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DINERO Y MONEDA EN LA HISPANIA INDIGENA: LA MIRADA DE LAS FUENTES LITERARIAS Enrique Garcia Riaza Universitat de les Illes Balears El estudio de la integracién del medio indigena hispano en la economia monetal constituye tun ambito de renovado interés para los investigadores que, desde diversas perspectivas, se aproximan al conocimiento de la onganizacion socioceondmica indigena en el contexto de la expansion romana, Tal atraccién se justfica si se consideran las diversas implicaciones del 10 de la amonedacién, cuyo entendimiento -dificultoso en oeasiones- no puede ograrse sin una confluencia de esfuerzos, Las aportaciones de las fuentes literarias se encuen- wa sn este campo, limitadas por la prop calidad de la seleccién y transmisin textual, de modo que abordaremos en primer lugar las cuestiones metodoldgicas ~no siempre tenidas en imonios del uso de 1 tes cuenta-, para recorrer después, con erterio cronoldxico, los difere moneda a lo largo de los siglos 11-1 aG y reflexionar brevemente sobre sti problematica LA NATURALEZA DE LA DOCUMENTACION LITERARIA, Los textos conservados alusivos al Ambito hispano del periodo que analizamos se caracte- rizan por la variedad de géneros a los que pueden adseribirse, donde se encuentran espe- cialmente representadas las obras historiografieas, biogriticas y geogrificas. A pesar de esta diversidad, el conjunto de las fuentes grecolatinas presen el rasgo comin de su lejania cultural ¢ ideoligica respecto de los modelos organizativos indigenas, fendmeno que lastra en origen la calidad informativa de los relatos, Los testimonios de primera mano alusivos a la expansi6n romana en /fipania no han llegado hasta nosotros sino indirectamente, con algunas excepciones notables, como Polibio, En la mayor parte de los casos se trataba de informaciones elaboradas por oficiales del ejército romano aetivos en la peninsula bérica wes de contac- durante un corte periodo de tiempo, por contemporineos senatoriales cart to directo con las provincias hispanas, 0 bien por viajeros ocasionales procedentes del mundo griego. El conocimiento de las lenguas y l tradiciones indigenas no se hallaba entre el bagaje cultural de la mayoria de estos autores, cuyas obras, condicionadas directa © indircetamente por el avance de las operaciones militares romanas, offecian una vision parcial y etnocentrista de los acontecimientos y las costumbres descritas (Con Expelosin et al, 1995; Capalvo, 1996). El pilico des yen ocasiones, pertenecia a ambitos culturales helenéfonos con jnatario de estas obras era, por lo comin, desconocedor del mosaico hispano, odelos organizativos muy Dinero y moneda en lo Hispania indigene: lo mirada de los fuentes literarias, distintos. En respuesta a tales condicionamientos, las obras literarias constituyen adaptacio: nes de ana informacién exética, de materiales de 4 que se seleccionan exclusivamente lo previsible interés para Tos leetores, y se descartan aquellos otros ~entre los cules muchos econdmicos- de naturaleza supuestamente tediosa o prolija. En su descripeién de los pue- blos del none de la peninsula Ibérica, Estrabén (III, 3, 7) pone de relieve este erterio de trabajo al sefalar: «podria hacer la lista de estos pueblos mis larga, pero renuncio a una enu meracién aburrida, a no ser que haya alguno que encuen -e placentero oir hablar de los pled- roi, bardyétai,alldtriges, y otros nombres menos bellos y mas ignorados» (traduceién de Garcia y Bellido, 1993, p. 176). La mayor parte del material disponible hoy en dia para el anélisis de la realidad hispana durante los siglos 11-1 aC es el resultado, ademas, de un largo proceso de tradicion literati cuyo itinerario no siempre puede volverse a trazar, Asi, la redaccibn de la obra de Livio se habria nutrido con las referencias de diversos autores, empleados bien de forma directa, bien a través de los analistas det siglo 1 aC, caso de Q. Claudio Cuadrigario y Valerio Antias. Ab urbe condita constituye, en la actualidad, uno de los pilares para la reconstruccién historica del expansionismo romano, pero los a ares de la transmision textual nos impiden el acce 80 a los libros los que se narraban los acontecimientos posteriores al 167 aC, de los que sélo subsisten breves restimenes (Periochac, Oxyrhynchus Epitome). A pesar de esta impor tante dificultad, la parte conservada ofrece Jos testimoni econdmicos y monetales més inte resantes para nuestro 4mbito de estudio, relacionados tanto con el desarrollo de la Segunda Guerra Piinica en Hispania como con los ingresos realizados en el Aerarium por parte de generales activos en ka peninsula Ibériea durante las tres primeras décadas det siglo 11 aC. Bl vacio ocasionado por la pérdida de la obra de Livio en lo alusivo a las guerras Lusitana y Celt die 1 dC) se erige en la principal obra alternativa, claborada a partir de autores diversos, entre rica se salva, en parte, mediante el recurso a otras fuentes latinas inspiradas en la tra- in del patavino ~Floro (siglo 11 dC) y Orosio (siglo V dC)-. La /beriké de Apiano (siglo Jos cuales se encuentea el propio Polibio. En los einco libros dedicados a las guerras cviles, 1 alejandrino ofrece también ~obviamente- alusiones a la realidad hispana a partir de fen tes como Asinio Polidn o César. Diversas ret ias a la expansién romanorrepublicana en Hispania se localizan también en la Biblioteca Histérica de Diodoro de Sicilia, autor del siglo aC basado -aunque no exclusivamente- en Polibio y Posidonio. Nuestro conocimiento del periodo se completa con la aportacién de Plutarco ( os I-tt dC) como principal informa- dor sobre las actividades hispa was de Sertorio y fuente compl rntaria para los acontes mientos descritos por César en De bello civil asi como con las referencias subsistentes en las obras de Veleyo Patérculo (1 a@ ~ 1 dG) y Didn Cassio (siglos tit dC LAS INFORMACIONES ECONOMICAS Cualquier aproximacion a la realidad econdmica indigena desde la perspectiva de las fuen- tes literarias debe considerar la existencia de diversos elementos distorsionadores, por cuan- to la informacién que ha llegado hasta nosotros es, segiin hemos considerado ya, el fruto de sucesivas reelaboraciones. En las obras conservadas, junto a una serie involuntaria de errores Dinero y moneda en la Hispania indgena: lo mirede de las fuentes itereries @ cen la interpretacién de costumbres, se incorporaron de forma menos easual diversos lugares relacionados con ta rudeza y el salvajismo (Gimez Espelosin er al, 1995). Estos topoi actiian en el discurso como elementos literariamente eficaces que tienden a completar Jagunas en ef conocimiento real de los pueblos descritos y contribuyen, al tiempo, a defen der la necesidad de la conquista o a resaltar el mérito de las acciones militares emprendidas por Roma. El supuesto desprecio indigena a los metales preciosos (App. Hise. 54) ha de emtenderse desde estas premisas, asi como el interés estraboniano (LIL, 3. 7) en subrayar la ausencia de una economia monetal entre los pueblos del norte de la peninsula, en contras- te con la civilizacién urbana de la Bética Debe prestarse especial atencid por otra parte, al fre nte empleo de unidades de cuen- ta convencionales ~comprensibles para el lector~ aplicadas a la calibracién de la riqueza indigena, como el talento de plata, la libra y la moneda romana. En algunos de los testi- 's conservados es constatable también el anacronismo por modernizacién. Tal es el caso de la contabilizacién en sestercios de indemnizaciones de guerra anteriores al 141 aC, momento en el que se habri generalizado el uso de esta unidad de cuenta. Bl dato apare- ce en Livio (XLY, 4, 1) a propésito del primer mandato de M. Claudio Marcelo en Hispania (169 aC), siendo atribuible a una interpretae n de Valerio Antias, fuente del patavino en : confrontese Amords, 19% este punto (Crawford, 1983, p. 631, confrntese p. 621-62 p- 61-62, quien lo relaciona con Claudio Cuadrigario). Finalmente, para hacer ain mas com- pleja la labor del historiador, las cireunstancias de Ia transmision textual han propiciado rnumerosas imprecisiones en la reproduceién de topénimos o antropénimos indigenas (no familiares para los copistas), asi como en la notacion de las cifras, con diserepancias fre- ‘cuentes entre manuserit Los procesos de seleccién del material y de elaboracién de éste se hallaron condicionados cn las fuentes lite rias por la existencia de focos de contlicto noticiables, y es habitual la ausencia de informacion detallada sobre épocas o lugares carentes de actividad bélica, Las ferencias econdmicas se hallan imbricadas en el relato de tales sucesos, y se desarrollan siempre desde la perspectiva de los intereses romanos. Estos se centraron en la (auto}finan- ciacién de los ejércitos, asi como en el establecimiento de saneiones e indemnizaciones de guerra a los pueblos sometidos y en fa obtencién de botin, mecanismos que a su vez con- tribuyeron parcialmente a sufragar los gastos militares (Nor, 1989; Garcia Riaza, 19994). Entre un pidblico desconocedor de los escenarios de lucha, pero cada vez mis familiarizado con las victorias sobre los grandes reinos helenfsticos, el contacto visual con el botin opera- ba como eriterio calibrador del potencial econdmico y militar de los pueblos sometidos, de ahi el interés de los émperarores en la exhibicién prolija de los bienes incautados como medio de subrayar los méritos de la vietoria. Tales datos ~de enorme és, pero insatisfactorios para una reconstruccién global det panora a econémico~ presentan la particularidad de ofrecer exclusivamente noticias del ngreso de metales preciosos, amonedados o no, y han sido objeto de diversos estudios especificos (Fatis, 1973: Gonzélez Romin, 1979: Gonzilez Roman, 1980; Ferrer Maestro, 1999; Garcia Riaza, 1999b: Garcia Riaza, 1999¢). La inter- pretacidn de estas cifras es problemitiea, dado que un estudio detallado de las circunstancias del sometimiento de las comunidades indigenas revela que éstas no sélo se vicron forzadas 4 entregar sus reservas metilicas, sino que ~en mayor medida proporcionaron a los man- dacarios romanos una larga serie de productos agropecuarios y artesanales. Dado su estado de conservaciéi ‘ual, las fuentes literarias no permiten, por todo ello, una, reconstruccién global de la economia de la Hispania republica y menos ain de los aspec tos alusivos a la introduccién de la moneda en el mes wna, Los textos que han Mega do hasta nosotros aluden a diversas formas locales de dinero (entendido como reserva de valor, unidad de cuenta y/o medio de intercambio), y mencionan de modo ocasional el uso, de numerario, Sin embargo, los autores grecolatinos que incluyen tales referencias omiten cualquier aclaracié sobre los origenes de las acuiiaciones, como tampoco aportan detalles precisos acerca de las circunstancias de la difusién del fendmeno monetal. Muchos de estos datos fueron cuidadosamente computados en la Antigiiedad. Las tablillas en las que el cuestor Graco registraba la conta ilidad del ejéreito de Mancino ~incantadas por los celti- beros en 137 a€ (Plat. 7G, VI)- contenian este tipo de informacidn precisa, al igual que los asientos que serian registrados por los responsables de la gestin del Aerariuon Sani, los claborados por las sucesivas legaciones decenvirales enviadas a Hispania o por los goberna dores encargados de la realizacién de los c¢ wos. Ninguno de estos documentos ha llegado integro b el presente, Contamos tan sélo con referencias dispersas que deben ser cuida- dosamente aisladas mediante el andlisis de una serie de ‘elatos cuyo objetivo no se centré » [a transmisién sistematica de informaciones econémicas 0 monetarias. REFERENCIAS LITERARIAS A MONEDA Y RIQUEZA INDIGENAS onsideradas ya las principales caracteristieas de la documentacin disponible, se hace pre ciso reflexionar de forma particularizada sobre las alusiones a moneda local y a otras formas de riqueza detectables en el medio hispano. LA MONEDA LOCAL EN LA IBERIA CARTAGINESA La moneda en poder de los ejércitos piinicos de Iberia es comprendida en la expresién pece- ‘nia usada por las fuentes latinas, con su equivalente griego xpnudra, Se ata de téminos vagos alusivos al conjunto de la disponibilidad econémica, pero que, cominmente, se inter~ pretan como referencias iquiera parciales~ a metal amonedado (sobre esta acepeidin, véase Crawford, 1983, p. 718, n. 5). Una parte del numerario del bando eartaginés en la peninsu- la Ibérica procedid, sin duda, de cecas norteafricanas, como ef recibide directamente por Magén desde Cartago en el 206 aC (a Carthagine pecunia Magoni advecta est (Liv. XXVIN, 36, 6]). Andloga naturaleza tendrfan las sumas incautadas a un grupo de reclutadores carta gineses apresados por los saguntinos eum pecunia (Liv. XXX, 21, 3). Puesto que la noticia corresponde a una fecha tan tardia como el 203 a€ tres afios después de que el dltimo ejér- cito cartaginés abandonara el territorio peninsular los conguisitores viajaron muy probable Dina y moneda en la Hispania indigene: te mirada dels fuentes Iheravias mente desde Africa, por lo que debe descartarse que dispusieran en Hispania de medios de financiacidn, Nuestra fuente ~Livio una vez mas expresa las cantidades incautadas dades de peso (250 libras de oro y 80 de plata), lo que no obsta para suponer un caricter amonedado del metal, si se considera que el numerario cartaginés suele contabilizarse en las fuentes romanas tiie nente a partir de su valor metilico, Es probable que algunas alusiones a los bien cen poder de los ejércitos cantagineses inelu- yan también moneda no estrictamente norteafricana, con presencia de acuifaciones realiza- das en Ia_peninsula Thériea por cecas diversas. En la mayor parte de las referencias a las exacciones pinicas en Hispania resulta dificil, sin embargo. conocer la naturaleza metilica de los bienes solicitado y ain en el caso de una ides el estado de la n positiva, documentacién no permite acreditar con seguridad su carfcter monetal, Asi, Livio emplea exclusivamente los términos aurun y argentum en alusién a las exigencias cartaginesas a los saguntinos en el 219 aC (Liv. XXI, 12, 5; 13, 6: 14, 1), si bien la ceca de Arse se hallaria para entonees ya en funcionamiento (Ripollés, 1991-1992, p. 121-125; Campo. 1998a, p. 28: Dominguez Arranz, 1998, p. 131-132). Si las fuentes literarias a. nuestro alcance no demuestran particular celo en la especificacion de la naturaleza amonedada de los bienes obtenidos én situ parece claro, sin embargo, que estas aportaciones pudieron ser empleadas de forma directa 0 indirecta en pagos locales. Anibal, tras ef saqueo de Altea'Cartala, remunerd a sus teopas con las contribuciones de los pueblos vecis = (Polib. IH, 13, 5: Liv. XXI, 5, 4-5), Es también de recaudacién hispana la pocunia obi da precipitadamente, en el 217 aC, por Asdnibal al sur del Ebro en los pre~ parativos de su intento de marcha a Italia, La cantidad acumulada sefiala Livio (XXII, 28 5)- estaba destinada a la compra de derechos de paso en territorio galo, como ya antes hicie- ra Anibal (ibidem, confréntese XI, 24, 5). Andloga finalidad presentaria la pecunia rapa (obtenida en Hispania) que el propio Asdribal lev6 consigo en su definitiva salida de ta pe ilergetes en fa finan ula (ras la batalla de Baceula (Liv. XXVI 19,1). Por otra parte, el uso de los fondos ion de las operaciones cartaginesas es patente en Polibio, quien alude a xonucewow xA0S a proposito de la gran cantidad de dinero exigida a Indibil por Asdribal Ciscin hacia 211 aG (Polib, IX, 11, 3. Sobre la disponibilidad de numerario en el Ambito ilengete, véase mis adelante) La noticia mis resefiable correspondiente a la presencia de moneda en poder de los ejérci- tos plinicos se localiza con motivo de la toma de Carzhago Nova por Escipién en el 209 aC, ciudad que albergaba abundantes reservas dinerarias (x3 rdw ypnucenwu hij0s, Polib. X, jones. En la 8, 3), Sobre la moneda depositada en Cartagena, contamos con diversas pr version de Livio (XXVI 42 7, confrontese 42, 3: 43, 5) se menciona expresamente la pre sencia de numerario: argent infect signatique decem et octo milia et trecenta ponda, si bien el patavino se hace eco de las divergencias de sus fuentes en la cuantificacién del oro, la plata y la moneda (49, 6). Seg ida consistié en metal amo- Apiano, un tencio de la plata ine nedado, otro nto en bruto y el resto en objetos diversos (App. Hisp. 23). Tras el asalto esci- pidnico, el producto del saqueo se distribuyé entre los soldados en calidad de botin de guerra, y los fondos piblicos incautados (véase Polib. X, 19, 1: mis de 600 talentos) se pusieron a disposicién de los cuestores. Es notable la coincidencia en la expresién de Livi argent signacum— en referencia tanto a los ingresos obtenides en la toma de Cartagena como a las aportaciones de Escipion al era- rio (Liv. XVI. 47, 7: Liv. XXVITL 38, 5). En el primer caso, el patavino agrupa en un solo capitulo tanto la plata en bruto como la amonedada, y el hecho de que la «moneda de placa incautada fuera, desde el primer momento, contabilizada al peso esto es, desposeida de un verdadero reconocimiento monetal- permite desestimar su empleo directo por parte de la autoridad romana, lo que hace probable una inmediata desmonetizacion en Italia, En esta misma linea deben interpretarse los datos alusivos a los ingresos efectuados en el erario por Escipién, puesto que, de nuevo en este caso, Livio se mue a incapaz de contabilizar el argentum amonedado -si bien lo presenta ahora aparte de la plata en bruto-, y recurre a tuna expresién imprecisa: magnum mumerum. La documentacién literaria impide una iden- tificacién satisfactoria de la naturaleza de esta moneda de plata, pero cabe suponer para cella un origen heterogéneo con fuerte representacién de cecas norteafticanas e hispano- piinieas, como ya viera Amords (1957, p. 57), sin que sea posible excluir fa presencia de otras emisiones procedentes del cuadrante nororiental hispano, obtenidas por la autoridad cartaginesa a través de los mecanismos usual fexacciones © botin). Tales pricticas se acreditan posteriormente con motivo de los filtimos movin ntos de Magén en visperas de la dedivio gaditana y revelan un uso intensivo de la peeunia local, tanto de las areas de la ciudad como de los templos © de los particulares, obligados a entregar sus reservas de oro y plata (Liv. XXVIII, 36, 3) AMORTIZACION ROMANA DE NUMERARIO LOCAL DURANTE LA SEGUNDA GUERRA PUNICA Si las diltimas referencias consideradas pudieran implicar un uso por parte de los ejérctos car tagineses de numerario cireulante en distintas peninsulares, las fuentes apuntan, de forma paralela, al empleo por parte romana de las reservas de riqueza hispinica. Los datos conservados se relacionan con exacciones o incautaciones realizadas por los imperatores a costa de los int es plinicos -asi la plata de Cartagena, ya considerada- 0 de diversos ni- cleos hostiles del érea ibérica. Son infrecuentes, por el contrario, las not sobre el empleo de moneda de entidades politicas filorromanas peninsulares, Tal habria sido el caso de la ceca emporitana, que contribuiria a financiar las operaciones escipidnicas (Villaronga, 1987). La alusion més temprana a le disponibilidad de pecunia en el medio ibérico corresponde a ws indemnizaciones de guerra impuesta nl por Cn, Comelio Escipién a los ilergetes invierno del 218-217 aC, ras la capitulacién de Atanagrum (Liv. XXL, 61, 7: confroncese Polib. IIL, 76: Moret, 1997). La expresién no es empleada, sin embargo, por Livio en el caso an visto también envueltos en la sublevacion. Estos, ras fa huida de los ausetattos, que se h de su régulo Amusico, negociaron la deditio a cambio de la entrega de bienes por una suma que Livio cifra en 30 talentos de plata (Liv. XXI, 61, 11). Nos hallamos ante un caso de valo- racidn de los productos fisicamente aportados por los ausetanos, una conversién atribuible Dinero y moneda en la Hispania Indgene: lo mirada dels fuentes lieravis a la fuente griega empleada por Livio en este punto (véase mas adelante, sobre otros easos de valoracién). La acepeidn metilica, probablemente monetal, de los términos pecunia/xpnuceea en el cua- drante nororiental peninsular puede colegirse a partir de otros testimonios, como el corres pondiente a la sancién econémiea (Liv. XXVIIL, 34, 11) impuesta por la autoridad romana tas la rebelidn del 206 aC, encabezada por Indibil y Mandonio con la implicacién de los lacetanos (Liv, XXVIIL, 24, 4: Liv. 26, 7). Nuestra fuente sefiala en primer lugar que el impe- rator seleccion6 exclusivan fe indemnizaciones pecuniarias en funcién de los amplios poderes inher wes al acuerdo de deditio (pecunia tantummado imperata confroucese App. Hsp. 37: yprucot Suuioat). para afiadir que tales cargas se hallaban orientadas al pago de soldadas (ex qua stipendium militi praestari poset) La presencia de ones cen el noreste hispinieo se hace patente también a través de refe- rencias que, si bien no mencionan explicitamente a los pueblos ibéricos implicados en los pagos, permiten complementar los datos anteriores, Debe considerarse a este respecto la carta enviada al senado por los Escipiones en ef 215 aG (Liv. XXII, 48, 4-12; Liv. 49, 1-4, véanse Aguilar & Naco, 1995; Aguilar & Raco, 1997: Naco, 1996-1997; Naco, 1999b: 1999). El texto de la misiva exponia en primer lngar las graves carencias de los ejécitos exp dicionarios romanos, y apuntaba la ausencia de pecuniam in stipendivm, asi como de vesti- es de las di menta, frumenton y efectos navales. Es significative que los generales, conse cultades por las que atravesaba el erario, plantcaran seguidamente la posibilidad de una P 4 P obtencién de la pecunia ab Hispanis. En efecto, las provisiones enviadas con posterioridad desde Italia se limitaron a equipamiento (Liv, XXIL 48, 12), por lo que los Escipiones tavie~ ron que obtener localmente los fondos para las soldadas. La naturaleza de tal numerario no r P se hace explicita en la docamentacion, como tampoco existen mas indicios para establecer st rocedencia que la consideracién del territorio peninsular controlado a la sazin por las fuer pr 4 pe p zas romanas. B] texto nos ofrece sin embargo un matiz ~guomodo- alusivo al caricter impro- le. visado e inusual del procedimiento empleado, aspecto que retomaremos m El relato de Livio correspondiente al motin de los 8.000 integrantes de la guarnicién roma- nna del Ebro en el 206 aC proporciona, de igual forma, algunos indicios sobre la posibilidad de uso de la riqueza local como medio de pago de las soldadas. Si bien es obyio que los rumores sobre la muerte de Eseipion contribuyeron a relajar a diseiplina militar, no existen dudas sobre la natura econémica del descontento de la guamicién de Suero, basado tanto en el retraso de las soldadas ordinarias (sipendium non dacum ad diem, Liv. XVM, 25, 6) como en las nulas posibilidades de un redondeo de los ingresos por botin, dado el aleja- mento de los frentes de batalla (Naco, 1999b, p. 332-333 confréntese Naco, 1998). Ante tal situacién resulta significativo que la posibilidad de obtener beneficios a costa de pueblos ya sometidos fuera contemplada tanto por los amotinados como por el propio Escipién, con- efecto, la realizacién de exac- valeciente en Cartagena, Los primeros llegaron a plantear: ciones iregulares y saqueos (Liv, XXVIII, 24, 16). Estas iniiativas no parecen haberse mate- rializado a gran escala, pero debe tenerse en cuenta la posibilidad de que algunos pueblos © vine y monede en fa Hispania indigene: le mirada de los fuentes terorie ibéricos se adseribieran al levantamiento ilergete —contemporineo del motin del Sucro~ lle- vados por tales amenazas. Paralelamente, los soldados insurrectos, segin la version de Apiano (/isp. 34), habrian recibido fondos cartagineses con el objetivo de incentivar las deserciones. Ante la gravedad de los hechos, Escipién opt por enviar recandadores circa stipendiarias civitates (Liv. XXVIII, 25, 9). La localizacién de tales miicleos es desconocida y hho necesariamente proxima a Carthago Nova. En todo caso, la financiacion del stipendium de la guarnicién no se logré a costa de los pueblos ibéricos sublevados, puesto que las solda- das se entregaron en Cartagena con anterioridad a la deditio ilergete (Liv. XXVIL, 29, 12). A partir de las refer ias analizadas hasta aqui, parece claro que los ileretes y otros pue- blos ibéricos contaban ya con pecunia en el contexto eronoldgica de Ia Segunda Guerra Panica, y que esta disponibilidad, lejos de ser coyuntural, constituia un rasgo inherente a sa tejido econdmico, dada la recurrencia de la solicitud de fondos por parte de las autoridades romanas en la década siguiente. Esta impresién se reafirma si se considera el breve espacio de tiempo empleado en la satisfaccién del pago del 206 aC: [Seipio] paucas maratos dies, dum imperatam pecuniam Hergetes pernumerarent, cum expeditis Marcium iam adpropinguantem Oceano adveguitar (Liv. XXVIM, 34, 12). Tal planteamiento general es, sin embargo, suscepti= ble de matizaciones. En primer lugar, debe tenerse en cuenta que liquidez de numerario no es sindnimo de existencia de ceca propia; en segundo término y dada la laxitud de las expresiones empleadas por nuestras fuentes subsiste la posibilidad de que algunas de las aportaciones indigenas se realizaran en metal en bruto y éste fuese transformado en moneda por los propios ejércitos romanos. La carta de los Escipiones al senado en el 213 aC (Liv. XXIIL, 48, 4 desarrollar mecanismos auténomos de financ Liv. 49, 1-4) sugiere que éstos se vieron forzados por la necesid: \cién para el pago del stipendivm, entre los que pudo et tea M, Paz. Carcia-Bellido- la acuiacién militar de victoria (Carcia-Bellido, 1985: Garcia-Bellido, 1986: Carcia-Bellido, 1990; Garcia-Bellido, 19938: 23 y p. 183, mim. 96; Crawford, 1985, p. 89). Estas pro- confrintese Crawford, 1983, p. ducciones esporidicas se habrian continuado -segzin la propuesta de la citada investigadora~ con la emisi6n de miliplos y divisores tras la toma romana de Cartagena en el 209 aC, para ello se habrian empleado los recursos de la regién en una produceién de valores compatibles con el sistema mettologico pinico, imperante hasta entonces, La hipétesis de la acufacién de moneda en Hispania por parte de distintos miembros de la gens Cornelia no goza, sin embar- go, de aceptacién unanime y se ha propuesto como alternativa un uso exclusive escipiénico del conjunto de la riqueza local -amonedada 0 no- en el dmbito de una mera economia de guerra (Saco, 1996-1997; Raco, 1999, p. 328-329). La EPOCA DE LOS PRIVATI CUM IMPERIO PROCONSULARE (205-198 aC) El periodo inmediatamente posterior a la marcha de Escipi ¢ inaugura con nuevas dficul tades romanas en /fisparia. Diversos pueblos ibéricos se sublevaron en ef 205 aC a instancias de los ilergetes, lo que suscita una nueva intervencién romana que se saldarfa con la imposi cin a los indigenas de eargas econdmicas gravosas: stipendim eius anni dupler et frumentum sex mensivm imperatum sagague et togae exercitui |..|. De acuerdo con esta noticia de Livio —————————eoOw'O'Ormrmrmeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee Dinero y moneda en la Hispania indigene: lo mirada de los fuentes iteravios, @ (XXIX, 3, 5: confidntese App. Hap. 38: xpryuaouy é€nyusoc), nos hallamos ante exigencias directamente orientadas a la financiacién y el abastecimiento militares. Dado que la aporta: onan de forma explicta, el término seipendim debe interpretarse también aqui, por exclusién, como una referencia a entregas en metélico (confréntese el para- lelo de Cerdefia, 176 aC: sipendiariis veteribus duplex vectigal imperaturm exactumgue; eter fr ‘mentum contulernt Liv. XLI, 17. 2). La identidad de los pueblos sometidos a tales sanciones no se hace patente en Livio, quien emplea un genérico Mispaniae popudis pero, junto alos ilergetes, la reclamacién se extendid sin duda a los restantes integrantes de la coalicién antirromana, de la que formaban parte, entre otros, los auseianos y los edetanos. El amplio niimero de impli cadlos justitica que, en esta ocasi6n, las cargas exigidas si aleanzariin a satisfacer las necesidades financieras de las fuerzas romanas. Dado que entre las reclamaciones se encontraba no sélo la centrega de pecunia, sino tambié 1 la aportacién de alimentos y pertrechos militares, es posible que 1s solicitudes se hubieran distribuido de forma heterogénea, adaptindose a las earacterise ticas econd ts de cada uno de los popu implicados. No puede afirmarse, por tanto, que todos ellos dispusieran onces de reservas monctarias, propias © ajenas. En esta etapa previa a la organizacién provincial, contamos tan slo con una referencia alu- siva al ingreso en el erario de moneda obtenida en Hixpania, correspondiente a la gestion de Ch, Cornelio Blasio (199-197 aC), Tal nun signature (Liv. XXXII, 22, 2). Frecuentemente esta expresion ha sido interpretada como alu- srario es ealificado por Livio como denarium siva a denarios eomanos (Amorés, 1957, p. 57-58). Es relevante el hecho de que, en esta oca- sién, si parezca haberse computado el nimero exacto de ejemplares, circunstancia que apun- ta.a una posible funcionalidad directa en el Ambito de las necesidades econdmicas romanas en Hispania, Naturalmente, una identifieacién de esta moneda con denarios romanos aclara- ria por si sola este punto, lo cual no implica defender la existencia en las ciudades hispanas p P de una fuerte disponibilidad denarial ~menos ain, en fec 2 tan temprana-, pues el numera- riv pudo obtenerse del producto de la venta de botines a intermediarios italicos 0 bien cons tituir el resultado de una valoracién de bienes diversos. La consideracién del. denarium signatwn como moneda estrictamente romana plantea, sin embargo, algunas dificultades si se ‘i ‘en cuenta que el denario aparece mencionado en todos los restantes botines hispini- cos como signati bigatoram, bigatorum, bigatio bigati argenti No debe descartarse, por ello, la posibilidad de hallarnos ante una nueva mencién genérica de moneda de plata, analogs, por tanto, a la de argentum signatum, del mismo modo que, para un lector romano medio, la expresion aes signatu era silo equivalente a moneda de bronce (Crawford, 1996, p. 359), Dado que las actividades de Blasio parecen haberse concentrado en ef oriente peninsular awura Citerior), debe buscarse alli [a procedencia de esta moneda LA CONSOLIDACION DE LA PRESENCIA ROMANA EN LA HISPANIA IBERICA. INTERVENCIONES: EN EL AREA INDOEUROPEA (197-155 aC) La iniciativa de la oficializacion de las provincias hispanas y ef envio regular de sendos pre- para su administracién desde el 197 aC coincide con el inicio de una grave subleva- cién, fundamentada probablemente en el intento de reonganizacién por parte de Roma de las relaciones econdmicas con los distintos niicleos peninsulares (Badian, 1958, p. 119 y © vere moneda en o Hispania indgene: lo mice dels fuentes lierris siguientes; Muniz, 1980, p. 45 y siguientes: confréntese objeciones de Naco, 1999b, p. 339 y siguientes). Fl envio en el 195 aC del eénsul M. Porcio Catén contribuiri notablemente al restablecimiento de la aucoridad romana en Hispania, Es muy posible, por ello, que fas ini- ciativas de naturaleza tibut ia implementadas finalmente por éste ~que fueron ratifieadas por el senado y establecieron una linea de actuacién politica vinculante para los futuros gobemadores (Badian, 1958, p. dos 21)- presentaran una naturaleza andloga a las propuestas Ws ances como parte del diseio de Ia provincializacién. Los veetigalia magna sobre la “e Richadson, 1976) consti produccién minera referidos por Livio (XXXIV, 21, 7; contri tuyen, asi, una de las pocas alusiones directas al desarrollo de la fiscalidad en Hispania en el siglo 11 aC, pero su ambito de aplicacién real debié ser en la segunda década de la centuria muy limitado, y en ningtin caso extrapolable afin al interior peninsular indoeuropeo, FI aio 197 aC coincide también con las primeras alusiones a la obtencién de argentum Oscense, en el contexte de las intervenciones bélicas contra los sublevados, Contamos con cua tro referencias distintas a la apropiacién romana de este numerario y la mis reciente corres ponde al ejercicio de Q. Fulvio Flaco (182-180 aC). La data final carece, sins embargo, de ver- dadera relevancia histérica a causa de la fragmentaria conservacion de la obra de Livio, de modo que no podemos reconstruir el hor fonte cronoligico inferior para la circulacién de tales emisiones. Ignoramos, por tanto, si nuestra fuente continud utilizando la misma expresién en referencia a los ingresos en el erario durante los grandes contlictos de med dos del siglo 11 aC. conocidos sobre todo a través de escritores en lengua griega. Por otra parte, las noticias del patavino se conectan exclusivamente con el resultado de intervenciones tilicares, y consignan s6lo la parte de la riqueza indigena detraida como botin. Tales fondos no deben guardar relacién directa con los ingresos obtenidos regularmente en cada demar- cacin hispana (beneficios mineros y, en su caso, tributacién), por cuanto [a naturaleza ordi- $n de! mérito de la victoria en forma de ove- naria de su recaudacién era ajena a la celebras Zio 0 triumphus, que es el contexto en el que se enmarcan estos datos (ovacién en el caso de M, Helvios triunfos en Jos de Q. Minucio Thermo, M. Porcio Caton y Q. Fulvio Flaco: todos los portadores de argentum Oscense). Es \e6ricamente posible, por tanto, que la obtencidn de directrices de Ia antoridad roma- angentum Oscense ~procedente de areas insubordinadas a nna~ conviviera parcialmente en el tiempo eon la detraceion de numerario a costa de las pobla- ciones ya pacificadas, reducidas a régimen estipendiario y con modelos monetarios difer tes, acaso ya fruto de una regularizacién Hevad a cabo por los gobernadores provinciales. Desde un panto de vista estrictamente numismatico, se ha defendido la identificacion del argentum Oscense con dracmas ibéricas de imitacién emporitana (confréntese Amords, 19 partir de Cémez Moreno). Si bien desconocemos la ubicacién de numerosas cecas emisoras al tendia ubicarlas de esta moneda (Campo, 1998a, p. 33-34), la interpretacién tradicie mayoritariamente en ef cuadrante nororiental hispinico. La lectura detallada de las fuentes aconseja, sin embargo, alguna mat cin, por cuanto sélo dos de los gobemadores que apor- taron argentum Oscense -M. Helvio y Q. Fulvio Flaco- ejercieron st imperium Gnicamente en Giterior. Los restantes presentan conexiones con la vecina provincia hispana, ‘Tal es el caso de M, Porcio Catén, que ejercié su responsabilidad consular 1 ambas demarcaciones, y. sobre todo de M. Helvio, el primer pretor de Ukterior (197-196 aC), Este aporté al erario 119.439 unidades de argentum Oscensecitra s6lo superada por Fulvio Flaco, por lo que puede afirmarse que en la citada provincia existia también una fuerte disponibilidad de esta mone. da, La identifieacién del argentum Oscense con numeratio procedente en exclusiva del nores- te peninsular se hace, asi, dificultosa, a no ser que se relacione la cantidad portada por Helvio con ef botin obtenido en un enfrentamiento contra fuerzas celtibéricas en el trans- ca (Liv. XXXIV, 10, 1 argentam Oscense, Livio 0 sus fuentes parecen incluir, en definitiva, numerario de cecas diver curso de su marcha hacia la costa mediterni Bajo el epigrafe de sas, con una gran dispersién territorial que superaria los limites de Hispania Citerior (como confirman los hallazgos de imitaciones emporitanas en la cuenca del Betis, véase Campo, 1998b, p. 44-45), Resulta, por ello, ugerente, la posibilidad alternativa de extender también Ia citada expresién latina a los restos de emisiones emporitanas y cantaginesas atin en cireu- lacian (Campo, 1993, p, 19-20; Campo. 1998a, p. 40; Campo, 1998b, p. 46). La cuestién se Ia actualidad, sin embargo, lejos de una solucién definitiva a causa de una pre cariedad documental que ha levado a algunos destacados especialistas ~caso de Crawford (1985, p. 95)- a la simple renuncia interpretativa. En efecto, si aceptamos la presencia de res- tos de numerario cartaginés bajo la expresién de Livio, resulta dificil conocer los motivos de la cuidadosa contabilizacidn por unidades (nummum, Liv. XL, 43, 6) de esta plata, algo que como ya hemos visto a proposito de las actividades de Escipién— no era habitual en et tra- tamiento del numerario piinico, computado al peso y destinado a la desmonetizacién. Por ‘otra parte, la posibilidad de un contenido monetario heterogé -0 (con moneda pinica) en el argentum Oscense no permite explicar satisfactoriamente las razones que condujeron a Livio © sus fuentes al abandono de la expresion argentum signatum, que designaba, sin lugar a dudas, al diverso numerario hispanico y norteafricano en poder de los cartagineses. El cali- ficativo Oscense ~al margen de sus distintas interpretaciones (Villaronga, 1977)- es demasia- do caracterizador como para fundamentar la hipétesis de una mera variacién estilistica CONTACTOS CON EL MUNDO INDOEUROPEO La consolidacién politica y econdmica de la presencia romana en la Hispania ibérica determi- 1n6, a medio plazo, la intensificacién de Tos contactos con el interior peninsular indoeuropeo. Fstos se manifestaron tanto en su vertiente pacifica -acuerdos de amicitia~ como en la mili- tar, jalonada por los enfrentamientos en Carpetania durante las primeras décadas del siglo 11 aC y el inicio de los conflictos con las distintas comunidades celtibéricas bajo la gestién de Q. Fulvio Flaco (182-181 aC) y Ti. Sempronio Graco (180-179 aC). Si bien carecemos de datos fiables sobre la cronologia inicial del denario ibérico ~més alli de la fecha ante quem del ya cépico ejemplar forrado de Bodskar-, se ha propuesto relacionar la actividad gracana con los inicios de las acuiaciones indigenas con patrin denarial (Garcia-Bellido, 1993a, p, 109 110, a partir de Gémez Moreno y Amords), y se ha atribuido a Graco el establecimiento de tuna politica fiseal para el conjunto de Hispania (Richardson, 1986, p. 114-116; Sayas, 1996, p- 69: confréntese objeciones de Salinas, 1995, p. 62: véase Naco & Prievo, 1999, p. 198-199 sobre el riesgo de la argumentacién circular), No obstante, la esfera de competencias del pre (or se habria limitado a una sola de las provincias (sobre la pol’mica inscripcién de Mengibar, © viserey moneda on la Hispania indigene: In mirado de os fntes terorias véase Salinas, 1995, p. 61; confréntese Capalvo, 1996, p. 113-114, quien propone un cambio de demarcacién), frente al caso de la gestibn del cénsul Caton, que si presenté caracter gene ral por superpone e al imperium de los dos pretores provinciales. Excede a los objetivos de uestro trabajo el anilisis exhaustivo de los ritmos de implantacién del sistema fiscal romano, ector de la problema al que se han venido dedicando importantes esfuerzos por parte de un 1980; Aguilar & 1999b: Salinas, 1995, p. 63 y 1999). Cabe subrayar tan solo dos aspectos de la cuestidn. En critica contemporanea (M co, 1995; Aguilar & Naco, 1997: Naco, p et primer lugar, el caricter heterogéneo de la difusion de la fisealidad en Hispania, tanto desde tun punto de vista cronolégico como territorial. En segundo término, la inexistencia de u relacién sist ica entre la implantacién de un siste fiscal estable y la produecion numis- ‘matica local -sea preexistente o incentivada por Roma-, por cuanto los pagos en especie pare- cen haber revestido caricter frecuente. El pasaje de Livio alusivo a las protestas de los populi hispanos ante el senado romano en el aio 171 aC (Liv. XLILL, 2) ha sido considerado, sin embar- 0, como un indicio de la ereeiente demanda de aportaciones en metilico, establecidas a par tir de valoraciones sobre el precio del cereal, de forma que los gobemadores provinciales postgracanos habrian incentivado por razones prictcas el uso de la moneda como forma de pago (Naco, 19998). La referencia impide, sin embargo, acreitar la naturaleza de la moneda cempleada para tales pagos, que M. Paz Carcia-Bellido identifica con el denario ibérico, ya que considera que el desarrollo de una nica unidad de cuenta habria contribuido a agilizar las contribuciones (Garcia-Bellido, 1993a, p. 109-110) Las actividades del pretor Craco como gobernador (Simon, 1962, p. 11 p- 47-48; contra medio celtibérico a través del mantenimiento de un staus de autonomia elevado de las 5; Knapp, 19% ¢ Knapp, 1979) se orientaron a la obteneién de una paz estable en el comunidades implicadas. Estas, una vez derrotadas militarmente, no parecen haber sido sometidas entonces a una tributacién estable, sino 1a serie de exigencias emanadas de su deditio, entve las que se encontraban el compromiso de no beligerancia y la aportacién ca sional de tropas, medidas que se complementaron con [a solicitud de indemnizaciones de guerra. La naturaleza fisica de estos aportes es, por lo comin, desconocida, Contamos con una referencia monet ria a proposito de Certima, cuyos habitantes tuvieron que arrostrar una clevada sancion pecuniaria: nummum quater ot viciens ab tis est exactum (Liv. XL, 47, 10). La interpretacién del dato es problematica, y algunos editores de la obra de Livio sugieren una pativo, nos h alusién a sestercios. En caso a riamos ante una valoracién de bienes diver: sos por dio del uso de una unidad de cuenta romana empleada aqui anacronicamente. No. obstante, queda abierta la posibilidad de considerar la expresién nummum como una indi- cacién de moneda no romana, ya que existen paralelos al respecto, Esta acepeién es clara mente reconocible en Livio (XL, 43, 6), donde el término se vincula directamente con datos de argentum Oscense, enmarcados ademas en un contexto cronoldgico coincidente con el que hos ocupa (triunfo de Q. Fulvio Flaco en 179 aC): signari Oncensis nummum centum septua: ginta tria milia ducentos. Los problemas para la localizacién de Certima difieultan la compro bacién numismética de esta hipétesis. Frente a la mayoritaria ubieacién del nicleo en Celtiberia, se ha propuesto en Tos tiltimos afios uria ubicacion en Cartama, Hispania Ukerior (Capatvo, 1996, 113-116), Dinero y moneda en la Hispania indigeno: (a mirade de ls fuentes ierarias | El estado de kx documentacién no permite inferir con claridad una hipotética obligacién de la realizacion de estos pagos a través de acufiaciones especificas, BI caso de la ceca de Erkavika es ilustrativo a este respecto. El taller ha sido relacionado con el appidum . Cuenca, TIR K-30, p. 114), calificado por Livio (XL, 50, 1) como nobilis et potens. La ciudad fue sometida d de Exgaviea (Castro de Santaver, Cahaveruel itivamente, eras algunos episodios de defeccién, a consecuencia de la vietoria romana en el Mons Chaunus, y se con sideré desde entonces entre los micleus deditieti Las emisiones de Ergavica no se habrian realizado, sin embargo, como producto de la reorganizacibn de Celtiberia del 179 aC, sino yacen la segunda mitad de la centuria (Gomis Justo, 1997; Gomis Justo, 1998, p. 94), en un contexto politicomilitar muy alejado del que nos ocupa, Por otra parte, el planteamiento de tina hipdtesis en la que se relacione el inicio de la acufacién de moneda en algunos nicleos celibéricos con el pago de las indemnizaciones de guerra gracanas debe contemplar el hecho de que tales emisiones habrian presentado una breve prolongacién temporal, por cuanto sabemos que las exigenci ccondmicas planteadas por Graco fueron condonadas con posterioridad a la marcha de éste (ete Ppdzov. App. Hsp. 44. véase Badian, 1958, p. 122- 123), La congelacién de las cuotas debidas ~ iciativa politica con diversos paralelos medi- terrineos- fue ordenada anitateralmente por el senado muy pocos afos despues del 179 aC, ya que los indigenas consideraban las exenciones en el 154 aC como un derecho consolida- do, La noticia es conocida s6lo a propésito de Segeda, pero debié de haber presentado un caricter mucho més general, extensivo al conjunto de Tos niicleos celtibéricos afeetados, pro- porcionando asi la base para una paz de un cuarto de siglo, Los actierdos de Graco constituyeron, en sintesis, un referente de primer orden en las rela- ciones eeltibéricas eon el Estado romano, pero no debe siqui 21 extrapolarse el aleance de la paz gracana al resto de Citerior, mbito inmerso en un diferente estadio de vinculacién con a potencia itiliea y, probablen ne. sometido ya a una presién fiscal regular, De aceptarse la hipétesis de una relacién directa con el desarrollo de algunas ceeas celtibéricas, el 179 aC, podria contemplarse como un horizonte cronolégico significative para el inicio de la amo- nnedacién de Sekaiza. Nos hallariamos, sin embargo, ante emisiones muy acotadas en el tiem: po, que ceden paso a un periodo de nactividad que se prolongaria hasta ¢l momento de la efectiva de las exigencias econdmicas por parte del senado romano, una inicia- tiva que debemos datar en el 151 aC, tras la negativa indigena inicial manifestada tres atios «. La vinculacién de la moneda segedense a las reclamaciones romanas no es, con todo, la tinica posibilidad interpretativa ala luz de las informaciones sobre los conflictos hispanos de mediados del siglo 11 aC, aspecto que evaluaremos a continuacién, EL ESCENARIO DE LAS GUERRAS LUSITANA Y CELTIBERICA (154-133 aC) Los conflictos militares de primera magnitud librados en ambas provincias hispanas duran- te las décadas centrales del siglo 11 aC revisten, mis alli de su coincidencia parcial en el tiem- po, caracteristicas diverge es. En la Uherion las operaciones romanas presentan, en origen, mi stan dete ‘ana hacia la uraleza defensiva y mninadas por la tradicional proclividad Iu: Beturia, constatable ya desde época cartaginesa, Sélo en una fase avanzada del conflicto los © cineroy moneda en ta Hispania indigene: Je mirade de los fuentes Iiteraris ‘mperatores penetrarin en el interior de ta Lusitania, en un intento de lograr una paz estable por medio del sometimiento de las ciudades de mayor pujanza ccondmica y demogrifica. En la vecina Giterior, a reapertura del frente celtibérico constituyé en mayor medida un acto de voluntad romana, condicionado por la ya casi undnime tendencia s& rialismo (Gabba, 1984: Richardson, 1986). La pres iatorial hacia el impe- istematica de ejéreitos consulares ialmente urbana de los enfrentamientos confieren a este con- ca y la naturaleza es flicto un perfil de maximo nivel desde la perspectiva de la politica exterior romana, caracte- rizada también por las destrucciones contemporineas de Cartago y Corinto, Los datos econdmicos Jusivos a ambas guerras hispanas son relativamente abundantes, Las pri- meras referencias corresponden a la gestion en Citerior de M, Claudio Marcelo como cénsul, del 152 aG, inspirador de una solucién pacta ara cl eonflito celtbério. Es probable que las penas ligeras que los arévacos se encontraban dispuestos a admitit entonces como condicién 1 dSpos de 600 talentos, para el retomo al starus gracano fueran de caricwer econdmico, obtenide finalmente por Marcelo en la Celtiberia segiin Posidonio (recogido en Str: 162=I1L, 4, 13), no debe ser considerado producto de la (re)imposicién de un stipendium regular, como sugiere Lintott (1993, p. 72), sino el montante total ~cerrado~ de las indemnizaciones de gue rra solicitadas a los ce ‘beros en armas tras su deditio del 151 a (Simon, 1962, p. 45; Richardson, 1986, p. 143, n. 70). Desde nuestro punto de vista, la cantidad (equivalence a 3,600,000 denarios) pudo corresponder al coste de las soldadas romanas pagadas desde el re nicio de las hostilidades en el 153 (Carcia Riaza, 19994: Garcia Riaza, en prensa), ya que el mbolso de los gastos ocasionados por la guerra era una exigencia cor snemigo sometido (Tiubler, 1964, especialm Crawford, 1983, p. 696). La re p. 67-70; confréintese Muniz, 1978, p. 245; ferencia posidoniana impide documentar la naturaleza fisica de los pagos, pero debe aceptarse como probable un caricter heteroggneo, en el que tendrian cabi- da tanto productos agropecuarios 0 artesanales como metal en bruto y, en st easo, moneda local, El problema de la naturaleza real de los aportes indigenas es una constante en las frecuen: tes referencias textuales alusivas a las guerras hispanas de mediados del siglo 11 aC, corpus docamental en el que no podemos detenernos aqui de forma pormenorizada. El metal pre- cioso fue exigido por la aucoridad romana con caricter prioritario tanto por razones pricti cas como ideoligicas (asociacién a la idea de victoria militar), y no existen motivos para negar taxativamente la obtencién de notables cantidades de plata en el ambito cektibérico, vacceo 0 lusitano. Mas complejo resulta el establecimiento de los origenes de tales reservas fen manos indigenas, a tenor de las caracteristicas econémicas del interior peninsular L 4, 13) debe explicarse considerando la importancia econémica del sector agropecuario y (Esparza, 1998), La conocida referencia estraboniana a la riqueza de los celtiberos (16 manufacturero, con la actividad militar y el mercenariado como fuentes adicionales de ingre- sos (Ruiz Gilvez, 1988; Salinas, 1996, p. 130 y siguientes; Pérez Vilatela, 1999a; Cerdefio et al, 1999). Por lo que respecta al grado de distribucién de tales reservas en el conjunto de la poblacién celtibérica, Muiiz (1998), considera que los metales preciosos se encontrarian acumulados en pocas manos; el pais y la mayoria de sus habitantes presentarian rasgos de ‘una precaria economia de subsistencia. En el émbito lusitano, el easo de Tidabriga (cercanias de Aveiro, al sur del Duero, 7/R K-29, p. 150) constituye, sin duda, el testimonio mejor cono- cido. Segin las noticias de Apiano (/Hsp. 73), los talabrigenses ras varios episodios de defec- cién, se sometieron sin lucha Dec. Junio Bruto hacia 137 aC, después que éste hubiera de la rendieién fueron las caracteristi acampado en las proximidades de la plaza. Las bas cas de una dedicio el imperator exigié la entrega de wansfugas romanos, rehenes, prisioneros y armas: les obligé a abandonar momentineamente la ciudad y, por dltimo, se incautd de los caballos, el cereal, los fondos pliblicos y las herramientas de uso comin, La referencia sugie- re, como apunta Almagro-Gorbea (1999, p. 40). que Talabriga contaba con su propio aera- ‘rium o tesoro urbano, institucin que podria atestiguarse también en otras diversas ciudades hispénicas, como Sagunto (Liv. XX1, 14, 1) 0 Gadir (véase paginas anteriores). ‘Tras la solicitud in cial de metales preciosos, muchos imperatores se verian obligados final mente a acomodar sus exigencias a las disponibilidades econémicas indigenas, que consistian por lo comin, en reservas de cereal, ganado o manufacturas, Tal seria el caso de Liiculo en las negociaciones de paz con la vaccea Mntercatia (151 aC), transmitidas por Apiano (Hsp. 53- 54), El consul exigié en primer lugar ka entrega de oro y plata pero, ante sw in tenci an, en todo caso, un valor aceptd productos textiles y cabezas de ganado. Estos bienes pose de tasacién equi lente al de la cantidad de metal inicialmente requerida, Simon (1962, p. 55) hace constar su extraiieza por la solicitud de ganado, a tenor de fa situacién de pre- cariedad por la que atravesaban los intercatienses, La clave para la interpretacién del pasaje radica, tal vez, en la referencia de Apiano a la reclamacién paralela de cincuenta rehenes, dato que podria apuntar a la fragmentacién de la entrega en diversos plazos Es también ilustrativo a propésito de esta cuestidn, el relato de las conversaciones del 140 aC entre Pompeyo y los celtiberos. Mientras Apiano (Hyp, 79) afirma que el procénsul se avino a pactar con Numancia a cambio de 30 talentos de plata, Diodoro (XXXII, 16) menciona como cléusulas estrictamente econdmieas del acuerdo~ la solicitud de 9.000 sagos, 3.000 picles de buey y 800 caballos de combate, bienes que en su conjunto habrian alcanzado un valor coincidence con la cifra transmitida por Apiano. En el contexto de una economia basicamente premonetal, el ganado y las manufacturas pare- cen haber des mp ‘ado un importante papel dinerario como reserva de valor, medio de intercambio y, acaso, unidad de cuenta, Tales funciones e hallarian presentes también diferentes objetos suntuarios, como torques y brazaletes, aspecto éste de capital importancia para la comprensién del sistema ponderal anterior a la influencia romana (Garcia-Bellido, 1985; Carcia-Bellido, 1993a: Carcia-Bellido, 1998; Careia-Bellido, 1999), En nuestro ambi- to de estudio, es muy sugerente la relacién propuesta por M. Paz Garcia-Bellido entre las referencias literarias a la obtencién de coronae en Hispania y algunos de estos objetos, en especial torques. En efecto, Livio consigna la presencia de coronas de meral precioso en los Ingresos realizados en el erario, con claro valor premonetal o paramonetal. Las informacion son may explicitas a propésito de las evronae aureae, cuya apropiacién por parte romana se atestigua para la déeada de los aftos 80 del siglo 1! aC en ambas provineias hispanas (Carcia Riaza, 1999¢, p. 135). Resulta especialmente notable el caso de A. Terencio Varrén (activo cen Giterior en 184-182 aC) por la magnitud de las dos coronas obtenidas, con un peso de 67 libras (Liv. XL, 16, 11), dato que apunta a la prioritaria fancién de estos objetos como reserva de valor. En ¢ into a Ta plata, debe tenerse en cuenta que los datos aportados por Livio no siempre co 1999e, p. 131-134), por lo qu ignan una especificacién alusiva a su eardcter snfectum (Garcia Riza es posible que algunos de los cémputos ~considerados hal ‘walmente come simples referencias a metal en bruco~ ineluyan también estos abjetos, Puesto que no contamos con el texto de Ab urbe condita correspondiente a los aitos centrales del siglo 1 aC, es dificil calibrar la signiicacion econdmica de las manufacturas premonetales en el contexto celtibérico, pero debe asumirse una continuidad de uso que pudo convivir con los inicios de la moneda. El empleo de objetos diversos elaborados en metal precioso como medio de pago se encuentra bien acreditado para otras regiones peninsulares. En. tido se manifiesta Estrabén (II, 3, 7), a propésito los usos econdmicos de los pueblos del norte: «muy en el interior, en lugar de usar moneda intereambian especies o dan pequi Himinas recortadas de plata» (traduceiin en Garcia y Bellido, 1993, p. 176), La Historia Natural de Plinio conserva diversas referencias a objetos de metal precioso hispano con clara finalidad de reserva de valor, correspondientes ya a mediados del siglo 1 dC. Tal es el caso. de la corona de oro de 7000 libras procedente de Hispania Citerior, exhibida en el triunfo de Claudio sobre Britannia (NH, XXXII, 54, cifra consignada en una inseripeién a la que tayo acceso Plinio), 0 el plato argénteo de 500 libras obtenido en la misma demarcacién por cl esclavo imperial Drusiliano (ibidem 145). Estas noticias -mas alla de su caricter aneedé- tico~ ilustran acerca de la continuidad de formulas de atesoramiento muy antiguas, coexis: tentes ahora con el empleo sistematico de la moneda, donde se documenta, incluso, la reali- 1n de pagos mixtos, como la gratificacién otorgada por César a una parte de sus hom- bres, cifrada en 3.000 denarios y 5 torques atireos, seytin el Bellum Hixpaniense (XVI. 1). CCEcAS/CIUDADES CON REFERENCIAS LITERARIAS: LOS CASOS DE SEKAIZA/SEGEDA Y NeRrosis/NERTOBRICA Enure las ciudades ce érieas directamente implicadas en el conflicto contra Roma de media dos del siglo 11 aC, son escasas las conocidas desde la doble perspectiva literatia y numisn cca. Los testimonios mejor documentados corresponden a Sekaiza y Nertobis cecas identificadas, respectivamente, con Segeda y Nergdbriga! Nertobriga, ciudades euyas cireunstancias diplomati- comilitares pueden recoustruirse con relativa seguridad en el contexto que nos ocupa. Por ot parte, son diversas las cecas para las que se ha propuesto una identificacién con los titos, incor- porados a la esfera bela desde hacia 154 aC, caso de Tiawn, Titiakos y Aratikos (Burillo, 1998, ). p. 164-165 y p. 170-171; confrontese Dominguez Arranz, 1998, p. 148 y siguient El caso de Sekaiza/Segeda La ciudad bela de Segeda ~identifi cada con los yacimientos de El Poyo de Mara-Durdn de Belmonte (Burillo, 1995; Burillo, 1998, p. 159+163)~ se encontraria entre los niicleos indi- cl horizon enas celtibéricos dorados de cecas activas cronolégico de mediados del siglo 1 aC, Los ases de Sekaiza se localizan ya en el campamento de Renieblas (Lager II}. Esta 1 Dinero y moneda en Ia Hispania indigena: la mirada de los fuentes literarias castramentacién, como sugiriera Schulten, es relacionable eon el ednsul Q. Fulvio Nobilior datacidn (primavera del 152 entre 157 y 146 aC; Jimeno & Martin, 1995, = primavera del 152, confrontese Hildebrandt, 1979, p. 2 p. 184-185) y no tanto con C, Hostilio Mancino, La fecha ante quem del 152 aG para la acnitacidn de los bronees de Segeda no es necesaria mente ampliable a la plata, si bien es posible que el sistema monetario de la ciudad presen- tara desde sus comie zos caracteristicas bimetilicas (Beltran, 1998, p. 106-107). Un breve repaso a los datos conservados en la documentacion antigua permite reconocer la creciente capacidad econdmica de Segeda en los aitos centrales del siglo, momento de maxi ma actividad de su ceca (Gomis Justo, 1998; Gomis Justo, 2001). La crisis diplomética del 154 aC -detonance de la intervencién militar de Nobilior— cuvo su origen en el sinecismo de la ciudad bela con los niieleos vecinos. El hecho aparece en Apiano como una decision uni- lateral de Segeda, que habria ejercido algin tipo de superioridad sobre una porcién de su pro- pio ethnos, as somo sobre Tos titos. Dado que, en opinién de Simon (1962, p. 16), la integra- iin de los vecinos en la nueva Segeda no se habria producido siempre de buen grado, los titos y la fraceién de Los belos forzada al sinecismo podrian contarse entre los sectores mis claramente prorromanos que se reconocen en las posteriores negociaciones de paz con Marcelo. Para Diodoro, Segeda presenta un problema de superpoblacién cuyas razones pare: cen radicar en el crecimiento de la ~paradéjicamente~ denominada x6%4s yuxpd. El siculo deseribe, por tanto, la consecuencia, pero no la causa de la nueva situacién, que tenemos que buscar en el pasaje de Apiano. Segeda se configura, asi en las fuentes literarias como un nticleo demogrificamente muy dindmico. La apertura de la ceca pudo constituir la manifestacién de tuna nueva politica econdmica local continuada, en el contexto de la progresiva adopeién por parte de diversas péleis cehibéricas de una serie de modelos tal vez desarrollados ya con éxito por sus vecinos ibéricos bajo control politico romano (Bolshan, Kese, Ausesken, Itirta). La nueva moneda habria podido desempeiiar un papel significative en la financiacién del militarismo segedense, tanto su vertiente local ~control de los titos~ como en su proyee- i exterior -los primeros enfrentamientos contra Roma-. En este titimo aspecto, las fuen- tes sugieren algunos capitulos de gastos, entre los que se encontrarian la financiacién de las obras de la muralla y las posibles compras de cereal a los vacceos. La realizacién de nuevas infraestructuras defensivas de gran envergadura implicaria prima facie una notable capacidad financiera de la ciudad, si bien can 1s de noticias concretas acerca del sistema de trabajo templeado para la construccién © ampliacién de fa muralla segedense -un proyecto inacabado 4 causa de la precipitada huida de la poblacién ante la llegada de Nobilior en el 153 a=, Debe considerarse por ello la posibilidad del empleo de mano de obra local no remunerada, quiz también de los propios titos, integrados ahora en la nueva ciudad. La hipotesis de una acu: ‘acién monetaria especifica en el contesto de tales trabajos apuntaria a una emisién puntual que, remontindose en el tiempo, se habria realizado durante los meses iniciales del 153 aC, todo el 154 al nomento en el que se desarrollan las eonversaciones previas al inicio de las hostilidades- , acaso, ef 155 aC, probable fecha del comienzo de las obras. Tras la legada de Nobilior la ciudad habria sido ocupada, por lo que‘cualquier acufacién segedense post rior al 153 aC debe considerarse ya fruto de una iniviativa subordinada a la autoridad del gobemador provincial de Citerior, Parale lamente, las referencias alusivas a la aportacién de suministros por parte de los vacceos ~que aparceerin a lo largo de todo el conflicto celt bérico como los principales a rastecedores de sus vecinos orientales (Pérez Vilatela, 1999b)- no consignan con precisién ~salvo en el caso de los numantinos- la identidad de los beneficiarios, como tampoco puede precisarse si los aportes de cereal fueron objeto de compra-venta, El caso de Nertobis/Nertobriga La Nertobriga celtibériea -NepySppuyc en Apiano (Hiip. 50)~ se ubicaria posiblemente en el tridngulo formado por las modernas Ricla, La Almunia y Calatorao, en el bajo Jalin (Diaz iz & Medrano Marqués, 1998; Pina Polo, 1993, p. 84: Fatis, 1987, p. 17: Burillo, 1998, p. 160-161; 77 K-30, p. 158-159). L paiias de M, Claudio Marcelo en el 152 aC, cuando ~i indad aparece mencionada en el contexto de las eam vada por la moderacién del impe- rator ante Ocilis decidié, sin combate previo, enviar delegados al campamento del cénsul con objeto de negociar las condiciones de paz (App. Hsp. 48). Tal actitud permitié a Simon reconocer a este niicleo entre los integrantes de la inicial coalicién antirromana (Simon, 1962, p. 17). Es posible que Marcelo no exigiera en una primera fase la deditia limivindose a solicitar la aportacién de 100 jinetes, que tendrian que integrarse al ejéreito romano, sin la consideracién técnica de rehenes, por tanto. La paz no pudo alcanzarse finalmente a causa de los ataques Hevados a cabo por grupos de indigenas contra la retaguardia romana, inci en el niicleo celtibéri- 1990: Ciprés, 1993, especialmente p. 104-135 y Ciprés, 1994, p. 29), Marcelo esclavizé como represalia & dente que apuntaria a la existencia de una mareada disensién politic r co respecto de la actitud hacia Roma (Simon, 1962, p. 33: confidmtese Cipré los jinetes y dectaré nulo el compromiso de paz, Las incursiones romanas sobre el territorio. de la ciudad y los saqueos descritos por Apiano tendrian una doble finalidad politica y mi tar, centrada esta tiltima en la erradicaeién de los sumi ros Como paso previo al sitio del eppidum Marcelo aproveché entonces su superioridad para forzar un nuevo acuerdo con la totalidad de los celtiberos en armas. Puede conclairse, por tanto, como hace Fats (1987, P. 17; confréntese Ciprés, 1993, p. 98-135), que éstos -anévacos y una fraccién de belos y titos~ eran, militarmente, una sola agrupacidn. Bl plan de Marcelo -que suponia notables concesiones~ no fue ratificado por las autoridades itilicas, de modo que la paz sélo fue al zada de una dedi- aio siguiente (151 aC) bajo la formula ~honorable esta vez para Re 4io conjunta de los celtiberos. Sabemos que en tal contexto se impusieron indemnizaciones de guerra a los principales niicleos implicados ~el ¢6pos de 600 talentos del que ya hicimos Nergdbriga/ Nertobriga, lo que impide cualquier reconstruccién sobre fuentes alusivas a la reapertura del frente celtibérico en el 143 aC no mencionan ya a la actitud de la ciudad en la Mamada Cuerra Numantina, Esta dima fecha, sin embargo, ha sido propuesta por Villaronga como post quem para el inicio de las acufiaciones en bronce de la ceca de Nertobis que se prolongarian hasta finales de la centuria (Villaronga, 1994, p. 244-245), La fractura social de Nertobriga durante la Cuerra Celtibérica fue relativamente frecuente en el seno de I Dinero y moneda en la Mispania indigena: la mitade de las fuentes Hieravias las comunidades ineligenas, y se hace patente también en el caso de Lutia (App. Hixp. 94: con- fréntese, posteriormente, Belgeda, App. Hixp. 100). Se ha propuesto relacionar esta ciudad, cuyo conflicto civil fue solventado violentamente por Escipién Emiliano hacia 133 aC, con la ceca de Lutiaeos (Burillo, 1998, p. 193; confréntese Dominguez. Arranz, 1998 p. 149). que acuiié bronce ya en el siglo 1 aC (Villaronga, 1994, p, 244), Los textos literarios comespondientes a los conflictos hispanos de mediados del siglo 1 aC. omiten referencias direetas a mor da indigena. Dada la deficiente conservacién de la docu sgado elaborar conclusiones taxativas sobre la eronologia de las acutia ciones locales con pated denarial. Mayores posibilidades de reconstruccién histériea pre senta, a nuestro jucio, la euestidn fiscal. Bl estudio de las relaciones entre ka potencia itdliea ¥ los distintos pueblos indoeuropeos implicados en a crisis diplometicomilitar apunta a la mera reelamacién de indemnizaciones de guerra hasta el 133 aC. La puesta en prictica de bucacién regular no se verified 1 Celtiberia, probablemente, sino como conseeuencia, de la reorganizacién general de la regidn tras la caida de Numancia, En su calidad de impe- ator, Emiliano se limit a ta imposicién de sanciones, amonestando y multando a las eiu- dades antirromanas (App. Hip, 98). Una comisidn senatorial de diez miembros, enviada inmediatamente después de la marcha de Eseipié habria sido la eneargada de fijar sobre una base de paz (ibidem 99), esto es, independientemente de las indemnizaciones de gue- ra, los médulos fiseales para las distintas comunidades, La crisis DE LA REPUBLICA Y LA DIFUSION DE LA MONEDA EN HISPANIA EI siglo 1 aC se halla caractes ado desde sus inicios por el desarrollo de una serie de con- flictos politicomifitares que determinarén la transformacién del ordenamiento constitucional republicano. EI conflico protagonizado por Sentorio y la guerra civil entre entre César y Pompeyo exigirin de las provincias hispanas esfuerzos directos en el plano bélico y econé~ ico. La civil ado de tales condicionamientos, de modo ‘én hispanorromana es el re que ni la progresiva aproximacién de los provinciales a la ciudadania ni su definitiva inte- gra ili jon en la economia monetal pueden explicarse sin atender al contexto de tension La implicacién directa de los hispanos en tales contlictos tuvo, en efecto, importantes conse- cuencias monetarias. La Guerra de Ser vrio (Careta Mori, 1991) se caracterizé por el empleo de los talleres indigenas para la produccién de moneda destinada al bando popular. Puede afirmarse, por tanto, que la ayor parte de las a uijaciones locales fueron ya politica y ero nologicamente romanas, orientadas a la Ginanciacién de una contienda de naturaleza civil Co panica en poder de los sertorianos habrfa sido la portada por el propio Sertorio en los ini Wo acertadamente ha se Jo Carmen Marcos (1999, p. 86), la dniea moneda extrabis- cios de su mando hispinico y la entregada por Perperna en el momento de su incorporacién al bando de éste, El resto del numeratio ~a diferencia de los gener es silanos- debié obte- nerse en Hispania a partir de c Literior-, moneda as productoras basicamence de plata necesaria para el pago de sripendia militares. Las fuentes literarias -caso de las Historias de Salusti, la biografia de Sertorio debida a Plutarco 0 el relato de las guerras civiles inclu: do en la Historia Romana de Apiano- no manifiestan claramente las claves de la politica ‘monetaria sertoriana, pero si ofrecen algunos detalles sobre su prictica retributiva, basada ahora claramente en el uso de riqueza wonedada, La identificacién de las cecas indigenas empleadas por el bando sertoriano debe realizarse ~considerando lo expuesto- a partir exclusivamente de critetios arqueolégicos y numismiticos. Entre los talleres de Citerior para los que se ha defendido una relacién con el bando sertoriano ~Bolskan, Sekobirikes y Teriast centre otros (Marcos, 1999, p. 93-97)- tan sélo el primero se vincula a un nicleo de pobla ibn ~Osca~ con rel s literarias directas para esta época. Los avances en la investiga ién numismatica de las iltimas décadas han permitido relativizar la supuesta importancia de ler durante las Cuerras Sertorianas. La documentacién literaria alude a Orca como la ciudad de concentracién de los jévenes rehienes hispanicos (Plut. Sere XIV, 2) y el escenario del asesinato del propio Sertorio (Vell. Pat. H, 30, 1; Str IIL, 4, 10), pero no puede hablarse as al remedo de senarus de una verdadera capitalidad del regnum sertotiano, y las referen organizado por el lider popular (App. BC. 108) no mencionan una sede permanente para las Feuniones, que se hallatian condicionadas, més bien, por el devenir de la guerra Se ha relacionado el retroceso en la produccién o el cierre definitivo de las cecas emisoras, de moneda ibérica con la derrota del bando sertoriano en el 72 aC (Ripollés, 1994). Dicha medida se enmarcaria entre las iniciativas contra micleos tamente hostiles, cuya capacidad de autogobiemo se habria visto de esta forma dristicamente recontada al impe- dirseles la realizacién de una politica monetaria propia. Dado que el sometimiento de eiuda- habi des enemigas cedia pas Imente a Ia imposicion de indemnizaciones de guerra, la clausura de las cecas locales en tal coyuntura no resul in embargo, facilmente explicable. Por ello, junto a los motivos politicos, se han apuntado también otras posibles causas para el declive en la produccién, come el fin mismo de las hostilidades -que supuso una dristica caida en los gastos extraordinarios de las ciudades- y el exceso de capital circulante (Dominguez Arranz, 1998, p. 193). La documentacién literaria se muestra especialmente abundante en noticias alusivas a la remu neracién de tropas en moneda durante el contlieto de Sertorio. Plutarco (Sere 6) menciona explicitamente el pago de sueldos a los birbaros por Sentoria, al igual que el uso de riquezas de los hispanos para la finan nde las operaciones militares (ibidem 20, confréntese 17. Diod. XVII, 22), y alude también al uso de la moneda para la compra dx sinw de suministros “incluso odres de agua (ibidem 13)-. Las necesidades financieras propias de una economia de guerra ~junto a la propia tradicién loca justfican que, en ocasiones, el uso de la moneda coe- Xistiera con la realizacidn de aportaciones en bienes diversos, como los presenes y regalos offe- cidos por Perperna a distintos lideres indigenas a cambio de su colaboracién (App. BC. 114), La coexistencia entre el desarrollo de la economia monetal y el recurso a otros mecanismos de pago se atestigua también, posteriormente, a lo largo de la guerra civil entre César y Pompeyo. Tal es el caso de las actividades de Varr6n, quien obligé a los ciudadanos romanos de su jurisdiccién a prometer la entrega de 18 millones de HS, 20.000 libras de plata y NN Eee Diner y monede en fa Hispana indlgena: la miredo de fos fants ieraios ( 120.000 modios de trigo, seyiin noticias de César (Civ. I, 18, 4). Bl conflicto debid provo- car un aumento del numerario circulante via stigendium militar, moneda que se integraria profundamente en el tejido econdmico peninsular a través de la notable presencia hispana en los ejérctos contendientes (Roldén, 1993, p. 100-121). Fl propio Varrén trasladé a Gades la pecunia custodiada en el templo de Hércules, fondos que hab n sido puestos en circula- cién, si bien el remanente seria después reintegrado al santuario por César (ibidem IL, 18, 2: 3). Este, por su parte, restituyé Finalmente a fos soldados del bando pompeyano los bie éstos en moneda una nes que se hallaban en poder de sus propios hombres, y compens5 vez calculado el justiprecio Gbidem 1, 87, 1). Tales circunstancias, unidas a fa escasez de determinados suministros, acarrearon un fuerte spunte de los precios, y el trigo legé a coti- zarse a 50 denarios por modio (Caes. Gie. , 52, 2) p A modo de conclusién, cabe insistir, una vez mis, en la necesidad de una aproximacién eriti- cca las fuentes literarias que nos permita calibrar el grado de fiabilidad de las informaciones di plantea, el estudio de la integracién del mundo indigena hispano en la economia monetal no jonibles. Con todas las dificultades que el estado actual de la documentacién textual puede entenderse sin una indagacién paralela en las circunstancias de la expansién romana en Hispania, tanto en su vertiente estrictamente militar como en la de naturaleza econdmi: cofiseal