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Alfonso merece una enfermedad infecciosa (Mega

Mix para sobrellevar Octubre)

Luis Fernando Alejos

Texto leído por su autor, en Bar Central, Ciudad de


Guatemala, 19 de octubre, 2009.

Presiono pausa en el reproductor de DVD, y la imagen congela


Japón de Carlos Reygadas. Abro una carpeta musical: Double
Fantasy de John Lennon & Yoko Ono. Preparo un mega mix de
letras y revolución:

“Esta mierda está que revienta. Los cabezones no resuelven


nada. Los compañeros están cansados de esperar sentados en
su puto culo. Algo hay que apostar, aunque sean los huevos. Lo
hemos discutido hasta la saciedad. Tenemos que, cueste lo que
cueste, retomar nuestra consigna: a vencer o morir. No nos
alzamos en armas hace tantos años para esta mierda. Pero,
esta vez, por la gran puta, verdaderamente va a ser para vencer
o morir. Antes que sea demasiado tarde, argumenta Mincho con
voz exaltada.

Alfredo, que se acostumbró a trabajar con el desconfiado y por


lo tanto cauteloso de Turcios, duda: es preferible la tumba a la
cárcel. Si por alguna estupidez caemos es seguro que metan a
la organización en esto que decidimos nosotros, sin pedir la
bendición de ningún comandante cerote (para lujos eso sí, que
los llamen a esos pisados). Por más tercamente digamos que
somos delincuentes comunes, nos van a reconocer los malditos.

Leandro tercia, pausado: Me extraña, Fredo. Parecés otro.


Hemos arriesgado el pellejo tantas veces y seguimos vivitos y
coleando. No creo que vos, de todos los cabrones, te me estés
ahuevando.

Remata Mincho, cada vez más enfurecido: cientos de


camaradas gestionaron esos miserables proyectos productivos
ante el chantaje que ejercieron los comandantes hijos de puta
para que dejáramos los fierros. A regañadientes y por estúpidos
entregaron su fusil a cambio de una máquina de coser. ¡De
guerrilleros a sastres, de revolucionarios a modistas, hacéme el
pendejo favor! Esa mierda indigna, no chingués. Y lo que es
peor, la mayoría ni eso logró, sino sólo esto, mirá, esto. El saldo
de mil combates: experiencia, frustración, desasosiego y un
pinche carnè de desmovilizado que no te sirve ni para limpiarte
el culo porque está emplasticado. Sólo los comandantes
quedaron bien, los desgraciados, hasta casa y carro les dieron.
Vendieron su alma al diablo; por eso firmaron los pactos.
Aunque ellos den la espalda, nosotros no podemos dejar en el
aire a los cuates. Nosotros que compartimos hambre y pólvora
con los compas no podemos ser injustos ni mucho menos
indiferentes”.

(Flores, Ronald. 2003. The Señores of Xiblablá. Editorial Palo de


Hormigo. Págs. 53-54)

Regreso a la película mexicana. Un forastero trata de conciliar el


sueño, espera el regreso de su amada. Voy al teclado, presiono
play y Lennon canta Watching the Wheels.

“II. Escena:

Se dirige rumbo al Centro Histórico de la Ciudad a comprar


crack y se encuentra con un gran congestionamiento de tráfico
frente al estadio.

Interpretación A:
Usted se percata de que la gran multitud de gente que se está
atravesando la calle, tiene playeras rojas o blancas.
Repentinamente se da cuenta de que es domingo y que
entonces debe de haber un partido de fútbol, entre el Municipal
y el Comunicaciones. Y que si se apura a ir al Gallito, le da
tiempo (si no hay agentes del DOAN encubiertos) de echarse un
toque e ir al partido.

Interpretación B:
Usted se da cuenta de que este es el tan temido día “D”. El
ataque fascista contra la libertad individual llegó a su orgasmo.
La DEA envió bombarderos B-29 a destruir el último refugio que
la humanidad tenía, el “ZOLIC-DBH” (Nota: zona de libre
comercio de drogas para promover el bienestar humano) de las
drogas va a ser destruido. Dentro de poco hasta los cuerpos
putrefactos del Cementerio General, empezarán a caer sobre
toda la ciudad, pues la increíble puntería de los pilotos
norteamericanos ya la probaron, al volar la embajada de China
en Bosnia. Toda esa gente, a pie o en sus carros, está tratando
de llegar a abastecerse de lo, más necesario para la
sobrevivencia humana: la mayor cantidad de crack posible.

Hordas de hombres, mujeres, niños y transexuales se atropellan para


llegar a comprar, antes de que sea demasiado tarde. Y lo único que le
queda es preguntarse: “¡Dios mío…! ¿por qué permitiste que la
civilización se destruyera a si misma al crear leyes antidrogas?”
Mientras pone el carro en primera y empieza a acelerar el motor, listo
para pasar sobre todos los cerotes que se interpongan en el camino
hacia su dealer de confianza”.

(Prado, Estuardo. 2000. El Libro Negro. Editorial X. Págs. 43-44)

Y ahora suenan en mi cabeza las palabras de Alfonso Portillo,


antes de pagar su milloncito de fianza:

“se violó el debido proceso”

Es allí cuando me doy cuenta de que


en verdad
Guatemala es un charco de aceite
en el taller de un mecánico maldito,
lleno de esos posters-culitos
de Muerto Diario.

Y de vez en cuando llega Portillo


(o cualquier otro saqueador)
al taller, para trancear,
fumar crack, hablar del clásico
o componer el país (ese charco de aceite)
mientras se bajan unos cuantos
litros,
masturban el Zacapa Centenario,
o se violan otros y miles
“debidos procesos”.