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Estructuras

yabordajes en psicoterapias . psicoanalíticas .

Héctor Juan Fiorini

M

Nueva Visión

Colección Psícologfa Contemporánea

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Héctor Juan Fiorini

Estructuras y abordajes en psicoterapias psicoanalíticas

, 1

DanIel A. Castillo S.

PskdClIa C,,"1ea • Psicoterapia v 1'.271.~31 FPV N'l7.340.

Ediciones Nueva Visión Buenos Aires

Fiorini , Héctor Juan Es t ructuras y abordajes en psicoterapias ps i coanalíticas - 1ª e d., 7ª re i mp.- Buenos Air es : Nueva V i sión, 2008 . 2 4 0 p. ; 19x13 cm. (P s icología Contemporán e a)

I . S.B.N . 978-950-602-286-0

1. Terapias ps i coanalíticas. 1. T ítu lo CDD 150.195

LS.B . N. : 978 - 950~602-286-0

Toda reproducción total o p arcial de esta obra por cu a lquier sistema -incluyendo el fotocopiado - que no haya sido expresamente autorizada por el

a l os d erech o s del

editor constituye una infracció n

autor y será reprimida co n penas de hasta se i s años de prisión (art. 62 de la l ey 11 . 723 y art o 172

del Código Penal ) .

© 1993 p o r Ediciones Nuev a Visión SAl C . Tucumán 374 8, ( C 1189AA V )

Bue no s A ir es , República Argentina . Queda hecho el depósito que ma rca l a l ey 11 . 723. Impreso en la Argentina / Printed in Arge n tina

INTRODUCCION

Este lib r o expone una línea de investigaciones clínicas en el c a m po de las psicoterapias de orientación psicoanalítica. Contiene varios est u dios cuya unidad y diversidad intentaremos ubicar en esta introducción.

E n prime r lug a r ca b e seña l ar que estos estudios amplían y

p r o fund izan eta p as previas d ~ nuestras investigaciones. En un

primer volumen de trabajos! expusimos un conjunto de parámetros y c r iterios técnicos propios de las psicoterapias dinámicas, cuya

eficacia instr u mental resultaba sólidamente fundada en registros y

de trabajo de nuestro país y de otros

centros preventivos '1asistenciales de Europa y de Estados Unidos. Ese primer volumen expuso un conjunto teórico técnico . Un segundo estudio? nos permitió profundizar en propuestas acerca del vínculo paciente-terapeuta, otorgándole una eficacia inst ru mental pa r ticular en la medida en que el mismo pueda res u l t ar capaz de dar l ugar a la creatividad del paciente y del terape u ta . El p r incipio de creatividad se nos presentó entonces como el más amp l io p r incipio regulador de los procesos de cambio en psicoterapias, bajo el cual deben ser colocadas l a s aplicacion e s de la regla de abstinencia, el criterio técnico de neutralidad , las consideraciones dinámicas sobre la frustra c ión en la t ran s ferenci a. Una vez constituido en sus alcances generales e s e cuerpo de lineamientos técnicos, nuestra investigación ha intentado e x plorar las co n diciones de aplicabilidad de esos recursos según la estruc - tura de personalidad del paciente en tratamiento . Esa búsqueda

eva lu aciones de varios equipos

está sistcmatizada, para las estructuras neuróticas de personalidad,

y sus condiciones diferenciales de abordaje, en la primera parte de

este volumen. Cotejando observaciones panorámicas y microscó- picas de procesos terapéuticos desarrollados con 145 pacientes de personalidad ncurótica predominante (f ó bica, histérica. obsesiva)

hemos ido registrando las condiciones de abordaje y las secuencias que cada una de esas estructuras de personalidad establece:

La teoría general del proceso que podemos sostener sobre la base de estos estudios propone considerar que cada fase de los procesos de cambio que enfrenta cada tipo de personalidad presen- ta como primordial cierta tarea. El proceso de elaboración apunta

a producir cierto movimiento, cierta apertura en el nivel de la estructura en cuestión, como condición para el avance de ese proceso hacia una fase subsiguiente.

Desde ya, nuestros estudios de esos procesos no agotan todos sus movimientos ni los elementos dinámicos intervinientes desde cada psicopatología involucrada. Nuestros estudios destacan sólo aquellos aspectos de esas estructuras de personalidad que se

nitidez y cuya progresión se nos muestra en

la práctica clínica como eficaz para consolidar efectos de cambio

psicológico profundo. Creemos que en términos metodológicos nuestra indagación se ubica en un nivel Icnorncnológico, nivel que Octave Mannoni. en La otra ese.'.eI1(l 3 destacaba como mediador para ligar de modo fecundo la teoría y la organización de una práctica clínica. La primera parte. entonces. al estudiar variaciones del proceso según la personalidad del paciente. recorta aquellas variables que caracterizan a esa estructura de personalidad. Este recorte nos permite ahondar sus variables, pero importa subrayar mctodológicamcntc los problemas clínicos que introduce esa dclim itación. La segunda parte se propone ampliar el conjunto de variables en consideración, profundizar aspectos de la sobrcdctcrminación que es propia de los efectos psíquicos que indagamos (síntomas, con í li c to s activados, defensas). En primer término consideramos

recortan con particular

*' E s a cif r a de pac i e nt e s

obs er v ad os

re s p o nde a r eg i s tro s ,

es tud ios y di sc u s i o nes

c l í n i c a s ti c lo s ú lt i m os do c e a ñ o s t ic nu es tra pr r i cti c a c líni c a y d oce nte.

las variables múltiples que podemos categorizar como diferentes

niveles del diagnóstico.

de intcrrclación entre esas variables" que permiten definir un concepto de "situación". Concebido como el espacio dinámico donde numerosas intcrrclacioncs potencian sus efectos. el concep- to de situación constituye un objeto particular cuyo abordaje es decisivo en numerosas experiencias clínicas. Mostramos allí en un caso clínico cuántas modalidades de manejo técnico pueden con- verger a lo largo de las múltiples dimensiones que configuran la

situación de ese paciente. La tercera parte de este libro ahonda otras direcciones que

juzgamos de importancia teórica y a la vez técnica. Comprende una indagación de un nivel inconsciente de las funciones yoicas comprometidas en el conocimiento y el manejo eficaz de lo real. Destacamos la participación de ese nivel yoico inconsciente en la

A continuación estudiamos los fenómenos

cstructuración

la que uno de los polos conl1ictivos está asentado en dimensiones de conocimiento. intentos de dominio. tendencias adaptativas y creativas, movimientos evolutivos). El estudio siguiente investiga todo un ámbito de fenómenos psíquicos: aquellos vinculados con la creatividad en cuanto condicién universal del sujeto humano. Se postula un sistema especial de funciones y procesamientos que tienen efectos creadores. El reconocimiento de este sistema. de su accionar .cn niveles inconscientes y prcconscicntcs, es esencial para interpretar un nivel particular de ansiedades. defensas. con- fl i ctos, A nuestro juicio la consideración de estos dinamismos creadores es esencial en nuestra interpretación clínica. nos permite ampliarel registro de los sistemas involucrados en la conducta del paciente y en la nuestra. Una y otra vez nos ha resonado una tesis de Pcrls: "la neurosis es un estancamiento de la creatividad". La mism a fue indagada por Lowen en sus est udios biocncrgéticos.

6

5

de numerosas situaciones de conl1icto (aquellas en

Nuestro enfoque intenta arrojar luz sobre algunos aspectos psicodinámicos de nivel inconsciente comprendidos en fenóme- nos de gran complejidad. como son aquellos que interrclacionan lo neurótico con lo creador y sus fracasos. Estas tres partes no son separables en nuestro trahajo clínico. Con un paciente nos importa considerar a la vez variables de su estructura de personalidad. otras que son propias de su situación.

otras que derivan de movimientos profundos de procesos cognitivos y creativos acti vados de modo singular en esa persona. Cada sesión podrá ir recorriendo, en distintos momentos, cada uno de los enfoques que en este libro, por razones de investigación y de exp?s~c!ón, hemos ~ebido colocar en un orden de sucesión. La poslblltda? de ar.tlcul.ar estos enfoques, de detectar sus entre~azamlentos dinámicos, exige del terapeuta un constante trabajo creador. A esa capacidad del terapeuta, de enfrentar con- Juntos d.c notable complejidad, y de hacerlo, como pudo hacerlo F~e~d, Sl~ e.squemas reduccionistas, atento ala riqueza de la escena cltmca, dirigimos el conjunto de estos estudios.

~n los últimos ~inco a~os ' nuestra investigación se ha visto estImula?a por el fecundo intercambio realizado con docentes y ~ol~gas. mtegr~t~~ del Centro de Estudios en Psicoterapias, mstlt~clón q~e .dmJo en Buenos Aires desde su fundación. Varios ~at~nales cl~mcos, observaciones e ideas teóricas que integran d~stmt?s capítulos de este libro han sido aportados en grupos de dISCUSIón,ate.ne.os clínicos y jornadas de este Centro de Estudios. Los 3D? p~ofeslOnales que han participado en 1983 de nuestra labor cl~ntlfica y docente constituyen para nosotros una notable p.resencla que respalda y alienta el espíritu de estas investiga- ciones. Creo necesario tran~c~ibir aquí la orientación general que o~orgamos a nue.stra actividad docente y científica en la institu- ción, ya que la m.lsma explícita el enfoque básico que recorre cada una de nuestras indagaciones:

1:a tar~a científica que anima nuestra orientación asienta en varias direcciones peculiares,

a) Una ~úsq~eda,e~haustiva centrada en los materiales y datos de

la expeflen~Ia ~hntca emergente del empleo de diversas modali- dades terapeuncas.

b) ~na i~dag~ción teórica que tiene su eje en el psicoanálisis, con

un interés abierto a la producción de las principales corrientes

desarrolladas a partir de la obra de Freud.

e) La con~ideración atenta de producciones teóricas y técn icas de

ot~as co~entes (~om~nicaci~nal, gestáltica, dinámica de grupos, psicología evolutiva, indagaciones corporales y psicodramáticas)

intentando su confrontación -convergencias, oposiciones, pun- tos de articulación -- con las orientaciones psicoanalíticas Y con el universo de las prácticas clínicas.

d) La apertura a hipótesis y modelos provenientes del pensam ien-

to antropológico, sociológico, pedagógico y materiales emergen-

tes de ámbitos de procesos creativos.

e) La convicción profunda de que sólo el diálogo más amplio

- entre diferentes producciones teóricas, entre distintas investi-

gaciones clínicas, y entre docentes y alumnos- puede dar lugar a una más rigurosa comprensión del objetivo de estudio propio de

las disciplinas involucradas en la tarea clínica.'

Comparto actualmente la tarea docente del Centro de Estudios en psicoterapias con Humberto Gobbi, Nilda Guerschman, Celia Mauri . Pedro Menéndez, Ana María Femández y María Elena García Novarini . Esta orientación dada a nuestra tarea profesional ha sido tam- bién impulsada en reuniones de trabajo con colegas del interior del país (en especial de Rosario y de Mendoza, estos últimos nucleados

en el Centro de Estudios en Psicoterapias Dinámicas) así como en el fecundo intercambio con profesionales de Brasil, en especial de Porto Alegre, con quienes l[e vo ya siete años de labor docente (en la Cátedra de psiquiatría y el Instituto de psiquiatría Comprensiva dirigidos por Manoel Albuquerque, en el Curso de Especialización de Psicoterapias paraPsicólogos que coordina Isaac Sprinz, ambas Cátedras pertenecientes a la PUC-RS, Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul, así como en el Núcleo de Estudios en Psicoterapias que dirigen Inubia Duarte Andrade y Kenia

Bal1vé Behr, y en otros prestigiosos centros

Grande do Sul). He recibido también aportes y sugerencias críticas de colegas de España, coordinados por Amoldo Libennan y Edgardo Gili, integrantes del Centro de Psicología y Desarrollo Humanístico de Majadahonda, Madrid, con quienes tuve el placer de discutir en julio de 1983 parte de los trabajos que integran este volumen. Todos estos núcleos de trabajo científico, que suman en la actualidad más de 600 profesionales, nos respaldan y acompañan en direcciones de la teoría y de la práctica clínica que estos estudios

profesionales de Rio

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inten t an pr o fundizar. P ar a t o do s el lo s nue s t ro m ás hondo re co no-

c imien t o . Por ú l t i mo , en varios capítulos se habla del pa c iente , y se

men c io n a n , par a la labor del terapeuta, criterio s técnicos. Es

o p ortun o rec ordar, como lo hizo Jung en su momento , que no hay

" t écn ic as" que aseguren intervenciones saludables y fecundas,

dado que el in s trumento

presente con tod as s u s dimensiones en la situación clínica . Para prevenimo s contra lo s rie s gos de una confianza excesiva, no crític a , en los podere s de las " técnicas", quiero subrayar el contrapunto que un periodista norteamericano, David Young,

s ostenía

en di á logo c on Norman Mailer : así como el arte , a

menudo , es " in c ohcrcntcmcntc c ierto " la c ien c ia resulta, en mu-

c

ho s a spectos , "coherentemente incierta " . Para noso t ros, hablar de técnicas , de métodos, es señalar

c

e

s upone comprometerse en profundidad con las búsquedas del paciente , a colocar sus propias búsquedas en resonancia con las del otro, evit a ndo quedar encerrado en las identificaciones

c ontratran s f c rcn c ialcs . y dando lugaren c ambio al amplio espacio de la s identifica ci on es cr eadoras. El terapeuta está hermanado con

e l paciente en una uni v ersal búsqueda de sentidos, de más hondos

es siempre el operador, el hombre,

aminos posibl e s , organizac ione s racionales de los recursos, pero

l terapeuta e s c onvo c ado per s onalmente siempre a crear . Esto

s

e ntido s para la experiencia vivida en cuanto reveladora de poten-

c

ias que la neurosi s captura, y que la indagación terapéutica intenta

c

onju g ar para impul s ar esas potencias en la s direcciones de un

p

roceso original liberador .

 

Bi bliografía

 

l.

FHlRlNl, H é c t o r Juan, Te o r í a y t é c ni ca de ps i c o terapia . Buenos Aires, N lleva

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y del terapeuta

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1983 .

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PROLOGO A LA SEGUNDA EDICION

Afirmamos en esta edición ampliada la vigencia de una línea de investigaciones clínicas y técnicas cuya propuesta es comprender

q ue las vías de acceso al paciente, las modalidades estratégicas y

técnicas capaces de llevar adelante el proceso terapéutico depen - den de condiciones establecidas por la estructura psicopatológíca

p redominante, las que incluyen modos de vincularse y de comuni -

carque establecen un amplio espectro de variantes. En esta edici ó n

extendemos lo indagado anteriormente para las neurosis, al incluir nuevos capítulos de estudios sistemáticos realizados sobre

p sicopatología y abordajes de los trastornos del narcisismo . Incorporamos en este voumen una actualización de nuestra fu n damentación epístemológica para una clínica de psicoterap i as psicoanalíticas, donde procuramos abarcar fenómenos propios de

conjuntos heterogéneos (como los que configuran ind i v i duo , grupo, institución en articulaciones múltiples) en los que se trata de comprender singulares efectos de configuració n , a la vez que intensidades, ritmos y proporciones, en fenómenos que la tradi- ci6n psicoanalítica identificó inicialmente por categorías de con- tenido, es decir, cualidades . Estamos entonces consolidando una orientación donde las grandes categorías teóricas, los modelos freudianos , deben ir a l

e ncuentro de la singularidad de cada consulta y allí encontrar su alcance y su límite, su capacidad comprens i va y su propio

c u estionamiento, la conciencia de su no-saber . Situación creadora, crítica y autocrítica de la teoría y de sus

prácticas, que nO.simporta destacar como constituyente esencial,

decisivo. para la cl í n i ca p sl coana lí tica .

Dimensión creadora de la clínica que comenzamos a buscar en sus fundamentos teórícos posibles, precisamente, en un capítulo. de este volumen ("Creatividad: dinamismos fundantes de un

sistema

dad han ido. creciendo hasta hacer necesario destinarles un volu- men aparte, 'cuya prep,aracíón nos ocupa actualmente.

"). Desdeentonces, nuestros estudios sobre la creativi-

Hemos tenido ocasión, en los últimos años, de realizar un constante intercambio con Asociaciones Psicoanalfticas y con Instítuclones de Salud Mental de Buenos Aires, Córdoba. Mendoza y provincia de Buenos Aires .•en el ámbito nacional, así 'Como.con colegios de Psicélogos y Cátedras Universitarias de Santiago de Chile, Montevideo, Porto Alegre, San Pablo, Río. de Janeiro, Barcelona, San Sebasrián, Segovia, Sevilla, Madrid y Nueva York (Instituto. de Psicoanálisis). Ladiscusión sostenida en estos colo- quios y seminarios nos ha permitido revisar, confrontar y conso- lidar los alcances de nuestras líneas de trabajo. Destacaré asimismo. el intercambio que sostenemos con estu-

,

diantesy

COlegas de la Facultad de Psicología de la Universidadde

Buenos

Aires, desde la 'cátedra de "Clínica

Psicológica y

Psicotcrapias' en la que me acompaña un valioso equipo. de colaboradores doeenrcs.

Subrayoaqutmi rcconocimlento

para

la elaburacío« de nuestra

producción científica, por los aportes 'que de modo permanente

realizan d í recnvos . docentes y graduados en nuestro Centro de Estudios en Psicoterapias, de Bltlcnos Aircs.Institucién que nutre sin cesar nuestras ínvcstigacíones.

Deseo expresar

finalmente mi .agradecimiento a nuestro maes-

tro, Dr. Mauríoio Goldcnberg, 'inspirado creador, con su Servido. de Psícoparología del PolicUilico de Lanas, de una enseñanza que

no ha 'cleja¿~Ode. dar ,{Irüt{ls:.SI:I ~]emplo y sus ideas csran presentes

cada uno. de nuestrosfl1r.<Jb'ajOLa.'s. figura del maestro ha c recldo con IO.sa ño s, cobrando Ilil'raenorme dimensión por su original lucidez ,y extraordinaria generosidad.

en

BJl{ ' ITOS A i res. abril de /993

DIRECCIONES TEORICAS y EPISTEMOLOGICAS ACTUALES PARA LA CLINICA PSICOANALITICA *

. C lase de introduc c i ó u

p ar a " C l f ni ca Psico l óg i ca y Psicote ra p i as " ,

P sicología , U niv e r s i dad de Bu e nos A ües ,

F a c ult a d d e

Nuestra materia, "Clínica psicológica y psicoterapias", alude al campo de las prácticas clínicas, es una materia donde vamos a hablar de prácticas psicoterapéuticas. Hace tiempo un colega dijo:

"por favor seamos prácticos, tengamos una buena teoría". De modo tal que conectarse con el universo. de las prácticas en salud mental requiere ver con qué teorías uno. se aproxima a esas prácticas, con qué e ncepción de las relaciones entre teoría y prác- ticas uno. se manéja, y entonces resulta que para manejarse adecua- damente en el terreno. de las prácticas es necesario. tener claros criterios de orden epistemológico. Sin una epistemología más o. menos definida las prácticas clínicas so.n prácticas a ciegas. Se reducen a un nivel de -ernpíria. Con esta inquietud, quiero desarrollar criterios epistemol ó gicos co.n los cuales trabajar en la clínica. La primera cuestión podría plantearse así: ¿Unidad o.diversidad de la experiencia clínica? La experiencia clínica, ¿es una o. es muchas? ¿Es una o. es múltiple? Nosotros trabajamos una línea en la que creemos que la expe- riencia de la clínica no.es una. Creemos claramente que la experien- cia de la clínica es la experiencia de una diversidad, es decir que tenemos múltiples direcciones y múltiples dimensiones de la clí- nica. El tema de la unidad o. diversidad es un teina de la epis- temologta, Vo.y a hacer alusión en esta exposición a autores que se ocupan del modo de pensar al ser humano, el modo de pensar en las ciencias humanas y, entre otros temas, piensan si podemos

un ifi c ara tenemos que diversi fi car en nuestro pensamiento

sobre

el hombr e y las c iencias humanas. Por eso destacamos

autores

co m o Fo ucaul t , Del e u z e , Sartre, Feycrabcn, Umb c rto Eco . Eugenio

T ría s ( fil ó s ofo espa ñ ol

co n Albert Carnus filosofo que. en uno de sus trabajos importantes,

actual). José Ferrater

Mora y cierro la lista

l mito de Si s ifo se ocupó

E

práctica

e s pacio de lo diverso.

de pensar

en esta cuestión

de si la

el

es una, si las teorías son unificables

o bien c omportan

Les quiero leer un pasaje de Carnus al respecto.

Dice así:

El espíritu que trata de comprcnderla realidad no puede cons í de- rarsc satisfecho salvo si la reduce a t é rminos de pensamiento . Si

~I ~ensamiento . descubri e & e e n los espejos lenomenos relacion e s ctcrnasque lospudiesen

a sí mismas en un principio único. se podría h ablar de una dicha

?cl espíritu . Esta nosralgin

ilustra ~Il movimi e nto esencial del d . ramahumano, pero que esta nostalgia sea un hecho no significa que d c ha ser satisfec h a .

c a mbiant e s de los resu mir y resurnirse

de u n idad. este apetito de abso l uto

Pero si aflnnamos, nos dice Camus :

alguna experiencia de unidad que configur: al~ún tipo de.absol~t? j.acan tambi é n habló . de la castración en tcrnunos de la irnposibl-

lidad de acceder

al uno . la imposibilidad

de lograr un uno , una

u nidad estable en los vínculo s .

en la rela c ión con el mundo.

De modo

tal que,

de algún

modo,

asumir una diversidad ,

di

versidad de fenómenos

en la clíni c a.

en lugar de pretender

una

mítica unidad .

es un modo de asumir la castraci ó n .

Todas

las

forma s de omnipotencia

y el trabajo de la castra c ión remite siempre a a sumiralgo

B

aparecen pretendiendo

pare c e

cerrar algún uno.

que de c ía cu a ndo

achclard:

que aIlí donde

rein a r un c oncepto .

profundizamos

siempre están en vigen c ia por

10 meno s dos. Un

ejemplo

de e s to :

en la clínica

psicoanalítica

y . en la teoría

psicoanalítica

se ha hecho

mu c ha in s istencia

en los fenómenos

de

repetición.

pero la categoría de repetición no . encuentra

su lugar

claro en la clínica

hasta que no tenemos

el Juego de un par de

conceptos .

Y el

concepto de repetición

sóll~ se v~ a entender

si se

recorta sobre la posibilidad

de que esté en vigencia el concepto

de

di Icrcncia. Si no podemos jugar con lo heterogéneo de los conce~-

t

ción eso no existe en la clínica,

de la repcu-

os (repe t ición

\ ' s. diferencia)

sino solo un universo

existe más vale en la mente que

la

rca lid;ld del uno. c ualquiera que sea , caemos

en Iacontradíceló n

q

uiere encontrar

un solo tipo de fenómenos que unifiquen

su

dc

qae uuesp í ruu capaz de esa un ifica . CÍóo establece - ya oon et r esto

c

l ínica.

d~1 ull , í ' V e rso su propia difcrencia . y afirma así ' 1.111principio de dlvc~sldad ; " T?d? se o rd e n a e n la uJlidad(k ~ lquelhl nostalgia pero

. d pnm er movrmr e nto e l mundo se agrie t a en infinidad de trozos. Bn psicología como en I ó gica hay v crdadccs. J l O bay verdad " . Husserl y los f c llOllIenólogos restituyen al mundo su diversidad .

P

hac e r de cada imagen.de c . adaüka.llIllug: ' IJdi . fercnte.

p~olj~crac, i<Í1J. de tos f e n ó menos , caminos quc llevan a todas las

c i c ncras o a ninguna. Las e xp e ri e n c ia s ser ec orta n en un desierto que no hay qu e abandonar .

e n s ar no e s ya un i f i c ar , es v o lv e r a ;¡prcnde;r a e s t ar 'alcnJo para

Scabreuna

,E~encíalrnenteeslC problemanos preocupa porque en el trabajo teó rico, en el debate teórico que tenemos también en ía facult ad

muchas veces está la tcnracíon de contarcon

una teoría que uniflquc

Pam\.é ~ nide s . efect i vamente a las filesoñas presocrancas, aparece

t

de crear

una t eoría única , con

Y este tema del uno, que Camus refiere . a

ambi é n

tratado en la obra de Lacan como In nostalgia

20

Del mismo

modo les diría que

se ha trabajado

en la técnica

psicoanalítica.

más de una vez . con el c oncepto

de ausencia

del

analista . Pero si nosotro s unificáramos

la clínica

en tomo

al

concepto de ausen c ia estaríamos haciendo algún tipo de simplifi-

cación, porque el concepto

que es

el c oncepto de presencia

vamo s a tener un mundo d i ver s o : presencia-ausencia .

pre s encia . No vamos a tener ni el primado único de la re~ti ci ón

ni el primado

complejos de interacciones entr e rcpcucion y d i ferenc i a, a SI COJlll l

, una dlversl51ad de

alguna vigencia clínica , de algún juego con s u heterogéneo,

l?e modo q . ue au s encia -

d e au s en c ia

va a requerir , para tener

del analis t a

en la c línica.

único de la au s enc i a,

sin~ ~ , ue va~ l ~os a t~ner ~uegos

.

entre presencia y ausencia . Por otra parte nosotro s

situa c iones de c onsulta . Las si tuacioncs de consulta no configuran

todo lo c o ntrario .

un mundo homogéneo.

tiple de condiciOl~es de consulta. Tenemos una diversidad de tip o

en la c línica tenemo s

abren un espectro múl-

21

de p e rson al idad en los pacientes que nos consultan de modo tal que lo que nosotros vamos a ope r ar como nuestra práctica de la entrevista co n un paciente ne u rótico, digamos un paciente fébico , no forma una sola clínica homogénea al respecto de cómo vamos

a actuar en la entrevista c o n un paciente bo r derli n e descompensado . N u estros instrumentos van a ser dife ren tes, nuestra manera de

manejar la presencia o la ause n cia van a ser diferentes,

el modo de

nuestra intervención (cuán pasivos o cuán activ o s podamos ser )

van a ser modos diferentes. E n tre ese p aciente fó b ico, n eurótico, que nos consulta, que en un a serie d e á r eas de s u vi d a está relativamente adaptado al mundo q u e lo circunda, lo cual no quie r e decir perfecta ni armónicamente adaptado, pero que tiene concien- cia de tiempo y espacio, por ejemplo, con ese paciente no vamos

a

tener instrumentos idénticos a los q u e vamos a u sar con una

pe

r sona que llega desorientada en tiempo y espacio, que llega con

un pensamiento psicótico, y esto hace a clínicas diversas. Clínicas diversas que en términos psicoanalíticos, r emiten a una obra fundante que es la obra de Freud.

Pero esa obra de Freud tampoco es una, voy a citar referencias de Pontal í s . Después de que Pontalis publicó con Laplanche el Diccionario de psicoanálisis se le hizo u na entrevista que fue

pu b licada en Buenos Aires,en la RevistaArge n tinade Psic o logía ,

en la cual le preguntan: "desp u és de ha b er revisado l a obra de Fre u d, como ustec la ha revisado en detalle junto con Laplanche , ¿usted diría que configura una teoría?" P o n talis dice: "en modo alguno, se trata de un conjunto de teorías con desiguales grados de desarrollo, con diferentes niveles en el interior de esa obra y no podríamos decir que es tina obra unificable por el hecho de que

responde a un mismo autor."

De hecho este tema se ha planteado

en la literatura también. El hecho de que un solo a u tor firme diversos trabajos o diversas obras de ficción no le confiere a esa producción una unidad estricta, porque un autor es varios autore s. . Bueno, si la obra de Freud no es única, homogénea, sino que e s diversa, contie n e múltiples direcciones de desarrollo, tiene múlti - pl~s . zonas en desarrollo, además, menos podría ser una la práctic a clínica que se va a basar en esa obra, que va a estar siempr e

22

buscando la manera de apoyarse en esa obra fundadora y en los desarrollos que la han continuado.

¿

P or qué hablar

de diversidad?

Gran parte

de nuestra

ps icopatología piensa cualidades de fenómenos, y entonces pode-

mo s decir "he aquí el fenómeno de la, angustia" o "he aquí el

pensamiento confu.sion~l" o bie~ "he aq~í una con?ucta per secutoria". Pero SI yo digo angustia, pensamiento confuslO~al,

o con ducta persecutoria, defino cualidades de conducta, cualida-

de s qu e puedo observar y puedo fundamentar en la ~línica Pero ~a

clínic a no se hace sólo de cualidades, se hace también de íntensí-

dad es, es decir. el factor cuantitativo es tan importante para la vida

d e la gente como el factor cualitativo. De modo que ~i dec~mos

ang ustia vamos a preguntar "cuánta angustia, con qué intensidad,

co

a av er i guar en la clínica cuántas veces, con qué extensi6n, con qué

pre ponderancia. Y vamos

cu a lid ad de esos fenómenos

eso s f e n ómenos. No s610 vamos a preguntar por la angustia sino

n q ué frec u encia". Si decimos pensamiento confusional vamos

a hacer preguntas no sólo s~bre la sino también sobre la temporalidad de

cu

ándo emerge, en qué condiciones aparece, cuándo reaparece, es

de

ci

r qué ritmo tiene y nos hacemos preguntas por ritmos, a veces

por ciclos o por periodicidades.

D e modo tal q u e yo ya estoy en un espacio diverso, pero no sólo

porqu e los fenómenos son diversos sino porque las categorías que ten go para analizar los fenómenos ya son diversas, porque uso

cu a li dad de conductas, uso intensidad de conductas y uso tempo-

ra li d ad de conductas. Con lo cual ya todo eso no se piensa como

un o, se piensa como múltiples parámetros que me van a permitir

ac ercarme al fen6meno clínico .

E n este sentido de la clínica que no es una, sino diversa, es que

no sotros orientamos el programa de la materia. Ese programa

h a b la de un campo de psicoterapias, en plural . Cada vez que yo

e

scucho la palabra psicoterapia o psicoanálisis , en general me

p

roduce un estado de zozobra, porque no sé c6mo se pretendería

gen eralizar esto que es diverso.

_

.

S i alguien dice la psicoterpia, en singular, no sabremos bien qué

tipo de diseño técnico y para qué experiencia clínica está utilizando '

su s formulaciones.

Con ese criterio es que nosotros d

terapias de insi g hr

y las contra a~os en ~l progra~la líneas de

de continencia. ¿Por qué present<irl1~~n~~~ ~io~ pSlcotera~ias

Porque queremos mostrar esa d'

hay situaciones clínicas dond ,Iv~rsl a ,querem?s mostrar que

id d

P s de terapias?

cia, que en ese momento no v: :~ Impone u.n t~abaJo de continen-

de apuntar .' a un insighi en un Del mismo modo nosor

.e. mos de niveles del diagnÓ~i~~o ha~lamos de diagnóstico, habla-

que el diagnóstico es plural, qU~ne~J.rogra~l~a. P?rque decimos

I~gnóstlco se hace en una

todo el tiempo en casos clínicos.lagnÓSIICO, y esto lo mostramos

trama de múltiples niveles del di .

puntar ~l insighr , aunque sípue-

momento srgu í cnt

Del mismo modo, cuando hablamos

.

halblamos en plural, de modalidades d~~~;o~:Ii~~c~~¡z¿~ t~rapias,

so a ma~e.ra de focalizar en terapias, hay más d cron .

e una.

o ayuna

Por último, cuando hablamos en

terapéuticos también hablamos en

h

1 ell programa de procesos

-uuos en p ura , porque no hay

. un proce-

todos los juegos y los desPlieguer~~C~so ~u.e ~le pcrmrra abarcar el proceso con categorías diversas ,a cll~lca, te~go que pensar de cam bio. Y haymás de un tipo d~ ~~~t~;S de ,un tipO de procesos

Desde luego esta situación de div ,', de cambIO en la clínica. complicarle su tarea, porque cuand er,sl,da~ p~~de, al estudiante,

detenllinado concepto es traba'

so, no ay un pensamiento de un

o~sta ~stU(f¡,lI1do,ya aprender

el alumno aprenda ciertos co~~~s~. o es~amos en contra de que primer escalón aprenderclertos e p os en smgular, creo que es su

cuanto individual. El problema n~lCe~tos ~n cuanto singular, o en

alumno sepa que ahí no tennin6 s ~~t,a a~, el problel~la es que el su clínica, o que ahí no termlno ~ tusq~e a, y que ahí no termino

que para hacerse cargo de los niveles su cona de . Porque

la clínica es necesario ir sub'. d

no h a~ d uda de

compleJidad que mtrocluce

una etapa donde yo deba'est~~~a~t~~.es~alones, y a veces habrá ~OIllOsi fueran únicos. Tendré ueo~ e~lolll~nos de la repetición t"el1()lllenoscomo si fueran único q , p, oncent rannc y recortar esos estoy estudiando los fcn()menos ~icro y~).~~ng()que ~abercuando el mundo del paciente. s uc rcpcucmn que ah í no se acaba

Si sé que ahí no se acaba ya m

,

.

,,'

después otros conceptos Si 'no ~ es~~re pre~arando para estudiar

o se estare convencido de que

24

cuando termine de estudiar la repetición ya tengo en mis manos un anlla, un poder. Esto es muy peligroso en ciencias, siempre es peligroso. ¿Qué ocurre entonces? Nosotros planteamos una clínica que, en esa diversidad, avanza con un doble frente de preguntas. Doble frente que es: el de la pregunta sobre la práctica, que es una pregunta sobre la intervención clínica, dé! porqué de su oportuni- dad y el para qué de sus efectos, pregunta sobre la práctica: y una correlativa pregunta sobre la teoría que se podría poner en juego ahí. Un doble frente porque la teoría con la que trabajamos, y la práctica con la que trabajamos, en principio no se unifican, están

siempre en interjuegos. Nunca se sintetizan de un modo armónico. De modo que suponer que "con esta teoría perfectamente aplicada en esta práctica enteramente coherente, lograremos efectos cla- ros", es un ideal. No hay tal clínica. Esa clínica es mítica, puede existi r en los deseos de mucha gente, pero si esa gente nos muestra su material clínico, allí no vamos a encontrar esa clínica. Si realmente existiera una clínica donde la teoría se une armónicamentc con la práctica, y la práctica produce efectos enteramente claros,

al que el paciente no se

acomoda bien. ¡,Qué ocurre? Acá está el problema del teoricismo como un problema que aparece con frecuencia. Me acuerdo de algunos

alumnos que en el último examen, decían así: "nosotros sabemos

mucha teoría, pero cuando vamos a bajar a la práctica

me quedé pensando en esta idea de bajar a la práctica. Yo creo que esa relación espacial está mal planteada. Creo que en todo caso, si hubiera un desnivel, habría que subir a la práctica, porque una vez aprendido cierto nivel de complejidad en la teoría, la práctica nos va a presentar un universo más complejo, un universo de articula- ciones entre lecturas teóricas. De modo que yo diría, si hay un desnivel va a haber que subir a la práctica, desde teorías que están en un plano de generalización y tienen que esforzarse por acceder al nivel de una singularización. El problema del tcoricismo, de todas maneras, es un gran problema en todas las universidades, no s610 en esta facultad, es un viejo problema en las disciplinas en general, y en psicoanálisis hay

podría tratarse

de un sistema robótico

". Entonces

siempre tentación de desvíos teor i cistas . Había la historia de un

ps ic oanal i sta kleiniano, en Buenos Aires , que nos daría una pauta

de q ué quiere decir teoricismo. Este psicoanalista estaba totalmen-

te f ascinado con la teoría kleiniana del psiquismo, con muchas

ref e rencias al pecho y a la etapa oral (esto ocurría en el Hospital

Borda, y en el Borda había un paciente esquizofrénico catat ó nico

que estuvo un año sin hablar) . Un día llega al hospital y ve que hay un montón de gente alrededor del paciente catatónico. Dice: "¿Qué pasó?". "Habló", le contestan. Entonces dice: "¿Ha

dicho leche?". " No " . " ¡Qué muy decepcionado.

lástima!" exclama, y pega un puñetazo

A mí me parece que esto ilustra la problemática del teoricismo.

El odio que le produce a uno cuando la práctica no cierra exacta- mente la teoría. Uno trata de que cierre, pero el paciente no está obligado a decir "leche". Y las teorías se hacen así más difíciles de elaborar .

Feyerabend es un epistemólogo actual que tiene un trabajo in-

teresante que se llama "Tratado contra el método " . "Tratado contra

el método" es una dirección que varios epistemólogos y filósofos

han tomado en Europa , que es hacerse cargo de que estamos en una etapa teór i ca de f in de las grandes síntesis. Fin de las grandes

síntesis que obliga a volver a revisar las condiciones de particula- ridad en las cuales pensamos, condiciones singulares y particula- res en las que podemos ejercer teoría. En este "Tratado contra el método" dice algo: " Tengamos en cuenta que ningun a teorí a abarca todos los hechos del dominio a que se refiere " .

El mismo asunto lo va a plantear Umberto Eco, que por eso lo

he citado acá también , en un libro que se llama La estructura

au s ente. Introducción a la semiótica. Les voy a leer lo de Eco ,

porque aclara un poco más por qué es que una teoría no puede

abarcar el dominio de los hechos, sino que intenta abarcarlo, pero siempre se le escapa. Umberto Eco lo plantea en término s

es e l

mi s mo. Dice Eco , terminando su estudio:

l

ingüísticos,

en términos semi ó ticos ,

pero el problema

Si se enfrenta a los sistemas semióticos cerrados con procesos qu e responden a un modelo abiert o, aparece un e lemento e x t r ase miót i c o que e s la circun s t a ncia [que e s lo que nosotro s planteamo s en e l

2 6

programa con el concepto d e situación] cont e xto r e al , e xt e rn o, n o contexto formal del mensaje que compr e nde ideologías y circun s - tancias de comunicación . No todas las circunstancias se r es uelv e n en s igno, hay un margen último d e la circun s tanc i a e n el que ésta

se sustra e al torbellino de lo s códigos y de los m e nsaj e s y s e es c a p a . La c ircunstancia irrumpe para estorbar la vida d e los signos y se presenta como residuo sin resolver , como un c omplejo de factores biológicos, sociales y económicos que se modelan c omo marco d e toda relación comunicativa, como una realid a d que fl e xiona y modela los movimientos no autónomos de los proce s os de signi - ficación. La vida de los signos es frág i l sometida a la corrosión d e las denotaciones y las connotaciones bajo la presión de circunstan-

c i as que modifican la potencia significativ a original .

Necesitamos de esos sistemas de signos que son las teorías; l as circunstancias desbordan siempre a esos sistemas de signos. Esto

es inherente al procedimiento mismo de las ciencias que es s iempre

ir iluminando sus límites. El modelo de traba j o científico no es so-

lamente iluminar el centro de una escena , s i no aclarar dónde es tán los límites de lo que abarca y de lo que no abarca . De modo que yo

diría que en esto que está planteando Eco , la imposibilidad de que un sistema de signos termine de abarcar todas las cir c uns tancia s a las que se quiere aplicar , en esto radica la vida de las ciencias , en esto radica el pensamiento en cuanto vivo. Si el pensamiento no tiene esa dinámica, ese pensamiento envejece , se queda demasiado quieto , demasiado satisfecho narc i sísticament e, porque h a ilum i - nado un centro pero ha perdido conciencia de límite. Sobre esta relación entre teoría y práctica , me interesaba c omen - tarles un análisis del problema realizado entre Foucault y Deleu z e . En un diálogo que ellos so stienen hac e uno s año s sobre lo s

intelectu a les y el poder,

a un punto de detención que se lev a nt a f r e nt e a e lla c omo u n muro infranqueable . Ese muro tendr á que ser atravesado , perforado, por

cierto tipo de práctica ". Ahí se h a bla de un in terjuego e ntre teorí as

y práctica s que nos interesa mucho en la clí ni ca, por q ue l a c líni ca es el lugar donde nos tenemo s que dar cuenta de ha sta dónde no s llega la teoría , hasta dónde da y dónde ya no d a . Porque ahí donde

no da , es probable , y éste es e l di á logo de Deleu z e y

la teoría

Foucault , e s prob a ble qu e teng a qu e ap a rec er un a prá ctica, qu e haya que inventar una práct i ca para mov i l izar e l límite d e la t eor ía.

llegan a es t a conclus i ón : " tod a teorí a l leg a

1,.

2 7

De modo tal que esta visión a mí me resulta mucho más rica que la de Althusser, en su momento. La visión de Althusser y algunos otros teóricos franceses suponía que en realidad la práctica es nada más que aquello que una teoría permite ver, de modo tal que para Althusser la práctica era un momento teórico. Esta es una visión limitada del fenómeno, y una visión que termina limitando y empobreciendo la ciencia, porque la práctica no es sólo el lugar donde uno lee con la teoría que tiene, además tiene que saber que va a tener que encontrarse con eso que Eco llama "no cxpresable todavía en signos", con eso oscuro que se escapa. La conciencia de que algo oscuro se me escapa en la práctica es lo que me va a permitir revisar permanentcrncnte mi teoría. Si yo no tengo esa conciencia quedo capturado en la teoría, pero esa teoría es un falo ~mnipotente, es decir, es un mito. Un mito que se cava la propia fosa. porque si la teoría no tiene conciencia de límite y conciencia de cambio interno. esa teoría no va a irmuy lejos. Justamente hoy el tema de la ciencia es cómo se trabaja en los límites. cómo se elabora y se crea en los límites. He mencionado a Eugenio Trías. filósofo español que hace un par de años public ó un libro que se llama La aventura filosófica. Este libro está centrado en el problema del límite. sobre la importancia de comprender que es en los límites entre diferentes tipos de objetos. y en los límites entre diferentes ciencias, allí donde el pensamiento puede seguir creando. Es decir. el límite como objeto de estudio actual en la filosofía. es el espacio donde se ponen en marcha dinámicas de creación. ¿Por qué? Porque todas las dinámicas de creación emergen en el choque de elementos heterogéneos. En un mundo homog é neo lentamente la creación se detiene. Nosotros vamos a hablar de procesos creadores. porque (y esta es una orientación central en nuestro enfoque) creemos que sin una clara concepción de procesos creadores, procesos creadores en el paciente. procesos creadores en el analista, y procesos creadores en el intcrjucgo de ellos en cada terapia. sin una concepción de procesos creadores hay una clínica estática. hay una clínica dete- nida. Nosotros creemos que dinamizar la clínica. en gran medida, es

2R

comprender los procesos creadores que se juegan en cada escena clínica. Dcscífrarlos (porque en gran medida son inconscientes, inconscientes para el paciente. inconscientes para el ana- lista e inconscientes para la propia interacción), nombrarlos, traba- jar en su registro de modo constante. es parte esencial del proceso. De paso. podríamos decir que investigar la dinámica incons- ciente de procesos creadores nos coloca en el centro de una bús- queda actual que es fundamental, que es: hablarde inconsciente no es hoy hablar solamente de ese inconsciente que muy profunda- mente investigó Freud en tomo a psicopatología de la vida coti- diana, el chiste. los sueños y el síntoma. sino que éste es un inconsciente de gran importancia clínica, pero no es el único. El primero que comprendió esto fue Frcud, en un trabajo de 1923, que es "El yo yel ello". A esa altura se da cuenta de que hay un incons- ciente del yo, lo cual le hace replantcarse el alcance de la noción de inconsciente que él había formulado en la primera tópica. Efectivamente, en el año 1923 Frcud estaba formulando su segunda tópica del aparato psíquico donde intcractuaban como sistemas el yo, el ello, el supcryó, 10 real y éstos interactuaban como inconscientes, 10 cual abría una investigación que Freud vio claramente en ese momento: 10 inconsciente no definía a un sólo sistema. sino que aparecía como una cualidad de múltiples siste- mas. Uno de los sistemas donde nosotros creemos que hay que poner el énfasis para comprender la clínica. es entender un incons- ciente de procesos creadores. Inconsciente de procesos creadores que no anula ni deja de lado a ese inconsciente de la repetición que Freud investigó con suma claridad por ejemplo en las neurosis. Sino que más vale nuestra clínica se presenta como un interjuego complejo. dialéctico. entre inconscientes: un inconsciente de la repetición. un inconsciente creador de diferencias. Allí es donde nos vamos a plantear la clínica. El tema es el siguiente, retorno ahora algunas ideas sobre único, uno o diverso. unidad o diversidad. y después vamos a hablar de clínica. A nosotros se nos plantea en la clínica tratar de ver y entender pacientes concretos, no pacientes abstractos. Pero, ¿qué quiere decir concreto? Yo voy a tomar el concepto de concreto que utilizó Marx para replantear su relación con la ícnomcnologfa de la historia de Hegel. Hegel presenta una visión de la historia donde él encuent ra una causa eficiente para los procesos hi s r ó ric o s ,

29

que ll ama " espír i tu abso l uto ". Y Marx se en f renta ~on esa visión de la historia, y dice: ésta es una visión abstracta, es abstracta porque busca un cierto tipo de determinantes y los cree rigiendo ab s olutamente el fenómeno en estudio. El concepto de causa e fi ciente es que hay un tipo de agente determinante, de una determinada calidad, que da lugar a un universo de efectos. Entonces Marx dice que esta filosofía de Hegel es abstracta, que para pensar la historia concreta tenemos que multiplicar nuestra lectura sobre los determinantes. Entonces aparece ahí un contrapunto ya claro en Marx, que es así: simplifico, abstraigo, recorto un tipo de determinaciones, produzco un objeto teórico abstracto -multiplico los ejes de referencia , comprendo que hay una serie de determinaciones entrecruzadas potenciándose, y entonces produzco un objeto teó- rico concreto. Escuchen: objeto teórico concreto, porque claro, no salimos del ámbito de la teoría. Pero si yo voy multiplicando mis ejes de referencia para comprender dónde está puesta la vida de la persona (siempre hay más de un eje de referencia, no se trata sólo del deseo, no se trata sólo de la neurosis), entonces estoy aspirando a producir ese concreto. ¿Logro abarcar enteramente la vida de esa persona? Seguramente no, estoy intentando aproximarme. Segura- mente no la abarcaré, pero trataré de aprcximarme con el mayor rigor, con la mayor amplitud posible. En el año '30 en Francia, aparece un filósofo que no llegué a incluir, que es George Politzer. Politzer revisa el psicoanálisis de la época en Francia y dice: "éste es un psicoanálisis abstracto" , porque "no me habla de la gente, me habla de la fijación, de la regresión, de la libido y del Edipo". Yo aspiro, dice Politzer en el año '30, a que haya una lectura de una psicología concreta, es decir "una psicología que me muestre a la gente viviendo, a la gente trabajando, a la gente respirando, y desde luego, en esa gente que está viva, entrarán la fijación, la regresión, la libido, el Edipo, pero entrarán de modos singulares". Yo tendré que descubrir las mane- ras singulares en que cada persona vive su regresión, su fijación , su libido, su Edipo. El problema que aparece acá es un problema filosófico amplio que está en juego en todas las ciencias, sostenido por la pregunt a:

¿cómo podemos generalizar, hasta dónde podemos generalizar, y dónde tenemos que part i cularizar?

30

En uno de sus trabajos Gilles Deleuze dice así: "En la ac t ualidad nos toca investigar articulaciones de superficie". ¿Qué son las articulaciones de superficie? Son las maneras en que dinámicas profundas del individuo, del grupo , de la institución y del país se abrochan en un momento dado y producen un efecto (por ejemplo , síntoma fóbico). ¿Por qué? Porque esto es lo que ocurre en un tiempo y un lugar determinado, esto no ocurre ni ayer ni mañana, esto ocurre hoy. En esa superficie del tiempo hoy, y en este espacio que agrupó a la gente en facultad, allí vamos ~ tener que d~tectar articulaciones en los límites. Ese es un pensamíento de conjuntos . Deleuze dice: lo oculto . las dinámicas de profundidad se revelan por esos "efectos de superficie". Lo que abre la revisión de las relaciones entre teoría y prácticas

es un horizonte diferente, y es importante que para el estudio de una teoría ese horizonte esté trazado desde sus comienzos. Es el horizonte de una perspectiva crítica del discurso teórico , una conciencia de que toda teoría debe tener problematizada su capa-

cidad de dar respuestas y jerarquizada su capacidad

propias preguntas. Recordemos con Deleuze: "Lo verdadero sólo se presenta al saber a través de las problematizaciones; y éstas surgen a partir de prácticas, prácticas de ver y prácticas de decir". Lo que sostenemos, entonces, frente a los absolutos siempre supuestos posibles en las formas de todo discurso dogmático, es una Epistemología (le Pensamiento Crítico. El criticismo en filosofía abrió un tercer camino, en esa clásica polaridad de dogmatismos y eclecticismos. No estamos obligados a caer en una ortodoxia ni en las limitaciones del eclecticismo . Es posible operar con un pensamiento crítico. (Línea de varios autores italianos , CarIo Viano, Massimo Cacciari , creemos que Umberto Eco en sus últimos libros.) La consideración de "SITUACIONES" va más allá de una amplia- ción de los objetos en estudio : supone el empleo de otras mod a li- dades de pensamiento. Ferrater Mora, en Modos de hacer filosofía, destacó do s modo s de razón, la razón "analítica", y la razón "integradora " . L a razón analítica, de tendencia generalizadora , sistematizante , opera me- diante procedimientos lingüísticos-reductivos. La razón integr a dora de tendencia particularizante , procede mediante con s trucción de

de renovar las

3 1

conjuntos y emplea modelos de historización para esos conjuntos. La primera esqucmatiza ciertos hechos construyendo modelos de objetos en los cuales explica comportamientos que se repiten.

Generaliza "razones parciales", insistentes segmentos de relacio- nes causalcs. Opera reducción por dos vías: generalizar semejan- zas, y definir cierto hecho o ley como el esencial.

En la razón integradora,

pensamiento contcxtuantc, se constru-

yen conjuntos en los que cada problema tiende a ramificarse, a

descomponerse en varios. Hay una temporalización

de hechos en tales conjuntos. Pensamiento pluralista (no una esencia sino varias entrccruzadas en sus leyes y efectos), leyes diversas son reconocidas en su mutua irrcductibilidad, se genera- liza una especie de ley de diversificación, se reconocen no sólo semejanzas de comportamientos sino diferencias (Wittgcnstcin:

"enseñar es mostrar diferencias"). Me da la impresión que todo versus entre estos dos modos de razón podría sostener el equívoco de suponerlos en el mismo plano lógico, lo cual es posi blc pero no forzoso. El estudio que recorta objetos y el que los articula pueden, en parte, responder a registros de di Icrcnte orden de complejidad. lIya Prigogine en Elogio de /a complejidad señala así que el problema está en comprender

ydiversificación

cosas que cambian (diferencias) en un mundo que también muestra el no cambio (repetición de comportamientos). Una ciencia que analiza todo en fragmentos, en pequeñas porciones, que procede separando. aislando objetos, no puede dar cuenta de órdenes de complejidad. Complejidad indica pluralidad, diversidad de modos de funciona- miento. Ha hahido un modelo prestigiado en ciencias (que el físico Bohm por ejemplo propuso para pensar el universo) que es creer que hay una informaci ó n preexistente. oculta. una trama inicial que se despliega sin novedad. de modo que ocurre lo que ya estaba inscripto en esa trama inicial. Hoy tales ideas no se sostienen: se hace evidente que hay sistemas inestables. bifurcaciones: nada queda atrapado en una trama previa. Hay dirección del tiempo. irrevcrsibilidadcs, no mera permanencia de lo trazado en los orígenes.

32

Una problemática abordada en direcciones similares es conside-

rada por Umbcrto Eco en La estructura ausente . Introdu cc i á n a la

semiótica quien ha distinguido un pensamiento que aísla estructu- ras de un pensamiento "serial". El pensamiento serial registra la disposición cornpositiva de las series, su variabilidad posicional, donde no se suponen constituidos "todos" sino conjuntos sólo temporariamente unificados, Tales conjuntos (con cuyo modelo proponemos pensar las "situaciones" de la clínica) retienen en sí 10 heterogéneo, lo no abarcahle de las series, ya que éstas contienen líneas de fuga, vías de desplazamiento que traspasan los límites de cada configura- ción. Para el pensamiento serial el límite es de configuración, perteneciente a un diseño de esa configuración. El pensamiento serial se abre a las potencialidades de pensa- miento creador: una multiplicidad de elementos (seriales, no aislados, no recortados) dan lugar al diseño de una diversidad de configuraciones. Los efectos son de configuración, no de esencias aislables. Así, como en otro capítulo destacaremos el pensamiento serial en Ccrvantcs, aquí merece que recordemos el de Borges en su cuento "La muerte y la brújula ":

En el segundo piso

no es tan grande. pensó. La agrandan la penumbra. la simetría, los espejos. los muchos años, mi desconocimiento. la soledad.

la casa le pareció infinita y creciente. La casa

Las series producen su efecto de composición por convergen- cias (resonancias múltiples en puntos de anudamicnto propios de la red situacional). un efecto de casa abrumadoramcntc enorme, monstruosa. Punto crítico que como sugirió Piera Aulagnier debe comprenderse en el cruce de un acontecer y un fantasma. Pensamiento serial que también encontramos, una y otra vez, en Gilles Delcuze. Así en su trabajo La filosofía de Francois Ch áte l et donde destaca que Ch á tclc t dijo de sí: "he teniclo una educación burguesa, he sido influido por Hcgcl, he vivido una de esas épocas de la historia que enferman a cualquier alma un poco

sensible

"

.

3 3

Tres hechos diferentes, dice Del e u z e,

un co n junto plural, desplegamiento de algo que no es lo " vivido " subjetivo que puede aislar singularidades, ni el concepto que las ahoga en l o universal, suponiéndolas simp l es mo m entos de una esencia, sino la operación que produce una configuración, la má s consi s tente posible para esas singularidades . E n tal campo de singularidades se efectúan operacion es que establecen para l as mismas el diseño de una configuración, acto de desplegamiento que tr a za relaciones de unos a otros puntos, los conectan y hace n converger en tornos.

Eugenio Trías, a quien citamos antes, h a mostrado en sus últimas obras (La aventurafi/osófica y Lógica de/límite), q u e "la

f i losofía actual apunta a indagar al ser en los límites, el límite como objeto. Lo que el límite une y escinde, deslinda, son siempre obje- tos heterogéneos". Allí se sustenta la diversidad que sólo puede ser configurada por un pensamiento serial. En el límite "se da cita la diferencia", lugar de concordancia en disparidad. En este punto destaca la posi - ción de Heráclito que pudo pensar "un lugar donde se cita en su diferencia lo dispar". También los trabajos más recientes de Castoriadis insisten en la perspectiva de un modelo heterogéneo de i nstancias y espacios psíq u icos. "Cada instancia del psiquismo arma su propio mundo en oposición al mundo de las otras" . Castoriadis desarrolla una concepción de p lu ralidades, conjun- tos a pensar según un modelo de "lógica de magmas" que no admiten la reducción a un solo tipo de lógica. Tal modelo de magmas señala condiciones particulares para pensar relaciones entre orden y desorden. El orden y el desorden en mezclas siempre inevitables aparecen como categorías centrales en estudios de Georges Balandier: la inexorable coexistencia de caos y orden, de desorden en el orden, hace imperioso reconocer que toda propuesta de discurso científi- co dotada de intención ordenadora encontrará en lo esencial de su objeto resto no ordenable, azar y desorden, que hacen subsistir en ese objeto toda clase de enigmas . Para Ca st oriadis el psiquismo aparece con un modo de ser de

34

magma estrati f icado , descomponible en lámina s o n i v e l es, a l g u

no s de los cuales responden a un orden relat i vame n t e d e t e rmi n a - bl e y formalizable en relacione s de sentido, mien t r as qu e o t r as

c a p as y el conjunto de ellas en consecuen c ia, mantienen d e sord e n ,

cr eat i vidad radical, márgenes de lo enigmáti co impr e visible que re siste n a toda fonnal i zación. El psiquismo result a así, p o r sus po- ten ciales de desorganización y reorg a nizac i ón creadoras, un activ o gen e r ador de enigmas . Estos modelos resultan esenciales par a so stener una clínica ab i erta en sus fines y en sus intervencion es .

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35

EL ABORDAJE CLINICO DE LAS ESTRUCTURAS NEUROTICAS EN PSICOTERAPIAS

ESTRU C T UR AS PSICOPATOLOGICAS YSU ABORD A J E EN PSICOTER APIAS:

EL PRO CES O EN LAS ESTRUCTURAS FOBICAS*

En est a c o municación me interesa transmitir ideas y exp e r ien c i as

clíni cas qu e h acen a una concepción estratégica para el abor da j e e n

p

s i coter a pi as de diferentes estructuras de person a lid a d. E sta c on-

c

e pci ó n d estaca, yo destaco, la necesidad de adecuar los re c ur s o s

y la s a cti t ud es d el tera p euta a las condiciones particulares que

d e

p e r s on a l id a d q u e c o ncurren a la consulta.

C reo qu e esta direc ci ón de investigación fue inaugur a d a p or

Fr e u d, sob r e todo en dos trabajos donde hace referencia a p ro bl e -

m as t éc n i co s . Un trabajo de 1910 que fue la intervenc ió n e n un

cong reso de psicoanálisis, en N u remberg, que se llama " E l po r ve- nir d e la te ra pia analítica" y, más exp l ícitamente, en otro t r a b a j o de

1918 ( d el congreso de B udapest) que se llama " Los cami n os de la

psi cote r apia psicoanalítica ", donde Freud plantea mu c h os d e los

p robl e m as q u e actualmente estamos invest i gando , qu e pe r sonal-

m e n te y con un equipo grande de colaboradores venimos inv esti - gando en los ú ltimos años, porque creemos qu e son problem as

e n t e ramente abiertos , nada resueltos todavía .

E l pasaje de Freud que quiero mencionarle s, par a ubicar el

esp í r itu de esta línea de investigaciones, señ a la en " Lo s ca minos

de l a psicoterapia psicoanalítica " lo siguiente :

pre s en tan p a r a e l d esa rr ol l o del p roceso diferentes estilos

El descu b rimiento

de que la s distinta s forma s p a tol ógicas

q u e

* E l co n teni do

d

e e s te capít u lo fue pr e sentado c omo c on fe r e ncia

16 de o ctubre d e 1 9 80 .

C o n greso Argen tin o de Psico l ogía,

Ro s ar i o ,

esp e cial

en e l IV

tratamos no pueden ser cu r adas todas con la misma técnica, nos ha impuesto otra espe ci e totalmente distinta de actividad. Sería prematuro tratar ya aquí detalladamente de esta cuestión, pero sí puedo hace ros ver , en dos ejemplos, en qué medida surge aquí una nueva modalidad activa de nuestros métodos . Nuestra técnica se ha desarrollado en el tratamiento de la histeria y permanece aún orientada hacia esa afección. Pero las fobias nos obligan ya a salimos de nuestra conducta habitual . No conseguiremos jamás dominar una fobia si esperamos que el análisis llegue a mover al enfermo a abandonaría , pues no aportará ento n ces nunca el anális i s el material indispensable para conseguir una explicación convincente de la misma. Por tanto , habremos de seguir otro camino. Tomemos como ejemplo la agorafobia en sus dos grados,

l e ve y grave. El enfermo de agorafobia leve siente miedo de ir solo

por la calle, pero no ha renunciado ahacerlo. El enfermo grave se protege ya contra la angustia, renunciando en absolu to a salir solo . Con estos últimos no a l canzaremos jamás resultado posit ivo alcuno si antes no conseguimos resolvcrlos, por medio del influjo :1I~ll í tico , a conducirse como los primeros, esto es, a salir solos a

la calle, aunque durant e tales tentativas hayan de luchar penosa- mente con la angustia. Así pues, hemos de tender antes a mitigar la fobia, y una vez conseguido esto mediante nuestra intervención activa, el enfermo se hace ya con aquellas ocurrencias y recuerdos que permiten la solución de la fobia. La actitud expectante pasiva parece aun menos indicada en los casos graves de actos obsesi vos , los cuales tienden, en general , a un proceso curativo " asintótico" , a una duración indefinida del tratamiento, surgiendo en ellos, para el análisis, el peligro de extraer a luz infinidad de cosas sin provocar modificación alguna del e s tado patológico.

Muchos autores siguieron luego estas líneas de indagación tanto en psicotcrapias individuales como grupalcs. En nuestro país debemos destacar los trabajos de David Libcrman con su énfasis en la comprensión del estilo propio de cada tipo de personalidad y en la necesidad de encontrar el terapeuta un estilo complemen- tario. Las diferencias entre esos tipos de personalidad y los proble- mas de abordaje técnico que plantean, pueden ser consideradas desde una perspectiva amplia como inherentes a diversos tipos de

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estructura psícodinámica profunda, a diferentes formas de organi- zación caractcrológica ya distintos estilos de comunicación. Para ampliar un poco más el problema que quiero introducir aquí: cuando hablamos de una organización psicodinámica pro- funda creo que estamos hablando de posiciones con respecto al proceso edípico, desarrollo del proceso de identi ficaciones, angus- tias y defensas. Pero ese mundo, el de esa organización psicodinámica profun- da, se encarna en una organización caracterológica y en un modo

de comunicación. Se encarna, se expresa a través de. y se mantiene

porl a existencia de una organización caracterológica y de un estilo de comunicación. Una organización caracterológica quiere decir: formas estables nurom a t lcas (le regulación de esas angustias, de esos conflictos de nivel profundo, que funcionan como sistemas de homeostasis

para el manejo de esos conflictos propios de

la estructura profunda. Y desde esas formas de organizaciones de carácter estable, se instalan modalidades de comunicación, que hacen a modalidades de emisión y recepción de mensajes y modalidades semánticas, como referencia a ciertos temas que insistentemente cada estructura tiene como "sus" temas. los temas de su propia fantasmática que son los temas a los que vuelve reiteradamente. Lo que ocurre es que esa estructura profunda. entonces. está funcionando a través del carácter y del modo de comunicarse el paciente; pero justamente esas pautas del carácter y modos de comunicación son los que se nos presentan en el trabajo clínico en cada momento de cada sesión. Y son esos problemas los que aparecen primero. como problemas a abordar de alguna manera

eficaz. De este modo los problemas de abordaje y eficacia pasan

reiterada, automática,

po r a na l i zar c uáles

son las formas

cara cterolágico y comunicacional el/ las que se e x presan la s

e s tru cturas profundas.

Es a partir de ahí que se abren numerosos problemas técnicos, a mi juicio totalmente abiertos a una investigación que tenemos por delante y de la que ya llevamos realizados tramos. creo que bastante importantes. Diría desde ese ángulo, y entendiendo lo que la estructura de

de fun c ionamiento

4 1

carácter mantiene en cada paciente, la homeostasis que regula, que en el pr o ceso terapéutico no se avanza atacando defensas, ni barri endo defensas; se avanza a través de vías, de desfiladeros que esas defensas nos dejan abiertos. Encontrar las vías y las maneras de transitar esas vías, eso, es en f rentar los problemas de las técnicas terapéuticas . El abordaje estratégico, decía en el resumen, de cada personalidad, requiere tomar en consideración los obstáculos y las vías de acceso ofreci- d as por esos diversos parámetros. Para ilustrar estas cuestiones de orden general, quiero mencio- nar en esta conferencia los problemas y recursos que pueden movil i zarse en el tratamiento de pacientes predominantemente fóbicos. El interés de trabajar sobre esas estructuras, estaba ya señalado en el párrafo que les cité de Freud, era porque "ya las fobias", decía Freud, replanteaban la técnica. Además, creo que nuestro interés en estas estructuras está ligado a la gran frecuencia de consultas alrededor de patologías fóbicas. Todo terapeuta recibe, seguramente, más de un paciente fóbico

y posiblemente más pacientes fóbicos que con otras patologías. Las consultas son habitualmente por problemas de eficacia laboral , por problemas de decisión vocacional, por dificultades sexuales o de relación de pareja. Lo cierto es que tenemos que vemos continuamente enfrentados entonces, con una patología para la cual ya la llamada "técnica clásica " no servía en J 9J 8. Por otro lado , para referirme a estas patologías fóbicas que puedo ir generalizando los datos de una experiencia clínica bastan-

te amplia. Personalmente he trabajado a lo largo de varios años con

catorce pacientes predominantemente fóbicos. He trabajado exhaustivamente con ellos. Algunos de estos pacientes han termi- nado ya sus tratamientos y los resultados de esos tratamientos han sido para mí muy importantes como para poder reflexionar qué hice, cuánto hicimos con los pacientes en esos tratamientos , qué permitieron poner en marcha procesos muy ricos. Algunos de esos pacientes fóbicos están actualmente en tratamiento conmigo

y estoy constantemente tratando de indagar cuántos y cuáles son los problemas para el abordaje especial de esa estructura.

Desde luego no estoy sólo centrado en esta estructura , s ino que este plan de investigación que estoy t ratando de transmitirle s e s tá buscando la manera de sistematizar los elementos que h a c e n a l abordaje técnico de estructuras histéricas , estructuras obse s ivas, estructuras border l ine. patologías narcisistas. En un a segund a etapa, más adelante, tendremos que abordar con la misma línea las estructuras perversas, psicóticas y psicosomáticas , que tambi é n suponen numerosos problemas técnicos diferenciales. Además, con un equipo amplio de colaboradores estamos tra- bajando en otros numerosos casos, a los que sigo de cerca en supervisiones, en ateneos clínicos, en grupos de trab a jo , y la muestra de pacientes fóbicos con la que puedo ampliar es t as generalizaciones está en este momento en c incuenta paciente s . Es desde esta experiencia de cincuenta pacientes que les voy a ir transmitiendo los puntos que más pueden interesamos para los fines de esta comunicación . Me parece posible pensar el proceso terapéutico que se desen- vuelve con pacientes fóbicos como el despliegue progresiv o de varias fases; cada fase presenta ciertas tareas como posibles y

necesarias con cierto grado de prioridad, pone enjuego

intensidad, ciertos con t 1ictos y activa correlativamente problemá- ticas transferenciales particulares. Para formular un primer panorama general paso a plante a r a continuación las fases en el orden de sucesi ón en que el proce s o suele desplegarlas. ' La sucesión de e s as fases s e me pre s enta co mo el despliegue de un sistema telescópico. Cada fase eme r g e de la precedente, a la cual no suprime . Las tareas se v a n enc ade n a ndo , se van agregando , se superponen ; ansiedades y con f licto s d e l comienzo mantienen su vigencia pero va variando su in ten s id ad, la frecuencia y el sentido , en función de t area s de fa s es sigu ien tes.

con m a yor

l. Primero menciono est a s fa ses en términos globales y d es pué s trato de entrar en detalles. Se me pre s enta una primera f ase de trabajo que es la fase de creación del víncu l o terapéu t ico , es de c ir la fase de especificar condiciones de contrato , objetivos, e n c u a dr e, para la puesta en marcha del proceso. Para todas esta s t a r e a s l o s pacientes fó bi cos pl an tean condi ci ones especi ale s al m os t rar d es de el comienzo una gran ambivalen c ia con respecto a acep tar un

contrato, compr o meter ci erta dura c ión del proceso y c ierta fre- cue ncia de sesiones. El pr o blema e s muy a mplio para esta primera

fase del trabajo . El problema es que el pacien t e y el terapeuta par t en de sde ópticas muy diferentes acerca de 10 que es necesario y de 10

q ue es po s ible, y desde e s as diferentes ópticas esta fase inicial

r e quiere trabajar hasta elaborar delicadamente zonas de tran-

s ac c ión entre 10 que es posible y lo que es necesario, zonas en las que tendrán que estar en juego todas las divergencias de ópticas

iniciales y desde las

comenzar a ser objeto de un trabajo compartido.

cu a les los puntos de desacuerdo puedan

2 . La segunda fase del proceso se me presenta como la fase de

relevar detalladamente

la situación de interacción donde el pacien-

t e f ó bico está incluido, y en las que relata vivir habitualmente con emergencia de ansiedades. En ese relevamiento se trata de realizar progresivamente un reconocimiento de pautas vinculares, las

del carácter. al estilo de

comunicación . El trabajo en esta segunda fase del proceso es abordar la problemática del paciente a través de situaciones de interacción . Esta parece ser una vía singularmente accesible para el trabajo del paciente. dado que las defensas disociativas y proyectivas de las fobias, tienden a configurar un espacio intermedio en el cual 10 interno y lo externo están constantemente en relaciones ambiguas. La ambigüedad de ese espacio aparece en las fobias como una condici ó n de tolerancia para aproximarse y contactar con sus propias pautas . Diría que en una etapa inicial del proceso es probable que para

pautas que hacen a esta organización

e

l paci e nte Ióbico sea más tolerable hablar de su relación con los

o

t ros y hablar de los otros, pero en ese hablar de los otros no están

en juego sólo los elementos disociativos y proycctivos . Además creo que es el camino que un paciente I ó b i co tiene para empezar a incorporar modelos que después le servirán para pensarse él . . En muchas situaciones en sesión el paciente I ó bico sigue bien

1;.l Idea de lo que le estará pasando a tal persona de su entorno y la

s igue con interés y puede ir i ncorporando allí todo un aprendizaje acer c a de vínculos y mecanismos intcmos, pero está diciendo con

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ese modo de a proximac ión : " Todavía no me a nimo a pen sar qu e todo eso también me pasa a m í". En esa fa s e yo no tengo apuro por conv e ncerlo de que t od o eso

también le pasa a él . cr e o que tendr á que s er el pa ciente el qu e

l l eg u e en un momento dado de su proce s o de maduraci ó n

int e r esarse por saber si eso también l e pas a a él. El trabajo so br e est as situaciones de intera c ción permite esbo za r mod os de co -

ne xión entre dinamismos del paciente y pautas y estilo s de otros. para él significativos. Creo que en esta fase nue s tro trabajo se realiza en un a zon a de

e n trecruzamiento. entrecruzamiento entre unaópticade psicología grupal y una óptica de psicología individual. de mecanismos in trapsíquicos. Es en esta intersecc i ón donde creo que el paciente I ó bico puede instalar con nosotros una relación de trabajo que puede ir avan- zando .

a

3. Hablo de una tercera fase del proceso cuando se ha logrado ir creando progresivamente. ir delimitando un espacio interno com o reconocimiento de una realidad psíquica individual. Ese es un largo proceso . Cuando hablo de progresiv a deli mit a -

c i ón, quiero destacar que nosotros. por nuestra formación , por nuestro oficio. concebimos ya (y no nos ha sido muy f ácil

asumirla), la noción de una realidad psíquica individual ; el pacien -

t e Ióbico no la tiene y iampoco está e n condic iones de asumirla, por

lo tanto tiene que llegar a aprchcndcrla y. fundamentalmente . a tolerarla. Esa realidad p s íqui c a es una de las zonas peli grosas, amenazantes. del universo fóbico , La cuestión estriba , en l a segunda fase, para llegar a l a tercer a , en ir aproximando al p ac ient e, en ir construyendo condiciones p a ra a c eptar y reconocer esa zona

temida que es la de su psiquismo. En esa progresiva delimitación tom ando i nt ens idad la posi bi Iidad de

de ese e s pacio in t erno v a investigar el uni ver s o descarne

del paciente . 10 que podemo s llam a r contlicto s pr o fundos. Esa puede ser una etapa de elaboraci o ne s profund as en cuanto a la manera de plantears e l o s c onflictos. que antes e r an planteado s más en términos interacci o nalcs . C i erto s conflictos b ásicos en

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té rm inos de progresi6n-regresi6n y sus correlatos pr o fundos com o

con fli ctos de identi fi cac i ones y con f l i ctos en las posiciones d e l Edipo (en r e laci ó n con c a s tr ac i ó n y posiciones f á licas) se hace n

trabajabl c s en esta tercera etapa.

En esta etapa es posible profundizar sobre las funciones de lo s objetos fobígenos y de los objetos protectores en la estructur a propia de ese paciente. Esta e laboración permite entrar a discriminar fantasmas d e

castraci ó n y las experiencias

y que parecen " realizarlos".

actuales que evocan a esos fantasm a s

4 . Hay una cuarta etapa en esta visi ó n del proceso (que desd e

luego admite también otras puntuaciones de etapas) . Yo ubico esta etapa como aquella en la cual, como resultado d e todo ese proceso de trabajo profundo, emerge la angustia en e l paciente fóbico con una intensid a d y con una calidad nueva s . Porque la angustia emerge a partir de un proceso en el que e l paciente ha ido debilitando sus defensas . Esto en función de que h a ido aprendiendo algo fundamental: q u e sus defensas fóbic a s estaban in s taladas para defenderlo de amenazas de castración, per o

en la práct ica y todos los días de su vida, sus defensas fóbicas era n

la ejecución de sus verdaderas castraciones.

En el momento en que ese paciente ha podido interiorizar c o n suficiente insight esta perspectiva , en ese momento el pacien t e asume que sus defensas son sus enemigas , que las defensas qu e parecieran protegerlo, en realidad son las maneras de funcion a r que lo condenan . En ese momento la emergencia de la angustia es muy fuert e , pero es el momento en el cual el paciente está en condiciones d e empezar a adquirir pautas distintas de funcionamiento y a despren - derse de s u s viejas pautas defensivas, disociativas yevitativa s. En e s a etapa creo que s e abre la posibilidad de que el pacien t e vaya aceptando que s ólo con cierta s experiencia s d e despren di - miento (que empie z an por e s e desprendimiento de las prop ia s pautas defen s ivas), s ólo con esas experiencias de castración e s posible emp ezar a hacerse cargo , a adquirir efect ivas potencialid a - des, efectiva s potencialidades con v a lor evolutivo.

Si e sto avanza en esa dirección y se con s olida , es po s ible i ni c iar un tr abajo de terminación.

5. E ste trabajo de terminaci ó n de t ratamiento r e plantea y re a ctiva todos l os conflictos de todas las f a ses que mencioné y d a lug a r a nueva s síntesis , da lugar a nuevas reconstruc ciones . Ese trabajo estar á d estinado seguramente a continuar el curso de un autoanális is intenn i nable.

Ant es de ahondar en cada una de estas fases quisiera volver a la idea g e neral de la conferencia, la idea general que se ejemplifica s610 a través de esta problemátic a fóbica y su tra t a miento . Qui s ier a .

~an re~oas~

P e n nitamos en nuestra tarea que cada estructur a de per s on a l i -

dad n os revele cuáles son sus caminos, los cam inos para un proceso de e l a b oraci ó n y reestructuración profunda de sí misma . No le impongamos al paciente la violencia , no sólo la violencia

de inte rpretación, como lo acentuaba un texto de Piera Aulagnier, sino la violencia de los prejuicios técnicos acerca de lo que supuestamente de modo universal tiene que ayudar a un paciente y de lo q u e supuestamente también , de modo univers a l, no puede

" ayud a r lo" en su proceso. Per mi tamos que cada estructura, que cada pa c iente en consecuen- cia, n os enseñe a ayudar/o. Intentemos abrir una amplia investig a - ción e n ese punto todas los días , con cada pacient e, acerca de c uá l es la m anera en que podremos ayudarlo, que seguramente no es una maner a u niversal ya reglada y f ijada pornadie . Freud mismo esta- ba viend o este problema en 1910 y en 1918, con mucha claridad . De s d e ese ángulo yo creo que es interesante investigar qué factor es, cuántas razones y de qué tipos , han llevado a muchos grup os de trabajo profesional , reiteradamente , a suponer que había que c o n stituir una técnica única para todo t ipo de trastornos.

"

L a técnica " , una especie de configuración mit ica, que de fini-

ría id ealmente las terapias correctas y las incorrec t as .

D igo un mito referido a una técnica fija y universalizable ,

porqu e en la práctica mucho s de los autores que pretenden s u s ten- tar "l a técnica" en singular, con sus pacientes no pueden s os t ener- la, y eso creo que por un feliz respeto al sentido de realidad.

Creo que la fantasía de que co n stituyendo una técnica única se

f undaría un trab a jo c lí nico riguroso, esa fantasía, hoy, no se sos tiene .

Creo que hay suficientes elementos para pensar todo lo contra- rio estrictamente y es que " la técni c a" así llamada, en singular , no

g uarda ri g ur o sa rela c ión con ninguno de los p roblemas clínicos planteado s por la diver s idad de estructuras psicopatológ i cas. Creo que en es e sentido las aparien c ias engañan y que si supone que una t é cnica. por ser planteada como una y muy pautada, es

ri g ur osa. e s o e s sólo una apar i en c ia de rigor. Yo creo que el rigor

estriba en inve s tigar la diversidad de condiciones clíni c as en las cuale s nuest ro trabajo se pueda hacer eficaz y que e l rigor está en inst rumentar al servi c io d e l proceso todos l os recursos q u e esa estructura permita y admita.

Esta apertura que estoy planteando, este cuestionamiento to t a l

de l a idea de una técnica f i ja y uni v ersa l ¿sig ni fica entonces que todo vale ? ¿que hay lugar para una especie de espontanei d ad

caótica? Todo lo contrario . Creo q u e nos c om pro m e t e

a i n vest igar

m u chísimo más. seriamente. las co n dic ion es de em pl eo de c ad a

ins t rumento técnico en cada momento d e cada p roceso y e n ca d a sesión.

Para poder seguir hablando de los pro bl emas cj c mpliflcados en el caso de la estructura I ó bica voy a ir hacie n do refere n cia a aspectos psicoparol ó gi c o s y a sus problemas técnicos. No voy

a hacer una exposic i ón psi c opatol ó gica g l obal de la estr u ct u ra fóbica porque eso me insumiría todo el tiempo de la conferencia . Supongo en los colegas un conocimiento general de los psi - codinamismos de la estructura fóbica. Y además remito a los

c olega s para el cono c imiento de esa visión psicodinámica global

a numerosos trabajos de psi c opatología, de autores que a mí me

han pcrrn i t ido e sc lare c er m uchos aspectos de e s t a est ructura. Di ría que tal vez debamos tomar como trabajo Iundantc el historial

c líni c o de Frcud s obre el caso J u anito:

niño de cinco años ". Luego quiero mcncionarlc s trabajos de orientación klciniana , como los de Harina Segal s obre las ansiedades persecutorias y los mecanismos disociativo s y proyectivo s en las Ioblas: trabajos argentinos como los de David Libenna n sobre psicodinamismos

Análisis de la fobia de un

4X

e n las fobias y sus correlativos aspectos comunica c ionale s ; los

tr abajos de Mom .sobre aspectos caracterológicos en las fobias ,

esp ecialmente en lo referido a las regulaciones de las distancias en

l os vínculo s y en la relación transferencial y los trabajos de la

or ientación

el h istorial clínico de Freud , que transcribió Pontalis y que f ue

pub l i cado en l a Revista lmago de Buenos Aires: "Las rela cion es de

o bjeto y la s estructuras freudianas " . Creo que es un trabajo que

p emlite profundizar ricamente los problemas edípicos en las

f o

r

c s tructurali s ta, en particular el trabajo de Lacan sobre

b ias y su Iantasmática, que el historial c líni c o de Frcud e staba

e v elando con una notable sagacidad.

E n la primera fase del vínculo, en la fase de constitución de la

re lación terapéutica. ¿qué problemas se nos plantean? AlIímencio-

n é ya varios. quiero cspccificarlos. Nos encon t ramos con un paciente que como resultado de todo

un p roceso edípico intensamente conl1ictivo con ambas figura s

p arentalcs. se encuentra tanto con amenazas de encierro (que

remit en a a n siedades claustrofóbicas), como con amena z as de

ab andono (que r emi t en a ansiedades agorafóbicas) .

Todo ese mundo conflictivo

se nos instala en la relación

tcra p é u t ica desde la primera consulta y nosotros somos. desde e se

m omento. tanto objetos protectores como objetos peligrosos. Todo ese cont1icto toma en el paciente la form a de una ambig ü edad de comienzo , una ambigüedad con respecto a con- ciencia de enfermedad ya di s posición y condiciones para tratarse . Es un pa c iente que viene "pero no sabe si se podrá quedar ". no sabe s i tendr á horarios dispon i bles , o c ondi c iones económica s adecuada s y ademá s " no sabe si se t i ene que tratar" porque " a lo mejor la solu c i ó n está cn otra parte " . Todo e s e e s e l comien z o d e una rela c i ó n difí c il. Me pare c e que frente a e s ta ambigüedad inic ial e s importantc que el terapeuta pueda espc c i Iicar cie r to s elemento s que juegan en el interior de esa ambigüedad , que son los elemento s de una ambiv a len c i a transf c rcn c ial. Pero posiblemente sea importante actuarno prc s io - nando ninguno de lo s polos de esa ambivalcncia. El paciente fóbico tiende a manejar sus conflictos de un modo proyectívo delegando alguno dc los t é rmino s del c onl1icto en el otro. No es

49

conveniente que el terapeuta asuma enfáticamente que el pacien t e

"

debe " tratarse. Creo que lo que el terapeuta tiene que devolv er

s

on ambos términos de esa polaridad conflictiva inicial de mod o

que el paciente pueda ir haciéndose cargo de que eso es él, ese querer tratarse y ese no querer tratarse también. El problema es que de entrada necesitamos, el terapeuta nec e- sita, dado que este tipo de paciente necesita, contar con márgene s de movimientos para establecer un contrato que tenga flexibil i- dad, es decir hay que tener una ubicación, una actitud flexible par a crear las condiciones de cont r ato sobre cuya base se pueda pone r en marcha este proceso. Y muchos procesos fracasan porque d e

entrada no hay flexibilidad en el contrato. ¿Qué problemas de contrato nos plantea el paciente? Un o referido a la frecuencia de las sesiones con las que vaa trabaja r. Otro referido a qué tiempo se compromete a trabajar con noso - tros. Otro referido a cómo va atrabajar con nosotros: ¿mirándono s a la cara, dialogando, en un encuadre de diván, de silencio ana- ~

lítico? Ahí ya están planteados muchos problemas de comienz o . Desde la experiencia clínica que les mencioné con ese grupo d e pacientes no es frecuente que un paciente fóbico pueda tolerar m ás de dos sesiones semanales, es raro, me parece casi asombroso cuando puede hacerlo. Más aún, el hecho de q u e acepte tre s

sesiones semanales tampoco muestra que puede trabajar en esa . frecuencia . Suele darse que si el paciente acepta una frecuenc ia mayorde dos reuniones semanales, falta a una, o el material de esa

tercera sesión resulta tan intensamente bloqueado

casi en el equivalente de una ausencia. Digo "casi el equivalente " porque indudablemente no será lo mismo

Pero en este sentido lo que destaco es que la intensidad de l a terapia que se pone en marcha no es sinónimo de eficacia, no siempre esos términos van parejos. La pregunta es: ¿es posible trabajar un proceso de reestructura- ción profunda de la personalidad de un paciente fóbico con un a frecuencia de dos sesiones semanales? La respuesta es sí, yo no tengo dudas de que con esa frecuencia de trabajo es posible llevar adelante un proceso muy rico en desarrollos. Requiere desde ya, por muchos lados, mucha paciencia. Ya

que se trasform a

50

aJIlos a ir viendo por cuántos lados tenemos que ser pacien t es con

;1pacien te fóbico.

. Con r especto al tiempo de duración del tratamiento: el paciente

llega pl anteando que no sabe si se va a quedar, en realidad es muy probable que se asome al tratamiento a ver de qué se trata, a verle

car a a un terapeuta y plahtee de entrada que a lo mejor podría ser

que se que de dos o tres meses si lo aguanta, o seis meses si es muy audaz . Y nosotros no tenemos probablemente otra alternativa que

trabajar c on ese tiempo incierto, empezar a trabajar con la idea de que no sabemos hasta cuándo vamos a trabajar. Es p osible que el paciente plantee, o que el terapeuta proponga un lap s o de prueba, a partir del cual se haga posible hacer un balanc e, evaluar el proceso desarrollado hasta ese momento y desde a llí ir estableciendo recontratos .

la

Y o he trabajado con varios pacientes fóbicos sucesivos lapsos

de pru e b a cortos, efectuando balances al terminar cada período de prueba , hasta que en algunos momentos el avance del proceso permi ti ó contratar otro tiempo diferente, un tiempo sin límites. Po rotro lado, el trabajo frente a frente . Con la mayor frecuencia los p acientes fóbicos no están dispuestos a acostarse en un diván,

y a l a v ez están dispuestos a aceptar una tarea que se propone ser pro f und a.

¿Es posible, frente a frente, en las

condic i o nes de diálogo que crea el encuadre de trabajo frente a

fren t e , desarrollar un trabajo profundo y técnicamente riguroso?

El interrogante aquí es:

M i respuesta es sí, es posible desarrollar ese trabajo en condicio-

nes t écnicas serias. Esas son las condiciones que el paciente admite por q u e no puede otras . Porque en otras condiciones, la intensidad

de s u s bloqueos, tal vez se haga muy evidente

psico patológicos pero muy estéril, lentificadora o esterilizante para los aprendizajes que queremos instalar en cada proceso

en términos

terap éutico.

P or eso les decía que el encuadre de trabajo tendrá que ser la

z o n a de transacción entre lo que creemos necesario y lo que parece

po s i ble.

E sas zonas de transacción se irán convirtiendo, en el proceso ,

en zonas de acuerdos que tendrán una base en común posiblemente cre c i ente.

-

51

Con respecto a esa segunda fase que yo llamo de relevamiento de situaciones de intcracción. el paciente plantea de entrada una gran ambigüedad entre un adentro y un afuera. entre el adentro que sería lo propio del paciente y un afuera que parece localizarse en los otros, en la circunstancia, en el contexto, en el grupo familiar. En ese material ambiguo que el paciente trae, él y los otros están íntimamente mezclados, confundidos. Es muy difícil discernir dónde se ubica cada uno, hay como un magma inicial. Winnicott hablaba en sus trabajos de espacios transicionales, zonas intermediarias, donde lo externo y lo interno del individuo no se delimitan sino que se confunden. Me parece posible pensar que el paciente Ióbico está enclavado en esa zona y habla desde y por esa zona transicional. Lo que llamo relevamiento de situaciones de interacción es entonces ir recibiendo todo ese material e ir pensándolo de manera simultánea como un material que alude a un grupo y alude también a ese individuo. Desde ese material confuso tendremos que entrar en un largo trabajo de discriminaciones. Lo que destaco entonces es que ese material no es trabajablc de modo directo como intrapsíquico. Creo que si ese material fuera abordado de modo directo como intrapsfquico (y por cierto que las teorías psicopatológicas más desarrolladas insisten de modo pre- dominante en categorías irurapsíquicas de mecanismos y produc- tos). posiblemente las intervenciones en términos imrapsíquicos violentarían y forzarían las condiciones de ese espacio intermedio en el cual está depositando el paciente su vida psíquica. La tarea va enfrentando en esta etapa otras disociaciones bási- cas: la disociación entre adentro y afuera de la sesión; ladisociación entre adentro y afuera de la relación con el terapeuta; la disocia- ción entre lo que es mani Iícsto y es latente en el material : es decir, el paciente acepta que hablemos de 10 manifiesto pero no se conecta bien cuando aludimos a lo latente. La disociación entre un tema yotros temas asociablcs. El paciente suele ir corno dosificando las zonas de investigación y cada sesión puede estar programada como para tratar un tema, un aspecto de su psiquixmo, pero no tolera bien que asociemos eso con otros temas. de modo tal que si hablamos de ese tema se siente más o menos cómodo y acornpa-

nado pero se dcscoloca y se distancia si proponemos que él hable también de otros temas. Frente a estas disociaciones básicas creo que el terapeuta necesita por un lado tener un margen amplio de tolerancia para con tales disociaciones, En esta etapa de trabajo no es posible forzar integraciones; creo que eso sería forzar reintroyecciones masivas. Se presenta una posibilidad de trabajo que a mí con varios pacientes me ha resultado útil. Es la posibilidad de que el paciente

Ole vea a mí ligar los elementos disociados. Pero yo lo hago como para mí. no para que él pueda ya seguirmc, pero sí para que él pueda mirar cómo yo ligo, cómo yo asocio, cómo yo traigo otros temas,

e intento relacionarlos. El terapeuta, un paso más adelante que el paciente, lo guía como modelo. La imagen que tengo ahora es que se trata de mostrarlc a alguien

cómo se teje en un telar pero no pedirle a él que teja, sino que él

trata de ir juntando las hebras del

mire cómo el otro, que es tejedor,

material que él trae fragmentado y disociado. En ese sentido yo acepto un trabajo activo de mi parte en muchos momentos de esa

etapa. Activo, en el sentido de que yo soy el tejedor, acepto cierta pasividad del paciente en el sentido de que él me mira hacer; no estoy para nada violentado pensando que estamos invirtiendo los papeles de un modo inadecuado. Ya vendrá la etapa en que el paciente crecerá, y él será activo

y yo lo miraré tejer. \

bien planteado en los

En el paciente funciona, y esto está

trabajos de Mom, una organización de carácter que tiende a

establecer la homeostasis sobre la base de una tendencia a anular

y recrear permanentemente distancias, límites y espacios, espacios

de tiempo y espacios geográficos. En todos los casos hay tendencias a establecer ciertas rcgulacio- nesque permitan lnstalarsc en una especie de distancia óptima que, por otra parte, nunca es estable. El paciente está buscando esas regu laciones a través de la ambigüedad, de oscilaciones en el grado de compromiso con sus temas, a través de cortes, es decir de bloqueos, de silencios, de olvidos y de pronto estableciendo especies de reconexiones bruscas, compensatorias de los momen- tos d~ corte y anulación de la tarea.

En estas regulaciones funciona (me parece posible pensarlo a partir de la experiencia con estos pacientes) una serie de regulacio- nes automáticas de las distancias, de los tiempos, del contacto en el vínculo. Me parece posible entender que el paciente tiende automáticamente, e inconscientemente, a regular especies de ecuaciones, de las cuales hasta aquí he formu l ado tres. Ecuaciones con las que creo posible entender movimientos en sesión, y entre sesiones, y en el mes y a lo largo del año. Una ecuación es la que, me parece, establece que el monto del contacto y de la comunicación del paciente consigo mismo y conmigo, multiplicado por el tiempo de ese contacto, tiene que

ex trayendo del material clínico, y que estaría destinado a neutra-

li zar los desequilibrios en el mantenimiento de esas ecuaciones

qu e acabo de mencionar. Desequilibrios porque siempre el control

de l tiempo de contacto y el control de la distancia fallan , por algún

la do se exceden, o se quedan cortos. Hay una tercera regulación que creo que funciona sobre esta

ba se: que la intensidad del contacto y de la comunicación por el

re conocimiento de ese contacto que se ha establecido tengan que

m antener un producto constante. Esto significa que si el paciente está trabajando intensamente en una sesión luego su regulación

ho meostática estribe en que desconoce el haber trabajado intensa-

producir una constante. Esto quiere decir clínicamente

que, si el

m

ente en esa sesión. Y si hubo un material de sueños muy rico ,

paciente está en un momento de intenso contacto con cierta

lu

su

d

ego el paciente pueda olvidar el sueño como una manera de que

problemática que él reconoce como propia, es posible que ese

s contactos con esa realidad psíquica vayan siendo regulados en

tiempo tenga que ser breve; es posible que si el paciente está a distancia, está más lejos de su problemática y de nosotros, enton-

istancias óptimas . Esta noción de "distancia óptima " que acentúan los trabajos de

M

om, creo que es una noción clínicamente muy interesante ,

ces ese tiempo, en ese nivel de contacto, puede sermás prolongado. Esta ecuación indica que si una sesión fue muy intensa, encontra- mos nuevos materiales, y el paciente se conectó mejor con él y

conmigo, la sesión siguiente deba estar marcada por la ausencia o el bloqueo.

por que lo que muestra es que el paciente está siempre de viaje, en un estado dé movilización constante. ¿Qué necesitamos hacer con estos movimientos, con estas

r

egulaciones?

 

D

iría que en primer lugar poder tolerarlas, porque el margen de

Hay una segunda regulación que creo funciona en base a una ecuación de este tipo: la intensidad del contacto y de la comunica-

ción del paciente consigo mismo y conmigo por la inversa de la distancia geográfica, esto es, la distancia física, tiene que mante-

an siedad que nos genera un paciente que está con nosotros y no está con nosotros, que está con nosotros y no se sabe hasta cuándo va

estar con nosotros, que está trabajando y de pronto nos dice que

a

n

o r econoce haber trabajado, nos expone a constantes frustracio-

nerse como un producto constante. Esta regulación sobre la base de las distancias explica, por

ser intenso, cargado de expectativas. Se agregará un clima de

n

es, a constantes sentimientos de pérdida o amenazas de pérdida.

ejemplo, que el paciente se encuentre mejor con nosotros cuando está entre sesiones que en sesión, explica también que si estuvo separado de nosotros, el reencuentro al comenzar la sesión podrá

¿Qué más tenemos que hacer con estas regulaciones? Creo que tener siempre en cuenta el conjunto de esos movimien- to s. no detenemos de modo fragmentario en ninguna de las etapas de esos movimientos sino poder mostrar el encadenamiento de

choque, cierta perplejidad porque hay en ese reencuentro una

e

sos movimientos, sus secuencias, que hacen que si está cerca; está

cerca porque estuvo lejos y porque volverá aestar lejos y viceversa.

brusca modificación de las distancias. Esto explica también que, ante la posibilidad de un alejamiento

fóbico.

c

h

c

Por otro lado me parece im portante mostrar al paciente el efecto

como el de las vacaciones, el paciente, antes de irse, pueda

onfusional

que producen

estos sistemas

de regulación

producir mucho material y trabajar en sesión casi como si no fuera

omeostática. Estas maneras de funcionamiento basadas en tiempos, distan-

Hay un tercer modo de regulación que me parece factible ir

ias y reconocimientos. producen una duda constante acerca de

Mencionamos u na etapa de angustias de gran intensidad y qu e entrañan un estado cualitativamente n u evo: aquel en el que se desestructuran las defensas fóbicas tradicionales (disociacione s , evitaciones , confusiones) en función de que el crecimiento psíqu i- co del paciente lo impulsa a enfrentarse con s u s miedos. E s t e estado 10 confunde al paciente, quien llega a sesión cuestionand o el tratamiento ya "que nunca se sintió tan mal" . E l paciente deb e saber , el terapeuta tiene que ofrecerle la información que expliqu e que este estado no es un retroceso, no es un fracaso del proces o Sino efecto de su evolución, el producto conjugado de insight s , elaboraciones, avances cognitivos y creativos d el paciente que lo conducen a vivir experiencias inéditas, situaciones desconocid as, lo cualsupone abandonar la órbita de sus fantasmas de siem pre. L a tolerancia a esta angustia crece en la medida en que el pacient e pueda significarla como fortalecimiento de s u capacidad de en - frentar 10 temible. En esta etapa el paciente está cerca de d espre n derse de si tuacío- nes reg r esivas (etapas evolutivas no co n c luid a s como las q u e ha n dejado ciclos de estudios debiendo u n a mat e ri a, aferramiento a l a convivencia con los padres teniendo ya condic i ones y edad par a ensayar una vida independiente, como ejemplos m u y frec u entes en la clínica) . En tales circunstancias enfrentar l o s miedos requier e desprendimientos activos. Si el pacie n te no puede gene r ar e l impulso para producir estos desprendimientos alguien debe asu - mir, en este momento del proceso, el rol de "partero", esto e s , inducir al paciente a experimentar sus desp r endimientos. Much a s veces ese rollo juega alguien cercano al paciente, un amigo íntim o , un familiar que lo sigue en su evolución. En algún caso, a falta d e tales personajes, el terapeuta podrá ser el único integrante d el entorno que pueda actuar como impulsor de un movimien to (intervenciones sugestivo-directivas en el sentido de que e s e cambio ahora es esencial para su proceso). Sugerir y acompañ ar , impulsar y evaluar, se presentan como tareas fundamentales par a el avance de esta etapa. El paciente experimenta con esos desprendimientos (rendir su materia, ensayar una vida autónoma) sus temidas escenas d e castración: pérdidas, desprendimientos, mutilaciones, muchas vec e s representadas en sueños como desgarramientos de partes d el

cuerpo. S ólo puede ~vanzar en ~ste proceso en cuanto lo g:~ a . la vez ompr o b a r que aqui se va abriendo una etapa de adqUISICIOnes:

~ayorto lerancia a la ~nsiedad,

descon ocidos, capacidad para proyectar y realizar planes , capaci-

. El t r a b ajo de terminación también puede requenr del terapeuta un pap e l activo. En más de un tratamiento el paciente está ya en condi cio n es de proponerse una terminación, pero se cuida mucho (apegami ento regresivo) de serél quien lo mencione. El terapeuta ten d rá qu e interpretar ese silencio, pero en ocasiones no bastará con ello , tendrá que hacer propuestas concretas (formular fechas tentat i v as de terminación, luego evaluar y confirmar esas fechas, por ejem plo) . Ese trabajo de terminación , con las condiciones de esa interv ención activa en ciertos momentos c lave , podrá avanzar

dad de gozar de lo q~e v~ logran~o .

estados de sere~dad

hasta entonc~s

c o n nu ev o s saldos madurativos. Para c onclu ir este desarrollo quiero dejar una imagen que para

mí sinteti za e l sentido de este abordaje, la dirección más amplia qu e orien ta l as prop u estas de nuestra investigación:

U n escul to r modela distinto, es decir, usa distintos instrumen-

tos y di fe r e n tes ritmos según el material con el que trabaja.

aprender a ser sensibles escultores. Permi-

tamos qu e nuestro material pueda ir modelándose en el proceso

mismo d e enseñamos a modelado.

V eamo s si podemos

Bibliogr afía

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60

No. 6, "Fobi a s " ,

1978.

EL ABORDAJE CLINICO

D E LAS ESTRUCTURAS HISTERICAS*

1

. Modalidades de abordaje

c

onsideradas en un material clínico

En este relato me interesa com unicar una línea de investigación

clíni ca y teórica, psicopatol ó gica y técnica que desarrollo desde

ha ce varios años en el campo de las psicotcrapias. Esta línea indaga

la s modalidades de organización y las fuerzas inherentes a diferen-

t es zonas o subcstructuras de la personalidad que estudiamos y

tr atamos en cada caso, así como las relaciones entre esa persona-

l

idad y su medio . Diferencio entonces como zonas y subcstructuras

a

corrcJacionar e indagar de manera diferencial en cada abordaje

te

rapéutico, las siguientes : por una parte, en cuanto a aspectos

p

s i copato l ógicos del paciente, lo que llamaré estructura psicodi-

n

ámica profunda de esa personalidad; su organización caracte-

ro lóg i ca y su est ilo de comunicación. Por otra parte me interesa

di ferenciar en cada diagnóstico, en cada tratamiento y en cada

momento de cualquier sesión, entre componentes patológicos de esa personalidad y sus potenciales de salud, potenciales realizado-

r es, aclaptativos y creativos . Por otra parte me interesa investigar

l as relaciones entre los dinamismos

individuales de esa per-

* L a primera part e de e s te capítulo fu e present a da C Ol1l0 r e l a to c entral en 1 Congreso

sobr e P si c o t c rapias , B ~ f nos Aires . Univ e rsidad de Bclgmno ,

La se g unda parte es inédita.

18 de no v iembre de 1981.

61

sona li dad y lo que hace a dinamismos grupales en los que esa personal idad habitualmente vive sus conflictos. Cada un a de estas

s u be structuras presenta cualidades particulares. Supone p o r ello (y

esa es la hipótesis de trabajo con la que vengo investiga n do hace ya v a rios años), abordajes técnicos diferenciales propios pa ra cada

una de esas zonas y subestructuras en juego en el camp o clínico .

De la diversidad de zonas que relevo y que acabo de enu m erar , se

desprende una diversificación

de intervención indicadas en psicoterapias para cada una d e ellas. La dirección de las investigaciones clínicas que realizo, e n inter- cambio con un equipo amplio de colaboradores, apunta a mostrar

que esa diversidad de intervenciones técnicas debe adec u arse en

cada tratamiento a numerosas variables singulares. Al gu nas

de

esas variables singulares se definen en función de la e s t ructur a de personalidad predominante.

técnica en cuanto a las mo da lidades

Trataré de transmitir algunos de esos criterios apl i c ados pacientes con personalidad histérica predominante. El método global del estudio que vengo realizando con varios eq u ipos de trabajo es el siguiente: seleccionar determinado tipo de est ructura psicopatológica y estudiar una muestra amplia de pac ien tes que presentan esa estructura . Ese estudio supone : estudio g l o bal de historias clínicas, estudio del proceso terapéutico y e stud io mi- croscópico de material de sesiones . En el caso particular que quiero transmi ti rles , de investigaciones de pacientes con estruc tur a histé- rica predominante, trabajo con una muestra de 65 c aso s. Es a muestra se compone así: hay 23 pacientes con los que he tra bajado personalmente, en tratamientos de dura c ión variable , de est ructur a histérica predominante; fundamentalmente histéricos, 1 2 caso s seguidos exhaustivamente; combinaciones entre patolog ía histéri -

c a y otras patologías (especialmente histerofobias) en 9 c asos d e pacientes mujeres, que suman 21, y hay 2 casos de pa tología

histérica predominante en hombres . Otros casos en estu d i o son : 17 pacientes que hemos estudiado en 5 grupos anuales de e studio

(c onstituidos por 70 médicos y psicólogos integrant e s de lo s

niveles III y IV del Centro de Estudios en Psicoterapias) y o tros 25

c asos seguidos a lo largo de varios años de supervisione s cl ínicas.

Sistematizar los datos de esta investigación con 65 pac i e n tes me .

a

exigiría un largo trabajo de exposición; expondré muchos de es~s elem e n tos sistematizados en un trabajo sobre el proceso terapéuti- co en e structuras histéricas. He elegido otro camino que es tomar un ma terial clínico, un fragmento de una sesión y tratar de mos t r ar l es allí cómo aparecen los diferentes aspectos

psicop atológicos Yde potenciales de salud , individuales y grupales. Antes les vaya mencionar brevemente que la psicopatología con

la que investigo

minan teme n te, aunque no exclusivamente, psicoanalíticas. Para el

estudio d e las personalidades histéricas parto de los estudios clá s ico s de Freud sobre el tema, como son los Estudios sobre hist e ri a Y le doy importancia particular al historial de Freud del caso D o r a, An á lisisfragmentario de una histeria. Tengo en cuenta

lo s trab ajos de David Liberman , sobre el estilo de comunicación en

la " pe rsona demostrativa". Considero los estudios de Schapiro,

sobr e las modalidades de comunicación verbal en el estilo histéri-

estas estructuras responde a varias fuentes. Predo-

co , en u n libro que se llama Los estilos neuráticos. Le asigno

import a n cia para pensarlos aspectos caracteroló gicos de la histeria

a un tr a b ajo de un autor francés, Paul Racamier, que se llama

Histeria y teatro. Asimismo le doy importancia a ciertos trabajos de o r i e n tación estructuralista a partir de las investigaciones de

Lac a n , que permiten ahondar aspectos de la estructura psicod inámica profunda en la histeria (en particular un trabajo de Lacan q u e se llama Las formaciones del inconsciente donde se

pued e n ver aspectos muy interesantes de los desarrollos normal y

p a tol ógico del proceso edípico en la mujer). Por otra parte hay un

nú mero de la revista 1mago , edi tada en Buenos Aires, que contiene

algu nos trabajos de interés p a ra el tema que estudio (en este caso ,

hi s t erias) . Son los que hacen a un panel sobre histerias con vario s

par tic i pantes, los trabajos de Lucien Israel (sobre el goce en la estru ctura histérica) y un artículo de David Maldavsky (sobre las esc enas en la estructura hist é rica ). Todo esto de alguna manera

h ace a esa base de categorías psicopa t ol ó gicas con las que escucho el m aterial clínico que les vaya t ransmitir en seguida . El caso clínico que he seleccionado para transmitirles de la mu estra en estudio es el siguiente: se trata de Estela, una mujer de 56 años, que se ha separado hace 14 años de su primer marido y tien e dos hijos varones que en el momento de la consult a son

casados y tienen 30 y 28 años. Ella se casó hace tres años por segunda vez y en los años en que estuvo separada. antes de este

vivió una relación de mucho apego con los

hijos varones (sobre todo con el hijo menor) con quien realmente configuró en muchos aspectos una pareja edípica muy intensa. Esta mujer se trató durante tres años. antes de consulrarmc, con un enfoque clásico psicoanalítico. con una analista mujer y ella comenta que ese análisis le sirvió en algunos aspectos. aunque no le permitió cambiar su modo de ser predominante; es un modo de ser muy afectivo, muy dominante. sufriente y agresivo. como caracteriza a ciertas personalidades histéricas. Es dueña de un comercio de actividades inmobiliarias, donde tiene un notable éxito económico. Se maneja muy bien en las relaciones sociales. interpersonales y éste es un factor importante de orgullo para ella. ya que durante sus años de separación ese buen funcionamiento económico. social y comercial, le ha permitido sostenerse con eficacia. Es una mujer muy enérgica. vivaz, comunicativa y

expresa sus alegrías y sus sufrimientos con gran intensidad, con mucha exaltación. Vuelve a tratamiento con la sensación de que ya no puede seguir porque se lleva muy mal con los hijos. con las nueras y con el segundo marido; que las relaciones de agresión son constantes y ella se da cuenta de que tiene una parte importante de responsabilidad en eso. pero no puede cambiar. Está haciendo conmigo un tratamiento de psicoterapia frente a frente. de dos sesiones semanales y el momento critico que les quiero comentar

es el siguiente: es una sesión de día lunes y era muy frecuente que

segundo casamiento.

fecIUOSO.Y una hora después el jarrón no estaba mas.en su lugar había un tlorerito con tres jazmines. Le digo a Ernesto: 'Esta debe ser IU mujer, el jarrón con las flores desapareció. ¿A vos no te

pa

me di~e nada ; se va. al ~ato

r e ce una ral~a d~r~speto?' ?I no

vuelve y me dícc: SI. las saco Ana y a nu me parece muy bien,

porque vos .no qucrés ubicarte en qu~ estás de visita y la dueña de casa es ella. No le hablé más. la comida me cayó mal y por dentro estoy destrozada. ¡me acuerdo y lloro!" Este es el fragmento de sesión. el material clínico al que microscópicamcnrc se lo puede indagar desde varios ángulos. para pcnsar dívcrsos abordajes. Voy

a ir mencionando algunos de esos ángulos de comprensión del

material y sus diversos abordajcs. Hay un primer aspecto a pensar en este material que hace a lo que podemos llamar estructura

psicodinámka profunda en la histcrin. Esta estructura profunda en

la histeria es la manera en que inferimos que está constituida una

sltua ci á n cdipica infantil, que supone relaciones de conflicto muy intensas en el triángulo edípico. Esas situaciones de intensa conflictiva edípica en la histeria guardan relación con ciertas ident i flcacioncs dist ribuidas a lo largo de est e triángulo edí pico; lo más claramente estudiado como estructura profunda del Edipo en

la histeria muestra el juego de los conflictos entre una figura

idealizada del hombre. una figura idealizada de la mujer que está

en pareja con ese hombre y una figura denigrada de una tercera,

como mujer excluida de esa pareja. En esta historia, esta situación edípica se presentaba todo el tiempo y también está latente

expresada en esta anécdota, en esta

situación de conflicto

esta mujer llegara los días lunes con grandes

"dramas de fin de

intcrpcrsonal, donde ella lucha por afirmar su jarrón y la nuera

semana", que ocurrían en momentos en que se tenía que encontrar

lucha por afirmar el de ella. El hombre idealizado en este caso es

con sus dos hijos y las nueras; entonces para mí era ya esperable

el

hijo con el cual ella form ó una pareja durante muchos años, de

que la sesión del lunes ibaa tcncrun dramatismo muy. muy grande.

la

cual le cucst a 111 ucho desprenderse. Las angustias inherentes a

La paciente llega a sesión muy angustiada. deprimida, y llora con mucho desconsuelo. Comento el comienzo de la sesión en que me dice: "No aguanto más, mis hijos. especialmente el menor, me dejan de lado, me maltratan. yo me desvivo por complacerlos y siempre me pagan mal. Llego a la quinta de Ernesto (que es el hijo menor) temprano. Ellos no se habían levantado; entonces, ¡,qué

esa estructura profunda histérica giran alrededor de angustias de ~astración; podemos decir que la histeria expresa de maneras muy tnte.nsas el complejo de castración y que en ese sentido sus al?s~edades oscilan alrededor de una oposición fundamental entre VIvIr la castración o colocarse en una posición rálica omnipotente que la rescate de la experiencia y de las fantasías de castración.

hago?,junto flores, an110 un ramo precioso. enorme, y 10 pongo en

Frcn!e a esta angustia. la estructura profunda de la histeria estable-

un jarrón en el cent ro de la sala. Se levantan. los saludo. todo muy

cc

ci c r tus defensas típicas: la represión de la sexualidad y los

fen ó m e nos disociativos . En este caso diría que la represión sex u a l to m a la forma de invertir los afectos con relación al hijo; ella est á pe ndiente del hijo , vive atada libidinalmente a ese hijo, pero d e

a lguna manera da vuelta ese lazo, libidinal, incestuoso, de mo d o

que l? provoca, provoca agresión y allí donde había amor gen er a

a gresión , u~a de las formas de expresarse las sustituciones prop i a s

de la represi ó n sexual. El otro mecanismo de defensa típico , e l d e

las d i sociaciones , aparece también en este pasaje, porque e s t a

mujer tiene una historia de peleas

reiteradas peleas todas las semanas. Sin embargo, ella tie n ~

d i sociada esta historia, que no influye frente al impulso que tu v o

ese día de volver " a la carga" colocando sus flores en el centro d e la s al a . Es decir , disocia este impulso, ese deseo de entrar e n relaci6n conflictiva en ese triángulo edípico con el hijo y la nue r a

de todo s los episodios previos y además están disociados l os

el e mentos de amor y agresi6n de modo tal que está convencida d e

que lo que ella hacía al buscar ese ramo de flores era un a ct o de amor ; por eso no puede entender c6mo le han respondido c on

a

con el hijo y con la nue r a

gr e si6n.

.

L o que t i e n e t o t almente disociado es que esa conducta, adem á s

de implica r amor hacia el hijo , implica agresi6n hacia la pare ja.

E st os a s pec t o s de estructura psicodinámica profunda son tod o s

a spec t os a interpretar, aspectos que trabajaré en ésta y en otr a s

s e s iones , a lo largo de todo el proceso terapéutico, interpretando y bu s c a ndo vías de insight y de elaboraci6n.

H e mencionado otras zonas a considerar también en este ma te -

rial , po rqu e e st a s otr a s zonas de la paciente y del grupo requier e n

otras mane r as de abordaje que no son meramente la interpretaci6 n ,

e~ ins~g ht y l a el a boraci6n. Hablé entonces de aspectos de la org a- nización caracterol6gica. Esos aspectos hacen a lo que podem o s

ll amar el caráct e r histérico . Les vaya mencionar tres aspectos qu e

e st á n claros en este fragmento de sesi6n. Primero, el carácter hi s -

té ri c o

tiene tendencia a manejar situaciones

grupales de interacci ón

c

otidi a n a de modo de configurar escenas. Es decir, tiende a cre a r

e

scen as e n las cu a les un determinado grupo y la persona histéri c a

~ n c lui~a e n ese grupo , representan aspectos deladramáticaedípic a :

l~clu s I6n , exclu ~i6 n , ilusi6n , desilusi6n , idealizaci6n, denigr a- ción, L a t enden cia a c r ea r escenas es un rasgo de carácter histéric o .

66

El segund o aspecto caracterol6gico lo d e stacar í a c om o la posic ión centrada, la posici6n nar c isista histéri c a . En este episodio se e:: senta l a siguiente secuencia : en primer lugar h a y un y o narcisista P e en un papel activo inicia la puesta en juego d e un a esce n a

~~átic a. D igo jugando un papel activo , ya que e lla " v a a l f r ente" ,

a a l ataqu e . D espués pide explicaciones , también e n un r o l activ o,

V cerca d e l a desaparici6n del jarr6n, y pide toma s de po sici6 n , le pide a l hij o que defina quién estuvo mal ahí, si la nu era o ella. Cuando le responden "mal", cuando la desilusionan , en to n ces p asa

a la posi ci6n pasiva, herida. Este rol narcis i s t a ego ce n trado se desplaz a e n una de las contradicciones q~e Fr e ud, e~ 1~troducción

al narcisi smo, mostr6 para la problemática la oscil aci6n entre actividad y pasividad.

respond e n mal, eso es vivido pasivamente : " Fí jese c 6mo m e tratan , m i r e lo que me hacen sufrir, mire c6mo me devuelv en mal lo que yo ofrecí con todo amor". El tercer a specto d e c a rá c t e r histéric o q ue está en juego tam bién en este momento d e l m ater i a l ,

es la t e n dencia de la estructura histérica a pre s ionar l as s itua c i o n es de inter acci6n de modo de hacer hablar a todos un len g uaj e de afect o s . E l ramo de flores, ¿quién sac6 las f lores? C o n t o do e l signif ica d o afectivo que le otorga al hecho de que f u e ron saca d as de circu laci6n. ¿Qué opina el hijo de este acto ? Cond e n a de la nuera po rfaltade respeto. Condena y rechazo por par t e d el hijo, por no ocup ar ella el lugar que le corresponde. En todo esto e l la ha indu c i do, ha propuesto al grupo, " hablemos u n l enguaje de afe c- tos" , no hablemos solamente de las flores en prim a v e r a .

del n a rcis i s mo , qu e es Una vez que a e lla l e

H e m encionado otra zona de investigaci6n c l í ni ca en todos los

caso s q ue estudio . Es la zona del estilo de comuni caci6n , el estilo de comun icaci6n histérico presenta ciertos r as go s p ec u lia r es y voy

a

impr esi onista, se basa en vivencias , se bas a en se n sac i o n es: las flor es, u n hermoso ramo, un ramo que ha sido qu ita do d e lugar, un hijo q u e no escucha y que condena. E s encialm e n te e l i m p r esionismo

d e l re l ato, el estilo de e s ta comunicaci6n r e cha z a la po s ib i l idad de

e s t a bl ecer articulaciones y consideraciones re f l exivas d e tipo his t óri co (Por ejemplo: ¿qué viene pas a ndo e n l a l u c h a por el pod er, en este triángulo ? ¿qué ha pa s ad o otras v eces? E n éste y

m e n cionar aquí tres aspectos también. Prim e r o, es u n estilo

67

otros f í ne ,\) d ~ :s~n~alila~, n esta ql ! li nt ~. con d olcnú. c on lo s juegoS

y con orms 1~ai\llchos\Objetos de d;.sfH~Ja).Este retaro imprc$i,onista

Oln ite to da ·o0.msü1craCÍ6ij g'liU:pa~.en , el sentido d e qué le pasa a l os

otros , a ¡ fl · art , ede rechaz ar ía a elJa :a p aJ 1 C d e mal tr a t ar ía.

¿q u é

s

entirán los o t ros ? ¿ . q ué tes puc ct e . o c urri : r ? Eso está. omit i d o en el

r

el a to , ,omjfe la/ n i b ié n con s ideracionc s de ti po inS11.tuclonal o

c u l tural , co m o p or ejem p lo : s i e s ca nv enicn r e r esp cra r com n

o s í es fw ef e r ib1 . c que la s ueg r a

d ec l da cé m o decorar e l livin g. Ese . , i f lo de c on si d e r aci one s cultu .

ra l cs e stán tod a s o m itid a s . est á c omo naturallz a d o u n re l at o q u e

d ic e : "Yo 1~j . p us e tas í l o res y me la s sacar o n

e s t i lo de com u ni c a ci ó n hi s té r i c o e s tá e n fra g me nt a r el r e gi s t ro d e

nec e sari os p : amev .i: ; , ; . a r d a cont e c e r. P o r eje mpl o :

¿ . c ÓIn () prefieren d eco r a r e í sa~ón e l hijo yla Bu e ra? ¿Lo pref i e re n

los o bs erv a b les

" Otr o ;I S p cct o d e l

a r r eg ía ta c asa q e í en . e s la dueñ a

con f lor es .

I e s gu s t a a e ll os ? Eso es tá mnil jdo e n el rel a to. ¿Qué importanc ia

.l o pr e fiere n con pocas f l o res . con m u c has l l ores. c óm o

J e 4 : ~ , t o rga f'¡nel hijo y la n u era a ser ellos qu ie ne s d ec idan ar regla r ese dí ~ e s e es pa cio? E s o fJmbi,én es tá o m i tido. De a lguna man er a esa fr ag nlC I ltaci6n de l os datos o b s er v abl es para e va l uar l a sit ua -

c ión hace 1••m b ié n a u n a p re si ó n t ran s fercnci al . La paciente

cion a tos datos y l os or d e na d e u n modo qu e lo único q u e me que d a

a m í es rcc í bi r l os p ara " condena r l a Injusticia " L jUC le han he cho . Es una s cíc cci on y un ngrupam í emo parti c u l a r d e los obser vabl e s en jueg o de modo que la presi ó n tran s fcrcncial a p u nta a ver si m e

pongo del lado de e lla o del l a d o d e l hijo y de

a spe c to c oruunica c ional qu e est . á en ju e go . en e l csrilo histérico . e s

l a tend e n c ia a v ivir e moc i on es y a hacer vi v ir emo c i ones antes q ue

pensar s igniflca c ionc s: e l s u pue s to naturali s ta de este estilo d e

co munl c a cío n es que " é stos son los hechos" y que "los hech os

h ab la n p or sí s olos " : hubo un ramo qu e fue quiladn de lugary hub o

un a conde n a , ¿ Qué má s s e pued e pedir ? es decir. "la s emocion es

hablan

pr es i ó n que yo r ec ib o en el re lat o , a travé s del e stilo d e comuní c a eí on. Indudabl e mente est a manera de rela t ar apunt a

es una

selec -

la nu e ra. El ter ce r

y no h~IY stgníñcacíones que a c larar ni que ampliar" y é s t a

tamb i én a una í n tcn c i o nalidad en 1;1 interacción conm i go que e s l a

t e ndenci a a prov oc ar resonancia e mpanen : para pr o vocar

rcsona n-

6X

iaemp á ti ca e s nece s ario que s e hable un lenguaje de afe c tos y n o ~n pensam ien t o de significaciones.

C l íni c am ente quiero .dcstacarlcs que yo puedo abordar c u a l-

quiera d e est as zonas en primer lugar y de s pués las otras . E s probable qu e, como criterio c línic o ~e~eraI . se a útil c omen za r p o r

los obser vables. com e nzar

t ibles de d escripción en e s ta conducta de co mienz o de s esió n . E s

probabl e qu e yo empie~e tra~ajand~) s obr ~ e s t e último aspe c to :

cómo viene n l os mensajes , como vienen fragm e ntado s. Que yo coment e qu e sí , que e l la realmente e s t á viviendo una situación penosa . pe ro que h abría más elementos para evaluar. más elemen - tos para r eg i strar en esa situa c ión que está relatando. Es pro bable que yo s eñale la fra gmentación d e los mensajes para emp ezar a abordar este material. que y o i nterro g ue mu c h o. tratando d e enseñar l e a ella a pen sa r m ás a c er c a de lo que ocurrió allí . Po r e je m plo. "¿qué ante c edentes hay ? ¡ , qué ha ocurrido otras veces c on esta si t uación del arreglo de e s ta casa? ¡,ha habido otras p e l eas por situaciones similares. cuál fue el desenlace ? ". Toda esta in vest igación, he c ha de minuciosas indaga ciones. apun- taría a i r ay u dando a la pa c iente a integrar maneras de pen s ar. manera s d e percibir los hechos y de comuni c arlos . Es de c ir. en cierta m e di da esta interven c ión s obre el esti lo de comunic ac ión apunta a cierto adiestra mi ento CI/ UIl aprendiz aje del pens a r , pensami e nt o que en la estructura histérica e s tá sumamente inter - ferido e n general por las presiones impulsivas. fundamentalmente por la gran presión que ejerce el principio de placer instaurad o en conflictos cd í picos y que interfiere los proc e sos secundarios de pen s am ien t o . En s egundo lugar abordaría probablemente es o s aspectos caractc-rológicos que men c ion é a ntes . En c línica los aspecto s carac-tcrológicos de alguna manera s e abordan a travé s d e una pr e gu nta que es: ¿ Veamos cóm o e s usted ? No todavía qué le ocu r re a nive l profundo. ya llegaremos ahí. a la s ituac i ón cdípica y sus angustias. pero hay un nivel todav ía d es c r iptivo que a punta a cánu ¡ es u sted , v er si podemos obj e tiv ar su manera d e se r . "U sted es una p e r sona que l l ega y a ctivamente s e mete en la s ituación y y a se pu s o a hacer algo que de alguna manera c ompro metí a a lo s otros" . Es un modo de ser que en el uso popular s e dirí a es el de un a muje r "m e tida "; bueno . e n s e s ión habría que objctivar que " u s t e d

por des c ribir las p a rte s que son su sce p-

69

señora es metida, su estilo puede sus c itar muchas resp u esta

d es favorables porque usted

c?nsulta ~ ucho para v~r si los otros esperaban otra cosa de e se d ía ~

In Oque directamente mgresa en la situación y ya empieza a cr e a " S

una escena.

S

de entrada asume un pap el y n s

e trata entonces de entender cómo es ella y t amb ié n

r

c ó m~ ~se modo de serde ella afecta a los otros; porque la re s p u esta

del hIJO y la nuera no es sólo la resp u esta a ese ep i sodio del r a m o

de f lores , es la respuesta a una historia muy larga de situacion e s d e intromisión. Ese ser "entrometida", ese aspecto del carácter h i sté- rico, está generando una gran carga de conl1icto interpersona l , d e un modo que un elemento técnicamente importante (siguiend o la línea de explorar la zona del carácter histéri c o), consist e en producir confronta c iones, las confrontaciones que he visto tr ab a - jar muy bien, con mucha riqueza, sobre todo en los estudi os de

qu e

desarrolló Fritz Perls. En la corriente gestáltica, en la interven ci ón técnica de la confrontación, lo que se trata de confrontar es "có m o me veo yo, cómo me ven los otros , cómo me ve usted" . "Y bue n o, yo soy una persona bien intencionada q u e l o que quiero es que e l lo s estén bien. Lo que trato es que tengan flores en la casa y no s é p or qué me responden así " . Bueno, yo le vaya decir cómo la veo yo :

"Yo creo que usted en ese momento posiblemente no pensó en ellos, sino que se dio más lugar a sí misma ; tal vez usted se d ej a arrastrar por impulsos internos suyos y no se p r egunta cómo va a ser recibida su acción por los otros; yo diría que en ese sentido e s

u s ted imprudente " . Yo recuerdo que con esta paciente a vec e s

hacia intervenciones de este tipo y ella abría los ojos enormemen t e

porque e s taba ca s i a punto de ofenderse. Pero ella sabía que yo l o

d e cía con afecto, que yo , a pesar de su imprudencia , la quería. D e modo tal que al tenninarel tratamiento una de las cosas que me dij o fu e : "Mire, yo a usted le acepté cosas, le aguanté que me dijer a cosas que a nadie le aguanté jamá s". La tercera visión de est a

xploración que se llama confrontación de los rasgos de carácte r

e

e

s : ¿ Cómo la ven los otros? Y ahí l a pregunta es: " ¿Dígame , si su

hi j o y su nuera estuvieran aquí , qué me dirían a mí ? ¿Cómo me

c ontarían este episodio?". Eso nos permite entrar en una zona de

la técnic a que hace al role pla y in g , a la dramatiz a ción en lo imaginario , que e s un recurso técnico muy importante para este

interacción grupal, en especial en la corriente gestáltica

70

d explor ación del rasgo de carácter que es la confronta c ión . epong o a ella que imagine cómo contaría el hijo el epis odio pror y c ó m o 10 contaría la nuera. Si el estado emocion a l de ella

p u ede darse que no quiera ponerse para nada en el

~Olrdel hij o y de la nuera. En tal ca s o me dice que no sabe , ni le

~f:resa par a nada lo que dirían

de a~ey inten so,

.En ese caso evalúo , ~ ~gún el clima

. Olocional . s i puedo ser yo qutcn hable desde el hIJO y desde l a

e era. Entonces en un momento, si lo veo factible, le digo que a mi

aquí me diría: " Mir e, traba jé t oda

la semana , m e estuve rompiendo el alma y llega el domingo. M e dije, •fen ó m c n o, un día tranquilo, en la quinta , jugamos al vóley '

cae la vieja y pone un ramo de flores y arma un " E sta es la versión del hijo que yo imagino. Est e tipo

:.oe parece qu e si el hijo estuviera

y de pron to despelote

de confr ontación a través del role pla y ing nos permite apro x ima r-

nos a obje t i var su modo de ser, ya la vez intuir la sensibilidad d e los otro s para esos modos de ser del carácter histérico . De s pué s habrí a un momento en que trabajaremos o nos iremos a ce rcando a trabajar sobre esos aspectos de la estructura profunda que men c io-

né en pr imer término. Habrá que hablar de ese triángulo, habrá que

habl a r de las posiciones de idealización y denigra c ión que ella

intern a m ente

parej a. Esto da lugar a toda

estru cturas profundas. Lo que diré es que e s tas inferen c ias s obr e

las e s tru ct u ras inconscientes del Edipo en la histeria van toma ndo

form as diferentes a lo largo del proceso terapéutico.

del proceso toma formas distint a s . Yo diría que en lo s comien zos

del tratamiento

hab er conflicto a nivel profundo . A medida que el proce s o terapéu-

tic o avanza . s eguramen t e interpretac i ones que a l co mie n zo e ra n

vive, según se sienta incluida o excluida de esa

una línea interpretativa sobre las

En cada f a s e

son primeras aproximaciones , alusiones a que d e be

e

s b ozos, anuncios, conjeturas , podrán ir teniendo una base may o r

d

e sustentación; se afirmarán con un poco más de fu e r z a ( a unqu e

e n tendiendo que tod a interpret a ción s er á sie mpre c o njetur al, se r á

si empre una hipótesis sobre inferibles). En etapas avan z ad as del

p

roceso e s probable que la interpretación s obre a s pectos pro f undo s

d

e la e s tructura hi s térica pued a provenir a v eces de l a mis m a

paciente. Eso indicaría que el proceso pudo a van z ar . Al g una s interpretaciones profundas es probable que l a pa c ient e l as pu e d a

hacerconmigo y algunas antes que yo también. A trav é s de a qu e lla

7 1

confrontación de los aspectos caracterológicos estamos exploran- do las relaciones entre ella y este grupo, las relaciones conl1ictivas entre el individuo y el grupo. Quiero dcstacarlcs, por último, aspectos de las relaciones entre lo enfermo de esta mujer (los aspectos psicopatológicos histéricos) y sus potenciales de salud. Me ha interesado mucho una rellexión de Sartre, dicha más de una vez por él. que dice lo siguiente: "Todo padecimiento humano lleva consigo. oculta, alguna empresa". Qué interesante reflexión para quienes pensamos más en términos de padecimientos, es decir, en términos de patología: "Todo padecimiento humano lleva consigo oculta. alguna empresa". ¿Cuál es la empresa de esta mujer? Porque hasta ahora hablamos de su padecimiento. de su lucha con los hijos. con el actual marido. del cual no pude hablar en este fragmento. pero con quien también tiene muchas situacio- nes de conflicto, muchas situaciones deagresión. La empresa de

esta mujer. por la cual ella también sostiene el esfuerzo de tratarse y sostiene el dolor del insight, es la búsqueda. el esfuerzo por llevar adelante ciertas tareas que le permitan una realización como persona. Y com o m ujcr ella est á buscando sanear de alguna manera relaciones intcrpcrsonalcs que están siempre invadidas por el conflicto histérico. las fantasías y las actuaciones histéricas. Pero ella está llevando adelante esta empresa dolorosa y costosa. porque está buscando la manera de realizarse como mujer. como madre o como suegra. En la búsqueda de esa empresa de realización, que hace a un proyecto personal. se encuentra con que su histeria le frustra permanentemente ese camino. Esto entonces hace a tener que planteamos en cada momento. en cada sesión. qué zonas de esta persona están hablando. si las de la histeria o las de la empresa que lucha por avanzar a pesar de la histeria. Yo quiero formular en términos aun más claros para que entendamos que al paciente no sólo hay que interpretarle y comprenderlo en sus aspectos neurót icos sino también en sus potenciales de salud, en especial los interjuegos entre aspectos neuróticos y potenciales de salud. Lo voy a precisar mejor tomando como punto de partida un pensamiento de Lacan.

Lacan dice en este t rabajo que

les mencioné. "Las formaciones del

inconsciente": la histeria gira alrededor de una pregunta "¿Qué es ser mujer?". "¡,En qué consiste ser mujer?". Yo a partir de esta reflexión sobre aspectos neuróticos y potenciales de salud siento

necesidad de reformular esta pregunta. Yo creo que desde la histeria. más precisamente en rérm inos clínicos. la pregunta sería:

"¿Cómo es posible ser mujer I á lica y evitar las angustias de la castración?". Frente a esa pregunta. que sería la pregunta de la estructura neurótica histérica ( " ¿Cómo es posible ser mujer

t á li ca y evitar las angustias de la castración?"). desde los potencia- les de salud la empresa de una mujeres siempre preguntarse "¿Qué es ser mujer?" (por ejemplo. entre tantas variantes de esa pregunta general: "¿En qué consiste ser madre?"). Todas las contradiccio- nes entre la existencia a que apunta esa empresa y la existencia ncurótica son las contradicciones entre dos tipos de preguntas. que se piensan distinto. se formulan distinto y buscan sus respuestas por distintos caminos, preguntas que chocan entre sí. que son incompatibles. porque ser mujer Iálica es una cosa. ser mujer (a secas) otra y no encajan. divcrgcn entre sí. De modo tal que en este

mismo punto lo que estoy formulando

Desde la tradición psicoanalítica la pregunta más fuertemente investigada es la de la histeria. la pregunta ncurótica ("¡,Cómo es posible ser mujer Iálica?"). Es más. desde una tradición existencial

(por eso cité a Sartre) se trata de entender qué es lo que esta persona trata de realizar en su vida. qué es lo que una persona está luchando por realizar en su vida. Entre esas dos preguntas. la de la neurosis

y la de la existencia. yo no elijo jerarquizar más una de ellas. La respuesta clínica que Iormulo es investigar el entrelazamiento

e ntr e ambos tipos de interrogantes, las contradicciones entre

ambos tipos de irucrrogantcs, interpretar las dos preguntas y

tamb ién los dos tipos de respuestas, las respuestas neuróticas y las

respuestas que hacen a un desarrollo evolutivo y creativo de esa persona a lo largo de su proceso terapéutico y de sus etapas vitales.

responde a dos tradiciones.

Lo que estoy tratando de mostrarlcs en esta comunicación es esencialmente una línea cle investigación clínica que. al considerar diversas zonas de objetos. de abordajcs, de instrumentos técnicos

y de modos de intervención (donde está el preguntar. donde está el

confrontar. el actuar en un tol e play i ng , y también está interpretar). en esta línea de investigación clínica apunto a superar ciertas disociaciones que en general vienen trayendo históricamente las posturas que responden a diferentes escuelas. Ciertas orientaciones psicoanalíticas nos han planteado que lo

esen c ial es investigar la estructura psicodin á mica profunda : el Edipo y sus transferencias. Desde esta línea psicopatológica d e

t radición psicoanalítica se ha planteado que el instrumento fund a -

mental es la interpretación de esas angustias profundas y de esa s

t ransferencias. En cierta corriente gest á ltica se ha planteado: lo esencial e s enfrentarlos modos de ser, enfrentar el carácter y la manera técnic a de abordar el carácter es a través de confrontar, es a través de hace r enfrentar al sujeto con su problemática. En ciertas orientaciones comunicacionales la postura dice : 1 0 esencial es tomar la distorsión de los mensajes y la intervenció n

técnica fundamental apunta a corregir las distorsiones en lo s mensajes. En algunas orientaciones existenciales se ha planteado: l o esencial es el proyecto y la intervención terapéutica fundamenta l apunta a reconocer el proyecto, la empresa de la persona. Esencialmente 10 que trato de dcmostrarles con este materia l clínico es que en esta orientación que estoy desarrollando l o esencial no está en ninguno de esos recortes; lo esencial está e n poder ver que ésas son diferentes dimensiones o aspectos del sujeto y de los grupos con los que vive y que lo esencial, desde el punto de vista de las tareas clínicas, está en poder integrar diferente s formas de abordaje técnico que hacen a estas diferentes zonas d e estudio. Lo que planteo es que en las posturas tradicionale s de alguna manera siempre flota una lógica de exclusiones. Lo qu e propongo como orientación es una postura teórica y técnica basad a eri una lógica de inclusiones y de articulaciones, es decir, d e integraciones.

proce sos. I~tent~ré d~scribir esos momentos incluyendo su com-

prens ión psicodinámica ,

.

1. Con stitución del vínculo terapéutico. Las estructuras histéricas que con curren a la consulta llegan a establecer un contrato terapéu- tico con relativa facilidad (si las comparamos con las dificultades qu e pr esentan los pacientes fóbicos y obsesivos para configurar esa etapa d e contrato). Sin embargo, esa facilitación no constituye siemp re una paralela capacidad de alianza terapéutica . La relación transf e r encial presenta las dificultades propias de una ambivalencia inten sa. La lucha porel poder inherente a la ilusión histérica de una po s i ción fálica, ya asumida como propia, ya proyectada al terapeu- ta y convertida en objeto de disputa, desarrolla sus vicisitudes alred e d or de los parámetros propios de un contrato (horarios, hon o r arios, cambios de horarios, vacaciones). La aspiración histé- rica a establecer como dominante un eje regido por el principio de

pl a c er lleva a esta estructura a resistir todas aquellas intervencio - nes qu e destaquen la vigencia de un principio de realidad (realidad

p s íqui ca, realidad de las interacciones grupales, realidad del otro

y del te r apeuta). En la medida en que tales intervenciones cuestio- nan s u p osición egocentrada, la respuesta histérica tiende a colocar

en cuestión el derecho a la continuidad en esa dirección de las interv enciones terapéuticas. En ese aspecto la constitución del víncu lo terapéutico se transforma en un campo de trabajo inter pretativo permanente, En el clásico historial de Dora,

la int errupción del tratamiento llevó a Freud a revisar numerosos

a s p ectos transferenciales que no había llegado a trabajar

exh austivamente. Esa lección nutre hasta hoy la experiencia de

II. Diferentes momentos en el proceso terapéutico

e

l aborar la am bivalencia histérica con el vínculo y con la tarea. No s pr opone un estado de alerta constante, una especial receptividad

de las estructuras histéricas

p

ara toda manifestación resistencial y transferencial.

 

2. En nuestro enfoque, puestos en marcha el contrato y el

Nuestra revisión clínica de procesos terapéuticos desenvueltos con

v

ínculo, el trabajo se centra en la exploración de situaciones

personalidades histéricas nos permite reconocer en ellos el des- pliegue de una sucesión de momentos o fases. propias de esto s

h

abituales de conflicto . Esta exploración comprende varias tareas ;

74

75

e l d es pli eg u e de e s a s t a reas da lugar , en esta etapa, a distintos

m o m e nt os. a) El r e lato hi s térico aporta referencias a una gran variedad de s ituaciones conl1ictivas. Las anécdotas se multiplican, se abren en un vasto abanico . La riqueza pcrccptiva y expresiva peculiar de la per s onalidad hi s térica le permite ejercer una presión convincente

acerca de la div e rsidad de confl ictos que debe enfrentar, subrayan - do su sorpresa ante esa diversidad, como encarnando una condena

a que " todas las experiencias de conllicto le estén de s tinadas" (con la pareja, con la familia , con amigos, con un grupo de trabajo , la

lista es inagotable) . La tarea consiste para el terapeuta en reconocer

y poder mostrar que hay c ierta unidad subya c ente a esa diversidad

de experiencias conflictivos. Ese trabajo de uni ílcación de sentido,

unificación de pautas de interacción, permitir á reconocer que hay una cierta monotonía oculta, un ciclo rígido de repeticiones, en las cuales UII tipo d e situacián de conflicto se manifiesta, una y otra

vez , con varia c i o n es: esa secuencia tipo comprende las fases de i l USiÓIl ,Irust ración, decepción, agresión, respuesta agresi va de los otros , depresión , nueva i l usión.

b ) El reconocimiento de tales situaciones repetitivas de conflic-

to pasa también por r e l ev arl os modos histéricos de comunicació n , percep c i o n e id e aci á n a los q u e al u dimos antes en el caso c l í ni co que inicia e s t e capítulo ( ap e lar a un lenguaje de afectos, exigir de los otros definiciones , recortar los datos de acuerdo con u n estilo impresio n ista de regis t ro, ordenar esos datos según las te n sio n es creadas a la organización narcisista histérica). Se tratará de com -

prenderen qué medida la interacción es afectada, así como cuántas

y cuáles de las resp u estas hostiles de los otros pueden ser reaccio- nes inconscientes frente a esas modalidades histéricas dedistorsión de la comunicació n. El registro yel señalamiento de estas moda- lidades en sesión operará como un material de especial fuerza ilustradora .

e ) El avance en la exploración de tales situaciones de conflicto

p e rmitir á ir creando una progresiva discriminacián entre los

" dat o s " de una det e rminad a situación ( los "hechos ", como pue-

den s e rio conductas

los mismos logran en la estructura histérica dada su particular fJ/(IJ/C}"(/ d e int e rpr e ta r eso s dato s. Aquí s e entra de lleno a

y mensajes de los otros), y la repercusión que

7 6

u est ionar esa actitud ingenua, " naturalista" , con \(1' que la. perso- nali dad hi s térica relata el acontecer y sus efectos emocionale s

(" p ero d í gamc , ante esa respues t a yo

c

no podía m~nos . qu~

" ,

. • ' (ll ! I é p u ede hacer uno cuando ' le muestran semejante dcsprc-

i y mire con qu me sa en . , '

" en mi lugaryo lo desafío a quc errcucntrc alguien que no e s talle' ) .

En esta fase vamos al encuentr e de tos modos hist é ricos de

codificar las c onductas propias y ajenas, sis temas d~ c ó digos g"ue or denan lo s datos , de un modo lejano ' a l que la conciencia supo.ne

c

polaridades - s e m á mi c as: 1) acuvo-pasívo . 2) sujeto - o~jero del d eseo, 3 ) desco-prohihici6n, 4) fá\. ico- c astrado , 5) placcr-displacer ,

6 ) se~l ' ucción-fracaso de la seduc c ión, y 7) resonancia empática- i nd iferencia .

d

e o?", "yo con la mejor intenci ' ó' n

l

é

f"

o r n o obviamente

"objetlvo" . EJ . código hist érico asienta en vanas

E stas- categorías, in s taladas con c arácter de absolutos, en estric-

t a s o p osiciones antin ó micas, son ap l icadas en , la in t erpretación

ín conscicntc histérica a las situaciones de intcracció n y a la ev a lu ación de símisma con una notable movilidad y ubicuidad. En la b úsq u eda de ciertas categorías scmá nticas típicas de cada

estr uctura psi c opatol ó gica , Libcrman y Maldavsky han propu e sto

p ara la histeri a cI' eje seduc c i ó n

fr acaso (le la sceíucción (c omo impacto de fealdad). Be l leza y fe aldad contra s tadas en las categorías cid yo ideal nar c isista

c ontrapucsro c anel ncgartvo de ese yo idea! (el éxito ~n la c~~nhre (\)cUdcrruurbc total). 'La experiencia clfnica nos permite conl irmar l a ímportancla de e s e eje scmá ntico en la hi s teria . En mi experien- c ia clínica se presenta con frecuen c ia otro eje scmá ntico en cJ cual se p o l arizan las categor í as de atraer al interlocutor (como impacto

d e resonancia cmp á tica) versus fracasar en e s a atracción (pro~u- cic ndo lo que es codificado como indiferencia, vacío, ausencia,

(como impa~to estético) versus

a b u rrimiento del intcrlocuter).

3. El trabajo a lo largo de e s os momentos que localizamos como segunda etapa del proceso terap é utic o. nos permite delimita~' un ámbito propio de la personalidad histérica, el de su realidad

p sfquinr, a diferenciar de la realidad psíquica del grupo y del otro con las - cuales despliega s u modo de intcracció n en conflicto . Esa

d i ferenciación de la realidad ps í quica peculiar de la histeria se va

77

cumpliendo a través del rec ono ci m ie nt o de un conjunto de e scenas que constituyen en un n i ve l incon s cien t e " la re al idad " par a el

derivada s del proce s o e d i p ico infant il pa r tic u lar de la estructura histéric a. S e trata de c ompr e nder qu e aq u ellos juegos de triunfos

psiquismo histéri c o. S e t ra t a de e s cenas básic as, p ri mordiales, que

y

exclu s iones r e mi t en a e s a hi sto r ia d e una ubicación conflictiva,

la estructura histérica vi ve, busca , i nduce y cree encontrar en sus

e

xcit a nte y f rustran t e, entre las f igura s materna y paterna. No se

vínculos con los o tros. M a ldavsky ha destacado varias de esas

t

r ata meramente de aquellas f igura s reales, s i no de las imagos

escen as. R eform u l o a l gunas y cito o t ras de su estudio, de ac u erdo

con stituidas en los interjuegos d e l as i nter acciones

reales y

 

con los m odo s c omo las veo asumir en los pac ientes que más he

fa

n tasmáticas. En esas imagos aparecen c r ist aliz a das las identifi -

estudiad o :

ca

ciones propias del Edipo histérico: hombre id ealizad o , hombre

ca

strado , m ujer idealizada , mu j er denigrada. El reco n ocim iento de

1) Situació n depresi va , monó t on a, en la que la protagonista

e

sas figura s de identif ica c i ón que h a bi tan el u niverso histérico

sue ñ a con u n p araíso u t ópico .

p

e r mite desenvolver a s imismo u n a t area de reconstrucciones de

2) Escena de seducció n , d e t en t ación y ero ti zaci ó n vitalizadoras.

s u historia personal . Es a tarea p er mitirá ir descubriendo

una

3) C onsumac i ó n d e l a sedu c ción , exclusión del rival en un a situación triangular, sed u c c i ón del per s onaje ide a li za do , represen - tante del falo om ni pote n t e . Escena de triunfo y exaltación.

h istoria de interaccion es s u b j e t ivi za d as, s ub yacente a laconstruc- ción de aquellas escena s e i m a go s absolutizadas.

4) F racaso de la sed u cci ón , retorno tr i unfante del riv a l , castra-

5. El trabajo de re c on stru ccione s

de aspectos de la historia

ción propia y / o castració n del p ers onaje idealizado en la escena 3 ,

infantil abre, en un nivel pro f undo , l os movimientos de otra etapa:

pérdida del p a r aíso, sit uac i ón infernal .

l

a de un retorno desde los conflicto s c e nt ra do s e n fig u ras mascu-

5) Nueva situació n d e presiva, monóto n a , rumia n do d ecepcio-

l

i n as ( representantes de l a ima go pa t ern a ) ha c i a las ca r encias y

nes, heridas y resenti mientos re s ult a ntes de aquella secuencia.

de

mandas pendientes de m a ternaje y d e sa t isfacción oral que

Lento retorno hacia l a pos ib i lid a d de ensoñar la aparición de una

hu

bieron de dir i gir s e orig i naria m e nt e h acia la figura materna

nueva situación paradis í a ca. Se desarrolla aquí u n t r a bajo pa ra cr e ar discrim i naciones, in s i g hts y elaboraciones acerca d e e stas e sc enas p r opia s del mundo i nter- - no y los mod o s de su " encuen t ro " en el mundo cotidiano . La

(recordemos aquí que en el Ed i p o hi sté r ico se reclama precozmente del padre lo que se bu s c a del padr e e n todo proceso edípico, pero también todo lo que , la m a dre h ister6 g e n a deja sin satisfacer en el plano de la demanda or a l). E sta es un a etapa de duelos, crucial para

pe r sonalidad histérica irá as umiendo en esta etapa s us modos de

u na reestructuración pro f und a de la pe r sona l i d ad en tratamiento:

inducir tales escenas, c onvocando y provocando a los otros para

du elo por debilitamiento d e l as i d ea lizacio n es p u estas en los

que tomen sus luga r es e n e l j uego a rgumental prees t ablecido en un nivel inconsciente (reco rdar aquí nuevamente la escena creada por Estela, la paciente con la qu e ini c iamos este capítulo) . Est a

r epresentantes fálicos d e la ima go p a tern a, du e l o por toma de contacto con necesidades materna s q u e esta b an negadas a través de una erotización seudog e n ital y de la rivalidad hostil con la

personalidad tendrá q u e r eco no ce rt a m bién aquella s situaciones en las que ella cree ver elementos de a quel las e s c e n ifi ca ci one s c o m o si estuvieran instala d os d e u n mo d o inequívo c o , mientras p a r a otros observadores los eleme n t o s e n juego pueden ca recer de ese sentido supuesto como in e l ud i bl e .

figura de l a m ujer . Est a et a p a r e qui e r e d el ter a p e u ta u na actitud especial de conti- nencia . Es ta a c t i t ud supon e capacid ad d e presencia y de resonancia empática con el dolo r p síqu ico , producto del sufrimiento - por

4. Se abre entonces u na eta p a

e n l a cu a l se v a c a p t ando pro -

. gresivamente que aquellas esc en as so n a c tu a l iz ac i on es de e scena s

carencias reale s v i v i d as e n la c r ian za d el paciente.

conservación a l a ve z d e t o da la tar ea i n terpretativa, para discrimi-

nar aquello que faltó d es d e la mad re y aquello que la estructura

Supone también

histéri c a "hizo f a ltar " desde un a le ct ura rivalizante de las conduc- tas de la madre. Esta etapa, en la que predomina ese retorno desde los conflictos siempre centrados en la figura del hombre (ya idealizado-ya castrado) hacia la figura materna, suele dar lugar. en pacientes que están en tratamiento con terapeuta hombre, a ideas, ensueños o sueños en los que se hace de s eable el tratamiento con una mujer .

En esta etapa la mujer deja

histérica pasa a aceptar en un nivel profundo la posibilidad de ser mujer sin ser por ello inevitablemente castrada y denigrada ,

de ser la eterna rival . La paciente

6. La elaboración de esos duelos ( lenta, trabajosa , pero efectiva-

mente sostenible) abre posibilidades de asumir relaciones nuevas cOII/a realidad : realidad de la propia estructura y realidad de los otros comprendidas en t é rminos de categorías no restringidas a las escenas ni a los códigos específico s de la histeria. Este proce s o

permite ampliary c on s olidar capacidades adaptati v a s y creati v a s mediante las c uales la persona puede encontrar fuentes de placer en su realidad. Emerge en esta etapa la capacidad, inédita para la personalidad hi s térica, de encontrar goce sexual genital en condi-

c iones de estabilidad de un vínculo amoroso. El desarrollo de sus

potenciales . de s alud abarca buena parte de esta etapa avanzada del proceso terapéutico. Hemos destacado, a propósito del caso clíni- co , la importancia . de dis t inguí r conductas histéricas de conducta s eficientes (en el sentido en que White ha entendido eficacia o efectan c ia de las capacidade s yoica s ). En e s ta etapa la capacidad de

discriminar una y otra calidad de conductas se transforma en un vector primordial para el i nsi g hr y la elaboración.

7. La consolidación de estos desarrollos establece las condicio-

ne s p ara encara!' U.!1 trab a jo de terminaci ó n.

80

Bibliografía

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JALONE S y LINEAS DIRECTRICES EN EL PRO CESO T ERAPEUTICO DE LAS E STRUCTURAS OBSESIVAS

El t r abaj o p s i coterapéutico . con paciente s de personalidad obs esiv a

pre sent a n o pocas d ificultades . Las dificu l tades de comunic a ción de l a "per s o na lógica" fueron destacadas en trabajos de Liberman '

y S c h apir o? entre otros. Las disociaciones idea-afectos , mente -

cuerp o, re p resenta c ión-impulso constituyen algunos de lo s pro - blem as fun damen tal es a trabajar con estas estructuras . ': 4 , 5 La s cont radic ci o nes ent r e conductas retentivas , de control, y conduc -

tas expr esivas, son asi mismo objeto de necesaria atención .

M e in t e resa destacar ciertos movimientos básicos en el proceso

terap éutico d e estas estructuras, l í neas cuya consolidación v a con f i gurand o ve r da d e r os jalo n es para el conjunto de procesos d e camb io qu e u na ps i coterapia psicoanalítica intenta desarrollar .

Esto s m ovimientos res ul tan observables con toda nitide z e n un a mu est ra de 30 pacientes con una personalidad obsesiva pred o m i- nan te, a l os que he venido estudiando por var i os años . De e se conj un to, 12 son pacientes que he tratado personalme nt e. En gru po s de estudio y de supervisión hemos estudiado l o s 1 8 pac iente s restantes.

Men c i ono a continuación esos jalones y especifico sus c a ra cte -

sticas .

1

. Rever tir la perspectiva del ego obsesivo

E

l p aciente obsesivo , de un modo consciente en mu c h os casos, e

inconsciente en algunos otros, suele depositar en el tratamiento expectativas de "perfeccionamiento", con el supuesto de que su problema es la falta de perfección y no la aspiración a esa perfección. El yo ideal narcisista propio de la estructura obsesiva espera encontrar las claves para el logro de esa perfección y el tratamiento es llamado a ofrecer esas claves." De modo que ese ideal es egosíntónico. El trabajo terapéutico tendrá que orientar- se en la dirección de poner en evidencia, de un modo progresivo, que el ideal es enemigo del sujeto, es su atacante, bajo la apariencia de ser su exaltador y defensor. En uno de nuestros pacientes su conducta aparece insistentemente orientada a lograr un reconoci- miento acabado de sus méritos, en cuanto ser vi c ia l , a te nto , s acri- fi c ado ante toda clase de necesidades: puestas de manifiesto por quienes lo rodean. Conscientemente éJ suele aludir al egoísmo de quienes aprovechan de sus esfuerzos sin c empcnsarto adccua- darncntc. No obstante, a un nivel Inconscíenrc, multiplica constan- temente esos esfuerzos (O UlO ' si "pcrrcccíorrandotos'' hasta el límite de lo human o posibk, cn r o rr ce s fuera a fesuktmr inex orabl e la conñnrracién Jaudaitoria por parte de t odo su mcdío , Una y otra

vez se pregunta dónde csC;ísu "aHa" porque fúzo "C ' S hJ, y f¡()l OU/i(íy" y

I n d e m ás a H á", y 1m h a y caso, d p¡rcrnio n o vr etre . Sc ' agota, se

deprime, se desilusiona, no sabe adÓ1<Tdc'drri¡gff'FaS-hUFal ímpetenrc. Buena parte d e esa rabia se d~rige h a cf a ' s i IIHfsmo. fm naml o l a fonrra de una exigencia hnprac~~hfc=fm- hay ahví o s, )l)'(, intervalos,

ni desmayos a ceptables: l a matfl1íflaria debe rcndr n od o de' s i. La

tarea terapéutica s e oricJllfah a da una ampl'iapcr~pC'cLivade insig ht :

comprender que más <fUáde cada fTiraeasoanecdéríco, to terrible esfá en el id e al . dotado d e u n a perfección s~hrcfu(Jmana, es decir, antihumana. U n mod o t i c apertura e n ese' circu l o cerrado de cxigcncia-dcccpción-mfeva cxígcncí« to.n1apara' : nosotros" en este caso por e.iempro. fa forma de una Co.JI"Ücf.tqJcrcral ' i:fwíra aJtrabajar en lo. imaginario: ¿.Hlmagínemos cómo.' prnJJifa ser Eduardo si no fuera .I Sí "? y " ¡ , C6mo ' rcaccionenan o tro s a so: alrededor s í Edu ar-

d O ' no se cOJ~duJerad d l H( \ fd@ ! en que l o . ñaec?". "Por e j emplo , le piden u n rcc m pfuz o ca Fa gU'¡:mHade ] h'(Jspi~aly Eduardo di ría que n o pucde ».rccrrc", 'Veamos>( j . u é 'sucede a: parfr,r'~fcal tf",

2. Cr ea r nociones y experiencias de sujeto y de subjetividad

VeJllOSque en la estructura obsesiva el yo ideal tiraniza al sujeL?, establece un implacable sistema de demand~s (que en la fantasía habrán de originar escenas dotadas de un i nagotab l e poder de prem io, de compensación con creces). Se t~ata para nosotros de poner en evidencia que en toda esa modalidad de cO~lporta- Olientos no hay un "sujeto", alguien que pueda elegir ~ntre conductas alternativas, que pueda ser centro de a utocvaluac i o nc s para tal elección, que pueda considerarse con necesidades a colocar en 'relación con necesidades de los otros. La búsqueda incesante de un objeto descarne para el sujeto deseado ha encubierto a un sujeto tambr'én descarne (éste ha quedado rígidamente encauzado en el

sistema del desear ser objeto del deseo del otro). Si la mujer de Eduardo es colocada como sujeto descarne ("querida, ¿te parece que vayamos a visitar a tus padres este sábado"?) ¿porqué Ed~?rdo no? ¿Eduardo no necesita nada para este sábado? Lleg~l a sesl~n.el relato de un agotador fin de semana donde Eduardo hIZOla visrta a los suegros, ltevólos chicos al parque, al cine, a comprar perritos, reemplazó unas horas en la guardia del hospital a su compañero que "necesitaba" salir con una novia nueva, compró comidas, lavó el coche, consultó a su mujer acerca de si ella tendría deseos sexuales y quedo paralizado ante su negativa. Una de mis pregun- tas en sesión es: "¿En medio de todo este despliegue, en medio de todas estas hazañas de Hércules, dónde está Eduardo?" "¿Y si Eduardo empezara por reconocer que, antes que nada, él tendría deseos sexuales, o deseos de ser atendido también?". Si Eduardo

se consultara a sí mismo, podría descubrir

necesidades. Desde luego entendamos que la propuesta está desti- nada a encontrar obstáculos, no está en juego para nosotros el su- puesto conductista que creería encontrar la posibilidad de respues- tas relativamente fáciles a preguntas que se hicieron imposibles para laestructuración obsesiva de un ego basado en la omnipotencia y en la ocupación estricta del lugar de objeto del deseo del otro. No se trata de eso. Pero la creación de intcrrogantcs sobre el lugar del sujeto que no están destinados a encontrar respuestas inmediatas, es para nosotros la creación de una dirección en el camino del lnsigh] , en el camino del working through y de la elaboración. Es

que en él también laten

&5

también una manera fecunda de enfrentar al ego obsesivo con la evidencia de suslimitaciones pero no sólo con la experiencia de

esa evidencia sino a la vez con la presencia de una tarea. R espon der

a esa interrogación

vivi r ex p eriencias en las q u e ese sujeto vaya gradualmente emer . gie n do, son di r ecciones abiertas desde los comienzos del proc eso

y destinadas a pers i stir a lo largo de todo su desarrollo.

sobre su u bicación en cuanto sujeto, así co mo

E nt r e las experie n cias a constit u ir como tareas, en función d el

proceso terapé u tico a desen v o l ver, debem o s privilegiarIa creaci ón de experiencias de "soledad". Se trata de constituir espacios, tie m- pos, en los cuales el paciente quede temporariamente libre de la s presiones propias de su modalidad de interacción con otros sig ni - ficativos (esa modalidad en la que el otro es dueño de su imag en ,

el amo al que debe conformar amoldándose a sus deseos).

do en situación de alivio de esas presiones inmediatas, el paci ent e

obsesivo pod r á encontrarse más de lleno con sus dificultade s internas , con su vacío de funciones de sujeto, con s u descono ci- miento de sí mismo, con su dificultad para ocupar ese tiempo y ese espacio. E sas dificu l tades no podrían ya atr i b u irse a los otros, n o podrán confundirse con las conductas efectivamente demandant e s

que a menudo los demás juegan. Estas experiencias

mente experiencias de angustia, experiencias de una falta indis cu - tible de autonomía. Poco a poco se transformarán también en experiencias de registro de potenciales propios, de esbozo s d e autonomía, de localización incipiente de impulsos no derivab le s de mandato exterior . La experiencia clínica nos va destacand o l a fecundidad de cultivar atentamente esta dirección de experien cia s.

Colo ca-

serán inici al-

3. Movilizar conductas expresivas y deseantes

En esta dirección se trata de enfrentar

reconocer emociones propias y ajenas, nombrar una gama cre cien- te de afectos a identificar, expresar esos afectos que van si end o reconocidos. No se trata solamente de mostrar para el pacient e su s dificultades con el reconocimiento y la expresión de emocio ne s,

al paciente con varias t a r ea s:

sino a la vez de proponer el des~rrollo de esas capacidad~s

expre sivas como conductas necesanas para su proceso de creer-

m i en to con maduración emocional. Indagación y propuestas de

ensa y o en el nivel de las conductas , que e s para nosotros cornple- nlen ta r ia de ese nivel interpretativo en el cual se aborda el plano de las est r ucturas inconscientes (en el cual las dificultades expresivas se comp renden enlazadas con la represión erótica y de impulsos agresiv os, con la modalidad retentiva anal de los afectos, así como con la s d is o ciaciones ideas- impulsos). Precisamente, cuando el paciente toma conciencia de la posibilidad y de su necesidad de

expre sar estados emocionales que ha aprendido a r~c?nocer, enton ces las dificultades para llevar a cabo esa expresividad se tran sforman en un factor revelador, de puesta en evidencia de la influ e n c i a de ansiedades y defensas estructurantes de un mundo incon sciente dinámico. Esa puesta en evidencia es para el trabajo de un yo observador un elemento impulsor de elaboraciones de pro f undi dad creciente.

. Eduard o h a recibido de su jefe una exigencia que lo unta (trabajo de horas extra sin justificación suficiente, a su criterio) . Coment a su respuesta: "Y yo le dije : esto queda estrictamente a cargo s u yo, usted sabrá por qué dispone las cosas de esta forma" , El p aciente cree haber dejado bien sentada su oposición. Sin embar go no suena exactamente así, hace pensar que en el tono posibl emente hubo un matiz de réplica, pero en el texto se trata en

realid a d d e ratificar lo que el jefe supone: que quien manda allí es

él . Se lo hago notar al paciente y lo comprende de esa manera. Se

qued a p ensativo, como rumiando su falla en la respuesta. Le digo entonc es: "Si usted hubiera podido decir claramente allí qué sentí a, o qué pensaba de esa medida, ¿qué le hubiera dicho?" Eduard o ensaya su "respuesta" auténtica: "Que estoy cansado de medid as que salen de lo acordado, de lo reglamentado". El paci e n te queda entonces colocado delante de su confrontación, por una p arte su respuesta automática, de autocontrol, y ahora otra

respu esta posible , aquella que en otras condiciones él podría llegar

a pr o nu nciar .

4. Dar lugar a la emergencia del tera p euta en el lugar del tercero

Hay un largo período en el que el paciente no puede

al terapeuta en el lugar de un ot.ro que un otro demandante. Ese lugares para

personaje, el otro de una díada especular. Es en función

dejar de ubicar

le exige talo cual conducta,

el paciente el de un segundo

de ese otro

que gu ía su conducta en sesión (" ¿de qué querrá que yo le hable?", "lo estaré cansando volviendo otra vez al conflicto con mi jefe", "trataré de llevar nuevos asuntos a sesión, mis propias conclusio- nes. recuerdos interesantes"). Aquí estamos tomando en cuenta

una parte considerable de las conductas transferenciales

ciente ohsesivo. Durante ese largo período inicial la aclaración del

tcrapcut a acerca de su neutralidad, así como la interpretación de las proyecciones que el paciente hace en él de una figura superyoica,

no logran aIterarmayormente

Sin embargo hay un trabajo del terapeuta que a cierto plazo habrá

de producirmovilizaciones

el trabajo de colocarse efectivamente en una posic i ó n no dcscante.

Hasta donde ese rol no dcscantc es posible, se hace decisivo poder cnsayarlo. No descarne en sesión, en cuanto a la posibilidad de

aceptar un paciente que no asocia, racionaliza. rechaza interpreta- ciones muy cercanas a los observables. No descarne en relación al afuera, ya que el paciente espera cambios, se impacienta ante s u s dificultades para todo cambio, y espera del terapeuta la misma impaciencia. Entonces se trata en primer lugar de que el terapeuta pueda asumir que la sesión no "debe" producir nada, excepto la

evidencia de las dificultades

sobre un material). dcscantc.cntonces

tercero, el que sale del mundo di á dico narcisista y desde allí puede

aceptar sin escándalo que el paciente es un sencillo ser humano, ése que puede tener trabas, bloqueos, represiones. y mostrar que todo

eso puede ser registrado sin escándalo, nada se desmorona.

a trabajar. Esta posición va introduciendo

paciente una organización vincular novcdosa, no regida por las presiones de una demanda en espejo ("dehe usted actuar de un

modo que me permita a

hay lazos de intercambio prcscriptos. no hay dcst inos ligados, hay

del pa-

esos automatismos transferenciales.

de esa estructura diádica repetitiva. Es

para una producción (la del trabajo

Si el terapeuta puede sostener esa posición no su rol va cmcrgicndo como el efectivo lugar del

es eso,

del

para el psiquismo

"). Entre el paciente y el terapeuta no

aire, por ese espacio se va introducie?do

independencia de cada uno, una radical soledad.

lo real, sus diferencias,

la

5 Desarr o lla r r elaciones de integración e~tre difer en t es niveles