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LA MUNECA MENOR, La tia vieja habia sacado desde muy temprano el sillén al balcén que daba al caftaveral como hacia siempre que se desper- taba con ganas de hacer una mufieca. De joven se bafiaba a menudo en el rio, pero un dia en que la Iluvia habia recrecido la coniente en cola de dragén habia sentido en el tuétano de los hhuesos una mullida sensacién de nieve. La cabeva metida en el reverbero negro de las rocas, habia creido escuchar, revolcados ‘con el sonido del agua, ppensé que sus cabellos habi idos del salitre sobre la playa y legado por fin a desembocar en el La sacaron del agua gritando y se la levaron ala casa en parihuelas retorciéndose de dolor. Himiédicoque la examing axguré que no era mads,probbe- ‘ido dentro de la came blanda de la pantorrilla cevidentemente comenzado a engordar. Indicé que le aplicaran un sinapismo para que el calor la obligara a salir. La tia estuvo una ‘semana con la piema rigida, cubierta de mostaza desde el tobillo hrasta el muslo, pero al finalizar el tratamiento se descubrié quela Ilaga se habia abultado ain mas, recubriéndose de una substancia pétrea y limosa que era imposible tratar de remover sin que peligrara toda la piema. Entonces se resigné a vivir para siempre con la chdgara enroscada dentro de la gruta de sa pantorrilla. Habia sido hermosa, pero la chégara que escondia bajo los langos pliegues de gasa de sus faldas la habia despojado de toda 10 vanidad. Se habia encerrado en la casa rehusando a todos sus pretendientes. Al principio se habia dedicado a la crianza de las hijas de su hermana, arrastrando por toda la casa la piema ‘monstruosa con bastante ag época la femniia leiaba desintegrar a su alrededor idad con que la lampara de cristal ‘mesa. Las nifias adoraban Tes daba de comer. Cuando les Jevantaban con disimulo el volante almidonado de su el perfume de guanabana madura que supuraba la piema en estado de quictud. ‘Guando las nifas fueron creciendo la tia se dedicé a hacerles ‘muilecas para jugar. Al principio eran s6lo mufiecas comunes, con y ojos de botones perdidos. Pero con indo su artehasta ganarse el respeto y la reverencia de toda la familia. El nacimiento de una mufieca era Siempre motivo de regodjo sagrado, lo cual explicaba el que jamds se les hubiese ocurrido vender una de ellas, ni siquiera ‘cuando las nifias eran ya grandes y la familia comenzaba a pasar necesidad. La tia habia ido agrandando el tamafto delasmufiecas de manera que correpondieran a la estatura y a las medidas de cada una de las nifias. Como eran nueve y faunamufieca de cada nifia por afio, hubo que separar una pieza de la casa para ‘que la habitasen exclusivamente las muviecas. Cuando la mayor ‘cumplié diez y ocho aos habia ciento veintistis mufiecas de todas Jas edades en la habitacién. Al abrir la puerta, daba la sensacién de entrar en un palomar, 0 en el cuarto de muiiecas del palacio de las zarinas, 0 en un almacén donde alguien habia pues rar una larga hilera de hojas de tabaco. Sin embargo, .cién por ninguno de estos ‘cuando tenias un aio, asi cuando tenfas dos, vida de cada una de ellas por la dimensidn det jaban entre los brazos. mayor de las nifias cumplié diez afios, la tia se ‘cafiaveral y no se volvi6 a levantar jams. Se balconeaba dias enteros observando los cambios de ‘agua de las caas y sdlo salia de su sopor cuando la venia a visitar ‘dl doctor 0 cuando se despertaba con ganas de hacer una mufieca. ‘Comenraba entonces a clamar para que todos los habitantesdela ‘casa viniesen a ayudarla. Podia verse ese dia a los peones de la hacienda haciendo constantes relevos al pueblo como alegres ‘mensajeros incas, a comprar cera, a comprar barro de porcelanay tencajes, agujas, carretes de hilos de todos los colores. Mientras se Tlevahan a cabo estas diligencias la ta llamabaa suhabitacion ala nifia con la que habia sofiado esa noche y le tomaba las medidas. hacia una mascarilla de cera que cubria de yeso por ra viva dentro de dos caras muertas; Lapor {inte marfileio que contrastaba con la blancura granu tia enviabaal rdin por veinte hig ‘con un movimiento experto de la cuchilla lasiba rebanandounaa tuna en crdneos relucientes de cuero verde. Luego las inclinaba en hilera contra la pared del balcén, para que el sol y el aire secaran los cerebros algodonosos de guano gris. Al cabo de algunos dias raspaba el contenido con una cuchata y lo iba introduciendo con infinita paciencia por la boca de la mufieca, Lo tinico que la da transigia en utilizar en Ta creacién de las mufecas sin que estuviese hecho por ella, eran las bolas de los ‘ojos. Se los, colores, per dgjado sumergidos durante un mimero de dias en el (quebrada para que aprendiesen a reconocer el m: miento de las antenas de las chagaras. Solo en agua de amoniaco y los guardaba, fados sobre camas de algodn, en el fondo de una lata de ‘as holandesas, El vestido delasmnufiecasno variabanunca, a mn creciendo. Vestia siempre a las mis hordada yalasmayores de brodet’,colocandoen Ta cabera de cada una el mismo lavo abullonado y uémulo de pecho de paloma, ‘Lasnifias empeaaron a casarse y aabandlonar la casa, Eldia de Pascuia de Resurreccién”. A los novios los tranquilizal era s6lo una decoracién sentim las casas de an alasnifias bajar jiendo en unarmanola ‘a auadros de cartén y pasando el otro bravo intura de aquella exuberante mufieca hecha a su imagen y semejanza, calzada con zapatillas de ante, faldas de bordados nevados y pantaletas de valenciennes. Las manos y la cara de estas mufiecas, sin embargo, se notaban menos transpa- rentes, tenian la consistencia de la leche cortada. Esta diferencia enaubria otra mas suti: la mufteca de boda no estaba jama rellena de guata, sino de miel. Ya se habian casado todas lasnifias y en ssa quedaba a mis joven cuando el doctor hizo a la tia la visita acompaftado de su hijo que acababa de irdesusest gad que manaba una esperma perfumada por io y Ta ausca inar a la ta se sentaba en la sala recos- tundo su silueta de papel dentro de un marco ovalado, ala vezque Te entregubit ala menor el mismo ramo de siemprevivas moradas.. 3 cia galletitas de jengibre y cogia el ramo quisquillosa- ‘mente con la punta de los dedos como quien coge el estémago de tun erizo wueltoal revés. Decidi6 casarse con él porque leintrigaba su perfil dormido, y porque ya tenia ganas de saber como era por dentro la came de la sonrisa entreabierta y un poco de leche. Habia, ademas, otro detalle en el fondo de las pupitas delos es. v6 a vivir al pueblo, a una casa ue de cemento. La obligaba todos |. para que los que pasaban por la ipiesen que €lse habia casado en sociedad. Inmévil dentro Ia menor comenzé a sospecharquesurnarido cl perfil de silueta de papel sino también el alma, A sacé los ojos. con la punta del bisturiy los empeiié por un lujoso reloj con una larga leontina, Desde entonces la mufieca anos de porcelana para hacerle un retablo ala préxima procesién de Guaresma. La menor le 5 hormigas habian descubierto por fin que la lena de miel y en una sola noche se la habian devorado, "Como las manos y la cara eran de porcelana de Mikado, dijo, seguramente las homigas las creyeron hechas de anicar, yen este preciso momento deben de estar quebrndose los dientes, royendo con furia dedos y parpados en alguna cueva subtervdnea.” Esa noche el médico cav6 toda a tierra alrededor de la casa sin encontrar nada. Pasaron los afios y el médico se hizo ‘quedado con toda la clientela del pueblo, a quienesno lesimpor- 14 taba pagar honorarios exorbitantes para poder ver de cercaa un micmbro legitimo de la extinta aristocrada cafiera. La menor ‘eguia sentada en el balcén, inméyil dentro de susgasas yencajes, Siempre con los ojos bajos. Cuando los pacientes de su marido, ‘colgados de collares, plumachos y bastones, seacomodabsan cerca de ella removiendo los rollos de sus cames satisfechas con un alboroto de monedas, percibian a su alrededor un perfume parti- ‘cular que les hacia recordar involuntariamente Ta Jenta supara- tién de una guandbana. Entonces les entraban a todos unasganas irresistibles de restregarse las manos como si fueran patas. ‘Una sola cosa perturbaba la felicidad del médico. Notaba que ‘mientras il seiba poniendo viejo, lamenor guardaba la misma piel aporcelanada y dura que tenia cuando la ia a visitar ala casa del ‘cafiaveral. Una noche decidié entrar en su habitacién para obser- varla durmiendo. Not6 que su pechono se movia. Colocd delica- damente el estetoscopio sobre su corazén y oy6 un Iejano rumor ide agua. Entonces la muficca levanté los pirpados y por las ‘cuencas vacias delos ojos comenzaron a salir asantenas furibun- das de las chégaras. EVA MARIA, desnuda germinaba hojas por mi cuerpo de paraiso ilo ti inocente ana gustada ya en mi mano me acerqué y te la ofreci ppara despu¢s yo misma estrangularla © padre o patria o tierra del padre eva forwnata amaranta maria ‘cuerpo jardin sellado ‘cuerpo huerto prometido grivido de cabesas y de lenguas y de ojos que reposan esperando ‘mi madre tu madre sentada en el centro de la tierra enmadejando lo que ta desenmadejas enmadejando con Jos hilos de su came por eso parturienta con gusto partida por eso cabeza de nifio y grito entre las piemas por eso del paraiso salida para entsar con los ojos abiertos por las puertas del infierno he tratado de ser como querias sorda muda cega tomando vifia 25 el dia de las madres ‘con mi corsage puesto y mis dormilonas de diamantes pero no he podido Jos antepasados no me dejan sobreponen en mi sus pensamicntos pieles de cebolla ‘abren bocas en mis brazos y en mis manos feritan que me arranque ya el pendejo cinturén de espuma que me desgarre las guajanas del manto