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Del Fracaso Al Triunfo

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Estimado amigo o amiga:

Tal vez ahora, mientras lees éstas palabras, te encuentres atravesando por uno de los momentos más difíciles de tu vida, y piensas que no hay esperanza ni otra oportunidad para ti. Pero la verdad, puede ser muy distinta.

Quiero pedirte un gran favor:

Regálame un poco de tu atención para expresarte en unas cuantas páginas, que tú puedes encontrar no sólo razones sino también soluciones para lograr una vida diferente.

Los próximos minutos de tu vida, serán cruciales para poder contarte sobre cómo dejar de vivir en el fracaso y alcanzar de manera real y definitiva el triunfo en la vida.
Estimado amigo o amiga:

Tal vez ahora, mientras lees éstas palabras, te encuentres atravesando por uno de los momentos más difíciles de tu vida, y piensas que no hay esperanza ni otra oportunidad para ti. Pero la verdad, puede ser muy distinta.

Quiero pedirte un gran favor:

Regálame un poco de tu atención para expresarte en unas cuantas páginas, que tú puedes encontrar no sólo razones sino también soluciones para lograr una vida diferente.

Los próximos minutos de tu vida, serán cruciales para poder contarte sobre cómo dejar de vivir en el fracaso y alcanzar de manera real y definitiva el triunfo en la vida.

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DEL FRACASO AL TRIUNFO

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DEL FRACASO AL TRIUNFO

Estimado amigo o amiga: Tal vez ahora, mientras lees éstas palabras, te encuentres atravesando por uno de los momentos más difíciles de tu vida, y piensas que no hay esperanza ni otra oportunidad para ti. Pero la verdad, puede ser muy distinta. Quiero pedirte un gran favor: Regálame un poco de tu atención para expresarte en unas cuantas páginas, que tú puedes encontrar no sólo razones sino también soluciones para lograr una vida diferente

- Cary Palmon -

Los próximos minutos de tu vida, serán cruciales para poder contarte sobre cómo dejar de vivir en el fracaso y alcanzar de manera real y definitiva el triunfo en la vida

. No pienses que lo escrito aquí es producto de alguna nueva filosofía o un simple argumento basado solamente en conceptos teóricos. ¡Nada de eso! Te hablo desde la base de la experiencia. ¡Yo pasé del fracaso al triunfo! Conozco el sufrimiento. Sé que viene sin que lo llamen, y que suele quedarse incluso por más tiempo del que cualquiera de nosotros desearía. Sé lo que es pasar la noche llorando tanto que al amanecer tu almohada se encuentre húmeda de lágrimas. Sé lo que es preferir morir a vivir en la amargura permanente. Pero lo más importante es que también sé que se puede cambiar, y que el triunfo es posible. Es precisamente eso sobre lo que quiero hablarte. Conociendo el Impacto de la maldad. Nací en el hogar de unos padres cariñosos. Crecí como hija mimada. Cuando uno es niño, cree que todas las personas son como sus padres. Si ellos son buenos, pues todos los hombres han de ser buenos también; y si son malos, pues todos han de ser malos también. Tuve yo la gran dicha de tener 2
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un buen padre y una buena madre pero, inocentemente, pensé que todas las personas eran como ellos. Hasta que un día... conocí la maldad, y puedo decirte sin titubear, que fue el inicio de mis días de amargura. Un día, vino a mi casa un supuesto amigo de mi padre haciendo terribles acusaciones contra él, y como resultado de los cargos que este hombre le atribuyera, mi padre fue cruelmente asesinado; apenas a los 37 años de edad. Aquel hombre, quien había sido muy favorecido por mi padre cuando éste vivía, desencadenó una terrible secuela de actos de crueldad contra mi padre, los cuales culminaron en la violencia que le robó su vida y destrozó el corazón de mí madre, el de mi hermana menor y el mío propio. Mi madre quedó destruida por completo emocionalmente, al punto que después de la muerte de mi padre, ella no podía incorporarse a la vida, y se entregó a la depresión, tomando pastillas para dormir, porque no podía confrontar lo que era la vida sin el hombre que amaba, hallándose viuda y con la responsabilidad de cuidar a sus dos hijas. Ay… como duele… ¡Si supieras en las condiciones que nosotras, sus hijas, quedamos! No lo podrías imaginar. Dentro de mi corazón había tanto rencor contra ese hombre, que a pesar de tener yo solamente 15 años de edad, lo odiaba como al peor de los seres humanos, y hubiese sido capaz de cualquier acción de violencia para vengar la muerte de mi padre. Estos sentimientos son tan destructivos, que hacen su nido en nosotros, albergando maldad y malos pensamientos, cuando no tenemos a Dios dentro de nuestro corazón. Es rara la forma como nos comportamos, cuando hablamos de Dios: Decimos que creemos en Él y nuestras vidas no muestran el fruto de una relación con Él, o aún siquiera algún rasgo de su misericordia… todo ello, a pesar de que con nuestras bocas profesamos conocerle. Eso me estaba sucediendo a mí, mientras crecía llena de rencor. Responsabilidades Prematuras ¡Esta era mi vida! Por fuera, una jovencita como todas; y por dentro, una persona llena de odio, cólera y violencia. En los meses que siguieron a la muerte de mi padre, me vi obligada a madurar rápidamente, pues de pronto asumí el rol “del hombre de la casa”. Sobre mis hombros cargué la responsabilidad de ganar el dinero para alimentar a mi hermana menor y a mi madre, quien estaba totalmente atrapada en el dolor por la muerte de mi padre y durmiendo constantemente a costa de las pastillas que consumía. Entonces obtuve un empleo; sin embargo apenas nos alcanzaba para sobrevivir. No puedo registrar todos los sacrificios sufridos durante esos años, pero recuerdo que me iba al amanecer a trabajar y llegaba tarde en las noches, pues al concluir la jornada laboral, me pasaba al colegio, para terminar mis estudios con la expectativa de “mejorar la entrada económica”. Mi corazón estaba partido en miles de pedazos, añoraba tanto a mi padre y peor aún, no podía decirle a mi mamá lo mucho que estaba sufriendo porque presentía que eso únicamente empeoraría las cosas. Mi hermana preguntaba y lloraba por papá y mi madre me había prohibido decirle que él había muerto. Me sentía tan indefensa sin él y sin embargo, tenía que obtener fuerzas de donde no había para seguir viviendo. El tiempo pasó y, como tú sabes, el tiempo ayuda a mitigar los dolores del corazón. Quizás lo que sucede es que uno se acostumbra al dolor, se amolda a este terrible sentimiento, y lo acepta como una parte más de su vida. 3
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Una nueva dosis de dolor Pasaron los años, ¡me casé!, tuve hijos, pero las cosas tampoco resultaron favorables, y terminé en el divorcio. Nuevamente mi vida estaba truncada, y mis sueños hechos polvo. No comprendía como podía ser posible que ello me estuviese sucediendo, y que aquel sombrío sentimiento de odio, tan familiar, hubiera regresado una vez más a acompañarme en la vida. Simplemente no podía superarlo, parecía estar encadenada a él. Por las noches, cuando todo estaba tranquilo, meditaba y percibía algo mal en mí. Sabía que ese profundo rencor era pecado y que merecía ser castigada. Tal vez, mi final sería un infierno sin esperanzas y no tenía la menor idea de como evitar ese terrible destino. ¿Alguna vez sentiste que necesitabas ser rescatado? Tal vez eres una de las tantas personas que se casó con alguien que finalmente te defraudó, o quizás seas un adicto o adicta sin ilusiones; o a lo mejor estás pensando que el suicidio es la mejor forma de terminar con todo. Déjame contarte lo que me sucedió y como Dios cambió la situación de fracaso en la que me encontraba, ya que lo que me pasó a mí, también te puede suceder a ti. Una invitación casi echada a perder… En aquellos momentos tan difíciles, cuando no alcanzaba el dinero para todas las necesidades que teníamos, cuando trabajaba día y noche para sostener a mis hijos, y la amargura reinaba en mi corazón, una señora me invitó a asistir a una reunión. La verdad es que no tenía ningún deseo de ir, pues ya tenía suficiente trabajo y, dedicar unas dos horas adicionales a algo que no me interesaba, ciertamente no estaba en mis planes. Pero esta señora fue tan insistente, que no aceptó mi negativa como respuesta, así que … accedí a ir con ella. Cuando llegamos al lugar indicado, me di cuenta que había un ambiente distinto, tomé asiento al lado de la señora que me había invitado, pero mi mente no se apartaba aún de todos los quehaceres que tenía por cumplir y de la apremiante sensación de ver los minutos pasando raudamente. Sin embargo, como repito, el ambiente era distinto a lo usual y eso llamo mi atención. Sentí algo muy diferente, que antes no había percibido. Las mujeres cantaban una bella canción cuyas palabras eran solamente “Aleluya, Aleluya!, y en medio de esta dulce melodía, percibí que Dios estaba presente. ¡Dios en toda su magnitud, en todo su esplendor, estaba en ese lugar!, y oí sus palabras dentro de mi corazón que me decían: “Cary, Cary… no me has amado, no me has dejado ser el número uno de tu vida, no me has amado, no me has amado”. Ese momento fue concluyente. Incliné mi rostro pues no quería que nadie viese que mis ojos se estaban llenando de lágrimas…. con mi corazón tan compungido de dolor… sentía que Dios estaba presente, de una forma que nunca antes lo había descubierto, en toda su Santidad. Y allí estaba yo, ante Él, llena de egoísmo… de altivez… sin entender aún, que Él, era el Alfarero y yo simplemente su creación. En aquellos momentos, con mi corazón desolado, reconocí que era pecadora, que nunca le había ofrecido 4
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mi amor. Comencé a llorar con gran dolor en mi alma… lágrimas que se convirtieron en un manantial que no terminaba de brotar, y sobre todo, me sentí avergonzada porque jamás había actuado así delante de nadie, pues había aprendido a esconder mis sentimientos bajo una máscara de dureza. Fui a tomar un pañuelo de mi cartera y cuando mis ojos descansaron sobre las páginas abiertas de una Biblia que tenía la señora que me había invitado, de repente, leí lo siguiente: “Acéptame como tu Salvador y Rey, y tú y tu casa serán salvos”. Una experiencia inexplicable Cuando leí estas palabras, mi corazón saltó dentro de mí, e inmediatamente repetí lo que había leído y le pedí a Dios que fuera mi Salvador y Rey. De pronto me di cuenta que las lágrimas que seguían saliendo de mis ojos ya no eran de dolor, pues se habían convertido en lágrimas de alegría. Algo grande había sucedido dentro de mí ser, ahora Dios no estaba distante, entonces entendí sin ninguna duda que Él me amaba y que cuidaría de mí. Supe que mi vida sería diferente desde entonces, que ya no estaba sola, que Él me amaba, que Él me protegería y que Él me había perdonado de todo mi pasado. Cuando terminó la reunión, regresé a casa. Mi madre se había quedado a cargo de los niños para que yo pudiera salir. Le conté entonces la nueva experiencia que viví. Recuerdo que ella me dijo: “Cary, lo que tú tienes, lo quiero también para mí”. Me emocionaron sus palabras, pero no sabía como ayudarla. En ese momento no tenía idea clara de lo que en realidad había sucedido, sólo estaba segura por primera vez, que Dios me amaba. Le comenté a mi mamá que sin duda alguna la señora que me invitó tendría una explicación más certera y la llamé por teléfono para que viniere a casa y nos hable acerca de este encuentro tan maravilloso que tuve con Dios. La buena noticia. Como ves, nosotros no teníamos la menor idea de que Dios nos amaba tanto que había mandado a Jesucristo a morir por nosotros en la cruz, y que al morir, había pagado con su vida por todos nuestros pecados. No sabíamos que por fe en el sacrificio de Jesucristo, podíamos recibir el perdón de nuestros pecados, vida eterna y ser adoptados como sus hijos. Cuando llegó la señora, ella nos explicó todo esto, y mi madre, mi hermana, y toda mi familia aceptaron a Jesucristo como El Salvador y Rey de sus vidas. Me faltan palabras para describir la gran felicidad que nos embargó; la vida era distinta, ya no estábamos solas, ya lo teníamos a Él. Aprendí lo que es la fe … lo que es la esperanza…lo que es el amor. Liberando el corazón Sin embargo había una parte de mi corazón que no había sanado, y aún dolía. Era la parte donde yo albergaba ese terrible odio contra el hombre que fue el causante de la muerte de mi padre. Recuerdo que a veces sentía que Dios me quería hablar acerca de perdonar a esa persona, y yo le decía: “no me pidas esto, me duele mucho abrir esta área de mi vida, por favor, dejémoslo para otra ocasión”. Pero quiero decirte que llegó el día en que le dije a Dios: “hablemos de este hombre”, y entonces pude 5
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perdonar a esa persona, y no sólo él fue absuelto, pues yo también quedé libre de esta amargura. Con la ayuda de Dios pude liberar mi corazón. Los años han pasado, mi madre sigue viva, ya es anciana, pero su vida ha sido enriquecida por la presencia de Dios. Él curó su corazón y el dolor de haber perdido a mi padre. Mis hijos han crecido, son todos buenos hombres y mujeres, y hasta tengo nietos. Dios ha sido muy bueno conmigo. Mi vida cambió desde ese día. Dejando atrás el fracaso ¡Tú también puedes pasar del fracaso al triunfo y experimentar una vida victoriosa llena de bendiciones! Déjame explicarte. Esa sensación de vacío y de frustración que produce el fracaso en tu vida no es algo que deba ser natural ni aceptado por ti. No te acostumbres al fracaso. No hagas de la derrota tu pan diario. Tú no tienes que vivir “aguantando la vida”, “jugando a la supervivencia”. Al contrario: has sido diseñado para vivir mucho mejor, de una manera distinta, sin soledad ni vacío, sin sequía de sueños ni ilusiones marchitas, disfrutando del triunfo, viendo que tus anhelos más sublimes se realizan día a día. Hay vacíos en el alma que nunca podrán ser cubiertos por el dinero, la fama, el poder, el sexo, las drogas, la indiferencia, la autosuficiencia, la religión ni la filosofía. Por el contrario, todas estas cosas combinadas, o por sí solas, pueden producir un desequilibrio más grande, duradero y profundo. Déjame decirte que la forma de pensar y actuar que te llevó a vivir como vives ahora, en el fracaso, nunca podrá darte la opción de cambiar tu vida para mejor, y que este cambio definitivo y radical que necesitas no se logra a través de un cambio de estado civil, ni un cambio de nacionalidad, ni un cambio en tus finanzas, ni un cambio de ubicación geográfica. Se logra a través de un cambio interior. Una relación transformadora ¿Quieres experimentar un cambio tan profundo que convierta toda tu amargura en una vida de triunfo? Entonces tienes que reconocer que la raíz del fracaso está en un problema de relación. Sólo existe una persona en todo el universo que puede pagar el precio del triunfo por nosotros y lamentablemente andamos reñidos y de espaldas a ella. Esta persona es el Señor Jesucristo... Tenemos una relación rota con Dios. Nuestra forma de vivir y de hacer las cosas ha provocado una gran división entre Dios y nosotros. Ninguna religión puede hacer que gente como nosotros pueda tener una genuina relación con alguien como Dios. Dios es el único que puede y quiere transformarte haciendo de ti, un triunfador. El cambio que Él ofrece es un cambio radical, desde dentro hacia afuera. Pero aquí empieza el problema más grande. Dios es Santo, en Él no existe el pecado, y nuestra naturaleza humana es pecadora con actos y pensamientos contrarios a Él, lo cual nos impide una reconciliación y este es el fracaso más grande en la vida: que estemos impedidos de relacionarnos con la única persona del universo que puede convertirnos en triunfadores.

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Sin embargo, hay una persona interesada en acompañarte en tu camino al triunfo: el Señor Jesucristo. Con Él todo es diferente. Es especialista en calmar tempestades y transformarlas en hermosos atardeceres; es un maestro en el arte de restaurar y reparar. Nunca cierra su taller y Él no conoce el fracaso, toda su historia está marcada por el éxito y lo más importante de esto, es que aún siendo tan exitoso puede amar a gente tan fracasada como nosotros. Sí, Jesús te ha visto desde hace mucho tiempo atrás, te conoce y quiere que le des la oportunidad de trabajar en tu vida y hacerla de nuevo. No importa cuánta soledad sientas, no tienes que seguir viviendo así, Jesús tiene una vida diferente y plena para ofrecerte. Él está esperando por ti. Nunca te ha perdido de vista. De seguro hay cosas difíciles que has vivido, que no puedes explicarte, y tal vez hasta te han llenado de dudas e interrogantes que nadie puede responder; pero lo único que puedo asegurarte, es que en Jesucristo encontrarás la posibilidad de una vida diferente y de triunfo. No puedes culpar de tu fracaso a Dios. Es injusto pretender hacer culpable de estropear tu vida a alguien a quien nunca se la has encomendado. Sólo si le entregas tu vida a Jesús, entonces recién Él se hará responsable de todo lo que deposites bajo su administración. Él se hará cargo de tus sueños, de tus ilusiones, de tus recursos, de tus relaciones, de tu futuro, de borrar tu pasado, de hacer que las circunstancias no te agobien. Jesús no quiere afiliarte a una religión, Él quiere empezar contigo una relación. Precisamente esa relación rota e inexistente con Dios puede ser factible sólo pagando un precio muy alto, como te dije antes. Y Jesucristo ya pagó ese precio. Él estuvo dispuesto a pagar en nuestro lugar el precio para poder relacionarnos con Dios. Jesucristo nos ama, y es también en un arrebato de amor hacia nosotros que Él entregó su vida por ti y por mí en la cruz. ¡Jesús ya lo sabe! Al leer estas líneas quizá no tengas la menor idea de quién soy yo, y yo tampoco tengo ni la más remota idea de quien seas tú, pero Jesucristo…¡sí lo sabe!. Él te conoce, Él sabe tu nombre, Él ha visto por todo lo que has tenido que pasar y ha visto también todo lo que has hecho, incluso aquéllas cosa que te avergüenzan y aún así te ama. Su amor por ti es incondicional: está dispuesto a darte esa transformación de vida de la que te hablé. Si tus sueños y tus ilusiones han quedado casi sepultados, Él quiere convertirse en una nueva ilusión para ti. Jesucristo es la única persona en el universo que sabe el potencial que tienes y quiere ayudarte a desarrollarlo. Él quiere darte nuevos sueños, nuevas ilusiones. Por más oscuro que sea tu panorama actual y por más negro que haya sido tu pasado, en Jesucristo puedes encontrar un universo de posibilidades. Él dijo: “Yo soy la luz del mundo”, Él puede iluminar tu vida y tu camino y hacerte ver todo con claridad. Él puede hacerte entender por fin que todo lo que te ha pasado hasta el día de hoy, te ha venido preparando para tu victoria final, una victoria que fue comprada con sangre en la cruz; un precio que solamente fue capaz de pagar una persona que de verdad te ama. Me ilusiona saber que soy tan valiosa para alguien. Me ilusiona saber que alguien tan grande como Jesucristo me haya amado hasta tal extremo. Me ilusiona saber que en Él puedo y tengo con qué enfrentarme a la vida. Me ilusiona saber que siempre está conmigo. Me ilusiona saber que cada una de las lágrimas que he derramado, no han caído sin que Él las tome en cuenta. 7
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¡Me ilusiona saber que Él sabe mi nombre y el tuyo! ¡Aprópiate del triunfo…!¡Ahora…! Durante todos estos años que han pasado, Él ha estado conmigo en todo momento y en toda dificultad, siempre presente para ayudarme y rescatarme. Él ha sido mi padre, mi amigo, mi consejero, en fin, todo lo que he necesitado. Hoy que estás leyendo estas palabras, Él puede cambiar también tu realidad. Por eso te animo a que le permitas llenar tu vacío. No tienes que ser una persona perfecta o estar en una condición espiritual especial para recibir este bello regalo de su presencia. No te hablo de una religión, te estoy hablando de un Dios vivo que desea ayudarte y sanarte de todas tus heridas. ¿Por qué no aprovechas este momento y le entregas tu corazón y le pides que sea tu Salvador y Rey? No hay requisitos, no hay formularios que llenar, solamente preséntale tu corazón con todas las heridas, con todos tus pecados y Él se encargará del resto. Él te perdonará, borrará tus pecados, te dará vida eterna y te hará hijo de Dios por la eternidad. Por eso, si hay algo bueno que te puedo desear, es que lo conozcas a Él -Jesucristo, el Hijo de Dios- en una forma tan íntima y personal, que Él se te revele y tu corazón sea sanado. Quiero que sepas que estas palabras que lees son las palabras de una mujer muy agradecida a un Dios maravilloso que la ha amado constantemente a pesar de todas sus debilidades, y por ello deseo que tú también sepas acerca del gran amor que Él tiene por ti; para que tu vida sea enriquecida, para que Él te ayude en estos momentos que estás pasando, y para que tú también puedas experimentar esta sublime transformación y puedas decirle a otros que has pasado del fracaso al triunfo. ¡Dios te bendiga! Cary Palmon cary@minutofinal.org

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