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Congreso de Panamá

:
El Libertador ideó crear, con todas las naciones latinas de América una Confederación Hispano - Americana para resolver
los litigios entre estas naciones, y sostenerse mutua mente contra cualquier ataque extranjero.
Desde Lima, Bolívar dirigió una circular a todos los gobiernos que se había adherido a la idea de este congreso
internacional americano, fijando como sede de esta reunión a Panamá. Este congreso inició sus sesiones el 23 de Junio de
1826 y las terminó el 15 de Julio del mismo año, para reanudarlos en Tacubaya, en México (la cual no se realizó).
En esta reunión tomaron parte solo las repúblicas de Colombia, Perú, México y Centro- América, que enviaron cada una
dos representantes; los de Colombia fueron Pedro Gual y Pedro Briceño Méndez. Las otras repúblicas, a pesar del
ofrecimiento antes hecho al Libertador, por motivos diversos, no mandaron a sus delegados. Los resultados de esta
reunión fueron nulos, y por los tanto sus acuerdos quedaron sin efecto.

Muerte de su excelencia Don Simón Bolívar,
Libertador de Venezuela:
Desde el mes de Mayo, que salió de Bogotá, hasta su muerte, la vida de Bolívar tuvo una serie de contrariedades y
sufrimientos. La falta de recursos y su enfermedad, no le permitieron realizar su deseo de irse al exterior. De Cartagena
pasó a Barranquilla y de allí, por mar a Santa Marta; y era tal su estado que se tuvo que trasladar en silla de mano (silla de
ruedas) del buque a la ciudad.
El celebre médico francés Alejandro Próspero Reverend, le prodigó sus cuidados y trató de atajar el mal que lo agobiaba:
Tuberculosis Pulmonar, pero todo fue en vano. El Libertador, más que su enfermedad corporal, padecía de un fuerte mal
moral al ver la ingratitud con la que se le pagaba a quien dio su vida entera a la libertad. La noticia de la muerte trágica de
Sucre acrecentó la pena que lo agobiaba en el alma.
El 6 de Diciembre se traslada a la quinta de San Pedro Alejandrino, a 5 kilómetros de Santa Marta, propiedad del español
Joaquín de Mier, que generosamente le brindó su hospitalidad.
El 10 de Diciembre recibe los santos oleos, después de este acto de suprema religiosidad, dicta su última proclama.
El día 17 de Diciembre, a la una y siete minutos de la tarde, expira el Libertador, a la edad de 47 años, 4 meses y 23 días.
Su cadáver es embalsamado por Reverend, quedando expuesto en capilla ardiente, en la casa de la aduana hasta el 20 de
Diciembre. Este día se celebraron sus funerales en la catedral de Santa Marta, y sus restos fueron depositados en una
bóveda, dentro de la misma iglesia, donde permanecieron por 12 años.
En acatamiento de su última voluntad, en el año 1842 fueron trasladados sus despojos a Caracas. Hoy reposan en el
Panteón nacional, donde son objeto de veneración universal del pueblo
Bolívar tuvo imperfecciones como todo hombre. De haber sido perfecto, hubiera logrado todo cuanto se propuso, y él no
pudo realizar íntegramente su plan de revolución, ni siquiera consiguió la mitad de sus ideales.
Algo que debe resaltarse es su variación en las formas de pensar, por ejemplo, para Colombia quiso un gobierno que se
cambiara con el sufragio, para Bolivia quiso un presidente vitalicio.

Camino a la Inmortalida
La enfermedad que tuvo el Libertador a lo largo de su vida y las muchas crisis que presentó en los últimos años de ella sin
duda tuvieron que influir en alguna forma en el desarrollo de las guerras de la independencia, el nacimiento de la
república y tal vez mucho más, en la evolución de los hechos que llevaron a la desintegración de su obra política. Para
conocer la secuencia y evolución clínica de su enfermedad se ha tomado fielmente la mayor información posible de los
diversos autores citados, representativos de la inmensa bibliografía que hay sobre el Libertador, transcribiendo casi
textualmente muchos de sus textos. En forma somera hemos tenido el cuidado de relacionar los períodos de su
enfermedad con el contexto histórico que se vivía en ese momento, sin embargo no pretendemos realizar una
investigación histórica exhaustiva. Intentamos construir y estructurar el conocimiento de la historia clínica y relacionarlo
con la información que conocemos de sus últimos momentos y de la autopsia del hombre más grande íntimamente ligado
a la historia de nuestra América.

Viaje a Santa Marta
Santa Marta Renuncia y Muere.
El 7 de Mayo Bolívar sale de Bogotá. No puede regresar a Venezuela, incluso teme por el Gobierno de Páez le incauté las
minas de Aroa, hacienda de sus padres. Por ahora su destino es la costa. Quiere descansar un poco para reponer su
quebrantada salud. Si mejora y le conceden el sueldo el ex - Presidente se residencia en Europa.
En Cartagena recibe una noticia que le acelera el corazón. El Mariscal Sucre ha sido asesinado traidoramente. Bolívar no
encuentra palabras ni lagrimas para tanto dolor. Llora como un niño y se ve en este crimen una cruel venganza de sus
enemigos. Los asesinos sabían muy bien que Sucre era el sucesor legítimo de Bolívar, el único que todavía podía restaurar
la unidad Gran Colombiano.
Mientras tanto el gobierno del Presidente Mosquera se hunde. Cada soldado se hace General y todos se creen con derecho
a sublevarse. A los 3 meses le sucede el Vice - Presidente Caicedo. Apenas toma el mando le sustituye una insurrección
militar. Urdaneta se alza con el poder pero decide que vuelva Bolívar. es el único que aún puede unir y evitar la Guerra. El
Libertador escucha a los emisarios. Le duele el caos total.
Tengo la obligación de salvar a la patria como cualquier soldado. Ofrezco por los sacrificios de que soy capaz. Pero no
veo todavía que mi regreso aplaque a los revoltosos. No puedo aceptar otra vez la Presidencia sin el consentimiento de
unas elecciones.
En los últimos meses de su vida Bolívar fue tan humano como nunca lo había sido. Bolívar siempre cuerdo, siempre
lúcido, siempre atento al desarrollo de la patria que el fundó. Le duele tener que proclamar ¡ "He Arado en el Mar"...! Le
duelen las columnas de quienes el honró. Le duele la falta de piedad y cariño de quienes creyó podrían ahora amarle o al
menos respetarle. Le duele morir huérfano de amor después de haber dado integra su vida por la igualdad, la libertad y la
justicia en América.
La enfermedad está bastante avanzada, los medios le envían a Santa Marta y llega a la Hacienda San Pedro Alejandrino y
su dueño le ofrece la casa.
"Reciba usted por esta generosidad, las gracias más expresivas de mi parte. ... yo pienso seguir por allá y desde luego hoy
acepto seguir por allá y desde luego hoy acepto la oferta de usted, aunque sea por unos pocos días".
El médico que asiste a Bolívar el Dr. Reverend, escribe a principios de Diciembre. "El enfermo disimula los
padecimientos, pues sólo ha algunos quejidos. Se le nota un sensible entorpecimiento de sus facultades mentales".
Le visita el Obispo de Santa Marta y el Párroco de Mamatoco, le administra los ritos religiosos y sabe que va a morir de
un momento a otro.
Al amanecer el 17 de Diciembre. Santa Marta se prepara para la Navidad. Los niños y jóvenes cantan ya los aguinaldos.
El aire es más fresco. Se oye como desde muy cerca el estruendo del mar. A media mañana se incorpora el enfermo y
dirigiéndose a uno de los criados le grita "José, vámonos, vámonos... esta gente no nos quiere en esta tierra... nos echan de
aquí ¿A donde iremos?
El Dr. Reverend llama a los amigos "Señores, si queréis presenciar los últimos momentos y postre aliento del Libertador,
ya es tiempo".
Murió a las 1:07 minutos del mediodía. Cinco países había liberado y sin embargo muere abandonado. Sin honras
nacionales. En la casa de un español. Asistido por un médico francés. Con camisa prestada y sin una mujer que lo
atendiera y que estuviera a su lado.

Ultima Proclama
Simón Bolívar,
Libertador de Colombia, etc.
A los pueblos de Colombia
Colombianos:
Habéis presenciado mis esfuerzos para plantear la libertad donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con desinterés,
abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiábais de mi
desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi
amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los
perdono.
Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No
aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la Unión: los
pueblos obedeciendo al actual gobierno para libertarse de la anarquía; los ministros del santuario dirigiendo sus oraciones
al cielo; y los militares empleando su espada en defender las garantías sociales.
¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y
se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.
Hacienda de San Pedro, en Santa Marta, a 10 de diciembre de 1830. 20º

Testamento:
En nombre de Dios todo Poderoso. Amén. Yo, Simón Bolívar, Libertador de la República de Colombia, natural de la
ciudad de Caracas en el Departamento de Venezuela, hijo legitimo de los señores Juan Vicente Bolívar y María
Concepción Palacios, difuntos, vecinos que fueron de dicha ciudad, hallándome gravemente enfermo, pero en mi entero y
cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando como firmemente creo y confieso el alto y
soberano misterio de la Beatísima y Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo tres personas distintas y un solo Dios
verdadero, y en todos los demás misterios que cree, predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica
Romana, bajo cuya fe y creencia he vivido y protesto vivir hasta la muerte, como Católico fiel Cristiano, para estar
prevenido cuando la mía me llegue con disposición textamental, bajo la invocación divina, hago, otorgo y ordeno mi
Textamento en la forma siguiente:

1. Primeramente encomiendo mi Alma a Dios nuestro Señor que de la nada la crió, y el cuerpo a la tierra de que fue
formado, dejando a disposición de mis Albaseas el funeral y entierro, y el pago de las mandas que sean necesarias para
obras pías, y estén prevenidas por el gobierno.
2. Declaro: fui casado legalmente con la Sra. Teresa Toro, difunta, en cuyo matrimonio no tuvimos hijo alguno.
3. Declaro: que cuando contraximos matrimonio, mi referida esposa, no introdujo a el ninguna dote, ni otros bienes, y yo
introduje todo cuanto heredé de mis padres.
4. Declaro: que no poseo otros bienes mas que las tierras y minas de Aroa, situadas en la Provincia de Carabobo, y unas
alhajas que constan en el inventario que debe hallarse entre mis papeles, las cuales existen en poder del Sr. Juan de
Francisco Martín vecino de Cartagena.
5. Declaro: que solamente soy deudor de cantidad de pesos a los señores Juan de Francisco Martín y Poules y Compañía,
y prevengo a mis Albaceas que estén y pasen por las cuentas que dichos Señores presenten y las satisfagan de mis bienes.
6. Es mi voluntad: que la medalla que me presentó el Congreso de Bolivia a nombre de aquel pueblo, se le devuelva como
se lo ofrecí, en prueba del verdadero afecto, que aún en mis últimos momentos conservo a aquella República.
7. Es mi voluntad: que las dos obras que me regalo mi amigo el Sr. Gral. Wilson, y que pertenecieron antes a la biblioteca
de Napoleón tituladas "El Contrato Social" de Ruseau y "El Arte Militar" de Montecuculi, se entreguen a la Universidad
de Caracas.
8. Es mi voluntad: que de mis bienes se le den a mi fiel mayordomo José Palacios la cantidad de ocho mil pesos, en
remuneración a sus constantes servicios.
9. Ordeno: que los papeles que se hallan en poder del Sr. Pavageau, se quemen.
10. Es mi voluntad: que después de mi fallecimiento, mis restos sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país natal.
11. Mando a mis Albaceas que la espada que me regaló el Gran Mariscal de Ayacucho, se devuelva a su viuda para que la
conserve, como una prueba del amor que siempre he profesado al espresado Gran Mariscal.
12. Mando a mis Albaceas se den las gracias al Sr. Gral. Roberto Wilson por el buen comportamiento de su hijo el
Coronel Belford Wilson, que tan fielmente me ha acompañado hasta los últimos momentos de mi vida.
13. Para cumplir y pagar este mi textamento y lo en el contenido, nombro por mis Albaceas textamentarios, fidei
comisarios, tenedores de bienes a los Sres. Gral. Pedro Briceño Méndes, Juan de Francisco Martín, Dr. José Vargas, y el
Gral. Laurencio Silva, para que de mancomún et insolidum entre en ellos, los beneficien y vendan en almoneda o fuera de
ella, aunque sea pasado el año fatal de Albaceasgo pues yo les prorrogo el demás tiempo que necesiten, con libre franca, y
general administración.
14. Y cumplido y pagado este mi textamento y lo en el contenido instituyo y nombro por mis únicos y universales
herederos en el remanente de todos mis bienes, deudas, derechos y acciones, futuras sucesiones en el que haya sucedido y
suceder pudiere, a mis hermanas María Antonia y Juana Bolívar y a los hijos de mi finado hermano Juan Vicente Bolívar,
a saber, Juan, Felicia y Fernando Bolívar, con prevención de que mis bienes deberán dividirse en tres partes, las dos para
mis dichas hermanas, y la otra parte para los referidos hijos de mi indicado hermano Juan Vicente, para que lo hayan, y
disfruten con la bendición de Dios.
Y revoco, anulo, y doy por de ningún valor ni efecto otros testamentos, codicilos, poderes y memorias que antes de este
haya otorgado por escrito, de palabra o en otra forma para que no prueben ni hagan fe en juicio, ni fuera de el, salvo el que
presente que ahora otorgo como mi ultima y deliberada voluntad, o en aquella vía y forma que más halla lugar en derecho.
En cuyo testimonio así lo otorgo en esta hacienda San Pedro Alejandrino de la comprensión de la ciudad de Santa Marta a
diez de diciembre de 1830.
su excelencia el otorgante a quien yo, infrascrito, Escribano Publico del Número certifico que conozco, y de que al
parecer está en su entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, así lo dijo, otorgó y firmó por ante mí en la casa
de su habitación, y en éste mi Registro Corriente de Contratos Públicos siendo testigos los S.S.: Gral. Mariano Montilla,
Gral. José María Carreño, Coronel Belford Hinton Wilson, Coronel José de la Cruz Paredes, Coronel Joaquín de Mier,
Primer Comandante Juan Glenn y el Dr. Manuel Pérez Recuero, presentes.
Ante mí, José Catalino Noguera, Escribano Público

MUERE SIMON BOLIVAR
El 17 de diciembre de 1830, en la Quinta «San Pedro Alejandrino», cerca de Santa Marta (Colombia), dejó de existir el
Genio de la Libertad, el más Grande Hombre de América. A la 1 en punto de la tarde, «murió el sol de Colombia», Simón
Bolívar. Había recibido de manos del Cura de la aldea de Mamatoco los Santos Sacramentos. Después de haber dado
libertad a tantos millones de suramericanos, Bolívar se halla en su último instante muy solo. Apenas le rodean Mariano
Montilla, Fernando Bolívar, José Laurencio Silva, Portocarrero, el edecán Wilson, Ibarra, Cruz Paredes, José María
Carreño...
El médico de cabecera Alejandro Próspero Reverend, viendo que llegaba el momento supremo los llamó y les dijo:
«Señores, si queréis presenciar los últimos momentos y postrer aliento del Libertador, ya es tiempo». Pero,
indudablemente, Bolívar continúa vivo en el corazón de los pueblos, en la ideas que parecen escritas para nuestros días, en
las acciones que son permanente ejemplo para todos aquellos que sienten de verdad lo que es una patria redimida. El Sol
de Colombia sigue brillando.
Bolívar lo vivió. Destituido de todos sus cargos por la oligarquía grancolombiana —asesinado, antes, su noble amigo el
mariscal Sucre que ganara en los Andes, en 1824, la última batalla de la Independencia y es necesario decir que nunca se
supo quién le preparó la emboscada de la muerte—, fue abandonado, Bolívar, a su suerte. Camino de su destierro a
Venezuela, sublevada ya ante su posible llegada porque iba precedido de la apelación de dictador, Bolívar no tuvo a su
lado nada más que un grupo de amigos: contados con los dedos.
Enfermo, le curaba el médico francés Alejandro Prospero Reverend. Arribado a la ciudad costeña de Santa Marta, el
Libertador no encontró techo de recepción nada más que en la casa de un español: Joaquín de Mier. Ya próximo a la
muerte se refugió en la Quinta de San Pedro Alejandrino. Esta mansión pertenecía, también, al mismo español. En San
Pedro Alejandrino pronunció aquella invocación a la ironía: "Jesucristo, Don Quijote y yo hemos sido los más insignes
majaderos de este mundo".

Valores Éticos de Simón Bolívar:
• La libertad, la virtud y la educación. La libertad, la virtud y la educación cívica Para Bolívar, la libertad era un
valor supremo que negaba el despotismo y el absolutismo. Por tanto, la verdadera libertad era un logro de los ilustrados y
civilizados ciudadanos en la sociedad. Esto explica el énfasis de Bolívar en la importancia de la educación, la cultura, la
religión y los valores éticos como los medios para asegurar la libertad.
• La igualdad: La concepción bolivariana de "igualdad" partía del reconocimiento de las desigualdades naturales en
las sociedades humanas. De allí iba a sostener que el mejor camino para enfrentar tales desigualdades, era el
establecimiento de la igualdad legal y política; especialmente mediante la abolición de la esclavitud y ofreciendo
educación pública y amplias oportunidades para el avance de los ciudadanos.
Regreso de los restos del Libertador a Venezuela.


La voluntad de Bolívar, plasmada en su “Testamento”, elaborado el 10 de diciembre de 1830 en San Pedro Alejandrino,
pedía que sus restos sean enterrados en Caracas. La traída de los restos con los honores fúnebres, y la disposición de que
sean depositados en la Catedral de Caracas.

Comisión Venezolana.
Páez designó al eminente Dr. José María Vargas jefe de la comisión, junto a los generales Francisco Rodríguez del Toro
(el marques), Mariano Ustáriz, José María Carreño y al sacerdote Manuel Cipriano Sánchez como Gran Capellán La
comisión venezolana que debía recibir el féretro y fijó el 17 de diciembre la fecha de regreso a la capital.

Buque Constitución.

La Constitución, nuestra nave capitana, al mando del Capitán de fragata Juan B. Baptista, con sus velas blanquísimas,
alumbradas por la Luna, iba adelante, ligera como una garza. Luego seguía nuestra embarcación, la hermosa corbeta
Circe, al mando del cariñoso Sr. Jules Ricard, rompiendo las olas, majestuosa como un cisne; y a su popa, navegaba el
velero bergantín El Caracas a las órdenes de Mr. Wheeler.

Restos Del Libertador A Venezuela.


La voluntad de Bolívar, plasmada en su “Testamento”, elaborado el 10 de diciembre de 1830 en San Pedro Alejandrino,
pedía que sus restos sean enterrados en Caracas, tuvo que esperar doce años para que se cumpliera. En 1839 el general
Carlos Soublette, encargado de la presidencia, inició tímidamente un movimiento para la repatriación. El Presidente Páez,
en su segundo mandato, y debido a un clamor popular, solicitó al Congreso repatriar los restos del Padre de la Patria. Al
ser aprobada la solicitud, decretó el 30 de abril de 1842, la traída de los restos con los honores fúnebres, y la disposición
de que sean depositados en la Catedral de Caracas. El 12 de mayo, invitó al Poder Ejecutivo Nacional y al de la Nueva
Granada y Ecuador a concurrir a la exhumación de los restos en Santa Marta. Páez designó al eminente Dr. José María
Vargas jefe de la comisión, junto a los generales Francisco Rodríguez del Toro (el marques), Mariano Ustáriz, José María
Carreño y al sacerdote Manuel Cipriano Sánchez como Gran Capellán y fijó el 17 de diciembre la fecha de regreso a la
capital. El general Daniel Florencio Oleary, fue comisionado para que el conocido escultor italiano Pietro Tenerani,
realizara un monumento en la catedral de Caracas, (ese monumento inaugurado en 1842, fue trasladado al Panteón
Nacional en 1876, cuando ingresaron allí los restos). El 13 de noviembre salió de La Guaira la comisión a bordo de la
goleta Constitución debidamente acondicionada al mando del capitán de Navío Sebastián Boguier, acompañado del
bergantín Caracas y de la fragata francesa Circe. Llegaron a Santa Marta el día 16. El 20 a las cinco de la tarde exhumaron
los restos que se encontraban en el panteón de la familia Díaz Granados en la Catedral de Santa Marta; reconocidos por
los médicos encargados de tan noble comisión entre ellos, el preclaro Dr. Alejandro Próspero Reverend (quien atendió a
Bolívar desde su llegada a Santa Marta, le realizó la autopsia y lo vistió) y el ilustre Dr. Vargas. Las calles y casas de
Santa Marta estaban enlutadas; la comisión venezolana agradeció las atenciones de las autoridades neogranadinas. Los
restos fueron embarcados el día 21 en la goleta Constitución, con una gran ceremonia fúnebre. Durante el viaje 15 cadetes
comandados por el teniente Nicomedes Zuloaga, montaron guardia de honor; el navío encalló en Los Roques. El 13 de
diciembre estaban frente a La Guaira, esperando varias embarcaciones nacionales y extranjeras con sus banderas a media
asta, para agregarse al gran cortejo naval. El día 15 fue bajado a tierra. El general de brigada Juan Uslar, llegó de
VALENCIA con lágrimas en los ojos, portando el uniforme con el cual combatió al lado de Bolívar, los restos
pernoctaron en la iglesia de ese puerto; el día 16 lo subieron a Caracas en una extraordinaria procesión, pernoctando en la
iglesia de la Santísima Trinidad, hoy Panteón Nacional; por coincidencia, la Santísima Trinidad es la devoción de la
familia Bolívar, de allí el nombre de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, así se llama el panteón familiar en la
Catedral de Caracas. En Caracas se designaron comisiones para montar guardias de honor; el 17 de diciembre fecha de su
muerte, sus restos fueron trasladados hacia la iglesia de San Francisco cumpliendo un estricto protocolo. El pueblo de
Caracas acompañó a su eximio hijo detrás del gran carruaje construido en Paris según instrucciones del coronel Agustín
Codazzi; todas las calles, casas y ciudadanos mostraban riguroso luto; la gran parada militar, la comandó el siempre leal
general en jefe Rafael Urdaneta Faria, con su uniforme de gala y el sable que le regaló Bolívar. El ilustre Concejo
Municipal de VALENCIA comisionó a Bernardo Escorihuela, Felipe Sojo y Jaime Alcázar. José Alberto Espinosa,
Canónigo de la Catedral y Rector de la Universidad de Caracas, leyó a la una su brillante Oración, recorriendo la vida del
más grande de los americanos. El 23 de diciembre se realizó una ceremonia similar para el traslado de los venerados
restos en hombro de sus edecanes y oficiales que lo acompañaron en la emancipación hasta la Catedral de Caracas; sus
restos estuvieron al lado de sus padres y esposa, hasta que fueron trasladados al Panteón Nacional el 28 de octubre de
1876, día de San Simón. Así concluyó la voluntad de nuestro Padre Libertador. Sus cenizas permanecerán a través de los
siglos, acompañadas por el esplendor de su gloria y el calor de los pueblos libre

I glesia de San Francisco.

La iglesia comienza a ser construida en 1593 bajo el diseño de Antonio Ruiz Ullán
como un anexo del Convento de San Francisco hoy Palacio de las Academias. En 1641 sufre daños severos tras un
movimiento sísmico, y se toma la decisión de reconstruir el templo, aunque se decide no rehacer las naves laterales que
habían sido derribadas. En 1745 se deciden hacer reformas a la iglesia para aumentar el alto de la puerta principal y se
reconstruyen las tres naves originales, los cambios siguieron, y en 1767 se construye un altar dedicado al Santo Niño en
Belén. Luego, una de las reformas más significativas fue la ordenada por Antonio Guzmán Blanco en 1887, la cual
incluyó la construcción de una nueva fachada y cambios en el interior de la iglesia. En este templo le es otorgado el título
de Libertador a Simón Bolívar, al término de la Campaña Admirable, el 6 de agosto de 1813. Luego, el 17 de diciembre
de 1842 son recibidos los restos de Bolívar para su posterior traslado a la Catedral de Caracas.
Algunos de los cambios hechos en 1887 son retirados en 1953 como decoraciones superficiales y bóvedas falsas, pocos
años después. El 6 de abril de 1956 es declarado Monumento Histórico Nacional debido a lo bien conservado de las obras
que datan de la época colonial y el estilo neobarroco.

La forma de acceso a la iglesia de San Francisco se puede hacer por medio del Metro
de Caracas en la estación Capitolio o a través de las rutas urbanas que circulan por las avenidas Baralt o Universidad.
Otras edificiones históricas en las cercanías son el Palacio de las Academias, la Antigua Corte Suprema de Justicia, el
Palacio Federal Legislativo y a una cuadra se encuentra la Plaza Bolívar, el Palacio Municipal, la Catedral de Caracas, el
Museo Sacro y la Casa Amarilla, entre otros.

Los orígenes del Panteón.

La Iglesia de la Santísima Trinidad, fue convertida en Panteón Nacional y comenzó a construirse el 5 de agosto de 1744.
El Albañil caraqueño Juan Domingo del Sacramento Infante pardo libre, de inmensa fe, después de innumerables
gestiones que llevo a cabo le fue autorizada la construcción de un templo en honor a la Santísima Trinidad. Infante destinó
el fruto de su trabajo personal y más de 36 años de su vida a edificar un templo contando para ello con su trabajo y las
limosnas de los fieles caraqueños. Varias veces se vendió como esclavo para comprar material

Este hombre había querido siempre formar parte de la orden de los hermanos trinitarios, debido a su gran vocación
religiosa, pero fue rechazado por su baja condición social. Juan Domingo hizo gestiones ante el Rey de España, pero todo
fue en vano. Se ordenó que no se le permitiera pedir limosna ni vestir hábito ni escapulario de la Trinidad y que si lo
hiciese, el gobernador debía proceder contra él. Esto provoco un tremendo drama espiritual y su vida se lleno de amargura
y de dolor, aquel hombre piadoso y bueno se desquicio y aun así continuo trabajando en su magna obra

El ayuntamiento de Caracas, el Coronel Juan Vicente Bolívar y el Marques del Toro donaron solares para la obra.
Después de 36 años de labores, Juan Domingo logra terminar la construcción. El 12 de diciembre de 1780 muere, sus
restos fueron enterrados, amortajados en sabanas blancas en el altar mayor de la Iglesia, en la bóveda que construyera con
sus propias manos por orden del primer Capellán de esta, el Presbítero Santiago Castro. La Iglesia de la Santísima
Trinidad fue inaugurada el 15 de julio de 1781, nueve días antes del nacimiento de El Libertador Simón Bolívar. Tres
meses después del nacimiento el bebe Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, es llevado al templo por sus padres y
por toda la familia, amigos y allegados, allí ofrecieron oraciones al patrono de la familia que les pertenecía a todos ellos
por las leyes misteriosas de la herencia. Este fue el primer encuentro del niño Simón con aquel lugar. Ocho años después
de este acontecimiento el joven Simón Bolívar es traído de nuevo al templo para que tomara su primera comunión.

El terrible terremoto del 26 de marzo de 1812, destrozó las estructuras de la Iglesia, escombros, soledad y muerte
cubrieron hasta 1821 sus ruinas amontonadas y el mote que comenzó a crecer entre los escombros. Muchos años
permaneció así.
Las ruinas del templo fueron visitadas por El Libertador Simón Bolívar en 1827 cuando estuvo por última vez en Caracas.
Ese fue su último contacto con la Iglesia de la Santísima Trinidad. En la transformación de la Iglesia de la Santísima
Trinidad muchas ayudas y también muchas limosnas fueron dadas para la reconstrucción de la Iglesia, el presbítero Luis
Acosta tuvo bajo su cargo la responsabilidad del techo de la nave central y la concluyó, hasta ser bendecida. El presbítero
Rafael Hernández contrato al Ingeniero José Gregorio Solano, quien ideó un estilo gótico para la fachada. El Dr. Agustín
Aveledo y el Presbítero Dr. Bartolomé Suárez le dieron remate y gran impulso a la construcción que para 1874 se
encontraba muy avanzada.

El 27 de marzo de 1874 el Presidente de la República General en Jefe Antonio Guzmán Blanco, dicto su decreto N° 43
en el que convertía a la antigua Iglesia de la Santísima Trinidad en Panteón Nacional y la obra fue concluida
convenientemente.
Cuando se dictó el referido decreto, la Iglesia de la Santísima Trinidad aún estaba en plena construcción, pero el Gobierno
puso el mayor empeño para terminarla. Los trabajos de la obra fueron confiados a los Ingenieros Julián Churión, Juan
Hurtado Manrique, Tomas Soriano y Roberto García, quienes para mediados de 1875 ya lo habían concluido. Interior del
Panteón: "Un homenaje artístico a distinguidas personalidades de la patria"
El 28 de octubre de 1876 fueron trasladados los restos de El Libertador desde la Catedral de Caracas al Panteón Nacional,
al igual que el monumento del escultor italiano Pietro Tenerari, por decreto del Presidente Guzmán Blanco. Este
monumento estaba colocado desde 1852 en la Capilla do la Santísima Trinidad de la Catedral de Caracas, donde
descansan los restos de la familia Bolívar (sus padres, hermanas, la esposa, sobrinos y antepasados de El Libertador). Por
disposición del General José Antonio Páez, durante su segunda presidencia, el Congreso Nacional decretó el 30 de abril
de 1842, el traslado de los restos de El Libertador Simón Bolívar desde Santa Marta, Colombia. Había fallecido el 17 de
diciembre de 1830, recibió cristiana sepultura en la Iglesia catedral de dicha ciudad, donde permaneció enterrado por
espacio de doce años.

Al General y político colombiano, Pedro Alcántara Herrán, Presidente de la Nueva Granada, leal, fiel y constante amigo
de Bolívar, le correspondió ordenar por decreto, la entrega de ,1 las sagradas cenizas de El Libertador. El 22 de noviembre
de 1842, los restos son embarcados en la bahía de Santa Marta, a bordo de la goleta "CONSTITUCION", seguida de la
fragata de guerra francesa "LA CIRCE" Y del bergantín "ALBATROS".
El 08 de diciembre la urna con los restos de El Libertador llegan al archipi6lago de los Roques, van a permanecer allí
hasta el día 12, luego hacia el Puerto de la Guaira donde llegan el día 13. Cabe señalar que el convoy con la preciosa
carga, toca puerto en los Roques; porque una de las naves sufrió una avería de uno de los mástiles, fue justamente la
goleta "CONSTITUCION", donde iban los restos de El Libertador. El día 16 a las cinco de la tarde, llegan los restos a
Caracas acompañados de una numerosa comitiva. Una multitud lo acompaña desde la Puerta de Caracas a la Iglesia de la
Santísima Trinidad. En hombros de viejos amigos, lo sigue todo el pueblo con ojos llorosos. Eran las diez de la mañana
del 17 de diciembre de 1842, entre dobles de campanas y disparos de cañón, la procesión de inicio desde la Iglesia de la
Santísima Trinidad, donde había pasado la noche, en la modesta capilla que años atrás construyera Juan Domingo del
Sacramento Infante.

La procesión llego a la Iglesia de San Francisco donde se le rindieron las honras fúnebres. El Doctor José Alberto
Espinosa, canónigo penitenciario de la catedral y rector de la Universidad Central, pronuncia la oración fúnebre. Con la
solemne liturgia de la Iglesia y la conmovedora oración fúnebre del Padre Espinosa se cerró el acto. El día 23 de
diciembre, a las nueve de la mañana, los restos son trasladados del Templo de San Francisco a la Capilla de la Trinidad,
en la Catedral Metropolitana de Caracas. Aquí descanso El Libertador por varios años, hasta que fuera trasladado al lugar
definitivo en el Panteón Nacional, el antiguo templo de la Santísima Trinidad.

En 1883, año en el cual se celebraba el Centenario del Natalicio de El Libertador y entre los hechos resaltantes toma
importancia un regalo que ofreció el gremio de Agricultores de Caracas, el cual consistió en una hermosa Lámpara de
Cristal de Baccarat, expuesta en la Gran Exposición de la Ciudad de París. Dicha Lámpara consta de cuatro mil piezas de
cristal y doscientas treinta luces y su costo hasta el montaje fue de Veinte y Seis Mil Bolívares (Bs.26.000,00).
Especialmente vino de París a armarla por cuenta de la fábrica el Señor Ferdinand " Regnauld. El Arquitecto Juan Hurtado
Manrique y el Ingeniero Tomas Soriano dirigieron la colocación de la araña. El 27 de octubre de 1886, en víspera de la
fiesta de San Simón la bajaron para colocarle las velas para la iluminación y se desprendió, cuando la cadena del punto se
apoyo se salió y se destrozaron muchas piezas, se contrato de nuevo al Señor Regnauld quien se entendió con los trabajos
de restauración de la araña. El costo de todos los trabajos fue de aproximadamente Catorce Mil Novecientos Ochenta y
Un Bolívares con 83/100 Céntimos (Bs. 14.981,83).

El Presidente de la República General Joaquín Crespo, ordenó levantar dentro del Panteón cuatro (4) monumentos
conmemorativos que embellecieron y realzaron notablemente la dignidad del lugar. Los monumentos son: Los Cenotafios
de El Precursor de la Independencia, Generalísimo Francisco de Miranda y el Cenotafio al Gran Mariscal de Ayacucho
Antonio José de Sucre. Ambos por decreto del 22 de enero de 1895. El monumento al Prócer de la Independencia General
en Jefe José Gregorio Monagas y el monumento conmemorativo de la Federación con las estatuas del Mariscal Juan
Crisóstomo Falcón y el General en Jefe Ezequiel Zamora. Por decreto del 5 de julio de 1896.

La celebración de los primeros cien años de la fecha aniversario de la Independencia de Venezuela durante el gobierno
de Juan Vicente Gómez, fue propicio para llevar a cabo una importante intervención en el Panteón Nacional. El Ministerio
de Obras Públicas, que ya en el año 1910 había puesto en marcha algunos trabajos de reparación de los techos del edificio,
convocó a un concurso profesional para seleccionar un proyecto dedicado a la reforma total del Panteón, siendo
seleccionado entre varios el presentado por Alejandro Chataing. A partir del proyecto del Ingeniero Alejandro Chataing y
bajo su dirección de realizaron reformas y ornamentación del edificio y la modificación de su facha y una reforma
completa de la decoración interior del edificio. En un informe del Ministerio de Obras Públicas, se describen las
características de la obra: "Después de ejecutar la reparación completa de todas las armaduras y cubierta de los techos, se
procede a modificar la fachada tratando de imprimirle mayor carácter a su arquitectura, armonizando sus diferentes
secciones, y pintarla con un tono apropiado al destino de la obra y a su situación con respecto a los edificios vecinos".

Para el año 1930 y con el objeto de conmemorar el Centenario de la muerte de El Libertador Simón Bolívar, por
decretos del 3 de octubre y del 18 de noviembre de 1929, el Dr. Juan Bautista Pérez quien ejercía la Presidencia de la
República, el Dr. Federico Álvarez Ministro de Obras Públicas, contratan al Arquitecto Vasco Manuel Mújica Millán para
restaurar todo el templo y la fachadas y junto con los Ingenieros Hernán Ayala D. y Edgar Pardo Stolk cambian el estilo
gótico de la facha a neocolonial o neobarroco, agregando en el frente la tercera torre central de 48 metros de altura .Los
restos de El Libertador que estaban en una urna no visibles al público, fueron trasladados a una urna artística hecha por el
Escultor Español Chicharro Gamo, que se colocó delante del monumento de Tenerani, es el sarcófago que esta
actualmente.

El Gobierno le encargó al prominente Pintor caraqueño Británico Antonio Salas Díaz, más conocido como Tito Salas, la
decoración interna del Panteón. Este trabajo lo inició Salas Y comprende un gran conjunto de episodios históricos y temas
alegóricos de interpretación simbólica de los de momentos estelares de la figura de El Libertador. Fueron diez y ocho (18)
los lienzos que cubrieron la parte superior de las naves y parte de los arcos. Tito Salas dio un extraordinario colorido al
recinto del Panteón con sus magistrales pinturas. La vida y el color se mueven y agitan dentro de los austeros muros. Su
pincel trazó con fuertes rasgos de sentido impresionista la pasión del color y la luz que lo subyugaban. Don Tito nos contó
unos pasajes de nuestrahistoria y con su fascinante colorido la puso a vivir ante nosotros.

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