Morrison chasqueaba en las esferas de la muerte

Para Rewolver y Charly, por escucharme y compartir este
instante sublime: ¡la fiel inmortalidad de Morrison!

Sabré pararme frente al fin de todo viaje
tintineando la cola sobre una maleta
que recorrió medio mundo
las paredes de plástico amarillo
aprisionan mi libre muerte
es él quien existe
necesitamos ser odiados para creer en la nada
esa nada flotante que acaece y esparce
bajo crepitaciones de hojarasca
la gran nube que en su gravedad
te hunde tres metros bajo tierra
y el sol que revive
y el chasquido de dientes afinando
la danza macabra de una muerte inevitable
rodará con la lluvia
vertical
provista de alas fibrosas
para desistir de mirar al sol que no se nombra
cada giro forcejeando en brazadas interiores
medirá la presencia del instante
sabio ese arrastre misterioso de las hojas
recorriendo el polvo de los huesos
que nunca en los sinfónicos ladridos fuiste
y si ahora creo en lo que siempre fui
y si ahora mi Rewolver trotamundos
y mi diestro brazo Charly
me erigen sobre un altar donde Baco escancia
1

el placer etílico del Rey Lagarto
estar en fidelidad
con cada largo rostro en la familia
se esparce necesario
las cenizas se deshacen bajo el agua
los gallos permanecen
esta dura madrugada
las cimas desesperadas
el lamento
jamás doblan por la senda de sauces
ladra
ladra
que aullar persigue a las almas condenadas
por un lívido sol
diluyendo humanas caricias.
21 de enero de 2015, madrugada
Jack Farfán Cedrón

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