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SAYENCO

TALLER LITERARIO DEL LICEO GABRIELA MISTRAL DE TEMUCO

HOMENAJE A EUGENIA CAAMAÑO


TEMUCO 2009

http://SAYENCO.ES.TL

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Pilar Soto, 2ºA. Artes Visuales. Profesor Pelantarú Jara.

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La profesora Eugenia Caamaño fue la fundadora del Taller Sayenco
en 1994. Como ella solía decir, recuerda Consuelo Martínez, poeta
que participó como alumna en el taller y hoy estudia Pedagogía en
Castellano, la poesía juvenil merece ser rescatada, alentada, aireada.

Con un poema aéreo rescatamos hoy la presencia intangible de una


profesora que no deja de ser recordada.

DISTANCIA

Fríos vientos
detuvieron su vuelo.

Cuatro alas
acariciaron mi rostro.
Cuatro velos.

Como cuatro cuchillos


abrieron la tierra.

Se abrió también el cielo.

Las garzas de invierno


alzaron sus cuatro velos.

La distancia es sólo
un último vuelo.

Eugenia Caamaño
(Invierno 1990)

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Janina Paz, 2ºA, Artes Visuales. Profesor Pelantarú Jara.

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EL AÑO QUE SE AHOGARON LOS GIGANTES

Todas íbamos a ser reinas.

Gabriela Mistral

El año que se ahogaron los gigantes


nadie tenía una corona
ni un verano con sueños de chiquilla que hablara de los pájaros,
nadie tenía la edad de los naranjos cuando saben a verde
y clavan en el labio su edad escandalosa.

Los ojos de Alfonsina eran todos los ojos


sumándose a las aguas
y amaron toda soledad de golpe
y se supieron hembras.

Se adentraron los silbos en el pelo


mientras el mar dolía en una sola gota,
ya no quedaban muertos que llorar
y no quedaban niños azulando las noches,
las formas de la higuera anidaron los muslos
como frutos austeros que sin pudor se olvidan.

El año que se ahogaron los gigantes


ella amaba la tristeza del árbol
la huella quebradiza de los montes sobre la gravedad del vientre
y otoños que parían cinturas amarillas.
Ella soñaba uvas en la paz del sarmiento
y supo que el poeta era la única verdad sonora,
la tierna obstinación a lo que sangra.

Háblame, Juana, dime en qué lugar


las violetas forman un cimbel de palomas,
en qué segundo el fruto de las torvas riega los helechos
para comprender la llama,
para saberse entera.
Dime, qué animal se trenza al hilo del mistral
y todo es una sola luz que te parte las uñas.

¿Acaso en esta oscuridad me ves,


saben ellas que el lirio es un arma imposible
para matar la lengua de los amores muertos?

Sí, todas íbamos a ser reinas.

Sara Castelar Lorca.

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AMBICIÓN

Borrasca de viento la mañana fría traía el


otoño en un comienzo, yo pensé en el
frío que atormenta los vacilantes
cuerpos de los viejos. Pero esa mañana
no era mía, era sólo el presagio de un
invierno que vendría.

Y pasó el otoño en suave brisa,


llevándose las hojas del cerezo, y
arrancó la hierba la sequía.

Las vertientes que en la tierra se


escondían, las secaron las raíces de los
pinos y eucaliptus traídos desde lejos.

¿Dónde están los bosques de mi tierra, el


laurel, el boldo, el ulmo que las abejas
perseguían?

¿Dónde quedó la selva de mi tierra hoy


en mezquinos pinares y eucaliptus
convertida?

¡Más pudo la ambición que la cordura,


cómo gimen las torcaces por sus lingues,
cómo añoran las perdices la espesura...!

Hoy vagan en inhóspitos lugares, y en las


noches de luna cuando la escarcha
arrecia los he visto pasar, hambrientos
sus cachorros caminando tras sus pasos,
buscando algún refugio que quizás no
han de hallar.

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Los últimos laureles hoy yacen mutilados como
un desecho humano que a nadie le interesa.

Si tu noble madera pudiera echar raíces y


alzarse sobre la madre tierra... ¡Pero nadie te
entiende!

Las hermosas copihueras que un día las reinas


fueron del tupido matorral hoy visten su amargo
llanto en el horrible quebranto de ver cerca su
final, y aquellas que ostentaban blancos
pañuelos al viento se fueron con paso lento, al
bosque no volverán, porque ese bosque nativo
que ayer lucía orgulloso lo ha arrasado la
ambición, y en su lugar sólo existen los pinares
y eucaliptus traídos desde otras tierras, hoy
trabajo de motosierras, y mañana ya no habrá.

Mas el viento bendito va sembrando semillas


donde la ambición humana no ha podido
alcanzar:

Señor: yo te suplico por este suelo patrio,


por esta tierra indómita que un día nos legaste.
Por mis hermanos robles y toda la natura
de este bello jardín,
que en dulces versos canta nuestro himno
nacional.

Vicky Sáez, 1ºA Septiembre de 2009.

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Génesis Allulef, Cambio de mentalidad.

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Lucía y el gallinero

En un campo muy lejano de la ciudad de Temuco, en donde había


muchas crianzas de gallinas, habitaba una señora muy pobre,
llamada Lucía, la cual vivía en una casa que era prestada.
Un día vinieron los dueños de la casa a quitársela.

La señora muy triste y


angustiada, no sabía donde
dormiría el resto de las noches;
entonces , mientras encontraba
un hogar en el cual poder vivir,
se le ocurrió dormir mientras
tanto en el gallinero.

Pasaron meses y meses, hasta


que se llegó a acostumbrar y a
mimetizar con las gallinas;
hacía sus mismos gestos,
cacareaba, dormía parada y
madrugaba todas las mañanas
junto a ellas.

Pasaron los años y vinieron unos caballeros a regalarle una casa, ya


que se habían enterado de su situación. Al verla en el gallinero se
asombraron de ver el estado de vida que llevaba; pero ella estaba tan
acostumbrada y feliz con las gallinas y las gallinas con ella, que no se
hacía problemas. La señora les dijo que no necesitaba una casa,
porque viviendo así se sentía bien.

Lucía estaba tan feliz y dichosa de vivir con sus gallinas, que ya no
hacía nada más que estar con ellas. A pesar de todos los problemas
que tuvo que enfrentar, vivió muy contenta y agradecida de ser igual
a ellas el resto de su vida.

Alejandra Yáñez Sepúlveda


Alumna del Taller de Lenguaje entretenido
del Liceo Gabriela Mistral de Temuco.
Ganadora del Concurso Municipal de Narrativa breve con este relato.

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Bárbara Ballier. 2ºA. Artes Visuales. Profesor Pelantarú Jara.
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Una mirada sin rostro

Veo hacia atrás una flor que se marchita,


que se deja al olvido y que sigue un camino,
no sabe que no es el suyo.
Pobre flor que busca en los demás alguien que la riegue,
aún no la ha encontrado, pues sigue marchita.

Se había perdido la esperanza, sólo había que esperar la muerte,


al romper el alba, veo existencia y vida pues la flor
no se había marchitado, sino que había recuperado su brillo máximo
en una oscuridad que al fin tuvo salida.

La flor está creciendo bella y feliz,


ya no mira hacia atrás , sólo hacia adelante,
ya lo amargo queda en el olvido y el tiempo se encargará de hacer
que no pierda el valor y la fortaleza para seguir viviendo.

Ahora mi alma camina feliz hacia el mañana


ya no hay tropiezo ni nada que no permita
que siga mi camino, ya la angustia quedo atrás
y las riquezas de una vida feliz quedaron junto a esa bella flor.

María José Riveros 1°B

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Gretel Bustos, Kultrun coronado de espinas.

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Te tocó un té
con sabor a tilo,
tartamudo y tosco.

Traía trocitos de tímido,


Tesoro tildado y tupido.

Te tocó un té
Taciturno y tranquilo.

Hace un instante, la infancia.

Ahora mismo, otra época.

Hace horas, hoy,


Y el reloj sigue igual.

Años, mañana,
Y las estaciones son las mismas.

Tiempo todo cruza,


Tiempo se consume.
¡Se abren los cielos
Y se desatan cadenas!

Porque existe camino


A la libertad.

Consuelo Martínez Astorga.

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Daniela Trangol 2ºA Artes Visuales. Profesor Pelantarú Jara
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ESTACIÓN

me dijeron
ubíquese

yo soy muy obediente

giré
miré los montes
siempreverdes al final de la calle
borré el rumor del tráfago
adiviné la luna
y los planetas
Dibujo de Vanessa Brown ©
y me dije

aquí estoy
este es el centro
aquí escucho
la lengua de la tierra
aquí me ubico
El campo ni siquiera tiene puertas
(((mis ramas resplandecen)))
Entre el campo y lo urbanizado hay una valla
El treile ignora toda división
Yo debo contentarme con mirar
AVENIDA LOS URBANISTAS A través del alambre de púa
La verdadera luz del trigo verde
El treile no comprende
que la urbanización
no es cosa suya

En las últimas construcciones


aún sin ocupar
los cardos arremeten
contra el orden

Los muros rectilíneos J.A.O.


las apiladas piedras
no significan nada
sólo sombra Taller Sayenco.

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Los que están lejos padecen nostalgia,
Para los que están lejos ojalá fuera Temuco,
Y aquí ojalá fueran tierras lejanas.

Aquí se quedaron las araucarias,


Se quedaron las palabras,
Se quedaron las lluvias.

Los que están lejos, aún estando lejos,


Están donde nacieron.
La distancia en los siglos,
Entre los mares y las superficies,
Poca es para los que viven remotamente.

Allá habitan las cabezas,


Las almas, los pies y los hijos
Del sur pequeño y enredado.

Los que están lejos carecen de agua,


La sed donde crecieron.

Para ellos, resistir,


Allí está lo que aquí poco se conoce.

Con pasos se puede contar la cercanía.

Consuelo Martínez Astorga.

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La verdad de Lucía

En los suburbios de Rancagua vivían los padres de Lucía, los cuales a


corta edad la entregaron a una familia de condiciones más
acomodadas, para que la criaran, porque ellos no tenían los recursos
necesarios para darle una buena vida y educación.
Ella ahora vive en la ciudad de Concepción con sus nuevos padres,
Pedro e Isabel, aún sin saber su pasado.
En una tarde muy soleada decide ir al parque con su supuesta
hermana Ernestina, la cual siempre la rechazaba con insultos por ser
la regalona de sus padres.
Ese día Lucía nunca imaginó que su hermana Ernestina le iba a
revelar una verdad que le cambiaría la vida. Ernestina sabiendo el
secreto de su hermana decide contarle todo acerca de su verdadero
origen para que esta se fuera de sus vidas.
Lucía al escucharla sale corriendo, y al cruzar la calle, no se da
cuenta que viene un auto, el cual la atropella. Lucía inconsciente llega
al Hospital Regional de Concepción en donde fue atendida
rápidamente por un atractivo joven médico, que al ver a Lucía se
enamoró de ella.
Al llegar los padres de Lucía, comprendieron lo que había ocurrido,
dándole una explicación a ella. Lucía habla con su hermana y la
perdona por decirle en forma cruel la verdad de su vida.
Durante una semana estuvo internada en el hospital, atendida por su
nuevo amigo, Héctor, el cual le llamaba mucho la atención. Al paso
del tiempo Lucía se pone a pololear con el joven médico llevando una
relación muy buena. Ernestina comprendió el cariño que le tienen sus
padres debido a todo su sufrimiento.
Lucía un día decide conocer a sus padres biológicos y darles las
gracias por su nueva familia .
Tras los años Lucía, ya felizmente casada con Héctor, mantiene
siempre contacto con sus padres biológicos y adoptivos y a cada
persona que le pregunta orgullosa y feliz les cuenta su historia.

Autora: Karina Campos

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