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DEL FRACASO AL TRIUNFO

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DEL FRACASO AL TRIUNFO

Estimado amigo o amiga:

Tal vez ahora, mientras lees éstas palabras, te encuentres atravesando


por uno de los momentos más difíciles de tu vida, y piensas que no hay
esperanza ni otra oportunidad para ti. Pero la verdad, puede ser muy
distinta.

Quiero pedirte un gran favor:

Regálame un poco de tu atención para expresarte en unas cuantas


páginas, que tú puedes encontrar no sólo razones sino también
- Cary Palmon - soluciones para lograr una vida diferente

Los próximos minutos de tu vida, serán cruciales para poder contarte sobre cómo dejar de vivir en el
fracaso y alcanzar de manera real y definitiva el triunfo en la vida

No pienses que lo escrito aquí es producto de alguna nueva filosofía o un simple argumento basado
solamente en conceptos teóricos. ¡Nada de eso! Te hablo desde la base de la experiencia. ¡Yo pasé
del fracaso al triunfo!

Conozco el sufrimiento. Sé que viene sin que lo llamen, y que suele quedarse incluso por más tiempo
del que cualquiera de nosotros desearía.

Sé lo que es pasar la noche llorando tanto que al amanecer tu almohada se encuentre húmeda de
lágrimas. Sé lo que es preferir morir a vivir en la amargura permanente. Pero lo más importante es que
también sé que se puede cambiar, y que el triunfo es posible. Es precisamente eso sobre lo que quiero
hablarte.

Conociendo el Impacto de la maldad.

Nací en el hogar de unos padres cariñosos. Crecí como hija mimada. Cuando uno es niño, cree que
todas las personas son como sus padres. Si ellos son buenos, pues todos los hombres han de ser
buenos también; y si son malos, pues todos han de ser malos también. Tuve yo la gran dicha de tener
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un buen padre y una buena madre pero, inocentemente, pensé que todas las personas eran como ellos.
Hasta que un día... conocí la maldad, y puedo decirte sin titubear, que fue el inicio de mis días de
amargura. Un día, vino a mi casa un supuesto amigo de mi padre haciendo terribles acusaciones contra
él, y como resultado de los cargos que este hombre le atribuyera, mi padre fue cruelmente asesinado;
apenas a los 37 años de edad. Aquel hombre, quien había sido muy favorecido por mi padre cuando
éste vivía, desencadenó una terrible secuela de actos de crueldad contra mi padre, los cuales
culminaron en la violencia que le robó su vida y destrozó el corazón de mí madre, el de mi hermana
menor y el mío propio.

Mi madre quedó destruida por completo emocionalmente, al punto que después de la muerte de mi
padre, ella no podía incorporarse a la vida, y se entregó a la depresión, tomando pastillas para dormir,
porque no podía confrontar lo que era la vida sin el hombre que amaba, hallándose viuda y con la
responsabilidad de cuidar a sus dos hijas.

Ay… como duele…

¡Si supieras en las condiciones que nosotras, sus hijas, quedamos! No lo podrías imaginar. Dentro de mi
corazón había tanto rencor contra ese hombre, que a pesar de tener yo solamente 15 años de edad, lo
odiaba como al peor de los seres humanos, y hubiese sido capaz de cualquier acción de violencia para
vengar la muerte de mi padre. Estos sentimientos son tan destructivos, que hacen su nido en nosotros,
albergando maldad y malos pensamientos, cuando no tenemos a Dios dentro de nuestro corazón.

Es rara la forma como nos comportamos, cuando hablamos de Dios: Decimos que creemos en Él y
nuestras vidas no muestran el fruto de una relación con Él, o aún siquiera algún rasgo de su
misericordia… todo ello, a pesar de que con nuestras bocas profesamos conocerle. Eso me estaba
sucediendo a mí, mientras crecía llena de rencor.

Responsabilidades Prematuras

¡Esta era mi vida! Por fuera, una jovencita como todas; y por dentro, una persona llena de odio, cólera y
violencia. En los meses que siguieron a la muerte de mi padre, me vi obligada a madurar rápidamente,
pues de pronto asumí el rol “del hombre de la casa”. Sobre mis hombros cargué la responsabilidad de
ganar el dinero para alimentar a mi hermana menor y a mi madre, quien estaba totalmente atrapada en
el dolor por la muerte de mi padre y durmiendo constantemente a costa de las pastillas que consumía.

Entonces obtuve un empleo; sin embargo apenas nos alcanzaba para sobrevivir. No puedo registrar
todos los sacrificios sufridos durante esos años, pero recuerdo que me iba al amanecer a trabajar y
llegaba tarde en las noches, pues al concluir la jornada laboral, me pasaba al colegio, para terminar mis
estudios con la expectativa de “mejorar la entrada económica”. Mi corazón estaba partido en miles de
pedazos, añoraba tanto a mi padre y peor aún, no podía decirle a mi mamá lo mucho que estaba
sufriendo porque presentía que eso únicamente empeoraría las cosas. Mi hermana preguntaba y lloraba
por papá y mi madre me había prohibido decirle que él había muerto. Me sentía tan indefensa sin él y
sin embargo, tenía que obtener fuerzas de donde no había para seguir viviendo.

El tiempo pasó y, como tú sabes, el tiempo ayuda a mitigar los dolores del corazón. Quizás lo que
sucede es que uno se acostumbra al dolor, se amolda a este terrible sentimiento, y lo acepta como
una parte más de su vida.
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Una nueva dosis de dolor

Pasaron los años, ¡me casé!, tuve hijos, pero las cosas tampoco resultaron favorables, y terminé en el
divorcio.

Nuevamente mi vida estaba truncada, y mis sueños hechos polvo. No comprendía como podía ser
posible que ello me estuviese sucediendo, y que aquel sombrío sentimiento de odio, tan familiar,
hubiera regresado una vez más a acompañarme en la vida. Simplemente no podía superarlo, parecía
estar encadenada a él.

Por las noches, cuando todo estaba tranquilo, meditaba y percibía algo mal en mí. Sabía que ese
profundo rencor era pecado y que merecía ser castigada. Tal vez, mi final sería un infierno sin
esperanzas y no tenía la menor idea de como evitar ese terrible destino.

¿Alguna vez sentiste que necesitabas ser rescatado? Tal vez eres una de las tantas personas que se
casó con alguien que finalmente te defraudó, o quizás seas un adicto o adicta sin ilusiones; o a lo mejor
estás pensando que el suicidio es la mejor forma de terminar con todo. Déjame contarte lo que me
sucedió y como Dios cambió la situación de fracaso en la que me encontraba, ya que lo que me pasó a
mí, también te puede suceder a ti.

Una invitación casi echada a perder…

En aquellos momentos tan difíciles, cuando no alcanzaba el dinero para todas las necesidades que
teníamos, cuando trabajaba día y noche para sostener a mis hijos, y la amargura reinaba en mi corazón,
una señora me invitó a asistir a una reunión. La verdad es que no tenía ningún deseo de ir, pues ya
tenía suficiente trabajo y, dedicar unas dos horas adicionales a algo que no me interesaba, ciertamente
no estaba en mis planes. Pero esta señora fue tan insistente, que no aceptó mi negativa como
respuesta, así que … accedí a ir con ella.

Cuando llegamos al lugar indicado, me di cuenta que había un ambiente distinto, tomé asiento al lado
de la señora que me había invitado, pero mi mente no se apartaba aún de todos los quehaceres que
tenía por cumplir y de la apremiante sensación de ver los minutos pasando raudamente. Sin embargo,
como repito, el ambiente era distinto a lo usual y eso llamo mi atención.

Sentí algo muy diferente, que antes no había percibido. Las mujeres cantaban una bella canción cuyas
palabras eran solamente “Aleluya, Aleluya!, y en medio de esta dulce melodía, percibí que Dios estaba
presente. ¡Dios en toda su magnitud, en todo su esplendor, estaba en ese lugar!, y oí sus palabras
dentro de mi corazón que me decían: “Cary, Cary… no me has amado, no me has dejado ser el
número uno de tu vida, no me has amado, no me has amado”.

Ese momento fue concluyente. Incliné mi rostro pues no quería que nadie viese que mis ojos se estaban
llenando de lágrimas…. con mi corazón tan compungido de dolor… sentía que Dios estaba presente, de
una forma que nunca antes lo había descubierto, en toda su Santidad. Y allí estaba yo, ante Él, llena de
egoísmo… de altivez… sin entender aún, que Él, era el Alfarero y yo simplemente su creación. En
aquellos momentos, con mi corazón desolado, reconocí que era pecadora, que nunca le había ofrecido
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mi amor. Comencé a llorar con gran dolor en mi alma… lágrimas que se convirtieron en un manantial
que no terminaba de brotar, y sobre todo, me sentí avergonzada porque jamás había actuado así
delante de nadie, pues había aprendido a esconder mis sentimientos bajo una máscara de dureza. Fui a
tomar un pañuelo de mi cartera y cuando mis ojos descansaron sobre las páginas abiertas de una Biblia
que tenía la señora que me había invitado, de repente, leí lo siguiente: “Acéptame como tu Salvador y
Rey, y tú y tu casa serán salvos”.

Una experiencia inexplicable

Cuando leí estas palabras, mi corazón saltó dentro de mí, e inmediatamente repetí lo que había leído y
le pedí a Dios que fuera mi Salvador y Rey. De pronto me di cuenta que las lágrimas que seguían
saliendo de mis ojos ya no eran de dolor, pues se habían convertido en lágrimas de alegría. Algo
grande había sucedido dentro de mí ser, ahora Dios no estaba distante, entonces entendí sin ninguna
duda que Él me amaba y que cuidaría de mí. Supe que mi vida sería diferente desde entonces, que
ya no estaba sola, que Él me amaba, que Él me protegería y que Él me había perdonado de todo mi
pasado.

Cuando terminó la reunión, regresé a casa. Mi madre se había quedado a cargo de los niños para que
yo pudiera salir. Le conté entonces la nueva experiencia que viví. Recuerdo que ella me dijo: “Cary, lo
que tú tienes, lo quiero también para mí”. Me emocionaron sus palabras, pero no sabía como
ayudarla. En ese momento no tenía idea clara de lo que en realidad había sucedido, sólo estaba
segura por primera vez, que Dios me amaba. Le comenté a mi mamá que sin duda alguna la señora
que me invitó tendría una explicación más certera y la llamé por teléfono para que viniere a casa y nos
hable acerca de este encuentro tan maravilloso que tuve con Dios.

La buena noticia.

Como ves, nosotros no teníamos la menor idea de que Dios nos amaba tanto que había mandado
a Jesucristo a morir por nosotros en la cruz, y que al morir, había pagado con su vida por todos
nuestros pecados. No sabíamos que por fe en el sacrificio de Jesucristo, podíamos recibir el
perdón de nuestros pecados, vida eterna y ser adoptados como sus hijos.

Cuando llegó la señora, ella nos explicó todo esto, y mi madre, mi hermana, y toda mi familia aceptaron
a Jesucristo como El Salvador y Rey de sus vidas.
Me faltan palabras para describir la gran felicidad que nos embargó; la vida era distinta, ya no
estábamos solas, ya lo teníamos a Él.

Aprendí lo que es la fe … lo que es la esperanza…lo que es el amor.

Liberando el corazón

Sin embargo había una parte de mi corazón que no había sanado, y aún dolía. Era la parte donde yo
albergaba ese terrible odio contra el hombre que fue el causante de la muerte de mi padre. Recuerdo
que a veces sentía que Dios me quería hablar acerca de perdonar a esa persona, y yo le decía: “no me
pidas esto, me duele mucho abrir esta área de mi vida, por favor, dejémoslo para otra ocasión”. Pero
quiero decirte que llegó el día en que le dije a Dios: “hablemos de este hombre”, y entonces pude
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perdonar a esa persona, y no sólo él fue absuelto, pues yo también quedé libre de esta amargura. Con
la ayuda de Dios pude liberar mi corazón.

Los años han pasado, mi madre sigue viva, ya es anciana, pero su vida ha sido enriquecida por la
presencia de Dios. Él curó su corazón y el dolor de haber perdido a mi padre. Mis hijos han crecido,
son todos buenos hombres y mujeres, y hasta tengo nietos. Dios ha sido muy bueno conmigo. Mi vida
cambió desde ese día.

Dejando atrás el fracaso

¡Tú también puedes pasar del fracaso al triunfo y experimentar una vida victoriosa llena de
bendiciones! Déjame explicarte. Esa sensación de vacío y de frustración que produce el fracaso en tu
vida no es algo que deba ser natural ni aceptado por ti. No te acostumbres al fracaso. No hagas de la
derrota tu pan diario. Tú no tienes que vivir “aguantando la vida”, “jugando a la supervivencia”. Al
contrario: has sido diseñado para vivir mucho mejor, de una manera distinta, sin soledad ni vacío, sin
sequía de sueños ni ilusiones marchitas, disfrutando del triunfo, viendo que tus anhelos más sublimes se
realizan día a día.

Hay vacíos en el alma que nunca podrán ser cubiertos por el dinero, la fama, el poder, el sexo, las
drogas, la indiferencia, la autosuficiencia, la religión ni la filosofía. Por el contrario, todas estas cosas
combinadas, o por sí solas, pueden producir un desequilibrio más grande, duradero y profundo.

Déjame decirte que la forma de pensar y actuar que te llevó a vivir como vives ahora, en el fracaso,
nunca podrá darte la opción de cambiar tu vida para mejor, y que este cambio definitivo y radical que
necesitas no se logra a través de un cambio de estado civil, ni un cambio de nacionalidad, ni un cambio
en tus finanzas, ni un cambio de ubicación geográfica. Se logra a través de un cambio interior.

Una relación transformadora

¿Quieres experimentar un cambio tan profundo que convierta toda tu amargura en una vida de triunfo?
Entonces tienes que reconocer que la raíz del fracaso está en un problema de relación. Sólo existe
una persona en todo el universo que puede pagar el precio del triunfo por nosotros y lamentablemente
andamos reñidos y de espaldas a ella. Esta persona es el Señor Jesucristo...

Tenemos una relación rota con Dios. Nuestra forma de vivir y de hacer las cosas ha provocado una gran
división entre Dios y nosotros. Ninguna religión puede hacer que gente como nosotros pueda tener una
genuina relación con alguien como Dios. Dios es el único que puede y quiere transformarte
haciendo de ti, un triunfador. El cambio que Él ofrece es un cambio radical, desde dentro hacia
afuera.

Pero aquí empieza el problema más grande. Dios es Santo, en Él no existe el pecado, y nuestra
naturaleza humana es pecadora con actos y pensamientos contrarios a Él, lo cual nos impide una
reconciliación y este es el fracaso más grande en la vida: que estemos impedidos de
relacionarnos con la única persona del universo que puede convertirnos en triunfadores.

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Sin embargo, hay una persona interesada en acompañarte en tu camino al triunfo: el Señor Jesucristo.
Con Él todo es diferente. Es especialista en calmar tempestades y transformarlas en hermosos
atardeceres; es un maestro en el arte de restaurar y reparar. Nunca cierra su taller y Él no conoce
el fracaso, toda su historia está marcada por el éxito y lo más importante de esto, es que aún siendo
tan exitoso puede amar a gente tan fracasada como nosotros. Sí, Jesús te ha visto desde hace
mucho tiempo atrás, te conoce y quiere que le des la oportunidad de trabajar en tu vida y hacerla de
nuevo. No importa cuánta soledad sientas, no tienes que seguir viviendo así, Jesús tiene una vida
diferente y plena para ofrecerte.

Él está esperando por ti. Nunca te ha perdido de vista. De seguro hay cosas difíciles que has vivido,
que no puedes explicarte, y tal vez hasta te han llenado de dudas e interrogantes que nadie puede
responder; pero lo único que puedo asegurarte, es que en Jesucristo encontrarás la posibilidad de una
vida diferente y de triunfo.

No puedes culpar de tu fracaso a Dios. Es injusto pretender hacer culpable de estropear tu vida a
alguien a quien nunca se la has encomendado. Sólo si le entregas tu vida a Jesús, entonces recién Él se
hará responsable de todo lo que deposites bajo su administración. Él se hará cargo de tus sueños, de
tus ilusiones, de tus recursos, de tus relaciones, de tu futuro, de borrar tu pasado, de hacer que las
circunstancias no te agobien.

Jesús no quiere afiliarte a una religión, Él quiere empezar contigo una relación. Precisamente esa
relación rota e inexistente con Dios puede ser factible sólo pagando un precio muy alto, como te dije
antes. Y Jesucristo ya pagó ese precio. Él estuvo dispuesto a pagar en nuestro lugar el precio para
poder relacionarnos con Dios. Jesucristo nos ama, y es también en un arrebato de amor hacia nosotros
que Él entregó su vida por ti y por mí en la cruz.

¡Jesús ya lo sabe!

Al leer estas líneas quizá no tengas la menor idea de quién soy yo, y yo tampoco tengo ni la más remota
idea de quien seas tú, pero Jesucristo…¡sí lo sabe!. Él te conoce, Él sabe tu nombre, Él ha visto por todo
lo que has tenido que pasar y ha visto también todo lo que has hecho, incluso aquéllas cosa que te
avergüenzan y aún así te ama. Su amor por ti es incondicional: está dispuesto a darte esa
transformación de vida de la que te hablé. Si tus sueños y tus ilusiones han quedado casi sepultados, Él
quiere convertirse en una nueva ilusión para ti.

Jesucristo es la única persona en el universo que sabe el potencial que tienes y quiere ayudarte a
desarrollarlo. Él quiere darte nuevos sueños, nuevas ilusiones. Por más oscuro que sea tu panorama
actual y por más negro que haya sido tu pasado, en Jesucristo puedes encontrar un universo de
posibilidades. Él dijo: “Yo soy la luz del mundo”, Él puede iluminar tu vida y tu camino y hacerte ver todo
con claridad. Él puede hacerte entender por fin que todo lo que te ha pasado hasta el día de hoy, te ha
venido preparando para tu victoria final, una victoria que fue comprada con sangre en la cruz; un precio
que solamente fue capaz de pagar una persona que de verdad te ama.

Me ilusiona saber que soy tan valiosa para alguien. Me ilusiona saber que alguien tan grande como
Jesucristo me haya amado hasta tal extremo. Me ilusiona saber que en Él puedo y tengo con qué
enfrentarme a la vida. Me ilusiona saber que siempre está conmigo. Me ilusiona saber que cada una de
las lágrimas que he derramado, no han caído sin que Él las tome en cuenta.
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¡Me ilusiona saber que Él sabe mi nombre y el tuyo!

¡Aprópiate del triunfo…!¡Ahora…!

Durante todos estos años que han pasado, Él ha estado conmigo en todo momento y en toda dificultad,
siempre presente para ayudarme y rescatarme. Él ha sido mi padre, mi amigo, mi consejero, en fin, todo
lo que he necesitado. Hoy que estás leyendo estas palabras, Él puede cambiar también tu realidad. Por
eso te animo a que le permitas llenar tu vacío. No tienes que ser una persona perfecta o estar en una
condición espiritual especial para recibir este bello regalo de su presencia. No te hablo de una religión,
te estoy hablando de un Dios vivo que desea ayudarte y sanarte de todas tus heridas. ¿Por qué no
aprovechas este momento y le entregas tu corazón y le pides que sea tu Salvador y Rey? No hay
requisitos, no hay formularios que llenar, solamente preséntale tu corazón con todas las heridas,
con todos tus pecados y Él se encargará del resto. Él te perdonará, borrará tus pecados, te dará vida
eterna y te hará hijo de Dios por la eternidad. Por eso, si hay algo bueno que te puedo desear, es que lo
conozcas a Él -Jesucristo, el Hijo de Dios- en una forma tan íntima y personal, que Él se te revele y tu
corazón sea sanado.

Quiero que sepas que estas palabras que lees son las palabras de una mujer muy agradecida a un Dios
maravilloso que la ha amado constantemente a pesar de todas sus debilidades, y por ello deseo que tú
también sepas acerca del gran amor que Él tiene por ti; para que tu vida sea enriquecida, para que Él te
ayude en estos momentos que estás pasando, y para que tú también puedas experimentar esta sublime
transformación y puedas decirle a otros que has pasado del fracaso al triunfo.

¡Dios te bendiga!

Cary Palmon
cary@minutofinal.org

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