Está en la página 1de 29
4 4 LA HISTORIA DE LA LITERSTURA COMO PROVOCACION DE LA CIENCIA LITERARIA : : _ La historia de la literatura, en nuestra época, ha caido cada vex més en des- crédito, pero ello no ha ocurrido en modo alguno sin su culpa. La historia de esta digna disciplina describe inconfundiblemente en los tltimos ciento cin- ‘cuenta afios la trayectoria de una constante decadencia. Sus méximas reali- zaciones pertenecen en conjunto al siglo x1x. En la época de Gervinus y Scherer, De Sanctis y Lanzén, escribir Ia historia de una literatura nacional se consideraba la obra culminante dela vida del filblogo. Los patriarcas de la dis- ciplina vefan el fin supremo de ésta en presentar, en la historia de las obras literarias, la idea de la individualidad nacional en su camino hacia sf misma. En la actualidad, este encumbrado camino es ya un recuerdo lejano. La forma superada de la historia de la literatura viene arrastrando una existencia suma~ mente precaria en la vida intelectual de nuestros dias. Se ha conservado en tuna exigencia para examen del Estado condenada a la supresién, Como asig- natura obligatoria ha sido casi suprimida de la ensefianza secundaria en Alemania. Fuera de esto, las historias de a literatura pueden encontrarse ain en todo caso en las bibliotecas de la burguesia cna, que, a falta de un diccio- nario més adecuado, las consulta para resolver ciertas cuestiones literarias.' 2. En esta ct sigo a M. Wehal, quien ikimament ecibié sobre «Sinn und Unssinn der Literurgeschichtem (pabicado ene suplemeolitrario del Neve Zincor Zeiong dl 6 de brero de 1967) y, desde oto panto de vist, promos también que la cienialteraria vovera Jos oj ala historia. De los wabsjos mas recientes sobre el problema dela historia de a litera 1 (ciades« continaacién slo con la indcacién dl fo) sonozco los siguientes: R.Jakobson, <, en Bade dedites ou quaritme Cengis de linger: Trav ds Circe Lingus de Pro se (1936) pp. 173-191; id, «Der Begrif der Bvoltion in der Lieratrgesthichten en Grund serge dor Literatur Seagat-Berin- Magan, 1965. Leo, «Das Problem der Litera- targeschichte> (1930), en Schon und Wirklhiit i Dane, Fankéut, 1956, W. Kraus, «Literatur 07 LA HISTORIA DE LA LITERATURA COMO PROVOCACION Fs evidente que la historia de la literatura va desapareciendo de los cur- 50s universitarios. No es ningsin secreto que los fildlogos de mi generacién han sustitaido la exposicién tradicional de conjunto 0 por épocas de su fieratura nacional por clases con una problemdtica histérica o sistemética Li produccién cientifica ofrece un cuadro anélogo: trabajos colectivos en forma de manuales, enciclopedias y (como sucesor mas reciente de les Ila~ madas Buchbinder-Synthese) colecciones de interpretaciones han desplazado ‘vas historias de la literatura, consideradas poco serias y muy pretenciosas. Es significativo que tales obras pseudohistéricas de sintesis provengan rara- mente de la iniciativa de eruditos y sean, en general, idea de algin editor activo. En cambio, la investigacién seria encuentra sw cristalizacién en ‘monografias de revistas especializadas y presupone la medida més riguross de los métodos de Ia ciencia literaria, la estilistica, la ret6rica, fa filologia textual, la seméntica, la poética, la morfologia, la historia de las palabras, los temas o los géneros. Es verdad que, incluso hoy, las revistas especializadas ‘estin atin llenas en general de articulos que responden a une problemética de historia literaria. Sin embargo, sus autores se ven expuestos a una doble ‘critica, Desde el punto de vista de las disciplinas vecinas, sus problemas son calificados, abierta o disimuladamente, de problemas aparentes, y sus resul- tados son rechazados como wn saber propio meramente de anticvario. A la caitica de la teoria literaria le sucede casi lo mismo. Esta critica tiene que “objetar ala historia clsica de la literatura que pretenda ser Gnicamente una forma de historiografia, pero, en realidad, se mueva fuera de la dimensién histérica, no logrando por tanto fundamentar tampoco el juicio estético requetido por si objeto, que es la literatura como uns de las artes 2. Ast sobre todo R. Welle, 1936, pp. 173-175, ¢ en R. Willey A. Warten, Theorie dor Litratur, Berlin, 1966, p. 2292 «La mayor parte de ls historias de la literatura ms impor- ‘antes son o bien historias de la cultura o bien colecciones de atticuloseriticos. Lo primero ne tr hisworla del arte; lo segundo no es bistrie del artew.[Hlay trad. cast de José M* Gimeno, ‘Teoria literaria, Madrid, Gredos, 1993') oe ee ee schichae als geschichlcher Aufizage (e950), en Studion tnd Ate, Berlin, 1959 DB. 19° a ee lem dar Litrurgesscte, en Dee Jara 36 (9), Ter, Trane, (1960), en Literatur ader ‘Gashithte, Frankfort, 1969; F Sengle, «Aufgaben der hevtigen Literatorgeschichsschreibung>, cen Arb flr das Studi der neueren Sprachen, 200 (1963), PP- 241-264 ‘ok 1A HISTORIA DP Lt LITERATORS COMO PROVOCACION ‘Més adelante explicaremos esta critica. La historia de la literatura en su forma mis corriente suele eludir el dilema de una sucesién meramente ana~ Iitica de hechos, ordenando su material segtin tendencias generales, géneros y «demas», para tratar en seguida bajo es0s epigrafes cada una de las obras én sucesi6n cronol6gica. La biografia de los autores y la valoraciéa del con- junto de su obra aparecen en tales casos unas veces si, y otras no. ‘También puede ocurrir que ordene su material de manera lineal, segiin la cronologia de grandes autores, y los valore conforme al esquema de «Vida y Obras»; Ios autores menores se quedan aqui un tanto apartados (se les aloja en los hhuccos intermedios) y es también inevitable que de ese modo se fraccione la evolucién de los géneros. La segunda forma es més adecuada para el canon de los autores de Ja Antigtiedad clasica; la primera se encuentra con mayor frecuencia en las literaturas mds modernas, que tienen que Iuchar con la dificultad, hoy en dia cada vez mayor, de tener que efectuar una seleccién de entre una serie inmensa de autores y obras. Pero una descripcién de la literatura que siga un canon ya sancionado y ponga sencillamente en sucesién cronol6gica la vida y la obra de los escri- tores no es, como ya observé Gervinus, wna historia; apenas Wega a ser ef armazén pare una bistria. Ningésn historiador tampoco considerarta histé- rica una exposiciOn por géneros que, registrando modificaciones de una obre a otra, siguiese las formas de evolucién propia de Kirica, drama y nove- lay se limitase a enmarcar Ia inexplicada coexistencia del desarrollo litera rio con una consideracién general, casi siempre tomada de la historia, acer- ca del espiritu y las tendencias politicas de la época. Por otro lado, no sélo 5 raro, sino que incluso est mal visto que un historiador de la literatura ‘emita juicios cualitativos sobre las obras de épocas pasadas. Mas bien suele apelar al ideal de la objetividad de la historiografia, que sélo tiene que des- cribir oémo fue en realidad. Su inhibicién estética se basa en buenas razones, pues la calidad y la categoria de una obra literaria no provienen ni de sus condiciones de origen biogréficas o histéricas ni inicamente del puesto que ocupa en la sucesién del desarrollo de los géneros, sino de los critetios, difi- 4. Georg Gottiried Gervinus, Sobrifien sur Literatur, Belin, 1962, . 4 (en una resets exi- tica de 1833 sobre historias dela literatura recientemente publicadas}: «Estos libros pueden tener toda clase de méritos, pero, desde al punto de vista histbrico, no poseen casi ninguno. Si- nen cronoldgicemente hs diversas clases de poesia, colocan cronolégicamente uno demris de tro a los esereores, com hacen otros con los ttalos de les libros, y luego caracterizan, de cualquier maners, poetas y poesia. Pero esto no es historia; apenas es el esqueleto de una his- 139 LA HISTORIA DE 14 TYTRRKTURA COMO PROVOCACION ciles de captar, de efecto, recepcida y gloria péstuma. Y, si el parmed lear, obliga al idea de In objetiviad elimi la expsiién de na época pasada, deja para el critico competente en la materia el inicio acer: dela Ineracora de su propia époea ain no concluida y se atiene al anon segtiro de las «obras maestras», en general, dentro de su perspectiva hist6- vice, quearéreragado en una o dos generaciones respec al desarrollo mis reciente de la literatura. En el mejor de los casos, participard como lector pasivo en el andlisis actual de los fenémenos literarios del momento pre- sente, convirtiéndose asf en Ia formacin de su juicio en un parisito de una critica que él técitamente desprecia como «poco cientifica». Por consi guicae, qué podt ser hay en dia un estudio histo de a Feature qu (basindonos en una definicién clisica del interés de la historia, la de Friedrich Schiller) prometa al observador reflesivo una informacién tan esca- st al fore ation de mands ningin modelo que iit, file ningune conclusién importante y al lector cualquier cosa menos una fuente del mds noble de fos goces?* w jtas se suele invocar una autoridad con objeto de sancionar un paso 7 a desaralo de la reflexi6n cientifica. Pero también pueden serv pen recordar un antiguo problema, para expresir que una respuess ya lise resulta insufcent, por haberse vuelto a saver histicay exigir de noso- tros an replanteamiento del problema y una nueva solucién. la reser de Schiller a la pregunta de su discurso inaugural de Jena del 26 de mayo de 178 <¢Que sg, y para qué fins eta Ia Historia univers?» no ¢s s6lo representativa de la comprensién de la historia por parte deli raed mo alemén, sino que ilustra también una mirada critica rewospecti hai la historia de nuestra disciplina, pues indica la esperanza con que la histori de la literatura del sigio xix, en competencia con la historiograffa general, trataba de hacerse con el legado de la filosofia idealista de la historia. At mismo tiempo permite reconocer por qué el ideal de conocimiento de la” ‘escuela histérica tenfa que conducir hacia una crisis y habia de acarrear asi- mismo la decadencia de Ja historia de la literatura 4. Wes bei und 21 welebems Ende sadiert man Universageschicte?, en Scilers Strathiche Werk, edicién del centenatio, t XIN, p. 3 140 LA HISTORIA DE LA LeTeaxruRA como rRovocaciOn Gervinus puede servirnes de testigo principal. No sdlo eseribis la pri- mera exposicion cientifica de una Historia de la Literatura nacional potica de 4os alemanes (2835-1842), sino también la primera (y tinica) historia de un fildlogo.’ Sus Elementes de Historia convierten las ideas directrices de la obra Sobre la misiin del bistoriador, de Guillermo de uumboldt (282 1), en una teo va utilizada también en otro lugar por Gervinus para fundamentar la gran tmision de una historia de las bellas letras. El historiador de la literatura slo © convertiré en historiégrafo cuando, investigando su objeto, haya encon- trado «la tnica idea bésica que imbuya la serie de hechos que él se propuso estudiar, se manifieste en ellos y los relacione con los acontecimientos mun. diales».‘ Esta idea conductora, que para Schiller seguia siendo el principio teleolégico general y que nos permite comprender el progreso histérico universal de la bumanidad, aparece ya en Humboldt en diversas manifesta. clones de la idea de la individualidad nacional.” Y luego, cuando Gervinus hace suya esta manera ideal de explicar la historia, pone imperceptiblemente la idea Bistérica’ de Humboldt al servicio de la ideologia nacional: una historia de la Iiteratura nacional alemana tiene que indicar la forma en que «los alemanes, con libre conciencia, volvieron a emprender la inteligente direccién en la gue los griegos habian conducido a Ia humanidad y a la que los alemanes, Por su propio modo de ser, siempre se habian sentido inclinados».? La idea universal de la filosofia ilustrada de la historia se descompone en la multi- plicidad de la historia de las individualidades nacionales y, finalmente, se restringe al mito literario de que son precisamente los alemanes quienes han sido lamados a suceder realmente a los griegos, a causa de aquellas ideas que «s6lo los alemanes estaban en condiciones de realizar en su pureza»," Este proceso, que se hace patente en el ejemplo de Gervinus, no es tipi- co tinicamente de la historia de la filosofia del siglo xrx. Posee también una implicacién metodol6gica que se pudo aplicar tanto a la historia de la litera- tura como a toda Ia historiografla cuando la escuela histérica sumié en el descrédito el modelo teleolégico de la filosofia idealista de la historia. ‘Tras 5: Primera edicion de 1837 bajo al crulo «Grundetige der Historie, en Sebifen.. op PP. 49-103. 6. Sebriften... op. cit, p. 47 27, Uber dc Aufgnte des Geshicbesebreters,en Werk, en cinco wolimenes, el. A Flitner y G. Giel, Darmstadt 1960, « I, p. 6o2: «Grecia representa con ello una idea de individuatidad pacional que no exstié ni antes ni después, yde la misma manera que en la individvalidad re- side el secreta de toda existencia,as{en el grado de libertad y peculiaidad desu influencia re. ‘iproca reside codo el progreso de Ia historia mundial dela hunmanidad. 8. Grundaige der Hisarit, §§ 27-28. 9, Sebrifion..gop-cit, p48. 10. bid, 140 LA HISTORIA DE LA LUFERATURA COMO PROVOCACION haberse rechazado como algo no histérico"’ Ia solucién encontrada por la filosofia de la historia, consistente en considerar la marcha de los aconteci- mientos desde «an fin, un punto culminante ideal» de la historia universal, gcomo habia de entenderse y exponerse entonces la coherencia de la histo- rid, que nunca habia existido como un todo? Con esto, como indies H. G. Gadamer, el ideal de la historia universal se convirti6 en objeto de confa- sién para la investigaci6n hist6rica." El historiador, segin la formulacién de Geryinus, «sélo puede pretender exponer series completas de sucesos, pues no puede juzgar donde no tiene ante sf las escenas finales»."? Las historias nacionales podian considerarse como series completas en tanto se las vie~ se culminar, politicamente, en el momento consumado de la unificacién nacional o, literariamente, en el punto culzninante de un clasicismo nacio- nal. Sin embargo, su continuacién después de la «escena finab» deberia plantear de nuevo inevitablemente el antiguo dilema. Por ello Gervinus hizo finalmente de la necesidad virtud al rechazar (en memorable concor- dancia con el famoso diagnéstico de Hegel sobre el fin del periado artévco) la literatura de la propia época postclésica como mero fenémeno de decaden- cia y dar a los «talents que ahora carecen de objetivor el consejo de que mejor seria que se dedicasen al mundo real y al Estado."* ero el historiador del historicismo parecia sustraerse al dilema de la con- clusién y continuacién de la historia cuando se limitaba 2 las épocas que podia tener ante los ojos hasta Ia «escena final» y describir en su propia plenitud, sin tener en cuenta lo que de ella pudiera derivarse. Por consiguiente, la his- toria como cxposicién de una época prometfa también realizar plenamente el ideal metddico de la escuela histérica. Desde entonces, en los casos en que no basta con el despliegue de la individualidad nacional como hilo conductor, la 1 Grundeige der Histor, § 26. 12. Wabrhsit und Methode: Grundetige einer philoopiichen Hermenentit, Tabings, 1960, pp. 185-105, esp. p. 187: «También la “escuela hiseriea” sabia que, en el fondo, no puede haber ninguna otr historia que no sea historia universal, porque dnicamente a partir del todo se de- termina lo individual en sa significado individual. Cémo se ls arreglaé el investigador em pirico, para el que nunca puede exstrel todo sin ceder sus derechos alos filGsofos ya su pro- pia arbitrariedad?>, (Hay tra. cast: Verdady metodo, Salamanca, Ediciones Sigueme.) 13. Grundaige der Histri, § 32. 14. Gecbichte der potisihen Nationalliteratur der Deutschen, «I, p. Vl «Nuestra poesia ‘uvo su époce,y si a vida alemana no ha de paralizarse, entonces debemos hacer que los ta- Tentos que ahora carecen de objetivos se vaelvan hacia el mundo real y ef Estado, donde es pre- cso que un auevo esprito sea infundido en una nueva materia». 142 LA HISTORIA DE LA LITERATURA COMA pRewacACiG historia de la literatura coloca una tras otra diversas épocas separadas entre st. Donde antes podia acreditarse «la regla bdsica del género literario de Ia his toria segiin la cual el historiador debe esfumarse ante su objeto y éste debe aparecer en completa objetividad»,"’ era en la época como un todo con sen- tido individual. Sila «completa objetividad» exige que el historiador prescin- da del punto de vista de su actualidad, también ha de poder reconocerse el valor y la importancia de una época del pasado independientemente de! ulte- Hor curso de la historia. La famosa frase de Ranke de 1854 da a este postula- do un fundamento teolégico: «Pero yo afirmo: toda época se relaciona direc- tamente con Dios, y su valor no se basa en modo alguno en lo que se deriva de ella, sino en su existencia misma, en su propio yo.” Esta nueva respues- ta la pregunta acerca de emo debe encenderse el concepto de «progreso» en la historia, asigna al historiador la tarea de una nueva teodicea: al conside- rary presentar cada época como algo vslido en si, justifica a Dios ante la filo- sofia de la historia del progreso, la cual consideraba Jas épocas meramente como peldafios para la generacién subsiguiente y con ello presuponia una predileccién con respecto a la generacién posterior y, por consiguiente, una - (ibid). Hay que hablar de una «nueva weodicea», porque ya la filosofiahisurica del idealism repudiada por Ranke (como hizo notar O. Marquard) podiaelevar la seereta pretensin dena ‘eodicea en tanto que, para descargar Dios, convertia al hombre en sujeto responsable de la historia y entendia el proceso dentro de a historia como un proceso juridico oun progreso en las condiciones juridicas humanas (f; «idealismus und Theodizeen, en Philophiscbes Faby- buch, 73; 1965, pp. 33-47) 143, LA HISTORIA DE 1A LITERATURA COMO PROVOGACISN principio metédico que, segin Schiller, distingne ante todo al historiador universal y su provedimiento, a saber: «el unir el pasado con el presente," reconocimiento firme, slo supuestamente especulativo, del que la escuela historice no podia impunemente hacer caso omiso,"” como lo ha demostrado también el desarrollo posterior en el campo de la historia de la literatura La labor de la historia literaria del siglo xnx se llewé hasta el final con Ja conviccién de que la idea de la individualidad nacional constitufa «la parte invisible de cualquier hecho» y que esta idea permitia asimismo presentar cla forma de la historia».”" En la medida en que desaparecis esta conviecién, tuvo también que perderse el hilo de los sucesos, dividirse la literatura pasa- day la presente” en esferas de juicio separadas y volverse problemética la seleccién, la determinacién y la’ valoracién de Jos hechos literarios. La corientacion hacia el positivismo esta condicionada primordialmente por esta crisis. La historia literaria positivista creia hacer de su necesidad virtud 18. Op. city p- $28;¢f pp. 526 ss, donde Schiller define Ia tarea del historiador universal coma un procedimicato en el que hay que descubriry resolver el principio tleol6gico, es de- tir el objetivo consistenie en descubriry resolver, ante todo, en el curso de le historia mun- tdi, el problema del orden del mando, porque s6lo cabe esperar una historia universal was el ‘limo plano en épocas posteriores». El procedimiento mismo deseribe la historiografie como tuna expecte de «historia de la acién el hstoriador universal ascicnde desde la més reciente sitmacidn mundial hacia el oigen de las cosas, haciendo resaltar de entre los hechos aquellos {que an ejercido wna influencia esencial en a actual configuracién del mundo; luego, en ele ‘ino hallado de este modo, da media vuelta y, wsiguiendo el hilo de estos hechos designados>, puede ahora explcar a elacién que existe entre el pasalo y a actual consitucién del manda como historia universal ; 1. La conseevenca del principio de que el historiador, air 2 exponer una époce asada, tiene que expulser primero desu mente todo cuanco conoce acerca del uterior curso de ahi tors (este! de Coulange) esl iracionlismo de una eeompenctracidn» que no acieraa dar vent des condones pei de fs redo dm pnt vit in Lan yo a eto opone W. Benjamin desde el punto de vista del maeralismo histbrico leva insen- Ghcmencs ve sl del abjeismo def conceplon materia de la Nistor; wae Ge ‘dicbupbilespbische Tose, rin. VL, en Serif I Frank 1955; . 497: 20. W. von Humboldt, o. ct p. $86 3h, Tid, 9.590: El historiadordigno de este nombre debe presentar ead hecho como parse de un todo, 6 lo que viene se lo mismo la forma de la historia en general en cada uno oll ee os ea dtc ene tora de try es ea tera ii tiva a definiién del eoncepto de Blologia en Grands der romanschPhibloge de G. Gad bent I, Eseasburgo, 1996", p. 194: «La manifestaion del espiritu humano en el lengusje que solo es comprensible de un modo mediato,y ss reaizaciones en edscurso, arvsticamente trata, del pusado,constinyen, pes el objet propiamente dicho del fiologtor. 144 1A HISTORIA DR LA LITERATURA COMO PROVOCACION tomando prestados sus métodos de las ciencias naturales exactas. El resul do cs demasiado conocido: Ja aplicacién del principio de la explica meramente causal a la historia de la literatura hizo aparecer unos factores sélo externamente determinantes, dio excesiva importancia a la investiga~ cian de las fuentes y disolvi6 la peculiaridad especifica de la obra literaria en un har de «influencias» que podian intercambiarse a voluntad. La protesta xno se hizo esperar mucho tiempo. La historia de la filosoffa se adueiis de la literatura, opuso a la explicacién causal de la historia una estética de la crea~ cién irracional y buscé la coherencia de la poesia en el retorno de ideas y motivos supratemporales.’* En Alemania se dejé implicar en la preparacién y fandamentacion de la ciencia de la literatura etnicista del nacionalsocialis- mo. Después de la guerra fue sustituida por métodos nuevos que completa~ ron el proceso de desideologizacién, pero que ya no volvieron a asumir la tarea clisica de la historia literatia. La exposicidn de la literatura en su his- toria y en su relacién con la historia pragmética se hallaba fuera del interés de la nueva historia de las ideas y los conceptos, como también de la in- vestigacién de la tradicién que florecié como sucesora de la escuela de ‘Warburg, La primera aspira secretamente a una renovacién de la historia de la filosofia en el espejo de Ja literatura;** la dltima neutraliza la préctica de la vida de la historia, buscando ef centro de gravedad del saber en el origen o en la continuidad supratemporal de la tradicién, pero no en la actualidad y en la singularidad de un fenémeno literario.’* El reconocimiento de lo permanente en el cambio continuo exime de la molestia de tener que enten- der la historia, La continuidad de la herencia antigua elevada a idea supre- sma aparece en la obra monumental de Ernst Robert Curtius, que aliment6 una legiGn de investigadores epigonos dedicados al estudio de los topics, en la tensién, no entendida histéricamente, sino inmanente a la tradicién literaria, entre creacién ¢ imitacién, entre la poesfa y la mera literatura: por ‘encima de lo que Curtius llama «la cadena indestructible de la tradicin de la mediocridad»™ se eleva un clasicismo intemporal de las obras macstras y deja tras de sila historia como una terra incognita, 23, Véase tambign W. Krauss, 1950, pp. 19 58. y W. Benjamin, 1931, p. 453: «En este pantano, se encuentra como en sa casa la hidra de la estética escolar con sus siete cabezas: __ereatvidad, compenetracién, vinculacién al tiempo, reczeacién, visualizacin, iluién y goce ‘istica». 24. Gf. tambien R. Wellek, 1965, p. 193 15. W. Krauss, 2950, pp. $7 s, muestra, tomando como ejemplo a E. R. Carts, hasea qué punto este ideal cientific se basa en el pensarniento del efreulo de George. 26. Literatura europea y Edad Media latina, ECE, 15854 145 LA HISTORIA DE LA LITERATURA COMO PROVOCACION El abismo entre la consideracién histérica y la consideracién estética de Ia literatura no llega 2 salvarse aqui, como tampoco se salvé en la teoria lite- raria de Benedetto Croce con su divisién, llevada ad absurdums, de poesia y _sno poesfa. El antagonismo entre poesia pura y literatura vinculada ala época ‘s6lo habfa de superarse cuando se puso en entredicho la estética en la que se basaba tal antagonismo y se reconocié que la oposicién entre creacién ¢ imitacién sélo caracteriza a la literatura del periodo del arte humanistico, ppero ya no puede abarcar los fenémenos de la literatura moderna o, inchu- 0, de la medieval. De la tendeneia positivista y de la idealista se separaron Ja sociologia de Ja literatura y el método inmanente a la obra. Ambos ahon- daron todavia més el abismo entre historia y poesfa. Donde mis intensa~ mente se advierte esto es en la antitética teoria literaria de las escuelas mar- xista y formalista, que debe figurar en el centro de este panorama critico de Ja historia previa de la actual ciencia de la literatura. Ambas escuelas tienen en comtin apartarse del ciego empirismo del positi- vvismo y de la metafisica estética de la historia de la Glosofia. Han intentado resolver por caminos opnestos el problema de cémo ha de recuperarse el hecho literario aislado o la obra literaria aparentemente automa en el contexto histérico de Ia literatura y mo se ha de comprender ese hecho en cuanto testimonio del proceso social © en cuanto momento de la evolucién literaria. Pero como resultado de ambas tentativas no puede registrarse hasta ahora ninguna gran historia de la literatura que, basdndose en Jas nue- vas premisas marxistas 0 formalistas, haya modificado las antiguas historias de las literaturas nacionales, haya transformado su canon establecido y haya presentado la literatura mundial en forma de proceso, con vistas a su fun- cién emancipadora, formadora de percepcién o social. Las teorfas literarias marxista y formalista, debido a su cardcter unilateral, cayeron finalmente en una aporia cuya solucién habria requerido establecer en una nueva relacién la concepeién histérica y la estética. La provocacién originaria y continuamente renovada de la teorfa litera ria marxista estriba en su negacién de una historia propia tanto para el arte como para las correspondientes formas de conciencia de la moral, la religion ola metafisica. La historia, tanto de la literatura como del arte, ya no puede conservar por més tiempo su «apariencia de independencia», si se conside- 146 1A HISTORIA DE LA LITERATIRA coMa pROVOCAGION 74 que sus producciones presuponen la produecién material y la préctica social del ser humano, y que también lz produeci6n literaria participa en el «verdadero proceso vitab> de la apropiacién de la naturaleza que determina 1 trabajo o Ia historia de la cultura de la hamanidad. Sélo cuando se expo- ne este «proceso vital activo», «leja la historia de ser una recopilacién de hechos muertos»."” Por consiguiente, también la literatura y el arte sdlo pueden verse como un proceso (Werner Krauss), concebirse como una de |hs maneras igualmente originarias de la (K. Marx-E. Engels, Uhey Kanre smd Literatur, ed. M. Kiem, Berlin, 1967, I, p. 150). La mistiticacin de que la realidad social «obligara» a Balzac a rfecruar una exposicién objetiva en contra de sus propios inereses, dota ala realidad hipos- ‘asada (como en la astucia de la xazéno, de Hegel) de la capacidad de producir literatura in- hs» indirectamente, En este «triunfo del reaismao, la historia literaria macxista encontré © carta blanca para apropiarse de autores corservadares, como, por ejemple, Goethe o Walker ‘Scot, para el proceso de emsncipacién de la licerarora. 149 LA HISTORIA OF La TTTERATIRA COMO PROVOCACION Es evidente que, de ese modo, se priva a la historicidad de sus dimensiones especificas. En efecto, una obra importante que, en el proceso literario, sefiala una nueva direcci6n, aparece rodeada de una inmensa produccién de _ obras que responden a las esperanzas o ideas tradicionales acerca de la rea slidad, es decir, que, como indicativo social, no son menos importantes que la novedad solitaria de la gran obra, novedad que a menudo no llega a com- prenderse hasta muy tarde, Esta relacién dialéctica entre la produccién de Jo nuevo y la reproduccién de lo antiguo sélo puede concebirse mediante fa teoria del reflejo si dicha teoria deja de aferrarse 2 la homogeneidad de lo simulténeo y temporaliza la arménica sucesién de estados sociales y de los fenémenos también sociales que los reflejan. Con este caso, sin embargo, la cestética marxista se encuentra ante una dificultad que no le pas6 inadvert- da al propio Marx, «la desigual relacién del desarrollo de a producciéa material [...] respecto a la de la produccién artistica»."* Esta dificultad, tras la que se esconde la historicidad especifica de la literatura, sélo puede ser resuelta por la teorfa del reflejo a expensas de su propia supresi6n. Por ello la pretensién de captar dialécticamente la teoria del reflejo hizo «que su principal defensor, Georg Lukics, incurriese en crasas contradiccio- nes. Fstas contradicciones se observan tanto en su explicacién de la vali- dez normativa del arte antiguo como en su canonizacién de Balzac en ls literatura moderna, pero también en su concepto de la totalidad y su comre- Jato, el «carécter inmediato de la recepcidn». Cuando Lukécs se apoya en famoso fragmento de Marx sobre el arte antiguo y afirma que también el efecto actual de Homero es «inseparable de la época, va ligado a las con- diciones de produccién en las que, © bajo las cuales, se originé la obra de Homero»,"” da por explicado aquello que s6lo habfa de explicarse después de Marx: por qué «puede proporcionarnos atin un goce artistico»™ una obra que, como mero reflejo de una forma de desarrollo social superada hace ya mucho tiempo, sélo deberia merecer en nuestr6 tiempo el interés del histo- riador. 45. or consiguente, el concepto de la totaida intensva en la teois del rellejo de Las | bes tiene sa inevitable correlacion en Ja sinmediater de la recepeiGn: Ia realidad objetiva en 1a obra de arte se reconoce precisamente en el momento en que el «receptor» (lector, ovente, cespectador) se reconoce a simismo en ella (¢f Probleme des Realisnus, Besin, 1955, pp- 3) Elefecro de a obra de arte presupone, pues, ya en el piblico la adecuada experiencia total de Ja que aquélla podr diferenciarse sélo gradvalmente come un rellejo més completo y ms fi 152 teflejo y volver a percibir la historicidad de Ia literatura, si reconoce con K. Kosik que «toda obra artistica pose un doble caricter en unidad indivi- _ sible: es expresin de realidad, pero constituye también la realidad que no cxiste al lado de la obra y antes de ella, sino precisamente slo en la obra. Los primeros intentos de recuperar para el arte y la literatura el caréc- ter dialéctico de la préctica histérica se observan en las teorfas literatias de Werner Krauss, Roger Garaudy y Karel Kosik. Werner Krauss, que en sus estudios de historia de la literatura de la Tustracién rehabilité la considera ci6n de las formas liverarias porque en ellas se ha almacenado «un elevado grado de efectos sociales», define del modo siguiente la funcién formadora " de sociedad que posee la literatura: «La creacidn literaria se dirige a la per- cepcién. Eso hace que se quiera en ella a la sociedad a la que interpela: su _ leyes el estilo; el conocimiento del estilo permite descifrar también a quién s dirige la creaci6n literaria».*” R. Garaudy se opone a cualquier «realismo cerrado en s{ mismo» para determinar de nuevo el cardeter de la obra de atte como «réalisme sans rivage», partiendo de la actualidad del hombre abierca al futuro, como trabajo y mio: «Puesto que cuando incluye al ser _ humane, la realidad ya no es solamente aquelio que es, sino también todo aguello que le falta, lo que todavia ha de ser». K. Kosik resuelve el dilema del fragmento de Marx sobre el arte antiguo—cémo y por qué una obra de arte puede sobrevivir a las condiciones bajo las cuales se originé—con una definicién del cardcter del arte que transmite histéricamente Ja naturaleza y laaccién de una obra de arte y las reduce a una unidad dialéetica: «La obra __ vive mientras produce un efecto. En el efecto de Ia obra se incluye le que se __realiza tanto en el consumidor como en la obra misma. Lo que sucede con Ja obra es una expresién de lo que la obra es [...]. La obra es y vive como _ una obra porque exige una interpretacién y acta a través de muchos signi- ficados».? 46. K. Kost, op. it, p. 123 447. Studien 2ur dentchen und franzsichen Aufllérang, Berlin, 1953, p. 6, y Literaturges- | hich a: gechichnier Aufirag, op. ct, p- 66 48. «Sut eines Nachwortes zu “D'un Réalisme sans rivages"», en Marzismus und Litera trap. et, p. 227 49. Dials des Konkreten, op. cit, pp. 138-139; respecto a esto podemos recordar K. Mars, Einleieng 2a Keitil der Palitichen Okonomie, op. ct, p. 624: «El objeto de are, a igual {que cualquier otro producto, erea un piblico con sentido atistico y eapacitado para gozar de ~ Iabelleza, Por lo tanto, a produccién no produce solamente un objeto para el sujeto, sino tam- bin un sujeto para el objetom 193 TA HISTORUA NE LA LIFERATURA COMO PROVOCACIGN LA MIGTORIA DE LA LITERATURA COMO FROVOCAGISH La idea de la que la naturaleza historica de la obra de arte reside no sso en su funcién expositiva o expresiva, sino también, de manera igualmente necesaria, en su accién, habia de tener dos consecuencias para la nueva fun- damentacién de la historia de la literatura. Sila vida de la obra no deriva «de _ sv existencia auténoma, sino de la interaccién reciproca entre obra y huma- nidad»,® este continuo trabajo de comprensién y reproduccién activa del pasado no puede quedar exclusivamente limitado a la obra. En esta interac- cién entre obra y humanidad debe incluirse mds bien [a relacién reciproca _ entre las obras y considerarse la coherencia histérica de las obras entre sen Jas interrelaciones de produccidn y recepcién. Dicho de otzo modo: la literatura y el arte slo se convierten en historia con cardcter de proceso cuando la sucesién de las obras esta causada no solo por el sujeto produc- tor, sino también por el sujeto consumidor, por la interacein entre autory piblico. Por otro lado, s6lo cuando «la realidad humana no sea finicamen- te una produccién de algo nuevo, sino también una reproducci6n (critica y dialéctica) de lo pasado», del arte en el proceso de esta continua totalizacién, aun cuando la realiza- cin especifica de Ia forma artistica ya no se defina de un modo exclusiva- mente mimético, sino que se considere dialécticamente como un medio para formar la percepcién y transformar la realidad, en el que se realiza de manera destacada la «formacién de los sentidos».* Formulado asi, el problema de la historicidad de las formas artisticas es un descubrimiento tardio de la ciencia literaria marxista, pues ya se le habia planteado cuarenta afios antes a Ia escuela formalista, combatida por aqué- Ila en el momento en que fue condenada al silencio y obligada a dispersar se por quienes tenian entonces el poder. W Los comienzos de los formalistas, que se dieron 2 conocer desde 1916 co- mo miembros de la Sociedad para Ih Investigacién del Lenguaje Poético (Opoyaz) con varias publicaciones programéticas, se hallaban bajo el signo 50. Mid, p. 140.5. Tid, p. 148. 52. Me refieroa la conocida explicacién de K. Marx sobre «La formacién de los cinco sen- tidos es obra de toda la historia universal hats el dia de hoy», of «Okonomisch-philosophis- che Manuslripte» (1844), en K. MaracE: Engels, Uber Kint ana Literatur, p. cit, p. 119 154, * podré manifestarse en su peculiaridad la fancién } autGnomo de la investigacién al liberar la obra literaria de todos los condi- " cionantes historieos y determinar de una manera puramente funcional, como «suma de todos los medios artisticos empleados en ella», tanto su rea~ " lizcién especifica como la nueva lingiiistca estructural. Con ello desapa- _ rece la tradicional distincién entre poesia y literatura. El carécter artistico de le literatura debe derivar exclusivamente de la oposicién entre lenguaje _ postico y lenguaje practico. En su funcién préctica, el lenguaje representa - hora, como serie na literaria, a todos los restantes condicionamientos hist ticos y sociales de la obra literaria, descrita y definida como obra de arte | precisamente en su diferencia especifica (art poétique), y por consiguiente, [no en su relacién funcional con la serie no literaria. La distincién entre len guaje poético y lenguaje préctico condujo al concepto de la percepcitn art tea, que rompié completamente la conexién entre literatura y practica de la vida. El arte se converte ahora en el medio para destruir el automatismo de _ a percepcién cotidiana mediante el «distanciamiento». De ello se sigue que la recepci6n del arte no puede consistir ya en el ingenuo goce de lo bello, F sino que exige diferenciar Ia forma y reconocer el procedimiento. De ese ~ modo, el proceso de percepcién en el arte aparece como un fin en sf mismo, “a percepiblidad de la forma como su distintivo especifico y el deseubrimiento el procedimiento como principio de una teorfa que en la consciente renuncia a conocimiento histérico ha hecho de Ia critica artistica un método racio- nal, obras de permanente categoria cientifica ‘Sin embargo, no hay que pasar por alto otro logro de la escuela forma- lista. La historicidad de la literatura, negada en un primer momento, rea parecié al elaborarse ef método formalista, planteando a éste un problema __que le oblige a revisar de nuevo los principios de la diacronia. Lo literario 553. Ediciones en versién alemana: Boris Fichenbaum, Aufiitze cur Theorie und Gexbichte arbitra, Bankin, 1965 Yay Tyas Di liars Busoni and ie Belcont der Literatur, Frankfurt, 1967; Viktor Sklovskiy, Theorie der Praca, Frankfort, 1066, en trad. eancesa: Théorie de la lincratue, Texte des formelites ses réunis, présente et tadaits par T.To~ | doro, Pars, 1965; la valoracién eritica actual de la escuela formalista es la inroduecién a los Tate der rusischen Formalisen 1 (Munich, 1969) de Y. Swieder, a quien debo mucho por sus _ conscjosy lients en la redaccin de parte de ese libro. 54. Esta famosa formula, acufade por V. SKlovskiy en 1921, fue mejorada poco después | porel concepto de un asstema» estético en el que cada medio asic tiene que complir una fancién determinada, of V. Erlich, Rusiiher Formations, Munich, 1964, p. 99 LA HISTORIA DE LA LITERATUSA CUMU FRUVOCACION de la literatura est condicionado no sélo sincrénicamente por la oposicién’ entre lenguaje poético y lenguaje prictico, sino también diacrénicamente por la oposicién a lo existente previamente en el género y a la forma ante: -tior en la serie literaria. Si la obra de arte «es percibida sobre el fondo de ‘otras obras de arte y por medio de la asociacién con ellas», como lo formu 16 Victor Sklovskiy® la interpretacién de la obra de arte debe tener también ‘en cuenta su relacién con otras formas existentes antes que ella. Ast fue como [a escuela formalista comenzé a buscar su propio regreso 2 la historia. Su nuevo planteamiento se diferenciaba de la antigua historia de la literam- | raen el abandono de su concepto basico de un proceso rectilineo y cont: nuo y en el hecho de oponer al concepto clésico de la eradicién un principio dindmico de evolucién literaria. La concepcién de una continuidad a modo de crecimiento perdié su antigua preeminencia en la historia del arte y de los estilos, El andlisis de Ia evolucién literaria descubre en la historia de Ja literatura la «autogeneraci6n dialéetica de nuevas formas»* y describe el desarrollo supuestamente pacifico y gradual de la tradicién como un proce- so con cambios bruscos, rebeliones de nuevas escuelas y conflictos de géne- ros en competencia. El «espirita objetivo» de épocas unitarias es rechazado como especulacién metafisica. En cada época coexisten, segin Viktor Sklovskiy y Yuriy Tinyanoy, varias escuelas literarias, y tna de ellas represen ta la cima canonizada de la literatura; la canonizacion de una forma literaria conduce a su automatizacion y provoca en la capa inferior la formacién de nuevas formas que conguistan el lugar de la mds antigua, egan a convertirse ‘en fenémeno de masasy, finalmente, vuelven a ser desplazadas a su vez hacia Ja periferia”™ Con este esquema, que pone, paradéjicamente, el principio de la eva lucin literaria al sentido orginico-teleol6gico del concepto clésico de evo- ucién, la escuela formalista se halla ya muy cerca de una nueva compren- | sidn histérica de la literacura en el terreno del origen, canonizacién decadencia de los géneros. Enseiié la nueva manera de ver la obra de arte cen su historia, es decir, en el cambio de los sistemas de géneros y formas lite- 455. Der Zasammenbang der Mittal des Sxjthous mit den allgemeinen Stilmitteln (Poctit, 1915), cto por B. Eichenbswrn, ep. ct, p27. Entre otros signos de la oulution des genres, F. Brunetidre consideraba ya fa «infivencia de las cbras sobre la obra» como la relacin portante dela historia dela literatura, of Welle, 1965, p. 39. 56. B.Eichenbaum, ep. cit, p. 47. 57. bid, p. 46; ¥. Tinyanor, Dar ltorarinhe Felten y Uer literariche Evolution, ep ct 156 LA HISTORIA DE LA LITERATURA COMO PROvOCAGIGN "ratios abriendo asi camino a una idea que se apropié también de la lingiiisti- ca: de que la sincronfa pura es ilusoria, porque (en formulacién de Roman Jakobson y Yuriy Tinyanov) «todo sistema se presenta necesariamente como evolucién y, por otro lado, la evolucién ostenta forzosamente el caréc- ter de sistema».* Comprender Ia obra de arte en st historia, es decir, den- tro de la historia de la literatura definida como sucesién de sistemas, no equi- vale atin a verla en i historia, es decir, en el horizonte hist6rico de su ori- gen, fancién social y accién historica. La historicidad de la literatura no se agota en la sucesion de sistemas estético-formales; la evoluci6n de la litera~ tura, como la del lengusje, no se ha definir s6lo de modo inmanente, por su propia relacién de diacronia y sineronfa, sino también por su relacién con el proceso general de la historia.” Si desde aqui dirigimos de nuevo la mirada hacia el dilema recfproco de la teorias literarias formalista y marxista, legaremos a una consecuencia que ninguna de las dos se plante6. Sila evolucién literaria puede concebirse en el cambio hist6rico de sistemas, y a historia pragmatica en la concatenacién evolutiva de estados sociales, zno serd también posible, en tal caso, colocar la ‘serie literaria» y la «serie no literaria» en una conexién que abarque la rela- cién entre literatura e historia, sin obligar a la literatura a asumnir una mera fancién de reproduccién e ilustracién abandonando su carter artistico? En la pregunta asi formulada veo yo el reto de la ciencia literaria de volver a ocuparse del problema de Ia historia de la literatura, que habia quedado sin resolver en el debate entre los métodos marxista y formalista, Mi inten to de superar el abismo existente entre literatura ¢ historia, entre conoci- miento histérico y conocimiento estético, puede comenzar en el nombre ante el que se han detenido ambas escuelas. Sus métodos conciben el hecho 58. YTyayanovy R. Jakobson, «Probleme der Literatarund Sprachforschung>, en Kirs- bach § (3965), p. 75: So. ¥. Tynyanov, Die litrarschen Kienstmittl.., op ity p. 4, contrapone Ia «sucesin de los sistemas como concepto principal de la evoluciénliteraria a la wtradicidm» como concep- to bisico de la antigua historia de la ieratura 60, Parala ciencialingiatca, este principio ha estado representado sobre todo por E. setiv, of Sineronia,diacreniaebistoria, Montevideo, 1958. 1A HIGTORIA DE 14 LIFERATURA COMO FROVOCACISH literario en el circulo cerrado de una estética de la produccién y de la expo- sicién, Con ello privan a la literatura de una dimensién que forma parte imprescindible tanto de su carécter estético como de su funcién social: la 5 dimensién de su recepeién y su efecto. Los lectores, los oyentes y los espec- - tadores, en suma, el factor del piblico, desempefian un papel sumamente exiguo en ambas teoriasliterarias. La estética ortodoxa del marxismo trata al lector (cuando lo trata) de un modo no diferente a como trata al autor: se pregunta por su posicin social e intenta reconocerlo en la composicién de una sociedad presentada. La escuela formalista s6lo necesita al lector como sujeto perceptor que, siguiendo las indicaciones del texto, se limita a distin- guir la forma o descubrir el procedimiento. Supone en el lector la com: prensidn tedrica del filélogo capacitido para reflexionar sobre los medios, artisticos basdndose en el conocimiento que tiene de los mismos; por el con- wario, la escuela marxista equipara precisamente la experiencia espontanea del lector con el interés cientifico del materialismo historico, que quiere descubrir en Ja obra literaria relaciones entre la supraestructura y la base. Pero (como lo ha formulado Walter Bulst) «jamés se ha redactado ningiin texto para ser lefdo e interpretado filoldgicamente por fildlogos», 0 (aiiado yo) histéricamente por historiadores.** Ambos métodos yerran respecto al lector en su genuino papel igualmente inalienable en relacién con su cono- cimiento tanto estético como histérico—en su funcién de receptor al que va destinada primordialmente la obra literaria—. En efecto, también el eritico que emite su juicio acerca de una nueva manifestacién, el escritor que con- cibe su obra frente a Jas normas positivas o negativas de una obra precedente y el historiador de la literatura que clasifice una obra en su tradicién y la explica histéricamente, son primeramente lectores, antes de que su relaciéa reflexiva con la literatura pueda volver a resultar productiva. En el tridngu- Jo formado por autor, obra y piiblico, este iltimo no es sélo la parte pasiva, una cadena de meras reacciones, sino que constituye a su vez una energia formadora de historia. La vida hist6rica de la obra literaria no puede con- cebirse sin la participacién activa de aquellos a quienes va dirigida, pues tini- 61. aBedenken eines Philotogens, en Studien generale, 7, p. 321-323. La nueva manera de abordar la tradicisn literaria, que R. Guiett, eon su método propio, la critics extética, rat6 dd relacionar con el conocimiento hist6rico en una serie de aticulostrascendentales (en parte, Questions deleératare, Gante, roe), cortesponde asx principio (no publicado) casi idéntico su formulaciéa: «Le plus grand tort des philologues, c'est de croire que la lieératare a été faite pour des philologues» («Fl gran error de lo Silslogos es creer que a literatura se ha hecho para ellose). Véase también su ); La littvatre etl ec tear, Paris, 1959, p. 57 (ase para ello mi resefia critica en Archi fir des Stadium der neweren Sprachen, 167, 1960, pp. 223-225). 166. G. Picoo, Fntrducton.., op. dtp. 34, Esta concepcién de ls naturaleza dalégiea de la ‘obra de ate lteraria se encuentra tanto en Malraux (Le vied lone), come en Picon, Nisin y Guiete; se tata de una tradicion de fa esércaliteraria alin viva en Francia, de la que me sien- topartcularmente deudor; en definitiva, se remonts 2 una fimosa frase de Valéry: «C'est 'exé- {ation du podeme qui est le poéme> [El poema esa ejecucién del poera>] 67, P.Szondi, «ber philologische Erkenntnise, en Holderin-Snidimn, Frankfurt, 1967, ve ‘en ello con ravén ta diferencia decisiva entre ciencialieraria y ciencia historia, of. p. 11: «Ningtin comentario, ninguna investigacin de exitica de exilo de un poema puede propo- nerse ol fin de Hevar a cabo una descripcién del poera que hubiera de entenderse por si mis 1a, Hasta su lector mis falto de sentido eritco querré cotearlacon el pooma, yno pretende: ri comprenderla hasta haber vuelto 2 dilvir sus afirmactones en las conocimientos de los que se desprendieron». En absoluta correspondencia con esto, R. Guicte, loge del ature, op it 161 LA SUSTORIA RE TA LITERATERA COMO PROVOCACION interpretacién, que debe proponerse como fin, ademés del conocimiento de su objeto, la reflexin sobre la realizacién de este conocimiento y su des nacién como factor de una nueva comprensién. } La historia de la literatura es un proceso de recepeién y produccién esté- ‘ca que se realiza en la actualizacién de textos literarios por el lector receptor, porel crtico que reflexiona y por el propio escritor que vuelve a reproducirse. La suma de «hechos» literarios, que aurienta de forma vertiginosa, segiin cris- saliza en as historias convencionales dela literatura, es un mero residuo de este proceso, tinicamente un pasado acumulado y clasificadoy, por consiguiente, no és historia, sino pseudohistoria. Quien considere como una porcion de histo- ria dela literatura una serie de tales hechos lterarios, confunde el cardcter con- tingente de una obra de arte con el de una realidad hist6rica. En cuanto hecho literario, el Perceval de Chrétien de Troyes no es «hist6rico» en el mismo sen~ tido en que lo es, por ejemplo, la més 0 menos contemporines Tercesz Cruzada.® No es un por una «ideologia colec- tiva» en forma de un sistema de normas existente como langue para cada obra literaria y actualizado por el receptor como parole, aunque de modo incompleto y nunca como un todo.” Es verdad que esta veorfa restringe el subjetivismo de la influencia de la obra literaria, pero, al igual que antes, no nos dice con qué datos puede influir en un determinado piblico y ser inclui- da en un sistema de normas una obra singular. Hay, sin embargo, medios empiricos en los que no se habia pensado hasta ahora, datos literarios de los que se puede obtener para cada obra una disposicién especifica del piblico anterior tanto a la reaccién psicolégica como a la comprensién subjetiva de cada uno de los lectores. Al igual que en toda experiencia influyente, la experiencia literaria que trae por primera ver. al conocimiento una obra hasta ahora desconocida implica un «saber previo que constituye un factor de la experiencia mistna; a partir de él, lo nuevo que pasa a formar parte de nuestro conocimiento se hace experimentable, es deci, legible en un con- texto de experiencias».”" : 60. R. Walle, 1936, p. 179. 70. En «Slovo a slovenost», J, 192, eto por Wellek, 1936, pp. 179 55. 71. G. Buch, Lernen und Enfabrang, Stuttgart, 1967, p- 56, que entronca aqui con Husserh (Exfabreng und Uriel, esp. §8), pero que luego llega, mis ali de Husserl, 2 una deverminaciéa 163 LA HISTORIA DE 1A LereRatupa coo FROYOCACISH Aunque aparezca como nueva, una obra literaria no se presenta como novedad absoluta en medio de un vacio informativo, sino que predispone a su pablico mediante anuncios, sefiales claras y ocultas, distintivos familiares ‘'indicaciones implicitas para un modo de recepcién completamente deter- nifinado, Suscita recuerdos de cosas ya lefdas, pone al lector en una deter- minada actitud emocional y, desde el primer momento, hace abrigar espe- ranzas en cuanto al «medio y el fin» que pueden mantenerse 0 desviarse, ‘cambiar de orientacién o incluso disiparse irénicamente en el curso de la lecrars, con arreglo a determinadas reglas de juego del género 0 de la indo le del texto. El proceso psiquico de la recepcidn de un texto no constituye en modo alguno, en el horizonte primario de Ia experiencia estética, una consecuencia meramente arbitraria de impresiones sélo subjetivas, sino la realizacién de determinadas indicaciones en un proceso de percepcién diri- gida que puede concebirse conforme 2 sus motivaciones constituyentes y sefiales desencadenantes y puede describirse también desde el punto de vista de la lingistica del texto. Si determinacnos el anterior horizonte de expec- tacién de un texto con W. D. Stempel como isotopia paradigmatica que, en Ja medida en que aumenta la expresi6a, se convierte en un horizonte de expectativas inmanente, sintagmatico, el proceso de recepcién es suscepti- ble de describirse en la expansi6n de un sistema semiolégico que se realiza entre el desarrollo del sistema y su correccién.” Un proceso correspon- diente de fijacién y cambios constantes de horizonte determina también la relacién de cada texto con la serie de textos que forman el género. El nuevo texto evoca para el lector (oyente) el horizonte de expectativas que le es familiar a partir de textos anteriores y las reglas de juego que son variadas, corregidas, modificadas © también s6lo reproducidas posteriormence. La variacién y la correeci6n determinan I libertad de movimiento, la modifi- cacién y la reproduccién de los limites de la estructura de un género.” La s genres littérares>, en Actes dn XIlecongrs 7p. W.D. Stempel, «Pour une description des genres bit 7 international delingustque Romané, Bocarest, 998, también en Beitrige =ur Tetlinguisik W.D. Stempel, Munich, 1070. - : 7. Aqul puedo remit ambien «wi tad Litertre médivle t théorie des ge reso, en Potiqne I (¢970), pp. 79-10%, que aparesers en forma ampliada también en el tomo de Grunavss der romanischen Litterasuren des Mittelaers, Beidelberg. de la negativided en el proceso de la experiencia, importante para la estructura del horizon- te dela experiencia estética (ff nota 113). 164 6 HISTORIA DE LA LITEKALUKA COMO PROVOCACION recepcién interpretativa de un texto presupone siempre el contexto de expe- riencia de la percepcidn estética: Ia cuestién sobre la subjetividad de la inter- pretaci6n y el gusto de lectores o sectores de lectores diversos, slo puede formularse de una manera logica si se ha aclarado antes cual es el horizon- te transubjetivo del entendimiento que condiciona el efecto del texto, El caso ideal de la posibilidad de objetivacién de tales sistemas de rela- ci6n en la historia literaria lo constituyen las obras que evocan el horizonte de expectativas de sus lectores, marcado por una convencién en cuanto al género, el estilo o la forma, para destruirlo en seguida paulatinamente, lo cual no estard sélo al servicio de una intencién critica, sino que podré pro- ducir también efectos poéticos, Asi, Cervantes hace nacer, a partir de las lecturas de Don Quijote, el horizonte de expectativas de los viejos libros de caballerias, tan estimados, para parodiar hnego con gran hondura la aven- cura de su ultimo caballero.”* Asi es también como Diderot, con las pre- sguntas ficticias del leccor al narrador al principio de Jacques le Pataliste, evoca el horizonte de expectativas del esquema de la novela de «viajes», entonees tan de moda, junto con las convenciones (atistotelizantes) de la fabula novelesca y de la providencia que le es propia, para oponer luego de forma provocadora a la prometida novela de viajes y de amor una vérité de Uhistoire muy poco novelesca: la extrafia realidad y la casuistica moral de su historia trufada en las que la verdad de la vida desmiente continuamente la mendacidad de Ia ficcién poética.” Asi también Nerval, en sus Chintires, , combina y mezcla una quintaesencia de motivos roménticos conocidos yocultos y establece con todo ello el horizonte de expectativas de una miti- ca transformacién del mundo, aunque, en este caso, para interpretar su ale~ jamiento de la poesfa roméntica; las identificaciones familiares para el lec- tor o que éste puede deducir, y las relaciones de la condicién mitica se disuelven en algo desconocido en la medida en que fracasa el intento de mistificacién privada del Yo Iitico, se quebranta la ley de la informacién suficiente y llega a adquirir una funcién poética la misma oscuridad que se ha hecho expresiva* 74, Segin la interpretacién de H. J. Neuschafer, «Der Sinn der Parodie im Don Quijo- te», Heidelberg, 1963 (Studia romania, 5) 75. Segan ia interprecacion de R. Warning, «Tristam Shandy und Jacques le Fataliste», Mu nich, 1965 (Theorie wnd Gesciebe der Literatur wnd der rien Kiiste, 4), 5p. pp. 8038. 76. Segin la interpzetacién de K. H. Sterle, «Dunkelheit und Form in Gérard de Ner= vals “Chiméres", Munich, 1967 (Theoric und Gercbichee der Literatur und de cbnen Kinste, 5), ep. pp. 55 9r 165 1A HISTORIA DE LA LITERATURA COMO PROVOCACION Pero la posibilidad de objetivar el horizonte de expectativas se da tam- bién en obras menos perfiladas histéricamente. En efecto, Ia disposicion especifica para una determinada obra prevista por un autor en su piiblico, 2 falta de seftales explicitas, puede obtenerse también a partir de wes factores ‘que pueden presuponerse en general: en primer lugar, ciertas normas cono- ‘idas o la poética inmanente del género; en segundo lugar, las relaciones implicitas respecto a obras conocidas del entorno histérico y literario, y en tercer lugar, la oposicién entre ficcién y realidad, funcién poética y pricti- ca del lenguaje, que, para el lector que reflexiona, existe siempre durante la leceura como posibilidad de comparaciéa. El tercer factor incluye el hecho de que el lector puede percibir una nueva obra tanto en el horizonte més estrecho de su expectativa literaria com¢ en el horizonte més amplio de su experiencia vital. En esta estructura de horizonte y en su posibilidad de objetivacién por medio de la hermenéutica de pregunta y respuesta, volve- mos a la cuestién de Ja relacidn entre literatura y préctica de la vida (véase xD. El borizonte de expectativas de una obra, que puede reconstrusirse segiin hemes dicho, permite determinar su cardcter artistico en la indole y el grado de su influen- cia sobre un piblico predeterminado. Si denominarnos distancia estética a la existen- te entve el borizonte de expectativas previo y la aparicion de una nueva obra cuya aceptacién puede tener como consecuencia wn «cambio de horizonte» debido a la negaciin de experioncas familiares o por Ia toma de emciencia de experiencias expresadas por primera vez, entonces esa distancia esttica se puede objetivar bisté- ricamente en el spectro de las reacciones del puiblico y del juicio de la critica (éxito espontineo, rechazo o sorpres; aprobacién ailada, comprensin lenta retardada) La manera en que una obra literaria satisface las expectativas de su pri- mer pitblico, las supera, decepciona o frustra en el momento histérico de su apariciSn, suministra evidentemente wn criterio para determinar su valor estético. La distancia entre el horizonte de expectativas y la obra, entre lo ya familiar de la experiencia estética obtenida hasta ahora y el «cambio de horizonte» exigido con la recepcién de la nueva obra,”” determina, desde el punto de vista de la estética de la recepcién, el carécter artistico de una obra | 77 Par este conepta husetiane we Gch Laren wad Efe oi P64 166 literaria: en la medida en que esta distancia disminuye y a la conciencia del receptor no se le exige volverse hacia el horizonte de una experiencia aiin desconocida, la obra se aproxima a la esfera del arte «le degustacién» o de entretenimiento, Este dltimo puede caracterizarse, desde el punto de vista de la estética de la recepci6n, por el hecho de que no requiere ningain cam- bio de horizonte sino que cumple, incluso, unas expectativas marcadas, por ‘un gusto imperante, satisfaciendo el deseo de reproduccién de lo que suele considerarse bello, corroborando sentimientos familiares, sancionando deseos, permitiendo gozar de experiencias no corrientes como algo «sensa- cional>, © también planteando problemas morales, pero sélo para «resol- verlos» en sentido edificante como cuestiones ya previamente solventadas.” Si, por el contrario, el cardeter artistico de una obra ha de meditse por la distancia estética con que esta obra se opone a las expectativas de su primer Piblico, entonces esa distancia, que al principio se experiment felizmente © también, quiz4, alienadoramente como un nuevo modo de ver las cosas, podré desaparecer para los lectores posteriores, en la medida en que la nega tividad originaria de la obra se habré convertido en algo obvio y natural ¢ incluso habré entrado ya como expectativa familiar en el horizonte de una fatura experiencia estética. Fl clasicismo de las llamadas obras maestras se incluye, en particular, bajo este segundo cambio de horizonte;” su forma 78. Ag atic esladot def dvsion qu wo aren HL Coogi delgrpo de inveatigacn Pet und Harmenete ahora ene vluncn Di ih meb shone Ruma Grensphinomene ds Aten, H.R Jus, Munich 1968 sobre lo cus come ene no init dle este, Been acd cpr que prestpoe let aed entree rien vale, lo mas qu pra lo crs, a arcion de qu use sauacen spi es tugeni eos consonee Belt), qoe ela expecta ssecase cone ex nor tm dl produto CW. le) que au bra, sin tener ningin problema que resolver, ene la Aparenia deer eon ML do. cpp 631-557. 19. Alig qu os eplgnos, vase pr ell B Tomas en Thiel indaie..e “edoroy gf nta5,p. Joss «Lappardon un ine equvat sous une evolu i= tire gu rel Canon dominant et denne le pouvoir aux procs jus lrs suboronnés (ca Lat pine etna ne enmbidan ne es proc er eral et alana {pele daca combinaon deen eto wedioncalle Antes pgones tent par- fis por ongemps apd ex contemporaine aoe exthrq des eels Gl iit ie eet ae mave fl spern dea geno el sempre ua rer cin earn que derona el anon dominant yd el poder ao proedimientos que fafan evade testes spon subordinate] Los epigonot repent otinctn {Po de procefinietns tat haber sda wii revlacnan poner eens odo. los ponor stn avers por cho dp, lacopnted de conto "nos prs set feria ext deo ejemplo que min descreian ass maextom] 167 LA IIGTOMA DE ZA LITERATURA| COMO PROVOCACIGN bella que ha acabado siendo algo natural, y su «sentido eterno», al parecer indiscutible, las colocan, desde el punto de vista de la estética de la recep- ci6n, en la peligrosa proximidad del arte para degustar» que convence y puede gozarse sin resistencia, de suerte que se requiere un esfuerzo especial para leer tales obras al margen de la experiencia habitual, para volver a per- cibir su cardcter artistico (véase IX). La relacidn entre literatura y pitblico|no se agota en el hecho de que cada obra tenga su piblico determinable especifica, histérica y sociolgica- mente, que cada escritor dependa del medio, del cfrculo de intuicién y de la ideologia de su publico y que el éxito literario presuponge un libro «que exprese lo que el grupo esperaba, un libro que revele al grupo su propia ima- gen».*° Esta comprobacién objetivadora del éxito literario en la congruen- cia de intencién entre la obra y las expectativas de un grupo social deja per- pleja a la sociologia de la literatura cada vez.que se ha de explicar un efecto tardfo 0 duradero. Por ello, R. Escarpit supone para la «ilusién de la per~ manencia» de un escritor una «base colectiva en el espacio o en el tiempo», lo que, en el caso de Molitre, desemboca en un prondstico sorprendente: «Moligre es atin joven para el francés del siglo xx, porque su mundo sigue vivo y todavia nos une a él un dmbito de cultura, intuicién y lenguaje [...] Pero ese ambito va haciéndose més pequefio y Moliére envejeceré y morira cuando muera lo que nuestro tipo de cultura tiene ain en comin con la Francia de Moliére».*' ;Como si Moliére hubiera reflejado tinicamente las -«costumbres de su época» y tenido éxito|tan sdlo por esa supuesta inten- cin! Alli donde le congruencia entre la dbra y et grupo social no existe 0 ha dejado de existir, como, por ejemplo, en la recepcién de una obra en un cftculo lingiistico extranjero, Escarpit sale del apuro intercalando un «mito»: «Mitos que fueron inventados por una posteridad para la cual se hizo extrafia la realidad que suplantaron»."* ;Como si toda recepci6n, mas alla del primer pablico socialmente determinado de una obra fuese sélo un «eco deformado», una sucesién de «mitos subjetivos» y no tuviese en la obra recibida su objetivo @ priori como limite y posibilidad de la compren- sidn posterior! La sociologfa de la literatura no ve su objeto de una manera suficientemente dialéctica, cuando delimita de un modo tan unilateral el Bo. R. Escarpit, Das Buch und dor Lesor: Entwurf einer Literanuysoziologie, Coloni Opladen, 196r (primera edicién ampliada alemana de Socilogie de la licérature, Paris, 1958), p. £16. Hay trad. cast: Swcalogia dela literatura, Vilassar, Oikos-Tau, 197%.) Sr. Ibid, p.t37. 82, Wid, p. 00%. | 168 dmbito de escritor, obra y ptiblico.” La delimitacién es reversible: hay obras que, en el momento de su aparicién, no pueden referirse todavia a ningiin piblico especifico, sino que rompen tan por completo el horizonte familiar de las expectativas literarias que sélo paulatinamente puede ir forméndose un piblico para ellas.“* Una vez que el nuevo horizonte de expectativas ha alcanzado una validez més general, el poder de la norma estética modifica- da es observable en el hecho de que el piiblico siente como anticuadas las obras que hasta entonces habian tenido éxito y les retira su favor. El anili- sis del efecto literario adquiere la dimensi6n de una historia literaria del lec- tor" y las curvas estadisticas de los best-séller proporcionan un conoci- miento histérico s6lo en la perspectiva de ese cambio de horizonte. A modo de ejemplo puede servirnos una sensacién literaria del afio 1857. Junto a Madame Bovary de Flaubert, que desde entonces ha alcanza- do fama mundial, aparecié Ia hoy olvidada Famny de su amigo Feydeau. Aungue la novela de Flaubert dio lugar a un proceso por violacién de fa moralidad ptblica, Madame Bovary quedé eclipsada al principio por la nave~ Ia de Feydeau: Fanny alcanzé en un afio trece ediciones y, por tanto, un éxito sin precedentes en Paris desde la Atala de Chateaubriand. Desde el punto de vista de la temstica, ambas novelas venian a satisfacer las expectativas de ‘un nuevo ptiblico que (segxin el anilisis de Baudelaire) habia abjurado de todo romanticismo y detestaba por igual lo grande y lo ingenuo en las pasio- 85. El paso que es preciso dar para salir de esta dtertinaciGn unitateral lo indica KH. Bender, Kinig und Vasall: Untersuchungen zur Chanson de Geste des KIT. Jabrbunderts, Heidel- berg, 1967 («Studia romanica>, 13). En esta historia dela primitiva pica francesa se expone J aparente congruencia entre sociedad feudal e idealidad épica como un proceso que se man- ‘dene a través de una discrepancia constantemente cambiante entre «reslidad> e «ideologtan, es decir, entre las coyunturashistérias de los conflicts fendalesy lat respnestaspoddicas de Jos cantares de gesa 84. Estos aspectns han sido sicados ala luz por a importante sociologé de la terarra de Erich Auerbach en la multplicidad de refracciones traseendentales de Is relaciGn entre aucor ¥ publico; ease ademés a valoracién de F. Schalk (ed), en B. Auerbach, GesommelteAuftze ur romanixoen Pilg, Bera-Mnich, 1967, pp. 15. 85, Cf H. Heinrich, «Par eine Licerarrgeschichte des Lesers> (Mersr, noviembre +1967), intenco nacido de la misma intencién, que, en forma anéloga ala sustinucién antes usual de a lingéstica del hablanee por una lingtistia del oyente, aboga ahora por una considera ‘ion meroolégica dela perspectiva del lector en la historia lterariay con ello se corresponde a as mil marzvills con mi propia intencién. H. Weinrich indica también cobre todo cémo loz métodos empiticos de la sociologi de la literatura han de completase con la interpretacién lingiitcay literaria del papel desempefiado por el lector y que se halla implicizamente conte- ni en la obra 160 La MISTORIA DE LA LIFERATURA COMO FROVOCACION nes:* trataban un tema trivial, el adulterig en un ambiente burgués y pro- vinciano. Ambos autores supieron dar un giro sensacional a la relaci6n del triéngulo, convencionalmente anquilosada, imis alli de los esperados detalles, derfas escenas erdticas y pusieron bajo una nueva luz el trillado tema de los ‘elo, invirtiendo lz relacién que cabfa esperar entre los tres papeles clasicos: Feydeau hace que el joven amante de la ferme de trente ans, a pesar de conse- guir el objeto de sus deseos, sienta celos del marido y perezca en esta situacién torturante; Flaubert da a los adulterios de la esposa de un médico de provin- cias, que Baudelaire interpreta como forma sublime del dandysme, el sorpren- dente final de que sea precisamente la ridicula figura del engafiado Charles Bovary la que adquiera rasgos sublimes. En la critica contemporsinea oficial se ‘encuentran voces que consideran tanto a Fanny como a Madame Bovary como producto de la nueva escuela del réalisme, a Ja que censuran su negacién de todo lo ideal y su ataque a las ideas sobre las que se basaba el orden de la socie- dad en el Segundo Imperio.”” El horizonte de expectativas del piblico de 1857, bosquejado aqui a grandes rasgos y que, tras la muerte de Balzac, no prometia grandes coses en el terreno novelistico,® explica el distinto éxito de las dos novelas, pero sdlo después de haberse planteado también la cuestién relativa al efecto de su fortuna narrativa, La innovacidn formal de Flaubert, su principio de la «narracién impersonal» (impassibiliré), que Barbey de Aurevilly atacé mediante el simil de que si se pudiera forjar una maquina de narrar a base de acero inglés, funcionaria de la misma manera que Monsieur Flaubert,” habia 86. En Madame Beary par GustsveFleubet, Otzores completes, Pati, 1951, ps 998: [ [-ver poetizadas sus aventuras vulgares del dia anterior y sus vulgs- es proyectos del siguiente>] (p. 210) y se entrega a una «idolitrie de la matiére» [aidolatrie de la materia»), por la cual entiende Montégut los ingredientes de la «fbrica de suefiog» del afio 13858, «une sorte dadmiration béate, presque dévotionnease, pour les meubles, les tapiseries, les toilets, s'échappe, comme wn parfum de patchouli, de chacune de ces pages» [ el texto, ¢5 decir, «partiendo de su intencién y su 6poca», tiene una respuesta si lo des- tacamos sobre ef fondo de las obras euyo conocimiento suponia el autor explicita o implicitamente en su piblico contemporineo. El autor de la rama més antigua del Roman de Renart cuenta, por ejemplo (segiin lo atesti- gua el prélogo), con que sus oyentes conozcan novelas tales como la Historia de Troya y el Tristén, canciones de gesta (chansons de geste) y divertidas histo~ rias en verso (fabliauz), y se emociones por tanto con la «inaudita guerra de los dos barones, Renart ¢ Ysengrin», que ha de eclipsar todo lo conocido, Las obras y los géneros evocados aparecen luego irénicamente subrayados en el curso de Ja narracién. A partir de este cambio de horizonte se explica probablemente también el éxito de pablico, més allé de las fronteras de Francia, de esta obra que se hizo rpidamente famosa y fue la primera en adoptar una posicién contraria a toda la poesia heroics y cortesana que hhabja predominado hasta entonces.” La investigacién filol6gica desconocié durante mucho tiempo la inten- cién originalmente satirica del Reineke Fuchs medieval y, por tanto, también tl sentido irénico-didéctico de la analogia entre la naturaleza animal y la 9 Son todavia raros los ejemplos de estos métodos, que no sélo examinan el éxito, la fama ylainfluencia de un autor através dela historia, sino que investigen las condiciones his tbricasy las modificaciones de su comprensidn. Son dignos de mencién: G. F Ford, Dickens tnd bis readers, Princeton, 19553 A. Nisin, Let oewores et es ices, Paris, x960 (trata de sobre una obra literaria es algo mas que «el simple juicio acumulado de otros lectores criticos, espectadores e incluso profesores»,'" a saber, el des- pliegue sucesivo de un potencial de sentido acumulado en una obra, actua- lizado en sus grados historicos de recepcidn, el cual se abre para el juicio comprensivo en la medida en que se realiza controladamente la «fusién de horizontes» en encuentro con la tradicién. ‘Sin embargo, la coincidencia entre mi intento de fundamentar la estéti cca de la recepcién de una posible historia de la literavura y el principio de H. G. Gadamer de la historia de la influencia tiene su limite alli donde Gadamer quiere elevar el concepto de lo clésico 2 prototipo de toda conci- liaci6n hist n segain Ia cual lo que se «dlama “clisico” no requiere la superacién de la distancia hist6rica, pues se realiza en el logro constante de esta superacidm>,”? se halla fuera de la relacién de si es clisico aquello que «dice algo 2 cada momento presente como silo hubiera dicho propiamente para él», entonces no habria que bus- car para un texto clisico la pregunta a la que ese texto da respuesta." gAcaso con lo clasico, que de tal modo «se significa a si mismo y a si mismo se interpreta», no se describe simplemente el resultado de aquello que yo Ilamaba el «segundo cambio de horizonte>: laindiscutida obviedad de Ia lla- a entre pasado y presente. Su defini 99. Wellek, 1936, p. x84: id, 1965, pp. 20-22, 100. Welle, 1965, p. 20. ror. Ibid. | 102. Ibid t03. Verdad'y metodo, p. 174. 104, Tid. 105, Bid 174 LA HISTORIA DE LA LITERSTURA COMO PROVORAGISN mada «obra maestra», que en el horizonte retrospectivo de una tradicién modélica esconde su negatividad originaria y nos obliga, en contra de la acreditada clasicidad, a volver a recuperar el «adecuado horizonte de pre- guntas»? La conciencia receptora no queda tampoco eximida de la tarea de reconocer la «relacién de tensién entre el texto y la actualidad».' El con- cepto, adoptado por Hegel, de lo clésico que se interpreta a si mismo debe conducir a la inversi6n de la relaci6n historica entre pregunta y respuesta‘? y contradice el principio de la historia de la influencia segiin el cual com- prender no «es solamente un comportamiento reproductivo, sino también productive. Es evidente que esta contradiccién esta condicionada por el hecho de que Gadamer se aferré 2 un concepto del arte elésico que, més alli del momento de su origen, la época del humanismo, no puede ya sostenerse como base general de una estética de la recepci6n. Se trata del concepto de mimesis, entendida como «, de su libro Esti de linguiiqu entra Pats, x96, 125, Exte concep se remonta aH. Fociloa, The Life of Prin dri, Nueva York, 94h, ti, para: «La deseription syochronigue envisage aon scale a reduction lees ¥ G, Rubles, Te Spe of Time: Remarks onthe History of Things, New Haven-Lendres, 96: 4 dine epoque donne, mas aus cet partied in waton lei qlee rxtx one ova {Flay tad, cast. de Jonge Lujén: La configuracin dl tom, Hondarcbie, Nexea, 1988.) 126, Tine and Hisory, op. cit p53. | &é ressuscité &lépoque en question (..] La poétique historique, tout comme Phistoire du lan- _ ope sicllese veu vraiement compréhensive, dot re congue comme une su perstructure, bite 182 182 LA HIETORIA DE LA LIPERATURA COMO FROVOGACION rece simulténeamente (desde el punto de vista de la estética de la produc- ciGn) se descompone en uns heterogénea multiplicidad de lo no simultdneo, ¢s decir, de las obras marcadas por diversos momentos del shaped time de su ssénero (de la misma manera que el cielo estrellado, presente en aparienci, se divide astronémicamente en puntos de la més diversa lejania cronol6gi ca), esa multiplicidad de las manifestaciones literarias (desde el punto de vista de Ja estética de la recepcién) vuelve a constituir para el péblico—que Jas percibe como obras de su actualidad y las relaciona unas con otras—a unidad de un horizonte comiin y fundador de significado, de expectativas, recuerdos y anticipaciones literarias. Dado que todo sistema sinerénico debe contener también su pasado ysu faturo como elementos estructurales inseparables,"? el corte sincr6nico a través de la produccién literaria de un momento histérico implica necese riamente nuevos cortes en un antes y un después diacrénicos. Con ello se obtendrin, de manera anéloga a lo que sucede con la historia del lengusj, factores constantes y variables que pueden localizarse como funciones del sistema, ya que también le literatura posee una especie de gramatica o sinte- xis con relaciones relativamente fijas: el entramado de los géneros tradicio- rales y de los no canonizados, de los modos de expresién, estilos y figuris ret6ricas; a & se opone el campo mucho mas variable de una seméntica: los temas literatios, arquetipos, simbolos y metiforas. Por tanto es posible intentar establecer para la historia de la literatura algo anilogo a lo que Elans Blumemberg postula para la historia de la filosofia, explicéndolo con ejem~ plos del cambio de época, y en especial de la relacién de sucesién entre teo- logia cristiana y flosofia, y fundamentandolo con su logica historica de pre- | gunta y respuesta: un «sistema formal de explicacién del mundo [...]encuya | estructura pueden localizarse las sustituciones que componen ¢l carécter | 13g. ¥. Tinysnovyy R. Jakobson, «Probleme der Literaturand Sprachforeschung> (1929), en Kuribuch, 5 (2968), p. 75: «ba historia del sistema representa a su ver otto sistema. La mea” sincronia se revela ahora ilusoria : todo sistema sinerénico tiene su pasado y su futuro como | ‘elementos estructarale inseparables de este sistema sur une série de descriptions synchroniques successivess («La deseripeién sinerSniea no dene ‘como tinico objeto la produccién iteratia de una época dada, sino también aquella pare delat cin iteraria que se mantendo viva o a reivido en la paca en cvestén. [.]Sipretendeser | -verdaderamente comprensiva, la postica histérca, al igual que la historia del lenguaje, = debe coneebir como una superestnuccur levantada sobre una serie de descripciones sinernicas sues _ v5}. (Haytnad. cast de Josep M. Pujol: Emaye de ingasc genera,Barelon, Al, 084) 184. evolutivo de la historia hasta la radicalidad del cambio entre épocas»."® Sila - concepcisn sustancialista de una tradicién literaria que sigue engendréndo- __ se a si misma es superada por una explicacién funcional y progresiva de la relaci6n entre produccién y recepcién, también deberd ser posible, tras la sransformacién de las formas y contenidos literarios, reconocer aquellas susti- ticiones en, un sistema literario de la comprensién del universo que hacen _concebible el cambio de horizonte en el proceso de la experiencia estética. A partir de estas premisas podria desarrollarse el principio expositivo de una historia de la literatura que no deberfa seguir las cumbres demasiado conocidas de las tradicionales obras maestras ni perdetse tampoco en las hondonadas de Is fatalidad, histéricamente no articulable, del conjunto de Jos textos. El problema de la scleccién de lo que ¢s importante para una rueva historia de la literatura podria resolverse con la ayuda de la conside- raci6n sincronica de una manera que atin no se ha intentado: un cambio de _horizonte en el proceso historico de la «evolucién literaria» no tiene por qué perseguirse en el tejido de todos los hechos y filiaciones diacronicos, sino que puede establecerse también en la existencia modificada del sisterna literario sinerénico y observarse en otros andlisis de cortes transversales. No obstante, Ia dimensién histérica de Ia literatura, su continuidad trascenden- tal que se perdié tanto en el tradicionalismo como en el positivismo, sdlo se | podré recuperar si el historiador de la literatura descubre puntos de inter __seecién y hace resaltar unas obras que articulan el cardcter de proceso de la evolucién literaria» en sus momentos formadores de historia y en las sepa- raciones entre diversas épocas. Sin embargo, ni la estadistica ni la arbitra- “tiedad subjetiva del historiador literario deciden acerea de esa articulacién historica, sino la historia de la influencia de la obra: lo que «surgié del acon- _tecimiento» y lo que, desde la actual posicin, constituye el conjunto de la literatura como prehistoria de su manifestacién presente. xr La tarea de la historia de la literatura solamente concluye cuando la produccién lite _raria mo es presentada silo sincrénica y diacrénicamente en la sucesin de sus siste~ 130. Primeramente en «Epochenschwelle und Rezeptions, en Pbilawpbtche Rundsbatt, 6 (0958), pp. 101 ss, finalmente en Die Legtiitat der Newseit, Franka, 1966, cf especialmen- _epp.at ss. 185 La IETORIA DE LA LIPERATURA COMO PROVOCACISN 4 ‘mas, sino considerada también como bistoria especial incluso en la relacion que le es ‘propia respecto a la bistoria general. Esta relacién no se agota en el hecho de que, enla literatura de tadas las épocas, pueda descubrirse una imagen tipificade, idea~ lizada, satirica 0 utépica de la existencia social. La funcién social de la literatura se hace manifiesta en su genuina posibitidad allt donde la experiencia literaria del lector entra en el horizonte de expectativas de la préctica de su vida, preforma st comprensign del mundo y repercute de ese modo en sus formas de comiportamiento social. La sociologfa tradicional de la literatura suele demostrar la relacién fun~ cional entre literatura y sociedad dentro de los angostos limites de un méto- do que s6lo externamente ha sustituido el principio clésico de la imitatio naturae por la definicién de que la literatura es la exposiciOn de una realidad pasada y que por ello debe elevar a categoria literaria por excelencia un con- cepto de estilo condicionado por una época, el del siglo xx. Pero también el ]. El fiscal tomé las tltimas frases por una descripci6n objetiva que incluia el juicio del narrador y se escandalizé por la glorification de Vadultére, que él consideraba avin mucho més peligrosa e inmoral que la caida misma." Pero el acusador de Flaubert incusrié con ello en un error, como lo demostré en seguida el defensor, ya que las frases de que le acusaba no constituyen ninguna sfit- macién objetiva del narrador a la que el lector pudiera dar crédito, sino una opinién subjetiva del personae, destineda a caracterizarlo en sus sentimien~ 0s con arreglo a las novelas. El medio artistico consiste en presentar un dis- curso, generalmente interno, del perconaje representado sin las sefiales del estilo directo («Je vais donc enfin posséder...») o del estilo indirecto («Elle se disait qu’elle allait donc enfin posséder...»), a fin de que el lector mismo decida si debe tomar la frase como verdadera declaraci6n o entenderla como una opinién caracterfstica de ese personaje. En realidad, Emma Bovary es -],'* aunque Sénard no podis dar un nombre al medio artistico que atin no habia sido registrado en esa época, El efecto desazonante de las innovaciones forma- Jes del estilo narrativo de Flaubert resulta evidente en el proceso: la forma narrativa impersonal no sélo obligaba a los lectores a ver las cosas de un modo diferente (): zacaso el subtitulo de Madame Bovary no habia de ser justamente Histoire de Péducation trop souvent donnée en province? [«Historia de la educacién dada demasiado a menudo en provincias»}"* Sin embargo, con ello no sé ha respondido todavia a la pregunta con la que el fiscal culmin6 su réquistore: ‘Qui peut condamner cette femme dans le live? Personne. Tele est la conclusion. IL sy pas dans le livre un personnage qui puisse la condamner, Si vous y trouvez un personnage sage, si vous y trouver un seul principe en vertu duquel F'adultére soit stigmatisé, jai tort [«cQuién puede condenar a esta mujer en el libro? Nadie. Esa ¢ la conclusién. En el libro no hay ni un personaje que pueda condenatla. Si encuentran ustedes en él un personaje prudente, si encuentran un solo principio en -virtad del cual se estigmatice el adulterio, estoy equivocadon).'* | Si ninguno de los personajes representados en la novela podia acusar a _ Emme Bovary, ysi no se hace valer en ella ningin principio moral en nom- bre del cual hubiera de juzgérscla, eno se est poniendo, entonces, en tela | de juicio a la vez. que el «principio de fidelidad conyugal», la «opinién pibli- _ ca» predominante y su fundamentacién en el «sentimiento religioso»? gAnte qué instancia hay que llevar el caso Madame Bovary, silas normas hasta ahora _vigentes de la sociedad: opinion publique, sentiment religitcc, morale publique, 144. Op.cita p.673. x45. Ibid, p. 670. 246. Mid, p. 666 19 1A HISTORIA DE LA LITERATURA COMO PROVOCACION tonnes mcewrs [wopinién piblica, sentimiento religioso, moral péblica, bue- nas costumbres»], no bastan ya para juzgar sobre este caso?" Estas pregun- tas francas e implicitas no indican en modo alguno una falta de compren- sidn estética y una trivialidad moralizadora por parte del fiscal, En ellas se refleja més bien el insospechado efecto de una nueva forma artistica que podfa hacer salir al lector de Madame Bovary de la rutina de su juicio moral por una nueva manitre de voir les cases («manera de ver las cosas»] y con- vertir en un problema abierto una cuestién de moral piblica previamente decidida, Asi, frente al esedndalo de que, gracias al arte de su estilo imper~ sonal, Flaubert no diera pie para que se prohibiese su novela por falta de moralidad en el autor, el tribunal obré consecuentemente al absolverlo como escritor y condenar la escuela que se suponia que él representaba, pero que en realidad era el medio artistico aiin no registrado: «Attendu qui n’est pas permis, sous prétexte de peinture de caract2re ou de couleur locale, de reproduire dans leurs carts les fats, dits et gestes des personna- ges qu'un écrivain s'est donné missions de peindre; qu'un pareil systeme, appliqué aux cruvres de l'esprit aussi bien qu'aux productions des beaux arts, conduit 2 un réalisme qui serait la négation du beau et du bon et qui, enfan- tant des couvres également offensantes pour les regards et pour Pesprit, commettrait de continuels outrages 4 la morale publique et aux bonnes mocurs» [«Habida cuenta de que no esté permitido, bajo el pretexto de pin- tar unos caracteres 0 un color local, reproducir en sus descarrios los hechos, dichos y gestos de los personajes que un escritor se ha impuesto la misién de pintar, y que, si se aplica a las obras del espiricu al igual que a las producciones de las bellas artes, semejante sistema condace 2 un realismo gue serta la negacién de lo bello y lo bueno y que, al engendrar obras ofensivas por igual para la vista y el espfritu, cometerfa continuas ofensas tanto contra lt moral pablica como contra las buenas costumbres»)."* ‘Asi, una obra literaria puede romper las expectativas de sus lectores por medio de una forma estética insélita y ponerlos al mismo tiempo ante pro: blemas cuya solucién les debia la moral sancionada por la religién o por el Estado. En ver de aducir nuevos ejemplos, recordemos aqui solamente que Bertolt Brecht no fue el primero en proclamar una relacién de competencia entre la literatura y la moral canor ‘como lo atestigua, entre otros, Friedrich Schiller, quien reclamé explici tamente para el teatro burgués el siguiente derecho: «La ley de la escena 147. Of iid, pp. 666-657. 148. Ibid, p. 717 (ito por Fugement 192 .da, sino que ya lo hizo ta Tustracibn, TA HISTORIA DE LA LITERATURA COMO PROVOGACION comienza donde acaba Ia esfera de las leyes del mundo»."® Pero la obra lite- raria (y esta posiblidad caracteriza en la historia de la literatura a la 6poca nis reciente de nuestra modemidad) puede invertir también la relacién de pregunta y respuesta y poner al lector, en el medio del arte, frente a una rea. lidad nueva y , que ya noes posible entender a partir de un horizonte de expectativas anterior. Asi, por ejemplo, el género més reciente de la nove- la, el tan discusido notoea roman, se presenta como una forma de arte rmodemo que, segin una formulacion de Edgard Wind, representa el caso paradéjico de que «se da la solucién pero se abandon el problema, para que Ia solucién pueda entenderse como tal».' Aqui se excluye al lector de la simacidn de interlocutor inmediato y se le relega a la de un tercero no ini- ciado que, frente a wna realidad ain ajena al significado, debe encontrar él mnismo las preguntas que le descifren hacia qué percepcién del mundo y hacia qué problema de relaciones humanas va dirigida la respuesta dela literatura De todo elo hay que deducir que ls tarea espectfica de la literatura en la cestencia social se ha de buscar precisamente ali donde la literatura no se agota nla fancin de arce repreemtativo. i nos fijamos en los momentos en que las obras literarias oompieron los tabies dela moral reinante en su historia on los aque offecieron al lector nuevas soluciones para lacasuistiea moral dela préti- ‘ca de su vida que nego pudieron ser sancionadas por la sociedad mediante el voto de todos los lectores,entonces se le abe al istoriador lterario un eampo todavia poco explorado. Sila historia de la lterarara no se limita a deseribir de nuevo el proceso de la historia general en el espejo de sus obras, sino que, en el curso de la