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GABRIEL ALBIAC LA MUERTE METAFORAS, MITOLOGIAS, SIMBOLOS 2? EDICION BIBLIOTECA DEL PRESENTE Cubierta de Mario Eskenazi Quedan rigurosamente prohibidas, sin ia autorizacion de los titulares del copy- right, bajo \as sanciones estabiecidas en las leyes, la reproduccién total o parcial de esta obra por cualquier medio 0 pro- cedimiento, comprendidos fa reprografia © tratamiento informatico, y la distribu- cién de ejemplares de ella mediante al- quiler 0 préstamo publicos. © 1996 de todas las ediciones en castellano, Ediciones Paidos Ibérica, S.A., Mariano Cubj, 92 - 08021 Barcelona y Editorial Paidds, SAICF, Defensa, 599 - Buenos Aires hnttp://Awww.paidos.com ISBN: 84-493-0243-9 Depésito legal: 8-40.117/2002 Impreso en Hurope, S.L., Lima, 3 - 08030 Barcelona Impreso en Espana - Printed in Spain Sumario ACT pe te ll I. CrepUscuto. . . 2... we 13 1, Hojasmuertas . . . . ee ee ee 15 eo VidwOSTMEE 2b a ee ee 18 3. Otras vidas, otramuerte ......... 26 4. En ausencia de losdioses. . . . . 2... 45 5. Laciudadenotoho ..........44 55 6. Angelus. 2 2. 1. 1 ee ee 61 Il. TEMPUSFUGIT . . 6 2. eee ee ee ee 75 1. Elnombreesnadie ........... 77 2. Lasrazonesdelmarmol ......... 80 3. Tres Odas,unaElegia. . 2... 2... 85 4, Ciudades sumergidas .......... 103 5. Un sencillo descenso alosinfiernos .. .. 105 TI]. TIMONELENIADERROTA. . . 2... 7 ee 113 1. Viajeros de lassombras. ......... 115 2. Lejos de loslotéfagos . . 2... wee 135 3. Singladuras. . . 2... ee ee 140 4. Onthewildside. .. 2... 2. eae 146 5. Naufragios. ©... 2. ee 150 «A storm-beaten old watch-tower, A blind hermit tings the hour. All-destroying sword-blade still Carried by the wandering fool. Gold-sewn silk on the sword-blade, Beauty and fool together laid.» (YEATS, W. B., Symbols) «La serpiente que cifie el mar y es mar, EI repetido remo de Jasén, la joven espada de Sigurd. Sélo perduran en el tiempo las cosas Que no fueron del tiempo.» (Borces, J. L., Eternidades) «Everything dies, baby, that’s a fact.» (SPRINGSTEEN, B., Atlantic City) 10 Al lector ¢Por qué «metaforas», «mitologias, «simbolos»? ¢Por qué no la muerte, sin mas? Porque de la muerte no es posible hablar de ningan modo. Y porque, cuando creemos estar nombrandola, no hacemos sino construir una mejor coar- tada que atin mas nos la oculte. Sdlo atravesando sus hue- Ilas desplazadas —en metaforas, en mitologias y simbolos— nos es posible apreciar la feroz herida con que ese muro in- franqueable nos marca. Es lo que he intentado. Morimos. Al fin, a eso se reduce todo. A eso ya no saber ni siquiera decirlo. Desde Epicuro, el pensar occidental gira sobre las paradojas que tal barrera impone a la condi- ci6n humana: «Nada es la muerte para nosotros, puesto que cuando nosotros estamos la muerte no esta, y cuando ella llega no estamos ya nosotros». Del encuentro imposi- ble nacen las infinitas formas desplazadas a cuyo través eso de lo cual no hablamos se venga, haciendo que en todo cuanto decimos esté acechandonos, silencioso. «Un hom- bre libre» —escribia Spinoza— «de nada se ocupa menos que de la muerte». Mas, gsomos hombres libres? O somos, mas bien, esos tristes predadores en cuyo inconsciente, ma- gistralmente descrito por Freud, aun la pulsién de deseo no es sino mascara de una pulsi6n de muerte, condicién no decible del lenguaje humano. Desde Homero a Ezra Pound, pasando por Virgilio, Keats y Conrad, he tratado de seguir algunos de los cami- nos a cuyo través esa cosa innombrable determina todo I LA MUERTE cuanto llamamos literatura y arte. Metaforas basicas del «crepusculo», del «tiempo en fuga» y del «viaje interior» que acaba siempre en los repetidos circulos del infierno. No de la muerte escribo, pues. Si, del espacio discursivo que ella rige. Tal vez sea el solo modo de decirla sin pres- tarse a ocultarla demasiado: desvelarla alla donde no esta. Pensar la muerte es siempre, de un modo asombroso, pen- sar en lo otro. Lo otro, en lo cual somos. I Creptsculo «,.. veo alargarse al sol mi sombra en julio.» (GIMFERRER, P., La muerte en Beverly Hills) «When the Night doth meet the Noon Ina dark conspirancy To banish Even from her sky.» (KEATS, J., Fancy) «.uNada esperes. Ni siquiera En el negro crepiisculo la fiera.» (Borces, J. L., Laberinto) 1. HOjAS MUERTAS Ocres, anaranjadas, amarillas, las hojas han ido cubriendo, resbaladizos mantos superpuestos de seda que la lluvia em- papa, los senderos del parque de Luxemburgo. Es ésta una ciudad de otonio irrevocable, que el verdin enmohecido de las hojas a punto de extinguirse torna irremediablemente en simbolo. Vacilo al releer lo que he escrito: es un t6pico y miente. Hermoso en mi recuerdo, mas eso nada cambia. No miente, sin embargo, el ansia, la melancélica embriaguez que cala al paseante atin mas que la Iluvia en esos raros dias de noviembre en los que un sol de luz filosa, como de tela de arafia, brilla de pronto unas horas y condesciende, asi, a re- vestir los arboles de un esplendor de oro que es —pero ellos no lo saben; nadie, nada, salvo nosotros, sabe eso en la infi- nita progresién de podredumbre a la cual Ilamamos natura- leza— mensajero de la muerte. En dias como éstos, el édo- lon, la sombra, de Patroclo se cierne sobre el vagabundeo irreal del paseante; también, enturbiando su imagen, las 1a- grimas pesadas de los corceles inmortales que contemplan desde lejos la caida del guerrero. «Los caballos de Aquiles, quedandose alejados de la lucha, lloraban desde el instante mismo en que supieron de su auriga caido a manos de Héc- tor, matador de guerreros... Y, asi como permanece en pie la estela que se erige en la tumba de un hombre o de una mujer que ha muerto, asi permanecian fijamente uncidos al 1S LA MUERTE labrado carro y agachada la testuz al suelo; fluian de sus par- pados a tierra ardientes lagrimas, transidos de pena por el auriga, y se les manchaba la lustrosa crin que caia a ambos lados desde la gamella del yugo.»' Zeus se apiada de ellos, que ni en muerte ni en vejez tienen parte. No asi de los hu- manos: bien hacen éstos, al fin, en completar su destino de caducidad y muerte. Precarias marionetas de la moira, que los constrine a no ser sino en la sola estrategia del morir y dar la muerte, :qué otro sino les cabe que no sea perseverar en el combate hasta que la tiniebla reine y lo consuma todo? Matar es, en el hombre, redundancia. Pleonasmo, morir. Fuerza es pues que la carniceria dure mientras la luz esté para guiarla: hasta el ultimo destello en rojo del postrer cre- pusculo. «Corceles»— manda Zeus y es, mas alla del padre de los dioses, el destino quien enuncia un dato necesario y frio, no un mandato— retornad, salvos de lid y batalla a las naves céncavas, «que a los hombres ya alargaré yo la hazaiia de ir matando, hasta al fin que a las naves bien-ponteadas Ieguen, y el sol que se hunda y la santa sombra que caiga.»” Sobre el polvo de Ilién, entre muros y naves yace, fuera del tiempo, el despojo de Patroclo. Inalterable como s6lo la es- critura quiere serlo. «Moira aciaga me dio muerte»: nada en lo cual los hombres, ni aun los dioses, tengan parte sino anecdotica. Aun el lamento del éidolon exhalado del cuerpo que se derrumba es aqui fuera de sitio. No se lamenta —no con frénes—aquello que no pudo ser. Y, aun asi, solloza el alma, la psyché que se precipita en su reclusién del Hades, del héroe como nunca lo haria el héroe mismo, «porque abandona un cuerpo viril y muy joven.»* Mas, qué es el 1. Miada, XVM, 426 y sigs. De las diversas traducciones del texto ho- mérico, sigo basicamente la de F. Sanz Franco (Barcelona, Avesta, 1985) y la bellisima version ritmica de Agustin Garcia Calvo (Zamora, Lucina, 1995). 2, Miada, XVII, 453-455. 3. Hiada, XVI, 857. CREPUSCULO alma, al fin, sino un degradado simulacro, una sombra en la cual no habita ingenio?* Su sollozo es, asi, nada. El] héroe queda en despojo que polvo y sangre manchan y el fresno de la lanza, al atravesar el torso, desfigura. Hasta que haga de su belleza la pira ceniza y memoria. «Dame mi parte en el fuego», reclama esa sombra a Aquiles. «No volveré, luego, mas.» Sobre el polyo de Ilion. Entre las naves sobre el mar y las murallas. Es de noche. No atin del todo aqui. Fui siem- pre seducido, de un modo en el cual desde nino sospeché la sombra de algo enfermo y misterioso, por ese efimero ins- tante de esplendor perfecto que precede de inmediato a la caida. Sélo esas visperas del desmoronamiento amé. En edi- ficios, ciudades, artefactos...; y, entre los artefactos, esos otros, huidizos y muy razonablemente desesperados: los hu- manos. At6nita conciencia del animal enfermo, para el que la muerte es vida y la belleza, en su crueldad precisa, dema- siado dificil. «Omnia praeclara tam difficilia, quam rara sunt», al final de Spinoza.° Resonancia de Ezra Pound: «La beauté. “La belleza es dificil, Yeats”, dijo Aubrey Beardsley cuando Yeats pregunt6 por qué dibujaba horrores o cuando menos no Burn-Jones y Beardsley sabia que se estaba muriendo y que tenia que tener éxito rapidamente de ahi no mas BJ en su obra. Tan dificilisima, Yeats, la belleza tan dificil».” 4. Véase I, XXII, 104. 5. IL, XXII, 76. 6. Ethica, parte V, escolio de la proposicién 42. Cito conforme a la edic. de Carl Gebhardt, Spinoza Opera, Heidelberg, Carl Winters, 1925, vol. Il, pag. 308. Existe una excelente traduccion de Vidal Pefia, Madrid, Editora Nacional, 1980. 7. E. Pounn, Canto LXXX. Doy la version de J. Vazquez Amaral, Can- tares, México, Joaquin Mortiz, 1990. 17 LA MUERTE 2. VIDA ES MUERTE Amor de las ruinas o primacia de la muerte. Pascal enten- dia que alguien pudiera sustraerse a cualquier fascinaci6n salvo a ésta. «Bien me parece que haya quien no tenga in- terés en profundizar en las opiniones de Copérnico: ipero, en esto otro...! Toda la vida depende de si el alma es mortal 0 no.»* Al categérico Pascal, no es malo contrapo- ner quiza la boutade del desilusionado Borges, a la perpe- tua adolescencia la eterna vejez: nada tan vulgar cuanto los inmortales; todos los seres lo son, salvo los hombres, pues que, con su sola excepcién, todos ignoran la muerte. A no- sotros tan sdlo, la muerte no es ajena: no es asi, la muerte el enigma, sino el decir que la pone; ese decir sitta la con- dicion humana: apenas una resquebrajadura en la lisa su- perficie del ser. De ahi la paradoja ironizada por Valéry ha- cia 1918: «Desde que se saben mortales, las civilizaciones no quieren morir». La paradoja de esa muerte invocada bajo forma de rechazo esta en su anhelo, que figura entre los mas hondos —si no es el mas—de la condicién huma- na. Rastreable en los «cuentos de la tribu»—la expresi6n es de Pound—, desde el confin mas herrumbroso de la li- rica griega. Safo: 8. Pensées, B, 218, L. 164, Véase también B. 200, L. 163. A la espera de que Jean Mesnard complete su monumental edicién del tricentenario de las Obras Completas de Blaise Pascal (han aparecido cuatro voliimenes desde su inicio en 1969, editados en Paris por Desclée de Brouwer), to- maremos como base las ediciones de Léon Brunschwicg, Paris, Garnier, 1908-1914), a la cual designamos como B., seguida por el niimero del fragmento de Louis Lafuma, Paris, Seuil, 1963, citado como L., seguida por su correspondiente numeracién. De las traducciones castellanas, sigo juzgando como la mas clegante la de Xavier Zubiri, Madrid, Austral, 1940, reeditada recientemente, en 1995. 18 CREPUSCULO «Un cierto anhelo de morir me domina y de ver las riberas de Aqueronte florecidas de loto...».” No las riberas de Aqueronte ni la flor del loto cuya in- gestion induce al olvido —todos hemos olvidado los hom- bres que antes fuimos, eso es vivir, sobrevivirse. No la orilla del Hades, en la cual vierte Odiseo la sangre que atraera a Tiresias, inico entre los muertos que posee memoria; char- cos s6lo, en que maceran hojas muertas, sola ofrenda: iri- san, podres, y guardan una extrana belleza que oprime el alma. Suenos del paseante, superpuestos a la indiferencia de una naturaleza que muere s6lo eternamente en la cadu- cidad de la mirada humana. Tal aquel irrisorio teatro de sombras, elevado, para divertimento, por el embrujo del Préspero shakespeariano, Cuando el juego acaba, sus acto- res, fantasmas todos, Ilamados estan a esfumarse en el aire, en el impalpable aire; entonces, «a semejanza del edificio sin base de esta ficcidn, las altas torres, cuyas crestas toca- ban las nubes, los suntuosos palacios, los solemnes templos, y hasta el inmenso globo, si, y cuanto en él descansa, se di- solvera, y lo mismo que la diversién insustancial que acaba de desaparecer, no quedara rastro de ello. Tejidos estamos de la misma estofa que los suenos y nuestra infima vida se completa en el lapso de un letargo»."” La fugacidad huma- na es eso: ver disiparse a cada instante las ficciones que ocu- paron nuestro tiempo; lo que es lo mismo: saber que se vive tan s6lo aquello que se muere; vivir es ir muriendo, de al- gtin modo estar muerto. «Lo que ha sido no es ya; tanto como lo que jamas fue. Pero todo cuanto es, al instante si- guiente ha sido. De ahi que el presente mas insignificante 9, 19(98D), en la edicién de Carlos Garcia Gual, Antologia de la poesia lirica griega, Madrid, Alianza, 1980, pag. 70. 10. SHAKESPEARE, W., La tempestad, acto IV, en Obras Completas, vol. 1 (trad. cast. de Luis Astrana Marin), Madrid, Aguilar, 1932. 19 LA MUERTE tenga, respecto del pasado mas significativo, la ventaja de la realidad; el presente es al pasado como el algo a la nada... A cada evento de nuestra vida pertenece el “es” s6lo por un instante, después le pertenecera el “fue” ya para siempre.»'! Nace la filosofia en Grecia del estupor —en el fondo del cual no es dificil adivinar un punto de espanto— ante la irrupcion sin diques de lo efimero. A esa gangrena que roe el fundamento de las palabras en las cuales debiera el mun- do ser expresado, parece remitir su primer monumento li- terario. Antes de que la filosofia tenga nombre, Anaximan- dro invoca —y verosimilmente trata de exorcizar— la culpa y la caida que el escindido vivir en lo fluyente purga con su necesaria aniquilaci6n: «A partir de donde hay generaci6n para las cosas, hacia alli se produce también la destruccién, segun la necesidad; en efecto, pagan la culpa unas a otras y la reparacién de la injusticia en el orden del tiempo».'* He- raclito, que sera el primero en hacer uso del término —en él, adjetivo— «fildsofo»,'* codificara los términos de la apo- ria: «Las animas [psychai] van husmeando tras el rey de los muertos... Que vivimos nosotros la muerte de ellas y viven ellas de la muerte nuestra».'* De Heraclito a Parménides se 11, SCHOPENHAUER, A., Parerga und Paralipomena, 11, 143. 12. 12B1 (la notacién remite a la gran edicién basica de los frag- mentos presocraticos a cargo de M. Diels y W. Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, Berlin, 1951-1952). El pasaje «pagan las culpas... tiempo» es el mas antiguo de los conservados literalmente de los fisicos milesios. 13, Véase 22B35: Pues bien han de ser de muy muchas cosas investi- gadores los hombres aspirantes a sabiduria [philosdpous éndras}». Sigo, para este fragmento —como para la totalidad de los de Heraclito, siempre que no especifique lo contrario—, la traduccién de A. Garcia Calvo en Razin comin, Edicién critica, ordenacion, traduccién y comentario de los restos del libro de Herdclito, Zamora, Lucina, 1985. Persisto, sin embargo, en la numeracién Diels-Kranz por razones de comodidad y universalidad de uso. 14. 22B98 y 22B77 (2%). La interpretacién y traduccion de Garcia Cal- vo me parece, en este caso, de lejos la mis satisfactoria. Recuerdo aqui el pasaje clave de su comentario: dmaginar pues las animas como lebreles 20 CREPUSCULO consolidara como tépico ineludible del pensar griego; pa- radoja cerrada, perfecta, definitoria del terreno de una dis- ciplina necesariamente circular, euktkleos: zcomo enunciar lo que fue, lo que sera, aquello que no ha sido sino para de- jar de serlo y que no es, cuando lo enuncio, nada ya sino re- cuerdo, nada?, ¢cual el es de lo por sero de lo sido? Lo que es lo mismo: :c6émo es posible hablar?, pues que hablar es des- plegar el flujo de los tiempos verbales. ¢Qué textura onto- légica es garante de cuanto en la continuidad fluyente del discurso humano es dado? :Qué verdad, para el decir? eCémo el lenguaje, el /égos? Idéntico el problema para hombres o dioses. La indistincién se traga aqui no menos a los olimpicos, en la medida en que hablan: «Los hombres dioses. Los dioses hombres: pues /égos, el mismo».'° Muerte que andan (en sus vidas reales sin duda) al husmeo de los rastros de la muerte (y de los muertos) implica que esa muerte las atrae poderosamen- te, como aquello que fuera su presa y alimento natural; pero ello queda atin ambiguo, mientras dudamos si la muerte que olfatean es la muerte misma de las 4nimas o si es la de algiin otro; y esa ambigitedad debe de al- gin modo mantenerse en nuestro entendimiento: pues, por un lado, las almas y vidas han de estar al acecho de la muerte de los seres propietarios suyos, como cosa que las libera de la condena a la realidad y el ntimero; pero, por otro, deben también ir husmeando en pos de su propia muerte en cuanto aliento, anima o cuantia indefinida de anima y vida: pues es esa muerte la que irresistiblemente las atrae a dar vida a los seres; ambos sen- tidos, sin embargo, no hay que tomarlos slo separados, sino también con- fundidos: lo que en suma se dice es que las Animas padecen una constan- te vocacién de muerte; no es de olvidar que las primeras psychai que en nuestro mundo surgen son las animas de los muertos (y asi aparecen ejem- plarmente, arrojandose al Hades, en los primeros versos de la Iliada); con- que, siendo psyché nombre del aliento mismo de la vida, al ponerlas en esa relacién con el reino de la muerte, formula aqui raz6n la contradiccién en que consiste cualquier verdad sobre almas y vidas», op. cit., pag. 311. 15. El fragmento, que no figura como literal en los otros editores, es recogido con el mimero 66 por Agustin Garcia Calvo que da la traduc- cién de légos por «az6n». Se debe tener, no obstante, a la vista lo indica- do por el traductor acerca de ese criterio: «Nos hemos quedado con el 21 LA MUERTE y no muerte se enredan en una imbricacién que vuelca de continuo una en otra: «Los inmortales mortales, los morta- les inmortales, viviendo “éstos” la muerte de aquéllos, y de la vida de aquéllos estando “éstos” muertos».'® En el pasaje de la Consolacién de Apolonio del cual pro- viene el fragmento que Diels y Kranz catalogaran como 22B88, Plutarco ha comprendido bien la dimension radica- lisima de la apuesta heraclitea: «Pues :cuando no esta la muerte en nosotros mismos?; y, segtin lo que Heraclito dice, “lo mismo y en lo mismo viviente y muerto, y también lo despierto y lo durmiente, y también joven y viejo”. Pues esto, convertido, es aquello, y aquello a su vez, convertido, es eso; pues, asi como del mismo barro puede uno, mode- lando figuras, embrollarlas luego, y otra vez modelarlas y embrollarlas y seguir haciéndolo, lo uno tras lo otro, ince- santemente, asi también natura... y el rio ese de la genera- cién nunca se parara de fluir continuamente... Y acaso sea imagen de esto el aire, que va haciendo lo uno tras lo otro dia y noche, aportador de vida y muerte y de sueno y de vela».!” Y subraya pertinentemente, al comentar el pasaje, Garcia Calvo, en su edici6n critica, hasta qué punto «se ale- ja el citador, segtin lo ordinario... de la formulacién légica término “raz6n” para waducir /égos, contando mas que nada con que en espaiiol “raz6n” se usa también para referirse a actividades lingiiisticas, discursos, cuentos o razonamientos, asi como se cuenta con el uso arit- mético de “raz6n”, que es también pertinente para /égos: pues ello es que este légos, que no es mas que el nombre del verbo légo, que dice junta- mente “contar” de “cuenta”, “contar” de “cuento”, “decir”, “calcular”, “razonar”, y a quien se llama por diversos motes “administrador de todo”, “divinidad”, “guerra”, “fuego inteligente”, comin a todos los hombres y extraiio para ellos generalmente, no es otra cosa que lengua- je (si el lenguaje puede mencionarse a si mismo sin convertirse en otra cosa), y por tanto a la vez ordenacién, por oposiciones y correlaciones, y a la vez actividad de habla légica, raz6n raciocinante», op. cit., pag. 34. 16, 22B62. 17. Véase A. Garcia CALVO, op. ait., pag. 194. 22 CREPUSCULO de la identidad de contradicci6n, para perderse en la mera doctrina del fluir perpetuo (pues siempre se les antoja a los hombres menos duro reconocer la muerte que descubrir la vanidad de la diferencia entre muerte y vida), como pasa también en el otro pasaje de Plutarco, en su De la E de Del- fos, en que suelen los estudiosos hallar un eco de esto: pues perece el hombre maduro al surgir el viejo, y pere- el infante en el hombre maduro, y el muchacho en el jo- ven, y en el muchacho el infante; y el ayer en el hoy esta muerto, y el hoy al manana va muriendo; y nadie queda ni es uno, sino que venimos a ser muchos”. Algo mas fiel a la sen- tencia heracliteana parece resonar en los versos de Euripi- des que Platon cita en el Gorgias, “Pero equién sabe si el vivir no es morir / y es el morir vivir?”... Pero lo que si me parece que atane de veras a la formulaci6n de esa primera pareja del fragmento es lo que Sexto Empirico recuerda en los Es- bozos pirrénicos: “Y Heraclito dice que tanto el vivir como el morir estan tanto en el vivir nosotros como en el estar muer- tos”, lo cual, con las locuciones “en el vivir” y “en el estar muertos”, hasta tal punto encuentro que corresponde el misterioso ’éni, que completo como tautéi t’éni “y en lo mis- mo” y que lo explica, que me siento tentado a restituir en el texto de Heraclito una especie de frase parentética, fundada en la de Sexto, de modo que el fragmento comenzara asi: “Lo mismo y en lo mismo viviente y muerto (pues en el vivir estamos muertos, y en el estar muertos vivimos) m, 18 Mas irritaci6n que asombro producira en san Clemente la esencial indistincién de vida y muerte en que la ontolo- gia heraclitea toma sus raices y con ella tal vez todo el uni- verso clasico y la herética tradicion a él ligada. «Pero :qué?: gno es cierto que también Heraclito llama muerte a la ge- neraci6n, acorde con Pitagoras y con el Sécrates del Gor- gias, donde dice: “Muerte es todo lo que despiertos vemos: 18. GARCIA CALVO, A., op. cit., pags. 194-195. 23 LA MUERTE todo lo que durmiendo, sopor”? Pero baste de esto, y ya cuando entremos a tratar sobre los principios, examinemos entonces las contradicciones esas que los filésofos formulan por enigma y que los secuaces de Marci6n hacen dogma.»'® Mas, de la indistincion, del fluir indiferenciado de es y de no es, de «bien y mal que son la misma cosa»,” zc6mo decir palabra verdadera, logos alethés, sin vagar ciego, bicé- falo, sordo y mudo, cual lo quiere el poema de Parménides, o sin ser preso de «la opinion personal, morbo sacro y [de] la vista, enganiarse» heracliteo? Con Parménides, la tela de la arafia se ha cerrado como una trampa. Monumento circular. «Nunca saldras de aqui», dice la diosa a su iniciado en «la bienredonda verdad». Todo tiempo, todo decurso aqui, debe ser suprimido. «Ea, yo te diré (guarda td la palabra que oigas) las vias que solas ver como vias de biisqueda cabe: la una, la de que es y que no puede ser que no sea, es ruta de fiar (pues la verdad la acompana); la otra, la de que no es y que ha de ser que no sea, ésa —te aviso— es senda de toda fe desviada: que lo que no es ni podras conocerlo (eso nunca se alcanza) ni en ello pensar... Que jamas modo habra que tal sea a la vez, que sea no siendo; no, sino ta de esa via de bisqueda aparta la idea... ..Y mencién ya de sola via queda la de que es... Conque el nacer queda asi y el incierto morir anulado.»*! Principio y fin del viaje que la diosa guia: que es. Gior- gio Colli ha propuesto pensar la filosofia como una disci- 19, En Garcia CALVO, A., op. cit, pig, 355. 20, ARISTOTELES, Tépicos, 159 b 30-31: «..que bien y mal son la misma cosa, como lo sostiene Heraclito...» 21, 28B3, 28B6 y 28B7. También en este caso me atengo a la traduc- cién de A. Garcia Calvo en Lecturas presocraticas, Zamora, Lucina, 1981. 24 CREPUSCULO plina perfecta y clausurada, un subgénero alambicado de la tragedia, esforzado en la tarea narrativa de imponer el orden del fugaz discurso al sinsentido elemental de las co- sas. Tarea por definici6n fallida, si, «tal como revoltijo de cosas echadas al azar es el mas hermoso revoltijo, asi el mundo»,” en palabras de Herdclito que alarmaran a Teo- frasto: «Y aun a los que ponen principios materiales para la realidad les habria de parecer contra raz6n que, en tan- to que el cielo entero y todas y cada una de las partes “esta” en ordenaci6n y en raz6n y en formas y potencias y ciclos, en cambio en los principios nada de eso, sino “tal como revoltijo de cosas echadas al azar es el mas hermoso revoltijo”, dice Herdclito, “asi el mundo”».** Asi el mundo... Y Shakespeare no habra sino de retomar su eco, cuando Macbeth vea cerrarse en torno suyo un uni- verso mas grotesco atin que tenebroso, tras la muerte de su dama: «E] manana y el manana y el manana avanzan en pe- quenios pasos, de dia en dia, hasta la Ultima silaba del tiem- po recordable; y todos nuestros ayeres han alumbrado a los locos el camino hacia el polvo de la muerte... |Extinguete, fugaz antorcha!.. La vida no es mas que una sombra que pasa, un pobre comico que se pavonea y agita una hora so- bre la escena y después no se le oye mas...; un cuento na- rrado por un idiota, lleno de ruido y furia, y que no signifi- ca nada».** 22, 22B124. El fragmento ha dado lugar a interpretaciones extraor- dinariamente divergentes. Aun siguiendo la de Garcia Calvo, que se ajus- ta bien a mi propésito, afiado aqui —a efectos de confrontacion— la de Conrado Eggers en el tomo I de su edicién de Los filésofos presocriiticos, Madrid, Gredos, 1978: «El mas bello ornamento es como un mont6n de desperdicios echados al voleo». 23. En Garcia CaLvo, A., Razén comiin, ed. cit., pag. 245. 24. SHAKESPEARE, W., Macbeth, acto V, escena V, en The Complet Works of William Shakespeare, ed. by W. J. Craig, Londres, Henry Pordes, 1987, pag. 939. 25 ory Teel aN Naeem eho) tol a TRL OLS (ore) OR mae) ‘setuaod ap UaLUN|OA un ap A (B66L) ROEM (gee) cca Eee Evel Aa e Ene EY) Uely mm sF (esse) ney ESossoS CUT TLLUR:) 0) Ue I OAS a4 9) Ree enw ene Eee aN ROLE BRO ey] POTD Em Ce ene es) 127 EJoRSSUey a eterno ACL a) rR eR T eee Be) kee) 61s) 18) ‘OG6T ua O1DeU ORIGlY Jalqe9 “OWWAIJU! ap Coe y eRe FCC URSO MICE eNOS) ile] =) nO coy TS) Lea) PAN Aes Meme C0) We) ORM) Lee Co ESCO aC ice aeN PCO RAUL eye a Cee ney eee nace STROM naset leek) een atoms CS Itee) Sty OITLOS AW Iexe Re) E10] Peis Borer mmc] Tee eR) e 1) PRyPCIUR MUO em oR S128) SS eRe ec ROT) TRU Le eet Rey TBR) OP SVU NU msy esto ROI) eR cy eve Royo OMI] SPL ‘QO? {S2AQI| SAAGLUOY SOLUOS? 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