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Amma Sara se retiró (a finales del s.

III), cerca de Escete (al lado de
Alejandría) y durante 60 años estuvo en una celda cerca del Nilo. Un día el
demonio quiso hacerla caer con la vanagloria y le dijo
provocativamente: "Sara, tú me has vencido". Pero ella le respondió: "Te
ha vencido Cristo que vive en mí". Así, Amma Sara permaneció siempre
humilde.
Se cuenta que en una ocasión en que 2 anacoretas de fama la visitaron para
que les diera un buen consejo, ella respondió: "yo no soy más que
cualquier mujer esforzada y tenaz, fundamentada en Cristo. Él es mi
Roca". El deseo de Amma Sara era ser olvidada por todo el mundo, a fin
de que su centro fuera sólo Cristo. Demostrando una gran libertad
interior, afirmaba: "lo que yo quiero es mantener el corazón libre para
Dios. Tenemos que hacer buenas obras, pero no para ser alabados por los
demás, sino para gustar a Dios"