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FRIEDRICH DESSAUER

DISCUSION
SOBRE LA TECNICA
EDICIONES RIALP, S A.
M A D R I D . 1 9 6 4
COLECCION RIALP. DE CUESTIONES FUNDAMENTALES
CONSEJO DE DIRECCION:
Juan José López-Ibor. - Rafael Calvo Serer. -Antonio Mi i l i n PuelIes.
Roberto Saumells. -- Gor . ~di o Ferndndez de la Mora. - Antonio Fonrán.
José María Desantes Gu~nt er.
Florentino Perez-Embid.
1. La cuestión sociai, por JOHANNES MESSNER.
2. Dinámica de la hisroria universal, por CHRlSTOPHER Di1 \VSOIV.
3 . Fe y creación literaria, por WILHELM GRENZMANN.
. La expresidtz artistica de las cultitras, por ALOIS DEMPF.
5. La forrnacidn de la pcrsotialidod humana, por AhJTONIO .\lILLAN
I'UELLES.
6 . Historia de la I~, rsrrució~i en Occidente, por FNlTZ \ ' ALIAVEC.
7. La lnstiti~ciórt Librc de E?isctia?zza. por Vl CENTE C.4CHO icios valiirnenes).
3.
Epocas y obras arti.rlicus, por HA h S SEDLMAYR (dos volúmc:ies).
9.
La Ciencia de la Ci~ltirra. por ELIGEN10 D'OlxS.
10.
D!scusidn sobre la t i cni ca. por FRIEDNICH DESSAUER.
Título original:
Streit um dio Technik
@ 1958 bu Verlag Josef Knecht - Carolusdnickerei in Frankfurt am Main.
@ 1964 de la versidn esparlola, realizada por ALVARO SORIANO y LUCIO GARC~A
ORTEGA, para todos los países de lengua castellana, by EDICIONES
RIALP, S. A. -Preciados, 44 - MADRID.
Dep5sito legal: M. 6.068.-1964. N6m. de registro: 1.934-64
SxrZaX~m GRb x c u , Avda. dei Dr. Federicn Rubio y Gall. 181, MadrM.
P RES ENT ACI ON
Friedrich Dessmer -b en Aschaffenburg el 19 de julio de 1881.
Tres ideales orientaron su uida fecunda y heroica.'bl ideal cientiftco.
A ~ t i r del descubrimiento por Wilhelm Rontgen de los rayos que
llevan su nombre, d Dr. Dessauer se dedicd a una serie de atrevidas
experiencias e inventos cientificos que perjudicaron seriamente a su
salud, llegando a poner en peligro su vida. Cuando todavia era colegial
inventó un complicado aparato Rontgen. En su juventud funda y di-
rige e1 complejo industrid Veifa, Se doctora en Filoso\fUr natural,
M- ~~ e Ingimiería. En 1920 la Universidad de Francfmt
¿e nombra catertrdtico. Durante el pmz'odo 1921 -1923 es catedrático de
nlmtero g d&ctm del Instituto para los Fundamentos Físicos de la
Medicina en la Universidad Godhe de Francfort. En todo este tiem-
PO abre nuevos campos 'a la observacibn rontgimuz y obtiene un hi t o
w p & l e al estudiar las zonas iímtt#tej entre Ciencia, Fisica y Me-
dfcuta
~ t t l o # ; S o i E Mi o o e n s u d u f u s s t t ~ ~ . N o p o d f a a c e p
* pair úxs fwmzs Mimr Fjs>rm vmcidas por los poderes demonta-
m W t i mhz hn la tlbdtl pd?di ~~. M, tras la: primera gumm n -
dM @S Mzkdiav ibl R&&q hmt4 1933. S@v la p s t s e de la
~ Q a B r o f e ~ d B ~ d e R Q I
a I W r t r c u W n W m g ~ & I w
~ d d e ~ . d e l a . U ~ d e ~ m S ~ R n I M
vuelve a su cátedra de Francfort con todos los honokes. Otra caracte-
rístira de su vida fue su inquietud filosófica así como su preocupa-
cidn por salvar la escisión entre Ciencia y Teología.
Su obra es muy extensa y abarca el campo puramente especula-
tivo, la biografia y la novela. El profesor Dessauer mwid el 17 de fe-
brero de 1963 vencido por el envenenamiento sufrido en stc jt<ventud
como conseaen& de sus experimentos con los rayos Rorrtgen.
P ROLOGOS
A LA SEGUNDA EDICION DE "DISCUSION SOBRE LA
TECNICA" (QUINTA DE "FILOSOF~A DE LA TÉCNICA")
El autor quisiera expresa su agradecimiento a todos los p
con sus correccz'mes, sugerencias y consejos han contribuido al p-
feeciECLunarm.ento de esta obra; y no en &timo lugar al VD1 pür la
apt& prestada en la confm'dn del regfstro de nombres.
A LA PRIMERA EDICION DE "DISCUSION SOBRE LA
TECMCA" (CUARTA DE "Fux>s~Pfir DB U TÉCNICA")
El 12 de .enero de I%aJ a raíz de mi conferencia "Zukunft des
Ak.ademlkt?rsW (pon>& del Universitario), se celebró en Kmlsruhe
taur reunión de per s di ddes del VD1 a la que se me invitó.
PW &ntancesJ me encontraba ejerciendo mi actividad en Suiza El
objeto de la ratnibn ma la situación en que se encontraba la ani-
RtWia # fl%mmtaerrte eionfwo l&$wih plwkx. &,la titfmkb
iy
al emwgo de e s r r i b & . ~ Iülro que, desde una di&mda
* me , ~~ d -0, resultado y pmqzcti~c~s
~ ~ s t 3 a ~ ~ d a ~ d . E ~ ~ < t c o $ contsrrfci q a v
- - q w d m d l a ~ & I l l j r - P i Z e k
--- ~ ~ * r ~ A ~ d s
i&it?-~dd a ~lemzunia~ a mi ~niwnitid, a ~rmrfat ttd M., 8
10 PRIEDRICH DESSAUEA
u partir de 1954 pttde empezar a trabajar en el borrador, después
de estudiar a fondo una gran cantidad de material.
La primera edición de la Filosofía de la tCcnica había apare-
cido en un tiempo en qtce imperaba el menosprecio, el desconoci-
miento y la remhninacidn hacia la técnica. ?or ello, al refutar los
errores y los ataques injustificados, esa obra tuvo que exponer el
sentido, el valor y la dignidad de la técnica. Y esta es la razdn de
qite repetidumente sa me haya tachado de ser un optimista subjeti-
00 en este terreno.
Y ahora, al final de una vida Wigosa y afortunada, quiero
también hacer profesión de mi optimismo, es decir, de mi afirma-
a'dn de ku Vida, de la Creación y del Espíritu, con plena concien-
cia del Mal y del Peligro. Los fracasos han sido grandes, pero
mayores y más importantes los resurgimientos posteriores. El hom-
bre está abierto al Espíritu y éste es más fitorte que sus adversarios.
Qicíero exp-es@ mi agradecimiento al presidente y a los partici-
pantes de la conferencia de Karlsruhe por la confianza con que me
han distinguido, así como al VDI , en especial a los profesores
Platrk, Koessler y Kraerner, y al dil rctor Berendt, ing&iero diplo-
mado, por ln valiosa y siempre solícita ayuda que me han prestado.
Los profesores de filosofía Hirschberger y Brinkntann tuvieron la
amabilidad de revisar algunas pmtes del original proponiendo me-
joras. También a ellos les expreso mi nsradecimiento, así como
a mi editor y amigo, el Dr. Josef Knecltt, y al Dr. H. Scharp, que
leyó el original con íntima comprensión y me dio muchos y bue-
nos c~nsejos.
Francfort del M., julio de 1956.
D ~ S C U S ~ ~ N SOBRE LA T~CNI CA
DEDICATORlA DE LA PRIMERA EDZCZON DE "F1U)SOFIA
DE LA TECNZCA"
Héroes desconocidos
que servís retirados
sacrificados en la oscuridad,
y dvidados
que impulsáis a la humanidad
según los planes del Creador,
a vosotros está dedicada esta obra
en agradecimiento
A LA PRIMERA EDICION DE "FILOSOFIA DE LA TECNICA"
Si el título de un libro debe expresar su contenido, esta obra
lleva injustamente el suyo. Pero iqué libros llevarían entonces sus
títulos con justeza? Sin embargo, si el titulo sblo significa lo que
el libro aspira a ser, ella es ycz aceptable. Así como antes de mi y a
partir de Sdcrates, a pesar de ello siempre olvidado, han s i d ~ po-
cos los que han emprendido b tarea de profundizar en la técnica,
después de esta obra habrán de venir muchos dispuestos a pene-
trar intelectualmente en ese fencímeno transformador del uniuerso,
encwdrdndolo en el sentido de la vida y en el conocimiento cultu-
?d. +b époea 'ha llegado y ella sucederá ... El mundo contemporti-
neo sólo conoce de la técnica lo externo, lo que se encuentro en-
trelazado con la economfa y el valor dtil de sus formas. Y así se
cmptende la tremenda incomprm.dn y el menosprecio de lo opi-
nidn pública fi-ate a las profesiones thcnicas. El Zim17ntar~& a lo ex-
en k cm@n de h té& priva t&n a h H~~t n' d a d
& g n r n ~ c u l a z s r o l ~ ? W s e ~ e n t r a e n l a s ~ o r m c r s e x t ~
d e l u t b c n i w, s b e n a e w&a
12 FRIEDRICH DESSAUER
A LA TERCERA EDICION DE "FILOSOFIA DE L,4 TECNICA"
Muy a pesm rnio, tenso qtte ceder al deseo del editor, autorizan-
do ttnu tercera edicr'ón inalterada de nti Filosofía de la técnica,
agotatlcr. hace &os y esperada por centenares de peticionarios. Mi
proyecto era preparar una edicidn fundarnentalnze~zte nrteua para
incluir en ella lo qzte entre tanto he profurzdizado en !a materiu, me-
jorando en mi propia exposición alglrnas cosas que, midentcmen-
te, han inducido a mor . La primera edición del libro apareció el
año 1926, y entonces ya habían pasado veinte arios desde que por
primera vez me enfrenté con el conjunto de grandes problemas que
plantea la técnica en una serie de mtículos esm'tos en la revista
"Hochland", y que más tarde aparecieron en forma de libro. El
pensumiento de mi obra se ha infiltrado entre tanto m cientos de
libros y de artículos, frecuentemente deformado, md interpretada
y mezclado con prejzricios y errores de todo género. Pero éste es
sl sino de toda empresa espiritual cuando tierre un car~cter pre-
cursor.
. Noviembre de 1932.
INTRODUCCION
Los hombres se encumtran con la téeniea, a lo largo de su vida,
en tres planos distintos. Todos se encuentran con ella en l+da
cotidiana, en el uso, en la utilización, de objetos y procedimientos
técnicos. Casi todo lo que alcanza la mano y abarca la vista de
la mañana a la noche se debe a ella: muebles, luz, calefacción, agua.,
correo, periódicos, libros, casas y calles, vehfculos y lugares de tra-
bajo, vestidos y alimentos, pero también utensilios artísticos, igle-
sias, esculturas, cálices, cruces funerarias, neveras, de tal modo que
la enumeraci6n no tendría fin. Lo que irrita en primer lugar es la
variedad de formas y de finalidades que encubren h existencia de
U a d deatro & Iri multiplicidad. ¿Que tienen que ver un clavo
de carpintería o una máquina de coser con un somnífero, un avión,
una vidriera o un telescopio? Esta inmensa diversidad induce al
profano que se sirve de las cosas a equivocarse sobre la tkcnica,
considerhndola únicamente como algo al servicio de cada finali-
dad posible, que c a r w ¿e e&W, de valor propio, de relaci6n
ordenada, de "&osw y de dignidad.
L) El ekmum&~ rsaáaka h eacubkto, ademb, la p&e&a cm-
%a úcaico Todas las cosas que iiegrrn así hasta nosotros son cier-
3aaiente por ias que se ha pigaáo. Pero el objeto t6c-
nico, considerado mercanda, es mudo, ya no habia, y d t a el
aspecto hamano de los servidos pr-do8 a trar6s de ias cosas.
El técnico y dguaos profaaos tropiezan también con la t é d -
FRIEDRICii DESSAUER
ca en la produccidn, en su profesión y en la industria. Aquí nun-
ca se encuentra sola Ia tbcnica, siempre está estrechamente entre-
laza& con elementos sociales y, sobre todo, económicos, requirién-
dose cierta experiencia y cuidado para separar ideológicamente los
componentes en los distintos aspectos de la producción. Cintas sin
fin, automatización, lucha de clases, masificación ... yy cuántos otros
conceptos semejantes se dejan oír aquí en la discusión! ¿Cuáles de
ellos tienen su origen en causas sociales, políticas o económicas y
cuáles en la tkcnica? ¿Qué es lo que regula los fenómenos? ~ Dó n -
de han de aplicarse los remedios en los casos anómalos?
La técnica permite una clara visión, que a la vez descubre me-
jor su naturaleza en el aspecto de su origen, formación y aparición
histórica, en la fase del descubrimierzto, la tercera de sus formas
de encuentro con los hombres. En esta fase, se encuentra la téc-
nica más sola, más ella misma, y podemos estudiar su naturaleza
para, partiendo de ella, pasar a sus manifestaciones complejas y a
SUS consecuencias.
I. YKlNLlYlU U C UNA LVlu l KUVEK3 l A
UNIVERSAL
Hoy dia se ha producido mra c-rsta universal alrededor
de la t bi c a . Todavía hace cincuenta años se hablaba de cons-
trucciones, motores, productos químicos, máquinas-herramientas,
pero apenas de la "t6cnica".
Esta palabra se usaba raras veces y en un sentido general, de
manera semejante a como la empleaba Scrates en los Diálogos de
Platón, es decir, como ea Irejwudh de &p.
- En Kntik der U~@%&Y& (Critica del juicio) publicada en
1790, aparece 1 - como "modo de-groceder de la natura-
_ _ - -
leza a causa del fiñ-semejante que encontrarnos en &S mp r o d ~ ~ s " ,
en la considemción de "la naturaleza como arte" y en el sentido de
"~~0- pr ác t i c 0" en contrap,sicih a lo "moral-práctico". En Kant
aa se encuentra la. signiñcacidn actnAde la dcnica como usa po-
En au obra ~etapfr~s~sche
~ &g s g &d e & det~at~senschzft (Principios metaffsicos de la
den& W d ) aparecida en 1786, se encuentra la palabra "*i -
aa" QefMda arms Ntui m m:-dPC1#- uwtriz depende d!
-- ---
- -
8Q€maJ).
I&a el tomo 1 de CapW (1867), de
- -daramente e1 ~a~la$o-dt-k N-
16 FRIEDRICH DESSAUER
no se emplea el término. En esa obra se t'rata de máquinas-herra-
mientas y hlarx pensab.1, al referirsc a ellas, en las máquinas tex-
tiles. Marx veía en estas maqulnas, cuya eficacia es cientos de ve-
ces superior a la del trabajador manual, la primera posibilidad para
el progreso de las clases oprimidas, que así podrían participar en
la vida cultural hasta entonces reservada a una clase privilegiada
a costa de las masas necesitadas, y fundaba en esto su doctrina y su
programa. En cualquier caso, Marx percibió el surgimienro de esa
potencia mundial. aunque no la concebía en su conjunto y unidad.
Ante sus sucesores, como es eI caso de Lenin, la ttcnica aparece
ya como una potencia mundial unitaria y es considerad3 como una
especie de dios de este mundo. Estas ideas precursoras de la téc.
nica y la iiepadd de un3 nueva época la encontrarnos tambiin en
algunos poetas, todavía sin que aparezca la noción dc "técnica".
En el libro tercero (capitulo 13) de la obra Wilhelrn :tIeiste~s
IVnrzderjalzre (aparecida alrededor de 1830) Goethe hace decir d
Susana, propietaria de una fibrica de hilados: "El progreso de Ia
mecánica me preocupa y asusta; se aproxima rodando lenta, len-
tamente, como una tormenta, pero ya ha tomado su diresciijn y
habrá de llegar. Mi marido ya estaba penetrado por este triste sen-
timiento. Se piensa y se habla de ello, pero ni hablar ni pensar
puede servir de ayuda. ;Quién podría imaginar con agrado seme-
jantes horrores! Piense que hay muchos valles que se enlazan en-
t re las montañas, corno este por el que usted ha descendido; aún
tiene usted presente la vida feliz y agradable que ha contemplado
estos días en todas partes, de lo cual le dio a usted ayer el más
satisfactorio testimoftio el limpio gentío que afluyó de todos los
puntos; piense que, tras el paulatino desmoronamiento y extinción,
este desierto, animado y poblado desde hace siglos, recaerá en su
antiquísima soledad. Sólo hay dos caminos, tan triste el uno como
el otro: o adoptar lo nuevo, acelerando la ruina. o marcharse, emi-
grando con los mejores y más dignos a1 otro lado del mar en busca
de un destino más benigno, Uno y otro tienen sus inconvenientes,
pero ¿quién nos ayuda a pesar los argumentos que han de de-
cidirnos? SI! muy bien que se está cerca de pensar en instalar sus
propias máquinas, arrebatando a la masa su sustento. No puedo
censurar a nadie por ocuparse en primer lugar de los suyos, pero
me sentiría despreciable si tuviera que despojar a estas buenas
gentes, y por iiltirno, las viera emigrar pobres y desvalidas. Y tarde
o temprano tendrán que emigrar. Lo presienten, lo saben y lo dicen,
pero nadie se decide a dar un paso que lo remedie, cualquiera que
sea. Pero ¿de dónde ha de venir la decisión? .¿No será tan di-
ffcil para todos como para mí?" '.
Hay, por tanto, preocupación por la era de la máquina q u e '
se anuncia, no quedando más que la alternativa de tomar parte o
emigrar. Al viejo Goethe lo que se avecina le parece amenazador,
inquietante e incalculable en sus consecuencias. Tampoco en él en-
contramos "técnica", sino máquina.
Otra es la postura de Adalbert Stifter. Este autor austríaco
dice el año 1857 en su obra Nachsomtner: "Nuestro tiempo me pa-
rece una 6p&t de transición, después de la cual vcíidrá otra que
superará ampliamente a la antigüedad griega y romana. Trabaja-
mos en una pesa especial del reloj del mundo que para los antiguos,
cuyo genio se aplicaba sobre todo a !os asuntos del Estado, al De-
recho y, a veces, al Arte, era aún casi desconocida: las ciencias na-
turales. Todada no podemos censurar la influencia que este em-
peño pueda tener en la transformación del mundo y de la vida. Aún
estamos demasiado metidos en la etapa de efervescencic. de este
proceso para poder juzgar sus resultados; ~610 estamos en los co-
mienzos del comienzo. ¿Qué ocurrirá cuando podamos difundir no-
ticias sobre la totalidad de la tierra con la velocidad del rayo, cuan.
do nosotros mismos nos traslademos a los más diversos lugares de
la tierra con gran rapidez y en corto tiempo. o cuando podamos
transportar grandes cargas con la misma celeridad? ¿No harA el
fácil intercambio que los bienes de toda la tierra pasen a ser comu-
nes, que todo sea accesible a todos? Hoy día una pequeña ciudad1
de provincias y su contorno pueden aislarse con lo que tienen, l o' '
que son y lo que saben; pero pronto esto ya no será posible, y se
verán arrastrados por el tráfico general. Entonces, para estar a tono;
con esa relacibn universal, el más pequeño tendrá que poder y que
saber mucho m-s .que ahora,
Los Estados que primero adquieran esa ciencia, desarrollando
la educación y la inteligencia, se adelantarhn en gloria, poder y ri-
queza, e incluso podrán poner en entredicho a los demás, Pero
¿qué inadificticioncs habrá de experimentar primero el esptritu on
m naturaleza? Estc es, con mucho, el efecto más importante ... La
_1
En --&ay tPmbi68 juicios positivos, sobre todo ea ci final del
Fauno n.
1 b PRlEDRlCH DESSAUER
Iiicha en este sentido, que ya se ha iniciado, continuará, pues se han
producido nuevas circunstancias humanas, y la efervescencia de que
hablaba aún será mAs grande, sin que me sea posible decir cuánto
durará ni qué males se producirán; pero seguirá una madurez del
espíritu, que, finalmente, vencerá; la prepotencia de la materia se
con\ ~r t i r 6 en una simple potencia utilizable por aquél, y al reali-
zar el espíritu una nueva conquista humana vendrá una época de
grandz~a como no se ha conocido todavía en la Historia. Yo creo
que así se jri ascendiendo p:ldaño tras peldaño durante milenios.
Cuán lejos se llegará, cómo será y cómo acabará es algo que no
lo puildc pcnctrar l a inteligencia humana; para mi sólo es seguro
que h ~ n de venir otros tiempos y otras formas de vida, por mucho
que se resista lo que como última causa es inherente al cuerpo y
al espíritu de los hombres."
Stifter, por ranto. saluda al futuro con el corazón lleno de
esperanza; cree en un progreso sin límites, presiente grandeza, per-
cibe el próximo alivio para muchos padecimientos humanos y ofre-
ce un cuadro profético de los nuevos tiempos.
Pani apreciar con justeza tanto la postura positiva de Stifter
como la recelosa de Goethe hay que tener en cuenta el trasfondo
histórico. Lo material, lo mecánico y, con ello, 1o.artesano-técnico
era poco estimado hace un siglo. Stifter escribía en la llamada "épo-
ca prerrevolucionaria austríaca", es decir, en un tiempo en que el
tiiovimiento del "tercer estado" (la burguesía) aún luchaba dura-
mente en su patria contra el ordenamiento absolutista, feudal y pro-
fesional. En aquel tiempo Pj hasta en nuestros días) todavía había
ideas gnósticas, profundamente arraigadas, sobre la vileza de la ma-
teria; la materia era contrapuesta al espíritu. Ciento cincuenta años
antes del pasaje de Goethe citado el primer diccionario de la lengua
francesa, de Richelet, decía bajo la voz guía "mechanique": "Ce
mot signifie ce qui est opposé A libera1 et honorable ... Le sens en
est bas, vilain et peu digne d'une personne honnete et liberale."
(Citado según A. Rüstow, véase bibliografía.)
Entre los primeros críticos de los nuevos tiempos y sus máqui-
nas citemos a J. J. RQu;Cau (1712-1778), Herder (1744-1803). Schil-
1s(1 759-1805), Pestalozzi (1746-1827) y ~ b z r l i n (1770-1843). 5s-
tos y algunos otros pez?ben el soplo de u n Z G infiltrante, extra-
ño a sus convicciones culturales tradicionales, que no distinguen
claramente ni consiguen expresar con claridad. Y sufren por ello;
sus nianifestaciones son advertencias, preocupados gestos de resis-
tencia, unidos algunas veces a otros de desamparo, de presentimien-
to de lo inevitable, de resignación. L;i palabra "tbenica", .. __- en el sen-
tido que tiene para nosotros, no aparece todavía (aún habría de
pasar largo tiempo) ni se encuentra un análisis suficiente del fenóme-
no. Es como el temblor de la aguja imantada en un campo que su-
fre una perturbación. Algo hay, no cabe duda de ello. pero todavía
no se sabe lo que es ni de dónde procede.
Esta era aproximadamente la situación alrededor del arño @M.
De cómo se progresó en la primera mitad del siglo hablare-
mos en seguida, al tratar de la obra de - 6anz d e l primer
.-_/ ----
historiador especializado, que expuso la técnica como una G e n - A
cia unitaria ínformante de la historia.
Más tarde h a b W a 9r;lica en sentido propio otro poeta y
profeta, que era a la vez un eminente ingeniero: Max Maria von
Weber (1822-1881), el inteligente hijo del compositor Carl Maria
von Weber. Sus cuentos, aparecidos aproximadamente en la misma
época que las poesfas de Stifter, han sido nuevamente publicados
en 1926 por V. 9. L-Verlag, en una buena selección hecha por
Carl Weihe (véase bibliografía); por último, el ingeniero-poeta Max
Eyth también sabía lo que era la técnica.
--
-
DEL PROBLEMA AISLADO A LA REFLEXI~N
Las citas anteriores nos muestran que ~ ~ s h d mi del si@@ p-
sade'eran ciertammt-& pacm los qm hA1.bWan de lp teenjPm ea el.
sentido actual, pero que hubo- hombres como Carlos Marx, Goethe,
Stifter, Weber y Eyth que percibieroñ el avance -de !a nueva época,
previCndoIa unos, como Goethe, con desconfianza, y otros, como
Stifter, prof4ticamente y con esperanza, como una satudable trans-
formación del mundo.
En aquel tiempo se hablaba y se escribia mucho de materias, te-
mas y métodos tecnicos aislados, . de tecnología, cinentitica, med-
nica, inventos, patentes, construcción de máquinas, y más tarde,
especialmente, de ia fioreciente dect rut mi a ..-pero por d mcmca
r
Confrontar lsls expli~~cicmts a la obra Lkutsclic Gemhiohte n# 19.
h h de Fkmz ScAn~~ss. en el parágrafo 13 de ate capítplo.
20 PRIEDRICH DESSAUER
t o el término - "t6c&a", como expresi6n global d e un sector unita-
rio, aparece raras veces. En el título de un libro se encuentra por
primera vez el año UJ7, en l a obra Glundlinien *ner Philosophie
der Technik, del Dr. Ernst Kapp, profesor de geografía de Dussel-
dorf, y en la disertación ~ i l t u r tlnd Technik, del año 1884, de
Franz Reuleaux. En la primera década del nuevo siglo aparece el
tErmino técnica en su actual sentido en los títulos de algunos tra-
bajos (véase bibliografia).
Este silencio sobre la técnica como forma potenciBl ttnitaria tie-
ne s~c fzrndamento histórico. Se trata del mismo fenómeno que se
observa en el curso histórico de distintas actividadcs humanas. Pri-
meramente se presentan problemas aislados, que de una manera pro-
gresiva son solucionados total o aproximadamente. Un día se eIn-
pezó haciendo representaciones plásticas aisladas de objetos diver-
sos. se comenzó a estudiar problemas aislados de yomet rí a y de
anrilisis. hlás tarde, después de profundizar en una gran cantidad
de problemas conexos, llega el momento del conocimiento del con-
junto, la etapa más reflexiva, que ya contempla a ese conjunto como
algo uni~ario, y penetra en su naturaleza, sus métodos y su sentido.
¿Qué son y qué pueden ser las arte? plásticas? ¿Qué es matemáti-
ca? [Qué es "existencia matemática"? Para aducir un ejemplo fa-
moso veamos el caso de dos contemporáneos: Leibniz e Isaac NCW-
ton. Este último, al solucionar 13s cuestiones matemáticas que le
planteaba la física, adquirió fama entre sus colegas de ser un auten-
tic0 'icascanueces'l en materia de problemas. Para realizar su gran
idea de reducir las órbitas planetarias elípticas de Kepler a la teo-
ría ~ravi t at ori a de Galileo tuvo que diferenciar dos veces la ecua-
ción de la órbita según el tiempo, descubriendo el cálculo diferen-
cial. Leibniz, por el contrario, tenia una mentalidad filosófi- ~a re-
flexiva. Este también descubrió por su cuenta el cálculo diferencial,
pero no como solución a un problema físico, sino en busca de un
"ars magna" (un gran arte), un arte Iúlico ', un mCtodo de pensa-
miento. Y quien trata con ello sabe cuán pronunciado es el carácter
reflexivo y de autoconocimiento en las matemáticas modernas (teo-
ría de las funciones, "análisis situs", geometría diferencial, etc.) y
Raimundus Lunus (el espaiíol Ram6n Llull) (1235-1315), místico y fi 6-
sofo, buscada un emechanismus~ para la resoluci6n de problemas del pen-
samiento, algo parecido al iogicismo o a las calculadoras electrónicas
actuales.
DI SCUSI ~N SOBRE LA TBCNICA 21
en la investigación de principios matemáticos. Pero también las
matemáticas empezaron con los problemas aislados que plantearon
la agrimensura, la astronomía y el tráfico comercial.
Lo mismo ocurre con la técnica. Desde la primera aparición del
hombre en nuestro planeta quedó expuesto a ciertos peligros, con-
tra los que tuvo que luch-, . . y se enwntró can necesidades y de-
seos que quiso satisfacer. Así aparecieron las herramientas de pie-
dra, los hogares, las chozas, los trajes, las armas, los medicamentos,
los carruajes y !os aperos de labranza, miles de cosas y procedi-
mientos creados par los hombres para resolver cada v a un p&¡e-
ma aislado dentro de su medio ambiente. Y así sucede también hoy
día. El que entre objetos tan hsterqéneos como una pala, una cha-
queta, un palacio, un vehículo, un libro, un instrumento musical,
una navaja, un tubo de rayos X, un sillón, un fusil, una pomada,
una dínamo, unas gafas, un dique, la dinamita, el vidrio, la aspirina,
e1 telégrafo y el microscopio haya una midad, aiaa afinidad esen-
cial, una relación interna, una intima unión de sentido, wigen, obje- V
tivo y método, y con una significación más profunda, incluso una
fuci án camún, el que, por tanto, se trate de algo unitario en su
1 -
- - - -
--
totalidad. de una potencia ---- histórica ----- y de un factor-transformador
del mundo, todo esto, el verlo claramente, el realzar consciente-
mente todas sus consecuencias, planteando con ello la cuestión de-
finitiva, el hacer de ello una controversía universal y una demanda
de la humanidad, todo esto es algo cuya comprensión ha quedado
reservada a nuestro tiempo. La etapa de la reflexión sigui6 tambien
en este caso con marcado retraso a la etapa del conjunto de proble-
mas aislados y llev6 a la "discusión sobre la técnica", que movili-
zó a todos los componentes de la controversia, provocando prejui-
cios y prudentes ponderaciones, manifestaciones entusiásticas o des-
pectivas y toda clase de pasiones, que comprenden acusaciones,
incriminaciones, alabanzas, recelos y esperanzas, que en cuanto a
la cuesti6n definitiva explican la técnica como enemiga de Dios y
sustitutivo de la religión, como diabólica, eticamente indiferente,
infernal, creadora, religiosamente destructiva o -&va,
Esto es siempre así. lQuC gran cantidad de obras di~srgefftm en
prosa y poda abarca el concepto general de "lite~p&mt"l ¡Y
abundancia de reflexiones, juicios y vacilaciones se encueatráa c8
la ciencia literaria, en la dirrcwióa sobre la literatura ccmm
unitario, sobre su historia, sus tendencias y sus doreul 1Qu4
22 FRIEDRICH DESSAUER
trovertidas las opiniones y qué llenas de contradicciones las críticas
cotidianas! Esto es precisamente propio de la formación de la con-
ciencia social, y, por tanto, no debe asombrarnos ni espantarnos el
que en la discusión sobre la técnica se oigan tan distintas voces aun
cn nuestro tiempo.
I
El comienzo de la controversia universal aún se hizo esperar en
nuestro siglo. Cuando hace cincuenta años (1906) publiqué en la re-
vista "1-Iochland", bajo el título Gedanken iiber Technik, Kultur und
Kunst (Reflexiones sobre In tholica, la cu?tzrrn y el arte), mi prime-
ra serie de artículos, que mris tarde aparecieron en forma de libro
con el titulo de Tcchnisclte Krrltttr (Citlttaa te'cnica), publicado por
la misma editorial (Kosel, Kempten), me las tuve que ver con rnu-
chos comentarios, asombros y estrañezas. " L Q U ~ pretende ese téc-
nico? ¿Qué tiene que ver 13 técnica con el arte y la cultuia?" Esta
fue, más o menos, la reacciiín. En aquel tiempo yo me dedicaba a
la construcción de aparatos científicos (era el momento del des-
arrollo de la totalmente nueva técnica radioscópica), y me sentía
oprimido por la sumisión de la creación técnica ante la economía,
por la falta de categoría de los ingenieros en la vida social y por
su escasa disposición y capacidad para salir de su especialidad y
ocupar el debido puesto en la dirección del acontecer social. Yo
veía que nuestros aparatos radioscópicos salvaban o aliviaban anual-
mente miles de vidas humanas. l o que a lo largo de las generaciones
es más de lo que daña o aniquila una guerra. ¿Y quien se enteraba
de que, en peligro, nosotros también trabajamos en el telar del tiem-
po? Yo percibía que el "ethos" de este trabajo realizado, olvidán-
dose de uno mismo, que disciplinaba e imprimía sacrificios, psef a
su dignidad y estaba emparentado con la creación artística. En una
entrevista que tuve el año 1905 con el director de la revista "Hoch-
land" le expuse mi pensamiento. Esta entrevista con Carl Muth,
reformador de la literatura cristiana, que entonces pasaba por una
dpoca de clara decadencia o, en todo caso, de marcado estanca-
miento, tuvo para mi un doble valor: el comienzo de una auténtica
amistad, que durb, durante cerca de cuarenta años, hasta su muer-
~rscusró~ SOBRE LA TÉCNICA 23
te, y la invitación para que escribiera en "Hochland" mis ideas. Cito
a continuación las palabras introductoras al primer párrafo, El pro-
blema, por encontrarse bosquejada en ellas la situación al comienzo
de nuestro siglo.
"El inexorable desarrollo de la técnica, la abundancia en las for-
mas externas de vida, la irresistibilidad con que se realiza este pro-
greso de los poderes materiales y la ineficacia en sí misma de
todos los llamamientos y requerimientos para retroceder, ha provoca;
do un profundo descontento, un menosprecio, emparcjado con ras-
gos de tristeza, frente al principal contenido externo de nuestra
época.
Se habla de una amplia- sobreestimación de la tCcnica, de un des-
arrollo excesivo de la cultura extern,a, que produce un gran vacío y
un fuerte balance pasivo en la vida espiritual. Se dice que- l a in-
tranquilizadora precisión del trabajo de la máquina esclaviza el es-
píritu del hombre e implanta formas de vida totalmente mecánicas.
Y ésta es precisamente la venganza de la materia, la de los genios
de la naturaleza, que, aunque esclavizados por los hombres y arras-
trando sus cadenas, sojuzgan a sus mismos domadores, obligándoles
a ejercer el oficio de negreros, sin que tampoco a ellos les quede
libertad para vivir una vida superior. Se consigue la perfección en
las formas externas de la vida, pero, en última instancia, el anhelo
de los hombres no se reduce a la vida acomodada. El hombre quie-
re sc=r crpcJor, aunque sólo sea en el más pequeño terreno, aunque
s6l0 sea en la vida de su pensamiento, y esto, por lo que parece,
es precisamente lo que le arrebata &es60 fiempo, u n ~ &h l e . - - al
servicio -- &-la m w .
Estos pensamientos de muchos, y no de los peores de nuestros
contemporáneos, encuentran poco eco en los círculos tticnicos, y,
lo que es más importante, no causan impresión. El tiempo sigue
inevitablemente su marcha por caminos que parecen constniidos con
hierro y acero por las manos de los ingenieros, y a cada gñto de
exhortación las tCcnicas responden: "No es cierto lo que decís de
nosotras. No nos comprendCis porque no os tomáis el trabajo de
apiri~~-@&nos a nosotras ni a nuestro hacer, y porque por alEo
- - ".-
noO&nseg&s a d h r una partimi -tiva a t e ~ ~ e s t r o ~ tiempo. NQS
dds que wl a 8 i mo s a los espíritus. P m les qae ha bW
xk kpx que liberara mbs esfiitus 7- Dods que
M*, y no l o somos, pero nos i n c i i n ~ s ante Nu
-- m - - .
- -
24 PRIWRICH DESSAUER
decís que arrebatamos a los hombres el amor y la caridad. ¿Es
que alguna época ha hecho más por los pobres, los enfermos y los
dolientes? Nos decís que achatamos y destruimos la personalidad.
¿ES que alguna época ha ofrecido más medios y más libertad que
la nuestra para el desarrollo de la individualidad?
Nos reproch3is amargamente que nos falis la ambición noble y
viva, el cálido ardor del amor a !a humanidad y e1 alto vuelo del
ideal. Pero os respondemos: Está bien, nos despreciáis; pero, a
pesar de ello. nosotras ayudamos a la humanidad más que vosotros,
más qi?c todas las épocris a las qiie os referís y en las que os b3siis;
ayudamos a la humanidad eficazmente sin vosotros. porque así lo
queréis. inc!uso a pesar de vosotros."
Recuerdo bien una conversaci6n que sostuve con un renombra-
do historiador de la cultura en casa de Carl Muth, en Solln bei
München, despiiés de aparecer mis artículos. Este historiador no sa-
bía a punto fijo qué hacer conmigo y mis esplicaciones, y trataba
la cuestión con benévola ironía. La "técnica" no era para él una
cuestión cultural. Naturalmente, había toda suerte de "m,lquinas",
demasiadas, en verdad, pero esto, para 61, no pasaba de ser algo
externo, sin apenas relación con lo espiritual gr lo cultural, y que a
sus ojos también carecía de unidad. Algo que perrnanecia íntima-
mente ligado a lo "material", sin avanzar en ningún punto hacia lo
esencial y lo verdadero. El que se ocupara de la materia tendría que
rebajarse a si mismo y a su espíritu, tendría que dirigir sus ojos
hacia abajo, sin poder levantar la vista hacia la luz, hacia el ele-
vado campo del espíritu. Los técnicos, naturalmente. eran necesa-
rios, pero estaban y seguirán estando en un orden subalterno. Y del
mismo modo pensaba el mundo ilustrado.
Reproduzcamos aquí algunas de las ideas de mi pequeño libro:
La técnica allana obstáculos que se oponen al progreso cultural del
gknero humano. El término medio de la humanidad se eleva cultu-
ral y -espiritual en la misma medida en que progresa la técnica.
Lo que antes era accesible a unos pocos y ahora a algunos más, fi-
nalmente será accesible a muchos, a muchísimos, a casi todos ... La
, tCcnica es interpretada como el fructífero hacer humano por el co-
i . nocimiento de la naturaleza, que tiene como consecuencia ia libe-
raci6n frente a la miseria y Ia lucha contra lo abyecto, pudiendo asf
desarrollarse la cultura espiritual. Esto no quiere decir que la cui-
tura deja d e existir por obra de la lucha y el dolor, sino que estos
(la lucha y el dolor) son transportados a un plano más elevado. La
"lucha proporcionari4 a los hombres alas más fuertes, en lugar de
cortárselas". Una tecnica altamente desarrollada hace que el indi-
viduo BO necesike t i t o de la riqueza para poder tomar parte en la
cultiira. Esto puede demostrarse con ejemplos. La misma Europa,
que se queja de la tdcnica, la lleva a cualquier punto donde se in-
tenta ayudar a algún pueblo atrasado, pues s610 así puede quedar
liberado su espíritu. El apartado siguiente se ocupa de la desigual-
dad que se observa al comparar la estimación que se hace de la
obra y del hombre en la tdcnica con la de la obra y el hombre en
otros terrenos, como la literatura, el arte, la administración, la filo-
sofía, la política o la diplomacia. Entre los ejemplos que prueban
la existencia de ese menosprecio se señala que Alemania vive gra-
cias al intelecto de sus ingenieros. Cuando, por ejemplo, se exportan
productos de gran valor no es tanto la materia prima contenida en
ellos lo que les hace ser apreciados como el intelecto técnico que
se les ha aplicado. Es ese intelecto el que, por tanto, sufraga
1% gastos y el que &termina decisivamente el tenor de vida. Sigue
un examen sobre la psicología del trabajo técnico. Sus característi-
cas son la renuncia al propio yo y la dedicación al objeto ,y a a
/
obm, puss e1 trabajo técnico no permite ni egoísmo ni mentira. De
aquí la influencia educativa que se ejerce sobre el técnico, que pe-
netra profundamente en el campo de la cr eaci b .artística. En el
capítulo final se trata del papel de la religión, que ha de dar conte-
nido a nuestro tiempo, y de la técnica, como liberadora del hom-
bre, que, exige el reconocimiento positivo de nuestra &poca y nues-
tro destino y la recusación del menosprecio actual.
COMIENZA LA DISCUSI~N SOBRE LA TÉCNICA. LOS TECNÓCRATAS.
FILOSOF~A DE LA TÉCN~CA
En aquel tiempo sucedía algo especialmente vejatorio: los mis-
moo técnicas, en su mayoría, permanecían encogidos aisladunente
en slte fugcionfs qeciaits, de ttti mala que le si t t d6a de la pro-
f e s i ó n e n ~ d y l a E i s i ó n p l a a ~ d e h t O c n i c a e n i f r e -
m dh8 a0m' y S h ¡ l l bdS. &Cha~ COElVW-
sacianes decepbanta Bie crwiittilc~n hasta qué punto perahaba
26 FRIEDRICH DESSAUER
el miedo al conocimiento y a la reflexión, la adhesión a la especia-
lidad y al problcma aislado, y también, en muchos casos, la postura
de los t kni cos economistas 4. Por ello las mismas o~i ni ones proce-
dentes de la propia esfera eran débiles y aisladas. En la vida social
era también muy poco, desproporcionada~ente poco, lo que se ad-
vertía en presencia del técnico. En la mayoría de los casos éste no
qucri:~ sobresalir ni intervenir en la sociedad, se sentiz inseguro y
preicria permanecer en la concha de su especialidad. Mi s adelante
hemos de hablar aiin de las causas de esta situación, que hoy toda-
vía no ha sido comptetamente superada.
Aun cuando en aquellos tiempos (de los que ya nos separan cin-
cuenta años) el problema de la técnica como potencia histórica to-
davía era algo extrafio no faltaron totalmente opiniones sobre ello,
y Ia bibliografía cita diversos trabajos, como el de A, du Bois-Ray-
mond sobre invenciones, el de Wendt y E. v. Mayer sobre técnica
y cultura, el de West sobre técnica e industria, el de Geitel sobre
el proo,rcso triunfal dc la técnica y el de Beyel sobre ética, técnica
y cristianismo. Todas estas obras y otras que aparecieron más tarde
no acertaron, sin embargo, totalmc,ite, a pesar de lo mucho de vs-
lor que se encuentra en ellas. Esto tambiCn es aplicable a los tra-
bajos históricos y a
las raras contribuciones hechas al tenia por
los filósofos y sociólogos, a pesar del interés de sus obras. En 1912
apareció un buen trabajo de Julius Goldstein, profesor de la Escue-
la Técnica Superior de Darmstadt, publicado en la serie'! "Die Ge-
sellschaft ("La sociedad"), de Martin Buber, y también el mismo
año un artícuio de W. Sombart sobre técnica y cultura. Max Schnei-
der es autor de una disertación, Uber Technik, techtzisclres Denken
und technische Wirkungen (Erlangen, 1912), excepcionalmente rica.
La postura crítica de Waiter Rathenau también mereció atenci6n.
Un año antes de la primera guerra mundial Eberhard Zschimmer
hizo el primer intento serio de escribir una Filosofía de la técnica.
Pero la técnica todavía no era tema de una controversia universal.
La conciencia de que a Occidente se le avecinaba algo grande y uni-
tario, una potencia transformadora del universo, estaba sólo des-
pierta en algunos individuos, y no en la sociedad europea o norte-
americana. Se advertía ya en lo individual, pero todavía no en el
Un destacado tecuico y literato defendió tenazmente en su corres-
pondencia conmigo la concepci6n de que la temica no es otra cosa que un
sector de la economía.
DI SCUSI ~N SOBRE LA TÉCNICA 27
conjunto. Tenía que presentarse un acontecimiento que dirigiera
hacia la tbcnica la mirada de muchos, y ese acontecimiento se pro-
dujo en 1914 con la primera guerra mundial.
La generación que tenía suficiente edad para vivir consciente-
mente el principio y el curso de aquella guerra desaparece hoy día,
pero aún quedan entre nosotros algunos testigos que recuerdan cómo
variaban entre vivas discusiones los juicios sobre las condiciones
necesarias para llevar la guerra con éxito. El contenido de este cam-
bio encontró su expresión en una frase frecuente en aquel tiempo,
con algunas modificaciones: "Los técnicos han arrebatado a los ge-
nerales el bastón de mando." La decisión fue impuesta por los ca-
rros de combate. la navegac'ión, la artillería de largo alcance (Gran
Berta), la aviación, los servicios informativos inalámbricos. la capa-
cidad industrial ("poteacial de guerra técnico"), las bases nacionales
de materia prima y el rendimiento del mbajo. Y después del de-
rrumbamiento de 1918 se vio claramente que sería necesario el
esfuerzo de todos los elementos thcnicos para poder salvarse de2
caos económico. Los &pi->s de t d o género fueron llamados. Y
respondieron al llamamiento.
Esta fue una poderosa y eficaz enseñanza objetiva, haciéndose
universal la controversia sobre la "técnica". Los mismos técnicos se
hicieron más conscientes de su unidad y de su misión. Junto a
la a c t u a 1 m ent e centenaria Asociación de Ingenieros A 1 e m a n e S
(V. D. L) se formaron otros grupos. La Unión Técnica Alemana
("Reischbund deutscher Technik"), fundada en los meses del derrum-
bamiento, buscó asi la formación de una conciencia propia entre
las diversas clases tdcnicas, a la vez que intervenfa a favor del pres-
tigio del técnico, de su dignidad y de su participación en la vida
social. El papel dsl t h i c o en k rw:onstm&ón de Alemania se
csnvirtió un asunto. de primer o~den, movilizándose asimismo el
escepticismo y la oposición. Ailn era frecuente el hablar, tanteando
imprecisamente, de "algo" que se presentía, de lo que se conocfan
algunos aspectos y con lo que se tenía algunos encuentros, a lo que
generalizando, "pars pro toto", se le daba el nombre de "tCcnica".
La bibliografia, ordenada por años para hacer visible la acumula-
ción de opiniones sobre la técnica entre ias dos guerras mundiales,
contiene autores de los m& diversos ramos científicos y las opi-
niones más opuestas.
dencia filos6fico-teológica (Lilje, M. Schroter), la incom~rensión ra-
dical (Rd. Spranger. V. Gott!-Ottlilierifeld, Teop. Ziegler, P. Feidkcl-
lerj, la apreciación sociológico-~daghgica de fil6sofos y economistas
(Kautz, Rosenstock, H. de Man, HümmIer y e:ros) y la apologia de
la técnica (Coudenhove-Kalergi) han sido, en su mayoría, contribu-
ciones de personas ajenas a la técnica. Ahora bien, los t6cnicos yiie
intervienen en la contro.rrersia se esfueizan visiblemenre por 1 ~ g d r
el conocimiento de la naturaleza, la di ~ni dad y la misitín de la tec-
nica. En artícuIos y discusiones se manifiesta algunas veces lo difíci!
que resulta para los especialistas llegar a una visi6n de conjunto'
partien60 de lo aislado, conocer la técnica en su pura esencia y no
verla desfigurada en sus relaciones con la economía, los mercados y
el dinero o con circunstancias sociales temporales y con frecuencia
escabrosas. Las obras sobre la historia de la Técnica (Matschoss,
Weihc, Darmstadter y otros), así como algunas biografías, contribu-
yen a aclarar este punto, siendo los más considerados Max híaria
von Weber y Eyth. Kollman y Anders serialan la relación existente
entre la perfección técnica y la belleza. En algunas obras, como en
íos libros de Henry Ford, se encuentran pasajes que se aproximan
a la esencia de ia tCcnica.
Ta mpc o falta la oscilación pendular contraria, la acentuación
unilateral de la técnica.
Como ejemplo de la sobreestimación de la técnica ha sido adu-
cido repetidas veces el del movimiento norteamericano llamado tec-
nocracia, una especie de doctrina sociológica de la gracia, que ataca
el sistema capitalista privado, calificado por los tecnjcratas como
un "sistema de precios". Este movimiento comenzó después de la
primera guerra mundial, alrededor del año 1920, alcanzando su pun-
to álgido ante la atención pública unos j i ez años después, cuando
se produjo en los Estados Unidos, extendiéndose después sobre el
mundo, la gran crisis económica, con su tremendo paro forzoso, y
muchos aceptaron con 0. Spengler que no se trataba, como en
otras crisis, de un fenómeno periódico pasajero, sino de la quiebra
definitiva del ordenamiento económico y social.
El punto de partida de la tecnocracia era bastante teórico. Alre-
dedor del ingeniero Hiyard Scott, Ün hombre de la mejor volun-
tad y un idealista, se reunió un grupo de ingenieros, cientfficds y
especialistas económicos, dispuestos críticamente (como Thorstein
Veblen), a1 que la Universidad d e Columbia ofreció temporalmente
asilo y la posibilidad de trabajar en su sección tecnolbgica. El di-
rector de esla secciiín, el profesor Rau:ensrraiich, protegió primcra-
mente el trdbajo del grupo. pero mi.s tarde se zpart6 de! movimieri-
to. v sl yritpo se diiolvió. al pc.rdcr su l u ~ a r de trabajo. El punto
de partiL1a de! estudio, reali~ndo al principio czlladaniente. fue el
hecho ;e31 del fuerte aumento ¿onse:uido a través de la técnica cn
!a capacidnd yrodiictiva, dc !o que, ,-ntre otros, era un ci em~l o for-
rnidablc !s transformación de la 1;ldlistria norteamericsnd drtrance
la guerra n~u:ldial para fabric.ir armas y municiones, así como el
convencimiento de que estas posibilidades dc producci3n podricin
ser medidss, y, por tanto. podrían calcularse los gastos de ener-
gía, dc :n,iteris prima y de tienipo de trabajo. Estos calculos debían
servir de base después para uria producción y distribuciSn sistemá-
tica, que sust i t u~cra a !a esplotacicín sin planificación técnica di-
rigida por el afán de lucro. Por ello el primer trabajo del grupo fue
una E ~ I c ~ c ~ S~~r ~* t ? r j / 0f ATorth -\~?t(~ricct, que debía abarcar tres iiiil
asuntos y aportar dociimcntación siificiente y exacta sobre ellos.
El lenia de los tecnócratas erd: "Yd es hora cie que nos hagamos
conscientes de cómo viviinos y de cómo podría~nos vivir."
Y cuando se rrodujo la pran crisis este acontecimiento pareció
se: una confirtnacirin para ellos. pues lo habían profetizado sobre la
base de sus investigaciones. Tenían por cierto que su causa estriba-
ba en la capacidad de la producción técnica en masa, que hacía
superflua a ia enorme masa obrera permanentemente y no sólo du-
rante una crisis pasajera. Según sus cálculos, eran suficientes pocas
horas de trabajo y cn la pIanificacicin, ejecución y distribución de
la producción los técnicos debían sustituir a los economistas y a
los políticos. También pensabari en un nuevo sistema de intercarn-
bio y valoracián, basado en "certificados de energia", que sustitu-
yera al dinero. Querían ser apolíticos.
La gran sensacibn y la apasionada discusibn alrededor de la tec-
nocracia se produjo cuando un inteligente periodista, Wayne W.
Parris, expuso a la luz del día, en tres artículos publicados en la
revista "New Outlook", el pensamiento y la obra del movimiento,
que hasta entonces había permanecido oculto. El momento era opor-
tuno para lograr un Cxito, pues la crisis económica había hecho
ascender a doce millones el número de los parados en los Estados
Unidos, y la quiebra de bancos, industrias y empresas comerciales
y de transporte era cosa corriente. La crisis era tan grave que mu-
chos la consideraban insuperable. Su aparición se produjo en contra
del parecer y los pronósticos de los economistas de relieve y de las
proclamas de la administración Hoover, provocando una acalorada
discusión pública J- muchas propuestas, frecuentemente utópicas.
Este sensacional trastorno económico, la superabundancia de
bienes en los almacenes, cuando millones de personas no podían
comprar y vivían en la indigencia, y la falta de rentas, que condu-
cía a echar cai6 al mar y a quemar cereales cuando en China y cn
la India se cnseñoreaba el hambre, pareciij ser la quiebra de todo el
sistema capitalista privado. Los tecnócratas culpaban-de ello exciu-
sivamente a la escesiva producción lograda por la técnica, y calcu-
laban que, en nú~neros redondos, seiscientas horas de trabajo por
año y trabajador (o sea unas tres horas diarias) bastarían pronto
pcira proporcionar a toda la población el más alto nivel de vida. La
fábrica automática sin trabajadores, que tan frecuentemente apare-
ce c.n la literatura actual, ya fue anunciada entonces por los tecnó-
cratas. En sus ejemplos &tos aducían datos sugestivos, que con
frecuencia sólo eran exactos en sus principios, y no numéricamente.
"Un zapatero de la antigua Roma tardaba cinco días y medio en
confeccionar un par de zapatos. Así que los 7.200 zapateros que
aproximadamente había en Roma hacían en el mismo tiempo 7.200
pares. En una fábrica moderna el 'mismo número de obreros pueden
fabricar en dicho tiempo 595.000 pares." Es decir, que esto signifi-
ca una capacidad productiva ochenta veces superior con el mismo
esfuerzo humano. Eran muchos los ejemplos como este que se pre-
sentaban. En la fabricación de tejas y ladrillos la productividad por
hombre y hora había aumentado 650 veces; en la producción de
hierro fundido el aumento era de 600 i7eces, y de parecidas propor-
ciones era el progreso en laminación, en la producción de lámparas
incandescentes, en la fabricación de botellas y en otros terrenos.
Además de esto citaban las, en su opinión, posibles producciones
fundamentalmente tkcnicas que hasta entonces no habían sido rea-
lizadas técnicamente, como trajes casi irrompibles, hojas de afeitar
prácticamente sin desgaste, automóviles capaces de rodar más de
600.000 kilómetros, calzado de piel artificial, con una resistencia
muy superior, etc.
Aun cuando en las duras rdplicas hechas a los tecnócratas (par-
ticularmente por parte del director de The Iron Ags, John H. van
Deventer) se señalan errores, y sobre todo generalizaciones excesi-
vamente primitivas, fue exacta sureferencia al enorme aumento ex-
tperimentado por las posibilidades de producción, a la ganancia de
tiempo disponible y a la necesidad de una explotación más sistemá-
tica, e incluso ocasionalmente dirigida. Pensaban en una especie de
dirigismo realizado por ingenieros sobre la base de un amplio y exac-
to estudio de los antecedentes, aunque no llegaron a presentar su plan
sobre ello, pues antes de elaborarlo querían reunir datos estadísti-
cos obtenidos mediante el cdlculo sobre algunos miles de artícu-
los. También en esto era exacto que el ingeniero merecía una ma-
yor influencia en la organización de la producción. Mucho de lo
que aquellas gentes señalaban y querían se ha realizado en tiempos
posteriores. Así, la conciencia del aunaento en la capacidad produc-
tiva, el posible acortamiento de los tiempos de trabajo, el problema
de los tiempos disponibles, los aspectos técnicos del dirigismo y la
posible automatización progresiva. Pero el grupo de los tecnócratas
se quedó en el camino. Simplificó y generalizó demasiado, consi-
guiendo con ello, ciertamente, un éxito de principio, pero haciendo
a la vez muy fácil el de sus contrarios. En este movimiento unila-
teral de honrados entusiastas había también una semilla sana. So-
bre esto no puede darse por bueno un juicio como el emitido por
el profesor Rüstow ("Ordo" Anuario IV, 1951, pág. 384), al decir:
"Esta desenfrenada exaltación por el progreso técnico, e incluso por
el mero progreso como tal, prescindiendo de toda finalidad y de
toda utilidad, toma justamente el carácter de un r eden, &no re-
ligioso demoníaco y funesto, de una cruzada inquietante y vaga por
la exaltación rabiosa del rendimiento máximo a cualquier precio.
Y, como toda teologia, tambiCn esta religión atea del racionalismo
desenfrenado exige, por Último, de manera paradójica y fantástica,
el sacrificio del intelecto. Cudqek pmgmta sobre el sentido del
conjunto, cualquier duda &&re si ccmpema el esfuerzo y d sacri-
ficio, se convierte en pecado contra el espfritu, y en una imperdo-
nable debilidad. El frenesi religioso se_ convierte en un deber, y
s610 existe una consiipa: ~~d o l a n t e ! ~Siernpfe adelante!
En la cumbre de este proceso estaba, por último, cierto grupo
-- := - -- -
de tCcnicos . de tal manera persuadidos _I_- sobre la -. uaabs 91ut 2- ~&~~
ri o~i dad de su me- nt -d~f.&da-&.que, siguiendo la mi-
xirna: "El hombre es noble, d t a t i v o y baesio"; se sentían oMi-
....._d* ---cc
gadus a configurar según su m&& -te WOS ---- los - - . .
de la vida y,- sobre todo, a la econonila po Ut h, y qac predieabam
32 FRIEDRICH DESSAUER
el ideal de la tecnocracia con el fanatismo de los iluminados y los
elegidos como único camino auténtico para la rendición del mundo:
Y aún hoy en día quedan rezagados de esta extraordinaria secta."
Así escribe Alexander Rüstow en un artículo titulado Kritik des
technischen Fortschritts (Críricrr de! progreso técnico).
Incidentalmente: ;Qué es "mentalidad de fotoccilco azul"? El
error de los tecnócratas es m9s profundo y, tntrtatis mictandis, tam-
bién ha sido cometido por otros. Su base de partida era demasiado
debil, pues, si se quiere actudr cori utilidad en la vida de Ia sacie-
dad, hay que partir de un amplio movimiento y no súlo del de una
especialidad; tiay que conccer 21 complcio jucgo de ~riuchos fac-
tores que existen y considerar cl rango de su importancia. Hay que
separarse lo suficiente para lograr una visión de conjunto. El mejor
especialista no puede conseguir nada bueno cuando quiere dirigir
el acontecer gcnerxl sólo, o demasiado, según las reglas de su
especialidad, seii este cspcci~lista ticnico, filósofo, economista, polí-
tico, teóloso o lo que fuere. Muchos errores de todos los tiempos
se han hecho culpables de pnrtir de una base excesivrimente débil.
y e1 mismo Rüstow, en su critica. no está libre de ello.
Pero los tecnócratas, que (sin hablar de ello) veían ante si algo
parecido a lo soñado por sir Francis Bacon en su obra Nova Atla?ttis
(1624), que esperaban la grandiosa utopía de un estado racionalizado
basado en el perfecto conocimiento de las ciencias y de la técnica,
quisieron empezar a realizarlo con bastante precipitación, con bue-
na intención y con miras excesivamente estrechas. Y Eracasaron,
pero lo que había de bueno en su ambición quedó y fue eficaz en
el correr de los ticmpos.
Entre ambas guerras mundiales, yo también tomé parte repe-
tidas veces en la discusión y nunca hice nada por acallar esta con-
troversia en ini ambiente. En una amplia correspondencia con
muchos de los autores de entonces, expresé algunas veces mi con-
formidad, aunque en la mayoría d e los casos traté de precisar las
opiniones contrarias. Así llegué a escribir un libro sobre Filosofía
de la Técnica, el problenla de la realización, intentando atraer Ia
atención de los interesados, pertenecientes o ajenos a las profe-
isiones técnicas, sobre la esencia de la técnica y presentando ésta
como la realizacibn de ideas de un género especial, esencialmente
unitarias a pesar de su multiplicidad. Esta esencia de la técnica
se advierte con !a mayor claridad y pureza en el momento en que
-
D ~ S C U S I ~ N SOBRE LA TBCNICA 3 3
se produce por primera vez el paso a la realidad sensible y palpa-
ble desde el mundo de las ideas, cuando, siguiendo a Du Bois-Ray-
mond, se realiza el "descubrimiento" de la "jnvención", en ese
momento en el que, partiendo de una idea inmanente cada vez más
acrisolada, se produce por vez primera un invento, que, a través
de su elaboración intelectual y manual, en adelante existe como
un objeto en el mundo sensible, de una manera autónoma e inde-
pendiente de su creador, comafin de lo que en la conciencia del
inventor era objetivo. Una vez visto en su punto de origen lo
"propiamente" técnico en su pureza, ya es pequeño el peligro de
confusión al contemplar la técnica unida a otros fenómenos en
la fábrica, en el ejercicio de la profesión, en la investigación, en
la agricultura, en las artes industriales, en la medicina o en el
tráfico comercial. Y ya se está libre de caerxn identifimcisnes.tan
radicdmente falsas como las de igualar a la tdcnica con la má- y
quina, la industria, la producción, el trabajo en serie, la mecani-
zación, la explotación del hombre o la masificación.
El libro, escrito el año 1926 y publicado a principios de 1927,
alcanzó rápidamente tres ediciones y, después de la subida ai poder
de Hitler, fue prohibido como todas mis otras obras. Un segundo
trabajci, mds pequeño, escrito en colaboración con Carl August
Meissinger, que llevaba el título Befreiztng der Technik (Liberación
de la Técnica) (liberación frente al prejuicio, a la incomprensión
y al abuso económico), sufrió la misma suerte. El nuevo régimen y
la guerra mundial de Adolfo Hitler acallaron en Alemania casi por
ca~ip1eko !a discusión sobre la tdcnica. En otros países, tambiCn
perdió intensidad. La guerra había acaparado la atención de los
hombres: "inter arma silent Musae."
En la discusión, y como personas ajenas a la técnica, intervi-
nieron con frecuencia sociólogos, historiadores de la civilización,
economistas, literatos, teólogos y filósofos, resultando sorprendente
que apenas a@aa..de e k s bubi i axnacb neta Qe k, que 1Qs
mi- €&cnlcos hablan m i t o en almdmrtes trabajos sobre su
p r a f d n y su m4si6n. El aut oconoci m~& &ea tkaiico tiese por /
p u w de p&da el aamtecer t k x b , pathmh, pee taa* de
d e W y no se basa m ~ t e en los encuentra
externos con los fenómenos complejos, dormados socialmente,
en ia mayoda de los casos, a írmbs de la econoda. Entre esres
tbcnicos que hablaban y d b f a s sobre la témica había autores
importantes y de relevante inteligencia. Si se les hubiera atendido,
hubieran podido evitarse algunas desagradables inconiprensiones,
pero no se les conocía. La postura original de los no interesados y
de los negligentes se convirtió inmediatamente, en aquellos críti-
cos, e l escepticismo, recusacijn e inculpacibn: Utilizaban la téc-
nica como algo natural que tuviera que estar a su disposición.
como In luz. la conducción de agua. el teléfono, las medicinas. el
ferrocarri:, el papel o los libros; no renunciaban a ella, pero la
encontraban mala, de poca categoría, peligrosa y amenazante. l a
calificaban de signo de la decadencia. e incluso de genio maléfico
de la rebelibn, de lo antiespiritual. de lo material y como obra de
la serpiente del Paraíso, viendo en ella, por tanto, la rebelión contra
lo que pasaba por ser tradición sacrosanta e inapelable. Queremos
citar algunas de estas opiniones. pero an'tes hay que señalar que
esta ienorancia de lo que los técnicos de profesión han aportado
31 csc1arecimicnto de la cuestión sigue siendo corriecte ho~7 en día.
Los críticos, con pocas excepciones. no saben nada de la obra de
los mistnos técnicos o, al menos, no la consideran. Naturalmente
este es un frecuente abuso que no se encuentra sólo en nuestro te-
rreno. En riiis tiempos de estudiante, y también más tarde.'he
oído con frecuencia opiniones que rechazaban, por ejemplo, la
totalidad de la filosofía. Como es natural, también en esto se tra-
taba de ignorancia. Y de la misma manera, las ciencias naturales
eran entonces, para algunos círculos que no se entregaban a ellas,
algo de poca categoría. Había otros que declaraban a la teología
ridícula j1 anticuada. He oído juicios negativos de algunos filósofos
sobre las matemáticas como ciencia cuantitativa y numérica sin
profundidad. Y, hace doscientos años, los cirujanos tenían que
luchar duramente para conseguir el reconocimiento de su ciencia.
Todo esto pertenece a la inclinación humana a buscar las solucio-
nes de menor dificultad. Si also es despreciable, no hay por qué
ocuparse de ello. Por tanto, cuando aparece algo nuevo en el hori-
zonte, puede uno dispensarse de molestarse seriamente por ello,
en tanto sea considerado poco importante y de baja categoria. Por
supuesto, que, con frecuencia, esto dura poco tiempo.
DJSCUSI ~N SOBRE U TÉCNICA
CONTRIBUCIONES A LA DI SCUSI ~N HASTA EL FIN DE ~ . 4 SEGUSDA
GUERRA MUNDIAL
Sigue a continuaci8n una seleccián de las numerosas opiniones
aportadas al problema de la técnica hasta el final de la segunda
guerra mundial. Estar opiniones se comprenderán más fácilmente
si se tiene en cuentá que muchos autores del mundo entero se sin-
tieron sorprendidos por el poder de la técnica. "Lcr_.Técnica" se
hizo de pronto sen.ible para ellos. Inadvertida hasta entonces en
múltiples individualidades, considerada "natural" y sin cohesión,
es contemplada de golpe como una totalidad inquietante que se
expande. Se espantaron, como al despertar de un sueño, ante la
nugx,z-potencia configurante de nuestro destino. que. inadvertida-
mente, había penetrado en la sociedad por mil canrinos distintos.
Encontramos algunas veces expresiones de ese espanto ante lo in-
comprendido, con i:l que han tropezado desagradablemente en
todos los aspectos dg: la vida. Es digna de mención en muchos crí-
ticos de la época la seguridad con que se expresan. el tono pro-
fético, la formulacir;~~ apodíctica de sus juicios que, sin embargo,
no son más que op:*,iones profanas, el amplio eco que sus acusa-
ciones encontraron , encuentran. Esto es válido también para la
crítica posterior. Sin embargo, tampoco esto es sorprendente, pues
en todo tiempo ha sido más fácil, atrayente y seductor criticar
defectos que elogk*, Los críticos acerbos siempre habrían tenido
más seguro el éxito si hubieran aportado un mínimo de ingenio
y suficiente agudeza y conciencia individual. Esto ya lo sabia el
joven Séneca, un cwjtemporáneo de Cristo. En este sentido, decía
que toda época ha rido declarada por los críticos contemporáneos
a e& como espedalmente mala y pobre en valores auténticos, llena
de signos que anuncísban el desmoronamiento total, degenerada y
pervertida. El hombre está sujeto a las imperfecciones de su época
y, además, proyecta' subre Csta su propio fracaso. De las circiuis-.
tancias del pasado ss poco lo que sabe, pues ya no le afectan. Lo
que los 11% y mwms emeñIin mbre ello son fragmentos escogi-
dos a los que 9e g g mq d h . El recuerdo de las desgradas pasadas
no se conserva con -do. Por d o encuentran dificultada los tm-
36 FRiF,DRlCH DESSAUER
bajos de investigación que, con serena ponderación, intenta mos-
trar las circunstancias de un suceso sin deformaciones, tal como
fueron y con autentico conocimiento del fenómeno. Estos trabajos
no alcanzan las grandes tiradas que, por ejemplo, consiguieron las
feroces obras de Oswald Spengler, cargadas de resentimiento; y
ello es así porque no hacen concesiones al impulso que dormita en
todos nosotros: aumentar la importancia de nosotros mismos, mien-
tras que, con10 jueces enojados, lamentamos los defectos de nues-
t ro ambiente. Es un fenómeno universal el estimar tanto menos una
cosa cuanto menos se la conoce. Entonces puede fluir sin trabas.
irresistible, brillante, y con rica fantasía, el curso de los sentimien-
tos, de los prejuicios y de los simplificaciones, mientras que, por
el contrario, el conocimiento de causa ata, modera y refrena.
Sin embargo, es también cierto que semejante crítica, a pesar de
todo. también puede ser Útil. Estimula, obliga a reflexionar. despierta
espíritus indblentes, provoca oposiciones, mantiene la controversia,
y así conduce al autoconocimiento. Y es de esto de lo que se Trata.
La existencia de una conciencia despierta sobre los poderes de su
época pone a una generación en el camino de frecuentes y repetidas
discusiones, y hace que acumule experiencias frecuentemente dolo-
rosas. La misma abundancia de repeticiones, que algunas veces
repugna, es un fenómeno que acompaña a la formación de la concien-
cia social.
$ 6
AUTORES DE NITESTRO SIGLO
En los tiempos anteriores a las guerras mundiales y entre kstas
y la aparición del nacionalismo, se publicaron obras cuya lectura,
en la actualidad, más realista y desengañada, resulta extraña. Su ]en-
guaje es autoritario, pretencioso y algunas veces, profético. Sus auto-
res se muestran- coma hombres que saben cómo son las cosas y cómo
debieran ser, como soberanos de la reflexión y de la crítica que exi-
gen la adhesión de los lectores; ciertamente, encontraron esa ad-
hesión. La Decadencia de Occidente, de Spengler, alcanzó una tirada
de seis cifras. Su obra El Hombre y la Técnica fue, durante algún
tiempo, la novedad del día en salones y clubs, y ha contribuido con-
siderablemente a la incomprm~6n sohe la técnica.
Ernst IUnfáer escribió una obra con el título Der Arbeiter (El
Trabajador) en la que tambien se considera la técnica desde un án-
gulo particular.
De este último quiero citar tres párrafos. El mismo Ernst Jünger
ha resumido a1 final del libro su contenido. Transcribimos, a conti-
nuación, lo que dice sobre la técnica.
"Llamamos técnica al modo y manera en que la figura del tra-
bajador pone en movimiento el mundo. La tCcnica, como iui medio
aparentemente neutral, que, sin embargo, sólo estj sin protesta
a dispocici& del trabajador, comprende el ataque contra los sis-
temas históricos y los pderes culturales.
La técnica no es el instrumento de un progreso ilimitado, sino
que conduce a una situación totalmente determinada e inequívoca
que se caracteriza por una creciente constancia y periección de los
medios, paralela a la formación de una nueva raza, pero esto no
puede conseguirse de una manera arbitraria. Todavía vivimos en
un mundo excesivamente cambiante que empieza a separarse del
carácter dinámico-explosivo de los antiguos talleres a travbs del
perfeccionamiento de los mCtodos y del cálculo en las procedi-
mientos.
Aun en aquellos casos en que la técnica suministre los medios
autoritativos, s610 será posible la terminación de los preparativos
cuando el trabajador la sustraiga a la concurrencia y a la iniciativa
nacional y estatal, y estabilice y legitime los cambiantes medios revo-
lucionarios.
Esto s610 es posible cuando el trabajador se sirve de los recur-
sos que s610 a 61 le están subordinados no en un sentido liberal,
' sino en el de una raza superior."
En la obra de Ernst mer, que 8 w - e l:, v i s h Sgt&zada,&l
obseso el pomdor de Ia Uf-' hmws, se roza, pero no
".a-- -- .?.-l. -
- p . - - 2 "
se comprende, el p r o b l e a Ia t h i c a . La obra misma, como
suele suceder con las obras proféticas, ha sido superada por los
acontecimientos y, por ello, incluso sus mejores pasajes son de
escasa trascendencia.
Por e¡ coutrario, todavía se deja sentir con frecuencia la influencia
de otra autor, que tiene dentemeate su origen en Nietesche y
que se ha expresado on urna extraodiada obra sobre la tbcnica.
2. Oswald SpengEe7.
La concepción de Oswald Spengler "rocede de su misma pos-
tura general. En el hombre ve a un animal carnicero y, en la técnica,
"la táctica de la vida en su totalidad", "la forma intrínseca del
modo -- de proceder en la lucha, que se identifica con la vida misma".
En su amplísimo y nebuloso concepto de la técnica entra tanto
"la técnica del león que sorprende a una gacela", como "la técnica
diplomitica", la técnica de la equitación o la del pincel; en resu-
men, al principio del libro habla de una actividad que se dirige
hacia un fin. Y, al final, al hablar de técnica, se refiere a la me-
cánica.
Spengler está en el bando de Nietzsche; la vida es "la lucha
cruel e implacable por el poder, una lucha sin cuartel". "El hombre
es un animal carnicero." "Los ideales son cobardías." "El animal
carnicero es la forma superior de la vida cn libertad." "El ser un
animal carnicero otorp,~ al hombre su alto rango." "Un herbívoro,
según su destino, es una presa." "Un animal carnicero hace botín."
Todo esto se expone biológicamerite de uria manera, en cierto modo,
profana. "Listo en sentido humano, actica?ncnte listo, sólo lo es
el aninial carnicero. En comparacicin con él, el herbívoro es tonto."
"El mundo es el botín, y de esta realidad se deriva, en última ins-
tancia, el desarrollo de la cultura Iiumana."
En su confrontación de los animales carniceros (a los que perte-
nece el hombre) con los herbívoros. Spengler llega a decir: "¿Qué
es lo contrario del alma de un león? E1 alma de una vaca." En sus
argumentaciones sobre carnívoros y herbívoros mezcla la antítesis
.
de lo masculino con lo femenino. Si esto no le hubiera ocurrido, hu-
biera tenido que escribir león y toro, lo que, como historiador de
la cultura, hubiera sido más propio de él, pues en los juegos cir-
censes romanos se soltaban leones y toros en tiempos del Imperio
(y en otros), venciendo algunas veces en la lucha el le6n y perdiendo
otras. Pero esto no se hubiera ajustado a sus propósitos. Por la misma
razón, pas6 tambiCn por alto la fortaleza del rinoceronte y la as-
' Todas las citas han sido tomadas de la edici6n de 1931 de la obra
de O. S P ~ ~ L E ~ , Der Mensch und die Technick, Beitrag zu einer Philosophie
des Lebent, publicada por C. H. Beck, Munich, con el nombre de Zwotftes
bis zwanzigstes Tausend.
tucia y la fuerza del elefante, ambos herbívoros, así como otras
cosas que no servían para sus propósitos.
"Cuando se comprende acertadamente, se observa la existencia
de una ética de los carnívoros y de los herbívoros," sigue diciendo
Spengler. La lucha es para el animal carnicero, según Nietzsche,
"el mayor sentido de la vida, que le ennoblece, amor fati. Y el hom-
bre pertenece a esta especie". "El hombre no es simple, tonto y
bueno por su naturaleza ... Por e! contrario, la táctica de su vida es
la de un animal carnicero espléndido, valiente y astuto. Vive ata-
cando, matando y destruyendo. Quiere ser señor desde que existe."
Ahora bien, la diferencia entre la técnica humana y la animal
es demasiado grande. Spengler lo toma en cuenta y, abandonando
provisionalmente el tipo de animal carnicero, dice: "- - $cni ca de
estos animales es una técnica genérica. No _ es ___. iriy&a, no puede
aprenderse ni es capaz de desarrollarse. La abeja ha construido
sus panales siempre igual desde que existe y los seguirá constru-
yendo así hasta que se extinga." Y aún menciona termitas y cas-
tores: "Todo lo que puede el hombre, lo han conseguido también
algunas especies de animales." Estas son afirmaciones algo temera-
rias, a las que sigue un brusco cambio: "Y, a pesar de ello, todo
esto tiene, en rigor, poco que ver con la técnica humana. La técnica
del g6nero es inmutable ..." Sigue ahora una serie de frases dignas
de atención:
"La técnica humana, y sólo ella, es andependiente de la vida
del género humano. Es el único caso en toda la historia de la vida
en que el individuo se s ut r a a la presida dsl gánero. Hay que re-
flexionar largamente para comprender lo prodigioso de este hecho.
En la vida de los hombres, la técnica es cansciente, arbitraria, mu-
dable, personal e inventativa. Es apcgac&Qa-, y el hpm-
se ha convertido en el cwdot de su propia táctica vital. ~ i l a es
su grandeza y su fatalidad. Y a la forma intrínseca de esta vida
creador* Is lhnazws &RE, poseer cultura, crear cultura, padecet
por la cultura. Las creaciones de los hombres son expresión de esa
existencia en forma pwscmd."
Spengler ofrece despues, tambiCn con gran seguridad, sus opi-
niones sobre los orígenes - - del - - hombre, da- mmarr y de los h a
ni i msot ~. " ~ e & no $k, las qg~A&-actCvidad_g la -&di<&- del
---Y --. --A-------
hombre aiíbieron de tepcr .. m - --
lo &vieron la m&~ S ei #s&tame~to, lo que hasta ahora no ha
sido notado por nadie. La mano desarmada, poi si sola, noitiene
ningún valor. Exige el arma para ser arma ella misma." "Ningún
otro animal carnicero ha elegido el arma, pero el hombre no s610
la elige, sino que la produce reflexivamente." Y ahora sigue una
observacibn característica: "Con ello ha conseguido una tremenda
superioridad en la lucha contra sus semejantes y contra la totalidad
de la naturaleza." Nótese que dice "superioridad contra" y no. como
pudiera esperarse, "superioridad sobre" la naturaleza. "Esto es la li-
beración frente a la coacción del género, algo único en la historia de
la vida en este planeta. Con ello ha nacido el hombre. Así ha Ilega-
do Spengler. a su manera, al concepto de la capacidad de realízación
inventiva, que ya había sido expuesta hacía tiempo por otros autores
con mayor prudencia. Spengler no conocía los trabajos de otros en
este terreno. (Entre unos 26 pasajes que cita en sus notas, se refiere
a sí mismo veinte veces y ninguna a personas familiarizadas con la
técnica.
"Al pensar del ojo, a la aguda e inteligente mirada de los grandes
animales carniceros, se suma ahora el pensar de la mano. .. Pero el
hombre, el animal creador, ha derramado sobre el mundo una abun-
dancia de acción y de pensamiento creadores ... Bajo el poderoso efec-
t o del acto individual libre y consciente ... Se configura ya la autén-
tica alma humana ... Con la mirada orgullosa y melancólica de los
iniciados sobre su propio destino, con el indomable sentimiento
del poder en la mano acostumbrada a la acción, enemiga de todo
el mundo, matando, odiando y decidida a vencer o morir." En esto
se advierte el régimen hitleriano, lo que aún resulta más claro en
sus siguientes palabras sobre el fuerte solitario, cuya "alma total-
mente guerrera, se siente celosa y desconfiada del propio p d e r y
botín". "Esta alma conoce el éxtasis cuando el cuchillo se hunde
en el cuerpo enemigo, cuando el olor de la sangre y los gemidos
excitan los triunfales sentidos," Así se imagina Spengler un alma
humana primitiva a la que el ojo, la mano y el arma le otorgaban
la supremacía, diciendo sobre esto que "todavia en las ciudades
de civilizaciones posteriores, todo verdadero hombre siente, de
cuando en cuando, el rescoldo de esta alma primitiva". Pero el es-
tudio de la prehistoria no ha confirmado esta teoría sádico-fantás-
tica (confrontar en este punto, entre otros, los trabajos de Portmann).
Esta -- al mz ad dibujada p r Spengler y, a través de la mano del
hombre, dotada "con el arma elegida reflexivamente y produci-
da artificialmente", se rebela contra la naturaleza, a la que ha
"arrebatado 4 privilegio de la creación". Esto es lo que integra la
"Historia Universal", al mismo tiempo que la tragedia de los hom-
bres, porque la naturaleza es más fuerte.
La mano y el instrumento caracterizan en O. Spengler el primer
peldaño de la evolución. El segundo peldaño se llama Lengua y
Empresa. . -
"Se-muncia un mundo nuevo de procedimientos y pensamientos
técnicos." El principio de esa época se fija con igual arbitrariedad en
unos cinco mil años antes de Cristo, mientras que la investigación lo
fija mucho antes. SpengIer escribe: "¿Qué es en todo esto lo psi-
quicamente revolucionario?" Yo doy la contestación: "La conducta
sistemática de los níás." Aquí podemos pasar por encima de algunos
párrafos sobre el nacimiento del lenguaje y la formación de la
sociedad. "El animal carnicero llamado hombre quiere aumentar
- - -
conscientemente su superioridad muy por encima de los límites
de su fuerza fisica" y sacrifica una parte de su libertad personal
a la reflexión y al cálculo de la mayor eficacia, convirtiéndose en
"esclavo de su penszmiap". En sus consideraciones sobre la mano
y el i nst rkent o, Spengler distingue entre fabwcación y utilizacI6n.
dando la mayor importancia a la utilización, En la sección que de-
dica al Lenguaje y a la Empresa, distingue entre trabajo de di-
rec;cfb~_y trabajo - - de ejecucibn, siendo más importante el primero.
Para ambos existe una técnica, "impuesta y obedecida por la natu-
raleza". Esta es "la forma primitiva de la vida humana, que tan
múltiples aspectos ha adquirido, ciertamente artificial y antinatu-
ral. pero em ss la cultura".
"Las luchas de los animales carniceros entre si produjeron
la guerra ... El derecho humano es siempre un derecho de los fuer-
-- -
tes... Antes, como ahora, la Historia es la historia de la guerra."
El hombre, - - - --. "este pequeño crea_r-frente a la naturaleza ..., se ha
. - e. --
a .- - - - - - .
convertido en e s c c o de su propia crw&6n". "El animal carnice-
ro ... se ha cazado a sf mismo. G s casas de los hombres son el
gran símbolo de' esto." ''No es cierto que la thcnica humana -ahorre
trabajo."
La concepción de l a*= como_reb1dk- - c~g&~~bral eza
es 7con&~k-en el capitulo final, titulado Auge y ocaso de la época
da las mdqztim~ &l6 - - - d= las ciudades (Atmas, Bagdad) '(-
por m A e t o lujo ..., por completo artificial". "Y. en este sentido,
- - - --.-
42 PRIEDRICH DESSAUER
los procedimientos tecnicos que han ido madurando en esas cul-
turas son también lujo ..." Esta exposición se convierte en el tema
ideológico del libro spengleriano La decadencia de Occirfertte, al
que tanta atención se ha prestado. .. "una voluntad de poder ... en-
:.uelve, por Último, a nuestro planeta y lo transforma s través ...
de la monstruosidad de sus procedimientos técnicos". El experi-
mento es la "estratagema del ariimal carnicero intelectual". Como
antes a la materia y a los animales, hay que sub!ugar ahora n los
elementos. "Crear un mundo, scr tino rnisrno Dios, fue el sueiio
fáustico, en el &al, desde entonces, tienen su or i ~en todos los
proyectos de máquinas que se aproximan en todo lo posible a la
meta inalcanzable del Perpetriu~n mobiie." "El que no estuviera
poseído por el deseo de omnipotencia sobre la naturaleza, tendría
que considerar diabólico todo esto y, siempre, la mríquina ha sido
considerada y temida como un invento del diablo."
También encontramos algunas frases caracteristicds sobre la psi-
cología del invento: "En realidad, la pasión del inventor no tiene
absolutamente nada que ver con las consecuencias del invento. El
inventor quiere gozar del tritinío sobre difíciles pioblemas, disfru-
tando de la riqueza y de la gloria que Ic produce el éxito. Ei que
su invento sea útil o funesto ... no Ic inquieta." "¿Es que tales con-
siderdciones (sobre trágicas consecuencias) han hecho alguna vez
que un inventor destruya su obra? Esto sería desconocer la natu-
raleza de animal carnicero que tiene el hombre." Spengler repite
aquí nuevamente su afirmación de que, a jxsar de los inventos,
"no se ahorra nada de trabajo humano". Aduce después el corio-
cid0 argumento de la despersonalización, de la distancia entre el
hombre y sus acciones, y su tétrica profecía desemboca cn una
irrecusable decadencia: "El señor del universo se convierte cn
esclavo de la máquina." "Los caballos enfurecidos arrastran a la
muerte al vencedor caído." "Un mundo artificial adultera y enve-
nena al natural. La civilización misma se ha convertido en una
máquina ... Tan sól o se en caballos de vapor." Sigue des-
pués una descripción de los supuestos sfntomas del derriimbaniien-
to. "El tercero y más grave de los sfntomas estriba en lo que yo
llamaría la traición de la técnica." "En lugar de mantener ocultos
los conocimiéntos técnicos, el mayor tesoro que poseían los pue-
blos blancos, fueron.. . arrogantemente ofrecidos al mundo entero.. ."
"Esta técnica mecánica termina con el hombre fáustico y un día
--
será reducido a escombros y olvidada." "La historia de esta técni-
ca se aproxima rápidamente a su fin inevitable ..." "Sólo los so-
ñadores creen en posibles soluciones. El optimismo es cobardta."
Me doy cuenta de que a la joven generación le resulta hoy di-
fícil de comprender que las duras palabras de Spengler causaran
entonces semejante impresión, que sus libros fueran "best sellers"
y que su concepción de la técnica como arma del rabioso, poseído
por el ansia de poder y cruel, pero admirado, animal carnicero
llamado hombre, en su rebelión contra la naturaleza, influyera
tan ampliamente entre las clases intelectuales y seudointelectuales.
Pero así fue y su nihilismo y su total negación estuvo de moda, ha-
' ciendo escuela & jui¿io sobre la técnica. Cierto que si el hombre
-..
: no es otra cosa que un soberbio animal carnicero. la técnica será
un'arma asesina y la cultura, saqueo. Un biologismo primitivo y
-_ 3.- -
-. . -
tosco conduce al fracaso, como cualquier intento de explicar todo
unilateralmente partiendo de un punto, por mucha confianza que
se ponga en sí mismo al intentarlo.
Sin embargo, tambi6n es cierto en este caso que incluso de la
exageración puede surgir una u otra verdad; en nuestro caso, la
verdad percibida por Spengler es que la importancia de la técni-
ca no es fundamental para el desarrollo del hombre y de su espe-
cie, y el hecho dc que en los abismos secretos de la persona huma-
na también se encuentran los gérmenes de ese animal carnicero.
Si estos gérmenes se desarrollan nace el peligro, y si consiguen la
supremacía se produce la catástrofe tal como la hemos experimen-
tado.
3. Friedrich Georg Jünger
A principios de la segunda guerra mundial, Friedrich Georg
Jünger " hermano menor de Ernst Jünger, escribió un libro de
doscientas treinta páginas con el título de La perjecgC6n-de ja téc-
nica, que, según hacen suponer ciertas manifestaciones y publica-
ciones de los años siguientes, causó impresión a muchos lectores.
Su lectura resulta instructiva tambiCn hoy día para comprender
cómo el correr del tiempo barre afirmaciones y desmiente pronós-
ticos expresados enfáticamente y con seguridad apodíctica. (Las
citas siguientes han sido tomadas de la segunda edición ampliada.)
Poeta y ensayista nacido m 1898.
4.) FRIEDRICH DESSAUER
F. G, Jiinger ve en la técnica un antagonismo contra la naturaleza
y una explotación exhaustiva de ésta. Según él, se yerra cuando se
espera algo de la técnica que no sea técnico en sí misnio, por oiern-
plo, una reducción del trabajo o una ganancia en tiempo libre.
"Incluso el menor de los procedimientos técnicos de trabajo
coristirne más energía de la que produce." ";Cíimo, pues, podría
r::oi:.:uirse un exceso a través de la suma de esos procedimientos?"
"De lo que se trata es, más bien, de un consumo cada vez mi s
intenso y de una explotación exhaustiva como hasta ahora no se
había conocido en la tierra. La explotación sin consideraciones y
. .
~; !~i : i vcz rn:i.; ;ritensa es la característica de nuestra técnic a..." "La
c.-$otación del trabajador téchico es un fen6meno que acompriña
rit.ces;irinrnente a la explotación universal a que la t kni ca somete
2 ! J i.i?rra.''
En las páginas siguientes se arnplía esro con rotundas afirma-
~iidne.;: 1.3 máquina, cuando está perfeccionada. consume "iricom-
:; :;clblemente nihs". Cuanto mns perfecta sea, tailto mayor ser& su
coiisi.lmo. "La técnica 20 crea nueva riqiiez'i. sino que destruye la
esi.;tc:~t,.:, v, a través dc !a esplotacinn exharistiva ..., agota con su
itro+:i;:l.;i, i:ts rescrvas dc ias que depende."
,. .
:,,i;cr: dc;pi;i una (errnnea) caracterizaci6n del setitido de la
ccor~orriiri como afán de lucro. "El bienestar o la desgracia del ca-
pl!:li.;ta es, para él (para el técnico que aspira a la prfecci3n), tan
Ir;(.iilerente como el bienestar o la desgracia del proletario."
"La técnica como conjunto ... se desarrolla a costa de la econo-
ml a, agudiza ia precaria situacjón económica y conduce a una eco-
rioii:ia deficitaria tanto inás evidente cuariio más progresa el afán
.' ..
.:- ;..:r.fc:cihn tkcnica."
i ; ~ pasajes en que F. G. Jünger habla de la técnica como de
la "m3s grosera forma de la mala administración", c3!ificrinJol3 "de
explotación exhaustiva" y cosas semejantes, son tan frecuentes
que no hay espacio para citarlos. Pero ni una sol2 vez cncontra-
mos una fundamentación a travCs de !os hechos, de las cifras o
de la estadfstica, y en ningún lugar nos ofrece una prueba.
Sigue la caracteriza-ción de la técnica . como . automatizaci6n,
-c.--.-
con la consecuencia para el hombre de que "e! automatismo hace
presa en 41 y ya nunca le suelta".
F. G. jünger trata de la relación entre técnica y organización,
que se fortalecen mutuamente. Para el progreso técnico, es fun-
DISCUSION SOBRE LA TECNICA 43
damental un concepto del tiempo mecánico-relojero, un "tiempo
muerto".
"El progreso de trabajo técnico no ~er mi t e descanso ..., pues el
reloj es un conjunto de ruedas", lee el asombrado lector ".
''¿Quién es capaz ... de contemplar una rueda parada sin expe-
rimentar una sensación de frío al reconocer en ello el símbolo del
tiempo muerto ... ? Pero el filántropo que en la época del progreso
técnico compadece a aquellos esclavos que trabajaban en la rueda
del molino, es un loco si no comprende que el progreso técnico no
trabaja en otra cosa que en la construcción de un molino de tam-
bor de dimensiones monstruosas, basado en el principio de la rue-
da." "Rueda ... símbolo de la muerte...", etc.
Sigue después la afirmación de que "el trabajo manual no es
aliviado por .1 progreso de la mecinica" y de que con el r.vance
del técnico especializado aumenta el "funcionalismo" y la "depen-
dencia del trabajador frente dispositivo y a la organización del
trabajo", "perdiéndose el derecho a la libertad".
Al hablar de las relaciones entre los trabajadores y la máquina
dice: "... a travCs de la máquina siempre se producirá ;ina pérdi-
da de trabajo y nunca una ganancia. Ciialquier máquina.. . trabaja
con pérdidas fijas ..." "El progreso pretendido por los tkcnicos con
sus crecientes procedimientos de trabajo, es semejante a un fuego
que arrasa todo a su paso."
El autor habla seguidamente de la influencia de la tecnica per-
feccionista sobre el trabajador. "En el raciocinio del obrero existe
un defecto, que se refleja en el ciispositivo. La manifestación de
este defecto del raciocinio es su receptividad para la ideología."
"Fuera del progreso técnico no puede haber un socialismo."
"...Llega el instante en que socialismo y técnica se confunden."
Como ocurre con la mayoría de los autores tampoco aqui en-
contramos una verdadera definición de la t~cnica. Algunas veces
se la identifica con la mecánica y otras con la máquina. A veces
parece mencionarse con eilo algo general. Al tratar de las relacio-
nes existentes en la naturaleza entre finalidad y causalidad encon-
tramos una formulación que limita con una definición, aunque falta
Todos los relojes se basan en e1 principio de los "tiempos propios"
como los del pendulo en los relojes verticales y los del volante en los de
bolsillo. Las ruedas se utilizan para servir fines secundarios (transmisión
del movimiento a la esfera, etc.).
46 FBIEDRlUi DESSAUER
la afirmaci6n expresa: "si partimos de que la ticnica es una imita-
ci6n de la naturaleza ..."
El autor aborda también b que es con\-eniente para la técnica.
Sobre esto dice: el técnico "tiene un interés directo en que en 1 . 1
explotación haya tantos automóviles como sea posible, pues esta
mecanización del tráfico responde a sus exigencias y pretensiones".
"Exige que cada uno posea por lo menos un automóvil ..., pues la
mecanización del trabajo y la orgrinización del hombre estan inse-
parablemente unidas." "El pensamiento técnico, al que es inherente
una ilimitada ambición de poder, surge aquí imperioso j7 sin con-
sideraciones."
"La mdquina es un invento imitativo."
"La explotrición exhaustiva, práctica impulsada por 13 técnica.
tiene su correspondencia en el pensamiento del mismo técnico. Y
cuando este pensamiento se convierte en funcional, la consecuencia
es una avanzada destrucción, una desolación como la que podemoq
apreciar en el campo de la industria." Las afirrníicionzs de este
género se repiten con frecuencia en el texto del libro.
"La ambición d2 poder del técnico termina por querer subordi-
nar al Estado, sustituyendo con su técnica a la organización es-
tatal."
Sigue una pinttira del técnico como enemigo del derecho y dc
Id propiedad. "En genera:, puedz ilccii.5~ de estas intrusiones en
el terreno del derecho lo mismo que sobre las intrusiones en otros
terrenos, pues el progreso técnico se dirige contra todo lo iniiióvil,
contra lo que tiene permanencia y estabilidad, contra lo que se Ie
cierra y le excluye."
Sigue ahora el ataque contra la intervención de la tkcnica en la
medicina. "Hay que hacerse la pregunta de si los institutos de iu-
cha contra el cáncer, que se encuentran en todos los paíscs. no
contribuyen en mayor medida a la propagación de esa enfermedad
que a su curación."
La técnica, se dice después, también perturba con su progreso
la estabilidad de ia moneda. "La desvalorización de la monecia no
es un fenómeno local ni pasajero, sino que ha sido provocada en
una fase determinada del progreso técnico.. ."
Después se denuncia la intrusión de la técnica en la organiza-
ción universitaria y escolar; mientras esto ocurra, la universidad
se convertirá en una escuela técnica de ingenieros. En el terreno
de la alimentación, la tCcnica provoca sucedáneos y escasez, de tal
manera que "las dificultades de alimentación son tanto más graves
cuanto más gane la tCcnica en perfección".
Las inculpaciones se dirigen después-también sin intentar una
fundamentación documental-a la indiferencia de la técnica fren-
te al individuo y a su oposición frente al derecho y al Estado; el
producto técnico carece de clase, de calidad, de bondad y sólo tiene
uniformidad. La técnica sustituye en la ciencia las grandes concep-
ciones del pensamiento intuitivo por la "actividad mecánica" y por
"la fría capacidad acomodaticia que acecha a los fenómenos". Des-
pués se dirige la polémica contra las ciencias naturales, que "in-
terpolan" "comprensibilidad" en la naturaleza. "Pero la demostra-
bilidad, la comprobabilidad y !si repetibilidad no son características
de la verdad."
"El creciente conocimiento de procedimientos mecánicos exac-
tos está en conexión con que el hombre se convierta de un modo
particular en algo sin limites y sin fondo."
Sigue ahora la relación de la técnica con la naturaleza:
"El técnico ha perdido aquel viejo respeto que impedía a los
hombres herir a la naturaleza ..." "El técnico. .. carece de respeto."
"El hombre sangra a la naturaleza elemental extrayéndole sus
fuerzas." Esta "exácción de la máquina" satisface "lo elemental en
lo mecánico". De ello procede en acción recíproca "el impetuoso
movimiento dinámico.. . , el ímpetu explosivo.. .", la violencia se rea-
liza "con medios hostiles y brutales". "Si miramos a nuestro alre-
dedor tenemos la impresión de que nos encontramos en una gran
fragua .... en un taller donde trabajan los cíclopes ..., el panorama
industria! tiene algo de Vulcano ... lava, ceniza, fumarolas, humo y
gases.. . observamos una am~l i a desolación."
Pasemos por alto la desenfren=sGipci6n de los abusos de
la tecnica perfeccionista. El mido inherente a ésta "es completa-
mente pernicioso, estridenté,~~strepitoso.. . como las impresiones 6p-
tícas,.. a fa IG' enféki za y fría...". "Los rasgos diabólicos de la
técnica" se atribuyen en una nota explicativa a la "ratio" técnica
Los accidentes de trabajo se multiplican, alcanzando por último
"cXras Ulicas". "Por ello, en los países con una técnica altamente
dtikr~ollada impera un estado de tensión y vigilancia como el que*
- 4 - -- ._- - -4 -- d . . - - --- ---
encontramos en los palses con una gran pobJac-%n de esclavos dts-
e- ? . - L.e<-- =- .
con teqtos."
C_I_
48 FRIEDRICH DESSAUER
No es posible citar el cúmulo de manifestaciones que se suce-
den, siempre sin fundamento, dirigiéndose en tono profktico y doc-
trinal contra la técnica, los tdcnicos y el raciocinio causdi y te-
leológico.
"La tkcnica puede, ciertamente, ganar en perfeccih, pero nun-
ca llegará a la madurez." El "júbilo con que se acoge en la era de
la técnica toda clase de récords ... no se comprendería sin tencr en
cuenta que con ello encuentra cumplimiento y satisfacci6n una
incansable ambición de poder. tot,ilmcnte consciente de sus medios
y objetivos". "El progreso técnico y la formación de Iss masas.. . no
pueden separarse," La técnica hace quc el hombre sea ncccsibie
"a inlluencias ideológicas". "Los ~onocimientos del técnico ... care-
cen totalmente de calidad, son unos conocimientos que carecen de
c1ase." El "~lispnsitivo" de la t kni ea tambiin sale malparado eri el
examen que se hace sobre el piieblo, la masa, el tcatro v la foto-
grafía.
Así se plantea la cucstión J e "ad6nde conduce o la humanidad
la "ratio" t6cnicci, que, como fue indicado. contiene un inepospre-
cio frente a ciialquier otra "ratio". En el cxxncn de esta cuestiEn
se encuentran frases que tengo que citar:
"La gente se ha acostumbrado a considerar al organizador efi-
caz como a un gran hombre y a elogiarle, icual que al inventor o
al médico que ha producido un suero, como a un bienhechor de
la humanidad. Tales apreciaciones divierten por su parcialidad, pues
Ies falta ponderación y contribuyen a acrecentar la ?,alería de sos-
pechosas personalidades que pdsan por modelos." Este autor habla
también del deporte, al que condena, en contrapo~iciSii con el
juego, al que aprueba. "Nuestros mejores deportistas proceden de
las zonas de trabajo en que la mecanización ha progresado en rna-
yor grado, sobre todo, por tanto. de las ciudades." Cuando la caza,
la natación, la pesca o el remo se realicen deportivamente "tene-
mos evidentemente ante nosotros a un técnico, que perfecciona
el aspecto rnecdnico de su actividad".
"Si un hombre de otros tiempos, un hombre que no tuviera
idea de nuestra t6cnica, las conociera (las grandes ciudades de la
tkcnica perfeccionista) y se p!anteara la pregunta de qué poderes
son los que dominan en ellas, contestarían sin vacilar: los de unos
diablos fortisimos y malignos."
Acabo aqui con la serie de citas tomadas del libro de F. C. Jün-
DISCUSI~N SOBRE LA T~ ~ CNI CA 49
ger, que fácilmente podrían ser duplicadas. El imperio de la téc-
nica como un imperio diabólico es el panorama que se ofrece al
lector. Un imperio sin luz, sin dignidad, sin clase. La segunda edi-
ción, según la que hecitado, 16va en el darso de la página titular la
indicación: de seis a diez millares. 1 Qué enorme siembra, por
tanto, de errores, equivocaciones, prejuicios e inculpaciones ha sido
derramada con ello sobre miles de lectores, que irritados por lo
desagradable y engañoso de su ambiente buscan un culpable a su
alrededor! i Ahí tenían al genio maléfico l con qué frecuencia se
ha escrito y hablado desde entonces del demonio de la técnica!
La epoca en que se escribió la obra (1%) puede considerarse
como una circunstancia atenuante. Ya se había convertido en cos-
tumbre mantener conversaciones y escribir libros y folletos en los
que se hacía un derroche de afirmaciones en tono infalible, sonoro
y pretencioso, empleando palabras muy duras y frecuentes repeti-
ciones, sin hacer un intento serio de fundamentarlas. Afirmaciones
y acusaciones no pueden apoyarse en nuevas afirmaciones, pues
cuando se ataca con tanta energía es necesario aportar auténticos
fundamentos, cifras, hechos y documentos. Hoy día, en un mun-
do más desapasionado, los libros como el de Spengler y el de
F. G. Jünger no pueden leerse sin extrañeza y ya no causan el
efecto que causaban entonces. El tiempo ha desmentido en gran
parte las profecías v refutado muchas afirmaciones. Y ya no se es-
tima el arrogante lenguaje de entonces.
En tiempos de descontento, de agitación y de intranquilidad se
buscan siempre maniobras de diversión. Los emperadores romarios
culpaban a los cristianos en semejantes crisis de todos los crímenes
y así se produjeron las persecuciones y matanzas, lo que se repi-
tió a lo largo de los siglos en muchos países, llegdndose al ester-
minio de los cristianos en algunas regiones. Lo mismo &sucedido
aun en mayor grado contra los judíos hasta x&stros días. Existe
- - .
una analogía entre antisemitismo, anticristianismo y anti tecn~~, msm~,
aunqueWeste Último no ha tenido las mismas espantosas consecuen-
cias porque sin la tbcnica no se podría vivir y el exterminarla sig-
nificaría el suicidio, mientras que los Césarcs pensaban poder pa-
sarse sis loa cristianos. Pero en la conducta básica, en la monoma-
nfaea ~ p a c i ~ y desprestigio de la técnica como una de las cm-
sas principales de la crisis de la época, reabada sin pertetrau6i1,
sin autocrítica y sin coúucimieixto de causa, d s t e semejanza. Es
50 PRIEDRICH DESSAUER
un jugar con fuego, como lo fue en su tiempo la literatura antise-
mita. En una catástrofe posterior a una devastadora guerra con bom-
bas atómicas-guerra que, sin embargo, la potencia de esas armas
ha hecho improbable-la cólera podría desatarse en un ataque diri-
gido no sólo contra las instalaciones técnicas sino también contra
los mi sbos técnicos. Esperemos que estos temores no se conviertan
en realidad. Pero ya son realidad los perjuicios sociales que, 3 tra-
vés de obras como las dos citadas, se han ocasionado a los técni-
cos de toda clase y no sólo a ellos. Los falsos juicios fueron reco-
gidos, repetidos v difundidos, crecieron conio una mala siembra e
indujeron a error a hombres de buena voluntad e, incluso. no-
tables.
4. Lttigi Pirandello
Tomamos aqiií nota de una obra perteneciente a la literatura
novelística contcnlpránea en la que se manifiesta el resentimien-
t o y 1s postura recusatoria y sentimental del autor en-contra de
la técnica.
El escritor italiano (premio Nobel de 1934) Luigi Pirandello cs-
cribe en su novela ManiueJcg:
por qué señalo todo esto? Es un impulso excesivamente po-
deroso el que me lleva a ello. Así mc vuclvo a liberar de la impasi-
bilidad a que me obliga mi profesiiin y así me vengo a mf mismo
y a todos los muchos que, como yo, están condenados a no ser otra
cosa que una mano aplicada a la manivela. El hombre se ha creado
nuevos dioses de hierro y acero y se ha convertido en su servi-
dor y en su esclavo. iViva la máquina que mecaniza la vida!
Esto es el triunfo de la estupidez. Cuánto ingenio cuánto
afán ha sido aplicado a la creación de estos monstruos, que debían
ser nuestros instrumentos y que, en lugar de ello, se han convertido
por la fuerza en nuestros señores: la máquina, que funciona incan-
sablemente, tiene que devorar nuestra alma y nuestra vida. ¿Que
es lo que hay que hacer frente a ello? Yo estoy aquí y sirvo a mi
mdquina, dando vueltas a la manivela para que ella pueda comer.
La sirvo s610 con la mano y no con el alma. El alma que ella de-
vora, la vida que ella consume, eso se lo tenéis que dar vosotros,
y todos se l o dáis a la pequeña máquina que yo pongo en movi-
miento. Y mi Única diversión, con su ~errniso, está en contemplar
lo que resulta de ello. ;Os digo que es un hermoso resultado!
DI SCUSI ~N SOBRE LA TECNICA 5 1
Y mis ojos y oídos ya ven y oyen, por la larga costumbre, todo
sobre esa especie singular, rápida, vibrante y en perpetuo tic-tac.
¿Lo oís vosotros? Un gran moscardón, que zumba incesantemen-
te en la profundidad oscuro y hondo. ¿Qué es? ¿Es el zumbar de
las líneas telegráficas? ¿El deslizarse de las ruedecillas en los ca-
bles del tranvía? ¿Es el concierto lejano y atronador de todas las
máquinas y motores?
De los latidos del corazón no se nota nada. y nada tampoco
de la circulación de la sangre en las venas. iY ay si se notara!
Pero este zumbido, este perpetuo tic-tac sí que se siente. Se per-
cibe lo antinatural de este torbellino totalmente insensato, de este
centelleo y eclipse de imágenes, y que debajo de ello existe un me-
canismo que lo impulsa con furioso zumbido.
¿Nunca se hará pedazos...?"
En esto se encuentra concisa y penetrantemente resumida la acu-
sación contra la técnica. Lo que dice Pirandello tambiCn lo decían
muchos autores de la literatura de entonces (todavía lo dicen algu-
nos) repleta de hostilidad contra el desarrollo de la técnica, que
transforma y reviste al mundo dando otro ritmo a la vida y des-
arrollando un poder sin precedentes.
En los tiempos anteriores a la primera guerra mundial, apareció,
editada por Martin Buber y con el título de Die Gesellschaft (La
$g:edad), un con junto de monograff - as sociol6gico-psicol6gicas .- -v. - - de
notable nivel. El ndrnero 40 de estas monograffas, Die ~echni k (La
técnica) de Julius ~ol dst ei n a, es una de las mejores entre las pri-
meras aportaciones del campo filosófico.
Goldstein parte de la famosa~to$za de sir FFt:;tllcis. .Baqu~,que
apareció alrededor-.del &Ó 1625 con el título de Nova Atlantis,
que dibuiab a un Estado, ediicado sobre la técnica y la ciencia, que
hada --- felices . --.--- a sus habitantes. lai contemporáneos da Francis 8a-
----uri---^-
-
' Doctor m f i l d a Profesor de filosdía en la escuela Técnica Sape-
rior de Dannstadt. Nacido en 1873.
52 PRIEDRICH DESSAUER
con veían l o utópico en la perfección tCcnica, nosotros, en la actua-
lidad, dice Goldstein, lo vemos en la creencia de que ella sola
pueda producir una perfecta situación en la sociedad. "Dos cosas
no han sido tomadas en cuenta: 1) los nuevos inventos producen
siempre nuevos problemas ellos mismos; 2) a la perfección de la
técnica no le es paralela una perfección moral de los hombres,
mientras que, en realidad, con una técnica superior deberían pre-
sentarse más altas exigencias a 13 fucrza moral de los hombres."
La modificación del trabajo a traves de la técnica es demostrada
concluyentemcnte con ejemplos : monotonía, remuneración superior,
aumento de tiempos libres: leyes sociales en su influencia psicoló-
gica, la cuestión de la seguridad del servicio, la aparición del espi-
ritu de súbdito y de subordinación militar en las relaciones entre
patronos y obreros. Goldstein conoce los elementos educativos de
la técnica, pero trtmbih el peligro de la especializacijn y del empo-
brecimiento espiritual. En un capítulo sobre el aumento de las
necesidades se explica este proseso basado en la naturaleza hii-
mana: a cada satisfacción de una necesidad siguen nuevas necesi-
dades; el lujo de ayer ze convierte en costumbre de mañana. A. du
Bois-Reymond dice de este proceso sociológico : "el conjunto de
las necesidadec o el nivel de éstas ... está en función de los inven-
tos precedentes. La sdtisfacción de viejas necesidades, en lugar de
saciar, ha producido el efecto contrario". Este hecho fundamental
(a cuya raíz intentaremos llegar en apartados posteriores) también
es decisivo para la política económica. El despertar de las necesi-
dades está ligado con la colonización, la civilización y la esporta-
ción. En este punto, Coldstein cita un ejemplo característico toma-
do de las memorias de Werner vun Siemens. No existe una situación
definitiva en la satisfacci6n de necesidades, tal como la pintan los
utopistas. En esto no hay limites; siempre existe la impaciencia, y
es inayor ahora de lo que fue antes. por ejemplo, en tiempos de
Adarn Smith. El mder no al-imento de las necesi d~du significa
simultáneamente un aumento de-la ambición de p a e r y una soli-
daridad de las necesidades. La vida económica de la población,
desarrollada y complicada por la técnica, es más sensible a 10s tras-
tornos de 10 que era antes. Los juicios apreciativos también cam-
bian en la mi edad. La acción de la tCcnica se advierte en la uti-
lizaciSn de los instrukento3, en !os usos sociales, en el comercio
-- ----
ambulante (que en su día fue estimado), en-el estilo de las cons-
trucciones (ejemplo, la torre Eiffel) y en los gustos. La táctica y la
estrategia han sido especialmente afectadas, simiendo aquf de ejem-
plo la disolución de las anteriores formaciones compactas en lu-
chadores individuales, lo que, a su vez, modifica la concepción de
los reglamentos. Todo lo que dice Goldstein se ha hecho mucho más
claro a través de los cuarenta y cinco años transcurridos desde en-
tonces.
El final de la pequeña, pero armoniosa obra de Goldstein revela
su intención -- - principal : la exposición de los elementos irracionales
de la t6cnica. Lo ~ t i c u l a r en la técnica, dice, es totalmente racio-
. nal, pero la técnica como conjunto tiene un carácter irracional. Este
es urro de los no. muy numerosos áutores con profundidad. La ma-
yorfa dicen, sí, técnica, pero hablan de "máqiiinas" y herramientas,
frecuentemente sin tener una idea clara de lo que es una máquina.
Según Goldstein la tCcnica como conjunto posee una dinámica
que en adelante ya noconoce largos períodos de estabilidad. Nue- -.-
vas fuentes de energía del universo son alumbradas y con frecuen-
cia la técnica se adelanta incluso a las teóricas ciencias naturales.
En este avance juegan un papel, a veces retardatorio, elementos psi-
cológicos, económicos y politicos. La máquina de vapor, la pólvora
y el ferrocarril modifican el mundo, y la técnica da a mi l hes. de se-
res humanos la posibilidad de existir. "En el sigo XIX - cifz_& los
habitantes de Europa subió de ciento setenta a quinientos millones."
A las "irracionales" .- influencias sociológicas de la técnica se suman
las cul t u~l es. *- - El invento de la-imprznta, no excesivamente impor-
tante desde el punto de vista puramente técnico, trajo consigo un
nuevo estadio cultural de la humanidad, desató el espíritu crítico,
la vivacidad espiritual de occidente, y planteó la cuestión de los via-
jes, pues la técnica de las comunicaciones terminó con el anterior
aislamiento. La mujer fue aliviada de los trabajos domésticos. A
medida que los inventos se convierten en algo natural de todos los
días, crecen sus efectos indirectos sobre la cultura y la sociedad.
IGoldstein dice : "cuanto m& racionaliza una época la existencia tCc-
irticamente, tantp mayor será la s&m de ias irracionalidades en ias
.&pocas prbximas".
¿Es este conjunto - un progreso dwkelpanta de, vista. ~6rico?
ppecc, contesta ~Ct s t e i n , coqo &d. ~~gzeso se . b ~ a k a.
poner de d e v e nuevos problemas .__ -. que -.- _ en h i t a r .-- -..-.. los e&&a@.
ULi b~~~i 6n- ~ .-. .- - -bien p d 6 n , mpZia visi611 g . . ---- aregnradento . - ddd
- -"-. -
54 PRIEDRICH DESSAUEK
futuro-y, a la vez, falta de claridad, son fenómenos que acompañan
la marcha de la técnica. Se plantean problemas que no piieden re-
solverse por ésta ... Sólo una parte de las her i d~s causadas por la
técnica es ésta capaz de volver a curarlas."
Por consiguiente. la técnica señala haci:i lo incalculable por en-
cima de si misma !. por encima de su procedimie~ito racional. Lo
fortuito y lo pzligroso que ha sido rechazado zon éxito vuelve a
presentarse al final. La técnica no es el Único remedio uriiversal,
como pensaba Bacon, y lo es tan poco como toif:is 13s otras cran-
des ideas, pues ninguna de ellas conduce s lo t!t.liiiitiio. Lutero,
en sus Discursos, ha dicho: "la imprenta ist ' ummuni et postre-
mum Dei donum", es decir, el más alto y último 30n de Dios, "es
la última llama antes de apagarse el mundo". Tampoco S1 apreció
con exactitud (3 situación (como la mayoría ~ic. los yroíetas). Niin-
ca se está seguro dei porvenir. Segun Goldstein, 12 :écnica produ-
ce con su dinámica "una revolución de las cotid~ciones planetarias
de existencia del hombre y, como consecüencia de ello. una trans-
formación inconcebible de su estado aníniico furidainentril, de su
concepción de la vidd y cie sus últimos sentiniicnio~". Cita despugs
a A. du Bois-Reymorid: "el pensamiento :lo p u d e alejarse nunca
tanto de la realidad como ésta se aleja de sí niisnia al corxer del
tiempo".
Cuanto más poder ganemos sobre lo particular cii e1 proceso
técnico, dice C;oldstein, tanto más poder perdenlos sobre el con-
junto. (Esto es un peligro visto claramente por Si, que en la actua-
lidad de la era atómica vemos renovado y tanibiCn combatimos.)
En esto estriba el problema ético de In técnica. "Quien, como Hegel
o a a r x , vea en la historia un proceso que, por iina necesidad in-
trínseca, ha de conducir a la razón, no conccdcri a !as fuerzas mo-
rales ninguna influencia definitiva."
Pero esta conce~ción yerra el camino. El alma de los hombres
-_ - - *-
tiene que cooperar. "La técnica es algo éticamente aeutral, que pue-
de c~l ocarse al servicio del bien o del mal." (Esta Irase no parece
acomodarse totalmente a algunas otras anteriores y posteriores.
Sobre tCcnica y ética tendremos que hablar especialmente. El que
la técnica también pueda colocarse al servicio del mal, no es nin-
guna prueba contra su contenido 4tico. El derecho positivo y la
religión, aunque iticos en sí, han sido usados innumerables veces
al servicio del mal.) Despuks encontramos una frase justa: "Con
DI SCUSI ~N SOBRE LA T~ CNI CA 55
\
el poder sobre las cosas no ha crecido en la misma medida el po-
der sobre nosotros mismos." Goldstein (1912) ve, más bien, - un
debilitamiento de las fuerzas espirituales, una pérdida en rigor éti-
co y en idealismo creyente. (Esto era entonces cierto con algunas
restricciones.) "Las fuentes de la cultura rcliciosa ... se han conver-
tido en míseros arroyos." "Los ~randes pensamientos trágicos ... se
nos han extraviado con frecuencia. En el reino de los medios he-
mos perdido el reino de los fines; en lo temporal, lo eterno." "La
técnica que ha llevado al espíritu a la \ictoria sobre la materia,
puede tarnbiin resultarle fatal con facilidad si, en la embriaguez
del éxito, olvida su misión eterna: extraer siempre de si mismo ...
nuevas fuerzas éticas conio reacción contra la prepotencia de lo
material."
Goldstein ve que el hombre fortalecido técnicamente puede ayu-
darse a sí mismo con frecuencia en aquello en que antes tenía que
dirigirse a Dios, y que, por ello, las ideas religiosas pierden influen-b
cia sobre el hombre medio, aunque la -sanan sobre él -espiritual-
mente superior.
"En semejante renovación ... la Gracia y el propio hacer se con-
funden ... en una unidad." Así puede otra vez el hombre "volver
a ser señor de sí mismo y de los poderes que ha creado".
2. Aloys Wenzl
La pequeña obra del filósofo de Munich Aloys Wenzl Die
Technik als philosophisches Problenz (La técnica colno problema fi-
losófico), conferencia pronunciada eI año 1944 aparecida en los
tiempos dificiles de 1945 editada por ~i c h a r d ~f l aum, en Munich,
es una de las valiosas contribuciones a la gran discusión.
Wenzl plantea la pregunta: "¿Qué es filosofía y qué es técnica?''
Y él mismo contesta: "S610 hay una filosofia, que tiene como polo
subjetivo la rendición de cuentas sobre nuestro conocimiento y,
como polo objetivo, la cuestión del fundamento y esencia, del sen-
tido y del valor de la realidad. La filosofía-de 'a tCcnica serfa, por
tanto, la rendici6n de cuentas sobre la esencia y éf sentido de la
tCcnica en el marco de la realidad general."
" ' Despubs, basándose en datos históricos, habla ,del concepto, y,
Doctor en filosofía que fue profesor de la Universidad de , ~bi c h.
5 6 PRIEDRICH DESSAUER
de momento, define: "La tCcnica es la aplicación práctica del do-
minio teórico de la naturaleza a travCs de las modernas ciencias
fiaturales con objeto de sustituir y superar la capacidad de trabci-
jo humana, o los recursos encontrados naturalmente al servicio de
las mayores necesidades humanas." El mismo objeta contra su de-
finición que, mucho antes, cuando la naturaleza no era dominada
teóricamente. incluso en el momento de la aparicihn del hombre
sobre el planeta, ya había técnica, y, reafirmando la objecicín, dis-
tingue fundamentalmente entre técnica de las máquinas !: técnica de
los instrumentos. Y dice asi: "La máquina es un producto tardío
de las culturas; las máquinas en que pensamos hoy en primer lu.
Sar son un producto del Último siglo, y el instrumento. en su for-
ma original, era un complemento del sistema orgánico humano para
vencer la dureza y la oposición de la materia y para aprovecliar
el movimicrito natural, convirtiéndose después, al perfeccionarse,
en instrumento manual. Y tambiCn la rueda, el primer invento ge-
nial totalmente precientífico y una de las formas primitivas que
se encuentran en todas las etapas dc la técnica, pertenece al campo
instrumental, sea como rueda de carruaje o como rodillo o. in-
cluso, en la composición de un sistema de poleas: es el medio para
desplazar cargas. En definitiva-Theodor Haecker lo ha ertplicado
de una manera muy fácil de recordar-nosotros no:, servimos del
instrumento y servimos a la máquina. El instrumento es manejado
y lo mantenemos en la mano, trabajamos con él ; la niáquina tra-
baja ella misma, anda p r sí misma cuando se la pone en marcha.
El instrumento ha de ser dirigido continuamente, lo que no puede
hacerse con la miquina, como ocurre con el cepillo del carpintero,
la lima del cerrajero, el cincel del picapedrero, la aguja del sastre
y el carruaje del carretero. La máquina es puesta en marcha y se
encarga por sí misma de fases del trabajo. Algunas cosas las reali-
za no sólo con mayor rapidez, sino también con mayor perfección,
con más exactitud y regularidad que la artesanfa, precisamente por
ello falto a su obra aquella inspiración que caracteriza lo artesano.
El ideal de la máquina es el autómata, la máquina que sólo es ne-
cesario poner en novimiento para que realice trabajo."
Pero Wenzl es demasiado buen pensador para deterse aquí y
amplia ambos conceptos: instrumento es lo que nos ahorra "fuer-
za" (no trabajo). "tQuC ocurre con el reloj? qué con las turbi-
-
nas de agua, los molinos de viento y Ias velas; qué con los instru-
mentos producidos mecánicamente (que son prácticamente todos)?".
Y la "máquina" tampoco es susceptible de una sola interpretación.
Su ideal es el autómata. Pero existen desde máquinas motrices na-
turales hasta las que, por el dominio científico, convierten la materia
en energia, y con ello se anula ya propiamente la diferencia "funda-
mental" entre técnica de los instrumentos y técnica de las máquinas.
Pero Wenzl observa ahora que el - instrumento y la máquina no com-
pletan, ni con mucho, a la técnica, sino que sólo forman parte de
ella. E incluye Ia "psicotecnia", la psicología aplicada por medio de
"tests", después la técnica del artista, de la naturaleza viviente, en
la que se dan formaciones, resultados y estancamientos parecidos a
10s mecánicos. Es decir, que habla de una técnica más bien organoló-
gica y no materialista, y se refiere a las ayudas "técnicas" prestadas
al trabajo intelectual (reglas de cálculo, tablas de logaritmos, for;
mularios).
Wenzl, al contrario que tantos otros autores, explica lo que dice.
Contra su concepto de la técnica pueden elevarse fundadas ob-
jeciones. En cuanto a "instrumento" y a "máquina", su concepto
resulta demasiado estrecho, pues considerables campos de la téc-
nica, como la producción química y su explotación o la electro-
tenia (éstos son sólo ejemplos) quedan sin consideración. Sin em- .
bargo, por otro lado, el concepto de Wenzl abarca más de lo que
parece. Sabe de lo que habla y puede fundamentar en ello la ciies-
tión que le interesa: la de la metafísica y ética de la técnica, es
decir, la de su ser, su esencia, su sentido y su valor. Tras un resu-
men de las acostumbradas acusaciones. Wenzl da la siguiente res-
puesta: "La filosofía de hoy ha vuelto a acoger el antiguo pensa-
miento filosófico de que la realidad es un dominio escalonado, afian-
zándolo de nuevo y dotándolo de nuevo contenido. El ser y el
acontecer material, vital, anímico y espiritual exigen .sus propios
conceptos y se realizan según sus propias leyes. El escalón supe-
rior se edifica sobre los inferiores. Thi c a, en sentido amplio, sig-
nifica el traspaso de un trabajo desde las capas aitas a las más
baj&. Técnica es el trabajo racional que se realiza a travCs de un
acontecer que no participa de esa racionalidad." Con esto se me
al descubierto un importante aspecto de la tbcnica. En la -- formación -
por estratos del universo las u n a s del ser (física, DIOS, ilnu,
ritu)-e;t&n supeeuestas de "1 manen que en d a caso la supe-
--,
rior está soportada por las inferiores, que las alta ddpenden de
_-._ - -- - . .. , _
58 FHIEDRICH DESSAUEB
las bajas para su realización, teniendo, sin eni-bargo, una influen-
cia directriz y ordenadora sobre las inferiores. Siempre que a par-
tir de las primeras discusiones se ha acentuado que la técnica es
liberrsdora de esclavos, que alivia el trabajo muscuitir y esclavo
del hombre para que pueda elevar su espíritu, las maliifestaciones
de esta género responden a esa circuns~ancia sefialada por LVenzl,
y también cuando las máquinas de calcular eléctricas se encargan
de ejecutar penosas cuentas, o cuando, para poner pequeños sjern-
plos cotidianos, el ascensor se encarga de subir pesos y el aspira-
dor facilita la limpieza. En miles de estos casos, el irabajo, el can-
sancio y la coacción se desplazan a capas inferiores del ser. Cierto
que con esta fértil concepción no queda explicada la esencia de la
técnica, sino sólo un importante rasgo de esa esencia. Más ade-
lante hemos de hablar de otro aspecto que se eleva por encima de
esto: la conquista de posibilidades humanas t ot al rne~t e nuevas a
través de la t2cnica (por ejemplo, a través del microscopio o del in-
vento de nuevos iristrumentos de aire y de c~icrda, en !os qiic d a -
cansa el mundo particular de la música, ctc.).
Sobre la ética de la técnica, Wenzl dicc: "Y así llegamos ct la
&rica de la tkcnica, u11 problema escasamente estudiado y que que-
da enturbiado cuando, por ejemplo, Bacink coloca la técnica, coiliu
valor de lo útil, junto a la religión, el artc, ici cicncia y !a ética, como
campos de valores de lo sagrado, de lo bello, de lo verdadero y
de lo bueno."
Wenzl determina después que, con mayores posibilidades, la
responsabilidad ha de aumentar, y sigue diciendo: "El segundo
requisito es ia espiritualización; si la materia no permanece en el
campo de l o espiritual, el alma y el espíritu caerán en el de la ma-
teria. Lo imppltante es no perder el sentido de la técnica y no con-
fundir el medio con ei fin. Esto significa que, con independencia
de ¡a- cuestión de la posibilidad moral del iin, e incluso en el caso
de Una falta de discernimiento moral, no se ponga a la técnica un
fin sin sentido."
El más importante problema ético de la técnica es no sucumbir
a la tentación del uso desordenado de la misma: "Theodor Haecker
encontró palabras muy agudas contra el ultraje y la degradación
que significa para el hombre decir de él que tiene que utilizar todo
lo que le sea posible. Aun cuando los escépticos tengan por impo-
tente el elemento ético y la llamada a la razón, el gusto y el sano
DISCUSI~N SOBRE LA TÉCNICA 59
sentimiento natural, deben tener presentes dos cosas: que la fas-
cinación y el fatalismo se basan en una sugestión que no existió
siempre y que puede ser eliminada, y que el hombre y la humani-
dad encuentran demostrado en la evolución individual e histórica
que, si no se encuentran sugestionados por una ilusión, pueden
prescindir de lo posible, lo que es independiente de la cuestión del
determinismo y del libre albedrío. A todo niño se le enseña a re-
nunciar a lo posible, no sólo por razones morales, sino también por
razones de conveniencia. ¿No resulta realmente indigno aceptar
que los mayores sean más pueriles que los niños? La mitad de la
ética se basa en poder decir que no a lo posible. Concedido que
la represión de la técnica es más difícil que otras renuncias, pero
es tan necesaria como difícil.."
Esta valiosa obra termina espresivamente con las siguientes
frases: "Nosotros conjugamos la metafísica y la ética de la técnica
de tal manera que sólo pueden ser manejadas independientemente
de un modo relativo. La técnica descansa en la estructura ontoló-
gica de la realidad. Sería demasiado fácil decir que la técnica "na-
tural" es buena y que sólo la "artificial", basada en el trabajo me-
tódico, es mala. El juicio apreciativo debe marcar otros limites.
Técnica es poder sobre la naturaleza, pero es aplicable a todo poder
lo que es válído especialmente para el poder políi$o: existe poder
en un triple sentido. Poder al servicio dei orden justo, poder por
sí mismo y poder al servicio del mal. El poder sobre la naturaleza
es un deber del hombre. Debe ser señor sobre la materia y los ele-
mentos para realizar los valores a cuyo servicio se encuentra 61
mismo. Como camino para ello, la técnica es buena. Como poder
.----
en el segundo de los sentidos, como poder vacío, la técnica es la
s a n tentación. Si el hombo cae. en ella, tanto él como la técnica se
colocan al-servicio del mal. Lo importante no es querer lanzar la
técñica por la borda, sino colocar -._a__ por _ _-. encima de ella la ética, no
renunciar al control permanente, a la finalidad y a la espirituali-
zación y no caer en la fascinación de las posibilidades. Colocar- la
naturaleza al servicio del espíritu y el espíritu al servicio de los
valores, es el deber del'hombre. El que su conciencia de la respon--
sabilidad crezca al aumentar sus posibilidades es el deber que se
le impone ahora. Entonces, y s610 entonces, podrán solucionarse
de una manera conexa los cuatro problemas de que hablábamos al
principio."
PRIEDRICH DESSAUBR
$ 8
LA COKTRIBUCI~N DE UN HISTORIADOR DEL ARTE
l. Josef ,Po@
Josef PoppI0, historiador y teórico del arte, fue profesor en
la Escuela Tkcnica Superior de Munich, en un ambiente, por t a p
to, de técnicos y de estudiantes de la técnica.
Su libro Die Technik (11s Kztltttrproblenl (La técn:ccr conro pro-
blemu cztltural), aparecido el año 1929, tiene por punto de partida
su experiencia durante dos décadas en ese ambiente, es decir, una
experiencia de que los "futuros técnicos no están di ci ent ement e
conscientes de su profesión en el marco de la cultura personal y
general", de que "la concepción espiritual de su profesión es en ellos
desproporcionadamente menor que en otros jóvenes profesionales".
En primer lugar se expone lo que debe entenderse por cultura,
y, al hacerlo, se presenta la situacibn de entonces (alrededor de
1929) con algún pesimismo. Popp cita la sentencia de Jakob Bur-
ckhardt "nuestra vida es un negocio, la anterior era existencia"
En lo introducción se dice después sobre la t é ~ i c a que su idea
es lograr "el más amplio dominio posible sobre el mundo material
y sus fuerzas, para así liberar tambiCn a los hombres espiritual-
mente". Pero el hecho es que la técnica "no s610 no ha conseguido
quebrantar el espíritu del materialismo, sino que lo ha fomentado".
La actualidad es un mundo desencantado y despojado de rnis-
terios. "Como mero medio, como also que carece de fin propio.
la técnica queda a merced de la explotación del hombre. El arte,
la ciencia, el derecho, la moral, la religión y el Estado cesan de
responder a su naturaleza cuando dejan de servir a la verdad. a la
bondad y a la belleza del orden general. Pero la técnica sigue
siendo técnica atin cuando la economía use de ella abusivamente."
Aquí nos encontramos con una interpretación errónea frecuente-
mente repetida en la discusión, cuya refutación veremos cómo se
produce por si misma en los siguientes c~pítulos. Popp lamenta la
tendencia de la máquina al automatismo (amenaza para los hom-
bres trabajadores) y la simplificación del trato humano bajo l a .
'* Doctor en filosoíía nacido en 1867.
~rscus16~ SOBRE w T ~ N I C A 61
presión de la máquina. Protesta contra la "belleza de lo t6cnico";
contra la falta de inspiración creadora en el trabajo a máquina;
contra la eliminación de la responsabilidad y, con ello, del valor
educativo; contra la inoperancia de valiosas fuerzas humanas, y
contra el aumento en la velocidad del trabajo, con su inherente
explotación exhaustiva.
Al considerar el invento técnico dice Popp, con razón, que la
--- .
técnica, en este aspecto, se aproxima espiritualmente al arte, como
realización del impulso creador humano: "Sin embargo, también
en este aspecto la técnica se encuentra en un plano inferior al del
arte y al de la ciencia, porque el inventor no siempre es al mismo
tiempo creador y su labor creadora es generalmente de otro gé-
nero." Los inventos se hacen en la mayoría de los casos sin con-
siderar su trascendencia cultural, sin el sentimiento y el sentido
de la armonia natural, sin reverencia ante el espíritu y sin inten-
ción social. "La capacidad, la satisfacción y la voluntad de trabajar
son socavadas por la tCcnica ... de una manera creciente."
Popp se dirige después contra mi exposición en la Filosofía de
la técnica, en la que se caracteriza de "cuarto reino" al dominio de
la creación técnica. Sobre esto hemos de tratar en un capítulo pos-
terior.
En su estudio sobre economía, en que se refiere repetidas ve-
ces a Julius Schenk, presenta la - tCcnica como una parte esencial
de aquélla. Esta tesis errónea, mantenida con frecuencia en aquel
tiempo, coarta en lo sucesivo a Popp, que reconoce a la técnica
una cierta independencia, pero s61o en pequeño grado. El taylo-
rismo es aducido como prueba de la falta de independencia de la
técnica, que trata "al hombre totalmente como máquina". La téc-
nica "se enerva ante la economía". Bajo esta preponderancia, las
Escuelas Técnicas Superiores amenazan con reducirse al nivel de
las Escuelas Especiales.
Esta servidumbre, que ya ha existido en la práctica con frecuen-
cia y todavía existe ocasionalmente, no-serí4 superada hasta que
"la técnica no vuelva sobre si misma". Ebta es, sin -duda, una
buena o&rvaci6n.
En e1 segundo apartado de su libro, habla Foppcon a-en-
tos algunas veas muy d'ios de consideracitb-sobre los e
de la técnica y sobre su h@6n. Pogp mp me i a I . ~ & q a @.>la
ob~&p'&i&d&- ia-i~cniai, pao, -@dola m otr&'-dhd-
62 PRIEDRICH DESSAUER
plinas, le encuentra graves defectos. No tiene, "como conjunto,
valor cultural independiente". "Mientras que la ciencia natural ...
persigue un fin puramente ideal, la técnica se sirve de esos cono-
cimientos y experiencias para poner al servicio práctico del hom-
bre los elementos y las fuerzas naturales." Pero Popp reconoce el
gran aumento de la capacidad de trabajo; la liberación ante los
trabajos pesados; sabe que, sólo a través de la técnica, ha conse-
guido la gran masa de los hombres entrar en posesión de bienes
y servicios que anteriormente estaban reservados a los privilegia-
dos; que s610 a través de la técnica se ha dado la posibilidad de
esistir a millones de personas; que la técnica educa a sus profe-
sionales en la lealtad y el altruismo, imponiendo responsabilidades
y el cumplimiento del deber. y que crea un nuevo tipo de hombre
de gran valor, que todavía no disfruta del prestigio que merece.
Pero. frente a esto, afirma que existen graves defectos y peligros,
aduciendo la mecanización, la especialización, el iislamiento del
proceso laboral, la pérdida de la satisfacción del trabajo y el so-
metimiento a la máquina. Popp habla, con Hellpach, de una "ofen-
siva de la máquina contra los hombres". El sentido de lo indivi-
dual queda excluido y, amenazado, el trabajo artesano y artístico.
Las reproducciones en lugar del original, el gramófono en lugar de
ia música de aficionados y el cine en lugar de1 teatro, ganan la sii-
premacía. Los obreros profesionales son sustituidos por otros sin
calificación, se pierden las relaciones personales entre obreros y
patronos, y las clases acomodadas, ajenas al arte, se convierten en
pretenciosas y superficiales. Popp cita a Walter Rathenau: "Los
hombres activos, dirigentes y decisivos de nuestra epoca permane-
cen ajenos al arte." Los mecenas se vuelven raros. El "interés por
los temas y valores puramente espirituales queda intensamente re-
ducido", y lo técnico-racional penetra en la ciencia, en el arte, en la
literatura y en el deporte.
La pCrdida de la tradicMn, la falta de sentido histórico, el poco
aprecio de la ciiltura y el desencanto del mundo aumentan alarman-
temente lo prosaico de ia vida. El espíritu de titán del Prorneteo
clásico amenaza con convertirse en un genio maléfico que se vuel-
ve contra su creador, el hombre. Popp dice que de esto no debe
resultar una resignación senil, sino que "es válida la contraofen-
siva del hombre frente a la máquina y a la técnica".
Popp pregunta luego cuál es el significado de la técnica para
DISCUSI~N SOBRE LR TÉCNICA
63 '
la felicidad, cuál es su contribución a la satisfacción interna del
hombre. Y cita a los dos Diesel, padre e hijo (de los que el primero
considera dudoso el sentido de la técnica, y el segundo la carac-
teriza de destructora del ritmo histórico y humano-natural), la ex-
cesiva valoración de la técnica hecha por A. Liebert, y su defensa
hecha por Coudenhove-Kalergi, por Zschirilmer. pcr mí. por Werner
Kuntz y por Brinkmann, que concedemos valor a la técnica en ma-
teria de felicidad; y después menciona a acusadores como Erma-
tin5er. Spen:ler y Keyserling. El mismo P o p ~ adopta la si:uien-
te postura: Ia técnica, como actividad humana con aplicacicín de
una gran dosis de espíritu, de buena voluntad y con una labor mul-
tifacética, ha de ser ordenada en el conjunto de In vida, llevándola
a la síntesis con las disposiciones irracionales del hombre, y no en
contraposición a ellas.
¿Cómo puede realizarse esto? El trabajo técnico tiene que ser
elevado desde dentro. Como profesión, ha de ser una satisfacción
vital y un servicio a la humanidad, de tal manera que el trabajo
se realice con alegría. Popp cita a Hendrik de Man, que comprobó
en una minuciosa encuesta que también en un trabajo monótono,
especializado y mecánico, puede haber satisfacción y buena dis-
posición. El obrero debe ser saturado del sentido de stc trabajo.
Henri Dubreuil y Eugen Rosenstock luchaban por lograr ese ob-
jetivo, mientras que, según Popp, los esfuerzos educativos (de
entonces) eran insuficientes para ello. Esa elevación, esa formación
auténtica, ha de ser emprendida en su aspecto real. También es
necesaria una formación general y auténtica para la clase de los
ingenieros. Sus maestros deben enseñar a los miembros de esa
clase, partiendo de la especialidad, el acceso a un concepto del
mundo y de Ia ética; asf encontrará el ingeniero el puente que le
permita acercarse al obrero, y ambos deberán convertirse en esla-
bones conscientes del moderno proceso de trabajo, responsables
corno tales; aunque también, muchas veces, serán "soldados des-
conocidos" de un bien organizado ejCrcito de trabajadores que se
consagra al servicio del conjunto. El entretejimiento de la técnica
con la econumfa ha dificultado extraordinariamente el problema, a
través de la tendencia de 10s hombres a las ciencias económicas. La
técnica ha be ser imhxida en la formaci6n futura; esto es tambihn
muy importante para judstas, te61ogos y cientfficos, y la poster-
gación socia1 de los t h i c o s ha de ser superada. Todo esto significa
64 PRIEDRICH DESSAt16R
un nuevo enfoque de la cultura como la más noble función de la
humanidad.
Tras estas secciones orientadoras de su libro, Popp estudia la
función de realizar la inclusión de la técnica en la cultura. Esta
función se impone especialmente a las Escuelas Técnicas Superio-
re: y, ya cuando apareció el libro, fue vivamente discutida. Popp,
corno no técnico, deja hablar en este capítulo a técnicos especial-
mente sobresalientes, como Julius Schenk, Schreber, Zschimmer,
VogIer, Reileaux, Matschoss y Weihe. Esta discusión, que prosi-
gue hay día con la misma viveza, afecta muchas cuestiones parti-
culares de difícil solución, como el peligro y la necesidad de la es-
pecialización unida a la influencia de unos intereses económicos
miopes, el fomento de la enseñanza y de la investigación, el mante-
nimiento y dewrrollo de la vivacidad espiritual y de la potencia
creadora, la sobrecarga de los estudiantes, el estudio de la histo-
ria de la técnica y la cuestión del año de prácticas. El espíritu de
estas secciones se caracteriza claramente a través de las citas de
Matschoss: "Con las creaciones de los hombres, con las máquirias,
hemos o:vidado demasiado al hombre mismo. En los programas de
las Escuelas Superiores y en nuestra literatura tecnica casi no se
ri-ienciona al hombre", y de Max Maria von Weber: "Nadie puede
ser un técnico cabal si no es antes un hombre cabal." La filoso-
fía, la historia y el arte son importantes para la formación del
técnico.
En los dos últimos apartados del libro, Arte y técnica y Téc-
xica y arqtritectura, el autor habla del tema principal desde su pro-
pio terreno. En ellos explica lo que hay de común y de diferente
entre la técnica y el arte, calificando a aquélla de fundamentalmente
indiferente frente a la estética y a la ética. Lo técnico es imperso-
nal, trividl, sin patria, y aspira al standard, mientras que lo artís-
tico es personal y único y, al contrario que lo técnico, libre en su
creac~i n. No existe belleza técnica, aunqiie sí hay belleza en las crea-
ciones técnicas.
En las consideraciones sobre técnica y arte de la construcci6n,
Popp suaviza algo la separación entre técnica y arte, demasiado
acentuada al principio. En la transformación de la arquitectura,
existe la posibilidad de nuevas maneras de construir (que más tar-
de, y mirando hacia atrás. reciben el nombre de estilos) a través
d e nuevos medios técnicos y de la construcción. Concede que el
arte de la construcción se renueva con el empleo de nuevas mate-
rias, como el hierro, el cristal y el hormigón armado, debiendo
quedar ligado con la técnica de la construcción. Pero la creación
técnica tiene que ser sublimada por el arte. La tecnica moderna
tiene una gran influencia sobre e1 espíritu y la realización de la
arquitectura. La construcción de viviendas se realiza hoy desde
dentro hacia afuera, es decir, partiendo de la distribución mncional
del espacio habitable y terminando en la forma externa (y esto es
un rasgo técnico). La influencia de la técnica es tambiCn profunda
en la construcción de puentes, grandes naves y silos, en donde se
advierten valores estéticos surgidos de principios técnicos, ponién-
dose de manifiesto la claridad y la fuerza de líneas y planos y la
pujanza de edificaciones 'cerradas. "Se hace posible un nuevo cla-
sicismo sin ningún contacto con clasicismos anteriores."
La técnica influye también en nuestro sentido de las formas,
a trav4s de la abundancia de los productos industriales.
Cuando-por ejemplo, en la construcción de viviendas-se tome
normalización en el sentido de estandardización, se estará en el
buen camino; en rigor, se trata de una racionalización positiva a
través de la técnica, Los viejos modelos quedan atrás y el arte de
la construcción se fundamenta sólidamente a través del "tipo". El
arte antiguo también estaba familiarizado con éste. La tendencia
a la mejor solución típica posible es un impulso hacia la mejor
forma posible, hacia el standard. El arte, a pesar de ello, sigue sien-
do libertad, debiendo configurar lo orgánico del fenómeno, hermo-
seándolo; de esta forma, entrarán en el buen camino sus experi-
mentos. Consideramos con preferencia la proporción y la medida,
las formas austeras en el sentido de Goethe: "Lo sencillamente
bello es apreciado por el conocedor, y lo adornado agrada a la masa."
Lo ornamental ha de volver, pero ya no como algo añadido, sino
como un desarrollo orgánico de la forma y salvaguardando su vera-
cidad. La arquitectura ha de salvaguardar su unidad (MutEiesius,
1910), es decir, que las formas han de tener un contenido técnico.
El artista ha de conocer lo tbcnico.
A propósito del hormigón armado, Popp cita la influencia de
10s materiales de construcción en el "estilo". También el @tito
tuvo SU origen en las posibilidades constructoras de entoaoes. Y
también en la moderna constmci6n por armmcs, en h ~ p r ~ ias
pardes han perdido la función de soportes, se manifiesta la in-
66 FRIEDRICH DESSAUER
fluencia de lo técnico sobre lo estktico. Los recintos ganan en li-
gereza y amplitud, así como los techos, y se hace posible la cons-
trucción de locales de dimensiones insospechadas. En esto, y tam-
bién en las construcciones de madera, lo funcional se aproxima a
las formas naturales. Lo proporcional y las relaciones del conjun-
to con sus partes y con e1 ambiente se acentúan. La orientación
de la arquitectura se hace ea más veraz. Así logra "el arte de la
construcción actual, también por obra de la técnica, una relación
vital con el espíritu de la época". Y "el espíritu de la época es de
una fuerza invencible".
La contribución aportada por Josef Popp con este libro a la
discusión universal sobre la tkcnica, es una de las más valiosas de su
tiempo. La seriedad con que se entrega al problema, su evidente
ambición de ser justo y no caer en prejuicios, y la abundancia de
aciertos. superan con mucho algunos defectos de la primera parte,
comprensibles, dada la época en que se escribió la obra.
2. Una rcporruciií~l propia.-Discusión sobre técnica y bellezn
Un eminente artista tomó partido frente a mis explicaciones so-
bre el sentido de la técnica en la revista "Schweizer Rundschau"
(año 1944-45, núms. 3, 6 y 7). Se referí'a a un pensamiento de Theo-
dor liaecker, quien pensaba que había que distinguir entre máquina
y herramienta. Con ello nuestra época debía ser calificada como épo-
ca de la máquina, mejor que como época de la técnica. Yo opuse que
esto parecía plausible, pero que era erróneo. Resulta frecuente que
los profanos entiendan la máquina como esencia de la técnica actual.
Sin embargo, los proyectiles, los cohetes, la dinamita y la bomba ató-
mica son técnica, y no son máquinas. EI gran sector técnico de la
química moderna no es mecánico. Los colorantes, las medicinas, y
también los microscopios, los aparatos de rayos X y la fotografía per-
tenecen a la técnica, y no son máquinas. También nuestras canaliza-
ciones, vías férreas, calles y edificios son técnica, y, sin embargo, no
son máquinas; la mecánica es sólo un gran sector de la técnica, que,
por ejemplo, sorprende al profano cuando ve una locomotora o un
tractor; pero la transmisión y la recepción por radio, el teléfono y
el telégrafo, la luz eléctrica, la televisibn, el sistema de calefacción a
distancia y muchos otros terrenos que son característicos de la tkc-
nica actual no pertenecen al sector mecánico.
DI SCUSI ~N SOBRE LA T~ CNI CA 6 7
Las máquinas comienzan con la palanca, el tornillo y la rueda. Y
es cierto que todas ellas requieren ser atendidas. La vieja rueda
hidráulica del molino es una máquina que transforma la energía del
agua que cae en la forma deseada del movimiento giratorio. Las má-
quinas de vapor y los motores de explosión transforman la energía,
ofrecida por la naturaleza en forma química, en la forma deseada de
movimiento. Por lo que respecta al "desenmascaramiento" hecho por
Haecker de los autómatas y de las máquinas, que requieren ser "ser-
vidos" por el hombre, vamos a contemplar a uno de estos autómatas ;
por ejemplo, a una grúa en la construcción de un edificio. A mí me
parece que el hombre que ocupa la pequeña cabina de la grúa, más
que servirla, la gobierna. ¿O es que también sirve el jinete a su ca-
ballo cuando hace movimientos con las riendas y las piernas. que.
sin duda, responde a la naturaleza del caballo? Por tanto, el con-
ductor de la grúa la dirige, y su "autómata" (la grúa) le obedece con
mayor exactitud que el caballo. Y también esto me parece bien, pues
de lo contrario el hombre tendría que cargar sobre sus espaldas la
piedra y la argamasa en un trabajo de esclavos, como ocurría cuando
yo era un muchacho. Yo opilo que ahora su trabajo es más libre,
noble, espiritual y digno. Para mí es liberación y elevación lo que
a Haecker le parece sometimiento del hombre ante las máquinas
automáticas.
Y ya llegamos al problema de lo bello en la técnica. La cuestión
fundamental de la esencia misma de lo bello, que nos encontramos
por doquiera en la naturaleza y en las artes, y la de las sensaciones
anímicas, no podemos aclararlas aquí. Son el objeto de enormes
esfuerzos del espíritu a través de los siglos. Sin embargo, es posible
que podamos aclarar algo sobre lo siguiente: ¿sólo me ha ocurrido
á mí, al llegar a la madurez, el experimentar la emoción de la-belle-
za con otras cosas que en mi niñez y en mi juventud? No todo l o
que un día suscitó en mi la emoción de la belleza es capaz de susci-
tarla ahora. Y encuentro belleza en otras cosas que antes se me es-
capaban. Sospecho que la respuesta del artista será que esta expe-
riencia mía es frecuente, o incluso regla natural. Así alentado, plan-
teo ahora la cuestión de que, al correr de los años, he tenido algu-
nas veces la clara sensación de haber encontrado el acceso a la be-
llem en una obra hasta entonces no aprcckh, de que mt haMa sido
otorgada una nueva clase de comprensibn. S610 entonces neg6 has-
ta mi la emoción da lo bello. S610 entonces rne hice garddpe de los
68 PRIEDRICH DESSAUER
valores estéticos. Así me ocurrió en el campo d e la niúsica, de Id
poesía y de la pintura. Sólo asuntos naturales, como mont.1- < nas, ma-
res, paisajes, cielos nubosos y noches estrelladas han causado en
mí desde la niñez la impresión invariable de una gran belleza.
Tal vez se me conteste que también esto es una experiencia ge-
neral. 'El estudio del arte alumbra una nueva comprensión y permi-
t e nuevas relaciones con otras que hasta entonces 110s iesultaban
extrañas. Este es, ciertamente, el caso general al tratar con las obras
de los hombres. La comprensión de !os maestros de los siglos ante-
riores enseña a rimar sus obras. Sin duda. se tiene rszBn cuando se
señala que en tiempos de Rousseau y de Goethe no s r apreciaba la
belleza de los paisajes de alta montaña y de las excursiones alpinas.
También existe cambio en nuestras relaciones con los objetos natii-
rales. En este cambio nosotros recibimos, pero tambisn soinos acti-
vos en él de una nirinera progresiva. .4prendemos, y esto, cn Irt ma-
yoría de los casos, significa recepci0n y actividad.
Y todavía una tercera pregunta: i h' o es una constatación asom-
brosa el que demos el mismo titulo de "bella" a la se:lcaciJn que
nos producen tan distintos objetos? Uii dibujo, un cuadro, una es-
tatua, una canción, un verso, un iJiiio, una epopeya, un dr ~ma , un
idioma, un estilo, una construcción, un color, una flor, u n árbol,
una campiña, una puesta de sol, una tormenta, un baile, el movi-
miento de hombres y animales, un gesto, seres de todo gknero, un
pensamiento, una fantasía, un aparato, un traje, la música ... La re-
lación de los distintos asuntos y cosas que pueden provocar en
nosotros una sensación que llamamos "bella" no tiene fin. Una me-
lodía, una poesía, un cuadro y una puesta de sol provocan en nos-
otros una sensación distinta, pero un mismo juicio: "Es bello."
¿Cómo es que expresamos tan distintas sensaciones con la misma
palabra? Y esto es así en todos los idiomas cultos. Cn todz esa va-
riedad tiene que haber algo parecido, algo esencial en esos objetos
y algo unitario en nosotros mismos, que responda a lo que hay de
común en el exterior. Algunos dicen que esa comunidad radica cn
la unidad armónica de lo múltiple en el objeto, jugando en ello un
gran papel la simetría. Esto se advierte con frecuencia. En cambio,
muchos dicen que es la correspondencia entre la esencia y la forma
sensible, reconociéndose aquí una relación. Y tal vez no pueda cie-
cirse nada mejor. Kmt tiene, ciertamente, razón al decir que no
existe una definición absoluta de lo belio. Existe algo en ello que
supera el pensamiento y la palabra, pero que cautiva a todos los
hombres, pues éstos no conocen sólo a través de la ~nteligencia.
Contentémonos, por tanto, con esta profunda aunque incorn-
pleta definición: la correspondencia entre la esencia y la forma sen-
sible en los objetos es capaz de inflamar en nosotros la sensación
de lo bello. Es una sensación de libre participación en un bien, una
sensación feliz, dichosa y, por Último, misteriosa, como todo lo
grande.
Si coincidimos (como espero) en que la armonía de esencia y de
expresión en los objetos es importante y, tal vez. decisiva, pero que
el hombre ha de participar en ese objeto para sentirse feliz, nos
entenderemos enseguida. La participación del hombre en el objeto
es incluso un camino que'hay que recorrer permanentemente. Sólo
cuando se nos concede o conquistamos esa participación y compren-
demos con la mente, el espíritu y el corazón encontramos bello l o
que antes despreciábamos y falto de belleza lo que en su tiempo
pudo engañarnos con su mentirosa armonía (como la "cursilería").
Nuestra participación es la puerta que encuentra el objeto para lle-
gar al sentimiento. Generaciones, pueblos y épocas han ganado y
perdido accesos de este género, han conocido y han desconocido la
belleza. Por tanto, difícilmente puede hacerme feliz aquello de
lo que es poco o absolutamente nada lo que conozco, aquello en
donde aprecio una forma repleta de esencia. Los críticos que encon-
traban bárbara la música de Beethoven y horrible el Fausto de
Goethe y que olvidaron a Bach durante años es que no conocían, y
por eno no podían participar.
El artista citado encontró en su respuesta dirigida a mí los ins-
pirados ejemplos de1 hacha largamente usada y del ven trudo jarro
de arcilla que acariciamos con la mano o sblo con la vista. Y tenfa
razón, pues los comprendemos y percibimos que expresan lo que
son. Entonces se realiza en nosotros dos la participación, y por ello
decimos la palabra de la felicidad: "Es bello." Pero lo que aquf es
exacto falla con muchas personas y ha de fallar cuando se trata de
las altas formas de la técnica. Por mucho que- hablen los críticos
de la época sobre la técnica, ésta es para ellos, en la mayoría de los
casos, tan extraña como lo fue la alta montaña con su r nagni f i ~en~
cia para el siglo mx. Los hombres no decimos: "Nos falta el acce-
so; no comprendemos y todavía no tenemos participación." 1 Oh,
no! No nos dirigimos a nosotros mismos, sino que lo hacemos af
70 PRIEDRICH DESSAUER
exterior, y decimos: "Esto no es bello." De muchacho yo no com-
prendía a Van Gogh, a El Greco ni al mismo Durcro, y era de la
opinión de que la causa estribaba en sus obras, y no en mi. Pero
ahora sé donde estaba ei defecto. Y también sé que estaba en los
críticos de Beethoven y de Goethe, y no en las obras que no com-
prendían.
Por lo que se refiere a las obras de Iri técnica. ¿qué es lo que
saben 10s hombres de ellas? Lu técnica era hcrsta í7horn zin rnilndo
~rzcomprenditfo. Los técnicos eran un grupo cerrado, y los profanos
s310 dedicaban un vistazo ri 13 técnica cuando se producía un hecho
sensacional. El artista decia en su crítica que el planeador que se
cierne en el aire era bello. Esto le era accesible. ¿Y no cree usted
-le pregunté-que también sería partícipe en la armonía de otros
objetos técnicos si ios entendiera r3n bien como al hacha, al cánta-
ro y a1 planeador? Para mí no es complicado el pájaro mecánico
(que cs muchc mencx miquina de lo que piensa el profano) ni el
automóvil, ni tampoco nie lo resultan unos prisiiiáticos o un micros-
copio. Seguro que usted no condenaría a Peter Behren:, que realiza-
ba sus obras partiendo del conocimiento técnico. El constructor de
barcos actúa así, pero también el coristructor de máquinas. Los pin-
tores se ocupaban todavía poco de la técnica de nuestra época, y así
no podían participar de la belleza contenida en ella. Para esto se ne-
cesita tiempo, pero llegará una época en la que también se consigd
este acceso.
"Cuando yo mismo buscaba y encontraba en eI banco de tra-
bajo, en el tablero de dibujo, en el taller de prueba, en el torno y
en el laboratorio nuevas formas de contenido técnico se nit: mani-
fest6 la gran belleza de muchos objetos técnicos, de igual modo que
le sucedi6 a usted, artista, cuando aprendió a pintar y a dibujar y
cuando estudiaba a los grandes maestros. El que se cometan diver-
sas torpezas y se caiga en unilateralismos, muchas veces con un nú-
cleo de razón, no es monopolio de nosotros, los técnicos. También
en otros campos hay bastante de esto. Pero carece de importancia.
Y que los aviones hacen un ruido desagradable es cierto, pero yo
puedo prescindir de ese ruido del mismo modo que usted es capaz
de no prestar atención a iina mancha o a un marco carente de gusto
al contemplar un buen cuadro. Además ese ruido dcsaparecerá. Mi
primer auto (a finales 'del siglo pasado) armaba tal estruendo que,
sin necesidad de tocar la bocina, alborotaba todo lo que tuviera pa-
tas o alas. Y ahora, en los nuevos coches, no se perciben ni los ga
ses de la combustión ni el motor. Todo lo que nace ha de pasar
por el cuarto de los niños.
Cuando contemplo una obra de la técnica bien lograda y creada
espiritualmente me ocurre que, sin necesidad de análisis, la veo ins-
pirada y espiritualizada. No he de seguir un proceso mental consi-
derando figes y cumplimientos. Su armonía me cautiva porque estoy
preparado para ello, igual que queda cautivado el arquitecto ante un
buen edificio o usted ante un buen cuadro. No es necesario para
mi sensación que todos los hombres la compartan. Si esto fuera una
condición, apenas habría nada bello, pues siempre hay muchos fal-
tos de preparación. Es suficiente para asegurar la belleza el que
Csta se imponga en proporción a la preparación del observador."
l . Hanns Lilje
El que la postura de los teólogos de las distintas confesiones
frente al creciente poder de la técnica fuera en principio escéptica
y muchas veces recusatoria tiene su fundamento en la evoiución
temporal de esta gran potencia. La tCcnica no apareció sola, sino en-
trelazada con fenómenos económicos y sociales, y se desarrolló en
una época en que era general una interpretación materialista-mecá-
nica del mundo, acentuada por la reacción contra el extremo idea-
lismo de Hegel y de los hegelianos, Cuando casi todo, y a ser po-
sible todo, es concebido desde un ángulo determinista y, natural-
mente causal; cuando se niega lo metafisico y se renuncia a lo re-
ligioso, se provoca irremisiblemente la oposición de los teólogos, y
en ese ambiente de lucha es natural que &tos consideren a la poco
comprendida técnica como una expresión del materialismo, como
una obra debida en su totalidad a este mundo (que se encuentra
bajo el peso de una deuda hereditaria), o incluso, como ha ocurrido
muchas veces, como una obra del diablo, como la r&lión de la
serpiente del padso contra su Creador.
Pero sería injusto generalizar esa conducta hostil contra ia tk-
nica de algunos. Tarnbibn existen estudios teológicos sobre la t é c d
72 FRIEDRICH DESSAUER
de carácter serio y escrupuloso, que están inspirados por un deseo
de veracidad y no sólo por la aprensión. Queremos tomar de ejem-
plo el libro de Hanns Lilje, teólogo evangelista-luterano y actual obis-
po de Hannóver. Este libro lleva el título de Dcrs Techn~sche Zei-
talter (La era técnica), y apareció el año 1928, al final, por tanto,
del períodb de gran prosperidad económica y antes de la quiebra de
Wall Strect y del derrumbamiento económico mundial. Algunos hom-
bres observadores percibieron lo engañoso de aquella prosperidad
Es converiiente recordar aquel ambiente.
Lilje, que era pastor de estudiantes en una Escuela Trcnica Su-
perior, veía "13 realidad inalterable de la Era T6cnica" como un
prob!ema t emp~r nl que también tenia que ser considerada a la luz
del Evangelio. La técnica se ha convertido en una (iern~nda histó-
rico-fi!osófica que ya no puede ser abandonada a sí mis:r?s. Se tra-
ta de una demanda de la fe cristiana.
La primera parte, Interpretación del dcstl?zc? a 10 ' I LZ dcI Evmtgc-
ii:), comicnzd Lon la comparación de una grxi ciiidad act ri ~l con la
"ciudxl de hace cien anos", un "cuadro de serena armonía", habi-
tada por una "generación pacífica" (lo que es un tema frecuznte,
pero que irlduce a error). Los hombres de 1828 vivían en muchos as-
pcctos más afligidos y amenazados que nosotros, pues las eriierme-
dades, la suciedad, el despotismo, la ausencia de derecho, e1 feuda-
lismo, la miseria de las viviendas y de las masas, la estrechez, la
pobreza, las epidemias y la carencia de valores culturales eran car-
gas más pesadas que, por ejemplo, la actividad y el estrepito del
tráfico en el año 1928. Pero este punto de partida sólo sirve en Lilje
para determinar el comienzo de "un niundo inflexible" y para la
cuestión de las relaciones de la técnica con la vida espiritual, que
obligan a adoptar una postura. Y aquí nace la duda: ¿puede conci-
liarse en sustancia el Evangelio con la cultura moderna, es decir, lo
que es válido independientemente de las épocas con lo mudable
temporalmente? Porque la palabra eterna del mensaje es también
válida para nuestro tiempo, ha de ser oída y obedecida a h ~ r a y aqui
y tiene que permanecer siendo medida absoluta. Partienda de este
punto, Lilje hace la confrontación "de la filosofía de ia tCcnica y el
sentido bíblico de la vida". La situacibn critica e intranquilizadora
de 1928 le hace decir: "El mayor peligro de la actualidad estriba
en que en la actual situación espiritual el trabajo de los individuos
y de los pueblos está, casi sin excepción, bajo el signo de una dia-
bólica carencia de sentido" y en que "la vida del trabajo está total-
mente vacía de sentido espiritual".
Lilje está muy lejos de hacer responsable sencillamente a la téc-
nica de ese alejamiento de Dios, como han hecho otros, incitados
por el descontento. Más bien se ocupa de exponer los rasgos funda-
mentales de la significacibn cultural de la técnica y de su filosofía.
En el libro de Lilje se encuentran citas tornadas de la obra La de-
cadencia de Occidente, de Spengler (el libro de Spengler El hombre
y la Técnica, del que hemos tratado más arriba, no había aparecido
todavía). El mismo Spengler, que calificaba de satánica a la técnica,
eligió palabras en esa misma obra que suenan como un elogio de
la técnica, pero que no lo son. Después cita frclses de Georg Lange,
tomadas de la revista "Zeitwende" (año 2, número 2), que, por ser
representativas de muchas otras manifestaciones del mismo género,
repetimos aquí:
"La tCcnica florece en la época de una humanidad decadente ...,
pues por su misma naturaleza carece de alma.. . El miindo de la téc-
nica se caracteriza por el ruido, el mal olor y el aire viciado, como
conquistas higiénicas de nuestra época.. . La tCcnica es impersonal.. .,
y sólo el invento técnico pertenece al campo intelectual. Su meta
es la mera utilidad externa, pero la utilidad no es una función cul-
tural.. . Encuentra tantos intercesores y defensores fanáticos porque
lo ambiciona todo de una manera tan evidente y perentoria ..." Pero
"a través de todos los goces que la técnica puede ofrecer al hombre
lo hace más superficial y más triste".
Y sigue diciendo: "Cultura es vida, pero gcnica es muerte. Las
rocas, los árboles y el río hablan su idioma viviente, pero la chi-
menea de la fábrica y las máquinas son mudas". Y cuando hablan
anuncian la muerte. Cualquier materia que caiga en manos de la
técnica, sea piedra, agua o madera, pierde la vida ... Es imposible
dotar de alma a la técnica, y lo que hay que hacer es preservar al
alma de ella."
Sigue un vistazo sobre la valoraci6n de la técnica en la historia
espiritual del siglo xrx. La ignorancia, el desprecio y la interpreta-
ción biol6gica de Kapp, como proyección del 6rgan0, ceden lentb-
mente el paso al anmchiento de la ñnrtlidad de la técnica. Eí
1875 pbtS Menzei el fasnao cuadro qire lleva por dtdo lLm%adw
de hierro, haciendo a la t h i c a objeto de cre8ci6n ardstica. En-
cumtra reconocimiento ( Na ~ mmj la bdl w de la tork M e & y
74 FRlEDRlCH DESSAUER
Max Eyth y Friedrich Naumann hablan del valor y la dignidad del
objeto técnico. El año 1928 la claridad de la visión estaba enturbia-
d a por el entrelazamierito con la economía; Sombart concede so-
cialmente más alto rango a la economía que a la técnica. DcspuGs
aparecieron las dos obras sobre filosofía de la técnica debidas a
E. ~schf mmer y a F. Dessauer. Zschimrner (profesor en la Escuela
Técnica Superior de Karlsruhe) tiene su origen filosófico en He~el ,
en Feuerbach y en hlarx, y ve la esencia de la técnica en la idea
de la "libertad material", de la libre voluntad y de la libertad del
espíritu en el sentido positivo y creador de la palabra. (El anilisis
sobre la esencia de la técnica dado en las primeras ediciones de mi
propio libro se encuentra en los siguientes capítulos.)
Lilje dice después: "Con estas dos obras se ha llegado (1928) a
iin término provisional en la historia del desarrollo de un fin pro-
pio de la técnica. No sin razón se ha dicho del libro de Dessaue~
que es una reivindicación de la técnica." Contra Zschimmer opone
Lilie que el idcalisrrio hegeliano sobre el puesto de la filosofía como
base es insuficiente. que la definición de la técnica como "libertad
material" es dernasiado amplio e indeterminado, que no considera
suficientemente el aspecto creador y, finalmente, que pasa por alto
ia fatalidad, la potencia vitaI y la suprapersonalidad de la técnica.
Lilje coincide frecuentemente con los puntos de vista de mi Filoso-
fía de la técnica. Algunas de sus objeciones las veremos en aparta-
dos posteriores del presente libro, y trataremos en especial de la
opinión sustentada por Zschimmer y por mí, y rechazada por Lilje,
de que se produce un autintico "progreso".
Lilje habla después (de acuerdo con mi libro) de una filosofía de
la realidad de la técnica, en la que hay que profundizar, y en la que
se comprenda en cornlin, de una manera natural, la realidad mate-
rial y la espiritual. Acepta mi proposición de interpretar la tCcnica
como rea!ización, de reconocer su carácter creador y teleológico,
considerando con ello al técnico como una personalidad volitiva,
cuya voluntad tiene rasgos éticos y estéticos, y no meramente uti-
l i t ari o~.
Lilje dice: "La técnica es un proceso creador y racional en el
marco de la realidad de las leyes naturales." Pero, según 61, la na-
turaleza de ta t6cnica abarca más. Tdcnica significa también un víncu-
lo social en acción recíproca. y la filosofía de la tdcnica desemboca
en la filosofia de la historia. "La técnica se convierte en el mayor y
DI SCUSI ~N SOBRE LA TÉCNICA 75
más expresivo de los símbolos de toda una época." "La faceta per-
sonal de la creación técnica es siempre una actividad creadora, que
destella incluso en la producción múltiple de objetos, es decir, en
la producción en masa." La faceta objetiva se ofrece en seguida, por-
que cada objeto, una vez inventado y producido, sc separa de sus
autores y entra en el torbellino de la economia. Lilje cita después,
aprobatoriamente, a Spengler: "La máquina es cada vez más inhu-
mana." (Pero esto puede inducir a errores. Cuanto más ingeniosa
sea, tanto más responderá al alma espiritual del hombre, que le di-
ferencia de los animales.)
La suprapersonalidad de la técnica, que se manifiesta en su po-
der vital, hace que el hombre medio la rechace sentimentalmente, y
se muestra en las mayores exigencias morales a través del aumento
de poder. "La técnica, en sí, no puede ser inmoral; la creación téc-
nica del individuo contiene, incluso necesariamente, un impulso mo-
ral, porque la auténtica actividad creadora no infringe el orden mo-
ral del ~~i ver so. "
¿Es la técnica una potencia creadora de cultura?
Existe un elemento trágico en la técnica. Raras reces la encon-
tramos pura, pues por lo general se encuentra enmarañada con las
corrientes de la época y entrelazada con la economía, absorbiéndo-
se la fuerza moral a través de ese entreIazamiento. "La cuestión so-
cial, en la que los técnicos son los principales colaboradores, re-
quiere en el aspecto de la cultura técnica un doble sentimiento de
responsabilidad personal y social!' La relación de la técnica con el
arte le parece prometedora a Lilje. En muchos defectos frecuente-
mente criticados, como en el caso de las chimeneas humeantes, vc
Lilje atrasos pasajeros y habla de la "embriagadora belleza de las
creaciones técnicas", de su grandeza y de su rítmica. Friedrich Nau-
mann también habfa advertido esto.
La tCcnica desemboca en la Ctica y en la cuestión religiosa, "Se-
gún todos los precedentes, no puede hablarse de que la Cpoca de la
técnica haya arrebatado a la fe cristiana su posibilidad de existir.
En realidad, es lo contrario. Lo que la fe cristiana tiene que a-
a la época de la técnica está en su mayor parte todavía por d.
Necesitamos una profunda y seria penetraci6n religiosa de tah (#-
tas cuestiones, ante la que la anticuada y superñcial ,creencia ysscP
gresista quede como un9 insensata faatasfa."
La auténtica demanda de Lilje se encuentra formulada así al
principio del segundo capitulo :
"¿Existe todavía para nosotros en la actualidad técnica un Ser
eterno, oculto detrás de cada obra, y puede ser la creencia bíblica
en Dios?"
La respuesta se prepara considerando que la técnica no se en-
cuentra pura sino en su entrelazamiento en la historia con la vida,
la fatalidad y el destino. "La técnica requiere terminantemente una
orientación religiosa de la existencia general." Lilje habla después
de la existencia en sil tiempo (1978) de un "concepto inconsciente
de la realidad en la época técnica", que, vacío de contenido religio-
so, s610 afecta a lo palpable como auténtica realidad, y que al abso-
lutizar al mundo técnico de las cosas se convierte en alco total-
mente de este mundo y sin sentido. Esto es humillante para la teo-
logía y para 13 Iglesia. La verdad tiene por condición el que ambas
realidades. la externa y palpable >7 la ideal, sean tomadas igualmen-
te en consideración, de tal manera que, por tanto, se parta de un
"reczlismn dc orden slrperior", corno el que basa la fe cristiana en el
Creador. La técnica es una "inseparable unidad creadora de espíritu
y de materia", A la luz de esta creencia la técnica ha de ser valo-
rada como bticamente positiva. El que pueda abusarse de ella no
significa que sea éticamente neutral. La técnica, por su naturaleza,
es buena. Es alentador encontrar esta opinión, salida de la pluma
de un eminente teólogo, con tanta claridad. Lilje conoce los frecuen-
tes errores sobre este asunto, y dice: "Es de una enorme ligereza
interpretar el vinculo de la técnica con las leyes naturales, dedu-
cicndo su incompatibilidad con la fe cristiana en Dios." "El concep-
to de las leyes naturales es para los cristianos equivalente al del
orden divino de la Creación." (En este punto se encuentra una con-
cepción algo errónea sobre las leyes naturales, pero que tiene poca
importancia para el contenido del libro.)
Para la fe cristiana su contenido es válido desde la Creación
hasta el fin de los siglos, como un "realismo de iin orden superior".
Con ello la tbcnica "no es menos que la prosecución de la obra crea-
dora divina", pero pierde su sentido si no se doblega ante la ley de
la Creación que Dios impone a todo trabajo. Y de esto procede
también la dignidad de la tbcnica. La tbcnica s61o se realiza legiti-
mamente al servicio de Dios. S610 entonces se superará el concepto
fáustico (la autorredención puramente terrenal).
Sigue un estudio sobre las relaciones de la técnica con la histo-
ria. Se hacía el reproche a la técnica de que transformaba la vida
histórica en un mecanismo inexorable. Según Lilje, esto es sosteni-
ble contra la actual trabazón económica y contra la impersonalidad
de la técnica, pero no contra la actividad creadora del individuo, y
en especial de los grandes inventores. Además la técnica actúa en
gran escala sobre la sociedad, sirviendo de impulso para la sociali-
zación. La misión de la teología es santificar esta nueva armonía de
la humanidad. Esta es una empresa grande y difícil. Aquí tiene Lilje
una frase especialmente acertada : "Los imprudentes panegiristas del
pasado sucumben, siempre inconscientes del peligro, ante una con-
sideración de la historia falsamente aristocrática. Lo que ensalzan
de las grandes épocas del pasado, es decir, el que permitieran vivir
al individuo como una libre personalidad, sólo fue posible sobre el
telón de fondo de miles de personas despojadas de sus derechos y
esclavizadas."
En la cuestión tantas veces tratada "del hombre y la máquina".
Lilje adopta la consecuente postura teológica: la consideración y el
cuidado del hombre corporal también procede del creyente recono-
cimiento de la realidad de la Creación. El Evangelio llama al cuerpo
templo del espíritu. Es cierto que bajo la influencia de la tCcnica se
transforma el tipo humano, pero esto no significa la extinción de
la religiosidad, sino el cambio de su carácter. El nuevo tipo es más
realista y voluntarioso, y tal vez por ello está más cerca de la com-
prensión del Evangelio que en el pasado. Lilje subraya el parentesco
del protestantismo con la técnica y lo eficaz de su acción, diciendo
que la Reforma ha transformado su libertad, esa herencia del Re-
nacimiento, en una libertad al servicio de algo superior. En este
punto lamenta que yo no tratara en mi Filosofía de la Técnica la
influencia de la ética reformista sobre el moderno concepto del tra-
bajo. Su observación es justa, pero el catolicismo puede también
hacerme un reproche análogo. Tampoco he hablado de su extraordi-
naria influencia, sino que en los capítulos que tratan de los aspec-
tos religiosos de la técnica s610 he intentado aclarar en general la
relación de la técnica con la religión, poniendo la mirada sobre el
conjunto de la exigencia cristiana. Y en esto existe entre nosotros
una amplia coincidencia; por ejemplo, cuando Lilje dice: ein rigor,
no puede emitirse afilmaciún m8s rotunda ante el trabajo técnico
que cuando se le considera como una actividad al servicio de Dios.
78 FRIEDRICH DBSSAUER
Lilje dice con gran belleza: "Si el Nuevo Testamento ha de
hacer algún don a la era técnica, éste ha de ser el someternos a la
inipronta del poder creador divino, y que a través de ello aprenda-
mos a aceptar desde el fondo de nuestros corazones y con toda ale-
gría nuestro mundo con sus más penosas necesidades. El Nuevo
Testamento rechaza clara y terminantemente todo lo que llama ''la
tristeza del mundo". El Nuevo Testamento, a pessr de la dureza
de sus juicios sobre l o terrenal, rechaza siempre categijricamente y
con todas sus consecuena'as un pesimismo físico, que germina fá-
cilmente, y que además se viste con el ropaje de una profunda refle-
xi3n." Y sigue diciendo: "O realizamos la técnica al servicio de Dios,
como servicio al Dios vivíe?zte, o se convertirá para nosotros en
una cadena que con su peso nos arrastrará a la muerte junto con
una civilización petrificada en la falta de amor."
Pero a pesar de ello existe el peligro y el elemento trágico de la
téciiic3. El peligro se encuentra en la híbrida ilusión fáustica de la
autorredención. Pero por l o menos en nuestro ambiente este peligro
no es muy grande, tratándose de los grandes hombres que, usando
la terminología de Nietzsche, poseen una titánica tenacidad; ya lo
es mucho más en lo que pudiéramos llamar "ediciones populares"
de esos hombres, que sostienen la burguesa opinión de que, con la
posesión de todos los artefactos creados por la técnica, Dios ya no
es necesario. Este modo de pensar es peligroso y d e d í a al castigo
divino (recuérdese que esto fue escrito el año 1928). Los grandes
investigadores e inventores, como Copérnico, Kepler, Newton, Ford
y Schmidt (el inventor de la locomotora a vapor recalentado), fue-
ran hombres creyentes y rectos. Sabían que la técnica no lo puede
todo, es poderosa, pero s610 Dios es omnipotente.
La precipitacidn y el nerviosismo del trabajo no son, sencilla-
mente, consecuencias de la técnica. En una sala de máquinas no
hay nada de nerviosismo. Pero las catástrofes técnicas nos mues-
tran los limites. El auténtico peligro, y aquí cita Lilje el libro de
D. Engelhardt Technik und Weitanschauung, no radica en los po-
deres desatados de la naturaleza, sino en las potencias desenfrena-
das del alma humana. s
Lilje entiende por infernal en la técnica la perversión de la po-
tencia creadora, en la que se cae con suma facilidad. La tdcnica
exige sacrificio, y el Museo Alemán da testimonio de ello. Pero 10s
sacrificios no se limitan a los profesionales de la tt5cnica. existiendo
DISCUSI~N SOBRE LA TECNICA 17
tambien sacrificio comercial e industrial. Infernal es, por ejemplo,
según Lilje, la obsesión de ir siempre más de prisa a través de la
técnica. Los estragos pueden llegar a ser terroríficos, y crecen al cre-
cer los medios. Ese aspecto infernal no está representado por el
error personal de un individuo, sino que aquí actúa el misterio de
la culpa hereditaria. Por ello no puede esperarse una redención
técnica.
En la tercera parte de su libro Racionalización de la vida Lilje
cambia de tema. La técnica en sentido propio queda sustituida por
la era técnica, en la que se observa como rasgo decisivo la "racio-
nalización" de la vida. De sus explicaciones puede inferirse en quC
sentido se utiliza la palabra. Racionalizacion, en sentido positivo,
significa aquí la preponderancia de la razón en el conocimiento de
los objetos del mundo, en la ordenación de los conocidos y en la
programación, planificación, desarrollo y creación. Racionalización
que, según Lilje, penetra imperativamente en la economía y en la
sociedad, partiendo de la técnica. En sentido negativo está unido a
ella el peligro para los altos componentes éticos, estéticos y religio-
sos. Puede conducir ;r la pérdida de la libertad, de la tranquilidad
y de la armonfa; puede llevar a la pérdida del sentido de la vida,
de la ética del trabajo y de la dignidad; puede perjudicar a la fa-
milia, dañando la disciplina y el respeto, desembocando en la ce-
guera espiritual. También aquí, a pesar de la fuerte acentuación de
los peligros, intenta Lilje ser justo, y lo es en la mayoría de los
casos si se prescinde de algunas opiniones equivocadas (como la que
sustenta sobre los Estados Unidos). Las características de la ,racio-
nalización de la vida son, según él, la atomización, el aislamiento y
la nivelación. Aquí pasa por alto que también existe una nivelación
hacia arriba y que este ascenso de amplias capas de pobIaci6n es
una obra en la que precisamente participa la tbcnica. Esta parte de
la obra termina con la siguiente frase afortunada: "La ttccnica es el
más poderoso dmboió creador del período histórico en que vivi-
mos; es el poder creador en el que más claramente se manifiesta el
aspecto espiritual de nuestra actualidad en lo bueno y en lo malo."
En la cuarta parte, La racionalizacián y el Evangelio, se dirige
Lilje contra la falsa interpretación romántica que considera los tiem-
pos pasados como más felices que la actualidad, corrompida por la
thica, y contira la interpretacidn idealista de la felicidad genera1
a través de la tCmica. Tambidn se rechaza con razón la nnilatmli-
80 PRIEDRlCH DESSAUER
dad biológica de la interpretación histórica, así' como el aislamiento
relativista de la actualidad. La actitud humanística frente a la his-
toria, que tiene su origen en el Renacimiento, termina asimisnio con
la aparición de la técnica, que es simultáneamente señora j7 servido-
ra de la masa. Este último gran cambio completó la secularización.
El auténtico propósito del libro sigue siendo la interpretación teo-
lógica de la historia: "El último impulso de t o~i : ~ !a historia, e1 que
le proporciona su ritmo más intenso. es la incesante tensión entre
.la voluntad divina y la voluntad del mal." El lugar de los aconteci-
mientos históricos es para el creyente la conciencia. El Evangelio
no está sujeto al tiempo. y por ello no es aciisador ni defensor de
una u otra época. La mala costumbre de los hombres de rechazar
sentimentalmente nucvas formaciones históricas no esta de acuerdo
con el Evangelio. Del mismo modo que tampoco lo está el temor a
la actualidad y la formación de conventículos.
De esta postura se deducen conclusioiies que el mismo Lilje
pone de manifiesto: la racionalización. con sü ordcn y su discipii-
na, tiene su justificación en su propia esfera. Dios ha puesto Orden
en su Creación. La racionalización del trabajo moderno en la téc-
nica y en la economía no puede impugnarse teológicamente. El in-
tenso ritmo de trabajo actual tiene su grandeza. El trabajo es a la
vez carga y alegría. El trabajo exige disciplina. No se deben inter-
pretar todos los inconvenientes como resultado del egoísmo huma-
no, y tampoco deben ser generalizados como típicos fenómenos
transitorios de la rápida evolución.
Pero el cuadro cambia cuarido la racionalización sobrepasa sus
límites, y esto ocurre especialmente cuando cae bajo el imperio del
dios Oro y cuando se absolutiza. La racionalizaciór, tiene límites
históricos y en la personalidad. La técnica auténtica, dice Lilje, sabe
de héroes y de mártires, pero la racionalizacióri no conoce ningún
deber moral absolutamente válido. Y no es aceptable el reducir la
vida a un gran cálculo utilitario. "De hecho hay una diferencia de
ideologia cuando ... se es culpable, y por ello se necesita perdón, o
cuando se trata de una sencilla equivocación."
En la parte final del libro El Evangelio e n la era técnica, se cu-
loca en primer lugar al lector ante el hecho de que la racionaliza-
ción (en el sentido citado) es nuestro destino, y se trata de in-
terpretarlo. Con resignación, educación de las masas como evasión,
temor mundano y preocupaci6n solamente, no se consigue nada.
El temor mundano ha de ceder su puesto al temor de Dios. El es-
cepticismo radical y la renuncia relativista han de ser sustituidos
por "la ferviente conciencia de la realidad de Dios" y por el tes-
timonio de esa conciencia.
Esa conciencia apaga "e1 soplo mortal de la civilización raciona-
lista". "La fe sabe del porvenir." "Donde no se encuentra la vida
eterna, tampoco está la actualidad." La existencia del tiempo pre-
sente está determinada desde la eternidad. Y la discrepancia re-
sultante de que alabemos, con razón, la técnica CoIiio un don di-
vino consideremos a la era técnica como profundamente influida
por Satán, no es otra cosa que la tensión que impregna la totalidad
de la vida, tanto en la actualidad como en épocas pasadas, y que
no puede superarse cantando las alabanzas de otros tiempos ni con
una mística estática. Es la tensión de la lucha entre el Orden del
Creador y la perversión, entre la Redención y el Infierno, entre
Cristo y el Anticristo.
Hemos dedicado aquí un gran espacio a la obra de Lilje, porque
se trata de una de las más valiosas aportaciones a la controversia
universal. Encontramos en ella una amplia visión, una profunda
seriedad y una gran rectitud, y hubiera sido muy conveniente que
algunos teólogos de los que tomaron la palabra en este asunto hu-
bieran conocido ese libro.
2. De mis propios tienzpos de lucha
Viene ahora un ejemplo tomado de mi propia experiencia, bas-
tante rica en este aspecto. Se trata de una polémica sostenida a
finales de la segunda guerra mundial en la revista "Scilweizer Rund-
schau" (año 1944-45, números 3, 6 y 7).
Publiqué en el número tres de esa revista un artículo sobre el
Sentido y determinación de la técnica que provocó el ataque de un
conocido autor, también apreciado por mi. Ese ataque ponfa es-
pecialmente de relieve el frecuentemente repetido tema religioso,
es decir, el tema de la hostilidad de la técnica frente a Dios o
frente a la religión.
La primera objeción se dirigió contra mi aserto de que "la idea
de la técnica y su sentido histórico, fácilmente reconocible para
cualquier mirada que no estuviera cargada de prejuicios, es la
82 FRIEDRICH DESSAUER
emancipación del hombre y de su especie ant e la sujeción y la
dependencia animal y vegetal".
La objeción dice: Ese aserto y el sentido de todo el artículo
desembocan en una equiparación dc la técnica y la cultura, pues,
¿qué otra cosa es 13 cultura que no sea la liberación del hombre
frente at l a sujeción vegetal y animal, que no sea el progreso hacia
el espíritu?
Pero la objeción se desmorona cuando se entiende la cultura,
en su recto sentido, como el progreso de la naturaleza huniana ha-
cia su destino. y cuando se consideran las dos frases siguientes a
la objeción. Dicen así:
"Esto (la emancipación frente a los reinos vegetal y animal)
es el mandato contenido en el primer capítulo del Génesis. Res-
pecto a esto. la técnica es el medio ofrecido por el Creador." ~ P u e -
ds decirse mas claramente que la técnica forma ciertamente parte
de la cultura? Es el medio ordenado y entregado por el Creador
para hacer progresa1 la naturaleza humana. La cultura--considerada
subjctivamerite como formación y educación, y, objetivamente, como
corijunto de la preciosa obra humana-es más que el medio, que
el camino para llegar a ella. Pero el camino le pertenece, tiene una
orientación, un sentido y un valor.
Mi oiponente repite después In idea tantas veces repetida en las
d6cadas anteriores de que lo que realmente se ha insertado en el
espíritu del hombrs, más que el mandato divino del Génesis, han
sido las palabras de la serpiente del paraíso: "No moriréis, sino
que conoceréis y seréis iguales a Dios." Es decir, que se aplica al
concepto de la técnica lo que fue tentación del alma humana a la
soberbia intelectual, 10 que es llamamiento a cualquier forma dc re-
belión contra Dios y contra el Orden de la Creación. Por tanto, el
pan que comemos, los trajes que vestimos, la casa que nos ofrece
asilo, la calle por la que pasamos, el barco que nos transporta, el
medicamento que alivia nuestros sufrimientos, el vendaje sobre la
herida, el telescopio que nos muestra la grandeza de la Creación, e
incluso los monumentos y las catedrales-todo aquello que recibi-
mos desagradecidamente como fruto de los esfuerzos del pasado y
de la actualidad-todo ello procedería de las palabras satánicas y
sería obra de la rebelión contra ei Creador. Los hombres que ma-
nejan las calderas, los arados y los tractores, los que trabajan en
los talleres, en las fraguas, en los laboratorios y en las minas, los
D ~ S C U S I ~ N SOBRE LA TÉCNICA 8 3
que conducen las locomotoras, los arquitectos y los constructo-
res de puentes-todos aquellos que se afanan, y lo hacen por nos-
otros-son, según eso, ;las huestes del Rebelde contra Dios en la
obra de la soberbia y de la temeridad!
En realidad, esta opinión no se encuentra sólo aquí, sino que
ya ha sido expresada en anteriores ataques formales. Y, aún con
mayor frecuencia, se la percibe en las palabras encubiertas y es-
cépticas de los críticos y de los "lnlcdatores temporis acti".
La técnica, ¿puede ser realmente obra del diablo cuando da a
millones de hombres la posibilidad de existir? Cuando, hace ya
treinta años, escribí la Filosofía de la Técnica, calculé la cifra de
los esclavos que serían necesarios para mantener nuestra vida sin
máquinas que suministraran energía (motores). La cifra resultante
fue de dos mil a dos mil quinientos millones (y hoy tendría que ser
duplicada).
"O con otras palabras: si no hubiera motores, y a pesar de
ello, tuvieran que funcionar nuestras fábricas, nuestros ferrocarri-
les, nuestras conducciones de agua y nuestro sistema de ilumina-
ción, más de dos mil millones de hombres tendrían que pasarse
toda su vida accionando sin pausa ruedas y palancas y arrastrando
cargas. Muchos millones ya lo hicieron realmente en el pasado. Las
enormes masas de trabajadores adscritas en otros tiempos a la ser-
vidumbre personal eran motores hzcmanos, y, si hacemos desfilar
por nuestra imaginación esa masa ingente así utilizada durante si-
glos y siglos, tendremos un cuadro anonadador de la masificación, y
no sólo un cuadro, sino una realidad. i Y ahora han sido liberadas!
Un enviado de Dios, la técnica, ha descargado al hombre de una
parte de ese servicio, que no era humanamente digno y que sólo se
servía de las potencias inferiores del hombre, pero con tal inten-
sidad, que las otras no podían desarrollarse. Y no sólo se conten-
tó con liberarlos a todos y llamarios a una actividad más digna,
sino que hizo mucho más al aumentar de una manera fabulosa el
volumen del trabajo realizado." (Filosofia de la Técnica, tercera
edición.)
Mi oponente sigue diciendo: "Es un círculo vicioso, una "peti-
tio pn'ncipit", hablar de un mandato divino cuando toda nuestra
experiencia c r c t d nos induce a oponernos al dominio de la tCc-
nica."
" 1 Toda nuestra experiencia actual ! " ES justo olvidar que
84 FRIEDRICH DESSAUER
por cada hombre que muere por el uso de las armas ticnicas otros
cien hombres reciben la posibilidad de vivir y salvan su vida? Y
esto es así. SOlo el poder dcl microscopio cs tanto lo que nos reve-
la que con 61 se salvan en un siglo muchos más hombres de los
que pueden aniqiiilarse en dos guerras mundiales.
' blihoponente intenta dar una definición propia de la técnica:
"Nosotros decirnos-escribe-que la técnics, en un sentido muy
amplio y, sin embargo, muy exacto, cs un proceso racionalizador."
"La racionalización cs un proczso t2ciiico. 10 J L I ~ quiere decir quc.
desde el punta de vista del valor, es indetcrminadu e indiferente."
;Que cs 10 que si: quiere decir con esto? "La t h i c a es un pro-
ceso de racionaIiznci6n, la racionalización es un proceso técnico."
Cuando se entiende la racionalización en sentido propio, como espi-
ritualizacií,n, hay que afíadir claramente a ello q:ié es lo que se
espiritualiza y erz qti¿ sentido. Y éste era precisamente el asunto.
Pero la palabra iricionalización es ambigua y tnnipoco se la aclara
cuando se dice que la racionalizaciGn es uri "procedimiento téciii-
co" indeterminado descle cl punto de vista del valor.
Porque el objeto tPcnico aislado y la actividad aislada de la crea-
ciijn técnica ticncn su objetivo más allá de sí niismos, al, aunos
autores ajenos a ella consideran a la técnica como un puro medio
y como un mero instruniento al servicio de cualquier fin.
Y así encontramos expresiones conio Gsta: "Pero ¿qué idea c
qué valor seria inmanente a la t kni ca, contenido naturalmente en
su concepto?" Mi oponente ve, "al primer vistazo, que idea y téc-
nica o valor y técnica pertenecen a planos totalmcntc distintos".
Sin embargo, no ha dado ningún concepto de la técnica, aparte de
decir que es un proceso de racionalización y quz la racionalizacijn
es un proceso "técnico" de valor indiferente. Esto es una afirma-
ción inexacta y un error, pero no es una definicion. Cuando se
parte de una base defectuosa, se adopta una postura errónea.
Cuando reflexiono sobre la manera de aclarar a una persona
extraña a la cuestión qué es la técnica (y no, por ejemplo, io que
cs un destornillador), cuál es su undad espiritual. su sentido, su
destino y su ser ideal, pienso que tal vez sea útil poner un ejem-
plo tomado de mi propia vida.
En el ejercicio de mi carrera tCcnica, estuve largos años en una
empresa que fabricaba aparatos de rayos X. Cada mes salían mu-
chos de nuestra fábrica. Eramos un grupo de jóvenes técnicos en-
tusiasmados con el gran descubrimiento de Rontgen y nos esfor-
zábamos activamente en perfeccionar los aparatos con inventos y
mejoras. Teníamos el convencimienta de que nuestra obra y nuestro
trabajo técnico tenían un sentido, un valor y un contenido. Sa-
bíamos que cada aparato tenía el poder de hacer visible lo oculto
y que, al correr del tiempo, cada uno de ellos haría posible o faci-
litaría, en cientos o, tal vez, miles de casos, el diagnóstico y, con
ello. el apropiado tratamiento de los enfermos. Pensábamos que de
esta manera prestábamos, al correr del tiempo, un auténtico servi-
cio a muchos de nuestros semejantes desconocidos para nosotros y
que realizábamos una obra técnica cargada de sentido. Pero no se
nos ocurría pensar que, en rigor, lo que hacíamos era impulsar la
obra satánica de la rebelión. Eramos tan "idealistas" que arrostrá-
bamos los peligros que también amenazaban-corno a tantas otras-
a nuestra obra. Casi todos mis compañeros de entonces pa, earon su
tributo al peligro y tuvieron una muerte atroz debida a las quema-
duras causadas por los rayos; son pocos los que, dañados para
siempre, escaparon por poco a la muerte. Cuando se producía una de
estas catástrofes, ocurría algunas veces que, aunque sólo por un ins-
tante, se nos concediera a !os técnicos el que uno de nosotros ha-
bía coilsumado el sacrificio de su vida en el cumplimiento de su
misión, es decir, en una actividad dotada de sentido y no carente de
valor. De no ser así, estábamos acostumbrados a que no se cono-
ciera nuestra obra y a que se hiciera caso omiso de nuestro espí-
ritu y de nuestras aspiraciones. Se nos pagaba y ello autorizaba
a recibir sin pensar nuestros esfuerzos, la dedicaciljn de nuestra
vida y el servicio a nuestros hermanos desconocidos, disfrutando
de todo ello sin agradecimiento. Algunos de nosotros vislumbra-
baii que teníamos una auténtica profesión, atendiendo, por tanto,
a un mandato de la voluntad divina; que trabajábanios diariamec-
te en los cimientos de la cultura y que los técnicos portan sobre
sus hombros al género humano; pero, para el mundo, nuestro hacer
y la entrega de nuestra vida era algo natural, de lo que no valfa la
pena ocuparse.
MAS tarde pasi del campo de. la técnica a la investigación pura.
Pero durante dos decadas fui técnico entre técnicos y estuve en
el banco de trabajo, en el taller de prueba y en la sala de proyec-
tos. Estuve dedicado a la invencidn, y repetidas veces tomi parte
en alguna solución, finalmente, encontrada. Estuve en el campo de
13 técnica y sé cómo y quS se pensaba en dl y cuiles eran sus as-
piraciones. Conozco el espíritu del trabajo técnico y de la técnica,
pucs ese fue el espíritu del trabajo, duro 5, sin embargo, feliz, de
mis jóvenes años: servir a Dios trabajando par'l la5 generacio-
nes presentes y futuras, c u~, i existencia descansa sobre los hombros
de la técnica.
Cuando dejé la técnica por la investigación se me hizo evidente
que Ids profcsioncs técnicas-que abarcan hoy día a más del se-
tenta por cielito dc los honibrcs--eran entonces nlup poco conoci-
das por ellos y menospreciadas. Esto era muy srave y los técnicos
lo percibían. Tení:in con frecuencia la sens~ción de realizar una
sran obra cargada de sentido; dc que er2n algo así como los ci-
mic~itos de 1~ humrin!;iad, pero sin hallar el justo agradecimiento
de la sociedad, sin encontrar c s ~ ~terición qui sc niariifiesta palpa-
blemente y sin clcspcrtar csc eco esperado por todo aquel que lan-
za a los dcmris su grito \it,il. Lns clases técnicas estaban solas y
amzrgadas por lo, Lirrogantes juicios emitidos sobre el1,is For perso-
iias profarias. Era freciicnte que el r'ingo social de los técnicos se
pospusiera al de otras profesiones. Las consecuencias son evidentes
cuando a todo esto se suni'i la po\íura de algunos cristianos como
el crítico que nos ocupa, quién escribe que la obra y los conoci-
mientos tCcnicos carecen de valor J~ de sentido propios, siendo
sólo un medio para cualquier fin b ~ c n o o malo, io que conduce a
poner a los hombres, como "mentecatos y engariados", "cri manos
de la técnica", desembocando en "algo infernal" y en "un mundo
más allá del bien y del mal".
De esta manera, yo mismo lo expcrimcrité, el cristianismo pcrdíri
cada vez más a las clases técnicas y, con el!@, a la; obreras. Si se
quiere utilizar un medio seguro para completar totalniente el daño.
no hay más que acercarse a una juventud que, trn las escuelas téc-
nicas de t q grado, desde las inferiores a las superiores, apren-
de a apreciar su profesi6n y a ejercerla con esiniro, entrega y cxac-
titud, y decirle con mi oponente: "Lo que vais a impulsar a lo
largo de toda vuestra vida es la ejecuci6n del tnandato de la ser-
piente del Paraíso; en ello paipita la tentación etcrnarnente nueva:
Seréis iguales a Dios." La secularización de las ciencias natura-
les y de la técnica, que ya amenazó en el conflicto de Galileo y ha
progresado favorecida duracte dos siglos por obras fuadamentales,
llevando a la degradación de las profesiones ligadas a la natura-
ieza, podría completarse a través de semejante ofuscación.
Como yo veía todo el daño que podía causar esta postura, que
forzosamente tendría que desembocar en desconocimiento y degra-
dación, y como no había nadie que se opusiera a la ceguera, a la
ingratitud frente a la Providencia Divina manifestada en el caso
de la técnica y a la ingratitud frente a los hijos de ésta, inicié una
campaña, reflejada en cientos de artículos y de reuniones, a favor
de la comprensión, del conocimiento y del afecto debido a la téc-
nica y a los técnicos. El que con ello provocaría la oposición de
escritores de distintas orientaciones, ya lo sabía de antemano. Cien
veces se me opusieron autqres, por escrito o de palabra, que hacían
una regla general de cualquier molestia, una ley universal de un re-
sentimiento, una filosofía de una incomprensión y una condena ge-
neral de un tropiezo.
Y el desagrado frente a la técnica aumentó alimetitado por esos
críticos. Pero pocos de ellos estuvieron alguna vez en un servicio
técnico y pocos se tomaron el trabajo de conocer seriamente el
asunto, pues esto requiere humi!dad y conocimiento de la propia
ignorancia. Pero es un hecho cierto que, al acabar ¡a guerra, todos
gritaron que los técnicos debían reconstruir los pueblos y las ciu-
dades, volver a hacer fructífera la tierra, habitab!es las casas y
transitables las calles. Tenían que volver a crear medicamentos y
clínicas, conducciones de agua y canales, iglesias y edificios, y te-
nían que hacerlo bien, con toda su potencia, rápida, cuidadosa y
escrupulosamente. Han de apresurarse en las canteras, en las mi-
nas de carbón y en los altos hornos, ante sus alambiques y marti-
netes. Y que se preste este servicio será considerado "natural". Se
hablará mucho y con justicia de financiaciones, costos y negocios,
pero de la técnica se dirá que produce ruido y humo, que degra-
da y que profana. El altavoz del vecino dirige la furia de los es-
critores contra la radio en lugar de contra el abuso; una película
consagrada a lo sublime les escandaliza, como en su día se escan-
dalizaron los iconoclastas del siglo XVI ante las imágenes sagradas.
El que millones de personas consigan gracias a la radio el primer
contacto con la h a música y coa la cultura, no tiene interés para
ellos. Y mientras la técnica, de acuerdo con su sentido, reconstru-
ye al mundo sobre sus ruinas, se sigue diciendo de ella que no tie-
ne sentido ni va lo^ propios.
88 FRIEDRICH DESSAUER
Y después de haber pasado cerca de veinte años luchando en el
campo de la técnica, despues de haber, coiiiprendido su carácter y
su relación con el destino de 10s hombres, después dc haber v i ~ i -
do con los técnicos jr los obreros, compartiendo su obra día y no-
che, s+ espíritu, su esfuerzo, sus sacrificios, sus nt.cesidadt.s y la dii-
reza de su existencia, después de haber expcrinicnt.ido t l crtcic.!?te
alejamiento de Dios, que les amenaza porque ¡os hombres. cu!-a
vida hacen ellos precisamente posible, no les co~r:pren~tc.n y 125 abnll-
donan, después de todo esto quiero permanccc: ficl '1 la itedicz~a-
ria de mi Fi l ~~of í r r de In Tkcnica: "Héroes d~; ~onoci d~7s, q i i s>r-
vís retirados, sacrificados en la oscuridad y o!viiladoz, que i:npiilsíis
c, la Humanidad según los planes del Creador. a vosotros esti
dedicada esta obra en agradecimiento."
~ ' ~ I S I ~ N Y DESTINO DE LJNQ REVISTA CULTUR41. PC ULIC-\I)1 POR ~ < CS I COS
Fundada en octubre del año 1909 por el doctor Alesaiidcr Lring,
injeniero diplomado y consultor de patentes, csra rci,ista, que ori-
ginalmente llevó el título de "Mitteilungcn dcs Vcrharrdes Dcutscher
Diplomingenieure" ("Boletín informativo de 13 Lnióii di. Ingcnicros
Diplomados Alemanes"), era un periódico de la asociaiión que se
ociipaba de cuestiones referentes a la clase ineeriicra y de pioblc.
mas de estudios. El año 1910, jr bajo la direccibn del Consejero
Privado profesor W. Franz, fue canibiado el título por c1 dc "Zcits-
chrift des Verbandes Deutscher Diplorn-7ngenicurs" iZ. V. O. D. I.,
"Revista de la Unión de ingenieros Dipiomndos Alcrrianes"): y se
amplió su contenido para dar cabida, modesta:litntc al principio,
a problemas cultura!es geneiales. Esta evol~cicín fuc interrumpida
por la primera guerra mundial, durante la cual 13 Unióri y la rc-
vista sólo pudieron salvarse gracias a 14 entrega y al sacrificio
de sus miembros. Pero recibió un nuevo impulso cuando Carl Wcih:.
se hizo cargo honoríficamente de la dirección de la revista, a par-
tir del primero de enero de 1921. Su nombre y e1 de h. F. Steinnietz
pasaron al primer plano y el tema de la misión cultural de la téc-
nica ganó cada vez mhs importancia frente a los asuntos de la
Unión. (En Ia bibliografía se incluyen varias de sus importantes
contribuciones a la filosofia y a la significación culti!ral de la téc-
nica.)
Carl Weihe dirigió honoríficamente la revista dc la Unión de
Ingenieros Diplomados Alemanes (V. D. D. 1.) desde 1921 hasta
1928. El año 1922 volvió a cambiarse el titulo por el de "Technik
und Kultur" ("~écn'ica y cultura"), después de lo cual se comple-
mentó la función original-la representación de los i~tereses de cla-
se de los ingenieros diplomados-con la orientación más alta y
amplia de reconocer y atender a la misión cultural de la técnica.
Esta misión era el auténtico deseo de Carl Weihe, a la que dedicó
su-; esfuerzos. El mismo tomó la palabra en cada número, con
amplia y clara visión. en una serie de aportaciones bajo el título
de Panorama culttiral. En el último número (12) del año 1928, y con
el título de Por último hizo un resumen de su obra, poniéndola en
manos de sus sucesores.
Su sucesor, K. F. ~teinmetz, director al mismo tiempo de la
Unión de Ingenieros Alemanes (V. D. D. I.), se esforzó en perma-
necer fiel a la tradición, pero afrontando también problenias espe-
ciales, como la reforma de las escuelas superiores, el "mercado de
trabajo" de los ingenieros diplomados y los problemas que, plan-
teados por la Cpoca, se anunciaban insistentemente. La quiebra de
Wall-Street del año 1929 repercutió también en Al~mania. pues el
Estado y la economía privada estaban endeudados con el extran-
jero en más de 20.000.000.000. El paro creció y Spengler dijo en-
tonces que esto no se trataba de una crisis, sino del principio de
la decadencia. La revista "Técnica y Cultura" reflejó la intranqui-
lidad y el desamparo que se manifestaban en lo acerbo de las crí-
ticas y en la excesiva oferta de fórmulas salvadoras. Sus editores
defendían el idealismo de la técnica frente a la estrechez materia-
lista y al afán de lucro egoísta y unilateral. Las cuestiones de cla-
se y de enseñanza ganaron más espacio, y tambidn afectaron al tema
capital de la técnica y la cultura. Los nombres de los "caudillosJ',
Lenin, Kemal, Mussolini, Hitler, fueron citados cautelosamente al
principio (1932). El número de julio de la revista trafa el discurso
pronunciado por Gottfried Feder en la asamblea de iefes nacional-
socialistas celebrada el 25 de junio de 1933, en Weimar, y un
artículo de W. v. Pasinski, El ingeniero diplomado en @ temer
Rdch, que terminaba con un "Viva Hitler". El presidente d d
V. D. D. I., consejero privado profesor Romberg, en el número de
90 FRIEDRICH DESSAUER
agosto del mismo año, llamó a los ingenieros diplomados ri cola-
borar en el nueva estado, aunque con el inequívoco afrín de salvar
con ello la organización y los altos ideales. La revista se encontró
entonces en la situación forzosa de tener que atender a las circuiis-
tancias de prepctencia política. Su contenido fue condicionado,
t
pasando al primer plano lo efímero y acrillinciose lo estable y
auténtico. Gottfried Feder declaró, en la revista, en 19-34, que Iri
tumultuosa evolución estaba terminada y que la crrz t6c1zicn se estiri-
guía. Pero es sabido que a la realidad le suelen importar rnuy poco
las declarnacioncs.
El ajuste en Iri estructura coordinadora del tercer Reich hizo
de la subsistencia la principal preocupación, creciendo el peligro de
la decadencia y, con ella, del naufragio :le las niuchas preocupa-
ciones y sacrificios reaiizados durante veinticinco arios en un cm-
peño de autocoiiocimicnto y formación, tendente a dar categoría
y dignidad a la técnica y a sus representantes. Iricliiso se pensó en
sustituir el término técnica por otro derivado de la palabra ingeriit-
ro ("Ingenik" en lugar de "Technik", por ser aquélla la materia
que conc;errie al estudio de los ingenieros). Tambien apnrecizron
algunos trabajos conteniendo pasajes valiosos, como el informc so-
bre esos veinticinco años publicado en el número 6, del uiio 1934,
con el título de De cara al objetivo. Pero la UniGn tuvo que afiliar-
se a la "Federación Nacional de la Técnica Alemana", presidida
entonces por Gottfried Feder. El proyecto sobre un Consejo Na-
cional de la Técnica Alemana, original del presidente Romberg, y
el artículo sobre esto del director Steinn~etz, tanibién tienen par-
tes buenas, que revelan la aspiración de salvaguardar las profcsio-
nes técnicas, sus ideales y un resto de libertad, aunque, ciertamcn-
te, haciendo concesioiies a los gobernantes de la hora. Carl Weihr
todavía colaboraba. El año 1936 fue nonibrado profesor de la Es-
cuela Técnica Superior de Darnistadt, cuando ya llevaba años ex.
plicando cursos sobre 1-Iistoria y Cultura de la 'Técnica en esa
inisma Escuela.
En el primer número del trigésimo año (1939)? se notificaba en
la primera página que, de acuerdo con órdenes del Consejo Nacio-
nal de Literatura, la revista quedaba separada orgánicamente de la
Unión, encargándose de ella en lo sucesivo la editorial Walter Krieg.
De acuerdo con esto, el subtítulo que antes llevaba de "Revista de
la Unión de Ingenieros Diplomados Alemanes", fue cambiado. Su
contenido durante ese año, revela la lucha por la existencia p o r
medio de adaptaciones y concesiones a los gobernantes, aunque
todavía se advierte una acentuación de los viejos ~~bjetivos. Pero
todo fue en vano: en el último número del mismo año, la redacción
interrumpió la publicación de un artículo sobre Cuarerzta años de
Ingertieros Diplomados, treinta años de Unión de Incenieros Di-
plonzados Alemanes con la si~uiente nota: "Al tener que inte-
rrumpir su aparición "Técnica y Cultura", no puede completarse,
desgraciadamente, esta visión retrospectiva." El Frente Nacional-
socialista Alemán del Trabajo se hizo cargo de la revista, y su
subtítulo fue entonces "El Hombre y la Colectividad", siendo uti-
lizada como un vínculo entre el frente del trabajo y ia dirección de
ia empresa. Un nuevo director, Gunther Trauzettel. reemplaza a
Steinmetz, desapareciendo los antiguos colaboradores y adaptán-
dose el contenido al régimen. Pero también desaparecieron pronto
-como ocurrió con tantas otras cosas valiosas en esa época de
ofuscación-estos restos externos de un órzano dedicado durante
treinta años a luchar por la comprensión de la técnica p por la dig-
nidad de los ingnieros, que había sido dirigido con gran espíritu
de sacrificio, aplicación e idealismo.
La acci6n directa de esta revista sobre la opinión pública no
fue grande. Pero, dentro de la especiaiidad, contribuyó en gran ma-
nera a la formación de una conciencia común, pues, consagrándose
en primer lugar al objetivo externo del reconocimiento estatal y
social de los ingenieros diplomados, dedicó en su apogeo mucha
atención y un gran esfuerzo a fundamentar las bases de esa pre-
tensión, profundizando en la naturaleza, en los fines y en la signi-
ficación cultural de la técnica y rechazando prejuicios. Fuera de
los círculos técnicos no tuvo nunca en realidad muchos lectores.
También ella experimentó lo que ocurría generalmente: los escri-
tores, los filósofos, los economistas sociales, los teól~gos, los histo-
riadores y los políticos que escribían y hablaban sobre la tkcnica no
se interesaban apenas por lo que los mismos técnicos decfan so-
bre el tema.
Esta breve reseña sobre la vida, los esfuerzos y !a desaparición
de un honrado intento de explicar el rango cultural de la técnica
y de sus hijos en el marco de la Sociedad está pensada como un
ejemplo de muchos otros empeños ya olvidados. La empresa nau-
fragó en la vorágine del tiempo, pero las ideas no perecieron. Con
92 FRIEDRICH DESSAUER
frecuencia, se alci!:zaii grandes objetivos a través de una serie de
fracasos.
l . Eberhard Zschini>r1cr
Zschimrner " tiene el mérito, si se prescinde del temprano iri-
tento de Kapp, de liaber sido el primero en emprender una penc-
tración filosófica de la t é c ni c ~ A su Philosophie der Technik (Fi-
losofia de la Técnica, de la que hemos tomado la segunda edición
de 1919 como base para 12s sig~~icntes explicaciones) le puso el sub-
título de Del seutido de la T¿ci~ica y critica de los czbsttrdos sobre
la técnica. Esto último, 1s crítica de los ataques y de los errores,
l a realizó con ixito. Pero su sutintico propósito filosófico de pc-
netrar en el sentido y en el vrilor de la técnica está menoscabado
por su, por lo menos, poco claro punto de partida, basado en un
t:egelianismo tardio, escasamente resistente en la actualidad ex-
puesto con poca precisión y desarrollado al principio del libro de
una tnanera popular. Dice : "Digamos, por tanto, dirigiéndonos
contra toda metafísica, que no hay ningún mundo fuera de ese de
las dos esferas" (es decir, de las esferas de lo real y de lo ideal).
Pero no piensa lo que dice, pues su libro está lleno de explicaciones
metafísico-ontológicas.
En el apartado siguiente, La idea de lri técnica, Zschimmer dice
con razón que las ciencias naturales no actúan sobre lo propia-
mente cultural, pero que la técnica es un fenómeno parcial de la
cultura. El gran aumento logrado a través de la técnica en la ca-
pacidad de las percepciones sensoriales, hace decir a Zschimmer:
"Apreciamos fenómenos que nuestros imperfectos órganos senso-
riales no nos hubieran revelado jamás. i Y cómo maravillaron estos
órganos a las almas piadosas del pasado! i Cómo dieron las gracias
por ellos a su presunto Creador! ¿NO se ensalzaría diez mil veces
más a esa comunidad ticnica, a esos creadores humanos a cuyos
ojos la obra de aquel Dios todopoderoso parece pobre e imperfec-
l 1 Doctor en Filosofía y profesor en la Escuela Tecnica Superior de
Kzrlsruhe, nacido en 1873.
ta? ¿No se reconocería la idea grande y propia de la técnica como
un valor fundamental de la cultura?"
Esto revela una cierta falta de noción biológica, pues incluso la
más fabulosa central telefónica automática, el mic~oscopio y el
telescopio son simples cosas si se los compara cor, la estructura
y la función de un órgano sensorial con su dispositivo nervioso.
Tras rechazar fundadamente diversas interpretaciones y defí-
niciones de la técnica, Zschimmer nos da la suya propia: "Es la
nueva libertad que saludamos de nuevo en cada invento, la liber-
tad que los hombres contemplan en su espíritu desde hace miles
de años. Lo qne la técnica pretende en rigor es transformar en au-
téntica verdad, en certeza y en hecho real esa idea fabulosa (la po-
sibilidad infinita de señalar a la Naturaleza su curso en todos los
caminos y de extender nuestra percepción más allá de todos los 1í-
inites) nacida en los sueños infantiles de la humanidad. Su idea nc
es otra cosa que ese objetivo, el más antiguo de la Historia: la
idea de la libertad nzatcrial." Pero esto no satisface. Falta aclarar
qué es lo que se entiende por libertad (¿libertad de...?, ¿libertad
para...?). Pero, aunque se aclare esta cuestión, tarEpoco quedará
comprendido ni precisado con seguridad el sentido de la técnica.
Zschimmer, en unión de O. Ewald, mantiene después la siguien-
te tesis sobre el fin propio de la técnica: "Yo afirmo que el fin
propio de la técnica, y no el del arte o el de cualquier otra reali-
zación cultural, es el estado divino de los hombres, que ha de lle-
gar a su perfección sin límite? en la consciente libertad del pen-
samiento creador y que es la alta finalidad de la evolución orgá-
nica."
Esto es otra vez vago y excesivo. Refiriéndose al estudio Téc-
nica y Cultura, de E. von Mayer, trata Zschimmer del problema
de la organización, abordado por aquél diciendo que la técnica obli-
ga a su desenvolvimiento falto de libertad y que, con ello, se tien-
de a la despersonalizacióa. Zrhimmer rechaza esta concepción. La
idea de la técnica como "libertad material" no se satisface en la
fábrica ni en la máquina, sino en sus obras y en el uso. Y cita a Stau-
dinger: "Cuando la más bella de las máquinas está parada, no hay
tCcnica en ella; s610 es algo técnico cuando la pongo en marcha,
y lo mismo ocurre cuando la produzco.. . Llamo técnica a la activi-
dad vital en relación con el instrumento."
Esta teoría la encontramos tambiCn en la obra sobre la tCcnica
94 FRIEDRlCH DESSAUER
de Spcngler. Si esto es cierto, la idea de la tCcnici no será satisfe-
cha por aquellos que, por ejemplo, descubren y producen un medi-
camznto, sino por aquel que lo toma. Por tanto, es a este ultinio
al que debiéramos llamar técnico. Pero entonces se confundirí~n el
concepto de la técnica y el del consumo, y los consumidores serían
los técni2os. Esto no es admisible. Más adelante aún hablaremos de
esto.
El espíritu o la naturaleza de la técnica, sigue diciendo Zschim-
mer. no puede deducirse de la creación técnica, "como pretenden
nuestros ciegos críticos culturales, hoy en día igual que en tiempos
dc Aristóteles". "Por tanto, definimos la creación !écnica dicien-
do que es la transformaciítn racional de la realidad de la naturnleza,
caracterizada por la idea fundamental de la libertad material de
la vida humana pretendida por la técnica." En la siguiente frase
sc percibe con especial intensidad al hegeliano tardio: "La natu-
raleza en este sentido (en el de lo universal y gencrül), no es otra
cosa que el espíritu limitado."
Sus explicaciones sobre la división del trabajo. la orgdnizaciiín
y la participación espirZtual y mecánica desembocan en una buena
cita ton1ad.i del libro de Rudolf Eucken, muy considerado en su
día y hoy casi olvidado, titulado Der Sinn trnd Wort des Lehcns
(Sdntidn y color de la cida):
"La posibilidad de oponerse a la mecanización del trabajo v a
la caída en la rutina trivial, no es menor que la posibilidad de re-
sistirse a la decadencia del empuje juvenil. En esto no nos vence
tanto el mundo exterior como nuestra propia debilidad y nuestro
propio vacío, como nuestra incapacidad para vivificar el trabajo."
Sigue una queja dirigida contra nuestros tiempos: "Proporcio-
nalmente, los caracteres fuertes, los espíritus activos. vivos y sen-
sibles son, por lo que parece, cada vez más raros."
En las observaciones finales sobre la valoración del trabajo, que
con frecuencia se basan en la Phiiosophie des Geldes (Filosofía del
Jinern) de Georg Simmel, se encuentran buenos pasajes. En rigor,
Pa como
todas las explicaciones se basan en la definición de la técni,
"libertad material" dada por Zschimmer. Cita a J. Dietzgen : "Esta
libertad que significa la liberación ante el yugo del trabajo servil,
la liberaci6n ante la necesidad, la miseria y la preocupación, ante el
hambre, las aflicciones y 1s ignorancia, el liberarse de la humilla-
ción de servir de animal de carga a !a alta sociedad, es para la
~rscus16~ SOBRE LA T~CNICA YS
masa, para el pueblo, el fin sagrado cuyo cumplimiento es la mi-
sión de las fuerzas humanas tan infinitamente enriquecidas."
Zschimmer repite después: "El f i n de la técnica es la libertad;
por ejemplo, volar, que significa libertad sobre (i !) el aire, libertad
sobre e1 espacio", y continúa: "El medio para conseguir esto es
el avión, que nos ofrece la libertad. Medio para el medio es la crea-
ción técnica, el proceso de trabajo industrial que produce al avión a
través de la transformación de la realidad previamente hallada y en
virtud de 10s trabajos físicos e intelectuales de los sujetos que in-
tervienen en él. Sobre este proceso se dirige ahora la transfoma-
cicín, impulsada por la lógica de los hechos."
Zschimmer cita después a W. v. Oechelhaeuser, Technische Ar-
Seit einst zrnd jetzt ( El trabdjo técnico antigltamente y ahora, 1906) :
Por tanto, el perfeccionamiento de las máquinas libera cada vez
más al obrero de todos los pesados trabajok corporales y de los
mecánicos y monótonos que matan el espíritu, eleva su nivel es-
piritual en muchas nuevas clases de trabajo y favorece su como-
didad en el taller y su bienestar fuera del mismo. Creemos por
ello tener razón para elevar una enérgica protesta contra la afir-
mación general y frecuentemente repetida de que la técnica mo-
derna convierte a los hombres en esclavos de la máquina, o, como
también se dice últimamente, que produce una desespirituali-
zación del trabajo humano." Este apartado termina con una
cita tomada de la obra de J. G. Fichte, Die Bestimmung des
Menschen (El destino del hombre, 1800): "No debe necesitarse pau-
latinamente un mayor gasto de energía en el trabajo mecánico del
que necesita el cuerpo humano para su salud, su desarrollo y su
formacibn, y este trabajo ha de cesar de ser una carga, pues el ser
racional no está destinado a ser un cargador." En el apartado si-
guiente Zschimmer trata de los conocimientos técnicos. Como el
conjunto de la obra, también este capítulo contiene citas intere-
santes en parte.
Las primitivas imágenes biológicas, tomadas del campo de lo
viviente, perjudicaban la visión de conjunto. "El objeto tkcnico es
un regulador de procesos físicos y químicos." "A travds de los ob-
jetos tdcnicos, se regulan libremente procesos naturales." Se dis-
cuten conceptos sobre la máquina (Reuleaux) y sobre el mecanis-
mo (Hartig), y se discute con razón la hipótesis de Kapp que con-
sidera la técnica como una prayeaiión del 6rgano. Lo mismo se
96 FRIEDRICH DESSAUER
hace con la opinión errónea del filósofo K. Joel (que sigue la orien-
tación de Sclielling): "Los instrumentos y las máquinas no son
más que la continuación externa del mecanismo que porta en sí
mismo el organismo, l a ampliación de sus medios, sus causas in-
termedias y su causalidad obligatoria."
Zschimmer tiene una idea singular sobre la "caótica" Naturale-
za que es organizada. Escribe: "La naturaleza inorghica, e1 mundo
de los organismos y los hombres intelcctuaimente previsores se ocu-
pan continuamente de la orgariización, es decir, en transformar 1. 1
distribución desordenada de las masas y de la energía, de la trans-
formación tic1 estado caótico de la materia en forma técnica. Corno
ha diclio Fichte, la Naturaleza ha de llegar poco a pcco en el cur-
so de esta evolución a una situación en la que sea posible calcular
con seguridad su paso cadencioso y en la que su fuerza guarde inal-
tcrablernentc una relación determinada con el poder destinado a
dominarla, o sea, con el poder humano. En la medida en que ya
exista esta relación y ya haya progresado la adecuada evolución de
Ia Naturaleza, Ia misma obra humana, a través de su sencilla cxis-
tencia y de sus efectos, independientes de la intención de sus crea-
dores, ha de volver a intervenir en la Naturaleza elaboranda un nuc-
ve principio vivificante ... Y el sol debe derramar sus rayos rnas
vivificadores sobre esta atmósfera en la que respira un pueblo sano,
trabajador e ingenioso. Este principio vivificante del mundo son
los inventores. A su trabajo intelectual se deben los asombrosos
efectos que observamos, su obra es la conformación técnica del
mundo, que tiende, con pasos de gigante, a la perfección."
Sigue después un estudio sobre la esencia del invento. Este
tema lo tratamos nosotros en el segundo capítulo de este libro. Y
también hemos de volver mlis tarde sobre el examen que hace a
continuación de la utilidad y de la belleza.
Zschimmer se dirige despuds contra el Imperativo Energético
de W. OstwaId, como principio süperior de la téc~iica. La atención
de los tecnólogos se dirige sobre lo posible, y la de los físicos y
naturalistas, sobre lo verdadero. Zschimmer se declara partidario
de una ciencia global ideal: "No pasará ya mucho tiempo sin que
ia pura ciencia natural al antiguo estilo se confunda con la técni-
ca, formando una unidad inseparable ~ . n una ciencia global con una
funcibn más grande; en la actualidad, aunque se mantenga ocuIto
por los intereses de los empresarios y de las naciones, la investi-
gación pura y la tecnica ya se estrechan la mano tras los muros de
la fábrica."
En cualquier caso, la experiencia no Ie ha dado la razón en esto.
Precisamente a esa "pura ciencia natural al antiguo estilo". como
él la llama, que investiga sin pensar en la aplicación, se deben las
más eficaces contribuciones a la tCcnica, a la economía y a la
sociedad: así 10s rayos X, la teoría de la relatividad y la investi-
gación atómica, por citar sólo unos pocos ejemplos. Zschimmer.
de acuerdo con su concepto técnico de la "libertad material", de-
cía: "La tecnología, considerada desde el más elevado punto de
vista histórico, no es otra cosa que el conocimiento progresivo e
históricamente necesario de la aproximación a la libertad divina
de la vida humana, prendida en la'idea de la técnica. Nos enrique-
ceremos, por lo menos idealmente, en tantos nuevos grados de liber-
tnd, como riuevas formas de regular el acontecer de la naturaleza
conozca la tecnología. El sacar a la luz objetiva y universal la to-
talidad de los grados de libertad todavía ocultos en lo desconoci-
do, es el único sentido de todo trabajo experimental, intelectual o
creador, cuyo resultado total ha de ser expuesto sistemática e his-
tóricamente por la tecnología en sus distintas disciplinas."
La pura ciencia natural le parece indiferente. "En el conocimien-
to u~iitario-dice-tiene que resultar claro, incluso para cualquier
naturalista puro, el que nos puede ser real y compietamente indi-
ferente el que sean válidas éstas u otras leyes naturales, el que
haya cincuenta o cien elementos químicos, mil setecientas o vein-
ticuatro mi l variedades de insectos. Por el contrario, cuanto más
vieja sea la humanidad, tanto mayor interés habrá en la cuestión
cardinal de qué posibilidades técnicas están todavía ocultas en
nuestra relación con la Naturaleza".
El libro termina con un examen del cuadro cultural del por-
venir, hecho al estilo hegeliano y refiriéndose a Friedrich Münch
(Jena), discípulo de Bruno Bauch, a U. Wendt y a otros. En su Iu-
cha contra los enemigos y detractores de la tCcnica, se declara
partidario de un porvenir optimista: "A despecho de todos lo;
pesimistas, yo afirmo que nuestra era tCcnica ha de culminar en
un período genial, superior en magnificencia y trascendencia, en
intrepidez y en profundidad, a cualquier otro que haya existido ja-
más sobre la tierra.
Hay que considmr ante todo que la técnica proporciona una
98 FRIEDRICH DESSAUER
base prodigiosa a la vida cultural y iina medida para la situación
material. El contraste entre esto y todo lo que ha existido hasta
ahora es parecido al existente entre los acontecimientos del gran
mundo y los sucesos de las pcquciías ciudades con sus estrechas
calle jue\s.
Nos encontramos ante las puertas iureas de una obra pigan-
tesca, en los peldaños de una nueva cultura tsn fabclloca qiic son
pocos los que están capacitados para imaginarse esa existencia fu-
tura. Al pie de un macizo imponente, no se snbe nunca con pro-
piedad lo que se tiene delante. Y son los tkcnicos los que ponen
los cimientos de ese edificio del que sólo advertimos el tímido
principio."
Zschimmer, despuSs dc algunos aciertos y de algunas exageracio-
nes. se deja arrastrar totalmente por su idea: "Donde antes se y o -
diicían costosas bagatelas, obras culturales limitadas y de corto
alcance, en cuya forma artesana e íntima parecia hecl~izado cl espí-
ritu del iildividuo, aparecen ahora masas co:iformadas y puestas
en movimienro según un plan que comprende el pensamiento de
millares.
De la noche a la mañana, se nos ha llamado a ser una raza de
titanes. Ahora nos atrae medirnos con los dioses, intentar lo más
grande y prodigioso, y ya no nos arredramos ante nada, pues sen-
timos crecer un poder en nosotros, el poder de una inteligencia
suprapersonal y casi inconcebible que se hace consciente en nues-
tro pensamiento como el sentido objetivo de z4na nueva cultura,
emancipado de la estrechez de los hombres individualistas, intuiti-
vos y emocionales de épocas anteriores. El espíritu de la técnica
se prepara a conquistar el mundo, a crear una nueva época que
supera a todas las concepciones anteriores.
Esa transformación de la realidad que todavía carece de nombre
para nosotros, está marcada por una enorme resonancia en la tota-
lidad del gonero humano, por una Sociedad que interviene en todo
y por una multiplicación por mil del contenido material de la cul-
tura. Para actuar personalmente en esta trascendencia de la vida
que nos supera, habrá grandes creadores, nacidos, tal vez, en las
más profundas capas del pueblo y dotados de una energía apa-
rentemente sobrehumana; genios del porvenir destinados a despla-
zar a la miserable raza de pigmeos tradicional.
Y éstos sabrán conjurw el temor ante el espectro de la igual-
DI SCUSI ~N SOBRE LA T~ CNI CA YY
dad. Serán capaces de soportar el peso grandioso que supone la
creación de miles de nuevas formas de cultura monutnentales e in-
dividuales."
Ei libro de Zschimmer tiene mérito. Es rico en citas. Se trata
de una obra maradamente polémica que, en la lucha, se muestra
al g~nas veces acertada, aunque también se equivoque con frecuencia.
No es una Fi l ~o f í a de la Técnica, como pretende su título. Un
estudio filosófico requiere distancia, una tenaz voluntad en el
conocimiento y en la comprensión, ver el objeto tal como es y no
admitir otra pasión que la de la verdad. Partir de un sistema prefa-
bricado y adaptar a él el tema. incluyénciolo en un ordenamiento
conceptual previo, conduce al abuso, una amplia polémica, muchas
veces maliciosa y áspera (como la que se encuentra t n Zschimmer)
no es conveniente al espíritu de la filosofía (que quiere decir "amor
a la sabiduría").
Hegel fue el último gran sistemático de la filosofía alemana. El
tiempo ha pasado por encima de muchas cosas y ya hemos renun-
ciado a imaginar sistemas universales para después aplicarlos a la
Naturaleza, a la Historia y al Espíritu.
La lógica es en Hegel un análisis de la estructura de la razón
absoluta como fundamento del ser en general. Con ello, la lógica,
que en Aristóteles, su .fundador, es un sistema formal de1 pensamien-
to, se convierte en Hegel en una ontología, en un sistema metafísico
del ser que también trata de la naturaleza Divina. La filosofía na-
tural de Hegel ve en la naturaleza la realización de lo absoluto en
su "otro ser". Si, partiendo del otro ser (de la naturaleza), se vuel-
ve lo absoluto hacia su autocomprensión (comprendiéndose a si
mismo como "espíritu") ya tenemos el tema de la filosofía del
espíritu. Cuando el espíritu se realiza, lo hace, subjetivamente, en
la persona humana y, objetivamente, en la Sociedad (así en el Es-
tado) como religión, filosofía, arte e historia. Cada realización de
lo absoluto (de la razón) se lleva a cabo en un triple paso dialécti-
co: Tesis, antítesis y sintesis: La crítica de Feuerbach transformó
la filosofía hegeliana en materialista. Y Carlos Marx traslada el
triple paso dialCctico a la Historia.
Resylta muy difícil levantar una filosofía de la técnica partien-
do del sistema hegeliano, porque la tdcnica encaja tan poco en 61
como la Naturaleza. En colaboración con la fenomenologia, tal como
fue explicada por Husserl, Scheler y otros, ya es posible encon-
100 FRlEDRlCH DESSAUER
t r ar una base de partida más productiva. Esta manera de afrontar
l a cuestión permite hablar a los mismos objetos, contemplAridose
sin perjuicios sus particularidades y su esencia. El !.o del espccta-
dor queda "entre paréntesis". Esto intentará hacerse en 10s si-
guientes capítulos del presente libro.
En e l tercer Reich apareció una nueva edición del libro de
Zschi n~mer , en !a que el autor sustituyó su postUrs socialista por
Ia del nacional-soclriIismo. Pero rio aportii nada nuevo al terna.
2. Viktor Etlgelhardt
A Viktor Engelhardt E se debe una temprana aportacirjn, digna
y de permanente valor, a la controversia universal sobre la técnica,
;1p~rei.idd el año 1932 bajo el título Weltanschattztng zttlcl Technik
(Concepción del mi l ~l tl o y técniccl). Se trata de un estiidio sobre la
importante cuestión de cómo ha influido la técnica en los nuevos
tiempos (a partir de la introduccirjn de la niáquina de vapor) sobre
el modo de pensar y In conducta de los hombres, es decir, iobre su
filosofía y sil concepto del mundo; y, viceversa, de cui l l i n sido la
influencia de ese concepto sohrc la comprensión dc la técnica. La
1-Iistoriografía y la Filosofí,i de la Historia y de lz Cultiiia h a n de-
dicado hasta ahora muy poca atención a este i mpor t ~nt e problema.
Con las opiniones emitidas hasta ahora, formuladas con frecuen-
cia en son de queja, no se ha adelantado nada. Quien reflexione
sobre el destirio de la humanidad. que se encuentra ante las puertas
d e una "era atdmica", de los viajes interplanetarios, de las "fábri-
cas autornriticas", de la electrónica, dc !a nuevs i1ivestigaci611 bio-
química y biofísica y de las materias sintéticas, ha de realizar un
estudio cuidadoso y sin prejuicios, basado en el conocirnicnto de
causa, de los elementos formativos que actúan sobre la técnica par-
tiendo del canipo de la cultura y sobre la cultura partiendo del
campo de la técnica. Estos elementos formativos, inadvertidos al
principio y yu hace tietnpo considerados superficial y hostilmente
con asombro y con remor, exigen ahora una urgente e inaplazable
investigación basada en la verdad desapasionada. Engelhardt. ba-
sándose muchas veces en la extremadamente rica disertación de
l Z Dr. Viktor August Joseph Engelhardt, fisico nacido en 1893. Pro-
fesor honorario de la Escuela Superior TScnica de Berlín y Consejero Gu-
bernamental General del Instituto Físico-Técnico del Reich.
Schneider (1912), ha hecho un primer intento sistemático, en el que
abundan las perspectivas sorprendentes e insinuantes, que no siem-
pre están de acuerdo con la intención del autor.
Con los motores (ia máquina de vapor). según Engelhardt, la
técnica, de ser un elemento cultural entre otros, pasa a ser un fac-
tor cultural dominante, enturbiado con frecuencia en su manifes-
tación social por su relación con otros contenidos tradicionales.
Por ello. a mediados del siglo pasado, la tecnica era todavía insis-
tentemente considerada como algo perteneciente al campo de la
ciencia natural. En aquel tiempo, como rencción contra la especu-
iación idealista postkantiana, en parte adulterada, se tachó mu-
chas veces de absurda a la filosofía. El giro hacia los conocimien-
tos naturales positivos e investigables llegó hasta el materialismo,
una involuntaria generalización metafísica que significa la atribu-
ción de monopolio a la investigación realizada con tanto éxito.
Carl Vogt, Ludwig Büchner y Rudolf Wagner fueron citados, y se
repitió la frase de Büchner de que es un hecho evidente el que la
materia piensa. La dogmática de la concepción materialista lleg6 a
ser una concepción popular del mando. Tampoco están libres- de
esta influencia los autores que se ocupan de la tCcnica. El dominio
de la naturaleza sobre la base del conocimiento de las leyes natura-
les (Reuleaux) y la liberación del hombre ante los trabajos mecá-
nicos, eran conceptos exactos, pero excesivamente estrechos y op-
timistas en su aislamiento y simplificación, que, en combinación con
la prepotencia que adquiría el afán de ganancias materiales, condu-
cían al conflicto. Sin embargo, ya había entonces nociones sobre la
autonomía de la técnica, aunque sólo eran brotes de lenta madu-
ración.
Cuando el concepto de la evolución, popularizado por HaeckeI,
se fortaleció a travds del darwinismo, se acentuó intensamente su
comprensión mecánica y causal. En aquel tiempo florecía la indus-
tria textil inglesa en un ambiente de competencia despiadada, y
Engelhardt veía una relación entre esta lucha por la existencia como
principio de la selección .y la teoría de Darwin. Carlos Marx tomó
en primer lugar de Hegel el concepto evolutivo general de la ra-
2611. La lucha por la existencia de Darwin es trasladada d i d k t h ,
económica e históricamente al campo de la lucha de clases, Ckmo
pNeba, se cita una frase tomada de la correspondencia entre Marx
y Engels: "A pesar de expresarse en un inglés tosco, este h e
102 PRIEDRICH DESSAUER
contiene el fundamento histórico-natural de nueitra tesis." El dar-
winismo penetró también en otros terrenos. hl ax hlaria von Weber
corisidera la cultura como "un proceso que se realiza con el con-
junto de 14 Hiimanidad". La primera Filosofía de la técnicu, debida
a Kapp, y que ya hemos citado anteriormente, procede también de
este c a ~h p o e interpreta la técnica como una inconsciente proyec-
ción d e los órganos humanos, es decir, bioló,' aicamente, como una
continuación de lo creado por 12 natura!eza. La filosofía del incons-
ciente de Eduard v. Hartmann trtmbikn es interpretada en este sen-
tido. Lt7 tc;c!ricu 170 o.(~ iritcrpretacia por el cl nnr i l ust ~i o sobre la
hase dc s t t ~.irr<íctn. [~ropio.
El progreso de csta ideología biológica conduce al ii.idividualis-
[no de Nictzschc.. El darwinismo llega a un amplio desarrollo en
rclación con el monisrrio. Todo lo accesible cs iriterprc'tado como
;.volución ; se diviniza a la naturaleza, !o que i.s un;i idea ajena
a la t6cnica. Sin embargo, se !lega a una aproxim;ici6n bajo la di-
rección de \V. Ostwalti con s u "Trnperativo energético", y L. Brin-
krnrinn dice: "La característica de los ingenieros es la concepción
energética del mundo."
A principios de nuestro siglo (1906), apareció iina obra caracte.
rística de aquel tiempo, Se trata del libro Technik und Ktdtlir
(Técnica y Cztltura) de Eduard Alexander von Mayer. Partiendo
de! rnonismo y del imperativo criergético, aunque superándolo,
Von Mayer enseiía una religión de la Naturaleza, en la que el mundo
evoluciona desde el caos hacia el cosmos, hacia el orden bioló-
gico, y en la que la técnica es el medio para realizar ese proceso.
"¿Quién ( i ) es en realidad la técnica?", pregunta v. Mayer. Y él
mismo responde: "La personalidad." Es decir, cosmos 11 persona
lidad y, entre ellos, l a ciencia y la técnica como radics vinculantes.
La técnica, en tanto que es obra creadora de la personalidad, es
decir, como invento, tiene valor. Más allá del inventn, en el disfru
t e por las masas, desmenuza al hombre a través de la división del
trabajo, l o masifica. Tiene que llegarse a un nuevo concepto del
mundo para salvar a la humanidad de la decadencia cultural técni-
ca. Engelhardt dice con exactitud que la obra de v. ?iIayer ha que-
dado suspendida "entre los tiempos" en ella se encuentra la per-
cepción d e algo nuevo, aunque sin comprenderlo, una crítica re-
gañona y la llamada e11 busca de un camino de salvación.
DISCUSION SOBRE LA TECNILA LVJ
El número de estos críticos carentes de comprensión era, y to-
davía es hoy, casi incontable.
Todo esto revela que hasta fines del si do pasado sólo se vis-
lumbraba la técnica en su auténtica naturaleza como una auténtica
potencia histórica, quedando oculta por otras formas tradicionales
como la ciencia, la evolución, el individualismo y el marxismo. En
hlax ltlaria v. Weber y en obras de arte como el cuadro de Menzel
y las esculturas de Meunier se encuentran indicios sobre la auto-
nomía de la técnica; y, aún más, en Max Eyth, en Reuleaux, que
distingue la técnica como ciencia de la creación, de la ciencia del
conocimiento, y en Josef Popper, con su escepticismo sobre la ca-
pacidad de la técnica para liberar al hombre del trabajo.
Algunos principios de la actitud teórica del positivismo ante el
conocimiento (Comte, H. Poincaré y Mach llegaron a la filosofía
partiendo de profesiones técnicas), de la "Filosofía del como si"
de Vaihinger y del pragmatismo, se aproximan más, según Engel-
hardt, a la esencia de la técnica. Es cierto que la siguiente frase
de Engelhardt: "el espíritu del positivismo es un espíritu técnico",
va más allá de la realidad, pero también es cierto que con el posi-
tivismo y con Vaihinger se abre camino una cierta tendencia a se-
parar la técnica de la ciencia natural a través de una acentuación
de la utilidad y de la acción. La ciencia natural se convierte teó-
ricamente en un instrumento para conocer mejor la realidad y para
poder. a su través, adaptarse mejor a ella. El "ficcionalismo" de
Vaihinger conduce a un pragmatismo en el sentido de Jarnes, a una
acentuación del fin y de la utilidad. "Los filósofos pensaban téc-
nicamente, pero los técnicos todavía no lo hacían filosóficamente",
dice Engelhardt con alguna exageración.
Con el principio de este siglo nacieron, bajo el signo de la fi-
nalidad y de la economía, los primeros gérmenes de un conocimien-
to de la técnica. Wendt, Crain, Janssen, Schneider, Zschimmer y
Ulitz, este último con una visión más estética, se avroximan a la
Filosofía de la Tknica. El punto de vista de la finalidad conduce
a una acentuación de lo volitivo en la creación récnica, lo que
fue puesto de relieve por Max Eyth el año 1904, en m articulo
que publicó en d número 31 de la 2. V. D. 1. ("Revista de la Unión
de Ingenieros Diplomados Alemanes"). Riedlw, Wirth y L. Brink-
mann resaltan la diferencia entre la ciencia natural, más analizado-
ra, y la tknica, más sintetizadora y realizadora, con su responsabi-
104 FRJBDPICH DESSAUER
lidad y su valor real formativo del carácter en la 'conservación de
lo creado, pero también advierten el paso de la credción individual
a la colectiva, con el peligro inherente a ello.
El primer intento serio tie concebir la idea de la técnica filo-
sóficameritc fue hecho por un técnico, Zschimmcr. En un apartado
anterior de este capítulo, hemos tratado de valorar sil obra. Su
interpretacicin de la técnica como "libertad material" cs cierta-
mente vaga, pero es significativa para el canibio habido en la md-
ncra de pensar. En contra de es t l acentuación está la de la vincu-
Inción social a través de la técnica, puesta de relieve conibativa-
mente por hlarx y Engels y aceptada por muchos otros (Goldstein,
i<athc.ilau, etc. De esto se habla en el presentc libro con frecuen-
cia). Por todas partes se hablr! de que el hombro se ha liberado
de la cárcel natural, pczgatzdo con su esclaritzrcf socia! y pcrsorial,
con e1 yugo de un trdbajo de esclavos. Y con ello SI: plantea el
problema de la ética ex: la técnica, que en Goldstein (\cribe más
arriba) fornia partc. dc lo irracional de la ticniea (Riccllcr. 1Vcihe.
Fnttinger).
Con ello se aborda el telila, tantas veces t r ~t r i do c!obc!e enlon-
ces, de "el hombr: y la técnica". 1.a atencijn se desplaza de !o ma-
terial a lo humano. Engelhardt refiere su estudio a Fredci-ic Tay-
lor, a Schlesinger, crítico del anterior, y a Riedel. Nosotros trata-
remos este tema con deteniniiento en un apartado posterior.
El libro de Engelhardt termina con una visión de I,i técnica en
ia cultura del porvenir y con una justificación de la obra. Ve en
los técnicos a los "hombres del futuro" y, con L. Brinkmann, cree
en l a hegemonía de la técnica en los tiempos venideros. El valor
de su obra no estriba en esto, sino en el intento de estudiar la ac-
ción recíproca entre la situación cultural y la técnica de !os nue-
vos tiempos.
En un libro aparecido tres años más tarde, titulado An der Wen-
de des Zeitalters (En las postrimerías de la época), y que llevaba
por subtítulo Individztalistische oder Sozialistische Kultur? ([Cul-
turcl indioidualista o socialista?), expresa el mismo riutor su opti-
mismo ante el papel de la técnica en los próximos tiempos. "Los
tCcnicos están llamados a despejar el camino en el porvenir." "Nues-
tro primer deber es aceptar y amar la técnica." También esta obra,
escrita al servicio del movimiento juvenil obrero, con un l enpa-
je turbulento y convincente, está impulsada por un noble senti-
miento. Citemos todavía una frase especialmente acertada: "La
técnica sola no es nada. Sólo la conciencia de su entretejimiento
social la convierte en un importante factor de la futura cultura
espiritual."
3. Johann Grottrtip
El año 1976, aparecib. con el título ~t,fetlsch utrd Teclitzik (El
Izo~nbre y la tic~zica), un pequeño libro de Johann Grottrup. edita-
do por la misma editorial (Felis Meiner, Leipzig) que publicó la
obra de Engelhardt Welta~tschatrulzg urtd Technik (Coízcepción del
ntundo y técnica). Como dice el prólozo, la obra está escrita por
un "técnico moderno", que cree haber "reservado", por encima de
su especialidad, una mirada para la Humanidad. La intención es
buena, pero la obra queda debilitada por una queja reiterada y
superficial contra nuestro tiempo, que es comparado con un estado
edénico del hombre natural, con una niñez feliz de la Humanidad
que se nos presenta como una época sin hambre y sin posesión en
la que "se gozaba de una vida magnífica, preciosa y despreocupa-
da en un estado de libertad independiente y sin trabas". Aquí-';
aún con más frecuencia en lo sucesivo-se presenta como realidad
un ideal y como hecho auténtico una opinión. Con la lectura de
esta obra (y de tantas otras) se admira uno de la ingenuidad de al-
gunos autores, que afirman cosas ignoradas con la misma seguri-
dad que si hubieran estado presentes. "Los primeros hombres no se
diferenciaban entre sí. No sabían nada sobre simpatía o antipatía
hacia otros hombres, porque todos eran iguales."
Las opiniones de Grottrup sobre técnica, ciencia y filosofía
también están equivocadas. Serán suficientes unas pocas citas para
demostrarlo: "En la actualidad no hay hombres completos. No
hay hombres que sientan el cuerpo, el alma y el espiritu como una
unidad." ~ Qu i t n puede saber algo así? Y en la misma página en-
contramos lo siguiente: "Cuando el hombre comenzó a crear ins-
trumentos separados de su propio cuerpo, perdió su sencillez e hizo
pedazos su naturaleza ... Esta es la raz6n de que el hombre des-
cuidara su cwrpo, que había salido de la Naturaleza." En reali-
dad, nunca se ha realizado tanto a favor del desarrollo corporal
del niño como en los tiempos modernos (educación física, juegos
106 FRlEDRlCH DESSAUER
al aire libre, deporte, excursionismo, campanientos, piscinas, al-
bergues para la juventud, higiene, ctc.).
Así resulta quc esta contribución no respoiidc a la buena in-
tención de su autor. Siii crnb~irgo. también aquí puede aprender-
se algo. En esas prigin~s habla el ansia de redención que se encuen-
tra unida al malestar general y al tedio de nuestro tiempo, que ya
proporcionó tantos lectores a Spcng!er y que proporciona segui-
dores a los demagogos y a los sonoros refcrmadores del mundo.
hluchos autores de entonces no se tomaban la molestia de adoptar
una postura autocrítica frente a sus opiniones, indagando cn la
realidad arites de publicarlas. El mal hu~nor tendía a descargarse
y s e predicsban faiitasíss. No existen sólo utopías del porvenir.
como la "Nova Atlriritis" de Sir Francis E,tcon. También hay uto-
pías que se proyect'in hacia atrás. pinturas de un pasado dc la Hu-
manidad feliz y dorado, del que no se encuentran rastros en la
historia ni en la pr-historia.
La bibliografía revela que, entre las distintas ramas de !a filo-
sofía y de la ciencia, la economía social experimentó pronto e in-
tensamente los males de la era técnica. Esto es natural, pues ia
denci a económica y la economía social fueron afectadas y trans-
formadas desde los comienzos del siglo pasado por la nueva graii
potencia que empezaba a formarse. Los representantes del gran
canipo d e las ciencias econ3micas percibieron así eri su propia es-
pecialidad la prcszncia de una nueva forma de poder que no po-
día integrarse sin violencia en los conceptos tradicionales de la
economía. ¿Es la técnica una rama o una idea subordinada de la
economía? Algunos se inclinaron hacia esta opinión, pero no puede
defenderse sin ampliar de tal manera el concepto de la economía
que acaba por convertirse en vago.
De entre los muchos trabajos procedentes del canipo económi-
co, hemos escogido la segunda edición de la obra Wirtschaft und
Technik (Economía y técnica), del profesor Friedrich von Gottl-
Ottlilienfeld 13. aparecida en Tubinga el aiio 1927. ~di t ada por
l a Economista de la Universidad de Viena, nacido en 1868.
DI SCUSI ~N SOBRE LA TÉCNICA 107
Mohr-Siebeck. Se trata de una obra escrita cuidadosamente en la
que se consideran los trabajos de otros autores de la economía
(Sombart, Lexis, v. Wiese, Alfred Weber, Max Weber y otros).
Gottl busca en primer lugar el concepto de la técnica para con-
frontarlo con el de la economía. Distingue la "técnica en general",
como término genérico, de la técnica en "especial", que es la some-
tida a discusión. Lo técnico en general se basa en la manera de
proceder (confrontar en este punto las definiciones -5spuestas en el
capítulo 11, 21 de este libro). Técnica, en especial, es "la acción
como intervención sobre el mundo exterior concreto; es la acción
orientada en las leyes naturales J- tendente a dominar la Naturale-
za". "Así resulta que el único fenómeno que en lo sucesivo recibe
el nombre de técnica es el conjunto de procedimientos y recursos
de la acción tendente a dominar la Naturaleza".
Esta definición es ciertamente mejor que alguna otra de las pro-
puestas, pero no satisface totalmente. Faltan en ella los componen-
tes ednciales de la realización creadora del hombre, que presupo-
ne el sentido y la posibilidad del cumplimiento de unos fines, y en
la que la ley natural es el elemento constructor y el límite. De esto
hablaremos después.
Apenas algún economista ha conseguido abrirse paso con clari-
dad a través de la relación entre la técnica y la economia. Sucum-
ben (y así le ocurre también a Sombart) ante la ideología funda-
mental de su especialidad, y declaran la primacía de la economía.
Gottl opina que la técnica existe a causa de la economía, y escribe:
"La economía y la técnica radican en común en nuestra situación
particular frente al mundo exterior, del que dependemos de dos
maneras. Primordialmente, porque tenemos necesidades que sólo
encuentran su satisfacción en el mundo exterior; tenemos hambre,
y sólo en ese mundo exterior existe el alimento que puede calmar-
la. Cuando esta satisfacción es incompleta y nos sentimos obligados
a la acción, a la intervención activa sobre el mundo exterior para
cubrir nuestras necesidades, caetnos en la segunda dependencia,
pues el mundo exterior no se deja tratar arbitrariamente, y nuestra
acción está sometida a las leyes naturales. La economía responde a
aquella dependencia primaria; a la secundaria, a la necesidad de
tener en cuenta las leyes naturales para poder dominar la Natura-
leza, responde la tbcnica. Y así resulta ya visible la relación funda-
108 FRIEDRICH DESSAUER
mental entre ambas: La técnico existe a cattsa de la econo~ní ~, pero
hsta sólo es ejecutcrble a trauks de lo técrzicn."
hl5s tarde (cap. 1V 9 3) trataremos detenidamente de esta cues-
tión. Aquí basta con la iiidicacicín de que nuestros dcscubrimientos
arqueol6gicos nos muestran a nuestros primeros antepasados, en
cuanto gonibrcs autiinticos, como a técnicos (armas, instrumentos
de piedra, adornos y hogares). Una criracteristica en la interpreta-
ción ilc los hallazgos es precisamente que e1 hombre se nos revela
como técnico desde su priincra aparición. Un niercndo, iin inter-
cambio de bienes y serricios. siilo puede presentarse en una socie-
dad humana cortio coiisecucricia de la vida en comun. Cuando un
hombre primitivo se fabrica una lanza o un cuchillo de piedra para
defenderse de las fieras !:ii nos ciicontramos con la técnica. Y en
2sto sería riifícilmente ndmisible el hablar de economíri. La técnica
ha nacido antes que la ecorioniia, y no a causa de éstn. Hay campos
de la téci-ticri (!,a hnhlarenios de ello detenidnmcnte) clue apenas
tienen que ver con la econornía. y cluc esi st m sin rc!tici;'?ii zon ella.
Según Gottl, l o doininante en la economía y la razbn J c esistir
de la técnica radican en las necesidades de la vida, en la tensión
entre las necesidades y la insuficiencia de su satisfacción. "Las ne-
cesidades de la vida requieren producción, y la produccic5n requiere
técnica. Y ésta presupone iina acción que ha de tutelar ..." Con
esto se reduce notoriamente el concepto de la técnica a no ser inás
que una prodrtccidn de bienes destinados a cubrir nezesidades. Pero
la técnica, en la invención, significa la solución de problenai y la
experimentación por parte de los investigadores de nuevos métodos.
anteriores a la producción destinada a la satisfaccibn de necesida.
des. Antes de poder pensar en :a producción hay que encontrar la
solución técnica de los problemas. Y es frecuente que una solución
no se utilice más que una vez y nunca se aplique a la producción
en masa.
El llamado "principio económico" es, según Gottl, el del sano
criterio técnico en la acción: se trata de proceder conveniente-
mente, y no aisladamente, de tal manera que al intentar alcanzar
un fin se cause el menor perjuicio posible a los demás fines. Si-
guen unos estudios concretos sobre administración y actividad téc-
nica, sobre las relaciones mutuas entre tkcnica y economía, sobre
economicidad y racionalidad técnica, sobre tkcnica y sobre explota-
ción y empresa. A continuación encontramos un estudio detallado
orscusrb~ SOBRE LA TBCNICA 109
y digno de leerse sobre la historia de las relaciones entre la ecorio-
mía y la técnica. Aquí dice Gottl con razón-sin advertir la contra-
dicción con lo dicho al ~rincipio (que la técnica existe a causa de
la economía)-que en los primeros tiempos había técnica sin que
existiera la economía. Ciertamente, según él, que sólo como habi-
lidad y como un poder ciego. Esta es la más frecuente subestimación
de las grandes obras espirituales de los primeros tiempos hecha por
los nacidos después. Según Gottl, los primeros instrumentos no fue-
ron inventados por los "primitivos", sino que cayeron en sus ma-
nos por casualidad. Los errores de esta clase sobre la prehistoria
estaban muy extendidos en aquel tiempo (1923), pero la investiga-
ción los ha superado desde entonces.
La evolución técnica, hasta aproximadainente el año 1750, la ve
Gottl sólo como un preludio. Desde entonces, y aproximadamente
hasta 1850, ya se abre paso victoriosamente: máquinas textiles, in-
dustrialización, perfeccionamiento de la máquina de vapor, obten-
ción de hierro sobre la base de carbones minerales, mecanización
en la producción de hierro y mecanización del tráfico. Estos seis
factores transforman la técnica a causa de la economía.
Como tercer apartado sigue un estudio .marcadamente teórico
sobre los principios de la técnica moderna. Gottl considera aquí la
técnica como técnica de la prodzccción, que es racionalizada siste-
máticamente tanto en el curso del proceso productivo aislado y en
el de la producción en conjunto, como en el de la producción en
masa de las grandes explotaciones. Se trata después de la raciona-
lización en la dirección de la empresa, considerando especialmente
los trabajos, muy actuales entonces, de F. Taylor.
También en el siguiente capitulo, La naturaleza del progreso téc-
nico, que parte en lo particular del invento y en lo general se basa
en una "acumulación" de innovaciones técnicas, el curso de la ex-
posición se hace a la luz de la supremacía de la economía. No se
trata de la personalidad, de la peculiaridad, de las relaciones psico-
lógicas ni de lo intuitivo del tdcnico como inventor, sino sólo de
la novedad técnica. Esta puede ser tecnológica, es decir, significar
un incremento de conocimientos tkCnicos, o, más allá, contribuir
como selección al progreso. Para esto es decisivo el grado de ajuste
entre necesidad y satisfacción.
En los siguientes capítulcs, que tratan del "alcance" del progre-
so aislado, de la "combinación" de los distintos procesos aislados
110 PRIEDRICH DBSSAUER
en el movimiento general y de otros aspectos, es fambién dominante
la concepción económica. Gottl aduce que los problemas técnicos
permanecen en pie incluso después de su primera solución, "por-
que la duda persiste en la solución, y la técnica sólo puede inocular
en ella aquello más alto a cuyo servicic se encuentra: la cco-
nomíd". '
Esta concepción de que la técnica termina en el servicio a la
economía (vista por él, sobre todo, como una economía del rendi-
miento) impide a Gottl. como a tantos otros autores de su espe-
cialidid. contemplar la técnica tal como es en sí. Su estudio termi-
na en ia satisfacción de necesidades en un amplio sentido. Si se quie-
re. también puede considerarse la medicina en conjunto como una
s:itisfacción de necesidades, pero con ello no se le hará justicia. Y
lo rnismo ocurre con la técnica cuando no se ve en ella más que la
servidora de la economía.
Y así resulta insatisfactorio el libro de v. Gottl-Ottlilienfeld, rea-
lizado cuidadocarnente y lleno de celo y de sistematización. Lo mis-
mo que a 61 les ha ocurrido a otros autores procedentes del campo
de la economía, que tampoco pudixon liberarse de la influencia de
su especialidad p3ra hacer justicia a la técnica, superando sus pre-
juicios. Enseñaron a sus alumnos a considerar la técnica como una
cervidora de la economía, y esto tuvo consecuencias.
UN HISTORIADOR : FRANS SCHNABEL
Antes de que a finales del pasado siglo Karl Laniprecht abriera
paso con su discutida obra Deutsche Ceschichte (Hisforia de Ale-
mania), compuesta de diecinueve tomos, al "método histórico-cultu-
ral" en la investigación histórica, fue muy poco lo que se ocuparon
los historiadores de la ciencia natural y de la tCcnica como elemen-
tos sociales e I.iistóricos. En las obras de los grandes historiadores
se habla de relaciones políticas en sentido amplio y de aconteci-
mientos y cambios sociales, artísticos y religiosos; también se ci-
tan ocasionalmente algunos inventos y descubrimientos, sobre todo
cuando sirven al desarrollo del poder político. Pero hasta que alre-
dedor de 1930 no apareció la famosa obra titulada Deutsche Ces-
D1scusr6~ SOBRE U TÉCNICA 111
chichte im neurlzehnten Jahrhundmt (Historia de Alemania erz el
siglo diecinueve), de Franz Schnabel ", compuesta hasta ahora por
cuatrc tomos, no se encuentra una clara visión de ia técnica como
forma unitaria de poder histórico y fatal. El tercer tomo, que lleva
el título de Ciencias experimentales y técnica, y que consta de unas
quinientas páginas, significa un intento serio y afortunado de pre-
sentar a la ciencia natural y a la técnica, sin prejuicios, como a po-
tencias formativas de historia, y en él se encuentran muchas expo-
siciones bien equilibradas, inteligentes y claras, que no provocan en
el profano, en el ajeno a la técnica, la impresión algo desagradable
tantas veces suscitada (de lo que se encuentran algunos ejemplos
en el presente libro).
Aquí sólo podemos citar algunos pasajes de la obra de Schna-
bel, interesante para cualquier investigador o técnico.
El siglo XIX es, según Schnabel, el si210 de la b~tr;tresía. Apor-
tó y desarrolló el pensamiento constitucional y cultivó el sentido
histórico; pero su obra única es la formación de las ciencias expe-
rimentales y de la tCcnica basada en ellas. La joven generación
avanza en esta era técnica y científica, y el historiador ha de tener-
la en cuenta.
A principios de ese siglo se encuentra la gran Eigura, tan dis-
cutida, de Hegel (1770-1831), quien, en su intento de fundir el pen-
samiento y el ser (Filosofía tinitaria), enseña la historia del mundo
como una manifestación del espiritu en el tiempo, y la Naturaleza
como una manifestación del espíritu en el espacio. Su postura fun-
damental de que "lo que es racional es real, y lo que es real es ra-
cional", y su identificación del concepto y del ser 'convertía en
lógica la evolución en la historia y en el acontecer natural. Esto,
naturalmente, fracasó en el caso de la ciencia natural, que no se
deja violentar de este modo, pero hizo escuela durante cierto tiern-
po en la filosofía de la historia, hasta que también en este campo
se impuso la crftica y la documentación. De los dos caminos fun-
damentales del conocimiento, el empirismo y el racionalismo, Hegel
desarrolla este último hasta sus consecuencias extremas en su me-
tafísica panlógica. Conocía, ciertamente, el poderoso material de ob-
servación y la experiencia de la ciencia natural, pero la violentaba
del mismo modo que lo hacia con la documentaci6n histórica bajo
.,
Historiador nacido en 1887. Pmfcsor de la Universidad de Mwiich.
112 FRIEDRICH DESSAUER
la presión de su monismo del espíritu objetivo, que produce el ser
a l desarrollarse. Su grandiosa unilateralidad llevó al racionalismo,
es decir, al intento d e conocer la realidad partiendo del espíritu
absoluto, hasta sus consecuencias extremas, hasta el fracaso. pero
proporcionó a los tiempos venideros tina gran cantidad dc estímulos
e impulkos. El error d e interpretar el acontecer mundial como un
teatro d e marionetas, cuyos hilos son movidos por la razón, dirigió
la investigación de otros sobre 13s causas espiritudles de! mundo dc
l os fenómenos. La absolutización hecha por Hegel del Estado (con
la justificación maquiavélica de la raz6n de Estado, de la guerra v
del poder como expresión del autodesarrollo histórico de la razón
mundial) preparó el camino a l o contrario, al Estado constitucional,
v su dialSctica del espíritu desen~bocó en una victori3 de1 método
inductivo.
A mediados del siglo xrx se hizo el silencio alredec?or de 12 filo-
sofía hegeliana; sólo más adelante se produjo un3 especie de reno-
\-aci6n dcl Iiegelianismo, con lo que se llegó al conocido c'lnibio de
signo materialista a través de Feuerbach, Mars, En ~ e l s y otros.
Pcro. corno dice Schnabel, el siglo xrx fue un "siglo ilistótico-políti-
co y científico", y la especulación se convirtió, por exceso, en in-
vestigación inductiva. y con ello pudo adherirse a la inducción que
a pxt i r de Kepler, Calileo y Nevtton, adquiría una creciente infliien-
cia incluso sobre la vida espiritual.
La obra de Schnabel ofrece una "introducción al método cien-
tífico exacto" considerada históricamente, y expone con inteligcn-
cia y con justicia el papel de los Estados por separado y de sus in-
vest i ~adores. Muestra ios cambios, casi inevitL~b!c.s, que se produ-
cen cn el extremo opuesto, en el materialismo, y lo que (siguiendo
a Schelling) se ha dado e11 llamar filosofía de la Naturaleza.
Los grandes conceptos del vitalismo y de la integridad, es decir,
las repercusiones sobre la biología y ias tesis de la patologia, la su-
peración del animismo y del magneticrno animal, 13s tendencias en
la situación, todavía indecisa entonces, de la medicina, el nacimien-
t o de la Sociedad de Naturalistas y Médicos Alemanes (1822) y Ia
superación progresiva de la medicina especulativa y filosofante, pre-
pararon la victoria en dura lucha del empirismo.
La gran figura de Alexander von Humboldt, tan duramente ata-
cada entonces (iSchiller!), concilia la teona y el empirismo; Justus
von Liebig (cuando sólo contaba veinticuatro años de edad) fue
nombrado profesor de Giessen, y realizó descubrimiento tras des-
cubrimiento en el nuevo campo experimental de la química orgánica
al servicio de la agricultura. La ciencia ya no permaneció encerra-
da en sí misma, sino que se convirtió en servidora y auxiliar, ad-
quiriendo rasgos técnicos. Y ya se habla de ciencia aplicada, mien-
tras que hasta entonces esa palabra sólo era usual en el campo de
las especialidades inorgánicas, en la "tecnología". Gauss, reforma-
dor y genio de las matemáticas, Fraunhoger y otras grandes figuras
dirigieron la atención y la admiración del mundo sobre la ciencia
natural y su aplicación, sobre lo real y calculable, sobre lo que se
confirma a sí mismo, manifestándose a través del cumplimiento de
tantas esperanzas. Esta tendencia afectó a la Medicina, y comenzó
la gran formación clínica: el anatomista patológico se convierte en
verificador del diagnóstico. La biología (Joh. Müller) se renovó so-
bre la base de la observación exacta, y la totalidad de la Medicina
tuvo que reedificarse sobre la ciencia natural. El microscopio se
convirtió en un instrumento fundamental. El año 1842 descubrió
Robert Mayer la ley de la conservación de la energía, lo que signi-
ficó una nueva época en la ciencia natural; Semmelweis y Pasteur
revelaron el poder de los microorganismos. La ciencia natural paso
de su propio campo a una actividad transformadora del mundo;
del ideal, al servicio; del conocimiento, a la acción.
La cirugía, en relación con este giro hacia el realismo, tambiCn
ganó tras dura lucha el rango que le corresponde. Basándose más y
más en la anatomía, fue primeramente a Francia, durante la era na-
poleónica, donde se la dignificó (P. J. Desault, Corvisart, Bichet).
Este proceso fue lento en Alemania, retardado por el origen de la
cirugfa en el "oficio" de los barberos y cirujanos militares, y en
Prusia no alcanzó la plena igualdad de derechos en las Universida-
des hasta los años sesenta del pasado siglo.
El técnico debiera pensar en esta lucha por obtener el rango
social, que lleg6 a buen fin hace s610 un siglo, cuando tenga que
intervenir a favor de su especialidad y de su posición social. No ha
pasado todavía mucho tiempo desde que también la física, la quf-
mica, la botánica y la zoologfa eran consideradas y tachadas de
"ciencias inferiores". Pero al oponerse a semejante anacronismo y
a las opiniones basadas en el prejuicio hay que guardarse de caer
en el defecto contrario, consistente en desikm a las especialida-
des hist6ric~-hummistas, a las llamadas ciencias dd qdri t u. Am-
114 FRlEDRlCH DESSAUER
bos unilateralisnios descansan sobre el desconocimiento de causa y
delatan esa ignorancia.
En otro lugar (cap. 2, S 13) veremos cómo está insertada la téc-
nica en el núcleo del método inductivo, es Jccir, en la experimenta-
ción. La marcha victoriosa de la ciencia natural por obra del méto-
do induCtivo de Galileo se basa precisamente en los componentes
técnicos de la investigación experimental. Espcrimcntar es aquí una
actividad técnica con un fin científico-natural. Sin técnica de Ia ex-
perimentación (ese hacer preguntas a la Naturaleza) no se hubterii
podido llegar jamás a la gran ciencia natural actual. Esto ha sido
observado y dicho raras veces. y Schnabel tampoco habla de ellc.
pero l o sabe.
El cultivo de las ciencias experimentales y su aplicaci6n al servi-
cio de la vida son obra en el siglo sr x de la b~ag~cesí a occidetztol,
que con un espíritu prosaico y terrenal, y con incdios científicos,
emprcndib la transformación del mundo y de la vida, de la mistna
manera que simultáneamente erigió en la política el Estado consti-
tucio~lal. "Los dos objetos de su vida se llarnarori Constitución y
Máquina", dice Schnabel. Así se luchó contr'i el tiempo y el espa-
cio, y se venció porque se llevó a cabo sobre una base científica
y exacta. Schnabel no da una definición de la técnica. Histórica y
socialmente la ve como impulsora del mundo de los fenómenos, en
el que no aparece aislada, sino unida a formas y poderes políticos
y económicos. Pero, al contrario que tantos otros autores, Schnabel
(basándose en un conocimiento exacto) ve justamente en la técnica
al elemento principal, al autor que escribe en todo instante el dra-
ma social de la historia de aquel siglo, rcprcsentado por los actores
en el escenario. El hombre del siglo xrx quiere formar y dominar
el mundo por obra de su razón; quiere salir de la semioscuridad
del pasado para penetrar en la claridad y en la evidencia. Y Schna-
be1 pone esto de manifiesto. En la época napoleónica aparecieron
obras y escuelas de la técnica. En Inglaterra se emparejaron la téc-
nica y el espíritu industrial, y a través del p d e r absoluto de gran-
des y pequeños príncipes se desarrolló, todavía sin trabas, el nuevo
mundo del carbón y del hierro, y, como obra maestra, la máquina
de vapor, que más tarde no sólo impulsó bombas al servicio de las
explotaciones mineras, sino que fue aplicada a las máquinas texti-
les. Con ello nace lo que ha sido calificado de "Revolución Indus-
trial": por primera vez, a travCs de la confección mecánica, pare-
D I S C U ~ I ~ N SOBRE LA TÉCNICA 115
ció posible oponer una producción suficiente a la demanda de ves-
timenta. Pero esta revolución "industrial" se convirtio en la época
del capitalismo liberal extremo en una fuente de revoluciones so-
ciales, que alcanzan hasta nuestros días. Lo aportado por la alianza
de la técnica y el capitalismo es a la vez grande y peligroso.
El paso de la máquina de vapor estacionaria a la locomotora
significó una auténtica revolución.
Alemania. a principios del pasado siglo, estaba retrasada por
distintas razones: agotada por guerras, retrasada y fragmentada por
las treinta y ocho fronteras aduaneras internas de los Estados sobe-
ranos, retardada por una economía de privilegios, por las presiones
gremiales, por la falta de formación de las masas y por la pobreza,
los obstáculos casi sofocaroii al principio la iniciativa de las perso-
nas bien dotadas y con espíritu de empresa. Inglaterra impedía en-
tonces la exportación de máquinas, pues quería producir ella mis-
ma, vendiendo sus mercancías, y no su utillaje de nroducción. En
Alemania la nueva técnica se desarrolló con grandes dificultades
en el campo del hierro y en el textil, en el que la fabricación de
seda ocupó una especie de lugar especial y aristocratico, llegando
Solingen y Remscheid incluso a exportar mercancías de hierro fino.
Personas como el estadista barón Von Stein y, por citar a pioneros
de la técnica, Hasenclever, Mannesmann, Henkels, el belga Coc-
kerrill, los suizos Escher y Sulzer, mucho menos obstaculizados po-
líticamente; Thulla, Utzschneider, ei constructor de instrumentos
ópticos y geostáticos; sus colaboradores, aún más fainosos que él,
Fraunhofer y Reichenbach, y el gran inventor Steinheil, libraron
con considerable éxito sus duras batallas contra el atraso, la obsti-
nación, la incomprensión y la estrechez. En Alcmania encontraron
aún mayores dificultades los precursores de la mecánica propia-
mente dicha, como Von Baader, Stumm y Hoesch. Los precursores
de la industria textil (Mevisen, Pastor, los fabricantes y tintoreros
de paños de Aquisgrán) tuvieron que luchar además contra el gran
adelanto de Inglaterra, que colocaba en el continente sus existen-
cias almacenadas durante el bloqueo continental. El siempre reno-
vado brio creador de las fuerzas inmanentes de la técnica provocó
la intranquilidad social, que a su vez suscitó la oposición contra los
nuevos tiempos.
Schnabel dedica con justicia mucha atención a las grandes figu-
ras: Friedrich Harkort, Franz Reuleaux, Friedrich Koenig, el in-
116 FRIEDRICH DESSAUER
ventor de la prensa mecrínica, y muy especialmente 'a Friedrich List,
el infatigable y trágico profeta de los nuevos tiempos.
Algunos ejemplos aclararan la situación: la escasez alinienticia
era tan grande que una mala cosecha provocaba una miseria indes-
criptible en el campo, lo que tuvo por consecuenci,i la emigración
de masas diirante todo el siglo. La inclinación de los hombres a
trabajar en las fábricas era escasa, y muchos preferían vivir en la
mayor miseria a someterse al trabajo disciplinado. al que no esta-
ban acostumbrados, en iris fabricas. La máquina de vapor era para
muchos algo diab6lico y peli~roso. que amenalaba Ia vida y la sa-
lud. El obstrículo era en algunas regiones el aguardiente, y en casi
todas partes, la falta de educación de las "masas". "Según un in-
forme de Kunths del año 1825 de novecientos maestros de oficio
de Grünberg (Silesia) una tercera parte no sabía escribir su nombre,
y otra tercera parte lo hacía de manera apenas legible", escribe
Schnabel. Y dice que "el rey Federico Guillermo 111 de Prusia
advertía con preociipación cómo se sembraba en el pueblo bajo el
descontento social y el afán de encumbramiento a través de las es-
cuelas, esforzándose por ello en reducir la enserianza al mínimo".
Y en estas condiciones tuvo que organizarse la enseñanza tic-
nica de todo grado y en todos los sectores. Citemos 3 Fulley, a Ne-
benius y a Redtenbacher, en Karlsruhe. En la obra de Schnabel se
trata de esto de un modo característico en relación con la manera
en que tuvo que proceder la enseñanza superior técnica para orga-
nizar una formación técnica de aprendices digna y efectiva. Era
"costumbre general que el aprendiz fuera empleado en todos los
menesteres posibles de la casa, siendo en una sola persona criado,
chica de servir y pinche de cocina. Como lugar para dormir le ser-
vía un rincón sin ventanas, situado inmediatamente debajo del rui-
noso tejado, a través del cual caían sobre el lecho la nieve y la Ilu-
via. E1 trato personal que recibía del maestro y de su mujer era
vergonzante, pero tenía que soportarlo todo, pues el oprobio caía
sobre el aprendiz que se escapara." Estos datos recozidos aquí por
Schnabel proceden de los recuerdos de juventud escritos por Karl
Friedrich Kloden, primer director de la Escuela Industrial de Berlín.
Aquí sólo podemos citar someramente la descripción cuidadosa
y justa que hace Schnabel de la lucha por la enseñanza. Y también
hay que buscar en el mismo Schnabel o en una monografía la obra
titánica del que fue heroico luchador Fnedrich List (que impulsó
DISCUSI~N SOBRE LA T~CNI CA 11
los ferrocarriles, luchando al tiempo contra las treinta y ocho ba-
rreras aduaneras), que fundó la teoría de la "Economía Nacional",
fecundando el campo de la ciencia económica y que afrontó la em-
presa de despertar al pueblo de su torpeza espiritual y a las auto-
ridades de su letargo, todo ello con elevado espíritu y poniendo en
juego su propio destino. En los primeros tiempos de la técnica hubo
en Alemania muchas personalidades idealistas y de elevados senti-
mientos que se estremecían (como Schinkel J- Barth) ante el mise-
rable espectáculo que ofrecían las ciudades £abriles inglesas.
La jornada de trabajo llegó a ser en Inglaterra de dieciséis horas
diarias, con un salario semanal de dos chelines. Sabernos que ello
provocó el nacimiento del marxismo y el desenvolvimiento de las
ideas bolcheviques; pero asimismo sabemos que también en Ale-
mania el afán de ganancias se apoderó de la técnica, violentando su
naturaleza, y conocemos las miserias y luchas sociales que esto
provocó.
una de las ventajas de la obra de Schnabel es que en ella se
distingue con exactitud. Este autor es prudente respecto a la acu-
sación contra la técnica, tan frecuente y generalizada. Los hombres
de hoy en día, que oyen tan volubles quejas sobre los inconvenien-
tes de nuestros tiempos, hacen bien en contemplar el pasado des-
apasionadamente. Hay que pensar en que hace sólo cien años el pri-
mer tramo de ferrocarril alemán, entre Nuremberg y Fürt, sólo se
recorría con vapor durante el día, empleándose caballos por la no-
che; hay que recordar los viajes en diligencia de nuestros antepa-
sados, sobre los que el físico Lichtenberg relata: "Al llegar los ba-
ches hay que agarrarse o, en los casos peores, disponerse a saltar
convenientemente; hay que prestar atención a las ramas y aga-
charse a tiempo para no perder el sombrero o la cabeza, y no hay
que olvidarse de tomar nota del lado expuesto al viento y de refor-
zar en 41 la ropa, para defenderse de su ataque." Y todavía añade
maliciosamente: "Como las diligencias y los viajes están unidos a
tantas calamidades, se ha tenido cuidado de que las posadas sean
mucho peores de lo que sería necesario, para asf volvez a hacer agra-
dables las diligencias!' También resulta expresiva la pintura del
año 1815 hecha por Moltke: "Hacer una visita a Potsdam desde
Berlín exigía hacet los preparativos de un viaje, y Frmcfort d d
Oder se encontraba a dos días de viaje; la gente se despedía de sus
amigos y se dispoda a afrontar todas las penalidades del mal tiem-
118 FRIEDRICH DESSAUER
po, de los inalos alojamientos y de los coches volcados. Verdaderas
mannilas de caballos jadeaban sobre alturas escarpadas y a través
de profundos valles, y por todas partes se cobraban peajes, pon-
tazgos y derechos de escolta. En realidad, los caminos llegaron has-
t a nosotros casi sin cambios desde la Edad Media. con la única va-
riricijn de que !os caballeros biindidos fueron sustituidos por el
bandiiiaie legal de los p~iestos aduaneros." Schnabcl habla siempre
susestiva. exacta y rqui1ibradan:ente de la victoria de los "tres nuc-
vos medios de comunic;icibn" (el ferrocarril. el barco de r:iyor y el
telécrafo). sobre 1:is concecuencias ciiltura!es y civilizadoras, sobre
la niivegacibn ~iiaritima y fluvial, sobre el desarrollo de 13s ci11ii;ide.s
hanseáticas. sobre la moneda. sobre el peso y la medida, sobre 1:t
c:cnica minera. sobre la industria textil v la fabricación de maqui-
riilria. y panc de mnriificsto (sin dejar nunca de considerar la técni-
ca conlo motora y directora en un segundo plano) el desarrollo dc
la banca, del tr6fico crediticio, de los negocios de seguros y la tr;?ns-
formación, con su? peligros. de la artesanía.
Sigue dc.spii6c una exposicic;:~ de la controversia sobre 21 "pro-
blerna de Iris máquinas". toinaiido en este punto una frass de Ara-
sos. un defensor de los nuevos tiempos: "Los hombres constrii!-e-
ron inríquirias en todo tiempo para facilitarse el trabajo, e incluso
se incluyó entre los dioses a los inventores de la azada, dc la hoz
y del arado. No existe diferencia entre instrumento y injquina, y
resulta pueril intentar hacer esa distinción."
Los apartados sobre Cntolicismo y Maquinisnlo y Prot ~s/ nt t t i s-
~rio y !Víricj~rinistno son notables. Reproduzcanios aquí una frase de
Corres: "Aunquc Alemania estuviera cubierta de vías de un ex-
tremo a ot ro y en todas direcciones y inilec de locomo:oras volaran
en ella sobre montes y valles, aunque todos los ríos fueran surcatios
por barcos de vapor en toda su extensión, aunque las rnáquinas se
agotaran trabajando en todos los rincones y sus ruedas recorrieran
ias calles en todas direcciones, de qué le serviría todo ello si per-
diera sil alma inmanente en ese mecanismo trepidante?"
Resuitri c!aro que este avance jento y belicoso de la técnica tani-
bien provoca luchas en la vida espiritual. Pero al afrontar esta cues-
tiSn no debe olvidarse que todavía faltaba un concepto de la técni-
ca. Se hablaba de maquinisrno, de industrialización, del inquieto
afán de viajar, de la suscitación de necesidades, del fin del trabajo
completo del individuo a través de la división del trabajo y de la
DI SCUSI ~N SOBRE LA TÉCNICA 119
amenaza que esto significa para la artesanía, es decir, de manifes-
taciones, consecuencias y particularidades, sin hacer una diferen-
ciación suficiente entre lo que es propio del carácter de la técnica,
esa potencia mundial todavía encubierta, y lo que tiene su origen
en un excesivo afán de ganancias, en el abuso, y no es más que un
fenómeno evolutivo, una enfermedad infantil. La percepción de ese
trasfondo, al que se llamaba "maquinismo" o "industrializaci6n"
como fuerza motriz y guía de la transformación social. del naci-
miento de la unión aduanera, del desarrollo de la banca y de los
seguros, de las nuevas formas de enseñanza y del ascenso y deca-
dencia de familias, lugares y comarcas, esa percepcibn. no total-
mente comprendida, preocupaba e intranquilizaba entonces. Pre-
ocupaban la "desespiritualización" del trabaio y de la profesión. el
alejamiento de Dios, el vacío interior y, cuando llegara el momento
en que fuera realidad la gran liberación del hombre frente al tra-
bajo, la inactividad, el aburrimiento y el uso abusivo del tiempo
libre. Se hablaba de los "buenos viejos tiempos" (así W. H. Riehl).
Muchas personas cultas se oponían al nuevo modo de ser porque
no pasaba de lo externo y no hacía más sabios, mejores ni más feli-
ces a los hombres. Pero también hubo una hostilidad de las masas,
basada en el "sordo sentimiento de que nacía una época llena de
enormes exigencias, que a la larga nadie podrá satisfacer".
También se elevaron reparos religiosos por parte de represen-
tantes de las dos grandes confesiones, refiriéndose a los preceden-
tes habidos en las fábricas textiles y en las minas inglesas. En la
literatura de la primera mitad del siglo xrx se encuentran muchos
argumentos todavía utilizables hoy día, aunque otros han sido cier-
tamente resueltos por el progreso. Los hombres de vanguardia de
la tCcnica eran pocos en número y encontraban graves dificultades.
"Se comprende-dice Schnabel-que Friedrich Harkort profiriera
amargas quejas sobre la invencible pereza alemana."
A pesar de todo ello, el nuevo sistema venció y actuó con efi-
cacia. En un siglo la población inglesa ascendió de ocho a treinta y
seis miilones de habitantes; la alemana, de veinte (1815) a sesenta,
y la europea, de ciento Ochenta a casi trescientos millones. Nunca
se haMa visto mtes nada parecido a esto. Lichnabel habla expresi-
vamente del auge de la cultura material, facilitada a través de la
victsria de la récnica. El espíritu y el objetivo de sus precursores
120 FRIEDRICH DESSAUER
no era comercial, sino que tendía a la redención ante el trabajo me-
cánico, esclavo y destructor del espíritu; a la elevación y a la libe-
ración de la personalidad, porque sólo a travis de la técnica pue-
den participar n~tichos honibres, y, por último, todos, de una can-
tidad de bicnes anteriormente reservados a 10s ricos.
ejed dos hablar nuevamente al mismo Schnabel sobre esto: "y
como Ia librracibn, debida a la técnica. ante la presión euterna, ibs
de la mane con la liberación jurídica brindada por el liberalismo,
en adelante se sintió la inclinación de reconocer a la técnica un un-
lor absoluto. Hablarnos de que la técnica ha sido un gtiía para el
Estado co~~stitucional y, dccpués. para la democracia, de que, acor-
tando distancias. aproximaba a los hombres espiritual y fisicamen-
te, y de que se vivía la esperanza de acercar a todas las razas, e
incluso a todos los ~iieblos, fomenidndo sus intereses comunes v
reduciendo las distancias."
Así se llegó a que el arte se fijara en la técnica, a que, urin vez
superados los rrimeros intentos dc aplicar a las máquinas formas
ajenas, se discuiiera el concepto de la "belleza de lo útil", de lo
claramente inteligente y ordenado, y a que 13 figura del ingeniero,
tal como la hahía mostrado Redtenbacher, fuera vista como ilustra-
da, conocedora y crendorn. Algunas orientaciones artísticas, como
la fundición en bronce, adquirieron nuevo impulso, y las relaciones
entre el arte y la técnica resultaron especialmente claras en los con-
tactos entre los ingenieros de la construcción y los arquitectos;
como un difícil problema, que también nos preocupa en la actua-
lidad. naciij la cuestión de la expresijn del espíritu y del carácter
humano a t r a ~é s de la formación profesional técnica de todo grado.
En la obra de Franz Schnabel termina este capítulo con una mi-
rada dirigida sobre M. M. v. Weber, Eyth y Goethe, que hicieron
de la creación técnica el objeto de su arte. La segunda mitad del
siglo x:x no la ha tratado Schnabel en sus cuatro tomos más que
a travCs de notas. Sería deseable que terminara Io que empezó tan
magistralmente. Pero nos preguntamos por qué ha sido precisa
mente Schnabel el que, como ningún otro historiador, ha conocido
y expuesto justamente la misión de la técnica como poder forma-
tivo de la Historia. Es posible que una razón externa se encuentre
en el hecho de que, bajo la influencia de Redtenbacher, ocupara la
primera cátedra histbrica en una Escuela Superior Tkcnica (en
D I S C V S ~ ~ N SOBRE LA TÉCNIU 121
Karlsruhe), recibiendo, en un ambiente de técnicos sobresalientes,
impresiones directas sobre el tema que les estuvieron vedadas a
otros representantes de su especialidad. AlegrCmonos de esta obra
y recurramos a ella, pues es mucho lo que puede ganarse al hacerlo.
Las aportaciones y la controversia universal sobre la técnica
contenidas en este capítulo fueron escogidas para ilustrar la cues-
tión con ejemplos apropiados de las distintas orientaciones ideo-
lógicas, abarcando. aproximadamente, desde finales del pasado siglo
hasta el fin de la segunda guerra mundial (1945). Sobre si he rea-
lizado mi elección con éxito, o si otras obras contienen un mate-
rial más interesante, pueden sustentarse (con razón) distintas opi-
niones. Las cortas citas dn la última parte del capitulo tienen por
objeto completar el cuadro de la ccntroversia.
Ante todo, deben resaltarse todavía algunos de los numero-
sos y valiosos trabajos de esa &poca, que todavía son dignos de
atención en la actualidad. Este libro no lo escribo con la esperan-
za de agotar el estudio del problema, sino con la de impulsarlo
en múltiples direcciones. Todavía es mucho lo que queda por acla-
rar y por poner de relieve para elevar el rango, la jerarquía, los pe-
ligros y las ventajas de la tCcnica a una conciencia histórico-cul-
tural, para fundamentar una tradici6n y para disponer el conoci-
miento a la actividad y al trabajo. Hay todavía un2 gran materia
que exige ser cultivada.
Entre estas importantes contribuciones, cuento en primer lugar
la inteligente obra de Manfred Schdter, titulada Die Kulturm6-
glichkeiten der Technik als Formproblern der produktiven Arbeif
(Posibilidades culturales de la Témica como problema de forma^ del
trabajo productivo), y dedicada a la memoria de su padre (profesor
de Termodinámica en la Escuela Técaica Superior de Muaich) y al
filósofo W. Dilthey. Es mucho lo que pide esta obra al lector. Aun-
que aparecida el año 1920, ya estaba tcmhada en 1914, es de&,
&tes de Ia primera guerra nundiai, y ha de ser entendida, como
122 FRIEDRICH DESSAUER
cualquier obra, dentro del anibiente de su tiempo. Schroter estu-
di a la posibilidad de concebir racional y zozitnriametzre el conjunto
culturLil, dc iin modo parecido a como hay que contemplar en la
Edad Media la unidad religiosa intelectualizada coino factor cul-
tural co?stitutivo.
Schriiter n i c y esa posibilidad. Esa visión unitaria se perdió por-
que el intelecto y la vida religiosa siguieron caminos distintos. En
la técnica r e iin szrbsl~elo común a todo el movimiento cultural, taii-
t o en su "aspecto objetivo científico" como en el "aspecto subje-
tivo voliintario". Lri fuerza motriz del progreso resulta de esa es-
tructura de trabdjo tbcnico, dc ricccsidad técnica.
El Dr. ingeniero J. Sckcnk. plufcsor de termodinámica en la
Escuela Técnica Superior de Brcslau, ha sido citado repetidas ve-
ces. prestrirido\c en muchas ocasiones la debida atención a sus
riporlaciones a !a discusión. El año 1928 apareció su libro Dtrs
Wese): dcr sclio~~fertschetz, Prod~rkte srhaffenden Arbett ( Ln esetl-
c1n dcl traholo t-rzudor, hacetlor de ~ ~ r o d u c ~ o s ) fruto de su prcwcil-
pnción por la for)?icicirít~ de los ingenieros mecánicos, que no debe
rcrilizarse, ni exclusiva ni predoniiiantetnente, sobre la base de la
adquisicicín de coiiocimientos.
Eugcn Dic.icl (liijo del i n~ent or del conocido motor) ha afron-
tado en un gran numero de obras y artículos, citados cn parte en
otros lugares de este libro, el estudio de los problemas planteados
por el surgimiento del gran poder técnico al destino del individuo,
de los puehlos y de la humanidad. Estos trabajos también han de
ser leídos teniendo en cuenta Iri época en que aparecieron. Alsu-
nos errores, como la opinión de que todo l o esencial ya estaba des-
cubierto e iriventado, ha n sido corregidos por el curso de los acon-
tecimientos. La obra de Eugeii Diese1 Viilkersclzicksctl und Technik
(Destino de los pireblos y técnica) aparecida el año 1930 dentro de
la scric Wege der Technik (en la que también aparecieron libros
de H. Lufft, R. y C. Lilienthal, W. Ostwald, M. Esterer, Siegfried
Hartmanri, F. Dcssauer y K, A. Meissinger), trata de las relaciones
entre el destino de los pueblos y de la técnica, y contiene algunas
buenas observaciones junto a errores condicionados en parte por
la época. Diese1 ansía una técnica que "no esté fustigada por el
capital", un porvenir en el que "la técnica y el alma se encuen-
tren en equilibrio" y en el que los pueblos estén unidos por un.
"fondo de respeto". La tendencia fundamental de este libro, como
también ocurre en su conocida obra Weg durch das Wirrsal, (Canli-
no a través de la confrtsión), es la lucha personal por la claridad.
El año 1932 apareció, editzdo por Oldenbourg, un estudio de
Paul Krannhals titulado Weltsinn der Technik (La técnica y el sen-
tido universal). Su idea directriz es biológica: "Técnica es, por tan-
to, el reino extraordinariamente múltiple de las formas constructi-
vas y concebibles racionalmente, en el que la vida irracional se
sirve de la normatividad causal típica como medio mecánico para
su conservación y desarrollo." La esencia de la técnica se ve. por
tanto, en la naturaleza que se desarrolla, que actúa técnicamente.
Esto es una interpretación .parcial y exagerada, que, sin embargo,
también contiene como elemento sano la verdad de que la técni-
ca, en sentido auténtico, no es hostil a la naturaleza, sino que.
incluso en sus formas mis desarrolladas, responde a ella.
El mismo año y en la misma editorial publicó el Dr. H. Har-
densett un libro con el título de Der kapitalistische zind der tech~lis-
che Mensch (El hombre capitalista p el técnico) en el que trata de
elaborar los tipos ideales del hombre capitalista y del hombre "cons-
tructivamente creador", confrontándolos mutuamente. La obra no
está libre de parcialidades, pero contiene algunos buenos e interez
santes argumentos al rebatir la concepción de que la técnica es
servidora de la economía, concepción defendida por Sombart, Von
Gottl-Ottlilienfeld y otros.
Los problemas pedagógicos unidos al desarrollo de la técnica
han sido tratados repetidas veces; uno de los autores que ha tra-
tado este tema es Hans Hümmeler, con su obra Jugend un der Mas-
chine (La juventud junto a la máquina), publicada por Herder el
año 1932, en Friburgo. Una labor especialmente meritoria ha sido
hecha por el ya citado pedagogo Dr. Heinrich Kautz con su libro,
tambiCn editado por Herder el año 1929, lndustne formt Menschen
(&industria forma al hombre), en la que, sobre la base de unos
amplios conocimientos, se intenta hacer una sistematización y nor-
malización de la "pedagogía industrial". El que el autor tiene tam-
biCn inclinaciones y aptitudes poéticas se revela en sus "cuentos
industriales", que significan un esfuerzo para poner de relieve el
aut6ntico contenido romántico de la técnica. Sus obras Im Schat-
ten der Schlots ( A la sombm de la chimenea) y Um die Seeie des
124 FRIEDRICH DESSAUER
lndtlstriekindes (Por el alnta del mito industrial) están también al
servicio de una concepción formativa del hombre en la profesión
técnica.
En los pedagogos que adoptaron tempranamente una postura po-
sitiva frepte a la técnica, se encuentra el director de Instituto
Dr. Ilermaiin Wcinreich. En su libro Bildu?zgszc.erte der Tcchnik
(Valores funncititlos dc la Técnica), publicado cl aiio 1928 par el
V. D. 1.-Verlsg y dedic2do a Georg Kerschensteincr. pone de rclit-
ve los valores formativos de la enseñanza técnica cobre Iri base de
su propia y gran experiencia personal y con plena conciencia de
la oposición que iba a encontrar. Expone también cómo se lleg6
históricamente a la incomprensión frente a la técnica, rebate con
evidente dcseo de justicia, ataques y sofismas, ofrece una buena
visión sobre el pensamiento y ia creación técnica g trata de ma-
nera especialmente interesante ciertas relaciones p c o estudiadas
eiitre la técnica y el arte. La técnica cotno objeto riel arte, en la
poesia, en la pintura y en la escultura, es un capítulo del libro cx-
cepcionalmente interesante. La parte final trata de lo que intere-
sa realmente al autor: De la técnica en el plan de rvsetianza. Esta
obra (de 150 págs.)-corno es de esperar en un buen trabajo-se
lee tambikn con provecho hoy día, después de casi treinta años,
como una valiosa aportación a la discusión.
Georg Foerster considera la técnica, en 1930, sobre la base del
teórico idealismo ksntiano del conocimiento y de acuerdo con la
voluntad de poder de Nietzsche. y el mismo aulor la presenta en su
libro Mnchttcjille und Maschincnwelt (Volzlntad de poder y el Tnttn-
do de la máqtlina) como al donzinio del hombre atrtónonto. El tiem-
po ha superado esto y los acontecimientos nos han enseñado lo que
Gcurre cuando la autónoma voluntad de poder del hombre rom-
pe los lazos con todas las tradiciones y con los imperativos eter-
nos, cuando rechaza la milenaria experiencia obtenida tan difícil-
mente por !a humanidad y cuando niega la posibilidad de un au-
téntico conocimiento de la realidad; sin embargo, este punto de
vista fue defendido seriamente hace veinticinco años.
Señalemos todavía otro trabajo especialmente bueno que, aun
hoy en día, proporciona provecho y placer al lector: la obra del
profesor Dr. A, Stodola, que apareció por último en su quinta edi-
ción con el titulo Die geheimnisvolle Natur, Weltanschauliche Be-
DISCUSI~N SOBRE LA 'I%CNICA 125
trachtungen (La naturaleza misteriosa, consideraciones ideoiógicas)
aunque en las ediciones anteriores llevó el de Gednnken ztc einer
Weltanschazit~ng vom StanrIyltnkt des Inneniettrs (Ideas pma una
concepción del mundo desde cl p n t o de vista del ingeniero).
Existen también diversas conferencias y compilaciones de con-
ferencias que merecen ser salvadas del olvido. El año 1932, en un
tiempo, por tanto, peligroso, apareció con el título Kuntztr und
Technik (Cztltura y técnica) una compilación de conferencias de los
estudiantes de la Escuela Superior Técnica de Viena, que contiene
aportaciones dignas de ser leídas todavía hoy.
El servicio de estudiantes de la Escuela Técnica Superior de
Karlsruhe hizo publicar el año 1929, en la editorial G. Braun, una
serie de artículos, en la que profesores de esa Escuela Superior di-
cen a los estudiantes por qué y cómo deben estud~arse especiali-
dades técnicas como estudiantes libres, es decir, bajo la propia
responsabilidad.
Naturalmente que con este extracto y estas citas no queda
agotado, ni mucho menos, el material aportado a la discusión en
los tiempos anteriores a 1945. Esto ya se advierte ccjn una mirada
a la bibliografía, que también tuvo que quedar necesariamente in-
completa.
Lo que se pretende no es hacer una exposición completa de todo
el material aportado al tema hasta el fin de la segunda guerra
mundial, sino presentar un bosquejo de las opiniones intercam-
biadas, de las ideas directrices de esas opiniones, que también se
repiten en las actuales discusiones, y de las soluciones, condiciona-
das por el tiempo o independientes del mismo, propuestas en la
discusión sobre la técnica. Y es posible que este bosquejo de los
tiempos de lucha hasta el año 1945 resulte Útil a los autores pos-
teriores que se ocupen de las muchas cuestiones de nuestro tema
que todavía quedan por estudiar.
Siguen ahora algunas citas más tomadas literalmente de la dis-
cusión sobre la técnica en el período de tiempo comprendido en-
tre 1900 y 1945 y que resultan caracteristicas.
"El trabajador, como hombre activo, no ve nunca el final pro-
vechoso de su trabajo y nunca tiene ante sus ojos una meta que
pudiera proporcionarle de cuando en cuando un reposo placentero;
126 FRIEDRICH DESSAUER
sólo conoce la divisi6n niecánica d e las horas de' trdbajo y de los
días de pago."
E. v. klayer '', Tech~zik i ~nd Kitltr!r (Técnica y Ci rl ri l rn), Hiipe-
den und Merzyn. Berlín 1906.
"Pertr no sucedicí así. En el estrecho horizonte de la lucha con
tantos podcrcs nat ur ~l es (el hombre seducido por $1 diablo) niidió
:i 1~ divinidad con c! rasero ci t . su propia prosperidad o miseria !.
en la c~r:iillo:.a ceguera de su poder, prescincii6 de Dios en el pe-
queño muitdo que Ic cstabn sometido técriicameri~e. Y tanto mi s
diabSlicanicnt~ se ril7nron los fen6rnenos que todavía no estctb.iri
bdjc SII doininio. El concepto de la divinidad sz deformó al scr
medido erróneri y torpemente atendiendo sólo al efecto externo del
l:oL!i'r. El hombre cnipczó por perder primeramente el intercanibio.
riiitririro ~!cl :~1111a, con las formas naturales, conienzando después
un s=rvicio divino usurario. Precisarnentc con el avance de la téc
riica i. con cl consciente despertar del espíritu organizador, crcj.6
<I h~)inbri. lencr quc reconoccr una organiziicióii universal irialtcra-
Sli' !. una subordiri,ici;in dc principio ante podert.s inacce~iblep, a
l ni que quiso halaqar con su suniisión. Y sus recuerdos le I l ~\ ~ar on
entonces hacia un servicio divino basado en ;ictos eurernos, p i q u e
n o coml ~rer~dí a que la piedad ;J l o grato ri Dios se encuentra Gni-
c.imente en la actividad personal creadora de alegría. Entonces,
cuando la unión primitiva de la tCcnica y del servicio divino cayó
en un oficio industrial independiente y prosaico y en un servicio
divino estéril y también independiente, la religión, recibió, ases-
tado por el espíritu de la técnica. cl prinier golpe en el cora7ón
del hombre ..."
E. v. Maycr, en el lugar citado.
"La técnica, como dominio de la naturaleza, no es más. en su
origen y en su última razón, que la primera realización de la pro-
funda conciencia humana: Fuerzu creadora ... para ser Dios en
nicdio de dioses pasando por encima de todo, pero teniendo que
servir al hermoso desenvolvimiento de la vida ..."
"Lo que el hombre ha alcanzado en la grandiosidad de la téc-
nica, que determina nuestra existencia total, sólo lo ha obtenido
'" Ed. A. v. ~Mayer, Dr. en Filosof!a nacido en Locarno el año 1873.
sobre la base de la conciencia personal de sí mismo. Y esta con-
ciencia significa hacer actuar al sentimiento de poder-derecho-
deber como centro cósmico y responsable sólo de las ideas supre-
mas.. ."
"No hay duda de que nuestra vida externa ha llegado a ser lo
que es a través de la técnica. La técnica permite al individuo bus-
carse libremente un campo de actuacicín, y permite a un pueblo
multiplicarse ilimitadamente. porque crea posibilidades de vida ili-
mitadas ... Pareciendo algo tan prácticamente cotidiano, prosaico y
carente de ideas, es un camino para dominar cotidianamente a la
agreste naturaleza.. . ; en las construcciones, tanto privadas como
públicas, que son tan extremadamente importantes para la forma-
ción de l a vida y del sentimiento social, se convierte en un con-
siderable elemento de la cultura."
E. v. Msyer, en el lugar citado.
"El rasgo esencial de la técnica es la creciente organización, que
impulsa necesariamente hacia la gran industria, pues sólo ésta apro-
vecha casi totalmente cada herramienta, cada fuerza y cada mate-
ria, trabajando así en las mejores condiciones comerciales y produ-
ciendo a la economía nacional la mayor cantidad de beneficios
netos ... Se tiende al trabajo más económico y más intensivo posi-
ble para reducir los gastos y elevar los beneficios. Este aspecto de
la gran industria estaba contenido en el germen de la técnica. Y
esta organización, que significa la esencia de la técnica, se advier-
te hoy día en las fusiones, sindicatos, trusts y sociedades filiales
de la industria y de la banca modernas ..."
"El espíritu y la esencia de la técnica, considerada como po-
tencia autónoma", es visto por E. Y. Mayer como un medio para:
"despedazar al hombre a través de la división del trabajo";
"para despersonalizarlo a través de la unidad de trabajo";
"para convertirlo en masa a traves de la comunidad de tra-
bajo" ;
"para desespiritualizarlo interna y externamente a t r ads de la
subordinacibn técnica".
E1 hombre "pierde su dignidad y se convierte en una creación
sin voluntad de la idea monoteista a manos de su personificación
polltico-social del poder estatal militar y burocrático ... El espíritu
de la técnica ha alejado al hombre de su misión cósrniti, directa-
128 - FRIEDRICH DESSAUER
mente, a través del trabajo despersonalizador, e; indirectamente, a
través de la educ~ei ón estatal y de la concepción monoteísta. Y
también ha cainbiniio y trastornado la vida diaria ... El suntuoso
palacio de la moderna civilizaciijn técnico-liberal es en realidad una
monstruosa prisión, en la que todos cumplen uria condena perpe-
tua d tkabajos forzados, pero teniendo asegurado un mcdiano sus-
lento. ¡Hasta rióndz ha llevado al hombre el demonio del hambre!"
E. v. hlayer, en el lugar citado.
"El retroceso de los servicios, en el que las c!ases inferiores
adquieren e! trabajo de las superiores, ya se encuenrra ahora en
iilnuinerables ejemplos calificativos de la totalidad de nuestra vida
civ!liz~dd ... El gran quimico que investiga en su Iaboratorio sobre
la elaboración de nuevos coloranres, trabaja para la c,impesina que
escoge la pafioleta mi s llamativa entre el surtido que le ofrece el
buhonero; el gran conierci~:!te que, en una especulación interna-
~i ona l , importa a Alemanid tligc americano, se convierte en el
servidor del más pobre proletario; . . . p ero el fenómeno sólo es posi-
ble a través d e la objetitlación que ha experimentado la producción,
t ant o f r e n~e al productor como al sujeto consuniidor, y que la
coloca m6s allá de las diferencias socirtles o de otra cidse entre
ambos sujetos."
G. Si ~nmel ' O, Philosoplzie des Geldes (Filosofía del Ditrero).
Duncker and Humblot, Leipzig 1900.
"Por tanto, e! perfeccionaniiento de las máquinas libera cada
vez más al obrero de todos los pes ~dos trabajos c o r p o r a ! ~ y de
los mecánicos y monótonos que matan el espíritu, eleva su nivel
espiritual en muchas nuevas clases de trabajo y favorece su como-
didad en el talicr y su bienestar fuera del mismo. Creernos por eso
tener razón para elevar una enérgica protesta contra la afirmación
general y frecuentemente repetida de que la técnica noderna con-
vierte a los hombres en esclavos de la máquina, o, como también
se dice últimamente, que produce una desespiritualización del tra-
bajo humano."
'' Georg Simmel, profesor de Flosofia nacido en Estrasburgo el ada
1558.
W. v. Oechelhaeuser 17, Technische Arbeit einst und jetz (El
trabajo técnico antiguamente y ahora) J. Springer, Berlín, 19061
"Es indudable que la significación profunda y real de la técni-
ca no se comprenderá perdiéndose en sus partisularidades, sino
cuando se la considere como un conjunto inquebrantable y unita-
rio que tiene que poner totalmente de manifiesto una forma fun-
damental de la vida, una orientación definida y un fin determina-
do. La idea de la técnica, lo que la presenta en conexión con todas
las otras tendencias culturales, no es otra cosa que esto: Es la
que agiganta nuestro cuerpo hasta hacerle alcanzar dimensiones co-
losales, la que otorga a nuestros sentidos facultades perceptivas
sobrehumanas ... Su ideal, cuya consecución es, nat~ralmente, una
imposibilidad, sería la superación de todas las barreras temporales
y espaciales a travCs de una organización que percibiera con la
misma intensidad lo más pequeño y lo más grande, lo más lejano
y lo más próximo, y-cornpletémoslo-que otorgara a nuestra ac-
ción sobre la materia un poder sin límites y una cantidad ilimitada
de formas."
O. Ewald 18, Lebensfragen (Cuestiones Vitales) Hirzel, Leipzig
1910.
"Ninguna razón natural, ningún conocimiento filosófico, nin-
guna voluntad ética y nada humano; sólo las necesidades vitales
y animales de los millones de trabajadores y el espíritu de lucro
perpetuo y sin objeto de los cien patronos: esto es la metafísica
de la tbcnica."
E. Hansjakob y J. Stur, en Osterr. Pdytechnische Zeitschtift,
8, 77 (1911).
"En ninguna esfera como en la de la técnica se cumple lo de
que no hay nada nuevo; realmente nuevo s610 lo es aquello que
le llega de fuera, pues ella misma ha sido siempre esttoril y su
fuerza creadora original no puede ser nunca superior a la pará-
frasis constructiva de los resultados de la física y de las matemá-
ticas ... No s610 no ha salido nunca de la tecnica nadie que apor-
tara nuevas ideas, sino que, hasta ahora, tampoco ha producido
un solo gran estilista. Los charlistas como Eyth y ot r a no deben
.
W. V. Oecheihaeuser, ingeniero nacido en 1850.
1' Oskat Ewald, Dr. en Filosofía nacido en Viena el año 1881.
contar; ... la técnica, como algo internamente incompleto, es un
esteticismo organizador cualquiera y una formación poética ínca-
paz por su propia pobreza, ya que la impotencia es siempre es-
téril."
E. Hansjakob y J. Stur, en el lugar citado.
%
El profesor Driesch, destacado biólogo y filósofo, dice sobre
Ia técnica en Prager Tagblatt: "Tengo por un supuesto absolutamen-
te inconsistente, tanto si se basa en la ciencia natural como si lo
hace en la psicología, la afirmación de que a través de la técnica
tenga que sofocarse al "espíritu". Tal vez el "espíritu" será más
prosaico, más claro y menos apasionado de lo que es hoy en día,
pero creo que esto nos será extraordinariamente útil a los hombres.
América ya ha adquirido en parte este nuevo espíritu más claro,
junto al que existe un gran idealismo optimista, aunque no debe
creerse todo lo que se dice y se escribe en Europa sobre ese
país. Si la formación estético-histórica se sustituye en el campo de
la ciencia rigurosa por una foimación objetiva, ¿supone ello una
decadencia del "espíritu"?".
Cita tomada de la publicación "Ingenieur-Zeitschrift" 23.1.30.
El profesor Max Georg Bernhard, miembro de¡ Reichstag y
redactor jefe durante años del Vossischen Zeittcng, escribe 10 si-
guiente en el Magazin der Wirtschaft, 6, (1930), pág. 1844:
"La guerra, la inflación y la estabilización proporcionaron a¿
espiritu técnico la primacía sobre los principios del cálculo comer-
cial. Y el impulso por lograr el ideal tCcnico venció demasiadas ve-
ces sobre la razón económica."
"Es posible que la manía del record, en el sentido usual de la
expresión, la sufrieran sólo algunos, pero la enfermedad anidó en
el seno de la economía y puede reducirse a la siguiente fórmula:
Dominio del técnico sobre fa razdn del economista ... Sin embargo,
el técnico es un eslabdn subordinado de la economía, que ha de
ser dirigida por comerciantes.. . Sin embargo, la veraadera econo-
mía no consiste sólo en la reducción del costo de la vida y en aba-
ratarla reduciendo los salarios, sino tambiCn en gofocar la ma-
nía del record, en subordinar al tbcnico bajo el dominio del co-
merci'ante.. ."
Pero este autor hizo algo que ocurría - raras veces: Cuando
Carl Weihe le contestó en la revista "Kultur und Technik" (1931,
número l), reconoció que había dirigido su crítica equivocadamen-
te-sobre la técnica en lugar de sobre la economía-y se retrac-
t6 (Technik und Kultur, 1931).
En un artículo de Franz Schauwecker, publicado con el titulo
Technik ist kein Problem (La Técnica no es un problema) en el nú-
mero del 16 de mayo de 1935 del periódico de Karlsruhe "Der
Führer", se dice entre otras cosas:
"Técnica es !a construcción material y la función tambiCn ma-
terial de la máquina."
"La técnica es la esencia del materialismo ..., es la objetividad
como neutralidad absoluta."
"Si la técnica tiene consecuencias desastrosas, como las que ya
ha producido en la actualidad, no puede culparse de ello a nadie
más que al hombre, su inventor."
"La tCcnica es un problema para aquellos que sólo pueden ser
un problema para sí mismos."
"La tkcnica no pone de manifiesto otra cosa que el fin material
y práctico a cuyo servicio siempre se encuentra."
"Las afirmaciones que dicen de la tdcnica que es algo más que
una cuestión práctica extraordinariamente útil, están al servicio de
la satisfacción privada de sus autores y no sirven para nada."
"La técnica está relacionada con la economía, y ésta ha de diri-
gir a la tCcnica y a sus actividades por el camino justo. Pero más
allá de esto no tiene valor ninguna de las prolijas consideraciones
sobre una significación de la tkcnica que se salga del terreno técnico,
por la sencilla razón de que no hay nada de ello."
"La sobrevaloración de la técnica más allá de la utilidad ma-
terial conduce a un positivismo abandonado por todos los buenos
y malos espíritus, falto de imaginación y propio de insectos, tan
imbdcil que, sin ningún fundamento interno, existe tan s610 a
causa de si mismo."
"La técnica es el servicio mecánico."
' l os hombres gritan hoy solicitando trabajo eon más fuerza y
desesperaci6n con que lo hicieron en otros ti-pos los esclaros
solicitando paz y descanso ... En cuanto se empieza a fabricar tan
132 FRIEDRICH DESSAUER
s610 para alimentar a las máquinas, los hombres comienzan a mo-
rirse de hambre."
Theodor Haccker l9: Wus ist der Mensch? ([Qtté es el hombre?)
W. Sombart censura, considerándolo como una repercusión de
la era tétnica, el desarraigo de numerosos hombres, "la aglomera-
ción de masas fluctuantes que se amontonan como dunas en al-
gunos lugares, aunque sin estar unidas entre sí como lo están los
granos en un auténtico montón de arena".
W. Sombart: Vnm Menschen (Sobre el hombre), Berlín 1938.
En los años a que nos referimos fueron varias las revistas téc-
nicas que participaron en la discusión sobre el lugar que corres-
ponde a la técnica en la concepción del mundo. La gran publica-
ción central alemana "Zeitschrift des Vereins deutscher Ingenieure"
(hoy "V. D. 1.-Zeitschrift"), aparecida por primera vez el año 1857
y de la que existen 97 tomos, así como el boletín "V. D. 1.-Nachri-
chten", dirigieron crecientemente su atención, sobre todo en los
ú1.timos años, sobre este tema. La "V. D. 1.-Zeitschrift" fue en
origen una revista de la especialidad técnica en general, p r o len-
tamente se convirtió en un portavoz de cuestiones fundamentales,
mientras que la inevitable subdivisión de la técnica provocó la con-
tinua aparición de nuevas revistas especiales. De la V. D. 1. ("Unión
de Ingenieros Diplomados"), hoy centenaria, emanaron un buen
número de obras especiales (véase bibliografla).
De la "Osterreichischen Ingenieur- und Architekten-Verein"
("Unión Austríaca de Ingenieros y Arquitectos"), fundada el año
1848, tambien salieron contribuciones monográficas y periodísticas.
como ocurrió con el tiempo en todos los países civilizados dota-
dos de una técnica desarrollada al despertarse, especialmente a par-
tir de 1945, el interés por la cuestiQn y multiplicarse con ello ias
opiniones alrededor de la controversia universal sobre la técnica.
La intención del presente libro no es hacer una enumeración de las
revistas y de sus aportaciones. En ningún sitio puede hacerse otra
cosa que presentar ejemplos. La revista mensual del V. D. 1. "Technik
und Wirtschaft", que apareció de 1908 a 1940, editada por Springer,
contiene un considerable material. La Federación Xacional de la
Tkcnica publicó durante años un almanaque, que con el título
'' Th. Haecker, escritor nacido el año 1879.
"Technik voran" también contenía aportaciones a nuestra cuestión.
Como ejemplo de las polémicas mantenidas en revistas de inte-
rés general, citemos la sostenida el año 1928 en el "Berliner Illus-
trierten Zeitung" entre Alex. Moczkowski y v. Dyck. En el núm. 30
de esa misma revista, de! 27 de julio, se reproduce un dibujo con
el título "Mecanización", que significa un duro menosprecio de
la técnica.
De entre los muchos atacantes de la técnica en el ámbito cul-
tural citemos todavía a William Moris y a H. St. Chamberlain, en
Grundlagen des 19. Jahrhunderts (Fzlndamentos del siglo XIX), que
fue muy considerado en su tiempo. Con el título Wandlungen i ~ t
den deutschen Kztlturzentren (Transformados en los centros cultu-
rales alemanes). A Obergesell dirigió el año 1931 un ataque contra
la técnica, a través del cual sopla el viento nacional-socialista. Del
campo de la pedagogía partió, entre otras, una acusación contra la
técnica lanzada por Paul Oestreich el año 1930 con su libro Der
Einbruch der Technik in die Püdagogik (Inscripción de la técnica en
la pedagogía) (156 págs.). La literatura está llena de hostilidad, pu-
diendo citarse a Max Brod, Paul Grabein, Bernhard Kellermann
("Tunnel") Thea von Harbou (en cuya novela se basó la sensa-
cional película "Metrópolis") y a Ernst Toller (enemigo de la
máquina). Ciertamente que algunas críticas merecen atención, pero
los autores, poetas y artistas no han atendido suficientemente a la
distinción entre la técnica en si y el afán de ganancias, la ambi-
ción de poder, el abuso y el atraso. En el articulo publicado por el
profesor Lederer el 1 de enero de 1932 en el "Vossischen Zeitung",
se advierte, entrz otras cosas, lo difícil que les resulta a los eco-
nomistas liberarse suficientemente de los principios de su espe-
cialidad para adquirir una clara visión. En la racionalización como
evo1ución tCcnica ve Lederer la raíz de la crítica situación eco-
nómica y, en especial, del paro forzoso. 1C6rno ha sido refutado
desde entonces ese repetido argumento por el mismo curso de los
acontecimientos 1
Como contrapeso, citemos como final de este párrafo, al menos
por su nombre, a algunos de los poetas de la técnica en ese pe-
dodo hasta 1945: Heinrich Le&, Karl Bragcr, MaJr Barthed,
K. R. Findeisen, Otto Wohl gqut , Engelke Schonlank, Ch. Wie-
precht, A. Petzold, Wilh. Platz (Wieland), H. Eichacker, Georg
134 F ~ B I C I I DESSAUEB
Bonn, H. Kautz (cuentos industriales). Es un error calificar a la
tbcnica de algo totalmente falto de romanticismo, de poesía e, in-
cluso, de alma. De esto ya hemos hablado en este capitulo y aún
tendremos que hablar más en lo sucesivo. Tambien es totalmente
erróneo ,calificar de mecanizada, prosaica y falta de romanticismo
a una juventud que prefiere jugar con trenes, aviones y cajas de
construcciones a jugar con castiIlos feudales, soldados y caballitos
de madera. La técnica tiene su romanticismo, y aquí, como en
cualquier otro punto, s610 hay que conseguir el acceso.
Con esto termina el bosquejo de la poliftjnica discusión sobre
la técnica en el periodo de tiempo que llega hasta el final de la se-
gunda guerra mundial.
2. SOBRE LA FILOSOFIA DE LA TECNICA
¿QUE ES TECNICA? TERMINO Y ESENCIA
Cuando en 1926-27 apareció mi Filosofía de la técn#?a Babia,
como decla en el capítulo primero, dos libros que llevaban el mis-
mo título. Uno de ellos, el de Era& Kapp, aparecido en W7, que
interpretaba la técnica, de acuerdo con las tendencias de aquel
tiempo, de una manera vitalista. La tCcnica era una "proyección
del órgano", una repetición de lo que la misma naturaleza forma
y realiza. Max Eyth ya había hecho frente con eficacia a esta con-
cepción unilateral. Sin embargo, tambiCn en esto exkte un núcleo
de verdad, de lo que trataremos al hablar de la cibernética. La otra
obra, aparecida por primera vez el año 1913, era la de Eberhard
ZiwMnmrcf, de la que ya hemos hablado detenidamente en el capf-
tu10 anterior (S 11).
Pero la Filosofía de la tdcnica significa algo
de encontrarse en esos dos primeros intentos.
P Z;ss &E&@¶ ma &y a m&
cammto sea pe&Ae. En ello se presentan los distintos aspectos del
tema que han de ser considerados: aspectos antropológicos, histó-
ricos, sociológicos, psicol6gicos, ontológicos, axiolúgicos l y mli-
gi0508. Tiene qw darse forma a un lenguaje adecuado y ha de h;lb.
Axiol6gico = de mérito filosófico. Del griego %la, que sigaBat
to, dignidad, ranga.
136 FRIEDRICH DESSAUER
cerse una selección de principios furidamentales (categorías). Esto
lo intentó mi Iibio hace treinta años, después de que, en 1906, un
precursor (véanse el primer capítulo y la bibliografí?) realizara un
primer ensayo.
La discusi3n ha continuarlo desde entonces, estando repeti3as
veces de acuerdo con dicho lihro. En la presente cuarta edición, se
ha proseguido, utilizando lo ganado en treinta años de discusión, el
curso ideológico de las ediciones anteriores.
Ya hemos iridicado que el hombre fue técnico tan pronto como
apareció sobre la tierra y que cualquier hombre al que el destino
abandona solo y cin recursos, por ejemplo, en un naufrazio, en
medio de la natuialcza virgen, se convierte en técnico; es decir,
que sobre la base de sus cor~ocirninztos de la naturalezc, por esca-
sos que éstos sean, e inipulsado por la necesidad'y por el dese&
idea instrumentos y procedimientos que puedan ayudarle y, traba-
jando primero con la mano y más tarde tambiCn con herramientas,
trasplanta esos instrlimentos y procedimientos del carnpo de las
ideas y de lo imaginado al mundo de lo sensible. Esta definición
todavía ha de ser fundamentada.
Lo que, suscitado por una necesidad, ha sido así ideado, "in-
ventado" y producido, es siempre algo aislado, y estos procedi-
mientos y cosas no son sólo muy numerosos, sino tambien multi-
formes, pues las necesidades son múltiples y aumentan ilímitada-
niente al correr de los milenios.
Como ocurre en cualquier terreno objetivo, se trata siempre en
primer lugar de cosas aisladas: un pico, un raspador, un cuchillo
de piedra, un tejido, un traje, una. construcción lacuctre, una pala,
un arma, un adorno, un campamento, un fogón, un hogar y, con
el tiempo, miles de cosas más.
El que todos estos objetos y procedimientos están mutuamen-
te relacionados y poseen un carácter unitario; el que, utilizando los
terminos del refrán, no se trata sólo de árboles aislados, sino de
un bosque, lo advirtieron, unos cuatrocientos años antes de Cristo,
DI SCUSI ~N SOBRE U T~CNICA 137
&bates y sus discípulos, los socráticos. En ellos encontramos, y
en un nivel sorprendente, una conducta reflexiva que no se detie-
ne en los objetos aislados ni se contenta con su producción y su
utilización, sias q- quiere saber qué es lo que ocurre en con-
junto, por qué ocurre y cómo; que, por tanto, quiere conocer lo ge-
neral, planteando las cuestiones del ser y de la esencia, que son
precisamente las cuestiones originales de la filosofía, las cuestiones
ontológicas. En intentos siempre renovados de aclarar la cuestión,
y al principio bajo la dirección de Sócrates, se discute qué es lo
que existe ahí, y se intenta aclarar cuál sea la naturaleza de la
"Te~hne"(rh~vq) y de los "technites" o "technikos"(~;~Gr,; O ;:;fvuác),
es decir, de los artesanos, operarios, artistas y expertos. De eilos
hemos recibidq el término técnica, y no sólo la palabra, sino tam-
bién una profunda visión de su sentido. El análisis socrático de la
técnica pasó a ser en la madurez de Platón un elemento construc-
tivo integrante de su filosofía, calificada (no con toda exactitud) de
ideología, que ha ejercido su influencia durante siglos sobre el
pensamiento occidental y que, todavía hoy, resuena poderosamente
en la obra de los pensadores contemporáneos.
Sócrates eEa picapedrero de oficio, como su padre, y su madre
era comadrona. Eso significaba entonces una baja posición social;
pero el filósofo que había en él le hizo renunciar al ejercicio de su
profesión técnica, lo que le llevó a ser pobre, si bien, al mismo
tiempo, ejercía una poderosa atracción sobre los atenienses, espe-
cialmente sobre la juventud. A pesar de que no escribió nada, ha
podido rayar gran puesto en la filosofia, a través de Platón, su
gran discípulo, y del discipulo de éste, Aristóteles. Sabemos de él
a través de Jenofonte, pero principalmente a través de Platón y de
Aristóteles.
En los diálogos del joven Platón es Sócrates el interlocutor
decisivo, pero, en la madurez, fue separándose cada vez más de él.
Sócrates lucha por dos grandes ideas: La vedad (el saber) y
el him (el valor). Son Cstas dos cuestiones fundmentales de la
filosofía que se repiten en todos los tiempos, como ocurre, dos mil
aÍim desp\lés, en las cuatro famosas preguntas de la lógica kmtia-
na. Sócrates lucha contra el abuso fildfico de los distas, de
los oradores dialécticos, elegantes e inteligoxztes, que, por dinero
Q por honores, ejercen como arte a t a ijrrova h6-pp xpí t ava ~ool ti vs,
138 PRIEDRICH DESSAUER
el convertir con su palabra la cuestión más débil en la más consis-
tente. Sbcrates procede con seriedad: LQUC es l o que sé realmen-
te, cómo llega el hombre al conocimiento auténtico y seguro? ¿Y
que es el bien, lo propiamente valioso? ¿Cómo se llega a él, qué
debo hacer?
Para contestar a esto, Sócrates recurre a la experiencia, a su
experiencia en su propio ambiente srtesano, en el de las profesio-
nes "técnicas" de su tiempo. En el diálogo Gorgias, de Platón, y
también en otros lugares, se le reprocha a Sócrates: "Tii hablas
siempre de zapateros, curtidores, cocineros y rnidicos." Es decir,
de técnicos, pues los médicos se contaban entonces entre los tra-
bajadores manuales.
Sócrates recurre en los diálogos a los artesanos como ejemplos
para responder a sus preguntas. Aquí, en el terreno de la "techne",
el "poder", la realización y la obra dependen del "conocimiento"
del oficio. También decimos hoy día: "Sabe su oficio", es decir,
que tiene un auténtico conocimiento de él. Aqui se advierte algo
de lo que es el saber y de cómo está relacionado con el poder, con
la realización, con el objeto así producido y con el valor de Cste
como bien. El Sócrates de Platón sabe de la creación que parte de
una imagen (~iioc-eidos), de una idea previamente imaginada de
l o que ha de producirse o de hacerse; también sabe de la fal-
t a de arbitrariedad tanto de la imagen como del método, de la ma-
nera de realizarla, y sabe, por último, del valor como cumplimien-
t o de un fin, como utilidad y bondad para algo. En el diálogo
Krattjlos, dice Sócrates que, cuando se trata de producir una he-
rramienta, por ejemplo, una lanzadera de tejedor, lo decisivo es
la imagen, el "eidos", la "idea", y que esa imagen está condicio-
nada por el objetivo pretendido por el hombre, no siendo arbitra-
ria. El hombre, la esencia, la naturaleza y la imagen tienen su
origen en el destino del objeto, pero también lo tienen el "ergon"
(épi;u~), la obra misma, y su utilidad, su valor y su "bondad".
Aqui se percibe lo que más tarde llamaremos "campo de ejer-
cicio" en el que trabaja el tCcnico, y también que el cumplimiento
del fin es en la tecnica la base del valor, lo que más tarde liama-
remos "valor servicio", diferenciándolo de otros órdenes de va-
lores como, por ejemplo, el valor de canje (valor dinero) de la
economía. Según Sócrates, el valor se basa en todo caso en la
naturaleza del objeto, y en el diálogo "Eut&demW se califica de
absurdo el hablar de un bien sin indicar para quC es bueno. E¡
concepto de lo "final" o "teleológico", de la regencia del objetivo
(desde el punto de vista humano) o del fin (desde el punto de
vista de la cosa), está completamente claro en Sócrates.
Continuando en esta dirección llega (en el diálogo "Charmi-
des") a una ih&i£bci&n del poder coa el saber. El pde r del
tknico es saber y, por ello, es legitimo y b-,-es decir, valioso.
El saber se fusiona con la esencia y el valor en la unidad de la
'4te~hne1'. Esto es ampliamente aplicable (según el diálogo "Ion")
a las actividades humanas; así, dentro de cada especialidad, en las
actividades de un piloto, de un pintor, de un músico, de un pica-
pedrero, de un médico, de un conductor, de un pescador, de un
pastor, de un general, de un tejedor y de un deportista, se trata en
cada caso de "techne", de conocimiento, de saber y, por ello, de
pqder; es decir, de acuerdo con el filósofo 1. Geyser, de-- &r
teórico-priictico.
-
Este concepto general de lo tCcnico, aplicable a todas las acti-
vidades posibles, se entuentra también hoy en el lenguaje corrien-
te. La "técnica" de un violinista, de una administración, etc., alu-
de muchas veces, de una manera algo vacilante, a lo que puede
aprenderse con la práctica (tocar el violín), casi a lo que se ejecuta
externa y rutinariamente. Este concepto de la tkcnica no es idén-
tico al tema de este libro, al concepto de !a tCcnica en sentido exac-
to. En seguida estableceremos las características distintivas. Aquí
ya se advierte que esta plena fusión de la realización (del poder)
con el saber, que se repite siempre en las exposiciones socrático-pla-
tónicas, no respnde al actual concepto de la técnica, que es mu-
cho más que un puro saber y tambiCn más que la "ciencia natural
aplicada", porque contiene en sí un elemento creador-formativo, un
elemento " i n ~d v o " .
En la filosoffa swrática se utiliza ahora el modelo de la "techne",
en la que el p d e ~ descmsa &e el saber y ae fasba asa da para
tratar la cuestión fundamental del bíen, del valor y de la virtud.
Esto conduce a la afirmación socrática de que la virtud se basa
en el conocimiento y en la verdad y puede m s e ~ . Asf como d
estudio. siguihca en la "techne" ía adquisici6n de colfocimientos
(que es igual a adquirir la verdad) y, c m ello, la adqarsición dd
140 FRIEDRICH DESSAUER
poder (caso, por ejemplo, del jinete o del albañil que, aprendien-
do v practicando, ridqtiieren el saber y el poder y precisamente así
llegan a ser un jinete o un albañil, ejerciendo su actividad sobre la
base de sus conocimientos), así también ser5 justó el que haya
aprendido la justicia. También la valentía, la amistad y la piedad
se basan, análogamente a lo que ocurría en el caso de la "techne"
en el saber, y, por tanro, han de adquirirse aprendiendo. y tienen su
origen en el conocimiento (?r-)qcric-phronesis), como cualqirier ac-
ción recta (i16<)c :r,í:r=::-i -orthos prattein). El que así obra, obra
bien, lo que significa el paso de la "techne" con su utilidad ("bue-
no para algo") a! plano de la bondad moral. En el diálogo ,%lenon
enseña Sdcrates que todo lo bueno es útil, y todo lo malo, perju-
dicial, y que la s;ibiduría (sopla-sophia), el saber y el conocimiento
sor1 los que hacen que los "bienes" (como la riqueza, la salud, el
honor y el poder) sean realmente bienes.
Así se llega a la identificación de la virtud con el saber. El sa-
bio es el bueno. (Diálogo Luches, y también en el Estado, libro pri-
mero, y en el diálo$o Protágnras.)
Lo que sorprende especialmente a nuestro pensamiento actual
es que la "techne" es llevada a una estrecha relación con la ética,
<
con la moral, y que con su componente utilitario (bueno para ...)
pasa a ser modelo para el bien metafísico, que, con ello, también
queda basado en la utilidad (es también bueno para...). En las ac-
tuales discusiones sobre la técnica, ésta es calificada por muchos
autores de éticamente indiferente. La cuestión de las relaciones en-
tre la técnica y la ética hemos de tratarla más tarde, y esto son
sólo indicaciones para la previa exposición de las opiniones socrá-
ticas, que nos han sido transmitidas, aunque sin identificarse con
ellas, por el joven Platón.
Aquí no podemos proseguir el curso de estas ideas, que con-
tienen un importante conocimiento que, desde entonces, ha jiiga-
do un papel en la historia de la filosofía, p r o que, solas, resultan
insuficientes. Esto fue para Platón, en su madurez, cada vez más
claro. Sabia que el saber (por muy positivamente que haya de ser
valorado en sí mismo) no es suficiente para una fundamentacidn
del valor y del bien. Siguió buscando, y esa búsqueda le condujo
a su grandiosa ideología, que ha seguido en vigor hasta nuestros
dias. Sabia que tiene que haber normas a pií?ri, anteriores E.
DISCUSI~N SOBRE LA TÉCNICA 14 1
1 \
cualquib experiencia y a todo pensar y hacer humano. Pl at ón re-
bate irónicamente a su maestro diciendo que si el saber y el cono-
cimiento mismos (y la acción que tiene su ori gen en ellos) son el
bien, entonces serían equivalentes el embustero y el hombre ve-
raz, el ladrón y el guardián, pues ambos saben l o que hacen. Es
característico en Platón cómo presenta simbólicamente al bien, del
que no admite que pueda ser definido: así c omo el Sol proporcio-
na en el mundo material luz, vida y desarrollo a todas l as cosas,
así es también la idea del bien, en el reino d e lo inmaterial, la cau-
sa primitiva para el conocimiento de aquello cgue existe y tiene rea-
lidad. Y esa idea se encuentra por encima de t odo ser, es supe-
rior a todo en poder y en categona.
Para nosotros tienen importancia Sócrat es y su "techne". S6-
crates se interesa por el camino del conocimiento y ha si do califi-
cado de primer teórico del conocimiento. Pe r o s u punt o de parti-
da es aún más profundo y le interesan el dest i no del hombre, sus
búsquedas y sus errores. Tiene, empleando palabras actuales, un
punto de partida filosófico-existencial. Y, d e acuerdo con s u ori-
gen, utiliza la creación instrumental-técnica, y otros fenómenos si-
milares, como camino para el conocimiento d e la verdad (del sa-
ber) y del bien. Este es su objetivo. No se pregunta por la esen-
cia, por el sentido, de lo instrumental-técnico, sino que 10 t oma
como algo conocido y asequible a todos y l o utiliza como modelo.
Pero, al hacer esto, tiene que enseñarnos. aunque no sea Csta
su auténtica intención, lo que él mismo s abe d e l o instrumental-
técnico y qué es lo que quiere expresar con su "techne". Y es mu-
cho lo que tiene que decir sobre ello, m á s de lo que di cen muchos
autores actuales en la controversia sobre la técnica. Sócrat es sabe,
en @ lugar, que a cualquier reaSiaci6n tCcnica precede el co-
nocimiento de la cuestión. Sdir; Eg. &ase 80 km cea~tmakmta nat ural ,
ahbL.ticlyé-I- Y , E ~ Q
téeaka. Cuant o ma-
yor sea la base del conocimiento, t ant o mayor s e d la posibilidad
de realizar obras técnicas. Sócrates sabe en se
dos &j&am s o k ~ e s :
bm En él está t a t a h ~ t e clara el principio final. T
te de uria .kiqm5-*4&m+ de fa obra, de iia
ginado, de una "idea" del objeto qut ha de ser producido.
cuando se ha cumplido la pri- eoadici6n aa del saber y
142 FRIEDRICH DBSSAUER
nocimiento), nace la obra ( 6p- p -ergon a través de la acción y a
causa del objetivo, y cumplirá su fin como "orpanon" (Upvuvov).
p: bajo esa condición del conocimiento (F~-(ÓYT,Z:. véase m b
ar a), y de acuerdo con él, no casualmente, se realizará el ob-
jeto. Y, e, cumplirá con el fin que se propuso el técnico
,
(rc/-.irrr,c, I ~ V L X ÓC, véase más arriba), y. por tanto, será buello para ese
fin, tendrá valor. Sócrates está muy lejos del error, corriente hoy
en día, de entrelazar o, incluso, de confundir In "techne" coi1 la
economía.
Y así nos enseña seis rasgos fundamentales de lo técnico. que
aún hoy son válidos. Entonces era todavía demasiado pronto para
concebir 'totalmente la esencia de la técnica en el sentido actual;
la base era todavía demasiado estrecha y no se hacia con suficien-
te claridad su diferenciación con otras actividades humanas, in-
cluidas por Sócrates, como montar a caballo o tocar la flauta.
§ 2
EL CONCEPTO DE LA T~CNI CA EN PLATSN Y EN KANT
Cuando Platón, ya en la madurez, percibió la insuficiencia de
la "techne" socrática, como modelo del raciocinio ?ara fundamen-
tar la verdad y el bien, y desarrolló su grandiosa ideología, el con-
cepto de la "techne" siguió, sin embargo, conservando una influen-
cia teológica. Platbn establece una jerarquía de ideas que culmina
en la idea suprema de lo bueno el: sí (es decir, de lo que ya no es
sólo bueno "para algo"). Esta idea suprema es "telos" (ii?.~;), sen-
tido. fin y cumbre de las ideas subordinadas, participando en ella
lo que a ella se refiere. El concepto platónico de la participación
resulta as! del concepto de la "techne". iMás adelante observaremos
que en el examen del valor propio, del sentido y del "ethos" de la
técnica se repite el concepto de la participación de lo individual en
un conjunto. La teología y la filosofía cristianas llevan la especula-
ción basada en la "techne" a la concepci6n del Dios Creador del
mundo, del "fabricator mundi" y del Demiurgo, llegando con ella
hasta nuestros dfas como una ideología socrático-platónica.
Demos ahora un salto por encima de 2200 años. Sócrates nació
el año 470 antes de Cristo y el 399 tuvo que apurar el vaso del
veneno. E m u d a hijo de artesanos como Sócrates, nació
en Unigsberg el 1724 y murió en el mismo lugar el año 1804,
legándonos una extraordinaria obra intelectual. Veamos ahora (des-
pués de las indicaciones del primer capítulo), c on más exactitud,
lo que dice de la t&nica quien ha pensado y escri t o sobre t ant as
cosas.
Kant, dicho brevemente, no EZ ocupa de la técnica, que e n su
tiempo ya mostraba actividad avnque todavía n o er a percibida como
fenómeno mundial problemático. Este aut or llegó a la Filosofía
fuertemente impresionado por la Física y se ocupj de cuestiones
cosmogónicas, tratando en sus obras, junto a las tres grandes Crí-
ticas y entre otros muchos asuntos, sobre probl emas fundament a-
les de la ciencia natural, sobre el origen del género humano, sobre
el problema de la teodicea, sobre la paz perpetua, sobr e la polé-
mica entre Facultades, sobre lógica, religión y antropología. EL tér-
mino "t hi ca" se encuentra en sus escritos, pero no en el sen-
tido de nuestro tema. Kant habla en la CriLica Qel juicio, su terce-
ra gran crítica, "de la técnica de la naturaleza". La tercera (y más
oscura) de las Críticas se ocupa, más allá de l conoci mi ent o expe-
rimental, de "ideas" que, sin embargo, son tratadas como si fue-
ran experiencias. La percepción que tuve Goethe de una planta
primitiva era una idea en este sentido (conversación de Schiller con
Goethe en julio de 1794) y no una experiencia adqui ri da con la
vista en el Jardín Botánico de Palermo, c o mo creyó Goethe. Kant,
que comprende magistralmente la situación, t rat a ní t i dament e de
la cuestión del juicio. La utilidad es una idea dominante, y la
excelsitud, la belleza, es decir, una utilidad sin objeto, y la "liber-
tad en la manifestación" son temas. En relación con esto, Kant es-
cribe sobre la técnica de la naturaleza: "La espont anea belleza na-
tural nos revela una técnica de la naturaleza a l a que presenta
como un sistema regido por leyes cuyo principio no lo encontra-
mos en toda nuestra capacidad intelectual; este principio es e l de
una utilidad respectiva al uso del juicio en la contemplación de
los fenómenos, de tal manera que éstos, en su mecanismo sin ob-
jeto, no sólo han de ser juzgados corno pertenecientes a la natiua-
l ea, sino t ~mMn en analogía con d arte.,."
"Al l l a u n a r * d ~ da b -8,srikt;oo &-lQs
F 03m6 h dividimas
(es decir, a esta t6cnica como procedimiento) e m - (techni-
144 FRIEDRICH DESSAUER
ca intenrionalis) y en inintencional (technica natuialis)." Y más adc-
!ante: Sin embargo, sólo podenios afirmar que "por la condición y las
lirnitacicwcs de nuestra capacidad de conocimiento sólo podemos juz-
gar 1d re.ilizaci6n de !os productos naturales a través de una irite-
ligencia superior como causa universal". "El concepto primordial
que emana del juicio es ... el de la naturaleza como arte o, con otras
palabras. el de la técnica de la naturaleza ..." Esta opinión puede
relacionarse con la "techne" socritica: La naturaleza tiene una
"techne" de la creación. ordenada a un fin y similar a la reali-
zaciúr? artística.
En otro lugsr (A?~fa;igsgrii)ide der Naturu~isse~zschaft, 1786) se
encuentra una definición de Kant sobre la máquina: "Se llama
máqiiina a un cuerpo cuya fuerza motriz depende de su forma."
S e g ú i i Kant. las máquinas no son más que herramientas de fuer-
za motriz externa. En 13 Crítica del juicio se encuentra también
una observacijn sobre la mzíquina: "La causa producente de una
m;i~juin,i se encuentra fuera de ella y, por ello, son incapaces las
r n á q i ~ i ~ i a s de producir otras iguales, de reemplazar a las partes que
se separan de ellas y de repararse a si mismas. Un organismo no es
una máquina, pues tiene fuerzas formativas en sí mismo."
En las obras de Kant Theorie des Himmels y Anfangsgriinde
der ~Vrrturzuiss~nschaft pueden leerse todavía algunas observaciones
sobre la mecánica, lo mecánico y el mecanismo. Sobre la técnica,
tal como atemorizaba a Goethe jr llenaba de esperanza a Stifter,
como fenbmcno causazite de expectación en la actualidad. no se
puede encontrar nada.
BIBLlOGRAFIA SOBRE LA "TECI-INE" DE SOCRATES
Sobre Platón y Sócrates:
W. WINDELBAND, Plato (1.' ed. 1900).
G. K ~ F K A , Sokrcites, Pinto und der Sokrntiscke Kreis (1921).
H. MEYER, Geschichte der altzn Ph~losophze (1925) jetzt = Cesch. d. abendl.
I~'~~ltíitzschuuung. tomo 1 11947).
V. 'C$'ILAMOWITZ, Plato. 1 y 11 (1919-20).
C. RITTER, Die Kerngedanken der Platonischen Phtlosophie (1931).
H. MAIER. Sokrutes (1913).
C. RITTER, Sokrates (1 931).
C. RITTER, Platon (1, 1910; 11, 1923).
P. FRIEDLANDER, Platon (1928-30).
K. SCHILLINC, Platon (1948).
E. HOFFMANN, Platon (1 950).
O, APELT, Platonische Aufsatze (1912).
M. POHLEKZ, AUS Ptatons Werdet ei t (1913).
DI S CUS I ~ N SOBRE LA TÉCNICA 145
J . STEXZEL, Platon der Erzieher (1928).
W. JAEGER, Die Theologie des frühen griechischen Denkens ( 1953) .
El tema de la "techne" socritica, del que nos hemos ocupado en el apar-
tado anterior, es tratado detenidamente por:
JOH. HIRSCHBERGER, Die Phrmesis in der Philosophie Pl at ons (Leipzig-Die-
terichsche Verlagsbuchhandlung. 1932). Contiene numerosas índicaciones
bibliográficas y ha sido utilizado con frecuencia en nuestro trabajo.
Una corta exposición del mismo autor se encuentra e n s u Geschi chrc dcr
Philosophie. 1 (2.' ed. Friburgo, Herder 1954).
El tema de la controversia &versa1 y, p o r consiguiente, de est e
libro no se refiere a una "techne" en senao general , que com-
prendería la técnica de la equitación, la musi cal y ot r a s análogas.
No tratamos de lo que puede aprenderse- prácticamente, ni de lo
rutinario, ni del curso externo, por ejemplo, de un recital, s i no
- - - -.--
de la técnica como una potencia del destino, como unFctor cultu-
-e--
a e n el más amplio sentido de la palabra. hi st óri co y transforma-
dor del hombre y de la humanidad que cambia la faz de la tierra.
Existe una gran cantidad de propuestas de definición, y en el
apéndice a este capítulo damos un pequeño número de ellas. La
mayoría de los intentos adolecen de que s u s autores, part i eron d e
una postura previa; sea de un sistema filosófico det er mi nado (como
Zschimmer, que parte de Hegel y de Car l os Marx), o d e un bio-
logismo, que en su tiempo dominó al pensami ent o (caso de Er ns t
Kapp), o de un principio económico o, incluso, de Un resent i mi ent o
pesimista, de una contrariedad causada por i nconveni ent es reales
o supuestos para los que se buscaba un "burro de carga". Nosotros
buscamos el acceso, como en las ediciones ant eri ores, a Ia moder na
postura imparcial, que responde, aproximadamente, a la fenome-
nologfa 4Husserl) y a k teoría del objetw-fMtinong), Esto quiere
decir, en palabras más sencillas, que i nt ent amos dejar Babhs a l
objeto mismo. Lo buscamos, apwtándonos en cierto modo de
nosotros mismos, p-.-'
No -queremos quitarle ni añadirle nada.
Con esta intención protbndizamos en los comierms tan lejos
como es posible: Como ya se explicó en el primer capftulo, entre
los objetos puestos al descubierto por la investigación prehi st óri ca
146 FRlEDRlCH DESSAUER
y en las excavaciones de tumbas, que tal vez tengan una antiguedad
de hasta un millón de años, aparecen instrumentos realizados por
la mano del hombrc que tienen gran importancia para la investiga-
ción, pues su presencia demuestra que el hallazgo concierne a un
"homp sapiens" y no a una forrnz~ anterior. Un instrumento de
pedernal o de hueso, como un pico, una punta de flecha o una
alhaja, o los rastros de un hogar, sirven de prueba para ello. Es-
t os hallazgos ponen de relieve el uso y la realización individual de
los objetos. Así rozamos la cuestión, que no podemos solucionar,
de In técnica de los animales. Las arañas, las abc.jc~s los castores.
las !iormig,is v otros anirnales realizan obr,is marrivillosas que. como
obras cuya utilid. ~i supera en parte a la dad'i en el mcdio aiilbiente
naiural. reclaman 1 nuestros ojos ser fundamentalmente equipara-
das a los objetos calificados de productos técnicos del honibre.
Fst a cues~iiin de la "técnica de los animales" no la tratarnos en
este !ihro y nos contentamos cori poner de relicvc una diferencia
b.istante segrira J . clara: la obra de los animales muestra un criric-
ter colectivo y fijo, Actualmente no sabemos de nirigí~ii animal ais-
lddo dotado de inventiva, por ejemplo, de tina araiia que intente
y produzca un nuevo tipo de tela o de una abeja que mejore sii vi-
vienda. Esta laguna sin rellenar de nuestro conociinicnto es llama-
da "instinto". Con ello se menciona una disposición para reaccio-
nar y actuar convenientemente ante las situaciones presentadas
por el medio ambiente, y se acepta que es, ciertamente, algo psí-
quico, pero no meditado conscientemente; e5 decir, algo carente
dc reflexicín. Tratándose del hombre "dotado de intención" y t6c-
nicrtinente creador, la experiencia muestra inequívocamente que las
formas de su crelción se encuentran ligadas a una actividad racio-
nal coriscieiite e individual de la persona. En esta obra no nos ocu-
panlos de la técnica animal, y tampoco dc aquella cjuc ocasional-
mente ha sido calificada de t6cnica biológica, sino sólo de la que
procede de los hombres y cuya esencia es l o que estamos bus-
caiido.
Lo revelado por los más antiguos hallazgos ha sido confirmado
por los períodos posteriores. Los artefactos son cada vez más abun-
dantes, variados y mejores. El metal sustituye al hueso y al peder-
nal, y a la edad del bronce sucede la del hierro. Estas edades y la
etapa de transición entre la prehistoria y los tiempos históricos
muestran una creación cada vez más abundante de cosas necesa-
rias, útiles y bellas. Sobre esto hay suficientes obras especializadas.
Nosotros sólo necesitamos dejar sentado que el hombre, desde s u
primera aparición sobre el planeti liasta nuest ros días, y a tra-
vés de todos los milenios de su evoiuciSn, ha sido un creador que ,
lentamente primero y después cn un progreso cada vez más rápi -
do, descubría, inventaba y producía, y que, en est e sentido, h a
sido siempre un "técnico".
Muy expresivas, si no concluyentes en sent i do estricto, son al -
gunas conocidas narraciones, como la de Robi nson Crusoe, q u e
tienen por objeto la suerte de un hombre que a causa, por ejem-
plo, de un naufragio, llega a una p l a ~ a desconocida y defi ende su
existencia "solitario frente a la Naturaleza". La novela Robilzsolz
Cmsoe, escrita por Daniel Dcfoe alrededor d e 17Q0, fue un "best-
seller" y.un modelo para muchas parecidas, bas5ndose en un suceso
real. Un marinero llamado Selkirk fue l anzado a u!ia costa desha-
bitada del mar Caribe y tuvo que emprender solitario la Lucha con-
tra la Naturaleza hasta que, años despuSs, fue encontrado- y de-
vuelto a Ingiaterra. Su narración sirvió de base a Dan iel Defoe,
y su experiencia brindó el tema a esta y a ot r as i ~ovel as parecidas
de los tiempos pcsteriores. Este tema es el siguiente: ¿Qué hace
iin hombrc cuancio, separado de la sociedad humana, se encuent ra
solo frente a la Naturaleza virgen? La at ent a lectura de est os l i bros
revela que todos dan la misma respuesta: un hornbrc, en tales can-
diciones, se convierte en técnico, tiene que descubri r, i nvent ar y pro-
ducir, tiene que crear, y se convierte en t renzador y e n alfarero,
construye azadas, martillos, cestos, trajes y armas; En es t as hi st ori as
los náufragos repiten en rígor, y con diversas variaciones románt i cas,
durante años o décadas, lo que los hombres mas antiguos hicieron
en decenas de milenios, descubriendo e i nvent ando, i mpul sados por
la necesidad y el deseo, instrumentos, procedimientos, herramientas
y objetos que les ayuden en la lucha cont ra la hostilidad del medio
ambiente y en el aprovechamiento de lo utilizable. Los héroes de
estas obras se convirtieron en técnicos.
En el Robinson de Defoe y en otros l i br os parecidos se produce,
con el tiempo, algo nuevo al aparecer Viernes, el siervo, y otros
hombres. s &a k uaa formación social en germen, en la qw
le ~ ~ p s t l ~ cmdeee a la dZ~k16n &l abajo y al i~ercumbh
dekkms y ~ ~ i &gBecir,aua mwrc&.ekme&aL lo qsis, a
su ves, s @&h que k ecoñsrmira sa c o k a j wo a la ~écffscs. En
148 FRIEDRICH DESSAUER
esto conocemos que la técnica es anterior, que ya 'está en el mun-
do con el hombre individual, mientras que la economía tiene por
condición la pluralidad social, existiendo, por tanto, con posterio-
ridad. Por consiguiente, ya existe desde el pri mq principio la dife-
rencia entre sus Órdenes de valores: cal or técn+s el valor ser-
uicio de ios objetos y procedimientos aislados realizados por el
hombre, y valor ecoñ&i?o> el valor en canje en la sociedad, en
la pluralidad; el valor en el "mercado" por la distribución de los
bienes y servicios. Este arco de lo social que llamamos técnica se
tiende desde el pico del hombre primitivo hasta la máquina de cal-
cular electrónica, hasta la central de energía atómica de hoy y los
viajes espaciales de mañana.
Es desde siempre un hecho que el hombre, al contrario que
Iss plantas y los animales, no se somete resignadamente al medio
ambiente, sino que lucha contra él, lo conipleta y lo enriquece, tan
profundamente por último, que acaba por vivir y habitar en un am-
biente creado por él misnio tal como ocurre hoy día. La cuestión
es: ¿Qué impulsa al hombre a actuar sobre la Naturaleza y cómo
consigue hacerlo?
S 4
FUERZAS FORMATIVAS DE LA TÉCNICA HUMANA.-"HOMO, INVESTIGATOR";
"INVENTOR", "FABER".-FORMAS ESPACIALES Y TEMPORALES.-LO QUE
APUNTA MAS ALLA DE sí MISMO
El bosquejo de visión retrospectiva sobre los comienzos ya per-
mite conocer las fuerzas formativas de la técnica. El hombre, como
puesto en la naturaleza reacciona ante
en distinta forma que una pIanta o
todo simplemente, sino que se plan-
tea las cuestiones del qu6, del cómo, del porqué y del para qué.
El hombre quiere saber, ha sido creado por la Naturaleza como
"homo invectigator", como hombre investigador, y se pregunta por
4 as causas y los efectos, por lo conveniente y lo perjudicial; es
decir, que valora. El hombre conoce causalidades, relaciones y de-
pendencias. Desde el principio tiene "conciencia". La palabra la-
tina "conscientia" significa un saber acompañante (con-), una viven-
cia de los propios procesos intelectuales y anímicos. una percep-
ción o, al menos, una disposición para esa percepción del "yo". Los
animales también conocen sensorialmente-a sus enemigos, a sus
presas-pero se supone que esto sucede sin ese acompañami ent o
reflexivo referente al yo. El hombre conserva l as impresiones de
sus percepciones, como ideas con las que puede operar, y "refie-
xiana" sobre ellas; es decir, que se pregunta por el qué, el cómo.
el porqué y el para qué. La capacidad imaginativa, Ia fant así a, com-
b i ~ a junto a esto el material brindado por la memoria, los tv-írju:~ascr
(inscri~ciones, impresiones) de los recuerdos, y así nace l a segunda
disposición primitiva del hombre basada en su naturaleza: l a ca-
pacidad de creación.
El hombre, por su naturaleza, es también "hosio iriventor", un
ser creador. Junto al mandato original d e querer saber (el man-
dato de la verdad), porta también en sí el de l a creación combi na-
toria, impulsado y animado por las circunstancias de l ambi ent e, por
la Naturaleza y las posibilidades, por temores y deseos. Esto le
hace capaz, en el marco de sus conocimientos naturales, d e ser
creador; esto es, capaz de crear racionalmente y en or den a u n fin
lo que la naturaleza no pone a su alcance. Esta creación es si empre
final, está siempre ordenada a un fin, lo que significa que s u úl t i ma
forma ha sido previamente imaginada. Es una act i vi dad emínen-
temente intelectual. Así se forman imágenes intramentales, i nt er-
nas, vistas en la fantasía generalmente vaga y nebul osament e al
principio, pero que en la "reflexión" y a través del cont r ol y del
conocimiento de la Naturaleza se vuelven más claras y concretas,
de tal manera que la fantasía supone una tercera disposición pri-
mitiva del hombre. Este es también "horno faber", hombre - cons- '
tructor. &Particularmente con sus manos (y con herrami ent as) -es
capa de trasladar sus ideas y sus descubrirnien t os de la esfera
intrauaental del mundo de las ideas o1 mundo exterior que le ro-- -
da. Esto ya sucede de una manera previa cuando, por ejemplo,
hace un bosquejo o un dibujo de lo que pretende construir, como
ya ocurría realmente en la edad de piedra. Y sucede definitiva-
mente cuando, como "horno faber", construye con pedernal, des-
puds de rnucbos fallos .y repeticiones, un raspador, un cuchillo, un
taladro, una punta de flecha o un hacha, tal como los haMa ima-
ginado. Y WMCn sucede cuando, en d 6 n con otros y con un
mdtodo, dibujos e inventarias, construye un moderno aparato, como
un microscopio, un televisor o una central atómica de energía. Se
150 FRIEDRICH DESSAUER
';a
trata siempre de la cmpna~' n de las tres capacidades primitivas
del honibre con10 "investigator", "inventor" y "faber" Actúa siern-
pre, en tanto hs conoce, en el marco de las leyes na:uraies. perG
más allá de !o ofrecido directamente por la Naturaleza; siempre
de una manera final, dirigida a un fin; siempre, en primer !usar.
intramc'ntnl o inmanentemente en el mundo del pensamiento y de
las ideas del espíritu reflexivo, padndose despuis ril mundo Jt. lo>
sentidos por medio de la elaboración (intelectual y nirinual). 1.0s
objetos técnicos toman su rasgo causal de la primera C ; I F ~ C I ~ J ~
prirniti\.a, del mandato del conociniiento. Una creacihi técnica "fun-J
ciona" cumpliendo leyes naturales, es decir, en un ordenamiento
esencialmente causal. De la disposición creadora del hombre. de
su tli~nitnda) capacidad de crcacinn, toman esos obj>tos SLI ras-
go final o teleológico (:i'i.o; -fin), y. partiendo di. ln esfera del
"homo faber", se vinculan con la nic.dida dc la capacidad hurnrino
7
físico-biolbgica, con la abundancia y limitación rle lo que los tjr-
sanos humanos, las manos sobre todo, pueden corictruir diri.crri-
tnente o por ~ne di o de instrumentos (hcrrainientas, máquinas. pro-
cedimientos). Pues cl iiornbre tal i e z cz capaz de construir un p!a-
netoide, pero no una vía láctea.,
La consideración de la técnica como expresión y producto de
!as disposiciones primitivas de! hombre aún necesita ser comp!e-
tada. Lo que así nace puede ser una creación espacial: Un ins-
trumento, un producto químico, una máquina o algo análogo, es
decir, una forma espacial. Pero también puede ser ian método, u n
procedimiento, o sea, una forma temporal. Y ambas formas consti-
tuyen los objetos técnicos. Tanto los procedimientos-por cic'm-
plo, el de encender, mantener y extinguir el fuego o el de 13 prodiic-
ción de ácido sulfúrico-corno los utensilios-por ejemplo, los rc-
cipientes, las conducciones y bombas necesarias para ello-tienen
un triple carácter unitario: ,)Todos han sido creados (inventados),
en primer lugar, superando lo ya creado y encontrado previarncnte
en la misma ~ a t u r a l e z a ; ~ ~ t o d o s han pasado históricrnnente de la
no existencia a la existencia y3jodos están estrictamente ligados al
cumplimiento de l as leyes naturales
Un segundo complemento, importante para el siguiente capi-
tulo, e s l a indicación de que las formas técnicas espaciales y tein-
porales pueden señalar, a causa de su finalidad. más allá del pro-
pio campo técnico. Esto no es así sólo en la tCcnica, sino que se
trata de una característica muy general d e la creación humana. Un a
ley no permanece en el campo de l o jurídico, s i no que por s u sen-
tido y su destino, o sea, por su fin, se di ri ge más allá, s obr e la
sociedad humana. Una droga farmacéutica se sal e del c a mp o de
esta especialidad para dirigirse a la conser vaci ón o a la recupe-
ración de la salud, y lo mismo ocurre con una obra musi cal que,
saliendo del campo de la música, se di ri ge por su fi nal i dad a sat i s-
facer una necesidad humana difícil de r econocer y de expresar. Y
así ocurre en muchos otros campos, no sólo e n el d e la técnica. Un
libro. en su forma espacial, es un objeto t écni co, pero, por su con-
tenido, se dirige más allá de la misma t écni ca. Es t e hecho de que
casi todo lo perteneciente a una especialidad señal a, por su fina-
lidad, más allá de ella, hay que tenerlo cont i nuament e pr es ent e a l
examinar los órdenes de valores.
LA TÉCNICA COMO CUMPLIMLENTO DE IDEAS INTENClOXALES HUMANAS'
A TRAYÉS DE LA CREACI ~ N DE FORMAS ADECUADAS AL OBJETO
El estudio de las fuerzas formativas i nt er nas del h o mb r e que
llevan a la técnica conduce también al mi s t er i o d e la t écni ca, a ese
residuo sin solución que permanece en t odos l os esfuerzos por
aclararla, interpretarla y definirla. Para mostrar esto es necesa-
rio aclarar dos conceptos, cuyo inexacto uso y definición ha oca-
sionado confusión en el pasado (aun en el caso de aut or es muy
buenos).
Se trata de los conceptos "fin" y "objeto", que no son i dént i -
cos. Un fin, tener una intención, presupone una conci enci a. El
hombre puede tener fines, tender a' un fin. Pero no un anstrurnén-
tu, que s61o puede cawqdir c m su objets, El mi croscopi o cumpl e
con su objeto cuando hace visibles a un buen examen obj et os muy
'
pequeños. Pero el conseguir esto fue antes el fin del inventor y- ;
de los constructores del microscopio. EL /&a es ant&r, y provoca ;
en la técnica el nacimiento de imágenes ideales, que des pds tras-
cienden en el invento y en la producción. El prarih&m d
0 b ) r é O e s ~ .
El misterio de la naturaleza de la técnica se oculta en la cues:
152 FRIEDRICH DESSAUER
tión de cómo es posible que, partiendo de fines intramentaies, es
decir, imaginados y pretendidos, tengan en definitiva su origen for-
mas espaciales y temporales (utensilios y proceilirnit:ntos>, que por
su condición (su estructura científica y final) Ilevnn en sí la posibi-
lidad de cumplir como objeto lo que el hombre había conternpla-
do en su conciencia como fin. El problema fundamental estribri en
la tra~zsfonnación de esas ideas inrencio~zales en cosus forni[r!cs d 21
mundo esterior adecuadas al cumplimiento dc su objeto. El in-
tento de solucionar esta cuestión no sólo conduce a !os mi s prh-
ximos fundamentos psicológicos y, en general. antropol6gicos. sino
también al trasfondo metafísico. Pues es evidente que a la maricrJ
de ser del hombre como investigador, descubridor y elaborrtdcr ha
dc corresponder análogamente una manera de ser cósmica que no
existe y no está formada ni cumplida, pero que contiene como po-
sibilidad, potencialmente, la "esencia" de las formas que purlien
ser descubiertas (sil condición, su naturaleza); de otro modo. :lo
podrían ser descubiertas, "inventadas". En el seritido de la i icjn
distinción filosófica (la llamada distinció~i real entre la mriiiifes-
tación dc la existencia de la mera presencia y la manifestrici~jn d: la
esencia, es decir, de la naturaleza y de la quididadj, ~ t o quiere de-
cir: Todos los objetos técnicos que son inventados no "euistí,in"
con anterioridad. Antes de ser inventado no había ningún micrcs-
copio. Pero la condición, la esencia de los objetos, como, por ejeni-
e
plo, la del microscopio, ya estaba en el cosmos, pues de otro niodo
no hubieran podido ser descubiertos.
Mas tarde aún hemos de volver sobre estas cuestiones, pero aho-
ra consideraremos en primer lugar otros r\spectos de !os objetos t2c-
nicos.
A las íuerzas formativas humanas de las que procede la "técni-
ca'' corresponden caracteristicas de los objetos técnicos. Todo pro-
ducto tkcnico tiene estas características, y aquel objeto que las re-
una todas será siempre un producto técnico,*sea una forma espacial,
'como un instrumento, 'un producto químico o algo similar, sea una
forma temporal, como un mCtodo o un procedimiento.
DIsCUSIÓN SOBRE LA TÉCNICA 153
;) La primera característica estriba en la estricta vinculación de los
objetos con las @es naturales, pues al cumpl i rl as sirven a SU fin-
No existe ningún producto técnico en c o n t r a ps i c i ón o fuera de l as
leyes naturales. Un microscopio, una medicina. un avión, una vil-
vula osciladora o cualquier otra cosa q u e sea escogida como ejem-
plo, "funciona" siempre, es decir. cumple s u objeto, de una mane-
ra causal y a través de un proceso basado en l as leyes naturales.
Pero este proceso causal y basado en las le:-es nat ural es está
dirigido al cumplimiento del objeto, está di ri gi do teieoIógicamente.
En las ciencias naturales inorgánicas (física y química), el rasgo fi-
nal no es decisivo y los investigadores act úan en ellas atendiendo a
la causalidad y a la probabilidad. En las ciencias nat ural es biológi-
cas es inequívoco y utilizado universalmente como principio d e in-
vestigación el rasgo final, la orientación de l as cél ul as y órganos de
las plantas y animales hacia la totalidad de l ser, pero. al mismo
tiempo, está poco claro. Más arriba vimos cómo habl aba Kant so-
bre la "técnica naturalis" del ser viviente "a caus a del f í n sernejan-
te". Kant se inclina a ver en los objetos un el ement o basado en las
f7rmas ideales y de pensamiento humanas, si endo seguido por mu--
chos biólogos. Pero =.las creaciones técnicas al rasgo %al, la far-
nla adecuada al iin, es objetiva, está marcada par la imagen flnaI
) del objeto imaginada por su "creador" humano. Si n finalidad como
característica esencial no puede hablarse de t écni ca. El objeto téc-
nico sólo es téenieo en tanto que cumple con s u fi n. En est o estriba
el fundamento del orden objetivo de valores (orden de valor-servi-
cio) de la técnica, Los medios y elementos de const rucci ón o de
procedimiento del objeto técnico se integran en el sentido final. El
fin visto por su "creador" los elige y los ordena haci a una forma
unitaria adecuada al objeto pretendido, por ejemplo, fabricando un
reloj o un telescopio. La bzrnaci 6s del objeto técnico se efectúa en%
todas las fases como formación, disposición, encauzamiento y actua-.
lización de materias y energías dirigidas a la creación de un con-
junto existente de hecho y eficaz.
Las causas des de la mIieació.11 y aplicación tkaicas se o m i ~
cuep-. ~ a ; b a h u u b d de mesidda+ Y 1
olsi hemke. Y es aquí donde la dcnica señala más allá de si mis-
ma. El fin de la construcción de casas no es la c;asa, sino el habitar.
en ella; el fin de la impresión tipográfica no es el libro, sino la co-
municaci6n. Esto no os s6l0 así en la técnica. coma ya que& ex-
puesto más arriba. Y también aquí se diferencia el fin, lo consciente
del hombre, del objeto, que se encuentra inscrto y encerrado en
la forma. El niicroscopio aumenta, pero el fin es más que eso: co-
nocimiento de1 mundo de los pequeños objetos. El fin es nlci!yor, i
suyeridr !I trzcís cz~tzplio que el objeto d: las cosas.
~un; o a los rasgos esenciales de la finalidad y dc la adecuaci6:i
;i las 1c'yc.s n3turalcs encontramos como tercera caracterisrica la
elabaiación a t r a vk de la mano del hombre, que puede realizarst:
directamente o por medio de herramientas, máquinas o instrumen-
tos. Esta carrrcterística es evidente incluso en la más niodcrnri pro-
diicciijn en masa a trav6s de autómatas, pues el mismo auten13tri
tiene su origen en el trabajo del hombre, procediendo de sii cere-
br o y de su niano.
La uni6ii en un objeto de estas tres caract erí st i c; ~~ !o c;il:ficri
como pertenccientr al campo de la técnica. Pero esta no quiere de-
cir que sjlo pzrtenczca a la técnica. Una iglesi:i es. jior ejc.rii~-ilo.
una creaciin técnica en cuanto a sil construcción, psro su ccriti,io
es mi s elevado al estar destinada al ciilto divino. Esta funci611,
conio fin, es lo priincro. Y dcipués sigue la adt.cuaila rea1iz:iciGn
en planes y trabajos, aparccicndo por Últirno la obrri terminndn. En
cada una d e las fases rie su rcalizaciún se pasa cic lo planeado a lo
ya existente. a trav6s de actos adecuados y de controles. Como nue-
vo ejcmplo pongamos algo de uso corriente: una cerradura. Su
objeto es fácil de ver: asegurar la separación y la unióñ de locales.
Cada fragmento de la cerradura está adecuado a ese objeto, está
realizado con esta finalidad y combinado con las otras piezas. Pero
cl fin ante el cual se encuentra subordinada es la habitación de !a
vivienda individual; cl fin es superior al objeto, y existe con ante-
rioridad. Hay una verdadera jerarquía de formas adccundas a s u
objeto, que en común integran el conjunto. Por ejcmplo. un vapor
cie pasajeros, que a su vez tiene por fin realizar viajes por mar. Cada
uno de ios elementos, como también el conjunto, tienen las carac-
terísticas de las creaciones técnicas, y al micrna tiempo señalan
más allá d e sí mismos.
Más tarde ( S 19) hablaremos de la objeción, que tiene en esto
s u origen, d e que la técnica carece de valor propio y de que la pro-
fesión técnica no significa una forma de vida propia, sino que es
un fubcionalismo, 'una servidumbre y un medio para cualquier fun-
ción, siendo solamente una ejecución de órdenes ajenas. Esta misma
objeción puede hacerse a muchas otras profesiones, que también
reciben sus misiones, muy heterogéneas con frecuencia, desde fuera.
L.A TECXIU COMO SER REAL, QUE TIEBE SU ORIGEN EN LAS IDWS.-EL
CARACTER HIST~RICO.-PERMAXESCIA Y PODER DE LA TÉCNICA
Las consideraciones hechas hasta ahora nos aproximan a la esen-
cia de la técnica, cjrie es tanto una realización, una actividad que
tiene su origen en las fuerzas formativas del hombre, como una
gran cantidad (creciente cada día) de formas espaciales y tempora-
les. objetos y procedimientos, que forman una unidad a través de
las mismas características. Antes de intentar definir el concepto de
la técnica (un intento que contiene siempre un elemento de arbi-
trariedad) es conveniente hacer todavía algunas aclaraciones del
trasfondo.
Lo cierto es que la técnica, tal como es tratada en este libro,
no tiene el alcance amplio y algo vago de la "techne" socrática, que
comprendía, junto al hacer artesano, todo poder basado en el saber,
o sea que también comprendía la equitación, la compocición de mú-
sica, la conducción de coches, la pesca, el pastoreo de ovejas, la
estrategia y las carreras deportivas.
La diferencia estriba en que en la equitación, en el pastoreo de
ovejas, er? la pesca y en las actividades similares la "techne" signi-
fica la adquisición y la posesih de una destreza personal, que se
aprende con la práctica y se ejerce rutinariamente. Mientras que la
técnica, en el sentido aquí tratado, se refiere a formas, objetos y ,
procedimientos objetiws, portadores ellos mi mos de un poder, como
es el caso de un medicamento, de un microscopio, de un reloj, de
un avión, de una 'máquina, de la fabricación de carbonato sódico
o de los métodos de producción de plexiglás o de' otras materias
artificiales. La habilidad ("tdme") del 'jinete, del pastor o del mú-
sico desaparece al morir la persona que la 'wsee. Un aparato tkcni-
co, un elemento musical o el método de producción de buna per-
manecen y siguen siendo &cace& c w d ~ se wspi apa de as hvetltor
o pt kw redizador: Una' locmotora es un aparato t&nico, y el
manejarla como metodo o procedimiento objetivo también es algo
156 FRIEDRICH DESSAUER
técnico en nuestro sentido. La mayor o menor 'destreza y pr6ctica
dc un conductor de loconiotor,i seríri "techne" cn Sjcrdtes: pero
nosotros IIO 13 i ncl ~~i ~l i os cuariclo hablanios de la rtkriica como i i n; ~
potenciii mundial hisc6rica.
Sócrates tiene r a z ~ n en sil temprano conocimiento al decir que
todo objeto técnico (como una 1:inzadcra ilc tejedor) procede de
una idea (:!;o:-eidos). de algo i ni a~i nxi o. Procedc tnrnbiin dc ahí,
pero no sóio dc ahí. De acuerdo con las considcracicini's hechas Iissta
ahora (especialmcntc. en el S 4) nos atenemos a que eri I n realizscicín
técnica se trat.1 de una "creacióii que tiene su or i ~e n en ideas". La
idea previa es condición t ant o para la creación de un adorno de pe-
dernal corno para la creación de un receptor radio-astronómico, de-
jando aparte el caso especial dc clue se trate de un "invento-hallaz-
so", en el que cl i r i ~cnt cr encuentra inesperadamente en su camino
algo nuevo y ciecisivo. Pero csrc caso, de momento, lo dejaremos
- .- --. ,
?i7trc prérrfcsis. .
El crrh&tt.r histcíricy) ~ i e la técnica se pone dc ni.?nifiesto cn su
\
procedencia d e ! - ~i i n d o dc Ias itleas. Antci de scr inventado no
esistía ningún objctc) técnico. Antes de la invención de la rueda (en
tiempos prehistóricos desconocidos) no había ruedas. En cada caso
se trata del paso del "no-ser-todavía", pero con posibilidad de ser,
a la realidad del mundo material. Y csto es histórico por suceder
en un lugar, en el espacio y en el ticinpo, con la nota especial de
que no desaparece como tantas formas sociales convencionales (fron-
teras, dinastías, potencias, costumbres, privilegios, etc.), sino que
tiene la tendencia a permanecer muy frecuentemente con el perfec-
cionamiento del objeto. La rueda, un día inventada, todavía existe
hoy. Pero no los hornbres que la inventaron ni sus formas sociales.
Y si la rueda desapareciera (si despertáramos una mariana y ya no
hubiera ruedas, ni, por tanto, medios de transporte, ni fábricas)
la mayor parte de los hombres civilizados tendrían que morir. y el
resto caería en una vida primitiva como la llevada por las razas de
pigmeos del Africa central.
Es propio, por tanto, de las creaciones técnicas el adquirir
su existencia partiendo del mundo de las ideas, el aparecer históri-
camente y el permanecer en la humanidad.
Esta s u aparición y permanencia es una aparición y actuación
de poder. Y este poder se encuentra en los mismos objetos técni-
cos, no en sus inventores, realizadores ni usuarios. El experimento
ideal de que "ya no hubiera ruedas" nos revela ese poder. El mi-
croscopio tiene el poder, traspasándoselo a quien lo utiliza. de des-
cubrir el mundo microscópico. Una medicina proporciona sueño,
libera del dolor o incluso ahuyenta a la muerte. pero este poder no
lo tiene el investigador o e1 inventor que la creb. Y el poder de las
armas atómicas es inherente a ellas, no a sus constructores. Los
objetos y procedimientos técnicos nacen de las ideas, aparecen his-
tóricamente, son permanentes una vez aparecidos, y cada uno tie-
ne su poder propio y específico.
Por último. el poder del objeto técnico es susceptible de aunar-
se con el de otros objetos técnicos. Así existe un poder de conjun-
to de lo técnico por muy distintos que sean los objetos y sus "po-
deres". Este poder de conjunto es fatalmente grande, y transforma
la faz de la tierra.
EL INVENTO COMO FUENTE DE LA TÉCNICA.-FASES POSTERIORES MENOS
CLARAS. - ORIGEN DEL INVENTO COMO TENSIÓN ENTRE, LA REALIDAD
Y LA POSIBILIDAD
El intento de acercarnos a la esencia de la técnica aos llev6 a
los orígcnes, a los "inventos". En ellos se encuentra la técnica en sí
misma, pero mezclada todavía con otros factores sociales y poco
enturbiada. Lo que se presenta al observador en la producción arte-
sana e industrial, en las explotaciones y en el comercio se nutre
de diversas fuentes, con lo cual cambian los órdenes jerárquicos.
Con frecuencia participan decisivamente influencias económicas, so-
ci~!;zs, olít tic as, liigiénicas y jurídicas. Al recorrer, por ejemplo, una
fábrica se percibe un cuadro de conjunto de todo ello. Si se trata
de una industria anticuada, la impresión que recibe el visitante es
de mecanización, degradación y humillación de la personalidad
humana, causada por la estrechez de espacio, el aire viciado, el rui-
do, la prisa, la monotonía y la pobreza, dando lugar al juicio con-
cluyente que se refiere a la "esclavización del hombre por obra de
la técnica". Este juicio corriente y desconsiderado nadhthagw en-
t ~ e b q i i e t i e n e w o ~ i ~ e ~ l a h ~ d 4 E a W y Z o q u e
procede, cptre otns tour, dd aüa de gaauks, de la Wa n c i a , ,
de la presi k econhaka, & la i ncomprdbn social, del atraso ju-
158 . FRIEDRICH DESSAUER
rídico, de l a negligencia y del abuso. Esta es la razón de que al
esforzarnos por comprender la esencia de la técnica atend:imos a
su punto de origen: el invento. Aquí nos encontramos con un
abundante material suministrado por la experiencia v con s.- ~ i t o r e s
individuales muy numerosos. También hay, es~ecialinente en la lite-
4
ratura sobre protección al inventor, muchos intentos dc ~c l nr a r el
concepto del invento. así como algunos estudios sobre su psicolo;ia.
Al profundizar, la búsqueda conduce también aquí problemas me-
tafísicos (ontoli>gicos) generales.
Se lia dicho con frccuenciri que l a invención y la crecici611 récni-
cri tienen en gcncrdl su origen en intereses económicos, en t i afan
de ganancias o cn la ambición de poder. Pero con tal gcnernlidad
esta intcrpretaciiil cs errónea. La a1nbici6ii de poder y cl 11611 dc
Iricro juegan t,~mhikri su papel algunas veces, pero no est i n soios.
i- es rJro quc superen cl motivo. Nuestros primeros ant2pLiwlos,
. -
Jc lo5 que !a hen~o~! i ' ~bl ado b7é3se 8 3). aguzaron SU iiircn:ii ,i irn-
rulsridos por la exbi d d. La necesidad. el peligro y el ansia dc
Iibcrtad, dc emarici Q de unas condicioncs de t i da animales; cl
ansia de infinito, de qupcrar a los dos grandes aislantes. t l espacio
y cl tiempo; el ririsiri dc calor y de luz, de conocimiento y dc bc-
llcza son como siiscitantes del afán dc inventiva, por lo ini.:ios tan
eficaces conlo la ambición de poder y de ganancias.
Aquí puede hablarse con Donald Brinkmann del ansia Je reden-
ción que ondea dcsde la antigüedad hasta nuestros tiempos en to-
daq las manifestaciones de los pueblos, y que modernamente se
transforma con frecuencia en una autorredención profana, que sus-
tituyc a la espcr,in;.n religiosa. Tambiin se encuentran motivos abso-
iutaincntc legítimos para la creación tEcnica cn la economía social
y privada. Cuando se estadia, por ejempio, el problema de producir
una materia plástica macromolecular más barata, e incluso tal vez
mejor, con ayuda de catalizadores J- en condicioncs normales, en
lugar de empleando altas temperaturas y presiones, esto es legítimo,
socialmente valioso, y la posibilidad de nbrener ganancias es por lo
general en los químicos que lo intentan un motivo sarélitc un es-
tímulo ciertamente legítimo, pero difícilmente el más profundo para
cus esfuerzos, quizá largos y penosos. Esto puede ¿prenderlo cual-
quiera en Ia historia de los inventos y de los inventores, que ID en-
seña inequívocamente, y percibirlo con emocibn en un atento re-
corrido del Museo Alemán.
Existe realmente un impulso original de "creación", de crear co-
sas que tengan más poder que las existentes y métodos que realicen
lo que todavía no se conseguía, como volar, curar enferniedades,
suministrar energía o ver a distancia. Se trata de un auténtico ins-
tinto creador, emparentado con el impulso a la creación artística,
aunque ciertamente menos íibre en su 'ejecución. En algunos casos
llega hasta el fanatismo, y con bastante frecuencia condujo a la tra-
gedia, e incluso al martirio. También ha ocurrido y aún ocurre que
se consuma en un intento imposible, como se revela ejemplarmente
en la historia del "perpetuum mobile".
La siguiente consideración general nos procura una idea más
clara: el hombre vive en tensión entre lo m l , lo "dado", que siem-
pre le parece imperfecto y necesitado de mejora (pues todo lo te-
rrenal es defectuoso), y lo posiblemente mejor, imaginándoselo como
"función" a él encomendada. Esto es así en todos los aspectos de
\
t
la vida humana: en la política, por ejemplo, todos los esfuerzos*
tienen su origen en la comparación de lo que es con lo que podría
ser. Es claro que no se trata de conseguir lo imposible, pero incluso
en los países bien organizados aparecen siempre como posibles me-
joras políticas, sociales, jurídicas, higiénicas y del iráfico. De esta
tensión entre la realidad y la posibilidad emana el afán humano,
siempre renovado, nutriéndose de ella el progreso en los distintos
campos. Es cierto que la duración media de nuestra vida es hoy
día el doble que la de nuestros antepasados de hace unos doscien-
tos años, pero aún podría ser más larga. Esto es posible, y, por
tanto, se pretende conseguirlo combatiendo las enfermedades. Hoy,
ciertamente, sabemos más que los antiguos, pero aún es posible sa-
ber mucho más, y para conseguirlo se investiga con el mayor em-
peño.
De esta teasiba entre la vida sentida como imperfecci6n y la
cuntsmplación dal. perfecciunanziento posible recibe tmbidn su im-
p d m la c1:4a&n t h k Siempre quedará en pie el intento de
transformar lo existente en lo que debiera y en lo que puede ser.
Así se despierta la dispuesta fuerza creadora, que frecuentemente
se encuentra oculta y latente. Otra cuestión es la del cumplimiento
de esos afanes, el problema de cómo puede el hombre, creando
realmente en el campo de la técnica, insertar sus fines en formas
adecuadas al objeto, de tal manera que éstas den satisfacción a sus
aspiraciones. Esta cuestión la trataremos en los próximos párrafok
160 FRIEDR~CN DESSAUER
Aquí puede objetarse que esta creación, que tiene su origen en
la tensión entre la realidad y la posibilidad, sea un caso especial
del Occidente, y en los últimos siglos, también de los Estados Uni-
dos de Norteamérica, Los pueblos primitivos fueron tranquilos y
relajados, estaban entregados a la Naturaleza y no se ocupaban de
innovacidnes ni cambios, ocurriendo lo mismo con otras civiliza-
ciones, como, por ejemplo, las del Extremo Oriente. El exagerado
impulso creador sería un fenómeno occidental, incluso una enfer-
medad de los tiempos modernos. En esto es cierto que al aplicar
hacia atrás nuestras actuales medidas nos encontramos con perío-
dos de estancamiento y épocas en las que los esfucrzos y el progre-
so fueron escasos. Y también e5 cierto que en nuestros días hay
pueblos remotos atrasados y que parecen haberse detenido. Pero
al observar todo esto se pasa por alto lo trabajosos que son los pri-
meros pasos y lo grande que es el esfuerzo que se requiere para
ello. De la misma manera menospreciamos los mayores los esfuer-
zos y dificultades del niño pequeño que aprende n conocer y a
nombrar los objetos del mundo que le rodea. Esto, medido relati-
vamente y con exactitud, requiere tal vez mas esfuerzo del que
se necesita para cursar estudios universitarios. Los dibujos rupes-
tres y los instrumentos de la Edad de Piedra son una prueba a fa-
vor del impulso creador del hombre primitivo.
Hay que pensar además que con frecuencia hubo obstáculos tem-
porales, como la lucha milenaria por la existencia, en la que siicum-
bieron pueblos, e incluso razas, como la de Neanderthal. También
hubo obstáculos sociales, legales y religiosos que sofocaron la ten-
sión con frecuencia y durante largo tiempo. Roger Bacon. fraile mi-
norita, fue encarcelado en el siglo xrrr a causa de sus investigacio-
nes e inventos, hasta que fue liberado por el papa Clemente IV. Y
también se encarceló en Nuremberg al inventor del torno de árbol.
No es verosímil que la conducta conservadora y defensiva sea la
única natural al hombre. La tensión dormirá mientras el hombre no
vea posibilidades ante él, pero se despertara y tenderá a ser creado-
ra tan pronto como se le muestren esas posibilidades. Esto lo ense-
ña la experiencia en nuestra propia actualidad sobre la totalidad del
mundo. Y el que en ello se presenten estorbos e inconvenientes
temporales no es una objeción.
El abuso de una cosa no es lo mismo que una cosa mala. La
suscitación desorientada y artificial de necesidades es abuso. Pero
la tensión del hombre entre la realidad siempre insatisfactoria y
las mejores posibilidades contempladas es, como fucnte de aspira-
ciones, dc vida futura y de creación técnica, un gran valor, profun-
damente enraizado en la naturaleza humana.
LOS CAMPOS DE LAS NECESIDADES Y DEL ORDES NATURAL SE ENCUEN-
TRAN EN LA TÉCNICA.-EJEMPLO: EL "INVENTO".-EL CAMPO DE LO
POSIBLE.-EJEMPLO DEL HALLAZGO DE UN.4 SOLUCIÓN PREESTABLECIDA.
EL INVENTO COMO DESCUBRISIIENTO
¿Cómo es posible la técnica? Existe el campo sin límites de las
necesidades y deseos del hombre, campo que aumenta constante-
mente, pues cada satisfacción suscita un nuevo deseo. Y también
existe el campo ilimitado de lo que ofrece la Naturaleza, en el que
encontramos materias, energías y leyes. Cada año hay nuevos y sor-
prendentes descubrimientos. A principios de nuestro siglo no se
sospechaba la existencia de las radiaciones cósmicas ni se conocía
la estructura nuclear del átomo ni la equivalencia entre la materia
y la energía. Las afirmaciones hechas en distintas épocas, incluso
por eminencias, como, por ejemplo, de que no quedaba nada esen-
cialmente nuevo ni importante que descubrir en el cosmos o en la
física han sido siempre desmentidas por los acontecimientos.
Estos dos campos ilimitados son de muy distinto género, y su
exposición requiere el empleo de distintas palabras y conceptos.
Pero ambos se encuentran en la técnica. La satisfacción de las infi-
nitamente variadas necesidades humanas a través de la tCcnica se
realiza, por decirlo asi, partiendo de la ."despensaw de la Naturaleza
y de las leyes naturales. Sin embargo, esa satisfacc~bn no se en-
cuentra lista en la Naturaleza, como es el caso, por ejemplo, de los
frutos destinados a calmar el hambre, que sí se encuentran listos y
pueden ser cosechados.
Las scdacbw t b i a w a los ~ ~ k a s pfarntcihs pot 1- ae-
c Bkioa de ~ e f " H w z a ~ s " . Y esto es más .w
"elalgmd'. Presupone una biisqueda que no se reeiliza en lo ya
visto y existente, sino en lo inexistente, pero posible.
La Naturaleza no ha creado nunca una rueda, y, como es fácil
162 FRIEDRICH DESSAUEH
de comprender, no puede producirld. La rueda es' una auténtica in-
vencicín técnica, realizada en tiempos prehistóricos por hombres des-
conocidos. En ella se basan 10s transportes y el funcionamiento dc
la mayoría de las m6quinas y de muchos aparatos de las artes me-
cánicas y de la industria. Por tanto, es mucho lo que "puede".
es muy 'poderosa. El funcionamiento de la rueda está rígidamente
sujeto a las leyes ndturctles, y cstss leyes (y los materiales para cons-
truir la rueda) hsn existido siempre. Y también existía antes que
la rueda la necesidad del hombre de facilitar el transporte. La pa-
sibilidad natural y la necesidad se encontraron en una realización
creadora, la rueda, aiinríndosc. en una solución que no es arbitra-
ria, sino iinírsca. Esta "univocidad" de la rígida forma circular de
'
l i i rueda como solucióii. su natur,ileza y su esencia, o, como decí~ii
los visios iilbsofos. su "equidad". era. por tanto, algo prc-visto,
<
que, por dccirlo a5í. "esperaba" al inventor. La esencia, la forma de
qolución. e r d algo predeterminado, h . sin tener realización ni eiis-
ri.iicia, .'esrat~a ahí". Lo que no exist? enEiiigúii mori6Jiio puede ser
lidllado. ;Dónde estaba, pues? No en el campo de 10 existente,
sirio en el de lo posible. -4hí se encontraba, pero no de cualquier
manera, indeterminada y entregdda al capricho, sino con sus pro-
7)iedades esenciales ya fijadas. Y por ello fue posible encontrar 1' 1
forma de solución buscada.
Esta exposición, como detallado circunloquio, puede parecer tal
i c z una trivialidad, algo evidente. Pero lo "evidente" es con mucha
frecuencia aquello sobre lo que no se ha reflexionado, y que más
tnrdc se revela como problemático y profundo. El que un objeto
c a i ~ a 31 suelo al ser soltado es algo '"evidente". Pero. a pesar de la
teoría general de la relatividad de Einstein, la atraccion de las rna-
sas, la gravitacióii, es un profundo misterio para nuestra compren-
sión. Así ocurre también en nuestro caso. El cosmos, adcmás de las
cosas "reales", ya realizadas y directa o indirectamente accesibles
a los sentidos, contiene tambiCn una inmensa cantidad de obje-
tos cuya naturalezn está detenninada, pero que (todavía) no existen
que corresponden a necesidades humanas. A éstos les llamamos
objetos "preestablecidos". Hay que señalar que la creacibn técnica
que se realiza por vez primera, la "invención", es la elaboración
mental y la realización manual e instrumental de 5oluciones que
estaban "preestablecidasl'. Para un problema técnico plenamente
unívoce (incluso en sus condiciones accesorias) no hay soluciones
DI SCUSI ~N SOBRE LA ~ C N I C A 163
discrecionales, pues idealmente sólo hay una solución perfecta. Las
7
soluciones prácticas con auténticas, en cuanto son aproximaciones{
a esa solución perfecta. Esto se advierte en muchos ejemplos de
evolución técnica. La bicicleta adoptó en sus comienzos las más
diversas formas, que hoy parecen extravagantes. Pero en la actua-
lidad hay para un fin determinado (bicicleta de hombre, de car-
ga, etc.) una forma de solución práctica, que sólo varía en lo acce-
, .
sorio (los deseos especiales son fines especia-
tructor ccnoce esa aproximación a una forma de solución "ideal"
que se le impone, y que tiende a la normalización, a la estandardi- 4
zación. ?"-
Para dar una idea de este "hallazgo" de una forma de solución
preestablecida hemos elegido un ejemplo especialmente claro, que
pudimos sesuir de cerca. Schaudinn y E. Hofmann habían descu-
bierto el año 1905 el microbio de la sífilis, la "spiroqueta pallida".
y Paul Ehrlich buscaba un remedio contra esa terrible enfermedad.
Su idea era la siguiente: para matar !os microorganismos con un
veneno (una combinación de arsénico), sin perjudicar a los enfer-
mos, quería unir químicamente este veneno con un portador, que,
en forma de colorante, s610 se asentara en la espiroqueta. En la co-
loración en vivo se encontraba en cierto modo un modelo para ello,
pues Ehrlich había descubierto anteriormente que, por ejemplo, cier-
tas materias colorantes básicas teñían a determinados componentes
de la sustancia encefálica, lo que significa que se fijaban en ellos
sobre la base de una afinidad química. Ahora suponía que en el
plasma de los cuerpos parásitos de la espiroqueta existían gnipos
que podían servir de "captores químicos" para determinados radi-
cales del "portador", y que, por tanto, había que buscar una
combinación como remedio que contuviera un componente que se
asentara en el protoplasma de1 parásito, además de un grupo vene-
noso y mortal para éstos (en este caso, una combinación de arsé-
nico) y de un portador del veneno. Este era el sumamente osado
plan. ¿Cómo podía saber Ehrlich que semejante combinación era
posible y que (como dijo literalmente), al igual que la bala dispara-
da por El Freischütz 2, dada sin vacilar en el blanco, y no pondría
en peligro al paciente? Y, en general, jcómo sabían los inventores
y precursores al principio de su camino, con frecuencia fantástico y
Opera alemana, cuyo título se ha traducido por El Cazador Furtivo o El
Cazador Mdgico (N. DEL T.).
164 FRIEDRICH DESSAUER
osado, que su problema tenia solución? Sin esta convicción es di-
fícil que se arriesgaran, y seguramente no se mantendrían firmes
a través de años de desilusiones. En muchos casos hay razones
de probabilidad que abonan a favor de la posibilidad de la solu-
ción, pero en otros es totalmente incierta. En el caso de Paul Ehr-
lich no se podía saber si semejante combinación, casi fantrística,
tendría el desconcertante éxito de que un medicamento muy 1-enc-
iioso, administrado a un cuerpo humano o animal a través de un
radical unido a él químicamente. atacara sólo al plasma dcl inicro-
organismo causante de la infección, y que lo atacara mortalmente.
Los intentos se sucedieron durante años con el auxilio del pa-
ciente ayudante Hata, hasta que la combinación número 418 supu-
so un éxito parcial. Pero la solución no se encontró hasta la sín-
tesis que hacía el número 606, el bioxi-diamido-arscnohenzol, que
apareció el sño 1910 con el nombre de "Salvarsan", y que casi arre-
bató su horror a una terrible enfermedad. El grupo amido-osi hace
de "ancla" en el protoplasma del parásito, y el grupo rir-;énico mata
la espiroqueta.
Este ejíimplo muestra claramente en primer lugar que la inven-
c i ón es más que una niera suma de distintas partes. Y tampoco es
sencillamente "ciencia natural aplicada". El "invento" (o lo "inven-
tado", como propuso A. du Bois-Reymond en la obra Erfi~ldzoig
iozd Erfinder, editada el año 1906 por Springer) tiene aquí una
nueva y sorprendente cualidad, extremadamente específica y muy
poderosa, retrocediendo la muerte con frecuencia ante él. Ha sido
hallado con independencia de toda arbitrariedad humana en años
de Stísqueda de su naturaleza, de SU "esencia", y tras muchas des-
ilusiones. S610 al ser'haliada. - su q@d. su manera de ser, pasó
lo inventado a la realidad y comenzó a existir. El conocimiento de
su naturaleza era anterior; fue condición para su existencia. Su na-
turaleza estaba preestablecida. Antes de su invención esa molécula
compleja y sintética no era parte integrante del mundo sensible.
Fue a través del invento como pas6 del no ser al ser real. Pero era
algo preciso y preestablecido en el campo de lo posible del cosrrios,
que a través de la búsqueda, a través de un continuado interroga-
torio experimental de la Naturaleza, ha sido dado a luz en el mun-
do sensible, actuarido desde entonces con su poder específico. Aná-
loga consideración puede hacerse partiendo de muchos sectores de
la técnica, pudiendo señalarse miles de ejemplos. (Caso de las má-
DI SCUS~~N SOBRE LA TÉCNICA 165
quinas de hilar y de tejer, del motor Otto, del motor Diesel, de la
máquina dínamo-eléctrica, de la válvula osciladora, del fonógrafo,
de la monotipia, del teléfono, de las sulfamidas, de los polimeri-
satos, del microscopio, del reloj de pesas, del taquímetro, etc.)
Estos y otros inventos precursores han sido tratados con fre-
cuencia. Y todos tienen como característica la búsqueda de una for-
ma preestablecida que no permite ninguna arbitrariedad.
Dediquemos una ojeada a la situación de un inventor a la hora
del triunfo. Lo buscado existe por primera ve;, "marcha", "funcio-
na", y la forma de solución hallada cumple con el objeto que pre-
tendía su creador. Por primera vez ve ante él al objeto de su pen-
samiento como un objeto real. Y puede decirle: "En rigor, yo no te (
he "hecho", sino que te he"'encontrado". Tú ya estabas en aIgún
sitio, y tuve que buscarte durante largo tiempo. ¿Por qué, objeto
por fin hallado, hubieras permanecido inaccesible para mí durante
años si te hubiera podido hacer partiendo de mi mismo? El que tú
existas sólo ahora procede de que sólo ahora he encontrado que
eres así. ¡Hasta que fuiste m' en mi visión no pudiste aparecer curn-
plicndo tu objeto y funcionando realmente, porque sólo podias ser
asi! Ahora estás realmente en el mundo visible. Pero te he encon-
trado en otro mundo, y te resististe a entrar en el de lo visible has-
ta que vi con exactitud tu forma verdadera."
El año 1926, en la primera edición de la Filosofía de la Técnica,
intenté exponer claramente el hecho del carácter fundamentalmen-
te preestablecido de las soluciones a los problemas técnicos con
esta convincente confrontación del inventor con su recién consegui-
do invento. Pero ya antes, en 1910, había expresado A. du Bois-
Reymond esta concepción de manera aún más expresiva en su libro
Erfindung und Erfinder. Para 61 invención es lo mismo que descu-
bcimiesto. Y por ello puede-decir: "Todos los inventos que harán
nuestros descendientes ya existen hoy día." Pero esto sblo es cier-
to si se el w-O dd "de~c:ubrbniento". En el sentido
corriente de la palabra, tanto en la investigación natural como en
la historia, se entiende por eilo el h k g o de algo realmente d-
tcJrte, &U descubrimiento de Amhrica, del helio o de los rayos c6s-
micos se refiere al hallazgo de algo existente en la realidad que a&
permanecía sin 'descubrir. Pero eto t iav-ióst se ha & algo .k-
rnaisteate, y qw&se ccmvi&.e en t d ew e& W e
- 9- w el iawesto, Sin embargo, no por eiio le falta ra-
166 FRIEDRICH DESSAUER
zón a Du Bois-Reymond. Inventar es también descubrir, pero no
en la esfera de la realidad, sino en la de la posibilidad. "Existe"
ese enorme reino de las formas definidas, que, por decirlo así, espe-
ran preestablecidas a su descubridor, y que existen potencialmente,
es decir, desde el punto de vista de la posibilidad.
S
§ 10
ZONA DE ENCUENTRO ESTRE LA NECESIDAD Y EL CiRBEV ~ AT L ' R~ L . - E L
"CUARTO REINO".-TNCLRTIDLTMBRE EN LOS L~. I ~I TES DE L.% SATI SF~CCI ÓS
DE NECESIDADES. - A~I PLI ACI ~N DE L4 C R E ~ C I ~ Y . - D1sAx1c.4 DE LA
CREACI~N.-CORRESPONDENCIA DI; LOS C . ~ ~ P O S
Al seguir el proceso del invento se reveló que enrrc los csinpor
de las necesidades Iiuma~ias y del orden natural e ~i b t c una zon:i
común, en la que ambos pucden llegar a una cspecit: de ajustc. El
inedicamento químico-terapéutico de Ehrlich es un niodrrno ejem-
plo de ello, y la rueda, uno muy antiguo. Ambos (el rnedikxncnto
y la rueda) responden a exigencias humanas, y son formas adecua-
dus a las leyes íwturales. Las necesidades se satisfacen en estas crea-
ciones cumpliendo leyes naturales, y en esto se ?>za?iifiesta la esen-
cia de la técnica. Pero la posibilidad de la satisfacción es condición
previa, y no existe para cualquier deseo humano. No es admisible
una creación técnica que en sentido estricto piense, elija, decida y
tenga fines propios conscientemente; esto no puede esperarse ni
de la más perfecta cibernética. Sin embargo, el reino de lo posible
es en la Naturaleza mucho mayor que el reino de las formas natu-
/
rales reales y existentes. Lo "inventado" se realiza (se hace "real")
en el mundo sensible partiendo del reino de lo posible, y est3 for-
ma así buscada y encontrada se revela en ello conlo algo precstn-
blecido, que sólo puede ser realizado cuando es conocido con su-
ficiente aproximación. Este estado de cosas es de sig:lificación onto-
lógica.
El conjunto de todas estas formas de solución preestdblecidas,
que no son producidas por el hombre, sino descubiertas par 21 en
la invención, fue llamado un "reino" en la primera edición de esta
obra, y en conexión con una clasificación debida a Kant se le ca-
lificó de "Cuarto Reino". Yo ya esperaba que esto encontraría algu.
na oposición, pero las objeciones no fueron convincentes. De acuer-
do con los hechos posteriores, la expresión no es equívoca, y facili-
ta la ulterior discusión. Sobre este reino pueden hacerse algunas
afirmaciones, siendo las más importantes las siguientes:
1. El reino de las formas de solución preestablecidas funda-
menta y limita la tbcnica, que se encuentra determinada por él. Tra-
tándose de necesidades humanas, era y es frecuentemente imposi-
ble predecir si pueden ser satisfechas técnicamente. ¿Son posibles
los auténticos viajes espaciales, es decir, el ir a otros planetas? ¿Es
posible la curación de toda enfermedad? ¿Hasta qué punto es po-
sible la prolongación de la vida? ¿Es posible encontrar métodos
psra dirigir y controlar los. fenómenos atmosféricos? ¿Es posible
la síntesis de la albúmina partiendo de aminoácidos sintetizados?
¿Puede impulsarse la investigación macromolecular hasta más allá
del umbral de la vida? Contestar hoy afirmativa o negativamente
a estas preguntas significa expresar- una opinión, pero no un cono-
cimiento. ¿Cómo hubiera respondido un filósofo naturalista griego
o un pensador medieval si se le hubiera preguntado sobre la po-
sibilidad de capturar y almacenar el sonido y la palabra para re-
producirlos a voluntad? ¿Qué hubiera dicho sobre la posibilidad
de hablar o de verse con otra persona a larga distáncia? Inmerso
en su tiempo, hubiera respondido: "Es inimaginable y, por ello, im-
posible", y lo hubiera fundamentado con afirmaciones generales te-
nidas por ciertas. Pero nosotros sabemos que la igualdad entre in-
imaginable e imposible no es válida. Es mucho lo que hay en el
haber de los conocimientos actuales que antes parecía inimaginable,
y hay otras cosas que aún hoy parecen inconcebibles a pesar de
que existen realmente. Por eso es también válido en h tkaiEa que
no existe seguridad sobre la posibilidad o la imposibilidad del hallaz-
go y realización de nuevas soluciones, aunque éstas no se encuen-
tren al alcance de la vista o se hallen fuera del orden natural co-
nacido o en oposición a él.
-
Puede esperarse con bastante seguridad (elijo un ejemplo dis-
creto) que lieguen a inventarse martillos neumáticos casi silencio-
sos y a descubrirse remedio8 contra la artrosis, la polioiriielitis, 1%
tuberculosis y el cáncer. Los investigadores e inventores creen en
la posibilidad de solucionar sns problemas, pues de lo contrario
no se sentirían con fuerzas para dedidar su vida a solucionarlos.
Puede decirse con seguridad apodíctica que la forma de realización
del "pcrpetuum mobile" no se encuentra en ese "Cuarto Reino"
aguardando a su inventor. En la técnica no se trata ~ n i s que de po- :i
sibilidades adecuadas a las leyes naturales. En esto sc encuentran
sus límites, que retroceden continuamente a medida que ramos sa-
biendo 'mis sobre la naturaleza, pero que no desaparecct.ri~i 112112ca.
Si, de acuerdo con el lenguaje corriente, derivarrios r31 tGrnii-
Creación e una metafísica de orientación teológica p iiludinios
n>
con ello al conjunto de lo existente en el cosmos y directa o indi-
rectamente ncccsiblc a los sentidos. entonces la Creaci8ii oírcce aho-
ra itn aspccto distinto: no abarca sólo a los objetos (a 13s "sustan.
cias corporalcs". como decían los antiguos), desde las estrellas
fijas Iiasta las motas de polvo, ni sOlo a todo lo animado o inanirn3-
do, sino también al campo asombrosainente grande de Iris formas
latentes, es decir. ocultas y todavía no realizadas, que por obra de
la actividad humana pueden pasar a la existencia real, pucd~n "dar-
se a luz". La porción potencial de lo cós mi cos inniensrimente va-
ria, y hace que la creación tenga para nosotros un rasgo dinámico.
U;] poeta, cuya manera de expresarse puede ser mSs libre de lo que
perniite el lenguaje científico, técnico o filosófico, podria decir que
hay millones Y millones de formas portadoras de poder qiie pugnan
por manifestarse, solicitando del tScnico que, al encontrar su zutén-
tico modo de ser, las pase de la oscuridad a la luz, liberlindolas de
sus grilletes. El podría relatar cómo claman tratando de salir de
su quietud secular para engranarse en el telar del tiempo y cómo
se suscita asi, nutriéndose de ello, el ansia de inventar en el ánimo
de los scres dotados para ello. Así se recluta y se pone en marcha
en una siempre creciente legión que emplea todas sus ener,'
descubrir formas ocultas que irrumpcn, cn la Historia aportando ,
cada Una su potencia para, en conjunto,)formar un poder capaz de
transformar el mundo. Y ese poeta expresaría mejor lo que se dijo
1
en la primera edición de este libro sebíe la Creación: "Así, a tra-
vés de mil canales que afluyen al mundo visible, se realiza dia- .
riamente la Creación.'Y nosotros estamos en ella y con ella nos
'
transformamos. Somos testigos de cómo se enriquece diariamente .
la superficie de l a tierra con nuevas formas, desapareciendo (para
no volver) las viejas. Nos encontramos en "un día de la Creación".
Y nosotros mismos somos alcanzados y renovados a través de nues-
tra presencia, nuestra contribución y nuestros sufrimientos."
3, El rasgo dinámico del cosmos fue percibido hace mucho.
Anaximandro, relevante figura filosófica griega que vivió alrededor
del año seiscientos antes de Cristo (Nietzsche le llamó el "cam-
peón" de los filósofos naturalistas), estaba poseído del rasgo diná-
mico del universo, pero en un sentido distinto. Se preguntaba por
la causa primitiva ((ip77j-arjé) del mundo del ser, que entonces era
considerado como el conjunto de las formas corporales y en el que
todo objeto aparecía formado y limitado. Y enseñaba que esa cau-
sa primitiva era lo ilimitado (6ktpov-apeirón), que, informe en sí
mismo. era el origen de lo creado, desarrollándolo y volviendo a
formarlo en un eterno repetir. Pero lo que se nos presenta a
ncsotros en la técnica como rasgo dinámico del cosmos está basa-
do en la actividad hmana. ' El hombre, portador de las fuerzas for-
mativas de la investigación y de la creación, extzae, como tal por-
/ tador de inquietud, las formas de poder del cosmos potencid y
procura su efectividad. El hombre inventor-utilizando un símil
fotográfic~"reve1a" las imágenes latentes, continúa así en cierta
y limitada manera la obra de la Creación y es una de las causas
de esa dinámica.
4. Con esto podemos decir resumiendo: Las disposiciones pri-
mitivas y formativas del hombre son la base del acontecer técnico-
-
histórico, y la existencia latente del "Cuarto Reino", con sus formas
preestabkcidas al servicio de la satisfacción de las necesidades,
/
es la base de la posibilidad de la técnica. La dinámica, el pode-
roso impulso de continuar siempre creando sin descanso, con sus
consecuencias de la transformación de la sociedad hoy casi des-
concertante, es una inquietud del hombre, que no se encuentra a
gusto con lo que le ofrece la Naturaleza y busca otro ambiente. De
esto hemos de hablar más tarde.
5. El pensamiento del hombre, su empeño por conocer, en-
cuentra m &*- & c t mwwt o afín, que en el caso del cien-
tífico naturalista se encuentra en la Naturaleza. 'Si no existiera tal
semejanza no habría ningún conocimiento Mo r n o decían los an-
tiguos- imágenes en el espfritu. Esta afinidad fue vista- claramen-
te por los griegos unos quinientos años antes de Cristo, lo que
significó, por decirlo así, la aurora de Occidente. Así ha de haber
+k - p.+* .I.nrn,
las f amas del Cuarto Reino que espetan
170 FRlEDdlCH DESSAUER
ser halladas. Tiene que existir una terminante coordinacih entre
la necesidad y la forma de solución del reino potencial de la Na-
turaleza. Todavía no se ha intentado apenas nada para aclarar la
coordinaciód de estas dos zonas con los conceptos coordi~iadores
de las estructuras correspondientes, c ó i o "invariabilidad", "trans-
L
formación", "homomorfismo" o "isomorfismo". Sin embargo, es en
esta dirección donde se encuentra la respuesta a la pregunta que
nos interesa : ¿Cómo es posible la-técnica? S610 b será a través de
una semejanza estructural. Al diccionario de los deseos y necesi-
dades del hombre tiene que corresponder i deal ment e3 de l asfor-
mas de satisfacción, con una coordinación entre las palabras de
ambos tal vez fundamentalmente unívoca. Con esto se pondrían los
cimientos para una teoría de la composición técnica tal como fue
proyectada por K. J. Kesselring.
6. Esta confrontación del campo de los deseos que tiene su
origen en la naturaleza humana con el campo de las satisfacciones
naturalmente posibles, fuerza la conclusión de que no todas las
necesidades pueden ser satisfechas así, puesto que el hombre no
sólo es un ser natural, sino también espiritual. Pero como todas
las funciones espirituales y anímicas del hombre están ligadas a
procesos naturales, hay que esperar que para la satisfacción de
estas necesidades procedentes de la naturaleza espiritual humana
también sean condición las formas del "Cuarto Rclno", es decir,
los problemas técnicos. Esto se confirma en el hecho de que los
\bienes objetivos de la cultura son bienes técnicos en su manileb-
tación. Sobre esto aún habrá de hablarse.
La construcción ideológica del "Cuarto Reino", que Se encuen-
tra en la primera edición de este libro, está en conexión con la di-
visión de las críticas kantianas.' Para facilitar su comprensión re-
pitamos aquí lo dicho en la primera edición:
Kant, consciente de una visión global del universo, distingui6
tres Reinos. El primero es el de la ciencia natural y llamó Cn'tica
de la Razón Ptrra a su obra sobre él, a pesar de que él mismo no
consideraba feliz la elección de este nombre. La pregunta clave, que
abre de par en par el acceso al problema, es: ¿Cómo es posible
la ciencia natural? Y Kant responde: A través de las formas b-
tuitivas tiempo y espacio, que son propias "de antemano", antes
de cualquier experiencia, del espíritu contemplativo humano y a
través de las igualmente apriorísticas formas puras de la razón
(también llamadas ideas puras), las categorías, con las cuales ela-
bora la experiencia. Sus categorías (como posibilidad, existencia,
causalidad, realidad) sólo son útiles según él para elaborar la per-
cepción sensorial. Permiten la ciencia natural, es decir, la ciencia de
los fenómenos. Estos fenómenos no son apariencias, sino sólida
realidad. Pero tampoco son entes en sí de los cuales la ciencia no
pueda decir nada. Así llega Kant a rechazar la metafísica. Alma,
Universo, Dios, son "ideas" de la razón pura. Por tanto, según él,
~ i o proceden de la experiencia científica y se sustraen a las cate-
gorías. Pero también dice que existe algo más que el conocimien-
to empírico, pues, según él, estas ideas de la razón pura preceden
a cualquier experiencia.
La crítica kantiana tiene un cai.ácter positivo, pues a Kant no
se le escapa que el hombre tiene algo más de lo que le propor-
ciona el reino de lo experimental. Este "más" se encuentra en los
otros dos reinos.
El segundo reino lo descubre en la visión intuitiva de la Ley
mo~ai , ese imperativo omnipotente y absoluto (categórico) que
orienta la voluntad. Esta ley no se ocupa del mundo cognoscible
de la ciencia natural, y no procede de él. Éste conocimiento de
un deber absoluto existe antes ("a priori") de q:w c ma b c e la
experiencia. Aqui no son válidas las categorías y la causalidad no
tiene ningún título; el carecer de causa' es lo que hace libre a k
vduntad. Pero esta libertad no es un "conocimiento empírico",
sino que, como ley natural, es una convicción. Y esta convicción
conduce a la religión, a Dios y a la inmortalidad en tanto que
exige su aceptación. La razón teórica del primer Reino no tiene
acceso a éste, en el que impera la más alta razón práctica, que
comprende lo suprasensorial de la vida volitiva. Asf se eleva el pia-
no de la razón práctica sobre el del teórico conocimiento empf-
rico, el Reino M deber sobre d d&l fearS-o. Aqui tropieza el
hombre con lo absoluto: "Dos cosas colman el ánimo de respeto y
admiración siempre nuevos y crecientes: El cielo estrellado sobre
172 , . _ PRIEPRICH DESSAUER.
mí y la ley moral en mí." Así, sin actuar de otra 'manera, el manda-
t o en el alma no es objeto de experiencia sensible, pero existe, es
eficnz, y deterniina el destino de hombres y pueblos.
En el orden kantiano, los límites aíslan totalmente al primer
Reino del segundo. ¿Es aceptable, sin embargo, tal separación? E!
mismo kant ha abierto una puerta. En el tercer Reino se trata
del "sentir", de la subordinación al fin de los objetos empíricos en
virtud del juicio. Se trata del reino de lo estético y de lo útil. en
el que los objetos del mundo sensible se encuentran con el juicio
del espiritu, una tercera facultad apriorística. Lo b2110 es una uti-
lidad que se ha liberado del objeto, es "libertad en Iri ninriifesta-
ción". Pero lo "Útil" se nos impone tambi6n en la naturaleza, cuvo
conocimiento está, sin embarso, reservado al primer Reino, donde
el fin no tiene lugar. Kant dice que en el mundo de los fenómenos
corno conjunto, la consideración teleológica está basada en In né-
cesidad de la conciencia de contemplarlo como Útil. Y dice que esto
no tiene nada que ver con la ciencia, con el primer Reino, pcro
que la utilidad se nos impone.
No hemos aducido esta clasificación kantiana en tres Reinos pars
identificarnos con Kant, sino para aclarar con más facilidad a con-
tinuación que es a lo que se alude al hablar del cuarto Reino.
Ya hemos indicado más arriba que resulta vana esperanza intentar
encontrar en él algo sobre la actividad realizadora y final del hom-
bre, algo sobre la técnica. El que partiendo de él se abre un nuevo
camino para la comprensión del mundo, es algo que todavía no
se impone partiendo de su pensamiento. No fue bastante con la
construcción de su tercera crítica, pues la triple división dcl 11-iun-
do por Kant es insuficiente. En el Cuarto Reino, encontramos un
nuevo campo que comprende a la técnica. Indudablemente encon-:
traremos que este nuevo campo supone antes una síntesis entre
Santo Tomás de Aquino y Kant que una oposición entre ambos.
Nos referimos conscientemente al orden kantiano porque todavía
conserva vitalidad en el pensamiento actual y porque aún hoy li-
mita en sus consecuencias a las ciencias exactas, aun cuando esté
superada la limitación de la primera crítica sobre el contenido de
la conciencia.
El Cuarto Reino no se encuentra comprendido en los Tres Rei-
nos de Kant. Las formas que se encuentran dadas unívocamente en
la Creación, están m otro plano. Y también es aquí distinta la re-
Iación de1 hombre con el "ente en sí" cuando traslada "inventiva-
mente" una de las formas potenciales al mundo de los sentidos.
El objeto terminado de un invento es percibido por el hombre de
la misma manera que un objeto de la Naturaleza, como, por ejem-
plo, un árbol. Del árbol, como del invento, el hombre sólo percibe
la apariencia, esperando del árbol que florezca y del invento que
"funcione". Pero existe esta gran diferencia: El hombre no tie-
ne nada que ver con la esencia del árbol que florece, pero sí con
la esencia de lo inventado, con que "funcione". i Co ' ~ >r ~ es esto?
En los objetos del Cuarto Reino es esencial la interve~zctón hunru-r/
/ na a través de ellos. El objeto técnico inventado, que es percibido
en el mundo externo igual que un árbol, supone, por consiguiente,
otra clase-de entro del que se tiene con un objeto natural:
Es un reencztentro , aún más allá, es todavía algo más, pues su-
0
pone el encrlentro de un tercero.
El feen«& se basa en que la realización del objeto ha te- -
nido lugar-a-tiávés' de mi actividad, de la actividad del inventor
y del constructor, a través de la inteligencia y de las mancs. Ahora
veo el objeto, lo poseo con los sentidos, pero ya lo poseía ante-
riormente y ahora es tal como lo vi en ln imnginació~z. Así es como
vuelco a verlo, y tal reencuentro no puedo tenerlo con un objeto
natural, pues éste no ha sido formado en mí ni realizado por mí.
Y en tanto encuentro algo más, tropiezo con un tercero. Con la
misma seguridad con qiie reconozco mi propia idea activa en la
máquina por mí inventada y realizada, veo que ese tercero es ex-
traño, que no procede de mí ni estaba en mi. Este tercero es el
que niotiva cl asombro de que la máquina realmente funcione, de
qzic cu?,zpín con la función que le estaba encomendada, de que naz-
ca una fiueva cualidad q u e enriquece al mundo externo con una
nueva capacidad y un nuevo poder hasta entonces nunca existen-
tes. De esta cualidad recientemente conseguida podemos decir que
existe, pero que antes no existía. Las ideas se produjeron y modi-
ficaron en nuestra mente durante la invención, según las leyes de
nuestra mente, adaptcíndose al cumplimiento de un objeto. Este
cumplimiento, debido a ideas tal vez mil veces modificadas a lo
largo de una vida, éste "así funciona", no procede de las leyes
de nuestra mente, sino que supone el encuentro con un extraño,
un tercero, que produce nuestro asombro. Pero este "tercero" al
que se debe el cump!imiento no surge en el invento sólo de la na-
174 FRIEDRICH DESSAUER
turaleza, como ocurre con el árbol, sino que lo hace a trav&s de
nuestra mente. Este tercero que "cumple" con la naturaleza del
5rbol haciéndole ser árbol y florecer, sigue en el Cuarto Reino,
por tanto, otro camino que pasa por mi mente. Y ese otro que
encontramos, ese "tercero", contiene la ley natural, la última frise
de la 'ciencia natural, y significa aquello que filosófico-naturnl-
mente es lo fundamental, lo extremo, lo absolutamente dado. el
"ente en sí". Según la teoría del conocimiento kantiann, en el caso
de los objetos naturales, no 1le;amos hasta este "ente en si", pues
perniilnecemos "fuera", en la esfera de lo apnrcntc. En nuestro
caso, sin embargo, ei "ente en si" no estaba "fuera", ya que e1 ini-en-
to tampoco se ha producido "fuera". Pero ahora ya est i ahí, es
objeto de mi percepción como el árbol, y así como cl árbol florece.
así "funciona" él. Sin embargo, no funciona como el 4rbo1, por
;algo que nunca podremos alcanzar y que permanece "fuern". sino
por algo que ha pasado a través de nuestra mente, ciertamente como
algo ajeno que supera a nuestras ideas, pero que, a pejrir de ello,
sólo ha podido llegar a través de nuestra mente a ser lo que es:
un invento acabado que cumple con su objeto y dotado de un poder
transformador del mundo, poder que no procede de mi.
De esta manera encontramos por un camino especial 1s esen-
cia del "ente en sí" en el Cuarto Reino, que no sólo trasciende
perccptivamente como en el campo de la experiencia natural. Pero
cI encuentro ocurre también de distinta manera que en cl Segundo
Reino kantiano, al estar más estrechamente asociado con la acción
de nuestro espíritu. La invención, la técnica en general como acción,
es un esfuerzo por acomodar las formas de conocimiento humanas
al "ente en sí".
Esta confrontación del inventor con su obra nos ha proporcio-
nado los siguientes d a t o s @~~s p e c t o s -- del mismo 'suceso", sobre
el Cuarto ~ e i n o : f ) ~ l paso del no-ser al ser en el mundo sensible,
que no es un prcceso modificativo, sino un nacimiento real; el
.)encuentro con el "ente en si", que no llega hasta i;osotms desde
fuera a través de la percepción, sino que se encuentra junto a las
cosas naturales del mundo exterior, partien o de la idea y proce-
diendo de nosotros; y, como último dato, q 4 e el fin tiene aquí in-
discutiblemente que ver con los eonocimíentos exprimentalcs
S En el 8 17 se continuad este tema.
DI SCUSI ~ N SOBRE LA TÉCNICA
EL INVENTO COMO ALGO M ~ S QUE CIENCIA NATURAL APLICADA. -LO
CREATIVO QUE HAY EN ELLO.-INVENTOS ORIGINALES E INVESTOS DE
DES.-~RROLLO.-CONSTRUCCI~N Y ELABORACI ~N
La acción de "inventar" es especialmente instructiva para el co-
nocimiento de la técnica. Todo objeto técnico, incluso el más sen-
cillo, ha aparecido en el mundo sensible en un momento y en un
lugar determinados a través de una actividad intelectual y manual
y-tal vez mejorado y modificado-permanece en ese mundo. Este
acto de la invención hace del objeto algo histórico. Con esta acción
comienza el poder del objeto. Después de la invención comienza la
difusión del objeto, su multiplicación en la producción y su distri-
bución en el mercado. Un medicamento se difunde después de su
invención en tal vez millones de grageas, píldoras o frascos. Cier-
tamente que la producción también tiene que ver con la técnica,
pero no sólo con ello. De ello aún hemos de hablar. pero de mo-
mento, continuaremos con el tema de la invención.
Ya hemos hablado de que la invención auténtica de objetos y
procedimientos es algo mi s que "ciencia natural aplicada", más
que una mera unión de elementos, más que una simple combina-
ción. El cumplimiento de la función propuesta tiene en todo inven-
t o --- auténtico, - incluso en el más pequeño, la n a a característica del
, / s i - p r e n ~ m ~ - -
-e---- Un reloj es más que una mera combinación,
que una suma de manecillas, péndulos, ruedecillas y resortes. Sólo
es un reloj cuando mide eficazmente el tiempo; esto sólo lo
pueden las partes cui do se convierten en miembros de un con-
j w ~ b racional, de tal manera que este conjunto cumpla con su fin
y sea m& poderoso que las partes, que, aisladas, no podrían nada '
en relación con el fin pretendido por el invento. La mdición del
tiemp es d sa~prcndmta "m&" de la suma de las partes. h- e s -
tntctwa total, el orden final de la unidad, es lo que constituye el *
reloj.
Los inventos cumplen con su objeto dentro del orden de las
leyes naturales, pro son rnás que "ciencia natural aplicada". Lo ,
que los constituye es el elemento creador, y la palabra ''apíPeaciónW
no contiene este valor. El conocimiento de la naturaleza es incesan-
temente "aplicado" induso por los animales, y el hombre lo hace
176 FRIEDRICH DESSAUER
de mil maneras diversas, con frecuencia inconscientemente. Pero.
con ello, no surge todavía el nuevo objeto técnico portador de po-
der. Para que surja lo nuevo tiene que sumarse, a la "aplicacióa"
dcl conocirnierito natural, el esfuerzo creativo final y al hallazgo
que cumpla con el fin propuesto.
En 1; multiplicación masiva, a través de la producción, pierde
lo inventado el esplendor de la "novedad". Hay, para seguir con
nuestro ejemplo, millones de relojes. Y, a pesar de ello, para el
hombre reflexivo queda en todos ellos algo de ese esplendor, del
mismo rnoilo que también permanece en las miles de reproduccio-
nes de una obra de arte o de una composición musical la inspira-
cibn original: la hora del primer éxito, eri la que surge con su
misterio la soluci6n buscada, no desaparece totalmente.
En las leyes protectoras del invento, de todos los países, se su-
braya este elemento de la novedad sorprendente, del "más que la
suma" de las partes de la obra o del procedimiento. Sobre esto ha!.
tanta literatura que no tenemos por que continuar la exposici5n. Ln
relacibn entre la ciencia natural y la tecnica será tratada eri los
siguientes párrafos.
Eittre la gran cantidad de distintas clases de inventos hay dos
grupos principales: el de los inventos originales y el de los inven-
tos de desarrollo!)^^ primer grupo revela con especial claridad l a
característica humana-creadora. Nuestros ejemplos (la rueda, el Sal-
varsan) lo revelan. Cuando se trata de objetos muy importantes,
tales inventos originales pueden producir el nacimiento de una
riueva epoca, como ha ocurrido con frecuencia: caso de la máqui-
na de vapor, de la imprenta, de las válvulas a~~iplificadoras. de la
fotografía, dc las máquinas textiles, del telégrafo y del teiSfoiio. en-
tie muchos otros. El inventor original se apoya marcaclamcnte en
sí mismo, posee con frecuencia un rasgo genial y se adelanta a su
tiempo. Pero no siempre ha de tratarse de grandes cosas, pues lo
característico es la acción anticipada y personal.
z ) ~ o r el contrario, el invento de desarrollo carece de este caric-
ter único, impulsivo y estrechamente ligado a una personalidad.
Procede más bien de las condiciones dadas de la época, dei cono-
cimiento, de la experiencia y de las necesidades. Si este invento
no lo hubiera realizado esa personalidad, lo hubiera realizado cual-
quier otra, pues la época estaba madura para ello. Esta clase de
inventos se realizan, con bastante frecuencia, casi simuitáneamen-
te por distintas personas, discutiéndose entonces sobre la priori-
dad. El inventor surge, por decirlo así, "como un producto de su
tiempo, como una realización de las fuerzas espirituales de su épo-
ca" 4. K. Daeves ha tratado esto en un interesante artículo (V. D. 1.-
Z., 1956, núm. 3). Según él, los "altos hornos" no han sido pro-
piamente invenrados en toda su importancia metalúrgica, sino que
proceden de los "bajos hornos", a través de un lento proceso evo-
lutivo. En los sectores altamente desarrollados y maduros, como
son la explotación carbonífera y la producción de acero, es decir,
cuando los principios y fundmentos son bien conocidos, lo nor-
mal es que los inventos de desarroh se den en gran número. Pero
tambiCn en este caso es válido decir que sólo serán inventos si se
da en ellos el elemento de la nueva cuaiidad, la nota creadora, y ,
cuando el resultado sea superior a lo meramente combinatorio. /
No existe un Iímite claro entre esta clase de inventos y lo que
se llama construcción. Esta importantísima actividad de la cons-
trucción es, en el campo de la técnica, un proyectar y realizar me-
tódico, sistemático y final. También la construcción significa un
apareamiento de las fuerzas formativas del hombre como "inves-
tigator", "inventor" y "faber".
Pero, al contrario de lo que ocurre con el invento pleno, el re-
sultado está previsto y es seguro si no se introduce ningún error
técnico. El el ewat o sorprendente, la novedad, está menos acen-
tuado o no lo está en absoluto. El constructor permanece en el
campo de lo conocido, de lo aprendido y de lo metódico-sistemá-
tico. Sin embargo, esto no tiene por qué significar que construir
no sea también una elevada actividad intelectual, caso que es fre-
cuente.
Los romanos acuñaron la frase "poeta nascitur, orator fit" ("el
poeta nace, el orador se hace"), y, análogamente, podría decirse
que el inventor nace, pero que el constsyctor, supuesta la necesaria \.
aptitud, tiene que ser educa&, formado y perfeccionado
' Cita tomada de los artfculos publicados el afío 1906 en la revista "Hoch-
land", bajo el tftufo de Gedmken über Technik, Kultur und KunsC. El año 1908
aparecieron en f o ha de libro.
Con el título de Zur Phílosophie des Erfindsns (S& la filosoffa del in-
ventor), pranuncib MAX Enrí una conferencia el 9 de diciembre de 1903, que
no debe ser olridada. Dice en elta que toda la vida cultural descansa sobre la
invención, clasifica los inventos, los distingue de Ea invegtigaci6n y habla del
impulso creador (fuente principal de la actividad inventora), del "relámpago
del pensannianton (la i da que es punto de paftida de h invmci6n) y de la in-
cesante lucha contra los obstáculos como antecedente del invento, poniendo
178 FRIEDRICH DESSAUBR
En la vida real, los inventos y las construcciones se entremez-
clan. En muchísimas construcciones hay elementos inventivos y,
en la mayoría de los inventos, se encuentran comDonentes cons-
tructivos. El papel del "ho~no faber" que debe hacer del ente ideal
un "ente en si", un objeto del mundo exterior, está caracterizado
en la construcción por un conti~iuo control "interno", basado en la
idea y en el empeño por conducir lo que "debe ser" al "ser" (apro-
ximando el objeto a la forma de solución ideal, a t r a ~é s de una
actividad manual e instrumental), pero también lo está por Iris,
con frecuencia, enormes dificultades externas que presentan el rna-
tzrial, el utillaje, la disponibilidad de medios económicos y 1;is con-
diciones de tiempo y espacio. El paso de lo ideal a lo externo pasa
por compromisos, fracasos y experiencias que fuerzan a rnodificdr
la irnagen ideal. Aunque es cierto que el paso a lo externo se rea-
liza a través de la "elaboración" del "homo faber", no lo t.s me-
nos que, en esta fase de la realización, tiene lugar un proceso de
acción recíproca, con frccuencia largo (puede durar arios o Jécd-
das), penoso y situado en todi, momento bajo la amenaza del fra-
caso, entre la idea y la experiencia en C! mundo externo. No debe
olvidarse nunca que el juicio sobre la solución hallada ha de ve-
, nir de "fuera". Es la experimentación lo que decide sobre bi "fun-
ciolia" o no, cobre si la solución es "auténtica", es decir. robrc si
se aproxima suficientemente a la forma de solución ideal.
EL PAPEL DE LA TÉCNICA EN LA CIENCIA NATURAL EXPERIiZIESTAL
Puesto que la técnica, aunque sea tan primitiva corno lo fue
en la Edad de Piedra o del Bronce, se basa siempre en el connci-
miento de la Naturaleza, la renovación experimentada por la cien-
cia natural hace unos 350 años también fue decisiva para ella. Es
corriente y puede justificarse el ligar a los nombres de Sir Francis
Bacon (1561-1626) y de Galileo Galilei (1564-1642) este cambio de
dirección occidental t an decisivo para el destino de la humanidad.
El cambio se produjo sobre la base de que el orden natural, a pe-
sar de lo que opinaban e imaginaban los filósofos naturalistas, no
ejemplos de todo ello. Ver en la bibliografía ia obra Lehndige Krüfte (Fuenac
vivasi, de MAX EYTH, 1924.
DISCUSI~N SOBRE LA TECNICA 179
podía ser penetrado lógicamente con conceptos generales, pues el
espíritu humano, basándose en sí mismo, no es lo bastante fuerte
para ello. En cambio, se creía que había un buen camino para co-
nocer con exactitud la Naturaleza, interrogándola a través del
"método inductivo". En el núcleo de este método se encuentra el
experimento, y experimentar significa interrogar a la Naturaleza
("interrogare naturam", Francis Baron), que, bien interrogada, res-
ponde infaliblemente. Según esto, la ~r andeza del espíritu humano
no resulta de su autónoma facultad intelectual, sino de la flexibi-
lidad con que el intelecto se acomoda a l a realidad dada. Desde en-
tonces se dice que los investigadores deben aprender el arte de la
interrogación experimental y el de descifrar las respuestas de la
Naturaleza, para llegar así al conocimiento de las leyes naturales
partiendo de los resultados experimentales. Aunque la discusión de
los filósofos aún prosiguió durante largo tiempo y sc defendió te-
nazmente la opinijn de que al entendimiento le era dado conocer
por sí mismo las leyes naturales, ha quedado claro, desde enton-
ces, que la experiencia adquirida metódica y experimentalmente,
empíricamente, es maestra del investigador de las ciencias natu-
rales, proporcionindole un medio para decidir sobre la validez de
hipótesis, teorías y axiomas. La gran cantidad de ciescubrimientos
realizados en el campo de las ciencias naturales, especialmente en
la física y la química, la jamás sospechada ampliacion y profundi-
zación de nuestros conocimientos, tienen su causa en el hecho de
que el arte de interrogar a la Naturaleza se ha desarrollado hasta
alcanzar un elevado grado de perfección, y confirman continua-
mente la validez de los conocimientos adquiridos ;nductivamente.
Pero lo que hasta ahora apenas se ha percibido ni considerado
es el papel de la técnica en la ciencia natural expmbnental. El cam-
bio de que hemos hablado puede tambiCn caracterizarse por la in-
troducción de la témica, con sus métodos y formas, en la investi-
gacion científica. S610 con esto pudo llegarse a tan enorme pro-
greso.
Experimentar (por ejemplo, en la física) significa que el inves-
tigador se ha formado una opinión, una hipótesis, sobre su pro-
blema, y que, lejos de aceptarla como un conocimiento, la somete
al "juicio de Dios", por decirlo así, del experimento. Es decir, que
se imagina un orden y un método, una construcción final sobre la
base de las leyes naturaies, lo que, en cualquier caso, tiene un ca-
180 FRIEDRICH DESSAUER
rácter constructivo y, con frecuencia, también invrntivo. El plano
inclinado de Galileo, con las bolas de bronce que bajnn rodando
por él, y !a medición automática del tiempo a t rai i s iicl desagüe
regular del agua, como experimentos dirigidos a profundizar en
las leyes de la gravitacicjn, tienen las características de un inren-
t o realdado "ad hoc". Nuestros instrumentos de medida, los con-
tadores Geiger y de luminiscencia, las cámaras de difusión y los
microscopios electrónicos son aparatos técnicos. Los centros de
investigación están dotados de ellos, sin los que ni] sería posible
el actual estadio de la ciencia. Los ingeniosos dispositivos e s p -
rimentales son con mucha frecuencia auténticos inventos (y, c ~ i
cualquier caso, construccio~ies) que no se dirigen directamente a
la producción en masa, sino al caso individual. Es frecuente que
de ellos resulte un producto que, pensado, construido y empleado
primero en un problema de invcstigacicín aislado, sea despuis am-
pliamente usado en el control de la fabricación y en la investisa-
ción experimental, como ha ocurrido con el contador Geiger-Mü1-
ler y con tantos otros aparatos de la técnica química. Muchos de
nuestros actuales aparatos e instrumentos de medición Iiari n a c i i l ~
asi, pues, en nuestro campo, lo que "funciona" una vez funciona Y
siempre en las condiciones adecuadas.
Frecuentemente y con razón se ha tratado del desarroilo de la
técnica bajo el influjo de la ciencia natural siempre en progreso.
Faraday, Maxwel y Hertz, p. ej., dieron lugar a la electrotecnia.
Pero, que yo sepa, no se ha hecho nada todavía por estudiar sis-
temáticamente el nacimiento y desarrollo de la ciencla natural bajo
el influjo de la técnica, también siempre en progreso. Este seria un
tema seguramente fructífero y se apreciaría con mi s claridad que
ahora en qué grado necesita ser técnico (en el auténtico sentido
de la palabra) y en qué medida ha de ser ingenioso y ha de estar
dotado de inventiva el investigador que se mueve en los múlti-
ples campos de la ciencia natural. Los investigadores son cierta-
mente esto, pero es algo que corrientemente se pasa por alto. Sin
embargo, es muchísimo lo que la investigación debe a la tCcnica J-
ya es hora de apreciarlo.
D ~ S C G S I ~ N SOBRE L.A TÉCKICA
EL PODER DE LOS OBJETOS TÉCNICOS ESTA BASADO EN EL "ORDEN".-
NATURALEZA DE ESTE ORDEN.-*RIGEN DEL PODER
Ya se ha indicado varias veces que, en el momento histórico de
la técnica, es decir, en la invención, se pone a disposición de1
hombre un poder que antes no existía. Se trata frecuentemente de
un poder muj7 considerable, como en el caso de la invención de la
rueda, de las máquinas y reactores atómicos suministradores de
energía, del descubrimiento de eficaces medicamentos, de la im-
prenta, de la dinamita, del vuelo dinámico o de las máquinas hila-
doras y tejedoras. Los ejemplos son en este punto innumerables.
Ahora preguntamos: ¿Dónde se asienta semejante poder del ob-
jeto o del procedin~iento? La respuesta puede hallarse a través del
análisis de un ejemplo, revelándose como válido para todos los
otros casos. Por razones de facilidad no escogemos un ejemplo to-
mado del campo de la mecánica-corno una linotipia o algo aná-
logo-, sino una droga eficaz, un medicamento sintético, una sul-
fonamida, que realmente detiene a la muerte en muchísimos casos.
¿Qué es 10 que ahuyenta a la muerte cuando se suministran unos
gramos o centímetros cúbicos de ese medicamento al organismo
enfermo? ¿Dónde se asienta ese poder que es aquí más eficaz que
todos los cuidados, que toda compasión y buena voluntad, más
eficaz también que el poder de todos los ejércitos, estados, moto-
res y máquinas del mundo?
Evidentemente, es un poder específico propio dei.la mmposi-
ción material del "medicamento", que es una unión de moléculas
compuestas por átomos. La clase de estos átomos no lo es todo,
pues son los tan conocidos y difundidos del hidrógeno, el oxígeno,
el nitrógeno, el carbono, el azufre, el fósforo, etc. Pero estos
átomos están dispuestos de iina manera deterrni
un- rnolkda6. Hay moléculas de la quimica orgánica con cen-
tenares, millares y decenas de millares de componentes atómicos, in-
sertos en la mol6cula química espacial y energdticamente. Tales
m~l4culas son microestnicturas de impresionante co11stmxii6B. Un
cambb m la dispdroiún, aunque se mantenga el número y el gC-
nero de los &tomos, puede modificar el carácter de la mdbda, anu-
182 PRIEDRICH DESSAUER
lando su virtud. Algunas veces basta para ello con la transmuta-
ción espacial y cuántica de un solo átomo de carbono.
Está claro que el poder del medicamento radica en su estruc.
tztra molecular, en una disposición determinada de los elementos
materialeq y energéticos en orden a una unidad e integridad. Este
orden es lo que hace que el todo sea superior y más poderoso que
la suma de las partes. Y es ante este orden deter~iiinado ante lo
que retrocede la muerte en nuestro ejemplo. Un reloj es t ambi h
una unidad e integridad ordenada, y sólo por ello es capaz de me-
dir e! tiempo. Sus partes, como suma, no pueden hacerlo. Lo
mismo ocurre en cada caso, se trate de un avibn, de un televisor,
de un motor Diese1 o de un microscopio: la sede del poder de los
aparatos o procedimientos técnicos radica en el orden de sus ele-
mentos, teleológicamente armonizados en la unidad de un sistema.
Pero ¿qué es "orden"?
Uno de los grandes y resonantes conocimientos del florecirnien-
to griego, unos 500 años antes de Cristo, fue que los filósofos per-
cibieron que cI universo estaba "ordenado" y que, por ello, era
cognoscible. Desde entonces llamaron "cosmos" al universo r, no!~~o,
(ordenar, adornar) y en su orden vieron un parentesco con el orden
del espíritu humano. Un desorden total, un caos, puede sin duda
constatarse, pero nunca es posible comprenderlo o conocerlo. Silo
lo ordenado puede conocerse, es decir, reproducirse en el espíri-
tu después de su interpretación. Este reflejo en la inteligencia hu-
mana sólo se da ,cuando una multiplicidad de elementos, objetos
y procesos se disponen en una unidad adecuada, cuando las partes
se ~n v i e r t e n en n~iembros armonizados y ordenados a una inte-
gridad.
A través de ese parentesco aparece el orden como espiritualidad
objetiva, inserta en la concepción cristiana del universo como pen-
samiento de su Creador. El concepto del orden fue en adelante tema
de discusión para los filósofos al correr de los siglos. Así sucedió
con Platón, con Plotino en el neoplatonisnio (unos 250 años des-
pués de Cristo), con San Agustín y con Santo Tomás. Schelling y
Hegel, por otra parte, contemplaban la Naturaleza espiritualizada
en sus sistemas del idealismo objetivo y absoluto.
Para nosotros es suficiente el noci cimiento del parentesco del
orden cósmico con el del espíritu conocedor, de esa "espiritualidad
objetiva", parentesco que hace cognoscible al cosmos, que así re-
sulta accesible para el investigador y configurable para el técnico
y el artista. Aquí se encuentra la sede del poder de los objetos téc-
nicos. Y puesto que la ciencia natural orienta precisamente sus es-
fuerzos al estudio de ese orden, de la normatividad natural, des-
aparece la base de la diferenciación desacreditante entre ciencias
filosóficas y ciencias naturales. Durante siglos ha sido considerado
inferior el rango de la ciencia natural en comparación con el de
las ciencias filosóficas, especialmente bajo la influencia post-pla-
tónica y gnóstica y con la separación entre ambas clases de cien-
cias efectuada por Descartes. Se decía que las ciencias naturales
se ocupaban de lo bajo, de la materia, identificada por el gnosti-
cismo con el mal. Descartes, con su diferenciacicin entre "res ex-
tensa" (la extensión considerada como esencia del mundo empíri-
co) y "res cogitans" (espíritu, intelecto), separó inconciliablemente
a la Naturaleza del mundo espiritual. Los animales y el cuerpo hu-
mano eran considerados por 61 como máquinas. Pero confesó no
conocer la respuesta cuando se le preguntó cómo era entonces po-
sible la evidente acción recíproca entre el espíritu y el cuerpo. Sin
embargo, los efectos de su radical separación entre la Naturaleza
y el mundo espiritual se hicieron sentir a lo largo de generaciones.
Hoy sabemos que el mundo natural íntegro, como dice acertada-
mente Schelling, está espiritualizada. Sabemos que está ordenado,
y es precisamente su condición espiritual, sus elementos ordenado-
res, sus leyes, lo que investiga la ciencia natural y nutre la tée-
i
nica. Las largas luchas doctrinales (como la que sostuvieron entre
si las escuelas humanística y naturalista), que duraron casi un si-
glo, hubieran niostrado menos encono sin el error sobre el rango
de la ciencia natyral.
Conocemos, por tanto, un orden final y estructural referido a
una unidad superior, orden que es el titular del poder inherente a
los objetos técnicos. La cuestión implicada en esto del origen del
poder no ofrece ninguna dificultad seria. No ae &ata & ua .psdee-.
h.llil~~tdlb~, sin^ que prmede del cosmos. El titular del pti&g . d a
goma dinamita sintética y no Nobel, la energía de la desintegra-
c36n o la energía liberada por la unión de átomos excesivamente
pesados y no los constructores de la bomba atómica o termonu-
clear, la locomotora y el microscopio y no Stephenson o Leeuwen-
hoeck. Los hombres han hallado estas fwsws poctabm pooba,
con b que-empleando la expresión sdti ca-han "dado a luz"
184 PRIEDRICH DESSAUER
históricamznte ese poder en el mundo sensible, poder que procede
del cosrnos y es natural. Cuando, Otto Hahn, Strrtssmann y Lise
Meitner descubrieron la desintegración atómica, pusieron en manos
del hombre la energía así liberada, disponible a través de la labor
de los técnicos inventores y constructores. Y el cosmos aún con-
tiene macho más de lo que los hombres pueden soñar.
DIVERSIDAD Y UNIDAD DE SENTIDO DE LA TÉCNICA.-CONSTRUCCI~N
DEL hZEDIO AhlBIEWTE HUMANO. -LA ~ ~ Ú S I C A IKSTRUMENTAL Y LA
MÚSICA ELECTR~NICA COMO EJEMPLOS
El campo de la técnica es de una inmensa diversidad, encon-
trándosela por doquiera en todas las actividades humanas y no su-
cediendo casi nada sin ella en la esfera de la civilización. Incluso
los hombres pertenecientes a las profesiones aparentemente más
ajenas a la técnica-filósofos, historiadores, artistas, teólogos, ar-
qucólogos, juristas-se sirven de ella diariamente, pucs también
para ellos son indispensables el papel, la máquina de escribir, los
libros y revistas, los vehículos, el traje y el calzado, el teléfono, el
agua, la liiz, la calefacción y las medicinas. Además, ia técnica no
es sólo una serie de objetos (formas espaciales) y piocedimientos
(fortemporales), sino que también es conocer, querer, pretender, ac-
tuar, realizar, aplicar y usar. En el primer capítulo, ya hemos ha-
blado del error de ver lo técnico, fundamentalmente en el uso de
los objetos. Si Spengler tuviera razón, el técnico no sería e: químico
que rrab3ja en la síntesis de un medicamento, sino aquel que lo
tomara. Hay también, naturalmente, un uso tbcnico, es decir, un
uso quc queda dentro del campo de la técnica. La edificación es
técnica, pero el uso de la vivienda es habitación; el libro también
es técnica, pero leer es algo que se encuentra más allá. En cambio,
unz llave inglesa es técnica y, por lo general, su uso permanece
en el campo técnico, como sucede en la mayoría de los casos con
las herramientas, las máquinas-herramientas y los medios de pro-
ducción.
Dada la enorme especialización y ramificación de la técnica, si
se quisiera hacer un catálogo de sus especialidades resultaría un
imponente volumen. Hay que pensar, por ejemplo, en todo lo que
se encuentra comprendido bajo los rótulos de construcción de má-
quinas, qufmica, técnica textil, fabricación de papel, vehículos, in-
geniería naval, electrotecnia, óptica, farmacia, higiene, cristal y ce-
rámica, tipografía y materias plásticas; en cada caso hay cientos
de especialidades. Pero no podemos perder de vista el conjunto, y
esto nos lleva nuevamente a la cuestión de la unidad en esta di-
versidad.
Esa unidad la hemos visto en la conjunción de las disposiciones
originales del hombre como "investigatar", "inventor" y "faber", y
volvimos a encontrarla en el estudia de las tres características. Con
esto podemos distinguir hasta cierto punto lo que pertenece a la téc-
nica de lo que está fuera de ella. Decimos "hasta cierto punto" por-
que también áquí, como e n todo, existes casos límite. Pero ahora
preguntamos en otro sentido por esa unidad en la diversidad. Los
distintos objetos técnicos, que se cuentan de cierto por millones, se
han producido indudablemente persiguiendo los más distintos nes.
¿Existe unidad en estos fines? {Hay un sentido unitario? J"
Para contestar esta pregunta utilizamos el concepto, tomado de
la biología, del medio ambiente. A partir de Jakob von Uexküll se
ha prestado atención (sin adoptar su matiz kantiano de la teoría
del conocimiento) a! "medio ambiente" de los seres vivientes, ani-
males y plantas, que se encuentra dado y limitado por lo que tiene
sig?tificación para el ser viviente. Todo lo demás no es percibido por
éste, y no está incluido en su campo de acción. Las plantas y los
animales están ahí encerrados en su propio medio ambiente, que es
muy pequeño en el caso de los seres primitivos, y que va creciendo
paralelamente al nivel de la evolución, no pudiendo salir de él. El
medio ambiente, por decirlo así, es su concha, su prisión incluso.
Al hombre no le atribuyen los Uexküll un medio ambiente seme-
jante, viéndolo como independiente del mundo s. Esta opinión no
la compartimos. El hombre, como ser que no acaba en la Naturale-
za, se coastnqe su medio atrólzrszote, su "esfera de Y de
actwción", gor sí nsismo, La Naturaleza virgen ofrece al cuerpo
humano lo mismo que ofrece a los animales, pero el hombre amplía
sin cesar su medio ambiente en "perce&6n" y en "afFi6n", constru-
yendo todo aqueilo que corresponde a ias facultades y necesidades
de su alma espiritual, y que designamos con el término general de
Cfr. aquf la obra Der Menrch und die Natur, de TKURB'VON UBXRIJL~
(Colecci6n Da$, 1953).
186 FRIEDRICH DBSSAUER
"civilización". Civilización es l o que está más all¿i.de la Naturaleza,
superando lo físico, lo vegetal y lo animal, y que procede del "cui-
dado" humano. La civilización tiene un aspecto sub;etivo (así habla-
mos de hombres y pueblos civilizados) y un aspecto objetivo. Esta
civilización objetiva cs el conjunto, la creación y el uso de los bienes
de la civihzación, que, como libros, edificios, estatuas, cuadros, herra-
mientas, etc., son lo permanente en miles de formas, mientras que
los hombres desaparecen. Todos los bienes objetivos de la civilira-
cicírt portan el cuño de la técnica, han sido ideados y producidos por
técnicos por mucho que, en cuanto a sus fines, se salgan del marco
de la técnica.
-
Una catedral, una cruz y un cáliz son también obras de la técnica
("también", no "sólo"). Todo lo que se conserva en bibliotecas, mu-
seos y colecciones y todo lo que se ofrece y muestra en enseñanzas,
conciertos y conferencias al servicio de la formación, de la educa-
ción y del disfrute artístico, todo lleva el cuíío de la técnica, y no
existiría sin ella. De las civilizaciones pasadas sabemos tanto como
sus titulares supieron expresar en las piedras, papiros y utensilios
hallados. Si faltara la tdcnica, la civilización perecería con los preblos. j
Si seguimos con el pensamiento el curso de un día de nuestra
propia vida y prestamos atención a lo que vemos, oímos y tocamos
desde que despertamos hasta la noche, observaremos que nos en-
contramos rodeados de objetos y procedimientos técnicos. Luz, con-
ducciones de agua, camas, habitaciones, vestidos, correo, periódicos,
calles, medios de locomoción, lugares de trabajo, todo ha sido dis-
puesto por la técnica. Aparte del aire que respiramos, es poco lo que
llega hasta nosotros directamente de la Naturaleza sin ser formado
o presentado por la técnica. También la comida y la bebida, la me-
dicina y la protección, nos llegan a través de ella. Esto lo piensan
pocos hombres. Y aún son menos los que piensan que todos esos bie-
nes y servicios cotidianos son preparados y nos son ofrecidos por
otros hombres. En cada objeto que contemplamos como tina mer-
cancía, es decir, cconómicarnente, se encuentra un soplo de la vida
: .de nuestros "hermanos desconocidos" que para nosotros lo idearon,
'produjeron y ejecutaron, una cooperación y prestación de ayuda hu-
mana, oculta por el velo de la economía, que todo lo ve como una
mercancía por la que se paga, un oculto saludo.
Aclaremos todavia con un ejemplo en qué medida ocupa la tCc-
nica una posición clave en el campo de la cultura objetiva. A pesar
~rscusióx SOBRE LA TÉCNIC. A 187
de Pitágoras, Platón, Aristógenes, Boecio, de Groches, Josquin des
Prés, Bach, Handel, Beethoven, Wagner y Schonberg, nadie ha po-
dido explicar todavía la naturaleza de la música, o, más exactamen-
te, de la música instru>nental, con sus numerosos (más de treinta)
instrumentos típicos. Pero todos están de acuerdo en que hay música,
en que existe como un campo propio, tal vez suprarracional, pero
real, con orden, leyes y lenguaje propios y con cientos de miles de
intérpretes y millones de oyentes. Tiene que ver con la aritmética,
y quizá está !ejanamente emparentada con la poesía, e incluso cor?
las artes plásticas. Sobre lo estético es poco lo que puede decirse
que sea comprensible para todos, pero es tanto lo que se dice sobre
ello que no puede dudarse de su existencia, de su posición particu-
lar. de su validez ni de su eficacia. La música es un campo grande,
importante y especial, aunque insondado.
¿Cómo nació? Al principio se encuentran los antiquísimos ins-
trumentos de cuerda y aire, así como sencillos instrumentos de par-
che y percusión, todos los cuales se han ido perfeccionando con el
tiempo a través de muchas experiencias e inventos de detalle, hasta
llegar al conjunto orquesta1 moderno. Es decir, que en el principio
de la música instrumental se encuentra la técnica, sin la que no po-
dría existir. Es, por tanto, la técnica la que da la llave para entrar
en ese nuevo y totalmente distinto campo cultural, con leyes pro-
pias, y también totalmente distintas. Y éste es s610 uno de los mu-
chos ejemplos que podrían ponerse.
En nuestros propios tiempos está surgiendo, tambiCn a t ~avbs de
-
la técnica, una nueva música instrumental, con lo que se repite ante
nuestros ojos el ejemplo que hemos puesto de un pasado prehistó-
rico. Se trata de la música electrónica, que adquiere un importante
desarrollo sobre la base de nuevos inventos. Es una música que su-
pone todas las posibilidades de las formas actuales (hist6ricas, clási-
cas, modernas y abstractas), además de nuevas e insospechadas for-
maciones y combinaciones sonoras, para las que nuestra tradicional
notación musical resulta insuficiente. Se ha dicho de ella que es una
música sin músicos (sin intérpretes, no sin compositores).
El se&^ m't~lri~ de la t éa' ca se etlCum&ra en la .aqstrn'dn
d e l W ~ e p w ~ & ~ l t a d e l o ~ s s s k N & ~ ~ ~
t d d be pk h, d destino 8 d s i d b del e. El curso de
esto ha sido algunas veces lento, casi inmóvil, pro ahora es una
corriente impetuosa e irresistible, que nos beneficia y amenaza cimul-
188 PRIEDRICH DESSAUER
táneamente, y que supone para nosotros una carga dc gran respon-
sabilidad. En esto se fusionan todas las diversidades en una unidad
dc scnticio. Naturalmente que aquí, como en todas las acti.i~idrides
humanas, también se da lo negativo. El abuso nocivo jr destructivo
de la técnica es análogo al abuso del derecho. Pero lo negativo no
anula el sentido del conjunto, sino que lo confirma.
El problenza del uczror fue pronto considerado por los filósofos
griegos y enlazado con el problema del ser (de la existencia, en sen-
tido generalj. El "r;ilor" fue unido al "bien", siendo equivalentes
ambos. y era lo ~~Itrimcnte apreciado. A Aristóteles se debe una frase
que se mantuvo durante siclos, y que, expresada en el lenpuajc csco-
lbstico, dice: "Ens ct bonum convertuntur" ("El ser y el bien son
equivalentes"). La falta de valor significa así imperfeccihn del ser.
En todo esto es cierto que existe una relacihn entre el ser y el valor,
j7 que el bien, los valores, tiencn un f u n d ~mmt o en el ser. Pero en
la nueva filosofía ha resultado cada vez mris claro que esta relación
no supone una identidad r i i que el valor no se funde en el scr. discu-
tiéndose desde entonces el carácter de tal relacirín.
Las partes de esta discusión fueron sobre fado FI. Lotzc, los filó-
sofos de la escucla austríaca (A. Aleinons, Chr. von Ehrcnfels,
J. K. Kreibig), los neokantianor de 13 escueia bndcnsc (\Y. IVindc-1-
h:ind, H. Rickert, B. Bauch, H. Münsterber;). los fcnomenbl o~os (en
especial. Max Scheler), N. Hartmann y los ncocrcnIristicos (J. Ge!.scr,
Von Rintelen. Siegfried Behn, Hans Mayer), además de E. Troeltsch y,
en general, de los filósofos de orientación pedagógica; también pue-
de citarse a Nietzsche. Lo importante, l o que ticne "valor" para nues-
tros fines en esta discusión, es aclarar en rodo l.-, posible la condi-
ción del problerna, y no su solución, que aquí, como ocurre con tan-
ta frecuencia en la filosofía, sólo sería aproximada, y no se lograría
definitivamente.
H. Lotzr ha distinguido el reino de los valores del reino del ser,
del mundo de lo real. Hq un reino de los valores, que "valen" mien-
tras que los entes "son". Y más tarde se habla de la especial "rnane-
ra de ser" de la validez. Para nosotros esto es adecuado, pues deci-
mos con razón de las leyes naturales que "valen", es decir, que
surten efecto. Y puesto que la eficacia es la característica incorrupti-
ble de lo real, también hay, por tanto, que reconocer realidad esis-
tencial a estas leyes. Cuando análogamente decimos que valores como
"verdadero", "bello", "bueno", "útil" y otros que también determi-
nan eficazmente nuestro juicio, nuestros esfuerzos y nuestra conduc-
ta, son válidos, es natural atribuirles también una realidad existen-
cial y preguntar qué clase de ser les corresponde, y sobre todo si los
valores sólo existen en relación a un sujeto (para alguien o para
algo) o si existe un mundo objetivo de valores. La escuela austríaca
sólo reconocía valores en relación a un sujeto, mientras que los neo-
kantianos, por el contrario, subrayaban su validez objetiva e incon-
dicional. Windelband decía que la cultura es realización de valores,
a los que dividía en tres clases fundamentales (lo verdadero es valor
lógico, lo bueno es valor ético y lo bello es valor estitico), que cons-
tituyen un reino ideal eternamente válido (esto está relacionado con
Platón) y que no depende de ningún sujeto. Los valores se hallan
frente a los objetos (Rickertl. y juntos suponen la totalidad del uni-
verso. En la experiencia vemos que los valores están afectos con fre-
cuencia a bienes, como ocurre con el valor belleza en una obra -de
arte. En Bruno Bauch el valor religioso es un valor especial. Y en el
fenomenólogo M. Scheler el "valor" es ciertamente distinto del "ser",
aunque los valores se adhieren a los seres: Las cosas, indudablemen-
te, pueden conocerse con independencia del valor, pero los valores no
se dejan rechazar, pues son "hechos auténticos" en los que se ba-
san todas las normas, imperativos y exigencias, en tanto no se impo-
nen arbitrariamente. Según él, hay un "ser de los valores" sin rela-
ción con ningún sujeto. Las reacciones de los sujetos que valoran al
sentir algo como verdadero, bello, bueno, útil, agradable, etc., son "a
posteriori", respuestas que se producen al contacto con valores ob-
jetivos. Los valores preceden al conocimiento del valor. N. Hart-
mann se ocupa especialmente de los valores morales. También en
él son objetivos los valores, que tienen validez de manera parecida
a las verdades matemáticas y tienen un ser i del , convirtiCndose sólo
en reales a través de su realización en el mundo sensible. El neo-
escolástico Geyser considera los valores, en sentido aristotélico, como
abstracciones, como sustancias conceptuales que se asimilan a través
de la experiencia (no arbitrariamente).
190 FRIEDRICH DESSAUER
A los distintos \alores corresponde un rango difetente. Hay valo-
res religioso-morales, prácticos, econóniicos, técnicos, valores de dis-
frute. Pero no todos se encuentran en el mismo plano. pues mientras
los primeramente citados tienen un valor propio y un alto rango, los
otros sólo tienen un valor dependiente y variable, como valor de
servicio, valor de canje o valor de disfrute. También hay valores vi-
tales (1s salud, por ejemplo) que poseen un alto rango. Con esto se
relaciona la diferenciación que hay quc hacer entre el valor ideal
permanente y el juicio apreciatiro, que varia e11 cada caso. La jus-
ticia, como valor ideal, es distinta dc 1s escala graduiida con que ca-
lificanios a un juicio de más o menos jtisto. El íiltirno punto de vista.
por sí solo, lleva al relativismo del valor, y puede conducir al nihi-
lismo. Es claro que la escala para la ralorizacijn de 11s cosas, de
las costumbres y de las acciones aislndrts varía histórica y también
actualmente, pero es nienos importante que el hecho de que las
grandcs Iíncas y los últimos imperativos convergen en Ir.> ideales de
r~alor.
De Id cucstión del valor en la t t c n i c ~ ya hab!anios cu.irido nos
ocupainos dsl origen de la técnica y de la economía. El valor de ser-
vicio de los objetos técnicos, unido específic.imente ;i! cumj~limientc
dc siis fines. corresponde al valor de canje de los mismos objetos en
cl niercado económico, que permite ser expresado en dinero, y que
depende directamente de la oferta y la demanda. Anibos órdenes
de valores, aunque fundamenralmentc diferentes, no son indepen-
dientes entre si. Un alto valor de servicio técnico (un croncímetro
de precisión o un excelente microscopio) puede alcanzar LIII alto pre-
cio en el mercado. Pero la diferencia fundamental es evi dri ~t e: el ser-
vicio del cronómetro no puedc ser prestado por el niicroscopio. ni
a! contrario, aunque ambos tuvieran el ~visl>!o iwlor de ccznjc..
La técnica tiende, por su naturaleza, a eievar cl valor de servicio
de sus objetos. De esta tendencia a la perfección somos testigos to-
dos los días. Es asombroso hasta que punto se han "mejorado" hoy
(con frecuencia tras una corta evolución) los instrumentos de medi-
ción, los medicamentos, las máquinas-i~erramientas, los automóviles,
las máquinas de oficina, los teléfonos, los aviones, los detergen-
tes, etc. Es decir, que esos objetos, aproximándose a la forma de so-
lución ideal, han elevado s u valor de servicio inintercambiable.
Este examen concierne únicamente a los alo ores individuales, a
los valores lógicos, éticos, estdticos y, sobre todo, prácticos, de los
DISCUSIÓN SOBRE LA 1 t U i L ~ -- -
objetos aislados; a los "valores para algo", a los valores referidos a
un sujeto, tal como los estudiaban los axiólogos (Gjia, axia=valor)
austríacos. En esto "valor" coincide muchas veces con "utilidad" y
"cumplimiento del objeto". La diversidad de los cientos de miles de
distintos "valores para algo" corresponde aquí a los incontables fines
(mejor, objetos) de las formas temporales y espaciales, de tal manera
que podría pensarse en una total divergencia en las tendencias de
los valores. Engañados por esto, se ha 'hablado de la técnica, incluso
por autores importantes, como de una chica de servi:, como de un
medio al servicio de cualquier fin. Aquí puede ciertamente aplicarse
la vieja reflexión aristotélico-escolástica de considerar la imperfec-
ción como equivalente a defecto del ser y la perfeccibn como pleni-
tud del ser.
Pero ¿hay también, como decía Max Scheler, un ralor de la téc-
nica que sea cognoscible, válido, ético, objetivo e independiente del
valor de utilidad individual y del que pueda hablarse igual que se
habla de valores en el derecho, en !a religión o en el arte?
Para responder a esta pregunta nos servimos de las observaciones
que nos muestran el planear, el imaginar y e1 crear técnicos, partien-
do de las infinitas reservas de lo naturalmente posible p buscando en
el "Cuarto Reino" formas de solución preestablecidas para satisfacer
las ansias y necesidades del hombre como ser físico y espiritual. El
tkcnico, al ser capaz de despertar de su sueño cósmico estas formas
de solución y de trasplantarlas al mundo exterior desde la contem-
plación interna de su fuerza imaginativa, construye él mismo el me-
dio ambiente del hombre con todos sus tesoros culturales. La Natu-
raleza virgen no ofrece al hombre, portador de espíritu, ni un hogar
ni los elementos suficientes para cubrir sus aspiraciones. El hombre
aspira desde el principio a un nivel superior. El metacosmos o super-
cosmos que él mismo construye a través de miles de siglos, enlazan-
do el orden natural con el espíritu, responde mejor a la naturaleza
humana que la selva virgen, la estepa, el desierto o las montañas, En
el medio así logrado con indecible esfuerzo encuentra el hombre pro-
tección, curación para sus enfermedades, alimento, vestido y seguri-
dad, y s610 en 61 puede hallar los bienes espirituales que satisfagan
sus necesiúades de ser espiritual. Gracias Únicamente a ese medio lo-
gran grandes masas de hombres acceder a la cultura.
De esto resulta el valor y la dignidad de la técnica: es la impul-
sión del gCnero huaiiano en t&to como puede realizarse con medios
192 FRIEDRICH DESSAUER
naturales. Los numerosos críticos que niegan categoría a la técnica,
por considerarla un simple medio a disposición de cualquier fin, se
pierden en lo particular, y caen en el error. Un hacha, un martillo
o un clavo cumplen con su objeto, pero también pueden ser abusiva-
mente usados; a ellos se siiade un valor de servicio, dc utilidad. La
ticnica, Co~~io conj u~~t o cortstructor del medio ambiente de la hurna-
nidad, es creación y conservaciGn material de la civilización, como
base real de la cultura, permitiendo cl acceso del hombre a ésta. En
esto estriba su valor ttnifmio de elevado rango. Y la dignidad de
esta misión alcanza también a sus más humildes servidores, que sc
consagran a este gran fin consciente y responsablemente.
El va!or de servicio del objeto aislado ha de ser consiiíerad~ des-
de el punto de vista de este valor diconjunto. Cuanto inás elevado
sea el fin humano y mAs plenamente sea satisfecho por el objeto tkc-
~iico, tanto mayor será el valor de &te. Los valores iio son lo mismo
que los objetos, pero se encuentran ligados a ellos. Los valores seña-
lan en la técnica, como en todo, más allá de las cosas que !os
ostentan.
Con esto queda abordada cl problcma do, la ética en la actividad
técnica. La ética en:aria de los hechos. Desde que sabemos algo del
hombre vemos que ha habido y hay riorn-ias y preceptos, virtiides y
defectos. Aquí no pdcmos entrar en las ciiscusionec que sobre el
origen y la naturaleza de la inoral se han mantenido en todo tiempo
en el seno de la filosofía. Pero puede tenerse por cierro que no s61o
procede de lo útil, ni tanlpoco, como creía Epicuro, de la satisfac-
ción de los apetitos (ni siquiera en el caso de que, siguiendo a Cum-
bcrland, se refiera a la felicidad de :a sociedad, en lugar de a la del
individuo), sino que significa algo central, a lo ql;e apuntaba Kai:t
con su imperativo categórico, y que es ~)rocla~ilado por las religio-
nes como conjiinto de mandatos divinos esenciales a la naturaleza
humana y referentes a la libertad del hombre.
El que la téciiica posee rasgos éticos fundamentales resulta de
su origen, de las fuerzas fsrmritivas, de que ya hab!ábanios en otrc
lugar (S 4). Estas significan un mandato original, tendente a la i r i -
vestigación, al descubrimiento y a la creación para edificar la nlo-
rada humana sobre Ia base del tesoro brindado por la posibilidad
cósmica. La técnica, por su naturaleza, significa sustraerse al someti-
miento animal ante la Naturaleza, liberándose para emprender res-
ponsablemente la formación del medio ambiente como corresponde
al alma espiritual; se trata, por tanto, de libertad en un doble scn-
tido: libertad frente al sometimiento natural y libertad para proyec-
tar por sí mismo, para configurar el futuro. Y esto se realiza inequí-
vocamente, pese a todas las deficiencias humanas, todos los errores
y abusos y todas las dificultades y peligros, bajo la dirección de Occi-
dente y con más impetuosidad hoy que en otros tiempos. Permanece
oculto cuando la visión se aferra al detalle aislado, pero resulta visi-
ble cuando se mira por encima de los milenios.
ASPECTO TE~RICO-COGNOSCITIVO DE LA TÉCNICA. - PROPUESTA DE
K. A. MEISSINGER PARA INTEGRAR LA TÉCNICA EN ~ . 4 CR~TI CA DEL
JUICIO KANTIANA
Las ciencias naturales y la técnica se han desentendido siempre
de los escrúpulos que durante más de dos siglos se han presentado
en el análisis de las cuestiones fundamentales a través de la orienta-
ción teórico-cognoscitiva de la filosofía. Ambas han supuesto más
bien la existencia del mundo exterior (de los "entes en sí") y la po-
sibilidad de conocerlo en sus objetos y en su orden. Y no puede ne-
garse que les ha ido bien con ello, pues sabemos de la Naturaleza
más de lo que podía esperarse, y la técnica, a través de la consecu-
ción de los fines propuestos, demuestra que ese conocimiento es
exacto.
Cuando aparecieron las primeras ediciones de esta Filosofía de la
Técnica (1926-1930) estaban todavía muy en boga las objeciones con-
tra este "ingenuo realismo" de le científicos y técnicos. La pregunta
de cómo es posible la e - c $ se plantea antes que las ciencias
experimentales y la técnika. A principios de siglo era todavía doctri-
na central de muchas cátedras que la experiencia no podía manifes-
tar nada sobre la existencia y la naturaleza del mundo exterior,
pues estaba limitada por el contenido de la conciencia y por las per-
h__
cepciones~nsaciones -- - e ideas. Aún hoy se encÜGtran muchos ras-
tros de esta doctrina en libros y tratados, incluso de físicos teóricos.
Puesto que l*kn general puede aportar algo al problema
de la crítica del conocimiento y hasta hoy ninguna de las famosas
-
escuelas de la teoría del conocimiento (desde Locke, Hume, Berke-
19'1 FRl t VRl CI l VESSAUER
ley, Kant y Schelling hasta Von Asrer, Cassierer y ~r i s chei s en- ~ohl er ,
pasando por las escuelas neokantianas de Baden y Marburg) ha men-
cionado siquiera l a técnica, ese acontecer transformador del mundo
y de la humanidad, hagamos uri breve bosquejo del nacimiento del
problema, d e los intentos de solución y de sus aspectos actuales ;.
~ e n k A Descartes (1596-1650) adoptó la duda metódica como pos-
tura fundamental, y buscó una bcisc. segura que. por encirnri de cual-
quicr duda y con toda seguridad. pudiera servir de punto de partida
para el trabajo filosófico. Y encontró esa base (San Agustín he le
había adelantado en unos ochocientos años) en la frase "Cogito, ergo
sum", que traducimos de acuerdo con su sentido al decir: "Picnso,
liiego existo."
Descartes dividió el mundo de los objetos en el niundo del espí-
ritu, al que llamó "res cogitang" (de las cosas conscicntemcntt. psn-
santes) y el de los cuerpos, :il que llamó "res extensa'' (de las cosas
extensas). "Corpus sive eutensio." Con ello se abre uri infranqueable
abismo entre ambos niundoc, y cuando se le pidió a Descartes que
explicara cómo era entonces posible la evidente acción recíproca en-
tre el espíritu y el cuerpo del hombre reconoció que no podía acla-
rarlo. Nosotros nos atenemos a que Descartes, que ha sido llamado
con frecuencia padre de la filosofía moderna, escogió con su "cogito"
el cdmpo de la consciencia humana corno punto de partida de la filo-
sofía. Y esto permaneció así durante muy largo tiempo. Consciencia
(en latín, "conscientia", es decir, "saber acompañante") significa que
el contenido anímico-espiritual (como las percepciones, tendencias y
conocimientos) está sustentado por el conocimiento de que soy yo
quien percibe, siente o conoce. Y esta sustentación debida a1 yo "dcs-
pierto" es la base del control.
En general se cita como al verdadero fundador de la teoría del
conocimiento a John Locke (1632-1/04), quien estaba influido por
sir Francis Bacon y por los kxitos de Galileo y de Newton, del que
era amigo. El mét odo inductivo de Galileo, con la experimentación,
vigorizó el empirismo, la ciencia experimental. Pero ;cómo llega la
consciencia al conocimiento? Locke examina Io que se encuentra en
la consciencia, y halla en ella percepciones, sensaciones y conoci-
mientos. Una vieja frase, que según Cicerón se debe a Epicuro, ex-
presa claramente este punto de vista: "Nihil est in intellectu quod
Este tema está tratado con detenimiento en la obra Natirrteisseri-
srha/tliches Erkennen (Editorial josef Knecht).
non prius fuerit in sensu." "Nada hay en nuestro pensamiento cons-
ciente que antes no estuviese en los sentidos"; por tanto, la per-
cepción sensorial es la única fuente que alimenta la creación del ra-
ciocinio. Y Locke deja subsistir el mundo exterior como fuerza que
suscita las percepciones sensoriales. Pero George Berkeley (1664-1753)
utiliza la concepción teórico-cognoscitiva de Locke para luchar con-
tra el creciente materialismo negando el mundo corporal, la materia,
las cosas y lo "trascendente", es decir, lo que se sale del contenido
de la consciencia. Sólo "hay" sensaciones y percepciones, y lo que
llamamos cosas son haces de sensaciones.
David Hume (1711-1766), muy consecuente, deduce del arranque
de Locke que tras las sensaciones ("impresiones") y las autopercep-
ciones ("reflexiones") no habría nada. Los conceptos como "espíritu"
O "sustancia" son palabras vacías, y las causas no son percibidas. Por
tanto, no hay leyes naturales ni causalidad.
Esta negación de la causalidad fue sentida como un escándalo de
la ciencia por Kant (1724-1804), quien buscó el error en su crítica
de la razón pura y desbrozó por mucho tiempo el caniino de los crí-
ticos del conocimiento. También él ve al ser determinado por el es-
píritu, y para no tomar como punto de partida al sujeto individual
(lo que conduce consecuentemente al "solipsismo", es decir, a la afir-
mación de que soy yo sólo el que construye el universo inmanente-
mente en mi propia conciencia, puesto que de todo lo demás sólo
tengo percepciones, sensaciones y representaciones) introduce el con-
cepto de la "consciencia" en su-ancia o de la "consciencia trascen-
d s a l " . Esta co_nstruc.c@n_auxiliar (como contraposición frente al
"ente en sí") quedó indeterminada en Kant, y, aunque sus seguidores
la interpretaron de diversas maneras, nunca lo fue satisfactoriamen-
te. El espíritu or r xt n~' ~_í t pi ai l ' (de antemano, es decir, con anterio-
, rid@ a toda experiencia) en esta "consciencia en sustancia", de acuer-
do con las formas tiempo y espacio que le son propias, el contenido
-
de la consciencia, o sea las sensaciones, las percepciones y las repre-
sentaciones. La importantísima palabra "tr~scendental" se encuentra
en Kant contrapuesta a la palabra "trascendente". Lo trascendente
(lo que "rebasa") está en contraposición con lo inmanente (lo que
"permanece en el interior"). Lo trascendente de la consciencia dgni-
fica, por tanto, lo que rebasa la inmanencia de la consciencia, l o
que está fuera de ella, es decir, lo que es mu~$o_x_terior, ente-
sí". Kant llama precisamente trascendental no a lo que se refiere a
e-
"i- - - - - . .
ese mundo csterior, sino a lo que se refiere-cttc-c~cirni_nto en tanto
que éste es posible "a priori", o m si? experiencia. El conocimiento
"a priori" existe, dice Kant, y 13s matemríticas son un ejemplo. La
raz@ elabora el material suminisrraclo por las sensaciones y repre-
sentaciones (lo que es inmanente) según la contemplación externa
(espacial\ e interna (temporal) y a través de los conceptos primordia-
les ("categorías"), que extrae del marco de sus juicios. Naturalmente
que los c o n ~ p t o s primordiales solo son aplicables así a las repre-
sentaciones, a lo inmanente, y no, como enseñaba la filosofía clásica.
11 las cosas mismas. La causalid:dd existe, es una forma intelectual que
j u e w n las sensaciones, y no en las cosas. Las sensaciones significan
un vallado que nuestro conocimienQ no puede superar. En una carta
se lee: "El ente er i sí llama a la puerta, pero no llega a entrar."
Unos cuantos ejeinplos más de frases tomadas de aquel tiempo con-
tribuyen mejor que una cxplicación a poner de relieve el auténtico
conjunto de problemas que nos ocupa, consistente en que en nuestra
consciencia sólo podemos tener complejos de percepciones que úni-
c'imente pueden ordenarse en las formas sensoriales tiempo y espa-
cio, y que sólo pueden elaborarse a través de fornias abstractas (ca-
tegorías), no teniendo acceso al mundo exterior los "entes en sí" rii
lo trascendente. La reajzad (una de las categorías kantianas) se re-
fiere sólo a las p e r e e s , y éstas son las exper-ncias. A los "ec-
tes eii sí" no l l c ga mos ~ conocerlos, pues no forman parte del con-
tenido de la consciencia. Para la cieqcia son tanto como inexistentes.
No fiay un conocimiento trascendente, o sea un conocimiento fuera
del campo ideal (extramental, pudiera decirse) que tenga por objeto
el mundo exterior. .
Arthur Schopenhauer (1788-1860) dice sobre esto: "El mundo es
mi idea." Y Friedrich H. Jacobi (1743-1819), contemporáneo y crítico
de Kant, observa ingeniosamente: "Sin el ente en sí no puede pene-
trarse en el sistema kantiano, y con él no puede permanecerse." Con
ello aiudía a que Kant no podía negar que las sensaciones inmanentes,
las percepciones, proceden, a pesar de todo y de alguna manera, de
fuera (de los entes en sí). Kant no dio nunca una respuesta conclu-
yente a las objeciones de Jacobi.
Otra frase de Schopenhauer dice: "Antes de Kant, nuestra cabe-
za estaba en el espacio; ahora es el espacio el que está en nuestra
cabeza.''
La misma postura de Kant carece de firmeza. Unas veces signi-
D I S C V S ~ ~ N SOBRE LA TÉCNICA 197
fica casi la negación del mundo exterior ("en todo el mundo no
existe más que lo que yo pienso"), y otras veces supone el recono-
cimiento de la existencia de ese mundo, aunque, ciertamente, no
sea accesible para el conocimiento; así en su aguda réplica a Ber-
keley: "La consciencia de mi propio pensamiento demuestra la
existencia exterior a mí de los objetos." Por el contrario, en otro
lugar se lee: "El astrónomo prescribe su curso a las estrellas." En
todo caso, se mantiene la idealidad, la adhesión formal y el aprio-
rismo del conocimiento, notas llevadas al extremo por algunos, como
Fichte, Schelling y Hegel. Mientras que en Kant toda metafísica es
imposible (pues no se permite preguntar por el ser de las cosas),
esos filósofos derriban especulativamente las barreras y caen en un
exagerado idealismo.
Pero continuar la exoosición de estos sistemas nos llevaría de-
masiado lejos-; la temica, que es pasada por alto por los críti-
---
-->Y-
cos de la teoría -. -- del conocimiento, resulta de todo ello que, según
Kant y su escuela, no existe ninguna puerta de paso entre lo-intc-
rior y lo exterior, ninguna posibilidad dg, trascender para las cien-
- - m -
, cias naturales. Las vallas de las percepciones no pueden superarse,
1 y el mundo de las =as exteriores, en el caso de que exista,-no nos
enseña nada.
Á este respecto es cicrto que sobre la naturaleza de los entes
en sí no se hace ninguna declaración definitiva. Sobre la constitu-
ción y la función de una planta o una fruta es mucho lo que puedc
saber, pero lo esencial, lo que hace que una manzana sea lo que es,
no &á a riuestro alcance. En esto, es decir, en relación con los
zilti~~tos problemas ontológicos, son insuficientes la ciencia y la filo-
sofía. Pcro ¿qué ocurre con la "naturaleza", con el "ser así" de una
creaci&@nica como, por ejemplo, un microscopio? Cuando el
1
C.
; microscopio se encuentra ante mí lo percibo con los sentidos, lo
i veo y lo toco, igual que a un objeto natural que no fue nunca "in-
/ trarnental". Intramentaks por sí lo fueron y lo son s61o las sensa-
ciones sensoriales y su transformación. Y el microscopio, como cual-
i quier otro objeto t4cnic0, lo fue. Antes de pasar al mundo exterior
ya estaba en el mundo de las ideas del inventor - o del c&st wt or ;
primero ha sido&+, imaginado en sumodo dc ser, y sólo des-
pués, a través de su elabracíón, pasa a la existencia real, al
exterior.
Aquí está claramente abierta la puerta de la
- -
198 FRIEDRICH DESSAUER
1 y mientras que el Ltrbol, o cualquier otro objeto natural, no estuvo
nunca "en sí" ni él mismo en el intelecto (por lo que permanece in-
sondableyn su última r'senciri), el microscopio "ha tracce-ndijo",
- e --
pasando dc la2sfe~a del pensamiento al mundo exterior. Ha surgido
"intramgntalmente" en todas las particularidades de su esencia, en
su compikta estructura causal y final. Eso que hace a un microsco-
pio " s e r k q u e es". su esencia, ha nacido en h. esfera del pensa-
7
miento, y en primer lugar ha sido idea. 5 u - esencia (que no q igual
/ a 1% de un obieto natural) puede gor ello expresarse, exponerse,
-
fundament- deiinirse. En !a técnica se superan constantcrnente
las barreras de l o inmanente. lo que es es-ial en ello. Y estos obje-
tos, en numero de millones, constituyen el medio ambiente del hom-
bre, y son recibidos como los objetos naturales. aunque con un pe-
netrante conocimicnto de su esencia.
La técnica, cuya realidad y eficacia estriba siempre en el p-o
(en el trascender) de d e n t ~ afuera, y al revés, por ser un crear y
utilizar final sobre la base de las leyes naturales que erige a nuestro
alrededor un mundo imaginado y construido por nosotros mismos,
demuestra-la cornun&ilidad entre a mb o s ~ mp o s y la validez - de
categorías como causalidad y realidad también para io existente na-
- -
turalmente.'En ella puedc aprenderse mucho sobre el conotimiento
y la creación, que de otro modo sería difícil de explicar. J
El error del punto de partida en la primera Crítica kantiana ha
sido puesto en claro por el desarrollo de la filosofía. La existencia
y la cognoscibilidad del mundo exterior (en su estructura) ya nc se
pone formalmente en duda, como todavía ocurría hace treinta años.
Ambas están asegiiradas aGn antes de 10 re/lcxiríit de l a consciencia
despierta. En el capítulo cinco volvcrcmos sobrc cstíi dificultad.
Karl August Meissingcr - g, filósofo de orientació~kantiana y so-
bresaliente historiador - - y teólogo !ampliamente conocido por,sus in-
vestigaciones sobre Lutero), !levó a cabo en 1931 un intento, poco
,considerado entonces, de insertar la doctrina de la técnica en el
esquema del ordenkantiano de la Crítica del z i ci o. Esto se realizó
en el libro Befreiung der Technik, que escribimos en común. Las
* Director del "Instituto de Investigaciones sobre la Reforma". licencia-
do en Teologia y doctor en Filosofía. Nació en 1883.
luchas de Hitler por alcanzar el Poder tuvieron como consecuencia
que la discusión sobre la técnica perdiera intensidad y que casi
enmudeciera dos años más tarde, con lo que el libro pasó inadver-
tido. Y como K. A. Meissinger perdió la vida en plena creación,
en un accidente de tráfico ocurrido en noviembre de 1950, quiero
reproducir aquí textualmente, y casi en su totalidad* sus reflexiones
sobre el tema:
La actividad-del inventor, de la que procede toda obra técnica,
- __ - -
-
- - -
tiene algo misterioso. Toda máquina y toda solución técnica contie-
ne estFElemento de misterio. Pero esta circunstancia permanece
encubierta para la mayoría de nosotros a causa únicamente de lo
acostumbrados que estamos al trato con las obras de la técnica.
osición humana que actúa decisivamente en la invención
er emci El modismo procede de Kant, cuya tercera y más difícil
L/3
obra fundamental lleva el título, que hace retroceder a los profanos,
de Crítica del jtticio.
Esta difícil obra parte, sin embargo, de una idca fundamental
muy sencilla. Todo lo grande es en el fondo sencillo.
Kant dice: el jiticio a&rtado en un litigio no es en ningún modo
cuestión del entendimiento. Un jurista puede tener una clarísima
,.*.-
visión del sistema de la Pandectas y, no obstante, ser incapaz de
hallar el fallo acertado en 'un caso concreto. Jueces proverbiales
fueron, por ejemplo, Salomón (1 Reg 3, 16 SS.) o Sancho (en Don
Qtcijote).
Jyirio es, en pocas palabras, la facultad específicamente humana '
/
.de procede~.&cuadamente. Esta facultad es específicamente hu-
mana igual que lo es la facultad de pensar, cuyo fin es la verdad, o
la facultad de actuar según principios, cuyo fin es el -* bien. Puede
decirse que la nobleza de la Humanidad tiene por primera condi-.
ción a la facultad de conducirse adecuadamente. El hombre comenzó
a liberarse de la dura esclavitud de las ciegas leyes naturales y a
crear a su alrededor una zona de libertad con la primera fogata y el
primer pico. Sólo después de tener un poco de espacio libre a su
alrededor consiguió contemplarse a sí mismo y verse como hombre,
es decir, como algo superior a las restantes criaturas,
Pero este sencillo camino no fue seguido por Kant en su análi-
+-- -
sis. Para nosotros, sus seguidores, resulta más fácil encontrarlo.
< ~ant +bi na - en su Crítica del juicio dos órdenes de ideas que
--
200 FRlEDRlCH DESSAUER
en s u origen cstaban separados, logrando con esta combinación la
idea decisiva.
La Crítica de la razóti pura quiso conteslar a la pregunta de
c-ómo es posible In ci cnci añgt ural . Kant, al trazar los límites
del conocimiento científi&-TÚVO que avenirse con el concepto de
la findlidad en la Naturaleza. Este concepto era decisivo a partir
de Leibniz para esclarecer la cuestión.
Lo principal, dada 13 patente finalidad de la creación, cstriba-
ba en poder aceptar la existencia de un Creador inteligente y sabio.
Kant. por su mismo punto de vista, tuvo que declarar nulas to-
das las pruebas de la existencia dirina y no pudo hacer una ex-
cepción con las tcleol0gicas.
Pero se comprende claramente lo .difícil que le resultaba a
Kant renunciar precisamente a esta prueba. por lo que encuentra
una salida que le permite conservarle validez en \cierto y limitado
sentido. Con ello, igual que Colón, descubre algo totalmente nue-
vo y de mucha mayor anlplitud de lo que él misnio crey6 en el
primer momento.
El concepto de la, finalid-ad -3 n . la Naturaleza, dice Kant, está
más ;iIlá de los 1ímit.c~ de 1; ciencia natural, pero conserva validez
como "idea". Ni la misma ciencia natural, sigue diciendo, puede
renunciar 3 clla tan pronto como tropieza con 12 uid<i. Lo viviente
tiene la misteriosa particularidad de estar organizado finalmente.
Esta cs, cn pocas palabras, la serie de ideas q u e F ~ a n t des-
arrolla en In scgiindn parte de su obra, la Críticn del jlricin "telen- -
lríyico".
Pero hay otra <cric de ideas que interesa a ún mi s a Kant y
que, por cllo, sc encuentra cn primer lugar cn 13 Crítica del jtiicio.
A partir de Lessing y Hcrdcr, se tuvo por cierto que cl gcnlo po6-
tico tenía en sí algo del misterio dc la i'Vatlrrnleia. La estética cla-
sicista es cn eso Una consecuencia parcial de la doctrina de Rous-
seau, impcrante a lo largo de todo el siglo. No en vano fue un
reirato de Rousscau el único adorno en las blancas paredes del
cstudio dc Kant.
La amante Naturaleza
y cl espíritu os dicron al as"
GOETHE, Fotrsto 1, verso 1.391 y s.
Esto era válido ante todo 10 "genial" en contraposición a la
normalidad francesa, y no en balde pone Goethe estas palabras en
boca del "shakespeariano" Ariel.
Y ahora dice K&% que también en la -creaciónxlística impera
\ - -
- < -- .
la finalidad, lo 'que significa su asombrosa y monumental obra
de otorga'; a la genialidad literaria la nobleza de un sistema. El - ge-
/nio crea como la ~at ur af eza jr su producci6n- tiene t*ida.
- --
Pero hay que distinguir. sigue diciendo cant . a este h a c o fi-
i7al del artista de cualquier hacer zítil. El artista no quiere "lograr"
--
--
nada. Su pretensión esencial es llegar a unn ~. ~presi ón - específica de
la Humanidad :
"Un Dios me concedió expresar ,lo que sufro."
Pero la nobleza de la Humanidad es la Zibertod, y, por consiguien-
:e. cualquier fin no estético (moral, por ejemplo), desvalorizaría la
obra artística, pues su esencia estriba en la libertad del fin. Lo
bello es lo superfluo, de lo que, por cierto, dice Voltaire que es
más necesario que cualquier cosa necesaria. Y del mismo modo
no podré ver lo bello en la Naturaleza hasta que no me libere de
todo reqrterinzienfo, hasta que deje de acechar y solamente con-
temple.
Este cs, brevemente dicho, el criterio expresado en la primera
parte de la obra kantiana, la Crítica del juicio "estético". Para
Kant y para los lectores de su Crítica de2 jiticio hubiera resultado
todo más frícil si hubiera advertido -.- - cuán grande cs cl&aretltesco H
d<Y;-.Sw-**-
"intre el ~nisterio de la creacicín nrtística y el, misterio de la iiz-
- < - .--
t~ctzci&~.
Es indudable que un hcxámetro, un soneto, un drama y una
fuga musical tienen su origen en un acto de invención. La flauta,
el violín y los colores oleosos, son inventos t zni cos, y grabar al
agua fuerte es una "técnica'!. Un gran sector del arte plástico,. la
arquitectura, es precisamente una combinación de aptitudes plás:
ticas y técnicas. Por tanto, en el sistema kancano hay un vado:
Entre la Naturaleza f i n a l x l a belleza final (con una finalidad libre)
/
{alta la técnica finalmente creadora.
Por ello resulta la siguiente serie de'fenómenos, cuya interpre- I
tación corresponde al juicio por ser dominante en ellos:
1. El misterio de la ~a t ur a l é z a I>ara los religiosos-áe' la
Creación divina.
202 FRIEDRICl i DESSAUER
2. El misterio de la creaciijn humana final ' de nuevos objetos
que se integran dináttiicaniente en el curso de la Naturaleza, o
-para los religiosos-la prosecución de la Creación divina a través
de la acción física e intelectual del hombre: el cumplimiento del
mandato divino (Ex 12, 28).
i
3. El inisterio de la belleza y su descubrimiento o-para los
religiosos-el reflejo liberador de la bienaventuranza en el mundo
sensible, que de otro modo sólo conoce vasallaje.
Hemos anticipado la interpretación religiosa de la cuestión aun
a riesgo de que sc nos halle culpables del paso no permitido a otro
campo. De esta interpretación aún hemos de hablar detenidamente,
pues es iricluso nuestro principal objetivo. El motivo de la anticipa-
ción es exclusivamente cl deseo de subrayar desde el primer instan-
t e y con la mayor intensidad posible la qmoní a .*del - --. sistann I f
Es muy digno de notarse lo exactamente que se rellena el vacío
de Id CTític~~ del jiiicio a trdvés de nuestro complemento, no habién-
dose hecho necesario desplazar ni un solo elemento del sistema
kantiano. La intima relación existente entre las dos partes de la
Crítica del jiricin queda ahora de golpe tan clara como antes era
oscura. En ciertas repulsas a nuestra concepción, debidas al campc
de la ortodoxia kantiana, se tiene un poco la impresión de que el
solo esclarecimiento de un punto oscuro ec considerado un sacri-
legio, conducta que, indudablemente, no concuerda mucho con
Kant, el gran esclarecedor.
Sirve en general a la coniprensión de nuestro tema, y n o es, por
tanto, una divagación inútil, 21 detenerse en la cuestión dc por que
Kant no percibió la lagüna de su sistema.
La contcstrición ya se ha dado, en el fondo, a través de toda
nuestra exposición: en tiempos de Kant, la técnica no era atín un,
problema. Echc una breve ojeada sobre e1 estado cultural dc aquel
tiempo y atendamos al papel que jugaba la técnica en él.
En Inglaterra ya funcionaba la máquina de vapor, y el oxígeno
fue descubierto a! inismo tiempo en Alemania, Fraccia e Inglate-
rra. Pero nadie sospechaba entonces lo que esas dos !iovedades iban
a significar medio siglo después, qué volumen iban a adquirir con
ellas la producción de bienes y el tráfico, el crecimiento de las ma-
sas proletarias y su cxplotaciírn, la avidez de espacio, de materias
primas y de mercados dc la raza blanca, los órganos de la opinión
pública y s u falseamiento. el desarrollo de las máquinas bélicas y,
DI SCUSI ~ N SOBRE LA TÉCNICA 20 3
como causa y efecto de todo ello, el acumulamiento de poder del
capitalismo. Ni siquiera Adam Smith, el mayor economista de la
época, que surgió casi al mismo tiempo que Kant, llegó a vislum-
brar algo de estas cosas. ¿Cómo, pues, iba a hacerlo, en Konigsberg,
un teórico que sólo conocía el mundo a través de libros de viajes?
En Alemania, y, sobre todo, en Prusia oriental, las clases infe-
riores vivían incomparablemente peor que hoy en lo que se refie-
re a sus derechos civiles, viviendas, vestido, lujos y posibilidades
de evolución y formación, pero no pensaban en sublevarse. Se pa-
saba quizá más hambre que hoy, pero, indudablemente, se sufría en
mayor silencio. Por término medio, se moría también mucho an-
tes y, sobre todo. la cifra de la mortalidad infantil era espantosa-
mente alta. E1 estado de la medicina era deplorable en máximo
grado, lo que. por lo demás, afectaba a todas las clases sociales.
La burguesía alemana, para la que escribía Kant, no tenía nin-
-
- --
guna inclinación a ocuparse del destino de las clases bajas, a no
c- -
ser en el sentido de un romanticismo a lo Rousseau fuertemente
aguado.
Pestalozzi fue visitado por viajeros curiosos, pero sólo como
autor de un libro sensacional. Se vivía en una sociedad aceptable-
mente equilibrada y relativamente libre de preocupaciones políticas
y económicris. El aspecto de las ciudades y calles, las viviendas,
los mucbles y todos los objetos de uso corrientc sugerían una cul-
tura modesta, pero sólida. En las casas se hacía buena música, se
hablaba y se escribía un buen alemán y sólo se poseían libros bien
impresos y buenos grabados que los hombres de hoy se disputan.
La misma producción modesta destinada a la masa estaba muy por
encima de lo que hoy llamamos cursilería. Había guerras que oca-
sionalmente pcrturbaban si bienestar, pero eran resueltas por pe-
queños ejércitos de mercenarios cuya suerte interesaba tan poco
como los fines por los que se luchaba. La presencia de los ejérci-
tos era una calamidad de pocos días. Una batalla en la proximi-
dad significaba un susto de pocas horas y, con frecuencia, era
más bien motivo de curiosidad que de espanto. El mismo miedo
a un bombardeo procuraba quedar dentro de los límites de lo so-
portable. De los orígenes de la cultura humana se tenían ideas muy
nebulosas o muy ingenuas, que, en suma, eran de carácter bhlico,
y había un mayor interés .
- - por m-.- las . viejas - leyendas , . . - - que .-y por ---,13i r, las hachas
.
104 FRIEDRICH DESSALIER
d e pedernal. Nucstro actual asombro ante los priniitivos inventos
- -. -.
/de l a antigiiedad no podía, por tanto, existir.
Todo el mundo estaba bien familiarizado desde siglos atrás con
l o que llegaba a la vida diaria procedente de la Gcnica y que no
ofrecía ,ningún aspecto proJlemático. De la mliquina de baja pre-
siSn de Wat t debió leer algo Kant en algún noticiero o en alguna
narración de un viajc p r Inglaterra. En este pais estaban más adc-
iantados en minerí'i y en la industria en general. y cso lo sabia,
sin necesidad de leerlo, por sus amigos inglescs. (En aquel tiempo,
los ingleses desempeñaban un papel de Konigsberg.) Cuando Fede-
rico el Grande se preocupaba por el perfeccionamiento de los arte-
factos artilleros. esta preocupación era sólo suya y no calentaba
la cabeza a nadie más. En el opúsculo de Kant titulado Zlittz eu,igen
Friedeti fLn paz pcrpetlra) falta el argumento que es hoy el más
contundente de las argumentos pacifistas: la indicación sobre la
marcha cada vez m55 rilarniantc dc la técnica de destrucción. Apa-
ratos como la bomha nciimática, la Botella de Leyden cl baróme-
t ro se cncontrab;in cn gabinetes de física que tndavia conservaban
cl estilo de colcccioii~s de curiosidades. El globo era uii atractivo
de feria y el pararrayos una espeluznante temerid3d. El químico
industrial, t'tl como, por ejemplo, lo describe Gotthc, en cl décimo
libro de su obra Dich!rrrtg lrrtd Wolirliri:. era todavia iin extrava-
gante alquimista que. en el fondo, no se hacía ningunas ilu5iones
sobre la utilidad de sus cxpcrimcritos.
i Y esto sucedía tiacc sólo un poco mrís de cjcn años! Hasta
ahora nunca habí;i c s t ~ d o iin sigln t ~ i i alejado dcl siglo prcce-
dcntc.
La industrializnci6ri, cl gran capitnlismo, el inipcrialismo, c.1 ila-
cional-socialismo, I J guerra mundial !.--lo que es más iinportan-
te-la puesta cn marcha y las probabilidades de éxito del cxperi-
mento mundial bolchevique, han cambiado totalmente la faz de la
tierra. En esta faz han aparecido raspos heroicos, trágicos y terri-
bles conio no se han visto en ninguna otra época. El rnundo de Kant
niostraba un scmblantc fino y viejo dc acentuada palidez. (Es un
simbolo notable que la moda prescribiera cn aquel tiempo un ca-
bello encanecidn.) En cambio, el mundo rictual muestra un scrnblan-
t e indómita y joven, tostado por el sol, con el cabello dcsgrcñado
por el viento. Y e1 poder qiic configura este nuevo semblante se
llama técnica. ;Es todavin necesario decir, como rcsiinicn de estas
ideas, que en esto se trata de algo más que de una ociosa especu-
lación filosófico-histórica o de un divertirniento?
Meissinger continúa diciendo: Habíamos partido del error de
Spranger y ahora podemos decir, esperando con ello aproximarnos
a aclarar la cuestión, que el cacío kantiano ha permanecido hasta
hoy sin rellenar y así se encuentra aún hoy en Spranger. (Confrón-
tese 9 19.)
Kant hace constar tres orientaciones totalitarias de la naturale-
za - humana: la teórica, la ética - y la estética, a l & que corresponderían
tres "tipos" de Spranger. La ~r i me r a y la última se encuentran en
éste sin modificar. Scheleiermacher ya había distinguido del ético
el religioso, que también aparece sin modificar en Spranger. El éti-
co se desdobla en el social, - el político, el jurídico y el pedagógico.
-
Y, por último, aún se añaden (dotados de un signo de interrogación)
el deporfivo, el econ&mico y, combinado de manera característica
con éste, el e c o , que, como liemos visto, significa el punto dé-
bil del sistema. Decimos que en Spranger todavía se encuentra el
mismo vacío que en Kant porque, aunque es cierto que percibe que
ha de realizarse algo para poner a la tjcnica en LU lugar, encuentra
primero quc su naturaleza está caracterizada por un "ahorro" eco-
nómico y, segundo, porque ve en ella un medio para cualquier
fin, con lo que pasa por alto la verdadera cuestión de la misma
manera que Kant, quc a g d i c d ni - una mirada ,F a la técnica. El ,
.__.--- ----
hombre "solamente técnico" es, Spranger, un poco la oveja negra, \
-
que tiene por objeto iluminar debidamente las autónomas virtudes i
sociales, políticas, jurídicas y pedagógicas del hombre. 1
Esta confrontación de Kant y Spranger debiera resaltar clara-
mente la urgente necesidad de poner fin á esta depreciación de la
técnica. (En el tj 19' se tratará esto más detenidam26te.)-2 de-
! preciación de la técnicu es una de las causas principales de su
1 uso abusivo como medio para cualquier fin. Y deseamos introducir
f escrúpulos en ese abuso.
1
Proclamamos que la actividad final del técnico supone el titu-
lo de nobleza más antiguo y, por tanto, "aprion'stico" del hombre
y situamos a este título nobiliario junto a los' otros que componen
el grandioso y determinante sistema kantiano, con lo que éste queda
felizmente completado. -
Sin embargo, esta actividad la subordinamos a un propósito
posterior de mucho mayor alcance.
206 Fttt?lHIClI DESSALIER
i
El misterio de la finitli es, por tanto, ricccsiblc al coiiocirriien-
to humano a través de -i"d a acción delinventor. Pero de ningún modo
se trata del conocimiento científico-causal (único considerado por
Kant en la Crítica de la rcrzu~z pttru), quedando tanibién en el enig-
ma el "conocimiento" de la responsabilidad moral y el ile la liber-
tad eStética. Yo creo que, a través de este cnnoblecimiento del
"hombre técnico", innierso en la "realidad", la "ide¿i" de Id fina-
lidad pierde gran parte de su carácter ncbul~iso y cspcculativu. Y
así debe ser.
,
Para abreviar, digamos de una vez qiie Iri idea aristot6lico-to-
mista de la causa firrnl ("causa finalis") debe recobrar su vieja dig-
nidad junto a la causa eficiente ("causa efficiens"), única que. por
transparentes motivos, f u e aceptada en 13 consideración científica
por la ciencia natural renacentista. Cuanto r n k intensaniente se
1 acentúe y se aclare la profunda concepción de Kant a t r ar i s de la 1
inclusión ordenada de la finalidad_-~cnica en su sistema, tanto más
claramente se revela la ~)usibilidad de zipltr aprírosiniació~z tritre Su,?-
t u Tomás y inirrnt J., coi1 ello, la perspectiva J e un aprovecharnicn-
t o por la concepci6n católica del iliiindo de los grandes impulsos
filosóficos debidos a éste.
Hasta aquí, K. A. Meissinger. En el 9 19 volvert.mos sobre
estas cuestiones.
Theodor Litt sustenta !a opiniór. de que, cn ia Prehistoria, hubo
un estado pre-técnico del hombre, de tal manera que no pertenecen
a la técnica los utcnsilios, adornos y armas de la Edad de Piedra.
Litt cita, como ejemplo de la, según su opinión, err611ea concep-
ción de la tdcnica del hombre primitivo, la siguiente frase: "Ya es
técnico, por tanto, el hombre prehist6rico que empuña iin hacha
para hiindir con ella el cráneo de su enemigo." El mismo ejempio
que escoge patentiza que la naturaleza de la técnica le es extra-
ña. La produccicin de un hacha es una acción técnica, pero no el
ziso de ese arma. De lo contrario. sería técnico quien toma una píl-
dora, e1 que viste trajes, el que fuma un cigarrillo, el que bebe un
"whisky". La utilizacicín de medios técnicos sólo pertenecerá a la
técnica cuando no exceda de los límites de ésta. Una máquina-
herramienta es una creación técnica y cuando (en forma de torno,
taladradora, etc.) se utiliza en la producción de herramientas o de
objetos técnicos, su uso permanece dentro de la técnica. La pro-
ducción de papel y la impresión pertenecen a la técnica, pero
cuando alguien lee el periódico, enciende una cerilla o come con
cubiertos en lugar de hacerlo con las manos, como el hombre pri-
mitivc?, no deja de ser temerario calificarle de técnico. Por lo que
yo sé, ningún conocedor de la técnica ha afirmado nunca que hun-
dir cráneos con un hacha sea una labor técnica.
Segun Litt, las ciencias naturales y Irt creación técnica parten
del supuesto de la "separación sujeto-objeto", es decir, del hecho
de que el hombre se enfrenta a la Naturaleza como objeto, diri-
giendo su pensamiento al exterior. Pero esta postura, dice Litt, no
es la original, pues antes hubo un "estado mágico y sin separa-
ción", un estado de "modorra e inhibición universal", que se repi-
te en la evolución del niño.
Era una relación personal e íntima con el mundo que no re-
gistraba hechos, sino que humanizaba todo lo que le afectába
aplicándole el valor y el contravalor de lo "simpático", es decir,
"de lo que siente con uno". La aplicación al hombre primitivo de
este estado de "no-separación" se apoya en la valoración mágico-
místico-religiosa de los utensilios y en su relación con el hombre y
el universo. Para Litt, las ciencias naturales y la técnica son total-
mente independientes del valor. (Confrontar su definición en el
apéndice de este mismo capítulo.) Y como el hombre primitivo
tiene una idea del mundo en la que el valor está acentuado, su
producción de adornos y armas y su utilización del fuego es, por
tanto, pre-fécnica.
Contra la opinión de Litt habla en primer lugar su afirmación
de que las ciencias naturales son ciencias totalmente independien-
tes del valor, de lo que se sigue esa misma independencia en -el
caso de la thcnica. Esto lo demuestra con el siguiente ejemplo:
"Los bacilos de la tuberculosis que destruyen los pulmones de un
Schiller y el dueño de esos pulmones son igualmente interesantes
desde el punto de vista de las ciencias naturales". Este ejemplo
muestra, a través de la inclusión de un orden de valores extrdío,
lo lejos que se encuentra Litt de la técnica. Las ciencias natruaEes
tienen por objeto órdenes, suitancias y leyes unioersales. Mi l l er
208 FHlEVRfCH UESSAUER
y sus bacilos no tienen un lugar en ellas. El 'orden de valores dc
las ciencias naturales está fundamentado en primer lugar por cl
concepto del "valor-verdad", del que resultari la "zona dc vali-
dcz", la "importancia" y la "limitación" (todos ellos coriccptos de
valor) de un conocimiento, y después, por lo que ya está mrís a113
del simple conociniiento de las consecuencias, es dccir. del al-
cance del conocimiento. El axioma de la energía, los axiomas dc 1;i
mecánica, los axionias electrodinárnicos de Maswtll. 21 asiorna dc
los cueiitos de Planck y el axioma de la equivalencia de Einstein,
son ejemplos de alto "valor-verdad": de enorme "importancia" y de
gran "cainpo de acción" cn las ciencias naturales, y sus alo ores
cficieíltes", que rebasan el campo de esas ciencias, llegan Iiasta las
grandes cuestiones del orden social humano y del cliriztzr del in-
dividuo. El caso de Schiller pertenece al orden histirrico de valores,
y su ci t i revela que Litt reduce aquí el concepto del \r;iior a 1;i Iiis-
toria.
Adeixás, por lo que sc refiere a la época pretéciiicii, fuíid¿iiiieri-
rada en una íntima unión universal mágico-mitolhgica, Li t t pasa
por alto uue se trata de un estado inmanente. Los mitos y fórmulas
mágicas pertenecen al mundo de las ideas. Pero el venablo con pun-
ta dc pedernal, que protegía al hombre primitivo coiitrü los osos
de las cavernas y los lobos, no sólo fuc imaginado por él del rnis-
mo modo que imaginaba seres fabulosos, sino que, partiendo de
la inmanencia de su imaginación, y a través de su elaboración so-
bre la base de un conocimiento experimental de ia Naturaieza, lo
ha trasladado al mundo exterior, al mundo de !os ubjetos. Para
esto se requiere la distinción entre ese mundo exterior .y mi "yo".
De otro modo, el venablo no pasaría de ser un mito y, corno tal,
no dominaría a las fieras.
La opinión de Litt tampoco queda apoyada por cl exrinien de la
conducta del niño o del hombre primitivo. Cuanllc e1 niño pasa de
la primera fase, preponderantemente animal, a un proceder que
ya comienza a ser humano, su conducta indica que "descubre" los
objetos y que se sitúa respecto a ellos en una posición de deseo
o de defensa, sin identificarse, por tanto, con los mismos (¡de-
fensa I ).
Algo totalmente distinto-y aquí reside el grano de vcrdad de
la hipótesis de Litt--es la posterior, plenamente consciente, re-
flexiva y, lmr último, filosófico-metódica separación entre e1 "yo"
y el objeto. Todos los sectores del conocimiento humano (y ya
hablamos de ello al principio del primer capítulo) parecen evolu-
cionar desde el problema aislado como primera fase hasta la refie-
xión sobre el conjunto, y es sólo en esta fase reflexiva donde se
l!eva a cabo conscientemente la separación metódica. Consciencia
es "con-scientia", es su saber anejo. El "conozco las cosas del mun-
do exterior" es un comienzo. El "yo sé que el titular de ese cono-
cimiento es mi yo consciente" y la cuestión conexa de "¿cómo llega
a mi yo el conocimiento de las cosas del mundo exterior?", son
posteriores. Pero entonces hace ya mucho tiempo que la creación
y experimentación en el mundo exterior (la técnica) están en marcha
El panorama de la vida espiritual es de una diversidad desconcer-
tante para quien ordena conjunta y sucesivamente sus manífesta-
ciones, que han de ser ordenadas para poder contemplarlas bien,
es decir, para comprenderlas. En un orden semejante ve y deter-
mina Eduard Spranger el lugar espiritual de la técnica. El ordena-
miento de fenómenos multiformes es, ciertamente, un mCtodo ge-
neral de la ciencia, pero, si se quiere que el resultado tenga valor,
habrá de escogerse como es debido el principio ordenador.
Spranger establece tipos ideales de individualidad espiritual. ¿Qué
significa esto? En primer lugar, que las manifestaciones espirituales
son buscadas en su titular, el hombre. Pero aquí ocurre que todo
hombre empírico porta y manifiesta una gran cantidad de parti-
cularidades y fuerzas espirituales. A toda manifestación espiritual
es inherente la totalidad del espíritu. Cuando un hombre cualquie-
ra realiza un acto espiritual; por ejemplo, cuando un politico pre-
para una ley social; en su hacer actúan juntas componentes de dis-
tintas esferas del espíritu. El concepto social que ese político tiene
y realiza no se encuentra solo. El político es también un "hombre
de poder", pues no s610 se siente poseido por un sentimiento so-
cial, sino que tambien quiere realizar su ley a pesar de los obsthcu-
los que puedan presentarse. Al mismo tiempo es un "hombre eco-
nómico" que pondera los medios y fuerzas que habrá de emplear.
210 FRIEDRICH DESSAUER
Desde un principio, y a lo largo de todo su hacer, es también un
"hombre te6ricoV que se esfuerza por conocer la realidad que sir-
ve de base a su plan político. Muchas veces, aunque en nuestro
ejemplo resulte débil y velado. aparece además el componente
estético en las acciones espiritualcs, manifestándose en la forma de
lo realizado. Por último, como la acción política y social tiene
su origen en causas ideológicas y en la percepción de un:i armonía
y una responsabilidad generales que proceden de distiritns esferas,
en la acción política se manifiesta también el "hombre religioso".
Pero Spranger, para lograr su objeto de comprender y v ~l o r n r
ordenadamente, aísla los motivos espirituales individuales qiic se
encuentran entrelazados en la acción humana, e intenta exponer-
los idealmente en toda su pureza. Así encuentra seis tipos funds-
mentales e ideales de individualidad, que con precisamente los
citados: el "hombre teórico", que se entrega al conocimiento ob-
jetivo y cuya pasión es la verdad, terminando su intenci6n en lo
"verdadero" o en lo "falso"; el "hombre económico", que se cun-
sagra a lo útil; el "estético", que presenta como forma toda ex-
periencia interna y externa; el "hombre social", que reprime su
yo y pst erga su propio interés actuando con espíritu de servicio;
el "hombre de poder", cuya propia afirmación supera a todos los
restantes motivos espirituales; y, por último, el "hombre religioso",
que ve todo lo existente como creado por Dios y, por ello, todo
lo considera referido al Creador.
Al aislar de la multiplicidad empírica a estos tipos ideales y al
exponerlos minuciosamente, surge para Spranger el problema de
la valoración y de la clasificación moral. Cada uno de los tipos idea-
les significa por si una clase de valor. Para caracterizar al hombre
individual y real es decisivo establecer qué clase de valor domina
en él. ¿De qué se trata, en definitiva, para él? ¿De los riegocios,
del poder, de la verdad, del servicio, de la realización de la volun-
tad divina o de la expresión artística? ¿Son, además, comparables
entre sí las distintas clases de valores? El autor que nos ocupa las
ordena según su propia apreciación. Pero ¿cómo, partiendo de
tal consideración, pueden comprenderse y valorarse sectores vi-
tales en los que, aunque se aprecia la actuación de fuerzas que
tienen su origen en los seis tipos fundamentales del espíritu, no se
conoce cuál de los componentes tiene la primacía? Spranger men-
DISCUSI~N SOBRE LA TÉCNICA 21 1
ciona como tales sectores complejos la técnica, el derecho y la pe-
dagogía.
- Pero iquS entiende este autor-y con él una gran parte de
+ .
nuestros contemporáneos-por "técnica"? "Su esencia más general
-dice-estriba en que es un sistema de medios cuyo fin está deter-
minado desde cualquier otro lugar, y es elegido y formado, simultá-
neamente, según los principios teórico y económico." Según Spranger,
el principio teórico es el conocimiento objetivo de las leyes (en las
matemáticas, la física, la química, la mecánica, etc.), y el económico
es el principio del mínimo esfuerzo. La característica decisiva de la
técnica, sigue diciendo este autor, "es que. por sí misma, no su-
pone ningún género de valor independiente". Por ello no puede ser
considerada como un sector de valor autónomo, pues "el técnico.
en tanto sea mero técnico, no pregunta por el valor o por la falta
de valor de los fines para los que ... procura los medlos. Presupone
que esta valoración propiamente dicha ha sido realizada en otro
lugar o en otro sector del espíritu. Por consiguiente, la técnica pue-
de ser colocada al servicio de cualquiera de los demás campos de
valores". Después añade: "La técnica se apoya siempre en el tiene
que ser de fuerzas necesariamente actuantes, nunca en el debe
ser." ¿Cómo es, según esto, la forma vital del técnico frente a los
seis tipos fundamentales? Spranger responde: "De acuerdo con
nuestros tipos fundamentales aislados, llamamos técnico más bien
a aquel que, sin ponderación de los fines éticamente pretendidos.
se dedica solamente a la segura e!ección de los medios." Esta elec-
ción de los medios está fundarrientada con exactitud cientffica y se
encuentra dirigida por la ley económica (del mínimo esfuerzo), pues
así lo requiere la naturaleza de la técnica. Y, para que no subsista
ninguna duda, Spranger continúa diciendo: "Sabemos muy bien
que un ingeniero actual significa espiritualmente mucho más. No
es un mero técnico. Pero si tomamos el aspecto tCcnico de su ca-
rácter y const ~i mos, a través de un proceso aislante, la forma vi-
tal correspondiente y totalmente unilateral, surge una mezcla es-
pecial de objetividad científica y de espíritu práctico-económico que
se impone sobre la total estructura animica del tipo de hombre.
que nos ocupa." Después dice concluyentemente: "El mero t6cni-
co, sea en el terreno de las fuerzas naturales, sea en el de las fuer-
zas humanas, se hace cargo de la función propuesta sin anaIizgr
críticamente su valor." Por tanto, según Spranger, la t6cnica no ei;
otra cosa que una desbrozadora, un medio y una preparación ins-
trumental al servicio de cualquier fin procedente de un campo aje-
no a ella. Es decir, que carece de sentido propio (ii~rriaiientemente).
Su sentido es, en cualquier caso, un sentido ajeno; su valor, un
valor ajeno y, por ello, la ley del "debe ser", la ética, no tiene un
lugar en la técnica.
Igual que Spranger piensan muchos hombres y escriben muchos
autores.
Sin duda que tambiérz existe lo que Spranger y muchos otros
definen como técnica. Pero el que exista algo así no es definitivo.
Más bien depende de si en el sector cultural que llamamos téc-
nica o en la forma vital del técnico concurre esencia1rl:ente algo
más, algo con acceso directo al espíritu, a los valores y a la ética.
Algo que equipare a la técnica con el derecho y la pedagogía, a
los que Spranger otorga un rango superior y un más cercano ac-
ceso a los sectores fundamentales del valor. Algo que dé a la
técnica un lugar autónomo en la historia, que corresponda a la
auténtica transformación interna y externa que experimenta el
mundo a través de ella. Seria realmente curioso que un mcro instru-
mento a disposición de toda clase de fines y deseos, como Spranger
define la técnica, pudiera transformar la taz dc la tierra y la es-
tructura espiritual del hombre como realmente lo ha hecho y !o
hace. ¡Una de las mayores transformaciones históricas estaría, en
ese caso, carente de sentido propio!
Sería un recurso demasiado fácil conceder que tiene ciertamente
que haber algo así como un sentido de la técnica de trascendencia
mundial, añadiendo que el concepto de la técnica no es suficiente
para explicarlo, teniéndose que recurrir a otro. Antes bien, hay
que preguntar: ¿Hay un orden técnico de valores como el que
representan, por ejemplo, la medicina o el derecho, en el que
desemboque la ley del "deber ser", la ética? ¿Tiene la forma vital del
técnico un acceso primario a la unidad del espíritu y los valores?
¿Es verdadero o falso que la técnica es completamente indiferen-
te desde los puntos de vista axiolópjco y ético porque está a dis-
posici6n de cualquier uso, al servicio de la medicina o del veneno,
de la paz o de la guerra, de la libertad o de la esclavitud, de lo
bello o de lo grotesco, de tal manera que el valor y el contenido
ético de lo técnico no es inmanente, sino trascendente, es decir,
que ha sido determinado desde fuera de la técnica?
Otros y yo hemos tratado en muchos trabajos de esbozar un
cuadro de la transformación del mundo exterior y de la estructura
espiritual que ha experimentado la tierra por obra de la técnica.
Hay evidentemente algo inverosímil en la idea de que un po-
der transformador del mundo no sea más que un medio sin fines
propios. ¡En tal caso tendría que admitirse la tesis de que una
humanidad atolondrada y privada del conocimiento de si misma
se ha dotado de instrumentos, por decirlo así, caprichosamente! Y.
lo que es completamente absurdo. apenas tendría la humanidad ia
posibilidad de escapar algún día a las consecuencias de esa ligereza
criminal.
Comencemos con un ejemplo cualquiera: Nueva York, Chica-
go o San Francisco están más cerca de un hombre europeo actual
de lo que estaba antes un habitante de Nuremberg de un ciudadano
de Francfort. Este "más cerca" significa que, vinculados por la ley
de la acción recíproca, su destino es mutuamente dependiente; Es-
tos hombres de hoy no sólo comparten, si quieren, la misma cultu-
ra y disponen de los mismos bienes, sino que también influyen
mutuamente en sus destinos. Un día desastroso en la Wall Street
neoyorquina hace temblar los cristales en Francfort. Esta condensa-
ción de destinos en acción y contra-acción, este empequeñecimien-
to y esta comunidad de bienes materiales y espirituales, se deben
al teléfono, al telégrafo, al avión, al barco de vapor, a la radiofo-
nía y a otras creaciones técnicas; se trata, entre muchas repercu-
siones sociales, de un progreso técnico.
Nuestro exacto conocimien$o se basa en la técnica, en el teles-
copio y en el microscopio, en el electrómetro y en la balanza, todos
ellos productos tt?cnicos. ¿Puede impedirse que una vez inventados
estos ingeniosos instrumentos cambiara rápida y fundamentalmen-
te el pensamiento de la Humanidad y su postura ante las últimas
cuestiones? Ahora no se trata de qué exageraciones pueden ha-
berse producido ni de qué parcialidades habrfa aún que eliminar,
sino del poder de la tecnica como fenómeno histórico. Muy efi-
cazmente ha mostrado MaximiEan Esterer lo ese poder con el
ejemplo de un pafs sin preparación, China. Si la t hi c a no fuera
le En el tomo Chinas natürlichs Ordnung un8 die Marchine, pertene-
ciente a una colección (1929). Ver bibliopaffa.
214 PRIEDRICH DESSAUER
un poder histórico, no hubiera surgido ninguna discusión ni con-
troversia, ni se hubiera producido en su campo el esfuerzo ten-
dente al auto-conocimiento.
Pero si es asi, :realmente reside en los infiernos este gran po-
der histórico. tan completamente desprovisto de sentido. de valor
y de contenido ético propios, carente de acceso directo al espí-
ritu y mero medio caótico? ;Realmente lo ha creado la Ifumani-
dad entre tambaleos? Esto es tan inverosímil-e imposible para el
hombre religioso-que más de uno !'a ha despertado. ,Así Hnns
Freyer. que en un interesante trabajo" trata de explicar la ticni-
ca como materirilización de una voluntad histórica. Este autor ad-
vierte que tanibién aquí hay unidad dentro de !a multiplicidad y
que se trata de iin sistema (no de u n crios) (le solucio~lcs profzo~-
tiamente funclada.~.
No obstante. Id confrontación de la reoría que presenta la t i c-
nica como un cúmul o de medios de todo ~f ne r o, carente de sentido
directo y de unidad, con el poder mundial efectivo del fenóiileno
Ilariiacio "técnica", 110 es una prueba decisiva. Pero obliga. Fiies
ese "cúmulo" de millones de medios para millones de fines diver-
gentes tio puede contemplarse en el cuadro histórico y fuerza a
buscar su propio sentido. La técnica tiene también derecho al nié-
todo aislante e idealizante de Spranger.
El acceso a la naturaleza de la técnica se encuentra muchas ve-
ces obstruido por conceptos rutinarios. Esto es históricamente com-
prensible, y eliminar los obstáculos es cuestión del autoconocimien-
to. Quien, según la vieja costumbre, nombra aisladamente muchos
objetos técnicas heterogéneos y pregunta en cada caso por el fin
a que sirven, encuentra una gran abundancia de eslos fines y con-
cluye fácilmente que no existe un sentido unitario. Advierte cien
rnil productos químicos, medicinas para las más diversas enferrne-
dades, materias colorantes, medios de conservación, abonos, explo-
sivos, materias acumuladoras de energía, desinfectantes y máqui-
!las, por citar sólo algunos ejemplos. Y cada uno tiene su fin.
diztinto del de los demás. Junto a ello ve los materiales de construc-
cihn de la técnica: vigas. hormighn, cristal, cemento, piedras traba-
jadas y artificiales, cartones embreados para techumbres, medios
aislantes, etc.; a lo que se añade la electrotecnia con sus pararra-
yos, teléfonos, telégrafos, aparatos luminosos, motores, acumula-
"
Cfr. BEtter für Deutsche Philosophie, 14, número 2.
DISCUSI~N SOBRE LA TÉCNICA 215
dores, etc. Ve las construcciones, la técnica de los medios de trans-
porte, la técnica textil, las materias plásticas, etc. Ve la técnica
agrícola, forestal y minera, cada una con sus aparatos dispositivos,
materias auxiliares, procedimientos y máquinas especiales. Ve las
canalizaciones, los puertos, las carreteras, los ferrocarriles y los
barcos, cada uno de los cuales supone un cosmos de pormenores
técnicos. Un gran barco es una ciudad flotante y, literalmente,
comprende millones de aparatos y procedimientos técnicos. Si el
observador se vuelve ahora hacia la investigación. encuentra en
los laboratorios infinidad de aparatos técnicos. El aprendizaje de
procedimientos técnicos dura frecuentemente toda una vida. Y si
ese observador se vuelve hacia la literatura o hacia cualquier
otro campo espiritual, encuentra nuevamente que todos los me-
dios e instrumentos han sido ofrecidos por la técnica: el papel
y la impresión, el violín y el cincel, las pinturas y los esce-
narios, Si mira a su alrededor en su propia habitación y presta
atención a lo que llega hasta él a lo largo del día, se encontrará
completamente apresado entre objetos y procedimientos técnicos.
Y así podria seguir examinando todos !os aspectos y sectores labo-
rales de la vida, encontrando siempre que están cada día más pe-
. netrados por la técnica.
. -
Y este observador puede ser inducido a error por esos millones
de formas temporales y espaciales, por esos procedimientos, instru-
mentos y materias que son tan varios como los mundos de las plan-
tas y de los insectos y cada uno de los cuales parece tener un fin
distinto. Tal vez, como la mayoría de los autores, encontrará unidad
ontológica en los objetos de la técnica, pero no unidad de sentido,
unidad de fines ni unidad ética; en una palabra, negará la unidad
espiritual.
Sobre la unidad ontológica digamos aquí s610 unas palabras,
pues ya se ha hablado de ello. Exteriormente, en todo lo técnico
se trata de formas espaciales y temporales, es decir, de objetos y
procesos (procedimientos). Todas estas formas concuerdan con las
leyes naturales y todos sus elementos constitutivos han sido to-
mados de ellas, de tal manera que el mundo de lo causal signif-
ca el pañol del mundo técnico. Sin embargo, para todas las formas
de la técnica es decisivo, en contraposici6n con la NauraIeza, el
orden final: el fin domina, configura e integra. la forma. En esto se
encuentra una gran diferencia entre el mundo natural y el &nico,
216 FRIEDRICH DESSAUER
que se advierte ' - cuando se sobrevuelan en avión zonas cultivadas
y sin cultivar, por ejemplo, en un vuelo hacia los Alpes. En lo
cultivado, o sea, cn lo conforniado por la técnica, domina la línea
geornhtrica como señal de un orden final. 1-0s edificios, las calles,
las carreteras, los canales, los sembrados y las líneas ferroviarias,
se somckn n ese orden. En las zonas donde la Naturaleza se halla
virgen, en las que impera la casualidad, no existe ninguna Iínea
semejante. El aspecto que, por ejemplo, ofrece la alta montaña, es
ca0tico. Esta comparación muestra con suma claridad cómo trans-
forma la tdcnica Iri faz de la tierra. La finalidad de cada forma
espacial o temporal lleva fa característica de la elaboración a tra-
vés de una voluntad intelectual. Todo esto es susceptible de com-
probarse con los sentidos y caracteriza una unidad ontológica de
las creaciones técnicas que tiene su origen en las fuerzas formati-
vas (conocer, inventar y elaborar).
Pero ¿dónde está la unidad de sentido, la unidad espiritual?
¿No est4 mucho más claro ahora que aquí se acumulan miles de
fines heterogineos y que no hay iiianera de encontrar un sentido
o un fin inmanente e inliercnte? ¿O es que el revestimiento de la
tierra con figuras scomCtricas debe indicar la exictencia de uii
sentido unitario? ¿Se trata de una organización de la siipcrficie
terráquea según un principio, en rigor, unitario y espiritual?
Por tanto, lo primero que dificulta el acceso al sentido de la
técnica es su variado aspecto, que suscita la creencia de que se tra-
ta de un "montón". Y la naturaleza de un "montón" estriba preci-
samente en ser una acumulación casual de cosas en el tiempo y en
el espacio sin principio unitario, sin sentido, sin orden y sin valor.
Las escolásticos han utilizado en su filosofía el concepto del "mon-
t6n" como ejemplo de lo que posee la menor esencialidad, de lo
que más alejado está de la unidad de uria "sustancia metafísica" o.
como decimos nosotros con palabras más sencillas, de una última
unidad espiritual fundada en sí misma. Y la técnica ha sido consi-
derada como un montón.
El segundo obstáculo obstruye el camino a quien se encuentra
dentro de la técnica. Asl como el soldado no percibe nada de la
estrategia y el funcionario judicial ejecutivo, el policia, el carcelero
o el alguacil perciben frecuentemente poco de la idea eterna del
12 Cfr. ias vistas aereas en la obra del autor, Kooperatiw Wirtschaft,
tomo 1, 2: ed., 1931, editada por Friedrich Cohen, Bonn.
DISCUSIÓN SOBRE LA TÉCNICA 217
Derecho, o como el maestro que por trigésima vez enseña la tabla
de multiplicar y olvida con ello fácilmente el espíritu ped~gcígico,
así también resulta muchas veces difícil para el técnico ejecutor,
para el que trabaja en las calderas, en la máquina, en el volante
o en la sala de dibujo, el hacerse cargo de su fundamento espiri-
tual. Este obstáculo también puede llamarse rutina. Lo ordenado
ha de realizarse siempre en el acto y sin más, y el agua vivifican-
te que brota de las fuentes espirituales parece no llegar hasta él.
Sigamos con el ejemplo del derecho, también tratado por Spran-
ger. En todo Estado existe derecho positivo, es decir, leyes ya he-
chas que han de aplicarse como son y ejecutarse sin consideración
de las personas. Y hay gente que se consagra plenamente a ello sin
tener en cuenta las consecuencias, pues puede decirse que los ar-
tículos no saben nada de los individuos. La introducción de motivos
extraños, de circunstancias sociales o de la especial naturaleza es-
piritual del reo, choca con el derecho, si no lo pone en peligro, a
¡os ojos de esas personas, por decirlo así, "idealizadas".
Y, sin embargo, la realización del derecho y el derecho positivo
existen espiritualmente por obra de io que se encuentra tras ellos.
Contemplados desde un elevado punto de vista, con el intento eter-
no, ciertamente necesario y siempre fracasado, de realizar la idea
de la Justicia en el mundo de la realidad diaria. La idea eterna del
Derecho es una idea social (e inseparable ae la idea del Amor, por-
que en el trasfondo espiritual está unido lo que con frecuencia
aparece separado en la realidad cotidiana). La dignidad de las pro-
fesiones juridicas, tanto de las decisivas como de las ejecutivas,
tiene su origen en el trasfondo espiritual. De ahí le viene a esa
forma de vida su sentido, su valor y su contenido Ctico, y si no
hubiera una idea del Derecho, no tendría valor ni sentido su eje-
cución, de la misma manera que no puede haber fallos judiciales
entre las plantas. El que el alguacil que recibe el encargo de eje-
cutar la sentencia no pueda, según su buen parecer, mostrar cle-
mencia ni considerar circunstancias sociales en favor de la persona
contra la que ejecuta (lo que se basa en la necesidad de proteger
el orden jurídico); el que el caralero tenga que cumplir las pr e r
cripciones de la condena, y el que el juez no juzgtie según su buen
parecer, sino según la ley, ocasiona injusticias todos los dlas, os
decir, una oposicidn contra la misma idea' del Derecho en ciefftos
de casos aislados. Y, no obstante, de esto no resulta que la forma.
21 8 FRIEDRICH DESSAUER
de vida de esas personas dedicadas al Derecho este desprendida
de su fundamento espiritual, "no siendo otra cosa que instrumen-
tos" que reciben sus normas y fines desde fuera y sí otra misión
que escoger y aplicar debidamente los medios. Ciertamente, ha de
producirse una constante rectificación y renovación de la ley y de
su ejecucicin desde las fuentes, de tal manera que la idea del dcrc-
cho ticnda una rncjor realización en la socíedad respectzua.
Pongamos otro cjemplo. A los sectores complejos, entre los que
Spranger s31o cuenta la técnica, el derecho y la pedagogía, puede
iurri~iisc tanibitin 13 medicina. Históricamente, como la técnica y el
ilcrecho. cotncnz5 también con los primeros pasos de la Humani-
dad, y no Ilegij tampoco a ser un gran sector independiente hasta
hace scílo unos siglos (aunque lo fue antes que la técnica), después
de sus arranques en las antiguas civilizaciones y en la Edad Me-
ciia. Trirnbi6n la medi ci n~ recibe sus fines aislados desde fuera.
El hombre. que sufre 13s más dzversns enfermedades y que esta
amenazado por múltiples géneros de muerte, exige s~l vaci ón y ali-
vio de mil maneras di s~i nt as, del mismo modo que los objetivos
del derecho positivo y de la ej ecu~i 6n del derecho responden a exi-
gencias sociales de mil especies. También podría decirse de la me-
dicina, como se dice del derecho positivo y de su ejecución, que
todos sus objetivos son trascendentes, es decir, que están marca-
dos desde fuera, y que, por consiguiente, su esencia termina cn la
"mcdiatividad", eri la adecuada preparación y aplicación de las
materias, fuerzas y procedimientos. Con ello, estos sectores que-
darían desprovistos d e su valor propio. Pero esto no lo afirma
nadie, pues en la actividad es evidente para todos, en el caso de
la medicina, que los fines aislados se cuentan, ciertamente, por mi-
llares, pero que el fin unitario es inmanente, real y valioso: lo que
en la vida jurídica es la realización de la idea del Derecho, es en la
medicina la progiesiva realización de la idea de la redención fren-
te a los sufrimientos físicos y físico-espirituales. De aquí reciben
las profesiones médica y jurídica SI unidad, su valor y su fuerza
ética. Pero si alguien que contempie el campo de ia medicina no
ve en 61 otra cosa que cien mil medicamentos, aparatos de quiró-
fano, instrumentos quirúrgicos, aparatos de reconocimiento y edi-
ficios clínicos, tambiCn podría hablar, como en el caso de la técni-
ca, de un "montón" carente de sentido. Pues ese observador vena
la multiplicidad de !o agrupado y sucesivo, pero no vena la unidad
de la esencia. Mas nuestro tiempo no corre ya el peligro de inter-
pretar tan equivocadamente el campo de la profesión médica, pues
hace mucho que tiene conciencia de la naturaleza de ese campo
vital. La medicina ha llegado por ello antes a la emancipación, lo
que también significa que ha llegado antes a la formación y deli-
mitación del campo de su especialidad. al reconocimiento por par-
te de la sociedad, al conocimiento de su naturaleza y a la exalta-
ción de sus servidores. Aunque sus objetivos aislados se cuenten
por millares, por muy diversos que sean sus aparatos, procedimien-
tos y materias, y por tnuy abusivo, contradictorio y carente de
sentido que paeda ser su uso aislado, el fin de conjunto inmanen-
te. que consiste en la prestación de auxilio, el fortalecimiento, la
protección y el perfeccionamiento físico y físico-espiritual del hom-
bre, se reconoce hace ya tiempo y, con ello, se adopta una postura
positiva frente al valor de la compleja forma vital del médico.
Y, sin embargo, la visión de todo esto puede resultar difícil
para quien se encuentra dentro de ello.
Nuestro problema, después de lo precedente, puede expresarse
con mayor sencillez así: El derecho y la medicina, los ejemplos que
hemos elegido, son multiformes, toman sus fines aislados de fuera
de ellos y suponen un "montón" de objetos y procedimientos em-
píricos, pero, a pesar de todo, se tiene como un elemento seguro
de nuestro conocimiento social el que ambos significan una uni-
dad de sentido, y el que cada uno, como unidad, constituye un
orden de valor y tiene un contenido ético. Las formas de vida de
ambos campos tienen su propia vía de acceso a la unidad del fun-
damento espiritual. La cuestión es ahora la siguiente: "Puede de-
cirse lo mismo de la técnica? ¿También representa ella, a pesar de
toda la variedad de actividades, medios y procedimientos, una
unidad de sentido con naturaleza propia y cognoscible, y un orden
de valor propio en el que se basan leves de carácter Ctico? ¿Tiene
también, por consiguiente, acceso a la causa primitiva de su uni-
dad espiritual? La rutina y la monotonía dificultan en todos los
casos el acceso a la unidad esencial. Pero, al analizar los ejemplos
del derecho y de la medicina, vimos que la unidad espiritual, la
esencia, es en las fuentes donde resulta clara, en los lugares donde
cornienur la forma de vida, y de los que 6sta recibe su razón de
ser y desde los cuales es siempre modificada y renovada. El ejer-
cicio del derecho tiene su fuente inmutable en la idea del Dere-
220 FRIEDRICH DESSAUER
cho. La idea de Justicia, como principio, es eterna e inmutab!~.
Pero el contenido positivo, lo que es justo ahora, no es inmutable,
sino que depende de las circunstancias sociales. Sin embargo. el
derecho positivo !- el ejercicio del derecho reciben su acceso n la
unidad espiritual, su valor y su di si dad ética del impulso eter-
no y sisnipre renovado de realizar cotidianamente la idea del De-
recho a través de ellos. Y cuanto más se alejen de esa fuente.
cuanto más se independicen, más caerán en la esfera del simple
medio. Con ello se desvalorizan y se entregan al abuso, como efecti-
vamente ha ocurrido en la Historia al ser empleados como instru-
mentos para la erección y defensa de cualquier tiranía. Pero el
mundo seria injusto con el juez, con el abogado y con los fiin-
cionarios ejecutivos de la justicia, l7 desconocería el carácter de
estas profesiones. si negara al ejercicio del derecho y a su forma
de vida su unidad espiritual y su esencia, reconociendo únicamen-
te su carácter de medio.
Exactamente igiial cncontrarnos la unidad espiritual del ejercicio
de la medicina cuando buscamos en sils fuentes y no en los milla-
res de detalles aislados, en la multiplicidad de fines o en sil eier-
cicio rutinario. La fuente de esta compleja forma de vida cs la
asistencia al hombre que sufre corporalmente y también, a traiér
de s u cuerpo, espiritualmente. Es un principio unitario y, como
principio, independiente del tiempo cuyo contenido varía conti-
nuamente por obra del conocimiento. Cuando alguien entrega dia-
riamente medicamentos a cambio de dinero sin pensar eri la iuente
de su actividad, él mismo se separa de la esencia de su forma de
vida. Pero esta corrupción sólo le alcanza a él. El valor. la esen-
cia y el contenido ético de la medicina no son afectados por ello,
aunque en tal caso no sean claramente visibles. Sí lo son. en cam-
bio, en el caso de un Pasteur, de un Koch O de un Ehrlich, en los
que el mandato de la asistencia, de la investigación y de la cura-
ción estaba plenamente activo, así como cuando se trata de un
médico consciente de su profesión que extrae diariamente nuevos
impulsos de la unidad espiritual de su forma de vida.
Por tanto, cuando análogamente preguntamos por la unidad cs-
piritual, por la naturaleza de la tkcnica, no lograremos una visión
clara si, por ejemplo, contemplamos a un simple servidor de la
técnica, a un obrero auxiliar que trabaja en la tan citada "banda
continua* ejecutando una labor rutinaria y monótona, sino que
tenemos que remoritarnos a las fuentes, donde las formas espacia-
les y temporales, es decir, los procedimientos, elementos y apara-
tos técnicos, aparecen por vez primera. ¿Cuál es el motivo unita-
rio fundamental de que todos los millones de formas técnicas apa-
recieran donde nunca estuvieron antes, o, en una palabra, de que
fueran inventadas? ¿Hay un motivo unitario para ello como en
el caso del derecho o de la medicina? Puede decirse con toda
certeza que centenares de leyes han sido dictadas para ser puestas
al servicio de los intereses del poder y que muchas actividades
médicas se han realizado por razones económicas, pero por ello
no p e d e negarse que los motivos fundamentales que inspiran las
actividades jurídicas y médicas sean las ideas del Derecho y de la
Salud. Igualmente y sin ninguna duda hay tambiCn creaciones téc-
nicas que tienen su origen en razones económicas, en la intención
de obtener 3anancias materiales. pero lo verdaderamente decisivo
en el técnico cuando crea y dedica a ello su vida es algo distinto
de la codicia o de la ambición del poder. El motivo fundamental
se encuentra si se analiza la vida y la obra de los grandes técni-
cos v, por ejemplo, se advierte a cada paso en el Museo Alemán de
Munich. Al observador reflexivo que lo visite se le hará patente
de golpe de dónde se nutre la corriente de las creaciones Y activi-
dades técnicas. En la vida típica del inventor aparece la motivación
técnica específica. que con tanta frecuencia llega hasta ' l a "obse-
sión", hasta la renuncia a todo bienestar mundano y que lleva
cientos de veces a arriesgar incluso la propia vida. Ciertamente que
estos hombres que se aproximan al tipo ideal del técnico puro no
son tan fáciles de comprender para el mundo actual como los pio-
neros del derecho o de la medicina. Es mucho lo que tardamos en
adquirir conciencia de la naturaleza de l a técnica, mientras que en
el caso de otras formas de vida ello ha sucedido hace tiempo.
En el intento de comprender, a través de su aislamiento e idea-
- lización, al tipo del técnico puro o, como diríamos aceptando la
incongruencia de la expresión, al "hombre tdcnico" 13, permanece-
mos conscientes de lo que significa tal idealización. El técnico em-
pírico, es decir, el hombre que encontramos en la vida diaria, es
Esta wpresi6n, andlogamente a las de hombre "te6rico" o "económi-
co", debidas tambibn a Spranger, es en realidad idiomáticamente incongruen-
te. Al decir, por ejemplo, "hombre teórico", Spranger no se refiere a que
este hombre exista en teoría, sino a que se dedica a ella.
222 FRiEDRICH DESSAUER
un hombre que, como cualquier otro, obra impulsado por diversos
motivos, encontrándose en sus acciones y en su manifestación com-
ponentes de todas las formas de vida de Spranger. El técnico "iLlea-
lizado" es un recurso del conocimiento, utilizado por la ciencia en
general y sin el cual difícilmente puede lograrse nada en el campc
de l& ciencias filosóficas, que aísla y revela lo característico, IG
decisivo, para poner de relieve la unidad espiritual, la esencia.
Este "hombre tCcnicoW es en cierto sentido el contrario dc.1
"hombre teórico", tal como lo describe Spranger. El tipo clcl hoiii-
bre teórico está caracterizado por la plena consagración 31 cono-
cimiento de lo que "es" y por su sometimiento de antcmririo a lo
que encuentra objetivo. El valor superior que este tipo de hombre
busca es el del conocimiento, que se dirige esclusivarneiite n la
realidad, al estado de cosas y a la verdad. El tipo idealizado del
hombre teórico busca las relaciones verdaderas y, halladas Gstss,
cesa para él todo interés. No quiere i ~ i utilizarlas ni traricformar
con ellas el mundo.
El "hombre técnico", corno tipo puro, tiene su origet: en lo
creador. Quiere enriquecer el mundo con nuevas forrnas espacia-
les y temporales dotada cada una de algún "poder" específico. y
percibe en un sentido especial la deficiencia de lo terrenal: advier-
t e el vasallaje del género humano ante el calor y el frío, ante !a
humedad y la sequedad, ante el hambre y la sed, ante la tempes-
tad y la calma, ante peligros y necesidades cuyo número es incon-
table. La amplitud o la estrechez de un espacio y la longitud o la
brevedad dc un momento pueden resultarle fatal de mil maneras
diversas. El hombre cs planta y es animal. No s61o es rfo, pero
tnrnbio~z es eso. En tanto sólo es planta y animal, se encuentra en-
tregado a la Naturaleza y dependiente de ella como un ser desnu-
do e inerme en sumo grado. En tanto sólo es planta y animal no
llega a ser espíritu. Su naturaleza espiritual sólo puede curnplir-
se en la medida de su emancipación ante la vida pilrarnente veye-
tal y animal. Esta emancipación no puede ser perfecta durante la
vida terrenal. pues toda manifestación espiritual del hombre está
vinculada a fenómenos corporales, pero sí es posible de una manera
gradual. ¡Qué diferencia hay entre un hombre primitivo o un des-
heredado de nuestra sociedad apresado en la lucha por la existen-
cia, en las necesidades de cada día y en la lucha contra el clima
y el mundo animal, afligido por el hambre y la pobreza y totalmcn-
DI SCUSI ~N SOBRE LA TÉCNICA 223
te dedicado a conservar la vida y un hombre al que una técnica
desarrollada permite disponer de la mayor parte de sus fuerzas vi-
tales para dedicarlas a la vida espiritual y a la creación! ¡Qué
enorme recorrido a través de milenios y qué tremenda dimensión
la de la escala social! Pero ten qué consiste esta emancipación ante
la esfera animal-vegetal? Sencillamente en que al hombre Ie es
dado realizar actos en el mundo físico que no puede ejecutar como
hombre animal-vegetal: protegerse en circunstancias en las que,
como planta humana y animal humano, se encuentra amenazado y
aherrojado. El "hombre", zoófito, no puede volar, su voz muere
a poca distancia, su movimiento es lento, le cuesta dominar la
tercera dimensión, el espacio, la altura, y está inerme, desampara-
do y desnudo. El hombre, zoófito, es más débil que muchos ani-
males y puede servir de alimento a muchos de ellos, estando espe-
cialmente a la merced del estensísirno mundo de los microbios.
Pero el hombre, zoófito, tiene espíritu y está vinculado a la uni-
dad de la causa primitiva espiritual, brotando de ello su anhelo
creador. Crea formas que dominan el espacio, la altura, y que
llevan su voz y su mirada alrededor del mundo. Crea formas que
le protegen y le hacen más fuerte que los seres pequeños y grandes
que le rodean. Imagina creadoramente procedimientos y procesos
que le otorgan la posesión de fuerzas y materias inauditas, ante las
cuales retroceden el cólera, la difteria y el tifus. Y lo que todavía
no tiene ni puede se convierte para él en un aguijón torturante tan
pronto como vislumbra la posibilidad de tenerlo y poderlo. Es do-
blemente característico que siente la falta de lo que no posee y que
no descansa hasta que lo logra. Quien conoce la suerte del inventor
sabe lo que significa la inquietud creadora y cómo consume al que
la padece mientras enriquece al mundo. Muchos inventores fueron
mártires.
-
Al proceso realizador de lo técnico le llamamos "creador" an-
teriormente. Lo creador no consiste en que el técnico produzca li-
bremente las formas, es decir, anárquicamente y de tal manera que
éstas ejecuten a su arbitrio lo que él quería. Lo creador se revela en
que las formas técnicas no estaban antes en el mundo visible, en
que el mundo de los fenómenos no las contenía. Cada una de estas
formas está dotada de una cualidad específica, de un poder "inin-
tercambiable" y, por ello, de un poder social. El papel, los proce-
dimientos de imprimir, los productos químicos, los elementos me-
224 FRIEDRICH DESSAUER
dicinales de la serie aromática, la máquina de vapor y el genera-
dor eléctrico, el teléfono y los abonos artificiales no son sólo for-
mas finales de poder especifico, sino también portadoras de poder.
Su poder no es el del inventor como persona, sino que procede de
lo espiritual. Las formas finales técnicas, o sea, los procedimientos,
los p?ocesos, los utensilios, las máquinas, los aparatos, los com-
bustihles, los medicamentos, los colorantes, las construccio~ies, et-
cétera, son invcnciones. formas récnicas, potencias, porque en cada
una de ellas cl espíritu final ha domiriado a la rebelde causalidad
de las materias y energías naturales. En la locomotora, en el Sal-
varsán, en una emisora de radio o en un microscopio, todo eíemrn-
to está sometido al "poder" Jr1 objeto a través del espíritu final.
En el punto de origen del mundo técnico, observamos primero
la percepción de la deficiencia de la prisión animal y vegetal y el
sufrimiento causado por no poder lo que el espíritu ve como posi-
ble. Y. en segundo lugar, la particular orientación del espíritu, esen-
cialmente distinta a la teórica, que se debe al conocimirrito vislum-
brante de una capacidad creadora final en el campo del mundo
visible. De la tensión en ese campo entre la deficiencia, la cauti-
vidad, y el coiiocimiento de la posibilidad creadora, surge la forma
de vida técnica, que no queda con ello totalmente definida, pero
sl explicada en algo esencial. La historia de la vida de los inven-
tores es una fuente para aclarar este aspecto. Lo importante no es
que supieran exactamente qué es lo que les animaba ni que lo
hayan expresado-los grandes legisladores y médicos tampoco lo
han hecho en la mayoría de los casos-, sino el hecho de que es
ese espíritu creador en tensión el que los impulsa. Piknsese en el
conmovedor desamparo dr Stephenson cuando fue sometido a in-
terrogatorio en el Parlamento. A la mayor parte de las preguntas
contestó: "1 can't say it, but 1'11 make it." Esto es un técnico en
su nobleza.
Así como el hombre teórico se entrega al conocimiento de lo
dado, colma su vida a través de esa entrega y busca y halla el
acceso a la unidad espiritual en la investigación de la verdad, así
se consagra tambiCn el hombre creador a la realización de lo espi-
ritual partiendo de la perpetua inquietud de su origen. Ciertamen-
te que la fuerza creadora del hombre (así como su fuerza cognos-
citiva) se dirige a distintos fines. Spranger, en su intento de ex-
poner los tipos ideales fundamentales de la individualidad, no ha
presentado al hombre creador como tipo propio. Y, sin embargo,
este tipo existe y no está contenido en los otros seis tipos funda-
mentales. El hombre creador no es el hombre de poder, ni el eco-
nómico ni el social. Tampoco es idéntico al hombre religioso nr
al estético. Spranger bosqueja lo creador en el hombre en algunos
lugares, especialmente en su aniilisis de la individualidad estética:
el hombre estético, según Spranger, no actúa según principios ge-
nerdles como el hombre teórico ni por consideraciones de utilidad
como el económico, sino que le define la voluntad de expresar en
formas su propia vida cargada de impresiones. La forma creada y
producida por él actúa en el alma de los que la perciben a través
del mundo de los sentidos. El hombre estético activo, el artista,
es así creador en el marco- del mundo sensible, a través del cual
pone en actividad el sentimiento estético de sus prójimos.
La forma creada por el técnico está destinada al mundo direc-
to de la acción. Su impulso creador es igualmente una realización
creadora de lo por él contemplado como forma, pero como fm
de acción que afecta a lo material y energgtico. Su compañero in-
dispensable, el investigador, en el vecinú campo de la ciencia natu-
ral, se entrega al estudio del mundo causal, al que quiere conocer
tal como es, dándose por satisfecho cuando penetra en su orden
causal o de probabilidad. Pero el técnico, como creador en el mar-
co del mundo de la acción física, no se da por contento con ello
ni lo acepta. El técnico quiere más, y precisamente respecto al hom-
bre, El mundo causal de la ciencia natural es su arsenal, del que
extrae los medios, combinándolos. Pero su hacer es final, tiene un
objetivo determinado, realizando formas espaciales y temporales
que, por su orden espiritual, pueden, o pueden mejor, lo que hasta
entonces no podían, podían peor, en el mundo de lo dado. Un ob-
jeto técnico tiene siempre una finalidad de servicio inintmciambia-
ble y especifica, y su valor t&cnico entre sus semejantes es la me-
dida en que se cumple ese valor espedfico de servicio. Pero esta
medida está determinada por el grado de espiritualización final
de todos los elementos que componen el- objeto y por la aproxima-
ción de la forma definitiva a la idea del fin. Basta con seguir el
proceso de evolución de un aparato tCcnico cualquiera; en al Mu-
seo Alemán, por ejemplo, del rttt&m6vil, para que incluso el pr&-
no perciba la victoria dd eapfritit &al sobre los rebeldes elomcn-
tos que integran el aparato,
La inquietud, el impulso creador que parte' de una visión pre-
via, es lo tfpico. No fue el ansia de ganancias ni la ambición de
poder lo que hizo a Leonardo, a Lilienthal, a los dos Wright o a
Junkers dedicarse a la invención del avión. Papin y Watt no fueror!
hombres interesados. El inventor de la máquina de coser, que
murió 'en la miseria, fue un hombre lleno de espíritu creador téc-
nico. Es especifico en el técnico puro que no le mueve en primer
lugar el afin de lucro, la ambición ni el ansia de poder, sino el
impulso de realizar la nueva posibilidad por él contemplada. El
que esta fuente de creación técnica desemboque en millones de ca-
nales y el que, por ello, las formas tfcnicas puedan parecer descon-
certantes, inconexas y amontonadas a la luz de un examen super.
ficiril, no tiene ninguna significación esencial. También el derecho
se ramifica en miIes de disposiciones positivas, tanto más cuanto
más diferenciada esté la sociedad humaca. También al legislador
se le señala su función desde distintos lugares. Y, sin embargo, el
derecho tiene en la idea del Derecho su unidad, el fundamento de
su propio valor y su ética inmanente. La unidad inmanente, el sen-
tido de conjunto y el fundamento del val x de la forma de vida
técnica, es algo intrínseco y que no se encuentra en la periferia de
los productos. Zschimmer tenia razón cuando decía que el sentido
de la técnica es la libertad frente a la Naturaleza, pero hubiera
debido añadir lo que significa aqui la palabra "1ibc.rtad". Negati-
vamente es la emancipación gradual del hombre ante la prisión ve-
getal y animal y su miseria, su amenaza y su aherrojamiento al
orden causal y de probabilidad de la Naturaleza. Hasta aqui, por
tanto, libertad equivale a liberación. Positivamente es la consecii-
ción de medios al servicio de todo lo espiritual, del conocimiento,
del arte, de lo social, de lo religioso y de Iri cultura, al servicio de
todo lo que el espíritu contempla y desea, en tanto que esos me-
dios puedan ser tomados de la "despensa" de la Naturaleza, sien-
do realizados, finalmente, y en tanto que los fines puedan ser al-
canzados con tales medios. O sea, ¿que se trata efectivamente de
un medio, de un instrumento? Sí , también es esto, pero dentro de
una gran unidad que comprende y ordena un "conjiinto". Con to-
dos sus millones de medios, la técnica es una unidad en su ori-
gen. Dicha unidad la constituye la progresiva emancipación del
hombre de la esfera aprisionante de lo causal, y tiende al espíritu, a
través de la creaci6n de formas de servicio portadoras de poder en
DISCUSI~N SOBRE LA TÉCNICA 227
sí mismas, por obra de su constitución espiritual y final con ele-
mentos naturales. Y esto, como se expuso en los $3 10, 15 y
y 20, significa la construcción del medio anibiente humano. La Na-
turaleza sin transformar, con sus órdenes de la causalidad eficien-
te y de la probabilidad, no brinda al hombre un hogar para su alma
espiritzlal. Tan pronto como el hombre aparece sobre la tierra co-
mienza a edificar un medio ambiente nuevo y superior. Esta es la
misión que, desde un principio hasta nuestros días, confiere a la
"técnica" su unidad de sentido. Con ella sostiene el hombre, desde
los primeros tiempos, a través de miles de siglos, er! lucha por la
existencia, saliendo victorioso en ella, a pesar de luchar contra
seres mucho más fuertes. La raza de Neanderthal no pudo subsis-
tir ante esos peligros, pes'e a que era una raza de "hornines sa-
piente~" con toda certeza. Pero el que otras se mantuvieran, el
que nosotros mismos existamos hoy, a pesar de que las probabili-
dades de 6xito en la lucha contra los animales, más fuertes y me-
jor dotados, eran malas, se debe a la técnica, que nos ha salvado y
mantenido desde los tiempos primitivos hasta hoy y que nos ha
dado la posibilidad de crear la "civilización", lo supra-natural y
correspondiente al espíritu.
No hay duda de que semejante facultad creadora está abierta
al abuso. Tampoco la hay de que, en su desarrollo, sufre trastornos
y graves peligros, de que a veces cae en la servidumbre ante po-
deres ajenos ni de que en la realización diaria de lo aislado se pier-
de de vista el sentido del conjunto. Pero la unidad espiritual de la
técnica, su naturaleza, no sufre por ello ningún daño. La forma
de vida técnica, como dinámica de realización creadora en la es-
fera natural de acción del mundo material y energético que irradia
sobre todo lo espiritual, es algo que está en la humanidad desde
un principio, sin que pueda observarse en ningún punto de su des-
arrollo una solución de continuidad de carácter decisivo. Cierto
que hubo de pasar mucho tiempo hasta que la especialidad y el
especialista pudieron individualizarse cobre la base de 'lo por ellos
creado y realizado. TambiCn el economista, el comerciante, el m&
dico, el juez y el político tardaron mucho en individualizarse con
su especialidad como profesión independiente, lo que no se logró
hasta que la sociedad humana se fue &mando, diferenciando y
especializando. Y nuevamente hubo de pasar mucho tiempo has-
ta que a esa individualización efectiva de las prdesiones, con sus
228 PRIEDRICH DESSAUER
disciplinas, escuelas, métodos y lugares de trabajb, siguiera el co-
nocimiento por parte de la sociedad humana de la unidad espiritual
de las mismas. El error decisivo estriba en la afirmación de que la
técnica termina en cl mero medio, de que carece de sentido uni-
tario y de esencia propia, de valor, y de que, por ello, es éticamen-
te indiferente como cualquier servidor.
Aquí hay que aclarar todavía una cuestión que en la literatura
juega un papel considerable (y desgraciado). Se trata del principio
del procedimiento técnico en la producción de un objeto. Spranger
lo llama el "principio económico del mínimo esfuerzo".
En primer lugar es necesaria una clara díferenciaci6n entre la
"técnica" y la "economía", que se encuentra bosquejada en el
5 3 de este capítulo y en el 3 del capítulo cuatro. En la economía
privada la ley del beneficio es considerada como una condición de
la existericia que tiene un sentido "ad hominem", un sentido diri..
gido a la persona económica. Esto, expresado con más sencillez.
cigaiíica obtener el mayor valor correspondiente con la aportación
más pequeña posible. Si la persona económica no es natural, sino
jurídica (una sociedad, una comunidad o un Estado, como repre-
sentante de un pueblo), la ley adquiere un carácter más económico-
político.
Frente a esto existe en la técnica una letj ecoízómica objetiva,
que tiene su origen en la naturaleza final de lo técnico, pero que
carece de un carácter fundamental. Es la ley del gasto adecuado
al fin, y, por lo tznto, se dirige a la cosa, y no directamente al bc-
iieficio (de la persona). Puesto que todos los elementos de un objeto
(o de iin procedimiento) estrín subordinados al objetivo de la forma
técnica que ha de crearse, la solucijn ideal no queda ~610 afectada
por todo defecto, sino tambiCn por todo exceso. Pero tampoco esta
ley de la economía especificamente técnica tiene la importancia
que le atribuyen muchos autores, quienes la consideran la ley fun-
damental de toda realizacinn técnica. ¿Pues cómo queremos volar
económicamente si antes no hemos descubierto la manera de vo-
lar? ¿O es que cuando se trata del descubrimiento de un medica-
mento o de un procedimiento curativo (por ejemplo, la radioterapia)
quiere decirse que lo que importa no es curar, sino s61o curar eco-
nómicamente, es decir, sin desperdicio de materia¡ ni de energía?
Esto sería una afirmación indemostrable y solamente dogmática,
que, no obstante, ha sido hecha y defendida con toda seriedad. El
primer problema es siempre la misma forma final de solución, has-
ta que se llega al "funciona". El segundo es el empleo exclusivo de
medios adecuados al fin. En la vinculación cotidiana y empírica de
la técnica y la economía se exige frecuentemente 31 tCcnico, ade-
más del cumplimiento de la ley económica témica, la observancia
de la ley propiamente económica (la ley del beneficio), que no es
específicamente técnica.
Cuando Spranger habla del "mínimo esfuerzo" su expresión no
tiene un sentido unívoco. Es distinto según se vea desde el con-
cepto de la fuerza o desde el fin econbmico o técnico. En el len-
guaje tCcnico debería hablarse de "gasto de energía", en vez de
"gasto de fuerza". El mínimo gasto económico de energía es un
problema de rentabilidad (el menor gasto para un producto que
no por ello deje de tener buena venta), que concurre con el menor
gasto de material y los menores costos, dependiendo la decisión de
los precios de los tres componentes del coste, que con frecuencia
concurren. El menor gasto témico de energía es el gasto adecuado
para la solución más perfecta posible de un problema tCcnico exac-
tamente determinado. Pero el problema técnico fundamental es la
invención (en la que lo "económico" es algo secucdario). En la
proyección de la producción fabril, y en esta misma, ya se mezclan
concepciones técnicas y económicas que incluso chocan entre sf.
El técnico quiere emplear los medios, energías y elementos más
adecuados al objeto para aproximarse en l o posible á1 fin, mientras
que la economía le pone límites. Resulta, por lo tanto, indetermi-
nado en varios aspectos el hablar de la ley del "mínimo esfuerzo".
CONJWO.-VAL~R<OMPARACI~N DEL MEDIO AMBIENTE
Cuando se investigan las razones de por quC la técnica ha sido
y aún es hoy calificada con tanta frecuencia de mero medio, de
"chica para todo", de puro funcionalismo, de suma de medios sin
sentido propio, y por ello de valor irídifetente, de éticamente neu-
tral y de baja en rango (a lo que se añade el considerarla como
algo "natural"), neghdose a la pmfesi6n del técnico el carácter de
una forma de vida propia, se tropieza cm el problema de la "hoqs-
tica", el problema del conjunto. Orfginhente, la concepción "holis-
230 FRIBDBlCH DESSAUEB
ta" fue tomada de la psicología somática, en la que Ehrenfels,
W. Koehler y K. Koffka trataban a la unidad, a lo no-aislado, al
orden y al conjunto, de sensaciones visuales, en contraposición a
las "y-sensaciones" en la teoría de la. percepción. Pongamos un sen-
cilla ejemplo: Al contemplar un cuadro vemos eso: un cuadro, y
no una suma casual de colores y contornos. Y !o mismo siicede con
cu~!cluier objeto unitario. Y el que percibamos conjuntos, uniones
ordenadas de términos, es decisivo para todos los rzstantes proce-
sos psicológicos. Partiendo de esto se desarrolló esta teoría en la
biología por 1. S. Haldane (desde 1931). Adolf Müller (193-11, Mit-
tasch (1938) y otros, como la doctrina del conjunto viviente, el "ho-
Iismo". La idea fundamental del "holismo" quiero examinarla desde
un punto de vista algo distinto (el de la física) al de Adolf Müller,
pues también es aclaratoria en el caso de la técnica. La física habla
de "sistemas", y con ello se refiere a una multiplicidad que, por
estar unida sobre la base de las leyes naturales, ha de ser tratada,
desde ese aspecto de la unión, como unidad. El sol y la tierra cons-
tituyen así un sistema desde el punto de vista de su movimiento
alrededor de su centro común. Pero también el sol y todos los pla-
netas, la luna y la tierra o la totalidad de nuestra Vía Láctea pue-
den considerarse en cada caso como sistemas desde importantes
puntos de vista. Un sistema puede ser adiabático, es decir, estar
protegido del intercambio de energía con el medio ambiente. Aquí
y en nluchos otros casos resulta evidente que el sistema termina
cuando se le descompone. La tierra y la luna no existen como sis-
tema si prescindo de la luna con el pensamiento. Estos sistemas
no pueden descomponerse en partes, pues después de la descompo-
sición dejan de ser cualquier clase de sistema. Pero en Ia física exis-
ten también sistemas que admiten la partición sin perder su ca-
rácter, sistemas escalares, es decir, de carácter cuantitativo. Una
provisi611 de agua o de energía eléctrica tiene este carácter. Si se
considera una provisi6n de agua, por ejemplo, al contenido de un
depósito determinado, como un sistema (lo que es válido, pues
existe en ella un conjunto de moléculas unidas por las fuerzas de
Van der Waals, unas condiciones térmicas determinadas y unos
límites tambiCn determinados), se observará que una partición (el
desagüe de una porción o una pérdida de temperatura) no supone
una modificación decisiva. En este caso s610 varían las magnitu-
des escalares, y el sistema no queda destruido, sufriendo s610 una
reducción cuantitativa.
Adolf Müller diferencia los sistemas escalares de los órganos
diciendo que los primeros tienen partes, y los segundos, miembros.
Los organismos no pueden componerse aditivamente de partes, y
se destruyen si se les descompone, pues los miembros están subor-
dinados al conjunto. Esta relación con el conjunto y la indivisibili-
dad del sistema, como mostraba 1. S. Haldane en el ejemplo de los
procesos respiratorios, es lo que hace comprensibles los fenómenos
biológicos. La concepción del conjunto ha triunfado en la biología.
pero su alcance ha sido mucho más amplio. El conjunto es siempre
más que la suma de sus partes cuando éstas son miembros ordena-
dos a él y cuando pierden su sentido al separarse del conjunto uni-
tario. Un poema es más que la suma de sus versos; una composi-
ción musical es más que la suma de sus notas; un reloj es más
que la suma de sus elementos, y una pintura es más que la suma
de sus manchas de color. Y tambidn el derecho es más que la
suma de artículos y decretos de aplicación; la farmacologfa es más
que la suma de medicamentos; el idioma es más que la suma de
sus palabras, y la historia es más que la suma de datos. Esto no
lo discutirá nadie. Ocurre con frecuencia que lo aislado es medio e
indiferente. IJna disposición legal separada del conjunto, una dro-
ga utilizable como un veneno o un suceso histórico aislado y ex-
puesto a una interpretación arbitraria pueden ser considerados como
medios. ¿Un medio cualquiera puede ser éticamente positivo o ne-
gativo en sf? La respuesta a esta pregunta está exyuesta a cierta
arbitrariedad. La palabra "medio", utilizada radicalmente en con-
traposici6n al fin (personal) y al objeto (material), sí puede tener
"valor" en su propio orden, pero no en uno extraño, como el ético.
Pero todo medio es necesariamente más que sdlo medio. Es un ob-
jeto, un procedimiento o una cosa que no se encuentra aislada en
el mundo. ¿Tiene un medicamento, independientemente de que
sirva para curar, un valor dtico como mero producto químico? ~ Ti e -
ne un valor Ctico o estdtico en sí cualquiera de las fcrmas del idio-
ma (palabras), del pensamiento o de la mGsica si se prescinde de
que están en relmibn y subordinados a un iid Esta pregunta mues-
tra que los juicios apreciativos, por debajo de ser &ticos, son juicios
de relacidn. Cualquiera que sea el campo de que se trate, si se le
deja sin relación, se convertirá en un "montón", y cada zona del
232 FRIEDRICH DESSAUER
ser en la que pueda hsblarse de medios scri una "suma" sin sen-
tido. Así surge no sólo la faniosa "suma de todos los medios", como
se ha c.ilific,ido n !a técnic'i, sino también el i di oni ~, como surna ile
tcdas 12s pslabras; la miícica. mrno suriiri dc tonos i ruidos; el
derecno, coino sunis de artículos, y la rriedirina, como suma de mc-
dicamt.i-itos. Todo sería suma y monthn 5i n sentido, sin armonía y
sin con junto.
Las relaciones de valor de la ética, de la estt'tica y de la razón
tienen su origen en planos superiores. El valor de las palabras. del
idioma como medio de comunicación. procede de la sc?cic.dad hrrma-
na; el de los medicamentos tiene su origen en el mismo punto; el
de las leyes, en la necesidad de ordenar y pacifcar a esa sociedad;
el de la música, en la esfera suprrirracional de 1s esté tic^. Así re-
sulta que en cualqzlier campo el valor de un "rncciio" viene diido
desde fuera de su propio orden a través de la relación con un se-
gundo plano. Y esta relación nc es algo aislado: tier.e sentido !. es
unitaria. No es Ia relación de una nota, sino de la inúsics; no de
una palabra. sino del idioma; no de una diqposición Iceal, sino del
derecho; no de un medicamento, sino de la medicina; no de Un
destornillador o de un clavo, sino de la técnica como trasfondo de
13 sociedad humana. Asi, cuando se considera a los objetos desde
el punto de vista del valor moral o ktico, como a objetos en rela-
ción, ese valor (por ejemplo, vallor religioso o valor humanoj ven-
drá determinado por el de la totaiid<td del campo a que pertenezca
cada objeto. En tal caso no cabe duda de que (pese a todos os abu-
sos, excesos y prejuicios) las creaciones de la técnica encuentran
su valor en ella, pues no ha habido ni hay ningiin otro medio ma-
terial para elevar al hombre por encima de la esfera animal que no
sca la técnica como conjunto. Ella ha dotado a la humanidad del
medio ambiente que le resulta adecuado, ella lo ha 3rotegido en
las luchas que hubo de sostener en tiempos pasados contra enemi-
20s superiores y tremendos peligros, y gracias a ella existimos. No
existe ningún bien cu!tural, ningún cuadro, ningurin composición
musical y ningún objeto dedicado al culto divino que no haya sidc
posibilitado por ello, que no haya sido antes una creacibn técnica.
Muchos autores que han creído hablar de la técnica han dicho co-
sas que eran aproximadamente ciertas tratándose de un hacha, de
una máquina de vapor o de un destornillador, que son medios a
disposición de fines variables. Querían hablar del bosque, pero ha-
DI SCLJSI ~N SOBRE L A TÉCNICA
blaban de los árboles con los que tropezaban en su camino, y que
les impedían verlo. Para ver bien el bosque v para comprenderlo
será conveniente contemplarlo desde cierta distancia y altura.
La unidad de sentido de la técnica, como edificación del "medio
ambiente" humano, resulta evidente si se toma uno la molestia de
comparar nuestro propio ambiente con el de un pueblo primitivo,
de los que todavía existen en diversos puntos de nuestro planeta.
Estos pueblos primitivos conservan sus antiguas formas de vida, y
no conocen la escritura, pero no carecen totalmente de técnica,
aunque ésta sea muy pobre, y tienen hachas de piedra, canastos,
bolsas y lápidas sepulcrales. Así los pigmeos y bosquimanos de
Africa, que son cazadores y recolectores. Su medio ambiente es po-
bre, parecido al de los animales. ¿Qué encontramos, en cambio, en
el de, digamos, un profesor de filosofía actual? En lugar de la sel-
va con sus peligros, tiene una casa. En lugar de verse continuamen-
te amenazado por 10s grandes y pequeños animales, como insectos,
microbios y serpientes, tiene sus libros, revistas y manuscritos, que
no existirían sin la técnica. En lugar de la oscuridad nocturna dis-
fruta de la luz eléctrica. En lugar de chozas para todo uso, en for-
ma de colmena, dispone de sur habitaciones. En lugar de la lucha
contra la aridez, la sed y los temporales tiene protección, higiene,
agua corriente, gas y medicinas. En lugar de penosos senderos a tra-
vés de la estepa o de la jungla, buenos caminos, calles, vehículos y
ferrocarriles. En lugar de la inmovilidad en un lugar, la posibilidad
de trasladarse sobre los mares entre los continentes. Alli las graves
preocupaciones diarias por conservar la vida hasta el día siguiente;
aqui preocupaciones totalmente distintas por cuestiones espiritua-
les, Bticas y estéticas. Allí el aislamiento en pequeños gnipos sin
intercambio con el resto del mundo; aquí la comunicación y el con-
tacto con toda la humanidad. Alli la limitación a lo iocal; aquf la
visión sobre el orbe y la historia. Allí desamparo, miseria, enfer-
medad y temprana muerte; aquf amplia protecci6n, seguridad y lon-
gevidad. Alli limitación y carencia de posibilidades ; aquí amplitud
para el espíritu y para la creaci6n. Y así podrfa continuarse larga-
mente. El aclarar para uno mismo y para los contemporáneos lo
que significa vivir en el "metacosmos" (que no hubiera podido ser
construido sin la técnica ni existiría sin ella), en lugar de hacerlo,
como los animales, 'en la Naturaleza, sin modificar, es realmente
una importante laba. El gran sentido unitario de la técnica consis-
234 FRXEDRICH DESSAUBB
tia y consiste en la erección, conservación y desarrollo del medio
ambiente humano, elevándolo por encima de lo "sólo-natural", que
no constituye un hogar para -1 ser espiritual, hacia el conocimiento
y la creación. El que esta gran obra de desarrollo humano atraviese
por dolores de parto, sufriendo contratiempos, abusos y excesos,
no es sorprendente ni especifico cle la técnica. Todo lo grande ha
llegado hasta el hombre a través de sacrificios, dificultades y sufri-
mientos. El que sólo ve lo aislado puede perder el ánimo y pasar a
acrecer el grupo de los acusadores, críticos y nihilistas. Pero el que
con el hnimo dispuesto contempla el conjunto de lo que aquí se
realiza arrolladoramente desde hace miles de siglos y sigue reali-
zándose en nuestros días no puede dejar de ver su grandeza, su
sentido y su esplendor.
RECAPITUI_ACI~N SOBRE LA NATURALELA DE LA TÉCNI CA. - AP~NDI CE:
EJEMPLOS SOBRE INTENTOS DE DEFI NI CI ~N
La naturaleza de la técnica se revela directamente en siis fuen-
tes. Pero en los siguientes capítulos la encontraremos en la dinámica
de la vida social, donde ya no aparece sola, sino ligada en sus ma-
nifestaciones con otros factores, especialmente el económico. Si se
examinan la industria, las artes industriales, el tráfico y muchos
otros fenómenos, encontraremos por todas partes la técnica como
partícipe, como componente. Y hay que analizar en cada caso, espe-
cialmente en los dudosos, qué es lo sociológico, qué lo económico
y qué lo técnico.
Por ello parece conveniente realizar aquí la recapitulación sobre
la naturaleza de la técnica, después de haberla examinado en el
primer capítulo a traves de las distintas opiniones y de haberla es-
tudiado en sus fuentes en Cste.
De todas nuestras consideraciones, en vista de la gran cantidad
de manifestaciones y del entrelazamiento de distintos sectores en la
industria, en la agricultura, en el tráfico, en el transporte y en la in-
vestigación, ha resultado la importancia de no permanecer en lo
impreciso y de separar l o propiamente t&nUco de los variados
fenómenos que lo acompañan, contemplando su propia naturaleza.
DI SCUSI ~N SOBRE LA TÉCNICA 235
El tema quedó limitado exclusivamente a la técnica humana.
Esta comenzó con nuestros primeros antepasados, que produjeron
y utilizaron hace miles de siglos "artefactos" (creaciones artificia-
les), objetos útiles y de adorno, armas y hogares. En tal actividad,
que supera la capacidad de los animales, se manifiestan disposicio-
nes originales, fuerzas formativas de la naturaleza humana, cuya
alma espiritual está por encima de la zona vegetativo-animal.
Partiendo del mandato original al conocimiento, a la creación
final en la imasinación (invención) y al paso de lo imaginado, des-
de la inmanencia a la realidad externa de los "entes en si" (elabo-
ración), el hombre construye su propio medio ambiente, un meta-
cosmos que corresponde a sus naturaleza, y en el que puede vivir.
que le proporciona libertad frente a múltiples necesidades y peli-
gros, que le brinda la posibilidad de elevarse, que le hace poderoso
p que le permite salvar las grandes barreras del tiempo y del es-
pacio.
Los objetos y procedimientos (formas espaciales y temporales)
así creados llevan, a pesar de toda multiplicidad, la característica
procedente de las fuerzas formativas: se basan en el orden de las
leyes naturales, tienen una estructura final y se elaboran manual e
instrumentalmente. Su creación y ellos mismos, que se multiplican
rápidamente, reciben el nombre de "técnica". Su uso se dirige con
frecuencia más allá del campo tecnico (un libro o una medicinal,
por lo mismo que su objetivo, inserto en la forma del objeto por un
fin humano, también se encuentra con frecuencia más allá de lo
propiamente técnico (obras artísticas y científicas u objetos reli-
giosos).
Por Lo tanto, de la tecnica puede decirse con razón que es una
realización que tiene su origen en ideas, un paso continuo de for-
mas finales desde la inmanencia al mundo sensible, el cual se enri-
quece con ello al correr del tiempo. Este hecho planteó las cuestio-
nes del poder propio de los objetos tknicos, del origen, de ese po-
der y del fundamento de la posibilidad de la creaci6n técnica. En
la técnica la esencia (el "modo de ser'') precede a la existencia, y
9610 puede realizarse lo que ha sido antes descubierto en su forma
de solución.
En esta detenninacidn de la técnica (al contrario de lo que ocu-
rre en la "techúen socrática) no eskln c o m~ d i d a s la habiiidad
persona€ y la prhctica (del jinete, dd Bautista, dei artesano, etc.),
236 FRIEDRICH DESSAUER
que perece con su titular. En nuestro caso nos referinios a lo que
tiene existencia objetiva, a lo que permanece o puede permanecer,
a lo que es eficiente desde su propio orden.
La actividad inventiva recibe un impulso siempre renovado de
la tensión existente entre la realidad, permanentemente sentida por
el hombre como insatisfactoria, y la mejor posibilidad, anticipada
por éste en su imaginación. El que dos campos profundamente dis-
tintos (el de las necesidades humanas y el de lo dado por las leyes
naturales) se encuentren en la realización tEcnica sobre la base de
formas de satisfacción preestablecidas conduce a cuestiones onto-
lógicas.
La técnica es así una prosecución de la creación, que, además de
sus formas propias, lleva en sí la posibilidad de nuevas e ilimitadas
realizaciones prácticas. De aquí el carácter dinámico del conjunto
y el histórico del invento aislado, y de aquí también la unidad de
sentido de la técnica como "sujeto ideal", como forma del poder del
destino con valor propio y ético, procede~te de la disposición global.
La más eficaz acción de la tkcnica en la historia del mundo tuvo
lugar en tiempos de Francis Bacon, Galileo y Kepler, a través de su
inclusión en las ciencias naturales sobre la base de ia experimenta-
ción. El impresionante desarrollo actual de la técnica atómica es
una de sus muchas consecuencias, y el actual pensamiento occiden-
tal (y norteamericano) está considerablemente determinado por ello.
Muchos de los métodos de la investigación exacta y de los procedi-
mientos metódicos se han introducido en otros campos. Se planea,
se proyecta, se investiga y se actúa no sólo "more geométrico",
sino también "more técnico", de manera más racicifial y efectiva,
más realista y mucho más eficaz. La técnica ofrece Jesde entonces,
cada vez en mayor grado, libertad, tiempo y medios a disposición
de la cultura, haciéndola accesible a grandes masas humanas que
antes no tenían la posibilidad de ¡legar a ella. La postura fundamen-
tal de la humanidad, irradiando de Occidente y Norteamérica,
adquirió un profundo rasgo nacional y pragmático. Muchos males fue-
ron así sofocados, rindiéndose innumerabies servicios a 12 huma-
nidad.
Naturalmente que esto no sucede sin peligros, parcialidades y
excesos. Pero nada grande ha llegado hasta el hombre sin esos som-
brfos acompañantes. Y siempre, como ocurre ahora en la discusión
sobre la técnica, ha habido gentes de visión ofuscada por esas debi-
lidades perfectamente humanas.
Hay muchos que tampoco ven la misión cultural de la técnica,
la elevación de las masas, a las que por primera vez en la historia
del mzmdo se le brindan amplios accesos a la cultura, un hecho mu-
cho mayor que la llamada "masificación" (nivelación hacia abajo),
que desde los primeros tiempos de la historia ha rebajado la digni-
dad de millones de seres a través de tiranías, de dominios clasistas,
de la esclavitud y del dominio del poder, y que ocasionalmente
tambidn aparece en el campo de la técnica, cuando la utilizan abu-
sivamente intereses económicos, políticos y sociales. La técnica, por
SU naturaleza, no "masifica", sino que libera y ayuda, conduciendo
a la humanidad a una comunidad de mutua entrega y servicio. Pero
muchos que no !a conocen, o que casi la desconocen. se han atre-
vido a juzgarla.
Ejemplos sobre intentos de definicidn
Al correr del tiempo se han realizado algunos intentos de defi-
nir la técnica y, aún con mayor frecuencia, de contribuir a determi-
nar su naturaleza. Aparte de los errores puede advertirse en la rna-
yoría de los casos que se ha resaltado uno u otro motivo de la
creación técnica o alguna particularidad especial. La técnica, como
"sujeto ideal", es difícilmente definible en toda su amplitud con una
frase. Al intentarlo se incurre en parcialidades, y por eiio se ha pre-
ferido utilizar en este libro el mCtodo expositivo a! tratar de su
naturaleza.
Siguen ahora algunos ejemplos tomados de distintos autores.
Vaya por delante una cita algo extensa del filósofo suizo (de
Zurich) Donald Brinkmann, quien después de rechazar algunas in-
terpretaciones erróneas expone el desarrollo de la técnica en los
tiempos modernos en relación con la idea secular de la autone-
denci6n. Esta misma idea ya había surgido anteriormente en la lite-
ratura, pero nadie la ha expuesto tan clara y consecuentemente ni
con tanta precisibn como Donald Brinkmann, quien prócede de la
ingeniería. Brinkmann dice :
"El que s6b ve en la técnica ciencia natural aplicada pasa por
alto lo esencial, lo que es inherente a los inventos y ccmtmxiones
de la tecnica: ese impulso irracional, que a la vez se omita y se
238 FRXEDRICH DESSAUER
manifiesta en todas las creaciones técnicas &r muy racionales y
finaies que sean. La técnica aplica ciertamente conocimientos de
las ciencias naturales, y, a pesar de todos sus inventos y construc-
ciones, no puede traspasar los límites impuestos por las leyes de la
Naturaleza. Pero esos conocimientos son sólo medios en manos del
hombre, que edifica un nuevo mundo técnico que se interpone en-
tre él y el medio ambiente natural."
Tampoco la economía, en el sentido de un afán de ganancias (o
de confort), ofrece la causa profunda del desarrollo de la moderna
técnica. Esto se advierte en la trdgica vida de numerosos inventores
y técnicos sobresalientes. El que Ir1 técnica industrial se encuentra
Tioy día realmente al servicio de fines económicos es algo que na-
die discutirá seriamente. Pero en cambio hay que salir enér,' o~camen-
tc al paso de la afirmación de que con ello se ha dicho algo sobre
la naturaleza, el desarrollo y los orígenes históricos de la técnica
moderna.
Ver en la técnica un mero sistertia neutral de medios susczpti-
bles de ser utilizados arbitrariamente supone afirma; una irrcspoii-
sabitidad de los ingenieros y de los trabajadores, que necesariaen-
te ha de desembocar en el nihilismo. Semejante concepción. que
niesa el valor propio de las creaciones técnicas, no se corresponde
con la fatalidad histórica. De ese modo no se comprende ni la rea-
lización de los inventos que "hicieron época" ni la revolucionaria
intervención de la técnica en la vida humana que se produjo en la
civilización occidental a partir de la Alta Edad Media y en el Re-
nacimiento. En los últimos setecientos años la técnica ha sido real-
niente tcdo lo contrario de un sistema neutral de medios suscepti-
bles de ser utilizados arbitrariamente. En ella se manifiesta más
bien uti carácter tdcnico del hombre perfectamente definido, que
muy por encima de los talleres y de las oficinas técnicas ha deter-
minado el arte, la literatura, la ciencia, la economía y la política, es
decir, el destino de Occidente.
Pero ¿cuáles son las características esenciales de este carácter
técnico del hombre? No hay duda de que el afán de poder juega un
importante papel en el creciente dominio del hombre sobre la Na-
turaleza. Pero si se estudia la vida de los adalidcs de la tkcnica se
verá que junto a algunos "tipos de poder" hay un número despro-
porcionadamente grande de hombres de gbnero totaimente distinto.
Lo primero que encontramos en tal estudio es la vívida conciencia
DI SCUSI ~N SOBRE LA TÉCNICA 239
de la limitación humana, de la imperfección y de la necesidad de
liberación que es característica de la existencia humana, especial-
mente en el Occidente cristiano. A este rasgo fundamental general
se añade en el hombre técnico algo especial: la creencia de poder
realizar esa liberación por sí mismo y paso a paso, incluso a la fuer-
za, a través de una adecuada acción sobre la realidad.
El ansia cristiana de redención se convierte en el hombre técni-
co de los tiempos modernos en un afán apasionado de autorreden-
zión. Por ello, en cualquier actividad técnica de invención o de cons-
trucción, no se trata en el fondo de un afán profano de poder, sino
más bien de un afán religioso, aun cuando esto no esté claramente
expresado en la conciencia del hombre técnico actual. El entusias-
mo que el mundo modernb dedica a la técnica, sin el cual ésta no
hubiese sido jamás lo que es hoy, ~610 puede comprenderse viendo
actuar en el fondo ese afán apasionado de autorredención derivado
de la fe cristiana. Puede arriesgarse la afirmación de que la tCcnica
moderna sólo pudo empezar a desarrollarse tan febrilmente desde
el instante en que los principios de la fe cristiana fueron profunda-
mente conmovidos y todo el ímpetu de la energía religiosa, en for-
ma secularizada y como afán activo de autorredención, buscó des-
cargarse en invenciones técnicas, en construcciones geniales y en la
tarea de operar una profunda transformación de nuestro mundo.
De esta última raíz religiosa (y no de un afán profano de poder) se
deriva el explosivo desarrollo de la técnica en Occidente a partir
de la Edad Moderna. Pero a ello están indisolublernente unidas al
mismo tiempo las devastadoras y atroces consecuencias que hemos
sufrido en la segunda guerra mundial.
El mito del origen que aureola el pasado y la utopia anticipa-
toria del futuro como estado final proceden del ansia humana de
someter lo finito. Las utopías técnicas, como la Nooa Atlantis, de
Francis Bacon; el Viaje a la Luna, de Julio Verne, y todas las de
sus innumerables imitadores, describen ese estado final como resul-
tado de la autorredención activa. La conciencia ut6pica no se co-
munica s610 externamente con el mundo de la técnica, sino que
tambibn existe una afinidad interna entre ambos. Una esperanza
utópica de salvación corresponde al hombre técnico incluso mas
fundamentalmente que las ciencias naturales, la economía o la am-
bición de poder. Y no vemos ningún motivo para no tomar en se.
rio a este notable representante del hombre técnico.
240 PRlEDRlCH DESSAUER
La ilusión del "perpetuum mobile" se encuentra en los comien-
zos de la ricnica moderna, y no ha abandonado nur,ca al hombre.
En ella podemos ver precisamente el símbolo del hombre técnico.
Y tras ese sín~bolo no se oculta una voluntad feroz de poder, como
ha afirmado Oswald Spengler, sino una escondida esperanza de sal-
vación en el sentido de una autorredención activa.
La técnica moderna radica en el afán utópico de autorredención
del hombre activo. En esto estriba su grandeza y 13 fatalidad (pero
quizá tarnbibn la ocasión) de un nuevo futuro.
Fausto y Prometeo son prototipos de la humanidad técnica. En
ellos reconocemos el trágico destino de los tiempos modernos. Sin
embargo, como arquetipos son tan poco utilizables como el super-
hombre de Nietzsche. En tanto que no se pierda la fe en la autorre-
dención activa, en esa funesta y errónea doctrina, todo quedará
igual. En lugar de esperar la salvación de nuevos y colosales planes
para mcjorar al niundo, es hoy más necesario que nunca practicar
la resignación y la autocritica para ciesenrnascarar la pretensión de
absolutismo que se ha manifestado tan funesta en ei pensamiento
filodfico como en la técnica moderna. Ni un radicalismo niaquinis-
ta ni una evasión romántica al pasado podrán sacarnos de la crisis
actual. Sólo un sincero cambio de orientación puede preparar el te
rreno para un legítimo conocer y actuar del hombre que ya no se
deje seducir por la utópica megalomanía de una autorredención ac-
tiva." Hasta aquf Brinkmann.
Franz Reuleaux califica a la Escuela Superior Técnica de culti-
vadora de la ciencia de la creación, en contraposición a la Univer-
sidad, que sirve al conocimiento. (Kzlltur und Technik, conferencia
pronunciada el año 1884 en la Asociación Industrial Austríaca y
reproducida en 1885 por la "Z. V. D. J.")
O. Ewald
"No hay duda de que la profunda y real significación de la tCc-
nica s61o se comprende cuando no nos perdemos en sus particulari-
dades y la consideramr>s ... como un conjunto unitario ... El ideal ...
serfa la superación de todas las barreras espaciales y temporales ..."
(Lebensfragen, 1910.)
Wendt
"Es la actuación del espíritu consciente, tendente a la transfur-
DI S CUS I ~ N SOBRE L.4 TÉCSICA 241
mación de la materia prima y al servicio de los fines de la civiliza-
ción, o, más brevemente, el aprovechamiento consciente de la ma-
teria." (Die Technik als Kulturmacht, 1926.)
Engelrnetjer
"La técnica es el arte de organizar sistemáticamente los fenó-
menos naturales sobre la base de la conocida acción recíproca iiatu-
ral de las cosas." (Aquí se advierte acertadamente que las creacio-
nes típicas corresponden a un orden natural y que permanecen den-
tro de las leyes de la Naturaleza.)
C. Weihe ha concebido repetidas veces el desarrollo de la técni-
ca como a una especie de prosecución del proceso natural. vitalista
en cierto modo, o, en el sentido de Schopenhauer, como objetiva-
ción de la "voluntad", como fruto del instinto humano o como pro-
ducto de la naturaleza creadora ("Natura naturans"). (Así, en el
número 27 del "Anzeiger für Industrie und Technik" 1909, y en la
"2. d. Verb. deutscher Dipl. Ing.", 1913.)
Weihe ha sustentado también la concepción de la técnica comc
producto de la Naturaleza, como creación en el sentido del evoiu-
cionismo, en su iibro sobre Franz Reuleaux (Springer, 1925).
Max Eyth
"Técnica es todo lo que da una forma corporal a la voluntad
humana."
"... Ha heredado algo de la inmensidad de la vida espiritual."
(Lebendige Krafte, ver bibliografía.)
E. v. Mayer
"La técnica, como dominio de la Naturaleza, sólo es en esen-
cia ... la primera realización del profundo saber humano : ... fuerza
creadora en medio de poderes formativo-creadores, para ser Dios
en medio de dioses." (Technik und Kultur, 1906.)
"El rasgo fundamental de la tCcnica es la creciente organiza.
ción." (En el lugar citado.)
E. Zschimmer
"A través de los objetos tkcnicos se regulan libremente procesos
naturales." {Philosophie der Technik, 1.' edición, 1919.)
242 FRIEDRICH DESSAUER
Ernst Jiinger
"Llamanlos técnica al modo y manera en que la figura del tra-
bajador pone en movimiento al mundo." (Da Arbeiter, ve: biblio-
grafía.)
Osu>afd Spengler
"La técnica es "la táctica de la \ida en su totalidad", "la forma
intrínseca del modo de proceder en la lucha, que es equivalente 3
la vida misma." (Mensch ttnd Technik, 1931.)
Leo/~pld Ziegler
"En la época encumbrante del capitalismo la técnica se convir-
tió ... en servidora de la economía." "Su último fin fue considerado
casi iinsnimemente el de poner al servicio del capital, más bien que
al del hombre, las fuerzas de la tierra, poniendo las bases mecáni-
cas para la explotación sistemática de esas fuerzas." (Zzcischen
Mensch trnd \Virtsclzuft, 1927. Ver bibliografía.)
Theodor Lessing
"El más monstruoso pensamiento de la técnica es que todo lo
objetivo de la vida presente puede ser conservado para tiempos
futuros y trasladado a los lugares más lejanos, sin que el elcmentc
viviente necesite continuar actuando. El mundo de los hombres
puede perdurar así como un autómata ..." (Citado según Ziegler.)
Frz'edrich Dessauer
"La ticnica es una existencia concreta con origen en 13s ideas."
(Philosophie der Tech~nk-, 1." edicióti.1
"La técnica, externamente, es la íornla creada a través de la ela-
boración dentro del orden de las leyes naturales y en la que encuan-
t ra satisfacción una necesidad humana." ("Phil. d. T." 1.' edición.)
"La técnica, con todos sus millones de medios, es así unidad en
su origen, como emancipación progresiva del hombre ante la esfera
aprisionante de lo causal y tendente 31 espíritu a través de la crea-
ción de formas de servicio, que llevan poder en sí mismas a causa
de su constitución consciente y final con elementos naturales."
(Befreiung der Technik, 1931, y Phil. d. T., 1.' edición.)
"La técnica, en conjunto, como constructora del medio ambiente
de la humanidad, es la creación y conservación material de la civi-
~ r s c u s r 6 N SOBRE LA TÉCNICA 243
lización como base de la cultura que posibilita el acceso a ésta."
("Phil. d. T.", 1." edición.)
"El arte del técnico es el arte de alumbrar ideas finales en el
mundo sensible." (En el lugar citado.)
"La técnica es el acrecentamiento del mundo sensible con obje-
tos y procedimientos dotados de nuevas cualidades propias, a través
de la concepción de un fin y de la combinación de elementos naturales
para su cumplimiento." (En el lugar citado.)
La técnica es la construcción y conservación del medio ambiente
humano con medios naturales a través de una creación final. (En
distintos artículos.)
La técnica surge de las disposiciones originales humanas del co-
nocimiento ("homo investigator"), de la actividad creadora ima-
ginatoria ("horno inventor") .y de la elaboración ("horno faber").
(En distintos artículos.)
"El técnico traslada la existencia potencial de formas preesta-
blecidas a la realidad actual del mundo sensible." ("Phil. d. T." l.'
edición.)
Emil Brunner
"La técnica es la suma de los medios artificiales creados por
el hombre para realizar sus objetivos. Con ello queda dicho que
no tiene que ver con los fines, sino con los medios. La técnica es
posibilidad de ejecución. No decide sobre lo que se quiere, sino
sobre cómo conseguirlo. No es fijaci6n de fines, sino realización de
estos." (Schwoi ~e~sche Bauzeitung, volumen 126, núm. 14, 1945.)
Theodor Litt
"Pues la tCcnica es la práctica de aplicar medios. La tecnolo-
gía es la teoría de los medios que han de aplicarse al servicio de
fines determinados. Pero el medio como tal es de valor indiferen-
te. Su naturaleza estriba en ser utilizado y en servir a un fin que
se encuentra fuera de 61." (Disertación pronunciada el año 1953 en
el congreso de Tubinga. "V. D. 1.-Zeitschrift", 96, 5.)
E d a d Spranger
'"Su carácter (de la técnica) más general estriba en que es un
sistema de medios cuyo fin está determinado desde otro lugar cual-
244 FRIEDRICH DESSAUER
quiera y que han sido elegidos y formados según los principios teb-
rico y econbmico."
"La caracterísrica decisiva de la técnica es que por sí misma no
fundamenta ningún género de valor independiente." flebetrsforrnen,
1911-1921.)
~ d u a r d Sprangei señala como principio del procedi~niento téc-
nico en la produccibn de un objeto al "principio económico del
mínimo esfuerzo". (En el lugar citado.)
IIermann Peter Eclcnrt
"La técnica es una parte llena de vida de la fuerza creadora."
fUmsr¿fdter Gespvach, 1972.)
Hans Ecksteilz
"Pues la tecnica es lo absolutamente contrario a la Naturaleza."
(Dmmstadter Gesprach, 1952.)
Wilhelm Ropke
"La técnica es sólo una ciencia instrumental que depende del
uso que todos nosotros, incluidos los técnicos, hagamos de ella."
(Mass und Mitte, 1950.)
Propuesta de zcna definición sobre la nnturaleza de 10 tér?zica.
La técnica es existencia real con origen en ideas a través de su
formación y elaboración final sobre la base de lo naturalmente dado.
La primera línea significa la determinación ontol6gica: La exis-
tencia real tiene su origen cn las "idcas" como imfigencs creado-
ras del hombre, que anticipa en sil imaginación la condición (la
manera de ser) de una forma espacial o temporal (,instrumento 3
procedimiento) de tal manera que la "essentia proecedit esisten-
tiam" ("la esencia precede a la existencia real").
La segunda lfnea supone el nzodo de la realización: El hombre,
consciente y finalmente, da forma intelectual y físicamente a los
elementos constructivos, de tal manera que éstos, conlo conjunto.
cumplan con el objetivo pretendido como fin.
La tercera línea ofrece el fundamento de la posibilidad de ia
tCcnica: las materias, las energías y las leyes de la Naturaleza sig-
nifican la "despensa" de la creacibn técnica al mismo tiempo que
sus límites.
Esta definición, al contrario de lo que ocurría con la "techne"
socrática, no trata de la habilidad personal (del pescador, del flau-
tista, del iinzte, etc.), ni de lo aprendido subjetivamente y ejercido
rutinariamente y que desaparece con el titular. Cuando hablamos
de la técnica como potencia mundial, como destino y como base de
la civilización, nos referimos a lo objetivo, a lo transferible, a lo
que tiene un objeto en sí mismo, a lo que, separándose de su crea-
dor al correr del tiempo, continúa actuando en adelante.
ASPECTOS RELIGIOSOS Y TEOLOGICOS
Entendemos por religión, en sentido general, el vínculo, el enlace,
del hombre con lo infinito, lo eterno, lo absoluto, lo sagrado y lo
perfecto. La historia de iodos los pueblos, de todas las civilizacio-
nes, muestra que semejante "vínculo" existe. No de manera corpó-
rea, pero sí de manera comparable a la de un campo de fuerza como
la gravitación, que actúa en el cosmos sin que pueda ser vista ni to-
cada, o como un campo magnético cuya realidad queda demostrada
por la brújula y del que tampoco puede determinarse su lugar, su
principio ni su fin. Cuando se reconocen como piedra de toque de
la realidad la actuación y la eficacia, se tiene que atribuir realidad
a la religión, que ha impulsado e impulsa a millones de hombres, con
lo que queda expuesto el gbnero de esta realidad.
Al termino teología queremos conservarl ede acuerdo con l a
tradicibn-su doble significado: por un lado, la doctrina debida a la
razón, y basada en el hecho de la creación, de la existencia de un
Creador, de un Conservador y de un Gobernante del universo, do-
tado de la omnipotencia, !a sabidurfa, la belleza y la perfección exi-
gidas por la analogía humana. Es la teología "natural". Se trata de
una teología de orientación filosófica. En vista de lo existente busca
el fundamento del ser, y esto es una pretensión metafísica. En par-
ticular, y en la conciencia de que los hombres no podemos hablar
DISCUSI6N SOBRE LA TECNI U ..
apropiadamente de Dios y de lo divino, deduce las "cualidades" de
Dios, que exceden de la imaginación y del lenguaje, a través de la
analogía de los valores naturales con los divinos. Este conocimiento
del trasfondo divino, adquirido a través de indicios naturales, es ca-
lificado de revelación natural.
En un segundo y más estricto sentido, trata la teología de lo
que ha sido revelado históricamente al hombre por Dios, de lo que
como exigencia y contenido de la fe excede a lo dado en la natu-
raleza: la revelación sobrenatural. Su prueba, su exposición me-
tódica, su proclamación y su puesta en acción como doctrina de
la gracia, es misión de los teólogos. Se trata de misterios, es decir,
de verdades que exceden del entendimiento, como l as ofrecidas a
la Cristiandad por el Antiguo y el Nuevo Testamento.
El desarrollo de la conciencia de la técnica como potencia mun-
dial tuvo que conducir a renovados encuentros con la teología en
los dos sentidos citados. Pues la técnica muestra al cosmos, a la
Creación, teológicamente, como indeciblemente más amplia de lo
que jamás se había sospechado. La aplicación de la tdcnica al es-
tudio de la Naturaleza a través del experimento (capitulo 11, § 13)
multiplicó por mil la profundidad, la amplitud y la cantidad de los
conocimientos naturales del hombre, a l o que se añadió el descu-
brimiento de que, aparte las ya existentes, había un depósito in-
sondable de posibilidades de solución en correspondencia a las
necesidades humanas. (Ver capitulo 11, 9 y 10.) La tkcnica,
cuanto mayor y más grandioso sea su desarrollo, tanto más señala
hacia sus causas por encima de si misma. La investigación y la
invención dirigen al hombre hacia esas causas. El estudio de la
Naturaleza, especialmente el experimental, es un interrogatorio di-
rigido a ella. Y Ia Naturaleza responde; es ella la que decide en
los experimentos, siendo el contenido de nuestro conocimiento l o
que ella ha dicho, lo que ella ha "revelado". El hombre no puede
aña& ni quitar nada a lo dado. Fnrncis Bacon y Galileo térdan en
esto razón con su "I nt mgar e naturam" y su "nahua pared@ rin-
citur" (a la Naturaleza se la domina a travk de la obediencia.)
2-18 FRIEDRlCH DESSAUER
El técnico obtiene un resultado análogo cuando, al resolver un
problcnia, especialmente en un caso difícil, "ericuer~trú" la soluci6n
tras largos esfuertos o cuando ésta se le "prcsenta", a veces, en UF.
"destello". El lenguaje revela qu: aquí no se trata de un "hacer ar-
bitrario", sino del "hallazgo" dc la tantas veces sorpreiidentc for-
md de solución, cs decir, de una cosa preestablecida en su escrlcia
(capítulo 11, .j$ Y y 10). La solución sólo se produce cuando se ha
llegado a una suficiente aproximación a esa forma ideal que, por
tiecirlo así, "estd esperando". En la récnica, la invenci6n es lo aná-
logo al descubrimiento. Y ambos ponen de relieve su trasfondo.
El encucnrro de la técnica con la teología en sentido estricto fue,
naturalmente y en primer lugar. más bien un encuentro con Ius
teólogos. quienes sintieron temor anre el desarrollo del "niaquinis-
rxo" y se preocuparon especialmente por sus consecuencias socia-
Ics. Es perfectan~ente comprensible que-igual que, entre otros, le
oiiirrió a Gorthe (capítulo 1, 5 l+el nuevo "maquinisrno" les ~ C I -
- , . LLciera amenatador al principio. Los cornpiejos fenónienos acoiiipa-
iiantcs de la iiidustrialización y del aumento del tráfico y del poder
provocaron gestos defensivos mucho antes de que se hubiera cori-
seguido aclarar la naturaleza, la participación y el abuso de la téc-
nica. Aiín hoy. corno se ha visto t n el primer capítulo, no sc ha
pueste fin a los errores. Los teólogos, como pastores de almas y
portavoces de un "reino que no es de este miundo", vieron que los
hombres (gracias a las ciencias naturales y a la técnica) se ayiida-
baii a si misnios en miles de casos e11 los que anteriormente a~c1.I-
ban a la rnds alta instancia, a Dios. Esta tantas veces posible autti-
ayuda frente a alguna necesidad es una reaiidad. Los teilogos vcidri
además que un número creciente de hombres ingresaba en profcsio-
nes que mostrabari la marca de la ciencia natural y de la técnica
y que ésta penetraba en todas las profesiones. Esta significaba el
crecimiento de una parte cada vez más poderosa de id sociedad qiic
estaba educada y formada y que conternp!nba el mundo de manera
distinta a la de las generaciones anteriores. Y los teólogos no en-
contraban un lugar en la formación profesional de estas clases. Así
surgió una vida llevada por millones de hombres y "alejada de
Dios". iQuC lugar tienen Dios, lo sagrado y lo uitraterreno en la
ciencia natural y en la técnica? ¿Dónde ayuda Dios, cómo puede
ayudar la oración en lugar del medicamento o de la operacicín qui-
rúrgica?
DI SCUSI ~ N SOBRE LA TÉCNICA 249
Esta raza activa y eficaz hablaba y entendía otro idioma. La
predicación y la instrucción tradicional resbalaba y ya no penetra-
ba con sus viejos y respetables ejemplos, analogías, símbolos, espo-
siciones y exhortaciones. Quien. como el autor de estas líneas, haya
seguido durante décadas el desarrollo de este alejamiento. sabe
que muchos oyentes de prédicas y muchos lectores de obras edi-
ficantes tomaban lo que se les presentaba como un cuento, como ur.
lejano eco de algo fantástico, irreal, y, tal vez, bello. Y sabe tam-
bién de la perplejidad que sentían frecuentemente los teólogos al
enfrentarse con estos hombres realistas que portaban el sello de una
educación estrictamente .racional enfocada a una realización palpa-
ble e inequívoca. cómo puedo llegar hasta ellos? No me com-
prenden y mi palabra resbala sobre ellos." Esto me lo ha dicho al-
gún teólogo en el curso de los últimos cincuenta años, especialmen-
te en sectores industriales.
De aquí surgió la ampliamente difundida postura defensiva de
los teólogos que tantas veces he encontrado. Las formas sociales
(como la industria y el comercio) que se presentaban cada vez más
poderosas, imperiosas y exigentes y que fueron posibles a través
de la técnica, hicieron aparecer a ésta como rebelde contra el im-
perio divino. ¡Con qué frecuencia ha sido citada en relación con
esto la frase bíblica de la serpiente en el paraíso (Gen 3, 5) "eri-
tis sicut Deus" (seréis como Dios). Y todavía hoy se interpreta
así la técnica. En la discusión celebrada en Darmstadt, el año 1952,
sobre El hombre y la técnica habló como primer orador el pastor
Eberhard Gestrich. El presidente, el profesor H. G. Ebers, de Darms-
tadt, había citado en la apertura mis frases siguientes:
"Dios no ha entregado a los hombres su Creación terminada. La
Creación prosigue y Dios se sirve de los hombres para desarrollar su
obra de acuerdo con sus propios planes. La victoria sobre el espacio
y el tiempo, el hablar y ver por encima de los continentes, la con-
quista del aire, los avances en el conocimiento del mundo sideral, la
transformación de los elementos y la victoria sobre las enfermedades
a travCs de formas finales dotadas de poder, es decir, de formas téc-
nicas, representan otros tantos enriquecimientos de la Creación. Y
son tan reales como los objetos de la Naturaleza. Pero son también
espirituales, ordenados, finalmente, y dedicados al servicio de los se-
mejantes y, por eilo mismo ennoblecidos. De esta participación ea la
obra de la Creación resulta una santificación de las profesiones tk-
250 FRIEDRICH DESSAUER
nicas. Incluso el Último servidor de la técnica puede percibir aquí
la dignidad de su profesión si comprende en qué misión participa."
A esto contestó el pastor Gestrich lo siguiente, y reproduzco aquí
la totalidad de sus palabras porque en ellas aparece la argumcntaciór:
anti-técnica aguda y representativamente:
"Lo que dice el seiior profesor Dessauer es maravilloso y sería
de desear que así fuera. Pero yo sólo puedo decir, y probablemente
inuchos de ustedes conmigo, que esa técnica y esos técnicos nos son
desconocidas. En cambio, conocemos una tecnica de gknero total-
mente distinto. Una técnica que no se comprende como prosecución
de la obra creadora de Dios, sino una técnica demoníaca qiie se pro-
duce en una forma demíúrgica, en una forma nigromántica de uso
y usurpación de las fuerzas de la Naturaleza, una técnica que sub-
yuga al hombre y en la que éste no es el sujeto, sino el objeto que
queda absorbido y vaciado interiormeiite por ella. Esto es aproxima.
damente l o que hoy se califica de carácter demoníaco de la técnica
y que es universalmente conocido. ~Dóí i de tiene esto propiamente
su causa? ¿Por qué no es la realidad como dice Dessauer? Pudiera
creerse que éste sólo ha leído el primer capítulo del Génesis sin lle-
gar hasta el tercero, en el que se trata del pecado original. Ya no
vivimos en ese mundo en el que el mandato de la Creación se cum-
ple y puede cumplirse tal como nos ha sido dado, sino que vivimos
en un mundo caído como hombres caídos que, naturalmente, todo
lo que tocan con su mano lo pervierten. Y lo mismo sucede con la
técnica. Es digno de notarse que en todo lugar donde el sentimien-
to religioso se conserva intacto y el mito aún prevalece, impera un
profundo horror ante lo que puede llamarse técnica. Es suficicnte
con pasar unas páginas de la Biblia para encontrar algo sobre el
auténtico origen de la técnica, que, segíin leemos, procede de Caín.
Uno de los descendientes de éste fue Lamec, en el que el carácter
fratricida de su antepasado se elevó en un grado terrorífico. De La-
ne c descienden Jabel, Juba1 y Tubalcaín, "y de estos descienden los
que habitan tiendas y pastorean, los que tocan la dt ara y la flauta
y los forjadores de instrumentos de bronce y hierro". Queda así cla-
ro que los descendientes de Caín son los creadores de la cultura en
general y de la técnica en particular. Y esta apreciación aún recibe
una acentuaci6n especialísima por el hecho de que inmediatamen-
te a los lugares citados se encuentra el árbol genealógico de Ser,
hijo posterior de '4dán y compensación en cierto modo por la muer-
te de Abel. Set tiene a su vez un hijo, Enós, en tiempos del cual
"comenzó a invocarse el nombre del Señor". No hay ninguna duda
de que la Biblia quiere señalar aquí dos líneas de hombres, una de
salvación y otra de perdición. La línea de salvación, que comienza
con Set y Enós y que está caracterizada por una estrecha unión con
Dios, culmina en Jesucristo. La de perdición, que comienza con Caín
y que ofrece en la cultura terrenal una especie de sustitutivo del pa-
raíso perdido, se pierde en la oscuridad de la historia. Y a ésta
última orientación corresponde también la construcción de la torre
babilónica. Lo osado no estriba aquí en que los hombres edifiquen
una torre altísima, sino en que emprendan esta obra como algo re-
sultante de la unión de las fuerzas humanas, y no s610 sin Dios, sino
contra Dios y con el fin de sentar al hombre en el t ~ono divino. Y
precisamente a causa de esto tuvo que fracasar la obra. Pero tome-
mos también el mito extra-bíblico. El arquetipo del "horno faber"
es Hefaisto, esa divinidad deforme. En su mismo engendramiento ya
había una mácula, y por ello nace cojo y es arrojado al mar por su
madre que se siente avergonzada del defecto. Y él se venga a su
vez jugando toda clase de malas pasadas en el mundo de los dioses.
En la mitología germana tienen ustedes una figura semejante en
Wieland, el herrero tullido.'Y uno se pregunta: ¿Por qué cojea
Hefaisto y por qué es Wieland un tullido? Por su parte, Wieland for-
ja con ayuda de duendes y gnomos-esos seres malignos que son
los guardianes de los tesoros subterráneos y, en especial, de los me-
tales-las armas y objetos que le sjrven para vencer a sus enemigos.
Pueden ustedes pensar también en Prometeo, en Icaro, y encontra-
rán siempre la misma cuestión. El mundo religioso intacto encuen-
tra al mundo de la técnica, y aunque Csta aún no existe en sentido
propio en tiempos de los griegos y de los germanos, el mito la pre-
siente con un profundo horror. Lo mismo encontramos en el medie-
vo. Es curioso que fuera entonces en las celdas monacales, como lu-
gares de oración que con frecuencia parecían más bien laboratorios
fisico-alquimistas, donde los monjes intentaban seguir de buena fe
el rastro del misterio divino. Y a pesar de ello, esa labor siempre
fue contemplada con desconfianza por el "common sense" de la
Cristiandad. Asf, por ejemplo, la figura de Alberto Magno vive en la
opinión del pueblo y en la tradición menos amo un gran sabio y un
gran santo que como un gran mago. Casi siempre se le coloca junto
a un Fausto, un Agrippa von NeStesheim o una figura semejante. La
252 FRIEDRICH DESSAUEK
tradición nos cuenta de éi que en una ocasión construyó un curioso
artefacto, un robot, un honiúnculo que era capaz de abrir automáti-
camente-ya aparece aquí el autómata-la puerta a los visítantes
para ilarlcs la bienvenida. Un día le visitó en Colonia Tom5s de Aqui-
no, su discípulo, quien, al ser así recibido y saludado, se espantó
de tal manera que con su bastón destruyó totalmente el art ci ~ct o.
probablemente obra de decenas de años de trabajo. Esta es la au-
téntica reacción del hombre religioso ante la técnica. tal como se
produce realniente, y aún mi s en 13 actualidad que en aqucllos tiem-
pos. En este sentido pudo decir Ernst Jünger en su libro Der Ar-
¿&ter, aparecido el año 1932, lo siguiente, que tal vez sea la mas
dura réplica a Dessauer: "Donde surgen los símbolos técnicos des-
aparecen todas las fuerzas de la esfera espiritual que hubieran con-
seguido ausentarse ... Y así puede arriesgarse la afirmación de que
hoy se observa una más profunda devoción entre los espectadores
de un cinematógrafo o de una competición motorista de la que se
percibe bajo los púlpitos y ante los altares." Esta es una frase muy
dura, pero ninguno de ustedes podrá negarle su razón. Sólo es ne-
cesario abrir los ojos. La tkcnica-y esto puede verse todos los
días-se ha convertido para el hombre actual en una especie de sus-
titutivo de la religión. Y en cuanto tal, como nuevamente dice Jün-
ger, es "la destructora de toda fe y la más decisiva potencia anti-
cristiana que ha aparecido hasta hoy". Este es el problema. Y ahora
se plantea la pregunta con la que quisiera terminar: ese caráctcr dia-
bhlico-que indudablemente existe, que todos conocemos, que 2 to-
dos nos somete y del que no podemos librarnos- ;estriba pr~pi a-
mente en la técnica, en el dispositivo, o en el producto técnico, o
estriba en la manera mágica con que el hombre intenta señorearse de
la Creacibn? Yo me limito a plantear la cuestión, qUe tal vez surja
y se aciare en el curso del debate, y termino con el verso de Francis
Thompson: 'La gran Babilonia es sólo una broma / Aunque pueda
ser en realidad tan grande e ilimitada / Como nuestro babilónico
corazón'."
Con todo esto, se presenta a la Biblia como fuente de argumen-
tos antitécnicos. Veamos, en primer lugar, los pasajes bíblicos que
juegan un papel en la discusión sobre la técnica:
Gen 1, 26: Dijo entonces Dios: "Hagamos al hombre a nues-
tra imagen y a nuestra semejanza."
Gen 1, 28: "Procread y multiplicaos: henchid la tierra y so-
metedla." -
Gen 3, 5 : Dijo la serpiente "Seréis como Dios, conocedores
del bien y del mal."
Gen 4, 21-22: "Juba1 (descendiente de Caín) fue el padre de
cuantos tocan la cítara y la flauta. Sela (segunda mujer de Lamec)
tuv0.a Tubalcaín, forjador de instrumentos de bronce y de hierro."
Veamos ahora un lugar del Génesis que no cita el ~a s t or Gestrich,
en el que se trata del encargo hecho por Dios a Noé para la cons-
trucción de una obra técnica d2 gran envergadura:
Gen 6, 14-17: "Hazte un arca de maderas resinosas, divídela en
compartirnentos y la calafateas con pez por dentro y por fuera. Hazla
así: trescientos codos de largo, cincuenta de ancho y treinta de alto;
harás en ella un tragaluz y a un codo sobre éste acabarás el arca
por arriba; la puerta la haces a un costado: harás en ella un prime-
ro, un segundo y un tercer piso."
Se trata, pues, de una disposición técnica de Dios que supone toda
la potencia técnica de aquel tiempo. Con esta obra de la técnica,
como se lee en el texto siguiente, Dios quiere salvar del diluvio.
de la gran inundación, a Noé, a su ejpecie y a otros seres. Después
se trata (Gen 11, 3-9) del conocimiento de ladrillos, de la construc-
ción de la ciudad y de la torre de Babel y de la dispersión de sus ha-
bitantes por la faz de la tierra.
Deducir de esto un descrédito para la técnica significa introducir
los propios prejuicios en la interpretación. Según el Génesis, la cons-
trucción de tiendas, el pastoreo (Gen 4, 201, la música instrumental
(Gen 4, 21) y la forja de los metales, tienen su origen en los hijos de
Caín. ¿Cae sobre todo ello una maldición o sólo sobre cl trabajo
del metal? ¿Y cómo se conforma con esto la salvación del género
humano a través de una obra técnica ordenada por Dios? En nin-
gún lugar se dice una palabra condenatoria de esas esferas de ac-
tividad, sino s610, como en el caso del crimen alevoso de Caín o de
la construcción de la torre de Babel, contra los fallos humanos. En
cambio, en estos textos, de unos tres mil años de antigüedad, son po-
sitivos la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios y el
mandato original de someter a la tierra. ¿Y cómo somete el hombre
a la tierra si él mismo se encuentra ffsicamente sometido a ella?
Desde el principio, la técnica es el primer gran medio para ello, con-
jugándose en ella el saber cm la imaginación y el trabajo en la crea-
254 FRIEDRlCH DESSAUER
ción de objetos formados finalmente. La técnica, sí sola, no con-
sigue el señorío del hombre, pero se encuentra al principio de todo
esfuerzo tendente a liberarle frente a la Naturaleza y d conseguirle la
libertad para llegar a la cultura.
Otro teólogo muy conocido, Emil Brunner, de Zurich, calificó al
~énes i s ' de "Carta Magna de la técnica" en el aniversario de la Es-
cuela Técnica Superior de la Confederación. ¿Y cómo es posible que
el hombre sea señor y cree cultura a través de la tecnica? Segiín el
Génesis, porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y, por
tanto, posee también una chispa de fuerza creadora. Esto es lo que
el Génesis aporta de positivo a nuestro problema y que no puede ser
discutido.
Hay además otras indicaciones sobre la técnica en antiguas obras
judías. En una de ellas se cita a las tenazas (como un instrumento
técnico primitivo) entre las cosas creadas el sexto día de la Crea-
ción. Y en el Talmud Babilónico se dice, en el tratado "P'sahim".
que Adán descubrid al finalizar el primer sábado la manera de en-
cender fuego por inspiración de su Creador. (Datos tomados del pro-
fesor S. Breuer.)
Debiera pensarse también en la obra tCcnica del templo trans-
portable, del Tabernáculo, que fue construido al principio de la
marcha a través del desierto (Ex 25-35), así como en el templo
de Salomón y en la construcción posterior por Herodes de grandes
obras tCcnicas destinadas al servicio divino, que surgieron a lo lar-
go de muchos años de trabajo, por obra de los mejores especialistas:
y que suponían un elevado grado de perfección en cl trabajo de la
madera, de la piedra, del metal y de la construcción. Todo esto-y son
sólo ejemplos-es una prueba a favor de la valoración positiva de la
actividad técnica, y en ningún modo da pie para que se Ia considere
como "obra diabólica" maldita y como rebelión ante Dios.
Es notable, por lo demás, que en las frecuentes refereacias a la
Biblia se pase por alto que también en el Nuevo Testamento se en-
cuentra algo digno de consideraci6n respecto a la relación entre la
técnica y el Evangelio: Que el mismo Cristo fue un técnico. Des-
pues de su ingreso en la comunidad alrededor de los doce años y
hasta el principio de su misión (a los treinta años) vivió en Naza-
ret sometido a sus padres (Luc 2, 51) y fue aprendiz, oficial y su-
cesor de Josd el carpintero. F. M. Willam, en su obra Das Leben
Jesu irn Lande und Volke lsrael (La vida de Jesús en el país y en el
pueblo de Israel), dice sobre esto lo siguiente:
"La manera en que despuCs se habló de Jesús como del "hijo del
carpintero" nos revela que tambiCn El ejerció la industria de su pa-
dre adoptivo. La profesión pasaba, por tanto, del padre al hijo. Asi
sucede todavía hoy y, según documentos egipcios, también ocurría
así en la antigüedad. Considerada sólo externamente, ia adopción por
Jesús de! oficio de carpintero fue un hecho que contribuyó en gran
manera a hacerle aparecer a los ojos de sus conciudadanos como
un hombre corriente.
Para una época que aprecia más la obra que al obrero es soluda-
ble representarse al Hiio de Dios como a un sencillo artesano. Des-
pués de que muriera José, su padre adoptivo, Jesús se encargó comc
trabajador independiente de ejecutar los encargos que obtenía de los
habitantes de su pequeña ciudad. Estos artesanos poseían o tomabar.
en arrendamiento con mucha frecuencia pequeñas parcelas situadas
en la proximidad de sus localidades. Así, por ejemplo, se habla en
un documento egipcio de un cierto Pavetis, quien desempeñaba el
oficio de carpintero igual que Jesús y tenía en arrendamiento un
campo de labor. La situación en la Palestina actual habla igualmen-
te a favor de tal suposición. En esta vida tienen su origen las pa-
rábolas que Jesús presentó más tarde. No en balde habla con tan-
ta frecuencia de construcciones, de puertas, de piedras angulares y
de cimientos, de yugos y de arados, de siembras y cosechas. El mismo
ayudó en la edificación de casas, El mismo ~onst ruy6 yugos y arados
y tambiCn sembró y cosechó." Hasta aquí Willam.
El "carpintero" de aquellos tiempos era el especialista en el tra-
bajo de la madera. Era carpintero y constructor, y construía peque-
ñas casas, establos, tejados, muebles y cualquier objeto de madera.
Entonces ya había escuadras, medidas de longitud, plomadas y sie-
rras, utilizándose sobre todo la azuela. Y este técnico provocaba
el asombro cuando predicaba en la Sinagoga ante sus conciudada-
nos. "¿No es este el carpintero, el hijo de María?" (Mc 6, 3).
Desde el punto de vista del teólogo creyente sería difícil de acep-
tar que los dieciocho años, más de la mitad de su vida, que dedicó
Jesk a la preparacibn de su misión, que duró escasamente tres
años, fueran dedicados "casualmente", es decir, sin sentido, a la eje-
cución de servicios técnicos. HaMa otras profesiones más estimadas
que la de técnico de pueblo. ¿Por qué, pues, fue escogida ésta y
256 FRlEDRlCH DESSAUER
rnantei~ida durante td11 largo ticmpo? ¿Por qué se repiten tan frc
cuentemente las expresior;es técnicas en las parábolas de Cristo?
Si Jesús vivió, enseñó, sirvi6 y sufrió para todos los t i en~pos y para
todas las generaciones, la "era ticnica" puede estraer de esta clcc-
ci6n terrenal de profcsi3n la consecuencia de que el estado t6cni-
co qiieda reconocido a través de ella, estando incluso distinguido y
relacionado con el reino "que no es de este mundo". Con frccuencin
me he maravillado de que este hecho fuera rasado por alto por los
teólogos, t ant o en el caso de los que se acercan a la técnica crítica-
mente corno en el de los ponderados y serenos.
Con esto queda expuesto algo esencial de lo que puede deducir-
se de los textos bíbficos sobre Ia técnica, que sc revela como algo
positivo. E1 técnico cristiano puede fundamentar su misión en el
Génesis y encontrar en la carrera técnica de Cristo su calificncióti,
su rnodelo, s u consuelo y su sostén.
En la dura crítica del pastor Gestrich se habla tarnbikn dc figu-
ras procedentes de las mitologías griega y germ6nica. que, corno cn
el caco de Hefaisto y Wieland, aparecen deformes y malignas. A lo
largo de dos milcriios ha sidc un rasgo de Iris fantasías popiilarcs el
elevar extremadamente todo poder especial y asombroso o el reves-
tirlo con el ropaje de lo inquietante, lo diabólico y lo peligroso. En
el retablo de gnosticismo. el poder material sobresaliente se con-
vierte en magia y en obra del diablo. Lo incomprc;!sible es condena-
do emocionalmente y no con tranquila claridad. ¿Qué demuestra
esto? ¿Que-a causa de la leyenda de Xiefaistc-la forja de1 hierro,
que tanto bien ha producido. procede del mal? Entonces tendrían ra-
z6n los destructores de máquinas y los jueces ecicsi6siicoi qüe en
el siglo XIII encarcelaron, hasta que fue puesto en iihertad por itn
Papa. al primer gran experimentador, al sabio monje rninorita Roger
Bacon, a causa de sus experimentos, quc les parecieron C O S ~ de ma-
gia. Tenemos razones para estar agradecidos de que se Iiayari sua-
vizada a través de la razón, del conocimiento claro jr reparado, las
tenebrosas y bárbaras fantasías de siglos pasados, que !levaron a la
creencia en brujas y a la persecución de hereles. Los hcrrcros cojos
de las leyendas no son una prueba contra la técnica, sino rnueitras
de una concepción del mundo pasada, aiín oscura y envuelta en lo
inquietante. Es propio del hombre convertir irracionalmente en algo
"inquietante" l o que no comprende racionalmente. Pero con el au-
mento de la claridad se desvanecen los fantzsrnas. El que en el tra.
bajo de los metales (como ocurrió anteriormente coi1 la vida seden-
taria de la agricultura) se vea algo "inquietante", no habla en con-
tra de los trabajadores del metal (como tampoco habló contra los
agricultores), sino que es un signo de los atrasados que, a su vez,
llegaran a trabajarlos.
HISTORIA DE LA CREACI~N, CIENCIA NATURAL Y TÉCNICA
En la primera parte del Génesis, donde se hace la historia de la
creación, se habla de una obra divina realizada en seis "días", o sea,
en períodos de tiempo, y, después, de un final. El Creador contem-
pla su obra y ve que ésta es buena.
Cuando la geología, la palenteología y el evolucionismo eran aún
desconocidos y la técnica aún pasaba desapercibida, era natural con-
siderar a la Creación como una "ejecución", o mejor, como una
"realización" (partiendo de la nada). Pero ahora sabemos con indiscu-
tible certeza del papel jugado por la continua transformación del cos-
mos. del nacimiento, maduración y extinción de los astros, de Ia
evolución de los seres y de las siempre nuevas apariciones de objetos
y procedimientos, las invenciones técnicas, que surgen ante nuestros
ojos y que transforman la faz de la tierra. Veamos aquí algunas ci-
fras: El método del plomo fija en unos tres mil trescientos cincuen-
ta millones de años el plazo necesario para que se consolidara la
corteza terrestre, y en unos cinco mil doscientos millones de años
aproximadamente el tiempo transcurrido desde que se produjo el es-
tado homogéneo de la tierra. El contenido de argón de la atmósfera
fija la antigüedad de ésta en unos tres mil trescientos millones de
años. Para la aparición de los elementos, y con ello para la "edad
del mundo", da el método del xenón unos siete mil quinientos mi-
llones de años. Y la investigación isotópica da para la aparición
de los vertebrados un plazo mínimo de cuatrocientos millones de
años, de unos ciento treinta y cinco millones para los pájaros, de unos
setenta y seis para los mamíferos superiores y de un millón de años
aproximadamente para el hombre.
Esto-aunque las cifras aisladas hayan de ser investigadas con
mayor precisión-gom de relieve el "todo está en movimiento" de
'Heráclito, l a evolución, la transformación y la dinámica de la Crea-
258 FRIEDRICH DESSAUER
ciów misma. Por tanto, la historia de la creación, narrada por el Gé-
nesis, tenemos que entenderla de manera que resulte claro que el
Creador no dio a su obra una forma inmóvil, sino que la dotó de la
facultad de evolucionar, de 1s ley dr la evolución. Expresado cicn-
tificame~te, esto quiere decir que la Creación no está limitada al
mundo de la materia en forma invariable de cuerpos, sino que en
ella hay poderes activos y formativos en el tiempo y en el espacio
a los que llamamos leyes naturales. Estas son los componentes con-
servadores y transformadores. Así resulta que en la Naturaleza sólo
existirá aquello que estuviera en ella desde el principio, aquello que,
en forma de ley, esté poterzcialnzente dispuesto en ella, en cierto
modo como "semilla". (Esto no afecta a la cuestión de las posteriores
intervenciones creadoras de Dios. La investigación nos muestra Yni-
camente las transformaciones adecuadas a la ley natural.)
A esto se afiade ahora la conformación de 1s Naturaleza realiza-
da por el hombre mediante la técnica. Esta ha transformado renlmen-
te "la faz de la tierra", la superficie terrestre. Esto puede verse en
cualquier vuelo. Elevémonos con un avión, por ejemplo, en Franc-
fort, y volemos hacia el sur sobre los Alpes. Tan pronto nos abando-
na la primera sensación-la de encontrarnos firmemente en el aire
sin apoyo sobre la tierra-nos sorprende otra no menos fuerte: el
paisaje se encuentra dividido geoinétricamente a nuestros pies. En
toda fotografía aérea se ve que lar formas están delimitadas por rec-
tas o curvas claramente trazadas. Las alineaciones de casas, las ca-
lles, las carreteras, los senderos que atraviesan los bosques, los ca-
nales y las líneas férreas, los campos luminosos en el verano, las
llanuras y los colores, muestran sencillas líneas geométricas. Pero
tan pronto queda atrás el suelo cultivado, comienzan las montañas
y falta la mano constructora del hombre, desaparece todo conjunto
de líneas y planos sistemáticamente ordenados. Los contornos pasan
a ser irregulares, confusos y caóticos, sin que haya ningún sentido
reconocible en sus límites.
En nuestro caso, el avión voló sobre dos reinos: El primero era
el del orden final. Al orden y a la conformación basada en fines co-
rrespondían líneas regulares y geométricas. El segundo era el de la
disposición causal. Los contornos no están determinados en éste por
el fin, sino por el efecto de la causalidad: El paisaje lo confcrman
el agua, la nieve, el hielo, las tormentas, el calor y las radiaciones.
Un viajero de otro mundo que hace dos mil años hubiera volado
con su vehículo sobre la superficie de la tierra y volviera a hacer-
lo en la actualidad, se preguntaría hoy con admiración: ¿Qué ha su-
cedido en este planeta que su faz se ha modificado de tal manera?
Tal vez reflexionaría sobre si esta transformación de la superficie
respondía a una transformación interna de los hombres dominadores
del planeta. Y daría por válida tal suposición, pues la nueva dispo-
sición de la superficie de la tierra, por muy distinta que sea en lo
particular, responde a un carácter unitario en todos los lugares del
planeta. Tal transformación de carácter unitario de los contornos
caóticos en otros dispuestos geométricamente, sólo puede responder
a causas espirituales tratándose de un ser espiritual.
A nosotros, que hemos contemplado el espectáculo desde el avión,
se nos ofrece la presencia de esos dos reinos con una claridad inol-
vidable. Hemos penetrado volando en el reino causal de la Natura-
leza partiendo del reino final de la técnica, pues cada línea y cada
figura que aparece ordenada geométricamente en el terreno cultivado
se debe a la técnica. Sabemos, por las consideraciones anteriores, que
la técnica añade realmente a las existencias de la Naturaleza nuevas
figuras con forma y cualidades propias que no han sido construidas
por la sola Naturaleza. La rueda misma ya nos sirvió de ejemplo.
Ciertamente que la Naturaleza contiene la posibilidad de que, par-
tiendo de sus existencias, se pudiera construir una me da - o un re-
loj, un motor Diesel, un centro telefónico o una válvula amplifica-
dora-, pero esta rueda no ha sido construida por ella, sino sólo
partiendo de ella y por "otro" que no forma parte de ella totalmen-
te: el hombre, en el caso de la técnica. La Naturaleza inorgánica no
tiene la facultad de la ordenación final y consciente de los elemen-
tos que supone !a formacibn de un objeto adecuado a su fin. Sin
embargo, se encuentra abierta a la "continuación del proceso de la
Creación" a través del hombre, brindando la base de posibilidad.
Pero también la Naturaleza orgánica actúa de distinta manera que
el tecnico cuando produce formas animales o vegetales, órganos y
seres animados que sólo podemos comprender, finalmente, y que
(como se ve con especial claridad en la cibernética) muestran algu-
nos rasgos análogos a los de las formas técnicas. Esta "continuación
del proceso de la Creación" no es, ciertamente, la libre "creación que
parte de la nada", sino que presupone lo creado, asf como las formas,
átomos, energías y leyes naturales que se encuentran en la Natiira-
Ieza, y las formas potenciales, es decir, ~610 posibles y sin realizar,
260 FRI EDRI CH DESSAUER
que Únicamente pueden llegar a la realidad como forinas técnicas a
través del hombre y partiendo de su imaginación.
Dcsdc un punto de vista tcol8gic0, no se niega con ello la afir-
mación del Génesis, sino que se la amplía. Dios no creó "sólo al
princi~io", sino que crea permanentemente a través de su propia Crea.
ción, dotada por El de In facultad de evolucionar, de un orden evo-
lutivo inmanente (las leyes físicas y biológicas de la Naturaleza), y
a travís del hombre. que puede cüntinuiir creando, finalmeiite, por-
que para ello ha sido hcclio "a imagen de Dios" y porque-también
segun el Génesis--ha recibido el inandato de "creccr" (evolucionar),
de "mul~iplicarsc" y de dtmiiriar la tierra.
En cstc aspecto &el tcxto de la primera parte del GCnesis, que
se impone obligatoriamente a causa de los descubrimientos de la
inrestigaciijn, sc justifica realmente la creación técnica como rea-
lización de la voluntad del Creador, como una actividad querida por
Dios, éticamcntc positiva y dotada de valor y de dignidad, aun-
que, tiaturrilrnente, con la responsabilidad que supone tal mandato
original. Por tanto, la creación tkcnica no puede ser coricebida teo-
lógicamente coi110 rebelión de la serpiente, como autorr~dención
y como pretensión de ser igual a Dios, y no es una potencia au-
tónoma, sino que continúa siendo una misión impuesta por el Crea-
dor que se sirvc del hombre para sus fines, aunque, como todo,
esté expuesta al abuso, a In ticformación de su sentido y a toda de-
bilidad humana. Pues este mal hace presa en todo y también ei
derecho, la religibn y la teología están abiertos a la corrupción, sin
mcnoscabarse por ello sii dignidad.
Tuvo por ello razón e1 tc61ogo Emil Brunner al comenzar sil ya
citada plática en el aniversario de la Escuela Superior Técnica de
la Confederación (acto celebrado en Zurich el 31 de octubre de
1955), con las siguientes palabras: "Dominad la tierra. Esta frase
divina es la Caria 11lagrza de ia técnica." Ciertamente, continuó di-
ciendo, que la técnica no surgió de la conciencia de tal mandato!
sino de Ia existencia de millares de necesidades y de deseos huma-
nos. Sin embargo, esa frase es la "proclamación de la libertad para
conformar al mundo". Pero ahora la humanidad adquiere concien-
cia, y con ella los mismos técnicos, de la naturaleza, de la unidad,
de la visión y de la figura histórica de la técnica. El presente libro
está dedicado a ese conocimiento, que, teológicamente, conduce al
mandato del Génesis. Es también un hecho impresionante para mu-
chos de aquelios que no reconocen el carácter reveiador de la Bi-
blia el que en este documento original de la humanidad, que se nu-
tre en parte de fuentes anteriores a Moisés, se encuentre expresa-
do en pocas, pero claras palabras, lo que hoy. de tres a cuatro mil
años después, supone el tema de la discusión mundial sobre la téc-
nica.
El hecho de que el conocimiento de la evolución ejerce una va-
liosa y extensiva influencia sobre la comprensión y la exposición del
Génesis, es algo que también se va manifestando paulatinamente
en la obra de los teólogos. Esto se advierte de manera accesible a
todos en el artículo Creación y evoltrción publicado en la revista
"Universitas" (año 11, núm. 2, febrero de 1953) por el teólogo ca-
tólico de Munster, Hermann Volk. En dicho artículo, se expone
teológicamente que si la evolución es posible en la Naturaleza no
puede ser excluida del plan creador de Dios. La exposición diná-
mica del Génesis no reduce los límites de la Creación original, sino
que los hace más amplios de lo que eran en una exposición ante-
rior y más estática, pues comprende, junto a lo ya existente, todo
lo de existencia futura y procedente de la misma Naturaleza o de
la mano del hombre. Lo creado "al principio" contiene potencial-
mente todo cambio futuro.
Un tema espinoso, pero que ha sido tocado repetidas veces en l a
discusión sobre la técnica, es el de la repercusión del "peccatum
originale", del "pecado original", sobre la técnica. En la asamblea
extraordinaria del V. D. 1. celebrada en Munster en mayo de 1955,
se formuló una pintoresca afirmación que revela lo lejos que puede
llevar la incomprensión cuando se alía con la pasión y con el eno-
jo. Procedió del Ingeniero Doctor E. Schapitz, quien opuso reparos
basados en la fe a mi concepción de la técnica (de que está en
concordancia con el Génesis) y dijo textualmente : "Jesucristo, el
Hijo de Dios, murió en la Cruz incluso por el más incorregible de
los aprendices, pero no por la turbinas de vapor, por proyectos de
sistematización o por las calculadoras electrónicas. S610 teniepdo
262 FRlEDRlCli DESSAUER
esto en cuenta lograremos una visión exacta de la auténtica rela-
ciijn de valor existente entre el hombre y su obra."
Esto resulta verdaderamente sorprendente, pues a nadie se le
ha ocurrido afir~iiar que Cristo "haja muerto por las mcíquirias de
vapor" o por cosas semejantes. Y tampoco se discutc en el irnbito
de 1~ cristiandad el que haya muerto por todos los hombres. Para
co~npienJer lu que el orador liaya querido expresar hay que con-
sultar sil obra Scht~*iirmcrtlrn nrrr Rnnde der Technik (Fa~ztrtismo al-
rededor de la tc'crrica) y pensar en la controversia teol6gica entre
Iris ronc~pciones católica y protestante y en las diferencias exis-
tentes en cl misnio protestantismo.
E4 que le htffttmid-ñd svpmta uña enrga hereditaria, cl que tic-
112 aiisix de redención y el quc cada uno siente dolorosriii-icnte en
sí niismo 11 contradicción entre lo que debe ser y lo que es, son
puntos sobrc los que existc unanimidad. La dificuita~i que surgió
dnte la narración del Génesis sobre ia caída de Adán en el pecado,
cuaildo, cit contra de la opinión general de hace tan sólo unos se-
senta aiios (U mí niismo nic la espusieron en mis tiempos de estu-
diante, aunque no como doctrina, sino como probabilidad), de que
desde la creación y la rebelión del primer hombre habían transcu-
rido uiios seis mil años (y esto no sólo lo calculaban así los teólo-
gos, pues Isaac Newton llegó a la misma conclusiór: bascíndose en
datos bíblicos), se adquirió la certeza de que el "homo sapiens" lle-
vaba iriuchos cientos de miles de años sobre la tierra, es algo que
tal vez no deba ser tomado demasiado trágicamente.
Más difícil, por incomprensible para nosotros los liombres, es
el hecho (sobrc cl que, en parte, se ha hablado niucho desde hace
siglos bajo el titulo de "tzodicea") de que cientos de niilloiies de
afios antes de la existencia del hombre ya rigiera la terrible ley
del mrís fuerte-la vida de los seres más fuertes '1 través de la rnuer-
te y dcstrucciSn de los más débiles--y de que tanibicn cl hombre,
por su naturaleza de animai mamífero y omnívoro, base su exis-
tencia en la muerte y en la destrucció~i. Sobre este punto puede
leerse a Bavink (Das Ubel in der Welt).
La teología del pecado original parte del hecho de que ia situa-
ción del hombre no está sólo determinada por su propia naturaleza
y el medio ambiente, sino también por las importantes decisiones
del hombre mismo. Adán, el primer honibre, se rebeló contra su
Creador, siendo expulsado del Paraíso y perdiendo en rango, en in-
teligencia, en voluntad y en proximidad a Dios. Y la pena se trans-
mitió a sus sucesores, a toda la humanidad, aunque se anunció la
Redención que se produjo por la muerte expiatoria de Jesucristo.
Hasta aquí es posible la coincidencia.
La cuestión, es cuál sea la consecuencia teológica para la téc-
nica. ¿Anuló el pecado el mandato del Génesis y desapareció to-
talmente la semejanza con el Creador? ¿O es que, como también
se ha sostenido, la caída de Adán afectó, corrompió y debilitó in-
cluso toda la Creación, tanto animada como inanimada, de tal ma-
nera que también resultaría afectada la técnica, que descansa so-
bre el orden natural? Por lo que respecta a esta última pregunta,
hay que tener en cuenta que las leyes naturales no se encuentran
limitadas al pequeño planeta terrestre, que son válidas para el uni-
verso entero y que, según todos nuestros conocimientos, se extien-
den temporalmente (ver las cifras del 5 2) sobre miles de millones
de años. De otro modo, no podríamos cultivar la astrofísica ni la
cosmogonía. Y, que yo sepa, tampoco se ha afirmado nunca se-
riamente que por el acto de Adán se hayan modificado la ley de
la energía, la ley de la .entropía, las leyes fundamentales de la me-
cánica, la electrodinámica, la física cuántica .o la ley de la gravita-
ción, ni tampoco la biología, la genética o la biología cuántica. E1
fundamento natural de la técnica no fue afectado.
Según la opinión general, lo afectado fue e1 género humano, y
resulta consecuente aceptar que todas las actividades humanas,
también la técnica y la ciencia, quedaron disminuidas por esa car-
ga y debilitación del hombre, pero no anuladas ni destruidas. El
hombre "ganará el pan con el sudor de su frente" y la tierra le
dará "espinas y abrojos". Y se movilizaron los instintos humanos,
los apetitos, la tendencia hacia abajo, la inclinación al egoismo, la
codicia y la soberbia. El hombre, desde su lugar próximo a Dios, ha
caído en la tendencia a la rebelión y al abuso, y lo constructivo y
positivo le resulta difícil de realizar y sólo lo consigue con ayuda
de la gracia.
En esto no me parece encontrar ningún fundamento para la cita
del Dr. Schapitz mencionada más arriba. En su polémica obra, que
también contiene algunas buenas ideas (aunque asimismo una no-
table deformación de mis contribuciones al problema de la técnica),
se encuentra la siguiente e interesante frase: "Con esto rechazo la
opinión de que Dios prosigue en la técnica su obra creadora o de
764 FRI EDRI CI ~ DESSAUER
que se revela a través de las invcstigaciones científicas y dc los
inventos.''
La seguricta parte dc la frase p,ircce ser una reciisación de la re-
velación natural, dc algo teolijgico mantenido durante dos mil años
y ya aceptado antes dc Cristo: 1.3 Creación, el cosmos, como pro-
clarnacikn del Creador y de su poder y grandeza. Esa Creación es
conocida por el hombre cn sus rasgos fundamentales a través de 13
investigacijn, encontrando en ella el hombre respuesta a sus intc-
rrogaciones. Revelación, en el sentido general de la palabra, signi-
fica la adquisición de un conocimiento-al que no llegaría uno por
sí solo-a través de la enseii~nzci de iin tercero de autoridad su-
per&. Ef t s - b qw pfteffe- cenquir d i n d g a d o r que se sirve
del experimento, el "intcrrogador", recibiendo enseiianzas que con
mucha frecuencia son distintas a lo que esperaba. Ningún investiga-
dor pudo prever o "esperar" los rayos X, la radioactividad, la
radiacióri cósrnic.~ o ia estructura del átomo. En cada caso, sc
trató dc "informaciones" sorprendentes, y también en ld biología
fueron sorpresas ios grandes resultados (la genética, la biología
cudntica, la teoría de la evolución, etc.). La palabra latina "revela-
tio", que significa descorrer un velo, refleja bien el caráctcr ge-
neral del concepto dc la revelación, que no se encuentra cxclui-
do por el concepto de !a revelación histórica y sobrenatural como
directa manifestación divina. Suprimir la manifestación del Crea-
dor a través de su obra, la revelación natural invocada por la
misina razón humana que conmovió a San Agustín y a Nicolás de
Cues (por s61o citar a dos entre tantos grandes) y que llenó de pro-
fundo respeto a hlanuel Kant j 7 a tantos otros, es una gran re-
nuncia. Si sc hace esto, la investigación y la técnica se convierten
ciertamentc en una vana obra humana.
Las conseciienciss teológicas son entonces peligrosas. No voy a
ocuparmi de las deforinaciones practicadas en mi obra por cl doctor
Schapitz, tal vez inconscientemente y por temperamento, ni tarnpo-
co de quc me califique de fanático y de hereje, pero quiero utiiizar
un ejemplo aducido por él repetidas vcces para demostrar lo peli-
grosos que pueden ser los juicios cuando-a pesar de una intención
subjetivamente buena-re encuentran prejuzgados por tendencias.
Para el Dr. Schapitz, la técnica es puramente obia del hombre,
y el uso de los medios técnicos carece en absuluio de orden. Se
ensalza irreverentemente y se compra sin objeto. Utilicemos su
DISCUSI~N SOBRE LA TÉCNICA 26 5
repetida referencia a la bomba atómica para demostrar hasta qué
punto determina esto su juicio. "¿Es que la entrega de la bomba
atómica al mundo de 1940-45, desgarrado por mil demonios po-
líticos, no fue tan irresponsable como lo sería la entrega de bombas
de mano a colegiales?" Y más adelante: "Por ello, Dessauer tam-
poco encuentra ninguna palabra de reprobación contra aquellos fí-
sicos atómicos que, con pleno conocimiento de lo mortífero de los
resultados, llevaron a cabo en Alamogordo los experimentos deci-
sivos con la bomba atómica." La expresión "por ello" se refiere a
una opinión atribuida a mí por Schapitz y que yo no he mantenido
ni expresado nunca.
Por lo que se refiere a la bomba atómica, no cabe duda de que
es un arma pavorosa de la Que todos esperamos-y con razón-que
no vuelva a emplearse jamás. Cuando el año 1945, tomadas todas
las medidas de precaución y sin daño para ningún hombre, se la
hizo estallar en el curso de una experiencia realizada en el de-
sierto de Nuevo Méjico, la guerra mundial aún no había llegado a
su fin. Japón tenía en armas a un ejército de millones de hombres
y los aliados habían llamddo en su ayuda a Rusia contra ese ejér-
cito. Cuando poco después dos ciudades japonesas quedaron des-
truidas por el lanzamiento de tales bombas, la guerra cesó en el
acto. Es probable que esos bombardeos, que pusieron fin a la gue-
rra, salvaran más vidas humanas de las que destruyeron. Pero es
casi seguro que han evitado hasta ahora que el Occidente fuera
arrollado por el poder del Este, impidiendo la tercera guerra mun-
dial y preservándonos a todos de caer sometidos ante el bolche-
vismo como los pueblos de tras el telón de acero. Y la humanidad
tiene por primera vez una razón real para esperar el fin de las gue-
rras, pues nadie quiere aniquilarse a sí mismo. Estas son las razo-
nes por las que me abstengo de emitir un jtricio sobre la experi-
mentación y utilización de esa arma técnica. No quiero ser juez
de aquellos hombres que, responsables en aquellos tiempos de ca-
lamidad del destino de millones de seres, se vieron forzados a to-
mar decisiones muy difíciles de adoptar g mucho más fáciles de
condenar desde un lugar seguro. No sé cómo hubiera obrado el
doctor Schapitz, ni cómo lo hubiera hecho yo mismo, en el lugar
del presidente de los Estados Unidos ante tal responsabilidad. La
indignación es aquí una postura excesivamente justa y con frecuen-
cia se ha demostrado en la historia que lo que se presentaba indig-
266 FRlEDRlCH DESSAUER
nadamente como depravación resultó ser después causa de salva-
ción. "No juzguéis para que no seáis juzgados": esto es tambiGii
válido para nosotros frciite a los tan duramente acusados cientí-
ficos, técnicos, poIíticos y militares de entonces.
La técnica, como toda actividad humana, esti abierta al abu-
so, que b conseciiencia de la libertad del hombre Y que se eupli-
ca teológicamente por el pecado original. Esto lo he dicho rcpctidas
veces. *Aunque sc abuse del derecho y de la religión, en contra
de su sentido y de su Jcstino, no por ello se menoscaba, desde cl
punto de vista religioso y en su esencia, sil origen divino. Aunque
se abuse de la técnica como de todo lo creado. esto no afecta al hecho
dc que, desde uii punto de xista rdigiosy sti scntitlo, su pasibiiidad
y su origen proceden del Creador del mundo y de los 1iornDrc.s y de
que la técnica eleva a la humanidad dcsdc un sometimicnta ariirnal
hasta la libertad dcl espíritu.
Conio fin de estc párrafo. qliiziera tiacer mías tres apinioncs
rniís que completan la cita tomada de la conferencia de Eriiil 231uri-
iier. La primera procede del pastor Doehring, de Hermanii~hurg. >
file fornlulada en la asamblea extraordinaria del V. D. I., cclcbrsda
en hlarburg el 30 de niarzo de 1951: "El trabajo es fundaínerital-
mente, cn la Biblia, la colaboración en la obra de Dios ... El iiombre
recibe en la Creación el doble título de nobleza de ser ivzuge~z dc
Dios y su nzandatario: iDominad la tierra ... ! "
El profesor Dr. Hofíner, de Tréveris, dijo en el mismo lugar: "En
el mandato hecho por Dios al hombre de que dominara la tierra se
encuentra comprendida la técnica. El hombre debe investigar las
leyes de la Naturaleza con la fuerza superior de su espíritu, colo-
caiido las fuerzas de la materia a su servicio. Cada conquista en el
reino material significa una victoria del espíritu sobrc la materia ..."
Y veamos por último la conclusicin a que llegb cn ~Munster (en
la asamblea extraordinaria del V. D. I., celebrada del 17 al 18 de mayo
de 1955) el ingeniero diplomado O. Kraener: "Crecnios poder te-
ner la impresijn de que los círculos compctcntes de la Iglesia cris-
tiana celebran con satisfacción el heclio dc que los hombrcs de la
técnica ejerzan su actividad no únicamente por amor a ella y por
motivos económicos, sino con la conciencia profesional de que sus
caminos, tan llenos de responsabilidad, no se encuentran en opo-
sición con las manifestaciones del Creador."
El tkrmino "cura de almas" sólo es usual en el lenguaje ecle-
siástico. Pero su significación no queda limitada a él. La pregunta
de Caín: "¿Soy acaso el guardián de mi hermano?" se le plantea
a todo aquel que es responsable de aquellos semejantes, en espe-
cial de la juventud, que de algún modo le están confiados no sólo
corporal, sino también espiritual y anímicamente. Estas personas
responsables contestan hoy positivamente y sin vacilar a la pre-
gunta de Caín. El que conozca, por ejemplo, la evolución experi-
mentada por las explotaciones más avanzadas, sabrá de los grandes
progresos realizados modernamente.
Si en las siguientes consideraciones se emplea el concepto de
cura de almas en sentido eclesiástico, es porque de este modo se
ven con más claridad los problemas. Pero lo que así se diga, modé-
licamente, de la cUra de almas eclesiástica es también válido en
general, "mutatis mutandis", para todos los que, como superiores,
profesores, educadores, maestros, tutores, camaradas y amigos, es-
tán llamados a influir sobre los que en ellos confían o les han sido
confiados. Como sobre el tema de este párrafo ya existe un li-
bro Seele inz Ba~znkreis der Technik (Alma en el circulo presente
de la técnica) publicado en Suiza el año 1954 por la editorial Walter-
Olten), puedo limitarme aquí a hacer s610 algunas indicaciones.
La postura adoptada en los sectores eclesiásticos tiene una im-
portancia decisiva. Con mucha frecuencia oí observaciones sobre
el proceder, excluyente de todo éxito, de predicadores que emplea-
ban en los barrios obreros un lenguaje ineficaz y muchas veces con-
traproducente. Por ejemplo, cuando se expresaba la opinión de que
los hombres y mujeres que trabajaban duramente en las máquinas
y en las minas vivían en un mundo abandonado, triste, desgracia-
do y sin alma y después se les enseñaba y ofrecía desde el púlpito
otro mundo luminoso y santo del que se esperaba justicia en lu-
gar de fuerza, amor en lugar de crueldad, y gracia en lugar de opre-
sión. Si a esto se añade, en el tono y en el lenguaje, la vieja re-
tórica de siglos pasados, se llega fácilmente a frases tan conocidas
.
como la siguiente: "El párroco ha hablado bien. Tiene que hacerlo
así porque para ello le pagan, pero de nosotros no sabe nadq."
268 FRlEDRlCH DESSAUER
En lugar de muchos ejemplos, veamos uno solo que en su tiem-
po causó sensaci6n. En diciembre de 1928, y en uii servicio divino
de fin dc año, dijo en su prédica un alto clérigo que "no sin razón
se hablaba de una época de decadencia de la vieja cultura", y que
"seis poderes hostiles, seis asesinos amenazaban" al cristiano para
"destrui: su felicidad temporal y eterna con armas cnvencnadas".
Y entre estos asesinos citaba a la técnica.
Olvidemos el nombre del predicador. Después, que yo sepa. no
volvió a hacer manifestaciones de este género, pucs la oposición
que provocó tuvo que hacerle reflexionar. Su error en este caso
ha sido traído como ejemplo de lo lejos a que llcg3 algunas veces
el descorioci~niento de la técnica en los círculos eclesiásticos. Antc
el horror provocado por penosas situaciones sociales, debidas a mo-
tivos económicos, y que se hacían sentir especialmente en la i n-
dustria, se vio la técnica como un enemigo, a pesar de que en su
naturaleza se encuentra precisamente el estímulo tendente a libe-
rar y descargar al hombre.
Y todavía hay ataques más graves. Si ia creación técnica-corno
sc ha visto cn muchos ejemplos--es interpretada como obra del
diablo, como rebelión y como ateísmo, tienen que darse IJS conse-
cuencias quc uno de los últimos Papas expresó con la siguiente
frase: "La Iglesia ha perdido a la clase obrera."
El técnico, cualquiera que sea su grado, no quiere ser compa-
decido, pues también el obrero ama su profesión o---con10 míni-
mo-desea saberla estimada. Sabe, p r decirlo así, que la sociedad
humana "descansa sobrc sus hombros" y que el predicador, sin
él, no tendría púlpito ni iglesia. libro de cánticos ni cirgano. Por
ello, rechaza una conducta caritativamente condescendiente y no
se siente como un mendigo espiritual.
La misión encomendada por Cristo en sus palabras de despedida
era: "Id y ensefiad ..." Y esto no significa aferrarse al círculo de
vida y de pensamiento propio y familiar, sino buscar a los demás
en su "lugar de residencia". Y el lugar de residencia espiritual del
hombre es sir profesió>z. En nuestro caso, la profesión técnica. En
ella vive el técnico, en ella recibe diariamente nueva forma su pos-
tura vital, en ella encuentra materia y perspectivas para su "con-
cepto del mundo" y para su conducta frente a sus semejantes y su
medio ambiente, en ella encuentra sus módulos y su modo de
hablar.
Las Iglesias preparan cuidadosamente a los misioneros que han
de mandar a países lejanos. Si han de actuar con eficacia, no sólo
han de aprender a conocer el idioma, sino también ias costumbres,
la mentalidad y los cultos de los pueblos extraños; es decir, el lu-
gar de residencia espiritual de estos pueblos. Pero hasta ahora no
se ha dado análoga preparación a los eclesiásticos que se mandaban
a zonas técnicas, como ciudades industriales o escuelas técnicas
superiores. Alguno de ellos me confes3 que no encontraba el ac-
ceso a los hombres de su comunidad, que sus palabras resbalaban
como el agua sobre una capa oleosa. Y un eclesiástico de alto
rango que, tras estudios teológicos fundamentales y tras su doc-
torado, había obtenido una parroquia en el barrio obrero de una
gran ciudad, lamentaba los errores iniciales cometidos en sus es-
fuerzos por lograr contacto con las siguientes palabras tomadas del
monólogo de Fausto :
"Lo que no se sab-s justo lo que haría falta.
Y lo que se sabe-no puede utilizarse."
Y también quiero añadir algo de mi propia experiencia. Por de-
seo de un colega teólogo he desarrollado con él durante un semestre
un seminario sobre la técnica ante teólogos en ciernes de la Uni-
versidad y dos veces fui invitado a dar conferencias en seminarios
eclesiásticos. Y, en cada ocasión, advertí que en los oyentes exis-
tía un marcado interés, pero que, al mismo tiempo, se abría ante
ellos un nuevo mundo totalmente extraño e insospechado que liasta
entonces, como poco importante, no había sido observado con ma-
yor precisión.
Para ser eficaz hay que comprender y amar. Sin esta llave no
puede abrirse una puerta que ha quedado oxidada por una indife-
rencia de siglos. El ocuparse de la técnica no es un tiempo perdi-
do. Un párroco rural se defiende con dificultad si no conoce la
agricultura ni las costumbres campesinas. Tiene que familiarizarse
con ello para ser más eficaz. En nuestro caso ocurre lo mismo.
El cura de almas tiene que saber de una manera viva que no
habría humanidad si el hombre no fuera técnico por disposición na-
tural. Desnudo, sin armas naturales, sin colmillos, garras, trompa,
dientes venenosos ni un pelaje protector, hubiera sucumbido ante
los animales, mucho más fuertes, en la milenaria lucha por la exis-
tencia. Pero no ~610 no sucumbió, sino que incluso se convirtió
en dueño a través de la técnica. Y si perdiera a ésta quedaría se-
270 FRIEDRlCH DESSAUER
liada su muerte, pues e1 medio ambiente le arrastrarfa al abismo.
El cura de almas tiene que pensar que no podría cumplir sus
dcbcres si los trcnicos de todo grado no le descargaran de la ne-
cesidad de producir bienes y servicios, dej9ndole !ibrc para ejer-
cer su ,profesión. Tiene que percibir la gran masa de "hermanos
desconocidos" y ocultos a su mirada que le mantienen. Es seguro
que un noventa y nueve por ciento de todo el trabajo técnico re-
sulta necesario para mantener l o existente, para satisfacer las ne-
ccsidades actuales y diarias. Y tal vez quede así un uno por ciento
para dedicarlo al "progreso", a saber y a poder más, a nuevas crca-
ciones. Y los bienes culturales tienen también el mismo origen. Esta
realidad muestra una profunda trabazón, oculta en la vida coti-
ciian.-,, de servicios y prestaciones de ayuda. Lo que la economía
califica. velándolo, de "mercancía", es esfuerzo técnico, servicio,
entrega a los semejantes y un oculto entrehzamiento de dádivas
y contradádivas. Y .esto no queda compensado al pagar por los bie-
nes y servicios, olvidando al hombre oculto que los ha hecho posi-
bles. Si el cura de almas se dirige al técnico con amor y con re-
conocimiento, le será posible enseñarle que Dios también cst' con
él, que no sólo se le encuentra en el círculo vital y de pensamiento
del predicador, sino que también puede ser hallado en la rnáqui-
na, en la mina, en el medicamento, en el avión y en toda obra
técnica. Se trata de percibir al Creador detrás de las cosas, al Pa-
dre señalado reñovadamente por Cristo. En la primera frase de la
profesión de fe cristiana, ya se cita a Dios Creador. Pero después
se le picrde de vista. Ningún dia, en el calendario de las fiestas
cristianas, le está dedicado a Aquel que los científicos y técnicos
encuentran diariamente. Esto no fue siempre así, pues Nicolás de
Cues, Giordano Bruno y, antes que ellos, San Agustín, le percibie-
ron y proclamaron. Si Dios-creador aparece tan poco en el pensa-
miento cristiano moderno-y esto tiene fundamentos históricos-
es comprensible que las profesiones dedicadas a la invesfigaciijn
y a la creación se alejaran de Dios y que, después de la expansión
y fortalecimiento de esas profesiones, ocurriera lo mismo con una
gran parte de la sociedad. Pero es alentador que en las últimas di -
cadas se haya manifestado una lenta aproximación, incluso externa.
Los eclesiásticos visitan las fábricas con más frecuencia y ha ha-
bido sacerdotes obreros que realizaron el trabajo - diario de Ics
obreros €abriles y portuarios convirtiéndose en auténticos traba-
jadores. Ahora hay tal vez más teólogos-aunque no los suficien-
tes-, dotados de comprensión para las ciencias naturales, pero
aúfi son muy pocos los que adquieren verdaderos conocimientos
técnicos. Aquí nos encontramos todavía con un gigantesco barbe-
cho espiritual. Los obreros pertenecen ciertamente a los estamen-
tos técnicos, pero son sólo un sector de ellos. Los otros, las
decenas de miles de ingenieros. "viven" en su campo profesional di-
námico y es raro que encuentren en él a sacerdotes que entiendan
su modo de ser y su lenguaje. iQué lejos nos encontramos, "uno
aspectu", de la vieja exigencia de conocer el trasfondo divino a
través de la Naturaleza y de la sociedad!
4. ENTRETEJIhiIENTO Y REPERCUSION
DE LA TECNICA *
1. El n,isin del infinito
El hombre posee el valor propio de la personalidad ética; su ca-
lidad de parte o miembro de la sociedad no debe u -1 canzar nunca
tal grado que su yo quede por ello anulado. Pero, al mismo tiem-
po, no se encuentra encerrado en sí mismo, sino que está obligado
a la comunidad con sus semejantes. Esta su disposición natural de
"ens sociale" emana dc la semejanza de los inipulsos, necesidades,
deseos, actividades, peligros, esperanzas y sensaciones comunes, lo
que se confirma y fortalece a través de la experiencia. A un grupo
de hombres de una misma profesibn podemos darle un nombre y.
por ejemplo, decimos "profesorado", lo que en primer lugar es una
cotnunidad. Y ésta se convierte en sociedad cuando, partiendo de
lo dadc en ella, se la forma dándole figura, orden, ley y conciencia
para hacerla eficaz a través de todo ello. Por tanto, llamamos socie-
dad a toda comunidad configurada de hombres. Pero aquí tenemos
que incluir también a las comunidades todavía no comprendidas,
porque veremos que la técnica conforma a la sociedad y acuña
nuevas formas sociales. Realmente, el campo de su actuación es
DI SCUSI ~N SOBRE LA TÉCNICA
27 3
r
muy variado, pues interviene en la familia, en el municipio, en h
provincia, en la profesión y en el Estado, e interviene en la tota-
lidad del orbe. En el marco de la sociedad humana así interpre-
tada se encuentra la cultura como estado y como acontecer. Con
esta palabra se trata de algo especificamente humano. El h0mbf.a
por su misma naturaleza, no se agota en lo puramente natural, en
lo físico-biológico, sino que tiende a superar esa barrera y quiwe
desarrollarse más allá del estado natural.
Este desarrollo es tanto personal como material. La cultura per-
sonal estriba en la ampliación del conocimiento y del poder, en
el cultivo del interés por la historia, la sociedad, la naturaleza, el
arte, la ética y la religión. Es una tendencia al espíritu, hacia el
desenvolvimiento del hombre, hacia la emancipación ante una de-
pendencia animal, a la elevación del , medio humano, a la "civili-
tas" y "hurnanitas", como decfan los antiguos. Hablamos de un
hombre de elevada cultura, de un hombre ilustrado y formado, afi-
cionado a la ciencia y al arte, que sepa desenvolverse con buenas
formas en la sociedad, que sea de confianza y humano y que tenga
carácter propio, personalidad. Y nos referimos a lo mismo cuando
hablamos de la cultura de una comunidad, de una familia, de un
pueblo o, por ejemplo, de Occidente.
-.
Pero todo este ennoblecimiento y desenvolvimiento de lo per-
u
sonal está unido a la consecución y utilización de medios obje-
1
tivos. El hombre sólo puede desenvolverse como artista-y en este
3
ejemplo es fácq de ver-cuando produce, realiza y cr. hacia el
"
exterior lo que ve. Pero esto es así en todos los campos: el des-
envolvimiento científico necesita de la objetivación a través de la
escritura, de la impresión, de los libros y de las bibliotecas S i .
los objetos culturales es poco lo que podremos avanzar. No existe
ningún desenvolvimiento artístico de- la música sin que lo oído
internamente por el autor reciba una forma sensible a través de
la "composición"; no existen las artes plásticas ni .la pintura si
s610 se ve internamente y el martillo y el pincel pcrmme~~~ in-
móviles. El hombre aislado no llega lejos. Sólo riega dal ment e
a un desarrollo personal cuando produce objetos y sese'enfrtnta son
los objetos culturales ea tina acci6n recíproca de sentimiento y
crea&. La orientacidn a ];a obra es lo qtro proaiace d mtade cid-
tnral que a&-- escuelas, xmsem, ~ i í o t ~ , est dhs y ea
atros miles de Iugaresisabre los co~iterngolgneas y las gendi:ad~.
nes posteriores, de tal manera que los objetos culturales pueden
servir a1 iridividuo de medio para el desenvolvimiento de la cul-
tura interior. Los bienes objetivos son al mismo tienipc, testiriio-
nios de un estadio ct~lturaI, que prmanccen cuando dcs,ip,irect.ii
las personas portsdoras de esa cultura. Los bienes se separan de su
I
creador, haciendose independientes y actuando indepcndientemen-
t e; son bienes iiereditsrios que hablan sobre siglos y milenios.
El papel del acervo cultural objetivo es, a través de ello. tan
grande que la cultura nace en el marco de la sociedad por obra de
id acción recírroza entre los hombres y que el individuo ndqliizre
<u cultura persona! en su mayor parte de ese acervo común y ob-
jetivo. La Iiumanidad depende de la posesión dc acervos cul t ura~es
objetirnc. Por ello nos entristecemos cuando guerras > revo!ucio-
nes iicso1adoras destruyen esos objetos, y por ello buscamos aiana-
simentc los restos de pueblos desaparecidos para poder deducir de
?!los las características de sus habitantes. Por ello 2s tan poco lo
que l o ~ r ~ i n o s averiguar cuando. retrocediendo sólo algunos nii-
lenios, intentamos estudiar las costumbres de aquellos viejos pue-
blos, que poseían bicnes cuitui ,:?S objetivos en pequeño grado y
que c,irccian cie una escritura y de unas artes plásticas desarrolla-
das. Y es por ello por lo que es tan escasa nuestro conocimiento
sobre nileitros propios antepasados si retroceden~os unos cinco o
seis mil años.
Aquí tenetnos que evitar un error que se desliza repetidainen~c
en semejantes discusiones: la confusión de la cultura con 13 Ct i -
ca. Ciertamente que la ética es esencidl para !a cultura, pero por
sí :;ola no significa cultura. Por ot ro lado. y en general, las gran-
des obras culturales tienen también un significadr: ennoblecedor
en cl st.ritido de la moral. En el caso de hombres totaliricnte prinii-
tivos, como los que se han encontrado incluso en nuestros días, los
instintos primarios eliminan en la defen5a de la existencia amena-
zada, eri el hambre, en la suciedad y en la miseria ambiente, el
más alto contenido del espíritu y del alma. Sólo Iss grandes per-
sonalidcldes consiguen superar este peligro y madurar en 61. En se-
neral, la profunda miseria perjudica a la esfera espiritual y permite
imponerse a la parte animal.
No existe ningún bien cultural objetivo, aunque sea del más
alto rango, que no esté formado y mantenido por la tCcnica. Todos
los bienes culturales son a la vez bienes tbcnicos. Y esto es válido
para cualquier violín, para cualquier periódico, para toda escultura.
para las pilas bautismales y para las lápidas funerarias, para los
medicamentos y para las catedrales. Tampoco existe ningún arado,
ningún pan, ninguna rueda, ninguna calle, ningún traje, ninguna
casa. ningún lipiz, ningún pincel y. en fin, sólo hay algunos bie-
nes de consumo y escasamente alguno cultural que no sean al mismo
tiempo un bien de la técnica, es decir, cuyo valor cultural no lleve
tambiGr, el sello de la técnica. Y esto no sólo es válido para las
formas espaciales de los objetos, sino también rara ias forrnzs tcm-
porales de los procedimientos.
La técnica transforma a la humanidad desde fuera con su po-
der, como podemos ver diariamente en la tendencia a la unión. El
desarrollo del tráfico y de las comunicaciones ha aproximado más
a los continentes de lo que antes estaban los pueblos vecinos. Pero
también actúa sobre el alma humana. En los pueblos más adelan-
tados se observa que mucho más de la mitad de 12 juventud se
orienta hacia profesiones científico-técnicas. En mis tiempos de jo-
ven, esto era todavía totalmente distinto, Esta juventud actual re-
cibe una educación profesional distinta, una forja distinta del espí-
ritu y del carácter. La profesión imprime su huella en el hombre
y es su hogar intelectual. Los fines, pensamientos, problemas, pers-
pectivas y normas de un hombre están determinados en grado sumo
por su profesión. La visión del mundo de un ingeniero es distinta,
por ejemplo, a la de un jurista o a la de un teólogo.
La cuestión se escinde aquí, por tanto, en dos aspectos: El de
la transformación externa de la sociedad y el de la acuñación in-
terna del espíritu y del alma del hombre a través de la potencia
universal llamada tkcnica.
La sociedad humana es tanto "post" como "ante" respecto al
individuo, tanto anterior como posterior. Se trata de la vieja cues-
tión de qué sería antes, si el huevo o la gallina. El hombre es el
presupuesto para que pueda existir la sociedad. Pero, al contrario,
todo hombre que se contemple a s í mismo ve claramente que en
su manera de ser y en su naturaleza s61o es comprensible partiendo
de la sociedad de la que emana. Yo sólo puedo ser como soy por-
que procedo de la tradición de una familia, de un ambiente, y de
un país, con sus costumbres, sus conocimientos, sus escuelas, sus
mCtodos educativos, sus tradiciones y sus ideas religiosas. La to-
276 FRI EDR~CH DESSAUER
talidad de mi "manera de ser", de mi propia condición, presupone
la existencia de la sociedad.
Así se encuentran entrelazados mutuamente el individuo y la
sociedad. Pero lo que a nosotros nos ocupa ahora es la manera en
que la penetración del poder histórico de la técnica interviene como
agente transformador en nuestra cultura, en nosotros mismos y
en nuestra sociedad.
Muchos de los problemas que nos ocupan diariamente nacieron
y cobraron actualidad por obra de la dinámica de la técnica. Los
hombres de Estado se sientan ante sus tableros políticos de aje-
drez. pero sus jugadas están impuestas por las circunstancias. Im-
portantes políticos han manifestado con frecuencia que los Estados
tienen que renunciar a una gran parte de sus derechos soberanos
protectores, porque el desarrollo de la técnica ha hecho impo-
sible la esistencia de pequeñas unidades sociales, que anterior-
mente existían limitadas y encerradas en sí mismas. Los poaeres
de la tierra han pasado a ser demasiado grandes. El poder de nues-
tros motores y de la electrificación (que hace saltar fronteras po-
líticas), así como el de nu:stras armas, es demasiado grande para
las pequeñas unidades. Así como ningún caballero de conquista
pudo permanecer soberano en su castillo después de la invención
de la artillería-pues su unidad, el castillo con sus habitantes, pasó
a ser demasiado pequeña y desapareció ante el naciente poder his-
tórico de la artillería-así también se ha hecho imposible la uni-
dad aislada de un conflicto de un pais o de un pueblo europeo, como
Alemania, Francia u otro Estado, por obra del poder que ha caído
ahora en manos del hombre. Esto se advierte claramente en la ten-
sión existente entre el Este y el Oeste.
La transformación externa de los órdenes sociales tiene un ras-
go terminante que tiende a la ampliación y al engrandecimiento de
sus formas, incluso con el sacrificio de las pequeñas unidades tradi-
cionales, habituales y hasta ahora tenazmente defendidas. La tkcnica,
basada en la ciencia natural, es enemiga de los dos grandes fac-
tores escindentes que son el espacio y el tiempo. La tierra ha pasa-
do a ser "pequeña". A travCs de los servicios informativos y del
tráfico aéreo, el Extremo Oriente está ahora "más cerca", es decir,
que los hombres y los productos llegan a 61 en menor tiempo y con
mucho menos esfuerzo, de lo que estaba hace algunas generaciones
otra ciudad del mismo país. Ya por ello, aunque no sólo por ello,
están también más unidos entre sí los destinos de los hombres de lo
que lo estaban entonces. Bajo la influencia de las condiciones téc-
nicas se forman sectores más amplios de una conciencia común. Así
como el individuo se estabiliza en su "conciencia del yo", así tam-
bién se establece y se estabiliza la comunidad en la "conciencia del
nosotros". La formacián de una sociedad desde una comunidad tic-
ne su origen interno en esta formación de una "concíencia del nos-
otros", que después se manifiesta externamente en formas de or-
ganización.
Partiendo de esto, resulta clara la tendencia de la ciencia natu-
ral y de la técnica a la ampliación de las f m s sociales. Ninguna de
las dos, por decirlo así, tiene un colorido local, pues pertenecen a
toda la humanidad. Objetivamente no hay leyes naturales locales
y limitadas. Son las mismas sin diferencias de continentes o de
pueblos. Y los automóviles, los aviones, los aparatos de investiga-
ción, las medicinas y los productos químicos están destinados a to-
dos aquellos que los necesiten en todo el orbe. Más claramente: los
usos, bailes, trajes, idiomas y dialectos tienen un marcado "colori-
do local", y también las leyes, tradiciones y costumbres, aunque me-
nos marcadamente, se encuentran limitadas a familias, pueblos,
razas y Estados. Pero no así la técnica. Las diferencias que encontra-
mos-como, por ejemplo, la mayor potencia de los motores de rnu-
chos coches americanos en comparación con los europeos-son aje-
nas a la técnica, y, en nuestro ejemplo, se deben esencialmente al
distinto género de tributación y de gravamen sobre los carburantes.
La forma social de la técnica es la humanidad y no el pequeño Es-
tado. Y hacia ello tiende con una fuerza que, a la larga, resulta irre-
sistible. Pasos por este camino, provocados por .la necesidad y el pe-
ligro, son los intentos de reformar a Occidente que se imponen pese
a todos los obstácuIos: Así, la Unión Minera y las comunidades at6-
micas, económicas y defensivas, el intento de ajustar las leyes y de
reconocer la libertad de residencia. Los aviones y la energía elbctri-
ca no se detienen a la larga ante barreras o fronteras politicas, ni
las ondas hertzianas lo hacen ante las soberanias.
Esta tendencia, propia de la naturaleza de la tkcnica, a ampiiar
Jl as formas sm'aies a travds de la creación de comunidades huma-
nas lo mas universales posible en lugar de ías 5610 locales, se apre-
cia hace ya tiempo en todas partes, pero hoy de manera creciente.
En esto hay que aprender a desprenderse prudente y cuidadosamen-
278 FRIEDRICH DESSAUER
te, pero también con decisión, de lo que está llamado a perecer,
para poder así adoptar l o que trae el futuro. Esto es la "muerte y na-
cimiento" de que hablaba Goethe, quc con frecuencia resulta doloro-
sa, sobre todo cuando se debate y convulsiona demasiado tiempo.
Sobre es t o no vamos a detenernos más, pues en e1 cspítulo 6,
que trata de l o "naciente", aún hemos de hablar de ello.
TÉCNICA Y ARTE.-LA DOBLE FAZ DE LOS OBJETOS TÉCNICOS
La Unión Gremial alemana celebró en julio de 1329 un corigre-
so y ine invitó a tratar, en el magnífico Paraninfo de la Universidad
de Breslau, sobre el teiiia "Técnica, Cultura y Arte". Se me confia-
ron las múltiples e importantes relaciones entre las creaciones iéc-
nica y artística, de las que ) a me h.~bía ocupado en !a primcrri e~i i -
ción de mi Filoso/ía de la Técnico. Pero aún buscaba un camirio
para conseguir llevar al gran núniero de oyentes iriteiesados, en el
breve espacio de tiempo de una conferencia, a una comprensión del
tema en cierto modo satisfactoria, y csto parecía tanto más difícil
cuanto que entonces existía en la opinión pública una verdadera rna-
raña de prejuicios, de afirmaciones escépticas y de disposicioiies hos-
tiles a la técnica. La Asociación Gremial, fundada en 1907, que as-
piraba a una orientación industrial, a la renovación de las formaí
en líneas claras y sencillas y a un justo eiinoblecimicnto de la cre.1-
cibn, comprendía cn su seno a hombres que querían conciliar lo ;ti1
con lo bello. En ennoblccimiento y perfeccionarnie~ito de la construc-
ción y de las viviendas, un sector principal de la asociación, sólo
tiene cumplimiento en la alianza de lo Útil con lo satisfactorio. Si
la técnica es tan "antinatural", tan "carente de alma", "falta de es-
píritu", "niveladora" y "masificadora" como se afirmaba en aquc!
t i enpo todos los días, con más intensidad aíin quc hoy, jcómo po-
dría realizarse entonces el objetivo de la asociación?
Así, en 1. 1 búsqueda de iin acceso claro al problema y a su so-
luciíin, recoirí la variada exposición que se celebraba, y llegué a
"stands" en los que se exponían cerraduras de las más diversas for-
mas: primitivas, simples, sencillas, perfeccionadas, preciosas, afiligra-
nadas y artísticas. Y su contemplación me dio la idea directriz: en
DISCUSIÓN SOBRE LA TÉCNICA 279
ellas se advertía claramente lo que llamo la 'doble faz" de los obje-
tos técnicos. ~7 --
Una d e s t a s caras de la cerradura se dirige al fin material. Debe
aségurar la unión g la separación de locales. ~ a x e l l o sirven los
"pestillos" (pasadores cortados en bisel), los "paletones", los "tira-
dores". los "cerraderos" u otras partes construidas finalmente de
acuerdo con su objeto. Y, correspondiendo a su orden final, una "bue-
ria cerradura" poseeri su valor específifco de servicio? un valor téc-
nico autónomo, que surge de la perfección en el cumplimiento del
"deber" por obra de su "estructura".
,) La otra "cara" se dirige al hombre que utiliza la cerradura, que
coge el tirador con el que acciona al mecanismo. Ante esos "stands"
con cerraduras tuve la impresión de que algunos tiradores repelían
a la mano y que otros la atraían. El ojo se adelanta contemplando el
tirador. y la mano se dispone a empuñarlo y a accionarlo. Si se pres-
ta atención a ello, se tendrá la sensación cierta de que hay tiradores
que se evitan, que no se empuñan con2r ado; tiradores que son "mu-
dos", que ni atraen ni repelen, y tiradores que a través del ojo gritan
a la mano que los empuñe y accione.
Lo dicho del tirador de puerta es válido para casi todo. Vasos,
copas, tazas y platos, cubiertos; el volante y el tablero de mandos
dei automóvil; muebles, libros, lámparas y, en general, todos los
objetos de uso corriente tienen esa do& faz: una que se dirige a
su utilidad, su función, su rendimiento, y otra que se dirige a los
sentidos del hombre, sobre todo a la vista. Esos objetos no deben
cumplir Únicamente su objetivo material, sino que también deben sa- 1
J
/tisfacer. Tienen que atraer y no repeler, que invitar y no ahuyentar.
Y esto es también así en aquellos instrumentos en los que domina
de tal manera lo material, que apenas se piensa en lo que se dirige al
hombre. Los mandos de una máquina, incluso de las grandes y poten-
tes, tienen también esta doble faz, así como tambien se encuentra en
el estilo de un martillo, en los brazos de unas tenazas o en el mango
de un rastrillo o de una guadaña.
De aquí puede surgir la "discordia", que se ha producido con fre-
cuencia y siempre que uno de estos aspectos ha violentado al otro.
Esto es sobradamente conocido. Pero no debe surgir dnguna discor-
dia. Puesto que todos esos objetos técnicos han sido producidos para
el hombre, tiene que haber armonía en ellos: unidad final y cum-
380 FRIEDRICH DESSAUER
plirniento de la función material, pero atendiendo al destinatario, al
hombre, a través de la espiritualización de la forma.
En este libro ya hemos hablado repetidas veces de la relación
entre las creaciones tecnica y artística (ver especialmente los §S 3
y 8 del capíwlo 1). En las siguientes consideraciones queremos rete-
ner el concepto de la "doble faz de !os objetos de uso corriente".
. El que existe un valor estético de las obras técnicas es algo que
para muchos, incluso profanos, está hoy más claro Que antes. Este
vaIor estético no está estrictamente ligado a que el sujeto que lo per-
cibe tenga conocimientos técnicos. Para experimentar satisfacción en
la contemplación de una moderna locomotora no es necesario com-
' prender exactamente su funcionamiento. Incluso un profano rn la
materia percibirá algo al ver un antiguo automóvil junto a un coche
de la récnica más perfeccionada. La sensación estCtica está conclicio-
nada en la música a que el hombre mismo posee un órgano receptor
de lo musical o, por lo menos, del ritmo. Pero para las obras de la
técnica no es necesaria una aptitud específica en tal grado. Cierta-
r mcnte que la sensaci6n-estética es con frecuencia diitint'i si coni-
1
iprenclo a la obra técnica, si soy capaz dc apreciar su estructura y su
funcionamiento internos, su finalidad y su causalidaci. Esto es tam-
bien así en la música y en la pintura, en las que el especialista o el
entendido tiene una sensación estética distinta de la de aquel que
no está preparado. Pero lo que aquí nos ocupa no es !a cuestión de
cómo tiene su fundamento en el individuo la sensación estética al
ponerse los sentidos en contacto con un objeto tecnico, sino la otra
cuestión de cómo un objeto técnico, un aparato, un objeto de uso
corriente, una máquina, una herramienta c? un puente pueden con-
tener en sí un elemento suscitador dc la sensación estética. Es se-
-
guro qiie en el proceso fundamental de la invención de una obra téc-
nica lo estético no juega ningún papel esencial. Ni eii la ccncepción
del problema determinado ni en la esfera de lo natural se encuentra
la raíz espedfica para ello, pero es igualmente seguro que ante una
obra técnica perfecta puede sentir el hombre una st?nsaci6n estética,
sea al remontarse por los aires en un avión, sea al contemplar un
trasatlántico, un puente u otra construcción técnica. Y tambikn es
seguro que la introducción de una ornamentación extraña tiene un
efecto más bien contraproducente que positivo. Los ornamentos en
hierro fundidos de las máquinas de coser eran terribles, y hace ya
mucho que Fe ha prescindido de hacer las piezas de las máquinas
DI S CUS I ~ X SOBRE LA TÉCNICA 28 1
con un estilo de basílica o los bastidores de las mismas con colum
las corintias. La tCcnica es ajena a lo ornamental l. Su belleza está r/
encerrada en ella misma. e por qué es bella una estructura y otra no
lo es? Nos pondremos sobre el rastro de la respuesta si comparamos
entre sí dos objetos, imperfecto el uno y muy perfeccionado el otro,
que tengan la misma finalidad; por ejemplo, un antiguo automóvil,
que parece un carruaje sin caballos dotado de informe carrocería y
grandes ruedas y que se mueve pesada y trepidantemente, y un silen-
cioso coche de moderna construcción, de suspensión suave, ágil y
dócil, que en todas sus líneas y formas expresa su finalidad, que es
"marchar". La facultad del objeto técnico de suscitar una sensación
estética pudiera tener su raíz en la misma causa primitiva de la que
procede e1 valor autónomo. Y esta causa primitiva es la espir-ituali-
zaczión de la forma ante el fin de "doble faz". El instrumento técnico
contendrá la raíz objetiva capaz de suscitar Ia sensación estética
cuando el sentido empape y penetre de luz todas las Iormas, cuando
la materia esté inspirada y transparentada por el espíritu y cuando
este espíritu signifique el ritmo de las partes dotidas de movimiento
y la distribución de las masas colores y formas de tal manera que la
pluralidad se disponga formando una última unidad. En esta causa
primitiva está también fundamentalmente contenida la distribitcicín
de las habitaciones de una vivienda y el color con su adecuada com-
binación. El objetivo de la técnica de la construcción no es la casa,
sino la habitación del hombre, del mismo modo que el objetivo en
la construcción de una locomotora no es la locomotora misma, sino
facilitar los viajes humanos. Si este objetivo se cumple por el objeto,
si toda su estructura está impregnada de ello, incluso en la interde-
pendencia y en la matización de formas y colores, la sensación esté-
tica se producirá en aquellos hombres que se pongan en contacto sen-
sorial con el objeto.
Que los procesos psíquicos son en la creación tgcnica semejantes
En tanto que el sentido de un "ornamento" es s61o adornar, la técnica
es antiornamental. La sensación estética puede suscitarse a travks de la acen-
tuación de una línea arquitectónica o constructiva en el diseño de los objetos
técnicos, pero estos no son ornamentos en el sentido propio de la palabra.
Lo que esta unido con propiedad a la obra y no le estA aiíadido desde fuera,
sino que procede de su naturaleza, forma parte de ella y no es ornamento
en sentido estricto. La cuestión es: ¿Cómo puede la tCcnica surtir efectos
est6tims por sf misma y no por casualidad? Aqul trataremos este problema en
Ac i 6 n a nosotros los occidentales, que adoptamos una postura racional ante
las cosas. La postura del oriental es más mfstica incluso ante los objetos
técnicos.
a los de !a creacidri artística es algo que ha sido notado ocasional.
ment:, pero, que yo sepa, nunca ha sido objeto de un estudio cui-
dadoso. Los estetas hostiles a la técnica no pueden realizarlo porque
consideran que es propio de ella el atraso, el abuso y la falta de
madurez. y porque (todiivía) no tienen riiriguna percepción de la tCc-
nica moderiia y diferenciada.
La gran diferencia, frecuentemente resaltada, es la de la libertad
artística frente a la sujecihn técnica. ;Realmente es el artista com-
pletamente libre en su creación? ¿NO se encuentra también 61 guia-
d o por una normatividad que no permite ser plenamente expresada
porque, aunque no es irracional, sí es traiisracional? ¿No es tambiCn
s u luclici por la creación una lucha corztrn sí mismo, en la que busca
rilgo ideal. sentido, pero inexpresable, que nunca alcanzará plena-
mente? Ciertameiitc que hay una gran difcrcncia entre esta sujeciSn
;cal, pero ~ i o suficientemente estudiada, dcl artista que crea (o sea
que tanihisn realizd en el mundo de lo sensible) y fa estricta suje-
ci6n del téciiico invcntor o constructor que busca en un campo de
acci6n 13 aproximación a una forma de solución preestablecida. Arn-
bos tiencil la libcrtnd inicial de elegir el tema, cl objetivo. Ambos
aspirar] a una perfecta forma de solución que nunca puede alcarizar
plrnarricriic. Y en ninbos es decisiva p r . i 21 6xiio la misma obra pro-
ducida. E>to cs así para el técnico de manera concluyente y general
y con un criterio objetivo; sin embargo, i-11 cl caso del artista es algo
arbitrario y frecuentemente discutido durante Isrgo tiempo, encon-
trándose siempre en su obra la pecuiiaridad propia del hombre que
l;i creó, i3 persona, mientras que la obrri del técnico se separa de su
creador, siendo t ant o mejor cuanto más i!ripersonaiinente valga por
sí misma.
Pero en ambos procesos creadores existe la semejariza de uiia
dircccicjn ordenada que se opone a la arbitrariedad. Y también esis-
t e una relación: no hay ninguna obra artística que antes no íucra
cbra técnica, tanto en la arquitectura, !a pintura o la escultura como
en la poesía, la prosa, la escena o la música orquestal. Y a esto res-
ponde, de cuerdo con la "doble faz" de los objetos de uso coiríente,
el hecho de que su calidad autónoma de servicio exige de ellos que
no s6lo cumplan l o puramente material de su objetivo, sino que tam-
bién satisfagan "al hombre" teniendo en cuenta sus sentidos y sensa-
ciones. En esto se encuentra lo estético. !a repercusión de la vista, de
la mano y del alma en la "cosa", tal como quedó señalado en el
ejemplo de la cerradura.
La esencia del objeto técnico se cor~templa inicialmente como
una idea, un objetivo. Sólo existirá realmente al final, cuando tal
objeto cunipla con su finalidad. La esencia no es aquí tanto algo "sus-
tancial", algo "qur se encuentra debajo" (bajo las propiedades), como
algo "supersustancial", algo superior, pues sólo "será" en el momento
de la terminación. Un conjunto de ruedecillas, volantes y manecillas
no es un reloj. Este sólo logra su esencia cuando después de su ter-
minación "marcha" debidamente. Y de la obra artística puede de-
cirse lo mismo. En principio es algo pensado y pretendido que sólo
logra su esencia en la realización.
Todavía existen otras semejanzas más profundas y ocultas que,
como sensaciones, impulsan al creador. Aquí no seguiremos con
ellas, pues el tema es amplio y se resiste al lenguaje racional. Pero
mantenemos que no hay obra artística que no descanse sobre la téc-
nica. ni obra técnica perfecta que no posea asimismo un valor esté.
tico, aunque dste tal vez permanezca oculto para algunos. Pues igual
que hay personas amusicales, para las que la música es una sensa-
ción de ruido, también parece haber seres atécnicos, cuya compren-
sión permanece cerrada.
Para formarnos una idea de su esencia buscamos anteriormente
a la técnica en sus fuentes; allí donde brota de las fuerzas forma-
tivas de la naturaleza humana, de donde ha brotado desde el primer
hombre hasta nuestros días y de donde brotará mientras haya hom-
bres: del conocimiento de la Naturaleza, de la actividad intelectual,
creadora y final y del paso de lo imaginado al mundo exterior a tra-
vds de la elaboración. Así edificó, conservó e hizo progresar al medio
ambiente humano en un idear y realizar finales. Incluso 'los bienes
objetivos de la cultura visten el ropaje de la tbcnica. Siguiendo aquel
camino encontramos la unidad e integridad del "sujeto ideal" de la
tdcnica, no sólo el orden de valor de los múltiples valores especificas
de servicio de los objetos aislados, sino también el sentido global y
781 FRIEDRlCH DESSAUER
la misión dc la técnica, y asimismo encontramos las fuentes de su
poder, s u grandeza, su peligro y sus límites. Y vimos que sin ella no
existiría la humanidad sobre la tierra y que su ética emana de su
misión.
La. gran mayoría d e los hombres no encuentran aquí a la técnica,
donde aún está sola consigo misma. sino que tropiezan con ella den-
t r o del complejo acontecer de la sociedad humana, en el comercio.
en el oficio, en las fábricas j1 en los laboratorios, en la industria y en
la agricultura, en l a tierra, en el mar y en el aire. En todo esto se la
encuentra, pero no sola. sino entremezclada con otras actividades !.
aspiraciones. Ya hemos hablado 21 principio y en otros varios luga-
res d c cómo se asocia la economía con la técnica ante el feri0ineno
de la pluralidad y ante la formación inicial de la sociedad. Pues los
objetos no sólo tienen que ser ideados y realizados, sino que deben
llegar hasta el hombre para prestar allí su servicio. Han de pasar por
el mercado para llegar al usuario. Pero la econo~iiía tiene sus propias
leyes, y Gstas est j n más abandonadas a la decisión y al convenio que
las de la técnica. La técnica permanece invariable en su esencia !anto
en una sociedad libera! como en una sociedad comunista. Pero el
panorama de la industria, de la profesión, del comercio, de la agri-
cultura y de todo aquello en que participa la técnica puede ser muy
distinto.
Esta ~inculaci61i <!e la técnica con la econoniia (y con ot l . 3~ co11i-
poncntes de los clcmentns sociales) ha sido y es causa de miichos
errores, juicios equivocados y desaciertos. Las tan cori-ientc's equi-
paraciones de l a técnica con el "maquinismo", la "industria" ;; el "co-
rnercio" son fuente de los gcrieralizados y cquivocndos juicios cobre
ella que hablan de "masificación", de "despcrsonaiizzciiln'!. de "cs-
~Iavizacióri", de "hostilidad a la Natilraleza" y dc tantas cí:sas mAs.
En el primer capitulo de este libro ya hcmos visto alguno. expiesi-
vos ejemplos de ello.
Por lo mismo, también aqilí parece necesario indicar lrc difercn-
ria; características que separan lo técnico de lo econónico v de otros
fen6inenos. En primer lugar, hay que aclarar lo que en lo sgccsiio
vamos a entender por economía, pues también en esto hay diferen-
cias d e doctrina. En reiación con lo expuesto en el primer capitulo
(8 12), decimos que el objetivo de la eco?zomía social es el aprovisio-
namiento del hombre con bienes materiales y servicios, de tal mane-
ra que, con Sombart, podemos calificarla de "función de la civiliza-
ción para el cuidado de la subsistencia", o, con Gottl-Ottlilienfeld,
de "organización de la convivencia humana en el sentido de una per-
manente concordancia entre las necesidades y su satisfacción". Sin
embargo, ambos conceptos son demasiado amplios. Dan cabida a la
producción, e incluso a la invención de los objetos, si no son inter-
pretados con todo rigor y estrictamente.
Para diferenciar lo económico de lo técnico nos remitimos a lo
dicho anteriormente (capítulo 2, 5 3). La técnica es existencialmente
anterior, comenzando con el individuo'cuando éste, como en el caso
de Robinson Crusoe, se encuentra solo frente a la Naturaleza. La
economía comienza sólo cuando una pluralidad de hombres, divi-
diéndose el trabajo, cambia bienes y servicios, o sea cuando hay un
"mercado". Robinson Crusoe, como hombre solo que se construye
una cabaña e idea la manera de tejer y de cocer arcilla, es un técnico,
y sólo cuando llegan hasta él Viernes y otros indígenas y náufragos
es cuando surge la economía como función social. La división del
trabajo y el mercado de trueque significan un gran beneficio, que es
aún mayor cuando a ellos se añade un medio de canje, el "dinero"
en cualquier forma, que es la medida del valor de canje en el mer-
cado y a la vez posibilita una cierta acumulación y conservación de
la capacidad de canje (capacidad adquisitiva). "Mercado", "canje",
"mercancía", "precio", así como "oferta" y "demanda", relativas al
mercado, son conceptos fundamentales de la economía y categorías
distintas a las de la técnica. Un objeto técnico, como un "reloj" o
un "microscopio", se convierte en la economía en una "mercancia",
palabra que no es una categoría técnica. Como ya se dijo anterior-
mente, el valor técnico de los objetos aislados es el valor de servicio,
el valor especifico no canjeable; frente a esto está en la economía
el valor de canje, el precio, a cuya determinación contribuye la si-
tuación del mercado. El valor tecnico como valor espzcifico de servi-
cio depende del objeto, y no directamente de la oferta y la demanda.
Aún tenemos que añadir algunas observaciones sobre la postura
fundamental ante la economía y ante el problema del lucro, que tomo
de mi obra Kooperative Wirtschaft.
Las habituales exposiciones social-económicas oscilan entre dos
polos, uno de los cuales es d pensamiento liberal. Puramente des-
arrollado por Adam Smith y sus discipulos, aunque ya preparado an-
teriormente, fue en su tiempo una auténtica id& salvadom que in-
fluy6 en el mundo, modificándolo. Aunque presentado y modificado
285 FRlEDRICH DESSAUEH
con cientos de matices, s u núcleo es siemprt: el hombre econór~iico
aislado (cl "hoirio occonomicus") que aspira a Ia gdiiancia. Cicr ro que
sieinprc tia existido cl 'iián de lucro dc los hombrcs, pcro desi!? cn-
toncrs pasd el "iiomo orconomicus" al primer plano. La econcmín sc
edifica sobre él: cl individuo, por disposición natural, busca su bi.nc-
ficio, qi i er e la ganancia. e, impiilsado por ello, actuar5 por sí m!smo
de t ~ l modo que servirá a la colectividad. El inJi\iduo ccunoniico. cl
"hombre emprendedor", actúa para su propio beneficio, pei , ~ c c i i ~i ~
éste sólo puede conscgiiirlo creando bienes para canjearlos, trridrri
qtlc servir. La pluralidad de hombres con afj n de ~. ~ri dnci as ! t, ri libre
cornpctencia significa vida econ8mica con f uer z~s colecti~ris. LL m!i-
rna Iiicha competitiva refrena los inmoderados afanes de ganancia, \
si se dejs su campo dc acción a esta disposici6n original dcl Iiornl-ic
y el Estado cuida d r 13 lihertad de inovimientos del inilividiio cco-
nómico, el resultado, hasta cierto punto natiirnl. ser2 la rna>c.r pro-
ducción, la mejor di\.isión del trabajo y, coi) ello. la prosp:i~c!~i~l
general.
Esta concepción, desarrollada por Ricardo, el ni5s fanioso de los
discípulos de Adi m Smith, de manera m5s bien materialista, y por
otros desde un punto dc vista más espiritual, que penetró en 1,i con-
ciencia de los hombres a través de cientos de críticas, y que fuc com-
pletada. variada y distintamente acentuada por escuelas y c3;itra-
escuelas, alcan76 un poder extraordinario, acabó con el cstrcclio
pensamiento feud,ilista de la época y legalizó la economía, que hasta
entonces 5610 había ocupudo un lugar dc escasa importancia en 13 opi-
nión pública. 1,os tiempos cambiaron sus iiieales. Ya no sólo eran
figur." ejemplaics 10. y-dndes 1:ombrec de Estado, los yr í nci ~c, : los
generales. pues el Zran comerciante y afortunado emriendedor y el
poderoso seiior de máquinas y barcos pasaron a o c u p r un luqar
junto a ellos, ennobleciéndose su actividad como se hizo en el p.isa-
do con la dcl gran conquistador. Lo que entonces fue un gran cambio
ideológico-histórico se ha sumido en nosotros en la inconsciencitr.
La socicdad reconoce al hombre económico cl derecho dc aspirar a
la griiiancia como algo totalmente natural, tcnicndo por moral su
a c t i ~ ~ d a d y aceptándola cuando rio excede de ciertrs límites. La le
gislación y la política estatal se han adaptado 3 ello. ) '-1 sistema
cconórnico liberal ha impregnado formalmente el pensa:niento y la
acción de las naciones civilizadas de Occidente. Esto significó un
gran beneficio. Las desarrolladas fuerzas económicas han multiplica-
do enormemente el número y la clase de los bienes disponibles y se
ha elevado el nivel de vida iiicluso de las clases más pobres, demos-
trando así el ésito, de manera indudable, el contenido de verdad que
hay en esta doctrina. Es cierto que el hombre con afán de sanancias
es un factor primordial dc la economía. Una fuerza fundamental
impulsa al hombre a aspirar al bienestar, a la riqueza - al poder para
sí y para su familia. Esta es en realidad uria de las m3s poderosas
fuerzas del acontrcer social, y ningún orden económico podrá igno-
rar su existencia en tanto no cambie la humanidad.
Pero también es cierto que el desarrollo de esta concepción ha
tenido consecuencias de una dureza y crueldad que la actual sene-
ración no puede sospechar. E1 desenfrenado afán de iricro del indivi-
duo económico no se detenía ante el prójimo, y en lugar de produ-
cirse por sí misino cl mejor orden sccial, cl necesitado de trabajo. el
proletario, impulsado por la necesidad. se convirtió en un material
de producción como pudiera serlo el carbón, y fue utilizado y es-
plotado despiadadamente.
La presencia de tales circuiistancias, pasando por ciicima de for-
mulaciones científicas como las de hlarx y Engels, condujo a pode-
rosas organizaciones, basadas en una idea económica opuesta, y que
desemboca en el socialismo y el coniunismo. Este es el otro polo en
la esfera del pensamiento político-económico de nuestros días, y tam-
bién aquí, pese a todas las variaciones existentes, puede reconocerse
un núcleo: la economía es considerada desde el ángulo del hombre
necesitado y consumidor, existiendo los bienes a causa del hombre,
a causa dc todos los hombres. La misi6n de la economía es proveer
de bienes económicos a los hombres necesitados, y para que esto se
realice justamente no puede estar entregado al individuo con afán de
ganancias, sino que es la organización de la sociedad humana (el Es-
tado) quien debe encargarse de la producción y distribución de los
bienes.
Los bienes existen de hecho a causa del hombre, y debieran serle
accesibles en abundante medida y con una justa distribución. Un
Estado que fuera capaz de realizar esto, un Estado de1 futuro, ten-
dría que suscitar las ansias de todos los necesitados, de todos aque-
llos que viven ignorados. Es indudable que en esta concepción hay
una gran fuerza dtica que ha puesto en pie en tos pueblos de Europa
y de Asia a un poderoso ejCrcito político, para el que significa fe,
esperanza y sostén. Hemos sido testigos del encuat r o de estas dos
388 FRIEDRICH DESSAUER
concepciones en la lucha de clases, y lo somos'hoy en el enfrenta-
miento de Oriente y Occidente.
Entre estos polos se han intentado muchas síntesis. Aparecieron
las formas del liberaiismo social, que no sólo acentuakin la legitimi-
dnci del hombre con atán de ganancias, sino también su obligaciórt,
y tampoco han faltado los intentos de un socialismo liberal. en el
que. deiitro de un orden funlamental socia!ista, se quiere reservar
un cainpo de acci6n sí p~deroso impulso dcl individuo con afán de
gana11c.i~~. También se ha s u b r ~ ~ a d o que el Estado poseerá diiícil-
mcnte la aptitud necesaria para dedicarse por sí mismo eficazmente
n la producci<jn, busciridosc iormds sociales internedias, or~anisrnos
de adniinistiación autónoma con Jcrechos soberanos, que tal vez pu-
dieran hacerlo en su lugar. En cl amplio campo de la econoniía po-
Iític,~ es muclio lo que se ha considerado y expresado, pero en la
,~cciSn de los ejecutores i.conóniicos, partidos y hombres de Estado.
predomina en la mayoría de los casos la decisión a favor de uno u
otro polo. el del "yo eco:i&nico como productor" o el del "hombre
como mienibro social necesitado de bienes". Ambas concepciones, la
que ve a la economía desde cl punto de vista del productor y la que
lo hace desde el punto de vista del consumidor, se enfrentan mutua-
mente en la realidad. El mundo político-económico se divide hoy
prácticamente, con pasos entre ambos frentes, en esos dos ejércitos
de masas a los que se ha calificado de burgueses y de obreros, de
patronos y de trabajadores o de capitalistas y proletarios. Cierta-
mente que no todo se reduce a esto, pues también en Europa hay gru-
pos dentro de la economía que ocupan un lugar intermedio o que al
menos quieren ocuparlo. Los i!itentos de síntesis son innumerables, y
sc han llevado a cabo irifdtigab!emente.
S 4
LAS DOS LEYES ECON~MICAS.-ADECUADA ATLICACI~N DEL HOMBRE.
DISCIPLINA DEL ,MANDO Y DISCIPLINA OBJETIVA
Ya han pasado los tiempos (aunque no hace mucho) en los que
sena y teóricamente se veía en la ganancia el fin de la economía libre,
y en los que el más apreciado de los negociantes era el que sabia sa-
car el mayor provecho de la mercancía. La ganancia es presupuesto,
condición, para el mantenimiento de la econornfa privada, y tarnbikn,
en alto grado, para el de la estatal. Pero el fin de la economía es el
servicio al hombre, que necesita bienes y servicios que han de ser
puestos a su alcance. A esto corresponde también que esos bienes
sean producidos en número y calidad suficiente, para lo que la eco-
nomía tiene que aliarse con la técnica, y que lleguen al mercado, y
desde éste al consumidor, es decir, que se organice el "tráfico comer-
cial", lo que se realiza asimismo en común con la técnica.
La tCcnica tiene una ley económica, y la economía tiene otra.
Pero ambas no son idénticas, aunque en la práctica de su aplicación
hayan de armonizarse. Las actividades técnica y económica tienen
sus éticas, dimanantes de sus naturalezas, cuyas normas convergen.
Ambas tienen por condición una disciplina social, pero los órdenes
de esas disciplinas, con frecuencia, no coinciden.
La ley económica propia de la economía exige que la energía (por
ejemplo, la corriente eléctrica o la energía motriz de un motor) sea
producida sin desperdicio y con el menor gasto posible de otras ener-
gías, y que en la producción de mercancías, es decir, en la técnica
creadora de calidades, estas calidades se fabriquen de manera eco-
nómica, sin gastos superfluos y con el mínimo consumo de material,
de energía y de trabajo. Esta ley sería una aplicación de la funda-
mental exigencia econbmica de obtener ganancias. Si el individuo
económico tiene que ganar, tiene, naturalmente, el interés de produ-
cir sus mercancías con el menor gasto posible, y como esos gastos
se aplican a la energía, a la materia y al trabajo, la consecuencia para
él es la observancia de la ley económica. Pero ésa no es en ningún
modo la ley económica de la técnica, pues Csta surge de tres esferas,
una de las cuales es la de los fines. En este mundo de los fines en-
tran a formar parte ideas que son naturalmente realizables, es decir,
que pueden trasladarse al mundo de lo sensible, de tal manera que
después se las vuelve a encontrar en forma de objetos y procedimien-
tos. Es algo claramente perceptible que el hombre tiene la necesidad
y el interbs de llegar lo mas lejos posible con sus alimentos, su ves-
tido o su calefacción, y que, por ejemplo, realizará inventos para con
la misma cantidad de carbón producir la mayor cantidad posible de
energia motriz o luminosa. La cuestión es de dónde procede ese in-
terés.
En una máquina, por ejemplo, no se encuentra nada que no sirva
para algo. Aunque sblo sea ua poco más de peso, en una de las par-
tes m6Biles de lo que sirve al fin pretendido, esto significara una
290 FRIEDRICH DESSAUER
perturbacián en todo cambio de velocidad o de dirección, es decir,
un efecto contraproducente. Si la máquina está dotada de una articu-
lación o dc un movimiento que excede del fin pretendido, esto no es
totalmente indiferente, sino que. pmjl<dicará. Todo medio que en lo
técnica no sirzya al fin general seri contrario al fin. El constructor está
por ello obligado a utilizar sólo medios adecuados al fin. Incluso lle-
gari a realizar inventos para eliminar cargas innecesarias, pues de
otro modo sus vehículos, por ejemplo, resultarán imperfectos y me-
nos rápidos y manejables. Así aiwrece ya la econonlin e11 la esfera dc
i~ncimierlto de lo técnico, algunas veces como idea principal, pero casi
siempre como objetivo secundario. Pero también ia volvemos a en-
contrar en la esfera original, en 21 reino de la Naturaleza. Todos los
inveiitos técnicos tienen que estar de acuerdo con las leyes de la
Naturaleza, y una de las grandes y dominantes leyes naturales es la
de la conservación de la energía. Esta ley piiede servir, col1 ciertas
limitrtciones, de modelo para la economía de la téciiica, especialmen-
te para 13 productora de trabajo. OstwaId, utilizando esta ley con la
de iu cnttopia, ha formulado el siguiente imperativo energético: "No
desperdicies ninguna energía", lo ha elevado al plano ético. Sin
embargo, aquí hay una diferencia fundamental: la ley de la energiri
es una ley causal, mientras que la ley econ5mica es una ley final.
La economía está determinada por el mercado y por la necesidad
dc ohtctzer ganancias, rigiendo en ella el valor de canje y de merca-
do. EII cambio, la economía de las creaciones y procedimientos téc-
nicos es una economía del objeto: la forma técnica debe cumplir sil
finalidad tan perfectamente como sea posible, y debe poseer el rnás
alto valor de servicio posible. Todo el emat o y toda combinación de-
ben ser aplicados según su natxralcza. ordeiilndolos al mismo tiem-
po a la finalidad del todo. El material y el trabdjo tienen que ser
aplicados suficierite y apropiadamente, sin defecto, pelo también sin
exceso. En la práctica de la producción y de la aplicación son tam-
bién aquí necesarios los compromisos, a los que con frecuencia se
llega después de una lucha entre el ingeniero y el negociante. y que
están expuestos a ser desacertados. La adecztada aplicación se re-
fiere también al hombre.
La diferencia entre las disciplinas resultantes de ambos campos
quisiera aclararla con un episodio:
El año 1921, despuCs de la primera guerra mundial, fui uno de
los primeros profesores alemanes invitado a visitar los Estados Uni-
DI S CUS I ~ N SOBRE LA TÉCN~CA 291
dos. En aquel tiempo se hablaba en toda Europa de Henry Ford y
de su banda continua, que hoy se encuentra en todas partes, y cuya
utilidad es frecuentemente censurada. Pero aún se hablaba de algo
más: de la "dirección científica de empresa" de Frederic Taylor, del
"scientific management" y sus cronómetros.
Al recorrer las fábricas de Henry Ford vi realmente y con ojos
asombrados las primeras bandas continuas; al principio de una ban-
da transportadora, de unos 300 metros de longitud, era colocado un
chasis de automóvil, llegando al final el coche terminado, que, una
vez descendido, se iba funcionando. Lo que entonces me sorprendió
fueron dos cosas:
Una vez vi a un "Boss", o sea a un director, dirigirse a un obre-
ro con un "Hallo, Harry! ", y gastarle una broma, palmeándole la es-
palda. Entre nosotros también sucede alguna vez que un director jo-
vial palmotee las espaldas de un obrero, pero lo que no ocurre nunca
es lo que sucedió después: "Harry" devolvió la palmada al director
y respondió a la broma con otra broma. Es decir, que socialmente
estaban en un mismo plano, mientras que en nuestras empresas de
entonces la subordinación era todavía algo extremadamente ma-
nifiesto, y los jefes de empresa (incluso los mejores) necesitaban
realizar un gran esfuerzo para no ver en el obrero a un hombre subor-
dinado, a un súbdito, por decirlo así. Esto depende de nuestro pasa-
do, que significa aquí un gran impedimento. Basta con pensar que
en 1648, con el Tratado de Westfalia, todavía teníamos unos cuatro-
cientos soberanos en Alemania, o sea cuatrocientos tronos de los que
dependían las decisiones. Al ciudadano no le quedaba otra cosa que
la obediencia ante el vértice de la pirámide, en cuya base se encon-
traba 61 mismo, estribando su prosperidad en la "sumisión". Y esto
se nos ha inculcado a través de los siglos. En Inglaterra ocurrió lo
mismo durante largo tiempo, aunque duró menos que entre nosotros.
Las formas sociales del pasado permanecen por largo tiempo en el
subconsciente y determinan posturas mucho tiempo despubs. Esto se
advierte tambiSn en otros países y en el estudio de la historia. Este
es uno de los sucesos.
El otro, inolvidable para mí, fue el siguiente: Recuerdo que le
pregunte a mi acompañante, el médico jefe de los hospitales de la
Ford : "Dígame : ¿no resulta terriblemente monótono para la gente
que trabaja en la banda continua realizar todo el día un acto deter-
minado?" Y me contestó: "Seguro que es monótono, pero cada una
292 FRfEDRlCH DESSAUER
de estas personas puede tener en todo momento otro trabajo si así
lo desea, otro más difícil y que requiera más iniciativa y mSs inte-
ligencia. Esos que estíín ahí no quieren otro. Hay hombres para los
que ese trabajo sencillo es una tortura, pero hay otros que estcin con-
tentos con él y que serían desgraciados si tuvieran otro más difícil."
Y esto'es cierto. "Lo liberador para esta gente-continuó diciéndo-
me-es que todos saben que tienen la oportunidad. Toda oportuni-
dad esta abierta para ellos. Si alguno quiere y puede otra cosa y
demuestra su capacidad, si establece sus contactos en todas direc-
ciones desde el estrecho marco en que trabaja, desde el torrio, cl
autómata o lo que sea, y logra una visión de conjunto, preparándose
debidamente, todos los caminos se abrirán ante él. En nuestra di-
recciún hay un gran porcentaje dc hombres que han pasado pur to-
dos los grados." No recuerdo este porcentaje, pero sí que era muy
elevado. La oportunidad, la posibilidad de ascender, marcaba la gran
diferencia respecto .a nosotros. Volví muy impresionado por esta si-
tuación social de los Estados Unidos, muy distinta a la de las explo-
taciones de nuestro país, tan pesadamente gravadas a través de la
historia. También comprendí por qué la efectividad de la indus-
tria americana superaba en algunos terrenos considerablemente a la
europea. también altamente desarrollada. En realidad, se trata de
no yezísar Únicamente desde un ríngulo politico-económico clásico,
sino de hacerlo, como tambiCn lo hizo finalmente Frederic Tayior en
la tercera fase de su desarrollo, partiendo de unas bases totalmente
distintas.
Frederic Taylor, que procedía de la industria, vio que aproxima-
damente el 70 por 100 del tiempo de trabajo de sus compaficros se
malgastaba. Desde un enfoque de economía privada, y con la inten-
ción de obtener ganancias mayores aprovechando mejor el tiempo,
intentó primero atraer y presionar, pero no llegó lejos, y sufrió fre-
cuentes fracasos, pues los hombres se rebelaban contra tales méto-
dos. Entonces probó con una especie de arte circense, haciendo prue-
bas de habilidad de las manipulaciones que se repetían y controlando
con el cronómetro y con medidas exactas cuále,s eran los movimien-
tos minimos que ahorraran tiempo y que resultaran menos fatigosos
para cualquier operación. Estos eran los tiempos en que, primero en
América y más tarde tambiCn entre nosotros, los "controladores" de
la "dirección científica de empresa" se situaban ante las máquinas
con sus cronúmetros, enseñando a cada obrero cómo debía realizar
DI SCUSI ~N SOBRE LA TCCNICA 293
esta o aquella operación. Frederic Taylor llegó así mucho más lejos.
Pero fue sólo en la tercera fase, cuando ya trabajaba con un notable
y gran equipo de colaboradores y ya era propiamente empresario (de
una empresa para la reorganización de explotaciones), donde descu-
brió al hombre. Y lo descubrió en sus esfuerzos po: aumentar los
beneficios. Si hubiera visto al hombre primero, hubiera conocido al
principio lo que sólo conoció al final. El minucioso examen puramen-
te racional de un principio (en este caso, el del afán de ganancias)
suministra algunas veces un resultado que puede verse directamente
sobre una base ética. Al descubrir al hombre supo que éste sólo da
lo mejor de sí mismo cuando trabaja en unas condiciones humanas
que le sean adecuadas. Asi como tengo que utilizar toda materia
prima, todo instrumento y toda herramienta de acuerdo con sus par-
ticularidades y atendiendo a su manejo, su cuidado y su conserva-
ción, así como cuido a toda máquina, así tengo también que utilizar
al hombre de acuerdo con sus particularidades, concediéndole sufi-
ciente descanso. Pero esto no es bastante. Tengo que hacer que esté
satisfecho, que sea hábil y que tenga éxito. Y esto resulta aún insufi-
ciente, pues hay otros factores más secretos. Tengo que conseguir
(y esto es 10 importante) que el hombre responda con un "si" íntimo
a su tarea, es decir, que apruebe lo que hace, que xabaje con un
intimo asentimiento, Y esto exige que tenga oportunidades. En pri-
mer lugar, la oportunidad de ganar más si tiene capacidad para ello,
pero también necesita oportunidades de tipo social, que le permitan
ascender en consideración y categoría. En cierto sentido tiene que
"amar" lo que hace. Tiene que entenderlo y tiene que conjugar la
inteIigencia con el asentimiento en su trabajo. Así se acerca a ese
estado que podemos llamar "felicidad". ¿Y qué es la felicidad? El
fntimo asentimiento hacia aquello .que se hace. El sentimiento de la
felicidad surge cuando doy un "sí" de todo corazón y con todas las
fuerzas de mi alma a aquello que tengo que hacer obligatoriamente.
Hablando en general, también es aquí válida la vieja fórmula del
"amor fati", el consejo de amar, de aceptar y de abrazarnos a nues-
tro destino. Esto es exactamente lo contrario del escepticismo, pesi-
mismo y resignación, con el que tantos hombres y escritores de
pensamiento enfermizo han debilitado en todo tiempo, y también en
nuestros días, la fe de la juventud. Este fue, por tanto, el resultado
final a que iieg6 Taylor. Si el trabajador debe llegar realmente a la
entrega sin trabar de su capacidad en el trabajo, debe procurarse
que ame el trabajo. considerándolo como "su obra", y que tenga una
relación con la "empresa", incluso con la gran empresa (aunque, na-
turalmente, en primer lugar, con la cklula de la empresa a la que
pertenezca). Tiene que amar lo que hace y hacerlo con alegría y con
el afán de hacerlo bien, concienzuda y perfectamente. Con el mismo
asentimiento ya es algo lo que se gana, pues la "inclinación al yo''
ordenada y natural, el natural amor propio, es legítimo y 6ticamen-
te aceptable. Si se le anulara, quedaría anulado uno de los mayo-
res impulsos del hombre. Esto es lo que se realiza hoy en la pric-
tica en mayor grado que antes, después de muchos contratiempos
y luchas individuales. Las empresas siguen esta orientación de po-
ner las condiciones para que el hombre que coopera en ellas pres-
te su íntimo asentimiento y vea elevada y reconocida su categoría
social. Si esto se hubiera hecho desde el principio, nunca hubiera
surgido la lucha de clases. Es una ley fatal que ct~nndo al hombre
se le priva de algo ese?zcialmente hírmano que esté en cualquier re-
lación con el puesto vital que debe cubrir, se produce desp1n:a-
miento de ese hombre hacia otro terreno. Y este terreno, hacia el
que se vio empujado en nuestro caso, fue el campo de la lucha po-
lítica, como consecuencia de su aplicación antinatural e inadecuada.
Mi padre fue director general de una fábrica y, ya desde mu-
chacho, he andado siempre entre máquinas, pues pasaba todas mic
horas libres junto a ellas y con los obreros. Entonces pude com-
probar la vieja y desnaturalizadora posición que ocupaban, dentro
del espíritu de sumisión, los hombres que colaboraban con su tra-
bajo. La raíz de esta desnaturalización ya se advierte en la inclusión
del trabajo humano dentro del concepto "inzrcüdo del trabajo", csd
abstracción de la economía política tradicional, y, cn analogía. Fcr
ejemplo, con el "mercado de materia prima", pues sugiere la creen-
cia de que el trabajo puede ser realmente separado del hombre y
no s6!o de manera abstracta y numérica, pudicndo ser manipulado,
por decirlo así, aisladamente y como una cstcgoria económica. Esto
fue, usando un símil ferroviario, una "posición equivocada de la
aguja". El trabajo no puede tenerse sin el hombre. Y si se arran-
ca de él, explotando la necesidad, como sucedió de la manera más
atroz con el manchesterismo, se empuja al hombre fuera del campo
económico para hacerle caer en el campo de la lucha política. Pue-
de decirse que no es a Carlos Marx y a sus seguidores a quienes
se debe la creación del poderoso frente de lucha, sino a una fdsa
DISCUSI~N SOBRE LA TÉCNICA 295
postura de Occidente de la que procede que el hombre intervenga
antinaturalmente en la cooperación de la empresa.
La diferencia de disciplina ha de verse claramente. La estrecha
disciplina de sometimiento y de obediencia y el orden de autoridad
practicado de manera extrema en la disciplina cuartelera del pasa-
do, todo ello tomado por empresas con un pensamiento social pro-
pio de los tiempos feudales, ha de ceder ante la disciplina objetiva
inmanente a la naturaleza de la técnica. Para el que se ha educa-
do en ella resulta natural y evidente que se encuadra con su tarea
en un plan de trabajo y en cooperaci6n con otros hombres que tie-
nen la misma misión. Se ha educado en un "campo de ejercicio",
sobre el que aún habremos de hablar en este capítulo. De la mis-
ma materia se desprende Y, por cierto, de manera más imperativa
que en otras especialidades, la necesidad de una disciplina y de un
ordenamiento que llegue hasta el detalle y que no produzca el
sentimiento fatal de un sometimiento formal. La direcciGn debe Ile-
varse a través de gráficos, inventarios y horarios y no con voces
de mando, órdenes y obediencia. En una buena empresa no se dan
ór de~es por todos lados y en una central eléctrica Qel tamaño de
una iglesia reina el silencio. El profesor Theodor Heuss, presidente
de la República, ha hablado recientemente sobre esto de manera
acertada y amena en su discurso conmemorativo de Oskar von
Miller :
"Hay algo que psicológicamente siempre me ha parecido extra-
ño y atrayente en una gran central eléctrica o en una planta quími-
ca. Nos encontramos con un local claro y agradable dotado de una
gran pared de mármol en la que están montados múltiples y peque-
ños instrumentos: esferas con agujas oscilantes, termómetros, pe-
queñas cajitas cubiertas de cristal y con luces intermitentes de co-
lores, un par de botones de contacto y una mesa con un teclado a
la que se sientan una o dos personas que, evidentemente, no tienen
nada que hacer. Podrían ir vestidos de smoking, pues son el cere-
bro de la instalación; no lo productivo y creador (que se encuentra
en los laboratorios o en las salas de cálculo), sino la guardia del
perpetuo control. ~Tambidn del autocontrol? ¿Son amos? ¿Son
semidores?"
Estos dos empleados técnicos "gobiernan" a los turbogenerado-
res que zumban sordamente y que, como verdaderos gigantes, tal
vez suministran luz y fuerza motriz a una ciudad o a una provin-
296 FRIEDRICH DESSAUER
cia. Ciertamente que éste no es un gobierno arbitrario, sino el cum-
plimiento experto de unas funciones objetivamente impuestas. Pero
tampoco es un "servir", como pretende el lenguaje alemán. El ji-
nete también atiende a la naturaleza del caballo, pero cuando mon-
ta no le "sirve", sino que lo gobierna.
La disdplina objetiva salvaguarda mejor la dignidad del hombre
que la disciplina de la obediencia. No rebaja ni siquiera en la rea-
lización de pequeiíos servicios. Las investigaciones realizadas repe-
tidas veces demostraron que tampoco el trabajo en las cintas con-
tinuas se siente como degradante si no ha sido arrancado por la
fuerza. Y este caso es cada vez más raro.
La ley económica inmanente a la técnica exige que todos los
elementos, procedimientos y gastos sean aplicados adecuadamen-
te, es decir, de acuerdo con su propia naturaleza y en atención al
fin. Y en esto entra también el hombre, el "homo faber" que, como
tal hombre, tiene que ser aplicado con todo el peso de su propia
naturaleza. Esto, que frecuentemente no sucedía antes, es hoy una
norma, a pesar de que no se excluyen las infracciones.
La compra barata de "trabajo" en el "mercado" fue una qave
infracción. En primer lugar, evidentemente, contra la naturaleza, y
dignidad del hombre como persona y miembro de la sociedad. Pero
también contra la ley económica y final. inmanente a !a tkcnica, de
la aplicación adecuada. El esmero que se pone en el proceso produc-
tivo en la elección y cuidado de todo material, de toda herrarnicn-
ta, de toda etapa del trabajo y de toda máquina, tiene que ponerse
aún en mayor grado, de acuerdo con la naturaleza de la ejecucicír.
técnica* respecto al más importante de los elementos de ia produc-
ción, respecto del hombre que trabaja. Este ha de ser aplicado como
hombre y tiene que encargarse de las funciones iritelectuülcs y de
gobierno, siendo fundamentalmente anti-técriico obligarle a un tra-
bajo pura o preponderanteniente muscular. Manejar la grúa y no
cargar 61 con las piedras es lo que corresponde al Iiombre. Igual que
el técnico no debe desperdiciar energía ni acero fino, tampoco debe
desperdiciar la fuerza humana, la más noble de la construccióri, que
ha de ser aplicada humanamente y de acuerdo con su dignidad y
su naturaleza, de tal manera que el hombre pueda asentir a su p r -
ticipacibn en la obra.
DI S CUS I ~ N SOBRE LA TECNICA
No es misión de este libro presentar y desentrañar el enorme en-
trelazamiento de la economía con la técnica y de ambas con otros
órdenes sociales. El impetuoso desarrollo de ambas en los últimoc
cien años está relacionado con su acción recíproca. La invencion
de máquinas motrices (máquinas de vapor, motores de combustión
y turbinas) y la "libertad del hombre económico" (la economía li-
beral-capitalista), a lo que se sumó la aparición de las nuevas má-
quinas productoras de calidades (máquinas textiles, máquinas-herra-
mientas y otras), abrieron de par en par las puertas al desarrollo
industrial. Cada sector fecundaba a los demás y las importantes
innovaciones tCcnicas atraían a los empresarios que disponían de
capital, mientras que las empresas, por su parte, impulsaban a los
técnicos. Naturalmente, primero surge una nueva posibilidad téc-
nica a la que después sigue el aprovechamiento económico. Pero
la misma competencia obliga a las empresas a exigir cada vez más
del técnico y al "desarrollo", no existiendo en nuestros días casi
ninguna gran firma que no posea una sección de desarrollo. En todo
esto, la dirección corresponde preponderantemente a la técnica en
lo referente a la construcción, y a la economía en lo que respecta
a la difusión.
Pero cada factor depende también del otro. Este ímpetu indus-
trializador de los países civilizados, que ha marcado con su sello
nuestra época y que, por encima de la gran empresa, ha penetradc
en el campo profesional, en la agricultura, en el comercio, en el
tráfico, en la oficina, en los lugares de investigación y en casi to-
das las formas sociales, s610 ha podido surgir de la dinámica de
la totalidad del campo "industrial", de la mutua fecundación z
impulsión entre la técnica y la economia.
El que con semejante huracán se hayan producido abusos, do-
lores de alumbramiento y contratiempos, es algo que hay que es-
perar de antemano. La crítica se detiene con frecuencia en ellos,
sin ver lo que hay de autCntico y de positivamente progresivo en
el conjunto y más allá de esos adversos fenómenos temporales. Nada
terrenal ha sido jamás perfecto en el mundo. DespuCs de emitir
estos juicios, y, como hemos visto, con "terrible simplification", se
298 FRIEDRICH DESSAUER
busca un burro de carga, culpándose preferentemente a la técnica.
Pero, dcsput5s de las anteriores consideraciones, no debiera resul-
tar difícil para ningún juez desprovisto de prejuicios el ver que los
anticuados métodos de trabajo, los locales antihigiénicos, la mala
iluminación, la insuficiente ventilación, la monotonía del trabajo y
muchas &ras cosas deprimentes, en especial la miseria de la explo-
tación y el trabajo infantil de siglos pasados, no responden a la
naturaleza de la técnica, sino que son algo ajeno a ella. Lo que Iia
provocado esos abusos podrá haber sido el desbordamiento del
viejo liberalismo económico-privado, el equivocado criterio de au-
toridad, el atraso, la estrechez económica, la insuficiente legislación,
pero no la naturaleza de la técnica, que aspira a ia elevación del
rango del trabajo humano y a la adecuada utilización del hombre
Las chimeneas hiirneantes, los vehículos ruidosos, la congestión
del tráfico y las aguas residuales nocivas son también contrarias a
la naturaleza de la técnica y revelan una incapacidad, una falta de
madurez y un atraso técriico. Hay medios para evitar esos perjui-
cios jr se' inventan otros nuevos, siendo todos tScnicos. Cuando,
por ejemplo, no pueden ser aplicados por falta de posibilidades f i -
nancieras, no es responsable la naturaleza de la técnica, sino su
falta de aplicación y también su falta de madurez. El cambio que
se ha producido no puede dejar de verse. La molestia del polvo
fue ln queja principal contra los vehículos de motor y la técnica
construyó calles libres de polvo. El ruido de1 motor de los auto-
móviles ha desaparecido. Fábricas modernas sustituyen 2 las primi.
tivas y deprimentes del pasado. La soldadura reemplaza al ruidoso
remache. Las viviendas obreras de ayer ofrecen su sitio a bonitas
colonias. El largo camino para ir al trabajo y volver se motoriza
más y más. Las revistas especializadas mejoran el clima espiritual
de lac explotaciones. Las comodidades sociales han aumentado de
tal manera desde el último tercio del pasado siglo que resulta di-
ficil dar un índice de ello. Las grandes casas de vecindad, las ~ i -
viendas de patio interior y los talleres-barraca van desaparccien-
do. Y en lugsr de todo ello surge una tCcnica mejor y, por ello,
más digna del hombre.
La adecuada utilización del hombre es, por otro lado, un pro-
blema pedagógico que también merece atención.
Indiquemos aquí en aIgunas frases lo que sobre esto ha destaca-
do repetidas veces el pedagogo Dr. Kautz en sus estadios sobre la
pedagogía industrial :
l. A través de la industrialización se produce un cambio de
estructura en la mentalidad del niño y del joven.
2. A través de ello, algunos factores educativos de antes (como
el apego a la patria) en parte desaparecen y en parte se transforman.
3. En su lugar, aparece una forma de vida técnico-moderna
con una tendencia a la nivelacián.
4. El nuevo tipo es burgués-positivista y pierde el carácter ro-
mántico.
5. Está inclinado a un objetivismo nítido, exacto y productivo.
6. Esta evolución ha de, ser entendida en un marco histórico
global, en e! marco histórico del espíritu.
Las cuestiones psicológicas del trabajo en los nuevos tiempos
están próximamente relacionadas con los problemas pedagógicos
industriales. Sobre esto tomo algunas frases de la conferencia pro-
nunciada por el profesor Lehrmann, del Instituto Max Planck para
la Psicología del Trabajo, en noviembre de 1954, en el congreso uni-
versitario de Dortmund :
"Resumiendo, tenemos que hacer constar que en el grupo de
trabajadores que hasta ahora hemos considerado, la relación entre
el hombre y la máquina no es mala. No encontramos nada de un
"sentimiento de opresión" causado por la máquina, ni nada que
nos permita concluir objetivamente una desespiritualización del
hombre en el contacto con las máquinas. Por el contrario, a veces
encontramos incluso indicios de una cierta "espiritualización" de la
máquina. Pero nos preguntamos si las verdaderas dificultades no se
encontrarán en otro grupo de obreros y obreras, en aquellos que
-sin que se espere de ellos una colaboración intelectual autóno-
ma-ejecutan día por día las mismas operaciones en la producción
en masa y que, encadenados a una cinta continua, realizan movi-
mientos exactamente prescritos en el menor tiempo posible, cons-
truyendo piezas de las que no saben lo que después sucede y que
les son totalmente indiferentes y carentes de interés.
Este género de trabajo, cuya frecuencia es, por lo demás, menor
de lo que muchas veces se presume, es evidentemente el que pro-
voca en el profano aquella inpresi6n de entrega a la máquina. El
trabajo le parece al observador tm atrozmente monótono que le
produce la impresión de que tiene que ser una tortura para los
3 00 FRIEDRICH DESSAUER
obreros u obreras-pues, preferentemente, se trata de éstas--que
10 realizan, teniendo que llegar a ser insoportable por su continua
repetición.. .
Si preguntamos a una de estas obreras si se encuentra contenta
con su trabajo, será reIativamente raro también aquí que obtenga-
mos uda respuesta absolutamente ne~ativa. Oiremos con frecuen-
cia que el trabajo no se realiza con desagrado y, por lo menos,
comprobaremos qce la uniformidad de tal trabajo no es sentida
como monotonía. Preguntemos a una de estas muchachas si, sólo
por el gusto de cambiar una vez y hacer otro trabajo, quisiera per-
mutar su puesto con el de alguna de sus compañeras y veremos
que casi siempre rechazari la idea y preferirá seguir realizando
pacientemente durante años las operaciones a las que, desde hace
años, está acostumbrada.. .
El punto más importante estriba en que, en las operaciones uni-
formes de la fabricación en masa altamente desarrcllada, el grado
de práctica alcanza progresivamente tal nivel yue todos los mo-
vimientos se realizan inconscientemente. Ya no resulta necesario
seguir con los órganos sensoriales cada operación aisladz: la prác-
tica es tan coiripleta que todo el proceso de trabajo se realiza has-
ta cierto punto por debajo del limite de la consciencia verdddera-
mente despierta. Es decir-exprc?sándolo fisiológicamente-que aquí
ya no se trata de procesos cerebrales, sino que entran en acción cen-
tros inás profundos que funcionan igual de bien, o incluso mejor,
si no se piensa eri ellos.
Y la consecuencia de esto es que la conciencia queda libre para
otras cosas. Durante el trabajo, puede pensarse en otra cosa c char-
lar con quien trabaja al lado. Cantar o escuchar música beneficia
el trabajo en !usar de perjudicarlo. En particular, las personas a las
que agrade soñar despiertas se sentirán totalmente a gusto con tal
ocupación, siempre que se les exija una tarea que corresponda a su
capacidad y siempre que, sobre todo, exista una bueiia relocibn de
camaradería con los compañeros de trabajo y con !os jefes. Es casi
una regla que, cuando la buena relación con la máqliina sufre una
repentina fisura y el trabajo se vuelve insoportable, la causa hay que
buscarla en el terreno de las relaciones humanas, cuyo cuidado jue-
ga un especialísimo papel en la empresa a! igual que todas las cosas
sociales, que tienen aquí, donde falta y ha de faltar lm interés pro-
pio en el trabajo, una importancia decisiva.
DI SCUSI ~ N SOBRE LA TECNICA 301
La cinta continua no es normalmente rechazada ni odiada en si
misma, sino que incluso es apreciada por beneficiar el trabajo y por
permitir salarios más altos. El paso de una pieza a la siguiente se
realiza hasta cierto punto de manera automática y sin que sea ne-
cesario un impulso de la voluntad. Un buen trabajo en la cinta con-
tinua no debe ser nunca un trabajo acosado. Por ello, como el tiem-
po por pieza no puede ser en la realidad exactamente igual para
todos los que en ella trabajan, la velocidad de la cinta tiene que ajus-
tarse debidamente."
Otro aspecto de la moderna "industrialización"-tomando la pa-
labra en su sentido más general-es' el aumento espontáneo de los
objetivos de las posibilidades y de los métodos de la invención. Al
tratar de las máquinas como parte de la técnica. las hemos clasifi.
cado en máquinas rnotrices (motores) y en máquinas productoras
de calidades (textiles, etc.), que comprenden una enorme cantidad de
aparatos. El desarrollo del primer grupo puede verse y describirse
a grandes rasgos, mientras que para las productoras de calidades no
sería suficiente ni con un grueso volumen. En la explotación indus-
trial, está en marcha un proceso de evolución orientado por los nue-
vos inventos y que tiende a la nueva estructuración técnico-indus-
trial. Las mismas necesidades de la explotación reveksn y producen
continuamente nuevos y mejores métodos de trabajo, herramientas,
aparatos y máquinas, con el doble objetivo de mejorar los produc-
tos elevando su valor de servicio y de producirlos más económica-
mente, en mejores condiciones de mercado. Esta tendencia propia de
la conjugación de la tCcnica y la economía actúa continuamente, de
tal manera que cuando, al cabo de pocos años, vuelve a visitarse
una fábrica es frecuente el que apenas se la reconozca, aunque siga
produciendo la misma clase, de objetos. La utilizacióa de materias
plásticas y la automatización son ejemplos de 410. La ampiiación,
la dirección y el perfeccionamiento espontáneos son propios de la
dinámica thico-industrial y escasamente &gú-profano sospecha lo
que, más bien ocultamente, se invierte, se idea, se crea, se prueba,
se rechaza y se realiza en las fábricas. Continuar cw esto sobre-
pasaría los límites de este libro, pero señalenios que también cri este
sector técnico-industrial rige la ley de !a pr ogr c5i ~~ aproximrtci6ri a
las formas de solución ideales de que henios h'iblado antc.riorm:íite.
Una explotación industrial es un microcosmos con u i i ~ a c t i i ~ \ ida
interna, y una fuerte expansividad. El "horno irtbcr" y cl ''hotiio
oeconomicus" se encuentran en perpetua lucha dentro de él, pero,
obligados a trabajar en cooperación, tienen que entencicrsc. pues
la preponderancia dc alguno de ellos cs perjuici.11. Si prcdoiiiiiia el
"faber", los objetos se producirán sin prestar iuficiefitc atencijn a
sus condiciones de venta y resultartin Lliiicilmt.~~te vcndiblcs. nc
llegando a su destino, que es el hornbre cluc los nzicesi:~. con
ello se pone en peligro la "ganancia", que es una condicicín funda-
mental. Si quien predomina es el "oeconomicus", se amenaza al va-
lor de servicio de los bienes. La ley econóri~ic~i de ia tScriic;i zxigc
la aplicación del hombre en la empresa, e1 m65 importante factor
de la producción, de acuerdo con toda sil naturdleza sil dig-
nidad. Pero también se cumplirá a la I ar y incjor la "ley ccon6-
mica" de la economía, si, en lugar de comprar la "rilaqo de obra",
se conquista en el hombre a un colaborador quc preste su anucn-
cia. Objetivamente, tienen que salvaguardarse los dos caracteres
de los productos: su carácter en cuaiito bienes de servicio con un
valor propio específico y su carácter en curirito nierca:icías \en-
dibles.
El fomento de la capacidad técnica, de la invención y de la crea-
ción, que antes se atendía predominantemcntzi en las escuelas su-
periores, en los centros de investigación > por los invcstigadorcs
individua!es, se desplaza hoy en gran medida sobre las secciones de
desarrollo de la industria. Esto se favorece. J con irccuencia sc
fuerza, a través del cr~ci ent e empleo de "pioncros". El profano ve
desde fuera al "honio faber' hn su t r ~ b ~ j o y gurta dc compadccer-
se de su situación porque no la comprecdc, pero rara vez ve dl
"liomo investigator" e "inventor", que tiene en la industria una
importancia creciente.
El número de los físicos, qiiímicos 2 ingenrsros dedicados
progreso se cuenta por cientos de miles, y las eicuelas no pueden,
por ct momento, cubrir 12 demanda. Las mismas industrias se es-
piritua!izan cada vez más a través de la influencia de esos hombres
y se aumentan las exiqencias respecto a la calidad y a ia inteligen-
cia del personal. De la naturaleza de la técnica emana un impulso
DI S CUS ~ ~ N SOBRE LA TÉCNICA 303
hacia arriba, hacia un mayor ennoblecimiento y diferenciación de
los productos. Los objetos se vuelven más poderosos, capaces y úti-
les, y cada vez presentan más exigericias a szts fabricantes. Y nadie
puede sustraerse totalmente en el mundo industrial a esa marea as-
cendente que ha hecho su aparición en el curso de la historia, y que,
partiendo de Occidente y de los Estados Unidos, se extiende sobre
la tierra.
1 . Formación histórico-humanística y cientifico-técnica
El creciente alcance e influencia de las ciencias naturales p de
la técnica en la vida privada y pública lleva consigo el que una
parte cada vez mayor de nuestra juventud masculina (más del se.
tenta por ciento) elija profesiones científico-naturales y técnicas.
Y sobre la base de que debe comenzar pronto el enfoque hacia
la futura profesión, es frecuente que en las escuelas se dé prefe-
rencia a planes de estudio acentuadamente científico-naturales, ma.
temáticos y técnicos. ¿Por qué-se preguntan padres e hijos-hay
que estudiar a Hornero, a Herodoto, a Sófocles, a Jenofonte, a De-
móstenes, a Ovidio, a Tito Livio, a Horacio, a Cicerón y a Tácito,
si después lo que va a hacerse es construir o producir centrales
eléctricas, aviones, turbinas, medicamentos, colorantes, puentes, lo-
comotoras y barcos?
También la función futura de la formación humanistica resul-
tará tanto más clara cuanto más francamente reconozcamos el po-
sitivo valor formativo de las ciencias naturales y de la técnica. Esto
ha faltado hasta ahora, y tal falta ha sido perjudicial. En la con-
templación del valor formativo de las ciencias naturales conocemos
también los limites de éstas y conseguimos ver una solución a la
alternativa.
Desde que se produjo el cambio debido a Galileo, la formación
científico-natural y técnica es una escuela de estricta ascética in-
telectual y del carácter, tomand