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246 EATINOAMERIGA: LAS CIUDADES Y LAS IDEAS propio Vergara fundé en Bogota con el nombre de “El Mosaico”. ‘De todos modos, el periédico fue el principal instrumento de Ja vida intelectual, que raramente se desentendia de la vida politica. Los poetas —el argentino Juan Cruz Carela, el ecuato- Hiano José Joaquin de Olmedo, el colombiano Julio Arboleda— 6 los prosistas, los que se inclinaron a la narracién o Jos que prefirieron el ensayo, todos participaron, en mayor © menor medida, en las luchas politicas y dedicaron largas horas al perio- dismo, que en casi todas las ciudades de alguna importancia conté ‘con no 0 con varios medios de expresidn de las ideas, El perid- dico circulaba entre las burguesfas activas y pensantes, y para cllas escribia el liberal doctrinario, el conservador convencido, los ocasionales sostenedores de una causa o de un proyecto o de tun caudillo, Para ellas escribieron casi cotidianamente las me- i jericanas, en periddicos militantes y de YY las ideas que recibian, las difun- Gian esas burguesias activas y pensantes en Jas tertulias, en Jos cafés, en las plazas, en los atrios, comentndolas segim el punto de vista personal de cada uno, desarrollindolas unas Neces y sintetizéndalas otras, hasta transformarlas en patrimonio de todos y difundirlas por todos los sectores de la sociedad: ast so formaban y deformaban las corrientes de opinién en el am- biente urbano, en el que el literato-periodista era un portavoz de la pequeia comunidad, a quien tados conocian y de quien todos esperaban el argumento o la glosa, en contra o en favor de la cuestién palpitante de cada dia, No faltaba en la més frecuentada calle de cada capital una librerfa a Ia que egaban los libros extranjeros mas solicitados por los euriosos y por los snobs. Alli se reunian también tertulias literarias en las que se encontraban los que leian_los mismos libros y seguian asiduamente a los mismos autores, Eran Jos que se encontraban en el teatro, en las redacciones de los periédicos, en el congreso, Politica y literatura eran inseparables en la ciudad patricia, 6. LAS CIUDADES BURGUESAS ‘Desde 1880 muchas ciudades latinoamericanas comenzaron a experimentar nuevos cambios, esta vez no sdlo en su estructura social sino también en su fisonomfa, Crecié y se diversified su poblacién, se multiplicé su actividad, se modifies el paisaje Uurbano y se alteraron las tradicionales costumbres y las maneras de pensar de los distintos grupos de las sociedades urbanas, Ellas mismas tuvieron la sensacién de la magnitud del cambio que promovian, embriagadas por el vértigo de lo que se amaba el progreso, y los viajeros europeos sp sorprendian de esas transfor- maciones que hacian irreconocible una ciudad en veinte aos. Fue eso, precisamente, lo que, al comenzar el nuevo siglo, prestd 4 la imagen de Latinoamérica un aire de irreprimible e itimitada aventura, ‘Un examen ms atento hubiera permitido comprobar que ese juicio no era del todo exacto. Era mucho lo que en Latino- américa no cambiaba, sobre todo en vastas zonas rurales pero también en muchos centros urbanas. Fueron las ciudades las que cambiaron, y en particular las grandes ciudades, Porque el cam- bio estaba’ estrechamente vinculado con cierta transformacién fustancal que se operé por entonces en la estructura econémica casi todos los paises latinoamericanos y repercutié particular- mente sabre las capitate, sabre los. pueriog, sobre las cludades que concentraron y orientaron la produccién de algunos pro ductos muy solicitados en el mercado mundial. Fue, ciertamente, la preferencia del mercado mundial por los paises productores dle materias primas y consumidores virtuales de productos manu- facturados lo que estimuld la concentracién, en diversas ciudades, de una erecida y variada poblacién, lo que creé en ellas nuevas fuentes de trabajo y suscité nuevas formas de vida, lo que desencadend una actividad desusada hasta entonces y lo que ace. 248 LLATINOAMERICA: LAS CIUDADES ¥ LAS IDEAS. Jerd las tendencias que procurarian desvanecer el pasado colonial para instaurar las formas de la vida moderna, Para entonces les paises industrializados —los de Europa, los Fstados Unidos y luego el Japén— alcanzaban su apogeo. Habian acumulado fuertes capitales, poselan industrias en plena expansién y promovian otras nuevas de vastas perspectivas, y necesitaban tanto materias primas abundantes como mercados para sus productos elaborados. También en ellos crecian des- mesuradamente Jas ciudades, cuyas poblaciones requerian una cuota de productos alimenticios superior a la que producian. Y tanto las exigencias de las grandes capitales y de las pujantes industrias como los requerimientos de las nuevas concentraciones urbanas, promovian una accién indirecta sobre los paises que no habian comenzado a desarrollarse industrialmente, Algunas veces esa accién fue directa: los Estados Unidos impusieron pro- presivamente su dominacién desde 1898 en los paises del Caribe ¥ de América Central, ocuparon territorios y obtuvieron pleno Gerecho sobre la franja en la que abrieron el canal de Panamé, en el pequefio pais que lograron que se constituyera separdndose de Colombia. Fue la época del “destino manifiesto” y de la politica del big stick, expresién norteamericaua de una tendencia imperialista que también se manifestaba en Europa. Duefios de buena parte de la economia venezolana, los alemanes no vaci- Jaron en reclamar el pago de sus cuentas atacando Puerto Cabello ‘a cafionazns en 1902. ‘Una fuerza de ocupacién o un embajador insolente eran expresiones de la accién directa. Pero la accién indirecta no fue ‘menos eficaz para ajustar los vinculos de la economia latino- americana con las de los paises industrializados, Ciertamente, en todos los paises hubo consentimiento de las clases dirigentes, que vieron en ellos los simbolos del progreso. Pero la red se tejia en los grandes centros econémicos del exterior, y‘ alli se fijaba el papel de cada uno de los sectores de esa periferia que el mundo industrializado organizaba. Se advirtié esa accién indivecta en la promocién de ciertos tipos de productos: en las zonas rurales de Latinoamérica se estimulé el trabajo con un criterio empre- sarial, para que un pais produjera més café, otro mis cafia de aziicar, otro mas metales, otro més cereales, lanas 0 carne para consumo, otro mas caucho, otro mas salitre. Las empresas eran casi siempre de capital extranjero, y extranjeros fueron sus gerentes, sus ingenieros, sus mayordomos y, @ veces, hasta sus TAS CIUDADES BURGUESAS 249 capataces; la mano de obra, en cambio, era nacional; y nacional fue también todo el mundillo de intermediarios que la produccién y su comercializacién engendraron, Ese mundillo fue el que crecié en las ciudades, que se llena- ron de bancos —nuis extranjeros que nacionales— y de oficinas ‘en las que despachaban sus asuntos agentes comerciales y finan cieros de toda laya, umos para comprar o vender, otfos para invertir capitales, otros finalmente para especular en cualquiera de los sectores que comprendia la inexplorada economia de ca‘la pais. También se lenaron de casas de negocios al por mayor y de tiendas para ventas al menudeo, Y sus calles, sus cafés ¥ sus barrios bajos se lenaron de gentes que con artes diversas medraban con lo que sobraba de tanta riqueza concentrada en Jo que era el viejo casco urbano colonial A las antiguas familias, que se sentian consustanciadas con Jas tradiciones de la ciudad, se agregaron grupos heterogéneos ‘que aquéllas juzgaron advenedizos; y el contacto trajo a la larga una renovacién de las costumbres cotidianas, en las que se noté una creciente tendencia a imitar las formas de vida que pre- valecian en las grandes cindades de Europa, Quedé relegado a Ja vida provinciana el pasado colonial y patricio, del que sélo de vez en cuando volvia el perfume hacia las grandes capitales para alimentar la nostalgia de la paz perdida, Pero las capitales y las ciudades que se enriquecian no querian la paz sino el tor- bellino de la actividad que engendraba riqueza y que podia transformarse en ostensible lujo. - _ El adecuado marco del Iujo parecié a todos los snobs el pari- siense faubourg Saint Germain y acaso la rue de la Pair y los bulevares. Poco se parecia a ese escenario el viejo casco colonial de las ciudades latinoamericanas. El ejemplo del barin de Haussmann y de su impulso demoledor alimenté le decisién de las nuevas burguesias que querian borrar el pasado, y algunas ciudades comenzaron a transformar su fisonomia: una suntuosa avenida, un parque, un paseo de carruajes, un Injoso teatro, una arquitectura moderna, revelaron esa decisién am cuando no lograran siempre desvanecer el fantasma de la vieja ciudad. Pero Jas burguesias podian alimentar sus ilusiones encerrandose en Jos ambientes sofisticados de un club hermético o un restaurant de lujo. Alli se anticipaban los pasos que trasmutarian a “la gran aldea” en una moderna metrépoli. 250 LAYINOAMIMICA: LAS CIUDADES ¥ LAS IDEAS 1, TMANSFORMACION © ESTANCAMIENTO El impacto que produjo en la economia Jatinoamericana el ajuste de los lazos que la vinculaban a los grandes paises industriali- zados no se manifests en todas las ciudades al mismo tiempo ni con la misma intensidad, Hubo regiones que no pudieron responder al Iamado, y sus ciudades quedaron fuera de los muevos circuitos econdmicos que se establecian, Esas ciudades se estancaron y parecieron aun més estancadas en comparacion con Jas que comenzaron a prosperar aceleradamente. Fueron éstas las que Hlamaron la atencién, Los negocios de importaciéin y expo tacién, las operaciones financieras y todas las actividades subsi- diarias que ese tréfico traia consigo multiplicaron el movimiento do las ciudades donde se focatizaban el comercio y las inver- siones. En ellas el dinero corria, las especulaciones calentaban las cabezas no sélo de los fuertes inversores sino también de los pequefios ahorristas, y las esperanzas de un rapido enriqueci- miento alimentaban indirectamente las det ascenso social, Una fisonomia peculiar tomaron esas ciudades que prosperaban tumul- tuosamente, en medio de un agitado clima de aventura. La sorpresa de los viajeros fue profunda, y los juicios que Jas ciudades merecieron sonaron unas veces como exaltados elo- gios y otras como repeticiones de los viejos dicterios contra Babi- Jonia, Era una sensaciin que compartian los grupos tradicionales de las ciudades que se trasformaban. Rubén Dario hablaba del “regio Buenos Aires”, pero el mexicano Federico Gamboa veia cen la prostituta protagonista de stu novela Santa el simbolo de la “ciudad corrompida”, Todos advirtieron que en ellas se labraba un nuevo estilo de vida latinoamericana, signado, sin duda, por Jas influencias extranjeras pero oscuramente original, como era original el proceso social y cultural que se desenvolvia en ellas. Metrdpolis de imitacién a primera vista, cada una de ellas escondia un matiz singular que se manifestaria poco a poco. Entre todas, aquellas ciudades donde mas claramente se pudo advertir la prosperidad y la transformacién, tanto de la sociedad y de sus costumbres como de la fisonomia edilicia, fueron las capitales que eran, al mismo tempo, puertos: Rio de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Panamé, La Habana, San Juan de Puerto Rico, todos puertos maritimos en directo contacto con el exterior, cuya intensa actividad econémica se desarrollaba junto LAS CIUDADES BURGURSAS 251 a las que eran propias de una capital politica y admiuistrativa, centro por eso mismo, de decisiones econémicas. Y aun Caravas © Lima que, aimque ciudades interiores, formaban pareja con sus puertos vecinios, La Guayra o El Callao. Una economia pujante, despertada por la incitacién del comercio exterior, acom- pafiaba ahora a la tradicional actividad promovida por el poder politico, por el juego de la influyente burocracia, por el ejercicio de sabias presiones para obtener tal o cual beneficio. Una capital interior, México, brillaba por su actividad y su riqueza después de contenidas las luchas intestinas, bajo la égida de Porfirio Diaz, vigilante desde las alturas del castillo de Chapultepec. Giertamente mo todas las capitales alcanzaron el mismo desarrollo ni tuvieron el mismo brillo, Rio de Janeiro, que habia ‘comenzado su transformacién durante la época imperial, la acen- ‘tud durante la reptiblica a medida que crecia su poblacién, De 550,000 habitantes al comenzar el siglo pasé a mas de un millén en 1920, y tanto crecieron sus barrios periféricos que Olavo Bilac pudo decir en 1908 que era ya “una aglomeracién de varias citudades, que poco a poco vanse distinguiendo al adquirir cada una especial aspecto y determinada autonomia de vida material ¥ espiritual”. México crecid de otro modo, Fueron las clases ‘medias y altas las que se desplazaron hacia los nuevos barrios —las “colonias"— que surgieron en las vecindades de Chapul- tepec, en tanto que el casco viejo alojaba cada vez mas a las clases populares que transformaban en casas de vecindad las viejas casonas y los palacios, Contaba en 1900 con 390.000 habi- tantes y logré sobrepasar el millin en 1930, cuando comenzaba 4 estabilizarse la grave crisis desencadenada por Ja revolucién de 1910. Buenos Aires, la mis poblada de todas, tenfa ya. 677.000 habitantes en 1895 y tocaba los dos millones en 1930. Fue, si duda, la ciudad cuyo crecimiento Mamé mis la atencién de los europeos —de cuyo tronco se nutria la inmigracién que la tran: formaba— hasta convertirse en un pequefio mito, Un francés, H. D. Sisson, escribfa en 1909 que Buenos Aires era “una ciudad nueva que ha crecido con la rapidez de un hongo sobre la pampa desierta”; y, equivocéndose en los datos, resumia asi su interés por la capital argentina: “Esta ciudad de Buenos Aires es un fendmeno del que es necesario hablar, El hecho del desarrollo de lo que era en 1875 una ciudad de sesenta mil almas y que fen 1906 ocupa una extensién mas grande que Paris, edificada en sus dos tercios y poblada por un millén doscientos cincuenta mil 252, TATINOAMERICA: LAS CIUDADES ¥ LAS TBAS habitantes, es més maravilloso que la aparicién de la ciudad més grande de los Estados Unidos” Précticamente, aunque partiendo de cifras mas modestas, ‘casi todas las capitales latinoamericanas duplicaron o triplicaron la poblacién en los cincuenta afios posteriores @ 1880, y multipli- caron su actividad en una cierta proporcién, Las capitales apro- vechaban las riquezas de todo el pais a través de los impuestos ¥ del gasto piblico, ademas de lo que significaba ser el mercado interno mis importante. Porque de una u otra manera y cual- quiera fuera el régimen institucional, la conjuncién dei poder econdmico y del poder politico que siempre habia existido se acentué a medida que el volumen de las operaciones comerciales y financieras crecia, Fn las capitales tuvieron su centro los grandes intermediarios, los banqueros, los exportadores, los finan- Cistas, los magnates de la bolsa. Y las burguesias dominantes procuraron que Ja fisonomfa edilicia reflejara la imagen de un pais prispero y moderno, Pero, en realidad, la riqueza entraba y salia por los puertos, que ya habian crecido en las iiltimas décadas. Algunos, como Buenaventura o Esmeraldas, no consiguieron sobrepasar su me- Giania, Pero otros se transformaron en emporios comerciales de intensa vida y congregaron una burguesia mercantil de sdlidos ecursos, aunque no siempre tuvieran la ostentosa preocupacién de las capitales que remedaban las viejas cortes. Valparaiso habia ganado la batalla contra sus rivales del Pacifico y brillé como el més activo y el més rico de los puertas, De 100,000 habi- luintes que tenia en 1880 pasé al doble en 1930, mientras moder- nizaba sus instalaciones, se multiplicaba et mimero de barcos que Hegahan a sus muelles y crecian acentuadamente las recan- daciones de su aduana. Por debajo estaban los principales puertos del Perit y Ecuador. El Callao, que sufrié las consecuencias de la guerra con Chile y permanecié ocupado hasta 1883, ce recuperd Tentamente, al compas de la recuperacién de la eronomia del pais. De los 35.000 habitantes que Jo poblaban antes de la guerra, pasé a més de 50,000 hacia 1930, cuando ya llevaba una década de intensa actividad. Pero no era sino el suburbio portuario de Lima, apretado contra su fuerte colonial. La ciudad vieja, de calles estrechas @ irregular trazado, vio desarrollarse a su ado otra nueva, dibujada en damero, que se extendia hasta La Punta, Guayaquil, en cambio, era el principal centro comercial de Ecuador, Era alli donde se habia constituido Ja burguesta LAS CIUDADES BURGUESAS 253 mercantil que disputaba una y otra vez el poder a la capital, apoyada en la fuerza que le daba la circunstancia de ser la clave de la economia de importacién y exportacién, Sobre el estua- rio del Guayas, protegida del calor ecuatorial por los portales de sus calles, Guayaquil albergaba una poblacién de 40.000 habi- tantes hacia 1880, que casi triplicé en cincuenta afios. Prosperaron también los puertos colombianos de Santa Marta y Cartagena; pero su desarrollo no fue comparable al de Barran- quilla, surgida en 1872 en la boca del Magdalena y a 97 kilé- metros del mar. En cincuenta afios sobrepasé en movimiento portuario y en poblacién a sus vecinas y Ilegé a congregar casi 150,000 habitantes en 1930, mientras Cartagena sélo alcanzaba 100,000 y Santa Marta a 30.000, Barranquilla acaparaba cada vez més e] trifico internacional y servia de lave a la navegacién del Magdalena, Y tanto su crecimiento irregular como el aire de improvisacién que tenia su arquitectura se moderaron por la accién de esa nueva burguesia de origen cosmopolita y adve- nedizo que promovié su desarrollo. Nada en ella recordaba el pasado colonial, como lo recordaban las murallas de Cartagena, Pero Cartagena empezaba a reanimarse, como otros viejos puertos coloniales que sufrieron la sacudida’de las nuevas cir- cunstancias econémicas, También crecieron en alguna medida Belem, con el auge del caucho, Recife y Babfa al reactivarse la produccién azucarera durante la primera guerra mundial. Puerto Cabello y Maracaibo recibieron nueva vida, la segunda a medida que aumentaba el desarrollo de la industria petrolera gracias a Ja cual su poblacién crecié hasta los 100.000 habitantes en 1930. La vieja Veracruz alcanzé los 70,000 habitantes por esa época, 4 partir de los 24.000 que tenia al comenzar el siglo, Tradicional puerto de intercambio con Europa, debié compartir su actividad con la més moderna Tampico, equivalente en poblacién, y sobre todo con Matamoros, que las sobrepasé a las dos alcanzando hacia 1930 los 100.000 habitantes gracias a su papel de intermediaria fn el comercio con Estados Unidos, Iquique y Antofagasta, Puertos mineros de Chile; Matanzas y Cienfuegos, centros de la exportacién azucarera cubana; Rosario y Bahia Blanca, bocas de salida de los cereales argentinos; Santos, emporio de la expor- tacién del café. brasilefio; y hasta los pequefios puertos de los Paises de América Central por los que salfan el café y las frutas, se vieron tonificados por la intensificacién del tréfico comercial Y modificaron en alguna medida su aspecto gracias al predo- 254 LATINOAMENICA: LAS CIUDADES ¥ LAS IDEAS minio de esas burguesias portuarias y a las actividades subsi. diarias que la vida del puerto estimulaba, La inmigracién extran- jera, de origen curopeo generalmente pero también de origen norteamericano 0 asiitice, sobre todo en el Pacifico, combinada con la concentracién de gruesos contingentes de poblacién indi- ‘gena, mestiza o negra, daba a las sociedades portuarias un extraito aspecto abigarrado, y a sus formas de vida un encuadre invsual que destacaba sus diferencias con las que eran tradicionales en las ciudades patricias, Los puertos fueron los centrus de activa- cién comercial, pero los grupos tradicionales silo vieron en ellos los agentes de la disociacién del caracter nacional, y ciertos grupos acentuaron su conservadorismo pensando que era dema- siado caro el precio que habia que pagar por la prosperidad. ‘No sélo las capitales y los puertos prosperaron, ‘También Jo hicieron ciertas ciudades interiores que se constituyeron en focos de una zona productora en proceso de expansién, Algunas veces fue un desarrollo ostentoso como el que desde 1870 impulss el crecimiento de Ribeirdo Preto, en el coraz6n de la zona cate. tera, y otras fue una explosién efimera, como en el caso de Manaos, Surgida en el corazén de la Amazonia, Manaos se transformé en la capital del caucho brasilefio. Después de visi- tarla en 1865, William Scully habia escrito: “La poblacién es de alrededor de’5.000 habitantes y la ciudad tiene aproximada- mente 350 casas... De pronto, la explotacién del caucho con- centré en ella gentes de todo origen y condicién. Aventureros de diez paises ¥ trabajadores de Venezuela, Colombia, Ecuador ¥ Peri se congregaron para la gran aventura, que culmind hacia 1910 gracias a los altisimos precios internacionales del caucho, cuando Ja ciudad legs a tener 50,000 habitantes. Una clase de ricos potentados, a cuyo frente estaba el alemin Waldemar Scholz, hizo de la pequeiia aldea una suntuosa ciudad, con lujosas residencias particulares, hermosas avenidas, tiendas inverosimil- mente surtidas de productos curopeos, refinados restaurantes sobre todo, un teatro que causaba el asombro de todos los visi- tantes. Un puerio moderno sobre el rio Negro recibia centenares de barcos que cargaban el caucho para tansportarlo hacia los puertos maritimos. Era una sociedad cosmopolita y aventurera, fen la que las fortunas subian y bajaban vertiginosamente ¥ cuyos vinculos sélo tenian Ja fuerza que creaban los intereses comunes, Pero, de pronto, los precios del caucho en e! mercado internacional comenzaron a bajar a conisecuencia del desarrollo EAS CIUDADES BURGUESAS 255 de Ja produccién asiatica, y la ciudad encantada que habia surgido en medio de la solva se estremecié y empez6 a declinar, mis ripidamente ain de Jo que habia ‘crecido. Las enredaderas aparecieron en las grietas de los suntuosos edificios y los cu- brieron, mientras se desvanecia el trazado de calles y plazas por la maleza que crecié implacablemente en cuanto se abandond su cuidado, Y las gentes comenzaron a desaparecer, cada uno atrés de su suerte, hasta que la ciudad vertiginosa volvié a convertirse en apacible ciudad provinciana, ‘Mis firme fue el crecimiento de San Pablo, cuyo salto de cindad provinciana a moderna metrépoli comenzé hacia 1872, Fue desde entonces Ja “Metrépoli del café", donde se radicaron los ricos fazendeiras dispuestos a trasformarla en wna urbe digna de su riqueza. Una vigorosa inmigracién extranjera contribuy6 al cambio, De 70,000 habitantes que tenia en 1890 logré aproxi marse al millén en 1930. Eran italianos, espafoles, portugueses, alemanes, pero eran también brasilefios de otros estados que acudian para participar del esplendar econémico de que gozaba la ciudad. Crecieron mievos harrios, se modificé la traza y apare- cieron todos Jos servicios propios de una ciudad moderna. Fue lun crecimiento sdlide y sustenide, que div « la burguesia pauli tana una gran fuerza nacional. "Y en pocas generaciones, una nueva aristocracia dio a la ciudad esa complejidad que haria de ella poco més tarde tanto un importante centro cultural como tun vigoroso polo de desarrollo industrial. En menor escala, um deserrollo semejante tavo la ciudad argentina de Rosario, centro de atraccién de la inmigracién pre ferentemente italiana. Con una poblacién de 100.000 habitantes al comenzar el siglo, tocaba el medio millin en 1930, gracias a Ia febril actividad de su puerto exportador de cereales y a la aparicién de algunas industrias, especialmente la harinera, Un excelente puerto y uma privilegiada posicién en el sistema de ‘comunicaciones ferroviarias le asigné un papel econémico impor tante dentro de la economia nacional, Y una sociedad aluvial gue cobré muy pronto una fuerte cohesién pudo trabajar con ahinco para aprovechar aquellas ventajas y darse un ambiente urbano de ciertas protensiones, En Colombia erecié una vieja ciudad, Medellin, fundada en 1675, Un promotor industrial, Pedro Nel Ospina, inicié alli la industria textil, a la que se sumaron luego otras —cerveza, vidrio, chocolate, loza— que activaron intensamente la ciudad. 256 LATINOAMERIGA: LAS CIUDADES ¥ LAS IDEAS De 37,000 habitantes que tenia en 1880 Ilegé a tocar los 100.000 hhacia 1930, en una expansién que continuaria luego acentudn- dose, Igualmente significative fue el crecimiento de Manizales, una ciudad nueva fundada en 1848. Originariamente sostenida por la produccién de cacao y de quesos, la mueva sociedad cons- fituidé on Manizales, preferentemente por migraciones internas, descubrié muy pronto la posibilidad de dedicar las tierras circun- dantes al cultivo del café, muy solicitado en el mercado mundial, ‘Vastas extensiones se dedicaron a ese cultivo, pero la ciudad ejercié un vigoroso control sobre la produccién, puesto que se trataba de un producto de exportacién cuya comercializacion constitufa un proceso tan importante como Ja produccién misma. Ya en 1905 era un emporio cafetero, condicién que mantuvo hhasta 1930, cuando los precios internacionales del producto su- frieron uma acentuada caida, Pero Manizales era ya una fuerte plaza comercial, con una vigorosa y emprendedora burguesia. Si Jas primeras fortunas se habian acumulado con el cacao y los aquesos, las nuevas fueron fundamentalmente cafeteras: y después de la crisis —hacia 1930, cuando la ciudad alcanzaba alrededor de 30.000 habitantes— el capital acumulado permitié, como en San Pablo, afrontar una nueva etapa de su desarrolio econémico a través del establecimiento de nuevas industrias. Ciudades nuevas —pueblos, originariamente— aparecieron muchas durante este periods. Algunas alcanzaron rapido desa- rrollo, como la ciudad argentina de La Plata, fundada en 1882 ‘como capital de la provincia de Buenos Aires a consecuencia de lun proceso institucional, pero que alcanzé un importante desa. rrollo comercial y portuario gracias al esfuerzo de una sociedad urbana de origen predominantemente inmigratorio. Del mismo ‘modo crecid Belo Horizonte en el Brasil, fundada en 1897 como nueva capital del estado de Minas Gerais y que alcanzaba los 100,000 habitantes hacia 1930, Y crecieron también a distinto ritmo inmumerables pueblos y_cindades que_creé Te prowresin expansién agropecuaria argentina: Resistencia y Saenz Peis, Sint Rowe Venado Tuerto entre muchas, ‘Nacidas de un pro- ceso de expansin econémica, sus sociedades ajustaron a él sus formas de vida, libres de toda tradicién. ‘Nueva era la ciudad chilena de Antofagasta, cuyo desarrollo empezé hacia 1870, en relacién con la exportacién del salitre, y nueva fue, de hecho, la de Punta Arenas, insignificante villorrio antes de 1875 que alcanz6 un millar de habitantes a principios 1A5 CTUDADES BUROUESAS 257 del siglo pero que crecié intensamente a partir de entonces. Si Meg a tocar Ins 30,000 almas hacia 1930 Ine porque se convirtié fen un importante centro de la economia patagénica gracias a la accién tesonera de José Menéndez, un comercianie espafol que reveld inusitadas condiciones de adelantado. Con la intensifi- cacién de la explotacién regional —especialmente del ganado lanar— se tonificé la naciente actividad mercantil de la ciudad, de la que se hizo en corto tiempo un extraflo oasis en tierras australes: como en Manaos, surgieron calles y paseos, buenas y hhasta Iujesas residencias, el infaltable teatro de las ciudades que querian manifestar su anhelo de bienestar y prosperidad y todos Jos servicios propios de una ciudad moderna, Una sociedad activa y la mano de obra barata —hasta un grado dramatico— que ofrecia la regién, consolidaron la funcién de la ciudad en un rea que carecia de ells, in desarrollo industrial acelerado promovié 1a prosperidad de algunas cludades ‘mejeanas, Monterrey legé a ver la mis importante de ellas a comienzos del siglo, cuando su poblacién sobrepasé los 60,000 habitantes, nivel que aumentaria en las ddécadas subsiguientes a medida que se desenvolvia la siderurgia, Pero también crecieron Guadalajara, Puebla y Orizaba, esta ‘iltima bautizada como Ja “Ménchester de México” a causa de sus industrias textiles, a las que se agregaron las de la cerveza dol papel: dos novelas de Rafael Delgado —Zos parientes ricos ¢ Historia vulgar— describieron el curioso ambiente provinciano alterado por la transformacién econémica, Entretanto, conservaron su ambiente provinciano las ciuda- ddes que quedaron al margen de la modernizacién, No cambiaron cuando otras cambiaban, y esa circunstancia les presté el aire de ciudades estancadas. Muchas de ellas lograron, sin embargo, mantener el ritmo de su actividad mercantil al menos dentro de su drea de influencia, pero mantuyieron también su estilo de vida tradicional sin que se acelerara su ritmo, Las calles y las plazas conservaron su paz, la arquitectura su modalidad tradi- cional, Jas formas de la convivencia sus normas y sus reglas acostumbradas, Ciertamente el horizonte que ofrectan no se ensanché, cuando en otras ciudades parecia crocer la posibibidad de la aventura, de la fortuna facil y el ascenso social. Por con- traste las ciudades ajenas a las eruptivas formas de la moder- uizacién pudieron parecer mas estancadas de lo que eran en ‘alidad, Una curiosa jerarquia descendente de estancamiento 258 TATINOAMERIGA: LAS CIUDADES ¥ LAS IDEAS se constituyé a lo largo de los afios: hubo ciudades estancadas en el siglo xvit como Villa de Leyva o Antigua Guatemala, que contemplaron cémo alcanzaban su mismo cardcter otras que Jas habian aventajado, Fue intenso el sentimiento que provocé el contraste, y mu- cchos lo expresaron como testimonio de una situucién contradic. toria, El venezolano Rafael Pocaterra describié el ambiente de Valencia en El doctor Bebé y el de Maracaibo en Tierra del sol amada. Entre irénico y nostilgico, evocaba el casino provin- iano, Jas noches silenciosas, en las que, no se velan “ni perros, ni un Ultimo carruaje vergonzante. Apenas entre los macizos de palmas de la plaza Bolivar dos gatos se perseguian aullando, obsesos”, Y el protagonista nostilgico de Paris 0, simplemente, de Caracas, se preguntaba: “gdénde ir?”, La paz de la amo- dorrada capital ecuatoriana movia a Jorge Reyes a hablar de Quito, arrabal del cielo. ¥ el argentino Manuel Galvez evocaba la calma de la dormida Catamarca en La maestra normal y el peso de la tradiciin colonial de Cérdoba en La sombra del convento. “Arequipa era una democracia de hidalgos” decia melancélicamente el pernano Victor Andrés Belatinde hablando de Ja ciudad de su infancia: y con igual nostalgia se acordaba de la plicida Mérida el venezolano Mariano Picin Salas, No falté quien sorprendiera Ja sutil persistencia de la calma provinciana, por debajo de la forzada modernizacién de la ciudad: 1 argentino Benito Lynch revelaba en Las mal calladas Ja que descubria en La Plata, apenas cincuentenaria, y el mejicano Rafael Delgado en las novelas en las que evocaba a Orizaba y Cérdoba, Pero eran débiles contrastos que so desvanecerian poco ‘a poco, como se desvanecerian, en alguna medida, aun en las ciudades que languidecian en su estancamiento. Ciertamente, el efecto de demostraciin comenzé a funcionar intensamente, y cada vez més a medida que las comunicaciones se hacian més faciles. Se afioraba en las ciudades provincianas el brillo de las luces, et yjo ostentoso que las cindades moderni- zadas imitaban de Paris, Se afioraba también el género de vida mundano que difundian las novelas y los periédicos, y esa cierta forma de anonimato que caracterizaba la existencia de la gran ciudad, gracias al cual la vida parecia mis libre y la posibilidad de la aventura mis ficil. Y ante ese modelo, la placidez provin- ciana parecia mis insoportable para quien sentia la tentacién de Ja aventura metropolitana. Podia ser la joven de buena familia LAS CIVDADES BURGUESAS 259) que se hastiaba en medio de lo que consideraba su estrecho cirenlo;, pero fue mis generalmente el hombre ambicioso que se aburria en Ja rutina de una actividad que no parecia permitirle e! salto hacia la riqueza 0 una posicién social mas alta, En rigor, las metrépolis —grandes 0 pequenas— que estaban en el horizonie de quienes sufrian el provincianismo les ofrecian, sobre todo, el sefiuielo del ascenso social. Eran ya las de las metrépolis tipicas sociedades burguesas, con los caracteres que habian adquirido sus modelos del mundo’ industrializado; 0 acaso con. los caracteres que engendraba la imitacién, més acentuados por cierto que en el original. Afioraban las sociedades provincianas esas aperturas que las sociedades burguesas ofrecian. Y ese sentimiento multi- plicé la diferenciacién real entre las ciudades estancadas y las que se transformaban, 2, TA MOVILIDAD DE LAS SOCIEDADES URBANAS Lo tipico de las ciudades estancadas 0 dormidas no fue tanto la intacta permanencia de su trazado urbano y su arquitectura como la perduracién de sus sociedades. De hecho, se conservaban en ellas Ios viejos linajes y los grupos populares tal como ce habian constituido en Ios Iejanos tiempos coloniales o en la época patricia, Poco o nada habia cambiado, y, ciertamente, nada esti mulaba la transformacién de la estructura de las clases domi nantes, ni la formacién de muevas clases medias ni la diversifi- cacién’ de las clases populares. ___ Todo lo contrario ocurrié en las ciudades que, directa 0 indirectamente, quedaron incluidas en el sistema de la nueva economia. Las viejas sociedades comenzaron a trasmutarse, Primero las desbordaron los nuevos contingentes humanos que se incorporaban a la vida urbana, resultado unas veces del éxodo rural y otras de la aparicién de inmigrantes extranjeros, Pero amuy pronto el mayor niimero —acentuado por un decidido crecimiento vegetativo— alteré también cualitativamente la vieja estructura demogrifica, al calor de las desusadas posibilidades de movilidad social que ofrecian las nuevas perspectivas ocupa- cionales. Fl resultado no tardé en advertirse, y el sistema tradi- cional de las relaciones sociales comenzé a niodificarse. Donde habia un sitio preestablecido para cada uno, comenzé a aparecer una ola de aspirantes # cada lugar; y no eran solamente los 260 LATINOAMERICA: LAS CIUDADES ¥ TAS IDEAS recién Hegados con vocacién por la aventura quienes destruian la arménica y estable sociedad tradicional; eran también los que ya formaban parte de ella sin participar, como marginales, mu- thos de los cuales comenzaban a incorporarse porque poseian aptitudes y aparecta Ja ocasién de que las demostraran, El “nuevo rico”, el pequefio comerciante afortunado, el empleado empren- dedor, el artesano habilidoso, el obrero eficaz, ¥ todos los que descubrian en la intrincada trama de las actividades terciarias una veta que explotar, se abrieron paso por entre los recovecos del armazén social y terminaron por dislocazlo, No era ése su objeto, ciertamente. Cada uno de los que ascendian aspiraba a situarse en la sociedad tradicional, a ser uno mis en ella, a disfrutar de los beneficios y los goces que importaba ser uno de sus miembros, como los que la integraban de tiempo immemorial. Pero e! resultado fue que el armazén no pudo resistir tantas nuevas inclusiones y comenzé a dislocarse, De pronto, el viejo patriciado descubrié, antes que nadie, que su ciudad, “la gran aldea", comonzaba a transformarse en un conglomerado heterogéneo y confuso, en el que se perdian poco ‘a poco les posibilidades del control’ de Ja sociedad sobre cada ‘uno de sus miembros, a medida que desaparecia la antigua rela. cién directa de unos con otros. En las areas rurales y en las ciudades pequefas o medianas cl viejo patriciado habia ‘arraigado ms profundamente y cons- tituia una vigorosa_y homogénea aristocracia. Constituia esa “democracia de hidalgos” de que se hablaba en Arequipa, como podfa hablarse en Tunja, en Trujillo, en Salta, o en Popayan. Ni habia en su seno grupos que insinuaran tendencias diversificadoras ni los grupos humildes y medianos le negaban consentimiento a su autoridad. Por eso fue alli donde resistié mejor los embates de los nuevos tiempos. En las capitales ¥ en los puertos, en cambio, en las ciudades que se transformaban, las circunstancias comenzaron a minar la estructura y Ia fuerza del patriciado, aun cuando estuviera bien constituido y ojerciera su inequivoco poder. Junto a los oriundos de la misma ciudad estaban, mas cosmopolitas y mas desprejuiciados, los muchos Megados desde distintas partes del pais, unas veces con poder y otras en busca de él, unas veces con fortuna y otras veces para procurarsela, Y era'en ellas donde adquirian més importancia los grapos extranjeros, influyentes y prestigiosos. F juego de tantos y tan diversos grupos amenazaba la posicién del patri- 1AS CIUDADES BURGUESAS 26 ciado y focilitaba la apertura de algunos de sus grupos hacia nuevas gcttudes que comprometerian la stvaciin de la vieja Hubo, en efecto, en el patriciado quienes, frente a las nuevas perspectivas econémiicas que se plantearon en las uiltimas décadas del siglo, se mostraron aptos para modificar sus principios y sus tendencias pensando en aceptar y aprovechar las oportunidades que se presentaban. Otros, en cambio, no quisieron 0 no fueron capaces de hacerlo, demasiado acostumbrados a otros modos de vida para sumarse a actividades que exigian condiciones pare las que no habjan sido preparados, Fueron ellos los que comen- zaron a dar el paso atrés que los relegaria a la condicién de grupo aristocrético y desdeftoso y, en la misma medida pasivo y En las dltimas décadas del siglo el patriciado republicano constituido después de la Independencia cra una clase'yaasen. tada a lo largo de varias generaciones. No sélo los miembros de rancios linajes coloniales sino los que habian ascendido después de la emancipacién 0 de las guerras civiles configuraban una clase caracterizada por la “antigua riqueza”. Eran, ciertamente, los aristécratas de aquella sociedad, “En el Brasil! —donde los tiempos del Imperio corresponden al perfodo patricio del resto de Latinoamérica— no falté un racista declarado como Oliveira Vianna que tuviera a la aristocracia del Imperio por una estirpe superior: era blanca ¥ posefa esa “ancestralidad germnica” capaz de empujarla “hacia los sertoes a la caza de cro 0 de indios”. Pero 61 mismo —en su libro Evolucao do Povo Brasileiro— explicaba, a su manera, lo que pasé después: “Con el triunfo ae le revolucién republicans, se quiebran Jos viejos cuadros liticos y partidarios que los cincuenta afios del antiguo régimen. habjan formado lentamente: la nacién, tomada er merce, ve su inestabilidad, agravada por la que provocan los nuevos ideales Yictoriosos. Hay una subversién de las capas sociales, que se invierten y se mezclan: la nacién asiste, aténita, a la aparicién, al lado de las grandes figuras del republicanismo, de una turba de personalidades intérlopes, sin titulos que acrediten su ascen- sién, pero que batallan todas con audacia y vehemencia por la Posesién del poder y la direccién del pais. Los elementos so- fiales, en ese pueblo sacudido por un terremoto, se mueven desordenadamente, como moléculas accionadas por fuerzas diver- Bentes, En ese juego de acciones y reacciones indescriptibles, la 262 TATINOAMENICS! LAS CIUDADES ¥ LAS IDEAS estructura social adquiere una plasticidad enorme, bajo la presién de las influencias amis encontradas”. Quizd lo mds significativo fuera el aire sefiorial que esa elase —rica y politicamente hegeménica— habia comenzado a adoptar. Y nio solamente en el Brasil, donde cl Lmperio habia repartido abundantemente los titulos de nobleza, sino también fen Jas reptiblicas més modestas y més austeras.” Para aquella fecha diversas generaciones se habian sucedido desde los comien- zos del encumbramiento familiar. Y asi como las primeras se hhabian caracterizado por sn tenacidad en la conquista de la for- tuna y del poder, las siguientes dejaron de ser tan exigentes consigo mismas y’muchos de sus miembros adquirieron ta fiso- nomia del cabaliero de abolengo que se sume en el ocio, dele- gando en sus servidores el cuidado de sus intereses y abandonando su preocupacién por imprimir al pais la direceién que creia mejor. EI ocio de esas nuevas generaciones de las viejas clases tuvo formas diversas en esa sociedad que se constituia y cuya ley era la actividad productive. A veces fue cierta tendencia a huir de Ja ciudad mercantilizada y burguesa, Tena de exigencias y de advenedizos dispucstos a satisfacerlas, para buscar una tregua fen la hacienda lejana, Fue uno de los temas predilectos de Ja novela naturalista, a través del cual intercalaba el autor —Gamboa, Pocaterra, Cambaceres— el andlisis del estado de &nimo de esos presuntos hidalgos urbanos frente a los cambios sociales, Porque el campo parecia el ambiente propio de los sefiores y la afirmacién de tal calidad constituia una despechada respuesta, y casi una venganza, a una sociedad que empezaba a estimar més otros valores, tras veces cobré el ocio la forma de una indolencia elegante y escéptica que se manifestaba en un franco desdén por el ejercicio viril de la voluntad en las Inchas cotidianas de Ja sociedad. Podia ser una indolencia estetizante que realzara el valor de las experiencias personales por la via del estudio, la lectura o el simple ejercicio de un modo cotidiano de vida, un poco a la manera de Oscar Wilde, en la que cobraba sentido de finalidad el goce de la belleza de un cuadro, de una porcelana o de un mucble. © podia ser cierto afén dispendioso de afirmar el sefiorio a través del mantenimieuto de una clien- tela de pardsitos. Y a veces era la declinacién del sefiorio en un sefioritismo vulgar que solia terminar en el vicio y la depra- vacién, LEAS CIUDADES BUNGUESAS 263 Una imagen nostélgica del pasado solia sostener la melan- célica marginalidad de estos patricios de! Imperio, de la “patria vieja”, de la “gran aldea”, que se sentian a disgusto en la patria nueva y en las.ciudades que se transformaban. Por inercia con- servaban, ademas de su riqueza, alguna forma de poder: la banca de senador que nadie se atrevia a disputar al heredero de una vieja familia, el alto cargo judicial y, en ocasiones, la primera magistratura ofrecida por los amigos tmas veces y por amigos y ‘enemigos otras, si la gravedad de la situacién obligaba a pensar en un “patricio” que estuviera por encima de las pasiones y los partidos, Pero cada vez més, desde las tltimas décadas del siglo, se percibéa que los hombres de mentalidad patricia no eran los que més convenian para las nuevas circunstancias. Conservaron su prestigio y aun su autoridad alli donde tenian propiedades y constituyeron en esas zonas las oligarquies mal Hamadas “fendales”. Y los conservaron en las ciudades provin- ianas, con esos mismos rasgos v sin que se notara demasiado su creciente marginalidad en la vida del pais, particularmente sila regién y la ciudad cafan también en la marginalidad a medida ue se afirmaba el nuevo sistema econémico. Pero en el ambito de la conduccién nacional, orientada hacia el aprovechamiento total de las nuevas posibilidades que el mercado mundial ofrecia, empezaron a predominar figuras de otra mentalidad y otro tem= peramento que emergian formando un nuevo grupo social, como Tespuesta al nuevo desafio: eran esas “personalidades intérlopes” de que hablaba el brasilesio Oliveira Vianna expresando el resen- timiento del viejo patriciado dolido por su desplazamiento, Para remplazar al viejo patriciado, nuevas burguesias se venian preparando al compas del cambio de las circunstancias. De pronto los negocios se multiplicaron porque se multiplicaron Jas demandas del mercado internacional; las exigencias de ciertos requisites fueron formuladas por quienes Io controlaban y se 20 necesario satisfacerlas no sélo ajustande los sistemas de produccién sino también creando ta infraestructura necesaria. En todas partes se compraba y se vendia, pero ademas se apos- taba al logro de grandes ganancias con pequefias inversiones 0 con dinero ajeno v, sobre todo, se especulaba con audacia v con Gioga fe en un indefinido crecimiento del volumen de la riqueza ¥. de los negocios. sin el tradicional sistema de recaudos finan- Cieros con que se habian_constituido hasta entonces las explota- ciones y las empresas y sin Tas preocupaciones de cardeter moral 264 LATINOAMERICA: LAS CIUDADES ¥ LAS IDEAS que tocaban tanto al honor hidalgo como al honor burgués, Prevalecia un nuevo estilo: el de la gran burguesia del mundo industrial, despersonalizada y andnima cuando se trataba de negocios, un estilo audaz y arrollador que suplantaba al tradi. cional, més cauto, y en el que, cualquiera fuera el volumen de los negocios y el mnargen de la aventura, asomaban, mezclados, Jos prejuicios del hidalgo y los del pequetio burgués, Las muevas burguesias se constituyeron con quienes se mos- ‘traron poseedores de las aptitudes requeridas para afrontar las nuevas circunstancias, dejando decididamente de lado las limi. taciones impuestas por los habitos tradicionales y optando por ‘otras formas de comportamiento, Pero gquiénes eran y de dénde sungian? Sin duda desempefiaron un papel muy importante aquellos auiembros del viejo patriciado, herederos de una fortuna y un apellido, que se desprendieron de su clase —o, mejor, de las acti- tudes de su clase— para incorporarse al “progreso™, al. proceso de modernizaciin de las estructuras, Aprovecharon las ven. tajas de sus vinculaciones mundanas, de su posicién y de su experiencia para beneficiarse con Jos primeros y més seguros Leneficios del cambio, A los ojos de muchos fueron los modelos del nuevo comportamiento: se veia en ellos a los que abando- naban Ja vida fécil, la rutina, la indolencia, quia la depravacién de muchos de su clase, para incorporarse a la nueva ola del trabajo y el progreso. Y respaldados por ese prestigio encabe- zaron procesos coneretos de modernizacién en el area de sus actividades privadas. Mineros 0 hacendados de antigua data los mis, aberdonaron y renovaron sus explotaciones utilizando nue- vos métodos ¢ introduciendo maquinaria industrial moderna, con Ja que multiplicaron sus ingresos. Se asociaron con frecuencia a empresas extranjeras y muchos dieron un paso decisivo incor- pordndose al gran comercio 0, mejor, al mundo de los negocios Hinancieros y ‘bursitiles. El ferrocarril valorizs sus tierras, y ‘cuando las ciudades crecieron, se volcaron al negocio de la tierra urbana fundando nuevos barrios y pueblos sobre las vias. Pero el grupo verdaderamente activo de las nuevas bur- guesfas se compuso de gente menos comprometida con el pasado. Eran los que buscaban el ascenso social y econémica con apremio, asi con desesperacién, generalmente de clase media y sin mucho dinero, pero con una singular capacidad para descubrir dénde estaba escondida cela dia la gran oportunidad, El grupo se AS CIUDADES BUNGUESAS 265 constituyé como resultado de una seleccién esponténea de los més aptos para la nueva situacién, y los més aptos fueron quienes desenbrieron no silo los negocios basicos —los de la produccién y stt comercializacién— sino los imnumerables negocios derivadas ‘que cn cada coyuntura aparecian en el vasto sistema de la inter- mediacién hasta Megara las altas finanzas y a la especulacién, Los hombres de negocios fueron los sefiores de a nueva sociedad, con stt imaginacién exacerbada por la ilusién del enriquecimiento repentino: en una jugada de bolsa, en una especulacién de tierras, en tna aventura colonizadora, en una empresa industrial; pero también en menesteres més insignificantes, como el acapara- miento de un producto, la obtencién de una concesién privile- giada, la solucién de un problema de transporte, de envase, de almacenamiento, 0 simplemente el cumplimiento de gestiones que dejaban una importante comisién, Las comisiones enlazaban a Ins productores con los exportadores, los mayoristas, los fun- ciemarios, los abogados, las empresas extranjeras: fueron un reino misterioso al que se podia legar pobre y salir de ¢l rico, porque se extendia por sobre todos los engranajes de la intermediacién Una oficina y ningiin capital se necesitaba para obtenerlas, y a veces ni siquiera oficina porque se gestionaban en el club, en las fiestas de sociedad, en las antesalas de un ministro o en los pasillos del congreso, Solian ser los miembros de esas muevas burguesias oriundos del pais 0, a veces, extranjeros de diverso or'ven y con un pasado variable. Desempefiaron 1 papel impor- ante estos xiltimos porque, generalmente. Hevaban a cada luzar una vasta experiencia del funcionamiento de la intrincada ma- deja de los negocios internacionales. Quizéi con una quiebra mis © menos honesta a sus espaldas, se acercaha el recién legedo al nuevo escenario explorando las posthilidades del pais y Ios nego- ios reales © potenciales que parecian ofrecerse. Se acercaba los grupos mas influyentes, donde generalmente era bien reci bido por su condicién de extranjero si tonia don de gentes y canacidad para suscitar simpattas en las fiestas aristocriticas 0 en los clubes donde los caballeros se reunian, Y luego comenzaba @ tantear los despachos ministeriales, acaso buscando concesio- nes y_privilegios, gestionando inversiones y cobrando las comi- siones correspondientes, o simplemente informaciones para intra. ducirse en el sagrado recinto de la especularién, El azar podia hacer de él un triunfador; pero si perdia comprometiendo a sus nuevos amigos, podia desaparecer dejando atris de él dramas . 206 LATINOAMERICA: LAS CIUDADES ¥ LAS IDEAS como el que el argentino Julién Martel relat en La bolsa, la novela en que describia el mundo de los negocios de Buenos Aires hacia 1890, En el momento del cataclismo Martel ponia fen boca del aventurero francés que se hacia amar Fouchez un explicito —e ingenuo— soliloquio: “Mi deber, no lo niego, me manda pagar a mis acreedores: pero yo no he venido a América para cumplir con mi deber, sino para hacer fortuna. (Quién me conoce aqui? ,Quién sabe que soy el marqués de Cha- rompfeux? Estoy, es cierto, atado a esta tierra por los lazos del agradecimiento, pues en ella encontré trabajo y fortuna [...] cAgradecimiento he dicho? ;Qué tonto soy! @He de estar agra- decido a un pais que, después de enriquecerme, quiere dejarme mis pobre de lo que vine? ;Vaya un modo de enriquecet! Ademis, si él me ha dado el dinero, yo le he dado el trabajo, he propendido a su engrandecimiento [...] No, es cosa resuelta, ‘me escapo a Paris sin pagar a nadie[...] ¢Qué me importa abandonar esta oscura republiqueta americana, si con lo que poseo puedo brillar en Paris como el mas atildado elegante del Faubourg Saint-Germain? [...] La Argentina no es mi cen- tro...) Tengo la nostalgia de Paris, vinica ciudad en el mundo en que la vida es soportable, y allé me vuelvo”, Hubo muchos Fouchez en Latinoamérica en esas décadas, acaso mas cinicos que el personaje de Martel. Pero hubo muchos extranjeros, personalidades notables algunos de ellos, que, sim- plemente, canalizaron su genio y su capacidad empresaria dentro del proceso general de Ia economia del pais que elegian. Muy ‘vinculados a los grupos capitalistas de su pais de origen, William Russell Grace y John Thomas North actuaron en Jos paises del Pacifico. Norteamericano el primero, trabajé en el Pert prefe- rentemente en relacién con los transportes maritimos; el segundo, inglés, actué en Chile y terminé siendo duefio de innumerables empresas v el “arbitro del porvenir”, como él mismo decfa, en 1a industria salitrera yen los ferrocarriles. En Manaos, el alemén Waldemar Scholz dominé la extraccién y la comercializacién del caucho, Fl espaiiol José Menéndez logré crear un polo econémico en el sur de la Patagonia tanto chilena como argentina, con centro en Punta Arenas, En México, el inglés Weetman Pearson desarrollé lo industria textil y los ferrocazriles, mientras los fran- ceses Henri Tron, Honoré Revnaud y sobre todo, Ernest Pugibet, dominahan un yasto sector de la produceién textil y tabacalera, Un catalin, Emilio Reus, aparecié en Montevideo camo pro- 1AS CLUDADES BURGUESAS 207 motor del deserrollo econémico y dejé una huella importante de su labor. Todos ellos, y muchos mas de variada capacidad, fun- Garon compaiias, aghitinaron capitales y personas, prestaron a Jas ciudades el ritmo dindmico de un puesto de comando desde el que se proyectaba el destino inmediato y mediato del pais. ‘Hombres de experiencia, no sélo ofrecian a las burguesias locales caminos insospechados para ellas sino también experiencia del mundo internacional y conocimiento concreto en relacién cou el manejo de los negocios, Fn cada ciudad se estreché esta relacién, de la que saldria, por cierto, robustecida la relaciin de depen- dencia entre las economias nacionales y los grandes centras del mundo industrializado. Pero, ademés, la relaciin daba al con- junto de las burguesias urbanas un aire cosmopolita que dejaba atrds al sentimiento provinciano que atormentaba a los ricos que habian visitado Londres 0 Paris y volvian deslumbrados a sus ciudades nativas de Latinoamérica, Era, ahora, un grupo mo- demo que sabia vivir al ritmo de los tiempos ‘A ecos grupos aspiraban a entrar también muchos de Jos que pertenecian a las clases medias urbanns y que, en sus diversas actividades, Negahan a recibir los tiltimos efluvios de la aceterada circulacién del dinero. Comerciantes por mayor 0 minoristas, profesionales o medianos ahorristas que disponian de una cierta masa do dinero, procuraron participar de la gran aventura, Y Jos que lo lograron se instalaron de un salto en lo més alto de la Pirémide dejando el recuerdo de su genio mercantil o de sw suerte a los que fracasaban en aventuras semejantes. Por eso, precisamente, las nuevas burguesias tuvieron el aire de clases aventuras, En rigor, no todos sns miembros tenian, personal- mente, esos rasgos, Muchos —inumerables, quizé— eran hom- bres de empresa y de trabajo que, una vez entrevista la promi- soria perspectiva de cierta actividad o la necesidad de una obra, aplicaban a su ejecucién un sostenida esfuerzo con extremada eficacia, Pero Ja aventura estaba en Ta base del sistema que cambiaba, precisamente. porque despertaba posibilidades nuevas que requerian imaginacién para identificarlas y, a veces, cierta falta de prejuicios para emprenderlas mediante los apovos que fueran menester, Fstas aptitudes combinadas fueron las que con- firuraron en conjunto los rasnos de ese sector social que. a sa- diendas 0 no, modificaba Ta fisonomta de su ciudad y su pais. El valor asignado a la eficacia, mayor que cualquier otro, fue to que, pese a sn inocultable sntimionto exclusivista, obligé a 268 LATINOAMERICA: LAS CIUDADES ¥ LAS IDEAS ‘estas nuevas burguesias de las ciudades que se transformaban @ mantenerse abiertas, permeables a todas Jas aspiraciones de Gscenso social que Jatian en los estratos medios y populares. La sociedad urbana en conjunto se hizo més fluida y los canales para pasar de un estrato a otro mas variados y transitables, Sélo se requeria eficacia —y, sin duda, suerte— para salvar los ‘obsticulos y alcanzar el pequefio olimpo del tout México, del tout Rio de Janeiro o del tout Buenos Aires. Una vez en él se disfru- taban las delicias que podia proporcionar Ja facil multiplicacién de los bienes y el ejercicio de un difuso poder. ‘Sin duda, los miembros de las nuevas burguesias, especial- mente en las capitales, logearon controlar simultineamente el mundo de los negocios y el mundo de la politica, y operaron esde los dos para desaiar y aprovechar el proceso de cambi ‘Manejaron los centros de decisidn econdmica fundando bancos © consiguiendo su direccién mediante operaciones a veces sinuosas, dominando la bolsa hasta donde pudieron, asocidndose con los capitales extranjeros que operaban en el pais a través de sutiles ‘agentes, Disponian ademas, de los mecanismos de Ja importacién ia exportacion regulanda cotizaciones, fijando precios, urdiendo Juaniobras para sorprender y derrotar al competidor adversario; ¥ desde las administraciones ponian en funcionamiento los dispo- Sitivos sabiamente armados, que repercutian sobre los sectores jntermedios y sonaban finalmente en los centros de produccién. Todos conocian los limites de su juego, impuestos por quienes manejaban el mercado mundial. Pero quedaban unos margenes de accién que les permitia sentirse poderosos. Un mundo de agentes, abogados, gestores y comisionistas aceitaba oportuna- mente los engranajes, cuyas Tuedas macstras regulaba de alguna manera el poder politico. ‘Pero el poder politico lo ejercian las mismas personas, 0 sus personeros, Miembros de las muevas burguesias dominaron progresivamente los centros de decisién politica, y se los podia Yer a ellos 0 a sus personeros— en los despachos ministeriales, ten Ia direceién de los grandes organismos piblicos, en los escafios Tegislativos o en los estrados judiciales. La ley, el decreto, la reglamentacidn que determiniada politica requeria se estudiaban y redactaban por los mismos grupos que los utilizaban para sus actividades privadas, Y las ideas que los inspiraban eran defen- Gidas por los partidos politices oficialistas —tradicionales o cir- unstanciales— en cuya direceién era visible la accién 0 la LAS GIUDADES BUKGUESAS 269 influencia de los mismos grupos. Esa unidad de accién, esa cohe- rencia, testimoniaban la cohesidu interior que iban —c. Jas nuevas burguesias, integradas por hombres y grupos de dis- tinta extraccion pero aglubinados todos por la unanimidad de Jas respuestas que daban al desafio lanzado desde los grandes contros econémicos y financieros de Europa y tos Estados Unidos Esa cohesién era, pues, el resultado de tin proyecto propuesto por Ja coyuntura econémica internacional, al que adherian indi- Viduos y grupos que formaban, en las’ ciudades latinoarneri- canas donde se tomaban las decisiones locales, la clase dirigente. Pero la mayoria de ellos —individuos 0 grupos— estaba dema- siado unida al proyecto en funcidn de sus intereses particulares ‘Algo habia en su concepcién del liberalismo econémico que debilitaba su sentido public, y en ol fondo el conjanto estaba formado no tanto por los que compartian un riesgo como por Jos que coincidian en la prometedora aventura, De aqui que Jas nuevas burguesias —a diferencia del viejo patriciado-— cous- tituyeran una clase con escasa solidaridad interior, sin los vineu- los que proporcionaba al patriciado Ja relacién’ de familia y el estrecho conoeimiento mutuo. Las nuevas burguesas, por el conteario, se coustituyeron como agrupaciones de sovius vomer- Giales, cada uno de ellos jugandose el todo. por el to do un cuado de elaine epi vibicondes onal ve iunfo o Ja derrota —que era como deci i misera— constiian e feal‘aa drama, frmune 18 usieron al descubierto esos rasgos las sucesivas crisis finan siciy es ng cus dmeriord by ete lm eo ere micas de los proyecto alocados y desmedios y, sabre todo, de jas inversiones descabelladas y los empréstitos mal usados.” La especulaciin socavé el andamiaje y, al precipitarse, arrasiré en cada una de sus caidas a todos los que se habian excedido en sus Posibilidades, Quiebras fraudulentas, suicidios, descensos a la Ultima miseria desde los mas altos niveles de Ia riqueza, fueron temas predilectos de la novela naturalisia de la época —entre otras, La bla, de Julian Martel, y Quilto, de Carlos Masia eantos, las dos argentinas—, precisamente porque era el espec- tiiculo revelador de esa sociedad cuya ley parecia ser el ascenso social fundado en la ida conquista de la fortuna, Siempre fue tsia esperanda un rasgo de las soiedades de gran movilidad., Y a fortuna fue siempre voluble, Los halagados por el éxito podian ser al dia siguiente los aenospreciados por el fracaso. Y este 270 TATINOAMERICA: TAS CIUDADES ¥ LAS IDEAS esquema revelaba la estructura interna de las nuevas burguesias, montadas en el més alto estrato de una sociedad que creia sobre todo en el ascenso social. Fue, justamente, la posibilidad y la esperanza del ascenso social lo que promovié la inmigracién: del extranjero hacia los diversos paises latinoamericanos, y dentro de ellos, de las regiones pobres hacia las ricas, 0 de los campos hacia las ciudades. La intensa movilidad geogrifica correspondia a las expectativas de movilidad social que crecian hasta un grado obsesivo, Y si algunos pocos millares de recién legados se incorporaban direc- tamente a las clases medias o altas, la gran mayoria engrosaba las filas de las clases populares. Un sentimiento de sorpresa frente a ma sociedad que se hacia cada vez mis cosmopolita ‘cundié entre los viejos sectores criollos: Namaban la atencidn los grupos extranjeros de los sectores medios, que en algunas cit dades casi monopolizaban el comercio —como los alemanes en Maracaibo 0 los espafioles en Veracruz— y parecian sentirse duefios de la ciudad; pero mas Namaba la atencidn la hibridacién de las clases populares, especialmente en las grandes ciudades. De mas de una ciudad se dijo que parecia wna Babel moderna. Pornue hacia las grandes ciudades se dirigié preferentemente ta inmigracién, precicamente porque era en ellas donde esperaba encontrar la mis amplia gama de posibilidades para tentar fortuna. ‘Transformadas por In presencia de fuertes contingentes inmigratorios 0 con su fisonomia habitual apenas cambiada, las clases populares adquirieron una nueva significacién en las cite dades que se transformaban, Nuevas fuentes de trabajo apa- recian, unas veces espontineamente y otras convocadas por el §ngenio de los buscavidas dluchos en los secretos de Ia vida urbana, Para los que no tenian mis que la fuerza de sus brazns, el trabajo en los puertos, en la construccién o en las obras priblicas podia asegurarles el jornal diario. Como dependientes 0 peones en comercios ¥ talleres podian tener también trabajo regular. Pero Ia ciudad que crecia ofrecia posibilidades nuevas. Se podia ser portero en una oficina priblica, mozo de café o de restaurant, acomodador en teatros 0 cines, cochero 0 chéfer, mensajero 0 ustrabotas 0 vendedor de billetes de loteria 0 inmumerables cosas tis. servicio deméstico absorbié wn némero considerable de sonas, asi como los servicios de orden piiblico o los transportes Titonon’ Bes apertura Sa lar posiilates del abajo modesto LAS CIUDADES BURGUESAS ort no sélo sirvié para canalizar las expectativas de las nuevas clases populares sino también para sacudir la modorra de los grupos tradicionales, cuyos miembros, antes contentos con su suerte, veian ahora prosperar al imaginative vecino. Los inmigrantes dieron el ejemplo del pequenio ahorro. Con sostenidos sacrificios, el dependiente de comercio o el vendedor ambulante terminaba por reunir un pequefio capital que le permitia establecerse; y a partir de ese momento el ascenso hacia la clase media solia estar asegurado. Una generacién después habia en la familia del hon- rado tendero un hijo licenciado 0 doctor. EL paso de los servicios subsidiarios de la vida urbana al pequelio comercio fue uno de los diagramas tipicos del ascenso social en las clases populares de las ciudades que crecian. La aparicién de nuevos barrios creaba una mentalidad cle frontera, porque en ellos todos empezaban una especie de nueva vida ¥ no valian los prejuicios ni tenian sentido las preguntas acerca del pasado de cada uno. La merceria o Ja tienda de comestibles que abria el emprendedor inmigrante se transformaba on el foco del nuevo distrita, en el que se levaniaban sdlo unas pocas casas. Y al cabo de poco tiempo el comerciante habia aprovechado el crecimieuto del miicleo y acaso amasado una pequefia fortuna. Ahora empezaba otra etapa dentro del suefio incontenible de las aspiraciones, Para otros, el trabajo cotidiano aparecié en las nuevas manu- facturas ¢ industrias que empezaron a establecerse, Hubo trabajo cen Jos talleres ferroviarios, en las fabricas de tejides, de cigarros, de vidrio, de alpargatas, de articulos diversos que el fabricante ereia que podrian competir con los importados. Asi aparecié eco a poro un sector nuevo de las clases populares: el proleta- Tiado industrial, na muy numeroso pero de fisonomia social muy definida, En algunos pafses se recluté preferentemente entre los sec- tores dle inmigrantes extranjeros, pero en otros ingresaron al Raciente proletariado industrial trabajadores nacionales, general- mente mestizos, negros y mulatos, que se adecuaron ripidamente @ las caracteristicas del sistema. Algunas veces se trataba de gente de ciudad que, simplemente, cambiaba de oficio, pero abun- 46 la que venia del campo o de aldeas rurales atraida por los altos salarios que esperaba encontrar, En la actividad industrial fodos debieron ajustarse a una disciplina desacostumbrada: la ue impersonalmente imponfa la empresa a través de sus cuadros 272 LATENOAMERIGA: LAS CIUDADES Y LAS IDEAS medios, Y en este ejercicio comenzé ese sector popular a orga- nizarse y a regular sus acciones y sus reacciones en la defensa de sus intereses. ‘No le era licito a los miembros del naciente proletariado industrial esa alegre despreocupacién del vendedor callejero 0 del mayoral del tranvia que siempre encontraban una pausa para la conversécién amable y desocupada. En cambio, adquirian poco @ poco las modalidades de una clase combativa, disconforme Y capaz de expresar su rebeldia, Poco a poco aparecia en las Giudades un sector popular que abandonaba el viejo sistema patriarcal y que no tenia con sus empleadores la relacién am- bigua del sefior con su criado o con el que le servia la mesa en un restaurant. Como las fabricas, las grandes ciudades des- personalizaban las relaciones sociales y suscitaban tensiones antes desconocidas. * La despersonalizacién de las relaciones sociales contribuyé ‘a modificar la fisonomia de los sectores marginales, Crecieron en niimero pero, sobre todo, cambiaron de modalidad. Crecié el nimero de los mendigos, pero fue muy dificil que una dama caritativa siguiera teniendo “sus” pobres: disminuyé el nimero fe los resignados y acaso filusificas y crecié el de los agrosivos. ‘También cambid el cardcter de la delincuencia, haciéndose més sutil y organizada, hasta legar, en sus mas altos niveles, a alcanzar connivencias internacionales. Las tuvo también el juego ¥ luego el tréfico de drogas; pero sobre todo jas tuvo la trata de blancas, que proporcioné a los prostibulos de tas ricas ciudades {que se transformaban no sélo la diestra direccién de encargadas europeas sino también rubias pupilas que seducian a los cobri- 208 parroquianos. En el creciente anonimato de las grandes ciu- dades la mala vida tomaba un aire més dspero y cruel, como se iba haciendo éspera y cruel la nueva miseria urbana, Quienes se apretujaban en las ciudades esperando un jornal fo la Timosna que les permitiera vivir sin él, los que sélo ganaban salarios insuficientes para subsistir constituian, en verdad, un sector no menos marginal que el de la mala vide. Hasta que no conseguian sobrepasar ciertos niveles que los pusieran en la via del posible ascenso, sus miembros no participaban realmente en la vida de una sociedad que amaba el lujo y media en dinero la significacién de grupos y personas. Por debajo de esos niveles estaba en Buenos Aires el “atorrante”, que hacia su morada en Jos cafios que se apilaban en las calles esperando la instalacién TAS CIUDADES BURGLESAS 273 de las obras sanitarias, o en Santiago de Chile el “roto”, tipic expresién de la pobreza urbana, EE novelista “joaquin EAwpeat Bello lo describio en su propio ambiente: los barrios miserables como el que se foymaba en los alrededores de la estacién Alameda, ‘All se hacinaban en inquilinatos que, como Jos del Tepito en México, como los callejones limefios, los corticos cariocas 0 los conventillos de Buenos Aires, hundian en formas infrahumanas de vida a quienes se refugiaban en ellos. Grave riesgo, alli con- vivian los que luchaban por ascender con los que habian aceptado Ja marginalidad y se habjan deslizado hacia la prostitucién o el delit, 'Y ese contact detenia las posbliades de scalar ta sicibn minima desde la cpirarse a ese soi i sien minima desde Ia que podiaasprare a ese soado paraiso El fenémeno social més sorprendente y significativ ciudad que oo tranaformnaben al calor Se 1 cataenecondencon fue el crecimiento y cierta trasmmtacién de las clases medias, Ciertamente, no faltahan antes, Las constituian quienes ejercian el comercio 0 una profesién liberal, los burdcratas, los militares, los cis, Jn funcionaris, Pero en todos esos sectoes ube tuna expansién que cre nuevas posibilidades y expectativas thud ere, fundarnentalmente, tan conto mivermedira, y let nevesidades de esa funcién multiplicaban las de la produccién misma, Mis burocracia, mas servicios, més funcionarios, mas militares, mis policias se hacian necesarios cada vez. Quienes pertenecian a la vieja clase media y eran originarios de la ciudad fenian mas posibilidades de alcanzar esas posiciones; pero quienes Megaron a ella y hacian su carrera desde los primeros peldaiios, solian subirlos lentamente a fuerza de tenacidad y de humilla- ciones, demostrando eficiencia y constituyendo un ahorro que les Permitiera mostrar esa modesta dignidad que la clase media exigia, Y, normalmente, sélo después podian hacer fortuna, 0 incorporarse a la clientela politica de un influyente, 0 quiz sumarse a la corriente de un grupo de poder, fue ito desde Ios clases popolares hacia las clases medias i frecuente y, a veces, ripido, El comercio, las profesiones sjercian los his de quienes habian dado el tne pais in lacién a empresas que premiaban la lealtad y la eficiencia de sus servidores, y muchas veces la politica, fueron vias que per- mitieron ese acceso, En el otro extremo, las posibilidades de recorrer los distintos estratos de la clase media hasta Uegar a los més altos aumentaron con el desarrollo de los negocios y la 274 LATINOAMERICA: LAS CIUDADES ¥ LAS IDEAS ampliacién del panorama que se abria a las sociedades en creci- miento. Quizé se necesitaba cierta fortuna, largamente acumu- Jada e invertida después en la minuciosa operacién que conducta al ascenso social; pero podia servir eficazmente la proteccién de un poderoso o una alianza matrimonial ventajosa, La movilidad fue la regla dorada de estas nuevas clases medias cuya magnitud y cuya singular fisonomia caracterizaron Ja transformacién de Jas ciudades. Y no sélo porque reflejaron Ja peculiaridad del proceso social que se operaba en ellas sino también porque sus miembros permitieron la renovacién de sus formas de vida: eran los que compraban los periddicos, los que discutian sus opiniones en el café, los que se proveian en los nuevos aluacenes que ofrecfan la moda de Paris, los que Henaban las aceras de Ja bolsa ¥ los bancos, los que atendian los comercios y las oficinas. Y fueron los que empezaron a pensar que también ellos tenfan derecho a participar en el poder y formaron las filas de nuevos partidos politicos que desafiaban el poder de las viejas oligarquias on busca de una extensa democracia En pocos aftos, veinte o treinta ciudades latinoamericanas, en distinta medida. vieron transformarse sus sociedades y arrin- ‘conar las formas de vida y de mentalidad de las clases iradicio- nales, En su lugar, Jas mievas sociedades elaboraron lentamente Jos rudimentos de otra cultura urbana, que empezarla a desarro- arse en ciudades que muy pronto modificaron los rasgos de su rostro, 3, BL RJEMPLO DE HAUSSMANN na sociedad que se reriovaba parecia exigir una transformacién de su habitat, Y, ciertamente, numerosas cindades latinoameri- canas comenzaron a renovar si fisonomia a partir de las siltimas décadas del siglo x1x. El crecimiento de la poblacién oblig6 a ‘ocupar nuevas zonas para establecimiento de viviendas y el desa- rrollo mercantile industrial requirié amplios espacios fuera del centro urbano, A lo largo de los caminos de acceso, al lado de micleos ya existentes o en las proximidades de ciertos focos de atraccién —una estacién de ferrocarril, una zona fabril— iban surgiendo nuevos barrios, Fra un crecimiento espontineo, conso- lidado al poco tiempo con la prestacién de ciertos servicios que mejoraban la condicién de los adelantados de la expansién LAS CIUDADES BURGUESAS 275 urbana: el agua y los transportes, las obras de drenaje, el alumbrado, Pero junto a esta transformacién espontinea creada por el crecimiento, algunas ciudades latinoamericanas conocieron una transformacién deliberada que tendria larga influencia, Mien- tras las ciudades se extendian poblando zonas periféricas, el casco viejo de la ciudad conservaba su aspecto tradicional, muchas veces deteriorado por el tiempo y la presencia de grupos sociales, modestos que ocupaban las viejas casonas. Las nuevas burguesias se avergonzaban de la humildad del aire colonial que conser- vyaba el centro de la ciudad y, donde pudieron, trataron de trans- formarlo, sin vacilar, en algunos casos, en demoler algunos sectores cargados de tradicién, La demolicién de lo viejo para dar paso a un nuevo trazado urbano y a una nueva arquitectura fue un extremo al que no se acudié por entonces sino en unas pocas ciudades; pero se transformé en una aspiracién que parecia resumir ol supremo triunfo del progreso. Donde no se pudo 0 no se quiso llegar a tanto, se procuré organizar el desarrollo de las zonas adyacentes al centro tradicional y el de los nuevos barrios de acuerdo con los modernos principios urbanisticos, Una influencia decisiva ejercia sobre las nuevas burguesias et modelo de la transformacién de Paris, imaginada por Napolein III y Nevada a cabo por el barén de Haussmann, El audaz principio de la modernizacién de las ciudades fue Ja ruptura del casco antiguo, tanto para ensanchar sus calles como para establecer féciles comunicaciones con las muevas éreas edifi- cadas, Pero dentro de ese esquema se introducia una vocacién barroca —un barroco burgué— que se manifestaba en la prefe- rencia por los edificios publicos monumentales con una amplia Perspectiva, por los monumentos emplazados en lugares desta- cados y también por una edificacin privada suntuosa y de aire sefiorial, Extensos parques, grandes avenidas, servicios piblicos modernos y eficaces debian “asombrar al viajero”, segtin una reiterada frase de comienz0s del siglo xx ___ Se asombraron los viajeros, pero todos reconocieron la visible influencia que en el remodelamiento de las ciudades tenia la concepeién de Haussmann, El barén de Rio Branco Tamaria al que fue prefecto de Rio de Janeiro destle 1902, Francisco Pereira Passos, “el Haussmann brasilefio”; y cuando en Monte- Video el Conseja general de Obras Piblicas aconsejé adoptar el plan de remodelacién urbana que e! arquitecto Norberto Maillart 276 [LATINOAMGERICA: LAS CIUDADES ¥ LAS IDEAS habia presentado en 1887, fundé su dictamen en que se ajustaba a la concepcién de Haussmann. A la misma inspiracién respon- dieron desde 1880 el primer intendente de Buenos Aires, Torcuato de Alvear, y sus sucesores, asi como los prefectos de San Pablo Antonio Prado y Raimundo Duprat que trabajaron en la urba- nizacién de la ciudad desde 1898, Otros trabajaron en otras iudades, pero el alcance de su obra fue mas reducido porque no tavo como objeto modificar el casco antiguo sino organizar el espacio que comenzaba a ocuparse. | ; Buenos Aires se decidié por las demoliciones, Federalizada en 1880, Toreuato de Alvear fue designado intendente poco des- pués y empniié la piqueta. Cayé la Recova Vieja que cortaba en dos la actual Plaza de Mayo y cayé buena parte del antiguo Cabildo colonial para dejar el paso a una avenida que comuni- caria aquella plaza, donde habia estado el Fuerte y ahora se levantaba ia Casa Rosada, con la otra plaza tras la cual se levan- taria el monumental Palacio del Congreso. Se abrid, efectiva- mente, en poco tiempo la Avenida de Mayo, y muy pronto se vio totalmente flanqueada de edificios modernos, de estilos va- Fiados entre los euales mo faltaban andaces ejemplas de art nouveau. Desde ese momento se transformé en el corazin de Buenos Aires. Por debajo de la Avenida de Mayo y de la calle Rivadavia comenz6 a circular pocos afios después el primer tren subterréneo de Latinoamérica. No mucho después se proyec- tarian dos grandes diagonales que debian salir de Plaza de Mayo y una extensa Avenida de Norte a Sur, hoy llamada 9 de Julio. Centenares de casas cayeron para la ejecucidn de esos planes. En Rio de Janeiro fue necesario demoler setecientas casas para abrir la Avenida Central, luego Hamada Rio Branco, desde Ja plaza Maua hasta el Obelisco, “Todo el casco viejo cambid; dos cerros cayeron también a sus costados para dejar sitio a amplias explanadas. Desde entonces el Largo da Carioca se trasformé en el punto neurdlgico de la ciudad, mientras se cubria de nuevas construcciones la avenida recién abierta que miraba hhacia el Pan de Aziicar, Pero otras obras més contribuyerom al cambio: el ensanche de la calle Trece de Mayo, la apertura de las avenidas Beira-Mar y Rodriguez Alves, Francisco Bicalho, Mem de Sé, Salvador de Sa, La escala de la ciudad, que ain recuerda la rua do Ouvidor, cambié sustancialmente en el centro como ya cambiaba en las nuevas urbanizaciones periféricas, EAS CIUDADES BUNGLESAS 277 Refiriéndose a la capital del estado de San Pablo escribia Roberto Capri en 1912: “[...] es esa cindad casi europea, toda cuajada de construcciones magnificas de hermoso estilo italiano, toda cruzada por calles y avenidas, con fabricas por todas partes, con edificios piiblicos suntuosos, con una vida dilatada e intensa”” El centro antiguo, conocido como “el tridngulo”, seguia intacto, ppero se salia por él hacia los barrios por las avenidas San Juan, Rangel Pestana o Tiradentes. Y tanto la avenida Higiendpolis coms la Paulista empezaban a verse flanqueadas de lujosa edifi- cacién al tiempo que se transformaban en nuevos ejes urbanos. ‘Mis moderado, el desarrollo de Montevideo se manifests en la normalizacién de las vias de salida de la ciudad, en el trazado de los primeros sectores de la Rambla, desde el puerto hasta Pocitos, y sobre todo en el trazado, dispuesto finalmente, de la Avenida Agraciada desde la Avenida 18 de Julio hasta el Palacio Legislative, que dominaria una vasta perspectiva. De estilo clisico o de estilo francés, los numerosos edificios de que pudo enorgullecerse al cabo de poco tiempo cualquiera de las ciudades donde se abrian nuevas avenidas ponfan de mani- fiesto cierta ostentacién o cierto gusto por la monumentalidad. Los editicios legislativos de Montevideo y Buenos Aires, el Pa lacio de Bellas Artes de México, el ‘Teatro Colén de Buenos Aires eel Municipal de Rio de Janeiro revelaron la riqueza y el gusto peculiar de estas burguesias de las ciudades que se transfor- maban, Amaron los jardines de trazado francés y las amplias avenidas, Aun en ciudades de poco cambio aparecieron paseos ¥ avenidas: el Paseo de Colin y luego Ja avenida Arequipa en Lima, la avenida Bolivar en Caracas, la avenida Colén en Bogota. El paseo de coches era casi una ceremonia social. Se la practicaba desde antes en los jardines bonaerenses de Palermo, en las Ala- medas de Lima y de Santiago, en el Paseo de la Reforma en México; y se la practicé poco a poco en otros: en el Prado monte- Yideano, ‘en el bosque de Chapultepec en México, en el Pasco de Colén en Lima, Crecié el mimero de plazas y plazuelas, cuidadas on esmero las de los barrios altos, y en las mis importantes de las cuales se levantaban los monumentos a los héroes, grandiosos Como las estatuas ecuestres de San Martin y Bolivar en varias ciudades, como la de Alvear que Buenos Aires encargé a Bour- delle, como la de Artigas en Montevideo; o los que adoptaron tra fisonomia, como el de Tiradentes en Rio, el de Sarmiento 278 LATINOAMERICA: LAS CIUDADES ¥ JAS IDEAS fen Buenos Aires, el de Juarez en México o el de Santander en Bogota, E] destino del casco antigno fue diverso, Siguié siendo el centro administrativo y comercial en casi todas las ciudades, pero s6lo en algunas —Rio de Janeiro y Buenos Aires especialmente— se modernizé su arquitectura y mantuvo su prestigio, En Ta mayoria sucumbié a causa de los desplazamientos ecolégicos. Las familias de clase alta —las que solian llamarse “las de la plaza" — empezaron a emigrar en un movimiento inverso al de los sectores populares que ocupaban las grandes residencias transformandolas en conventillos o callejones. Nuevos barrios alejados del centro acogieron a los que abandonaban las vecindades de la plaza mayor. La Alameda y Iuego los barrios que surgieron sobre Ia avenida Providencia atrajeron en Santiago de Chile a las clases pudientes, como ocurrié en el Prado montevideano y luego en Ramirez y Pocitos. Ast definieron su categoria social y arqui- tecténica el barrio Norte de Buenos Aires, Catete y Laranjeiras en Rio de Janeiro y los que aparecieron sobre las avenidas mari- ‘imas, las colonias Roma y Juérez en México y luego las Lomas de Chapultepec, Chapinero en Bogoté, Sabana Grande en Caracas on tendencia a escaparse hacia el Country Club y El Paraiso, Miraflores en Lima, Higiénopolis en San Pablo, Algunas veces eran vicjes aldeas 0 ciudades aledatias que quedaron incorpo- radas de ese modo a la ciudad. El ferrocarril o las avenidas y carreteras acortaron las distancias; pero conservaron st cardcter de niicleo, frecuentemente con sus propios comercios ¥ servicios. Una arquitectura de calidad, y muchas veces de buen gusto, pro- porcioné un aire elegante a esos rincones residenciales, en cuyos alrededores podia estar emplazado un hipddromo 0 un elegante club de tenis 0 de golf. ‘A veces surgieron esos barrios del fraccionamiento de alguna inca, acaso poblada de afiosa arboleda que se procuraba con- servar. Pero por un movimiento andlogo comenzaron también a fraccionarse parcelas para compradores de mediana o de In milde condicién econémica, y surgieron en muchas ciudades barrios innumerables, constituidos por gentes que habian com- prado su lote en mensualidades y construian luego trabajosa- mente tm cuarto ¥ una cocina para empezar a vivir en Jo que era ya su “casa propia”. Los fraccioamientos 0 loteos adqui- rieron a veces caracteres de fiesta popular, organizada por rema- tadores imaginativos que eran al mismo tiempo comisionistas, TAS CIUDADFS BURGUESAS 279 empresarios y urbanistas. Explotaban sabiamente el anhelo de las clases populares de abandonar los tugurios del centro de la ciudad y de poseer su propia casa, aunque fuera modesta, ¥ el rematador —algunos, como Piria en Montevideo, se hicieron fa- mosos— convocaba los aspirantes que habian logrado ahorrar algiin dinero, Ios transportaba al lugar del remate acompaiiados por una charanga que tocaba estruendosamente, y mientras Jos nifios jugaban en el campo, él transformaba el plano del fraccio- namiento en realidad gracias a su incontenible labia, sefialando donde estaban la escuela, la iglesia y la comisaria y puntuali- zando las ventajas del lugar y de cada lote en particular. Fue una singular aventura Ia de la expansién de las ciudades trans- formando en tierra urbana lo que hasta ese momento habia sido tierra rural aledafia a la ciudad. Los precios no tenfan patrin fijo, y la especulacién hizo presa de los aspirantes a poseedores de Jotes, porque os que no habian comprado cuando m0 habia nadie se entusiasmaban cuando veian levantarse las primeras casas 0 surgir Ia primera tienda de comestibles, Era el momento en que hacia su agosto el que habia comprado con propdsito especulativo. Y en ese juego se encarecia la tierra en los nuevos fracefonamientes, como, por lo demds, se encarecia en las zonas céntricas yen los nuevos barrios residenciales. En los distritos populares la arquitectura fue primaria, La compra del terreno y la construceién suponian wn costo que siemupre sobrepasaba’las posibilidades inmediatas de quien se metia en la aventura, sin duda confiando en el futuro, en su capacidad de trabajo y de ahorro. Giraba sobre el porvenir, y lo importante era abandonar el tugurio para dejar de pagar alquiler; de modo que su preocupacién urgente fue levantar las Primeras cuatro paredes y poner un techo.. Fueron barriadas sin estilo, excepto aquel que se filtraba a través del arraigado oficio del albaril o el maestro de obra: una proporcién, la disposicién ls Puerias y ventanas, acaso una eomnisa elemental podian re- pear la mano ortesanal y la cultura que estaba detrés de la mano. ‘ro era una cuestién accidental, Ante la urgencia el fumro Propietario podia acudir a sus propias manos, y acaso a la tradi- ién del rancho rural 0 de la verndcula vivienda suburbana, Y entonces el conjunto mostraba su hibride y su elementalidad, de it mato de un maestro de obra, y ataso ciertas pretensiones de sus duefios, podian advertirse de vez en cuando en algunas “iviendas de clase media, en les que la fachada solfa acusar una 280 LATINOAMERICA: LAS CTUDADES ¥ LAS IDEAS preocupacién estética, corroborada luego por la cuidadosa elecci6n el empapelado interior, de los bibelots 0 los cortinatlos. A medida {que subie el nivel econémico ¥ social, todo era un poco mejor, © quiza, tun poco mas convencional y ajustado a lo que ofrecian Jos negocios de reconocida categoria ‘Desde la calle no habia duda posible en el diagnéstico social, yy sin duda el observador podia hacerlo utilizando su propia expe. Tiencia, En cambio, la preocupacién estilistica era fundamental ten los barrios de alta clase media o de clase alta, Sélo viviendas de categoria podian levantarse en ellos, y la categoria suponia consultar a un arquitecto —extranjero, si fuera posible—, discutir ol plano y, antes que él, el estilo; pero sabiendo que se terminaria por preferir el estilo francés, a menos que el propietario hubiera caido bajo el influjo esteticista de un revival: el gético, el morisco © acaso otro més exético atin, El Tlamado estilo francés, mas o menos puro y siempre de rigurosa imitacién, sirvié para las ucnas casas de la alta burguesta y. sobre todo, para las Iujosas residencias —el petit-hotel 0 el “palacio"— de quienes habian Hegado a los més altos niveles econdmicos y aspiraban a la posicién casi sublime que parece ofrecer el boaty. Ortodoxo y tradicional. el estilo francés parecia consagrar la importancia social de quien, celoso de las formas, decidia adoptarlo, Y de esa consagracién estaban ansiosas esas burguesias enriquecidas dema- siado rapidamente como para sentirse firmes en el més alto estrato de una sociedad. ‘Hubo, empero, quienes prefirieron otros estilos. quiz4 por falta de adecuado asesoramiento acerca de lo que les convenia. ¥ algunos que se sumaron al entusiasmo que suscitaba el art nouveau, cuyos modelos, franceses 0 catalanes, parecieran expresar no sélo la novedad del momento, sino también cierta voeacién por un lujo rebuscado que se manifestaba en las clases opulentas. Pinéculos de formas torturadas y estatuas imponentes jugaban en las fachadas con las atrevidas cornisas, en un alarde de irrealidad y como un desafio a las reglas clasicas de la arqui- tectura y del gusto tradicional. De buena factura, algunas cabe- citas 0 algunos florones provocaban el éxtasis de los entendidos; pero era aquella ostentacién de la decoracién superflua lo que provocaba el interés y la admiracién de los mas, Y en contraste, los Palacios de las Exposiciones o las estaciones ferroviarias que imitaban el modelo de la Victoria londinense exhibian sus estruc- TAS CIUDADES BURGUESAS 281 turn de hero como «furan monumentes al progreso y @ Ta Entretante, muchas ciudades mejoraron sustancialmente infrastructure’ Se retodelaron muchos puerion emsruyendo o ampliando las obras de defensa, los muelles, los depdsitos, las gris, las vies fSrreas; y en relacién con las’ epidemias que se trasmitian por via maritima, se establecieron Jos servicios sani- torios: fue Osvaldo Cruz quien dio la mas tremenda batalla contra la ficbre amarilla en Rio de Janeiro, Para completar la obra de higienizacién de las grandes ciudades no sélo hacia falta Ja atencién médica preventiva, Se emprendieron las obras de drenaje y las de aprovisionamiento de agua corriente, Rios y arroyos empezaron a ser entubados, y sobre alguno de ellos correrian importantes avenidas, como Ja Jiménez de Quesada en Bagot ols Juan B,Iustoen Buenos Airs iluminacién piblica a gas deshumbré a quiene 1 acostumbradon al acute, y la Gistsea colo de acombie a le espectadores el dia que se encendieron los primeros focos. Los tranvias a caballo fueron remplazados por los eléctricos, y mas tarde empezaron @ circular Jos autobuses. En alguna’ ciudad ‘epurecié un aerédromo. Y cuando ya se habia difundido el uso del telégrafo y del teléfono, empezaron a levantarse las aavenas trasmisorasy roceptoras de radiotelefonia, Ao mis, ao enos, como en Europa, porque el trasvasamiento de las inno- vaciones técnicas fue casi instantineo en Latinoamérica. La sociedad que se renovaba acogia rapidamente todas las conquistas del progreso y se apresuraba a modernizar sus ciudades prove- yéndolas de todos los adelantos que, desde la época de Hauss- mamn, imaginaban los urhonistes para resolver los. problemas ue creaba Ia ereciente concentracién urbana. ero, ¢cutintas fueron las ciudades que signieron el ej de Hanstatnac? “El domials wyecttctier dis teaectge te unas pocas capitales; en otras, y en algunas ciudades importantes, se aplicaron algunas partes de un tedrico plan de conjunto que, per lo demas, no parecia tener urgencia, Y en el mayor niimero Hh geructora urbana colonial se mantuvo cas sit cambios. EL hecho es de decisiva importarcia, porque el cuadro del desarrollo ano pone de manifiesto los caracteres del desaerollo socio- econdmico general, Y los brillantes testimonios que ofrecen esas ocas ciudades de gran esplendor contrastan con los signos de un 282, LATINOAMENICA: LAS CIUDADES ¥ EAS IDEAS desarrollo escaso ¥ lento en todas Jas otras, wn poco al margen de la red econémica que alimentaba el brillo de las primeras. ‘Sobre este tema hizo curiosas reflexiones un escritor francés que vivid largos afios en Argentina, LD. Sisson, v que publicé en 1910 un libro sobre ese pais, Después de describir largamente Ya ciudad de Buenos Aires y destacar su rapide modernizacién, Siscon se ocupa en el capitulo siguiente de “las provincias", ini- Gando su anilisis con estas palabras: “Hablar de las provineias después de la capital es casi retraceder de la nacién a la colonia”. YY sin duda podia hacerse una afirmacién semejante para los demas paises latinoamericanos cuvas capitales habian dado un salto espectacular, Sisson desarrollaba su pensamiento, nacido sin duda de una observacién penetrante, “Pero he aqui que desde 1880 Buenos Aires avanza a paso de gigante en los pro- igresos materiales y en esta cultura social aparente que trae, con fa riqueza, la necesidad de imitar a los paises mis refinados y gmas civilizedos. La capital cosmopolita, arrastrada por el, flujo de las comodidades y de los placeres, y bajo el influjo de esa sugestién que crea el exhibicionismo social, ha abandonado muy rapidamente las antiguas costumnbres de austeridad, de autoridad, de solidez serena, que resisten a las seducciones por medio de Jas tradieiones: las fortunas inmensas formadas en algunos afios han permitido a los porteiios los viajes y las temporadas en el extranjero, y les han hecho perder Ia vinculacién con su tierra ¥ las sanas costumbres de las antiguas familias” “fas provincias, cuyas capitales estin alejadas de Buenos Aires entre mil y dos mil kilémetros, han seguido siendo lo que eran, al menos hasta que las facilidades de las comunicaciones las hayan aproximado a Ja capital, lo que no ocurre mis que poco a poco, teniendo en cuenta las distancias kilemétricas que fas separan y que hasta impiden la explotacién de Ja riqueza que encierran. He aqui lo que explica suficientemente que el distan- Gdamiento entre la capital y las provincias haya aumentado con rapidez aunque sélo desapareceré muy Jentamente.” Las observaciones de Sisson valen para toda Latinoamérica, La expansion econémica provocada desde el exterior se reflejé en los centros que mantenian contacto con él. y acentud la diferencia que ya existia entre ellos y e} resto de fas ciudades. Hiubo como dos mundos que se separaban, 1mo moderno y otro colonial, pero que coexistian, Y al mando todavia colonial fueron Tegando los dltimos ecos del ejemplo de Haussmann, melanedliea LAS CIUDADES BURGUESAS 283 mente traducido en una inmensa plaza desproporciouad scalar: ar lenleeg upe crea del centro de la asta la nueva estacién del ferrocarril. A algunos lugares llega- poe os Cite or del ep de aieioeen canbe go Mob pasado o cuando todavia no habia Hegado la expansién econd- mica. Pero quedé flotando en el ambiente como una vaga aspi- racién @ proporcionar a cada ciudad provinciana algo que le permitiera creerse metrépoli, Y cuando aparecieron otros re- cursos urbanisticos ¥ otros modelos de planeamiento, todavia el ejemplo de Haussmann siguié sefioreando sobre todas las concep eloues pong er al fin de cuentas el elmplo neue de 4, 1A COTIDIANA IMITACIGN DE EUROPA Cuando Pierre de D'Espagnat estuvo en Colombia en 1897, Bo- got era todavia una ciudad muy colonial; y el viajero francés creys corresponder a la amable acogida que le habian brindado Jas buenas familias bogotanas ofreciéndoles este consejo. que ‘estampé en sus Souvenirs de la Nouvelle Grenade, “Wl tmico temor que yo formularia seria el de ver a las bogotanas cediendo a un modernismo incongruente de vestidos, en un cuadro como el de Bogoté, tan particular, de una gravedad sentimental y catélica tan especial, Sean cuales fueren los decretos de la tiranta universal de la moda de Paris, el vestido que le va mejor a la sudamericana, el que armoniza mejor con ese medio de pasién y do fe, es y sera siempre la mantilla, que le da su sello propio ¥ afortunado”. Casi todos los que observaron con atencién esa coyuntura latinoamericana repararon en el riesgo y la gravedad el paso que se daba de una forma de vida arraigada y tradicional 8 otra que consistia, al fin de cuentas, en un conjunto de recetas ¥ formulas exteriores para modificar la apariencia de los usos ¥ Jas costumbres. Pero no se dio en todas partes. Muchas ciudades mantuvieron su aire colonial, apenas modificado por Ja adopcién Bradual de nuevas técnicas. Colonial, en rigor, queria decir Provinciano, y definia, sobre todo, un estilo de vida que resistia @ la adopcidn de aquellas recetas y formulas exteriores que tenian que ver, sobre todo, con las formas de vida y de convi- Yencia, no por vietud de’ determinada sociedad. urbana sino, simplemente, por no haber sufrido los estimulos de la moderni- 284 LATINOAMERICA: LAS CIUDADES ¥ AS IDEAS. zacién y no haber experimentado los fendmenos que transfor- maron a las ciudades, como el acelerado crecimiento demografico © la formacién de nuevas burguesias. Alfredo Pareja Diez-Can- seco fechaba el comien2o del ciclo novelesco que titulé Las nuevos afios en el momento en que é] advierte en el Ecuador aquellos ‘cambios. ‘Son, en verdad, varias historias, una distinta en cada libro, Empiezan en 1925, cuando otras formas de la convivencia humana encuentran asidero en nuestro pais, Entonces comenzé a agonfa del patriarca; entonces, no hay duda, un nuevo pais quiere remplazar al viejo, se organiza con premura para aleanzar Jo que ya estaba hecho en otros lados, y su aliento aprende a respirar en la gran atmésfera del mundo, Es la inicial de los nuevos afios nuestros”, Seguian predominando en las ciudades ajenas a la transfor- macién las viejas clases patricias, y con ellas, formas patricias de convivencia cuyas normas amparaban también a las otras clases, Hasta que algo pasara —algo cuyo centro dindmico solia estar lejos— la ciudad provinciana o colonial perseveraba en su placidez, que sélo el snob capitalino percibia como tal conde- néndola como enemiga del progreso. | | Lo mis significative de la transformacién de las cindades fue, como siempre, la transformacién de su sociedad. Los viejos estratos tomaron nueva fisonomia, y aparecieron, ademas, estratos nuevos, Tan caracteristica como la aparicién de vastas clases as fue la aparicién de nuevas burguesias que se instalaron répidamente en la cresta de Ia sociedad, Y fueron ellas las que introdujeron un nuevo estilo de vida que quiso ser cosmopolit por oposicién a las formas provincianas de vida predominantes hasta entonces. . Dos modelos europeos tuvieron particular resonancia en Latinoamérica: el de Ja Inglaterra victoriana y el de la Francia de Napoledn IIT, Y a imitacidn de ellos —y bajo su despética influencia— crecieron las nuevas burguesias latinoamericanas, y_ traduciéndolos elaboraron sus formas de vida, con algo pro- pio y algo extraiio, como siempre. Fue en las capitales y en los puertos donde hallaron su escenario propio las nuevas burguesias, alli donde se recibia primero el correo de Paris o de Londres, donde vivian extranjeros que Tlevaban consigo el prestigio euro- peo, donde estaban instaladas las sucursales de los bancos y las casas de comercio extranjeras. Y alli aparecié la obsesién —y la LAS CIUDADES BURGUESAS 285 ilusién— de crear un estilo de vide cosmopolita, 0 para decirlo més exactamente, europeo, La preocupaciin fundamental de las nuevas burguesias latinoamericanas —por lo demas, como las de gran parte del mundo— fue ensayar y consagrar finalmente un estilo de vida que expresara inequivocamente su condicién de clase superior en la pirémide social a través de claros signos reveladores de su riqueza, Pero no solamente mediante la actitud primaria de exhibir la posesién de bienes sino, sobre todo, a través de un comportamiento sofisticadamente ostentoso. Por esa via se bus- caba dignificar a las personas y a las familias, y obtener el reco- nocimiento de una superioridad que, hasta entonces, Ie era admi- tida solamente al antiguo patriciado. No eran, pues, sélo los objetos lo que preocupaba a las nuevas burguesias, sino mis bien uso gue podia hacerse de ells dentro de este vago barroquismo nargués, Fue este género de vida —barroco, burgués y rastacuero; © acaso simplemente rastacuero, que quizé quiera definir el barroco burgués— el que nutrié Ia vasta creacién de la novela naturalista latinoamericana, la del chileno Tis Orrego Luco, la del mejicano Federico Gamboa, la de la peruana Mercedes Ca- bello de Carbonera, la del venezolano José Rafael Pocaterra, la del argentino Julién Martel, la del brasilefio Julio Ribeiro entre tantos otros. Y fue este género de vida el que, idealizado, sirvié de marco a la poesia del modernismo, De los novelistas ‘todos eligieron el rasgo que crefan més significativo para sorpren- der el mecanismo de esta nueva burguesia que, con el correr de los meses, en esos afios locos de especulacién que van de 1880 @ la primera guerra mundial, adquirié humos aristocriticos y Neg a convencerse de que poseia “alcurnia” Un dia, en cierto mimero de ciudades Jatinoamericanas, aparecieron Jos clubes de estilo inglés. Clubes con salones para estar, amueblados con cémodos sillones, salas de lectura con pocos libros y. en cambio, muchos perisdiens y revistas —la Revue des Deux Mondes, sobre todo—, lujosos salones para fiestas, comedor abierto hasta altas horas de la noche, y, sobre todo, un personal de camareros experimentados y de criados fieles que conocieran cada clubman por su nombre, por sus debilidades y sus prefe- rencias, Asi se constituyeron estos reductos de las nuevas bur- Guesias, de los que, por lo demés, solian no estar ausentes los miembros del viejo patriciado. 286 LATINOAMAERICA: TAS CTUDADES ¥ LAS IDEAS El club cumplia diversas funciones, Alli se congregaban los contertulios para refugiarse en “su cérculo”, donde todas se cono- cian; alli se comentaban las novedades econdmicas y politicas del dia, fuera de as murmuraciones sociales; alli se establecian contactos y se iniciaban conversaciones informales que no hu- biesen estado bien en los despachos oficiales o en las oficinas financieras; alli se comia y se bebfa entre amigos confiables y encontraba albergue el calavera que trasnochaba y el jugador que se aburria; y' alli se celebraban de vez en cuando las fiestas de més alio vuclo en las que se congregaba la alta sociedad de Ja ciudad. Centro de un grupo relativamente cerrado, el chub reflejaba el designio de mantenerio lo més cerrado posible, Sélo la fortuna rompia el cerco, Era, en eso, un exponente claro de la tendencia de las mevas burguesias a constituirse cuanto antes en estrechas oligarquias. Lo importante no era, claro esti, lograr que no creciera el mimero de socios del club: lo importante era que no creciera demasiado el miimero de los que manejabon la nueva riqueza. Y el exclusivismo segregacionista del grupo dominante buscaba una expresién publica, un sitio donde pudiera mani- festarse que sus miembros, y m0 otras personas, eran los que estaban instalados alli, el lugar desde donde se dirigia la vida social y, en cierto modo, la vida econdmica y politica, Ta idea de constituir un “circulo”, un grupo cerrado en el mis alto nivel de una sociedad abiorta, caracterizé a las nuevas ‘burguesias, quiza en grado mis obsesivo porque no eran, origi naria y tradicionalmente, una clase constituida, Sin duda re- currieron sus miembros al ejemplo del patriciado como un modelo de imitacién, pero acentuaron el exclusivismo no sélo por cierta secreta sordidez que brotaba de sus proyectos econé- micos sino por la inseguridad personal de muchos de ellos, recién incorparados, trabajosamente, a los sectores altos de Ia sociedad. Fran las nuevas burguesias, en efecto, grupos constitutivamente abiertos; pero —como antes habia hecho el patriciado— procu- raron cerrarse; y por tratarse de un grupo fundamentalmente financiero y mercantil, supieron que convenfa hacerlo cuanto antes, La misma fumcién que los chubes —el Jockey, el Club del Progreso, el Nacional, el de la Unién— cumplian otros centros convencionales de reunidn. Cierto restaurant era, en cada mo- mento, el lugar convenido donde todos los miembros del “cfrculo” LAS CIUDADES BUROUESAS 287 sabian que podian encontrarse. Alli se imitaban los modelos pari- sienses, tanto en la decoracién del ambiente como en la cuidada cocina y en la etiqueta vigente, Se bebia champagne, se hablaba de negocios, de politica, de teatro o de mujeres, pero, sobre todo, se estaba en el mentidero donde se veia y se era visto. Para ver y ser visto el teatro era un lugar indispensable, especialmente la Opera donde la habia, Ningi elegante podia faltar. Los “abonados” de los palcos o la platea se encontraban en los entreactos, ponfan de mamifiesto su presencia y tomaban nota de la de los demas, y ejercitaban alli también ese contacto fluido gracias al cual estaban permanentemente al tanto de las, menores vibraciones del juego de la politica o los negocios. Alli se exhibia una prenda fina trafda de Europa o una joya exé. tica; y nadie dejaba de observarlo, para corregir Ia estimacién que 1a persona merecia si aqnello que exhibia la justificaba, Mis raudamente se voia la buena sociedad en los pasoos de carmuajes, se cruzaban los coches, y en un instante se descubria quignes iban en él y qué toilette levaban las mujeres. Algunos caballeros participaban del paseo montando ricos caballos y solian ponerse a la par del coche de sus amistades para tener con cada una de ellas um instante de conversacién, Era lo mismo que ocurria en bodas ¥ bautizos, en las salidas de las misas elegantes, 2 en los balnearios que empezaban_a ponerse de moda, todos imitacién més 0 menos suntuosa de Trouville, 0 en las reuniones del hipddromo, En esta constante confrontacién, una fiesta ofrecida por una familia de prestigio constituia un momento culminante, Eran fiestas lujosas, cuidadosamente organizadas, con verdaderos alar- des de buen gusto aleunas veces, pero siempre de riqueza osten- toca, El argentino Julin Martel en La Bolsa y el venezolano José Rafael Pocaterra en Za casa de los Abila ofrecieron dos versiones homélogas de esa especie de ceremonia ritual que reunia lo mas granado del mundillo de Buenos Aires 0 Caracas: la misma sociedad elegante que no lograba encubrir su arribismo, Ja misma inocultable preocupacién por la riqueza inmediata 0 ef éxito facil, la misma inconsistencia de las personalidades. devo- Fadas por la trivialidad, Un banquero, el nuncio apostélico, el ministro y acaso el presidente de la repiiblica daban a la reunién tal relieve que quien ofreca la fiesta parecia ese dia un trinm- fador. Y sin embargo, todos habian ido para hacer su_propio negocio: para ver y ser vistos, para ratificar su papel de miembro 288 LATINOAMERICA: LAS CLUDADES ¥ LAS IDEAS importante del grupo decisivo, para contribuir a que toda la sociedad se viera obligada a reconocer que eran ellos, y sélo ellos, Jos que constituian Ja nueva clase directiva Era evidente que, en sus formas de vida, las nuevas bur- guesias acusaban una vigorosa devocién por los modelos europeos, ¥ era inevitable que desempefiaran socialmente e} mismo papel intermediario que les correspondia en la vida econémica. Se advirtié en la preocupacién por remplazar Ja vieja casona pa- tricia, practicamente colonial, por una residencia moderna, de estilo francés preferentemente, decorada y amueblada de acuerdo con el estilo y Ja categoria, sin que faliara el alarde esteticista {que se maniféstaba en Ia presencia de cuadtras, esculturas y bibe- lots acordes con el gusto de los snobs del momento, Un respeto casi litirgico por la moda curopea en materia de vestimenta acompaiiaba a la penetracién de las costumbres extranjeras, siempre en colisién con las tradicionales, que cada vez parecian més provincianas y decadentes, Y cuando comenz6 a difundirse la prictica de los deportes, la esgrima, el tenis o el hockey atrajoron a Ios jévenes elegantes para los que no resultaba suficiente la emacién del eache de brioso tronce. Poco después tuvieron el automévil y los deportes de equipo practicados en lubes casi intimos. Volcadas hacia el exterior y preocupadas por constituirse y ser reconocidas como clases dirigentes, las nuevas burguesias fue- ron, formalmente, grupos de pautas severas. Estimularon, pues, en los més jovenes 0 en los mas escépticos de sus miembros una tendencia a la evasiin, que no se consideré menos elegante puesto que también tenia tradicién parisiense. El café cantante, el cabaret 0, simplemente, el prostibulo, ofrecieron expansién a los jévenes disipados. Alli entraron en contacto con prostitutas, jugadores fulleros, cuidadores de caballos de carrera, a veces con tratantes de blancas 0 con delincuentes. El mundillo del toreo, el del turf o el del juego ayudaba al establecimiento de esas relaciones peligrosas, cuya frecuentacién otorgaba al burgués disipado el titulo de calavera, que munca legé a tener un signi ficado del todo peyorativo, sino que entrafaba un margen de elogio. El calavera violaba las normas de las nuevas burguesias, pero no las negaba, y siempre habia la esperanza —casi la certi- dumbre— de que abandonara la pendiente del vicio, sentara cabeza, y acaso se convirtiera en el mas celoso defensor no silo 1AS CIUDADES BUROUESAS 289 de las normas morales establecidas sino también de sus formas exteriores mas convencionales, ‘Sin duda, el estilo de vida de las nuevas burguesias comenz6 a cambiar después de la primera guerra mundial. La belle époque fue terminando también en Latinoamérica y entre las muchas cosas que quedaron olvidadas estaba la retdrica de los nuevos ricos. De pronto aparecié una concepeién deportiva de la vida, a la que se plegaron primero los jévenes y Inego todos poco a poco. La influencia de las costumbres norteamericanas, acentuada por el cine, contribuyé a destruir algunos esquemas tradicionals, yenseguida el shimmy y el charleston rempinzaren al vals. Para algunos grupos de las nuevas burguesias, et desarrollo de cierto gusto estético, la preocupaciém por la pintura o la siteratura, parecié el complemento necesario de una moderniza- cién acabada que debia culminar en ciertas formas de refina- miento personal. Hubo, seguramente, quienes poseian espont4- neamente ese gusto y procuraro satisfacerlo auténticamente; pero predominaba una actitud snob que invitaba a estar al tanto de “las tiltimas novedades de Paris”, a comentar la obra del escritar mas en boga, a elogiar lo que debia elogiarse para que se advirtiera que se estaba integrado en el renovado mundo de la 6poca del progreso. Fue un alarde mas de superioridad social. _Sin duda se formaron en el seno de estas nuevas burguesias auténticos grupos de intelectuales, de escritores, de artistas que reflejaron la intensidad de la sacudida que habian experimen- tudo las sociedades latinoamericanas. Para algunos el tema fundamental fue la politica; pero hubo los que comenzaron a extender sus preocupaciones bajo la inspiracién de la sociologia que predominaba por entonces en Inglaterra y Francia. Muchos se preocuparon por los temas sociolégicos, porque empezaron a percibir los conflictos profundos que se escondian por debajo de los avatares de la politica, manifestados no sélo en los enfrenta- taientos de clase 0 de grupos sino en la contraposicién de actitudes entre los distintos sectores de una sociedad que resistia la opri- mente accién tanto del viejo patriciado como de las nuevas burguesias. Los sociélogas —el peruano Francisco Garcia Cal- derén, el venezolano César Zumeta, el colombiano Carlos A. Torres, el argentino José Ingenieros, entre otros muchos— fueron los testigos y los analistas del cambio. Junto a ellos hubo los ‘que se ocuparon de filosofia, y fueron a veces los mismos, Se 290 LATINOAMERICA: LAS CTUDADES ¥ LAS IDEAS sintieron atraides por la filosofia positivista, tanto en su versién francesa desarrollada alrededor del pensamiento de Augusto Comte, como en la anglosajona en la que cobraban especial sigui- ficacién John Stuart Mill, William James y Herbert Spencer. Fueron, entre otros, el peruano Alejandro Deustia, el cubano Enrique Varona, el mejicano Gabino Barreda, el argentino José Ingenieros. Era una filosofia que entrafaba, sin duda, profundos problemas tedricos, y que tenian también importantes proyec- ‘ciones practicas, especialmente en el campo de Ja educacién. Pero era, sobre todo, 1a justificacidn doctrinaria de wna sociedad “pro- gresista”, volcada hacia el progreso material, orientada por una filosofia del éxito: la sociedad que presidian las nuevas burguesias. TLos grupos de poetas, escritores y artistas fueron, a veces, un ‘poco marginales, pero, en rigor, sélo en apariencia. La bohemia Ae los cafés, los ateneos, las redacciones y las tertulias desdefiaba los valores consagrados y las ideas generalmente admitidas; pero sus miembros estaban dentro de alguna de las varias direcciones {que apuntaban en el seno de las nuevas burguesias. El natura- lismo novelistico trataba de penetrar los secretos de esta nueva sociedad devorada por Ia tentacién de la fortuna facil y del ‘ascenso cocial acslerado; y aunque condenaba lo que creia en ella inbumano y cruel, compartia lo que pudiera lamarse sus sanos principios. El modernismo de los poetas —el mejicano Gu- tidrrez Néjera, el cubano Julién del Casal, el uruguayo Julio Herrera y Reissig, el argentino Leopoldo Lugones, y sobre todo, el nicaragiiense Rubén Dario— recogia y expresaba la sensibi- lidad de los exqnisitos; pero de los poderosos exquisitos, a quienes seducia el mundo refinado del lujo y, a veces, el refinado lujo del poder. Mas que disconformismo habia en él un rechazo de la vulgaridad, que se confundia facilmente con el apresurado aristo- cratismo de las nuevas burguesias. Al fin, el refinamiento sen- sible podia ayudar a justificar e] ascenso de Ja nueva aristocracia del dinero. ‘Audaces y obstinadas, las nuevas burguesias necesitaron y quisieron dar la batalla por el poder. No les fue facil. El poder tenia duefios y, frente a ellos, las nuevas burguesias fueron, en principio, solamente un factor mas de poder, y por ciexto no el tinico entre los nuevos que se disponian a enfrentar a los viejos. Extrafias combinaciones de intereses, en las cuales no se advertia. bien quién servia a quién, modificaron poco a poco las formas y los contenidos de la politica. No siempre lograron —o no LAS CIUDADES BURGUESAS 201 quisieron— las nuevas burguesias ejercer el poder por si mismas, quizé porque no siempre contaron con el hombre de mando que se necesitaba en sociedades tan inquietas, Pero fueron el poder detris del trono, 0 mejor, el poder detras del “sefor presidente”. El proceso econdmtico y social de la aparicién de las nuevas burguesias —y muy pronto de las nuevas clases medias y popu- lares— tenia una raiz distinta del proceso politico y, en conse- cuencia, no lo interfirié radicalmente, como si hubiera habido una batalla y, con ella, vencedores y vencidos. Mas bien el proceso social empezé a impregnar el proceso politico y a tergi versarlo lentamente. En las capitales ejercieron funciones poli- ticas, directas 0 indirectas, no sélo Jos representantes de los antiguos factores de poder sino también de los nuevos. Y en diversa escala, em todas las ciudades que se transformaban apare-