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Poblamiento Americano

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Poblamiento Americano

El estudio del origen de los paleoamericanos se remonta a los primeros contactos culturales entre el Viejo y el Nuevo Mundo. En efecto, el interés por resolver los enigmas del poblamiento americano, ya se encuentra presente en el pensamiento de los primeros cronistas, que tratan de los asuntos de este continente, durante el descubrimiento y conquista de América. Desde esos tiempos, se han postulado muchas respuestas en torno a este atractivo problema de la historia americana que, por cierto, se sigue discutiendo, aunque con otras perspectivas y por otros motivos.

La importancia del estudio de las raíces del hombre radica en comprender el proceso como se formó la población precolombina, y a la vez demostrar el anhelo que siempre ha existido por identificar los primeros rasgos culturales del antiguo indio americano. También es interesante reconocer el desarrollo que ha tenido la investigación sobre los orígenes americanos y descubrir que, tras la diversidad de creencias y teorías que se han esgrimido a lo largo de la historia, existe el propósito de rescatar el pasado remoto del hombre americano y hacerlo consciente en el presente.

En líneas generales, las diversas ideas sobre el poblamiento americano, resultan de la distinción entre dos grupos de teorías contrapuestas. Ellas son: a) Las que sostienen la idea de un origen autóctono del hombre americano. b) Las que entienden el poblamiento originario de América producto de un proceso migratorio.

CREENCIAS SOBRE EL ORIGEN DEL POBLAMIENTO AMERICANO Los primeros que intentaron explicar el origen de los pueblos nativos de América fueron los cronistas de las indias occidentales. Ellos, sin proponérselo, iluminaron, aunque tenuemente, la historia más antigua del hombre americano. Los cronistas postularon las ideas más diversas, muchas de ellas sin fundamentos reales; eran por lo general suposiciones extraídas de viejos mitos de la civilización europea, como el mito bíblico de las diez tribus perdidas del pueblo de Israel o el siempre atractivo mito griego del continente perdido de la Atlántida.

EL MITO BÍBLICO
Importantes cronistas como Fray Gregorio García y el padre Bartolomé de las Casas y otros destacados hombres de estudio como Alexander Von Humboldt y Lord Kingsborough, se encuentran entre los defensores de la creencia que ve en las bíblicas diez tribus perdidas del pueblo de Israel, el origen del pueblo americano. En 1607, el Fray García, de la orden de los Dominicos publicó su "Origen de los indios del Nuevo Mundo", donde trata de demostrar, en forma más aparente que real, las supuestas afinidades entre los indios americanos y los antiguos hebreos descendientes de Noé.

Por su parte, el famoso defensor de los indios americanos, el padre Las Casas quiso probar que las tribus israelitas vinieron a refugiarse a América, luego que su pueblo fue conquistado por los asirios hacia el siglo VIII a.C. Evidentemente estas observaciones no indican ni la trayectoria ni los medios que utilizaron los israelitas para alcanzar el nuevo continente. Incluso el destacado naturalista y viajero alemán, Barón de Humboldt, a comienzos del siglo XIX se unió a la idea de considerar a las diez tribus de Israel como raíces del hombre americano. Cuando visitó México, Humboldt estudió algunos códices mesoamericanos y creyó ver tradiciones precolombinas similares a las del Antiguo Testamento.

Lord Kinsborough también creyó que las diez tribus de Israel dieron origen al pueblo americano; y no sólo lo creyó sino que emprendió la tarea de demostrarlo a lo largo de los primeros volúmenes de su obra "Antiquities of Mexico" aparecida en 1831. La génesis de este mito bíblico se halla en el destino que tuvieron las diez tribus hebreas que constituían el estado de Israel en Galilea después que fueron conquistadas por los asirios a fines del siglo VIII a.C.

Lo más probable que haya sucedido en este proceso de conquista es que parte de la población israelita fue destruida por los guerreros asirios, otra fue desplazada y el resto fue transculturado por los pueblos conquistadores, incluso una parte importante de las tribus hebreas conservó sus rasgos e identidad y sus descendientes son los samaritanos que se han conservado en pequeña cantidad hasta nuestros días. En resumen, los restos de las diez tribus perdidas del relato bíblico nunca salieron de las inmediaciones del territorio que siempre habían ocupado y en consecuencia no se les puede atribuir ninguna participación en el origen y desarrollo de la población americana.

EL MITO DE LA ATLÁNTIDA El mito sobre el continente sumergido de la Atlántida fue una de las creencias más populares entre los cronistas y los hombres del Renacimiento que intentaron explicar el origen del poblamiento americano. Se considera que Solón fue el primero en narrar en forma oral la leyenda sobre la Atlántida, pero es el filósofo Platón quien nos hace llegar este mito a través de sus diálogos Critias y Timeo. En el libro Timeo, Platón habla de la Atlántida como un continente o isla enorme situada más allá de las columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar), habitada por un pueblo civilizado que los temblores e inundaciones habían hecho desaparecer

Según esta creencia el continente americano estaba conectado con Europa y África a través de una largo territorio que se extendía desde la península de Yucatán, Cuba y las otras Antillas hasta la entrada del mar Mediterráneo, en la intersección de Europa y África. Pero veamos que dice Platón en el relato del Timeo A su vez, en el diálogo de Critias, Platón pormenoriza las características reales de esta misteriosa civilización insular, e indica el porqué desapareció. El relato dice que "... el dios de los dioses que reina según la ley, comprendió la miseria de esa raza que había sido tan excelente y se propuso castigarla..."

En realidad son muchos los que han buscado los restos de esta civilización perdida. Por distintas motivaciones, desde aventureros hasta hombres de ciencia han orientado sus esfuerzos en función de hallar restos arqueológicos que de una u otra forma demuestren la existencia material del continente sumergido. Sin embargo, hasta la fecha nada significativo se ha encontrado, que sirva para probar la veracidad de este mito y deje así de ser sólo un extraordinario relato poético. Al parecer, quien hizo surgir del océano esta civilización la había también sumergido.

Aquellos cronistas y estudiosos que cogieron este mito como fuente de diversas explicaciones han querido situar la Atlántida como el punto de partida de un grupo de hombres que lograron salvarse de la destrucción emigrando a América, poblando el continente y llegando a ser la base poblacional de las altas culturas americanas En relación a este mito, las ciencias exactas tienen mucho que decir. La geología afirma que de haber existido la Atlántida como una enorme isla o como una gran masa continental, su eventual hundimiento debió haberse producido en el período terciario temprano, es decir, hace aproximadamente sesenta millones de años atrás, pero para esa época no hay ni la más mínima señal que hubiese aparecido el hombre sobre la tierra, recordemos solamente que los homínidos antepasados del homo sapiens tienen unos pocos millones de años de antigüedad

EL JESUITA JOSÉ DE ACOSTA Junto a las creencias del mito de la Atlántida y de las diez tribus perdidas del pueblo de Israel es necesario resaltar la extraordinaria intuición y espíritu analítico del padre Acosta en relación al primer poblamiento americano. Acosta en su obra, Historia Natural y Moral de las Indias (1894:110 y ss.), abordó el problema del origen de los amerindios con un enfoque absolutamente moderno. En primer término, se negó a aceptar que hubiera nexo entre los indios americanos y las diez tribus hebreas, y en segundo término, ninguna de las diferentes creencias sobre los orígenes del indio americano expuestas durante el siglo XVI logró vencer su escepticismo, muy por el contrario, sus pensamientos eran de que el primitivo poblamiento se llevó a cabo a

través del Estrecho de Bering, así en su libro dice, "que el linaje de los hombres se vino poco a poco hasta llegar al nuevo orbe, ayudando a ésto la continuidad o vecindad de la tierra, y a tiempos alguna navegación, y que éste fue el orden de venir, y no hacer armada de propósito, ni suceder algún grande naufragio: aunque también pudo haber en parte algo de ésto; porque siendo aquellas regiones largísimas, y habiendo en ellas innumerables naciones, bien podemos creer que unos de una suerte y otros de otra se vinieron en fin a poblar. Más al fin, en lo que me resumo es que el continuarse la tierra de indias con otras del mundo a lo

menos estar muy cercanas, ha sido la más principal y más verdadera razón de poblarse las indias; y tengo para mí que el nuevo orbe e indias occidentales, no a muchos millares de años que las habitan hombres, y que los primeros que entraron en ellas más eran hombres salvajes y cazadores, que no gente de república, y pulida; y que aquellos aportaron al Nuevo Mundo, por haberse perdido de su tierra, o por hallarse estrechos y necesitados de buscar una tierra, y que hallándola, comenzaron poco a poco a poblarla, no teniendo más ley que un poco de luz natural, y ésa muy oscurecida, y cuando mucho algunas costumbres que les quedaron de su patria primitiva". Sin duda la visión que nos presenta en este relato el jesuita Acosta se ajusta en gran medida a las conclusiones obtenidas posteriormente por la ciencia.

TEORÍAS E HIPÓTESIS CIENTÍFICAS SOBRE EL ORIGEN DEL HOMBRE EN AMÉRICA Las teorías e hipótesis sobre los orígenes del hombre americano, basadas en datos científicos, comenzaron a tomar forma a mediados del siglo XIX con el desarrollo de las ciencias antropológicas y de todas aquellas ramas dedicadas a colaborar en los estudios de prehistoria de América. Básicamente se han establecido los fundamentos de dos interpretaciones para comprender el primer poblamiento americano: una de ellas, se inclina por la idea de que el hombre americano se había formado en el propio continente, y la otra, postula que el hombre americano había llegado desde el Viejo Mundo.

EL AUTOCTONISMO DEL HOMBRE AMERICANO La tesis autoctonista del amerindio, tuvo como paladín al paleontólogo argentino Florentino Ameghino (1854-1911), quien afirma en su libro titulado La antigüedad del hombre en el río de la Plata de 1880, que no sólo el hombre americano había surgido en este continente sino que también la cuna de toda la humanidad había sido la región meridional de Sudamérica, más exactamente en la pampa argentina. Para lo cual Ameghino presentaba unas cuantas pruebas geológicas, paleontológicas y osteológicas. Ameghino fue un decidido partidario y defensor de las ideas darwinistas sobre la evolución de las especies. Su tesis fundamental era de que los restos humanos hallados en terrenos del cuaternario temprano y aún del terciario tardío, de la pampa del sur de la provincia de

Buenos Aires, correspondían a homínidos de una extraordinaria antigüedad y que representaban los eslabones perdidos enunciados por Darwin. Toda esta teoría Ameghino la construyó sobre la base de dos restos óseos, una calota que corresponde a la parte superior del cráneo y un fémur. El notable sabio checo-norteamericano Ales Hardlicka consiguió rebatir una a una las pruebas acumuladas por Ameghino. Primero, Hardlicka demostró que los terrenos pampeanos que Ameghino les atribuía una antigüedad pliocénica, pertenecían a un cuaternario tardío. Segundo, Hardlicka descubrió que la calota pertenecía a un homo sapiens relativamente moderno, y por último reveló que el fémur no era humano sino que correspondía a un pequeño felino. Lógicamente, con esto se descartó a América como centro geográfico de origen de los homínidos.

De este modo, la tesis del autoctonismo del hombre americano de Florentino Ameghino, sólo merece el recuerdo histórico y el reconocimiento porque las discusiones científicas que provocó, durante media centuria, hicieron progresar notablemente el conocimiento de los orígenes del hombre en América.
Ubicación de la Pampa argentina

TEORÍAS INMIGRACIONISTAS SOBRE EL POBLAMIENTO DE AMÉRICA La ciencia moderna afirma unánimemente el origen alóctono del hombre americano. Pero existen divergencias en cuando a la procedencia del inmigrante. En realidad, el conjunto de teorías inmigracionistas del poblamiento americano se dividen en dos grandes grupos: a) Aquellas teorías que postulan inmigraciones desde el Este a través del Océano Atlántico, y b) Aquellas que plantean movimientos migratorios desde el Occidente por el Océano Pacífico.

INMIGRACIONES DESDE EL ESTE HACIA AMÉRICA Partiendo del hecho que América fue descubierta y colonizada por el Atlántico, se cree que esto mismo pudo haber sucedido varios miles de años antes. Básicamente se han postulado dos hipótesis atlánticas. Por una parte, se maneja la proposición de que existen semejanzas culturales entre los hombres del paleolítico superior europeo y los paleoindios americanos e incluso con los esquimales. Asimismo, se ha pretendido vincular al hombre de Cromagnon, a los negros de África y a los aborígenes de las Islas Canarias con poblaciones de América

En la teoría de Greenman, los habitantes de la región en torno al golfo de Vizcaya, durante los períodos Musteriense, Solutrense y Magdaleniense habrían emigrado hacia el Norte y Noroeste de Europa. Mediante diferentes tipos de embarcaciones y con el apoyo de los numerosos icebergs de la región y de un enorme banco de hielo -que cubriría en aquella época desde Irlanda, pasaría muy al sur de Islandia y Groenlandia hasta Terranova- llegarían al continente americano

A fines de la década del sesenta T. Heyerdahl atravesó el Atlántico nordecuatorial desde el Norte de África hasta unas islas del mar Caribe en una embarcación llamada Ra-2, construida de papiro a semejanza de las egipcias del antiguo imperio del Nilo. Con todo, el destacado investigador sólo demostró que era posible el viaje, pero con ello no se prueba que efectivamente hayan habido contactos permanentes entre los constructores de pirámides e incluso otros pueblos como los Egipcios, Fenicios, Romanos y Árabes, y los aborígenes americanos

Hacia el siglo X de nuestra era los vikingos, sirviéndose de unas frágiles embarcaciones llamadas drakkar y gracias a sus conocidas habilidades de buenos navegantes, lograron establecerse en Groenlandia y, precisamente desde esa región fue que, primero en forma accidental y luego intencional, en los últimos años del siglo X y principios del siguiente, los normandos alcanzaron la costa oriental de Norteamérica, bautizando la región como Vinlandia porque eran tierras donde crecían las uvas. Se presume que Vilandia se localizaba al Sur del paralelo 42 de latitud Norte, en donde se dan condiciones naturales favorables para el cultivo de vides.

Aunque los vikingos patrocinaron la colonización de Groenlandia, todo indica que no sucedió lo mismo en la costa norteamericana. Al parecer, a los escandinavos nunca les interesó establecer enclaves permanentes en tierras americanas y por esta razón no existen huellas manifiestas de su eventual influencia cultural en el desarrollo del indio americano. Solamente sabemos que navegantes vikingos estuvieron presente en América medio milenio antes que C. Colón y que las grandes y antiguas culturas americanas de México y Perú se desarrollaron sin sus aportes.

INMIGRACIONES DESDE EL OESTE HACIA AMÉRICA La mayoría de los investigadores están de acuerdo en que el continente americano fue poblado por grupos humanos plenamente evolucionados y que ingresaron gradualmente al continente. En general, las inmigraciones provenientes del lado Pacífico, han sido las más aceptadas y mejor demostradas, aunque es preciso señalar que difieren entre sí en cuanto a los argumentos que presentan. Se distinguen tres diferentes movimientos migratorios hacia América: la inmigración asiática por el Estrecho de Bering, la oceánica por el Pacífico y la australiana por el puente Antártico.

La inmigración asiática Tal como se dijo, el padre Acosta fue el primero que expuso en el siglo XVI los fundamentos de la teoría inmigracionista que vincula en forma directa a los antiguos pueblos de Asia con los primitivos hombres de América. El argumento más destacado de esta teoría lo proporciona el hecho que el camino de acceso con menos obstáculos entre América y el resto del mundo es el de Bering, donde casi se unen el continente asiático y el americano.

Uno de los grandes partidarios de esta teoría fue Ales Hardlicka, quien a comienzos de este siglo postuló un poblamiento americano totalmente alóctono Esta teoría dice que el hombre asiático, en los periodos interglaciares, cuando se inició la disminución del nivel del mar, en oleadas sucesivas, dejando al descubierto una plataforma continental que une Asia y América, atravesaron animales en busca de alimento y, tras ellos, los cazadores Homo Sapiens. Esta teoría recibe el nombre de Teoría del origen único o Teoría Asiática Inmigracionista

El sostuvo que este movimiento migratorio desde Asia a América se habría iniciado en el período postglacial, hace aproximadamente 10.000 años atrás y que se habría caracterizado por el ingreso sucesivo de grupos cazadores, recolectores y agricultores incipientes, todos pertenecientes a la raza mongoloide, que habrían dado origen a los amerindios. Los esquimales corresponderían al último grupo en ingresar y por esa razón se localizan, hasta nuestros días en la zona más septentrional del continente Según su visión una sola raza había poblado América: los mongoles

Las diferencias somáticas que existen entre las poblaciones de América obedecen a las distintas oleadas migratorias y particularmente a las condiciones climáticas del espacio geográfico americano. En efecto, "La inmigración, según todas las probabilidades, fue una deriva prolongada debido a presión que se ejercía desde atrás, o la necesidad de encontrar mejores tierras para la caza y la pesca en unos lugares en los que aún no se ofrecía resistencia por parte de otros pueblos. De esta tesis, actualmente, no queda en pie más que la ruta de Bering; el resto ha sido rebatido.

El etnólogo y lingüista galo Paul Rivet (1876-1956) consideraba con Hardlicka que el principal contingente humano, llegó a América por Bering, pero además sostuvo que junto a la inmigración asiática deberían considerarse otras procedencias y otras rutas de penetración del hombre hacia América: por el Océano Pacífico y también a través de la Antártida y un rosario de islas que acercan Australia al continente americano. Rivet también admite que estos procesos migratorios se habrían llevado a cabo después de la retirada de los hielos. Pero, lo más importante de sus planteamientos es que reconoce en América el componente mongólico como el más numeroso, aunque no como el único y exclusivo grupo inmigrante. En realidad, Rivet pensaba que el poblamiento de América era el resultado de varios movimientos migratorios distintos, realizados en diferentes épocas, y por esto fue un defensor de la heterogeneidad racial del hombre americano.

Hoy en día existen investigadores como el antropólogo norteamericano Howells que plantean la posibilidad de una lejana inmigración desde Asia por la vía de Bering correspondiente a grupos raciales protomongoloides del Sureste y Este asiático y que al ingresar al Nuevo Mundo habrían originado al amerindio. En suma, se considera evidente que los contactos culturales asiático-americanos no se limitan a una sola inmigración, sino que se admiten varias oleadas migratorias efectuadas durante un largo período de tiempo. Esto explicaría los diversos tipos de antiguos cazadores que los arqueólogos han identificado en diversas regiones de Norteamérica. Como se dijo, los esquimales serían los últimos en ingresar al continente por esa ruta.

Cuando el mar descendió a unos 45 a 50 mts., desapareció el Estrecho de Bering y de esta forma Asia y América quedaron unidos a través de una plataforma terrestre denominada Beringia. Se abría así una ruta transitable para pasar de uno a otro continente. Entonces, es bastante racional suponer que bandas nómadas que vivían en Asia, adaptadas a las bajas temperaturas de la zona Ártica fueran penetrando insensiblemente a América. Pero, los estudios señalan que en los últimos 50.000 años sólo en dos aportunidades se produjeron regresiones del mar que permitieron el libre acceso de hombres y animales.

Durante el período llamado Wisconsin temprano que abarca desde 50.000 a 40.000 años, las aguas del mar descendieron -115 mts., respecto del nivel actual y luego durante el Wisconsin tardío (28.000-13.000 años) las aguas bajaron a -120 mts., en cambio en el período intermedio aumentó el nivel de las aguas, cubriéndose el puente terrestre. En las dos regresiones quedó expuesta una ancha calzada intercontinental por la que transitaron las bandas de cazadores hacia Alaska, que tenía el mismo clima, el mismo paisaje, la misma fauna y flora que dejaban atrás.

Hay un aspecto en este proceso de inmigración asiática que hasta ahora no ha sido debidamente dilucidado: nos referimos a la ruta que usaron los inmigrantes en su avance hacia el interior del continente. Algunos investigadores se inclinan por un corredor libre de glaciación que virtualmente comunicó Alaska con el centro de Norteamérica, pero que estuvo cerrado entre 25.000 y 13.000 años a.C., impidiendo el ingreso. Paralelamente se ha pensado en la posibilidad de un paso a lo largo de la costa del Pacífico Norte, aunque se considera remota a causa de los glaciares que descendían de las montañas. Las condiciones geológicas y climatológicas parecen ajustarse a los hallazgos arqueológicos más recientes. Han habido significativos descubrimientos que permiten trazar esbozos de los rasgos culturales generales del primitivo hombre que pobló América.

La más temprana evidencia humana americana tiene una antigüedad de 38.000 años A.P. y se encuentra en un yacimiento arqueológico ubicado en el sitio de Lewisville en Texas (EE.UU.). Las fechas dadas por el sistema de datación RC 14 para Lewisville y otros sitios, como Tule Springs (28.000 A.P.) en Nevada, e isla Santa Rosa (29.650 ± 2.500 A.P.) frente a California, ejemplifican los modos de vida que trajeron los primeros inmigrantes. Según la morfología, los artefactos excavados en estos sitios recuerdan a los restos líticos para golpear, cortar o raspar del paleolítico europeo. Sin embargo, en América no se han hallado puntas de proyectil líticas que tengan una antigüedad que pueda asociarse con las fechas dadas para los objetos más antiguos.

Esto demostraría que en ese primer estadio cultural la caza de animales debió jugar un papel secundario. Por otra parte, es muy probable que si hubo puntas de proyectil hayan sido de materiales perecederos, como la madera endurecida, el marfil o el hueso. A este primer horizonte cultural se lo denomina etapa arqueolítica porque los artefactos de piedra eran modelados en forma muy tosca a partir de núcleos de lascas. La prueba de la existencia de estos seres se encuentra por ejemplo en los hallazgos paleontológicos de los llanos de Old Crow, en el territorio canadiense del Yucón, donde numerosos huesos de fauna fósil mostraban signos de haber sido modificados por el hombre. Allí también se encontraron útiles y herramientas hechas hace 27 mil años.

La inmigración oceánica La hipótesis Oceánica surge de la premisa que junto a la inmigración asiática deben considerarse como ruta de acceso a América las aguas del Pacífico. Según Rivet, los inmigrantes polinésicos y melanésicos habrían llegado a las costas occidentales de América siguiendo las corrientes marinas. Gracias a su habilidad de buenos navegantes habrían sido capaces de atravesar grandes distancias y unir Oceanía con América. Esta hipótesis se asienta en una serie de fundamentos antropológicos, etnológicos y lingüísticos que la confirman plenamente. Rivet sostiene que esta inmigración Oceánica se realizó hace más o menos cuatro mil años atrás y sugiere que llegaron varias oleadas a las costas comprendidas entre la baja California y Colombia.

Pero en realidad, hay pocos antropólogos especializados en prehistoria americana que nieguen la posibilidad de influencias transoceánicas sobre las culturas del Nuevo Mundo, sin embargo debe tenerse en cuenta que debido a las diferencias de tiempo, la inmigración Oceánica no habría hecho más que sumarse a la población ya existente y en consecuencia no habría tenido ninguna influencia en el origen y desarrollo de los primeros americanos.

La inmigración australiana El antropólogo y geógrafo portugués Mendes Correa, postuló en 1925 la tesis sobre la eventual inmigración de grupos australianos a América. Según Mendes Correa, y posteriormente avalada por Rivet, esta inmigración se habría realizado a través del litoral antártico. Se cree que entre el 6.000 y 2.000 a.C. habrían existido condiciones climáticas más favorables que hicieron retroceder importantes masas de hielo antártico, dejando libres algunas islas australes y tierras del continente helado que supuestamente fueron usadas como vía de acceso a América del Sur.

La influencia australiana en América se muestra sin duda mucho más precisa en el extremo Sur del Continente. Parece difuminarse progresivamente de Sur a Norte, y, en ninguna parte, acusa huellas muy profundas. Puede esto explicarse por una emigración de pequeña densidad y lo bastante antigua para que los recién llegados fueran fácilmente absorbidos por los otros elementos étnicos, con los cuales fatalmente se mezclaron, ya desde su llegada, ya en los siglos siguientes

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