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LA CARRERA DE MARTINA

(El esfuerzo)

Martina odiaba los campamentos que organizaba su escuela cada verano.


Sobre todo no soportaba las pruebas de atletismo, porque siempre llegaba
la última a la meta, y sus compañeros se reían de ella.

-No debes preocuparte si llegas primera, quinta o última- la animaba su


entrenadora-. Para mí lo importante es que entrenes bien y logres terminar
la carrera.

Sin embargo, a Martina incluso le costaba seguir los entrenamientos,


porque las corredoras que eran más delgadas y ágiles que ella pasaban a su
lado como flechas y le decían:

-¡Adiós, tortuga!

Un día en que se burlaron de ella más de la cuenta, Martina se enfadó


mucho y abandonó la pista decidida a no correr nunca más. Aunque le
pusieran un suspenso en gimnasia, no participaría en los campeonatos de
verano.
Después de reprender al grupo, la entrenadora la siguió hasta los vestuarios
para charlar con ella.

-Piensa en la fábula de la tortuga y la liebre- la consoló la entrenadora-. Por


confiarse la liebre acabó dormida bajo un árbol mientras la tortuga llegó
lentamente a la meta.
-Eso sólo sucede en los cuentos.
-Te demostraré que no.

Entonces la entrenadora le propuso un plan:


Aplicarían la estrategia de la tortuga con la liebre para sorprender a los
corredores cuando llegara al campeonato de verano.
Martina seguía entrenando como hasta entonces, sin exigencias, pero la
verdadera preparación la haría fuera de las pistas de atletismo.

-Quiero que cronometres lo que tardas en ir a la panadería, a la escuela, en


llegar al parque. Si cada día logras acortar un poco el tiempo, estarás
preparada para el día de la carrera.
A Martina le encantó este plan de entrenamiento porque sólo tenía que
hacer el mismo recorrido cada día un poco más rápido. Además, como
nadie la estaría mirando, únicamente competiría con ella misma.
Y así lo hizo. Todos los días intentaba superar su propio récord y poco a
poco lo fue superando, así que se sentía muy entusiasmada con su progreso.

Cuando llegó el verano y los esperados campeonatos de atletismo, Martina


era capaz de correr veinte minutos seguidos sin descansar. Ya no
cronometraba cuánto tardaba de casa a la escuela o a la panadería; ahora
medía cuánto tardaba en dar una vuelta completa al parque y cuántas
vueltas seguidas era capaz de hacer.
El sábado de la carrera, ella se levantó temprano y tomó un buen desayuno.
Luego estuvo haciendo ejercicios de calentamiento para llegar a las pistas
lo mejor preparada posible.
Sus padres la observaban admirados y no entendían porqué le hacía tanta
ilusión acudir a una competición que siempre había odiado.

En los vestuarios sus compañeros tan siquiera se metieron con ella, porque
acababa de saberse que aquel verano los tres primeros clasificados en la
categoría masculina y femenina recibirían una bonita medalla.
La entrenadora dio el disparo de salida y los 24 corredores, toda la clase,
salieron rápidamente buscando encabezar la carrera. Martina empezó a un
ritmo más lento, porque sabía que había que dar dos vueltas completas a la
pista y que los últimos 200 metros serían decisivos.
Por tanto, procuró mantener la marcha y dosificar sus fuerzas para apretar
al final. En sus entrenamientos en el parque había previsto la velocidad a la
que podía correr para aguantar toda la carrera.
Efectivamente, tal como sucedía cada año, a partir de la segunda vuelta
muchos corredores empezaron a abandonar. Algunos se detenían a respirar,
rojos como pimientos, antes de proseguir la marcha. Otros se resignaban a
llegar andando con las manos en las caderas.
Pero Martina no aflojaba, así que dejó atrás a una docena de corredores
vencidos, que la vieron pasar con la boca abierta.
Antes e llegar a los últimos 200 metros hubo seis abandonos más, y ella se
situó en el grupo de cabeza. En este punto todos los espectadores
empezaron a corear su nombre.
Martina sabía que no podía ganar, porque había dos chicas de piernas muy
largas que estaban acostumbradas a competir. Sin embargo, mantuvo la
concentración y el esfuerzo hasta pisar la línea de meta.
Entonces supo que había alcanzado el tercer puesto.
Tras recibir su medalla, Martina subió entre aplausos al escalón más bajo
del podio. Pero ella le pareció que estaba tocando el cielo.

Entrenamiento para el éxito.

Hay muchas maneras de entrenar tu esfuerzo y disciplina para estar a


punto cuando lleguen los “grandes partidos” de tu vida.
Algunos de ellos pueden ser: ahorrar un poco cada semana para hacerte
un gran regalo al final de año, practicar ejercicio regularmente, mantener
una alimentación sana y variada…

Todo lo que merece la pena requiere su esfuerzo. Antes de ir a unas


Olimpiadas o a un Mundial de Fútbol, los deportistas entrenan muy duro.
Tienen que hacer mucho ejercicio y a veces incluso se aburren, pero todo
este trabajo hace que sean más felices cuando levantan un trofeo.
Las cosas que conseguimos sin dificultad no tienen magia. Si viviéramos
en un mundo donde todos nuestros deseos se cumplieran al instante, al
cabo de poco tiempo nos aburriríamos terriblemente.
Fíjate en los héroes y heroínas de los libros de aventuras, antes de triunfar
tienen que luchar largo y tendido. Avanzan hacia su objetivo con
paciencia, voluntad y esfuerzo.¿No quieres ser como ellos?
También en los estudios, como en todo lo que te propongas, si tu esfuerzo
es constante y no te desanimas, al final obtendrás el premio mayor.

“El Éxito sólo viene antes del Trabajo en los diccionarios” (Anónimo)