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LA_PATRIA. Conferencia impartida en el Círculo de la CTC de Sevilla el 4 de marzo de 2006 por Manuel Ezequiel Chacón-Manrique de Lara y Castilla

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Manuel Ezequiel Chacón-Manrique de Lara y Castilla

LA PATRIA: CONCEPTO Y PERSPECTIVA FUTURA

Dado en el Círculo de la Comunión Tradicionalista Carlista. Sevilla 4 de Marzo de 2.006

INDICE

MATERIAS

PÁGINA

1.- Nación……………………………………………………………………………1 2.- Antecedentes históricos nacionales………………………………………………4 3.- La Corona………………………………………………………………………...5 4.- La Monarquía Católica…………………………………………………………...5 5.- Concepto de Patria………………………………………………………………..6 6.- Patriotismo y Patrioterismo……………………………………………………….7 7.- Los enemigos de la Patria…………………………………………………………8 8.- Los defensores de la Patria……………………………………………………….10 BIBLIOGRAFÍA…...…………………………………………………………………12

LA PATRIA: CONCEPTO Y PERSPECTIVA FUTURA.

Antes que nada quisiera agradecer a la Junta Provincial de la Comunión la confianza que ha depositado en mi persona para tratar este tema ya que para mí es la primera vez que tengo el honor de dirigirme a un foro de este tipo. Espero tener la claridad de ideas y la soltura de palabra suficiente como para poder transmitiros los conceptos que vamos a tratar y mis inquietudes al respecto al tiempo que invoco a vuestra benevolencia si el peso de la responsabilidad me traiciona en la exposición.

PRIMERO.- A la hora de definir el “a priori” abstracto concepto de Patria y como preámbulo tenemos que hacer referencia a determinados conceptos concretos que la conforman. Digo que el concepto de Patria es “a priori” abstracto porque del análisis de los conceptos que la conforman veremos que al final, el concepto de Patria es bien concreto. Estos conceptos son los siguientes:

1.- NACIÓN:
Para que exista la Patria es necesario que primero exista lo que se llama una Nación. El concepto de Nación hay que estudiarlo de forma piramidal, pero no en la forma de concepto del que dimanan sus componentes, sino de forma inversa; esto es, tenemos que remontarnos a sus células básicas sociales para, poco a poco, ir confluyendo en términos superiores que la determinen: Así, la célula primaria de la sociedad está constituida por la unión de un hombre y una mujer que se unen en matrimonio para formar la FAMILIA. La FAMILIA, entendida ésta desde el prisma católico, es la primera escuela de moral donde el hombre dependiente de un padre y una madre se forma religiosa y humanamente y desarrolla plena madurez emocional y psicológica como ser humano para convivir con los demás. La Familia católica es Sagrada desde el punto y hora que está bendecida por el Amor de Dios para con quienes la conforman. Dentro de ella, y gracias a los valores morales y espirituales, el hombre y la mujer se dignifican como personas sociables. Cuando las familias se agrupan para vivir en un mismo lugar se forman los barrios, que en muchas ocasiones tienen un origen gremial dependiendo de las profesiones ú oficios de los cabezas de familia que los constituyen.

Las Asociaciones de Vecinos, las Peñas y las Tertulias tienen su nacimiento dentro de la propia vida social de los barrios. La necesidad de convivencia y otros factores como el religioso, el económico y la interdependencia social hacen que la unión de los barrios conformen la creación del MUNICIPIO. El MUNICIPIO es la “sociedad política infrasoberana formada naturalmente por las familias que habitan en un mismo lugar, con el fin de satisfacer las necesidades más inmediatas del vivir social que no puedan llenar por sí mismas aisladamente y de fomentar sus comunes intereses”. (1) Su principal objetivo es la defensa de las familias que lo constituyen, de sus miembros y de sus intereses, velando por su desenvolvimiento y evolución social, cultural, moral y bienestar general de manera autárquica, con potestad propia e independiente, siendo soberano en la esfera local para cuanto privativamente le concierne. Actualmente la agrupación de municipios por Provincias viene determinada por la primera división administrativa del Estado que tuvo lugar durante el llamado “Trienio Liberal” bajo el mandato de Fernando VII (en 29 provincias), y a una segunda división en 49 provincias del año 1.833 a su muerte y durante la regencia de la reina María Cristina. Esto no es más que una mera división administrativa que en ocasiones no se corresponde con el verdadero sentimiento municipal: ejemplos de ello son las mayores afinidades existentes entre Sevilla capital con la Sierra de Huelva que con su propia Sierra Norte ó las mayores afinidades existentes entre Jerez de la Frontera y Sanlúcar de Barrameda con Sevilla que con Cádiz. Así pues, la afinidad natural entre Municipios viene determinada más por la COMARCA que por la Provincia. La COMARCA es una zona territorial delimitada por la integración de varios municipios próximos entre sí y con particularidades comunes, especialmente de tipo geográfico y económico, referentes a la explotación de los recursos naturales de la zona y al modo de vida de sus habitantes. La vida comarcal viene determinada no sólo por el aspecto económico del que parte su origen, (como por ejemplo la constitución de Comunidades de Regantes), sino que homogeneiza a su vez otra serie de aspectos de diversa índole como pueden ser la creación de Partidos Judiciales, el Patronazgo de una determinada devoción popular sobre la zona, etc. En ocasiones, la Comarca podrá asumir la representación política ó administrativa de los municipios que la conforman ante organismos superiores, para lo que, generalmente, se potencia al municipio mejor centrado con las debidas condiciones de desarrollo creándose así la Capital de la Comarca. La afinidad histórica entre dos ó más Comarcas es lo que da lugar al origen de la REGIÓN.

La REGIÓN es la “sociedad política infrasoberana constituida por la agrupación de municipios integrados en comarcas, definida por características geográficas y étnicas peculiares, y más específicamente, por peculiaridades de cultura, lengua ó costumbres propias, que halla en el proceso histórico de su directa integración en la superior Comunidad Nacional, medio natural y necesario para el logro de cuantos fines de orden temporal no puede satisfacer por sí sola con sus propios medios”. (1) Las regiones son los antiguos Reinos, Principados, Provincias, Señoríos, Condados ó Maestrazgos que gozaban de Derecho propio de forma autárquica gestionando cuantos intereses generales pudiesen desarrollarse con sus propios medios siempre dentro de su ámbito territorial. Es evidente que si una Región goza de unas características geográficas, climatológicas, económicas, lingüísticas, culturales, históricas e incluso étnicas propias; también es consecuente que goce de un ordenamiento jurídico consuetudinario que dimane de dichas peculiaridades de forma que la regulación de una determinada cuestión en una región pueda llegar a ser completamente distinta de la regulación de la misma cuestión en otra región distinta. Este conjunto de leyes propio de cada región, de cada comarca, de cada municipio, nacido de las propias familias, de las propias agrupaciones gremiales en base a las necesidades y carencias propias de cada territorio son los llamados FUEROS. La propia limitación de jurisdicción territorial de los Fueros hace surgir en las regiones la necesidad de confederarse en órganos superiores para, sometiéndose a la autoridad de los mismos, poder relacionarse entre sí en igualdad de condiciones. Esta entidad superior al ámbito de la Región es la NACIÓN. La NACIÓN es una confederación de regiones que, sorprendidas en un momento de su desarrollo por una necesidad poderosa que ellas no pueden satisfacer, se asocian a otras y se intercomunican algo de sus vidas y se hacen partícipes de ellas. Este no es el único carácter que la define ya que para que exista realmente la Nación se necesita que esa confederación fructifique en el tiempo, creando una Historia común que funda los espíritus regionales en un cierto decálogo y en un cierto símbolo que impere sobre las voluntades individuales, estableciéndose así una comunión espiritual que refuerce la unión. (2) Esta “comunión espiritual” no es algo impuesto, sino el resultado de la fusión voluntaria y espontánea de razas, lenguas, territorios y costumbres en el discurrir de los siglos que deriva en la formación de una historia general común a todas las regiones e independiente de cualquier otra región no confederada. Para la administración de los recursos y el gobierno de este ente superior, la Nación necesita crear una unidad jurídica y económica que, respetando los Fueros propios de cada región, regule lo común de todas ellas; estableciendo así un entramado administrativo destinado a garantizar un poder público independiente.

Ahora bien, sería un error llegar a confundir el término Nación con el de Estado ya que la Nación es una entidad que no se puede crear artificialmente, que es indisoluble, indivisible e invariable. El Estado por el contrario es principalmente una unidad jurídica siempre incompleta que puede llegar a tener una actividad opuesta y contraria a la propia Nación. El Estado varía constantemente, puede ser divisible (ejemplo de la nación alemana que estaba dividida en dos repúblicas: la federal y la democrática), puede ser constituido en cualquier momento, modificado sucesivamente, es susceptible de cambios históricos y políticos y puede llegar a ser extinguido. La Nación es primero; el Estado, después. El segundo es fruto de la primera, pero no a la inversa. En palabras de Vázquez de Mella, “Donde quiera que haya una soberanía política independiente existe un Estado, pero no constituirá una Nación”. (2) Llegados a este punto, el propio Mella hace un siglo formulaba y contestaba a una pregunta de rabiosa actualidad: “¿ Es España un conjunto de naciones regidas por un solo Estado ó es una Nación que, comprendiendo una variedad opulenta de regiones con personalidad bien marcada, debe tener un solo Estado que represente su unidad ?. Yo creo que España es un conjunto de regiones que han confundido parte de su vida en una unidad superior que se llama España; y esa unidad histórica tiene derecho a que la rija un solo Estado.” . (2)

2.- ANTECEDENTES HISTÓRICOS NACIONALES:
Una vez dado el primer paso que no es otro que la definición del término NACIÓN, a continuación pasaremos a esbozar brevemente los antecedentes históricos que dieron lugar al nacimiento de España como tal. Sin ánimo de dar una clase de Historia y obviando la situación geográfica y política de los pueblos peninsulares con anterioridad a la Reconquista, partiremos del gran logro que llevaron a cabo los Reyes Católicos. El matrimonio entre Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón vino a unificar los distintos reinos existentes en la península, no por un capricho de los reyes, sino porque cada uno de ellos, independientemente, eran reyes de todo el territorio peninsular. Así, Isabel I de Castilla, por el hecho de ser reina de Castilla, lo era a su vez de León (reino que abarcaba todo el noroeste peninsular), de los llamados reinos de taifas (Sevilla, Córdoba, Málaga, Almería y Jaén), del Principado de Asturias y de Canarias. Por su parte, Fernando V de Aragón, por el hecho de ser rey de Aragón, lo era a su vez de Navarra, Valencia, Cataluña, Rosellón, Cerdaña, Baleares, Córcega, Sicilia y Nápoles, del Condado de Barcelona y del Señorío de Vizcaya. Finalizada la Reconquista con la conquista del Reino de Granada se observó que, por Derecho real, todos y cada uno de los reinos peninsulares estaban bajo el dominio de ambos monarcas y que cada uno de ellos aportaba al matrimonio la totalidad de

derechos dinásticos. De ahí surgió el lema de “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando” en el sentido de que tanto uno como la otra, y viceversa, constituidos en matrimonio, eran Reyes de España. El gran éxito de los Reyes Católicos a la hora de constituir a España como Nación es que, si bien gobernaban en todo el territorio nacional, respetaron escrupulosamente los Fueros particulares de cada Reino. Víctor Pradera lo describe magistralmente al señalar que: “En toda la Nación, el Rey de España legislaba, juzgaba y ejecutaba con los organismos nacionales en cuanto afectaba al fin nacional; y como Rey de las regiones, en cada una de ellas legislaba, juzgaba y ejecutaba con los organismos regionales en cuanto afectaba al fin privativo regional. De la unidad nacional era prenda la concurrencia en la misma persona física, de la Corona española y de las Regiones; de la variedad foral era garantía la coexistencia de los diversos órganos de gobierno”. Aquí tenemos el primer factor determinante que aglutina a los pueblos en Nación: la CORONA.

3.- LA CORONA:
Hemos visto que el Rey de la Nación lo es a su vez por ser Rey de los reinos que después devinieron en Regiones, y lo era tanto de la una como de las otras por Derecho propio. Este Derecho indubitable fue aceptado por las regiones por lo evidente de su origen de forma que, a pesar de que no todos los pueblos de la península ibérica tuvieron el mismo origen, ni la misma historia, ni la misma lengua, ni las mismas costumbres; a partir de la unificación de España como Nación, sí tuvieron en común la misma Monarquía porque, además de ser la Monarquía de la nueva Nación, era también la propia de cada región considerada de manera aislada. Esto supuso una corriente comercial, cultural, militar, económica y demográfica que fue poco a poco entrelazando el destino común de todas las regiones que adquirieron una conciencia común de unidad nacional de manera que, si bien en determinadas cuestiones permanecían siendo fieles a sus propios Fueros, en otras materias esa fidelidad se hacía cada vez más sólida respecto al bien común de la totalidad de la Nación.

4.- LA MONARQUÍA CATÓLICA:
Hasta este momento hemos visto el nacimiento de España como Nación debido a la confederación de regiones que buscan un fin común y al abrigo de una Monarquía común a todas ellas aglutinante de la autoridad política y administrativa. No obstante lo anterior, existe un nuevo factor determinante que va a homogeneizar definitivamente esa unidad nacional.

Este factor determinante no es otro que la Religión. Es más, podría decirse sin temor a errar que el motivo primario que dio lugar al nacimiento de los reinos peninsulares y, como consecuencia de ello, al nacimiento de la monarquía española fue la defensa de la religión católica frente a la dominación musulmana de las tierras de España. Si bien es verdad que durante la dominación musulmana y durante la práctica totalidad de la Reconquista, las tres religiones fundamentales, (cristiana, judaica y musulmana), convivieron independientemente pero con cierta armonía; en el momento de la expulsión definitiva de los moros de la península, la Corona representada por los Reyes Católicos comienza una labor de unificación religiosa en torno a la Cruz de Cristo. De hecho, algunos historiadores consideran la Reconquista peninsular como una verdadera Cruzada europea. Esta unificación religiosa se realiza en un corto espacio de tiempo pero de forma pacífica; es decir, se establecieron unos plazos y formas para la conversión de los entonces llamados “infieles” y se organizó la Santa Hermandad y la Santa Inquisición que velaban, no sólo porque no existiesen fraudes en esas conversiones, sino también por la ortodoxia en la práctica de la religión católica. Esto llevó a la auténtica conversión religiosa de muchos de los habitantes peninsulares que no quisieron abandonar sus hogares y sus tradiciones y también al éxodo de otros muchos que, a pesar de su arraigo secular en tierras hispanas, antepusieron la fidelidad en sus creencias religiosas al mantenimiento del status que mantenían. Este éxodo, aunque pacífico, fue muy doloroso para todos cuantos emigraron, fundamentalmente a Africa. De hecho, muchas de las familias judías descendientes de los antiguos judíos sefardíes, aún conservan con nostalgia las llaves de sus casas de Toledo. Es a partir de esta unificación religiosa cuando los pueblos de España adquieren verdadera conciencia de Nación al amparo de una unidad territorial, unidad monárquica y unidad de fé. Es entonces cuando se comienza a hablar de la PATRIA, y abanderados por ese concepto, España comienza a expandir sus dominios en el descubrimiento, colonización y evangelización de América, de Asia y Africa; y con el tiempo, en el dominio del Mediterráneo contra los turcos y en la lucha contra el protestantismo en los Paises Bajos.

5.- CONCEPTO DE PATRIA:
El concepto de PATRIA, que etimológicamente procede del latín “Patria” y éste a su vez del griego “Patris”, (que significa “descendencia de padre”), viene definido por la Real Academia de la Lengua Española como la “Nación propia de cada uno, con la suma de cosas materiales e inmateriales, pasadas, presentes y futuras, que cautivan la amorosa adhesión de los que han nacido en ella”.

Este, aparentemente aséptico concepto, engloba en esa suma de cosas materiales e inmateriales todo lo que hemos referido con anterioridad; es decir, geografía, origen, evolución, historia, economía, sistema jurídico, forma de gobierno y religión. En todos estos conceptos, la TRADICIÓN adquiere un papel fundamental al referirse a una suma de cosas pasadas, presentes y futuras. Si bien es lógico amar cosas pasadas por ser algo intrínseco en la propia Historia de cada Nación, sería completamente impensable amar cosas presentes ó futuras que rompieran frontalmente con ese devenir histórico de la Nación. Es por eso que la Tradición obliga en cierto modo al mantenimiento del carácter histórico de cada nación con las mejoras evolutivas que la ciencia y el conocimiento humano logre con el transcurso del tiempo, siempre que estas mejoras vayan en consonancia y respeten la Ley Natural y la Ley de Dios. La Tradición es el vínculo establecido por el derecho a la inmortalidad de los antepasados y el deber de respetarla por los descendientes que, a su vez, tienen el derecho al respeto de sus sucesores. Pero esta relación jurídica se funda, como todas, sobre la ley moral; y por eso la tradición no subordinada a ella no puede ser respetada, porque las relaciones con Dios y la naturaleza humana que ordenan son las más antiguas y respetables de todas las tradiciones. (3) Las llamadas “Españas” son un conjunto de pueblos, dentro y más allá de la península ibérica, dotados de peculiaridades históricas, culturales, institucionales, políticas y jurídicas, unidos irrevocablemente por dos lazos: la fé en el mismo Dios y la fidelidad al mismo rey. (4) Estos dos lazos hacen que la PATRIA no sea sólo el lugar donde nace y vive el cuerpo, sino la atmósfera de la religión y moral en que respira el alma; no sólo la tierra que pisamos, sino los recuerdos, las glorias, las tradiciones, las grandezas y desventuras que han llegado a formar de todos los españoles una gran familia. El espíritu común, basado en la unidad de creencias y revelado en una historia general independiente, constituye la Nación. Y la conciencia y el sentimiento de la Nación es la Patria. (3) El concepto de PATRIA implica al mismo tiempo Unidad y Variedad. Las Españas son una Unidad, porque sólo existe una nación, que es España; pero son también una Variedad regional porque su personalidad, acuñada por la historia, sólo vale en función de la integración de cada región en la PATRIA COMÚN. (5)

6.- PATRIOTISMO Y PATRIOTERISMO:
“Hacer Patria” no significa alardear excesiva e inoportunamente de Patriotismo. Esto es PATRIOTERISMO. El “patriotero” es el que alardea, presume y se enorgullece en determinados círculos y ámbitos, no sólo de las excelencias de su Patria, sino también de sus deficiencias. Es un ejemplar narcisista de todo lo que afecta a la Patria que suele expresarse generalmente en términos violentos sin conocimiento de causa de todo cuanto afecta a la misma.

Los abanderados de Patrioterismo suelen ser individuos exaltados, radicales y cerriles para los que, lo que ellos entienden como su Patria, es lo mejor del mundo y no existe ninguna otra que pueda aventajarla en ningún ámbito. El PATRIOTERISMO es el Patriotismo llevado a sus máximos extremos y viene determinado generalmente por un desconocimiento absoluto del verdadero concepto de PATRIA. PATRIOTISMO es otra cosa. Es sentir todos y cada uno de los valores físicos y espirituales que conforman la Patria, haciéndolos propios de manera que sean una cosa indivisible con la propia naturaleza humana. El Patriota debe conocer sus orígenes, su Historia, sus tradiciones, sus glorias y sus infortunios; debe formarse hasta el fin de su vida y estudiar todo cuanto concierne a su Patria porque tiene la obligación de conocerla. Debe conocerla para poder llegar a amarla y debe llegar a amarla porque sólo así podrá honrarla; y honrando a su Patria honrará a su padre, a su madre, a sus antepasados, al suelo que pisa, a su tradición, a su Religión y a todos aquellos que fueron mártires, de una forma u otra, para hacernos llegar el legado histórico, territorial y religioso que hemos heredado. El Patriota tiene que tener presente que el más puro de los amores, después de Dios, es el de la Patria. (6) Ello no impide conocer y reconocer no sólo las limitaciones históricas de la propia Patria, sino también las excelencias de las patrias ajenas. Para el “patriotero” lo suyo es lo mejor y nada de lo ajeno puede superar a lo que procede de su Patria. Para el patriota, su Patria es lo más amado, pero reconoce que en el exterior puede haber cosas que igualen ó superen a las existentes dentro de Ella. Como ejemplo de ello podríamos considerar que mientras el patriota puede llegar a admirar la puntualidad británica, la capacidad de trabajo germánica ó el refinamiento francés, para el “patriotero” nada de estos valores tienen la menor importancia ni tienen comparación con los valores de la Patria propia. En definitiva, mientras el patriotismo equivale al conocimiento de la realidad que nos rodea amando a la Patria con todo lo que ello conlleva, el “patrioterismo” no es más que una modalidad de ignorancia.

7.- LOS ENEMIGOS DE LA PATRIA:
Parece evidente que si el concepto de Patria, tal y como nosotros lo entendemos, viene vinculado a cuatro conceptos determinantes que son el territorio nacional, la tradición monárquica, la propia historia y la religión católica, los enemigos patrios son todos aquellos que ataquen directa ó indirectamente a estos cuatro conceptos. El principal enemigo que constantemente ha atentado, atenta y atentará sin duda en el futuro contra la Patria es la MASONERÍA.

Para Ramón Nocedal, “La Masonería es una conjuración criminal y perversa, secreta y arteramente extendida por toda la tierra para destruir la sociedad, la familia y la propiedad cristianas en provecho de la avaricia, la ambición y el odio de herejes y judíos; y en España se introdujo, traidora y alevosamente, para envilecerla y destruirla. La Masonería es radical y sustancialmente anti-española y fue siempre instrumento de los enemigos de nuestra Patria”. (7) Continúa Ramon Nocedal argumentando que “Los masones… son enemigos acérrimos de Dios; son enemigos implacables de la iglesia; son enemigos mortales de los pueblos cristianos; quieren engañar a los incautos y sencillos para perderlos; quisieran acabar con la fé de Jesucristo, con toda institución católica y con el espíritu y con el nombre cristiano…”. (7) La Masonería contribuyó alimentando el germen que dio lugar a la Revolución Francesa que con el lema de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” dio al traste con la monarquía y la nobleza francesa, contribuyó a la independencia de las tierras españolas en Hispanoamérica, alcanzó su cenit con la independencia de América del Norte y la constitución de los Estados Unidos de América, hincó los dientes por primera vez en nuestra Patria con la proclamación de la Monarquía Liberal y arrancó los primeros jirones de Ella durante la república Española hasta el punto de cambiar los colores históricos de nuestra bandera. La Masonería es la madre del Liberalismo que tantas desgracias ha traido a nuestra Patria desde la usurpación del Trono Legítimo. Como indigno hijo de la primera, el LIBERALISMO bebe constantemente en las fuentes masónicas si bien se disfraza aún más con piel de cordero. Podría decirse que, de igual forma que Batasuna es el brazo político de la organización terrorista ETA, el Liberalismo es el brazo político de la Masonería. Las formas pueden ser suavizadas en apariencia, pero el fondo es feroz en su determinación. Así, el principal objetivo del Liberalismo, (que, recordemos, está condenado por la Iglesia Católica), es la destrucción de las identidades nacionales, de las sociedades y las familias cristianas, de las monarquías tradicionales sean legítimas ó no, la tergiversación de la historia y el ataque despiadado a nuestra religión; y para ello no tiene prisa ninguna. Actúa día a día de manera implacable desde los medios de comunicación como una gotera que va haciendo mella cada vez más en la propia sociedad. Prueba de ello en nuestros días es la globalización, el “invento” de la Unión Europea con una Constitución claramente masónica, el fomento de los nacionalismos regionalistas, el evidente ataque que está sufriendo el modelo de familia tradicional y católica con la legalización de los matrimonios homosexuales, la legalización de los métodos abortistas, la cotidianidad de los divorcios, la apología eutanásica, el paulatino despertar de enseñas antimonárquicas, la profesionalización del ejército y supresión del servicio militar obligatorio y la política de escarnio, acoso y derribo que sufre en la actualidad la Iglesia Católica en España. Tenemos un Presidente del Gobierno que se enorgullece de “sentirse rojo, feminista y utópico” y que dice en las Cortes tranquilamente que “su Patria es la

libertad”. Un Secretario del partido Izquierda Unida que va a proponer que durante el mes de Abril ondee en todos los organismos oficiales la bandera republicana. Un Gobierno de la Nación que dicta una Ley Orgánica de la Educación que propone sustituir las clases de Religión por clases de ajedrez pero, eso si, crea una asignatura nueva de “educación para la ciudadanía”. Se crean asociaciones para la “memoria histórica” que al parecer sólo quiere tener memoria para una parte de una historia en gran medida inventada por ellos mismos. Y lo que es aún peor, tenemos un Rey que sanciona alegremente todo ello por temor a seguir los pasos de su abuelo. Veremos si al final no los sigue de igual manera. Todo esto atenta contra la Patria porque no sólo atenta contra los cuatro conceptos que componen el espíritu patrio, sino que además atenta contra la Tradición y ahora se están perdiendo nuevamente muchas guerras que considerábamos ganadas porque las principales armas de la Masonería y el Liberalismo son la constancia en sus métodos y la falta de prisa en sus acciones.

8.- LOS DEFENSORES DE LA PATRIA:
Las palabras de Menéndez Pelayo son reveladoras: “España, evangelizadora de la mitad del orbe, España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio… Esa es nuestra grandeza y nuestra unidad. No tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y los vectones ó de los reyes de taifas”. (8) Hace unos días pudimos contemplar cómo el Ministro de Defensa destituía al Teniente General Mena por referir que las Fuerzas Armadas tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España y defender su integridad territorial en clara alusión al proyecto de desmembramiento de España que encierra el borrador del nuevo Estatuto de autonomía de Cataluña. Esta acción del Ministro Bono, amparado lógicamente por la totalidad del Gobierno y el beneplácito de la práctica totalidad de los partidos políticos, es una acción radical propia del sistema Liberal. Mena hacía unas declaraciones de forma individual, el Ministro lo destituía de forma personal, el Gobierno amparó la destitución por unanimidad y los partidos políticos, de manera independiente aplaudieron la decisión. Ese es el problema. En el Sistema liberal nunca existe UNIDAD de acción. Siempre existen acciones individuales porque en palabras de la Princesa de Beira, “La autonomía de la razón que hace al hombre libre e independiente; la soberanía nacional, que hace de él un soberano; la ambición que ésta engendra, y el orgullo que alimenta; la empleomanía que le hace suspirar por puestos lucrativos; el sumo apego a los intereses materiales y placeres, plaga suscitada por el liberalismo; y, por fin y sobre todo, el interés de partido, que monopoliza los empleos y las riquezas nacionales, todo esto junto hace que los liberales deban por sus principios carecer de patriotismo, porque todos estos principios son egoístas y el egoísmo es incompatible con el patriotismo”. (9) Frente a las palabras de Menéndez Pelayo, que habla siempre pluralizando, (nuestra grandeza, nuestra unidad), el Liberalismo se basa, defiende y fomenta la

independencia del sujeto y la soberanía del individuo, lo que lleva a anteponer los intereses de partido al bien común y general de la Patria. ¿Quién nos queda pues como DEFENSORES de la Patria?. ¿El ejército?. Y doy una vuelta de tuerca a la pregunta: ¿El ejército que tenemos en la actualidad?. No olvidemos que nuestro actual Ejército es un ejército profesionalizado con unos mandos enormemente cualificados, con armamento de muy alta tecnología pero con un contingente de tropas nutrido fundamentalmente por soldados de escasa preparación que ingresan en filas buscando un empleo estable que no encuentran en la vida civil y por un elevado número de soldados extranjeros, sudamericanos en su mayoría, que vienen a España como inmigrantes buscando una mejora social que no encuentran en sus países de origen. Como ejemplo de ello diré que en la base naval de Rota existen actualmente fragatas que están varadas por carecer de personal cualificado que le saquen su óptimo rendimiento. El Ejército, desgraciadamente, debe ser actualmente defensor de la Patria en una segunda instancia y para ello rememoraremos las palabras de Su Majestad Carlos VII: “Cuando se trata de la integridad de la Patria, todos sus hijos deben defenderla, que cuando la Patria peligra desaparecen los partidos: sólo quedan españoles”. (10) Me quedo finalmente con estas palabras. Cuando la Patria peligra, y en estos momentos es evidente que nuestro concepto de PATRIA peligra verdaderamente, todos los españoles debemos defenderla; y si nos encontramos con que no todos los españoles la defienden, al menos debemos defenderla los que nos consideremos PATRIOTAS. Los Carlistas, que tenemos en nuestro trilema de Dios, Patria y Rey el santo y seña de nuestra identidad vemos cómo constantemente se está atacando a la Patria con la globalización, con la Unión Europea, con los nacionalismos radicales, con el ataque a la familia, con la deformación educativa y con el escarnio y burla de nuestra Religión. Al menos los Carlistas, como patriotas, tenemos no sólo el deber y la obligación, sino la necesidad histórica y tradicional de defender a la Patria que heredamos de nuestros mayores y que tantos mártires defendieron con su sangre. Y esa defensa tenemos que comenzar a llevarla a cabo ya: desde nuestras casas educando y reeducando a nuestros hijos, desde nuestros trabajos, nuestros círculos de amistades, nuestras Hermandades, con formación, sin miedos y sin complejos porque nuestra mayor responsabilidad es ofrecer a nuestros hijos el legado histórico de la Patria que hemos recibido. ¡ Viva Cristo Rey ! ¡ Viva España ! ¡Viva nuestra Patria !

Dado en Sevilla, en el Círculo de la Comunión Tradicionalista Carlista a 4 de Marzo de 2.006

BIBLIOGRAFÍA

(1).- Ensayo: Desarrollo social de la ideología tradicionalista en homenaje a Fal Conde. (Gonzalo Calvo González y Jaime Lena De Terry. –Sevilla, 1.978). (2).- Vázquez de Mella: El Regionalismo Nacional. (Raimundo de Miguel. –Editorial Católica Española, S.A. –Sevilla, 1.981). (3).- Vázquez de Mella y la Educación Nacional. (Junta de homenaje a Mella. – Madrid, 1.950). (4).Primer Congreso de Estudios Tradicionalistas. Memoria. (Centro de Estudios Históricos y Políticos General Zumalacárregui. –Madrid, 1.964). (5).¿ Qué es el Carlismo ?. (Centro de Estudios Históricos y Políticos General Zumalacárregui. –Madrid, 1.971). (6).Ordenanza del Requeté. (1.936).

(7).- Antología de Ramón Nocedal y Romea. (Preparada por Jaime de Carlos GómezRodulfo. Colección Covadonga. Editorial Tradicionalista. –Madrid, 1.952). (8).- Historia de los heterodoxos españoles. (Marcelino Menéndez Pelayo. –Edición de Rafael García y García de Castro. Editorial Nacional. –Madrid, 1.956). (9).Mi carta a los españoles. (Princesa de Beira. –25 de Septiembre de 1.864).

(10).- Carta a Alfonso XII. (S.M. Carlos VII. –Durango, 9 de Noviembre de 1.875).

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