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ENSAYO DE CRECIMIENTO PROFESIONAL

DELEINE DAZA CARRILLO
ESTUDIANTE





DOCENTE





UNIVERSIDAD DE LA GUAJIRA
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS
PROGRAMA DE TRABAJO SOCIAL
RIOHACHA- LA GUAJIRA
2013

LA ADOLESCENCIA NORMAL
Uno de los grande problema con lo que se enfrentan todas familias es el grado de
libertad que tiene los hijos. Todos los padre pensamos que ledamos demasiada
libertad los adolecente entre los 14 a 18 años que están buscando su identidad
personal ni tampoco darle una libertad total y absoluta la cual, la mayoría de ellos
no están preparado, porque le falta responsabilidad, la libertad debe ser algo que
el adolecente valla conquistado poco apoco de mostrando con hecho no con
palabras.

La época de la adolescencia en los jóvenes produce muchos cambios. En algunos
se notan más que en otros, pero todos cambian, tanto física como mentalmente.
Modifican sus puntos de vista, su personalidad, su carácter ante los amigos y la
familia, la sociedad, los estudios, etc....

En la adolescencia son muchos los valores que están presentes: amor, respeto a
la familia, al prójimo, a los maestros, ancianos, tolerancia, aunque a veces no
todos tienen presentes los valores con los que deberían contar. La influencia de
los amigos o de la sociedad en esta etapa que el joven vive puede a veces ser
perjudicial o negativa si no se les habla claramente.

Durante esta etapa los adolescentes tienen muchos ideales como la libertad, paz,
justicia… la independencia, autoestima, educación, identidad…que si no logran
canalizarlas bien pueden cometer muchos errores. Es por ello que la relación con
los padres debe ser de confianza, amigos ya que en esta etapa los jóvenes suelen
alejarse de los padres y buscar más compañías ajenas.

Los adolescentes y preadolescentes se enfrentan a la vida desde una nueva
perspectiva, en la que sienten que necesitan una mayor libertad e independencia,
así como mantener un alto grado de autoestima y poder ir afirmando su
personalidad.
Los valores que tengan presentes en la relación con los padres no siempre son
positivos o negativos, dado que esta calidad del valor vendrá determinada por el
punto de vista del adolescente, como lo fue en la obra “la máscara” donde la joven
tiene la necesidad de actuar libremente, sin embargo esta libertad fue usada de
forma errónea, pensando que sus acciones son correctas de antemano y no
implican obligaciones ni responsabilidades, cometiendo el error de llevar la
autosuficiencia a un extremo donde se produjeron situaciones complejas que no
se hubieran dado en caso de actuar con un poco de respeto hacia los padres el
cual es un valor que los jóvenes deben mantener, no ya por la dependencia
El proceso de cambios y transformaciones de la personalidad por etapas está
sujeto a regulaciones y principios que dinamizan evolutivamente el desarrollo
ontogenético de los procesos, contenidos y funciones de la personalidad en
formación, está marcado por momentos de crisis en los que se producen, en un
tiempo relativamente corto, bruscos y fundamentales cambios, desplazamientos,
modificaciones y rupturas en la personalidad.
Al adolescente, no sabe por qué, de pronto lo asaltan la tristeza, la desolación, la
angustia o la nostalgia, no tiene manera de tomar conciencia de que sus estados
de ánimo cambiantes y sus emociones aparentemente caprichosas son atribuibles
a la pérdida de su pasado infantil. Los adolescentes, esos niños – jóvenes
susceptibles y vulnerables, apasionados e impulsivos, totalmente sexuales y
exageradamente egocéntricos, son en realidad, ávidos buscadores de autenticidad
moral. La adolescencia implica el complejísimo drama de pasar de una zona de la
existencia a otra distinta. Es ese punto crítico de la vida humana en que las
pasiones sexuales y morales fructifican y alcanzan su madurez. El individuo pasa
entonces de la vida familiar a la existencia cultural.
Realiza un verdadero duelo por el cual al principio niega la pérdida de sus
condiciones infantiles y tiene dificultades en aceptar las realidades más adultas
que se le van imponiendo, entre las que, por supuesto, se encuentran
fundamentalmente las modificaciones biológicas y morfológicas de su propio
cuerpo.
También se puede decir que, Los factores intrínsecos relacionados con la
personalidad del adolescente son los que determinan en realidad las distintas
expresiones de la conducta que importan para el tratamiento y para la
comprensión de los problemas psiquiátricos y psicopatológicos en general de este
período de la vida.
El adolescente atraviesa por desequilibrios e inestabilidad extremos. Lo que
configura una entidad semipatológica, “síndrome normal de la adolescencia”, que
es perturbado y perturbador para el mundo adulto, pero necesario, para el
adolescente, que en este proceso va a establecer su identidad, que es un objetivo
fundamental de este momento vital.
Para ello, el adolescente no sólo debe enfrentar el mundo de los adultos para lo
cual no está del todo preparado, sino que además debe desprenderse de su
mundo infantil en el cual y con el cual, en la evolución normal, vivía cómoda y
placenteramente, en relación de dependencia, con necesidades básicas
satisfechas y roles claramente establecido. Siguiendo las ideas de “ Aberasturi
“podemos decir que el adolescente realiza tres duelos fundamentales: a) el duelo
por el cuerpo infantil perdido, b) el duelo por el rol y la identidad infantiles y c) el
duelo por los padres la infancia.
En virtud de la crisis esencial de la adolescencia, esta edad es la más apta para
sufrir los impactos de una realidad frustrante.
Las modificaciones del medio van a determinar la expresión de la normal
anormalidad del adolescente, pero de ninguna manera podemos condicionar toda
la realidad bio-psicológica de este proceso evolutivo a las circunstancias
exteriores. La necesidad de elaborar los duelos básicos obliga al adolescente a
recurrir normalmente a manejos psicopáticos de actuación, que identifican su
conducta. Se produce un cortocircuito del pensamiento en donde se observa la
exclusión de lo conceptual lógico mediante la expresión a través de la acción,
aunque en forma fugaz y transitoria, lo que diferencia al adolescente normal del
psicópata, que persiste con intensidad en el uso de este modo de conducta.
El adolescente presenta una especial vulnerabilidad para asimilar los impactos
proyectivos de padres, hermanos, amigos y de toda la sociedad. Es decir, es un
receptáculo propicio para hacerse cargo de los conflictos de los demás y asumir
los aspectos más enfermos del medio en que actúa. Esto es lo que actualmente
presenciamos en nuestra sociedad que proyecta sus propias fallas en los así
llamados desmanes de la juventud, a la que se responsabiliza de la delincuencia,
las adicciones a las drogas, la prostitución, etc.
Es la sociedad la que recurre a un mecanismo esquizoide haciendo que una de
sus propias partes en conflicto, como lo es la juventud, adquiera las
características de todo lo malo y permita así la agresión del mundo del adulto, con
singulares características sado-masoquistas.
La severidad y la violencia con que a veces se pretende reprimir a los jóvenes
sólo engendran un distanciamiento mayor y una agravación de los conflictos, con
el desarrollo de personalidades y grupos sociales más y más anormales, que
última instancia implican una autodestrucción suicida de la sociedad.
Así vemos al adolescente, de uno y otro sexo, en conflicto, en lucha, en posición
marginal frente a un mundo que coarta y reprime. Es esta marginase del joven lo
que puede llevarlo a la psicopatía franca, a la actividad delictiva, o puede
también ser un mecanismo de defensa por el cual preserva los valores
esenciales de la especie humana, la capacidad de adaptarse modificando el
medio que trata de negar la satisfacción instintiva y la posibilidad de llegar a una
adultez positiva y creadora.