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DE VAPOR Ai Pe | EL BARCO| Felipe Jordan Gallito Jazz. Una fabula agence ? PREMIO ‘EL BARCO DE VAPOR 2006 > ee Direccion editorial: Redolfo Hidalgo llustraciones y cubierta: Roberto del Real Diagramacién: Gabriela de la Fuente © Felipe Jordan © Ediciones sm Chile S.A. Pedro de Valdivia 565, piso 11, Providencia, Santiago. ISBN: 956-264-404-9 Depésite legal: N° 148.199 Primera edicion, julio 2006, 3.000 ejemplares Imprenta Saigsianos Impresién: General Gana 1486, Santiago IMPRESO EN CHILE { PRINTED IN CHILE No esté permitida la reproduccion total o parcial de este libro, ni su tratamiento informético, ni su transmisién de ninguna forma o per cualquier medio, ya sea electronico, mecdnico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de tos titulares del copyright. Misa 0 ia pam Tovo ERA agitacién en el gallinero. Las gallinas viejas, los pollos nuevos y hasta algun pato intruso co- mentaban el acontecimiento del dfa: los polluelos estaban rompiendo el cascar6n y, uno a uno, se asomaban timidamentea la luz del dfa. Eran hermosisimos, pare- cfan motas de algodén amarillo, con los ojazos negros y sus patitas debiluchas. Mama Gallina los recibia sonrien- do y, amorosamente, los cobijaba bajo sus alas, para darles calor y proteccién. Mientras, Papa Gallo esperaba ansioso afuera, pues, a pesar de lo fiero y au- toritario que era, no se atrevia a entrar a ver la escena y comprobar que todo transcurriera en orden y sin problemas. Pero la verdadera causa ce su ansiedad no era el nacimiento de sus hijos en si, después de todo, ya habia pasado por esto treinta y dos veces; sin contar esta Ultima. No, lo que a él Je preocupaba era otra cosa: queria saber si entre sus nuevos hijitos, habfa un gallito rudo y valentén, para ensefiarlo a ser el rey del gallinero cuando é1 ya no estuviera. Lo que pasaba era que Papa Ga- llo, con la sabiduria que solo tienen los animales, ya se sentia un poco vieja y no querfa esperar a estar del todo aca- bado para elegir a un sucesor. No, este gallo era muy diligente y metddico y deseaba preparar ¢l mismo a quien lo reemplazara, ensefdndole todo lo que sabfa. Sin embargo, hacia mucho tem- po que en las nidadas de Mamé Gallina, usa 79 no nacfa un gallo y, aunque las pollitas le parecfan muy amorosas y tiernas, y las querfa mucho, esta falta de heredero empezaba a desesperarlo. Par eso, se pa- seaba ysepaseaba, sumamenteinquieto, en tanto los polluelos salian de los hue- vos. Por fin, sin poder aguantarse més, fue hasta donde estaba Mamé Gallina y la interrog6 con la mirada. Pero ella lo miré triste y desolada: hasta ahora, ha- bian nacido once pollitas y sélo quedaba un huevo enel nido. El gallo miré ese tl- timo huevo, chiquitito y casi ocultoentre la paja y el aserrin, y perdié las esperan- zas. Suspiranda, se alejé abrumado. Todos estaban muy tristes en el gallinero. Si el gallo no tenia su propio heredero, entonces legaria un nuevo gallo afuerino con quizds qué costum- bres extrafias y habria que adaptarse. Eso no le gustaba a nadie, porque las gallinas son muy apegadas.a su rutina y cualquier cosa que las saque de ella, las pone muy nerviosas. Pero, tal como iban las cosas, parecfa que asf no mas seria el asunto. Sin embargo, Mama Ga- llina se eché sobre ese huevo remolén, con la intuicién de que de él saldria lo que necesitaban. Claro que ese huevo no dejaba de ser raro también. Aparte de su tamafio, el polluelo escondido dentro se demoré dos dias masen decidirseasaliry cuando por fin lo hizo, fue en el momento menos habitual para las gallinas: la noche. Eso sf que caus6 revuelo. jUn polluelo que rompe el cascar6n durante la noche! Na- die podia creerlo, menosatin Papé Gallo, quien, bostezando y medio dormido, se acercéalnido paracomprobartalsuceso. Peroal ver la cara radiante de Mama Ga- llina, se despabilé del todo y se asomé a mirar, con el corazén Ileno de espe- ranza. Y allf estaba: un gallito inquieto y vivaracho tratando de pararse por pri- mera vez en sus dos patas negras y fla- cuchas. El gallo estaba feliz, y todo el 8 Pelusa 79 i ; después de todo. mbargo, con el correr de los ficiles otra vez. Al principio, nadie se percaté de que aquel polluelo, al que todos llamaban simplemente Gallito, fuera distinto a los demas pollos, por mucho que hubiera nacido de noche. Pero lo seria, eso no lo dudaria nadie dentro de poco. Cierto dia, cuando Papa Gallo juzg6 que ya era tiempo de empezar a ensefiar a su hijo los secretos para ser un buen gallo, lo llevé aun rincén apartado y, conaire de profesor, comenzé su labor. —Mira, pequefio— dijo— Lo prime- ro que debes saber, es que en todo galli- nero que se respete, hay un solo gallo y él es quien manda... zhas entendido? —Pero, tui y yo somos dos gallos, papé- le respondié el pequefio, un tanto confundido. —Tu atin no eres un gallo... completo, me entiendes?— le explicé Papa Gallo- Tienes que crecer y cuan- do seas grande como yo, tomards mi lugar... 10 Pelusa 79 —Y tt, gdénde irds papito?— le pregunté Gallito. —Yo... este, bueno... Yo iré don- de van todos los gallos cuando... ejem... cuando pasan a retiro...- le contest6 su padre, bastante incémodo con la pre- gunta- jPero eso no importa hijo! Lo que importa es que tt ocupards mi lu- gar y yo te prepararé para eso... — Bien, papito...!—exclam6 el po- luelo entusiasmado- ;Qué me ensefia- ras primero? ¢A volar? ¢Cémo cavar un tunel? z;Los nombres de las estrellas? gQué...? — Un momento, hijo, un momen- to!— pidis el gallo, abrumado por tantas preguntas- Una cosa a la vez, calma... éPor qué diablos tendria que ensefiarte todas esas cosas... inutiles? —Lo siento, papd- dijo un poco avergonzado Gallito~ Pensé que... —Nada, nada, hijo- sefialé su pa- dre un poco molesto- No debes pensar sino escucharme. Primero, los gallos y an} gallinas no volamos, eso queda para los patos que estén todos locos. Segundo, tampoco cavamos tiineles, eso lo hacen las lombrices y nosotros Jas comemos. Tercero, hasta donde sé, las estrellas no tienen nombre... ;Para qué ponerles nombre si estamos durmiendo cuando aparecen en el cielo? —uUn gorrién me dijo que el sefior chuncho! sabia cémo se Ilamaban..- respondié timidamente Gallito— Pensé que si él lo sabia, ta también... —jEl sefior chuncho!- exclamé Papa Gallo-. Los gorriones no son con- fiables hijo, ningtin pajaro volador lo es... Y en cuanto al sefior chuncho ese, lo es atin menos, pues aparte de volar, lo hace de noche... No te juntes con ellos y pon atencién sélo a Jo que yo te digo, ghas entendido? —Si papa- dijo el polluelo resig- nado. 1 Chancho: bitho pequeno. rR Pelusa 79D —Bien, bien- el gallo lo miré sa- tisfecho- Ahora, la segunda leccién: los gallos despertamos a todos en la ma- drugada... —{Por qué?- lo interrumpié Ga- llito. —~Como que por qué? pregun- t6 Papa Gallo sorprendido- Porque hay que levantarse cuando sale el sol... —Y si alguien no qv ere levan- tarse?— interrogé el pollue' .- Digo... se molestard silo despertam vs . —iJo, jo,jo...-rié — padre-jNada de eso hijo, nada de -so...! Todo animal decente se mueve a la luz del dia y ellos agradecen que los despertemos. —Pero papaé— dud6 Gallito-, zy los otros animales? ;Los que salen de noche? 20 los que viven fuera del galli- nero y simplemente no quieren levan- tarse temprano? —Ya te dije, hijo- respondié Papa Gallo poniéndose muy serio- Los tni- cos animales decentes y, por lo tanto, 13 que cuentan, son los que se levantan tempra no y hacen sus cosas bajo la mirada benévola del sol... —Pero, zy los demas? - insistid su hijo. —jEsos no cuentan, hijo!- exclam6 disgus- tado con tanta chachara el gallo- jNadie los manda a trasnochar y a no querer hacer las cosas de la manera correcta...! — Por qué salir de noche o volar es malo, papa?- pregunto Gallito, muy intrigado. —Porque... ;Ya basta de preguntas! jLas cosas son asi y punto!- contesté Papa Gallo malhumorado, pero al ver la carita confun- dida de su hijo, moder6 su tono y le explicd- Mira, hijo, nuestra manera de vivir es esta: nos levantamos y nos acostamos muy tem prano; recorremos y escarbamos la tierra, buscando alimento; las gallinas ponen sus huevos, de donde salen los polluelos como tuy que ellas protegen... Y yo, o sea el gallo, cuido de todos y, 14 Pelusa 79 especial-mente, de que nada rompa nuestra tranquila rutina diaria... — No es un poco aburrido todo eso, papa?- interrog6 el gallito. —Eres joven, hijo, por lo tanto,es légico que pienses asi- dijo su padre- Pero pronto en-tenderas que esta vida aburrida, como la calificas,es la mas segura... y las gallinas, hijo, quieren, ante todo, seguridad... —¢Seguridad?- el polluelo lo miré dudoso. —jPor supuesto!- sefiald enfatico el gallo- Las gallinas son, por sobre todas las cosas, madres y como tales, necesitan tener seguridad para criar a sus polluelos. Por eso, nuestros sabios antepasados se escondian por las noches, pues la oscuridad era, y sigue siendo peligrosa. También por seguridad dejamos de volar... era un riesgo innecesario, considerando que nuestro alimento lo encontramos a ras del suelo. ;Ves?, 15 todo tiene una razon de ser y nuestro estilo de vida nos ha permitido sobre- vivir hasta ahora. Gallito guard6 silencio y medité aquello que su padre le decfa. Era cier- to que él era muy joven, apenas tenfa unas cuantas semanas de nacido, y no sabia que la vida fuera tan peligrosa. Nunca lo habia imaginado siquiera. El vivia tranquilamente tras la alambrada, con los pies bien puestos sobre la tierra y cuidado por Mama Gallina y Papa Gallo. Miré a su alrededor y vio a los demas, paseandose en lo suyo, sin mie- dos de ningtin tipo. Sin duda, todos se sentfan muy seguros y Papa Gallo pa- recia tener raz6n. Pero entonces, dos gorriones se posaron graciles en el piso, buscando restos de mafz para comer, y Gallito se pregunt6é cémo era que las otras aves, las que volaban y las que salfan de no- che, podfan sobrevivir tan bien como las gallinas en el peligroso mundo. Por- 16 Pelusa 79 \ que, si habia gorriones, chunchos, pa- tos, zorzales y tantos otros pajaros por ahi, era porque ellos, a su manera, tam- bién sobrevivian sin estar encerrados tras un cerco ni renunciar a volar. Sin embargo, nada le dijo a su padre para no contrariarlo otra vez. Papa Gallo, por su parte, consi- deré terminada la leccién de ese dia, dejé al polluelo solo y se subi6 a su es- taca favorita a descansar. Nunca supu- so que ensefiar a su heredero pudiera provocarle el fuerte dolor de cabeza que sentia en ese momento. “Yo jamads gsé poner en duda lo que me decia mi padre”, rumiaba para sus adentros, sin comprender la actitud tan inusual de su hijo como la de romper el cascarén de noche. “Debié ser un presagio”, pensé cerrando los ojos para echarse una sies- tecita reparadora. Al dia siguiente, el perseverante gallo volvi6 al ataque y Ilevandose nuevamente asu hijo aparte, recomenzé sus lecciones. Menuda sorpresa le es- peraba. —Hpoy es un hermoso dfa— dijo Papé Gallo mirando el cielo azul y el sol radiante-, indicado para el arte... Vea- mos, pues, el canto. Has de saber, hijo, 18 Peltusa 7 oD | que Ja caracteristica especial que nos identifica a los gallos, es nuestro can- to, ese potente, pero melodioso Ilama- do matutino saludando al sol. Debe ser gallardo, pero sin ostentacién; sutil, sin embargo, notorio; armonioso, pero sin monotonia. En fin, extraordinario... jy sin extravagancias?! Debes saber que es el sello que marcaré toda tu vida... que; cuando sea escuchado, todos sabran la calidad de gallo que eres... y que cuan- do lo entones, sentiras que para eso has nacido-y estaras orgulloso de tu porte, de tu cresta, de tus espolones y, sobre todo, de tu garganta... —jOh, vamos papito, enséfiame cémo se hace...!- exclam6 Gallito, entu- siasmado por las palabras de su padre. Entonces, envalentonado con la infantil admiracién de su pequefio, Papa Gallo le explicé: 2 Extravagancia: comportamiento fuera de lo conside- rado normal. —Primero, hijo, tomas mu- cho aire inflando tu pecho hasta casi reventar...jasi!... luego, bates las alas como para alentar a las notas a que | salgan con toda su fuerza...jasi!... ;¥ lo lanzas todo afuera, dejando tu alma en ello!..jasii- y Papd Gallo emitié el mas impresionante, altisonante y des- templado? canto que se haya escucha- do en mucho tiempo en el gallinero. Incluso, las gallinas se paralizaron por un instante, hechizadas por ese alarde de varonil fuerza. Gallito qued6 con la boca..., es decir, con el pico abierto. El gallo se sacudié displicente* las plumas para acomodarselas, esperando el comentario obligado de su hijo, que lo miraba con enormes ojos de sorpresa y, supuso, admiracién. Pero Gallito no dijo nada. Aunque no era la primera vez 3 Destemplado: en este caso, desafinado. 4 Displicente: en este caso, con descuido, como quien no quiere la cosa. Con desdén, 20 Pelusa 7 go a que escuchaba a su padre hacer ese es- tridente sonido, siempre crey6 que era s6lo para despertar al mundo y que, cuando todos hablaban del canto del gallo, se referfan a otra cosa, bastan- te distinta a ese... alarido. El crefa que cuando los gallos cantaban, hacian eso: cantar, tal como cantaban las otras aves, a las que habia escuchado embelesado mas de una vez. —Y bien...?- pregunté Papa Ga- Ilo y ojalé no lo hubiera hecho. —Es... es horrible— contesté el po- Iluelo, incapaz de mentir. Y quedé la grande. —j¢Co-co-co-cdme estupefacto su padre y todo el mundo en el gallinero se volvié hacia ellos al escucharlo. A Papa Gallo casi le da un soponcio® y queda tendido ahi mismo, listo para la olla. Fue tanta su sorpresa, mezclada con rabia y desconsuelo, que I exclamé 5 Soponcio: desmayo. 22 Pelusa 79 se quedé mudo y sélo atinaba a mirar al polluelo alternadamente con cada uno de sus ojos Ilenos de furia. Su cresta, natural- mente colorada, se puso de un tono gra- nate oscuro y, si hubiese tenido un hoyo en la cabeza, seguramente habria salido humo por él. Mamd Gallina, que conocfa el temperamento arrebatado de su con- sorte, corrié a rescatar a su pollito, mien- tras las otras gallinas atendfan al pobre gallo, que ya llevaba un minuto o dos sin respirar de lo molesto que estaba. —Pero hijito,— dijo Mama Gallina, una vez que puso al polluelo a salvo y éste le contara lo que habia pasado-, el canto es el orgullo de los gallos, asi como poner huevos esel orgullo de las gallinas. _Cémo puedes encontrarlo horrible? —Es que he escuchado a otros paja- ros cantar— respondié triste Gallito-, y su canto no se parece en nada al de papa. —Eso es porque esos pajaros no cantan para despertar a nadie— le ex- ‘ 23 plicé su madre- Ellos cantan por otras razones... —;Cudles, mamé...?— preguntdé el polluelo— ;Para qué cantan ellos? —No lo sé- respondié la gallina, un poco sorprendida con la pregunta— Para... para... encontrar pareja, supon- go... 0 porque les gusta cantar asi, no sé. —2Y yo podria cantar asi?— la ca- rita de Gallito se iluminé de pronto. —jAy, hijo..!- Mama Gallina Jo miré algo desconsolada— Por qué que- rrias cantar de esa manera? Asi, mds que despertar, arrullarias a quien te es- cuche.., Ademas, tu padre... — Papé no estaria contento?— pregunts el pollito. —wNo, no lo estaria— respondid la gallina— Pero eso seria porque él es muy apegado a nuestras tradiciones... — Por qué son tan importantes las tradiciones, mami?— Gallito estaba un poco confundido. —(Uf!... Es algo dificil de expli- a “ Pelusa 7? |. car... suspiré su madre, tratando de encontrar las palabras justas— Porque... porque las tradiciones nos ayudan a ser quienes somos... —No entiendo...- el polluelo aho- ra estaba demasiado confundido. —Mira hijo, para ser gallina, hay que actuar como gallina- explicé la ma- dre- Los perros acostumbran a enterrar huesos, es algo que sélo ellos hacen y por eso se les reconoce. Si un gallo se dedicara a enterrar el maiz, en lugar de comérselo, no sabriamos si es gallo 0 si se cree perro... :Me entiendes? —Pero, ;por qué serfamaloeso...?— Gallito no entendfa mucho, en realidad. —No sé si es malo, pero si sé que seria muy extrafio y que provocaria confusiones y, tal vez, mds de algtin problema...— contesté Mama Gallina. — Problemas...?- su hijo la miré intrigado. —Claro... ;Cémo saber si ese ga- Ilo es confiable, digamos... como para 25 defender el gallinero?— dijo su madre- Si no acttia como gallo a la hora de co- mer, puede que tampoco lo haga a la hora de pelear... —O sea, jsi sigo las tradiciones, seré un buen gallo... para los demas?- inquirié el polluelo. —Exacto~ le respondié su madre. —Pero, {no basta con que yo sepa que lo soy...? Papa Gallo, una vez repuesto del mal rato, se encaram6 en su estaca a pensar. No entendia qué pasaba con su hijo. Jamas habia sabido de un gallo, gallina o pollo al que no le gustara el canto propio de su especie. “;Serd que no es un gallito, en realidad...?”, pensé recordando que, cierta vez, Mamé Pata habia empollado un patito sumamen- te feo el cual, finalmente, result6 ser un cisne. Pero sacudié la cabeza como para desechar tan absurda idea: esas cosas podian pasarle a los patos, por su in- 26 GF lesa 79 apropiado modo de vida, pero no a las gallinas, siempre decorosas y recatadas. Ademias, el chico era evidentemente un pollo. No, no iba por ahf la cosa. Pero, por mas que pensaba y pen- saba, el gallo no podia dar con una res- puesta a su inquietud. Por eso, se alegré de ver aparecer al Viejo Ratén que, sa- liendo de su escondite, se aprestaba a re- coger algunos granos de maiz que habia por ahi. Aunque no solian tratarse mu- cho, el gallo y el roedor charlaban a ve- ces, si es que se le puede Hamar charlar a cruzar dos 0 tres palabras acerca del cli- ma, que era a lo que mas habfan llegado. Pero Papa Gallo no tenia a nadie mas a quien acudir, pues ser el rey del galline- ro no le permitia alternar con otros ga- llos (simplemente porque no habia mds), y no confiaba en los patos, con quienes mantenia una relacién de fria y distante cordialidad. Entonces, confundido como estaba, decidié hablar con el Viejo Ratén, que tenia fama de ser muy sabio, pues 27 en su juventud habia vivido en una bi- blioteca antes de retirarse al campo. —Es un problema, sin duda- dijo el roedor, luego de que el gallo le con- tara su preocupacién- Pero en ningtin caso es un problema extraiio... —Qué quieres decir?— pregunt6é Papa Gallo. —Estos son otros tiempos, muy distintos a los de nuestra juventud, ami- go gallo— respondié el ratén, sonriendo amable- Como dijo el sabio Galileo: las cosas cambian... y los hijos también. —Cémo...? Pero seguimos sien- do gallos y ratones... sefialé el ave, algo confundido. —Ciertamente, ti sigues teniendo tu roja cresta y tus afilados espolones y yo, mi cola y mis grandes dientes— expli- cé el ratén- Pero ya no actuamos exac- tamente como antes actuaron nuestros padres. —jCémo que no? ;Yo sigo levan- téndome y acosténdome con el sol, y 28 DP elisa 79 sigo cantando para despertar al mundo y...!— refuté Papa Gallo con vehemencia. —jLo sé, lo sé...!- lo interrumpié el roedor sonriendo divertido- Pero, tu padre o tu abuelo, ghabrian pedido consejo a un ratén, como ti lo estas ha- ciendo ahora? —jCaramba! No lo habfa pensa- do...- el gallo se sintié un poco aver- gonzado, sin embargo, se repuso y agreg6-—: pero ellos no tuvieron un hijo que pusiera en duda lo que le decian. — Estas seguro?— pregunt6é mis- terioso el ratén. —~Por qué preguntas eso?— in- quirié el gallo intrigado. —jSiempre crefste que tu padre tenia raz6n en todo?- pregunté a su vez el roedor. —Esteee...- el gallo dud6 un ins- tante. —jHaces todo exactamente como tu padre te lo ensefi6?— atacé de nuevo el ratén. 29 —Buenooo..— vacild otra vez Papa Gallo. — iY bien...?- el roedor guardé silencio, esperando. —La verdad..., no- admitié por fin el gallo—- Mi papa solia darme uno que otro picotazo para hacerme entrar en raz6n y eso siempre me fastidi6, por lo que juré nunca hacerlo con mis hijos y asf ha sido... —~Ves?- concluyé6 el otro— Segu- ramente tu padre tampoco hizo todo tal comose loensefié tuabuelo... ;Porquétu hijo tendria que ser diferente? Ya lo dijo el famoso Sécrates: los chicos piensan, amigo gallo, y mas de lo que uno cree. En tanto, al otro lado del galline- ro, Gallito se paseaba pensativo. Fl sa- bia que era un gallo: habia nacido de un huevo puesto por Mama Gallina, pronto le creceria la cresta y, a pesar de todo, sentia ya deseos de cantar, en gran parte, porque Papa Gallo lo habia 30 GF. Vesa 792 entusiasmado con la idea. Entonces, épor qué tenia que demostrarselo a los otros? ,Por qué demostrar, ademas, algo que era tan obvio? Definitivamente no lo entendia. Confundido, se senté a la sombra de la higuera que crecfa tras la alambra- da. De pronto, un gorjeo melodioso y ritmico, se dejé escuchar cayendo desde arriba de su cabeza. Levanté la vista bus- cando al cantor y vio, no a uno, sino a varios pajaros de un color negro azulado que, instalados en la higuera, alegremen- te improvisaban un coro. Sonrié encan- tado con Io que ofa y uno de los pajaros, saltando a una rama mds baja, le dijo: — Buen dia pollito! ;Cémo e’tds tui? :Te gusta la musica, helmanito? —jBuenos dias, sefior mirlo®!— respondié Gallito, educado- Me gusta mucho, ustedes cantan muy bien... ave de la familia de los cuervos, de gorjeo ar- monico. En cautiverio, puede llegar a imitar la voz hu- mana. 31 —jOyeron eso negritos...!-el mirlo se dirigié sonriente a sus compafieros— jEI pollito sabe lo que es salsa, caray...! —jY él debe sé’ un expelto...|- res- pondié otro- Si es un gallo y los gallos saben de canto, 30 no? —jEs veldd... es veldd...!- gritaron los demas mirlos entusiasmados. —jAnda, chico, inete a la banda y hagamos baild al gallinero!— dijo el primero- jA ver: y uno, y dos, y tres..! Y todos los mirlos comenzaron a gorjear y a silbar, llenando el aire de un armonioso canto que, si bien no tan dulce como el de los canarios, era igual- mente agradable y, sobre todo, conta- gioso. El polluelo los miraba embele- sado y, poco a poco, el deseo de cantar también, fue creciendo en su interior, subiéndole desde el pecho a la gargan- ta, donde se instalé como una bomba a punto de estallar. El primero de los mir- los se dio cuenta de lo que pasaba con el chico y, de pronto, exclamé: 32 Pelusa 79 —jEso es, negritos...! ;Ahora td, heimanito, suéltalo y danos tu mejor nota...! Gallito no se hizo esperar y sin pensarlo mucho, tomé aire, batié las plumas y empezé con ganas, tratando de ajustarse al ritmo de los mirlos: —jKiikiri...coooc..!- canté con fuerza, tal como le habfa ensefiado su pa- dre. Los mirlos se miraron sorprendidos. —jAzzzticar...!- exclam6 el prime- ro-jOye, minegro, el pollitos{quecanta...! —jTiene la voz aspera, pero no est mal, nada mal...!— dijo otro. —jEsta listo pa’ cantd jazz...!- co- menté un tercero. : —jHagadmosle coro a este tenor, negritos...! ;A cantar... a cantar!— orde- no el primero y todos, incluido Galli- to, se lanzaron entusiasmados con una nueva cancién. Por supuesto, el_barullo atrajo la atenci6n de todos en el gallinero. Prime- ro, fueron las pollas mas jévenes las que 33 se acercaron curiosas a escuchar aquel concierto y pronto perdieron la timidez, comenzando a mover la cola al ritmo de las contagiosas melodias. Luego, llega- ron en tropel los patos, que sin recato al- guno, se unieron a la fiesta con bastante mas escdndalo. Por ultimo, las gallinas también se acercaron, aunque mucho mas conservadoras y apegadas a su ru- tina, no parecfan muy contentas con el espectdculo. Incluso, algunas empeza- ron a cuchichear por lo bajo, comentan- do lo poco conveniente de la conducta del polluelo, considerando que seria el sucesor de Papa Gallo. Sin embargo, aun ellas tuvieron que admitir que el pequefio lo hacfa muy bien, a pesar de que se daban cuenta de que cantando asf no despertaria a nadie jamds. Gallito, sin percatarse mucho de lo que pasaba, cantaba y cantaba feliz. Eso, hasta que vio a Papa Gallo, atras de todos, miréndolo alternadamente con cada ojo, estupefacto, sin poder creer lo 35 que estaba viendo. Cuando las gallinas y pollas se dieron cuenta de que el gallo estaba alli, presurosamente se alejaron asustadas. Los patos hicieron lo mismo, aunque reclamando por lo bajo contra el aguatfiestas que venia a arruinar el momento. Gallito enmudecié y los mir- los, sorprendidos por el stibito cambio en la situacién, igualmente se callaron, sin entender mucho lo que pasaba. Papa Gallo se acercé a su hijo y mirdndolo indignado, le pregunt6: — {Qué significa esto? —Na... nada, papd- contesté el polluelo, tragando saliva— Solo canta- bamos... —iYa me di cuenta de lo que ha- exclam6 su padre molesto— Lo que quiero saber es por qué estabas can- tando con estos... pajaros voladores... —jNo coma candela’, mi sefior efan. 7 No coma candela: (expresion caribefia) no se enoje. 36 Lesa vo don gallo...!- intervino el mirlo- El chi- co sdlo se diveltia sanamente... —jNo hablo contigo!— lo corté en seco el gallo- ;Y soy yo quien determi- na qué es “divertirse sanamente” para mi hijo...! —jQué le pasa a éste, mi ne- gro..2— pregunté otro mirlo— Si cantar no es sano, entonces, ;qué cosa lo es? — Y es que ti no cantas, sefior gallo?— inquiri6, a su vez el primero— Crei que cantd era lo que mejor hacen los gallos... —Por supuesto...— Papa Gallo—, pero los gallos cantamos para despertar al mundo, no para... di- vertirnos sanamente. Mi hijo debe can- tar como su padre, su abuelo y todos sus antepasados lo hiciéron y no como un... pdjaro de circo, —jY a mucha honra, mi helmano!— exclam6 el mirlo molesto- jPrefiero ser un pajaro de circo, alegre y cantor, a vi- vil pega’o al suelo como tii...! respondié 37 —jLargo de aqui, vagos...!- grit el gallo furioso, engrifando® las plumas del cogote. —j(Si que nos vamos...!— respon- did el mirlo y, dirigiéndose al polluelo, agregé—Lastima, helmanito, una cosa es vivir apega’o al suelo por falta de alas y otra muy distinta es polque no se quiera vold... Lo haces bien, chico, buena suel- te... ;Adiosito! —jChao, no mas...!- bufé el gallo, que queria tener la tiltima palabra, lue- go se volvié hacia su hijo- En cuanto a ti, jovencito, esta es la gota que rebalsé el bebedero... |No quiero que vuelvas a tratar con aves ajenas al gallinero, espe- cialmente las voladoras! —jPero papa...!-intenté protestar el polluelo, mas su padre no lo deja. —jNada de peros...!- lo interrum- pi6 autoritario— jSe acabo y eso es todo! 8 Engrifar: crizar el pelo o las plumas. Sefial de enojo y ataque. 38 Pelusa 7 Qo Gallito bajo la mirada, triste y mo- lesto por Ja actitud de su padre que no comprendia en absoluto. Casi llorando se alej6 caminando lentamente hacia los ponederos. El gallo se qued6 vién- dolo y por poco se arrepiente de haber sido tan duro con él, pero sacudié la cabeza para espantar esa incipiente de- bilidad: no debia flaquear si queria que su hijo fuera un digno heredero. Ya se le pasarfa y, cuando creciera, compren- deria y hasta le agradecerfa lo que esta- ba haciendo. Convencido de esto, sacé pechuga y se encaram6 en su estaca a vigilar que el dia, tan disparatado hasta ese momento, por lo menos terminara como debfa ser, esto es, sin que pasara nada extraordinario. Pero no fue asf. Estaba escrito que ese dia no debia ser como los de- més. Papa Gallo, un tanto cansado por el mal rato, dormitaba su siesta cuan- do, repentinamente, una sombra se proyect6 sobre el suelo del gallinero. 39 Las pollitas miraron hacia el cielo, pero no le dieron mayor importancia a ese gran pdjaro negro que se acercaba ra- pidamente hacia ellas. Eran demasiado jOvenes para reconocer al Jote? y el pe- ligro que significaba. Afortunadamen- te, una de las gallinas viejas salié de los ponederos y, horrorizada, dio la voz de alarma, justo cuando el rapaz intentaba coger con sus garras a una pollita ler- da que no alcanz6 a huir. Papa Gallo, desperto de golpe y de inmediato se le subi la sangre a la cabeza, encolerizan- dose con la desfachatada osadia de ese avechucho impertinente. Seguramenie no sabia que él estaba alli. El gallo quizds no podia volar, pero sus alas no eran del todo intitiles, yaque le servian para dar grandes saltos cuando era necesario. Y ahora lo era. Ve- loz como solo un gallo enojado puede serlo, volé impetuoso, cayéndole por 9 Jote: ave rapaz (cazadora), no muy grande 40 Vasa 79 sorpresa al jote que, efectivamente, nunca se habja enfrentado a un gallo fu- ribundo. Eso significé una doble venta- ja para Papa Gallo: primero, porque era realmente bueno peleando y no conocfa el miedo y, segundo, porque el jote no tenia idea de cémo responder al ataque de la que suponia era una presa y no un tival. Fue tarea facil para el gallo, que'®a: puleé como quiso al desventurado jote, quien, intitilmente trataba deemprender el vuelo, pero esos espolones!? certeros le habian estropeado un ala y los pico- tazos imparables no lo dejaban pensar. Las gallinas, entusiasmadas por la des- treza de su campeén, lo alentaban con gritos emocionados y, a veces, crueles: —jEso es Papa Gallo, co-cooc.:! jEnséfiale lo que es bueno, co-co-cooc...! jA los ojos, a los ojos, para que no vuel-\ va, coooc...! \ 10 Espolén: garra larga y afilada. Los gallos tienen una en cada pata y es su principal arma de ataque. 4 Gallito, asombrado, vefa con la boca abierta como su padre maltrata- ba al mas terrible enemigo de las galli- nas, como si de un gorri6n se tratara. No sabia si refr, gritar 0 correr a ayu- darlo, aunque esto tiltimo no era nece- sario. Sin embargo, a pesar del regaiio y el castigo, su corazén se inflamé de orgullo por su progenitor: Papa Gallo, el rey del gallinero, el defensor de las gallinas, jel terror de los jotes! Finalmente, elpobre jote, humi- lado y malherido, pudo. escapar sal- tando, apenas, la alambrada. Aunque podia hacerlo, Papa Gallo no quiso sal- tarla él también, pues sabia que su ene- migo no estaba tan a salvo como crefa. Efectivamente, pronto el jote se dio cuenta de que habia cafdo de la sartén a las brasas cuando los perros, que eran buenos aliados de las gallinas, se le fue- ron encima grufiendo bajo y con los pe- los del lomo erizados. Sélo haciendo un esfuerzo supremo pudo echarse a volar y huir, maldiciendo la hora en que se le habia ocurrido meterse a robar pollosen ese gallinero, y maldiciendo, también, a este gallo desgraciado, que no sabia cual era su lugar en la cadena alimenti- cia. Pero ya se vengaria algtin dia... —iY no te atrevas a volver...!- gri- taba atin enojado Papa Gallo, mientras veia al jote alejarse— jJa, pajaro esttpi- do...! — Buena pelea, sefior gallo!— ex- clamé uno de los perros, felicitandolo. —Gracias, amigo perro... res- pondié Papa Gallo, acomodando sus plumas con gallardia y afiadié, bravu- cén- Pero no fue nada... Era un jotecillo jovenzuelo que no sabia pelear siquie- ra... [Los viejos si que dan batalla, esos me gustan a mi! —jGuau! {De todos modos, hay que ver cémo le diste...!— dijo sorpren- dido uno de los perros mas j6venes— jNunca habia visto a un gallo enfren- tarse a un jote y molerlo a picotazos...! —Eres un cachorro atin, hijo- le contesté el otro perro- Ahora ya sabes 44 Pelusa 79 lo peligroso que puede ser buscarle ca- morra al senior gallo... — Seguro que si, papa ...!- el ca- chorro estuvo de acuerdo- jLeccién aprendida! —Bien, hijo, bien... Papé Perro mir6 a su hijo con orgullo, luego se di- rigid al gallo— ;Ah, los hijos...! |Cuan- to nos alegran la vida, pero cudnto nos cuesta ensefiarlos también! —jDimelo a mi..!- respondié Papa Gallo, con desilusién. — {Qué pasa? 3E] pequefio gallo da problemas?— pregunté Papa Perro con aire burlén. —Algunos...— contesté el gallo— No quiere seguir nuestras costumbres... —j De veras?— dijo el perro— ;Las- tima...! Lo que es mi chico, sdlo hace lo que le digo... —iAy...! jOjald tuviera yo un hijo como el tuyo...!- exclamé Papa Gallo, suspirando. —No, tti en realidad no piensas 45 eso... gcierto?- Papa Perro cambié de pronto el tono, al tiempo que le hacia un gesto extrafio con la nariz. El gallo lo miré confundido, pero comprendiendo de pronto lo que pa- saba, se volvié y vio a su polluelo pa- rado alli, tras él, con los ojos llenos de lagrimas. Gallito se habia acercado a felicitarlo admirado de su triunfo, pero se quedo paralizado de golpe al oir el ultimo comentario de su padre. Antes de que Papa Gallo pudiera explicar nada, el pollito dio media vuelta y echd a correr hacia los ponederos. Su padre se insulté mentalmente por su lengua suelta. Mas tarde, Papd Gallo conversa- ba nuevamente con el Viejo Ratén. —Pues, la verdad es que metiste la pata, amigo gallo— dijo el roedor. —jQué puedo decir...? Tengo cerebro de pollo y a veces no pienso antes de hablar- se recriminaba el gallo, desolado. 46 Pehisa TD —Bueno, bueno... Como diria el sabio Pasteur, no vale la pena Ilorar sobre la leche derramada- sentencié el ratén— Lo que debes hacer es ir y hablar con el pequefio. —jCon qué cara? Me odia, de seguro...—se neg6 Papa Gallo. —No te odia, amigo gallo- lo consolé el roedor- Solamente esta do- lido. Te repito, ve y habla con él... —~Y qué le digo?— pregunt6 in- deciso el gallo. —jQué més podria ser?— le res- pondié el ratén, un poco molesto por tanta duda— Que te perdone, que ha- blaste sin pensar... —Tendré que hacerlo... Mama Gallina también est4 enojada conmi- go- se quejé el ave. —Ya lo dijo Macbeth, del inmor- tal Shakespeare, ellas saben c6mo man- dar- cité el ratén— Entonces, doble ra- zon para hablar con el chico y arreglar las cosas. 47 —jSi, eso haré! Iré ahora mismo a hablar con mi hijo... dijo muy conven- cido Papa Gallo, levantandose decidi- do- jGracias, amigo ratén, has sido de gran ayuda...! ;Adids! Por su parte, Gallito, después de mucho llorar y escuchar a su madre, quien intenté explicarle que Papa Gallo realmente no habia querido decir lo que dijo, se secé las lagrimas y salié a tomar aire, para despejar la mente y el cora- zon. Otra vez se senté a la sombra de la higuera, mirando el mundo de fuera de la alambrada. Alla estaban los perros, echados dormitando, y también unos chincoles", que saltaban graciosamen- te, buscando algo que comer en el sue- lo. Arriba, en el cielo, una bandada de golondrinas parecfa danzar, girando de aqui para alld y de alla para acd, como 11 Chincol: ave pequena, muy similar al gorrién. 48 PFelusa 79 | si se hubiesen vuelto locas de pronto. El polluelo se pregunté cémo seria vo- lar y qué cosas habria en ese mundo tras los alambres. En eso estaba cuan- do un ruido venido de arriba llam6 su atencién: en una rama de la higuera, un extrafio pdjaro acababa de posarse. Gallito no habfa visto nunca un ave asi, con esos ojazos tan grandes y ambos mirando al frente. Pensé en hablarle para saber quién era, pero record la prohibicién de su padre y se{contuvo) Sin embargo, el pdjaro aquel baj6 la tai rada hacia él y sonriendo bonachén, lo saludé: —Buenas tarrdes, pequefio gallo, gcémo ti estas? —Buenas...— respondié el pollue- lo, preguntdndose si saludando con- travenia la orden de Pap4 Gallo- Estoy bien... —Pues, porr tu carra no lo parre- ce, pequefio- le dijo el otro— ;Sucede algo malo? Un entrometido no quierro 49 serr, perro si en algo puede ayudarrte esta vieja lechuza... —Es usted una lechuza?— pre- gunt6 el polluelo. —Bueno, lo erra cuando me dorr- mien casa esta mafiana y lo seguia sien- do cuando me desperrté hace un rrato- respondid(jocosamente fla lechuza, con su manera de hablar tan rara— ;Cudl es tu problema, pequefio? —Es que..— Gallito se detuvo, dudoso. —¢5i...2- la lechuza lo miré con atencién. —Mi papa no quiere quehablecon pajaros extrafios...— explicé el polluelo. —jOh, entiendo...!- sefialé el otro— Eso esté muy bien. Tu padre sabe lo que hace. Peligroso es parra un chico como ti exponerrse... anda mucho loco suelto porr ahi... —FPero él no quiere que hable con nadie que no sea del gallinero... jcon nadie!— se quejé el pequeiio. 50 —jAh, ya...! Eso es un poco exa- gerrado, sin duda...— acoté la lechuza y luego pregunté- ¢Y porr qué no quie- rre? —Porque no soy un buen ga- lo... dijo tristemente Gallito, bajando la mirada. —jComo? {Porr qué dices eso?— el pdjaro estaba ‘extrafadfsimo, —No canto como lo hace él... se- fialé el polluelo. —jClarro que como él no puedes cantarr! jTU erres muy pequefio atin y te falta mucho porr aprenderr!— excla- m6 sonriente la lechuza. —No es eso...— Gallito bajé la voz, como avergonzado— No me gusta como canta, no es... muy bonito. —jYa, ya! Ahorra entiendo me- jorr- dijo el ave girando su cabeza casi completamente-— Y tt quierres cantarr a tu manerra, zno es asi? —Me gusta mucho cantar, pero él dice que mi canto no despertara al St mundo, sino todo lo contrario...— expli- 6 Gallito. —Bien, bien, pequefio gallo— la lechuza habl6é después de pensarlo un poco- Yo creo que en un vaso de agua te estas ahogando. La verrdad es que tu padre tiene rraz6n en cuanto a exigirrte que cantes como debe cantarr un ga- lo, parra desperrtarr al mundo como dices, porrque tu trabajo ése serrd y es imporrtante que lo hagas bien. Y cuan- do aprendas a hacerrlo asf, entonces podrds darr rrienda suelta a tu creativi- dad y cantarr como quierras. Pero, no me gusta... — refuté to- zudamente'el polluelo. —jLo sé...! Sin embarrgo, te ase- gurro que es necesarrio— continué la lechuza- Todo lo que hagas tendré una parrte entretenida y emocionante, pe- rro también tendra una Pparrte, latosaly poco grata, no/obsitante, deberras hace- rrla igual. — Siempre. — pregunté el polli- 52 Pelusa 79 —Siempre- confirms enfatico) la lechuza— Te dirré: cuando yo erra pe- quejio, lo inico que querria erra volarr, tal como mis padres lo hacian, perro en mi apurro un detalle imporrtante olvi- dé: que debian primerro crecerrme plu- mas en las alas y, porr supuesto, terrmi- né ddndome un porrazo porr apurrén. Hay que irr paso a paso en la vida, todo tiene su tiempo... Gallito iba responder algo, pero la repentina aparicién de Papa Gallo, lo contuvo. Su padre venfa meditando la manera de disculparse con el polluelo, pero encontrarlo, una vez més, hablan- do con un pajaro volador,contravinien- dol su orden, lo molesté bastante. Aun asi, Tespir6 hondo y traté de no perder los €stribos,) pues no queria tener mas problemas con el chico. Se acercé serio y (Céfitido,\casi sin mirar a la lechuza. —Hijo, quiero hablar contigo... dijo al pequefio, sintiendo la aguda mi- 53 rada del pajaro sobre él. —iBuenas tarrdes, seforr ga- Uo...1- saludé la lechuza cortésmente, sin darse por enterado de la poca edu- cacion del padre del polluelo— ;Cémo . esta usted? —Eh...! Buenas... bien, bien, gra- cias...— contest evasivo el gallo- Ven, hij —Tiene usted un hijo muy inteli- gente- el otro no queria perder la opor- » tunidad de conversar, al parecer— Serra un gran gallo, sin duda. —Gracias— dijo Papa Gallo, un poco fastidiado con la insistencia de la lechuza~ Eso espero... —jNo debe esperrarr, sino estarr segurro de que asi serra!—(recalcd el pa- jaro sonriente~ Aun cuando un hijo no Parrezca entenderr, siempre escucha y, si lo hace, aprende... Perro rrecuerrde, sefiorr gallo, su chico no es usted... Us- ted ya lo sabe todo, perro él no y nece- sita tiempo... Selusa 79 54 Indudablemente, el gallo era un buen padre, pero también exa un buen gallo, leno de -orgullo (mds atin. des- pucés de lo del jote), terco y un poco eertado de mollera’®. Quizds si no se hubiesé tatado de una lechuza, ave voladora y noctutia, mas, encima, el Peay sels habria eseuchado el n consejo que le daban. Pero antes de que el otro terminara de hablar, ya estaba pensando que era un péjaro en- trometide, que no tenia idea de lo que pasaba y que era un impertinente que- riéndole dar consejos a él que, como lo habia dicho la misma lechuza, io’sabia todo, Entonces, sé le subié la sangre a la cabeza nuevamenté y, Sin. pararse: a pensar en lo: quedecia contesté: —jMire sefior lechuza, sé perfec- tamente lo.que debo hacer y no nece- sito que ningtin pdjaro metiche me dé consejos...! 12 Cerrado de mollera: que no entiende tazones 56 Pelusa 7? +~jPapa...!-exclamé Gallite,aver- gonzado por la reacci6n de su padre. Td, calla... Ordend. imperio= so Papé Gallo. —Veo que me equivoqué al juzga- ttlo, séfior gallo~dijo molesta la lechu- za~ Crei que un polluelo como el suyo debia tenerr-un padre digno de 61: inte- ligente y, sobre todo, mas educade... —Digno deéi...dignode él....-re- pitid el gallo temendamente ofuscado. Ensealidad, poresamisma ofuscacion™, no habia entendido bien lo que la lechu- za habfa dicho'y, menos atin, pensé an- tes de responder lo que respondié—jEs élel que tiene que’ser digno de mié...! — {Qué dice...?+ pregunto pstup: fa sta la lechuza- Usted no’ piensa an- tes de hablarr, sefiorr gallo... 3No se da cuerita? ;Acaba de meterr la pata hasta el.fondo! 18 OhiscaciGn u ofuscamiento: incapacidad de enten- der por estar, en este caso, enojado. 57 —iQué? Qué? el gallo mir6 al otro sin comprender, pero la lechu- za no respondid, echandose a volar y perdiéndose en el cielo del atardecer. Entonces, se volvié buscando a su hijo, diciendo- jTe prohibi expresamente conversar cons! Mas Gallito no estaba allf para escucharlo. Lo Tlamé varias veces, pero el polluelo-no respondié. Molesto, fue hasta los ponederos buscdndolo, pero no lo encontré. Mama Gallina, se puso nerviosa y él también. empez6 a preocu- parse, arrepintiéndose de sus palabras y tecriminaéndose por su estupidez. Pronto, todo el gallinero estuvo tevolu- cionado. buscando al pollito, pero éste NO apareci6 por ninguna parte. Has- ta les patos ayudaron en la busqueda y fue uno de ellos quien encontré ‘un agujero erila alambrada por donde, se- guramente, Gallito habia escapado ha- cia el exterior. Mama Gallina se puso histérica; 58 Delusa 7, ”—g ya estaba oscureciendo y su polluelo vagaba solo alld afuera, en medio del peligro y quién sabe qué otra cosa peor. Papa Gallo rio podfa creer lo que esta- ba pasando, ése debia ser el dia mas finfaustdyde su vida y para el gallinero también. Por primera vez no sabia qué hacer, pues el mundo exterior estaba fuera de su alcance y jurisdicciony muy pocas veces habia salido y afuera, sdlo eraun ave mas, sin mayor poder que el que le ‘éonfirieran'su astucia, fuerza o habilidad. Fl gallo era, lo habfa demos- trado, fuerte, habil y, a su manera, as- tuto, pero sabia que fuera del gallinero, habia otros animales més fuertes, habi- les:y astutes que él. Esto lo angustiaba atin més, pues, si él mismo se sentia in- capaz de sobrevivir tras la alambrada, gqué quedaba para su polluelo, mucho més pequefio elifte: sertg7que él? Esto lo decidi6é: saldria a buscar- jo, no tenfa mds opeién. Se prepar6 para saltar la cerca, pero antes de que pudie- 59 ra hacerlo, el Viejo Ratén aparecié y le dijo: —Espera un poco, amigo gallo, no te precipites. —iNo puedo esperar! jMi chico esta alla afuera!— Je contesté vehemente el gallo. —Si, lo sé— sefialé el ratén-, pero tengo una mejor idea... Escucha, jacaso sabes dénde 0 cémo buscarlo? —jNo sé, pero no puedo quedar- me aqui conversando...!— y se aprest6é de nuevo a saltar, pero el roedor lo con- tuvo otra vez. —jEspera! Ta no lo encontraras, no sabes cémo buscarlo~ le dijo- Haz- me caso, pide ayuda a los perros, ellos lo rastrearén... —jCaramba! jTienes razén!— ex- clamé Papa Gallo- jEllos tienen su ol- fato para seguir la pista..! —Ya lo dijo el eminente estudio- so Pavlov, el perro es el mejor amigo del hombre- argumenté complacido el 60 GF Vesa 79 raton—Supongamos que lo es, también, de las gallindceas!4... Sin perder un minuto, el atribula- do gallo Ham6 a Papé Perro y lo puso al tanto de la situacién. El buen can se dio por enterado y se comprometi6 a bus- car al pequefio hasta encontrarlo. Pero antes de partir, dud6 por un instante y pregunto: —Y si lo encuentro, pero no quie- re volver, gqué hago? No puedo traerlo ala fuerza... —Es cierto..— Papd Gallo tam- bién dud6, sin saber qué responder. —Entonces, mantente a distan- cia- le dijo el Viejo Ratén-, pero no lo pierdas de vista y lo cuidas hasta que legue Papa Gallo. —jHumm! Eso haré...— acordé el perro, poco convencido de recibir érde- nes de un ratén, aunque reconocia que 14 Gallindceas: familia de las gallinas y otras aves si- milares. 61 éste era un ratén especial, que sabia mucho y que, por lo menos, no se metia en la cocina del amo. Mientras eso sucedia en el galline- ro, Gallito caminaba ya bastante asusta- do por la creciente oscuridad que lo ro- deaba. En realidad, no llegaba muy lejos atin, pero estaba fuera del territorio se- guro y no contaba con la proteccién de Papa Gallo o de Mamé Gallina. En las crecientes sombras, todo se le fue trans- formando en fantasmagéricas! figuras que atemorizaban su infantil corazon. Sin embargo, no permitié que el miedo lo dominara y siguié adelante, pues su enojo era mds grande que cualquier te- mor y preferia enfrentar los peligros de la noche a volver. Era, sin duda, digno hijo de su padre, tan tozudo como él. 15 Fantasmagoricas: deformadas por la oscuridad, irreales. Yada 7? 62 El polluelo habia escapado sin pensar y, por ello, vagaba sin rumbo fijo y sin saber qué harfa de ahora en adelante. En su interior, lo tinico claro era la conviccién de haber abandonado el gallinero para siempre, aunque no podia prever cuanto duraria ese “para siempre”. Por lo pronto, se detuvo junto a un grueso y alto muro de@do tinico GSStIgI) que quedaba en pie de lo que fue una antigua casona humana, y contemplé las estrellas que repetfan incesantes sus guifios alld arriba. Sobre los cerros distantes, ya se vislumbraba el pdlido fulgor de la luna que no tarda- ria en aparecer. De pronto, sobre el muro, cua- tro pares de ojos se clavaron en él. Al descubrirlos, su corazén se apreté y casi se le escapa un grito, pero supo do- minarse y, recordando que era un ga- llo, después de todo, se planté firme y miré hacia el muro con desafiante te- meridad. 64 GF Lesa 7? —jgQuién anda ahi?!- pregunté con voz clara y segura. —Miren, miren, miren lo que tra- jo la noche...- dijo un gato blanco con voz melosa, apareciendo de entre las sombras. —Esto si que es una cosa extra- fia...- dijo una gata negra, también sur- giendo de la oscuridad. —Rarisima, en verdad..— dijo un gato gris, saltando para ponerse junto a los otros. —jUn bfpedo!® emplumado de los que deberian estar durmiendo a esta hora...!- exclam6 un cuarto gato, ama- rillo esta vez. Los otros tres lo miraron con disgusto por su altisonante manera de hablar. —Quiénes son ustedes?— pegun- t6 el polluelo, mirandolos con descon- fianza. 16 Bipedo: de dos patas. 65 —Vaya, vaya, vaya... el pequefio quiere saber quiénes somos...— repitidé el gato blanco. —{No es una delicia? Tan peque- iito...— sefialé la gata negra. —Pequefio, pero delicioso, sin duday— el gato gris se pasé la lengua por los bigotes. —jSomos los felinos nocturnos y vamos a invitarte a cenar...!— dijo ato- londradamente el gato amarillo. —(Felinos nocturnos...?— Gallito los miré sin comprender. —Gatos, gatos, gatos... polluelo, eso somos- le explicé el gato blanco, algo sorprendido de que el pollito no les temiera. — 76 Pelusa 79 tiempo antes de que esos cuatro... Bue- no, ti sabes. —jGatos!— exclamé el gallo al ver a los felinos sobre el muro- jMira a lo que te has expuesto, hijo! —No me hicieron nada, papa- sefialé ofuscado Gallito- Sdlo conver- samos y me cantaron. —Asi es, asf es, asf es...— dijo el gato blanco. —Sélo conversamos..- dijo la gata negra. —Y le cantamos...- dijo el gato gris. — Si! No alcanzamos a invitarloa cenar...- dijo el gato amarillo y los otros tres lo miraron feo. —Ut!...-resopl6 hacia ellos Papa Gallo, después le dijo a su hijo Debe- mos volver pequefio, tu madre no ha parado de llorar desde que te fuiste... —jNo quiero volver!— respondié tercamente el pollito— ¢Para qué volver, sino soy digno de ti? Su padre lo miré desolado. Des- pués de unos segundos, le dijo: —Pequeno, fui un tonto que se dejé evar por su mal cardcter... ;Per- déname! —Los mirlos sélo se estaban di- virtiendo...- records el polluelo. —Lo sé, hijo..— Papa Gallo se re- sign6. —Y el Sefior Lechuza me aconse- j6 hacer lo que ti me decias...— siguid Gallito. —Ya esta bien... Ya te pedi discul- pas- Papa Gallo empezaba a perder la paciencia. —Yo no soy un buen gallo papé— el pequefio se puso pesado- Tal vez serd mejor que me vaya para siempre... —Hijo... ¢Cudnto tiempo crees que sobrevivirds acd afuera?- le pre- gunto su padre, sefialandole a los feli- nos~ Y no s6lo hay gatos por aqui..: —Pues, como sobreviven las de- més aves— contest6 Gallito sin pensar. 7) > a Pea 79 —Muchacho, jlas otras aves vue- lan!- le hizo ver el perro- Por eso so- breviven: escapan volando. —Asi es, pequefio- Papa Gallo lo mir6 suplicante e hizo una dramatica pausa, antes de decir algo que le costa- ba demasiado- Hijo, ni siquiera yo po- drfa sobrevivir mucho tiempo fuera del gallinero... —{Ni siquiera ti...?- el polluelo * lo miré asombrado- ;Pero tti no le tie- nes miedo a nada...! —(Suspiro)... Sélo si estoy dentro del gallinero— admitié abrumado el ga- Ilo- ,No entiendes? Adentro soy el mas fuerte, por lo tanto, también debo ser el mas fiero. Pero afuera, sdlo soy un animal mas, frente a muchos otros ani- males mds fuertes que yo. —Pero, jal jote podrias vencerlo en cualquier parte!— replicé el polluelo, que no queria creer que su padre cono- ciera el miedo. —Si, seguro... y a un gato tam- 79 bién-concedié su padre, mirando hacia lo alto del muro-, pero no a cuatro, 0 a un perro desconocido, 0 a un zorro... Hubo un breve silencio, duran- te el cual, el polluelo parecié entender lentamente lo que Papa Gallo le decia. —Entonces, jde qué sirve estar tan orgulloso de nuestro canto?— pre- gunté al cabo, desilusionada. —De... jufl... de nada— susurré Papa Gallo bajando la cabeza, vencido. Gallito no dijo mds. Lentamente, bajé de la rama y se encaminé hacia el gallinero. Tras él fueron en silencio el ca- chorro, el gallo y, por ultimo, el perro. Algunas semanas después, Papa Gallo, sentado en su estaca, vigilaba que nada alterara el orden del galline- ro, como siempre. A la distancia, vio a su hijo, ya bastante crecido, que perma- necia echado a la sombra de la higuera, escuchando a los pdjaros cantar. Aun- que habfan seguido con sus lecciones y el chico abandonara su actitud rebelde, 80 Pelusa 792 el gallo no se sentia contento. El pollue- lo de antes, el que lo sacaba de quicio, pero que también lo admiraba, era mu- cho mejor que este pollo obsecuente™, pero abtilico!? que lo habia reemplaza- do. Papd Gallo se sentia fracasado fren- te a los ojos de su hijo y eso le dolfa en lo més {ntimo, mucho mas profundo atin que el orgullo. — Buen dia, amigo gallo!- salu- dé el Viejo Ratén- !Pero qué cara! ;Otra vez pensando en tu hijo? —wNo puedo evitarlo, amigo ra- tén— le contestdé- Ese chico ha perdido el impetu que un buen gallo debe te- ner... y todo por culpa mia. —No debes ser tan duro contigo mismo- lo consolé el roedor- Sélo hi- ciste lo que crefste correcte... Creo que fue el famoso Napoleén quien dijo: la intencidn es lo que cuenta... 18 Obsecuente: demasiado obediente, sumiso. 19 Abiilico: que no tiene energia ni interés, 82 Pela TP —No es un gran consuelo- res- pondié el gallo- Y lo peor de todo es que no sé qué hacer. —Lo que no tiene remedio, reme- diado estd, dijo Hipécrates- coments el ratén— Pero estoy seguro de que no es para tanto. —Sin embargo, debo hacer algo- concluyé Papa Gallo, algo molesto por los dichos del ratén. —Déale tiempo al tiempo- acon- sej6 el roedor-— Ya se te ocurrird algo. Pero no fue el tiempo, sino la for- tuna, la que vino a ayudar al gallo. En el cielo, un punto negro giraba en len- tos cfrculos sobre el gallinero, esperan- do el momento preciso. Abajo, en tanto, un hombre que venfa a caballo, se acercé al gallinero, se detuvo junto a él, desmonté y até las tiendas del animal a uno de los postes de la alambrada. En seguida desapare- cid camino a las casas, pero el caballo, jo- ven y nervioso, quiso seguirlo y tironedé 83 y tironesd, hasta que los palos del cerco, _ ya podridos por el tiempo, cedieron vi- niéndose abajo. La batahola fue general entre las asustadas gallinas y los jugue- tones pollos, que salieron corriendo alentados por esa inesperada libertad, seguidos de sus madres cacareantes. Papa Gallo, olvidando sus tribu- laciones de padre, se apresté a hacer- se cargo de la situacién. De dos saltos, paso por los restos de la alambrada y se planté amenazante delante de los fugitivos pollos, que se paralizaron de inmediato al verlo. Ese era el momento que espera- ban alla arriba. En un raudo piquero, una joven jote cay6 sobre uno de los po- lluelos desprevenidos. Pero con la mis- ma celeridad casi, Papa Gallo reaccioné y la enfrenté con las plumas del cogote engrifadas, para verse més grande. De dos espolonazos, la obligé a soltar a su presa, que salié huyendo despavorida. —jVete de aqui, jetona, o te iré a G Piltesa 79D mal!- la amenazé el gallo furioso. —jEstds seguro de eso, gallo pa- jarén?- le respondis la jote con una son- risita que él no alcanz6 a comprender. —jNo seras la primera de tu clase a la que...!- pero Papa Gallo no pudo terminar de hablar. Subitamente, algo lo golpeé por atras, arrastrandolo por el suelo. Antes de que se diera cuenta, un dolor agudo le clavé el espinazo, justo donde la garra de otro jote se enterraba en su carne. —jSorpresa, desgraciado...!- le dijo burlén el rapaz, presionando con todo su peso sobre él, para evitar que se moviera. — Td... exclainé el gallo al reco- nocer al jote que habia humillado tiem- po atras. —iSi, yo! ;Ahora no pareces tan fiero... ;Eh?- le dijo, apretando cruel- mente su garra, mientras la otra jote se acercaba~ Te presento a mi pareja, ella sabe distraer muy bien, ;no? 85 —jTe dije que no volvieras...!- Papa Gallo no perdié la dignidad y continuaba bravuconeando”®, —jVolvi porque tengo hambre, infeliz...!- le contest6 con rabia el otro, amenazandolo con su pico engarfia- do- zY sabes qué habra hoy en nuestro almuerzo...? —jFestin de gallo!- rio malvada- mente la jote, aprestandose a darle un picotazo mortal. —jNo lo creo!- grité Gallito, em- pujandola de un golpe contra su no- vio que, sorprendido, solts su presa al caer. —jHijo...!- exclamé Papa Gallo al darse cuenta de lo que pasaba. —jVamos, pap4, no importa que estemos fuera del gallinero!— lo alent6 su hijo. Y antes de que los jotes pudieran 20 Bravuconear: en este caso, hacer amenzas que no se pueden cumplir, Tambien alardear. 88 Peusa 0D | reponerse, el pequefio gallo salt6 sobre ambos, cayéndoles a uno con los espo- jones y a picotazos a la otra. Pero sus enemigos se recobraron répidamente y Gallito aiin era tan slo un pollo, Pron- to se vio sobrepasado en fuerza y cayé adolorido por un picotazo del jote que, graznando de rabia quiso liquidarlo con otro picotazo. Pero Papa Gallo, a pesar de estar herido, lo hizo comer tierra de un espolonazo certero. La jote se para- liz6 de terror al ver a su pareja tendido y sangrando, situacién que aproveché el gallo para despacharla también. Dos picotazos y un empujén y ella acompa- 6 en el suelo a su novio. Seguramente los jotes hubiesen intentado continuar a batalla y con todas las posibilidades de ganarla, pero los perros aparecieron ladrando su grito de guerra y salvaron la situacién:? Los rapaces, nuevamente humillados y malheridos, escaparon apenas, echandose a volar como pudie- ron. Esta vez no volverian jamdas. 87 Esa tarde, poco antes de que el sol se escondiera y con la alambrada ya re- parada, los pollos, los patos, los perros y el Viejo Raton, se reunieron bajo la hi- guera. Papa Gallo y Gallito cojeaban, pero sonrefan felices, mientras los demas parloteaban alegremente, comentando la descomunal lucha de la mafiana. —Bien, amigo gallo— dijo el ra- tén-, creo que tu polluelo recupero su impetu?!, después de.todo. —jPues, claro!— respondié orgu- lloso el gallo— jPor algo es mi hijo! — Ah! ;Como dijo el gran escti- tor Kipling: hijo de tigre tiene que salir rayado!— concluyé el roedor. —j;Guau! jFue fenomenal cémo salvaste a tu papa!— dijo el cachorro con admiraci6n. —No fue nada... eran unos jotes 21 Impetu: brio, fuerza, pasion. 88 inexpertos...- Gallito bravuconeaba tan bien como su padre. —jEstoy tan feliz, que siento de- seos de cantar!— sefialé contento el ga- Ilo. —Pero no es la madrugada...— dijo extrafiado el Viejo Ratén. — Al diablo con despertar al mundo...|- exclamé Papa Gallo, sor- ptendiéndolos a todos— jQuiero cantar para celebrar! Y a la mafiana siguiente, un poco més tarde de lo acostumbrado, canto el gallito. 90 Pelusa 79 SOBRE LOS DICHOS DEL VIEJO RATON: Galileo Galilei (1564 - 1642): Sabio re- nacentista italiano que fue el primero en postular ptiblicamente que los pla- = netas giraban alrededor del sol y no de la tierra, como se crefa en ese entonces, Aunque, seguramente, nunca dijo eso” de “las cosas cambian”, su teoria, la- mada heliocéntrica, sf significéd un cam- bio radical en la forma de ver el mundo al en su época. Tanto asf, que fue obliga-# do a retractarse, ante la amenaza de ser quemado en la hoguera como hereje por la Inquisicién. A pesar de esto, la tierra siguié girando alrededor del sol .. y no al revés. = Sécrates (470 - 399 ac. aprox.): Filéso- fo griego que fue condenado a muerte Por ensefiar a sus discfpulos, supuesta- mente, a dudar de algunas verdades in- Cuestionables en su época. Puede que, 91 durante su juicio, haya dicho algo asi como: “los nifios piensan (no solo los adultos)”, aunque sus alumnos eran, més bien, adolescentes. Luis Pasteur (1822 - 1895): Sabio fran- cés. Probablemente, jamés haya dicho nada semejante a “no vale la pena llo- rar sobre la leche derramada”, pero su nombre se vincula a la leche pasteuri- zada, es decir, libre de gérmenes y mi- crobios. Macbeth: Protagonista del drama del mismo nombre, de W. Shakespeare (1564 - 1616), quien asesina a su legiti- mo rey para tomar su puesto. En ningu- na parte de la obra él dice: “las mujeres saben mandar”, pero fue convencido de cometer la traicién por su mujer, Lady Macbeth. Por hacerle caso, perdié el honor y la vida (y ella también). 93 Ivan Pavlov (1849 - 1936): Cientifico ruso que demostré el concepto de con- dicionamiento de la conducta, algo que serfa muy diffcil de explicar aqui, pero valga saber que utiliz6 para sus experi- mentos a un grupo de perros. Por eso, aunque no se sabe si alguna vez lo dijo, seguramente debe haber considerado al perro como el mejor amigo del hom- bre. Napoleén Bonaparte (1796 - 1821): Militar francés que intenté convertir a Francia en un gran imperio, tratando de conquistar al resto de Europa, pero no pudo hacerlo. En ningtin libro de histo- ria aparece alguna frase suya similar a: “Ja intencién es lo que vale”, pero, sin duda, lo pensé mas de una vez. Hipécrates (460 - 355 a.c. aprox.): Mé- dico griego, famoso por su juramento, que todos los médicos del mundo hacen al momento de titularse. Obviamente, 94 Pelusa 7 go nadie puede asegurar que dijera: “lo que no tiene remedio, remediado esta”, sin embargo, tampoco se puede asegu- rar lo contrario. Rudyard Kipling (1865 - 1936): Escri- tor inglés, nacido en la India, autor de El libro de la selva y otros relatos rela- cionados con el paisaje y los animales de la India (entre ellos, el tigre). Quiz4s no lo haya dicho, pero sin duda alguna, él sabia que los hijos de tigre también usan traje a rayas, como sus padres. 95 GALLITO NO QUIERE CANTAR PARA "DESPERTAR AL MUNDO” COMO ORGULLOSAMENTE LO HACE SU PAPA GALLO, QUIEN PRETENDE QUE SU HIJG SIGA CON LA TRADICION ANCESTRAL DE SU ESPECIE. COMO BUENOS GALLOS, AMBOS SON TOZUDOS Y NO ESTAN DISPUESTOS A CEDER FACILMENTE, PROVOCANDO UN DESBARAJUSTE EN La TRANQUILA RUTINA DEL GALLINERO, LO QUE PUEDE LLEGAR A SER UN SERIO PROBLEMA PARA SUS HABITANTES, ‘AMBOS TAMBIEN, SON VALIENTES ¥ FIEROS, PERO :LES BASTARA CON ESO PARA SOLUCIONAR SUS PROBLEMAS? FELIPE JORDAN JIMENEZ NACIO EN SANTIAGO, EN 1964. ES PRORESOR DE LENGUAJE Y ESA VOCACIGN DOCENTE LO OBLIGA A CREAR PARA LOS NINOS, DELICIOSOS RELATOS COMO GALLITO JAZZ, GANADOR DEL PRIMER PREMIO BARCO DE VAPOR DE CHILE APARTIR DE 7 ANOS: ao