Está en la página 1de 292
‘TODA LA MITOLOGIA GRIEGA Y ROMANA YSU RICO LEGADO CULTURAL La mitolagia griega y romana ra infuido de manera funda ‘mental en el desarollo dela cua occidental, Los doses <2 Olimpo, os héroes de la guerra de Troy, los conguista- dores dl valocina de oro, Epo, aca y tants otros per- ‘sonajes han constuido una fuent inagotable deinspiracién alolargo de los siglos. El Diccionario la mitlogia grog y romana rane aun tipo ls mitos reados por os atiguos las principales obras “erat, pit6ricas, ascultricas, ‘musicales, crematogréficas- asociadas a estos. (Ordenado rigurosamente de la A a la Z y complerentado ‘por un centenar da listraciones, este decionaroincluye un ‘amotio reperiario de parsoraes, lugares, onceptosy temas ‘esenciaes dala mitologle recorramane, Completan la obra ne sere de apéndioes (as fuentes Iteraras de la mitologia ctiega y romana, as retaciones entre mitologia, historia, artes, religin, etc) y un exhaustva incice que facile alos suaris la répida localizacion de ia informacion buscada. Mitologia griega y romana Mitologia eriega y romana DICCIONARIO _ ESPASH HITOLOGIA GRIEGA Y ROMANA DIRIGIOO POR RENE MARTIN Editors Carolina Reaye Tradvecién Alegria Gallardo Disetio Joagein Galego Title orginal Dictionnaire culture de ta mythologie gréce-romaine FEaions Nathan, Pars, 1992 Es propiedad © Bains Nathan Ps © Dela waduccidn: Alegria Gallardo Laurel ‘© De todas ls ediciones en castellano: Espusa Calpe, 5. A, Madd, 1995 ‘Ociava edicin: febrero, 2005, Impreso en Espana /Piated in Spain Impresin: Unigraf, SL. Editorial Espasa Calpe, S.A SUMARIO is xIV IntRODUCCION . 4 ‘COMO CONSULTAR EL DICCIONARIO LA MITOLOGIA GRECORROMANA ‘Las fuentes literarias de la mitologia grecorromana . _xvit Geograffa mitolégica ..... xxv ‘Cortespondencia de los nombres griegos y latinos de dioses y héroes. xxxt Diccionario dela A alaZ... . 1456 ANEXOS Estudio general de a mitologfa grecorromana ..... 457 La mitolog(a grecorromana y las artes plisticas 49 La miisica y la inspiracién mitol6gica nae La Antigiiedad tlevada al cine . reas {Indice general easshegnAes {ndice de términos y expresiones procedentes de la mi- tologia grecorromana 505 {fodice de escritores:y obras andnimes dp la Antighe- dad clasica..... sil SUMARIO Indice de esritores y obras andnimas posteriores ala Antigiedad {nice de pintores, escultoresy obras anénimas Indice de compositores y obras musicales anénimas. Indice de realizadores cinematograficos BrBLioGRAFtA. . vin 315 527 535 539 543 INTRODUCCION La mitologia grecorromana’ ha llegado a nosotros & través de un conjunto de textos que, en su mayoria, figu- ran entre las obras capitales de la literatura universal (ver el apartado «Las fuentes literarias de la mitologia greco- romana» en la pag. xvi), Esta mitologia es un tema om- nipresente, tanto en las letras como en las artes figurati- vas, a lo largo de todo el periodo histérico conocido con el nombre de Antigtiedad clésica, cuya impregnaciéa mi- (ol6gica podria compararse a la cristiana de la Edad Me~ dia. Su presencia sigue siendo poderosa durante la Ila- mada Antigiledad tardfa, en el corazén de un Imperio romano que en pleno siglo Iv seguia manteniendo los mitos paganos como base de los programas escolares " nel Esruono cexenat nL wrotodts GkscoRKoMAs (pe, 457 ses) ¢! eeor encontrar as indicacioaes necesarias sobre la natraeza ye] sigi- ‘ado de los mitoscscos, INTRODUCCION x No cabe duda de que durante la Edad Media esta ins- piraci6n mitolégica se verd en gran parte eclipsada por la cristiana. Sin embargo, incluso durante este perfodo, al- gunos de los grandes relatos miticos de la Antigtiedad (la guerra de Troya, el periplo de los Argonautas, el ciclo te~ bano, las aventuras de Eneas) sern objeto de versiones «noveladas» y de reelaboraciones diversas. A partir del Renacimiento, la mitologia grecorromana volverd a ser una importante fuente de inspiraci6n y pasaré a desempefiar una funcién primordial en la cultura occi- dental, En toda Europa las obras de arte y las obras litera- rias se alimentan de los grandes mitos forjados por los an- tiguos. A ellos acuden profusamente pintores, escultores y poetas que, por otra parte, no desdeftardn hacerles objeto de versiones parddicas, tan eruditas como irrespetuosas. Esta funcién desborda de hecho el Ambito de las artes y de las letras y, en este sentido, puede verse cémo la mitologia entra al servicio de la ideologfa monarquica con Luis XIV, cen Versalles especialmente, mientras los jesuitas llevan a cabo un extraordinario trabajo de conciliacién del paga- nismo y el cristianismo*, Los amores de Dido y Eneas, que habja relatado Virgilio, constituyen un ejemplo singular- mente ilustrativo de esta floracién mitolégica: si nos limi- tamos al Ambito de la escena, podemos contar no menos de ochenta adaptaciones entre 1510 —fecha en que aparece la primera de ellas— y 1912 —fecha de la més reciente—, {que recuperan e! mito en forma de tragedias, tragedias Iiri- cas, épetas 0 incluso operetas; encontramos veinte en Ale~ 2 Ver Jean-Pierre Nérudau, L’Obympe dt RolSolel. Parts, Les Beles Let tes, col, «Novveatx Conuents, 1986, xr INTRODUCCION mania, quince en Francia, trece en Inglaterra y Espaiia, ‘once en Italia, ocho en los Paises Bajos y varias mas escri- tas en latin, en danés, en sueco y en ruso (a las cuales se afiaden al menos una decena de parodias’ Es cierto que la mitologia conoce un relativo eclipse en el siglo x1x, ya que el romanticismo busca parte de su ins- piracién en la mitologia nérdica més que en la de los paf- ‘ses mediterrdneos. En el siglo xx, sin embargo, pensadores Y fil6sofos se entregardn a la tarea de buscar un significado huevo a los mitos de 1a Antigtiedad: la lectura que Freud realiza del mito de Edipo es un ejemplo caracteristico, Es- critores como J. Anouilh (Antigona), M. Aub (Narciso), S. Espriu (Antigona), A. Gala (Por qué corres, Ulises?), J. Giraudoux (La guerra de Troya no tendré lugar), J. Ma- ragall (Nausica), B. Pérez Gald6s (Electra), J. P, Sartre (Las moscas), 0G. Torrente Ballester (EI retorno de Ulises), los han utilizado como fuente de inspiracién teatral, y el cine se apodera de ellos para cony ertitlos en temas cinemato- grdficos, generalmente destinados al gran pablico, pero también en obras maestras del séptimo arte, como la Me- dea de Pasolini o la Ifigenia de Cacoyannis, Allo se afiade el hecho de que la mitologéa perma- nece sorprendentemente presente en el corazén mismo de la modernidad, de la més prestigiosa a la més cotidiana, desde el cohete Ariadna o la base de datos bibliogritica del mismo nombre de la Biblioteca Nacional de Madrid, hasta el detergente Ajax, pasando por los misiles Hades, el programa Apolo, el navio Calipso del comandante 5 Ver René Matin ed), Ende et Didon:naissance, fonctionnement et sur ve dun myihe, Pats, Pbliaciones del CNRS, 1990 INTRODUCCION xt Cousteau o los pafiuelos Hermes. Eso sin contar los dias de nuestra semana «planetaria», muchos de los cuales alu- den a nombres de dioses —nombres con los que fueron bautizados los planetas del sistema solar—, y un gran né- mero de términos y expresiones de uso corriente como GEOGRAFIA MITOLOGICA. XXX EL VIAJE DE ENEAS nuipa © a eee 5 RETA 1. Tryst, después del ata Merona incendie dod. 8 Sil Taek 10. Carag os amores Dido y nes. Ia ets. 1, Defpane: juegos nears en noner rete, Angules. Ila Estas: ns apis Tela pir: eencuonte con Andrmaca. 2 rs cunts: desengo ao infenos, aco los royanos se etablecen conta XXXI [NOMBRES DE DIOSES ¥ HEROES ‘CORRESPONDENCIA DE LOS NOMBRES GRIEGOS Y LATINOS DE DIOSES Y HEROES: [Por onan atrasénco. "POR ORDEN ALFABETICO Ree ae |__GRIEGO- atin _ | utin ok GRIEGO a eae ee Re Peet ee ee Ne i ae Bee ira, Aes |B ae te Bee OPEN ohano| Mat Coly Ce accio en tigasl Sonia onc Earn stiean eee Pee eee eee Peep so ea | pay Be enc te | le i SEP ic | a oe Rema fame i pee pee oe |e eerie oa cence | Vor eens SS amet de to Arent fe etal a ass ee recuse ee 2 = zs Baa evince os Soeeaon cn en o pe eonmeie soe = na ae — pee resloe es ce i ae FS oA RAI on eae gti, cc | fac TN. nob mili noe pings expend deg _nas divinidodes exclusivomenteitlicas [en particu cereal Lo efi x Panetta et oleciee Hien anes oe et (shy orepontosa a we cargos igrevs eames ACTEON Este joven cazador tebano debe su celebridad a su trégica yy cruel muerte. Acteén, que ha- ‘fa sido iniciado en el arte de la caza por el centauro” Quirén’, se jactaba de su habilidad afir- ‘mando que superaba a la propia Artemisa”. Un dia que recorria, Jos bosques acompafiado de su. jauria, sorprendié a la casta diosa baiiindose desnuda en las. aguas de un ro, La diosa, enti recida, le rocié con agua y Ac- ‘edn qued6 transformado en- tonces en un ciervo. Sus perros se lanzaron en su persecucién sin reconocerle y, después de darle caza, le despedazaron ¥ devoraron. La jauria vagé mui- cho tiempo por los bosques en busca de su amo hasta llegar a la caverna de Quirén, que, con- :movido por los gemidos de los ypertos, model6 una imagen que reproduefa fielmente ta figura del joven cazador imprudente. 4 Lit. EI poeta latino Ovidio (43a. C-17d, C.)relatz en el libgo I de sus Metamorfsis la cera de Diana’, la diosa de Inala», y la huida desespe ‘ada del joven trasformado en ciervo persegudo por sa propia jaurfa sedienta de sangre, A Drincipios del siglo xvi, Mira de Amescua escribi6 su Fabula de Acteén y Diana, y un siglo mds tarde, en el xvi, José An- tonio Porcel y Salablanca hace luna recreacién burlesca del ‘mito en su poema Acted y Diana. El mismo tratamiento Dbrleseo dieron al mito Alonso del Castillo Solérzano y Mel- chor de Zapata (siglo xvi), 4 Teon. Entre las obras anti- ‘guas, sefalaremos Artemisa ‘matando a Acteén, crétera ariega de h. 460 3. C, Lameis- morfosis de Acteén inspirs a ‘muchos pintores posteriores: Parmigianino, 1523, Fontane- listo; escuela de Fontaine- Dons bleau, siglo xv1, Louvre; Ti iano, 1556, Edimburgo, 1559, Londres. ADONIS Se trata de una divinidad de origen sirio, como demuestran fanto su nombre (en fenicio Adén significa «sefior», re- lacionado con el término he- breo del Antiguo Testamento Adonai, «mi seior») como sus éneulos con Afrodita’ (la feni~ cia Astarté) y su culto, particu- Tarmente importante en la ciu- dad de Biblos pero extendido también por (odo el Mediterr ‘neo oriental, sobre todo en Ate- nas y Alejandra. En el mito griego, Adonis aparece como el fruto de una unin incestuosa entre Tias, rey de Siria, y Mirra, hija del monarca. Afrodita, conside- riindose ofendida por la joven, Te habria inspirado un loco deseo por su padre que Mi- rra consiguid satisfacer recu- rriendo a una treta. Cuando ‘Tias comprendi6 que haba ya- cido con su hija, quiso matarla 'y Mirra tuvo que huir. Después ‘de vagar desconsolada durante mucho tiempo, los dioses* se apiadaron de ella y 1a meta- morfosearon en el drbol de la mirra, cuyas ramas destilan unas gotas aromaticas; las I agrimas de la muchacha. Algin tiempo después de operarse la metamorfosis®, la corteza del frbol se abri6, dando a luz un hermoso nifio, Adonis, que crecié hasta convertirse en un joven de deslumbrante belleza. De él se enamoré apasionada- mente Afrodita, que le segufa dondequiera que iba y le con- virt6 en su amante. Un dia que ‘Adonis cazaba fue atacado por ‘un jabalf y murié a consecuen- cia de las heridas. La diosa, abrumada por el dolor, hizo acer de su sangre la roja ané= ‘Adonis desperts también la pasidn de Perséfone* y las dos diosas se disputaron el amor del joven. Esta rivalidad se si- segtin algunas. versio- nes, en la infancia del héroe —Afrodita habria confiado el hhebé a Perséfone para que lo educara— aunque, sezin otras, tuvo lugar después de su tré- gica muerte. Zeus’ tuvo que rmediar en el conflicto y decidis que Adonis permaneciese la tercera parte del afio con Persé= fone y otros cuatro meses junto a Afrodita, dejando la tetcera parte restante ala eleccidn del joven. Adonis prefirié la com- paiiia de Afrodita Tulano, Venus y Adonis, Este paso anual del sombrio reino de los muertos al mundo risuerio y florido de la diosa del amor fue fcilmente interpre- tado como una imagen de ta vida de Ia naturaleza, un sim- bolo del ciclo de la vegetacién. Constituye uno de los grandes mitos de muerte y resurreccién de la Antigiiedad, Mackid, Museo del Prado Durante las fiestas de Ado- nis, celebradas en Atenas en pleno verano, las mujeres dis ponfan unos pequefios reci pientes con semillas que, rega- das con agua tibia y expuestas al sol, crecfan en pocos dias pero se marchitaban préctica- mente con la misma rapidez: cera los Ilamados «jardines de Adonis». Aunque es evidente aponis que este rito presenta una clara relacién con el mundo vegetal, no debe leerse en 61 una ima- gen del ciclo vital de la natura- Teza, y menos aiin de los traba- {jos agricolas, sino que, por el contrario, venta a simbolizar la fragilidad de la seduccién, la esterilida. # Lengua. La palabra adonis tna pasado a la lengua conver- tida en nombre comin para de signar a un joven de belleza y apostura notables. La expre- sn jardines de Adonis ha set- Vido, desde la Antigiedad, pra referirse metafGricamente cualquier proyecto inmaduro ‘cuya fragilidad y falta de con- sistencia parecen condenarlo de antemano al fracaso, El nombre de este personaje ‘nico ha servido también para bautizar un género de plantas herbceas; de una de sus espe- cies, la Adonis versalis, se ex- trae laadoniina, un principio activo utilizado como t6nico cardiaco. En poesia griega clisica, reci- bia el nombre de verso ad6- nico 0 verso adonio el que cerraba Ia estrofa séfica, La métrica espaftola adopts el ‘mismo nomire para designar a un pentasflabo dactlico, utile 4 zado desde el siglo x1v como verso auxiliar en los hemisti ‘quios de arte mayor y en la se- guidilla, que empez6 a utili arse como verso indepen- diente a partir de Cristobal de Castillejoy aleanz6 su mayor auge en el neoclasicismo, 4 Lit, La imerpretaci6n sim- bélica del mito, que Ovidio habia relatado en el libro X de sus Metamorfosis, permanece presente en el Sueiio de Poli {filo de Francesco, Colonna (1499), relato ineidtico al que [Nerval dedicaré un notable co- mentario en su Viale @ Oriente (1851). Bn el Renacimiento, 1a figura de Adonis fue protago- nista de numerosos poemas: Hurtado de Mendoza, Fabu- a de Adonis, Hipdmenes y Atalanta (1553); Juan de la Cueva, Llanto de Venus a la ‘muerte de Adonis (publicado cen 1582). El tema continda ‘con gran fortuna lteraria en el siglo xvi tanto en poesfa —Toan de Tassis, conde de Villamediana, Fabula de Ve- nus y Adonis (1611-1615); Soto de Rojas, «Adonis», en Paraiso cerrado para muchos yjardines abiertos para pocos (1652); Tirso de Molina, «Fé- pula de Mirra, Adonis y Ve- rus» (1685), en la obra tea- tral Detettar aprovechando— ‘como en teatro: Calderon dela Barca, Venus y Adonis (1659- 1660), primera obra ereada en Espafia con la intencién de {que Fuese cantada en su total dad. La piezateatral de Lope de Vega Adonis y Venus (1604), ofrece una. versién pastor del mito, como tam- bil el Adonis cle La Fontaine (1669), donde el poeta francés subrayael paso del tiempo que amenaza al hermoso adoles- cemte. La obra capital de Giambattista Marino, Adonis, novela poéticadivida en veinte cantos (1623), se entra particularmente en las pruebas iniciticas que debe superar el héroe*, primero en el jardin donde reside Venus’, en a isla de Chipre,y mis tarde a ravés de un viaje planetario. En la ‘bra de Marino, sin embargo, Adonis muere sin posibitidad de retomo y no aleanza la con dicién de divinidad, El tema del «jardin de Adonis» ocupa jgualmente un espacio desta ccado en la poesia inglesa, en particular en la obra de Spen- Ser tiulada la Rena de las ha- das (1590), que alcanza la di- ‘mensi6n de alegoria filos6fi- a, Lo mismo suede en el ‘Adonis y Venus de Shakespeare aponis (1593), donde la aventura apa rentemente humana de Adonis puede interpretarse como ol simbolo de 1 Belleza pura amenazada por el tiempo. Este mito también fue objeto dere creaciones burleseas durante el barroco: Castillo Sol6rzano, «), y se la conocia también como Citerea AFRODITA Arodita o Venus en la escultura romana de Venus italic, Sevilla, “Museo Arquedlogico (da de Citera»), Ciprs («la chi- priota») o también Anadiome (ala que vino del mar»). Afrodita es la protagonista de numerosos relatos de caric- ter amoroso. Zeus la entregé en AFRODITA matrimonio al habil aunque nada apuesto Hefesto*, pero Afrodita se prendé pronto del feroz Ares y se citaba con él en secreto, Su esposo. informado por Helio® del adulterio, quiso Vvengarse y consigui atrapar en tuna red a los dos amantes enla- zados, presenténdolos ast ante todos los dioses del Olimpo", a quienes previamente habfa con- vvocado para avergonzar pibli- camente a los adiilteros. En el Olimpo, cuenta Homero, reson6, centonees la risa inextinguible de los dioses, De los amores ilegt- timos de Ares y Afrodita nacie- ron Eros", Anteros, Deimo (el ‘Temon), Fobo (cl Terror) y Har- monia’. —> aes, Afrodita concedié sus favo- res 4 otros dioses: a Hermes” —e cuya unién nacié Herma- frodito"—, a Poseidén’, tam- bién a Dioniso”, con quien en- ‘gendré a Priapo*. Sin embargo, parece haber sido Adonis’, un ‘semidigs' helenizado de origen oriental, ¢1 que consiguié des- pertar la més ardiente pasién cn el coraz6n de la diosa, Su ‘muerte dramética —destrozado por un jabalf en el curso de una cacerfa—, venganza sin duda de alguna divinidad celosa, su- mio a la diosa en el més terrible dolor, Mientras cortfa hacia su 8 ‘amante moribundo, una espina le atravess el pie y las gotas de su sangre titeron de pérpura las rosas, blancas hasta aquel fu- nesto dfa. Afrodita no desdefi como amantes a los simples ‘morales, como Anquises, prin- cipe frigio de quien tuvo a Eneas*. => ADONIS. La region de Fria es preci samente el marco de todas las leyendas relacionadas con ta guerra de Troya’. Sobre el monte Ida tuvo lugar el eélebre Juicio de Paris, donde Hera’, ‘Atenea y Afrodita rivalizaban por la posesién de la manzana de oro destinada «a la més be- lla». Designado para arbitrar el conflicto, el joven pastor, hijo del rey troyano Priamo”, eligi6 a la diosa del amor, que Te hubfa prometido entregarle a la més hermosa de las mortales, la be= Ila Helena esposa de Menelao ais se dirigié a Esparta y rapt Helena con ayuda de Aftodita, Fhecho que sita ala diosa en el origen de la guerra de Troya. A pesar de la ayuda que siempre dispens6 a los troyanos, particu- larmente a Paris y Eneas —in- ‘luso serfa herida en una oca- sién, al acudir en socorro de sa hijo Eneas en wn combate que le enfrentaba al aqueo Diome- ddes—, no pudo evitar la caida y 9 destruccién de Troya, Eneas consiguié escapar, levando consigo los Penates* de la ciu- dad, y fundaria una «nueva Troya». Este episodio esté rla- cionado con tos origenes troya- nos de Roma’. —> PARIS. Paris no fue el tinico mortal que se vio favorecido por Afro- dita, Gracias a ella Jasin’ ob- tuyo el amor —y la preciosa ayuda—de Medea’, Hipéme- nes consigui6 a Atalanta, Pig- ‘malién* pudo ver como la esta tua que habia creado cobraba vida y Eneas logré desperta la pasiGn de Dido’, reina de Car- ago. Pero en la. mitologia ‘abundan mas los easos que pre sentan a Afrodita como una di- vinidad cruc! que castiga sin piedad @ todos aquellos que despiertan su rencor 0 descui dan su culto. Afrodita se venga entonces inspirando pasiones monstruosas 0 fatales. Pasifae: yy Fedrat son posiblemente los ejemplos mas famosos, junto a Hip6lito’, castigado por su aversi6n a las mujeres, Eos* (la Aurora), que habia cedido a los requerimientos de Ares, fue castigada por la diosa con una inreprimible pasién hacia el gi gantesco Oridn. Segtin cierios relatos, seria también la res- ponsable de la muerte de Or- AFRODITA, feo’. Persiguié con su odio a Psique*, amada de Bros, cuya belleza consideraba una afrenta personal. Castig6 el desdén de Tas mujeres de Lemnos ha- ciendo que desprendieran un ‘olor insoportable que provoes el rechazo de sus maridos, a quienes terminaron extermi- nando para formar una socie~ dad constituida solo por muje= Tes, > EOS, FEDRA, HIPOLITO, PASIFAE, PSIQUE, Este cardcter vengativo de la Afrodita griega no aparece tan acusado en Roma, que ha- cia el siglo ma, C. la asimilé a Venus", una antigua diosa la tina de la vegetacicn. En Roma aparece més bien como una di- vinidad bienhechora y prictica- ‘mente podrfa considerase como diosa nacional: Sila atribuys sus vietorias a Venus Felix (fe liz, propicia): Pompeyo invocs a Venus Victrix (victoriosa) y (César rindi6 culto a Venus Ge- nitric (madre), presentindose a sf mismo y a su linaje (gens ue ia) —supuestamente inaugu- rado por Julo, hijo de Eneas y niieto por tanto de Venus— ‘como descendientes de la diosa. 4 Lengua, Con el nombre de Afrodita se relaciona el adje- ‘AFRODITA tivo/sustantivo aftodisiaco, ‘aque provoca el deseo sexual» Este se designa a veces con el nombre de afradisia, cuyo an- ‘6nimo, anafrodisia, equivale a altigidez, ¢ Lit, Mezclada con innume- ables mitos, Afrodite es una figura omnipresente en la lite- ratura griega, Nos limitaremos a sefialar que Platén, en Fedra (siglo a. C), expone la teo- ria segin la cual existen dos ‘Afroditas na celeste, que sus- cite el amor elevado: otra po- polar, que provoca el amor sensual En Roms, el poeta epictreo La- crecio (siglo | a, C.) invoca a ‘Venus al principio de su poema ‘como povencia Suprema, fuente de toda vida y simibolo del Pla- cer (voluptas), que consitye el ‘maximo ideal de los epictireos. ‘Algo mds tarde, Virgilio, en la Eneida, da carta de nobleza ala leyenda sobre los origenes tro- yyanos de Roma y presenta a ‘Venus como ta duleisima y ma- temal protectora de Eneus. Por el contrario, Apuleyo (siglo 1 4. C.) la caricaturiza en el ‘Cuento de Amor y Psique, doo- de Jaretata como una madras- tra celosa y malvad Durante el Renacimiento, la cconcepci6n platénica del amor 10 se mezela en ocasiones con tuna visin cristiana (Ronsard, Amores, 1552; Spenser, Cua: tro himnos, 1596). En el barroco, Ia diosa puede ‘parecer com un mero preiexto para variaciones sobre el tema ‘del amor, como en el Adonis de Giambattista Marino (1623), donde es «rsina de las rosas>. ese a ello, su poder destructor, herencia de la literatura antigua, reaparece en autores como Ra- «ine, donde la vemos «aferrada ‘con ufas y dientes a su presay (Fedra, 167) La literatura romantica, parti- ccularmente la alemana, asocia poder malsfico y sensualidad (como Wagner). En la novela fantéstica de Merimée La Ve- ‘nus de Ite (1837), una miste- riosa estatua de la diosa he= ‘chiza a un joven desposado y ‘causa su muerte. La imagen de Venus parece debilitarse con Jos afios: mientras Rimbaud, en su Verus Anadiomene, «espan- tosamente bella» (Poesias, 1870), reivindica una estética do Ia fealdad, Pierre Louys lofrece en su Afrodita (1896) ‘una lectura simbolista de la ‘Ankigdedad, donde el amor y la muerte se funden en una espe- Cie de erotismo «fin de siglo > ADONIS. 4 Feon. De ta Antigiedad se- fialaremos, entre numerosas ‘obras maesiras, EI navimiento de Afrodita, bajorrelieve del trono Ludovisi, h. 460 a, Louvre; Cabeza de Afrodita, procedente de Ampurias, si- ‘glowa.C, Barcelona; Cabeza de Venus (posible copia de la de Cnido de Praxiteles), siglo ww a. C, Tarragona; Venus itd fica, mérmol romano, Museo Arqueolégico de Sevilla; Afro- daa en ta concha, terracota de Tanagra siglo m a. C., Louvre: Ia Venus de Milo, finales det siglo 1 a, C., Louvre; el fresco pompeyano que representa Las amores de Marte y Venus, h. 50a, C, Népoles, Mas tarde se repetran especialmente los temas siguientes: su nacimiento (Venus al nacer con amorclto, siglo a. C., Mérida, Badajoz; Botticelli, Venus Anadiomene, 1485, Florencia; Alexandre Cabanel, Nacimiento de Venus, hh, 1863, Paris), sus amores aduiteros (el Veronés, Venus y Marte, siglo xvi, Turin), et cconeursa de belleza (EI juicia de Paris: Cranach el Viejo, 1529, Nueva York; Rubens, si- slo xvi, Madrid) © simple. como el ideal de belleza 30: Lucas Cranach, Ve- ‘nus, 1509, San Petersburgo, AFRODITA Ermituge; escuela de Fontane- bleau, Venus en su tocador, siglo xvi, Louvre; Canova, Ve- ‘nus Borghese, mirmol que re- presenta a Puulina Bonapare, 1805, Roma; Velazquez, Ve- ‘nus del espejo, b. 1650, Lon- ‘res, National Gallery. Tizieno Ja pint6 en Ofrenda a Venus, h, 1518, Madrid, Museo del Prado, yen Venus recredndose en la misica, siglo v1, Ma- Arid, Museo del Prado. Salva dor Dalf trata esta figura mito- Togiea de una manera muy personal en su Cabeza otorri- nolégica de Venus, 1966, co- lecein privada, yen Venus de ‘Milo de los cajunes, 1963, co- leecién Max. Clarac-Seron, > ADONIS, RS, ‘¢ Mus Encontramos los mis mmos temas: Lully, Ef na cimiento de Venus, ballet, bh, 1660; Campra, Los amores dde Marte y Venus, épera, 1712: Carl Orff, Triunfo de Afrodita, pera, 1953, Enel Tannhituser de Wagner, 1845, Venus apa rece asimilada a la divinidad _germénica Holda, de andlogos atributos: es la malética dis- pensadora de un placer que se ‘opone al verdadero amor, Georges Brassens cant6 pari- ccularmente su figura en ean- cones como Les Amours dan: AGAMENON tan, Le Bulletin de Samé —donde alude a las enferme- dades venéreas—o Les Trom- pentes de la renommée, ADONIS, # Cin, Fernando Cerchio y Victor Turjanski, Afrodixa, diosa del amor, 1958; la Afro: dita de Fuest (1982) es una adaptacion de 1a obra homé- rnima de Pierre Louys. AGAMENON: Hijo de Atreo y de Aérope, nieta del rey eretense Minos’, Agamenén es el ilustre rey de Argos y de Micenas. La maldi- cin que pesa sobre su familia, asf como su papel como jefe de las tropas griezas durante 1a guerra de Troya, sellaran un destino donde la estrecha im- bricacién de tragedia y gloria adguieren tintes ejemplares. > ATRIDAS. Expulsa a st tio Tiestes del trono de Micenas con la ayuda de Tindéreo, rey de Esparta, con cuya hija Clitemnestra* se habfa casado después de haber matado a su primer marido, Téntalo, hijo del rey Tiestes, as{ como al hijo de ambos. De esta unién maldita, inaugurada con un doble asesinato y a la que Clitemnestra se somete a disgusto, nacerén dos hijas, If 2 genia’ y Electra’, y més tarde un hijo, Orestes Después del rapto de He- Jena*, hermana de Clitemnestra y-esposa de Menelao™, hermano ‘menor de! monarca, Agamenén. es elegido jefe supremo de la expedicién griega contra Troya. Convertido en «rey de reyes» y aureolado de una majestad triunfante, deberd afrontar una terrible decisién personal: of- denar el saerificio de su hija Ifi- zgenia, designada por el adivino Caleante* como victima propi- ciatoria para aplacar la ia de la diosa Artemisa’, Esta, iritada contra Agamenén, habia en- viado una prolongada calma chicha que manten‘a a ta flota aquea inmovilizada en la rada de Aulide, Viendo que era el Ainico medio para que la expe- dicin pudiese continuar su ca- mino hacia Troya, Agamenén termina por aeceder al sacrifi- cio, hecho que no ha acrecentar el rencor de Clitem- nestra contra su marido. Al cabo de nueve aos de escaramuzas ante Ios muros de Ja sitiada Troya, 1a hostilidad Jatente entre Aquilest y Aga- ‘menén se pone violentamente de manifiesto en una disputa que enfrentard a ambos héroes* por la posesién de la cautiva 1B Briseida, Agamenén, que en el ‘curso de una expedicién contra tuna ciudad veeina se habia apo- derado de Criseida, hija de un sacerdote de Apolo”, fue obli- gado a devolver a su cautiva para poner fin ala peste que el dios, iritado por la actuacién del monarca, haba enviado so- bre las filas griegas. Despe- chado, Agamendn reclamé como desagravio a Briseida, la cautiva favorita de Aquiles. Este tiltimo, furioso, se negé a combatir en lo sucesivo. Des- pués de protagonizar varias proezas en el campo de batalla, ‘Agamen6n, herido, se vio obli- gado a reconeiliarse con Aqui- les y le devolvié a Briseida > CALCANTE. A su regreso de Troya, Agamenén es asesinado por Egisto, hijo incestuoso de Ties- tes, que durante Ia ausencia del monarca se habia convertido en amante de Clitemnestra y dduefio de Micenas. De las di- versas versiones del asesinato, Ia que mayor fortuna ha tenido es aquella que nos presenta al rey saliendo de su baflo y ca- yendo bajo la espada del ase- ‘Sino, incapaz de defenderse al tener trabados los brazos por ia camisa que su esposa Clitem- nestra le habfa ofrecido después AGAMENON de coser sus mangas. Clitem- nesira no solo fue cémplice de este asesinato, sino que tam bién habria participado en él, ademds de matar por celos a ‘Casandra’, hija de Priamo’, ue Agamendn obtuvo como botin de guerra y habfa convertido en su concubina. 4 Lit, Alo largo de todo el re lato de la Hliada, eorgulloso ‘Agamenén conserva el presti- ‘gio de la funcién monérquica de Ia que es simbolo viviente, ‘pero muy raras veces aparece representado en el combate: el ppeso de su autoridad, man- hada por una violencia des- ‘mesurada, queda particula ‘mente patente con motivo de su enfrentamiento con Aguile. La Orestiada, eélebre tilogia, de Esquilo (458 a, C.), dese- rrolla la implacable maldicidn ‘que pesa sobve la familia real, donde cada miemibroes alter. nativamente cazador y pres: cl éguila negra de Agamendn, ELECTRA, IGEN, ORESTES. # Jeon. Agamensn ha inspi rado sobre todo a los pintores del perfodo napolesnico, como Guésin (Clitemnestra y Egisto disponiéndose a atacar a Agee ‘mend, 1817, Louvre) 0 In- ares, cuyo lienzo Los embaja dores de Agamendn (Paris) ‘obtuvo el primer gran premio de Roma en 1801, > aguiuss. 4 Mas, Milhaud, Agamencn (1927), 6pera oratorio incluida dentro de su Orestiada, = ones 4 Gin. > ELECTRA, oENI, ALCESTIS Hija del rey Pelias y esposa del rey Admeto de Tesala,pro- tegido de Apolo, ofrecié su vida para evitar la muerte de su esposo. Simboliza por tanto el amor conyugal. Heracles", ‘cuando descendié a los Infier” nos*, Ia liber6 del reino de las sombras* y Ia acompaié de wuelta a fa tierra, tan bella y jo- ven como en el momento de su muerte. 4 Lit Euripides (siglo va. C.) eseribi6 una Alcestis donde el personaje de la esposa que aacepta morir en lugar de su ‘marido resulta particular- ‘mente conmovedor; sin em: bargo, la escena de Heracles borracho aporta una nota e6- mica a la tagedia Evocada en la Leyenda de las ‘mujeres ejemplares de Chait ‘er (1386), Aleestis es la rina de Quinaulten Aleestis 0 ‘ALOADAS El triunfo de Alcides,libreto para la dpera de Lally (1674) {que inspirar numerosas obras el mismo tiulo durante todo el neoclasicismo ¢ incluso hasta el siglo xx, desde la Alcesiis de Hugo von Hof. rmannsthal (1893) hasta mis: terio de Alcestis de Marguerite ‘Yourcenar (1963) ‘¢ eon. De la Antiguedad se- falaremos La despeiida de Ad- ‘meio y Alcests (scoracién de ‘asia, siglo va. C., Pari) y ‘numerosis decoraciones fune- arias. Rodin esculpié una Muerte de Alcestis, 1999, Par Mis, Lully, Alcestis 0 Et triunfo de Aleides, tragedia I ria, 1674; Gluck, Alcests, pera, 1767 ALCIDES: ‘Otro nombre por el que era ‘conocido + HERACLES. ALCMENA Esposa de > ANerreidx, ALEJANDRO ‘Otro nombre de > Paris, ALOADAS: Hijos de Poseidén’, estos igantes* tuvieron la osadia de alzarse contra los doses’. Lle- garon @ apresar a Ares’, al que AMALTEA retuvieron prisionero durante trece meses encadenado dentro dde una vasija de bronce, y pre- tendieron asaltar el cielo po- niiendo el monte Pelién sobre el ‘monte Osa (que miden 1.650 y 1.550 metros, respectivamente) con el fin de aleanzar la cima del Olimpo’, antes de ser ful- minados por el rayo de Zeus’ AMALTEA. Esta ninfa” fue la nodriza de Zeus". Rea’, al ver que su es- poso Crono” iba devorando a todos sus hijos conforme na- cfan, decidié esconder a su ol timo hijo, Zeus*, en el monte Ida, situado en la isla de Creta Allf lo recogié 1a ninfa Amal- tea; las abejas destlaban para el nif la miel mas dulce y las ca- bras lo alimentaban con su le- che. Un dia, segdin cuenta Ovi- dio, la cabra que alimentaba a Zeus se rompié un cuerno; ‘Amaltea lo llen6 de flores y de frutos y se lo ofrecié a Zeus quien, en agradecimiento, con- virtié a la ninfa y ala cabra en estrellas (Ia constetaci6n de Ca- pricomio). Cuando Zeus luché contra los titanes” se hizo una armadura con la piel de esta ca- bra: la égida” Segiin otras versiones del mito, el nombre de Amaltea co- 16 rresponderia no a la ninfa, sino ala propia cabra. + Lengua, El euemo de Amal: tea ocuero de la abundancia, ‘designado también con el tér- mino de comucopia, se ha convertdo en el sfmbolo de la feeundidad. Laexpresion tener) el cuerno de la abundancia se aplica a quien goza de una situacién econémica privilegiada que ademésmejora_progresiva- ¢ Lit. Esta leyenda aparece en Calimaco (Himnos, 146, siglo ma. C.) y en Ovidio (Fastos, V, 115). # Ton. En el cud de Coy- pel Jdpiter con los coribantes, siglo xvn, Versalles, Amaltea aparece junto a Rea, En La educacién de Jipiter, tema del ‘que Jordaens realiz6 al menos cinco versiones (1635-1640, Louvre, Lodz, Bruselas, Cas- se), Sa representa ordefiando la cabra, El mismo motivo aparece en el lienzo de Poussin Jipiter nit eriado por la ca- ‘bra Amaltea, siglo xv, Museo Imperial de Berlin, AMAZONAS Pueblo de mujeres cazadoras yy guerreras. La tradiciGn mitica Poussin Jipiter nif erlado por la eabra Amelten, Berlin, Museo imperial insiste en la poderosa fascina- ign que estas feroces «brba- ras», ajenas a las costumbres sriegas, ejercfan sobre los hom- bres; fascinacién en la que se ‘mezclaban inguietantemente la atraccién sexual y una descon- fianza instintiva. Descendientes de Ares", dios de la guerra, originarias de Jos confines del Ponto Euxino (el mar Negro) —bien del Céu- aso 0 bien de la Célquide, pa- tria de Medea’—, su teino pa- rece situarse en Escitia (al sur de Rusia) 0 en Temiscira, al norte de Asia Menor, o tal vez en Tracia, Rechazaban la auto- ridad de los hombres —euya presencia solo toleraban como esclavos— y se gobernaban a si mismas, con una reina a su frente. Aunque se unfan oca- sionalmente con hombres de tribus vecinas para reprodu- cise, mataban o sometfan ala esclavitud a sus hijos varones. En cuanto a sus hijas, una tra- dicin atribuye alas amazonas la costumbre de cortarles el seno derecho para facilitar a préctica del tiro con areo, lo |AMAZONAS {que explicara la etimologfa de Ta palabra que da nombre a este pueblo —bastante discutida—, ‘que significa «privadas de un echo» (mazos). Eran devotas de Artemisa’, con la que com- partfan tanto la afici6n por ka caaza como su voluntad de vivir Iejos de los hombres, Diversas leyendas las presentan como ri- vales de algunos de los més destacadios héroes’ griezos: Be- lerofontes’, Heracles’, uno de ‘euyos trabajos consistié preci samente en apoderarse de! cin turdn de su reina, Hipslita; Te- seo’, que logré conquistar, a la fuerza 0 por amor, el corazén de Antiope", de la que tuvo un hijo, Hipdlito”; Aquiles*, cuyo coraz6n inflam6 de amor ta tima mirada de Pentesile reina de las amazonas, que ha bia acudido en socorro de Pr mo" y ala que el héroe dio muerte ante los muros de Troya” ¢ Lengua. Una amazona es una mujer que monta a caballo ‘colocando amibas piernas det mismo lado de Ia sila. La pa lara se utiliza también a ve~ ees, humoristicamente, para ar ala. prostituta que ejerce su oficio en Jos automé. viles de los elientes. Por otra desi 18 parte, el gran rio de América del Sur llamado Amazonas debe su nombre al hecho de que los conquistadores espa- Toles que lo descubrieron to- ‘maron por amazonas alos be~ Ticosos indios que habitaban cn sus mingenes —tal vez de- Dido a sus largas eabelleras—. de ah la apelaci6n rio de fas Amazonas, que al simp cearse se convirti6 en el Ama ‘Lit: La literatura antigua hace frecuentes alusiones a las jonas, pero sin dedicarles, ninguna obra espectfica, [La guerra cootra las amazonas aparece evocada en la Teseida de Boccaccio (1339-1340), ast ‘como en los Cuensos de Can: terbury de Chaucer (1387). El amor de Aquiles por la reina de las amazonas es tratado en la Penesilea de Kleist (1808). En ‘general, puede decirse que aur {que la figura de la amazona no siempre proporcions materia para un tema literaro, aparece «en cambio como tein de fondo ‘en numeross obras que evocan ‘mujeres que, sin ser necesaria mente «guerreras», sf resultan sviriles» y fuertes y asumen funciones normalmente reser: vvadas a los hombres bien prescinden de estos. ‘Amazona mueria, Napoles, Museo Arqueologico Nacional Los libros de eaballerias espa oles del siglo xv1, y en espe. cial las Sergas de Esplandin (1510) de Garei Rodriguez de Montalbo, primera continua: ci6n del eélebre Amadis de Gawia, recuperan la figura de las amazonas. El carfcter m- lico de estos seres procedentes de un lugar nada conereto pero «en todo caso leano, venta muy bien para habitar la atmésfera repleta de magia, reinos extra fos personajes extraordina rs de estas novelas. Al frente de las amazonas de Montalbo se encuentra la reina Calatia, descendiente dela Hipalita mi ‘oldgica, una mujer grande de cuerpo, hermosa, joven, va liente, fuerte y diestra en el ante de la guerra. Habitan la todavia por aquel entonces imaginaria— isla de Califor- nia, situada en un lugar impr ciso de las Indias cercano al Paraiso terrenal, Anos mi tarde lo conguistadores espa ‘oles pondrian el nombre de California a a zona del estado de EE.UU. porque su visi6a les records la descr da por Monalbo del Feino de las amazonas Esta figura aparece frecuente ‘mente asociada a a de la «ma jer fatal», la devoradora de hombres implacable y sin co raz6n, Bl personaje de Lady Arabelle, que seduce a Fla de Vandenesse en Bi iio del va le, de Balzac (1836), consti tuye un gjemplo perfecto: ex. es también una temible seduetora inacce- sible a los semimientos. Sena- laremos, por ditimo, que las amazonas grecolatinas se han AMBROSIA asociado frecuentemente a las wwalkirias de la mitologfa es- ccandinava, con quienes com- pasten el caricter guerrero ys independencia respecto de los hombres. ‘¢ Ieon, Las amazonas apare- ‘cen frecuentemente represen- tadas en vasijas antiguas: Aqui- les dando muerte ata reina de {as amazonas, 540 a. C., Lon- res; Amazonas a caballo, &n- fora etrusea,h. el siglo Va. C., Paris. La Amazona Mattei, es- cultura del siglo v a. C. (Roma), representa a la gue- rrera herida, mientras que en cl Museo Arqueoligico Nacional ‘de Napoles se conserva una es- ‘cultura helenfstica que repre- senta una Amazona muerta del siglo ma. C Rubens pint6 una Batalla de las amazonas (1615, Munich) que destaca por su extraordinario sentido {el movimiento, # Cin, Las aventuras de estas ‘guerreras intrépidas, cuyo po- der de seduccién representa ‘una amenaza para la vida de Jos héroes, han fascinado tam- bién a los cineastas: Walter Lang, 1 marido de ta ama- oma, 1933; Vittorio Sala, La reina de las amazonas, 1960; ‘Terence Young, Las amazonas, 1973; AI Bradley, Las ama- 2 ‘z0mas hacen el amor y la gue- ra, 1973, y Supermdn contra {as amazonas, 1973; Clifford Brown, Macisto contra la reina de las amazonas, 1973, AMBROSIA Del griego ambrosia, «ali- ‘mento de inmortalidad» (16r- mino derivado de la palabra brotos, «mortal, precedida del prefij privativo a-), era el mis- terioso alimento de los dioses* al cual debfan su inmortalidad y que acompafaban con una bebida denominada nécta # Lengua. Sc ha dado este nombre aun género de plantas, de Ia familia de las compues- tas, algunas de cuyas especies se toman en infusin. En sen {ido figurado, el término am bbrosfa se wiliza para designar algtin manjar exquisito y deli- ado. AMOR El tema del amores sin duda 1 més importante de la mitolo- fa grecorromana. Excepiuando Artemisa’-Diana’ y Atenea’- Minerva’, las diosas virgenes, todos los diosest y todas las diosas experimentan aventuras, amorosas que van del simple deseo camal ala pasién més in- a tensa, Estos amores unen tanto a las divinidades entre s{(Ares* ¥ Afrodita’, por ejemplo) como ‘aun dios y una mortal (Zeus* y Leda’, Dinae* 0 Alemena) 0 también a una diosa y un mor- tal (como Afrodita y Anquises, Tetist y Peleo*), y por supuesto a Jos simples seres humanos (Fedra” ¢ Hip6lito*, Medea* y Jasén, Dido* y Eneas’). De es- tas uniones, la mayoria de las veces ilegitimas y a veces aduil- teras, nacen hijos que, cuando son fruto de una divinidad y un mortal, son denominados hé- oes? o semidioses’ =F CvPIDO, BROS, PSIQUE. ANDROMACA Hija de Beti6n, rey de Te- bast —ciudad misia de la Troa- de proxima a Troya—, y esposa de Héctor’, hijo de Pria- ‘mo*, simbotiza el amor conyu- gal y filial frente a a crueldad de ia guerra. Su padre y sus siete hermanos murieron a ma- nos de Aquiles* durante una ex- pediciGn de castigo que Ios ‘riegos dirigieron contra la ciu- dad de Tebas cuando corrfa el ‘octavo afio de la guerra contra los troyanos. Con Héctor tuvo un hijo, Astianacte, Al caer Troya sufti6 el ‘mismo destino cruel que espe- |ANDROMACA raba a todas las cautivas troya- nas, que fueron repartidas entre los vencedores, Andrémaca tocé como botin a Neoptélemo —también amado Pirro, CASANDRA, HELENA, ANDROMACA ¢ Lit, La Wiada ba inmortali- zado la imagen de Ia «viuda de Héctor» sollozande desgarra- doramente sobre el cuerpo de su marido muerte (canto XXIV). Homero nos presenta 8 la esposa enamorada viendo parti Ilena de temor a su es. pposo, el mils valeroso de los ‘uerreros troyanos, en una es- cena de emocién y ternura fa miliar que contrasta fuerte- ‘meate con la brutalidad de los combates (canto VI). Frente a Helena’, coqueta y adltera, Andrémaca es la encarnaciéon de Ia fidelidad conyugal, al igual que Penélope” en la Oui sea (> vLises). Euripides es- cenifica su angustia y su coraje ejemplar: Andrémaca, arras- trada por el eruel Neoptslemo lejos de su hijo Astianacte, que iba a ser despeiado desde las smuallas de Troya en Las tro- yanas (415 a. C.); en Andro- maca (424 a. C.) tendré que defender curamente al. bas- tardo que tuvo de su nuevo ‘amo contra los celos de Her- ‘Séneca recoge las quejas de las ‘cautivas reducidas a ln esclavi tud en su obra Las rroyanas, tragedia compuesta entre 49 y 62.d.C.;en esta pieza, Andrs- ‘aca se enfrenta con un teri ble dilema; salvar a su hijo 0 respetarel recuerdo de su es poso mucrto, mismo dilema, serd el nudo de Ia tragedia de Racine del mismo titulo, Vir- gilio, por su parte, en su epo- peya la Eneida (29-19 a. C.) ‘muestra el emotivo reencuen- tro de dos supervivientes del desasiretroyano: Eneas’ al de- sembarcar en el Epiro, encon- trard a Andromaca llorando so- bre el cenotafio de su amado Héctor (canto IID, Mis adelante veremos reapa- recer la figura de Andrémaca en diversas obras dedicadas a Ia guerra de Troya, como por ejemplo el Roma de Trove, de [Benoit de Sainte-Maure (siglo xu); La Troade, de Robert Garnier (1579), 0 también en La guerra de Trova no tendrd Iugar, de Giraudoux (1935). Racine la convierte en prota: ‘gonista absoluta de su tragedia, Andrbmaca (1667), donde en- ‘cama la fdelidad wgica a un esposo amado y el desearra- ‘miento de la madre. El poema, dde Baudelaire «El cisne» (Las flores del mal, 1857), dedicado ‘8 todo aquel que ha perdido lo que nunca pode reeuperar», empieza con estas palabras: «;Andrémaca, enti pienso!>, ¥ ‘compara la melancolia del pa- 2 seante parisino en una ciudad ccambiante con el dolor que ‘comparten todos los exiliados. ‘ Iean. David, El dolor y ios Tamentos de Andrémaca sobre ef cuerpo de Héctor, 1783, fragmento del cuadro de in- ‘greso en la Academia, Paris, Bellas Artes, ANDROMEDA Exposa de —> PERsto. ANFITRION Nieto de Perseo”, y como tal bisnieto de Zeus*, fue rey de Tirinto, en el Peloponeso, Su esposa, Alemena, era tan bella que Zeus se enamors perdida- mente de ella, pero ante su in- quebrantable fidelidad el sefior del Olimpo* se vio obligado a adoptar la apariencia de Anfi- tridn para poseerla. Engafiando de este modo a su marido mientras crefa estar entre sus brazos, Alemena concibié de ‘Zeus un hijo destinado a gran- des hazafias: Heracles’. 4 Lengua. El término anfie tric ha pasado al lenguaje co- rriente para designar ala per- sona que recibe invitados a su ‘mesa 0 en su casa, La palabra sosias, que se aplica a la per- sona que tiene un extraordina- ANFITRION Fio parecido con otra, esti asi- mismo relacionada con este mito (IT). # Lit, Este relato mitolégico se presiaba evidentemente a una lectura vodevilesca y a todo tipo de versiones e6mi- ‘cas. La més antigua conocida es el Anfitrién de Plauto (h 200 a. C.), de la que puede de cirse que derivan todas las de- mas, En ella aparece un perso- naje, el esclavo Sosias, cuya ‘apariencia tomaré Mercurio’, al igual que Jipiter* adoptaré la de Anfitrién, La tadicién, por un curioso mecanisma «ni velador», quiso que ambos, amo y esclavo, pasaran al len- ‘2uaje corriente convertidos en ‘nombres comunes. Desde Ia pieza de Plauto, ef tema del dios que adopta la apariencia de un mortal con el objetivo de seducira una mu: jer ha inspirado numerosas va- Fiantes no solo por la renabili- ‘dad cémica de los juegos de ‘equivocos # que se prestaba, sino también por la presencia subyacente de un tema igual ‘ment rentable: las duds sobre la identidad, Retrou volvi6 so- bre el modelo de Plauto con Los sosias (1636), lo mismo hizo Molitre con Anjlirion (1668). La pieza de Moligre ANEITRITE termina con un suntuoso festin que Jdpiter, siempre oculto bajo ia epariencia de Anfitrién, oftece al rey y a sus amigos; el criado Sosias, que ha renun- ciado definitivamente a saber cul de los dos Anfitriones es el verdadero, concluye excla- ‘mando: «(El verdadero Anfi- {rida Jes el Anfitrién que nos dda de conars De aqui deriva el ‘empleo de la palabra para de- signar al huésped espléndido que agasaja magnificamente a sus invitados (> LENGUA). El tema volverd a ser tratado por Kleist (Anglin, 1806) inspi rindose en Molitre, y més tarde por Giraudoux (Avy 38, 1938), Este mito puede relacionarse de forma mas general con el tema 4el doble, que puede adoptar di versas formas, De este modo, ‘en cuanto al motivo de la se BESTIARIO, HUMAMDAD, PRO- MeTED, ANTEO Este monstruoso gigante’, hijo del dios Poseidén* y de Gea’, la madre Tierra, vivia en el desierto de Libia, donde se habia convertido en el terror de Jos viajeros que por allfacerta ban a pasar debido a que tent la aficién de adornar con sus exineos el templo que habia erigido en honor de su padre Heracles’, en el curso de su busqueda de las Hespérides’, tuvo que enfrentarse a él, pero el monstruo” parecia invencible ya que cada vez. que su cuerpo ‘ocaba el suelo, su madre Gea 26 le daba nuevas fuerzas. Hera- cles consiguié estrangularlo le- vantindolo en vilo para evitar que rozara la tierra. Luego tomé a Tinge, la esposa del gi- ante, y tuvo con ella un hijo, Sofax, fundador de la ciudad de Tinis (Tanger). # Fon, Se le representa siem- pre luchando contra Heracles, Destacaremas la vasija de Eu- fronios, siglo va. C., Louvre Pollaiolo (siglo x) tat6 en di versas ocasiones el tema de Anteo tanto en escultura como en pintura (Florencia: e pi. tor Baldung Grien supo dotar de viva expresividad alos 10s- ties de ambos. adversarios (post. 1529, Cassel), ANTIGONA Hija de Edipo* y Yocasta y hhermana de Ismene, de Etco- cles y de Polinices’. Antigona compa a su padre cuando este, al descubrir el crimen y el incesto que habia cometido, parti6 hacia el exilio después de arrancarse los ojos. Se refu- siaron en Colona, un puebleci- Mo del Atica, donde la muerte trajo finalmente la paz a Edipo. ‘Antigona regres6 entonces a Tebas*. Después de que Eteo- cles y Polinices se matarsin mu- 2 tuamente en su lucha fratricida por el poder, su tfo Creonte, * Convertido en rey, dispuso que se tributasen honras funebres al primero, pero prohibi6, bajo pena de muerte, que Polinices, recibiera sepultura por haber combatido contra su propia pa- tria, deeretando que su cadkiver quedase expuesto a las alima- fas y alas aves de rapifa. Las tradiciones griegas establecian el deber sagrado de seputtar a Jos muertos, sefialando que en caso contrario el alma del di- funto vagaria eternamente sin reposo y nunca podrfa acceder al reino de las sombras®. Is- mene se someti6 al edicto de Creonte: no asf Antigona, que transpredié conscientemente la prohibicién del tirano por amor a su hermano y en nombre de «das leyes no escritas ¢ inmuta- bles de los dioses'» (Séfocles, Antigona). Condenada a ser emparedada viva, Antigona pone fin a su vida ahoresndose. Su prometido Hemén, hijo de Creonte, se da muerte sobre el cuerpo sin vida de Antigona, y la esposa de Creonte, a su vez, se suicida de dolor. = INFIERNOS, TEBAS. # Lit, Esta versign de los he- cchos es la que termin6 impo- ANTIGONA, nigndose con las eélebres ta ‘gedias de S6focles, Antigona (440 a. Cy Edipo en Colona (representada postumamente en 401 a, C2). En realidad, las tae dliciones més antiguas son he- terogéneas: Antigona aparece ce algunas como hija de Euri szania y Edipo, no siendo por tanto fruto de un ineesto; en ‘ocasiones se la presenta como esposa de Hemién y madre de tun hijo: en otras versiones se afirma que Hemén fue devo ado por la Exfinge” Euripides renueva.el tema en Las fenicias (h, 408 a. Co, y la presents abandonando Tebas tras Ia ‘muerte de sus hermanos y en compan de su padre: El caso de Antigona es particlarmente idustrativo de lo vanos que pue- ‘den resutar Ios intentos de r= ‘construir la ebiografia» cohe- rente de los héroes"y heroinas de los mitos. Es tarea del poeta ‘rear, partiendo de datos dis- petsos, personajes tgicos que den la medida del hombre y se ‘mpongan sla posteridad. An- tigona ha quedado desde S6to- cles como la herofna eapaz de asumir los valores ticos mis elevados y pagar por ello con su vida, como el simbolo de Ia resistencia contra cualquier forma de tirana, ANTIGONA Sin embargo, cuando el mito literario sobre Antigona em- pieza a cobrar cuerpo en as le tras europeas y antes de encar- ner la oposici6n a fa tiranta, ‘Antfgona habia simbolizado fundamentalmente la adhesién ‘los valores familiares, Ast aparece en las tradueciones ro- smances de la tragedia de Séfo- cles, tanto en Ia italiana de Luigi Alamanni (1533) como cn la francesa de Baif (1573), {y también en Ia creacién origi nal de Robert Garnier (1580), donde puede detectarse ya una cristianizacién del mito, Lo ‘mismo se observa en la inter pretacién que offece Rotrou en su Antigona (1637) y sobre todo en el relato épico de Ba- Manche (1814), que la con Vierte en una heroina moderna, ‘une santa comparable por su bnegacién y esprit de sacri ficio a Juana de Arco. Enel siglo x1x Antigona inspi- rari lareflexién de los romén- ticos alemanes, especialmente parti de Ia traducei6n que de Ia pieza de Sofocles realiza Holderlin que, en sus Obser- vaciones sobre Aniigona (1804), ve en ella una figura blasfema y violenta. Segtin el fildsofo Fiegel, el mito de An. tigona pone de manifiesto la 28 ccontradicein misma que con- denaba a muerte a la sociedad ariega, vietima de Ia tensién entre 10s valores morales de la ciudad, encarados en una fi- ‘gura masculina, Creonte, y los valores morales «naturales» que profesa.Antigona como mujer (Estetica, 1835). La interpretacin abiertamente politica del mito se gesta du- rante el siglo xix. El conflicio cnire las eyes escritasy las le= yes no escritas se convierte en ‘al que enfrenta al individuo contra el poder absoluto, Esta interpretacidn aparecia ya es- bozada en la Antfgona de Al- fieri (1783). donde se denun- ciaba enérgicamente la razsn de Estado y el poder mondr- ‘quico, Por extensién, Antigona se conviere en el simbolo de la rebeldia y de la libertad anticonformista, como en la pieza de Jean Cocteau repre: sentada en 1922 con una puesta en cena vanguardista La Antfgona de Anouilh, re- presentada en 1944 durante la ‘ocupacién alemana, parece ha- berse convertido para muchos lectores en el mejor simbolo del espiriu de la resistencia sin embargo, el autor queria ‘conseguir una cierta rehablita- cidn de la figura del mariscal Péain, en la medida en que pretendia explicar la eleccién de Creonte. Antigona, por su idealismo y su aspiraciGn a la pureza, ecuerda a otras herof- nas de Anouilh, La resistencia la autoridad es también la in- terpretacién que ofrece Bertolt Brecht en su Amufgona (1948), yy la que aparece en la novela {de Hochhuth La Antigona de Berlin (1964), donde una joven berlinesa desaffa el poder de Hitler enterrando en secreto el ceadver de su hermano, asesi- nado por sus declaraciones hotles a los nazis. En a obra teatral Antigona (1939), Salva dor Esprit se sirve del mito para trtar mas 0 menos diree- tamente el tema de la guerra civil espafiola 4 Jeon. Antigona ante Creon: te, énfora griega, posterior al siglo v a. C., Berlin. El escul tor Joseph-Charles Marin rea- liz6 una notable terracota al estilo antiguo que representa a Antigona y Edipo, h. 1800, Paris. # Mis. Antégona, Opera: Ho- negger, 1927; Carl Orff, 1948. Anrigona, ballet inspirado en la tragedia de S6foctes, mi- sica de Mikis Theodorakis, coreografia de John Cranko, 1959, antiorE ‘Apolonio y Taurisco de Redas, £1 toro Farnesio, Museo Nacional ‘de Napoles, ANTIOPE Hija de Nicteo, regente del reino de Tebas’. Zeus’, pren- dado de su gran belleza, la per- siguié y consigui6 unirse a ella bajo la apariencia de un stir dejandola encinta. Temiendo la ira de su padre, Antiope buses refugio en Sicién, donde dio a luzdos gemelos. Abrumado de pesar y de vergilenza, Nicteo se suicid, no sin antes haber en- comendado a su hermano Lico que le vengara. Este dltimo i ‘adi entonces la ciudad de Si cidn, mat6 a su rey y trajo a Antfope prisionera a Tebas. Los gemelos recién nacidos ANTROPOGONIA fueron abandonados en el monte Citerén, donde unos pa tores los encontraron y se en ceargaron de su erianza, Anifo- pe, maltratada por Lico y su es- posa Dirce, que la habia convertido en su esclava, con- sigui6 huir y reunirse con sus hijos. Estos la vengardn ma- tando a Lico y Dirce, a la que ataron a los cuernos de un toro {que la destroz6 contra unas ro- ‘cas. Dioniso*,irritado por este crimen, se veng6 de Antfope haciéndota enloguecer. Antiope anduvo errando por toda Grecia hasta que finalmente la enco 119 el corintio Foco, héroe” epé- nimo de la Fécide, que la curs de su locura y la convirtié en su esposa La leyenda habla de otra Antfope que a veces se con- funde con esta. La «segunda» Antiope serfa hermana de Hi- polita, reina de las amazonas*, que dio a Teseo* un hijo, Hips lito 4 Lengua. Los responsables de un servicio francés de leinformética se las areglaron para formar ef nombre Antiope EDAD DE ORO, HUMANE DAD, PANDORA, PROMETEO. APOLO Dios del fuego solar y de la belleza, de las artes plisticas, de la misiea y de la poesta, es también el dios oracular y el dios de la purificacién. Su po- der es temible s hijo de Zeus" y de Leto y tiene una hermana gemela, ‘Artemisar, como el Sol tiene por hermana a la Luna, Des 31 pués de muchas tribulaciones provocadas por la eelosa Her su madre dio a luz a los geme- los en la isla de Delos, que a partir de entonces se convirtié cn una tierra sugrada donde na- die tendria derecho a nacer nia morir, En esta isla transcurri6 la infancia de Apolo, que al crecer partié hacia el pais de los hiperbireos’, donde perma~ necié por espacio de un aio, Se dirigié luego a Delfos, donde leg en mitad del verano, y allf malé a Pitén’, un monsiruo que tenfa atemorizado al pais. Para conmemorar su victoria sobre la serpiente, Apolo funds los Juegos «Piticos». Luego se apoders del ordculo de Temis" que hasta entonces haba deten- tado el monstruo, y consagré el Iripode sagrado donde se senta- ria la Pitia, una joven sacerdo- tisa que transmitfa en términos ambiguos los ordculos que le inspiraba el dios ‘Apolo fue desterrado del Olimpo* en dos ocasiones. La primera vez por haber conspi- ado contra Zeus junto a Posei- don’, Hera’ y Atenea’, y la se- sgunda por haber asaeteado con sus flechas a los efclopes’,alia- dos de Zeus. Su primer castigo, alservicio del rey Laomedonte, Consistié en construir las mura~ Praxitles, Apolo Saurdctono, Paris, Museo del Louvre as de Tro: pero como el negé a pagarle lo convenido, Apolo se vengé er viando sobre la ciudad una peste que diezmé a la pobla- cin. La segunda vez fue deste- rrado a Tesalia para cuidar los rebafios del rey Admeto, el es- poso de Alcestis’. Una vez su- peradas estas pruebas, Apolo POLO recupers su libertad y su puesto en.el Olimpo. El més hermoso de los dio- sest tuvo numerosas aventuras amorosas no demasiado afor- tunadas. Varias ninfas* desper- taron su pasidn, pero no siem- pre lo recibieron con los bra- zos abiertos: Cirene, que concibid de él a Aristeo; CI tia, a la que transformé en he~ liotropo para castigarla por ha- berle traicionado; Dafne", que, para escapar del acoso deli sistente dios, suplies y obtuvo ser transformada en laurel. Tayo amores con las musas”, como Talia, con quien engen- dé a los coribantes, 0 Urania, de cuya unidn se dice que na- ci6 Orfeo*, Entre sus amantes figuran también algunas mor- tales: Ia infiel Cordnide, con quien tuyo a Asclepio*: Crei- sa, madre de Kn; Castalia, una sencilla joven de Delfos que huy6 de él y fue transformada ‘en fuente; Psémate, que conci- bid a Lino; Casandra’, que su- frid un horrible castigo por ha- berse negado a ceder ante el dios. Apolo am también al jo- ven Jacinto* y lo convirtié en flor cuando ‘un accidente le privé de la vida; la metamor- fosist en ciprés de Cipariso, otro joven que despert6 su pa- 2 sién, eausé en el dios una gran afliccién. > sacinto. Las funciones de Apolo son iltiples: dios de la armonta, se Ie atribuye Ia invencién de la inisiea y de la poesfa, que he= chizan el corazén de hombres y dioses; se sirve para ello de Ia lira, que obtuvo de Hermes", ¥ también de la flauta, objeto de tuna violenta disputa con Mar- sias*, a quien desoll6 vivo por haber osado medirse con él Apolo inspira a los creadores versos regulares y equilibrados Frecuentemente dirige las dan- zas de las musas en el monte Parnaso’; es entonces «Apolo Musageta». Las cérites* le ‘acompatian. Es también el dios ‘que purifica: conoce el arte de sanar los euerpos, alejando de ellos toda impureza. Es «el bri- llante», «el luminoso» (phoibos, en griego), dios del calor solar que hace germinar y madurar Jos frutos, dios del verano, que cada ano trae a los hombres cuando regresa del lejano pats de los hipertyireos. El poder de este dios es temible, tan temible como el det Sol, del que es una imagen mitica: mata con sus flechas a los hijos de Niobe* y envia la peste contra las huestes de Agamenén*, que no respeté ala hija de su sacerdote Crises. 33 Dios guerrero, se pone del lado de los troyanos durante el con- flicto contra los aqueos. Lobos, cabritillos, cisnes, cuervos y delfines son sus animales* pre feridos, y su planta sagrada es 1 laurel —tributo a 1a esquiva Dafne— cuyas hojas mastica la Pitia durante sus trances. Los tomanos adoptaron muy pronto a este dios presti- gioso, cuyo nombre conserva- ron, reteniendo sobre todo su poder sanador y sus atributos solares (frecuentemente apa- rece designado con el nombre de Febo). El emperador Au- gusto (63 a. C.-14d,C.) le con- virtié en su dios tutelar € hizo correr el rumor de que Apolo era su padre. # Lengua. Bn cl lenguaje co sriente, un apolo es un joven de belleza perfeca. El adjetivo ‘apolineo, en su acepeién org nal, hereda este mismo signifi ‘edo, funcionando como siné- nimo de «apuesto, atractivo», ‘veces en sentide irdnico; en tuna segunda acepcién, forjada por el fildsofo alemsin Nietzs- che, se aplica a lo que se ca- factetiza por su proporcién, cquilibrio y armonfa, oponién- dose en este sentido a dioni- siaco (> BIONISO). apoio El nombre det dios ha servido para bautizar al eélebre pro- gama espacial estadounidense cuyo principal objetivo fue ddesembarco del hombre en la Lana (programa Apolo). Antes se habfa dado su nombre una, hermosa mariposa, la Parnas- sius apollo, también llamada ‘mariposa parnasiana. => DANE. 4 Lit, Apolo est: muy pre sente en la Hiada, donde fre- cuentemente desempena la funcién de protector de Pais Todos los poetas griezos y la- tinos le rinden homenaje como inspirador divino de sus obras. Tanto en La Replica como en Las leyes, Plan (428-348 a. C.) insist en Ia importancia del culto a Apolo, necesario para satisfacer a las masas po- pulares que reclaman una ma- aia ritual, Durante 1a Edad Media y el Renacimiento, Apolo se con funde frecuentemente, desde tuna perspectiva poética, eon el propio Dios, como puede verse en el dramaturgo portugués Gil Vicente (El templo de Apolo, 1526) 0 en Ronsardy Jos poe- tas de la Pade, para quienes el artista inspirado es un «sa. cerdote de Apolo». Con el tiempo, Apolo se ind convir= APOLO. tiendo fundamentalmente en el simbolo det Sol regio y divino. Juan de la Cueva dedies el pri- ‘mer libro de su obra Coro Fe- eo de romances historiales (1585) a Apoto. Sobre los amo- res del dios y Leueotoe, larval e Clitia, el portugués Juan de Matos Fragoso escribié la f&- bula burlesca Apolo y Leucotoe (1652), Otrade las conquistas el dios sirve de argumento ala comedia de Calderén de la Barca Apolo y Climene (se- ‘gunda mitad del siglo xvi). En el romamticismo, Apolo volverd a representar el im: ppulso de la inspiracién. En el Hiperién de Hldertin (1797- 1799), e dios se confunde con las figuras de Jépiter, de Dio- niso” y de Cristo, apareciendo ‘con el nombre de Hiperin, pa dre de Helio’, con el cual apa- rece fusionado; segtin HOlder- Lun, el poeta esta investido de una mision divina y expresa a través de su rebelién el re- ‘cuerdo de su origen solar. A mismo en Keats (Hiperidn, 1819), Apolo encarna el ac eso al saber y la bisqueda de luna nueva poesfa. También ‘desde una teflexién estética aparece la figura de Apolo en Nietzsche, particularmente en El nacimienta de la tragedia 34 (1872), donde representa el ‘mundo del suenio, del orden y dl equilibrio, oponigndose en «este sentido a Dioniso, simbolo dl arrebato y del desborda- miento de las fuerzas ereado- as; de esta definicidn procede cl término apolinismo. + Teon. Enure as numerosas es: culturas de la Antigiedad que celebran al mas bello de los dioses citaremos el Apolo de Veies, terracota etrusca, siglo VI a. C,, Roma; el Apolo Saurde ‘ono, Praxiteles, siglo 1v a. C., copia romana, Louvre. Dios so: lar, Apolo es una figura omni- presente en Verses, la ciudad el Rey Sol citaremos ol grupo Apolo servido por las musas, esculpido por Girardon para el boxquecillo de Apolo, 1666- 1673, Madrid también cuenta con una fuente dedicada al dios Apolo, esculpida en el siglo xvi por Manuel Alvarez. Los artistas eseogieron a menudo cescenas llenas de movimiento (Bemini, Apolo y Dafue, b. 1620, Roma: Rodin, Apolo ‘aplastando ala serpiente Pits. ryeso, 1895, Buenos Aires) ode ‘emocién (Rafael, Apolo y Mar- sias, 1509, Roma) # Mais. El laurel de Apolo, zarauela, b. 1657; Mozart, 35 Apoto y Jacinto, comedia en tun acto, 1763; Stravinski, Apolo Musageta, ballet, 1928. Muchas dpenss que figuran en- ‘te Tas primeras de la historia de la misica tienen como tema central el episodio de Dane: la ‘més antigua es la de Peri (Dae, 1597); la mds célebre, lade Richard Strauss (Dati, 1938) + Cin. La pelicula Apolo XU (1995), ditigida por Ron Ho- ward, narra la desafortunada aventurn de Ia tripulacion de la nave espacial estadounidense ‘que da titulo ala einta, que se encontré accidentalmente per- dia en el espacio. AQUERONTE Este hijo de Helio" y de Gear fue transformado por Zeus’ en un rfo subterraneo como castigo por haber propor- cionado agua alos titanes*, que se habian rebelado contra los dioses, traicionando asi a los Olimpicos’. E Aqueronte cons- titufa la frontera entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos (los Infiernos’). Las sombras»* de los muertos se acercaban a su orilla eran re- ccogidos af pore! barquero Ca- ronte*, que los pasaba al otro lado previo pago de un dbolo ‘AQUERONTE. ‘que siempre se ponfa en la boca de los difuntos. Era un viaje sin retoro (excepto en la doctrina imistica de la reenearnacién, de la que Virgilio se hace eco en el canto VI de la Eneida, Dos rios, uno en Grecia y ‘otro en Epiro, Hevaban este nombre. 4 Lengua. La mariposa noe- ‘urna conocida con el nombre vulgar de mariposa de la muerte 0 esfinge de la cala- vera, porque presenia sobre su tOrax unas manchas que re- ccuerdan esta figura, responde al nombre cute de Acherontia, otra alusin a la muerte simbo- lizada por la calavera # Lit, Virgilio describe «el abismo cenagoso hirvient. agitado por pesados borboto- nes» (Eneida, VI). Racine, en Fedra (1677), expresa cl ca- ctr irreversible de la muerte ‘con el siguiente verso: «Y el rapaz. Aqueronte nunca suet su presa.» En su poema «El desdichado» (Las quimeras, 1854), Gerard de Nerval exalta con estas palabras los poderes ‘igicos de poeta, que le per~ miten traseender Ia muerte: «Dos veces vietorioso atravesé cl Aqueronte.» > INFIERNOS, ORFEO, aquis AQUILES Es uno de mas seftalados hé- oes" griegos. Su nombre sim- boliza el valor en el combate y el {mpetu fogoso de los senti ‘mientos. Su infancia fue excep- cional: su padre, el mortal Pe- leo, descendia de Zeust, y su ‘madre, la diosa Tetis*, pertene- fa al linaje de Océano”, dios del océano. Su madre quiso ha- cerle inmortal, para lo cual le sumergi6 de niflo en las mégi- cas aguas del rio Estige*, que tenfan la propiedad de volver invalnerable al que se bafiara en ellas, Para ello tavo que su- jetarle por un talén, que al no recibir el contacto con las aguas del rio seria el nico punto vulnerable de su cuerpo, Segtin otra versi6n, Tetis fo ha- bria sometido a la accién del fuego con la esperanza de puri- ficar de este modo el compo- nente mortal que Aquiles habia hheredado de su padre Peleo. Pero este consiguié arrancarle a tiempo de las llamas, aunque eltalén derecho del nifio qued6 dafiado por el fuego. Mis ade lante, el centauro” Quirén* re- pararia cl daiio causado por el experimento de Tetis reempla- zando el hueso quemado por el de un gigante* célebre por su velocidad, cualidad que se 36 transmitirfa a Aquiles, a quien desde entonces se conocerfa ‘como «el de los pies ligeros» (pedas ochus). La tradicion fundi6 ambas versiones, sin embargo contradictorias, de tal vez dotado de una velocidad excepcional y con el talén como tinico punto vulnerable, ‘Su educacién no fue menos. excepcional. Quirén, el mas sa- bio de los centauros, le ensefis Jas virtudes morales y guerreras al tiempo que le alimentaba con entrafias de leén y jabalf. Ya adulto, Aquiles se revela como tun temible guerrero, convir- tiéndose en uno de los princi- pales campeones aqueos de la guerra de Troya’. Desoyendo los presagios y temores de su madre Tetis, que fe habfa anun- ciado que morirfa en esta cam- pafia, el héroe se embarca hacia Troya al frente de sus fieles ‘mirmidones’. Una tradicién se- cundaria refiere que Tetis, siibiendo el destino que aguar- daba a su hijo, habia conse~ guido ocultarlo durante nueve anos en la isla de Esciros, en la corte del rey Licomedes, dis- frazado de mujer y bajo el nombre de Pirra (ala Name- ante», por sus cabellos rojizos). De los amores de Aquiles y 37 Deidamia, una de las hijas del rey Licomedes, nacié Pirro, también llamado Neoptélemo. Ulises’, que sabia que Troya no podria ser tomada sin Aquiles, ide una argucia para sacar al héroe de su retiro: disfrazado de mereader, se present6 en la corte de Licomedes ofreciendo ‘asus hijas ropas y otras chu- cherfas femeninas bajo las cua- Jes habfa escondido armas. Aquiles no pudo disimular su alegria al verlas, descubrién- dose asf ante Ulises, al cual no le fue dificil convencerlo para que se uniese a la campatia, Te- tis no tuvo més remedio que ceder ala voluntad de su hijo y Je arm6 magnificamente para ia expedicién bélica, proporcio- néndole dos caballos inmorta- les dotados de la facultad del habla, un antiguo obsequio de Poseidén’. Aquiles se reunié con la armada aquea en Aulide. Alli se enfrent6 por vez. pri- ‘mera ala voluntad del rey Aga- ‘menén*, que habfa decidido in- molar a su hija Ifigenia’, pero ni Ia c6lera nil arrojo del hé- roe consiguieron evitar el saei- ficio de la muchacha Mas tarde, ya ante los mu- 10s de Troya, Aquiles fue acu- mulando proeza tras proeza. Sin embargo, al décimo afio de Rubens, Tetis boriondo a Aquiles en [a laguna Estigia, Sarasota Flo- ida), Ringing Museum of Art Ja campafa se produjo un nuevo enfrentamiento entre el héroe y Agamendn: el rey se apoderé de Briseida, la cautiva de cdlera, se retir6 a su tienda y se negé a combatir en lo suce- sivo, trayendo la derrota sobre las filas griegas. Solo la muerte de su mas querido amigo, Pa- troclo’, que habia caido a ma- nos de Héctor’, consiguid que Aquiles regresara, lameante de furia y dolor, al combate. Aqui les carg6 contra Troya, persi- guid tres veces a Héctor en toro a las murallas de la ciu- dad, consiguié darle alcance y AQUILES, Jo mat6 con su espada. Despucs de haber rendido honras ftine- bres a Patroclo, Aquiles, enlo- quecido por la pérdida de su amigo, até el cuerpo de Héctor a su carro y lo arrastré por el polvo. Las siplicas de Priamo* rey de Troya y padre de Héctor, ‘consiguieron finalmente hacer mella en la magnanimidad de Aaquiles, quien accedi6 a devol- ver el cuerpo del caido a su padre a cambio de un elevado rescate, Fue en este momento cuando Paris’, guiado por Apolo*, logts herir mortal- mente al héroe en el talon. ‘Algumnos relatos secundarios hos muestran a Aquiles durante tuna de las escaramuzas que se desarrollaron en la llanura de ‘Troya, dando muerte a Pentesi- lea’, la reina de las amazonas*, que habfa acudido en defensa de los troyanos, 0 combatiendo en duelo con Memnén, el hijo de Eos’, y algunos nos hablan también de los amores del hé- roe con Polixena, una de las hi- {jas de Priam. > CALCANTE. # Lengua. Talon de Aquiles ‘inico punto débil de algo o de alguien que, por lo demés, es invulnerable. La expresion re- Uirarse (alguien) bajo su tienda 38 se emplea en ocasiones para designar la acttud de alguien que, como Aquiles, se niega a tomar parte en una accién 60- lectiva movide por el despecho © porla edlera. # Lit, La tradicion homérica’ (Siglo ve aC) conviente a Aquiles en el héroe principal de la Hada, enyo tera central explcito es, precisamente, «la célera de Aquiles». Poderoso guerrero, se distingue por su velocidad («Aquiles, et de los Pies ligeros»), su belleza y,s0- todo, por su caréeter inde- pendiente y fogoso. Es cierto que ama la gloria, pero ms to- dlavia ta amistad y el amor. El canto XIde la Odisea nos deja ‘entrover, entre las sombras del Hades’, el alma de Aquiles {que ha acudido la invocaciéin de Ulises: la sombra: del éroe lament su vida terrestre y ex: presa ansiosamente su preocu- ‘pacién por la suerte de su hijo Neopislemo. Los estoicas condenaron seve ramente a este hstoe dominao por las pasiones, pero el rey de Macedonia, el gran Alejandro (siglo wv a. C.), hard de él su ‘modelo. El trégico griego Eu: ripides (siglo v a. C.) Ie con- vierte en uno de los protago- nistas de figenia en Aulide, El » poeta latino Estacio (siglo) Ie \dedica una obra épica, la Agui- leida, de la que solo Megs a es- cri dos eantos que relatan la Infancia del héroe. La figura de Aquiles atravicsa los siglos como el madelo del héroe guerrero, desde el In fierno de Dante (Divina come- dia, 1307-1321) 0 la Aquleida bizanina —poema anénimo del siglo xv—, hasta la Agui- leida (1799) de Goethe, cen- trada en el valor del héroe ante ‘su muerte inminente, o EI es- ‘eudo de Aguites (1955), un l= bro de poemas de Wystan Au- den consageado a la guerra, Bosein (siglo xv), en su so- eto CXXVIII («EI hijo de Pe- leo, que eelebrado...»), com para al héroe griego con su amigo Garcilaso: si Aquiles consiguis la gloria, Garcilaso también podra llegar a ella dems del tema de la e6lera de Aquiles, simboto del carée- ter sobrehumano del héroe y de su incapacidad para adap- tarse al mundo de los homisres (André Suarés, Aquiles venga- dor, 1920), el episodio més tratado por la posteridad ha sido el del retro del héroe en Exciros —con el travestismo del héroe y sus amores con Deidamia—, sobre todo en el AQUILES A4mbito lirico, En este sentido, destaca particularmente Me- tastasio, cuya Aquiler en Esci- ras dio origen a una famosa pera de Caldara (1736). El mismo episodio inspirs tam- bign a Marguerite Yourcenar su recopilacién de relatos ttt: lada Fuegos (1932). BI amor dde Aquiles por la reina de las ‘amazonas encontrs un trata: miento dramtico en Ia Pente- silea (1808) de Kleist. Ram6n de la Cruz se centré en la fi- _gura de la esclava favorita del héroe en su zarauela heroica Briseida (h. 1768), a la que Antonio Rodriguez de Hita se cencarg6 de poner musica En el verso «Aguiles inmvila zancadas» que aparece en La Jover parca (1917), Paul Va- léry alude al famoso argu- mento con el cual Zenén de Elea pretendia demostrar la imposibilidad del movimiento, cexplicando que ni el mismo Aquiles seria capaz de aleanzar ‘a.una tortuga siempre que esta tuviera sobre 61 una venta, por pequetia que fuera. Por sltimo, recordemes que la deseripcién homérica del aes- ccudo de Aquiles» se ha con- vertido para los tedricos mo- dernos en el modelo mismo de deseripeidn literaria de una AQUILON ‘obra de arte. Diego Hurtado de Mendoza (primera mitad del siglo xv1) dedie6 su soneto XXXIV @ este tema («EI es: ido de Aquiles, que ba- Tiado...»). Se trata de una tra- ‘duccién directa de uno de fos Emblemas de Aleiat, # Icon. La Antigttedad con- virti6 las hazatas de Aquiles en tema de gran nimero de es ceulturas (siglos v y v, Louvre) ¥ de pinturas sobre cerdmica (Embajada de Aya, Ulises y Didmedes ante Aquiles para instarle a luchar contra los rroyanos, Louvre). EL episodio de los amores del hérae con Briseida fue profusamente ilustrado (Rapto de Briseida, pinwra sobre copa griega, Londres: Despedida de Aquiles y Briseida, fresco, siglo 1a. C. Pompeya). En los siglos que siguieron, los pinores ilustra ron profusamente su juventud (Rubens, Quirdn educando a Aguiles, boceto para tapiz 1630, Rotterdam, y Tetis ba fiando a Aquiles en la laguna Estigia, siglo xvn, Sarasota, Ringling Museum of Art: Jean-Baptiste Regnautt, Edie cacién de Aquiles, obra de pre sentacién en la Academia, 1783, Louvre; Delacroix, La ceducaciin de Aquites, boceto, 40 1848, Montpellier) y su paso por el gineceo de Esciros (Ru: bens, Aguiles entre las hijas de Licomedes, h. 1616, Madrid asf como el episodio de Bri- seida (Giandomenico Tiép lo, Briseida ante Agamenén, fresco, villa Valmarana, ¢glo xvii). EI héroe aparece también en el tapiz de Tuan de Riles Historia de Aquiles, siglo xv, Santiago de Compostela. © Mas. Lully. Aquiles y Pol xena, Opera, 1687; Calda ra, Aquiles en Esciros, Ope! 1776; Antonio Rodriguez do Hita, Briseida, zarzueta, h. 1768, sobre texto de Ramén dela Cruz, Cin, Marino Girolami, La eélera de Aquiles, 1962. AQUILON Dios que los romanos iden- tificaron con el griego > B6- REAS. ARACNE Segtin Ovidio, esta joven, que fue transformada en ara (en griego, arachné), era hija de un tintorero lidio. Hubfa adqui- rido tanta reputacién en el arte de tejer que hasta las ninfas* de Ja regi6n acudfan para admirar sus obras, Arucne, orgullosa, se 4 ARACNE, Veléoquez, Las hllanderas o Fébula de Aracne, Madr, Museo del Prado atrevi6 a desaliar a la diosa Ate- nea’, patrona de las bordadoras y las teiedoras, La diosa repre- Sent6 entonces sobre su tela a los doce dioses* del Olimpo*, la disputa que la enfrent6 con Po- seidin* sobre el nombre que de- bia darse a la ciudad de Atenas y.en las cuatro esquinas, la de- rrota de los mortales que habian osado medirse con los dioses. ‘Aracne represent6 las metamor- fois de los dioses y sus escan- dalosas intrigas amorosas: Eu- ropa’ y Zeus’ transformado en toro, Ledar y Zeus convertido cn cisne... Atenea nada pudo objetar a un trabajo tan per- fecto, pero en un rapto de celos desgarré furiosa la tela de Ia jo- ven, Aracne se ahores de de- sesperacién, Atenea, tal vez apiadada, le salvé la vida con- viriiéndola en arafa 1 Lit. EI mito aparece en las Metamorfosis de Ovidio (siglo 18, C) libro VI, versos 5-145, # Teon. Velizquez, Las hilan deras 0 Fébula de Aracne, 1637, Madrid, Museo. del Prado, ARCADIA ARCADIA Esta regiOn central del Pelo- poneso, poblada de pastores de rudas costumbres que adoraban al dios Pan’ y cubierta de espe- sos bosques, era, en la imagi- nacién de los antiguos, el pats itico de una felicidad pastoril que hace pensar en el mito del buen salvaje», tan caro al si- glo xvitl. Desde esta perspec- tiva, la Arcadia era una especie de paraiso terrestre cuyos habi tantes, los arcadios, Hevaban una vida consagrada por entero a la miisica y al canto (reflejo idealizado de la vida de los pas- tores, tenida por «ociosa» en ‘comparacién con la de los agri- cultores). # Lit, El arcadismo fue una especie de ideologia (0 de ideal) muy de moda en la Roma surgida de las guerras civiles del siglo ra. C. Consis- tia.en oponer a valores «mate- Fiales», como el poder y la riqueza, otros valores «espiri tuales» cuya autenticidad se ‘encareefa —el amor ala natu raleza, el culto a fa belleza, el gusto por la masica—, todo ello desde una perspectiva que podria calificarse de «ecolo- gismo avant la lenres. Tales son los ideales que expresa 2 Virgilio en sus Bueéticas (42- 37 a.C), poniendo en escena a stores msicos y poctas p= ximos a los miticos arcadios, ‘aunque integrando también te- ‘mas «realistas» relacionados con la politica contempordnea. En 1502 el poeta y humanista napolitano Tacopo Sannazaro dio el titulo de La Arcadia a tuna novela cuyo personaje principal es un amante desgr- iado que intenta olvidar su tristeza al lado de los pastores areadios Insprada en los auto- res antiguos (especialmente en Tederito, Ovidio y Viesilio), esta obra un poco afectada, que pintaba con tintes idflicas la vvida de los pastores, tuvo un sxito inmenso en toda Europa, en ella se inspiraron La Avca- dia de Philip Sidney (1590) y La Arcadia de Lope de Vega (1598), De Sannazaro deriva el _g6nero pastorl en sus diversas ‘manifestaciones, ampliamente cultivado en Espatia a lo largo de los siglos xvi y xvut. En poesfa, este género adopta la forma de ézloga en la que un pastor —generalmente trasunto del autor— canta su amor por tuna pastora 0 ninfa’. Son fu rmosas, entre otras, las tres églogas eserites por Garcilaso de Ia Vega entre 1526 y 1836. Poussin, Los pastores de la Arcadia, Paris, Museo del Louwre En prosa, la Diana de Jorge de ‘Montemayor (1559) da inicio un género, el de la novela pastoril, de gran fama en los siglos de oro, Todas tienen ¢a- racteristicas similares: varios pastores, mas poetas y fl6so- fos que simples rsticos, ha- bilan ininterrumpidamente de sus amores no correspondidos. Su mayor aspiracién es recu- perar Ia llamada edad de oro To que lleva consigo. necesa riamente, un menosprecio de la vida de la corte y una alabanza ela de la aldea, La naturaleza 1 los sentimientos, no obstante, estén totalmente idealizados hhasta convertirse en arqueti- ‘pos. Suelen presentaralteman- cia de verso —procedente de Ja lirica tradicional eitaliani- zanle— y prosa. A la obra de Montemayor le siguié la Diana enamorada (1364) de Gaspar Gil Polo. Se considera que la vkima novela pastries la Cintia de Aranjuez (1629) dde Gabriel del Corral, Entre la ‘obra de Montemayor y esta tile tima se publicaron mis de cua renta novelas pastor el Gxito que tuvo el género en Espa, Pero noes un caso ais- s. Tales ARES lado, sino que el género pas- toril_ se desarroll6 también cen otros paises europeos, Por ejemplo, el mas célebre ejemplo francés es La As- trea (1607-1628) de Honoré eure, # Teon. Los pastores de la Ar- cadia de Poussin (1639, Louvre) evocan la fragilidad de la dicha con Ia inseripeién Etin Arcadia ego («Yo tam- bign vivien la Arcadia»). ARES Dios de la guerra, es origi- natio de Tracia, una comarca semisalvaje situada al norte de Grecia famosa por sus caballos y por sus fieros guerreros. Hijo de Zeus’ y Hera’, forma parte de los Olimpicos", pero resulta dioso para la mayoria de ellos, incluso para su propio padre Zeus. En la Mada, poema gue- rrero por excelencia, combate del lado de los troyanos y se zambulle 207050 en la furiosa refriega escoltado por divinida des sombrias como Eride* (a Discordia), Deimo (el Temor) y Fobo (el Terror). «Azote de Tos mortales», «sangriento ho- micida», «loco», tales son los epitetos mas frecuentes que le designan en la epopeya homé- 4 Sin embargo, no siempre sale vietorioso en los combates; de hecho resulta varias veces herido, sobre todo en sus en- frentamientos con Atenea’, di- vinidad también guerrera con quien forma una pareja perfec- tamente antitética, Atenea, diosa virgen que encarna la fuerza inteligente, respetada por los dioses’, prevalece siem- pre sobre la desmesura y la viril brutalidad de Ares, dején- dole incluso en el més espan- {oso de los ridiculos, como por ejemplo cuando este, alcanzado por una gruesa piedra lanzada por la diosa, se retira gimo- feando lastimosamente del campo de batalla de la mano de Afrodita’ ‘Atenea no es la nica que le pone en situaciones humillan- tes. Dos veces es herido por Heracles" y trece largos meses permanece prisionero de los ‘Aldadas*, encadenado en una vasija de bronce de la que fi- nalmente —pero en wn estado lamentable— consigue resca- tarlo Hermes’. Bl episodio mas conocido, sin duda, es Ta risible situacién en que lo puso He- festo’ cuando lo sorprendi, en flagrante delito de adulterio, con su esposa Afrodita: el dios de la guerra y la diosa del amor ‘Ares o Marte en el lenzo de Bottceli, Londres, National Gallery quedaron apresados en la red magica preparada por el habil Hefesto, que present6 asf a la pareja culpable a la mirada de todos los Olimpicos. > AFRODITA, Ademés de los hijos que tuyo con esta diosa, Ares en- gendré una prole numerosa y violenta: las feroces amazonas', el cruel Diomedes, que alimen- taba a sus yezuas con came hu- mana; Flegias, incendiario del templo de Apolo’, y otros di- versos personajes igualmente funestos. Para vengar a su hija Aleipe, violada por un hijo de Poseidén*, Ares maté al ofen- sory tuvo que comparecer ante Jos dioses para ser juzgado so- bre la misma colina donde ha- bia sido cometido el crimen. Fue absuelto. El lugar recibi6 el nombre de Areépago (colina de Ares) y se convirtié en la sede dal primer tribunal criminal de Atenas encargado de juzgar los delitos de sangre, Los romanos asimilaron Ares a ‘su dios Marte". # Lengua, Actualmente ele rmino de aredpago se uiliza en sentido iénico para designar a un grupo de personas a quienes se atribuye competencia 0 au- loridad para resolver ciertos sums, Lit, Ates aparece en nume~ rosas obras, pero rara vez ‘como personaje de primera fila, Podemos citar el Adonis ‘de Marino (1623), Os Lusiadas de Luis de Cambes (1572), La sdtira de los dioses, poema burlesco de Francesco Brac- ciolini (1618), centrado en el episodio de los amores de Ares ARETUSA, y Afrodita, yLa Venus de Mu rano de Istvan Gydgydsi (1664), poem narrativo en el que el poeta htingaro canta los, mores de los grandes senores. En épaca contemporinea po- demos encontrar presidiendo Ia recopilacién poética de ‘Wystan Auden titulada les cudo de Aquiles (1955), cen- trada en el tema de la guerra, Sobre los amores del dios con, Afrodita-Venus*, Juan de la Cueva escribié un poema en ‘ctavas, Los amores de Marte »» Venus (h. 1604), cuya escena ‘dela visita de Apolo a la fra- ‘gua de Vulcano™- Hefesto pa- rece ser un antecedente ltera- Fio del cuadro de Velizque7. Enel siglo xvi el nombre ro- mano del dios de la guerra se utilizaba en sentido genérico para designar al oficio de las armas, al que se oponta el de Tas letras; doble faceta esta de los poetas de a época. Nume- rosos. poemas presentan al «fiero Marte» o al «furor de Marte» como un obstéculo que cl poeta enamorado encuentra para dedicarse a cantar su * Teon. Ares, llamado Marte Borghese, es una réplica r0- ‘mana de una obra del siglo v a. C. (Louvre); en obras poste- 46 riores, Ares aparece prictiea ‘mente siempre representado junto a Venus (Botticelli, h, 1485, Londres), sorprendi- do por Vulcano (Boucher, si- ‘go xvi, Londres). Sefialare- mos ademas el Marte y Rea Silvia de Poussin, siglo xv, Louvre; por el vinculo que es- tublece entre el dios antiguo y In historia de Francia, el Marte ofreciendo armas a Lis XII de Rubens (siglo xvul, Dul wich); Veldequee, EI dios Marte, 1640, Madrid, Museo del Prado; por sus efectos de luz y de sombra, el Marte de Rembrandt, 1655, Glasgow; por ukimo, el Marte desar ‘mado por Venus y as gracias, escuela de David, 1824, de un violento cromatismo. ARETUSA Esta ninfa del Peloponeso, cuyo nombre griego era Aret- hhousa, despert6 un violento de- seo en Alfeo, dios del rfo que lleva este nombre. Aretusa in- tent6 escapar de él sumergién- dose en el mar, pero Alfeo la persiguid sobre las olas hasta Sicilia, donde Artemia’, pro- tectora de Ia divinidad, Ia me morfoses en fuente. Todavia en Ja actualidad, la fuente Arewusa atrae a los turistas que visitan 4 Siracusa; es un estanque donde crecen papiros baitados por el agua de una fuente caudalosa, Estamos muy posiblemente ante tino de esos «mitos funda- mentales> que forjaron los an- tiguos para explicar un hecho constatable, ya que el rio Alfeo desaparece éfectivamente bajo tierra antes de reaflorar para lunirse con el mar (> ESTUDIO GENERAL DELA MITOLOGIA GRE~ CORROMANA, LA. ESENCIA DEL tro). ¢# Lit, José Antonio Porcel y Salablanca, Fabula de Alfeo y Aretusa (sigho XV). eon, El perfil de Arctusa, rodeacio de peces, aparece re- presentado en el anverso de tuna decadracma acuflada en Siracusa a principios del siglo ¥a.C. (Biblioteca Nacional, Paris). Jean TI Restou, Alfeo y Arewsa, siglo xvi, Tours. ARGO Son varios los personajes mitolégicos que Mevan este nombre. Uno de ellos, nacido de la primera mujer mortal que se uni6 a Zeus’, fue rey del Pe~ loponeso. Dio su nombre a aquellas tierra, el cual se man- tuvo para una ciudad, Argos, de gran importancia durante 1a ARGO 6poca micénica, cuya diosa t- telar era la diosa Hera Un segundo Argo ¢s el constructor del navio de los Argonautas’. > ARGONAUTAS, JASON, El més conocido, sobre {odo a partir de su nombre lat- nizado Argos (de Argus), es un ser dotado de una fuerza prodi- giosa y provisto de cien ojos re partidos por todo su cuerpo (se- guin otra tradicién, en realidad «solo» tendrfa dos pares de ‘ojos, uno de ellos detras de la cabeza). Entre sus victimas fi- ‘gura Equidna, un monstruo* fe- ‘menino madre @ su vez de monstruos. Argos era un euar- din perfecto ya que incluso ‘cuando dormfa mantenfa cons- tantemente abiertos al menos la mitad de sus ojos; por eso la celosa Hera confié a su custo- dia 2 la joven lor, ya transfor- mada en ternera. Zeus, apia- dandose de su amante, envi6 a Hermes* en su ayuda, el cual consiguié dormir a Argos y le dio muerte, Hera, como agra- decimiento péstumo, sembr6 Jos ojos de su fiel servidor so- bre el plumaje de su ave em- blemética, el pavo real. > 1. Ulises* dio el nombre de Argo ‘su perro, Un emotivo epi dio de la Odisea narra cémo el ARGONAUTAS héroe*, tras veinte altos de au- sencia, regresa disfrazado a faca: el tinico en reconocerle ssu fiel Argo, ahora viejo, que muere después de saludar por dltima vez a su amo, Lengua. Se designs con el \érmino argos a la persona muy Vigilante («Nunca se apartaba de ela la gitana vieja, hecha un ‘argos», Cervantes). En ciertos ‘medios, la palabra designa una publicacin que proporciona in formaciones expecializadas, particularmente la cotizacién de vehiculos de ocasi, ‘Icon, El motivo mis repre- sentado es el instame de la muerte de Argos: Mercurio y Argos, Rubens, h, 1636-1638, Dresde y Madrid; Velazquez, 1659, Madrid, Museo. det Prado; Aglero, Paisaje con Mercurio y Argos, siglo Xvt, Madrid, Museo del Prado; La muerte de Argos de Rubens (Colonia) muestra a Juno" reco- siendo los ojos de Argos para, ‘adornar con ellos su pavo reel ARGONAUTAS Heroes" que acompafiaron a Jas6n* en la expedicién organi- zada para conquistar el vello- cino de oro", Dehen el nombre su navfo, el Argo" —que en 48 griego significa «veloz»—, que es también el de su constructor; son por tanto «los marinos del Argos Después de haber consul- tado el oréculo de Delfos, Ja- s6n, 2 quien su to Pelias habia mpuesto la biisqueda del fabu- Joso vellocino, reine con ayuda dde Hera” un grupo de valerosos Ihéroes, en un principio origina- rios de Tesalia, para formar la tripulacién. Pero muy pronto la leyenda afiade al grupo a Hera- cles" y a otros héroes proceden- tes de las mas variadas regio- nes. En efecto, las listas de ex- pedicionarios que proponen las diversas tradiciones existentes sobre el mito, en perfodos dife- rentes, reflejan el deseo de las ciudades griegas de celebrar a sus propios héroes locales por haber participado en esta glo- riosa empresa. Los nombres ins ilustres, sin embargo, figu- ran en todos los «catilogos», ‘que cuentan con un niimero re- lativamente fijo de participan- tes: de cincuenta a cincuenta y cinco hombres, cincuenta de ellos a los remos. > JASN. ‘Ademés de Jas6n, capitén de la expedicién, encontramos entre otros a Argo, hijo de Frixo y constructor del navi Argo, cuya proa fue tallada en 9 ARGONAUTAS Parentino, Expedicion de los Argonautas, Padua, Museo Civico Ja madera de un roble proce- dente del bosque sagrado de Dodona, ofrecido por Atenca’, que le habia conferido ademés el don de la profecfa; a Tifis, su piloto, que aprendid el arte de la nayegacién, entonces ain desconocido, de boca de la pro- pia Atenea; a Orfeo, el masico tracio cuyo cometido era mat- car la cadencia de los remeros; 2 varios adivinos, entre ellos Anfiarao; a Calais y Zetes, los dos hijos alados de Boreas’, dios del viento del Norte; los Dioscuros*, Castor y P6lUx; a ‘Acasto el propio hijo de Pelias, que se uni a la expedicién en el tiltimo momento; a Peleo y su hermano Telaméin; a Linceo, dotado de una vista extraordi- nariamente aguda, como el lince cuyo nombre porta, y por altimo a Heracles, el gran héroe tebano, que interviene particu- larmente en un episodio. de la travesfa: el rapto de Hilas. = VELLOCINO DE ORO. ARGONAUTAS Los Argonautas embarcan en el puerto tesalio de Pégasas después de haber hecho un sa icio a Apolo’, y su primera escala serd la isla de Lemnos, habitada tinicamente por muje- res, Estas, a quienes Afrodita’ habfa castigado impregnindo- las de un insoportable hedor, habfan sido abandonadas por sus maridos y para vengarse habfan exterminado a todos los varones de la isla. Las lemnia- nas, libres ya de la maldicién de Afrodita, acogieron con agrado a los Argonautas; estos se unieron a ellas y repoblaron de este modo la isia, Después de detenerse en Samotracia para iniciarse en los misterios Grficos, penetraron en el Helesponto y desembarcaron en Ia isla de Cicico, cuyo rey les recibié con la mayor hospi- talidad. Al dia siguiente reem- prendieron su ruta, pero unos vvientos contrarios les arrojaron ‘nuevamente sobre la costa de la isla en plena noche. En la oscu- ridad, que impedfa que los habitantes de la isla y los Argo nautas se reconocieran, se enta- ‘bi un feroz combate en el cual murieron numerosos islefios, entre ellos el propio rey Cicico, atravesado por una lanza. arro- jada por Jas6n, que posterior- 50 mente ofrecer en su honor lunos suntuosos funerales. En el momento en que el Argo alcanzaba Bitinia se rom- pid el remo de Heracles, vién- dose forzados a hacer escala para reponerlo, Mientras Hera- les se dirigfa a un bosque pré- xximo con el objeto de encontrar un arbol apropiado para fabri car otro remo, el joven Hilas, a quien Heracles amaba, recibié el encargo de sacar agua de un oro. Las ninfas’ que alli habi- taban, maravilladas por la be- leza del joven, le atrajeron ha- cia sus dominios acusticos, donde perecié ahogado. Abru- mado de dolor por la desapari cin de Hilas, Heracles se lanzés una inGtil busqueda de su compariero y no Hlegé a tiempo para embarcar en el Argo. El Viaje prosiguid sin é1, pues ya el Destino" (0 las moiras’) ha- ‘fan predicho que Heracles no participarfa en la conquista del vellocino de oro. En el pais de los bébrices, cel rey Amico desafié a un com- bate singular a los Argonautas, pero el luchador Pélux le maté rompiéndole el crineo. Mis tarde el Argo tuvo que hacer es- cala en Tracia, en la orilla eu- ropea del Helesponto; alli los héroes fueron acogidos por el 31 rey Fineo, hijo de Poseidén’ Dotado del don de la profecta, Fineo habia sido castigado por los dioses* por haber osado pe= netrar en ciertos secretos: Zeus? le cog6, haciendo ademis que Jas harpfas’ se arrojasen sobre sus alimentos y, después de de- vorar parte de las viandas, en- suiciasen el resto con sus exere= mentos cada vez que pretendia comer. Los hijos de Boreas, Calais y Zetes, hicieron huir a estos monstruos* mitad mujeres ritad aves, liberdndole por fin de su acoso. Fineo, en agrade- cimiento, revel6 a los Argo- nautas e6mo franquear el si- guiente obstéculo de su ruta: las siniestras rocas Cianeas. Las rocas Cianeas —literal- mente las «rocas azules» tam= bign Hlamadas las Simplégades, las rocas que chocan entre s»— eran dos escollos méviles ue se cerraban uno contra el iro cada vez que un navio pre tendfa franquearlos, aplastén- dolo y destruyéndolo. Después de haber soltado una paloma, que logré pasar entre las rocas perdiendo tinicamente una pluma de la cola, los Argonau- tas, con ayuda de Atenea, con- siguieron atravesar a toda velo- cidad et paso de las Cianeas ‘con escasos dafios: solo la popa ARGONAUTAS, del Argo sufti6 un leve desper- fecto, como le habia sucedido a la paloma. Desde entonces, por Yoluntad del Destino, las rocas Cianeas permanecieron inmé- viles. Ya en el Ponto Euxino, es decir, en el mar Negro, el Argo prosiguié su viaje sin proble~ ‘mas hacia la Célquide aunque sin su piloto Tifis, que habia muerto de enfermedad en el pais de los mariandinos, siendo sustituido al timén por Anceo, Avistadas las costas de la C6l- quide, término de su viaje, el navio remont6 finalmente el rio Fase y ech6 anclas ante la capi tal, Bea. Jasin se presents entonces ante el rey de la Célquide, Ee- tes, y le expuso el objeto de su misiGn, Con la secreta espe ranza de desembarazarse de él, el rey Eetes le impuso una prueba de fuerza y habilidad: uncir al mismo yugo una pareja de toros con pezufias de bronce que despedian fuego por los ollares, arar con ayuida de estos, tun extenso campo y sembrar en Jos sureos asf abiertos los dien- tes de un dragén, matando por Gltimo al ejéreito de hombres, armados que naceria. de tal siembra. Ayudado por los po- deres de la maga Medea’, hija de Betes, a quien Afrodita ha- ARGONAUTAS bia inspirado un ciego amor por sé, el héroe salié victorioso de tan temible prueba, pero el rey se negs pese a todo a entre garle el vellocino de oro. Siempre ayudado por Me- dea, 2 quien habia prometido el ‘matrimonio, Jasén consiguis apoderarse del preciado objeto aprovechando que la hechicera habia dormido con sus sortile- tis al draz6n encargado de su custodia, y ambos huyeron ha~ cia el Argo, que inmediata- ‘mente lev6 anclas y se hizo a la mar. Betes se lanzé en persecu- cidn de los fugitivos y Medea, para retrasar el alcance, no dud6 en matar a su hermano pequeiio, que habia embareado con ella, ¥ lanzar su cuerpo MEDEA. Desviados de su ruta por tuna tempestad que les arrojé a la costa de Libia, donde tuvie- ron que cargar con el Argo a hombros para atravesar el de- sierto, los Argonautas consi- guieron finalmente Hegar a Creta. La isla, gobernada por el rey Minos’, estaba custodiada por un gigante” de bronce Ila- mado Talos, un monstruo aut6- mata construido por Hefestor que recorria tres veces al da la costa para impedir la entrada de 3 intrusos. Los Argonautas estin punto de ser destruidos por el gigante, pero una vez, més se salvaron gracias a Medea, cu- yas artes consiguieron descu- brirel punto vulnerable de Ta- Jos —un clavo situado en el tobillo del autémata, que rete- nia la sangre de su. tnica vyena—y destruitlo. ‘Tras hacer escala en Egina, Jos Argonautas costean Eubea yentran en Yolco cuatro meses Aespués de su parida. Jason en- {regs el vellocino de oro a Pe- lias y luego condujo el Argo a Corinto para consagrarlo a Po- seidén # Lengua. El nombre de ar- ‘gonauita se ha aplicado a una especie de pulpo propia de ma- res céldos, «um tipo de velero «de competiciénutilizado en las escuclas de vela y también a la {ripulacién de uno de tos sub- ‘marinos atémicos destinados en el ovéano Antico. El nombre del navio Argo de- signa a un grupo de tres cons- telaciones del hemisferio aus- ‘ral ¢ Lit. El conjunto de esta le- yenda, extremadamente com- pleja y cuyo niécleo primitivo es anterior a los poemas homé- ricos*,rivaliza en celebridad ARGONAUTAS con el otro gran periplo mari- timo legendario: la Odisea. Es ‘conocida sobre todo a través del extenso poema épico Las ‘argonéuricas, de Apotonio de Rodas (siglo ma. C) ‘Como en el caso de los poe- ‘mas homéricos, surgieron nu- rmerosas adaptaciones de las aventuras del Argo: los amores de Jasin y Medea, en particu- Jar, inspiraron una gran varie- dad de poemas y piezas dr iméticas. En Roma, Valerio Flaco (siglo 1d. C.) escribis ‘una epopeya imitada de Ia de Apolonio y con el mismo ti- tulo, pero no desprovista de originalidad en la deseripcién {el sentimiento amoroso. => IASON, MEDEA, 4 Teon. Reunién de los Argo- nawias en presencia de He- racles y Atenea, crétera preg, siglo va. C., Louvre; Gusta- ve Moreau, Los Argonautas, 1887, Paris, En el Museo Ci- vico de Padua se conserva un lienzo titulado Expedicién de los Argonautas, atribuido [Bernardo Parentino, '¢ Cin, Después de Los gigan- tes de Tesalia, de Riccardo Freda (1960), el filme de Don Chalfey Jasén y fos Argonau- tas (1963) traduce en image ‘nes, con logrados efectos espe ARGOS ciales, las principales etapas dl periplo de los Argonauts, desde la partida de la expedi ‘cin hasta Ia conquista del ve- Hlocine de oro gracias a las ar- tes de Medea, Hija de Minos‘, rey de Creta, y de Pasffae’, es her- mana de Fedra’; su nombre sig- nifica «la de gran pureza». Su leyenda esté probablemente re~ lacionada, en sus orfgenes, con el culto de una diosa cretense, proxima a Afrodita’, cuya pre- sencia en Cnosos y Delos y en Argos ha podide ser documen- tada, Més tarde, el mito en tomo a Ariadna se organiza en tomo a tres. representacio- nes simb6licas de la mujer ena- morada: iniciadora heroica, amante abandonada, esposa di- ‘Ariadna concibié una pa- sin inmediata hacia Teseo", principe ateniense que habia egado a Creta para combatir al Minotauro*, hermanastro de Ja princesa, Le ayud6 a salir det Laberinto’ proporcionéindole un ovillo de hilo que le haba dado 4 Dédalo*, que Teseo fue desen- rollando a medida que se inter- aba en el Laberinto y que luego le permitirfa encontrat la salida, Ariadna, como Medea’ con Fas6n’, traicioné a su padre por su amante y huy6 con él para escapar de ia odlera de Mi hos. Teseo, sin embargo, la ‘abandoné dormida en la isla de Naxos, segtin unas versiones por el earicter infiel del héroe* y segtin otras por orden de los dioses". Al despertar, mientras el navio de su amante se ale- jaba, aparecié Dioniso* en su ‘carro tirado por panteras y se- ‘uido de su cortejo. Fascinado por la belleza de la joven, Dio- niso la convencié para que se ‘easara con él y la condujo al Olimpor, donde le ofrecié una diadema de oro, obra de He- festo’; esta diadema se conver- tirfa mds adelante en una cons- telacidn. De esta unién diving (hierogamia) nacerian varios hijos. —> DEDALO, LABERINTO, MINOTAURO, TESEO. 4 Lengua. La expresién ef hilo de Ariadna se usa para de- signar al camino seguido para resolver un problema com- plejo. De este modo se explica cl nombre del programa espa- cial europeo que ha dado nom- Carraci, Triunfo de Baco y Ariana, fresco dela Galeria Fares, Roma bre al cohete Aviadna. Sus ereadores, en 1972, dudaban ceotre varios nombres mitol6gi- ‘cos: Penélope, Fénix, Prome- te0..: Finalmente prefirieron Ariadna porque este proyecto ‘permit por fin salir det labe- into de errores y negociacio- nes en el que se encontraba atrapada la Europa espacial AARIADNA es tambign el nombre {que la Biblioteea Nacional de Madrid ha dado a su catélogo automatizado, que se empezs a implantar en 1988 y que con- tend toda Ia informacién bi- bliogratica sobre fos fondos de la Biblioteca, asf como de los catdlogos eolectivos que gos- tione. Actualmente, esta base de datos es accesible desde Ia red ire 4 Lit, En una de su Heroidas (20), recopilacén de carta fic ticias dirigidas por heroinas rmitoldgicas a sus amantes, el poeta latino Ovidio (43. €. 17 4. C.) pone en boca de Ariana las quejaselegfacas de 1a mujer enamorada, traicio- nada y abandonada en ta playa dde Naxos. El tema habia sido tratado por Catulo (h. 85-h. 33 a. C.) algunas décadas antes, Ariadna ha quedado como e! modelo de la enamorada trai- ARIADNA cionada, cuyos patéticos Ia- ‘menos conmueven incluso a los dioses: asf aparece en Chaucer (la Leyenda de las mujeres elemplares, siglo x1), que describe 1a vida de las amantes eélebres; més tarde en lapieza de Rinuccini Aviadna —que seria ilustrada por Mon- teverdi (1608) en tna de las primeras dperas de la histo ria—o en la de Thomas Cor- neille (Aviadna, 1672). Su destino desdichado aparece ‘evocado en el eélebre distico de Racine (Fedra, 1677): «jAriadna, hermana mia, de {qué amor herida /-moris en la ofilla donde fuisteis aban- donadal» El personaje de Ariadna aparece tratado a ve- ees de forma més original, como en la tragicomedia El laberinto de Creta, de Lope de Vega (1612-1615), donde Ariadna parece dispuesta a cnsolarse de su abandono con tun antiguo prometido que se encuentra en Ia isla de Lesbos. ‘Al final de la obra se recone lia con Tesco y Fedra. Pero es sobre todo el amor que inspira 4 Dioniso el que hace de ella una figura ejemplar. Bajo este aspecto ocupa un lugar central en los Ditirambos de Dioniso, de Niewsche (1888-1895), 56 donde su unién con el dios se cconvierte en metéfora de la vida en su vertiente necesaria- mente dolorosa, Ante los la menos de Ariadna, Dioniso responde: « Acaso no hay que empezar a odiarse cuando se debe amar? Yo soy ne labe- ‘into » Del mismo modo, en la Ariadna en Naxos de Hugo ‘von Hofmannsthal, cuya adap- tacién musical fue realizada por Richard Strauss, Ariadna renace a través del amor del dios. Las intepretaciones modernas Je han concedido un lugar di- ferente: sien el Tesco de Gide (1946) su amor es a la vez li- bertador y destinado a ser saerificado, Marguerite Your ccenar en ¢Quién no tiene su ‘minotauro? (1963) concede un puesto destacado a la figura de Ariadna, que renuncia por idcalismo al amor de Teseo, al ‘que se rinde en cambio su her ‘mana Fed. > LABERINTO, MINOTALRO, TE S60. ¢ Icon. Los escultores han preferido frecuentemente re presentar a Ariadna dormida, tanto on la Antigiedad (réplica de una obra del siglo tv a. C. Roma) como en épocas poste- riores (Rodin, Ariadna, mér- 7 mol, h. 1889, Paris). Los pin- toes ta han mostrado mas bien en compatia de Baco: Tiziano, Buco y Ariadna, siglo xv, Londres: Tintoretto, Baco y Ariadna coronada por Venus, siglo xv1, Venecia; Annibale Carracci, Triunfo de Baco y Ariadna, fresco de la Galeria Famesio para ilustrar el ema, de los amores de los dioses, 1597; Le Nain, Baco y Aviad. nab. 1640, Orleans. # Mids. La figura de Ariadna abandonada por Teseo inspiré ‘4 muchos compositores. Entre ellos citaremos a Monteverdi, el primero en inspirarse en el personaje para su pera Ariadna (Solo se conserva el célebre «lamento»), 160 Haydn, Ariadna en Naxos, cantata, 1789; Massenet, Ariadna, 6pera, 1905; Richard Strauss, Ariadna en Naxos, acto litico, 1912; Darius Mil- hhaud, Fi abandono de Aviad= ‘na, Opera minuta, 1927; Carl Orff, Et tamento de Ariadna, 1940. Les Luthiers recuperan la figura mitolégica de Ariadna en su ariz operistica eémica EI beso de Ariana, escrita por el compositor fiticio Johann Se- bastian Mastropiero. En ella, y en tres estlos diferentes para lograr un mayor aeercamiento ARTEMISA, 410s gustos del pablo, Mas- tropiero presenta a Tesea re- {quiiendo un beso de su amada Aviad ARMONIA, > HARMONiA. ARPIAS > HaRPAs. ARTEMISA o ARTEMIS Diosa® griega de la castidad yy de la caza, a menudo también de Ja luz lunar. Hija de Zeus* y de Leto’, es hermana de ‘Apolo*, a quien ayuda a nacer cn la isla de Ortigia, desde en- tonces llamada Delos «la bri- Mante». Zeus le ofrece un arco ¥y unas flechas que su hija le ha- bia pedido; Pan’ le regala una Jauria de feroces perros. Bella y 4gil, «la dama de las fieras> gusta de recorrer los bosques y selvas de la Ar cadia’, las cumbres y cimas de los montes Taigeto y Eri- manto, persiguiendo’ a las presas que asactea con sus fle- cchas. Pura solazarse, acostum= bra a bafiarse con las ninfas” en los rfos, fuentes y lagos, ro- deada de ciervas, conejos y Ieoncillos cuya libertad pro- tege. Su reino es la naturaleza virgen y salvaje. ‘Artamiza © Diana en el lienzo de la Escuela de Fontainebleau Diana ca: zadora con aljaba Paris, Museo del Lowe Diosa orgullosa y arisca, de- sea permanecer virgen y protege Ia castidad de los j6venes y de las doncellas, a quienes intenta apartar de la influencia de Afro- dita‘, que constituye su figura antitética. Artemisa es la protec tora tradicional de las amazo- nas’, Hipdlito” serd uno de sus ms fieles seguidores. Para cas tigar a su compaiiera Calisto", que habia cedido a los requeri- mientos amorosos de Zeus, la transforma en osa y la abate con 38 sus flechas. Mata a Oridn, el gi- gantesco cazador que solfa acompafiarla, y transforma en ciervo al desdichado Acteén’, un joven cazador que la habia sorprendido desnuda mientras se bafiaba. —> ACTEON, CALISTO. Sus flechas, imagen de los rayos lunares, le sirven también para vengar la honra de su ma- dre Leto, que habia sido insul- tada por Nfobe*. = Nios. Durante la guerra de Trova’ exige a Agamensn* el sacrificio de Ifigenia’ y se mantiene fa- vorable a los. troyanos. En Roma sera asimilada a Diana’, antigua diosa itélica. —> DIANA. > HECATE, METAMORFOSIS. 4 Lengua. El nombre de la diosa se ha dado a una planta de Ia familia de las compues- tas, la artemisa, que posee pro- piiedades medicinales. # Lit. Forzosamente hostil Afrodita, Artemisa aparece ‘mencionada frecuentemente en las tragedias de Euripides (480-406 a, C.), como por ejemplo en Hipdtive. Bajo su nombre latino de Diana ‘std presente en la obra de mu- ‘chos poetas de la Edad Media y del Renacimiento, la mayoria de las veces como diosa ene miga del amor. La encontra 9 ‘mos por ejemplo en varias obras de Boccaccio: La cuza de Diana (h. 1330), poems sim- bolico y realista que alude ala vida de la corte napolitana; la Teseida (1339-1340), transpo- sicién postiea y novelesca de diversas figuras mitolégicas: 1 Ninfate fiesolano (1346), poe ma pastoril donde el amor se ‘mezela con Ia leyenda de ta fundacién de Florencia, Tam- bién aparece en el Juego de Diana (1501), pieza teatral de Konrad Celis, poeta alemia de expresion latina; en Delia (1554), de Maurice Seve, que hace referencia a uno de los hombres de Diana, 0 en Los anores de Diana (1573), de Desportes. La diosa recibe un tratamiento desmitficador y diculizador en el soneto LX1 (cA la cazadora gorda y flaca») ‘de Diego Hurtado de Mendoza (primera mitad del siglo xv). En él, el poeta acusa a la diosa de ser Io contrario de to que presume. Gérard de Nerval la evoca coma diosa de la cast dad y de la fidetidad en «Arte isa» (Las quimeras, 1854), aunque al final del soneto ex- ‘lama: «la santa del abismo es ‘mids santa para mi» Keats reaueva el tema recupe- ‘rando un episodio poco cono: ARTEMISA, «ido, el dnico amor de la diosa Por Endimion (amado por Se lene, Ja Luna, ata que a me sudo se confunde con Diana), cen el poema del mismo bre (1818) que sirve como pretexto para presentar una transfiguracién romantica de tun paisaje bafado por Ia Luna Diana puede convertiese tam- bign en et simbolo dela belleza perfects, como en el poema del presimbolista ruso Athanasio Fe itulalo Diane (1856), en el que el poeta contempla con ad- rmiracién una estata dela diosa tan bella que parece pader co: brar vida, «blanca forma Iictea Aeslizindose entre los boles». Pero ef mirmol permanece in movil, pues Ia estataa repre- Senta en sf misma la perfeccién anistica en la que el creador moderno solo puede inspirarse ‘con nostalgia, El aspecto inquietamte y Iu nar de Diana, facete de ori gen esencialmente medieval, donde la diosa aparece fre cuentemente representada en compania de hechiceras con {quienes participa en cacerfas nocturnas, cuenta también eon una ilustracion moderna en la novela de Paul Morand Hé: cate y sus perros (1954), ela ASCANIO {que ta crueldad y perversidad de la mujer amada por el na- rrador se ponen de manifiesto con la noche. En su novela Diana o la cazadore solitaria (1994), el mexicano Carlos Fuentes hace una recreacién moderna del mito a partir de la protagonista, que es actriz de Hollywood. ¢ Teon. Artemisi-Diana ha Inspirado a muchos escultores antiguos, como la Diana de Gabies, b. 348 a. C., Louvre: Diana, siglo w . C., Sevilla Su imagen esculpida aparece adornando tod el castillo de Anet, propiedad de Diana de Poitiers. favorita de Enrique 1 de Francia, Los pintores la han representado baiidndose (Boucher, 1742, Louvre; Ru- bens, Diana y sus ninfas sor- prendidas por sdtiros, si glo xvul, Madrid, Museo del Prado), cazando (escuela de Fontainebleau, siglo xv1, Louvre), con Endimién (An. nibale Carraeci, h. 1600, Roma), con Calisto (Tiziano, hh, 1556, Edimburgo; Rubens, h, 1640, Madrid, Museo del Prado), ASCANIO Hijo de Eneas*. > ENEAS, sU10. 0 ASCLEPIO En la mitologia griega, As- clepio es el dios sanador. Es hijo de Apolo* y, segiin la ver- sidn més extendida, de Coré- nide, hija del rey tesalio Fle- sias. Esta se dejé seducir por un mortal ilamado. Isquis cuando estaba encinta ya del dios, quien la maté para casti- gar su infidelidad. En el mo- ‘mento en que su cuerpo iba a cconsumirse en la pira funeraria, Apolo arrancs al nifio del cadé- ver de su madre. El dios confid su hijo al centauro> Quirén*, quien lo educd y le ensenié el arte de la medicina, ‘Asclepio puso su ciencia al servicio de los hombres, reali- zando muchas curaciones y lle- ‘gando incluso a resucitar a los muertos (entre ellos, seatin se cuenta, a Hipélito’, el hijo de Tesco"). Para ello utiliz6 la san- sre de Medusa, que Atenea’ le habfa entregado; sangre que procedia de las venas del fanco derecho de la gorgona’ y que tenia el poder de dar la vida, mientras que la procedente de su flanco izquierdo era un ve- neno virulento. Este poder sobre la muer- te que manifestaba Asclepio constituia una gravisima ame naza para el reino de Hades: 61 por lo que Zeus*, para evitar que el orden del mundo se al- terase, decidié fulminar a As- clepio con un rayo. Apolo yengé a su hijo matando a los ciclopes, hijos de Zeus encar- sgados de fabricarle los rayos, y Por ello fue condenado por el sefior del Olimpo* a servir du- rante un afio al rey Admeto (el esposo de Alcestis’). Asclepio, sin embargo, no fue precipi- tado al Tértaro” después de su muerte como otros muchos hé- toes" que habfan osado desafiar elorden olfmpico: se le conce- la inmortalidad y el rango de dios, conviertiéndose en una constelacién, el Serpentario (Ofiuco). Asclepio fue objeto de un culto fervoroso durante toda la Antigiedad. Los enfermos ac fan a sus santuarios buscando alivio para sus males, sobre todo en Epidauro, su principal centro de devocién. Se intro- ‘dujo en Roma, en 239 a. C., simbolizado en una serpiente, y adopt6 el nombre de Esculapio. Esta representacién del dios, muy frecuente, asf como su emblema —un bastén en tomo al cual se enrosca una serpiente—, que se ha conver- {ido en el caduceo* de la clase ‘médica, indican claramente que ASCLEPIO se trata de una divinidad de tipo ‘eténico" y esencialmente rela- cionada con las potencias te- lricas, a pesar de que tanto Por su nacimiento como por su muerte mantenga también vvinculos con Ia luz.y el fuego. ‘Sus poderes se transiniten a tra- vvés de la tierra: los enfermos que acudan a consuitarle debian pasar una noche en su templo acostados sobre la tierra y recibfan en suefios las prescrip- ciones terapéuticas correspon- dientes. Una medicina més cien- Uifica se irfa desprendiendo pro gresivamente de estas précticas rituales. El eélebre Hipderaes, patron de la medicina, era te- hido por descendiente del dios. Lacctimologia més probable del nombre de Asclepio, relacio- nada con la palabra griega uti- lizada para designar al topo, constituye otro testimonio del Primitivo caricter eténico de esta divinidad griega. La tradici6n atribuye a As- clepio dos hijos, Podalirio y Macaén —que prestaron sus servicios como médicos en el bando griego durante la guerra de Troya’— y varias hijas, en- tre ellas Higia (la Salud), ame- nudo representada a su lado, y Panacea (temedio para todos Jos males) ASTERION ‘¢ Lengua. El rérmino escul pio se emplea en acasiones ‘como sin6nimo humoristica de médico 0 galeno («Si aftadi ‘mos que gastaba guantes de ‘gamuza, habri el lector reco nnocido al perfecto tipo de es- eulapio de la época», R. Palma). También se ha dado este nombre a una vatiedad de culebra que es capaz de trepar 10s drboles enroscdindose a su tronco. Observemos por iltime que Ia palabra higiene procede del ‘nombre de una de las hijas del dios, Higta, y que el de Pana- cea se ha convertido en nom- bre comiin, panacea, con el significado de «remedio uni versal». + Ieon. En las representacio- nes antiguas, Asclepio aparece primero —al igual que sucede con el Cristo paleocristiano— como un joven imberbe; poste= riormente, a partir del siglo tv a. C, se le representa como un aadulto barbado de rostro bon- dadoso, como el Asclepio sen- tado de Epidauro (Museo de Atenas); Iaestatua de Aselepio procedente de Ampurias, siglo va. C., Barcelona; el Eseula- pio romano conservado en el Museo Arqueol6gico Nacional de Madrid o el Asclepio de pie 2 del Museo Profano de Roma, ‘ulapio, evidentemente, ocu- pa un puesto de honor entre los médicos y figura en fres ccos de las salas de espera de ‘muchos hospitales;citaremos cl de Esculapia recibiendo el homenaje de los médicos, Gustave Doré, h. 1850, fresco del hospital de ta Caridad, Museo de la Asistencia Pi- bilica, Paris ASTERION ‘Nombre auténtico del —> mt- NOTAURO. ‘ASTREA Hija de Zeus" y de Temis*, la diosa de la Justicia, y sim- bolo de la virtud que regia alos hombres durante la edad de oro’, dejé la tierra al terminar este periodo mitico y se trans- forms entonces en la constela cidn de Virgo. # Lit, Aunque Honoré &'Urté haya dado este nombre 2 ta pastora que protagoniza su no- vela pastoril La Astrea (1607 1627), no existe ninguna rela- cin entre el mito de Astrea y esta obra, donde la mitologta solo aparece representada en las ninfas* que salvan a los dos amantes, 63 ATENAS (fundacién de) La fundacién de Atenas, como la de todas las grandes ciudades de la Antiguedad, participa a la vez del mito, de la leyenda y de la historia, En el conjunto de relatos que la re- fieren pueden distinguirse anti- guas creencias religiosas en particular arcaicos cultos et6- nicos* vinculados a divinidades iemnales (es decir, «subterré- neas»), como los demonios- serpientes— y hechos histé: cos transfigurados, como seria el caso de las hazafias de Te- se0", el héroe? fundador por ex- celencia, Segiin a tradicién mitica mds extendida, el primer rey de J futura Atenas seria Cécrope, tun héroe nacido del propio suelo del Atica a quien fre- cuentemente se representa con la parte superior del cuerpo hu- mana y la parte inferior de ser piente, indicando asf que era hijo de la Tierra. Tomé por es- posa a Aglauro, hija del rey Acteo, que le dio un hijo y tres hijas, y al morir su suegro he- redo el reino de este, al que dio el nombre de Cecropia. Bajo su ido tiene lugar el primer episodio de la ciudad: la dis- puta que enfrenté a Atenea* y Poseidén’ por la soberanta so- ATENAS bre el Atica, mito que posibl mente sea la transposicién Vina de una rivalidad entre dos grupos tribales. Cécrope, elegido como ar- bitro de la querella, estableci¢ Ja prelacién de Atenea, que ha- dado a la ciudad su primer olivo, mientras que Poseidén solo hizo brotar una fuente de agua salobre. Seguin refierenal- gunos historiadores, os ate- nienses todavia mostraban en la colina sagrada de la Acrépolis Tos vestigios venerados de los presentes divinos: un olivo que habfa resistdo a la invasion de los persas (480 a. C.) y un pe- quefio lago de agua salada Atenea se convirtié asi, defini- tivamente, en la patrona del Atica, aunque su tio Poseidén no qued6 totalmente eclipsado ya que su culto se mantuvo asociado al de la diosa tanto en la Acrépolis como en el cabo Sunién, ‘Cécrope conserva el prest- ‘gio mitico de un rey pacilico, con funciones eminentemente civilizadoras. Fue el primero en reconocer la supremacia de Zeus’ sobre los otros dioses” y se le atribuye también el haber puesto fin en su reino a Jos sa- crificios humanos. La leyenda cuenta que enseiié a los hom- ATENAS bres a enterrar a sus muertos y que cre6 el primer tribunal de Justicia de Atenas, el Aredpago (la «colina de Ares'»), con mo- tivo de un juicio al que tuvo que someterse el dios, acusado de asesinato. Se le atribuye a veces la invencién de la escri tura, Atenea confié a las tres hi jas de Cécrope, las Agléurides, ‘el cuidado del pequefio Bricto- nio*, criatura nacida del frus~ trado deseo de Hefesto” hacia la diosa; estas, movidas por la curiosidad, abrieron la cesta donde Atenea le habia metido y descubrieron que el cuerpo del nfo terminaba en una cola de serpiente, como los seres naci dos de la Tierra, Presas del pé- nico, se arrojaron al vacfo desde las rocas de la Acrépolis. Entre los descendientes de (Cécrope figuran algunos héroes famosos: Céfalo’, a quien amé Ja diosa Eos" (Ia Aurora); Fae- t6n’, el infortunado conductor del carro del Sol, que algunas versiones hacen hijo de los an- teriores; Dédalo’, el constructor del Laberinto’. ilustrar glo- hhazafias de otro héroe ilustre: el rey Erecteo", confundido en las primeras fases del mito con Erictonio, Se le atribuye en par- “ ticular la instauracién del festi- val de las Panateneas y la in- vencién del carto por inspira~ cién de Atenea. Su muerte es también posiblemente una con- in, ya que se le identi mn Poseidin, el dios que le habja castigado, y fue hon- rado en la Acrdpolis con el nombre de Poseidén-Erecteo enel templo que se erigié sobre su palacio, el Erecteién. —> ERECTEO, ERICTONIO. Un descendiente de Erec~ teo, Teseo’, harfa dar a su reino un paso decisivo al liberar a su patria de la servidumbre econ6- mica respecto a Creta—este es posiblemente el sentido hist6- rico de su lucha victoriosa con- tra el Minotauro— y al llevar a cabo el sinecismo ateniense, es decir, la federacisn politica de diversos pueblos que hasta entonces habfan sido vecinos. De este modo funda una tnica citudad agrupada en torno a la colina sagrada de Ia Acrépolis, ‘Atenas, que se convierte en la capital del Atica y cuyo nom- bre, siempre en plural, atestigua la pluralidad de sus orfgenes. La fecha de esta fundacién, que Jos mitégrafos.a veces sitian en el siglo vit a. C., sigue siendo una ineégnita, pero los histo- riadores no dudan en situar tal 65 acontecimiento durante el pe- rfodo mieénico. # Lit. La funcion politica de ‘Teseo aparece evocada en Tu- cidides, Isderates y Cicerdn, Vida de Teseo, en tas Vidas paralelas de Plutarco (siglos = ud.C), > ATENEA, TESED, # Toon. Atenea y Poseidén, Gnfora griega, siglo vi a. C., Paris; Jordaens, La dispura de Neptuno y Minerva, siglo xvi, Plorencia ATENEA Hija de Zeus*, sefior de los doses’, y de su primera esposa, Metis*, diosa de la sabiduria, forma parte de los doce grandes Olimpicos’. Diosa de la guerra, pero también de las artes y los ficios y del conocimienio en general, sera identificada en Roma con Minerva" e introdu- cida en la llamada «triada capi- tolina», al lado de Jpiter: y Juno” Su nacimiento esté rodeado de prodigios. Zeus habia to- mado por esposa a su «prima» Metis, hija de los titanes* Océa~ no* y Tetis’. En griego, el nom- bre de Metis significa «la inte- ligencia primordiaby, en la que se alfan la prudencia y Ia perfi- Escuitura griega de Atonea Parthe: ros, Aienas, Museo Nacional dia: Ella proporcioné a Zeus la droga de la que este se sirvi6 para que su padre Crono" vo- mitara a todos sus hijos ante- riores, que el dios se habia ido tragando a medida que naci or miedo a que alguno pudiese derrocarlo. Pero Uranot y Gea? hicieron saber a Zeus que a su vex podrfa ser destronado por el hijo que su esposa Metis ATENEA diese a luz en caso de que esta concibiese por segunda vez. Siempre prudente, Zeus se trag6 a Metis tan pronto supo que estaba encinta, y Hegado el ‘momento del parto pidié a He- festo’ que le abriera el eréneo de un hachazo: de su cabeza nacié Atenea lanzando un grito de guerra y ya adulta, perfecta- ‘mente armada y dispuesta para el combate. Esta diosa desempefia un papel importante en la Gigan- fomaquia (guerra contra los gi gantes*), combatiendo junto a Heracles’. Atenea derrota y de- suella al gigante Palante*, con ccuya piel se hizo una coraza, ¥ persigue hasta Sicilia a Encé. lado, otro gigante, a quien se- plta bajo la isla mediterranea, > GIGANTES, PALANTE. Atenea, la hija predilecta de Zeus, es ante todo la diosa guerrera por excelencia. En este sentido se opone a Ares, dios de la furia irracional, que lanza al hombre contra el hombre en un furor asesino. Frente al poder ciego del hijo de Zeus y Hera’, Atenea sim- boliza la justicia en y para el combate, la razén que domina el impulso. Como tal, guia y sostiene a los més famosos hé- roes*: a Jos aqueos durante La 66 guerra de Troya*, sobre todo a ‘Aquiles* y Ulises’, a quien protegeré durante todo. su viaje’; a Heracles, al que pro- porciona armas y consejos ccontinuos para qué salga bien parado durante sus trabajos, y que, en agradecimiento, ofe- cerd a a diosa las manzanas de oro de las Hespérides*; a Ja- sn’, a quien ayuda durante la construccién del navio Argo’: a Perseo", al que ofrece un es- eudo de bronce pulido para que pueda derrotar a Medusa y ue, en justa correspondencia, entregaré a la diosa la cabeza de la gorgona’ para que esta adorne el suyo. Es también 1a diosa de la inteligencia, heredada de su madre, del arte y de la ciencia creativa, oponiéndose en este sentido al cojo Hefesto", dios de la técnica, de la habilidad simplemente aplicada a la ma- teria. De este doble origen se cconservard en un mismo tér- mino (techné) la nocién ambi- valente de artista y artesano, Protectora de hilanderas y bor- dadoras, Atenea no dudaré en castigar por su. soberbia a Aracne*, alumna suya. En su ciudad, Atenas’, estaba consi derada como la diosa de la ra 6n, desplazando a las musas 0 en el terreno de la literatura y la Filosofia. —> ARACNE. Diosa «virgen» por excelen- como dan fe tanto su epiteto Parthenos («doncella») como el templo mas eélebre consagrado ‘aclla en Atenas, el Partenén, donde se la adoraba bajo tal ad- vocaciin, Atenea se opone tam- bign a Afrodita’, que ejerce su poder sobre los hombres con ‘unas armas que la diosa de la in- teligencia desprecia. Ello no le impide participar, junto a Hera y Afrodita, en el concurso de belleza arbitrado por Paris", que ser el germen de la guerra de Troya. Atenca guarda celosa- ‘mente su castidad; Hefesto in- fenté en una ocasin forzar a la diosa, y aunque su deseo qued6 frustrado, produjo un extraiio vyistago, Erictonio", mitacl hom- bre, mitad serpiente, nacido del suelo fecundado por el esperma del dios, al que Atenea educaré como a un hijo. FRICTONIO, PARIS. ‘Atenea era venerada en va- rias ciudades griegas como diosa tutelar. La encontramos, por ejemplo, en Troya bajo la forma de un antiquisimo folo, el Paladio", aunque era sobre todo Atenas, epénimo de la diosa, quien se enorgullecfa de su prote EI. preciado ATENEA olivo, regalo de Atenea a la ciudad gracias al cual logré frustrar las aspiraciones de su rival Poseidén’, convirtié. ‘Atenas en la sefiora indiscatible del Atic > ATENAS (FUNDA- PALADIO, PALAS. Se la representaba como una diosa majestuosa, de be- Meza serena y severa: la mirada centelleante de sus lezendarios ‘jos garzos recuerda a la de la lechuza, su animal favorito, a quien suele verse frecuente- ‘mente sobre su hombro 0 en su mano. Era también reveren- ciada como protectora de las artes y las letras (diversas aso- ciaciones modernas han con- vertido a la lechuza en em- blema del helenismo) Como diosa guerrera apa- rece siempre armada: lanza, ‘asco, escudo redondo sobre el ‘que fij6 la cabeza de Medusa que le ofreciera Perseo, que tiene el poder de petrficar a cualquiera que ose. mirarla lleva tambien la égida’, coraza que Zeus se hizo con la piel de la cabra Amaltea* y que com- partia con su hija como em- blema del poder. «Victoriosa», como indica su epiteto Niké (la Ciudad de Niza es deudora de esta etimologfa), aparece tam- bién con alas o bien con sanda- ATENEA lias aladas, que los atenienses le retiraron en su templo de la Victoria Aptera («sin alas») para estar seguros de conser- varla junto a elles. # Lengua. Eo Atenas, el Ate- zneo era un templo consagrado ala diosa donde los poctas y foradores lefan sus obras. A fi- nales del siglo xviu y prin piios del xix se fundaron en Francia unas instituciones cul- turales, donde se reunfan cien- tificas y hombres de letras, que adoptaron el nombre de ateneo fen recuerdo del nombre del templo de Ia diosa de la sabi- ura, A imitacin suya se fun daron con el mismo nombre instituciones similares en Es pata e Hispanoamérica, El de Madrid, fundado en 1835 y en- lavado actualmente en Ta He del Prado, fue un centro cesencial en la vida cultural del Madrid de la Restauracién, De 41 se decia que era la antesala dol Congreso, porque muchos de los asuntos politicos y so- ciales se debatian all primero, En Bélgica y Suiza, un ateneo ces unestablecimiento de ense fhanza secundaria, 4 Lit En la Oaisea, Ateneacs la protectora de Ulises, el hé 68 roe cuya inteligencia const tye su mayor virtud. En obras posteriores, el papel de garante de la sabiduria y de la equidad atribuido a la diosa aparece ilustrado en sus intervenciones para salvar a Orestes del eiclo infernal de su maldicién, pri- ‘mero en Las ewménides de Es quilo (458 a. C.) y més tarde cen la dfigenia en Téuride de Euripides (414 a, C). En 1699, Fénelon confiere ala diosa un papel principal en su Telémaco, donde toma ka apa rioncia de Mentor para gular al hijo de Ulises en la bisqueda de su padre. Por otra parte, Ate- ‘nea Minerva aparece frecuente- ‘mente en las literaturas moder ‘nas como el sfmbolo del trabajo intelectual y dela sabiduria que de él resulta por tna fenta acu mulacién de conacimientos, En cuanto a la formula de Hegel, «la lechuza de Minerva solo Yuela al Mlegar et crepisculo» (Principios de ta filosofia del derecho, 1821), significa que la filosofia solamente puede ex plicar la historia del mundo a posteriori y que no puede mo: dlificar el curso de esta, # Zeon, Atenea, diosa de la guerra y protectora de Atenss, fue profusamente representads cn la Antigitedad griega. Cit emos la copia romana de la Atenea de Mir6n, 460 8. C.. Atenas; a llamada Atenea del Varvakeion,réplica de la Ate nea Partenos de Fidias, est tua risoelefantna (oro y mar~ fil) que adomaba el interior del Partendn, 450 aC, Atenas. La diosa aparece también en snumerosas vasijas prego par- ticularmenteenel episodio de su disputa con Posi (vaso de siglo va. C. Pars vaso del siglo v a.C, San Petersburg, 1 también en diversosbajome- liees (Arenea pensativa, h 460 a.C., Atenas). Mis adelante se Ja representa oponiéndoxe a Marte" (Tintoreto, siglo xv, Venevix; David, 1824, Brase- las) enel juicio de Paris, bien sola (Botceli tapiz, siglo xy, coleccn privada; Rodin, mir mol, 1896, Pars). a ¢ Gin. En a pelicula de Des- ‘mond Davis Furia de risanes (1981 aparecen la diosa Ate- nea y su lechuza —a la que Hefesto ha transformado en un robot tipo La guerra ce las a Jaxias—acudiendo en ayuda del héroe Perseo. ans ‘También Hamado Céribas, es.un antiguo dios asistico de la ans. vvegetacién adorado en Frigia y en Lidia y asociado al culto de la diosa Cibeles*. Atis era un joven pastor que habia sido abandonado de nifio entre los Jjuncos de un rio, donde Cibeles lo habfa encontrado. Era tan hermoso que Ia diosa experi- ‘ment6 hacia él un casto amor y quiso convertirlo en guardin de su templo, pero para ello el joven debfa mantenerse virgen. ‘tis, sin embargo, se enamoré de una ninfar provocando los celos de Cibeles, que se opuso a su unién, Bl dios se castr6 en tun acceso de locura y murié en la flor de la edad. La diosa, presa de temordimientos, trans- formé al joven en un pino co- ronadlo de violetas, sfmbolo de Ia vida vegetal que muere para renacer eternamente. Segtin otras versiones, Cibeles le re- suecit6 y le diviniz6 para aso- Ciarlo a su culto. El culto de Atis y de Cibe- les fue importado a Roma du- rante el imperio y dio lugar a festejos violentos donde Ios sacerdotes se flagelaban y en algunos casos practicaban la autoemasculacién. Durante el perfodo tardo- rromano este culto aparece como una de las «religiones de salvaciéns (soteriol6gicas) que ATLANTE prometen a sus ficles Ia resu- mecci6n y la inmortalidad bi naventurada, desarrollando en este sentido unos temas proxi- mos a los del cristianismo, 4 Lit, En su poema 63, el poe- ta latino Catulo (h. 85-h. a.) presenta a Atis como un Joven griego que cede para su desgracia a la llamada de ta na turaleza salvaje, represemtada or Cibeles. Ovidio reeupera el mito en el libro IV de los Fas- tos (principios del siglo 1 4. C.). Més tarde, en el siglo 1y, el emperador fil6sofo Ju liano «e1 ApOstata», el timo ‘emperador pagano, propondré una lectura filoséfica del mito de inspiracién neoplatsnica, Los textos amtiguos que evo- can la figura de Atis presentan de hecho enormes divergen- cias: Atis aparece unas veces como un hombre, otras como tun semidi6s’ y otras como un dios; su muerte es definitiva en unas versiones, mientras que em otras va seguida de una se mirresurreccién vegetal o in- cluso de una verdadera resu: rrecci6n. El conjunto resulta exiremadamente confuso y es muy posible que el mito haya suftido también contaminacio nes etistianas. A prineipios del ” siglo xvm, Metchor de Zapata scribe en romance una Fé bula de Acis y Cibeles, en toro jocoso, que serviré de modelo ‘otra que, en el mismo siglo, se publicé anénimamente bajo el titulo Historia, fibula 0 ‘ewento de Cibetes, Atis y San: garita, en la que abundan los chistes procaces y groseros y donde el tema de la castracién de Atis se expone crudamente ¢ Teon. y Miis. + cInELES 0 ibe ATLANTE Otro nombre de > artas. ATLANTIDA, Isla legendaria desaparecica a consecuencia de un eata- clismo en el espacio de una no- che y un dia, Cuenta Platon que en tiempos remotos los Briegos tuvieron que rechazar por las armas a un pueblo, los atlantes, procedentes de una ‘gran isla del Atléntico situada frente a las «columnas de Hi cules» (actual estrecho de Gi braltar). Alli vivia una huér- fana, Clitia, de la que se ena- moré Poseidén* y con la que tuyo cinco veces gemelos uno de los cuales seria At- lay'— que se convirtieron en los diez reyes de la isla. n Su territorio, que tas con- ‘quistas sucesivas de sus reyes acrecentaban dia a dfa, abun- ddaba en metales preciosos, en- tre ellos el oricalco, que bri- Haba como el fuego: la flora y la fauna eran de una exuberan- cia extrema; su poblacién muy numerosa. La Atlantida, que pronto se convirti en una gran potencia marftima y comercial, posefa también una extensa red de canales. En un principio, los reyes atlantes se reunfan y le- vvaban a cabo ceremonias para consolidar los vinculos con su padre Poseidén. Su sentimiento religioso, sin embargo, fue dis- rminuyendo con el tiempo y se fanzaron a una guerra imperia- lista a la que solo pudo resis- tirse Ia antigua Atenas. Esto su- eda, segtin el relato de Platén, 9000 aifos antes de Solén, esto 5, 9600 a. C. Zeus* castig6 a la Atléntida sepultéindola bajo las aguas del mar, que habfa for- {ado su poder pero también su desmesuira, ¢ Lit, El mito aparece relerido cesencialmente por Patcin (428- 348. C.) en el Timeo (21 y Sigs.) y en Critias (108 y sigs). Poco recordada en ta Edad ‘Media la leyenda de la Atkin- tida vuelve a cobrar actuslidad ATLANTIDA, tras el descubrimiento de Amé: rica (Francisco de Rioja, «A las ruinas de Ia Atléntida», poe- mia, siglo XViD, que algunos identifican con el continente esaparecido bajo las aguas. ‘Asi aparece més tarde en Li Aildntidla (1876), del poota ce taldn Jacinto Verdaguer, donde CristGbal Colin parte en busca del continente desaparecido, Mientras Montaigne niega toda verosimilitud histrica ala le- yyenda (Ensayos, 1580), Fran ‘is Bacon (La mueva Aelntida, 1627) describe bajo este nom. bre un Estado ideal gobernado por sabios. Con el romanticismo, ia Atlén- tida aparece mas que nunca ‘como el simbolo de la edad de foro", del paratso perdido (ETA. Hoffmann, El vaso de oro, 1814). Frecuentemente cevocada en las novelas de Ju- lio Verne (Veinte mil leguas de viaje submarina, 1810), se convierte en el siglo xx, arafz de La Atldntida de Pierre Be- nott (1920) y la pelfeula de Pabst inspirada en esta novela —a las que siguieron tantas novelas y cintas de ciencia fic ‘iGo en una auténtica utopia popular, sfmbolo de una socie- {dad obsesionada por el miedo 4 $u propia destrucein ATLAS. 4 Mis, La Atléntida, 6pera inacabada de Manuel de Falla, ‘asada en el poema de Jacinto ‘Verdaguer del mismo t{ulo, Iniciada en 1927, fue acabada pporsu discipulo Emesto Halff- tery representada en 1962, Es lun extenso fresco que abarca desde el hundimiento de ta Atldntida hasta el descubsi- ‘miento de América por Crists- bal Colén, 4 Gin. El continente desapare- cido ba sido una fuente de ins- piracién para los cineastas, desde La Atlantida de Jacques Feyder (1921) y la de Pabst (1932) —ambas inspiradas en Ja famosa novela de Pierre Be- noit— hasta Lar conquista dela Aitntida de Vittorio Cottafavi (1961) ATLAS Este gigante’, hijo del titént Japeto y de la ocednide Cit- mene —o, segtin otra tradicién, de Poseidon’ y de Clitia— per- tenece a la primera generacién de doses’. Fue condenado a so- portar sobre sus hombros la bé- veda celeste por toda la eterni- dad como castigo por haber participado en la lucha de los gigantes contra Zeus’, Era her- mano de Prometeo" y Epime- te0; su morada se encontraba Dibujo de Atlos y ia Esfinge cen el extremo de Occidente, Hijas suyas fueron las Pléya- des’ y las Hespérides’. Hera- cles*, en el curso de su biis- queda de las manzanas de oro, recurrié a su ayuda y le susti- {uy6 sosteniendo el cielo mien- tras Atlas ibaa buscar los pre- ciados frutos para entregarse- los, Perseo* lo transformé en montaita ante el mal recibi rmiento de que habfa sido objeto por parte del gigante cuando el héroe* regresaba victorioso de su enfrentamiento con Medusa. También se le conoce con el nombre de Atlante. 4 Lengua. Este gigante mitico dio su nombre al Atlas, el ato ‘macizo montafioso situado en el norte de Africa. EI nombre comin atlas, que desigaa uaa coleccisn de mapas geogrti 0s, se introdujo con este sig- 2 nificado ent engua porque la primera obra de ete tipo, pu blicada en 1595 por el gos- _grafo Mercator, aparecia aor nada con un fronspcio donde estaba a figura del gigane mitolico. En anatoma, el ates ka pr mera vétera de as cervical, llamada asf porque sostenedi- reetamente In cabeza —como Alas sostena el cielo— al es- tar ariculada con el eréneo. 4 Teon, Heracles y Atlas, me- topa del templo de Zeus en Otimpia, 46003. C Aas, e- cultura, periodo ardortomano, Napoles: Aras y la Exfinge, grabado de un espejo truco. ATREO Rey de Micenas. > arri- bas, ATRIDAS. Célebre dinastia heroica de la mitologéa griega, la familia de los Atridas debe su nombre ‘uno de sus miembros, Atreo, Esl arquetipo de familia «con esqueletos en el armario», gol- peada por una fatal maldicién (que se convertira en fuente ini gotable de inspiracién para el Universo literario de la tragedia, La maldicién la inaugura el iniciador de la dinastia, el pre- ATRIDAS suntuoso Téntalo’, con una cena monstruosa ofrecida a los Tnmortales donde ya figuran los «ingredientes» que caracteriza- rin Ta extrafa historia de sus descendientes, que se aman, se imatan, se despedazan y se de- voran en familia, En efecto, Tiintalo, rey de Asia Menor, fue invitado a Ta mesa de los doses", donde consumi6 néc- tary ‘ambrosfar, alimentos divinos que conferfan Ia inmor- talidad y que Téntalo decidis robar para ofrecérselos a los Menolaos, Orestes v Electra (de la familia de bs Atridas), Roma, Museo de las Termas ATRIDAS hombres. Su «ingratitud» iba tunida a una rara soberbia: in- Vit6 a su vez.a los dioses a que compartieran su mesa y, para oner a prueba su omniscencia, les sirvi6 una cena impia cuyo «plato fuerte» consistia en su propio hijo Pélope* guisado. Este orgullo insolente, impreg- nado de una terrible desmesura, elestigma fatal de la hibris’, le costarfa a Téntalo su famoso suplicio en el Tértaro’, eonde- nado a padecer por toda la eter- nidad un hambre y una sed que nunca podria saciar. Pélope, resucitado y re construido por los horrorizados dioses, pas6 a ser copero de los Olimpicos” antes de convertise en rey en la Blide. La astucia y la traicién, tanto como su pro- pio valor y la proteccién de los dioses, le permitirén eliminar al tirano Enémao y casarse con la hija de este, Hipodamfa’, apo- derandose asf del trono. Entre los numerosos hijos de Pélope se encuentran Piteo, sabio rey de Treeén y suegro de Bgeo", que se encargé de la educacién de Teseo*, lo que le convierte por tanto en el ante- pasado y modelo perfecto de la monarquia ateniense; Crisipo, que al suscitar la pasién de Layor serd la causa de las des- "4 ‘gracias de la otra gran familia maldita de la mitologia griega, Ja dinastia tebana de los Labdé- ccidas (> LAYO, TEBAS), ¥ sobre todo los gemelos Atreo y Ties- tes, que seriin los protagonistas de la tragedia que se desate en Micenas por la sucesién al trono de este reino, objeto de luchas sangrientas que renace- ran incesantemente entre sus descendientes. Micenas, en efecto, cuyo trono habia quedado vacio al morir Buristeo*, decidié, acon- sejada por el orfculo, entregar el poder a un hijo de Pélope. Hacfa algsin tiempo que los ge- melos se habian refugiado en esta ciudad fabulosa, «rica en oro»: {eudl de ellos seria su rey? Atreo, el mayor, era el po- seedor legitimo de un vellocino de oro", considerado emblema ‘mondrquico, y se habia casado ‘con Aérope, nieta de Minos’, el fundador de la monarqufa cre- tense, Sin embargo, el hermano menor, Tiestes, no solo habia robado el vellocino a su her- ‘mano, sino que adem se ha- bia convertido en amante de su ‘mujer, Aérope. El pueblo eligié primero a'Tiestes, pero el pro- pio Zeus* decidi6 obrar un pro- digio para favorecer la candi- datura de Atreo, haciendo que 1 Zeus ‘Tinalo elope + Hipodamia Area + (hermano gsmeio de Testes) Citermnestr + Agamentn (jade Lada y Tne) Higenia Flecirs Orestes el Sol y los astros dieran mar- cha atrés en su carrera y se ocultaran por el este. Tiestes abdicd y partié al exilio, y Alzeo ocup6 el trono, Su Iegiti- midad, sin embargo, qued6 muy pronto en entredicho y no tard6 en dar pruebas de una desmesura comparable a la de su antepasado Tiintalo, Con la fentadora promesa de compar- tirel poder, Atreo hizo venir a Micenas a su hermano y le ofrecié un banquete de conei- liaciéa en el que fueron desfi lando, guisados y bien condi- mentados, todos los hijos de Tiestes, que Atreo habia asesi- nado sacrflegamente cuando in- tentaban buscar refugio junto al ATRIDAS: LOS ATRIDAS - iy Zeus + barop Minos + Pasta (ey de Crea) Cato Aérope Menelno + ‘Helena (jade Zeusy Leia) Hermione altar del propio Zeus. Tiestes no descubrié el «secreto> dela cocina de su hermano haste que le mostraron las cabezas corta- das de sus hijos. Horrorizado, hhuy6 de Micenas después de cubtir a Atreo de maldiciones. Con el ciego deseo de tener un hijo que le vengara, y six guiendo el pérfido consejo del ordculo, Tiestes, distrazado, viol6 a su propia hija Pelopia AGAMENON, CLITEMNESTRA © CLITEMESTRA, ELECTRA, ORESTES # Lit, Los tes grandes trigicos sriegos rinden tributo uno tras ‘tro a fa lustre Familia de Jos ‘Atridas, cuyas desgraciasreite~ radas sin tregua proporcionan el aargumento ejemplar para mu- has tragedias. Asf,en su trlo- sin In Orestiada (458 8. C.), Esquilo evoca la sangrienta ca «dena de acontecimintos mali tos que conduce desde el asesi- inal de Agamenén (Agamensn) al de Clitemmestra (Las coéfo- ras, e5 decir, «las portadoras de las libaciones»), para terminar ‘con el perddn que la nueva ge neracidn de dioses otorga a Orestes (Las euménides, es de eit, «las benévolas», un cute ATRIDAS ‘mismo con el que se designaba alas teribleserinias) ‘Sofocles compone una Electra (h. 413 a. C) que se convertiré en una de las tragedias ms ad- ‘miradas en da la Antighedad seriega y latina Por iltimo, debemos a Euripi- des la escenitficacién de los destinos tigicos de la proge- nie maldita de Agamendn y CClitemnestra:ffigenia en Téw- ride (Al4-a. C.), Electra (413 a. C), Orestes (408 a. C.), Ife genta en Aulide (ropresentada en 406 a. C., ya fallecido su autor). Las obras modernas relacions- das en mayor 0 menor medida ‘con la familia de los Atidas son rhumerosisimas, Aquf mencio- rnaremos las que estén dedicalas ims espectficamente alos ori- ‘genes de In maldiciintamilae, El tema hizo su entrada en la li teratura moderna a partir del Renaeimiento, Fue particular- mente tratada en el siglo X¥u1 por autores como. Crébillon (Atreo y Testes, 10D, Voltaire (Peldpidas, 1772) y Ugo Fos- ‘colo (Tieses, 1779), aeentuando Ios dos iitimos el amor que uunia a Tiestes y Aérope. Du- rant ls sighs X0x y 3% son es- ‘casas las obras dedicadas ala familia en su eonjunt, aucias > AGAMENON, ELECTRA, IGE= Icon. — ice. # Cin. > eLectRa, tri AuGias Este rey. de Elide, en el Pe- Ioponeso, habia ido descui- dando la limpieza de sus esta- bios, donde el estiércol se iba acumulando afio tras afio, He- racles*, a quien Buristeo habia ordenado que los limpiara, des- vi6 para ello el curso de dos rios vecinos, el Peneo y el Al- feo. Augias se negé a pagar a Heracles el trabajo, muriendo a manos de este. ‘¢ Lengua. La expresion lim iar las establos de Augias significa poner fin a un estado de corrupeién emprendiendo para ello dificiles reformas. AURORA, Otro nombre de la diosa’ —> Eos, AYANTE, Otro nombre de los dos hé- roest conocidos como —> A¥AX. AYAX, La mitologia grecorromana menciona a dos héroes* con 8 este nombre: uno. llamado “Ayax Oileo» 0 «pequetio Ayante», hijo de Oileo, y otro, hijo de’ Telamén, conocido como el «gran Ayante>. Apex Dueinnisinariata Ja L6cride, figura entre los pre- tendientes de Helena’ y ocupa tun destacado lugar en los com- bates que se desarrollan ante os muros de Troya’, donde aparece frecuentemente lu- chando al lado de su. homé- nimo. De pequefia estatura, rie pido y muy hdbil con la jaba- lina, es también arrogante, vvanidoso e impfo: comete una grave falta contra Atenea’ que le valdréel rencor inflexible de la diosa. En efecto, una vez to- ‘mada Troya, viola la profetisa Casandra’ en el templo de Ate- nea y a los pies de la estatua de Ja diosa, donde la joven habia intentado refugiarse. Atenea, furiosa por el sacrilegio come- tido, envia una tempestad que destruye el navio de Ayax cuando regresaba a su patria, Salvado por Poseidén’, codavia se alreve a jactarse de su suerte, ‘muriendo ahogado —o alcan- zado por un rayo— por orden de la hija de Zeus’. La impie- dad de Ayax. pesaré largo tiempo sobre sus compatriotas: n después de su muerte, los habi- tantes de la Léeride estuvieron obligados a entregar cada aio a dos de sus hijas para el servicio del templo de Atenea en Troya, Ayax, rey de Salamina, es hijo de Telamén, a su vez hijo de Eaco y hermano de Pe- leo’. El «gran Ayante> es el hé- roe mas valeroso de la armada sgviega después de Aquiles’. Su apostura fisica iguala a su bra- vura: piadoso y duefio de si mismo, es la antitesis de su ho- ‘m6nimo, el «pequefio Ayante> hijo de Oileo. Ayax, sobre quien habfa recafdo por sorteo la responsabilidad de enfren- tarse a Héctor’, consigue derri- bar al campeén troyano de una pedrada, pero el combate se ferrumpe antes de que pue- da darle muerte. El «gran Ayante», auténtico baluarte de los griegos, protege frecuente~ mente la retaguardia de su ejér- cito en los momentos mas diff- ciles y serd él quien rescate el cadaver de su ilustre primo Aquiles, muerto. por Paris’. Desde Ja muerte de Aquiles, Ayax tratard a Neoptslemo, el hijo de Aquiles, como suyo propio y combatiré a su lado. El reparto de las armas de Aquiles, que tras una serie de Avax deliberaciones serin entregadas a Ulises’, provocaré el despe- hil deud yariiien anttendo vengarse de la ingratitud de sus compatriotas y preso de una crisis de locura inducida por la diosa Atenea, arremeterd con- tra un rebatio de ovejas, al que practicamente extermina, cre~ yendo que se trataba del ejér- Cito griego. Vuelto en si, abru- mado por la vergllenza y los re- ‘mordimientos, Ayax se suicida arTojdndose sobre la espada que habia tomado a Héctor. La pos- teridad literaria guardard de él la imagen del héroe valeroso derrotado por la locura. 1 Lengua, Sin duda fue la ef- cacia de Ayax en el combate lo ‘que motivé que unos fabrican- tes franceses de detergentes domésticos bautizaran con el hombre francés del héroe a uno de sus productos, el Ajay, destinado a luchar... contra la suciedad. ¢ Lit Como Antigone’ Edipor o Electra’, Ayax es un ser excepeional tocado por li ddesmesura (hibris?), tal como lo representa Sofocles, con cierto horror no exento de ad- miraciGn, en su obra Aya (445 aC.) probablemente la trage- dia mas antigua que se eon. Avax serva de este autor, En el si- ‘elo xvi, Juan de Ia Cueva es- cribié un romance que tiene como protagonista a este hé- roe: Tragedia de Ayax Tela~ ‘mon (1588). El tema del re- parto de las armas de Aquiles es tratado por Hernando de Acufia en Contienda de Ayax Telamonio y Ulises por as ar mas de Aquites (Segunda mid del siglo xv). En 1810, el italiano Ugo Fos colo titula Ayar una obra de fema mitoldgico en la que al {gunos comentaristas ereyeron identificar a Napoledn Bona- 80 parte en el personaje de Aga men6n; a su brazo derecho, Fouché, en el de Ulises; mien: tras, el personaje de Ayax seria tuna transposicion del general Moreau Yaenel siglo xx, An- dré Gide escribid otra Avax donde el héroe aparece earac- terizado como un. personaje ‘euyo evidente valor no deja de ‘ocultar cierta zaliedad, sobre todo cuando se le compara con Ja sutileza que despliega Uli- + Teon. Ayax tlevando a Aqui- Jes, grabado de la Biblioteca "Nacional de Madrid. BACANTES Mujeres que en Tebas’,arre- batadas por el delirio dionisfaco, formaban cortejos donde canta- ‘ban y danzaban con los cabellos sueltos y el pecho desnudo, ape- nas cubiertas con pieles de 70- 119, Lanzaban el grito sagrado, «(Evohé!», sacudian la cabera en todas ditecciones y, poseflas por una fuerza sobrehumana, persegufan alos animales salva- jes que luego devoraban crudos. Fueron muy pronto confundidas con las ménades, las ninfas* que criaron a Dioniso’,y la leyenda les atribufa la facultad de hacer manar de los drboles leche, vino ymiel =F BACO, PENTEO, ¢ Lengua, El érmino bacante sievi6 originariamente para de- signar a las sacerdotisas de Dioniso, Mas tarde se aplico a a mujer libertina y lbriea (Es la primavera hermosa, Bacante an bajorrliove, Madd, ‘Museo del Prado laseiva, blanca, inquita... Pro vocativa rie como bacante loca», Rubén Datta), + Lit, Las bacantes de Tebas proporcionan a Euripides el ar BACANTES ‘gumento de la pieza que lleva su nombre (406 a. C.):en ella se presenta a estas mujeres pre sas del furor de Dioniso que, ‘convertidas en instrumentos de Ja venganza de este dios, des- pedazan a su rey Penteo*,cas- tigando asf el escepticismo de Jos tebanos. La mayorta de las veces aparecen asociadas a Dioniso, Los romanos evocan sobre todo su delirio: Catulo en Atis, 23, y Ovidio en las Metamorfosis (siglo 1a. C.), © Ticito en los Anales, XI, 31 (siglo u d. C). Virgilio, en el canto IV de la Eneida, com- para Ia locura amorosa de Dido® a la de las bacantes y, por la misma época (siglo a. C), Horacio describe en su Oda I, 19, los milagros que realizaba el conejo. En general, su posteridad lite- raria esté Tigada a la de Di niso, Citaremos el poema en prosa de Maurice de Guérin tulado La bacante (1862), El capitulo 68 de la novela de Julio Cortézar Rayizela (1963), eserito en un Tenguaje inven- tado por el autor al que deno- ‘mina «gliglico», incorpora el arito que las bacantes utili ban para aclamar a su dios ‘como culminacién de una des- cripeidn evidente de amor ft 2 sico en la que el texto va ad- guiriendo un ritmo cada ver ‘mis acelerado: «(..) la jadeho- ante embocaplubia del orgu- mio, los esproemios de! mer- pasmo en una sobrehumitica ‘agopausa. ;Evohé! ;Evohé! El sentido total del texto solo se completa con la compli dad del lector, cuya imagina- cién va dando et significado exact a cada una de las pall bras inventadas, > DIONISO, ORFEO. + Teon. Son un motive muy frecuente en los vasos y co- pas griegas (siglo Iv, Paris, Louvre), donde figuran solas 0 ‘en compafia de Baco”. Frago- nard pints una (siglo xvu, Avili6n). Rodin, Bacantes ‘abrazadas, siglo xix, Par Bacante, bajorrelieve griego, Madrid, Museo del Prado, Se Jas representa tradicionalmente semidesnudas (0 leyemente cu biertas con pieles de animales © velos transparentes), con los cabellos desordenados y ba Jando acompaitadas de cfmba- Jos. Tiziano, Bacanal,h. 1518, Madrid, Museo del Prado; An- dré Lhote, Viaje de placer, st slo xx, Paris. Picasso, en su etapa cubista, pinté una Baca nal inspirandose en Poussin ca94a), 8 # Cin, Jean Cocteau, en su cima Orfeo (1949), ofrece una visi6a original de elas con el Club de las bacantess, reser vado exelusivamente a muje- res, una especie de grupo fe- minista avant Ja lettre cuyos ‘miembros aracan y matan vio- lentamente al poeta, acusado de despreciar a las mujeres, conforme al esquema mitico. En 1960, elrealizador Giorgio Ferroni se inspiré en In trage- dia de Euripides —de Ia que conserva, incluso en la ficha \éenica, el canto del coro en ‘off— para su pelicula Las ba- antes, que gira en toro a la rivalidad entre Penteo y Dio- iso (—> LIT) BACO Baco era otro nombre de Dioniso*, dios del vino. Este nombre, a veces escrito Yaco, aparece por primera vez.en Sé- focles (Edipo rey, verso 211) y es probablemente de origen ra- cio. Los romanos lo tomaron de los griegos bajo Ia forma Bacchus ¢ identificaron a Dio- niso con una antigua deidad itdlica, el Liber Pater (literal- mente, «el padre libre»), cuyo nombre se relacioné con el apodo griego de Dioniso, Lyaeos, que significa «el libe- savas rador». Las fiestas religiosas en su honor recibfan el nombre de bacanales; en estos festejos, efectivamente, las costumbres «se liberaban» hasta tal punto que en 186 a. C. estallé un es- céndalo seguido de un sonado proceso en el que se vieron im- Plicados siete mil hombres y mujeres, varios de los cuales —enttre ellos cuatro sacerdo- tes— fueron condenados a muerte. En lo sucesivo, las ba- canales estuvieron sujetas are- glamentaciones muy estrictas > DIONISO, 4 Lengua. L palabra bacanal se ha convertido en téemino si- ngnimo de orgia, designando también, por extensién, al al- boroto ruidoso de los juerguis- tas, Una cancidn bdguica es una ‘eanci6n de taberna en la que se ceantan Jos placeres de la be- bids > nacantes. 4 Lit, © Icon. ~ vi0Niso, BAUCIS ‘Mujer frigia, esposa de Fi- Jemén, transformada en dtbol. Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo erecfan sobre tina montaiia de Frigia dos dr- boles muy préximos, un roble Baucis y un tilo. Segtin Ovidio, que nos refiere su historia, Jipiter, protector de los huéspedes, quiso averiguar un dia si los frigios practicaban Ia hospita- lidad. Por ello bajé a la tierra en compafifa de Mercurio" y, disfrazados como pobres via Jeros, empezaron a recorrer la ‘comarca. Ninguna puerta, si embargo, se abrié a los su- puestos vagabundos. Cuando ya desesperaban de encontrar la virtud buscada entre aque- llas ariscas gentes, dieron con ella, por casualidad, donde menos hubieran pensado: en tuna modestfsima choza donde vivia una pareja de ancianos, Filemén y Baucis. Los dioses’, irritados por el. comporta- rmiento de los trigios, hicieron ue las aguas sepultasen la co- marca, salvando sin embargo la casa de Filemon y Baucis y transforméndola en un templo. Los esposos expresaron ante los dioses su deseo de morir juntos y estos accedieron. Un dia se cubrieron de follaje y solo tuvieron tiempo de de- cirse adiés antes de convertirse en drboles. + Lit. El episodio aparece re- latado con sugerente belleza en Ovidio (Metamorfosts, cn VIII, 616-715). La historia de Filemgin y Baucis se evoca a ‘menudo en la literatura como ejemplo del amor que sobre: vive a In vejez y perdura hasta la muerte. El tema de- sempena un papel importante en Goethe, en particular en cl segundo Fausto (1830), donde presenta el modelo de tuna pareja piadosa y modesta ccuya muerte en comin cierra como un broche toda una vida de amorosa convivencia, Frecuentemente aparece tra tado también de forma humo: ristica, en Proust por ejem: plo, sobre todo en La fugitiva (1925), donde la pareja for mada por M. de Norpois y Mime, de Villepatisis, con- movedora y ridfeula, fun ciona como ‘cide contcs- punto al amor desdichaclo del narrador. El tema esta presente también, ‘aunque con un humor much ‘mas negro, en la pieza de Su: uel Beckett Final de partido (1957), donde los ancianos ps: des do Hamm, relegados al ol ‘vido en unos cubos de basura, se profesan una ternura gro- tesca que manifiestan siempre ‘que tienen ocasién, poniendo ‘en evidencia el carcter irriso- rio del amor. 8 ¢ Ieon. EI Bramantino, File én y Baucis, sighos x¥-x Colonia: Rubens, Patsaje tem- pestuoso con Jipiter, Filemin 1y Baucis, . 1640, Viena. ‘¢ Mis, Gounod. Filemdén y Baucis, 6pera, 1860. BELEROFONTES Hijo de Poseid6n’, descen- dia por via materna de la fami- lia real de Corinto. Su padre humano», el rey Glauco, era hijo de Sisifor, Belerofontes consiguié domar a Pegaso’, el caballo alado, gracias a una brida de oro que le habia pro- porcionado Atenea. A lomos de Pegaso, el héroe* levard a cabo diversas hazaias. Belerofontes habia causado involuntariamente la muerte de un hombre y tuvo que exiliarse de su tierra, pues todo homic dio es una tacha sobre el culpa- ble que exige expiacidn. Se re- fugi en la corte del rey de Ti- rinto, Preto, que lo acogié en st casa después de purificarle de su crimen, Pero la reina Este- nebea se prend6 de él y, despe~ ‘chada por haber sido recha- ada, le acus6 de haber inten- tado seducirla. Preto, a quien Jas leyes de la hospitalidad im: pedfan dar muerte a su hués- ped, decidié enviar a Belero- [BELEROFONTES, fontes a su suegro Yobates, rey de Licia, en Asia Menor, con tuna carta sellada en la que se le pedia matar al mensajero, Y6- bates le recibié amistosamente, pero no leyé Ia carta hasta el rnoveno dia de la llegada de Be- Jerofontes. Como las eyes de la hospitalidad le impedfan a su ver ejecutar por sf mismo Io ‘que la misiva pedfa, encargé a Belerofontes que librase a su pais de Ia Quimera’, un mons- truo* hibrido que escupia fuego yy devoraba los rebaiios de sus tierras, con la esperanza de que muriese en la empresa Pero Belerofontes, montado s0- bre Pegaso, consigui6 matar al monstruo. Y bates le envio en: tonces a luchar contra los bel ccos0s s6limos y més tarde con- tra las amazonas’. El héroe salié victorioso de ambas cam- ppafias y de una emboscada que le tendieron los guerreros del rey Yébates, Este, maravillado de las hazafias del héroe, re- nnuncié a matarlo y reconocis su origen divino. Le dio a su hija en matrimonio, haciéndole heredero de su reino, Belerofontes vivio feliz lar- gos ais y tuvo dos hijos y una hija, Laodamfa que, fruto de sus amores con Zeus", concebi- ra a Sarpedén, e héroe troyanio BELONA al que la Miada muestra com- batiendo gloriosamente por su ciudad antes de caer bajo la es- pada de Patroclo. Pero Belero- Fontes, henchido de orgullo por sus éxitos, mont un dfa sobre Pegaso con la loca pretensién de alcanzar el Olimpo". Zeus, para castigar su soberbia, envid un tébano que picé al caballo alado, el cual, corcoveando asustado, desmonts a su jinete. Belerofontes se precipité al va- fo y cayé a la Tierra, donde err6 solitario y miserable el resto de sus dias, Esta leyenda ofrece analo- fas evidentes con los mitos de Heracles® y Perseo*, En el pri ‘mer caso, por la mancha origi nada por un crimen y las prue- bas sucesivas que se imponen al héroe para la expiacién de este. En el segundo, por la si- militud de situaciones: el mons- ‘truo, simbolo del cans’ de los primeros tiempos —Quimera, gorgona’ 0 dragén—, es ven- cido por un héroe procedente del cielo, funcién. simbélica que cumplen tanto tas sandalias aladas de Perseo como el Pe- aso de Belerofontes. Pero, al contrario que estos dos héroes, que conseguirin elevarse hasta el cielo Heracles adquiriendo Ja inmortalidad y Perseo al ser 86 convertido en una constela- cién—, Belerofontes representa el fracaso de esta aspirucion as- censional, A esta interpretacién espiritualista se afiade otra mo- ralizante, familiar para los grie- £205, que ve en este mito el cas- tigo del hombre que se deja llevar por el orgullo y 1a des- ‘mesura, —> HIBRIS. 4 Lengua. Belevofontes fue el ‘nombre con que se bautiz6 al navio inglés donde Napolesn Bonaparte fitmé su rendicién e115 de julio de 1815. ¢ Teon. Belerofontes y Pe- -gaso, relieve antiguo, Roma, Palazzo Spada; Rubens, Bele rofontes matando a la Qui- ‘mera, siglo xvi, Bayonas Coe teau, Belerofonses montando a Pegaso, siglo xx, Menton, e- ccho del Ayuntamiento. Mais. Lully. Belerofontes, pera, 1679, BELONA Diosa romana de la guerra (bellum, en. latin, significa -«guerra>), es, segsin la mitolo sia itdlica, hermana 0 esposa de Marte’. Su aspecto amedren- taba: se la representaba cubierta ‘com un casco y una coraza y af- mada con una antorcha, una lanza y una maza o un latigo. a # Lit, Véanse las observacio- nes de Aulo Gelio (Noches dii- as, XII, 23 y ss.) del siglo u ve ¢# eon. Rodin, Belona, busto, retrato de su mujer, 1880, Pa- ris. El euadro del aduanero Rousseau titulado La guerra (1894, Museo de Orsay, Pars) representa a una furia", mon- lada a caballo y con una antor cha en la mano, recortiendo ‘enloquecida un campo de bata- lla sembrado de cadaveres. BESTIARIO El animal, eal o Fantéstico, cupa un importante espacio en Ja mitologia junto a dioses y héroes*. A todos nos resultan familiares las figuras del perro Cerbero", el caballo Pegaso’ o de la loba Capitolina romana, y las artes figurativas han pro- poreionado innumerables re- ptesentaciones de ellos. No hay que olvidar el papel que du- ante toda la Antigdedad de- sempenis el animal como vic- lima de sacrificios, aunque se trata en este caso de un aspecto puramente religioso. Su lugar en la civilizacion grecorromana difiere sensible mente del que ocupa en otras culturas antiguas, donde los dioses aparecen frecuentemente BESTIARIO Las serpientes en la escultura rion: ‘Hercules nio estrangulando a una serplente, Roma, Museo Capitolina representados bajo una forma ‘animal (en Egipto, por ejemplo, encontramos a Horus, el dios hhaleén; a Anubis, el dios cha- cal, ete.). En el helenismo, donde el hombre es la medi de todas las cosas, los dioses se coneebiriin muy pronto bajo ‘una apariencia puramente hu- ‘mana, El animal ya no se asi- mila al dios, sino que queda re- ducido a un simple atributo de este, simbolo de su earicter es- pecifico (como la cierva de Ar- temisa’) 0 auxiliar en el ejerci- cio de su poder (como el iguila de Zeus* devorando el higado BESTIARIO| de Prometeo). Solo ciertas di- vinidades menores pertenecen todavia parcialmente al mundo animal, ya sean terrestres como Pan*, 1s sitros®o los silenos", © marinas como los tritones @ PoseIDON 0 PosiDAN), las nereidas’o las sirenas" Es cierto que las divinida- 4des mayores adoptan, en oca- siones, una forma animals en la ‘epopeya homérica’, por ejem- plo, vemos a Atenea’ transfor- marse en ave (buitre, golon- drina...),y son sobradamente conocidos los miltiples «dis fraces» que utiliza el capri- choso Zeus en sus aventuras amorosas, El sefior del Olimpot se convierte en toro para raptar a Europa’, en cisne para unirse a Leda’, en Sguila para raptar a Ganimedes*, en serpiente para hacer suya a Proserpina’, en cu- clillo posadlo sobre el regazo de Hera’... Pero se trata siempre dde metamorfosis® pasajeras que no afectan a la naturaleza ple- namente antropomérfica de la divinidad. ‘Muchos aspectos aparente- mente extrafios 0 anecdéticos de la mitologia clasica se expli- can cuando se os relaciona con cconcepciones religiosas mas ar- caicas ligadas al simbolismo de los animales’, que a su vez ha 88 evolucionado con el transcurso de las eras (seria el caso, por ejemplo, de 1a serpiente 0 del caballo). Particularmente ilu- minadora en este sentido es la oposicién entre divinidades cctGnicas® (ligadas a la Tierra), herencia de los cultos a la ma- dre Tierra practicados por los pueblos agricultores del Medi- terrineo prehelénico, y las di- vinidades uranias (celestes) de los pastores indoeuropeos Ile- gados mas tarde. La serpiente es el animal que simboliza por excelencia el poder de las fuerzas teliricas. Portador de lox poderes benefi- cos de la Tierra, es un animal sagrado, garante de la fecundi- id, compatiero de Deméter; dotado de virtudes sanadoras, cs el atributo de Apolo’ y el de Asclepio*. Fiel guardizin de los tesoras de lox dioses, tiene a su cargo la vigilancia de las man- zanas de oro de las Hespérides® el vellocino de oro" de la Cél- quide. Vinculada al mundo subterraneo, representa a me- rnudo el espiritu de los difun- tos, como por ejemplo en la Eneida, donde aparece como encarnaci6n del alma de An: quises, padre del héroe. En Roma figura sobre el altar fa- milliar, encarnando al «genio» ¥9 del duefio de la casa. Pero su simbolismo es ambiguo, pu- diendo estar también ligado ala muerte y a las fuerzas mall cas, siendo este el aspecto que privilegi posteriormente el in- Consciente colectivo occidental Serpiente 0 dragén, es el ins- tamento funesto de los dioses una serpiente mata con su ve- neno a Euridice; Laocoonte*, sacerdote saerflego, muere as- fixiado junto a sus dos hijos por dos serpientes monstruosas en- viadas por Apolo; solo gracias su fuerza divina el joven He- racles* consigue salir victorioso de las que le envia la vengati va Hera. Muchos monstruos* poseen atributos serpentinos, desde la cabellera de Medusa hasta la cola de la Quimera’. El mito de Apolo dando muerte en Delfos a la serpiente Pitén” e ‘nstalando en su lugar su propio oréculo es posiblemente el re~ lato mitico que manifiesta con mayor claridad la victoria de una divinidad urania sobre una divinidad cténica més antigua, > MONSTRUIOS. Los pjaros, evidentemente, poseen afinidades claras con Jos dioses de las alturas, y el Aguila, el pajaro rey, se asocia naturalmente a Zeus. Bra, se- gin se decfa, el tinico animal BESTIARIO| ‘que podia mirar la faz del Sol Reyes y grandes guerreros apa- recen como protegidos del Aguila (ver las vidas legenda- rias de Alejandro Magno, de Rémiulo, de Escipién «el Ati- ano», de Mario...), y como simbolo de la omnipotencia re- apareceré tanto a la cabeza del ejército romano como en los blasones de los imperios mo- demos, Otros dioses olfmpicos* tienen un pajaro como atributo ‘© emblema: Afrodita’ la pa- oma, Hera el pavo real, Atenea Ia lechuza, simbolo de la vigi- laneia y la sabiduria. En la época clasica, el ca- ballo era percibido como un animal de cardcter celeste: Ios corceles radiantes que arrastra- ban el carro del Sol; Pegaso, el caballo alado que permiti6 a Belerofontes* tiunfar sobre la terrible Quimera y sobre las amazonas’. Pero otros muchos ‘mitos muestran huellas de con- cepciones més antiguas en las que el animal aparece ligado 2 las potencias cténicas: Hades” tiene un tiro de caballos negros y, cuando se produce la disput entre Atenea y Poseidn” por la soberania dei Atica, el dios de los mares golpea la tierra con su tridente y hace brotar del suelo un fogoso semental, sim- BESTIARIO bolo guerrero. Poseidén adop- tard precisamente la figura de tun caballo para unirse a Demé- ter —a su ver transformada en yegua— y engendrar al caballo Arion. Hécate-, divinidad infer- nal, se aparece ante los hechi- ceros bajo el aspecto de una yegua El toro, simbolo de fuerza y de fecundidad, recibfa en la Creta micénica un culto que se sittia en los orfgenes de la le- yenda del Minotauro’, La vic- {oria sobre el toro sera una de Jas pruebas obligadas del héroe, como su triunfo sobre la ser- piente-dragén y, en menor grado, sobre el edn. La impor tancia simbélica del toro, sin ‘embargo, ird deeteciendo con {el tiempo. —> HERACLES, IASON, TEAS, TESEO. itros muchos animales fi- guran en los mitos: el perro (Cerbero), el jabalf (de Eri- manto 0 de Calidén), el car- nero, el chivo, el buey 0 la ter- nnera, Muchos de ellos son seres fantasticos, hfbridos diversos como los centauros*, 1a Qt mera, los grifos consagrados a Apolo, con cabeza y alas de ‘guila y cuerpo de leén. Mas fabulosa si cabe es el ave Fé- nix’, Unico ejemplar de su es- pecie, que después de una larga 0 vvida se inmola a s{ misma so- bre una pira ardiente y renace de sus cenizas, motivo que re- cuperaré el arte paleocristiano como simbolo de resurreccién o de la regeneracién conferida a través del bautismo, — Ac- ‘TEON, AQUILES, ASCLEPIO, DIO- [NISO, HERACLES, 10, MELEAGRO, VELLOCINO DE ORO. Como ha podido verse, la funcién de los distintos anima- Jes que aparecen en los mitos es ‘unas veces negativa y otras po- sitiva. Negativa, porque encar- nan la brutalidad y las fuerzas del caos” dominadas por los dioses y los héroes, o bien por que funcionan como instra- mentos de la venganza divina Positiva, porque son déciles servidores, simples vehiculos de los dioses, como los cisnes de Afrodita, o intérpretes de lt voluntad divina durante las pricticas adivinatorias. En oca- siones aparecen como gua del héroe, sefialindole el emplaza- miento prescrito para fundar tuna ciuclad proporciondndole os medios para cumplir st sin (las palomas de Venus’ conducen a Eneas* hasta la rama de oro). Su funcién nutri- cia es sobradamente conocida: lacabra de Amaltea* amamant6 al pequefio Zeus, una osa ali- or rment6 a Paris” y una loba cuidé de los gemelos Rémulo y Remo (menos conocida es la cierva que amamanté a Télefo, hijo de Apolo). En cuanto al mundo marino, sefalaremos la funcién tutelar del defn, favo- tito de Apolo, que salvé la vida {el misico Arién, episodio que se convertiré posteriormente en ‘modelo de otras muchas y con- movedoras historias BIENAVENTURADOS ‘Seatin Hesfodo, algunos hé- toes" 0 semidioses" (> EDAD D1 (0X0), al morir-no iban a los In- fiernos’, sino a unas islas mit cas denominadas islas de los Bienaventurados o islas Afor- tunadas, situadas en el extremo occidental del mundo cono- eid. 4 Lengua, En Ja Antigtiedad y durante la Edad Media se dio cel nombre de islas Afortunadas © Bienaventuradas a las isles Canarias. EI primero de ellos sigue utilizandose frecuente~ ‘mente en la actualidad. BOREAS Personificacién del viento del Norte, uno de los cuatro vientos. principales junto a Euro, Noto y Céfiro*. Es hijo BOREAS de un titin y de ta Aurora, Rapt6 ala hija de Brecteo", Ori- tfa, de la que tuvo varios hijos: Quione (nieve), Aura (brisa), Zetes y Calais, llamados tam- bién Ios Boréadas (> ARGo- NauTAS). Su morada se loca- lizaba en Tracia, para los ariegos la regiGn fria por exce- lenciz. Era el mas poderoso de los vientos y su violencia ha sido evocada por todos los poetas desde Homero. Se le re- presentaba bajo los rasgos de tun anciano barbado con alas en laespalda, los eabellos cubier- tos de nieve y una tinica flo- tante. Se corresponde con el Aquilén latino. ¢ Lengua. El nombre del dios se ha convertido en nombre comiin, el béreas, para desig- rar al viento del Norte, aunque su uso es casi exclusivamente liverario, El adjetivo boreal se aplica alo relativo al extremo Norte: aurora boreal, tieras boreates. También se ha dado el nombre de béreas a un in secto que vive en los neveros {el norte de Europa y en los Alpes. 4 Teon, Béreas y Oritia,lien- zos de Rubens (siglo xvu, Viena) y de Boucher (1769, Kimbell) BRISEIDA BRISEIDA, ‘Cautiva favorita de —> aguie us, BUSIRIS Rey de Bgipto extremada- mente cruel que {ue muerto por Heracles’. Busiris reinaba como tirano en Egipto, de donde habia expulsado a Pro- eo", Intent6 raptar a las Hes- pérides*, célebres por su be- lleza, Para apaciguar a los dio- ses’ y devolver la prosperidad 92 su pats, que attavesaba por un periodo de malas cosechas, Busiris sacrficaba a Zeus' los extranjeros que pontan el pie en sus tierras. Un dfa, Hera cles se encontré formando parte de las victimas que iban ‘user sacrificadas, pero consi- uid romper sus ligaduras y mat6 al tirano, + eon, Hércules castigando «a Busiris, copa griega siglo Vi 2.C., Louvre. cADMO, Fundador de la ciudad de ‘Tebas". > HARMONIA, TEBAS, CADUCEO Cayado de oro que Apolo” regal6 a Hermes” a cambio de la siringa, y que se convirtié Para este en el simbolo de sus funciones de heraldo de los dioses'. > ASCLEPIO, HERMES, ins, CALCANTE Adivino oficial del ejército sriego durante la guerra de Troya"; originario de Micenas, ta nieto del dios Apolo, de quien recibié el don de predecir €f futuro, Sus profeci tanto la preparacién como el desarrollo de la campaia, AL parecer, el mismo Agamendn? habia acudido en persona a so- citar su ayuda para la expedi- ¢ién que capitaneaba como rey de reyes», Hermes portando el caduceo en su ‘mano detecha en Mercurio foronce florentin), Madrid, Museo Lazaro Galdiano cauPso ‘Cuando Aquiles’ apenas te- nfa nueve aiios, Calcante anun- ci6 que Troya no podrfa ser to- ‘mada sin su presencia ni la de Filoctetes’. En Aulide, gracias alos presagios de un sacrificio, cLadivino predijo que la ciudad ccacrfa en el transcurso del dé- ‘cimo afo de la guerra. Fue pre- cisamente Calcante quien exi- gi6 a Agamendn el sacrificio de su hija figenia” para apaciguar Taira de la diosa Artemisa’, que retenia inmovilizada a la flota griega en el puerto de Aulide. ‘Cuando ya corra el décimo ato de combates ante Tos muros de Troya, Calcante desvel6 que lacélera de Apolo solo se apa- ciguarfa cuando Agamenén de- volviera a la cautiva Criseida su padre, sacerdote del dios protector de los troyanos. Su prediccién sera el origen de la violenta disputa que enfrentaré 4 Aguiles y Agamensn por la posesién de Briseida, cautiva Gel primero, Algunas version por ttimo, atribuyen a Cal- ante el ardid que permitiré a los aqueos tomar Troya: el ca- ballo de madera en cuyo inte- rior se camuflaré un contin- gente de guerreros griegos. Después de la caida de la ciu- dad, Calcante predijo que el re- torno de los vencedores seria 94 azaroso y se neg6 a embarcarse con ellos. El adivino consiguié egar por sus propios medios a Colofén, ciudad de Asia Me- nor, donde encontré a Mops nieto de Tiresias™ y también adivino, Un oréculo, sin em- argo, habia predicho a Cal- infe que morirfa el dia en que su camino se cruzara con el de otro adivino més habil que é) Los dos hombres compitieron entre sf, venciendo Mopso. Caleante, hundido por la de- rrota, muri6 poco después de tristeza, o puede que incluso se suicidara, Sus compatieros lo enterraron cerca de Coloféin. ¢ Lit Cates desempeta in ope conan sl poets hométcor sin a Piet ox inns ian tad obras eseénicas eh genera cayo argument parte de cc soyane @ is, En La bella Helena Sperabufa de. Oenbach (F864 abi avin es ob jeto doen chise.planends Esta ninfa’, a menudo cor: siderada hija de Helio" y de Perséis y hermana por tanto de Circe’, vivia en la isla de Ogi- 95, ia, en el Mediterréneo occi- dental. Su morada era una mensa gruta adornada de sun- tuosos jardines y poblada de ninfas hilanderas que la ameni- zaban con sus cantos. Ulises? desembarcé en su isla después de un naufragio y Calipso le acogié amorosa y le retuvo a su Jado durante diez aos. Zeus, accediendo a las stiplicas de Atenea’, que vefa languidecer a su protegido en la isla de la ninfa, perdida ya su esperanza de regresar a ftaca, envi6 final- mente a Hermes* para que or- denase a la ninfa que le dejara partir. Calipso tuvo que resig- harse a perder a su amante y ayud6 a organizar la partida del héroe*. Lengua. EI recuerdo de la Odisea debi inspirar al co- ‘mandante Cousteau el nombre con que bautizé a su famoso bareo oveanogréfico, el Ca- ipso. EI nombre de esta ninta de signa también a.una cancién y danza propia de las Antillas Menores. Lit El canto V de Ia Odisea ‘muestra aula ninfa de cabellos ensortijados» cantando e hi- Jando con su «rueca de oro» en ‘medio de eun bosque de cipre= cAUIPSO ses pablado de pijaros im. gen idflica que se opone a la desesperacion de Ulises ( uses, Leon. Ulises y Calipso, te sacota de Tanagra, época he- lenistica, colecci6n privada. # Mas, José de San Juan, Te Jémaco y Calipso, zarzuela burlesea, 1723, sobre texto de José de Canizares. CALISTO Ninfar de Arcadia’ que sus- cité Ta pasién de Zeus" y fue transformada en osa. Calisto era una ninfa de gran belleza (kallisté, en gtiego, significa «muy bella») compafiera de Artemisa’. Habia_prometido conservar su virginidad y, como su seftora, pasaba su tiempo errando por los bosques persiguiendo animales salvajes Zeus la vio y queds prendado de ella, y para seducirla adopts los rasgos de la propia Arte- sisa: Un dia que lnidiosa y su séquito de ninfas fueron a ba- fiarse a un manantial, queds al descubierto el secreto de Ca- listo: cuando la ninfa se desvis- 1i6, su cuerpo revels que estaba yaeencinta de Arcade, fruto de ‘Sw unién con Zeus. Artemisa la repudié y Hera’, celosa, la transformé en una osa. Seziin otra versién del mito, fue la 96 propia Artemisa quien realizo Ja metamorfosis* de su antigua compafiera. Calisto" murié du: rante una partida de caza y fue colocada en el cielo, convertida en la constelacién de la Osa Mayor. ¢ Lit, Este motivo de la poesta alejandrina fue desarrollado mds extensamento por Ovidio (Meramorfosis, M1, 410). En tuna de las ftbulas de el Laurel dle Apolo, de Lope de Vega (1629), titulada «E! bao de Diana», presenta el autor el episodio del descubrimiento del embarazo de la ninfa y los amores de esta con Zeus. + eon. Calisto aparece repre: sentada bien en el momento en que es seducida por Jupiter que ha adoptado los rasgos de Diamar (Rubens, Jipiter-y Co- list, b 1610, Cassel), 6 bien €en el momento en que Ia diosa descubre el desliz de su eom- pafiera (Diana y Calisto: Ti- iano, 1556, Edimburgo: Ru- bens, siglo xv, Madrid, Mu sco del Prado). 4 Miis, Francesco Cavalli Ce list, 6pera, 1651 (CAMENAS En su origen, las camenas (camenae) eran las diosas®itili- 2 cas de las fuentes, Los poetas la- tinos, posiblemente por parale- lismo (sin valor lingistico) con el término carmen («canto»), las asimilaron pronto a las musas* sgriegas. En poesfa latina, ca- ‘mena es por tanto sinénimo de ‘musa, aunque aparecen ambos nombres. ‘CAMPOS ELISEOS o EUSIOS| Antitesis del Tértaro*, son Japarte de los Infiernos” donde las sombras* de los hombres virtwosos llevan una existencia dichosa y feliz, en medio de paisajes verdes y floridos. Son el marco donde se desarrollan los «didlogos de los muertos», tun género literario que g0z6 de ‘gran desarrollo desde la Anti aiiedad (Luciano, siglo 11d. C.) hasta el siglo xvi. —> 1NeIER- os. # Lengua. Con su nombre se bautiz6 a la mas bella avenida de Paris, que une la plaza dela Concorde con la de la Etoile, cerca de la cual se encuentran varias salas de especticutos due levan el mismo nombre. caos Inmensidad vacfa que, se- iin los antiguos, habia prece- aos dido a la formacién del Uni- verso. En el seno de este abismo primordial coexistfan en cierto modo, estrechamente unidas, dos entidades indefini- bles, la Tiniebla (Erebo") y la Noche (Nicte’), que al sepa- rarse la una de Ia otra, y ambas del Caos, dieron lugar al enaci- miento» de Urano* (el Cielo) y de Geat (la Tierra). En la Biblia encontramos una concepcién andloga del estado previo a la formacién del Universo (ver Genesis 1,2: «La tierra estaba desierta y vaca, y las tinieblas reposaban sobre la superficie del abismo»), Sin embargo, mientras en la concepcién ju- deocristiana la formacién del Universo es fruto de una inter- vyencién divina denominada la Creacisn, para los griegos el Universo no fue «creado» por un Dios trascendente, sino que se formé «por s{ solo», por una especie de generacién espontd- nea, No existen, por tanto, Crea- dor ni criaturas: Jos mismos dioses*, empezando por Urano yy Gea, de quienes surgieron to- ‘dos los demas, forman parte in- tegrante del Universo. Es una concepeisn radicalmente dife- rente de la divinidad, que ex- cluye toda idea de trascenden- cia} los dioses son inmortales y