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FOLCKORE DE LA REP. DOMINICANA -Manuel Jose Andrade -

FOLCKORE DE LA REP. DOMINICANA -Manuel Jose Andrade -

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FOLCLORE DOMINICANO
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Ete eran tre-s-helmana. Una se yamaba Blanca Flor y se quería
casal con un hombre que tuviera lo diente de oro. Y entonse yegó
un señol y dijo que se quería casal con Blanca Flor.
El papá de la’muchacha la-s-enserró en un cualto y le regaló
tre aniyo. Blanca Flor le dijo al joven que cogiera la mano que
tuviera el aniyo má feo. Él lo cogió y con eya se casó.
El papá del joven quería matal a Blanca Flor y a su novio cuan-
do etuvieran dolmido. Pero, como Blanca Flor era má atuta que el

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Manuel José Andrade | FOLKLORE DE LA REPÚBLICA DOMINICANA

papá del joven, que era el Diablo, no se durmió y yenó un vaso de
saliva. El Diablo pa sabel si se habían dolmido lo yamaba: –¡Blanca
Flor!– Y eya repondía: –Señol. Y entonse el novio fué a bucal lo
cabayo mejore, que se yamaban Viento y Aire. Montaron y se fue-
ron. Al irse, eya cogió un troso de jabón, un grano de sal y un peine.
El Diablo lo siguió, y depué que diban lejo alcansaron a vel al
Diablo. El novio le dijo a la muchacha que tirara el peine, pero que
no volviera la cara atrá. Y se volvió una bejuquera y el Diablo no
podía pasal. Depué de mucho luchal, pasó y al velo que ya diba
selca, le dijo que le tirara la pelota de jabón, y se le volvió una
loma, y no podía pasal. Y depué de mucho luchal, pasó. Y depué
que diba selca, le dijo que le tirara la sal. La tiró y se le volvió un
mal, ¡y no pudo pasal!
Y entonse yamó a Blanca Flor, pero el novio le dijo que no
volviera la cara atrá. Y entonse el Diablo le echó una maldisión
que desía: –¡Blanca Flor, epero de Dio que al yegal a donde van te
ha de olvidal!

Y entonse el marido le dijo que cuando yegaran no se dejaran
abrasal niguno de lo do, polque se olvidarían. Al yegal a la casa eyo
recomendaron que no lo’abrasaran. Pero él se acotó a de’cansal y
yegó un amigo viejo, y sin dalse cuenta lo abrasó. Con tal motivo
la olvidó po completo, tanto que la puso de cosinera de otra novia
que tenía, y se iba a casal con eya.
Po fin se casó y al yegar la hora del banquete pa selebrar la
boda, la cosinera taba engalaná tanto como la novia. Ha dicho el
novio: –Señore: Si se le’pierde un aniyo, y compran uno nuevo, y
depué encuentran el viejo, ¿cuál de lo do cogen? Y todo contetaron:
–¡El viejo! ¡El viejo! Y resolvió casalse con Blanca Flor, que era su
novia vieja.

GUILLERMO MORALES.
El Seibo.

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56. BLANCA FLOI

Eta eran tre muchacha que taban bañándose, y yegó un hom-
bre yamao Juanico y le cogió la ropa a la má chiquita. Entonse la-
j-otra do se vitieron y se fueron y dejaron la chiquita. Entonse eya
le dijo que si le daba la ropa lo saivaba de to lo’ empeño que éi se
viese. Y entonse éi se la dió y eya se fué.
Dipué Juanico fué a su casa de eya a bucái trabajo. Entonse ei
papá de la muchacha le dió trabajo y le dijo que si le hisiera un
conuco de la sei a la dose se quedaba en su casa y que si no lo podía
jaséi lo diba a matái.
Entonse éi se fué y se sentó en una piedra a yorái y él le mandó
ei desayuno con la muchacha, que se yamaba Blanca Floi. Y eya lo
vido yorando y le dise que poi qué era que éi yoraba. Y entonse éi
le dijo que su papá le jabía dicho que quería que tuviera ei conuco
con lo plátano cresío y maduro pa la dose, y que quería tenéi lo
plátano en la mesa. Entonse le dise eya: –No te apure; siéntate en
mi pieina, deja que yo te mate capa.– Y éi se sentó y se quedó
doimío. Ai poco rato eya lo yamó y le dise: –Juanico, recueida que
ya tiene ei conuco con guineo amariyo.– Entonse eya le dijo que su
papá le diba a desí cuando éi yegara con lo guineo que dónde había
aprendío tanto. –Tú le dise que en tu carrera majetá rial aigo
aprendite. Cuidao si tú le dise que fui yo, poique si lo sabe me mata.
Ai otro día le dise: –Bueno, yo quiero uva pa la dose.– Salió de
una ve Juanico y se fué a la mima piedra a yorái. Y cuando la mucha-
cha le jué a yevái ei desayuno le dijo lo mimo. Y éi se recotó en su
pieina y se quedó doimio. Y a lo poco rato le dise eya: Recueida,
que ya tiene uva pa la mesa de papá. Cuando tú yegue éi te ha de
desí: –“¡Curdao si eto é cosa de Blanca Floi!” Tú le dise que no; que
en tu carrera majetá rial aigo aprendite. Entonse éi te va a desí que le
traiga un macuto de una cosa que se yama guas. Entonse tú le trai un
macutico de guasábara, que éi cuando entre la mano va a sei guas. Y

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asina fué que éi lo jiso. Pero entonse vido Blanca Floi que ei papá se
puso caprichoso, y le dise a Juanico: –Eta mima noche no’ vamo.
Y entonse eya le dijo a Juanico que pusiera un huevo en ei
medio dei fogón pa que cuando ei papá de eya lo yamara ei hue-
vo le repondiera. Entonse a media noche empesó ei papá a yamái:
–¡Blanca Floi! ¡Blanca Floi!– Y ei huevo le desía: –¡Señoi!
¡Señoi!– Y ai poco rato voivía y lo yamaba. Pero según se diba
ei huevo gatando se diba apasiguando la vo. Pero eyo ya se bían
dío. Y ei papá voivió y yamó bajito: –Blanca Floi, Blanca Floi.– Y
ei huevo ya no le repondió. Entonse ei papá se fué a la cama y le
cayó a machetaso, pero lo que picó fué ei coichón.
Ai otro día cuando vido ei papá que no lo bía matao, mandó la
mamá en un cabayo que volaba pa que lo aicansara. Y ya lo jabía
aicansao pero eyo taban a la otra oriya dei mai. Y le grita la mamá:
–Mi hijo ¿cómo fué que utede han pasado? Y eya le dise: –No pusimo
do piedra amarrá a la cabeza.– Y va la vieja y se amarra la piedra y
se tira, y jata ei soi de hoi naide la vito.

MIGUEL RODRÍGUEZ.
Restauración.

57. EI JUGADOI1

Una ve había un hombre que era muí probe y tenía que
mantenéi a su madre, y como no tenía ningún recúiso le dijo un
día a la mamá que se diba a corréi foituna. Y salió a corréi foituna
con ei poco dinero que le quedaba.
Poi camino se encontró con uno jugadore, y dise éi, vó a probái
mi sueite con eto-j-ombre. Y se puso a jugái con eyo y peidió toa la
plata que yevaba. Y ei hombre taba deseperao y se le presentó ei
Diablo y le dijo que si quería jugái con éi, y cuando le dijo que ya
no le quedaba plata, ei Diablo le dijo que le podía jugái la cabesa. Y

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España, 122, 124, 125.

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se la jugó y la peidió. Y entonse ei Diablo le dijo que dentro de tre
día lo eperaba en ei río Yapasé.
Y a lo tre día ei hombre va pa-yá y se encuentra con un viejito
y le pregunta: –¿Etaré yo seica dei río Yapasé? –¡Ay, mi suiso! Eso
quea mu lejo; pero yo te pueo montái en mi águila y eya te yeva
matándole do noviyo.
Y éi le mató lo noviyo y se montó en ei lomo dei águila. Y le
dijo: –Ca ve que te abra ei pico, échale un pedaso e caine.– Y ei
águila empesó a volái jata que yegó ai río. Y ei Diablo lo taba
eperando, y cuando lo vido yegái le dijo: –¿Ya ve? Uté sí tiene
palabra. Bueno, venga pa mi casa que ante de quitaile la cabesa
que me peitenese le vo a dai un trabajito.
Y cuando yegó a su casa lo puso a derribái una loma que tenía
detrá ei conuco. Y ei hombre se jué pa-ya y se puso a yorái. Y ei
Diablo mandó su jija para que viera que era lo que taba jasiendo ei
hombre y que le diera ei desayuno.
Y cuando yegó eya le dió látima de vei como ei hombre yoraba
y le derrivó la loma. Y entonse le dijo eya: –Mi padre no va entrái
en un cuaito y enserraino y no va a desí que saquemo un deo, ei
deo que uté coja con esa se casará uté. Uté coja ei deo que te mo-
cho, que ese é ei mío.
Y asina jué. Asina memo eya le dijo asina jué que lo jiso éi. Y ei
Diablo enserró su tre jija en un cuaito y le dijo. que sacaran un deo
poi una rendija de la pueita y ei hombre tenía que desí cuái de la tre
muchacha era que le gutaba. Y la jija ma chiquita dei Diablo, que se
yamaba Blanca Floi se mochó la punta dei deo dipué que entró en ei
cuaito. Y ei hombre la ecogió a eya. Y ei Diablo lo casó.
Dipué como que eya sabía toa la picaidía dei Diablo se pudo juí
con su marío, y vivieron mu felise.

PEDRO ÁLVAREZ.
San José de las Matas.

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58. BLANCA FLOR1

Había una ve un muchacho que fué a bucal trabajo en la casa
del Diablo, y el Diablo tenía una hija que se yamaba Blanca Flo’.
Entonse el Diablo le dió trabajo y le dió un pico de sera pa que
derribara una loma.

Entonse Juanico se puso a yoral al pie de la loma, y vino
Blanca Flo’ y le preguntó que polqué yoraba. Y él le dijo que el
hombre que era su papá lo había mandao a derribal una loma
con un pico de sera. Entonse Blanca Flo’ le dijo que no se apu-
rara. Y cuando vino el Diablo ya taba la loma derrivá. Entonse
dijo el Diablo: –¡Ay, Blanca Flo’, Blanca Flo’!– Y Blanca Flo’
dijo: –¡Ay, Juanico, Juanico!
Dipué po la mañana le dijo el Diablo que él tenía que dil a
laval do mulo serrero. Y Juanico se puso a yoral. Y entonse vino
Blanca Flo’ y le preguntó que poqué era que él yoraba. Y entonse
él le refirió lo que le había dicho su papá. Entonse le dijo eya
que no se apurara; que bucara una vara de piñón y que le diera
a lo mulo hasiendo cruse, que eso era el Diablo y la Diabla.
Entonse Juanico hiso lo que le había dicho Blanca Flo’, y el
Diablo y la Diabla amanesieron enfelmo de lo fuetaso que le
había dao Juanico.

Dipué el Diablo mandó a acotal a eya y a Juanico. Y entonse
eyo yenaron una tasa de saliva, cada uno la suya, y se fueron. Dipué
yegó el Diablo a matal a Juanico y le dijo: –¡Juanico!– Y la tasa
contetó: –¡Señol!– Y el Diablo dijo: –¡Blanca Flo!– Y la mima tasa
le contetó. Pero ya eyo taban muí lejo. Y cuando taban ya internao
en el monte, Juanico le dijo a Blanca Flo’ que le dejara dil a su casa
a bucal do cabayo y qué comel. Y eya le dijo que sí, pero que no se
dejara besal de nadie polque la olvidaría.

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España, 124, 125.

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Y entonse Juanico fué de malcha pa su casa pa volvel al
boque al otro día. Y cuando la mamá lo fué a besal, él le dijo
que no. Pero cuando él taba dulmiendo vino una tía de él que lo
quería muchísimo y le dió un besito. Y entonse él se olvidó de
Blanca Flo’.

Dipué Blanca Flo’ se subió a la copa de un álbol que había
dentro el río, y en el momento que una viejita fué a bucal agua,
y vió la sombra de Blanca Flo’ y se creyó que era su sombra y
dijo: –¡Yo tan bonita y bucando agua! ¡Cantarita rómpete!– Pero
Blanca Flo’ al vel lo que había hecho la viejita, se puso a reil,
y la viejita miró que la sombra era de Blanca Flo’, pero no de
eya.

Entonse la viejita se subió al álbol y la cogió y se la yevó a su
casa y la taba adorando di’que polque era muí bonita. Dipué Juanico
en su pueblo se taba casando y en una de la amonetasione se le
aparesió una cotorrita y le dijo: –Parrá, parró, Juanico, ¿ya tú no te
recuelda de Blanca Flo’?– Y Juanico dijo que no. Dipué otro día se
le aparesió y le dijo lo mimo, pero él le dijo que no.
Dipué un día que fueron a invital pa la boda de Juanico a la
casa donde taba Blanca Flo’, la cotorrita le dijo a Juanico: –Parrá,
parró, Juanico, ¿tú no te recuelda de Blanca Flo’? Pue aquí etá
Blanca Flo’.– Y Juanico dijo: –Pero ¿qué Blanca Flo’?– Y eya le
dijo: –¿Tú no te recuelda que eya te tumbó la loma que el Dia-
blo te había mandao a tumbal? ¿No te recuelda que eya te dió la
vara de piñón pa que le diera al mulo y a la mula que eran el
Diablo y la Diabla?– Y entonse él dijo: –Sí, ya me voy acol-
dando.

Y dipué se acoldó y la hiso su esposa, y con la que él se diba a
casal fué la madrina del matrimonio.

J. V. SOBÁ.
La Vega.

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