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porteraBM

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Presentamos a modo de síntesis, una aproximación al sentido de la visión,
indicando por una parte los aspectos más representativos de su anatomía y, por otro
resumiendo la fisiología visual.

I.3.2.1. Anatomía del ojo.

El ojo es el órgano sensorial de la visión (figura 1.22), encargado de transformar
la energía de la luz en impulsos eléctricos nerviosos que son interpretados por el
cerebro como visión (Thibodeau y Patton, 2000).

Figura 1.22. Corte horizontal del globo ocular (Tomado de Sobotta ,1990).

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Según Guyton (1992), este órgano, equivale a una cámara fotográfica, al tener
un sistema de lentes, un sistema de apertura variable, la pupila, y una retina que
correspondería a la película.

El globo ocular está compuesto por un continente o pared, con tres capas de

tejido o túnicas:

− Capa fibrosa o externa, compuesta por la córnea y la esclerótica.
− Capa intermedia o vascular, formada por el iris, cuerpo ciliar y coroides.
− Capa interna o nerviosa, la llamada retina.
Y un contenido, formado por el cristalino, el humor acuoso y el cuerpo vítreo.
Cinco sextas partes del globo ocular están protegidas por la cuenca ósea de la
órbita, quedando fuera únicamente la superficie anterior del globo ocular.
La porción anterior de la esclerótica, la córnea, está situada sobre la parte
coloreada del ojo, el iris, es transparente, y carente de vasos sanguíneos, al igual que el
cristalino. En la unión de la esclerótica con la córnea, existe un seno venoso de forma
anular llamado conducto de Schlemm.
La túnica media, o coroides, tiene gran número de vasos sanguíneos y
pigmentación, está compuesta por tres estructuras separadas: el cuerpo ciliar, los
ligamentos suspensorios, (unidos a la cápsula elástica del cristalino y encargado de
mantenerlo en su lugar) y el iris, parte coloreada del ojo, cuyas fibras forman una
estructura en forma de rosquilla, cuyo agujero central se denomina pupila.
La retina como la estructura más interna del globo ocular, es una túnica
incompleta al no tener porción anterior. Está formada mayoritariamente por neuronas,
que por su forma son conocidas como bastones y conos, son los receptores visuales que
se estimulan por los rayos luminosos. Los conos son menos numerosos y se concentran
en la fóvea centralis, situada cercana al centro de la retina. Los bastones, más numerosos,
se concentran en la periferia de la retina. Todos los axones de las neuronas
glanglionales se dirigen a la parte posterior del globo ocular llamada disco óptico o punto
ciego,
pues no se ven los rayos luminosos que inciden en ella.
El globo ocular es una esfera que contiene un gran espacio interior dividido en
dos cavidades. La cavidad anterior, se divide en cámara anterior y posterior, ambas
están llenas de humor acuoso, sustancia clara y acuosa que sale del ojo si se lesiona. La
cavidad posterior es mayor que la anterior, ocupando todo el espacio anterior del

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cristalino, ligamento suspensorio y cuerpo ciliar. Está llena de humor vítreo, sustancia
gelatinosa que, junto con el humor acuoso mantienen la presión intraocular para evitar
el colapso del globo ocular.

A nivel muscular, el ojo puede moverse en todas las direcciones alrededor de
un punto fijo, gracias a seis músculos que se insertan en la esclerótida (Fig. 1.23),
además de un séptimo músculo insertado en el párpado superior y encargado de su
elevación. Así, dentro del ojo encontramos, músculos oculares extrínsecos, esqueléticos
y voluntarios, que se insertan en el exterior del globo ocular y en los huesos de la
órbita, cuya función es mover el globo ocular en la dirección deseada:
• El músculo elevador del parpado superior, encargado de dirigir la porción
tarsal del párpado superior hacia arriba.
• Los cuatro músculos rectos: superior, inferior, externo e interno.
• El músculo oblicuo mayor u oblicuo superior.
• El músculo oblicuo menor o inferior.
Por otra parte encontramos los músculos oculares intrínsecos, lisos e
involuntarios, situados en el interior del ojo. El iris, que regula el tamaño de la pupila y
el músculo ciliar, que controla la forma del cristalino.
Junto al ojo, existen una serie de estructuras accesorias que cumplen funciones
de protección. Estas son: las cejas y pestañas, los parpados y el sistema lagrimal.

Figura 1.23. Músculos extrínsecos del ojo. Vista anterior y posterior (Tomado de Sobota, 1990).

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I.3.2.2. El proceso de la visión.

Para que podamos ver, tienen que coincidir una serie de condiciones
(Thibodeau y Patton, 2000), se ha de formar una imagen en la retina para que se
estimulen sus receptores y los impulsos nerviosos resultantes han de ser conducidos a
la corteza cerebral para ser identificados.
Los ojos recogen la información del medio en forma de fotones, unidades de luz
con características de intensidad y frecuencia. La intensidad es medida en candelas por
metro cuadrado (cd/m2) y la frecuencia en hertz (hz), como el número de ciclos por
segundo. Según la relación entre ambas variables, la percepción de la información
varía, siendo el contraste de formas y fondos uno de los parámetros más significativos
(Fradua, 1993).

Tras pasar la luz por el cristalino y por el humor vítreo, entra en la retina desde
dentro, es decir, atraviesa las células ganglionares, las capas plexiformes, la capa
nuclear y las membranas limitantes, hasta llegar a la cara más externa de la retina
(figura 1.24).

Figura 1.24. Esquema de las capas celulares de la retina, y de las células cono y bastón (tomado de
Thibodeau y Patton, 2000).

La retina es la parte del ojo encargada de recoger estas unidades en forma de
rayo luminoso; sus neuronas, conos y bastones se excitan, siendo las primeras las

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responsables de la visión de los colores y las segundas de la visión en la oscuridad
(Guyton, 1992). Ambas son fundamentales en las capacidades de visión periférica y
amplitud del campo visual (Fradua, 1993).
Las vías visuales (figura 1.25) son el conjunto de neuronas encargadas de
transmitir las impresiones visuales recibidas por la retina a nivel de estos
fotorreceptores, al centro cortical de la visión (Rigal, Paoletti & Portmann, 1979).
Para crear una imagen clara en la retina se producen cuatro procesos:
1. Refracción de los rayos luminosos, cambio de dirección, los rayos pasan
oblicuamente de un medio transparente a otro de densidad óptica diferente.
2. Acomodación del cristalino, respecto a tres condiciones, aumento de la
curvatura del cristalino, contracción de las pupilas y convergencia de ambos
ojos.
3. Contracción de la pupila, por medio de las fibras musculares del iris.
4. Convergencia de los ojos, cuando los rayos luminosos procedentes de un
objeto inciden en puntos correspondientes de ambas retinas.

Figura 1.25. Vías visuales. (Tomado de Thibodeau y Patton, 2000)

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Las fibras que conducen la excitación de conos y bastones llegan hasta la
corteza visual, situada en los lóbulos occipitales, pasando por el nervio óptico, quiasma
óptico, cintillas ópticas y radiaciones ópticas. Hay que destacar, que cada nervio óptico
solo contiene fibras procedentes de una sola retina, mientras que el quiasma óptico
posee fibras de ambas (Thibodeau y Patton, 2000). Las fibras de las cintas ópticas hacen
sinapsis en el cuerpo geniculado externo y de ahí pasan por medio de la radiación
óptica a la corteza visual primaria, en el área calcarína del lóbulo occipital.
Como indica Guyton (1992), hay fibras visuales que pasan a áreas más antiguas
del cerebro. De esta forma las vías visuales se dividen en un sistema antiguo hacia el
cerebro medio y base del prosencéfalo y un sistema nuevo, que se une directamente
con la corteza visual.

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