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KEITH LUGER

¡TODOS SEREMOS
HIPNOTIZADOS!
LA CONQUISTA DEL ESPACIO n.° 33
Publicación semanal.
Aparece los VIERNES.

EDITORIAL BRUGUERA, S. A.

BARCELONA - BOGOTA - BUENOS AIRES - CARACAS - MEXICO

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a edición: marzo. A. son fruto exclusivamente de la imaginación del autor.976 . será simple coincidencia. 2.1971 1. S. Mora la Nueva. 2. Barcelona (España) Todos los personajes y entidades privadas que aparecen en esta novela.A.Impreso en España .1971 cubierta Concedidos derechos exclusivos a favor de EDITORIAL BRUGUERA.Printed in Spain Depósito legal B. 1971 © Keith Luger . S. 2 — Barcelona — 1971 .1971 texto © Jorge Samper . Mora la Nueva. Impreso en los Talleres Gráficos de Editorial Bruguera. por lo que cualquier semejanza con personajes. entidades o hechos pasados o actuales. así como las situaciones de la misma.

CAPÍTULO PRIMERO Elizabeth Harris estaba viajando hacia Oceanside. unos ojos que la estaban mirando. muy cerca del mar. Finalmente. La carretera corría frente a la playa. en donde tenía que reunirse con su amiga Nancy Palmer. hasta detenerlo cerca de donde estaba el desconocido. Elizabeth había salido de Los Ángeles. Iban a disfrutar de tres hermosas semanas. o. y se detuvo veinte metros más allá. Ya lo tenían todo previsto. Luego se desplomó. cayendo de bruces sobre la arena. los arbustos que crecían en la arena. Descubrió el automóvil y levantó un brazo. dorándose bajo el sol. En Oceanside se alojarían en el motel La Gaviota. Se habían telefoneado antes de iniciar el viaje. Elizabeth se detuvo en una estación de servicio. de San Diego. y era bien parecido. en las aguas del Pacífico. Veía las dunas. frente al hombre que estaba inmóvil. Llegada a su lado. Elizabeth vio que aquel hombre tendría unos cuarenta años. quizá. El hombre estaba a unos treinta metros de ella. Ambas habían empezado el mismo día sus vacaciones. Estaba tambaleándose. y Nancy Palmer. De pronto. Su automóvil pasó de largo. Parecía herido. Elizabeth puso la marcha atrás e hizo retroceder su vehículo. Saltó del auto y se acercó al hombre. bañándose en aquella playa californiana. En el bar comió un bocadillo y bebió una cerveza. en San Onofre. vio a un hombre surgir de una de aquellas dunas. sólo estuviese enfermo. reanudó el camino. Elizabeth percibió un escalofrío por la espalda al sentir en sus 6 . se arrodilló en la arena y cogió al accidentado por el brazo y lo volvió boca arriba. Elizabeth iba lanzada a setenta millas y empezó a frenar. e hizo llenar su tanque de gasolina. Pero tenía los ojos abiertos.

porque lo que vio fue una especie de ventosa. el desconocido alargó su mano y cogió el brazo de Elizabeth. En un principio. era una boca como la de los demás humanos.ojos la mirada de aquel hombre. La cara de Elizabeth empezó a arrugarse. Sí. Y aquel extraño hombre. que seguían siendo rojos. Una fuerza poderosa la obligaba a mirar los ojos verdosos. pero interrumpió aquel movimiento y otra vez se arrodilló. Pero el hombre la seguía mirando con sus ojos. Trató de apartar la mirada de los ojos de aquel hombre.. Elizabeth oyó una especie de zumbido y trató de levantarse. eran ya unos ojos rojos como ascuas. Elizabeth sintióse aterrorizada. Elizabeth seguía inmóvil. ¡Por favor! —exclamó. con su ventosa. la cual se cubría con un suéter que dejaba sus brazos desnudos. La ventosa se pegó a la piel. El hombre acercó la muñeca de Elizabeth a su ventosa. dando paso al rojo. Primero fueron unas 7 . Ya no era dueña de su voluntad. tratando todavía de luchar contra aquella fuerza que la mantenía paralizada. —Quieta —dijo el desconocido. pero ahora se abrieron aquellos labios y no le vio la lengua. y la ventosa se apoyó en la piel Pero la joven ya ni siquiera se estremeció. Y de pronto. pero luego aquel color desapareció y fueron azules. Elizabeth seguía oyendo aquel zumbido. que eran ahora de color marrón. sorbía y sorbía de la muñeca. inclinó la cabeza.. los ojos fijos en un punto determinado. pero todavía percibió algo extraño. El zumbido fue sustituido ahora por el ruido característico de una persona que está absorbiendo un líquido. La boca de aquel hombre estaba adquiriendo una forma extraña. —¡Por favor!. con labios y dientes. el azulado también desapareció. más tarde. Elizabeth había empezado a incorporarse. pero no podía. y del agujero de la ventosa salía el zumbido. y la ventosa se iba alargando poco a poco de entre los labios.

como cualquier otro hombre que hubiese nacido en la Tierra. Dejó libre a Elizabeth y entonces ella perdió el equilibrio y rodó por la arena hasta que un arbusto la detuvo y quedó de bruces. la cara aviejada. Un hombre estaba ante el registro. Se levantó con ligereza y respiró profundamente. El auto se alejó rápidamente del lugar donde había quedado Elizabeth convertida en una anciana. El hombre fue retirando la ventosa hacia su boca. La ventosa desapareció en sus labios y ya fue un hombre normal. vio los bungalows. Y de los veintitrés años que tenía pasó a sesenta y luego mucho más adelante. montó en él y lo puso en marcha. Al cabo de una milla. Y mientras aquel hombre absorbía. Diez millas más allá. Elizabeth iba envejeciendo. —Soy U-35. El hombre echó a andar por aquel camino y. el extraño hombre detuvo el vehículo a un lado de la carretera y siguió su camino a pie. —¿Por qué se retrasó? —Sufrí un accidente. y siguió respirando como cualquier ser humano. —Identificación —dijo. Y a las arrugas de la cara sobrevinieron otras arrugas en el cuello. Su pecho se hinchó y luego exhaló el aire. Había una flecha que indicaba un camino a la izquierda. cada vez más pronunciadas. hundida en la arena. poco después. en la dirección de San Diego. —¿Qué clase de accidente? —Iba a desaparecer. y ya no producía ningún zumbido ni otro ruido. Se dirigió a la oficina y entró sin llamar. 8 .arrugas pequeñas y luego. Era casi calvo que usaba gafas. porque llegó un momento en que Elizabeth parecía una vieja de ochenta años. vio un cartel en el que se leía: Bungalows Meredith. Se dirigió hacia el coche de Elizabeth.

. Sí. ha llegado U35.. —¿Se ha atrevido a hacer eso? —Tenía que hacerlo.. U-8 dejó el auricular en la horquilla y miró fijamente al hombre que tenía delante. U-8. Sí. Se lo comunicaré ahora mismo. —Ha quedado suspendida hasta que el Gran Consejo adopte 9 .. —Se celebrará esta noche.. —Por favor. está aquí conmigo. Usted conocía sus órdenes. —Tal como esperaba. El mismo lo resolvió. señor. el presidente no está de acuerdo con sus métodos. —Me someteré al juicio.. Pero se encontró con dificultades. Debía llegar aquí sin ser notado.—¿Error en el circuito? —Sí... No pidió ayuda. U-35. Una mujer. —Me temo que el presidente no opinará como usted.. El hombre que había sido llamado U-8 marcó un número en el teléfono. Un desarreglo en el circuito.. —¿Dónde? —Aquí mismo. quiero hablar con el presidente del Gran Consejo — hizo una pausa y luego agregó—: Señor presidente. Pero no podemos consentir una investigación de ninguna clase. —¿Cómo logró superar su dificultad? —Encontré a una mujer en el camino y obtuve lo que necesitaba para seguir viviendo. U-35.. Tendré que dar parte de usted al Gran Consejo. —¿Por qué lo dice usted? Su indisciplina es manifiesta.. —Ella no lo podrá decir a nadie. —Ya lo sé. Yo también tengo mis órdenes. —Como quiera. U-35. —No darán con nosotros... señor presidente.. —¿Cree que es necesario? —Absolutamente necesario. —Debo realizar mi misión..

—Sí. —No hace falta que lo repita. sin embargo. incumplió una de ellas. La más importante. —En el bungalow hay fósforos. Enciérrese en él y no salga hasta que se le comunique la hora del juicio. Entonces. U-35. 10 . —Ya le he dicho. Espere a la reunión del Gran Consejo para hacer su descargo. Sé perfectamente lo que le ocurrió. U-35 salió de la oficina de los Bungalows Meredith. —De acuerdo. U-8.una decisión con respecto a su indisciplina... —No se canse ahora. —De acuerdo. y. —Ahora váyase. U-8 le entregó una llave. el hombre calvo que usaba gafas descolgó otra vez el teléfono y marcó un número. pero usted conoce nuestras reglas para un caso de emergencia. U-35. No los use. —No pude ponerlas en práctica. —Tiene el bungalow número 9. —Tengo mis órdenes precisas en ese sentido. U-8. —Usted tenía más órdenes precisas. —Considérese arrestado. U-35. U-35.

El número 16. pero ninguna de ellas corresponde al nombre de Elizabeth Harris. cuando Nancy se disponía a salir. Estaba optimista. La otra es para mi amiga. un joven con la nariz llena de pecas. —No debe tardar. señorita Palmer. Para eso habían ido allí. señorita Palmer? —Tres semanas. —¿Cuánto tiempo van a estar. Quiero un bungalow con dos camas. un dormitorio con dos camas. ¿Me quiere dar la llave del bungalow? Jack Fonda se la dio y. pensaban estar casi todo el día en la playa. después de dejar el auto en la cochera. Pensó que ya estaría allí su amiga Elizabeth Harris. Puede inscribirse. por favor? El pelirrojo comprobó el libro. —Tenemos uno disponible. Nancy. pero suficiente para ella y para Elizabeth. No era demasiado grande. y un cuarto de baño. el rostro bellísimo. y entró en la casa. Preguntó al hombre que atendía el registro. sacó su equipaje. Al fin y al cabo. —Desde luego. —Gracias. una maleta.CAPÍTULO II Nancy Palmer había llegado al motel La Gaviota de Oceanside. señorita Palmer. se detuvo y dijo: —Señor Fonda. Era 11 . señor Fonda. si viene Elizabeth mándela al bungalow. pelirrojo: —¿Se ha alojado Elizabeth Harris? —No recuerdo el nombre. —Hemos tenido seis altas. Nancy tenía veintidós años y era muy hermosa. El bungalow tenía un living con una chimenea donde había unos leños. Nancy llenó la hoja correspondiente del libro. —¿Quiere comprobarlo. y estoy a su disposición. de ojos negros. Había empezado sus deseadas vacaciones. —Me llamo Jack Fonda.

Nancy tomó una ducha y se vistió con un atuendo deportivo. a unas 35 millas de aquí. Rock Bogarle. Ya estaba oscureciendo. Había comprado en el camino un par de periódicos de Los Angeles y. Quizá esa fuese una razón para que Elizabeth y Nancy simpatizasen. Elizabeth ha tenido mucho tiempo para llegar aquí. Decidió salir del bungalow y dirigirse la oficina. —¿A qué se refiere? —Encontraron muerta a una mujer. Acordamos salir a la misma hora... Habían acordado reunirse durante aquellas tres semanas en Oceanside. tendida en el sofá. como acordamos. Había conocido dos años atrás a Elizabeth. señorita Palmer. —¿Qué edad tiene su amiga? —Veintitrés años. Nancy empezó a intranquilizarse. —Oiga. y Elizabeth no llegaba. ¿Qué ha pasado? —Puede estar tranquila. —¿No llegó todavía mi amiga? —No.. —Hola. ¿tiene usted noticias de que haya ocurrido algún accidente entre Los Angeles y Oceanside? —Oh. ¿por qué piensa en eso? —Tengo que pensarlo. 12 . cuando el jefe de Nancy la llevó con él a la gran ciudad californiana para ventilar asuntos profesionales. los dos abogados habían competido. Nancy se mordió el labio inferior. se dedicó a hojearlos.... no. Y para ello lograron que sus respectivos jefes les diesen las vacaciones en la misma fecha. Si hubiese llegado. Ya era de noche. No es ella.secretaria de un abogado de San Diego. Se habían escrito y luego se encontraron media docena de veces en Los Angeles. cerca de la carretera. señor Fonda. Encontró a Jack Fonda leyendo una fotonovela de crímenes. señorita. Así pasó una hora. la habría mandado a su bungalow. En aquella ocasión. que también era la secretaria de un abogado criminalista de Los Angeles.

—¿Por qué es tan dura conmigo? 13 . Nancy dio un suspiro de alivio. —¿Lo siente? Estupendo. Un hombre estaba delante de su mesa. Imagínese. —Su amiga llegará de un momento a otro. pero ya le he dicho que no tiene por qué inquietarse. de modo que nos hemos conocido en alguna parte. De pronto. Era rubio. alto. —Señor Robins. Soy Tony Robins. La mujer muerta era muy vieja. señorita. Nancy no creía que Elizabeth hubiera olvidado llamarla si hubiese tenido una avería. Dicen que soy la mar de divertido. —¿Nada? —Absolutamente nada. Y eso la hizo sonreír. Por la tarde. Quizá tuvo una avería mecánica. me ha tenido en vilo. quizá olvidó llamar. guapo. apenas dos trozos de tela. tratando de pensar en las cosas que le habían pasado el día anterior cuando se despidió de la oficina. Comió despacio. en cuanto llevemos un rato juntos. y el dependiente le había sugerido los más pequeñitos. —Tiene usted una sonrisa maravillosa. pero se equivoca.—¿Una mujer? —Sí. Dio las gracias a Fonda y se dirigió al restaurante. cambiará de idea. dicen que tendría unos setenta y cinco u ochenta años. No lo va a sentir porque en seguida me presentaré. no pienso hablar con usted mucho ni poco. había comprado un par de bikinis en un almacén. —Bueno. —En ese caso. de ojos verdes. no tengo ganas de conversar con nadie. me habría telefoneado. —Eso lo dice usted ahora. Elizabeth sabe que yo estaría intranquila al no tener noticias de ella. Jack rio. señor Fonda. pero. —Yo recuerdo su sonrisa. —Señor Robins. oyó una voz. —Lo siento. Ya sabe. —Caramba.

si le estoy partiendo el corazón. pero telefoneó primero. El rubio le hizo una señal desde lejos. —No espere que le diga mi nombre. —¿Dónde estaba el coche? —A unas quince millas de aquí. —¿Quién se lo dijo? —Un agente patrullero. Y ahora. El rubio dio un suspiro y se llevó la mano al corazón. por favor. señorita Palmer. —¿Y Elizabeth? —No. Había tipos atrevidos y aquel rubio lo era. Ya habían terminado de comer. —Está bien.. Pero encontraron su coche. adiós. él es Peter Martin —dijo Jack. No lo vuelva a repetir. aléjese. —Es lo más ingenioso que me han dicho en el día de hoy. Le dije que usted estaba esperando a Elizabeth Harris. —¿Nada. señor Fonda? —No quiero alarmarla. —Señorita Palmer. como si se estuviese muriendo. El rubio se echó a reír. Se detuvo otra vez ante el pelirrojo Jack. Nancy no pudo por menos de sonreír. Se alejó. El patrullero hizo un saludo. —¿Adiós? —Adiós. no me vaya a manchar de sangre. Mírelo. Nancy le contestó levantando la barbilla en un gesto de indiferencia. —¿Eh? —El coche de su amiga. Nancy vio salir de la cabina telefónica a un policía patrullero. Iba a entrar en el restaurante en su busca. Pagó el importe de la comida y salió del restaurante.—Señor Robins.. tomando posesión de una mesa de enfrente. Me iré a sangrar a otra parte. —Jack me ha explicado que usted estaba esperando a Elizabeth 14 . ahí lo tiene. señorita... a ella no la han encontrado.

Nancy abrió el bolso y extrajo una fotografía que se había hecho con Elizabeth en Los Angeles. —Haremos todo lo posible por encontrar a su amiga cuanto antes. 1’65 de talla. Tengo una fotografía de ella. —Estaba a un lado de la carretera. ¿Me quiere describir a su amiga? —Veintitrés años. Jack se lo habrá explicado. El policía se marchó. ¿dónde estaba Elizabeth? —He dado ya el aviso para que la busquen. señorita Palmer? Nos puede servir de ayuda. ¿Qué habría sido de ella? 15 . Me detuve porque. señorita Palmer. —¿Sabe si la señorita Harris viajaba sola? —Ella no me dijo que la acompañarían. No se le ve ninguna herida. Tendrá noticias nuestras. Nancy decidió volver a su bungalow. Su cuerpo fue trasladado a la Morgue para que le hiciesen la autopsia. al no ver a nadie en el coche. —Pero si el coche estaba a quince millas de aquí. —Pero eso es absurdo. Esté tranquila. La policía había encontrado su auto. señorita Palmer. ¿qué habrá sido de Elizabeth? —No le habrá pasado nada. pensé que podría tener alguna relación con la muerte de la anciana. —También me lo dijo. —Desde luego. ojos verdes. —¿De qué murió la anciana? —Todavía no lo sabemos. —Así es.Harris. —Dios mío. —¿Me la puede dejar. Estaba muy preocupada por Elizabeth. Nancy apretó las sienes. pero no a Elizabeth. —Sí. —Pudo recoger a la anciana en el camino. Peter Martin observó la fotografía. y Jack me ha dicho que sólo encontraron su coche.

Nancy se levantó de un salto. señor Robins. —Muy bien. señor Robins. le agradeceré mucho que me deje tranquila. —¡Elizabeth! —corrió a abrir. —Oiga. 16 . sino el rubio alto y guapo. Un locutor estaba entrevistando a una actriz de teatro. ¿Me deja ahora pasar? —No. —Pero usted ha dicho. una vez en su bungalow. señorita Palmer. señorita Palmer. pero pregunté a Jack por usted y me contó lo de su amiga. Cuando el protagonista iba a empezar una operación en el quirófano. —Pensé que necesitaría compañía. Otra vez cambió el canal. ya ha jurado que es un buen chico y le creo. pero yo no quiero hablar ni siquiera con un buen chico. Un melodrama. —¿Sabe algo de Elizabeth? —No. he admitido que es un buen chico. Estaban dando un telefilme. Se trataba de la Segunda Guerra Mundial. Ocurría en un hospital. Estaban pasando una película francesa de veinte años atrás. —¿Otra vez usted? —Perdone que haya venido. —Buenas noches. puso la televisión porque necesitaba entretenerse.CAPÍTULO III Nancy. cambió de canal. —Entonces.. yo no soy un aprovechado —levantó la mano derecha y sonrió—. Empezó una batalla con cañoneo y vio cómo un soldado saltaba en el aire al hacer explosión un obús. Lo juro. —Sí. —Estupendo.. Pero en la puerta no estaba Elizabeth. De pronto llamaron a la puerta. —No la necesito. como casi siempre.

. Insertaron la fotografía de la anciana. Una mujer había sido encontrada muerta en la carretera.. Sí. cuatro meses atrás. por jóvenes con motos o por adultos de cerebro tortuoso. 17 . Llevaba un broche muy parecido al que ella había regalado a Elizabeth en su último cumpleaños. Se sentó ante el televisor y trató de escuchar el diálogo entre el locutor y la actriz. Se acercó al televisor y tuvo más seguridad. La imagen de la anciana desapareció y fue ocupada por la del locutor. todas referentes a mujeres asaltadas. una inundación en India. estoy en el bungalow número 12. el secuestro de un avión. una anciana. a unas quince millas de Oceanside. —Que descanse. Nancy cerró la puerta. Ellos se reían. Su rostro estaba muy arrugado. declaraciones del primer ministro ruso. guerras. Cielos. pero Nancy no encontraba el diálogo ingenioso. El rubio hizo un saludo y se retiró del porche. necesitaba compañía. Oh. pero miró con más interés el pecho de aquella anciana. Nancy iba a apartar la mirada de la pantalla. porque cada vez estaba más inquieta con respecto a Elizabeth. a Elizabeth no le podía haber ocurrido nada de eso. que le hablasen. El broche era igual al que ella había comprado para Elizabeth en unos almacenes de San Diego. La entrevista iba acompañada por algunas intervenciones teatrales de la actriz. debía tener ochenta años. —No voy a cambiar de opinión.—Como quiera. ¿Había hecho bien en no invitar a Tony Robins a que entrase? Después de todo. no. Pero si cambia de opinión. Terminó aquel programa y dieron noticias. y hasta que le hicieran reír. Primero las de carácter internacional. No se sabía quién era por no habérsele encontrado encima ningún documento. recordó algunas noticias que había leído en los periódicos. declaraciones del presidente de los Estados Unidos.

—Es muy amable. —¿Se refiere a la que trajeron esta tarde? —Sí. a un par de millas hacia la ciudad. Pero señorita Palmer. —¿No ha vuelto Peter Martin por aquí? —No. —Está bien. Está un poco retirada de aquí. Jack le entregó el plano. señorita Palmer. y Douglas Calvet hizo correr 18 . y Nancy salió de la oficina y entró en su coche. Los cajones estaban en la pared. Jack la recibió con una sonrisa. ¿Qué puedo hacer por usted? —Quisiera ver a la anciana. Jack. señorita Palmer. ¿por qué quiere ir allí? —Tengo que ir. —¿Algo nuevo. Llegó a la Morgue en unos quince minutos. Montó en él auto y se dirigió hacia la oficina del motel. cogió su bolso. Sígame. se dirijan a la policía. —Buenas noches.» Nancy apagó el televisor. —¿Dónde está la Morgue? —¿Cómo? —La Morgue de Oceanside. Una vez tuve que ir para identificar a un amigo que se ahogó.—«Rogamos a las personas que puedan dar informes con respecto a esta anciana. Entraron en la sala. —En la calle Lincoln. —Mi nombre es Douglas Calvet. —Como usted quiera. señor Calvet. se puso un jersey. —Hola. Le puedo proporcionar un plano de la ciudad. señorita Palmer. Estudió el plano hasta dar con la calle Lincoln y se puso en marcha. Jack? —No. La recibió un empleado de cabello blanco. Soy Nancy Palmer. Volvió a su cuarto.

¿Dónde está la comisaría de policía? —Dos calles más abajo. Nancy dirigió una última mirada a la anciana. señorita Palmer. —¿Le hicieron la autopsia? —Sí. —Gracias por todo. tenía que hablar con la policía. Siempre lo hacen por si ayuda a identificarla. en la avenida Santa Bárbara. Tenía el vestido puesto. —De nada. y para eso sujetaba a cada uno por el cuello. —Soy el teniente Spencer Lamont. Sí. Eran verdes. En la muñeca derecha tenía una mancha roja. ¿ha 19 . Se inclinó sobre el cadáver y miró con más atención los zapatos. El 37. Un policía estaba tratando de separar a dos borrachos. señorita Palmer. Además. Dígame. Douglas iba a cerrar el cajón. Soy Nancy Palmer y vengo para informar con respecto a la anciana que encontraron muerta en la playa. señor Calvet. el de la misma anciana que había visto en la pantalla de televisión. —Espere un momento. No. y ella había visto a Elizabeth con unos zapatos exactamente como aquéllos. Nancy viajó en el auto hacia la comisaría. —¡Ya basta. El broche. muchachos! ¡Pondré a cada uno en una celda! Nancy se dirigió a un hombre que estaba leyendo un periódico. no podía haber tantas coincidencias. estaba segura de que eran del mismo número.uno de ellos. señor Calvet. señorita Palmer. —Buenas noches —esperó a que el policía apartase la mirada del papel impreso—. —¿Y el broche? —Se lo llevó la policía. del tamaño de una moneda de diez centavos. señorita Palmer. ¿Sabe quién es? —No. Ella se acercó y vio el cuerpo que había en el interior. pero ya no tenía el broche. sentado en una silla. —No va a ser muy agradable. —¿De qué murió? —No me lo dijeron. los zapatos.

—¿Ah. pero he identificado dos objetos que llevaba. Vi antes ese broche y esos zapatos. —Entonces.. 20 . ¿De qué murió la anciana? —En su muerte hay algo más extraño todavía. —Teniente Lamont. señorita Palmer. —Sí. —¿A qué cosas se refiere? —Al broche y a los zapatos. la joven que desapareció. usted debe ser la amiga que esperaba a Elizabeth Harris en el motel La Gaviota. teniente. Y los zapatos de la anciana son exactamente iguales a unos que llevaba mi amiga Elizabeth Harris. —A mí también me lo parece.. sí? —el teniente Lamont hablaba con precaución. Se le hizo la autopsia y no se le encontró una gota de sangre. Encontraron su coche abandonado a unas millas de Oceanside.identificado a la anciana? —No. yo le regalé ese broche a Elizabeth con motivo de su cumpleaños. señorita Palmer. —Peter Martin me habló de ello. un poco confundido. Todo esto es muy extraño.

y que el cómplice matase a mi amiga. y es posible que ninguna fuese la buena... usted piensa en el asalto. —Teniente. —Así que. pero hasta ahora no tengo pruebas de lo que realmente pasó. —¿Cree que podré dormir? —Inténtelo. —Vi una mancha roja en el brazo de la anciana.. a primera hora. teniente. y podríamos estar horas y horas dando hipótesis distintas. de sangre? —Así es. Mañana. ¿O pudo hacerlo con una pistola? —Una anciana puede empuñar una pistola. Váyase al motel y duerma. —¿Y qué dice el doctor respecto a esa mancha? —No ha podido concretar nada. pero hasta ahora no han encontrado nada. le repito que esa anciana llevaba el broche y los zapatos de Elizabeth. él dijo: 21 . —¡Dios mío. señorita Palmer. —Nosotros también la vimos.. Lamont acompañó a Nancy hasta la puerta y se despidieron. —Suponga que la anciana tuviese un cómplice y que entre los dos asaltasen a Elizabeth. —Está bien. —También he pensado en ello. —¿Supone usted que la anciana asaltó a su amiga? —Lo habría pensado si no fuese porque la muerta tenía ochenta años. —¿Y a qué se debe eso? —El forense no lo sabe. pasaré a verla y le informaré de todo lo que haya. No había ninguna herida. Pero antes de subir al auto.CAPÍTULO IV Nancy Palmer estaba asombrada y tartamudeó: —¿Ni una gota. —Sí. entonces la anciana pudo matar a Elizabeth! —Di orden de que rastreasen la zona. señorita Palmer. No pudo producirse hemorragia. señorita Palmer.

donde se encontraba el rubio. Nancy se metió en el auto y regresó al motel. Hasta mañana. —Estuve muy antipática con usted. Estaba en mangas de camisa. Estoy con una firma que abarca mucha mercancía. automóviles. señorita Palmer. señorita Palmer. Estaba cansada y fue directa a su bungalow. —Gracias. Un locutor daba noticias internacionales. —¿De dónde es? 22 .. Se disponía a entrar en la casa cuando vio luz en el bungalow 12. —¿Qué cosa? —Solares. Vengo a disculparme. —No tiene que hacerlo. ¿no ha identificado el vestido de la anciana? —Es un maxi. Nancy entró. Llamó a la puerta y.—Señorita Palmer. —Hola. La televisión estaba en marcha. No pasó por la oficina. no me gustan las mujeres fáciles. Fue una pregunta que se me ocurrió hacerle. al cabo de unos instantes. teniente? —Nada. Dejó el vehículo en la cochera. Robins? —Compro y vendo. señorita Palmer. —Ah. es usted. casas. —Siéntese. Caminó hacia el bungalow número 12.. Estuvo usted como yo esperaba que estuviese. ¿Qué estaba pensando. Verá. ¿Por qué no se mostraba más afectuosa con él? Tony Robins era simpático. y se le había ofrecido para hacerle compañía cuando se enteró de que estaba esperando a Elizabeth y que habían encontrado el coche abandonado. Robins le alargó una taza de humeante café. —¿A qué se dedica. y no estoy segura de no habérselo visto a Elizabeth. Titubeó unos instantes. ¿quiere pasar? Acabo de hacer café. —No diga eso. le abrió Tony Robins. señorita Palmer. Él sonrió y se le formó un hoyuelo en cada mejilla.

Nancy estaba mirando sus ojos verdes y de pronto le parecieron que no eran verdes. —A dar un paseo. Nancy no sabía por qué hacía aquellas preguntas. Pero en aquel momento el locutor se refirió al caso. —¿Casado? —Oh. tiene nuevos datos aportados por la señorita Nancy Palmer. Así. El rubio se tironeó de una oreja. en el momento de su muerte. sino castaños. —Y les dijo todo eso.» La taza de café tintineó en el plato que sostenía Nancy. Quizá porque estaba nerviosa y quería distraerse para no pensar en Elizabeth Harris. —«Más información acerca de la extraña muerte de la anciana cerca de Oceanside. un broche y unos zapatos pertenecientes a Elizabeth Harris.—De San Francisco. parece que se ha establecido una relación entre la muerte de la desconocida anciana y la desaparición de Elizabeth Harris. La señorita Harris se ha dado por desaparecida porque su coche fue abandonado a un lado de la carretera. gracias a la señorita Palmer. no. Lo del broche y lo de los zapatos. señorita Palmer? —le preguntó Robins. una joven que la señorita Palmer estaba esperando en un motel de Oceanside. —«El teniente Spencer Lamont. El teniente Lamont y sus colaboradores continúan las pesquisas y se espera obtener resultados en un breve plazo. —Sí. —Fui a la Morgue a identificar a la anciana y luego a la policía. encargado del caso.» Robins se acercó al televisor y lo apagó. El caso se ha convertido en un doble misterio. Robins avanzó hacia ella y entonces. Nancy observó que los ojos 23 . me dijo que había ido a dar un paseo. —Señorita Palmer. Se le ha practicado la autopsia al cadáver y no se le ha encontrado una gota de sangre. Esta información extra se refiere a que la anciana llevaba consigo. No quería contarle su desagradable visita a la Morgue y lo que había visto allí. señor Robins. —¿Adónde fue. pues.

pero ella seguía mirando a los ojos de Robins. señorita Palmer.. y quedó completamente paralizada. señorita Palmer? —Azules. no podía ser. Sus ojos. 24 . por entre los labios de Tony Robins. —Le obedeceré. —¡Dios mío! —dijo Nancy. Le bastó con seguirla mirando a los ojos para que Nancy interrumpiese su movimiento y quedase otra vez sentada. Nancy abrió la mano y dejó caer la taza con el café. Oh. señorita Palmer. —¿Cómo los ve. Son rojos. Robins escondió la ventosa en su boca y continuó hablando. El zumbido seguía siendo insistente. —Deje de mirarme. —Hará todo lo que yo le ordene. —Le he dicho que no puede irse. La seguía mirando fijamente. —¿Qué me pasa. señor Robins. —No puede marcharse. —¿Qué color tienen? —Empiezan a enrojecer. —¿Azules? ¿Está segura? —Oh. Él se acercó a la joven y se detuvo ante ella. tiene que obedecerme. señor Robins? —Nada.de él no eran castaños. —¿Qué le pasa a mis ojos? —Cambian de color. pero no pudo. no. —Quiero marcharme. —Sí. aparecía una cosa larga que parecía una ventosa. sino azules. Nancy oyó un zumbido. —Sí. Trató de apartar la mirada de los ojos de Robins. Trató de levantarse y él ni siquiera alargó la mano para detenerla. —No quiero quedarme. y Nancy vio que... señorita Palmer. no. —Señorita Palmer. no son azules. No le pasa nada. No sabía de dónde procedía..

—Luego. y usted seguirá andando. Se detendrá a diez millas de Oceanside y sacará el coche de la carretera. levántese. —Sacaré el coche de la carretera a diez millas de Oceanside. Robins seguía teniendo los ojos fijos en Nancy. hasta quedar totalmente sumergida.—Todo. —Yo le diré lo que tiene que hacer cuando salga de aquí y lo ejecutará exactamente como yo se lo ordene. señorita Palmer. El mar es muy hermoso. —Seré muy feliz. —Iré hacia la playa. Una vez en su coche. usted se dirigirá andando hacia la playa. usted irá a por su coche. Abrió la puerta y salió del bungalow número 12. señor Robins. señorita Palmer. señor Robins. Nancy se levantó. —Póngase en marcha. Le tenderán sus brazos. —Sí. Poco a poco irá avanzando. usted viajará hacia San Onofre. por la carretera de la costa. —Cuando salga de su bungalow. señorita Palmer. —Y se meterá en el mar. iré a por mi coche. ¿lo oye? —Sí. las rodillas. —Cuando salga de mi bungalow. —Muy bien. Le obedeceré en todo. Tendrá toda la dicha del mundo cuando haya dejado de existir. 25 . Ahora. El mar es muy hermoso. Usted será muy feliz. señorita Palmer. señorita Palmer. —Sí. Allí la acogerán hermosos seres. y ejecute cuanto le he ordenado. la cintura. Nancy dio media vuelta y echó a andar. Repítalo. La irá cubriendo poco a poco los tobillos.

Sólo las olas marcaban un punto de referencia al romper y convertirse en espuma. El agua le llegó a la cintura. Al pasar frente a la oficina. ¿qué diablos hace? Pero Nancy no podía oír aquella voz y siguió avanzando. Siguió andando. señorita Palmer. y todos aquellos seres 26 . que estaba en la puerta. Se cruzó con varios coches que pasaron por su lado como flechas. muy hermoso. —¡Señorita! —gritó otra vez aquel hombre—. —Eh. Era hermoso el mar. El agua subió poco a poco por sus piernas. a una velocidad moderada. Penetró en el mar. y allí le esperaban unos seres maravillosos que la tomarían en brazos. ¿Es que se ha vuelto loca? Nancy empezó a sumergir la barbilla. cincuenta millas por hora. Tenía la mirada fija en el horizonte. ¿adónde va? Nancy no le miró. Diez millas más allá de Oceanside. que era una mancha oscura en la profundidad del océano. sacó el coche de la carretera por la izquierda. Nancy llegó adonde las olas morían y siguió andando. De pronto.CAPÍTULO V Nancy Palmer se metió en su automóvil y lo sacó de la cochera. ya que la luna había sido cubierta por algunas nubes. Era noche oscura. Nancy caminó por la arena hacia la playa envuelta en la oscuridad. Jack. Nancy siguió conduciendo su automóvil por la carretera hacia San Onofre. cuando no pasaba otro vehículo y lo detuvo en la arena. señorita. Jack se encogió de hombros y se metió en la oficina. gritó: —Eh. alguien gritó desde la playa.

me estaba 27 . —Claro que le debe de doler. —¿Qué dice? —Señorita. y llevaba el camión a poca velocidad. —Estoy helada. *** Nancy Palmer despertó. elija otro sistema. ¿sabe?. Sí. Tenía frío. Cuando la cogí estaba como un témpano. Estaba en la arena. Sintió que unos brazos la cogían. —Ya lo noté. A usted. —¿Qué más? —Nancy Palmer. Tenía que ser uno de aquellos seres que la transportarían a lo más hondo del mar. cuando me pareció ver que una mujer se dirigía a la playa. dé gracias a que pasaba por aquí con mi camión. —¿No entiende? —Nada. Nancy. Como una sopa. Estaba cansado. —Yo soy Mike Morgan. —Se iba a ahogar. Y ella sería una figura central.ejecutarían para ella un ballet. se traga todo el océano. sentado. Ven con nosotros y serás muy feliz». ¿Qué le había pasado? A su lado vio. Si se descuida un poco. cuando quiera suicidarse. a un hombre que estaba chorreando agua. Mucho frío. señorita. —No entiendo. Se sumergió totalmente. —Me duele la cabeza. Iba conduciendo mi camión. —Señorita. —¿Me cogió? —¿Por qué no hace memoria y empieza a decir quién es? —Nancy. Mire cómo estoy. y en sus oídos retumbó una música con voces que venían de muy lejos. y entre aquellas voces había una que le susurraba: «Ven con nosotros. Y también tuvo mucha suerte de que yo fuese un campeón de natación hace algunos años.

Nancy recordó a Elizabeth. señorita? ¿Su novio la dejó? Y le pregunto por su novio porque no le he visto anillo de casada. por último. ¿Por qué quería suicidarse. rojos. —Sólo falta que la calefacción no funcione —dijo Mike. después azules y. Mike Morgan se rascó el húmedo cabello. Pero un camaleón sólo cambia de color de piel. Nancy había apoyado la cabeza en el respaldo y tenía los ojos cerrados. al teniente de policía y también se acordó del rubio. Nancy pegó un chillido. Iremos al camión y nos calentaremos un poco. Morgan la ayudó a levantarse y echaron a andar hundiendo los zapatos en la arena. ¿es que no sabe por qué se iba a matar? —Oh. —¡No estoy hablando de un camaleón.muriendo de sueño. Con este baño se despertaría hasta un muerto. la del conductor. —Usted no sabe nada de nada. —Suba. de facciones varoniles. pero usted me ha despertado. —Oiga. Eso es. Nunca he oído que cambie de color de ojos. señorita? —Los ojos. Ella entró en la cabina y Mike dio la vuelta al camión y entró por la otra puerta. Pero funcionaba. —Entiendo. señorita Palmer? —No lo sé. —Vamos. El camión estaba a un lado de la carretera. Era un hombre de treinta años. levántese. Ella había ido a su bungalow porque necesitaba hablar con alguien. vio un camaleón. alto. señor Morgan! —¿Ah. —No recuerdo. no? 28 . —¿Qué le pasa. luego castaños. Y de pronto. a la anciana.. Tony Robins. Eran verdes. —¿Trajo su coche. no lo sé.. —¿No recuerda nada? —Nada.

Palabra que no tengo nada contra usted... Sólo un poco enferma. señor Morgan. no... Sí. —Creo que le entiendo. —Oh. ¡Y está muy cerca de aquí. —¿Qué fue lo que él dijo? —murmuró—. ¿verdad? —Señorita Palmer. señorita Palmer. pero Elizabeth Harris desapareció. señorita Palmer. —Ese hombre no existe. ha debido de salir de un hospital. —¡Le repito que no me he escapado de ningún hospital! ¡Ningún doctor me está tratando!. Nancy lo miró fijamente a la cara. —Señorita Palmer. tanto como loca... ¿Qué fue lo que él dijo? —¿A quién se refiere? ¿Al tipo de los ojos de colores? —Sí.! —¿Dónde? —En el motel La Gaviota. —¡Existe!. Piensa que estoy loca. ¿adónde quiere que la lleve? —Al motel La Gaviota. —De la cabeza..—¡No! —¿Y de qué bicho habla? —¡De un hombre! —No hay ningún hombre que tenga unos ojos de tantos colores. La tiene que ver un doctor. —Sé cuál es. pero debe regresar al hospital. debe regresar al hospital. Usted lo ha soñado. Nancy se apretó las sienes e inclinó la cabeza sobre el pecho.. —¿Con quién? —Debía estar con una amiga. He parado allí un par de veces... desapareció y la anciana tenía sus zapatos y su broche.. no puedo llevarla allí. ¡Eso es! ¡Yo vine aquí en mi coche! —¿Dónde dejó el coche? 29 . Morgan la miró con el ceño fruncido. ¡Mi coche!.. ¿Está usted hospedada allí? —Sí. —¿Por qué no? —Mire... Allí la tratarán muy bien. —Hombre.

—Tiene que estar cerca. póngame en seguida con la policía. ¿para qué contárselo a él? Era la policía quien lo tenía que saber. —Eh. Al llegar ante la oficina de Jack. —Soy Nancy Palmer y quiero hablar con el teniente Lamont. —De acuerdo. algo horrible! —¿Qué fue? 30 . titubeó.. Se estremeció al ver el bungalow número 12. Descolgó el teléfono. ¿adónde va? Nancy no se detuvo. En seguida oyó la voz de Jack. me ha ocurrido algo espantoso. Procuró no hacer ruido con el coche. Apretó el acelerador y su automóvil partió veloz hacia Oceanside. No. —Lo siento. señorita Palmer. —¿Ya volvió. —Parece razonable. —Y no lo robé. Nancy esperó unos instantes y. oyó una voz distinta a la de Jack. Mike había corrido detrás de ella. señorita Palmer! Nancy no esperó. Tuvo que esperar otra vez. al fin. —¿Señorita Palmer? —oyó la voz de Lamont. Es mío. —¿Qué le pasa. —¡Teniente. Voy a avisarle. señorita Palmer? —¡No haga preguntas y póngame en comunicación con la policía. —¡No puedo esperar!. Su auto estaba cerca y lo vio en seguida. señorita Palmer? —Jack. Nancy abrió la cabina y saltó a tierra. Debió llegar aquí en un coche. pero el teniente está ocupado en estos momentos. señorita Palmer. dos. Lo dejó ante su bungalow y corrió al interior. —¡Espere. Un minuto. Se metió en él y lo puso en marcha. ¡Tengo que hablar con el teniente Lamont! ¡Dígale que es urgente! —Espere un momento. —Comisaría de Oceanside. Todavía había luz. señor Morgan.. señorita Palmer.

Y quedó sobrecogida. señorita Palmer. señorita Palmer? Nancy vio aquellos ojos verdes. ¿Por qué no obedeció? Nancy desvió la mirada de los ojos de Robins. De pronto. —Dese prisa. —Sí. ¡Usted lo hizo! —¿Qué cosa hice? —Usted me hipnotizó.. señorita Palmer! 31 . —No diga tonterías. Entró en su dormitorio y se despojó de la ropa húmeda. —¡Míreme. Robins la cogió y la sacó del dormitorio tirando fuertemente de ella. Vio los leños en la chimenea. —¡No.. La rodeó con sus brazos. sino el rubio Tony Robins. —¿Por qué no me obedeció. que se movían hacia ella.. Salió diciendo: —Teniente. ¡Míreme! —¡No! Nancy vio las piernas de Robins. Yo no hice tal cosa. Se frotó vigorosamente con la toalla. Tenía que cambiarse. señorita Palmer! Nancy sólo le miraba las piernas. señorita Palmer.—Venga aquí todo lo aprisa que pueda y se lo contaré. Nancy colgó el teléfono. —Levante los ojos. señorita Palmer. Su visitante no era el teniente Lamont. —Le he hecho una pregunta. teniente. Se puso ropa seca. pero no entraba en calor. —Voy para allá.. oyó que la puerta del bungalow se abría. Se sentía helada hasta los huesos. Encendió un fósforo y prendió los leños. Entonces se metió en su dormitorio para encerrarse. Tenía mucho frío. señorita Palmer. pero Robins llegó antes y se lo impidió. —¡Míreme. jamás lo haré!.

¡Me va a mirar a los ojos! 32 ... —¡Me va a mirar.Ella se debatía para liberarse. pero los brazos de aquel rubio tenían una fuerza poderosa. señorita Palmer!.

—¿Para qué la necesitó? —Para seguir viviendo. Nancy corrió hacia la puerta. entonces ocurrió algo insólito. Nancy siguió retrocediendo hasta llegar junto a la chimenea. ¡Déjelo! Nancy arrojó el leño contra el rubio. Ella no podía mirarle. señorita Palmer. está usted en mi poder. desde los pies a la cabeza. Usted quiso que yo me ahogase. El rubio. Al quedar libre. No puede huir a ninguna parte. luego azules y más tarde rojos. Palabra que seré bueno. señorita Palmer? —Usted ordenó que me metiese en el mar. Sabía que no podía hacerlo porque si lo hacía vería otra vez cambiar el color de los ojos.. de verdes a castaños.CAPÍTULO VI Nancy Palmer pegó un rodillazo en el estómago de Robins y éste retrocedió tambaleándose.. 33 . Robins se echó a reír. Vio las piernas de Tony Robins que seguían acercándose. porque Robins saltó interrumpiéndole el camino. —¡Deje eso. Seré bueno con usted. —¿Quiénes son ustedes? —Deje de hacer preguntas y míreme. —¿Qué le pasó a ella? —Uno de nosotros la necesitó. —Vamos. pero tuvo que detenerse. —¿A qué se refiere? —Debió olvidar a su amiga Elizabeth. Y entonces. —Ahora me va a mirar. —¿Por qué no es dócil. El ardiente leño golpeó contra el pecho de Robins y. empezó a arder súbitamente como si hubiese estado impregnado de petróleo. La joven se inclinó suavemente y cogió un leño encendido. señorita. Otra vez empezó a avanzar hacia Nancy. ¿Por qué? —Porque hizo lo que no debía. él le podría ordenar hacer cuanto quisiese. señorita Palmer!.

Se acercó a Nancy y la tomó por el brazo. —Sólo le pegué fuego a él. se abrió la puerta y entró el teniente Lamont. asombrada. El rubio había tenido una cara de facciones correctas. Lamont exhaló el aire. señorita Palmer? ¿Por qué ha intentado pegar fuego al bungalow? Nancy respiraba entrecortadamente. Y. y empezó a envejecer. con un hilo de voz—. —¿A él? —¿Al rubio? —¿De qué rubio habla? —De Tony Robins. no —murmuró Nancy. en un momento determinado. —Oh. el huésped del bungalow número 12. porque recordó que no había querido mirar a los ojos de Tony Robins. Empezó a pisarla hasta que la apagó. debatiéndose entre aquella llamarada que le rodeaba por todas partes y que brotaban de su propio cuerpo. —¿Qué ha pasado. Ella lo miró a los ojos y se estremeció de pies a cabeza. Sólo el leño que estaba quemando la moqueta. juveniles. —¡Señorita Palmer! —¡Teniente! Lamont vio la moqueta que ardía y corrió. Él me ordenó que me metiese en el mar y me ahogase. En aquel instante. Ni siquiera un puñado de polvo. De pronto. a llenarse de arrugas. Vio cómo el rostro del rubio se aviejaba. gesticulando. como si decenas de años estuviesen transcurriendo en pocos segundos. Nancy quedó paralizada por el terror. convertido ya en una momia. señorita Palmer. —Tranquilícese. de repente. Nancy vio.Nancy alzó la mirada y pudo verlo. Miró rápidamente hacia otro lado. señorita Palmer? 34 . que en el suelo de la habitación no quedó ningún resto de Tony Robins. pensó que el teniente podía ser uno de «ellos». —¿Qué le pasa. ¡No! Tony Robins continuaba avejentándose más y más. Tomó el leño y lo arrojó a la chimenea. fue desapareciendo.

igual que el rubio. señorita Palmer! Sin embargo. Sí. —El rubio me hipnotizó. al fin. y el teniente Lamont apareció en el hueco de la puerta. ¿Qué pasó? Nancy habló sin mirarle a los ojos.. de Mike Morgan. —Sí. El teniente era uno de «ellos». 35 . —Eh.. eso le estoy preguntando.—¿Quién es usted? —¿No sabe quién soy? El teniente Lamont. —No veo a nadie. Y.. —Señorita Palmer. Mike. lo consiguió. Levantó la mirada y vio el rostro de aquel camionero. señorita Palmer. Nancy oyó pasos. señorita Palmer. Dijo llamarse Tony Robins. Usted me mandó llamar. Sólo trataba de controlarme. Ellos lo hicieron. —Pues se la romperá a un policía. —Nancy. pero la defenderé contra quien sea. —¿Contra quién? —Contra él —señaló el interior del bungalow. Quiso hacerse el simpático conmigo. ¿por qué está molestando a la señorita? —¿Quién es usted? —Así que pregunta quién soy... Lamont la zarandeó. Míreme a los ojos. Nancy dio un fuerte tirón y se libró de Lamont. le había dicho que la mirase a los ojos. no tiene ningún sentido lo que está diciendo. —Defiéndame. —¡Deténgase. amiguito —le dijo Morgan—. Chocó contra un cuerpo humano y pegó un chillido. Echó a correr hacia la puerta. Quiso matarme lo mismo que mataron a Elizabeth.. —Me llamo Mike Morgan y voy a ser el tipo que le rompa la nariz. ella abrió la puerta y salió del bungalow.

Empezó a envejecer. amigo? —rezongó Mike Morgan—. —¿Es cierto. —¿Es de verdad teniente de la policía? Lamont sacó su credencial y la mostró a Morgan. no es él.—¿Cómo ha dicho? —Soy Spencer Lamont. —De acuerdo. y ella no compareció. —¿A quién? —Al rubio de los ojos cambiantes. —No. Dígame qué le ha pasado a ella. luego castaños y luego azules. él no podía ser uno de «ellos». —¿Es él? —Mike señaló a Lamont. Podía confiar en él. Nancy levantó la mirada fijándola en los ojos del camionero. teniente de la policía de Oceanside. —De modo que suplantando a la policía. Estaba esperando a una amiga. es usted el teniente Lamont. Y luego continuó consumiéndose y ardiendo.. —¿Dónde está ese camaleón? —Lo hice arder. —¿Eso es todo? 36 . Pues ya no le voy a romper la nariz. ¿eh. —Mike. —Ha sufrido un fuerte shock. Nancy? —Eso es lo que él dice. —Será mejor que se contenga. Le voy a romper la cara. señor Morgan. No. Miró a Lamont. Elizabeth Harris. Le había salvado la vida sacándola del mar. —¿Se refiere al fulano que tenía los ojos verdes. lo volví a encontrar. o lo mando a la cárcel. Su piel se puso arrugada como la de un anciano de cien años. —Al final eran rojos. Encontramos su auto abandonado. y al final no quedó nada. Morgan se mojó los labios con la lengua. —¿Cómo ha dicho? —Que le prendí fuego con un leño y él ardió.

—No, hay algo más, Morgan. Encontramos el cadáver de una
anciana. Y, según la señorita Palmer, esa anciana llevaba un broche y
unos zapatos que pertenecen a Elizabeth Harris.
Nancy escuchaba aquel diálogo llena de congoja. No la creían, y
nadie la creería.
—¡Teniente! —gritó—. ¡El rubio me hipnotizó para que me
ahogase en el mar!
Mike Morgan habló rápidamente.
—Teniente, yo saqué a esta mujer del mar.
—¿Qué es lo que dice?
—Ella estaba a punto de ahogarse. La vi meterse en el mar con
toda naturalidad, andando. Le grité desde la orilla para que
volviese, pero no lo hizo. Yo tuve que arrojarme en su busca. Menos
mal que la pude alcanzar antes de que se ahogase.
—Gracias, Mike —dijo Nancy—. ¿Me cree ahora, teniente? ¡Le
juro que el rubio me hipnotizó!
—Usted estaba muy afectada por la desaparición de su amiga y
no debió ir a la Morgue.
—Entiendo; según usted, el cadáver de la anciana me
impresionó.
—Es lógico que se sintiese muy afectada. Señorita Palmer,
tenemos un hospital en Oceanside.
—¿Un hospital de locos?
—No, un hospital general.
—No, continúe, teniente. Quiere llevarme allí para que sea
sometida a un tratamiento.
—Sólo quiero que la vea un doctor y la examine.
—Teniente, si yo le digo al doctor todo lo que he visto esta noche,
me pondrá una camisa de fuerza... No, gracias. No iré a su hospital.
—¿Quieren esperarme aquí? —dijo el teniente—. Echaré un
vistazo al bungalow número 12. ¿Es el del rubio, no, señorita
Palmer?
—Sí.
—Volveré en seguida. No se muevan.
El teniente se fue hacia el bungalow número 12.
Nancy y Mike quedaron a solas, en el porche.

37

—Gracias por haber venido, señor Morgan.
—Ya le dije que estaba muy cansado. Y he decidido pasar aquí la
noche. Ande, entremos.
Nancy se estremeció.
—¿Ahí dentro?
—¿No es su bungalow?
—Sí.
—Usted dijo que el rubio se convirtió en ceniza.
—No, señor Morgan, no quedó del rubio ni eso.
—Entonces, no debe tener miedo.
Nancy se dio cuenta de que Mike Morgan le seguía la corriente,
quizá porque tenía compasión de ella.
Los dos entraron en el bungalow.
Nancy se detuvo mirando el lugar donde estaba la moqueta
quemada. Había deseado que todo fuese un sueño o una pesadilla.
Pero allí estaba la prueba de que estaba viviendo un trozo de su vida
real. El rubio Tony Robins había entrado en el bungalow. Había
hablado con ella. Había tratado de conseguir que la mirase otra vez a
los ojos y ella se defendió de él hasta que, al verse acorralada, cogió
un leño encendido de la chimenea y lo lanzó contra Robins.
Entonces, él ardió mientras envejecía.
—Sigue estando helada, Nancy —dijo Morgan—. Necesita un
trago.
—No tengo whisky.
—Yo iré por una botella.
—¡No, no se vaya!
—Volveré en seguida.
—No, por favor, no me deje sola. El teniente va a volver.
—¿Es que le tiene miedo al teniente?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque puede ser uno de «ellos».
—¿Quiénes son «ellos»?
—No lo sé. Pero «ellos» mataron a Elizabeth.
—Vamos, cálmese, señorita Palmer.
No, tampoco Mike Morgan la creía. Su historia era absurda.

38

Completamente absurda.
El teniente entró en el bungalow. Cerró la puerta.
—¿Ha encontrado a Tony Robins? —preguntó Nancy.
—No.
—No lo podía encontrar porque ardió aquí.
—Señorita Palmer, como no encontré a Tony Robins en el
bungalow y tampoco ninguna maleta, hablé con Jack.
—¿Y qué?
—Tony Robins se despidió hace media hora. Dijo que se iba.
—¡No se había ido cuando yo llegué de la playa! ¡La luz estaba
encendida! Yo entré en este bungalow y lo llamé a usted. Luego
encendí la chimenea y fui al dormitorio a cambiarme de ropa
porque la tenía empapada. ¿No lo recuerda, teniente? Mike Morgan
me sacó del mar. Y cuando acababa de cambiarme, oí que la puerta
se abría. Pensé que era usted y salí al living, pero la persona que
había entrado aquí era Tony Robins... Se asombró al verme viva,
porque él me había ordenado que me sumergiese en el mar. ¿Lo
entiende, teniente? ¡Me había hipnotizado para lograr su propósito!
Y le falta saber algo todavía, teniente. Tony Robins me confesó por
qué Elizabeth estaba muerta. Uno como «él» la había matado para
continuar él viviendo. ¿Lo oye, teniente? ¡Mi amiga Elizabeth Harris
está muerta!
El teniente y Mike Morgan estaban inmóviles, escuchando a
Nancy. Ninguno de ellos dijo nada cuando la joven terminó de
hablar.
—Será mejor que descanse, señorita Palmer —dijo Lamont—.
Duerma. Mañana hablaremos.
—¿Mañana? ¿Cree usted que habrá un mañana para mí?
—Ya no debe temer nada de Tony Robins, puesto que se marchó.
—No se marchó, teniente. Ardió como la hierba seca.
Lamont sacudió la cabeza en sentido afirmativo.
—De acuerdo, señorita Palmer, pero ahora debe dormir.
—Me da la razón como si estuviese chiflada. Sé que, para usted,
Tony Robins se marchó en su automóvil. No me creería ni en un
millón de años que estuve aquí con él y que lo destruí.
—Lo siento, señorita Palmer, pero soy un policía, y un policía se

39

basa en hechos reales.
—¿Y cuántos hechos reales hay para usted en este caso, teniente?
—Primer hecho real: Encontramos a una mujer muerta, y me
estoy refiriendo a la anciana. Segundo hecho real: Encontramos un
coche abandonado, del que era propietaria su amiga Elizabeth
Harris. Tercer hecho real: No hemos encontrado a su amiga.
—¿Eso es todo?
—Eso es todo.
—¿Y qué me dice de los zapatos y del broche que tenía la
anciana?
—Usted se sugestionó y ha establecido una relación entre el
cadáver de la anciana y su amiga.
Nancy, al oír aquellas palabras, sintió que el corazón le daba un
vuelvo. Vio mentalmente a Robins ardiendo, convirtiéndose en
anciano, y, simultáneamente, vio el cadáver que estaba en aquel
cajón de la Morgue, con los zapatos y el broche de su amiga.
—¡Dios mío, es ella!
—¿A quién se refiere?
—¡A la anciana! ¡Es Elizabeth Harris!... ¡Ella es Elizabeth Harris!
¡Tony Robins lo dijo!... ¡La habían usado para que uno de «ellos» no
muriese y le extrajeron la sangre!... ¡Fue así cómo pasaron las cosas!
Nancy sintió que las piernas se le aflojaban y que perdía el
sentido. Habría caído al suelo, si Mike Morgan no la hubiese
sostenido en sus brazos.

40

el potasio. los cloruros. —La misión del grupo de asalto ha sido traicionada por U-35. El fiscal hizo una pausa. Gracias a nuestra ciencia. pero en la sangre humana hay una sustancia que nosotros no podemos asimilar. Eso era definitivo. Delante. Una y otra vez se hicieron ensayos. El fósforo. El acusado estaba en pie. Cincuenta de nuestros seres hemos llegado al planeta llamado Tierra para iniciar su conquista. Pero las radiaciones no son eternas. Les resultó fácil superar la primera parte. Nuestra figura humana necesitaba algo que en los terrestres es sustancial para su supervivencia. Nuestra sangre no podía contener fósforo. nos hemos preparado minuciosamente. Durante muchos años. el calcio. El acto se celebraba en una gran sala. era el presidente. Los planes de asalto fueron trazados de acuerdo con las características de los seres humanos. las proteínas. El de en medio. había cinco hombres. el sodio. tratando de descubrir una sangre que fuese igual a la de los humanos. La sangre. y por ello debemos sometemos cada quince días a 41 . eso fue logrado en unas condiciones óptimas. conseguir la forma humana. Ellos lo suplieron con ingeniosidad. Nuestros sabios trabajaron concienzudamente. El presidente. Nuestros científicos combinaron en los laboratorios los ingredientes de la sangre. los ácidos grasos. Pero la segunda parte resultó terriblemente complicada.CAPÍTULO VII —Se abre el juicio sumarísimo contra U-35 —dijo el presidente del Gran Consejo. Nuestros sabios siguieron trabajando incansablemente. con un gesto. La acción del fósforo en la sangre sería sustituida por las radiaciones. El problema más importante con que tuvimos que enfrentarnos fue nuestra imposibilidad de adaptación a la atmósfera terrestre. luego prosiguió: —Nuestros científicos tuvieron que dar con una solución de emergencia. una sustancia que para nosotros resulta un veneno. en los estrados. A la derecha se encontraba el fiscal. le concedió el uso de la palabra.

si en nuestro cuerpo sobrevenía un fallo. y yo propongo que esa radiación no le sea concedida. Teníamos que valernos de esa poderosa energía que emana de nuestra voluntad y que se transmite por nuestros ojos. —Hable. debíamos hipnotizar a los humanos. U-35 está contaminado. De esa forma. Nuestras órdenes estrictas han sido incumplidas por U-35. El presidente se dirigió al acusado. A eso hemos venido. ¿tiene algo que alegar? —Sí. —Admito que he incumplido las órdenes. señor 42 . sobrevendría la extinción. Todo eso lo sabíamos y aceptamos cumplir nuestro trabajo con todos sus peligros. debíamos estar prontos al sacrificio. Una máquina que. Si la sangre de uno de nosotros enfermaba. No le fue posible llegar a este lugar para someterse a una radiación y debió extinguirse. La sangre de U-35 falló. y ahora. quiso apoderarse de la vitalidad y de la sangre de esa mujer. pero no lo volveré a hacer. No bastaba con nuestro poder individual. Una de esas órdenes estableció que. Con su conducta repudiable nos ha puesto a todos en peligro. señor presidente. Pero descubrió a una mujer en su camino y.los efectos de una radiación. Transformó a una mujer joven en una anciana y sólo logró que su sangre se contaminase con el fósforo. olvidándose de sus deberes y de las órdenes que había recibido. al ponerla en marcha. Suplico indulgencia. No podíamos usar nuestras armas. porque aquí no son efectivas. y que el fósforo que introdujo en su organismo sea quien acabe con él. Los que compusimos el grupo de asalto fuimos aleccionados al objeto de que los humanos no pudiesen sospechar que habían sido invadidos por seres de otro planeta. Hubo un silencio. El fósforo ya empieza a abrasarme. Por favor. Sabemos que U-35 puede extinguirse de un momento a otro si no lo sometemos a la radiación. Una voz que parecerá llegar del cielo y que inutilizará a los humanos hasta producirles la hipnosis. Para conquistar la Tierra. Necesito inmediatamente ser sometido a las radiaciones. Por eso estamos construyendo nuestra máquina de hipnosis. —U-35. proyectará una voz por todo este planeta. porque eso nos había llevado mucho tiempo. nos dispusimos a conquistar la Tierra.

presidente. U-35. He hecho un buen trabajo. —¡No quiero morir! De pronto. El destino de los seres de nuestro planeta está en nuestras manos. llamado en este planeta Tony Robins. podrán desaparecer los efectos del fósforo. Los miembros del tribunal le contemplaron impasibles. brotó una llamarada de su cuerpo. U35 ya no existe. Considerando todos los hechos. señor presidente. Para ella. —¡No! U-35 se acercó al tribunal. U-35 soltó un aullido espeluznante. Una lámpara se iluminó en el fondo. Ser indulgente con usted. El acusado ya no dijo nada más. son la misma persona. Nuestros principios no pueden ser quebrantados por nadie. la relación entre la anciana muerta y su amiga Elizabeth Harris. tambaleándose. El presidente del Gran Consejo rompió el silencio que había acompañado a la ejecución de la sentencia.. Su piel se arrugaba rápidamente... U-35 empezó a envejecer entre las llamas. sería tolerar la traición. Pero U-42 43 . El presidente consultó con sus compañeros en voz baja. Su conducta ha hecho arriesgar nuestra misión. y por ello dimos orden a U-42.. según nuestros últimos informes. y luego carraspeó fuerte y dijo. sometido a la radiación. Brotó una última llamarada de su cuerpo y todo él se extinguió. estoy en el lugar donde. sin dejar la menor huella. —Por favor. este tribunal le condena a la extinción. señor presidente! U-35 cayó de rodillas y se llevó las manos a la garganta. Una joven llamada Nancy Palmer ha descubierto. ¡No quiero morir!. —Ciudadanos de la Galaxia Amarilla —dijo el presidente—. Esta era la clase de riesgo que no podíamos correr. pero con ello no hemos soslayado el peligro. ¡Yo no quiero morir. dejando ver a un grupo de aquellos seres con apariencia humana. para que acabase con Nancy Palmer. mirando a U-35: —No podemos ser benévolos con una desobediencia tan manifiesta. no demore más mi tratamiento. y creo que merezco esta oportunidad de seguir viviendo.

44 . De esta forma. Para los humanos. porque Nancy Palmer lo destruyó con el fuego. Uno de vosotros ha de ir allí. hipnotizar a esa joven y obligarla a que se arroje por la ventana. Ahora.fracasó. será un suicidio. Es cuestión de muy pocas horas que. y todos los habitantes de la Tierra queden sometidos a la hipnosis. Falta muy poco para que nuestra máquina de hipnosis quede completa. podamos cumplir nuestra misión. al fin. lograremos terminar con el peligro en que nos puso U-35. Nuestro plan podrá continuar. ella se encuentra en un hospital de Oceanside. No podemos consentir que esa joven nos haga daño.

señorita Palmer. no miraré a sus ojos!. yo no estoy enferma. —¿Qué me pasa? —Usted ha visto cosas extrañas. Míreme. Aquel hombre. sí.. que él se adueñaría de su voluntad. —¡Socorro! —Soy Mike Morgan. —¡No!. —¡No.. Nancy quiso luchar. —He venido a ayudarla. Alguien la sujetaba por los brazos. señorita Palmer. —Oh. Sabía que no podía mirar a los ojos de aquel hombre. —¿Dónde estoy? —En un hospital. —Cálmese..... no. —No lo conozco. que aquel hombre no era Mike Morgan. eso es cierto. Tony Robins. Nancy vio su 45 . —Lo está. —Le ordeno que se fije en mis ojos.... Mike Morgan. ¡Socorro!.CAPÍTULO VIII Nancy Palmer vio a un hombre que se le acercaba. —¿Por qué me han traído aquí? —Para sanarla. señorita Palmer. —Fíjese en mis ojos... Y entonces. porque le volvería a pasar lo mismo que con Tony Robins.. me sacó del mar y luego encontré de nuevo a Tony Robins y trató de hipnotizarme otra vez. Quiso ahogarme. Nancy pensó que la estaban engañando. —Oh. ¡Auxilio! Nancy despertó. señorita Palmer. pero él la zarandeó.. ¿No se acuerda de mí?.. —¿Quién es usted? —Un amigo suyo. Pero un hombre. me hipnotizó. —Esté tranquila.

Nancy dejó caer la cabeza sobre la almohada. aunque no pude llegar a la Universidad. Una de ellas es la de que una joven de veintitrés años se convierta en una anciana de ochenta. señorita Palmer. —Oh. no se marchó.? Le quitaron a Elizabeth la sangre y yo sé ahora con qué lo hicieron.rostro. ¿Es que no se da cuenta. Hice estudios. —¿El doctor Colman? —Es el que la asiste. —¡No desapareció. Mike! ¡Está muerta! ¡Fue convertida en una anciana! —No puedo pensar en eso seriamente. ¿no le parece. Se marchó. — Nancy miró a su alrededor. La trajeron en una ambulancia y yo la acompañé. Convencí al teniente Lamont para que me dejase acompañarla. Mike? —Tuvo una pesadilla. —He hablado con el doctor Colman. sí. Un hombre me iba a hipnotizar. Nancy... Pero tengo cerebro y hay cosas que son difíciles de admitir. Mike. Se desmayó.. Pero no espero que usted me crea. ¿Dónde estoy? — preguntó como en un sueño. Nancy? —¡Lárguese! —¿Por qué? —Vino para ayudarme. Oiga. Se encontraba en una cama. —¿Y qué dijo el doctor? —Que usted sobre shock emocional por la desaparición de su amiga Elizabeth. —¿Qué pasó. esto es horrible. Mike. Sí.. en una habitación que no había visto hasta ahora—. —No me puede ayudar en nada. —Dígamelo con qué. —Olvídese ya de Tony Robins. Le he dicho que la anciana y Elizabeth son una misma persona y lo son. 46 . —En el hospital de Oceanside. —Sí. yo no he estudiado ninguna carrera. Mike. —Oh. como Tony Robins. era Mike Morgan. —No.

—Gracias.. Y ahí fuera no ocurre nada anormal.. Gracias a ese zumbido. —Y con su amiga la utilizaron para sacarle la sangre. —Nancy. quiero decir en su forma de comportarse. pero ninguna se parecía a usted. creer que hay personas que usan ventosas para extraer sangre de los seres humanos o para hipnotizarles. pero las dice con una naturalidad pasmosa. —No. —¿Cómo está tan segura de que ellos usan una ventosa? —Porque se la vi a Tony Robins. —Pero usted conserva toda su sangre. —Sí. Mike.. Mike. El tamaño de la mancha corresponde a la ventosa que le aplicaron allí para extraerle la sangre. Mike dio unos pasos por la habitación y se acercó a la ventana. —¿Sabe lo que se ve desde aquí. —¿Lo dice de verdad? —De verdad.—Con la ventosa.. Hay pacientes con familiares o amigos que están tomando el sol. muy difícil. —Dios mío.. La ventosa emite un zumbido. Claro que usted dice cosas bastante raras.? Ande.. —Tony Robins no quería mi sangre. Sólo quería hacerme desaparecer. —Sí. se abrió la puerta y entró un hombre con 47 . desde aquí se ve un trozo de nuestro mundo. dígalo de una vez. por favor. ya ha pasado la noche. Nancy. Usó la ventosa para producirme la hipnosis. En aquel momento. —¿Cree que no estoy en mi sano juicio.. completó la hipnosis. He conocido a varias personas que perdieron la razón. Mike se frotó la nuca. Diga que estoy loca.? Un jardín. La anciana tenía una mancha en la muñeca. Es difícil. Nancy. no creo que lo esté. Son las nueve y media de la mañana. Nancy sonrió.. Como le iba diciendo. como si estuviese hablando de beisbol o de cine. —¿Con qué ventosa? —Con la que ellos tienen en la boca.

Pasaré por esas pruebas. mi mente está perturbada. —Entonces sea obediente y deje que continúe mi tratamiento.. señorita Palmer. y será peor para usted. doctor Colman. —Doctor. —Hace tiempo que dejé de usar los conejillos de Indias. me gustaría que diese por terminada su visita. ¿Cómo está su mente? Nancy apretó los labios. —¿Y su mente. señorita Palmer. 48 . no voy a consentir qué me trate como a un conejillo de Indias. y comprobará que estoy completamente normal. —Yo no les pedí que me observasen. y se pasó un gran rato hablando de cosas. señorita Palmer. Puede tomarme la temperatura. —Sé por dónde va. —Está bien. y usted es uno de ellos.. doctor. En ese lugar tenemos a los pacientes que resultan un poco. ordenaré que la cambien de sala. Colman miró a Mike. —No sea impaciente. doctor.. —No pienso someterme a esas pruebas. un poco absurdas. señorita Palmer. doctor. señorita. —Se equivoca. Para usted. —Sí.. Ahora sólo pretendo sanar a mis pacientes. no. doctor. es el doctor Colman. —Usted llegó aquí después de perder el conocimiento. la tensión.. señorita Palmer?.bata blanca. —Oh.. pero dentro de un rato vendrá uno de mis ayudantes para someterla a unas pruebas. —En seguida me voy. —Si no lo hace. Me voy a marchar. Lo siento.. —¿Cómo está mi paciente. hoy? —Perfectamente. —Gracias por su colaboración. La tenemos en observación. pero no puedo darle el alta. —¿Hasta cuándo? —Eso dependerá de usted. —Nancy —dijo Mike—. verme por los rayos X. Quiero que me dé el alta. digamos incómodos. le he dicho que estoy bien. —Señor Morgan.

Mike. que acepte las órdenes del doctor Colman.. ¿cómo podía esperar a que alguien la creyese? —Hola. usted. Al quedar a solas..El doctor Colman salió de la habitación. Sólo quiere que me conforme. está en tratamiento. Mike. no quiero seguir aquí. pero luego salió sin decir nada. Apartó las manos de su cara. —¿Qué cosa? —No lo sé. Estoy cansado. —Soy Norman Reynolds.. —Pero usted sabe que yo no necesito ese tratamiento. me habló de usted.. contra esa gente. —¿Pretende engañarme? —¿Yo? —Sí. Esta tarde volveré y usted y yo nos marcharemos de aquí. No había oído entrar a nadie pero allí había un hombre con bata blanca. Ni siquiera Mike Morgan. en el fondo. que no hay una pizca de verosimilitud en mi historia. 49 . márchese. pero. —Ya oyó al doctor. que apretó entre las suyas.. sí. —Nancy.. Nancy dijo: —Mike... ¡Váyase!. No. La joven escondió la cara entre las manos y prorrumpió en sollozos. que todo son imaginaciones mías. Está bien. Mike se dirigió hacia la puerta. Elizabeth Harris no puede ser la anciana. Me iré a dormir un rato. el doctor Colman. Entre usted y yo podremos lograr algo.. Haré un pacto con usted. Mike se acercó al lecho y cogió una mano de Nancy. ¡No pierda más su tiempo!. Pero tenemos que luchar contra «ellos». Usted. Debo salir del hospital. piensa como él. No quiero que continúe un minuto más aquí. no la creía nadie. ayudante del doctor Colman. —Oh. Tony Robins no me amenazó ni se extinguió entre las llamas cuando yo le arrojé al leñe. he dormido muy pocas horas.. Miró una vez más a Nancy. que he dicho cosas absurdas.

.. ¡Apártelos!. usted hará todo lo que yo le ordene.. Él sonrió.. Nancy estaba mirando a los ojos de aquel hombre. muy peligrosa para nosotros. Tengo que mirarla fijamente.. Se quedó asombrada.—Voy a someterla a una prueba. ¡No! —Está luchando.. 50 ... pero es inútil. —Suponga que la Tierra ha sido invadida por seres de otro planeta y que. —Cuando yo salga de esta habitación. y que ahora ya eran azules. —¡No. —No. —Señorita Palmer. —Señorita Palmer. Eran unos ojos verdes que de pronto se volvieron castaños. usted saltará de la cama. —Irá a la ventana y la abrirá.. —Oh. Todos serán hipnotizados.. —Aparte los ojos.. lo serán todos los humanos.. —Saltaré de la cama. señorita Palmer. ¿qué haría usted si tuviese razón? —No le comprendo.. ellos tienen una poderosa capacidad para provocar la hipnosis. La muchacha quedó paralizada. —Está siendo sometida a mi voluntad. ¿De acuerdo? —Haré todo lo que me ordene. Nancy vio que él abría la boca y por entre sus labios aparecía la ventosa que emitía el zumbido... —¿Qué clase de prueba? —Un test. El hombre de la bata blanca se acercó a la cama donde Nancy yacía.. más tarde. Usted va a ser hipnotizada. —Ya no puede dejar de mirarme. ya lo está siendo. por favor!.. Es peligrosa... señorita Palmer. —Está bien. y.. empiece cuando quiera. efectivamente. no. No podemos consentir que ponga en peligro nuestra misión.

Sin embargo. La joven no miró hacia abajo. pero llegó tarde. señorita Palmer. Puso los pies en el suelo y se levantó. Iba a saltar. Empezó a andar hacia la ventana. Nancy ya había saltado.—La abriré. —La obedeceré. —Saltaré. Mike ya estaba corriendo hacia la ventana.. Sería maravilloso arrojarse al vacío porque unos brazos la acogerían. Nancy quedó suspendida en el vacío.. Apartó las sábanas a un lado. Se subió al alféizar de la ventana. finalmente.. fue retrocediendo. al vacío. dio un suspiro de alivio porque habla conseguido que Nancy no llevase a la práctica lo que iba a hacer. ¡No haga eso. Se detuvo un momento en la puerta y. Nancy! Nancy no lo podía oír y se dispuso a saltar. —¡Nancy!. Oyó un cántico. se apartó de la cama. Llegó ante la ventana y la abrió.. y. —Esa es mi orden. pero luego recobró el movimiento. La habitación de Nancy estaba en un cuarto piso. Mike logró atraparla por el brazo. Nancy permaneció unos instantes en la cama. 51 . Llevaba un camisón.. Nancy se disponía a saltar cuando Mike Morgan entró en la habitación. pero armoniosas que venían de abajo. usted saltará al vacío. muy lentamente. sin dejar de mirar a los ojos de Nancy. Sus ojos estaban fijos en un punto indeterminado frente a ella. Se movió lenta.. y usted la obedecerá... A pesar de que Mike era muy fuerte. Aquel hombre que se había hecho pasar por el ayudante del doctor Colman. señorita Palmer. salió cerrando tras de sí. —Y luego. aquel tirón le produjo un dolor agudo en la clavícula. voces extrañas.

¡No es usted quien está hablando! —Tengo que obedecer... —Se iba a suicidar. el ayudante del doctor no pudo hacer eso. Era uno de «ellos».. Lo mismo que la otra vez. Nancy pareció volver en sí.. ¿Qué es lo que estoy haciendo aquí?. —¿Me va a decir que el ayudante del doctor Colman le ordenó que se arrojase por la ventana? —Sí.. En aquel momento se abrió la puerta y entró un hombre que también llevaba bata blanca. Vino aquí y dijo que me iba a hacer un test. no. Vio que los ojos de Nancy estaban fijos. Le vi la ventosa con su zumbido. —¿Qué es lo que recuerda? —Al ayudante del doctor Colman. Nancy se volvió en busca otra vez de la ventana y Mike la detuvo sujetándola férreamente.. 52 .. —Nancy. La joven se quedó sin habla.. —Oh. Nancy.. —¿Quién es él? —El ayudante del doctor Colman. —¡Mike!. —¡Nancy!.Tiró de ella hacia arriba y luego la alcanzó con la otra mano.. estoy segura.. El no pudo ordenarle tal cosa. ¡Se lo juro.. —¿A quién tiene que obedecer? —El me lo ordenó....... ¡Oh. ¿Qué pasa?. Mike!. El doctor Reynolds. Y me hipnotizó. Mike! Le estoy diciendo la verdad. Ya la tenía dentro de la habitación. En su rostro se reflejó toda la emoción que le embargaba.. Le pegó una bofetada... —No era su ayudante. —Nancy —la hizo volver. —Ahora recuerdo. De pronto sus ojos empezaron a cambiar de color como los de Tony Robins.. —¡Nancy! ¿Por qué iba a hacer eso? —Tengo que arrojarme por la ventana.

Nancy cogió la caja de bombones y la besó. Mike se miró el puño. Nancy gritó: —¡No es él. Mike! —¿Cómo? —Que este hombre no es el que me hipnotizó. —Dijiste que fue el ayudante del doctor Colman —la tuteó.—Soy Norman Reynolds. y se sintió mareada. Creo que va a necesitar una visita urgente al dentista. —¿Y sólo volviste por eso? —Sí. pero no tuvo tiempo de hacer ninguna pregunta porque Mike le descargó un puñetazo en la mandíbula. Reynolds puso una cara extraña. señorita Palmer? —A usted le estaba esperando —dijo Mike. —Todavía no te pregunté por qué volviste. —Te compré esto. Mike señaló al caído ayudante del doctor Colman. —Él tampoco lo va a olvidar. —Era otro ayudante. Nancy hizo un gesto de asombro. ayudante del doctor Colman. Mike. o mejor dicho alguien que se hizo pasar por el ayudante del doctor Colman. y se dirigió hacia él. Chocó contra la pared y se desplomó sin conocimiento.. —¡Dios mío. si caigo no lo cuento! —Lo mismo opino yo. —Pues la hice buena. —Nunca pude imaginar que debería mi vida a los bombones. Bombones. Mike se metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó una caja. Nancy dirigió la mirada hacia el fondo y dio un grito: —¡Mike! —¿Qué pasa? —¡El hombre que me hipnotizó! —¿Dónde? 53 .. Nancy miró por la ventana. ¿Qué hace levantada.

No lo mires a los ojos. pero Morgan lo cogió por un brazo. —Eh. usted. no? ¿Y qué hace aquí? —Sólo vine a visitar a un familiar. ¿Por qué entró en la habitación de la señorita Palmer? —No conozco a ninguna señorita Palmer. espere. Mike! —Ya lo veo. —Se está poniendo pesado. Le dije que iba a contestar a mis preguntas. —Ten cuidado. y usted me va a contestar a ellas porque le conviene. amiguito. Nancy estaba señalando al hombre que la había hipnotizado. No esperó el ascensor. El hombre del traje gris se disponía a entrar en un automóvil. bajó por la escalera y salió del hospital dirigiéndose hacia el estacionamiento. —No tan de prisa. Mike echó a correr. —No te preocupes. —¿Ah. y todavía no contestó a ninguna de ellas. El hombre del traje gris fue a meterse en el coche. —¿Por qué le ordenó que saltase por la ventana? —No hice tal cosa. su jefe. —¿Es policía? —Para usted. como si lo fuese. pero yo no pertenezco al personal de este hospital. Mike Morgan salió de la habitación como una bala. 54 . Mike. Aquel hombre se volvió rápidamente y Mike fue a su lado. —¿A quién? —Oiga. ¿con qué autoridad me hace sus preguntas? —Hago las preguntas que quiero. —¡El del traje gris. —Perdone. —El doctor Colman lo llama. —¿Quién es realmente usted? —Déjeme en paz.—Se dirige hacia el estacionamiento. —¿Quién? —El doctor Colman.

—Míreme a los ojos. Estaba viendo algo de lo que Nancy le había hablado varias veces. —Observe mis ojos y verá como no tengo nada.—Soy muy pesado porque soy camionero. Su enemigo rodó por el 55 . ¿Y sabe lo que le digo? Que va a venir conmigo. Mike se detuvo. —Conque nosotros somos seres humanos. Entonces. —¿Adónde? —Ahí dentro. —Mis dientes están perfectos. —Que se cree usted eso —repuso Mike. —Pero lo dijo. Mike le pegó un puntapié en la cara. Son exactamente como los de ustedes. Desde el mismo suelo. El agredido chocó contra el coche y se derrumbó. —¿Para qué? —Para que le examine los ojos. Aquel hombre le estaba mostrando una ventosa y era una ventosa que producía un zumbido. Su víctima abrió la boca. —Míreme a los ojos —le volvió a ordenar aquel extraño ser. —No sufro de los ojos. Aquel hombre perdió la serenidad. Sin embargo. —¿Y qué me dice de la ventosa? —Oiga. Ya no podía tener ninguna duda. —También le echarán un vistazo a su boca. al hospital. ¿está bien de la cabeza? —Yo estoy la mar de bien. ¿qué es usted? —No quise decir eso. y le pegó un puñetazo en las narices. Mike le había pegado muy fuerte. no arrojó una sola gota de sangre por la nariz. los seres humanos. aquel hombre gritó: —¡Míreme a los ojos! Morgan se dirigió a él para golpearlo de nuevo.

ya sé que no te equivocaste. Tenía cuatro metros. Vi la ventosa.. Mike Morgan lo siguió. Cuando entró en la habitación. —Eh. Nancy estaba junto a la ventana y se volvió al oírle entrar. Sus palabras no sirvieron para nada. que todo lo que me dijiste es verdad.. —Mike. Volver con Nancy. Mike se detuvo ante la pared. Trató de hipnotizarme como a ti pidiéndome que lo mirase a los ojos.. espere —le gritó Mike. Pero ahora ya sé que él es uno de «ellos» como tú dijiste.. Sí. amigo. Pero el extraño ser estaba corriendo a una velocidad endiablada. —Párese y lo miraré a los ojos. No. Vio asombrado cómo aquel extraño ser daba un tremendo salto y saltaba limpiamente el muro del hospital. se me escapó. Sólo podía hacer una cosa..suelo pero se levantó rápidamente y echó a correr. 56 . él no podía dar aquel salto. se te escapó. —Sí. el doctor Norman Reynolds ya no se encontraba allí.. Rezongó una maldición para sus adentros.

—Sí. Lamont había sido llamado por el propio Mike. —¿Me está tomando el pelo. teniente? Yo estoy chiflada y Mike Morgan está chiflado. ¿va a hacer algo? —Estoy haciendo mucho. Bill. —Sí. Mike apuntó a Nancy con el dedo. Imagino que a mi suegra también la hipnotizarán. Ella podría 57 . —Teniente. ¡Me anunció que todos los humanos serían hipnotizados! —Todos. teniente. teniente? Le acabo de decir que he peleado con uno de ellos en el estacionamiento de este hospital. Estaba presente el doctor Colman y con el teniente Lamont había dos policías. Mike Morgan dio unos pasos hacia Lamont. Uno de los policías que acompañaban al teniente se echó a reír. había escuchado atentamente la historia de Mike Morgan. —Un poco de seriedad. ¿eh? —Eso dije. —Vaya. teniente. por fin voy a tener suerte.. Se habían reunido en la habitación de Nancy en el hospital de Oceanside. —Y también me ha dicho que saltó un muro de cuatro metros. Lamont hizo un gesto de lástima. —¿Qué cosa? —Estoy tratando de dar con Elizabeth Harris. Todos. —Y les sirve a esos tipos para chupar la sangre. ¿verdad.. teniente.CAPÍTULO IX El teniente de la policía. Pues entérese de esto. Spencer Lamont. ella tenía razón. Nancy habló desde la cama: —Ahora cree que somos dos locos. —Como ve. —Y la ventosa emite ruido. —Conque existen hombres con ventosa en lugar de lengua. El tipo que se hizo pasar por Reynolds me habló de algo más.

¿eh. —Defínalo —asintió Lamont. y a todos sus ayudantes. y a usted. nosotros los policías. teniente? —Señor Morgan.contarnos algunas cosas.. Ustedes sólo trabajan sobre hechos reales. —Yo también soy un inventor de fábulas. —Sí. El aludido arrugó el ceño. doctor —repuso el teniente—. —Ustedes son una pandilla de inútiles. —Ha hecho un buen resumen. —Tenemos una frase en psiquiatría para definir lo que está pasando. El mundo está pasando por el mayor peligro de su Historia. —Usted es camionero. El doctor Colman. Es posible que se esté jugando la supervivencia de todos los humanos. y a usted sólo se le ocurre decir chistecitos a costa de Mike Morgan y de mí. —Es la historia de Mike Morgan. Esa es la base esencial de la psicosis emocional desencadenada. —Señorita Palmer. Pero deje que hable un experto. El médico del hospital sonrió con benevolencia. Nancy soltó un bufido desde la cama. doctor. teniente. —Lo vio Mike Morgan porque él fue quien impidió que me convirtiese en una tortilla. No lo repita. —Psicosis emocional desencadenada. ¿por qué se quedó aquí? —Porque quise. —Le entiendo. teniente. Spencer Lamont dio un suspiro. Y le incluyo a usted. Quiere decir que alguien se pone a hablar de un suceso extraordinario dándole explicaciones naturales. ¿cómo explica que yo intentase suicidarme? —Eso nadie lo vio. teniente. lo sé. —¿No cree que ella es la anciana? —Claro que no. Se lo dije 58 . —No le van a dar una medalla por haber acertado eso.. Pero dígame. y algunas personas están dispuestas a aceptarlo.

El doctor Colman se frotó las manos. —Yo no la llamaría así. yo salvé a Nancy Palmer en el mar. ¿O también cree que eso forma parte de mi fábula?.. —De acuerdo. Mike Morgan intervino: —Oiga. En media hora tomará usted el sedante o la llevaré a otra sala. Llegarán a su destino mañana. los buscaré —pero lo dijo de una forma que evidenció su escepticismo. —A la sala de los locos furiosos. busque a esos extraños seres!. teniente. —Deje de burlarse. Lamont hizo una señal a sus subordinados y los tres se dirigieron hacia la puerta. ¿quiere un vaso de jugo? Se lo puedo exprimir. Estaban verdes cuando los eché en el camión. —No. Apuesto a que ya debía haber entregado su mercancía. no quiero comer tomate podrido. le daré un sedante y dormirá un rato. Yo haré que tome el sedante.. Nancy gritó: —¡Teniente.. Dígame.. señorita Palmer. no se preocupe. —¿Tomates? —Sí. —No se preocupe. No hace falta que conteste. señorita Palmer. Y yo soy el jefe de este departamento.yo mismo. ¡Búsquelos antes de que sea demasiado tarde! Lamont volvió la cabeza. señorita Palmer. y todavía se podrán comer. ¿qué es lo que transporta en su camión? —Tomates. —¡No quiero dormir! —Ha sufrido demasiadas emociones. Ya sabe que ella 59 . —Teniente. Los policías se marcharon. doctor. —Bien. Basta con verle la cara para saber que no admite tampoco esa parte de la historia. Lo llevó a un rincón de la estancia. Pero usted ha preferido perder su tiempo metiéndose en donde no le llaman. En cuanto a los tomates.

—Es efecto del sedante. —Tienes razón. y eso no lo podrían conseguir hipnotizando a los ciudadanos del planeta de uno en uno. Mike. —Sigamos con la lógica. y una vez dentro. —Vamos. Nancy. Luego se puso de espaldas. —Pero yo no puedo dormir. Tomaré el sedante. Yo recibí la visita de Tony Robins en el motel de Oceanside.. El falso doctor Reynolds habló de que iban a hipnotizar al mundo entero. El coche de Elizabeth estaba abandonado. una emergencia. —Miles de millones. El verdadero ayudante de Colman. Tenemos que salir de aquí. Nancy apoyó su cabeza en el hombro de Mike. —Doctor Colman.tiene mucha confianza en mí. ¿dónde? —Recuerda que todo pasó a unas millas de Oceanside. El paciente de la habitación 14. —Desde hace rato me estoy preguntando qué es lo que podemos hacer. Y hemos recibido la segunda visita de esos extraños seres en el hospital de Oceanside. Pero. Mike sacó la ropa del armario y se la echó en la cama. —Está bien. Nancy saltó de la cama. Nancy se vistió rápidamente. 60 . pórtate como una buena chica. —Tienen que estar en alguna parte. Reynolds. No encontraron ningún obstáculo en el camino y pudieron salir del hospital. eso está claro. Mike.. Mike. Tenemos que hacer algo. entró en la habitación. —Dame mi ropa. doctor. Nancy ingirió la pastilla con un trago de agua. —En eso estoy de acuerdo. —Me estoy muriendo de sueño. De esa forma Nancy y Mike se libraron de Colman. Apenas quedaron a solas. Han de estar muy próximos a nosotros. Necesitarían ser ellos tantos como nosotros. Tomaron un taxi. —No. y el cadáver de la anciana fue encontrado cerca.

necesita tiempo para ser montada. Nancy. y los negocios traspasados variaban mucho entre sí. —Han debido tomar posesión de un lugar donde no sean molestados. entraron en el edificio comunal. desde una estación de servicio hasta una fábrica de helados. —¿Qué clase de máquina? —Y yo qué sé. Tenemos que empezar por el principio. Debemos ir al Ayuntamiento de Oceanside y preguntar qué fábrica o qué lugar ha sido comprado recientemente por forasteros. —Deberán valerse de algo esencial para producir la hipnosis masiva o total. —Bien. —Lo habrán hecho todo legalmente.. En quince minutos.. Mike le dio al taxista la dirección del Ayuntamiento. —¿Una droga? —Tendrían que mezclarle en el aire. —Eso es bueno. Ellos no podían saber dónde estaban los extraños seres de la Galaxia Amarilla. que figuraba 61 . puesto que pueden adoptar la forma de los seres humanos y se comportan como nosotros. sobre todo. el funcionario les dio una lista de los negocios que habían cambiado de dueño en Oceanside durante los últimos meses. —¿Una máquina? —¡Eso es. Pero había cincuenta y dos. —Si tuviesen esa droga. ya lo habrían hecho. El negocio que el presidente del Gran Consejo había comprado seis meses atrás era el motel Meredith. —¿Cuál es el primero de la lista? —Un garaje en las afueras de Oceanside.—No. Deberán estar en un sitio que sea considerado muy seguro para ellos y para la máquina. —Pero necesitarán espacio para esa máquina. en la atmósfera que respiramos. Hablaron con un hombre de cincuenta años que estaba al frente del negociado de Bienes Raíces. Llegados allí. Mike! Una máquina necesita ser transportada y. no puede haber tantos bichos con ventosa.

62 .en el lugar catorceavo de la lista que tenían ahora en su poder.

Iremos después que hayamos comido. Pero un día tendré mi propio camión. si uno se lo organiza. Mike? ¿Trabajas por tu cuenta o por cuenta de otro? —También tengo un jefe. Y me temo que él tampoco me creería. —Soy secretaria de un abogado. Nancy Palmer y Mike Morgan habían visitado trece negocios de distinta clase.. —¿Por qué? —Está un poco retirado de Oceanside. Se llama Rock Bogarle. —Nancy. Nancy metió el coche por el camino. Mike fumaba un cigarrillo mientras Nancy conducía. —¿Cuál es el próximo nombre de la lista? —preguntó Nancy. que habían recogido en el motel La Gaviota. Llegaron a un lugar de la carretera. en donde vieron el anuncio del motel Meredith. todavía no te he preguntado qué es lo que haces. es cierto. El transporte es un buen negocio. —Estoy recordando tus tomates y lo que le dijiste al teniente Lamont. ¿Crees de verdad que podrás entregar tu mercancía en buen estado? —Seguro. —Tienes razón. —El motel Meredith. Mi estómago empieza a protestar.CAPÍTULO X Eran las cuatro de la tarde. Ella se echó a reír.. pero el señor Bogarle se marchó a Montreal por cuestión de negocios. —No creo que debamos pasar por alto ninguno de los negocios. Ahora estaban viajando en el coche de Nancy. —Está bien. si lo llamase por conferencia. Terminaron de comer y Mike pagó la cuenta.. 63 . Pero no hace falta que vayamos. Lo habría llamado para que nos echase una mano. Entraron en un restaurante y se sentaron ante una mesa. Estaban desanimados por no haber encontrado nada sospechoso. —¿Y tú.. —Caramba.

También en la del segundo. Le abrió un hombre de unos veinticinco años. Todo estaba envuelto en el silencio. Nancy detuvo el coche y los dos saltaron. Entraron en la oficina. —Encontrarán alojamiento en cualquier motel de aquí a Oceanside. —No hay de qué. Se abrió una puerta interior y apareció un hombre con gafas. —No tenemos bungalows libres. señor. —Echaremos un vistazo para ver si nos dijo la verdad. Soy Mike Morgan y ella es Nancy. Mike vio un timbre sobre el tablero y lo hizo sonar. mi esposa. Mike. —Exacto. Ya le he dicho que no los hay. —Pero no cambiaron de color. —Yo juraría que había visto un bungalow libre. —¿Qué quiere? 64 . —Buenas tardes. —Le miré a los ojos. —Quizá porque no le convenía. ¿De qué color eran? —Verdes. Mike estaba mirando hacia los bungalows. —¿Qué pasa? —¿No le viste nada raro? —No. no? —No. —Gracias. No había nadie. Mike. —De acuerdo. señor. La tercera estaba cerrada. —No. Nancy y Mike salieron de la oficina y Nancy dijo tratando de disimular: —Ese hombre.El motel apareció ante los ojos de ambos. Iremos a otra parte. En el primer bungalow se veía un automóvil en la cochera. Todo está ocupado. No vieron a nadie. Nancy se había quedado un poco retirada. Mike se dirigió al porche y llamó a la puerta. —¿Ah.

—¿Qué hacemos. —Perdone la molestia. sonríe como si nada pasase. El hombre desapareció en el bungalow. —Gracias por su amabilidad. porque yo estoy solo. El hombre cerró la puerta. —De nada. ése fue el nombre que le dije. Nancy. —Ni tú mismo crees en eso. Esta vez Nancy quiso acompañarle. —¡Como el del registro! —Puede ser una coincidencia. Se llama Ingrid Kadison. —No está aquí. Nancy. Mike? —Verdes. no la conozco. —Estás otra vez como un témpano. Fueron al bungalow siguiente. —¿Crees que nos dejarán llegar al automóvil? —Sonríe. Llamaron a la puerta. —¿Cómo quieres que esté? ¡Ese hombre también tiene los ojos verdes! ¡Deben ser ellos! —Tranquila. —¿A quién? —A Elizabeth Harris. Mike cogió la mano de Nancy. Y él también tenía los ojos verdes. Aquel hombre arrugó el entrecejo. ¿Quién engaña a quién? 65 . —Probaremos otra vez.—Estoy buscando a una amiga. Se trata de un viejo juego. —¿Elizabeth Harris? —Sí. —No. —¿Qué puedo hacer por ustedes? —Estamos buscando a una persona. muchacha. —¿De qué color tiene los ojos ese tipo. Mike regresó punto a Nancy. Les abrió un hombre de unos sesenta años. Mike? —Meternos en el coche y salir de aquí escapados.

—Hay que seguir disimulando. dejamos el automóvil a un par de millas de aquí. Estaban andando hacia el automóvil. mujer. —¿Qué pasa? —Tengo la impresión de que nos están vigilando. Mike pudo hablar libremente a Nancy: —Los hemos estado buscando y ya dimos con ellos. El automóvil estaba todavía demasiado lejos pero ellos seguían andando con naturalidad. Nancy habló en voz baja: —Dile que no lo queremos. —Sí. ya estamos llegando. La policía no puede ayudamos. si es que se trata de una máquina. —Mike. tomaremos ese bungalow. Efectivamente. pero antes de que Nancy abriese la portezuela oyeron una voz: —Eh. —Mike —dijo Nancy—. —¿Por qué no echamos a correr? —Son muchos y nos darían alcance. —¿Qué hay? —preguntó Mike. —No. Entraron en la oficina. Somos nosotros los que tenemos que enteramos por nuestros medios del lugar donde tienen esa máquina. el que estaba en el registro. amigo. 66 . Mike. Era el hombre de las gafas. —Mike.Nancy forzó una sonrisa. —Recordé que tengo un bungalow libre. —No nos dejarían marchar —contestó también Mike en voz baja y luego agregó. El hombre de las gafas había abierto un libro. —Yo también. Valor. ¿qué va a pasar ahora? El hombre de las gafas entró en la oficina. señor Morgan. sin precipitarse. Recuerda lo que nos propusimos. mirando al del registro—: De acuerdo. Cogió a Nancy por el brazo. llegaron junto al automóvil sin que hubiese pasado nada.

67 .. señor Miller. Bungalow número 14.. Les he dado alojamiento. Nadie les molestará. —No se preocupen. El hombre de las gafas se acercó a una ventana y vio cómo Nancy y Mike se dirigían en el coche hacia el bungalow número 14. —No queremos que nos molesten. han venido solos. Nancy y Mike salieron de la oficina. Sí. —¿Cuál es su nombre? —preguntó Mike...—Es el bungalow número 14.. Mike se inscribió y recibió la llave de manos del hombre de las gafas. No recordé que la pareja que lo ocupaba se marchó a primera hora de la tarde. —Eddie Miller... Mi mujer y yo estamos muy cansados y queremos dormir. No sé cómo dieron con nosotros. Ellos están aquí.. pero adoptaré precauciones para saber que nadie más está al acecho. Entonces regresó al registro y descolgó el teléfono. Mike Morgan y Nancy Palmer. —Señor presidente.

tú no puedes tener miedo! —Lo tengo. —¿Por qué no lo dijiste? —Hemos de obrar con astucia. Quiero decir que no vi ninguna cosa especial. —No tenemos dónde ir. Ella cerró y se apoyó en la puerta. —Nosotros hemos pensado en una gran sala o en una casa muy grande para albergar esa máquina. —¿Cuándo darán la orden de ataque? —Nosotros atacaremos antes que ellos. —Quizá tengas razón. tengo miedo. —¿Ves algo anormal? —preguntó Nancy. Mike. 68 . —Mike. ¿O crees de verdad que ese hombre que dice llamarse Eddie Miller recordó de pronto que este bungalow estaba libre? Mike miró por la ventana.CAPÍTULO XI Nancy Palmer y Mike Morgan entraron en el bungalow. número 14. —Voy a salir. No habían dejado el automóvil en la cochera. —Yo voy contigo. —¡No.. porque creemos que una máquina que sirva para hipnotizar al mundo entero ha de ser muy grande. Pero podría ser mucho más pequeña de lo que nosotros hemos supuesto. —Nada. —Pero ellos también están obrando con astucia y por eso nos dieron este bungalow. —¿Adónde? —A dar una vuelta por los alrededores. Todo está en paz de momento. —Yo también.. para escapar con más rapidez en el caso de que tuviesen que huir. sino junto a la verja.

por favor. Yo soy muy considerado con mis pacientes. —¿Y qué más? —Muy bonita. Nancy dijo: —Mike. eres una gran chica. —¡Yo no soy nada valiente! Ya te he dicho que estoy muerta de miedo y tremendamente nerviosa.—No. ¿dónde patentaste el sistema? —Te voy a decir un secreto. La volvió a besar. —Yo te daré otro sedante —dijo Mike. Mike le guiñó un ojo. Mike dijo: —Eh. Sólo por las circunstancias. Mike la cogió por los brazos. Les costará mucho trabajo descubrirme. —¿Cuál? —Que no grites si ves a un ratón. secretaria. Mike sonrió. cuando él fue a separarse. Cuando terminó aquel beso. Nancy se acercó a la ventana y vio a Mike desaparecer por la 69 . —Hay muchas chicas bonitas por ahí. Mike. Pero quisiera que no te separases de mí. para ello. —De acuerdo. le puso la mano en la nuca. Pero esta vez Nancy no se estuvo quieta. —Nancy. Hice mi servicio militar en la jungla. Mike. y la besó en los labios. ven corriendo. —Eso está hecho. —Suerte. Te beso así por las circunstancias. Nancy dejó que la besase y. Colaboró y. Sospecharían si nos viesen a los dos juntos. —¿Cuánto vas a tardar? —No lo sé. pero con una condición. es mejor que yo vaya solo. un poco más de sedante. —Estaré aquí lo más pronto posible. a pesar del sedante del doctor Colman. El salió del bungalow. —Si grito. —Pero no todas tienen tu valentía.

no. señor?. Renunció a cantar. —Sólo vine aquí para hablar con su marido. Nancy se volvió gritando: —¡Mike! Pero no era Mike. Nancy deseó con todas sus fuerzas que siguiesen saludándose hasta que llegase Mike. Sí. sí. muy bien. llámame.derecha. —¿Dónde está él? —Tomando un baño. Pero la canción le salía mal e hizo varios gallos. —Oh. sino uno de aquellos hombres de ojos verdes. Nancy cubrió el hueco para que él no pudiese entrar en el cuarto 70 .. querido! Cuando haga falta enjabonarte la espalda. señorita —saludó él. —Oh. muy nerviosa. —Será mejor que echemos un vistazo al cuarto de baño. Ellos la habían visto con sus ojos verdes. En ese momento se abrió la puerta. —¿Se encuentra bien? —Oh. —Podría sufrir un accidente. El hombre que estaba en el umbral dijo: —Él no le ha contestado. sí. Ya estaba a solas en aquel bungalow con los extraños seres muy cerca. —¿Cómo dijo que se llamaba. —John Blake. Aquel hombre ya estaba andando y Nancy no supo qué hacer. Mike es un hombre que está en todo. —¿Qué tal? —preguntó ella. el de los sesenta años. eso era lo mejor.. —¿Cómo sabe que es mi marido? —Estuve en el registro y el señor Miller me lo dijo. —Hola. Prendió un cigarrillo. —Quizá se quedó dormido. Nancy se acercó a la puerta que comunicaba con el cuarto de baño y gritó: —¡Eh. Se puso a cantar.

—Señora Morgan. —No. —Blake se interrumpió. nerviosa. —Señor Blake. quizá se fue por el agujero del desagüe! —rio ella. ¿es usted casado? —No. Miró hacia la puerta 71 . Allí dentro no había nadie. señor Blake? —No. Pero los ojos de Blake seguían siendo verdes. señora Morgan. señora Morgan? —Tomar la vida en serio es una tontería. Es la letra de una canción. Se lo diré a los dos. señor Blake. —Señora Morgan. Nancy se sentía cada vez más atemorizada. ¿No la conoce usted. No estoy en contra de la familia. —¿Por qué? —Quiero decirle algo que es muy importante para usted y para él. necesito urgentemente hablar con su marido. —Continúe.. Nosotros. —¿Está en contra de la familia? —No. aquí no está su marido. y no podía consentir que la hipnotizasen por tercera vez porque presumía que sería el final para ella. ¿qué iba a decir de ustedes? Nancy se estremeció porque él la estaba mirando fijamente con sus ojos verdes.de baño. —Dígamelo a mí. El hombre apartó a la joven y abrió la puerta del cuarto de baño. yo no puedo conocer una canción con una letra tan estúpida. Ya la habían hipnotizado dos veces.. me ha mentido. Ella sabía lo que tenía que hacer si aquellos ojos se convertían en castaños. —¿Ah. —¿Cree que la situación es para tomársela a broma. Tenía que apartar rápidamente la mirada para impedir que él la hipnotizase. —¿Y por qué no tiene mujer? —Porque no me enamoré. no? —¿Dónde está? —¡Dios mío. Se volvió furioso. señora Morgan.

—¿Lo dice porque en este motel no se puede beber? —Lo digo porque su automóvil está fuera y. se lo voy a preguntar por última vez. Se lo acababa de decir claramente. señora Morgan. Esta noche. Y nadie podrá impedirlo. —¿Adónde? —A Oceanside. si gritaba. —¿A qué plan se refiere? —Lo sabe bien. Lo sé muy bien. señora Morgan. ¿sabe lo que está diciendo? —Sí. Sin embargo.. esperando ver a Mike. y la llamo así porque usted ha querido pasar por la esposa de Mike Morgan. Blake se había quitado la máscara. —¡Basta. a las nueve. aquel ser con figura humana acabaría con ella. —Señora Morgan. Mike dice que más vale un paseo a pie que tres carreras en automóvil.del bungalow.. Le había dicho a él que gritaría si se viese en peligro. ¿Dónde está su marido? —¡Ya lo sé! Fue a por una botella de whisky. serán hipnotizados por nosotros. Nancy se extrañó de no desmayarse. todos los seres como usted y como el señor Morgan que habitan la Tierra. —¡Usted está acabando con mi paciencia! —Le propongo una partida a las damas. A hipnotizar a todos los seres de este planeta. ¿Lo oye bien. los seres de la Galaxia Amarilla. Era uno de «ellos». señora Morgan! —No se enfade. —Miente otra vez. si su marido hubiese ido a Oceanside. señora Morgan? ¡Absolutamente nadie! 72 . Ustedes no van a impedir que nosotros llevemos a la práctica nuestro plan. se lo habría llevado. —Es que Mike es un andarín estupendo. dijo tartamudeando: —Señor Blake. ¿sabe? Odia el automóvil. —Señora Morgan. pero se daba cuenta de que.

—Qué lástima. —¿Dice eso y van a hipnotizar a todos los humanos? Oh. —¿Cuándo vendrán? —El segundo grupo de asalto llegara mañana. —Es una muchacha lista. —¿Cómo son las mujeres de allí? —Muy hermosas. —¿Y cuándo vendrán los demás? —Muy pronto. —No. no corría ningún peligro. —No trajimos a ninguna con nosotros. Me hubiese gustado hablar con una de mi mismo 73 . —Señor Blake. no. Blake sonrió. me gustaría saber una cosa. mientras viese los ojos verdes de Blake. no tenemos figura humana. —No. Esta no es una invasión pacífica. —Gracias. —¿El qué? —Me gustaría saber cuál es la forma de ustedes. —¿Cuántos son ustedes? —Cincuenta. —Merecería ser una de las nuestras.CAPÍTULO XII Nancy Palmer se decía a sí misma que. Se compone de diez mil. Estoy segura de que ustedes no tienen forma humana en su planeta. señor Blake. —¿Están todos aquí? —Sí. —Quisiera ver una de ellas. Esta envoltura sólo la empleamos para invadir la Tierra. a ustedes lo único que les preocupa es apoderarse de nuestro planeta sin sufrir bajas. señor Blake. —¿Por qué no han hecho una invasión pacífica? —Es lo que estamos haciendo. —No queremos hacerles daño.

Nancy sintió un escalofrío por la espina dorsal. abombada. Los ojos se hundieron y se enterraron 74 . pero. —Fíjese bien en mí. —¿En qué son superiores? ¿En tamaño? —En eso que llaman ustedes inteligencia. Al menos no la miraría. Estaba creciendo. —Estoy preparada. pero las cuerdas vocales se le paralizaron cuando vio que la cara de Blake se deformaba. señor Blake. Nancy miraba con nerviosismo la puerta. parecía ahora arcilla blanca. Nancy quiso gritar. señor Blake. Además detrás de la puerta podría encontrarse con otro de «ellos». señora Morgan. iba perdiendo la forma humana. debe ser magnífico para ustedes el tener mujeres hermosas e inteligentes. usted debe ser una excepción.sexo. Pensó en escapar. —No me va a costar mucho trabajo. La frente se estaba ensanchando. —Lo dudo mucho. Había aumentado en pocos segundos varios centímetros. en nuestro planeta. pero ya no era una frente. Nuestras mujeres son muy superiores a ustedes. —Y le voy a dar una oportunidad para que me vea tal como realmente soy. —Oh. no podía hacerlo porque Blake la alcanzaría. la de un hombre normal. al mismo tiempo. Aquí. y sabrá cómo somos en mi planeta. —Si le cuesta mucho trabajo. Nancy dio un suspiro de alivio. Quizá habríamos simpatizado. Ya no pensó huir al ver a Blake. No. se dice que una mujer es menos inteligente cuanto más hermosa es. Aquel hombre llamado Blake cerró los ojos. Su carne. —Entonces. ¿Cuándo iba a volver Mike? Blake se retiró de ella unos pasos. —Vaya. La nariz se hundió hacia abajo y se mezcló con la boca y las encías. no sabe cuánto me halaga. no hace falta que haga el experimento. sino una cosa enorme.

Nancy gritó con todas sus fuerzas. ¡Me va a coger!. La joven gritó: —¡Me va a atrapar. Se bamboleaba de un lado a otro moviendo su brazo con tentáculos. un brazo que iba en dirección a Nancy. Y de todo aquello surgió un solo brazo. Y sólo volvió a reaparecer un ojo.. Mike trató de ir hacia Nancy. emitió un extraño gruñido de aprobación al grito de Nancy. que se confundieron con la masa. Mike! —exclamó Nancy—. Mike!. pero no podía mover las piernas. ¡Es uno de «ellos»! Morgan estaba mirando aquella «cosa» que iba creciendo mientras soltaba los gruñidos.. —¡Míralo. monstruoso. aunque era muy grande y tenía un color azulado.en aquella carne que era como barro. estamos en su poder! Aquella «cosa» se había elevado a los dos metros y medio. Uno solo. ¡Me convertirá en una anciana como a Elizabeth! Mike sacó la caja de fósforos. 75 . estaba pasando a los brazos. que se agrandaba en el centro de la habitación. Y todo aquello seguía creciendo y creciendo. —¡Dios mío.. ¡Y estoy segura que me chupará la sangre!. Ella quiso correr pero una fuerza más poderosa que su voluntad la retuvo clavada a la madera. —¡Ven conmigo. Prendió el primero y lo arrojó contra «la cosa». —Ven aquí. Mike! —Tampoco puedo moverme. Aquel extraño ser.. La puerta se abrió y entró Mike. —¡No puedo moverme! —Yo iré por ti. Ya pasaba de los dos metros. El fósforo no llegó a su destino porque se quedó a mitad del camino. Nancy. aunque tenía largos tentáculos terminados en ventosas. Un poco más y llegaría hasta el techo.. Y lo mismo que había ocurrido con la nariz y con los ojos..

Prendió otro fósforo y lo arrojó hacia el largo brazo. Mike logró mover una pierna y luego otra y entonces pudo llegar al lado de Nancy. se volvió hacia Mike. Nancy! ¡Esta vez conduzco yo! Entraron en el auto al mismo tiempo y Mike puso en marcha el automóvil y lo echó a correr. Morgan vio que el tentáculo avanzaba rápidamente hacia él. también vamos a morir abrasados! Mike trató de arrojarse al suelo. Nancy gritaba. Este hizo un esfuerzo sobrehumano para librar las piernas de aquella terrible presión que las mantenía adheridas al suelo. El rugido fue más intenso. —¡Mike. El brazo provisto de tentáculos estaba ardiendo. pero todavía no podía mover las piernas. El hombre del registro salió de la oficina.«La cosa» se dio cuenta de lo que Mike intentaba. pero no las piernas. Y. El extraño ser lanzó un alarido espantoso. Esta vez logró alcanzar a «la cosa» con el fósforo. —¡Eh. en la forma más gruesa de su asombroso cuerpo. pero no consiguió moverlas una pulgada. presa de las llamas. señor Morgan! ¿Qué pasa? 76 . Tiró de ella fuertemente y Nancy también pudo andar. Nancy vio horrorizada que el fuego prendía en el techo del bungalow. —¡Al auto. y lanzó un terrible rugido y entonces su brazo cambió de dirección y. que ya le llegaban a la cabeza. Se produjo una llamarada. Sólo podía mover los brazos. —¡Cuidado. en lugar de acercarse a Nancy. Los dos corrieron y salieron del bungalow. Las llamas seguían apoderándose del bungalow ensanchando el círculo de fuego. de repente. El monstruo seguía rugiendo. y en la misma situación se encontraba Mike. El ser retiró el brazo y eso resultó mucho peor para él porque las llamas prendieron en el tronco. Mike! —gritó Nancy. pero ni siquiera eso pudo conseguir.

Salieron a la carretera y emprendieron el regreso a Oceanside. Quería transmitimos un mensaje. pero eso no llegó a ocurrir. si es que se puede llamar pies y cabeza a lo que ese tipo tenía. —Fue realidad. —Pero nosotros lo vamos a impedir. a las nueve. dime que fue una pesadilla. no pueden marcharse! ¡Vuelvan acá! —oyeron gritar al del registro.Mike no le hizo ningún caso. —Era Blake. todos los seres de nuestro planeta serán hipnotizados por «ellos». —¡Eh. El hombre de sesenta años que nos abrió el segundo bungalow. Esta noche. 77 . Apretó a fondo el acelerador. —Cambió bastante. —De los pies a la cabeza. —Entonces vimos arder a ese ser. Esta vez el teniente tendrá que creemos. —Estuvo hablando conmigo. —Mike. Mike tomó la curva con dos ruedas del vehículo. Pensó que iban a volcar. ustedes. Nancy había apoyado la cabeza en el asiento trasero y tenía los ojos cerrados.

—Teniente. ustedes vendrán conmigo al hospital. Bill y Joe. y yo les alejaré colocaditos en la sala de perturbados del doctor Colman. pero se me paró durante el incendio del bungalow.CAPÍTULO XIII El teniente Lamont escuchó el segundo relato de Mike Morgan. —De acuerdo. si no vemos nada anormal. seguimos perdiendo un tiempo que es precioso. —Trato hecho —dijo Nancy. —¿No se dan cuenta de que incurren en una contradicción? Ustedes han dicho varias veces que sólo hay una forma de combatir a esos hombres. —Telefonea al parque de bomberos y pregunta si ha habido una llamada de emergencia del motel Meredith. Ahora no viajaron en el auto de Nancy. —Estupendo —dijo Nancy. sino en el de la policía. —A ellos no les conviene llamar a nadie. sin ayuda. El fuego. También en esta ocasión el teniente estaba acompañado por sus dos subordinados. 78 . ¿quieres hacerme un favor? —Sí. —¿Qué tiene que ver eso? —rezongó Mike. tuvieron que llamar al parque de bomberos. —Pero esperen un momento. —Bill —dijo Lamont—. —Hable —gruñó Mike. teniente? —preguntó Mike. —¿No tiene usted reloj? —Sí. teniente. Mike Morgan terminó de contar lo que les había pasado en el motel Meredith. Ni siquiera al parque de bomberos. —Iremos al motel Meredith. Quiero que me hagan una promesa. pero. —Si se incendió un bungalow. ¿Por qué no lo comprueba por sí mismo? Vamos al motel Meredith. Y ahora dicen que se provocó un incendio y lo debieron apagar ellos. antes de que Mike protestase. —¿Qué hora es.

gracias. —Soy el teniente Spencer Lamont. prefiero que no lo haga.—Son las siete y media. —Falta una hora y media nada más para que esos seres lleven a cabo su plan. —Ellos dicen que se marcharon porque el bungalow número 14 se incendió. Dejaremos en suspenso cuanto yo pueda decir. —¿Cuándo? —Esta tarde. —No. señorita Palmer? —No. El hombre de las gafas salió de la oficina. Nancy gritó: 79 . de la policía de Oceanside. Estuvieron aquí. —Claro que los identifico. teniente. —¿Qué seres? ¿Qué plan? —Está bien. teniente Lamont. Lamont subió al porche. Nancy intervino: —Teniente. —Ahí tiene a uno de ellos —dijo Nancy. teniente? —¿Identifica a esos dos jóvenes? —señaló a Nancy y a Mike. —¿Qué bungalow les dio? —El 14. —Que yo sepa. señor Miller. ¿cree de verdad que somos un par de locos? —¿Quiere que le conteste sinceramente. Miller se echó a reír. El auto de la policía se detuvo ante la oficina del motel Meredith. El señor Morgan y su mujer me parecieron desde un principio unos tipos muy extraños. ¿Quiere que se la enseñe? —No. —¿Qué pasa. y tengo toda la documentación en regla. El bungalow no ardió. Le creo. ¿Cuál es su nombre? —Eddie Miller. —¿Es usted el dueño? —Sí. es un hombre como otro cualquiera. Pidieron alojamiento.

Eddie Miller se miró los brazos. 80 . acabemos de una vez con esto. El teniente Lamont dijo: —Exteriormente no se nota que haya habido aquí un incendio. —¿Por qué? —No me gusta que la policía se mezcle en mis negocios cuando yo cumplo las leyes y los reglamentos. Enorme. lo tengo. Lamont abrió la puerta y entraron en el bungalow. pero quiero ver ese bungalow. Pero yo sé cómo es. con un solo ojo y tiene un brazo provisto de tentáculos. Lamont miró a Miller. grande. Mike y los tres policías caminaron hacia el bungalow número 14. —Espere a ver el interior. Nancy. Nancy exclamó: —¿Lo ve. lo siento. —¿Nota algo extraño en mi? —No noto nada extraño en usted. ¿me ve dos brazos? —Sí.—¡Hubo fuego en el bungalow número 14! ¡Ardió uno de ustedes! ¡Prendió fuego al techo y al entarimado! —¿Uno de nosotros? ¿A qué se refiere. —¿Tiene inconveniente. —Como usted quiera. Vamos al bungalow número 14 y verá que está quemado. Mike dijo: —Yo tengo la llave. Lamont se tironeó de una oreja. señora Morgan? —Usted adoptó figura humana para engañamos. —¿Dos ojos? —Sí. teniente? Se quiere oponer a que veamos el bungalow porque el living debe estar abrasado. señor Miller? —Sí. —Señor Miller. Mike dejó oír su voz: —Teniente. —Teniente.

¡Pero ya me harté de todas sus estupideces! —¡No son estupideces. —Sí. El bungalow estaba completamente normal. —Ande. teniente. Ellos arreglaron el bungalow antes de que nosotros llegásemos. —¿Recuerda el pacto? Si aquí no había pasado nada. Mike? —¡Yo encendí dos para arrojarlos contra el bicho! —¿Y dónde están los restos del bicho? —Se debió extinguir. —Sí. —Paparruchas —dijo Mike. señorita Palmer. Hablo muy en serio. —De modo que se pusieron a trabajar y en una hora pudieron cambiar una habitación por otra. ¿Lo oye. 81 . ¿Qué extraño ser va a aparecer por la puerta? ¿Un caballo con una sola pata? ¿O será un anciano del tamaño de un hipopótamo? Nancy estaba desmoralizada. Ustedes dos están enfermos. y lo hemos terminado de una vez por todas. Lamont observó el living y dijo: —¿Quién encendió aquí un fosforito. —Dije que habíamos terminado el asunto. Están bajo los efectos de una psicosis emocional desencadenada. ¿Qué respuesta me van a dar ahora? —La única posible. Ni siquiera está tiznado por el humo. El teniente Lamont sacudió la cabeza. teniente. vendrían conmigo al hospital de Oceanside. —No hablará en serio —dijo Nancy.Nancy y Mike quedaron asombrados. señorita Palmer. —¿Quiere saber más que un psiquiatra? —Yo sé lo que pasa aquí mejor que un psiquiatra. —Quise por una vez seguirles la corriente. Nos han ganado. Fue lo que dijo el doctor Colman. —Pero ustedes dijeron que se pegó fuego al techo y yo no veo la menor huella del incendio. Mike. dígame lo que tengo que ver ahora. —Es imposible luchar contra «ellos». Mike? Ustedes dos van a volver conmigo al hospital de Oceanside. teniente! —protestó Nancy. Se apoyó en el brazo de Mike.

¿Qué le vamos a hacer? Nancy no supo lo que Mike se llevaba entre manos. todo se habrá perdido para la Humanidad. Todos los seres humanos. —Cariño. Y va a ser muy trágico convertirse en muñecos de extraños seres llegados de otro planeta. Los dos jóvenes fueron otra vez hacia donde estaba el auto de los policías. No tenemos salvación.—Si volvemos con usted a Oceanside. Salieron del bungalow. —De acuerdo. ¿qué estás diciendo? Mike miró a Nancy y le guiñó rápidamente un ojo. Y de pronto. Eddie Miller tenía una extraña sonrisa en los labios cuando miró a Nancy y a Mike. Prendió un fósforo en la caja que ya tenía preparada en la mano y lo arrojó contra Eddie Miller. Eddie Miller seguía en el porche de la oficina. Nancy protestó: —Mike. No nos resistiremos. 82 . teniente. señor Miller. —Caminen delante de mí —dijo Lamont. hemos jugado y hemos perdido. Mike Morgan lo hizo. teniente? —Todo está en perfecto orden. —¿Descubrió algo anormal. Pensó que quizá él intentaría fugarse. empezando por Joe y por Bill. muchachitos —ironizó Lamont—. y será mejor que no se resistan. seremos hipnotizados. Perdone que le hayamos molestado. ¡Pero ustedes van a esperar ese momento en la sección de enfermos mentales del doctor Colman! —¿No va a cambiar de idea? —No. —Está bien.

Se movió hacia el interior de la oficina. Eddie Miller se debatía entre espantosos alaridos y su tamaño se iba reduciendo poco a poco. —Todo el mundo quieto —dijo—. Lamont miró hacia los bungalows. Joe? —Yo todavía no estoy convencido de no estar en mi casa durmiendo. No vio a nadie. pero sólo dio tres pasos y no alcanzó la puerta. —Usted dijo que los demás bungalows estaban ocupados por estos extraños seres de ojos verdes. Ya quedaba muy poco de aquel extraño ser y de pronto se extinguió todo y no quedó de él nada. se abrazó a Mike. sobrecogida. La oficina se abrió dando paso a un hombre de ojos verdes. Lamont se volvió hacia sus subordinados. Lamont estaba con la boca abierta observando aquello. Se produjo un fogonazo y el hombre del registro quedó envuelto en llamas.CAPÍTULO XIV El fósforo encendido chocó contra Eddie Miller. muchachos? —No me he perdido ningún detalle —dijo Bill. ni siquiera cenizas. —¿Y tú. Nancy. Mike! ¿Qué es lo que ha hecho? —¡Vea eso. Su piel se aviejaba rápidamente bajo los efectos del fuego. —¿Qué dice ahora. —¡Dios mío! —exclamó Bill—. —¿Lo visteis. ¿Qué significa esto? Lamont se había quedado sin habla. teniente. —Sí. teniente! Eddie Miller estaba soltando un rugido espantoso. Eddie Miller se estaba consumiendo. teniente? —preguntó Mike. ¡Miren a mis ojos! Nancy gritó: 83 . Lamont gritó: —¡Está loco.

sino castaños. Dieron media vuelta para pasar por el otro lado. Yo seré quien les dé las órdenes. el que había hipnotizado a los policías. 84 . Mike tiró de Nancy. Sus ojos eran otra vez verdes como los de los demás. —Ustedes sólo harán lo que yo les diga. ahora ya no podremos hacer nada.. al levantar la mirada. pero Nancy. —¡No obedezca. y ahora se estaban convirtiendo en azules —Ustedes obedecerán mis órdenes.—¡No lo mire.. teniente! ¡No obedezca! Mike también gritaba: —¡No le hagan caso o serán hipnotizados! Lamont.. gritó: —¡Mike! Delante de ellos había tres hombres de ojos verdes que les cerraban el paso. el teniente Lamont y los dos policías estaban inmóviles. y ustedes las obedecerán. teniente!. El extraño ser les estaba transmitiendo sus órdenes. como si se hubiesen convertido en estatuas. Sin embargo. ¡No lo mire! Mike tampoco lo estaba mirando pero el aviso había llegado demasiado tarde para los dos inspectores y el teniente porque estaban mirando a los ojos del extraño ser. El hombre que estaba en el porche. unos ojos que ya no eran verdes. dijo: —Ustedes nos han puesto las cosas muy difíciles. Nancy gimió por lo bajo: —Mike. pero ya han sido vencidos. Los dos echaron a correr. Absolutamente todo lo que yo les diga. pero otros tres hombres estaban allí para impedirles la fuga. Bill y Joe ya no eran libres para elegir. Nancy seguía gritando mientras miraba al suelo..

hasta que encontramos la Tierra. ustedes son los que deben desaparecer. el que había hipnotizado a los tres policías. —Estamos a varios millones de años luz de ustedes. somos más rápidos que la luz. 85 . —¿Por qué no nos pidieron por favor un lugar para vivir en nuestra Tierra? Nosotros somos muy comprensivos y les habríamos echado una mano.CAPÍTULO XV Habían sido conducidos a una gran sala subterránea. Los tres policías estaban junto a la pared mirando a un punto indeterminado de enfrente porque seguían hipnotizados. por ganar tiempo. pero nos encontramos con que no nos era posible vivir en ellos. —¿Por qué entonces vinieron a la Tierra. La hemos empleado con éxito en otros lugares. justo debajo de las oficinas del motel. Y es aquí donde nosotros podemos establecer nuestro nuevo hogar. ustedes y nosotros somos demasiados para un planeta tan pequeño. Era muy parecida a un detector de radar. si ya la emplearon con éxito? —La máquina respondió en otros planetas. Gracias a nuestra ciencia. No podemos creer semejante cosa de los humanos. Allí estaban todos los seres de ojos verdes. —No sé dónde cae eso. señor Morgan. —No. —¿Y cómo pudieron llegar aquí? —Ustedes no tienen la suficiente inteligencia para comprender cuáles son nuestros medios de penetración. Además. —De la Galaxia Amarilla. por lo tanto. Mike y Nancy vieron la máquina. Fuimos emigrando de un lugar a otro. —Soy el presidente —dijo el hombre que ya conocían. Ustedes o nosotros estamos de sobra y. —¿Qué van a hacer con esa máquina? —Nos va a servir para dominar a los habitantes de este planeta. —¿Presidente de qué? —preguntó Mike.

que se encuentre un ser humano él oirá la voz que llegará del cielo. —Señor presidente —dijo Mike—. señor Morgan. Trataba de darse ánimos a sí misma. Seguiremos la hipnosis a través de esta pantalla.. París o Moscú. Nancy cogió la mano de Mike y la apretó con fuerza. estamos muy adelantados. sí. las gentes en las aceras. Hay más grupos de asalto dedicados a buscar otros planetas. aunque no tanto como ustedes. Y también estará pasando en los lugares más apartados del planeta. En cualquier parte. —Sólo dejaremos vivos a los que necesitemos como obreros. —¿Y qué pasaría si no hiciesen la llamada? —Significaría que nuestro grupo de asalto había fracasado y nuestros hermanos no vendrían. e instantáneamente apareció una pantalla en la pared. —Conecten la máquina. El presidente dijo: —Ahí tienen la ciudad más importante del globo. Era Times Square.. haremos la llamada. Un hombre se acercó. señor presidente. Pero yo seré quien les hable y les produzca la hipnosis. Eso también lo saben hacer ustedes. Veían a los coches circular. Lo qué pase en Nueva York estará pasando al mismo tiempo en esas otras ciudades que ustedes llaman Londres. —El presidente hizo una señal. —Como esclavos. —Todo preparado. en el desierto. la invasión de la Tierra sería abandonada. Si nosotros fracasásemos.—Nancy me dijo que no nos harían desaparecer. ¿cómo pueden recoger ustedes la imagen? —Por medio de un satélite. con una vista de Nueva York. —Da lo mismo. Una voz que para ellos será misteriosa. —¿Cuándo llegarán los otros? —En cuanto hayamos producido la hipnosis general. en el Polo Norte. El presidente se trasladó a una especie de computador. —Oh. querrá decir. 86 .

Uno de aquellos extraños seres con figura humana movió una palanca en un tablero de mandos. El presidente estaba convertido en una pura tea y soltaba alaridos y ninguno de sus congéneres podían ayudarle porque todos ellos eran presa del fuego. Tanto Nancy como Mike pudieron comprobar en la pantalla que aquel zumbido se estaba escuchando en Nueva York. Entonces el presidente habló: —¡Terrícolas! Aquella voz produjo una gran conmoción entre las personas que se encontraban en la plaza de Times Square. La máquina produjo un segundo estampido y quedó envuelta en las llamas. La máquina se iluminó y empezó a emitir un zumbido que a Nancy le recordó el de aquella ventosa. las personas que se veían en la pantalla estaban completamente inmóviles. que ahora recuperaron el conocimiento. os habla el presidente del Gran Consejo de la Galaxia Amarilla! ¡Os ordeno que miréis hacia aquí! ¡Nadie se resistirá! Mike sacó la pistola de la que había despojado al teniente Lamont y que había guardado hasta entonces en un bolsillo. llegaron ante el teniente y los dos policías. 87 . Sin pestañear. Nancy y Mike. de Nueva York. Nancy! —dijo Mike. Las gentes que caminaban por la acera empezaron a detenerse y a mirar hacia el cielo. como si hubiesen perdido la voluntad y miraban fijamente al cielo. retrocediendo. —¡A correr. Morgan siguió disparando. de donde les llegaba aquella voz impresionante. —¡Terrícolas. Para ese entonces. disparó contra la máquina que debía producir la hipnosis. —¿Qué pasa? —dijo Lamont. También explotó la pantalla. Los vehículos también se detuvieron y los hombres salían de ellos y también miraban al cielo.

Nancy. y él la estrechó contra sí y sus labios quedaron unidos en un largo beso. teniente! ¡Salgamos de aquí y se lo contaré por el camino! La atmósfera se había llenado con los chillidos infrahumanos de los extraños seres que se consumían entre las llamas. Todo el motel Meredith estaba ardiendo. pero no sé si los demás humanos se darán cuenta de lo que ustedes han hecho. Mike y los policías salieron de aquella casa. Nancy se puso de puntillas y echó los brazos al cuello de Mike. hasta que no se oyó ninguno. —Teniente —dijo Mike—. Los gritos iban cesando poco a poco. Lamont sacudió la cabeza. Tengo que repartir mis tomates —guiñó un ojo a Nancy—.—¡Vamos. —¿Y qué haremos cuando entregues los tomates? —Estaba pensando en que tú y yo podríamos asociarnos. os habla el presidente del Gran Consejo de la Galaxia Amarilla». Tenían razón. y seguían oyéndose los aullidos que venían de la profundidad. desde una punta a otra. La voz llegaba del cielo y decía: «Terrícolas. —No tengo tiempo para convencer al mundo. ¿Me acompañas? Hay sitio para ti en mi camión. y si tiene alguna duda de lo que ha pasado. Nancy y Mike y sus acompañantes se detuvieron y contemplaron el incendio. Mike dio un suspiro. pregunte a cualquier persona lo que ha oído a las nueve de la noche. teniente. ya acabó todo. —Les pido perdón a los dos. —¿En el negocio del transporte? —Y en el otro negocio —dijo Mike. FIN 88 .

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