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Luto por los rboles

Hoy he visto en el Retiro los primeros cogollos de hojas tiernas, recin


brotados en las ramas de los castaos, que tienen todava una abstracta
desnudez invernal, y me he acordado de los olmos de la Alhambra, los
olmos enfermos de grafiosis, que llevan aos murindose sin que el trabajo
y la dedicacin de los tcnicos hayan logrado otra cosa que hacer ms lenta
la epidemia, que ya ha matado a ciento seseta y cinco rboles. []
Igual que la vida de un rbol es ms larga, ms lenta, ms imponente que la
vida de un hombre, tambin su muerte tiene una tonalidad ms terrible, una
solemnidad de rquiem y capitulacin.
Asistir a la tala y a la cada de un rbol es presenciar la demolicin de una
vida preservada con lentitud de los ritmos vegetales durante mucho ms
tiempo que la vida de cualquiera de nosotros.[]
No sabemos si el rbol es dichoso, como dice Rubn, por ser apenas
sensitivo. De lo que no cabe duda es de que en nosotros hay una disposicin
de nobleza y de reverencia hacia las cosas mejores que se nos manifiesta
en el amor a los rboles, igual que a los caballos y a los perros. En uno de
los dilogos de Platn se argumenta que la forma y los movimientos del
caballo constituyen una revelacin de las cosas perfectas. En los rboles
encontramos una afirmacin simultnea de eternidad y de paso del tiempo,
de permanecencia y de crecimiento, de vida y de majestad. []
Salvar el bosque de la Alhambra, igual que preservar una biblioteca, es
entregar al porvenir la memoria de lo mejor que somos.
Antonio Muoz Molina. La huerta del Edn.