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Zen - La Luciernaga Ciega

Zen - La Luciernaga Ciega

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Llamamos extinción de la consciencia o muerte a la cesación del
funcionamiento de la consciencia del Ego o consciencia superficial junto a la
detención de funciones vitales como la respiración y el latido del corazón. Se
añaden signos posteriores como el rigor mortis o rigidez por coagulación de
las proteínas musculares…etc. Actualmente la tecnología del Electroen-
cefalograma que aparece plano y finalmente el Electrocardiograma confirman
la cesación de la vida.

En otros libros he comentado casos poco frecuentes de muerte aparente y
merece nombrarse el coma o estado de conservación de funciones meramente
vegetativas a veces por años con reanimación posterior y el fenómeno

demostrado de casos en los que por traumatismo craneal en accidente, el
estado de coma no excluía el oído, observándose que los pacientes que
recibían ánimos se recuperaban antes.

Así como la consciencia, el Ego, la persona, la Personalidad se extinguen, el
cuerpo falto de vida sigue el proceso de degradación y vuelta al polvo de la
tierra como todos los seres, al cosmos del que formó parte durante un destello
del tiempo (nada) , como la brillante hoja cae en el otoño y se hace tierra,
volviendo al origen, sus raices, el Sistema Periódico de los Elementos
presentes en la naturaleza como metales y gases, más de cien, que en la
antigüedad se reducían a cuatro: aire, fuego, agua y tierra (calcio, potasio,…).
Y así todos los seres vivos sujetos a la impermanencia y a la Ley de los
Cambios.

Esta evidencia para el Budismo Zen, comprobable por los sentidos, deja fuera
toda superstición o afirmación distinta por pertenecer al campo de las
creencias y las religiones.

Siendo el Desapego el Camino de la liberación, es contradictorio e incoherente
el apego a las costumbres relacionadas con los muertos, materia al fin y al
cabo, como la conservación de los cuerpos, celebraciones, aniversarios,
invocaciones y rezos… En el Zen, el apego es sufrimiento. Aprender a vivir es
lo mismo que aprender a morir. Vivir con desapego es morir con desapego.
Aprendiendo a vivir se aprende a morir.

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