José M. Simons D.

ABOGADO
I.P.S.A. Nº 208.471
CIUDADANA PRESIDENTA Y DE MAS MAGISTRADOS Y
MAGISTRADAS DE LA SALA CONSTITUCIONAL DEL
TRIBUNAL SUPREMO DE JUSTICIA
SU DESPACHO.Ref.: Demanda Popular de Nulidad por Inconstitucionalidad
del Artículo 44 del Código Civil Venezolano publicado en
Gaceta Oficial N° 2.990 Extraordinario del 26 de julio de
1982.
Nosotros, ASOCIACIÓN CIVIL VENEZUELA IGUALITARIA1, registrada en fecha 1
de agosto de 2013, bajo el Tomo 9, Número 21, Folios 170 al 176, Protocolo I del Registro
Principal del Estado Aragua con el R.I.F. N° J-40283216-8 representada por su Presidente
GIOVANNI PIERMATTEI, venezolano, mayor de edad, titular de la Cédula de
Identidad V-8.840.208, según consta en documento constitutivo que anexamos en copias
fotostáticas simple marcadas con letra “A”, representada por el ciudadano JOSÉ
MANUEL SIMONS DOMÍNGUEZ, venezolano, mayor de edad, de este domicilio,
abogado en ejercicio, titular de la Cédula de Identidad V-20.890.762 e inscrito en el
Instituto de Previsión Social del Abogado bajo el Nº 208.471., según consta en instrumento
poder debidamente autenticado por ante la Notaría Trigésima Octava de Caracas del
Municipio Libertador, bajo el N°: 18, Tomo: 195, Folios: del 67 al 67, de los libros de
autenticaciones llevados por esa notaría, que anexamos en copias certificadas marcadas
con letra “B”, ocurrimos ante esta honorable Sala Constitucional, conforme a las
atribuciones conferidas en los Artículos 26 y 27 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela 2 y los Artículos 119 y 146 de la Ley Orgánica del Tribunal
Supremo de Justicia 3 , a fin de interponer la presente DEMANDA POPULAR DE
NULIDAD POR INCONSTITUCIONALIDAD DEL ARTÍCULO 44 DEL CÓDIGO
CIVIL VENEZOLANO publicado en Gaceta Oficial N° 2.990 Extraordinario del 26 de
julio de 1982, por colidir con los Principios Fundamentales de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, como lo es la progresividad y preeminencia de los
Derechos Humanos, el libre desenvolvimiento de la personalidad, la igualdad sin
discriminación ni subordinación alguna, la inclusión y la justicia social con equidad como
bases para la construcción de una sociedad justa, igualitaria y amante de la paz, con un
Estado cuyos fines esenciales son la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su
dignidad, además por colidir con las progresivas interpretaciones vinculantes de esta
máxime Sala, con fundamento en las consideraciones que se plantean a continuación.

1

La Asociación Civil Venezuela Igualitaria es una organización sin fines de lucro que busca unir esfuerzos para desarrollar estrategias
de información, formación y sensibilización de la ciudadanía, en relación al derecho a la no discriminación por orientación sexual,
identidad de género y expresión de género partiendo del principio de que todas las personas nacimos libres e iguales en dignidad y
derechos, con la consecuente y progresiva inclusión de las minorías inhumanizadas, estigmatizadas e invisibilizadas hasta ahora, en la
vida social, cultural, económico-productiva y política de la sociedad venezolana.
2

Constitución de la República Bolivariana de Venezuela publicada en Gaceta Oficial Nº 5.453 (Extraordinaria) de fecha 24 de marzo del
2000.
3

Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia publicada en Gaceta Oficial Nº 39.522 de fecha 01 de octubre de 2010.

1

José M. Simons D.
ABOGADO
I.P.S.A. Nº 208.471
CAPÍTULO I
DE LA LEGITIMACIÓN
La acción popular de inconstitucionalidad puede ser ejercida por cualquier ciudadano persona jurídica o natural- derivado del interés procesal para impugnar las leyes o algunos
artículos o actos con rango de Ley de conformidad con el Artículo 26 y 27 de la Carta
Magna, los cuales son del tenor siguiente:
“Artículo 26: Toda persona tiene derecho de acceso a los órganos de administración
de justicia para hacer valer sus derechos e intereses, incluso los colectivos o difusos, a
la tutela efectiva de los mismos y a obtener con prontitud la decisión correspondiente.”
(Subrayado nuestro).

Asimismo, los Artículos 119 y 146 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia4,
establecen que:
“Artículo 119. Participación ciudadana. Toda persona tiene derecho a participar de
manera organizada, directa y protagónica en la formación de las políticas y control de
la gestión del Tribunal Supremo de Justicia, a través de los consejos comunales y las
demás formas de organización popular, incluyendo las que corresponden a los pueblos
y comunidades indígenas, de conformidad con lo previsto en el ordenamiento
jurídico.” (Subrayado nuestro).
“Artículo 146. Demanda de protección. Toda persona podrá demandar la protección
de sus derechos e intereses colectivos o difusos. Salvo lo dispuesto en las leyes
especiales, cuando los hechos que se describan posean trascendencia nacional su
conocimiento corresponderá a la Sala Constitucional;...” (Subrayado nuestro).

De acuerdo a lo expuesto, y dado que nuestra legislación no exige un interés procesal
calificado, siquiera por una presunta existencia de una especial situación que le vincule con
la norma legal individualizada, la legitimación de los que hoy accionamos para interponer
el presente escrito demandando la nulidad por inconstitucionalidad, es proveniente del
interés público en la vigilancia de los Derechos y Garantías establecidos en la Constitución
y en los Pactos, Tratados y Convenios Internacionales sobre Derechos Humanos que han
sido suscritos y ratificados por la República, así como de los intereses legítimos colectivos
y difusos de los ciudadanos y las ciudadanas.
CAPÍTULO II
DE LA COMPETENCIA
El Código Civil es un instrumento jurídico aprobado por el Congreso de la República de
Venezuela el 13 de julio de 1942, promulgado el 13 de agosto del mismo año y publicado
en Gaceta Oficial No. 17 del 1 de septiembre de 1942, cuyo texto fue parcialmente
reformado en el año 1982 tal como se evidencia en Gaceta Oficial No. 2.990
Extraordinario del 26 de Julio de 1982. En este sentido, al ser un acto normativo emanado
del Poder Legislativo Nacional, constituye una ley nacional susceptible del control
concentrado de la constitucionalidad que ejerce esta Excelentísima Sala Constitucional de

4

Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia publicada en Gaceta Oficial Nº 39.522 de fecha 01 de octubre de 2010.

2

José M. Simons D.
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acuerdo a lo establecido en el Artículo 334 de la Carta Fundamental -específicamente la
parte in fine- y el Artículo 335, y por ende la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia, es competente según las atribuciones dadas por el legislador en el Artículo 336,
cardinales 1, 2, 3 y 4 ejusdem, para conocer de acciones de anulación de las leyes
nacionales, entre otros actos y normas.
Los Artículos 334 y 335 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
expresan:
“Artículo 334. Todos los jueces o juezas de la República, en el ámbito de sus
competencias y conforme a lo previsto en esta Constitución y en la Ley, están en la
obligación de asegurar la integridad de esta Constitución.
En caso de incompatibilidad entre esta Constitución y una ley u otra norma jurídica, se
aplicarán las disposiciones constitucionales, correspondiendo a los tribunales en
cualquier causa, aún de oficio, decidir lo conducente.
Corresponde exclusivamente a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia
como jurisdicción constitucional, declarar la nulidad de las leyes y demás actos de los
órganos que ejercen el Poder Público dictados en ejecución directa e inmediata de la
Constitución o que tengan rango de ley, cuando colidan con aquella.”
“Artículo 335. El Tribunal Supremo de Justicia garantizará la supremacía y
efectividad de las normas y principios constitucionales; será el máximo y último
intérprete de la Constitución y velará por su uniforme interpretación y aplicación. Las
interpretaciones que establezca la Sala Constitucional sobre el contenido o alcance de
las normas y principios constitucionales son vinculantes para las otras Salas del
Tribunal Supremo de Justicia y demás tribunales de la República.”

Específicamente, el numeral 1 del Artículo 336 de la Carta Magna establece:
“Artículo 336. Son atribuciones de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia:
1. Declarar la nulidad total o parcial de las leyes nacionales y demás actos con rango
de ley de la Asamblea Nacional, que colidan con esta Constitución.”

En consecuencia, lo establecido en los Artículos 25.1 y 32 de la Ley Orgánica del Tribunal
Supremo de Justicia, confiere la exclusiva competencia a la Sala Constitucional del
Tribunal Supremo de Justicia, como único órgano a quien corresponde el Control
Concentrado, expresado de la siguiente forma:
“Artículo 25.- Competencias de la Sala Constitucional. Son competencias de la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia:
1. Declarar la nulidad total o parcial de las leyes nacionales y demás actos con rango
de ley de la Asamblea Nacional, que colidan con la Constitución de la República.”
“Artículo 32.- Control concentrado de la constitucionalidad. De conformidad con la
Constitución de la República, el control concentrado de la constitucionalidad sólo
corresponderá a la Sala Constitucional en los términos previstos en esta Ley, mediante
demanda popular de inconstitucionalidad, en cuyo caso, no privará el principio
dispositivo, pudiendo la Sala suplir, de oficio, las deficiencias o técnicas del
demandante por tratarse de un asunto de orden público. Los efectos de dicha sentencia
serán de aplicación general, y se publicará en la Gaceta Oficial de la República
Bolivariana de Venezuela, y en la Gaceta Oficial del estado o municipio según
corresponda.”

3

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Por lo que se concluye que es competencia de esta honorable Sala Constitucional para
conocer y tramitar hasta sentencia definitiva, y el ejercicio de la actio popularis se hace
válido mediante lo que hoy presentamos: demanda popular de nulidad por
inconstitucionalidad del Artículo 44 del Código Civil vigente, publicado en Gaceta
Oficial Nº 2.990 Extraordinario de 26 de julio de 1982, por colidir con la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela y las interpretaciones vinculantes, con intención
que sea declarado Con Lugar la Nulidad por Supremacía Constitucional y en virtud del
Principio iura novit curia, respecto a los derechos de las parejas del mismo sexo 5 y/o
género6, su conformación como familias y el acceso al derecho opcional y conjunto a la
institución del matrimonio civil y las uniones estables de hecho, y así se solicita.
CAPÍTULO III
DE LA DISPOSICIÓN NORMATIVA IMPUGNADA
La presente Acción de Nulidad por inconstitucionalidad se ejerce contra el artículo 44 del
Código Civil publicado en Gaceta Oficial Nº 2.990 Extraordinario de 26 de julio de 1982,
el cual se encuentra en el Título IV denominado “Del Matrimonio”, Sección II “Del
Matrimonio y su Celebración”. El texto de la norma impugnada es del tenor siguiente:
“Artículo 44.- El matrimonio no puede contraerse sino entre un solo hombre y una
sola mujer. La Ley no reconoce otro matrimonio contraído en Venezuela sino el que se
reglamenta por el presente Título, siendo el único que producirá efectos legales, tanto
respecto de las personas como respecto de los bienes.”

De la disposición precedente, se observa claramente que existe una distinción respecto de
la orientación sexual7 requerida para contraer nupcias, consagrando como requisito sine
qua nom que solo debe ser entre parejas de distinto sexo y/o género, lo cual a todas luces
lesiona el derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad, a la igualdad ante la Ley, y
el derecho a la no discriminación previsto en los artículo 20 y 21 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela respectivamente, contrariando los principios
fundamentales del Estado Democrático como lo son el derecho a la vida, la libertad, la
justicia, la democracia y la preeminencia de los derechos humanos, así como sus fines
esenciales definidos como la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su
dignidad.

5

El Sexo se compone de un conjunto de características biológicas entre las cuales están los cromosomas, las gónadas (ovarios y
testículos), las hormonas y los órganos genitales.
6

El Género se refiere a las características psicosociales que hacen sentir como tales a las mujeres y a los hombres, esto incluye un
conjunto de elementos de aprendizaje de las costumbres y las normas de conducta que culturalmente se consideran masculinas o
femeninas, las cuales son transmitidas de generación en generación en el seno de las familias y a través de otras instituciones (ideas,
valores, roles, capacidad, rasgos de temperamento, carácter e inclinaciones).
7

De acuerdo a lo descrito en los Principios de Yogyakarta, la Orientación Sexual se define como: la capacidad de cada uno de sentir una
profunda atracción emocional, afectiva y sexual por personas de un género diferente al suyo (heterosexualidad), o de su mismo género
(homosexualidad), o de ambos géneros (bisexualidad).

4

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CAPÍTULO IV
DE LA NORMA CONSTITUCIONAL INFRINGIDA
El artículo 44 del Código Civil, cuya nulidad solicitamos en el presente escrito, infringe de
manera flagrante y directa el derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad, a la
igualdad ante la Ley, y el derecho a la no discriminación por orientación sexual previsto en
los artículos 20 y 21 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
respectivamente. Así como colida con el Artículo 77 de la Carta Fundamental en cuanto de
acuerdo al criterio de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en Sentencia
No. 190 de fecha 28 de febrero de 2008 (Caso: Recurso de interpretación interpuesto por la
Asociación Civil Unión Afirmativa) señala que:
“La Sala quiere destacar que la norma constitucional no prohíbe ni condena las
uniones de hecho entre personas del mismo sexo, que encuentran cobertura
constitucional en el derecho fundamental al libre desenvolvimiento de la personalidad
(…) Así, es pertinente poner de relieve que la Constitución no niega ningún derecho a
la unión de personas de igual sexo” .

La presente acción de nulidad presenta un carácter objetivo, debiéndose contrastar con los
altos principios de definición, organización y funcionamiento del Estado, así como con los
valores históricos, políticos, económicos, democráticos y sociales que reconoce nuestra
Carta Magna, siendo así, que nuestra solicitud tiene como fin, más que la tutela de
derechos e intereses legítimos, personales y directos; la garantía e integridad del orden
constitucional, con lo cual esperamos que se realice.
En virtud de lo anterior y a los efectos de fundamentar la presente acción de nulidad
desarrollaremos cómo el mencionado artículo afecta la progresividad y preeminencia de
los Derechos Humanos, lesionando así el derecho humano al libre desenvolvimiento de la
personalidad, la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna, la inclusión y la
justicia social con equidad, en un Estado Social de Derecho y de Justicia cuyos fines
esenciales son la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad,
destacando que este tipo de procedimientos no privará el Principio Dispositivo y por lo
tanto, la Sala puede suplir las deficiencias técnicas de la parte accionante, ya que se trata de
un asunto de orden e interés público.
CAPÍTULO V
DE LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES VULNERADOS
Del Estado Democrático y Social de Derecho y Justicia
La democratización del derecho a contraer libremente matrimonio entre parejas del mismo
sexo y/o género es totalmente cónsona con la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela que plasmando la voluntad del pueblo constituyente propugna en sus artículos
2, 3, 19, 20, 21 y 62, un modelo de democracia participativa y protagónica conforme al
Estado Social de Derecho y de Justicia que armoniza lo colectivo y lo individual, en apego
a la progresividad y sin discriminación del goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e
interdependiente de los Derechos Humanos, tales como el Libre Desenvolvimiento de la
5

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Personalidad y la Igualdad frente a la Ley y al Estado.
Artículo 2: “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y
de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su
actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la
responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética
y el pluralismo político”. (Subrayado nuestro).

Se observa en la Exposición de Motivos de nuestra Carta Magna, en el Título I sobre los
Principios Fundamentales, que en vista a la esencia del legislador, la Nación adopta la
organización jurídico-política al referirse a un Estado democrático y social de Derecho y
de Justicia, siendo así, que el Estado deba garantizar y propugnar el bienestar de los
venezolanos, promoviendo condiciones necesarias para el desarrollo social y espiritual,
siempre procurando la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos para que
puedan desarrollar libremente su personalidad, dirigir sus destinos, disfrutar los
derechos humanos y buscar la felicidad. Asimismo, debemos reseñar la verdadera
definición de un Estado social de Derecho, el cual es aquél que se nutre de la voluntad de
los ciudadanos, expresada libremente por los medios de participación política y social
sobre la cual deriva la conformación del Estado democrático. Siendo así, un Estado social
y democrático de Derecho aquel realmente comprometido con el progreso integral que los
venezolanos y venezolanas aspiran, con el desarrollo humano que permita una calidad de
vida digna, aspectos que configuran la base del Estado de Justicia. Entendemos entonces
de la unión de este artículo con el Preámbulo de la Constitución, que ya no sólo es el
Estado el que debe ser democrático, sino también la sociedad.
De forma complementaria, a través de la doctrina de Adolfo Posada8 podemos resumir que:
“El Estado es una organización social constituida en un territorio propio, con fuerza para
mantenerse en él e imponer dentro de él un poder supremo de ordenación e imperio, poder
ejercido por aquel elemento social que en cada momento asume la mayor fuerza política”.
Siendo así, podemos observar que quien impera en la fuerza política de un territorio es un
elemento meramente social organizado, y aunque existan muchas teorías que impliquen
que todo Estado lo es de Derecho, indicando que esto deriva de la regulación normativa
independiente de su procedencia o la autoridad de la cual emanen, siendo democrático y
constitucional o autocrático y tiránico; observamos que nuestra Carta Magna se aleja
inmensamente de estas teorías y divergencias, demostrando en su esencia legislativa en la
Exposición de Motivos, que la verdadera definición aplicable a nuestro Estado de
Derecho, es aquella donde el Derecho es la norma emanada de la soberanía popular
en uso de su poder constituyente, que desarrolle los derechos humanos y la felicidad
de su sociedad. Por ende, no podemos reconocer a una parte de la sociedad, sin aplicar,
proteger y garantizar las miras verdaderas de nuestra Constitución.
Asimismo, la doctrina de Laski9 describe la existencia del Estado y el desenvolvimiento de

8

POSADA, Adolfo. (2000). Traducción y estudio introducido a la obra de Jellinek, Georg. La Declaración de los Derechos del Hombre
y del Ciudadano. Universidad Autónoma de México. Serie Estudios Jurídicos N° 12. México.
9

Citado por Sevilla, Víctor Op.Cit. pág.13 .

6

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las personas en la vida social, estableciendo que los Derechos Humanos: “…son las
condiciones de la vida social sin las cuales no puede ningún hombre perfeccionar y
afirmar su propia personalidad. Puesto que el Estado existe para hacer posible esa tarea,
sólo manteniendo esos derechos puede seguir su fin. Los derechos, por consiguiente, son
anteriores a la existencia del Estado, en el sentido de que, reconocidos o no, son la
fuente de donde se deriva su validez legal”. (Subrayado y negritas nuestras).
Por ende, es de concluir al respecto, que el Estado no concede, ni otorga o aprueba los
derechos, sino que tiene el deber imperioso de garantizarlos y protegerlos, como Estado
democrático y social de Derecho y de Justicia, fundamentado en la existencia del mismo
Estado, en la naturaleza y dignidad de la persona humana; derechos que son necesarios
para el cumplimiento pleno de las necesidades intelectuales, materiales y morales de todos
los habitantes del país.
El reconocimiento de la dignidad de las familias conformadas por personas del mismo sexo
y/o género, es reconocer que el problema discriminatorio que sufren es un problema social
de primera magnitud que no sólo ataca y menoscaba la intimidad de las parejas, sino que es
un ataque directo a los valores constitucionales en los cuales el Estado Democrático Social
de Derecho y de Justicia, se fundamenta, construyendo y promoviendo subjetividades
jerarquizadas impuestas desde la violencia y la discriminación como se evidencia en el
Artículo 44 del Código Civil venezolano, normativa impugnada en la presente acción de
nulidad. Se hace imposible construir una sociedad libre e igual en un Estado Democrático
si se fundamenta en valores patriarcales, heterosexistas, sexistas discriminatorios que se
arraigan en el concepto judicial para hacer inocuo el principio constitucional de la igualdad
ciudadana.
De los Fines Esenciales del Estado
Nuestra Carta Magna en su Artículo 3, expresa:
“Artículo 3: El Estado tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la
persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular,
la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la
prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios,
derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución.
La educación y el trabajo son los procesos fundamentales para alcanzar dichos fines”.
(Subrayado y negritas nuestras).

Al analizar el artículo señalado, en referencia al respeto a la dignidad y el desarrollo y
defensa de la persona, podemos concatenarlo con el criterio de igualdad de derechos
ampliado que emitió la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en Sentencia
N° 953 de fecha 16 de julio de 2013, (Caso: Acción de Nulidad del Artículo 57 del Código
Civil):
“(Omissis…) Dicho valor (la igualdad) en consecuencia, se encuentra aparejado e
íntimamente vinculado a la dignidad del hombre, a su condición y su interrelación con
su semejante en su diálogo social, político, económico y más importante aún en el
ámbito natural, ya que no existe una diferenciación existencial salvo las
condiciones morfológicas propias de cada ser humano, siendo iguales en su

7

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concepción como personas poseedores de deberes, garantías y derechos para el
libre ejercicio de la autonomía de la voluntad y el libre desarrollo de la
personalidad (Vid. Gregorio Peces Barba y otros; Curso de Teoría del Derecho,
Marcial Pons). (Omissis…)”. (Subrayado y negritas nuestras).

Por esto, encontramos que nuestra jurisprudencia concuerda con el verdadero sentido del
legislador, dando un amplio reconocimiento a la verdadera definición de la dignidad del
hombre como genus humanum, siempre unido a su orientación sexual e interrelación con la
sociedad, que lo hace gozar de los mismos deberes, garantías y derechos para un libre
desarrollo de la personalidad y de su voluntad. No se puede pretender que todos gocemos
de los mismos deberes para con el Estado, pero sólo una parte de la sociedad goce de
algunos derechos y que otros no los disfruten con base en su orientación sexual, o peor
aún, que el Estado y la sociedad pretendan imponerle a otros, que efectivamente gozan de
un derecho, pero alejados del desarrollo de la personalidad, permitiendo el despojo de la
voluntad y sin un debido respeto a su dignidad. El correcto goce y ejercicio de los
derechos, está en ser única y exclusivamente: persona.
Vemos además, como en diferentes doctrinas, el respeto por los derechos humanos implica
el reconocimiento intrínseco de la dignidad individual de cada persona pues la facultan
para la vida comunitaria plena, por lo que el ordenamiento jurídico debe reconocerlos
plenamente y protegerlos ampliamente. Es en la sociedad donde las personas ejercen los
mismos derechos para alcanzar el desarrollo de su personalidad en totalidad y “…al serle
atacados, se desprecia su dignidad humana; la cual debe ser merecedora del máximo
respeto dentro del marco de su libertad y raciocinio”10. (Subrayado y negritas nuestras).
En este sentido, analizamos estos principios, especialmente vinculándolos con la dignidad
humana y su interdependencia con el derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad,
la igualdad ante la ley y el derecho a la no discriminación, adecuándonos a la
interpretación relativa al derecho exigido a esta Honorable Sala Constitucional al consignar
este escrito de acción de nulidad por inconstitucionalidad del Artículo 44 del Código Civil,
para permitir así el acceso a la institución matrimonial y a las uniones estables de hecho
para parejas del mismo sexo y/o género.
De la Dignidad y los Derechos Humanos
Al hacer la pregunta ¿Qué es la Dignidad Humana? Se debe pensar en primer lugar, que
igual dignidad es el fundamento del Estado de Derecho que considera a los individuos
como ciudadanos con iguales derechos y deberes. En segundo lugar que la dignidad
humana no niega la existencia de desigualdades entre los individuos, lo que sí niega es
que esas desigualdades naturales y sociales sean la justificación de un tratamiento
desigual por parte de las instituciones o un trato degradante entre los individuos.
(Negritas nuestras)
Con otras palabras, cada ser humano merece un respeto debido por el mero hecho de ser

10

8

Citado por Verna, citado por Sevilla, Víctor Op.Cit, pág.12

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humano. Kant11 decía: “la humanidad misma es dignidad: porque el hombre no puede ser
utilizado únicamente como medio por ningún hombre (ni por otros, ni siquiera por sí
mismo), sino siempre a la vez como fin, y en esto consiste precisamente su dignidad (la
personalidad) en virtud de la cual se eleva sobre todas las cosas”.
La dignidad está relacionada con la aversión del individuo hacia su propia vulnerabilidad y
la de los demás, el sufrimiento más allá de la capacidad por parte del individuo de sentir un
dolor físico y psicológico sino a la precariedad y la debilidad de la condición humana. Así,
las cuestiones en torno a las luchas reivindicativas históricas hablan de situaciones de
sufrimiento por parte de los sujetos implicados, donde la vulnerabilidad y la integridad del
ser humano están en juego. Lo que se entiende claramente como una muestra de carencia
de respeto hacia su identidad, su libertad de ser y de elegir.
Es así como la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su preámbulo
considera en primer término el reconocimiento de la dignidad y el valor de la persona
humana como base para garantizar una verdadera libertad, justicia y paz en el mundo, junto
a los derechos iguales e inalienables de hombres y mujeres para así promover el progreso
social y elevar el nivel de vida de todos los miembros de la familia humana.
De tal forma que los Derechos Humanos son aquellos inherentes a la persona humana, tal
como lo expresa Nikken, Pedro, citado por Sevilla, Víctor12, pág. 54:
“Una de las características resaltantes del mundo contemporáneo es el reconocimiento
de que todo ser humano, por el hecho de serlo, es titular de derechos
fundamentales que la sociedad no puede arrebatarle lícitamente. Estos derechos
no dependen de su reconocimiento por el Estado ni son concesiones suyas; tampoco
dependen de la nacionalidad de la persona ni de la cultura a la cual pertenezca. Son
derechos naturales que corresponden a todo habitante de la tierra”. (Negritas nuestras).

Es por ello que el relativismo cultural y religioso no deben ser excusas para el
levantamiento de barreras en la universalización de los derechos humanos ni tampoco la
normalización de los Estados del primer mundo sobre los otros. La política global de
derechos humanos no debe politizarse, ponerse al servicio de países poderosos que realizan
conductas selectivas. A este respecto, los derechos humanos no son una imposición de
Occidente o del modelo capitalista sobre otros Estados o culturas, sino más bien una
conquista de la humanidad traducida fundamentalmente en la “Dignidad” y la igualdad de
derechos y su inalienabilidad para todos los integrantes de la familia humana13.
Así queda establecido en el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos 14 del 10 de diciembre de 1948, el cual es el máximo instrumento jurídico

11

Immanuel Kant (1724 –1804) filósofo prusiano representante del criticismo y precursor del idealismo alemán considerado como uno
de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal.

12

SEVILLA, Víctor Rafael. (2010). Tratado sobre Derechos Humanos. Editorial Buchivacoa. Ciudad Bolívar. Venezuela

13

Sevilla, Víctor Op.Cit . Págs. 67-69

14

Declaración Universal de los Derechos Humanos, suscrita por la República Bolivariana de Venezuela, mediante Resolución N° 217 de
fecha 10 de diciembre de 1948.

9

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internacional en el que Estados Miembros de la Organización de las Nacionales Unidas se
han comprometido a asegurar el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades
fundamentales de las personas.
Toda sociedad debe asegurar para sus ciudadanos los derechos que les garantizan las
necesidades y las seguridades básicas y le permitan tener un sentido de pertenencia y apego
al grupo social mayor. Los individuos necesitan sentir seguridad y tener sentido de
pertenencia para así realizar sus tareas y obligaciones de manera satisfactoria.15
Es por ello que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su Artículo
19, expresa:
“Artículo 19. El Estado garantizará a toda persona, conforme al principio de
progresividad y sin discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable, indivisible
e interdependiente de los derechos humanos. Su respeto y garantía son obligatorios
para los órganos del Poder Público de conformidad con esta Constitución, con los
tratados sobre derechos humanos suscritos y ratificados por la República y con las
leyes que los desarrollen.” (Subrayado nuestro)

De acuerdo a lo planteado por Pedro Cruz Villalón en su obra “Concepto de derecho
fundamental: Identidad, Status, Carácter” (1994, p. 162), los derechos fundamentales
cumplen la función por un lado de incorporar a la Constitución el sistema constitucional de
los derechos humanos como límite al Poder Público, por otro, son elementos funcionales,
objetivos de la estructura democrática de poder, y adicionalmente son expresión de la
Constitución de la sociedad.
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, reconocida como una de las
más evolucionadas del mundo, acoge en su totalidad, desde su preámbulo, estos principios
universales como veremos a continuación.
El Derecho a la Vida, a la Libertad y a la Seguridad
Cuando se habla del derecho a la vida como un derecho humano, no se puede desconocer
la interdependencia de los mismos, cobrando la vida misma un significado macro. El
derecho a la vida es uno de los valores supremos del cual está investido el ser humano,
pues no solo significa el hecho de vivir, sino que esa vida sea plena de dignidad, sugiriendo
una integridad de muchos elementos.
La dignidad y el derecho a una vida digna son los pilares sobre los que se erige la superior
importancia de la existencia humana para la ciencia del Derecho. Es por ello que los
ordenamientos jurídicos existen y son legítimos en la medida en que se respeten, protejan y
tutelen los derechos fundamentales de la persona humana durante todo el proceso de
desarrollo del individuo.
Garantizar el derecho a una vida digna implica entonces brindar las oportunidades
suficientes y necesarias para que cada uno de los ciudadanos y ciudadanas de un país
puedan poder satisfacer todas y cada una de sus necesidades tales como la alimentación, la

15

Abdur-Rahmánash-Sheha citado por Rafael, Víctor Op.Cit. pág. 71

10

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educación, el trabajo, la salud, la recreación, la seguridad social, la propiedad, la libertad
de pensamiento y de conciencia, de expresión, el libre tránsito, la seguridad e integridad
física, psicológica y moral; la identidad, la protección por parte del Estado, el respeto a su
vida privada, a su honra y a su reputación, a formar familia y a contraer libremente
matrimonio.
Es por ello que la obligación del Estado a garantizar el derecho a la vida no solo se centra
en impedir la muerte de una persona, sino protegerlo de la negación de cualquier otro
derecho humano que implique una forma de maltrato o que haga su vida indigna
menoscabando el goce y ejercicio pleno de las garantías y libertades, especialmente cuando
son fundamentados en prejuicios, estigmas o estereotipos.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en su Artículo 3 lo
siguiente:
“Artículo 3: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su
persona.”

En este sentido, el Artículo 1 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
establece:
“Artículo 1: La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e
independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad,
justicia y paz internacional en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador.”

La Libertad, definida como la capacidad de la conciencia que cada sujeto tiene para pensar
y obrar según la propia voluntad asumiendo la responsabilidad de sus actos, viene envuelta
en una carga moral y limitada por una carga de derecho.
El patrimonio moral que fundamenta nuestra Carta Magna, de acuerdo a su Exposición de
Motivos, en el Título I sobre los Principios Fundamentales, recoge el sentimiento popular
del Libertador Simón Bolívar, que distingue la lucha incesante de unidad nacional y
abnegada por la libertad, justicia, la moral pública, como el obrar recto de los ciudadanos y
así del bienestar del pueblo.
Pero es preciso entender que la moralidad deriva de una íntegra interpretación de los
derechos, los cuales devienen en un perfecto ejercicio junto con el principio de no
discriminación. Es por ello que hay que tener en claro las diferencias entre Derecho y
Moral, conociendo que el orden moral se produce en la conciencia del individuo, en su
intimidad; el orden jurídico, por otro lado, busca crear el orden social, el orden de las
relaciones objetivas de las personas, la paz externa en las relaciones sociales y así, según
Faúndez16 “muchos suelen confundir el Derecho con la moral, olvidando que se trata de
esferas diferentes, no necesariamente coincidentes, aun cuando la normativa jurídica en el
ámbito de los derechos humanos pueda sugerir una gran aproximación a ellas. Pero
debemos reiterarlo, no debe confundirse la norma jurídica con los motivos del que la dicta,
los cuales no siempre serán morales sino que, con mucha frecuencia, eminentemente

16

Citado por Sevilla, Víctor Op.Cit, pág.48.

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políticos y pragmáticos”. (Subrayado nuestro).
De tal forma que la libertad no es tal si no está consagrada de forma interdependiente con
los valores de igualdad, justicia y paz, que son comunes al Estado tanto como a las
personas, por lo que se desprende la ineludible dependencia del bienestar colectivo al
bienestar que cada ciudadano y ciudadana perciba para sí mismo respecto a esos valores.
Asumiendo que lo moralmente aceptable es que se respeten los valores de libertad, justicia
y paz en relación al respeto de la dignidad de las personas, permitiéndoles alcanzar la
realización personal en cada espacio de su vida así como en el derecho a contraer
libremente matrimonio civil a las parejas conformadas por personas del mismo sexo y/o
género y el reconocimiento legal de sus familias, para lo que no se debe imponer una moral
caracterizada por la opresión y la coerción, contraria a los valores y principios de la
República. Es decir, cualquier disposición legal o administrativa que menoscabe o prohíba
el derecho a contraer libremente matrimonio a las parejas del mismo sexo y/o género,
representaría una directa violación de la Norma Suprema y por ende, sería inconstitucional,
la cual debería ser declarada como tal. Y así se solicita.
Del Derecho al Libre Desenvolvimiento de la Personalidad
Todo ser humano tiene status de persona sin distinción alguna. La persona humana es el
núcleo de la sociedad, pues entorno a ésta se construye y estructura el ordenamiento
jurídico. Los conceptos de Estado y Derecho están sujetos a la existencia previa de las
personas organizadas en sociedad y evolucionan acorde con las necesidades y progreso de
las sociedades, dada la naturaleza dinámica de los derechos humanos fundamentales.
El ser humano es un ser biológico, poseedor de una serie de cualidades y atributos que lo
definen en esencia en lo físico (la genética, el organismo y su funcionamiento), lo psíquico
(voluntad, sensibilidad, inteligencia, percepción) y lo espiritual (fé y creencias),
haciéndolas diferentes entre sí, lo que las particulariza e individualiza. El desarrollo de
cada individuo involucra estos tres elementos y lo configuran además como un ser social,
pues la naturaleza social del ser humano indica que sólo es realizable en sociedad.
Asimismo, el estatus de persona le hace poseedor de una serie de derechos y garantías
indispensables para su realización, lo que lo hace un ser jurídico, con personalidad
jurídica, es decir, “sujeto de derechos”.
Como ser físico el individuo tiene derechos que podríamos identificar como derechos de
supervivencia: salud, abrigo, alimentación, a una vida sexual plena, entre otros. Pero como
ser psíquico y espiritual, el ser humano posee una característica conocida como la
Personalidad expresada hacia afuera como la “manera de ser” y hacia lo interno como la
voluntad, las emociones, ideas, motivaciones, etc. que pudieran o no ser exteriorizadas por
decisión del sujeto. El desarrollo de esa personalidad que pudiera estar determinada por
agentes genéticos, sociales, económicos, culturales, etc. pero que es primordial en la
construcción de su proyecto de vida y el camino a su felicidad, genera un derecho conocido
como el derecho al libre desarrollo de la personalidad.
La personalidad abarca atributos jurídicos, pero también extra-jurídicos, es decir, que
quedan fuera de las regulaciones del derecho (conciencia, las decisiones, planes, ideas,
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orientación sexual), y su libre desarrollo garantiza la capacidad individual, sin coacción por
parte del Estado, de autodeterminarse, diseñar y dirigir su vida según su voluntad,
conforme a sus propósitos, expectativas, intereses y deseos. El ser humano necesita contar
con presupuestos, condiciones y circunstancias que le permitan disfrutar de su calidad de
tal y alcanzar, en razón de su perfectibilidad propia, su mayor desenvolvimiento en lo
físico, en lo anímico y en lo moral. Su vida, exigencia indispensable y previa, así como su
integridad física y mental, deben ser, por ello respetadas. Su libertad también requiere de
protección. Y es preciso amparar, asimismo, diferentes aspectos de su personalidad que
pueden ser vulnerados, por ejemplo, su imagen, su honor, su intimidad y su orientación
sexual.
El derecho al libre desarrollo de la personalidad protege al individuo en su individualidad
como ser único y valioso en sí mismo, pues tutela el valor supremo que justifica el sistema
internacional de derechos humanos: la dignidad humana. Garantizar su goce requiere el
goce efectivo de todo el sistema de derechos y libertades fundamentales.
La dignidad no es un derecho, pero es el fundamento constitucional de todos los derechos,
tanto los civiles y políticos como los sociales, económicos y culturales, y en consecuencia
es indivisible del derecho al libre desarrollo de la personalidad, pues es en su ejercicio
cuando la dignidad se materializa jurídicamente.
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en su Exposición de Motivos
establece:
“…Se reconocen los derechos al libre desenvolvimiento de la personalidad y a la
igualdad….”

En este sentido, el Artículo 20 de la misma consagra:
“Artículo 20. Toda persona tiene derecho al libre desenvolvimiento de su
personalidad, sin más limitaciones que las que derivan del derecho de las demás y del
orden público y social”.

El libre desarrollo de la personalidad, como derecho, es el reconocimiento que hace todo
Estado Democrático de la facultad natural de toda persona a ser individualmente como
quiere ser, su autonomía, su norma de vida, sin coacción, ni controles injustificados o
impedimentos por parte de los demás. Este reconocimiento es fundamental para la
realización de las metas de cada individuo de la especie humana, su proyecto de vida,
fijadas autónomamente por la persona de acuerdo con su temperamento y el carácter
propio, con la limitación de los derechos de las demás personas y del orden público.
Desde el punto de vista jurídico, se entiende la personalidad como la capacidad que se le
reconoce a un ser sujeto de derechos y obligaciones, limitada por el interés general y el
orden público. Involucra la libertad de pensamiento y expresión ya sea verbal o corporal; la
forma de vestir, el cuidado del cabello, de llevar un piercing, su estética, depende de los
gustos individuales de cada persona y se concretan con la imagen que de ellos se quiere
exteriorizar, escogiendo este estilo de vida por su propia autonomía para determinarse
como tal en el medio social en que se viva y con el que se sienta más a gusto.
La comunidad científica actual reconoce como un factor determinante para la elección de
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la pareja, la orientación sexual de cada uno de los miembros, cuya decisión de convivir y
conformar familia, son expresión genuina y auténtica de la naturaleza humana y parte
medular del Derecho Humano al libre desarrollo de la personalidad. Asimismo, los
vínculos establecidos entre las parejas se fundamentan básicamente en el afecto y en el
deseo de desarrollar un proyecto de vida en común.
Ante esto, es preciso señalar, que la orientación sexual de las personas forma parte de la
personalidad individual y se encuentra protegida por el derecho al libre desarrollo de la
personalidad, por tanto una negativa a otros derechos, por ejemplo, optar por el derecho a
contraer libremente matrimonio, sería violentar el libre desarrollo de su personalidad, más
aún, como se mencionaba anteriormente, obligarles a un prototipo de sociedad heterosocio-culturada.
De igual manera no podemos dejar de lado el voto disentido de la magistrada Carme Zuleta
de Merchán en Sentencia No. 190 de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia de fecha 28 de febrero de 2008, donde expresa:
“(Omissis…) Para garantizar los postulados de la igualdad ante la ley previstos en el
artículo 21 constitucional debe necesariamente partirse del reconocimiento de
un derecho implícito (artículo 22) en nuestra Carta Magna, cual es el derecho a
la libertad en la orientación sexual, que es, hoy día, un componente esencial a la
personalidad humana; de tal manera que al carecerse de ese mínimo reconocimiento
las personas con una orientación distinta a la heterosexual se excluyen o se marginan
socialmente al no tener basamento para concretar sus derechos a la igualdad y a la
dignidad ciudadana. Expresado esto en términos alusivos a la esencialidad del ser
humano, se ha preguntado una pensadora contemporánea, Hannah Arendt: « ¿Cómo
es posible vivir en el mundo, amar al prójimo, si el prójimo, o incluso tu mismo no
acepta quién eres?»” (Omissis…).

Continuando, la magistrada Carmen Zuleta de Merchán en su voto disentido en Sentencia
ut supra señala:
“(Omissis…) La interpretación de la mayoría, a mi modo de ver, parte de una falsa
premisa: no obstante no prohibir ni condenar las uniones de hecho entre personas de
igual sexo (página 26) niega las consecuencias jurídicas del derecho al libre
desenvolvimiento de la personalidad, dando por implícito un modelo constitucional
de heterosexualidad obligatoria que desconoce los valores del Estado pluralista en los
cuales se fundamentó el Estado Social de Derecho y de Justicia que proclama el
Preámbulo de nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
(Omissis…)”.

En virtud de ello, encontramos ante el derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad
y frente a una heteronormatividad que penetra en lo más profundo de la esencia del ser
humano, que se desdeña no sólo un derecho, sino múltiples, concatenados al propio deber
de un verdadero Estado Social de Derecho y De justicia que procura la felicidad para sus
ciudadanos y ciudadanas, como se evidencia en lo establecido en el Artículo 44 del Código
Civil venezolano.
Como derecho autónomo, el libre desarrollo de la personalidad se configura como la
evolución jurídica del tradicional concepto de libertad. Su contenido subjetivo dota a los
individuos de la libertad de regir y dirigir su vida y destino a su propia manera. Su
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contenido objetivo coloca el desarrollo de la personalidad y sus valores esenciales como
contenido axiológico universal de los ordenamientos jurídicos, lo cual implica la
imposición de deberes y obligaciones al Estado, la sociedad y los individuos.
El que los instrumentos internacionales de derechos humanos enfaticen que el libre
desarrollo de la personalidad debe realizarse plenamente, implica la consecución de las
condiciones económicas y sociales para ello. El establecimiento de las condiciones
necesarias para una calidad de vida digna, en otras palabras, pretende alcanzar una
sociedad nacional y mundial donde exista un estado de bienestar general, en el cual se
posibilite el desarrollo integral de todos los seres humanos. Por ello, más que su simple
enunciación jurídica, la finalidad del derecho al libre desarrollo de la personalidad en el
contexto de los derechos humanos, es el fungir como ideal, como finalidad y meta superior
del sistema de los Derechos Humanos Fundamentales.
De igual manera debemos sobreponer la noción de igualdad de derechos como la norma
principalísima, que forma parte del contenido axiológico que debe ser tenido en cuenta de
especial manera al momento de interpretar la Constitución y el resto del ordenamiento
jurídico.
Derecho a la Igualdad y No Discriminación
La Declaración Universal de los Derechos Humanos consagra los principios de igualdad y
no discriminación en los siguientes términos:
“Artículo 1: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y,
dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos
con los otros.”
“Artículo 2: Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta
Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión
política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica,
nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada
en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya
jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de
un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra
limitación de soberanía.”
“Artículo 7: Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual
protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda
discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal
discriminación.”

El derecho a la Igualdad y a la No Discriminación son principios fundamentales de los
derechos humanos de aplicación en el derecho internacional, y reconocidos en todos los
convenios, pactos y tratados internacionales sobre derechos humanos. Estas
consideraciones, son recogidas plenamente en el Artículo 21 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela cuando expresa:
“Artículo 21. Todas las personas son iguales ante la ley; en consecuencia:
1. No se permitirán discriminaciones fundadas en la raza, el sexo, el credo, la
condición social o aquellas que, en general, tengan por objeto o por resultado
anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de

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igualdad, de los derechos y libertades de toda persona.
2. La ley garantizará las condiciones jurídicas y administrativas para que la igualdad
ante la ley sea real y efectiva; adoptará medidas positivas a favor de personas o
grupos que puedan ser discriminados, marginados o vulnerables; protegerá
especialmente a aquellas personas que por alguna de las condiciones antes
especificadas, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y
sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se cometan (Omissis…)”.
(Subrayado nuestro).

De la lectura del artículo ut supra transcrito, se desprende que el derecho a la igualdad
implica brindar el mismo trato a todas las personas que se encuentran en idénticas o
semejantes condiciones, no siendo admisibles tratos desiguales, fundados en la raza, sexo,
credo, orientación sexual o cualquier otra condición, correspondiendo a la ley, de igual
forma, generar las condiciones para que esa igualdad sea real y efectiva.
De acuerdo a lo expuesto, queda claro que existen diferencias entre las personas, pero ante
la Ley todas las personas son iguales, aunque existan excepciones, estas no pueden
fundarse en condiciones que tenga por objeto o por resultado el menoscabo del
reconocimiento, goce y ejercicio de los derechos y sobre todo de libertades de todas las
personas; aunado a esto, la Carta Magna impone que las demás leyes deben garantizar ese
ejercicio jurídico-administrativo para que dicha igualdad de derechos pueda ser plasmada y
palpable por sus mismos ciudadanos, más aún por la adopción progresista de las medidas
que puedan favorecer a personas o grupos ante la no discriminación, la marginación o la
vulnerabilidad y asimismo, es deber imperioso la protección de la Ley de estas personas
cuando se vean protagonistas de una debilidad jurídico-social que atañe sus derechos.
Según el criterio de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en Sentencia
N° 953 de fecha 16 de julio de 2013 (Caso: Acción de Nulidad del Artículo 57 del Código
Civil), en cuanto a la igualdad derechos:
“(Omissis…) debe precisarse que la igualdad es un valor ínsito al ser humano, es un
reconocimiento interno y externo a su propia condición, y por ende una contraposición
o una superación a las diferenciaciones fundadas en las clases, el género, la raza o en
la superioridad o inferioridad de éstos respecto a otros ciudadanos, representadas estas
últimas a través de figuras abominables histórica y sociológicamente como la
esclavitud, la segregación o el menosprecio de la mujer, las cuales se basaron en
argumentos tan contradictorios como falacias de principio que deslegitiman su
contenido, su mantenimiento y/o aceptación dentro de un Estado democrático y social
de Derecho y de Justicia. (Omissis…)”.
“(Omissis…) Por tal motivo, es que la igualdad no abarca solamente un elemento
externo en atención a los diversos factores sociales sino que debe implicar un
reconocimiento interno del ciudadano o el grupo social de equiparse en similitud de
condiciones exigiendo cuotas sociales, económicas y políticas de participación y
ejecución en la garantización de los derechos fundamentales (Omissis…)”.
“(Omissis…) En este orden de ideas, se advierte tal como lo expuso la Sala que la
igualdad, en el Texto Constitucional ha sido recogida o concebida en sus dos
vertientes, la igualdad formal ante la ley, y la igualdad material, que implica la
garantía de generar un conjunto de condiciones a los efectos de que ésta se haga real y

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efectiva, mediante la adopción de medidas positivas a favor de personas o grupos
de personas que puedan ser discriminados, marginados o vulnerados de manera
de promover una equiparación entre los mismos (Omissis…)”. (Subrayado y
negritas nuestras).

De la anterior mención podemos desprender que cada persona tiene un reconocimiento
interno de su orientación sexual frente a la igualdad de derechos con respecto a las demás
personas, reconocimiento interno del otro que debe ser cumplido por la sociedad y por el
Estado, reconocimiento logrado a través del avance social y legislativo de un verdadero
Estado democrático y social de Derecho en cuanto a los mismos derechos del cual somos
hoy protagonistas, derechos incluso que datan de la Constitución de 181117 como se puede
percibir en la sentencia mencionada, por lo cual, no debe existir diferenciación de clases,
géneros, raza o superioridad o condiciones de inferioridad impuestas por prejuicios
sociales o religiosos, las cuales han sido características del segregacionismo histórico en
nuestro país. Continuar en un Estado con una definición de igualdad de derechos que
irrespete el valor ínsito de cada persona, sería desligarnos de nuestra propia Constitución y
del sentido verdadero del legislador.
También se debe observar muy bien las palabras que definen la igualdad de derechos: “un
valor ínsito del ser humano”, abrazando la real virtud que impone la existencia de las
personas; podrán muchos establecernos diferencias, pero ante la ley todos somos humanos
y los humanos dentro de nuestro Estado, debemos estar reconocidos, protegidos y
garantizados por los mismos derechos y así, se deben adoptar medidas como la
inaplicación de normas que permitan la discriminación o marginación de algunas personas,
promoviendo finalmente por parte del Estado, una equiparación de los mismos al goce y
disfrute de los derechos.
Por otra parte, de acuerdo al criterio de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia en Sentencia No. 190 de fecha 28 de febrero de 2008, (Caso: Recurso de
interpretación interpuesto por la Asociación Civil Unión Afirmativa), el artículo 21 no
representa una norma taxativa; por cuanto, en relación a la orientación sexual, la sala
explica:
“(Omissis…) encuentra la Sala que, con fundamento en el artículo 21 de la
Constitución, un individuo no puede ser discriminado en razón de su orientación
sexual, cuando tal condición implique colocarlo en un plano de desigualdad respecto
de aquellos aspectos en los que, por su condición de ser humano, es igual frente al
resto de los individuos de la colectividad. Así, en su condición de trabajador, en su
condición de ciudadano, y, en general, respecto del ejercicio de sus derechos
individuales (civiles, políticos, sociales, culturales, educativos y económicos) que le
otorga la condición de persona, es, ante la Ley, igual al resto de la colectividad
(Omissis…)”.

Dado que la orientación sexual de las personas se encuentra protegida por un derecho
fundamental como lo es el derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad, no se
justifica que una persona con diferente orientación sexual a la heterosexualidad no pueda

17

Constitución Federal de Venezuela publicada en la Gaceta de Caracas en fecha 27 de diciembre de 1811.

17

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ejercer el derecho a contraer libremente matrimonio, salvo que lo haga con alguien de sexo
opuesto, requisito que exige renunciar a su orientación sexual, invadiendo y vulnerando de
dicho modo el derecho al libre desarrollo de la personalidad del contrayente ya que deja
por fuera el reconocimiento y respeto de su orientación sexual, de su dignidad, del
desarrollo como persona, así como finalmente de su voluntad individual. Dicha
discriminación o trato desigual implica colocarlo en un plano de desigualdad frente a otros
seres humanos que sí gozan de algunos derechos individuales, por ejemplo, el contraer
libremente matrimonio.
El reconocimiento del derecho al matrimonio a todas las personas, independientemente de
su orientación sexual, implica la posibilidad para cada individuo de contraer matrimonio
con personas de su mismo sexo o de diferente sexo, de manera que ese ejercicio reconozca
plenamente la orientación sexual de cada uno.
Por lo cual, negar el derecho al acceso a la institución matrimonial y a las uniones estables
de hecho a las parejas conformadas por personas del mismo sexo y/o género constituye una
violación flagrante al derecho a la igualdad ante la ley, al libre desenvolvimiento de la
personalidad y a la no discriminación por orientación sexual.
Medidas afirmativas y el derecho a No Discriminación
El trato desigual permitido, acontece siempre y cuando no sea fundado en cuestiones
valorativas, desproporcionadas o injustificadas, enunciadas en el Artículo 21 de la
Constitución Bolivariana de Venezuela, y que de acuerdo al criterio de la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en Sentencia No. 190 de fecha 28 de
febrero de 2008: “un individuo no puede ser discriminado en razón de su orientación
sexual, cuando tal condición18 implique colocarlo en un plano de desigualdad respecto de
aquellos aspectos en los que, por su condición de ser humano, es igual frente al resto de
los individuos de la colectividad.”.
Esto nos conduce a lo que señala Fleiner19, resaltando que: si no se acepta la razón de la
soberanía del individuo, y por consiguiente, reconocerle derechos frente a los derechos
colectivos; no se permitirá el pleno ejercicio de derechos. Ahora bien, tales derechos
colectivos no deben utilizarse para la destrucción interna de los derechos individuales,
puesto que, como sigue mencionando respecto a la dignidad de las personas en conjunto
con la sociedad: “La dignidad de la persona no solo se encuentra en su individualidad.
También existe en y por la colectividad a la que pertenece”.
La discriminación atenta contra los principios de igualdad de derechos y el respeto de la
dignidad humana, constituyendo además, un obstáculo para el bienestar de la sociedad y de
las familias en su pluralidad, reconocida constitucionalmente, por lo que el derecho que

18

Queremos aportar a la mención de la “condición” referida por la Sala, específicamente a la condición humana, la cual es la base
concebida en forma integrada con sus relaciones socio-políticas específicas para el reconocimiento de los Derechos Humanos, no porque
pertenezcan a una casta o clase social, como en las sociedades clasistas o estamentales y jerarquizadas.

19

Citado por Sevilla, Víctor Op.Cit. pág. 73.

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tienen las parejas conformadas por personas del mismo sexo y/o género a ser tratadas de
modo igual, está asociado a la prohibición de realizar prácticas discriminatorias, lo cual a
través del tiempo, se ha propugnado mediante los tratados internacionales, las
Constituciones y leyes especiales; pero a pesar de ello, los instrumentos y normas
mencionadas no son lo suficiente para lograr el equilibrio de las marcadas y notorias
diferencias; en vista de las circunstancias y situaciones legitimadas por el heterosexismo, el
androcentrismo, el prejuicio, entre otras, que justifican la violencia como una estrategia
para el ejercicio discriminatorio, lo cual hace imperioso un marco jurídico o interpretación
máxime que procure un reconocimiento, protección y garantía de la igualdad de derechos.
Precisamos de igual manera lo mencionado en la Sentencia Nº 486 de esta Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, en el año 2010 sobre el Derecho a la
Igualdad y No Discriminación, en la cual se menciona que la igualdad y la preeminencia de
los Derechos Humanos está enmarcada entre los principios fundamentales y valores
superiores del ordenamiento jurídico y de la actuación del Estado, principios estos
establecidos en los Artículos 1 y 2 de la Carta Magna, el cual se desarrolla armónicamente
en el Artículo 21 ejusdem.
Continuando, la Sala menciona en dicha sentencia, que son prohibiciones expresas y
absolutas las discriminaciones y que además se preceptúa una garantía a través de la
adopción de medidas positivas, por lo que se deben establecer condiciones jurídicas y
administrativas, con el fin de que sean reales y efectivas; con miras a que el equilibrio y la
seguridad efectiva sobre la igualdad sean tanto de iure como de facto entre todas las
personas ante la ley. Los mencionados artículos son ampliamente analizados frente a la
existencia y reconocimiento de patrones culturales ligados a la socialización y la
imperfecta educación que proyecta la desigualdad social. Estas medidas positivas
responden a la necesidad de vincular el derecho a no ser discriminado, sea
individualmente o en pareja, con una obligación de implementar políticas de inclusión de
individuos considerados “diferentes”, cosa que pretenden paliar situaciones de inseguridad.
La denominación doctrinaria jurídica de la discriminación inversa o positiva, se debe
vislumbrar en acciones realmente positivas, que caractericen una mayor igualdad social
sustantiva entre los grupos sociales con problemas de discriminación o desigualdad de
oportunidades, no al contrario, sino que se debe favorecer y amparar a las personas
pertenecientes a un grupo históricamente oprimido, robado en derechos, discriminado.
Es menester también recordar los elementos de la discriminación inversa, los cuales deben
ser perfectamente analizados y ejecutados para conseguir sobre la situación social, una
medida igualitaria entre los grupos injustamente discriminados sin que el objeto o la
interpretación, afecte los derechos básicos de las personas.
De acuerdo a lo que expresa la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en
Sentencia 190 de fecha 28 de febrero de 2008 (Caso: Recurso de interpretación interpuesto
por la Asociación Civil Unión Afirmativa):
“(Omissis…) En consecuencia, resulta claro que el artículo 21 de la Constitución de
1999, en atención a su carácter enunciativo, incluye dentro de los supuestos de

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prohibición de discriminación el relativo a la orientación sexual del individuo; en otras
palabras, que el Constituyente dispuso que no puede existir discriminación entre los
individuos de la sociedad que se encuentren en análogas o similares situaciones de
hecho, con fundamento en su orientación sexual. Así se decide. (Omissis…)”.

Sin embargo, en la misma sentencia mencionada ut supra 20 , cuando se refiere al trato
desigual permitido, haciendo uso de la decisión N° 1197 de fecha 17-10-00 (Caso: Luis
Alberto Peña), -que fue reiterada en fallo Nº 3242 de fecha 18-11-03 (Caso: Ramón
Rovero Zambrano)- se dispuso que:
“…el derecho subjetivo a la igualdad y a la no discriminación, es entendido como la
obligación de los Poderes Públicos de tratar de igual forma a quienes se encuentren en
análogas o similares situaciones de hecho, es decir, que este derecho supone, en
principio, que todos los ciudadanos gocen del derecho a ser tratados por la ley de
forma igualitaria, y se prohíbe por tanto, la discriminación”,

…y aclaró también que:
“no todo trato desigual es discriminatorio, sólo lo será el que no esté basado en causas
objetivas y razonables, pero el Legislador puede introducir diferencias de trato cuando
no sean arbitrarias, esto es, cuando estén justificadas por la situación real de los
individuos o grupos, es por ello, que el derecho a la igualdad sólo se viola cuando se
trata desigualmente a los iguales, en consecuencia, lo constitucionalmente prohibido
es el trato desigual frente a situaciones idénticas”.

Menciona la Sala en la sentencia ut supra, que sólo está prohibido constitucionalmente el
trato desigual frente a situaciones iguales, dejando a un lado la esencia progresista de
nuestro Estado y de nuestra Constitución. Por ello, explanamos que tales diferenciaciones
resultan carentes de racionalidad y proporcionalidad y no se ajustan a los requisitos
explicados por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en Sentencia N°
953 de fecha 16 de julio de 2013 (Caso: Acción de Nulidad del Artículo 57 del Código
Civil):
“(Omissis…) i) la situación real y efectiva de la situación de hecho, ii) la finalidad
específica de la desigualdad, iii) la racionalidad de la finalidad desde la perspectiva de
los derechos y principios constitucionales; y iv) la proporcionalidad en la ponderación
en la desigualdad observada es decir, que la consecuencia jurídica que constituye el
trato desigual no guarde una absoluta desproporción con las circunstancias de hecho y
la finalidad que la justifica (Vid. Sentencia de esta Sala n.° 2413 del 13 de octubre de
2004, caso: “Manuel Enrique Peña Mendoza”, criterio reiterado en fallo n.°
1342/2012). (Omissis…)”.

Ante todo lo expuesto, vale acotar la opinión doctrinaria de Sevilla21, donde afirma que:
“…perfectamente pueden coincidir tratos jurídicos distintos en el marco legal de un
país, cuyo mejor ejemplo lo estriba la implementación de regímenes de protección al
menor (hoy en día niño, niña y adolescente), a la mujer embarazada, al trabajador, que
si se ve desde la óptica de la discriminación, pudiera concebirse erradamente, que se
establecen discriminaciones fundadas en la edad, el sexo o la condición social,
respectivamente. (Omissis)”

20

Locución latina que significa “Como arriba”.

21

Citada por Sevilla, Víctor, Op.Cit. pág.125

20

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Estas desigualdades jurídicas o de distinto trato jurídico, necesariamente han de estar
conducidas por situaciones de justicia o de la razón, o por la naturaleza de las cosas,
que no sean, en sí mismas, ofensivas a la dignidad humana. Así, si un Estado
brinda un trato jurídico diferente efectuado en favor de una persona, no es
discriminatorio. (Subrayado y negritas nuestras).

Por lo antes expuesto, cuando un trato desigual se fundamenta en los supuestos del
Artículo 21 de la Carta Magna o cuestiones valorativas desproporcionadas e injustificadas
de la prohibición a la discriminación, debe ser desaplicado de la normativa venezolana y
promover la igualdad plena de derechos para personas con distintas orientaciones sexuales
en cuanto a las uniones matrimoniales.
Como requisito, acorde a nuestra Carta Magna, la jurisprudencia vinculante y a la doctrina
que soporta dichas interpretaciones sobre las desigualdades jurídicas, es necesario que
exista una situación de justicia o de razón para realizar tal diferenciación o desigualdad y
que no sean ofensivas a la dignidad humana. Por lo tanto, el menoscabo de los derechos
civiles y un trato desigual que se viene dando a las parejas del mismo sexo y/o género, no
corresponde con los requisitos de diferenciación o distinto trato jurídico permitidos, que
como conclusión, efectivamente estamos presentes ante una discriminación latente.
Frente a la temática de la desigualdad jurídica o distinto trato jurídico, debemos recordar
que a través de la historia, ésta ha surgido con base en la solidaridad como un valor, al
solidarismo jurídico, la cooperación planetaria y el desarrollo armónico de los pueblos, lo
que también puede concretarse como Derechos Difusos, y dicha desigualdad surge por la
necesidad de equilibrar las desigualdades existentes entre grupos específicos de personas y
la colectividad en general, no para reafirmar o aumentar tales desigualdades.
Los tratos desiguales deben tener énfasis en construirse para el restablecimiento de la
igualdad ante la ley, siendo así indispensable que, frente a una situación que produzca
inferioridad, surja la necesidad de compensar sus Derechos Humanos, la cual es la única
forma de permitir que los demás disfruten los derechos a los que otros tienen acceso.
Del Derecho a la Integridad Física, Psíquica y Moral
La Declaración Universal de los Derechos Humanos consagra este derecho en los
siguientes términos:
“Artículo 5: Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes.”
“Artículo 12: Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su
familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación.
Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o
ataques.”

La protección del derecho a la integridad física, psíquica y moral de las personas, está
establecido en el Artículo 46 de la Constitución numerales 1 y 4:
Artículo 46. Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica
y moral, en consecuencia:
1. Ninguna persona puede ser sometida a penas, torturas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes. Toda víctima de tortura o trato cruel, inhumano o degradante practicado o

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I.P.S.A. Nº 208.471
tolerado por parte de agentes del Estado, tiene derecho a la rehabilitación.
4. Todo funcionario público o funcionaria pública que, en razón de su cargo, infiera
maltratos o sufrimientos físicos o mentales a cualquier persona, o que instigue o tolere
este tipo de tratos, será sancionado o sancionada de acuerdo con la ley.

Es importante destacar que este derecho no se restringe a las personas privadas de libertad,
sino que, tal como lo define la Ley Especial para Prevenir y Sancionar la Tortura y otros
Tratos Crueles, Inhumanos o Degradantes en su Artículo 5, ordinal 5, la “Integridad
física, psíquica y moral: es el conjunto de condiciones que le permiten al ser humano
su existencia sin sufrir ningún tipo de menoscabo de sus condiciones y proyecto de
vida.”(Subrayado y negritas nuestras).
Cabe señalar que en una interpretación íntegra de la Carta Magna, la indivisibilidad de los
Derechos Humanos, siendo de jerarquía constitucional y de jerarquía normativa,
desarrollan un derecho que abarca la protección de otros, como lo es la dignidad, la no
discriminación, el libre desenvolvimiento de la personalidad, los cuales al ser
menoscabados constituyen un trato cruel, inhumano y degradante, ya que atentan más allá
de la condición física, su capacidad mental, acusando agresión psicológica, angustia
psíquica, generando sufrimiento, temor, humillación que en general derivan en
consecuencias sociales negativas al menoscabar la integridad y dignidad de las personas
que son objeto de estos abusos, y podrían debilitar su sentido de estima personal y de
pertenencia a su comunidad, y conducen a muchas a ocultar o suprimir su identidad y a
vivir en el temor y la invisibilidad.
Por otro lado la Carta Magna señala en su Artículo 60:
“Artículo 60. Toda persona tiene derecho a la protección de su honor, vida privada,
intimidad, propia imagen, confidencialidad y reputación.”

Se hace énfasis en este articulado pues una forma de discriminación hacia las personas por
motivo de orientación sexual, identidad o expresión de género, es imponiendo barreras que
les impiden un acceso equitativo a la participación política, social, económica y cultural así
como a otros ámbitos de la vida pública, promoviendo estigmas fundamentados en
prejuicios y estereotipos que conformándose en interferencias en la vida privada de las
personas. Lo cual deriva en un trato cruel, inhumano y degradante, afectando directamente
su dignidad y cercenándole el derecho a la vida plena, libre y justa.
Es decir, cualquier disposición legal o administrativa que menoscabe o prohíba el derecho
a contraer libremente matrimonio a las parejas conformadas por personas del mismo sexo
y/o género, representaría una directa violación de la Norma Suprema y por ende, sería
inconstitucional, la cual debería ser declarada como tal. Y así se solicita.
De la Supremacía Constitucional y el Control de Constitucionalidad
El Artículo 7 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela:
“Artículo 7: La Constitución es la norma suprema y el fundamento del ordenamiento
jurídico. Todas las personas y los órganos que ejercen el Poder Público están sujetos a
esta Constitución”.

Esta disposición fundamental la podemos ver un poco más extensa en la Exposición de
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Motivos de nuestra Carta Magna en el Título I de los Principios Fundamentales, sobre la
supremacía constitucional y su fuerza normativa sobre los órganos que ejercen dentro del
Poder Público, sin excepción alguna, y los actos que emanen pueden ser susceptibles al
control jurisdiccional de la constitucionalidad.
Vale aquí mencionar que en la decisión tomada en la Sentencia 190 de fecha 28 de febrero
de 2008 (Caso: Recurso de interpretación interpuesto por la Asociación Civil Unión
Afirmativa), la cual nos remite al legislador para regular las uniones entre parejas del
mismo sexo y/o género, haciendo ver al Poder Legislativo como el único competente para
normar realidades sociales, contraría a la jurisprudencia pacífica y reiterada expuesta por
esta Sala en Sentencia Nº 1571 del 22 de agosto del 2001 (Caso: Asodeviprilara, sobre
jurisdicción normativa), donde se expone:
“Esta Sala Constitucional, desde sus primeros fallos (José Amando Mejía,
Corpoturismo, Servio Tulio León), ha venido sosteniendo que las normas
constitucionales, en particular los Derechos Humanos, los Derechos que
desarrollan directamente el Estado Social, las Garantías y los Deberes, son de
aplicación inmediata, sin que sea necesario esperar que el legislador los regule,
por lo que, en ese sentido, no actúan como normas programáticas. Para lograr tal
aplicación inmediata, la Sala se ha basado en la letra del artículo 335 constitucional,
por ser el Tribunal Supremo de Justicia el máxime garante de la supremacía y
efectividad de las normas y principios constitucionales y, además, por ser las
interpretaciones de la Sala Constitucional sobre el contenido o alcance de las normas y
principios constitucionales, vinculantes para las otras Salas del Tribunal Supremo de
Justicia y demás Tribunales de la República.
En base a dicha norma (artículo 335), en los casos concretos donde surge alguna
infracción constitucional, la Sala ha ejercido la jurisdicción en forma normativa,
dándole vigencia inmediata a la norma constitucional, y señalando sus alcances o
formas de ejercicio, así no existan leyes que la desarrollen directamente.
Se trata de interpretaciones vinculantes que obran como una normativa restringida,
hasta que la Asamblea Nacional legisle sobre la materia.” (Subrayado y negritas
nuestras).

Adicionalmente, bajo ningún concepto una norma adjetiva preconstitucional puede
colocarse por encima de los valores que dimanan del texto fundamental. Esa ha sido y es la
doctrina reiterada y vinculante de esta Sala Constitucional. Igualmente, esta norma adjetiva
es anterior al nuevo orden constitucional imperante a partir de 1999, y debe ser
reinterpretada constitucionalmente para ser adaptada a la Carta Fundamental y dar
cumplida satisfacción a los principios fundamentales establecidos en la misma.
Por otro lado, el Estado no puede hacer omisión al principio Favor libertatis, el cual
establece que en caso de dudas en la interpretación entre dos o más normas o instrumentos
referentes a Derechos Humanos, deberá aplicarse la que mejor proteja o se hará la mejor
interpretación que mejor proteja, tendente a asegurar y garantizar todos los derechos en su
estructura coherente y jerarquizada como un conjunto homogéneo; este principio le da
fuerza expansiva a los derechos, al igual que se correlaciona con el Principio In dubio pro
homine.
Es deber de esta Sala emitir su opinión favorable en cuanto a la presente acción de nulidad
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por inconstitucionalidad del Articulo 44 del Código Civil frente al Artículo 77 de la
Constitución y al mismo criterio de la Sentencia No. 190 señalada, ya que no son de
aplicación correcta a las parejas del mismo sexo y/o género y su opción al derecho al
matrimonio y a las uniones estables de hecho, por cuanto ejercen una “protección
reforzada” a un grupo de personas y a otras no, alejándose de los verdaderos principios
fundamentales de nuestro Principio de Progresividad y negando dicho derecho humano a la
no discriminación y a la igualdad de derechos.
Así, contrariando el verdadero sentido de nuestra Constitución, por negar a otras personas
un derecho del cual nuestra Carta Magna no niega expresamente, artículo tal, desde nuestro
punto de vista, aunado a las interpretaciones razonables, se debe declarar inaplicable por
contrariar la Norma Suprema y así se solicita.
Principios de Yogyakarta22
Son principios sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos
fundamentados en que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y
derechos; que los derechos humanos son universales, complementarios, indivisibles e
interdependientes, y en el reconocimiento que la orientación sexual y la identidad de
género son esenciales para la dignidad y la humanidad de toda persona y no deben ser
motivo de discriminación o abuso.
Dichos principios nacen de la preocupación de los países miembros de la Organización de
las Naciones Unidas porque en todas las regiones del mundo las personas sufren violencia,
hostigamiento, discriminación, exclusión, estigmatización y prejuicios debido a su
orientación sexual (lesbianas, homosexuales o bisexuales o se les percibe como tales) o
identidad de género (transexuales, transgénero o intersex o se les percibe como tales);
porque estas experiencias se ven agravadas por otras causales de discriminación, como
género, raza, edad, religión, discapacidad, estado de salud y condición económica, y
porque dicha violencia, hostigamiento, discriminación, exclusión, estigmatización y
prejuicios menoscaban la integridad y dignidad de las personas que son objeto de estos
abusos, podrían debilitar su sentido de estima personal y de pertenencia a su comunidad y
conducen a muchas a ocultar o suprimir su identidad y a vivir en el temor y la invisibilidad.
Entre los principios que se adoptaron destacan los siguientes:
Principio 2: Derecho a la igualdad y a la no discriminación por motivos de orientación
sexual o identidad de género.
Principio 13: Derecho a la seguridad y a otras medidas de protección social sin
discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género.
Principio 24: Derecho a formar una familia: con independencia de su orientación sexual o
identidad de género, incluso a través del acceso a adopción o a reproducción asistida.
Existen diversas configuraciones de familias. Ninguna familia puede ser sometida a

22

Tras la celebración de una reunión de Especialistas realizada en Yogyakarta, Indonesia, del 6 al 9 de noviembre de 2006

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discriminación basada en la orientación sexual o identidad de género de cualquiera de sus
integrantes.
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela como Norma Suprema de la
República acoge cada Artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
desde los Principios Fundamentales, asumiéndose internacionalmente como una de las
constituciones del mundo más evolucionadas en materia de derechos humanos. Asimismo,
el Artículo 22 de la Carta Magna es una cláusula abierta que reconoce en la misma
jerarquía constitucional, sin necesidad de ley reglamentaria, a todo derecho humano no
normado aún (o no vinculante como los artículos 1, 2, 3, 5, 7, 8, 12, 16, 23, 25 y 28 de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos y los Principios 2, 13 y 24 de los
Principios de Yogyakarta) aludiendo al carácter enunciativo y progresivo y, en ningún
momento taxativo, de los Derechos Humanos.
“Artículo 22. La enunciación de los derechos y garantías contenidos en esta
Constitución y en los instrumentos internacionales sobre derechos humanos no debe
entenderse como negación de otros que, siendo inherentes a la persona, no figuren
expresamente en ellos. La falta de ley reglamentaria de estos derechos no menoscaba
el ejercicio de los mismos.”

Estos criterios fueron considerados por el legislador quien dejó plasmado dicha esencia en
la Exposición de Motivos de la Carta Magna de 1999, específicamente en el Título III de
los Deberes, Derechos Humanos y Garantías, Capítulo I de las Disposiciones Generales;
haciendo referencia a la protección ampliada de los derechos humanos con influencia ius
naturalista, además de progresista frente a la anterior Constitución que sólo albergaba la
protección de los derechos inherentes a la persona humana. Dichos derechos son los
llamados derechos fundamentales distintos a los enunciados en nuestra Constitución, pero
que en definitiva se encuentran subsumidos en los Pactos y Tratados Internacionales.
En este contexto, podemos indicar que el Artículo 22 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela, consagra el principio de respeto de los derechos fundamentales
como valor superior al ordenamiento jurídico, y asimismo refiere que su defensa y
desarrollo progresivo son uno de los fines esenciales del Estado, por ende, debe asegurar a
todas las personas la efectividad de sus derechos cuando se relaciona con la
Administración Pública (Artículo 5 de la Ley Orgánica de la Administración Pública23).
“Artículo 5. La Administración Pública está al servicio de los particulares y en su
actuación dará preferencia a la atención de los requerimientos de la población y a la
satisfacción de sus necesidades.
La Administración Pública debe asegurar a los particulares la efectividad de sus
derechos cuando se relacionen con ella. Además, tendrá entre sus objetivos la continua
mejora de los procedimientos, servicios y prestaciones públicas, de acuerdo con las
políticas fijadas y teniendo en cuenta los recursos disponibles, determinando al
respecto las prestaciones que proporcionan los servicios de la Administración Pública,
sus contenidos y los correspondientes estándares de calidad.”

23

Ley Orgánica de la Administración Pública publicada en Gaceta Oficial N° 5.890 Extraordinario de fecha 31 de julio de 2008.

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En mérito a lo expuesto, podemos no menos que realizar una interpretación íntegra de la
constitución, por la indivisibilidad de los derechos, concatenando lo referente en el
Artículo 22 de la Carta Magna, con el Artículo 19 ejusdem, que para José Araujo-Juárez24
en su obra “Los Principios Generales del Procedimiento Administrativo” (2010), p.81:
“…consagra también el deber del Estado de garantizar el principio de progresividad en la
protección de los derechos fundamentales, el cual se concreta en el desarrollo consecutivo
de la esencia de los mismos, en tres aspectos básicos: (i) la ampliación de su número; (ii)
el desarrollo de su contenido; y (iii) el fortalecimiento de los mecanismos institucionales
para su protección”. (Subrayado y negritas nuestras).
“Artículo 19. El Estado garantizará a toda persona, conforme al principio de
progresividad y sin discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable, indivisible
e interdependiente de los derechos humanos. Su respeto y garantía son obligatorios
para los órganos del Poder Público de conformidad con esta Constitución, con los
tratados sobre derechos humanos suscritos y ratificados por la República y con las
leyes que los desarrollen.”

De acuerdo a lo anteriormente expuesto, se puede interpretar como una violación directa a
los principios universales de no discriminación por orientación sexual, identidad de género
y expresión de género identificados con los número 2, 13 y 24 en los Principios de
Yogyakarta, por en cuanto se niega el derecho al acceso de las parejas conformadas por
personas del mismo sexo y/o género a la institución del matrimonio y las uniones estables
de hecho, los cuales son vinculantes a través del Artículo 22 reconociendo que dicha
vinculación brinda mayor protección jurídica por ser normas más favorables a las
establecidas en la Constitución y las leyes de la República, en cuanto al goce y ejercicio de
derechos humanos.
De los Pactos y Tratados Internacionales
El Estado venezolano ha dado carácter efectivamente vinculante a cada Convenio, Pacto y
Tratado internacional promovido en materia de derechos humanos a través de su firma y
ratificación, adquiriendo rango constitucional. En este sentido la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela en su Artículo 23 así lo refiere:
“Artículo 23: Los tratados, pactos y convenciones relativos a derechos humanos,
suscritos y ratificados por Venezuela, tienen jerarquía constitucional y prevalecen en
el orden interno, en la medida en que contengan normas sobre su goce y ejercicio más
favorables a las establecidas en esta Constitución y en las leyes de la República, y son
de aplicación inmediata y directa por los tribunales y demás órganos del Poder
Público”. (Subrayado nuestro).

Es importante resaltar que el Artículo 23 de la Constitución, referente a la jerarquía
constitucional y el poder que le otorga el legislador a los tratados, pactos y convenciones
relativos a los derechos humanos suscritos y ratificados por Venezuela, prevalecen,
siempre que contengan normas más favorables a las establecidas en la Constitución y las
leyes de la República, en cuanto al goce y ejercicio de derechos humanos.

24

ARAUJO-JUÁREZ, José. (2010). Principios Generales del Procedimiento Administrativo.

26

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A continuación se presentan los instrumentos internacionales, referente al derecho a la
igualdad ante la ley y a la no discriminación que pudieran expresarse en derechos
igualitarios para las parejas del mismo sexo y/o género a la igualdad ante la ley y la no
discriminación por orientación sexual e identidad de género.
El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos expresa en sus Artículo 6, 7, 9.1 y
17:
“Artículo 6.1. El derecho a la vida es inherente a la persona humana. Este derecho
estará protegido por la ley.”
“Artículo 7: Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes. En particular, nadie será sometido sin su libre consentimiento a
experimentos médicos o científicos.”
“Artículo 9.1. Todo individuo tiene derecho a la libertad y a la seguridad personales.
Nadie podrá ser sometido a detención o prisión arbitrarias. Nadie podrá ser privado de
su libertad, salvo por las causas fijadas por ley y con arreglo al procedimiento
establecido en ésta.”
“Artículo 17. 1. Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida
privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su
honra y reputación. 2. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra esas
injerencias o esos ataques”

El Pacto Internacional de Derechos y Económicos, Sociales y Culturales expresa en su
preámbulo que no se puede realizar el ideal de ser humano libre en el disfrute de las
libertades civiles y políticas y liberado del temor, a menos que se creen condiciones que
permitan a cada persona gozar de sus derechos civiles y políticos, tanto como de sus
derechos económicos, sociales y culturales; atendiendo como deber de ciudadanos ante
otros y de la comunidad a la que pertenecemos, la obligación por la consecución y
observancia de los derechos reconocidos en este pacto. En sus distintos artículos en general
promueven un nivel de vida digno a través del ejercicio efectivo del derecho al trabajo, a la
recreación, a la seguridad social, a la alimentación, al vestido, a la vivienda, la salud física
y mental, la educación, al acceso a la ciencia y la cultura de todas las personas que
garantice un nivel de vida adecuado cuyas en condiciones de justicia, equidad y libertad
que les permita desarrollar una existencia digna para ellas y para sus familias.
La Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José de Costa Rica es
sus Artículos 1, 4, 5, 7, 11 y 24 señala:
“Artículo 1. Obligación de Respetar los Derechos. Los Estados Partes en esta
Convención se comprometen a respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y
a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que esté sujeta a su jurisdicción,
sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones
políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica,
nacimiento o cualquier otra condición social.”
“Artículo 4. Derecho a la Vida. 1. Toda persona tiene derecho a que se respete su
vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la
concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.”
“Artículo 5. Derecho a la Integridad Personal

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1. Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral.
2. Nadie debe ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes. Toda persona privada de libertad será tratada con el respeto debido a la
dignidad inherente al ser humano.”
“Artículo 7. Derecho a la Libertad Personal. 1. Toda persona tiene derecho a la
libertad y a la seguridad personales.”
“Artículo 11. Protección de la Honra y de la Dignidad. 1. Toda persona tiene derecho
al respeto de su honra y al reconocimiento de su dignidad. 2. Nadie puede ser objeto
de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada, en la de su familia, en su
domicilio o en su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra o reputación. 3.
Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o esos
ataques.”
“Artículo 24. Igualdad ante la Ley. Todas las personas son iguales ante la ley. En
consecuencia, tienen derecho, sin discriminación, a igual protección de la ley.”

El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en su Artículo 2
indica:
“2. Los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a garantizar el ejercicio
de los derechos que en él se enuncian, sin discriminación alguna por motivos de raza,
color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o
social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social.”

El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en su Preámbulo reconoce que no
se puede realizar el ideal de ser humano libre en el disfrute de las libertades civiles y
políticas y liberado del temor, a menos que se creen condiciones que permitan a cada
persona gozar de sus derechos civiles y políticos, tanto como de sus derechos económicos,
sociales y culturales; atendiendo como deber de ciudadanos ante otros y de la comunidad a
la que pertenecemos, la obligación por la consecución y observancia de los derechos
reconocidos en este pacto. En sus Artículos 2 y 26 expresa lo siguiente:
“Artículo 2: Cada uno de los Estados Partes en el presente Pacto se compromete a
respetar y a garantizar a todos los individuos que se encuentren en su territorio y estén
sujetos a su jurisdicción los derechos reconocidos en el presente Pacto, sin distinción
alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen
nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social.”
“Artículo 26: Todas las personas son iguales ante la ley y tienen derecho sin
discriminación a igual protección de la ley. A este respecto, la ley prohibirá toda
discriminación y garantizará a todas las personas protección igual y efectiva contra
cualquier discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones
políticas o de cualquier índole, origen nacional o social, posición económica,
nacimiento o cualquier otra condición social.”

El protocolo adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en materia de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales “Protocolo de San Salvador” a lo largo de su
articulado expresa la necesidad de promover un nivel de vida digno a través del ejercicio
efectivo del derecho al trabajo, a la recreación, a la seguridad social, a la alimentación, al
vestido, a la vivienda, la salud física y mental, la educación, al acceso a la ciencia y la
cultura de todas las personas que garantice un nivel de vida adecuado cuyas en condiciones
de justicia, equidad y libertad que les permita desarrollar una existencia digna para ellas y
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para sus familias.
“Artículo 3: Obligación de no Discriminación. Los Estados partes en el presente
Protocolo se comprometen a garantizar el ejercicio de los derechos que en él se
enuncian, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión,
opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición
económica, nacimiento o cualquier otra condición social..”

Con lo que podemos observar que el espíritu internacional es a garantizar la integralidad e
interdependencia de los derechos humanos y que esto no se estaría cumpliendo si se
desconoce la fundamental relación que existe entre la orientación sexual de las personas, el
libre desarrollo de la personalidad y el trato justo, digno e igualitario transversalizado por
el derecho a no discriminación por orientación sexual, de modo que prohibir literal o
taxativamente el derecho a contraer matrimonio a las parejas conformadas por personas
del mismo sexo y/o género sería una violación directa al derecho a la libertad, a su
capacidad de ser y elegir en libertad, a la igualdad una coacción disfrazada de derecho, y
finalmente una total e incongruente incoherencia entre los valores de la Patria, los
principios fundamentales y la Norma Suprema Constitucional y el accionar de los poderes
públicos.
Resoluciones en Materia de Orientación Sexual e Identidad de Género
En materia específica de derecho a la igualdad y a no discriminación por motivos de
orientación sexual, identidad de género y expresión de género Venezuela ha sido firmante
constante de las siguientes resoluciones tanto en el marco de la Organización de Estados
Americanos OEA como de la Organización de las Naciones Unidad ONU:
El Consejo de Derechos Humanos en su 27º período de sesiones en Septiembre de 2014,
aprobó la Resolución A/HRC/27/L.27/Rev.1 Derechos Humanos, Orientación Sexual e
Identidad de Género25 en la cual Venezuela votó a favor y cuyo objeto es con base en la
Declaración Universal de Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,
Programa de Acción de Viena y otros instrumentos fundamentales relevantes de derechos
humanos, que afirman que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y
derechos, y que toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esa
Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o
de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o
cualquier otra condición, recordando todas las resoluciones pertinentes del Consejo de
Derechos Humanos y de la Asamblea General relativas a la lucha contra todas las formas
de discriminación y de violencia ejercida por motivos de discriminación de cualquier tipo,
y en particular la resolución 17/19 del Consejo, de 17 de junio de 2011, expresando gran
preocupación por los actos de violencia y discriminación que, en todas las regiones del
mundo, se cometen contra personas por su orientación sexual e identidad de género: Se
toma nota con aprecio del informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los

25

http://ap.ohchr.org/documents/S/HRC/d_res_dec/A_HRC_27_L27_rev1.pdf

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Derechos Humanos titulado “Leyes y prácticas discriminatorias y actos de violencia
cometidos contra personas por su orientación sexual e identidad de género”
(A/HRC/19/41), así como de la mesa redonda celebrada durante el 19º período de sesiones
del Consejo de Derechos Humanos.
La Convención Interamericana contra toda forma de Discriminación e Intolerancia
AG/RES.2804 (XLIII-O/13) de la Organización de Estados Americanos, adoptada en la
Asamblea General de dicha institución durante su Cuadragésimo Tercer Período Ordinario
de Sesiones que tuvo lugar en Antigua, Guatemala, del 4 al 6 de junio de 2013, resaltando,
reafirmando y reconociendo que la diversidad humana es un valioso elemento para el
adelanto y el bienestar de la humanidad; informando que la convicción de actitudes
discriminatorias representan una negación de valores universales como los derechos
inalienables e inviolables de la persona humana; que esta Convención refuerza el
compromiso de la Organización de Estados Americanos conjunto a los siete (7)
instrumentos internacionales que allí se mencionan; reforzando la obligación de los
Estados de adoptar medidas para fomentar el respeto y estimularlo junto a la observación
del debido cumplimiento de los derechos humanos sin distinción alguna; que es deber del
Estado promover condiciones equitativas de igualdad de oportunidades y combatir la
discriminación e intolerancia en todas sus manifestaciones individuales, estructurales e
institucionales; que debe existir una clara separación entre las leyes del Estado y los
preceptos religiosos, afianzando la laicidad; que cada Estado debe tener en cuenta que debe
promover la sociedad pluralista y democrática que respeten las identidades culturales,
lingüísticas, religiosas, de género y sexual de todas las personas, pertenezcan o no a una
minoría y es deber imperante el crear condiciones que permitan expresar, preservar y
desarrollar sus identidades; para los efectos de esta Convención se define la discriminación
en su Artículo 1:
“Artículo 1:
1. Discriminación es cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia, en
cualquier ámbito público o privado, que tenga el objetivo o el efecto de anular o
limitar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de uno o más
derechos humanos o libertades fundamentales consagrados en los instrumentos
internacionales aplicables a los Estados Partes.
La discriminación puede estar basada en motivos de nacionalidad, edad, sexo,
orientación sexual, identidad y expresión de género, idioma, religión, identidad
cultural, opiniones políticas o de cualquier otra naturaleza, origen social, posición
socioeconómica, nivel de educación, condición migratoria, de refugiado, repatriado,
apátrida o desplazado interno, discapacidad, característica genética, condición de salud
mental o física, incluyendo infectocontagiosa, psíquica incapacitante o cualquier otra.
2. Discriminación indirecta es la que se produce, en la esfera pública o privada,
cuando una disposición, un criterio o una práctica, aparentemente neutro es susceptible
de implicar una desventaja particular para las personas que pertenecen a un grupo
específico, o los pone en desventaja, a menos que dicha disposición, criterio o práctica
tenga un objetivo o justificación razonable y legítimo a la luz del derecho
internacional de los derechos humanos.
3. Discriminación múltiple o agravada es cualquier preferencia, distinción, exclusión o
restricción basada, de forma concomitante, en dos o más de los motivos mencionados

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en el artículo 1.1 u otros reconocidos en instrumentos internacionales que tenga por
objetivo o efecto anular o limitar, el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones
de igualdad, de uno o más derechos humanos y libertades fundamentales consagrados
en los instrumentos internacionales aplicables a los Estados Partes, en cualquier
ámbito de la vida pública o privada.
4. No constituyen discriminación las medidas especiales o acciones afirmativas
adoptadas para garantizar en condiciones de igualdad, el goce o ejercicio de uno o más
derechos humanos y libertades fundamentales de grupos que así lo requieran, siempre
que tales medidas no impliquen el mantenimiento de derechos separados para grupos
distintos y que no se perpetúen después de alcanzados sus objetivos.
5. Intolerancia es el acto o conjunto de actos o manifestaciones que expresan el
irrespeto, rechazo o desprecio de la dignidad, características, convicciones u opiniones
de los seres humanos por ser diferentes o contrarias. Puede manifestarse como
marginación y exclusión de la participación en cualquier ámbito de la vida pública o
privada de grupos en condiciones de vulnerabilidad o como violencia contra ellos”.
(Subrayado y negritas nuestras).

La Resolución Derechos Humanos, Orientación Sexual e Identidad de Género (AG/RES.
2435 XXXVIII-O/08) nacida en el seno de la Organización de Estados Americanos,
adoptada en la Asamblea General de dicha institución durante su Trigésimo Octavo
Período Ordinario de Sesiones, en su Cuarta Sesión Plenaria celebrada el 3 de junio de
2008, la cual es la primera resolución aprobada dentro de esta organización internacional,
donde se pronuncian sobre la preocupación por los actos de violencia y violaciones de
derechos humanos relacionados y cometidos contra personas a causa de su orientación
sexual e identidad de género; comienzan a solicitar la inclusión del tema en las siguientes
Asambleas y solicitan el cumplimiento de la presente.
Se suman las posteriores Resoluciones de Derechos Humanos, Orientación Sexual e
Identidad de Género de la Organización de Estados Americanos, adoptadas en la Asamblea
General en esa materia para cada año identificadas como AG/RES. 2504 XXXIX-O-/09,
AG/RES. 2600 XL-O/010, AG/RES. 2653 XLI-O/11, AG/RES. 2721 XLII-O/12,
AG/RES.2807 XLIII-O/13 y AG/RES.2863 XLIV-O/14 donde se condenan las
violencias y violaciones de Derechos Humanos a las personas por su orientación sexual e
identidad de género, se solicita investigar los actos de violencia, se insta a asegurar la
protección a los defensores de Derechos Humanos en cuanto a la orientación sexual e
identidad de género; solicitan a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que
presten atención al tema; se reitera la inclusión del cada próxima Asamblea y ratifican el
cumplimiento de la resolución. Así como se condena la discriminación e insta a los
Estados a adoptar medidas necesarias para prevenir, sancionar y erradicar la discriminación
por motivos de orientación sexual e identidad de género, se alienta a los Estados Miembros
a adoptar políticas públicas contra la discriminación por los mismos motivos, se expone
sobre la misión histórica de las Américas y su vista a ofrecer al ser humano una tierra de
libertad y un ambiente más favorable para el desarrollo de su personalidad y para la
realización justa de sus aspiraciones; condena todas las formas de discriminación contra las
personas por motivo de orientación sexual, identidad o expresión de género, e insta a los
Estados a eliminar donde existan, barreras que enfrenten lesbianas, gays, bisexuales, trans
e intersex, para un acceso equitativo a la participación política y a otros ámbitos de la vida
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pública, así como que se eviten interferencias en la vida privada de las personas.
Ante lo expuesto, el Estado venezolano está en el deber de reconocer el derecho a contraer
libremente matrimonio civil y a las uniones de hecho a las parejas del mismo sexo y/o
género de lo contrario esta restricción se traduce en protección a unos y a otros no y
sostener privilegios que anulan el goce de un derecho humano como lo es el derecho a
contraer libremente matrimonio y el derecho a proteger una familia con el amparo y
garantías de la ley para sus integrantes, representando esto, una discriminación indirecta.
En razón de esto y en cuanto a lo expuesto en el Artículo 22 de la Constitución venezolana,
es importante considerar el criterio de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia en Sentencia N° 77 de fecha nueve (9) de marzo del año 2000 (Caso: José Alberto
Zamora), referente a los principios ínsitos de la Carta Magna que no estén enunciados en la
Constitución o en los instrumentos internacionales:
“(Omissis…) Los principios inmersos en la Constitución, que la cohesionan, así no
aparezcan en su texto, si no se aplican o se violan tienden a desintegrar a la Carta
Fundamental, y si ello sucediere la Constitución desaparecería con todo el caos que
ello causaría (Omissis…)”.
“(Omissis…) La Constitución, como se dijo, no sólo está formada por un texto, sino
que ella está impregnada de principios que no necesitan ser repetidos en ella, porque al
estar inmersos en la Constitución, son la causa por la cual existe; por ello una
Constitución no explica los conceptos de justicia, de libertad, de democracia y otros
valores (Omissis…)”.

Por lo que permitir que la legislación actual sostenga una categorización fundamentada en
la orientación sexual e identidad de género de las personas otorgando protección solamente
a las familias constituidas por parejas de distinto sexo y género, desconociendo los otros
modelos de familia, resulta discriminatorio en el plano social y moral y contrario al orden
constitucional.
Del Derecho Constitucional a Contraer Matrimonio Civil
En conocimiento de que la orientación sexual es un aspecto fundamental de la personalidad
de los seres humanos y que ésta no se limita exclusivamente a la heterosexualidad sino que
involucra formas múltiples formas como la bisexualidad y la homosexualidad, y de allí que
esté garantizada y protegida por el derecho fundamental del libre desarrollo de la
personalidad; ahora bien, en este punto se debe destacar que cualquier negación de otros
derechos derivados del derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad, tal como el
derecho a contraer nupcias con la persona que libre y consentidamente se elija, sería una
contradicción frente a los valores de libertad, justicia y seguridad, así como frente a los
principios de progresividad de los derechos humanos, la igualdad y la no discriminación
fundamentados en los fines esenciales del Estado como lo son la defensa y el desarrollo de
la persona y el respeto a su dignidad.
Como corolario de lo anterior, surgen varios cuestionamientos: ¿El Estado reconoce
diferencias entre las parejas del mismo sexo y/o género y las parejas de distinto sexo y
género unidas por un vínculo afectivo? ¿Esas diferencias son argumentos suficientes
para que el Estado garantice protección jurídica a unas familias y a otras no? ¿Acaso
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el sexo, género y orientación sexual no son elementos protegidos por el derecho a libre
desenvolvimiento de la personalidad, factor decisivo en la libre voluntad de las
personas para conformar pareja? ¿Hay algún argumento que no sea violatorio del
orden constitucional para sustentar la decisión de anular o menoscabar el derecho a
la igualdad legal y social para las parejas del mismo sexo y/o género y en
consecuencia sostener la opresión al no gozar de iguales derechos conyugales o
concubinarios como cualquier otra pareja? ¿Cómo reconoce socialmente este Estado
la existencia de entre 4.000 y 6.000 parejas homoafectivas según el Censo Nacional de
Vivienda y Población del año 2011 elaborado por el Instituto Nacional de
Estadísticas? ¿Existe regulación jurídica que garantice el buen cumplimiento para
dichas parejas de las normas y la protección legal necesaria para su mejor desarrollo
jurídico-social? ¿Negar el derecho a contraer libremente matrimonio a una pareja del
mismo sexo y/o género no implica colocarlo en un plano de desigualdad respecto de
aquellos aspectos que, por su condición de ser humano, es igual frente al resto de los
individuos de la colectividad? ¿Existe o no una exclusión social y jurídica que
afrontan las parejas del mismo sexo y/o género?
De conformidad a la jurisdicción normativa, la actividad interpretativa del juez
constitucional debe ser del ordenamiento jurídico que existe, siendo necesario que se haga
una interpretación judicial extensiva y contextualizada en Derechos Humanos para no
contradecir ni romper la coherencia de la carta magna pues una interpretación literal del
Artículo 77 ejusdem afecta la interdependencia e indivisibilidad de Derechos Humanos y
excluye a las familias conformadas por parejas del mismo sexo y/o género, quienes tienen
derecho constitucional a la no discriminación por orientación sexual y afectiva, pero sólo
tienen derecho a casarse las personas de sexo y género opuesto, obligando a las parejas del
mismo sexo y/o género a ser hipócritas, constituyéndose no en un derecho sino en una
coacción heterosexista a la libertad disfrazada de derecho.
La Declaración Universal de Derechos Humanos en su Artículo 16 expone lo siguiente:
“Artículo 16: Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin
restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una
familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el
matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.
Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el
matrimonio.
La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la
protección de la sociedad y del Estado.”

En este sentido es importante rescatar la trascendencia de una frecuente interpretación
errada del Artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuando se
menciona “Los hombre y las mujeres”, lo cual deja entrever que no se enuncia que el
matrimonio o la familia debe ser la unión de un hombre y una mujer, pues se presentan dos
términos coordinados por una conjunción copulativa, dos núcleos, lo cual implica que
dicha oración podría desagregarse en dos miembros de idéntico valor sintáctico o bien en
dos oraciones. De igual forma, en el Numeral 2 del Artículo 16 ejusdem, especifica el libre
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y pleno consentimiento de los futuros esposos, no haciendo una distinción de géneros,
haciéndose utilización por convención del género masculino para hacer referencia al
sustantivo plural incluyendo, si se quiere, todas las parejas, incluso parejas del mismo sexo
y/o género y parejas de distinto sexo y género.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos expresa en su Artículo 28 lo
siguiente:
“Artículo 28: Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e
internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se
hagan plenamente efectivos.”

Debemos recordar que la Constitución es un organismo viviente y que debe adaptarse por
vía interpretativa a los requerimientos sociales, en constante desarrollo y evolución, por lo
que se hace imprescindible una interpretación evolutiva, puesto que la cultura jurídica no
se construye solo desde la interpretación literal, sistemática u originalista de los textos
jurídicos, sino que también contribuyen a su configuración la observación de la realidad
social jurídicamente relevante. Pero es válido realizar la pregunta: ¿conocen los
magistrados, jueces y legisladores la realidad o la realidad intenta buscar cabida
conformante a partir de las legislaciones y criterios jurisprudenciales?
En criterio de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en Sentencia No.
190 de fecha 28 de febrero de 2008 (Caso: Recurso de interpretación interpuesto por la
Asociación Civil Unión Afirmativa):
“La Sala quiere destacar que la norma constitucional no prohíbe ni condena las
uniones de hecho entre personas del mismo sexo, que encuentran cobertura
constitucional en el derecho fundamental al libre desenvolvimiento de la
personalidad; simplemente no les otorga protección reforzada, lo cual no constituye
un acto discriminatorio en razón de la orientación sexual de la persona, como se
explicó. Así, es pertinente poner de relieve que la Constitución no niega ningún
derecho a la unión de personas de igual sexo; cosa distinta es, se insiste, que no les
garantice ninguna protección especial o extra que haya de vincular al legislador, como
tampoco lo hace respecto de uniones de hecho entre heterosexuales que no sean
equiparables al matrimonio –el cual sí se define como unión entre hombre y mujer-.
De hecho, el disfrute de los derechos sociales y, especialmente, de los económicos, es
perfectamente posible en el caso de uniones entre personas del mismo sexo, no a
través de la comunidad concubinaria, la cual no se generaría porque aquéllas no
cumplen con los requisitos para ello, pero sí a través de una comunidad ordinaria
de bienes, en los términos en que la legislación civil lo permite, siempre que no haya
fraude a la ley y dentro de los límites que impone el orden público (por ejemplo, que
no se burle con la comunidad ordinaria entre una persona casada y otra distinta de su
cónyuge, la comunidad de gananciales entre esposos) (Omissis…)”. (Subrayado y
negritas nuestras).

En consecuencia, tenemos que no se prohíben ni condenan las uniones entre personas del
mismo sexo y/o género, por ende, el Estado debe equiparar dichas uniones y otorgarles los
mismos derechos necesarios para el goce y disfrute del derecho al libre desenvolvimiento
de la personalidad y el respeto a su dignidad.
En cuanto a la “protección reforzada” que les otorga la Constitución y sobre el cual hacen
referencia los Magistrados de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en la
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sentencia ut supra, reiteramos que las desigualdades jurídicas o de distinto trato jurídico,
necesariamente han de estar conducidas por situaciones de justicia o de la razón, o por la
naturaleza de las cosas, que no sean, en sí mismas, ofensivas a la dignidad humana. Así, si
un Estado brinda una protección especial se considera un trato discriminatorio cuando se
hace énfasis en construirse no para el restablecimiento de la igualdad ante la ley, sino para
garantizar un grado de superioridad y producir un trato de inferioridad, es decir para
reafirmar o aumentar las desigualdades, descompensando Derechos Humanos, frenando el
disfrute de los derechos a los que otros no tienen acceso.
En la sentencia ut supra, al intentar la Sala Constitucional esclarecer la esencia del
legislador, argumenta lo expuesto por el constituyente Allan Brewer Carías (Cfr. Diario de
Debates Asamblea Nacional Constituyente, Gaceta Constituyente, imprenta del Congreso
de la República, Caracas, noviembre 1999-2000, pp. 15 y ss. de la sesión ordinaria n.° 29)
donde exponía:
“(Omissis…) salvo mi voto por considerar que no debió eliminarse, al protegerse el
matrimonio, la referencia al ‘hombre y la mujer’ que traía la redacción original, pues
ya no parece ser obvio, en el mundo moderno, que los matrimonios sólo deban
existir entre hombre y mujer (Omissis…)”. (Subrayado y negritas nuestras).

Frente a las mencionadas palabras del constituyente, la sala interpreta que la esencia del
legislador era que el matrimonio debe ser solo entre un hombre y una mujer, la cual
claramente no era tal, pues prevalece en ella el avance social, el principio de progresividad,
la libertad, el libre desarrollo de la personalidad, la voluntad del individuo, del derecho a la
no discriminación. En la esencia del legislador no se encuentra ningún factor
argumentativo ni valorativo sobre prejuicios subjetivos del legislador, ya que al contrario,
se suma al reconocer que nuestra sociedad evoluciona y frente al Principio de
Progresividad, ya no es obvio en el mundo moderno, el matrimonio como una institución
sólo entre un hombre y una mujer, dado que las necesidades se amplían producto del
desarrollo de las civilizaciones, lo que implica igualmente y de acuerdo al Principio de
Progresividad un aumento de los derechos humanos.
Entonces queda claro que no existe prejuicio legal o prohibición alguna, más que el
religioso y social, del cual nuestra legislación no debe dar miras para impedir a las
personas el ejercicio de sus derechos. Dentro del cual, podemos tomar el criterio de la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en Sentencia No. 190 de fecha 28 de
febrero de 2008 (Caso: Recurso de interpretación interpuesto por la Asociación Civil
Unión Afirmativa), referente a las diferencias religiosas y morales:
“(Omissis…) diferenciaciones que incluso han abarcado el ámbito religioso, cuando
éste es un elemento vinculado a las convicciones morales del ser humano y
complementarias al desarrollo de su personalidad, propio de la libertad de
conocimiento, lo cual no puede constituirse como un motivo de diferenciación y
menos aún inculcarse o entronarse como un rasgo o factor argumentativo sobre
la constitucionalidad de las normas sino solamente un elemento valorativo sobre
los prejuicios subjetivos del legislador (Omissis…)”. (Subrayado y negritas
nuestras).

Lo cual deja ver que no se puede permitir ante las diferencias, ningún prejuicio moral o
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religioso sobre el goce de los derechos de las personas.
Consta también en el criterio de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en
sentencia de fecha 28 de febrero de 2008, que las parejas del mismo sexo y/o género no
tienen el disfrute a los derechos sociales y económicos como lo tienen las parejas de
distinto sexo y género, lo cual es sinónimo de una aplicación discriminatoria por parte del
Estado, menoscabando dichos derechos los cuales deben ser reconocidos, gozar de ellos y
ser protegidos para el cumplimiento indispensable de los mismos.
Menciona la Sala también dentro del criterio, que las personas del mismo sexo y/o género
no cumplen los requisitos para una comunidad concubinaria, otorgándoles un disfrute
diferente y segregacionista de los derechos sociales y económicos a través de una
“comunidad ordinaria de bienes”, ignorando que con el matrimonio las personas no
pretenden resguardar solamente sus bienes, sino su esencia familiar, afectiva y amorosa, la
cual está desprovista dentro de dicha comunidad ordinaria. Asimismo, la Sala emite el
criterio permitiendo a dicha comunidad, que desde nuestro punto de vista es netamente
segregacionista, “siempre que no haya fraude a la ley”, lo cual resultaría muy
contradictorio, ya que ¿Cómo se protege civilmente una de las personas en parejas del
mismo sexo y/o género ante una posible infidelidad? ¿Cómo se evita que se realicen
ventas de bienes entre las parejas del mismo sexo y/o género sin caer en fraude a la
ley como lo sería dentro del matrimonio? ¿Cómo se protege la esencia de familia
entre la unión afectiva de las personas del mismo sexo y/o género? ¿Cómo desarrollan
el disfrute de los derechos sociales las parejas del mismo sexo y/o género estando
incluso dentro de una comunidad ordinaria de bienes frente a las parejas de distinto
sexo y/o género que sí tienen opción al matrimonio o incluso están casadas? Estas son
otras preguntas que el Estado debe hacerse antes de emitir algún criterio relacionado con
las parejas del mismo sexo y/o género y el disfrute pleno de sus derechos.
No sólo se busca proteger los bienes en común que se hayan obtenido o se puedan obtener,
sino también se busca reconocerle los derechos a las parejas del mismo sexo y/o género
como: al libre desenvolvimiento de la personalidad establecido en el Artículo 20 de la
Constitución venezolana; derecho de igualdad ante la ley frente a otras parejas, derecho a
la igualdad en el Artículo 20 ejusdem; derecho a que uno de los miembros de la pareja
reciba la nacionalidad por naturalización establecido en el Articulo 33 ejusdem; Derecho a
ser considerado uno de los miembros de la pareja como víctima del otro, según lo establece
el Artículo 121 del Decreto con Rango Valor y Fuerza de Ley del Código Orgánico
Procesal Penal ; derecho a no ser obligado a declarar contra la pareja según lo establecido
en el Artículo 49 de la Carta Magna y Artículo 239 del Decreto con Rango Valor y Fuerza
de Ley del Código Orgánico Procesal Penal; Derechos sucesorales como lo establece el
Artículo 823 Código de Procedimiento Civil; Derecho a tener un parentesco por afinidad
con los parientes de su pareja como lo señala el Código Civil en el Artículo 40; Derecho a
inscribir a la pareja en el Instituto Venezolano de Seguros Sociales como lo establece el
Artículo 7 del Decreto con Rango Valor y Fuerza de Ley de Reforma Parcial de la Ley de
Seguros Sociales, entre otros derechos que le son negados a las parejas del mismo sexo y/o
género y por la cual el Estado tampoco les reconoce dichos derechos, no las protege y
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menos se los garantiza.
Adicionalmente, ante una falta de definición o concepto alguno en cuanto a la Institución
del Matrimonio encontramos que el concepto más cercano que podemos utilizar, fue el que
emitió la Sala Constitucional mediante veredicto N.° 1682 de fecha 15 de julio de 2005
(Caso: Carmela Mampieri Giuliani):
“(Omissis…) el matrimonio –por su carácter formal- es una institución que nace y se
prueba de manera distinta al concubinato o a cualquier otra unión estable
(Omissis…)”.

Por lo cual tampoco expande latu sensu la definición del matrimonio y menos aún,
establece que debe ser única y exclusivamente entre hombre y mujer, quedando claro que
la única norma que establece que el matrimonio no puede contraerse sino en la medida
heteronormativa, es el Código Civil en su Artículo 44 cuando establece que “el matrimonio
no puede contraerse sino entre un solo hombre y una sola mujer”.
Vale destacar la deplorable situación que se vive hoy día entre las parejas conformadas por
personas de distinto sexo y/o género frente a las parejas conformadas por personas del
mismo sexo y género, lo cual representa un sinónimo anacrónico, que hace recordar cómo
unas personas gozaban de derechos o ejercicio de funciones y otras no en la Época
Colonial, como por ejemplo la prestancia para cargos y funciones honoríficas como las
carreras civiles y militares, las cuales estaban reservadas única y exclusivamente para los
europeos.
De la Protección a la Pluralidad de Familias
El Artículo 75 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela no menciona
que las familias deban ser de algún modo en relación al sexo o identidad de género de las
personas que las conforman, ni si deben tener hijos, dejando una amplia gama de
posibilidades para su concepción e incluso, es una realidad venezolana que existen
múltiples formas de familias que van más allá del estereotipado cultural histórico. Dicho
Artículo sólo menciona las bases sobre las cuales se deben desenvolver las relaciones
familiares:
“Artículo 75. El Estado protegerá a las familias como asociación natural de la
sociedad y como el espacio fundamental para el desarrollo integral de las personas.
Las relaciones familiares se basan en la igualdad de derechos y deberes, la solidaridad,
el esfuerzo común, la comprensión mutua y el respeto recíproco entre sus integrantes.
El Estado garantizará protección a la madre, al padre o a quienes ejerzan la jefatura de
la familia.”

Siendo así, mencionamos el criterio de la Magistrada disidente Carmen Zuleta de Merchán
en la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en Sentencia No. 190 de fecha
28 de febrero de 2008:
“(Omissis…) En efecto, dice la sentencia disentida que la Constitución no establece
para las uniones homosexuales la protección reforzada, especial o extra que vincula al
legislador por cuanto el artículo 77 constitucional otorga sólo protección al
matrimonio o a las uniones estables de hecho entre un hombre y una mujer: lo que
impide asimilar para tales efectos a las parejas de homosexuales; pero omite la

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sentencia disentida el análisis del concepto de familia que establece el artículo 75
constitucional como «asociación natural de la sociedad y como espacio fundamental
para el desarrollo integral de las personas…», suponiendo incorrectamente que sólo
mediante el matrimonio y las uniones estables de hecho previstas en el artículo 77
ejusdem es permisible constitucionalmente la fundación de la familia, cuando por el
contrario, existen en la sociedad un sin número de formas de constituirla. Y
ciertamente, desde un punto de vista jurídico y sociológico no debería definirse la
familia mediante una construcción formalista, nuclear, de marido, mujer e hijos,
modelo teórico-tradicional que tampoco responde a nuestra realidad venezolana donde
estructuralmente por lo menos el 20% de la población total la conforman familias
donde las madres son jefes de hogar, sin contar el concepto de familia extendida
practicado ancestralmente en la sociedad venezolana. (Omissis…)”.

Por lo que prosigue:
“Omissis…) El concepto de familia que impera en las sociedades occidentales es el
concepto vinculado a las tradiciones religiosas judeo-cristianas: la familia heterosexual
y monogámica; sin embargo, lograda la secularización del Estado, así como la laicidad
del gobierno, los patrones interpretativos de esa institución sujeta a protección
constitucional deben estar orientados por la tolerancia y la inclusión, propia de una
sociedad moderna heterogénea y pluralista que propugna como valores superiores de
su ordenamiento la libertad y la democracia plural; más aún cuando la familia es una
institución social que posee su propia dinámica de evolución y frente a la cual la
función del Estado es reconocerle y otorgarle protección, tal como acertadamente
prescribe el artículo 75 constitucional (Omissis…)”.

Dicho criterio se acerca a la correcta interpretación de lo expuesto por el legislador y que
se puede observar en la Exposición de Motivos en el Título III, Capítulo V “De los
derechos Sociales y de las familias” donde se expone:
“Los derechos sociales contenidos en la Constitución consolidan las demandas
sociales, jurídicas, políticas, económicas y culturales de la sociedad en un momento
histórico en que los venezolanos y venezolanas se redescubren como actores de la
construcción de un nuevo país, inspirado en los saberes populares que le dan una
nueva significación al conocimiento sociopolítico y jurídico del nuevo tiempo.
La corresponsabilidad entre sociedad y Estado, el sentido de progresividad de los
derechos, la indivisibilidad e interdependencia de los derechos humanos constituyen
una herramienta doctrinaria que define una nueva relación de derechos y obligaciones
entre sujetos que participan solidariamente en la construcción de una sociedad
democrática, participativa, autogestionaria y protagónica. La equidad de género que
transversaliza todo el texto constitucional define la nueva relación que en lo jurídico,
en lo familiar, en lo político, en lo socioeconómico y cultural, caracteriza a la nueva
sociedad, en el uso y disfrute de las oportunidades. Queda evidenciado a lo largo de
todo el texto constitucional el uso del género femenino, expresamente indicado de
acuerdo con las recomendaciones de la Organización para la Educación y la Cultura de
las Naciones Unidas (UNESCO) y de diversas organizaciones no gubernamentales,
todo lo cual se inscribe dentro del principio de igualdad y no discriminación
reconocido por el texto constitucional, con el objeto de evitar dudas o equívocas
interpretaciones de la Constitución.
La participación directa de la gente en la toma de decisiones para la solución de sus
problemas y los de su comunidad, crea una nueva relación ciudadana que en el ámbito
de los derechos sociales, desarrolla la tríada solidaria entre sociedad, familia y Estado,
lo que coloca al legislador y a los órganos que integran el sistema de justicia, en un
nuevo espacio de interpretación de la democracia social y del Estado de Derecho y de

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Justicia.
La pluralidad de las familias, el rescate de la tradición oral de los ancianos y de las
ancianas, como patrimonio familiar para una educación cotidiana; la garantía de la
autonomía funcional de los seres humanos con discapacidad o necesidades especiales;
la ciudadanía progresiva de los niños y de las niñas definidos como prioridad absoluta
del Estado; los adolescentes y jóvenes entendidos como sujetos estratégicos para el
desarrollo sustentable; el significado del trabajo productivo del ama de casa; el
consumo protegido y la seguridad alimentaria; la vivienda como hábitat que humaniza
las relaciones familiares y comunitarias; la información como mecanismo que
coadyuva a la formación de la cultura ciudadana, son nuevos elementos elevados a
rango constitucional que requieren una interpretación acorde con su finalidad, no
sujeta a formalismos jurídicos alejados de la realidad social.
Se garantiza para todos la seguridad social, la cual debe responder a los conceptos de
solidaridad, universalidad, integralidad, unicidad, participación y eficiencia. La salud,
asociada indisolublemente a la calidad de vida y al desarrollo humano, constituye un
derecho social fundamental que el Estado garantiza a partir de un sistema sanitario de
servicios gratuitos, definido como único, universal, descentralizado y participativo.
Asimismo, consecuente con el principio de corresponsabilidad, la Constitución
promueve la participación ciudadana en la formulación y ejecución de las políticas y
planes de salud, a fin de lograr un ambiente sano y saludable.
En el campo laboral se reconocen los derechos individuales al trabajo, a la estabilidad
y a las vacaciones, así como los derechos colectivos de sindicalización, contratación
colectiva y derecho a la huelga por parte de los trabajadores y de las trabajadoras.
Todos estos derechos constituyen la base fundamental del nuevo ordenamiento
jurídico en el que la vida, la ética, la moral, la libertad, la justicia, la dignidad, la
igualdad, la solidaridad, el compromiso, los deberes ciudadanos y la seguridad
jurídica, son valores que concurren en la acción transformadora del Estado, la Nación,
el gobierno y la sociedad, en un propósito de realización compartida para producir la
gobernabilidad corresponsable, la estabilidad política y la legitimidad jurídica
necesarias para el funcionamiento de la sociedad democrática.”

El reconocimiento constitucional a la pluralidad de las familias está igualmente aunado –
por ejemplo- en la deconstrucción de los roles, basado esto en el Principio Jurídico de la
Responsabilidad Compartida, principio que dentro de los ordenamientos jurídicos de
avanzada forma parte de la vigencia universal. El avance jurídico demostraría sobre el
Principio de la Progresividad, el reconocimiento no sólo de la dignidad de las familias
conformadas por personas del mismo sexo y/o género, sino que reconocería que el
problema discriminatorio que sufren es un problema social de primera magnitud que no
sólo ataca y menoscaba la intimidad de las parejas, sino que es un ataque directo a los
valores constitucionales en los cuales el Estado Democrático Social de Derecho y de
Justicia, se fundamenta y, además, propugna como valores superiores del ordenamiento
jurídico, su actuación, la vida, la libertad y la igualdad, pero en general, la preeminencia de
los Derechos Humanos, siendo la base fundamental para la elaboración de la
materialización de aquellos fines esenciales del Estado como la defensa, desarrollo y
respeto de la dignidad de las personas, sus formas de conformar familias y la construcción
de una sociedad justa y amante de la paz; ya que se hace imposible construir una
ciudadanía libre e igual, cosa imprescindible de un Estado Democrático, cuando se
construyen y se promueven subjetividades jerarquizadas impuestas desde la violencia y la
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discriminación, situación que se transforma en un problema social y político, que abarca a
toda la sociedad en sí, por lo cual se deben ajustar las estructuras e instrumentos garantes
de los derechos fundamentales de toda su ciudadanía ante las exigencia de la igualdad. Se
hace imposible construir una sociedad libre e igual en un Estado Democrático si se
fundamenta en valores heterosexistas discriminatorios que se arraigan en el concepto
judicial para hacer inocuo el principio constitucional de la igualdad ciudadana.
Aunque se niegue lo mencionado, es imprescindible recordar que la existencia del mundo
es distinta a como es percibida por las leyes, son dimensiones distintas de la vida real,
común y corriente de la gente que decide la eficacia del verdadero Derecho, no con esto
queremos caer en el irrespeto, sino señalar, como lo hizo una vez E. Ehrlich26: que el
desarrollo del Derecho a través del tiempo, no reside en la legislación o en la
jurisprudencia, ni siquiera en la práctica judicial, sino en la mismísima sociedad.
Del Derecho Comparado y el Matrimonio Igualitario en el Mundo
Fundamentalmente las izquierdas progresistas a nivel internacional han propiciado la
tendencia en las distintas alianzas comunitarias, de reconocer los derechos de familia de las
parejas conformadas por personas del mismo sexo y/o género, influyendo positivamente en
el plano de la legislación interna de cada país, con base en los principios universales de
igualdad y libertad, y garantizando a cada persona el goce pleno de sus derechos civiles,
políticos, sociales y económicos, así como admitiendo la diversidad de formas de familia
que han existido y existen actualmente.
En tal sentido, hasta ahora, son diecinueve (19) los países que han aprobado o reconocido
derechos, tanto por vía judicial como legislativa, a las parejas del mismo sexo y/o género
para conformar familia, por lo tanto tienen derecho al matrimonio para garantizar la
protección de las mismas. Estos países son: Holanda (2001), Bélgica (2003), España
(2005), Canadá (2005), Sudáfrica (2006), Noruega (2009), Suecia (2009), México (2010),
Portugal (2010), Islandia (2010), Argentina (2010), Dinamarca (2012), Uruguay (2013),
Nueva Zelanda (2013), Francia (2013), Brasil (2013), Colombia* (2013), Reino Unido
(2014), Luxemburgo (2014) y Finlandia (2014). Asimismo, en 35 estados federados y tres
tribus de EEUU. Y, están en debate leyes de matrimonio igualitario en Andorra,
Alemania, Irlanda, Nepal, Taiwán y Tailandia, así como algunas regiones de Australia y
otros estados de México y EEUU. La figura jurídica recibe espaldarazos políticos en Cuba,
Perú y Chile. Cabe preguntarse ¿cómo queda el cumplimiento de las relaciones
internacionales ante las parejas del mismo sexo y/o género que contrajeron matrimonio en
dichos territorios si desean estabilizar su vida familiar en Venezuela?
En el ámbito del derecho comparado, las constituciones de países vecinos como Colombia
y Brasil, tratan de manera análoga a la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela la institución del matrimonio. Las respectivas Cortes Supremas de Justicia,
realizaron interpretaciones jurisprudenciales de sus cartas magnas de forma extensiva y

26

Jurista y Sociólogo austriaco considerado como uno de los fundadores principales de la sociología del derecho.

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contextualizada en los Derechos Humanos y en la protección a los derechos de las parejas
en coherencia con su orientación sexual e identidad de género. A respecto señala
Rodríguez, Chea (2013):
1. En Colombia el Artículo 42 de la carta magna establece “la decisión libre de un
hombre y una mujer de contraer matrimonio”, lo cual literalmente impediría a los y
las sexodisidentes tomar similar decisión. No obstante, hay matrimonio igualitario
en ese país gracias a la interpretación judicial extensiva y contextualizada en
DDHH de su constitución.
2. En Brasil el Artículo 226 constitucional, sección tercera, señala que “se reconoce la
unión estable entre el hombre y la mujer como entidad familiar, debiendo la ley
facilitar su conversión en matrimonio”, lo cual literalmente obstaculizaría tal
conversión a los y las sexodisidentes. Sin embargo, allá hay uniones estables gays y
lésbicas transmutadas en matrimonio igualitario.
Venezuela siempre es vanguardia en los cambios sociales, políticos y culturales en nuestra
América, asumiendo el liderazgo internacional en la gesta emancipadora, la instauración
del Estado Laico, la abolición de la esclavitud, la igualdad de género, la reivindicación
étnica, racial y de las personas con diversidad funcional, la participación ciudadana y los
procesos constituyentes del siglo XXI. Es así que consagrar derechos igualitarios a todos
sus ciudadanos y ciudadanas será posicionar a Venezuela nuevamente a la vanguardia de
los países más evolucionados, inclusivos y promotores de una verdadera cultura de paz y
de respeto a las diferencias.
De la Integración Latinoamericana
El Artículo 153 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en lo
referente a la integración caribeña y latinoamericana, señala que es deber del Estado
promover y favorecer dicha integración, que en vista de la Exposición de Motivos de la
Carta Magna, Título IV, Capítulo I, Sección Quinta: “De las Relaciones Internacionales”;
queda reconocido el carácter constitucional que adquiere la búsqueda de una Comunidad
de Naciones. Siendo así, resultaría difícil entablar dicha promoción de intereses sociales,
económicos, culturales, políticos y ambientales si nos encontramos ante una situación
anacrónica e incongruente sobre las leyes que rigen la actualidad social interna y más aún,
si referente a las internacionales, estamos muy atrás en relación a la progresividad de los
derechos y el incumplimiento de los tratados, pactos y convenciones sobre Derechos
Humanos que Venezuela ha suscrito y ratificado, al igual que otros Estados caribeños y
latinoamericanos.
Tal es el caso del Mercado Común del Sur (Mercosur)27 organismo reconocido como más
que un mecanismo de integración comercial, pues apunta a la integralidad de la vida de los
pueblos, creando una dimensión de ciudadanía, nacionalidad regional, venciendo

27

Argentina, Brasil y Uruguay son Países Parte del Mercosur junto a Venezuela y entre los países asociados está Colombia, en los cuales
el Matrimonio Igualitario son una realidad, cómo se le garantizarán los derechos civiles en los intercambios socio-laborales, culturales,
turísticos, entre otros a las familias conformadas por parejas del mismo sexo o género legalmente casadas en sus países de origen.

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asimetrías, brindando al ciudadano la posibilidad de sentirse con un espacio regional que le
sirva a sus necesidades, tanto para estados-partes, como para estados-asociados, en el que
convergen Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela siendo que en los tres primeros países
se reconocen judicial o jurídicamente derechos igualitarios para todos sus ciudadanos y
ciudadanas mientras que Venezuela permanece al margen.
En este sentido, las parejas del mismo sexo y/o género casadas en países hermanos y
aliados como Argentina, Brasil y Uruguay, al momento de entrar a Venezuela no se les
reconoce dicha legalidad, lo que contradice el Artículo 153, e instrumentos internacionales
con los Estados de la región, pero que a su vez se traduce en una violación al derecho de
Libre Tránsito, que de acuerdo con lo expuesto por Benn S.I. y R.S. Peters28; referente al
derecho al libre tránsito, expone: “…sean cuales fueran los derechos otorgados a una
persona como ciudadano de este o aquel Estado, sus derechos naturales van con él a
donde vaya; se dice que son “inalienables”, “imprescriptibles”, “inderogables”. Dando
así una enfática unión de las características de los Derechos Humanos, como lo es la
Universalidad de los mismos.
Por otro lado, Venezuela forma parte del Consejo de Derechos Humanos de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) durante el periodo 2013-2016 tras una
votación realizada en la Asamblea General de la ONU en Nueva York para elegir 18
nuevos miembros, obteniendo 154 votos de los 194 que integran la ONU, superando
ampliamente la mayoría de 97 votos requerida para ser electo. Esto se constituyó en un
reconocimiento a sus logros en esta materia, específicamente en la política social, y a la
importancia que da el Estado a los derechos humanos, tanto en el plano nacional como
internacional, como una forma de preservar el bienestar del pueblo venezolano.
La ciudadanía latinoamericana planteada en los ámbitos del Mercosur y del Unasur
complementa los ideales de integración regional, pues no es un simple tema comercial o de
intercambio económico, sino que hace a la vida de los pueblos que lo integran, impulsando
el libre tránsito en la región, lo cual permite optar a cualquier suramericano, de un total de
400 millones, visa de residente para trabajar, puede ejercer su derecho a homologar los
títulos, derecho a tener la protección consular, derecho de los emigrantes a tener una
protección efectiva, siendo la solidaridad necesaria para cerrar las brechas que caracterizan
un panorama absolutamente desigual en la región.
Por lo tanto, al reconocer nuestra Carta Magna la característica de Universalidad de los
Derechos Humanos, ratifica la postura del reconocimiento de todo humano, toda persona a
los mismos derechos por el simple hecho de nacer, sin menoscabo por diferenciaciones que
excluyan a una porción. Este tipo de prácticas alejan a Venezuela de ser un verdadero
Estado Democrático Social de Derecho y de Justicia.
De la Laicidad del Estado Venezolano
Artículo 59 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, sobre la laicidad

28

Citados por Spector, citado por Sevilla, Víctor Op.Cit. págs. 52-53

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del Estado:
“(Omissis…) Nadie podrá invocar creencias o disciplinas religiosas para eludir el
cumplimiento de la ley ni para impedir a otro u otra el ejercicio de sus derechos
(Omissis)”.

Por ende, existen infinitas creencias y disciplinas religiosas que menoscaban la
progresividad de los derechos igualitarios, pero ello no cabe para eludir el cumplimiento de
la ley, ya que no se pueden invocar derechos o deberes religiosos ante los deberes y
derechos civiles, invocando asimismo la mención sobre la separación creencias-religionesEstado que enfatiza la Convención AG/RES.2804 (XLIII-O/13) titulada “Convención
Interamericana contra toda forma de Discriminación e Intolerancia” de la Organización de
Estados Americanos, adoptada en la Asamblea General de dicha institución durante su
Cuadragésimo Tercer Período Ordinario de Sesiones que tuvo lugar en Antigua,
Guatemala, del 4 al 6 de junio de 2013. También invocamos el criterio de la Magistrada
Carmen Zuleta de Merchán, con su voto disidente en la Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia en Sentencia No. 190 de fecha 28 de febrero de 2008:
“(Omissis…) Y en efecto, hemos de convenir en que han sido los prejuicios religiosos
y morales arrastrados culturalmente los que impiden en el foro un debate abierto y
formador de un tema sobre el cual existe suficiente material de análisis científico.
Desde 1935, Sigmund Freud determinó con claridad que la homosexualidad no es una
enfermedad; y este dato fue formalmente registrado en 1987 por la
Organización Mundial de la Salud (OMS). Siendo así, la orientación sexual es parte
fundamental
del libre desenvolvimiento de la personalidad (artículo
20 constitucional), y ni el Estado ni los particulares deben interferir en el libre
desenvolvimiento de la personalidad fijando un modelo obligatorio de conducta sexual
ni prohibiendo otros. (Omissis…)”.

Así como del criterio de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en
Sentencia N° 953 de fecha 16 de julio de 2013 (Caso: Acción de Nulidad del Artículo 57
del Código Civil), respecto a las diferenciaciones admitidas y sobre las que se deben
restringir:
“(Omissis) No obstante esta diferenciación ciertamente admite excepciones, las cuales
deben limitarse y restringirse a sus condiciones naturales, morfológicas y anatómicas
en función del género y no a los prejuicios o a la crueldad -en ciertas ocasiones- del
pensamiento humano, fundamentado éste en razones arbitrariamente de
injusticia que profesan algunos seres humanos en función de estigmas sociales,
morales, raciales, religiosos e incluso sexuales sin atender a la dignidad, a la
libertad de pensamiento o a elementos de tolerancia.
Dichas diferencias, han atendido, de manera inverosímil al desarrollo hormonal,
psíquico, sexual e incluso ideológico de las personas involucradas, diferenciaciones
que incluso han abarcado el ámbito religioso, cuando éste es un elemento
vinculado a las convicciones morales del ser humano y complementarias al
desarrollo de su personalidad, propio de la libertad de conocimiento, lo cual no
puede constituirse como un motivo de diferenciación y menos aún inculcarse o
entronarse como un rasgo o factor argumentativo sobre la constitucionalidad de
las normas sino solamente un elemento valorativo sobre los prejuicios subjetivos
del legislador. (Omissis…)”. (Subrayado y negritas nuestras).

Para finalizar la referencia al laicismo, es importante resaltar que nada tiene que ver el
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matrimonio civil con la religión o con la Iglesia Católica, puesto que el Derecho
venezolano, siguiendo el principio sentado por la Constitución francesa de 1791, no
reconoce otro matrimonio contraído en el país, distinto del civil; éste es el único al cual se
asignan consecuencias legales, tanto respecto de las personas como en cuanto a los bienes.
El laicismo es un carácter propio del matrimonio civil, no tomado del Derecho Romano ni
del Canónico.
Es decir, cualquier disposición legal o administrativa que menoscabe o prohíba el derecho
al matrimonio de las parejas del mismo sexo y/o género, representaría una directa violación
de la Norma Suprema y por ende, sería inconstitucional, la cual debería ser declarada como
tal. Y así se solicita.
Del Plan de la Patria
Dentro de otros fundamentos legales, hacemos mención al Plan de la Patria, Segundo Plan
Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación, 2013-201929, el cual conmina al
Estado y a sus instituciones desde el Gran Objetivo Histórico Nº 2, en el Objetivo Nacional
2.2 a “Construir una sociedad igualitaria y justa”, haciendo hincapié en los valores
superiores, fines esenciales, principios de derechos y deberes del ordenamiento jurídico
expuestos en el Artículo 2 y 3 de la Carta Magna; continuando y concatenando los
Objetivos Estratégicos y Generales 2.2.4.2, sobre: “Incorporar la perspectiva de la
igualdad de género en las políticas públicas promoviendo la no discriminación y la
protección de los grupos socialmente vulnerables”. (Subrayado y negritas nuestras)
Continuando con la norma mencionada ut supra, es importante hacer mención al Objetivo
Estratégico y Generales 2.2.4.3 que establece: “Generar políticas formativas sobre la
perspectiva de igualdad de género y de diversidad sexual30”; el 2.2.4.4, que continúa al
respecto: “Promover el debate y reflexión de los derechos de la comunidad sexodiversa”,
finalizando el mencionado cuerpo normativo, con el Objetivo Nacional 5.3.: “Defender y
proteger el patrimonio histórico y cultural venezolano y nuestro americano”;
desarrollado en el Objetivo Estratégico y General 5.3.3.3, donde establece: “Desarrollar
estrategias de liberación y emancipación cultural, poniendo especial énfasis en grupos
sociales especialmente vulnerables, tales como los grupos sexodiversos,(omisis) con la
finalidad de garantizar el respeto de sus derechos e identidades” (Subrayado y negritas
nuestras).
En conjunción a lo mencionado, es importante hacer notar que un proyecto político goza
de un carácter, y aprobar las Líneas Generales del Plan de Desarrollo Económico y Social
de la Nación, goza de otro, siendo éste, un carácter que proveniente del legislador, dota de
imperatividad su contenido, haciendo de obligatorio cumplimiento en todo el territorio
venezolano para su correspondiente efecto jurídico.

29

Plan de la Patria, Segundo Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación, 2013-2019; publicado en Gaceta Oficial de
la República Bolivariana de Venezuela Nº 6.118 Extraordinario, en fecha 4 de diciembre de 2013.
30

La Diversidad Sexual se refiere a la diversidad dentro de la orientación sexual e identidad de género de las personas. Es utilizado en
muchos países del mundo refiriéndose exclusivamente a las personas lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros, transexuales e
intersexuales (LGBTI).

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Se debe tener muy en claro que las personas con una orientación sexual hacia personas de
su mismo sexo y/o género, han logrado una ardua lucha ante las discriminaciones y
violencia histórica, que además esta honorable Sala ha reconocido dichos aspectos de la
realidad, pero haciendo juego con una frase de Hélé Béji, 2000, hacemos énfasis en que la
liberación obtenida a lo largo de los años supone un avance jurídico, social e histórico…
pero es momento de su plena Libertad.
CAPÍTULO VI
CONCLUSIONES
El establecimiento de un nuevo paradigma en la forma de concebir el Estado venezolano,
ha traído como consecuencia una visión amplia y progresista de los derechos humanos
reconocidos y tutelados por el ordenamiento jurídico derivándose de ello que, las
instituciones sociales atraviesan un desarrollo exponencial desde la última década, todo
con la clara finalidad de adecuar las normas de derecho a la evolución de la sociedad y de
los elementos que la componen.
En tal sentido, cuando hablamos de la institución matrimonial, debemos necesariamente
acotar que de acuerdo al ordenamiento jurídico venezolano, este derecho se reserva hasta
hoy para las parejas compuestas por un hombre y una mujer, es decir, parejas cuyos
miembros son de distinto género y sexo, lo cual se erige en forma expresa en una
contradicción con los fines de un Estado Social de Derecho y de Justicia, que propugna
como valores esenciales de su actuación, la dignidad humana, la igualdad y la solidaridad,
la libertad y la prevalencia de los derechos humanos.
En ese orden de ideas, al declarar que la dignidad humana representa el primer fundamento
del estado Social, de Derecho y de Justicia, implica necesariamente ciertas consecuencias
jurídicas a favor de la persona, así como también deberes de hacer y de no hacer para el
Estado, que es a quien corresponde velar porque ésta cuente con condiciones materiales e
inmateriales que le permitan desarrollar de forma libre y segura su proyecto de vida. Así,
es deber del Estado garantizar los requerimientos éticos, morales, axiológicos, emocionales
e inclusive espirituales que identifican a cada persona, pues de otra manera podría ser
objeto de discriminación y por ende de transgresiones a su fuero íntimo y su particular
manera de concebir el mundo. De igual manera corresponde al Estado proporcionar los
instrumentos y herramientas que permitan a la persona exigir sus derechos y gozarlos
efectivamente, ya sea a través de instituciones sociales o de normas jurídicas, que le
aseguren el libre, total e igual acceso a la protección y garantía de los órganos que
conforman los poderes estatales.
Asimismo, al existir libertad e igualdad, debe existir equidad en la aplicación de la ley,
equidad en la salvaguarda de los derechos y sobre todo en el desarrollo libre y espontaneo
de la personalidad, sin más limitaciones que las derivadas de la Constitución como máxima
expresión del orden jurídico rigente, por ende, optar libremente por contraer matrimonio
constituye un derecho humano, que debe ser tutelado con equidad y justicia, pues éste
constituye una expresión de la voluntad de cada persona y una forma de manifestar su
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libertad de pensamiento, de sexualidad, de elección del compañero o compañera de vida
que ha de conformar su núcleo familiar, institución base de la sociedad, razón por la cual
afirmamos rotundamente que tal derecho debe democratizarse, socializarse y hacerse justo,
tal como el Estado que lo propugna, de forma que permita a las parejas del mismo género
independientemente de su sexo (hombres y mujeres con orientación sexual homosexual);
del mismo sexo y distinto género (hombres y mujeres con Identidad de Género
transgenérica) y de distinto género en las cuales uno o ambos presentan dos sexos
(hombres y mujeres intersexuales) alcanzar tal derecho y gozar de la protección y garantía
del Estado.
Como corolario de lo anterior, resulta oportuno destacar que con la refundación del Estado
por el proceso constituyente de 1999 y, el nuevo ordenamiento jurídico subsumido en la
naciente Carta Magna, se acogió una concepción de familias (en plural) adaptada a la
realidad socio-cultural venezolana, superando la ideología imperante excluyente y limitada
de la familia trial o nuclear, enfocada en paradigmas anacrónicos más propios de
sociedades patriarcales y burguesas, que contemplan el matrimonio como un mero contrato
económico, planteando este vínculo solo desde lo patrimonial y reproductivo, dejando a un
lado el cúmulo de valores sociales implícitos y desarrollados a través de la vida o
convivencia en pareja donde pueden verse realizadas la mayoría de las familias populares
de la sociedad venezolana. Ciertamente es la figura jurídica más adecuada, bajo el sistema
socio-político y cultural actual, para adquirir y exigir los diferentes derechos y deberes
inherentes a las parejas casadas y a sus hijos e hijas. No se trata simplemente de una forma
de asegurar la perpetuación de la especie, ni de la propiedad, donde las mujeres son
simples instrumentos reproductivos que a su vez garantizan la descendencia para hacerla
heredera de su patrimonio, sostén de la cultura capitalista; se trata de solucionar problemas
concretos y cotidianos, obteniendo los beneficios reales materiales de las parejas casadas.
Es entonces, totalmente legítimo que dos personas del mismo sexo y/o género reivindiquen
el derecho a conformar un hogar legal dentro de los parámetros establecidos.
El matrimonio civil entre personas del mismo sexo y/o género permite al Estado proteger a
familias que de hecho existen, sin discriminación por razones de orientación sexual o
identidad de género, dando a todas las familias el reconocimiento jurídico efectivo
necesario como garantía de amparo frente a las situaciones de vulnerabilidad. Así mismo,
amplifica y adecua la institución matrimonial, pues invita a repensarla dejando atrás la
estructura de poder jerárquica patriarcal y machista con roles específicos para cada uno de
los cónyuges (donde una mujer puede dirigir una casa y que un hombre puede criar a un
niño), impuestos por una supuesta cosmovisión de la estructura social desde las elites de
poder fáctico judeo-cristianas. Por otra parte, empodera a los individuos para que tomen
decisiones sobre sus vidas sexuales y reproductivas y, promueve una verdadera sociedad
honesta y justa de iguales.
La comunidad científica actual reconoce como un factor determinante para la elección de
la pareja, la orientación sexual de cada uno de los miembros, cuya decisión de convivir y
conformar familia, son expresión genuina y auténtica de la naturaleza humana y parte
medular del Derecho Humano al libre desenvolvimiento de la personalidad. Asimismo, los
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vínculos establecidos entre las parejas se fundamentan básicamente en el afecto y en el
deseo de desarrollar un proyecto de vida en común.
Dado que en el ordenamiento jurídico venezolano no existe institución alguna que
garantice los derechos de las familias conformadas por los tres tipos de parejas
mencionadas anteriormente, se les deja de esta forma en inferioridad de condiciones frente
a las familias formadas por parejas del distinto sexo y género, que pueden acceder tanto a
las uniones estables de hecho como al matrimonio. Así mismo, se les deja en condiciones
de indefensión frente a la Sociedad y el Estado al quedar absolutamente desprotegidas.
En tal sentido, los preceptos legales, en constante evolución, son mecanismos de
instrumentación de las trasformaciones sociales inclusivas y profundas, de la cual no
escapa la institución de la Familia y sus diversos modelos intrínsecos de conformación.
Esto implica que el Matrimonio entre parejas de distinto sexo y género, deje de ser
sinónimo exclusivo de la Familia y, que se reconozcan bajo la efectividad y progresividad
de la Ley otras formas de familia, las cuales tienen derecho a optar por dicha institución, en
virtud de la fuerza, exigencia y naturaleza de la propia realidad actual.
Es sabido que los lazos o vínculos de familia forjan consecuencias legales entre sus
miembros, obligaciones y derechos de naturaleza privada, pero con regulaciones de
carácter público y social tales como:
Protección estatal plural de parejas y de familias.
Impacto favorable físico y mental, autoestima, dignificación.
Constituciones de hogares.
Acceso a vivienda propia con ayuda estatal.
Cohabitación.
Hijos (as) conjuntos (as).
Hijos (as) beneficiados por la estabilidad legal de su filiación.
Adopciones.
Reproducciones asistidas.
Patrias potestades.
Deberes de manutención mutuos o convenidos.
Socorro mutuo.
Tutela de parejas en caso de interdicción (locura, enfermedad grave, u otros).
Curatela (por ejemplo cuando uno/a de los miembros de la pareja o de sus hijos/as
mayores de edad, es pródigo/a y otro/a debe velar por sus intereses).
Protección estatal contra la violencia intrafamiliar.
Seguirse por el mundo (en caso de que un/a miembro/a parta al extranjero para trabajar
o estudiar o exiliarse, entre otras causas posibles).
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Adquirir la nacionalidad de la pareja, de los padres y/o de las madres.
Reciprocidad generalizada.
Complemento sexual.
Lealtad.
Prohibición mutua de declarar en contra.
Prohibición de ocupar cargos públicos por consanguinidad y afinidad (conflicto de
intereses).
Visitas íntimas penitenciarias.
Derechos sociales (acceso conjunto a la seguridad social) concedidos a las familias y a
las parejas.
Protección equitativa en caso de separaciones.
Créditos (de vivienda y vehículos, entre otros) con base en la situación familiar o de la
pareja.
En este sentido, el matrimonio y las uniones estables de hecho previstas en el artículo 77
de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela son los mecanismos jurídicos
por excelencia en la cultura occidental para formalizar legalmente y dar protección a las
familias ante el Estado, creando un parentesco conyugal entre dos personas que desean
mantener una comunidad de vida e intereses en común. Pero es necesario que se haga una
interpretación judicial extensiva y contextualizada en Derechos Humanos para no
contradecir ni romper la coherencia de la Carta Magna pues una interpretación literal de
dicho artículo afecta la interdependencia e indivisibilidad de Derechos Humanos y excluye
a las familias conformadas por parejas del mismo sexo y/o género, quienes tienen derecho
constitucional a la no discriminación por su orientación sexual y afectiva, pero sólo tienen
derecho a casarse con personas de sexo opuesto, obligándoles a ser hipócritas,
constituyéndose no en un derecho sino que es una coacción heterosexista a la libertad
disfrazada de derecho.
Permitir que la legislación actual sostenga una categorización fundamentada en la
orientación sexual e identidad de género de las personas otorgando protección solamente a
las familias constituidas por parejas de distinto sexo y género, desconociendo los otros
modelos de familia, resulta discriminatorio en el plano social y moral, contrario al orden
constitucional.
Es evidente que la institución matrimonial en función de los Derechos de Familia se ha
venido adaptando a la realidad de su tiempo y debe seguir avanzando, pues el Estado no
debe someter a la población a modelos ideales derivados de modelos excluyentes y
burgueses, por el contrario debe organizar de la mejor forma posible la vida social, y
consagrar los Derechos Humanos de todos los habitantes del territorio nacional.
La discriminación social de la que son objeto las personas y sus familias por motivo de su
orientación sexual y su identidad de género, es una realidad concreta que perturba el
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correcto devenir de una sociedad moderna que se reconstruye en el marco del progresismo
del siglo XXI. Si bien expresar la homosexualidad, bisexualidad y transgeneridad no está
tipificado en el Código Penal venezolano, ni en ninguna ley penal especial, las personas
que poseen estas orientaciones sexuales e identidades de género forman un grupo de alta
vulnerabilidad por la violencia, asesinatos, chantaje, persecución e impunidad de la que
son objeto, tanto de parte de cuerpos de seguridad del Estado, como de particulares.
De acuerdo con estudios realizados en 2008, 2009 y 2013 por el Programa de Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD) en unión con el Ministerio del Poder Popular para la
Salud, la Defensoría del Pueblo y organizaciones pro-derechos humanos en Venezuela, se
prueba que la homofobia, bifobia, lesbofia y transfobia son fenómenos negativos presentes
en la sociedad venezolana, que generan crímenes de odio asociados a prejuicios por
orientación sexual, identidad de género y expresión de género, los cuales deben ser
erradicados, de la misma manera que el Estado se planteó erradicar las situaciones de
violencia de género y la discriminación por razones raciales, étnicas y diverso-funcional.
Adicionalmente la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la
Asamblea General de Naciones Unidas ha emitido de manera sucesiva recomendaciones a
los Estados miembros para el cese de la discriminación por orientación sexual o identidad
de género en sus poblaciones, a través de políticas públicas y legislaciones especiales o
compensatorias no segregacionistas que permitan contrarrestar y erradicar las condiciones
de vulnerabilidad.
Por lo que es un reto consolidar la inclusión y justicia social, asegurando una
transformación profunda en la sociedad y sus instituciones, promoviendo relaciones sanas
y sinceras entre los individuos y su sexualidad, reconociendo que el derecho a la No
Discriminación por Identidad de Género y Orientación Sexual es una lucha política
inseparable de la lucha contra toda dominación y que solo es posible a través de la ruptura
del modelo hetero-socio-culturado, judeo-cristiano y eurocentrista que convierte la Ley
común en un modelo exclusivo y excluyente de la diversidad humana, como actualmente
rige ideológicamente el Código Civil.
El reconocimiento del derecho a contraer libremente matrimonio entre parejas del mismo
sexo y/o género es un mecanismo para ir rompiendo dicho modelo, diferenciando
socialismos progresistas de socialismos que no lo son, atacando las estructuras típicas
burguesas que estos últimos comparten, donde subsiste una sola forma de familia posible:
“la” familia proveniente del matrimonio, heterosexista, sexista, con fines básicamente
reproductivos y con fines patrimoniales; donde impera la división sexual del trabajo, las
relaciones machistas en la pareja y los prejuicios que oprimen a los y las sexodisidentes.
Haciendo visible y viable la convivencia fundada en el amor y la protección, que no tiene
la reproducción como meta; reivindicando las parejas sexualmente diversas.
Es por ello que el Poder Judicial tiene la competencia, la legitimidad y la obligación moral,
como órgano intérprete del Derecho Patrio de garantizar los derechos civiles y sociales de
las parejas del mismo sexo y/o género y las familias que estas conforman, siendo el medio
más idóneo, pertinente y oportuno la figura del matrimonio y las uniones estables de hecho
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por las condiciones de igualdad y no segregación que estas generan y así se solicita sea
declarado.
De todo lo expuesto, necesariamente se debe concluir que la democratización de las
instituciones jurídicas que tienen especial connotación en el orden social debe estar
orientada a la progresividad de los derechos y la evolución de las normas que la regulan, de
acuerdo con los avances y cambios que se produzcan con el devenir del tiempo dentro de la
sociedad, de forma tal que, el derecho no permanezca estático, sino que se convierta en un
instrumento maleable cuyas formas y expresiones estén en perfecta consonancia con el
grupo social que regula. En consecuencia, muy respetuosamente solicitamos a esta
honorable sala Constitucional, se sirva declara la nulidad parcial del artículo 44 del Código
Civil y por ende, se reconozca la existencia de parejas del mismo sexo y/o género y se les
permita acceder libremente a la institución matrimonial y a las uniones estables de hecho
gozando del amparo y protección del ordenamiento jurídico venezolano.
CAPÍTULO VII
PETITORIO
Por las razones de Derecho precedentemente expuestas, solicitamos muy respetuosamente
a esta Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, en nombre de la Asociación
Civil Venezuela Igualitaria, que:
1.
2.

3.

4.

50

Declare su competencia para conocer la presente acción de nulidad.
Reconozca nuestra legitimación y dándole curso de conformidad al
procedimiento establecido en la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia,
admita la presente solicitud de: DEMANDA POPULAR DE
INCONSTITUCIONALIDAD DEL ARTÍCULO 44 DEL CÓDIGO CIVIL
PUBLICADO EN GACETA OFICIAL N° 2.990 EXTRAORDINARIO DEL
26 DE JULIO DE 1982, por colidir con los Principios Fundamentales la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, como el Principio de
Progresividad, Igualdad, No Discriminación y Libre Desenvolvimiento de la
Personalidad, por sólo mencionar algunos, y además por colidir con las
progresivas interpretaciones vinculantes de esta máxime Sala, en virtud de ser
violatorio de normas y Principios Fundamentales relativos a la jerarquía y
supremacía constitucional de Tratados, Pactos y Convenios sobre Derechos
Humanos como principios rectores de las relaciones internacionales e internas del
Estado Venezolano y la Progresividad de los Derechos Humanos, consagrados en
los Artículos 19, 22 y 23, así como en los otros Artículos mencionados en el
presente escrito.
Declare Con Lugar la presente Acción Popular de Nulidad por razones de
Inconstitucionalidad, del Artículo 44 del Código Civil venezolano publicado en
Gaceta Oficial N° 2.990 Extraordinario del 26 de julio de 1982, por las razones
expuestas.
Anular parcialmente el Artículo 44 del Código Civil venezolano publicado en
Gaceta Oficial N° 2.990 Extraordinario del 26 de julio de 1982, por las razones

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5.

expuestas.
Declare la constitucionalidad del derecho a acceder a la institución del
matrimonio así como a las uniones estables de hecho a las parejas conformadas
por personas del mismo sexo y/o género.
CAPÍTULO VIII
DEL DOMICILIO PROCESAL

Señalamos como nuestro domicilio procesal el siguiente: Avenida Casanova con Calle
Villaflor, Edif. Centro Profesional del Este, Piso 06, Oficina 61, Sabana Grande, Caracas,
Distrito Capital. Teléfono: 0424-1122323, 0212-7621529 y Fax: 0212-7620717.
Es Justicia, en Caracas, a la fecha de su presentación.

51