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ARTROSIS:
Guía de
la enfermedad
para el paciente
– 4 –
© Laboratorios Zambon, S. A., 2005
© por la presente edición, Random House Mondadori, S. A., 2005
Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona
Fotocomposición: Lozano Faisano, S. L. (L’Hospitalet)
Impreso en BIGSA, Granollers (Barcelona)
Depósito legal: B. 23.391 - 2005
Printed in Spain – Impreso en España
R 2 7 0 1 2 6
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ÍNDICE DE TEMAS
1. ¿Qué es la artrosis? . . . . . . . . . . 9
por el Dr. Javier Paulino
2. ¿Por qué se produce la artrosis?. . . . . . 17
por el Dr. Francisco J. Blanco-García
3. ¿Qué síntomas produce y dónde puede apare-
cer la artrosis? . . . . . . . . . . . . 27
por el Dr. Santiago Muñoz Fernández
4. ¿Cómo se puede diagnosticar la artrosis? ¿Cuál
es su pronóstico . . . . . . . . . . . 39
por el Dr. Jesús Tornero Molina
5. ¿Qué importancia socioeconómica tiene la ar-
trosis? . . . . . . . . . . . . . 51
por el Dr. Enrique Batlle-Gualda
6. ¿Cómo puedo mejorar la enfermedad y evitar
que progrese? . . . . . . . . . . . . 61
por el Dr. Pere Benito-Ruiz
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7. ¿Qué medicamentos existen para tratar la ar-
trosis? . . . . . . . . . . . . . 71
por el Dr. Gabriel Herrero-Beaumont
8. ¿Existen formas de tratar la artrosis que no
sean medicamentos?. . . . . . . . . . 83
por el Dr. F. Javier Ballina García
9. ¿Cómo y cuándo ha de operarse la artrosis? . 93
por la Dra. Ingrid Möller Parera
10. Las recomendaciones EULAR para la artrosis de
rodilla . . . . . . . . . . . . . 101
por el Dr. Emilio Martín Mola
Anexo 1. Índice de Masa corporal (IMC) . . . . . 109
Anexo 2. Ejercicios de Rehabilitación en Patología
Osteoarticular . . . . . . . . . . . . 111
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ÍNDICE DE PREGUNTAS
DE LOS PACIENTES
¿Se puede curar esta enfermedad? . . . . . 15
¿Pueden mis hijos heredar la artrosis? . . . . 16
¿Por qué tengo yo artrosis? . . . . . . . . 24
¿Es el deporte que hago el que me produce ar--
trosis? . . . . . . . . . . . . . . 24
¿Por qué me comenzó la artrosis después de la
menopausia? . . . . . . . . . . . . 35
¿Puedo tener artrosis y osteoporosis al mismo
tiempo? . . . . . . . . . . . . . 35
¿La artrosis es una enfermedad de viejos? . . 36
¿Me puedo quedar inválido por la artrosis? . . 48
¿Por qué no me hace una resonancia o un es-
cáner? . . . . . . . . . . . . . . 49
¿Puedo perder mi trabajo por culpa de la ar-
trosis? . . . . . . . . . . . . . . 58
¿Tengo derecho a una minusvalía o a una incapa-
cidad? . . . . . . . . . . . . . . 58
¿Tengo que adelgazar o hacer alguna dieta espe-
cial? . . . . . . . . . . . . . . . 68
¿Cómo puedo combatir el dolor? . . . . . . 68
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¿Son malas las infiltraciones? . . . . . . . 80
¿Qué tengo que hacer cuando se me inflama la
artrosis? . . . . . . . . . . . . . 81
¿Tengo que usar bastón? . . . . . . . . . 89
¿Son buenos los balnearios? . . . . . . . 90
¿Soy demasiado mayor para operarme? . . . 98
¿Puedo operarme si tengo una enfermedad del
corazón? . . . . . . . . . . . . . 99
¿Qué debo utilizar en la artrosis, calor o frío? . 105
¿Es bueno el reposo o el ejercicio? . . . . . 106
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1
¿QUÉ ES LA ARTROSIS?
DR. JAVIER PAULINO
Jefe de Servicio de Reumatología.
Complejo Hospitalario de Ciudad Real. SESCAM
L
a artrosis es una enfermedad tan frecuente que con toda seguri-
dad la mayoría de las personas que lean este libro habían oído
hablar de ella. Es posible, incluso, que la padezcan o que conozcan
a personas que la sufren.
También es muy probable que tengan algunas de las confusio-
nes y dudas más habituales en el mundo, siempre complejo, de las
enfermedades reumáticas:
1.º ¿La artrosis es lo mismo que el reuma?
2.º ¿Es una enfermedad o simplemente un envejecimiento de
los huesos y articulaciones?
3.º ¿Merece la pena prevenirla y tratarla?
4.º ¿Es hereditaria?
Estas y otras importantes cuestiones son las que se van a tra-
tar de responder en este libro de una forma clara y sencilla para
disipar las dudas de aquellas personas ajenas al mundo técnico sa-
nitario, pero que ocupan el centro y la razón de ser de todas nues-
tras discusiones: los ciudadanos afectos de una enfermedad reumá-
tica (pacientes) o no (usuarios).
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Así que empecemos por la definición: ¿qué es la artrosis? Sin
duda la artrosis es una enfermedad que se puede localizar en las ar-
ticulaciones de miembros superiores e inferiores y en la columna
vertebral, siendo más frecuente una localización múltiple (lo que
llamamos poliartrosis). La artrosis es una enfermedad capaz de
producir dolor, pérdida de movilidad y deformación de las zonas
afectadas, e incapacitar de forma muy importante, hasta el punto
de ser la primera causa de incapacidad laboral permanente; fíjese
usted, por tanto, si se merece el título de enfermedad. Sin embar-
go, existe la idea muy generalizada de que la artrosis es simplemente
un desgaste articular. Este concepto tan simplista no es suficiente
para entender este proceso.
Observar una articulación de forma muy esquemática (figura 1)
puede ayudarnos a entender los cambios que se producen en la mis-
ma, durante la presentación y el desarrollo de la artrosis (figura 2).
Los extremos óseos que componen una articulación están recubier-
tos de cartílago, que es un tejido firme y elástico que facilita el des-
lizamiento de esas superficies óseas, y reparte y amortigua las car-
Fig. 1. Articulación normal. Fig. 2. Principio de artrosis.
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gas físicas. La estabilidad de la articulación se asegura mediante
la cápsula, que es una especie de saco cuya parte interna está re-
cubierta de una fina capa llamada membrana sinovial. También
influyen los músculos, que se insertan en la cápsula y en el hueso
periarticular mediante tendones, y que refuerzan la estabilidad de
la articulación.
La enfermedad artrósica se inicia en el cartílago articular, el cual
es un tejido algo especial ya que carece de vasos sanguíneos y de
nervios. El cartílago está compuesto de células, llamadas condroci-
tos, y de una especie de gel que baña a las células denominado
matriz extracelular. Los condrocitos son los que forman y renuevan
todas las estructuras del cartílago, y la matriz está constituida por
unas grandes moléculas proteicas (los proteoglicanos), las cuales se
mantienen fijas a una red de fibras colágenas que se disponen en
forma de arco. Todos hemos tenido ocasión de ver el cartílago
en la articulación de algún animal, con ese aspecto blanco, naca-
rado y brillante, lógicamente cuando está sano.
La artrosis se inicia cuando un cartílago es agredido por dife-
rentes causas, y como consecuencia se reblandece, pierde resisten-
cia, aparecen grietas y erosiones; ante esta situación, el hueso sub-
condral reacciona, se hace más denso, crece por los lados y origina
los osteofitos («picos de loro») que pueden percibirse fácilmente en
una radiografía. La membrana sinovial que se encuentra en la ar-
ticulación se engrosa, aumenta de volumen y es capaz de producir
un derrame de líquido sinovial.
Los condrocitos, las células que forman el cartílago, son las en-
cargadas de mantener el equilibrio entre los procesos de degrada-
ción y regeneración del cartílago articular; son pocas pero sabias y
con un protagonismo determinante en la aparición y progresión de
la artrosis (figura 3). Todo esto da una idea de que la artrosis va más
allá de un simple envejecimiento de las estructuras articulares.
En la columna vertebral, los cambios artrósicos se inician en los
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discos intervertebrales, algo así como unas almohadillas situadas en-
tre las vértebras con el fin de amortiguar la carga de la columna.
Cuando estos discos se degeneran, pierden volumen, elasticidad y
contenido en agua, permitiendo la proximidad y el roce de las vér-
tebras. Como consecuencia se produce el crecimiento del hueso,
que forma los osteofitos, conocidos como «picos de loro» (figura 4).
La existencia de una artrosis no comporta obligatoriamente la
presencia de dolor. En ocasiones, la radiografía de la articulación
muestra la enfermedad, pero el paciente no aqueja ningún sínto-
ma; esto es especialmente relevante en la columna vertebral.
Artrosis, por otro lado, no es lo mismo que reuma o reuma-
tismo. Tenga siempre presente que cuando hablamos de reumatis-
mo, nos estamos refiriendo a las enfermedades que se localizan en
Fig. 3. Artrosis evolucionada.
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cualquier parte de nuestro aparato locomotor: huesos, articulacio-
nes, músculos, ligamentos, cartílago, membrana sinovial o discos
intervertebrales. Por el contrario, las enfermedades denominadas
degenerativas o artrósicas forman uno de los grupos que se encua-
dran dentro de las enfermedades reumáticas, muy importantes por
su frecuencia y repercusión sociosanitarias.
Por tanto no es correcto un diagnóstico de, simplemente, reu-
matismo. Es necesario profundizar y saber qué enfermedad es en
concreto, sus características, su pronóstico, su tratamiento y, sobre
todo, qué puede hacer usted para obtener mejores resultados.
Fig. 4. Artrosis de la rodilla
(radiografía).
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PARA RECORDAR…
• La artrosis es una verdadera enfermedad y no simple-
mente una manifestación del envejecimiento.
• Las lesiones principales de la artrosis se localizan en el
cartílago.
• La artrosis no se cura, pero se puede controlar su evo-
lución siempre que el paciente y el médico colaboren
adecuadamente.
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LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Se puede curar esta enfermedad?
Naturalmente, ésta es la pregunta que
más les importa a los enfermos, y la respues-
ta, lamentablemente, es no. No obstante, yo
le haría otra pregunta que complementa la
anterior, como las dos caras de una misma
moneda: ¿está usted dispuesto a colaborar
para evitar la aparición o frenar el avance de
la artrosis? Porque aunque no se puede cu-
rar, sí que se puede controlar su evolución.
Se trataría, por tanto, de establecer una relación, de aceptar una
mutua responsabilidad en medidas complementarias que forman la
base de una relación adecuada paciente-médico y viceversa (figura 5).
Fig. 5. Seamos «colegas» y demos ejemplo.
Dr. Javier Paulino
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Hay factores de riesgo que son modificables y que se tienen que
controlar: obesidad, sobrecarga laboral, anomalías constitucionales
y la práctica del ejercicio y del deporte. En algunos de ellos el
médico tiene la máxima responsabilidad: detectar las alteraciones
de los miembros inferiores que condicionan la vida laboral o de-
portiva, explorar posibles desviaciones de columna con fines pre-
ventivos… pero en otros es el paciente quien tiene dicha respon-
sabilidad: poca mejoría puede esperar un enfermo que no modifica
una obesidad o un sobrepeso.
También existen tratamientos que mejoran los síntomas y los
signos inflamatorios, y tratamientos antievolutivos que pueden fre-
nar la progresión de la enfermedad.
¿Pueden mis hijos heredar la artrosis?
Un último punto en este capítulo surge de la duda y preocu-
pación de que se trate de una enfermedad hereditaria y que, por
tanto, la podamos transmitir a nuestros hijos o a nuestros nietos.
En algunas familias existe lo que podríamos describir como una
predisposición genética a padecer artrosis, debido a la posibilidad
de transmitir en sus genes alteraciones que puedan dificultar la fa-
bricación de un cartílago articular normal. En el caso concreto de
la artrosis en los dedos de las manos, se ha detectado una anoma-
lía genética específica que afecta especialmente a las mujeres. No
obstante, y salvando la mencionada artrosis de los dedos, la heren-
cia es únicamente uno más de los muchos factores que pueden
influir en la aparición de la enfermedad. No hay, pues, que temer
excesivamente esta posibilidad ya que, en la mayoría de los casos,
no tendrá un papel relevante.
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2
¿POR QUÉ SE PRODUCE LA ARTROSIS?
DR. FRANCISCO J. BLANCO-GARCÍA
Reumatólogo. Servicio de Reumatología. Coordinador de la Unidad de
Investigación. Laboratorio de Investigación de las Enfermedades Reumáticas.
Complejo Hospitalario Juan Canalejo. A Coruña
L
a artrosis se produce por la destrucción y pérdida de un tejido
—que forma parte de la articulación— llamado «cartílago ar-
ticular». En la artrosis, el cartílago se va agrietando y erosionando
progresivamente, con lo que pierde grosor, pudiendo incluso llegar
a desaparecer por completo con el paso del tiempo. Con su desapa-
rición se pierde la función de protección que posee el cartílago y
quedan expuestos los extremos de los huesos que forman parte de
una articulación, originándose lo que popularmente se conoce
como «desgaste de la articulación» y el «rozamiento de hueso contra
hueso».
Según se va produciendo la pérdida del cartílago, el hueso que
se encuentra por debajo también se ve afectado. Ante esta situación
el hueso lesionado responde haciéndose más duro y más denso.
También se forma nuevo hueso que crece por los bordes de la ar-
ticulación, a modo de «picos de loro», que reciben el nombre de
osteofitos. Además, la membrana sinovial (un tejido que recubre el
interior de la articulación) se inflama y puede producir más líqui-
do sinovial de lo normal (derrame articular); cuando esto sucede,
la articulación con artrosis aparece hinchada.
La artrosis puede iniciarse debido a múltiples factores, cono-
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cidos como factores de riesgo, entre los que se incluyen factores
genéticos, ambientales, metabólicos y traumáticos. Dependiendo de
la articulación afectada, los factores de riesgo son distintos, y se
puede diferenciar entre factores generales, como la edad, osteopo-
rosis, herencia y sexo; y factores locales de una articulación, como
traumatismos, alteraciones anatómicas y ocupación laboral del
paciente (tabla 1). Asimismo los factores de riesgo se pueden cla-
sificar en función de si es o no posible actuar sobre ellos, reducien-
do su presencia o incluso haciéndolos desaparecer. Este último
grupo de clasificación de los factores de riesgo es realmente impor-
tante porque supone un objetivo en todo tratamiento preventivo
de la artrosis. Se expone más detenidamente en el capítulo 6.
Factores de riesgo asociados con la presencia
de artrosis
Los factores que se describen en esta sección son aquellos que de algu-
na forma se asocian con el riesgo de desencadenar y padecer artrosis
en alguna articulación. Entre ellos, cabe destacar los siguientes:
1. Obesidad. Son numerosos los estudios que demuestran la re-
lación entre obesidad y artrosis de rodilla, de cadera y de manos.
Sin embargo, no se conocen todavía los mecanismos por los que
la obesidad favorece la aparición de la artrosis. Existen al menos tres
teorías:
1) El sobrepeso aumenta la presión realizada sobre una arti-
culación, y esto puede provocar la ruptura del cartílago.
2) La obesidad actúa indirectamente induciendo cambios me-
tabólicos, tales como la intolerancia a la glucosa, hiperlipi-
demia, que condicionan la degeneración del cartílago.
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3) Determinados elementos de la dieta que favorecen la obe-
sidad producen daño en el cartílago, en el hueso y en otras
estructuras articulares.
La hipótesis más aceptada es la primera; pero ésta no explica-
ría la relación que existe entre la obesidad y la artrosis de manos.
2. Ocupación y actividad profesional. El uso repetitivo y la so-
brecarga mecánica a la que se someten algunas articulaciones en de-
terminadas profesiones predispone a la aparición de la artrosis. Se
ha demostrado la asociación de la artrosis de rodilla con los traba-
jos que exigen prolongadas y repetidas flexiones de esta articula-
ción. Así, ya en 1952 algunos estudios encontraron que la preva-
lencia de artrosis de rodilla, demostrada radiográficamente, era casi
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seis veces mayor en los mineros. De igual manera, los artesanos y
profesionales que utilizan mucho las manos presentan con mayor
frecuencia artrosis en dicha localización.
3. Actividad física. Es necesario diferenciar entre actividad fí-
sica intensa y actividad física moderada. En este sentido, no hay
duda de que la actividad física intensa, que podemos definir como
la que realizan los deportistas profesionales, es un factor de riesgo
que favorece la aparición de artrosis. La afectación de los meniscos
y ligamentos, y la continuación de la práctica deportiva tras sufrir
alguna alteración en la articulación, predisponen a la enfermedad.
Por el contrario, la actividad física moderada —no profesional—
es necesaria para un buen funcionamiento de una articulación, e
incluso puede prevenir la aparición y retrasar la progresión de la
artrosis.
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4. Osteoporosis. Se ha postulado que una masa ósea reducida,
como sucede en la osteoporosis, puede mejorar la capacidad ósea
de absorción de los traumatismos del hueso, y proteger así el car-
tílago articular. En este sentido, no es frecuente que la artrosis y la
osteoporosis estén presentes en el mismo paciente. Inversamente,
un aumento de la dureza y densidad del hueso puede predisponer
a la artrosis.
5. Género. La relación del género con la artrosis es clara después
de la segunda mitad de la vida adulta, aunque se desconoce la ex-
plicación de esta diferencia. Hasta los 45 años, la artrosis de rodi-
lla es rara y algo más frecuente en los hombres. Entre los 45 y los
55 años, la frecuencia es similar en ambos sexos pero, a partir de
esa edad, la enfermedad afecta de modo significativo a las mujeres.
No sólo su incidencia es mayor en la población femenina, sino
que también es más severa y afecta a un mayor número de articu-
laciones.
6. Edad. La edad es uno de los factores de riesgo que esta más
estrechamente relacionado con la artrosis. Por este motivo la artro-
sis es considerada una enfermedad asociada al envejecimiento del
aparato locomotor. El mecanismo que provoca la asociación entre
el envejecimiento y la artrosis es poco conocido. Entre las posibles
causas se incluyen cambios anatómicos de las articulaciones y al-
teraciones biomecánicas o bioquímicas en el cartílago articular, que
comprometen las propiedades mecánicas del cartílago.
7. Menopausia. La frecuencia de la artrosis en la mujer experi-
menta un brusco aumento con la pérdida de las hormonas sexua-
les (menopausia). Sin embargo, no se ha podido demostrar que el
uso de estrógenos tenga un papel protector en la artrosis de rodi-
lla en la mujer.
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8. Raza. Existen diferencias raciales en la frecuencia de la ar-
trosis de cadera (los asiáticos tienen menos artrosis que la raza blan-
ca), pero en otras artrosis, como la de rodilla, los resultados son
similares en las diferentes etnias.
9. Genéticos. Actualmente se cree que la artrosis tiene un fuer-
te componente genético. Sin embargo, todavía se desconoce la na-
turaleza exacta de esta influencia genética. Parece ser que existen
varios genes, a los que se les atribuye entre el 50 y el 60 % del riesgo
de padecer la enfermedad.
10. Alimentación. La asociación entre artrosis y alimentación es
un tema controvertido, aunque su relación está clara en la medida
en que un exceso de alimentación también se asocia con obesidad.
Sin embargo, en este apartado nos referiremos a la alimentación
desde un punto de vista cualitativo. Por ejemplo, la vitamina C es
un potente antioxidante y tiene efectos beneficiosos sobre el car-
tílago, por lo que puede tener efectos también beneficiosos sobre
la artrosis. La vitamina D, además del efecto favorecedor en la
osteoporosis, también puede frenar la progresión de la artrosis.
11. Alteraciones de la alineación de los ejes. Los trastornos de la
alineación que pueda presentar una articulación afectan a la distri-
bución de las cargas que actúan sobre ella y pueden, por lo tanto,
influir en la aparición de la artrosis. El ejemplo más claro se pre-
senta en la rodilla, donde las deformidades tipo genu varum (pier-
nas en arco) son un claro factor de riesgo para padecer la artrosis
de esta articulación.
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PARA RECORDAR…
TABLA 1: Factores de riesgo asociados con presencia de artrosis de rodilla
1. Factores no modificables
a. Genéticos
b. Sexo
c. Edad
2. Factores modificables
a. Obesidad
b. Ocupación y actividad laboral
c. Práctica de deporte profesional
d. Alteraciones de la alineación (genu varum, valgum)
e. Traumatismos previos sobre rodilla
f. Fuerza del cuadríceps
g. Osteoporosis (densidad mineral ósea)
h. Menopausia
• La aparición de la artrosis se incrementa con la edad, y
es más frecuente y más grave en el sexo femenino.
• Está ampliamente demostrada la relación entre la obe-
sidad y la artrosis de rodilla, de cadera y de manos.
• El uso repetitivo y la sobrecarga mecánica a la que se
someten algunas articulaciones en determinadas pro-
fesiones predispone a la aparición de la artrosis.
• La actividad física moderada —no profesional— no es
un factor de riesgo asociado a la artrosis, e incluso pue-
de prevenir su aparición y retrasar su progresión.
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LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Por qué tengo yo artrosis?
La artrosis puede ser iniciada por múl-
tiples factores, conocidos como factores
de riesgo responsables del padecimiento de
esta enfermedad, entre los que se incluyen
factores genéticos, ambientales, metabólicos
y traumáticos. De todos estos factores la
obesidad, la edad y los antecedentes de
traumatismos sobre la articulación son los
que más claramente incrementan el riesgo
de padecer artrosis.
¿Es el deporte que hago el que me produce artrosis?
No es una cuestión sencilla de responder. Desde luego, hacer
deporte es muy beneficioso, en general, para todo nuestro organis-
mo. Sin embargo, el deporte profesional condiciona una actividad
excesiva, con golpes y traumatismos sobre las articulaciones, que
favorecen la aparición de artrosis. Determinados deportes, como el
fútbol o el rugby, tienen mucho más riesgo que otros, como la vela
o la natación. También influye el nivel al que se practique; en el
deporte aficionado, los riesgos son mucho menores. Por otra par-
te, si la persona presenta ya algún factor de riesgo previo, como
anormalidades o lesiones en las articulaciones, la aparición de ar-
trosis en ellas, es mucho más probable.
Los consejos para aquellos, que padeciendo la enfermedad,
quieran realizar algún tipo de deporte, serían:
• Mantener una actividad física regular (incluyendo deportes
no traumáticos) es incluso aconsejable en pacientes que ya
tienen artrosis.
Dr. F. J. Blanco-García
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• La natación, el ciclismo o el jogging (bien calzado y sobre
terreno blando) son los deportes más recomendados para
los pacientes con artrosis.
• El deporte que agrave el dolor articular debe suprimirse.
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3
¿QUÉ SÍNTOMAS PRODUCE Y DÓNDE PUE-
DE APARECER LA ARTROSIS?
DR. SANTIAGO MUÑOZ FERNÁNDEZ
Hospital Universitario La Paz. Madrid
Síntomas generales de la artrosis
E
l síntoma que motiva la consulta médica es el dolor. Éste suele ser
de tipo «mecánico», el cual se caracteriza porque empeora al
mover o sobrecargar la articulación afectada y mejora con el reposo.
En fases más avanzadas de la enfermedad el dolor puede hacerse más
rebelde y continuo, necesitando para su alivio de un tratamiento
analgésico estable, no «a demanda». En algunos pacientes con artro-
sis, el dolor se incrementa cuando cambia el tiempo; los cambios en
la presión atmosférica podrían ser detectados por los receptores de
presión de la articulación enferma y originar dolor. Se ha discutido,
y se sigue discutiendo mucho hoy día, sobre cuál es la fuente del
dolor articular en la artrosis, ya que el cartílago articular, que es el
órgano que primero enferma en la artrosis, no tiene nervios en su
interior.
El dolor se acompaña con frecuencia de rigidez, que es la sen-
sación de «entumecimiento» que aparece en las articulaciones al
empezar a moverlas tras un período de reposo, y que mejora con
la actividad. De manera característica, la rigidez matutina (al des-
pertar) que se asocia a la artrosis suele durar menos de media hora.
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La rigidez articular también aparece en la artritis, pero ésta es
mucho más prolongada y puede durar varias horas.
De forma paulatina, dependiendo de determinados factores
predisponentes, aparecen la limitación o incapacidad funcional de-
terminada por una pérdida de la movilidad, la atrofia muscular,
derivada del desuso, y la deformidad debida al engrosamiento de las
partes óseas de la articulación.
Otro de los síntomas frecuentes y característicos son la infla-
mación de la articulación afectada, que suele cursar de forma inter-
mitente (brotes) y los crujidos al mover la articulación.
Localizaciones de la artrosis
La artrosis puede afectar prácticamente a cualquier articulación del
ser humano, pero las localizaciones más frecuentes de esta enferme-
dad son las manos, la columna,
las rodillas, el primer dedo de los
pies y las caderas (figura 1). En
otras articulaciones es más rara y
debe obligar al médico a descar-
tar alguna enfermedad primaria
que la motive, puesto que la ar-
trosis puede ser una manifesta-
ción secundaria de otra enfer-
medad.
Fig. 1. Localizaciones más frecuen-
tes de la artrosis.
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Artrosis de las manos
Las manos son la localización más frecuente de la artrosis. Dentro de
ellas, afecta preferentemente a las articulaciones interfalángicas dis-
tales, la base del pulgar (artrosis trapeciometacarpiana denominada
también rizartrosis) y a las interfalángicas proximales (figura 2). Afec-
ta cuatro veces más a mujeres que a hombres y tiene un marcado
carácter hereditario, por lo que suele aparecer a edad temprana,
incluso antes de los 40 años.
La artrosis de interfalángicas distales y proximales suele produ-
cir dolor, inflamación y rigidez al principio de la enfermedad. En
un tiempo variable, de unos meses a varios años, el crecimiento
óseo provoca las deformidades nodulares características denomi-
nadas nódulos de Heberden, cuando afectan a las distales, y de
Fig. 2. Distribución de la artrosis en las manos.
Interfalángicas Distales
Interfalángicas Proximales
Metacarpofalángicas
Trapeciometacarpiana
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Bouchard, cuando afectan a las proximales. En este punto, el do-
lor a menudo desaparece. Estas deformidades es raro que conlleven
una pérdida funcional significativa, aunque haya ciertos movimien-
tos «finos» que no puedan realizarse normalmente.
La rizartrosis o artrosis trapeciometacarpiana o de la base del
pulgar afecta al movimiento de pinza, y el dolor que produce sue-
le ser más persistente que el de las interfalángicas.
Artrosis de rodilla
De las articulaciones periféricas, la rodilla es la segunda localización
más frecuente de la artrosis. Predomina en las mujeres, suele ser
bilateral y está claramente relacionada con el sobrepeso y la obesi-
dad. Al ser la rodilla una articulación básica en el soporte del peso
corporal, su afectación progresiva condiciona la autonomía y la
movilidad del paciente.
El dolor suele aparecer al caminar, subir o bajar escaleras o al
agacharse. Cuando existe inflamación, el exceso de líquido arti-
cular puede desplazarse a la zona posterior de la rodilla (hueco po-
plíteo, comúnmente denominado «corva» por los pacientes) for-
mando lo que se denomina un «quiste de Baker». Si este quiste es
suficientemente grande, la tensión puede hacer que se rompa des-
plazándose el líquido hacia abajo, a lo largo de la pierna, pro-
duciendo un edema. En ocasiones, esto provoca un brusco dolor
que, con el edema, puede ser confundido con una trombosis ve-
nosa.
Las deformidades que provoca la artrosis en las rodillas pueden
dar lugar a un genu varo (rodillas en paréntesis) o genu valgo (ro-
dillas en X) (figura 3). Se puede producir también una pérdida
de la extensión completa de la rodilla así como la imposibilidad de
flexionarla adecuadamente. En ocasiones, la presencia de fragmen-
– 31 –
Fig. 3.
tos óseos (cuerpos libres intraarticulares) produce el bloqueo de la
rodilla por lo que el paciente, súbitamente, nota la imposibilidad
de flexionarla o extenderla durante unos minutos.
Artrosis de cadera
Al tratarse de otra articulación de carga fundamental, su afección
también condiciona la vida del paciente. Se relaciona claramente
con factores profesionales, como el trabajo agrícola o ganadero.
También aparece con frecuencia de forma secundaria a otras enfer-
medades, a veces congénitas, como la displasia de cadera.
El dolor aparece en la zona inguinal o en los glúteos, y se puede
irradiar por el muslo hasta la rodilla. Con frecuencia se confunde
con una lumbalgia y sólo la exploración detallada del paciente por
el médico ayudará a establecer el diagnóstico y a evitar pruebas
inútiles. El dolor y la pérdida de la movilidad de la cadera produ-
cen incapacidad funcional, de manera que los enfermos suelen te-
ner dificultades para ponerse los calcetines, las medias o atarse los
cordones de los zapatos.
Genu valgo Genu varo
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Artrosis de los pies
Aunque la artrosis puede afectar a cualquier articulación de los pies,
la más característica es la afectación de la primera metatarsofalán-
gica (base del dedo gordo). El sobrepeso o el uso de zapatos de
tacón alto son factores predisponentes. La artrosis de esta articu-
lación puede producir la desviación de la misma hacia la parte
interna del pie (hallux valgus o «juanete») que, a su vez, provoca en
el segundo dedo una deformidad «en martillo» la cual, al rozar
en su cara superior con el zapato, derivará en una callosidad.
En el dedo gordo, la artrosis puede producir asimismo un ha-
llux rigidus que se caracteriza por la pérdida de movilidad de la ar-
ticulación, trastornos de la estática del pie y aparición de callosi-
dades y dolor por sobrecarga en otros dedos.
Artrosis en otras localizaciones
A pesar de que la artrosis puede afectar a cualquier articulación
periférica, su aparición en otras localizaciones de las anteriormen-
te señaladas es más rara y obliga a descartar enfermedades prima-
rias asociadas a ella. Algunas actividades laborales condicionan la
aparición de artrosis en ciertas articulaciones. Por ejemplo, los tra-
bajos manuales pesados se relacionan con la artrosis de hombro y
codo (mineros, carpinteros, descargadores, limpiadores, etc.). Las
fracturas previas, si han causado un mal alineamiento óseo con de-
formidad, pueden condicionar la aparición de artrosis de la articu-
lación vecina. Esto puede ocurrir en el tobillo con las fracturas de
tibia, por ejemplo. También determinadas enfermedades de tipo
metabólico, como la condrocalcinosis o la hemocromatosis, pue-
den producir degeneración articular.
– 33 –
Artrosis de la columna vertebral
La artrosis afecta con frecuencia a distintas estructuras de la colum-
na vertebral. Como en otras localizaciones, los cambios radiológi-
cos incipientes de la enfermedad pueden detectarse incluso antes
de los 40 años y, a menudo, puede que no produzcan ningún sín-
toma. Otras veces mínimos cambios degenerativos ocasionan inten-
sos síntomas, dependiendo del compromiso de estructuras que se
produzca.
La afectación es más frecuente en las zonas de mayor movili-
dad de la columna: zonas medias y bajas de la columna cervical,
zonas medias de la columna dorsal y últimas vértebras lumbares.
Los síntomas son los comunes, ya descritos. Además, la artrosis de
la columna es responsable de frecuentes contracturas de los múscu-
los adyacentes a las vértebras, por lo que el enfermo nota exacer-
baciones de intenso dolor y sensación de presión en el grupo mus-
cular afectado.
Las deformidades producidas por la artrosis de columna pue-
den producir la compresión de las raíces nerviosas que salen de la
médula hacia los miembros, a través de agujeros situados en las
vértebras, produciendo una ciática (en la columna lumbar) o una
neuralgia cervicobraquial (en la columna cervical). Éstas causan
dolor intenso y quemante, con hormigueos o calambres en los
miembros y que, en fases muy avanzadas, puede comprometer
funciones neurológicas como la fuerza y los reflejos. La artrosis
también puede comprimir la médula espinal, alteración grave que
exige una descompresión quirúrgica.
Con frecuencia, síntomas comunes como el mareo y el vérti-
go son atribuidos, por médicos no experimentados en reumatolo-
gía, a la artrosis cervical. Sin embargo, desde un punto de vista
riguroso, es bastante raro que la artrosis cervical pueda producir
estos síntomas.
– 34 –
PARA RECORDAR…
• El síntoma que motiva la consulta médica en la artro-
sis es el dolor de tipo «mecánico».
• Las localizaciones más frecuentes de esta enfermedad
son las manos, la columna, las rodillas, el primer dedo
de los pies y las caderas.
• La artrosis de rodilla y cadera pueden condicionar una
pérdida importante de la movilidad y de la autonomía
de los pacientes.
• Contrariamente a lo que se piensa, el mareo no es un
síntoma frecuente de la artrosis cervical.
– 35 –
LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Por qué me comenzó la artrosis
después de la menopausia?
Dada la conocida relación de la artro-
sis con el sexo femenino se ha investigado
mucho la posible influencia de las hormo-
nas sexuales y las enfermedades ginecológi-
cas en la aparición de esta enfermedad. Sin
embargo, nunca se ha podido confirmar fe-
hacientemente esta relación. Ni la meno-
pausia incrementa el riesgo de artrosis, ni la
terapia hormonal sustitutiva (estrógenos
con o sin progesterona) parece proteger de
ella. Como se ha comentado en el texto, los
síntomas de la artrosis pueden aparecer alrededor de la cuarta o
quinta década de la vida, incluso antes. Por otro lado, el trastorno
hormonal repentino que se produce en la menopausia en estas
mismas edades cursa con una sintomatología, a menudo muy pro-
fusa, entre la que se incluyen los sofocos, sudores y dolores de ori-
gen muscular. Si estos síntomas son severos y persiste el dolor, el
estudio del mismo para descartar otros procesos hará que con fre-
cuencia se encuentren signos radiológicos degenerativos en las ar-
ticulaciones estudiadas, ya presentes anteriormente y que no pro-
ducían aún síntomas. Por lo tanto, la aparición de dolor muscular
en la menopausia es un síntoma frecuente de ésta y que no tiene,
en muchos casos, relación con la artrosis.
¿Puedo tener artrosis y osteoporosis al mismo tiempo?
Al ser ambas dos enfermedades frecuentes, sí pueden coincidir.
No obstante, hay tipos de artrosis (rodilla, cadera) que se asocian
a factores de riesgo, como la obesidad, la cual es un factor que fa-
Dr. Santiago Muñoz
– 36 –
vorece el incremento de masa ósea, proceso contrario al que ocu-
rre en la osteoporosis. Por lo tanto, en dichas articulaciones, artrosis
y osteoporosis no suelen aparecer juntas.
¿La artrosis es una enfermedad de viejos?
Aunque la degeneración del cartílago articular se relaciona con
la edad y, en muchos casos, se considera un evento inevitable en el
transcurso de la vida del ser humano, a lo largo del texto se ha
hecho énfasis en una idea: la artrosis puede aparecer también en
gente joven. Por ejemplo, la artrosis de manos, con marcado carác-
ter hereditario, suele dar síntomas antes de los 50 años. En el es-
tudio epidemiológico realizado en España en el año 2000 por la
Sociedad Española de Reumatología —estudio EPISER (tabla 1)—
en el que se analizó, entre otras patologías, la frecuencia de la
artrosis sintomática de rodilla y de manos, podemos observar cla-
ramente que la artrosis no es una enfermedad exclusivamente de
viejos (Figura 4).
TABLA 1: Frecuencia de aparición de la artrosis sintomática de rodilla y de
manos en la población adulta española encontrada en el estudio EPISER,
realizado por la Sociedad Española de Reumatología en el año 2000
Edad Artrosis de rodilla Artrosis de manos
20-29 0,4 % —
30-39 0,7 % —
40-49 3,5 % 1,1 %
50-59 9,8 % 6,7 %
60-69 28,1 % 15,3 %
70-79 33,7 % 23,9 %
>80 21,3 % 17,3 %
GENERAL 10,2 % 6,2 %
– 37 –
Fig. 4. La artrosis aumenta con la edad, pero también existe en personas
jóvenes.
– 38 –
– 39 –
4
¿CÓMO SE PUEDE DIAGNOSTICAR
LA ARTROSIS? ¿CUÁL ES SU PRONÓSTICO?
DR. JESÚS TORNERO MOLINA
Presidente de la Sociedad Española de Reumatología. Jefe de Sección
de Reumatología. Hospital General Universitario de Guadalajara. Profesor
Asociado. Departamento de Medicina. Universidad de Alcalá
E
l diagnóstico de una enfermedad es un proceso intelectual en
el cual el médico, a partir de los síntomas referidos por su pa-
ciente y de los hallazgos que obtiene de la exploración física, cla-
sifica la dolencia que aqueja al sujeto enfermo al que está atendien-
do, conforme a unos cánones de uso universal establecidos por la
ciencia médica. Es éste, pues, un proceso que básicamente depen-
de del paciente y de su médico, especialmente (como sucede en la
mayoría de las enfermedades reumáticas) cuando la base que sus-
tenta el diagnóstico es la clínica, es decir, el conjunto de impresio-
nes y riqueza de mensajes y comunicación que se obtienen y recu-
peran de la vecindad, cercanía y confianza de una relación. Resulta,
por lo tanto, de notable interés para el lector, ya conocedor por ca-
pítulos previos de este libro de otros aspectos de la artrosis, el po-
der adentrarse en el complejo entramado de elucubraciones, filtros
y complementos utilizados por los médicos reumatólogos para con-
firmar y afianzar el diagnóstico de esta enfermedad (tabla 1).
– 40 –
El diagnóstico de la artrosis se debe basar en una correcta his-
toria clínica la cual, a su vez, consiste en un interrogatorio (llama-
do comúnmente anamnesis) y una exploración.
El profesional médico avezado y entrenado, a través de una
anamnesis bien organizada y dirigida, buscará obtener del relato del
TABLA 1. Orientaciones diagnósticas en la artrosis
* Articulaciones que habitualmente se afectan:
— Columna vertebral.
— Manos: articulación de la raíz del pulgar, articulaciones
entre falanges de los dedos.
— Cadera.
— Rodilla.
— Pie: articulación entre el primer metatarsiano y la falan-
ge (dedo gordo del pie).
* Síntomas del paciente:
— Dolor articular: mecánico.
— Rigidez articular local.
— Incapacidad funcional.
* Hallazgos del médico:
— Crepitación.
— Agrandamiento articular.
— Limitación de la movilidad articular.
— Alteraciones en la alineación de los huesos (rodilla, de-
dos de manos).
— Exclusión de lesiones en partes blandas y en el hueso.
* Estudio radiológico por radiografía simple:
— El espacio articular se estrecha: los huesos se aproximan
entre sí en la articulación.
— El hueso que está articulándose se vuelve más compacto
(eburnización).
— El hueso que se está articulando crece hacia fuera y en
sentido marginal (osteofito).
– 41 –
paciente todos aquellos datos que le ayuden a la clasificación de la
enfermedad, incluyendo en primer lugar: 1) la edad: la artrosis es
una afección propia de las edades medias o tardías de la vida; 2) la
profesión: determinadas ocupaciones laborales (con exigencias me-
cánicas altas para el aparato locomotor) predisponen al padecimien-
to de artrosis, incluyendo las tareas agrícolas, el uso de martillos
neumáticos, la insuficiente o mala mecanización del trabajo; 3) los
antecedentes personales: el haber sufrido en la infancia, adolescencia
o juventud, grandes traumatismos y fracturas, o determinadas en-
fermedades articulares (displasias epifisarias, enfermedad de Perthes,
artritis infecciosas, metabólicas o por cristales) puede explicar la
aparición de la enfermedad, incluso en edades atípicas, por tempra-
nas; 4) los antecedentes familiares: algunas formas o localizaciones de
artrosis, especialmente la artrosis nodular de las manos, presentan
un elevado grado de influencia genética, con mayor incidencia en
las mujeres.
Una vez completado el paso anterior, que consideramos como
primero e inicial en la búsqueda del diagnóstico, su médico le pre-
guntará directamente por sus síntomas. Usted, enfermo con artro-
sis, comunicará probablemente a su médico los siguientes síntomas,
que también puede ver más desarrollados en el capítulo 3:
1) Dolor articular: el dolor es una experiencia subjetiva (na-
die, salvo nosotros mismos sabemos de su cualidad e inten-
sidad) debida a un daño corporal en la articulación de-
generada y enferma. El dolor de esta enfermedad suele
aparecer cuando se exige un esfuerzo mecánico a la articu-
lación en la que se asienta (por ejemplo, estar de pie o an-
dar cuando se trata de la rodilla, la cadera o la columna
lumbar), pero que mejora con el reposo. Este dolor que los
médicos llamamos mecánico es típico de la artrosis y per-
mite diferenciarla de las artritis, en las que hay dolor con
– 42 –
el movimiento, pero también e incluso mayor con el des-
canso.
2) Rigidez articular: en la artrosis, la articulación o articulacio-
nes enfermas se vuelven rígidas, pierden elasticidad y se
adaptan mal al movimiento tras un período de descanso.
3) Incapacidad funcional: el enfermo con artrosis puede refe-
rir pérdida de capacidad para realizar actividades laborales,
de ocio o de cuidado personal, cuando en las mismas se
ejerza una solicitud o demanda de la articulación enferma.
Con el paso anterior, su médico dispondrá ya de datos sobre-
salientes que le están orientando. La fase siguiente del proceso
médico es la exploración física. ¿Qué es lo que buscamos en su or-
ganismo que nos permita dirigir nuestra pericia profesional enca-
minada al diagnóstico? Fundamentalmente, los siguientes datos:
1) La presencia de obesidad: existe una amplia evidencia en la
literatura médica, trasfondo generalmente del sentido co-
mún, de la asociación entre el excesivo peso corporal y la
artrosis de rodillas.
2) La aparición de crepitación (sensación similar al roce de dos
hojas de cuero seco y curtido) o la presencia de crujidos en los
movimientos reproducidos por un médico sobre una articu-
lación.
3) El agrandamiento articular: en la artrosis pueden agrandar-
se las articulaciones por dos motivos: porque exista inflama-
ción y se acumule más líquido en ellas, o, sobre todo, por-
que crezca el hueso y aumente el perímetro articular. Esta
última situación es fácilmente visible en las articulaciones
de los dedos donde aparecen nodulaciones muy típicas que
se conocen con el nombre de nódulos de Bouchard (si
asientan en la articulación entre la primera y segunda falan-
– 43 –
ge) o nódulos de Heberden (si se observan en la unión entre
la segunda y tercera falange) (figura 1).
4) La limitación de los movimientos activos articulares, la defor-
midad de la articulación o la presencia de tumefacción, hin-
chazón o derrame. En algunas articulaciones, especialmente
en la rodilla, pueden aparecer por el daño del menisco,
episodios de bloqueos o fallos articulares.
5) Alteraciones en la alineación: la artrosis no suele alterar la
alineación articular, salvo en la rodilla donde puede ar-
quear las piernas (figura 2) y en las articulaciones de los
dedos, donde se pueden producir desviaciones de las úl-
timas falanges.
6) La localización de los signos (es decir, de los hallazgos que el
médico objetiva en su exploración) dentro de las articula-
ciones de nuestro cuerpo: la artrosis no suele afectar habi-
tualmente a las articulaciones del hombro, codos, muñecas
ni tobillos; encontrar artrosis en estas localizaciones hace
necesario descartar otras enfermedades reumatológicas.
Una vez obtenidos los datos del interrogatorio y del examen o
exploración física, los médicos estamos en condiciones de estable-
cer la sospecha diagnóstica. Este proceso es la esencia del quehacer
médico, por mucho que pueda resultar largo y, en cierta manera
«atípico», en un siglo tan tecnificado y maquinizado como el nues-
tro, en el que nos fiamos, a veces, más de los aparatos que de las
personas. Es importante, por ello, reconocer la importancia en la
inversión de tiempo y recursos en esta actividad médica, y ser cons-
cientes de que no existen aparatos que la sustituyan, para poder
comprender la complejidad de esta actividad en el ejercicio de la
medicina del aparato locomotor.
Finalizada la relación humana recurrimos, no obstante, a la téc-
nica. ¿Qué instrumentos nos proporciona para soportar el diagnós-
– 44 –
Fig. 1. Artrosis de las manos: se observa el agrandamiento con aspecto
nodular de las articulaciones de los dedos y la desviación en la alineación,
sobre todo en la última falange y en algunos dedos.
Fig. 2. Alteraciones en la alineación
de una articulación producida por la
artrosis: el paciente presenta una des-
viación hacia fuera de la rodilla («genu
valgo»).
– 45 –
tico? La radiología simple, en cualquier localización articular, ayu-
da sobremanera al diagnóstico: la presencia de signos radiológicos
de estrechamiento o disminución del espacio articular entre los
huesos (por desgaste del cartílago), el aumento de la densidad ósea
—que se llama esclerosis en el lenguaje médico— y, sobre todo, los
osteofitos (ganchos o picos de hueso que crecen en los bordes al
terminar el tejido óseo) suponen una ayuda definitiva (figura 3).
Los análisis habituales de sangre y orina aportan poco al diagnós-
tico. Sin embargo, dado que la artrosis es una enfermedad duradera
que necesita de un tratamiento sintomático con medicamentos que
pueden perjudicar a otros sistemas corporales, es aconsejable siempre
disponer de la certeza de que el enfermo con artrosis no padece ningu-
na enfermedad hepática o renal que contraindique el uso de esta me-
dicación. Por eso los médicos solicitamos este tipo de análisis.
Fig. 3. Radiografía de una artrosis de rodilla donde se pueden apreciar el
acercamiento de los huesos entre sí, la compactación ósea (que vuelve al
hueso más blanco) y el crecimiento del hueso, más allá de sus límites nor-
males.
– 46 –
Si se acumula líquido sinovial en las articulaciones de un pa-
ciente con artrosis se debe extraer para aliviar su dolor. Además se
puede analizar. Generalmente suele ser un líquido claro y transpa-
rente, de color amarillento, algo viscoso, con pocas células y sin
presencia de cristales (habituales en otras enfermedades, como la
gota) ni hallazgos de infección. Los líquidos articulares que presen-
tan estas características los llamamos líquidos mecánicos.
Finalmente, en ocasiones el proceso diagnóstico en la artrosis se
debe completar investigando, si los síntomas del paciente además de
atribuirse al desgaste articular pueden explicarse por otras dolencias
que, con frecuencia, se asocian a esta enfermedad. Aquí incluiríamos
las lesiones de las partes blandas del aparato locomotor (tendones, li-
gamentos y bolsas sinoviales) así como las del hueso.
Es importante volver a insistir en que el diagnóstico de la ar-
trosis se basa en el relato del paciente, en la investigación pericial
del médico y en unas pocas pruebas complementarias, que proba-
blemente podríamos reducir a la radiografía convencional de las
articulaciones. Los avances indudables de la técnica de diagnósti-
co por la imagen, a saber tomografía axial computerizada (TAC o
escáner en el lenguaje coloquial) y la resonancia nuclear magnéti-
ca, son muy útiles en determinadas circunstancias, no todas ni
mucho menos, de las que se presentan en la cotidianeidad de la
atención médica. Como siempre sucede, además, estas técnicas
deben estar indicadas siguiendo una sospecha clínica. Pedirlas sin
esta premisa puede ser contraproducente, como más adelante ve-
remos.
Usted, paciente con artrosis, ha sido correctamente diagnosti-
cado de la misma. Ahora necesita indudablemente conocer su pro-
nóstico. La artrosis no es una enfermedad que se pueda curar (la
verdad es que a día de hoy son pocas las enfermedades crónicas que
tengan curación). Pero, al igual que sucede con otras enfermeda-
des similares, la artrosis tiene numerosas alternativas terapéuticas
– 47 –
médicas, quirúrgicas y de terapia física que pueden servir para su
alivio y mejora del pronóstico. La ciencia médica ha proporciona-
do, aporta y seguirá sirviendo numerosos medicamentos que alivien
su dolor (cada vez con menos efectos secundarios), detengan o
enlentezcan la progresión de su enfermedad y, en el caso más avan-
zado, sustituyan su articulación enferma por un recambio artificial.
Son, además, numerosos los esfuerzos y proyectos de investigación
que intentan, desde la base de la medicina, resolver el problema de
salud que usted padece. Quisiéramos por ello, hacerle llegar desde
estas líneas un mensaje positivo, optimista y esperanzador. La ar-
trosis no acorta la esperanza de vida per se y, con la salvedad de la
limitación física que ocasiona, es fácil que usted pueda desarrollar
su vida intelectual y familiar con plenitud. En otros capítulos de
este libro encontrará información más detallada sobre el tratamien-
to de la artrosis.
PARA RECORDAR…
• El diagnóstico de artrosis se hace fundamentalmente
con el interrogatorio del paciente (anamnesis) y la ex-
ploración física.
• La radiología es muy útil en el diagnóstico, mientras
que los análisis no suelen aportar datos importantes.
• La artrosis no se puede curar pero existen alternativas
terapéuticas que permiten mantener la calidad de vida.
– 48 –
LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Me puedo quedar inválido por
la artrosis?
La Organización Mundial de la Salud
(OMS) ha establecido una secuencia de
acontecimientos que se inician en la enferme-
dad, y que a través del deterioro, la incapaci-
dad y la minusvalía explican el impacto de la
dolencia. El deterioro es la lesión orgánica
que tienen sus articulaciones con artrosis; la
incapacidad es la dificultad para realizar una
actividad concreta (como por ejemplo, cami-
nar) y la minusvalía es el menoscabo produ-
cido para realizar una tarea importante social
o profesional, como atender a su familia o acudir a su trabajo.
Es por ello que la respuesta a esta pregunta no es sencilla ni
fácil. El poder de la artrosis para originar una minusvalía depende
básicamente del proyecto vital de la persona que la padece; el im-
pacto objetivo y mensurable de la artrosis es posible de estimar con
diferentes instrumentos, su capacidad de respuesta al cambio tam-
bién, pero en definitiva nadie conoce mejor que el sujeto enfermo
de artrosis cuánto y cómo le afecta su enfermedad.
Los datos oficiales no son concluyentes. La mayor parte de los
estudios de discapacidad se han basado en calcular la repercusión
económica de la incapacidad laboral, pero en nuestro ámbito la
mayor parte de los casos de artrosis se dan en sujetos ancianos y
amas de casa, cuyo coste de discapacidad es muy difícil o imposi-
ble de cuantificar (es proyecto de nuestra Sociedad Española de
Reumatología estudiar este fenómeno).
En cuanto a la discapacidad laboral, en nuestro país las enfer-
medades reumáticas representan la tercera causa de incapacidad
Dr. Jesús Tornero
– 49 –
temporal (los procesos dolorosos de la columna vertebral y la ar-
trosis periférica y desarreglo interno de rodilla son causas impor-
tantes de la misma) y la primera de invalidez permanente (con la
artrosis como responsable de la mitad de estos procesos). Por ello
se hacen esfuerzos constantes dirigidos a las Autoridades Sanitarias
para hacerles llegar la importancia de este conocimiento. Dado que
los trabajadores con artrosis que tienen que abandonar el merca-
do laboral como consecuencia de esta enfermedad se encuentran en
la plenitud de su capacitación profesional resultaría lógico asumir
con interés el abordaje integral de este problema.
La capacidad de sustitución protésica articular en las articula-
ciones de carga, como son la cadera y la rodilla, ha reducido no-
tablemente (aunque no ha anulado) la posibilidad de que un en-
fermo con artrosis dependa de otras personas para la realización de
los actos cotidianos de la vida.
¿Por qué no me hace una resonancia o un escáner?
Estas dos técnicas complementarias de diagnóstico por imagen
son de gran precisión y utilidad en la medicina del aparato loco-
motor, pero se deben solicitar cuando existe una sospecha clínica
fundamentada. No son necesarias para el diagnóstico general de la
artrosis. Además, el pedirlas innecesariamente puede incluso ser
contraproducente e inducir a error, pues se sabe que hay muchas
personas que presentan, por ejemplo, anomalías asintomáticas en
los discos de la columna vertebral que no son el origen de las mo-
lestias de un paciente concreto. ¿Cuándo se deben, entonces, soli-
citar? En contadas ocasiones, como las siguientes:
a) Cuando aparezca, además del dolor de la artrosis en la co-
lumna vertebral, una irradiación del mismo, es decir que la
molestia descienda desde la columna por una extremidad
superior o inferior y llegue hasta la mano o el pie, con sen-
– 50 –
sación de hormigueo y a veces de falta de fuerza (en este
caso la resonancia o el escáner pueden confirmar la sospe-
cha de una hernia discal o de un crecimiento del hueso
vertebral que está comprimiendo una raíz nerviosa).
b) Cuando se sospeche que la artrosis de la columna vertebral
ha estrechado el canal que forman las vértebras y por don-
de descienden las estructuras nerviosas.
c) En los raros casos en que se piense que la artrosis de la co-
lumna vertebral pueda estar comprimiendo la médula espi-
nal en la región cervical o el final de la misma (lo que se
conoce como «cola de caballo») en la región lumbar.
d) Para estudiar meniscos y tendones internos de la rodilla.
e) Para estudiar los huesos que rodean la articulación, especial-
mente el fémur y la tibia en la rodilla, que pueden sufrir
zonas de falta de riego, como si fueran infartos, como com-
plicación de la artrosis.
Agradecimientos
A los doctores Atero Carrasco, Beltrán Fabregat y Mulet por sus
imágenes que ilustran el texto y corresponden al Banco de Imagen
de la Sociedad Española de Reumatología.
– 51 –
5
¿QUÉ IMPORTANCIA
SOCIOECONÓMICA TIENE LA ARTROSIS?
DR. ENRIQUE BATLLE-GUALDA
Médico adjunto. Sección de Reumatología. Hospital General Universitario de
Alicante. Profesor asociado. Facultad de Medicina. Universidad
Miguel Hernández. Alicante
L
a artrosis es una enfermedad con una gran repercusión so-
cioeconómica. Esto se debe a varios motivos, entre ellos que
es una de las enfermedades más frecuentes en la población gene-
ral, que se trata de un proceso crónico, que aumenta con la edad,
y que a menudo afecta a las rodillas y caderas, esenciales para rea-
lizar los movimientos de desplazamiento.
En todos los países de nuestro entorno, cuando se realizan es-
tudios sobre la salud de la población se observan de forma sistemá-
tica los mismos hallazgos: la artrosis siempre es la dolencia más
común en la población general, por encima de procesos tan fre-
cuentes como la hipertensión arterial, las enfermedades cardiovas-
culares, la bronquitis crónica o la diabetes. Alguien puede pensar
que la artrosis no es una enfermedad que amenace la vida ni cau-
se problemas graves como las enfermedades respiratorias o cardía-
cas. Cierto, pero produce dolor y discapacidad a un gran número
de personas lo que ocasiona un enorme coste social.
Las mejores condiciones de vida y el progreso en las ciencias de
la salud han producido un aumento notable de la esperanza de vida
– 52 –
en las sociedades occidentales, y actualmente no resulta raro sobre-
pasar los 80 años. En nuestro país entre un 15 y un 20 % de la
población general de más de 20 años tiene artrosis. La artrosis suele
aparecer a partir de los 40-50 años de edad. Aunque es poco fre-
cuente en las personas jóvenes, la artrosis aumenta rápidamente con
la edad, lo que significa que cuanto mayores sean las personas más
probabilidades existen de padecerla, de forma que llega a ser una
dolencia casi constante en el anciano de 80 años. Es bastante más
frecuente en las mujeres que en los varones; en algunos grupos de
edad, casi el doble. A partir de los 50 años una de cada cuatro
personas tiene artrosis, y a partir de los 70 una de cada dos. Los
datos de un estudio epidemiológico realizado por la Sociedad Es-
pañola de Reumatología (EPISER) muestran que, por encima de
los 65 años de edad, el 19 % de la población española tiene una
artrosis sintomática de manos y el 28% una artrosis sintomática de
rodilla, es decir, con dolor y en muchos casos también discapaci-
dad. Si tenemos en cuenta que en nuestro país en el año 2000 la
población de 65 o más años se calculaba en 6.700.000 personas,
se puede afirmar que actualmente 1.943.000 españoles padecen ar-
trosis sintomática de rodilla.
TABLA 1: Frecuencia absoluta y relativa de artrosis sintomática de rodilla en
la población adulta española por grupos de edad y sexo
Edad hombres Mujeres Total
20-29 — 2 (0,9 %) 2 (0,4 %)
30-39 2 (1,0 %) 1 (0,4 %) 3 (0,7 %)
40-49 4 (2,4 %) 9 (4,4 %) 13 (3,5 %)
50-59 8 (5,5 %) 24 (13,3 %) 32 (9,8 %)
60-69 27 (18,1 %) 61 (37,2 %) 88 (28,1 %)
70-79 13 (16,7 %) 56 (44,1 %) 69 (33,7 %)
80+ 4 (14,3 %) 12 (25,5%) 16 (21,3%)
Total* 5,7 % (3,9-7,5) 14,0 % (12,5-15,5) 10,2 %(8,5-11,9)
* En prevalencia estimada más intervalo de confianza del 95 % entre paréntesis.
– 53 –
Al pensar en el coste de una enfermedad, la primera mirada se
dirige inevitablemente al coste del tratamiento. Éste incluye no sólo
el gasto farmacéutico, sino todos los gastos derivados de su diag-
nóstico y seguimiento. Son los que se denominan costes directos. La
Sociedad Española de Reumatología (SER) y la Sociedad Españo-
la de Medicina Rural y Generalista (SEMERGEN) realizaron a
finales de 2003 el estudio ARTROCAD, con el objetivo de evaluar
la utilización de los recursos sanitarios y la repercusión socioeco-
nómica de la artrosis sintomática de rodilla y cadera en 1.071 en-
fermos, de más de 50 años, en el ámbito nacional. El 70% de los
enfermos del estudio ARTROCAD tomaba antiinflamatorios no
esteroideos y el 70% recurría a los analgésicos. En el mismo estu-
dio se vio que el 43% combinaba ambos tipos de fármacos al mis-
mo tiempo. El 61% tomaba, además, algún fármaco gastroprotec-
tor. Otros datos relevantes pueden ser que, en los últimos seis
meses, los enfermos con artrosis de rodilla o cadera habían realizado
una media de seis visitas al médico de cabecera, y la mitad había
consultado con algún otro especialista del sistema público. En ese
mismo período se les había realizado 596 análisis de sangre, 854
radiografías de rodilla y 387 de cadera en el seguimiento de su en-
fermedad. Además el 13 % de los enfermos precisaron de un ser-
vicio de urgencias y el 4% fueron hospitalizados por su artrosis. Ya
fuera del sistema público, esos mismos enfermos habían realizado
unas 2.600 visitas en los últimos seis meses a diferentes profesio-
nales, fundamentalmente relacionados con la fisioterapia y el ejer-
cicio. Con respecto a la cirugía, en España se colocan unas 30.000
prótesis al año, entre rodilla y cadera, y aunque no todas por ar-
trosis, sí suele ser ésta la indicación más frecuente. En el estudio
ARTROCAD llevaban una prótesis el 12% de los enfermos con ar-
trosis de rodilla y el 20 % de los enfermos con artrosis de cadera.
Los costes indirectos de una enfermedad son mucho más difíciles
de contabilizar; son aquellos que valoran la repercusión sobre la ac-
– 54 –
tividad laboral, las relaciones sociales o la necesidad de ayuda de
otras personas. Se estima que los costes indirectos de la artrosis son
de 2 a 5 veces mayores que los directos.
A pesar de ser más frecuente en las personas mayores, la artrosis
puede aparecer antes de la edad de jubilación y por tanto interfe-
rir con la actividad laboral de los pacientes. De hecho, la artrosis
es la causa más frecuente de incapacidad laboral. Este impacto será
mayor en aquellas ocupaciones que precisen permanecer de pie,
hacer movimientos de flexión o desplazamiento o realizar esfuer-
zos como en la agricultura, la albañilería, el transporte de mercan-
cías, el comercio, la hostelería, etc. En realidad sólo las ocupacio-
nes más sedentarias pueden ser bien toleradas por algunos enfermos
con artrosis avanzada. Por supuesto, esto no significa que cualquier
artrosis incapacite para la actividad laboral, pues una afección leve
puede ser perfectamente compatible con la misma, aquí estamos
haciendo referencia a los casos más avanzados. En este sentido, la
artrosis puede ser causa de baja laboral temporal, en especial du-
rante las épocas de mayor dolor, pero si la enfermedad avanza pue-
de obligarnos a cambiar nuestra actividad laboral por otra más
adecuada a nuestra situación o, en el peor de los casos, a abando-
nar la actividad laboral. Esto conlleva a que la artrosis cause enor-
mes costos en pérdidas de jornadas laborales, indemnizaciones y
pensiones por incapacidad. En el estudio ArtroCad, descrito más
arriba, se observó que la tercera parte de los enfermos laboralmente
activos estaban de baja en el momento de la entrevista, la mayoría
durante un mes y a causa de la artrosis; habiendo dejado de trabajar
un total de 4.377 jornadas en los últimos seis meses. Los restantes
enfermos, sin trabajo o jubilados, no pudieron hacer su actividad
principal durante 25.000 días en los últimos seis meses. En defi-
nitiva, este grupo de algo más de 1.000 enfermos, perdió alrede-
dor de 30.000 jornadas en seis meses, a causa de la artrosis, de las
183.000 que vivieron, lo que representan el 16 % de su vida.
– 55 –
Los enfermos con artrosis presentan otras limitaciones más di-
fíciles de valorar, en especial si se quieren cuantificar en euros, pero
que no son menos relevantes. Por ejemplo, en ARTROCAD, el
20 % de los enfermos con artrosis de rodilla o cadera no podía
andar más de 500 metros. Estas cifras ponen de manifiesto la no-
table discapacidad y pérdida de autonomía que puede suponer la
artrosis de rodillas y caderas. También estudiamos las condiciones
de la vivienda encontrándonos que el 25% de los enfermos vivían
en un tercer piso o más arriba, el 60% de las viviendas carecían de
ascensor y la mayoría no habían realizado ningún tipo de reforma
para adaptar su vivienda, como modificaciones en el cuarto de baño
o aseo, para mejorar su accesibilidad. El 18 % de los encuestados
vivían solos. Por otra parte, la mitad de los encuestados necesita-
ba algún tipo de ayuda para realizar las actividades cotidianas más
básicas, como limpiar la casa y cocinar; hacer las compras y los
recados; andar, pasear y salir a la calle; y, por último, vestirse y
– 56 –
asearse. En consonancia con lo anterior, algo más de la cuarta parte
precisaban de transporte para ir a su médico de cabecera, y uno de
cada cinco necesitaban que se les acompañase. Es evidente que gran
parte de estas actividades son cubiertas por otros miembros de la
familia lo que supone un coste adicional nada despreciable para
estas personas que va más allá de lo puramente económico en el
sentido de que, mientras atienden a su familiar, no pueden hacer
otras actividades.
En los párrafos anteriores hemos visto la importante repercu-
sión socioeconómica de la artrosis, en especial cuando ésta afecta
a las rodillas o las caderas. La gran relación que la artrosis tiene con
la edad y su baja mortalidad ha contribuido a que sea considera-
da como algo inevitable y propio de la vejez, con cierta tendencia
a caer en el olvido en cuanto a las prioridades en la distribución de
los recursos con fines sociales. Al lector quizá le venga a la mente
aquel famoso refrán: «Mal de muchos, consuelo de tontos». Sin
embargo, hemos visto las dificultades que tienen estos enfermos
– 57 –
para trabajar y vivir de forma autónoma, con el notable coste que
supone para la sociedad. Es responsabilidad de todos poner de
manifiesto esta situación y exigir una mayor atención de nuestros
políticos y gestores sanitarios y sociales hacia un problema tan re-
levante para la vida cotidiana de muchas personas.
PARA RECORDAR…
• La artrosis es la enfermedad más frecuente en la pobla-
ción general, y el número de personas con artrosis está
aumentando como consecuencia de la mayor esperan-
za de vida y el envejecimiento de la población.
• La artrosis afecta con frecuencia las rodillas y las cade-
ras limitando la capacidad para moverse, desplazarse y
por tanto la autonomía de los enfermos.
• La artrosis es una de las principales causas de discapa-
cidad y, en España, la primera causa de incapacidad la-
boral permanente.
• Los costes económicos de esta enfermedad, tanto direc-
tos (costes de tipo médico) como indirectos (costes de
tipo social), son muy importantes.
– 58 –
LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Puedo perder mi trabajo por cul-
pa de la artrosis?
La mayoría de los enfermos no perde-
rán su trabajo a causa de la artrosis. Antes
de los 65 años, la artrosis suele cursar con
síntomas compatibles con el desempeño de
la actividad laboral. Algunas personas con
síntomas más intensos pueden precisar de
algún tipo de adaptación del puesto laboral
o tratar de modificar su ocupación para rea-
lizar tareas más acordes con su capacidad funcional, por ejemplo
cambiar su puesto para evitar estar de pie, o no tener que hacer
flexiones de tronco o rodillas. Es evidente que esto depende de las
posibilidades del entorno laboral de cada paciente. Lamentablemen-
te, en un pequeño número de personas, la artrosis puede ocasionar
serios problemas para el adecuado desempeño de su actividad labo-
ral y tendrán que abandonar su trabajo. Se estima que algo menos
del 5% de los enfermos con artrosis perderán su trabajo por dicho
motivo. Esto es más frecuente en aquellas actividades que precisan
de esfuerzos físicos, donde a veces el mantenimiento de la actividad
puede, además, agravar el curso de la enfermedad. En el capítulo
sobre repercusión socioeconómica de la artrosis, encontrará el lector
mayor información sobre el impacto que la artrosis tiene en la acti-
vidad laboral. Como se describe en dicho capítulo, la artrosis es la
primera causa de incapacidad laboral permanente en nuestro país.
¿Tengo derecho a una minusvalía o a una incapacidad?
Cualquier persona con artrosis sintomática y limitación funcio-
nal tiene derecho a un reconocimiento de su discapacidad y pue-
Dr. E. Batlle-Gualda
– 59 –
de acceder a las ayudas económicas y sociales previstas para tales
casos. Existen dos formas diferentes de obtener este reconocimiento
oficial y que no son incompatibles. Ambas cuentan con una pre-
cisa legislación que las regula.
En España cualquier persona con alguna discapacidad o defi-
ciencia puede solicitar el certificado de minusvalía, documento que
acredita su grado de minusvalía. Normalmente se puede solicitar
a los Servicios Sociales Municipales; de todas formas el interesado
podrá obtener información de la Trabajadora Social del Centro de
Salud. Un Tribunal Médico evaluará cada caso, con una entrevis-
ta personal junto a la documentación aportada, y, tras la aplicación
de un baremo oficial muy detallado, emitirá el correspondiente
certificado de minusvalía con su clase y grado. El grado de minus-
valía se puede revisar. El certificado de minusvalía tiene diferentes
ventajas y aplicaciones como por ejemplo poder solicitar una pen-
sión no contributiva, desgravación fiscal, descuentos en transpor-
tes públicos u otros servicios, ventajas para las empresas que con-
tratan minusválidos, etc. Por tanto es conveniente ante cualquier
discapacidad, lesión, o deficiencia irreversible contar con él con
independencia de la edad y situación laboral.
La petición de una incapacidad hace referencia a la actividad la-
boral y, por tanto, en nuestro caso es aplicable a cualquier persona
con artrosis que tenga una discapacidad para realizar su actividad
laboral. En estas circunstancias sí podrá solicitar una incapacidad.
Normalmente ésta se cursará tras agotar el plazo de incapacidad
transitoria (período de baja laboral que finaliza tras 18 meses, si
bien en casos especiales se puede prorrogar hasta 30 meses). Se
solicita al Instituto de Seguridad Social a través de los denomina-
dos Equipos de Valoración de Incapacidades que, tras valorar cada
caso con una entrevista personal, y teniendo en cuenta la documen-
tación presentada, emitirán su dictamen sobre el derecho a la in-
capacidad permanente y el grado de la misma. El lector encontra-
– 60 –
rá información en la página web: www.seg-social.es. La legislación
actual admite varios tipos de incapacidad:
• INCAPACIDAD PERMANENTE PARCIAL para la profesión habitual
es aquella que, sin alcanzar el grado de total, ocasiona al tra-
bajador una disminución no inferior al 33 % en su rendi-
miento normal para dicha profesión, sin impedirle la reali-
zación de las tareas fundamentales de la misma.
• INCAPACIDAD PERMANENTE TOTAL para la profesión habitual es
la que inhabilita al trabajador para la realización de todas las
tareas o de las fundamentales de dicha profesión, siempre
que pueda dedicarse a otra distinta.
• INCAPACIDAD PERMANENTE ABSOLUTA para todo trabajo es la
que inhabilita por completo al trabajador para toda profe-
sión u oficio.
• GRAN INVALIDEZ es la situación del trabajador afecto de inca-
pacidad permanente y que, por consecuencia de pérdidas
anatómicas o funcionales, necesite la asistencia de otra per-
sona para los actos más esenciales de la vida, tales como
vestirse, desplazarse, comer o análogos.
Cada uno de estos grados en que se clasifica la incapacidad per-
manente dará derecho, en su caso, a la correspondiente prestación
económica por incapacidad permanente. El grado de incapacidad
también se puede revisar.
– 61 –
6
¿CÓMO PUEDO MEJORAR LA
ENFERMEDAD Y EVITAR QUE PROGRESE?
DR. PERE BENITO-RUIZ
Servicio de Reumatología del IMAS. Hospital del Mar y Hospital
de l’Esperança. UAB. Barcelona
C
omo en otras muchas enfermedades, y no solamente las del
aparato locomotor, el tratamiento actual de la artrosis está lejos
de poder ser considerado curativo. No obstante, cada vez es más evi-
dente que la intervención temprana y los tratamientos preventivos son
de capital importancia para la evolución posterior de la enfermedad.
La artrosis, una vez instaurada, afecta a los pacientes de formas
distintas, de tal manera que no hay un patrón general de evolución
para ninguna articulación. En algunas personas la enfermedad se
desarrolla más rápidamente o los síntomas son más graves que en
otras. Las lesiones que se producen en el cartílago no se regeneran,
pero la evolución (a lo largo de muchos años) no se produce de
forma continua sino intermitente, alternándose fases de progresión
con otras de remisión. La periodicidad de estas crisis es imprede-
cible. Por todos estos motivos, el tratamiento de la artrosis debe ser
individualizado y ajustarse a las articulaciones afectadas.
Mejorar una articulación artrósica implica realizar un correc-
to tratamiento. Éste se explicará más detenidamente en posterio-
res capítulos pero, como norma general, los objetivos del tratamien-
to de la artrosis son:
– 62 –
1) Controlar los síntomas, es decir, el dolor.
2) Mantener la función de la articulación.
3) Reducir al máximo su progresión.
De acuerdo con estos principios, el tratamiento de la artrosis
se puede clasificar en dos grandes grupos terapéuticos:
1) Tratamientos que reduzcan el dolor, principal síntoma de la
artrosis, y que puede ser realizado con medicamentos o sin
ellos. Este tratamiento dirigido únicamente a combatir los
síntomas, a pesar de lo que puedan creer algunos, es tam-
bién muy importante y de gran utilidad.
2) Tratamiento con fármacos que retrasan la progresión de la
enfermedad, y que son capaces de frenar la destrucción del
cartílago articular.
Con respecto al tratamiento de la enfermedad, siga las reco-
mendaciones de su médico, sin modificar la posología de los me-
dicamentos ni su duración. En general, estas terapéuticas necesitan
tiempo para actuar, y no es previsible obtener resultados de una
forma inmediata.
Por otro lado, existen una serie de normas generales, distintas
de los tratamientos específicos, cuya función es mejorar la enfer-
medad y evitar que progrese.
En primer lugar, debe conocer la naturaleza de la enfermedad
(es lo que se llama educación sanitaria) para evitar actitudes nega-
tivas. Debe saber que sólo excepcionalmente se puede llegar a in-
validar su articulación y que, aunque no existe un tratamiento
curativo, sí contamos con diferentes técnicas y fármacos capaces de
asegurarle una vida confortable.
La economía articular y la higiene de vida es otro aspecto tera-
péutico importante, que consiste en conocer cómo proteger las ar-
– 63 –
ticulaciones enfermas. Hay que evitar el transporte de cargas pesa-
das, no caminar por terrenos irregulares, y no estar de pie durante
mucho tiempo sin descansar. El empleo de calzado adecuado, y de
plantillas, puede ayudar a mitigar el dolor de las articulaciones
de las extremidades inferiores. El uso de bastón puede, asimismo,
ayudar a paliar el dolor y permitir al paciente una vida más acti-
va, reduciendo también el riesgo de caídas. En el caso de artrosis
de las manos es aconsejable la utilización de pequeños electrodo-
mésticos como batidoras, cuchillos eléctricos, etc., para sus activi-
dades diarias.
Conseguir que la enfermedad se estabilice y no progrese depen-
de, con frecuencia, de conocer y evitar determinados factores que
la empeoran, y que se denominan factores de riesgo de la artrosis. Al-
gunos de estos factores no se pueden modificar, como la edad, el
sexo, la raza o la genética. Han sido revisados y comentados en
– 64 –
el capítulo 2 y por ello, en estas líneas, vamos a detenernos única-
mente en aquellos sobre los que sí podemos actuar y modificar.
Entre estos factores de riesgo está la obesidad, importante so-
bre todo para la artrosis de rodilla (aunque también para la artro-
sis de cadera y manos), tanto en su aparición, como en su agrava-
miento. Se ha demostrado fehacientemente que la pérdida de peso
mejora la evolución de la artrosis, y en consecuencia, los pacientes
que presenten obesidad o sobrepeso deben adelgazar si desean
mejorar. Es importante en este sentido que los enfermos sepan
calcular su «índice de masa corporal» (véase el anexo).
El ejercicio activo, aeróbico, desempeña un importante papel en
la protección de la articulación porque incrementa la fuerza mus-
cular y mejora el flujo de sangre en la articulación, la nutrición del
cartílago y el arco móvil funcional. Por este motivo favorecer la
musculatura próxima a la articulación es beneficioso. Un error que
– 65 –
no se debe cometer es cesar toda actividad puesto que no sólo no
se mejora la artrosis, sino que se hace a la persona dependiente e
inválida. Esto no significa que haya que negar la enfermedad y
sobrecargar excesivamente las articulaciones sintomáticas, para in-
tentar «vencer al dolor». El dolor que aparece al realizar cualquier
actividad es una «señal de alarma» que nos manda nuestra articu-
lación enferma avisándonos de que las cosas no van del todo bien.
Debemos entonces, utilizando el sentido común, adaptar o facili-
tar la actividad, lo que puede significar por ejemplo, usar un tabu-
rete en vez de permanecer mucho tiempo en cuclillas, o emplear un
carrito de la compra en lugar de cargar con un número excesivo de
bolsas o paquetes. Con respecto a la actividad física deportiva, cual-
– 66 –
quier deporte que agrave los síntomas de la artrosis estará contra-
indicado. El ejercicio más recomendable para el paciente con artro-
sis es caminar, ir en bicicleta y hacer natación; por el contrario, se
deben evitar los deportes de impacto como el fútbol o el balonces-
to. La actividad laboral que requiere el trabajo continuado de algu-
na región anatómica durante largos períodos de tiempo ha sido
relacionada con la aparición de artrosis. Trabajos específicos se han
asociado con diversos tipos de artrosis: mineros con artrosis lum-
bar y de rodillas; manipuladores de martillos neumáticos con ar-
trosis de codo y muñeca; albañiles con artrosis del hombro y agri-
cultores con la de caderas.
El reposo también forma parte del cuidado de las articulaciones
enfermas. Ya hemos comentado lo importante que es evitar la so-
brecarga excesiva de las articulaciones dañadas, pero es que, además,
el reposo es un factor de primer orden en el control de los «brotes
inflamatorios» que tiene intermitentemente la enfermedad. Estos
brotes se caracterizan por un dolor intenso —que suele empeorar
por las noches— y por la hinchazón de la articulación. En estos
períodos, aparte de los medicamentos que le recomiende su médi-
co, es importante el reposo, al menos relativo, de la articulación.
En resumen, los pacientes artrósicos pueden gozar de una vida
activa y productiva si son capaces de: 1) reconocer las fases de ac-
tividad o agravamiento, 2) evitar los factores de riesgo modificables,
como es el sobrepeso, 3) lograr un estilo de vida saludable, es de-
cir, aprender a cuidarse y tener una actitud positiva, 4) participar
en programas de educación y apoyo, 5) aprender a economizar el
trabajo de sus articulaciones, es decir a mejorar su cuidado a tra-
vés del descanso y el ejercicio, y 6) seguir el programa farmacoló-
gico indicado por su reumatólogo.
– 67 –
PARA RECORDAR…
• No hay un patrón evolutivo igual para todas las artro-
sis. En algunas personas la enfermedad se desarrolla
más rápidamente o sus síntomas son más importantes
que en otras.
• Muy raramente se produce invalidez de una articula-
ción afectada por artrosis.
• Es importante aprender a economizar y proteger las ar-
ticulaciones enfermas.
• Se deben evitar los factores de riesgo modificables de
la enfermedad: la obesidad, la vida excesivamente se-
dentaria y la sobrecarga de las articulaciones.
– 68 –
LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Tengo que adelgazar o hacer al-
guna dieta especial?
La respuesta es sí. Ya hemos visto que la
obesidad es un factor predisponente para la
aparición y posterior progresión de la artro-
sis de rodilla. Una vez instaurada la artro-
sis, la progresión es más rápida en la perso-
na obesa y, si consigue adelgazar, además de
enlentecer la evolución, van a disminuir
también sus molestias. En la cadera y en las
manos, la obesidad y el sobrepeso también
parecen producir y agravar el proceso degenerativo. Es por ello que
el mantenimiento de un «índice de masa corporal» normal es fun-
damental en el tratamiento de cualquier artrosis.
Hasta la fecha no existen dietas especiales para el tratamiento
de esta enfermedad aparte de las hipocalóricas equilibradas. No
obstante, parece ser que los condrocitos (las células del cartílago)
producen diversos radicales de oxígeno que pudieran agravar la
dolencia. Por este motivo, se ha postulado que moléculas antioxi-
dantes como la vitamina C, la vitamina E y la vitamina D pudie-
ran ser beneficiosas en la artrosis. Mantener unos niveles norma-
les de ellas en nuestro organismo, sin ser un principio fundamental
de nuestro tratamiento dietético, sí que es necesario para comba-
tir esta y otras potenciales afecciones.
¿Cómo puedo combatir el dolor?
Existen tres principios fundamentales. Como en cualquier «bi-
sagra oxidada», es imprescindible: 1) evitar su sobrecarga, 2) «en-
grasarla», y 3) moverla. En el caso de las articulaciones artrósicas
(«oxidadas»), en las fases dolorosas, evitaremos su sobrecarga a tra-
Dr. Pere Benito-Ruiz
– 69 –
vés del reposo funcional, que no debe ser completo, sino únicamen-
te con el objetivo de «economizar» su uso. Podemos utilizar ayu-
das técnicas, como son los utensilios de los que ya hemos habla-
do, férulas de reposo para el mantenimiento de una postura fi-
siológica, pequeños electrodomésticos para la función de las manos
—batidoras, cuchillos eléctricos, etc.—, bastones, calzado adecuado
y plantillas en el caso de extremidades inferiores, así como la apli-
cación de calor y frío, en función de nuestra propia experiencia, y
que pueden ser útiles para aliviar el dolor ocasionado por la artro-
sis, en sus fases de mayor intensidad.
De forma paralela es necesario su «engrase», a través de la ad-
ministración de fármacos analgésicos y/o antiinflamatorios, en fun-
ción de los síntomas, en las fases de mayor actividad, así como el
mantenimiento del tratamiento «condroprotector» (el que evita la
progresión).
Finalmente, el mantenimiento de la función articular, de su
arco móvil, en función de las molestias percibidas, y de la tonici-
dad de los músculos que ayudan a funcionar a la articulación, es
también fundamental. En las fases muy agudas son necesarios los
ejercicios isométricos, es decir, mantener la contracción muscular
sin mover la articulación. Pero, a medida que ello sea posible, hay
que iniciar el ejercicio funcional activo para mantener el arco móvil
de la articulación. Como ya hemos dicho antes, hay que evitar dos
errores muy frecuentes que se suelen cometer, el primero mante-
ner un reposo absoluto de la articulación, y el segundo, sobrecar-
garla con la intención de «vencer al dolor».
– 70 –
– 71 –
7
¿QUÉ MEDICAMENTOS EXISTEN
PARA TRATAR LA ARTROSIS?
DR. GABRIEL HERRERO-BEAUMONT
Jefe del Servicio de Reumatología del Hospital la Concepción Madrid.
Profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid
Tratamiento de la artrosis
L
as investigaciones más recientes están modificando sustancial-
mente los conceptos que tenemos sobre la artrosis. Podríamos
resumirlas diciendo que, en contra de las suposiciones antiguas, la
artrosis no es una enfermedad terminal de la articulación en la que
poco puede hacerse ya, sino una enfermedad metabólicamente muy
activa. La consecuencia práctica es la posibilidad real de mejorar su
evolución con el tratamiento y debemos desterrar la fatalidad que
previamente proporcionaba su diagnóstico.
El tratamiento de la artrosis pretende alcanzar los siguientes ob-
jetivos: 1) educar al enfermo, 2) aliviar el dolor, 3) minimizar la in-
capacidad funcional y 4) prevenir o retrasar la progresión de las le-
siones de los tejidos que componen la articulación. Siempre ha de
diseñarse un plan de tratamiento individualizado para cada enfer-
mo donde se tengan en cuenta factores tan importantes como la
edad, la existencia de enfermedades asociadas y la presencia de
inflamación articular.
Los tratamientos actualmente disponibles incluyen una amplia
– 72 –
variedad de modalidades farmacológicas que repasaremos a conti-
nuación.
Medicamentos para el tratamiento de la artrosis
Analgésicos
Su empleo se basa en el hecho de que el alivio del dolor mejora la
función de la articulación. El paracetamol es el fármaco de elección.
Los efectos indeseables derivados del uso prolongado de paraceta-
mol son menos graves que los inducidos por los Anti Inflamatorios
No Esteroideos (AINE), aunque este medicamento puede dañar el
hígado; efecto que desaparece al suspenderlo.
La dosis diaria recomendada es de 1 a 4 gramos y se prescribe
según necesidades del enfermo o de forma regular, dependiendo de
la gravedad de los síntomas. El enfermo anciano, frecuentemente po-
limedicado, que cuenta con un mayor riesgo de padecer efectos se-
cundarios con los AINE, se beneficia especialmente del empleo de
este fármaco.
Antiinflamatorios no esteroideos (AINE)
Si con el paracetamol no se logran mejorar los síntomas de la en-
fermedad hay que recurrir al empleo de AINE. Los más emplea-
dos son el ibuprofeno, el naproxeno, la indometacina… Aunque la
artrosis es una enfermedad crónica, por tanto permanente, los
enfermos padecen períodos en los que los síntomas empeoran.
Durante estos episodios se aconseja, especialmente, el tratamiento
con AINE. Siempre ha de buscarse la mínima dosis efectiva con el
fin de reducir los efectos secundarios.
– 73 –
Las reacciones adversas de los AINE más importantes son las
gastrointestinales. En el organismo están presentes dos proteínas
muy similares pero de acción completamente diferente. Se llaman
COX-1 y COX-2. La COX-1 se encuentra en el estómago con la
función de protegerlo, mientras que la COX-2 actúa favoreciendo
el dolor y la inflamación. Los AINE suprimen la acción de ambas
proteínas por lo que, al tiempo que mejoran los síntomas, pueden
producir efectos adversos en el estómago. Las lesiones que los AINE
pueden producir en la mucosa del estómago oscilan desde el enro-
jecimiento de la misma hasta el desarrollo de úlceras y hemorragias
digestivas. Son más frecuentes en personas mayores de 65 años, con
historia previa de enfermedad de estómago, que reciben tratamien-
to concomitante con anticoagulantes o corticoides y que padecen
alguna enfermedad general grave. Afortunadamente, existen fárma-
cos que previenen de estas complicaciones. Así, la administración
concomitante de omeprazol evita la aparición de úlceras gástricas
y duodenales. Los AINE también pueden dañar el hígado, sobre
todo en enfermos de edad avanzada o tras la utilización de dosis
elevadas durante tiempo prolongado. En algunos enfermos se pro-
duce una dificultad en el control de la tensión arterial.
COXIB
Los COXIB son un grupo de antiinflamatorios que, de los dos ti-
pos de COX que mencionábamos más arriba, anulan solamente la
proteína inflamatoria COX-2, pero no interfieren con la COX-1
protectora del estómago. Por tanto, el estómago tolera mucho
mejor los COXIB que los AINE. De hecho no es preciso utilizar
protectores para evitar lesiones de estómago, algo que se hace ha-
bitualmente con los AINE. Pueden subir la tensión arterial en al-
gunos casos.
– 74 –
Los medicamentos que actúan de esta manera, comercializados
en nuestro país en el momento actual, son el celecoxib y el etori-
coxib. Rofecoxib ha sido retirado al incrementar la aparición de
efectos cardiovasculares indeseables.
Analgésicos opiáceos
Los opiáceos son medicamentos que calman el dolor actuando en
el Sistema Nervioso Central, es decir en el cerebro y en la médula
espinal.
A los enfermos que no mejoran con los AINE y el paracetamol
se les indica que tomen opiáceos menores como la codeína o el tra-
madol, en tratamiento único o en combinación con paracetamol o
AINE. Cuando los dolores no desaparecen con las anteriores medi-
caciones, y por tanto, la calidad de vida sufre una merma importante,
y en aquellos casos en los que están contraindicados los AINE, se
pueden emplear los opiáceos mayores como el fentanilo, la bupre-
norfina o la morfina. Los efectos indeseables más frecuentes son el
estreñimiento, las náuseas y los vómitos. Pueden producir, sobre todo
en personas de edad avanzada, desorientación y sedación.
En cualquier caso, nuestra meta debería ser que ningún enfer-
mo sufriera dolor gratuito, de manera innecesaria.
Geles y cremas
Múltiples antiinflamatorios se pueden administrar por vía cutánea
y ello, al tiempo que evita la aparición de úlceras gástricas, incre-
menta la rapidez de acción pues la absorción es más inmediata. La
eficacia, sin embargo, es menor.
En los últimos años hay un interés creciente en el empleo de
la capsaicina. Este fármaco inhibe la sustancia P, una sustancia
– 75 –
productora de dolor. Esta crema produce enrojecimiento y sensa-
ción de quemazón cutánea en el lugar de la aplicación, que mejo-
ra con el uso prolongado.
Infiltraciones intraarticulares
La artrosis, en determinadas fases, es susceptible de terapia local
mediante la administración intraarticular de diversos fármacos.
Con ello se concentra el efecto del fármaco en el lugar indicado,
obviándose así, en gran medida, los efectos indeseables que se pro-
ducirían si el mismo fármaco se hubiera administrado por vía
general (oral o inyectable). Las formulaciones retardadas o de de-
pósito de glucocorticoides constituyen la terapia de primera elec-
ción, pues al ser menos solubles, persisten más tiempo en la arti-
culación y, por tanto, consiguen un efecto más prolongado. La
– 76 –
principal indicación de las infiltraciones en la artrosis es la presencia
de inflamación articular y una escasa respuesta al tratamiento físi-
co y/o medicamentoso.
Las infiltraciones deben ser realizadas por personal entrenado
y requieren el empleo de material adecuado y máximas condicio-
nes de higiene. Es aconsejable espaciar la técnica en el tiempo, no
tratar más de tres articulaciones en el mismo acto y recomendar
reposo durante las siguientes 24 a 48 horas (figura 1).
Los efectos adversos son escasos, pero de significación clínica;
entre otros, y por su mayor importancia, la infección articular
(1 de cada 10.000 infiltraciones), la osteonecrosis, la atrofia de piel
y tejidos blandos. No obstante, ciertas cantidades del fármaco cor-
ticoideo que se infiltra en la articulación pueden pasar a la circula-
ción sanguínea y producir efectos indeseables, tales como hiperglu-
cemia o empeoramiento de una diabetes ya existente, o hipertensión
arterial, entre otros.
Ácido hialurónico
El ácido hialurónico es el compuesto natural que «engrasa» o lu-
brifica la articulación, permitiendo un movimiento sin roces de las
caras articulares. Con la inyección de ácido hialurónico exógeno en
el interior de la articulación aumentamos la viscosidad y la elasti-
cidad del líquido sinovial, y ello conduce a una respuesta analgé-
sica prolongada y, posiblemente, a una modificación favorable en
la evolución de la enfermedad.
En la actualidad existen seis preparados comerciales diferentes
de ácido hialurónico, en los que se tiene presente, esencialmente,
sus respectivos pesos moleculares. Algunos de ellos proceden de
cresta de gallo, hecho a tener en cuenta a la hora de ser empleados
en enfermos alérgicos al pollo o a los huevos.
– 77 –
La pauta habitual de administración es de una inyección sema-
nal durante tres semanas o cinco semanas, dependiendo del tipo de
ácido hialurónico comercial que se emplee. Recientemente se ha
comercializado un nuevo preparado de ácido hialurónico que, in-
yectándolo una vez, consigue los mismos efectos que los de inyec-
ción múltiple. Realmente se trata de un avance en el tratamiento
de esta enfermedad.
Fármacos antievolutivos
Éstos son fármacos que logran un máximo alivio sintomático con es-
casa toxicidad y que además son capaces de modificar favorablemen-
te la evolución de la artrosis, reduciendo la destrucción del cartílago.
Tienen un efecto similar al de los AINE y, si bien, comienzan a actuar
más lentamente que éstos, son capaces de mantener sus efectos durante
más tiempo, incluso una vez finalizado el tratamiento.
Sulfato de glucosamina
La glucosamina y sus derivados son los principales componentes de
los cartílagos de las articulaciones. El sulfato de glucosamina tiene
un doble efecto, por un lado es capaz de aliviar los síntomas, y por
otro, retrasar el daño articular, disminuyendo la pérdida de cartí-
lago de forma notable con respecto a lo observado en un grupo de
enfermos que no recibieron tratamiento. La mejoría de la función se
produce tras 2 o 3 semanas de tratamiento, acción que persiste de 2
a 6 meses después de cesar su administración (efecto remanente). Se
emplea a dosis de 1.500 mg/día y no produce efectos adversos.
– 78 –
Fig. 1. Infiltración articular
Sulfato de condroitina
Los preparados actuales de sulfato de condroitina se obtienen a partir
de cartílago de ganado bovino o de ternero y contienen principal-
mente una sustancia llamada condroitín sulfato. Comparte con el
sulfato de glucosamina una acción analgésica y antiinflamatoria, así
como la capacidad de modificar el metabolismo cartilaginoso. Se
emplea a dosis de 1.200 mg/día y no produce efectos adversos.
Diacereina
Es otro de los medicamentos antievolutivos para la artrosis. Tiene
el inconveniente de producir diarrea en algunos enfermos. Se puede
mejorar si se inicia el tratamiento de forma progresiva.
Como resumen podemos afirmar que si bien hace unos años
la artrosis era una enfermedad despreciada por la investigación, al
suponerla asociada al envejecimiento, hoy en día este concepto ha
cambiado por completo. La artrosis, en el momento actual, dispone
de nuevos tratamientos y de una sólida investigación. Podemos
terminar afirmando que la artrosis está empezando a tener remedio.
– 79 –
PARA RECORDAR…
• La artrosis no es una enfermedad terminal de la articula-
ción sino en permanente actividad metabólica y, por tan-
to, susceptible de ser modificada por los tratamientos.
• Si los analgésicos simples no controlan la enfermedad
se debe recurrir al uso de antiinflamatorios no esteroi-
deos, coxib o analgésicos opiáceos.
• La terapéutica intraarticular puede realizarse como in-
filtraciones de corticoides o de ácido hialurónico.
• Existen nuevos medicamentos, llamados antievolutivos,
que, además de mejorar el dolor, pueden evitar la pro-
gresión de la enfermedad.
– 80 –
LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Son malas las infiltraciones?
Las infiltraciones intraarticulares de cor-
ticoides constituyen una modalidad terapéu-
tica importante y necesaria en el tratamien-
to de la artrosis. La principal indicación para
su aplicación es la presencia de inflamación
articular evidente y una escasa respuesta al
tratamiento físico y/o medicamentoso. El
problema con las infiltraciones surge cuan-
do se abusa de ellas o están mal indicadas.
De alguna manera se ha construido una le-
yenda negra, completamente injustificada, sobre la relación entre la
eficacia de la infiltración y su seguridad, por la cual se atribuye un
exceso de riesgos en relación con la mejoría clínica que producen. De
ahí, que algunos médicos sean reticentes a su utilización.
No obstante, las infiltraciones pueden tener efectos locales ne-
gativos en la propia articulación. Entre otros la infección articular,
la osteonecrosis o la atrofia de piel y tejidos blandos. Para evitar en
lo posible estos efectos indeseables, como ya hemos comentado, las
infiltraciones deben ser realizadas por personal entrenado y con
las máximas condiciones de higiene. Por otro lado, ciertas cantida-
des del corticoide infiltrado pueden pasar a la circulación sanguí-
nea y producir elevación de la glucosa o empeoramiento de una
diabetes ya existente. Los enfermos diabéticos precisan de contro-
les de glucemia durante los días siguientes a la infiltración.
Las infiltraciones con ácido hialurónico generan menos
complicaciones que las de corticosteroides, pero se requiere
mayor destreza en la técnica de la propia infiltración, ya que es
imprescindible que todo el producto se introduzca en la articu-
lación. En ocasiones, los enfermos muestran dolor intenso por-
Dr. G. Herrero-Beaumont
– 81 –
que parte o la totalidad del fármaco se ha depositado en terri-
torio extraarticular.
¿Qué tengo que hacer cuando se me inflama la artrosis?
Aunque la artrosis es una enfermedad crónica, y por tanto perma-
nente, los enfermos padecen períodos en los que empeoran de los sín-
tomas. Es frecuente que la causa subyacente al brote de dolor sea un
proceso inflamatorio. Durante estos episodios se aconseja, en primer
lugar un aumento del tiempo de reposo de la articulación, y también
la prescripción de un tratamiento medicamentoso más potente, que
puede venir dado en la forma de terapia intraarticular o de fármacos
por vía sistémica, es decir por vía oral, rectal o inyectable.
El comenzar con una u otra alternativa depende de diferentes
factores que van desde la intensidad del brote y la gravedad de la
artrosis en sí misma, hasta las características de los tratamientos
concomitantes, que con frecuencia reciben este grupo de enfermos.
También es preciso considerar las características particulares de la
articulación en la que se ha producido la agudización de la enfer-
medad.
En los brotes inflamatorios de las articulaciones que llamamos
periféricas o de los miembros, está indicado el tratamiento con in-
filtraciones de corticosteroides. Es importante que los enfermos
sigan las recomendaciones en cuanto al tiempo de reposo (24-48
horas) que deben mantener tras la administración de la infiltración.
Tanto se practique o no la infiltración intraarticular, se aconseja
iniciar tratamiento con AINE o COXIB. En los enfermos que ya
tomaran esta medicación se debería incrementar la dosis hasta al-
canzar la máxima permitida para cada uno de ellos.
Aparte del tratamiento medicamentoso, y para optimizar su efi-
cacia, se pueden añadir las modalidades de tratamiento no farma-
cológico que se especifican en el capítulo correspondiente.
– 82 –
– 83 –
8
¿EXISTEN FORMAS
DE TRATAR LA ARTROSIS QUE NO SEAN
MEDICAMENTOS?
DR. F. JAVIER BALLINA GARCÍA
Servicio de Reumatología del Hospital Universitario Central de Asturias
L
a respuesta es sí; existen múltiples formas de tratar la artrosis,
sin necesidad de recurrir a los medicamentos. No obstante, lo
habitual es combinar los fármacos con los tratamientos de los que
hablaremos a continuación.
Los objetivos de los tratamientos no farmacológicos son los
mismos que los farmacológicos: aliviar el dolor, reducir la rigidez
articular, evitar la progresión del daño y aumentar la calidad de vida
de los pacientes.
En primer lugar, tenemos que conocer las medidas posturales
que, simplemente, son formas útiles de proteger las articulaciones.
Se debe dormir en cama plana, sentarse en sillas con respaldo rec-
to apoyando bien la espalda, evitar los sofás muy hundidos, y no
permanecer excesivo tiempo de pie sin tomarse algún descanso.
Si tiene usted obesidad o sobrepeso (ver cómo calcular el Ín-
dice de Masa Corporal) es importante conseguir una reducción del
peso corporal. La obesidad tiene una probada relación especialmente
con la artrosis de rodilla, pero no exclusivamente. Por tanto, adelgazar
no sólo es una buena forma de prevenir la aparición de la enferme-
dad, sino que también es capaz de mejorar el dolor y la capacidad
– 84 –
funcional en los pacientes que ya tienen la enfermedad. La mejor
forma de reducir peso es mediante una dieta hipocalórica adaptada
a sus necesidades. Consulte con su médico, qué tipo de dieta es la
adecuada para usted. Se ha comentado en determinados círculos
médicos que las vitaminas C y D, el aceite de pescado o ciertos ele-
mentos químicos como el cinc o el cobre, serían beneficiosos para la
artrosis, pero los datos actuales son aún insuficientes para afirmarlo.
El ejercicio es una forma de terapia extraordinariamente valio-
sa en el tratamiento de la enfermedad artrósica, pero debe ser con-
sultado con el médico ya que no son recomendables los ejercicios
extenuantes que pueden empeorar el dolor y hacer progresar la
enfermedad. El ejercicio moderado evita la atrofia de los músculos
que, a causa de la enfermedad, dejan de usarse normalmente y
permite mantener la movilidad de la articulación artrósica. Tam-
bién mejora el dolor e impide que gane peso a consecuencia del
sedentarismo que puede imponer la enfermedad.
De forma general, hay tres tipos distintos de ejercicio:
– Ejercicios que mejoran el movimiento articular: Mantienen la
flexibilidad y se realizan siguiendo todo el arco de movilidad
de la articulación.
– Ejercicios que refuerzan la musculatura: Los músculos protegen
y apoyan las articulaciones y es preciso evitar que se atrofien.
Cuando los músculos pierden su fuerza, las articulaciones se
vuelven inestables y es más difícil caminar o subir escaleras.
En los pacientes con artrosis de rodilla es especialmente im-
portante que se realicen diariamente los ejercicios de poten-
ciación del cuádriceps —el músculo que forma la cara ante-
rior del muslo— que se muestran en el anexo 2.
– Ejercicios aeróbicos: Significa que son ejercicios que aumen-
tan la frecuencia cardíaca y aceleran el metabolismo, con lo
que consumen calorías. Un buen ejercicio aeróbico, para los
– 85 –
pacientes con artrosis, es nadar o hacer bicicleta, aunque el
más empleado por los enfermos es caminar. Recuerde que
para caminar deben evitarse los terrenos irregulares y las
escaleras o pendientes. Siempre es necesario hacer un «calen-
tamiento» muscular previamente, y la pauta ideal es realizar
el ejercicio aeróbico durante unos 30 minutos, dos o tres
veces por semana. Consulte a su médico si padece hiperten-
sión arterial o problemas cardíacos.
Aunque pueda parecer contradictorio con lo anterior, también
el reposo tiene su sitio en el tratamiento de esta enfermedad. En ge-
neral, es positivo intercalar pequeños períodos de reposo durante
las fases de actividad de la vida diaria. Durante los períodos infla-
matorios que a veces tiene la enfermedad, en los que la articulación
se hincha y el dolor se agudiza, lo mejor es realizar un reposo re-
lativo y descargar la articulación de todo tipo de trabajo.
La termoterapia es la aplicación de calor o frío sobre las articu-
laciones. El calor se puede aplicar en el propio domicilio con es-
terillas eléctricas que producen un aumento superficial de la tem-
peratura sobre la piel y el tejido celular subcutáneo. En general,
alivian el dolor en la artrosis ya que ejercen una acción relajante
sobre la musculatura local. El frío se puede aplicar mediante bol-
sas de hielo o baños fríos, y en la artrosis está indicado cuando la
articulación sufre un brote inflamatorio.
La hidroterapia se realiza fundamentalmente en los servicios de
rehabilitación y en los balnearios. Consiste en realizar los ejercicios,
que mencionamos previamente, en una piscina de agua caliente. El
agua permite reducir la gravedad y realizar los movimientos de for-
ma más fácil; el calor disminuye el dolor y favorece la relajación de
los músculos. En las preguntas de los pacientes se comenta más am-
pliamente el tratamiento en los balnearios.
Las ortesis son todos aquellos dispositivos que sirven para co-
– 86 –
rregir las deformidades que pueden presentar las articulaciones. Los
más útiles en la artrosis son los bastones de los que hablaremos pos-
teriormente, y las plantillas de descarga. Estas últimas, en las plantas
de los pies o en los talones, al absorber los impactos sobre el sue-
lo, son muy beneficiosas en las artrosis de pies, rodillas y caderas,
y en muchos casos, mejoran muy rápidamente el dolor. También
sirven unas plantillas adecuadamente ajustadas (en un servicio de
rehabilitación o en una ortopedia) cuando una rodilla artrósica está
deformada y angulada, tanto en varo (pierna en paréntesis) como
en valgo (pierna en X). En los casos avanzados de artrosis de rodi-
lla, en los que existe una inestabilidad de los ligamentos, y la ro-
dilla «falla» al intentar caminar, se puede aliviar este problema con
ortesis especiales. En la artrosis cervical y lumbar, se utilizan trac-
ciones cuando se comprime alguna raíz nerviosa.
Si usted tiene dificultades con las actividades de su vida diaria,
tales como vestirse, cocinar, lavar o limpiar… entonces puede ser-
le de utilidad realizar un tratamiento de terapia ocupacional, en la
que se enseña cuáles son los dispositivos útiles para ayudarle en sus
tareas y dónde puede adquirirlos.
Las terapias alternativas son frecuentemente empleadas por las
personas que padecen artrosis. Existen muy diversos tipos de estas
terapias, tales como acupuntura, aromaterapia, quiropraxis, masa-
je… pero es importante saber que, en ningún caso, son capaces de
curar la artrosis. Pueden ser usadas conjuntamente con el trata-
miento convencional. Las terapias alternativas no son cubiertas por
el Sistema Nacional de Salud y, en muchos casos, conllevan un
gasto económico importante.
El alivio del dolor de la artrosis se efectúa, en la mayor parte
de los casos, mediante medicamentos analgésicos o antiinflamato-
rios. Sin embargo, existen tratamientos no medicamentosos que
pueden sustituir o complementar a los anteriores. Por ejemplo:
– 87 –
– Electroterapia: se trata de producir efectos terapéuticos, ge-
neralmente alivio del dolor y de la contractura muscular,
mediante el uso de estímulos eléctricos. Las más empleadas
son la onda corta y las microondas, aunque existe mucha
variabilidad en su uso.
– Ultrasonidos: el efecto terapéutico (micromasaje celular y
efecto térmico) se consigue mediante la aplicación de vibra-
ciones sonoras de frecuencia superior a 20.000 Hz.
– Magnetoterapia: es una técnica terapéutica consistente en
aplicar campos magnéticos fijos o variables sobre una zona
del cuerpo aquejada de una disfunción o traumatismo.
– Laserterapia: la aplicación de la tecnología láser para el tra-
tamiento analgésico de la artrosis no tiene actualmente
muchas bases científicas ni tampoco resultados especialmen-
te favorables.
– Estimulación neuromuscular eléctrica transcutánea (TENS): se
trata de un dispositivo provisto de un pequeño generador y
unos electrodos que se colocan en la zona dolorosa, y que
emite una corriente eléctrica de alta frecuencia, pero de baja
intensidad, que bloquea la transmisión del dolor. Su capa-
cidad analgésica ha sido demostrada en el tratamiento de la
artrosis después de 4 semanas de uso.
– 88 –
PARA RECORDAR…
• Los objetivos de los tratamientos no farmacológicos son
aliviar el dolor, reducir la rigidez articular y mejorar la
calidad de vida de los pacientes.
• En muchos casos, estos tratamientos actúan sobre los
estilos de vida del enfermo: medidas posturales, reduc-
ción del peso corporal y ejercicios.
• El dolor puede aliviarse con plantillas de descarga, hi-
droterapia y uso adecuado del calor y el frío.
• Las terapias alternativas no curan la enfermedad y, a
menudo, conllevan un gasto económico muy impor-
tante.
– 89 –
LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Tengo que usar bastón?
El bastón simple o una muleta inglesa
—se puede encontrar en farmacias y orto-
pedias— son verdaderamente útiles para
descargar las articulaciones artrósicas, espe-
cialmente rodilla y cadera durante la vida
cotidiana. Con ello se consigue tanto me-
joría del dolor como evitar la progresión de
la enfermedad. El bastón ha de tener una
longitud proporcional a la altura del suje-
to (el mango ha de alcanzar la muñeca del
paciente) y ha de llevarse, generalmente, en el lado contrario al de
la articulación enferma. De esta forma, cada vez que se apoya la
Dr. J. Ballina García
– 90 –
articulación artrósica, se apoya también el bastón y el peso del cuer-
po se reparte entre los dos lados. En algunos casos de atrofia mus-
cular importante, el paciente prefiere llevarlo en el mismo lado de
la articulación dañada, para evitar fallos y caídas.
Desafortunadamente, los bastones son impopulares entre los
pacientes, ya que lo perciben como un signo de envejecimiento
y de «rendición» ante la enfermedad. Por otro lado, también li-
mitan la funcionalidad de los miembros superiores, y no pueden
emplearse en pacientes con debilidad o dolor en dichos miem-
bros.
¿Son buenos los balnearios?
La balneoterapia o crenoterapia, o también llamada hidrología
médica, es la rama de la medicina o terapéutica que estudia los efec-
tos de las aguas mineromedicinales sobre el organismo, su adminis-
tración, indicaciones y contraindicaciones. Balneario es, pues, el
conjunto de instalaciones sanitarias cercanas a un manantial de
aguas mineromedicinales (frías o termales), que dispone de profe-
sionales sanitarios e instalaciones adecuadas para realizar técnicas
terapéuticas basadas en la aplicación de estas aguas. Si no reúne
estas tres condiciones (aguas mineromedicinales, profesionales sa-
nitarios e instalaciones adecuadas), no es considerado balneario o
estación termal.
Sin embargo, tratamiento con agua no equivale a balneario. Las
necesidades de relajación y el auge de la estética han hecho que se
desarrolle una nueva técnica denominada SPA, palabra que provie-
ne del latín Salutem per aqua, «salud a través del agua». Los cen-
tros SPA se caracterizan por que en ellos se realizan tratamientos
estéticos y de relax por medio de la utilización del agua, pero no
son aguas mineromedicinales, ni termales. Es agua potable a la que
se le suele añadir aditivos para aumentar sus efectos relajantes o
estéticos.
– 91 –
La terapia termal está recomendada en el tratamiento de la ar-
trosis ya que tiene un efecto analgésico, decontracturante y antiin-
flamatorio. Si las aplicaciones se realizan en piscina terapéutica, la dis-
minución de la gravedad que se produce en el agua motiva relajación
de la musculatura, disminuyendo las contracturas. Si a esto le aña-
dimos el factor de la temperatura, el cual ya es relajante y decontrac-
turante de por sí, aumentaremos el efecto terapéutico. En la mayo-
ría de los casos, las aguas termales no se contradicen con las terapias
habituales, y prácticamente no poseen efectos indeseables.
Las contraindicaciones de la terapia termal en afecciones del apa-
rato locomotor van a depender de las condiciones generales del pa-
ciente. En casos en que exista fiebre, debilidad, flebitis, trombosis,
cardiopatía isquémica u otros problemas cardiovasculares, puede
estar contraindicada.
Dentro del régimen general de subvenciones del Área de Ser-
vicios Sociales del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, el
IMSERSO convoca anualmente los programas de Turismo y Ter-
– 92 –
malismo para personas con discapacidad, con el fin de que las
entidades de atención a dichas personas puedan desarrollar activi-
dades de ocio y promoción de la salud, mediante viajes para vaca-
ciones y tratamientos termales.
– 93 –
9
¿CÓMO Y CUÁNDO HA DE OPERARSE
LA ARTROSIS?
DRA. INGRID MÖLLER PARERA
L
a artrosis es una enfermedad cuyo tratamiento es fundamen-
talmente conservador. Sin embargo, en ocasiones, puede requerir
cirugía. Para decidir esta opción terapéutica se deben tener en cuenta
numerosos factores: edad, nivel de dolor, grado de artrosis, actividad
del enfermo, capacidad de movimiento de la articulación, obesidad,
inestabilidad articular y desviaciones de la extremidad.
Los objetivos de la cirugía son prevenir el desarrollo de la en-
fermedad cuando existan condiciones predisponentes y/o mejorar
la calidad de vida mediante el alivio del dolor y la restitución de la
función cuando no haya sido posible por otros medios. El benefi-
cio que esperamos obtener con ella siempre debe ser superior al
riesgo que se asume. La cirugía será siempre una decisión consen-
suada entre reumatólogo y enfermo con la colaboración, en este
caso, del cirujano ortopédico.
La cirugía también está en continuo avance. Actualmente se es-
tán investigando técnicas para reparar el cartílago articular median-
te transplante de condrocitos o células madre, indicadas para lesio-
nes de pequeño tamaño en el cartílago articular que equivalen a
formas de artrosis muy incipientes.
Los principales métodos quirúrgicos de tratamiento de la artro-
sis son:
– 94 –
– La artroscopia – La artrodesis
– La osteotomía – La artroplastia
¿Qué es y para qué sirve la artroscopia en la artrosis?
La artroscopia es una técnica médica en la que se introduce den-
tro de la articulación un sistema de lentes que permite ver las es-
tructuras de su interior y, además de confirmar un diagnóstico,
realizar una serie de tratamientos. Requiere un ingreso de 1 día o
menos aunque el período de recuperación puede ser de varias se-
manas, dependiendo de la gravedad de la lesión. Se puede realizar
con anestesia general, espinal o local, según el caso. Es más frecuen-
te en rodilla, aunque también se puede hacer en hombro, tobillo,
codo, cadera y muñeca.
Sus indicaciones fundamentales son:
– Los casos de dolor articular o inflamación articular que no
se hayan podido solucionar por medios conservadores, y que
no tengan una explicación tras los estudios adecuados.
– 95 –
– En lesiones del menisco.
– En desgarros de los ligamentos que conlleven inestabilidad
articular.
– Para eliminación de cuerpos libres intraarticulares.
¿Qué es y para qué sirve la osteotomía en la artrosis?
Es una técnica que se emplea en pacientes menores de 60 años,
cuando existen desviaciones importantes de los ejes de las extremi-
dades, y que tiene como objetivo realinearlas para una mejor dis-
tribución de las cargas. Para esperar un buen resultado, debe exis-
tir estabilidad articular.
Se realiza mediante la extracción de una cuña de hueso en una
zona cercana a la articulación. Precisa de un soporte adicional: gra-
pa, placa, o tornillo fijador, por lo que puede ser necesaria una
segunda intervención para extraer después este material. Al liberar
la zona de la articulación sometida a sobrecarga se protege su car-
tílago, retrasando la progresión de la artrosis y disminuyendo el
dolor. A la vez, se corrige la deformidad y se mejora la función de
la articulación.
¿Qué es y para qué sirve la artrodesis en la artrosis?
La artrodesis es el bloqueo del movimiento de una articulación. Se
realiza poniendo en contacto los extremos óseos de una articula-
ción, una vez eliminado su cartílago, y fijándolos después con pla-
cas, tornillos o yeso. Puede ser necesario un injerto de hueso, de
otra parte del organismo, para acelerar la fijación.
En la artrosis sus indicaciones están muy limitadas, ya que la
pérdida de movimiento de una articulación conlleva la sobrecarga
– 96 –
de las articulaciones cercanas y, a la larga, artrosis de las mismas.
Se recomienda en las escasas ocasiones en las que la movilidad de
una articulación se considera perjudicial. Por ejemplo, una artro-
sis severa del tobillo que produzca dolor importante y dificultad
para caminar, o bien, artrosis evolucionadas de columna cervical
con riesgo medular.
¿Qué son y para qué sirven las artroplastias
en la artrosis?
Las artroplastias, popularmente conocidas como prótesis, son uno
de los avances más importantes de la cirugía ortopédica. En la ope-
ración se sustituye la articulación gastada por materiales artificia-
les que encajan entre sí y permiten un movimiento parecido al de
la articulación normal.
El material de la prótesis es con frecuencia un metal: aleación
de cobalto, cromo, titanio, o acero inoxidable, que se articula con
polietileno (plástico) muy resistente al desgaste. Para fijar los distin-
tos componentes se usa cemento, aunque existen también prótesis no
cementadas, que se emplean en jóvenes porque es más sencillo su re-
cambio. En la artrosis, la prótesis que normalmente se coloca es to-
tal, es decir, sustituyendo los dos extremos óseos de la articulación;
las parciales se indican, a veces, para codo y hombro.
El enfermo puede utilizar la articulación poco después de la in-
tervención y colocarse en pie y caminar en pocos días. De todas for-
mas, hay que prever un tiempo de recuperación en el que se nece-
sitará asistencia en el hogar. La duración de una prótesis depende
de muchos factores: edad, grado de actividad, obesidad, enferme-
dades concomitantes, técnica quirúrgica, rehabilitación posterior.
La mayoría de las personas de edad pueden esperar que la prótesis
no deba ser recambiada. A medio plazo el problema más frecuen-
– 97 –
te, hasta el 10 % de los casos, es el aflojamiento de la prótesis. A
largo plazo, el desgaste de los materiales.
La prótesis en la artrosis está indicada cuando existe una gran
destrucción del cartílago articular, con dolor e incapacidad secun-
darias, que no hayan mejorado con otros tratamientos. Las articu-
laciones que con mayor frecuencia se recambian son rodilla y
cadera.
PARA RECORDAR…
• Aunque la artrosis es una enfermedad de tratamiento
habitualmente conservador, en ocasiones puede reque-
rir cirugía.
• La cirugía de la artrosis es siempre una decisión consen-
suada entre el paciente y su médico.
• Las prótesis articulares son uno de los avances más im-
portantes de la cirugía ortopédica.
• La prótesis articular está indicada en la artrosis cuando
exista una gran destrucción del cartílago que no mejora
con otros tratamientos.
– 98 –
LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Soy demasiado mayor para ope-
rarme?
Depende del tipo de cirugía del que
estemos hablando. Ya se explicó que la os-
teotomía debe realizarse en pacientes meno-
res de 60 años. Sin embargo, la prótesis es
fiable en personas de edad avanzada y pue-
de permitir la vuelta a una vida normal
acorde con la edad. En algún caso supone
cambiar una silla de ruedas por la autono-
mía para caminar.
No se trata, no obstante, de técnicas
inofensivas y hay que tener en cuenta las posibles complicaciones:
Dra. Ingrid Möller Parera
– 99 –
infecciones y tromboembolismos, entre las más frecuentes. Tam-
bién se debe considerar el estado de salud física y psíquica del pa-
ciente. De todas formas, los progresos en cirugía y anestesia han
permitido beneficiarse de esta técnica a personas de edad muy avan-
zada.
¿Puedo operarme si tengo una enfermedad del co-
razón?
Antes de operarse, habrá sido historiado por su médico que
debe conocer todas sus enfermedades —así como los tratamientos
que recibe para las mismas— para tener un criterio más certero
respecto al éxito de la cirugía. En caso de determinadas enferme-
dades, se consultará al especialista correspondiente para evitar cual-
quier riesgo innecesario.
De forma general, se procura evitar la cirugía en los enfermos que
han sufrido un infarto agudo de miocardio en los últimos 6 meses, en
los que tienen ángor inestable, en el fallo cardíaco descompensado, y
en las personas que hayan tenido un accidente cerebrovascular en los
últimos 6 meses. La movilización precoz, con una estancia hospitala-
ria más corta, contribuye a reducir la aparición de trombosis.
También debe evitarse la cirugía en cualquier enfermo con un
proceso infeccioso activo.
– 100 –
– 101 –
10
LAS RECOMENDACIONES EULAR PARA LA
ARTROSIS DE RODILLA
DR. EMILIO MARTÍN MOLA
Jefe de Servicio de Reumatología. Hospital Universitario La Paz. Profesor asociado
de Reumatología. Universidad Autónoma. Madrid
R
ecientemente EULAR, Sociedad Europea de Reumatología,
ha publicado sus recomendaciones para el tratamiento de la
artrosis de rodilla en la revista Annals of Rheumatic Diseases, que es
el órgano científico oficial de dicha Sociedad. La primera vez lo
hizo en el año 2000 y posteriormente en el año 2003 se publicó
una actualización de las mismas. Asimismo, aproximadamente a
principios de 2005 aparecerán publicadas las recomendaciones para
la artrosis de cadera. Estas recomendaciones están dirigidas al médico
especialista y a todos los médicos en general, con el objeto de pro-
porcionarles una información actualizada sobre la evidencia científi-
ca existente para tratar este proceso.
El término evidencia científica merece una breve explicación.
Para que un determinado tratamiento pueda ser considerado como
eficaz en una determinada enfermedad, no es suficiente la experien-
cia positiva del médico con ese tratamiento, ni su opinión, ni tam-
poco que determinados pacientes cuenten que con un determina-
do remedio han experimentado mejoría. La comunidad científica
exige que todo tipo de tratamiento se adapte a un riguroso méto-
do de investigación para esa determinada enfermedad, y que sus
– 102 –
resultados sean positivos (beneficiosos) para el paciente. Los méto-
dos de investigación que se requieren son muy exigentes y costo-
sos, por lo que no es de extrañar que muchos de los tratamientos
y/o remedios que se propugnan como beneficiosos para una deter-
minada enfermedad, no hayan pasado ese control de calidad. Por
tanto, ante la pregunta de un paciente sobre la utilidad o no de un
determinado tratamiento, el médico puede contestar, que existe evi-
dencia científica de que es útil, que existe evidencia científica de que
no es útil o que no existe evidencia científica de que sirva para ese
propósito, por la sencilla razón de que no se ha investigado siguien-
do ese método.
EULAR reunió para elaborar estas recomendaciones a un gru-
po multidisciplinar, formado por 19 reumatólogos y 4 cirujanos or-
topedas de 13 países europeos, todos ellos expertos en esta enfer-
medad.
El proceso para elaborar las recomendaciones se basó en los si-
guientes puntos:
– Se identificaron 33 posibles modalidades de tratamiento que
iban desde los más clásicos como la administración de fár-
macos (antiinflamatorios y analgésicos), la importancia del
ejercicio o de la dieta, hasta las formas de tratamiento me-
nos convencionales en la medicina tradicional, como la ad-
ministración de acupuntura, o el valor de la administración
de diversos nutrientes como vitaminas.
– En total, más de 3.000 artículos científicos fueron identifi-
cados, y por medio de una revisión exhaustiva, se evaluó la
calidad científica que proporcionaban.
– Independientemente, se pidió a los expertos que componían
el grupo que redactaran, basándose en su experiencia, las 10
recomendaciones fundamentales que ellos harían para tratar
a los pacientes con artrosis de rodilla.
– 103 –
– Finalmente, y una vez conocido el resultado de la revisión
de todos los artículos publicados y las 10 recomendaciones
de cada experto, se fundieron de forma progresiva, en unas
únicas 10 recomendaciones que fueron las que aparecieron
publicadas en el artículo final.
Dichas recomendaciones valoran la relevancia de métodos tan
sencillos como el beneficio que tiene para el paciente conocer en
qué consiste su enfermedad, la importancia de fortalecer la mus-
culatura de la rodilla y reducir peso en caso de obesidad, para lue-
go evaluar cuáles son los principales fármacos que han demostra-
do ser útiles en el tratamiento de esta enfermedad, así como el lugar
prioritario de administración que ocuparían, de menos a más, en
función de la gravedad de los síntomas. Finalmente, las recomen-
daciones finalizan resaltando el papel relevante que desempeña la
cirugía de la rodilla, para aquellos casos en los que las medicinas no
son suficientes.
Estas recomendaciones, así como las que se hagan para otra en-
fermedad, son un instrumento de gran valor para el médico, ya que
de forma resumida se le actualiza cuál es el estado de la cuestión en
el momento actual. Resumir siempre es difícil, y más en un cam-
po en el que la información existente era muy numerosa. El pro-
ceso para elaborar las recomendaciones, hasta que fueron publica-
das, llevó aproximadamente 2 años, lo cual da una idea de la
ingente cantidad de trabajos y estudios que fueron examinados.
Una pregunta que probablemente se haga el lector es porqué
se han elaborado unas recomendaciones para la artrosis de rodilla
y cadera y se han pasado por alto artrosis, incluso más frecuentes,
como la de la columna vertebral. La respuesta no es sencilla, pero
en general y sin ánimo de entrar en muchas elucubraciones, hay
que manifestar que la artrosis de columna vertebral es un proceso
bastante más complejo, ya que no existe unanimidad sobre hasta
– 104 –
qué punto las lesiones que produce la artrosis son las responsables
del dolor. Ello ha llevado a que la investigación científica en la
artrosis de columna sea menor y de calidad científica inferior, por
lo que es bastante más problemático sacar conclusiones.
PARA RECORDAR…
• Para que exista evidencia científica de que un trata-
miento es útil, es necesario que dicho tratamiento haya
sido científicamente investigado, cosa que no se hace
sistemáticamente con todas las terapéuticas disponi-
bles.
– 105 –
LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Qué debo utilizar en la artrosis,
calor o frío?
En general el calor se soporta mejor y
es más beneficioso que el frío, aunque todo
necesita ser matizado.
Si una persona padece un proceso agu-
do doloroso en una articulación (por ejem-
plo, una rodilla con artrosis que se inflama
de repente y que produce intenso dolor),
hecho poco frecuente en la artrosis pero
que puede suceder, será mejor aplicarse frío hasta que el dolor dis-
minuya o desaparezca.
Para las molestias crónicas, suele ser más beneficioso la aplica-
ción de calor local. Muchas veces, el dolor que aparece en las arti-
Dr. E. Martín Mola
– 106 –
culaciones artrósicas es debido a la contractura de los músculos que
rodean a la articulación, y suele responder favorablemente a la ad-
ministración de calor local.
Otra pregunta más general es si el clima cálido es mejor que
el frío. La respuesta parece no ofrecer dudas, ya que las tempera-
turas frías no son aconsejables para realizar ejercicio. El riego
sanguíneo está dificultado por la baja temperatura y la articula-
ción y la musculatura que la rodea tienen más dificultad para
realizar su función. Por tanto, aunque el clima no interviene di-
rectamente en la aparición de los problemas reumatológicos, sí
parece cierto que con climas más benignos sus síntomas se sopor-
tan mejor.
¿Es bueno el reposo o el ejercicio?
La respuesta más fácil a esta pregunta es que las articulaciones
están hechas para que se muevan, por tanto cualquier situación que
conduzca a la inmovilización de una articulación lleva irremedia-
blemente a la atrofia de toda la musculatura que la rodea y a la ines-
tabilidad articular. Además el desuso prolongado de la articulación
puede conducir a una rigidez que, posteriormente, necesite mucho
tiempo para recuperarse.
El reposo sólo está indicado, y por períodos breves de tiempo,
para los procesos muy dolorosos, en los cuales el paciente está in-
capacitado para caminar o lograr mover la articulación. En esas
situaciones, todas las personas con artrosis deben consultar pron-
to a su médico para que éste le alivie el dolor articular y le reco-
miende los ejercicios más beneficiosos para la articulación afecta-
da. Según la articulación de que se trate, se le recomendarán una
serie de ejercicios, todos ellos dirigidos a preservar o en su caso a
recuperar, la movilidad de la articulación afectada.
Con respecto al ejercicio más general, la gimnasia articular di-
rigida por un especialista está especialmente indicada en las artro-
– 107 –
sis que afectan a las articulaciones de los miembros, como manos,
hombros, rodillas, caderas, etc. Para articulaciones como las cade-
ras y las rodillas es especialmente recomendable realizar ejercicios
articulares en piscina, y la natación sigue siendo el ejercicio de elec-
ción para la artrosis de columna vertebral.
En los casos de artrosis de rodilla, una de las más frecuentes,
es recomendable que el paciente trate de caminar algo todos los
días, en la medida de sus posibilidades. Es aconsejable el terreno
llano, llevar un calzado que sujete bien el pie, y si es necesario ayu-
darse de un bastón, en la mano opuesta a la rodilla dolorosa, para
aliviar el dolor. No obstante, la persona tiene que ser consciente de
sus limitaciones y de las de sus articulaciones, y aunque para una
artrosis de rodilla sea recomendable caminar todos los días, no hay
que someter una articulación dañada a un ejercicio excesivo, cas-
tigándola con una gran caminata. En esas circunstancias, es muy
probable que la articulación «proteste», y al día siguiente esa per-
sona tenga un episodio de dolor e inflamación aguda de esa arti-
culación.
– 108 –
– 109 –
Anexo 1
El Índice de Masa Corporal (IMC)
La relación de la artrosis con la obesidad que ha sido comentada
en diversos capítulos de este libro, nos lleva a mostrar esta simple
forma de calcular el sobrepeso y la obesidad.
El Índice de Masa Corporal (IMC) es igual al PESO en Kg,
dividido por la TALLA en metros elevada al cuadrado
Peso (kg)
IMC =
Talla en metros, elevada al cuadrado
Normalidad De 20 a 25
Sobrepeso De 25 a 30
Obesidad De 30 a 35
Obesidad severa Más de 35
Así por ejemplo, una persona que mida 1,60 y que pese 75 kg,
tendrá de IMC 29.2 (75/1,60 1,60); es decir estará en sobrepeso.
Con el mismo peso de 75 kg, una persona que mida 1,80 m
tendrá de IMC 23.1, es decir estará normal.
– 110 –
– 111 –
Anexo 2
Ejercicios de Rehabilitación en Patología Osteoarticular
• Columna Lumbar
Algunos consejos útiles:
Deben dormir sobre un colchón firme
con el fin de mantener la espalda tan
plana como sea posible.
Utilizar con prefe-
rencia sillas duras
con el respaldo de-
recho.
Evitar levantar obje-
tos pesados. En todo
caso, debería descan-
sar la carga principal
sobre las piernas; por
ejemplo, apoyando
los codos sobre los
muslos, o realizar el
esfuerzo con las pier-
nas flexionadas y por
medio de los brazos, manteniendo siem-
pre la carga lo más cerca del cuerpo po-
sible.
Los ejercicios se deben practicar acos-
tado sobre el suelo alfombrado o sobre
un colchón duro (se puede colocar una
tabla de madera sobre el somier), se
realizarán lenta y rítmicamente con
intervalos de descanso breves entre
cada uno de ellos. Se repetirá un nú-
mero máximo de 5 a 10 veces cada
ejercicio, con el fin de proporcionar
– 112 –
fuerza a la musculatura dorsal o lum-
bar o a ambas a la vez, con lo cual lo-
graremos nuestro propósito sin es-
fuerzos que serían perjudiciales. A los
ejercicios se les dedicará un tiempo
máximo de 10 a 15 minutos 2 veces al
día. Si al realizar un ejercicio aparece
dolor, a pesar de practicarse correcta-
mente, según las instrucciones recibi-
das o que figuran en las gráficas que se
han facilitado, debe interrumpirse y
consultar a su médico o fisioterapeuta.
Mientras practique estos ejercicios,
debe mantener la boca abierta y sin
contener la respiración; aspirando (lle-
nando de aire los pulmones) cuando se
incorpore a la práctica del ejercicio, y
expulsándolo durante su realización.
Con la práctica de estos ejercicios lo-
grará fortalecer los músculos abdomi-
nales, así como los de la parte superior
de la espalda.
Ejercicios
* EN CASO DE OSTEOPOROSIS VERTEBRAL
IMPORTANTE (BAJA DENSIDAD DE HUE-
SO) DEBEN EVITARSE O REALIZARSE CON
MUCHA PRUDENCIA TODOS LOS EJERCI-
CIOS QUE SUPONGAN FLEXIÓN Y/O RO-
TACIÓN DEL TRONCO. (EJERCICIOS 1,
2, 3 Y 4)
1
En posición sentada sobre el suelo al-
fombrado o sobre un colchón duro,
con las piernas extendidas y abiertas y
los brazos en cruz, tocar con las manos
cada pie alternativamente*.
2
En posición sentada sobre el suelo al-
fombrado o sobre un colchón duro,
con las piernas extendidas y abiertas y
los brazos en cruz, tocar con la mano
el pie contrario alternativamente*.
3
En posición sentada con las piernas
extendidas y abiertas y los brazos tam-
– 113 –
bién extendidos y en alto, tocar con las
dos manos un pie alternando los dos*.
4
En la posición del ejercicio anterior,
con las piernas abiertas y los brazos en
alto, hacer círculos con ellos moviendo
la cintura.*
5
En posición sentada con las piernas jun-
tas y extendidas y los brazos en cruz,
doblar las piernas alternando cada vez
una y abrazarla sin tocar el suelo.
6
En posición sentada con las piernas
extendidas y los brazos por detrás del
cuerpo apoyando las palmas en el sue-
lo, levantar las piernas extendidas alter-
nándolas.
7
En la misma posición del ejercicio an-
terior realizar un movimiento semejan-
te al pedaleo de la bicicleta; estirar y
doblar una pierna sin tocar el suelo,
repetir con la otra.
8
En posición sentada y con las piernas
flexionadas y cruzadas y los brazos ex-
tendidos en alto, tocar con las manos
el suelo.
9
– 114 –
En posición sentada con las piernas
flexionadas y cruzadas y los brazos
flexionados con las manos a la altura
de las clavículas, extender y flexionar
los codos alternando cada brazo.
10
En posición de rodillas y con los brazos
extendidos en alto, doblarse hacia atrás
por la cintura de forma que las manos
se eleven por detrás de la espalda.
11
En posición «a gatas», estirar la pierna
y el brazo contrarios.
12
Boca abajo con las piernas juntas y
extendidas y los brazos juntos y exten-
didos por encima de la cabeza. Abrir y
cerrar brazos y piernas.
13
En posición tumbado boca abajo con
las piernas juntas y extendidas y los
brazos en cruz, levantar la cabeza y los
hombros del plano del suelo.
14
Posición tumbado boca arriba con las
piernas dobladas y los brazos extendi-
dos por encima de la cabeza. Tocar las
rodillas con las manos.
15
Posición tumbado boca arriba con los
brazos a los lados del cuerpo, levantar
– 115 –
ligeramente las piernas y realizar un
movimiento de pedaleo.
16
En la posición anterior con las piernas
un poco levantadas abrirlas y cerrarlas.
17
Tumbado boca arriba levantar las pier-
nas en ángulo recto y describir círculos
en el aire con ellas.
18
En la posición del ejercicio anterior
separar un poco las piernas y describir
un círculo en el aire con cada una de
ellas.
Ejercicios de báscula
pélvica posterior
19
Posición tumbado boca arriba con las
rodillas flexionadas y los brazos exten-
didos a los lados del cuerpo. Contraer
los músculos abdominales y los de las
nalgas rotando la pelvis en sentido pos-
terior, aplanando la columna lumbar.
Mantener la contracción unos segun-
dos y relajarse. Se puede aumentar la
dificultad del ejercicio cambiando la
posición de los brazos respecto al cuer-
po (formando un ángulo de 45º, de
90º, en forma de T invertida).
20
En la posición del ejercicio anterior
bascular la pelvis en sentido posterior
y estirar las piernas alternándolas pri-
mero y las dos juntas después. Se pue-
de añadir dificultad al ejercicio cam-
biando la posición de los brazos.
Flexionar el cuello manteniendo la bás-
cula pélvica (se puede añadir la retrac-
ción del mentón).
– 116 –
21
A gatas. Cuello extendido, hombros,
caderas y rodillas flexionados, brazos y
codos extendidos. El peso se apoya so-
bre las manos y las rodillas. Dejar caer
la cabeza y relajar los músculos abdo-
minales, permitiendo la hiperextensión
de la columna lumbar. Rotar la pelvis
en sentido posterior y flexionar lo más
posible el tronco y el cuello.
22
En posición de pie y con los talones a
10-15 cm de la pared. Flexionar la ca-
beza y aplanar el cuello (metiendo el
mentón) y la columna contra la pared.
Flexionar las rodillas deslizando un
poco el tronco hacia debajo de forma
que la columna lumbar se aplane con-
tra la pared. Deslizarse de nuevo a la
posición original.
Separarse de la pared y caminar con la
postura erguida. Se puede variar el
ejercicio colocando un saquito de are-
na sobre la cabeza, manteniendo los
brazos a los lados del cuerpo, y una vez
aplanada la columna contra la pared,
caminar por la habitación.
– 117 –
Movimientos de dedos
y manos
1
Cerrar lentamen-
te la mano, todo
lo que sea posible
«hasta lograr hacer puño». Para ayudar a
lograrlo, es aconsejable sujetar y apretar
con la palma de la mano una pelotita
blanda de las de goma o de caucho, o
aún mejor una esponja de las de espuma
para oponer cierta resistencia al ejercicio
y así fortalecer la musculatura de la
mano. En caso de que la realización de
este ejercicio resulte difícil o imposible,
puede ayudarse con la mano sana. En
ocasiones y para lograr aumentar la rela-
jación y flexibilidad de los dedos, es
aconsejable realizar estos ejercicios en un
recipiente con agua caliente. Este ejerci-
cio se repetirá varias veces durante el día,
cuantas más mejor, y progresivamente
(15 a 20 veces por sesión) procurando
evitar que resulte doloroso, si bien en
ocasiones pueden aparecer discretas mo-
lestias que no son motivo para su supre-
sión. En ocasiones es aconsejable tomar
antes o después de los ejercicios, algún
antiálgico-decontracturante que su mé-
dico le aconsejará y prescribirá.
2
Abrir la mano y extender los dedos al
máximo, ayudándose si fuera preciso
con la otra mano o aplicando y apre-
tando la palma de la mano contra el
plano de una mesa. EVITAR ESTE
EJERCICIO EN CASO DE PERSO-
NAS DE MUCHA EDAD (SOBRE
TODO MUJERES) Y SI EXISTE
OSTEOPOROSIS IMPORTANTE.
3
Con la mano abierta separar los dedos
en forma de abanico, lo máximo po-
sible.
Ejercicios de Rehabilitación en Patología Osteoarticular
• Miembro superior
– 118 –
4
Con el pulpejo de cada uno (yema de
los dedos) intentar contactar por sepa-
rado con el pulpejo del dedo pulgar.
5
Movimientos de las muñecas. Con la
mano cerrada (haciendo puño) abierta
o semicerrada realizar movimientos
con la muñeca hacia arriba y hacia aba-
jo alternativamente (15 a 20 veces, va-
rias veces al día).
6
Con la mano abierta y dedos extendi-
dos, realizar movimientos con la mu-
ñeca que obliguen a dirigir la mano ha-
cia fuera y hacia dentro, del cuerpo
alternativamente lo máximo que sea
posible (15-20 veces, varias veces du-
rante el día).
– 119 –
Movimientos de caderas
1
Paciente acostado sobre el dorso con
las extremidades inferiores extendidas y
paralelas.
2
A partir de esta posición flexionar la
rodilla y el muslo intentando extender
la extremidad inferior lo máximo posi-
ble hasta lograr contactar con el plano
de la cama dura o con el suelo.
3
Estando el paciente acostado sobre el
dorso, flexionar la rodilla del lado en-
fermo poniendo la planta del pie sobre
el suelo.
4
En esta posición, dirigir todo lo que se
pueda la rodilla flexionada hacia la
pierna que permanece extendida sin
mover la planta del pie del suelo (in-
tentar juntar las rodillas).
5
Seguidamente hacer el ejercicio todo lo
contrario, separar todo lo que se pue-
da la rodilla flexionada de la extremi-
dad que permanece extendida.
6
Intentar separar las rodillas sin mover
la planta del pie que debe permanecer
apoyada en el suelo.
Ejercicios de Rehabilitación en Patología Osteoarticular
• Miembro inferior
– 120 –
7
Finalmente, apoyado
el enfermo en el sue-
lo sobre el dorso,
realizar ejercicios pa-
recidos a los que se
realizan al pedalear
una bicicleta. Tam-
bién es recomenda-
ble para este ejercicio, y si persiste cier-
to grado de movilidad de la cadera,
practicar ejercicios de rehabilitación en
una bicicleta fija.
Ejercicio de musculación
glúteos mayor y mediano
8
Boca abajo. Extensión de miembro in-
ferior libre y contra-resistencia (peso).
9
Acostado de lado. Con extensión com-
pleta de miembros inferiores, elevar al
máximo posible el miembro de arriba,
libre y contra-resistencia (peso).
Movimientos de rodilla
COMENZAR CON EJERCICIOS ISOMÉTRICOS
DE CUADRICEPS:
10
En cualquier posición, contraer de 6 a
10 segundos y relajar el doble (12 a 20
segundos), toda la musculatura del
muslo. Repetir de 10 a 20 veces cada
serie y repetir de 10 a 20 veces al día.
11
Elevar lentamente la extremidad infe-
rior, con la rodilla completamente ex-
tendida, si es posible hasta la vertical
(ángulo recto). Mantenerla en esta po-
sición durante 5 o 10 segundos. Para
bajarla lentamente hasta la posición
inicial. Este ejercicio se realizará alter-
nativamente, con 10 a 30 movimientos
con cada extremidad. En unas ocasio-
nes, al realizar este ejercicio, el pie debe
permanecer en ángulo recto, con lo
cual la musculatura del cuadriceps
– 121 –
(parte anterior del muslo, es la que se
robustece, rehabilita), mientras que en
otras ocasiones, es aconsejable realizar
el mismo ejercicio pero con los dedos
dirigidos hacia fuera, con lo cual es la
musculatura de la parte interna del
muslo (aductores) la que se rehabilita.
Son aconsejables ambos ejercicios alter-
nativamente con lo cual se facilita ex-
traordinariamente la deambulación y el
subir y bajar escaleras, o calles que ha-
gan pendiente.
12
En la posición inicial del paciente,
acostado sobre el dorso, flexionar la
rodilla todo lo que le sea posible inten-
tando llegar a tocar con el muslo el
abdomen.
13
En esta posición extender la rodilla y
pierna todo lo que sea posible, para
descenderla lentamente, hasta el plano
del suelo o de la cama.
14
Permaneciendo el paciente acostado
sobre el vientre, flexionar la rodilla,
intentando llegar a contactar con el
talón del pie, la nalga del mismo lado.
15
Paciente sentado
en una mesa y con
las piernas colgan-
do con un rodillo
o toalla bajo la ro-
dilla (más alta que
la cadera).
16
Elevar alternativamente la pierna, ex-
tendiéndola lo máximo posible, sin
mover el muslo y la rodilla.
– 122 –
17
Descender la extremidad inferior que
estaba en extensión hasta la vertical, y
seguidamente flexionarla todo lo que
sea posible.
18
Este mismo ejercicio de extensión y
flexión de la rodilla se puede reforzar
colocando en el pie un peso que pro-
gresivamente se irá aumentando de 1a
5 Kg.
Nunca realizarlos en caso de artrosis
femoro-patelar (de rótula) o condro-
molacia. En tal caso, realizar sólo los
ejercicios isométricos, así como el 11º
y del 12º al 14º sin flexionar al máxi-
mo la rodilla. Puede añadirse bicicleta
fija si la artrosis no es muy avanzada y
con sillín muy alto (evitando la flexión
excesiva de rodilla).
– 123 –
1
Posición sentada con la espalda contra
la pared y la cabeza extendida y en
contacto con dicha pared. Realizar mo-
vimientos de deslizamiento hacia arri-
ba (extensión), con la boca cerrada, y
hacia abajo (flexión), hasta tocar el
pecho con la barbilla.
2
Posición de pie o sentada. Brazos a lo
largo del cuerpo. Elevación de los
hombros, sin mover la cabeza. Volver a
la posición inicial.
3
Flexionar la cabeza hasta que el men-
tón contacte con el pecho formando
«papada».
4
Extensión máxima de la cabeza.*
5
Giro de la cabeza hacia ambos lados
procurando que la barbilla llegue a to-
mar contacto con el hombro corres-
pondiente.*
Ejercicios de Rehabilitación en Patología Osteoarticular
• Columna cervical
– 124 –
6
Flexión lateral de la cabeza hacia am-
bos lados, intentando tocar el hombro
con la oreja correspondiente*.
7
Giros de la cabeza en el sentido de las
agujas del reloj. Repetir el ejercicio en
el sentido contrario. Los movimientos
se harán con lentitud para impedir po-
sibles mareos*.
8
Posición de pie o sentada.
Brazos a la altura del pecho
con los codos flexionados y
un antebrazo sobre el otro.
9
Dirigir al máximo
los codos hacia atrás,
intentando unir los
omóplatos. Volver a
la posición de par-
tida.
10
Posición de pie frente
a un rincón de una
habitación. Brazos ex-
tendidos y manos apo-
yadas en las paredes.
11
Partiendo de esta
posición, inclinar
el cuerpo hacia de-
lante, flexionando
los codos, sin mo-
ver los pies. Inten-
tar tocar el rincón
con la cara sin
flexionar el cuello.
Volver a la posi-
ción inicial.
* (NO REALIZARLOS EN CASO DE SUFRIR
VÉRTIGOS O MAREOS. EJERCICIOS 3, 4,
5, 6 Y 7.)
– 125 –
Ejercicios isométricos
de cuello
Además, para conservar la fuerza y evi-
tar el dolor haga los siguientes ejerci-
cios 2-3 veces al día. No retenga la res-
piración y expulse el aire con un
sonido «aaaaah», mientras se esfuerza
durante el ejercicio. Mantenga la con-
tracción contando hasta 10.
12
Apoye las dos manos contra la frente.
Empuje con la cabeza sin moverla ha-
cia la base de las palmas de las manos.
Manténgase así unos instantes.
13
Coloque las dos manos detrás de la
cabeza. Empuje con la cabeza hacia
atrás contra las manos, haciendo fuer-
za con las mismas hacia delante, de for-
ma que la cabeza no se mueva. Man-
téngase así durante unos instantes.
14
a) Ponga la mano derecha contra el
lado derecho de la cabeza. Empuje
fuertemente con la cabeza hacia la base
de la palma sin dejar que se mueva.
Manténgase así durante unos instantes.
15
b) Coloque la mano izquierda contra
el lado izquierdo de la cabeza. Empu-
je con la cabeza contra la base de la
palma sin dejar que se mueva. Man-
téngase así durante unos instantes.
– 126 –
16
a) Coloque la mano derecha contra la
sien derecha. Trate de bajar la barbilla
hasta el hombro derecho sin dejar que
se mueva la cabeza. Manténgase así
durante unos instantes.
17
b) Ponga la mano izquierda contra la
sien izquierda. Trate de bajar la barbi-
lla hasta el hombro izquierdo sin dejar
que se mueva la cabeza. Manténgase
así unos instantes.