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B R E V I A R I O

del A G U A

B R E V I A R I O del A G U A Francisco de

Francisco de Asís Ayala Florenciano (Asturias, 1993)

I

Anoche no había luna.

La luz pálida

de una ventana

ocupó su lugar.

II

Tengo un libro sobre la mesa.

A medio leer. Lo abandoné

durante semanas.

Me abandoné yo mismo

a la triste seducción

de los objetos.

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III

Necesito la lluvia

como polen para mi mente.

La imaginación es una fuente

que se agota

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IV

Llueve.

Atravesó primero la tormenta

con su aparato eléctrico

y quedó la lluvia,

el agua.

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V

Sopla el viento del sur.

Cielo gris arriba;

abajo, aire caliente

batiendo a oleadas

el maíz, los nogales,

los pastos recién segados

Viento que empuja

las velas de mi pluma.

VI

Dos luces en la tarde.

Una de sol.

Otra de ciudad.

Una de dios.

Otra del hombre.

Una luz en el horizonte.

VII

Lleva infinitos días

lloviendo.

Lluvia y viento.

Nieve en las cumbres.

Frío.

VIII

El agua penetra

por los resquicios

de las ventanas,

por las goteras

-una, persistente,

de la buhardilla-

del tejado

IX

Hay días que son como poemas

y no hace falta escribirlos,

sino vivirlos.

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X

La flor abrió los ojos

en el árbol del saúco.

Rociada por la lluvia de mayo

me miraba con blanca ternura.

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XI

La playa y los bañistas,

un amor,

un baño de sol

y la niebla borrando los pies,

la frágil frontera

entre el mar

y la tierra.

XII

Soñar en la tarde brumosa

con poemas como gaviotas

excelsas

en los acantilados,

sobre las arenas ocres

de la playa,

el sol vibrando

en los reflejos de las olas

XIII

El mar me recibía

con el canto de sus olas,

se acercaba con pasos

de espuma

hasta la roca

donde yo le esperaba

XIV

Recogí del pedrero

varios cantos rodados,

grises

como el mar,

pulidos

por las olas,

labrados

por el viento, el sol y la sal

XV

Conversando con mi amigo

por la playa

sentí

que ambos hablábamos

la misma lengua que el mar.

*

*

*

El mar me dijo esta tarde tantas cosas

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XVI

Íbamos dejando huellas

en la arena

recién lavada

por la marea

XVII

Una bandada de gaviotas

sobrevolaba

en triángulo

la mar verde,

sobre los barcos,

sobre la gente

tendida en la arena

XVIII

Sentado frente al mar,

en lo alto del monte,

al pie del acantilado.

Saberse frágil e infinito

al mismo tiempo.

XIX

Entrever el mar

detrás

de los eucaliptos.

Oler a mar

en las alturas,

transportado

por el viento.

XX

Los niños juegan en la arena,

hacen dibujos con las manos,

con los pies,

con las alas azules

de la fantasía.

Los mayores miramos al mar,

ausentes,

seducidos

por el rumor constante de las olas.

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ESTE LIBRO SE ACABO DE COMPONER EL DIA 9 DE ABRIL DE 1993, VIERNES SANTO, A LAS 5 DE LA TARDE, EN POREÑU-VILLAVICIOSA (ASTURIAS)

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