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DOCUMENTO

Sobre la nueva versión del
proyecto de creación de la
Agencia Federal de Inteligencia.
FEBRERO 2015

SOBRE LA NUEVA VERSIÓN DEL PROYECTO DE
CREACIÓN DE LA AGENCIA FEDERAL DE
INTELIGENCIA

El Proyecto de reforma de la Ley 25.520 de Inteligencia Nacional, que obtuvo media sanción en el
Senado, modificó ciertos puntos que las organizaciones firmantes habían señalado como falencias.
El Proyecto aprobado en la Cámara Alta clarifica los confusos conceptos del texto original,
eliminando la deficiente y contradictoria definición de Inteligencia Interior.
Asimismo, elimina el plazo de 72 horas que el texto original reconocía a los agentes en caso de iniciar
actividades de inteligencia por razones de urgencia, obligándolos a informar las mismas de manera
inmediata a las autoridades máximas de cada organismo. Sin embargo, esto no implica en la práctica
la eliminación de la posibilidad de iniciar actividades de inteligencia sin autorización.
En cuanto al alcance de la ley, el Proyecto constituye un avance sobre el régimen actual al establecer
que las áreas de inteligencia de las fuerzas de seguridad estarán obligadas a observar las previsiones
normativas de la Ley de Inteligencia Nacional.
En lo referente a las críticas que las organizaciones firmantes realizaron acerca de los mecanismos de
selección de las autoridades de la Agencia Federal de Inteligencia, así como el establecimiento de
mecanismos de selección para el ingreso del personal de la AFI y la DOJ y control de permanencia
del personal existente, el Proyecto continúa adoleciendo de las mismas fallas señaladas en el
documento enviado a los Senadores.
El Proyecto mantiene el mismo sistema de selección de las máximas autoridades de la AFI y no
establece mecanismos claros y transparentes para el ingreso del nuevo personal, sin establecer
tampoco quién es el encargado de reglamentar los mismos.
En cuanto al control de permanencia del personal existente bajo la órbita de la actual Secretaría de
Inteligencia, el proyecto no establece ningún mecanismo de control de permanencia, estableciendo
solamente en las disposiciones transitorias la facultad del actual Secretario de Inteligencia de jubilar
en forma extraordinaria a quienes, sin importar la edad, cumplan con los requisitos para la jubilación
voluntaria. Esta facultad, si bien parece dirigirse a facilitar un necesario proceso de renovación de
dicho personal, trae consigo el grave problema de permitir que dicho proceso no resulte -como
debería- del producto de una investigación seria respecto del accionar y la conducta de dichos
agentes a lo largo de los años. Purgar el cuerpo de inteligencia en secreto, sin una investigación
profunda que brinde verdad y justicia sobre lo actuado, no es la forma idónea de impulsar el proceso
refundacional que nuestro Sistema de Inteligencia requiere.
Es una necesidad de la democracia una investigación profunda y exhaustiva de lo actuado por la ex
SIDE, a lo largo de toda la historia institucional argentina, estableciendo claras responsabilidades en
los delitos que se encuentren.
Respecto a las incompatibilidades señaladas entre el texto original del proyecto y el derecho de
Acceso a la Información, el Proyecto aprobado modifica la clasificación de la Información en tres
categorías (secreto, confidencial y público) estableciendo criterios algo más claros para su
clasificación, aunque visibiliza en forma evidente la necesidad de la sanción de una norma de acceso a
la información a nivel federal. Asimismo, la baja de 25 a 15 años en el plazo mínimo, si bien constituye

una mejora, se mantiene como un plazo irrazonable, y debería haber sido adoptado como máximo,
como ya se señaló.
En relación al control de los fondos, a pesar de que el Proyecto no establece mecanismos claros,
constituye un avance al régimen legal actual, ya que establece como regla general la publicidad de las
partidas presupuestarias de los organismos de inteligencia, sometiendo los mismos al régimen
establecido por la Ley de Administración Financiera. En la práctica, esto supone que la autoridad de
control de los fondos reservados (que son, según el proyecto, excepcionales) será la Comisión
Bicameral, y que respecto a los fondos de carácter no reservado, será competente para su contralor
la Sindicatura General de la Nación, y más importante aún, la Auditoría General de la Nación.
Sin embargo, el Proyecto adolece de una obscuridad que hace peligrar el sistema de rendición de
cuentas: el art. 19 del Proyecto sostiene que son los mismos organismos de inteligencia los
encargados de establecer “los procedimientos necesarios para la adecuada rendición” de los fondos
reservados. Esto implica dejar en manos de quien debe rendir cuentas la facultad de establecer las
reglas que él mismo seguirá, lo cual es inaceptable. Asimismo, la ley no establece claramente como
regla la obligación de resguardar la documentación respaldatoria, y que, en aquellos casos donde no
se pueda resguardar la misma por razones de seguridad, ésta deberá reemplazarse por un método
respaldatorio alternativo1.
Es necesario señalar que, si bien el proyecto en el Senado avanzó en cuestiones relevantes, tales
avances se ven opacados por la forma en la cual se llevó a cabo su tratamiento. Lamentablemente,
los/as legisladores/as del oficialismo y los/as de la oposición no han estado a la altura de las
circunstancias: unos/as forzando un tratamiento extremadamente célere para una ley que por su
importancia debió haber sido debatida y consultada en profundidad; los/as otros/as desvirtuando el
proceso democrático de debate parlamentario con su ausencia, olvidando que su deber institucional
es debatir aun cuando su postura pueda no triunfar.
Creemos que la vigencia del Estado de Derecho exige, además de un debate robusto, una
investigación seria y comprometida sobre lo actuado por los Servicios de Inteligencia en su conjunto,
pues no es posible refundar el Sistema de Inteligencia bajo la premisa de los numerosos abusos
cometidos por los mismos, sin investigar cuáles fueron tales abusos ni quiénes son sus responsables.
Esperamos que el debate en la Cámara de Diputados de la Nación se disponga a subsanar estas
falencias, tanto en lo que respecta al contenido sustantivo del proyecto, como en el modo en que se
somete a la consideración de la institución legislativa, y de la ciudadanía en general.

Estos casos, para ser válidos financieramente, podrían contar, por ejemplo, con una declaración jurada del funcionario de
más alto rango en conocimiento de los detalles de la operación.

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