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Cultura Selknam

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Cultura Selknam

Reseña Histórica Mediante el aporte de estudios antropológicos se sabe que la isla de Tierra del Fuego fue habitada muy tempranamente por grupos de cazadores provenientes del norte del sector patagónico. Los más antiguos, que corresponden a bandas del Paleoindio, datan del noveno milenio A.C. (10.420 años antes del presente). Ocuparon temporalmente el lugar de los Toldos y Fell, dedicándose a la caza del guanaco, aves y posiblemente roedores, alimentándose con el consumo de estos animales y ocasionalmente con mariscos. Estos grupos usaban como instrumentos raspadores y cuchillos de piedra.

Otros restos de cazadores de Tierra del Fuego datan de 9.590 años antes del presente, otros del año 5.030 antes de Cristo (A.C.) y otros del 3.600 A.C. y presentan características similares al anterior. Hacia el año 2500 A.C, los grupos humanos que ocupaban el territorio de Tierra del Fuego ya eran propiamente selknam. Estos utilizaban puntas de piedras, raspadores, boleadoras esféricas de piedra, también instrumentos de hueso (punzones, y elementos decorativos).

Al igual que los cazadores más antiguos, la alimentación de estos grupos se basaba en el guanaco, aves, zorro, coruro (roedor), y también algunos recursos marinos tales como moluscos, lobos marinos, y otros. Al sur de la Tierra del Fuego, en el sector de Península de Mitre, había otro grupo de cazadores terrestres denominados "Haush", que vivían separados de los selknam y aunque semejantes en su forma de vida eran distintos a éstos. Estos grupos de cazadores permanecieron en la zona de Tierra del Fuego desde el año 2500 A.C, casi sin alteración en su modo de vida hasta los primeros contactos con los extranjeros (españoles y europeos), que pasaron por la zona desde el siglo XVI (1520 D.C) en adelante.

Hay un relato de la expedición de Magallanes en 1520 en que se hace una alusión a los aborígenes al advertir, en su paso por el Estrecho, extraños fuegos en la costa. De este hecho surgió el nombre de la isla, Tierra del Fuego. En 1580, durante la expedición de Pedro Sarmiento de Gamboa al Estrecho de Magallanes, los españoles sostuvieron un enfrentamiento con los selknam como consecuencia de haber tomado cautivo a un aborígen. En 1599, los miembros de una expedición holandesa que desembarcaron en la costa norte de la isla de Tierra del Fuego, sostuvieron un sangriento encuentro con los selknam que ocasionó la muerte de 40 indígenas.

La relación entre europeos y aborígenes continuó en forma intermitente durante los siglos posteriores. Los navegantes extranjeros que pasaban por la zona venían con interés comercial, exploratorio o de carácter científico. Se estima que, hacia comienzos del siglo XIX, la población selknam estaba compuesta por unas 2500 a 3000 personas. Desde 1881 comenzó la colonización del territorio fueguino, con la explotación del oro en sierra Boquerón y con la explotación ganadera masiva. Esto causó un profundo impacto en la población selknam. La ocupación de su territorio de caza para la explotación ovina, el contagio de nuevas enfermedades, las deportaciones masivas, además de la persecución y muerte de los selknam llevada a cabo por los colonizadores, llevaron a esta etnia indígena a una rápida extinción. Hacia fines del siglo XIX y comienzos del

siglo XX, había algunos centenares de selknam en la zona boscosa de la Isla, o residiendo como trabajadores en la estancias que se habían formado. A mediados del siglo XX, sólo existían algunos representantes de los selknam. Actualmente hay personas descendientes de los grupos selknam en la Región de Magallanes.

UBICACIÓN GEOGRÁFICA Los selknam habitaban en las estepas y zona boscosa del territorio de la Isla Grande de Tierra del Fuego. Había un grupo que habitaba al norte, hasta la ribera del Estrecho de Magallanes, otro que habitaba en los bosques, al sur de los anteriores. Un tercer grupo, denominados Haush, vivían en el extremo suroriente de la Isla. Todos ellos son un mismo grupo de cazadores que habitaban en esta Isla y a los que nos referiremos simplemente con el nombre de selknam.

ACTIVIDADES DE SUBSISTENCIA Los selknam eran bandas nómades de cazadores recolectores, que se desplazaban de un lugar a otro en busca de alimento. Este último era el objetivo en torno al cual giraba su principal actividad, que era caza de animales y la actividad temporal de recolección de frutos hongos y huevos. Cazaban guanacos como principal fuente de carne, y también zorros y ratas (coruro). Tomaban su alimento de estos animales complementándolo con el consumo de algunas aves y frutos silvestres. En algunos relatos históricos se señala que los selknam también se alimentaban de productos del mar.

ORGANIZACIÓN SOCIAL Los selknam se organizaban en grupos locales, cada uno de los cuales estaba formado por varias familias. Cada grupo ocupaba un territorio definido o "coto de caza" llamado entre ellos "Haruwen". En él se podía cazar, recolectar frutos silvestres, seleccionar materias primas para variados usos, establecer sus lugares de campamento y realizar todas aquellas actividades necesarias para preservar la subsistencia del grupo. Este territorio debía ser respetado por los demás grupos para mantener una convivencia pacífica. No obstante, cuando escaseaba el alimento o se reunían para las ceremonias sociales colectivas (Hain), los habitantes de un territorio permitían el ingreso a sus dominios de otros grupos.

Según Martín Gusinde (Sacerdote y antropólogo alemán que vivió entre los grupos australes a comienzos del siglo XX) el territorio selknam se dividía en 39 distritos o Haruwen. Anne Chapman (Antropóloga francesa que ha conocido y trabajado con los últimos descendientes Selknam y Haush, desde el año 1965 y durante la década del 70), habla de 71 distritos, sin contar los 12 de los Haush.

FAMILIA La familia selknam, formada por el hombre, la mujer y los hijos, era la base de la sociedad. Los hombres se dedicaban a la cacería y a la fabricación de las armas. Las mujeres, a criar a los niños, al cuidado del toldo y las faenas domésticas. También se encargaban de la caza de animales menores y de la recolección de alimentos silvestres. Cuando se trasladaban de lugar, ellas se encargaban de llevar los cueros, arrastrándolos con resistentes amarras y los utensilios en bolsas de cuero y en canastos trenzados.

A los hijos menores (que no caminaban), las mujeres los cargaban en la espalda durante los traslados. Mientras permanecían en un lugar, los colocaban en unos aparatos llamados "Taal", que hacían las veces de cuna (dos varas en paralelo amarradas con pequeñas varas atravesadas, en forma de escalerilla). Se usaba amarrando a la criatura con correas de cuero a esta estructura y fijando esta última verticalmente, enterrada en el suelo (evitando de esta manera que roedores e insectos se acercaran a ellos o que los adultos los pisaran).

INSTRUCCIÓN La enseñanza entre los selknam comenzaba desde la niñez, con el uso del arco y flecha que se daba a los varones. Una vez que éstos crecían, debían participar en una ceremonia que duraba dos o tres meses, en la que se realizaban una serie de pruebas destinadas a formar y preparar a los jóvenes para la futura vida de cazadores. Así también aprendían a pensar y actuar como hombres, preparándose responsablemente para poder formar su propia familia. Esta ceremonia, llamada "Hain", era una reunión secreta, organizada y dirigida por los hombres mayores. En ella estaba prohibido, bajo pena de muerte, decir nada de lo que ocurría dentro a las mujeres o a los niños. A los jóvenes iniciados que debían someterse a las duras pruebas mientras durara el Hain, se les llamaba "Kloketen".

Esta ceremonia era una verdadera escuela para los jóvenes y una ocasión en que se reafirmaba el rol dominante del hombre en la sociedad. Las mujeres jóvenes, por su parte, recibían en sus hogares una prolija educación de todos los deberes que debían tener como mujeres y madres. Esto es, la preparación de las comidas, los curtidos de las pieles, la confección de los útiles caseros, etc.

VIVIENDA La vivienda de los selknam tenía la forma de un cono, montada con palos clavados en el suelo, inclinados unos sobre otros (unidos en la parte superior) y cubiertas con cueros de guanaco y cortezas de árbol. Tenía una abertura amplia, cerca de la cual se hallaba el fuego. Esta vivienda tenía como función principal la de proteger del viento de la estepa. Era fácilmente desmontable cuando había que dirigirse a otros lugares.

En el interior de la vivienda desparramaban paja, que servía a la vez de asiento y lecho. Otro tipo de vivienda generalizada entre los selknam era el toldo o paraviento que consistía en cueros unidos y sujetos a estacas clavadas en el suelo, con una inclinación mayor o menor, dependiendo la intensidad de la lluvia o la fuerza del viento.

UTENSILIOS Los utensilios que poseían los selknam consistían principalmente en bolsos de cuero y cestos trenzados, en los que guardaban sus instrumentos para faenar los animales que cazaban (cuchillos, raspador de piedra), aprovechando todo lo que podían tomar del animal: el cuero, las tripas, los tendones, vejiga, además de la carne. La vejiga de animal les servía para contener el agua. Los tendones y tripas, como cordones para fabricar sus armas. El cuero básicamente lo usaban para cubrirse y levantar sus viviendas.

VESTUARIO El vestido de los selknam consistía en una amplia y larga capa de piel de guanaco, que llevaban sobre sus espaldas. Los hombres llevaban el manto abierto y las mujeres lo sujetaban a la cintura con una correa, usando además, un trozo de cuero como taparrabo. Los hombres usaban un tocado cefálico triangular llamado "koschel", hecho con piel del mismo animal. Este era un tipo de cintillo de piel que se ataba por detrás de la cabeza y de frente daba la apariencia de ser un gorro cónico. Al uso de este tocado se le atribuía una influencia mágica, que favorecía el éxito de la cacería. En los pies usaban un trozo de la misma piel recogida sobre los tobillos como una bolsa.

Hombres y mujeres se pintaban el rostro y el cuerpo con pintura blanca, amarilla, roja oscura y negra diluida en grasa de guanaco. Usaban diferentes dibujos que consistían en puntos, rayas y franjas combinados de distintas formas. Así también usaban adornos hechos de semillas, cuentas de huesos y conchas unidas con tendones de animal. Los hombres los usaban en las muñecas, mientras que las mujeres, en el cuello, muñecas y tobillos.

APARIENCIA FÍSICA De los grupos humanos que habitaban el extremo sur del continente sudamericano, los selknam se destacaban por su elevada estatura. Medían como promedio 1.80 metros los hombres, habiendo casos de individuos de 1.90 metros o más. Las mujeres también eran altas, medían 1.67 metros promedio. Se caracterizaban además, por ser individuos corpulentos, de anchas espaldas y miembros robustos. Tenían el cuello grueso y corto. Presentaban rostro alargado, rasgos angulosos, pómulos salientes, nariz larga y delgada y boca grande con dentadura blanca y pareja. Sus ojos eran oscuros, pequeños y vivaces. Tenían el cabello de color muy negro, grueso y lacio. Los hombres lo usaban corto y las mujeres largo (de unos 35 cm.) y suelto, y a menudo lo llevaban recortado a lo largo de la frente, como chasquilla.

El color de su piel era castaño, con un ligero tinte pálido. Tenían los brazos largos y fornidos, con músculos bien desarrollados y robustos. Las piernas bien constituidas.

MÚSICA La música selknam era muy sencilla. No hacía uso de instrumentos, utilizando sólo voces, con melodías y ritmos muy simples (no más de dos notas y ritmo de pulso). No obstante, el canto era símbolo del dominio del hombre sobre el entorno (por ejemplo el Chamán, con el uso de su voz, era capaz de entrar en trance para curar una enfermedad o atraer una ballena a vararse en la playa) y era expresión de su identidad, ligada íntimamente a lo ritual y festivo.

CREENCIAS Los selknam creían en un dios único, creador y dispensador de todos los bienes, al que llamaban Temaulkl (o Temauquel). Este era para ellos un Ser Supremo, un espíritu invisible, sin necesidades materiales, todopoderoso, que habitaba en el cielo más allá de las estrellas, que estaba revestido de los más altos atributos morales y de él derivaban todas las normas de buena conducta. Ellos obtenían su benevolencia viviendo de acuerdo con las costumbres tradicionales. Aunque los selknam consideraban a Temaulkl como un ser lejano, que habitaba en el universo, le rendían un simbólico homenaje al ofrecerle las primicias de sus comidas.

CEREMONIAS Los selknam tenían una ceremonia que no era propiamente religiosa, sino más bien destinada a la iniciación de los adolescentes masculinos, llamada "Hain". Era una reunión secreta que organizaban los hombres a través de la cual transmitían a las generaciones jóvenes los valores, enseñanzas y experiencias necesarias para su vida futura. En estas ceremonias se pintaban el cuerpo y usaban unas máscaras hechas de corteza de árbol o de cuero de guanaco.

En la ceremonia de iniciación de los adolescentes, estaban presentes los espíritus de Klóketen: Kosmenk, Tanu, Ulen y otros. El mundo de creencias de los selknam era muy rico. Dentro de su tradición cada cerro, cada curso de agua, cada lugar tenía un sentido especial, en el que se mezclaban los aspectos prácticos de la vida diaria con las abstracciones de carácter sobrenatural.

RELATOS AQUEHUAUHUEN (El motivo del siguiente relato ha sido tomado de la obra de Martin Gusinde, "Die Feuerland-Indianer" Tomo I, "Die Selknam", Viena, 1931. Redactado por Carlos Keller, en 1947, da cuenta de tradiciones Selknam).

"En el pueblo de los háus, que son parientes de los selknam y que viven en la península Mitre, en el extremo suroriente de nuestra Isla Grande, había una familia de pescadores que obtenía su sustento de los helados mares Australes. Formaba parte de aquella familia una bellísima joven, quien no sólo se caracterizaba por su hermosura, sino, además, por ser una habilosísima pescadora. Se la veía salir muy de madrugada a las playas y peñas de aquella costa, regresando siempre con abundante pesca, por lo cual sus hermanos, que eran de mayor edad, la envidiaban. Sus padres, en cambio, le profesaban un amor entrañable.

La región en que se formó y creció aquella muchacha era muy solitaria, de manera que no se le había acercado ningún pretendiente que solicitara su mano. Muchas veces se sentaba pensativa sobre las rocas y en su corazón se manifestaba una nostalgia de belleza, anhelando salir de aquel estrecho mundo en que vivía para conocer otros horizontes y, en fin, se hacía presente el amor: habría deseado ser capaz de elevarse por los aires y recorrer el firmamento azul. Mientras así soñaba, sintió repentinamente que un pez picaba su anzuelo, por lo cual recogió rápidamente la cuerda. Es cierto, aquel animal se había comido la carnaza, pero no había tragado el anzuelo. Llena de rabia, volvió a colocar carne en él, pero se repitió la escena anterior: desapareció la carnaza, pero no pescó nada. Irritada, la muchacha buscó trozos de carne más grandes, pero siempre volvía a ocurrir lo mismo: perdía la carnaza, sin tener éxito alguno en la pesca.

La joven se colocó entonces sobre una alta roca para observar lo que ocurría en el agua. Era una mañana clara y de magnífico sol de primavera, cuyos rayos jugaban en torno a su cabeza. Ocurrió entonces algo inesperado: un león marino, Aquehuáuhuen, levantó su cabeza del agua y miró a la muchacha con sus grandes ojos redondos. Tenía una sonrisa muy curiosa en la cara, mezcla de infantilidad y cariño. Respiró primero fuertemente por sus narices, y luego le comenzó a hablar. Reconoció que fue él quien se había comido la carnaza, pero muy galante, se excusó, diciendo que, aún cuando de buenas ganas se habría querido dejar pescar por tan bella pescadora, habría desistido de hacerlo, porque en tal caso ya no la habría podido ver más. Agregó que desde hacía muchas semanas se paseaba frente a la playa, contemplando su belleza.

La joven, que jamás había escuchado tales palabras de amor, no sabía bien qué contestarle. Primero había querido enojarse con aquel animal, pero luego ... encontró en la risa burlesca un arma más conforme con su naturaleza. - ¿Y qué?-le replicó-. ¿Acaso a Ud. le interesaría vivir en la tierra firme? En cuanto a mí, yo jamás entraría a su elemento húmedo. ¡Qué horror! ¡Y tan helado que es!... - ¿Cree Ud.? - le contestó el león -. ¿Cómo puede comparar la suavidad acogedora del mar con la resistencia que a cada paso ofrece la tierra firme? ¿Tenemos, acaso, en el agua los acantilados de las costas? Cuando salgo a tierra, siento constantemente sus pinchazos, como si me quisieran herir con mil puntas de lanzas. ¡Oh!, no, el mar es mera suavidad y dulzura. Uno puede vagar por él elegantemente a donde quiera. No tiene límites. ¡Y si Ud. tuviera oportunidad de ver lo que hay dentro de él! Los misterios de sus profundidades, los seres fantásticos que lo pueblan...

- Pero cualquier tormenta lo precipita a uno a esas profundidades, para no regresar más ..., -le replicó la joven. - Eso sólo se les ocurre a vosotros, los hombres, -contestó el león-. ¿Qué no tenemos cuevas los leones marinos, para guarecernos en ellas? Le aseguro que ahí estamos mejor protegidos que ustedes en sus viviendas, a través de las cuales sopla la tormenta y penetra la lluvia. Y así una palabra se juntó a otra, hasta que la muchacha invitó a Aquehuáuhuen a acompañarla sobre la roca. No necesito explicaros que éste no perdió un momento para hacerlo. De esta manera, el joven león marino se sentó al lado de la joven háus. En un principio, ella sintió un poco de miedo y su piel le pareció un tanto húmeda y grasosa.

Pero, como sabéis, los leones marinos son muy amorosos, mucho más que nosotros, los humanos. Tienen una expresión tan llena de confianza en su cara y una indescriptible elegancia en los movimientos de su cuerpo. Además, saben expresarse con tanto cariño... Finalmente, Aquehuáuhuen propuso a la joven que hicieran un paseo por el mar. Ella le replicó que no sabía nadar y que temía mucho ahogarse. Pero el león no tardó en convencerla de sentarse, con toda confianza, sobre sus espaldas, pues él se preocuparía de su seguridad y le daba la más completa certeza de que no le ocurriría nada. Así, aquella extraña pareja salió del cabo San Diego y realizó el viaje por mar hasta Bahía Buen Suceso, donde en aquel tiempo no vivía nadie. En ese lugar, Aquehuáuhuen volvió a colocar a la joven sobre la orilla.

Con esta experiencia, ella había perdido todo temor, y estaba resuelta a no separarse más de tan gentil compañero, quien le prometió mostrarle el mundo, satisfaciendo de esta manera uno de sus mayores anhelos. Mientras él se soleaba sobre las rocas, ella recorría la playa en busca de cochayuyo, pues el largo viaje la había dejado con hambre. Entre tanto, la familia había notado su ausencia, y sus hermanos salieron a buscarla, recorriendo toda la costa. Finalmente, llegaron a Bahía Buen Suceso, pero cuando la joven los vió acercarse, llamó a Aquehuáuhuen y le imploró que se lanzara nuevamente con ella al mar, para no tener que regresar donde los hombres. En realidad, tenía ya un gran amor por él.

Alejados de la costa, la joven comunicó a sus hermanos su determinación de no regresar más a su hogar, por haber encontrado un marido que amaba por sobre todas las cosas. Les encargó, además, que explicaran todo a sus padres, encomendándoles los saludaran y les pidieran perdón por su alejamiento. Luego, ambos se dirigieron al mar Austral, ella reposando siempre sobre sus espaldas, y no se les vió más. Lo único que se sabe, es que tuvieron muchísimos hijos, que pronto comenzaron a poblar nuestras costas". ("Dios en Tierra del Fuego", Keller p.74-78)

CRAN Y CRA (El motivo de este relato ha sido tomado de la obra de Martín Gusinde, "Die Feuerland-Indianer" Tomo I, "Die Selknam", Viena, 1931. Redactado por Carlos Keller en 1947, da cuenta de algunas tradiciones de los Selknam). "Era Cran un gran cazador de guanacos, muy bien formado, ágil y ligero como ningún otro selknam. (...) Era, además, una excelente persona, solícito, servicial, gran entretenedor y siempre dispuesto a ayudar a los demás....

Contrajo matrimonio con Cra. Bella en su juventud (...) esta mujer demostró más tarde estar poseída de condiciones que nadie habría podido sospechar en ella durante su juventud. Se volvió dominante, absorbente e irritable en grado sumo. Pretendía (...) invadir la esfera de su esposo y obligar a éste a someterse a sus caprichos. Así, salía a cazar guanacos, lo que corresponde solamente a los hombres. Desatendía la familia (...). De esta manera, Cran tuvo que padecer muchas humillaciones, pero como era de tan buen carácter, se hacía el desentendido y conservaba su dignidad, sin producir escenas desagradables.(...)

Las cosas , sin embargo, no siguieron indefinidamente así. Un buen día, Cra logró reunir a todas las mujeres y les pronunció un largo discurso, en que, en síntesis, les dijo que no debían continuar el régimen de libertad en que siempre hemos vivido los selknam, sino que debía instaurarse un gobierno, y que el mando correspondía a las mujeres. Estas prédicas fueron mantenidas, por supuesto, en secreto. (...). Hasta que algún día más tarde, las mujeres se separaron de sus hogares en medio de las sombras de la noche y se reunieron en un claro de las selvas, (...) levantaron un háin, o casa grande, (...) para contenerlas a todas. Cuando los hombres despertaron, encontraron que sus mujeres los habían abandonado.(...), por lo cual decidieron realizar en conjunto una búsqueda.

Llegaron al claro de la selva (...), y vieron, con sorpresa, cuando del háin salieron toda clase de espíritus de espantosa figura. Todos se presentaban perfectamente desnudos y pintados de la manera más extravagante, con rayas y círculos en diferentes colores. (..) Llevaban máscaras (...) que producían verdadero espanto en quienes los vieran. Uno de estos espíritus explicó a los hombres que en el háin residía Jálpen, una mujer de cuerpo informe, tan grande como ballena, que vivía en la tierra y se alimentaba de carne, devorando a quienes se le acercaran (...) Dijo, finalmente, que la única manera de aplacar las iras de Jálpen, era entregarle carne de guanacos en grandes cantidades, para que dejara de perseguir a las mujeres y a los hombres.(...)

Se les acercó, entonces, un espíritu de género masculino, llamado Sorte, quien les explicó ser el marido de Jálpen y les manifestó que la única manera de poder escapar a ser devorados por ella, consistía en obedecer ciegamente no sólo a su mujer, sino a todas las mujeres. Víctimas del terror, los hombres lo prometieron.(...) Y desde entonces comenzaron a cocinar, a cuidar los niños y a realizar todo aquello que es propio de mujeres, mientras éstas salían a cazar guanacos y se ejercitaban en el uso de las armas.(...) Sin embargo, (...) Cran y Cuányip poderoso- no estaban tan convencidos de la que habían visto.(...) Pero, sin comprender, ellos tuvieron que obedecer a sus mujeres. -hombre realidad también

Al año siguiente,(...) Cran, fue despertado de su reposo tras la caza (...) por las voces de dos alegres muchachas que se bañaban en las aguas cristalinas de una lagunita existente cerca de la mata donde descansaba.(...) Al salir del agua, (...) una de ellas comenzó a pintarse el cuerpo con la ayuda de su compañera. (...) Finalmente, se colocó una máscara larga (...) sobre la cabeza.(...) -¿Entonces...? pensó Cran, pero las propias muchachas se encargaron de disipar la menor duda que todavía pudiera haber tenido, pues comenzaron a mofarse de los hombres que tomaban en serio las escenas que sus propias mujeres les representaban (...)

La reacción de Cran ante este hecho no se hizo esperar (...) y, por supuesto, reveló el secreto a Cuányip, y después de largas discusiones y deliberaciones llegaron a la conclusión de que era preciso tomar medidas (...) para cuyo efecto se destacaron diversos emisarios cerca del háin (...) Comprobaron que la casa contenía solamente mujeres, quienes eran las comediantes que hacían aparecer los espíritus, disfrazándose como tales. (...) Pudieron constatar que aquellas maniobras de las mujeres eran dirigidas por la propia esposa de Cran, Cra(...) Puesta la verdad en conocimiento de los demás hombres, todos ellos juraron proceder conforme a lo propuesto por Cuányip. (...) A una señal, todos se precipitaron sobre las mujeres, armados de grandes piedras y troncos de árboles. Se trataba de una verdadera batalla campal entre ambos bandos. (...)

En esta lucha, Sóorte perdió su máscara, y Cran, reconociendo a su mujer, se precipitó sobre ella, dándole fuertes golpes con su tizón. (...) Cra prefirió emprender la fuga, perseguida por la selva por su esposo furibundo. (...) Cra imploró clemencia, pero Cran estaba tan irritado que sus castigos eran cada vez más duros, por lo cual Cra se vió obligada a huir al cielo. (...) Cran, elevándose también a las alturas, (....) la sigue persiguiendo hasta el día de hoy, pues Cran es el sol y Cra la luna.

Si observáis ahora estos dos astros mayores de nuestro firmamento, podréis reconocer sin mayor esfuerzo todo lo ocurrido. Veréis que Cran sigue siendo tan claro, brillante y luminoso como lo fue cuando vivía en la tierra (...). El comportamiento de Cra, en cambio, es muy distinto. A veces se tiñe de rojo exteriorizando así la rabia que la domina cuando piensa en la supremacía que los hombres tienen sobre las mujeres en lo referente a su fuerza física, lo que desbarató todos sus propósitos. Las manchas que podéis ver en su rostro provienen de los golpes que le dio Cran con su tizón. Si se le acerca su marido, el sol, se presenta débil y flaca de fuerzas, perdiendo volumen, como si implorara clemencia. (...) Todas las mujeres que perecieron, se transformaron en animales. (...) Así terminó, pues, la lucha entre Cran y Cra, y se volvió a restablecer el orden instaurado por Quenós. (el enviado de Temáuquel)(...)

Aquel clóqueten que celebraron las mujeres no fue el último.(...) Pocos años después, los hombres se reunieron en la montaña(...), levantaron el háin, se pintaron el cuerpo de la misma forma como lo habían hecho las mujeres y aprovecharon, además, esta oportunidad para instruir a los jóvenes en las tradiciones del pueblo y enseñarles cuanto debe saber un buen selknam para ser un miembro útil y digno de nuestra gran hermandad. " ("Dios en Tierra del Fuego" Keller, pág. 45-58)

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