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Después de leer su libro, he tenido la sensación de que en cierta manera lo

había escrito yo misma. Quizás porque estoy bastante acostumbrada al


sentimiento, que a lo largo de su obra describe, porque he tenido la suerte y
la sigo teniendo, de poder compartir mi vida a la vez de con mi familia, con
mis mascotas. La pérdida de cada una de ellas, ya sea un canario, una
tortuga, un perro, un gato…(los hemos tenido de diferentes especies),
nunca es igual. El vacio que dejan sí es el mismo. Pero cada una es única y
distinta a las otras.

La pérdida siempre duele, aun cuando en el mejor de los casos es de


viejecitos. Duele y mucho, pero no por ello he dejado de tener mascotas.
Disfruto mucho de su compañía, de sus juegos, de su carácter (no he tenido
ni dos perros iguales, ni dos gatos iguales en carácter), y siempre seguiré
teniéndolas.

En su libro no he descubierto nada que mi propia experiencia no me hubiese


enseñado ya. Lo que sí me ha gustado mucho comprobar es, que el
sentimiento que despiertan en mí los animales, no es único. Que hay
muchas personas en todo el mundo que sienten lo mismo que yo y son
sensibles a esos “hermanos menores” que son para mí los animales. Que
por mucho que me quieran hacer creer que solo actúan por instinto; no
podré compartir nunca esa opinión. Ellos a su manera perruna, gatuna,…
sienten, comprenden y actúan movidos por muchas otras cosas a parte de
su instinto.

Su libro es muy tierno y sencillamente humano. ¡Felicidades!.