Está en la página 1de 66

Historia de O

Pauline Reage
Capitulo 1º. Los Amantes de Roissy
Un día, su amante lleva a O a dar un paseo por un lugar al que nunca van el parque onceau.
Junto a un ángulo del parque, en la esquina de una calle en la que no hay estación de tais,
despu!s de pasear por el parque y de ha"erse sentado al "orde del c!sped, ven un coche con
contador, parecido a un tai.
#$u"e %le dice !l.
&lla su"e al tai. &stá anocheciendo y es oto'o. &lla viste como siempre( )apatos de tacón
alto, tra*e de chaqueta con +alda plisada, "lusa de seda y som"rero. Pero lleva guantes
largos que le cu"ren las "ocamangas y, en su "olso de piel, sus documentos, la polvera y la
"arra de la"ios. &l tai arranca suavemente sin que el hom"re haya dicho una sola pala"ra
al conductor. Pero "a*a las cortinillas a derecha e i)quierda y tam"i!n detrás, ella se quita
los guantes, pensando que !l va a a"ra)arla o que quiere que le acaricie. Pero !l le dice(
#&l "olso te estor"a. -ámelo %ella se lo da.
&l hom"re lo de*a le*os de su alcance y a'ade#( &stás demasiado vestida. -esa"róchate las
ligas y "á*ate las medias hasta encima de las rodillas. Ponte estas ligas. &lla siente cierto
apuro, el tai va más aprisa y teme que el conductor vuelva la ca"e)a. Por +in, las medias
quedan arrolladas. .e produce una sensación de incomodidad el sentir las piernas desnudas
"a*o la seda de la com"inación. /demás, las ligas sueltas le res"alan.
#0uítate el liguero y el slip.
&sto es +ácil. 1asta pasar las manos por detrás de los ri'ones y levantarse un poco. &l
guarda el liguero y el slip en el "olsillo y le dice(
#2o de"es sentarte so"re la com"inación y la +alda. .evántalas y si!ntate con la carne al
desnudo directamente en el asiento. &l asiento está tapi)ado de molesquín +río y
res"aladi)o. -a angustia sentirlo pegado a los muslos. 3l le dice( #ahora ponte los guantes.
&l tai sigue corriendo, y ella no se atreve a preguntar por qu! Ren! no se mueve ni dice
nada, ni qu! signi+icado puede tener para !l que ella permane)ca inmóvil y muda,
interiormente desnuda y accesi"le, y tan enguantada, en un coche negro que va no se sa"e
dónde. &l no le ha dado orden alguna, pero ella no se atreve a cru)ar las piernas ni a *untar
las rodillas. /poya las enguantadas manos en la "anqueta, una a cada lado. #Hemos llegado
%dice !l de pronto.
&l tai se detiene en una hermosa avenida, de"a*o de un ár"ol % son plátanos#, ante una
mansión que se adivina entre el patio y el *ardín, parecida a las del "arrio de $aint#
4ermain. .os +aroles están un poco le*os, el interior del coche está a oscuras, y a+uera
llueve. #0u!date quieta % dice Ren!#. 2o te muevas. /cerca la mano al cuello de la "lusa,
deshace el la)o y desa"rocha los "otones. &lla se inclina ligeramente hacia delante,
pensando que !l desea
acariciarle los senos. 2o. &l sólo palpa el tirante lo corta con una nava*ita y le saca el
sost!n. /hora, de"a*o de la "lusa, que !l vuelve a a"rochar, ella tiene los senos li"res y
desnudos, como li"res y desnudas tiene las caderas y el vientre, desde la cintura hasta las
rodillas. #&scucha % le dice !l#. /hora estás preparada. 5o te de*o. 1a*arás del coche y
llamarás a la puerta. $eguirás a la persona que a"ra y harás lo que te ordene. $i no entraras
en seguida, saldrían a "uscarte, si no o"edecieras, te o"ligarían a o"edecer. 6&l "olso7 2o
vas a necesitarlo. 2o eres más que la muchacha que yo entrego. $í, sí, yo tam"i!n estar!.
8ete. Otra versión del mismo comien)o era más "rutal y más simple( la mu*er, vestida de
este modo, era conducida en el coche por su amante y un amigo de !ste, a quien ella no
conocía. &l desconocido i"a al volante y el amante, sentado al lado de la mu*er. &ra el
amigo, el desconocido, el que eplica"a a la mu*er que su amante de"ía prepararla, que le
ataría las manos a la espalda, por encima de los guantes, le soltaría y enrollaría las medias,
le quitaría el liguero, el slip y el sost!n y le vendaría los o*os. 0ue, despu!s, la entregarían
en el castillo donde reci"iría instrucciones so"re lo que de"ía hacer. &+ectivamente, una ve)
así desvestida y atada, tras media horade carretera, la ayuda"an a "a*ar del coche, le hacían
su"ir unos escalones y cru)ar una o dos puertas, siempre con los o*os vendados. /l quitarle
la venda, ella se encontra"a sola en una ha"itación oscura, donde la tenían una hora o dos,
no s!, pero +ue como un siglo. -espu!s, cuando por +in se a"ría la puerta y se encendía la
lu), se veía que ha"ía estado esperando en una ha"itación muy trivial y con+orta"le,
aunque etra'a( con una gruesa al+om"ra en el suelo, pero sin un mue"le, rodeada de
armarios empotrados. -os "onitas *óvenes ha"ían a"ierto la puerta. 8estían como las
doncellas del siglo 98:::( con +aldas largas, ligeras y vaporosas que les oculta"an los pies,
corpi'os muy a*ustados, que levanta"an el "usto, atados, a"rochados por delante y enca*e
en el escote y en las "ocamangas que les llega"an al codo. .leva"an los o*os y la "oca
pintados, así como una gargantilla muy a*ustada al cuello y pulseras ce'idas a las mu'ecas.
$! que entonces soltaron las manos de O, todavía atadas a la espalda, y le di*eron que de"ía
desnudarse, que la "a'arían y maquillarían. .a desnudaron y guardaron sus ropas en uno de
los armarios. 2o de*aron que se "a'ara sola y la peinaron como en la peluquería, sentándola
en uno de esos sillones que se inclinan hacia atrás cuando te lavan la ca"e)a, y que vuelven
a endere)arse cuando te ponen el secador, despu!s del marcado. &sto acostum"ra a durar
por lo menos una hora. 5 tardaron, e+ectivamente, más de una hora, durante la cual ella
permaneció sentada en aquel sillón, desnuda, sin poder cru)ar las piernas, ni siquiera *untar
las rodillas. 5, como delante tenía un gran espe*o que cu"ría toda la pared, en la que no
ha"ía tocador, cada ve) que su mirada trope)a"a con el espe*o, se veía así, a"ierta. ;uando
estuvo peinada y maquillada, con los párpados som"reados ligeramente, la "oca muy ro*a,
los pe)ones rosados y el "orde de los la"ios del vientre carmín, per+ume largamente pasado
por el vello de las ailas y del pu"is, en el surco +ormado por l cuerpos y otro espe*o
adosado a la pared le permitían verse per+ectamente. .e di*eron que se sentara en el
ta"urete colocado en el centro del espacio rodeado de espe*os y que esperara. &l pu+ esta"a
tapi)ado de piel negra de pelo largo que le hacía cosquillas, la al+om"ra tam"i!n era negra y
las paredes, ro*as. ;al)a"a chinelas ro*as. &n una de las paredes del ga"inete se a"ría un
ventanal que da"a a un hermoso y som"río parque. Ha"ía de*ado de llover, los ár"oles se
agita"an al viento y la luna corría entre las nu"es. 2o s! cuánto tiempo estuvo en el
ga"inete ro*o, ni si esta"a realmente sola como creía estarlo, o si alguien la o"serva"a por
alguna mirilla disimulada en la pared. .o cierto es que, cuando volvieron las dos mu*eres,
una lleva"a una cinta m!trica y la otra un cesto. .as acompa'a"a un hom"re, vestido con
una larga t<nica violeta, de mangas anchas recogidas en el pu'o, que se a"ría desde la
cintura cuando camina"a. -e"a*o de la t<nica se le veían una especie de cal)as ce'idas que
le cu"rían las piernas, pero de*a"an el seo al descu"ierto. .o primero que vio O a su
primer paso +ue el seo, despu!s el látigo de tiras de cuero que lleva"a colgado del cinturón
y, posteriormente, su cara cu"ierta por una capucha negra en la que un tul negro disimula"a
incluso los o*os y +inalmente sus guantes, tam"i!n negros, de +ina ca"ritilla. .e di*o que no
se moviera, tuteándola y, a las mu*eres, que se dieran prisa. .a que lleva"a el centímetro
tomó las medidas del cuello y de las mu'ecas de O. &ran medidas corrientes, aunque
peque'as. =ue +ácil encontrar en el cestillo que sostenía la otra mu*er el collar y las pulseras
adecuados. /sí es cómo esta"an hechos( varias capas de cuero >capas "astante delgadas,
hasta un espesor de no más de un dedo?, cerradas por mecanismo de resorte automático que
+unciona"a como un candado y que no podía a"rirse más que con una llavecita. &n la parte
eactamente opuesta el cierre ha"ía una anilla metálica que permitía su*etar el "ra)alete, ya
que el cuero queda"a demasiado ce'ido al cuello o a la mu'eca para que pudiera
introducirse cualquier cuerda o cadena. ;uando le hu"ieron colocado el collar y las
pulseras, el hom"re le di*o que se levantara. &l se sentó en el ta"urete que ella ha"ía
ocupado hasta entonces, le ordenó acercarse hasta ro)arle las rodillas, le pasó la enguantada
mano entre los muslos y por encima de los senos y le eplicó que sería presentada aquella
misma noche, despu!s de la cena que ella toaría a solas. 5 cenó sola, e+ectivamente,
siempre desnuda, en una especie de ca"ina peque'a en la que una mano invisi"le le pasa"a
los platos por una trampilla. @erminada la cana, las dos mu*eres +ueron a "uscarla. &n el
"oudoir, le su*etaron los "ra)aletes a la espalda, por las anillas, le pusieron so"re los
hom"ros, atada al collar, una larga capa ro*a que la cu"ría enteramente pero que se a"ría al
andar, ya que ella no podía cerrarla por tener las manos atadas a las espalda. Una de las
mu*eres i"a delante, a"riendo puertas, y la otra, detrás, cerrándolas. /travesaron un
vestí"ulo y dos salones y entraron en la "i"lioteca en la que toma"an el ca+! cuatro
hom"res. @odos lleva"an largas t<nicas como el primero, pero no esta"an encapuchados.
-e todos modos, O no tuvo tiempo de verles la cara ni de averiguar si su amante esta"a
entre ellos >esta"a?, pues uno de los cuatro la en+ocó con un re+lector que la cegó. @odos se
quedaron inmóviles, las dos mu*eres se +ueron. Pero ha"ían vuelto a vendarle los o*os a O.
.a o"ligaron a avan)ar, dando un peque'o traspi!, y ella se sintió de pie delante del gran
+uego *unto al que esta"an sentados los cuatro hom"res. $entía el calor y oía crepitar
suavemente los le'os en el silencio. &sta"a de cara al +uego. Unas manos le levantaron la
capa, otras se desli)a"an pus sus cadera, despu!s de compro"ar el cierre de las pulseras( no
lleva"an guantes y una penetró en ella por las dos partes a la ve) con tanta "rusquedad que
la hi)o gritar. Uno de los hom"res se echó a reír. Otro di*o( #-adle la vuelta. 8eamos los
senos y el vientre. .e hicieron dar la vuelta. /hora sentía el calor en la espalda. Una mano
le oprimió un seno y una "oca mordió la punta del otro. -e pronto, ella perdió el equili"rio
y cayó hacia atrás, 6qu! "ra)os la sostenían7, mientras alguien le o"liga"a a a"rir las
piernas y le separa"a suavemente los la"ios vaginales. Unos ca"ellos le ro)aron el interior
de los muslos. Oyó decir que ha"ía que ponerla de rodillas, 5 así lo hicieron. &sta"a mal de
rodillas, pues de"ía mantenerlas separadas y al tener las manos atadas a la espalda ha"ía de
inclinar el cuerpo hacia delante. &ntonces le permitieron que se sentara so"re los talones,
como se ponen las religiosas( #62unca la ha"ía atado usted7 #2unca. #62i a)otado7
#@ampoco. Precisamente... &l que respondía era su amante. #Precisamente %di*o la otra
vo)#. $i la ata de ve) en cuando, si la a)ota un poco y le gusta, no es eso, .o que hace +alta
es superar ese momento en el que ella sienta placer, para o"tener lágrimas. &ntonces,
levantaron a O e i"an a desatarla, seguramente para atarla a alg<n poste o a la pared,
cuando uno di*o que quería tomarla el primero y en seguida. -e modo que volvieron a
ponerla de rodillas, pero esta ve) con el "usto descansando en un pu+ "a*o, siempre con las
manos a la espalda y los ri'ones más altos que el torso, y uno de los hom"res, su*etándola
por las caderas, se le hundió en el vientre. -espu!s cedió el puesto a otro. &l tercero quiso
a"rirse camino por la parte más estrecha y, +or)ándola "ruscamente, la hi)o gritar. ;uando
la soltó, dolorida y llorando "a*o la venda que le cu"ría los o*os, ella cayó al suelo.
&ntonces, sintió unas rodillas *unto a su cara y comprendió que tampoco su "oca se
salvaría. Por +in la de*aron, tendida, "oca arri"a so"re la capa ro*a, delante del +uego. Oyó a
los hom"res llenar copas, "e"er y levantarse de los sillones. &charon más le'os al +uego.
1ruscamente, le quitaron la venda. .a gran pie)a, con las paredes cu"iertas de li"ros, esta"a
d!"ilmente iluminada por una lámpara colocada so"re una consola y por el resplandor del
+uego reci!n avivado. -os de los hom"res +uma"an, de pie. Otro esta"a sentado, con una
+usta so"re las rodillas y el que se inclina"a so"re ella y le acaricia"a el seno era su amante.
Pero la ha"ían tomado los cuatro y ella no lo distinguió de los demás. .e eplicaron que
siempre sería así mientras estuviera en aquel castillo, que vería el rostro de los que la
violarían y atormentarían, pero nunca de noche, y que *amás sa"ría qui!nes serían los
responsa"les de lo peor. 0ue lo mismo ocurriría cuando la a)otaran, pero que ellos querían
que se viera a)otada y que la primera ve) no le pondrían la venda, pero que, en cam"io,
ellos se encapucharían para que ella no pudiera distinguirlos. $u amante la levantó y la hi)o
sentarse, envuelta en su capa ro*a, en el "ra)o de una "utaca situada en el ángulo de la
chimenea, para que escuchara lo que tenían que decirle y viera lo que querían ense'arle.
&lla seguía con las manos a la espalda. .e ense'aron la +usta, que era negra, larga y +ina, de
"am"< +orrado de cuero, como las que se ven en los escaparates de los grandes
guarnicioneros, el látigo de cuero, que lleva"a colgado de la cintura el primer hom"re que
ha"ía visto, era largo y esta"a +ormado por seis correas terminadas en un nudo, ha"ía un
tercer a)ote de cuerdas "astante +inas, rematadas por varios nudos y muy rígidas, como si
las hu"ieran sumergido en agua, cosa que ha"ían hecho, como pudo compro"ar, pues con !l
le acariciaron el vientre, a"ri!ndole los muslos, para que pudiera sentir en la suave piel
interior lo h<medas y +rías que esta"an las cuerdas. &ncima de la consola ha"ía llaves y
cadenas de acero. / media altura, a lo largo de una de las paredes de la "i"lioteca, discurría
una galería sostenida por dos pilares. &n uno de ellos esta"a incrustado un gancho, a una
altura que un hom"re podía alcan)ar poni!ndose so"re las puntas de los pies y levantando
el "ra)o. &plicaron a O, a quien su amante ha"ía tomado entre los "ra)os con una mano
"a*o los hom"ros y la otra en el hueco del vientre, y que la quema"a, para o"ligarla a
des+allecer, le eplicaron que no le soltarían las manos más que para atarla de las pulseras
al poste con ayuda de una de las cadenitas de acero. 0ue, salvo las manos, que tendría
atadas y al)adas so"re la ca"e)a, podría mover todo el cuerpo y ver venir los golpes. 0ue,
en principio, no le a)otarían más que las caderas y los muslos, es decir, desde la cintura
hasta las rodillas, tal como ha"ía sido preparada en el coche que la tra*o, cuando la
o"ligaron a sentarse desnuda en el asiento. Pero que uno de los cuatro hom"res allí
presentes, pro"a"lemente querría marcarle los muslos con las +usta que de*a hermosas rayas
en la piel, largas, pro+undas y duraderas, que los látigos le de*aran en la piel. .e hicieron
o"servar que esta manera de *u)gar la e+icacia del látigo, además de ser *usta y de hacer
in<tiles los intentos de las víctimas por despertar la compasión eagerando sus lamentes,
permitía tam"i!n emplear el látigo +uera de los muros del castillo, al aire li"re, en el
parque, como solía suceder, o en cualquier apartamento o ha"itación de hotel, con la
condición, eso sí, de utili)ar una "uena morda)a >como la que le mostraron
inmediatamente? que no de*a li"ertad más que al llanto, ahoga todos los gritos y apenas
permite un gemido. Pero aquella noche no la utili)arían, todo lo contrario. 0uerían oírla
gritar y, cuanto ante, me*or. &l orgullo que la hacía resistir y callar no duró mucho tiempo(
hasta la oyeron suplicar que la desataran, que la de*aran descansar un instante, uno solo.
&lla se retorcía con tanto +renesí para escapar al mordisco de las correas que casi gira"a
so"re sí misma. Pues la cadenita que la su*eta"a, aunque sólida, era un poco holgada, de
manera que reci"ía tantos golpes en el vientre y en los gl<teos. -espu!s de una "reve pausa,
decidieron no reanudar los a)otes sino despu!s de ha"erle atado al poste por la cintura, con
una cuerda. ;omo la apretaron con +uer)a, para "ien +i*ar el cuerpo por la mitad al poste, el
torso se torció necesariamente hacia un lado, lo cual hacía so"resalir la cadera contraria. /
partir de este momento, los golpes ya no se desviaron más que deli"eradamente. &n vista de
la manera en que su amante la ha"ía entregado, O ha"ría podido imaginar que apelar a su
piedad era el me*or medio de conseguir que !l redo"lara su crueldad, por el placer que le
producía arrancarle, o hacer que los otros le arrancaran, estos induda"les testimonios de su
poder. 5, e+ectivamente, !l +ue el primero en o"servar que el látigo de cuero que la ha"ía
hecho gemir al principio, la marca"a mucho menos que la cuerda mo*ada y la +usta, por lo
que podía prolongarse el castigo y reanudarlo a placer. Pidió que no se utili)ara más que
!ste. &ntretanto, aquel de los cuatro al que no le gusta"an las mu*eres más que por lo que
tenían en com<n con los hom"res, seducido por aquella grupa, tensa "a*o la cuerda atada a
la cintura y que, al tratar de hurtarse al golpe no hacía sino o+recerse me*or, pidió una
pausa para aprovecharse, separó sus dos partes que ardían "a*o sus manos y penetró en ella
no sin di+icultad, comentando que ha"ría que hacer aquel paso más cómodo. .e di*eron que
era +acti"le y que "uscarían los medios. ;uando desataron a la *oven, casi desvanecida "a*o
su manto ro*o, antes de hacerla acompa'ar a la celda que de"ía ocupar, la hicieron sentar en
un "utacón al lado del +uego para que escuchara las reglas que de"ería o"servar durante su
estancia en el castillo y cuando saliera de !l >aunque sin reco"rar por ello la li"ertad? y
llamaron a las que hacían las veces de sirvientas. .as dos *óvenes que la ha"ían reci"ido a
su llegada tra*eron lo necesario para vestirla durante su estancia, y para que la reconocieran
los que ha"ían sido hu!spedes del castillo antes de que ella llegara, o que lo serían despu!s
de que ella se marchara. &l vestido era parecido al que lleva"an ellas( so"re un cors! muy
a*ustado con "allenas, y una enagua de lino almidonado, un vestido de +alda larga cuyo
corpi'o de*a"a casi al descu"ierto los senos, erguidos por el cors! y apenas velados por un
enca*e. .a otra enagua era "lanca, el cors! y el vestido, de sat!n verde agua y el enca*e,
"lanco. ;uando O estuvo vestida y hu"o vuelto a su "utaca *unto al +uego, palidecida por su
vestido pálido, las dos mu*eres, que no ha"ían dicho pala"ra, se +ueron. Uno de los cuatro
hom"res detuvo a una al paso, hi)o a la otra se'a de que esperase y, llevando hacia O a la
que ha"ía detenido, le hi)o dar media vuelta, cogi!ndola por la cintura con una mano y con
la otra levantándole las +aldas para mostrar a O lo práctico que era aquel tra*e, di*o, y lo
"ien conce"ido que es ta"a, pues la +alda podía levantarse y su*etarse con un simple
cinturón, de*ando li"re acceso a lo que así se descu"ría. Por cierto, a menudo se hacía
circular por el castillo y por el parque a las mu*eres así arregladas, o tam"i!n por delante,
igualmente hasta la cintura. $e ordenó a la mu*er que hiciera a O una demostración de
cómo tenía que su*etarse la +alda( enrollada en un cinturón >como un mechón de pelo en un
"igudí? por delante, para de*ar li"re el vientre, o por detrás, para li"erar el dorso. &n uno y
otro caso, la enagua y la +alda caían en cascada en grandes pliegues diagonales. /l igual
que O, la mu*er tenía marcas de +usta recientes en la piel. ;uando el hom"re la soltó, se +ue.
&ste +ue el discurso que entonces ocupó a O( #/quí estarás al servicio de tus amos. -urante
el día, harás las la"ores que te ordenen para la "uena marcha de la casa, como "arrer,
ordenar los li"ros, arreglar las +lores o servir a la mesa. 2o serán más pesadas. Pero, a la
primera pala"ra, o la primera se'al de quien se diri*a a ti, de*arás de hacer lo que est!s
haciendo para cumplir con tu <nica o"ligación, que es la de entregarte. @us manos no te
pertenecen, ni tus pechos, ni mucho menos ninguno de los ori+icios de tu cuerpo que
nosotros podemos hurgar y en los que podemos penetrar a placer. / modo de se'al, para
que tengas constantemente presente que has perdido el derecho a negarte, en nuestra
presencia, nunca cerrarás del todo los la"ios, ni cru)arás las piernas, ni *untarás las rodillas
>como ha"rás o"servado que se te ha prohi"ido hacer desde que llegaste?, lo cual indicará
para ti y para nosotros que tu "oca, tu vientre y tu grupa están a"iertos para nosotros. &n
presencia nuestra, nunca tocarás tus pechos( el cors! los yergue para indicar que nos
pertenecen. -urante el día, estarás vestida, levantarás la +alda si se te ordena y podrá
utili)arte quien quiera a cara descu"ierta %y como quiera#, pero sin hacer uso del látigo. &l
látigo no te será aplicado más que entre la puesta y la salida del sol. Pero, además del
castigo que te imponga quien lo desee, serás castigada por la noche por las +altas que hayas
cometido durante el día( es decir, por ha"erte mostrado poco complaciente, o por ha"er
mirado a la cara a quien te ha"le o te posea( nunca de"es mirarnos a la cara. $i el tra*e que
llevamos por la noche de*a el seo al descu"ierto no es por comodidad, que tam"i!n
podríamos o"tener de otra manera, sino por insolencia, para que tus o*os se +i*en en !l y no
en otra parte, para que aprendas que !ste es tu amo, al cual están destinados, ante todo, tus
la"ios. -urante el día, en el que nosotros llevamos true mientras est!s aquí se te aplicará a
diario, no es tanto para nuestro placer como para tu instrucción. @anto es así que las noches
en las que nadie te requiera, el criado encargado de este menester te administrará, en la
soledad de tu celda, los latiga)os que nosotros no tengamos ganas de propinarte. -e hecho,
no se trata tanto, por este sistema, al igual que por el de la cadena que , su*eta a la anilla del
collar, te mantendrá más o menos estrechamente atada a la cama durante varias horas al día,
de hacerte da'o, de hacerte gritar ni derramar lágrimas, sino, mediante este dolor, de
recordarte que estás sometida a algo que está +uera de ti. ;uando salgas de aquí, levarás en
el dedo anular un anillo de hierro que te distinguirá( entonces, ha"rás aprendido a o"edecer
a los que lleven el mismo em"lema, al verlo, ellos sa"rán que estás siempre desnuda "a*o la
+alda, por más correcto y discreto que sea tu tra*e, y que lo estás para ellos. .os que te
encuentren re"elde volverán a traerte aquí. /hora te conducirán a tu celda. Aientras el
hom"re ha"la"a a O, las dos mu*eres que ha"ían ido a vestirla permanecieron de pie a uno y
otro lado del poste en el que ella ha"ía sido +lagelada, pero sin tocarlo, como si las
asustara, o lo tuvieran prohi"ido >que era lo más pro"a"le?, cuando !l hu"o aca"ado de
ha"lar, las dos se acercaron a O, quien comprendió que de"ía seguirlas. -e modo que se
puso en pie, al)ándose el "orde de la +alda para no trope)ar, pues no esta"a acostum"rada
a los tra*es largos y no s e sentía segura en las chinelas en plata+orma y de tacón tan alto,
su*etas el pie por una simple tira de sat!n verde como el vestido. /l inclinarse, volvió la
ca"e)a. .as mu*eres espera"an, pero los hom"res ha"ían de*ado de mirarla. $u amante,
sentado en el suelo y apoyado en el pu+ so"re el que la ha"ían tum"ado al principio de la
velada, con las rodillas do"ladas y los codos so"re las rodillas, *ugueteando con el látigo de
cuero. /l primer paso que ella dio para acercarse a las mu*eres, le ro)ó con la +alda. &l
levantó la ca"e)a y le sonrió, pronunció su nom"re y se puso de pie. .e acarició
suavemente el ca"ello, la alisó las ce*as con la yema del dedo y la "esó en los la"ios con
suavidad. &n vo) alta le di*o que la ama"a. O, tem"lando, se dio cuenta, aterrada, de que le
respondía Bte quieroC y de que era verdad. &l la a"ra)ó diciendo Camor mío, vida míaC, la
"esó en el cuello y en el hueco de la me*illa, ella tenía la ca"e)a apoyada en el hom"ro
cu"ierto por la t<nica violeta. &l, esta ve) en vo) "a*a, le repitió que la ama"a y a'adió(
#/hora te arrodillarás, me acariciarás y me "esarás. .a apartó de sí e hi)o una se'a a las dos
mu*eres para que se apartaran para que !l pudiera apoyarse en la consola. &l era alto, la
consola más "ien "a*a, y sus largas piernas, en+undadas en la misma tela violeta de la
t<nica, queda"an do"ladas. .a t<nica a"ierta se tensa"a por de"a*o como una colgadura y el
enta"lamento de la consola erguía ligeramente el pesado seo y los ri)os claros que lo
corona"an. .os tres hom"res se acercaron. O se arrodilló en la al+om"ra, y su vestido verde
+ormó una corola alrededor. &l cors! la apreta"a, y sus senos, cuyas puntas asoma"an,
esta"an a la altura de las rodillas de su amante. #Un poco más de lu) %di*o uno de los
hom"res. ;uando hu"ieron dirigido la lu) de la lámpara de manera que cayera de lleno
so"re su seo y el rostro de su amante, que esta"a muy cerca, y so"re sus manos que lo
acaricia"an por de"a*o, Ren! ordenó "ruscamente( #Repite( te quiero. #@e quiero %repitió O
con tal deleite que sus la"ios apenas se atrevían a ro)arla .as dos mu*eres esta"an a derecha
e i)quierda de Ren!, quien se apoya"a en sus hom"ros. O oía los comentarios de los
testigos, pero, a trav!s de sus pala"ras, acecha"a los gemidos de su amante, atenta a
acariciarlo con un respeto in+inito y con la lentitud que ella sa"ía le gusta"a. O sentía que su
"oca era hermosa, puesto que su amante se digna"a a penetrar en ella, se digna"a a mostrar
en p<"lico sus caricias y se digna"a, en suma, a derramarse en ella. &lla lo reci"ió como re
reci"e a un dios, le oyó gritar, oyó reír a los otros, y, cuando lo hu"o reci"ido, se desplomó
de "ruces. .as dos mu*eres la levantaron y, esta ve), se la llevaron. .as chinelas taconea"an
en las "aldosas ro*as de los pasillos en los que se sucedían las puertas discretas y limpias,
con min<sculas cerraduras, como las puertas de las ha"itaciones de los grandes hoteles. O
no se atrevió a preguntar si todas aquellas ha"itaciones esta"an ocupadas, ni por qui!n. Una
de sus acompa'antes, a la que todavía no ha"ía oído ha"lar, le di*o( #&stás en el ala ro*a, y
tu criado se llama Pierre. #60u! criado7 %preguntó O, conmovida por la dul)ura de aquella
vo)#. 5 t<, cómo te llamas7 #Ae llamo /ndr!e. #5 yo Jeanne %di*o la otra. .a primera
prosiguió( #&l criado es el que tiene las llaves, el que te atará y te desatará, el que te a)otará
cuando te impongan un castigo, o cuando ellos no tengan tiempo para ti. #5o estuve en el
ala ro*a el a'o pasado %di*o Jeanne#. Pierre ya esta"a aquí. &ntra"a muchas noches. .os
criados tienen las llaves y, en las ha"itaciones que están en su sector, tienen derecho a
servirse de nosotras. O i"a a preguntar como era el tal Pierre, pero no tuvo tiempo. &n un
recodo del corredor, la hicieron detenerse delante de una puerta id!ntica a las otras( en un
"anco, situado entre aquella puerta y la siguiente, vio a una especie de campesino
coloradote y rechoncho, con la ca"e)a casi rasurada, unos o*illos negros hundidos y rulos
de carne en la nuca. :"a vestido como un criado de opereta( camisa con chorrera de enca*e,
medias "lancas y )apatos de charol. @am"i!n !l lleva"a un látigo de cuero colgado del
cinturón. $us manos esta"an cu"iertas de vello pelirro*o. $acó una llave maestra del "olsillo
del chaleco, a"rió la puerta e hi)o entrar a las tres mu*eres, diciendo( #8uelvo a cerrar.
;uando hayáis terminado, llamad. .a celda era muy peque'a y, en realidad, consistía en
dos pie)as. Una ve) vuelta a cerrar la puerta que da"a al pasillo, se encontra"a uno en una
antecámara que se a"ría a la celda propiamente dicha, en la misma pared ha"ía otra puerta
que conducía a un cuarto de "a'o. =rente a las puertas, ha"ía una ventana. &n la pared de la
i)quierda, entre las puertas y la ventana, se apoya"a la ca"ecera de una gran cama cuadrada,
"a*a y cu"ierta de pieles. 2o ha"ía más mue"les, ni espe*o alguno. .as paredes eran ro*as y
la al+om"ra negra, /ndr!e hi)o o"servar a O que la no era, en realidad, más que una
plata+orma acolchada y una tela negra de pelo muy largo que imita"a una piel. .a +unda de
la almohada, delgada y dura como el colchón, era de la misma tela, al igual que la manta de
dos caras. &l <nico o"*eto clavado en la pared, aproimadamente a la misma altura con
relación a la cama que el gancho del poste con relación al suelo de la "i"lioteca, era una
gran anilla de acero "rillante de la que colga"a perpendicularmente a la cama una larga
cadena, sus esla"ones +orma"an un peque'o montón, y el otro etremo esta"a su*eto a un
gancho con candado, como un cortina*e recogido en un al)apa'o. #@enemos que "a'arte %
di*o Jeanne#. @e quitar! el vestido. .os <nicos detalles especiales del cuarto de "a'o eran el
asiento a la turca situado en el ángulo más próimo a la puerta y los espe*os que recu"rían
por entero las paredes. /ndr!e y Jeane no la de*aron entrar hasta que estuvo desnuda,
guardaron el vestido en el armario situado al lado del lava"o en el que esta"an ya las
chinelas y la capa ro*a y se quedaron con ella, de modo que, cuando O tuvo que ponerse en
cuclillas en el pedestal de porcelana, se encontró en medio de tantos re+le*os, tan epuesta
como cuando, en la "i"lioteca, unas manos desconocidas la +or)a"an. #&spera que entre
Pierre y verás. #6Por qu! Pierre7 #;uando venga a encadenarte, qui)á te o"ligue a ponerte
en cuclillas. O palideció. #Pero, 6por qu!7 #2o tendrás más remedio % di*o Jeanne#. Pero
eres a+ortunada. #/+ortunada, 6por qu!7 #6&s tu amante el que te ha traído aquí7#$í. #
contigo serán mucho más duros. 2o comprendo... #Pronto lo comprenderás, .lamar! a
Pierre. Aa'ana por la ma'ana vendremos a "uscarte. /ndr!e sonrió al salir, y Jeanne, antes
de seguirla, acarició la punta de los pechos de O, quien se quedó de pie, *unto a la cama,
desconcertada. $alvo por el collar y los "ra)aletes de cuero que el agua del "a'o ha"ía
endurecido y contraído, esta"a desnuda. #8aya qu! hermosa se'ora %di*o el criado
al entrar. .e tomó las manos y enganchó entre sí las anillas de las pulseras, o"ligándola
*untar las manos, y !stas, en la del collar. &lla se encontró, pues con las manos *untas a la
altura del sta"leció un cierto equili"rio y las dos manos quedaron apoyadas en el nom"ro
i)quierdo hacia el que se inclinó tam"i!n la ca"e)a. &l criado la cu"rió con la manta negra,
no sin antes ha"erle levantado las piernas un momento para eaminarle el interior de los
muslos. 2o volvió a tocarla ni a dirigirle la pala"ra, apagó la lu), que proporciona"a un
aplique colocado entre las dos puertas, y salió. @endida so"re el lado i)quierdo, sola en la
oscuridad y el silencio, caliente entre las suaves pieles de la cama, en una inmovilidad
+or)osa, O se pregunta"a por qu! se me)cla"a tanta dul)ura el terror que sentía, o por qu! le
parecía tan dulce su terror. -escu"rió que una de las cosas que más la a+ligían era verse
privada del uso de las manos, y no porque sus manos hu"iesen podido de+enderla >y
6desea"a ella de+enderse7?, sino porque, li"res, hu"ieran es"o)ado el ademán, hu"ieran
tratado de recha)ar las manos que se apodera"an de ella, la carne que la traspasa"a, de
interponerse entre su carne y el látigo. .a ha"ían desposeído de sus manos, su cuerpo, "a*o
la manta de piel, le resulta"a inaccesi"le, era etra'o no poder tocar las propias rodillas ni
el hueco de su propio vientre. .os la"ios, que le ardían entre las piernas, le esta"an vedados
y tal ve) le ardían porque los sa"ía a"iertos a quien quisiera( al mismo criado, Pierre, si se
le anto*a"a. .a asom"ra"a que el recuerdo del látigo la de*ara tan serena y que la idea de
que tal ve) nunca supiera cuál de los cuatro hom"res la ha"ían +or)ado por detrás dos
veces, ni si ha"ía sido el mismo las dos veces, ni si ha"ía sido su amante, la trastornara de
aquel modo. $e desli)ó ligeramente so"re el vientre hacia un lado, pensó que a su amante le
gusta"a el surco de su grupa y que, salvo aquella noche >si realmente ha"ía sido !l?, nunca
ha"ía penetrado en !l. &lla desea"a que hu"iese sido !l. 6se lo preguntaría alg<n día7 D/h,
nuncaE 8olvió a ver la mano que en el coche la ha"ía quitado el portaligas y el slip y le
ha"ía dado las ligas para que se su*etara las medias encima de las rodillas. @an viva +ue la
imagen que olvidó que tenía las manos su*etas e hi)o chirriar la cadena. 65 por qu!, si el
recuerdo del suplicio le resulta"a tan leve, la sola idea, el solo nom"re, la sola vista de un
látigo le hacía latir con +uer)a el cora)ón y cerrar lo o*os con espanto7 2o se paró a pensar
si era sólo espanto. .e invadió el pánico( tensarían la cadena hasta o"ligarla a ponerse de
pie encima de la cama y la a)otarían, con el vientre pegado a la pared, la a)otarían, la
a)otarían, la pala"ra da"a vueltas en su ca"e)a. Pierre la a)otaría. $e lo ha"ía dicho Jeanne.
.e ha"ía dicho que era a+ortunada, que con ella serían mucho más duros, 60u! ha"ía
querido decir7 5a no sentía más que el collar, los "ra)aletes y la cadenas, su cuerpo se i"a a
la deriva, ahora lo comprendería. $e quedó dormida. &n las <ltimas horas de la noche,
cuando !sta es más +ría y más negra, poco antes del amanecer, reapareció Pierre. &ncendió
la lu) del cuarto de "a'o y de*ó la puerta a"ierta. Un cuadro de lu) se proyectó so"re el
centro de la cama, en el lugar en el que el cuerpo de O, es"elto y acurrucado, al)a"a
ligeramente la manta que el hom"re retiró en silencio. O esta"a tendida del lado i)quierdo,
de cara a la ventana, con las rodillas do"ladas, o+reciendo a su mirada su cadera muy "lanca
so"re la piel negra. &l le retiró la almohada de de"a*o de la ca"e)a y di*o cort!smente(
#Haga el +avor de ponerse de pie. ;uando ella estuvo arrodillada, para lo cual tuvo que
agarrarse a la cadena, el hom"re la ayudó tomándola por los codos para que aca"ara de
levantarse y se arrimara a la pared. &l re+le*o de la lu) so"re la cama era muy tenue y sólo
ilumina"a el cuarto de ella y no los gestos del hom"re. &lla, más que ver, adivinó que
!l desengancha"a la cadena del resorte para reengancharla en otro esla"ón de modo que
permaneciera tensada, y ella sintió cómo se tensa"a. $us pies descal)os descansa"an en la
cama. @ampoco vio que !l no lleva"a el látigo de cuero, sino la +usta negra, parecida a la
que ha"ían utili)ado para golpearla sólo dos veces, y casi con suavidad, cuando esta"a
atada al poste. .a mano i)quierda de Pierre la su*etó por la cintura y el colchón cedió un
poco, pues Pierre se apoya"a en !l con el pie derecho. /l mismo tiempo que oía un sil"ido
en la penum"ra, O sintió una atro) quemadura en los ri'ones y lan)ó un grito. Pierre
golpea"a sin descanso, sin esperar siquiera a que ella callara, procurando descargar el golpe
más arri"a o más a"a*o que la ve) anterior, para que las se'ales quedaran marcadas con
nitide). &l ya se ha"ía detenido, pero ella seguía gritando y las lágrimas corrían en la "oca
a"ierta. #Haga el +avor de dar la vuelta %di*o. ;omo ella, aturdida, gritara, !l retrocedió un
poco para tomar impulso y, con todas sus +uer)as, la +ustigó en la parte delantera de los
muslos. @odo ello, en cinco minutos. ;uando se +ue, despu!s de apagar la lu) y cerrar la
puerta de cuarto de "a'o, O, gimiendo, se retorcía de dolor *unto a la pared, cuyo "rillante
percal era re+rescante a su piel desgarrada, todo el tiempo que tardó en amanecer. &l
ventanal hacia el que ella esta"a vuelta, pues se apoya"a so"re un costado, mira"a hacia el
&ste y llega"a del suelo al techo, sin visillo, tan sólo la misma tela ro*a que tapi)a"a la
pared enmarcando la ventana y cayendo a cada lado en pliegues rígidos. O vio nacer una
aurora pálida y lenta, que arrastra"a sus "rumas por los maci)os de asters que crecían al pie
de la ventana y, +inalmente, se retira"a de*ando al descu"ierto un álamo. /unque no hacía
viento, sus ho*as amarillas caían de ve) en cuando en remolino. -elante de la ventana, más
allá de los asters malva, ha"ía un c!sped, una alameda. &ra ya de día y hacía rato que O no
se movía. Por la alameda avan)a"a un *ardinero empu*ando una carretilla. .a rueda de
hierro chirria"a so"re la "rava. $i se hu"iera acercado a la ventana para recoger las ho*as
que ha"ían caído al pie de los asters, hu"iera visto a O desnuda y encadenada y con las
se'ales de +usta en los muslos. .as marcas se ha"ían hinchado y +orma"an estrechas rayas,
mucho más oscuras que la tela ro*a que cu"ría las paredes. 6-ónde dormía su amante, como
a !l le gusta"a dormir en las ma'anas tranquilas7 6&n qu! ha"itación7 6&n qu! cama7
6$a"ía a qu! suplicio la ha"ía li"rado7 6.o ha"ía dispuesto !l7 O pensó en esos prisioneros
que se ven en los gra"ados de los li"ros de Historia, que tam"i!n ha"ían sido encadenados
y a)otados hacía qui!n sa"e cuántos a'os o siglos y que ha"ían muerto. &lla no desea"a
morir, pero, si el suplicio era el precio que tenía que pagar para que su amante siguiera
amándola, no pedía otra cosa que !l se alegrara de que ella lo hu"iera su+rido y, sumisa y
callada, espera"a que la condu*eran a !l. .as mu*eres no tenían llave alguna, si de las
puertas, ni de las cadenas, tampoco de las pulseras o de los collares, pero todos los hom"res
lleva"an en una anilla los tres tipos de llaves que , cada una a su manera, a"rían puertas,
candados y collares. .os criados tam"i!n las tenían. Pero, por la ma'ana, los criados que
ha"ían estado de servicio durante la noche dormían y era uno de los amos u otro criado
quien a"ría las cerraduras. &l hom"re que entró en la celda de O vestía ca)adora de cuero,
pantalón de montar y "otas. &n primer lugar, !l soltó la cadena de la pared y O pudo
tenderse en la cama. /ntes de desatarle las mu'ecas, !l le pasó la mano entre los muslos,
como hiciera el encapuchado al que primero ella ha"ía visto en el saloncito ro*o. @al ve),
+uera el mismo, &ste tenía la cara huesuda y descarnada, la mirada inquisitiva que se ve en
los retratos de los vie*os hugonotes y el ca"ello gris. O sostuvo su mirada durante lo que le
pareció un tiempo intermina"le y, "ruscamente, se quedó helada al recordar que esta"a
prohi"ido mirar a los amos más arri"a de la cintura. &lla cerró los o*os, pero ya era
demasiado tarde y le oyó gritar y decir, mientras al +in le solta"a las manos( #/notad un
castigo para despu!s de la cena. Ha"la"a con /ndr!e y Jeanne que ha"ían entrado con !l y
espera"an una a cada lado de la cama. -icho esto, el hom"re salió. /ndr!e recogió la
almohada que esta"a en el suelo y la manta que Pierre ha"ía de*ado a los pies de la cama
cuando entró para a)otar a O, mientras Jeanne acerca"a un carrito, que ha"ía traído del
pasillo, con ca+!, leche a)<car, pan, mantequilla y croissant. #;ome de prisa %di*o /ndr!e#.
$on las nueve. -espu!s podrás dormir hasta las doce y, cuando oigas la llamada, tendrás
que prepararte para el almuer)o. @e "a'arás y peinarás. 5o vendr! a maquillarte y a ce'irte
el cors!. #2o estarás de servicio hasta la tarde %di*o Jeanne#. &n la "i"lioteca, para servir
el ca+! y los licores y alimentar el +uego. #65 vosotras7 %preguntó O. Pero no tuvo tiempo
de terminar. .a puerta se a"rió, &ra su amante y no esta"a solo. 8estía como siempre
cuando aca"a"a de levantarse de la cama y encendía el primer cigarrillo del día( pi*ama
rayado y "ata de lana a)ul con las vueltas de seda acolchada, la "ata que ha"ían comprado
*untos un a'os antes. $us )apatillas esta"an raídas, ha"ría que comprar otras. .as dos
mu*eres desaparecieron sin otro ruido que el cru*ido de la seda cuando levantaron
ligeramente la +alda >todas las +aldas se arrastra"an un poco?, pues so"re la al+om"ra las
chinelas no se oían. O, que sostenía una ta)a de ca+! con la mano i)quierda y un croissant
con la otra, sentada en el "orde de la cama con una pierna colgando y la otra replegada "a*o
el cuerpo, se quedó inmóvil. 1ruscamente, la ta)a empe)ó a tem"lar y el croissant cayó al
suelo. #Recógelo %di*o Ren!. =ue su primera pala"ra. &lla de*ó la ta)a en el carrito, recogió
el croissant mordido y lo de*ó al lado de la ta)a. Una miga de croissant quedó en la
al+om"ra, al lado de su pie descal)o. Ren! se agachó y la recogió. $e sentó e a su lado, la
recostó y la "esó. &lla le preguntó si la ama"a. &l le contestó. #/hE @e quiero. -espu!s se
incorporó , la o"ligó a ponerse de pie y posó suavemente la palma +resca de sus manos, y
despu!s sus la"ios, a lo largo de las marcas de su cuerpo. O no sa"ía si podía mirar al otro
hom"re que ha"ía entrado con su amante y que esta"a de espaldas a ellos, +umando, cerca
de la puerta. .o que siguió entonces no alivió su malestar. #8en, que te veamos % di*o su
amante llevándola a los pies de la cama. /l que lo acompa'a"a le di*o entonces que tenía
mucha ra)ón y le dio las gracias, a'adiendo que era *usto que !l tomara a O el primero, si lo
desea"a. &l desconocido, al que ella seguía sin mirar, despu!s de pasarle la mano por los
senos y las caderas, le pidió que a"riera las piernas. #O"edece %le di*o Ren!. &ste la
sostenía por detrás, apoyándola contra su pecho. 5, con la mano derecha, le acaricia"a un
pecho y, con la i)quierda, le asía un hom"ro. &l desconocido se ha"ía sentado en el "orde
de la cama. .entamente, tirándole del vello, le a"rió los la"ios vaginales. Ren!, cuando
comprendió lo que el otro pretendía, la empu*ó hacia delante, para ponerla más a su
alcance, mientras le pasa"a el "ra)o derecho alrededor de la cintura, a +in de su*etarla más
+irmemente. &sta caricia, que ella nunca acepta"a sin de"atirse y sentirse a"rumada por la
vergFen)a y a la que se sustraía en cuanto podía, tan aprisa que apenas tenía tiempo de
notarla, y que le resulta"a sacrílega porque le parecía un sacrilegio que su amante estuviera
de rodillas cuando la que tenía que arrodillarse era ella, i"a a tener que aceptarla por +uer)a,
y se vio perdida. Porque, cuando los la"ios del desconocido se apoyaron en la protu"erancia
carnosa de la que parte la corola interior, gimió, "ruscamente in+lamada y, cuando se
apartaron, para de*ar paso a la punta cálida de la lengua, se in+lamó más todavía, gimió con
más +uer)a cuando volvió a sentir los la"ios, sintió que se endurecía la punta escondida, que
entre los dientes y los la"ios un largo mordisco aspira"a y aspira"a, un largo y dulce
mordisco "a*o el cual ella *adea"a, perdió pie y se encontró tendida de espaldas, con la
"oca de Ren! en su "oca, !l la su*eta"a a la cama por los hom"ros mientras otras manos la
toma"an por las pantorrillas y le levanta"an las piernas. $us propias manos, que tenía a la
espalda >porque cuando Ren! la empu*ó hacia el desconocido le unió las mu'ecas entre sí,
enganchando las anillas de las pulseras?, sus manos sintieron el roce del seo del hom"re
que se acaricia"a en el surco de su grupa, su"ía y golpea"a el +ondo de la cavidad de su
vientre. /l primer golpe, ella gritó, como "a*o el látigo, y volvió a gritar a cada golpe, y su
amante le mordió la "oca. &l hom"re se separó "ruscamente y cayó al suelo como
+ulminado por un rayo, gritando a su ve). Ren! desató las manos de O, la levantó, la acostó
y la cu"rió con la manta. &l hom"re se levanta"a, y !l loocido como nunca la hi)o gemir su
amante, ha"ía gritado "a*o el golpe del miem"ro del desconocido ;omo *amás la hi)o gritar
su amante. Ha"ía sido pro+anada y era culpa"le. $i !l la a"andona"a, lo tendría merecido.
Pero no, la puerta se cerró y !l se quedó con ella, volvió, se tendió a su lado, "a*o la manta,
se desli)ó en el interior de su vientre h<medo y ardiente y, a"ra)ándola, le di*o( #@e quiero.
Una noche, despu!s de que te haya entregado tam"i!n a los criados, te har! a)otar hasta que
sangres. &l sol ha"ía disipado la nie"la e inunda"a la ha"itación. Pero no se despertaron
hasta que sonó la se'al para el almuer)o. O no sa"ía qu! hacer. $u amante esta"a a su lado,
tan cerca, tan amorosamente a"andonado como en la cama de la ha"itación de techo "a*o en
la que dormía con ella casi todas las noches desde que vivían *untos. &ra una cama grande,
con columnas de cao"a, a la inglesa, pero sin dosel y con las columnas de la ca"ecera más
altas que las de los pies. &l dormía siempre a su i)quierda y, cuando se desperta"a, aunque
+uera en plena noche, siempre alarga"a la mano hacia las piernas de ella. Por eso ella
dormía siempre con camisón y, si alguna ve) usa"a pi*ama, no se ponía pantalón. &l hi)o
lo mismo. &lla tomó aquella mano y la "esó, sin atreverse a preguntarle nada. Pero !l
ha"ló. .e di*o, su*etándola por el collar, pasando los dedos entre la piel y la tira de cuero,
que en lo sucesivo se proponía compartirla con todos los a+iliados a la sociedad del castillo,
como ha"ía hecho la víspera. 0ue ella dependía de !l, y sólo de !l, aunque reci"iera
órdenes de otros y aunque !l no estuviera presente, pues, por principio, !l participa"a en
todo aquello que se le eigiera o se le in+ligiera y que era !l quien la poseía y la go)a"a a
trav!s de aquellos en cuyas manos se la entrega"a, por ha"er sido !l quien la ha"ía
entregado. &lla de"ía someterse a ellos y acogerlos con el mismo respeto con que le acogía
a !l, como a otras tantas imágenes suyas. /sí, !l la poseería como un dios posee a sus
criaturas cuando se apodera de ellas "a*o la máscara de un monstruo, de un ave, del espíritu
invisi"le o del !tasis. &l no quería separarse de ella. 5, cuanto más la entrega"a, más suya
la sentía. &l hecho de que la entregara era para !l una prue"a, como de"ía serlo tam"i!n
para ella, de que ella le pertenecía, nadie puede dar lo que no le pertenece. 5 !l la da"a para
reco"rarla enriquecida a sus o*os, como un o"*eto de uso corriente que hu"iera servido para
un culto divino que lo hu"iera servido para un culto divino que lo hu"iera consagrado.
Hacía tiempo que desea"a prostituirla y ahora compro"a"a con satis+acción que el placer
que ello le procura"a era mayor de lo que suponía y le ata"a a ella todavía más, como ha"ía
de atarla a !l cuanto más humillada y morti+icada se viera. 5, amándolo como lo ama"a,
ella no podía sino amar todo aquello que viniese de !l. O le escucha"a tem"lando de
+elicidad y, puesto que !l la ama"a, consentía en todo. &l de"ió adivinarlo, porque entonces
di*o( #Porque te es +ácil consentir quiero de ti algo que se será imposi"le, por más que t<
lo aceptes, por más que ahora digas que sí y por muy capa) que te sientas de someterte. 2o
podrás de*ar de re"elarte. O"tendremos tu sumisión a pesar tuyo, no sólo por el
incompara"le placer que yo o los otros encontremos en ello, sino tam"i!n para que t< des
cuenta de lo que hemos hecho de ti. #O i"a a responder que era su esclava y que lleva"a su
esclavitud con alegría, pero !l la ata*ó( #ayer te di*eron que, mientras estuvieras en este
castillo, no de"erías mirar a la cara a los hom"res ni ha"larles. @ampoco a mí podrás
mirarme. 5 tendrás que callar y o"edecer. @e quiero. .evántate. 2o volverás a a"rir la "oca
en presencia de un hom"re más que para gritar o acariciar. O se levantó. Ren! permaneció
echado en la cama. &lla se "a'ó y se peinó, el agua ti"ia la hi)o estremecerse cuando
sumergió su carne tume+acta y se secó sin +rotar, para no avivar la quema)ón. $e pintó los
la"ios, los o*os no, se empolvó y, todavía desnuda pero con los o*os "a*os, volvió a la
celda. Ren! mira"a a Jeanne, que ha"ía entrado y esta"a de pie *unto a la ca"ecera de la
cama, tam"i!n ella con los o*os "a*os, y muda. .e ordenó que vistiera a O. Jeanne cogió el
cors! de sat!n verde, la enagua "lanca, el vestido, las chinelas y, despu!s de a"rochar el
cors! por delante, empe)ó a tirar de los cordones para ce'irlo. &l cors! era le ce'ía el cors!.
.os pechos su"ían, se apoya"an por de"a*o en las "olsas y o+recían a<n más la punta. /l
mismo tiempo, el talle se estrecha"a, lo cual hacía so"resalir el vientre y arquear las
caderas. .o curioso es que aquella armadura era muy cómoda y, en cierta medida, rela*ante.
Permitía mantenerse erguida, pero, sin sa"er por qu!, como no +uera por el contraste,
acentua"a la li"ertad de movimientos o, me*or dicho, la disponi"ilidad de las partes que no
comprimía. .a ancha +alda y el corpi'o, escotado en +orma de trapecio desde la nuca hasta
la punta de los pechos y a todo lo ancho de !stos, da"an la sensación a quien los lleva"a no
tanto de una protección como de un medio de provocación, de presentación. ;uando Jeanne
anudó los cordones, O etendió so"re la cama el vestido que era de una sola pie)a, con la
enagua cosida a la +alda y el corpi'o cru)ado por delante y anudado a la espalda, de manera
que podía adaptarse a la cintura por muy ce'ido que estuviera el cors!. Jeanne lo ha"ía
apretado mucho, y O, por la puerta a"ierta, se veía en el espe*o del "a'o, es"elta y perdida
entre los pliegues del vestido que se hincha"a so"re sus caderas como si llevara miri'aque.
.as dos mu*eres esta"an de pie una al lado de la otra. Jeanne alargó el "ra)o para arreglar
un pliegue de la manga del vestido verde y sus pechos se movieron "a*o el enca*e que
ri"etea"a el escote, unos pechos de pe)ón largo y oscura aureola. .leva"a un vestido de
+aya amarilla. Ren!, acercándose a las dos mu*eres, di*o a O( #Aira %ya a Jeanne#( .evanta
esa +alda. ;on las dos manos, ella levantó la seda cru*iente y el lino de la enagua y
descu"rió un vientre dorado, suaves muslos y rodillas, y un cerrado triángulo negro. Ren!
etendió una mano y se puso a palparlo lentamente, mientras con la otra hacía salir la punta
de un seno. #&s para que veas %di*o a O. O lo veía. 8eía su rostro irónico pero atento, sus
o*os que acecha"an la a"oca entrea"ierta de Jeanne y la garganta inclinada hacia atrás,
ce'ida por el collar de cuero. 60u! placer podía "rindarle ella que no le diera tam"i!n
aquella mu*er u otra cualquiera7 #62o se te ha"ía ocurrido7 %le preguntó !l. 2o, no se le
ha"ía ocurrido. O esta"a apoyada en la pared, entre las dos puertas, rígida y con los "ra)os
caídos a lo largo del cuerpo. 2o hacía +alta ordenarle que callara. 6;omo i"a a decir algo7
@al ve) su desesperación le conmovió. &l de*ó a Jeanne y la tomó a ella entre sus "ra)os y
le di*o que era su amor y su vida y repiti!ndole que la quería. .a mano con la que le
acaricia"a la garganta esta"a h<meda y olía a Jeanne. 65 qu!7 .a desesperación que sentía
se desvaneció( !l la quería. &ra muy due'o de sola)arse con Jeanne o con cualquier otra, la
quería. #@e quiero %le decía ella al oído#, te quiero %tan "a*o que !l apenas la oía#. @e
quiero. &l no la de*ó hasta verla tranquila y con la mirada transparente, +eli). Jeanne tomó a
O de la mano y la condu*o hacia el pasillo. $us chinelas volvieron a resonar so"re las
"aldosas y, sentado en la "anqueta situada entre las dos puertas, volvieron a encontrar a un
criado. 8estía como Pierre, pero no era !l. &ra un nom"re alto, en*uto, de pelo negro. &chó
a andar delante de ellas y las llevó a una antecámara en la que, delante de una puerta de
hierro +or*ado que se recorta"a so"re unos cortina*es verdes, espera"an otros dos criados
con unos perros "lancos con manchas ro*i)as tendidos a sus pies. #&s la clausura %murmuró
Jeanne. &l criado que i"a delante la oyó y volvió la ca"e)a. O vio con estupor que Jeanne
palidecía, solta"a su mano, solta"a tam"i!n la +alda que levanta"a ligeramente con la otra
mano y caía de rodillas so"re las losas negras, porque la antecámara esta"a pavimentada
con losas de mármol negro. .os dos criados, que esta"an cerca de la ver*a se echaron a
reír. Uno de ellos se adelantó hacia O, le rogó que lo siguiera, a"rió una puerta situada
+rente a la que aca"a"an de cru)ar y se +ue. &lla oyó risas, unos pasos y cerrarse la puerta a
su espalda. 2unca se enteró de lo que ha"ía sucedido, si Jeanne +ue castigada por ha"lar, ni
cómo, o si se limitó a ceder a un capricho del criado o si, al arrodillarse, o"edecía a una
regla, o si quiso moverle a la "enevolencia y lo logró. $ólo compro"ó, durante su primera
estancia en el castillo, que duró dos semanas, que, si "ien la regla del silencio era a"soluta,
solía ser que"rantada tanto durante las idas y venidas como durante las comidas,
especialmente de día, cuando esta"an solas con los criados, como si el tra*e les diera una
seguridad que, por la noche, la desnude), las cadenas y la presencia de los amos les
arre"ata"an, /dvirtió tam"i!n que, si el menor gesto que pudiera parecer una insinuación
hacia uno de los amos era inconce"i"le, con los criados era distinto, &stos nunca da"an
una orden, pero la cortesía de sus ruegos era implaca"le como una conminación.
/parentemente, esta"an o"ligados a castigar las in+racciones a la regla de inmediato, en el
caso de que +ueran ellos los <nicos testigos, &n tres ocasiones, una ve) en el pasillo que
conducía al ala ro*a y las otras dos, en el re+ectorio donde aca"a"an de hacerla entrar, O vio
cómo eran arro*adas al suelo y a)otadas unas criadas a las que ha"ían sorprendido
ha"lando. -e manera que tam"i!n podían a)otarlas durante el día, a pesar de lo que le
di*eron la primera noche, como si lo que ocurriera con los criados no contara y pudiera
de*arse a la discreción de !stos. .a lu) del día da"a al atuendo de los criados un aspecto
etra'o y amena)ador. /lgunos lleva"an medias negras y, en lugar de li"rea ro*a de mangas
anchas recogidas en los pu'os. =ue uno de !stos el que, al octavo día, a mediodía, látigo en
mano, hi)o levantar de su ta"urete a una opulenta Aagdalena ru"ia, "lanca y sonrosada,
que esta"a *unto a O y que le ha"ía dicho sonriendo unas pala"ras, tan aprisa que O no las
ha"ía siquiera entendido. /ntes de que el hom"re pudiera tocarla, ella se ha"ía arrodillado,
y sus "lancas manos ro)aron "a*o la seda negra el seo a<n dormido, lo etra*eron y lo
llevaron a los la"ios entrea"iertos. /quella ve) no +ue a)otada. 5, como en aquel instante !l
era el <nico guardián que ha"ía en el re+ectorio y acepta"a la caricia con los o*os cerrados,
las demás se pusieron a ha"lar. -e manera que se podía so"ornar a los criados. Pero, 6para
qu!7 .a regla que más di+ícil le resulta"a a O o"edecer y que, en realidad, nunca llegó a
acatar, era la de no mirar a los hom"res a la cara, puesto que ha"ía que o"servarla
tam"i!n +rente a los criados. O se sentía en constante peligro. Pues le devora"a la
curiosidad por los rostros, y +ue a)otada por unos y otros, aunque no todas las veces que
ellos la sorprendieron >pues se toma"an ciertas li"ertades con la consigna y qui)á les
gusta"a e*ercer aquella +ascinación y no querían privarse, por un rigor ecesivo, de aquellas
miradas que no se aparta"an de sus o*os y de su "oca más que para posarse en su miem"ro
viril, sus manos, el látigo, y vuelta a empe)ar?, sino sólo cuando desea"an humillarla.
/unque, por muy cruelmente que la trataran cuando se decidían a ello, O nunca tuvo el
valor, o la co"ardía, de echarse a sus pies y, si algunas veces los toleró, nunca los solicitó.
.a regla del silencio, por el contrario, salvo con su amante, le resulta"a tan +ácil que no la
que"rantó ni una sola ve) y, si alguna de las demás, aprovechando alg<n descuido de sus
guardianes, le dirigía la pala"ra, ella contesta"a por se'as. 4eneralmente, era durante las
comidas, que eran servidas en la sala en la que la ha"ían hecho entrar cuando el criado alto
que las acompa'a"a se ha"ía girado hacia Jeanne. .as paredes eran negras, el enlosado
negro, la mesa, de grueso cristal y muy larga, negra tam"i!n y las muchachas se senta"an
en ta"uretes redondos, tapi)ados de cuero negro. Para sentarse, tenían que levantar la +alda
y, así, O, al sentir "a*o los muslos el cuero +río y liso, recorda"a el momento en que su
amante la ha"ía o"ligado a quitarse las medias y el slip y a sentarse sin prendas interiores
en el asiento del coche. 5, a la inversa, cuando hu"o a"andonado el castillo y, vestida como
todo el mundo, pero con las caderas desnudas "a*o el tra*e chaqueta o el vestido corriente,
tuvo que levantarse la +alda y la com"inación para sentarse al lado de su amante, o de otro
en contacto directo con el asiento de un coche o del alg<n ca+!, la parecía que volvía al
castillo, con los senos desnudos so"re el cors! de seda, a aquellas manos y "ocas a las que
todo les esta"a permitido y al terri"le silencio. Pero nada la ayuda"a tanto como el silencio,
ecepto las cadenas. .as cadenas y el silencio, que hu"ieran de"ido atarla al +ondo de sí
misma, ahogarla, estrangularla, por el contrario la li"era"an. 60u! hu"iera sido de ella de
ha"er podido ha"lar, de ha"er podido elegir cuando su amante la prostituía ante !l7 &s
cierto, ella ha"la"a durante el suplicio, pero, 6puede llamarse pala"ras a lo que no son sino
que*as y gritos7 5 muchas veces la hacían callar, amorda)ándola. 1a*o las miradas, las
manos, los miem"ros que la ultra*a"an, "a*o los látigos que la desgarra"an, ella se perdía en
una delirante ausencia de sí misma que la entrega"a al amor, y acaso la acerca"a a la
muerte. &lla era cualquiera, cualquiera de las otras muchachas, a"iertas y +or)adas como
ella, y a las que ella veía a"rir y +or)ar, porque lo veía aunque no tuviera que ayudar. &n su
segundo día, no ha"ían transcurrido todavía veinticuatro horas desde su llegada cuando
despu!s del almuer)o, +ue conducida a la "i"lioteca para que sirviera el ca+! y alimentara el
+uego. .a acompa'a"a Jeanne a la que ha"ía traído el criado de pelo negro y otra muchacha
llamada Aonique. &l criado se quedó en la ha"itación, de pie, cerca del poste al que O +uera
atada la noche anterior. @odavía no ha"ía nadie más en la "i"lioteca. .os ventanales
esta"an orientados a Poniente, y el sol de oto'o, que declina"a lentamente en un cielo
sereno, casi limpio de nu"es, ilumina"a so"re una cómoda un enorme ramo de crisantemos
color a)u+re que olían a tierra y a ho*as secas. #6.a marcó Pierre anoche7 %preguntó el
criado a O. &lla asintió con un movimiento de ca"e)a. #&n tal caso, de"e mostrar las se'ales
%di*o el hom"re#. Haga el +avor de su"irse el vestido. &speró a que ella se arrollara la +alda
por detrás, como le ha"ía ense'ado Jeanne la víspera y que !sta la ayudara a su*etarla.
-espu!s, le di*o que encendiera el +uego. .a grupa de O hasta la cintura, sus muslos y sus
+inas piernas quedaron encuadrados entre los pliegues de seda verde y lino "lando. .as
cinco marcas eran negras. &l +uego esta"a preparado en el hogar, y O no tuvo más que
arrimar una cerilla a la pa*a amontonada "a*o las teas, las cuales se in+lamaron. Pronto
prendieron las ramas de man)ano y, +inalmente, los le'os de ro"le que ardían con llamas
altas, crepitantes y claras, casi invisi"les a la lu) del día, pero olorosas. &ntró otro criado
que, encima de la consola de la que ha"ían quitado la lámpara, de*ó una "ande*a con las
ta)as y el cav! y se +ue. O se acercó a la consola, y Aonique y Jeanne se quedaron de pie
una a cada lado de la chimenea. &n aquel momento, entraron dos hom"res y el primer
criado tam"i!n se +ue. O, por la vo), creyó reconocer a uno de los que la ha"ían +or)ado la
víspera, el que ha"ía pedido que se hiciera más +ácil el acceso de su grupa. &lla lo mira"a
con disimulo mientras vertía el ca+! en las tacitas negras y doradas que Aonique presenta"a
con el a)<car. ;on que aqu!l era el muchacho, es"elto, tan *oven y tan ru"io que hasta
parecía un ingl!s. &l *oven volvió a ha"lar, O ya no tuvo dudas. &l otro tam"i!n era ru"io,
pero ancho y +ornido. &sta"an los dos sentados en las "utacas de cuero, con los pies hacia el
+uego, +umando tranquilamente y leyendo el periódico sin hacer el menor caso de las
mu*eres, como si estuvieran solos. -e ve) en cuando, se oía cru*ir el papel y caer alguna
"rasa, -e ve) en cuando, O echa"a un le'o el +uego. &sta"a sentada en el suelo, en un
almohadón cerca del cesto de la le'a y, +rente a ella, tam"i!n en el suelo, esta"an Aonique
y Jeanne. $us +aldas, etendidas, se entreme)cla"an. .a de Aonique era ro*o oscuro, -e
repente, pero tan sólo transcurrida una hora, el *oven ru"io llamó a Jeanne y a Aonique.
.es di*o que acercaran el pu+ >el mismo so"re el que la víspera pusieron a O "oca a"a*o?.
Aonique ya no esperó orden alguna, se arrodilló, aplastó el pecho en la piel que tapi)a"a el
pu+ y se agarró a !l con am"as manos. ;uando el *oven ordenó a Jeanne que levantara la
+alda ro*a, Aonique no se movió. &ntonces, Jeanne, y así se lo ordenó ! en los t!rminos
más "rutales, tuvo que desa"rocharle el tra*e y tomar con am"as manos aquella espada
de carne que tan cruelmente traspasara a O, por lo menos una ve). $e hinchó y se puso
rígida en la palma que la oprimía, y O vio aquellas mismas manos, las manos peque'as de
Jeanne, a"rir los muslos de Aonique en cuyo interior, lentamente y a peque'as sacudidas
que la hacían gemir, penetra"a el *oven. &l otro hom"re, que mira"a sin decir pala"ra, hi)o
a O una se'a para que se acercara y, sin de*ar de mirar, la tum"ó "oca a"a*o so"re uno de
los "ra)os de su "utaca %su +alda, levantada hasta la cintura, de*a"a al descu"ierto toda la
mitad in+erior del cuerpo# y le agarró el vientre cuán ancha era su mano. /sí la encontró
Ren! cuando a"rió la puerta un minuto despu!s. #2o se muevan, por +avor %di*o y se sentó
*unto a la chimenea, en el almohadón que antes ocupara O. .a mira"a atentamente y
sonreía cada ve) que aquella mano que la poseía se movía, hurga"a y se apodera"a más y
más pro+undamente a la ve) de su vientre y de su grupa, que se a"rían siempre más, y le
arranca"a gemidos inconteni"les. Aonique ya se ha"ía levantado ha"ía un rato y Jeanne
ati)a"a el +uego en lugar de O. $irvió a Ren!, quien le "esó la mano, un vaso de GhisHy que
!l "e"ió sin apartar la mirada de O. &l que la su*eta"a di*o entonces(#6&s suya7 #$í %
respondió Ren!. #Jacques tiene ra)ón %comentó el otro#. &s muy estrecha. Ha"rá que
ensancharla. #Pero no demasiado % di*o Jacques. #;omo usted disponga %di*o Ren!,
levantándose#. &s más entendido que yo %y tocó el tim"re. -esde entonces, y durante ocho
días, desde el anochecer, en que termina"a su servicio en la "i"lioteca, hasta las ocho o
las die) de la noche, en que era conducida de nuevo allí %aunque no a diario#, encadenada y
desnuda "a*o su capa ro*a, O llevó inserta entre las nalgas un tallo de e"onita en +orma de
seo empinado, su*eta por tres cadenitas que pendían de un cinturón de cuero que le
rodea"a las caderas, de manera que el movimiento de los m<sculos interiores no pudiera
epulsarla. Una de las cadenas seguía el surco de su grupa, y las otras dos, el pliegue de las
ingles, a uno y otro lado del triángulo del vientre, con el +in de no impedir que +uera
penetrado, llegado el caso. Ren! ha"ía llamado para pedir el co+re en el que se guarda"an,
en un compartimiento, las cadenitas y los cinturones y, en otro, los tallos de e"onita de
distinto grosor. @odas se ensancha"an en la "ase, para impedir que aca"aran de penetrar en
el cuerpo, lo cual entra'aría el peligro de que volviera a cerrarse el anillo de carne que
de"ían distender. ;ada día, Jacques, que la hacía arrodillarse. O me*or prosternarse, para
que Jeanne, Aonique u otra de las chicas le colocara el tallo, la elegía más gruesa. -urante
la cena, que las muchachas toma"an *untas en el mismo re+ectorio, despu!s del "a'o,
desnudas y maquilladas, O la lleva"a todavía y, al llevar a la vista las cadenitas y el
cinturón, todos podían compro"ar que la tenía puesta. &l encargado de quitársela era Pierre
cuando i"a a encadenarla a la pared, si nadie la solicita"a, o a su*etarle las manos a la
espalda, si tenía que llevarla a la "i"lioteca. Rara +ue la noche en que nadie quiso utili)ar
aquella vía que tan rápidamente i"a haci!ndose más accesi"le, aunque siempre más
estrecha que la otra. /l ca"o de ocho días, ya no +ue necesario el aparato, y su amante le
di*o a O que esta"a muy contento de que estuviera do"lemente a"ierta y que !l cuidaría de
que permaneciera así. /l mismo tiempo, le avisó de que !l se marcha"a y de que, durante
los siete <ltimos días que pasaría en el castillo antes de que !l volviera a "uscarla para
llevarla a París, no lo vería. #Pero te quiero %le di*o#. @e quiero. 2o me olvides. D/hE 65
cómo i"a ella a olvidarlo7 &l era la mano que le venda"a los o*os, el látigo de Pierre, la
cadena de la ca"ecera de su cama, el desconocido que le mordía el vientre, y todas las
voces que la da"an órdenes eran su vo). 6$e cansa"a7 2o. / +uer)a de ser ultra*ada, podía
parecer que ha"ía de acostum"rarse a los ultra*es, a +uer)a de ser acariciada, a las
caricias, y a los latiga)os, a +uer)a de ser a)otada. Una horri"le saciedad de dolor y de
voluptuosidad hu"iera de"ido empu*arla poco a poco hacia las ri"eras del la insensi"ilidad,
próimas al sue'o o al sonam"ulismo. @odo lo contrario. &l cors! que la mantenía erguida,
las cadenas que la sometían, el silencio, su re+ugio, seguramente contri"uían a ello, como
tam"i!n el constante espectáculo de las *óvenes entregadas como ella, e incluso cuando no
se entrega"an, de su cuerpo constantemente accesi"le. &l espectáculo, pero tam"i!n la
conciencia de su propio cuerpo. @odos los días, mancillada por así decirlo ritualmente de
saliva y de esperma, de sudor me)clado con su propio sudor, se sentía literalmente
receptáculo de las impure)as, la cloaca de la que ha"lan las escrituras. 5, no o"stante, las
partes de su cuerpo más o+endidas, dotadas ahora de mayor sensi"ilidad, le parecían
em"ellecidas y hasta enno"lecidas( su "oca reci"iendo miem"ros anónimos, las puntas de
sus pechos que manos etra'as ro)a"an constantemente y, entre sus muslos a"iertos, los
caminos de su vientre, rutas holladas a placer. /som"ra que, al ser prostituida, ganara en
dignidad y, sin em"argo, así era. Una dignidad que parecía iluminarla desde dentro y en su
porte se veía la calma, en su rostro la serenidad y la impercepti"le sonrisa interior que se
adivina en los o*os de las recluidas. ;uando Ren! le di*o que la de*a"a, era ya de noche. O
esta"a desnuda en su celda, esperando que +ueran a "uscarla para llevarla al re+ectorio. $u
amante vestía tra*e de ciudad. ;uando la a"ra)ó, el tGeed de su americana le rascó la punta
de los pechos. .a "esó, la tendió en la cama, se echó a su lado y, lenta y suavemente, la
poseyó, yendo y viniendo en las dos vías que se le o+recían, pare derramarse +inalmente en
su "oca que despu!s volvió a "esar. #antes de partir quisiera hacerte a)otar. 5 esta ve)
quiero preguntártelo. 6/ceptas7 %&lla aceptó#. @e quiero %repitió !l#. .lama a Pierre. &lla
tocó el tim"re. Pierre le encadenó las manos so"re la ca"e)a. ;uando estuvo encadenada, su
amante volvió a "esarla, de pie encima de la cama, le repitió que la quería, luego "a*ó de la
cama e hi)o una se'al a Pierre. .a miró de"atirse en vano, oyó cómo sus gemidos de
convertían en gritos. ;uando se la saltaron las lágrimas, despidió a Pierre, la acostó y se
+ue. -ecir que, en el mismo instante en que su amante se +ue, O empe)ó a esperarle es decir
poco( desde aquel momento ella no +ue más que espera y noche. -urante el día, era como
una +igura pintada de piel suave y "oca dócil que se mantenía constantemente con la vista
"a*a. =ue sólo entonces cuando o"servó estrictamente la regla. &ncendía y alimenta"a el
+uego, prepara"a y servía el ca+!, escancia"a los licores, encendía cigarrillos, arregla"a las
+lores y do"la"a los periódicos como una *ovencita "ien educada en el salón de sus padres,
tan límpida con gran escote, su gargantilla de cuero, su cors! ce'ido y sus pulseras de
prisionera, "asta"a que los hom"res a los que servía le ordenaran que se quedara a su lado
cuando viola"an a alguna otra muchacha para querer violarla a ella tam"i!n. $eguramente
por eso la maltrata"an más que antes. 6Ha"ía cometido alguna +alta o la ha"ía de*ado allí su
amante precisamente para que aquellos a quienes la presta"a dispusieran de ella con mayor
li"ertad7 -os días despu!s de su marcha, al anochecer, cuando, despu!s de quitarse la
ropa, mira"a en el espe*o del cuarto de "a'o las se'ales de la +usta de Pierre que i"an
"orrándose de sus muslos, entró Pierre. =alta"an a<n dos horas para la cena. .e di*o que
aquella noche no cenaría en el comedor y le ordenó que se preparara, se'alándole el asiento
a la turca en el que ella tuvo que ponerse en cuclillas, tal como Jeanne le di*o que de"ería
hacer delante de Pierre. Aientras estuvo sentada en !l, el criado no de*ó de mirarla. &lla lo
veía en el espe*o y se veía tam"i!n a sí misma, sin poder retener el líquido que salía de su
cuerpo. &l hom"re esperó mientras ella se "a'a"a y maquilla"a. :"a a sacar las chinelas y la
capa ro*a cuando !l la detuvo con un ademán y, atándole las manos a la espalda, le di*o que
no hacía +alta y que le esperara un instante, &lla se sentó al "orde de la cama. /+uera, ha"ía
una tormenta con viento +río y lluvia, y el álamo que crecía *unto a la ventana se inclina"a y
se endere)a"a al capricho de las rá+agas. -e ve) en cuando, las ho*as pálidas y mo*adas
a)ota"an los cristales, &ra ya noche cerrada, a pesar de que a<n no ha"ían dado las siete,
pero el oto'o esta"a ya muy avan)ado y los días eran cortos. Pierre volvió a entrar llevando
en la mano la venda con que le taparon los o*os la primera noche. @raía tam"i!n una cadena
que tintinea"a, parecida a la de la pared. .e pareció a O que vacila"a, dudando entre qu!
ponerle primero si la venda o las cadenas. &lla mira"a la lluvia, indi+erente a lo que
quisieran de ella, pensando <nicamente que Ren! ha"ía dicho que volvería, que tendría que
esperar a<n cinco días y cinco noches y que no sa"ía dónde esta"a ni si esta"a solo y, si no
lo esta"a, con qui!n. Pero !l volvería. Pierre ha"ía de*ado la cadena encima de la cama y,
sin distraer a O de sus ensue'os, le vendó los o*os. .a venda era de terciopelo negro,
guateada so"re las ór"itas y se a*usta"a per+ectamente a los pómulos( imposi"le a"rir los
párpados ni atis"ar nada. 1endita noche, parecida a su propia noche, nunca la acogió O con
tanta alegría. 1enditas cadenas que la li"era"an de sí misma. Pierre enganchó la cadena a la
anilla del collar y le rogó que le acompa'ara. &lla se levantó, sintió que tira"an de ella
hacia
delante y empe)ó a andar. $us pies descal)os se helaron so"re las "aldosas y compendió
que avan)a"an por el corredor del ala ro*a. -espu!s, el suelo se hi)o más áspero aunque no
menos +río( seguramente, losas de piedra, gres o granito. &l criado la o"ligó a detenerse
dos veces, y ella oyó girar una llave en una cerradura que se a"ría y volvía a cerrarse.
#;uidado con los escalones %di*o Pierre. &lla empe)ó a "a*ar una escalera, trope)ó, y Pierre
la sostuvo entre sus "ra)os. 2unca la ha"ía tocado más que para encadenarla o a)otarla,
pero ahora la tendía en los +ríos escalones, a los que ella se agarra"a como podía con las
manos atadas para no res"alar, y le cogía los pechos. $u "oca i"a de uno a otro y ella sentía
el peso de su cuerpo que se apoya"a en ella sentía el peso de su cuerpo que se apoya"a en
ella y luego se erguía lentamente. 2o la levantó del suelo hasta que estuvo satis+echo.
H<meda y tem"lando de +río, ella aca"ó de "a*ar la escalera y oyó que se a"ría otra puerta
por la que entró, y entonces sintió "a*o los pies una gruesa al+om"ra. Un tirón de la cadena,
y las manos de Pierre le soltaron las manos y le quitaron la venda( esta"a en una ha"itación
redonda, a"ovedada, muy peque'a y muy "a*a. .as paredes y la "óveda eran de piedra, sin
revestimiento. .a cadena que lleva"a su*eta al cuello esta"a enganchada a una anilla
clavada en la pared a un metro de altura, +rente a la puerta, y no le permitía dar más que dos
pasos hacia delante. 2o ha"ía cama ni nada que se le pareciera, ni manta, sólo tres o cuatro
almohadones estilo marroquí, pero esta"an +uera de su alcance, y era evidente que no
esta"an destinados a ella. &n cam"io, a su alcance ha"ía un hueco en la pared del que
provenía la escasa lu) que ilumina"a la pie)a e en el que alguien ha"ía dispuesto una
"ande*a de madera con agua, +ruta y pan. &l calor de los radiadores, empotrados en el
)ócalo, no "asta"a Ponerla, de pie encima de la cama, le repitió que la quería, luego "a*ó de
la cama e hi)o una se'al a Pierre. .a miró de"atirse en vano, oyó cómo sus gemidos de
convertían en gritos. ;uando se la saltaron las lágrimas, despidió a Pierre. &lla a<n tuvo
+uer)as para decir que lo quería. &ntonces !l "esó su rostro empapado y su "oca *adeante, la
desató, la acostó y se +ue. -ecir que, en el mismo instante en que su amante se +ue, O
empe)ó a esperarle es decir poco( desde aquel momento ella no +ue más que espera y
noche. -urante el día, era como una +igura pintada de piel suave y "oca dócil que se
mantenía constantemente con la vista "a*a. =ue sólo entonces cuando o"servó estrictamente
la regla. &ncendía y alimenta"a el +uego, prepara"a y servía el ca+!, escancia"a los licores,
encendía cigarrillos, arregla"a las +lores y do"la"a los periódicos como una *ovencita "ien
educada en el salón de sus padres, tan límpida con gran escote, su gargantilla de cuero, su
cors! ce'ido y sus pulseras de prisionera, "asta"a que los hom"res a los que servía le
ordenaran que se quedara a su lado cuando viola"an a alguna otra muchacha para querer
violarla a ella tam"i!n. $eguramente por eso la maltrata"an más que antes. 6Ha"ía
cometido alguna +alta o la ha"ía de*ado allí su amante precisamente para que aquellos a
quienes la presta"a dispusieran de ella con mayor li"ertad7 -os días despu!s de su marcha,
al anochecer, cuando, despu!s de quitarse la ropa, mira"a en el espe*o del cuarto de
"a'o las se'ales de la +usta de Pierre que i"an "orrándose de sus muslos, entró Pierre.
=alta"an a<n dos horas para la cena. .e di*o que aquella noche no cenaría en el comedor y
le ordenó que se preparara, se'alándole el asiento a la turca en el que ella tuvo que ponerse
en cuclillas, tal como Jeanne le di*o que de"ería hacer delante de Pierre. Aientras estuvo
sentada en !l, el criado no de*ó de mirarla. &lla lo veía en el espe*o y se veía tam"i!n a sí
misma, sin poder retener el líquido que salía de su cuerpo. &l hom"re esperó mientras ella
se "a'a"a y maquilla"a. :"a a sacar las chinelas y la capa ro*a cuando !l la detuvo con un
ademán y, atándole las manos a la espalda, le di*o que no hacía +alta y que le esperara un
instante, &lla se sentó al "orde de la cama. /+uera, ha"ía una tormenta con viento +río y
lluvia, y el álamo que crecía *unto a la ventana se inclina"a y se endere)a"a al capricho de
las rá+agas. -e ve) en cuando, las ho*as pálidas y mo*adas a)ota"an los cristales, &ra ya
noche cerrada, a pesar de que a<n no ha"ían dado las siete, pero el oto'o esta"a ya muy
avan)ado y los días eran cortos. Pierre volvió a entrar llevando en la mano la venda con que
le taparon los o*os la primera noche. @raía tam"i!n una cadena que tintinea"a, parecida a la
de la pared. .e pareció a O que vacila"a, dudando entre qu! ponerle primero si la venda o
las cadenas. &lla mira"a la lluvia, indi+erente a lo que quisieran de ella, pensando
<nicamente que Ren! ha"ía dicho que volvería, que tendría que esperar a<n cinco días y
cinco noches y que no sa"ía dónde esta"a ni si esta"a solo y, enganchó la cadena a la anilla
del collar y le rogó que le acompa'ara. &lla se levantó, sintió que tira"an de ella hacia
delante y empe)ó a andar. $us pies descal)os se helaron so"re las "aldosas y compendió
que avan)a"an por el corredor del ala ro*a. -espu!s, el suelo se hi)o más áspero aunque no
menos +río( seguramente, losas de piedra, gres o granito. &l criado la o"ligó a detenerse
dos veces, y ella oyó girar una llave en una cerradura que se a"ría y volvía a cerrarse.
#;uidado con los escalones %di*o Pierre. &lla empe)ó a "a*ar una escalera, trope)ó, y Pierre
la sostuvo entre sus "ra)os. 2unca la ha"ía tocado más que para encadenarla o a)otarla,
pero ahora la tendía en los +ríos escalones, a los que ella se agarra"a como podía con las
manos atadas para no res"alar, y le cogía los pechos. $u "oca i"a de uno a otro y ella sentía
el peso de su cuerpo que se apoya"a en ella sentía el peso de su cuerpo que se apoya"a en
ella y luego se erguía lentamente. 2o la levantó del suelo hasta que estuvo satis+echo.
H<meda y tem"lando de +río, ella aca"ó de "a*ar la escalera y oyó que se a"ría otra puerta
por la que entró, y entonces sintió "a*o los pies una gruesa al+om"ra. Un tirón de la cadena,
y las manos de Pierre le soltaron las manos y le quitaron la venda( esta"a en una ha"itación
redonda, a"ovedada, muy peque'a y muy "a*a. .as paredes y la "óveda eran de piedra, sin
revestimiento. .a cadena que lleva"a su*eta al cuello esta"a enganchada a una anilla
clavada en la pared a un metro de altura, +rente a la puerta, y no le permitía dar más que dos
pasos hacia delante. 2o ha"ía cama ni nada que se le pareciera, ni manta, sólo tres o cuatro
almohadones estilo marroquí, pero esta"an +uera de su alcance, y era evidente que no
esta"an destinados a ella. &n cam"io, a su alcance ha"ía un hueco en la pared del que
provenía la escasa lu) que ilumina"a la pie)a e en el que alguien ha"ía dispuesto una
"ande*a de madera con agua, +ruta y pan. &l calor de los radiadores, empotrados en el
)ócalo, no "asta"a para disipar el olor a tierra y humedad, olor de las antiguas prisiones y
de las ma)morras de los castillos. &n aquella cálida penum"ra a la que no llega"a ruido
alguno, O pronto perdió la noción del tiempo. 2o ha"ía día ni noche, y nunca se apaga"a la
lu). Pierre o cualquier otro criado, traía más agua, pan y +ruta cuando se termina"a lo que
ha"ía en la "ande*a y la lleva"a a que se "a'ara a un reducto contiguo. &lla nunca vio a los
hom"res que entra"an, porque previamente un criado le venda"a los o*os y no le quita"a la
venda hasta que se ha"ían ido. @am"i!n perdió la cuenta de sus visitantes, y ni sus suaves
manos ni sus la"ios, que acaricia"an a ciegas, supieron nunca a qui!n toca"an. / veces
eran varios, pero casi siempre uno solo. /ntes de que se acercaran a ella, tenía que
arrodillarse de cara a la pared, la anilla del collar enganchada al mismo pitón que su*eta"a
la cadena, para que la a)otara. Ponía la palma de las manos en la pared y apoya"a en el
dorso su rostro para que la piedra no la ara'ara, pero no podía evitar las desolladuras en las
rodillas y los pechos. @am"i!n perdió la cuenta de los suplicios y de sus gritos, ahogados
por la "óveda. &spera"a. -e pronto, el tiempo de*ó de estar inmóvil. &n su noche de
terciopelo, alguien desengancha"a la cadena. Ha"ía esperado tres meses, tres días, die) días
o die) a'os. $intió que la envolvían en una tela gruesa y que alguien la levanta"a en "ra)os.
$e encontró en su celda, acostada "a*o la manta negra, era poco despu!s de mediodía, tenía
los o*os a"iertos, las manos li"res, y Ren!, sentado a su lado, le acaricia"a el ca"ello.
#@ienes que vestirte %le di*o#. 2os vamos. &lla tomó su <ltimo "a'o, y !l le cepilló el pelo y
le sostuvo la polvera y el lápi) de la"ios. ;uando volvió a la celda, encima de la cama
encontró su tra*e chaqueta, su "lusa, su com"inación, sus medias, su "olso y sus guantes.
&sta"a hasta el a"rigo que se ponía encima del tra*e chaqueta cuando empe)a"a a hacer +río
y un pa'uelo de seda para el cuello, pero ni slip ni liguero. &lla se vistió lentamente,
enrollándose las medias encima de las rodillas y no se puso la chaqueta porque en la celda
hacía mucho calor. &n aquel momento, entró el hom"re al dedo anular de su mano
i)quierda. &ran unas etra'as sorti*as de hierro, rodeadas por una anilla de oro en su
interior cuyo engaste, ancho y pesado, como el engaste de un anillo, pero algo mas
a"ultado, lleva"a incrustado en oro, el di"u*o de una especie de rueda de tres radios, en
+orma de espiral, parecida a la rueda solar de los celtas. .a segunda que se pro"ó,
+or)ándola un poco, se a*usta"a per+ectamente. .e pesa"a, y el oro "rilla"a veladamente
entre el gris mate del hierro pulido. 6Por qu! el hierro, por qu! el oro y aquel signo que ella
no comprendía7 2o le era posi"le ha"lar en aquella ha"itación tapi)ada de ro*o, en la que
de la pared todavía colga"a la cadena a la ca"ecera de la cama, en la que todavía esta"a la
manta negra, arrugada en el suelo, en la que en cualquier momento podía entrar Pierre, el
criado, a"surdo con su uni+orme de opereta, a la lu) "rumosa de o que Jeanne di*o era la
clausura y que ya no guarda"a criados ni perros. /partó uno de los cortina*es de terciopelo
verde y salieron. .a cortina volvió a caer. Oyeron el chasquido de la ver*a. &sta"an solos en
otra antecámara que salía al parque. 2o tenían más que "a*ar la escalinata ente la que
espera"a el coche. &lla se sentó al lado de su amante que empu'ó el volante y arrancó.
$alieron del parque por la ver*a a"ierta de par en par y, despu!s de recorrer unos centenares
de metros, !l detuvo el coche para darle un "eso. &sta"an a la entrada de un pue"lo peque'o
y apaci"le que luego cru)aron. O pudo leer el nom"re del lugar en un indicador( Roissy.
Capitulo 2º Sir Stephen
&l apartamento que ocupa"a O esta"a en
la isla de $an .uis, en el <ltimo piso de
una vie*a casa orientada al $ur, mirando
al $ena. .as ha"itaciones eran
a"uhardilladas, amplias y "a*as, y las de
la +achada, que eran dos, tenían "alcones
practicados en el te*ado. Una era el
dormitorio de O y la otra, en la que del
suelo al techo, unas estanterías de li"ros
enmarca"an la chimenea, hacía las veces
de salón, de despacho y hasta de
dormitorio, si era preciso, tenía un gran
so+á +rente a os dos "alcones y, delante
de la chimeneas, una gran mesa antigua.
/llí se comía tam"i!n cuando el
comedorcito, tapi)ado de sarga verde
oscuro y con ventanas a un patio
:nterior, resulta"a realmente demasiado
peque'o para el n<mero de comensales.
Ha"ía otra ha"itación, tam"i!n con
ventanas al patio, que Ren! utili)a"a
como vestidor. O compartía con !l el
cuarto de "a'o, amarillo. .a cocina,
amarilla tam"i!n, era min<scula. Una
asistenta i"a todos los días a hacer la
limpie)a. .as ha"itaciones que da"an al
patio esta"an pavimentadas con "aldosas
ro*as heagonales, como las que se
encuentran, a partir del segundo piso, en
las escaleras de los vie*os edi+icios de
París. /l verlas, O tuvo un so"resalto(
eran iguales a las de los pasillos de
Roissy. $u ha"itación era peque'a, las
cortinas de cretona rosa y negra esta"an
corridas, el +uego "rilla"a tras la tela
metálica del guarda+uegos, la cama
esta"a preparada.
#@e he comprado un camisón de nylon
%di*o Ren!#. 2o tenías ninguno.
Un camisón de nylon "lanco, plisado,
ce'ido y +ino como las vestiduras de las
estatuillas egipcias, y casi transparente,
esta"a dispuesto al "orde de la cama, en
el lado de O. $e a*usta"a a la cintura con
una +ina tira que se anuda"a so"re unos
+runces elásticos, y el punto de nylon era
tan +ino que los pechos se transparenta"an
color de rosa. @odo, salvo las cortinas, el
panel tapi)ado de la
misma tela contra el que se apoya"a la
ca"ecera de la cama y los dos silloncitos
"a*os, recu"iertos tam"i!n de la misma
cretona, todo era "lanco( las paredes, la
colcha guateada, etendida so"re la
cama con columnas de cao"a, y que su
sumisión esta"a por encima de toda
prue"a. Pero tal ve) sí se da"a cuenta y,
si quería recalcarlo, era porque le
producía un gran placer. &lla mira"a el
+uego mientras !l ha"la"a, pero !l no,
pues no se atrevía a encontrarse con su
mirada. &l pasea"a por la ha"itación. -e
pronto, le di*o que, para escucharle,
de"ía separar las rodillas y a"rir los
"ra)os, y es que ella esta"a sentada con
las rodillas *untas y a"ra)ándoselas.
&ntonces, levantó el "orde del camisón y
se sentó so"re sus talones, como las
carmelitas o las *aponesas, y esperó,
entre los muslos sentía el agudo
cosquilleo de la piel "lanca que cu"ría el
suelo. &l insistió( no ha"ía a"ierto las
piernas lo su+iciente. .a pala"ra
IIa"reJJ y la epresión II a"re las
piernasJJ adquirían en la "oca de su
amante tanta tur"ación y +uer)a que ella
las oía siempre con una especie de
prosternación interior, de rendida
sumisión, como si hu"iera ha"lado un
dios. 0uedó, pues, inmóvil y sus manos,
con las palmas hacia arri"a, descansa"an
a cada lado de sus rodillas entra las que la
tela del camisón, etendida a su
alrededor, volvía a +ormar pliegues. .o
que su mamante quería de ella era muy
simple( que estuviera accesi"le de un
modo constante e inmediato. 2o le
"asta"a sa"er que lo esta"a, quería que lo
estuviera sin el menor o"stáculo y que
tanto su actitud como su manera de
vestir así lo advirtieran a los iniciados.
&sto quería decir, prosiguió !l, dos cosas(
la primera, que ella ya sa"ía, puesto que
se lo ha"ían eplicado la noche de su
llegada al castillo, era la de que nunca
de"ía cru)ar las piernas y de"ía
mantener siempre los la"ios
entrea"iertos. $eguramente, ella creía
que esto no tenía importancia >y así lo
creía, en e+ecto?, sin em"argo, pronto
descu"riría que, para o"servar esta
disciplina, tenía que poner una atención
constante que le recordaría, en el
secreto compartido entre ellos y acaso
con alguna otra persona, durante sus
ocupaciones ordinarias y rodeada de
tosa aquella gente a*ena al secreto, la
realidad de su condición. &n cuanto a su
ropa, de"ería elegirla o, en caso
necesario, inventarla con el +in de
perpetuar aquella semi#desnude) q que la
ha"ía sometido en el coche que los
lleva"a a Roissy, /l día siguiente, ella
escogería en sus armarios y ca*ones los
vestidos y la ropa interior, y descartaría
a"solutamente todos los slips y los
su*etadores parecidos a aqu!l cuyos
tirantes ha"ía tenido que cortar !l para
quitárselo, las com"inaciones cuyo
cuerpo le cu"riera los pechos, las "lusas
y los vestidos que no se a"rochasen por
delante y las +aldas que +ueran
demasiado estrechas para que pudiera
levantarlas con un solo movimiento. 0ue
encargara otros su*etadores, otras
"lusas y otros vestidos. Hasta entonces,
6tendría que ir con los senos desnudos
"a*o la "lusa o el *ersey7 Pues sí, iría con
los pechos desnudos, $i alguien lo notara,
ella podría eplicarlo como me*or le
pareciera, o no dar eplicación alguna,
era asunto suyo. &n cuanto a las demás
cosas que !l de"ía ense'arle, pre+ería
esperar unos días y desea"a que, para
escucharlo, ella estuviera vestida como !l
quería. &n el ca*oncito del escritorio,
encontraría todo el dinero que
necesitara. ;uando !l aca"ó de ha"lar,
ella murmuró IIte quieroJJ sin el menor
gesto. =ue !l quien echó más le'a al
+uego y encendió la lámpara de la masita
de noche, que era de opalina rosa.
&ntonces, di*o a O que se acostara y lo
esperase, que dormiría con ella. ;uando
!l volvió a entrar en la ha"itación, O
alargó la mano para apagar la lu). &ra la
mano i)quierda y lo <ltimo que vio antes
de que se hiciera la oscuridad +ue el "rillo
apagado de su sorti*a de hierro. &sta"a a
medias recostada de lado, y en aquel
mismo instante su amante la llama"a por
su nom"re en vo) "a*a y, tomándola por
el vientre, la atraía hacia sí. /l día
siguiente, O, sola, en "ata, aca"a"a de
almor)ar en el comedor verde %Ren! se
ha"ía ido temprano y no volvería hasta la
noche, para llevarla a cenar#, cuando sonó
el tel!+ono. &l aparato esta"a en el
dormitorio, a la ca"ecera de la cama, al
lado de la lámpara. O se sentó en el suelo
y descolgó. &ra Ren!, quien quería sa"er
si la asistenta se ha"ía marchado. $í,
aca"a"a de irse, despu!s de servir el
desayuno, y no volvería hasta el día
siguiente por la ma'ana. #6Has empe)ado
ya a escoger la ropa7 #preguntó Ren!.
#/hora i"a a hacerlo %respondió ella#.
Pero me he levantado tarde, me he
"a'ado y no he estado lista hasta
mediodía.#6&stás vestida7 #2o. &stoy en
camisón y "ata. #-e*a el tel!+ono y quítate
la "ata y el camisón.
O le o"edeció, tan nerviosa que el aparato
res"aló de la cama donde lo ha"ía de*ado
y cayó so"re la al+om"ra "lanca. @emió
que se hu"iera cortado la comunicación.
2o, no se ha"ía cortado. #6&stás desnuda7
%preguntó Ren!. #$í % contestó a su
pregunta y se limitó a a'adir( #6.levas el
anillo7 &lla lo lleva"a. &ntonces, !l le di*o
que permaneciera como esta"a hasta que
!l volviera y que así preparase la maleta
con la ropa de la que tenía que
deshacerse. .uego colgó. &ra más de la
una y hacía "uen tiempo. Un rayo de sol
ilumina"a, so"re la al+om"ra, el camisón
"lanco y la "ata de pana verde pálido
como las cáscaras de las almendras
tiernas que O ha"ía de*ado caer. .os
recogió y los llevó al cuarto de "a'o, para
guardarlos en el armario. /l pasar, uno de
los espe*os adosados a una puerta, que,
con un lien)o de pared y otra puerta
igualmente recu"ierta de espe*o, +orma"a
un gran espe*o de tres cuerpos, le
devolvió "ruscamente su imagen( no
lleva"a nada más que sus chinelas de piel,
verde como la "ata %apenas más oscuras
que las que se ponía en Roissy# y la
sorti*a. 2o lleva"a collar ni pulseras de
piel, esta"a sola, sin más espectadores que
ella misma. 5, sin em"argo, nunca se
sintió más sometida a una voluntad que
no era la suya, más esclava ni más +eli) de
serlo. ;ada ve) que se agacha"a para
a"rir un ca*ón, veía estremecerse
levemente sus pechos. @ardó casi dos
horas en disponer so"re la cama toda la
ropa que despu!s de"ería meter en la
maleta. ;on los slips, por descontado,
hi)o un peque'o montón al lado de una
de las columnas. $ostenes no podría
aprovechar ni uno solo( todos se cru)a"an
en la espalda y se a"rocha"an a los lados.
-e todos modos, ideó la +orma en que
podría mandar hacer el mismo modelo,
poniendo el cierre delante, "a*o el surco
que +orma"an los senos. .os cinturones
tampoco o+recieron di+icultades, pero ella
se resistía a desechar el corpi'o de sat!n
de "rocado rosa con cordones en la
espalda, tan parecido al cors! que
lleva"a en Roissy. .o de*ó a un lado,
encima de la cómoda. 0ue decidiera
Ren!. 5 que decidiera tam"i!n lo que
tenía que hacer con los *ersey, todos
cerrados a ras de cuello y que se ponían
por la ca"e)a. Pero podían su"irse a
partir de la cintura para descu"rir los
senos. @am"i!n las com"inaciones
quedaron amontonadas encima de la
cama. &n el ca*ón de la cómoda no
guardó
más que una enagua "a*era de +aya
negra, con un volante plisado y peque'as
puntillas de 8alenciennes, que lleva"a
de"a*o de una +alda en pliegues soleil de
una lana negra tan +ina que se
transparenta"a. 2ecesitaría más
enaguas "a*eras, claras y cortas.
;omprendió que tendría que renunciar a
llevar vestidos estrechos o "ien elegir
modelos que se a"rocharan de arri"a
a"a*o y encargar ropa interior que se
a"riera al mismo tiempo que el vestido.
.o
de las enaguas era +ácil de arreglar y lo
de los vestido, tam"i!n, pero, 6qu! diría
su lencera so"re la ropa interior a"ierta7
.e eplicaría que quería un +orro de
quita y pon porque era muy +riolera. 5 lo
era realmente. -e pronto, se preguntó
cómo i"a a soportar el +río de l acalle en
invierno, tan desa"rigada. ;uando hu"o
terminado y de su vestuario no decidió
conservar más que los vestidos
camiseros, todos a"rochados por
delante, la +alda negra, los a"rigos,
naturalmente, y el tra*e chaqueta que
lleva"a a su regreso de Roissy, +ue a
preparar el t!. &n la cocina, su"ió el
termostato de la cale+acción, la
asistenta no ha"ía llenado el cesto del
salón con le'os para la chimenea, y O
sa"ía que a su amante le gustaría
encontrarla *unto al +uego cuando
volviera por la noche. .lenó el cesto con
le'os de los que guarda"a en el co+re del
pasillo, lo llevó al salón y encendió el
+uego. 5 así, acurrucada en un "utacón,
con la "ande*a del t! a su lado, esperó su
vuelta, pero esta ve) le espera"a, tal
como !l le ha"ía ordenado, desnuda.
.a primera di+icultad que se le presentó
a O +ue en su tra"a*o. -i+icultad es
mucho decir. /som"ro sería la pala"ra
más apropiada. O tra"a*a"a en el servicio
de moda de una agencia +otográ+ica. .o
cual quiere decir que, en el estudio, tenía
que retratar a las mu*eres más eóticas
y más atractivas que elegían los modistas
para presentar sus modelos, en sesiones
de veras hora. ;ausó etra'e)a que O
prolongara sus vacaciones hasta tan
entrado el oto'o y que se ausentara
precisamente en la !poca de mayor
actividad, cuando i"a a salir la nueva
moda. Pero esto era lo de menos. Aayor
asom"ro causó que hu"iera cam"iado
tanto. / primera vista, no se sa"ía en qu!
ha"ía cam"iado, pero se la nota"a
distinta y, cuanto más se la o"serva"a,
más evidente se hacía el cam"io.
;amina"a más erguida, tenía la mirada
más clara y lo que más llama"a la
atención era la per+ección de su
inmovilidad y la armonía de sus
ademanes.
$iempre ha"ía vestido con so"riedad,
como visten las mu*eres que tra"a*an
cuando su tra"a*o se parece al de los
hom"res, pero por más que tratara de
disimular, dado que las otras mu*eres,
que constituían el o"*eto de su tra"a*o,
tenían por ocupación, y por vocación, el
atuendo, no tardaron en advertir lo que a
otros o*os hu"iera pasado inadvertido.
.os *erseys que O lleva"a directamente
so"re la piel, "a*o los que se di"u*a"a
con suavidad el contorno de los senos
%+inalmente, Ren! ha"ía autori)ado los
*erseys# y las +aldas plisadas que se
arremolina"an con +acilidad, llegaron a
adquirir la apariencia de un discreto
uni+orme. #Un estilo muy de ni'a % le di*o
un día con aire "urlón una maniquí ru"ia
de o*os verdes, que tenía los pómulos
salientes y la piel oscura de los eslavos.
Pero hace mal en llevar ligas redondas.
$e estropeará las piernas.
5 es que O, sin darse cuente, se ha"ía
sentado, girándose "ruscamente, en el
"ra)o de una "utaca de cuero, y la +alda
se le ha"ía su"ido. .a muchacha vio
+uga)mente la piel desnuda del muslo
encima de la media enrollada que
termina"a más allá de la rodilla. O la vio
sonreír de un modo etra'o y se
preguntó qu! ha"ría pensado o tal ve)
comprendido.
$e estiró las medias, una tras otra, para
tensarlas más a<n, lo cual era más di+ícil
que con un liguero normal y respondió a
Jacqueline, como *usti+icándose(
#&s práctico. #6práctico para qu!7
#2o me gustan los ligueros %respondió O.
Pero Jacqueline no la escucha"a. &sta"a
mirando la sorti*a de hierro. &n varios
días, O hi)o de Jacqueline unos
cincuenta clis!s. 2o se parecían a los que
ha"ía hecho hasta entonces. 5 es que, tal
ve), nunca ha"ía tenido seme*ante
modelo. .o cierto es que nunca ha"ía
sa"ido sacar de un rostro o de un cuerpo
tan conmovedor signi+icado. 5, en
realidad, no se trata"a más que de dar
mayor realce a las sedas, las pieles y los
enca*es con aquella s<"ita hermosura de
hada sorprendida ante el espe*o que
adquiría Jacqueline tanto con la "lusa
más sencilla como con el más suntuoso
a"rigo de visón. @enía el ca"ello corto,
ru"io y espeso, ligeramente ondulado. /la
menor indicación, inclina"a ligeramente
la ca"e)a hacia el hom"ro i)quierdo y
apoya"a la me*illa en el cuello levantado
de su a"rigo de piel, si lleva"a a"rigo de
piel. O la retrató una ve) en esta actitud,
sonriente y dulce, con el ca"ello
ligeramente levantado como por el viento
y su delicado pómulo acariciado por el
visón a)ul, gris y suave como la ceni)a
reciente de la le'a. @enía los la"ios
entrea"iertos y entorna"a los o*os. 1a*o
el "rillo acuoso y glaseado de la +oto.
Parecía una "elle)a ahogada, plácida,
+eli) y pálida, muy pálida. O mandó hacer
la prue"a en un tono gris muy tenue. Pero
ha"ía hecho de Jacqueline otra +oto que
la trastorna"a a<n más( a contralu), con
los hom"ros desnudos, un velo negro, de
malla ancha ci'!ndole la ca"e)a y la cara,
terminada por arri"a por una a"surda
do"le pluma de pavo, cuya pelusa
impalpa"le la corona"a como humo,
lleva"a un inmenso vestido de grueso
"rocado de seda, ro*o como un vestido
de novia de la &dad Aedia, que le llega"a
hasta los pies, de amplia +alda, ce'ido a
la cintura y cuyo arma)ón le real)a"a el
pecho. &ra lo que los modistas llaman un
vestido de gala, algo que nadie lleva
nunca. .as sandalias, de tacón muy alto,
tam"i!n eran de seda ro*a. 5, mientras
Jacqueline estuvo delante de O con aquel
vestido, aquellas sandalias y aquel velo,
que era como la premonición de una
máscara, O completa"a mentalmente el
modelo( tan poco era lo que hacía +alta %
el talle más ce'ido, los senos más
descu"iertos#, y sería igual al vestido que
lleva"a Jeanne en Roissy, la seda gruesa,
lisa, cru*iente, la seda que levantas con la
mano cuando te dicen... 5 Jacqueline la
levanta"a, para "a*ar de la plata+orma
en la que ha"ía estado posando durante
un cuarto de hora. &l mismo murmullo, el
mismo cru*ido de ho*as secas. 60u! nadie
lleva esos vestidos de gala7 /h, sí. 5
Jacqueline tam"i!n lleva"a al cuello una
gargantilla de oro y pulseras de oro en
las mu'ecas. O pensó que estaría mas
hermosa con gargantilla y pulseras de
cuero. 5 aquel día hi)o algo que no ha"ía
hecho nunca( siguió a Jacqueline al
vestuario contiguo al estudio en el que
las modelos se maquilla"an y de*a"an la
ropa cuando salían. $e quedó apoyada en
el marco de la puerta, con los o*os +i*os
en el espe*o del tocador ante el que se
ha"ía sentado Jacqueline, todavía con el
vestido ro*o. &l espe*o era tan grande
%ocupa"a toda la pared del +ondo, y el
tocador era una simple place de vidrio
negro# que O veía en !l a un tiempo a
Jacqueline, a sí misma y a la encargada
del vestuario que esta"a quitándole las
plumas y el velo de tul. Jacqueline se
desa"rochó ella misma el collar, con sus
"ra)os desnudos levantados como dos
asas, el sudor "rilla"a levemente en sus
ailas depiladas >II6por qu!7 % se di*o
O., qu! lástima, con lo ru"ia que esJJ?, y
O perci"ió su olor acre y +ino, un poco
vegetal, y se preguntó qu! per+ume
de"ería usar Jacqueline, qu! per+ume
ha"ría que hacer usar a Jacqueline.
Jacqueline se quitó despu!s las pulseras
y las de*ó encima del cristal, en el que
tintinearon como cadenas. @enía el
ca"ello tan ru"io que su piel parecía más
oscura, mate y dorada como la arena al
retirarse la marea. &n la +oto, la seda
ro*a será negra, &n aquel momento, las
gruesas de*as de Jacqueline que ella no
maquilla"a sino a rega'adientes, se
al)aron y O trope)ó en el espe*o con su
mirada, tan +ranca e inmóvil que, sin
poder apartar la suya, se sintió sonro*ar
lentamente. &sto +ue todo.
#Perdone %di*o Jacqueline#, tengo que
cam"iarme. Perdón %murmuró O
cerrando la puerta.
/l día siguiente, se llevó a su casa las
prue"as de los clis!s que ha"ía sacado la
víspera, sin sa"er si quería o no
ense'árselos a su amante, con el que
de"ía cenar +uera. Aientras se
maquilla"a, delante del tocador de su
cuarto, las mira"a y se interrumpía para
seguir con el dedo, so"re la +oto, la línea
de una ce*a o de una sonrisa. Pero, al oír
el ruido de la llave en la cerradura de la
puerta de entrada, las guardó en el
ca*ón.
Hacía dos semanas que O esta"a
completamente equipada y a<n no se
ha"ía acostum"rado a estarlo cuando,
una tarde, al volver del estudio, encontró
una nota de su amante en la que !l le
roga"a que estuviera arreglada a las
ocho para salir a cenar con !l y con un
amigo. Un coche iría a recogerla y el
chó+er su"iría a "uscarla. &n la posdata
puntuali)a"a que de"ía llevar la chaqueta
de piel y vestirse totalmente de negro
>IItotalmenteJJ su"rayado? y
maquillarse y per+umarse como en
Roissy. &ran las seis. @otalmente de
negro y para cenar. &ra diciem"re y hacía
+río, de manera que tendría que ponerse
medias de nylon negras, guantes negros,
la +alda plisada en a"anico y un grueso
*ersey "ordado de lente*uelas o el *ustillo
de +aya. Optó por el *ustillo que era
pespunteado y se a"rocha"a desde el
cuello hasta el talle, ce'ido como los
severos *u"ones masculinos del siglo 98:
y, al llevar el sost!n incorporado, le
di"u*a"a per+ectamente el "usto. &sta"a
+orrado de +aya y el +aldón le llega"a a la
cadera.
$ólo la anima"an unos grandes "roches
dorados, parecidos a esos grandes
corchetes que llevan las "otas de nieve
de los ni'os y que chasquean al a"rirse y
cerrarse so"re las grandes anillas planas,
/ O le resulta"a etra'o, una ve) hu"o
preparado la ropa so"re la cama a cuyo
pie de*ó los )apatos de ante negro, con
+ino tacón de agu*a, verse, sola y li"re,
esmerándose en arreglarse y per+umase
como en Roissy. .os cosm!ticos que
tenía en su casa no eran los que se
utili)a"an allí. &n el ca*ón del tocador
encontró colorete %nunca se lo ponía# que
ahora utili)ó para te'irse la aureola de los
senos. /penas se veía el color en el
momento de aplicarlo, pero despu!s se
oscurecía. .e pareció que se ha"ría puesto
demasiado, se lo quitó un poco con
alcohol %costa"a tra"a*o quitarlo# y
volvió a empe)ar( un oscuro rosa tipo
peonía +loreció en la punta se sus senos.
&n vano trató de te'ir del mismo color los
la"ios in+eriores, ocultos por el vello del
pu"is, en ellos no queda"a +i*o. Por +in,
entre los lápices de la"ios, encontró un
ro*o permanente que no le gusta"a usar
porque era demasiado seco e indele"le.
/llí, iría "ien, $e arregló el ca"ello, la
cara y se per+umó. Ren! le ha"ía
regalado, en un vapori)ador que lo
proyecta"a en espesa "ruma, un per+ume
cuyo nom"re ella ignora"a y que olía a
"osque seco y a planta de marisma,
áspero y silvestre. $o"re la piel la "ruma
se diluía y se desli)a"a so"re el vello de
las ailas y del vientre, se +i*a"a en +inas
gotas min<sculas. &n Roissy ha"ía
aprendido O la lentitud( se per+umó tres
veces de*ando secar el per+ume cada
ve). Primero se puso las medias y los
)apatos de tacón alto, despu!s la enagua,
la +alda y, por <ltimo, el *u"ón, $e cal)ó
los guantes y cogió el "olso. -entro del
"olso lleva"a la polvera, la "arra de
la"ios, un peine, la llave y mil +rancos.
;on los guantes puestos, sacó del armario
la chaqueta de piel y miró la hora en el
relo* de la masita de noche( eran las ocho
menos cuarto. $e sentó en el "orde de la
cama y, con los o*os +i*os en el
despertador, esperó inmóvil a que sonara
el tim"re. ;uando al +in lo oyó y se
levantó para salir, en el espe*o del
tocador, antes de apagar la lu), vio su
mirada auda). -ulce y dócil.
;uando empu*ó la puerta de peque'o
restaurante italiano en el que el coche la
de*ó, la primera persona a la que vio en el
"ar +ue a Ren!. &l le sonrió con ternura,
le tomó una mano y, volvi!ndose hacia
una especie de atleta de pelo gris, le
presentó, en ingl!s, a $ir $tephen H. .e
o+recieron un ta"urete situado entre los
dos y, cuando i"a a sentarse, Ren! le di*o
en vo) "a*a que procurase no arrugarse
la +alda. &l la ayudó a desli)arse so"re el
ta"urete cuyo +río cuero sintió ella en la
piel y, entre los muslos, el "orde
metálico, pues no se atrevía a sentarse
más que a medias, por temor a ceder a la
tentación de cru)ar las piernas si se
senta"a del todo. .a +alda se
desparrama"a a su alrededor. &l tacón
derecho se enganchó en uno de los
"arrotes del ta"urete y la punta del pie
i)quierdo se apoya"a en el suelo. &l
ingl!s, quien se ha"ía inclinado ante ella
sin decir pala"ra, no le quita"a la vista
de encima. &lla o"servó que le mira"a las
rodilla, las manos y por <ltimo los la"ios,
pero tan tranquilamente y con una
atención tan pertina) y precisa que O
tuvo la impresión de que era sopesada y
*u)gada como el instrumento que ella
sa"ía que era, y, como o"ligada por
aquella mirada, casi a pesar suyo se quitó
los guantes( sa"ía que !l ha"laría cuando
ella tuviera las manos desnudas %porque
sus manos eran especiales, parecían más
de nom"re que de mu*er y porque en el
anular de la i)quierda lleva"a la sorti*a
de acero con la triple espiral de oro#.
Pero no, no di*o nada. $ólo sonrió( ha"ía
visto la sorti*a. Ren! "e"ía un Aartini y
$ir $tephen, GhisHy. &l terminó
lentamente su GhisHy y esperó a que
Ren! "e"iera su segundo Aartini y O, el
)umo de pomelo que Ren! ha"ía pedido
para ella mientras le eplica"a que, si ella
no tenía inconveniente, podrían cenar en
el comedor del sótano que era más
peque'o y más tranquilo que el situado en
la planta "a*a, a continuación del "ar.
#-esde luego %di*o O, cogiendo el "olso y
los guantes que de*ara en la "arra.
&ntonces, para ayudarla a "a*ar del
ta"urete, $ir $tephen le tendió la mano
derecha en la que ella puso la suya, y las
primeras pala"ras que le dirigió +ueron
para comentar que sus manos parecían
hechas para llevar hierro, que los hierros
le senta"an muy "ien. Pero se lo di*o en
ingl!s, lo cual da"a lugar a un ligero
equívoco, ya que tanto podía re+erirse al
metal como, lo que era más pro"a"le, a
las cadenas. &n el comedor del sótano,
que era una simple "odega encalada, pero
+resca y alegre, no ha"ía, e+ectivamente,
más que cuatro mesas de las que sólo una
esta"a ocupada por unos clientes que ya
aca"a"an de cenar. &n las paredes
esta"a pintado un mapa gastronómico y
turístico de :talia con colores suaves
como los de los helados de vainilla, +resa
o caramelo, &llo hi)o pensar a O que de
postre pediría helado, con almendra
picada y nata. $e sentía +eli) y ligera. .a
rodilla de Ren! ro)a"a la suya por de"a*o
de la mesa y, cuando ha"la"a, ella sa"ía
que ha"la"a para ella. &l tam"i!n le
mira"a los la"ios. .e permitieron tomar el
helado, pero no ca+!. $ir $tephen los
invitó a los dos a tomar ca+! en su casa.
Ha"ían cenado muy +rugalmente, y O
o"servó que casi no ha"ían "e"ido ni la
ha"ían de*ado "e"er( media "otella de
;hianti para los tres. @erminaron muy
pronto( eran apenas las nueve.
#He despedido al chó+er %di*o $ir
$tephen#. 60uieres conducir t<, Ren!7
.o más práctico será ir directamente a
mi casa.
Ren! se sentó al volante, O lo hi)o a su
lado y $ir $tephen se instaló al lado de
ella. &l coche era un 1uicH grande, y en el
asiento delantero ca"ían los tres con
holgura.
-espu!s del /lma, al ;ours#la#Reine
aparecía despe*ado porque los ár"oles
esta"an sin ho*as, y la Place de la
;oncorde centelleante y seca "a*o el
cielo som"río de las horas en las que se
acumula la nieve sin decidirse a caer. O
oyó un leve chasquido y sintió que por las
piernas le su"ía aire caliente( $ir
$tephen ha"ía puesto la cale+acción.
Ren! siguió un trecho por la orilla
derecha del $ena y, al llegar al
Pont#Royal, torció hacia la orilla
i)quierda. &ntre sus dogales de piedra, el
agua quieta parecía tam"i!n de piedra y
negra. O pensó entonces en las hematíes
oscuras. ;uando tenía quince a'os, su
me*or amiga, que tenía treinta y de la que
esta"a enamorada, lleva"a en un anillo
unas hematites rodeadas de peque'os
diamantes. / O le hu"iera gustado tener
un collar de aquellas piedras negras, pero
sin diamantes, una gargantilla. Pero,
6cam"iaría los collares que ahora le
da"an %no, no se los da"an# por el collar
de hematites, por las hematites del
sue'o7 Recordó la mísera ha"itación a la
que la llevara Aarion, detrás del cruce
de @u"igo y, cómo ella ha"ía deshecho,
ella, no Aarion , sus largas tren)as de
colegiala, cuando Aarion la desnudó y la
echó so"re la cama de hierro. ;uán "ella
era Aarion cuando la acaricia"a, y es
verdad que los o*os pueden parecer
estrellas, los suyos parecían estrellas
a)ules y titilantes. Ren! detuvo el coche.
O no reconoció la calle estrecha, una de
las que enla)an transversalmente la Rue
de la Univesit! con la de .ille.
&l apartamento de $ir $tephen esta"a al
+ondo de un patio, en el ala de un antiguo
edi+icio, con las ha"itaciones dispuestas
en cru*ía. .a <ltima era tam"i!n la más
grande y la más sedante, con su mue"les
de cao"a de estilo ingl!s y sus sedas
pálidas, amarillas y grises.
#2o voy a pedirle que se ocupe del +uego
%di*o $ir $tephen a O., pero este so+á es
para usted. $i!ntese, por +avor. Ren!
preparará el ca+!. $ólo deseo pedirle que
me escuche.
&l gran so+á de damasco claro esta"a
perpendicular a la chimenea, +rente a las
ventanas que da"an a un *ardín y de
espaldas a otras que se a"rían al patio. O
se quitó la chaqueta y la de*ó en el
respaldo del so+á. /l volverse, vio que su
amante y su an+itrión espera"an de pie
que ella o"edeciera la invitación de $ir
$tephen. -e*ó el "olso al lado de la
chaqueta y se quitó los guantes. 6;uándo
aprendería, si lo aprendía alguna ve), a
levantarse la +alda en el momento de
sentarse con el su+iciente disimulo para
que nadie lo notara y hasta ella misma
pudiera olvidar su desnude) y su
sumisión7 -esde luego, no mientras su
amante y aquel desconocido la miraran en
silencio, como hacían en aquel momento.
&lla cedió al +in, $ir $tephen avivó el
+uego y Ren!, s<"itamente, se situó
detrás del so+á y, asiendo a O por la
garganta y los ca"ellos, la o"ligó a echar
la ca"e)a hacia atrás y la "esó en la
"oca, tan larga y pro+undamente que ella
perdió el aliento y sintió que el vientre le
ardía, como si +uera a derretirse. 2o la
soltó más que para decirle que la quería y
volvió a "esarla. .as manos de O,
reposa"an con las palmas hacia arri"a,
so"re la tela negra de su vestido que se
etendía en +orma de corola a su
alrededor. $ir $tephen se acercó a ellos,
y, cuando Ren! la de*ó por +in y ella a"rió
los o*os, se encontró con la mirada +i*a y
gris del ingl!s. /unque aturdida y
*adeante de +elicidad, pudo darse cuenta
de que !l la admira"a y desea"a. 60ui!n
hu"iera podido resistir a su "oca h<meda
y entrea"ierta, a sus la"ios hinchados, a
su garganta "lanca so"re el cuello negro
de su *u"ón y a sus o*os, grandes, claros
y +rancos7 Pero lo <nico que se permitió
$ir $tephen +ue acariciarle suavemente
las ce*as y los la"ios con la yema del
dedo. .uego, se sentó +rente a ella, al
otro lado de la chimenea, y, cuando Ren!
se hu"o sentado a su ve) en una "utaca,
empe)ó a ha"lar.
@engo entendido que Ren! no le ha
ha"lado nunca de su +amilia. -e todos
modos, tal ve) sepa ya que su madre,
antes de casarse con su padre, ha"ía
estado casada con un ingl!s que ya tenía
un hi*o de un matrimonio anterior. 5o soy
ese hi*o y +ui educado por ella hasta el
día en que a"andonó a mi padre. 2o
tengo, pues, ning<n parentesco con Ren!,
y, sin em"argo, en cierto modo, somos
hermanos. 0ue Ren! la ama lo s!. .o
ha"ría descu"ierto aunque !l no me lo
hu"iera dicho e incluso sin que !l hu"iera
hecho un solo movimiento. 1asta con ver
cómo la mira. $! tam"i!n que usted ha
estado en Roissy y supongo que volverá
allí alg<n día. &n principio, la sorti*a que
lleva me da derecho a disponer de usted,
como lo da a todo aquel que conoce su
signi+icado. Pero en estos casos no se
trata más que de una relación pasa*era y
lo que nosotros esperamos de usted es
más +uerte. -igo nosotros, porque ha"lo
tam"i!n en nom"re de Ren!. $í, en cierto
modo, somos hermanos, yo soy el mayor.
@engo die) a'os más que !l. &ntre
nosotros eiste una li"ertad tan antigua
y a"soluta que hace que todo lo que me
pertenece sea suyo y lo que le pertenece
a !l sea tam"i!n mío. 6;onsiente usted en
participar en esta relación7 5o se lo
ruego, y le pido su consentimiento que la
comprometerá a<n más que su sumisión,
que ya s! es segura. /ntes de
contestarme, piense que yo sólo soy, que
no puedo ser, sino otra +orma de su
amante( que siempre tendrá un <nico
due'o. Aás temi"le, lo concedo, que los
hom"res a los que +ue entregada en
Roissy, porque yo estar! ahí todos los
días y, además, me gustan la costum"re y
el rito. >/nd, "esides, : am +ond o+
ha"its and rites...? .a vo) pausada y
serena de $ir $tephen resona"a en un
silencio a"soluto. .as mismas llamas de
la chimenea alum"ra"an sin ruido. O
esta"a clavada el so+á como una mariposa
traspasada por un al+iler, un largo al+iler
de pala"ras y de miradas que taladra"a su
cuerpo y apreta"a sus nalgas, desnudas y
atentas contra la seda ti"ia del so+á. 2o
sa"ía dónde tenía los senos, ni la nuca, ni
las manos. Pero no podía dudar que los
há"itos y ritos de que le ha"la"an tendrían
por o"*eto la posesión, entre otras partes
de su cuerpo, de sus largos muslos
ocultos "a*o la +alda negra y a"iertos ya
de antemano. .os dos hom"res esta"an
sentados +rente a ella. Ren! +uma"a, pero
ha"ía encendido a su lado una de esas
lámparas de capuchón negro que devoran
el humo, y el aire, puri+icando ya por el
+uego de le'a, tenía el aroma +resco de la
noche. #6Ae contesta ya o quiere sa"er
más7 #preguntó $ir $tephen. $i aceptas,
yo mismo te eplicar! las pre+erencias de
$ir $tephen. #.as eigencias % recti+icó
!ste. O se decía que lo más di+ícil no era
aceptar y comprendía que ni uno ni otro
ha"ían pensado ni un momento, como
tampoco ella, que pudiera negarse. .o
más di+ícil era ha"lar. .e ardían los
la"ios, tenía la "oca seca, le +alta"a la
saliva, una angustia de miedo y deseo le
atena)a"a la garganta, y sus manos, que
ahora volvía a sentir, esta"an +rías y
h<medas. $i, por lo menos, hu"iera
podido cerrar los o*os, Pero no. -os
miradas a las que no podía, ni quería,
escapar, perseguían la suya. .a
empu*a"an hacia algo que creía ha"er
de*ado para mucho tiempo, tal ve) para
siempre, en Roissy. 5 es que, desde su
regreso, Ren! no la ha"ía tomado más
que con caricias, y el sím"olo de su
pertenencia a todos los que conocieran el
secreto de su sorti*a no ha"ía tenido
consecuencias, o no encontró a nadie que
lo conociera o, si alguien lo conoció,
calló. .a <nica persona de quien
sospecha"a era Jacqueline >y, si
Jacqueline ha"ía estado en Roissy, 6por
qu! no lleva"a ella tam"i!n la sorti*a7 65
qu! derecho le da"a a Jacqueline, si
alg<n derecho le da"a, la participación en
aquel secreto7?. Para ha"lar, 6tendría
que moverse7 Por su propia voluntad, no
podía, una orden la hu"iera hecho
levantarse al instante, pero esta ve) no
querían que o"edeciese, sino que se
adelantase a la orden, que se
constituyese en esclava y se entregase. /
esto llama"an ellos su consentimiento.
Recordó que nunca ha"ía dicho a Ren!
más que IIte quieroJJ y IIsoy tuyaJJ.
/l parecer, ahora querían que ha"lase y
aceptara eplícitamente lo que hasta
entonces aceptara sólo en silencio. /l +in
se incorporó y, como si lo que i"a a decir
la ahogara, desa"rochó los corchetes de
su *u"ón hasta el "usto. .uego, se
levantó. .e tem"la"an las rodillas y las
manos.
#$oy tuya %di*o al +in a Ren!#. $er! lo que
t< quieras que sea.
#2o, nuestra %repuso !l#. Repite conmigo(
soy vuestra y ser! siempre lo que
vosotros queráis que sea.
.os o*os grises y duros de $ir $tephen no
se aparta"an de ella, ni los de Ren!, en
los que se perdía, mientras i"a repitiendo
las +rases que !l le dicta"a y poni!ndolas
en primera persona, como en un e*ercicio
gramatical.
#2os reconoces a mí y a $ir $tephen el
derecho... %decía Ren!.
#@e recono)co a ti y a $ir $tephen el
derecho...
&l derecho de disponer de su cuerpo a su
anto*o, en cualquier lugar y +orma que
ellos desearan, el derecho a tenerla
encadenada, el derecho a a)otarla como
a una esclava, o como a una condenada,
por la más mínima +alta o porque ellos
quisieran, el derecho a no escuchar sus
s<plicas ni sus gritos, si la hacían gritar.
#Ae parece que es aquí y ahora cuando
$ir $tephen desea reci"irte, entregada
por mí y por ti misma %di*o Ren!#, y
cuando yo he de enumerarte sus
eigencias.
O, mientras escucha"a a su amante,
recoda"a las pala"ras que !l le di*era en
Roissy( eran casi las mismas. Pero
entonces las escuchó a"ra)ada a !l,
protegida por un aire de irrealidad que
les da"a carácter de sue'o, por la
sensación de que eistía en otra vida o,
tal ve), que no eistía. $ue'o o pesadilla,
muros de prisión, tra*ees de gala,
encapuchados, todo la ale*a"a de su
propia vida, incluso en no sa"er cuánto
duraría. /llí se sentía como el plena
noche, en medio de un sue'o que uno
reconoce y que se repite( segura de que
eiste y segura de que ha de aca"ar y
deseando que aca"e porque temes no
poder resistirlo y que contin<e porque
deseas conocer el +inal. Pues "ien, el
+inal ha"ía llegado cuando ya no lo
espera"a y "a*o la +orma más inesperada
>suponiendo, como se decía ahora, que
aqu!l +uera el +inal, que detrás de !l no
ocultara otro y otro más?. &ste desenlace
de ahora consistía en traerla del
recuerdo al presente y en que cosas que
no tenían realidad más que en un círculo
cerrado, en un universo aparte, i"an a
contaminar de pronto todas las
situaciones y todos los há"itos de su vida
cotidiana, y, so"re ella y en ella, ya no
i"an a reducirse a simples se'ales o
sím"olos %las caderas desnudas, los
cuerpos a"iertos por delante, la sorti*a
de hierro#, sino que le impondrían un
cumplimento. &ra verdad que Ren! nunca
la ha"ía golpeado y la <nica di+erencia en
sus relaciones entre la !poca de antes y
Roissy y el tiempo transcurrido desde
que ella volviera de allí era que ahora !l
se servía de su grupa y de su "oca
además de su vientre. &lla nunca supo si
los latiga)os que ha"ía reci"ido en Roissy
con los o*os vendados, o de +lagelantes
encapuchados, en alguna ocasión le
+ueron dados por !l, pero le parecía que
no. $eguramente, el placer que !l o"tenía
ante el espectáculo de su cuerpo
encadenado y entregado, de"ati!ndose
en vano, y al oír sus gritos, era tan vivo
que no consentía en privarse de la menor
parte de !l prestando sus propias mano,
porque su intervención activa le hu"iera
distraído. 5 ahora lo con+esa"a así, ya
que, cari'osa, suavemente, sin moverse
de la "utaca en la que esta"a hundido,
con una pierna encima de la otra, le decía
lo +eli) que se sentía al entregarla, a
inducirla a entregarse a las órdenes y a
la voluntad de $ir $tephen. ;uando $ir
$tephen deseara que pasara la noche, o
aunque sólo +uera una hora, en su casa, o
que le acompa'ara a alg<n restaurante o
espectáculo de París o de +uera de París,
la llamaría por tel!+ono y le enviaría el
coche, a menos que +uera a "uscarla el
propio Ren!. &n aquel momento, ella
tenía
la pala"ra. 6;onsentía7 Pero ella no podía
ha"lar. .a voluntad que le pedían que
epresara era la voluntad de
a"andonarse, de aceptar por anticipado
cosas a las que ella sin duda desea"a
decir que sí, pero a las que su cuerpo se
nega"a, por lo menos, en lo relativo al
látigo. Pues, por lo demás, si tenía que ser
sincera consigo misma, se sentía
demasiado tur"ada por el deseo que leía
en los o*os de $ir $tephen para
enga'arse y, por más que tem"lara, o tal
ve) precisamente por tem"lar, sa"ía que
ella espera"a con más impaciencia que !l
el momento en el que !l pasara su mano,
o
qui)á sus la"ios, en ella. $eguramente,
quiera que +uera su valor, o el deseo que
sintiera, llegado el momento de
responder, des+alleció de tal modo que
cayó al suelo con la +alda etendida a su
alrededor, y $ir $tephen comentó con
vo) sorda en el silencio que el miedo
tam"i!n le senta"a "ien. 2o se lo di*o a
ella, sino a Ren!. / O le pareció que
hacía
un es+uer)o para no avan)ar hacia ella y
lo lamentó. $in em"argo, ella no le
mira"a, tenía los o*os +i*os en Ren!,
temerosa de que !l adivinara en los suyos
algo que tal ve) pudiera considerar una
traición. 5 no lo era, pues, si hu"iera
tendido que elegir entre su deseo de ser
poseída por $ir $tephen y su amor por
Ren!, no hu"iera vacilado ni un segundo,
en realidad, se cedía a aquel deseo era
porque Ren! se lo permitía y, en cierto
modo, le hacía entender que se lo
ordena"a. $in em"argo, le queda"a la
duda de si no se en+adaría al verse
o"edecido tan aprisa. / la menor se'al
que !l le hiciera, aquel deseo se "orraría.
Pero !l no le hi)o se'al alguna y se
contentó con pedirle, por tercera ve),
una respuesta. -urante mucho rato,
tanto que tuvo tiempo de repetirse
mentalmente la +rase veinte veces, nadie
respondió. .uego, la ve) de $ir $tephen
di*o lentamente(
#-e ve) en cuando.
O oyó cru*ir una cerilla y un tintineo de
vasos( seguramente, uno de los dos se
servía más GhisHy. Ren! la de*a"a
inde+ensa. Ren! calla"a.
#/unque ahora consienta %di*o ella#,
aunque ahora lo prometa, no podr!
soportarlo.
#2o le pedimos sino que se preste a ello y
que consienta de antemano en que todas
sus s<plicas y sus gritos serán en vano
%di*o $ir $tephen.
#DOh, por +avor, todavía noE %di*o O al ver
que $ir $tephen se levanta"a.
Ren! tam"i!n se puso en pie, se inclinó
hacia ella y la tomó por los hom"ros.
#Responde ya, 6aceptas7
&lla di*o al +in que acepta"a. &l la levantó
suavemente y, sentado en el so+á, la
o"ligó a arrodillarse a su lado, de cara al
so+á, con los "ra)os etendidos, los o*os
cerrados y la ca"e)a y el "usto
descansando en el asiento. &ntonces, ella
recordó una imagen que ha"ía visto hacía
a'os, una curiosa estampa que
representa"a a una mu*er arrodillada,
como ahora esta"a ella, delante de un
sillón, en una ha"itación de suelo
em"aldosado. &n un rincón, *uga"an un
perro y un ni'o. .a mu*er tenía las +aldas
levantadas, y un hom"re que esta"a de
pie a su lado sostenía en el aire un
pu'ado de varas. @odos i"an vestidos con
tra*es de +inales del siglo 98: y el
gra"ado tenía un título que le pareció
indignante( II&l correctivo +amiliarJJ.
Ren! le su*eta"a las mu'ecas con una
mano y con la otra le levantó la +alda,
tanto, que ella sintió que la "asa plisada
le ro)a"a la me*illa. .e acarició la parte
"a*a del talle e hi)o o"servar a $ir
$tephen los hoyos que se di"u*a"an en su
carne y la suavidad del surco que dividía
sus muslos. .uego, apoyó la mano en la
cintura que separara un poco más las
rodillas. &lla o"edeció sin decir pala"ra.
&l que Ren! hiciera los honores de su
cuerpo, los comentarios de $ir $tephen,
la "rutalidad de los t!rminos que
utili)a"an los dos hom"res le provocaron
un acceso de vergFen)a tan violenta e
inesperada que se desvaneció el deseo
que sentía de ser poseída por $ir
$tephen y se puso a esperar el látigo
como una li"eración, y el dolor y los
gritos, como una *usti+icación. Pero las
manos de $ir $tephen le a"rieron el
vientre, +or)aron su grupa, entrando y
saliendo, acariciándola hasta hacerla
gemir, humillada por su gemido, y
derrotada.
#@e de*o con $ir $tephen %le di*o
entonces Ren!. 0u!date como estás. &l
te enviará a casa cuando quiera.
6;uántas veces no estuvo ella en Roissy,
de rodillas, en actitud parecida, o+recida
a cualquiera7 Pero, entonces, esta"a
atada por los "ra)aletes que le
mantenían las manos unidas, +eli)
prisionera a la que todo se le imponía, a la
que nunca se le pedía nada. /quí, si
permanecía semidesnuda era por su
propia voluntad, pues un solo
movimiento, el que haría para ponerse de
pie, "astaría para cu"rirla. $u promesa la
ata"a humillada, 6no resulta"a tam"i!n
dulce pensar que era su humillación, su
o"ediencia, su docilidad, lo que hacía que
no tuviera precio7 Ren! se +ue, y $ir
$tephen lo acompa'ó hasta la puerta. &lla
se quedó sola, quieta, sinti!ndose más
epuesta en la soledad que cuando ellos
esta"an allí. .a seda gris y amarilla del
so+á esta"a lisa "a*o su +alda, a trav!s
de sus medias de nylon, sentía en las
rodillas la lana mullida de la al+om"ra y,
en el muslo i)quierdo, el calor de la
chimenea en la que $ir $tephen ha"ía
puesto tres le'os que ardían
ruidosamente. &ncima de una cómoda
ha"ía un relo* de pared antiguo con un
tictac tan leve que sólo se oía cuando
todo queda"a en silencio. O lo escucha"a
atentamente, mientras pensa"a en lo
a"surdo que era, en aquel salón civili)ado
y discreto, permanecer en la postura en
que ella esta"a. / trav!s de las persianas
cerradas, se oía el murmullo amodorrado
de París pasada la medianoche. /l día
siguiente por la ma'ana, a la lu) del día,
6reconocería ella el lugar del so+á en el
que ahora apoya"a la ca"e)a7 68olvería
alguna ve) a aquel salón, de día, para ser
tratada de aquel modo7 $ir $tephen
tarda"a, y O quien, con tanto a"andono
ha"ía esperado la venida de los
desconocidos de Roissy, sentía un nudo
en la garganta al pensar que, dentro de
un minuto o de die), !l volvería a tocarla.
Pero no sucedió como ella imagina"a. .e
oyó a"rir la puerta y cru)ar la
ha"itación. Permaneció un rato de pie, de
espaldas al +uego, contemplándola y,
luego ,en vo) muy "a*a, le di*o que se
levantara y se sentara. &lla le o"edeció,
sorprendida y hasta molesta. &l le
o+reció ama"lemente un GhisHy y un
cigarrillo que ella rehusó. &ntonces
advirtió ella que !l se ha"ía puesto una
"ata, una "ata muy severa, de "uriel gris,
del mismo gris que sus ca"ellos. @enía las
manos largas y en*utas, y las u'as planas,
cortas y muy "lancas. $orprendió la
mirada de O y ella se sonro*ó( eran
aquellas manos, duras e insistentes, las
que se ha"ían apoderado de su cuerpo, y
ahora las temía y las espera"a. Pero !l no
se acerca"a.
Capitulo 3ª : Anne-Marie y las anillas
O, para darse a sí misma una ecusa,
creía, o quería creer, que Jacqueline se
mostraría arisca. Pronto pudo
desenga'arse. .os aires pudorosos que
a+ecta"a Jacqueline., cerrando la puerta
del vestidor cada ve) que se cam"ia"a,
tenían precisamente la +inalidad de
a)u)ar a O, de +omentar en ella el deseo
de +or)ar una puerta que, a"ierta de par
en par, no se decidía a cru)ar. 0ue la
decisión de O viniera de una autoridad
eterior a ella y no +uera resultado de
esta estrategia elemental era algo que
Jacqueline esta"a a mil leguas de
imaginar. /l principio, aquello divirtió a
O. $entía un sorprendente placer,
mientras ayuda"a a Jacqueline a
arreglarse el pelo, por e*emplo cuando
Jacqueline se quita"a el tra*e con el que
ha"ía posado y se ponía el *ersey de
cuello alto y el collar de turquesas
parecidas a sus o*os, al pensar que aquella
misma noche $ir $tephen conocería cada
gesto de Jacqueline y sa"ría si ha"ía
permitido que O asiera sus pechos
menudos y separados a trav!s del *ersey
negro, si sus pesta'as más claras que su
piel ha"ían "a*ado so"re sus me*illas, si
ha"ía gemido. ;uando O la "esa"a, se
ponía más lánguida, permanecía inmóvil
entre sus "ra)os, se de*a"a entrea"rir la
"oca y tirar del pelo hacia atrás. O tenía
que procurar apoyarla siempre en el
marco de una puerta o contra una mesa y
su*etarla por los hom"ros, pues, de otro
modo, hu"iera caído al suelo, con los o*os
cerrado, sin pro+erir ni una que*a. &n
cuanto O la solta"a, se volvía otra ve) de
escarcha y de hielo, risue'a y distante, y
decía( #Ae has manchado de ro*o %y se
limpia"a los la"ios.
&sta era la desconocida a la que O
gusta"a de traicionar, atis"ando
atentamente %para no olvidar nada y
decirlo todo# el lento ru"or de sus
me*illas y aspirando el olor a salvia de su
sudor. 2o se puede decir que Jacqueline
descon+iara ni se de+endiera. ;uando
cedía a los "esos de O %y todavía no le
ha"ía concedido sino "esos que se de*a"a
ro"ar, pero que no devolvía#, se convertía
"ruscamente en otra persona, por
espacio de die) segundos. O cinco
minutos. -urante el resto del tiempo, se
mostra"a a un tiempo provocativa y
huidi)a, con una increí"le ha"ilidad para
la +inta, arreglándose siempre
impeca"lemente para no dar pie a un solo
gesto, ni a una sola pala"ra, ni siquiera a
una sola mirada que permitiera asociar a
esta triun+adora con la derrotada, ni
suponer que era tan +ácil +or)arle la
"oca. &l <nico indicio por el que podía
uno guiarse, y tal ve) adivinar la
tur"ación "a*o el agua clara de su mirada,
era la som"ra involuntaria de una sonrisa
que, en su cara triangular, se parecía a una
sonrisa de gato, indecisa, +uga) e
inquietante. -e todos modos, O no tardó
en descu"rir que ha"ía dos cosas que
hacían "rotar aquella sonrisa sin que
Jacqueline lo advirtiera. Una, los regalos,
y la otra, la evidencia del deseo que
inspira"a, con la condición, eso sí, de que
este deseo procediera de alguien que
pudiera serle <til o halagar su vanidad.
6&n que podía O serle <til7 62o sería
que, ecepcionalmente, a Jacqueline le
complacía que ella la deseara. @anto
porque la admiración de O la satis+acía
como porque el deseo de una mu*er no
encierra peligro ni trae consecuencias7
-e todos modos, O esta"a convencida de
que si, en lugar de regalar a Jacqueline
un "roche nácar o el <ltimo pa'uelo de
Hermes con II@e quieroJJ estampado en
todos los idiomas del mundo, desde el
*apon!s al iroqu!s, le diera los die) o
veinte mil +rancos que siempre parecía
estar necesitando, Jacqueline hu"iera
encontrado pronto ese tiempo que decía
+altarle para ir a almor)ar o a merendar
a casa de O y hu"iera cesado de esquivar
sus caricias. Pero no llegó a demostrarlo.
/penas ha"ló de ello con $ir $tephen
cuando Ren! intervino. .as cinco o seis
veces que Ren! ha"ía ido a "uscar a O y
Jacqueline esta"a allí, ha"ían ido los tres
al BKe"erC o a cualquiera de los "ares
ingleses del "arrio de la Aadeleine. Ren!
mira"a a Jacqueline con aquella me)cla
de inter!s, seguridad e insolencia con
que mira"a en Roissy a las muchachas
que esta"an a su disposición. Pero so"re
la "rillante y sólida armadura de
Jacqueline, la insolencia res"ala"a sin
hacer mella. Jacqueline ni la nota"a. Por
una curiosa contradicción, O se sentía
o+endida y le parecía insultante para
Jacqueline aquella actitud que para
consigo misma considera"a *usta y
natural. 6/caso quería asumir la de+ensa
de Jacqueline o desea"a ser ella la <nica
que la poseyera7 Hu"iera sido di+ícil
decirlo, por cuanto que no la poseía...
a<n. Pero, si lo consiguió, hay que
reconocer que +ue gracias a Ren!. &n tres
ocasiones, al salir del "ar en el que ha"ía
hecho "e"er a Jacqueline mucho más
GhisHy del que a ella le convenía %se le
ponían los pómulos sonrosados y
relucientes y la mirada dura#, la
acompa'ó a su casa, antes de ir con O a
la de $ir $tephen. Jacqueline vivía en una
de esas som"ría pensiones de +amilia de
Passy en las que, en los primeros tiempos
de la emigración, se amontonaron los
rusos "lancos y de las que ya no se
movieron. &l vestí"ulo esta"a pintado de
símil#ro"le, los "alaustres de la escalera
esta"an cu"iertos de polvo en su parte
interior y grandes manchas "lancas de
ro)adura marca"an las moquetas verdes.
;ada ve), Ren! %que nunca ha"ía cru)ado
el um"ral de la puerta# quería entrar y
cada ve) Jacqueline le decía que no,
muchas gracias, salta"a del coche y
cerra"a la puerta tras sí como si la
persiguiera una lengua de +uego. 5 O se
decía que, realmente, el +uego la
perseguía. &ra +antástico que lo
adivinara antes de que ella la hu"iera
puesto en antecedentes. Por lo menos,
sa"ía que tenía que descon+iar de Ren!,
por insensi"le que pareciera ser a la
indi+erencia que !l le demostra"a >pero,
6lo era realmente7 5 en cuanto a lo de
+ingir insensi"ilidad eran dos, pues !l no
le i"a a la )aga?. .a <nica ve) que
Jacqueline permitió a O entrar en su
casa y seguirla hasta su ha"itación, !sta
comprendió por qu! a Ren! se le nega"a
la entrada. 60u! hu"iera sido de su
prestigio, de su leyenda en "lanco y
negro en las páginas relucientes de las
revistas si alguien que no +uera mu*er
como ella hu"iera visto la sórdida
madriguera de la que salía todos los días
el lustroso animal7 .a cama no se hacía
nunca y la sá"ana esta"a gris y
grasienta, porque Jacqueline nunca se
acosta"a sin untarse de crema y se
dormía muy aprisa para pensar en
quitársela. &n otro tiempo, una cortina
de"ía de disimular el lava"o. /hora no
queda"an más que dos anillas de las que
colga"an unos hilos. 2ada conserva"a su
calor, ni la al+om"ra, ni el papel cuyas
+lores rosa y gris trepa"an como una
vegetación enloquecida y petri+icada
so"re un enre*ado "lanco. Ha"ría que
arrancarlo todo, desnudar las paredes,
tirar las al+om"ras y rascar el techo.
Pero, ante todo, quitar las rayas de
mugre del lava"o, limpiar y ordenar los
+rascos de desmaquillador y los tarros
de crema, quitar el polvo de la polvera,
del tocador, tirar los algodones sucios,
a"rir las ventanas. Pero, erguida, limpia y
oliendo a limón y a +lores silvestres,
impeca"le y pulcra, Jacqueline se reía de
su cu"il. /unque de lo que no podía ella
reírse era de su +amilia. =ue por el cu"il,
del que O le ha"ló cándidamente, por lo
que Ren! hi)o a O la propuesta que de"ía
cam"iar su vida, pero +ue por su +amilia
por lo que Jacqueline la aceptó. .a
propuesta consistía en que Jacqueline
+uese a vivir con O. 5 es que decir
+amilia es poco, aquello era una tri"u,
más a<n, una horda. /"uela, tía, madre y
hasta una criada, cuatro mu*eres entre los
cincuenta y los setenta a'os, pintadas,
chillonas, ahogadas de seda negra y de
a)a"ache, lagrimeando a las cuatro de la
madrugada entre el humo de los
cigarrillos, al resplandor ro*o de los
iconos, cuatro mu*eres viviendo siempre
entre el tintineo de los vasos de t! y al
siseo áspero de una lengua que
Jacqueline hu"iera dado media vida por
olvidar. .e ponía +ren!tica tener que
o"edecerlas, tener que oírlas y hasta
tener que verlas. ;uando veía a su madre
llevarse un terrón de a)<car a la "oca
antes de "e"er el t!, ella de*a"a su
propio vaso y se encerra"a en su
madriguera seca y polvorienta, de*ando a
las tres, su a"uela, su madre y la hermana
de su madre, las tres vestidas de negro,
con el pelo te'ido de negro y reproches,
en la ha"itación de su madre que hacía
las veces de salón y en la que la criada
aca"a"a por reunirse con ellas. &lla huía,
cerrando las puertas tras de sí, y ellas
grita"an( ;hura, chura, palomita...
;omo en las novelas de @olstoi. Porque
no se llama"a Jacqueline. Jacqueline era
su nom"re pro+esional, un nom"re para
olvidar su verdadero nom"re y, con su
verdadero nom"re de gineceo, sórdido y
tierno, para encerrarse en la vida
+rancesa, en un mundo sólido, en el que
hay hom"res que se casan y que no
desaparecen en misteriosas
epediciones, como el padre al que ella
no llegó a conocer, un marino "áltico que
se perdió entre los hielos polares. $e
parecía a !l, y sólo a !l, se repetía con
ra"ia y placer, de !l ha"ía heredado el
pelo, los pómulos, la piel trigue'a y los
o*os rasgados. .o <nico que agradecía a
su madre era que le hu"iera dado por
padre a aquel demonio ru"io que la nieve
se ha"ía tragado, como a otros se los
traga la tierra. Pero le reprocha"a
anastra que +ue inscrita como de padre
desconocido, que se llama"a 2atalie y
tenía ahora quince a'os. / 2atalie sólo la
veían durante las vacaciones. / su padre,
nunca. Pero paga"a el internado de
2atalie en un colegio de los alrededores
de París y a su madre le pasa"a una
mensualidad que la permitía vivir
mediocremente en una ociosidad que,
para ellas, era el paraíso, a las tres
mu*eres y a la criada, y tam"i!n a
Jacqueline, hasta aquel día. .o que
Jacqueline gana"a con su pro+esión de
maniquí y no gasta"a en maquilla*es, ropa
interior, cal)ado de lu*o o tra*es de gran
modista %a precio de +avor, pero, aun así,
muy caros#, desaparecía en la "olsa
+amiliar. -esde luego, a Jacqueline no le
hu"iera costado tra"a*o encontrar a un
protector y ocasiones no le ha"ían
+altado. /ceptó a uno o dos amantes, no
tanto porque le gustaran %no le
desagrada"an# sino para demostrarse a
sí misma que podía inspirar deseo y amor.
&l <nico rico de los dos %el segundo#, le
regaló una hermosa perla un poco rosada,
que ella lleva"a en la mano i)quierda.
Pero ella no quiso ir a vivir con !l y,
como !l se negó a casarse, le de*ó sin gran
pesar, contenta de no estar encinta.
>-urante varios días, creyó estarlo y
vivió en la inquietud?. 2o, vivir con un
hom"re era denigrante, era comprometer
su +uturo, era hacer lo que ha"ía hecho
su madre con el padre de 2atalie.
:mposi"le. Pero con O era distinto. .as
apariencias permitirían hacer creer que
Jacqueline se instala"a en casa de una
compa'era de tra"a*o y compartía con
ella los gastos. O desempe'aría una do"le
+unción( para Jacqueline sería el amante
que mantiene a la mu*er que ama y, de
cara a la gente, sería su garantía de
moralidad. .a presencia de Ren! no era lo
"astante o+icial como para resultar
comprometedora. Pero, en el +ondo de le
decisión de Jacqueline, 6qui!n podría
decir si no ha"ría sido precisamente esa
presencia el verdadero móvil de su
aceptación7 -e todos modos, en O, y sólo
en ella, recayó la responsa"ilidad de
ha"lar con la madre de Jacqueline. O
nunca se sintió tan vivamente en el papel
del traidor, del espía, del enviado de una
organi)ación criminal como cuando
estuvo +rente a aquella mu*er que le
da"a las gracias por su amistad para con
su hi*a. /l mismo tiempo, desde el +ondo
de su cora)ón, nega"a su misión, y el
motivo de su presencia allí. $í, Jacqueline
iría a casa, pero O nunca, nunca podría
o"edecer a $ir $tephen hasta el etremo
de arrastrar a Jacqueline. 5 sin
em"argo... Porque, apenas instalada
Jacqueline en casa de O, donde se le dio
%a instancias de Ren!# la ha"itación que
!ste aparenta"a ocupar a veces
>aparenta"a tan sólo, pues siempre
dormía en la gran cama de O?, O,
inesperadamente, se sintió acometida por
el violento deseo de poseer a Jacqueline
costase lo que costase, aunque para ello
tuviera que entregarla. -espu!s de todo,
se decía, la "elle)a de Jacqueline
"asta"a por sí sola para protegerla(
B6Por qu! tengo yo que inmiscuirme7 5,
aunque la conviertan en lo que yo me he
convertido, 6es !sta tan grave
desgracia7C. ;asi no se atrevía a
con+esarse y, sin em"argo, esta"a
trastornada al imaginar la satis+acción
de ver a Jacqueline desnuda e inde+ensa
al lado de ella, y como ella.
.a semana en la que Jacqueline se mudó,
con el permiso de su madre, Ren! se
mostró muy atento y, un día sí y otro no,
invita"a a las dos *óvenes a cenar y al
cine. &legía siempre películas policíacas,
de tra+icantes de drogas o de trata de
"lancas. $e senta"a entre las dos,
toma"a suavemente una mano a cada una
y no decía pala"ra. Pero, en las escenas
de violencia, O le veía espiar el rostro de
Jacqueline, en "usca de alguna emoción.
&n !l no se leía más que un poco de
repugnancia en el rictus de la "oca.
-espu!s, las acompa'a"a a casa y, en el
coche descu"ierto, con los cristales
"a*ados, el viento de la noche y la
velocidad agita"an el ca"ello ru"io y
espeso de Jacqueline contra sus me*illas
duras, su +rente peque'a y sus o*os. &lla
sacudía la ca"e)a para echarlo hacia
atrás y lo peina"a con la mano como
hacen los muchachos. Una ve) admitido
que vivía en casa de O, y que O era la
amante de Ren!, Jacqueline parecía
encontrar naturales las +amiliaridades
de Ren!. 2o oponía el menor reparo a que
Ren! entrara en su ha"itación, con el
preteto de "uscar alg<n documento, lo
cual no era verdad, y O lo sa"ía, pues ella
misma ha"ía vaciado los ca*ones del gran
secreter holand!s, con +lores de
marquetería y tapa +orrada de piel,
siempre a"ierta, que tan mal armoni)a"a
con Ren!. 6Por qu! lo tenía7 60ui!n se lo
ha"ía dado7 $u pesada elegancia y sus
maderas claras eran el <nico lu*o de la
ha"itación, un tanto som"ría, que se
a"ría a un patio, orientada al 2orte, y
cuyas paredes color gris acero y suelo
+río, encerado, o+recían un +uerte
contraste con las alegres ha"itaciones
que da"an al muelle. @anto me*or. /sí,
Jacqueline no se sentiría a gusto. /sí, se
avendría más +ácilmente a compartir con
O las dos ha"itaciones de delante, a
dormir con O, como aceptara desde el
primer día compartir el "a'o, la cocina,
los maquilla*es, los per+umes y las
comidas. Pero O se equivoca"a.
Jacqueline se a+erra"a apasionadamente
a todo aquello que le pertenecía %a su
perla rosa, por e*emplo, pero demostra"a
una indi+erencia a"soluta hacia todo lo
que no +uera suyo. $i hu"iera vivido en
un palacio, no se ha"ría interesado por !l
más que si le hu"ieran dicho( este palacio
es tuyo y se lo hu"ieran demostrado con
acta notarial. 0ue aquel cuarto gris
+uera acogedor o no la tenía sin cuidado
y no +ue por escapar por lo que ella se
decidió a dormir en la cama de O.
@ampoco, para demostrar a O un
agradecimiento que no sentía y que, no
o"stante, O le atri"uyó, muy contenta de
a"usar de !l, o así lo creía ella. /
Jacqueline le gusta"a el placer y
encontra %al igual que las otras dos
veces#, Jacqueline apareció, desnuda y
todavía h<meda del "a'o, en el um"ral de
la puerta de la ha"itación de O y le di*o(
#6&stás segura de que no vuelve7
$in esperar su respuesta, se metió en la
cama. -e de*ó "esar y acariciar con los
o*os cerrados, sin responder ni con una
sola caricia, gimiendo al principio
levemente, despu!s más +uerte, más
+uerte y, al +in, gritando. $e quedó
dormida a la lu) de la lámpara rosa,
atravesada en la cama, con las rodillas
separadas, el "usto un poco ladeado y las
manos a"iertas. $e veía "rillar el sudor
entre sus pechos. O la tapó con la sá"ana
y apagó la lu). -os horas despu!s, cuando
la a"ra)ó otra ve) en la oscuridad,
Jacqueline la de*ó hacer, pero murmuró(
#2o me canses demasiado, que ma'ana
tengo que madrugar. =ue por aquel
entonces cuando Jacqueline, además de su
pro+esión de maniquí, empe)ó a e*ercer
otra pro+esión no menos irregular, pero sí
más a"sor"ente( ha"ía sido contratada
para hacer peque'os papeles en el cine.
&ra di+ícil averiguar si esta"a orgullosa de
ello o no, o si veía en aquello el primer
paso de una carrera en la que deseara
hacerse c!le"re. Por la ma'ana, salta"a
de la cama con más ra"ia que "río, se
ducha"a, se maquilla"a a toda prisa, no
acepta"a más que el ta)ón de ca+! negro
que O apenas ha"ía tenido tiempo de
preparar y se de*a"a "esar la punta de
los dedos, con una sonrisa maquinal y una
mirada llena de rencor( O, envuelta en su
"ata de vicu'a "lanca, con el pelo
cepillado y la cara lavada, tenía el
aspecto plácido de quien va a volver a la
cama. Pero no era así. O a<n no se ha"ía
atrevido a eplicar a Jacqueline por qu!.
.a verdad era que todos los días en que
Jacqueline salía de casa a la hora en que
los ni'os van al colegio, y los empleados
a la o+icina, para dirigirse a los estudios
1oulogne donde esta"a rodando, O, quien
antes, e+ectivamente, se queda"a en
casa toda la ma'ana, se vestía a su ve)
para salir. #Os mandar! el coche %ha"ía
dicho $ir $tephen#. Primero llevará a
Jacqueline a 1oulogne y despu!s volverá
para recogerte a ti.
-e manera que todas las ma'anas, a la
hora en que el sol no ilumina"a más que
las +achadas del &ste y las restantes
todavía esta"an +rescas, pero, en los
*ardines, las som"ras empe)a"an ya a
acortarse "a*o los ár"oles, O era
conducida a casa de $ir $tephen. &n la
Rue de Poitiers a<n no se ha"ía
terminado la limpie)a. 2ora, la mulata,
lleva"a a O a la ha"itación en la que la
primera noche $ir $tephen la de*ó llorar
y dormir sola, espera"a mientras O
de*a"a so"re la cama el "olso, los
guantes y la ropa, lo guarda"a todo en un
armario, "a*o llave, le da"a a O unas
chinelas de charol con tacón alto que
hacían ruido al andar y la precedía hasta
el despacho de $ir $tephen, a"ri!ndole
las puertas. O nunca se acostum"ró a
aquellos preparativos, y desnudarse ante
aquella vie*a paciente y callada, que casi
ni la mira"a, le resulta"a tan penoso
como hacerlo "a*o la mirada de los
criados de Roissy. .a vie*a mulata anda"a
sin hacer ruido, con sus )apatillas de
+ieltro, como una mon*a. O, mientras la
seguía, no podía apartar la mirada de las
dos puntas de su delantal, y, cada ve)
que la vie*a a"ría una puerta, en la
empu'adura de porcelana, su mano "istre
y reseca le parecía tan dura como la
madera antigua. /l mismo tiempo, por un
sentimiento a"solutamente opuesto al
miedo que le inspira"a la criada de $ir
$tephen %contradicción que O no
conseguía eplicarse#, O sentía una
especia de orgullo de que aquella mu*er
>6qu! era ella para $ir $tephen y por qu!
le con+ia"a !l aquel papel de alcahueta
que tan mal le i"a7? +uera testigo de que
ella tam"i!n %como tantas otras qui)ás, a
las que ella tam"i!n ha"ía conducido,
6qui!n sa"e7# mereciera ser utili)ada por
$ir $tephen. Porque $ir $tephen la
quería, sin duda, y O comprendía que no
esta"a le*os el día en que !l no se
limitaría ya a de*árselo entrever, sino
que se lo diría, pero tam"i!n, a medida
que crecían su amor y su deseo, !l era
más eigente. 5 así O pasa"a con !l las
ma'anas enteras en las que, a veces,
apenas la toca"a y sólo quería que le
acariciara y que se prestara a lo que !l le
pedía con, pero $ir $tephen pre+ería
tenerla más cerca, al alcance de la mano
y, aunque no se ocupara de ella, la
o"liga"a a sentarse en su escritorio, a la
i)quierda. .a mesa esta"a colocada en
sentido perpendicular a la pared y O
podía recostarse en las estanterías
llenas de anuarios y diccionarios. &l
tel!+ono esta"a *unto a su muslo
i)quierdo y cada ve) que el tim"re
sona"a, ella tenía un so"resalto. &ra ella
quien descolga"a, contesta"a, decía(
B6-e parte de qui!n7C repetía en vo) alta
el nom"re que le da"an y pasa"a la
comunicación a $ir $tephen, o lo
ecusa"a, seg<n el gesto que !l le hiciera.
;uando la vie*a 2ora anuncia"a alguna
visita, $ir $tephen la hacía esperar hasta
que 2ora lleva"a a O a la ha"itación
donde !sta se ha"ía desnudado y adonde
2ora i"a a "uscarla cuando $ir $tephen
toca"a el tim"re, despu!s de despedir a
su visitante. Puesto que 2ora entra"a y
salía del despacho varias veces durante
la ma'ana, ya +uera para llevar a $ir
$tephen el ca+! o el correo, ya para
a"rir o cerrar las persianas o vaciar los
ceniceros, puesto que ella era la <nica en
poder entrar allí, y además tenía órdenes
de no llamar a la puerta y, cuando tenía
que decir algo, espera"a siempre en
silencio a que $ir $tephen le dirigiera la
pala"ra, sucedió que un día en que O
esta"a inclinada so"re el escritorio, con
la ca"e)a y los "ra)os apoyados en el
cuero, y el dorso epuesto, esperando
que $ir $tephen, penetrara, entró 2ora
en el despacho. O levantó la ca"e)a. $i
2ora se hu"iera a"stenido de mirarla,
como hacía siempre, O no se hu"iera
movido. Pero, esta ve), 2ora "uscó su
mirada. /quellos o*os negros, "rillantes y
duros, que no de*a"an adivinar si eran
indi+erentes o no, en aquel rostro
arrugado e impasi"le, tur"aron a O de tal
manera que hi)o un movimiento para
escapar de $ir $tephen. &l comprendió y,
con una mano, le oprimió la cintura
contra la mesa para que no pudiera
desli)arse y con la otra la entrea"rió.
&lla, quien siempre se presta"a de "uen
grado, ahora, a pesar suyo, se sentía
rígida y cerrada, y $ir $tephen tuvo que
+or)arla. 5, aun despu!s de que la
+or)ara, ella sentía que el es+ínter se
cerra"a en torno a !l, y $ir $tephen tuvo
que hacer un es+uer)o para penetrar del
todo en ella. 2o se retiró de ella hasta
que pudo ir y venir sin di+icultad.
-espu!s, en el momento de volver a
tomarla, di*o a 2ora que esperase y que
podría llevar a O al vestidor cuando !l
hu"iera terminado con ella. $in em"argo,
antes de de*arla marchar, "esó a O en la
"oca con ternura. /quel "eso +ue lo que,
días despu!s, dio a O valor para decirle
que 2ora le da"a miedo.
#&so espero %di*o !l#. 5, cuando lleves mi
marca y mis hierros, cosa que espero sea
dentro de pocos días, si t< quieres, vas a
tener mayor motivo para temerla.
#6Por qu!7 %preguntó o#. 65 qu! maraca
y qu! hierros7 5a llevo este anillo...
#&sto es cosa de /nne#Aarie. .e he
prometido llevarte a su casa para que te
vea. :remos despu!s del almuer)o.
60uerrás7 &s una amiga mía. 5a ha"rás
o"servado que, hasta ahora, no te he
presentado a ninguno de mis amigos.
;uando salgas de sus manos, tendrás
verdaderos motivos para temer a 2ora.
O no se atrevió a insistir. /quella
/nee#Aarie con quien ahora la
amena)a"a $ir $tephen la intriga"a más
que 2ora. -e ella le ha"ía ha"lado ya $ir
$tephen el día en que almor)aron en
$aint#;loud. 5 era verdad que O no
conocía a ninguna de las amistades de $ir
$tephen. 8ivía en París, encerrada en su
secreto, como si estuviera encerrada en
un prostí"ulo. .os <nicos que conocían su
secreto, Ren! y $ir $tephen, tam"i!n
tenían derecho a su cuerpo. Pensó que la
epresión de a"rirse a alguien, que
quiere decir con+iarse, para ella no tenía
más que un signi+icado, literal, +ísico y
tam"i!n a"soluto, porque se a"ría con
todas las partes de su cuerpo que podían
a"rirse. Parecía tam"i!n que !sta +uera
su ra)ón de ser y que $ir $tephen, al
igual que Ren!, así lo entendiera, ya que,
cuando le ha"la"a de sus amigos, como
ha"ía hecho en $aint#;loud, era para
decirle que de"ería estar a disposición
de todos aquellos a quienes la
presentara, si la desea"an. Pero para
imaginar a /nne#Aarie o lo que $ir
$tephen espera"a de ella, O no tenía
pista alguna, ni siquiera su eperiencia en
Roissy. $ir $tephen le ha"ía dicho que
quería verla acariciar a una mu*er. 6$ería
esto7 >Pero puntuali)ó que se trata"a de
Jacqueline...? 2o, no podía ser eso.
IIPara que te veaJJ, aca"a"a de decir.
&+ectivamente. Pero, cuando de*ó a
/nne#Aarie, O tampoco sa"ía más.
/nne#Aarie vivía cerca del o"servatorio,
en un apartamento situado *unto a una
especie de gran estudio, en el <ltimo piso
de una casa nueva que domina"a las
copas de los ár"oles. &ra una mu*er
es"elta, de la edad de $ir $tephen, con
el ca"ello negro veteado de gris. @enía
los o*os de un a)ul tan oscuro que
parecían negros. O+reció a $ir $tephen y
a O, en unas ta)as muy peque'as, un ca+!
muy cargado, caliente y amargo, que
entonó a O. ;uando aca"ó de "e"er y se
levantó de la "utaca para de*ar la ta)a
vacía so"re un velador, /nne#Aarie la
tomó por la mu'eca y, volvi!ndose hacia
$ir $tephen, le di*o( #6Permite7
#$e lo ruego %respondió !l.
&ntonces, /nne#Aarie, quien hasta aquel
momento no ha"ía dirigido la pala"ra a
O, ni siquiera para saludarla cuando $ir
$tephen se la presentó, le di*o
suavemente, con una sonrisa tan dulce
que da"a la impresión de que le o+recía
un regalo( #8en que te vea el vientre,
peque'a, y las nalgas. Pero será me*or
que te desnudes. Aientras O la o"edecía,
ella encendió un cigarrillo. $ir $tephen no
aparta"a los o*os de O. .a de*aron de pie,
qui)á cinco minutos, &n la ha"itación no
ha"ía espe*o, pero O se veía re+le*ada en
un "iom"o de laca negra. #0uítate las
medias %di*o /nee#Aarie de pronto#. 6.o
ves7 2o de"es llevar esas ligas redondas.
@e de+ormaras los muslos.
5 se'aló con el dedo el lugar, encima de
la rodilla donde O se enrolla"a las
medias. #0ui!n te ha hecho hacer esto7
/ntes de que O pudiera responder, $ir
$tephen di*o( #=ue el *oven que me la dio.
Usted ya lo conoce, Ren!. Pero !l
aceptará su parecer. #1ien %di*o /nne#
Aarie#. @e daremos unas medias muy
largas y oscuras, O, y un liguero para
su*etarlas, pero un liguero con "allenas
que te ci'a "ien el talle. ;uando /nne#
Aarie hu"o llamado al tim"re, y una
muchacha ru"ia y silenciosa les hu"o
llevado unas medias muy +inas y negras y
un ce'idor de ta+etán de nylon, armado de
largas "allenas curvadas hacia el interior,
en la parte del vientre y encima de las
caderas, O, siempre de pie y en equili"rio
so"re uno y otro pie, se puso las medias,
que le su"ían hasta la ingle. .a muchacha
ru"ia le puso el ce'idor que se cerra"a
so"re una de las "allenas, en un costado,
y que podía ce'irse más o menos por
medio de unos cordones situados en la
espalda, como los cors!s de Roissy. O se
a"rochó las ligas, delante y a los lados, y
la muchacha la ci'ó cuanto pudo. O sentía
que la cintura y el vientre se le
comprimían "a*o la presión de las
"allenas que, por delante, le llega"an casi
hasta el pu"is, al que de*a"an li"re al
igual que las caderas. Por detrás, el cors!
era mucho más corto y de*a"a las caderas
completamente al descu"ierto. #/sí estará
mucho me*or %di*o /nne#Aarie a $ir
$tephen#, con la cintura más +ina.
/demás, sin no tiene tiempo de hacer que
se desnude, ya verá que el cors! no le
molestará. /c!rcate, O.
.a sirvienta salió, y O se acercó a /nne#
Aarie, quien esta"a sentada en un sillón
"a*o, tapi)ado de terciopelo cera)a. /nne#
Aarie le pasó suavemente la mano por las
nalgas y, apoyándola en un ta"urete
parecido al sillón, le levantó y le a"rió las
piernas y, despu!s de ordenarle que no se
moviera, la pelli)có en la vulva. II/sí
levantan las agallas del pescado en el
mercado y los "el+os de los ca"allos en
las +erias de ganadoJJ, se di*o O.
Recordó tam"i!n que, en su primera
noche en Roissy, Pierre, el criado,
despu!s de encadenarla, ha"ía hecho lo
mismo. -espu!s de todo, ella no se
pertenecía y lo que menos le pertenecía
era esa mitad de su cuerpo que, por así
decirlo, podía ser utili)ada
independientemente de ella. Porque, cada
ve) que lo compro"a"a, se sentía, no ya
sorprendida, sino más convencida de ello,
aunque siempre con la misma tur"ación
que la inmovili)a"a y la li"ra"a menos a
aquel en cuyas manos esta"a que a quien
la ha"ía puesto en aquellas manos(
&n Roissy, y a Ren! y aquí, 6a qui!n7 6/
Ren! o a $ir $tephen7 D/h, ya no lo
sa"íaE Pero es que tampoco quería
sa"erlo, porque era a $ir $tephen a quien
pretenecía desde..., 6desde cuándo7
/nne#Aarie la hi)o ponerse de pie y
volver a vestirse. #Puede mandármela
cuando quiera %di*o a $ir $tephen#. &star!
en $amois %>$amois... O espera"a oír
Roissy, 6de qu! se trata"a7?# dentro de
dos días. @odo irá "ien. >60u! era lo que
iría "ien7? #$i le parece, dentro de die)
días %di*o $ir $tephen#. / primero de
*ulio. &n el coche que la lleva"a a su casa,
pues $ir $tephen se ha"ía quedado en la
de /nne#Aarie, O recordó una estatua
que ha"ía visto en el *ardín de
.uem"urgo siendo ni'a( era la de una
mu*er con el talle así ce'ido y que parecía
más +rágil todavía por el volumen
a"ultado de sus senos y de las caderas.
&sta"a inclinada hacia delante, para
mirarse en un estanque, tam"i!n de
mármol, esculpido a sus pies. -a"a la
impresión de que el mármol i"a a
romperse. $i $ir $tephen lo desea"a... /
Jacqueline podría decirle que era un
capricho de Ren!. O volvió a sentir
entonces una preocupación que trata"a de
rehuir cada ve) que volvía de casa de $ir
$tephen y que le etra'a"a que no +uera
más intensa( 6porqu!, desde que
Jacqueline vivía con ella, Ren! procura"a,
no ya de*arlas a solas, lo cual era
comprensi"le, sino no quedarse !l a
solas con O7 $e acerca"a el mes de *ulio,
en que !l de"ía salir de via*e, no podría ir
a verla a casa de aquella /nne#Aarie
adonde la enviaría $ir $tephen, 6tenía
ella que resignarse a no verle más que las
noches en que las invita"a a Jacqueline y
a ella, o "ien %y ella no sa"ía qu! le
resulta"a más desconcertante >ya que
entre los dos no eistían sino aquellas
relaciones esencialmente +alsas por lo
limitadas?# alguna ma'ana, en casa de $ir
$tephen, cuando 2ora le hacía entrar en
el despacho, despu!s de anunciarle7 $ir
$tephen le reci"ía siempre, Ren! siempre
"esa"a a O, le acaricia"a la punta de los
senos, hacía planes con $ir $tephen para
el día siguiente, planes en los que ella no
+igura"a, y se marcha"a. 6.a ha"ía
entregado a $ir $tephen hasta el
etremo de de*ar de amarla7 60u!
pasaría si no la ama"a ya7 O esta"a ya
aturdida por el pánico, que,
maquinalmente, "a*ó del coche en el
muelle, delante de su casa, en lugar de
seguir en !l, y echó a correr para
detener un tai. Hay pocos tais en el
muelle de 1!thume. O siguió corriendo
hasta el 1oulevard $aint#4ermain y a<n
tuvo que esperar. $uda"a y *adea"a
porque el ce'idor le corta"a la
respiración, cuando, por +in, un tai
do"ló la esquina de la Rue -u
;ardinal#lemoine. .e hi)o una se'a, dio
la dirección de la o+icina de Ren! y su"ió,
sin sa"er si Ren! estaría ni si querría
reci"irla. 2unca ha"ía estado allí. 2o la
sorprendió el gran inmue"le, situado en
una calle perpendicular a los ;ampos
&líseos, ni los despachos de estilo
americano, sino la actitud de Ren!, quien,
sin em"argo, la reci"ió inmediatamente.
2o es que se mostrara agresivo ni con
aire de reproche. &lla hu"iera pre+erido
sus reproches, pues, al +in y al ca"o, !l no
le ha"ía dado permiso para que +uera a
molestarle, y tal ve) lo molesta"a, y
mucho. -espidió a la secretaria y le di*o
que no le pasara ninguna visita ni llamada
tele+ónica. -espu!s preguntó a O qu!
sucedía. #@uve miedo de que ya no me
amaras %le di*o O. &l se echó a reír.
#6/sí , de repente7 #$i, en el coche, al
regresar de... #6/l regresar de dónde7
O guardó silencio. &l volvió a reír.
#D0u! tonta eresE $i ya lo s!. -a casa de
/nne#Aarie. 5, dentro de die) días te vas
a $amois. $ir $tephen aca"a de llamarme
por tel!+ono. Ren! esta"a sentado en el
<nico sillón con+orta"le de la ha"itación,
situado +rente a la mesa, y O se acurrucó
entre sus "ra)os. #Ae es igual lo que
hagan conmigo %le di*o#. Pero dime si me
amas todavía. #@e amo, mi vida %di*o %
Ren!#. Pero quiero que me o"ede)cas, y
me o"edeces muy mal. 6.e has dicho a
Jacqueline que pertenecías a $ir $tephen
o le has ha"lado de Roissy7 O le aseguró
que no. Jacqueline acepta"a sus caricias,
pero el día en que supiera que O... Ren!
no la de*ó terminar, la puso en pie, la
apoyó contra el sillón del que aca"a"a del
levantarse y le al)ó la +alda. #D/h, el
ce'idorE %eclamó#. -esde luego, estarás
mucho me*or con el talle más +ino.
-espu!s la tomó, y a O le parecía que
hacía tanto tiempo desde la <ltima ve)
que comprendió que, en el +ondo, ha"ía
dudado de si !l la desea"a todavía e,
ingenuamente, vio en aquello una prue"a
de amor.
#6$a"es7 %le preguntó !l a continuación#.
&res una est<pida al no querer ha"lar con
Jacqueline. .a necesitamos en Roissy y,
en el +ondo, sería más cómodo que la
llevaras t<. /demás, cuando vuelvas de
casa de /nne#Aarie, ya no podrás seguir
ocultándole tu verdadera condición.
O le preguntó por qu!. #5a lo verás. @e
quedan todavía cinco días. Porque $ir
$tephen tiene la intención de volver a
a)otarte cinco días antes de enviarte a
casa de /nne#Aarie y seguramente te
quedarán se'ales. 6;ómo vas a
*usti+icarlas ante Jacqueline7 O no
respondió. .o que Ren! no sa"ía es que
Jacqueline no se interesa"a por O más
que por la pasión que O le demostra"a y
nunca la mira"a. /unque tuviera el
cuerpo lleno de marcas de latiga)os, le
"astaría con no "a'arse en presencia de
Jacqueline y ponerse un camisón.
Jacqueline no vería nada. 2o ha"ía
advertido que O no lleva"a slip, no se
da"a cuenta de nada( O no le interesa"a.
#Lyeme %insistió Ren!#, le dirás una cosa
y se la dirás enseguida( y es que la quiero.
#6&s verdad eso7 %preguntó O.
#0uiero poseerla %di*o Ren!#, y, como t<
no puedes o no quieres hacer nada, yo
har! lo que tenga que hacerse.
#&lla nunca querrá ir a Roissy %di*o O.
#60u! no7 1ien, pues la o"ligaremos.
/quella noche, cuando Jacqueline se
acostó y O apartó la sá"ana para mirarla
a la lu) de la lámpara, despu!s de decirle
que Ren! la quería, porque se lo di*o, y se
lo di*o en seguida, ante la idea de ver
aquel cuerpo tan +rágil y es"elto
castigado por el látigo, aquel vientre
estrecho, a"ierto, la "oca tan pura
gritando y la pelusa de las me*illas
pegada por las lágrimas, repitió la <ltima
+rase de Ren! y se estremeció de alegría.
Jacqueline se marchó para no volver
hasta principios de agosto, si la película
se termina"a, por lo que nada retenía a O
en París. $e acerca"a *ulio, los *ardines
estalla"an de geranios ro*os, todos los
toldos orientados al sur esta"an
"a*ados, Ren! suspira"a por tener que ir
a &scocia. -urante un instante, O esperó
que la llevara consigo. Pero, además de
que nunca la lleva"a cuando i"a a ver a su
+amilia, sa"ía que la cedería a $ir
$tephen si !ste la reclama"a. $ir
$tephen di*o que el día en que Ren!
tomara el avión para .ondres !l iría a
"uscar a O. &lla esta"a de vacaciones.
#:remos a casa de /nne#Aarie %le di*o#.
&lla te espera. 2o lleves equipa*e. 2o
necesitarás nada. 2o la llevó al
apartamento del o"servatorio, sino a una
casa "a*a situada en el +ondo de un gran
*ardín, en el linde del "osque de
=ontaine"leau. O lleva"a el ce'idor que
tan necesario considera"a /nne#Aarie y
cada día lo apreta"a un poco más, ahora
casi se le podía a"arcar la cintura entre las
manos, /nne#Aarie estaría contenta.
;uando llegaron, eran las dos de la tarde,
la casa dormía y el perro ladró d!"ilmente
al oír la campanilla( un gran "oyero de
=lante de pelo rugoso que husmeó las
rodillas de O, "a*o el "orde de la +alda.
/nne#Aarie esta"a sentada "a*o una haya
p<rpura, al "orde del c!sped que, en un
ángulo del *ardín, queda"a +rente a los
"alcones de su ha"itación. 2o se levantó.
#/quí está O %di*o $ir $tephen#. 5a sa"e
lo que hay que hacer. 6;uándo estará
lista7 /nne#Aarie miró a O.
#62o le ha"ía dicho nada7 1ien,
empe)aremos enseguida. Ha"rá que
contar die) días. $upongo que deseará
ponerle las anillas y las iniciales usted
mismo, 6no7 8uelva dentro de quince
días. -espu!s, puede quedar todo listo al
ca"o de otros quince días.
O quiso decir algo, preguntar.
#Un momento, O %di*o /nne#Aarie#. 8e
a la ha"itación de delante y desn<date.
-!*ate sólo las sandalias y vuelve.
.a ha"itación esta"a vacía, una
ha"itación grande, "lanca, con cortinas
de lien)o de Jouy color violeta. O de*ó el
"olso, los guantes y la ropa en una silla
"a*a, al lado de una de las puertas del
armario. 2o ha"ía espe*o. 8olvió a salir
lentamente, deslum"rada por el sol hasta
llegar a la som"ra del haya. $ir $tephen
seguía de pie delante de /nne#Aarie, con
el perro a sus pies. .os ca"ellos negros y
grises de /nne#Aarie "rilla"an como si
estuvieran untados de aceite. 8estía de
"lanco, con cinturón de charol y
sandalias tam"i!n de charol que de*a"an
al descu"ierto las u'as de los pies,
pintadas de ro*o, como las de las manos.
#O, arrodíllate +rente de $ir $tephen %di*o.
O se arrodilló, con los "ra)os cru)ados a
la espalda y los senos tem"lorosos. &l
perro +ue a lan)arse so"re ella.
#/quí, @urco %di*o /nne#Aarie#. O,
6consientes en llevar las anillas y las
iniciales con que $ir $tephen desea
marcarte, sin sa"er cómo te serán
impuestas7 #$í %respondió O.
#&ntonces acompa'ar! a $ir $tephen.
0u!date donde estás.
$ir $tephen se inclinó y tomó a O por los
senos mientras /nne#Aarie se levanta"a
de su tum"ona. .e "esó los la"ios y
murmuró(#6&res mía, O, eres realmente
mía7 .uego se ale*ó detrás de /nne#
Aarie. .a ve*a se cerró. /nne#Aarie
regresa"a. O esta"a sentada so"re sus
talones, con los "ra)os descansando en las
rodillas, como una estatua egipcia.
8ivían en la casa otras tres muchachas
que ocupa"an sendas ha"itaciones del
primer piso. / O le dieron un peque'o
dormitorio de la planta "a*a, contiguo al
de /nne#Aarie las llamó al *ardín. .as
tres i"an desnudas, al igual que O. &n
aquel gineceo, cuidadosamente oculto
por las altas tapias del *ardín y los
postigos cerrados a una calle polvorienta,
las <nicas que i"an vestidas eran
/nne#Aarie y las criadas( una cocinera y
dos camareras, mayores que /nne#Aarie.
/usteras con sus grandes +aldas de
alpaca negra y delantales almidonados.
#$e llama O %di*o /nne#Aarie, quien
ha"ía vuelto a sentarse#. /c!rcamela,
que la vea me*or.
-os de las muchachas pusieron en pie a
O. &ran morenas, con el pelo tan negro
como su vello p<"ico, y los pe)ones
largos y casi de color violeta. .a tercera
era peque'a, llenita y pelirro*a. &n la piel
cretácea de su pecho se veía un
espantoso entramado de venas verdes.
.as dos muchachas empu*aron a O hacia
/nne#Aarie, quien se'aló con el dedo las
tres rayas negras que le cru)a"an la
parte delantera de los muslos y las
posaderas. #60ui!n te ha a)otado7 %le
preguntó#. 6$ir $tephen7 #$í %respondió
O. #6;uándo y cómo7#-urante un mes, a
partir de ma'ana, no se te a)otará. Pero
hoy, sí, para se'alar el día de tu llegada,
en cuanto haya terminado de eaminarte.
6$ir $tephen nunca te ha a)otado en el
interior de los muslos, con las piernas
a"iertas7 62o7 .os hom"res no
entienden. &n seguida verá. &ns!'ame la
cintura. D/h, eso está me*orE /nne#Aarie
le apreta"a la cintura, para a+inársela a<n
más. -espu!s envió a la pelirro*a a "uscar
otro ce'idor y ordenó que se lo pusiera.
@am"i!n era de nylon negro y tan armado
de "allenas que parecía un ancho cinturón
de cuero. 2o tenía ligas. Una de las
muchachas morenas se lo ató. /nne#
Aarie le ordenó que lo apretara con todas
sus +uer)as. #&s terri"le %di*o O(
#Precisamente %di*o /nne#Aarie#. /sí
estás mucho más "onita, pero no te lo
apreta"as lo su+iciente. /hora lo llevarás
así todos los días. /hora, dime cómo
pre+ería $ir $tephen servirse de ti.
2ecesito sa"erlo.
/sía a O por el vientre, y O no podía
responder. -os de las muchachas se
ha"ían sentado en el suelo. .a tercera,
una morena, a los pies de la tum"ona de
/nne#Aarie.
#@um"adla %ordenó /nne#Aarie a las
muchachas#. 0uiero verla "ien.
O +ue derri"ada y las dos muchachas la
entrea"rieron.
#&s evidente %di*o /nee#Aarie#. 2o hace
+alta que contestes. &s en la grupa donde
ha"rá que marcarte. .evántate. /hora te
pondremos las pulseras. ;olette, trae la
ca*a. 8amos a echar a suertes qui!n tiene
que a)otarte. ;olette traerá las +ichas.
-espu!s iremos a la sala de m<sica.
;olette era la más alta de las dos
muchachas morenas. .a otra se llama"a
;laire y la peque'a pelirro*a, 5vonne. O
no se ha"ía +i*ado en que todas lleva"an,
como en Roissy, una gargantilla y
pulseras de cuero en las mu'ecas y
tam"i!n en los to"illos. ;uando :vonne le
hu"o puesto las pulseras a su medida,
/nne#Aarie entregó a O cuatro +ichas y
le di*o que entregara una a cada una de
ellas sin mirar el n<mero que tenían
gra"ado. O distri"uyó las +ichas. .as tres
muchachas las miraron sin decir nada,
esperando que ha"lara /nne#Aarie.
#@engo el dos %di*o /nne#Aarie#. 60ui!n
tiene el uno7 .o tenía ;olette. #.l!vate a
O. &s tuya.
;olette cogió los "ra)os de O y le unió
las mu'ecas a la espalda con ayuda de las
anillas. .uego la empu*ó ante ella. &n el
um"ral de una puertaventana que se
a"ría a un ala perpendicular a la +achada
principal, 5vonne, que las precedía, le
quitó las sandalias a O. .a
puerta#ventana ilumina"a una ha"itación
cuyo techo +orma"a como una especie de
rotonda elevada. .a c<pula, apenas
es"o)ada, esta"a sostenida al principio
del arco por dos estrechas columnas,
situadas a dos metros una de otra. &l
estrado, elevado so"re cuatro escalones,
se prolonga"a entre las columnas en un
saliente redondeado. &l suelo de la
rotonda, al igual que el resto de la
ha"itación, esta"a cu"ierto por una
al+om"ra de +ieltro ro*o. .as paredes
eran "lancas, las cortinas de las
ventanas, ro*as, y los so+ás dispuestos
alrededor de la rotonda, ro*os como la
al+om"ra. &n la parte rectangular de la
sala, más ancha que pro+unda, o la
llama"an la sala de m<sica. Por una
puerta situada cerca de la chimenea, se
comunica"a directamente con la
ha"itación de /nne#Aarie. .a puerta
sim!trica era la de un armario. 2o ha"ía
más mue"les que los so+ás y el
tocadiscos. Aientras ;olette hacía
sentar a O en el re"orde del estrado que
en su parte central esta"a cortado a
pico, pues las escaleras queda"an a
derecha e i)quierda de las columnas, las
otras dos muchachas cerra"an la
puertaventana, despu!s de ha"er
entornado las persianas. O advirtió
entonces con sorpresa que la
puertaventana era do"le, y /nne#Aarie
le di*o riendo(
#&s para que no se oigan tus gritos. .as
paredes están +orradas de corcho.
/+uera no se oye nada de lo que pasa
aquí. 3chate.
.a tomó por los hom"ros, la colocó so"re
el +ieltro ro*o y la echó un poco hacia
delante. .as manos de O se a+erra"an al
"orde del estrado, donde 5vonne las
su*etó a una anilla, y sus ri'ones
quedaron colgados en el vacío.
/nne#Aarie le o"ligó a do"lar las rodillas
so"re el pecho y, despu!s, O sintió que le
tensa"an las piernas( unas correas
enganchadas a los to"illos la su*eta"an a
las columnas por encima de su ca"e)a, de
tal manera que lo <nico que se veía de su
cuerpo era el surco de su vientre y sus
nalgas a"iertas. /nne#Aarie le acarició el
interior de los muslos.
#&s la parte del cuerpo en la que la piel es
más +ina %di*oM2o hay que estropearla.
@en cuidado, ;olette.
;olette esta"a encima de ella, con un pie
a cada lado de su cintura, y, en el puente
que +orma"an sus piernas morenas, O
veía los cordones del látigo que tenía en
la mano. / los primeros golpes, que le
quemaron en el vientre, O gimió. ;olette
pasa"a de la derecha a la i)quierda, se
detenía, volvía. O se de"atía con todas su
+uer)as, creía que las correas le
desgarrarían la piel. 2o quería suplicar,
no quería pedir clemencia. Pero
/nne#Aarie desea"a dominarla.
#Aás aprisa %di*o a ;olette#, y más +uerte.
O se puso rígida, pero en vano. /l ca"o
de un minuto, cedía a los gritos y a las
lágrimas, mientras /nne#Aarie le
acaricia"a el rostro.
#Un poco más, y todo ha"rá terminado.
$ólo cinco minutos. Puedes gritar
durante cinco minutos. $on y veinticinco.
;olette, terminarás a la media, cuando te
avise.
Pero O chilla"a, no, no por piedad, no
podía más, no podía soportar aquel
suplicio ni un segundo más. $in em"argo,
lo soportó hasta el +inal y, cuando
;olette "a*ó del estrado, /nne#Aarie le
sonrió.
#-ame las gracias %di*o a O.
5 O le dio las gracias. $a"ía "ien por qu!
/nne#Aarie ha"ía querido hacerla a)otar
de entrada. &lla nunca dudó de que una
mu*er pudiera ser tan cruel y más
implaca"le que un hom"re. Pero O
pensa"a que /nne#Aarie no "usca"a
tanto mani+estar su poder como
esta"lecer entre ella y O una
complicidad. O nunca comprendió el
porqu!, pero ha"ía tenido que reconocer
como verdad innega"le el signo
contradictorio de sus sentimientos( le
gusta"a la idea del suplicio, mientras lo
su+ría, hu"iera traicionado al mundo
entero para sustraerse a !l, pero, cuando
se termina"a se alegra"a de ha"erlo
su+rido y se sentía tanto más contenta
cuanto más largo y cruel hu"iera sido.
/nne#Aarie no se ha"ía de*ado enga'ar
por el consentimiento ni por la re"elión
de O y sa"ía que se agradecimiento no
era +icticio. -e todos modos, su decisión
ha"ía tenido un tercer motivo que
entonces le eplicó. 0uería demostrar a
todas las muchachas que entra"an en su
casa, y que de"ían vivir en un mundo
eclusivamente +emenino, que su
condición de mu*er no perdería un ápice
de su importancia por no tener contacto
más que con otras mu*eres, sino que, por
el contrario, quedaría real)ada,
agudi)ada. Por este motivo eigía que las
muchachas estuvieras siempre desnudas,
la +orma en que O ha"ía sido a)otada, así
como la postura en que la ha"ían atado,
tampoco tenían otra +inalidad. Hoy, O
permanecería el resto de la tarde %otras
tres horas# con las piernas a"iertas y
levantadas, epuesta so"re el estrado,
de cara al *ardín, deseando
constantemente poder *untar las piernas.
Aa'ana sería ;laire, ;olette o 5vonne
quien ocupara aquel lugar. &ra un proceso
demasiado lento y minucioso >como la
manera de aplicar el látigo? como para
ser empleado en Roissy. Pero pronto vería
O cuán e+ica) era. ;uando la devolvieran
a $ir $tephen, además de llevar los anillos
y se'ales, sería más a"ierta y
pro+undamente esclava de lo que
imagina"a. / la ma'ana siguiente,
despu!s del desayuno, /nne#Aarie di*o a
O y a 5vonne que la siguieran a su
ha"itación. /llí, tomó del escritorio un
co+re de cuero verde que puso encima de
la cama y lo a"rió. .as muchachas se
sentaron a sus pies. #62o te ha dicho
nada 5vonne7 %preguntó /nne#Aarie a
O. &sta movió la ca"e)a negativamente.
60u! tenía 5vonne que decirle7
#5 $ir $tephen tampoco, me consta. Pues
"ien, !stas son las anillas que !l desea
que lleves.
&ran unas anillas de hierro mate,
inoida"le, como el de la sorti*a +orrada
de oro. &ran gruesas como un lápi) de
color y ovaladas. Parecían gruesos
esla"ones de una cadena. /nne#Aarie
mostró a O que cada una esta"a +ormada
por dos pie)as en +orma de U que
enca*a"an entre sí.
#&ste es sólo el modelo de prue"a. $e
puede quitar. &l de+initivo tiene un
resorte interior que hay que +or)ar para
que penetre en la ranura, donde queda
"loqueado. Una ve) puesto no se puede
quitar si no es con una lima.
;ada anilla tenía una longitud similar a
las dos +alanges del dedo me'ique, el cual
podía pararse por su interior. -e cada
una pendía, como otro esla"ón, o como
pende de un pendiente una anilla que
de"e quedar en el mismo plano que la
ore*a, prolongándola, un disco del mismo
metal tan ancho como larga era la anilla.
&n una de sus caras, un trisHet
incrustado en oro, en la otra, nada.
#&n esta cara se gra"ará tu nom"re, el
nom"re y título de $ir $tephen y, de"a*o,
un látigo y una +usta cru)ados. 5vonne
lleva un disco parecido en el collar. Pero
t< lo llevaras en el vientre.#Pero... %di*o
O. #5a s! %ata*ó /nne#Aarie#. Por eso he
traído a 5vonne. &nse'a el vientre,
5vonne. .a pelirro*a se levantó del suelo
y se tum"ó en la cama.
/nne#Aarie le a"rió los muslos y mostró
a O que uno de los ló"ulos de su vientre
esta"a per+orado de lado a lado en el
centro de su "ase. .a anilla de hierro
pasaría con eactitud por el ori+icio.
#-entro de un momento te per+orar! a ti,
O %di*o /nne#Aarie#. 2o es nada, lo que
cuesta más tiempo es poner las grapas
para suturar la epidermis de arri"a con
la mucosa de a"a*o. &s menos doloroso
que el látigo.
#6$in dormirme7 %eclamó O tem"lando.
#&so *amás %respondió /nne#Aarie#. $ólo
te ataremos un poco más +uerte que
ayer. &s su+iciente. 8amos.
Ocho días despu!s, /nne#Aarie quita"a a
O las grapas y le ponía la anilla de
prue"a. Por ligero que +uera %más de lo
que parecía, pues esta"a hueco#, pesa"a.
/quel duro metal que se veía
per+ectamente penetrar en la carne,
parecía un instrumento de tortura. 60u!
sería cuando le pusieran la segunda
anilla, que aumentaría su peso7 /quel
"ár"aro aparato saltaría a la vista.
#;laro que sí %di*o /nne#Aarie cuando O
le hi)o este comentario#. 6;omprendes ya
lo que desea $ir $tephen7 ;ualquiera
que, en Roissy o en cualquier parte, te
levante la +alda, verá inmediatamente sus
anillas en tu vientre y, si te hacen dar la
vuelta, verá su marca en tus ri'ones. @al
ve) alg<n día puedas limar las anillas.
Pero la marca no podrás "orrarla nunca.
#5o creía que los tatua*es podían
"orrarse %di*o ;olette.
=ue ella quien, so"re la piel "lanca de
5vonne, encima del triángulo del vientre,
tatuó en letras a)ules, rameadas como
las de los "ordados, las iniciales del amo
de 5vonne. #O no será tatuada %respondió
/nne#Aarie. O la miró. ;olette e 5vonne
calla"an, desconcertadas. /nne#Aarie
titu"ea"a. #8amos, dígalo %la animó O.
Po"recita, no me atrevía a ha"larte de
ello( t< serás mascada con hierros. $ir
$tephen me los mandó hace dos días.
6Hierros7 %preguntó 5vonne. Hierros
candentes.
-esde el primer día, O compartió la vida
de la casa. .a ociosidad era a"soluta y
deli"erada, y las distracciones,
monótonas. .as muchachas podían pasear
por el *ardín, leer, di"u*ar, *ugar a las
cartas y hacer solitarios, dormir o tomar
el sol para "roncearse. / veces, pasa"an
horas ha"lando todas *untas, o de dos en
dos, a veces, permanecían sentadas a los
pies de /nne#Aarie, en silencio. .as
comidas se parecían todas, la cena se
servía a la lu) de las velas, el t! en el
*ardín, y resulta"a a"surdo ver la
naturalidad con que las dos criadas
servían a aquellas muchachas desnudas,
sentadas en torno a una mesa de
ceremonia. Por la noche, /nne#Aarie
designa"a a la que dormiría con ella,
quien a veces era la misma durante varias
noches seguidas. .a acaricia"a y se hacía
acariciar por ella hasta el amanecer.
-espu!s, la despedía y se dormía. .as
cortinas color violeta, corridas sólo a
medias, te'ían de malva la primera lu) del
día. -ecía 5vonne que /nne#Aarie
esta"a hermosa y altiva en el placer, y que
era incansa"le en sus eigencias. 2inguna
la ha"ía visto completamente desnuda.
&lla se limita"a a a"rir o levantar el
camisón de punto de nylon "lanco, pero
no se lo quita"a. 2i el placer que pudiera
ha"er eperimentado durante la noche ni
su elección de la víspera in+luían so"re la
decisión de la tarde, que siempre se
echa"a a suertes. / las tres, "a*o el haya
p<rpura, a cuya som"ra se agrupa"an las
"utacas del *ardín en torno a una mesa
redonda de piedra "lanca, /nne#Aarie
saca"a la copa con los dados. ;ada
muchacha toma"a un dado. .a que saca"a
el n<mero más "a*o era llevada a la sala
de m<sica y atada al estrado como lo
+uera O >quien esta"a eimida hasta su
marcha?. .a muchacha de"ía entonces
designar la mano derecha o la mano
i)quierda de /nne#Aarie, en la que !sta
tenía una "ola "lanca o una "ola negra, al
a)ar. 2egra, la muchacha era a)otada,
"lanca, no lo era. /nne#Aarie nunca
hacía trampas, ni aunque el a)ar
condenara o li"erara a la misma
muchacha durante varios días seguidos.
/sí, el suplicio de la peque'a 5vonne,
quien llora"a llamando a su amante, se
repitió durante cuatro días seguidos. $us
muslos, veteados de verde como su
pecho, se unían a lo largo de una +ran*a de
carne rosada, per+orada por la gruesa
anilla que resulta"a tanto más
impresionante cuando que 5vonne esta"a
completamente depilada. #Pero, 6por qu!7
%preguntó O#. 65 por qu! la anilla, si el
disco lo llevas en el collar7 #-ice que
depilada estoy más desnuda. .a anilla me
parece que es para atarme. .os o*os
verdes de 5vonne y su rostro peque'o y
triangular le recorda"an a Jacqueline.
6:ría Jacqueline a Roissy7 /lg<n día
tam"i!n pasaría por aquella casa y sería
atada al estrado. B2o quieroC, se decía O,
Bno quiero y no har! nada para traerla.
-emasiado le he dicho ya. Jacqueline no
está hecha para ser golpeada ni marcada.C
Pero Dqu! "ien le i"an a 5vonne los
hierros y los golpesE D0u! grato su sudor
y qu! dulce hacerla gemirE Porque
/nne#Aarie, en dos ocasiones, y sólo
cuando se trata"a de 5vonne, le ha"ía
dado el látigo a O, ordenándole que la
golpeara. .a primera ve), O vaciló. /l
primer grito de 5vonne, retrocedió, pero,
cuando volvió a golpearla, e 5vonne gritó
de nuevo, con más +uer)a, sintió que un
placer terri"le la em"arga"a, tan intenso
que se reía a pesar suyo y tenía que
dominarse para espaciar los golpes y no
acelerar el ritmo. -espu!s, se ha"ía
quedado cerca de 5vonne todo el tiempo
que !sta ha"ía permanecido atada,
"esándola de ve) en cuando. $in duda, se
perecía en cierto modo a ella. Por lo
menos, eso creía /nne#Aarie, a *u)gar
por su actitud. 6&ra el silencio de O, su
docilidad, lo que la tenta"a7 /penas se
cicatri)aron las heridas de O,
/nne#Aarie le di*o(
#D;uánto siento no poder hacerte a)otarE
;uando vuelvas... -e todos modos, te
a"rir! todos los días.
5, todos los días, cuando desata"an a la
muchacha que estuviera en la sala de
m<sica, O ocupa"a su lugar hasta que
sona"a la llamada para la cena. 5
/nne#Aarie tenía ra)ón( era verdad que
durante aquellas dos horas no podía
pensar más que en el anillo, cuyo peso
sentía so"re el vientre y que pesa"a
mucho más ahora, con el segundo
esla"ón, y en que esta"a a"ierta. &n nada
que no +uera su esclavitud o las se'ales de
su esclavitud. Una tarde, ;laire, que
entra"a del *ardín con ;olette, se acercó
a O e hi)o girar los anillos. @odavía no
ha"ía en ellos inscripción alguna.
#6=ue /nne#Aarie quien te llevó a
Roissy7 #preguntó. #2o %respondió O.
#/ mí me llevó hace dos a'os. 8uelvo allí
pasado ma'ana. #Pero, 6no perteneces a
nadie7 %preguntó O. #;laire me pertenece
a mí %di*o /nne#Aarie, que entra"a en
aquel momento#. Aa'ana por la ma'ana
llega tu amo. O. &sta noche dormirás
conmigo. .a noche era corta, pronto
empe)ó lentamente a clarear y, hacia las
cuatro de la madrugada, el día "orra"a las
<ltimas estrellas. O, que dormía con las
rodillas *untas, despertó al sentir entre
los muslos la mano de /nne#Aarie sólo
quería despertarla para que O la
acariciara. $us o*os "rilla"an en la
penum"ra, y sus ca"ellos grises,
salpicados de he"ras negras, cortos y
eri)ados por la almohada, le da"an
aspecto de gran se'or eiliado, de
li"ertino valeroso. O ro)ó con los la"ios
la dura punta de sus senos y, con la mano,
el surco del vientre. /nne#Aarie se rindió
en seguida, pero no a O. &l placer al que
a"ría los o*os, con la cara vuelta hacia la
lu) del día, era anónimo e impersonal, del
cual O no era más que el instrumento. /
/nne#Aarie el era indi+erente que O
admirara su rostro terso y re*uvenecido
y su hermosa "oca *adeante, le era
indi+erente que O la oyera gemir al
aprisionar con los dientes y los la"ios la
cresta de carne oculta en el surco del
vientre. $e limitó a coger a O por el
ca"ello para atraerla con más +uer)a
contra sí y no la soltó sino para decirle(
#Otra ve). /sí ha"ía amado O a
Jacqueline. .a ha"ía tenido igualmente
a"andonada entre los "ra)os. .a ha"ía
poseído, o. Por lo menos, eso creía ella.
Pero la identidad de movimientos no
signi+ica nada. O no poseía a /nne#Aarie
eigía las caricias sin preocuparse de lo
que sintiera quien la acaricia"a, y se
entraga"a con insolente li"ertad. $in
em"argo, estuvo cari'osa con O, le "esó
la "oca y los senos, y la tuvo a"ra)ada
una hora antes de despedirla. .e ha"ía
quitado los anillos. #$on las <ltimas horas
en que podrás dormir sin hierros. .os que
te pondremos despu!s, no podrás
quitártelos. /carició suave y largamente
las nalgas de O y la llevó a la ha"itación
en la que se vestía, la <nica de la casa que
tenía espe*o de tres cuerpos, siempre
cerrado. .o a"rió para que O pudiera
verse. #&sta es la <ltima ves intacta %le
di*o#. &n parte, lisa y redonda, serás
marcada con las iniciales de $ir $tephen,
a am"os lados. .a víspera de tu marcha,
te pondr! otra ve) ante el espe*o, no te
reconocerás. Pero $ir $tephen tiene
ra)ón. 8ete a la cama, O.
Pero la angustia le impidió dormir y,
cuando, a las die) entró ;olette a
"uscarla, tuvo que ayudarla a "a'arse y
peinarse y pintarle los la"ios. O tem"la"a
de pies a ca"e)a, Ha"ía oído a"rirse la
puerta( $ir $tephen ha"ía llegado.
#8en, O %le di*o 5vonne#. &l te espera.
&l sol esta"a muy alto, ni un soplo de aire
movía las ho*as del haya( parecía un ár"ol
de co"re. &l perro, a"rumado por el
calor, yacía al pie del ár"ol y, como el sol
no esta"a todavía detrás de la )ona
espesa de su copa, se +iltra"a a trav!s
de la <nica rama que a aquella hora
proyecta"a som"ra so"re la mesa( la
piedra esta"a sem"rada de manchas
claras y ti"ias. $ir $tephen se halla"a de
pie, inmóvil, al lado de la mesa, y
/nne#Aarie, sentada, *unto a !l.
#/quí la tiene %di*o /nne#Aarie cuando
5vonne hu"o conducido a O hasta donde
!l esta"a#. .os anillos pueden colocarse
cuando usted quiera. 5a ha sido
taladrada.
$in responder, $ir $tephen atra*o a O
hacia sí, la "esó en la "oca y,
levantándola en vilo, la depositó en la
mesa y se quedó inclinado so"re ella.
8olvió a "esarla, le acarició las ce*as y el
ca"ello y di*o a /nne#Aarie, irgui!ndose(
#/hora mismo, si no tiene inconveniente.
/nne#Aarie a"rió la ca*a de cuero que
esta"a encima de un sillón a"iertas que
lleva"an los nom"res de O y de !l.
#/delante %di*o $ir $tephen.
5vonne le levantó las rodillas, y O sintió
en la carne el +río del metal que
/nne#Aarie introducía en ella. &n el
momento de insertar la segunda parte de
la anilla, /nne#Aarie procuró que la cara
con la incrustación de oro quedara
pegada al muslo y la otra cara hacia el
interior. Pero el resorte era tan duro que
los hierros no se engar)a"an. Hu"o que
enviar a 5vonne a "uscar un martillo.
&ntonces endere)aron a O y la
colocaron, con las piernas separadas,
encima del re"orde de piedra, que hi)o
las veces de yunque, en el que,
alternativamente, apoyaron el etremo
de cada esla"ón y golpearon so"re el
otro etremo para remacharlos. $ir
$tephen mira"a sin decir pala"ra. ;uando
terminó la operación, dio las gracias a
/nne#Aarie y ayudó a O a ponerse en
pie. &lla advirtió entonces que estos
hierros eran mucho más pesados que los
que llevara provisionalmente en los días
anteriores. Pero !stos eran de+initivos.
#/hora la marca, 6verdad7 %di*o
/nne#Aarie a $ir $tephen.
&l movió a+irmativamente la ca"e)a y
su*etó por la cintura a O, quien se
tam"alea"a. /hora no lleva"a cors!
negro, pero !ste la ha"ía comprimido tan
"ien que parecía que i"a a romperse de
tan es"elta. .as caderas parecían más
redondeadas y los senos más a"ultados.
&n la sala de m<sica, a la que, siguiendo a
/nne#Aarie y a 5vonne, $ir $tephen
llevó a O casi en volandas, esta"an ;laire
y ;olette, sentadas en el estrado. /l
verles entrar, se levantaron. &n el estrado,
ha"ía un gran hornillo redondo con una
"oca. /nne#Aarie sacó las correas del
armario y mandó atar +uertemente a O
por la cintura y las pantorrillas, con el
vientre aplastado contra una de las
columnas. .e ataron tam"i!n las manos y
los pies. /turdida por el miedo, sintió que
la mano de /nne#Aarie se'ala"a el lugar
de sus nalgas donde tenían que aplicarle
el hierro. Oyó el sil"ido de una llama y,
en silencio a"soluto, una ventana que se
cerra"a. Hu"iera podido volver la ca"e)a
y mirar. 2o tenía +uer)as. Un dolor
insoporta"le la traspasó, lan)ándola
contra las ligaduras, rígida y chillando, y
nunca supo qui!n le ha"ía hundido en la
carne de las nalgas los dos hierros
candentes a la ve), qu! vo) +ue la que,
lentamente, contó hasta cinco, ni qui!n
dio la se'al para que se los retiraran.
;uando la desataron, cayó en los "ra)os
de /nne#Aarie y, antes de que todo
aca"ara de dar vueltas a su alrededor y
se oscureciera, antes de perder el
conocimiento, a<n tuvo tiempo de
entrever, entre dos oleadas de noche, el
rostro lívido de $ir $tephen.
$ir $tephen llevó a O a París die) días
antes del +inal de *ulio. .os hierros que
traspasa"an el ló"ulo i)quierdo de su
vientre y lleva"an una inscripción que
decía que ella era propiedad de $ir
$tephen, le llega"an hasta la tercera
parte del muslo y se movían entre sus
piernas a cada paso como el "ada*o de
una campana, pues el disco gra"ado era
más pesado y más largo que la anilla de la
que colga"a. .as se'ales impresas por el
hierro candente, de tres dedos de alto y
la mitad de ancho, esta"an gra"adas en
la carne, como con cincel, casi a un
centímetro de pro+undidad. $ólo con
ro)arlas se nota"an. Por aquellos hierros
y aquellas se'ales O sentía un orgullo
disparatado. $i Jacqueline hu"iera
estado allí, en lugar de tratar de
disimular, como ha"ía hecho con las
marcas de los latiga)os que $ir $tephen
le ha"ía in+ligido durante los <ltimos días
antes de su marcha, hu"iera corrido a
"uscarla para ense'árselos. Pero
Jacqueline tardaría a<n ocho días en
regresar. Ren! tampoco esta"a. -urante
aquellos ocho días, O, a petición de $ir
$tephen, encargó varios vestidos de
playa y tra*es de noche muy ligeros. 2o le
permitió más que variantes de dos
modelos( uno cerrado de arri"a a"a*o por
una cremallera >O tenía ya alguno
parecido? y el otro compuesto por +alda
acampanada que pudiera levantarse con
un solo movimiento, un cors! que le su"ía
hasta los senos y un "olero a"rochado
hasta el cuello. 1asta"a que se quitara el
"olero para que los hom"ros y los senos
quedaran desnudos o, sin quitárselo, con
sólo desa"rocharlo se verían los senos. &n
el tra*e de "a'o no ha"ía ni que pensar. O
no podía llevar "a'ador( se le hu"ieran
salido los hierros por de"a*o. $ir $tephen
le di*o que aquel verano, cuando se
"a'ara, lo haría desnuda. O ha"ía podido
darse cuenta de que a !l le gusta"a, en
todo momento, cuando la tenía cerca,
aunque en aquel momento no la deseara,
asirla por el vientre y tirarle del vello,
a"rirla y hurgarla largamente con la
mano. &l placer que sentía O cuando ella
así palpa"a con la mano, Jacqueline,
h<meda y ardiente, le hacía comprender
el placer de $ir $tephen. &ra natural que
no quisiera que algo se lo di+icultara.
;on los tGills rayados o a lunares, gris y
"lanco, y a)ul marino y "lanco, que O
eligió, con +alda plisada soleil y "olero
a*ustado y cerrado, o los dos vestidos
más so"rios en cloqu! de nylon negro,
apenas maquillada, sin som"rero, con el
pelo suelto, O tenía aspecto de *ovencita
+ormal. -ondequiera que $ir $tephen la
llevara, la toma"an por su hi*a o, a lo
sumo, por su so"rina, dado que !l la
tutea"a y ella le ha"la"a de usted. $olos
los dos en París, paseando por las calles y
mirando escaparates, o por los muelles
polvorientos por +alta de lluvia, veían sin
asom"ro que los que se cru)a"an con
ellos les sonreían como se sonríe a las
personas +elices. / veces, $ir $tephen la
atraía hacia un portal oscuro con olor a
sótano para "esarla y decirle que la
quería. O hundía sus altos tacones en la
parte "a*a de la puerta. /l +ondo, se veía
un patio de vecindad con ropa tendida en
los "alcones. &n uno de ellos, una
muchacha ru"ia los mira"a +i*amente. Un
gato se les pasea"a entre las piernas.
Pasearon por los 4o"elins, por
$aint#Aarcel, Rue Aoy++etard, el
@emple y la 1astilla. Un día, $ir $tephen,
"ruscamente, la hi)o entrar en un mísero
hotel de paso en el que el conser*e, al
principio, quería hacerles llenar la +icha y
luego les di*o que para una hora no valía
la pena. &l papel de la ha"itación era a)ul
con grandes peonías doradas, la ventana
da"a a un patio interior que olía a "asura.
Por d!"il que +uera la "om"illa de la
ca"ecera de la cama, se veían encima del
mármol de la chimenea un poco de polvo
volcado y unas horquillas. &n el techo,
encima de la cama, un gran espe*o.
Una sola ve), $ir $tephen invitó a
almor)ar con O a dos compatriotas que
esta"an de paso. =ue a "uscarla al muelle
1!thune una hora antes de lo acordado,
en lugar de esperarla en su casa. O
esta"a "a'ada, pero no peinada, ni
maquillada, ni vestida. 8io, sorprendida,
que $ir $tephen traía una "olsa de palos
de gol+. Pero la sorpresa pasó pronto( $ir
$tephen le di*o que a"riera la "olsa.
-entro ha"ía varias +ustas de cuero, dos
muy +inas y largas negro, un látigo de
+lagelante con tres largas correas de
cuero verde, re)adas en el etremo, otro
látigo con cordones anudados, un látigo
de perro +ormado por una gruesa correa
de cuero con el mango tren)ado,
"ra)aletes de cuero como los de Roissy y
cuerdas. O lo dispuso todo, "ien
ordenado, encima de la cama. Por mucha
costum"re o +irme)a que tuviera, esta"a
tem"lando. $ir $tephen la a"ra)ó(
#60u! pre+ieres, O7 %le preguntó.
Pero ella casi no podía ha"lar y sentía
que el sudor le corría por las ailas.
#60u! pre+ieres7 %insistió !l#. &stá "ien,
aunque no quieras ha"lar, me ayudarás.
.e pidió clavos y, despu!s de "uscar la
manera de cru)ar los látigos y +ustas
para +ormar una decoración, indicó a O
que el ta"lero de madera adosado a la
pared entre el espe*o y la chimenea,
+rente a la cama, sería el lugar más
indicado para colocarlos. ;olocó los
clavos. .os látigos y las +ustas tenían
anillas en el etremo del mango por las
que podían colgarse con +acilidad. ;on
los látigos, las +ustas, los "ra)aletes y las
cuerdas, O tendría así, +rente a su cama,
la panoplia completa de sus instrumentos
de tortura. &ra una hermosa panoplia, tan
armoniosa como la rueda y las tena)as
que se ven en los cuadros que
representan a santa ;atalina mártir,
como el martillo, los clavos, la corona de
espinas y el +lagelo de los cuadros de
Pasión. ;uando volviera Jacqueline...
Pero no se trata"a ahora de Jacqueline.
Ha"ía que responder a la pregunta de $ir
$tephen( O no podía hacerlo. &l mismo
tuvo que elegir y eligió el látigo para
perros. &n la P!souse, en un min<sculo
reservado del segundo piso, en el que los
persona*es estilo Katteau de las paredes,
de colores pálidos y un poco "orrosos,
parecían actores de teatro de mu'ecas.
O +ue colocada en el so+á, sola, con uno
de los amigos de $ir $tephen a su
derecha y el otro a su i)quierda, en
sendo sillones, y $ir $tephen, en+rente. /
uno de los hom"res lo ha"ía visto en
Roissy, pero no recorda"a ha"erle
pertenecido. &l otro era un muchacho
alto, pelirro*o, de o*os grises, que no
tendría ni veinticinco a'os. $ir $tephen,
en dos pala"ras, le di*o por qu! ha"ía
invitado a O y lo que ella era. Una ve)
más, al escucharle, O se asom"ró de la
"rutalidad de su lengua*e. Pero, 6cómo
quería ella que la llamara sino puta, si, en
presencia de tres hom"res, sin contar a
los camareros que entra"an y salían, pues
la comida no ha"ía terminado, consentía
en a"rirse el cuerpo del vestido para
mostrar los senos, con la punta
maquillada y cru)ados por las se'ales
violáceos de la +usta7 .a comida +ue muy
larga, y los dos ingleses "e"ieron mucho.
/ la hora del ca+!, cuando sirvieron los
licores, $ir $tephen apartó la masa y,
despu!s de levantar la +alda de O para
que sus amigos vieran cómo la ha"ía
taladrado y marcado, la de*ó con ellos. &l
hom"re que ha"ía conocido en Roissy
aca"ó en seguida. $in levantarse del
sillón ni tocarla, le ordenó que se
arrodillara ante !l, le tomara el miem"ro
entre las manos y se lo acariciara hasta
que !l pudiera derramarse en su "oca.
-espu!s, la o"ligó a a"rocharle y se +ue.
Pero el *oven pelirro*o, trastornado por
la sumisión de O, las anillas y las
laceraciones que ha"ía visto en su
cuerpo, en lugar de a"alan)arse so"re
ella como O espera"a, la tomó por la
mano, le hi)o "a*ar la escalera sin
siquiera una mirada a las sonrisas
"urlonas de los camareros y la llevó en
tai a su hotel. 2o la de*ó marchar hasta
la noche, despu!s de ha"erle surcado
+ren!ticamente el vientre y la grupa, que
de*ó magullados, por lo ancho y rígido
que era, enloquecido por la posi"ilidad
que se le o+recía por primera ve) en su
vida de penetrar do"lemente en una
mu*er y de hacerse "esar por ella del
modo que aca"a"a de presenciar >algo
que !l nunca se ha"ía atrevido a pedir a
nadie?. /l día siguiente, a las dos, cuando
O llegó a casa de $ir $tephen, quien la
ha"ía mandado llamar, lo encontró con
cara triste y enve*ecido.
#O, &ric se ha enamorado locamente de ti
%le di*o#. &sta ma'ana ha venido a
suplicarme que te d! la li"ertad y a
decirme que quiere casarse contigo.
0uiere salvarte. 5a ves lo que te hago si
eres mía, O, y, si eres mía, no puedes
negarte, pero ya sa"es que en todo
momento puedes negarte a ser mía. /sí se
lo he dicho. 8olverá a las tres.
O se echó a reír.
#62o es ya un poco tarde para eso7
%preguntó#. .os dos están locos. $i &ric
no hu"iera venido esta ma'ana, 6qu!
ha"ríamos hecho usted y yo esta tarde7
6Ha"ríamos salido a pasear7 Pues
vámonos a pasear. 6O usted no me ha"ría
llamado7 &ntonces me marcho...
#2o %di*o $ir $tephen#, te hu"iera
llamado, O, pero no eactamente para
salir a pasear. 0uería... #$iga.
#8en. /sí será más +ácil.
$e levantó y a"rió una puerta situada en
la pared +rente a la chimenea, sim!trica
a la de la entrada al despacho. O siempre
ha"ía creído que era una puerta de
armario, condenada. 8io un peque'o
ga"inete reci!n pintado y tapi)ado de
seda granate, la mitad del cual esta"a
ocupado por un estrado redondo con dos
columnas, id!ntico al estrado de $amois.
#.as paredes y el techo están +orrados
de corcho, la puerta acolchada y hay
do"le ventana, 6no7 $ir $tephen movió
a+irmativamente la ca"e)a. #65 desde
cuándo...7 #-esde que regresaste.
#&ntonces, 6por qu!...7
#6Por qu! he esperado hasta hoy7 Porque
espera"a que pasaras por otras manos
además de las mías. /hora te castigar!
por ello. 2unca te he castigado, O.
#$oy suya %di*o O#. ;astígueme. ;uando
venga &ric... Una hora despu!s, al ver a O
grotescamente !cartel!e entre las dos
columnas, el *oven palideció, "al"uceó y
desapareció. O pensa"a no volver a verle.
.o encontró en Roissy, a +inales de
septiem"re, donde la eigió tres días
seguidos y la maltrató salva*emente.
Capitulo 4º La lehu!a
O no acerta"a a comprender que hu"iera
ha"ido un tiempo en el que dudara en
ha"lar a Jacqueline de lo que Ren!,
acertadamente, llama"a su verdadera
condición. 5a le ha"ía dicho /nne#Aarie
que, cuando saliera de su casa, ha"ría
cam"iado. Pero ella no creía que pudiera
cam"iar tanto. .e parecía per+ectamente
natural, con Jacqueline otra ve) en casa,
más radiante y más +resca que nunca, no
esconderse ya para "a'arse ni para
vestirse. -e todos modos, Jacqueline
presta"a tan poca atención a todo
aquello que no +uera ella misma que hasta
dos días despu!s de su llegada, al entrar
de improviso en el cuarto de "a'o en el
momento en que O, al salir de la "a'era,
hi)o tintinear en el esmalte del "orde los
hierros de su vientre, no reparó en el
disco que colga"a entre las piernas de O
ni en las se'ales de los latiga)os que le
cru)a"an los muslos y los senos.
#60u! tienes ahí7 %le preguntó.
#Ha sido $ir $tephen %respondió O. 5
a'adió, como si +uera lo más natural#(
Ren! me entregó a !l, y !l me ha hecho
poner una placa con su nom"re. Aira.
Aientras se seca"a con el al"orno), para
permitirle tocar el disco y leer la
inscripción, se acercó a Jacqueline,
quien, de la impresión, se sentó en el
ta"urete lacado. -espu!s, se quitó el
al"orno), se volvió y se'aló con la mano
la $ y la H que tenía gra"adas en las
nalgas(
#@am"i!n me hi)o marcar con sus
iniciales. .o demás son golpes de +usta.
4eneralmente, me a)ota !l mismo, pero
hay veces en que me hace a)otar por su
criada negra.
Jacqueline la mira"a sin pronunciar
pala"ra. O se echó a reír y +ue a darle un
"eso. Jacqueline, asustada, la recha)ó y
huyó hacia el dormitorio. O aca"ó de
secarse tranquilamente, se per+umó y se
cepilló el pelo. $e puso el ce'idor, las
medias y las chinelas y, cuando, a su ve),
entró en el dormitorio, su mirada trope)ó
en el espe*o con la de Jacqueline quien
esta"a peinándose sin darse cuenta de lo
que hacía. #/pri!tame el ce'idor %le di*o#
Parece que te asom"ra. 62o te lo ha
contado Ren!, a pesar de estar enamorado
de ti7 #2o lo entiendo %di*o Jacqueline.
5, revelando de entrada qu! era lo que
más la sorprendía, a'adió#( Pareces estar
orgullosa. 2o lo entiendo. #;uando Ren!
te lleve a Roissy, lo comprenderás. 65a te
acuestas con !l7 Una oleada de sangre
invadió la cara de Jacqueline, quien
movió negativamente la ca"e)a con tan
poca naturalidad que O volvió a echarse a
reír. #Aientes, querida. &res est<pida.
@ienes per+ecto derecho a acostarse con
!l. Pero !ste no es motivo pare que me
rechaces. -e*a que te acaricie. @e ha"lar!
de Roissy. 6@emía Jacqueline que O le
hiciera una violenta escena de celos y
cedió porque se sentía aliviada, o +ue por
curiosidad, para o"tener eplicaciones de
O, o, simplemente, porque le gusta"an la
paciencia, la lentitud y la pasión con que
O acaricia"a7 .o cierto es que cedió.
#;uenta %di*o despu!s a O.
#$í, pero antes "!same la punta de los
senos. 5a es hora de que empieces a
acostum"rarte, si quieres servir de algo
a Ren!. Jacqueline o"edeció, y o"edeció
tan "ien que hi)o gemir a O. #;uenta %
insistió. Por +in y claro que +uera el relato
de O, y pese a que ella misma era prue"a
material de cuanto decía, a Jacqueline le
pareció delirante. #65 vas a volver en
septiem"re7 %le preguntó. #;uando
regresemos del Aediodía. 5o misma te
llevar!, o te llevará Ren!. #5a me gustaría
verlo %di*o Jacqueline#. Pero verlo nada
más. #-esde luego. &s posi"le %di*o O
que esta"a convencida de lo contrario.
Pero se decía que, si ella podía convencer
a Jacqueline para que cru)ara la ver*a de
Roissy, $ir $tephen se lo agradecería.
-espu!s, los criados, las cadenas y los
látigos se encargarían de ense'arla a
o"edecer. &lla sa"ía ya que, en la casa
que $ir $tephen ha"ía alquilado cerca de
;annes, donde ella de"ía pasar el mes de
agosto con Ren!, Jacqueline y con !l,
además de la hermana menor de
Jacqueline, que !sta ha"ía pedido
permiso para llevar consigo %no porque
quisiera hacerle un +avor, sino porque su
madre la atosiga"a para que convenciera
a O#, sa"ía que la ha"itación que ella
ocuparía y en la que Jacqueline no podría
negarse a dormir por lo menos la siesta,
cuando Ren! no estuviera, esta"a
separada de la ha"itación de $ir $tephen
por un ta"ique, que parecía maci)o y no
lo era, y que consistía en un enre*ado
calado( "asta"a con levantar una cortina
para ver y oír lo que ocurriera al otro
lado con la misma claridad que si
estuviera uno de pie al lado de la cama.
Jacqueline estaría epuesta a la mirada
de $ir $tephen mientras O la acariciara
y, cuando se enterase, ya sería
demasiado tarde. O se complacía en
pensar que traicionaría a Jacqueline,
pues se sentía insultada al ver que
Jacqueline desprecia"a aquella condición
de esclava marcada y a)otada, de la que
O tan orgullosa se sentía.
O nunca ha"ía estado en el Aediodía. &l
cielo a)ul y +i*o, el mar que apenas se
movía, los pinos inmóviles "a*o el sol,
todo le pareció hostil y mineral. #2o son
ár"oles de verdad %decía tristemente
mirando los aromáticos "osques llenos de
*aras y madro'os, en los que todas las
piedras y hasta lo líquenes esta"an ti"ios
al tacto. #&l mar no huele a mar %decía
tam"i!n. .e reprocha"a que no escupiera
más que alguna que otra alga amarillenta
parecida al esti!rcol de ca"allo, que +uera
demasiado a)ul y que lamiera la orilla
siempre en el mismo sitio. Pero, en el
*ardín de la casa, que era una antigua
gran*a remo)ada, se esta"a le*os del
mar. / derecha e i)quierda, unas tapias
altas protegían de los vecinos, el ala de la
servidum"re da"a al patio de entrada, en
la otra +achada, y la +achada del *ardín,
en la que esta"a la ha"itación de O, que
se a"ría directamente a una terra)a
situada en el primer piso, esta"a
orientada al &ste. .a copa de unos
grandes laureles negru)cos ro)a"a las
te*as ára"es que servían de parapeto a la
terra)a. Un enca'i)ado la protegía del
sol de mediodía y las "aldosas ro*as del
suelo eran iguales a las de la ha"itación.
$alvo la pared que separa"a la ha"itación
de O de la de $ir $tephen %y era la pared
de una gran alco"a, delimitada por un
arco y separada del resto de la
ha"itación por una especie de "arrera
parecida a la "arandilla de una escalera,
de madera torneada#, las restantes
esta"an encaladas. .as gruesas
al+om"ras "lancas etendidas so"re las
"aldosas eran de algodón y las cortinas,
de lien)o amarillo y "lanco. Ha"ía dos
"utacas cu"iertas de la misma tela y
colchones cam"oyanos a)ules, do"lados
en tres. ;ompleta"an el mo"iliario una
hermosa cómoda de nogal estilo Regencia
y una mesa campesina, larga y estrecha,
de madera clara, encerada, "rillante
como un espe*o. O colga"a su ropa en un
ropero. .a cómoda le servía de tocador. /
la peque'a 2atalie la ha"ían instalado
cerca de la ha"itación de O y, por las
ma'anas, a la hora en que sa"ía que O
toma"a el sol en la terra)a, i"a a
reunirse con ella y se tum"a"a a su lado.
&ra una muchachita muy "lanca, de
miem"ros "ien moldeados y, sin
em"argo, es"elta, con o*os rasgados como
los de su hermana, aunque negros
"rillantes, que le da"an aspecto de china.
$u negro ca"ello esta"a corado por
delante en un espeso +lequillo y, detrás,
en línea recta, a ras de la nuca. @enía unos
senos peque'os, +irmes y tr!mulos y unas
caderas de ni'a, apenas curvadas.
@am"i!n ella vio a O por sorpresa, al salir
corriendo a la terra)a donde creía
encontrar a su hermana. O esta"a sola,
tendida "oca a"a*o en uno de los
colchones. Pero lo que repugna"a a
Jacqueline a ella le hi)o sentir envidia y
deseo. :nterrogó a su hermana. .as
respuestas con que Jacqueline creía
escandali)arla, al contarle todo lo que O
le ha"ía re+erido, no hicieron cam"iar los
sentimientos de 2atalie, sino el
contrario. $e ha"ía enamorado de O.
;onsiguió callarlo durante más de una
semana, hasta un domingo por la tarde,
en que se las ingenió para quedarse a
solas con O.
Hacía menos calor que de costum"re.
Ren!, quien ha"ía estado nadando
durante parte de la ma'ana, dormía en el
so+á de una ha"itación +resca de la
planta "a*a. Jacqueline, molesta al ver
que pre+ería dormir, se reunió con O en
su alco"a. &l mar y el sol la ha"ían
dorado todavía más( su ca"ello, sus ce*as,
sus pesta'as, el vello del vientre y las
ailas parecían espolvoreados de plata y,
como no i"a en a"soluto maquillada, sus
la"ios tenían el mismo tono rosado que la
carne del surco de su vientre. Para que $ir
$tephen %cuya presencia invisi"le, se
decía O, ella hu"iera adivinado,
presentido, perci"ido, de ha"er estado
en el lugar de Jacqueline#, pudiera verla
"ien, O procuró levantarle las piernas
varias veces y manten!rselas a"iertas a
plena lu)( la lámpara de la mesita de
noche esta"a encendida. .os postigos
esta"an cerrados y la ha"itación, casi a
oscuras, pese a las rayas de lu) que se
+iltra"an a trav!s las contraventanas, los
"ra)os levantados, apretando los
"arrotes de la ca"ecera de la cama estilo
italiano, empe)ó a gritar cuando O,
separando los ló"ulos de pálido vello,
mordió lentamente la cresta de carne
so"re la que se unían, entre los muslos,
los +inos y suaves la"ios. O la sentía
arder, rígida "a*o su lengua y la hi)o
gritar sin pausa hasta que se distendió
"ruscamente, con todos los resortes
rotos, h<meda de placer. .uego, la envió
a su ha"itación, donde se durmió, pero
esta"a ya despierta y arreglada cuando,
a las cinco, Ren! +ue a "uscarla para salir
al mar con 2atalie en una peque'a "arca
de vela, como solían hacer a <ltima hora
de la tarde, aprovechando la suave "risa
que entonces se levanta"a.
#6-ónde está 2atalie7 %preguntó Ren!.
2atalie no esta"a en su ha"itación ni en
la casa. .a llamaron por el *ardín. Ren! se
acercó al "osque de encinas que se
etendía a continuación del *ardín. 2adie
contestó.
#$eguramente, ya estará en la cala %di*o
Ren!#. O en la "arca.
$e +ueron sin volver a llamarla. =ue
entonces cuando O, quien esta"a
tum"ada en una hamaca en la terra)a, vio
a trav!s de la "alaustrada a 2atalie que
corría hacia la casa. $e levantó y se puso
la "ata, pues hacía a<n mucho calor y
esta"a desnuda. $e anuda"a el cinturón
cuando entró 2atalie hecha una +uria y
se arro*ó so"re ella.
#D5a se +ueE DPor +in se +ueE %gritó#. .a he
oído, O, os he oído a las dos. &stuve
escuchando detrás de la puerta. @< la
"esas y la acaricias. 6Por qu! no me
acaricias a mí7 6Por qu! no me "esas7
6&s porque soy morena y no soy guapa7
&lla no te quiere, O, y yo sí %y se echó a
llorar.
B/h, vamosC, se di*o O. Hi)o sentar a la
ni'a en un sillón y sacó de la cómoda un
pa'uelo grande. >&ra de $ir $tephen.?
;uando los sollo)os de 2atalie se
hu"ieron calmado un poco, le secó las
lágrimas. 2atalie le pidió perdón y le
"esó las manos. #/unque no quieras
"esarme, O, de*a que me quede a tu lado.
0uiero estar siempre a tu lado. $i tuvieras
un perro, de*arías que estuviera a tu lado.
$i no quieres "esarme, p!game, pero no
me eches. #;alla, 2atalie, no sa"es lo que
dices %murmuró O en vo) "a*a.
.a peque'a, tam"i!n en vo) "a*a y
a"ra)ándose a las rodillas de O,
respondió( #Oh, sí lo s! muy "ien. .a otra
ma'ana, te vi en la terra)a, vi las iniciales
y los morados. 5 me ha dicho
Jacqueline... #60u! te ha dicho7
#-ónde estuviste, O, y lo que te hacían.
#6@e ha ha"lado de Roissy7 #5 tam"i!n
me ha dicho que t<... que t< esta"as...
#60u! yo esta"a...7 #0ue llevas unas
anillas de hierro. #$í. 65 qu! más7
#Pues que $ir $tephen te a)ota todos los
días. #$í, y va a venir en seguida.
Aáchate, 2atalie. 2atalie no se movió de
su asiento, levantó la cara hacia O, y O
vio la adoración que ha"ía en sus o*os.
#&ns!'ame, O, te lo ruego. 0uiero ser
como t<. Har! todo lo que me digas.
Prom!teme que, cuando vuelvas a ese
sitio que dice Jacqueline, me llevarás
contigo. #&res demasiado *oven %di*o O.
#2o soy demasiado *oven %gritó 2atalie,
+uriosa#. @engo más de quince a'os. 2o
soy demasiado *oven. Pregunta a $ir
$tephen %porque !l entra"a en aquel
momento. 2atalie o"tuvo permiso para
quedarse *unto a O y la promesa de que la
llevarían a Roissy. Pero $ir $tephen
prohi"ió a O que le ense'ara caricia
alguna, que la "esara, aunque +uera en al
"oca y que se de*ara "esar por ella.
0uería que llegara a Roissy sin ha"er sido
tocada por las manos ni por los la"ios de
nadie. Por el contrario, ya que ella quería
estar siempre con O, eigió que no se
apartara de ella ni un instante, que viera
cómo O acaricia"a a Jacqueline y cómo le
acaricia"a y se entrega"a a !l, y cómo
era a)otada por !l y por la vie*a 2ora.
.os "esos con que O so"re la "oca de su
hermana, hacían tem"lar a 2atalie de
celos y de odio. Pero cuando, acurrucada
so"re la al+om"ra, en la alco"a, al pie de
la cama de O, como la peque'a dinar)ade
al pie de la cama de $hehere)ade, veía a
O atada a la "alaustrada de madera
retorcerse "a*o la +usta, a O de rodillas
reci"ir humildemente en la "oca el grueso
miem"ro erguido de $ir $tephen, a O,
prosternada, separarse las nalgas con
sus propias manos para o+recerle el
camino de su grupa, 2atalie no sentía
más que admiración, impaciencia y
envidia.
@al ve) O se +ió demasiado de la
indi+erencia y la sensualidad de
Jacqueline, tal ve) Jacqueline,
ingenuamente, consideró que prestarse a
O podía hacer peligrar sus relaciones con
Ren!, lo cierto es que se retiró
"ruscamente. Hacia la misma !poca,
pareció que empe)a"a a querer
distanciarse de Ren!, con quien pasa"a
casi todas las noches y todos los días.
2unca tuvo hacia !l la actitud de alguien
enamorado. .e mira"a +ríamente y,
cuando le sonreía, la sonrisa no llega"a a
los o*os. /un admitiendo que se
a"andonara a !l como se a"andona"a a
O, lo cual era pro"a"le, O esta"a
convencida de que aquel a"andono no
comprometía gran cosa a Jacqueline. /
Ren!, por el contrario, se le veía ciego de
deseo ante ella, parali)ado por un amor
que !l no ha"ía conocido hasta entonces,
un amor lleno de inquietud, inseguro de
ser correspondido y temerosos de
desagradar. 8ivía y dormía en la misma
casa que $ir $tephen y con O, y ha"la"a
con ellos y, sin em"argo, ni les veía ni les
oía. 8eía, oía, ha"la"a a trav!s de ellos,
más allá de ellos, tratando
constantemente de alcan)ar, en un
es+uer)o mudo y agotador, parecido a los
es+uer)os que se hacen en sue'os para
saltar en el tranvía que arranca, para
asirse al parapeto del puente que se
hunde, tratando de alcan)ar la ra)ón de
ser, la verdad de Jacqueline que de"ía de
eistir en alg<n lugar dentro de su piel
dorada, como, "a*o la porcelana, el
mecanismo que hace llorar a las mu'ecas.
B5a está aquíC, se decía O, ya está aquí el
día que tanto temía yo, el día en que yo
no +uera para Ren! más que la som"ra de
una vida pasadaC. 5 ni siquiera estoy
triste, sólo siento lástima de !l, y puedo
verle a diario sin que me duela el que ya
no me desee, sin amargura, sin pensar. 5,
sin em"argo, hace tan sólo unas semanas
corrí a suplicarle que me di*era que me
quería. 6&ra !ste mi amor, algo tan +rágil,
tan consola"le7 ;onsolado, Dni esoE $oy
+eli). 61asta"a, pues, que me diera a $ir
$tephen para que me desligara de !l y,
entre nuevos "ra)os, naciera a un nuevo
amor7JJ Pero, 60u! era Ren! al lado de
$ir $tephen7 ;uerda de heno, amarra de
pa*a, cadenas de corcho, !stos eran los
sím"olos de los la)os con que ha"ía
querido sugerirla !l, para desecharla tan
pronto. Pero, Dqu! seguridad, qu! delicia
la anilla de hierro que taladra la carne y
pesa siempre, la marca que nunca se
"orra, la mano de un amo que te tiende
un lecho de roca, el amor de un due'o
que sa"e apoderarse sin piedad de aquello
que amaE 5 O se decía que, a +in de
cuentas, no ha"ía amado a Ren! sino para
aprender lo que era el amor y sa"er
darse me*or, esclavi)ada y colmada, a $ir
$tephen. Pero, al ver a Ren! %que tan
li"re +uera con ella y a quien ella ama"a
por su li"ertad# moverse como envarado,
como andando por el agua, con las
piernas enredadas entre las hier"as de
un estanque que parece inmóvil pero está
cru)ado por corrientes pro+undas,
in+lama"a a O de odio hacia Jacqueline.
6.o adivinó Ren! o lo de*ó traslucir ella,
imprudente7 ;ometió un error. Una
tarde, +ueron las dos a ;annes a la
peluquería y despu!s se sentaron en la
terra)a de la R!serve. Jacqueline, con
pantalón pirata y *ersey de lino negro,
etinguía a su alrededor hasta la lo)anía
de los ni'os, tan lisa, dorada, dura y
clara aparecía "a*o el pleno sol, tan
insolente, tan herm!tica. -i*o a O que
tenía una cita con el director que ha"ía
rodado en París, para unos eteriores,
pro"a"lemente en las monta'as situadas
detrás de $aint#Paul#de#8ence. /llí
esta"a el muchacho, erguido y decidido.
2o hacía +alta que ha"lara. 0ue esta"a
enamorado de Jacqueline era evidente.
2o ha"ía más que ver cómo la mira"a.
60u! tenía de sorprendente7 .o
sorprendente era Jacqueline. Recostada
en uno de los grandes sillones
"asculantes de la terra)a, le escucha"a
ha"lar de +echas, de citas y de la
di+icultad de encontrar el dinero
necesario para terminar la película.
@utea"a a Jacqueline, quien respondía
con movimientos de ca"e)a, entornando
los o*os. O esta"a sentada +rente a ella y
el muchacho, entre las dos. 2o tuvo la
menor di+icultad en o"servar que
Jacqueline, con los o*os entornados y al
amparo de los párpados inmóviles,
espia"a el deseo del muchacho, como
hacía siempre, creyendo que nadie lo
nota"a. Pero lo asom"roso era verla
tur"ada por !l, con los "ra)os a lo largo
del cuerpo, sin som"ra de sonrisa, grave
como nunca la viera O ante Ren!. Una
sonrisa de apenas un segundo, cuando O
se inclinó hacia delante para de*ar en la
mesa el vaso de agua helada y sus
miradas se cru)aron, hi)o comprender a
O que Jacqueline se sa"ía descu"ierta.
Pero no parecía inquieta. =ue O quien se
sonro*ó.
#6@ienes calor7 %preguntó Jacqueline#.
&n cinco minutos nos vamos. /demás, te
sienta muy "ien.
-espu!s, volvió a sonreír, pero esta ve)
con tan tierno a"andono, levantando los
o*os hacia su interlocutor, que parecía
imposi"le que !ste no se a"alan)ara para
"esarla. Pero no. &l era demasiado *oven
para sa"er el impudor que hay en la
inmovilidad y el silencio. -e*ó que
Jacqueline se levantara, le tendiera la
mano y le di*era adiós. 5a lo llamaría
ella.
&l se despidió tam"i!n de la som"ra que
para !l ha"ía sido O y, de pie en la acera,
vio ale*arse el 1uicH negro por la avenida,
entre las casas, a las que el sol quema"a,
y el mar ecesivamente a)ul. .as
palmeras parecían recortadas en
ho*alata, los transe<ntes, mu'ecos de
cera mal +undida, animados por un
mecanismo a"surdo.
#6@anto te gusta7 %preguntó O a
Jacqueline cuando el coche salía de la
ciudad y toma"a la carretera de la
cornisa alta.
#6@e importa7 %repuso Jacqueline.
#:mporta a Ren! %a+irmó O.
#.o que importa a Ren! y a $ir $tephen y,
si no he comprendido mal, a otros
muchos, es que está muy mal sentada.
8as a arrugarte el vestido. O no se movió.
#5 tam"i!n creía %prosiguió Jacqueline#
que nunca de"ías cru)ar las rodillas.
Pero O no la escucha"a. 60u! le
importa"an las amena)as de Jacqueline7
6:magina"a que amena)ando con esta
+alta venial impediría que ella la
denunciara a Ren!7 2o sería por +alta de
ganas si no lo hacía. Pero Ren! no podría
soportar la idea de que Jacqueline
mintiera o de que quisiera disponer de sí
misma. 6;ómo hacer creer a Jacqueline
que, si O calla"a, sería para no ver a Ren!
perder la ca"e)a, palidecer por otra que
no era ella y, tal ve), tener la de"ilidad
de no castigarla7 6Aás a<n, que sería por
temor de ver volver contra ella la cólera
de Ren!, por ser portadora de malas
noticias y delatora7 6;ómo decir a
Jacqueline que ella callaría sin que
pareciera que desea"a hacer un trato de
toma y daca con ella7 Porque Jacqueline
imagina"a que O tenía un miedo
espantoso, un miedo que le hela"a la
sangre, de lo que le harían si Jacqueline
ha"la"a.
1a*aron del coche en el patio de la casa
sin volver a dirigirse la pala"ra,
Jacqueline, sin mirar a O, arrancó un
geranio "lanco *unto a la +achada. O la
seguía lo "astante de cerca como para
perci"ir el olor +ino y penetrante de la
homa aplastada entre sus dedos. 6;reía
que así disimula"a el olor del sudor que le
pega"a al cuero el lino del *ersey y le
ponía unas manchas más oscuras en los
sa"acos7 Ren! esta"a solo en la gran sala
de "aldosas ro*as y paredes encaladas.
#Os ha"!is retrasado % les di*o cuando
entraron#. $ir $tephen te espera aquí al
lado %a'adió dirigi!ndose a O#. @e
necesita. 2o está muy contento.
Jacqueline se echó a reír y O la miró y se
sonro*ó.
#Podríais ha"er elegido otro momento
%di*o Ren!, interpretando
equivocadamente la risa de Jacqueline y
el sonro*o de O.
#2o es eso #di*o Jacqueline#. 62o sa"ías
que tu hermosa y o"ediente amiga no es
tan o"ediente cuando t< no estás7 =í*ate
qu! arrugado tiene el vestido.
O esta"a de pie en medio de la sala, de
cara a Ren!. &l le di*o que se volviera,
pero ella no pudo moverse.
#/demás, cru)a las rodillas %continuó
Jacqueline#. Pero esto no se nota, desde
luego. 5 tampoco, que trata de
conquistar a los chicos.
#&sto no es verdad %gritó O#. D$i has sido
t<E O saltó so"re Jacqueline y Ren! la
su*etó en el momento en que i"a a
golpearla. $e de"atía entre sus manos, por
el placer de sentirse la más d!"il, estar a
su merced, cuando, al levantar la ca"e)a,
vio a $ir $tephen en la puerta, mirándola.
Jacqueline ha"ía retrocedido hasta el
diván, con su peque'o rostro endurecido
por el miedo y la cólera, y O sintió que
Ren!, aunque ocupado su*etándola a ella,
sólo esta"a pendiente de Jacqueline.
-e*ó de de"atirse y, desesperada al
verse pillada en +alta por $ir $tephen,
repitió, ahora en vo) "a*a(
#2o es verdad. Juro que no es verdad.
$in una pala"ra, sin una mirada para
Jacqueline, $ir $tephen hi)o una se'a a
Ren! para que soltara a O, y a O le indicó
que pasara. Pero, al otro lado de la
puerta, O sintió que la empu*a"a hacia la
pared, que le asía el vientre y los senos y
le a"ría la "oca con la lengua, y gimió de
+elicidad y de alivio. .a punta de sus
senos se endurecía "a*o la mano de $ir
$tephen. ;on la otra mano, !l le palpa"a
tan rudamente el vientre que ella pensó
que i"a a desmayarse. 6$e atrevería a
decirle alg<n día que no ha"ía placer, ni
alegría, ni +antasía que pudiera
compararse con la +elicidad que sentía
por la li"ertad con que !l se servía de
ella, por la idea de que no le guarda"a
miramiento alguno ni ponía límite a la
+orma en que "usca"a el placer en su
cuerpo7 .a certe)a que tenía de que,
cuando !l la toca"a, ya +uera para
acariciarla o para golpearla, que, cuando
le ordena"a algo, era <nicamente porque
lo desea"a, la certe)a de que !l no
pensa"a más que en su propio placer,
colma"a a O de tal manera que, cada ve)
que tenía prue"a de ello, o solamente
cada ve) que lo pensa"a, se a"atía so"re
ella una capa de hierro, una cora)a
ardiente que le i"a desde los hom"ros
hasta las rodillas. /llí, de pie, apoyada
contra la pared, con los o*os cerrados,
murmurando que le quería cuando no le
+alta"a el aliento, sentía que las manos
de $ir $tephen, aunque +rescas como una
+uente so"re su +uego, la hacían arder
más todavía. &l se apartó suavemente,
de*ó caer su +alda so"re sus muslos
h<medos y cerró el "olero so"re sus
senos erguidos.
#8en conmigo, O. @e necesito %le di*o.
&ntonces, al a"rir los o*os, O descu"rió
que en la ha"itación ha"ía alguien más.
/quella gran ha"itación, desnuda y
encalada, parecida a la sala de la
entrada, se a"ría tam"i!n al *ardín y, en
la terra)a que precedía al *ardín,
sentado en un sillón de mim"re, con un
cigarrillo entre los la"ios, ha"ía una
especie de gigante calvo, con un enorme
vientre que le tensa"a la camisa
desa"rochada y el pantalón de lino, que
mira"a a O. $e levantó y se acercó a $ir
$tephen, quien empu*a"a suavemente a O
ante !l. O vio que de una cadenita que
asoma"a del "olsillo del relo* colga"a el
disco de Roissy. $ir $tephen se lo
presentó cort!smente, aunque sin darle
otro nom"re que el de &l ;omandante y,
por primera ve) desde que trata"a con
los a+iliados de Roissy >aparte de $ir
$tpehen?, O tuvo la sorpresa de ver que
le "asa"an la mano. &ntraron los tres en
la sala, de*ando el "alcón a"ierto. $ir
$tephen se acercó a la chimenea del
ángulo y llamó. &ncima de la mesa china,
al lado del so+á. O vio la "otella de
GhisHy, el si+ón y los vasos. -e modo que
no era para pedir "e"ida. 8io tam"i!n en
el suelo, cerca de la chimenea, una gran
ca*a de cartón "lanco. &l hom"re de
Roissy se ha"ía sentado en un sillón de
mim"re, y $ir $tephen, de lado en la mesa
redonda, "alanceando una pierna. O, a
quien indicaron el diván, se sentí
dócilmente, despu!s de levantarse la
+alda. $entía en los muslos el suave piqu!
de algodón de la +unda proven)al. &ntró
2ora. $ir $tephen le di*o que desnudara
a O y se llevara sus ropas. O se de*ó
quitar el "olero, la +alda, el ce'idor que
le apreta"a el talle y las sandalias. &n
cuanto la hu"o desnudado, 2ora salió, y
O, sumida de nuevo en el automatismo de
la regla de Roissy, segura de que $ir
$tephen no desea"a de ella más que
a"soluta docilidad, se quedó de pie en
medio de la sala, con los o*os "a*os. &n
esta actitud, adivinó más que vio a
2atalie entrar por el "alcón a"ierto,
vestida de negro como su hermana,
descal)a y callada. $eguramente $ir
$tephen ha"ía ha"lado ya de 2atalie,
pues ahora se limitó a presentársela al
visitante, quien no hi)o comentario
alguno, y a pedirle que sirviera ella las
"e"idas. &n cuanto ella hu"o repartido
GhisHy, soda y hielo >y, en aquel silencio,
el simple tintineo de los cu"itos de hielo
en el cristal hacía un ruido
estremecedor?, &l ;omandante, con el
vaso en la mano, se levantó del sillón de
mim"re en el que permaneció sentado
mientras desnuda"an a O y se acercó a
ella. O creyó que con la mano li"re le
cogería un seno o el vientre. Pero no la
tocó, contentándose con mirarla muy de
cerca, desde la "oca entrea"ierta hasta
las rodillas ligeramente separadas. -io la
vuelta a su alrededor, atento a sus senos,
sus muslos, sus caderas. /quella atención
sin una pala"ra, la presencia de aquel
cuerpo gigantesco tan cerca,
trastorna"an a O de tal modo que no
sa"ía si desea"a huir de !l o, por el
contrario, que la tum"ara y la aplastara.
&sta"a tan a)orada que levantó los o*os
hacia $ir $tephen, en petición de
socorro. &l comprendió, sonrió, se acercó
a ella y, tomándole las dos manos en una
de las suyas, se las unió a la espalda. &lla
se apoyó en !l, con los o*os cerrados, y
+ue en un sue'o, o por lo menos en el
crep<sculo de un duermevela de
agotamiento , al igual que, siendo ni'a, al
salir de una anestesia, oyó ha"lar de ella
a las en+ermeras, que la creían a<n
dormida, de sus ca"ellos, de su te)
pálida, de su vientre liso en el que apenas
asoma"a una pelusa, oyó ahora que el
desconocido +elicita"a a $ir $tephen,
elogiando sus senos a"ultados, su cintura
delgada y las anillas más gruesas y más
largas que de costum"re. &ntonces, se
enteró tam"i!n de que seguramente $ir
$tephen ha"ía prometido prestarla la
semana siguiente, pues el hom"re le da"a
las gracias. 5 entonces $ir $tephen,
tomándola por la nuca, le di*o
suavemente que despertara y que su"iera
a su ha"itación y le esperase allí con
2atalie.
6Aerecía la pena sentirse tan tur"ada y
que 2atalie, loca de alegría por la idea de
ver a O a"ierta por otro que no +uera $ir
$tephen, "ailara a su alrededor una
especie de dan)a piel ro*a gritando(
#6;ree que te entrará tam"i!n en la
"oca, O7 62o te has +i*ado cómo te
mira"a la "oca7 D/h, qu! suerte tienes de
que te deseen asíE $eguro que te a)ota
con el látigo. @res veces ha mirado las
se'ales. Por lo menos, durante ese tiempo
no pensarás en Jacqueline.
#DPero si no estoy pensando
continuamente en JacquelineE %di*o O#.
&res est<pida.
#2o, no soy est<pida y s! muy "ien que la
echas de menos.
&ra verdad, pero no del todo. .o que O
echa"a de menos era a Jacqueline, sino
un cuerpo de muchacha con el que
pudiera hacer lo que quisiera. -e no
ha"erlo tenido prohi"ido, hu"iera tomado
a 2atalie, y lo <nico que le impedía
que"rantar la prohi"ición era la certe)a
de que , dentro de unas semanas, le
entregarían a 2atalie en Roissy y que
sería ante ella, por ella y gracias a ella,
cómo sería entregada 2atalie. /rdía por
suprimir aquella muralla de aire, de
espacio, de vacío, que eistía entre
2atalie y ella, al tiempo que se deleita"a
en aquella espera que le ha"ía sido
impuesta. $e lo di*o a 2atalie, quien
movió negativamente la ca"e)a, con
incredulidad.
#$i Jacqueline estuviera aquí y se de*ara,
la acariciarías. #;laro que sí %di*o O,
riendo. #6.o ves...7
6;ómo hacerle comprender %aunque,
6valía realmente la pena7# que no, que O
no esta"a enamorada de Jacqueline,
como tampoco lo esta"a de 2atalie, ni de
ninguna muchacha en particular, sino de
las muchachas en general y de la misma
+orma en que puede uno estar enamorado
de su propia imagen, aunque siempre le
parecieran las otras más hermosas y
conmovedoras que ella7 &l placer que le
producía ver a una muchacha *adear "a*o
sus caricias, cerrársele los o*os y
erguirse la punta de sus senos "a*o sus
la"ios y sus dientes, introducirle la mano
en el vientre y en la grupa %y sentirla
contraerse en torno a sus dedos y oírla
gemir#, era algo en torno al que la poseía
y cuando gemía, con la di+erencia de que
ella no conce"ía poder entregarse a una
mu*er, sino sólo a un hom"re. .e parecía,
además, que las muchachas que ella
acaricia"a pertenecían por derecho al
hom"re al que pertenecía ella y que, si
ella esta"a allí, era para representarlo a
!l. $i $ir $tephen hu"iera entrado en su
ha"itación mientras ella acaricia"a a
Jacqueline, aquellos días en que
Jacqueline se reunía con ella a la hora de
la siesta, sin el menor remordimiento, al
contrario, con al placer total, hu"iera
separado con sus propias manos los
muslos de Jacqueline si !l hu"iera
querido poseerla, en lugar de limitarse a
mirar a trav!s del ta"ique calado. Podían
lan)arla a la ca)a, era un ave de presa
con dotes naturales que a"atiría y
traería la pie)a. 5 precisamente...
Aientras, con el cora)ón palpitante,
recorda"a los la"ios rosas y delicados de
Jacqueline "a*o el pela*e ru"io de su
vientre, en el anillo todavía más delicado
y rosa entre sus nalgas que no se ha"ía
atrevido a +or)ar más que tres veces,
oyó moverse a $ir $tephen en su
ha"itación. $a"ía que !l podía verla
aunque ella no le viera y, una ve) más se
sintió dichosa de aquella eposición
constante, de estar encerrada en aquella
cárcel de su mirada. 2atalie esta"a
sentada en la al+om"ra "lanca, en el
centro de la ha"itación, como una mosca
en la leche, pero O, de pie +rente a la
"arriguda cómoda que le servía de
tocador, so"re la cual se veía re+le*ada
hasta medio cuerpo en un espe*o antiguo,
un poco verdosa y desdi"u*ada, como en
un estanque, recorda"a uno de aquellos
gra"ados de +inales de siglo en el que las
mu*eres anda"an desnudas en la
penum"ra de las casas, en pleno verano.
;uando $ir $tephen empu*ó la puerta,
ella se volvió tan aprisa, apoyando la
espalda en la cómoda, que los hierros que
colga"an entre sus piernas chocaron en
uno de los tiradores de "ronce y
tintinearon.
#2atalie %di*o $ir $tephen#, trae la ca*a
"lanca que quedó a"a*o, en la segunda
sala.
/l volver, 2atalie de*ó la ca*a encima de
la cama, la a"rió y, uno a uno, +ue
sacando y desenvolviendo de su papel de
seda, los o"*etos que contenía y +ue
entregándolos a $ir $tephen. &ran
máscaras. &ran a la ve) máscaras y
tocados hecho para cu"rir toda la
ca"e)a y no de*a"an al descu"ierto,
además de los o*os, por unas peque'as
ranuras, la "oca y el mentón. 4avilán,
halcón, lechu)a, )orro, león, toro ... eran
sólo máscaras de animales de tama'o
humano, pero hechas con la piel o las
plumas del verdadero animal, con la
ór"ita del o*o som"reada por pesta'as
cuando el animal tenía pesta'as >como el
león?, y lo "astante largas como para
cu"rir los hom"ros de quien las llevara.
1asta"a ce'ir una cincha "astante
ancha, disimulada "a*o aquella especie de
capa que caía por la espalda, para que la
máscara se amoldara estrechamente al
la"io superior >tenía un ori+icio para
cada +osa nasal? y a las me*illas. Un
arma)ón de cartón moldeado y
endurecido, colocado entre el
revestimiento eterior y el +orro de piel,
mantenía rígida la +orma. -elante de
espe*o grande, en el que se re+le*a"a de
cuerpo entero, O se pro"ó todas las
máscaras. .a más singular, y tam"i!n la
que más la trans+orma"a y más natural le
parecía, era una de las de lechu)a >ha"ía
dos?, seguramente porque era de plumas
leonadas y "eige, color que se con+undía
con el de su piel tostada. .a capa de
plumas le oculta"a casi por completo los
hom"ros, caía hasta media espalda y, por
delante, hasta el nacimiento de los senos.
$ir $tephen le hi)o quitarse la pintura de
los la"ios y, cuando se hu"o despo*ado de
la máscara, le di*o(
#&stá "ien, vas a ser la lechu)a para &l
;omandante. Pero O, quiero pedirte
perdón, te llevarán su*eta a una cadena.
2atalie, trae del primer ca*ón de mi
escritorio una cadena y unas pin)as.
2atalie le llevó la cadena y las pin)as con
las que $ir $tephen a"rió el primer
esla"ón que enganchó en la segunda
anilla que O lleva"a al vientre y volvió a
cerrarlo. .a cadena, parecida a las que se
utili)an para pasear a los perros %y para
eso ha"ía servido#, tenía un longitud de
un metro y medio y termina"a en un
mosquetón. ;uando O volvió a ponerse la
máscara, $ir $tephen di*o a 2atalie que
tomara el etremo de la cadena y que
diera unas vueltas por la ha"itación,
caminando delante de O. 2atalie dio tres
vueltas, llevando a O, desnuda y con la
máscara su*eta a la cadena por el vientre.
#&stá "ien %di*o $ir $tephen#. &l
;omandante tenía ra)ón. @am"i!n ha"rá
que hacerte depilar por completo. &so lo
de*aremos para ma'ana. Por el momento,
conserva puesta la cadena.
.a misma noche, y por primera ve) en
compa'ía de Jacqueline y de 2atalie, de
Ren! y de $ir $tephen, O cenó desnuda,
con la cadena pasada entre las piernas
hacia atrás y atada a la cintura. $ervía
2ora sola, y O procura"a rehuir su
mirada( dos horas antes, $ir $tephen la
ha"ía mandado llamar.
=ueron las laceraciones, +rescas todavía,
más que los hierros y que la se'al de las
nalgas lo que consternó a la muchacha del
instituto de "elle)a en el que O +ue a
hacerse depilar al día siguiente. Por más
que O le di*era que aquella depilación a la
cera, en la que se arranca el pelo de raí),
no era menos dolorosa que un latiga)o y
que tratara incluso de eplicarle si no
cuál era su vida, por lo menos que era
+eli), no hu"o manera de calmar su
espanto. .o <nico que O consiguió con
sus pala"ras +ue que, en lugar de mirarla
con compasión, como al principio, la
mirase con horror.
Por muy ama"lemente que diera las
gracias, al terminar el servicio,
cuando i"a a salir de la ca"ina en la que
ha"ía estado a"ierta como para el amor,
por mucho dinero que de*ase, le da"a la
impresión de que, en lugar de despedirla,
la echa"an. 60u! importa"a7 &ra
evidente que el contraste entre el vello
de su vientre y las plumas de la máscara
resulta"a poco est!tico, como evidente
era que aquel aspecto de estatua de
&gipto que le da"a la máscara y que sus
hom"ros anchos, sus caderas +inas y sus
piernas largas acentua"an, eigía que su
piel estuviera totalmente lisa. Pero N=
más +inos. 6$e ha avisto alguna que
estuviera taladrada por aros7 O se
acordó de la muchacha pelirro*a y llenita
que esta"a en casa de /nne#Aarie y que
decía que su amo o utili)a"a la anilla de
su vientre más que para atarla a la cama,
y tam"i!n que quería que estuviera
depilada porque sólo así esta"a desnuda
del todo. O temía desagradar a $ir
$tephen, a quien tanto le gusta"a
atraerla hacia sí tirando del vello de su
vientre, pero se equivoca"a( $ir $tephen
la encontró más conmovedora y, cuando
ella se puso la máscara y se limpió la
pintura de los la"ios, la acarició casi
tímidamente como a un animal al que se
quiere domesticar. 2o le ha"ía dicho
nada acerca del lugar al que desea"a
llevarla, ni so"re la hora en que de"ían
partir, ni qui!nes serían los invitados del
;omandante. Pero durmió con ella el
resto de la tarde y, por la noche, ordenó
que les sirvieran a los dos la cena en su
ha"itación. $alieron a las once, en el
1uicH. O i"a envuelta en una gran capa de
monta'a color casta'o y cal)a"a )uecos
de madera. 2atalie, con *ersey y
pantalón negro, la lleva"a su*eta por la
cadena cuyo mosquetón esta"a
enganchado al "ra)alete que lleva"a en la
mu'eca derecha. ;onducía $ir $tephen.
.a luna, casi llena, esta"a alta e
ilumina"a con manchas como de nieve la
carretera, los ár"oles y las casas de los
pue"los, de*ando todo lo demás en una
negrura de tinta china. @odavía se veían
grupos de personas en las puertas y, al
paso de aquel coche cerrado >$ir
$tephen no ha"ía "a*ado la capota?, se
perci"ía cierto revuelo de curiosidad.
.adra"an los perros. -onde da"a la lu),
los olivos parecían nu"es de plata
+lotando a dos metros del suelo y los
cipreses, plumas negras. &n aquel paisa*e,
que la noche convertía en +antástico,
nada parecía real más que el olor de la
saliva y el espliego. .a carretera su"ía
continuamente y, sin em"argo, el mismo
aire caliente envolvía la tierra. O se quitó
la capa. /llí no la veían, ya no ha"ía
nadie.
-ie) minutos despu!s, pasado un "osque
de ro"les verdes, el lo alto de una cuesta,
$ir $tephen aminoró la marcha ante una
tapia en la que ha"ía una puerta cochera
que se a"rió al acercarse el automóvil.
/parcó en un ante patio, mientras alguien
cerra"a la puerta de la tapia. 1a*ó de
coche e hi)o "a*ar a 2atalie y a O, quien,
por orden suya, de*ó en el coche la ca*a y
los )uecos. .a puerta que !l empu*ó se
a"ría a un claustro porticado estilo
Renacimiento del que sólo queda"an tres
lados y, por el cuarto, el patio
em"aldosado comunica"a con una
terra)a, em"aldosada tam"i!n. Una
decena de pare*as "aila"an en la terra)a
y el patio y, en mesitas iluminadas por
velas, ha"ía mu*eres muy escotadas y
hom"res con chaquetilla "lanca. &l
tocadiscos esta"a situado de"a*o de la
galería de la i)quierda y un "u++et,
de"a*o de la de la derecha. Pero la luna
ilumina"a tanto como las velas y, cuando
dio de lleno en O, a la que conducía
2atalie, que era como una peque'a
som"ra negra, los que la vieron de*aron
de "ailar, y los hom"res que esta"an
sentados se pusieron de pie. &l camarero
que se ocupa"a del tocadiscos, al notar
que ocurría algo, dio media vuelta y,
estupe+acto, paró el disco. O de*ó de
avan)ar. $ir $tephen, inmóvil dos pasos
detrás de ella, espera"a tam"i!n. &l
;omandante apartó a los que se ha"ían
agrupado en torno a O y empe)a"an ya a
llevar antorchas para verla me*or.
#60ui!n es7 %pregunta"an#. 6/ qui!n
perteneces7
#/ ustedes, si la quieren %respondió.
5 se llevó a 2atalie y a O a un rincón de
la terra)a en el que ha"ía un "anco de
piedra, recu"ierto por una colchoneta y
adosado a un muro "a*o. ;uando O
estuvo sentada, con la espalda apoyada en
el muro y las manos descansando en las
rodillas 2atalie, en el suelo, a la
i)quierda, a sus pies, todavía con la
cadena enganchada a la pulsera, !l se
ale*ó. O lo "uscó con la mirada y, al
principio, no alcan)a"a a verle. -espu!s
lo adivinó( esta"a tendido en una
tum"ona en el otro etremo de la
terra)a. Podía verla y ella se sintió mas
tranquila. 8olvía a sonar la m<sica y las
pare*as "aila"an de nuevo. /lgunas se
acerca"an a ella como por casualidad, sin
de*ar de "ailar. .uego, una lo hi)o sin
disimulo, y era la mu*er la que arrastra"a
al hom"re. O les mira"a +i*amente con los
o*os muy a"iertos "a*o su pluma*e, como
los o*os del ave nocturna que +igura"a.
&ra tan +antástico su aspecto que lo que
parecía más natural %el que la gente le
hiciera preguntas# no se le ocurrió a
nadie, como si hu"iera sido una lechu)a
de verdad, sorda al lengua*e humano, y
muda. -esde la medianoche hasta que,
hacia las cinco, el día empe)ó a "lanquear
el cielo por el &ste, a medida que la luna
se de"ilita"a mientras caía por el Oeste,
se acercaron a ella varias veces, la
tocaron, varias veces la rodearon, varias
veces le a"rieron las rodillas, le
levantaron la cadena, acercaron uno de
aquellos candela"ros de dos "ra)os de
cerámica proven)al %y ella sentía que la
llama de las velas le calenta"a el interior
de los muslos#, para ver cómo esta"a
su*eta la cadena. Hu"o incluso un
norteamericano "orracho quien la asió
riendo, pero, cuando se dio cuenta de que
tenía en la mano la carne y el hierro que
la atravesa"a, se serenó "ruscamente, y
O vio asomar a su rostro el horror y el
desprecio que ha"ía visto tam"i!n en el
de la muchacha que la ha"ía depilado.
Una *ovencita, vestida de "lanco, con
tra*e de primer "aile, los hom"ros al aire,
una gargantilla de perlas, dos rosas de t!
en la cintura y sandalias doradas en los
pies, a instancias del muchacho que la
acompa'a"a, se sentó al lado de O, a su
derecha. .uego, !l le tomó la mano y le
o"ligó a acariciar los senos de O, quien se
estremeció al contacto de aquella mano
+resca y suave, a tocar el vientre de O, y
las anillas, y el ori+icio por el que pasa"a
el hierro. .a *oven o"edecía en silencio y,
cuando el muchacho le di*o que !l le haría
otro tanto, no es"o)ó siquiera un
movimiento de retroceso. Pero ni aun
utili)ándola de esta modo tomándola
como modelo u o"*eto de demostración,
nadie le dirigió la pala"ra ni una sola ve).
6&ra acaso de piedra o de cera, o una
criatura de otro mundo o creían que
seria in<til ha"larle, o tal ve) no se
atrevían7 ;uando se hi)o de -:/, y se
+ueron todos los invitados, $ir $tephen y
el ;omandante, despu!s de despertar a
2atalie, quien se ha"ía quedado dormida
a los pies de O, hicieron levantarse a O,
la llevaron al centro del patio, le quitaron
la cadena y la mascara y, tendi!ndola
so"re una mesa, la poseyeron uno tras
otro.
&n un ultimo capitulo, que +ue
suprimido, O volvía a Roissy, donde $ir
$tephen la a"andona"a.
&iste otro +inal de la Historia de O. y
es que al darse cuenta de que $ir
$tephen va a de*arla, ella pre+iere la
muerte. 5 el accede.

Intereses relacionados