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PALABRAS PARA COMPARTIR -Rafael González Tirado

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Palabras para compartir

Rafael González Tirado

Volumen I

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Palabras para compartir

Rafael González Tirado

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Palabras para compartir

PALABRAS PARA COMPARTIR

Rafael González Tirado

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Palabras para compartir
Volumen I Rafael González Tirado.
© 2008 Esta publicación, sin valor comercial, es un producto cultural de la conjunción de esfuerzos del Banco de Reservas de la República Dominicana y la Academia Dominicana de la Lengua Edición al cuidado del autor y de Gerardo Pochet.

ISBN: 978-9945-416-12-1
© Registro Nacional No. 00022100, libro 6, 11 de Nov. 2005 COMITÉ DE EVALUACION Y SELECCIÓN Orión Mejía Director General de Comunicaciones y Mercadeo, Coordinador Luis O. Brea Franco Gerente de Cultura, Miembro Juan Salvador Tavárez Delgado Gerente de Relaciones Públicas, Miembro Oscar Peña Jiménez Encargado de Prensa, Miembro Joaquín E. Ortiz Pimentel Encargado Administrativo, Miembro Coordinador de la edición por Banreservas Luis O.Brea Franco
Impresión: Somos Artes Gráficas Tel.: 809 - 596-8239 Fax: 809 - 699-2993 Correo electrónico: somos.grafica@gmail.com Santo Domingo, República Dominicana

Diseño portada: Pablo Soler Morales
Derechos reservados. Impreso en República Dominicana Printed in Dominican Republic

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Palabras para compartir

RAFAEL GONZÁLEZ TIRADO

PALABRAS PARA COMPARTIR

Volumen I

La Lengua es la Patria ACADEMIA DOMINICANA DE LA LENGUA

Rafael González Tirado

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DEDICATORIAS

A la memoria de Leopoldo Wigdorsky, eminente lingüista sudamericano, profesor emérito de la Universidad de Chile, por su entusiasmo y su apoyo a estas páginas.

A Jottin Cury, responsable, al lado de don Leopoldo, de que mis inquietudes de cada semana en las páginas de la prensa diaria se convertieran en Palabras para compartir.

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Palabras para compartir

AGRADECIMIENTOS
A los magníficos colaboradores en la transcripción de manuscritos y revisión de originales: María Herrera Báez, Ruth Francisca García, Gerardo Pochet de León, Noris Pichardo de Beato, Emilio Ortiz Mejía, Catalina Olea Salazar, Abril Peña, Rosanna de la Paz y José Iván Frías, compañeros en la Cámara de Diputados.

Rafael González Tirado

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RESERV BANCO DE RESERVAS DE LA REPÚBLICA DOMINICANA Daniel Toribio Administrador General Miembro ex oficio CONSEJO DE DIRECTORES Lic. Vicente Bengoa Secretario de Estado de Hacienda Presidente ex oficio

Lic. Mícalo E. Bermúdez Miembro Vicepresidente Dra. Andreína Amaro Reyes Secretaria General VOCALES Ing. Manuel Guerrero V. Lic. Domingo Dauhajre Selman Lic. Luis A. Encarnación Pimentel Dr. Joaquín Ramírez de la Rocha Lic. Luis Mejía Oviedo Lic. Mariano Mella SUPLENTES DE VOCALES Lic. Danilo Díaz Lic. Héctor Herrera Cabral Ing. Ramón de la Rocha Pimentel Ing. Manuel Enrique Tavárez Mirabal Lic. Estela Fernández de Abreu Lic. Ada N. Wiscovitch C.

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Palabras para compartir

PRESENTACIÓN
Para el Banco de Reservas de la República Dominicana constituye un gran privilegio patrocinar la publicación del libro Palabras para compartir del destacado jurista, lexicólogo y académico de la Lengua, Dr. Rafael González Tirado. El Dr. González Tirado ha sido durante toda su vida un maestro y un cultor del buen decir. Lo fue en la práctica, en sus clases en el Liceo Juan Pablo Duarte; y en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde enseñó el manejo diestro de la lengua castellana a los grupos de estudiantes que ingresaban en la universidad desde la escuela secundaria, con muchas deficiencias en la correcta manera de expresarse, tanto escrita como oralmente. Sin embargo, su mayor tarea como forjador de generaciones de dominicanos la ha realizado a través del periodismo. En efecto, en su Alma Mater también enseñó durante años la Lengua Española para periodistas, al igual que otras materias de esa carrera. Por aquellos años fundó el periódico Universitario, para que sirviera como órgano de entrenamiento de los periodistas en cierne. Por esta dedicada labor de años, al fundarse el diario El Siglo, se dedica a escribir una columna que titula Periodismo y comunicación, apoyado por todo su cuerpo directivo, quienes en su mayoría habían sido sus estudiantes de esa carrera, en la UASD. Precisamente, los trabajos que aparecen en esta edición fueron publicados en el contexto de su colaboración con el diario El Siglo, y demuestran un dominio magistral del estilo, conocimiento pleno de los temas tratados y gracia inigualable en la exposición. En el libro que presentamos se analizan temas ortográficos y ortológicos, difíciles de manejar por la ambigüedad misma del idioma, y otros que se prestan a confusión debido a una arraigada tradición popular que despista del sendero correcto, aún a los hablantes con cierta formación lingüística.

Rafael González Tirado

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Los temas que articula el profesor González Tirado tienen la virtud de la claridad del razonamiento y el anclaje de la norma queda en la memoria del lector de manera firme, gracias a los múltiples ejemplos de uso del lenguaje en la vida cotidiana. Entre sus obras podemos citar: Confrontación del Inglés y el Español en Puerto Rico, 1965; El complejo de inferioridad lingüístico, 1983; Técnicas de redacción de leyes, 1983; Lenguaje y nacionalismo, 1987; Las mayúsculas dominicanas y el modelo ortográfico de García Márquez, 1999; La problemática del lenguaje sexista en la República Dominicana, 1999; Balaganarias, 2003; Origen de la palabra Chopa en el habla de los dominicanos, 2003; y Carta de siempre (poemas), 2005. El Dr. González Tirado ejerce en el Congreso Nacional, desde hace más de cinco lustros, el cargo de Director de la Oficina Técnica de Revisión Legislativa, que se ocupa de la corrección y coherencia de las leyes y resoluciones aprobadas por el Congreso. En la actualidad escribe para el periódico Hoy temas acerca del idioma, crítica literaria y otros asuntos de interés cultural. Ha escrito para los vespertinos El Nacional y La Noticia, así como para los matutinos El Siglo y Listín Diario. Es miembro de número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana y de la Academia Dominicana de la Lengua. Banreservas se siente orgulloso de difundir una obra como la del Dr. Rafael González Tirado, que contribuye a preservar lo que el sabio español Miguel de Unamuno definió como la sangre del espíritu, la lengua.

Daniel Toribio Administrador General

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Palabras para compartir

Semblanza intelectual
Me asombra el tono ameno que Rafael González Tirado sabe darles a estos temas del idioma, siempre tan interesantes, que, por lo general, el resto tratamos en forma que aburre a todos. Me he acostumbrado a su estilo elegante y ameno, permanentemente presente en su columna del diario El Siglo, de la capital dominicana. Me recuerda el diccionario de Sinónimos Castellanos, de Roque Barcia, desafortunadamente breve, necesitado de ampliar y actualizar. Pienso que el lector dominicano tiene la fortuna de contar con un columnista de peso. Chile carece de un intelectual que sensibilice a los lectores de periódicos por el buen castellano. De vez en cuando aparecen artículos ¨pesados¨, lentos de leer hasta para los iniciados, y con mayor frecuencia se publican cosas puntuales, también de poco interés. Nunca falta el programa del tipo ¨Ud. no lo diga¨, que hace más mal que bien, cuando el ¨conductor¨ está poco informado. Hay mucho que hacer en lo que denomino higiene verbal, labor que pueden liderar únicamente quienes han recibido una formación rigurosa y superior en el estudio de las lenguas y el lenguaje. Me admiro al leer los trabajos de González Tirado, por su capacidad para crear con el lenguaje y en el manejo de escritos expositivos o dialécticos. Son pocas las personas que, como él, domina ambos registros.

Rafael González Tirado

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Cuando se decida a publicar todos estos temas –convertidos en un ameno texto de lingüística aplicada– en forma de libro, será un importante contraejemplo a la aseveración de que los lingüistas estamos reñidos con el estilo.

Leopoldo Wigdorsky † Profesor Emérito de la Universidad de Santiago de Chile.

Dres. Leopoldo Wigdorsky y Elia Díaz de Wigdorsky lingüistas chilenos.

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NOTAS
Los trabajos contenidos en este volumen son una selección de los artículos publicados en el matutino El Siglo entre el 28 de enero de 1993 y el 25 de octubre del 2001, poco antes del cierre de la publicación (31 de octubre del 2001). Se publicaron bajo la columna “Lenguaje y comunicación”, que serví sin día fijo hasta agosto de 1995. A partir del mes siguiente, la columna se publicó cada jueves, con la excepción de una fecha en que estuve en Madrid representando a la Academia Dominicana de la Lengua. Dejé varias entregas para esa columna y para el espacio “En defensa del lector”, pero hizo falta una colaboración. El periódico cerró con su edición del 31 de octubre del 2001, y varios artículos aún aguardan para ser difundidos. Recibí un trato sin igual y una confianza distinguida de parte de los directores, jefes de redacción, responsables de páginas en ese periódico y de todo el personal. Yo mismo solicité publicar en El Siglo por su calidad como diario y por el hecho de que, para el inicio de mis colaboraciones, lo dirigía uno de mis alumnos de la Escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD): Bienvenido Álvarez Vega, persona de mi confianza y distinción. La unidad académica se conoce hoy como departamento de Comunicación Social.

Rafael González Tirado

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Por honrosa coincidencia, todos los demás directores fueron alumnos míos, Federico Henríquez Gratereaux, en el liceo de educación secundaria Juan Pablo Duarte, y el resto en el mencionado departamento de Comunicación Social: Bienvenido Álvarez Vega, Alejandro Paniagua, Juan Manuel García, Pedro Caba y Osvaldo Santana (director ejecutivo). Creo firme y sinceramente que, al abrirme las puertas y mantenerlas a mi disposición hasta el final, me ofrecieron una oportunidad inestimable.

Muchas gracias, de todo corazón.

El autor

Junio del 2008 Santo Domingo, Rep. Dom.

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LA LABOR LINGÜÍSTICA DE RAFAEL GONZÁLEZ TIRADO
Manuel Matos Moquete “Apuntes para la historia de los estudios lingüísticos en la República Dominicana” es un sugerente trabajo en el que Rafael González Tirado sitúa, a partir de la obra Más datos sobre el español de la República Dominicana, de Arturo Jiménez Sabater (1975), el inicio de los trabajos de investigación de “auténtico valor lingüístico”. No ignora González Tirado que antes de ese hito en la lingüística dominicana hubo valiosos autores, entre los que se destacan Pedro Henríquez Ureña, Patín Maceo, Max Uribe, Pedro Troncoso Sánchez, entre otros, que contribuyeron a la formación de la ciencia lingüística en el país. Pedro Henríquez Ureña es el antecedente más noble y riguroso de la ciencia lingüística en nuestro medio, en la que aún la filosofía, en el sentido más amplio del término, estaba preñada de acarreos lingüísticos, producto de las informaciones bibliográficas que poseía ese autor, en particular del Curso de Lingüística General, de Ferdinand de Saussure. En esta ocasión, siguiendo la tónica de González Tirado en el artículo de marras, me propongo compendiar los aportes de este destacado estudioso de la lengua, durante su prolongada y fecunda labor en el campo de la lingüística. Sin embargo, quisiera confesar que el placer que disfruto al referirme a tan conspicuo académico, de inmediato se llena de perturbación ante la dificultad y la complejidad de la indagación.

Rafael González Tirado

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La lingüística no es hoy solamente lo que era para Pedro Henríquez Ureña o para Arturo Jiménez Sabater. Este último enmarcó sus trabajos en el “núcleo duro” de la lingüística estructuralista, aunque justo es reconocerlo, sus trabajos, a partir del enfoque sociolingüístico, se orientan hacia esferas de estudios translingüísticos, que se ubican en la periferia de la tradición estructuralista. Así mismo, la labor lingüística de González Tirado tira en ambos sentidos. Hacia “núcleo duro” y hacia la periferia de la lingüística estructuralista. Esa labor se inscribe en el campo general de los estudios del lenguaje, más bien que en el estrecho campo de la lingüística en su versión más ortodoxa. La labor lingüística de González Tirado se presenta ante la sociedad, arrojando facetas diversas y sorprendentes. El perfil del usuario consciente de la lengua -puntilloso incluso, pero sin el fetichismo de la ultracorrección- constituye la motivación ejemplar, a la manera socrática, a la manera de los antiguos sabios, que lo conducen al ancho campo de los estudios lingüísticos. En la labor lingüística de Rafael González Tirado se destaca, en primer lugar, la edificante función del educador lingüístico. En las aulas, en la prensa, en los cónclaves nacionales e internacionales, en su vida y sus actividades cotidianas, el magisterio ejercido por este autor en procura de una enseñanza y de un aprendizaje de los medios que proporciona el dominio de la lengua para el uso eficaz y adecuado, ha convocado a generaciones de discípulos. La divulgación lingüística -la promoción de la cultura de la lenguaha tenido en González Tirado a su mejor exponente en las últimas décadas en República Dominicana. El prolongado ejercicio de articulista en diver-

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sos periódicos, llevando el dato, la información, precisando la regla gramatical, aportando la corrección necesaria y esperada, incorporando la novedad en materia de uso, en los aspectos léxicos, gramaticales u ortográficos, es un valioso aporte registrado en beneficio de los periodistas y del público en general. Esa labor se recoge en sus innúmeras charlas y conferencias, llenas de amenidad, inferencias y reflexión, sobre temas variados y para un público diverso, siempre en relación con la lengua: el lenguaje y el género, el uso de la lengua en los medios de comunicación, el lenguaje de los políticos han sido grandes temas de divulgación. Debo destacar entre las actividades de divulgación lingüística de González Tirado la tesonera y productiva labor al frente de la Filial Dominicana de la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina (ALFAL). Organizar eventos científicos, mantener viva durante años la estructura de la ALFAL en el país, y en particular ser el principal organizador y animador del VII Congreso Internacional de la ALFAL, celebrado en el país en 1984, así como asumir la responsabilidad de publicar las actas de ese congreso, en el que participaron los más destacados lingüistas de América y España, son eventos importantísimos en esa labor de divulgación lingüística, que hoy constituye uno de los retos fundamentales de la Academia Dominicana de la Lengua. Una labor rara en nuestro medio, pero ampliamente practicada en otras latitudes, es aquella que consiste en la planificación lingüística. Reunir los datos, extraídos de estudios científicos; recoger sistematizar y proponer leyes y reglamentos que procuren una normalización de la lengua, a tono con las necesidades de preservación, unificación y/o diversificación de las lenguas en contacto, son algunas de las tareas del planificador lingüístico, lo cual apunta hacia el diseño de la política lingüística del Estado.

Rafael González Tirado

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Rafael González Tirado, abogado y lingüista, es en nuestro país, el intelectual que ha mostrado mayor preocupación por esa labor. El tema de lenguaje y legislación es permanente entre sus investigaciones y como producto de esa labor podemos contar en la bibliografía lingüística, con un manojo de las leyes y ordenanzas desde 1912, cuando la lengua castellana fue declarada lengua oficial del Estado Dominicano, hasta las disposiciones más específicas acerca de la obligatoriedad del uso del español en las instituciones y empresas públicas y privadas. Aprovecho estas palabras para expresar mis deseos de que la Academia de la Lengua recupere ese ejemplo de Rafael González Tirado y prolongue y actualice la labor de planificación lingüística que él inició. Aneja a esas diferentes labores, sirviéndoles de apoyo y fundamento, percibimos la investigación como la labor más decisiva del compromiso de González Tirado con los estudios lingüísticos. Observador permanente de los usos de la lengua, analista e intérprete sistemático, en sus investigaciones encontramos una amplia gama de preocupaciones y de temas, cuyos ejes se articulan en dos orientaciones básicas: una lingüística del uso de la lengua, del habla o la comunicación lingüística y una filosofía y una antropología de la lengua que se inscriben en el concepto de Charles Bally: el lenguaje y la vida. Es constante en González Tirado expresiones como ésta: “Busquemos fórmulas para la vida, que es buscar también fórmulas para el lenguaje, porque el lenguaje refleja la vida misma”. ¹ Afirma con José Martí: “...quien ahonda en el lenguaje, ahonda en la vida”. Con esa visión de apertura, el autor se ha dedicado en el país a tratar el tema actual del lenguaje sexista, al que le consagró su discurso de ingreso a la Academia Dominicana de la Lengua.

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Él estudia las flexiones gramaticales en relación con el género y la discriminación de la mujer a través del lenguaje en los medios de comunicación, la legislación y en la literatura, siendo portador de la reforma gramatical que asuma la reivindicación de los derechos de la mujer a ser expresada en la lengua en su singularidad, es decir, su feminidad, en todos los casos en que la dominación masculina ha tratado de omitir o liquidar en las estructuras lingüísticas la presencia de la mujer. En esa búqueda de reivindicación, González Tirado ha propuesto creaciones lingüísticas de vocablos necesarios para equilibrar la relación hombre-mujer. Quiero destacar dos: Ante la lexia hombría de bien, él propone crear feminía de bien. Igualmente sugiere el vocabulario damicidad que se corresponde en la lengua a caballerosidad. Lenguaje y nacionalismo es una investigación de los fenómenos actuales de transculturación que se les plantean a la lengua y a la cultura dominicana en relación con el inglés. El autor sigue de cerca cómo, sobre todo, a nivel del léxico, el modelo ánglico va penetrando todas las esferas de la vida de nuestro país: los medios de comunicación, el deporte, los concursos de belleza, los objetos de uso doméstico, el automovilismo, las modas, las fórmulas corrientes de saludar, las relaciones y las actitudes de las personas y la literatura. Frente a ese problema, González Tirado plantea dos previsiones básicas. La primera es estar precavido contra una actitud lingüística de complejo de inferioridad, con respecto al inglés. La segunda es adoptar un concepto de la corrección armado de relativismo cultural, en el cual tienen cabida los préstamos lingüísticos, hasta el límite de no constituirse en agentes exógenos de la destrucción de la lengua y la cultura nacionales.

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El lenguaje político ha sido un tema constante en las investigaciones de González Tirado. Ha sido atento a ese ámbito de los cambios lingüísticos, localizando y analizando las palabras y expresiones que emergen, particularmente en las situaciones de la campaña electoral. Los principales personajes de la vida política dominicana, Trujillo, Balaguer, Bosch, Peña Gómez, han estado bajo la mirilla de este hábil cazador de vocablos. Fruto de esa labor, el autor ha registrado en un glosario -al igual que lo hizo con los términos ánglicos más usuales -una muestra significativa del vocabulario político de las últimas décadas. Ahí la red del léxico trujillista (Trujillo, trujillismo, trujillato) contrapuntea con el léxico de la lucha antitrujillista (sátrapa, satrapía, destrujillización) y el léxico de la democracia, la globalización y la reelección. González Tirado ha sido un lingüista que como se ve, ha tratado diversos problemas y ha asumido diversas funciones. Pero hay un tema y una función específica que lo distinguen: el tema lexical y la función de lexicólogo y lexicógrafo. En su labor lingüística, ése ha sido el campo en el que sus aportes han sido singulares y serán, pienso yo, más duraderos. Las perspectivas diacrónicas y sincrónicas han sido herramientas que él ha sabido combinar en sus trabajos sobre léxico. ¿Cómo se usa y cómo se usó?, es la criba a la que el investigador somete los indicadores léxicos seleccionados. Congresal versus congresional, aporte del autor refrenado por la Academia Dominicana de la Lengua, son vocablos cuyos usos fueron establecidos, apelando a la metodología diacrónica y sincrónica. La palabra chopa, de uso frecuente en el habla dominicana, el más reciente estudio de este autor, ha sido analizada y fijada, atendiendo al

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origen y a los distintos usos que hoy recibe, tanto en el país como en otros pueblos de América y en otras lenguas, como el inglés e italiano. Igual suerte ha tenido en la investigación un sinnúmero de dominicanismos o de expresiones generales de la lengua española, en los artículos periodísticos, conferencias y cursos en los que González Tirado suele esclarecer o precisar el uso adecuado de un término, un significado, una adecuada escritura y las reglas ortográficas y gramaticales que rigen el uso. Cuando se piensa en el conjunto de la labor lingüística de Rafael González Tirado, es indispensable asociarla a esa idea de la relación entre lenguaje y vida, que él estableció en varias oportunidades. Y es que, para él, la lengua no es una forma. Sus esfuerzos por desentrañar las formas y los significados de la lengua, son intentos de mejorar -por la lengua- las capacidades de los seres humanos, en particular, las de los dominicanos y su cultura. Aún en los trabajos en que la imagen del minucioso investigador, que siempre lo acompaña, se encierra en los pormenores de la lengua, sobresale el humanista, declarando el para qué de sus preocupaciones lingüísticas. Un tema tan formal como el del uso de las mayúsculas -tema ortográfico- se alumbra con un pensamiento trascendental: el dominio de las mayúsculas es una competencia básica del significar y el pensar en la lengua y por la lengua. Afirma el autor: “Se amplia aquí la conceptualización del uso de las letras mayúsculas, con el objeto de dilucidar pormenores que definen la personalidad del escribiente dominicano y el significado profundo que pueden tener ciertas cosas sencillas, o que aparentan serlo, en el modo de pensar del hablante y en el modo de expresarlas a través del código escrito”. ²

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Bibliografía
Utilizada de: González Tirado, Rafael: • ¨El complejo de inferioridad lingüística¨. Ponencia presentada en el Seminario de Identidad del Hombre Dominicano, celebrado por la Universidad Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) del 16 al 19 de noviembre de 1982. • Lenguaje y nacionalismo. Santo Domingo, Editorial Gente, 1986. • ¨El Código Oral¨. Curso – taller sobre dicción. Círculo Dominicano de Periodistas Productores de Programas, Santo Domingo, 1993. • ¨El lenguaje político¨. Ponencia presentada en el Simposio Dominicano de Lengua Española. Santo Domingo, Instituto Cultural Hispánico, enero de 1994. • ¨El lenguaje político¨. Ponencia presentada en el Primer Ciclo de Conferencias acerca del Estado Actual de los Estudios Lingüísticos en la República Dominicana. Santo Domingo, Patronato de la Ciudad Colonial, septiembre 1994. • ¨ El uso adecuado del idioma español en los medios de comunicación. Conferencia Magistral dictada al Colegio Dominicano de Periodistas (CDP). Santo Domingo, 1998. • La problemática del lenguaje sexista en la República Dominicana. Feminía de bien. Santo Domingo, Alfa y Omega, 1999. (La primera parte es el discurso de recepción del autor como Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua, el 14 de mayo de 1997). • Lenguaje y comunicación. Conjunto de artículos publicados en el periódico El Siglo, Santo Domingo, de 1998 a 2001. • ¨En defensa del lector¨. Conjunto de artículos publicados en el periódico El Siglo, Santo Domingo, en 1999.

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• Las Mayúsculas Dominicanas. Santo Domingo, Alfa y Omega, •
1999. El Lenguaje político¨, en Estado Actual de los Estudios Lingüisticos y Filosóficos, Santo Domingo, Editora Irene Pérez, Amigo del Hogar, 2001. ¨La ortografía consensuada por la Academia de la Lengua: normas de ortografía en la Lengua Española¨, Santo Domingo. Anuario del Centro de Estudios Humanísticos y del idioma Español, 2001. Congresual/ congresal¨. Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2002. ¨Periodismo y Literatura¨ conferencia, Santo Domingo, Biblioteca Nacional Pero Henríquez Ureña, 2002. El origen de la palabra Chopa en el habla de los dominicanos, Santo Domingo, UNICA, 2003. Manuel Matos Moquete.
Santo Domingo, D. N. 8 de diciembre de 2003

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Lo peor de lo ‘peor’
“…que nadie siente el amor tanto como el santiaguero”.1

Con cada temporada resurgen usos, temas y costumbres adecuados para la ocasión. El ser humano se somete a su rigor; se desenvuelve con los patrones y se acomoda al ritmo de la rutina cíclica. Estas circunstancias traen sus símbolos y su lenguaje; su gramática y su vocabulario. Con motivo del año recién finalizado y del nuevo período (1993) se ha hablado en la prensa acerca de diferentes premiaciones; uno de esos galardones, por mérito o por demérito, en relación con la vestimenta. Es algo que se lee, principalmente, en las columnas de farándula y de deportes: “Atención colegas, a partir del lunes próximo realizaremos la lista de los 10 /peores/ vestidos…” (columna “Desde el play”, Listín Diario). Mejor y peor son vocablos de uso comparativo. Funcionan ora como adjetivos, ora como adverbios. Cuando funcionan como adjetivos, varían en género y número. Cuando lo hacen como adverbios, son palabras invariables. Unas pocas líneas arriba, esa misma columna (“Desde el play”) había afirmado: “Francis Malla anunció que premiará con 15 mil pesos al cronista que haga los mejores trabajos deportivos sobre la niñez”. Mejores trabajos es un sintagma nominal, es decir, un grupo sin-

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táctico regido por un sustantivo /trabajo/, que es el núcleo, modificado por un adjetivo /mejores/, equivalente a ‘más buenos’. Como adjetivo, mejor/mejores presenta la alteración en número para acomodar sus accidentes a la morfología del sustantivo /trabajos/, al cual modifica. Se trata de un empleo correcto. Cosa distinta es peor como adverbio. Significa ‘más bien’. Un adverbio de modo /bien/ modificado por otro adverbio, de cantidad /más. Eso es elemental. Todos lo sabemos muy ¡bien! Ahora ¿por qué premiamos a los artistas y a los cronistas peores vestidos? En realidad, consideradas en sí mismas, las expresiones mejores vestidos/peores vestidos aluden a las vestimentas de mejor o de peor calidad.. En relación con el oficio de la confección y uso de ropas, equivalen a decir ‘vestiduras con algún mérito’ o ‘vestiduras carentes de mérito’ o por la elección adecuada o inadecuada para la figura de la persona que las usa. En las frases citadas anteriormente, la referencia es a cosas, no a personas. Vestidos equivale a vestimentas (sustantivo); peores sería adjetivo de comparación. Se trata de un sintagma nominal, de la categoría analizada más arriba. Sin embargo, la frase acerca de la lista de las “10 personas o cronistas peores vestidas” es incorrecta, gramaticalmente hablando, porque debe referirse a diez personas peor vestidas, y no a “10 personas peores vestidas”, que es una construcción irregular, improcedente. Explico: Si se refiere a “vestiduras”, está bien decir peores. Si hablamos de cronistas (personas) lo procedente es emplear peor: Los mejores vestidos/Las peores vestimentas. Los artistas mejor vestidos/Los cronistas peor vestidos. Se emplean ahí las fórmulas mejor/peor a causa de que el adverbio no puede modificar al sustantivo (artistas-cronistas) porque el adverbio modifica al verbo, al adjetivo y a otro adverbio, pero no a un sustantivo.

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En los ejemplos donde aparecen mejor/peor, el plural vestido funciona como un adjetivo que modifica a un sustantivo (artistas/cronistas) y concuerda con él en género y número. Mejor/peor modifican al adjetivo vestidos, en función de adverbio, y, como tal, no puede manifestar cambios en su construcción. El caso analizado lo trae también el cable internacional: “WASHINGTON, (EFE).- La superestrella “pop” Madonna encabeza este año la lista de los artistas que peor se visten, según publicó ayer en EE. UU. Richard Blackwell… (Hoy, 14 de enero de 1993, p. 6-B). Aquí peor (adverbio) sin alteraciones, está empleado correctamente; significa: ‘más mal’. Con todo, más adelante, el mismo cable se expresa de la siguiente manera: “Elizabeth Taylor, ex-miembro de la lista de las peores vestidas elaborada por Blackwell…”. La “lista de las peores vestidas” lo que quiere decir es la /lista de las mujeres o artistas peor vestidas/ (más mal vestidas). No se nos ocurriría decir, en ese caso, /más malas vestidas/. Pero lo “peor” no es la contradicción (uso regular/uso irregular) en poco espacio del mismo cable de la agencia EFE, sino que el título mismo bajo el cual el diario Hoy publica esta noticia convalida el error, con el perjuicio que entraña el enorme poder de que disfruta la prensa: Madonna y La Toya Jackson dos de las peores vestidas en Estados 2 Unidos. Creo oportuno hacer estas anotaciones. Mas, no pretendo pontificar. Ese es un privilegio reservado a talentos superiores, con calidad para ejercer tan docto ministerio. Sin embargo, quiero sembrar esta inquietud: aunque no puedo pretender el caos en el uso del lenguaje, y a pesar de cuanto he dicho anteriormente con respecto a la corrección -que tiene su ámbito bien definido- el idioma no es unidireccional ni puede encerrarse en una cápsula. Al decir

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“un vaso de vino”, hablamos con propiedad aunque el vaso sea de cristal o de material plástico. Nos enseñan que se puede decir igualmente finés o finlandés. Pero ¿por qué nos condenan si decimos jamaiquinos en lugar de jamaicanos? ¿Bajo qué norma nos obligan a decir santiagüenses cuando siempre hemos dicho santiagueros? Entonces ¿qué papel desempeña el pueblo en la formación y evolución de una lengua?

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Acerca de períodos y adjetivaciones
Si tú no tuvieras nombre, yo no sabría qué era, ni cómo, ni cuándo. Nada. Pedro Salinas Trae El Siglo un artículo en el cual se denuncia el arrendamiento de “una porción de terrenos de 30,000 metros cuadrados del muelle de Puerto Viejo, Azua, a una empresa desconocida, para operar, presuntamente, una terminal de manejo de cemento a granel y funda” (sección “Desde otro ángulo”, Michael Elías, primero de febrero de 1993, p.4). Se afirma que, entre los puntos sobre los cuales el Poder Ejecutivo podría rescindir el contrato de que se trata, es “el bajo precio del arrendamiento, fijado en veinte mil pesos mensuales, pagaderos trimestralmente”. Más adelante se expresa que “el contrato autoriza a la empresa arrendataria… a manejar 40,000 toneladas de cemento a granel y/o en fundas mensuales”. ¿Qué significa /fundas mensuales/? ¿Podría decirse granel mensual? ¿Es correcto gramaticalmente que en un contrato se fije el precio del arrendamiento en veinte mil pesos mensuales? ¿No sería más apropiado establecer un arrendamiento mensual de veinte mil pesos? ¿Qué es lo que se conviene en principio, lo que se acuerda mensualmente: el arrendamiento o los veinte mil pesos?

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Tradicionalmente, las disposiciones legales que conceden una pensión para empleados de la administración pública o para personas carentes de recursos económicos, rezan así: Art. 1.- Se concede una pensión del Estado de RD$XXX mensuales a favor de la señora XXX. ¿Se ha concedido una pensión de X pesos mensuales o se ha concedido una pensión mensual de X pesos? Los pesos ¿qué tienen de “mensuales”? ¿O acaso no es “mensual” la pensión que se ha concedido? Preguntando de otra manera: ¿Se pagará dicha pensión “mensualmente”? El carácter temporal es privativo del verbo (pagar, en este caso) y no del sustantivo (pesos). Por tanto, o la pensión es mensual o la pensión se paga mensualmente (todos los meses). /Pesos/ es cosa aparte y parte de un sintagma diferente. Bajo el título “Corporán anuncia solicitará a Balaguer promulgar ley grava moteles y hoteles”, el mismo periódico informa el día siguiente (2-febrero-1993, p. 4), que el Síndico del Distrito Nacional dice que “con la aplicación de esa ley el Cabildo de la capital recibirá cerca de dos millones de pesos mensuales…” Entendemos que los pesos carecen de “temporalidad”, que los pesos son pesos y nada más. Que lo que se ha querido decir es que se recibiría “mensualmente” esa cantidad. Luego, hay un empleo anómalo del adjetivo en lugar del adverbio. Vale decir, se está adjetivando (mensuales) una palabra o construcción adverbial que, como tal, carece de accidentes gramaticales (mensualmente). Este uso es muy extendido en le lenguaje criollo. Va desde el empleo coloquial hasta el nivel escrito. Se enseñorea desde muy atrás en el nivel técnico de la literatura legal, referida a pensiones y jubilaciones.

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La disposición más antigua, dentro de la Era Republicana, que concede una pensión, es el decreto del Congreso Nacional No. 37 del 2 de mayo de 1845, que acuerda auxiliar económicamente a la viuda e hijos del general Ramón Santana. Su artículo único dice de la siguiente manera: “Se concede en pensión a la viuda e hijos del finado General Ramón Santana, mil doscientos pesos anuales que percibirá del tesoro público por duodécimas partes. Disfrutando de ella hasta el año 1852 inclusive”. El decreto está firmado por Buenaventura Báez, presidente del Congreso, y por los secretarios Rafael Pérez, Toribio López Villanueva y Juan Nepomuceno Tejera. Así, pues, en este caso la adjetivación del adverbio está consagrada desde el nacimiento mismo de la República. Uso hace ley, podría decirse con doble razón. Si hay algo de rigor en el lenguaje es la aplicación de la gramática normativa. Se pueden y convienen muchas cosas, en beneficio de la mejor comunicación entre los humanos y para acceder al más efectivo proceso de interrelación social. Pero hay normas atendibles que apuntan precisamente a la utilidad del idioma como un medio de alcanzar esos ideales. No las descuidemos.

De un anuncio comercial del ron Barceló El Listín Diario publicó la misma noticia, pero salvó el titular de otra manera: Madonna encabeza la lista de las peor vestidas (18 de enero de 1993, sección “El Mundo es Así”, p.27)
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28 de enero de 1993

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¿Quién vigila lo que se /ha/ de publicar en la prensa?
Hemos destacado /ha/ (hache-a) en el título para enfatizar acerca de algo que /a/ nuestro juicio, debemos prestarle atención al momento de redactar y de revisar materiales destinados a la prensa. También hemos destacado /a/ en el párrafo anterior. ¿Por qué? Porque la parificación /a/ (preposición), /ha/ (verbo haber) hace travesuras, a cada paso, a buenos y a malos redactores, así como a los correctores que se sumergen a diario en un mar de tintas y de letras. A nivel de código oral, no existe dificultad en el uso de ambas formas. Sólo hay una diferencia de carácter tonal-entonacional, pues mientras la preposición /a/ es una palabra átona (sin acentuación prosódica), el verbo es siempre palabra tónica; pero eso, aunque marca una diferencia, no entorpece en el proceso elocutivo. Sin embargo, la realización escrita puede revelar descuido o desconocimiento de la regla gramatical. Aunque la prensa diaria labora con el máximo de presión, ella es un gran vehículo de cultura y el gran testimonio para futuras investigaciones. Por eso, la prensa misma es la que debe imponerse, para su crecimiento y para su crédito profesional, la formación de su personal y la tecnificación de sus recursos. En cada página, a cada paso se advierten descuidos de diversa índole. Incorrecciones gramaticales, problemas de concordancias, vacilaciones sintácticas, impropiedad en el empleo de términos, composición inadecuada, nombres y apellidos incorrectos o incompletos o incluidos en

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una línea de manera y con diferente ortografía en línea siguiente etc. Poco ha la prensa internacional se hizo eco del fallecimiento, en la Argentina, del tonadillero español Miguel de Molina, quien “había recibido en diciembre pasado la medalla de la Orden de Isabel la Católica, por sus inestimables aportaciones a la cultura iberoamericana”. Y a renglón seguido, se lee: “Como él mismo (Miguel de Molina) afirmó en esa ocasión, la condenación” llegaba demasiado tarde y con el cuerpo cansado”.¹ Estos errores de composición (condenación por condecoración) son harto frecuentes en la prensa (escrita). Se debe a la proximidad de vocablos: parónimos o cuasiparónimos. Tales semejanzas también provocan equivocaciones en radio y televisión, y si el lector de noticias lo nota a tiempo, rectifica con la palabra pertinente. Ahora queremos recurrir a algo de mayor significación, desde el punto ortográfico, contenido en el siguiente período: “/Ha/ Diana le convendría cuidarse muy bien de Isabelita Moncada, la chica la tiene en la mira y cuando le de el tiro de gracia va /ha/ ser con la intención de tumbarla para siempre”.² Hemos destacado /ha/ dos veces: /Ha/ Diana le convendría... ...cuando le dé el tiro de gracia va /ha/ ser con la intención... Choca de inmediato el doble empleo de la forma /ha/, correspondiente a la tercera persona del singular, modo indicativo del verbo haber, en sustitución de la preposición a, sin hache, que es lo que corresponde en los casos citados.³ Dicho empleo está contenido en un comentario acerca de la telenovela “Las dos Dianas”, cuyas referencias hacemos en la nota número dos. Estas anomalías son resultados de la deficiencia de la educación en el país, que comienza con el nivel más importante: el ciclo básico, y se extiende a los niveles inmediatos, con escasa posibilidad de introducción

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de correctivos. Hay un evidente descuido con el manejo curricular del idioma y una mayor ineficiencia en la aplicación de los contenidos, que se traduce en un proceso enseñanza/aprendizaje inadecuado, infuncional, carente de motivaciones. Hasta tanto se introduzcan reformas en la educación general y se posibilite mejorar la enseñanza en los centros de formación de comunicadores sociales, el periodista debe recurrir a entrenamientos que le permitan reconocer la forma adecuada de múltiples casos de términos homófonos y parónimos. Urge crear conciencia acerca de los problemas de ortografía y de las estructuras sintácticas, entre otros, para que el redactor pueda asumir una actitud de valoración morfosintáctica, y se reduzcan a la mínima expresión los errores gramaticales. Por su parte, la empresa debe organizar cada área con los recursos, mecanismos y personal necesarios para que la prensa sea cada vez más fiel y más creíble; que eleve su crédito profesional en la búsqueda de un periodista de mayor calidad o con “calidad total”.

Listín Diario, “Luto en la copla española”, domingo 7 de marzo de 1993, p. 19. Suplemento Primera Fila, periódico Hoy, sección Telenovelas-TV Local, p. 27, No. 71 semana del 6 al 12 de marzo de 1993. Ver. Ítem o intertítulo: “Color Visión, canales 9 y 2, “Las dos Dianas” (9:00 P.M.)” segunda columna. 3 Hemos omitido otros casos (acentuación, puntuación).
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6 de julio de 1993

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¿Quién redacta las esquelas mortuorias?
Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte. Miguel Hernández La prensa informó recientemente acerca del fallecimiento de Enerolisa Deñó viuda Caamaño, doña Nonín, madre del último de los héroes dominicanos, Francisco Alberto Caamaño (Francis ¡caramba!). La esquela, aparecida en el vespertino El Nacional, edición del 8 de marzo en curso, página 36, nos dice: “Sus hijos Fausto Manuel (F), Luis Ángel (F), Francisco Alberto (F), Freddy Rafael, Leonidas Emerson (F), Alvaro Sigfrido y María Milagros, hermanos, nietos, biznietos, sobrinos y demás familiares pasan por la pena de comunicar el sentido fallecimiento ocurrido el día 7 e invitan al acto del sepelio...” La (F) entre paréntesis equivale a “fallecido”. Es una costumbre entre nosotros incluir en la esquela mortuoria a los familiares premorientes, aunque el fallecimiento date de muchísimos años. El recurso es una ficción o una figura de expresión para recontar los vínculos del recién fallecido, una suerte de currículum familiar, lo cual es útil a los fines perseguidos por la información fúnebre. Se sobrentiende que los muertos no toman decisiones, que no pueden participar en ese acto volitivo de avisar deceso ni de invitar al acto del sepelio de quien tuvo la dicha de sobrevivirle.

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Mencionar el deudo premoriente, repetimos, es recurrir a una ficción, justificada no sólo por la necesidad de ofrecer información útil a los fines de que se trata, sino porque el factor tiempo, entre la aparición del aviso y el enterramiento, obliga a seguir patrones largamente repetidos. Comprendemos que, en verdad, se trata de una forma de hacer las cosas, pero que no se ajusta a la realidad, puesto que incluye un acto de voluntad que un difunto no puede, no podrá ejercer jamás. Algo diferente es decir: Ha fallecido Fulana de Tal, nieta del soldado de la Independencia y General Restaurador Benito Monción..., y más abajo indicar los parientes que le sobreviven a la persona que acaba de fallecer. O esa otra fórmula, empleada al final de la esquela que informó acerca del deceso de la dama montecristeña doña Generosa Grullón viuda Rodríguez: “La distinguida dama era abuela del senador por esa provincia Ing. Héctor Rodríguez Pimentel”. Otro aspecto de la redacción de esa esquela es la inclusión de los parientes políticos mezclados con los que tienen parentesco (de consanguinidad): Sus hijos: Josefina y Luis; Pedro y Magalys; Rafael y Antonia; Francisca y María pasan por la pena... Se entiende, en cada pareja, que el primer nombre es el pariente (carnal) y el segundo corresponde al o a la consorte de ese pariente. Pero, los dos últimos: Francisca y María ¿hay un error en la composición o son dos hijas solteras? El uso de punto y coma en este subcódigo es un buen recurso para identificar los matrimonios. No obstante, el caso de los parientes solteros puede provocar confusión, como lo que acabamos de comentar; o dos hermanos, colocados al final: Fernando y María Díaz Peralta, con apellidos que se asocien con el recién fallecido; pero rompe el equilibrio con las parejas anteriores, que no consignarían los apellidos.

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Para mayor efectividad en este modelo de comunicación, nos parece práctico colocar los hijos sucesivamente, y a los parientes políticos a continuación o en otro lugar adecuado. De vez en cuando, el aviso incluye un pensamiento, dirigido figuradamente a la persona fallecida: “Mami: Un día como hoy te fuiste de nuestro lado y una profunda pena embarga nuestros corazones, sólo nos consuela el saber que estás junto al Señor Dios, en quien tanto creíste. Siempre permanecerás entre nosotros”. Correcto. Es un pensamiento de responsabilidad compartida entre los parientes más cercanos: hijos, nietos. Pero hay ocasiones en que el mensaje se personaliza, aunque toda la nota la asume el colectivo de la familia. Al parecer con un mensaje o pensamiento autorizado por una sola persona, se rompe el equilibrio con el resto del significado de participación plural. Es decir, unos avisan, invitan, y otro manifiesta sus sentimientos unipersonalmente. Se colige como una decisión personal y directa de quien se encuentra a la cabeza del proceso funerario. Es algo que se debe manejar con suficiente tacto para no herir susceptibilidades. Concluyamos con una hermosa estrofa de Leopoldo Panero: No sé si estoy ya muerto. No lo sé. No sé, cuando/ te miro, si es la noche lo que miro sin verte./ ¡No sé si es el silencio del corazón temblando/ o si escucho la música íntima de la muerte! Ojalá que cada dolor nos sirva para unir, de manera indisoluble, a la familia dominicana.

25 de marzo de 1993

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Las campanas del desconcierto
Sucedió una fresca mañana del invierno dominicano. Dictaba una lección acerca del español y me había visto precisado a abordar el tema de “calidad de habla”. Decidí explicar que nadie debe ser discriminado por el dialecto o nivel de lengua que le haya tocado en el contenido socio-geográfico dentro del cual había consolidado su base cultural. Explicaba que no me atrevía a afirmar que en tal o cual lugar del país se hablaba mejor el español dominicano, ni que los colombianos lo hacían mejor que todo el resto hispanohablante del Continente. Era alrededor de las ocho de la mañana. En el pasillo, apelotonados frente a la única puerta, escuchaban varias personas, estudiantes, en apariencia. Primera planta de la Facultad de Humanidades. Limítrofe al vestíbulo. Primera aula, lado oeste. Universidad estatal. Concluía la primera hora de clases, de dos horas corridas, y yo contestaba preguntas. No me metí en el tema. Me llevaron a él. Curso sabatino, dedicado a maestros en ejercicio. Aproveché para decir que ese tipo de debates no era de interés para el lingüista; que a éste le interesa, en términos sincrónicos, describir un estado de lengua y observar las posibles direcciones en que las peculiaridades del habla examinada llevarán a las transformaciones dialectales y/ o a la evolución del sistema. Noté la inquietud de una señora colocada en el centro de la puerta. Primero la vi a través de las persianas. Luego fue descontando ventajas y se situó a un lado de la entrada. Más tarde ocupó el centro. Su cara no era de “buenos amigos”. Señalé, continuando la exposición, que esa suerte de juicio de valor podía ser una inquietud -muy legítima- del profesional que maneja las

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normas gramaticales, quien, por apego a las formas escritas, hace un correlativo riguroso con los barbarismos ortológicos, en procura de un ideal que la aparta de la verdadera naturaleza de la lengua. Dije que, a lo sumo, podría afirmar que el modelo más elaborado del habla dominicana y, por tanto, más cercano a la lengua general, lo encontraba hacia la región de la frontera sur del país, y expliqué las posibles aportaciones de la migración española hacia la zona, y el apartamiento a que, frente a las demás demarcaciones, estuvo sometida la región fronteriza hasta época reciente, lo que motivaría las diferencias lingüísticas, pero sin menosprecio de las demás hablas regionales. Ya la señora había formado un “mitin” en el pasillo. Era de verbo suelto y expresión enérgica. Aunque su discurso era ininteligible para mí, por los ruidos exteriores y por la concentración en mi tarea, no me quedó la menor duda de que despotricaba en contra de mis teorizaciones presuntuosas. En mi trajinar por los pasillos de la Facultad, vi a esa señora dos o tres veces más en fechas diferentes. Siempre para mí la misma cara. La misma mala cara. La misma cara dura. Si me preguntan, no podría informarles nada más. Sólo me aventuro a afirmar que no era sanjuanera, porque oigo decir que la gente de San Juan de la Maguana nunca tiene mala cara. Moraleja: ¡Qué suerte he tenido de nacer/ para tener acceso a la fortuna/ de ser río en lugar de ser laguna/, de ser lluvia en lugar de ver llover. Alberto Cortez. Epílogo: Uno de los más sabios refranes españoles reza: “Para equivocarse hay que escuchar las dos campanas”.

3 de julio de 1993

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Código oral y código escrito: falacias y tabúes
Es conveniente revisar, de tiempo en tiempo, las actitudes que tenemos frente a los problemas del lenguaje, generalmente influidos por una cultura inadecuada de la lengua. Una muestra es el falso concepto de la diferencia articulatoria entre /v/ y /b/, extendido en todo el mundo hispanoparlante. Es un criterio fonético-ortologista influido por el prestigio de la escritura. Este apego a las formas escritas, área de lenta evolución, son los que mantienen secularmente grafías como México /x/ y aldehuela: /h/ intercalada. Preocupa, atrae fuertemente este problema. Y parecería, por ratos, que es un asunto vital en el proceso de la comunicación humana. Y realmente es de importancia extraordinaria para el hombre incorporado a una determinada cultura, a una determinada concepción. Pero este fenómeno tiene su propio ámbito, delimitado por la naturaleza del acto de la comunicación, cuya diversidad de manifestaciones se fundamenta en las urgencias de participar en el proceso de inter-relación social. Tales urgencias nos llevan a la creación de distintas formas de lenguaje: auditivo, visual, táctil, que emplearemos conforme a situaciones, circunstancias... Cada forma de exteriorización contará con recursos propios y se atendrá a sus propias normas. El emisor las aplicará en sus diferentes realizaciones para intercambiar en el seno de la vida social. Entre multitud de formas con que el hombre ha contado para cumplir su papel de ente social, la lengua, es decir, el sistema de sonidos signi-

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ficativos por medio del cual se entiende una comunidad, es la más completa y adecuada para la comunicación entre individuos, la de mayor posibilidades creativas y de la máxima aproximación al pensamiento humano. La lengua, constituida por signos orales, es representada gráficamente por formas, que constituyen señal para la vista. Este parentesco lleva a pensar a algunos que se trata de entidades indisolubles, y proponen su integración a un código común, como si se tratase de un proceso único para la realización del habla. Se postula, por ejemplo, eliminación de /x/, /h/, /z/, /c/. Cuando pensamos así, olvidamos que son dos códigos diferentes: el código oral, que corresponde a la lengua, señal para el oído, y el código escrito, seña visual, representación gráfica de la lengua, una aproximación al sistema del habla. La lengua es esencialmente oral. Nacemos con la facultad para desarrollarla; adaptamos partes de otros sistemas del organismo humano y las convertimos en un aparato de fonación, encargado de transformar el aire espirado en sonidos significativos que traducen nuestras ideas y querencias. La escritura es una aproximación a esos sonidos, como lo son también el sistema Morse y el código Braille. Pero no existe una equivalencia plena; sonido y grafismo no se corresponden cabalmente. Lengua y escritura operan con sus propias normas, tienen diferentes formas de manifestarse, diferentes mecanismos de realización. El sujeto-hablante pronunciará /Jaina/, con aspiración inicial, pero escribirá /H/aina con /h/. Es decir, no confundirá los códigos. Voy a este ejemplo: J/o/aquín. La grafía /o/ es para la escritura. El código oral producirá /u/Juaquín. Sólo personas muy propensas a pronunciar como escriben dirán JO-A-QUÍN o AINA. Las hay; son pocas, pero las hay. Sus ejecuciones resultan ocasionales, y, además la fiebre ortologista suele desaparecer. Más frecuente es entre profesionales de la palabra, como profeso-

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res de la lengua, locutores, cantantes, la realización labiodental de la /v/: vida, ventana, olvido. En realidad, la llamada /v/ corta o uve no ha sido usual en la lengua española. Es un fonema de gran frecuencia en inglés, francés, alemán y en otros idiomas. Pero, aparentemente por la ley del menor esfuerzo, fue rechazada por los hablantes de muchas regiones de la península ibérica, en la evolución del latín que el Imperio Romano había impuesto en la zona. Desde las primeras décadas del siglo, Tomás Navarro Tomás, pionero en la investigación moderna de la pronunciación española, estableció que “en formas nominales como virtud, verdad, juventud, libertad etc. la pronunciación vulgar, en la mayor parte de España, suprime la /d/ final: birtú, berdá, xubentú, libertá. Este uso se extiende también, más o menos, a la pronunciación familiar de las personas ilustradas” (Manual de pronunciación española). Todo esto, aunque es una muestra sumamente modesta, comprueba que código oral y código escrito no andan necesariamente de la mano, ni tienen por qué hacerlo. Aunque la inscripción diga J-V-S-T-I-C-I-A en el frontispicio de los “palacios de las injusticias”, vamos a leer siempre esa / v/ como /u/, para que suene como interesa a la clase dominante, que hegemoniza la economía, la política, la cultura y el lenguaje.

21 de julio de 1993

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Tres faltas de ortografía en una sola palabra
Una falta de ortografía, un error mecanográfico suceden con frecuencia. Nos ocurre a todos. Dos faltas en una sola palabra es más raro, aunque sucede de vez en cuando. Ahora, tres faltas en una misma palabra es algo insólito, pero acontece: inoptisado por hipnotizado. Que ¿de dónde saco esto? Prueba al canto: “Bodden dijo que en todo momento estuvo consciente y que tampoco fue inoptisado”. La tomo de la última línea de la tercera columna y de la primera línea de la cuarta columna de la información “Presentan en TV video donde aparece Peña Gómez”, periódico Hoy, página 8 del jueves 21 de abril de 1994. Los errores son: -falta la /h/; -la /p/ ha sido cambiada de lugar (metátesis); -hipnotizar es con /z/. La proximidad o parecido entre palabras hace que fallemos en la escritura. Si escribimos /atravezó/ es por la presencia de la /z/ en el sustantivo /vez/, porque confundimos /a través/ con /otra vez/. Si colocamos la tilde a /márgen/ /vírgen/ /crímen/ es por la costumbre de acentuar ortográficamente sus correspondientes plurales: márgenes, vírgenes, crímenes.

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Las primeras formas no reclaman la tilde a causa de ser voces llanas (paroxítonas) terminadas en /n/. Mientras que las segundas se someten a las reglas de marcar el acento por ser palabras esdrújulas (proparoxítonas) y éstas siempre llevan la tilde. Quizás la proximidad con la palabra inopia u otra parecida movió al redactor a escribir i-nop-ti-sa-do. Multitud de casos se producen por la paronimia entre vocablos. Pero el redactor debe estar consciente de la procedencia y significación de cada palabra y la forma correcta de la escritura. La prensa cuenta con personal responsable, capacitado, cuidadoso. Aún así, todos fallamos una que otra vez. A cualquiera le salta la liebre en un momento. Con todo, tres errores en una sola palabra es cuestión de revisarnos. Y siempre hay oportunidad para la superación personal y el mejoramiento de las instituciones y de los servicios.

30 de abril de 1994

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El milagro de la tilde
Un matutino publica: “Balaguer emitió el decreto número 116-94 en el que designó al doctor Sergio Arturo Bencosme Ruíz como subsecretario de Salud Pública, con asiento en la ciudad de Santiago...” (El Siglo, sábado 16 de abril de 1994, p. 8: “Decretos designan nuevos funcionarios”). El cargo, con asiento en Santiago, y el apellido Ruiz con acento en la /i/. Lo del cargo no viene al caso. Lo que me interesa ahora es la tilde en el patronímico mencionado. Surge de vez en cuando esa acentuación ortográfica en el apellido Ruíz y, con más frecuencia, en el apellido Ortiz, ahora “potenciado” con motivo de la candidatura de Milagros Ortiz Bosch como senadora por el Distrito Nacional a los comicios del próximo 16 de mayo. El acento ortográfico, llamado tilde, o viceversa, presenta cierta utilidad en el nivel de lengua correspondiente. Permite diferenciar entre cantidad de formas: canto/cantó; amo/amó; ejército/ejercito/ejercitó, fórmulas que no presentan dificultad para la comprensión al realizar el acto de habla, con el empleo del código oral o señal para el oído. /Canto/, por ejemplo, puede ser dos o más cosas o momentos diferentes en el uso del vocablo. Puede ser extremidad o borde de algún objeto, acción y efecto de cantar o composición lírica. También conjugación en presente del verbo cantar. Es voz paroxítona o llana. /Cantó/, voz oxítona (aguda), pretérito del verbo. Al cambiar el acento, cambia la significación y el empleo sintáctico de la palabra: pasa a ser una cosa diferente o un momento distinto de la conjugación verbal.

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Es lo que se denomina como valor prosodémico del acento (código oral). De algún modo opera este fenómeno si, en lugar de /c/é/lebre digo: “Es un hombre cel/é/bre” (vivaz, inteligente, ocurrente) como adjetivo, expresión anómala, con acento en la segunda sílaba, que no se marca en la escritura. No existe valor prosodémico cuando Charles Aznavour dice en su poema Isabelle: “Así como penetra el arb/ó/l su raíz en la tierra...” Se trata de un empleo anómalo del acento, por razón especial. En principio, no existe en español la oposición árbol-arból tal como se plantea a partir de la pronunciación aludida. El segundo ejemplo es un yerro del cantante francés, por influencia de su idioma, en el cual todas las palabras son agudas. En el caso de /hombre celébre/, expresión de nuestros campesinos, aunque existen las tres formas de esa misma sucesión de sonidos (aguda, llana y esdrújula), el momento de conjugación como palabra llana no se corresponde con la forma ilustrada más arriba, que podría ser célebre y no celébre, ya que /celebre/ sin tilde, es forma verbal y no adjetivo. Los acentos marcados en la /e/ de la segunda sílaba no se ajustan a las reglas del acento ortográfico, y se colocan solamente a modo de ilustración. La pronunciación de Ruiz y de Ortiz es siempre correcta en nuestro medio. Pero el empleo de la tilde en la /i/ de cada patronímico es una colocación ociosa, a causa de: a) Siendo Ruiz un monosílabo, no necesita acentuársele (marcársele), igual que los casos de sol, pan, dio, ven, que no marcamos entonación por evidente. Sólo se recomienda el empleo diacrítico de la tilde para formas como tú cantas (sujeto-sustantivo) frente a tu como posesivo (tu casa) y unos pocos casos más. Ruiz lleva diptongo. Si se traslada el acento hacia la /u/, entonces sí habría que marcar el acento, para indicar que se ha disuelto el diptongo. Sonaría Rú-iz, bisílabo.

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b)Ortiz, en Milagros Ortiz Bosch, Luisito Schéker Ortiz, es término oxítono o palabra aguda, de dos sílabas, que termina en consonante, que no es ni /n/ ni /s/. Es decir, termina en /z/. Y las reglas, de mucha utilidad para la práctica ortográfica, prescriben que a las palabras agudas de más de una sílaba, terminadas en consonantes que no sean ni/n/ni/s, no se les marca la tilde. Así, pues, con senadora o sin senadora, como abogado, como médico o como obrero, con Azorín o sin Azorín, Ortiz y Ruiz, se escriben sin tilde pero con acento pronunciado en la vocal final. ¿Se oye o no se oye?*

•Esta frase recuerda una expresión del presidente Joaquín Balaguer, en el Palacio del Congreso Nacional, durante uno de sus discursos en reunión conjunta de las Cámaras Legislativas (un 27 de febrero), para leer la memoria anual. La ocurrencia del mandatario fue provocada por un fallo del sistema de sonido. La frase corrió fortuna y se hizo popular.

6 de mayo de 1994

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Álgido: una palabra caliente
“Candelier sólo duró cinco días en la álgida comandancia del Ejército Nacional en Dajabón”. Así reza un titular-resumen en la columna “En esta edición/Hoy en la noticia”, primera página del periódico Hoy del 24 de enero de 1995. Me atrae el sintagma “álgida comandancia”, y pienso que, en ese empleo /algidez/ ‘frialdad’, ha venido a significar lo contrario: espinoso, delicado, neurálgico, vidrioso, caliente. Y lo pienso no sólo por el contexto en que ha sido usado el término, sino, además, por la experiencia inmediata de los problemas de Dajabón, territorio fronterizo con el turbulento Haití: lucha por la tierra, trasiego de combustible y alimentos durante las sanciones al gobierno golpista de Raoul Cedrás en el país vecino y delincuencia interfronteriza. Ojeo (sin /h/) el diccionario de la Academia de la Lengua y encuentro: álgido: muy frío. Acompañado de frío glacial: fiebre álgida. Agrega: Dícese del momento o período crítico culminante de algunos procesos orgánicos, físicos, políticos, sociales etc. El diccionario VOX remite al empleo en medicina: acompañado de fiebre glacial: fiebre álgida. Y precisa que “es impropio usarlo en significado de culminante, decisivo. María Moliner, Diccionario de uso del español, trae algidez como frialdad glacial, simplemente. De álgido (a), Moliner refiere que es un malestar que viene “acompañado de frío intenso en el cuerpo: ‘Fiebre álgida. Período álgido’. Y de inmediato hace la siguiente acotación: “Como esto puede ocurrir en el período agudo de una enfermedad, la palabra ha pasado a emplearse impropiamente en el lenguaje vulgar, incluso de los médicos,

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como equivalente a “culminante” o “máximo”, aplicada a cualquier clase de circunstancias, incluso a los que implican excitación o acaloramiento” (Editorial Gredos, tomo A-G, 1975). Vale decir que de frialdad extrema, el término ha venido a aplicarse como situación de acaloramiento, empleo del cual el Diccionario manual e ilustrado de la lengua española, de la Real Academia de la Lengua, ha dicho que es un disparate usarlo por ardiente o acalorado, en frases como: La discusión ha llegado a su período álgido, Espasa Calpe, segunda edición 1979. Así ha sucedido, con o sin disparate, en el español dominicano, al igual que en otras latitudes donde se emplea nuestra lengua, como hemos leído, por ejemplo, en diccionarios de argentinismos. Entre nosotros, álgido/álgida es voz de uso extendido, pues su empleo abarca el nivel culto y literario de la lengua, no solamente en la jerga de la medicina. Al adjetivo recurren los comunicadores sociales, los políticos, dirigentes sindicales etc. Se advierte en el dialecto de la prensa “armada” y de radio y televisión. La usan comentaristas, economistas, politólogos, en fin... Está a disposición de reporteros que laboran en las calles, detrás de los sucesos: huelgas, acciones policiales... Pero más aún en los artículos de las páginas editoriales de los diarios de gran circulación: “Los dueños de las casas de veraneo o de las grandes extensiones de tierra son el punto álgido” (“¿Qué será de Valle Nuevo en manos de nadie?”, por Alexander Joubert, Listín Diario, 9 de octubre de 1994, p. 6). “Eran los días del comienzo del mes de mayo de 1978. Estábamos en el punto más álgido de la campaña, y la meta del día de las votaciones, el 16 de mayo, se acercaba vertiginosamente” ( “La grandeza de un líder”, Rafael Neris Ramos, periódico Hoy, 24 de junio de 1994, p. 19). Pero este uso no es local, ni siquiera regional. Ya María Moliner había comentado la extensión del empleo en un sentido contrario a la etimología del vocablo. En efecto, un cable de la agencia española EFE, a cargo de M. Carmen Romero, datado en Moscú, afirma:

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“Las tensas relaciones entre Kremlin y la república rebelde de Chechenia alcanzaron hoy su punto más álgido, al advertir la cúpula política de esa autonomía rusa...” (“Chechenia amenaza con guerra total si Rusia invade”, El Siglo, 3 de agosto de 1994, p.4-A). Álgido tendría como sinónimo la rara palabra lipiria, que significa fiebre continua o intermitente, acompañada de calor excesivo por dentro y frío glacial por fuera. De ahí el origen de la confusión: estado crítico de salud, de alta temperatura, pero calificado adecuadamente en el lenguaje técnico como fiebre álgida, porque, desde algún punto de vista, envuelve ambas situaciones: frío y calor. El lenguaje no es lógica, sino arbitrariedad. Por eso, la noción de lo correcto es cambiante, por no decir antojadizo, para no ofender a los que manejan la gramática como un “rasero implacable”. Ya Miguel de Unamuno ironizaba con el reflejo ahogarse, cuya raíz proviene del latín focus “fuego”, etimológicamente enaguarse en fuego ¡Qué arbitrariedad!

4 de febrero de 1995

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El /habemos/ que /habrá/ que /haber/ o la regularidad de una incorrección
A doña Lourdes Camilo de Cuello, deferentemente. La primera página del vespertino Última Hora del martes 15 de agosto en curso (1995) trae esta interesante muestra para los gramáticos: ¿Habrán cambios? Su contenido se dirige a formular una inquietud en los corrillos y mentideros políticos. Un clásico de ciertas celebraciones es la remoción de funcionarios gubernamentales para año nuevo, el 27 de febrero y el 16 de agosto, que es la víspera de la publicación de marras. Problemas de la forma: la gramática normativa condena la conjugación del verbo /haber/ en plural cuando se emplea como impersonal: (Habemos) varias personas que queremos hablarle. (Hubieron) tres desfiles. (Habrán) cambios en el gobierno. Son formas consideradas incorrectas. Los preceptistas recomiendan: /Hay/ varias personas que... /Hubo/ tres desfiles. /Habrá/ cambios en el gabinete Se entiende que, como impersonal, el verbo /haber/ funciona sin sujeto, por tanto, como no podemos “reconocer” un núcleo al cual se refiera el verbo, como centro del predicado, no podemos hacer la conjugación (concordancia) en plural. Pero sucede que el hablante, en ausencia de este sujeto, “siente” cualquier nombre colocado en el complemento como si se tratara del nú-

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cleo de la oración, centro de la acción o del significado del verbo. En los casos citados, el hablante piensa que “personas”, “desfiles” y “cambios” son el sujeto en cada oración, cuando, en realidad dichos sustantivos, en cada ocasión señalada, forman parte del complemento del verbo, que es el núcleo del predicado. Por eso la gramática escolar ha recomendado, tradicionalmente, la formación singular. En verdad, /haber/ es uno de los verbos más complejos e interesantes de nuestra lengua. Se emplea como intransitivo: poseer, tener; como auxiliar, en los tiempos compuestos: “he” dicho, “habrán” salido; reflexivo: “habérselas” con alguien; e impersonal: “hubo” muchas fiestas. He ahí de donde vienen los dolores de cabeza, y no por el disfrute excesivo de las festividades, sino por razones gramaticales, porque la mayoría de los hablantes dirá: “hubieron muchas fiestas”, “habrán tres desfiles”. La gramática recomienda que se diga: Hubo muchas fiestas. Habrá tres desfiles. Lo mismo sucede con el impersonal /hacer/: Este verano /hizo/ grandes calores (no hicieron) /Hace/ cinco años que murió mi padre (no hacen) Hemos aprendido que el lenguaje es “forma”, por lo cual unos y otros elementos de la oración, que se vinculan entre sí conforme al valor sintáctico, acomodan sus accidentes gramaticales de género y número y de número y persona para presentar los hechos de habla: Niña buena: género (número sobrentendido) Los muchachos: género y número. Ellos decidirán: número y persona. Es comprensible, entonces, que un hablante no se identifique con la frase: /Hay/ varias personas que queremos /hablarle/. Porque si él está incluido en /queremos/, se sentirá fuera del he-

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cho cuando tenga que aplicar la regla gramatical de la corrección. En cambio, si dice “habemos tres”..., él se siente incluido en el comportamiento. Esta es una de las razones para el empleo de la forma irregular del verbo en cuestión. Luego, hemos de pensar que en las conjugaciones /hubieron/ y / habemos/ existe la regularidad de una incorrección. En efecto, el recién fallecido lingüista puertorriqueño, don Rubén del Rosario, al profundizar en este tema, dice que: “Las construcciones impersonales haber + complemento tienen en el español común verbo singular: había un libro, había muchos libros. No se le cambia el número al verbo y así es también en el lenguaje escrito y literario. Sin embargo, en América el verbo plural goza de aceptación bastante general, inclusive entre personas instruidas. Ejemplos: habían muchos individuos; habrán vientos fuertes; han habido serios incidentes. La concordancia se explica porque lo que era complemento pasa a ser pensado como sujeto de la frase”. Y afirma, con toda su autoridad: “Por su uso tan frecuente tal construcción puede considerarse ya correcta o semicorrecta (independientemente de lo que digan las gramáticas escolares)”. Concluye don Rubén: “Pero el caso de hubieron fiestas, hubieron personas hay que dejarlo aparte, ya que tiene menos respaldo y la clase superior lo resiente, porque el contraste es mayor entre hubo-hubieron que entre había-habían”. La condena total de la gramática corresponde al modelo e influjo peninsulares, no al modelo y la visión en Hispanoamérica. A pesar de las condenas de los preceptistas, no anduvo tan descaminado el titulador de Última Hora cuando rotuló: ¿habrán cambios?

*El español de América, Rubén del Rosario, p.52, Troutman Press, Sharon, Conn., 1970.

24 de agosto de 1995

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Involucrar
La voz involucrar, verbo transitivo, proviene del latín involucrum (envoltura), sustantivo que alude al verticilo de brácteas que acompaña una flor o el arranque de una inflorescencia. Si comenzamos por ahí, pienso que no vamos a llegar lejos. Pero quiero adelantar que me involucro con esta palabra porque a un amigo le inquieta cómo hoy se emplea el vocablo cuando el diccionario no le da la significación que tanto le atribuimos los dominicanos. Me precisa que el diccionario VOX sólo se refiere a poner en un discurso o escrito cuestiones o asuntos extraños al objeto principal. Pero le comento que no existe un instrumento único, por bueno que sea. Hay que hurgar aquí y allá, en éste y en otros. Escuchar, observar, anotar, comparar. Ciertamente, llama mi atención cómo ha evolucionado el término, muy de moda en todo el mundo hispanoparlante. Lo encuentra uno a diestro y siniestro, en el nivel escrito y en el nivel oral. Prensa armada, radio, televisión, lengua coloquial, oradores, locutores, presentadores, comentaristas, políticos, abogados, sindicalistas. De aquí y de allá: 1. La ex-fiscal del Distrito Nacional (Josefina Juan viuda Pichardo) declaró ayer que “lo mejor que puede hacer el señor Alfredo Mota Ruiz es callarse, en respuesta al emplazamiento que éste le hizo para que aporte pruebas que dice tener de que el anillo palaciego está /involucrado/ en el narcotráfico” (empleo local, El Siglo, 27 de setiembre de 1995, p. 8B). 2. El vicecanciller, Carlos Pérez del Castillo, “añadió que Uruguay no

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se siente /involucrado/ en esa ley (bloqueo en contra de Cuba), que consideramos contraria al derecho internacional” (empleo foráneo, noticia de AP, fechada el 29 de setiembre en Montevideo). Ambos usos aparecen en El Siglo del 27 de setiembre pasado. Un titular del diario Hoy informa: “La PN persigue a /involucrados/ en asaltos” (4 de octubre de 1995, p. 8). Y la muestra de una publicación de artes y espectáculos: “... sus múltiples actividades no le permitieron /involucrarse/ de lleno en... la producción y conducción del programa” (sección “Intimidades de las estrellas”, Lissette Selman, revista Galería, El Nacional, 1 de octubre de 1995). Estos ejemplos revelan la extensión del empleo del vocablo. Unas veces el nivel de uso parece grave, solemne; en otras ocasiones la palabra se “airea”, se compenetra, se vulgariza. De botánica, de inflorescencia, de verticilo y brácteas, creamos un verbo cuya semantización desemboca hoy en ‘ligado’, ‘vinculado’, ‘comprometido’. Porque del sustantivo “involucro”, cuyo origen tiene que ver con la historia natural, nace involucrar, que en el proceso de la derivación da, como primer paso, “introducir en un discurso o escrito cuestiones o asuntos extraños a su objeto principal”, como advirtió mi amigo. ¿Por cuáles razones llega tan lejos, por la vía de la extensión, la pluralidad de significados de una palabra o polisemia, que puedan girar desde inflorescencia hasta ‘comprender’, ‘incluir’, ‘abarcar’, ‘ligazón’, ‘vínculo’, ‘compromiso’, que hoy vale tanto como eso, y que tanto se emplea en diversas ocasiones? Para ilustrarlo, Martín Alonso registra involucrar con el sentido de ‘cubierta’, ‘disfraz’, usado ya en el siglo XIX (Enciclopedia del idioma, tomo II, dato que recoge del Diccionario de la Academia, año 1852). Es la primera muestra de que el verbo comenzaba a evolucionar desde aquella época, quizás antes, con el sentido de ‘injerencia’, apartándose de los límites de la botánica.

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María Moliner (Diccionario de uso del español, 1975) trae el significado de ‘mezclar’. Además: “Confundir o enredar unas cosas con otras”. El diccionario de la Real Academia de la Lengua (DRAE) es abierto en esta entrada, y da paso a una muchedumbre de usos del verbo transitivo. Todavía más prácticos y expeditos, diccionarios de sinónimos traen su lista de posibilidad de sustituciones o empleos de involucrar: “Envolver, implicar, confundir” (Ángel López García-Molins, Diccionario de sinónimos y antónimos de la Lengua Española). Introducir, ingerir, insertar, complicar, mezclar. Antónimos: Aclarar, desembrollar, especificar (Diccionario Español de Sinónimos y Antónimos, Federico Carlos Sainz de Robles). Estas curiosísimas transformaciones son realmente apasionantes, fabulosas para el investigador. Comprobar cómo cualquier vocablo da toda una vuelta o hace un peregrinaje que nos lleva a una aplicación, a un significado que nos parece absurdo que liguemos un uso por extensión basado en la semia original del término estudiado. Ya he referido la ocurrencia de Unamuno con la voz /ahogarse/, de ad-focare, de focus/fuego, para oponer agua/fuego, que el maestro maneja en su novela Amor y pedagogía. Alguna vez hablaremos del periplo de la voz “diván”, que es muy curioso y aleccionador. Mientras tanto, nos olvidamos de brácteas, verticilos, inflorescencia, axilas y otras yerbas, con o sin aromas, con perdón de la ciencia correspondiente y de don Eugenio Marcano Fondeur, respetuosamente. Pero no nos involucremos en huelgas, terrorismos, narcotráficos, prisiones y ex-carcelaciones ilegales, ni en contrabandos de armas adquiridas en la República Checa. Por si acaso... Amén.
20 de octubre de 1995

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Santiaguero/santiaguense/santiagués (I)
Una información, aparecida en el diario El Nacional del domingo 7 de febrero en curso, nos entera de que las “siamesas santiagueras que fueron referidas a un hospital en Estados Unidos, aumentaron diez libras de peso, pero los médicos que las atienden recomendaron esperar...” El despacho, firmado por Luis Céspedes, procede de Licey al Medio, provincia de Santiago. Recordé de inmediato las intervenciones de los reconocidos lingüistas criollos Félix Fernández y Orlando Alba en un seminario acerca de la identidad del hombre dominicano, organizado por la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) del 16 al 19 de noviembre de 1982. Ambos intelectuales procedían y representaban en el seminario a la Universidad Católica Madre y Maestra (UCMM), establecida en Santiago. Abordaron el tema del uso de la lengua española en la región cibaeña. En sus exposiciones, mientras uno empleó el gentilicio /santiaguense/, el otro se decidió por el término /santiaguero/. Intervine para señalar la dimensión de las tareas que teníamos por delante, cuando en un caso tan sencillo como el manejo del gentilicio, dos coetáneos y concurrentes de la misma patria chica no se ponían de acuerdo. En opinión personal, creo que, en aquel momento, el empleo santiaguero fue una manifestación espontánea, natural, mientras que el término santiaguense correspondió a un uso elaborado, un acto de respeto y solidaridad con la Academia de la Lengua. Empleado como topónimo, Santiago, en estos diccionarios y en aquellas enciclopedias, permite cinco derivaciones:

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Santiaguense/santiagueño/santiaguero/santiagués/santiaguino. Santiaguense, fórmula reciente, autorizada por la edición número veinte del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, 1984, apenas aparece en esa publicación. La atribuye a la ciudad y provincia de Santiago, de la República Dominicana. Dicho uso era desconocido, hasta ese momento, por otras obras. Las derivaciones restantes aparecen en casi todas las demás publicaciones consultadas: Santiagueño: Atribuida a Santiago del Estero, Argentina. También a lugares de España, Panamá, Bolivia, Ecuador y del Paraguay. Santiaguero: Atribuida casi exclusivamente a Santiago de Cuba, Martín Alonso, Enciclopedia del idioma, agrega, Santiago de las Vegas, un pueblo de esa misma isla. Igual en Francisco J. Santamaría, Diccionario general de americanismos. Santiagués: Es casi exclusivo de Santiago de Compostela, en Galicia, España. Pero Santamaría lo aplica, como americanismo, a los naturales de “Santiago de los Caballeros (Santo Domingo)”. Ambos empleos aparecen en el Diccionario enciclopédico Quillet. Santiaguino: Uso exclusivo de Santiago de Chile. En lo que toca a autores nacionales, Pedro Henríquez Ureña trae las siguientes variedades del gentilicio, relacionadas con el topónimo local: En ero: santiaguero. En és: santiagués. En ense: santiaguense. Con todo, afirma que el sufijo ense es de nivel culto, y destaca el uso en los periódicos de la época. Don Emilio Rodríguez Demorizi, en su recopilación Del vocabulario dominicano, 1983, dice: Santiaguense. En los últimos años, a iniciativa del doctor Julio G. Campillo Pérez, se ha puesto a circular este gentilicio del natural de Santiago de los Caballeros. Pero aún prevalecerán y los gentilicios de Santiago: santiaguero y santiagués”.

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Apreciación muy acertada. En lenguaje llano, espontáneo, ajeno a elaboraciones, cualquier nivel cultural producirá la voz santiaguero. Es lo que se escucha por aquí y por allá. Es la respuesta natural a las necesidades expresivas. Santiaguense es empleo especial, elaborado, culto, ocasional. Puede aparecer, de vez en cuando, pero en esa categoría. Y por lo demás, qué bien suena la variante santiagués en el siguiente empleo de la columna “Bola de humo”, sección deportiva de El Siglo, lunes 8 de febrero, 1993: “Los seguidores del automovilismo se preguntan porqué (sic) Luis Méndez no compitió en Puerto Rico. Dicen las malas y las buenas lenguas, que Méndez tenía miedo de perder, ante el volante santiagués Adriano Abréu” No abriguemos temores. Todos ganamos con la variedad y la riqueza expresiva del idioma.

27 de febrero de 1993

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Santiaguero, santiaguense, santiagués (II)
De tarde en tarde resurge el debate acerca del gentilicio de los habitantes de Santiago, tanto del municipio como de la ciudad de Santiago de los Caballeros. El tema reapareció el mes de mayo retropróximo, con motivo de la observación que Luis Céspedes Peña, secretario general de la seccional del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) en Santiago, le hizo al síndico de ese municipio, José Enrique Sued, acerca del uso del gentilicio. Céspedes Peña le inquirió al síndico por qué emplea en sus intervenciones públicas el término santiaguense, cuando lo correcto sería santiaguero. El síndico Sued se defendió con el argumento muy socorrido de que se ajusta a lo dictaminado por la Academia Española de la Lengua en la década del 1970, que “es el organismo que rige las normas y las reglas del idioma español”, según lo trasladó una crónica del Listín Diario del domingo 26 de mayo pasado1. Dos argumentos suelen esgrimirse para justificar el empleo de santiaguense aplicado a la comunidad de Santiago. a) Así lo ha dictado la Real Academia de la Lengua, como bien dice el síndico José Enrique Sued. b) Nos permite distinguirnos de los habitantes de Santiago de Cuba. Este último razonamiento cae por su propio peso. Hay multitud de localidades con el nombre de Santiago, desde Méjico hasta Argentina y Chile, así como en España, y sólo existen cinco gentilicios aplicables: santiagueño/santiaguero/santiaguense/santiagués/santiaguino.

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Esto da como resultado que un santiagueño puede ser natural de Santiago del Estero (Argentina) como lo es también otro de una localidad de Ecuador, en Esmeraldas, y de Santiago de la Espada, en Jaén, España, y de Santiago de Panamá. Así se repetirá necesariamente uno y otro adjetivo para diferentes pobladores en lugares diferentes. El primer argumento, de que es el término aprobado por la Academia de la Lengua, es de una preceptiva ideal pero irreal, y justifica lo que ha dicho Pedro Henríquez Ureña, de que la terminación en ense (santiaguense) en Santo Domingo, es de nivel culto. La forma, no sólo original, sino, además, espontánea y extendida por el uso, es santiaguero, no otra. Ningún otro término es paralelo en naturalidad y espontaneidad. Santiagués o santiaguense puede ser de algún valor contrastivo en el ordenamiento textual, o de recurso estilístico, un sustituto para evitar repeticiones o romper cacofonías, como el caso en que se diga “el pelotero santiaguero”, por lo que el buen gusto le permitirá al redactor emplear “pelotero santiagués”. Recuérdese que, en el cierre de la primera vuelta del proceso electoral recién finalizado “la lluvia adelantó el cierre de campaña en Santiago”.2 Si algún redactor hubiese escrito: Con los aguaceros, sólo los santiagueros más decididos optaron por caravanear en solitario por las anegadas vías de la ciudad”, de seguro le habría chocado la cacofonía aguaceros/santiagueros, y trataría de subsanarla con santiagués o santiaguense, o simplemente habría eliminado el calificativo, que pudo ser lo que hizo en su crónica Rafael P. Rodríguez, que, en el último párrafo, dijo: “Con los aguaceros, sólo los más decididos optaron por caravanear...” Ángela Peña, una mujer muy culta, responde a Frank Núñez acerca de testimonios del suicidio del ex-presidente Antonio Guzmán: “Yo escuché en un programa de radio que la publicación de este libro (Campañas y crisis electorales. La experiencia dominicana) se hizo para

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hacerle daño a la candidatura del PRD, y que eso se había manejado entre santiagueros. Tú sabes que Sonia (Guzmán) es santiaguera...” 3 Es una relación oral, espontánea, entre preguntas y respuestas. Sin embargo, otra mujer, también muy culta, Lourdes Camilo de Cuello, prefiere el académico santiaguense4 frente al santiaguero, popular y enraizado. Si se descartan santiaguinos, santiagueños, no usuales aquí, nos quedarán tres formas a utilizar. Pero santiagués/santiaguense serán alternativas, sustituciones dentro de un proceso de cuidada elaboración del lenguaje y de actitud estilística, difícilmente de producción espontánea, natural y fluida de la expresión coloquial. Es decir, son formas propias del nivel culto o literario de la lengua. Se esgrime, además, que debe ser un honor usar santiaguense, porque así lo adoptó la Real Academia. ¿Sólo por eso? ¿Sería un honor para la Academia haber omitido hasta entonces el gentilicio de Santiago de los Caballeros, correspondiente a un terruño que fue la puerta de entrada de nuestra lengua al Nuevo Mundo y, además, el primer Santiago de América? Por lo visto, es de rigor que tengamos presente que el sétimo tomo del Diccionario Enciclopédico Quillet consigna: Santiagués, sa, adj. Natural de Santiago de los Caballeros... Perteneciente esta Pcia. de la República Dominicana.5 También santiagués en el lexicón.
1 2 3

4 5

Listín Diario, “Actualidades”, 26 de mayo de 1996, p.4. Titular de Última Hora, 15 de mayo de 1996, Rafael P. Rodríguez, p. 13. “Ángela Peña obtiene nuevos testimonios sobre suicidio del presidente Guzmán, Frank Núñez, El Siglo, 13 de mayo de 1996, p.7B. Carta a don Rafael Herrera, Listín Diario, domingo 14 de febrero de 1993, p.6. Diccionario Enciclopédico Quillet (Grolier), sétimo tomo, Méjico, agosto de 1972, p.650.

13 de junio de 1996

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Los códigos de la lengua al servicio de la comunicación electrónica
En principio, el lenguaje oral se caracteriza por su sencillez y espontaneidad, mientras que el nivel escrito de la lengua implica elaboración, esmero. El redactor tiene tiempo de pensar, indagar, sustituir. Esto no sucede con la oralidad, o sucede en un grado o en una proporción directamente contrarios. El comunicador que trabaja para la radio o la televisión podrá emplear uno u otro código, según la naturaleza de su trabajo u otras circunstancias. Pero la oralidad, de una u otra forma, estará presente en las ejecutorias, no importa que el trabajo haya sido redactado previamente. Es decir, no toda comunicación que se efectúe por cualquiera de estos medios puede considerarse como una manifestación del lenguaje oral exclusivamente. La entrega final del trabajo del locutor o del comunicador social, hablando estrictamente, se producirá con la aplicación del código oral. Pero cuando se elabora un texto, cuando se lee una noticia, se acude al código escrito o nivel literario de la lengua. La oralidad sólo es un vehículo, un medio indispensable, en estos casos, para llevar el mensaje a una colectividad de receptores, que descodifica y da una aplicación o destino al mensaje. El comunicador que expone directamente recurre, de manera especial, a la oralidad del idioma, que es su forma original, que constituye naturaleza propia. No quiere decir que todo su discurso sea espontáneo, descuidado; no. Habrá siempre un mínimo de rigor, de elaboración, de acuerdo con la preparación y la responsabilidad del profesional de la información colectiva.

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En la entrevista, el panel, la presentación se trabajará principalmente con el nivel oral de la lengua. Toda lectura implicará dos trabajos: redacción (escritura) y emisión fónica final: doble plano o dos momentos sucesivos para la transmisión de contenidos. Importancia de los medios electrónicos de comunicación de masas Silenciada durante la larga noche de la dictadura de Trujillo, las últimas décadas han traído un auge para la prensa en el país. Aún con los remanentes de la tiranía en plena acción, el sector dio notaciones inequívocas de que se proponía recorrer el camino que le impusieran los detentadores del poder y de todos aquellos que adversan la dignidad del hombre, opositores recalcitrantes de los ideales del bienestar común, en libertad y con desarrollo cultural y económico. La radio fue determinante para el proceso que se inició hacia la mitad del año 1961. La radiodifusión resultó el medio más idóneo, el que con mayor frecuencia representó las aspiraciones de las mayorías, urgidas de cambios en la estructura socioeconómica y en el liderazgo político. Desde el inicio de esta etapa, la prensa escrita jugó su valioso papel. Con el paso de los días hemos asistido al desarrollo de la televisión y a la necesaria tecnificación de los medios impresos. Se observa, con el paso de los años, cómo la prensa supera el enfoque acerca de su función en el seno de la sociedad, acrecentando el crédito profesional de los medios de comunicación social. A causa de la desorganización de los grupos dirigenciales y de la debilidad que aqueja a las instituciones del Estado, la prensa está comprometida con tareas superiores, que van más allá de sus deberes naturales. Con ello contribuye al fortalecimiento de la institucionalidad y a la defensa de los derechos individuales y de las reivindicaciones sociales.

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Aún puede ofrecernos mejores cosas. Y existe el convencimiento de que lo hará sin desmayos. Trabajar la palabra en su significante y en su significado, en su estructura profunda y en su estructura superficial, es tarea ineludible de los profesionales de la comunicación cada día de su acción profesional. Pedro Henríquez Ureña nos recomienda: “A la lengua hay que trabajarla hondamente, esforzándonos en hacerla pura; bajando hasta la raíz de las cosas que queremos decir, afirmar, definir con ansias de perfección”.

2 de noviembre de 1995

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De /mí/ para /ti/
Encuentro formas disímiles de manejar la tilde (acentuación ortográfica) en el pronominal /ti/: 1.- Una entrevistadora pregunta a Felipe Polanco (Boruga) en Intimidades de las Estrellas, Revista Galería, El Nacional (24-XII-95): ¿Cuáles son las condiciones que para tí debe reunir una mujer? 2.- En una promoción del Supermercado Dominicano (Listín Diario), sección Espectáculos, p. 14, 23-XII-95) se lee: “¿Qué es la Navidad para /ti/ ?” Con tilde, el primero; sin tilde, el segundo. Otros ejemplos recientes: 1.-...recuerda que debes amarte profundamente a ti antes de amar a otro.” (Con Nancy, columna diaria del Listín. Entretenimientos-Espectáculos, 23-XII-95, p. 8). 2.- “Para conocerte, no es necesario ver tu cara...porque hay detalles que hablan de tí.” (Promoción de una tienda de calzados y accesorios en la capital y Santiago. Pudo verse en varias publicaciones). En estos dos últimos casos, a la inversa, sin tilde en el primero, y con ella en el segundo. Recurro a un poeta harto cuidadoso, manejador delicado de la ortografía: Juan Ramón Jiménez, premio Nóbel de literatura:
...Por ti la fuente mana/ más, y el viento por ti más se embellece./ ¡Huyes, pero es de ti; persigues, pero/ te persigues a ti, Diana bravía,/ sin más pasión ni rumbo que la aurora!

En ningún momento el autor de Platero y yo acentúa ortográficamente

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el pronombre complementario /ti/, llamado también pronominal, variante de /tú/ pronombre de segunda persona en el coloquio, singular, masculino y femenino, pero que, en su función como sujeto siempre lleva tilde. El poeta andaluz coincide, en el pronominal, con Nancy Álvarez y con la promoción del supermercado que se mencionó. Y es ése gramaticalmente el manejo correcto de la ortografía. La colocación del acento en la pregunta a Boruga y en la promoción de la tienda de calzados y accesorios es innecesaria, conforme a la finalidad de distinguir el papel sintáctico de los vocablos con el recurso de esa virgulilla. En efecto, marcamos el acento a /tú/ cuando es pronombre personal sujeto: /Tú/ hiciste de la nada el silencio y el camino del beso. Pero no lo marcamos cuando se trata del adjetivo o pronombre posesivo: /Tu/ piel tiene penumbras de paloma. Ambos versos pertenecen a Leopoldo Panero. Hay evidente utilidad en diferenciar, con la tilde, las dos funciones señaladas. De ahí que un /tu/, el primero, va con... y el segundo va sin ningún signo, de conformidad con el momento sintáctico de cada papel oracional. /Tú/ y /ti/ son dos formas distintas, imposibles de confundirse en la cadena morfosintáctica. /Ti/ es variante del pronombre personal sujeto y se emplea generalmente como dativo (complemento indirecto) caso de la declinación heredada del latín. La confusión proviene por la acentuación de /mí/, que desempeña dos papeles gramaticales: Ahora dentro de mí llevo mi alta soledad delgada, dice Manuel Altolaguirre, poeta malagueño. El primer pronombre sigue a una preposición, tiene papel de sus-

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tantivo; es tónico. El segundo es un posesivo, función de adjetivo; carece de acento o tonicidad. Se le marca al primero como ejercicio diacrítico. /Ti/ es empleo único. Quiere decir que no tiene otra función que no sea un sustantivo complementario, tónico y antecedido de preposición. No existe para él una función adjetiva ni adverbial. Por tanto, es ocioso marcar la tilde a ese momento o valor pronominal, porque no hay que diferenciarlo de nada. La diferenciación se justifica como recurso diacrítico del acento entre dos formas iguales que podrían provocar confusiones. El acento diacrítico es útil en casos muy reducidos de palabras, que se escriben de igual manera pero que tienen papeles diferentes en la oración. Generalmente son monosílabos: /el/ artículo determinante: el cielo; /él/ pronombre personal, sujeto o complemento: Él lo comprenderá; sólo vive para él (ejemplos adaptados de una canción de José Luis Perales). /de/ preposición: Casa de madera; /dé/ verbo: Coge lo que te dé. /que/ relativo: El hombre que vino anoche; /qué/ interrogativo: ¿Qué pasa? Un caso de bisílabo: /solo/ adjetivo: Yo estaba solo. No se le marca. /sólo/ apócope de solamente: Sólo habló el gerente. Conviene marcarlo. Todos hemos vacilado muchas veces. Todos hemos errado alguna vez. Alguna vez hemos creído, con o sin fundamento, o con poco fundamento, que /ti/ debe llevar la tilde. Y lo habremos encaramado en la /í/ ¿lógicamente? Mas, la tilde debe desaparecer de /ti/ para que en /mí/ y en todos nosotros persista el afán de la aproximación al ideal ortográfico. Conclusiones: Marcamos el acento a /tú/ en el papel de sujeto: Tú vendrás. No lo marcamos cuando es un adjetivo posesivo: Tu casa es

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hermosa. A /ti/, pronombre complementario, con preposición: Ella sólo cree en ti, nunca se le marca.

4 de enero de 1996

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Los peores y los mejores: la “recurrencia” gramatical de cada año
Con motivo del fallecimiento del actor norteamericano Dean Martin, en los primeros días de la navidad, un locutor de noticias dijo -leyó que fue “uno de los actores mejores pagados”. Lo escuché a través de NBC, Canal de Noticias, en español canal 16 para el sistema dominicano de Telecable Nacional. La frase /actores mejores pagados/ corresponde al siguiente esquema sintáctico. Sustantivo + adverbio + adjetivo: actores-mejores-pagados. Verdaderamente, el orden del núcleo o principalía y de modificaciones y dependencias sería (hipotéticamente): Primero el sustantivo: actores. Segundo el adjetivo: pagados. Finalmente el adverbio: mejores. Actores, núcleo, modificado por el adjetivo (participio) pagados; modificado a su vez por el adverbio (comparativo) mejores. Pero en el modelo aludido hay una alteración de las normas gramaticales, que violentan el sistema sintáctico del español. Si el adverbio, en principio, es una palabra invariable: ¿por qué decir mejores pagados ? Pagados (adjetivo, participio pasivo del verbo pagar) está modificando a actores (sustantivo) y concuerda con él en número y género. Mejores (adverbio) modifica a pagados. El adverbio está modifi-

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cando a un adjetivo. Adverbio (significa ‘para o junto al verbo’) modifica al verbo, al adjetivo y a otro adverbio. Don Andrés Bello dijo: el adverbio modifica modificaciones. Como palabra normalmente invariable, no puede alterar su estructura, su forma. Por tanto, debió decirse que Dean Martin fue uno de los actores mejor pagados, con inflexiones en actores-pagados, pero invariable en la función adverbial. Para mayor precisión, puntualicemos en la función comparativa de ese momento o uso adverbial: bien pagado(s) mejor pagado(s): Fulano es bien pagado en su empresa Zutano es mejor pagado que Luis. Si pasamos al plural ¿diríamos: Fulano y Mengano son los funcionarios bienes pagados o más bien pagados? Si el adverbio bien no se altera ¿por qué alterar, en estos casos, mejor o peor? Ese dislate suele reanimarse en los usos “recurrentes” de fin de año, aunque no es privativo de esa temporada, con motivo de seleccionar, por ejemplo, a las figuras “mejores” o “peores” vestidas durante el período que concluye. En una edición del suplemento Galería, del diario El Nacional, leemos: Por mi madre que publicaré, si Rafael Ovalles, el director de la revista me deja, la lista de los peores y mejores vestidos del año, okey (“Echando Párrafos ”). Los mejores y los peores vestidos, semánticamente, y de acuerdo con la estructura gramatical, son las mejores y las peores vestimentas o ropas o vestiduras a seleccionar. Si el columnista se refiere, como debemos entender, a personas: artistas, periodistas, ejecutivos, ha debido decir, por ejemplo, las cantantes peor vestidas, los locutores mejor vestidos. Contrariamente a los usos observados, Rosario Tifá emplea dos ve-

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ces el sintagma “las damas mejor vestidas” de nuestra sociedad, que fueron galardonadas con los premios Ultra 95 en diciembre recién transcurrido.....” Este empleo se encuentra en la columna de la autoría de Aristófanes Urbáez, “el Roedor“ (sic) martes 19 de diciembre de 1995, p. 7C, El Siglo, que se produjo en esa fecha una carta de doña Elsa Expósito. El uso que hace Félix Vinicio Lora del comparativo /peores/ es ya otra cosa. Y es un empleo correcto, cuando habla de “los diez peores merengues del año 1995", porque el periodista se refiere a merengues (sustantivo), que es modificado por un adjetivo /peor/ que debe concordar en número con el núcleo modificado /merengues/. Por eso vale el empleo en plural /peores/. Véase Escala, revista de El Nacional, 31-XII-95, página 13. De modo que el empleo de peor/peores, mejor/mejores va a depender, en cada caso, de la función sintáctica. Es decir, si se usa como adjetivo o como adverbio. Variará, si es adjetivo: ejemplo de Félix Vinicio Lora: /peores merengues. Se mantedrá inalterable, si se trata del empleo de Elsa Expósito (adverbio): los periodistas son de los profesionales /peor/pagados. Nada de peores o mejores en los casos comentados de función adverbial. Así es mejor. Lo contrario es peor. Así se dice. Así es. Y hasta la próxima jornada.

Santa Bárbara de Samaná,
31 de diciembre de 1995

11 de enero de 1996.

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Multitud/muchedumbre
Muchas personas entre nosotros quizás la inmensa mayoría- creen que el vocablo multitud se refiere a personas exclusivamente: La multitud vociferaba. Él le tiene un miedo terrible a la multitud. En efecto, recuerdo el caso de un profesor de redacción a quien un alumno casi lo reprendía por haber utilizado en su cátedra el siguiente ejemplo: Una multitud de reses entraban al establo. El profesor explicaba el enlace del sustantivo colectivo, determinado, con el verbo que lo acompaña en la oración. Había señalado que, en ese ejemplo, el verbo concuerda con el plural reses (sustantivo término), modificador del colectivo indeterminado multitud, y no con el indeterminado mismo, que es singular por la forma. Precisamente, el alumno insistió en que multitud no es un sustantivo colectivo indeterminado, como mitad, parte, porción, resto, tercio, grupo, sino que se trata de un colectivo determinado, porque indica un número plural de personas; no se refiere, argüía el estudiante, ni a animales ni a cosas. Lo agrupó entonces al lado de otros colectivos determinados: gente (igual a personas), cardumen (peces), arboleda (árboles) y ejército (soldados). El maestro tuvo que recurrir al diccionario, en este caso el de la Real Academia Española: número grande de personas o cosas (primera acepción).

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Una segunda acepción corresponde al empleo por sentido figurado: el común de la gente popular, vulgo. Se observa que la tendencia se dirige hacia esta segunda acepción, por lo cual identifica la palabra multitud únicamente con personas. La identificación se apoya en frases de uso corriente como: las grandes multitudes; una concentración multitudinaria. El plural (multitudes) y el adjetivo (multitudinario) no dejan dudas acerca del sentido personal de lo significado y la confusión con el colectivo multitud.. Multitud es latinismo. También, muchedumbre. Provienen de multitudo, multitudinis, que, a la vez, se deriva de multus, que significa mucho. El Diccionario de Autoridades (tomo cuarto, 1734) la define como “el número grande y excesivo de algunas cosas”, y presenta dos ejemplos: “... vino con gran multitud de Moros”; “... cuando empezó a disparar la multitud, y vio sobre sí el último atrevimiento de sus vasallos”. Nótese cómo los redactores del Diccionario ajustan ambos ejemplos a la definición: el primer caso se refiere a cantidad (de moros); el segundo a personas (vulgo). Si revisamos el diccionario de sinónimos y antónimos de Federico Carlos Sainz de Robles, observaremos que él opone “escasez” e “individualidad” a “multitud”, en ese mismo orden, lo que confirma el carácter originalmente numérico del vocablo, que luego alcanzó ese otro sentido figurado o por extensión. Veamos algunos empleos de reconocidos intelectuales: Testimonios escritos: “... aquellas confusión y multitud de lenguas que los Incas, con tanto cuidado, procuraron quitar” (el Inca Garcilaso de la Vega). “... entre la multitud de poetas y prosistas, algunos de ellos notables, hay reflejos del mundo americano y de su lengua...” (Ángel Rosenblat, Lengua literaria y lengua popular en América). “La reunión de las vocales en sinalefa ofrece multitud de combina-

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ciones distintas” (Tomás Navarro Tomás, Manual de pronunciación española). “Como hay toda clase de sucesos diacrónicos, se tendrá que resolver multitud de cuestiones análogas” (usada por Amado Alonso en la traducción del Curso de Lingüística General, de Ferdinand de Saussure. Usos orales: “El New York Times tiene multitud de fuentes de informaciones” (Freddy Gatón Arce, en una conversación, domingo 27 de febrero de 1972). “Quedan por estudiar multitud de palabras”, Carlos Alberto Ronchi March, de las universidades de Buenos Aires y de La Plata, en una reunión del Programa Interamericano de Lingüística y Enseñanza de Idiomas (PILEI) en la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, 17 de junio de 1971. Roque Barcia Para Roque Barcia, en las aplicaciones parciales de estas voces “puede haber diferencias; pero la razón del idioma es el mismo”. Dice que en multitud entra la idea de ‘plebe’, y en muchedumbre domina la idea de ‘universalidad’. Opina que mientras la multitud puede ser revuelta, tumultuosa, temible, la segunda es “siempre poderosa, imponente, respetable. Es una multitud más general, más grande, más humana”. Se sobrentiende que Roque Barcia compara esos vocablos en su acepción especial, por extensión, que se refiere a personas. En su significado original, muchedumbre es “abundancia, copia y multitud de personas o cosas”, Academia de la Lengua (DRAE). Conclusiones: La anterior experiencia nos señala que el lenguaje es mucho más complicado de lo que generalmente se supone, y que no es posible, aún para personas con algún entrenamiento, fijar rápidamente una posición radical y definitiva sobre tal o cual problema.

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Que es necesario acudir a los textos, diccionarios, enciclopedias, ensayos etc. para tener una idea más o menos aproximada del asunto que se está manejando. Aparte de que el material que sirve de referencia vale bien poco si no se apoya o si no indagamos en la realidad del habla, si no hay testimonios que permitan hacer los estudios lingüísticos o filológicos. Cuando se trata de un tema como el presente, a fin de no pecar de ligereza o para no caer en la superficialidad, es necesario que no nos circunscribamos a los usos locales (reales o aparentes) ni que nos dejemos arrastrar por tendencias limitadoras, que, desgraciadamente, buscan cabida dentro de las teorizaciones del lenguaje.

18 de enero de 1996

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Táctica y estrategia
En una entrevista concedida a Arismendi Calderón, El Siglo, Hatuey Decamps, secretario general del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y jefe de campaña electoral de su partido para las elecciones generales (1996), afirma lo siguiente: “Hay parte de las estrategias, naturalmente, que no pueden ser reveladas. El estratégico es a todo el poder. “¿Las tácticas? Lo serán en todo el país a medida que se vayan desarrollando las cosas. No por el hecho de que tú digas quiero ser presidente es que vas a ser presidente”. Es la respuesta a la pregunta: ¿Qué tácticas y estrategias utilizarán? formulada por el periodista Calderón en su inquietud acerca de las metas y estrategias del PRD para la campaña electoral que se avecina. Pregunta y respuesta están contenidas en el reportaje “Define el camino del PRD hacia elecciones”, con el antetítulo “Hatuey Decamps expone y ataca” (El Siglo, 31 de octubre de 1995, página 4-A). Dichas palabras se convierten, además, en un intertítulo, colocado hacia la mitad del trabajo de Arismendi, lo cual revela la importancia de la pregunta prealudida. Con frecuencia, políticos, sociólogos, analistas, comunicadores sociales manejan esta parificación: táctica y estrategia. Se deja caer con toda naturalidad y sencillez, como si todos entendieran el alcance semántico de los vocablos y el ámbito de aplicación entre ellos. Veamos algunos casos: Prensa local: a)... el que le quita a los reformistas “el pan de la boca” en 1978, no

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es Bosch, sino su discípulo de piel oscura, que desarrolla una estrategia que le permite al Partido Revolucionario Dominicano aprovechar... (“De quién será Peña”, Julio Martínez Pozo, El Nacional, 21 de enero de 1996, p. 14). b) No podemos detallar nuestra táctica para no poner en alerta a quienes desacatan la decisión judicial a favor de Franklin (Franco)... (“Dicen volverán a someter a Franco”, Geomar García, El Nacional, ídem fecha, p. 6). Cable internacional: Salinas sigue muy de cerca el juicio contra su hermano... y por teléfono conversa con los abogados sobre la estrategia de la defensa (“Prensa reitera Salinas vive en Cuba”, agencia EFE, El Siglo, 8 de enero de 1996, p. 4A). La prensa, claro, no tiene espacio para explicar multitud de casos o situaciones que se dan en la cotidianidad del quehacer. Mientras tanto, la vida sigue su curso, agitado o no, pero no tiene más remedio que seguir adelante. Pero ¿podría usted decirme las diferencias semánticas de esas palabras? ¿Tiene una respuesta a la mano? ¿Acaso la tengo yo? Recurro al diccionario. Me remito al orden de uso, no al rigor alfabético: Táctica: Arte de poner las cosas en orden. Conjunto de reglas a que se sujetan las operaciones militares en el combate. Sistema o habilidad que se emplea para lograr un fin (VOX). La Academia es más clara en esta tercera definición: sistema especial que se emplea disimulada y hábilmente para conseguir un fin. Estrategia: Arte de proyectar y dirigir las operaciones militares. Arte, traza (diseño o plan) para dirigir un asunto (VOX). En principio se confunden los significados, porque se siente una gran aproximación entre el conjunto de reglas a que se sujetan las opera-

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ciones (tácticas) y el arte de proyectar y dirigir las operaciones militares (estrategias), aparte de la aplicación de los vocablos en otros niveles o actividades. De primera intención, y para los no iniciados, no es fácil diferenciar los valores conceptuales de los términos en su aplicación en el área de la política, de la mercadología o de la milicia. Sin embargo, el diccionario VOX nos ayuda con la siguiente explicación, aplicada a la milicia: la estrategia se refiere a las operaciones y movimientos de la campaña en general, mientras que la táctica se refiere al acto de combate, a la batalla misma, digamos, para ver si se puede entender. Parece que Decamps consulta ese diccionario. Pero ¿nos confunde Federico Carlos Sainz de Robles cuando ofrece el siguiente marco de posibles sinónimos o sustitutos?: ESTRATEGIA: destreza pericia habilidad TÁCTICA: sistema procedimiento método En una y otra palabra coinciden el sentido de arte, de orden, dirección, reglas, habilidad, operaciones, fin, objetivo. Su uso más extendido o más antiguo es dentro del área castrense. Pero eso no quita que los vocablos puedan alcanzar el nivel de la creación poética:

Táctica y estrategia
Mi táctica es/ mirarte/ aprender como sos/ quererte como sos/ mi táctica es/

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hablarte/ y escucharte/ construir con palabras/ un puente indestructible/ mi táctica es/ quedarme en tu recuerdo/ no sé cómo/ni sé/ con qué pretexto/ pero quedarme en vos/ mi táctica es/ ser franco/ y saber que sos franca/ y que no nos vendamos/ simulacros/ para que entre los dos/ no haya telón/ ni abismos/ mi estrategia es/ en cambio/ más profunda y más/ simple/ mi estrategia es/ que un día cualquiera/ no sé cómo/ ni sé/ con qué pretexto/ por fin/ me necesites. ¿Anduvo también el fogoso político consultando a Mario Benedetti?* Entre lo que dijo y lo que no dijo Hatuey Decamps en la entrevista de marras ¿qué entendió usted? ¿Coincide él con el poeta o con los diccionarios? ¡Vaya usted a saber! Los colombianos extienden al vocablo estrategia el significado de estratagema. Pero también el de astucia. Esto último pude sacar de las palabras del joven dirigente. El Cacique tiene una gran habilidad para salirse con la suya. ¡Qué muchacho!

Santa Bárbara de Samaná, 31 de diciembre de 1995. “Táctica y estrategia” de Mario Benedetti, Antología poética (1942-1991) Casa de las Américas, colección Literatura Latinoamericana, edición 1995, La Habana, Cuba.

1º de febrero de 1996

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Mis gazapos ortográficos: De Payeyo García al doctor Héctor Mateo
Escribía en la pizarra de una de las aulas de la escuela normal de varones Presidente Trujillo, llamada hoy liceo de educación secundaria Juan Pablo Duarte. Era febrero de 1952 y me estrenaba allí como profesor de lengua española. Me encontraba en mis primeras horas de aquel largo trayecto sin retorno, que son las aulas. De pronto un alumno, Payeyo García Troncoso* señalaba un error ortográfico contenido en mi escritura. Doy el frente al alumnado mientras reflexiono y admito el error, a la vez que explico la causa posible de la confusión e intento ensayar algunos criterios acerca del proceso de la fijación de las formas de las palabras. Eran días de gran quietud en las aulas. Respeto, disciplina, admiración. Payeyo debía tener unos trece años en aquel momento. Por los pasillos del plantel, Virgilio Travieso iba y venía. Alguna vez el sub-director Ángel Mieses Lajara. Dirigía la escuela el doctor Rogelio Lamarche Soto. Recuerdo a muchos de los alumnos: Bernardo Defilló, Incháustegui Salvador, Rafaelito Alburquerque, Luisito Schéker; Socías; Selig, fallecido en un accidente de motocicleta; Octavio Morales, hoy neurólogo; Marchena, luego ingeniero; José Joaquín Puello, Lorenzo García Troncoso, Amín Abel Hasbún, Arístides Incháustegui, José Andrés Aybar Sánchez, Chiqui Troncoso Cuesta, de los que derramaban lágrimas en aquellos días del “play” de la Normal y de Alonzo Perry...

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El error cometido por mí fue una derivación del verbo /echar/ escrito con /h/ inicial. Eran mis inicios. Poca experiencia; nerviosismo, descuido de novicio. Siempre sucede, sucede ahora. No importa que pasen los años. Tengo que revisarme con cantidad de formas. No hay manera de escribir /reivindicación/ correctamente. Lo logré ahora mismo por razones obvias de pre-censura. Generalmente me sale rein-vidicación; y lo reviso, en la versión de maquinilla o de computadora, y todavía se va el gazapo. Parece que es una asociación con /reincidencia/, por el uso del tecnicismo jurídico, manejado con frecuencia en la carrera de derecho. Un duendecillo inquieto y burlón nos hace esas jugarretas. Ese diablillo se vale de la semejanza fonética entre muchos vocablos para inducirnos a errores al momento de decidir una forma, bien sea en el empleo oral o en la transcripción escrita: vaso/bazo, sirio/cirio; idiosincrasia; calavera/carabela; impertinente/impenitente. Un periodista escribe: “...Santos emitió cheques sin fondos, lo endorsó y lo cambió” (sic). Lo de /endorsó/ en lugar de /endosó/ a lo mejor le parece pertinente al comunicador, porque de seguro el delincuente firmó los cheques al /dorso/. Aquella /h/ sorprendió al periodista en el reporte para El Siglo: “La Sociedad Dominicana de Cardiología: Conozca señales de alarma corazón”. Escribió: “Una indigestión y gases son el principio de dolencias cardíacas, mas las personas se conforman con tomar un te de anís y /h/echarlo al olvido”. La edición es del sábado 3 de febrero en curso, sección C, Sociedad-Comunidad, de este periódico. Es un reportaje con motivo de la celebración del mes del corazón y la campaña anual del grupo de cardiología acerca de la salud del corazón.

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Las declaraciones las da el doctor Héctor Mateo, pero la transcripción es responsabilidad de la prensa. Dicha responsabilidad se desprende de la forma de la redacción y de la fotografía que ilustra el trabajo comentado. Frases empleadas por el/la periodista: El cardiólogo asegura .../ Explica el presidente de la Sociedad Dominicana de Cardiología.../El doctor hace suyo el adagio.../siendo el doctor Mateo... De ese modo, el gazapo es del periódico, de nosotros; no le corresponde al declarante. El problema está entre la superficialidad y la ignorancia; entre la seguridad y la duda. Dudo mucho que para realizarse con el menor número de errores ortográficos se pueda redactar sin un mínimo de duda en el manejo de la lengua escrita. Nadie está libre de caer en un error, en una falacia, en un fetichismo ortográfico o en un simple descuido. Hay que vivir revisando; hay que estar en consulta permanentemente. Un principio de duda, una cierta proclividad por el contraste y la confrontación nos asegurará un mayor grado de corrección. Esa debe ser responsabilidad cotidiana de quien maneja los códigos de la lengua. La digitación o el mecanografiado deben revisarse cuidadosamente, desde diversos ángulos, no sólo el ortográfico, del que ahora me estoy ocupando. Leonardo Favio nos jugó una mala pasada. Digo nos jugó porque Emilia Pereyra corregía junto conmigo un artículo de mi autoría que se publicó en estas mismas páginas de El Siglo. La palabra estaba bien escrita en el trabajo que yo llevé. Durante unos minutos Emilia y yo revisamos el original en la pantalla de uno de los ordenadores del periódico, pero no nos dimos cuenta cómo lo habían digitado. ¡Y salió mal!

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Ya lo contaré, si no los canso con este tema.

*Payeyo García Troncoso fue un “niño prodigio”que descolló muy temprano como poeta, teatrista y en otras actividades. Murió muy joven (entre 1958 y 1959) en un accidente de tránsito en la autopista hacia San Cristóbal.

15 de febrero de 1996

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¿Saber más gramática o poner más cuidado?
El error aparece en la edición dominical de un periódico dominicano. Se trata de un caso de regla gramatical. Una cuestión fácil de asimilar para determinado nivel educativo. Memorizar la ortografía y hacer adecuadamente las derivaciones, conjugación y construcciones. Es sólo un caso, pero apareció en dos ocasiones con la misma palabra. Sólo que en dos titulares y en la misma página: Empresa estable/s/e programa mejoría calidad de empleados Estable/s/en banco de Información¹ EL verbo establecer² es transitivo. Se conjuga como agradecer, nacer, lucir. Estos verbos llevan /c/ en la radical o raíz, no /s/. Toman /z/ antes de la /c/ en varios momentos de la conjugación: Presente de subjuntivo: nazcan, luzcan, establezcan. Pero nunca adoptan /s/ en el contorno /acer/, /ecer/, /ucir/. La paronomasia -proximidad o semejanza fonética entre dos o más palabras- nos induce a errores a la hora de aplicar las normas del código escrito. El empleo del pronombre /se/ enclítico: desesperarse, creerse, nos suele confundir: “... por lo que su ausencia de estas últimas semanas, sin conocer/ ce/ que esté de viaje...” (Confidencias. J. A. Sarastegui Samboy, El Siglo, 25 de setiembre de 1995. p.7). “...a la comisión de la OEA debe reconocér/ce/le el mérito de

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haberse quedado en el país y participado en...” (Peynado desautoriza a Clinton críticas sin esperar fallos JCE, Listín Diario, 3 de julio de 1994, p.3). Al redactar, solemos confundir y escribimos con /c/ el pronominal /se/ en función de complemento. Este pronombre actúa como acusativo y como dativo, es decir, complementos directo e indirecto, respectivamente. Es de género masculino y femenino y representa la tercera persona gramatical en uso y forma reflexiva y recíproca del lenguaje. Se puede emplear como proclítico (delante del verbo): se callan; o como enclítico (pospuesto y unido al verbo): cállense. Es palabra átona, y, contrariamente a los pronominales tónicos: mí, ti, sí, (piensa en mí; habla mucho de ti; volvió en sí), las funciones átonas no requieren preposición: créeme, acuérdate, préstaselo; me voy, te lo dije, se enojó. Pero este fallo no sólo se produce en los encuentros –más complicados– de verbos y pronombres. De igual manera, la equivocación es frecuente en otros momentos de las grafías /z/, /c/, /s/. Recurrimos a la prensa: capases: cambio de /c/ en /s/ (periódico Hoy); donjuanezca: cambio de /s/ en /z/ (El Siglo); serradura: /c/ en /s/ (El Siglo); exitaso: /z/ en /s/ (revista Escala, Listín Diario); remozemos: / c/ en /z/ (El Siglo); suciesa: /z/ en /s/ (Hoy) y precensiara: /s/ en /c/ y /c/ en /s/ (revista Temas, Hoy). ¿Es cuestión de recibir más enseñanza o la responsabilidad individual de poner más atención, de reflexionar más al momento de escribir? Entendemos que hay mucho de lo uno y un tanto de lo otro. Debemos aspirar a una mejor formación. El idioma debe enseñarse en forma de mayor interacción en el aula, que obligue al educando a reflexionar acerca de la estructura de la lengua, a internalizarla profundamente. El problema viene de atrás, de mucho descuido en la formación escolar.

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Por tanto, el problema es de base y por eso se proyecta en todos los niveles. La enseñanza se masificó prácticamente de golpe, sin estar preparados, sin planificación estatal, sin la menor conciencia de lo que se nos venía encima. No tuvimos tiempo de asimilar una filosofía de la educación dominicana. El ciudadano vive atrapado por las urgencias cotidianas, enajenado por las fallas generales del sistema, que lo convierten en mutilado social. Se desdibuja como genio del desinterés y de la superficialidad; pero en el fondo es un desconcertado de su propia causa, acosado por la inseguridad y las carencias, que sólo le permiten luchar para subsistir o para el mejoramiento económico, sin mayores apremios de superación personal ni crecimiento espiritual sostenido o sostenible.

¹ Listín Diario, domingo 31 de marzo de 1996, primera sección, Actualidad, p. 9. ² Significados de establecer: fundar, instituir; ordenar, decretar; avecindarse; crear por cuenta propia un negocio o actividad mercantil.

4 de abril de 1996

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¿Inte/r/perie o inte/m/perie?
Usamos términos, frases y modismos en la forma en que los hemos recibido de quienes aprendimos la lengua o de quienes han contribuido a enriquecer nuestra expresión verbal. Empleamos formas de vocablos tal como las hemos asimilado en el medio; quizá, también, como nos suenan o nos parece que suenan, o nos parece que deben ser. Esto, en multitud de casos, es una actitud o realización no consciente. Aplicamos modismos o refranes en la creencia de que significan tal cosa, cuando la verdad es que significan algo diferente. Mientras unos dicen: Por /h/ o por /rr/, otros varían: Por /h/ o por / b/. En la generalidad del español, y en el español peninsular, particularmente, se dice: Entró como /Pedro/ por su casa. Aquí adaptamos: ...como /perro/ por su casa. Decimos /álgido/ a lo /caliente/, cuando en realidad álgido es /frialdad/. En muchos lugares de la región este del país es bien conocida la palabra furo, referida a ‘orificio’, ‘hoyo’, desconocida en otras regiones. Ejemplos: Esa sábana tiene un furo. Tapa ese furo que hay en la pared. Hay una razón para ese empleo: furo es el orificio que tienen en el fondo las hormas o moldes cónicos en que se vacían los panes del azúcar. Se está hablando de ingenios azucareros, que abundan en aquella región, lo cual propicia, por allí, el empleo del vocablo de origen latino, que

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viene de forare, equivalente a ‘horadar’, ‘agujerear’ una cosa de parte a parte. Es decir, que las formas del lenguaje varían de un sitio a otro. A veces entre lugares muy próximos. Hemos escuchado en Hato Mayor: Si señas valen (Juanito Barceló), mientras que en El Seibo, Toñito Nolasco produce la frase: Si reglas valen. Los usos se imponen, se dan fórmulas regionales, locales, que pueden convertirse en dominicanismos, bolivianismos, chilenismos... ¿Hasta dónde es válida la variación de una palabra, el modismo, la frase hecha, el cambio de significado del refrán? Álgido equivale a muy frío: fiebre acompañada de frío glacial, pero empleamos el término como ‘muy caliente’. De un chismoso(a) decimos que se la pasa “a Dios rogando y con el mazo dando”, cuando el refrán significa que debemos pedirle a Dios, pero, a la vez, ponernos a trabajar; que no podemos esperarlo todo de la providencia divina. Sin embargo, el caso que hoy nos preocupa es una simple sustitución ortológica/ortográfica, pero que es ilustrador de cuán difícil es cambiar los hábitos lingüísticos. En una columna diaria de este mismo periódico se deja leer que el traje de la artista (Ariela) “tenía un escote que por lo que dejaba al interperie invitaba a vivir una situación escalofriante”.* Los diccionarios comunes no registran la forma inte/r/perie. Se quedan -y les basta- con intemperie. Tampoco se incluye interperie en varios diccionarios de americanismos que he tenido a la mano. No se encuentra en el de dominicanismos de Patín Maceo ni en otros estudios de autores criollos. Es, pues, un barbarismo ortológico, al cambiar la pronunciación de /m/ por /r/, que luego se proyecta a nivel de código escrito. Intemperie viene de tiempo: deste/m/planza o desigualdad del

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tie/m/po; lo que está descubierto, expuesto a las inclemencias de la naturaleza. La /r/ es una intrusa en esa realización. Puede deberse a que existen muchas construcciones con inter, como prefijo o como componente de vocablos: interpelación, internacional, interferencia, frente a los poquísimos casos con intem: intemperancia, intempestivo, y casi ya acabo. En alguna oportunidad se luchó arduamente en las aulas para advertir acerca de la incorrección de dicho empleo. Se destacó en la lucha el profesorado de lengua española del Colegio Universitario y del departamento de Comunicación Social de la Universidad del Estado. Para esos días, las noticias recurrían demasiado a la fórmula dominicana con /r/. La acción académica produjo resultados, pues ya no aparece el yerro con la misma frecuencia. Y aunque se entiende que es harto difícil erradicar la articulación interperie, a nivel escrito debemos cuidarnos de tales desvíos o vacilaciones, por la estimación del grado de cultura que tiene la persona que redacta y por el prestigio del material escrito, especialmente la prensa armada, por el acceso cotidiano de lectores de diferentes niveles de educación. Lo vi, lo leí en la prensa es un recurso considerado válido por muchas personas para justificar un empleo lingüístico. Aunque la vida vaya rápidamente, debemos tomar conciencia de estas situaciones y tratar de superarlas día a día.

* En una columna de farándula de El Siglo, 30 de enero de 1997, sección ¡Diversión!, p.6C.

6 de febrero de 1997

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Travesuras de la tilde
Burocr/á/tizado. ¿Concibe usted esta forma de acentuación ortográfica? ¿Y la pronunciación? ¿Una palabra sobresdrújula en español? ¿Y cómo es eso? No es que no exista esta “cosa” en nuestro idioma. Es que para ello, lo normal, usual o corriente es que se unan a un verbo dos o más pronombres personales complementarios, átonos (que no llevan acento prosódico), adicionados al final, fijados al verbo: Dígaselo. Devuélvamelo. En tales casos, el verbo diga es una voz tónica (que lleva acento prosódico) igual que devuelva. El mayor refuerzo del impulso espiratorio recae, respectivamente, en la penúltima sílaba: /di/ y /vuel/. Por tanto, diga/devuelva, consideradas aisladamente, son palabras llanas. Sin embargo, si al vocablo /diga/ se le agrega al final la sílaba /lo/, en este caso un pronombre complementario, sin elevación del tono de la voz (átono), el verbo conservará el acento en su mismo lugar. Pero la construcción viene a ser una forma esdrújula (proparoxítona), pues ya el acento no se encuentra en la penúltima, sino en la antepenúltima sílaba. Aún más, si le incluimos /se/ a esta construcción: díga/se/lo, la dicción gana otra sílaba, que, colocada después del refuerzo acentual, se convierte en sobresdrújula. Igual análisis vale para /devuélvamelo/. Este fenómeno opera en el campo de la entonación por la función y empleo del acento. Por tanto, se trata de una manifestación que corresponde al código oral de la lengua. A nivel de código escrito, a veces reflejamos esa entonación con una tilde, que solemos llamar acento ortográfico. Dijimos sólo a veces,

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porque marcar el acento (escribirlo) corresponde a las reglas de la escritura u ortografía. En principio, no lo ponemos en el vocablo /di/ por ser un monosílabo. Tampoco lo hacemos en /digo/, por tratarse de una voz llana (paroxítona)¹ terminada en vocal. Pero se marca en dígame/dígamelo, por ser, respectivamente, esdrújulo y sobresdrújulo. Lo que queremos destacar es que esto de las sobresdrújulas existe en español sólo cuando adicionamos al final de un verbo dos o más pronombres enclíticos.² Pero ¿dónde está la construcción verbo más enclíticos en el vocablo buro/crá/tizado? Aclaramos que no se trata de un ejercicio de entonación y acento. No. El caso apareció en el reporte “Instalan Comisión de Reformas”, que se publicó el pasado viernes 7 de febrero de este año en un matutino local.³ Se hablaba acerca de la instalación de la Comisión de Reformas y Modernización del Estado, y que el secretario de la citada comisión declaró que la entidad no pretende convertirse en un organismo “burocrátizado”. Lo normal, usual y corriente es que las palabras del idioma lleven solamente un acento o refuerzo tonal. El vocablo sola/mente, escrito arriba, es una excepción: palabra dítona o de doble acento, pues se recarga en /so/ del primer componente, y en /men/ del segundo. Una elaboración especial a base de un adjetivo en forma femenina (sola) más la partícula mente (una forma sustantiva). Pero /burocrátizado/ no es la misma situación. Es sólo un caso de acentuación ortográfica irregular, responsabilidad del periódico.

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Si se nos obliga pronunciar esa palabra de acuerdo con la tilde, tendríamos que dividirla en dos: burcrá/tizádo. Doble entonación, que no es propio del sistema prosodémico de nuestra lengua, si consideramos los términos aisladamente. Sucede en poemas o en musicalización de versos: Tu anóche/cído/pélo. tu vóz/dormída/al béso. Así lo entona un cantautor argentino, dividiendo en dos el término anochecido, para la correlación rítmica y entonacional del pareado, ya que dicho verso requiere triple acentuación, como verso.4 Con todo, no se trata de un recurso privativo o licencia de los creadores artísticos. Si levantáramos un cuadro acerca de la pronunciación de un texto cualquiera, podríamos encontrar interesantes curiosidades de la realización verbal. Por tanto, lo importante es determinar, en este análisis, las posibles causas de los yerros ortográficos. Si el periodista usó la tilde en el segmento /burocrá/, se debe a la analogía ortográfica: pensó en el término /burocrático/, que sí recibe el trazo o virgulilla en la antepenúltima sílaba, por ser un esdrújulo. La confusión sucede en multitud de ocasiones. ¿Cuántas veces hemos tropezado con jóven, orígen, crímen, órden, llanas terminadas en /n/, confundidas con sus plurales respectivos: jóvenes, orígenes, crímenes, órdenes. Estas sí requieren que les pintemos el acento. ¿Por qué acentuamos contínuo, si no es por su aproximación, ortográfica con continúo/continuó? Ti no es igual a mí. /Algún/ quién/, /algún/ qué/ no requieren la virgulilla. Pero la encontramos de vez en vez. La llevan cuando son interrogativos o exclamativos. No en los demás usos. Alguien ha convertido bacteria en bactería, por su parecido con el nombre del acumulador de energía eléctrica.

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En nuestro artículo “¿Inte/r/perie o inte/m/perie?”, del jueves 6 de febrero en curso, en este mismo diario, apareció Toñíto, con tilde sobre /i/. No estaba en los originales. El miércoles anterior, antes de entrar en página, se hizo en la pantalla la revisión final del artículo. No estaba la rayita. O, digamos mejor, no la vimos allí. Pero apareció en la edición del día siguiente. A cualquiera se le va o le ponen una tilde.

¹ Las voces agudas se denominan también oxítonas. ² Se llaman proclíticos cuando van delante de la palabra: /Te/ contaré. Pero entonces no se escriben juntas. 3 Periódico Hoy, sección El País, p.6. 4 Leonardo Favio, “Ella, ella ya me olvidó”.

20 de febrero de 1997

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El papo vicioso: una experiencia lingüística en tertulia con Luis Carbonell en La Habana
Nos encontrábamos en el vestíbulo del hotel Inglaterra, La Habana, el mismo hotel donde vivió Antonio Maceo a fines del siglo XIX. Era una fresca tarde del último otoño. Don Luis Carbonell, a pesar de su semi-invalidez, como consecuencia de una trombosis cerebral, había insistido en que iría el sábado 30 de noviembre, en horas de la tarde, a visitar la delegación dominicana que asistió a la conferencia internacional “Lingüística ’96, Estudios actuales”, organizada por el Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba. Llevaría unas grabaciones que, a pesar de su quebranto, había hecho para Arístides Incháustegui. Se había formado, alrededor de Carbonell, un corro muy animado, con vivencias y anécdotas experimentadas por el artista en Santo Domingo. Se habló mucho del dictador Trujillo, de sus hijos Ramfis y Radhamés, de Petán Trujillo y del ambiente artístico de aquella época. Don Luis solicitó el envío de libros acerca de la era. Estuvo muy interesado, además, por saber de varios amigos: Freddy Beras Goico, Sonia Silvestre, Alberto Beltrán, los hermanos Mariano y Carlos Lebrón Saviñón, Carmelo Aristy Rodríguez, Arístides Incháustegui... Se habló acerca de todos ellos. Carbonell refirió los éxitos de Beltrán en Cuba -Beltrán estaba vivo para esa fecha-, y le relatamos los inicios humildes del más tarde popular

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Negrito del Batey y sus empeños de superación que lo elevaron a la cima. Los dominicanos presentes en la tertulia éramos Manuel Núñez, Noris Céspedes de Lockward, las hermanas Olimpia y Margarita Sánchez, de la ciudad de la Romana, y yo. En un momento, el “Acuarelista de la poesía afroantillana”, preguntó por el doctor Abelardo Vicioso. Yo, de “trascendío”, intervengo: “ ¡Ah!, sí, Papo Vicioso. Don Luis me aclara: “Aquí le decíamos Abelardo, porque “esa” palabra no se puede pronunciar... Entre nosotros prendió la curiosidad. Se encontraba acompañándonos, casi despidiéndonos, porque regresábamos al día siguiente, una joven investigadora del Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba: Lourdes Montero. La acompañaba una compatriota suya. La interrogación daba la vuelta al corro, y un hermano del declamador descifró el misterio. Al momento llegó hasta mí que “papo” en Cuba es la parte pudenda de la mujer. Imagínense lo que se armó cuando comencé a dar “cuerda” con el tema. Todos comentábamos y reíamos. Luego aquí, don Alejandro Vilela, comentarista de temas de política internacional de El Siglo, gozó con la ocurrencia y me dijo que, en efecto, en su país oía mucho esta frase, en la calle: ¡Qué papo tiene esa hembra! Aurelio Santiesteban, en El habla popular cubana de hoy, confirma: Papo. El órgano sexual femenino.* Referí a mi amigo, el papo dominicano, Abelardo Vicioso -que es muy buena gente- lo que nos habíamos divertido en La Habana con su apodo, y, mientras sonreía, me refirió que, verdaderamente, había pasado

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por esos apuros en la tierra de Martí, y que, en una ocasión, de regreso de un Congreso -era la época en que no se viajaba directamente entre nuestros dos países- volaba en ruta hacia Panamá, para hacer el enlace que lo trajera a Santo Domingo. En el vuelo iba el poeta panameño Rogelio Sinán, muy amigo suyo, y jaraneaba con el asunto de la palabra tabú: -Pongan un telegrama a mi casa, que para allá vamos con el glorioso papo Vicioso. Comentaba Abelardo que todo el trayecto La Habana-Tocumen fue un quehacer de tragos y chanzas bajo el comando del poeta Sinán. El punto culminante en la tertulia del hotel Inglaterra fue cuando me “reprochaban” que yo había encendido el can con ese tema, y respondí, sin pensarlo dos veces: -Pero imagínense, señores un papo y, además, Vicioso. ¡Aquello fue la de morirse!

*Aurelio Santiesteban, El habla popular cubana de hoy, Editorial de Ciencias Sociales, 1985, La Habana, Cuba, dice que es un vulgarismo de uso general (Ver Fco. J. Santamaría, Diccionario de americanismos). En Santo Domingo lo cambiamos por popa, una transposición o metátesis, forma festiva de lenguaje infantil, que emplean mayormente las mujeres para comunicarse con las criaturitas y transmitirles principios de aseo y de pudor.

8 de mayo de 1997

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Tres /solo/ y cuatro /si/
Un lector nos pide que tratemos acerca del empleo de la acentuación ortográfica de los homógrafos /solo/, es decir, cuándo debemos colocar la rayita sobre una de sus vocales y cuándo debe omitirse dicha marca. Preocupado por la tilde, también nos transmite su inquietud en relación con su empleo en las diferentes formas de /si/, que unas veces la llevan y otras veces carecen de distinción gráfica. El lector nos habla de las tres formas de /solo/ y de tres formas de /si/. Sin embargo, este último vocablo tiene cuatro diferentes empleos, como veremos más adelante. /Solo/ es una voz de dos sílabas (bisílabo) que termina en vocal. Lleva el acento (prosódico) sobre la penúltima sílaba. Se clasifica como palabra grave, breve o llana. Para los fines de la acentuación, las sílabas se cuentan desde el final hasta el inicio de la palabra. Dicho vocablo tiene tres empleos bien diferenciados, por tanto, fáciles de reconocer: -Funciona como un adjetivo: Juan estaba /solo/ en la fiesta. No se marca el acento. -Funciona como adverbio, apócope de solamente: /Sólo/ hablará un orador. Es, en su origen, la formación de un adjetivo con terminación femenina (sola) y la partícula /mente/, que es función sustantiva. Al hacer el apócope, se le marca el acento sobre la primera /o.* -Funciona como un sustantivo masculino: Ella realizó un /solo/ de ópera. Se aplica cuando canta, baila o toca una sola persona. No lleva tilde.

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/Solo/ es, en cada función sintáctica, una palabra tónica, aunque no se le marque el acento, porque lleva siempre refuerzo espiratorio en la primera vocal. En principio, estas formas no requieren la acentuación ortográfica por ser voces llanas o paroxítonas, terminadas en vocal. El empleo de la tilde para distinguir la función adverbial explicada arriba es un rasgo diferenciador, que en gramática llamamos acento diacrítico. En medicina, los rasgos diacríticos son los síntomas que permiten distinguir claramente una enfermedad de la otra. El uso de esta acentuación es muy limitada -casi siempre en monosílabos-, y permite precisar la función sintáctica de las palabras marcadas o no con ese rasgo, ápice o virgulilla: Ya /él/ viene (sustantivo-pronombre). Trajeron /el/ niño (artículo). Toda acentuación gráfica en un monosílabo es función meramente diacrítica, porque siendo un monosílabo: pan, sol, vio, el, no hay lugar a articulación viciada, porque solamente hay una forma para pronunciarla. Por tanto, el acento con que reconocemos las cuatro funciones del monosílabo /si/ es diacrítico: 1.- Adverbio de afirmación: ¿Lo compraste? /Sí/; lo compré ayer. 2.- Forma reflexiva del pronombre de tercera persona para los dos géneros y números: Volvió-volvieron en /sí/ como a los cinco minutos. Ambos reclaman la tilde. 3.- Conjunción condicional subordinante: /Si/ estudias, progresarás. 4.- Nota musical: do, re, mi, fa, sol, la, /si/. En estos dos últimos usos no se requiere el acento ortográfico. El empleo de la tilde o acentuación ortográfica permite leer un texto con precisión y con entonación adecuada, y nos lleva al recto pensa-

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miento del autor. Si se aplica correctamente, podemos distinguir entre canto y cantó; caso y casó; número, numero, numeró; último, ultimo, ultimó; término, termino terminó. Su función, como recurso del código escrito para ajustarse a los valores prosódicos-prosodémicos del discurso, ha sido ponderado por ortógrafos de otras lenguas que encuentran dificultad en algunos momentos de la realización de su idioma. En francés usted escribirá /cérémonie/, con doble acentuación ortográfica (aguda en esa lengua), pero pronunciará /ceremoní/. En inglés, se escribirá /recite/, /recipe/, escrituras de tres sílabas, aunque en el primero diremos /risáit-rizáit/ (aguda), con diptongación tónica al final, mientras que en el segundo pronunciará /récip/ (llana), con acento (prosódico) sobre la primera /e/, pronunciadas ambas con dos sílabas. Vale decir, en inglés una terminación similar o aproximada puede dar palabra aguda, en un caso, pero llana en otro; así como puede dar diptongo o puede no darlo. ¿Y qué decir de los peloteros de grandes ligas Carl Erskine y Al Kaline? El segundo es /Kaláin/, con diptongación acentuada final; mientras que el primero tiene que ser /Érskin/, voz llana, sin diptongo y con refuerzo sobre la /e/ inicial. De modo que, en inglés, en términos de pronunciación, uno no sabe nunca nada. Es cuestión de uso, no de reglas. O la regla es como se use en cada oportunidad, en cada momento de los hechos del habla. Por lo tanto, no jubilemos la gramática... ¡todavía!

*En la más reciente edición de Ortografía de la Lengua Española, la Real Academia vacila: “Cuando quien escribe perciba riesgo de ambigüedad, llevará acento ortográfico en su uso adverbial”: Pasaré sólo (solamente) este verano aquí”.1999.

15 de mayo de 1997

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Vigencia de la palabra como poder de comunicación
Para los días de estos tiempos, llamados de la posmodernidad, se ha pronosticado la hegemonía de recursos tecnológicos de la comunicación por encima del sonido articulado. Se ha establecido límite para la caída de las verbalizaciones, y estamos pisando, podría suponerse, los linderos existentes entre ambas jurisdicciones. Se ha hablado mucho acerca de este tema. Allá y aquí. Aquí y allá. Aquí tenemos quienes sostienen la tesis. Pero también tenemos quienes piensan que al signo lingüístico, a la verbalidad le queda un larguísimo trecho por recorrer. Nos concretaremos a un análisis con los referentes inmediatos relacionados con el asunto. Es frecuente que enfoques o criterios que provienen de áreas diferentes a la ciencia del lenguaje entronicen “falacias” que pretenden restar valor a la eficacia del vocablo, en tanto sonido significativo, vale decir, poder de comunicación. En este orden, es frecuente escuchar que “una buena imagen vale más que mil palabras”. Y la aseveración tiene mucho de verdad, hasta cierto punto. Pero la expresión es válida aplicada solamente hacia algunos aspectos o circunstancias del asunto. Cuestión de criterio o de enfoque, aplicación de un punto de vista, que se admite como “verdad” relativa o circunstancial.

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El hermoso cuadro de la Gioconda, con su misteriosa y suave sonrisa, o la foto del presidente norteamericano Lyndon Johnson, durante la guerra de Viet-nam, visto a la distancia, una madrugada, frente a una ventana de la Casa Blanca, como silueta ensombrecida, con manifestantes contra la guerra en la explanada del capitolio, iluminados por fogatas y por ideales de paz. Dicho fotograma recoge y sintetiza la preocupación del mandatario por los extravíos de la recalcitrancia de un imperio que el propio mandatario se enorgullece en representar. Son recursos favorecidos por circunstancias que se conjugan para plasmar un signo de valor inestimable. Una señal para la vista con mensaje de rico contenido, y que permite multitud de interpretaciones. Técnicamente una foto de poco valor. Semánticamente, una realización de huella permanente, empleo eficaz del código adecuado a ese preciso momento, insustituible en tales circunstancias. Pero nada de esto hace desmerecer el valor y la oportunidad de la palabra. Su dimensión, su multivocidad, riqueza semántica, sus niveles, gradaciones, los matices en la actitud y en la intención del hablante, en el segmento y con los recursos extrasegmentales. Tenemos dos supuestos sinónimos: viejo y anciano. Viejo apunta por igual hacia personas, animales y cosas. Anciano se refiere a personas. Decimos un /hombre viejo/, un /libro viejo/, /zapato viejo/, /el árbol viejo/. No decimos /libro anciano/, /zapato anciano/. ¿Cómo diferenciar, sin palabras, los matices de diferenciación envueltos en estos vocablos? ¿Cómo expresarlo, a la generalidad de la gente, sin ninguna explicación adicional en un óleo técnicamente bien realizado? ¿Cómo plasmarlo en un fotograma primoroso, o en una expresión gestual, en una picada de ojos o con la diferencia de un apretón de manos, con valor positivo?

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Imposible. A pesar de sus naturales limitaciones, la verbalización es la más compleja y la forma más segura para manifestar las ideas y diferenciar los conceptos. Persuadir es ejercer influencia sobre la voluntad o el pensamiento ajeno. Disuadir es también inducir sobre la voluntad o el ajeno pensamiento. Sin embargo, persuadir es una acción o un empeño dirigido a lograr que alguien crea o haga una cosa. Mientras que la disuasión va encaminada a hacer cambiar de opinión o a desistir de un propósito. Un vocablo, o uno de los sentidos, procura la acción o fijación de un concepto o idea; el otro, trata de hacer cambiar de idea o dictamen o de que no se realice un propósito ya organizado o madurado. ¿Cómo hacer “patentes” estos sentidos o matices, con el empleo de otros códigos, de gestos, de tactos, líneas, colores, humos, tambores? ¿Sería de una realización tan simple y de un resultado tan efectivo como se cumple con el empleo del código de la lengua? El término anciano envuelve dignidad, respeto. Para el dominicano, reviste, además, edad más avanzada; no es simplemente viejo: es algo más. Este matiz es consecuente con el concepto de respeto y dignidad. Nos hace comprender frases como: “Este maldito viejo sí molesta”. No decimos: “Este maldito anciano”. Con todo, y para mayor complejidad en la simplicidad de la temática, viejo es, por otra vía, expresión y matiz de cariño: los amantes se dicen uno al otro /viejo/ /vieja/, /viejito/ /viejita/. “Mi viejo está fuerte todavía”, dice el hijo con gran orgullo, refiriéndose a su padre. Y la canción que a mí me hubiera gustado escribir, afirma: Es un buen tipo mi viejo, que anda solo y esperando...

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Maravilla de la palabra para el sentimiento, que también el sentimiento es idea. “Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo. Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras. “ Pablo Neruda, Confieso que he vivido.

19 de junio de 1997

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Lo puntual y lo no puntual en la puntualidad de la moda
Primera parte

Ahora es gobernabilidad. Antes fue concertación. Y lo habían sido espacio, desestabilizar, discurso, desfasado etc. “Fulano tiene un discurso desfasado”. Hace tiempo se entronizaron las implementaciones y el implementar. Ahora hablamos de la capacidad de convocatoria y la intención de votos. A veces no sabemos de dónde surgen, no precisamos qué significan, pero están haciendo su papel, y comenzamos a compartir, a interactuar con el apoyo de esos términos. No siempre tenemos un campo semántico bien definido. Pero creemos entender su significado, y, con frecuencia, incluimos el vocablo en nuestro repertorio. De ordinario, el término es conocido o de uso común, como discurso, espacio, puntual. Pero en ocasiones es un término desconocido o poco frecuente, como es el caso de desfasado, saga (con /s/), o folía, que han pugnado, estas dos últimas, por imponerse entre intelectuales, con el eco, una de ellas, de los versos de Alberto Cortez en la canción “Como el primer día” . …“como la folía del primer intento, como el argumento de una profecía”.

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En ocasiones, el invento es frustratorio, como el engendro de resolutar, iniciativa -aparente- de cronistas de cabildos y del parlamento, en el país, para crear un neologismo que, derivado de resolución, haga más fácil y directa la redacción de las crónicas relacionadas con las labores de las salas capitulares y del Congreso Nacional. Puntual se viene utilizando en un sentido diferente de ‘a la hora debida’, ‘que cumple con exactitud sus obligaciones, ‘pronto’ ‘diligente’, ‘exacto’. Puntual está en las crónicas de radio, televisión y prensa escrita. Está en la conversación de profesionales (abogados, economista, comunicadores sociales, sociólogos etc.). Se le lleva y se le trae en las exposiciones de técnicos y de científicos en los cónclaves internacionales. ¿Cuál es su significado? ¿Cuál es la extensión de su empleo? Veamos a continuación varios casos. I.- Código oral. 1.- Las comisiones (de la Cámara de Diputados) se dedican a cosas muy puntuales (Modesto Reinoso, sociólogo). 2.- El partido del general Bánzer tiene observaciones puntuales acerca del proyecto de ley de hidrocarburos (comentarista de la televisión de Bolivia, a través de la cadena SUR). 3.- (El tema de Cyberspace quisiera) exponerlo de manera más puntual (Michel Vivant, Francia).¹ 4.- ¿Cuáles serían los temas puntuales que se emplearían en este caso (Diego Suárez Martínez, del ministerio de Justicia de Argentina). Escuché a estos dos últimos en la Convención Internacional Informática ’96, del V Congreso Iberoamericano de Derecho e Informática celebrada en La Habana, Cuba, el año pasado, del 4 al 8 de marzo. II.- Prensa escrita. a) Usos locales: 1.-Aristy Castro dijo una frase puntual: No hay razón para enjuiciarme, si yo no tengo tierras.²

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2. Roberto Cassá [...] califica de “error” el movimiento expedicionario del 14 de junio de 1959, aunque aclara que desde el punto de vista político fue exitoso como elemento puntual de la crisis del modelo trujillista.³ b) Cable internacional: 1. América Latina, una región permeable últimamente a los acontecimientos puntuales y no a las tendencias generales... (despacho de la Agencia Francesa de Prensa (AFP) desde Montevideo, Uruguay)4 2. Mientras EEUU se ciñe a aspectos más puntuales el incidente, Cuba -que ha prometido en varias ocasiones presentar pruebas contundentes que apoyen su acción5 (de derribo de dos avionetas de “Hermanos al Rescate” (despacho de la agencia española EFE, desde las Naciones Unidas). 3. En este diccionario [...] se han recogido voces puntuales que quizás no se conviertan en definitivas pero que el lector necesita conocer cuando consulta un manual6 (también de la agencia EFE, desde Madrid). c) Artículo: 1. Vialidad y tránsito en la capital: el problema de las acciones puntuales. Es el título de una serie de dos artículos de Andrés Navarro García, publicados el 22 y 29 de marzo de 1996 en El Siglo, p. 7 y p. 5, respectivamente. ¿Puntual significa ‘oportuno’, ‘conveniente’, ‘neurálgico’, ‘concreto’, ‘importante’? ¿Qué significa en realidad? Porque cualquiera de esos sentidos cabe en cualquiera de los ejemplos que hemos presentado. El empleo en el título de los artículos de Navarro García: “Vialidad y tránsito en la capital: el problema de las acciones puntuales ”, nos pone a pensar en gravedad, neuralgia. Sin embargo, el cable de AFP, fechado en Montevideo: América La-

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tina una región permeable últimamente a los acontecimientos puntuales y no a las tendencias generales”, nos lleva hacia valores de significación alejados de pesadumbres. Es decir, que al hablar de “tendencias generales”, por oposición, le da a puntual, o cuando menos, sugiere el significado de ‘particular’ o ‘concreto’. En la siguiente entrega seguiremos desenvolviendo este tema.

1 Michel Vivant dictó la conferencia magistral en el acto inaugural de la Convención INFORMÁTICA’ 96, La Habana, Cuba, 4 de marzo de 1996, con el título: Cyberspace: Quel droit des réseaux sans frontiéres? 2 Reportaje de Florentino Durán con el título de la frase dicha por Amable Aristy Castro, Listín Diario, sección La República, 13 de abril de 1997, p.3A. 3 Guaroa Gil, Listín Diario, 11 de junio de 1997, p.17A. 4“América Latina debe entrar y salir del liberalismo” (sic), Listín Diario, 6 de setiembre de 1996, p.6E. 5 Recurren a palabrotas en ONU, Listín Diario, 29 de febrero de 1996, p. 1 y 6 (pase). 6 Se refiere a la nueva edición del Gran Diccionario de la Lengua Española, de editora Planeta/Larousse, Listín Diario, p.16-B: “ Palabras nuevas y variantes americanas entran en el gran diccionario español“ (sic).

10 de julio de 1997.

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Lo puntual y lo no puntual en la puntualidad de la moda
Segunda parte

Un profesor cubano, especializado en el área del inglés, escucha a la directora del programa de post-grado de una de las universidades más prestigiosas de Santo Domingo: -Ese es un tema muy puntual. El profesor es graduado en lingüística en la Universidad de La Habana. Tiene cuatro años residiendo fuera de su país: en Venezuela y República Dominicana. Dirige un área de enseñanza del inglés en un centro muy reconocido en esta ciudad. El profesor se preguntó: ¿Qué querrá decir la directora con eso de puntual? Originalmente pensé que este empleo de puntual podría ser un anglicismo, por la aportación del cable internacional; locutores que leen noticias y agregan su opinión y presentadores y comentaristas de canales de televisión del sistema norteamericano para los hispanoparlantes del Continente. No resultó así. La investigación arrojó otra procedencia. Había llamado mi atención que un abogado mejicano, residente en Chihuahua, región norte de su país, cerca de la frontera con Estados Unidos de Norteamérica, no recordaba haber escuchado ni haber leído esa

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utilización. Me sucedió a principio de marzo del pasado año, durante la Convención Internacional Informática ’96, del V Congreso Iberoamericano de Derecho e Informática, celebrada en La Habana. Rastreando el vocablo, aproveché para preguntar allá al eminente lingüista cubano Sergio Valdés Bernal, y me respondió que no se había dado cuenta de su uso en Cuba con el significado de ‘particular’, ‘concreto’, ‘exacto’, ‘adecuado’. En el cónclave mencionado, el doctor Antonio Martino, experto argentino-italiano (nacido en Argentina, establecido en Italia durante los últimos treinta años) dijo lo siguiente: -Yo quisiera ser un poco más puntual. El empleo del término, con valor distinto a la significación corriente (‘a la hora debida’, ‘que cumple sus compromisos con exactitud’) va recorriendo Europa y América. Es un uso de nivel culto entre profesionales de distantes ramas, incluidos los comunicadores sociales. Para el doctor Martino, “lo puntual apunta hacia lo concentrado, por lo que puntual se opone a lo difuso“, me explicó. Sin la precisión de un campo semántico, el empleo de puntual da la impresión de que se alude a lo ‘importante’, ‘preferente’, ‘significativo’, ‘oportuno’. Martino apunta que el vocablo tiene presencia en francés y en italiano, y se escucha mucho en Europa. Pero entiende que no es una aportación de la informática. En efecto, las indagaciones dan el resultado de que el empleo de puntual, como ‘concreto’, ‘exacto’, ‘detallado’, ‘preciso’, es de origen francés. El Manual de español urgente, de la agencia EFE, señala que es galicismo emplear dicho término “con el sentido de detalle (opuesto a general, global), o concreto”. Y el Diccionario de dudas e incorrecciones del idioma, de

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Larousse, preparado por Fernando Corripio, dice lo siguiente: puntual: “Cuestión puntual” es incorrecto. Dígase cuestión pertinente o particular. Sin embargo ¿cuántas voces o usos antes considerados rústicos, inoportunos o mal dichos han tenido cabida posteriormente? Sin que vayamos a batir palmas por los galicismos, ni siquiera por puntual, el francés es lengua de prestigio en Europa, y parece lógico que algunos usos del lenguaje interfieran o enriquezcan otras lenguas por el mundo. La palabra está metida en el discurso y lucha por ganar su propio espacio. Y reitero: No estoy batiendo palmas por el vocablo. Solamente explico un fenómeno léxico.

17 de julio de 1997

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Las travesuras de los nombres exóticos
Leo un pie de grabado en reciente edición de este mismo periódico: Doctor Gustavo Alpour Balle, Hipólito Herrera y Mignolio Pujols. No he visto la ilustración, la imagen. Antes de hacerlo, he leído el pie de foto. Quizás una mala costumbre. Quizás inclinación natural del profesional del lenguaje por encima del valor de las imágenes. Pero voy a la ilustración, movido por la curiosidad de un nombre exótico para mí: Alpour Balle. El pie de grabado menciona a Hipólito Herrera, que sé quien es; a Mignolio Pujols, que también sé quien es. Pero no conozco, no identifico a Gustavo Alpour Balle. Como los otros dos son abogados pienso que “entre juristas nos encontremos”, y que Alpour Balle debe ser un refuerzo, importado de algún bufete de grandes ligas. Tal vez mi primera curiosidad estuvo en Balle con /B/, nada frecuente en República Dominicana. Así que esa grafía, con el desconocido apellido Alpour, me movió a revisar la foto. Y, al examinarla, exclamé: -¡Ah, pero si es Chachá Latour! Gustavo Latour Batlle. Abogado conocido en todos los círculos capitaleños; consultor jurídico del Club Atlético Licey. La ilustración mencionada vino bajo la noticia: Ponen en circulación libro “Jurisprudencia Dominicana II”. El Siglo, martes 22 de julio que termina hoy día 31, página 4C.

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Así hay multitud de casos en los medios impresos. Y es pan de todos los días. En las páginas sociales, en las deportivas, políticas, de sucesos, de farándulas... ¿Cuántas veces nos han dado /Reid/Vittini para Mario, y /Read/ Cabral para Donald?¹ Reid Cabral es con /ei/ internas, mientras que Mario Read Vittini es con /ea/, dos apellidos distintos que debemos diferenciar en la escritura. Como, además, debemos extender la diferencia a otros dos apellidos de la misma aproximación fonética: Rib y Risk. Read y Reid se leen de igual manera, y Rib es casi asimilable en la pronunciación corriente, simple, descuidada, no podemos esperar que se articule más allá de /Ri/: Mario /Ri/ Vittini Donald /Ri/ Cabral Julio /Ri/ Santamaría Alfonso /Ri/ Risk/ No tanto esto último, por la razón que anotamos arriba. En la segunda planta de la llamada Casa de los Cañones, de la avenida España, barrio de Santa Bárbara, vivió una familia judía, de las que escaparon del exterminio nazi. Este dato lo trae el reporte: “Las casas de la avenida España eran todas de dos plantas“, del periódico Hoy.² El matrimonio tenía una hija llamada Amalia. Amalia Karger. Al menos, así vimos escrito siempre el apellido. El reporte dice: “En la parte sur de la histórica obra, vivieron los judíos Carherz...” Una buena diferencia, ortográficamente hablando. Existe en Norteamérica un programa de becas con el nombre Fulbright. Un apellido. Todo unido.

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Es en honor al influyente senador William Fulbright, fallecido en 1995, quien impulsó el proyecto y le dio apoyo hasta la hora de su muerte. Hay un reporte en el Listín Diario, “Los dominicanos no se identifican como un pueblo afrocaribeño”.³ En ese trabajo se informa que Ashindi Maxton, norteamericana, ha realizado dos investigaciones acera del nivel de racismo existente en Santo Domingo, la segunda investigación “financiada por el programa de becas Full Bright”. Full/Bright, separados, no como el apellido -que va en una sola palabra- sino como una frase o sintagma: Full, lleno, completo. Bright: Brillante, resplandeciente; inteligente; despierto; alegre. Una estructura ánglica; dos adjetivos. Algo que podríamos entender como ‘brillo completo’; pero con variedad de significaciones, que pueden extenderse hasta lo alegre, lo despierto, lo inteligente. Me he circunscrito a apellidos comunes entre nosotros, los originarios de la península ibérica: castellanos, catalanes, gallegos, los cuales nos identifican o con los cuales estamos acostumbrados. No pensemos, pues, que los gazapos se cuelan con harta frecuencia en los nombres y apellidos foráneos, y no en los de nuestro uso cotidiano. Se da de igual manera. Se pone Ro/c/ita con /c/ y Cru/s/ito con /s. Aristy Castro se convierte amablemente en Aristy Calvo y Frank Marino Hernández se confunde con Marino Ariza Hernández y generamos el híbrido Frank Marino Ariza; que no es ni el abogado ni el sociólogo; que no sabemos quién podrá ser. Recordemos que todo el material de la lengua, que todo elemento del texto tiene que ser bien manejado por el comunicador; bien comprobado, sobre todo aquel material que va a los medios impresos. No se debe temer a pedir aclaraciones, comprobar si uno escuchó

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bien o si lo tomó correctamente. Antonio Machado nos dejó dicho que “hacer las cosas bien importa más que el hacerlas“. ¡Así sea!

1 Véase Línea Directa, Listín Diario, 8 de julio de 1997, p.2 2 Segunda y última parte de la serie de artículos con el título indicado; 21 de junio de 1997, p.17. ³ Edición del 20 de julio de 1997, p.7.

31 de julio de 1997

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De /Naco/ a/Samanel/: una lección lingüística
Alguna vez, un lexicógrafo dominicano habló acerca del origen de la palabra /Naco/, nombre propio que bautiza un ensanche o reparto de la ciudad. También -quizás primero- de una empresa de construcción y de una cadena de negocios establecidos en el mismo ámbito. El investigador localizó el vocablo en lengua otomí, indígena de Méjico, cuya acepción es ‘cuñado’. Hurgó en diccionarios diversos y ofreció otros empleos de la palabra en el Continente, que van desde ‘tabaco de andullo’, hasta ‘cobarde’ y ‘marica’. La inquietud estuvo válida y es una experiencia valiosa. El lexicógrafo supo a tiempo que /Naco/ es sigla de /Na/cional de /Co/nstrucciones, C. por A., y no tiene que ver nada con otros orígenes y usos. La cuestión es saber emplear el método adecuado, rastrear las palabras en múltiples formas. Investigar en los libros y fuera de ellos, conforme a circunstancias. Descender a la fuente. Hacer el trabajo de campo. En estas faenas no cabe especular: hay que completar el círculo de la investigación. No se pueden acomodar los casos para darse uno mismo la explicación. El /tíguiri-boya/ o el /oro-boto-quilo/ que componía El Renovador, no cabe en la metodología de la investigación lingüística. Son procedimientos ajenos al quehacer de la ciencia del lenguaje.*

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El profesional indaga, estudia, compara. Encuentra explicaciones; ofrece soluciones. He escuchado los supuestos orígenes, que no son más que alegres invenciones de procedencia de palabras, como mangú, manfloro, chopa. Pretenden darles origen ánglico a estas voces. De cierto, un expediente muy cómodo, tomado por las simples resonancias fonéticas y la presencia del inglés, en nuestra lengua, pero sin investigar momentos y motivos para la entrada de cada vocablo al campo léxico. Pretenden asimilar sonidos a las ideas, sin conocer que el lenguaje no es sustancia, que el lenguaje es simplemente forma; por tanto, la significación nada tiene que ver con la cadena de fonemas que sustenta cada palabra. Por ese desconocimiento, pretenden derivar /manfloro/ de manflower, ‘hombre flor, hombre delicado’. Cuando ese término se deriva de her/mafro/dita. Asimismo, derivan /mangú/ de mangood, ‘hombre bueno’, sin parar mientes en la estructura del inglés, que coloca de ordinario -y lo digo para ambos casos- primero el adjetivo modificador y luego el sustantivo modificado. Por lo tanto /man/ debe ir en segundo lugar, no en primero, en este caso hipotético. Quieren dar el mismo origen a la voz /chopa/, sin prueba alguna de que /chopa/ se haya derivado de shop-shopping, formas que aluden a tienda e ir de compras, pero que no se justifica acomodar como un préstamo léxico. ¿Qué quiere decir Samanel? ¿Lo asocio con ordenadores-computadoras? No tengo por dónde. Por la actividad comercial, sí; pero no en el orden lingüístico. ¿Acudo a un diccionario? Esto puede ser insuficiente o no apropiado, como sucedió con Naco. En la avenida Luperón hay un almacén llamado /Nepo/ y en la prolongación de la 27 de Febrero “vive” un establecimiento con el nombre de /Vivegilda/.

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¿Saben lo que quiere decir esto último?: Vidrios y Ventanas Gilda. A lo mejor Nepo se origina en el nombre del propietario ¿Cuál nombre? Bueno..., podría ser ¡Nepomuceno! Por esto no se encuentra ni se resuelve hurgando en lexicones. Hay que hacer la investigación. Hay que ir al terreno, de alguna manera. Entonces ¿me atrevería a sacar algo de Samanel? No, señor. Ni lo deduzco de sistema de computadoras, ni puedo ponerme a inventar con Samaná, por la simple resonancia de los términos. Puedo pensar: El propietario debe llamarse Manuel, nacido en Samaná o que le guste mucho la región. De ahí Saman-el. Puedo pensarlo, pero no lo puedo afirmar alegremente. Estas cuestiones no se encuentran en diccionarios ni se resuelven con deducciones. Si me intriga, si me interesa, debo hacer la investigación directa, porque si pretendo deducir que es una composición de socios: /Sa/n tiago, /Ma/ría y /Nel/io/, a lo mejor me sale pelado el billete, porque ellos son -o ellos fueron-: SA/NTOS MA/NUEL y NEL/SON ¿¡Quién sabe, señor!?

*Para don Pedro de León Marte, el simpático Renovador, el whisky se llama tiguiriboya, porque cuando un pobre lo toma, le sale boyando el tíguere que lleva adentro. Orobotoquilo es el desprendido, el “botarate”, porque bota el dinero por kilos, por montones.

14 de agosto de 1997

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La palabra /diván/ o la dinámica de la palabra
Conocemos como /diván/ una especie de sofá, generalmente sin brazos y sin respaldo, que usamos para recostarnos. Suele tener almohadas y se acostumbra colocarlo contra la pared. Es un mueble para el descanso, muy útil, pero que, con la reducción cada vez más acentuada con que se construyen las viviendas, va desapareciendo por falta de espacio. La palabra es de origen árabe (diwan) y su etimología parece extraña a la aplicación que hoy le damos. En efecto, el diccionario VOX dice que, en lengua original, diván significa ‘reunión’ mientras que para el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) es un ‘libro o registro público’ y, por extensión, ‘sala de consejos o cancillería’. Recuerdo mi encuentro con el vocablo durante la década de los años cuarenta. Ya conocía el mueble; pero, hacia mitad de la década, con unos quince o dieciséis años a cuesta, descubrí una breve y curiosa colección de poemas de Federico García Lorca, intitulada El diván del Tamarit. Fue publicada en el volumen sexto que Guillermo de Torre recogió para Editorial Losada, S. A., de Buenos Aires, segunda edición, 1940. Son apenas ocho poemas breves, entre los que se incluyen “Casida de la muerte clara”, “Gacela del amor con cien años”, y “Gacela de la terrible presencia”. A través de estos versos no sólo aprendí que una palabra puede significar muchas cosas, sino que asimilé cómo la palabra puede adquirir

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matices de significación por figuración o lenguaje figurado, y nuevos empleos, por extensión del significado a otro concepto relacionado con el sentido original. El sentido original de diván en árabe es ‘reunión’. El diccionario de la Real Academia Española (DRAE) ofrece, en primer lugar, la acepción de supremo consejo celebrado entre los turcos para determinar los negocios del estado y de justicia. Más adelante el uso se extiende a una segunda significación: sala en que se reunía este consejo. De inmediato, el DRAE incluye un tercer significado: banco con brazos o sin ellos, por lo común sin respaldo, y con almohadones sueltos. Y termina con la acepción de “colección de poesías de uno o de varios autores, en alguna de las lenguas orientales, especialmente árabe, persa o turco”. ¡Qué curiosa es la lengua! ¡Qué maravillosas son las palabras! Fíjese cómo de /reunión/ pasa a significar /asamblea/ y luego / mueble/ por extensión del término. Y cómo de /mueble/ el vocablo recoge al final el significado de / colección de versos o antología/. Aquellos jefes que se reunían para tratar asuntos de estado, cumplían largas jornadas a caballo, y necesitaban comodidad para discutir los temas de la agenda para gobernar. De reunión o asamblea, el vocablo se extendió, primero, a lugar donde se celebraban estos encuentros, y, más tarde, a los acomodados asientos en que los jerarcas se posicionaban para concertar. Que esto de la concertación viene de muy atrás. Finalmente, como en el fondo se trataba de /reunión/, se produjo el paso hacia /antología/ de poemas árabes, persas y turcos, que es la base para que García Lorca llame a su colección El diván del Tamarit. Tamarit es un poblado de España, en Tarragona, conocido por el castillo medieval del mismo nombre y una iglesia romana del siglo XI. En los alrededores hay varias ruinas romanas y la Torre de los Escipiones.

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Tamarit es poco conocido como poblado. Los poemas del Diván, de García Lorca, son de los menos mencionados del poeta, aunque allí nos dio casidas y gacelas. Casi todo esto del autor granadino y el vocablo /diván/ tiene inspiración en la cultura árabe; incluyendo persa y turca. /Gacela/ es voz árabe. Define un bóvido, de los antílopes, de tamaño pequeño, muy gracioso y con las astas encorvadas en forma de liras. /Casida/ es una composición poética árabe y persa, breve y de asunto generalmente amoroso. El diván del Tamarit, aunque pocos y breves, son poemas para leerse acomodado en confortable asiento. Porque el tema más sencillo da oportunidad a interesantes disquisiciones y abre las ventanas a un mundo de fantasías enriquecedoras.

21 agosto de 1997

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Desapercibido/desprevenido/inadvertido
Primera parte Usamos mucho la parasíntesis desapercibido. En nivel oral y en nivel escrito: -Fulano pasó desapercibido en la fiesta. -El autor capta fácilmente pormenores que pasan desapercibidos para los demás. Queremos decir inadvertido(s). También empleamos: Me cogió desprevenido. Los términos marcados funcionan como adjetivos. Desapercibido equivale a desprevenido, desprovisto de lo necesario. Aunque la mayoría de los autores lo dan como galicismo, por inadvertido, María Moliner rechaza ese juicio. /Desapercibimiento/ es función sustantiva. Quiere decir: desprevención, falta de apresto de lo necesario. /Desapercibidamente/, función adverbial, es sin prevención ni apercibimiento. Desprevenido: que no está prevenido. Es igual a descuidado; inadvertido. /Desprevención/, sustantivo, es falta de prevención o de lo necesario. /Desprevenidamente/, adverbio, carencia de prevención. Inadvertido: Que no advierte o no repara en las cosas que debiera. /Inadvertencia/ es falta de advertencia. Inadvertidamente/ es con inadvertencia. Son sustantivos y adverbios respectivamente.

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Para mayor comprensión y para el acertado empleo, debemos acudir a los vocablos en primera derivación. Por ejemplo: apercibir. /Apercibir/ es disponer, preparar lo necesario; preparar el ánimo. En el uso galicado es ‘observar’, ‘advertir’, que ajusta con el empleo que le damos los dominicanos. /Advertir/ es fijar la atención en algo, reparar; llamar la atención sobre algo; avisar; tener en cuenta; caer en la cuenta. /Prevenir/ es preparar, disponer con anticipación las cosas necesarias, prever, conocer de antemano las posibilidades de algún perjuicio. Precaver, evitar o impedir algo. Luego, los campos semánticos de los tres vocablos, y, en particular, de los tres compuestos señalados en el título, están bastante identificados, con ligeros matices direrenciadores o de niveles de empleo o de aplicación. Se produce cierta confusión cuando entramos en el procedimiento de componer nuevas voces con la radical o tema de la palabra primitiva (percib) a la cual se le agregan no sólo las desinencias (id-o) sino también los prefijos (des-a): des-a-percib-id-o, y formamos lo que en esta materia se denomina parasíntesis. /Desapercibido/, de formación parasintética, es un vocablo muy nuestro. Lo empleamos, para significar lo que no fue ‘advertido’, lo que pasó sin darnos cuenta, o lo que nos sorprendió, lo que nos encontró ‘desprevenidos’. En la sección Entrevista, de la revista ¡Oh! del Listín Diario: Alberto Cortez...toma en cuenta los detalles que para los demás pasan desapercibidos...(p.12, 16 de agosto de 1997). El Siglo, Confidencias, por J. A. Sarastegui Samboy: El despido del arquitecto asesor quizás hubiese pasado desapercibido si la acción no se produce...(15 de enero de 1996, p.7). En el matutino Hoy, sección El País: A.F. intentó pasar desapercibida, casi cubriéndose el rostro con las manos...(p.10, 25 de agosto de 1997).

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Son tres manejos en la prensa local. El primer caso citado lo autoriza la entrevistadora Dashira Martínez y el tercero lo suscriben Rossanna Figueroa y Gustavo Olivo Peña. El segundo caso pertenece a un columnista de ese periódico. Diccionarios y enciclopedias; gramáticas, gramáticos, filólogos y lingüistas han dejado caer su opinión o han hecho escuchar su voz. Desde el DRAE de la Academia de la Lengua hasta el Diccionario de uso del español, de doña María Moliner... Lexicones de americanismos, desde Francisco J. Santamaría hasta nuestro Max Uribe... Manuales como el de la agencia española de noticias EFE y las opiniones de don Manuel Seco en su obra acerca de dudas y dificultades en el idioma... Lingüistas muy actualizados y de renombres en el continente, como María Vaquero (Puerto Rico) y José Moreno de Alba (Méjico). De todo esto y de todos ellos, y de algunos otros más, podremos conocer sus ideas y sopesar sus recomendaciones en la próxima entrega, para así sacar nuestras propias conclusiones.

4 de setiembre 1997

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Desapercibido/desprevenido/inadvertido
Segunda parte

En la columna “Los buenos días del director”, Listín Diario, 30 de agosto de 1997, p.2, Rafael Molina Morillo dice: “El anuncio hecho por el Síndico del Distrito Nacional de que reconstruirá e iluminará esplendorosamente el malecón de la capital tiene un sabroso ingrediente que no puede pasar desapercibido”. En algún momento de su exitosa novela La casa de los espíritus, Isabel Allende relata: “Cuatro días más tarde, el buque los depositó en la más olvidada provincia del Norte, donde sus elegantes ropas de viajes y sus maletas de cocodrilos pasaron desapercibidas en el bochornoso calor seco de la hora de la siesta.”¹ En el rigor gramaticalista y en la aplicación esmerada de la propiedad en el empleo de los vocablos, encontraremos dificultades y caeremos en vacilaciones, ya inadvertidamente, ya indecisos con ciertos usos de propiedades en precario, de discutida regularidad o de discutible irregularidad. Vamos al caso desapercibido. N. González Ruiz, preocupado por el empleo propio de cada término, condena la impropiedad en la utilización de desapercibido. “El más común y vituperable es: “ se me pasó desapercibido“, para indicar que uno no se ha dado cuenta de una cosa que ha quedado ‘inadvertida’ por él. Uno está apercibido, cuando está preparado, dispuesto a la lucha, avisado, y por eso puede decir de un fenómeno, de un ataque, de algo que se le viene encima de repente: “Me cogió desapercibido”. Tal es el

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uso correcto. Lo curioso es que todo el mundo dice ‘pasó desapercibido’ en vez de ‘inadvertido² Don Max Uribe, en una obra publicada poco después de su muerte, observa: “Desapercibido. Significa desprevenido, desprovisto de lo necesario; así, escribir que: su presencia pasó inadvertida, ignorada”.³ Sin embargo, ni el Manual de español urgente, de la Agencia EFE, ni el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, de Manuel Seco, dos obras a las cuales tanto acuden los periodistas, ponen empeño en el asunto que nos ocupa. EFE menciona, casi de pasada, el infinitivo apercibir, y señala que la Academia de la Lengua lo da como un galicismo y vulgarismo con la acepción de darse cuenta, en frases como: “El ciudadano apercibirá... la importancia de...”4 Así mismo don Manuel Seco, sin connotación alguna relacionada con el tema. Sólo incluye desapercibido en el “Vocabulario ortográfico” de los apéndices, con evidente interés en la escritura, y le da como acepción ‘desprevenido’.5 José G. Moreno de Alba, lingüista mejicano, anota que con la expresión “no quiero que esto pase desapercibido “, ateniéndonos al sentido que la Academia proporciona al vocablo, tendría que entenderse que no se desea que eso pase “desprevenido o desprovisto de lo necesario”, lo cual evidentemente no es lo que el hablante contemporáneo quiere decir” subraya- “ahora bien, en la tercera acepción de la voz apercibir, se lee en el Diccionario académico: “Percibir, observar, caer en la cuenta: este uso galicista se considera vulgar y descuidado”.6 La profesora María Vaquero advierte que aunque el diccionario trae los calificativos desapercibido e inadvertido, no incluye sin embargo, los infinitivos desapercibir ni inadvertir, lo que es contrario a la forma en que operan los diccionarios: consignan los verbos en infinitivo y suponemos las derivaciones o conjugaciones, salvo el caso de irregularidad externa, y ofrece el ejemplo del participio hecho, forma irregular que ella

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incluye como ilustración. Para Vaquero, “el verbo que debemos considerar clave en este desvío es apercibir (en español ‘prevenir’, ‘disponer’). Este verbo ha llegado a significar, por influencia del francés ‘observar’, ‘caer en la cuenta’, de donde des-apercibido (originalmente ‘desprevenido’, ‘no dispuesto’, ‘desprovisto de lo necesario’) ha llegado a ser ‘no observado’, ‘no notado’ ‘no advertido’, o sea, inadvertido“.7 Doña María Moliner8 admite inadvertido como segunda acepción de desapercibido, y dice que, aunque la acepción no aparece en el diccionario de la Academia y algunos puristas la rechazan como galicismo, su derivación... es tan legítima como la de la acepción ‘desprovisto de lo necesario’. Moreno de Alba hace a un lado “la discusión sobre el carácter galicista o castizo del término desapercibido con el sentido de ‘no percibido’, lo que a mi ver convendría hacer una encuesta entre escritores de prestigio. Me inclino por pensar que la mayoría prefiere usar inadvertido, y no desapercibido para expresar que algo o alguien no ha sido advertido, percibido, notado o tomado en cuenta”, concluye el autor. Y María Vaquero cierra con pícaro gracejo: “La Academia acepta desapercibido en el sentido de ‘inadvertido’, al aceptar el uso galicista de ‘notar’, ‘advertir’, para el verbo apercibir. Su acepción, sin embargo, parece un tanto forzada, pues añade una valoración que nos invita a la resistencia. Dice: Este uso galicista se considera vulgar y descuidado”. Así que ya se sabe: podemos ser vulgares, descuidados y galicistas con, casi, permiso académico. No está mal.

1 Capítulo VIII, El Conde. 2 Nicolás González Ruiz, “Redacción periodística”, capítulo de la obra El periodismo, teoría y práctica. Editorial Noguer, S. A., Barcelona, 1945, p.112.

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3 Notas y apuntes lexicográficos. Americanismos y dominicanismos, impresa en agosto de 1996 por Editora de Colores, S. A., Santo Domingo, R. D. 4 Agencia EFE, S. A., Manual de español urgente, Ediciones Cátedra, Madrid, 1994, p.149. 5 Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, Manuel Seco, Espasa Calpe, S. A., décima reimpresión (1995) de la novena edición 1986, Madrid. 6 Minucias del lenguaje, Fondo de Cultura Económica, Méjico, primera edición 1992, p.111. 7 Palabras son palabras, Editorial Plaza Mayor, Inc. San Juan, Puerto Rico, 1997. 8 Diccionario de uso del español, tomo A-G, Editorial Gredos, Madrid, reimpresión, 1975.

11 de setiembre de 1997

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De sorteos de yipetas y la anglización de la lengua
El matutino El Siglo se promociona con la oferta de cuatro yipetas Ford, Expedition full. Cada yipeta viene con “interior de léder“, por lo cual se trata del chance que te da El Siglo “pa’ que te montes”... Y todo eso es “pa’ti solito”. La versión en los medios electrónicos enfatiza que cada vehículo viene “con interior de léder“. ¿Interior de qué o de quién? ¿De léder o de Léder? ¿Cómo se escribe eso? ¿Es que el interior le pertenece a Léder o es que la parte interior es de un material llamado léder? ¿Todos los elementos o partes del interior son de léder? ¿No hay ningún metal? ¿No hay plásticos ni telas para forrar los asientos? La palabra me empieza a dar vueltas en la cabeza. La escucho por la radio que es siempre ágil, acelerada y, además, la pronunciación puede no ser clara, o puede distraer o sorprender a uno distraído. Consulto, y me confirman la frase: interior de léder. Pienso, de inmediato que, como en materia de automovilismo tenemos tantos préstamos ánglicos, el vocablo de marras debe andar por ahí, por los vericuetos de la anglización. Y al revisar mi corto vocabulario en esa lengua extraña, deduzco que se está hablando de los forros o tapizados de los asientos de los auto-

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móviles. Claro: de ¡leather!, que significa piel, sencillamente. ¡Interior de piel! Nada más que eso. Ni más ni menos. Sólo que parece que decirlo en lengua foránea es más atractivo o brinda mayor prestigio. El léder que suena en la radio carente de imágenes, por supuesto, en lugar de sugerir, señalar, provoca un aislamiento en el perceptor del mensaje, por falta de estímulo que se ofrece cuando, en el “anuncio” de la televisión, muestran los asientos forrados de piel de una de las yipetas ofrecidas. El empleo de léder corresponde al caudal de voces relacionadas con la industria de los vehículos de motor que nos han prestado: bumper, muffler, sealed-beam, full, full powers, power steering, clutch, y ahora contamos con el Expedition full y el atrayente léder para delicia de las sentaderas de quienes resulten agraciados en el sorteo del matutino. A la postre, gran parte de esos vocablos queda para una élite, para fiebruses de los motor cars, que se singularizan y se dan un aire de importancia con el empleo de los extranjerismos que la mayoría no entiende o no puede asimilar: Es fácil que esto suceda en sociedades dependientes, máxime cuando, además de los lazos comerciales, se tiene una aproximación geográfica, como es el caso de la República Dominicana con los Estados Unidos de Norte América. También las agencias publicitarias, en multitud de casos responsables de estas realizaciones, están influidas por el sistema. La avanzada tecnología norteamericana, en todas las actividades de la vida, impone su modelo. El uso de un lenguaje especializado o particular se siente en el proceso de intercambio desigual. Pero este intercambio no debe ser sumisión y calco. Debemos echar manos de lo nuestro hasta el límite cultural disponible. Debemos tomar y dejar: Una actitud que nos permita, sin acomodos impertinentes, ir trazando el perfil del hombre dominicano.

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Por suerte, muchos de los usos son pasajeros, modas, exotismos para darse pisto o para atraer a una clientela que se guía por el relumbrón de un momento. A los que se encadenan con los bípers y celulares, con las tarjetas de crédito, con las yipetas, los happy hours y con el cotilleo del afán social.

20 de noviembre de 1997

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Es correcto decir: ¿/un muerto diario/ o /un muerto a diario/?
Última Hora, del pasado domingo, trae en su portada el siguiente título: Un muerto /a diario/. Se refiere a los accidentes de automóviles en la autopista Las Américas. Nos sorprende el uso de la locución adverbial /a diario/ porque estamos acostumbrados a frases como: -Gana cinco mil pesos quincenales. -Por medio de esta ley, se concede una pensión de dos mil pesos mensuales. -Ofrecemos un premio de dos camionetas semanales. El titulador de Última Hora prefirió la locución /a diario/ al adjetivo /diario/, sin la preposición /a/. De modo que aunque hubiera empleado femenino /muerta/, mantenía la frase /a diario/; no diría /una muerta diaria/, ni muchos menos / una muerta a diario/. El modelo dominicano /un muerto diario/, sin la preposición y con desinencia en forma masculina, obligaría gramaticalmente a decir /una muerta diaria/. ¿A causa de qué se produce este hecho de lengua? Cuando decimos que alguien gana cinco mil pesos quincenales, hacemos concordar /quincenales/, que es adjetivo, con /pesos/, sustantivo. Como /peso/ es plural, su modificador normal (adjetivo) ajustará

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sus desinencias en número, y muchas veces en género, con el sustantivo modificado. Pero resulta que los pesos no son mensuales, ni quincenales, ni semanales, ni diarios. Los pesos son pesos. Devaluados o no devaluados, son pesos, simplemente. Lo que es quincenal, mensual, etc., es el período en que se le paga el sueldo a un servidor. El sueldo se le paga quincenalmente, mensualmente. Lo que quiere decir que el adverbio (quincenalmente), que es invariable, o la forma adverbial (por cada quincena) ajusta con el verbo (gana), no con el sustantivo (pesos). Y es lógico pensarlo, ya que el adverbio nace para modificar al verbo. De ahí su nombre: del latín ad-verbium, que significa para o junto al verbo. Entonces, fulano no gana cinco mil pesos quincenales. El gana / quincenalmente/ o /por cada quincena/ de trabajo la suma de cinco mil pesos . /Ninguna pensión es de X /pesos mensuales/. Lo que es mensual es el pago de la pensión de X pesos. /Mensual/ modifica a /pensión/, no a pesos. /Mensualmente, adverbio, modifica al verbo. Por eso, se debe decir de una de estas dos formas: -Se concede una pensión mensual de ... -Se concede una pensión de X pesos, mensualmente, en favor de... No existen camionetas semanales, ni quincenales... Por tanto, no pueden ofrecerse /camionetas semanales/, porque ninguna agencia las tiene, ninguna empresa las fabrica. Lo que puede organizarse es la concesión de un /premio semanal/ de dos camionetas, u ofrecer /semanalmente/ un sorteo de dos camionetas. Porque el período se refiere al otorgamiento u oferta de los pre-

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mios: cada semana, o por semana o semanalmente. Por lo que la concertación o concordancia /semanal/ va con / premio/, en singular. Un premio semanal de dos camionetas. O con el verbo: Se ofrece semanalmente un premio de... Un muerto /a diario/ equivale a que se produce un muerto /diariamente/. Son dos formas adverbiales, sustituibles entre sí. Una u otra forma caben perfectamente en la frase. Lo que no procedería es un muerto /diario/ como nos hemos acostumbrados a decir en expresiones semejantes. El muerto no es diario. Lo que queremos decir es que a diario se produce, por promedio, una muerte en la autopista Las Américas. La oración entera sería: En la autopista de Las Américas se produce, por promedio, una muerte diariamente; o: En la autopista Las Américas se produce, a diario, una muerte por promedio. Llevada a la expresión breve de un título de una sola columna, como lo empleó Última Hora, se puede decir: Un muerto a diario. Es una forma apropiada al sistema de la lengua y rechaza la forma de adverbializar un adjetivo, que, es, esta última, una forma variable en género y número. Quizás propicia esa adverbialización anómala el hecho de que los términos semanal, quincenal, mensual destacan el número, en singular y plural; pero, en cuanto al género, mantienen una terminación indiferente, que no es ni en /a/ ni en /o/, sino: semanal/semanales quincenal/quincenales mensual/mensuales). Debemos poner cuidado en estas formulaciones, como ha hecho Última Hora, donde la expresión que nos interesa funciona realmente como un adverbio o grupo sintáctico adverbial, que, en principio, es construc-

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ción invariable, o de concordancia interna dentro de su propio sintagma, sin afectar, necesariamente, el resto de la construcción.

28 de agosto de 1997

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El lenguaje de la patria
El penúltimo día del pasado febrero terminó el Mes de la Patria, campaña oficial organizada para difundir los valores nacionales. Se extendió desde el 26 de enero, día dedicado a exaltar la memoria de Juan Pablo Duarte, hasta la fecha de la proclamación de la independencia, 27 de febrero. Lo anunciaba un cartelito con la bandera impresa, colocado en vehículos y en diferentes lugares de la ciudad: Mes de la Patria Enero 26-Febrero 27 Enero 26, febrero 27 es forma usual en el inglés. Ellos escriben en una carta: October 12, 1997. Primero el mes, luego el día y, al final, separado por una coma, el año correspondiente. Y los meses comienzan con mayúsculas. Nosotros colocamos primero el día luego el mes y, por último, el año, enlazados por la preposición /de/: 12 de octubre de 1997. Cada lengua tiene su sistema, en cada cual se hace al arbitrio de sus hablantes se fija y se transmite por generaciones. Es muy extendido el uso ánglico de la fecha en la correspondencia dominicana, sobre todo en las comunicaciones de oficinas que cuentan con personal con entrenamiento en esa lengua y tienen responsabilidad en la redacción de cartas, informes, ofertas de servicios etc. Otros muchos usos provienen de la lengua inglesa o de las costumbres de los norteamericanos que nos atrapan en la estrategia de la influencia y la transculturación.

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Los meses y las estaciones del año, los días de la semana y los nombres de las notas musicales se escriben con minúscula inicial. Así lo recomienda el Manual de español urgente, de la agencia de noticias EFE, y se ve en todos los manuales sobre la materia. Agregaría los puntos cardinales. Manuel Seco, Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, dice: “Los nombres de los meses pueden escribirse indistintamente con mayúsculas o minúsculas, aunque lo habitual es hoy la segunda forma”. Los dominicanos tendemos al empleo máximo de las mayúsculas. Las colocamos sin ser palabra inicial de párrafo, en Ley, Reglamento, Presidente, Provincia, Sección, Paraje, Municipio, Don, Doña… -Para las próximas elecciones Municipales y Congresionales; o -Urge hacer la revisión Constitucional. Escribimos: “Cuando en Diciembre de 1972”, sin la necesidad de mayúscula en diciembre, que lo que hace es multiplicar el trabajo del mecanógrafo o digitador, que si es persona que se compenetra con su labor, le creamos una inquietud a cada paso. Amando de Miguel, en La perversión del lenguaje, opina: “Un vicio que nos ha entrado a todos a través del inglés es el abuso de las mayúsculas”. Pienso que entre nosotros es principalmente cuestión de respeto, dignidad, nivel o importancia que damos a las personas, instituciones o temas que tratamos al momento de escribir. En otro orden de empleo, y por manejar un ejemplo, le damos importancia al extranjerismo /marketing/ frente a /mercadeo/, /mercadotecnia/. En el término mercadeo aparece, al final, un encuentro duro de vocales abiertas (fuertes) mientras que mercadotecnia es un vocablo de nivel técnico, lo que podría provocar que los mercadólogos, publicistas y profesionales afines nos vayan acostumbrando al empleo de marketing, al cual recurren con harta frecuencia, no sólo porque el inglés se ve como una

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lengua de prestigio, sino porque ellos mismos exhiben así su nivel de formación profesional. Otras formas nos entran por la vista. Difícilmente decimos /clob/ , sino /club/. Sólo una persona entrenada y cuidadosa de la dicción extranjera lo diría con /o/, abriendo la vocal cerrada (u) con que se escribe la palabra en aquella lengua. Nos acostumbramos a decir /dial/, tal como se escribe, desde que llegaron los radios con su esfera para señalar el punto donde se localiza cada emisora. Por eso, mientras en Puerto Rico, con ejercicio en ambos idiomas, pronuncian algo así como dayal (da-ial), los dominicanos, a nivel común, a nivel de pueblo, siempre le hemos llamado Dial al jabón de baño. Por esa misma razón, o por razones parecidas, hemos solido pronunciar Warner BROS., en lugar de Warner Brothers, el nombre de la empresa de películas, aunque jamás dudaremos en decir, en buen español, Cortés Hermanos, Stefan Hermanos, aunque nos escriban mil veces: Cortés Hnos., Stefan Hnos. Es que, no compenetrados con la lengua extraña, entendemos el extranjerismo como señal para la vista (escritura), no como señal para el oído, y no alcanzamos a descifrar la pronunciación. He visto en la prensa escrita Genris y Rusbert como nombres de pila, y pienso que son empleos por desconocimientos; fonetizaciones, dominicanizaciones de Henry y de Roosevelt, éste último el apellido de dos ex-presidentes norteamericanos. Es una situación diferente a la anterior, porque aquí no ha operado el código escrito, sino lo que se produce como señal para el oído. De vez en cuando, alguien, cuidadoso de la dicción, nos deja oír ad-joc/ por /ad-oc/, de ad-hoc, locución latina. Vale decir, que de la /h/ muda del español hace una aspiración. ¿Será por respeto a la ortografía? ¿No estará analizando la pronunciación, equiparándola a /h/ome/, /h/ ouse, que pronunciamos como una aspiración o jota suave? La lengua es barrera, pero, en ocasiones, se convierte en puente.

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La lengua fue una barrera durante la dominación haitiana del siglo pasado. La lengua nos identificó, nos aglutinó como entidad cultural y afirmó nuestra convicción de patria libre y soberana. Pero la lengua también es interferencia, transculturación. Sin que estas ideas nos lleven a desdeñar los préstamos léxicos indispensables o necesarios. ¿Hay un puente de anglomanía tendido hacia el futuro? ¿Con qué lengua realizo la Patria? ¿Con qué lengua la identificaremos en un futuro inmediato? El uso ánglico de la fecha viene de lejos. La usó el Consejo de Estado para anunciar el despido de Joaquín Balaguer del seno de gobierno. Así dataron la información: Enero 17 1962. Pero sin la coma entre el día y el año, que, de seguro, la usan para que no se unan, no se confundan los números y el dato se vuelva un pastel. Pero no es introducción del Consejo de Estado de 1962. Esta datación viene de muy atrás. Y goza de mucho arraigo en la redacción de correspondencias. Mientras tanto, entonemos las notas del himno nacional antes de cada juego de pelota profesional. Es uno de tantos calcos… Mes de la Patria, con mayúsculas: 26 de Enero-27 de Febrero. ¡Arriba las banderas, dominicanos!

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Las trampas del lenguaje machista
No es tarea fácil encontrar la fórmula para el empleo de un lenguaje no sexista, porque el idioma no es producto de investigación de laboratorio ni asimilación de prontuarios de gramática. La morfología del español está estructurada para matizaciones de género y de número, en cuanto a los nombres (adjetivo y sustantivo) y de números y personas, en cuanto al verbo. Los nombres tienen -de ordinario- una terminación en singular: avenida, camino, sobrentendida por la ausencia de /s/ o ausencia de marca; y otra terminación en plural, generalmente marca de /s/: carreteras, o de / es/: contenes. En cuanto al género, existe la primera terminación: camino, en /o, llamada terminación masculina; y la segunda terminación: avenida, en /a/, o terminación femenina. Cuando la palabra no tiene terminación en una de estas dos formas de género (calle, contén), es de terminación indiferente, es decir, que no terminan ni en /a/ ni en /o/. Esto representa cierta riqueza formal. De lo que carece el español es de una terminación especial, que incluya masculino y femenino, y que no termine ni en /o/ ni en /a/. Que no sea neutro, sino envolvente; que no sea indiferente, sino clasificador o determinador de los dos géneros. Que no sea niñ/o/ ni niñ/a/; sino los dos. Que no sea ni /empleado/ ni /empleada/, sino ambas de una sola vez. Supongamos: /les ancianes/, /les niñes/ o /les ancianis/, /les niñis.

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Carecemos de ese morfema, de esa distinción gramatical y léxica. Tratamos de ajustarnos, tratamos de ponernos a tono con este momento de la problemática del lenguaje sexista. Pero, difícil sustituir a cada paso la enunciación no marcada: -Que pasen los niños y las niñas. -Debemos atender mejor a los ancianos y a las ancianas. -Los y las responsables de la alteración del orden. ¿Cómo damos este título a un funcionario: Defensor de niños y de niñas abandonados/abandonadas, cuando llevamos siglos en los modelos como el siguiente: Defensor de niños abandonados? Voy a manejar dos ejemplos de orígenes tan distantes como un texto de ley y un llamado a participar en una concentración nacional. Este llamado lo hace, en espacio pagado, la Asociación Dominicana de Profesores (ADP)* Maestro, maestra, la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) te invita a participar en la gran concentración nacional… Maestro/maestra no sólo es una oportuna invocación a ambos sexos, sino que corresponde también al dictado femenino del momento, que encontró eco en ese sector del profesorado. Pero el nombre que lleva la asociación concluye en /profesores/. ¿Sería práctico agregarle /y de profesoras/? Decir, por ejemplo: Asociación Dominicana de Profesores y Profesoras (ADPP). Profesores es, directamente, plural de profesor, no de profesora. Pasemos al otro ejemplo. En el artículo 5 del proyecto de ley sobre trasplante de órganos y de tejidos entre seres humanos, aprobado recientemente por la Cámara de Diputados, se lee: El Consejo Nacional de Trasplante estará integrado por los siguientes miembros:

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-Un representante de la Secretaría de Estado de Salud Pública y Asistencia Social; -Un representante del Instituto Dominicano de Seguros Sociales; -El decano/a de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); Un representante de la Asociación Médica Dominicana; -Un representante de la Sanidad Militar; -El Coordinador General del Instituto Nacional de Coordinación de Trasplante; El Coordinador de Trasplante de cada uno de los Centros de Salud… Son siete renglones para la integración del Consejo mencionado. En cualquiera de los renglones puede haber una mujer. Sin embargo, sólo en el tercer renglón el proyecto se sacude del lenguaje no marcado, o mejor, se marca el lenguaje para establecer decano/ decana. Imagínense que fueran a decir en varios renglones:Un representante o una representante… O, en defecto: Un, una representante… Y en los dos últimos: -El coordinador o la coordinadora general de… -El coordinador o la coordinadora de trasplantes… Indiscutiblemente que ganaríamos en actitud y valores de estimación de la mujer. Pero textualmente: ¿enriqueceríamos en claridad y estilo un instrumento de más de 25 páginas 8 ½ x 14 pulgadas y casi 40 artículos amplios, bien desarrollados? ¿O no es que, al decir: el coordinador o la coordinadora, el decano o la decana, estamos diciendo, rigurosa formalidad, que debe ser uno de los dos?

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¿Es que hay dos decanos, hombre y mujer, en una misma facultad?
*Cintillo al pie de la página 15, sección El País, periódico Hoy, 10 de marzo de 1998.

2 de abril del 1998

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¿Es Samuel Sosa uno de los peloteros / mejores/ pagados?
A Cuchito Álvarez, Alvarito Arvelo y Fernando González Tirado. Esto se afirma en una crónica de deporte: ...Sammy percibe la suma de 10 millones 600 mil dólares, un sueldo que lo sitúa como uno de los mejores pagados del negocio. Mejor/mejores en principio funciona como un adjetivo. Significa ‘más bueno’, ‘más buena’. Como adjetivo, varía de singular (mejor) a plural (mejores). Ejemplos: Este es el /mejor/ maestro o ésta es la /mejor/ maestra. Estos(as) son los(las) /mejores/ maestros(as). El adjetivo /mejor/ puede sustantivarse, vale decir, puede funcionar como objeto, significación separada o abstraída de la cualidad: El mejor de todos los alumnos. Sólo admitiré los mejores. Pero la complejidad, y -¿por qué no?- la variedad y riqueza del idioma permiten el uso de /mejor/ como adverbio: -Habló /mejor/ que nadie. -Es la mejor vestid/a/ de todas las asitentes. -Son las /mejor/ vestid/as/ de todas las asistentes. -A lo /mejor/ se alojarán en tu casa (=tal vez). -Tanto /mejor/ si viene (=mejor todavía) Como adverbio /mejor/ no variará en ninguno de estos usos, no importa que hable de hombre o de mujer, de uno o de varios. En prinicpio, significa ‘más bien’, bien, y más, adverbio de cantidad.

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Es diferente del empleo como adjetivo, ‘más bueno’ donde el uso de bueno es, como un calificdor, susceptible de flexiones o cambios de número y de género, manifestado, esto último, en el artículo y en el pronombre. Igual sucede cuando lo usamos como objeto o sustantivo. Como adverbio, ya sabemos, no existe esta posibilidad, por la naturaleza invariable de la palabra. Vale la pena destacar que /mejor/ y /peor/ siguen la misma suerte de concordancia y cambios de flexiones según el papel que estén desempeñando. En ocasiones, tropezamos con estos empleos: a) ...A partir del lunes próximo realizaremos la lista de los 10 (cronistas) peores vestidos, (dato extraído de una columna deportiva). b) Un cable ha mencionado alguna vez a Elizabeth Taylor como “miembro de las peores vestidas“. c) Con motivo del fallecimiento de Dean Martin, un locutor de noticias de NBC leyó que fue “uno de los actores mejores pagados“. d) En una columna criolla de farándula se prometió que publicarían “la lista de los peores y mejores vestidos“. Querían decir aquí las (personas) mejor y peor vestidas, pero pluralizaron el adverbio. Se debió decir, por ejemplo: publicaremos la lista de los (artistas) mejores y peor vestidos. /Mejores/ y /peores/ vestidos quiere decir las más malas o las más buenas vestimentas o ropas etc., que no es lo que está en el pensamiento del sujeto-hablante. En tal caso, ropas, vestimentas, vestidos, son sustantivos, modificados por el calificativo /mejor/ en singular o plural, según la ocasión: la mejor ropa, la peor vestimenta, los mejores vestidos para una jovencita. Vale decir, hay una concordancia (formal) en número entre el sujeto de la frae y su adjetivo. Cuando se refiere a la condición o circunstancia de andar bien o mal vestido(a), se está empleando peor o mejor en función de adverbio, modificador de una adjetivo o un participio, que funciona como tal: -Actores /mejor/ pagados.

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-Actrices /peor/ vestidas -Cronistas /peor/ vestidos. En caso similares (adverbio que modifica a un adjetivo, no adjetivo que modifica al sustantivo) no se debe decir /peores/ ni /mejores/. Eso debe guardarse para el empleo de mejor o peor como adjetivo: -los mejores maestros/las mejores maestras; -los peores alumnos/las peores alumnas; -los mejores productos del año/las mejores estaciones de radio. Entonces ¿en qué quedamos con Samuel /Sammy Sosa? La frase: “Uno de los mejores pagados”, viene en un recuadro de la portada de la sección El Deporte, página 1B del Listín Diario del pasado 16 de abril (1998). La información básica es servida desde Nueva York por Juan Vené, pero el recuadro viene sin autoría. La forma sintáctica correcta es: Sammy percibirá... un sueldo que lo sitúa como uno de los mejor pagados del negocio. En este empleo, significa más bien pagados, no más buenos pagados. /Mejores/ en ese contexto es una irregularidad, porque ha adquirido la flexión /es/ para marcar un plural que no corresponde a la forma española (invariable) del adverbio, sino que se reserva para adjetivos y sustantivos. En ese empleo, significa más bien pagados ; no puede significar, más buenos pagados. Por tanto, Samuel Sosa, el Sammy, es uno de los peloteros mejor pagados del espectáculo y uno de los mejores peloteros dominicanos de todas las épocas. Según que el vocablo sea adverbio o adjetivo. Cada cosa en su lugar. Cada /s/ y cada /e-s/ donde corresponda.

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Halar y jalar
Un lector de El Siglo, Avelino Arredondo, nos consulta preocupado por la doble pronunciación halar/jalar, halón/jalón, con que tenemos que enfrentarnos de vez en vez. Aguarda por una definición del problema, para saber si hay vulgarismo o anomalía al pronunciar la aspiración o jota suave, muy extendida en el Caribe hispánico, realización faríngea incluida en el segundo momento de cada uno de los ejemplos que presentamos en el primer párrafo. El diccionario VOX trae primero /halar/ como un galicismo (haler), que significa en francés ‘tirar de un cabo, de una lona o de un remo’. Pero en la misma entrada explica /jalar/ como americanismo y de uso también en Andalucía, con el sentido de ‘tirar hacia sí de una cosa cualquiera’. En el artículo dedicado especialmente a la forma con /j/, el VOX mantiene para /jalón/ el mismo origen gálico y escrito en esa misma forma. Dice que jalón es una vara con extremo inferior de hierro, para darle mayor firmeza, que se clava en la tierra para determinar puntos fijos. Como segunda acepción, afirma que en Bolivia la palabra equivale a ‘trecho’, ‘distancia’. Añade que, derivado directamente de /halar/, /jalón/ es americanismo que significa ‘tirón’, y para los mejicanos es ‘trago de licor’. El Diccionario práctico-español moderno, de la casa Larousse, dedica su artículo o entrada a la escritura con /h/ en el sentido empleado por los hombres de mar: tirar de un cabo, de una lona o de un remo, y con la significación de ‘remar hacia delante’. Sin embargo, concede entrada especial a /jalar/, equivalente a

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‘tirar’,‘halar’, en primer orden. Y luego, como voz popular, la asimila a ‘comer’. En Méjico: ‘tirar’. Y como un verbo pronominal, es americanismo que significa ‘embriagarse’: jalarse, en el mismo diccionario. El Diccionario de dudas e incorrecciones del idioma, también de Larousse, da cuenta de que la Academia de la Lengua ha aceptado el uso familiar de /jalar/ en el sentido de ‘tirar’, ‘atraer’, ‘halar’. También es ‘comer con mucho apetito’. En la Enciclopedia del idioma, de Martín Alonso, se incluye esta forma aspirada, con la misma significación de comer con apetito, como propia de Andalucía y de Navarra (España). El propio autor registra /jalar/ como dominicanismo, equivalente a ‘enflaquecer’: ‘Tú sí que estás jalado’. Así se atestigua en las Notas y apuntes léxicográficos. Americanismos y dominicanismos, de don Max Uribe. Alonso ilustra /jalón-jalona/: persona que habla tan despacio que parece que le /jalan/ las palabras. Y dice que en Centro América se la llama así a la persona coqueta o veleidosa. Tan contradictorio o tan arbitrario es el lenguaje que, mientras en algunos lugares /jalar-se/ con alguien es no llevarse bien, no atraerse, en Centro América es tanto ‘hacer el amor’ o ‘tener amores’. Así se encuentra en el Diccionario general de americanismos, de Francisco J. Santamaría (1942). Precisamente, Santamaría considera que /jalar/ es una pronunciación ordinaria, vulgar, popular. Y atribuye a la forma /halar/ un empleo de nivel literario. En su Diccionario de dudas e incorrecciones del idioma, Larousse enfatiza en que es incorrecto decir “un nuevo jalón en nuestro desarrollo”. No se admite jalón como hito, mejora”. Jalón es sólo “vara usada en topografía”. Con todo, el diccionario de la Academia (DRAE) registra /jalón/

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como hito, y lo aplica, además, a situación importante o punto de referencia en la vida de alguien o en el desarrollo de algo. Así, pues, ambas realizaciones, están recibidas y tienen sus diferentes usos, a pesar de remilgos que han resultado tímidos para detener la evolución del término en dos pronunciaciones. Puede el amigo Avelino Arredondo escoger a su gusto y discreción. Buena suerte en sus afanes idiomáticos. Una cosa queremos señalar: Es muy difícil que un dominicano, hablando en lenguaje llano, espontáneo, coloquial diga: El que quiera moño bonito, que aguante /h/alones. Por lo regular dirá: /j/alones. Y quien, en cualquier nivel del habla, por respeto a la escritura, pronuncie /halones/, parecerá un ave rara en el corazón de la selva.

7 de mayo de 1998

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A sí mismo/así mismo/asimismo
Encuentro en un diario local la siguiente pregunta: ¿Por qué quieren clonar al ser humano? Hay tres respuestas chuscas. La que me interesa dice: Porque es la única forma de que se vean /así mismos/ y dejen su hipocresía. Esa cadena morfofonemática puede tener tres empleos o aplicaciones sintácticas diferentes, lo que mueve mi curiosidad a pensar si es correcta la forma empleada (así mismo), equivalente al sintagma así: adverbio, y mismo : adjetivo demostrativo de identidad. Analicemos las tres formulaciones sintácticas parecidas, de posible uso en el español, para compenetrarnos con sus particularidades y la propiedad en cada momento de su utilización. 1. A sí mismo. Tres vocablos: a : preposición; sí : pronombre personal complementario (indirecto), reflexivo, de tercera persona, aplicable a ambos géneros, es decir: él/ella. Es el término o parte del término de una preposición; mismo : adjetivo demostrativo. Ejemplos: El sólo se quiere a sí mismo. Ella se elogia a sí misma. Son construcciones pleonásticas o redundantes. Varía el adjetivo (mismo-a); pero no se altera el pronombre (sí). 2. Así mismo. Dos vocablos: /así/ : adverbio de modo (de esta manera). Se utiliza en expresiones comparativas en relación con cual, como, según; /mismo/ : adjetivo comparativo. La frase equivale a ‘de esta misma forma’, ‘de esta misma manera’, con valor enfático. Ejemplos: Así mismo lo hizo. Así mismo presentó la declaración.

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3. Asimismo. Contracción de dos vocablos: Es un adverbio de modo, sustituible por igualmente, también. Reúne en una fórmula el adverbio así y el demostrativo mismo. Significa de ‘este o del mismo modo’. En /a sí mismo/ hay dos palabras tónicas o con acento prosódico: /sí/ y /mismo/. La preposición /a/ es palabra átona, es decir, carece de acentuación (prosódica). Hay que destacar en el habla, mediante la entonación, el acento de sí, mediante una leve pausa o cesura, casi imperceptible, o una entonación o inflexión especial entre /a/ y /sí/: a-sí, con énfasis acentual sobre la /i/. En /así mismo/, las dos voces van acentuadas (prosódicamente) y no procede ninguna cesura o entonación entre /a/ y /sí/ del primer componente, puesto que es una sola palabra. /Asimismo/ es una contracción: /así/ y /mismo/. Si nos atenemos a la escritura o a las reglas ordinarias del empleo de la tilde, la entonación que más se destacaría es el acento (no ortográfico) que recae sobre la /i/ de mismo. Es decir, se debilita el acento de la primera /i/ de la palabra, la /i/ del adverbio /así/. Pero don Manuel Seco se decide por la acentuación dítona, un acento bien marcado para cada uno de los dos componentes. Es un enfoque enteramente prosódico basado en los hechos del habla. Esta contracción se emplea mucho en la redacción, como conectivo o conjunción entre dos oraciones o períodos. Ejemplo: La empresa X deberá cumplir con esto y con aquello. / Asimismo/ entregará a sus trabajadores los resultados de la auditoría... Representa a la conjunción /y/, y es sustituible por los adverbios igualmente y también, en función de enlace. La Academia de la Lengua le ha dado entrada, aunque prefiere la formación separada /así mismo/. En su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, Manuel Seco advierte que el uso más generalizado prefiere la grafía así mismo con

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el sentido: “del mismo modo”, y asimismo como “también”. Así debemos entenderlo y no confundir estos empleos con el de a sí mismo, que equivale a él mismo, un grupo sintáctico bien diferenciado de las dos elaboraciones anteriores. Eso fue lo que ocurrió con la respuesta de Milena López o con la elaboración de su respuesta en el periódico Listín Diario:* “¿Por qué quieren clonar al ser humano?” “Porque es la única forma de que se vean /así mismos/ y dejen su hipocresía”. La colocación de los términos debió ser: a /sí/ mismos... Porque la clonación, por muy de moda que esté, no da derecho a alterar la colocación ni la forma de las palabras.

*Columna “¿Por qué?”, 8 de mayo de 1998, p.2, “La página del lector”.

14 de mayo de 1998

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¿Delen o denle? ¿Demen o denme?
Suplico: Delen algo a ese niño. Pero de inmediato analizo: ¿Es correcto decir /delen/? ¿Podría pedir: Demen el desayuno? Así decimos nosotros. Al examinar las expresiones, identifico un verbo en modo imperativo, que contiene un mandato: /den/. El modo, en la conjugación de los verbos, indica de qué manera el que habla encara la significación del verbo. El modo indicativo, como real: Habla mucho; El gallo canta. El imperativo contiene un mandato, ruego, consejo o petición: Cállate ya. El subjuntivo funciona como deseo o duda: Tal vez venga mañana, y el potencial, como posible: Compraría ese libro hoy mismo. /Den/, en ambos modelos, está operando como mandato o petición. Me dirijo a alguien con la finalidad de que ejecute una acción. ¿De dónde, entonces, viene ese traslado de la /n/ del verbo hasta los pronombres /me/ y /le/? ¿Por qué de/men/ y de/len/? Estos pronombres, colocados al final del verbo, se denominan enclíticos: Compra/le/, cómpra/te/, cómpra/nos/, cómpra/les/. Se escriben unidos al verbo al cual modifican. Si se colocan delante: /te/ compró, /me/ compró, /nos/ compró, /les/ compró, se escriben separados del núcleo o verbo. En ese empleo, se llaman proclíticos. Son voces átonas o inacentuadas, vale decir, que no reciben carga o refuerzo acentual. Contrariamente, /mí/, /ti/, /sí/, con sus plurales, masculinos y

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femeninos: /nosotros/, /vosotros/, /ellos/, se construyen con una preposición: /en/ mí, /para/ ti, /a/ él , /con/ nosotros, /sin/ ellos. Van pospuestos al verbo al cual modifican y son palabras tónicas (con acento prosódico, márqueseles o no): para /mí/, para /ti/, para /sí/, con /nosotros/ , con /ellos/. En las formas inacentuadas o átonas, que se usan sin preposición y a veces se enlazan al final del verbo, nunca aparece una terminación en / n/: me (primera persona), te (segunda), lo, la, le, se (tercera) del singular; ni sus plurales: nos (primera persona), os (segunda), los, las, les, se (tercera). Si estos pronombres complementarios carecen de terminación en alveolar /n/, ¿de dónde surgen las formas delen, demen? Es un error que los dominicanos debemos evitar. En la conversación, tasladamos la /n/ del verbo hasta el final de la construcción binaria: dele/n/, deme/n/, cuando debemos decir de/n/le, de/n/me. Quizás esto se deba al hecho de que la formulación del plural solemos hacerla al final de las palabras: cosa/s/, tierno/s/; y aunque /s/ es la marca ordinaria para la pluralización, en algunos momentos del verbo, la /n/ es el recurso para expresar diversidad: ellos compran, bailan, estudian... De ahí que el hablante dominicano no le suena, no encuentra plural en /denle/ y, cuando, por ejemplo, alguien se desmaya, prefiere pedir que se retiren de al lado de la persona afectada: De/len/ aire para que se recupere. Si invertimos el orden, es decir, si cambiamos la oración de imperativa a enunciativa: Hay un muchachito que quiere que le den algo de comer, no trastrocaremos la /n/ de su ubicación natural, sino que diremos /le den/. ¿A quién se le va a ocurrir pronunciar “len dé algo de comer”? ¿O quién de nosotros podría expresar dígame/n/lo? Es bueno destacar que el traslado de esa consonante no es anomalía exclusiva de nosotros. En diferentes lugares del mundo hispanohablante llegan hasta duplicar la alveolar: siéntensen, párensen...

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Una canción de Leonardo Favio comienza: Denme la libertad;/quiero la libertad, /que yo quiero cantar /de nuevo al amor. /Yo no quiero pelear, /prefiero desertar. /No, no quiero matar, / yo quiero cantar en paz. Bien por Leo Favio, porque ama la libertad, porque le canta una y otra vez al amor, porque prefiere desertar antes de matar al hermano, y hasta por su gramática de la alveolar /n/ colocada en su justo lugar.

2 de julio de 1998

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De la semiótica de la imagen a la semiótica de la palabra
Prescindiendo del texto, la imagen que ilustra este trabajo me ha sugerido diversas interpretaciones. -Primero pensé en la promoción de un artista de circo, con una capucha con dos cuernos despampanantes. -El reporte de un espectáculo con el tema de los vikingos. -Una farsa o comedia burlesca acerca de un cornudo, llevada a escena por un grupo de teatro. La foto se publicó en la sección de deportes de El Siglo y de otros periódicos del 16 de julio pasado. Cuando pensé en el área especializada en que se insertó la imagen, me aparté de las ideas fraudulentas y de cultura, y me surgió de inmediato, esta interpretación: -Están mofando a un perdedor, con un capirote de los cuernos -por alguna razón- en vez de las dos orejas que caracterizan al tonto de capirote. La lectura reveló otra cosa “directamente contraria”: Es la imagen de un gran triunfador, el señor Phil Jackson, dirigente o entrenador del equipo de baloncesto de los Bulls de Chicago, ganadores de seis de los últimos ocho campeonatos de la organización conocida por la sigla o abreviatura NBA. Si la foto del dirigente con el símbolo de los Bulls es intencional, no lo sé. Puede que sea una oportunidad aprovechada por el fotógrafo, un experto; lo que llamamos un artista del lente. Pero me parece que Jackson fue colocado allí con la mejor leche. Es, de cualquier forma, un magnífico fotograma. Si no hubiese sido arreglado, es, entonces una magnífica casualidad.

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En torno a la realización de esta foto podrán surgir cantidad de interpretaciones, según la óptica con que cada quien lo enfoque. No tengo suficiente información en torno al deporte, pero sé, porque está en la prensa cotidianamente, que se habla de si algunos jugadores estrellas volverán o no con el equipo para la próxima campaña o si el entrenador se decidirá por mantenerse en su puesto. Se habla bastante acerca de esto, y, en días recientes, se ha ilustrado con alguna otra imagen muy interesante. Se tiene como una verdad de a puño que una fotografía vale más de mil palabras. Es un dogma de la disciplina del fotoperiodismo, que invade otras áreas, como la publicidad. Y esa aserción categórica tiene mucho de cierto. Ese recurso ha sido bien administrado, bien aplicado para aprovechamiento de la comunicación social. Es importante conocer el valor de los signos en el proceso de intercambio de contenidos para la interacción dentro del ámbito de la vida social. Cada lenguaje tiene su código, su hábeas y su sintaxis. Sus posibilidades y sus limitaciones. Puedo decir muchas cosas con imágenes y con gestos. Puede ser oportuno un guiño cuando no es conveniente hacer un ademán o, mucho menos, articular palabras. Y todo ello revela la potencialidad de los códigos que el hombre tiene a su arbitrio para la transmisión de significados. Pero no es posible transmitir todo el contenido con una foto, con un guiño, con otra realización gestual. Las diferencias sutiles son expresamente con mayor eficacia mediante el recurso de la palabra. Con un simple refuerzo del tono de la voz, distingo entre lo que son /caso/ y /casó/, entre lo que es /pálpito/, /palpito/ y palpitó. ¿Puedo marcar esas sutiles diferencias prosodémicas con una fotografía? ¿Puedo diferenciarlo con un ademán o con un picar de ojos? /Persuadir/ y /disuadir/, por sus componentes fonéticos, me per-

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miten diferenciar el contenido que late en cada estructura: una acción que pretende influir en mi voluntad para que yo haga o crea en una cosa (persuadir) o inducirme a que cambie de parecer o de propósito (disuadir). Me persuade quien pretenda que yo renuncie a una posición, a un trabajo. Me disuade quien, ante mi decisión de renunciar, desea que no lo haga. Una simple sílaba, una sola vocal, puede marcar la diferencia de contenido. No es lo mismo: “...al desconocer su derecho, se dirigió a la autoridad del trabajo”, que decir: “...al desconocer/se/ su derecho, se dirigió a la autoridad del trabajo”. La primera forma implica ignorancia de parte de la persona interesada. La segunda, con el pronombre enclítico /se/ añadido al infinitivo / desconocer/, significa conocimiento de la violación o atropello en contra de los derechos de alguien. ¿De qué manera, con qué signo plasmo en un fotograma las connotaciones que separan a estos vocablos, a estas construcciones? ¿Cómo lograrlo con un abrir y cerrar de ojos, si antes no nos hemos explayado con multitud de palabras para tratar el problema que nos pone en la encrucijada de renunciar o de mantenernos en una posición. La fotografía nos dice mucho. Despierta emociones, trae recuerdos, mantiene nuestro interés. Pero la imagen del dirigente de los Bulls tiene su justa dimensión a través del texto que se incluye en las columnas del periódico; que se reparte entre el titular, la crónica y el pie de grabado. Y, especialmente -no lo dejemos afuera-, por todas las referencias que tengo acerca de la situación o del tema. Sin ese recurso textual y sin acumulación de conocimientos, no existe información válida. Algunos podrán saber quién es el personaje, pero la mayoría quedará ignorándolo, se mantendrá incomunicada, a pesar de todo el poder que se le concede a una buena imagen. Si digo: No lo creo sincero, estoy negando a alguien esa calidad.

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Si, al contrario, me expreso con una pausa: No. Lo creo sincero. He dicho exactamente lo contrario. Se ha empleado el mismo segmento. Pero la pausa y el tono, recursos extrasegmentales, cambian totalmente el sentido. Empleos tan sencillos dentro del idioma, provocan y, atizan diferencias sutiles, con el auxilio de recursos prosodémicos muy bien definidos que, a la vez, definen valores semánticos bien diferenciados. La lengua es el más complicado de todos los sistemas empleados para el acto de la comunicación entre personas que comparten dentro de una comunidad. Pero es el recurso más eficaz y más completo para el proceso de interrelación social.

6 de agosto de 1998

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/Detentar/ como caso de impropiedad en el lenguaje
A la memoria del doctor Ángel M. Tejada Castillo, maestro, hombre de bien, gran mentor en una etapa importante de mi vida. Desde tiempo he notado el empleo del verbo /detentar/ con el sentido de ejercer una función. Lo he experimentado desde largos años atrás y aún lo veo escrito y suena por algún lugar. Recuerdo, cuando iniciaba los estudios de derecho, noviembre de 1950, que Ángel María Tejada Castillo, higüeyano, que tenía instalada su sastrería hacia el extremo norte de la isleta que formaban -todavía queda algo- las calles José Reyes y Jacinto de la Concha, al oeste y este, respectivamente; la Benito González, al sur, y al norte, en la punta de la lengüeta, la entonces Félix María Ruiz, ahora prolongación avenida Méjico. La casa que ocupaba Tejada Castillo tenía doble frente: uno hacia la Jacinto de la Concha y el otro hacia la José Reyes. Con él estudiábamos Francisco Ricardo Gautreaux (Cano), Francisco del Carpio Durán, Ramón Jerez Jorge y yo. Gautreaux, de quien se ha dicho que era uno de los mejores saxofonistas que había dado el país, emigró a los Estados Unidos de Norte América; no llegó a graduarse. Todos ellos han fallecido. Jerez Jorge fue víctima de la tiranía de Trujillo, debido a su fuerte oposición y su carácter intransigente. Más tarde, Tejada Castillo convirtió la sastrería en un colegio de mucho éxito, que después trasladó a la Zona Colonial: el Mahatma Gandhi.

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Repasábamos una tarde las lecciones sobre derecho constitucional y surgió la palabra /detentar/. Don Ángel, escudriñador, advirtió que el término no estaba bien empleado por el autor de las lecciones; que /detentar/ no significa /tener/, /ocupar/ un cargo; que el significado de esa palabra estaba relacionado con la ocupación ilegítima o de fuerza de una función. Recuerdo que, en su vocación de maestro, acudió al diccionario y leyó el contenido de la entrada correspondiente a dicho término. No todo el mundo, al margen de la educación formal, cuenta con un orientador así, para solidificar su formación. Han pasado muchos años, y, de tarde en tarde, escucho o leo / detentar/ en el sentido de /ostentar/. ¿Qué he dicho? Quizás sea ese verbo el que nos ha llevado a la confusión del significado del vocablo forense que motiva estas líneas. En efecto, /detentar/ significa ‘atribuirse, retener uno la posesión de algo que no le pertenece’. Es un galicismo por ‘ocupar, tener, desempeñar un cargo lícitamente’. Sin embargo, en un discurso que me presentan para que lo revise, se cuela que alguien detenta, en ese momento (julio de 1998), el cargo de diputado, hasta el 16 de agosto de 1998. No son pocos los textos en que aparece un uso similar. Si es un cargo ganado regularmente ¿por qué ponemos detentar? Larousse, Diccionario de dudas e incorrecciones del idioma, explica: Es incorrecto... decir “detentar un cargo de gran importancia”. En ese caso debe decirse “ocupa” un cargo de gran importancia. Don Manuel Seco, en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, afirma que detentar es “retener sin derecho (una cosa). Es error grave usar este verbo por tener en su poder o en sus manos, disponer de, ocupar o desempeñar. Se puede decir que un dictador detenta el poder, pero no que un boxeador detenta un título”.

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Y don Fernando Lázaro Carreter, director de la Real Academia de la Lengua, El dardo en la palabra, comenta que en uno de sus artículos de prensa escribió: “De cuantos detentan (las cursivas son del propio académico) la voz pública, no hay ni que hablar: son ellos los que hablan sin oír, sin leer y sin pensar”. Lázaro se refería “a quienes en tribunas públicas, incluidas, naturalmente, prensa, radio y televisión, hacen uso de la lengua española”, porque la desconocen. Varios lectores le reprocharon que, siendo quien es, no supiera lo que significa detentar. Esos corresponsales no entendieron la ironía de don Fernando, que está plasmada principal y claramente en las cursivas que hizo imprimir para el artículo de marras. Con todo, no puedo dejar de referirme al comentario Una sentencia histórica, de la página “Para el récord” , de la revista Gaceta Judicial, número correspondiente a la quincena del 13 al 27 de agosto de 1998, página 8, párrafo quinto de la primera columna: “La actual Suprema Corte de Justicia ha reaccionado contra esta injusta, estrecha y conservadora jurisprudencia que había subvertido el derecho que tienen los ciudadanos a ejercer la acción directa en inconstitucionalidad contra los más diversos actos de los funcionarios que detentan el poder político y la administración del Estado”. Es una referencia sin comentarios, y, además, fuera de récord.

3 de setiembre de 1998.

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Le/les: la mayor confusión gramatical en la escritura dominicana (III variación)
Leo en un cintillo inferior de la portada de la sección deportiva de un prestigioso matutino: ...que a uno de los tantos multimillonarios... no se les haya antojado esa idea... Mike Piazza pasa a la historia con un contrato que tarde o temprano le pesará a los dueños de equipos de Grandes Ligas.-Otorgarle 91 millones a un jugador por siete años.....,sin restarle calidad al receptor de los Metros... Reitero a las Grandes Ligas le pesará lo mismo que está ocurriendo en la NBA... Son cinco usos de los pronombres de dativo le/les, en singular y en plural, que aparecen en el orden de los comentarios seleccionados. Dativo significa complemento indirecto: Compró un juguete al / ahijado/. Juguete es complemento directo o acusativo; /ahijado/ es complemento indirecto o dativo. Puedo decir: /le/ compró el juguete. El pronombre /le/ ha pasado a sustituir el complemento indirecto /ahijado/, y actúa con el mismo papel sintáctico que la palabra sustituida. Si hay más de un beneficiario, diremos /les/ compró. Vale decir, que debo cambiar de singular a plural porque ahora hay más de un ahijado. En los escritos dominicanos -de todo nivel- circula como plaga este desconcierto gramatical. No reparamos en que tales pronombres, que son átonos o inacentuados, y que corresponden a la tercera persona del coloquio, tienen sus correspondencias en números, tanto como complemento directo: /lo/, / la/; /los/, /las/, como para /le/, /les/ que comento en este análisis.

Rafael González Tirado

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Los dos últimos empleos pronominales, a diferencia de /lo/, /la/; /los/, /las/, se aplican indistintamente para femenino y para masculino. Lo mismo digo: Fausto /le/ dijo la verdad (a ella), que Fausto /le/ dijo la verdad (a él). Este pronombre, antecediendo al verbo: /le/ confesaré, /les/ advertí, se llama proclítico, y se escribe separadamente. Es enclítico cuando cuando se pospone al verbo y se escribe junto con él: déja/le/ el dinero; di/les/ la verdad. El autor de los comentarios deportivos emplea dos enclíticos: otorgar/le/, restar/le/, y tres proclíticos: -no se /les/ haya antojado esa idea, -/le/ pesará a los dueños de equipos, -/le/ pasará lo mismo. Aquellas dos formas de singular y enclíticos en un mismo párrafo: “otorgar/le/ 91 millones a un jugador por siete años, sin restar/le/ calidad al receptor de los Metros”, son usos gramaticalmente correctos, porque se refieren a /jugador/ y a /receptor/ de los Metros, singular en cada caso, es decir, que /le/ está representando, en cada empleo, a un sustantivo de número singular. Por tanto, no se requiere la concordancia en /s/. Sin embargo, las dos veces que el comentarista usa /le/ para representar sintácticamente a Grandes Ligas, yerra en el enlace, a causa de que: a) Si esto habrá de pesar “a los dueños de equipos de Grandes Ligas”, entonces, a ellos no /le/ pesará, sino que /les/ pesará; y b) Igualmente, si habrá de pasar lo mismo que sucede en la NBA, a ellos /les/ pasará igual. No puede escribir /le/ pesará, porque no estoy hablando de un equipo ni de una liga, estoy hablando de las Grandes Ligas o de los equipos de esas ligas, que es plural. Resulta interesante el híbrido singular y plural que se forma en el sintagma:

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A /uno/ (singular) de los tantos /multimillonarios/ (plural). Si me refiero directamente a /millonarios/, pondré el verbo y pronombre en plural; pero si me refiero a /uno/ en función de indefinido o de nombre colectivo con el complemento preposicional /de los tantos multimillonarios/, las reglas me ordenan concordar en singular. Debió escribirse: No se /le/ haya antojado, en vez de: no se /les/ haya antojado, porque el autor se refiere a /uno/, que es forma singular (el lenguaje es forma, esencialmente). Un último caso, fuera del texto analizado, extraído de un título de la misma sección y del mismo periódico, en los momentos del tramo final de la disputa por los cuadrangulares, a fines de setiembre pasado: A Sosa y a McGwire /le/ resta un partido por jugar2 Sosa y McGwire son dos; el pronombre va en plural: /les/. El /le/ sin la /s/ habría venido bien si se emplea la frase preposicional: /a cada uno/, por la función distributiva que tiene el complemento sugerido. Por tanto, a los “jonroneros” podría quedar/les/ sólo un día de jornada pero al /le/ empleado en el titular /le/ faltó una /s/.

1 Listín Diario, 27 de octubre de 1998, p.1, sección B, El Deporte. 2 Listín Diario, 27 de setiembre de 1998, El Deporte, p.5B.

5 de noviembre de 1998

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Le/les: la mayor confusión gramatical en la escritura dominicana (IV variación)
El pasado 16 de diciembre la Cámara del Senado rindió un homenaje a varios jugadores dominicanos del béisbol de Grandes Ligas norteamericanas. En el reporte del diario Hoy del día siguiente se leyó, al pie de una gráfica: “Los estelares de Grandes Ligas, Pedro Martínez (izquierda) y Sammy Sosa, muestran los pergaminos que /le/ entregó ayer el Senado de la República...” 1 El pronominal marcado entre barras debió escribirse en plural / les/, puesto que, como complemento indirecto o dativo, no representa a quien entrega el pergamino (Senado), sino a quienes se /les/ hace entrega del documento que sirve como constancia del homenaje que se está rindiendo. La forma verbal /entregó/ pertenece a una complementación de la oración principal, complementación que está constituida por una proposición (que les entregó ayer...). El verbo de la oración principal es / muestran/, y lo que antecede es el sujeto de dicha oración; por eso, como se habla de los estelares de Grandes Ligas/, este último verbo va en plural. Pero el sujeto de entregó es el Senado; por tanto, el verbo va en singular. /Le/ está muy cerca de /entregó/ y del sujeto de la proposición complementaria: ...que /le/ entregó ayer el Senado; pero se refiere a ellos, a los estelares que muestran el pergamino; no al Senado. Entonces faltó la /s/ en el pronominal.

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La proximidad del verbo y del sujeto hace pensar en toda una frase singular (complementaria), y el que escribe elimina la /s/ del pronombre / les/ porque todo el contorno lo entiende como singular. La página siguiente (2B) continúa con el mismo material informativo: “Los grandes ligas Sammy Sosa, Vladimir Guerrero y José Lima conversan antes del homenaje que /le/ rindió ayer la Cámara de Senadores”. Es la misma estructura, ahora con los verbos conversan y rindió, que antes eran muestran y entregó. Los verbos están bien; lo que desentona es el /le/, que no se vincula, en ninguna de las dos oraciones ni al Senado ni al verbo inmediato (singulares), sino a los jugadores de las ligas mayores de la pelota en Norteamérica (frase en plural). Estos diablillos del régimen son pronombres de tercera persona. Representan a /él/ y a /ella/, con sus correspondientes plurales. Por tanto, no son neutros, como podría parecerles a algunos inadvertidos; sino que tienen su uso y variación. En función de complementarios, no llevan ninguna clase de acentuación, es decir, son palabras átonas. Por eso se pueden posponer y apoyarse al final del verbo con el cual se enlazan y al cual precisan: Díga/le/ la verdad; /díga/les/ la verdad, singular y plural. En ese uso se llaman enclíticos y se escriben unidos al verbo con el cual se construyen. También se colocan delante del verbo y se apoyan en él, entonacional o fonológicamente; pero no suelen escribirse unidos. En ese empleo se denominan proclíticos: /Le/ dijo la verdad o /les/ dijo la verdad. Otro ejemplo tomado de la prensa: “Me maltrata de palabras, gasta el dinero bebiendo con sus amigos, mientras a los niños /le/ falta ropa” 2. /Le/ no va con ropa (sustantivo) ni con falta (verbo), sino con niños. Luego, a ellos /les/ falta ropa.

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Algunos casos se dan en la despedida de una comunicación escrita. Si recurrimos al /le/, en lugar de /lo/, /la/ y sus plurales, debe escribirse: -Con respeto y admiración /le/ salud/a/: cuando es una sola persona a otra persona; -Con respeto y admiración /le/ saluda/n/: cuando varias personas se dirigen a una sola persona. -Con respeto y admiración /les/ salud/a/: una persona para varias personas. -Con respeto y admiración /les/ saluda/n/: varias personas se dirigen a varias personas. El 29 de diciembre pas1ado el periódico Hoy tituló: A los médicos /les/ duele la cabeza por el alto precio de las medicinas. Es un reportaje de Aquino Taveras, p. 21, sección El País. El empleo de /les/ es correcto en la titulación, porque no es solamente a uno a quien /le/ duele, sino a los médicos en general, es decir, a ellos /les/ duele. Perdónenme porque insisto sobre una cuestión tan simple. Lo hago porque el descuido en muchos casos habla mal de algunos aspectos en la redacción de la prensa criolla y de escritores, en general, lo cual se critica fuertemente en el exterior, aunque se reconoce la gran calidad de nuestro periodismo y los literatos. Y porque es algo que se puede resolver fácilmente, sin necesidad de apear de los anaqueles volúmenes de gramática ni voluminosas enciclopedias ni diccionarios. Es una cuestión muy sencilla, de concentración, de simple reflexión. Reflexionemos, pues.
1 Portada de la sección de deportes, p.1B, 17 de diciembre de 1998.2 Listín Diario, p. 15C, 22 de diciembre de 1998, Consultando con la sexóloga.

29 de enero de 1999

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El /comoísmo/en el lenguaje coloquial dominicano
/Como/, en función de adverbio relativo, comparativo, tiene una denotación en nuestra habla, cuyo estudio nos permite ahondar en el perfil sicológico de los dominicanos. En el sistema español, /como/ es un adverbio de modo que sirve para hacer comparaciones, presentar modelos, cerrar una explicación...” -Así es como se habla. -Se porta como un caballero. -”Como las estrellas, sin prisa, pero sin pausa”. En función relativa, no tiene significado propio, sino que, en cada caso, significa lo que signifique su antecedente, es decir, tiene el sentido o el papel que le corresponde a aquel elemento gramatical con el cual se relacione o al cual represente. Sin embargo, en la expresión del vernáculo, /como/ viene a ser acomodación o duda, inseguridad, indefinición o irresolución, algo así como no asumir la responsabilidad de algún enunciado. Decimos: -Como que hace un friíto esta noche Él priva como en guapo. -Me está como por doler una muela. -Cuando hago X cosa, me siento como mal ciudadano. El hablante local como que no tiene seguridad o precisión en lo que está expresando (como que hace un friíto); se resguarda por la posterior definición de lo que presiente (me está como por doler una muela); no quiere asumir la responsabilidad de afirmarlo (priva como en guapo: bravo)

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o le avergüenza tener que decirlo (me siento como mal ciudadano). Parece /como/ que el que enuncia no quiere ser contradicho, o espera, humildemente, una aprobación, una comprensión o una identificación de parte de su interlocutor. Evidentemente no hay afirmación categórica, ni definición clara y conclusiva del tema o problema que está exponiendo o de la situación que enfoca o plantea en su aseveración o enunciación. Vale decir, son expresiones que se alejan del valor comparativo del adverbio relativo. Veamos ahora estas formas regulares: “Nunca hablaba de su hijo, excepto en el seno de su familia, pero se sentía orgulloso de él y prefería verlo convertido en prófugo que uno más del montón, sembrando papas y cosechando pobrezas como todos los demás”1 “...quieren arreglar el país, matando rasos, matando uniformados. Como si esa pobre gente tuviera la culpa”2 “Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acueste y cuando te levantes”3. Aunque los tres modelos anteriores corresponden a un nivel de lengua diferente, estos ejemplos son válidos para comparar los distintos usos anotados. Lo último, como forma del español estándar o corriente. Los anteriores, fórmulas del lenguaje coloquial de los dominicanos. Con todo, el empleo que estamos analizando trasciende el nivel oral de nuestra lengua. La columna “Primera fila”, de la sección página dos, de El Nacional, domingo 8 de diciembre de 1996, comenta la conducta del alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, y de Howard Safir, comisionado de la policía en esa misma jurisdicción. Se trata del propósito de las autoridades neuyorquinas de instalar en el país una estación de agentes de la policía de Nueva York. El galicismo de El Nacional dice:

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Hay como una campaña sistemática de agravios y descréditos contra la República Dominicana. El comparativo /como/ puede eliminarse, y el texto no se altera significativamente. Antes al contrario, la afirmación se torna precisa, y, además, responsable. /Como/, en casos similares, es vacilación, duda, determinación de no ofender, no irse demasiado adelante, no malquistarse con los demás. Es recurso del dominicano por no comprometer su opinión más allá de lo prudente; complejo de no fallar; habilidad para no caer en un gancho. De ahí la evidente utilidad del /como/ en la resbalosa parla de los criollos. El “comoísmo” es, pues, una institución nacional.

1 La casa de los espíritus, Isabel Allende, parte final del capítulo V, Los Amantes, p.157 2 Sólo cenizas hallarás (bolero), S.L, primera edición para Destinolibros, Barcelona, 1981, p.259. 3 La Biblia, Deuteronomio, capítulo 6, “El gran mandamiento”, Sociedades Bíblicas Unidas, versión popular, segunda edición, impresa en Corea, 1981.

2 de octubre de 1997

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Ribera/rivera
Alguna vez alguien me ha preguntado si ribera se escribe con ve corta /v/ o con be larga /b/. No muchas veces; pero me lo han preguntado. Quizás soy yo quien, para comprobar, lo he preguntado mayormente. Tengo la percepción de que los dominicanos hemos fijado la escritura en la /v/ labiodental: ri/v/era, para referirnos a la margen y orilla del mar o del río. Y tenemos la seguridad de que es así. Que, para la mayoría, no existe la forma lexical ri/b/era, con /b/, consonante bilabial, con significado diferente de ri/v/era. Y esta percepción viene de la experiencia de tantos años en las aulas, de tanto tratamiento con material de redacción en diversas actividades. Pienso que influye el uso del apellido Ri/v/era, bastante conocido entre nosotros, y de mayor empleo en Puerto Rico, donde tenemos tantos vínculos y tanto afecto. Pero, en verdad, el apellido se desdobla en Rivera y Ribera: José Ribera fue un conocido pintor español (1588-1656) y Evaristo Ribera Chevremont es un poeta modernista puertorriqueño nacido en 1898. También existe con terminaciones en /o/: Nicolás María Rivero fue político español del siglo XIX, nacido en Sevilla, y Nicolás Rivero y Muñiz (1849-1919) fue un periodista español que se trasladó a Cuba, donde fundó y dirigió varios periódicos. Y no sólo en el caso que tratamos, sino en otros muchos suceden las parificaciones:

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-Nosotros escribimos Pavón; pero en Sudamérica existe Pabón (Ecuador). -Leyba es usual en Santo Domingo. Mas, el cantante argentino se llama Fernando Leiva, con doble diferencia ortográfica. -Aunque aquí tenemos a don Fabio Herrera, el Continente cuenta con los poemas musicales de Leonardo Favio. Precisamente, este cantautor dice: Diego Rivera, usted sabrá,/ fue un muralista talvez sin par./ Talvez Siqueiros se le igualó,/pero como ellos sé que no hay dos. ¿Cómo se escribe este Ri/b/v/era? ¿Con /v/ de vaca o con /b/ de burro? ¿Con /b/ larga o con /v/ corta? Esta es la forma práctica con que hemos denominado y hemos aprendido a diferenciar las grafías de be y uve. 1. Se escribirá de una o de otra manera. Sin embargo, una cosa es el nombre o apellido y otra la ortografía del nombre común, que, en ocasiones varía el significado según cambia la escritura. Acerquémonos, pues, a las márgenes para encontrar las variantes lexicales. Contrariamente a la percepción que se pueda tener, ribera, articulación bilabial, es la orilla o margen del mar o del río, y origina derivaciones como riberano, ribereño, riberiego, ribero. Rivera, con /v/ corta o labiodental, equivale a ‘riachuelo’ o ‘arroyo’; no a margen ni orilla 2. Proviene del latín rivus, con que los romanos designaban a un riachuelo, y significa ‘arroyo’ o pequeño caudal de agua continua que corre por la tierra’. También, el cauce por donde corre este riachuelo. Mi encuentro más reciente con estos vocablos fue durante la corrección un proyecto de ley para regular la calidad ambiental, todo un código sobre la materia. Un compañero de trabajo revisaba y llamó mi atención acerca del repetido empleo de bilabial en el capítulo que trata acerca del debido manejo de las aguas.

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Me presentó, entre otros, los siguientes casos: -El Estado garantizará la explotación racional del recurso agua, protegerá los ecosistemas que lo originan, sus nacimientos o fuentes, sus cursos y sus riberas… El otorgamiento de permiso o autorización irregular…para la construcción de obras…en los lechos, depósitos, riberas… Me dijo: Sólo una vez la escriben con /v/ corta. Lo remití al diccionario. Allí encontrarás la solución, le dije. El instrumento que estudiábamos es de una redacción esmerada, y se puede apreciar, por el nivel técnico del vocabulario y los profundos conocimientos acerca de la protección del medio ambiente y la calidad de la vida, que el texto proviene de otras experiencias, que debemos aprovechar. De ahí la calidad del estatuto y el empleo de lenguaje y escritura que pueden enriquecer nuestro acervo lingüístico y ortográfico. ¿Dije acer/v/o? ¿No será con /b/ larga? Por favor, búsquelo en su diccionario, que, mientras tanto, yo quiero testificar cómo dije, a mis quince años, más o menos, no sólo esa grafía. Sino además, cómo un poema de Antonio Machado, me enseñó a dudar, hasta en la ortografía, para, con la inquietud que provoca la duda, procurar soluciones o de alguna manera, satisfacer la inquietud: Daba el reloj las doce... y eran doce/ golpes de azada en tierra…/ …¡Mi hora! -grité-…El silencio/ me respondió: No temas;/ tú no verás caer la última gota/ que en la clepsidra tiembla. Dormirás muchas horas todavía/sobre la orilla vieja/ y encontrarás, una mañana pura/ amarrada tu barca a otra ribera 3

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1 Manuel Seco, Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, dice que como nombre de lugar, predomina ribera, “como apellido es más frecuente la forma Rivera”. Ver p.329, Espasa Calpe, novena edición, 1995. 2 Hago abstracción del problema de la confusión fonética en español de estas consonantes. 3 Poema XXI de las Poesías completas (1899-1936), Antonio Machado, cuarta edición, Espasa Calpe, Argentina, S. A., Buenos Aires, 1946.

13 de noviembre de 1997

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Milly: ¿Eso e/j/ un palo?
Alguien llamó mi atención: Pero en ese anuncio, Milly dice: ej’un palo, en vez de es un palo. ¯ No me inmuto. Pienso en la promoción de servicios bancarios que está haciendo el Banco Intercontinental, y tomo mi tiempo para apuntar: Así lo decimos todos. ¯ ¿Cómo? ¿Y eres tú quien dice esa barbaridad? ¯ No te exaltes; no hay motivos. El lenguaje es engañoso. Crees ¯ que haces algo de una manera y la realidad es muy otra. Una cosa es lo que se habla y otra es lo que se escribe. Eso puede ser filosofía, filología, ¡qué sé yo! Pero hablar bien /ej’ ¯ otra/ cosa. Si te detienes a analizar -le respondí-, comprobarás que tú acabas de ¯ hacer lo mismo que criticas a la merenguera. -¿Cómo...? -Sí, señor; acabas de pronunciar: ... hablar bien /ej’ otra/ cosa. Lo mismo que hizo Milly. Es más, no te diste cuenta que ella produjo primero lo que se llama un “ruido” en comunicación; algo suena o no suena: En /ete/ banco siempre me dan... -Explícate, por favor. Me explayo en pormenores acerca de que la aspiración, que así se llama el fenómeno de convertir la /s/ o la /f/ en una especie de jota suave, es una constante en el idioma español, y que sucede en otras lenguas. Decimos: /Mij’amigo/, /el juego está doj’a do/, aunque sigamos escribiendo la /s/. La promoción que hace la artista acerca de los servicios de Banínter también aparece en la prensa. Allí se transcribe con apego a la gramática normativa:

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-En /este/ banco siempre me dan servicio... -Y lo de la tarjeta de crédito al 2.98, eso /es un/ palo. En conclusión, se dice de una manera, pero se escribe de otra. El habla se acomoda a la ley del menor esfuerzo. La aspiración sucede naturalmente al producirse “un roce del aliento, cuando se emite con relativa fuerza, hallándose abierto el canal articulatorio”. En ese caso no vibran las cuerdas vocales. Milly no ha hecho más que lo que realizamos todos al producir los sonidos del lenguaje. Aquí y fuera de aquí; en muchas partes. Pronunciamos: /tuj’animalito están preciosos/; loj’acusó de corrupción/. Se produce cuando una palabra termina en /s/ y la siguiente comienza en vocal: /suj’ideas/. Pasa inadvertido cuando la segunda palabra comienza en consonante: /mij’criterios/. Creemos que hemos pronunciado /s/, pero se trata también de una aspiración del sonido o fonema, que filólogos y lingüistas transcriben con /h/: hoben, mih ideas, loh acusó. La aspiración se destaca más en el habla de cubanos y venezolanos que en la nuestra, porque ellos no omiten tanto la /s/ al final de sílaba o de palabra como nosotros, que pronunciamos: /lo do/, por /los dos/; /lo muchacho/, por /los muchachos/; /lo fóforo/, por /los fósforos/. Escuchar una telenovela venezolana nos dará una buena idea de dicha articulación: Ellos aspiran la /s/ más que nosotros, porque nosotros, en vez de pronunciarla, nos la comemos. Cambiar estos hábitos es sumamente difícil, prácticamente imposible. Se trata de una manifestación de espontaneidad en la producción de los sonidos significativos que empleamos para comunicarnos, y que marca una tendencia hacia la transformación del idioma. Hay, pues, por ley natural, una versión para la escritura: Eso /es/ un palo, y otra versión para el empleo oral de la lengua, de cualquier nivel: Eso /ej’un/ palo.

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No se si la protagonista del anuncio le salió de manera natural o si lo hizo “apota”. Sabemos que las publicitarias provocan, a menudo, la realización de un lenguaje popular, que parezca espontáneo. Sin embargo no suena impensada o natural la pronunciación que realiza la artista al expresar: -me da má/s/ beneficio/s; -me dan un seguro de Accidente/s/ Personale/s/. En estos casos la pronunciación de la /s/ parece cuidada, estudiada, escolarizada, de consumo público. Lo cierto es que en los casos en que cambia dicho sonido por el de /j/ suave o aspirada, o lo elimina, Milly lo hace con toda naturalidad, aunque contrario a la preceptiva. Pero, a pesar de la gramática, la señora Quezada no está haciendo nada diferente al común de hablantes, a la generalidad. Sólo una persona extremadamente cuidadosa y apegada al modelo escrito marcará “correctamente” el sonido de la letra tantas veces mencionada. Hace muchos años, en reunión del sub-consejo técnico del departamento de Letras de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), compartíamos veintidós profesores de lengua española. Uno de los docentes, de larga experiencia, que estaba jubilado por la Secretaría de Estado de Educación, dijo: -Ese es un problema de fácil manejo; yo he logrado ya erradicar la aspiración de la /s/ en todos mij’alumnos del Colegio Universitario. ¡Mij’alumnos! Realmente, él aspiraba a lo que no se puede resolver.

12 de noviembre de 1998

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Ahí es /que/ prende
Ahí es /que/ prende, expresión usual de Norilina, compañera de labores cotidianas. Ella transparenta y contagia su alegría de vivir. Reboza de entusiasmo y lo reparte entre todos los que estamos a su alrededor. Distribuye su empatía entre el refrán y la ocurrencia. No sé de dónde saca tantos dichos, pero desde hace tiempo nos divierte con el /lero lero/ que apareció mucho tiempo después en la televisión, adoptado por el anuncio de un producto lácteo de importación. Ahí es /que/ prende es una expresión popular. Lleva el /que/ relativo que ha logrado establecerse en sustitución de un adverbio de la misma función gramatical, y sustituye al empleo de /como/ en la frase: Probando es /que/ se guisa,y que sería un /donde/ en la ocurrencia de nuestra amiga: Ahí es/donde/ prende. Los gramáticos han combatido ese /que/ para tales construcciones. Prefieren un /como/, /cuando/, /donde/, en papel de conectivo para enlazar las dos partes de la frase. En verdad, es muy difícil afinar el gusto para que los hablantes entiendan la regularidad, desechen la influencia de otro sistema lingüístico y procedan, por ejemplo, a decir: Ahí es /donde/ afinca, en lugar de: Ahí es /que/ afinca; Ahora es /cuando/ comienza, en vez de: Ahora es /que/ comienza. El /donde/, el /cuando/, el /como/ sería lo correcto en esas oraciones, de acuerdo con las normas. Agregarían connotaciones de tiempo, modo, lugar etc., que van contenidas en la frase, lo cual se pierde con el /

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que/ unificador de las relaciones entre segmentos de una misma frase. Comprendo el discurso de la gramática. Pero ¿cómo explicarle, cómo convencer a Norilina de esas peculiaridades del lenguaje, de la conveniencia de usar las formas regulares o correctas? ¿Cómo se sentiría esta muchacha alegre, dicharachera y a veces despreocupada, al decir: Ahí es /donde/ prende? ¿No sentiría que la frase pierde gran parte de su fuerza expresiva? ¿No perdería el valor entonacional y la convicción enfática del final concluyente contenidos en la proposición /que prende/? ¿Presenta /donde prende/ el mismo esquema entonacional? Mi amiga lo repite con frecuencia: para enfatizar, para asentir, corroborar; para el misterio y para la picardía; para concluir una discusión y para evadir un enfrentamiento. Es parte de su personalidad, de su estilo, hasta de la ternura que reparte con prodigalidad a todo el mundo. Ahí es que prende... y no apaga, nos remacha a cada momento, con espontaneidad, con afecto sano y sincero. Se apoya con donaire y suspicacia en el /que/ galicado, del que trataré en alguna oportunidad. Su modo de ser, su dulce transparencia, su risa explosiva... Cuando en la casa, al recordar ocurrencias vividas en el trabajo, en el transporte público, en el supermercado o en alguna supertienda, ella revienta en risa, hace que hasta sus hijos, pequeños aún, comenten: -Manito, mami está loca. Ven a verla riéndose sola en la cocina. No me parece tanto. Pero sí me parece que alguna vez se atreve más allá de la prudencia. Prueba el canto. Hace poco el esposo pretendía contrariarla con unos celos infundados, de esos celos que a ratos los hombres nos tragamos, pero que en ocasiones no podemos contener. Norilina le dice, entre pícara y dulcemente burlona: -Ahí es que prende, ternura. Y él responde vivamente:

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-¡Y difícil que se apague! ¿Terminaron en “garatas”? Mejor no averigües. Dejémoslo en ese punto, porque en pleito de marido y mujer no hay quien se meta.

10 de diciembre de 1998

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Endijas, rendijas, hendijas y rehendijas

Reviso los originales de un libro de próxima publicación. Encuentro escrita /endijas/. Marco esta ocurrencia y prosigo con la lectura. Cinco páginas más adelante me tropiezo con /rendija/. /Endijas/ iba en plural, con el artículo determinado /las/: las endijas. /Rendija/, en singular, con el indeterminado /una/: una rendija. Un poco más allá aparece /hendijas/. Caigo en la preocupación: ¿e/ndijas, /rr/endijas, /h/endijas? ¿Con /h// inicial? ¿Sin /h/? ¿Con /rr/ inicial? Es un texto corto, menos de cien páginas, 8½ por once, a dos espacios de máquina. /Endijas/, sin /h/, va a aparecer dos veces más en el texto. /Hendijas/, con /h/, ni /rendijas/ se repiten en la redacción original. Preciso revisar mi ortografía, recordar lo asimilado. Preciso, sin dispensas, acudir al diccionario. Reviso el de la Academia de la Lengua y el diccionario VOX. Procuro primero con /h/, a continuación sin ella y finalmente con la vibrante múltiple /rr/ pero de escritura simple: /r/. /Endijas/ no aparece. Aparece /hendijas/ con /h/, como un americanismo, en lugar de / rehendijas/, con /h/ intercalada entre las dos /e/, que sería una cuarta escritura. /Rendija/ viene consignada como forma moderna de /rehendija/,

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considerada ésta como un arcaísmo u obsolescencia. Pero también se dijo /hendrija/, quinta versión. En el orden alfabético, /rendija/ es la última entrada en el diccionario; sin embargo, es el artículo que trae la definición más completa: hendedura, raja o abertura larga y angosta que se produce naturalmente en cualquier cuerpo sólido, como pared, tabla, etcétera, y lo atraviesa de parte a parte, lo que quiere decir que es la escritura que prefiere la Academia. ¡Qué complejo es el lenguaje! ¡Cuán atravesados son los usos y la ortografía! Pero a pesar de todos los tropiezos, hoy es más fácil la escritura por el auxilio que ofrece el ordenador o computadora, que nos manda a revisar todo término en precario. Así, si escribo vió, con tilde en la /ó/, encontraré un subrayado en rojo, que me ordena revisarme. El material analizado venía escrito en ordenador, no sé en qué grado de avance tecnológico. Lo cierto es que el término estaba escrito en tres formas distintas. Habría que conocer en qué aparato se procesó el texto, si carecía del subrayado, pues una persona con experiencia saca partido del servicio del instrumento. Con todo, el autor de los originales examinados por mí es una persona con experiencia, de vida profesional en esto de la escribidera, por lo que me sorprendió que produzca, en páginas cercanas, tres grafías para /rendija/. Escribir, lo que se llama escribir, exige formación, mucha lectura con ánimo de observación, comparar, acudir al diccionario. Poner en duda, es decir, allí donde pueda haber dos o más posibilidades de realización gráfica, reflexionar, consultar, rebuscar. Porque el lenguaje no sólo nos da las soluciones: a menudo nos trae complicaciones. Por eso es un trabajo de alerta permanente, de inquisidor inamovible.

Rafael González Tirado

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Porque si no, ¿cómo vamos a quedar si escribimos que la familia que perdió su casa a causa de un incendio, se quedó con sus ajuares a la interperie; o cuando tantas veces nos sale en las crónicas idiosincra/c/ ia con /c/, como si cra/c/ia fuera un segundo componente, sinónimo, como tal, de democracia y de otras terminaciones del mismo origen, cuando /idiosincrasia/ se descompone en: idios=propio, y sincrasia=temperamento. Vale decir, que el segundo componente, sincrasia, no tiene nada que ver con cracia, que significa ‘gobierno’. En lenguaje del pueblo, habla común, hemos pronunciado /interperie/. Fue tanta la confusión que casi nadie se daba cuenta de que el vocablo tiene que ver con lo que está expuesto a la naturaleza, a la inclemencia del tiempo. Además, aparecía escrito profusamente en la prensa nacional. Pero eso ha cambiado por el esfuerzo y la influencia que ejerce el aula. Es difícil ver hoy en la prensa /interperie/, porque en verdad, terperie aleja la palabra de su etimología, que tiene que ver con tiempo. Luego, no debe ser te/r/perie, ni no te/m/perie: in/tem/perie. La palabra puede tener o puede pasar por más de una forma de ortografía, pero no puede tener todas las formas que a mí me complazcan o que me dicte mi negligencia. Bien es cierto que una lengua ágrafa tiende a la dispersión, a las variaciones dialectales, a transformaciones que provocan un estado de incomunicación entre poblaciones diferentes. Contrariamente, la escritura propicia la fijación del idioma y, por tanto, la unidad entre los hablantes. Se entiende, sin embargo, que siempre habrá diferencias regionales, niveles sociales entre quienes emplean el mismo código de lengua. Con todo, la variedad dentro de la unidad es matización, estímulo creador, lo cual debemos atender, sin llegar a excesos, sin caer en desviaciones. Quien comunica para un vasto público, y todo aquel que acude al código escrito, debe cuidar este nivel de expresión. La gente suele defenderse:

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Lo vi en la prensa. Nuestra negligencia no debe ser escudo para los dislates. Nuestra responsabilidad es trabajar el lenguaje profundamente, cuidadosamente.

24 de diciembre de 1998

Rafael González Tirado

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Las incongruencias entre códigos de hablas diferentes. Desatinos de la publicidad
Desde el primer momento encontré difícil ajustar una propaganda comercial en la forma en que apuntó la promoción del cambio de nombre de los electrodomésticos Gold Star por el nombre de LG. Voy a la interferencia de idiomas que arrastraría todo el plan, según la estrategia que asomaba. El ciudadano común pronuncia gol-tal. ¿Pronunciará algo distinto a ele-ge? Me preocupó todo el cuadro a considerar porque se usa un pareado macarrónico: ¡Qué jonróndi /con/ el-yi/, que implica términos y pronunciaciones de dos lenguas distintas (español e inglés). Dentro de una misma lengua existe el problema, no bien asimilado todavía en la escuela dominicana, de dos códigos distintos: el código oral y el código escrito. ¿Qué pasará con el encuentro de dos idiomas diferentes? ¿Qué le dice al radioescucha la expresión /el-yi/, que busca una rima fácil y pegajosa por la consonancia con el verbo /di/? Sucede también con el anuncio para la televisión, aunque hay ciertos indicios porque ahí presentan las letras LG, para que se pronuncien en inglés: la nueva marca de las mercaderías que hasta hace poco se llamó de aquella otra manera, también en inglés. Sin embargo ¿cuántas personas ligan de inmediato ese “logo” LG, de la promoción asignada a Samuel Sosa por la coyuntura de sus cuadrangulares en la temporada pasada de la pelota norteamericana? No sé como Sosa podrá articular el inglés. Pero en español necesita corregir algunas cosas.

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Tampoco sé por qué el cambio de marca de Gold Star por LG, que no conmueve a nadie, porque ni siquiera se pronuncia en español y la mayoría no identifica esas letras con lo que suena en labios de Sosa. El cambio puede ser por interés de estrategia comercial; pueden ser cuestiones legales relacionadas con algún conflicto de nombres de marcas en el país de origen... No interesa. Interesa, sí, la interactuación del hablante en la República Dominicana, cómo se elaboró el mensaje y cómo puede ser de/s/codificado por el perceptor. En el nivel visual de la promoción, el logo se ve en la franela con que se presenta el beisbolista, bate en manos; también en la cachucha que usa para el anuncio. En la página 15A del Listín Diario del viernes 9 de abril en curso, el toletero de San Pedro de Macorís autoriza la expresión: ¡¡Que Home Run Dí Con LG!! Trae doble signo de admiración, como énfasis; mayúscula inicial en cada palabra; una escritura de LG que pocos dominicanos van a hacer rimar con /di/; un /di/ con acento ortográfico que le vendría mejor al / qué/ exclamativo y en una página de la sección “La República”. Algunas personas leerán /ome run/, en lugar de /jonrón/; es entendible. Y la mayoría leerá, cuando menos de primera intención, que Sosa dio el toletazo con /ele-ge/. Porque ¿quién que lea en español va a leer otra cosa? ¿Qué es /ele-ge/? ¿La marca de un “bate”?; ¿un energizante? En todo idioma se escribe de una manera y se habla de otra. Se escribe /que/ pero se pronuncia /ke/; se escribe /hon-ra/ pero se pronuncia /on/rra/; se escribe /guitarra/ pero la /u/ no se pronuncia. Uno es el código escrito y otro diferente es el código oral. Imagínese qué sucede cuando pasamos a hacer propaganda comercial, -publicidad, como se dice con el cruzamiento de códigos de dos lenguas distintas. Y como añadidura, en un país con problemas sensibles en la educación formal y con deficiencia de cultura general y de dominio de lenguas foráneas.

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El manejo de dos versos, llamados dístico o pareado, para fijar el contenido de un mensaje, es un recurso eficaz que se usa con frecuencia. Algún poeta ha dicho: No definas la rosa:/ hazla sentir en el poema. Y nada menos que Antonio Machado: El que espera desespera./ ¡Qué verdad tan verdadera! Y en la política criolla: Con Jacobo / ganamos todos. Diferente a los demás / pero igual que tú (Roberto Salcedo). Y la última oferta es: ¡¡Que Home Run Dí/ Con LG!! (sic). ¿Con LG o con /el-yi/? Depende del código. ¿Del código oral o del código escrito? ¡Depende del código! ¿Cuántos entenderán a derechas cuando oigan en la radio o en la televisión esa marca hecha sonido? ¿Cómo de/s/codificarán? ¿Qué destino darán al mensaje? O cuando lean en la prensa las letras LG, mayúsculas y protegidas por doble signo de exclamación final ¿producirán el efecto deseado?

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El /leísmo/ en el lenguaje formal dominicano
Algo llama mi atención en la despedida de una carta que recibo desde Chile: /Lo/ saluda afectuosamente. La escribe Patricio Cartagena Díaz, fiscal en la Comisión Chilena del Cobre, Dirección Jurídica. Lo hace en agradecimiento por haber recibido mi libro acerca de Técnicas para la redacción de leyes, del que me afirma la utilidad para el enriquecimiento profesional de los abogados. Pero ese no es el tema. Mi curiosidad se concentra en el empleo del acusativo (complemento directo) /lo/, que los dominicanos casi siempre sustituimos por /le/ al concluir una carta y en otros manejos literarios. Es un signo de respeto, de marcada formalidad. Si no usamos “te aprecia”, “se despide tu amigo”, como señal de confianza e intimidad, entonces recurrimos al /le/: Con todo respeto le saluda su servidor y amigo... Difícilmente diríamos: lo saluda su servidor... Suele ir al inicio de la correspondencia: “Después de saludar/les/ quiero hacer de su conocimiento un caso que llamo el abuso de los abusos”, dice una carta al Listín Diario, 8 de abril de 1999, p. 10 A, sección “La opinión de nuestros lectores”. Saludar/les/ en lugar de saludar/los/. /Lo/ es complemento directo o acusativo. /Le/ es complemento indirecto o dativo. Son pronombres personales de tercera persona, emplea-

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dos en lugar del sujeto: usted, él, ella, ello. Son palabras inacentuadas, vale decir, que carecen de acento (prosódico). Pertenecen al grupo de las palabras átonas. En la frase: /Lo/ tengo ubicado (a él), /lo/ es complemento directo. Si me refiero a ella, tendré que decir: /la/ tengo ubicada. Si cambio a: /Le/ compré el libro, el objeto directo es libro, mientras que /le/ (que se refiere a él o a ella) pasa a ser complemento indirecto, o sea, la persona o la cosa que se beneficia o en cuyo provecho se realiza la acción del verbo comprar. (La acción puede producirse en provecho o daño, depende de cada caso). Además, /le/ es invariable en cuanto al género. Se aplica tanto para él como para ella. Si escribo: /Le/ expreso mis condolencias, /le/ está empleado correctamente, desde el punto de vista gramatical, porque el complemento directo es /condolencias/. /Le/ es indirecto o dativo. Pero si lo hago de este modo: /Le/recibiré en mi oficina, este pronominal está en sustitución de /lo/, que es el “caso” a emplear. /Le/ sería un uso especial o literario para formalizar una expresión de respeto o de aprecio. José P. Monegro, en el suplemento “El Domingo”, del Listín Dia1 rio, afirma de Juan Bosch: /Le/ fueron a despedir (al aeropuerto) algunos de los más influyentes funcionarios del gobierno, en la ocasión de viajar a Cuba, con motivo de su estado de salud. En lenguaje llano, en la llamada lengua estándar, deberá decirse / lo/ fueron a despedir. Podría documentarse ampliamente que este /le/ es normal y corriente en las letras dominicanas.2 Parece que no lo es en Chile, donde preferirían la norma diferenciadora de las dos funciones sintácticas: de acusativo y de dativo. Y a pesar de que encuentro en un compatriota de Pablo Neruda vacilaciones del leísmo al loísmo: -A Elías le gustaba que /le/llamaran “la Hiena de Quinta Normal”; y -Sin embargo, Elías, “la Hiena de Quinta Normal”, como prefería

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que /lo/ llamaran..., tengo fundada mi apreciación de la preferencia de los chilenos por el /lo/ en función de complemento directo, en los estudios del destacado lingüista chileno don Leopoldo Wigdorsky, quien me expresa, en carta del año pasado: “La coexistencia, en algunas variedades del castellano, de /le/ y / lo/la en función acusativa... es un asunto que me viene intrigando hace algún tiempo. Es explicable en el caso de Jorge Díaz3 quien, como hijo de españoles y residente part-time (seis meses en el año, al menos) en la Madre Patria, fatalmente habla como español a veces. Es inexcusable, en cambio, su existencia entre quienes creen que le “suena más elegante” que lo/la, o quienes desean destacar el hecho de que, así sea por un par de meses, anduvieron por las tierras de El Quijote. También existen quienes usan le para soslayar la referencia al género. En todo caso, Chile siempre ha sido un país loísta y espero que así siga para evitar caer, a la larga, en el “La dio un ramito de violetas”, tan madrileño y tan popular.” En orden general, ya el problema venía apreciado por Pedro Henríquez Ureña y Amado Alonso en la Gramática castellana 4, tan celebrada por sus grandes aciertos, cuando afirman que el uso de /le/ en función de complemento directo (acusativo) en expresiones como /Yo le vi ayer/, cuando se refiere a personas del sexo masculino, es fuera de Castilla, un empleo “puramente literario”. Diferentes razones pudieron incidir en la acomodación de este / le/ en la escritura dominicana: influencia del modelo regional de Castilla, por ser la cuna de la lengua, o porque de esta manera “suena” más elegante o se acomoda mejor a las fórmulas de respeto. Algo práctico hay en ello, que tal vez pudo influir -inconscientemente-: /Le/ se aplica tanto al masculino como al femenino: /Le/ aprecia su amigo; /le/ esperaré en mi oficina. Así se reduce el esfuerzo de ir concatenando: lo o la aprecio; lo o la esperaré. Coincido con Wigdorsky, a quien le preocupa el problema. Ya en

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carta del 1996 me dice: “La variedad chilena del castellano fue muy respetuosa del lo/laacusativo y le-dativo, pero últimamente se está empleando le-acusativo, posiblemente por dos motivos: (a) Es cómodo para resolver problemas de género y (b) es “elegante”, suena a español. Es un asunto que me molesta porque me parece poco chileno, como también me produce rechazo el uso de español para referirse a nuestra lengua”. Esto último es ya otro problema, sobre el cual podríamos conversar en nueva ocasión. Pero no dejaré de decir que el uso de /le/ como acusativo está tan arraigado en el habla de los dominicanos que a mí mismo me da brega sustituirlo por el uso corriente de /lo/, /la/ en la escritura. Ahora mismo acabo de redactar una tarjeta de invitación que se inicia: La Cámara de Diputados de la República Dominicana se complace en invitar/le/ muy cortésmente al acto de puesta en circulación... Me parece una descortesía, por el arraigo, escribir invitar/lo/ o invitar/la/.

1 Sección La República, bajo el título “La derrota del boschismo”, 21 de marzo de 1999, p. 6. 2Corriente y correcto son cosas diferentes, aunque puedan coincidir. 3 Se trata del autor de Textículos ejemplares, edición de RIL, Ltda., Chile 1997. Jorge Díaz es Premio Nacional de Teatro, en Chile. 4 Gramática castellana, Pedro Henríquez Ureña y Amado Alonso, segundo curso, Losada. S. A., lección XII, capítulo IV, pp. 91-92.

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Leísmo, loísmo y laísmo
Un lector de este periódico nos pide que ampliemos acerca del /leísmo/ en el lenguaje y si existen otras tendencias en el empleo de pronombres y de otros vocablos. Motiva su interés el artículo publicado en esta columna el 22 de abril retropróximo, titulado: El /leísmo/ en el lenguaje formal dominicano, acerca del uso del pronombre /le/, y la comparación de esa práctica que hicimos con el empleo del pronombre /lo/ en el español de los chilenos, es decir, que mientras nosotros tendemos a usar /le/ : /Le/ saluda su amigo...,los hermanos del cono sur escriben: /Lo/ saluda su amigo...Los monosílabos pronominales /lo/, /la/ y /le/, con sus plurales /los/, /las/ y /les/ tienen funciones normales de complementos. Los dos primeros: / lo/ y /la/, como complementos directos o de acusativo; el último, /le/, como dativo o complemento indirecto. Los tres sustituyen al pronombre como sujeto de tercera persona: él/ella o sus plurales. Por eso se les llama pronominales. No confundir con el artículo: la noche, las noches; los muchachos; lo amargo de la vida, donde /lo/ es un artículo neutro. Estos se enlazan con un sustantivo o con una palabra sustantivada. Por su parte, los pronombres se enlazan con un verbo al cual modifican: lo vi, la compré, le demostraré la verdad. Leísmo es la tendencia a usar el pronombre /le/ como complemento directo (acusativo) masculino, del pronombre de tercera persona: /Le/ tengo ubicado, por comparación con: /Le/ tengo pena, o /Le/ saluda afectuosamente en lugar de: /Lo/ saluda afectuosamente, /Lo/ es complemento directo o acusativo. /Le/ es complemento indirecto o dativo. Cada cual tiene su campo y usarlo fuera de esa función es anomalía,

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regionalismo o función especial o literaria. Caso contrario: el empleo de /lo/ en lugar de /le/ se denomina loísmo: /Lo/ doy un saludo cariñoso, en lugar de /le/ doy. Se /lo/ debe reorientar, dice un alto funcionario en relación con el Plan Decenal de Educación, en sustitución de se /le/ debe o simplemente /se/ debe reorientar.1 Es un uso loísta. Tercer caso: Laísmo. Ejemplo: /La/ diré la verdad (a ella), en sustitución de /le/ diré la verdad. Un reportaje de doña María Ugarte, del año 1972, dice: “... sus ocupaciones hogareñas y la crianza de los hijos /la/ impedían dedicar mucho tiempo a la posición oficial” (de primera dama de la República)2 La forma normal del empleo sería /le/ impedían; pero la autora del trabajo prefiere /la/ impedían, forma regional de Castilla, que no se impone dentro del nivel general de la lengua. Quizás sucede ese manejo del pronominal por la nacionalidad de la periodista, por su aproximación con el lenguaje de esa región española. Es decir, que en el ejemplo anterior /la/, que es complemento directo o acusativo, pasa a funcionar como complemento indirecto o dativo, sustituyendo a /le/, que sería el pronombre de uso común. Contrariamente, una interpretación del cantante Raphael, conocido como el Ibérico, dice: El amor se rompe al maltratar/le/. Se ha sustituido /lo/, que es complemento directo, masculino y singular, por /le/ que es indiferente al género, y es singular y complemento indirecto (leísmo). En el cuento “Dos amigos”, de su obra Más cuentos escritos en el exilio3, Juan Bosch narra: Observando ese mar estaba Duck cuando oyó que /le/ llamaban... ...se acostumbró tanto a no atreverse a nada, que hasta el pensamiento de

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cambiar de casa /le/ asustaba. Es igualmente leísta el autor de esta expresión: ... un Peña Gómez reconfortado por sentir que pese a su derrota, Balaguer todavía /le/necesita 4. Resumen y conclusiones: Como primera acepción, laísmo, loísmo y leísmo es uso exclusivo de cada uno de esos términos, /la/, /lo/, /le/ en su función sintáctica de pronombres complementarios: la, en representación de ella; lo, en representación de él y le, en representación de él y de ella. En acepción restringida: Laísmo: Uso del pronombre personal de tercera persona en sus formas femeninas la, las, como complemento indirecto, en lugar de le, les, formas etimológicas comunes para los dos géneros: la dieron una carta, las dijeron que no. El laísmo se produce principalmente en Castilla. Leísmo: Empleo exclusivo del pronombre personal le, como complemento directo en lugar de lo y la. Así, voy a verle, en vez de voy a verlo o voy a verla ... El leísmo es propio de Castilla, aunque ha penetrado en otras regiones del español. Loísmo: Uso del pronombre personal lo como complemento indirecto masculino, que se considera como extremadamente plebeyo: lo di una bofetada. Estas tres últimas explicaciones están tomadas del Diccionario de términos filológicos, del anterior director de la Academia Española de la Lengua, don Fernando Lázaro Carreter, Editorial Gredos, Madrid, tercera edición, 1973.

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1 En el suelto Recomienda Modificación Plan Decenal, firmado por Francisco Ortega, del periódico Hoy, 29 de marzo de 1996, páginas 1 y 6. 2 Viuda del Presidente Cáceres Cumple Cien Años (sic), edición del 10 de junio de 1972, El Caribe, p.16-A. 4 Colección Pensamiento Dominicano, editorial Librería Dominicana, Santo Domingo, 1964, p. 22. 5 Artículo El león entre fieras..., de José Báez Guerrero, en el vespertino Última Hora, domingo 11 de agosto de 1996, p.8.

13 de mayo de 1999

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Roque Barcia, Joaquín Balaguer y Leopoldo Wigdorsky
Tengo un amigo chileno, muy apreciado, que conocí en Santo Domingo en setiembre de 1984 cuando celebramos el VII Congreso Internacional de la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina (ALFAL), en el cual se rindió homenaje a Pedro Henríquez Ureña en el centenario de su nacimiento. Yo era el presidente del comité organizador y tenía todo el peso del encuentro, sometido al reto de que República Dominicana quedara bien frente a la directiva internacional de ALFAL y a los representantes de 23 países de América y Europa que estuvieron presentes. Durante los trabajos surgió una situación que entendí que reclamaba mi adhesión con la persona afectada, aunque nunca la había tratado. Me pareció y estoy seguro de que era una cuestión elemental de solidaridad, y, a la vez, una advertencia a los participantes de que no trataban el problema con justeza. Lo que resultó fue que, durante la asamblea general, uno de los socios se opuso a que determinado candidato aspirara al cargo de vocal dentro de la comisión directiva de la asociación internacional, porque esta persona ya no estaba incorporada a la Universidad de Santiago de Chile: había sido retirada con los honores de profesor emérito; y una de las exigencias de ALFAL es que todo miembro de la directiva debe estar incorporado a la docencia o a la investigación, una forma -indirecta- de vincular la universidad correspondiente a las tareas de la asociación. Yo me había visto precisado a jubilarme en la Universidad Autó-

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noma de Santo Domingo (UASD) en 1979 por motivos de salud. Sin embargo, y sin recursos ni apoyos suficientes, unos colegas, constituidos en filial dominicana de ALFAL, “me” habían embarcado a organizar el VII congreso mencionado. Por tanto, parecía oportuno, justo y valiente que yo enfrentara esa actitud denegadora, pues era una situación similar, y que diera apoyo al derecho de los proponentes de la candidatura de don Leopoldo Wigdorsky, porque de él se trata en este relato. Pero no lo hice. Y ese recuerdo me ha perseguido siempre. ¿Por qué no lo hice? Los organizadores dominicanos no contábamos con fondos suficientes para concluir con los gastos del congreso. Era miércoles por la tarde. Al día siguiente se marchaban tres delegados, miembros de la comisión directiva internacional, y nosotros debíamos pagar la cuenta en el Hotel Sheraton, donde se nos dijo que los representantes extranjeros no podían retirar sus maletas hasta tanto nosotros honráramos las facturas correspondientes. Argumentamos que teníamos una promesa del gobierno, promesa que se cumpliría más tarde o más temprano, pero que se cumpliría. La respuesta fue que el gobierno no tenía crédito en el hotel. Me atormentaba esa situación, agravada por las cuentas pendientes hasta la salida de otros delegados, entre sábado y domingo. Mi mente estaba turbada. Pensé que, como anfitrión, no debía ser yo quien contribuyera, dentro de los debates, a desbordar ni el nivel ni el tono de los encontronazos. Aparte de que, acosada por los compromisos económicos, la mente no me permitía el lujo de plantear con serenidad las analogías y los antecedentes que daban derecho a don Leopoldo a aspirara una nominación muy bien merecida. Viví momentos difíciles en la asamblea y en el hotel. Pero pude obtener un préstamo relámpago por parte de familiares y resolví el atareo inmediato con el hotel. Es verdad que pude respirar mejor, pero no estaba totalmente tranquilo: mi conciencia quedó marcada como consecuencia de aquel otro acontecimiento. Pocas semanas después, cada uno de vuelta a su hogar, quise excu-

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sarme y entablar amistad con el profesor Wigdorsky, quien desconocía los problemas económicos que nos afectaron y mi sentimiento de culpabilidad. Le escribí a su país; le explique. No nos habíamos tratado; no nos conocíamos prácticamente. Pero el lingüista chileno comprendió, y hemos fomentado una amistad que, sin habernos vuelto a ver después del congreso, nos escribimos regularmente, hablamos por teléfono, intercambiamos fax e intercambiamos publicaciones. Es una carta reciente, el amigo me refirió cómo le gustaría actualizar la obra clásica Sinónimos castellanos, de Roque Barcia. Hice mención de ese sueño en uno de mis artículos y don Leopoldo me contesto así: “Te quedo muy agradecido por la forma bondadosa en que, en tu artículo, te refieres a mí. En cuanto al diccionario de Barcia, creo que tendrán que ser personas jóvenes quienes se encarguen de agrandarlo y actualizarlo. Si estuviera en actividad en alguna universidad, seguramente esté sería un proyecto que dirigiría, aun cuando nuestras autoridades son reacias a financiar proyectos en el área de las humanidades. “Don Joaquín Balaguer seguramente sonreiría si leyera el párrafo precedente. ¡Qué vitalidad debe tener el hombre para postular, con más de noventa años de edad, a la presidencia de la República! A los setenta años, yo no me siento bueno para nada…, ni siquiera para viajar al Cusco (respeto la grafía peruana), ahora que me ha subido la presión arterial.” Con qué sinceridad, con qué sencillez se maneja este apreciado colega, frente a quien se siente en deuda eterna. Un gran trabajador de la lengua, cuya acuciosidad y las ansias de ser útil a la cultura del lenguaje me han permitido reunirlo en este artículo con el filólogo y político español Roque Barcia Feraces (1823-1885) y con el eterno político y estadista dominicano don Joaquín Balaguer.

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Las repeticiones que condeno y las repeticiones que me condenan

Mi trabajo de la semana pasada, en esta misma columna, acerca de la conferencia internacional sobre “Marcas de género. La escritura de mujeres en América Latina”, que se celebrará en La Habana, del 27 al 29 de setiembre próximo, trajo unas repeticiones que me condenan ¡y yo mismo me condeno! En la columna “En defensa del lector”, de este diario, que aparece martes y sábado de cada semana, he venido tratando el problema de las repeticiones ociosas o innecesarias, y parece que ha despertado algún interés, a juzgar por los comentarios que he recibido. Cuando menos, lo he tratado en mis exposiciones: -La repetición como cualidad del lenguaje y las repeticiones innecesarias, 17 de abril de 1999, página 12. -De repeticiones innecesarias y de los cuidados en la redacción, 3 de julio de 1993, página 12. Así que no me luce enredarme con lo que predico. Utilicé cuatro veces la palabra /tema/, y esto no es grave delito en un artículo. Pero se da el caso de que en cuatro ocasiones más vino el derivado /temática/. Prueba al canto: -Dos veces en el mismo inicio de la crónica: a) para debatir un tema de gran interés; b) la Conferencia Científica Internacional con el tema de... -Se ofrecerá un enfoque actualizado de la temática del género (segundo párrafo):

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-Y a seguidas: Este programa no analizará esta temática solamente desde el enfoque del fenómeno literario. Dejé pasar tres párrafos y volví con el enredo en el párrafo número siete: -En las sesiones de debate se conocerán los siguientes temas: ... de reconocida trayectoria en el área del tema de las marcas de género. -la presentación de textos sobre dichas temáticas. Entre primitivo y derivado, siete veces el término, hasta alrededor de la mitad del artículo. A partir de ahí, sólo usé una vez la derivada /temática/. Y es un trabajo escrito y repasado durante cerca de dos semanas, porque se programó para un jueves anterior y hube de ceder el turno a la contestación que el Grupo Ramos (La Sirena-Pola) dio a mi título del diez de junio pasado: “Multicentro Churchill: ¿Un acto fallido en la denominación comercial?” Tuve oportunidad de revisarlo y generalmente lo hago. Más de una vez vuelvo sobre el trabajo ya elaborado. Lo ve un asistente que es profesional en la materia. Suelo llevar cada artículo el día anterior al periódico, al atardecer. Llevo el disquete y una copia. De esta manera lo veo en la pantalla de las oficinas de diagramación de El Siglo, con el señor Sosa, uno de los diagramadores, atento y capacitado, que nunca está de prisa y cree que siempre hay tiempo para corregir y revisar, y que vale la pena hacerlo. Otro profesional. No es que sea un caso tremendo, como aquél que comenté para la columna de martes y sábado, con veinte veces el demostrativo /este/ con sus variantes en género, número y neutro y su función sintáctica de sustantivo y de adjetivo. No fue tanto, no. Pero vale la pena mejorarlo. Así lo hice... pero después de publicado. Sigo revisando cada material que se publica . También escucho las

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observaciones que me hacen. Y mi colaboradora, la licenciada Catalina Olea Salazar, traslada al disco duro y al disquete las enmiendas a posteriori. Así se hizo, y con ello pruebo que siempre puede hacerse mejor. Una búsqueda en la pantalla de uno de los ordenadores del departamento de diagramación del periódico permitió reducir los usos del vocablo /tema/ y la derivación /temática/. Veamos: a) Primer párrafo: ...para debatir un /tema/ de gran interés: la Conferencia Científica Internacional bajo el /tema/ de Marcas de género. La escritura de las autoras de América Latina. Se eliminó la frase “bajo el tema de...”. Una menos. b) Se dejó /temática/ en el segundo párrafo; pero en el tercero, la expresión: Este programa no analizará esta /temática/ solamente desde el enfoque del fenómeno literario, sino que... Se le dio un giro, para decir: “Este programa no sólo hará un enfoque desde el punto de vista literario, sino que...” Otra menos. c) Se dejó la palabra /tema/ en el sétimo párrafo. Sin embargo, en el octavo, donde dice: ... en el área del /tema/ de las marcas de género, se eliminó el término trastornador. d) Se dejó temática en el apartado siguiente: ... presentación de textos sobre dichas /temáticas/. En cambio, en el número catorce; el enunciado: Se proyectarán materiales fílmicos relacionados con la temática, se convirtió en “...relacionados con los objetivos de la conferencia”. De ocho casos, se sustituyeron o se eliminaron cuatro: dos veces cada una. Así estaría mejor, sólo que en el disquete, porque ya la página estaba publicada. Al pie de la ilustración, para informar acerca de la conferencia inter-

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nacional sobre “Marcas de género…” vino otro yerro: Nuria Piera Torada, no es nuestra exitosa presentadora de televisión. La lingüista cubana, mencionada en el pie de grabado, se llama Nuria Gregori Torada. Y así estaba en la información. Con todo, el error fue mío, no de ningún digitador. El trabajo estuvo terminado con once o doce días de antelación. Pero se hubo de posponer para dar paso a la respuesta de “Multicentro Churchill”, a la vez que obtener la fotografía que ilustró el artículo. Yo lo había dejado desde la semana anterior dentro del sistema de los ordenadores y entregué una copia en papel, sistema tradicional, al señor Sosa para que revisara negritas y cursivas. De esa manera evitaría el viaje del miércoles al periódico. Mandé el pie de grabado por fax y no tuve oportunidad de mi acostumbrada revisión en pantalla en el último minuto. La costumbre y el prestigio de Piera me jugó esa otra trastada. Suerte que acostumbro a reconocer las dificultades en estos quehaceres; que me creo consciente de mi capacidad y de mis limitaciones. En el último artículo acerca de las repeticiones expresé que son cosas que nos suceden a todos y que nos suceden en más de una oportunidad. Lo primero que debemos tener en cuenta es la posibilidad de repeticiones; cuáles convienen o son necesarias; cuáles deben evitarse. En segundo lugar, recomiendo eliminar toda iteración que no sea imprescindible, es decir, que al sacarlo del texto no afecte el contenido del mensaje o que no disminuya la belleza formal de la realización literaria. Más adelante deberán decidirse los cambios pertinentes para sacar a la intrusa de la circulación. ...y tráeme un pobre hombre de algún pobre pueblo, y esa pobre mano por la que me matan pónmela en la herida por la que me muero. “Canto a los hijos en marcha”, Andrés Eloy Blanco (venezolano).

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El /ronrón/ que le faltaba a Samuel Sosa
Manejaba yo el domingo temprano por una de las avenidas de la ciudad, cuando la persona que me acompañaba comentó: -Sosa dio el /ronrón/ que le faltaba… La radio del automóvil no estaba funcionando, lo que quiere decir que mi acompañante hablaba por algo que había visto o que recordaba, no porque acabara de escucharlo. Habló del tema al cruzar una esquina, después que el semáforo nos dio paso. Llamó mi atención el tema acerca de beisbol, y me interesé igualmente por el manejo del lenguaje: ronrón Es decir, que había hecho una asimilación de la /rr/, haciéndola presente en ambas sílabas, por lo cual desaparece la pronunciación aspirada o jota suave en /jon/ al inicio del anglicismo (home run). Las consonantes se clasifican por el punto y por el modo de la articulación. Se llama punto de articulación al lugar de la cavidad bucal donde los órganos de la fonación se tocan o se aproximan para producir el ruido que caracteriza a cada consonante: bilabiales (p y b); labiodentales (f); interdentales ( z ); dentales ( t, d ); alveolares (s, n, l, r, rr); palatales (ch, y, ñ ) y velares ( k, j, g). Modo de articulación es la manera como los órganos de la voz forman cada consonante en el punto de articulación; y atendiendo a ello se dividen en oclusivas ( p, t, k, m, n); fricativas ( f, z, s, l, ll, j) y africadas (ch, ñ).

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También se denominan como sordas (man/t/a) y sonoras (man/ d/a), según que al pronunciarse se produzcan o no vibraciones en la laringe. Por esas vibraciones podemos distinguir cuando pronunciamos man/t/a y man/d/a. “Lo que las diferencia es el carácter del soplo espirado: el de la t no trae vibraciones sonoras, que son las producidas en el soplo al pasar por las cuerdas vocales, y el de la d sí las trae. El soplo de la t es sordo, el de la d es sonoro” (Pedro Henríquez Ureña y Amado Alonso, Gramática castellana, primer curso). La /rr/ es una consonante vibrante múltiple, sonora, o sea que al pronunciarla hay una vibración de las cuerdas vocales. De acuerdo con el punto de articulación es alveolar, porque para producir este fonema, el órgano activo, que es el ápice lingual (punta de la lengua), toca los alvéolos de los dientes superiores. Para el Diccionario práctico español moderno, de Larousse, es la vigésima letra del alfabeto castellano y la decimosétima consonante. Para el Diccionario general ilustrado de la lengua española, VOX, es la vigésima primera letra. Cierto nivel de hablantes dominicanos hace la asimilación de la / rr/ a que me referí al principio, es decir, que iguala el sonido de la jota o aspiración de la primera sílaba /jon/ con el sonido inicial de la sílaba siguiente /rón/, y pronuncia: /rr/on/rr/ón. Es una vibrante múltiple, diferente a la vibrante simple que se pronuncia en ca/r/o, distinta a cuando decimos ca/rr/o. Sin embargo, en este caso no hemos multiplicado la escritura. Hemos escrito siempre como si fuera una pronunciación sencilla: ron/rón ¿En razón de qué lo hemos hecho así? -Al inicio de sílaba siempre se pronuncia /rr/: rratón, rrápido. Nadie dice /r/atón, /r/ápido, en articulación simple o suave. Por tal razón, no hace falta escribir con /rr/ inicial. -Esta misma consonante, en medio de la palabra y después de /n/

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y de /s/, se va a pronunciar siempre como vibrante múltiple y sonora: hon/rr/a, Is/rr/ael Nunca diremos: hon/r/a, Is/r/ael. Por esa razón no hace falta multiplicarla en la escritura. Todo esto lo pensé en el breve lapso de llegar frente a otro semáforo donde pude darme cuenta de dónde mi acompañante sacó la noticia del /ronrón/ de Samuel Sosa. En efecto, el pasado domingo 19 la primera página del diario El Nacional exhibió este título: /J/onrón 60 de Sosa estremece RD. Me di cuenta, por enésima vez, que mucha gente, por más preparada que sea, lee ciertas cosas de memoria, vale decir, por lo que tiene arraigado, por el léxico que acumuló desde temprano, por sus hábitos articulatorios. Se trata de una persona con una función importante, con estudios universitarios no concluidos, pero con larga experiencia en funciones oficiales de cierta valía. Aunque el periódico decía /jon-rón/, ella (la persona) leyó un /rron-rón/. Y era un titular de primera página, en letras bien altas y destacadas, por el interés de la noticia para los lectores en el país. En mis relaciones cotidianas, no vinculadas a los quehaceres de la prensa y del lenguaje, no incursiono en estos temas ni me meto a corregir a nadie, sin embargo, me creí en la obligación de aclarar lo del /r/onronero Samuel Sosa. Expliqué que se trata de un préstamo lingüístico, tomado del subcódigo del juego de pelota. No lo dije de esta manera; en realidad lo expliqué en lenguaje claro y accesible. Dije que /jon/ equivale a hogar en inglés /home/, y que /ron/ es correr /run/: corrida hasta el plato, hogar o base del bateador. Por tanto, jonrón proviene del inglés /home run/ o /homer/: carrera completa, cuadrangular o tetrabases. En consecuencia, concluí: ron/rón es una forma anómala del préstamo léxico, que se debe pronunciar con una jota suave (o sonido aspi-

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rado) en la primera sílaba. La perorata concluyó poco antes de doblar la esquina en el tercer semáforo con que nos topamos. Para cerrar el diálogo miré hacia la cara de ¿la? acompañante y recibí una cortada de ojos tan rasante que tuve que retirarme del /home plate/ para no recibir un /dead ball/. ¿Se escribirá de esta manera? ¡Quién me manda a meterme en estas “curas de idiomas”!

23 de setiembre de 1999

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¿Idiosincra/c/ia o idiosincra/s/ia?

Un lector se dirige a la columna Lenguaje y comunicación para comentar la ortografía de Aristófanes Urbáez en El Roedor del 4 de setiembre en curso, página 8B de este diario. Se refiere a la palabra idiosincra/s/ia, escrita con /s/ hacia el final, que Aristófanes emplea en la muestra siguiente: Aunque tenemos la herencia común de la lengua, el pueblo latinoamericano es ‘variopinto’ por razones históricas, políticas, geográficas, biológicas, genéticas, antropológicas, etcétera, que tampoco vamos a discutir aquí; pero de todos esos pueblos a quienes más nos parecemos en idiosincrasia -hasta en los chistes y el ‘mulataje’- es a los venezolanos y a los panameños. Condena el lector y califica como descuido imperdonable que el columnista haya escrito la palabra con una letra que no corresponde a la etimología, a la vez que pasa a comparar la escritura con /s/: idiosincrasia (que él considera anómala), con democracia, autocracia, plutocracia, palabras estas en cuya última sílaba se impone la /c/. Con cierto desenvolvimiento pasa a explicar el significado de cada compuesto de los tres vocablos anotados anteriormente y distingue cada significado: demo + cracia: demo ‘pueblo’; cracia ‘gobierno’= gobierno del pueblo, opuesto a aristocracia, gobierno de las clases altas; auto + cracia: auto, prefijo que significa ‘mismo’, ‘propio’; más el sufijo cracia = forma de gobierno en la cual se impone la voluntad de una persona;pluto + cracia: pluto ‘riqueza’; cracia= sistema en el cual el poder reside en manos de los ricos. Las explicaciones que ofrece el lector están bien hasta ahí. Pero lo malo es la insuficiencia en la investigación: le faltó ahondar en el diccionario de voces de la lengua.

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No es buena metodología investigar a medias o satisfacerse con llegar hasta medio camino. El tema debe agotarse, concluirse hasta lo razonable. Si hubiera buscado un poco más se habría encontrado con: idiosincra/s/ia, tal como la escribió el columnista Urbáez, quien tiene suficiente cultura y dominio del lenguaje para no perderse en lo claro tan fácilmente. El diccionario le habría dicho que este vocablo no tiene la misma sufijación de las voces anteriores, sino que está compuesto por los elementos griegos: idio = peculiar, personal; del griego idios . sincrasia = temperamento; de synkrasis, también del griego. Semánticamente equivale a ‘índole del temperamento y carácter de cada persona’. Tiene que ver y guarda sinonimia con individualidad, carácter, personalidad, temperamento, índole. Por tanto, el sufijo sincrasia no responde a la misma significación de gobierno, sino que vale como temperamento y otras familias de acepciones similares o aproximadas. Cada uno con su etimología; cada cual con su forma de escribirse. Como voz culta, el término, que proviene de la lengua de los helenos, se hallará en otros idiomas con una forma de escribirse muy parecida a como lo hacemos en español: a) En inglés: idiosyncrasys; b) En francés: idiosyncrasie Esta confusión en la ortografía fue común entre los dominicanos hasta la década de los años setenta. Pero una actitud de la Escuela de Periodismo (hoy departamento de Comunicación Social) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), extendida a la enseñanza del español en el Colegio Universitario entre los años finales de los sesenta y la

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primera mitad de la década siguiente, trajo luz al problema y hoy el error está reducido a su mínima expresión. -Una carta en el Listín Diario, página 10A, del 2 de abril de 1998, trae idiosincra/c/ia:
La situación de la hora de salida de los sepelios y la velocidad del vehículo fúnebre son ya más difíciles de modificar, pues la idiosincra/c/ia de nuestra gente en algunos aspectos se resiste a cambiar.

Sin embargo, escritores de la talla del doctor Manuel Núñez aciertan en los usos más delicados:
…orientados por el esfuerzo editorial de instruir, de informar al ciudadano en el conocimiento de su idiosincra/s/ia como dominicanos, de sus deberes y derechos.

Del análisis ¿Por qué necesitamos una editora nacional?, publicado también en el Listín Diario, 9 de abril de 1998, página 8A. Muchos casos de paronimias nos llevan a confundir una palabra con otra. Las voces parónimas guardan semejanza fonética, como onda y honda, que la escritura a veces confunde. Alguna vez he visto /exitar/, de /excitar/, como si se asimilara a /éxito/, y hay quienes dicen /prevee/, en lugar de /prevé/por confusión con /proveer/. En lenguaje antiguo se decía /veer/, que luego se convirtió en /ver/.Así, pasó con /pre-veer/, que también perdió una /e/. No se pierda usted. Si encuentra que mañana alguien escribe a/s/echanza, no despotrique diciendo que eso se escribe con /c/. Acuda a un mataburros, que cualquiera de ellos le dirá que la escritura existe y le ofrecerá el significado: ‘trampa’ o ‘engaño’. Con /c/ equivale a ‘vigilancia’ o ‘espionaje’. Con /s/ es tender trampas o preparar engaños para causar algún daño. Son palabras isónimas, es decir, que tienen un origen común. Pero cada cual ha hecho ruta propia y tiene ortografía que distingue una de otra.

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¿Algo más? ¡Claro! ¡Que Dios me libre de equivocarme con El Roedor!

30 de setiembre de 1999

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La lección de las palabras pa/c/iente, in/c/ipiente, in/s/ipiente y pa/s/ificación

¿Cuántas palabras existen en español que lleven estas cinco primeras “formantes”: p-a-s-i-e? Conozco pasiego, un adjetivo que se usa también como sustantivo. Se deriva de Pas, valle de Santander (España). En el diccionario de la Academia de la Lengua le antecede el término pasicorto: que tiene corto el paso; y le sigue pasificación, que alude al proceso de convertir la uva fresca en pasa. Es decir, que entre /pasic/, de pasicorto, y /pasif/, de pasificación, no cabe ninguna otra palabra que no sea pasiego: /p-a-s-i-e.../ No cabe o no está registrada ninguna otra con esas cinco letras delante. Por eso, me quedé sorprendido cuando el último domingo vi este titular en el Listín Diario: Pa/s/ientes criollos no quieren hospitalizarse con haitianos Es un encabezado de primera página, destacado en la parte superior como noticia central de la edición del último día del mes de octubre (1999), para ese cotidiano. Parece que un mecanismo de defensa hizo acudir a mi mente los homófonos: Incipiente/insipiente In/c/ipiente: que empieza; adjetivo de mucho uso dentro de la lengua. In/s/ipiente (no sapiente): falto de sabiduría o de juicio. Es término no usual entre nosotros.

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Si alguien me dice que insipiente no se escribe con /s/, yo le contestaría: Depende, y pasaría a explicarle la diferencia. En muchos casos, no es aconsejable irse inmediatamente por la negación o por el reproche. Si dijere: Coloqué el equipaje en la /b/aca, podrá pensarse que la /v/aca no es, entre nosotros, animal de carga. Pero yo no he querido referirme a la hembra del toro, sino a aquélla (con bilabial) que significa ‘sitio en la parte superior de las diligencias y demás coches de camino donde pueden ir pasajeros y se colocan equipajes’. Así mismo, existen a/c/echanza y a/s/echanza, acer/b/o y acer/v/o, pa/c/ificación y pa/s/ificación. Acer/b/o es áspero al gusto; acer/v/o es montón de cosas menudas. A/c/echanza es acecho, vigilancia, espionaje; a/s/echanza es trampa, engaño o artificio para hacer daño a alguien. Pa/c/ificación: establecer la paz, sosegarse, está muy lejos de pa/ s/ificación, que significa convertir la uva fresca en pasa. Por esas complejidades, no me permití hacer un juicio instantáneo al ver la falta de ortografía en el pasiente del titular de marras. Uno percibe la falla de inmediato, sobre todo en un contexto donde se habla de hospitalización y en momentos en que se renueva el tema de las haitianas embarazadas que vienen a dar a luz a República Dominicana. Sin embargo, siempre se le dedican algunos segundos. Llega a la mente todo un corpus de voces parónimas, homónimas, homófonas, homógrafas antes de hacer un juicio, de emitir una opinión. ¿Será posible que se escriba de las dos maneras, como arpía y harpía, armonía y harmonía? Todo eso ocurre rápidamente. Uno sabe por dónde anda la cosa, pero se resiste a precipitarse. El problema de la ortografía con /s/ en el sustantivo /pacientes/ fue ocasional. Sólo aparece en el titular de primera página. Doris Pantaleón, autora del reporte desde Elías Piña, escribe /pa-

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cientes/ once veces en su trabajo, todas en plural y con la /c/ interna, correctamente, sin ninguna duda. Además, el titular de la edición interior de la noticia, colocada en la página 14A, primer cuerpo del periódico, acierta con la ortografía: Los hospitales de Elías Piña, atestados de pacientes de Haití. Hay un acierto, además, en el uso de la coma después de Elías Piña, para significar la supresión del verbo (están). Es un empleo de mucho cuidado y gran dominio de la puntuación, la coma, en el caso particular. La única explicación que se me ocurre para ese desvío ortográfico, tan significativo en la primera página del diario, es la presión del cierre de la edición dominical, avanzando las horas del sábado o ya dentro de los primeros minutos del día siguiente. Compromisos, agotamiento, preocupación por la siguiente jornada de trabajo... en domingo. Sólo una recomendación: Hay que estar vigilantes hasta el último punto, hasta el punto final, porque el lenguaje es complejo, la escritura es engañosa. No bastan normas gramáticales, diccionarios, manuales, enciclopedias, opúsculos, fascículos etc. Escriba, lea, relea, revise pormenorizadamente; anote, consulte; vuelva sobre sus pasos, y, aún así, siempre habrá margen y oportunidad para un error, para una nueva equivocación. Todos nosotros lo sabemos por experiencia. No es problema de saber más gramática: son las travesuras del lenguaje.

4 de noviembre de 1999

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¿A/g/üeducto por dislate o a/g/üeducto por convicción?
En la madrugada de ayer escuché a un comentarista de CDN Cadena de Noticias- decir cuatro veces a/g/üeducto en lugar de a/c/ ueducto. Fue en un programa dedicado a pasar balance a los acontecimientos del día. Se produce en horas de la noche. Correspondió a la programación del pasado martes 16. Lo escuché durante la repetición que CDN hace en la madrugada inmediata, exactamente en el día de ayer, 17 de noviembre en curso, emisión de la una y treinta minutos de la noche. Realmente, me chocó el empleo de a/g/üeducto, derivado directamente del sustantivo a/g/ua, forma popular del latinismo a/q/ua. Muchas palabras del latín con fonema de /k/, escritas con /c/ o con /q/: fo/c/us, lo/c/us, a/q/ua, pasaron a nuestro idioma con sonido de /g/. Sucedió con acutu-agudo; securu-seguro. Otros cambios fueron: - la /p/ por /b/: apícula-abeja; cepulla-cebolla; - la /t/ por /d/: amatu-amado; vita-vida; - /us/ por /o/: sanctus-santo; auditus-oído. Son manifestaciones de la ley del menor esfuerzo. Fundamentalmente, el idioma español es una derivación del nivel de lengua que hablaban los soldados y los comerciantes romanos que se establecieron en la Península Ibérica: latín vulgar o sermo rusticus. Estas

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formas fueron adaptadas por los pueblos establecidos en la región que, finalmente, caracterizó un lenguaje diferente. Según se desarrolla, este nuevo sistema adopta modos del latín literario o sermo urbanus, que fue la lengua de los grandes escritores romanos y de las clases ilustradas. A eso se debe que tengamos palabras como caballo, del latín vulgar, y ecuestre y equitación, derivados de eques: ‘caballero’, pero tomados del nivel culto o literario del latín. Se dan casos en que una misma palabra del latín genera, por distintas vías, dos palabras diferenciadas: - delicatus primero produce el adjetivo /delgado/, término popular; y luego /delicado/, una expresión de nivel culto; - áncora produce /ancla/ en lenguaje popular. Pero la lengua culta acude al latín para reencontrarse con /áncora/ y pasa a significar en español ‘lo que sirve o puede servir de amparo en un peligro o infortunio’. Ejemplo: Eres mi áncora de salvación. Palabras como éstas, que tienen un mismo origen, pero generan diferentes significados, se denominan isónimas. El latín focu-focus: ‘brasero’, ‘fogón’, pasa al lenguaje popular como fue/g/o. Pero también da foco, fóculo (cavidad donde se encendía el fuego) y modernamente focal, foquismo, foquista. Lo/c/us, lo/c/ale, lo/c/alis producen en nuestra lengua el sustantivo lu/g/ar. Pero más adelante se introducen voces como lo/c/al y lo/c/ alizar, lo/c/alización, lo/c/alismo, lo/c/alidad. Aqua, con sonido de /k/, pasa a la lengua castellana como a/g /ua, con /g/. Pero origina los cultismos acueducto, acuífero. El hablante suele identificar el término derivado por el vocablo ya enraizado, popular en el léxico. Se produce confusión con expresiones como impacto cardíaco, en lugar de infarto, por la aproximación o paronimia entre las palabras. O los chistes de Tres Patines y algún otro comediante: huellas vegetales, por huellas digitales. O los que siguen el modelo de la conjugación /caiga/ y dicen

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/haiga/ en lugar de /haya/, o se afectan para decir difer/ie/ncia por difer/ e/ncia. Hay quienes mantienen cierta uniformidad en la derivación, diciendo incompren/d/ible en vez de incomprensible. La aproximación fonética provoca estas situaciones de dislates o anomalías en el vocabulario. Mucho me interesé por la pronunciación de /agüeducto/ en el programa mencionado. Una cosa es el habla popular, las asociaciones fonéticas que hace el hablante en el uso espontáneo y natural de la lengua, y otra muy diferente es la realización de un comentarista radial o de televisión, dependiente de una empresa que lo contrata para comunicarse con un vasto público, al que sirve información, orientación y modelos correctos del idioma. No puedo aventurarme a decir si este uso en la transmisión radial que comento fuera consciente o inconsciente. No puedo afirmar ni una cosa ni la otra. Algunas personas derivan agüeducto, pero no son la mayoría ni las más cultas. Se nota en cierto nivel de hablantes, especialmente en el habla rural. Es un lenguaje que se va superando con el paso de los días. También se escucha entre hablantes de tierna edad. Sin embargo, la escolaridad y el intercambio permiten superarlo. Creo que el comentarista que empleó el derivado puede tener conciencia de lo que hace. Y creo que él puede pensar en que así debe decirse para la unificación de las formas. Ese puede ser su pensamiento y su convicción. No lo sabemos. Mas, el lenguaje es el uso generalizado y los modos empleados por los núcleos más conscientes en el manejo del sistema. La categoría de profesional lo obliga a conocer esas diferenciaciones y hasta algunas sutilezas que existen en la lengua. Y no luce que, para evitar malos juicios, un locutor vaya anotando a cada paso: No es que yo no lo sepa. Lo digo así porque creo que la gramática está equivocada.

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Esa no es su misión. Su tarea está en informar y orientar con eficiencia sobre los temas que le correspondan, y en un lenguaje claro, llano, sencillo y oportuno. No debe meterse en vericuetos de las complejidades del léxico o de la gramática. Él no es, necesariamente, un reformador del idioma. Debe propiciar un mensaje orientador y eficaz, dentro de un nivel de español de uso, que pueda ser comprendido por la mayoría de los receptores del contenido que él difunde por los medios de comunicación social.

18 de noviembre de 1999

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La /a/ que nos enreda y la /h/ que nos pierde
En un espacio pagado he podido leer tres empleos de preposición /a/ y dos formas del verbo /haber/: - ...deseo expresarle nuestras disculpas por hacer pública nuestra queja /a/ través de este medio de comunicación; - ...para que se nos efectúe un simple traslado de una línea telefónica desde un 4to. piso /a/ un 2do. piso en un mismo edificio de apartamentos... - /A/ diario cuando llamamos para inquirir sobre nuestra solicitud... - ... y hasta el momento, nadie absolutamente nadie en Codetel se /a/ dignado en tomarnos en cuenta. - En ocasiones, personal de la empresa que se identifica como supervisores, /ha/ tomado nota de nuestro caso por sabe Dios cuántas veces.../personal/: singular y plural, respectivamente. Los tres primeros usos corresponden a la preposición /a/. Los otros dos son momentos de la conjugación del verbo /haber/. Sólo que en el modelo se /a dignado/ hay un trastorno ortográfico por confusión de / haber/ con la preposición /a/. Preposición es una partícula invariable que encabeza complementos y que indica cómo se complementa el núcleo: Voy /a/ casa. Lo hizo /con/ intención dolosa.

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Llegó /hasta/ aquí. /Haber/, por su parte, tiene una función como verbo impersonal o unipersonal: En invierno /hubo/ tres grandes nevadas. Los gramáticos recomiendan que no se diga /hubieron/, porque la oración carece de sujeto; por tanto, no hay en la estructura un objeto al cual se le pueda atribuir la acción de nevar, que es un fenómeno de la naturaleza. /Haber/ tiene también una función como verbo auxiliar para la conjugación compuesta de los diferentes modos, tiempos, números, voz y personas propios del sistema gramatical. Podemos estudiar esta función a través de los llamados verbos modelos: amar, temer y partir, que aceptan y requieren, como otros, las construcciones haber amado, haber temido, haber partido: Tú /has/ amado mucho. Vosotros /habéis/ temido lo peor. Cuando lleguemos, ya ellos /habrán/ partido. En las situaciones presentadas al inicio: /a través/, /a un 2do. piso/ y /a diario/, se está utilizando la forma preposicional, palabra invariable, una sola vocal, sin componentes de ninguna otra clase. -/a/ través: por entre, por intermedio. -/a/ un lado: que significa dirección, distancia, término del movimiento, orientación, cercanía o proximidad... -/a/ diario: diariamente, cada día. Es expresión de mucho uso en América Central y en Méjico. Ese empleo no lleva /h/ ni recibe ningún otro valor gramatical o morfema. Los otros dos usos, que corresponden al verbo /haber/, reclaman la / h/ al principio: - ...absolutamente nadie en Codetel se /ha/ dignado;.... el personaje que - ... se identifica como supervisores, /ha/ tomado nota de nuestro

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caso /n/ innecesaria/. En estos ejemplos, las formas de /haber/ son seguidas por un participio: -/han/ tomado nota (el personal); singular. -se /a/ dignado. En este último caso, los suscribientes del reclamo al presidente de CODETEL han confundido la forma /ha/ del verbo haber con la ortografía de /a/ preposición, que no lleva /h/. No sucedió en /han tomado nota/, porque a muy pocos se les habría ocurrido escribir /an/ cantado, /an/ salido. Muy pocas veces me he encontrado con ese gazapo ortográfico. Reconozco que lo vi alguna vez, aunque es muy poco frecuente Con todo, se les fue una /n/ En cambio, /ha/ sin la /h/ se cuela a cada paso: -Como usted mismo /a/ podido comprobar, existen diversos juegos sexuales que lo ayudarán... (Listín Diario...); -¿Cómo /a/ sido la relación con sus padres? (Hoy...); -... será beneficiado (Fulgencio Espinal) con un auto de no /a/ lugar (La Nación, 18 de marzo de 1997...); -En los últimos días se /a/ incrementado ... el robo de vehículos en los barrios de la capital (El Siglo, pie de foto, 4 de febrero de 1994, página 8D). Afecta por igual a redactores, conectores, colaboradores y columnistas. No hay distinción, no existe diferencia por la categoría. A todos se nos cuelan errores. Más extraño es ponerle la /h/ a la preposición, que no la lleva, pero sucede. -... quienes completamente disfrazados con trajes de flecos y con el rostro oculto por caretas, se dedican /ha/ pedir dinero... (Listín Diario, La Opinión del Lector, 27 de febrero de 1997, página 10A). Para evitar algunos de esos yerros, usted puede apreciar la validez

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o la oportunidad de la ortografía, dándole vuelta a la frase: Dígase usted mismo, reflexione: a) se dedican a: /haber pedir/, /haber pedido/. ¿Tiene sentido la frase? De ninguna manera. Entonces no se trata del auxiliar /haber/, y la /a/ debe escribirse sin hache: se dedican /a/ pedir; b) Contrariamente: en /se a incrementado/ o en /cómo a sido la relación con sus padres, me preguntaría: ¿/Haber/ incrementado?; ¿/haber/ sido la relación? ¿Cabe y corresponde el verbo /haber/? Sí, señor. Entonces debo escribir esa /a/ con una hache delante: ...se /h/a incrementado; ...cómo /h/a sido la relación... Dígase, por ejemplo: Fulano se ha enriquecido con su esfuerzo y ha contribuido con su estímulo y su apoyo a favorecer a sus familias y a sus allegados. Favorecer /a/ su familia no es lo mismo que /ha/ favorecido... Aplíquense los recursos indicados y se verá qué bien operan los términos que marcamos, en cada caso, con o sin la hache /h/. Cada cual en su función. Cada cual con su escritura.

25 de noviembre de 1999

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La expresión /he/ que la prensa carga a Joaquín Balaguer y a Luchy Vicioso
He seleccionado dos casos anómalos de la expresión /he/, que la prensa ha puesto en la conversación de personas muy conocidas en el país. Uno corresponde al periódico Hoy, en una entrevista al doctor Joaquín Balaguer: El ex presidente de la República expresó que espera los próximos días para ver si cuenta con la visión que tenía antes de que viajara a Estados Unidos, que era mejor que la que tiene actualmente. “Y eso es lo estoy esperando (sic), a ver cómo evoluciona eso, si yo puedo contar con la vista que tenía antes del viaje, que me /era/ ya suficiente, ahora mismo me /he/ insuficiente”, indicó. Corresponde a un pase a la página 6 de la noticia intitulada: Sin decisión todavía/ Empeora problema visual JB; apoyaría otro sea candidato Comienza en la primera página, edición del 26 de julio pasado. Los párrafos transcritos más arriba se localizan en el texto del pase, página 6. El otro caso es atribuido a una muy conocida y respetada artista popular: ENTREVISTA: Luchy Vicioso cree que el bolero no desaparecerá/ “Mi mayor logro es la paz que tengo” Se deja leer en la edición del lunes 18 de octubre de este año, El Siglo, sección Vivir, p. 8D. /Es/ una entrevista que ofrece la destacada intérprete a ese periódico.

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/He/ aquí el texto que me interesa: ¿Cuáles han sido los momentos más difíciles de su vida personal? (La hermosa dama suspira profundo y luego responde). /He/... bueno, en mi vida... qué yo te digo, las veces que yo /he/ tenido que tomar decisiones en contra de mi voluntad, y no te puedo decir más nada; sí, porque a veces tú no naces para esas cosas. Se debe advertir que la pregunta mueve a reflexionar y provoca vacilaciones en la interlocutora. No todo el mundo se complace en hablar de sus asuntos personales. Son muchos los que ponen respeto en su vida privada y lo exigen, a la vez. Doña Luchy vacila desde el principio, y esa vacilación se manifiesta de inmediato en el suspiro profundo que anota el cuestionador. Suspira y reflexiona acerca de cómo responder a una pregunta cuasi-temeraria. El periodista refleja las primeras expresiones: /He/... Bueno, en mi vida... Los puntos suspensivos son signos del mensaje, representación de las vacilaciones provocadas por la inquietud de cómo debe responder, o si se debe responder o no a la pregunta del entrevistador de El Siglo. Si busco en cualquier diccionario común acaso encontraré que me dice: he: partícula que, junto con los adverbios aquí y allí o unida a pronombre personal átono sirve para señalar o mostrar una persona o cosa: he aquí la verdad/ helos todos a tu lado. Y no entiendo que la señora Vicioso esté señalando, mostrando. Antes al contrario, hay en sus palabras y en su actitud vacilaciones manifiestas. Entonces, le doy la vuelta a las letras, y encuentro en el lexicón: ¡eh! (entre signos de exclamación, inicial y final): interjección que sirve para llamar la atención, preguntar, llamar, despreciar, responder, advertir...

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Tiene los siguientes homófonos: e: conjunción equivalente a la /y/, con sonido de vocal /i/; he: forma del verbo haber: he comprado; he decidido; e: sexta letra del alfabeto español y la segunda de sus vocales. Después de revisar todas las posibilidades de uso, se habrá de concluir en que el empleo de la cancionista Vicioso corresponde a una interjección, que marca la indecisión, la necesidad de reflexionar antes de dar una respuesta. La confusión del periodista está en la forma del verbo /haber/: yo /he/ tomado mi decisión, presente de indicativo de la conjugación compuesta, cuando ha debido interpretar con fidelidad la vacilación de la entrevistada, que él debe representar con la escritura inversa /e-h/, en lugar de /h-e/. Otras interjecciones llevan la /h/ al final: bah, oh, ah. El redactor de la noticia tenía la solución muy cerca, si se detenía a pensar, a comparar, a contrastar. En efecto, a pocos pasos escribió: las veces que yo /he/ tenido que tomar decisiones... Ha escrito dos /h-e/ de significaciones muy distanciadas, que no se corresponden, y una de las cuales no tiene pertinencia. Eso ocurrió de una línea a otra. Pero el trabajo de la prensa es así de acelerado, aparte de que existe un problema de formación y de los valores que damos al empleo de lo que es nuestra herramienta diaria de trabajo: la palabra escrita. ¿Qué se nos ocurre con la forma /he/, trasladada en el texto de la entrevista con el doctor Balaguer? En primer lugar, el reportero escribe correctamente: “... eso /es/ lo que estoy esperando...” Utiliza /es/, una forma del verbo /ser/: Yo soy, tú eres, él /es/. Balaguer está ofreciendo una entrevista en vivo en el cementerio

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Cristo Redentor: lenguaje oral. Él no ha escrito nada; quien lo traslada al papel es el periodista, quien expresa más adelante: “... si yo puedo contar con la vista que tenía antes del viaje, que me /era/ ya suficiente, ahora mismo me /he/ insuficiente”. ¿Puedo conjugar: me /he/ insuficiente; te /has/ insuficiente; le / ha/ insuficiente? ¿Verdad que eso no ajusta, que no resulta de ese modo? Tengo que tirarme por otro lado: ¿Me /he/ insuficiente o me /es/ insuficiente? Claro que es válida esta última forma, como también diremos: te / es/ insuficiente, le /es/ insuficiente. Se trata de una construcción con predicado nominal, con el verbo /ser/ como enlace o cópula entre sujeto y predicado. El entrevistador pudo comparar la expresión /que me era/ con la frase inmediata /que me he/, y habría comprobado que se trata de un mismo verbo: era/es. Haciendo un paralelismo: ¿se podría escribir /hera/ con hache? Es evidente que no procede. Balaguer nunca confundirá esos momentos o flexiones de los verbos /haber/ y /ser/, porque su dominio del lenguaje -oral y escrito- es demasiado profundo para caer en dislates similares. Por ejemplo, en sus Memorias de un cortesano en la era de Trujillo sólo encontré una falta de ortografía, y estoy convencido de que no habría ocurrido si el ex-presidente no hubiera perdido la vista. Los casos en ambas entrevistas (Luchy Vicioso y Joaquín Balaguer) son responsabilidad exclusiva de los respectivos redactores, y de lo que se agrega al proceso de revisar y controlar dentro de un medio impreso. Sólo ellos cargan con el descuido. Nadie más.

2 de diciembre de 1999

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Méjico/México: por la contradicción o la condescendencia
Primera parte Un asiduo lector de esta columna me refiere haber advertido la escritura Mé/j/ico en la bibliografía de mi opúsculo acerca de Las mayúsculas dominicanas y el modelo ortográfico de Gabriel García Márquez. Es un folleto que se puso en circulación el 26 de abril de este año, en el marco de la Feria del Libro. La persona que me honra con su lectura, don Verutidio M. Ramírez, me escribe desde Santiago para decirme: “...he notado que en la bibliografía que Ud. indica al final de su libro relativo a las mayúsculas figuran dos diccionarios de Larousse impresos en Mé/j/ico. Procediendo de Larousse, llama mi atención el hecho de que aparezca escrito Méjico (con j) en lugar de México (con x) que es como lo escriben en el propio país y cuyo nombre oficial -a menos que lo hayan cambiado- es Estados Unidos Mexicanos. ¿Qué podría Ud. decirme al respecto? Está demás decir que en ese país hay una cantidad de poblados, ciudades y otras demarcaciones en cuyos nombres interviene la x, tales como Mexicali, Oaxaca, Holbox, Tuxpan, Texococo, Xochicalco, Uxmal, etc.” En efecto, mi análisis acerca del empleo de las mayúsculas en la escritura de los dominicanos trae en la bibliografía dos menciones de diccionarios prácticos de la casa Larousse. Uno se denomina Ortografía; el otro es el Diccionario de dudas e incorrecciones del idioma. Sin embargo, las referencias de esas ediciones mejicanas son de mi

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autoría y no de los textos salidos de la muy conocida y respetada editorial de origen francés. Cada vez que los diccionarios de la editora de marras mencionan a Méjico, lo hace con /x/, sea en la dirección de la oficina responsable de publicarlos, en la nota de créditos de la edición o en el pie de imprenta colocado al final. Siempre escriben el topónimo con /x/. No de otra manera. De modo, pues, que la colocación de la /j/ en el texto acerca de Las mayúsculas dominicanas... es decisión y responsabilidad exclusiva del autor de ese opúsculo y autor de esta columna. El tema ha sido debatido suficientemente, y creo que las soluciones han podido ser prácticas o circunstanciales, pero no preceptivas, ni reguladoras de la unificación de las letras en español general o estándar. Las grafías /j/ y /x/ representan en la actualidad dos valores fonéticos o fonológicos muy distintos, que en el pasado se enfrentaron igualmente, y que en otros tiempos se le dio al problema la solución que fue práctica en aquellos momentos para las realidades que entonces hubo que enfrentar, pero que hoy no tiene justificación, porque hemos mantenido una escritura que sólo sirve para confundir aún más, para reverenciar tradiciones y querencias, que si bien pueden ser válidas en el orden sentimental o de la historia particular, no se corresponden con fidelidades del habla, con el ajuste o con la aproximación de la escritura frente a los valores fonológicos de la realización oral de la lengua. Estuvo bien que en el año 1605 se imprimiera Quixote con /x/, porque la jota tenía pronunciación de /y/, similar al sonido del fonema palatal sonoro, en palabras como hoyo, por lo cual, en vez de leer Qui/j/ ote, se habría pronunciado algo así como Qui/y/ote. También se escribió dixo, para que no sonara diyo. De ahí vienen otros casos de /j/, como Xamaica, cuya escritura evolucionó hacia Jamaica; o Texas, que se quedó en el pasado. Decimos Méjico-mejicano. Muchas personas dicen Tecsas por Tejas. ¿Acaso dirán tecsano por tejano?

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El señor Ramírez menciona varios topónimos localizables en los Estados Unidos de Méjico. ¿Pronunciarán los mejicanos: -Tejococo o Tecsococo; -Oajaca o Oacsaca; -Holboj o Holbocs; -Ujmal o Ucsmal; -Tujpan o Tucspan. -Mejicali o Mecsicali? ¿Y qué pasará con Xochimilco? ¿Pronunciarán Sochimilco o Jochimilco? ¿Estarán de acuerdo en todas esas pronunciaciones? En la entrega del próximo jueves concluiremos con este tema. Comentaremos la recomendación de la Academia de la Lengua Española y las opiniones y usos de ilustres humanistas como Alfonso Reyes, mejicano; Ángel Rosenblat, lingüista venezolano, nacido en Polonia; don Miguel de Unamuno, español, y Pedro Henríquez Ureña, ciudadano de América.

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16 de diciembre de 1999

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Méjico/México: por la contradicción o la condescendencia
Segunda parte Las grafías x/j en el nombre de la tierra de don Benito Juárez han sido y serán motivo de controversias, discrepancias entre autores y contradicciones en el ejemplo del topónimo (Méjico/México), del gentilicio (mejicana/mexicano) o de las derivaciones (me//icanismos, me//icanidad, me//icanada). Ángel Rosenblat trata el tema en su libro Fetichismo de la letra, publicación de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1963. Le dedica un capítulo que se extiende desde la página 31 hasta la 41. Rosenblat afirma que cada uno es dueño de su nombre y “tiene el derecho de escribirlo a su gusto. Y aunque el nombre de un país no es propiedad exclusiva de sus habitantes (Deutschland dicen los alemanes, Germany los ingleses, Alemania los españoles), podemos, por deferencia especial, escribir México como quieren los mexicanos. Pero también podemos, sin faltarle el respeto a nadie, escribir tranquilamente Méjico, mejicano, para evitar la pronunciación falsa de /ks/ que está cundiendo, aun entre mucha gente culta, y que ha triunfado en las lenguas extranjeras: le Mexique, en francés, Mexico en inglés, Mexiko en alemán, etc.” Don Ángel opinaba, para la época en que se publicó su obra, que parece que “en Méjico se ha hecho de la x bandera de izquierdismo y que en cambio la j es signo de espíritu conservador o hispanizante”. Pide a sus “amigos izquierdistas de Méjico, cuya fe en el progreso

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social y en la rehabilitación de lo indígena comparto plenamente, me perdonen esta intromisión en un problema que les llega tan al alma. Pero la conservación de la x de México es un caso evidente de fetichismo de la letra”. En las dos primeras páginas del capítulo “Santo Domingo y la zona del Mar Caribe” (capítulo I, páginas 29 y 30) de su estudio El español en Santo Domingo, Pedro Henríquez Ureña recoge Méjico (cuatro veces), mejicana (dos veces) y mejicano (una vez), siempre con /j/ En las páginas preliminares, de la 9 a la 28, sobre “Bibliografía y abreviaturas bibliográficas”, escribe Mé/j/ico en varias ocasiones. Nunca lo hace con /x/. En el Diccionario de la lengua española, vigésima edición, 1984, al explicar las abreviaturas utilizadas en las entradas, la Real Academia de la Lengua consigna: Méj. : Méjico mejic. : mejicano En la entrada culiacanense, página 415, indica que es un adjetivo, y desenvuelve: Natural de Culiacán, capital del Estado me/j/icano de Sinaloa. En la entrada correspondiente a a garrote, página 681, trae, bajo el ordinal 12: Méj. Palo que sirve de freno al carro. Así, a lo largo de esa edición, dos volúmenes que totalizan 1417 páginas, se deja sentir el criterio y la preferencia académica por la /j/ para aquella época. Sin embargo, en la última edición de la Ortografía de la lengua española, revisada por todas las academias, editada recientemente por Espasa Calpe, setiembre de 1999, la Real Academia estudia los sonidos característicos representados por la letra /x/, según la posición que tenga en la palabra hacia el medio (examen) o al final (relax), suena como /ks/ o /gs/; en posición inicial (xilófono) equivale a /s/. Revisa las formas arcaicas como México, Oaxaca, Texas y algunos apellidos (Ximénez, Mexía) para explicar que la pronunciación en estos casos

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es igual a /j/, sonido fricativo velar sordo. Pero anota, de inmediato: “En cuanto a las variantes escritas con j (Méjico, mejicano...), se recomienda restringir su uso en atención a la tradición ortográfica del país americano. Contradicción o condescendencia, o ambas cosas a la vez. Francisco J. Santamaría, eminente lexicógrafo mejicano, escribe un libro acerca de los usos de voces propias de su país, y lo intitula: Diccionario de me/j/icanismos (1959). De su Diccionario general de americanismos, tomo los siguientes casos: -...Reservados sin excepción todos los derechos, Méjico, 1942 Printed in Méjico. Impreso en Méjico. - Editorial Pedro Robredo Méjico, D. F., 1942 - Méj. : México méj. : mejicano/a Esto último en la descripción de las abreviaturas utilizadas en la obra. Con todo, en el pie de imprenta de la edición de la obra, se lee esta contradicción: Imprenta Aldina. - Robredo y Rosell, S.R.L. - Artículo 123, 86.Mé/x/ico, D. F. Don Miguel de Unamuno nos escribe lo siguiente: Uno de los hombres que es orgullo de Méjico, su actual ministro de Justicia e Instrucción Pública, el benemérito don Justo Sierra, en la preciosísima Historia política de Méjico que figura en la obra México: su evolución social (México, 1901), nos transcribe unas preñadísimas palabras que le dijo un día, siendo don Justo aún un estudiante, el gran patriarca del patriotismo mejicano, el admirable indio Juárez: “Desearía que el protestantismo se mejicanizara, conquistando a los indios; éstos necesitan una religión que les obligue a leer, y no les obligue a gastar sus

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ahorros en cirios para los santos.” Benito Juárez, el salvador de la patria, veía muy lejos. Se encuentra en Algunas consideraciones sobre la literatura hispano-americana, colección Austral, Espasa-Calpe Argentina, S. A., Buenos Aires, 1947, página 84. Unamuno escribe con /x/ cuando está citando alguna obra o autor. Fuera de ahí, escribe Mé/j/ico-me/j/icano. El gran maestro postuló en contra de esa /x/ desde el 1892, cuando intituló un trabajo La equis intrusa. Otras calificaciones suyas fueron: “pedantesca manía”, “desahogo infantil”, “americanada y disparate ortográfico a la vez”. Pretendo entender la preferencia de los mejicanos por el empleo de la equis. La hallo atractiva a la vista y pienso que es más fácil de lograr con ella impresos de mayor impacto para las promociones del país. Pero creo en la utilidad de la unificación de las formas escritas, cuando menos en la inmensa mayoría de los usos, sobre todo cuando no hay espacio para dudas ni discrepancias ortográficas ni fonéticas. Aunque alguna vez fue necesario hacerlo de aquella manera, Rosenblat observa que no vale la pena volver a escribir Tru/x/illo, ni /X/ amaica ni /X/au/x/a. Comenta que una restauración de ese tipo no respondería al “sentido progresista y renovador de la lengua, pero testimonia hasta qué punto el alma queda prisionera en el misterio de la letra.”

23 de diciembre de 1999

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De Lis/teen/ a /Press/: las mil formas de anglización del lenguaje
Siempre hemos estado de acuerdo en que los préstamos léxicos son necesarios en cualquier idioma, más aún en la etapa presente, en que los avances de la tecnología imponen nuevos inventos, nuevos usos y esto trae consigo las voces nuevas que debemos manejar. Pero debemos convenir en que hay una actitud o, cuando menos, una debilidad anglizadora de la prensa, que acoge algún que otro material que pretende deslumbrar con el manejo de tecnicismos foráneos, que no todo el mundo comprende o no todo el mundo necesita. Y más aún, cuando la prensa misma procura llenarse de prestigio con el empleo de voces ánglicas o con el aprovechamiento y el juego de palabras para la formación de siglas o de acrónimos en hibridismo lingüístico para vender su oferta de lectoría. Es el caso de LISTEEN, deletreado L-I-S, mitad de LISTÍN, y T-E-E-N, mitad deTEENAGER, para abrir una sección juvenil con portal alienante y desnacionalizador. He visto en escaparates una revista extranjera, originalmente en lengua extraña, nombrada TEEN en español, que, de alguna manera, inclina al decano del diarismo criollo a un calco para atraer lectores y entrar en la competencia comercial. No se queda atrás El Siglo cuando promueve: PRESS: P-R-E-S-S. No escapa a cierto nivel de educación que /press/significa /prensa/ en inglés. Para los especializados en la materia y otras personas de alguna formación, prensa es poder, sobre todo desde cuando lo pronunció

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Edmund Burke en el parlamento inglés, dirigiéndose a los periodistas que cubrían las noticias del Congreso: Vosotros sois el cuarto poder. En efecto, el periódico El Siglo promueve las suscripciones bajo el lema de que: PRESS Significa Poder en todo el mundo. Sin embargo, PRESS, allí, no es un anglicismo: es un manejo, una habilidad de mi periódico para captar atención con la supuesta forma anglicada que emplea, porque en realidad, el PRESS que manipulan es ¿solamente? una sigla de estos componentes léxicos: P: programa R: recompensa E: estímulo S: suscriptores S: Siglo. Es decir: /P/ROGRAMA DE /R/ECOMPENSA Y /E/STIMULO PARA /S/USCRIPTORES DE EL /S/IGLO. Dicho diario cuenta, además, con una revista de circulación quincenal llamada VIÚ, con acento en la /ú/, que no lo necesita, pero que suena y se ve bien en el logo. ¿Qué es VIÚ? A lo que más me aproximo es al inglés view, V-I-E-W, que significa ‘vista’, ‘inspección’, ‘panorama’, ‘enfoque’. La identifico también con interview (interviú), empleada en varias lenguas con el significado de “entrevista”, No olvidemos que este periódico cuenta con otro suplemento: WOW. Supongo que es una interjección inglesa, que significa ‘increíble’; pero que esta forma de: W-O-W es más “chic” que si escribiéramos ua-o: UAO Deducimos que es recurso de la competencia, porque nadie quiere quedarse atrás. En el suplemento El Domingo, el Listín Diario nos ofrece una página bautizada con el nombre LOOK, que trae temas de farándula y

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otros asuntos.Conviene distinguir entre calco y préstamo. De préstamos viven las lenguas y nada hay condenable en ello. Pero el afán de los medios no debe ser vender por vender. Atraer riqueza espiritual y consolidar valores éticos deben estar por encima de la acumulación de capital y del éxito gerencial. Acudir más allá de lo necesario y de lo aconsejable a una supuesta lengua de superioridad o de prestigio es contribuir, con impertinencia, a la estrategia de la dominación imperante e imperial. Charles Hockett (Curso de lingüística moderna), de nacionalidad norteamericana, condena como erróneo el concepto de que “algunas lenguas actuales, especialmente el inglés, son más “progresistas” que otras, como el alemán, porque han ido más lejos en la dirección analítica”. Y afirma que no existe la más remota prueba de que esto sea verdad. Los turcos de hoy, dice, “manejan todos los asuntos de la vida ordinaria y las complejidades de la tecnología moderna con una lengua muy sintética, mientras que sus contemporáneos chinos se desempeñan con idéntica eficacia usando una lengua marcadamente analítica” (p.183). Alberto Escobar, peruano, en su libro Lenguaje y discriminación social en América Latina, destaca que es insostenible postular, desde el punto de vista lingüístico, que “una lengua sea inferior a otra, pues nada hay inherente a la estructura del lenguaje, que permita decir, sin falsear los hechos, que una es mejor o superior que las otras, o que las lenguas ágrafas carecen de estructura o de gramática” (p. 46). El español ronda los 400 millones de hablantes, y seguirá desarrollándose. La oficina del Censo de los Estados Unidos calcula que para el año 2050 habrá 98 millones de hispanos en territorio norteamericano y que para dentro de un siglo lo hablará uno de cada tres estadounidenses. La cultura de la lengua debe asumir el papel que le corresponde desde el hogar hasta el trabajo, desde la primera edad escolar hasta el uso en la prensa. Sus manifestaciones deben asumirse en los medios de comunica-

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ción como una responsabilidad frente a los núcleos sociales, con política clara, con realizaciones cotidianas, con orgullo de identidad nacional.

18 de mayo del 2000

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/Á/lvarez, Alv/á/rez o el acento en las mayúsculas
Dejo constancia de haber recibido desde Moca una carta firmada por Daisy Isabel Acosta Gutiérrez, con el siguiente texto: “He quedado sin comprender el acento, que usted llama tilde, sobre la segunda a del apellido Alv/á/rez, que nunca antes lo había visto acentuado en ninguna de sus tres vocales. “Lo vi en un espacio pagado que publicó El Siglo el 31 de mayo último, página 16A. En la parte superior decía: Sr. Tony Alvárez, Presidente de... “El anuncio cubrió toda la página del periódico. Traía una foto, texto y el logo de la corporación que se menciona. “Cuatro veces se incluye el apellido Alvárez, siempre con la marca sobre la segunda á, forma que -repito- nunca había visto y que creo que hace que la palabra suene como llana: Al-vá-rez. “El acento en la palabra /contínuo/, tres veces, no me parece bien colocado. “Sé que su columna no es de preguntas y respuestas; pero he visto varias explicaciones suyas sobre acentuación ortográfica, muy detalladas y claras, y me he tomado la libertad de consultarle”. Tiene razón la señorita Acosta Gutiérrez. El anuncio desplegado a que alude contiene cuatro veces el apelativo /Á/lvarez con acento sobre la segunda /a/: Alv/á/rez. Suponemos que se trata del conocido apellido, que suena como voz esdrújula, con acento sobre la primera vocal, según he marcado más arriba.

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Por tener tres sílabas, esta palabra podría ser aguda (oxítona): Alva/ réz/, acento sobre la última, pero, según las reglas de acentuación, no se le marcaría. Para ser llana (paroxítona), habría de sonar con el refuerzo espiratorio y muscular de la articulación sobre la segunda /a/: Alvárez, como aparece en el espacio publicado. Si sonare así, ya sí cabe la tilde sobre la vocal mencionada, porque se trata de una palabra llana terminada en /z/ , y, en la escritura española, ese tipo de pronunciación reclama la marca del acento. Sin embargo, no creo que esa sea la pronunciación, sino: /Á/l varez, con elevación del tono de la voz sobre la primera sílaba, antepenúltima en el orden de la clasificación de las palabras según el acento prosódico, que se cuentan desde el final hacia el inicio de cada término. Luego, /Á/lvarez es una palabra esdrújula (proparoxítona), y a éstas siempre se les coloca la tilde. El apellido se menciona cuatro veces, casi dentro de un mismo texto. Dos veces es el mismo texto: a la cabeza y alrededor de la mitad de la página. Una vez es dándole la vuelta a la expresión, y una última mención está como pie de la fotografía que ilustra el espacio pagado. El manejo del modelo repetido o aproximado parece que fue un recurso para llenar el espacio. En otro orden, el hecho de que el adjetivo /contínuo/ aparezca tres veces con acento, sin necesitarlo, lleva a pensar que el redactor del aviso es inclinado hacia la tildación, que le reconoce utilidad. Sin embargo, continuo/continua no la necesitan, en razón de ser voces llanas que terminan en vocal. Al escribir, podemos confundirnos, porque contin/ú/o, contin/ú/ a sí lo llevan sobre la /u/, pero es a causa de disolver el diptongo, porque, de lo contrario, sonarían igual que la forma comentada. He retenido la siguiente preocupación para el cierre: Al escribir / Alvarez/, sin acentuarlo, en el uso y en la apreciación popular, lo mismo podría leerse /Á/lvarez ( por costumbre), que Alvar/é/z (regla de acen-

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tuación ortográfica). En seguida doy las razones: a) Por constumbre, leeríamos /Á/lvarez, esdrújula, porque es como conocemos su pronunciación, pero no lo haríamos por las reglas ortográficas. b) Según las reglas, si no le colocamos la tilde o virgulilla, deberá pronunciarse como aguda: Alvar/é/z, con acento sobre la sílaba final, igual que términos como sordid/e/z, locu/a/z, fel/i/z. ¿Qué explicaciones podríamos dar a esta situación? En verdad, tenemos la creencia de que las mayúsculas no “llevan” acento; ésta es una de las “falacias” en el orden de la escritura. La gente suele defenderse diciendo que es una regla dictada por la Academia de la Lengua. Pero no es cierto. La Academia nunca ha dictado una norma en tal sentido. Al contrario, la Corporación recomienda acentuar (tildar) las vocales, escritas en mayúsculas, que lo requieran según las normas de acentuación ortográfica. De eso he hablado en ocasiones anteriores.

29 de junio del 2000

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Utilidad de los signos de puntuación
El presidente electo de Méjico, Vicente Fox, expresó el pasado domingo, el mismo día de su elección: “Hay chamba (trabajo) para todos a partir de mañana”, agregó, “y lo vamos a hacer con los priístas, que han estado a la altura, serios y profesionales...” Los priístas son los miembros del Partido Revolucionario Institucional (mejicano), que gobernaron en su país durante 71 años, ininterrumpidamente. Por tanto, es el grupo político al cual el candidato Fox, del Partido Acción Nacional (PAN), tenía que derrotar. Esto que dijo el señor Fox lo he leído en el diario El Siglo, página 19A, lunes 3 de julio, año 2000: ELECCIONES: Termina 71 años de hegemonía del PRI Vicente Fox gana elecciones presidenciales mexicanas Cuando se dice, casi al término de un proceso electoral histórico, lleno de enconos, que el candidato recién electo ofrece trabajo para todos, incluso para “los priístas, que han estado a la altura, serios y profesionales”, ¿quiere decir: -con los priístas, que se han portado serios y profesionales (todos ellos); o -solamente con aquellos priístas que se han portado serios y profesionales? Una de dos. Pero ¿cómo lo sabemos? Si manejamos el código oral, podemos comprenderlo por las entonaciones y las pausas; por la forma de elevación y por el descenso del tono de la voz en la cadena hablada. En la forma escrita nos valdremos de los signos de puntuación.

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Desde la coma hasta los puntos suspensivos. Cada signo es una señal para el entendimiento, para la decodificación del mensaje. Si emito esta señal para el oído, donde /v/ y /b/ suenan iguales: la-(b) (v)an-de-ra, sin detenerme, sin cesuras, me pueden entender: a) que estoy indicando o /la bandera; b) que exhorto a la /lavandera/ para que haga su oficio. Al redactar habrá diferencias entre las consonantes /v/ y /b/, lo cual no podrá notarse en la realización oral. Sin embargo, al escribir deberé poner cuidado en la utilización de los signos de puntuación, para que la escritura refleje la entonación con que se supone que se ha emitido el pensamiento: -Lava, lavandera, es referencia a una persona que ejerce el oficio del lavado. Después del verbo colocaré una coma y escribiré unida la expresión siguiente /lavandera/, porque es una sola palabra. Lavandera, entre comas, es un vocativo, expresión que sirve para llamar, señalar a una persona. La frase: Lava la bandera, es un mandato para que alguien cumpla el trabajo de lavar /la/ /bandera/, el símbolo patrio. No requiere puntuación medial alguna y el sujeto queda sobrentendido: tú, segunda persona del coloquio. Si digo: De acuerdo con la ley No. 137 del 23 de abril de 1942, quiero decir que esta ley fue dictada (o promulgada) una especificación. Simplifico eliminando varios términos. No obstante, podría entenderse que existe otra ley 137, pero que es de fecha diferente. Parece más práctico que se emplee una coma: ley No. 137, del 23 de abril de 1942. Ahora la frase intercalada vale como una explicación, con lo cual se refuerza la eliminación de palabras, colocando comas antes y después de la proposición /del 23 de abril de 1942/. En la expresión Felipe es pelotero; su hermano /, / abogado, destacamos la supresión del verbo /es/ colocando una coma entre los dos últimos términos separados por la puntuación.

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Dos estrofas del poema “Ustedes y nosotros“, de Mario Benedetti: Ustedes cuando aman exigen bienestar una cama de cedro y un colchón especial nosotros cuando amamos es fácil de arreglar con sábanas qué bueno sin sábanas da igual. Sin sangría ni puntuaciones. Sólo puso mayúscula a la primera palabra y un solo punto (al concluir el poema); pero más nada en ninguna otra parte. Así lo usó Benedetti en la primera etapa de su creación literaria. Hace tiempo ha eliminado hasta este único punto final. Es un estilo que tuvo su auge. Se entiende su intención, su valor creativo en el arte; más, no es conveniente en el quehacer cotidiano y familiar de la escritura. Porque ¿cómo vamos a entender, entonces, si el recién electo presidente mejicano va a emplear a sus adversarios del Partido Revolucionario Institucional (PRI)? La clave está en la puntuación que utilicemos: a) No poner coma: Lo vamos a hacer con los priístas que han estado a la altura..., significa que tendrán empleos sólo los adversarios del partido oficial que se comportaron con altura. b) Poner la coma, tal como se publicó: Lo vamos a hacer con los priístas /, / que han estado a la altura..., quiere decir con todos los priístas, por que han estado a la altura, han sido, serios y profesionales... Una simple coma o la ausencia de ella cambia totalmente el sentido. Hay que tenerlo en cuenta.

6 de julio del 2000

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Habana / Havana
Un acucioso lector escribe a esta columna para manifestar su inquietud acerca de si ha de escribirse: Café Ha/v/ana o Café Ha/b/ana. Carlos Rafael Núñez, de la ciudad de Santo Domingo, copia datos acerca de usos aparentemente contradictorios: /Havana Club: /Ciudad de La Habana/ Ron Havana Club/. Pormenoriza con otros datos y señala publicaciones donde, en este orden, ha podido detectar fallos y contradicciones. Llama la atención acerca de diferentes casos de yerros y contradicciones en una misma edición del periódico El Siglo, como es el empleo del nombre “Pau Dones” y “Pou Dones”, de quien dice que es un músico vinculado al grupo llamado “Jarabe de Palo”. Es corriente en nuestro medio que los nombres, generalmente escuchados y no confirmados -visualmente-, salgan con diferencias. El fenómeno llega tan lejos que existen personas con nombres adoptados a nuestra escritura, como: Genris por Henry; Jaivanjó/Jaivanjóe por Ivanhoe, tomadas de formas inglesas. Y, caso contrario, confusión fonético-ortográfica de Rosebel o Rosevel por Roosevelt, procurando trasladar las letras del apellido extranjero a la grafía española. /Habana/ es un topónimo, expresión con la cual individualizamos los sitios y las demarcaciones propias de la división territorial de un país, es decir los nombres propios de lugares. En principio, del topónimo deducimos los gentilicios que nominan origen geográfico o nacionalidad. De la denominación de Málaga derivamos el gentilicio malagueño(a), como de San Juan extraemos sanjuanero(a).

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Los topónimos nacen de una realidad en cada lengua; tiene un origen y una significación, tienen su historia y cuentan con su proyección a través del tiempo. Llamamos Cádiz a una jurisdicción de España, y el origen de su nombre se remonta la palabra Gadir, ciudad fundada por los fenicios en una época “anterior al primer milenio antes de Cristo”. Bajo el imperio romano fue llamado Gades. Más adelante se transformó en Cádiz. Este proceso favoreció el gentilicio “gaditano”, derivado de gaditanus (Gades), forma latina que equivale a natural, relativo o perteneciente a Cádiz. Como se ve, el topónimo puede pasar por varias transformaciones y en cada época, en cada lugar, en cada proceso se le dará el tratamiento conforme al genio del idioma que lo adopte y lo proyecte hacia el porvenir. Enfocado sincrónicamente ¿cómo podrá hacerse en un momento ¿Cómo podría escribirse y pronunciarse de igual manera en multitud de hablas tan diferentes? Más aún, en la presente etapa, de tanto intercambio y de tan múltiples recursos para la comunicación. Imposible que pueda existir una fórmula lingüística única, niveladora, para denominar una región, un país, una ciudad. Cada idioma, cada comunidad de hablantes adoptará las denominaciones que requieran para el intercambio. Y lo harán conforme a la índole del sistema que lo emplee. Lo que para nosotros es Moscú y los franceses, Moscou, será Moscow en inglés y sonará diferente hasta en ruso. Lo que es München en alemán, pasa a Múnich en español. Una localidad de Francia se llama Champagne; en español es Champaña. Nadie nos podrá someter a decir England cuando hemos adoptado Inglaterra. ¿Cómo nos podrían someter a decir y escribir United States of América a lo que hace tiempo hemos traducido como Estados Unidos de América o de Norte América? Podemos decir New York, pero nadie nos privará del derecho de escribir o de pronunciar Nueva York. Lo que es de una manera en mi lengua, se representa en forma diferente en un sistema extraño.

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Lo que el autor dramático francés Pierre Augustín Caron de Beaumarchais tituló Le barbier de /Séville/, pasó al genio y al habla de los italianos como Il barbiere de Siviglia. Lo que para nosotros es Sevilla, es Siviglia para los italianos y Séville para los franceses. Cada parla tiene su forma y su oportunidad para expresarse. Si se hubiese adoptado el topónimo en español, no se habría hecho con las características de los diferentes sistemas. Cada quien en su casa, cada quien en su oportunidad. Es importante que mi corresponsal, Carlos Rafael Núñez, se preocupe por estas diferencias. Ha/b/ana, con fonema bilabial, es la forma usual en nuestra habla, mientras que la escritura con labiodental Ha/v/a ana es la fórmula inglesa. El cambio de /b/ por /v/ resalta inmediatamente, pero no reparamos en la pronunciación, que en nuestro romano resultarán iguales las dos consonantes, lo que no sucede en la otra lengua. Ron Havana Club es un empleo ánglico que sirve para dar cierto relieve, rodear de prestigio ante el consumidor la bebida que se ofrece. Café Havana, con la /v/ foránea, pero con la estructura sintáctica nuestra; o la estructura extraña: Havana Café, es propiciar la oferta a través del idioma que es comercialmente más atractivo por el momento. En el litoral del mar Mediterráneo, que canta Joan Manuel Serrat, existe un cabo lindante entre Francia y España, que en francés se le llama Cerbere, escrito con bilabial /b/ y con un acento llano en la /e/ intermedia. En español se llama Cervera, con labiodental /v/, sin marcar acento y terminado en /a/. Algunas divergencias. Aunque el cabo se encuentra en la frontera de dos naciones, los nombres corresponden a lenguajes diferentes. Por eso se representan con diferente ortografía. Domingo 26 de marzo del 2000, en ruta Madrid/Miami.
17 de agosto del 2000

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“Back to School”
Las temporadas sacan a relucir propagandas comerciales en todos los medios aprovechables de comunicación masiva, como una característica de la sociedad de consumo, que nos inclina y hasta nos perturba con sus mensajes envolventes. Enfrentamos ahora el inicio de clases, el retorno a las aulas. Dentro del año oficial, el calendario comienza con el día de San Valentín y concluye con las fiestas de Navidad, que se apropia de los primeros días del año. Y entre uno y otro extremo, cruzamos por la fecha dedicada a las secretarias, el día consagrado a las madres, el retorno a las clases y la tímida celebración del día de los padres. Y no olvidemos la estrategia de la penetración y de la interferencia lingüística, con los implantes de los últimos tiempos: “halloween” y “thanks-giving”, como predespedida del calendario y calentamiento para el final del año y de unos días del enero siguiente, dentro del plan de explotación comercial y de la anglización de la cultura de estos países dependientes. Precisamente, ahora resentimos los valores culturales, cuando pretenden incidir en la educación con el foráneo: Back to School, y hasta imprimen /S/chool, con mayúscula inicial, un modelo de la lengua inglesa que, de esa manera, tiende a destacar ciertos vocablos. Muchas tiendas, dedicadas a la venta de ropas y de útiles para la escuela comparten el llamado acerca del inicio de clases: De vuelta a clases con él... Súper Pola.

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De vuelta a la escuela, con el rayadito escolar (La Gran Vía). “ De vuelta a clases”, “De vuelta al colegio” y “De vuelta a la escuela” son calcos, traducciones o adaptaciones de la lengua inglesa, para provocar ventas fundamentadas en el prestigio del idioma que sirve a los que hegemonizan política, económica y militarmente. /Back/ es tanto como ‘espalda’, ‘atrás’. /To be back/ equivale a ‘estar de vuelta’. /Back to school/ es ‘estar de vuelta o volver a la escuela’. Pienso que las tiendas en territorio norteamericano deben cubrirse de estos cartelitos que señalan precios sobre los artículos con la leyenda “Back to School”, práctica tan extendida en Puerto Rico, medio que conozco. Llevamos la expresión a términos castellanos para conquistar un mentado “blanco de público” consumidor, en este caso, por necesidad imperiosa. Pero no todas las tiendas se manejan por ese estilo de sumisión y de monotonía. Una frase dominicana sería: ¡A las clases! que, gracias a Dios, uno de nuestros temas le canta así a la escolaridad: ¡/A la clase/, que ya es hora/ de empezar/ nuestra labor! A la escuela bien calzados, dice un anuncio de Plaza Lama, que también recurre a una frase muy criolla: ¡A estudiar se ha dicho! En la escuela todo niño es /Juguetón/, tienda del Centro Comercial Nacional. Y La Gran Vía oferta Súper especial de escolares/ con los mismos precios... Le basta con la palabra /escolares/: ni colegio, escuela, clase, regreso... ni “back”. Por suerte, el “back to school” no está tan extendido entre nosotros. Sin embargo, debe preocupar que algún sector del mundo mercantil pretenda importarlo, imponerlo. Lo presenta con letras bien grandes y, a continuación de la leyenda, incluye un:

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Bolso /D/eportivo Náutica (cuyo valor sugerido es de US$30.00) /P/or la compra de RD$2,000.00, con el anzuelo del valor del regalo expresado en dólares. Vale decir, pareja y mancomunadamente la anglización y la dolarización que, para el caso, es la misma cosa. Con todo, parece que, a pesar de la gran influencia norteamericana, buena parte del comercio es español o españolizado lingüísticamente hablando, o comprende el enfrentamiento de las culturas a través del lenguaje. En mis investigaciones para el libro Confrontación del inglés y el español en Puerto Rico (1971), en Santurce, avenida Ponce de León, 1060, un representante de la tienda “La Gloria” me explicó que ellos no acostumbran a poner letreros o cartelitos en inglés y que sus negocios son igualmente prósperos (p. 131). Pero no debemos soslayar el prestigio que cierto nivel de educación y de pensamiento atribuye a la lengua de los que hegemonizan sobre los pueblos sometidos a la influencia de los poderosos, y que, por tanto, en estos momentos prefieren o se dejan arrastrar por los signos del “dólar” y del idioma que lo sostiene. Calzados Payless se la juega entre una y otra fórmula. Nos estimula en español: Aprende con nosotros... Que aprendamos ¿qué?, si nos transportan en la gráfica de un autobús con un llamativo letrero que dice: Welcome BACK. Una de cal y otra de arena. Aunque no soy usuario de ciertos servicios, debo celebrar que un banco que ofrece /tarjetas de créditos/ para cambiar la figura (cirugía plástica), tan cuestionada en cierto sentido, tenga el valor de llamarse Banco Global, S. A., porque muchos de la nueva ola y de la corriente anglizadora habrían preferido llamarse: Global Bank... (con o sin el) S. A.

Rafael González Tirado

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Aunque les reconozco utilidades, no me entusiasmo con las tarjetas de crédito. Respeto a quienes se inclinan por la cirugía estética y doy mi apoyo a quienes la necesitan. Eso sí, reconozco los préstamos -válidos- dentro del lenguaje, pero me permito rechazar la interferencia y los usos innecesarios. Sólo aquello que es lógico, útil y pertinente dentro de un mundo que debe ser de intercambios con igualdad.

7 de setiembre del 2000

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Ynchausti/Incháustegui o el acento tiene sus bemoles
/Incháustegui/ es voz esdrújula (proparoxítona) y a todas las esdrújulas se les marca el acento o tilde. Es esdrújula a causa de que porta la mayor carga tónica o refuerzo del impulso espiratorio y muscular en la antepenúltima sílaba, es decir, en la tercera sílaba, a partir de la final, que es como se tiene en cuenta para la clasificación según el lugar donde cada palabra lleve el acento. Si algo existe en la gramática española que permite dominar un área de la escritura es la acentuación ortográfica. Las reglas son pocas, sencillas y claras; fáciles de recordar y de aplicar. Sin embargo, nuestras páginas: cuadernos de clase, documentos de oficinas privadas u oficiales; redacción de abogados, de notarios y de otros profesionales; libros, periódicos, revistas etc. revelan ausencia, presencia y contradicciones en el empleo de la tilde. Recientemente he recogido la siguiente muestra: “Luis Ynch/á/usti era (o es) más un hombre de Medina [Danilo] que de Fernández [Leonel], aun cuando fuera este último quien pusiera en sus manos el dinero que repartió” (El Siglo, 17 de octubre del 2000, columna 1, página 6A). Y apenas este martes, en un recuadro con el título de “Investigaciones”, material que en la jerga de la prensa llamamos “despiece”, se repite: “...Bello Rosa (Procurador General de la República) aseguró que las investigaciones están bien avanzadas y que de las personas relevantes

Rafael González Tirado

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sólo falta por interrogar a Luis Ynch/á/usti...” (El Siglo, 31 de octubre del 2000, página 10A). Hay en esas utilizaciones paralelismo gráfico entre Ynch/á/usti e Inch/á/ustegui, con tilde sobre la misma vocal, lo que no representa necesariamente el mismo lugar, desde el punto de vista de la clasificación de las palabras en agudas, llanas y esdrújulas, y cuyas reglas de aplicación ortográfica nos llevarán a discernir acerca de si debo marcar o no el acento al apellido Yn/chaus/ti, que lo lleva en la penúltima sílaba, mientras que In/ cháus/tegui lo lleva en la antepenúltima. Alguien ha puesto, alguna vez, ese rasgo o rayita en peri/ó/dista y en peri/ó/dismo, por reflejo o analogía con el término peri/ó/dico, que es voz esdrújula, y, junto con las sobresdrújulas, siempre lleva virgulilla. Pero perio/dis/mo y perio/dis/ta son términos llanos, breves o graves (paroxítonos), en razón de que la mayor elevación del tono de la voz recae, en cada caso, sobre la segunda /i/, que es la vocal de la penúltima sílaba: /dis/. Por tanto, se trata de dos palabras llanas terminadas en vocal. Una regla de ortografía señala que deberá marcarse la tilde a las voces llanas que terminen en consonante: azúcar, ágil, césped; pero no a aquéllas que terminen en vocal o en consonantes /n/ o /s/, como periodismo/periodistas/escriben . Si retengo esta regla, podré recordar -deducir- que no debo poner la virgulilla sobre ninguna vocal de Ynchausti, porque: a) No es Ynchaus/tí/, palabra aguda (oxítona) terminada en vocal; b) No es esdrújula: /Ý/nchausti: Y=I; c) No es grave terminada en /r/, /d/, /l/ ni en otra consonante diferente de /n/ o /s/, sino que concluye en vocal; por lo tanto, no tengo que pintar acento alguno. A veces ponen acento a /bién/, porque se recuerdan de /también/ ; o a /pués/, porque tienen presente a /después/. Así varias más. Pero ni /

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bien/ ni /pues/ lo reclaman, por ser monosílabos; y /pues/, además es voz átona . Sin embargo, /más/, adverbio de cantidad, lo requiere a título de discriminación: para que no se confunda con la conjunción /pero/, empleo diacrítico, es decir, de excepción: No iré a estudiar esta noche; /mas/ , te enviaré el libro. Si pongo tilde a /ór/den (llana) es porque la confundo con /ór/ denes (esdrújula). Al pluralizar con /e-s/, se produce la elongación de la palabra: el refuerzo de la entonación está sobre la misma vocal, pero no sobre la misma sílaba. Puedo utilizar las palabras íntimo/intimo/intimó. Dos de ellas llevarán el rasgo sobre una de sus vocales: /í/ntimo (adjetivo) e intim/ó/ (verbo). La otra carece de esta señal: int/i/mo (verbo). No puedo, de memoria, poner o suprimir la marca, ni por capricho ni por descuido. Lo debo analizar: /í/ntimo es esdrújula, siempre lo lleva; intim/ó/ es aguda; en principio, todas las agudas de más de una sílaba, terminadas en vocal o en consonante /n/ o /s/ soportan la rayita; int/i/mo, primera persona, presente de singular del verbo /intimar/ , cuyos significados son ‘trabar amistad profunda’ y ‘notificar una orden por medio de funcionario competente’, no reclama el rasgo de la entonación, por ser palabra llana, grave o breve terminada en vocal. Un nieto de cinco años me pide: -Cribe Pólito. El niño quiere decirme: Escríbeme Hipólito, refiriéndose al presidente de la República. En verdad, hago lo que él me dice: Pólito. Y le pongo su rayita bien destacada sobre la primera /o/. Y el nieto, refiriéndose al acento, pregunta: -¿Qué letra es ésa? No encuentro rápidamente una respuesta adecuada a su entendi-

Rafael González Tirado

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miento infantil. Sólo pienso: ¿Por qué le dejo el acento si ha variado la palabra? Analizo y cuento sílabas de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Me doy la explicación y aún así no me quedo tranquilo. ¿Por qué mi preocupación? Por las tantas travesuras que se atreve con nosotros ese signo tan pequeño y ¡tal vez! tan insignificante.

2 de noviembre del 2000

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Disuadir/persuadir
Persuadir es actuar para que una persona haga algo que nos interesa o creemos conveniente. Disuadir es aconsejar para que alguien no haga aquello que, entendemos, puede traer perjuicios o que no nos interesa que se realice. Es actuar con razones para convencer en uno u otro sentido. Lograr que se cambie de idea en relación con un asunto, que se piense o se actúe de otra manera, o que se deje de lado una actuación programada. Si una persona está proclive o adelanta que va a renunciar como miembro de un triunvirato de gobierno o de magistrado de la Suprema Corte de Justicia, dos actitudes divergentes podrían surgir en torno a esa situación o expectativa: -Algunos podrían actuar u opinar para que tal persona cumpla su promesa de dimitir del cargo de que se trata (persuasión); -Otros actuarían u opinarían para que tal voluntad, inclinación o decisión no llegue a concretarse (disuasión) Voy a entregarme a una aventura peligrosa, expuesta, pero importante, “auspiciosa”, “rentable”. Alguien pretenderá que debo hacerlo, que es importante para mi vida o mi carrera; tratará de persuadir. Pero otro opinará que tal riesgo no vale la pena, que se puede exponer mucho más de lo que se procura; tratará de disuadir. Recientemente Fidel Castro ha dicho en Caracas: “Ayúdenlo ustedes, persuádanlo sus amigos y pueblo. No les quepa la menor duda que sus adversarios tratarán de eliminarlo”.

Rafael González Tirado

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Se está refiriendo al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, inspirador, iniciador de transformaciones políticas, sociales y económicas en su país (El Siglo, Fidel Castro advierte sobre intentos de matar a Chávez, 28 de octubre del 2000, p. 19A). Persuadir: aconsejar, recomendar para que se cuide, para que proteja su vida. Tomar medidas, hacer, actuar en una dirección. Otro modelo: “El profesor Stavans tiene dos hijos: Joshua de ocho años de edad e Isaiah de tres. A ambos les está enseñando español e inglés y no los disuade, en lo más mínimo, a que experimenten y se comuniquen en espanglish” (Listín Diario, El profesor de espanglish, por Jorge Ramos Avalos, 28 de octubre del año 2000, p.19A). /Disuadir/. ¿Acaso está bien utilizada? ¿Debió escribirse /persuadir/ o /disuadir/? L. V., reportero de El Siglo, pone el verbo /disuadir/ correctamente en labios del Procurador General de la República: “...Bello Rosa (Virgilio) reiteró que el trabajo que realiza la Procuraduría tiene la finalidad de castigar los actos de corrupción como tales y disuadir esas acciones ilícitas contra los fondos del Estado (Prevención Corrupción investiga ex director Ceagana, 11 de noviembre del 2000, p.11A). Es un uso apropiado del verbo /disuadir/ contrariamente al del columnista Ramos Avalos, recorriendo, sabe Dios, por qué interferencia lingüística. En la novela La muchacha del Ideal Rosales, Pedro Mata, novelista popular español de las décadas de los años treinta y cuarenta (Editorial Tor, 6 de marzo de 1952, Buenos Aires, Argentina) traza los dos vocablos: “Esta seguridad acabó de persuadirla. Pasó el día muy contenta, charlando mucho, quizá excesivamente; en el fondo un poquito nerviosa. Al caer la tarde, conforme la luz se iba debilitando, se empezó a deprimir y pidió confesarse. Ricardo, temeroso de que este acto trascendental pudiera

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emocionarla demasiado intentó disuadirla; pero Manrique, que se hallaba presente, intervino: “- Nada, déjela usted; lo que ella quiera. A los enfermos no se les debe contrariar nunca en estas cosas. Si quiere confesar, que confiese.” Son dos momentos del manejo del pensamiento. En el primer orden, se trata de tranquilizar a una persona acerca de que no se iba a producir un acto de intervención quirúrgica; y la paciente fue persuadida (convencida) de que no le “abrirían el vientre”, sino que sólo le darían un “pinchazo”. Mientras que la acción de disuadir está dirigida a que no se produzca la confesión, acto trascendental en la precariedad de la salud de la personaje, próximo a morir . /Persuadir/ es convencer. /Persuadirse/ es convencerse, llegar a saber o creer algo con seguridad. Persuasión, persuasivo(a) persuasivamente, persuasor(a), persuasorio(a), son familias de este verbo. /Disuadir/ también es convencer, pero en dirección contraria, porque se trata de inclinar a alguien para que no haga una cosa, para que desista de hacerlo. Presenta un cuadro de familia de palabras similar a persuadir: disuasión, disuasivo(a), disuasivamente, disuasor(a), disuasorio(a). Un diccionario de sinónimos podría darnos estas posibles sustituciones del verbo persuadir: convencer, mover, decidir. Para disuadir nos ofrecerá: apartar, desaconsejar. Ambas voces serían presentadas como antónimas, una de la otra. Un diccionario corriente, muy popular, que estoy manejando para este punto de afinidades y desemejanzas, trae en la letra /p/ las entradas: persuasión, persuadir y persuasivo, con buena variedad de sinónimos, mientras que para disuadir sólo tiene esa única entrada. Persuadir incluye convencer, mover, decidir. Persuasión ofrece los sustantivos inducción y juicio. Persuasivo lo relacionan con sugestivo, seductor, convincente. No quiere decir que esa forma sea más rica que la otra o que tenga

Rafael González Tirado

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una estructura morfo-fonemática más apropiada para la utilización, sino que el hablante recurre menos a la forma disuadir, dueña del prefijo de negación, quizás por la tendencia y a la pro-acción del otro verbo. Playa Chiquita, Palmar de Ocoa, 5 de noviembre del año 2000.

16 de noviembre del 2000

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Gascue/Gazcue
A Freddy Beras Goico, por su inquietud y por su sinceridad Primera parte Introducción: El establecimiento comercial de la calle Santiago, en esta ciudad, extiende constancia del dinero que usted ha avanzado al ordenar un trabajo, que deberá retirar en el plazo que se le indica en el comprobante entregado. Naturalmente, el documento indica la dirección del establecimiento: Calle Santiago No. XXX (entre Dr. Delgado y Pasteur) Ga/z/cue. Santo Domingo, República Dominicana. En una tarjeta de presentación del mismo negocio: Calle Santiago No. XXX (entre Delgado y Pasteur), Ga/s/cue, Santo Domingo, República Dominicana. Una diferencia en la escritura del sector donde está ubicado el local de servicios: una vez con /z/; la otra, con /s/. ¿Es Ga/z/cue o Ga/s/cue? ¿Por cuál me decido? En verdad, al principio me gustó Ga/z/cue. No sé por qué; no podría explicarlo. Pienso que esta predilección ha podido apoyarse en la presencia de la /z/ en mi primer apellido o, cuando menos, no me provocaría rechazo. Pero no lo sé, porque no ha sido consciente. No he tenido el orgullo de letra alguna, como sí le sucedía a un amigo de infancia, apodado Crucito, quien proclamaba con orgullo que su nombre tiene tres /z/: Cruz Féliz Muñoz. Y enfatizaba el fonema fricativo interdental sordo al final de cada nombre. Una vez leí o escuché de un reconocido investigador dominicano

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que ese apellido con /z/ prácticamente no existe en América; pero que uno podía encontrarse de vez en cuando con el apelativo de Ga/s/cue . Así comenzó mi preocupación con esta escritura y estuve inclinado por la forma con /s/. Por largo tiempo he sentido que yo mismo me debo este artículo. Mientras recogía datos, me iba afirmando en la creencia de que la utilización de la /z/ fue una práctica dominicana que se estableció por algún descuido en Santo Domingo desde la introducción de ese apellido. Tal vez fue por falta de información; quizás por preferencia local. A lo mejor operó la analogía y el paralelismo ortográficos, pues tenemos casos de Vásquez/Vázquez y de Velásquez/Velázquez. (Para mayor seguridad, consulte su guía telefónica). Gazcue/Gascue en publicaciones extranjeras: El primer instrumento al cual acudí fue a la Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana, tomo XXV, editada en Barcelona por los Hijos de J. Espasa, Editores, 1924, que reposa en la biblioteca Juan Pablo Duarte, del Congreso Nacional, tomo que perteneció a un señor de nombre Rafael A. Espaillat (1925). En ese tomo se recogen las siguientes entradas: Gascue: lugar de la provincia de Navarra, municipio de Odieta, al norte de España. Gascue y Murga, Francisco: ingeniero, político y musicógrafo español nacido en San Sebastián en 1848 y muerto en el 1920. Gascueña: municipio de la provincia de Cuenca, al centro de España, que se supone fundada por algunos gascones que se establecieron allí. Gascuña: antigua provincia del suroeste de Francia, que tomó su nombre de Vasconia o país de los vascos. En el mismo tomo se recoge algo aproximado: Gás/q/uez: Los Gásquez era para aquella época una aldea de la

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provincia de Almería, municipio de Vélez Rubio, frente al Mediterráneo. Carezco de información acerca del significado de este topónimo. Ni en esa edición del 1924 ni en la edición del 1991 de la Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana se le da entrada al apellido con /z/. Tampoco en su Apéndice, A-Z, publicado en Madrid en el 1996. No aparece nada de esto en el Diccionario enciclopédico Quillet (1972), que he revisado, ni en el Diccionario de las Américas, de Plaza y Janés. No los acoge, en ninguna de las dos formas, el Gran Espasa ilustrado (1999). Tampoco los consigna el Pequeño Larousse ilustrado. A lo que más se aproxima es a Gascuña, golfo del mar Atlántico, entre Francia y España, más conocido como golfo de Vizcaya. En la parte correspondiente al léxico, Larousse incluye el gentilicio /gascón/, de Gascuña. Se trata de un antiguo ducado de Francia, que ya se mencionó, que hoy forma los departamentos de Altos Pirineos, Gens, Landas y parte de otras jurisdicciones. La capital del antiguo ducado era Auch. Se incorporó al Estado francés en el 1453. Gascue/Gascuña/gascón están ligados a la región del norte de España y al Sur de Francia. Gascueña, municipio de Cuenca, centro de la península ibérica, se cree que fue fundada por gascones (franceses). En ninguno de estos términos figura la escritura con /z/.

11 de enero del 2001

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Gascue/Gazcue
Segunda parte Un estudio en la documentación dominicana: En el opúsculo Toponimia, publicado en el 1972 por la Sociedad Dominicana de Geografía, Carlos Larrazábal Blanco comenta que es digno de conocerse el origen de los nombres en la antigua ciudad de Santo Domingo, y explica que Ga/s/cue recibe esa denominación en memoria del /C/ontador Francisco Gascue y Olaiz, y ubica su ejercicio entre 1754 y 1780. En la obra Cesión de Santo Domingo a Francia (Correspondencia de Godoy, García, Roume, Hedouville, Louverture, Rigaud y otros, 1795-1802), Emilio Rodríguez Demorizi (1958) refiere una vez el nombre de Martín Gascue (p. 216) y varias veces el de Francisco Gascue (ps. 119, 124, 128, 130 y 131). La mención de Martín Gascue se encuentra en carta del 16 de junio de 1797 del gobernador de la isla, Joaquín García, mediante la cual informa a Manuel Godoy, Primer Ministro español, Príncipe de la Paz, que ha comunicado a Martín Gascue, teniente retirado, agregado a la plaza de Santo Domingo, “el permiso que la piedad soberana le concede para permanecer en esta Isla tres años después de la evacuación para vender los bienes que posee según se me manda por real orden del 22 de febrero de este año”. Se refiere a la evacuación de los españoles con motivo del Tratado de Basilea, cesión de Santo Domingo a Francia. Son once las menciones del contador oficial real, Francisco Gas-

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cue, y están contenidas en cuatro cartas que van desde el 11 al 30 de agosto de 1796, en medio de cuestionamientos acerca de la lealtad de don Francisco como súbdito español. En Invasiones haitianas del 1801, 1805 y 1822, el mismo autor (Editora del Caribe, 1955) menciona dos veces a Francisco Gascue (p. 125, nota número 45, y p. 131). En esa misma obra se menciona a Martín Gascue, en retiro, sustituido como “teniente de la Octava Compañía del Fijo” por Ramón de Paula o Ramón Gil. Ver nota 102, p. 231. En su estudio Manuel Rodríguez Objío (Poeta-Restaurador-HistoriadorMártir), publicado en el 1951 por la Editora Montalvo, Ramón Lugo Lovatón recoge (p. 251, nota número 163) un acta del Ayuntamiento de Santo Domingo, que contiene la resolución del 11 de octubre de 1926, mediante la cual una calle de esta ciudad recibió el nombre de Manuel Rodríguez Objío. El único artículo de dicha resolución expresa: “Art. único.- Denominar Manuel Rodríguez Objío la calle de esta ciudad, situada en el ensanche Gascue, hasta la fecha denominada (sin denominación)” (sic). La medida del cabildo está firmada por el vicepresidente en funciones, doctor Jacinto S. Mañón, quien fue el edil proponente, y por el secretario José María Pichardo. Todas las citas y menciones anteriores del apellido y topónimo están transcritas con /s/, tal como figuran en las obras citadas. Con todo, Ga/z/cue aparece en la p. 397 del tomo I de la obra Santo Domingo. Dilucidaciones históricas (1927), de Fray Cipriano de Utrera, publicada en edición facsimilar en el 1978 por la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, VI Feria Nacional del Libro: “... los Jesuitas fueron barridos brutalmente de España y sus dominios por real decreto secreto de 27 de Febrero de 1767, puesto en ejecución el 2 de Abril del mismo año, aunque suponemos que hubo retardo para su ejecución en esta isla, dado que hasta mayo no entraron en funcio-

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nes el Tesorero Gazcue y el contador Esparza (sic) al hacerse cargo de las temporalidades de los Jesuitas”. A pesar de la tendencia de las últimas décadas, la documentación histórica y el manejo de nuestros grandes historiadores aconsejan desacostumbrarnos de la práctica con /z/, puesto que las pruebas escritas se inclinan por la escritura con /s/. No obstante, tengo la percepción de que la mayoría piensa que la escritura es con la /z/. Pero hay vacilación. He dado fe de ello al inicio de mi exposición, con el caso de una entidad de comercio que autoriza Ga/s/ cue en un documento y grafica Ga/z/cue en el otro. Hice este comentario en el establecimiento de la calle Santiago, y una empleada, muy eficiente y muy amable con los clientes, leal, además, con su patrono, lo defendió con orgullo: -El señor Fulano es muy cuidadoso y muy exigente con todo lo que aquí se escribe. No lo dudo. No hay por qué dudarlo. No son culpas de él; ni siquiera son culpas de España. Mejor culpemos al tiempo, porque ese infeliz no tiene quien lo defienda en esta causa.

18 de enero del 2001

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En torno al lenguaje del presidente Hipólito Mejía
Me complace la sencillez en el empleo del lenguaje. Me gusta la espontaneidad, la identificación con las formas propias del medio, la autenticidad de la persona que comunica. Creo que tenemos derecho a hablar con el léxico cotidiano, con los giros y con los refranes que matizan nuestro lenguaje. Hablar de sancocho, decir que alguien entró como perro por su casa, conjugar hubieron, cuando la gramática recomienda hubo; pronunciar inte/ r/perie, aunque lo correcto sería inte/m/perie, son características del dialecto de los dominicanos, que debemos analizar, valorar antes de condenarlas. Hay personas jocosas, ocurrentes, despachadas o desinhibidas de boca para soltar expresiones sin ningún miramiento: baboso, saquitos de poliéster, abogados de quinta; no hablen tantas pendejadas; Fulano se pasó de la raya; Zutano, que cuide su cartón; no le hago caso (a una protesta). ¿Por qué no lo hicieron hace cuarenta años? Hay quienes nacen inclinados para salir con ocurrencias; emplear un lenguaje llano o filoso, o que consideran que son más simpáticos o más efectivos con este tipo de lenguaje y con esta naturalidad o repentismos. Hipólito Mejía Domínguez, uno de los mandatarios que mayor simpatía ha despertado en los últimos tiempos, anda por esos caminos. Y la idea o la intención son válidas, sólo que todo tiene su momento y su nivel, y esto hay que comprenderlo. Porque a veces la espontaneidad rompe el saco. A ratos, el actual jefe del Estado luce agradable, sencillo, natural;

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provoca adhesiones. Y me gusta la gente así… Pero todo tiene un límite. Y en tan corto tiempo del mandato presidencial, me “inquieta grandemente ver a un hombre bueno, inteligente, técnico capaz, empresario exitoso [...] abordar algunos asuntos con términos que dejan mucho que desear”, tal como lo afirma el sociólogo Danilo P. Clime en el artículo “No me gusta como habla”, de su columna De vara y pendón, del diario El Siglo (p. 6B del 13 de febrero del 2001). Es decir, que con Hipólito tomo y dejo. Unas de cal y otras de arena. Cuatro años en ese trayecto sería una carga que difícilmente se acomode. Hipólito -en esa forma de nombrarlo llanamente, porque lo sentimos tan sencillo y tan cerca de nosotros- debe escoger las palabras, apreciar los niveles del habla, respetar las circunstancias y administrar los silencios ¡Administrarlos! ¡Cuánta sabiduría encierra esta expresión! Analicemos algunas ocurrencias: a) El mandatario se despacha con la prensa acerca de los posibles cambios en el gabinete para la fecha del 27 de febrero: “Ustedes, los periodistas, se meten porque les da la gana de meterse en todo, de intrusos”, aunque al final suelte una carcajada para paliar el juicio y el calificativo incluido (intrusos) y convertir su discurso en jocosidad. b) La reprimenda (o boche) adjudicada públicamente al doctor Guido Gómez Mazara, su consultor jurídico, que provocó que éste hiciera aprestos para retirarse del cargo por la forma en que el presidente reprobó que criticara la acción policial en contra de los médicos el pasado 13 de febrero; significar/le/ que ésas no son sus funciones y recomendar/le/ que “cuide sus cartones”, para luego decir que fue una acción de un padre hacia un hijo, y que todo padre puede hacerlo con su hijo en forma pública o privada, según lo refirió el funcionario afectado con la reprensión. Aparte de todo cuanto envolvió la forma del lenguaje utilizado, Hipólito debe advertir que, al recomendarle a Guido que cuide sus cartones, el público pensará que el consultor jurídico está fallando en algunos

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de sus deberes. Y esas especulaciones son gratuitas y no deben provocarse innecesariamente. c) En la columna “Citas que son Noticias”, página 2 de Última Hora del viernes 16 de febrero, se recoge esta declaración del representante del Poder Ejecutivo: “No conozco los detalles -de la declaración de Joaquín Balaguerpero no sé de dónde sale eso -la decisión de construir obras deportivas en el Parque Mirador del Este-; yo no he autorizado eso. Ahora, clase de ecología no me puede dar mucha gente”. El presidente debe tener en cuenta que toda expresión es objeto de interpretación, de diferentes lecturas; que cada frase puede envolver un metamensaje. Además, él mismo se ha quejado de que la prensa coloca a veces las declaraciones fuera de contexto. Publicado así (aquello de las construcciones en el Parque Mirador del Este), más de una persona entenderá que Balaguer no le puede dar clases de ecología a Hipólito. Balaguer es sereno; estudia, sobrestudia. Balaguer es coherente con su autoestimación y consecuente en sus determinaciones. Hipólito ha sido respetuoso y cordial con Balaguer. Ha admitido, directa e indirectamente, que necesita su apoyo. Hipólito debe cuidarse de la prensa; pero primero debe cuidarse de sus declaraciones tan espontáneas, sinceras y radicales. ¿O es que ya desamarró la chiva del patio de la casa número 25 de la avenida Máximo Gómez? Playa Chiquita, Palmar de Ocoa, domingo 18 de febrero del 2001.

1 de marzo del 2001

Rafael González Tirado

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Márketing/marketinero
Primera parte

El anglicismo márketing, por ‘mercadeo’, se ha extendido en las últimas décadas dentro de nuestro idioma y parece imprescindible para ciertos usuarios, particularmente para los profesionales del área de negocios y actividades afines, como los publicistas, así como en las crónicas de la farándula y entrenadores en la disciplina. Está en los manuales, en artículos e informaciones de la prensa diaria, en las revistas especializadas y en la información general; en los programas de radio y en la televisión. En fin, márketing se hace sentir en donde quiera que se trate el tema de las acciones y de las técnicas que se basan en el estudio de mercado para establecer el sistema conveniente de comercialización y para estimular y satisfacer la demanda de posibles consumidores. En una columna sobre publicidad, el periódico Hoy, 15 de setiembre de 1995, p.2D): “... no son pocos los casos en que un hijo [...] intenta aplicar las nuevas corrientes de márketing y economía, encontrándose con la pared incólume del “viejo” (el padre) y sus estilos anticuados (pero que le han rendido numerosos millones de pesos y de dólares)”. Una opinión de un columnista se refiere a la inclinación sexual del cantante Ricky Martin: “...la revelación hecha en ese sentido [...] es parte del márketing de ese artista”.Se publicó en El Siglo del 12 de julio de 1999, p. 9C. Contamos con un Márquet TV, canal 14, de Telecable Nacional,

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y hemos disfrutado de la promoción que hacen varios centros de gerencia política para el Caribe y América Latina acerca del “II Curso Inten/c/ivo de Márketing Político”, que se celebrará entre fines de abril y principio de mayo en la ciudad de Miami. Es lógico que centros de esa ubicación no puedo hablar de su origen- incluyan el anglicismo en lugar de /mercadeo/. Pero deben cuidarse de no escribir II CURSO INTEN/C/IVO DE MÁRKETING POLÍTICO, con una /c/ que afecta nuestra ortografía. Con escritura a la inglesa, o si la adaptáramos al español, m/á/rketing es una realidad en cierto nivel de utilización en toda América y en España. Se le encuentra en el español general y a nivel técnico, correspondiente a la materia del mercadeo, mercadotecnia y mercadología. Se ha generalizado en nuestro medio llamar a admisión para cursos de /márketing/, término que da prestigio a las organizaciones y a los técnicos que lo emplean en este mundo neoliberal, de globalización y de libre comercio. Con todo, nuestras instituciones académicas llaman a inscripción para cursos de mercadeo, mercadotecnia, no con el otro lenguaje, y esto lo hacen por respeto a valores culturales entendibles y apreciables. Manuel Seco (Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, Espasa Calpe, novena edición, décima reimpresión, Madrid, 1995) introduce márketing, pero remite a la voz mercadotecnia. Fernando Lázaro Carreter, ex-director de la Real Academia Española, celebra que mercadotecnia, equivalente a márketing, se abra camino “aunque sea a paso de procesión” (El dardo en la palabra, Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores, Barcelona, 1997). En el Manual del español urgente (Ediciones Cátedra, Madrid, 1994), la Agencia EFE coloca “MÁRKETING” entrecomillado, y remite al vocablo mercadotecnia, preferido por el Manual, y lo define como conjunto de principios y prácticas que buscan el aumento del comercio, especialmente de la demanda, y estudio de los procedimientos y recursos de que se sirven”.

Rafael González Tirado

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Reconociendo la penetración del anglicismo, y contrariamente a como lo había hecho en el mencionado Diccionario de dudas..., Manuel Seco (y Olimpia Andrés y Gabino Ramos) en su magnífico Diccionario del español actual incluyen las voces márketing y marketizar, pero no remiten a ningún término español. Aunque sí nos ofrecen un singular y divertido ejemplo empleado por Manuel Vásquez Montalbán en su obra Los mares del Sur (1979): “Ejerce la prostitución como si preguntara la hora. Tal vez sea una nueva técnica del /márketing/ puteril”.

19 de abril del 2001

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Márketing/marketinero
Segunda parte

Los lexicones de los últimos lustros dan cuenta del ingreso de márketing en nuestro vocabulario. No es término que se introduzca a través del nivel coloquial de la lengua, sino por la vía de la expresión formal, por el intercambio comercial y su cultura correspondiente, incluido el lenguaje. Es un préstamo que se difunde tan rápida y tan alegremente que no da tiempo para pensar en la necesidad de la utilización. Y se supone que aquéllos que lo emplean sienten orgullo de escribir o de pronunciar márketing, que les parece mejor que mercadeo. Con alguna frecuencia, un préstamo léxico se hace imprescindible. Ha sido así y es así ahora más que nunca. Se comprueba tan pronto dos lenguas entran en contacto. El fenómeno se siente desde que algo nuevo ingresa a una cultura que lo reclama o que se acomoda a la manifestación de lo foráneo. También sucede cuando el vocabulario afectado es débil lexicalmente en un determinado punto. Merc/a/do (español), m/á/rquet (inglés), tienen la misma raíz latina: mercatus. Este hecho favorece el intercambio. A lo largo de siglos, hemos podido desarrollar derivaciones en español: mercader, mercadero(a), mercancía, mercadería, mercaduría, mercaderil; mercadillo, mercadear, mercadista, mercante, mercadante; mercantil, mercantilizar, mercantilización, mercantilizable, mercantilismo, mercantilista, mercantilmente; merca, mercar, mercachifle, mercachiflería. Los neologismos: mercadeo, mercadología, mercadológico, mer-

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cadotecnia, mercadotécnico(a), mercadológicamente. Sin olvidarnos de mercenario y mercenariamente, que tienen la misma raíz. Y las construcciones: -tren de mercancías, el que sólo transporta géneros o productos, llamado popularmente ‘el mercancías’; -hacer o poner oídos de mercader: no poner caso a lo que se le dice. Cabe afirmar, en este punto, que la penetración del anglicismo no se debe a pobreza léxica del español, puesto que el idioma ha desarrollado multitud de palabras a partir del latinismo mercatus. Podría deberse a la identificación de la raíz de la cual se origina el vocablo en ambas lenguas, pero mucho más al prestigio del inglés frente a nuestro idioma en esta área de influencia del poder norteamericano. Un intercambio en la sede de la Real Academia Española, Madrid, 7 de marzo del 2000, trajo a cuento esta anglización. Fue en una sesión de trabajo para tratar acerca del proyectado Diccionario normativo de dudas, título provisional. Durante los debates, la doctora Ofelia Kovacci, presidente de la Academia Argentina de Letras, correspondiente de la Real Academia de la Lengua, sacó a relucir el uso en su país del término marketinero: -Una persona es (muy) marketinera cuando tiene habilidad para conseguir mercados; -Una obra de teatro o una película es marketinera cuando atrae mucho público. -Un actor o un cantante es marketinero cuando goza de popularidad y en sus presentaciones llena la sala. Así las cosas, aún con la asimilación de la /k/ en la escritura de valiosos diccionarios, hay que ir pensando en la adaptación a la ortografía española. En verdad, algo se ha hecho. Y, a lo mejor, mientras la doctora Kovacci explicaba acerca de la extensión del neologismo en su país, no estaba pensando en otra forma que no fuera en la escritura acomodada a

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nuestro uso: márquetin/marquetinero. El cantautor Eduardo Aute autorizó un dibujo con leyenda a su colega Alberto Cortez (1983), en el que le deja saber que: “La canción popular ha muerto a manos del márqueting...” Escrito de su puño y letra. Fue un paso la /qu/ en aquella época, aunque ya podamos atrevernos a suprimir la /g/ final del sufijo en inglés y marcar el acento sobre la / a/. Y no hay lugar para aspavientos, que muchas cosas faltan por ver, aunque ya los panameños se habían alarmado cuando se le dio entrada en la lengua a /márketing/. Así lo refirió doña Elsie Alvarado de Ricord, directora de la Academia Panameña, en el mismo encuentro de Madrid, que se celebró el pasado año. Habrá que averiguar si la entrada al diccionario era /márketing/ o si lo “desanglizaron” con acento en la /á/, con / qu/ y sin la /g/ final: /márquetin/. Faltan, llegan muchas palabras al idioma. Algunas son bien recibidas, otras no. Algunas enriquecen; otras... Necesidad y buen gusto intervienen en uno u otro caso. En este orden, la oportunidad del vocablo es esencial. Con todo, hay palabras que encandilan. Ya lo dijo Amando de Miguel, con su reconocida ironía, en el libro La perversión del lenguaje*: “El contenido de algunos términos es lo de menos cuando la sonoridad queda asegurada.” Así de débiles y de caprichosos somos los hablantes.
*Colección Austral, Espasa Calpe, tercera edición, p. 29, Madrid, 1994.

26 de abril del 2001

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Un /accedio/ que no nos permite acceder
Encuentro en la edición de El Siglo de este último domingo (18III-2001) /accedio/: ¿un neologismo o una escritura nueva para un término ya conocido? Está utilizado como sustantivo. Alguien (RP) pregunta: “Luz como tú manejas el /accedio/ de los hombres. Cuántos hombres promedio a la semana se te declaran..?” Son dos preguntas. En recta escritura española, dos preguntas reclaman, en principio, cuatro signos de interrogación: una interrogación inicial en cada uno de los inicios de la frase, e igualmente al final. En el párrafo citado sólo se coloca la interrogación final al término de la segunda frase. Debió estamparse el signo de interrogación inicial antes del como, que, a su vez, debió estar precedido de una coma y llevar tilde ( acento ortográfico). Procedía cerrar la primera pregunta (?) después de /hombres/; y ahí mismo abrir la segunda pregunta, antes del adverbio cuántos, interrogativo, que reclama la tilde. Es decir, que, en función interrogativa, cómo y cuántos deben distinguirse con el acento diacrítico, lo cual no se hizo con el primero de ellos. Recojo el dato en la tercera página (3A) del diario mencionado. Tiene las características de un espacio pagado que promocionan Remesas Vimenca, Western Union y este periódico. Se dice que esas preguntas fueron dirigidas a Luz García en un pro-

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grama de televisión. El nombre completo de la entrevistada es Luz Margarita Cecilia García Guzmán, una hermosa joven que trabaja para la pantalla chica. Se trata de una versión para la prensa escrita, tipo de trabajo iniciado este domingo sobre entrevistas que se hacen en un programa producido por Search solution, que se transmite todos los sábados por el Canal 23 de Telecable Nacional. Lo que más llamó mi atención fue el /accedio/. Si usted lo busca con doble /c/ en diccionarios, difícilmente lo va a encontrar. Se topará con acceder, que equivale a ‘consentir, convenir’; que no es lo mismo que asediar, asedio. Quizás lo contrario, porque /asediar/ es ‘importunar, molestar’. En la jerga militar o de guerra, equivale a ‘poner sitio a una plaza fuerte’. Entonces, el /asedio/ es ‘cerco, sitio’. También, ‘importunidad, molestia’. Uno encuentra varias palabras con /acce/ al inicio, como accesible, accesión, accésit, acceso y accesorio; pero no aparece aquella otra que motiva las reflexiones de esta fecha. El sentido de las frases citadas evidencian que, al transcribir las preguntas, hubo una desviación en la ortografía, y se cayó en el yerro de confundir la /s/ de asedio con las dos /cc/ de acceso, acceder. El periódico está claro en su capacidad y en su responsabilidad ante el lector, pues en esa misma fecha se emplean correctamente -desde el punto de vista ortográfico- el verbo asediar en sus inflexiones de participio/ adjetivo: 1.”Cansado de ser /asediado/ por La Jo, Cantinflas (la cursivas son de mi responsabilidad) cegó la vida de éste, quien lo requería como amante”. Lo emplea Tony Pina en el resumen de su crónica dominical acerca de “El crimen y su historia” (sección Enfoques, p.9F), con el título “Trágico final de una relación homosexual”).

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2.El “Aserrín” de la “Página de los lectores” (8B) de El Siglo, también inicia sus comentarios de la misma fecha: “El pasado jueves 15 de este mes, la secretaria de Educación, / asediada/ por las demandas de los profesores, en particular por el justo reclamo de aumento salarial...” Son utilizaciones en espacios de responsabilidad directa dentro del medio de comunicación. /Asediado/, en el primer caso, /asediada/, en el último, responden al sentido y a la grafía de la palabra en cuestión: ‘cercar, acosar, molestar’. Asedio es voz latina registrada en nuestra lengua desde el s. XV en el sentido de ‘cercar un punto fortificado’. Como ‘importunidad y acoso’, lo encontramos a partir del s. XIX. ¿ De dónde puede provenir el error de escritura que cambió la /s/ por /cc/? Quizás la informática (lenguaje de ordenador o computadora) ha dejado su influencia: accesar, que tanto se usa en esta materia. /Access/ es ‘entrada’ en inglés: accesar a un programa... De tal cruce de letras ha debido generarse el accedio a la señorita Luz García. Una cosa es hablar, explayarse verbalmente, y otra distinta es llevar los símbolos de la oralidad al código de la escritura. Simplemente estamos suponiendo lo que pudo suceder. Siempre hay una confusión, un “antecedente” en los errores ortográficos.

22 de marzo del 2001

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Usamericano/usaunidense
Usamericano anda por ahí, como se dejan caer esas palabras. Aun sus pasos son tímidos e inciertos. A veces los neologismos tienen éxito, pero no se pueden imponer a los hablantes, sino que son estos últimos quienes deciden la suerte de la criatura. Ya no me acordaba de mi primer contacto con el vocablo. Lo encontré en El dardo en la palabra, de don Fernando Lázaro Carreter que, en un trabajo con el título “Afirmativo-negativo” (1984), comentaba esa expresión de los taxistas de su país para comunicarse con la central: “El operativo malagueño, la chica de la agencia, la central de los taxis…¡con qué rapidez se han adueñado del modo usamericano […] sustituir el yes y el not por no!” En el sitio donde he colocado tres puntos en medio de corchetes, el ex-director de la Real Academia Española de la Lengua hace la siguiente acotación: “…-gracias, José Ortega Spottorno, por la invención de este vocablo”.Vale decir, por el término usamericano. Lo marqué al leer su obra; lo registré en mis notas, pero muy pronto me olvidé de él. En aquel momento, don Fernando tuvo la información disponible: la invención del vocablo, atribuida a Ortega Spottorno. Sin embargo, luego surgieron materiales que dan cuenta de que el académico Emilio Lorenzo incluye el uso en su obra Anglicismos hispánicos (p.556) y agrega el dato de que Félix Rodríguez lo emplea (1991) en su libro Prensa y lenguaje político. La Real Academia Española ha pasado una consulta (Hoja lexicográfica) a todas las academias asociadas, acerca de si usamericano es voz cono-

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cida en los diferentes países representados en las instituciones locales. Intrigado -como decimos los dominicanos- por la utilización de dicha palabra, hice contacto con la Academia, la cual me envió material y me recomendó comunicarme con el académico Carlos Joaquín Córdova, director (presidente) de la corporación ecuatoriana. Fue de este colega de quien recibí la información de que el propio don Emilio Lorenzo, aunque señala que Félix Rodríguez incluye el término en su libro del 1991, en dato final reconoce que “usamericano es término adoptado por Córdova (Carlos Joaquín), passim en su libro “Un millar de anglicismos“. En efecto, alrededor del 1982, el maestro ecuatoriano había incluido usamericano en el manuscrito de su obra mencionada. Pero este trabajo de investigación es tan complejo que el propio Córdova no puede precisar si él mismo lo creó o dónde pudo haberlo recogido. Y anda ahora detrás de un antecedente que defina el origen del neologismo. El término ampliaría, sin discusiones, el renglón de los sinónimos de estadounidense, que es forma reservada para los habitantes del centro de /América/ del Norte, que tiene a Méjico al sur y a Canadá hacia arriba. Otros sinónimos, con diferencias de matices son yanqui y gringo. No discuto exactitudes, aunque norteamericano es de indudable impreasión, puesto que también lo son canadienses y mejicanos, y hasta los naturales de Alaska, en el extremo norte del territorio. Con todo, americano, gentilicio que “estos” mismos se han impuesto, y que en gran parte se ha aceptado en el resto del mundo, carece de validez, porque americanos somos todos los del continente. Por tal, en la canción Los americanos, de Alberto Cortez, o hay ironía -la cual abunda en su realización literaria-, o hubo necesidad de ajustar la medida de los versos a la extensión o tiempo melódico, ya que, al versificar-musicalizar, americanos tiene cinco sílabas; mientras que, si no introduzco sinalefa (ia) entre las vocales abiertas (ea): nort/e/americanos, tendría siete sílabas. Estad/ou/nidenses tendrá seis o siete, según que, en

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el encuentro /ou/ de la sílaba central /dou/ en esta/dou/nidenses, pronunciamos un diptongo o provocamos que se produzca un hiato (ou). Difícilmente empleo el sintagma Estados Unidos de América, sino Estados Unidos de /Norte/ América, sin dejar de sentir la impresión de que la frase se puede aplicar a otras naciones de la región norte del continente. Pero nos hemos acostumbrado a lo otro, aunque Estados Unidos de América son, además, Méjico, Brasil y Venezuela, oficialmente. El poema “Testamento gaucho”, de Claudio Martínez Payva (o Paiva), difundido por el declamador argentino el Indio Duarte, relata el momento en que el hijo recibe el carnet de identidad que, por la mayoría legal, lo convierte en ciudadano responsable de sus actos. El padre le refiere la dignidad y la nobleza que hereda como norma de sus antepasados, pautándole la conducta que deberá observar para honra de su ascendencia en cada paso de la vida. Al final le dice: Y si un día un extraño de su tierra/ le perdiese el respeto a su bandera,/ ahí, sí, dentre lo varón./ Nunca más hombre/ Nunca más firme/ el brazo y la conciencia./ Americano,/ americano por raza y por orgullo./ Americano a las malas o las buenas,/ caiga el que caiga/. Así llamen a su padre pa’levantar él mismo/ su osamenta./ Que el que mata o perece por su patria/ ha cumplido con las leyes de su tierra. Mi experiencia con el poema es a través de la grabación. Nunca he tenido un libro de M. Paiva a mi alcance. No sé, pues, si en la forma original se escribió argentino o americano. Por cuestión de identificarnos en la “Magna Patria”, o por interés del mercado del disco o del espectáculo, cabe magníficamente: americano, a la buena o como sea. Pero que nadie se confunda con esa identificación. Colocado en el poema, el vocablo no apuntará semánticamente hacia el norte hegemonizador. Se trata de nosotros, de los subdesarrollados, de los dolidos del tercer o ya casi cuarto mundo. Saludos -léxicamente- para el término que pugna por ocupar un lugar de mayor precisión semántica en nuestro vocabulario.

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Sea usamericano, sea usaunidense, que es otra propuesta que acabo de formular, que “flameen todas las banderas” por la identidad de cada patria bienamada.

31 de mayo del 2001

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M/é/lia, Mel/í/a, Meli/á/ o el acento tornasolado
Recojo en un reportaje de Prensa Latina, autorizado por Jorge Smith: “Gato Barbieri lo descubrí por casualidad en el gran salón de actos del Hotel Mel/í/a Cohiba de La Habana. La lectura me hace cambiar la entonación de la palabra, pues me obliga a entonar el acento sobre la /í/: Me-lí-a. Estoy acostumbrado a la pronunciación aguda: Meliá, con refuerzo sobre la /a/: dos sílabas. El reporte me lo convierte en un trisílabo. El trabajo de Smith viene desde el exterior. Normalmente estos materiales llegan con menos despropósitos léxicos y ortográficos que los que ofrecemos aquí. No es que no se produzcan casos; pero son en menor número. Pienso si no seré yo el equivocado. Me están presentando Mel/í/ a-Cohiba: un primer nombre de reciente importación y un Cohiba prácticamente desconocido entre hablantes comunes. ¿Será el mismo Meli/á/ originado o difundido desde las costas del Mediterráneo de la península ibérica? Ya sé que cohiba es ‘tabaco’ en lengua indígena. Además, como he estado en ese hotel de La Habana, también sé que allí pronuncian Meli/á/, no como va escrito en la nota del señor Smith. En la escritura, este apellido se parece a Mejía, por el encuentro final de vocales /ia/, pero Mejía carga y marca el acento sobre la /í/. Se asimila a sufría, dormía, comía, María. De ahí puede venir la graficación equivocada. La escritura, señal para la vista, nos confunde a cada paso. Y

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a cada paso, o de vez en cuando, nos tropezamos aquí con la confusión. El Diario Libre, viernes 21 de mayo (2001) p. 23, reseña: “Alberto Cortez. El cantante argentino llegará el próximo domingo a territorio dominicano. El lunes tendrá un encuentro con los periodistas en el hotel Mel/í/-a”. Así, como Mejía, que, al disolver el diptondo /iá/, presenta el nombre como trisílabo y voz llana. En El Siglo, 16 octubre del 2000, p. 8E, Emely Tours promociona por: “474 US$, 3 noches, Hab. Doble en Hotel Melía, Santiago” de Cuba. El Listín Diario se responsabiliza, hace dos días (martes 7-VIII-01), de escribir Melía, en la promoción del II Seminario Desarrollo de Lectores Críticos (las negritas son del propio periódico), que ofrece su Plan LEA= Listín en la Educación Actualizadas. (p. 11C, seción LEA para Todos) Si de leer se trata, no pronunciaremos Meli/á/ sino Mel/í/a, igual a Mejía, salía... Aunque se escriba de esa manera, repito, solemos pronunciar Meliá, palabra aguda, de dos sílabas aquí y allá. Por cuestión de calco visual, de vez en cuando trasladamos la tilde hacia la /í/. Mas, no es tan frecuente variar la pronunciación. Lo raro es ver escrito este apellido sin tilde sobre ninguna de sus tres vocales. Algunas veces, en promociones turísticas, el nombre viene en mayúsculas, y ya sabemos acerca de la costumbre de no acentuar sobre las letras altas: HOTEL MELIA SANTIAGO Puede pasar inadvertido por aquello de la falsa creencia de que las mayúsculas no se acentúan. Empero, si vamos al rigor, no sabríamos si es M/é/lia, Mel/í/a o Meli/á/. Por costumbre, claro, sabemos que es Meli/á/. El oído no se confunde. Pero ¿qué sucede cuando es otra la circunstancia? He leído por los títulos de la prensa que CAROLINA LAO grabará un disco en nuestro país. Naturalmente, he tenido que leer L/á/o, con refuerzo sobre la /a/,

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palabra llana. Como leo muy pocas cosas sobre farándula, por el momento no me entero de nada más, ni siquiera de la verdadera pronunciación del apellido de Carolina. Más adelante escuché una emisión radial en la cual se pronunció el apellido: LAÓ, palabra aguda, con el refuerzo (y con la tilde) sobre la vocal final. Si me dan un título en mayúsculas: CREO ¿es cré/o o es cre/ó? En el caso de la escritura de HOTEL MELIA SANTIAGO 5 (cinco estrellas), El Siglo, 28 de noviembre del 2000, p. 12D, se podrá aducir que cero acento en las mayúsculas; pero seis palabras más adelante, se escribió en el mismo anuncio: BOLETO A/É/REO y TRASLADOS con el acento ortográfico correctamente sobre la primera /e/. ¿Por qué sí en AÉREO y no en MELIÁ? Son vacilaciones muy frecuentes en la escritura dominicana, que marcamos y de inmediato se nos olvida; similar a que ahora escribimos / L/ey con la consonante alta y luego la bajamos a /l/ey sin ninguna justificación gramatical en la diferencia; ahorita escribo: en el /M/unicipio de Santiago y a dos pasos consigno: en el /m/unicipio de Jarabacoa. Una promoción que recogí en la mesa de noche del hotel Suecia, en Madrid, escribe: Melia, mayúscula inicial y el resto en minúsculas, sin marca alguna de acentuación. Luego, sonaría /M/é/lia, voz llana con acento en la primera sílaba, aunque no se le marque. Hay, pues, un giro acentual en la escritura, que va desde M/e/lia, pasa por Mel/í/a y concluye en Meli/á/, en dulce tornasol de sonidos o de tildes. Estaba allí, en una publicación que localicé a dos pasos de la Real Academia de la Lengua, que no puede detener los caprichos ni puede desarmar las trampas de la escritura. En Madrid, La Habana, en cualquier sitio. No sólo aquí. En todas partes se cuecen habas.
9 de agosto del 2001

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/Rielar/ un verbo raro
/Rielar/ es un verbo de poca utilización. Acaso uno se topó con él cuando leía los clásicos del siglo pasado o mejor aún en la Gramática castellana, de Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña, cuando estudiaba las oraciones coordinadas: La luna en el mar riela,/ y en la lona gime el viento,/ y alza en blando movimiento/ olas de plata y azul. Son versos de “La canción del pirata”, de José (de) Espronceda, poeta español del siglo XIX (1808-1842). Rielar vino a ser para mí lo mismo que ‘brillar’, y fue una palabra de mi vocabulario pasivo, es decir, que creí conocer su significado, pero que nunca lo empleé ni por escrito ni en la expresión oral. Por eso ha sido de dulce evocación que Ramón Emilio Reyes mencione la palabra en reciente entrega de El Siglo, titulada “El hogar en la poesía”: “Tristeza solidaria expresada en el movimiento marino donde parece flotar la leve luna que rielaba en las aguas de Espronceda enlazada en la lucha cósmica de la hermandad.” Pero poco antes me había sorprendido una utilización que apareció el miércoles 15 de este mes de diciembre en el Listín Diario, p. 19A, al comienzo del artículo “Educación y candidez”: “Con el rielar del tiempo en el tren que lleva nuestras vidas...” Sentí, en seguida, que me había quedado corto con el origen y el sentido del verbo, porque, aparentemente, el autor del artículo lo utiliza como el recorrido de un tren sobre los rieles que le permiten desplazarse, y

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con esa idea produjo una metáfora: el transcurso de la vida. Es un verbo de la primera conjugación, que se flexiona como el modelo (amar). No es de uso frecuente ni tiene dificultades para la conjugación. No significa brillar, que fue lo que pensé en mi primer contacto, allá por los fines de los años cuarenta o principio de la década siguiente. En verdad, significa exactamente ‘brillar con luz trémula’. En un diccionario de sinónimos podríamos encontrar posibilidades de sustitución: resplandecer, alumbrar, destellar, coruscar, relucir. Recordemos, sin embargo, que no existen sinónimos perfectos, y no es aconsejable extraerlos sin más ni más de las listas que ofrecen estas clases de diccionarios. El verbo se documenta en el idioma en el siglo XIX. Pertenece al lenguaje poético, vale decir, no es voz de la lengua general. Se puede localizar en los Ensayos de don Miguel de Unamuno, 1942, I, p. 575, y en Alejandro Casona, Flor de leyendas, R, C-97. Esto lo refiere Martín Alonso en su Enciclopedia del idioma, tercer tomo, N-Z. María Moliner (Diccionario de uso del español, tomo II, letras H-Z) da rielar como metátasis de rehilar, y lo supone equivalente a cabrillear, ‘temblar con el movimiento del agua una luz que se refleja en ella’. En el volumen II del Diccionario del español actual, de Manuel Seco y sus colaboradores, se registra la significación mencionada y se agrega la siguiente: ‘vibrar o temblar’ una cosa. Ahí se ofrece esta cita: “A pesar del sol se veían las llamas alzadas. Y los vapores del fuego que hacían rielar la línea del horizonte” (Francisco García Pavón, El rapto de las Sabinas, p. 130, 1969). Para la primera acepción (brillar con luz trémula), dicho Diccionario ejemplifica: “En la cubierta de proa rielaban los focos de faena, que habían encendido en el puerto (Ignacio Aldecoa, obra Gran sol, p. 33, 1957). Estuvo justificada mi sorpresa por la utilización del verbo rielar en

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el sentido de lo que transita sobre rieles, y su extensión poética, con el significado de transcurso o discurrir de la vida. La revisión en varias obras nos revela que el significado original es ‘brillar con luz trémula’. Más adelante ha pasado a completar su cuadro semántico con el sentido de ‘vibrar o temblar’. Entonces, en el autor del artículo “Educación y candidez” ha podido suceder una de estas posibilidades: a) Se confundió con la forma del verbo y lo asimiló a /rieles/, no a brillar, por la cual creyó que rielar es voz propicia, para referirse al transcurso de la vida; b) Asimiló el empleo en el nivel de habla de alguna región del país, quizás donde existen ferrocarriles, como en los centros de producción de azúcar, para significar que el tren corre sobre los rieles; quizás; o c) El autor quiso hacer poesía, más allá del nivel poético del verbo en cuestión, y creó el neologismo semántico para el empleo de su particular aplicación. Tal vez.

28 de diciembre del 2000

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Pascua / pascuilla
Pascuilla, sustantivo femenino, diminutivo de pascua, significa primer domingo después del domingo de Pascua de Resurrección: El término /pascua/ se origina en el hebreo pesah, que originó en latín pascha. Pesah es el sacrificio por la inmunidad del pueblo. Fue la fiesta más solemne de los hebreos, que celebraban a la mitad de la luna de marzo, en memoria de la libertad del cautiverio de Egipto. En la iglesia católica, fiesta solemne de la Resurrección del Señor, que se celebra el domingo siguiente al plenilunio posterior al 20 de marzo. Oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril (Diccionario de la Real Academia Española). Es, también, el tiempo desde el nacimiento de Jesucristo hasta el día de Reyes, inclusive. Existen, pues, Pascua de Natividad y Pascua de Resurrección. El término sirve para dar nombre a cosas: Isla de Pascua. Hacer derivaciones: -pascual (adjetivo): perteneciente o relativo a la pascua: ciclo pascual, cirio pascual, cordero pascual; -pascuense: natural de la isla chilena de Pascua o lo que es perteneciente o relativo a esta isla. Origina también el adjetivo pascuero y da paso a locuciones como flor de pascua; tener cara de pascua, ‘estar alegre’; dar las pascuas, ‘felicitar para esa fecha’; estar como unas pascuas, ‘estar alegre y regocijado’; De Pascuas a Ramos o de pascua en pascua, ‘de tarde en tarde’; santas pascuas, frase familiar que significa que hay que conformarse con lo que sucede, con lo que se

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dice o con lo que se tiene. Estas y otras utilizaciones del vocablo /pascua/ es el resultado de la imaginería de los pueblos hispanohablantes a lo largo de siglos en el manejo del idioma, para expresar ideas e interactuar dentro del proceso del intercambio social. Los pueblos disponen de recursos para nombrar y calificar, expresar acciones y matizarlas con las complementaciones correspondientes. Talento e imaginación que permiten actuar en el seno de la sociedad en que se desenvuelven. /Pascuilla/ es voz que escuché desde hace alrededor de veinticinco años para nombrar un arbusto que florece esplendorosamente en la temporada de invierno. Ya para Navidad está cargado de flores blancas que, en su copa, apenas deja asomar el verdor de sus hojas pequeñitas y semilanceoladas. Sus flores blancas cubren el ramaje como un enorme copo de nieve. Su floración en el mes de diciembre inclina a los hablantes a denominar pascuilla a estos arbustos. Han derivado el nombre de la temporada en que estallan, pero más concretamente por la coincidencia de la aparición de las flores de pascuas que encienden su rojo vivo durante los meses finales del año y que son un símbolo de la Natividad del Señor. Comencé a notar las pascuillas en jardines de los ensanches del oeste de la ciudad para los años de la expansión, después de la Guerra de Abril. Abundaron en muchos jardines y aún las veo en unos cuantos, cimbreándose al compás de la brisa fresca que ha irrumpido en esta temporada. Algunas personas la llaman /pascualito/. Me atrajo su nombre por el procedimiento de asociación y derivación. No conozco cómo las llaman en la disciplina de la botánica, que muy bien domina el eminente profesor don Eugenio Marcano. Sólo asimilé lo que recogí en el seno del pueblo, que es quien forma el idioma, con su sabiduría y su imaginación, que asemeja, vincula, contrasta y denomina

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las cosas. El que tiene la última palabra en materia del lenguaje. Así, la palabra diván, que originalmente significó en árabe libro o registro público, pasa a significar reunión o asamblea, sala donde ésta se celebraba, banco acomodado para celebrar esas asambleas y hasta colección de poesías en lenguas orientales. O los campesinos de Granada, que llaman “buey de agua”, según recoge Gonzalo Martín Vivaldi, al río que se desplaza solemne y firme por entre las llanuras, cuando baja henchido en época de lluvias. O los campesinos de algún lugar de Andalucía que dicen que “Fulano y Zutana van a juntar las meaeras esta noche”, para decir, en su dialecto, matizado de imaginación y de metáforas, que la pareja se va a casar ... Con el idioma, todos los días, sin prisa pero sin pausa, como el poeta alemán. Con su aplicación, se crea y se aprende sin desmayos. No seamos como el estudiante pascuero, que iba a la casa sin falta, pero sólo lo hacía en ocasión de las pascuas y de otras fiestas. Sino como recomendaba Pedro Henríquez Ureña: Amigos míos, a trabajar.

30 de diciembre de 1999

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ÍNDICE GENERAL
DEDICATORIA AGRADECIMIENTO PRESENTACIÓN SEMBLANZA INTELECTUAL POR LEOPOLDO WIGDORSKY NOTAS LA LABOR LINGÜÍSTICA DE RAFAEL GONZÁLEZ TIRADO, MANUEL MATOS MOQUETE 7 8 9 11 13 15

Lo peor de lo ‘peor’ Acerca de períodos y adjetivaciones ¿Quién vigila lo que se /ha/ de publicar en la prensa? ¿Quién redacta las esquelas mortuoria s? Las campanas del desconcierto Código oral y código escrito: falacias y tabúes Tres faltas de ortografía en una sola palabra El milagro de la tilde Álgido: una palabra caliente El /habemos/ que /habrá/ que /haber/ o la regularidad de una incorrección Involucrar Santiaguero/santiaguense/santiagués I Santiaguero/santiaguense/santiagués II Los códigos de la lengua al servicio de la comunicación electrónica De /mí/ para /ti/

25 29 32 35 38 40 43 45 48 51 54 57 60 63 66

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Los peores y los mejores: la “recurrencia” gramatical de cada año 70 Multitud/muchedumbre 73 Táctica y estrategia 77 Mis gazapos ortográficos: de Payeyo García al doctor Héctor Mateo 81 ¿Saber más gramática o poner más cuidado? 85 ¿Inte/r/perie o inte/m/perie? 88 Travesuras de la tilde 91 El papo vicioso: una experiencia lingüística en tertulia con Luis Carbonell en La Habana 95 Tres /solo/ y cuatro /si/ 98 Vigencia de la palabra como poder de comunicación 101 Lo puntual y lo no puntual en la puntualidad de la moda (primera parte) 105 Lo puntual y lo no puntual en la puntualidad de la moda (segunda parte) 109 Las travesuras de los nombres exóticos 112 De /Naco/ a /Samanel/: una lección lingüística 116 La palabra /diván/ o la dinámica de la palabra 119 Desapercibido/desprevenido/inadvertido (primera parte) 122 Desapercibido/desprevenido/inadvertido (segunda parte) 125 De sorteos de yipetas y la anglización de la lengua 129 Es correcto decir: ¿/un muerto diario/ o /un muerto a diario/? 132 El lenguaje de la patria 136 Las trampas del lenguaje machista 140 ¿Es Samuel Sosa uno de los peloteros /mejores/ pagados? 144 Halar y jalar 147 A sí mismo /así mismo/ asimismo 150 ¿Delen o denle? ¿Demen o denme? 153 De la semiótica de la imagen a la semiótica de la palabra 156 /Detentar/ como caso de impropiedad en el lenguaje 160 Le / les: la mayor confusión gramatical en la escritura dominicana (III variación) 163

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Le / les: la mayor confusión gramatical en la escritura dominicana (IV variación) El /comoísmo/ en el lenguaje coloquial dominicano Ribera/rivera Milly: ¿Eso e/j/ un palo? Ahí es /que/ prende Endijas, rendijas, hendijas y rehendijas Las incongruencias entre códigos de hablas diferentes. Desatinos de la publicidad El /leísmo/ en el lenguaje formal dominicano Leísmo, loísmo y laísmo Roque Barcia, Joaquín Balaguer y Leopoldo Wigdorsky Las repeticiones que condeno y las repeticiones que me condenan El /ronrón/ que le faltaba a Samuel Sosa ¿Idiosincra/c/ia o indiosincra/s/ia? La lección de las palabras pa/c/iente, in/c/ipiente in/s/ipiente y pa/s/ificación ¿A/g/üeducto por dislate o a/g/üeducto por convicción? La /a/ que nos enreda y la /h/ que nos pierde La expresión /he/ que la prensa carga a Joaquín Balaguer y a Luchy Vicioso Méjico / México: por la contradicción o la condescendencia (primera parte) Méjico / México: por la contradicción o la condescendencia (segunda parte) De Lis/teen/ a /Press/: las mil formas de anglización del lenguaje /Á/lvarez, Alv/á/rez o el acento en las mayúsculas Utilidad de los signos de puntuación Habana/Havana “Back to School” Ynchausti/Incháustegui o el acento tiene sus bemoles

166 169 172 176 179 182 186 189 193 197 200 204 208 212 215 219 223 227 230 234 238 241 244 247 251

Rafael González Tirado

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Disuadir/persuadir Gascue/Gazcue (primera parte) Gascue/Gazcue (segunda parte) En torno al lenguaje del presidente Hipólito Mejía Marketing/marketinero (primera parte) Marketing/marketinero (segunda parte) Un /accedio/ que no nos permite acceder Usamericano/usaunidense M/élia, Mel/í/a, Meli/á/ o el acento tornasolado /Rielar/ un verbo raro Pascua/pascuilla Índice General Índice de Léxico y Sintagmas Índice de Autores y Personas

255 259 262 265 268 271 274 277 281 284 287 291 295 307

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ÍNDICE DE LÉXICO Y SINTAGMAS
-A-A/ ha/he: 219, 223, 224 -A Dios rogando: 89 -A sí mismo/así mismo/asimismo: 150 -Acento ortográfico: 45, 91, 238 -Acento Prosódico: 25, 47, 201 -Accedio/acceder: 274 -Accedo/accedian: 274 -Acentuación: 98, 251 -Acueducto/agüeducto: 215 -Acusativo: 86 -Adverbium: 133 -Adjetivo: 27, 29, 72, 134 -Adverbio: 27, 72 -Advertir: 123 -Ágrafa, lengua: 184 -Ahogarse: -Álgido: 48, 88 -Alvarez /Alvárez: 238 -Anciano: -Ánglicas, anglización: 129, 136, 234, 247, 248 -Anglomanía: 234, 247

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-Antónimas, palabras: 98, 257 -Apercibir: 123 -Apelativo: 239 -Apellido: 238, 259 -Apócope: 68, 98 -Árbitro: 136 -Articulación: 177, 186 -Artículo: 193 -Aspiración (o jota suave): 148, 176, 177, 178 -Átonas, palabras: 32, 86, 190 -B-Baca: 213 -Barbarismo ortológico: 89 -Bisílabo: 98 -Buey de agua: 289 -C-Cacofonía: 61 -Cadena hablada (morfonemática): 150 -Calco: 236 -Calco visual: 282 -Calificativos: 145 -Capacidad de convocatoria: 105 -Chopa: 117 -Célebre (valor prosodémico del acento): 46 -Cirio/sirio -Clob/club -Código escrito: 40, 42, 187, 241, 276 -Código oral: 40,42, 187, 241, 276

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-Colectivo determinado: 73 -Colectivo indeterminado: 73 -Coloquial, uso: 62 -Como: 169 -Comoísmo: 169 -Complementos directos e indirectos: 86, 193 -Comunicación de masas: 63, 64 -Consonantes sordas y sonoras: 205 -Consonantes sonoras simples y múltiples: 205 -Concordancia formal: 145 -Conectivo: 79 -Cópula o enlace: 179 -Corrección, grado de: 83 -Curas de idioma : 207 -Curriculum familiar: 35 -D– -Dativo: 86 -Decodificar, descodificar: 242 -Demen/delen: 153 -Desanglizar: 273 -Desapercibido: 122, 125 -Desapercibimiento: 122,125 -Desfasado: 105 -Desinencia: 133 -Desprevención: 122, 125 -Desprevenido: 122, 125 -Detentar: 160 -Diacrítico: 68,99 -Diacrónico: 75 -Diagramención: 202

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-Dial: 138 -Difuso: 110 -Digitador: 203 -Diptongación acentuada: 100 -Diptongo, disolver: 119, 239 -Disuadir: 225 -Dítonas (palabras): 153 -Diván: 119 -E-Eficacia del vocablo: 218 -Emisor: 40 -Enclítico: 86, 167 -Endijas, rendijas: 182 -Ense: Santiaguense: 57, 61 -Entonación: 242 -Esdrújulas o proparoxítonas: 44 -Español estándar o general: 39, 176 -Estrategia: 77, 248 -Etimología: 208 -Extranjerismos: 129, 131, 188 - F-Falacia: 40, 101, 240 -Fenómeno léxico: 111 -Figuración: 248, 289 -Filólogo: 177 -Folía: 105 -Fonema: 177 -Fotograma: 102

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-Frase: 179, 180, 242 -Frase preposicional: 165 -Furo: 88 -G-Galicismo: 110, 111, 122, 126, 127, 170 -Gascue/Gazcue: 259, 262 -Gazapos: 81, 83, 221 -Género: 244 -Gentilicio: 57, 230, 244 -Grafía: 112 Gramática normativa: 176 -H-Habana/Havana: 244 -Habemos, hubieron, habrán: 51 -Haber, usos de: 51 -Hábitos lingüísticos: -Habla popular: 217 -Halón-jalón: 147 -He: hechos de habla: 52, 223 -Hechos de lengua: 132 -Hiato: 279 -Homófonas/homógrafas/homónimas: 98, 213, 225 -Humos: 59, 103 -I-Idiosincrasia/idiosincracia: 208

-Implementar: 105

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-Inadvertencia: 122, 125 -Inadvertido: 122, 125 -Inchausti-incháustegui: 125 -Infinitivo: 125 -Intemperie: 88 -Intercambio desigual: 105 -Interferencia: 247, 250 -Involucrar: 54 -Isónimas, palabras: 210 -Iteración: 203 -J-Jalón: 147, 149 -Jonrón/jonronero: 144, 204 -Juntar las meaeras : 289 -L-Laísmo: 193 -Latín literario o sermo urbano:212 -Le, les: 163, 166, 168 -Lengua analítica: 236 -”Léder”: 129 -Leísmo: 189, 190, 193 -Lengua coloquial: 54 -Lengua estándar: 176 -Lengua general: 39 -Lengua progresista: 236 -Lengua sintética: 236 -Lengua de prestigio: 111, 138 -Lenguaje: auditivo, visual, táctil: 40 -Lenguaje escrito: 177

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-Lenguaje es forma: 47 -Lenguaje llano: 59 -Lenguaje machista: 140 -Lenguaje oral: 177, 226 -Lenguaje popular: 59 -Lenguaje no marcado: 142 -Lero, lero: 141 -Léxico/lexical: 141 -Lexicón: 62, 124 -Ley del menor esfuerzo: 215 -Líneas: 103 -Lipiria: 50 -“Listeen”: 234 -Locución adverbial: 130 -Loísmo: 190, 193 - LL -Llanas (voces): 46, 99 -M-Macarrónico, lenguaje: -”Marketing”, mar/q/uetin (marquetinero): 268, 271, 273 -Mayúsculas dominicanas (empleo): 289 -Meaeras: 289 -Méjico/méxico: 227, 230 -Mejor, mejores: 100, 74 -Meliá/Melia: 281 -Mensaje: 188 -Mensual, mensuales: 29, 132 -Mercadeo: 137 -Mercadotecnia: 137 -Metátesis: 285

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-Modelo escrito: -Monosílabo: 46, 99, 257 -Monosílabos pronominales: 46 -Morfema: 141, 220 -Muchedumbre/multitud: 56 -Multivocidad: 102 -N-Naco: 116 -Neologismo: 278 -Neutro, artículo: 193 -Núcleo: 70 -Número: 140, 141 -O-Oxítona/palabras: 47 -Ordenador/ computadoras: 202 -P-Palabras, fijación de las formas: 81 -Palo, eso un: 176 -Palabras tónicas o acentuadas: 199 -Papo: 95 -Parificación: 32, 77, 173 -Parónimas, palabras: 85, 216 -Paronomasia: 85, 216 -Paroxítonos: 45, 239 -Participio: 145, 220 -Pasificación: 242

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-Pascua, pascuilla: 287 -Patronímicos: 45 -Pedro por su casa: 88 -Peor, peores: 70, 144 -Perceptor: 130 -Persuadir: 102, 255 -Pluralización del adverbio: 145 - Predicado nominal: 226 -Prefijo: 208, 258 -Prender: (hí es que prende: 179 -Preposición: 32, 213 -Préstamo léxico: 139, 206 263 -“Press”: 234 -Prestigio del idioma: 234, 247, 249 -Prevenir: 123 -Proclítico: 86, 164, 167 -Pronombres átonos o inacentuados: 68, 164 -Pronombres personales átonos: 68, 91, 164 -Pronominal: 67, 85, 193 -Pronominales tónicos: 67 -Pronunciación: 246 -Punto de articulación (punto y coma): 36 -Puntuación: 242 -Puntuación medial: 242 -Puntual: 105, 109 -Puristas: 127 -Q -Que galicado: 179 -Quincenal: 133

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-R– -Régimen: 167 -Regla gramatical: 85 -Repetición (V. interación): 200 -Resonancia de los términos: 118 -Resolutar: 106 -Ribera/Rivero: 172 -Ribera/Rivera: 172 -Rielar: 284 -Ronrón/ronronero: 204 -S-Samanel: 117 -Saga: 105 -Semiótica: 156 -Semejanza fonética: 82 -Sangría: 242, 243 -Santiaguero, santiaguense, santiagués: 57,60 -Segmento: 93, 180 -Sermo urbano: 216 -Siglas: 65 -Significado: 65 -Sinalefa: 278 -Signos de puntuación: 241 -Sintagma: 135 -Sintagma nominal: 25 -Sufijo: 208 -T-Táctica: 77 -Terminación femenina:140

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-Terminación indiferente: 140 -Terminación masculina: 140 -Tildación: 45 -Tilde: 45, 99 -Tónico: 32, 41, 86 -Tónicas y átonass (palabras): 45 -Tonicidad: 45 -Topónimos: 57, 230, 244 -Transculturación: 139 -U-Un muerto diario o un muerto a diario: 132 -Usamericano: 277 -Usaunidense: 277 -V-Verbalización: 103 -Viejo - anciano: 102 -Vocablo: 102 -Vocativo: 242 -Voz átona: 45 -Voz culta: 209 -Voz tónica: 45, 190 -Vulgarismo: 126 -Y-”Yipeta”: 129, 131

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ÍNDICE DE AUTORES Y PERSONAS
A Abel Hasbún, Amín: 84 Abreu, Adriano: 61 Alburquerque, Rafael: 84 Aldecoa, Ignacio: 29 Alonso, Amado: 9, 18, 195, 209, 292 Alonso, Martín: 56, 90, 232 Altolaguirre, Manuel: 70 Alvarado de Ricord, Elsie: 280 Álvarez, Isabel: 128 Álvarez, Nancy: 69, 70 Allende, Isabel: 138 Ariela: 92 Aristy Castro, Amable: 110, 118 Aristy Rodríguez, Carmelo: 98 Arvelo, Álvaro (hijo):147 Aute, Eduardo: 280 Aybar Sánchez, José Andrés: 84 Aznavour, Charles: 46 Azorín: 47 B

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Báez, Buenaventura: 31 Balaguer, Joaquín: 30 Barceló, Juan: 96 Barceló (Ron): 25 Barcia, Roque: 78, 200, 202 Beltrán, Alberto: 98 Bello, Andrés: 73 Bello Rosa, Virgilio: 263 Bencosme Ruiz, Sergio Arturo: 45 Benedetti, Mario: 83, 298 Beras Goico, Freddy: 98 Blackwell, Richard: 27 Blanco, Andrés Eloy: 207 Bosch, Juan: 18, 193 Burke, Edmund: 235 C

Caamaño, Francisco Alberto: 35 Cámara de Diputados: 195 Campillo Pérez, Julio G.:61 Candelier Tejada, Pedro de Jesús: 48 Carpio Durán, Francisco: 163 Carbonell, Luis: 95 Cartagena Díaz, Patricio: 192 Casona, Alejandro: 293 Castro, Fidel: 263 CDN (Transmisión de Radio y TV): 219 Céspedes de Lockward, Noris: 260

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Céspedes Peña, Luis: 62 Cerbere/Cervera: 252 Campange/Champaña: 252 Chávez, Hugo: 263 Chile, Santiago de: 60 Clime, Danilo P.: 273 Codetel: 225 Córdova, Carlos Joaquín: 285 Corporán, Rafael: 30 Cortez, Alberto: 126, 178, 280, 286, 289 Corripio, Fernando: 113 D Decamps, Hatuey: 80, 82 Defilló, Bernardo: 84 Deñó viuda Caamaño, Enerolisa: 35 Díaz, Jorge: 191 Duarte, El Indio: 286 E Elías, Michael: 29 Erskine, Carl: 109 Escobar, Alberto: 241 Escuela de Periodismo (Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD): 214 Espinal, Fulgencio: 225 Espronceda, José de: 293

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F Fabio/Favio: 176 Favio, Leonardo: 86, 186 Fernández, Félix: 59 Fox, Vicente: 246 Fulbright, Wiliam: 117

G García, Joaquín: 269 García, Luz: 28 García Lorca, Federico: 122 García Márquez, Gabriel: 232 García Troncoso, Lorenzo: 84 García Troncoso, Payeyo: 84 Garcilaso de la Vega: 77 Gascue/Gazcue/Gásquez: 266 Gascue, Francisco: 269 Gascue, Martín: 269 Gascuña: 268 Gatón Arce, Freddy: 78 Gautreaux, Francisco Ricardo (Cano): 163 Genris-Henry: 269 Global Bank: 259 Godoy, Manuel: 269 Gómez Mazara, Guido: 273 González Ruiz, N.: 128 González Tirado, Fernando: 147

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Gregory Torada, Nuria: 206 Grullón viuda Rodríguez, Generosa: 36 Grupo Ramos (La Sirena-Pola): 204 Guerra de Abril (1965): 296 Guerrero, Vladimir: 170 Guiliani, Rudolf: 173 H Habana/Havana: 250 Henríquez Ureña, Pedro: 60, 62, 63, 195, 200, 209, 234, 236, 267, 297 Hernández, Frank Marino: 117 Hernández, Miguel: 35 Herrera, Hipólito: 115 Herrera, Rafael: 65 Hockett, Charles: 241 I Incháustegui, Arístides: 84 Incháustegui-Salvador: 84 Incháustegui-Inchausti: 278 J Jackson, Phil: 159 Jaivanjó/Jaivanhoe: 250 Jerez Jorge, Ramón: 163 Jiménez, Juan Ramón: 69 Joubert, Alexander: 49 Juan viuda Pichardo, Josefina: 55 Juárez, Benito: 23

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K Kaline, Al: 103 Kovacci, Ofelia: 279 L Lamarche Soto, Rogelio: 84 Larousse (Enciclopedia): 232 Larrazábal Blanco, Carlos: 207 Lázaro Carreter, Fernando: 163, 173, 199, 276, 284 Lebrón Saviñón, Carlos: 98 Lebrón Saviñón, Mariano: 99 Leiba/Leyba: 176 León Marte, Pedro de: 121 Lima, José: 170 López García-Molins, Ángel: 57 López, Milena: 155 López Villanueva, Toribio: 31 Lora, Félix Vinicio: 75 Lorenzo, Emilio: 25, 270 Lugo Lovatón, Ramón: 270 M Machado, Antonio: 118, 191 Málaga /San Juan/ Cádiz (“gaditanos”): 251 Marcano Fondeur, Eugenio: 57, 296 Marchena (ingeniero): Mata, Pedro: 263 Mateo, Héctor: 85

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Martin, Dean: 73, 74, 148 Martin, Ricky: 275 Martínez Paiva (Payba) Carlos: 286 Martínez, Pedro: 169 Martino, Antonio: 113 McGwire, Mark: 68 Maxton, Ashinde: 117 Mejía, Hipólito: 260, 272 Méjico/México: 232, 235, 293 Méndez, Luis: 61 Mieses Lajara, Ángel: 84 Miguel, Amando de: 280 Moliner, María: 48, 50, 57, 125, 127, 130, 293 Monción, Benito (Gral. Restaurador): 36 Montero, Lourdes: 99 Moreno de Alba, José: 127, 129 Moscú/Moscow: 25 Mota Ruiz, Alfredo: 55 Multicentro Churchill: 204 N Navaro Tomás, Tomás: 78 Neruda, Pablo: 107, 193 Nolasco, Antonio: 92 Nueva York/New York: 252 Núñez, Manuel: 214

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O Olea Salazar, Catalina: 228 Ortega Spottorno, José: 284 Ortografía de la Lengua Española: 236 Ovalles, Rafael: 76

P Pabón/Pavón: 176 Panero, Leopoldo: 37, 70 Patín Maceo, Antonio: 92, 98 Peña Gómez, José Francisco: 18 Perales, José Luis: 71 Pérez de Castillo, Carlos: 56 Pérez, Rafael: 31 Perry, Alonzo: 84 Piazza, Mike: 166 Piera, Nuria: 206 Polanco, Felipe (Boruga): 69 Puerto Viejo: 29 Puello, José Joaquín: 84 Pujols, Mignolio; Latour Batlle, Gustavo: 105 Q Quillet, Enciclopedia: 60 Quixote: 234

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R Ramírez, Verutidio M.:232 Reyes, Alfonso: 244 Reyes, Ramón Emilio: 292 Reynoso, Modesto: 109 Ribera Chevremont, Evaristo: 175 Ribera, José: 175 Rodríguez, Félix: 285 Rodríguez, Rafael: 63 Rodríguez Demorizi, Emilio: 60 Rodríguez Objío, Manuel: 270 Rodríguez Pimentel, Héctor: 36 Roedor, El (Aristófanes Urbáez) 75, 215 Romero, M. Carmen (Agencia EFE): 50 Ronchi March, Carlos Alberto: 78 Rosario, Rubén del: 53 Rosebel/Rosevé, por Roosevelt: 250 Rosenblat, Ángel: 78 S Safir, Howard: 193 Sainz de Robles, Federico Carlos: 57, 77, 78, 82 Salinas, Pedro: 29 Sánchez, Margarita: 99 Sánchez, Olimpia: 99 Santana (Gral.), Ramón: 31 Santamaría, Francisco J.: 127, 237 Schéker Ortiz, Luis: 47 Seco, Manuel: 164, 235, 276, 277 y colaboradores; 168, 170 y 173

Rafael González Tirado

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Selman, Lissette: 56 Sierra, Justo: 237 Silvestre, Sonia: 98 Sistemas: Braille/Morse: 41 Socías (†): 84 Sosa, Samuel: 147, 154, 170, 189 Suárez Martínez, Diego: 109 Sued, José Enrique: 62 T Taylor, Elizabeth: 148 Tejada Castillo, Ángel: 163 Tejera, Juan Nepomuceno: 31 Torre, Guillermo de: 122 Travieso, Virgilio: 84 Troncoso Cuesta (Chiqui): 84 Trujillo, Petán: 98 Trujillo Radhamés: 98 Trujillo, Rafael L: 18, 67, 98 Trujillo, Ramfis: 98 U Unamuno, Miguel de: 57, 277, 293 Urbáez, Aristófanes (El Roedor) ver: 75, 213, 215 Uribe, Max: 129

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Palabras para compartir

V Valdés Bernal, Sergio: 113 Vaquero, María: 127, 129,130 Vásquez/Vázquez/: 267 Velásquez/Velázquez/Gascue/Gazcue/Gazque: 266, 267 Vicioso, Abelardo (Papo): 99 Vicioso, Luchy: 227 Vilela, Alejandro: 99 Vivaldi, Gonzalo Martín: 297 Vivant, Michel: 120

W Wigdorsky, Leopoldo: 23, 194, 195, 201 X Xamaica, Quixote, Texas: 234 Y Yipeta: 130

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Palabras para compartir

Este libro Palabras para Compartir del Dr. Rafael Gonzáles Tirado se terminó de imprimir en el mes de Septiembre 2008, en los talleres Somos Artes Gráficas Tel.: 809-596-8239 • Fax.: 809-699-2993 E-mail: Somos.grafica@gmail.com Sto. Dgo. Rep. Dom.

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