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Nmeros, piedra, estilo.

Esta coleccin de fotografas parece delatar a la vez una derrota y un triunfo, ambos
evidentes, sin historiografa indispensable nos inclinan a entrever. El triunfo de la
permanencia que a la ambicin de los hombres representan sinonimia, como si el
horror fundamental humano no fuese la muerte sino la desaparicin, el olvido, como
si la conciencia del pasado, la conciencia de la muerte no viniese sin un sentimiento
de desafo, de decir aqu seguir, una derrota porque a pesar de su permanencia
estos nmeros en la roca son ahora cosas del pasado, su sentido perdido para siempre,
un fragmento pretrito naufragante, ahogado en el presente, un eco de un trompeteo
de la vanidad.
Qu son los aos entonces? Parecen cosa natural porque el mundo da vueltas, y en
ello no hay filosofa, no hay huella del lenguaje, lo sabemos porque los animales y las
plantas los reconocen tambin sin nuestro aviso. El ao no humano, el ao desnudo, el
del perro, zarigeya y cactus, es el mismo siempre, es decir, eterno, ahistrico. Pero
nosotros, los que taloneamos la piedra, la marcamos fuera de la indiferencia. Cada ao
insistimos, es distinto del anterior, ser distinto del que viene. Alguien estaba antes,
alguien estar despus. En un impulso de aliento divino hemos saltado en direccin
inversa y no entendemos otro tiempo que el de la permanencia, haciendo de la
memoria el concepto central sin el que todo lo dems, la historia completa de oriente
y occidente, boreal y austral, nuestra literatura, nuestro hablar y sentir, lo que con
orgullo goloso llamamos civilizacin, desmoronara como un edificio de leche
cortada.