 1400/1440 d.C. (por el complejo Dabajuran) y 1300 – 1600 d.C. (por el complejo Bachaqueoran) (dibujo 2). Estas fechas demuestran una relativa contemporaneidad, la cual se ve reiterada en la relación que ambos mantienen con el complejo Mirindayan ubicado temporalmente entre 1100 – 1550 d.C.

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Foto 5: Enterramiento secundario LT5-E2 hallado en el sitio Hato Viejo.

afiladores, perforadores, percutores, pulidores, hachas, puntas,
Foto 4: Enterramiento primario LT5-E1 hallado en el sitio Hato Viejo.

raspadores, metates, manos de moler y manos de mortero. La presencia de estos artefactos fue interpretada como representativa de un sitio de habitación. Para Los Arangues, aun cuando las piezas líticas halladas no pudieron ser analizadas directamente debido a su pérdida, pudo reconocerse la presencia de artefactos de uso cotidiano, a partir de las descripciones del material realizadas por los arqueólogos al momento de las excavaciones. Como se sustentó teóricamente con anterioridad, los datos etnohistóricos fueron empleados como un dato más para la interpretación de nuestros patrones funerarios. En este sentido se emplearon datos de fuentes primarias, principalmente el diario de

Estas relaciones permiten insertar la cerámica de los sitios La Sabana y Hato Viejo con aquella asociada a la esfera de interacción del noroccidente venezolano, esfera dentro de la cual interaccionaban las sociedades que se hallaban hacia la cordillera de Los Andes, en la cordillera de la Costa y en las Antillas Holandesas. El análisis lítico tuvo como finalidad clasificar los artefactos según su posible función, partiendo de su análisis morfológico y dividiéndolos en artefactos de desgaste, corte-percusión, cortedesgaste y desgaste-percusión. El material lítico hallado, permitió la identificación de 47 artefactos, entre los que se encontraban:

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competencia era fuerte, esto no impidió (quizás incluso hasta aceleró) el establecimiento y mantenimiento de relaciones comerciales con grupos cercanos, así se tratase de sus enemigos. Las circunstancias se vieron agravadas más aun con el desplazamiento hacia el territorio de Barquisimeto y Yaracuy de los grupos caquetíos desde los llanos, lo que produjo mayor competencia por los recursos y la necesidad de afianzar los lazos comerciales o las enemistades.

Dibujo 1: Fragmentos de vasija encontrada en el sitio La Sabana

Nikolaus Federmann (1988), y las reconstrucciones y modelos de poblamiento para la región propuestos por Oliver (1989) y Arvelo (1995, s/f). La revisión de los datos etnohistóricos existentes para la región, permitieron interpretar que los habitantes de la zona para el momento de la llegada de los españoles no eran caquetíos arribados a la zona desde los llanos cerca del 1000 d.C., sino que por el contrario eran aquellos habitantes originarios de la región, quienes se vieron afectados por la llegada de este nuevo grupo. En este sentido, aun cuando no podemos afirmar con seguridad de qué grupos se trataba, en la zona se encontraban jirajaras, ayamanes, gayones y xaguas, grupos éstos que se encontraban enemistados entre ellos mismos, en menor o mayor grado. Esta situación se debía en parte a la escasez de recursos naturales en la región (Oliver 1989), y aun cuando la
METODOLOGÍA DEL ANÁLISIS INTERPRETACIONES INTRASITIOS CONTEXTUAL E Dibujo 2: Vasija encontrada en el sitio Hato Viejo

Para realizar el análisis contextual de los enterramientos se estableció una metodología que, influenciada por los trabajos de Klaulicke (1997) y teóricamente relacionada con la arqueología contextual de Hodder (1985), propone el establecimiento de varios niveles de análisis: uno micro, relacionado estrictamente con los

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Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 cual se enterraba secundariamente en viviendas,

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individuos y sus objetos votivos, es decir los enterramientos; uno semi-micro, relacionado con los pozos, los contextos funerarios más amplios e incluso la reconstrucción del sitio, donde se determinan los llamados patrones de enterramiento; y uno macro, perteneciente a un nivel comparativo en el cual se establecen diferencias y similitudes entre las prácticas de ambos sitios, estableciéndose lo que hemos definido como patrones funerarios. Partiendo de estas premisas logramos establecer dos patrones de enterramiento para cada sitio. En La Sabana tenemos un patrón caracterizado por la realización de un enterramiento primario, con fogón funerario, objetos asociados votivos y delimitación de tumbas, seguido por la exhumación colectiva de los individuos, los cuales eran untados con pintura, acompañados por una quema ritual, finalizando en el entierro secundario en una urna de uso cotidiano. El segundo patrón de enterramiento definido fue aquel que luego del enterramiento primario, el individuo era exhumado, su cráneo era separado y enterrado secundariamente en una vasija ritual luego de ser untado con pintura. Este enterramiento secundario parcial se ubicaba retirado de los otros enterramientos. Para Hato Viejo el primero es un patrón de enterramiento primario de adultos en tumbas delimitadas ubicadas en viviendas, con objetos votivos asociados (en el caso de los individuos masculinos) y relacionados a fogones funerarios. El segundo patrón corresponde a un primer enterramiento de un infante o neonato (del cual no poseemos información), seguido por la exhumación del cuerpo, el

conformando enterramientos múltiples, posiblemente con sus familiares. La determinación de estos patrones permitieron interpretar que, en La Sabana no parece existir una relación directa entre patrón de enterramiento y edad, sino que la escogencia de la forma de enterramiento individual podría estar relacionada más bien con la causa de la muerte. Para Hato Viejo, en cambio, sí se puede notar una relación clara entre tipo de enterramiento y edad del individuo, mientras que la presencia de objetos votivos parece vinculada con el sexo del individuo y su capacidad laboral dependiendo de la edad. El análisis micro y semi-micro de los enterramientos y patrones de enterramiento de los sitios La Sabana y Hato Viejo, permitió interpretar la práctica de enterramientos en sitios de habitación, fuese de manera colectiva (en el caso del primer sitio) o familiar (observado en el segundo sitio). Esta relación enterramiento-sitio de habitación sugiere una relación armónica entre lo secular y lo ritual, insinuando una función específica de las prácticas funerarias dentro de la dinámica socio-cultural de los grupos que las emplearon. Además de esta relación secular-ritual, se notó la falta de distinción marcada entre individuos, donde las diferencias en los estilos funerarios se deben a variables como la edad y la capacidad laboral, más que a la persona o el rol social. De esta forma, a pesar de la importancia de la individualización, el grupo se encuentra representado con fuerza en las prácticas funerarias, interpretándose

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con esto una relativa flexibilidad de las prácticas funerarias, donde tanto los individuos como las estructuras sociales, intervienen en las decisiones grupales sobre las formas de enterrar a sus muertos.

los cambios observados entre los enterramientos tempranos y los tardíos de la región noroccidental de Venezuela y las Antillas Holandesas;


PANORAMA RECONSTRUCTIVO INTERSITIOS E INTERPRETACIONES

la existencia de una red de intercambio cultural o esfera de interacción que abarcaba todo el noroccidente venezolano (Arvelo y Wagner 1984); y

Gracias a las interpretaciones realizadas anteriormente, pudimos establecer un panorama reconstructivo sobre la situación regional que se presentaba en la región entre el 1000 y el 1500 d.C. Entre las características más importantes tomadas en cuenta para esta reconstrucción encontramos: • las estas características socio-culturales de los grupos de La Sabana y Hato Viejo interpretadas a partir de los patrones funerarios, a nivel micro, semi-micro y macro; • las evidencias etnohistóricas y las reconstrucciones de modelos de poblamiento de la región Sicarigua - Los Arangues y el noroccidente venezolano; • la presencia de cerámica y patrones funerarios heterogéneos e independientes donde se reflejan similitudes y diferencias con elementos de estilos cerámicos y formas de enterramiento de Zulia, Trujillo, Falcón y Las Antillas Holandesas; • la presencia de bienes exóticos no locales empleados como objetos votivos en los enterramientos;

los datos tomados de investigaciones anteriores sobre patrones funerarios o grupos caquetíos del noroccidente venezolano.

Tomando en cuenta todos estas características y situaciones, pudimos interpretar que los grupos que habitaron La Sabana y Hato Viejo en el período comprendido entre el 1000 y el 1500 d.C. pertenecieron a la esfera de interacción de la Macrotradición dabajuroide, pero manteniendo cierto grado de independencia. Nuestro panorama reconstructivo permitió así el planteamiento de una situación de cambio y arraigo simultáneamente. Los grupos que estudiamos pertenecieron a la esfera de interacción de la Macrotradición tocuyanoide, empleando prácticas funerarias complejas en cementerios donde se reflejaba una alta diferenciación social. Alrededor del 850 – 1000 d.C. los caquetíos arriban a la zona desde los Llanos, produciéndose encuentros bélicos entre estos nuevos grupos y aquellos originarios de la región. Estos enfrentamientos y enemistades que cumplían la función de defensa territorial, obtención de los recursos naturales y continuidad

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social, implicaron el establecimiento de una competición simbólica entre los grupos recién llegados y originarios como forma de afianzar la pertenencia al grupo. Consecuentemente, las prácticas funerarias, por su alto valor simbólico, se convirtieron en una herramienta fundamental en esta lucha simbólico-grupal, resultando en prácticas que otorgaban mayor importancia al grupo que al individuo. Esto, sin embargo, no impidió su adscripción al nuevo modelo socioeconómico y a la esfera de interacción Macrodabajuroide, pero siempre manteniendo la independencia grupal (reflejada en la heterogeneidad y unicidad de la cerámica), estableciendo así una delimitación clara entre nosotros y otros. Con todo esto, interpretamos que las variaciones sincrónicas y diacrónicas de estilos cerámicos y prácticas funerarias se emplearon activamente (difícilmente se podría establecer si fueron decisiones conscientes o inconscientes) por los individuos y por la colectividad para adecuarse a situaciones de cambio regional y amenazas externas económicas y socio-culturales, con el fin de mantener la cohesión grupal, afianzar la identidad y procurar la continuidad del grupo.
CONCLUSIONES

de solventar empleando la mayor cantidad de datos posibles y asiéndonos de un cuerpo teórico holístico pero coherente. Sin embargo, a pesar de estos problemas, creemos nuestra investigación permite demostrar la importancia de los estudios de enterramientos tardíos de la región, del trabajo conjunto entre Arqueología, Antropología Física, Etnohistoria y Etnografía, a través de visiones contextuales, y de la necesidad de romper con las visiones conservadoras que han dominado los estudios de las prácticas funerarias en Venezuela.
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Estamos conscientes de la existencia de ciertos problemas en nuestra investigación, sobre todo relacionados con algunas lagunas interpretativas, y con la necesidad de trabajos de mayor intensidad en los planos diacrónicos y sincrónicos. Estos asuntos han sido tratados

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CONSTRUCCIÓN DEL PASADO INDÍGENA A TRAVÉS DE TEXTOS DE HISTORIA OFICIAL

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una revuelta popular tan temida por la oligarquía criolla, debido a la posibilidad de que se exacerbasen los conflictos sociales latentes desde la sociedad colonial producto de los diferentes intereses de los grupos que la integraban: los mantuanos a un mayor poder y jerarquía social, los esclavos su libertad y los pardos y negros libres la igualdad con respecto a los negros criollos. El temor a una guerra de castas que haría que el país se levantase en armas, después del turbulento periodo de guerras para obtener la independencia de España al no ver satisfechas las aspiraciones de igualdad y libertad por los sectores populares, se constituyó como el como el perfecto pretexto para promover el cambio de actitud hacia Páez, que fue exonerado del juicio que se tenía en su contra para que garantizara la paz social. Así, Páez y la oligarquía criolla se enfrentaron con la tarea de reorganizar la República desde el punto de vista institucional y económico. Sin embargo, más allá de estos dos factores lo que nutria esta motivación era la creación del sentimiento nacional en un país con un pasado colonial que contrastaba fuertemente con el ideal republicano y un presente de incertidumbres y conflictos, en el que la única alternativa era el de mirar al pasado aborigen cuyas costumbres no se encontraran contaminadas por el contacto europeo (Vargas Arenas, 1998: 79). Paradójicamente, en el gobierno de Páez se promulga un decreto de reparto de las tierras comunales que los indígenas tienen asignadas bajo la figura de resguardos lo que significaba su exclusión geográfica.

Sigrid R. Curtis Guzmán1 Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas
RESUMEN Al disolverse la Gran Colombia, Venezuela se encontraba en un periodo crítico desde el punto de vista económico y social. Más grave aún, la elite criolla temía el estallido de una revuelta popular al no ver, la gente, satisfechas sus aspiraciones sociales. Por tal razón, fue necesaria la construcción de una historia oficial que creara un ideal de estado-nación unificado a través de un pasado que no se vinculara con la Monarquía Española y, que justificase la ruptura con la Gran Colombia. En este sentido el pasado indígena venezolano se presentaba sin la influencia de los eventos anteriormente señalados. Este artículo explora los motivos que impulsaron la necesidad de la construcción de una historia oficial y, cómo fue representado el indígena en ésta en diferentes periodos temporales. Para lograr esto se tratarán los textos de Rafael María Baralt y Ramón Díaz (1983 [1841]) y José Gil Fortoul (1953-1954 [1909]) para la segunda mitad del siglo XIX; y Guillermo Morón (1971) y José Luís Salcedo Bastardo (1970) en la primera mitad del siglo XX. Palabras clave: Gran Colombia, historia oficial, indígenas, construcción ideológica. INTRODUCCION

En 1830, se produce la disgregación de lo que hoy conocemos como Venezuela de la Gran Colombia. Esto fue producto del descontento del mantuanaje, ya que este no se sentía bien representado por el gobierno de Bogotá, que poseía una mala administración que perjudicaba a Venezuela en el aspecto económico y social. Tal situación conduciría irremediablemente a
Aspirante al título de Master en Antropología. Centro de Antropología. Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. scurtis@ivic.ve
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Situados en este contexto social y temporal es donde comenzaremos a deslindar nuestro objeto de investigación, que se refiere a la construcción del pasado indígena a través de los textos de historia oficial. Esto en primer lugar justificado en el hecho de que la primera historiografía oficial de Venezuela surge en éste periodo de 1830 y se pensó que este era el momento propicio para buscar una causa que justificara el rompimiento con la Monarquía Española, y el pasado indígena es un factor utilizado ideológicamente para este propósito a través de los textos oficiales. Para la localización de estas construcciones ideológicas nos remitiremos a dos autores de la segunda mitad del siglo XIX, que son Rafael María Baralt y Ramón Díaz (1983 [1841]) y José Gil Fortoul (1953-1954 [1909]) y dos de la primera mitad del siglo XX; Guillermo Morón (1971) y Salcedo Bastardo (1970). Esta selección esta se justifica en el hecho de ser Baralt el primer productor de historia oficial, Gil Fortuol el precursor de la historia positivista, Salcedo Bastardo en busca de un nuevo abordaje historiográfico y Morón como representante de la historiografía contemporánea.
PERSPECTIVA TEORICA

Para alcanzar esta visión crítica, se utilizarán las ideas desarrolladas por la Escuela de Annales (Braudel, Le Goff, Duby), que abogaban por el estudio y la observación de la sociedad en profundidad, abordando los temas abandonados por la historia de los grandes acontecimientos, incluyendo también a los grupos que no pertenecían al ámbito de las elites gubernamentales y, así lograr, de esta manera, “una concepción multidimensional de la realidad social” (Burquière, 1990: 43). Por tal razón, nos vemos en la necesidad de analizar los cambios sociales en el siglo XX retornando a las sociedades pretéritas para allí buscar las raíces de los fenómenos actuales. En este punto la antropología se nos vislumbra como fundamental en este nuevo enfoque, ya que “... el antropólogo [que estudia] tanto sociedades contemporáneas como del pasado, esta orientado principalmente a definir los niveles estructurales que sustentan la vida cotidiana de los individuos de un grupo social especifico, identificar las formas de reproducción de la vida social y rastrear los flujos de producción cultural y su utilización diferenciada en sociedades estratificadas”. Es así, como es posible realizar una “antropología histórica” para la búsqueda de los datos, así como modelos explicativos para la interpretación de los mismos, surgidos en el estudio de las sociedades en el presente (Amodio, 1998: 5). Para explicar esta metodología que conjuga la antropología con la historia es necesario conocer bajo que condiciones surge. El hombre esta ávido de reconstruir los eventos pasados para justificarse en el presente, pero este pasado nunca ha estado exento de manejos, las

Este estudio, perteneciente al ámbito historiográfico, es analizado a la luz de nuevas perspectivas teórico-metodológicas generadas a partir de la actual revisión de quehacer historiográfico, que no oculta los hechos, sino que intenta mostrarlos liberados de manejos ideológicos del pasado, ya que es desde el presente donde el pasado se crea, se construye y se interpreta.

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ideologías dominantes necesitan de alguna forma justificarse en el poder, y esto se da a través de 1) personajes históricos creados con el fin de que sus cualidades sean emuladas por la sociedad, y 2) de la religión que deba dar respuesta del destino del hombre y de su condición humana, además de justificar la presencia del paso de una dinastía a otra y a través de la creación de genealogías. Cuando estos dos elementos se conjugan la historia se trastoca, ya que lo que no se posee se inventa, es un intento desesperado de legitimación ante las masas. Es desde esta mirada de la antropología histórica, que se orientará la atención más hacia las practicas repetidas y actitudes compartidas que hacia a los grandes acontecimientos que marcan el cambio, donde nos acercaremos a la realidad que unifica y distingue a una sociedad de otra.
PERSPECTIVA METODOLOGICA

permite inferir acerca de las motivaciones de los contenidos que estos portan y de la “primacía” del texto escrito sobre la historia oral. Según Jean Chesnaux el discurso del historiador esta fundado sobre la base de falsas evidencias (hecho histórico, fuentes y trabajos, diacronia-sincronia, periodificación, cuantificación), que pueden definir ciertos caracteres inherentes al discurso del historiador perteneciente a la ideología capitalista, cuyo referido discurso es su reflejo y sostén (Chesnaux 1977: 80). Lo anteriormente descrito se ejemplifica en un circulo de historiadores que producen un instrumento de adoctrinamiento para las masas, que ostentan el papel de historiadores que crean un saber desligado de las luchas populares y a su vez, un saber circunscrito a su circulo intelectual, todo esto solapado tras una pretensión científica que obvia la dinámica interna del discurso histórico. En cuanto a su supuesta primacía deriva del hecho de la supuesta debilidad de las fuentes orales y la obsesión de los historiadores por los documentos. Gwyn Prins, defensor de la historia oral señala las tres cualidades que no posee la información oral: 1) la precisión formal, 2) el contenido de los documentos ofrece una precisión cronológica, y 3) que los contenidos escritos por sus características de perdurabilidad se apoyan mutuamente. Aunque no es nuestro objetivo trabajar con la historia oral se vera posteriormente su importancia en la construcción de la historia oficial (Prins, 1993:36). Partiendo esto podremos realizar un abordaje con una visión más objetiva que nos permita desentrañar las motivaciones de los historiadores oficiales como hombres insertos en una temporalidad y

En el caso de las investigaciones en el campo de la antropología histórica, ya que no se trabaja con informantes, se debe trabajar con el documento escrito que recrea tanto el contexto histórico-social, como el testimonio de lo que se desea investigar. En este punto es necesario realizar un alto, ya que se debe tomar en cuenta también el contexto histórico-social del productor del documento y su interés por el asunto en cuestión. En el caso que nos ocupa utilizaremos textos historiográficos oficiales para la realización de nuestro trabajo. En cuanto a los productores y producción de textos existe todo un análisis que nos

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una ideología específica, así como del manejo de los contenidos y su posterior utilización.
REVISIÓN CRÍTICA DE TEXTOS

político para situarse es una escala de nuevos valores y sensibilidades (Diccionario de Historia de Venezuela, 1997: 710). Baralt y Díaz (1983 [1841]) tenían la misión de “elaborar una historia de Venezuela en la que se justificara la ruptura de los vínculos con la Monarquía Española y por otra parte la de justificar la ruptura de la Gran Colombia” (Harwich Vallenilla, 1994: 57). Con respecto al primer punto, objeto de nuestra investigación, la historia según este autor comienza con el recuento de todas las diligencias de Colón para poder emprender su empresa de exploración hacia otras latitudes y de los peligros que corrió entre su tripulación y a las condiciones climáticas a las que tuvo que enfrentarse para llevar su viaje a buen termino. Luego, estos viajeros que poseían “gran valentía” y “coraje” tienen el primer encuentro con los indígenas que entre festines y regalos reciben a los visitantes. Los indígenas son descritos como distintos a cualquier raza en el mundo, se contrastó al aborigen con el europeo en cuanto a su modo de vida, hábitos alimenticios, costumbres, vestimenta, tecnología y modos de subsistencia, descripción que se ve matizada por un carácter evolucionista. Para Baralt y Díaz (1983 [1841]) la libertad y la igualdad en que vivían los indígenas hacía innecesarias las instituciones, hasta del tipo religioso, esto traerá, según Baralt y Díaz (1983 [1841]) como consecuencia, la existencia de una sociedad imperfecta para el desarrollo de los individuos, que los haría esclavos de sus deseos y pasiones. “...Este era el caso de las gentes descubiertas; las cuales, así como los bárbaros en todos tiempos y

Nuestros datos etnográficos procedentes de una revisión crítica de los textos antes mencionados poseen como característica principal el hecho de ser producciones de la elite historiadora oficial, creadas por diferentes motivaciones en momentos históricos determinados para servir de apoyo a la ideología dominante. Como mencionamos en la parte introductoria de nuestro análisis la historiografía oficial en Venezuela comienza con la realización del Resumen de la Historia de Venezuela (1983 [1841]) de Rafael María Baralt y Ramón Díaz, luego de que la obra de Don Feliciano Montenegro y Colon fuera rechazada por varios de los próceres que habían participado en la Guerra de Independencia. Páez, según Luís Correa “aportó los documentos de historia antigua hasta los comienzos de la Independencia; Baralt y Díaz (1983 [1841]) redactó la obra valiéndose para su trabajo de los documentos publicados que les facilitaron los generales Briceño Méndez, Urdaneta y Soublette...” (Correa, 1961: 150). La obra de Baralt y Díaz (1983 [1841]) se encuentra enmarcada en lo que hoy en día pudiéramos señalar como historia romántica, la cual esta influida por el romanticismo y las bellas letras, pero también se encontraba marcadamente influida por la formulación del proyecto nacional Venezolano que se venía gestando desde 1810, en el que se exaltaba un concepto de nación que sobrepasaba lo jurídico y

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 países, penetradas del sentimiento de la independencia individual, que excluye toda idea de sujeción y orden. Vida errante, llena de peligros, de imprevisión, de libertad; precisión de un movimiento constante para compensar en cierto modo la quietud del pensamiento, la pobreza de ideas, la ociosidad hija de la ignorancia; tal era el carácter general de aquella asociación...”[…]“...mezcla confusa de brutalidad y egoísmo, tristeza y orgullo del estado salvaje.” (Baralt y Díaz, 1983 [1841]: 20-23).

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como diría Harwich Vallenilla (1994) la leyenda negra y la opresión de los españoles, esta historia creaba lagunas y generaba dudas. Las criticas hacia el régimen colonial, en resumen a pesar de ser adversas muestran una cierta conciliación, en el sentido de que las leyes emanadas por parte de la Corona Española quisieron conjugar un gobierno imparcial y equitativo con la necesidad de un poder enérgico hacia las colonias para protegerlas de las ambiciones de los subalternos y en donde las leyes emanadas para la protección de los pueblos se vieron ignoradas, pero también en ciertos pasajes muestra con indagación los abusos del despotismo que representa España (Mijares, 1961: 318). A finales de siglo XIX y comienzos del XX comienza la entrada del movimiento positivista en la Universidad de Caracas marcado por la entrada al pensamiento del estudiantado venezolano por los postulados de Taine y sus discípulos, que hasta esa fecha eran desconocidos. Para Luís Correa “hay pasión por los hechos; entusiasmo por la fisiología y la historia natural y su aplicación a la interpretación psicológica de los acontecimientos (Correa 1961: 151). El contexto de surgimiento de esta historiografía puede ubicarse relacionarse con el momento de coyuntura política que se viven Venezuela al salir Guzmán Blanco de la Presidencia. Así, Venezuela se transforma en objeto de reflexión desde el punto de vista de las ciencias sociales para derribar el esquema de la historia romanticista y entrar a esta nueva orientación (Diccionario de la Fundación Polar, 1997: 711).

Sin embargo, la idea de mansedumbre que se crearon estos conquistadores se desvaneció después que los indígenas defendieron con valentía su libertad en terribles luchas para luego sucumbir vencidos por la fuerza, pero no sin gloria. Luego de la descripción de los primeros contactos de Colón con los indígenas el autor comienza a describir la fundación de las ciudades en todas las regiones, a la par de la descripción de batallas con un marcado acento épico en donde destaca la valentía de los caciques como Paramaconi, Guaicaipuro, Naiguatá, Terepaima y la reducción de estos pueblos al régimen de encomiendas y misiones, en donde destaca la incapacidad y la crueldad hacia los indígenas por parte del español, por un proceso de conquista y colonización que le llevo casi un siglo para llegar a su culminación. Lo que más nos llama a reflexión es la marcada preferencia de este autor por la creación de relatos de corte militar, hecho que se ve justificado al ser Baralt (1983 [1841]) un militar de carrera. Este libro al momento de su publicación no respondió al objetivo para el que fue creado, ya que no reflejaba de forma convincente,

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A diferencia de Baralt y Díaz (1983 [1841]) que señalan que “los trabajos de la paz no dan materia a la historia; cesa el interés que esta inspira cuando no puede inferir grandes crímenes, sangrientas batallas o calamitosos sucesos” (Harwich Vallenilla, 1994: 119). Gil Fortuol (1953-1954 [1909]) se diferenciará en la búsqueda de otras fuentes y en los trabajos de la paz. Muestra de la nueva propuesta histórica de Gil Fortuol (1953-1954 [1909]) es la de considerar la igualdad de las capacidades de Paramaconi con Garcí-González, ya que ambos posen las mismas capacidades orgánicas, sus métodos de defensa, así como prácticas curativas, ni moralmente era uno mejor que el otro. De esta manera, recomienda estudios más profundos sobre el pasado indígena debido a lo escaso de las fuentes, ya que, lo escrito acerca de la población indígena fue destruido por los españoles o fue realizado es en base a fantasía de los cronistas. También afirmó la imposibilidad de realizar una historia precolombina, ya que, los indígenas han evolucionado y no poseen las mismas características que poseían anteriormente. Con respecto al periodo de conquista y colonización acusó también un gran vacío de documentos lo que ocasionó, según Gil Fortuol (19531954 [1909]) una historia con matices militares para los dos bandos: Españoles y Americanos (1953-1954 [1909]). En lo escrito acerca de la conquista, específicamente en lo referido a los indígenas se ven grandes saltos, ya que comienza con una referencia de Fray Bartolomé de las Casas acerca de las impresiones de Colon hacia los aborígenes que poblaban América y el mito del Dorado (1953-1954 [1909]), para luego realizar un salto a la

Capitulación otorgada a los Welser en donde se les autoriza a esclavizar a los indios rebeldes, fundar ciudades, describiendo también las guerras de los conquistadores con los caciques a quienes califica de valerosos. La historia que nos presenta Gil Fortuol (1953-1954 [1909]) de la conquista y colonización, a nuestro modo de percibirla es menos cargada de preferencias hacia uno u otro bando, aunque se denota que en su texto se menciona el trato hacia los “belicosos” indígenas de bárbaro e inhumano (hasta en el caso de las misiones) (1953-1954 [1909]), librándose de tal calificativo el Padre de Las Casas. Su obra se encuentra exenta, sino toda, en gran parte de la construcción mítica de Baralt y Díaz (1983 [1841]) y de denominaciones peyorativas hacia los indígenas. La renovadora tendencia de la corriente científica no seria suficiente para modificar la corriente romántica de nuestra historia. En un país saturado de luchas políticas “era inevitable que al margen de las corrientes científicas, siguiese proliferando una pseudohistoria henchida de panegíricos y diatribas” (Díaz Sánchez, 1961: 171). Al culto exagerado de los guerreros y la utilización hiperbólica de las batallas se unió una serie de relatos politizados que sumieron al país en un severo atraso. En este mismo periodo histórico se crea la Academia Nacional de la Historia fundada por el Dr. Rojas Paúl en 1888, con el fin de fomentar los estudios políticos a través de toda una serie de actividades y la publicación de libros que fueran costeados por el tesoro nacional para ser adoptados por los mismos para aclarar puntos difíciles o dudosos en la historia de América.

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Este último punto nos hace pensar acerca de la motivación del Estado en la creación de un organismo filtro encargado del control de la historia que va dirigida al “consumo” de la población. En el siglo XX un nuevo grupo de historiadores abogaría por un nuevo método para el quehacer historiográfico, en el que se encuentran, según Ramón Díaz Sánchez, José Luís Salcedo Bastardo y Guillermo Morón, que serían participantes -entre otros- del surgimiento de lo que el denomina la nueva historiografía (Díaz Sánchez, 1961: 172). Salcedo Bastardo en su obra Criticas a la Historiografía tradicional (1955), señalaba que la división que se ha dado entre la historia positivista y romántica, no era tal, ya que se consiguió una unidad de criterio Quién consiguió esta unidad de criterio? en estas dos escuelas como telón de fondo. A su vez, éstas fueron conformadas por lo mas notable de este genero, así como también los productores de obras didácticas en la conformación del concepto de nación. Las características de la nueva historiografía serían la periodización de la historia y el interés desigual tanto en la historia romántica como en la positivista, y la tendencia extrema hacia los temas bélicos que conduce a la heroicidad. Estos factores han llegado a viciar los manuales de educación que se han convertido para Salcedo Bastardo en manuales anecdotarios que superan con ventaja a cualquier novela de género literario. La nueva historia seria en contraposición, librada de toda periodicidad para ser estudiada en un solo periodo histórico y el culto a los héroes “verdaderos”, una ciencia histórica enfocada al

aporte de las ciencias sociales en donde se estudiaría la historiografía en función de un proceso y no de una anécdota (Salcedo Bastardo 1955: 4-8). Salcedo Bastardo con su Historia Fundamental de Venezuela (1970) introduce -como lo propone en su nueva revisión historiografía- el consenso de las Ciencias Sociales para la reestructuración de la historia, pues a estas les “incumbe la tarea de ayudar a la historia en la recuperación del pretérito para el venezolano. Provechoso ha de ser, además, acudir por vía antropológica al estudio de los llamados “contemporáneos primitivos”, valiosa fuente de información y documentación cultural” (Salcedo Bastardo, 1970: 29). A pesar de que Salcedo Bastardo señala que la historia debe dar un vuelco de la escrita por Baralt y Díaz (1983 [1841]) todavía existe en su obra un tipo de narrativa en la que critica, más no analiza, ni coloca a los participantes de la historia en su dimensión históricosocial particular. Un ejemplo de esto se puede apreciar en una de sus afirmaciones, “para tranquilidad de su conciencia formalista, sensibilizada por los principios y las teorías, muy dentro del estilo hispano de la época, los conquistadores denominan “justa” la guerra de exterminio que han desencadenado” (Salcedo Bastardo, 1970: 54 -55). Si Salcedo Bastardo le realiza una crítica a Baralt (1983) y al resto de los historiadores por la exaltación de los héroes, el no hace menos con los indígenas y los caciques:

Antropologando 5 (15) Enero-Junio 2006 “El indio opone su heroísmo defensivo al heroísmo agresivo del conquistador. A quien viene poseído de un ideal de fama y grandeza, y no con pequeñas ambiciones materiales, el aborigen enfrenta con un sentimiento de patriotismo inconsciente y la preservación de su albedrío. La inferioridad numérica del español en esta confrontación se equilibra con su superioridad cultural y sobre todo con la fuerza mayor de sus armas” […] “El indio no se rinde nunca, nunca se rindió. Combatió al conquistador cuando la palabra de este perdió toda su importancia, cuando la sed de riqueza a breve plazo borró escrúpulos empujándolo a la falsía y al crimen (Salcedo Bastardo, 1970: 60-65).

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emplea los datos históricos de una forma que no concuerdan con la nueva forma de hacer historia. Según Angelina Lemmo “Morón no es propiamente un historiador. Buscamos un calificativo apropiado para su “Historia”; pero no para la totalidad de la misma, sino para aquellas paginas y líneas –pocas en verdad- donde el autor pretende reflexionar o llegar a conclusiones. Creemos que el calificativo mas apropiado es el de “Historia gallimática”, es decir, incomprensible por la confusión de las ideas” (Lemmo 1973: 15). Además de esto es una historia carente de metodología y de coherencia entre sus partes. Morón con respecto al tratamiento del pasado indígena realiza una exposición acerca de los orígenes de los indígenas en Venezuela basado en la tesis de los cronistas y estudiosos que no tienen la suficiente potestad para hablar del tema. Acerca de la población actual indígena se refiere de la siguiente forma “Estos últimos tienen moradas en comunidades cercanas e incluso rodeadas por la población criolla, esto es, por la gente que forma normalmente la nacionalidad venezolana” (Morón, 1971: 3). Utiliza un comentario de Walter Dupouy para justificar la inferioridad del indígena, “...un ejemplo podrá darnos la idea de la situación alcanzada por los indios venezolanos, en el mejor de los casos, o sea cuando han logrado en parte mestizarse e incorporarse a cierto nivel de desarrollo...” (Morón, 1971: 3). Para Morón la existencia actual del indígena es un problema “hasta que los cubra la cultura general del país” (Morón, 1971: 4). Este autor argumenta que “...seria insostenible considerar que la cultura venezolana en el rango de civilización histórica se basa en la cultura

Asimismo, emplea teorías acerca del origen del indígena para justificar la personalidad de este: “aludiendo al origen mongólico, autores de alta jerarquía como Guillermo Freyre, hablan de un indio añorante de los glaciares de Asia, un ser nostálgico y no enteramente adaptado al trópico” (Salcedo Bastardo, 1970: 84). También hace alusiones hacia el carácter de los negros señalando que estos son mas adaptados al trópico y más evolucionados culturalmente que los indígenas (Salcedo Bastardo, 1970:89). Todo lo anterior nos permite señalar que si bien se libera de temas de carácter bélico y de la periodización en la historia, no lo hace con otros temas como la justificación de la inferioridad indígena, lo que hace perteneciente a la misma corriente que Salcedo Bastardo. En cuanto a su libro Historia de Venezuela (1971) podemos decir que Morón, a pesar de lo que se aseveró anteriormente acerca de la utilización de otras ciencias para la construcción de su historia,

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INTERPRETACIÓN ANTROPOLÓGICA

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aborigen. Nuestro pueblo tiene elevado rango de cultura intelectual, gracias a que los moldes son europeos, hispanos propiamente” (Morón, 1971: 4). Según Morón, la experiencia ha demostrado que no es posible mantener a la cultura aborigen en contacto con las criollas, sino que las primeras deben estar incorporando a las segundas, esto en razón del progreso humano, “no se les puede llamar civilizados a los grupos inaccesibles que aun hacen vida primitiva” (Morón, 1971: 5). Continuar realizando observaciones acerca del parecer indígena seria interminable ya que las 30 páginas aproximadas que les dedica a los indígenas están cargadas de etnocentrismo y juicios de valor cargados de subjetividad e ignorancia acerca del tema. Para concluir tomamos las frases de este autor: “Se deben conservar las comunidades indígenas? Esto no lo puede desear nadie. Las comunidades habrán de desaparecer poco a poco, pero apresurando el hecho mediante una acción política combinada y bien establecida, que es la que parece abrirse camino hoy. Hay que tener la esperanza de que en un futuro próximo –cuando se haya conquistado la selva y se hayan llenado todas las tierras de pueblos y ciudades- no quede ni un solo grupo que hable caribe ni otra lengua aborigen. El problema del indio será puramente etnológico. Pretender lo contrario es predicar un retorno, en el proceso de la cultura, a estadios ya superados por el país” (Morón, 1971: 5).

Partiendo de lo mencionado acerca de los cuatro autores nos remitirnos al pensador Renan, que en el año de 1882 define la nación como una voluntad construida sobre tres pilares fundamentales: pasado, presente, futuro. “Este pasado es la posesión común de un rico legado de glorias compartidas, articuladas sobre recuerdos y olvidos” (Quijada, 1996: 243). En efecto la construcción de una nación implicaba la construcción de una memoria compartida que es a la vez el fundamento y destino de los que la conforman. En este caso la memoria será selectiva recordando lo que vale la pena y desechando lo que no. Las nacientes naciones americanas se abocaron a la reconstrucción de su pasado, pero se les presentaba un inconveniente, “al reconocimiento de la Conquista como hecho fundacional y, por tanto, la búsqueda de un “grupo primigenio” en el tronco hispánico, por lo que hubo un rechazo tanto físico como simbólico de aquel vinculo por el acto de la Independencia, como de la visión critica de la época, que negaba a la cultura hispánica a la cabeza en el proceso de civilización” (Renan en Quijada, 1996:246). Esto conllevaba que aunque se tratara de buscar los orígenes de la nación antes de la Conquista para justificar la causa Independentista, se iba en contra de los parámetros de la ciencia que se sustentaba en una clasificación basada en la diversidad y en la jerarquía, que tenia un interés de trasfondo en destacar la superioridad de unos y la inferioridad de los otros. Así, nuestros historiadores encargados por el gobierno de turno emprenden la tarea de forjar un pasado glorioso:

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en el caso de Baralt (1983), en el que los caciques y los indígenas fueran héroes hasta el final; Gil Fortuol utilizó al pensamiento científico para sustentar la igualdad de las capacidades orgánicas tanto de los españoles como la de los indígenas, Salcedo Bastardo emulara a Gil Fortuol en la actitud heroica de los indígenas y Morón utilizara este mismo criterio científico para utilizar la situación pasada del indígena para justificar su eliminación progresiva del futuro. En la explicación de las construcciones ideológicas nos tropezamos aun con otro nivel, el de la fabricación del relato. El esquema que ofrece Lucette Valensi (1988) con respecto al enfrentamiento del ejército portugués con el marroquí nos parece adecuado para identificar los procesos que contribuyen a la construcción y a la transmisión del episodio para que llegue a ser memorable. Recibe un nombre reconocible y memorizable, que se transmite de generación en generación en forma de santo y seña, y que actúe en forma de contenedor de un cierto pasado que se va haciendo lejano. Según los países involucrados se crean dos o más versiones diferentes de un mismo hecho, basado en los sucesos más significativos, mientras que a los países que no estaban involucrados les llega directamente el suceso mediante la correspondencia, relatos en forma de manuscrito que fueron reelaborados en forma de obras literarias que se renovaban en forma de obras de teatro o novelas. Lo más resaltante para Valensi es el hecho de que estos acontecimientos no perduran mucho tiempo en los países que no están involucrados, sino que se restringen al conocimiento de los historiadores (Valensi, 1998: 59).

En cuanto a la memoria de los vencedores y vencidos los principales actores se pueden convertir en símbolos futuros para la creación de una ideología nacional sustentada en base a la reunión de todos los símbolos políticos que intervienen en la construcción de la historia nacional. “Con la lucha en contra del colonialismo -en nuestro caso el colonialismo español-, y la lucha por la Independencia, la edificación de un Estado moderno para gobernar a una nación unificada exigía la construcción de símbolos comunes” (Valensi, 1998: 63). Cada gobierno luego de la independencia desvía la historia en la dirección que mejor sirve a sus valores y a su posición en el juego político. Aunque se puede decir que existe una concordancia entre todos para darle importancia a un mismo acontecimiento, de esta forma desde mediados del siglo XIX hasta mediados del XX se produce la imagen del indígena que lucho hasta el final y la crueldad del español y que sucumbió ante su tecnología bélica. Otro factor que entra en juego en la construcción del pasado indígena son los conceptos de verdad y verosimilitud. En el campo de la construcción del pasado estos dos conceptos deben ser aclarados. La verdad se da en el campo ideológico, mientras que la verosimilitud se da en el ámbito del proyecto científico. La construcción de pasado se daría en el contexto de la verdad, mientras que en el ámbito de la verosimilitud los hechos se construyen del presente hacia el pasado por una comunidad científica (historiadores oficiales), que produce diferentes versiones del pasado para justificar la existencia mediante un modelo teórico.

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Para que ocurra el efecto de verosimilitud se debe poseer un texto legible, agradable estéticamente, la relación que se genere entre la forma y el contenido será lo que produzca este efecto, es decir, la posibilidad de convencer al otro de que lo que se dice es verdadero, pero avisándole que es una trampa para que se ponga en crisis la lectura. Este relato es transparente, para su sostenimiento es necesaria la creación de documentos que sustente su contenido, que eliminen las contradicciones. Se produce la falsificación del documento por elisión para que en el futuro no se ponga en duda la recreación del pasado, esto es realizado mayormente por los grupos de poder. Así, para verificar la existencia del texto se procede a cuestionar su contenido acudiendo a otros textos para la confirmación de su existencia. Según lo anteriormente señalado, las obras realizadas por Baralt, Gil Fortuol, Salcedo Bastardo y Morón se encuentran respaldadas por lo escrito en los textos de cronistas a los que recurren como fuentes que afirman de alguna forma el efecto de verdad que desean producir reafirmando los hechos. No podemos confiar en el pasado oficial, sino realizar una sumatoria de pasados de los grupos que conformaban un determinado horizonte sociocultural. Si el pasado es homogéneo surge la sospecha de que es un pasado que se ha impuesto sobre otro.
CONCLUSION

cada grupo produce una noción individual de este, pero en el contexto sociocultural prevalece el concepto de pasado producido por la ideología dominante. Nos parece que investigaciones posteriores deberían ir orientadas al papel de la historia oral en sociedades estratificadas en que la alfabetización es escasa como fue y es el caso de Venezuela, además del estudio ideológico de los monumentos creados en la exaltación del culto a los héroes en el marco del proyecto de la creación de una nación. También la investigación realizada nos debe llamar a la reflexión de adoptar otro tipo de esquemas de interpretación historiográfica, más acorde con las realidades propias, en las que se abandonen los esquemas antiguos y se cree una nueva forma de hacer historia que permita la reelaboración de los textos escolares, cuyas matrices principales de información han sido generadas a través de los textos anteriormente señalados y que han creado una imagen distorsionada del pasado indígena que hoy en día repercute en el presente.
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De todo lo anterior podemos concluir que en el caso de las sociedades estratificadas que producen del concepto de pasado, y

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Gil Fortoul, José. [1909]1953-1954. Historia constitucional de Venezuela. Caracas: Ministerio de Educación, 3 v. Harwich Vallenilla, Nikita. 1994. Construcción de una identidad nacional: El discurso historiográfico de Venezuela en el siglo XIX. En: Montalbán, Ediciones de la U.C.A.B. Lemmo, Angelina. 1973. Como se desmorona la historia. Observaciones a la “Historia de Venezuela” de Guillermo Morón. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela Mijares, Augusto. 1960. Baralt (1983) historiador, En: Germán Carrera Damas (ed.), Historia de la Historiografía Venezolana, (1961), Ediciones U.C.V Morón, Guillermo. 1971. Historia de Venezuela. 2 tomos, Caracas. Prins, Gwyn. 1992. Historia oral, En: Historia y fuente oral, Nº 9, Historia y Etnología. (1993), Universidad de Barcelona. Quijada Mauriño, Mónica. 1996. Los “incas arios”: historia, lengua y raza en la construcción nacional hispanoamericana del siglo XX. En: Revista Histórica, Vol. XX. , Nº 2, dic. Salcedo Bastardo, José Luís. 1970. Historia fundamental de Venezuela. Ediciones Universidad Central de Venezuela. Salcedo Bastardo, José Luís. 1955. Criticas a la historiografía tradicional. En: Germán Carrera Damas, (ed.), Historia de la Historiografía Venezolana, (1961), Ediciones Universidad Central de Venezuela. Valensi, Lúcete. 1998. Autores de la memoria, guardianes del recuerdo, medios nemotecnicos. Como perdura el recuerdo de los grandes acontecimientos. En: Josefina Cuesta Bustillo. Memoria e Historia, (ed), Ediciones Marcial Pons. Vargas Arenas, Iraida. 1998. Introducción al estudio de las ideas antropológicas venezolanas. En: Amodio E. (editor) Historia de la antropología en Venezuela. Ediciones LUZ.

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IRVING ROUSE Y LA ARQUEOLOGÍA DEL CARIBE

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sofisticada, en especial por el sistema de nomenclatura binominal creada por el famoso botánico sueco Carl von Linné, que en antropología (donde era caótica para ese entonces). Además de la influencia de Osgood (1906-1985), quien entre muchas otras contribuciones destacó, por primera vez en el mundo académico la Irving Benjamín o “Ben” Rouse nació en Rochester (New York, E.E.U.U.) el 29 de agosto de 1913, y falleció a comienzos de febrero de 2006 en su residencia de North Haven (Connecticut, E.E.U.U.). Obtuvo si doctorado (Ph.D.) en la Universidad de Yale en 1938, donde también realizó sus estudios de pregrado y desarrolló toda su distinguida carrera académica. Originalmente quiso ser ingeniero forestal. Como sus padres carecían de medios económicos se vio obligado a trabajar durante sus estudios. Consiguió un empleo en el Museo Peabody de Yale con Cornelius Osgood, recientemente llegado con un doctorado de la Universidad de Chicago. A Rouse le asignaron como tarea catalogar colecciones arqueológicas y Osgood estimó que le convenía tomar un curso en el Departamento de Antropología para familiarizarse con este trabajo. Esto despertó su interés, e ingreso en Antropología bajo la supervisión de Osgood, quien llegaría a ser su tutor de doctorado. De sus estudios forestales previos le quedó una fuerte inclinación por ‘clasificar’, que le venía de la taxonomía botánica, y en cierto modo marcó su carrera (Siegel 1996). En botánica, la actividad clasificatoria era mucho más importancia de la cerámica de Barrancas del Orinoco, y el primero en vislumbrar sus relaciones con la cerámica Antillana y Guayanesa (Rouse 1987); Rouse tuvo entre sus maestros a los distinguidos lingüistas Edward Sapir, S. F. Voegelin y Morris Swadesh (padre de la glotocronología); así como a George P. Murdock, Weston de Barre, Leslie Spier y Clark Wissler en Antropología Socio-Cultural. Osgood invitó a Rouse a participar en el Programa de Arqueología del Caribe de Yale (Gassón y Wagner 1992, 1994 y 1998), un área de poco interés en la época, ya que los arqueólogos preferían excavar en Mesoamérica o Perú, áreas de desarrollos más vistosos y monumentales. Además del Caribe (Haití, Puerto Rico, Cuba, Trinidad y Antigua), Rouse excavó en el Estado de Nueva York, Florida y en las tierras bajas de norte de Sudamérica, (i.e. Venezuela) y acompañó en trabajos de campo a Cruxent su colega más cercano en 1946, 1950, 1955-57, 1961-62. De esta colaboración tan frictífera nos han quedado una serie de publicaciones b+asicas, sobre todo la clásica obra “Arqueología Cronológica de Venezuela” y “Arqueología Venezolana” ambas publicadas en inglés y castellano (1958-59, 1961; 1963 y 1966). En 1974 acompañó con
Investigador Emérito. Centro de Antropología, Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas
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Erika Wagner1 Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas

Cruxent a Anna Roosevelt a parmana en el Orinoco Medio

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(Roosevelt, 1980). Su última visita a Venezuela ocurrió en 1984, cuando fue invitado por la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (AsoVAC) para participar en el simposio en homenaje al prematuramente fallecido lingüista Marshall Durbin con una ponencia sobre “La esfera de interacción del Orinoco” tema que siempre le atrajo. Como persona Rouse se caracterizó por su honestidad a toda prueba, su tacto, su amabilidad, estabilidad y generosidad. Como docente fue supermetódico, nunca tuvo el don histriónico (era más bien tímido y modesto), pero fué claro, paciente, exacto en sus apreciaciones; si no sabía algo decía “no se” y fué tutor excepcional. Siempre tuvo tiempo, a pesar de sus múltiples actividades académicas y administrativas, para sus estudiantes, de lo cual pude disfrutar durante mis estudios de doctorado. Ben ha sido tutor y colega muy querido por sus pares y discípulos, tanto en Estados Unidos como en Sudamérica y siempre trató a los colegas latinoamericanos y caribeños como sus pares intelectuales y sociales. Los dos volúmenes de “Arqueología Cronológica de Venezolana”, la obra clásica surgida en la década de los 50 del siglo XX ha sido y sigue siendo un pilar de la disciplina. Abarca de la época Paleo India hasta la Colonia. En esta obra la cronología relativa existente en Venezuela Irving Rouse. 6 de mayo de 1994, en ocación de la jubilación de Michael D. Coe, Yale University. fue enriquecida con fechados radiocarbónicos, correlaciones lingüísticas, geológicas e históricas. Fue ilustrada en forma abundante y clara. La dicotomía clásica entre oriente y occidente del país en tiempos prehispánicos llevó a Rouse y Cruxent

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a opfrecer una serie de hipótesis sobre la historia cultural del norte de Sudamérica que se relacionaban con las proposiciones etnográficas de Kirchhoff y Acosta Saignes, y los postulados etnobotánicos de Carl Sauer, quien originalmente destacó la dicotomía yuca (oriente) y maíz (occidente) (Wagner, 2001). La tesis doctoral de Rouse “Prehistory in Haití: A Study in Meted”, publicada en 1939 por la prestigiosa serie Yale University Publications in Antrhopology, ofreció innovaciones importantes sobre método, definiciones, conceptos, procedimientos y teoría; su participación en el Handbook of South American Indians fue igualmente notable. Rouse ocupó muchos cargos académicos, administrativos, y fue un editor excelente. Su vida fue un ejemplo de dedicación, honestidad y amor por la profesión. Fue un honor y placer haber sido su discípula y amiga. Cuando cumplió 60 años, colegas, alumnos y amigos le dedicamos el libro “Archaelogical Essays in Honor of Irving Rouse” en 1978, y entre quienes participamos por Venezuela se encuentran Cruxent, Vaz y Wagner. Con motivo de la exposición sobre arte precolombino en la Galería de Arte Nacional (GAN) le dedicamos a Cruxent y Rouse en 1999 el libro “El Arte Prehispánico de Venezuela” editado por Miguel Arroyo, Lourdes Banco y Erika Wagner. Rouse publicó más de 1000 trabajos entre libros, artículos, bibliografías, reportes de sitios, prospecciones regionales y revisiones críticas.

Sin duda, Rouse ha sido la figura más prominente de la arqueología caribeña. El hecho de haber sido discípula de Cruxent, Rouse y Osgood me enorgullece y en algún momento debo escribir una semblanza más personal.
REFERENCIAS Arroyo, Miguel, Lourdes Blanco y Erika Wagner (Eds.). 1999. El Arte Prehispánico de Venezuela, 547 págs. Ed. Arte, Caracas. Cruxent, José M. e Irving Rouse. 1958-59. An Archaeological Chronology of Venezuela. Pan Amaerican Union Social Science Monographs 6, (2 vols.), Washington, D.C: (Versión castellana 1961, re-edición versión castellana 1982). Dunnell, Robert C. y Edwin S. Hall, Jr (Eds.). 1978. Archaeological Essays in Honor of Irving B. Rouse. Mouton Publishers, The Hague. Gassón, Rafael y Erika Wagner 1992. “Los Otros Vestigios de la Atlántida” o el “Surgimiento de la Arqueología Moderna en Venezuela y sus Consecuencias”. En: Tiempos de Cambio la Ciencia en Venezuela 1936-1948 (comp.). Freites, Yhajaira y Yolanda Texera Arnal. Caracas, pp. 215-240. Gassón, Rafael y Erika Wagner 1994. Venezuela: Doctors, Dictators and Dependecy (1932-1948). En: History of Latin American Archaeology. Oyuela-Caycedo, Augusto (Ed). Aldershot, Brookfield. Pp. 124-136. Gassón, Rafael y Erika Wagner 1998. El Programa de arqueología del Caribe y su impacto en la Arqueología Venezolana Antecedentes y Consecuencias. En: Historias de la Antropología en Venezuela. Amodio, Emanuele (Ed.). Ediciones de la Dirección de Cultura, Universidad del Zulia, Maracaibo, pp. 323-344. Griffin, James B. 1978. An Appreciation of Irving Benjamin Rouse. En: Archaeological Essays in Honor of Irving B. Rouse. Dunell, Robert C. y Edwin S. Hall, Jr. (Eds.). Mouton Publishers, The Hague. Pp. 1-9. Roosevelt, Anna. 1989. Parmana Prehistoric Maize and Manioc Subsistence along the Amazon and Orinoco. Academic Press, New York, 320 págs. Rouse, Irving. 1939. Prehistory in Haiti: a Study in Method. Yale University Publications in Anthropology, N° 21, New Haven, pp. 203 (re-edición 1964).

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THE SKELETON OF LA PRADERA. A POSSIBLE CASE OF DEATH FOR TRAUMA

Harry Marriner y Carolina Mallol A tomb burial from La Pradera, Subachoque, Colombia was studied in detail to provide the only known Muisca culture burial practice information from this area of the Bogotá Savanna. Length, condition, shape of bones, and design of an associated ceramic Muisca ceremonial cup, indicate that a 35-39 year old male Muisca Indian approximately 1.5 meters tall, may have died from a blow to the back of his head between 1250-1600 A.D. Skeletal orientation indicates the Muisca culture may have had a special interest in sunrise at the summer solstice and/or sunset at the winter solstice. Key Words: Colombia, Muisca, Archaeology, Archaeoastronomy.
TYPOLOGY AND ANALYSIS OF FEATURES BY MEANS OF “CLUSTER ANALYSIS” IN THE ORNITOMORPHS PICTOGRAMS OF THE CUBAN ROCK ART

Divaldo Gutiérrez Calvache A method for typological correlation of rock art is presented, based on the Cluster Analysis of fifteen ornitomorphic designs found at seven pictograph sites in Cuba. Matrixes were elaborated based on qualitative variables defined for the motifs. The motifs were classified into well-defined types based on the clusters derived from these matrixes. Key words: Pictography, Cluster Analysis, Typology

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FROM THE CLAY TO THE POT: USE OF MORFO-METRIC VARIABLES FOR THE ANALYSIS OF FORM AND FUNCTION IN THE CERAMIC OF THE MIDDLE ORINOCO.

Mairim Gil, Luramys Díaz y Kay Tarble There are presented the results obtained in the application of the technique of the Analysis of Main Components (AMC), on fragments of ceramic rims found in 10 deposits of the Orinoco Medio, corresponding to the Colonial and Republican periods. The aim is to register the technological variability in the forms of the ceramic pieces of indigenous manufacture and its possible function, after the arrival of the Europeans to the region. The morphometric variables used were diameter, thickness and angle. t was possible to determine a correlation between the diameter and thickness of the vessels, which becomes more evident in the late sites of the sequence, particularly in those of the Republican period, where prevail the budares of great diameter and width, manufactured with a pasta degreased with abundant caraipé fragments. Key words: ceramics, form-function analyses, Middle Orinoco, colonial and republican period.
CONTRIBUTIONS TO THE MACRO-REGIONAL STUDY OF THE PREHISPANIC SOCIETIES OF THE VENEZUELAN WESTERN PLAINS: REGIONAL CONFIGURATION OF EL CEDRAL

this society. Finally, we project these hypotheses at a macroregional level comparing our data with those obtained by other authors in a contiguous region (Gaván) where there was developed a similar preHispanic political unit. Key words: regional archaeology, settlement patterns, causeways, Venezuelan llanos.
BETWEEN THE MAINLAND AND THE ISLANDS: AMERINDIAN CULTURAL GEOGRAPHY OF TRINIDAD THE

Arie Boomert This paper discusses the physiographical characteristics, prehistoric cultural development and ethnohistory of Trinidad. It is concluded that both the island’s cultural sequence and its contact-period sociography closely resemble those of the Lower Orinoco Valley and Delta, showing that Trinidad can be seen both as a physical and cultural continuation of the South American continent. The pivotal role Trinidad played in the patterns of interaction, exchange and transmittance of culture from the mainland to the West Indies and vice versa is also analysed. Finally, the fragmented nature of Trinidad’s contact-period Amerindian population in terms of ethnicity, linguistic affiliation and sociopolitical organization is contrasted with the uniformity shown by the archaeologically reconstructable tradition of indigenous pottery manufacture characterizing the island until as late as the mid-eighteenth century. Key words: Trinidad - interaction - prehistoric cultural sequence – ethnohistory.
THE BURIALS AS WAYS OF INTERPRETING THE PAST: A COMPARATIVE STUDY OF TWO FUNERAL PATTERNS OF THE REGION SICARIGUA-LOS ARANGUES

Juan Carlos Rey G. In this study we proceed to the search and measurement of the causeways network associated with El Cedral site, located in the high llanos of the Barinas State (Venezuela); and we include, for first time in the analysis, the characteristics of the site El Cerrito. Our purpose is to enlarge our understanding of the possible regional configuration that existed in this area occupied by a pre-hispanic political unit that was organized around these sites. Starting from the new information we evaluate the consequences from the point of view of a regional analysis and formulate some hypotheses about the production, distribution and consumption processes of farming surpluses which were a fundamental part of the political economy of

Claudia Tommasino Suárez The burial studies in archaeology have been oriented, almost exclusively, towards the idea of role or social person through the analysis of the mortuary treatment. The Venezuelan northwestern

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land has not been an exception to the rule, and the existence of other scientific problems has led to the subordination of the mortuary practices as ways to know the sociocultural dynamics of the past groups. It was used a conceptual and methodological frame focused on the notions of context and symbolism applied on the mortuary practices, which would allow the analysis and comparison of the archaeological, antropophysical and analogical data of each site, interpreting sociocultural aspects of the groups that belonged to the Dabajuroid Macrotradition, and proposing a reconstructive panorama, diachronic and synchronic, of the inhabitants of the region between the years 1.000 and 1.500 a.C. Key words: Northwestern Venezuela, funeral patterns, context, interpretive archaeology.
THE CONSTRUCTION OF THE INDIGENOUS PAST TO TOWARD THE TEXTS OF OFFICIAL HISTORY

1. Se aceptarán trabajos en español, ingles, portugués y francés, que cumplan con los siguientes requisitos: • • • • Temática referente a diversos campos de las ciencias humanas y sociales, con una extensión mínima de 10 y máxima de 30 cuartillas. Debe estar incluido un breve resumen en el idioma principal y otro en ingles (abstract), así como 4 palabras claves. Reseñas bibliográficas comentadas, con una extensión máxima de 5 cuartillas. Todo trabajo debe incluir: Nombre, apellido, institución de procedencia y dirección electrónica.

Sigrid R. Curtis Guzmán When being dissolved the Great Colombia, Venezuela was in a critical period from the economic and social point of view. More serious, the Creole elite feared the explosion of a popular revolt when not seeing, the people, satisfied its social aspirations. For such a reason, it was necessary the construction of an official history that created a unified state-nation ideal, through a past that was not linked with the Spanish Monarchy and that justifies the rupture with the Great Colombia. In this sense the Venezuelan indigenous past was presented without the influence of the previously signal events. This article explores the reasons that impelled the necessity of the construction of an official history and, how the native was represented in this in different temporal periods. To achieve this I will treat the texts of Rafael María Baralt and Ramón Díaz (1983 [1841]) and José Gil Fortoul (1953-1954 [1909]) for the second half of the XIX century; and Guillermo Morón (1971) and Salcedo Bastardo (1970) for the first half of the XX century. Key words: Great Colombia, official history, indigenous, ideological construction.

2. Los trabajos aceptados para su publicación serán sometidos al arbitraje de especialistas en el tema y cualquier sugerencia será remitida al autor por parte del Comité Editorial. 3. Los autores de los artículos publicados recibirán 2 ejemplares del número en que aparecen. 4. El texto debe ser escrito en formato Word para Windows, en letra Times New Roman 12, a espacio 1,5. Títulos en negrita sin subrayado. 5. El formato de las citas y la bibliografía debe ser el siguiente: • citas dentro del texto: nombre y años (sin coma entre estos), si hay página se colocan dos punto y el número. (Lévi-Strauss 1970: 34)

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bibliografía libros: apellido (s) en mayúscula, nombre en minúscula. Fecha entre paréntesis. Titulo de la obra en cursiva, editorial y ciudad.

LÉVI-STRAUSS, Claude. 1970. Tristes Trópicos. EUDEBAEditorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos aires. • bibliografía revistas: apellido (s) en mayúscula, nombre en minúscula. Fecha entre paréntesis. Titulo del texto normal, luego nombre de la revista en cursiva, volumen de la revista sin negrita ni cursiva, número de la revista entre paréntesis, luego dos puntos y el número de páginas.

TILLEY, Christopher. 1988. Excavation as theatre. Antiquity. 63 (239): 275-280. 6. Los trabajos deberán ser enviados en disquete, en formato Word para Windows, o a las direcciones electrónicas abajo indicadas, no se aceptarán manuscritos. En el caso de gráficos, imágenes o tablas, indicar el programa que fue utilizado. 7. Antropologando se reserva el derecho de publicación. 8. Antropologando, el Comité Editorial o el editor invitado no se hacen responsables por las opiniones expresadas por los autores.

Atentamente, Comité Editorial antropologando@mipunto.com antropologando@yahoo.com

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