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EL LENGUAJE OLVIDADO 3 Q yo 2 Introduccién = w ala comprension | g de los suefios, E GS mitos y cuentos C a de hadas . a ot Ww ISBN 978-850-12-4486 / iu e PAIDOS NUEVA BISLOTECA ERICH FROMM. Erich Fromm (1900-1980) esta considerado tuno de los pensadores més influyentes de! siglo xx, por su capacidad para conjugar la profundidad y la simplicidad en un estilo accesible y transparente. Es autor, entre otros libros, de El amor a la vida, La vida auténtica, EI humanismo como utopia real, Elarte de escuchar 0 Del tener al ser, todos ellos igualmente publicados por Paidés, que también ha editado Erich Fromm. Elamor a la vida, compilado por Rainer Funk. EL LENGUAJE OLVIDADO Nueva Biblioteca Erich Fromm ‘Titulos publicados: Elarte de amar La vida anténtica Delteneral ser El hurmanismo como utopia real Elamora le vida Y sertis como dioses Espiritu y sociedad Sobre la desobediencia Ellenguaje olvidado Erich Fromm EL LENGUAJE OLVIDADO INTRODUCCION ALA COMPRENSION DE LOS SUENOS, MITOS Y CUENTOS DE HADAS PAIDOS ‘Titulo original: The Forgoten Language, de Etch Fromm Publicado originalmente en inglés por Henry Holt, USA “raduccién: Marlo Cales RevisiGn de a radueci6m: Alicia Capel Cabierta de Idee juste de cubierta: Guscavo Macti pee are pees ala prs crated panto orriga Eivewirdie, Cte cou incaengae io saeccne lie cron, eer eas ier Eich longa aban nrc ee comoraraién de bs teen mics boris de hades iasescemenee Aires: Paids, 2012. ” “ fe titen ISBN 978-650-12-44857 1, Psobgla Tho, (600 169 1+ edicin en Argemtna, mayo de 2012 Reserados sods los derechos. Quads dgurosimenteprhibids, sin la sucorizacién crits de los iases del coprgh, bj Ins tancioncsexableads en Ls lye, la reprodaccién parcel 9 total de es bra por cualquier medio o procediminto,inclida la ceprogiafay el watamiento infor. © 1951, Brich Fromm © 2012, de todas as ediciones en castellano: Espasa Libros, $. LU. ‘Avda, Diagonal, 662-664 ~ 08034 Barcelona, Espana Paid e un sllo edicorial de Espasa Libros. . LU. www.espacioculturalyacademico.com swormplanetadelibros.com © 2012, de le presente edicén: Editorial Paidés SAIC Publicado bajo su sllo Paidést Independencis 1682/1686, Buenos Aites ~ Argentina Email: difasion@areapaidos.comat vwww.psidorargentina.comat ‘Queda hecho el depésito que previene la Ley 11.723 Lmpreso en la Argentina ~ Pred in Argentina Impreso en Buenos Aites Pring, Sarmiento 459, Lands, Provincia de Buenos Aires cen abril de 2012. “Tirade: 4.500 ejemplares ISBN 978-950-12-4455-7, SUMARIO Prologo ....ssscceeeeeees I. Introducci6n...-es-+++ II. Naturaleza del lengvaje simbélico. ......+ HL Naturaleza de los suefios . . IV. Freud y Jung... V. Historia de la interpretacién de los suefios 1. Primitiva interpretacién no psicoldgica de los suefios . .. 2. La interpretactn pico de los suefios .....« VI. Blarte dela Sees tan de los suefios .. VIL. Ellenguaje simbélico en los mitos, los cuentos de hadas, los ritos y la novela . . 1. Elmito de Edipo...... 2, Elmito de la Creacion . 3. Caperucita Roja. 4. Elritual sabdtico. ....... 5, «Elproceso» de Kafka ....-++ Notas... 15 25 A 67 129 130 134 169 221 222 256 260 265 274 291 PROLOGO Este libro esté basado en las clases de un curso prelimi- nar impartido a los postgraduados del Instituto de Psi- quiatria William A. Whitey a los estudiantes del Ben- nington College. Esta dedicado a un piblico similar, los estudiantes de psiquiatria y psicologfa, y a los legos a quienes interese la materia. Como indica el subtitulo, es tuna introduecién a la comprensin del lenguaje simbé licos por esta razén no trata muchos de los problemas més complicados del tema, cuya discusi6n seria incom- patible con el objetivo de una introduccién. Asi, por ejemplo, he analizado las teorfas de Freud tinicamente enel plano de su «Interpretacién de los suefios», y no ala luz de los conceptos més dificiles que elabord en sus escritos posteriores; y no he tratado tampoco de abordar aquellos aspectos del lenguaje simbélico que, aunque necesarios para comprender mejor los proble- mas que involucran, deben dar por conocidas las nocio~ nes generales que estas paginas se proponen transmitir. Deeesos problemas pienso ocuparme més tarde, en otro libro. El término «introduceién a la comprensi6n de los 10 BL LENGUAJE OLVIDADO suefios, etcétera», ha sido elegido a propésito, en ugar del més convencional de interpretacién. Si, como trata~ ré de demostrar en las péginas siguientes, el lenguaje simbélico es un lenguaje por derecho propio, més atin, el nico lenguaje universal que haya producido la hu- manidad, el problema reside, indudablemente, més en comprenderlo que en interpretarlo, como seria el caso sie tratara de una clave secreta formada artificialmen- te, Creo que esa comprensién es importante para todos los que quieran estar en contacto consigo mismos, y no solo para los psicoterapeutas que quieren curar las perturbaciones mentales; por eso creo también que la comprensién del lenguaje simbélico deberia ensefiarse en las universidades y en los institutos de ensefianza superior igual que los otros «idiomas extranjeros» que integran sus programas. Uno de los objetivos de este libro es el de contribuir a la realizacién de esa idea. Quedo reconocido al doctor Edward S. Tauber por haber tenido la gentileza de leer los originales de esta obra, y por sus criticas y sugerencias constructivas. Quiero agradecer a la doctora Ruth N. Anshen, directora de The Family, Its Function and Destiny, y a Harper Brothers por su autorizacién para usar en este libro mi articulo «El mito de Edipo y el complejo de Edipo». También quiero agradecer a los siguientes edi- tores por su consentimiento para emplear en estas pé- ginas los numerosos pérrafos de sus publicaciones que he reproducido: Random House, de Nueva York, ex- tracto de la edicién Modern Library de La Repsiblica, de Platén, traduccién de B. Jowett, Edipo en Colonna PROLOGO n y Antigona, traduccién de R. C. Jebb de The complete Greek Drama, The Basic Writings of Sigmund Freud, traducidos y dirigidos por A. A. Brill, y extractos de The World of Dreams, de Ralph L. Wood; Allen & Unwin, de Londres, por extractos de La interpreta- cién de los suefios, de Sigmund Freud; Burns, Oates 8 Washbourne, Ltd., de Londres, y Benziger Brothers, de Nueva York, por el extracto de la Summa Theolo- gica, de santo Tomés de Aquino, traducido por los pa- dres de la congregacién inglesa dominicana; The Mac- millan Company, de Nueva York, por el extracto de The Dreams of a Spirit Seer, de Kant, traduccién de E. Goerwitz; Houghton Mifflin Company, de Boston, extractos de Lectures and Biographical Sket- ches, de Ralph Waldo Emerson; Classics Club, W. J. Black, de Nueva York, extractos del Fedén, de Platén, traduceién de B. Jowett; Oxford Clarendon Press, ex- tractos de Las Obras de Aristoteles, traducidos con la direccion de W. D. Ross; Harvard University Press, de Cambridge, extractos de De Rerum Natura, de Lucre- cio, traduccin de W. H. D. Rouse; Yale University Press, de New Haven, extractos de Psicologia y Reli- ¢gidn, deC. Jung; B. W. Huesbch, fragmentos de Dreams, de Henri Bergson, traduccién de E. E. Slosson; Alfred ‘A. Knopf, de Nueva York, extractos de El proceso, de Franz Kaflea, traduccién de E. I, Muir. Ericu FRomM 1951 Un sueso que no ha sido comprendido es como una carta que no ha sido abierta. EI Talmud El suefio nos despojs del ropaje de circuns- tancias, nos arma de una terrible libertad, de modo que todos los deseos se lanzan a la ac~ cin, Los hombres prudentes se een los sueiios para conocerse si mismos; pero no los deta~ les, sino el valor. EMERSON INTRODUCCION + Sies verdad que la capacidad de intrigarnos es el punto de partida de Ja sabidurfa,-esa verdad constituye una triste apreciacién de la sabiduria del hombre moderno. Sean los que fueren los méritos de nuestro alto grado de educacién literaria y universal, hemos perdido el don de asombrarnos. Lo sabemos todo; y lo que no sabe- mos nosotros mismos, lo saben los especialistas cuya misién es la de saber lo que nosotros ignoramos. Mas atin: revelar asombro es embarazoso, es un signo de inferioridad intelectual, Hasta los nifios rara vez se sorprenden, o al menos tratan de no demostrarlo; y medida que vamos creciendo vamos perdiendo gra- dualmente Ia capacidad de sorprendernos. Lo tinico que importa es saber contestar; saber preguntar, en comparacién, es una ciencis insignificante. Esta actitud es quizé la razén principal por la que uno de los fendémenos mas asombrosos de la vida, los stiefios, provoca en nosotros tan poca admiraciény tan poca curiosidad. Todos sofiamos; no entendemos nuestros sueiios, pero actuamos como si no pasara nada raro en nuestras mentes dormidas, raro al menos 16 EL LENGUAJE OLVIDADO en comparacién con los actos l6gicos, intencionales, que realiza nuestra mente cuando estamos despiertos. En estado de vigilia somos seres activos, racionales, que nos esforzamos por conseguir lo que deseamos y por estar preparados siempre para defendernos de los ataques. Actuamos y observamos; vemos las cosas por fuera, tal vez no como son, pero al menos de un modo que nos permite usarlas y manejarlas. Pero carecemos generalmente de imaginacién y pocas veces —salvo cuando somos nifios, 0 si somos poetas— nuestra in- ventiva deja de repetir las mismas historias y los mis- mos argumentos de los hechos que componen nuestra existencia diaria. Somos eficaces pero algo obtusos. Al Ambito de nuestra observacién diaria lo llamamos «cealidad> y nos enorgullecemos de nuestro «realis- mo» y de nuestra habilidad para manejar la realidad. ‘Cuando dormimos, pasamos a otra forma de exis- tencia. Sofiamos. Inventamos historias que nunca han ocurrido y que a veces ni siquiera tienen precedentes en la realidad. Unas veces somos los héroes, otras veces los villanos; a veces contemplamos bellisimas escenas y nos sentimos felices; a menudo experimen- tamos indecibles terrores. Pero cualquiera que sea el papel que desempefiamos en el suefio, somos 7050- tos sus autores, el suefio es nuestro, nosotros inventa- mos su trama. Casi todos nuestros suefios tienen una caracteris- tica comin: no siguen las leyes de la légica que gobier- na nuestro pensamiento cuando estamos despiertos, Las categorias de tiempo y espacio se pasan por alto. INTRODUCCION 7 ‘Vemos vivas a personas que han muerto; presenciamos acontecimientos que han sucedido hace muchos afios. Sofiamos que estén ocurtieado simultineamente dos hechos que no pueden en realidad producirse al mismo tiempo. Tampoco hacemos mucho caso a las leyes del espacio. Con toda facilidad nos trasladamos en un ins- tante a cualquier lugar lejano, nos encontramos en dos sitios a la vez, unimos dos personas en una o cambia- mos repentinamente una persona en otra. Somos, en nuestros suefios, creadores de un mundo en el que el tiempo y el espacio, que limitan todas las actividades de nuestro cuerpo, carecen de poder. Oura cosa rara de los suefios es que pensamos en hechos y personas en los que hace afios no pensiba- mos, y que, estando despiertos, jamis recordariamos. De pronto aparecen en el suesio como #i hubiésemoe pensado en ellos muchas veces. Parece que cuando dormimos abrimos un amplio depésito de experiencias y recuerdos, cuya existencia ignoramos cuando esta- mos despicrtos. Pese a todas esas extrafizs caracteristicas, mientras dormimos nuestros suefios son para nosotros muy rea- les; tan reales como cualquier suceso que ocurra en la vida diatia, No hay «como siv en los suefios. El suetio. es un hecho real, actual; tanto que nos induce a plan- tearnos dos preguntas: Qué es la realidad? ¢Cémo sabemos que lo que sofiamos es irreal y que lo que nos ocurre en la vida diaria es real? Un poeta chino express esta duda con mucho acierto: «Anoche sofié que era ‘una mariposa, y ahora no sé si soy un hombre que ha 18 EL LENGUAJE OLVIDADO sofiado que era una mariposa, una mariposa que esté ahora sofiando que es un hombres. Todas esas vividas y excitantes experiencias noctur- nas no solo desaparecen cuando despertamos, sino que nos resulta muy dificil recordarlas. La mayor parte de ellas simplemente las olvidamos, hasta tal punto que ni siquiera recordamos haber vivido en ese otro mun- do. Algunas las recordamos débilmente en el instante en que despertamos, pero segundos después se nos escapan irremediablemente. Pero hay otras que recor- damos, y es de esas de las que hablamos cuando deci- mos: «Tuve un suefior. Es como si amistosa o inamis- tosamente nos visitasen espiritus, que al romper el alba desaparecen de golpe; nosotros apenas si recordarnos su visita y la intensa actividad que desarrollamos con ellos. Mis asombrosa que todas esas circunstancias es quiz la similitud que existe entre los productos de nuestra actividad creadora desarrollada durante el sue- iio y la mas antigua de las creaciones del hombre: los mitos. En realidad los mitos no nos maravillan mucho. Cuando se hacen respetables por formar parte de nues- tra religi6n, les concedemos una atencién convencional, superficial, como integrantes de una venerable tradi- cién; cuando no contienen esa autoridad tradicional, los consideramos como expresiones infantiles del pen samiento humano anterior a su esclarecimiento por la ciencia, De una manera u otra, ignorados, despreciados o respetados, juzgamos que los mitos pertenecen a un INTRODUCCION 19 mundo totalmente ajeno a nuestra mentalidad. Queda, no obstante, en pie el hecho de que muchos de nuestros suefios son, tanto en su tone como en su contenido, similares a los mitos, y nosotros, que los consideramos extraiios y remotos cuando estamos despiertos, posee- mos la capacidad de crear esos productos semejantes a los mitos cuando estamos durmiendo. En los mitos, ademés, ocurren acontecimientos dra- miticos que son imposibles en un mundo regido por las leyes del tiempo y el espacio: el héroe abandona su ho- gar y su patria para ir a salvar el mundo, o rehtiye su misiény vive en el vientre de un gran pez; muere y nace de nuevo, o el pajaro mitico es quemado y emerge de sus cenizas més hermoso que antes. Claro que pueblos diferentes crean mitos distintos, lo mismo que diferentes personas suefian distintos sue ios. Pero a pesar de las diferencias, todos los mitos y todos los suefios tienen algo en comtin, y es que todos ellos son es expresar el sentimiento en los conceptos légicos «de la vida despierta». Ea la vida durmiente no hay «como siv; la persona estd presente. En las paginas precedentes hemos tratado de des- cribir la indole del suetio y de extraer de la descripcion ciertas conclusiones relativas a las propiedades de la actividad onirica. Vamos a estudiar ahora un elemento especifico de las caracteristicas del suefio, muy impor- tante para comprender los procesos oniticos. Hemos dicho que cuando dormimos no nos ocupamos en el manejo del mundo exterior. No lo percibimos ni ejer- cemos influencia sobre él, ni estamos sometidos a la que el mundo exterior ejerce sobre nosotros. De ahi se sigue que el efecto de esta separacién de la realidad de- pende de la calidad de la realidad misma. Si la influen- cia del mundo exterior es esencialmente beneficiosa, su ausencia durante el suefio tender a disminuir el valor de nuestra actividad onirica, haciéndola inferior a las actividades mentales que desarrollamos durante el dia, cuando estamos expuestos ala beneficiosa influencia de la realidad ambiente. ¢Pero debemos suponer gue la influencia de la rea~ lidad es exclusivamente beneficiosa? No podria ser también perjudicial y que, por consiguiente, su ausen- 50 EL LENGUAJE OLVIDADO cia tienda a producir valores superiores a los que po- seemos cuando estamos despiertos? Al hablar de la realidad exterior a nosotros, no nos referimos principalmente al mundo de la naturaleza. La naturaleza como tal no es buena ni mala. Puede ser para nosotros itl o peligrosa, y la ausencia de percep- cin de ello nos alivia, en realidad, de la tarea de nues- tros esfuerzos para dominarla o para defendernos de ella; pero no nos hace ni més tontos ni més sabios, ni mejores ni peores. Otra cosa muy distinta es el mun- do hecho por el hombre, la cultura en que vivimos. El efecto que ejerce sobre nosotros es completamente in- cierto, aunque nosotros estamos predispuestos a supo- ner que es totalmente beneficioso. La evidencia de que esa influencia cultural es bene- ficiosa parece en verdad casi abrumadora. Lo que nos distingue del mundo de los animales es nuestra capaci dad para crear cultura. Lo que distingue las etapas su- periores del desarrollo humano de las inferiores es la variacién del nivel cultural. El elemento mas elemen- tal de la cultura, el lenguaje, es la condicién previa para cualquier realizacién humana, Se ha dicho con raz6n que el hombre es un animal creador de simbolos, porque si no fuera por nuestra capacidad para hablar, no podriamos llamarnos seres humanos. Pero todas las. dems funciones humanas también dependen de nues- tro contacto con el mundo exterior. Aprendemos a pensar observando a los demés y aleccionados por ellos. Desarrollamos nuestras facultades sentimentales, imtelectuales y artisticas bajo la influencia de nuestro NATURALEZA DE LOS SUEROS 51 contacto con el caudal de conocimientos y de creacio- nes artisticas acumulado por la sociedad. Aprendemos amar y apreocuparnos por los demés mediante el con- tacto con ellos, y aprendemos a refrenar nuestros im- pulsos de hostilidad y egoismo con el amo, por lo me- nos, con el temor, alos demas. 4Noes, entonees, la realidad externa creada por el hombre el factor mas importante para el desarrollo de lo mejor que tenemos, y no debemos suponer que cuando estamos privados del contacto con el mundo exterior regresamos temporalmente a.un estado mental primitivo, animal, irrazonable? Se pueden decir mu- chas cosas en abono de esa hipétesis, y el concepto de que esa regresi6n es el rasgo fundamental del estado del suefio, y por consiguiente de la actividad onirica, ha sido sustentado por muchos estudiosos de los sucfios, desde Plata hasta Freud. Segin ese punto de vista, los suefios serfan las manifestaciones de nuestros impul- s08 irracionales, primitivos; y el hecho de que olvide- mos con tanta facilidad los suefios se explica en gran medida por la vergiienza que nos producen esas ten- dencias irracionales y crimindles reveladas cuando no nos hallamos bajo la fiscalizacién de la sociedad. Indu- dablemente esa interpretacién de los sueiios es exacta, yen seguida volveremos a ella y daremos algunos ejemplos. Pero la cuestidn es saber si es exclusivamente exacta 0 silos elementos negativos de la influencia so- cial explicarian el hecho paraddjico de que no solo somos menos razonables y menos decentes en los suefios sino que también somos mas inteligentes, mds sabios y 52 EL LENGUAJE OLVIDADO. més justos cuando estamos durmiendo que cuando es tamos despiertos Lacultura ejerce, verdaderamente, en nuestras fun= ciones morales ¢ intelectuales, una influencia no sola- mente beneficiosa sino también perjudicial, Los seres humanos dependen unos de otros, se necesitan unos a otros. Pero la historia de la humanidad se ha visto in- fluida hasta ahora por un solo hecho: el de que la pro- duccién material no es suficiente para satisfacer las necesidades legitimas de todos los hombres. La mesa estaba puesta solo para unos cuantos de los muchos que querfan sentarse a comer. Los més fuertes trataban de asegurarse un sitio, o sea, de evitar que se sentaran otros. Si hubiesen amado a sus hermanos como lo pos- tulaban Buda, los profetaso Jestis, habrian compartido con ellos el pan, en lugar de comer carne y beber vino sin ellos. Pero, aunque el amor es la conquista mas alta y més dificil del género humano, no desacredita al hombre el hecho de que aquellos que podian sentarse a a mesa.a gozar de las cosas buenas de la vida no quisie- Fan compartir su suerte con nadie, y se vieran por lo tanto obligados a buscar poder para imponerse sobre los que amenazaban sus privilegios. Ese poder era a menudo el poder del conquistador, el poder fisico que forzaba a la mayorfa a conformarse con su destino. Pero el poder fisico no siempre se podia obtener, 0 no era suficiente. Habia que dominar los cerebros para que la gente se abstuviera de usar los pufios. La fiscali zaciGn del pensamiento y de los sentimientos fue un factor necesario para que la minoria pudiera retener NATURALEZA DE Los suENOS 53 sus privilegios. Solo que en ese proceso la mentalidad de la minoria se deformé tanto como la de la mayors El guardién que vigila al prisionero se vuelve casi tan prisionero como el mismo prisionero. Los «selectos> que tienen que fiscalizar a los que no son «elegidos» se vuelven prisioneros de sus propias tendencias restricti- vas. Yla mente humana, lade gobernadores y goberna- dos, se desvia de su primordial objetivo humano, que es el de sentir y pensar humanamente, usar y desarro- llar los poderes de la razén y delamor que son inheren- tes al hombre y que lo convierten en un invalido cuan- do no se desarrollan ampliamente. En ese proceso de desviacién y deformacién se de- forma el carécter del hombre, Adquieren supremacta objetivos que estan en oposicién con los intereses de su vordadera personalidad humana. Su poder de amar de- clina y se siente compelido a desear la dominacién de Jos demés, Su seguridad interior disminuye y se ve com- pelido a buscar compensacion en una avidez apasiona- da de fama y prestigio. Pierde el sentido de la dignidad y la integridad y se ve obligado a convertirse en una mercancia, y su decoro deriva de su aceptacién en el mercado, desu éxito. Todo esto contribuye a queapren- damos no solo lo que es verdadero, sino tambien lo que es falso;a que no solo averigtiemos lo que es bueno sino que estemos constantemente bajo la influencia de ideas perjudiciales ala vida. Esto se verifica en las tribus primitivas en las que leyes y costumbres estrictas moldean las mentes; pero también se cumple en la sociedad moderna con su pre- 54 EL LENGUAJE OLVIDADO tendida liberacién de ritualismos rigidos. De muchas maneras la difusién de la ensefianza primaria y de los medios de comunicacién popular hicieron que la in- fluencia de los clichés culturales fuera tan efectiva como en las pequeiias y sumamente coartadas culturas tribales. El hombre moderno est expuesto aun «albo- roto» casi incesante, el alboroto de la radio, la televi- sién, los titulares, los anuncios, el cine, los que en su mayoria nos embrutecen en lugar de aclararnos las ideas. Estamos expuestos al influjo de mentiras racio- nalizantes disfrazadas de verdades, de simples tonte- rias disfrazadas con el ropaje del sentido comin o de la sabiduria superior del especialista, del doble sentido, la pereza intelectual o la deshonestidad que habla en nombre del «honor» o del «realismo», segtin el caso Nos sentimos superiores a la supersticién de las gene~ raciones anteriores y de las llamadas culturas primiti- vas, y estamos continuamente atormentados por la mis ma clase de creencia supersticiosa que se erige a si misma en novisimo descubrimiento cientifico. ¢Es, en- tonces, sorprendente que estar despiertos no sea tinica- mente una bendicién sino también una maldicién? gEs sorprendente que cuando dormimos, cuando estamos solos con nosotros mismos, cuando podemos mirar~ nos por dentro sin que nos fastidien el alboroto y Ia necedad que nos rodean durante el dia, seamos mas capaces de experimentar y concebir nuestros més sin- ceros y valiosos sentimientos y pensamientos? Esta es, pues, la conclusién a que llegamos: el esta- do del suefio tiene una funcién ambigua. La falta de NATURALEZA DE Los sUENOS 55 contacto con la cultura provoca la aparicién de lo peor y también de lo mejor que tenemos; por consiguiente cuando sofiamos podemos ser menos inteligentes, me- nos sabios y menos decentes, pero también podemos ser mejores y més cuerdos que cuando estamos des- piertos. ‘Al llegar a este punto nos enfrentamos a un proble- ma dificil: goémo se hace para determinar si un suefio es la expresién de nuestra parte buena o de nuestra parte mala? Hay algtin principio que pueda servir de guia? Para contestar estas preguntas debemos abandonar el plano mas o menos general de nuestra exposicion y tratar de obtener una nocién més amplia a través de la presentaci6n de una serie de ejemplos concretos de suefios. El siguiente suefio fue descrito por un seior que habia conocido a «una persona muy importante» el dia anterior al suefio. La mencionada persona tenia fama de ser un hombre ilustrado y amable, y el sefior habia ido a verlo Ievando consigo la impresidn de lo que todo el mundo decfa acerca del personaje. Se retiré mas © menos una hora después, con la sensacién de que habia conocido aun gran hombre, atento y amable. Veo al sefior X [el importante personaje}; su rostro tiene una expresin muy distinta de la que presentaba ayer. Veo una boca cruel y un rostro severo. El sefior X cuenta a alguien risuefiamente que acaba de engafiar a una pobre viuda sacandole los tiltimos centavos que te- nia. Siento repugnancia. 56 EL LENGUAJE OLVIDADO. Al pedirle que dijera qué se le ocurria con respecto al suefio, el hombre declaré que recordaba haber expe- rimentado una fugaz sensacién de desencanto cuando entré en la oficina y vio la cara del sefior X por primera vez; esa impresién, sin embargo, desaparecié no bien el sefior X inicié una atrayente y amistosa conversacién, éQué entendemos en este suefio? 2Envidiaré el hombre la fama del sefior X, y por eso no simpatiza con él? En tal caso el sueio seria la expresidn del odio irracional que albergaba su autor sin saberlo. Pero el caso al que me estoy refiriendo era distinto. En entre- vistas posteriores, después de que sus suefios lo pusie- ron en conocimiento de sus sospechas, nuestro hom- bre observé cuidadosamente al sefior X y descubrid en 4l una caracterfstica de crueldad que habia advertido Por primera vez en el suefio. Su impresién fue corro- borada por los pocos que se animaban a poner en duda laopinion de la mayoria sobre las excelentes cualidades deX. ¥ fue confirmada por ciertos hechos de la vida de X que no eran de ningiin modo tan brutales como el del suefio, pero que revelaban no obstante un espiritu similar, Vemos, entonces, que la capacidad de apreciacién del caracter de X por parte del hombre era mucho més aguda cuando este dormfa que cuando estaba despier- to, El «alboroto» de la opinién publica, que insistia en que X era un hombre excelente, le habia impedido to- mar conocimiento de la impresi6n critica que X Ie ha- bfa producido cuando lo vio. Solo después de! suenio pudo recordar el fragmentario segundo de duda y des- NATURALEZA DE LOS suENOS 57 confianza que habia sentido. En estado de reposo, a cubierto del «alboroto» y en condiciones de encontrar- se a solas consigo mismo y con sus sentimientos e im- presiones, pudo emitir un juicio que fue mis acertado y exacto que el de su estado de vigilia. Este suefio, como cualquier otro, solo podemos de- terminar si es una expresion de pasiones irracionales 0 de la raz6n, analizando la personalidad del que lo ha sofiado, su estado de énimo en el momento de entre- garse al suefio y todos los detalles que poseamos sobre los aspectos reales de la situacién con la que ha soviado. En el caso presente nuestra interpretacion es corrobo- rada por una cierta cantidad de factores. El hombre pudo recordar su fugaz impresién inicial de desagrado; no tenia ninguna razén para abrigar sentimientos hos- tiles hacia X, ni los abrigaba; los datos dela vida de X y otras observaciones posteriores confirmaron la impre- sién que el durmiente habia recibido en el suefio. En ausencia de todos estos factores, nuestra intezpretacién hubiera sido diferente. Por ejemplo, si fuera propen- so a envidiar a las personas farnosas, si no hubiese ha- Ilado en X nada que corroborase el juicio del sueio, si no recordara la sensaci6n de disgusto que recibié cuan- do lo vio por primera vez, nos inclinarlamos a suponer que el suefio no era una expresién de perspicacia inte- rior sino de odio irracional. La perspicacia tiene un parentesco muy {ntimo con la prediccién. Predecir significa inferir el curso de los acontecimientos futuros de la direcci6n e intensidad de las fuerzas que vemos actuando en el presente. Todo 58 EL LENGUAJE OLVIDADO conocimiento completo, no de las cosas superficiales, sino de las fuerzas que operan debajo de ellas, permite formular predicciones; y toda prediccién, para tener valor, tiene que basarse en esa clase de conocimiento. Por eso. menudo predecimos derivaciones y aconteci- mientos que luego son ratificados por los hechos. Pres- cindiendo completamente del problema de la telepatia, muchos suefios en los que el durmiente prevé aconte- cimientos futuros caen dentro de la categoria de las predicciones racionales que acabamos de definir. Uno de los sueiios de prediccién mas antiguos es el de José: Y José sofid un suefio, y se lo conté a sus hermanos; y lo odiaron atin mis. Y él les dijo: «Oid, os lo ruego, este suefio que he sofiado: he aqui que atabamos gavi- las en el campo y he aqui que mi gavilla se levanté y quedose erguida, y he aqui que vuestras gavillas la ro- dearon y se inclinaron ante mi gavilla». Y le dijeron sus hermanos: «Habris de reinar sobre nosotros o habris de dominar sobre nosotros?>. Y lo odiaron atin més a causa de sus suefios y de sus palabras. ‘Y sofié otro sueio més, y lo conté asus hermanos, y dijo: «Hie aqui que he sonado otro suefo, y he aqui que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban ante mi». Y lo cont6 a su padre y a sus hermanos; y su padre lo reprendié, y le dijo: «Qué suefio es ese que has sofiado? @Habremos de venir yo y tu madre y tus hermanos a inclinarnos ante ti hasta el suelo?». Y sus hermanos lo envidiaron, y el padre aguardaba lo dicho. NATURALEZA DE LOS SUESOS 59 Este relato del Antiguo Testamento nos presenta un momento en el que los suefios todavfa eran entendidos inmediatamente por los «legos, en el que atin no habia que recurrir a la ayuda de un experto en interpretacién de suefios para entender un suefo relativamente senci- Ilo, (La historia de los suefios del faraén demuestra que para entender un suefio més dificil hacia falta un exper- to; los intérpretes de suefios de la corte no supieron entender los suefios del monarca y hubo que llamar a José.) Los hermanos entendieron inmediatamente que el suefio expresaba la fantasia de José de que algin dia seria superior a su padre y a sus hermanos y que ellos tendrfan que rendirle reverencia. Indudablemente el suelo expresaba la ambici6n de José, sin la cual pro- bablemente no habria alcanzado Ia alta posicién que conquistd. Pero el suefio se cumplid, y no solo fue una expresién de ambiciones irracionales, sino también tuna prediccién de acontecimientos que realmente ocu- rrieron, ¢Cémo pudo José hacer esa prediccién? La historia de su vida en el relato biblico revela que n0 solamente fue un hombre ambicioso, sino también un hombre de talento excepcional. En su suefio advirtis sus dones extraordinarios mejor que en su estado de vigilia, en el que estaba influido por el hecho de que era el menor y el mas débil de todos sus hermanos. Su sue- fio es una mezcla de su apasionada ambicién con una capacidad de percepcién intima de sus facultades sin la cual su suefio no podria haberse cumplido. Otra clase distinta de prediccién es la que ocurre en el sueiio siguiente: A se entrevista con B para discutir 60 EL LENGUAJE OLVIDADO. una futura asociacién comercial, se siente favorable mente impresionado y decide tomar a B como socio. A la noche siguiente tiene este suefio: Veo a B en la offcina, repasando los libros y enmen- dando los mimeros para disimular un desfalco suyo de grandes sumas de dinero. A despierta, y como esté acostumbrado a prestar atencidn a los suetios, se siente intrigado. Convencido de que los suetios son siempre la expresi6n de nuestros deseos irracionales, se dice que su suefio expresa su hostilidad y su tendencia a competir con los demés, y que su hostilidad y suspicacia lo condujeron ala fanta- sia de que B era un ladr6n. Interpretado de ese modo el suefio, se despreocupa tratando de librarse de sus sos- pechas irracionales, Comienza a trabajar en sociedad con B, pero ocurren una serie de incidentes que renue- van sus recelos. A recuerda entonces su suefio y su interpretacién, y convencido de que se encuentra de nuevo bajo la influencia de sospechas y sentimientos de hostilidad irracionales, decide no prestar atencién a aquellos detalles que le habfan provocado los recelos. Un afio después descubre que B desfalcs grandes su- mas de dinero disimulando la malversacién con falsos asientos en los libros. Su sueiio se habia cumplido casi al pie de laletra. El anilisis de las asociaciones de A revelé que su suefio habia expresado una visién de caracter intimo de B que A hab/a obtenido en el primer encuentro pero NATURALEZA DE Los suxios 61 dle la que no se habia enterado estando despierto. Unade esas numerosas y complejas observaciones que sole- nos hacer en una fracci6n de segundo acerca de otras personas sin que tomemos conocimiento de nuestro propio proceso mental, habia advertido a A de que B un hombre deshonesto. Pero como no habia «prue- bas» que abonaran esa opinién y como los modales de 1 impedian que la mentalidad consciente de A creyera ers la deshonestidad de B, A rep:imié completamente la idea, 0 mejor atin, no la asimilé estando despierto. En suecfios, en cambio, tuvo la clara nocién de su sospecha y si hubiese atendido su autocomunicacién habria po- ido ahorrarse muchos disgustos. Su conviccién de que los suefios son siempre la expresién de nuestras lantasias y deseos irracionales hizo que descifrara mal su sueiio y otros hechos que observé posteriormente. Un suefio que expresa un juicio moral es el del es- critor al que le habian ofrecido un puesto mucho me- jor remunerado que el de su empleo actual pero en el que se veria obligado a escribir opiniones que no com- partia y a quebrantar su integridad personal. La oferta, no obstante, era tan tentadora en lo que a dinero y prestigio se referia, que el hombre vacil6 en rechazarla. Repitié todos los razonamientos tipicos que casi todo el mundo suele formularse en casos similares. Discu- rrid que, después de todo, estaba viendo la situacion algo recargada de tintas, y que las concesiones que se veria obligado a hacer eran de menor impostancia. Ademis, aunque no pudiera escribir como quisiera, seria solamente por unos afios. Luego renunciaria al 62 EL LENGUAJE OLVIDADO empleo; pero para ese entonces habria reunido sufi- ciente dinero y seria completamente independiente y libre de realizar la obra que tenia sentido para él. Pensé en sus amigos y familiares y en lo que podria hacer por ellos. Se presentaba el problema de tal manera que aceptar el puesto era casi una obligacién moral, en tan- to que rechazarlo seria la expresién de una actitud ego- tista, de autocondescendencia. Sin embargo, ninguna de esas razones lograba convencerlo; siguié dudando, incapaz de decidirse, hasta que una noche tuvo el si- guiente suefio: Yo estaba en mi automévil al pie de una alta monta- fia, de donde partia, dirigiéndose a la cima, un camino angosto y sumamente empinado. Vacilaba en subir, porque el camino parecia muy peligroso. Pero un hom- bre que estaba junto al coche me dijo que subiera sin temor. Yo le hice caso, decidt seguir su consejo. Co- mencé a subir, pero el camino se iba haciendo cada vez més peligroso. ¥ no podia detenerme, porque no habia forma de dar la vuelta para volver atris. Cuando estaba cerca de la cima, el motor se ataseé, los frenos no fun- cionaron, el coche pegé una voltereta y se lanz6 a un precipicio. Desperté aterrorizado. Espreciso anotar aqui una asociacién para entender mejor el suefio. Segiin el escritor, el hombre que lo ha- bia animado a subir era un ex amigo suyo, un pintor que «se habia vendido», se habia convertido en un re- tratista de moda y habia hecho mucho dinero, pero al NATURALEZA DE LOS SUEROS 63 mismo tiempo habia dejado de ser un artista creador. Ulescritor sabia que a pesar de su buen éxito su amigo no estaba satisfecho y sufria por haberse traicionado a si mismo. No es dificil entender el suefio. El camino empinado por el que el hombre tenia que subir es la expresin simbélica de la fructifera carrera que debia resolverse a tomar o rechazar. En el suefio sabe que se trata de una senda peligrosa; conoce el hecho de que si ‘icepta el ofrecimiento hard exactamente lo mismo que hizo su amigo, algo por lo que lo habia despreciado rompiendo su amistad con él. En el suefio sabe que su decisién afirmativa solo podré conducirlo a su destruc- cin. En la imagen onirica la destruccién se refiere a su ser fisico, que simboliza al ser intelectual y espiritual cn peligro de ser destruido. El sujeto vio claramente ea cl suefio el problema ético y percibié que su opcién era entre el «éxito», por tuna parte, y la integridad y la dicha por la otra. Percibié cual serfa su destino si elegia mal, En estado de vigilia no advertfa claramente la alternativa. Estaba tan impre- sionado por el «alboroto» que proclamaba la estupi- dez de rechazar una oportunidad para aumentar el cau~ lal de dinero, poder y prestigio, estaba tan influido por las voces que afirmaban la puerilidad y la falta de saga- cidad de ser «idealista», que cay6 en las tantas raciona- lizaciones empleadas cominmente para ahogar la vox de la conciencia. En este caso al sujeto, consciente de que a menudo sabemos més durante el reposo que en la Vida despierta, experimenté a causa del suefio una s2- cudida suficientemente fuerte como para que se disipa- ot EL LENGUAJE OLVIDADO rala niebla de su mente, pudo ver claramente la alter- nativa y se resolvié en favor de su integridad y en contra de la tentacién autodestructora. En nuestros suefios no solo se producen perspica- ces apreciaciones internas de nuestras relaciones con los demas, o de las relaciones de los demas con noso- tros, estimaciones de valores y predicciones, sino también operaciones intelectuales superiores a las que realizamos estando despiertos. Lo cual no es sorpren- dente, ya que el pensamiento penetrante requiere una concentracién de la que a menudo nos vemos priva- dos en estado de vigilia, mientras que el estado de re- oso conduce a la concentraci6n. El ejemplo mas co- nocido de esta clase de suefios es el del descubridor de Ja cadena bencinica. Durante mucho tiempo habia es- tado buscando la f6rmula quimica de la bencina, hasta que una noche la vio en un suefio. Tuvo la suerte de recordarla después de despertar, Hay numerosos ejemplos de personas que buscan la solucién de un problema de mateméticas, ingenieria o filosofia, o de algin problema préctico, y de pronto suefian la solu- cién con perfecta claridad. A veces se encuentran en los suefios consideracio- nes intelectuales excesivamente complicadas. El sueio siguiente es un ejemplo de un proceso ontrico de esa clase, aunque involucra al mismo tiempo un elemento muy personal. El sujeto es una mujer inteligente, y este es su suciio: NATURALBZA DE LOS SUBROS 65 Via una gata y muchos ratones. Y pensé en pre- guntara la mafiana siguiente mi esposo por qué cien ratones no eran mis fuertes que un solo gato, y por qué no podian dominarlo. Conocia de antemano su respuesta; me dirfa que era igual que el hist6rico pro- blema de los dictadores, que gobiernan a millones de personas sin que estas los dertiben. Sabia, no obstan- te, que se trataba de una cuestién capciosa, y que su respuesta era errdnea. A la mafiana siguiente relaté a su marido la primera parte del suefio. Y le pregunté: - Qué significa mi suefio de que los cien ratones no podfan derrotar a una sola gata? E] esposo le dio inmediatamente la respuesta que ella habfa previsto en el suefic. Dos dias mas tarde la mujer recité a su marido un pequefio poema que habia compuesto. Trataba de una gata negra que se encontra- ba en un campo cubierto de nieve, rodeada de centena- res de ratones, Los ratones se refan de la gata porque, siendo negra, destacaba claramante en la nieve, y la gata deseaba ser blanca para no ser visible. Uno de los ver- sos del poema decia: «Y ahora comprendo lo que ano- che me extrafiaba». Alleer el poema a su esposo, la mujer no advertia la relacién que tenfa con su suefio, Su marido la miré y le jo: —El poema te da la explicacién del suefio. Ti te identificaste no con los ratones, como yo habia pensa- do, sino con la gata; y en tu suefio te sentiste orgullo- 66 EL LENGUAJE OLVIDADO sa de que cien ratones no pudieran derrotarte, Pero al mismo tiempo expresabas un sentimiento de humilla- cién antela idea de que esos pobres ratones, frente alos ‘cuales te sentias tan superior, se reirfan de ti site vieran claramente, (A Ja mujer le gustan los gatos y siente simpatia y afinidad con ellos.) Iv FREUD Y JUNG Mi definicién de que los suefios son las actividades mentales de cualquier clase, producidas cuando dormi- mos, aunque se basa en la teorfa freudiana de los sue- fios, esta de muchas maneras en agudo contraste con cla. Mi hipétesis es que los suefios pueden ser la expre- én de las funciones mentales més bajas e irracionales y también de las mas clevadas y valiosas. Freud supone que los suefios son siempre, necesariamente, la expre- sidn de la parte irracional de nuestra personalidad. Tra- taré de demostrar més adelante que las tres teorfas, de que los suefios son productos exclusivamente irracio- nales, de que son productos exclusivamente racionales y de que son ambas cosas, se pueden encontrar en la més remota historia de la interpretacién de los suefios. Considerando que la interpretacién de los suefios de Freud es el comienzo y es la contribucién mas conoci- day més importante a la moderna ciencia de la inter- pretacién de los suefios, empezaré con una deseripcién y un andlisis de la interpretaci6n freudiana antes de presentar la historia de aquellas tres teorfas anteriores a Freud. 68 EL LENGUAJE OLVIDADO. La interpretacién de los suefios de Freud se basa en el mismo principio que fundamenta toda su teoria psi- colégica: el concepto de que puede haber impulsos, sentimientos y deseos que motiven nuestros actos sin que tengamos conocimiento de ellos. Freud llama a esos impulsos «inconscientes», y con eso quiere decir no solamente que no los conocemos sino también que una poderosa «censura> nos evita que los conozcamos. Por numerosas razones, la més importante de las cua- les es el miedo de perder la aprobacién de nuestros padres y amigos, reprimimos esos impulsos, cuyo co- nocimiento nos harfa sentirnos culpables 0 temerosos de ser castigados, Pero la represidn de es0s impulsos y su eliminacién del campo de nuestro conocimiento no significa que dejen de existr. Por el contrario, siguen existiendo pederosamente, y encuentran numerosas formas de expresién; pero lo hacen de tal modo que no nos damos cuenta de que han regresado entrando de contrabando. Nuestro aparato consciente cree que se ha librado de esos deseos y sentimientos indescables y se horroriza ante la idea de que puedan estar de nuevo dentro de nosotros; por eso cuando regresan y revelan su presencia aparecen deformados y disfrazados de tal forma que nuestra mentalidad consciente no los re~ conoce. De este modo explicé rreud los sintomes neurdti- cos. Supuso que esos poderosos impulsos impedidos por la «censura» para hacerse conscientes, encuentran su expresién en los sintomas, pero disfrazados de tal modo que solo entramos en conocimiento de los sufri- FREUD ¥ JUNG 6 snientos causados por los sintomas y no de la satisfac- tigndelosimpulsosirracionales. Deestamanera, Freud iWentificé por primera vez los sintomas neurdticos como algo determinado por fuerzas que se encuentran dentro de nuestro ser, y como algo que tiene significa- do cuando se posee la clave para entenderlos. Un ejemplo ilustraré mejor este punto. Una mujer sc queja de que siente constantemente un apremio que |a obliga a lavarse las manos cada vez que toca algo. Iisa compulsion, como es natural, se convierte en. un sintoma sumamente penoso, porque trastorna sus ac- \ividadesy la hace completamente desdichada. La mu- jerno sabe a qué se debe. Lo dinico que puede decir es qque siente una intolerable ansiedad cuando trata de tesistirla, El mismo hecho de que se vea obligada a bedecer un impullso que se aduefia de su ser sin saber por qué, aumenta su desdicha. Analizando sus fanta- sias y sus asociaciones libres, se descubre que la pa- ciente lidia con un intenso sentimiento de hostilidad. {El sintoma comienza, en realidad, cuando el marido la dejabrusca y cruelmente para iniciar un episodio amo- roso con otra mujer. La paciente siempre ha dependi- do de su esposo y jamds se permitié criticarlo o contra- decitlo, Ni siquiera cuando le anuncié su propésito de sbandonarla; casi no pronunci6 palabra, no le repro- ‘ché nada, no lo acus6, no se enoj6. Pero en ese mo- mento el sintoma comenz6 a hacer presa de ella. Pos- teriores andlisis revelaron quela joven habia tenido un padre eruel y dominador, al que temia y a quien jamés Se habia atrevido a demostrar enojo 0 reconvencién. 70 EL LENGUAJE OLVIDADO ‘También puso de manifiesto el anilisis que su manse~ dumbre y su sumisién no indicaban ausencia de ira. Al contrario, debajo de su conducta manifiesta se habia acumulado la ira; una ira que se expresaba solamen- teen fantasias, como, por ejemplo, la de ver a su padre muerto, asesinado 0 invilido. Su odio y su deseo de venganza se fueron haciendo cada vez més intensos, pero el temor y las exigencias de su conciencia la for- zaban a reprimir casi completamente sus deseos. La conducta de su esposo hacia ella revivié su ira arrinco- nada y le afiadié mas combustible. Pero siguié sin po- der manifestarla; ni siquiera sentirla. Si hubiese tenido conciencia de su hostilidad, habria sentido impulsos de mataz,o por lo menos, de lesionar a su marido, y los sintomas neuréticos quizé no habrian aparecido. En cambio, la hostilidad actuaba dentro de ella sin que ella lo supiera. Aquel sintoma de la mujer era una reaccién a su hostilidad. Inconscientemente, el acto de tocar un ob- jeto se convertia en un acto de destruccién; tenia, por Io tanto, que lavarse las manos, para depurarse del acto destructor que acababa de cometer. Como si tuviera sangre en las manos, y tuviera que lavarse una y otra vez. La exigencia de lavarse era la reacci6n al impulso hostil, una tentativa de reparar el crimen cometidos pero la mujer solo tenfa conciencia de su necesidad de lavarselas manos, y no de las razones que la impelian a hacerlo. Solo penetrando en el sector inconsciente de su personalidad, donde su conducta aparentemente in- sensata hundia sus raices, se pudo apreciar que el sinto- FREUD Y JUNG a tna, que parecia un acto sin sentido, era una activud siyuificativa, El hecho de lavarse las manos era una transaccién que le permitia superar su ira, aunque in- conscientemente, y expurgarse de culpa mediante la eremonia del lavado. I descubrimiento de la comprensién de los proce- sos inconscientes condujo a Freud a otro hallazgo, que hhizo la luz en la conducta normal. Le permitié explicar Jos actos fallidos, como los olvidos y las equivocacio- ines, que habian intrigado a muchos observadores y para los cuales nadie haba encontrado explicacién. To- dos conocemos el fenémeno de no ser capaces de re- pente de recordar un nombre. Si bien es cierto que ese {enémeno puede responder a numerosas causas, Freud descubrié que a menudo debia buscarse la explicacién nel hecho de que hay en nosotros algo que nos impide pensar en el nombre olvidado porque esté asociado con el miedo, el enojo u otra emocién similar; y de que nuestro deseo de desvincularnos de la impresién dolo- rosa nos lleva a olvidar el nombre que se asocia con ella, Como dijera Nietzsche: «Mi memoria me dice que hhice tal cosa; mi orgullo me dice que no pude haberla hhecho.Mi memoria lo acepta». = a el El motivo de las equivocaciones no es imprescin blemente un sentimiento de miedo o de culpa. Cuando un hombre se encuentra con otro y en lugar del «Bue nas tardes» se le escapa un «Adiés», no ha hecho més, que expresar sus verdaderos sentimientos, su deseo de separarse inmediatamente de la persona con la que aca- ba de encontrarse, o de no haberse encontrado con ella. 72 EL LENGUAJE OLVIDADO Por razones convencionales no puede manifestar 1o que siente, pero su antipatia se manifiesta, por asi de- cirlo, sola, sin su permiso. Le pone en la boca las pala- bras que expresan sus verdaderos sentimientos, mien- tras él, conscientemente, tiende a decir ala otra persona el placer que le ha causado su encuentro. Los suefios son otra fase de la conducta que Freud considera como expresién de impulsos inconscientes. Supone que, como en el sintoma neurético del error, el suefio es la expresién de aquellos impulsos inconscien- tes de los que nos prohibimos a nosotros mismos to- mar conocimiento y que por lo tanto mantenemos alejados de la concieneia cuando estamos en pleno do- minio de nuestro pensamiento. Esas ideas y esos senti mientos reprimidos cobran vida y se manifiestan cuan- do dormimos, y nosotros los llamamos «suctios~. Deeste concepto general de los suefios derivan una serie de suposiciones mas especificas, Las fuerzas motivadoras de nuestra vida onirica son nuestros deseos irracionales. Durante el reposo revi- ven impulsos cuya existencia no queremos 0 no nos animamos a reconocer cuando estamos despiertos. E] odio, la ambicién, los celos y la envidia irracionales, y particularmente los deseos sexuales perversos o inces- tuosos, que excluimos de la conciencia, encuentran ex- presién en los suefios. Freud afirma que todos tenemos en el fondo de nuestro ser esos deseos irracionales, que los hemos reprimido por exigencias de a sociedad pero de los cuales no podemos librarnos completamente. Durante el reposo la fiscalizacion de nuestra concien- FREUD Y JUNG 73 cia se debilita, y esos deseos aparecen y se hacen oft en los suefios. Freud avanza un paso més. Conecta la teorfa de los suefios con la funcién del reposo. El suefio es una nece- sidad fisiolégica y nuestro organismo tiende a prote- gerlo todo lo que puede. Si sintiéramos esos deseos intensos, irracionales, cuando dormimos, nos pertur- arian y acabarian por despertarnos. De ese modo es- torbarian la necesidad bioldgica de dormir. ¢Qué ha- cemos, entonces, para resguardarnos el reposo? Nos imaginamos que nuestros deseos han sido satisfechos, y en lugar de una perturbadora privacién nos queda un sentimiento de satisfaccién, Freud llega de este modo ala suposicién de que la esencia de los suefios es el cumplimiento alucinatorio de deseos irracionales; su funcién es la de preservar el suefio. Esta explicacién se entiende més fécilmente en los casos en que los deseos no son irracionales y en los que, por consiguiente, los suefios no estan deformados; eso es, segtin Freud, lo que acontece en los suefios co- rrientes. Supongamos que alguien ha comido un plato muy salado antes de irse a dormir, y siente por la noche tuna intensa sed. El hombre suefia que va a buscar agua, que encuentra una fuente y que bebe grandes cantida- dles del fresco y agradable liquido. En lugar de desper- (ary levantarse para satisfacer la sed, se da una satisfac cidn alucinatoria mediantela fantasia de que bebe agua, y continia durmiendo. Todos conocemos esa especie similar de satisfaccién alucinatoria que experimenta- mos cuando suena el despertador; producimos en ese 74 EL LENGUAJE OLVIDADO mismo instante un suefo en el que ofmos las campanas de la iglesia y pensamos que es domingo y no tenemos que levantarnos temprano. También en este caso el suefio ha cumplido la funcién de proteger el reposo. Freud sostiene que esas sencillas realizaciones de de- seos que en si mismos no son irracionales son relativa- mente raras en los adultos, aunque més frecuentes en los nifios, y que en general los suefios no son la realiza~ cidn de esa clase de deseos racionales, sino de los de- seos irracionales que reprimimos durante el dia. Otra de las teorfas que formula Freud sobre la na~ turaleza de los suefios es la de que esos deseos irracio- nales que se ven cumplidos en los suefios tienen sus raices en la infancia, que tuvieron vida cuando éramos nifios, que continuaron luego una existencia subterré~ nea y que cobraron vida en nuestros suefios. Este con- cepto se basa en la teorfa general de Freud sobre la irracionalidad del nifio. Para Freud el nifio tiene muchos impulsos asocia- les. Como carece del vigor fisico y el conocimiento necesario para seguir susimpulsos, resulta inofensivo y no es necesario defenderse de sus perversos designios. Pero si se considera la calidad de sus tendencias y no sus consecuencias practicas, el nifio es un ser asocial y amoral. Esto se verifica en primer lugar en lo que res- pecta a sus impulsos sexuales. Segtin Freud, todos aquellos impulsos sexuales que cuando aparecen en el adulto son llamados «perversiones», forman parte del desarrollo sexual normal del nifio. En el nifio la energia sexual (la libido) se concentra en la boca, luego se rela~ FREUD ¥ JUNG 75. ciona con la defecacién y finalmente se concentra en los genitales. El nifio posee intensos impulsos sidicos y masoquistas. Es un exhibicionista y también un peque- fio curioso. No tiene capacidad para amar a nadie, es narcisista, se ama si mismo con exclusién de todos los demés. Es intensamente celosoy esté lleno de impulsos destructores contra sus rivales. La vida sexual del nifio © de la nifia esta dominada por tendencias incestuosas. “Tienen un fuerte apego sexual al padre del sexo opues- to y sienten celos y odian al padre del mismo sexo. Pero el temor a las represalias del odiado rival obliga al iiio a refrenar sus deseos incestuosos. Identificdndose con las érdenes y prohibiciones del padre, el nifio do- mina el odio que le tiene y lo reemplaza con el deseo de ser como él. La formacién de la conciencia es la conse- cuencia del «complejo de Edipo». E] cuadro que presenta Freud del nifio es notable- mente similar al de san Agustin. Una de las pruebas principales que ofrece san Agustin de la pecaminosi- dad inherente al hombre es lz depravacién del nifo. Argumenta que el hombre debe ser intrinsecamente perverso desde el momento en que el nifio es perverso antes de que tenga ocasién de aprender la perversidad le los dems y de ser corrompido por los malos ejem- plos. Freud, como san Agustin, no destaca aquellas cualidades del nifio que por lo menos equilibrarian el guadro: su espontaneidad, su capacidad de respuesta, gu delicado discernimiento de las personas, su capaci- (lad para reconocer las actitudes de los demas indepen- ilicntemente de lo que digan, sus incesantes esfuerzos 76 EL LENGUAJE OLVIDADO. fartPenetrar el mundo; en pocas palabras ods aque- Ais cualidades que nos hacen admirar y amar a los ui, Sos y que han creado el concepto de quela posesion de cualidades infantiles por parte del adulto es una de sus ito. Una de ella es que a época victoriana habia crea- lo ls ilusion ola fccisn del nifo winocente», Se nia que careciadetendencias sexualesy detodaclac to , elo censuraras,ysospecharias que de- tras de aquel suefio debia de esconderse algin suceso desagradable, cuya revelacin el hombre trataba de evi- tarse, Haz lo mismo con tu propio caso; tu opinién de aque el sueio es una tomteria solo significa, probable- mente, que hay una resistencia interna oponiéndose a su interpretacidn. No te dejes disuadi Continué, por lo tanto la inuerpretacién. Recuerdo claramente la impresién que me produjo esta segunda profecfa, Era en la época del «ministerio bur- igués»; mi padre habia levado a mi casa, pocos dias atrds, los retratos de los graduados universitarios del ministerio, Herbts, Giskra, Unges, Berger y otros, y nosotros iluminamos la casa en su honor. También ha- bia judfos entre ellos; de modo que todo escolar judio aplicado podia considerar que llevaba una cartera mi- nisterial en su valija. A aquelle impresién se debe indu- dablemente el que hasta hace poco antes de inscribirme en la Universidad quisiera estudiar abogacta; cambié de opinién en el iltimo momento. Los médicos no suelen ser ministros. En lo que respecta al sueiio, solo chora comienzo aver qué me traslada del sombrfo presente a los tiempos optimistas del ministerio burgués, y satis face completamente lo que fue mi ambiei6n juvenil de entonees, Tratando tan mal amis dos apreciables e ilus- trados colegas, solo porque scn judios, juzgando a uno un bobslicén y al otro un criminal, acttio como si fuera 86 EL LENGUAJE OLVIDADO ministro; me he puesto en su lugar. ;Qué venganza he tomado! Su excelencia me niega el nombramiento de profesor extraordinario,y yo en mi suefiolo reemplazo yme pongo en su lugar? La interpretacién de este suefio es un ejemplo exce- lente de la tendencia de Freud a considerar que los im- pulsos irracionales, como la ambici6n, son incompati- bles con la personalidad del adulto y forman parte, por lo tanto, del nifio que el hombre conserva en su ser. El suefio revela claramente la ambicién que dominaba a Freud en la época de su suefio. Pero Freud niega cate- goricamente que pudiese abrigar una aspiracién tan marcada. Y nos da un magnifico ejemplo del proceso de racionalizacién, que él describe tan brillantemente. Su razonamiento es el siguiente: «Si el deseo de ser Ila~ mado con otro titulo (con esta expresidn tiende a deses- timar su verdadera importancia, o sea el prestigio que trae consigo el titulo), fuera realmente tan intenso, probaria la existencia de una ambicién morbosa». ¥ esa ambicién dice que no cree albergarla. Pero aunque los demés lo consideren capaz de poseerla, esa ambicién no podria referirse al titulo de profesor. Y se ve, por consiguiente, obligado a suponer que pertenece a sus deseos infantiles y no a su personalidad actual. Si bien es cierto que los impulsos como la ambicién se desa- rrollan en el cardcter del nifio y tienen sus raices en la primera época de la vida, no es cierto en cambio que estén separados dela personalidad actual. Hablando de tuna persona normal como él, Freud se siente impulsa- FREUD ¥ JUNG 87 do a establecer una distincién categérica entre él y el nifio que lleva dentro. Se debe principalmente a la in- fluencia freudiana el que hoy se considere inexistente esa categérica linea de separacién fronteriza. Se admi- teampliamente que auna persona normal pueden mo- verla toda clase de deseos irracionales, pero que esos deseos son suyos, aunque provengan de sus primeros afios de vida. Hasta ahora hemos expuesto un solo aspecto de la teoria freudiana de los suezios. Los suefios son realizaciones alucinatorias de de- seos irracionales, y particularmente deseos sexuales que se originaron en nuestra temprana infancia y no fueron transformados completamente en formaciones, reactivas o sublimaciones. Esas realizaciones se mani- Giestan cuando la fiscalizacion de nuestra conciencia se halla debilitada, como sucede ea el estado de reposo. $i nos permitiéramos cumplir de forma cabal los deseos irracionales, los suefios no serian tan extrafios y des- concertantes. Pero rara vez sofiamos que cometemos unasesinato, 0 un incesto, o cualquier otro crimensy si lo hacemos, no gozamos con surealizacién. Para expli- car el fendémeno, Freud supone que cuando dormimos también esté medio dormida auestra censura moral. De ese modo pueden introducirse las ideas y las fan- tasias en nuestra conciencia dormida, a la que de otro modo les est completamente prohibida la entrada. Pero la censura solo esta medio dormida; permanece suficientemente despierta para impedir que los pensa- mientos prohibidos hagan su aparicién de forma clara 88 EL LENGUAJE OLVIDADO ¢ inequivoca. La funcién de los suefios es la de preser- var nuestro reposo; luego los deseos irracionales que se presentan en el suciio deben estar disfrazados para en- gafiar a la censura. Lo mismo que los sintomas neuré- ticos, constituyen una transaeci6n entre las fuerzas re primidas del ego y la fuerza represora dela censura que ejerce el superego. Sucede a veces que este mecanismao de alteracién no funciona convenientemente, y nues- tos suefios se hacen demasiado claros para poder des- pistar a la censura; entonces nos despertamos. Freud sostiene, como consecuencia, que la caracteristica prin- cipal del ienguaje onirico es el proceso de encubri- miento y desfiguracién de los deseos irracionales, que nos permite continuar durmiendo tranquilamente. Esta tesis tiene una importante relaci6n con el concep- to freudiano del simbolismo. Freud eree que la funcién, primordial de los simbolos es la de disfrazar y defor- mar los deseos subterrineos. El lenguaje simbélico es concebido como un «cddigo secreto»; la interpretacién de los suefios es la tarea de descifrarlo, La tesis de la naturaleza irracional infantil del con- tenido onirico y dela funcién deformadora de la elabo- racién onirica condujo a un concepto mucho més li- mitado del lenguaje de los suefios que el que yo he sugerido en la exposicién del lenguaje simbdlico. Para Freud el lenguaje simbélico no es un lenguaje que pue- de expresar cualquier clase de sentimientos y pensa- mientos de manera particular; solo expresa ciertos de- seos primitivos instintivos. La enorme mayorfa de los simbolos es de naturaleza sexual. Los genitales mascu- FREUD ¥ JUNG 89 linos son simbolizados por palos, arboles, paraguas, cuchillos, lépices, martillos, aviones y muchos otros objetos que pueden representarlo ya sea por su forma © por su funcién. Los genitales femeninos son repre~ sentados de la misma manera por cuevas, botellas, ca- jas, puertas, estuches, jardines, flores, etcétera. El pla- cer sexual es representado por varias actividades, como las de bailar, cabalgar, trepar, volar. La cada del cabello o de los dientes representan simbélicamente la castra- cidn. Aparte de los elementos sexuales, los simbolos expresan las experiencias fundamentales del nifio. Los padres y las madres son simbolizados como reyes 0 emperadores y como reinas 0 emperatrices; los nifios, como animalitos; la muerte, como un viaje. No obstante, en su interpretacin de los suefios, Freud emplea més los simbolos accidentales que los tuniversales. Sostiene que para interpretar un stiefio es preciso dividirlo en sus distintas partes y suprimir de ese modo su sucesién semildgica. Luego se buscan las asociaciones de cada elemento del suefio y se sustitu- yen las ideas aparecidas en ese praceso de asociacién con las partes que se presentaron en el suefio. Reunien- do los pensamientos hallados por la asociacién libre, se encuentra un nuevo texto que tiene consistencia inter- na y légica y que revela el verdadero significado del sueiio. A este suefio verdadero, que es la expresién de nuestros deseos ocultos, Freud lo llama el «suefio la- tente». La version deformada del sueiio, tal como no- sotros lo recordamos, ¢s el «suefio manifiesto», y el 90 EL LENGUAJE OLVIDADO proceso de deformacién y enmascaramiento es la «cla- boracién del suefio». Los principales mecanismos me- diante los cuales la elaboracién onftica traslada el con- tenido latente del suefio a su forma manifiesta son la condensacién, el desplazamiento y la elaboracién se- candaria. Con la condensaci6n, Freud explica el hecho de que el suefio manifiesto sea mucho més corto que el latente. La condensacién excluye una cantidad de ele- mentos del suefio latente, combina fragmentos de di- versos elementos, y los condensa en un nuevo elemen- to del suefio manifiesto. Si sofiamos con una figura masculina autoritaria a la que tememos, vemos, por ejemplo, en el suefio manifiesto, a un hombre que tiene el cabello como el de nuestro padre y el rostro como el de un maestro despético, y que viste como nuestro patrén. O si sofiamos con un acontecimiento en el que nos sentimos tristes y desdichados, podemos ver, por ejemplo, una casa cuyo techo representa otra casa en la que experimentamos alguna vez la misma sensacién de tristeza y cuya habitacién representa por suforma otra casa relacionada con la misma experiencia sentimental. En el suefio manifiesto ambos elementos se super ponen para formar una misma casa. Estos ejemplos demuestran que solo se condensan para formar una sola figura aquellos elementos que son idénticos, en su contenido sentimental. Dada la naturaleza del lenguaje simbdlico, el proceso de la condensacién es facil de entender. En a realidad externa es importante el hecho de que dos personas 0 dos cosas sean diferentes, pe- ro desde el punto de vista de la realidad interna ese he- FREUD ¥ JUNG 1 cho no tiene ninguna importancia. Lo que interesa es que estén relacionados con la misma experiencia inter- na, y que sean su expresién. Con el desplazamiento explica Freud el hecho de que un elemento del suefio latente, y a menudo un ele- mento muy importante, sea expresado por un elemen- to remoto del suefio manifiesto y generalmente por uno que parece bastante poco importante. Por eso el sueiio manifiesto trata frecuentemente a los elementos realmente importantes como sino tuvieran ningun va~ lor especial, y de ese modo disfraza el verdadero signi- ficado del suefio. Freud llama «elaboracién secundaria» a la parte de la elaboracién onfrica que completa el proceso de en- mascaramiento. Se llenan las lagunas del suefio mani- fiesto y se subsanan las contradieciones, de tal modo que el suefio manifiesto toma lz forma de un episodio logico, concordante, detrés de cuya fachada se oculta la excitante y dramética trama del suefio. Freud menciona otros dos factores que dificultan la comprensién del suefio y se agregan ala funcién de- formadora de la elaboracién onirica. Uno de ellos es el hecho de que los elementos suelen representar exacta- mente lo contrario de lo que son. Estar vestido puede simbolizar la desnudez, ser rico puede representar el hecho de ser pobre y un sentimiento de particular afec- to puede ser figurativo de sentimientos de hostilidad e ira. El otro factor es el hecho de que el sueiio manifies- to no expresa relaciones légicas entre sus diversos elementos. No tiene «pero», «por lo tanto», «porque», 92. EL LENGUAJ# OLVIDADO. «si», expresa esas relaciones logicas con la relacién de las imagenes gréficas. El sujeto suena, por ejemplo, que un hombre se levanta y alza un brazoy en seguida se transforma en una gallina. En el lenguaje de vigilia se expresaria del siguiente modo el significado del pensamiento onfrico: «Da laim- presion de que es fuerte, pero en realidad es débil y co- barde como una gallina». En el suefio manifiesto esa relaci6n se expresa mediante la concatenacién de las dos imagenes. Debemos hacer un importante afiadido a esta breve exposici6n de la teorfa freudiana de los sueftos. El he- cho de que destaque especialmente la naturaleza infan- til del contenido onirico podria hacer creer que Freud encuentra tinicamente la existencia de una relacién en- tre el suefio y el pasado, y no encuentra ningtin lazo importante entre el suefio y el presente. Sin embargo ‘no es asi. Freud sostiene que los suefios son siempre estimulados por acontecimientos presentes, produci- dos generalmente durante el diao la noche anteriores al suefio. Pero son provocados solamente por aquellos acontecimientos que tienen alguna relacién con los primeros impulsos infantiles. La energia con que se genera el suenio depende de la intensidad de la expe- iencia infantil, pero el suefio no se crea si un suceso reciente no hiere la primitiva experiencia permitiendo al suefio hacer su aparicién en ese momento preciso. Unejemplo sencillo servira para aclarar este punto. Un hombre que trabaja a las érdenes de un patrén autori- tario siente un temor inmotivado a su patrén debido FREUD ¥ JUNG. 93 al miedo que le infundia su padre cuando era nifio, Un dia el patron lo reprende por cualquier causa, y esa no- che el hombre tiene una pesadilla y ve una figura que es una mezcla de su padre y su patrdn y que trata de ma- tarlo. Si no hubiese tenido miedo al padre de nifio, el disgusto del patron no lo habria atemorizado. Pero si clpatrén no se hubiese disgustado ese dia, aquel recén- dito temor no habria sido movilizado y el suefio no se habria producido. El lector podré formarse uns idea més clara del mé- todo freudiano de interpretaci6n de los suefios viendo de qué modo aplica Freud en la préctica los principios que acabamos de presentar. El primero de los dos sue- jios siguientes se concentra en un simbolo universal: la desnudez. El segundo usa casi exclusivamente simbo- Jos accidentales. El embarazoso suefto de la desnudez En los suefios en los que aparecemos desnudos 0 ¢s- casamente vestidos en presencia de personas extrafias, sucede a veces que no nos avergonzamos en lo mis mi- nimo de nuestro estado. El sueio de la desnudez nos Hama la atencién solo cuando sentimos en él vergiien- za 0 turbacién, cuando desesmos huir u ocultarnos, y cuando sentimos una extrafia inkibicién que nos impide movernos y nos deja completamente impotentes para modificar nuestra penosa situacién. Solo con esa co- nexién adquiere el carécter de suefio tipico; de lo con- trario el micleo desu contenido puede estar involucrado EL LENGUAJE OLVIDADO en toda clase de conexiones distintas, 0 reemplazado por amplificaciones individuales. Lo esencial es que ex- perimentamos una dolorosa sensacién de que nos es im~ posible ocultar nuestra desnudez 0, como generalmente deseamos, emprender una precipitada fuga. Creo que la gran mayoria de los lectores se habrin encontrado algu- na vez en un suefio en una situacién similar. Lanaturaleza y el cardcter de la desnudez suelen ser més bien vagos. La persona que suefia dird, tal vezs «Soié que estaba en camisa», pero esta imagen pocas veces es clara; en la mayor parte de los casos la falta de ropa cs tan indeterminada que los sujetos la describen, al relatar el suefio, con una alternativa: «Sofé que esta- ba en camisa 0 en enaguas». Por lo general la ausencia de ropa no es suficientemente seria para justificar el sentimiento de vergiienza que comporta. En los hom- bres que han servido en el Ejército la desnudez es a me- nudo reemplazada por una forma de vestir antirregla- mentaria. , y que ha recibido més recientemente forma poé- tica en «El talisman» de Fulda. En el cuento de Ander- sen dos impostores tejen un suntuoso traje para el emperador; pero es un traje que solo pueden ver los buenos y los honestos. El emperador sale vestido con esa ropa invisible, y como la tela imaginaria es una es- pecie de prueba de la honestidad, la gente, impelida por el miedo, actia como si no viera la desnudez del empe- rador. Esa es precisamente la situacién que se produce en nuestro sueiio. No es muy aventurado suponer que el contenido ininteligible del suefio suministré un impul- so para inventar un estado de desnudez que ororga sig-~ nificado a la situaci6n presente en la memoria, Esta situacién es de este modo despojada de su significa- do original y puesta al servicio de fines distimtos. Pero vveremos que esa comprensién errdnea del contenido 96 EL LENGUAJE OLVIDADO onirico ocurre a menudo por la actividad consciente de tun segundo sistema psiquico, y debe ser considerada como un factor de la forma final del suefio; y que en la formacién de las obsesiones y as fobias esas interpreta ciones erréneas (siempre, desde luego, dentro de la misma personalidad psiquica) desempefian un papel decisivo. Inchuso es posible especificar de dénde pro- cede el material de la nueva interpretacién del suefio. El impostor es el suefio y el emperador el propio du miente, y la tendencia moralizadora revela un conoci~ miento confuso de la existencia, en el contenido latente del suefio, de una cuestién de deseos prohibidos, victi- mas de la represi6n. Las conexiones en que aparecen los suefios en los andlisis de los pacientes neuréticos prue- ban fuera de toda duda que los suefios reposan en los recuerdos de la primera infancia de los sujetos. Unica mente en nuestra infancia hubo una época en la que nos vefan con poca ropa nuestros parientes, las nifieras, los sirvientes y las visitas, y nosotros no nos avergonziba- mos de nuestra desmudez.* Muchas veces se observan nifios, ya de cierta edad, alos que el estado de desnudez. les produce un efecto excitante en lugar de avergonzar- os. Rien, brincan, se dan golpes o palmadas en el cuer- po; la madre, o cualquier otra persona que esté presen- te, los reprenden diciéndoles: «jNo hagas eso! jEs feo! i Qué vergiienzal». Los nifios revelan a menudo un de- seo de exhibirse; es casi imposible pasar por una aldea sin encontrar alguna criatura de dos o tres afios de edad que se levanta la blusa 0 el vestido delante del viajero, probablemente para rendirle homenaje. Uno de mis pa- cientes habia conservado en su memoria consciente un FREUD ¥ JUNG 7 episodio de cuando tenia ocho afios de edad; después de quitarse la ropa para irse 2 la cama, quiso ir a bailar, en camisa, ala habitacién de su hermanita menor, pero {a sirvienta se lo impidi6. En lz historia infantil de los neuréticos la exhibicién ante nifios del sexo contrario desempeiia un papel prominente; la manfa de los para~ noicos de creerse observados cuando se visten o desvis- ten puede atribuirse directamente a esas experiencias, Y entre los que han quedado pervertidos hay una varie dad en la que el impulso infantil se acentiéia hasta trans- formarse en obsesién: es la clase de los exhibicionistas. Lainfancia, en la que se desconoce el sentimiento de la vergienza, parece un paraiso cuando la miramos lue- gon retrospectivas y el mismo paraiso noes mis que la fantasia colectiva de la infancia del individuo. Por eso en el paraiso los hombres estin desnudos y no se aver- giienzan, hasta que llega el momento en que despiertan Ia vergiienza y el miedo; sobreviene la expulsién y se inician la vida sexual y el desarrollo cultural. Los sueiios pueden llevarnos de vuelta 2 ese paraiso todas las no- ches. Ya hemos aventurado anteriormente la sospecha de que las impresiones de nuestra primera infancia (desde el periodo prenatal hasta el final del tercer aiio) demandan una reproduccién, quizd de por si y quizé sin queen ello influya para nada su contenido; su repeticién 5, por lo tanto, una satisfaccién de deseos. Y por consi- guiente los suefios de desnudez son suefios exhibicio- nistas. El nicleo de los suefios exhibicionistas queda cons- tituido por la propia figura del sujeto, que no aparece con la edad de un nifio sino con la que tiene actualmen- 98. EL LENGUAJE OLVIDADO. te, y por la ideade la escasez de ropa que surge de mane- ra indistinta debido a la superposicién de numerosas ituaciones posteriores de falta de ropa o por considera- cién ala censura; a estos elementos se afiaden las perso- nas en cuya presencia nos sentimos avergonzados. No conozco ningtin ejemplo en el que los verdaderos es- pectadores de las exhibiciones infantiles reaparezcan en el sueiios porque un suefio rara vez es un simple recuer- do. Por extrafio que parezca, las personas que constitu- yen el objeto de nuestro interés sexual en la infancia son omitidas en todas las reproducciones, en los suefios, en Iahisteria y en la neurosis obsesiva. Unicamente los pa- ranoicos hacen retornar a los espectadores, y estin fa- niticamente convencidos de su presencia, aunque per- manezcan invisibles. El sustituto de esas personas en el suefio —el «un mtimero de personas desconocidas» que no prestan atenci6n al especticulo que se les ofrece— es precisamente el contradeseo de esa tinica persona inti- maa la que estaba destinada la exhibicién. Ese «nimero de personas desconocidas» suele aparecer ademés en otros suefios, incluido en toda clase de conexiones; como contradeseo tiene siempre el significado de un -esecreto». Se verd que el restablecimiento de la antigua situacién, que se verifica en la paranoia, también se ajusta a esa tendencia contraria. El sujeto ya no est solo; lo observan, esté completamente seguro de que lo observan. Pero esos espectadores son «un nimero de personas desconocidas, curiosamente indeterminadas». En los suefios exhibicionistas interviene ademés la represién. Porque la sensaci6n desagradable del suefio ¢s, desde luego, la reacciGn por parte de la segunda ins- FREUD ¥ JUNG 99 tancia psiquica al hecho de que!a escena exhibicionista que fuera condenada por la censura hays logrado, a pe~ sar de todo, presentarse. La tinica forma de evitar esa sensacién hubiera sido la de abstenerse de revivir la es- cena? Elsueno de la monografia sobre botdnica He escrito una monografia sobre cierta planta. Ten- go el libro ante mis ojos; paso una pégina en la que hay tuna limina en colores plegada. Cada modelo lleva ata- do, como en un herbatio, un ejemplar seco de la planta. Anilisis Por la mafiana habia visto en el escaparate de una librerfa un volumen titulado El género ciclamen; al pa~ recer, una monografia sobre laplanta. El ciclamen es la flor preferida de mi mujer. Me re- procho por no acordarme mésamenudo delllevarle flo res, como ella, sin duda, hubiera querido. Con relaci6n al tema de llevar flores a mi esposa, recuerdo un cuento que relaté hace poco 2 unos zmigos mfos como pruc~ ba de mi afirmacién de que a menudo olvidamos para secundar un propésito del inconsciente, y de que olvi- dando nos ponemos en condiciones de extraer deduc- ciones sobre le propensién secreta de los olvidadi- 0s. Una mujer joven que todos los afios el dia de su cumpleafios acostumbraba a recibir de su esposo un ramo de flares, cierto afio echa de menos esa prueba de afecto, y se pone a llorar. Llega el marido y no acierta a 100 EL LENGUAJE OLVIDADO explicarse la causa de sus ligrimas, hasta que la mujer le dice: . Y se propone salir in- mediatamente a buscarle las flores. Pero ella se niega a ser compensada, porque ve en el olvido de su esposo la prueba de que ella ya no ocupa en sus pensamientos el mismo lugar de antes. Esta mujer, la sefiora L, encontr6 hace un par de dias « mi espose, le dijo que se encontra- ba bien y pregunt6 por mi. Varios aios ards habfa sido mi paciente. Datos suplementarios: en cierta ocasién escribi, efectivamente, algo similar a una monografia sobre una planta, un ensayo sobre a planta de Is coca que atrajo la atencién de K. Koller hacia las propiedades anestésicas de la cocaina. Yo habia sugerido que el alcaloide podia ser empleado como anestésico, pero no me ocupé de estudiar el tema més a fondo. Se me ocurre también que ala mafiana siguiente al suefio (a cuya interpretacién solo pude dedicarme la noche de ese dia), habia estado pensando en la cocaina en tuna especie de ensueiio diur- no, Si alguna vez padeciese de glaucoma, habia pensa- do, irfa a Berlin a someterme a una intervencién y me haria operar, de incégnito, en la casa de un amigo, por elcirujano que mi amigo recomendara. El cirujano, que no conocerfa el nombre de su cliente, se jactaria, como de costumbre, de que esas operaciones son ahora muy féciles después de la introduccién de la cocaina en la préctica médica. ¥ yo no le diria que era uno de los que habian colaborado en su descubrimiento. Con esta fan- tasia se enlazaban otros pensamientos acerca de lo em- FREUD Y JUNG 101 barazoso que es para un médico pedir los servicios pro- fesionales de un colega. Yo podria pagar al oculista berlinés, que no me conocerfa, como cualquier otro pa- ciente. Solo después de recordar este ensuefio diurno adverti que detrés de él se ocultaba el recuerdo de un acontecimiento determinado. Poco después del descu- brimiento de Koller, mi padre contrajo un glaucoma y fae operado por mi amigo el doctor Koenigstein, espe- cialista en ojos. El doctor Koller fue el encargado de suministrar la anestesia con cocaina, y formul6 la ob- servacién de que nos habiamos reunido en aquella oca- sign las tres personas a las que se debfa la incroduccién de la cocaina en la practica médica. Mis pensamientos rememoran a continuacién la Gl- tima oportunidad en la que habfa recordado la historia de la cocaina. Fue pocos dias antes, cuando recibi un Festschrift, wna publicacién en la que alumnos agr: decidos conmemoraban el jubileo de su maestro y rector de! laboratorio. Entre las alabanzas de las perso- nalidades vinculadas con el laboratorio, figuraba el descubrimiento de las propiedades anestésicas de la co- caina, atribuido a K. Koller, Me doy cuenta repentina- mente de que el suefio se relaciona con un episodio de atarde anterior. Habfa acompaftado al doctor Koenigs- tein a su casa y me habia enzarzado con él en la discu- siGn de un tema que me acalora extremadamente cada vez. que surge. Cuando estdbamos conversando en el hall de entrada de la casa llegaron el profesor Gartner y su joven esposa. No pude abs:enerme de felicitarles por su floreciente aspecto. El profesor Gartner es uno de los autores del Festscbrift del que acabo de hablar, y bien 102 BL LENGUAJE OLVIDADO pudo habérmelo recordado en aquel momento. ¥ la se- fora L, a cuya decepcién, con motivo de su cumplea- fios, me he referido més arriba, salié en la conversacién que mantuye con el doctor Koenigstein, aunque desde Juego con otro motivo. Trataré ahora de dilucidar los otros determinantes del contenido onirico. Acompafia a la monogratia un sjemplar seco dela planta como sifuera un herbario, ¥ el herbario me recuerda al colegio. El director del colegio reunié un dfa a todos los alumnos de os cursos superio= es para que examinaran y limpiaran el herbario del es~ tablecimiento, en el que se habfan encontrado pequeiios insectos, gusanos «comelibros», El director no tenia, al Parecer, mucha confianza en la eficacia de mi colabora- cién, porque solo me entregé unas pocas péginas. Re- cuerdo todavia ahora que esas paginas tenfan plantas cruciferas. Nunca sent{ un interés muy grande por la botdnice. Cuando hice el examen preliminar de la mate- ria me pidieron que identificara una crucifera y no supe distinguirla; si mis conocimientos te6ricos no hubiesen acudido en mi ayuda, habria salido bastante mal ibrado de la prueba. Las cruciferas sugieren a las compuestas. La aleachofa es, en realidad, una planta compuesta, y podria decir, en rigor, que es mi flr favorita. Mi esposa, mis atenta que yo, suele traerlas del mercado. ‘Veo ante mi la monografia que redacté. También aqui hay una asociacién. Mi amigo me escribié ayer desde Berlin: «Siempre pienso en tu libro sobre los sue- Fos. Lo veo ante mi, completo, y hojeo sus paginasy. iCémo le envidié su poderosa visién! |Ojald pudiese verlo yo, ante mi, ya terminado! FREUD ¥ JUNG oy La lamina plegada y en colores, Cuando era estu- diante de Medicina tenia una especie de mania de es- tudiar exclusivamente en monografias. Pese a mis limi- tados recursos, me suscribi a una serie de periddicos de medicina cuyas léminas coloreadas me gustaban enor- memente. Yo sentia cierto orgullo por mi tendencia ala escrupulosidad. Cuando posteriormente comencé a publicar mis propios libros, uve que dibujar las 1é- minas de mis tratados, y recuerdo que una de ellas me habia salido tan mal que fui objeto de las burlas de un bienintencionado colega. Con esto se asocia, no sé exactamente de qué modo, un recuerdo muy remoto de mi infancia. Mi padre, en son de broma, nos dio una vez a la mayor de mis hermanas ya mi un libro que conte- nia laminas coloreadas (era un relato de viajes por Per- sia), para que lo rompiéramos;lo que desde el punto de vista educacional no era muy recomendable, por cierto. Yo tenfa a la sazén cinco afios de edad y mi hermana menos de tres, y la escena en que nosotros dos nos de- dicébamos muy contentos a deshojar el libro (como una aleachofa, podria agregar, hoja por hoja), es casi la tinica de aquel periodo de mi vida que conservo clara- mente en la memoria. Més adelante, cuando inicié mis estudios, adquiri una novoria aficién a reunir y poseer libros. (Correlativa a mi inclinacién a estudiar mono- srafias, mania ala que aludian mis pensamientos oni cos, en conexiéa con el ciclamen y la alcachofa.) Me volvi un