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Ensayo sobre el dolor humano

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Revisión histórica acerca del dolor en la cultura de occidente.
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ENSAYO SOBRE EL DOLOR HUMANO

Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Estudios Superiores Zaragoza
Carrera de Médico Cirujano
Academia de Extensión Universitaria y Difusión de la Cultura

ENSAYO SOBRE EL DOLOR HUMANO

IMELDA ANA RODRÍGUEZ ORTIZ

FEBRERO DE 2007

Ensayo sobre el dolor humano

Primera edición marzo de 2007

© 2007, Imelda Ana Rodríguez Ortiz
© 2007, FES Z, UNAM

Diseño de portada: Ernesto Durand e Israel Grande-García
con base en el cuadro Maldovia, original del pintor Luis Alanís

Corrección de estilo: Carla Durand y José Antonio Durand

Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Estudios Superiores Zaragoza
Carrera de Médico Cirujano
Academia de Extensión Universitaria y Difusión de la Cultura

Impreso y hecho en México

ISBN 970-32-4260-X

Para Carla
Templanza de mi espíritu

ÍNDICE

Introducción

9

CAPÍTULO I: Miradas y testimonios del dolor

15

1.1. Con el dolor a cuestas

15

1.2. Cuerpo que se duele

39

1.3. Cuerpo y usos del dolor

54

1.4. Desafíos del dolor

60

CAPÍTULO 2: Resonancias del dolor

71

2.1. Lenguaje e identidad

71

2.2. Lágrimas

90

2.3. Asombro y pasión

95

CAPÍTULO 3: La racionalidad frente al dolor
(De la teodicea antigua a la antropoética)

113

Introducción

113

3.1. Antigüedad

120

3.2. Edad Media

134

3.3. Renacimiento

139

3.4. Modernidad

152

3.4.1. Racionalidad crítica

164

CAPÍTULO 4: Una visita a la epidemiología del dolor

183

Introducción

183

4.1. El dolor en números

192

4.2. Dolores ónticos

210

4.2.1. El duelo: morirse de tristeza

239

4.2.2. Amantes en duelo

246

4.2.3. Padres en duelo

249

CAPÍTULO 5: Tratamientos para paliar el dolor

261

5.1. Interminable es la búsqueda

261

5.2. Mujeres, cuidado y dolor

291
5.3. Mujeres, dolor y medicina tradicional mexicana 300

CAPÍTULO 6: Impactos socioeconómicos del dolor

307

6.1. Por atención al dolor

307

6.2. Por producir dolor

312

Bibliografía

315

9

Introducción

El estudio del dolor nos lleva a una medicina
humana hasta en sus maniobras más banales

René Leriche

He puesto nombre a mi dolor y lo llamo perro
me es tan fiel, y asimismo tan pernicioso y
desvergonzado, tan entretenido y tan inteligente como
cualquier otro perro. Puedo increparle y descargar
en él mi mal humor, como otros hacen
con sus perros, con sus criados o sus mujeres

Nietzsche

El dolor es componente sustancial de la cultura huma-
na que forma parte de todas las dimensiones creadas
por el hombre, desde el sustrato filosófico que repre-
senta el diseño de las polaridades entre el bien y el mal
hasta la concepción del racionalismo moderno, que
otorga al hombre y sus potencias inteligentes la fuente
de poder para fincar un orden social y de gobierno so-
bre los asuntos de la vida.
La estructura del libro se definió por la forma de
abordaje que propone la metodología transdisciplinar al
considerar al dolor como entidad cruzada por la multi-
plicidad de conocimientos, mediaciones sociales y sen-
tidos vitales que se construyen ontológica y

10

filogenéticamente en el curso de la historia humana.
Por ello, se hace referencia al dolor como una forma de
sentir que alerta la conciencia y despierta la inquietud
por buscar explicaciones y remedios que apacigüen la
fuerza o la pasión que produce efectos importantes en
la identidad e intimidad de la persona que sufre.
Cada capítulo tiene por objetivo dar cuenta de la
complejidad de aspectos que cruzan los umbrales del
tiempo y se fraguan en la cultura humana a través de
interpretaciones sobre el origen, las formas de atender,
conjurar o atajar el paso del dolor considerando los
recursos que despliega cada sociedad y cada individuo
al conferir significado y sentido al sufrimiento. Este libro
toma en cuenta la interpelación que todo ser humano
puede hacer frente a la insidia del dolor que no existe
como objeto, que carece de lugar porque solamente es
intensidad y que tiene como única morada para convi-
vir con él: el lenguaje.
El dolor es lo que cada uno de nosotros define co-
mo dolor; es lo que cada persona señala, argumenta o
expone a partir de múltiples mediaciones bioantropoé-
ticas: conocimientos, experiencias y significados cultu-
rales, imaginación y experiencia frente al dolor, edad,
condición de género, momento histórico, valores y
creencias morales, religiosas y estéticas, ideas sobre
la vida y la muerte, la salud o la enfermedad; en fin,
todo aquello que se relaciona con el saber, la técnica,
el arte o la filosofía y que urden el entramado de la cul-
tura humana.

11

Entre los principales tránsitos que estas mediacio-
nes e interpelaciones han logrado activar para construir
un lenguaje para el dolor humano, menciono las si-
guientes:

6 La investigación sobre el dolor ha recorrido topo-
gráficamente todas las instancias del cuerpo con el
fin de identificar su naturaleza humana y biológica.
Del corazón como residencia del pensamiento, la
voluntad, los afectos y las sensaciones, arribamos
al cerebro y al tálamo como centro de producción y
control de sensaciones.
6 Del pecado y la culpa como torniquete de Dios para
la autoimplicación del hombre, la interpretación del
dolor transmutó como fuerza domesticable o pasión
tormentosa de lo naturalmente físico y de lo natu-
ralmente humano.
6 De la consistencia del dolor que se entendía como
desequilibrio y estancamiento de fluidos en arterias,
orina o venas, cuya resolución se encontraría en el
vómito, la expulsión de orina, los estornudos, el su-
dor, la pus o la sangre, se pasó a la inconsistencia
del dolor, al no lugar, la no forma o volumen y a la
certidumbre de que el dolor humano es un proceso
complejo de cogniciones, sensaciones y respuestas
inteligentes.
6 Del dato o síntoma a la enfermedad o el padecer, el
dolor humano ha transitado por las explicaciones
de la causalidad mecanicista hasta desembocar en
la diáspora de contenidos, disciplinas y técnicas re-

12

lacionadas con la neurofisiología, la bioquímica, la
bioingeniería genética y la bioética, entre otras.
6 De una episteme centrada en las leyes, las medi-
das, los pesos y las divisiones del cuerpo, el trata-
miento del dolor ha requerido de una mirada
unitaria, constructiva y permisiva de lo posible a
través del modo subjetivo que facilita el aprecio de
la existencia en lo intangible.
6 De los controles sobre el saber a la sociedad del
conocimiento o de la verticalidad del ejercicio del
poder a las formas horizontales de hacer valer las
propias pasiones, el dolor se inflinge o se auto in-
flinge desde y para los fines que persigue el ejerci-
cio del poder: causar efectos.
6 Del uso de recursos naturales a la sofisticación tec-
nológica nada se ha perdido para siempre. Lo mis-
mo cura o alivia el dolor la moxa japonesa, el
árnica, la piedra de cuarzo o el rezo que consagra,
que el samerio 153, la disección de un nervio o la
química del opio administrada por un hueso, un
músculo o cualquier orificio que al cuerpo pueda
penetrarse.
6 De la farmacia alquimista para combatir el dolor a la
farmacia militar para producir el dolor o de la pasión
que exacerba los sentidos para la fiesta del cuerpo
o de la sensibilidad creadora, todo tránsito del dolor
sabe a humanidad y en ella se contiene el punto de
partida y de destino.
6 De una clasificación parcial y menuda promovida
por la práctica médica hegemónica, el dolor huma-

13

no puede alzar su talla para entenderse y formar
parte de múltiples registros y discursos
6 humanos relacionados con la pena que se compar-
te cuando se viven circunstancias lacerantes o in-
dignas a la condición humana: migración, pobreza,
persecución, injusticia, abandono, discapacidad,
discriminación o cualquiera otra forma de violencia.

Finalmente, si el dolor es un mensaje o una señal
difícilmente comunicable, es porque siempre será un
misterio descifrar la vida y porque todavía no existen
conocimientos infalibles sino solamente aproximacio-
nes. Con qué código se puede interpretar el dolor o
con qué parte de nosotros desciframos lo que se sien-
te; con qué conceptos de dolor contamos para poder
mirarlo o atenderle.
No tengo duda de que el dolor desdobla, escinde,
hace dudar a la conciencia sobre la unidad del ser,
pero al mismo tiempo, afirma la presencia de la identi-
dad, sus relaciones y determinaciones culturales. Nada
puede definir al dolor hasta que se hace presente y él
mismo pregunta desde el universo corálico del lengua-
je.

Es el lenguaje el medio para acercarnos a conocer
lo que es el dolor. El lenguaje para interpelar desde los
horizontes culturales sobre los significados y alcances
del dolor; el lenguaje para aproximarnos entre sí y res-
ponder las mil preguntas que aquejan a un ser doliente
que experimenta incertidumbre, asombro, confabula-
ción, drama, especulación, miedo... Pessoa escribió

14

alguna vez: me consuelo a escondidas y tengo mi infi-
nito. ¿Quién como Pessoa, que al hablar con su dolor
puede consolarse y tener para sí un infinito?
Finalmente, es propósito de este libro reunir algu-
nos inventarios que conservan las preguntas abiertas y
las respuestas contingentes que los seres humanos
nos hemos planteado en la flecha del tiempo y que han
permitido, sin duda, el mayor florecimiento de sentidos
vitales para enriquecer la cultura humana.

Imelda Ana Rodríguez Ortiz
Febrero 2007

15

CAPÍTULO 1

MIRADAS Y TESTIMONIOS DEL DOLOR

Una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo

A. Pizarnik

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