Está en la página 1de 3

¿Dónde van?

¡No se muevan! ¡Quietos! ¡Cada uno en su lugar!

Militares, policías y civiles en la dictadura utilizaron habitualmente estas frases.


¿Cuánto ha cambiado esa mentalidad? Se habla ahora de “la necesidad de contextualizar
históricamente y geográficamente los aprendizajes”. Se dice: “-Qué importante es que
los niños conozcan su barrio, su departamento, su país.” No se encontrará una frase,
una palabra de las autoridades, en contra de las salidas didácticas, de los paseos de los
niños (aún las prohibiciones más duras vienen precedidas de frases que “prestigian” esta
actividad).

Pero las trabas, los impedimentos, las prohibiciones, las dificultades, los
entorpecimientos, se multiplican año a año. Las autoridades (y también los mandos
medios que avalan estas “disposiciones”) justifican las restricciones por “la necesidad
de velar por la seguridad de los niños”, esgrimiendo algún caso emblemático: un niño
que se cayó en Pan de Azúcar, otro que se ahogó en Raigón,... sin pudor en buscar hasta
en el fondo de la historia para ejemplificar. Nunca dicen que donde más se lastiman, día
a día, que donde mayor cantidad de accidentes sufren, es en la escuela. (1)

Aumentan los controles: el ómnibus sólo si tiene Certificado de calidad del Latu,
el conductor deberá tener carné de salud y habilitación especial, la empresa debe ser
reconocida, con boleta y ruc, debe estar el permiso de los padres para cada paseo, el
carné de salud de cada niño, el certificado médico de que el niño está “apto para paseo
escolar”, el maestro y director irán con los niños, un adulto (certificado, con Cédula de
Identidad) cada 10 o 6 niños (la reglamentación puede haber cambiado ayer), deberá
haber dinero para “prever que el ómnibus se rompa y se deba pernoctar” en un hotel o
similar que debe ya estar previsto también, se deberá esperar la comunicación y
autorización del inspector del Distrito, de la Inspección Departamental, de la Inspección
Técnica, etc., etc. ¿Por qué esta abrumadora y desmotivante profusión reglamentaria?

Niños y maestros fuera del local escolar son una amenaza a una de las
“instituciones” más prestigiadas del sistema: la clausura. Proveniente de los
internados religiosos, de los conventos de la Edad Media, donde el “aprendizaje” se
realizaba puertas adentro, sin ninguna vinculación con el medio, la clausura aún perdura
en el siglo XXI. Un niño afuera del local escolar es un “desorden”, una “anomalía a
corregir”, una “afrenta” a esta institución inmovilizante.

Pero los maestros y los directores se arriesgan: se van de paseo a la feria del
barrio sin autorización de los padres, a la plaza o al almacén sin “un adulto cada diez
niños”, al cine o al circo sin las “comunicaciones y autorizaciones de rigor”, al
zoológico en un ómnibus que dista de la “cinta azul de la perfección”, sentados de a 3,
de a 4, con 60 niños, y, colmo de los colmos, a veces van a la playa (vade retro, satanás)
y algún niño hasta se baña sin la autorización papal. Maestros y directores son unos
valientes. No piensan más que en los niños y en lo que necesitan. Los cuidan igual (con
o sin permisos, con o sin autorización). Se arriesgan. Están resistiendo.

Sépanlo; están tocando uno de los puntos sensibles del sistema: están violando la
Clausura. La libertad no está autorizada. Y pueden ser sancionados por ejercerla.
A cada individuo su lugar; y en cada emplazamiento un individuo. ... Es preciso
anular los efectos de las distribuciones indecisas, la desaparición incontrolada de los
individuos, su circulación difusa, su coagulación inutilizable y peligrosa; táctica de
antideserción, de antivagabundeo, de antiaglomeración. Se trata de establecer las
presencias y las ausencias, de saber dónde y cómo encontrar a los individuos ..., poder
en cada instante vigilar la conducta de cada cual, apreciarla, sancionarla, medir las
cualidades o los méritos. Procedimiento, pues, para conocer, para dominar y para
utilizar.
Michel Foucault. Vigilar y castigar. 1975.
La disciplina. Los cuerpos dóciles.

(1) Si un niño se lastima en la escuela, los “mecanismos” habituales se ponen


en marcha: se atiende al niño; si se lastima en un paseo, se lo atiende igual,
pero...”agarrate Catalina (con perdón de la murga) que vamos a galopar”.

1978 Las salidas instructivas