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Comentario y Exposición del Evangelio según San Mateo (William Hendriksen)

Comentario y Exposición del Evangelio según San Mateo (William Hendriksen)

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COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO
por WILLIAM HENDRIKSEN Exposición del Evangelio según San Mateo

2003

3
[p 4] Copyright © 2007 por Libros Desafío El Evangelio según San Mateo Título original en inglés: New Testament Commentary: Matthew Autor: William Hendriksen Publicado por Baker Book House Grand Rapids, Michigan © 1979 Título: Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Mateo Traductor: Humberto Casanova Diseño de cubierta: Willem J. Mineur Primera edición: 1986 Reimpresi
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COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO
por WILLIAM HENDRIKSEN Exposición del Evangelio según San Mateo

2003

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[p 4] Copyright © 2007 por Libros Desafío El Evangelio según San Mateo Título original en inglés: New Testament Commentary: Matthew Autor: William Hendriksen Publicado por Baker Book House Grand Rapids, Michigan © 1979 Título: Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Mateo Traductor: Humberto Casanova Diseño de cubierta: Willem J. Mineur Primera edición: 1986 Reimpresi

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MATEO 28:1–10

28 1 Pasado el día de reposo, al amanecer el primer día de la semana, María Magdalena y la otra
María vinieron a ver el sepulcro. 2 Repentinamente se produjo un violento terremoto, pues un ángel
del Señor bajó del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como un
relámpago y su vestidura blanca como la nieve.4 Y de miedo a él los guardias temblaron y se quedaron
como muertos. 5 El ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: “No temáis vosotras, pues yo sé que
buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6 No está aquí, pues ha sido resucitado, tal como dijo. Venid,
ved el lugar donde yacía. 7 Por tanto, id pronto y decid a sus discípulos, ‘Ha sido resucitado de los
muertos, y he aquí él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis’. Ya os lo he dicho”. 8 Entonces
ellas partieron a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo y corrieron a dar las nuevas a sus
discípulos. 9 Y de pronto Jesús les salió al encuentro y les dijo: “Buenos días”. Ellas se acercaron, se
asieron a los pies y le adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: “No temáis; id, decid a mis hermanos que
vayan a Galilea; allí me verán”.

28:1–10 El Señor resucitado;
la guardia aterrorizada; Las mujeres asombradas
Cf. Mr. 16:1–8; Lc. 24:1–12; Jn. 20:1–10

1. Pasado el día de reposo, al amanecer el primer día de la semana, María Magdalena
y la otra María vinieron a ver el sepulcro.
El día de reposo ha venido y pasado (Mr. 16:1).
Ya es el amanecer de la mañana del domingo. Es definitivamente el primer día de la
semana.899 Fue entonces cuando María Magdalena y “la otra María”, es decir, “María la
madre de Jacobo y de José” (27:56, 61) vinieron a ver el sepulcro. Mateo abrevia. Como en
27:61, también aquí menciona sólo estas dos. Marcos agrega Salomé (16:1). Lucas agrega
Juana e indica que había otras (24:10). Aunque en cuanto a esto Jn. 20:1 sólo menciona a
María Magdalena, aun ese Evangelio sugiere que había otras mujeres acompañándola
(obsérvese 20:2: “No sabemos”).
[p 1036] No hay conflicto entre el relato de Juan en cuanto a María Magdalena y el de
Mateo en cuanto a varias mujeres.900 Tampoco existe conflicto en relación con la hora en que
las mujeres fueron al sepulcro. Jn. 20:1 declara, “mientras aún estaba obscuro”, Mr. 16:2,
“cuando el sol hubo salido”, Mt. 28:1, “al amanecer”, Lc. 24:1, “muy de mañana”. Solución
probable: si bien todavía estaba obscuro cuando partieron las mujeres, al llegar al sepulcro el
sol ya había salido.

899

Es poca la diferencia si uno concibe el plural griego de sabbath como que se refiere al día o a toda una semana (el tiempo de un
reposo al siguiente). Si se quiere decir lo primero, entonces la idea es que este era el primer día contando desde el día de reposo; de
ahí, el primer día después del día de reposo. Si se quiere decir lo segundo, el resultado es el mismo; el día indicado entonces no es
el último de la semana, sino el primero. En cualquier caso la referencia es al domingo.

900

Para una posible armonía, véase C.N.T. sobre el Evangelio según Juan, p. 724.

733

Ellas vinieron “a ver el sepulcro”. También aquí Mateo resume. Debemos recordar que
José de Arimatea y Nicodemo ya habían envuelto vendajas de lino alrededor del cuerpo,
derramando una mezcla de mirra y áloes. Sin embargo, el cuerpo muerto aún no había sido
ungido. Algún tiempo después de las 6 del sábado en la tarde—por lo tanto, “cuando el
sábado había pasado”—las mujeres habían comprado lo que necesitaban para ungir el
cuerpo. De este modo ahora, muy temprano el domingo en la mañana, vinieron al sepulcro
para ungirle y evitar de este modo la descomposición rápida (Mr. 16:1; Lc. 24:1).
Es verdad que ellas debieron haberse prestado mayor atención a la repetida predicción del
Señor de que se levantaría nuevamente al tercer día. Por otro lado, aunque podemos
criticarles la falta de fe suficiente—una falta de que también participaban los discípulos
varones—no debemos pasar por alto su excepcional amor y lealtad. Ellas estuvieron en el
Calvario cuando Jesús murió, en el jardín de José cuando su Maestro fue sepultado y ahora
muy temprano en la mañana están aquí una vez más para ver el sepulcro; es decir, para
encargarse de que todo esté en orden y para ungir el cuerpo. Entre tanto, ¿dónde estaban los
once?

Mr. 16:3 nos informa que en el camino hacia el sepulcro las mujeres estaban preocupadas
en cuanto a la piedra. Se decían unas a otras: “¿Quién nos moverá la piedra de la entrada del
sepulcro?” Pero de repente vieron—probablemente al llegar a un recodo del sendero—que la
pesada piedra ya había sido removida (Mr. 16:4). ¿Qué había sucedido? Mateo por inspiración
divina responde como sigue: 2. Repentinamente se produjo un violento terremoto, pues
un ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella.
En
relación con la presencia del Señor, sus poderosas obras redentoras y la manifestación de su
ira derramada sobre los enemigos de su pueblo, las Escrituras hacen frecuente mención a la
ocurrencia de terremotos. Es como si el terremoto quisiera decir, “¡Escuchad, el Señor está
hablando!” Véanse Ex. 19:18; Nm. 16:31; 1 R. 19:11; Job 9:6; Sal. 18:7; 68:8; 77:18; Is. 2:19;
5:25; 13:13; 24:18; 29:6; Jer. 10:10; 49:21; Jl. 2:10; Nah. 1:5; Hag. 2:6; Ap. 6:12; 8:5; 11:13–
19. Apropiadamente hubo un terremoto en el momento de la muerte de Cristo (Mt. 27:51) y
probablemente habrá muchos terremotos terribles [p 1037] en relación con la segunda
venida de Cristo. Véase sobre 24:7. Así también ahora, en relación con la resurrección de
Cristo, repentinamente901 hubo un “gran” o “violento” terremoto.
La causa del temblor fue el descenso desde el cielo del mensajero especial de Dios, un
ángel. El se acercó y debe haber sacado completamente la piedra de su deslizadero y haberla
puesto sobre un costado. Resultado: el pesado bloque quedó tendido en tierra y el ángel
estaba sentado sobre él para simbolizar el triunfo de Cristo.
Las mujeres no observaron este suceso. Ellas sólo vieron el resultado. Ni siquiera los
“testigos de la resurrección” (cf. Hch. 1:22) vieron a Jesús resucitar de la sepultura. Sin
embargo, sí lo vieron a él en un tiempo u otro, lo que de veras fue una tremenda prueba de
su resurrección.

¿Por qué el ángel tuvo que remover la piedra? No para que Jesús pudiera hacer su salida
del sepulcro—pues véase Jn. 20:19, 26—sino para que las mujeres (Mr. 16:5) y también
Pedro y Juan (20:6–8) pudieran entrar en él.
En relación con el ángel, Mateo continúa: 3. Su aspecto era como un relámpago y su
vestidura blanca como la nieve.
El maravilloso resplandor de su semblante daba prueba de
su descenso directo desde el cielo. El centelleante brillo de su vestidura indicaba su santidad.
Compárese en relación con esto, Dn. 7:9; Mt. 17:2; Ap. 1:16; 10:1; 12:1; 20:11.
El relato acerca de la guardia—véase sobre 27:62–66—se reanuda ahora: La guardia
dispersada: 4. Y de miedo de él los guardias temblaron y se quedaron como muertos. El

901

Griego ἰδού; véase nota 133.

734

original usa palabras derivadas de la misma raíz para describir tanto la reacción de la tierra
como la de los guardias, de modo que la traducción podría ser: “Repentinamente hubo un
violento estremecimiento de la tierra … los hombres de la guardia se estremecieron …”
Estaban tan sobrecogidos de terror que si alguien hubiera estado presente en aquella escena
difícilmente hubiera adivinado qué temblaba más: ¡la tierra o los miembros de la guardia!
Estos quedaron inconscientes. Por unos momentos permanecieron allí en un estado de
confusión e impotencia absolutas, inmóviles como si hubiesen estado muertos. Por lo que
dice el v. 11, parece que cuando finalmente volvieron “en sí” ya no eran una unidad
organizada, pues no “todos” sino solamente “algunos” vinieron a la ciudad, etc.
¡La piedra, el sello, la guardia! Todo esto era lo que había dado una sensación de
seguridad a los principales sacerdotes y los fariseos. Sin embargo, toda esta demostración de
fuerza ante los ojos del cielo no era más que futilidad. En el jardín de José el Omnipotente se
estaba riendo (Sal. 2:4). El dio su voz y la tierra se derritió. Véase también Sal. 46:6; 48:4–8.
Por medio de la resurrección de Cristo del sepulcro y el fuerte terremoto que
apropiadamente la acompañó, “el Padre de nuestro Señor Jesucristo” [p 1038] no solo se rió
en las caras de los conspiradores que habían demandado esta guardia; también sonrió
benignamente sobre todos sus queridos hijos, pues lo que en realidad estaba diciendo era
esto: “He aceptado el sacrificio de mi Hijo como un rescate completo por los pecados de todos
los que busquen refugio en él”. Véase Ro. 4:25. ¿Y los vigilantes? No por voluntad de ellos y a
pesar de las maquinaciones de aquellos que los habían requerido, vinieron a ser
herramientas en las manos de Dios para la confirmación de su verdad. Véase sobre el v. 11.
La resurrección de Cristo fue la obra del Dios Trino. El Padre le levantó de los muertos
(Ro. 6:4; Gá. 1:1; 1 P. 1:3). También lo hizo el Espíritu (Ro. 8:11; y véase C.N.T. sobre 1 Ti.
3:16). Y el Hijo tomó otra vez la vida que había puesto (Jn. 10:18; cf. 2:19, 21; 11:25). Para el
consuelo de los creyentes, estos tres son y serán siempre uno.
La historia de la guardia se continuará en el v. 11. Por el momento Mateo vuelve a las
mujeres: 5, 6. El ángel, respondiendo, dijo a las mujeres, no temáis vosotras, pues yo sé
que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.
Lc. 24:4 y Jn. 20:12 hablan de “dos” ángeles;
Mateo y Marcos sólo de uno. ¿Por qué esta diferencia? Algunos responden: “Aunque en
realidad había dos ángeles presentes, sólo uno habló”. Pero esto difícilmente servirá, ya que
según Lucas ambos, “dos varones con vestiduras resplandecientes” se dirigieron a las
mujeres. Así también hacen los dos “ángeles” en el relato de Juan. La razón de la diferencia
no nos ha sido revelada. Por supuesto, no existe contradicción, ya que ni Mateo ni Marcos
afirman que había sólo un ángel.
“No temáis vosotras”—muy enfático en el original—dice el ángel. En otras palabras,
Vosotras no seáis como los otros que fueron dispersados en todas direcciones, algunos de los
cuales hasta es posible los hayáis visto”. ¿Por qué no debían temer estas mujeres? ¿Por qué
debían contener su llanto y en lugar de ello regocijarse?902 El ángel responde: “pues yo sé que
buscáis a Jesús, el que fue crucificado”. En otras palabras, “Vosotras no tenéis razón para
temer, puesto que sois leales amigas de Jesús. Sí, vosotras habéis permanecido fieles a él
aun cuando el mundo le despreció y le crucificó. Fue para mostrar esa lealtad que vosotras
vinisteis aquí esta mañana”.
Podríamos haber esperado un mensaje diferente, por ejemplo, un duro reproche, en vista
del hecho que estas mujeres mostraron por medio de su acción que no habían tomado muy

902

Es apenas suficiente decir que en órdenes negativas el presente imperativo quiere decir que una acción que ya estaba en
ejecución debe detenerse. Es verdad que en muchos casos de esta naturaleza está implícita la idea de dejar de hacer lo que uno ya
estaba haciendo. Así es también aquí, sin duda (Lc. 24:5). Pero ciertamente ese no es el sentido completo. “No temáis” no
solamente significa “dejad de hacer lo que estáis haciendo”, sino también “Haced todo lo contrario. Este es un día de alegría, un
día en que hay que regocijarse con gozo indecible y glorioso”.

735

en serio la predicción de Jesús de que [p 1039] resucitaría al tercer día. Un reproche
misericordiosamente disimulado—más bien, una reprensión suave, una advertencia
amorosa—vino al final del mensaje del ángel: “No está aquí, pues ha sido resucitado, tal
como dijo
. “Tal como dijo”. El ángel ni siquiera dijo, “tal como dijo vez tras vez”. Véase p. 17.
Es como si el ángel dijera, “En vista de vuestro maravilloso valor y lealtad, vuestra falta de
suficiente fe es perdonada”. Además, debe tenerse presente que el mensajero celestial no
inventó este mensaje. Le fue dado, como muestra claramente una comparación entre los vv. 5
y 10. De una forma tranquilizadora el ángel añade: Venid, ved el lugar donde yacía. Según
Mr. 16:5, en este momento las mujeres ya estaban dentro del sepulcro. Pero el ángel les
invita a acercarse aun más para que puedan ver todo lo que está a la vista; no sólo el
sepulcro vacío—“no está aquí”—sino además, “los lienzos puestos allí, y el sudario puesto no
con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte” (Jn. 20:7). Ellas deben convencerse
personalmente de que todo está en orden en el sepulcro. Ningún discípulo ha estado aquí
para llevarse el cadáver, tampoco un enemigo ha saqueado el sepulcro. En cualquier de los
casos los lienzos no habrían estado presentes. Las mujeres—al igual que Pedro y Juan esa
misma mañana—debían ver que el Señor, restaurado de muerte a vida, se había quitado los
lienzos y el sudario, se había provisto una vestidura tal como usan los vivos, había puesto
calmada y majestuosamente todo en su lugar en el sepulcro y luego había salido
gloriosamente vivo.

Creer que Jesús se levantó de los muertos es hermoso para la iglesia, pero no es
suficiente. Debe considerarse también qué clase de Salvador fue el que se levantó de los
muertos. ¿Es aún el mismo Redentor amoroso que antes de morir sanó al enfermo, limpió al
leproso, resucitó al muerto, consoló al afligido, perdonó y murió por el pecador que le acepta
con fe viva? Un estudio cuidadoso del relato de la resurrección responde a esta pregunta con
un sí atronador.

Como si quisiera dejar esto aun más claro, el ángel continúa, 7. Por tanto, id pronto y
decid a sus discípulos: Ha sido resucitado de los muertos y he aquí él va delante de
vosotros a Galilea; allí le veréis.
El maravilloso mensaje debe ser comunicado. Debe ser
proclamado por todas partes por aquellos que una vez fueron y pronto nuevamente serían los
Doce. Por lo tanto, ellos mismos debían escuchar las buenas nuevas. Deben saber que la
repetida predicción de Cristo, “voy a resucitar al tercer día” ahora es un hecho. No sólo
aquello sino que para mayor confirmación de su fe se les debe decir que la promesa de Mt.
26:32, “Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea”, también va a
cumplirse. Allí, en la misma región (4:15, 16) donde la muerte y la oscuridad una vez
reinaron supremos, pero donde la Luz del mundo había realizado la mayor parte de su obra,
era donde él se reuniría nuevamente con sus discípulos. ¡Galilea!, aquella región de rechazo,
pero también de la aceptación, región [p 1040] de penas, pero también de alegrías; de
incredulidad, pero también de fe, debe regocijarse otra vez. Véase además sobre 26:32. Ya os
lo he dicho
, añade el ángel, como si dijera, “Ya habéis escuchado las buenas noticias y
sabéis qué hacer. Así que ahora es vuestra responsabilidad”.
Objeción: “Pero la primera aparición de Jesús a sus discípulos no ocurrió en Galilea sino
en Jerusalén. Estos hombres no tuvieron que esperar hasta llegar por fin a Galilea, sino que
en esta misma tarde iban a ver al Salvador resucitado”. Respuesta: esto simplemente muestra
que Dios—o si se quiere, que el Salvador resucitado—hace aun mejor que sus promesas.
Y Pedro, quien se había jactado de su lealtad en un lenguaje tan desmedido y luego había
roto sus promesas en forma tan vergonzosa ¿también debía ser informado? “Sí”, dice “el
joven”, es decir, el ángel, “Id, decid a sus discípulos y a Pedro” (Mr. 16:7).

8. Entonces ellas partieron a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo y
corrieron a dar las nuevas a sus discípulos.
Que el temor y el gozo puedan ir juntos se
entiende de Sal. 2:11. Por otra parte, ¿acaso no era natural que estas mujeres fueran

736

atemorizadas por la aparición de tan brillante ángel y por la recepción de noticias de un
misterio tan grande: Jesús resucitado de los muertos? Además, ¿no era igualmente natural
su regocijo cuando oían que Jesús, de quien ellas fueran fieles amigas, discípulas y subditas,
había vencido la muerte? Nótese también que en esta lucha entre el temor y el gozo, triunfó lo
último, ya que el adjetivo “gran” sólo modifica “gozo”, no “temor”. Estas mujeres no
caminaron. Corrieron a contar las noticias. Lc. 24:9 informa que las mujeres cumplieron su
misión. ¿Cómo fue recibido su relato por parte de los apóstoles? Respuesta: no lo creyeron
(Lc. 24:10, 11). El relato comenzó a divulgarse, pero en general no fue aceptado como
verdadero (Mr. 16:13; Lc. 24:22–25).
Sin embargo, aunque la incredulidad con que eran recibidas las mujeres en todas partes
no era agradable, su presente gozo, que ya era grande, se iba a hacer aún más grande: 9. Y
de pronto Jesús les salió al encuentro y les dijo, buenos días. Ellas se acercaron, se
asieron a los pies y le adoraron.
Para tranqilizarlas Jesús usó un saludo ordinario cuando
las encontró, uno que tal vez puede traducirse mejor “¡Hola!”, “¿Cómo estáis?” o “Buenos
días”. Véase también 26:49; 27:29. Ellas le reconocieron de inmediato y se postraron delante
de él asiéndose a sus pies y adorándole. Era real, aun físicamente (“sus pies”). El era Jesús,
ningún otro, el mismo Jesús que habían conocido por mucho tiempo y a quien habían
prestado servicio valioso.
Ha surgido la pregunta: “Pero, ¿por qué Jesús no apareció primeramente a los once? ¿Por
qué primero a las mujeres?” O retrocediendo un poco: ¿Por qué el ángel apareció a las
mujeres y no a Pedro y Juan?” No tenemos la respuesta. ¿Podría ser que el reconocimiento
especial otorgado a las mujeres fuera una recompensa por su singular ministerio de amor y
lealtad?

[p 1041] Jesús también tiene un mensaje para estas mujeres. Esencialmente es el mismo
mensaje que ya habían recibido de los ángeles (véase 5a, 7b), mostrándoles que en el reino de
lo sin pecado existe armonía perfecta. Si hay alguna diferencia, es que las palabras ahora
dichas son aun más conmovedoras: 10. Entonces Jesús les dijo: “No temáis; id, decid a
mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.
“Mis hermanos”, no: “aquellos
pendencieros habituales, hombres que prometieron permanecer leales a mí no importando lo
que sucediera, pero que llegada la crisis me dejaron y huyeron; aquellos hombres que, con
una sóla excepción, tampoco estuvieron presentes en el Calvario cuando estaba entregando
mi vida por ellos”. Nada de eso. En lugar de eso, “mis hermanos”, aquellos que reconozco
como miembros de mi familia, aquellos que comparten la herencia conmigo, aquellos que
amo. Cf. Mt. 12:49; 25:40; Ro. 8:16, 17, 29; Heb. 2:11, 12. Véase además C.N.T. sobre Ef.
3:14, 15. Por lo demás, Jesús prácticamente repite el mensaje del ángel, diciendo a los
discípulos que vayan a Galilea, y prometiendo que allá le verían.

11 Ahora bien, mientras ellas iban, algunos de los guardias entraron en la ciudad y comunicaron a
los principales sacerdotes todo lo que había sucedido. 12 Y cuando se hubieron reunido con los
ancianos y celebrado consejo, dieron una considerable suma de dinero a los soldados,
13 instruyéndoles: “Decid, ‘sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras estábamos
durmiendo’. 14 Y si esto (el informe) llegara a oídos del gobernador, le persuadiremos y os pondremos a
salvo”. 15 Entonces ellos tomaron el dinero e hicieron como se les había instruido. Y este dicho ha sido
divulgado entre los judíos hasta hoy.

28:11–15 La guardia sobornada

11. Ahora bien, mientras ellas iban, algunos de los guardias entraron en la ciudad y
comunicaron a los principales sacerdotes todo lo que había sucedido.
Dos párrafos sobre
la guardia puesta en la tumba de Cristo (relato que se encuentra sólo en el Evangelio de
Mateo) han sido ya analizados. Ya se ha mostrado como ocurrió que la guardia fue apostada
en el jardín de José y cómo los soldados pertenecientes a ella fueron aterrorizados y
dispersados (en 27:62–66 y en 28:3, 4, respectivamente). Ahora viene el párrafo final,

737

describiendo cómo fue sobornada la guardia. Las mujeres estaban en camino a divulgar la
verdad acerca de la resurrección. Los soldados iban a prestarse para ser usados en acallar la
verdad y sostener la mentira (vv. 12–14).
Nótese: “algunos de los guardias”, aparentemente no todos; por lo menos no todos de una
vez. La guardia había sido dispersada, tal vez en todas direcciones. Hay quienes piensan que
unos pocos de los hombres [p 1042] fueron suficientemente valientes para llevar un informe
a las autoridades; mientras que el resto se quedó en alguna parte fuera preguntándose cómo
les estaría yendo a sus representantes y aguardando con ansias su retorno. Como quiera que
haya sido, algunos verdaderamente presentaron un informe. Que hayan informado a los
principales sacerdotes a cargo del templo y no directamente a Pilato no es extraño; ya que al
decir, “tomad una guardia”, Pilato había puesto temporalmente aquellos hombres bajo la
autoridad y supervisión de los principales sacerdotes.
Por tanto, estos hombres refirieron a los principales sacerdotes lo que había acontecido, es
decir, lo que ellos mismos habían visto y experimentado: el repentino descenso de un
refulgente ángel, el terremoto; tal vez también la remoción de la piedra de la entrada del
sepulcro junto con la ruptura del sello.
El resultado fue que el Sanedrín—señalado aquí por dos de sus tres grupos; véase sobre
2:4 y 16:21—se constituyó precipitadamente en sesión oficial: 12–14. Y cuando se hubieron
reunido con los ancianos y celebrado consejo, dieron una considerable suma de dinero a
los soldados, instruyéndoles, decid, sus discípulos vinieron de noche y le robaron
mientras estábamos durmiendo. Y si esto (el informe) llegara a oídos del gobernador, le
persuadiremos y os pondremos a salvo.
No leemos que el Sanedrín haya rechazado el
informe de los soldados en completa incredulidad. Sin embargo, tampoco es correcto decir
que el Sanedrín lo haya creído. Un hecho es seguro: este cuerpo quería evitar que el pueblo
creyera lo que los soldados recientemente les habían informado. Estaba temeroso de que tal
noticia muy pronto sería vinculada con la idea de una resurrección de la tumba y de que esta
creencia a su vez causaría que el pueblo perdiera confianza en sus líderes, quienes habían
sido los principales responsables en el asesinato de Jesús.
Por esto los del Sanedrín aprueban una resolución que contiene tres puntos, a saber, dar
a los soldados: a. una gran suma de dinero; b. un relato para contar; y c. una garantía de
inmunidad contra un castigo. En cuanto a a. la suma tenía que ser grande, ya que admitir
que ellos, los hombres que estaban de guardia, habían estado durmiendo en lugar de vigilar
no les traería ningún honor. En cuanto a b. el relato “sus discípulos … le robaron” explicaría
por qué estaba vacía la tumba y contrarrestaría (era de esperarse) la creencia en una
resurrección. Y en cuanto a c. lo que había sucedido en el Calvario—véase Mt. 27:23–26; cf.
Jn. 19:12, 13—había reforzado la creencia del Sanedrín de que Pilato podría ser dirigido a
hacer lo que ellos quisieran.903 “Le persuadiremos—o convenceremos—”dijo el consejo.
[p 1043] En cuanto al Sanedrín, pueda parecer extraño que un cuerpo de tales
dignatarios y revestido de tan alta autoridad haya recurrido realmente a algo tan poco
honrado. Pero, ¿qué hay de extraño que hombres que habían cometido asesinato recurriesen
ahora también a la mentira para encubrir lo que habían hecho?
La reacción de los soldados se describe en el v. 15. Entonces ellos tomaron el dinero e
hicieron como se les había instruido.
Desde él punto de vista de la conveniencia o interés
personal (aparente), esto debe haberles parecido la mejor alternativa. Si bien era doloroso
admitir que habían estado durmiendo en su puesto, al aceptar hacer lo que les habían

903

En el v. 14 τοῦτο en forma completamente natural hace referencia al informe que se ordenó a los soldados divulgar (v. 13). Por
lo tanto, la traducción “Y si este (informe) llega a oídos del gobernador”, parece más natural y mejor que “llega a una audiencia
ante el gobernador”, favorecida por Lenski, op. cit., p. 1145.

738

mandado ganaban también la promesa de protección de parte del Sanedrín y una
considerable suma de dinero además.
Mateo termina este relato diciendo: Y este dicho ha sido divulgado entre los judíos
hasta hoy.
Hasta el día en que Mateo escribía estas palabras este falso rumor estaba siendo
circulado entre los judíos. Justino Mártir (114–165 d.C., fechas probables) escribe, “Has
enviado a través del mundo entero hombres seleccionados y ordenados a proclamar que una
herejía impía e ilegal había surgido de un tal Jesús, un galileo impostor … cuyos discípulos le
robaron de noche de la tumba” (Diálogo con Trifón 108). Aun hoy en día a fines del siglo veinte
se sigue divulgando este falso rumor.904
Sin embargo, estamos seguros de que Mateo no está escribiendo esto simplemente por
contarnos una historia interesante acerca de “la guardia que fue colocada, dispersada y
sobornada”. Como se indicó al principio, él estaba escribiendo para los judíos, aun cuando
estaba también buscando la conversión de un círculo mucho más amplio. Lo que él está
haciendo al comunicar este relato verídico hallado en 27:62–66; 28:3, 4, 11–15, es esto:
mostrar lo totalmente absurdo de la negación de la resurrección de Cristo; en otras palabras,
lo bien fundado que está el relato verdadero de lo que sucedió en el jardín de José. Es por
esto que, como dije al principio, este tema puede convertirse en un inspirador mensaje de
resurrección.

Tratemos por un momento entonces de traer a la memoria la situación concreta que debe
haber resultado de la propagación del rumor de que los discípulos habían venido de noche y
robado el cuerpo de Jesús. Tratemos de imaginarnos lo que puede haber sucedido:
Lunes por la mañana, presumiblemente el día después que el rumor del cuerpo robado
había comenzado a divulgarse, supongamos que uno de estos guardias es detenido por un
amigo que le dice: “¿Qué hay de esto que estamos oyendo acerca de que la tumba está vacía y
el cuerpo desaparecido?” [p 1044] Respuesta: “Lo que en realidad sucedió fue que sus
discípulos vinieron de noche y le robaron mientras estábamos durmiendo”. “Ah”, dice el
inquiridor, “así que esa es la explicación”. El continúa su camino satisfecho de que el dilema
haya sido resuelto. Le cuenta esto a todos sus amigos y parientes. Muchos de ellos también
dan crédito al rumor.

Sin embargo, yendo un poco más tarde este mismo guardia encuentra algún otro, quien le
hace la misma pregunta. Este recibe la misma respuesta. Pero este hombre no queda del todo
satisfecho con esta respuesta. El queda mirando con incredulidad al soldado y pregunta:
“¿De veras me quieres decir que todos ustedes, los doce hombres—o cualquiera que haya sido
el número—siguieron dormidos cuando algunos pescadores galileos entraron al jardín y que,
mientras ellos se ocupaban afanosamente de mover y poner de costado el pesado bloque,
entraban a la tumba y sacaban el cadáver, ninguno de ustedes despertó? ¡Deben ser un tanto
pesados de sueño!”

Una tercera persona entra en la conversación con el mismo soldado. Su réplica es: “¿Qué
clase de guardias son ustedes, si permitieron que sucediera todo esto? Siempre he entendido
que los guardias deben mantenerse despiertos”.
Finalmente, ¡la verdadera bomba! Esta persona, después de mirar al guardián con
completa incredulidad por un largo rato, le dice, “¿Quisieras repetir eso? No sé si te entendí
la primera vez”. Muy lentamente el soldado repite: “Sus discípulos vinieron de noche y lo
robaron mientras estábamos durmiendo”. El hombre responde: “¿De veras quieres hacerme
creer eso? Dijiste que tú mismo y todos los otros hombres que debían estar de guardia
estaban durmiendo. Bien, si estabas durmiendo, ¿cómo sabéis lo que sucedió? Si estabais
durmiendo, no visteis a nadie entrar al jardín y llevarse el cuerpo. Simplemente estáis

904

H. J. Schonfield, op. cit., pp. 163–165.

739

conjeturando. Además, daré mi solución al problema de la tumba vacía. Es mucho más
razonable que la vuestra. Es ésta: la tumba está vacía porque Jesús se levantó en forma
triunfante. El es mi Salvador y mi Señor”. Aquí termina esta ilustración.
La dificultad con todas las así llamadas soluciones al problema de la tumba vacía es que
incluso a primera vista ni una de ellas resulta razonable. El cuerpo robado, la teoría del
desmayo (según la cual no estaba realmente muerto), la alucinación colectiva, etc., etc., todas
las teorías resultan absurdas. Por otro lado, la fe de los cristianos, “él vive, él vive, y porque él
vive yo también viviré”, es razonable, verdadera y satisfactoria. No sólo eso, sino que como ya
indiqué, “él es todavía el mismo maravilloso Salvador, lleno de santidad, bondad, y amor
perdonador para todos aquellos que, en su gracia soberana, buscan refugio en él”.

[p 1045] 16 Así que los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había
ordenado ir. 17 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18 Entonces Jesús se acercó y
les habló, diciendo: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra. 19 Por tanto, id y
haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo; 20 enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y recordad, yo estoy con vosotros día
tras día hasta el fin del mundo”.905

28:16–20 La gran declaración; La gran comisión; el gran consuelo.
Cf. Mr. 16:14–18; Lc. 24:36–49; Jn. 20:19–23; Hch. 1:9–11

16. Así que los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había
ordenado ir.
Nótese “once”. Judas había ido a “su propio lugar” (Hch. 1:25). Estos once se
fueron a Galilea, porque allí es donde Jesús había prometido reunírseles (26:32) y donde las
mujeres, por la instrucción del ángel y de Jesús mismo (28:7, 10) les había indicado ir. En las
citas anteriores no se hace mención de ningún monte. No sabemos si esto puede explicarse
suponiendo que pasajes tales como los ya mencionados—26:32; 28:7, 10 y sus paralelos en
Marcos—nos dan un relato abreviado de lo que fue dicho, o si el Salvador resucitado hubo
indicado a este monte en alguna de sus otras apariciones.
Lo que sí sabemos es que fue muy bondadoso de parte del Salvador resucitado
encontrarse con sus discípulos en la proximidad de sus casas y donde vivían muchos amigos
y creyentes. Este monte debe haber sido un lugar de escenario pintoresco y apacible
tranquilidad—lejos del tumulto de las bulliciosas ciudades y aldeas. Sobre todo, un lugar de
dulces recuerdos, tanto para Jesús mismo como para quienes le seguían, les traía a la
memoria lo que había sucedido antes, tal vez en esta misma cima, tal vez en otras (Mt. 5:1;
14:23; 15:29; 17:1; Mr. 3:13; Jn. 6:3, 15). Fue en un monte que Jesús llamó a sus discípulos;
sería también un monte el lugar desde donde se despediría de ellos.
En las Escrituras se registran alrededor de una docena de apariciones del Cristo
resucitado. Véase la lista, junto con sus citas, en el C.N.T. sobre el Evangelio según Juan, p.
753. Es muy posible que la presente aparición a los once coincida con o sea parte de la
aparición a “los quinientos hermanos” (1 Co. 15:6), la mayoría de los cuales estaban todavía
vivos cuando Pablo escribió 1 Corintios.
El evento de la ascensión del Señor a los cielos no ocurrió en Galilea sino desde el monte
de los Olivos, cerca de Jerusalén. Para aquel relato uno debe dirigirse a Lc. 24:50, 51; y a
Hch. 1:4–11. Exceptuando el relato resumido que se encuentra en la discutida porción del
Evangelio de Marcos (véase [p 1046] p.ej., Jn. 6:62; 14:2, 12; 16:5, 10, 16, 17, 28; 17:5;
20:17; Ef. 1:20–23; 4:8–10; Fil. 2:9; 1 Ti. 3:16; Heb. 1:3; 2:9; 4:14; 9:24; Ap. 12:5).
Volviendo a Galilea y al relato de la última aparición de Jesús registrada en el Evangelio
de Mateo y que puede haber ocurrido muy poco antes de la ascensión, leemos: 17. Y cuando
le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.
Cuando repentinamente los discípulos vieron

905

O: la consumación de la dispensación.

740

a Jesús se postraron delante de él en un acto de adoración.906 Sin embargo, algunos
dudaban. Desde el mismo principio los discípulos habían tenido dificultad para creer que
Jesús realmente había resucitado de los muertos (Lc. 24:10, 11). Cuando por fin lo creyeron
diez, uno (Tomás) todavía no se convencía. También él llegó a convencerse (Jn. 20:24–28).
¿Debemos creer que escasamente antes de la ascensión quedaban unos pocos discípulos que
aún no creían el hecho de la resurrección de Cristo? Probablemente que no. Sin duda, todos
estaban ya profundamente convencidos de ese hecho. Sin embargo, otro problema era si este
hombre, que repentinamente les aparece acá en Galilea, era el Cristo resucitado. ¿Era quizá
algún otro?

Se han ofrecido muchas soluciones respecto a este problema. ¿Podría ser que la más
simple sea también la mejor, a saber, que al principio esta misteriosa persona se les aparece
a bastante distancia? Luego él se les acerca y la duda desaparece, aunque esto no se dice en
tantas palabras. Lo que leemos es: 18. Entonces Jesús se acercó y les habló, diciendo.…
Jesús avanza para que ellos puedan verle y escucharle mejor. Entonces viene la gran
declaración, la gran comisión, y el gran consuelo.

La gran declaración

Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra. Cf. Dn. 7:14; Mt. 16:28;
24:30; 26:64. Jesús aquí reclama para sí todo el poder y el derecho para ejercerlo. Cuando
dice, “me ha sido dada”, naturalmente interpretamos esto como la alusión a un don que él
recibió como Mediador resucitado. Uno podría añadir: “como una recompensa por la
realización de su obra mediadora, la expiación afectuada”. Pero ¿no hizo él una declaración
un tanto parecida mucho antes de su muerte y resurrección? Véase 11:27. No sólo esto,
¿acaso no ejerció también durante los días de su humillación poder sobre todas las
enfermedades, incluyendo la lepra, sobre el hambre, demonios, vientos y olas, corazones
humanos y aun la muerte? ¿Acaso no demostró esto en muchas ocasiones? Cierto, pero
existe una importante diferencia. Antes de su triunfo sobre la muerte el uso de ese don
estaba siempre restringido de algún modo. Por ejemplo, debió decir al [p 1047] leproso que
no diera a conocer que había sido curado (8:4). Los hombres ciegos a quienes fueron abiertos
los ojos reciben una orden parecida (9:30). El se abstiene de pedir al Padre que envíe legiones
de ángeles a rescatarle (26:53). Claro que él mismo no desea esta ayuda, pero la
autorrestricción también es restricción. Sí, levanta de la muerte a la hija de Jairo, al hijo de
la viuda de Naín, y a Lázaro. En el momento de su muerte algunos santos resucitan. Pero
aunque todo esto fue ciertamente asombroso, no es lo mismo que ejercer realmente un poder
ilimitado sobre cielo y tierra, haciéndolo proclamar por todas partes sin ninguna restricción, y
luego al fin del siglo levantar a todos los muertos y juzgar a todos los hombres. Es la
investidura del Cristo resucitado con esta soberanía sin restricciones y universal lo que Jesús
ahora reclama para sí y que especialmente dentro de unos pocos días, después de su
ascensión al cielo, comienza a ejercer. Ese es el galardón por su obra (Ef. 1:19–23; Fil. 2:9,
10; Ap. 5; etc.).

¿Por qué hace Jesús esta declaración? Respuesta: para que cuando ahora comisiona a sus
discípulos para proclamar el evangelio a través del mundo, ellos sepan que cada momento,
cada día, pueden contar con él. ¿Acaso no es ésta la clara enseñanza de pasajes tan preciosos
como Jn. 16:33; Hch. 26:16–18; Fil. 4:13; y Ap. 1:9–20? No sólo esto, sino que todos estos
discípulos y aquellos que más tarde les sigan deben exigir que cada uno, en todas las esferas
de la vida
, reconozca con regocijo a Jesús como “Señor de señores y Rey de reyes” (Ap.
17:14). “La gran declaración” es por tanto una adecuada introducción a:

906

El verbo es προσεκύνηασν, tere. pers. pl. aor. indic. de προσεκύνηέω. En el Evangelio según Mateo este verbo aparece
repetidas veces (2:2, 8, 11; 4:9, 10; 8:2; 9:18; 14:33; 15:25; 18:26; 20:20; 28:9, 17). Indica el hecho de echarse de rodillas en
adoración o en cúltica adoración. Véase especialmente sobre 2:11; 8:2 y 14:33.

741

La gran comisión

19, 20a. Por tanto, id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándoles en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os
he mandado.
Podríamos decir que este pasaje es de un significado tan fundamental que debe
decirse algo acerca de cada palabra o combinación de palabras.

“Id”

Esto se pone en un contraste bastante fuerte con el “no vayáis” de 10:5. Cf. 15:24. Es
evidente que el particularismo del período anterior a su resurrección ha dado ahora lugar
definitivamente al universalismo. No es que Jesús haya cambiado de opinión. Es muy claro a
partir de la historia de los magos no judíos (2:1–12) que vinieron a adorar al Rey recién
nacido y de otros pasajes tales como 8:11, 12; 15:28; 21:43; 22:8–10, que la evangelización
del mundo estuvo desde el principio mismo incluida en el propósito de Dios. Véase también
Jn. 3:16; 10:16. Como se ha señalado, tampoco Mateo tenía en mente algo menos que esto.
Pero como fue dicho en conexión con 10:5, “Estaba en el plan de Dios que el evangelismo se
[p 1048] propagara entre las naciones desde Jerusalén”. Cf. Hch. 1:8. Por lo tanto, el orden
divinamente instituido fue, “al judío primeramente, y también al griego” (Ro. 1:16). El
momento de hacer preparativos en serio para la propagación del evangelio a través del mundo
había llegado ahora.

“Id” también implica que los discípulos—y esto vale para los hijos de Dios en general—no
deben concentrar toda su atención en “venir” a la iglesia. Deben también “ir” para llevar las
preciosas noticias a otros. Por supuesto, no pueden “ir” a menos que antes hayan “venido” y
a menos que se mantengan tanto viniendo como yendo. Ellos no pueden dar a menos que
estén dispuestos a recibir.

“Por tanto”

Esto ya ha sido explicado en conexión con “la gran declaración”. En pocas palabras esto
significa: Id, a. porque vuestro Señor así lo ha ordenado; b. porque él ha prometido impartir
la fuerza necesaria; y c. porque él es digno del homenaje, y la fe y la obediencia de todo
hombre.

“Haced discípulos

El original dice literalmente, “Por tanto, habiendo ido, haced discípulos …” En estos casos
tanto el participio como el verbo que le sigue puede ser—en el caso presente debe ser—
interpretado con fuerza de imperativo. “Haced discípulos” es en sí mismo un imperativo. Es
un mandato enérgico, una orden.
Pero, ¿qué se quiere decir precisamente con “haced discípulos”? No es exactamente lo
mismo que “haced convertidos”, aunque por supuesto lo segundo queda implícito. Véase
sobre 3:2; 4:17. El término “haced discípulos” pone algo más de énfasis en el hecho de que
tanto la mente como el corazón y la voluntad deben ser ganadas para Dios. Un discípulo es
un alumno, un aprendiz. Véase sobre 13:52. También véase sobre 11:29 para las palabras
relacionadas.

Por tanto, los apóstoles deben proclamar la verdad y la voluntad de Dios al mundo. Es
necesario que los pecadores sepan acerca de su propia condición perdida, de Dios, de su plan
de redención, de su amor, de su ley, etc. Sin embargo, esto no es suficiente. El verdadero
discipulado implica mucho más. Un entendimiento puramente mental hasta ahora no ha
hecho ningún discípulo. Es parte del cuadro, de hecho una parte importante, pero sólo una
parte. La verdad aprendida debe ser practicada. Debe ser apropiada por el corazón, la mente
y la voluntad, para que uno permanezca o continúe en la verdad. Sólo entonces uno es
verdaderamente “discípulo” de Cristo (Jn. 8:31).

742

No debería otorgarse inmediatamente a cada persona que se presenta como candidato a
miembro de una iglesia todos los derechos y privilegios [p 1049] que pertenecen a los
miembros. Hay expositores que ponen todo el énfasis en que “la boda estaba llena de
invitados” (Mt. 22:10). Ellos olvidan los vv. 11–24.

“De todas las naciones”

Véase bajo el encabezamiento “Id”.
Bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo
El verbo principal es “haced discípulos”. Subordinado a éste será: a. bautizándoles, y b.
enseñándoles. En este tipo de construcción gramatical sería completamente equivocado decir
que, porque la palabra bautizándoles precede a la palabra enseñándoles, la gente debe ser
bautizada antes de ser instruida. Es muy natural que bautizar sea mencionado primero, pues
aunque una persona es bautizada una vez (ordinariamente), continúa siendo instruida a
través de toda su vida.

Los conceptos “bautizar” y “enseñar” son simplemente dos actividades, coordinadas la una
con la otra, pero ambas subordinadas a “hacer discípulos”. En otras palabras, por medio de
ser bautizada e instruida una persona llega a ser un discípulo, en el entendido, por supuesto,
de que este individuo está preparado para el bautismo y dispuesto a apropiarse de la
enseñanza. El contexto deja muy claro que Jesús aquí está hablando de aquellos que son lo
suficientemente maduros para ser considerados objetos de la predicación. Aquí él no está
hablando de niños pequeños.
A fin de estar preparado para el bautismo se requiere el arrepentimiento (Hch. 2:38, 41).
Se requiere “recibir la palabra” (Hch. 2:41). Esto también muestra que el bautismo debe ser
precedido por cierta cantidad de enseñanza.
El bautismo debe ser en el nombre—nótese el singular: un nombre; por lo tanto un Dios—
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Un nombre, como se indicó anteriormente—véase
sobre 6:9; 7:22; 10:22, 41, 42; 12:21—representa a aquel que lo lleva. Por lo tanto, “siendo
bautizados en el nombre de”, significa “siendo llevados a una relación vital con” aquel Uno,
considerado tal como él se ha revelado.
¿Debemos bautizar “en” o “al” nombre? El debate sobre esto se ha sostenido ya por
muchos años.907 Ahora, puesto que aun en español—al menos en el trato familiar—“en” tiene
frecuentemente el sentido de “dentro de”—“niños, [p 1050] entren en la casa”—una decisión
sobre este punto no puede ser tan importante como algunos tratan de hacerlo aparecer. Sin
embargo, considerando todo, creo que “en” con el sentido de “dentro de” puede justificarse. Ni
“en” en el sentido de “dentro de” ni “en” en el sentido de “a” son necesariamente equivocados.
Para ambos sentidos podrían presentarse buenos argumentos. Pero cuando decimos “te
bautizo en el nombre de”, podría entenderse que se dice “te bautizo por mandato de” o “por la
autoridad de”, lo que desde luego no es lo que se ha querido decir. 1 Co. 1:13 parece decir,
“¿fuisteis bautizados en—con el sentido de “dentro de”—el nombre de Pablo?” Asimismo al v.
15, “… bautizados en—con el sentido de ‘a’—mi nombre”. Cf. 1 Co. 10:2. Y asimismo aquí en
Mt. 28:19, “en—con el sentido de ‘a’—el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”
tiene buen sentido.908

907

Lenski (op. cit., p. 1155) en forma muy definitiva rechaza “en” en el sentido de “dentro de” como si fuera un asunto
absolutamente establecido que debiera ser rechazado. Sin embargo, el asunto no es tan sencillo. Es un hecho bien conocido que en
el griego koiné εἰυ con frecuencia quiere decir ἐν, pero eso no demuestra que siempre deba tener ese sentido. Si lo tiene o no
depende de asuntos tales como si en un caso particular el pasaje está basado en una usanza semita, el tipo de verbos y sustantivos
que se usan, etc.

908

Acerca de este argumento, véase H. Bietenhard ariculo ὅνομα y palabras relacionadas, Th. D.N.T., Vol. V, P. 275; L. Berkhof,
Teologia sistemática, pp. 746–747. ¿No hace esto que sea más fácil de explicar Hch. 19:3?

743

No es que el rito del bautismo en sí lleve a una persona a una unión vital con el Padre,
Hijo y Espíritu Santo. Mas, según las Escrituras lo siguiente es cierto: a. la circuncisión era
un signo y un sello de la justicia de Cristo aceptada por la fe (véase Ro. 4:11 en su contexto);
b. el bautismo tomó el lugar de la circuncisión (Col. 2:11, 12); c. por lo tanto, también el
bautismo debe considerarse como un signo y un sello de la justicia de Cristo aceptada por la
fe.

De acuerdo con esto, cuando por medio de la predicación de la Palabra una persona ha
sido llevada de las tinieblas a la luz y confiesa que el Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo
es el único objeto de su fe, esperanza y amor, el sacramento del bautismo es el signo y el sello
de que Dios el Padre le adopta como su hijo y heredero; que Dios el Hijo lava sus pecados por
su preciosa sangre; y que Dios el Espíritu Santo mora en él y le santificará; en realidad
impartiéndole aquello que objetivamente ya tiene en Cristo y por fin llevándole de la iglesia
militante a la iglesia triunfante.

“Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”

Como ya se ha comentado, este enseñar precede y también sigue al bautismo. La iglesia
primitiva insistía en que la persona a quien había sido proclamado el evangelio, antes de ser
admitida como miembro debía dar muestra de arrepentimiento genuino y de poseer los
conocimientos básicos del cristianismo. “La iglesia primitiva estaba tan interesada en la
edificación como en el evangelismo, tanto en la santificación como en la conversión, [p 1051]
tanto en el gobierno de la iglesia como en la predicación”.909
Que tal enseñanza no debe cesar cuando una persona ha sido bautizada se entiende de
las palabras, “enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. Considérese:
a. Todos los maravillosos discursos de Cristo
b. Todas sus parábolas; tanto en a. como en b. se incluye gran cantidad de “mandatos”
tanto implícitos como explícitos. Entre ellos están:
c. “Dichos” preciosos, tales como: “Permaneced en mí … que os améis unos a otros …
daréis testimonio también” (Jn. 15:4, 12, 27); “Amad a vuestros enemigos” (Mt. 5:44);
“Niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame” (Lc. 9:23).
d. Predicciones específicas y promesas o garantías: “El que a mí viene, nunca tendrá
hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Jn. 6:35); “En el mundo tendréis aflicción,
mas confiad, yo he vencido al mundo”. Repárese en las instrucciones implícitas para la
conducta cristiana.

e. Añádase esto: las lecciones sobre la cruz, la hipocresía, la proclamación del evangelio;
sobre la oración, la humildad, la confianza, el espíritu perdonador, la ley.
f. ¿Y no está el relato de la permanencia de Cristo sobre la tierra—las narraciones de sus
curaciones, viajes, sufrimientos, muerte, resurrección, etc.—lleno de “mandatos” implícitos?
“Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”, ¡qué orden! Para los once en primer
lugar y para todos los maestros ordenados; pero en un sentido ciertamente también para toda
la iglesia, todos sus miembros. Cada miembro verdadero es un testigo.
En vista del hecho que después de la ascensión de Cristo había cierta indecisión de parte
de los líderes cristianos para proclamar el evangelio a los gentiles (véase Hch. 10:14, 28;

909

G. W. Knight, III, The Faithful Sayings in the Pastoral Epistles, tesis doctoral presentada a la Universidad Libre de Amsterdam,
Kampen, 1968, p. 148. Justino Mártir (más o menos 114–165 d. C.) dice: “A cuantos son persuadidos y creen que lo que nosotros
enseñamos y decimos es verdad, y empiezan a capacitarse para vivir en conformidad con ello, se les enseña a orar y a rogar a Dios
con ayuno, por la remisión de sus pecados … Luego son llevados por nosotros donde haya agua …” Primera Apología, cap. 61.
Otro escrito muy antiguo se llama Didaché o Doctrina de los doce apóstoles; se considera generalmente que en parte es una
declaración de las reglas de la conducta cristiana que debía ser enseñada a los que tenían el propósito de ser bautizados.

744

11:1–3, 19; Gá. 2:11–13), hay quienes creen que la Gran Comisión es en sí un mito o que la
iglesia se olvidó pronto de ella. Ellos sostienen que en el libro de Hechos, en las epístolas y en
el libro de Apocalipsis no se perciben rastros de su influencia.
¿Cómo se puede estar tan seguro de esto? ¿Acaso no atestiguan los siguientes pasajes a la
posible influencia, entre otros factores, de la Gran Comisión? Véanse Hch. 2:38, 39; 3:25;
4:12; 10:45; 11:1, 18; 13:46–49; [p 1052] 14:27; 15:7–11, 12, 13–19; 17:30; 19:10; 21:19,
20a; 22:15, 21; 26:15–20; 28:28; Ro. 1:5, 14–16; 11:32; Gá. 2:9; 3:28; Ef. 3:8, 9; Col. 3:11; 1
Ti. 1:15; Ap. 7:9, 10; 22:17.

El gran consuelo

20b. Y recordad,910 yo estoy con vosotros día tras día hasta el fin del mundo. Cf. Jn.
14:23; Hch. 18:10. No hay nada de ambigüedad en cuanto a esta garantía. Ha sido llamada
una promesa; es una realidad. Nótese la enfática introducción: “Recordad” o “tomad nota”,
“poned mucha atención”, “mirad”. El pronombre “Yo”, incluido en el verbo, es escrito también
como una palabra separada y es muy enfática, como si dijera, “Nada menos que yo mismo
estoy con vosotros”. “Con vosotros” no solamente “para siempre”, sino “todos los días”, o “día
tras día”. Pensad en estos días siguiéndose uno por uno, cada uno con sus aflicciones,
problemas y dificultades, pero cada uno acompañado por la promesa, “Mi gracia te es
suficiente. No te dejaré ni te abandonaré”. Esto continúa hasta el final o la consumación de la
era. Y aun entonces no habrá nada que temer; véase Mt. 25:31–40.
Al principio, en el medio, y al final del Evangelio de Mateo, Jesucristo garantiza a la iglesia
su presencia constante y consoladora:

1:23
“He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que
traducido es: ‘Dios con nosotros’ ”.

18:20
“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
28:20
“Y recordad, yo estoy con vosotros día tras día hasta el fin del mundo”.

[p 1053]

Reflexión sobre el Capítulo 28
A causa de la gloriosa resurrección de Cristo:

R einaremos con gloriosa inmortalidad (Jn. 14:19).
E staremos libres de condenación (Ro. 8:1).
S omos justificados (Ro. 4:25).
U samos su poder (Fil. 4:12, 13).
R ecibimos entrada en la familia celestial (Ef. 3:14, 15; Heb. 12:22, 23).
R esucitaremos para recibir una morada celestial (2 Co. 5:1).
E speramos compasión para nuestras debilidades (Heb. 4:15).
C onfiamos en su triunfo cuando somos afligidos (Jn. 16:33).
C reemos que nuestras ofrendas son aceptadas (Fil. 4:18, 19).

910

O: notad bien. En cuanto al sentido y traducción de ἰδού véase nota 133.

745

I nvocamos un sacerdote que intercede continuamente por nosotros (Heb. 7:25).
O btenemos respuesta a nuestros ruegos (Ef. 3:20).
N uestros nombres están escritos en los cielos (Lc. 10:20).

746

[p 1055]

BIBLIOGRAFIA SELECTA

Sobre el problema sinóptico y temas relacionados

Hawkins, J. C., Horae Synopticae, Oxford, 1909.
Stonehouse, N. B., Origins of the Synoptic Gospels, Grand Rapids, 1963.
Sobre el carácter fidedigno de los Evangelios
Bruce, F. F. ¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento?
, Miami: Editorial Caribe,

1957.

Hughes, F. E., editor, Creative Minds in Contemporary Theology, Grand Rapids, 1966.
Kistemaker, S. editor y coautor, Interpreting God’s Word Today, Grand Rapids, 1970.
Ridderbos, H. N., The Authority of the New Testament Scriptures, Filadelfia, 1966.
Stonehouse, N. B. y Woolley, P editores y coautores, The Infallible Word, Grand Rapids, 1958.
Sobre el texto del Nuevo Testamento
Metzger, B. M., The Text of the New Testament, Oxford, 1964.
Introducción al Nuevo Testamento
Barker, G. W., Lane, W. L., y Michaels, J. R., The New Testament Speaks, Nueva York, 1969.
Berkhof, L., New Testament Introduction, Grand Rapids, 1915.
Metzger, B. M., The New Testament, its background, growth and content, Nueva York y Nashville,

1965.

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Bruce, A. B., The Synoptic Gospels (The Expositor’s Greek Testament, Vol. I), Grand Rapids, sin

fecha.

Calvin, J., Commentary on a Harmony of the Evangelists, Matthew, Mark and Luke (tr. del
Commentarius in Harmoniam Evangelicam,. Opera Omnia), Grand Rapids, 1949ss.
Lenski, R. C. H., Intepretation of Matthew’s Gospel, Columbus, 1932.
Stonehouse, N. B., The Witness of Matthew and Mark to Christ, Filadelfia, 1944. Aunque no es
estrictamente un comentario, el libro arroja luz sobre muchos pasajes del Evangelio de
Mateo.

Tasker, R. V. G., The Gospel According to St. Matthew (Tyndale New Testament Commentaries),
Grand Rapids, 1961.

[p 1056]

Para aquellos que pueden leer el holandés:
Grosheide, F. W., Het Heilig Evangelie Volgens Mattheus (Commentaar op het Nieuwe Testament),
Kampen, 1954.
Ridderbos, H. N., Het Evangelie naar Mattheüs (Korte Verklaring der Heilige Schrift), Kampen,

1952.

Sobre el Sermón del Monte
Lloyd-Jones, D. M., El Sermón del Monte, I, Cochabamba, Bolivia, 1971.
Sobre las parábolas

747

Taylor, W. M., The Parables of our Savior, Expounded and Illustrated, Nueva York, 1886.
Sobre citas del Antiguo Testamento
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———, La Biblia y la vida venidera, Grand Rapids, 1970.
Lenski, R. C. H., La interpretación del Evangelio según San Lucas, México, 1963.
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